Las fotos de Josefina. Memoria EN_REDADA

Las fotos de Josefina. Memoria EN_REDADA

Memoria EN_REDADA

Recibí en mi correo eléctrónico un mail de mi amiga Marta, con quien mantengo una amistad que ha enlazado nuestras memorias militantes y femeninas uniéndonos en una red de sororidad más allá del tiempo y el espacio.

Marta me envía una historia de otras mujeres, de mujeres militantes, y me escribe:

“Queridxs colegas, amigxs

avanzan el semestre y otras ocupacionesc  y con ello vuestra carga de trabajo, pero espero que pueden encontrar unos minutos para leelr estos conmovedores momentos de mujeres choras http://martazabaleta.blogspot.co.uk/2017/02/argentinalas-fotos-de-josefina-por.html
de Argentina.

Se puede aprender tanto de ellas.
Abrazos.

Abro el enlace que Marta,economista, académica y poeta exiliada argentina en el Reino Unido me ha compartido y me encuentro con esta imagen que abre mi memoria de mujer una vez joven y madre de una hija una vez viva…

Leo la nota en la fuente y me lanzo a buscar en la web a estas dos mujeres con la sensación de escarbar en una historia cuyas raíces se hunden en mi propia historia, en la de Marta y en la de tantas otras mujeres que militan y militaron en Latinoamérica trascendiendo su tiempo y su espacio.
y repito, como dice Marta, se puede aprender tanto de ellas.
RESISTENCIAS
Las fotos de Josefina

Voy a empezar por el final: de la mesa frente a la que estaba sentada tomó el collar de cuentas redondas, grandes, estriadas en rojo, y se lo sujetó al cuello. Después recogió las fotos que había mostrado, se paró y salió entre los aplausos de quienes la escuchamos del otro lado del vidrio. Cuando la abracé, sin saber quién contenía a quién, sentí las cuentas incrustándose en el pecho de las dos.

Ella se llama Josefina, el collar era de su mamá, lo rescató la mañana siguiente a su secuestro, cuando volvió a ese departamento con la puerta arrancada para cubrir la vergüenza de estar en bombacha con una remera roja, un jean y unas zapatillas. Tenía siete años, le faltaba un mes para cumplir los ocho, su hermano uno y medio y los dos habían dormido en la casa de una vecina a la que la patota le golpeó la puerta para dejarlos como un paquete.

“¡Qué voy a hacer con estos chicos!”, se había desesperado la mujer y ella guardó esa frase y ese tono por décadas, hasta que encontró a la vecina que ahora tiene nombre y es Susana, hasta que pudieron poner en común aquella noche larga del 6 de diciembre de 1977. “La encontré y la traje para acá”, dijo Josefina y una risa sosegada, tal vez de alivio, tal vez de complicidad, como un aflojarse del lazo que nos unía a quienes la escuchábamos, anduvo de boca en boca.

Josefina declaró el miércoles, en el juicio de lesa humanidad que tiene entre las víctimas a su madre, Vibel -Virginia- Casalaz. Josefina es una de esas amigas entre las que nos salvamos la vida, aunque el devenir de las cosas nos mantengan a distancia más tiempo del que desearíamos. A lo largo de los más de 20 años que llevamos de amistad, junto con Raquel y con Alba, ese núcleo duro de complicidad femenina, nos sacamos muchas fotos juntas, antes de que se llamaran “selfies”, las cuatro con las sonrisas incandescentes. Esta vez también hubo foto, en el subsuelo de los tribunales federales, en ese sitio sin ningún ángel en la calle Comodoro Py; habíamos llorado todas, Jose en el lugar de los testigos, el resto sosteniendo a la distancia esa entereza, todas esas palabras que supo enhebrar, buscadas y encontradas en noches de insomnio, en los días de la militancia en H.I.J.O.S., extraídas de diálogos con sobrevivientes, con sus amores; escritas también, ella que sabe hacerlo como pocas. Las sonrisas, a pesar del llanto, volvieron a capturar la luz en la imagen.

El collar que tanto le gustaba a su madre no fue lo único que rescató Josefina del departamento violentado. También se llevó una bolsita con fotos que les sirvió a los policías que la fueron a buscar al día siguiente para preguntarle por todas y cada una de las personas amadas que ahí aparecían. Ella estaba prevenida, iba a segundo grado en la misma escuela a pesar de los cambios de casa a que obligaba la persecución con un nombre falso, María José Roldán. No identificó a nadie. Las fotos siguieron su camino con ella, el primer viaje lo hicieron en la valijita con la que iba al colegio y que la acompañó en los dos días que pasó en la casa de una mujer policía, separada de su hermano al que se llevó un hombre de la misma fuerza. ¿A qué se debió esa separación por género? ¿Por qué no los dejaron juntos? Josefina no se acuerda casi nada de esos dos días, estaba enferma de hepatitis y sin duda la memoria da respiro, espacios de olvido necesarios para seguir adelante con la sucesión de los días. La noche del secuestro, por ejemplo, termina para ella con la imagen de su madre yéndose en el ascensor con esos tipos jóvenes y con armas largas que recuerda. “Mi mamá me tendría que haber dicho algo en ese momento, eso es lo que yo sentía, me tendría que haber dado una última instrucción”, dijo frente al tribunal y cerró: “Pero según me contó la vecina, cuando yo salí de ahí estaba en el piso, boca abajo, encañonada”.

No tenía instrucciones pero rescató los bienes preciados de su madre, el collar, las fotos que eran un resguardo de la vida cotidiana: playas, sonrisas, besos que no podían perderse en la huida aun a riesgo de convertirse en delación involuntaria. ¿Cuánto sabía la niña de todo lo que iba a perder como para que antes que sus juguetes guardara la bolsita de las fotos?

–Polo no es un nombre -le dijo el comisario de la 35 a la niña de 7 que había dado apodo, apellido y ocupación de su abuelo, “un fabricante de soda de Tres Arroyos”.

–Usted búsquelo que lo va a encontrar -contestó ella y así fue, constatando una vez más la enorme maquinaria del plan sistemático para la desaparición de personas no sólo represiva, también burocrática. Una burocracia dócil que ahora pretende aplicarse al conteo de los cuerpos que nos faltan. Nombrar es una cuestión de poder, decir 30 mil  y que haya acuerdo es el poder que hemos ido acumulando a lo largo de cuatro décadas y es lo que está en disputa.

Mientras escucho a mi amiga, pegada al vidrio que nos separa con la ilusión de encontrar sus ojos como si hiciera falta para sostenerla cada vez que amenaza con quebrarse, pienso con deseo en el lugar que ocupa. Yo también quiero acusar, quiero que llegue la hora del juicio por lo que le hicieron a mi madre y a sus compañeros y compañeras de cautiverio. Cuando promediaba el año pasado y se supo que no sucedería en octubre como habían prometido, y después, cuando tampoco habría fecha designada para marzo, empezó a circular entre los querellantes la lista de testigos que tendrían que adelantarse en testimoniar porque la dentellada de la muerte ya les está mordiendo los talones. 85, 87, 90, 95 años se leía junto a algunos nombres. Alguien anotó en ese intercambio de correos que su madre ya no podría declarar porque el ejercicio de memoria había destrozado sus neuronas. Hace 13 años que presentamos la querella. En ese tiempo todos y todas nos convertimos en otros, en otras, guardando a la vez quienes fuimos para no perder detalle cuando nos den la palabra. La impotencia se come el fin de la impunidad que ya no podemos declamar.

Antes de escuchar a Josefina, en un cuarto intermedio que tensa nuestra paciencia, Raquel me dice con ojos húmedos: “Siento que nos están tomando el pelo, ya no le encuentro sentido”. Es una descarga de derrota que no va a acatar, aunque las dos sabemos de qué habla. La Justicia, con esos pies de plomo, ya no puede llamarse así. Y sin embargo.

“¿Pudiste reconstruir…?”, es la primera parte de la pregunta que se repite para que Josefina de cuenta de lo que sabe de su madre, de su destino después del secuestro. Ella contesta una y otra vez, sobre los testimonios leídos, los diálogos ansiosos que persiguen un dato más, por nimio que fuera. Todo el trabajo lo hicimos las víctimas y quienes se comprometieron con nuestro duelo, el inmenso duelo acuoso de un país entero que todavía sigue evaluando el tamaño de las heridas que dejó el terrorismo de Estado. ¿Dónde están los papeles, los organigramas, los números de ellos, los ejecutores? ¿Dónde ocultaron los cuerpos? ¿Por qué a ellos se les permite todavía ahora ocultarse?

Hubiera querido que estén aquí los acusados, para interpelarlos. Quiero decir que yo pienso todas las noches en el cuerpo torturado y violado de mi madre. Y los represores piensan que así le hicieron bien a la patria. -dijo Josefina y tomó el collar de su madre de la mesa frente a la que estaba sentada y se lo puso, recogió sus fotos y enjugó sus lágrimas. Para que se vea y que se sepa: aun cuando le arrebataron tanto no pudieron quitarle todo.

En otro espacio virtual leo acerca de esta hija militante de la memoria:

UN COLLAR DE CERÁMICA

La estridencia de los camiones que pasan por encima apenas le permiten hablar a Josefina Giglio. Pero no grita, no lo quiere hacer en este lugar.

Josefina Giglio señala el retrato de su madre dentro de un cartel en el lugar donde estaba ubicado el centro de tortura El Atlético.

Madre de dos niños e hija de desaparecidos, intenta hallar el retrato de su madre en el afiche que está colgado sobre las ruinas del Centro Clandestino de Detención y Tortura Club Atlético, que está -estaba- ubicado debajo de la autopista 25 de mayo de la capital argentina.

Aquí está Coca, mirá- señala la foto de Virginia Isabel Cazalas, su madre, entre las centenares de imágenes de personas impresas sobre una sábana como recuerdo de quienes estuvieron presos aquí.

Josefina está acá porque este fue el último lugar donde, según testimonios de otros detenidos sobrevivientes, su madre fue vista por última vez.

A principios de 1978, cuando tenía 8 años, se la arrebataron de la casa en donde vivían clandestinos en Buenos Aires. Desapareció, lo mismo que había ocurrido con su padre un año antes.

Y desde entonces los anda buscando, a ella y a él, sin éxito.

Virginia Isabel Cazalas, más conocida como “Coca”, era la madre de Josefina.

Josefina es una de los muchos hijos que todavía no pudieron reunirse con los huesos.

Por eso tal vez sus peregrinaciones a las ruinas de Club Atlético, como un mecanismo para no olvidar ante la tierra abierta de las excavación arqueológica que se realiza ahora en este lugar antes utilizado para la tortura y que quedó sepultado cuando se construyó la autopista.

“En esto hay como dos partes: primero estás como esperando, como detenido en el tiempo esperando a que vuelvan, y después hay un momento en que comenzás a buscar”, dice Josefina.

“Tengo la fantasía que me iría a dormir la siesta con los huesos”, Josefina Giglio, hija de desaparecidos.

“Siempre estás buscando”.

“Había una época en que había una publicidad en la tele y el actor era igual a mi papá. Igual. Y mi papá había estudiado teatro, entonces yo decía ‘por ahí le dieron un golpe en la cabeza, se olvidó quién es y es ese actor’. Escribí al canal y todo. Nunca nadie me contestó, obviamente… Después, mi búsqueda en serio comenzó cuando de grande empecé la universidad”.

Su despertar universitario fue también el inicio de una misión colectiva: la agrupación Hijos e Hijas por la Identidad, la Justicia contra el Olvido y el Silencio (H.I.J.O.S), algo así como una versión filial de lo que hacían las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, que fue fundada en 1994, cuando muchos de los hijos de los desaparecidos cumplieron la mayoría de edad.

El centro clandestino de detención Club Atlético funcionaba a pocas cuadras de la cancha del popular equipo de fútbol Boca Juniors.

Con ellos logró, dice, “democratizar el dolor”. Con ellos lloró, protestó en las calles.

Estudió a fondo la historia de sus padres para intentar encontrar pistas: las impresiones del sulfuro de plata en las fotografías, la tinta aplastada en las hojas de las cartas. Algo que le permitiera entender quiénes eran, por qué habían luchado, qué sentido había tenido su muerte casi segura.

Y ha visto, como un tren que pasa de largo en una estación, cómo a otros compañeros de militancia el EAAF les han restituido los restos de sus padres, mientras ella los sigue esperando.

“Tengo la fantasía que me iría a dormir la siesta con los huesos”, cuenta y se ríe. La carcajada le suelta la mirada que aguarda tras unos anteojos gruesos de carey. La idea le enciende una chispa.

“Tendría algo así como un amuleto, un deseo de hacerme un colgante con ellos”, continúa sonriente.

“La tierra contiene como un útero los huesos que esperan”, se lee en uno de los cuadros de las oficinas del EAAF.

Josefina ya tiene un collar.

Al día siguiente del secuestro en el verano del 78, cuando le dieron permiso para entrar al departamento de donde se habían llevado a Virginia para buscar algunas cosas, la única pertenencia de su madre que se llevó fue un collar de cerámica que habían comprado juntas en la feria de Plaza Francia.

“Pensaba dárselo cuando volviera”.

Durante estos años ha elaborado mil conjeturas, pero a pesar de su empeño hay cuentas que no puede obviar: el EAAF sólo tiene restos óseos de unas 600 personas y siguen hallándose algunos centenares más, pero el número queda muy lejos de los 30.000 desaparecidos que calculan las organizaciones de derechos humanos e incluso de los 10.000 que reconocen las fuentes más conservadoras.

Y a muchos de ellos, se sabe, los tiraron al Río de la Plata y al mar desde los llamados “vuelos de la muerte”.

“Durante mucho tiempo tenía la sensación de ser hija de un agujero negro y los huesos siento que me permiten esa continuidad: yo soy esos huesos, voy a ser esos huesos. Recuperar esa continuidad que se cortó. Uno cree que una tibia y un peroné son innecesarios, hasta que te das cuenta de que son una fuente de alivio y te darían un cierre”, reclama.

Una fila india de camiones interrumpe la charla hasta el punto de suspenderla. Pero antes de irse ella mira el abismo de las excavaciones: dice que siempre busca algún objeto, alguna presilla, un pedazo de herencia que le debe el destino.

Para tenerlo mientras llegan los huesos.

Y es así que en mi transito virtual encuentro una noticia de hace cuatro días, una fotografía de dos hijos – Josefina y Francisco – hijos de Virginia y Carlos, huérfanos por el terrorismo de Estado en la Argentina que una vez nos acogio a mis hijos y a mi, donde vivimos la segunda dictadura a las que hemos sobrevivido.

Carlos y Vibel –el padre y la madre de Josefina, Coco y Coca para sus compañeros de partido- militaban en el Partido Comunista Marxista Leninista (PCML). Carlos era arquitecto, había caído el 19 de mayo de 1976 en una reunión del partido en Combate de los Pozos y Pavón, por un vecino que lo denunció. Cuando intentaba huir por la terraza, fue herido en una pierna y cayó al pozo de luz. Nunca más se supo de él. Desde entonces, Vibel –psicoanalista- peregrinaba entre una sombra y la otra mirándose las espaldas. Los militares la alcanzaron un año y medio después, en un departamento de Belgrano R. No estaba sola: Josefina tenía 7 años, Francisco uno y medio. Estaban además otros militantes del PCML. Los militares lo llamaron Operativo Escoba.

“Entre que se llevan a mi padre, el 19 de mayo de 1976, y caemos con mi madre el 5 de diciembre de 1977, hubo un dispositivo de pinzas para buscarla. La noche del 8 de junio se llevaron en La Plata a mi abuela paterna, Tecla, a mi tío que estaba con ella, en Tres Arroyos a Polo, y en Mones Casón, cerca de Carlos Casares, a mi tío Oscar Bossier, el cuñado de mi padre”.

http://memoria.telam.com.ar/noticia/-un-brigadier-dijo-que-mama-era-la-mujer-mas-buscada-_n3809

Necesitamos recuperar los restos. Josefina y Francisco Giglio

Josefina y Francisco Giglio declararon en el juicio por los crímenes cometidos en el llamado circuito ABO.

Los testimonios de Josefina y Francisco Giglio, hijos de los desaparecidos Virginia Isabel Cazalás y Carlos Giglio, inauguraron la audiencia que reactivó tras la feria el tercer tramo del juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en los centros clandestinos de detención y exterminio Atlético, Banco y Olimpo. Fue la primera vez que ambos contaron en tribunales la historia de sus vidas desde la arista que representa el secuestro y la desaparición de su mamá, que fue vista en el Banco por sobrevivientes. “Vebel”, como la llamaban en su familia. “Coca”, como la habían bautizado sus compañeros de militancia del Partido Comunista Marxista Leninista (PCML), fue llevada del departamento en el que estaba escondida la noche del 5 de diciembre de 1977 por una patota del Ejército. Estaba en camisón. Josefina, de siete años, y Francisco, de año y medio, fueron dejados con una vecina. Crecieron con sus abuelos maternos en Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires. Nunca más supieron de su mamá ni de su papá, que había desaparecido en mayo del ‘76. Con cuarenta, Francisco reconoció ante el Tribunal Oral Federal número 2 que todavía los espera. No obstante, reclamó por sus restos, al igual que su hermana, que se quejó de que los acusados no presencien el juicio. “No alcanza con los juicios. Sería bueno que los imputados estén sentados acá también. Todas las noches pienso en el cuerpo de mi madre violado y torturado. Y los señores que dieron las órdenes y las cumplieron piensan que hicieron un bien a la patria”, remató, sobreponiéndose al llanto, que logró contener durante todo su testimonio. El público que presenció la jornada la aplaudió un rato largo. Cuando el TOF le dio permiso para retirarse, ella tomó el collar de perlas grandotas que era de su mamá, y que había colocado en la mesa del estrado al comenzar a hablar, y se lo puso.

“Primero quisiera contar un poco sobre mi mamá, que era la más linda del mundo”, propuso Josefina como respuesta a la consulta que le realizó la fiscal Gabriela Sosti para introducirla en su testimonio. La hija de “Coca” completó la selección de fotografías entregadas al TOF que había iniciado su hermano, quien la precedió en el estrado. Josefina explicó que cuando un policía y una presunta asistente social la llevaron al departamento de Belgrano R donde la noche anterior habían secuestrado a su mamá para que agarrase ropa para ella y para su hermano, bebé entonces, ella también se llevó una bolsa con fotos que su mamá siempre llevaba de casa a casa y ese collar de perlas grandotas, que “a ella le gustaba mucho” y que encontró sobre su mesita de luz. Ayer, mientras declaraba, lo sacó de su cartera y lo puso sobre la mesa del estrado.

Pasaron más de 40 años, pero Josefina fue clara y precisa para contar lo ocurrido la noche del 5 de diciembre de 1977 y las que le siguieron. Ella, su mamá y su hermano vivían en un departamento de la calle Ramón Freyre con dos compañeros de militancia: Mariano Montequón y Patricia Villar. Esa noche acababan de cenar y hacía calor. “Mi mamá estaba en camisón, y así se la llevan, y yo estaba en bombacha”, contó.

Sientieron que rompían la puerta de entrada. “Yo me escondí porque no quería que me vieran, mi mamá pidió cambiarse pero no la dejaron. A nosotros nos dejaron con la vecina”, siguió. Aún hoy, le extraña que ella no le haya dado “alguna instrucción” antes de que se la llevaran.

Años después se reencontró con Susana Martínez, la vecina a la que “tres jóvenes de civil” le pidieron que cuidara a ella y a Francisco “hasta que llegara la Policía”. Susana también declaró ayer en el juicio. El otro testigo fue Daniel Merialdo, un sobreviviente del circuito ABO.

Cuando la encontró, Susana le dijo que la última vez que la vio su mamá estaba tirada en el suelo, apretada por una pistola larga. Con el tiempo, ella y su hermano supieron que su madre fue atrapada en un operativo al que el Ejército llamó “Escoba” y que barrió con casi todos los militantes del PCML.

Al otro día, la policía los llevó a buscar ropa al departamento reventado por el Ejército. “Cuando esta mujer que dijo ser asistente social pero que no aparece en ningún registro me vio con la bolsa de fotos, me sentó en la mesa y me hizo verlas una por una mientras me preguntaba ‘¿este quién es? ¿y éste quién es? Yo estaba entrenada y sabía que no tenía que decir nada”.

Tenía siete años Josefina, pero ya sabía que en la escuela y en todos lados era María José Roldán. La familia estaba clandestina desde 1975, cuando les allanaron la casa. Francisco nació en julio de 1976, pero su padre no llegó a conocerlo. Fue secuestrado en Constitución, un mes antes. “Nos quedamos solos. Pienso mucho en esa mujer sola, con dos hijos y escapando”, relató Josefina.

Tres días después del secuestro de su mamá, su abuelo de Polo, de Tres Arroyos, los fue a buscar. Cuando fueron creciendo, Polo les contó que para dar con Vibel los terroristas dieron un par de pasos antes de reventar el departamento de Freyre: lo secuestraron a él –permaneció un mes en Vesubio–; a su abuela paterna y a un tío paterno y a un cuñado de Carlos Giglio.

El relato de Francisco fue menos detallista. El tenía un año y medio cuando ocurrió todo. Coincidió con su hermana en el sentimiento de espera. “Llegó la democracia y todos pensábamos que los iban a liberar, porque creíamos que estaban detenidos en algún lugar. Yo creí que iban a aparecer para mi cumpleaños de quince. Y luego, para mi fiesta de egresados”, intentó explicar ella, que comparó al gobierno de Raúl Alfonsín con “la esperanza”; al indulto de Carlos Menem con “el abismo” y a las gestiones kirchneristas con el abandono de la clandestinidad. “Yo sentí que salía de la clandestinidad, que podía decir que mis viejos estaban desaparecidos y que no era mi culpa, y que había un Estado que en vez de discutir la cantidad de desaparecidos debería estar buscando los restos de mi padre y de otros”.

Francisco lo analizó desde la figura del “desaparecido”, esa que “produce algo tremendo en la mente de un hijo, porque siempre lo estás esperando. Yo tengo 40 y sigo esperándolos en algún rincón de mí. La perversidad es tremenda”.

Ambos saben que no volverán, por eso ven una posibilidad de “cierre” en la recuperación de los restos. “Necesito recuperar los restos de mis padres – dijo Francisco– sería de alguna manera reencontrarme con ellos”.

Josefina también reclamó los restos: “Me gustaría que el Poder Judicial le exija al Ejecutivo que disponga de todos los medios para encontrar los huesos de mis padres y de todos los desaparecidos. Y que le dé prioridad a la búsqueda de todos los chicos que fueron robados. Yo no quiero que mis hijos crezcan buscando los huesos de su abuela. Ya pasaron 40 años, ya es tiempo”.

Film acerca dictadura,exilio, desaparición forzada.“Te extraño, hermano”.

Film acerca dictadura,exilio, desaparición forzada.“Te extraño, hermano”.

 

TE Extraño.

 

La película Te extraño (2010), del director argentino Fabián Hoffman, puede interpretarse como un relato de formación. El filme narra la historia de Javier, un adolescente de 15 años que vive con su familia en Argentina. Luego de la desaparición Adrián (hermano de Javier y militante del grupo Montoneros) Javier es enviado a vivir a México. Es en el exilio y en el subsecuente regreso a su país donde el protagonista vivirá la transición de la adolescencia a la madurez.

 

Una de las características principales de las narrativas de formación es que son contadas desde una perspectiva personal. Así, el filme de Hoffman no pretende explicar las razones del golpe de estado o de la dictadura. Tampoco explora los motivos políticos e históricos del conflicto, pues como bien ha señalado el director en diversas entrevistas, el objetivo de la cinta era indagar cómo un adolescente vive dichos momentos de crisis política. Lo que interesa es mirar el impacto de la desaparición forzada y el exilio en el protagonista; es decir, observar a través de sus ojos. Por este motivo la película se centra en cómo estos hechos llevan a Javier configurar su identidad y a elegir un lugar dentro del mundo.

 

Debido a esta perspectiva íntima la película se desarrolla casi enteramente en un ambiente familiar. Abundan escenas en espacios cotidianos que nos recuerdan a nuestra vida durante la adolescencia: cenas y días de campo con nuestros padres, conversaciones en el comedor o en nuestra habitación; el viaje de la casa a la escuela y viceversa. Además, durante toda la película (a excepción del final) no se utiliza música para ambientar las escenas. Por el contrario, hay un énfasis en los sonidos que provienen de objetos ordinarios, como la televisión, la radio, los carros, un abanico, un reloj, personas cocinando y demás. Este uso de los sonidos crea una narración aún más íntima y subjetiva, como corresponde a este tipo de historias.

 

Es importante recalcar que la desaparición de Adrián es el motor de la narración fílmica, es decir, aquello que detona el movimiento exterior e interior del protagonista. Por un lado, la desaparición traslada a Javier de Argentina a México y lo transforma de un adolescente común a un exiliado. Por otro, lo reta a tomar una posición ante la tragedia familiar y el contexto político de su país. ¿Qué significa quedarse en México o regresar a Argentina? ¿Cuál es la mejor forma de recordar a su hermano? ¿Debería dejar atrás la muerte de Adrián y continuar con su vida? ¿O debería regresar a casa y vivir bajo la dictadura? México y Argentina se convierten así en algo más que lugares en el espacio. Son la representación de las decisiones que Javier debe tomar respecto a la dictadura, a la familia y a la memoria de su hermano desaparecido.

 

Estas preguntas que surgen ante Javier, y que suponen tomar una decisión, no podrían originarse antes de la desaparición de Adrián. Como otros protagonistas de los relatos de formación, Javier se encontraba resguardado en un ambiente conocido, en donde no era necesario adoptar una postura ante la sociedad. Por lo tanto, no tenía un participación importante dentro de la política o la vida familiar. Su vida, la de un estudiante y un adolescente cualquiera, se limitaba a asistir al colegio y ayudar en la casa.

 

Podemos ver esto en dos escenas que se repiten en el filme. En una, Javier le pide a su padre de las llaves de la quinta de la familia (a petición de Adrián), a lo que el padre responde negativamente. Después de esto vemos a Javier lavando los trastes, solo y dando la espalda a la cámara. En otra escena, ya en la quinta familiar, Adrián y otros miembros de Montoneros tienen una junta para discutir acciones políticas. Javier quiere escuchar y se mantiene cerca del grupo. Sin embargo, un miembro le cierra la puerta en la cara, por lo que queda fuera de la conversación. Javier de nuevo es relegado a la cocina y podemos verlo de espaldas, preparando la comida para los guerrilleros. Así pues, el lugar de Javier como estudiante y adolescente (un lugar secundario y menos activo) se resalta. No obstante, Javier ya muestran ciertos rasgos de individualidad antes de partir a México . Además de ser bastante inteligente (como es usual en los protagonistas del bildungsroman) realiza acciones rebeldes como pintar las paredes de su colegio o explotar una caja con volantes.

 

De acuerdo al género de los relatos de formación, la búsqueda de una voz propia y de la identidad siempre suponen un alejamiento de los modelos establecidos, representados ya sea por los padres o por la sociedad. Así, Javier se encuentra solo en México y debe enfrentar ese nuevo mundo por su propia cuenta, pues ya no están sus padres ni su hermano para guiarlo. Esta búsqueda de identidad genera soledad y ensimismamiento (que a la vez son intrínsecos en el paso de la adolescencia a la madurez). Por este motivo es usual ver a Javier caminando solo por la calles de la Ciudad de México, tocando las paredes con la mano y mirando hacia abajo. En otras escenas lo observamos acostado en la cama, con una mirada pensativa y absorta. Y aunque haya otros personajes que acompañan a Javier durante su estancia en el Distrito Federal, las decisiones que debe tomar le corresponden a él. Así, aunque acompañado, Javier se encuentra siempre solo.

 

En una charla con Fabián Hoffman en la Cineteca Nacional, el director comenta el porqué detrás del título de su película. A muchos les llamaba la atención un nombre tan íntimo (Te extraño) para una película contextualizada en la dictadura. La razón es que es un sentimiento tan humano (en palabras de Hoffman, tan llano), que surge a partir de la desaparición forzada. De acuerdo el director el título nos dice: “Te extraño, hermano”. Como lo han señalado diversos estudios, la desaparición de un ser querido es un evento traumático que no permite realizar un proceso de duelo. Al no saber qué sucedió con la persona amada, los familiares y amigos viven una desesperación constante. Javier también vive esta situación, que se representa en la película mediante un entrelazamiento de espacios y recuerdos. A pesar de estar en su habitación en México, Javier puede oír los ruidos de cuando compartía el cuarto con su hermano. Asimismo, confunde a desconocidos que caminan por la ciudad con Adrián. Los recuerdos regresan a pesar de la distancia, pues la desaparición no se puede borrar ni olvidar. Cambiar de espacio puede significar cambiar de vida, pero hay ciertos eventos imposibles de dejar atrás.

 

Por este motivo, luego de pasar casi un año en México, y de tener una fuerte discusión con dos guerrilleros y amigos de Adrián, Javier decide regresar a Argentina. Es este regreso el que nos permite ver los cambios internos que ha vivido y la identidad que ha formado a partir de su exilio y la desaparición de su hermano. Ya abordo del avión que lo llevará a casa, Javier decide brindar con una mujer que está sentada al lado suyo. Al mencionar que tiene un hermano desaparecido,la mujer le voltea la cara inmediatamente y deja de conversar con él. Este gesto de reconocimiento ante la desaparición forzada nos indica que Javier no ha olvidado la memoria de su hermano. Asimismo, es una acción personal que resiste el estigma de la militancia que caería sobre los guerrilleros desaparecidos a lo largo de la dictadura. Otro gesto importante es que Javier es el único miembro de la familia capaz de decirle a la abuela que Adrián está desaparecido. Ante el secretismo de sus padres, que solo podría traer más dolor a la familia, Javier mira a su abuela a los ojos, y a pesar de que va a romperle el corazón, le dice la verdad que tiene derecho a saber: Adrián ya no está.

 

Pasar de la adolescencia a la madurez no es un proceso sencillo, especialmente si se vive en contextos tan convulsos como una dictadura. No obstante, tanto en los relatos de formación como en la vida misma, es necesario forjar una identidad con la cual encarar al mundo. El viaje interior y geográfico de Javier en Te extraño ilustran perfectamente las palabras de su director: “lo más importante en la vida es tener una voz propia”. Hoffman, como familiar de un desaparecido y como exiliado, explora a profundidad aquellos momentos que nos convierten en lo que somos: las heridas de las cuales surgimos y las personas a las que nunca podremos olvidar.

En la página de la Cineteca NACIONAL DE México se exhibió este film cuya reseña explica que

Te extraño (México-Argentina, 2010), segundo filme del realizador Fabián Hofman, es el título que inaugura la Colección Cineteca y el primer DVD de producción nacional editado por esta institución a lo largo de su historia. Así mismo es la primera producción mexicana de la cual la Cineteca Nacional adquiere los derechos de exhibición, reafirmando su compromiso con la difusión del cine nacional.

Presentada mundialmente en la Berlinale 2010 y exhibida con éxito en el 30 Foro Internacional de la Cineteca Nacional, la cinta narra, a partir de la estrecha relación de un par de hermanos adolescentes, el vacío que deja la desaparición del mayor en la vida del menor, todo ello enmarcado en el contexto político turbulento que atravesaba la Argentina en la década de los setenta.

Fabián Hofman, quien fue durante una década Director Académico del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), explora en Te extraño la ausencia, el exilio, el desarraigo y la impotencia para construir una historia que privilegia la dimensión íntima, privada, sobre el entorno político, que aún sin perder su poder, se convierte en el telón de fondo de una trama donde el amor fraternal es protagonista. Se trata de un filme sobre la madurez, la pérdida y el modo en que un adolescente lidia con ella.

El filme ha participado en numerosos festivales internacionales, entre ellos en el Festival Internacional de Seattle (EUA, junio/2010), en el San Francisco Jewish (EUA, julio/2010) y recientemente en el Festival Internacional de Montreal (Canadá, septiembre/2010). Asimismo está confirmada su exhibición en el Festival de Río de Janeiro (Brasil, octubre/2010) y en el Festival Internacional de Chicago (EUA, octubre/2010), entre otros.

Te extraño (México-Argentina, 2010), segundo filme del realizador Fabián Hofman, es el título que inaugura la Colección Cineteca y el primer DVD de producción nacional editado por esta institución a lo largo de su historia. Así mismo es la primera producción mexicana de la cual la Cineteca Nacional adquiere los derechos de exhibición, reafirmando su compromiso con la difusión del cine nacional.

Presentada mundialmente en la Berlinale 2010 y exhibida con éxito en el 30 Foro Internacional de la Cineteca Nacional, la cinta narra, a partir de la estrecha relación de un par de hermanos adolescentes, el vacío que deja la desaparición del mayor en la vida del menor, todo ello enmarcado en el contexto político turbulento que atravesaba la Argentina en la década de los setenta.

Fabián Hofman, quien fue durante una década Director Académico del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), explora en Te extraño la ausencia, el exilio, el desarraigo y la impotencia para construir una historia que privilegia la dimensión íntima, privada, sobre el entorno político, que aún sin perder su poder, se convierte en el telón de fondo de una trama donde el amor fraternal es protagonista. Se trata de un filme sobre la madurez, la pérdida y el modo en que un adolescente lidia con ella.

El filme ha participado en numerosos festivales internacionales, entre ellos en el Festival Internacional de Seattle (EUA, junio/2010), en el San Francisco Jewish (EUA, julio/2010) y recientemente en el Festival Internacional de Montreal (Canadá, septiembre/2010). Asimismo está confirmada su exhibición en el Festival de Río de Janeiro (Brasil, octubre/2010) y en el Festival Internacional de Chicago (EUA, octubre/2010), entre otros.

Familia Gallardo. Núcleos familiares que fueron desmembrados durante la dictadura.

DestacadoFamilia Gallardo. Núcleos familiares que fueron desmembrados durante la dictadura.

39 AÑOS DE ESPERA SIN JUSTICIA

La incansable lucha de la familia Gallardo Moreno

Para mí, la historia de mi familia es una historia de amor profundo, de amor por el pueblo chileno, por la familia. Un amor que habla de sueños de transformación. A pesar de la masacre de mi familia y de la falta de justicia, mi historia e identidad me llena de orgullo-afirma Alberto Rodríguez Gallardo

Entre 1975 y 1976 cinco integrantes de la familia Gallardo Moreno fueron asesinados por agentes de la DINA. Tres fueron torturados hasta la muerte en Villa Grimaldi y dos acribillados a balazos. A pesar de que han pasado casi cuatro décadas de sus asesinatos todavía no tienen justicia. Esta es la historia de una familia que fue víctima de uno de los peores montajes mediáticos durante la dictadura: el emblemático caso de Rinconada de Maipú. Hoy, los sobrevivientes, cuentan la historia de los que ya no están.

Rinconada

Isabel Gallardo Moreno de 16 años salió rápido de su casa a comprar el diario a petición de su hermana Catalina. Pensó que no lo encontraría porque era tarde. Catalina estaba nerviosa, daba vueltas de un lado a otro con su hijo de seis meses en brazos y necesitaba ver las noticias. Cuando regresó su hermana con el diario leyeron juntas sobre un enfrentamiento en una escuela de Santiago que dejó dos muertos: un “extremista” y un soldado del Ejército. Poco rato después, llega Mónica Pacheco (25), la esposa de su hermano Roberto Gallardo Moreno, embarazada de tres meses a conversar con Catalina. Fue la noche del 18 de noviembre de 1975.

Estaban perseguidas y querían pasar la noche. Pero yo vivía en una casa muy pequeña en Almirante Barroso con San Pablo y no tenía espacio así que fui donde un vecino amigo para ver si podía recibirlas, pero su padre era militar. Ahí me quedé sin opciones así que me devolví a la casa- relata Isabel Gallardo.

El pequeño Alberto, en brazos de su madre, no paraba de llorar. Isabel prefirió sacarlo de la casa pero no alcanzó.

A unos cuantos metros suyos vio a cuatro tipos salir de un auto negro que pertenecían a la Brigada de Investigaciones. Su instinto actuó rápido: “Atiné a devolverme con el Beto en los brazos, pensé pasarlo y que me detuvieran a mí. Pero no alcancé a hacer nada cuando entran a mi casa, encuentran a mi hermana Catalina y mi cuñada Mónica. Pensé en pasarle al niño al primero que abriera y que me llevaran a mí. Pero aparece otro auto más y nos meten a todos adentro”, relata Isabel.

Pocas horas antes, Ofelia Aida Moreno, madre de Isabel y Catalina, estaba en una reunión del colegio de su nieta Viviana de 9 años. Su esposo, Alberto Gallardo (63) va a buscarla de emergencia: el director general de la PDI, Ernesto Baeza Michelsen, estaba con hombres en su casa buscando a su hijo Roberto. Sin obtener respuesta se llevan detenidos a Ofelia, Alberto, su hijo Guillermo (32) y su nieta Viviana, de 9 años.

La familia casi completa llega al cuartel de Investigaciones de General Mackenna, donde se reúnen por última vez en el pasillo subterráneo aledaño a las salas de interrogatorio. “Te encargo a mi mamá y cuando salgas de acá tienes que buscar a Rolando (su esposo) y dile que vamos al norte”, le dice Catalina a Isabel. También les encarga a su hijo Beto. Isabel, sin entender el mensaje, le dice que sí, sin cuestionarlo. Luego comenzaron los interrogatorios. Algunos con amenazas verbales, otros con metralleta y golpes.

Me preguntaban por las actividades políticas de mi familia, en qué trabajaban. Yo decía que Catalina era secretaria y mi hermano Roberto, vendedor ambulante. También me preguntaban si mi papá tenía militancia política y, como yo pensaba que la detención era un error, por eso les dije que cuando joven era comunista– recuerda Isabel.

Fue la última vez que la familia permaneció junta. Luego los separan para siempre. A Guillermo, su madre Ofelia, Viviana, Isabel y al bebé los mandaron a una caseta de seguridad. Alberto Gallardo, Mónica y Catalina quedaron en las salas de interrogatorio.

Temprano al día siguiente el director de la PDI, Baeza Michelsen, va a buscar al primer grupo a la caseta de seguridad y les dice: “Pueden irse a su casa, pero sepa usted, señora, que su hijo Roberto murió ayer y a Catalina, Mónica y Alberto los tiene que reclamar en la DINA”. Todos comienzan a llorar por Roberto sin entender qué estaba pasando. La familia Gallardo Moreno no tenía idea qué era la DINA.

Historia de persecución

Alberto Gallardo Pacheco llegó a Santiago a los 25 años, desde el pueblo de Gatico, cerca de Tocopilla. En el norte se había hecho militante del partido comunista y, por falta de trabajo como tornero mecánico, decidió arrendar una pieza en una pensión con unos compañeros. Ahí conoció a Ofelia de 17 años y nunca más se separaron. Familia grande y unida de cuatro hijos: Isabel, Roberto, Catalina y Guillermo. Llevaban una vida tranquila, hasta que en 1958 Alberto se ve obligado a emigrar a Argentina, porque nadie acá le daba trabajo por estar en la lista negra por ser comunista cuando el presidente González Videla decretó la ilegalidad del partido.

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En Argentina todo fue más llevadero. Una parroquia del barrio empezó a llamar la atención de los hijos y de Ofelia. La más entusiasta era Catalina, que entró a Acción Católica Argentina y al poco tiempo Roberto siguió sus pasos, logrando que toda la familia se acercara a la Iglesia. En 1969 Isabel vuelve a Chile junto a sus padres y en 1970 Catalina y Roberto se les unen.

Empezaron a militar en la juventud Obrera Cristiana (JOC), con quienes todos los veranos organizaban un paseo en una casa donada por el cardenal José María Caro en El Quisco, destinada exclusivamente para ser la “casa de vacaciones de obreros”. Esa enorme casa de 50 camarotes por cada lado, la preparaban todos los veranos los hermanos Gallardo Moreno como voluntarios.

En esa época se conversaba mucho no solo de religión si no también de cómo bajar la religión a la realidad. Ahí formamos nuestra conciencia de clase, en el proceso de la Unidad Popular. Porque todos éramos hijos de trabajadores- recuerda Isabel con nostalgia.

En verano de 1970, Juana Ramírez, una religiosa de la Congregación Hijas del Corazón de María y amiga cercana del padre José Aldunate, conoce por primera vez en El Quisco a Roberto Gallardo.

Juana aún no olvida las primeras palabras que cruzaron:
Hermana, ¿por qué murió Jesús en la cruz? – preguntaba Roberto.
Porque esa era la voluntad de Dios – le decía Juana.
No, hermana, Jesús murió en la cruz porque era un rebelde que le hizo frente al imperio romano y quería justicia para el pueblo israelí.

“También me decía que Jesús no estaba en el cielo si no entre nosotros. Y esas palabras llevaron la revolución a mi vida. Yo siempre digo, él me evangelizó a mí”, recuerda con cariño Juana Ramírez. Dos años después Rolando fue a visitarla al El Quisco con su polola Mónica. “Ella era una dulzura, de una ternura increíble. Me invitaron a comer un poco de arrocito con leche, conversamos y regaloneamos. Andaban vendiendo unos avioncitos de plumavit en la playa. Esa fue la última vez que los vi vivos”, cuenta Juana. Solo tres años después Juana, con el padre José Aldunate y la hermana de Ofelia Moreno, serían los encargados de reconocer sus cuerpos torturados.

La revolución latente que Roberto llevaba la compartía con Mónica, Catalina y su novio Rolando Rodríguez, quien era dirigente nacional de la JOC y militante del MIR. “Tomamos conciencia y nos hicimos comprometidos con el proceso de la UP. Yo participaba en la Juventud Socialista y en las marchas, que eran casi todos los días, veía a Rolando. Él iba con la gente del MIR. Muchos amigos cercanos estaban ahí, el estallido social era impresionante”, recuerda Isabel.

Tan lejos llegó esa complicidad entre ellos, que Catalina y Rolando, con Roberto y Mónica se decidieron casar exactamente una semana antes del golpe de Estado. Fue una gran fiesta familiar. Pero la alegría no duraría mucho.

El 11 de septiembre del 73 los hermanos Gallardo Moreno salieron juntos en un taxi, dejando a sus padres, Ofelia y Alberto en la casa. Tenían una reunión en una fábrica cerca de Cumming con la Alameda, ahí un grupo intentó organizarse reuniendo implementos de primeros auxilios y enseñando a usar armas.

Isabel tenía un kit de emergencia con medicamentos para la ocasión. “Todos pensábamos que iba a ser un enfrentamiento cuerpo a cuerpo. De momios contra nosotros. Nunca pensé lo que realmente sería, fui muy ilusa”, recuerda Isabel. Pero eso fue solo el comienzo. Su hermano Roberto Gallardo, que siempre había perseguido sus ideales, ingresó obligatoriamente al Servicio Militar, teniendo que vivir como conscripto aquel año.

Mi abuela siempre nos cuenta que mi tío Roberto era extrovertido. De risa fácil, un hombre que le gustaba divertirse todo el tiempo. Pero cuando entró al ejército su sonrisa se borró – cuenta Alberto Rodríguez.

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Luego de largas jornadas diarias, Roberto llegaba a su casa atribulado. Le contaba a su madre que había sido obligado a participar en allanamientos en poblaciones donde tenía que fingir que golpeaba a la gente. A veces pasaban días sin saber de él, a ratos lo acuartelaban y no tenían ninguna noticia suya en varios días. “Finalmente por una complicación del primer embarazo de su esposa Mónica pudo salirse, porque estaba desesperado. Apeló a la salud de Mónica y la pobreza de la familia. Logró salir, pero algo en él había cambiado por lo que le había tocado vivir. Roberto se volvió reservado”, cuenta Isabel.

Noche de horrores

Después de ser liberados por la Brigada de Investigaciones la mañana del 19 de noviembre de 1976 y que les anunciaran la muerte de su hermano Roberto Gallardo, Isabel y Guillermo empezaron a hacer los trámites para encontrar su cuerpo. Su madre Ofelia estaba pasmada. Fueron a la morgue pero nadie con su nombre estaba ahí. Isabel recuerda que alguien les dijo que debían ir a poner una denuncia al Comité Pro Paz -organismo de la Iglesia católica que buscaba resguardar los derechos humanos- y que ahí expusieran su caso. Sin saber qué hacía el Comité, llegó allá y le contó su historia a Juana Ramírez que trabajaba ahí desde 1974. Juana sabía exactamente quien era Roberto. Entre llantos y desesperación en el Comité les propusieron interponer un recurso de amparo por Catalina, Roberto, Mónica y Alberto Gallardo.

Todas las luces de esperanzas, sin embargo, se derrumbaron cuando vecinos le avisan a la señora Ofelia que nombraban a su esposo, su hija y nuera en la televisión mientras sus otros hijos hacían los trámites. En una entrevista con la revista Pastoral Popular en marzo de 1991, ella recordó ese momento:

Isabel y Guillermo andaban en el Comité Pro Paz cuando recibo un llamado telefónico de una hermana que me dice que vea las noticias. Se trataba de un extra informativo donde se hablaba de un enfrentamiento con organismos de seguridad en la Rinconada de Maipú. Señalaban que habían sido exterminados “los extremistas” y daban los nombres de mi esposo, mi hija Catalina y mi nuera Mónica. Me negué a todo. Pero a las 9 de la noche sale un reportaje de Julio López Blanco sobre el enfrentamiento y seguí negando. Pensé que era una mentira para que mi hijo Roberto se presentara a las autoridades– comenta la señora Ofelia en esa entrevista.

Fue una noche terrible. En la televisión los periodistas Claudio Sánchez y Julio López Blanco daban detalles de un enfrentamiento que a nadie en la familia le hacía sentido.

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-Empieza a nombrar nuestros familiares como los caídos y nosotros no entendíamos nada. No sabíamos que decir, fue la noche más horrorosa, fue terrible. Todos nos acostamos en una sola cama pero no pudimos pegar ni una sola pestaña, por las dudas y por la angustia, fue un sentimiento indescriptible- recuerda Isabel acongojada.

Hasta ese momento parte de la familia Gallardo Moreno todavía no entendía la noche de horror que habían vivido sus seres queridos. Noche que estuvo muy lejos de ser un enfrentamiento armado en los cerros de la Rinconada de Maipú. Catalina Gallardo, Mónica Pacheco y Alberto Gallardo fueron trasladados desde el cuartel de la Brigada de Investigaciones al cuartel militar Terranova (denominado más tarde Villa Grimaldi). Las justificaciones para su detención estaban claras para la DINA: El día anterior se había producido un operativo armado de miembros del MIR en la Escuela Bío-Bío en Santiago. A consecuencia del cual falleció el soldado Hernán Salinas y el militante del MIR Roberto Gallardo Moreno (25), hermano de Catalina, esposo de Mónica e hijo de Alberto.

Como constan los testigos presentes en el Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, la noche del 18 de noviembre fue la peor noche de Villa Grimaldi. Testigos aseguran que hubo un gran movimiento de vehículos, donde dos detenidas fueron llevadas a las piezas de tortura aledañas a las celdas de mujeres. También recuerdan que un anciano estuvo largo rato en el jardín del cuartel, donde se escuchaban gritos y mucho movimiento. Luego se les sumaron varios detenidos más y las dos mujeres (Mónica y Catalina) fueron llevadas al jardín, donde se escuchaban los gritos de Marcelo Moren Brito pidiendo agua caliente y aceite hirviendo.
Los gritos quedaron marcados en los recuerdos de los detenidos.

Leila Pérez, detenida en octubre de 1975, recuerda los gritos en el patio y el vozarrón inconfundible de Marcelo Moren Brito, en ese momento a cargo de Villa Grimaldi. Otro testimonio clave fue el del historiador Gabriel Salazar quien también declaró que fue la peor noche de todas: golpes, gritos de los detenidos, caos e instrucciones de los agentes de la DINA que corrían para todas partes.

– Me ha tocado conversar con detenidos que estuvieron ese día como Gabriel Salazar, Patricio Bustos del Servicio Médico legal, Leila Pérez y otros. Todos convergen en que fue una noche de horror. Tanto así que gente hizo juramentos de no volver a hablar de lo que habían visto esa noche. Pero la verdad es tan liberadora que también se habla de la intachable integridad, porque a pesar de todo lo que les hicieron ellos no hablaron. Tuvieron convicción y dignidad hasta su muerte- cuenta Alberto, hijo de Catalina y Rolando Rodríguez.

Al día siguiente, como relata la señora Ofelia en su Familia Gallardo Presente: Necesito La Verdad“>Entrevista aparecida en la revista Pastoral Popular Nº 206 – Marzo de 1991, sus hijos Isabel y Guillermo volvieron a la morgue en búsqueda de respuestas. “Por la tarde, casi al cerrar la morgue, mi hijo Guillermo pudo conversar con el portero y le cuenta su tragedia. Este hombre se ablandó y lo deja entrar escondido. Ahí encuentra a mi hijo Roberto, recién llegado. Estaba desfigurado, para asegurarse de su identidad le abrió la boca y ubicó un diente característico de nuestra familia”, relata Ofelia. Roberto había muerto el 17 de noviembre en un asalto que el MIR hace a la Escuela Bío-Bío, recinto que funcionaba como fachada para esconder armamento militar que ellos pretendían recuperar para poder combatir la dictadura.
Pero nada se sabía de Catalina, Mónica y Alberto. Casi a mediados de diciembre y gracias a la gestión de la abogada de derechos humanos Fabiola Letelier -hermana de Orlando Letelier, asesinado en Washington- les entregaron los cuerpos. A reconocerlos llegaron el padre José Aldunate, Juana Ramírez y la hermana de la señora Ofelia. Juana recuerda ese momento como si fuera ayer.

Solo nos dejaron ver rápidamente los cuerpos. Catalina no tenía ojos en sus cuencas. Yo casi perdí el conocimiento, estaba profundamente conmocionada pero tenía que controlarme. Todos estaban visiblemente torturados, caras enrojecidas, quemadas con cigarros, hinchados, desfigurados, con tierra, ensangrentados. Mónica estaba embarazada de tres meses, ni te explico. Esa imagen no se me olvidará nunca– recuerda Juana.

El padre José Aldunate, a pesar de que conocía muy bien a Roberto y Catalina de la JOC, donde se relacionaban también con Mariano Puga y Roberto Bolton, se quedó en silencio. Los tres llevaron los ataúdes sellados al Cementerio General donde Ofelia esperaba a su familia.

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Fue todo muy emotivo. Los sepultureros empezaron a sacar flores de otras tumbas para ponerles, porque nadie pudo llevar flores. Desde ese momento yo nunca me pude separar de esa familia. Eran una familia pura, preciosa. Hoy soy madrina de Alberto y nunca más me separé de Ofelia – recuerda Juana Ramírez que hoy vive en el mismo terreno familiar que toda la familia en Renca.

El ensañamiento que Manuel Contreras, Marcelo Moren Brito, Víctor Laurence Mirens, Francisco Ferrer Lima, Miguel Krassnoff, entre otros, infringieron a la familia Gallardo Moreno ese día, no tuvo límites. Y esa pregunta fue la que llevó a Alberto Rodríguez a dedicarse los últimos nueve años de su vida a indagar más sobre la historia política de su familia, que hoy le llena de orgullo. Si bien aún no tiene clara las fechas, Rolando, Catalina, Mónica y Roberto entran al MIR vinculado a un grupo del Colegio Andacollo, en el barrio que vivían.

Mi familia eran muy creyentes y en esa convicción de fe se dieron cuenta que con el accionar de la Iglesia no bastaba para hacer una transformación social y ahí deciden entrar al MIR, con el fin de actuar, tomar el compromiso de lucha y luego de resistencia a la dictadura. De hecho mis papás Catalina y Rolando tenían un compromiso que si uno caía, el otro seguía. Y así fue. Cuando mataron a mi madre, mi papá pasó a la clandestinidad para seguir luchando, hasta que lo acribillan a plena luz del día- cuenta Alberto Rodríguez.

Su padre fue acribillado casi un año después el 20 de octubre de 1976 en plena calle. Su familia intentó que se asilara, pero no hubo caso. Le decía que pensara en Alberto, que crecería sin sus padres si no se iba. Pero Rolando estaba decidido a quedarse y seguir la lucha ante la dictadura que le había arrebatado a su esposa: “justamente por el Beto es que hago esto”, respondía su padre.

Lucha sin descanso

La familia Gallardo Moreno como otros núcleos familiares que fueron desmembrados durante la dictadura –como la familia Recabarren González y Vergara Toledo, entre otras- todavía están atrapadas en la impunidad. Han pasado 39 años desde los hechos y todavía los autores intelectuales y materiales de los asesinatos de Roberto Gallardo, Catalina Gallardo, Mónica Pacheco y Alberto Gallardo no reciben condena por parte de los Tribunales de Justicia, debido a que la causa judicial quedó estancada en la orden de procesamiento del juez Alejandro Solís el año 2006. Las muertes de Roberto Gallardo y Rolando Rodríguez pasan por el mismo escenario.

Hoy la abuela Ofelia Moreno tiene 89 años, Isabel Gallardo 57, Guillermo Gallardo falleció justo el 11 de septiembre de 1997 y Alberto, el niño que fue detenido junto a su madre cuando tenía seis meses, tiene 39. A pesar de ser el primer caso de la Comisión Rettig reconocido como una grave violación a los derechos humanos, aún esperan justicia.

Todo este tiempo llevamos esperando sentencia. Pero las condenas que se manejan son entre 10 y 15 años para los responsables. Ya el tiempo que llevamos esperando es mayor a la condena, es inaudito. Hoy nos damos cuenta que los montajes en Chile no han cesado y que desconfiemos de los medios es un derecho, porque han aportado a desinformar – relata frustrado Alberto.

Además de la justicia que les debe el Estado chileno, la Familia Gallardo Moreno desea que TVN y Canal 13 reconozcan públicamente su responsabilidad en uno de los montajes más sórdidos de la historia de Chile. “No es posible que hoy a casi 40 años ellos no hayan dicho que el montaje Rinconada de Maipú fue una mentira que le expusieron al país y al mundo, exigimos que den la cara ante el país y el mundo”, dice Alberto.

Solo el Colegio de Periodistas estableció sanciones por parte del Comité de Ética Metropolitano. “Al único que echaron y está sometido a proceso es Roberto Araya porque se comprobó que era agente de la DINA. Claudio Sánchez y López Blanco solo recibieron sanciones éticas”, comenta Isabel Gallardo.

En enero del 2012, la investigación del juez Alejandro Solís estableció que Roberto Araya y Julio López Blanco fueron efectivamente convocados por la DINA para emitir en televisión notas que presentaran como enfrentamiento los asesinatos de la familia Gallardo Moreno.

La “mami Ofelia” como le llaman en Renca se sumó a la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos poco tiempo después de la tragedia, siendo una de las primeras cinco integrantes. A pesar de ser nuevamente secuestrada por la DINA un año después para ser interrogada, nunca ha tenido miedo en gritar su verdad. “Si me van a matar por decir mi verdad, que me maten. Pero nadie me quitará el derecho de decir lo que me pasó”, siempre le dice a su familia. Y su lucha, hoy, está enfocada a limpiar el nombre de su familia y en hacer entender a la gente que lo que salió en televisión fue una gran mentira.

Entre los periodistas responsables no están solo los que aparecieron en pantalla. Está también Vicente Pérez Zurita, jefe de prensa de TVN en ese tiempo y también el director general del canal, Manfredo Mayol, padre del sociólogo Alfredo Mayol – comenta Isabel.

Las acusaciones de la familia están respaldadas por la investigación del juez Solís pero tampoco se ha hecho justicia respecto a los medios de comunicación que respaldaron la versión entregada por canal 13 y TVN: El Mercurio, La Segunda, Las últimas Noticias, La Tercera, la revista Qué Pasa, entre otros.

Para mí, la historia de mi familia es una historia de amor profundo, de amor por el pueblo chileno, por la familia. Un amor que habla de sueños de transformación. A pesar de la masacre de mi familia y de la falta de justicia, mi historia e identidad me llena de orgullo- afirma Alberto Rodríguez.

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familiagallardomorenopresente

Carta a mi hermano Ricardo faunes

TRES RASSSS POR RICARDO FAUNES

Para mi hermano de mares. ¿Cómo entender qué circunstancias desgraciadas lo llevaron por donde sus embarcaciones naufragaron?

“Náufragos del mundo que han perdido el corazón”
E. Cadícamo.

http://www.lashistoriasquepodemoscontar.cl/rasss.htm

 

 

ESCRIBO ESTAS LÍNEAS sobre hojas amarillentas sin saber si alguien alguna vez se interesará por leerlas. Ya sé que no al menos mi madre. Para qué si hoy divaga entre un presente ambiguo y La Serena de épocas confusas y, en su mundo de destellos, te imagina debajo de la higuera o a punto de volver de la Escuela de Derecho, aunque ésta no esté siquiera en La Serena, sino lejos, al otro lado del Mapocho. No dejaste tampoco descendencia, muchachos que habrían tenido como tú, el cabello rizado y los ojos sonrientes. Nadie quedó para que yo les pudiera pedir que recorrieran estos renglones, o que hicieran un amago por entender todo lo que siento e intento plasmar en ellos. Pese a eso insisto en escribir esta carta sin dirección y lo hago en estas hojas que ya parecen envejecidas, quizá como un adelanto de lo que inevitablemente les espera: cubrirse de polvo y amarillarse aún más por ahí en un cajón como esos papeles que a nadie le preocupan y a nadie le importan. Quién las leería si incluso esas familias adoptivas que eran nuestros amigos y los amigos de nuestros amigos, eran personas que no tenían posibilidades de encontrarse. Mundos separados cuyas distancias ya viste cómo se fueron acrecentando.

 

Ricardo, hablo de convicciones. Hoy me pesa decir cuán distintas parecían las de ustedes con las nuestras. Y por causa de esas diferencias nuestros amigos y nuestros compañeros se habían alejado también entre ellos, tal como yo y como tú nos alejamos, a pesar de haber sido los que fuimos: hermanos amigos, hermanos corsarios, no piratas, un escalafón más arriba y más noble en la hermandad de los océanos.

 

Hablo de juegos a los que ningún niño de hoy jugaría. Juegos amarillentos por los años como estas hojas que he elegido para escribirte quizá para que parezca que ha pasado tiempo desde que las escribí ahorrándome la vergüenza de no haberlo hecho antes. Pese a eso persisto, aunque reconozco que si algo hoy me impulsa es la suerte de haber encontrado por ahí a una muchacha de padres perdidos -como te perdiste tú-, cuyo padre adoptado, o cuyo padre verdadero, pudiste ser tú también o pude ser yo mismo.

 

Nada es sencillo, como ves, y me voy dando vueltas mientras digo en mi favor que hacía mucho que deseaba escribir todo esto que quería que supieras, y si bien es cierto que esa huérfana maravillosa es la que me impulsa, reconozco que mis motivos son confusos, siendo mi única certeza el que escribo como una vieja deuda que hoy por fin tengo claridad para saldar. Tal vez sea por eso Ricardo, que lo primero que digo es que la vida es un puñado de mentiras, de errores garrafales, Es necesario que lo reconozca antes de que continúe diciendo tonterías, aunque ya no importe quién tenía la razón, si tú, con tu postura de la sensatez, del análisis de las condiciones objetivas, si yo con mi voluntarismo, con mi rebeldía, ésa que tú condenaste tantas veces. Es que tú aprendiste a amar los cambios a la manera ordenada de como sugerían tus patriarcas, y yo pasé por Marx y me fui directo de Lenin al Che y a su diario libertario.

 

Desde aquí, esto ya no es cierto, Ricardo, piénsalo bien: es mentira que el señor Délano con su famoso libro “La base”, y lo del Diario de Guevara no es verdad tampoco. El padre de nuestra madre fue quien nos contagió su solidaridad, y lo hizo con los cuentos maravillosos que hincados a la orilla de su cama solía relatarnos, ¿te acuerdas?: la zorra pícara y la historia del buey “tengo”, Pedro Urdemales. Espero que todavía los puedas recordar y que te acuerdes también de cómo nos maravillaban y de cómo nos maravillaban también aquellos rebeldes, héroes y antihéroes que entre las historias de navegantes vengadores que él mismo inventaba, nos iba contagiando espíritu de bien, espíritu solidario.

 

“El tonto de la puerta, no era nada de leso, chiquillos. Fíjense que hubo un terremoto tremendo. ¿Irá haber otros terremotos como ése, tatita?

Chiito… ya no hay terremotos como ésos. Pero entonces sí los había, y éste tocó justo donde vivía el tonto de la puerta. Pucha, tatita.

Sí, pucha. No quedó nada en pie en el pueblo, y la gente tuvo que irse buscando lugares como éste donde ya no terremotea. Ah… ¿y el tonto, tatita?

Bueno, el tonto se tenía que ir también, no había remedio, pero como les dije, no era nada de leso, así que dijo, “bueno, me voy, pero me llevo la puerta de mi casa que quedó sola ahí paradita”. Y partió, fíjense, por los caminos, con la mole de roble al hombro junto con todos los otros. ¿Y para qué quería la puerta el tonto, tatita, si ya no tenía casa que cerrar?

Chiito, ¿no les dije que el tonto no era nada de leso? Es que esa puerta era maravillosa con ensambles cola de milano y si venía un forajido a molestarlos, ¡zape! que el tonto le atracaba un portonazo. Y si se mandaba a llover, ponía la puerta en las ramas de algún árbol bajo y se cubría con ella y cubría también a sus amigos que iban con él. Pero eso no es nada, si venía el rico del pueblo a echarlos, él los defendía con su puerta como escudo de madera, porque los ricos son abusadores por naturaleza y no reconocen justicia ni reglamentos, por eso, ¡zape!, hay que darles con todo, con piedras y con palos.

 

Los cuentos del tata fueron nuestra base, Ricardo, ni Luis Enrique Délano ni Ernesto Che Guevara, eso no es algo que pueda negarse, aunque ya no importe, aunque a nadie le importe. Para mí, tu libro “La base”, no era más que basura, un folletín amanerado, y así mismo, tu planteamiento del ejército respetuoso de las leyes, una patraña imposible de creer. Ése era yo, y no estaba dispuesto a perder las discusiones. Pero para ti tu visión de mis asuntos no era mejor tampoco: “intelectuales de salón, puñado de aventureros”. Puntos de vista diferentes, hermano. Y en todo: para mí la mujer era un animal bello de piernas hermosas, para ti, no sé qué era, pero era más, mucho más. Para ti el amor tenía que ser completo, único, indivisible. La mujer se acercaba al concepto de diosa.

 

Yo te admiraba por eso y hoy reconozco que me habría gustado haber sido como tú, sólo que para mí habían demasiadas diosas, diosas mundanas, y a todas las amaba, cómo las amaba. La admiración que sentía por ti era porque tú sólo amabas a la tuya, aunque no fuera más que un anhelo o un propósito que difícilmente cumplirías. Aún así, tu propósito era admirable, quién no dice por lo demás que quizá eso sea lo que verdaderamente cuente: las buenas intenciones.

 

Distintos, bastante distintos. Tú tras una diosa, yo tras varias, aunque eso quizá fuera porque yo no había encontrado a mi diosa verdadera. Pero tú tampoco. Tú, cada vez que creías haberla encontrado, acababas dándote cuenta de que ésa al menos no era. Pero no te importaba, y en tu obstinación empezabas de nuevo. Amores y desamores, amores perfectos, también leyes y reglamentos perfectos. El amor perfecto no sé si lo encontraste, pero gracias a esa segunda convicción tuya te convertiste en abogado, “licenciado en derecho”, y como tal, empezaste a repetir que el ejército era respetuoso de las leyes y de la constitución. Yo te golpeaba la mesa insistiendo en que no, pero tú contra atacabas y yo insistía diciendo que el ejército era el brazo armado de la burguesía, pero entonces tú insistías otra vez, y eso terminó por alejarnos.

 

“La gente como tú nos perjudica, no podremos defendernos con banderas ni pancartas”, eso argumentabas, y yo: “por eso se necesitan fierros, posiciones como las de ustedes sólo nos llevarán al fracaso”. Qué importa ahora quién estaba equivocado, a quién puede importarle. Pero entonces sí era importante, y para mí que ante la certeza de que ese tiempo de la Unidad Popular no era sino un paraíso transitorio que se derrumbaría, encontré entre los que se preparaban para esa contingencia a la verdadera diosa, y era quizá la que tú soñabas y no alcanzaste a encontrar. Cómo lo lamento por ti querido hermano.

 

Ha pasado tanto tiempo, Ricardo, y la hecatombe en que no creías fue incluso más grande de lo que nosotros que sí la esperábamos la pudimos imaginar. Una ola de fuego que nos pasó por encima y ya nada volvió a ser como antes. Para entonces ya no pudo importar menos quién tuviera la razón. La ola de fuego nos cogió a todos y produjo dramas como el de la muchachita de quien te hablo, cuyo padre adoptivo, ése que tuvo la suerte de casarse con su madre, fue un antiguo amigo tuyo, abogado también, gente de tu familia partidaria. Familia alejada de la mía Ricardo, porque para entonces nosotros, mala cosa, ya nos habíamos alejado.

 

Místicas diferentes, convicciones diferentes. Son los errores a los que intento referirme. Si es para no creerlo, nos habíamos alejado nosotros que nos fuimos a La Serena con nuestra madre hermosa para transformarnos en corsarios, y allá llevamos a echar nuestras embarcaciones por ese torrente que era el Canal de La Pampa, nuestro riachuelo, ¿te acuerdas? Alejados nosotros, Ricardo, que fuimos testigos de cómo nuestra madre se ganaba el amor del cantante principal en el carnaval de Rivadavia, Valle del Elqui. Maravillosa nuestra madre, para eso le bastaba una sonrisa. No puede creerse Ricardo, alejados nosotros que en una tarde de acierto, pudimos ver desde arriba de un palto, cómo la muchacha del lado, cuatro años mayor que nosotros, mocosos de once o doce, desnuda ante un espejo sufría y se contemplaba con la mano entre las piernas.

 

Esos éramos nosotros que nos habíamos distanciado por cuestiones que ahora a nadie le importan. Yo seguí en lo mío junto a mi diosa y junto a mi dios pequeño nacido un poco antes de las llamaradas. Tú partiste a defender a tus camaradas en desgracia para quienes los dictadores levantaban juicios que no tenías cómo defender. En esa tarea te ayudaban otros abogados de tu partido, entre ellos el padre adoptivo de la muchacha que de alguna manera me motiva a escribirte. Te voy a contar que ella conoció no hace mucho la voz de su padre verdadero por una cinta vieja grabada por amigos suyos y olvidada por años en un cajón de su abuela paterna. Buena cosa para ella y también para mí, pues su experiencia me anima a continuar en esta carta, ya que si el destino de esa cinta olvidada fuera el que le pudiera esperar a estas hojas, qué aliciente el pensar que tal vez años más tarde a alguien le sirvieran.

 

Abogados defensores de causas perdidas. Pero cómo pensaban ustedes que iban a defender a sus camaradas con sus leyes, si los propios militares eran los jueces. Tú mismo, en alguna de las pocas oportunidades que se dieron, me contaste desesperado que te atacaban siempre con nuevos reglamentos y decretos que ellos mismos se sacaban de las mangas.

 

Vino entonces la segunda ola de sangre, y la tercera y la cuarta, y después muchas otras que, a diferencia de la primera, eran ahora selectivas. Esas terribles olas selectivas empezaron a alcanzar a mis compañeros de familia. “Compadres” nos llamábamos, algunos habían sido amigos tuyos antes de que nos alejáramos. Hablo de Federico Álvarez Santibáñez, de Claudio Contreras, del propio Horacio Carabantes. ¿Te acuerdas de él?, ¿de las canciones que inventaba? ¿Y de Federico, el que amaba muchachas en el tren a Rivadavia? Esos, mis amigos, que podrían haber seguido siendo amigos tuyos, fueron cayendo en diversas casas de tortura desde donde los convertían en desaparecidos.

 

Triste Ricardo, yo en mis cosas, tú en las tuyas. Yo en las mías escapando con mi diosa y mi dios pequeño que se portaba como un valiente, tú en cambio en esos juicios sin destino que te agujereaban el espíritu y no te dejaban encontrar a la diosa que buscabas. Pese a eso viniste a ayudarnos, será algo que jamás te agradeceré lo suficiente. La ola de llamaradas se acercaba a nosotros, ya habían caído Bauchi y Miguel y a María Cristina López, jefa de mi unidad, la habían atrapado, así es que con mi diosa-compañera tuvimos que pasar a la clandestinidad, ya no podíamos ir por ahí juntos. “Asílense”, nos rogabas, y nosotros, que no, que la lucha a toda costa había que continuarla. “De qué lucha me hablas si los están destrozando, de ustedes van a quedar apenas rastros”. Pero nosotros, que no, cegados por el voluntarismo.

 

Siempre he dicho que por esos días me escondía en un altillo de pintores. Y decía eso, porque como tú bien sabes, yo también soy un romántico. Pero no es cierto, nada de eso es cierto. Hoy, aunque ya no importe, cuento que de verdad no había tales pintores, ni talleres de tales. Era en tu humilde oficina de abogado defensor de causas perdidas donde en realidad acudía a esconderme. Todo el día en las tareas del partido y por las noches llegaba a tu oficina antes de que te fueras, fingía para eso ser tu cliente. Tú te ibas entonces y yo me quedaba a dormir en tu sillón. Así había que hacerlo porque en realidad tu oficina no era más que un cuarto en una casona donde la dueña no permitía que sus inquilinos alojaran, por eso no debía entonces darse cuenta de mi presencia. Al día siguiente llegabas con comida para mí, el que había aborrecido tu libro “La base” y al que sólo le interesaba el de Lenin “Qué hacer”.

 

Qué hacer… así la pasaba por mi lado, lejos de mi diosa y de mi dios pequeño, el que tú soñaste que nacía aún antes de que naciera realidad, ése que en tu sueño lo adivinaste hombrecito y que lo bautizábamos como el guerrillero-redentor anti yanki, el valiente Ho-Chi-Min. Ellos vivían en casas de seguridad que yo les conseguía o me conseguían mis queridos compañeros, pero ya casi nadie se arriesgaba a ayudarnos, el cerco se estrechaba y la solidaridad se convierte en estos casos en telas de cebolla, sobre todo después de la caída del Nano De La Barra que nos traía la remesa, unos pocos billetes para sobrevivir y las notas con el qué hacer revolucionario. Lo asesinaron a cinco cuadras antes de encontrarse con mi diosa que hacía de mi enlace. Pasó con su compañera a buscar a su hijo al jardín, pero los sicarios los estaban esperando. Sus fragmentos quedaron esparcidos por ahí, cerca de Bilbao.

 

Descolgados de las estructuras partidarias entonces, mi diosa con mi dios serían presa fácil y, sin nadie a quien recurrir, una pariente suya que decía que más que quererla la amaba, muerta de miedo porque la pudieran acusar de colaboradora, le dio asilo pero tres días después la arrojó a la calle con nuestro Ho-Chi-Min, chiquito que tú adorabas. Y si algún Dios verdadero existe, esa noche, unas pocas horas antes de que el toque de queda comenzara, a pesar de que estaba prohibido por la seguridad, ese Dios que nunca creí que existiera, me empujó a telefonearle y a enterarme así de lo que en ese mismo momento ocurría y la pude entonces rescatar. La encontré con mi dios chiquito para llevarla a tu oficina-covacha. Nos quedamos agazapados esa noche con ella y cuando el chiquillo se durmió, hicimos el amor calladamente para no despertarlo y para que no nos descubrieran. Es que sólo así podríamos continuar escondiéndonos y amándonos ahí en tu oficina, en un amor que hacíamos con la absoluta conciencia de que eran minutos precarios, amor que robábamos a los perros, pero que de igual manera disfrutábamos aunque no nos pudiéramos abstraer de pensar en si no sería acaso ésa la última vez en que pudiéramos.

 

Sin embargo la ola de crueldad no pudo alcanzarnos. Yo me cuidaba muy bien. Me ayudó el haber caído por unos pocos días al comienzo cuando la represión no era selectiva y no tenían oficio ni buenos registros. Sabía entonces a qué atenerme, tú no, quizá por eso podías ser presa más fácil, paradoja de nuestras controversias: yo que parecía condenado a que me asesinaran me salvaba y tú con tu escuela de la constitucionalidad y del derecho, aparecías muerto allá en el norte. Injusto Ricardo, terriblemente injusto. Tú no tenías por qué morir, eso a mí me correspondía, y si pasó como pasó es una prueba más de que ninguna ley es valedera, ningún reglamento. Un injusticia como ésta sólo prueba que Dios no existe.

 

Se ahorcó le dijeron a nuestro padre cuando te fue a buscar. Yo no pude acompañarlo porque los perros andaban tras mi caza. Mi padre volvió contigo en urna sellada contando una historia oficial cuyo consuelo era que al menos teníamos tu cuerpo para enterrarlo y hacer nuestro duelo, un consuelo estúpido que muchos no tenían, tenía razón en eso. Consuelo estúpido y estúpida situación que no se puede creer ni creeré. Digo en su favor que su actitud fue pragmática, ésa quizá sea la palabra: pragmática. Para él tú ya estabas muerto y nada se podía hacer que te recuperara, para la muerte no hay remedio. Aunque no niego que debió sentir también un miedo tremendo. ¿Te has preguntado alguna vez a qué martirios lo habrán sometido cuando se lo llevaron de la universidad a ese estadio que hoy llaman Víctor Jara? De cualquier manera mi madre no lo creyó, no creyó ni una palabra, yo mucho menos. Por qué ibas a ahorcarte tú, presidente de centros de alumnos, dirigente político importante, joven abogado triunfador. Es que no son cosas que puedan entenderse. Me doy por eso vueltas y más vueltas y me digo que si así ocurrió, pudo ser, tal vez, porque no encontrabas a la diosa que anhelabas, o porque asesinaban a la gente que defendías, o qué sé yo. Igual no lo creo, pero indago atrás en el tiempo pensando en que si pudo ocurrir un disparate como ése debió haber sido por un conjunto de razones mezcladas con la decepción de darte cuenta de que la gente rica y sus servidores militares jamás entregarían sus riquezas sólo porque los miserables les ganaran en unas porquerías de elecciones. Qué es una elección para la gente poderosa, Ricardo, qué puede importarles a ellos una elección, qué les puede, de verdad, importar la opinión que tengan los humildes, qué les puede importar que tengan o no tengan razón. El tata era tremendamente visionario después de todo. Me pregunto si no tenía toda la razón: había que darles de a portonazos, con piedras y con palos. Aunque quizá él quizá también se equivocaba y de nada hubiera servido una puerta por muy de roble que hubiera sido. Qué puede un portón así trancado contra balas de cañones.

 

Te comparo tanto con el tata, Ricardo. A veces me pregunto si te acuerdas de él, de su jaula para hacer charqui, de su lija y sus formones, de su cola carpintera calentada al baño maría, de la uva que nos ponía en la boca, de los gajos de naranja, de sus treinta mil historias. El tata murió maravillado, Ricardo, ¿te acuerdas? Ya venía enfermo el pobre viejo y Salvador Allende se venía fuerte, tremendamente fuerte. El tata nos dijo que por fin surgían posibilidades para que el pueblo llegara al gobierno y, como prueba de ello Naranjo ganó unas elecciones complementarias en Curicó. “Hoy Naranjo, mañana Allende”, gritaba la muchedumbre al compás de un bombo. Sin embargo faltaba un año todavía para el triunfo de Allende. Durante ese año se unió la derecha e hizo retirar su candidatura a Julio Durán para asegurar el triunfo de Eduardo Frei, “el mal menor”. Pero de eso el tata nada supo, se murió un par de días después del triunfo de Naranjo, murió por eso maravillado. De muerte y maravillas, cómo le habría gustado al tata la poesía de Teillier,

 

Ricardo: “morir maravillado”, qué diferencia de tus circunstancias, cuánto lo lamento hermano. Por suerte el tata no pudo ver lo que pasó después cuando la derecha no pudo unirse y para aniquilar a Allende debió recurrir al holocausto. Si fue por una mujer Ricardo, me parece imposible, insisto. Imagínense, por una mujer matarte tú que tuviste a Lina, la reina de la FESES. Tú que en la playa de Peñuelas apoyaste la cabeza sobre la cintura de la hermana de Sixto de bikini como si fuera una almohada, tú de catorce, ella de diecisiete. Por una mujer tú, pero si hace muy poco me encontré con una muchacha que supo que éramos hermanos y me preguntó por ti, no sabía de tu muerte. No sé si ella te amaba, pero claramente percibí el deseo en el verdor de sus ojos cuando te nombró. Así también percibí la tremenda pena que tuvo cuando le conté de tu naufragio: “mi hermano corsario navega por mares oscuros que nadie conoce y su muerte nada tuvo que ver con maravillas”. Pero ella era una mujer de verdad maravillosa que te amaba o deseaba, Ricardo. Muchas mujeres te deseaban hermano. Es probable que no te amaran como tú esperabas que te amaran, o no sé, o sí sé, ¿si te amaban o deseaban esas muchachas que eran tus alumnas del colegio donde hacías clases, para qué ibas a matarte por una apenas?, ¿por lo del amor?, ¿por el deseo?, ¿qué diferencia al amor con el deseo?, ¿acaso el deseo no se puede separar del amor?, ¿eso es lo que crees todavía? Capaz tengas razón y yo esté aquí hablando tonterías. Pero no, no tienes razón. O sí, ¿qué habrá mejor que acostarse con una mujer que desee realmente acostarse con uno?, ¿qué importa si no te ama o tú no la amas? Siempre que se hace el amor surge cariño y ternura y aparece además una complicidad que de otro modo no se daría. Es distinto decir “amigo” que “amiga”, de un amigo se espera un apretón de manos, un abrazo cariñoso, bromas simpáticas. De una amiga se espera lo mismo, pero a veces también un momento grato que esa amiga te puede brindar pero no un amigo. Es probable que esa complicidad y esos momentos gratos linden en el amor. O tal vez no, quién se atrevería a adelantar una palabra.

 

Carisma Ricardo. Las amigas se enamoran del carisma, o eso me parece. Uno se enamora de ellas por su sonrisa, por sus movimientos, por su forma de mostrar los ojos, por lo que se insinúa mientras van de allá para acá. Somos más salvajes los hombres, Ricardo, más corporales, animales casi elementales. Ellas sin embargo se enamoran de nuestro carisma. Y tú lo tenías hermano, la mujer que te recuerda, de quien tengo la impresión de que pertenecía a tu familia partidaria, me lo trae a la memoria con sus ojos brillando y por la amargura que percibo en ellos cuando le digo que estás muerto. Tenías carisma Ricardo, no me olvido y hoy te lo confieso: cuando volviste de Rusia y de Cuba y todas nuestras primas se sentaban en tus rodillas para que les contaras de esto y de lo otro y tú empezabas con aquello de Camagüey y la Isla de la juventud, y con lo de la zafra y los pioneros, créeme que a pesar de que yo ya estaba con mi diosa, por los celos que sentía, tenía que contenerme para no pescarte a garrotazos. Así somos los hombres de salvajes Ricardo. Lo que no daría por verte con ellas de nuevo, joven abogado con primas y amigas de las primas en las rodillas, y yo por ahí en algún rincón ignorado.

 

Si fue por tus convicciones rotas Ricardo, si fue por eso que te ahorcaste, sería algo que tampoco aceptaría. Para qué ibas a hacer algo como eso, o por qué tú si mis convicciones también estaban por el suelo. Es más, los sueños de nuestra generación entera se habían ido por desagües y parecían condenados a perderse. Entonces por qué tú, por qué no me cuentas la verdad porque esta basura no me la creo. Además qué hacías allá por el norte, el único norte nuestro era La Serena, Antofagasta es demasiado lejos. Te asesinaron, ¿no es así? Te fuiste al norte a buscar antecedentes para tus defensas, a Cerro Moreno, quizás. A eso fuiste a Antofagasta hermano, ¿o los malditos te llevaron?. ¿Te confundieron conmigo? Esa es otra posibilidad que ni pienses que no me ha estado atormentando. Sin embargo, aunque parezca que la descarto de manera engañosa, afirmo que me parece poco probable. Nosotros usábamos “nombres supuestos” y a mí me buscaban por ese nombre supuesto que parecía real. Fíjate que ni siquiera mi jefa conocía el verdadero. En su homenaje te cuento que ella en todo caso no reveló ni el uno ni el otro y eso quizá le costó la vida, mujer valiente. Es por eso que te digo que la posibilidad de un alcance de nombre es muy poco probable, nula diría, la descarto.

 

Me devano los sesos y me resisto a aceptar que lo que de verdad pasó contigo jamás podremos saberlo. Por eso cuando vuelvo por las noches, a veces me tiendo junto a nuestra madre y después de besarla intento buscar al fondo de sus ojos, entre sus restos de recuerdos, quisiera encontrar ahí tal vez indicios, un rastro. Capaz el papá le haya contado algo más después de todo. Pero nada me dice, no podría decirme, y descubro ahí apenas sus maravillas de hermosa, de buena maestra. Detrás de sus ojos claros aparece sólo la casa de Anima de Diego de La Serena y el cantante del conjunto “Los Mayares”. Nada más, aunque miento, a veces la encuentro en esas rondas de delantales flameantes que hacía con sus alumnas, esos puñados de niñas locas que terminaban inevitablemente enamoradas de nosotros Ricardo, cuestiones que se daban sin que nadie supiera por qué. Surge también a veces en sus ojos el silabario “Lea” y sus pinturas de caballos errantes. Errantes como tú y como yo por esos años. Errante como nuestro padre a quien jamás pudo anclar. La he visto también en sus ojos a ella misma, en esa vez cuando iban a nombrarla reina de la primavera de La Serena y se negó porque ser casada, ¿te acuerdas?, ¿te acuerdas de que nos llevaba de la mano a cada uno disfrazados de conejos? La gente que vive de destellos sólo recuerda los destellos deslumbrantes hermano, no los que les trajeron angustia. Será por eso que veo también al fondo en sus pupilas algunas de esas noches de cuando veraneamos en Rivadavia, ¿te acuerdas? Nos alojamos en un carro-dormitorio que le prestaron estacionado en uno de los desvíos que ya no ocupaban del mítico Tren Elquino, última estación de ese valle generoso. Fue esa noche al final del carnaval cuando los dos nos enamoramos de la hija del jefe de estación y a la mamá le cantó públicamente ése del conjunto Los Mayares. Una buena noche Ricardo, aún tengo en la garganta la fiebre y el nudo del primer amor, el mismo que tú sentías. Aún tengo también en mis ojos el brillo de los ojos de nuestra madre. Todo el amor y el claro de la luna elquina en sus pupilas, así fue esa noche. Destellos demasiado brillantes hermano, y ésos opacan sus amarguras, todas sus tristezas. Opacan todo lo tuyo, lo que pasó contigo. Sólo quedan en sus ojos sus noches maravillosas, esa noche maravillosa, pero nada de lo tuyo. A mí en cambio me quedó tanto de lo que tú diste como ya puedes ver.

 

Te cuento que una de esas noches en que nos amamos con mi diosa sin hacer ruido en tu oficinilla de la casona de la calle Catedral, ella me dio su segundo milagro, un muchacho que ahora es músico, catedrático de su universidad. Tiene el cabello crespo como tú y una sonrisa como la tuya. Se diferencia contigo en que es de pocas palabras y se expresa principalmente con música. A veces fantaseo pensando que es así tan silencioso porque lo creamos en tu oficinilla, ya te dije, muy en silencio. Te habrías sentido orgulloso de él tal como te sentiste de Ho-Chi-Min. Este segundo Dios chiquito nuestro nació cuando tú ya te habías perdido, y yo, a pesar de que a veces ocupaba tu oficina de escondrijo y me reía de tus leyes y recibí tantas veces tu apoyo incondicional, no supe entender que ese chiquillo que nos llegaba venía en tu reemplazo. Mucho me pesa por eso no haberle puesto tu nombre. No obstante le hemos contado de ti, le hemos dicho que se parecen, aunque él nada entienda de leyes y se llame Nicolás. Y quisiera contarte también que tenemos con mi diosa una diosa pequeña que te la menciono aunque no quería, porque ella nació mucho después, por los ochenta, y justamente por eso me delata. Qué saco con escribir en estas hojas amarillentas que parecen tan atntiguas y que deseo que parezcan así antiguas y escritas hace tiempo, si te hablo en ellas de cosas que ocurrieron mucho después.

 

Cuántas cosas Ricardo, así alejados como estábamos te la jugaste con nosotros aunque yo bien poco haya hecho por ti y tenga que acabar estas líneas reconociendo que yo que ahora soy un pájaro pardo y vuelo por ahí juntando fragmentos de nuestras utopías e intentando saber también qué pasó con nuestros compañeros para que se les recuerde cómo eran de militantes y cómo más allá de militantes, siento que debí hacer más por ti, mucho más, y si no lo hice fue porque me cercaban pero también por una tremenda ceguera relativa a nuestras diferencias que no me dejó comunicarme con los de tu partido. Ni siquiera pude acercarme a ellos cuando te hicieron esa guardia de honor en que se irgieron donde te velaban. Una guardia de honor con tu bandera partidaria que había sido también la del tata, una bandera roja con la hoz y el martillo puesta por tus camaradas a quienes no pude encontrar después en la vorágine de acontecimientos que se desencadenaron. Digo en mi defensa que aún ahora no sé qué más pude hacer y de haberlo hecho, no sé si hubiera servido para algo.

 

Tranvías equivocados: si esa maldita historia oficial hubiera sido cierta me faltó estar contigo cuando los senderos de la depresión empezaron a acecharte, pero siento también que si no, igual debí estar contigo como cuando éramos corsarios, así habríamos enfrentado juntos a los perros. De haber ocurrido así quizá habría podido caer yo también, como era el curso lógico de nuestro holocausto, que tú te salvaras, porque tú no creías que fuera necesaria la violenciaa pesar de todas las enseñanzas del tata Ricardo, las mismas que tú en vez de aceptar te empeñabas en hacerlas aparecer como metáforas.

 

Metáforas… “El tata no habría levantado un arma jamás” decías, pero capaz no lo supieras. De hecho no ibas con nosotros la vez que pasamos con él por La Moneda sólo para insultar a Ibáñez llamándolo “abusador con los profesores jubilados”. Pero a lo mejor tenias razón, quizá él lo hubiera insultado así como lo hizo pero no le habría dado un balazo. Se me ocurre que no a Ibáñez, pero si a Pinochet, a Pinochet sí, el dictador se merecía cien balazos. O no, a nadie, o ya no sé. Mejor borra todo esto que digo, no lo tomes en cuenta. Lo cierto es que no sé si debí hacer más ni qué más, pero sí estoy seguro de que me faltaron cosas que pude hacer y no hice.

 

Los hombres estamos llenos de debilidades hermano, espero que lo entiendas y puedas entender también y me perdones por no haber escrito antes todo esto que necesitaba que supieras y que en definitiva no importa si nadie se interese por leer. Quedará como un diálogo entre nosotros, hermanos corsarios, que se lea bien: corsarios, un escalafón más noble en la hermandad de las banderas, qué importa si éstas sean rojas, o rojo y negras.

 

Cuántas cosas hermano querido, ha pasado tanto tiempo. Ojalá pudieras entender también que termine estas líneas amarillentas que no tienen dirección ni remitente con un grito de alegría como el que lanzaba la gente de tu base. Ese grito que yo critiqué tantas veces por poco político, por descomprometido. Lo que no daría por escucharlo una vez más de tu propia garganta. ¡Tres raasss por Ricardo Faunes…!

 

Martín Faunes Amigo

 

PARTE DE LA REAL HISTORIA

 

María Cristina López Stewart, llamada también “Carolina”, “Patricia Castellanos”, o “la Rucia”, estudiaba Historia en la Universidad de Chile y militaba en el MIR, organización revolucionaria donde dirigía una estructura de informaciones.

María Cristina fue raptada desde una casa de Las Condes para ser llevada a José Domingo Cañas donde fue torturada salvajemente y hecha desaparecer. Tenía entonces 21 años.

En su homenaje se ha escrito el cuento “Urracas y zorzales”, escrito por Martín Faunes Amigo, que aparece en “Las historias que podemos contar, volumen uno” y en múltiples antologías, y la novela “Viajera de los nombres supuestos”, escrita por el mismo autor, EDEBÉ 2002.

 

Alejandro De La Barra Villarroel, “Nano”, y Ana María Puga Rojas, cientista político y profesora y actriz, respectivamente, ambos militantes del MIR y él dirigente de dicha colectividad, fueron emboscados el 3 de diciembre de 1974 cuando se dirigían a buscar a su hijo a la salida de su jardín infantil en calle Pedro de Valdivia con Andacollo.

A Alejandro y Ana María se les disparó sin que hubiese habido orden de detención ni resistencia de su parte, por lo cual se tiene la convicción de que fueron ejecutados. El jardín en cuestión, había sido visitado con anterioridad por agentes de la DINA que por esa vía habrían podido dar con sus víctimas.

 

Claudio Ricardo Faunes Amigo, abogado, era dirigente del Partido Comunista en la Universidad de Chile y la Provincia de Santiago. Es encontrado muerto en Antofagasta, en circunstancias en que trabajaba en la defensa de los soldados constitucionalistas de la FACH.

 

Primer plano a la izquierda, mi hermano Ricardo, a su lado nuestra madre, segundo plano atrás, este pájaro pardo.Primer plano a la izquierda, mi hermano Ricardo, a su lado nuestra madre, segundo plano atrás, este pájaro pardo.

“Altares de la Ausencia”…la ausencia de los detenidos desaparecidos en Chile.

“Altares de la Ausencia”: Muestra exhibe historias de detenciones en Chile

Miércoles 3 de junio 2015 19:50 hrs.

LOS LENTES- RENE MAUREIRA

Mediante una serie de imágenes el fotógrafo Gastón Salas dio a conocer algunos de los objetos atesorados por las familiares de detenidos desaparecidos.

”Él salió callado, le dio una mirada a los 2 niños que estaban en pijama en la puerta del dormitorio y salió tranquilo, no hizo ademán de nada. A mí me da tristeza pensar en esto, era la tercera vez que se lo llevaban y creo que René pensó que no volvía, porque en su velador dejó la gargantilla, dejó el reloj y dejó el anillo de compromiso”.

De esta forma, Sonia Carreño Saldías, esposa de René Maureira Guajardo relata cómo su pareja fue detenida el 16 de octubre de 1973.

“Mi marido salió de aquí de la casa a la 1:30 de la mañana, lo subieron a un camión donde iban recogiendo otras personas del sector, en total 24 y los llevaron a un sitio privado en la Quebrada de los Quillayes, parece que estaba todo planeado porque el teniente Magaña tuvo que abrir varios portones para llegar al lugar, no es fácil llegar allá más en la noche. En ese lugar los fusilaron y los enterraron”, concluye.

Ésta y otras historias de detenciones realizadas durante la Dictadura son las que recoge el fotógrafo Gastón Salas en su muestra Altares de la Ausencia, una exposición que reúne una serie de imágenes que cuentan la ausencia de los detenidos desaparecidos en Chile.

ALFONSO DEL CARMEN ARAYA CASTILLO DD. Nació el 17 de Septiembre de 1948. Vivía en Panamericana Norte 1130, Depto.13, Renca, Santiago. Era casado, mueblista y dirigente sindical de la construcción. Tenía 27 años cuando lo detuvieron el 9 de Septiembre de 1976

Según Salas, él comenzó a interesarse en los objetos pertenecientes a los detenidos desaparecidos luego de que una mujer le mostrara un anillo que había pertenecido a su marido. “Me quedó grabado eso y pensé que habían muchas cosas que la gente había dejado y que los familiares atesoraban mucho”, contó.

De acuerdo a Salas “la mayoría de las cosas son objetos cotidianos; hay una lonchera, unos anteojos, un lápiz, son cosas simples”, relató. Sin embargo, el fotógrafo indicó que ” la presencia de los objetos habla de una ausencia”.

Esta muestra se realizó entre los años 2013 y 2014 y en este período se trabajó sólo con 15 familias. En este sentido, Salas recopiló imágenes provenientes de Coquimbo, La Serena, Santiago y Temuco, entre otros lugares.

La exposición fotográfica está complementada también por un relato que hizo cada familia de su relación con los objetos y con la detención de sus parientes.

“Frente a la política de Estado de hacer desaparecer, yo quiero hacer aparecer”, comentó Salas. “Se trata de un tema que se ha mantenido callado durante mucho tiempo y  los familiares están cansados también. Entonces existe la necesidad de mantener la memoria y de luchar contra la amnesia”, subrayó.

Salas comentó también que para poder realizar este trabajo él tuvo que entrar a la intimidad de las familias. “Eran situaciones bien tristes, dolorosas y traumáticas”, dijo.

Esta  exposición es organizada por la Coordinación del Área de Gestión de las Culturas y Patrimonio, de la Dirección de Vinculación con el Medio, UC Silva Henríquez y se estará presentando en el Espacio San Isidro (San Isidro 560). Además, la muestra permanecerá abierta hasta el viernes 31 de junio y se podrá visitar de lunes a viernes desde las 9 hasta las 19 horas.

Imágenes e Historias

Algunos de los relatos presentes en Altares de la Ausencia cuentan cómo se llevaron a cabo las detenciones y parte de la angustia de los familiares.

Los Lentes 

Sonia Carreño Saldias, esposa de René Maureira Guajardo. DD. Nacido el 01 de Octubre de 1932. Vivía en General Baquedano 868-A, Paine. Casado con 2 hijos. Profesor y Comerciante. Detenido el 16 de Octubre de 1973 a los 41 años de edad.

“Mi marido salió de aquí de la casa a la 1:30 de la mañana, lo subieron a un camión donde iban recogiendo otras personas del sector, en total 24 y los llevaron a un sitio privado en la Quebrada de los Quillayes, parece que estaba todo planeado porque el teniente Magaña tuvo que abrir varios portones para llegar al lugar, no es fácil llegar allá más en la noche. En ese lugar los fusilaron y los enterraron. Todavía me cuesta tranquilizar el espíritu, porque después de lo que había pasado, desenterraron los restos para tirarlos al mar y hacerlos desaparecer de nuevo, hubo un delito sobre otro delito. Ahí se encontraron los lentes de mi marido que son una evidencia concreta de que estuvo enterrado allí, le queda un solo vidrio que es fotocromático y son de marca Rotter y Krauss, entonces no hay donde perderse que son los lentes de mi marido. Para mi familia es un objeto muy valioso y los tengo aquí en la casa, a la vista de todos los que vengan, porque para mí son una reliquia muy apreciada y quiero mantenerlos”.

La Carta

Sonia Villarroel Vera, hija de Juan Villarroel Zárate DD. Nació el 19 de Junio de 1921, vivía en General Gambino 4584, Población Arquitecto Oherens, Conchalí. Fotograbador y dirigente sindical de la Imprenta Horizonte. Tenía 55 años cuando fue detenido el 13 de Agosto de 1976.

“Yo le escribía y le escribía para que viniera a ver a su nieto, pero nada, no tenía respuesta hasta que un día aparece mí cuñado con una carta y me dice: Sonia esta carta te la dejo tu papa, había pasado como un año yo le pregunté: y porqué no va a venir él a conocer a su nieto? No, sabes qué desapareció, los milicos se lo llevaron y no lo podemos encontrar”.

La Chaqueta 

Julia Inés Araneda Yévenes, hermana de Rafael Eduardo Araneda Yévenes DD. Nació el 25 de Octubre de 1949, Vivía en San Isidro 1070, Santiago. Soltero y estudiante de Ingeniería Textil en la Universidad Técnica del Estado. Tenía 25 años cuando fue detenido el jueves 12 de Diciembre de 1974.

“Yo siempre lo buscaba, a veces veía un pordiosero, un mendigo y decía: no será mi hermano… que quedó enfermo? Nosotros somos 4 hermanos, yo soy la mayor y él era el menor, yo lo adoraba a mi hermano teníamos una diferencia de 9 años. Una vez me pidió que le bordara la chaqueta y yo lo hice, por eso tiene un valor especial para mí, había un lazo mas entre los dos. El quería que la chaqueta fuera diferente y mi pidió que le pusiera el dragón que era el símbolo de la Universidad Técnica del Estado”.

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Testimonios de Hijos de Detenidos Desaparecidos del Cono Sur

Presentación del proyecto “Memoria y Archivo oral: Hijos e hijas de detenidos desaparecidos”

20 de marzo 2014

En el auditorio del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos y con una gran asistencia de público, se realizó la presentación de “Memoria y Archivo Oral: Hijos e Hijas de Detenidos Desaparecidos” – audiovisual y libro.

El evento contó con la presencia de Anu Korppi-Koskela, Primera Secretaria de la Embajada de Finlandia, directores de organismos de Derechos Humanos y representantes de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD), entre otros.

Tras la exhibición de la sinopsis del Archivo Oral, fue presentado el libro que entrega un análisis y reflexión de los relatos recogidos en este estudio, el que fue comentado por Nancy Nicholls, Académica de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano y Pontificia Universidad Católica de Chile; Estela Ortíz, Secretaria Ejecutiva del Consejo Nacional de la Infancia; y Elizabeth Lira, Decana de la Facultad de Psicología, Universidad Alberto Hurtado.

Las palabras de las comentaristas estuvieron centradas en la importancia de contar con materiales que apunten a la memoria individual y colectiva. A la valentía y generosidad de los testimoniantes, al rescatar historias que siendo parte del pasado se vuelven siempre presentes. Y, finalmente, la importancia de visibilizar el daño sicológico social que sufrieron los niños y niñas durante la dictadura.

Ver sinopsis video:  https://www.youtube.com/watch?v=PMJ5bFzV-p8&feature=youtu.be

Este trabajo se articula con relatos de hijos de Detenidos Desaparecidos entre los años 1973 y 1976. En esa época ellos/ellas tenían entre dos y catorce años de edad, e incluso, una de ellas estaba en el vientre de su madre con siete meses de gestación. La sinopsis da cuenta de los momentos vividos por los niños y niñas tras la situación represiva. Ellos/as se refieren a la detención del padre, la búsqueda, el miedo, los dolores y distintos soportes con que contaron durante su desarrollo. Al mismo tiempo, recogen los valores e ideales heredados de sus familias y la fortaleza con que han enfrentado la verdad, la lucha por la paz y la justicia.
La memoria de estos hijos e hijas de Detenidos Desaparecidos, hoy adultos, es un gesto que contribuye a descubrir y reconstruir la historia oficial con nuevas fuentes, posibilitando hacer una reinterpretación en temas que no han sido suficientemente analizados y cuyos sujetos históricos y sus vivencias han sido poco consideradas.

Relacionado

http://youtu.be/l7_KXhDZqcc

 

Los Hermanos en la Batalla de la Memoria. Roberto D’Orival, coordinador Colectivo 119, familiares y compañeros:

 

Roberto D’Orival, coordinador Colectivo 119, familiares y compañeros: En la permanente búsqueda de la Memoria y la Justicia

3 julio, 2013 5:53 pm

La Operación Colombo, acción en conjunto de la DINA y algunos medios de comunicación, destinada a encubrir la desaparición de 119 chilenos, cumple este mes 38 años y se constituye como uno de los crímenes más horrendos y recordados de la Dictadura. Roberto D’orival, hermano de Jorge D’Orival (detenido desaparecido) y coordinador del Colectivo, nos cuenta acerca del largo periplo por la Justicia que han debido realizar desde su surgimiento en 1993.

¿Cómo y en qué momento comienza a gestarse el Colectivo 119 Familiares y Compañeros?

Nuestra instancia surge en 1993, llamándose entonces “Comité 119” y generando acciones principalmente de conmemoración de este caso. En aquellos años ya teníamos claro que el gran tema sería enfrentar y hacer todo cuanto fuese necesario para terminar con la impunidad, en el contexto de la institucionalidad heredada de la Dictadura -en especial el Decreto Ley de Amnistía-, teniendo a Pinochet como Comandante en Jefe del Ejército, y con unas fuerzas armadas y policiales sin la restructuración y depuración necesarias para inaugurar un nuevo período democrático.

¿Cuáles son las dificultades que han tenido que sortear en la lucha por la justicia?

Además del Decreto Ley de Amnistía, el estar sometidos a una constitución dictatorial y con las mismas fuerzas armadas y policiales; y sus códigos de silencio e impunidad. Debimos, y hasta la actualidad, luchar contra la apatía y franca insensibilidad de la clase política, lo cual no sólo se traduce en falta de Justicia para las causas del período dictatorial, sino que la reiteración de violación de los Derechos Humanos en contra de comunidades mapuche, y activistas o luchadores de diversas temáticas y problemáticas sociales.

Otro importante obstáculo lo constituye la falta de difusión y reflexión en torno a documentales y producciones multimedia sobre temas de Derechos Humanos y Memoria. Esto se explica por la desaparición de medios de difusión alternativos que surgieron como respuesta y en resistencia a la Dictadura; así como por la hegemonía de medios como El Mercurio, La Tercera y el silencio cómplice de TVN, por mencionar algunos ejemplos.

A su juicio, ¿cuáles son los logros más trascendentes que han podido alcanzar en estos años?

Una de las acciones, de las cuales el Colectivo fue impulsor y que a mi juicio constituye un importante aporte a los trabajos de Memoria, es la conmemoración de los 30 años del Caso de los 119 en julio del 2005; contemplando la demanda ante el Tribunal de Ética del Colegio de Periodistas por los profesionales que participaron en este montaje comunicacional. Por otra parte, la elaboración de las siluetas de nuestros 119 compañeras y compañeros, para una intervención político-artística frente a La Moneda en julio del 2005; siluetas que los retrataban en su dimensión vital, e interpelando al Estado por su responsabilidad ante la ausencia de Verdad, Justicia y Memoria.

Es conocida la labor que han tenido en la recuperación de la Memoria, particularmente en Sitios de Memoria, como Londres 38…

Respecto al tema de los Sitios de Memoria y las acciones que participan de esta disputa permanente, me parece muy interesante el paralelo entre dos procesos particulares: por una parte el protagonizado por muchos colectivos, organizaciones y personas, que por más de cinco años nos movilizamos (especialmente los días jueves) frente a Londres 38, para exigir la salida de este inmueble del Instituto O’higginiano. Pero además el intento de la UDI y de otros adherentes la Dictadura, de instalar en Plaza Italia (Baquedano) un monumento a la memoria de Jaime Guzmán, ideólogo de la Dictadura. En este caso fue la vecindad, y los habitantes del sector, quienes generaron la fuerza en rechazo a esta iniciativa.

¿Sienten que hay una deuda de parte de los medios de comunicación chilenos involucrados aún con las víctimas de la Operación Colombo?

Respecto los medios y los profesionales de las comunicaciones, pero también nuestra sociedad, se está siempre en deuda ante el relativismo y faltas ante códigos y principios éticos para informar y tratar estos temas. No sólo ante el Caso de los 119, por el cual -por lo menos- se ejerció la tuición ética del Colegio de Periodistas. Permanentemente, somos testigos de nuevos montajes y tareas de desinformación, en resguardo de intereses corporativos, económicos, políticos y en desmedro de los derechos de la mayoría de nuestra población. Vuelvo a poner como dramático ejemplo el de las violaciones a los derechos individuales y colectivos de personas y comunidades mapuche.

Una mención especial merece el caso de José Huenante Huenante, joven de 16 años, detenido y hecho desaparecer por Carabineros en Septiembre del año 2005 en Puerto Montt, caso en el cual participa el silencio, la apatía y falta de sensibilidad de medios de comunicación, diversas organizaciones de la sociedad civil y sobre todo del Estado chileno y sus autoridades.

El Colectivo, junto a muchas otras organizaciones de Derechos Humanos y Sitios de Memoria, participa del Comité 40 años, ¿cuáles son las líneas de trabajo que tiene este Comité para lo que queda de este año, incluyendo la conmemoración de los 40 años del Golpe?

El Comité Iniciativa 40 años, surge de la coordinación de Sitios de Memoria y organizaciones y colectivos de Derechos Humanos. Los contenidos que pretendemos sumar al conjunto de acciones de conmemoración de esta fecha, se relacionan a todas aquellas acciones de resistencia, lucha y construcción impulsadas por diversos sectores sociales, políticos, culturales, en Chile o el exterior. Las memorias de estos 40 años también se relacionan con la capacidad de sobreponerse a la victimización, el dolor y la derrota, articulando discursos y testimonios de dignidad y esperanza. Las líneas de intervención pasan por establecer aún mayor relación con las demandas y dinámicas del presente, solidarizándonos y manifestándonos con las luchas del hoy, y en forma específica, proponiendo, estimulando y llevando a cabo un festival musical por la Memoria, en diversos sectores y territorios; para concluir con un gran acto en el centro de Santiago, en el cual podamos reconocer y compartir la producción musical para proponernos el re impulso del trabajo y lucha por generar el proyecto que nuestro pueblo requiere.

————–

Carmen Briceño, madre de Roberto y Jorge D´Orival, recientemente fallecida, encadenada en las rejas del ex Congreso Nacional, en plena dictadura, protestando por la desaparición de su hijo Jorge y de los demás integrantes de la fatídica lista de los 119.

Recolecciones en la Web relacionadas:

http://www.youtube.com/watch?v=xGpZc-NRE8c

Memoria Frentista.FPMR.. A 22 años del heroico combate que costo la vida de Alexis y Fabián.

Un 22 de Enero de 1992.

Publicado: 2014/01/20 en Uncategorized

http://historiadetodos.wordpress.com/2014/01/20/un-22-de-enero-de-1992/

 A 22 años del heroico combate que costo la vida de Alexis y Fabián.

Recuerdos en un 22 de Enero de 1992. (Fuente original 

Sumamos un escrito y Video para describir y contextualizar la muerte de Alexis y Fabián, ademas de incorporar escritos de:

*Ricardo Palma Salamanca: Fugado desde la carcel en Diciembre de 1996
*Alberto Olivares Fuenzalida (El Nico): En prisión
*Eduardo Olivares Fuenzalida: En prisión
*Pablo Muñoz Hoffman: Fugado desde la cárcel en Diciembre de 1996
*Alex Muñoz Hoffman: Caido en combate el 22 de Enero de 1992

…Algo de historia….

Los periódicos celebrando la muerte de Alex y Fabian

Los periódicos celebrando la muerte de Alex y Fabian

Es en la mañana del 22 de Enero de 1992, cuando un grupo de 3 militantes del FPMR, guerrilla urbana que combatió la dictadura de pinochet y su continuidad democrática, expropian un camión de valores, Prosegur, en el campus Oriente de la Universidad Católica.

Alexis Muñoz Hoffman, Fabián López Luque y Pablo Muñoz Hoffman consiguen expropiar 7 millones 600 mil pesos dejando heridos a dos guardias que trataron de repeler la acción. En el repliegue Pablo es herido de gravedad por la policía, quienes pretenden rematarlo en el suelo antes de capturarlo. Alex y Fabián intentan romper el cerco parapetándose en una casa en calle Alonso de Ercilla 3082 al llegar a Avenida Chile España en la comuna de Ñuñoa.

En la casa habitaba la familia del abogado Erick Riveros, quienes permanecieron como circunstanciales rehenes tras el enfrentamiento posterior a un asalto.

Rápidamente un impresionante contingente policial y de prensa cerca la casa donde se encuentran los frentistas parapetados, comenzando así una larga “negociación” donde los expropiadores liberan a la mujer y los tres hijos que permanecían en la casa.

La prensa trasmite en vivo y en directo durante todo el día apostados afuera de la casa, los canales de televisión y las emisoras radiales trasmitían de forma uniforme y en cuasi cadena nacional las largas horas de negociación incluyendo las conversaciones telefonicas.

Alex y Fabian conversan e intentan demandar una entrega de comida en distintas poblaciones de Santiago y una salida a Cuba, pero finalmente señalaron: “No nos vamos a entregar. La decisión no es de este momento, sino de mucho antes… nos la vamos a jugar entera… Nuestra consigna es Hasta Vencer o Morir”.

Tras más de 14 horas de negociación, entre las 20:50 y 21:25 el impresionante contingente de 500 miembros de las fuerzas represivas entre policías, personal del grupo de operaciones especiales-GOPE-, francotiradores, etc decide intervenir y exterminar a los rebeldes.

Alex de 22 años muere al recibir 10 disparos en la región toráxico mientras que Fabian de 23 años recibió 7 impactos en la cabeza, el maxilar, el torax, el abdomen y las piernas.

El operativo policial termino con cuerpos rebeldes acribillados trasmitidos en directo por la televisión, mientras que Pablo tras estar varios años en prisión consigue fugarse el 30 de Diciembre de 1996  desde la Cárcel de Alta Seguridad en helicóptero junto con otros 3 frentistas.

*Video con imágenes de la época que recuerda algo de su actuar parapolicial:

…Un 22 de Enero. Escrito de Ricardo Palma Salamanca

Ricardo Palma Salamanca se fugo junto con Pablo Muñoz Hoffman desde la C.A.S en Diciembre de 1996, en clandestinidad escribió “El Gran Rescate”, este texto es un extracto de aquel libro.

“Morid con el pensamiento cada mañana
Y ya no temeréis morir”

Están viendo al camión blindado de la empresa Prosegur que entra suavemente hasta quedar frente a la puerta principal de acceso y descargar el dinero correspondiente a ese día de enero para la caja pagadora del banco en el interior de la universidad.

Observan desde un patio pequeño, siguiendo los movimientos. Llegaron temprano por la mañana, mezclándose entre los estudiantes.
La noche anterior la pasaron los tres juntos en una casa cercana. Antes de salir de ella se miraron con nerviosismo, se ordenaron mutuamente las ropas y se abrazaron como no lo habían hecho antes. Salió primero Pablo Muñoz, con la cara despejada, sus ojos claros y nariz prominente. Tras él iba uno muy parecido, casi del mismo tamaño y color de ojos pero con la nariz un poco menos afilada. Era su hermano Alexis Muñoz, que llevaba un bolso en las manos. Un poco mayor que Pablo, casi nada, una diferencia de tiempo a esas alturas inútil. Cuando ambos eran niños, se podía observar que aquella diferencia era concreta. Alexis, el mayor, guiaba con mano segura a Pablo. Le decía qué debía hacer y qué no, lo regañaba cuando cometía alguna torpeza de niño, lo ayudaba a subir las escaleras del edificio en que vivían y no lo dejaba acercarse a los balcones. Tiempo después, las cosas cambiaron, Alexis empezó una vida bohemia y los desvaríos eran habituales cada fin de semana. Ahora era Pablo quien lo ayudaba a subir, pero ya no tomándolo de la mano sino arrastrándolo hasta el décimo piso, entre risas y quejidos por los golpes contra los escalones. Borracho hasta el infierno, irreconocible, reptaba del brazo de Pablo hasta llegar a su cama donde lo último que hacía era darle las gracias a su hermano para después acabar con un profundo y violento vómito sobre los pantalones de Pablo.

Siempre estuvieron algo abandonados, lo único que tenían era a sí mismos y a sus demás hermanos. En total eran cinco.

El último en salir aquella mañana fue Fabián. Seguro, de barba, se desplazó casi como un vikingo. De pelo negro y piel blanca. Más joven, quizás un niño. Cerró la puerta de la casa despidiéndose del dueño con una sonrisa.
Pablo y Fabián entraron al Campus Oriente de la Universidad Católica, y Alexis se quedó en la parada de autobuses esperando dar la señal una vez que viera entrar el camión blindado. Ahí estuvo hasta que apareció el camión en medio de la calle. Levantó un brazo como si se peinara y adentro, Muñoz y Fabián se levantaron nerviosos y empezaron a caminar.

Los tres ya están en eso, y la voz de Pablo se escucha antes que el revólver de Fabián apunte al cuerpo de uno de los dos guardias.
-¡Al suelo, conchesumadre, no se resistan!”, gritó Pablo en el hall principal del campus. El suelo brilla y Pablo vio el reflejo de toda la situación. No hay nadie más que pueda decir lo que ocurrió esa mañana.
Uno de los guardias quedó quieto, dominado por la sorpresa. El otro corrió despavorido, descontrolado. Al llegar casi a la puerta de salida lo detuvo la detonación del revólver Colt de Fabián. Cayó desplomado, aún con el bolso del dinero aferrado a su mano como si ese simple automatismo servil, que otros llaman profesionalismo, le fuera a hacer merecedor de una sonrisa complacida del patrón.
-Quédate quieto, quédate quieto- le repitió Pablo al otro guardia. Sonaron dos tiros y el guardia, herido en la pierna, cayó gimiendo.
-No me mate, por favor, no me mate, decía, mirándolo con la cara desencajada, mientras Pablo le quitaba el revólver. Fabián lo siguió. Corrieron hacia la única salida, el camión estaba afuera. Su chofer, al volante, comenzó a lanzar, en un último acto de desesperación, el camión contra Pablo y Fabián que seguían corriendo. Fabián se detuvo al ver a Pablo que disparaba tiros sobre el blindado. En ese momento algo sucedió con el arma de Pablo. “¡No salen más tiros!”, gritó. El depósito yacía en uno de los escalones de la entrada principal.
-¡¡Hijos de puta, hijos de puta!!
¿De dónde vienen esos gritos de impotencia? Pablo se dio vuelta y vio a Alexis. Su hermano, el tercero, que iniciaba el cumplimiento de su misión en medio de la avenida Battle y Ordóñez, frente al campus, con un fusil M-16 escupiendo múltiples ráfagas cortas hacia el camión blindado.
Una vez los tres juntos en la esquina de Ordóñez y Regina Pacis, con sus armas en las manos, simplemente se miraron. Pablo colocó un nuevo cargador en su pistola y Alexis daba vueltas junto a Fabián, esperando a un cuarto que nunca llegó y que más tarde dijo con voz trémula de vergüenza: “Me perdí”.

También comenzaban a perderse los tres, porque ninguno sabía manejar y era imposible arrebatarle el automóvil a alguien para escapar del lugar.
Cerca de un minuto lo esperaron, y luego Pablo Muñoz dijo: “Vamos caminando separados y a lo que venga”. Habló con nerviosismo y con la pistola en la mano. Respiraba fuerte. Sólo quería salir de ahí. Creer que todo era la imagen de una vida pasada.
“Vamos”, respondieron. No tenían nada más qué decir porque no había más que hacer, porque los diálogos son mentira en estas circunstancias.
Y caminaron como cuando caminaban de la mano de su padre hacia el colegio. Con una seguridad de media tarde y una desmesura regada sobre sus armas.
No alcanzaron a caminar demasiado pues les salió al paso un furgón de carabineros en la esquina de Pacis y Holanda. Los tres se parapetaron en unos automóviles disparando contra el vehículo.
Todos disparan en un escenario demencial. Pablo cayó de dolor al recibir un tiro que le partió la pierna en dos. Fabián, al ver aquello, dejó de disparar tratando de ayudarlo, pero era imposible. Alexis siguió concentrado en cada tiro, mirando de reojo a su hermano. Le saltaban las lágrimas ante el hecho de dejarlo en el suelo junto a la sangre iluminada por el sol.
Sabemos que Pablo quedó ahí, a pesar de la insistencia de Alexis y Fabián que querían cargarlo, pero él dijo mil veces que no, y los dos corrieron entre los disparos hacia un destino que Pablo desconocía, porque lo que comenzaba a conocer era el miedo de los carabineros, que antes de acercarse le rafaguearon las piernas tras el último tiro que logró dar antes de que se le trabara definitivamente la pistola, com si un negro cuervo desajustara los impredecibles mecanismos de esa inercia.
También sabemos que Alexis y Fabián continuaron corriendo y disparando hasta quedar sin municiones. Murieron en su jardín a manos de carabineros en un espectáculo transmitido a todo Chile por la televisión.

Sangre de verdad y caliente, como le gusta al buen ciudadano respetuoso del pudor y la moral judeo/cristiana.

Así salieron aquellos dos, con la última profecía del 22 de enero de 1992.
Y por cierto sabemos que Pablo sobrevivió, tras seis meses en un hospital de la cárcel. Que debió aprender a caminar nuevamente, y logró aferrarse a una cuerda, cinco años más tarde, para despegarse del encierro. Que supo de la muerte de sus hermanos una semana después, una tarde en que sólo se escuchaban las cerraduras de la Penitenciaria de Santiago.
Lo que viene es materia de otras palabras…” – Ricardo Palma Salamanca-

*Escrito de Alberto Olivares Fuenzalida, El Nico

En la memoria de la rebeldía

Alex Muñoz Hoffman

Alex Muñoz Hoffman

Keridos hermanxs, hoy mi alma se estremece en un llanto de rebeldía por recordar ese 22 de enero, en donde la vida se elevó en lo más alto de la dignidad. De esos rebeldes ke kalleron en kombate por algo más ke una rekuperación, si no por una altura libertaria esa ke muchos olvidaron como kien olvida los rekuerdos de donde somos y porke hemos luchado toda la vida, no somos  orgullosos sino unos rebeldes desde ke nacimos. Hoy rekuerod a Alez y a Fabián, en esa trinchera de vencer o morir. Hoy en mi celda están todos los kaidos akompañandome en mi kondena social y rastrera de esta justicia policial fascista.

Hoy me siento orgulloso y digno de mi rebeldía libertaria; hermanxs nunka olviden a los ke kombatieron ellos son la semilla real de maldad libre de capitalismo.
Alex y Fabian. En la lucha de la kalle y en la lucha karcelaria siempre.
Colectivo 22 de enero Karcel de Extermino
Ex penitenciaria de Stgo.
Alberto Nikolas Olivares F.

*Escrito de Eduardo Olivares Fuenzalida

-Sangre Unida Por Siempre-
-A la memoria de Alex y Fabián asesinados un día 22 Enero 1992-

Fabian Lopez Luque

Fabian Lopez Luque

Han pasado 21 años desde que partieron; con sus sueños rebeldes recordarlos para mi es la rebelión misma que corre por mi sangre, porque fuimos y somos sangre unida. Hoy la llama de la rebeldía está más encendida que antes; son otros tiempos; otras generaciones los que no dejaron que el fuego insaciable de ustedes se apagará. El combate hoy es más directo es por esto que hoy los recuerdo con un fervor revolucionario que siempre estarán presente en nuestras vidas; y en nuestros corazones; el árbol de la rebelión va crecido; con los mismos pensamientos de ustedes; sed de justicia; como pensaban y actuaban ustedes; tuve el honor en aquellos tiempos de combatir su lado.

Nunca lo olvidare; hoy tu ahijada ha crecido Alex y tiene el mismo pensamiento y sentimiento nuestro, hay semilla, espero encontrarte en algún momento y volvería a combatir al lado de los dos, han pasado los años y estoy terminando esta prisión que me embargó desde que los dos partieron con balas del fascismo que los atrapo. Pero sé que hasta el ultimo tiro dispararon,-hoy tengo la oportunidad de escribir estas letras para que esta nueva generación de jóvenes combatientes alcen sus nombres; ya que el tiempo no los ha olvidado a ustedes por mi parte los llevare por siempre en mi recuerdo y en mi vida de combatiente revolucionario; la llama de la rebeldía siempre estará encendida para combatientes como ustedes. Viva la rebelión callejera; abajo la prisión. Nunca olvidare un día 22 de Enero que me separó de hermanos como ustedes: Alex Muñoz Hoffman* Fabián López Luque, váyanse tranquilos a su zona que pronto estaré yo ahí porque nunca dejare de combatir y luchar.

Eduardo Olivares Fuenzalida
Ex Miembro FPMR
Preso Social
13 Años en prisión.
22 Enero 1992 Al 22 Enero 2013.

21 Años del asesinato de Alex y Fabián.

*Escrito de Pablo Muñoz Hoffman

“Ese hermano comprometido, guerrero silencioso por ti y por el compa de

Pablo trasladado al hospital tras el tiroteo

Pablo trasladado al hospital tras el tiroteo

ojos miopes y caminar verdadero. No a la venganza, sino la justicia serenamente armada, Raúl vive entre nosotros, volveremos a los Queñes. Hasta vencer o morir. A mi hermano Alex y mi compañero Fabián, caídos en combate el 22 de enero”.-Escrito de Pablo Muñoz Hoffman antes de fugarse en Diciembre de 1996, leído durante la conmemoración de los 14 años del asesinato de Alex y Fabián el 2006.

*Texto de Alexis, enviado a Refractario

-Fraternidad-

“Sus manos se sembraron entre mi mano y florecieron juntas y maduraron juntas en el fruto fraterno del afecto; fue una sola cosecha larga y continua como riel en distancia insospechada. Que se prendió sobre los campos de nuestras angustias; sus manos se sembraron entre mi mano y aun siguen juntas a pesar de las distancias florecen juntas; porque nuestra sangre siempre se han mantenido unida.”

Escrito años atrás por Alex Muñoz Hoffman. cuando estábamos todos juntos Nicolas, Eduardo, Pablo..

22 enero 2013. Santiago.- Stgo.

https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=bWaMQM61kTs

…hoy es el día en que detuvieron a mi hermano ….

Querida familia y amigos, hoy es el día en que detuvieron a mi hermano y me gustaría si pueden acompañarme desde el lugar donde esté cada uno, a las 20:00 hrs.  nos detengamos un momento y digamos este verso que acompaño y nos encontremos en ese lugar donde se juntar a jugar los pensamientos.

  

 

A todos un gran abrazo y gracias por su apoyo y compañía desde siempre.
Destacado

Memoria MIR. Carta de Daniel Felipe Ruiz Lazo.

Carta de Daniel Felipe Ruiz Lazo.

Estimados compañeros y compañeras, de mi familia roja y negra:                                                                                                                                                                         

Quiero compartir con ustedes en nombre mío y de mi familia una importante noticia. El 29 de noviembre he ganado la querella criminal contra Álvaro Corvalán Castilla y Aquiles González Cortés, por el secuestro permanente de mi hermano Sergio Fernando Ruiz Lazo, a ambos se los ha condenado a ocho años de presidio mayor en su grado mínimo.

Por supuesto, esperábamos una condena muchísimo mayor, no nos sentimos conformes ni creemos que se ha hecho justicia, sin embrago, no podemos dejar de alegrarnos por este avance, frente a diversas situaciones, en muchos momentos llegamos a creer que no viviríamos lo suficiente para ver este día, tal como le sucedió a mi madre y mi padre que murieron con el dolor de ver impunes a los que alejaron para siempre de nuestro lado a Sergio.

Hoy me siento más tranquilo, creo que nuestra lucha por estos casi treinta años no ha sido en vano, en lo personal les aseguro que no desistiré hasta ver que se haga realmente justicia para mi hermano y para todos nuestros compañeros y compañeras que cayeron en las manos sangrientas de los que hoy pretenden inocencia, me siento también orgulloso como siempre de mi hermano, de su integridad, de su consecuencia, como deben estarlo todos los que lo conocieron.

Agradezco a todos los que nos han acompañado estos largos años de dolor y lucha, los que han permitido que la memoria de Sergio perdure, los que han continuado luchando, los que creen que mueren los cuerpos no las ideas, no los sueños ni los principios y que día a día construyen un palmo del mundo en el que creemos, en el que creyó también mi hermano.

Me despido con un abrazo fraterno, en nombre de mi familia

Daniel Ruiz Lazo.

 

  1. RUIZ LAZO SERGIO FERNANDO – Memoria Viva

    http://www.memoriaviva.com/Desaparecidos/D…/sergio_fernando_ruiz_lazo.h…

    Sergio Fernando Ruiz Lazo, casado, dos hijos, técnico textil, militante del Movimiento de Izquierda Revolucionario, MIR, fue detenido el 21 de diciembre de 

  2. RUIZ LAZO SERGIO FERNANDO Detenido Desaparecido

    190.98.219.232/~interac/victimas/?p=349

    El 20 de diciembre de 1984 fue detenido por funcionarios de la CNI, en Santiago Sergio Fernando RUIZ LAZO, dirigente del MIR, quien había ingresado 

  3. Cómo El Mercurio intentó encubrir las desapariciones de Sergio Ru

    es.groups.yahoo.com/group/chilemundo/message/19754

    11/02/2005 – 1 entrada

    Conforme establece el proceso 143.671-1 del Tercer Juzgado del Crimen, Sergio Fernando Ruiz Lazo, casado, dos hijos, técnico textil y 

  4. Lo que brilla con luz propia, nadie lo puede apagar – Memoria-MIR

    SERGIO JAIME BRAVO AGUILERA FRANCISCO  SERGIO EDUARDO JOSÉ CIENFUEGOS CAVIERES JEAN IVES …. SERGIO FERNANDO RUIZ LAZO

  5. Querella Víctimas Mir Chile

    En atención a ello salió Sergio PEÑA DIAZ, de profesión veterinario, militante del …. Sergio Fernando Ruiz Lazo, casado, dos hijos, técnico textil, militante del  

  6. Condenan a ex agentes CNI por secuestro de militante del MIR 

    hace 5 días – De acuerdo a los antecedentes de la causa, se logró establecer que Sergio Fernando Ruiz Lazo pertenecía al Movimiento de Izquierda  

  7. nacion.cl – Nueva acusación por secuestro contra Álvaro Corbalán

    27/12/2011 –  en una hora indeterminada, dejó de verse y de tenerse noticias de Sergio Fernando Ruiz Lazo, quien pertenecía al Movimiento de Izquierda  

  8. ruiz lazo sergio fernando – Archivo de Fondos y Colecciones

    Con una fotografía. En el interior: Se entregan todos los detalles de la vida y desaparición de Sergio Fernando Ruiz Lazo y de las gestiones que ha realizado su 

  9. Dictan condena contra ex agentes de la CNI por secuestro de 

    “a) Que Sergio Fernando Ruiz Lazo pertenecía al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), al menos desde el año 1972 y, a consecuencia del golpe  

  10. [PDF]

    ÁLVARO JULIO FEDERICO CORBALÁN CASTILLA – CIPER Chile

    ciperchile.cl/wp-content/uploads/Álvaro-Julio-Corbalán-Castilla..pdf

    05/08/2002 – Nelson Fernando Araneda Loaiza, Jaime Alfonso Cuevas Cuevas, Luis  coautor del secuestro calificado de Sergio Fernando Ruiz Lazo,.

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