La historia de Puntito Recabarren, de sus padres, sus tíos y sus abuelas.Buscando la verdad.

La historia de Puntito Recabarren, de sus padres, sus tíos y sus abuelas.Buscando la verdad.
La desgarradora historia del niño de 2 años que vio cómo desaparecieron sus padres y aún se pregunta por qué él está vivo
  • Carolina Robino y Margarita Rodríguez
  • BBC News Mundo

5 noviembre 2018

La historia de Puntito Recabarren, de sus padres, sus tíos y sus abuelas. Buscando la verdad.

Luis con su madre, Nalvia
Pie de foto,Luis Recabarren con su madre, Nalvia.

«¿Por qué yo sobreviví?» Esa es una de las preguntas que por décadas ha marcado la vida del chileno Luis Emilio Recabarren Mena.

Para entenderla, hay que conocer su historia.

Hace 42 años, cuando él tenía 2 años y medio, perdió en menos de 48 horas a su abuelo paterno, a un tío, a su padre, a su madre y al hermano o hermana que ella llevaba en su vientre.

Corría el año de 1976 y Chile vivía bajo el régimen militar de Augusto Pinochet.

El 29 de abril, cuatro miembros de su familia fueron detenidos durante un operativo de agentes de inteligencia.

Él era uno de ellos.

Todos desaparecieron menos él. Fue el único que sobrevivió. Y aún no sabe por qué.

Luis Recabarren junto a su madre
Pie de foto,Tras el nacimiento de Luis, Nalvia se dedicó al hogar.

Desde entonces, ha intentado reconstruir lo que sucedió ese día y averiguar cuál fue el destino de sus padres, su tío y su abuelo, que sufrió la misma suerte apenas un día después.

Ha hablado con testigos, leído expedientes, buscado sus huellas en fotos. Pero sigue teniendo lagunas.

En un desgarrador testimonio que ofrece desde su casa en Suecia, donde vive desde 1984, Recabarren, nieto de la inagotable activista por los derechos humanos Ana González, quien murió el 26 de octubre, le abre su pasado, sus recuerdos, su dolor, a BBC Mundo.

Y asegura que luchará por saber quién mató a sus padres hasta que se muera.

El fatídico día

El 29 de abril de 1976, Nalvia Mena Alvarado, quien tenía 21 años, se fue con su único hijo, Luis, a buscar a su esposo a su oficina.

Luis Emilio Recabarren
Pie de foto,El padre de Luis, como muchos chilenos, había perdido su trabajo por sus simpatías con la izquierda. Por eso, se convirtió en un emprendedor y se «ganó la vida» como diseñador gráfico.

Luis Emilio Recabarren tenía 29 años y trabajaba en un barrio céntrico de Santiago.

En el camino de regreso, la familia se encontró con uno de los hermanos del padre, Manuel Guillermo, y los cuatro partieron rumbo a la casa de los abuelos paternos, Ana González y Manuel Recabarren.

Desde su nacimiento, «Puntito», como le decían a Luis cariñosamente, vivió con sus padres y sus abuelos en esa vivienda.

«Nos capturaron bajándonos del autobús«, relata.

«Llegando al paradero 16 de Santa Rosa, había un operativo con tres automóviles estacionados. Nos estaban esperando».

«Cuando mi padre vio que agarraron a mi madre, que me tenía a mí, intentó hacer algo. Pero lo golpearon y a ella le pegaron en el estómago con un fusil. Después nos metieron en uno de los vehículos y los tres automóviles salieron a toda prisa».

El abandono

El mismo día de la detención, Luis fue separado de sus padres.

Manuel Guillermo Recabarren
Pie de foto,Manuel Guillermo Recabarren tenía 22 años cuando fue detenido. Durante la entrevista, Luis lo llama cariñosamente «mi tío Mañungo».

En algún momento alguien lo subió a un vehículo negro y lo dejaron a una cuadra de la casa de sus abuelos paternos.

«Me dejó botado en la calle en pleno toque de queda. Una vecina me oyó llorar, se asomó y dijo: ‘¡Es el Puntito!’. Salió, me cargó y me llevó a donde mi abuela».

Al día siguiente, el 30 de abril, su abuelo paterno salió muy temprano a buscar a sus hijos y a su nuera.

Nunca regresó. También despareció.

Desesperada, su abuela Ana González fue a buscar a la madre de Nalvia, Ernestina Alvarado, para contarle lo que había pasado.

Así comenzó la búsqueda incansable de sus abuelas por sus padres, su abuelo y su tío.

El silencio

Después de ser llevado a su casa, «Puntito» no pudo hablar por un mes.

Manuel Recabarren
Pie de foto,Manuel Recabarren, el abuelo de Luis, tenía 50 años cuando desapareció.

Su crianza pasó a manos de su abuela materna, Ernestina. A Ana la visitaba frecuentemente y se convirtió en una figura constante y amada en su vida.

«Me quedaba dormido llorando todas las noches», cuenta.

«Echaba de menos a mis padres. Ellos me dieron mucho amor. Sentía que no era mi casa, que debía estar en otro lugar, que eso era algo temporal, por eso pensaba que no debía molestar. ‘Debo comerme toda la comida, debo portarme bien’, me decía».

Confiesa que, pese al amor de sus seres queridos, se sentía huérfano y en ocasiones intentó escaparse de casa.

Sus familiares nunca intentaron disfrazar lo que había ocurrido con sus padres.

«Todo el tiempo estuvieron con la verdad cruda, real, sin esconder nada, con el objetivo de procesarla».

«¿Qué hizo mi mamá para que me dejaran?»

Cuando aprendió a leer, trataba de entender la información que había «afuera» sobre las torturas y los abusos del gobierno.

Luis Recabarren junto a su madre
Pie de foto,Sus padres, le contaban sus abuelas, «se querían mucho» y estuvieron felices con su nacimiento.

Empezó a preguntarse: «¿Le habrá pasado eso a mi mamá? ¿Le hicieron esas torturas? ¿Le pusieron electricidad a mi papá, a mi abuelo, a mi tío? ¿Qué les pasó en los últimos momentos?»

Y surgieron preguntas muy poderosas que hasta hoy lo intrigan:

«¿Por qué yo sobreviví?»

«¿Qué hicieron ellos para que me soltaran?«

«¿Qué hizo mi mamá para que me dejaran?»

«Y es que en esa época mataban a niños también».

Luego, a través de los testimonios de testigos «se supo que fueron llevados al campo de tortura de (Villa) Grimaldi y después los trasladaron a otros lugares. Ahí se perdió su rastro. Algunos dicen que los mataron y que los lanzaron al mar«.

La decisión de partir

Bajo el cobijo de un sector «solidario» de la Iglesia católica, sus abuelas y otras madres y familiares de desaparecidos se empezaron a reunir.

Así, le dieron vida a la emblemática Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD).

Miembros de la AFDD en una manifestación encadenadas
Pie de foto,Miembros de la AFDD en una de las tantas manifestaciones pacíficas que han organizado desde su creación. Ana González es la segunda de derecha a izquierda.
Manifestación 9 de junio 2017
Pie de foto,Año tras año, la AFDD empezó a recibir más y más familiares que, como Ana y Ernestina (ninguna en la foto), buscaban a sus seres queridos. «¿Dónde están?» ha sido una de las consignas de la organización. Esta manifestación se celebró el 9 de junio de 2017.

Ana y Ernestina llevaban a Luis a los encuentros y allí era feliz con otros niños que estaban pasando por tragedias similares, pero de las cuales no hablaban entre sí. Sólo querían jugar.

«Corríamos por los pasillos y los patios de la Vicaría de la Solidaridad, que quedaba en el centro de Santiago. Me sentía especial cuando me llevaban allá».

Pero la hora de abandonar Chile había llegado. Tenía 11 años.

«A finales de 1984, cuando mi familia materna quedó destruida, mis otros tíos cayeron en campos de detención y fueron torturados», dice.

Su abuela Ernestina no vio otra opción que llevárselo a él y a otras nietas a Suecia.

«¿Y si aparecen?»

Ernestina lo empezó a preparar para la partida. Le habló de Suecia, de sus bosques, de sus parques, de su socialdemocracia, de sus derechos civiles.

Volante con las fotos de Luis, sus padres, su tío y su abuelo
Pie de foto,Desde que desaparecieron, las familias de Luis no escatimaron esfuerzos por buscarlos.

Y eso, más la experiencia de montarse en un avión por primera vez, lo entusiasmó, pero le surgió otra interrogante:

«¿Y si aparecen mis padres? Yo tengo que estar aquí porque a lo mejor no me van a encontrar«, cuenta.

«Pensaba, soñaba que volverían y quería estar ahí cuando eso sucediera».

Pero se fueron.

«Te traeré un regalo'»

A Recabarren se le rompe la voz cuando nos cuenta el momento en que se tuvo que despedir de «un amigo del alma», un niño que vivía en el vecindario.

Luis Recabarren junto a su abuela Ana González
Pie de foto,Luis abandonó Chile siendo un niño, regresó pocos años después para visitar a sus seres queridos, entre ellos su abuela amada, Ana González.

«Le prometo a Sergio volver…»

A esa oración le sigue un silencio.

«Y…»

Más silencio.

«Le decía: ‘Te prometo volver a Chile y te traeré un regalo’. Lloramos mucho hasta que nos despedimos».

Odio a Chile por lo que me ha causado y, al mismo tiempo, amo a Chile»

Luis Recabarren

De camino al aeropuerto, recuerda «el dolor tremendo de dejar a parientes que trataron de compensar la desaparición (de mis padres) con mucho amor».

«Era la tristeza de abandonar mi país (…) de saber que iba a tener sólo a una abuela», indica.

Suecia

En la nación europea comenzó una nueva vida, aunque con el mismo dolor.

Luis junto a su esposa Sara.
Pie de foto,En Suecia, Luis conocería el amor de pareja: Sara.

«Seguía quedándome dormido llorando, pero en silencio para no molestar».

«Era un luto perpetuo, pero trataba de estudiar, aprender el idioma, empecé clases de natación, hacía deportes».

Cuenta que llegó a Estocolmo, donde ya había una comunidad chilena que sabía quién era.

«Era mi pueblo, mi gente, recibí un cariño enorme. Los padres sabían la historia, pero sus hijos no».

Un hermano

«¿Cuando eras niño, alguna vez llegaste a racionalizar que pudiste haber tenido un hermanito o una hermanita y que también se lo llevaron?» le preguntamos.

Luis, junto a su abuela materna y una prima
Pie de foto,»Aquí estoy con mi abuela materna y mi prima hermana Tania Blanco», cuenta Luis.

«Todo el tiempo, todo el tiempo», dice.

Y con la voz entrecortada continúa: «Me di cuenta de que esa pizca de esperanza, que seguía haciendo crecer, no me estaba dejando vivir, no me estaba dejando pensar».

«Como niño pensaba con ilusión: ‘¿Será? Quizás tengo un hermano‘. En Suecia crecí con mis primas, por eso me preguntaba: ‘¿Tendré un hermano, tendré una hermana?'»

Soñaba que abrazaba a mi madre por la cintura»

Luis Recabarren

En las noches, cuando dormía, venían los sueños con sus padres.

«Soñaba que abrazaba a mi madre por la cintura».

Cuando cumplió los 29 años, la edad en que su padre desapareció, se preguntaba cómo habría sido la relación con él si nada hubiese pasado: «¿Seríamos buenos amigos?«

«Los amigos de mis padres me dicen que me parezco mucho a mi madre y que también tengo una pizca de mi padre».

La venganza que no llegó

«¿Recuerdas en qué momento te diste cuenta que no volverías a ver a tus padres?», indagamos.

Luis Recabarren
Pie de foto,Luis siente que es un «deber» compartir su historia, especialmente para la nueva generación de chilenos y latinoamericanos.

«Fue un proceso largo», responde. Llegó a su fin en Suecia.

(…) ese odio te carcome y no vas a poder celebrar que eres el sobreviviente de tus padres. Y eso lo tienes que contar»

Ernestina Alvarado, abuela materna

«Cuando lloraba en las noches, empecé a aceptar la desaparición perpetua y a pensar que fueron asesinados, que los habían tirado en el mar. Que pasaron por cosas crueles».

«Luchaba contra mí mismo, me decía: ‘Me tengo que vengar, tengo que ser un guerrillero, tengo que encontrar a los culpables'».

Cuando se lo dijo a su abuela, ella se enojó mucho y le dijo:

«¡No, no, no! Eso es lo que ellos quieren, ese odio te carcome y no vas a poder celebrar que eres el sobreviviente de tus padres. Y eso lo tienes que contar, tienes que contar lo que pasó».

Poco a poco, en plena adolescencia, «entendió» que «ahora ellos estaban en paz«.

«Y que yo tenía que encontrar mi centro, mi balance, para poder tener una vida».

Manifestación en Santiago el 8 de septiembre de 2013
Pie de foto,Cientos de familias, como la de Luis, siguen buscando respuestas sobre lo que sucedió con sus seres queridos. Esta manifestación se celebró a 40 años del golpe de Estado, en Santiago de Chile.

Desde esa perspectiva de amor y de búsqueda de justicia que le inculcaron sus abuelas, decidió encarar su vida.

También la enfrentó con algo que sus padres disfrutaban: el arte, la música, el ballet. Estudió en la Royal Swedish Ballet School, se convirtió en bailarín profesional e hizo presentaciones en varios países.

La reconstrucción de los hechos

Recabarren conoce algunos detalles de lo que sucedió el 29 de abril de 1976 porque hubo varios testigos en las fases de la detención y la desaparición de sus padres y su tío.

Salvador Allende
Pie de foto,Luis nació el 27 de octubre de 1973, pocas semanas después del golpe de Estado que derrocó al gobierno de Salvador Allende., a quien se ve en esta foto saliendo del palacio presidencial de La Moneda, en pleno golpe.

«Eso es lo que uno lee en los testimonios que se recogieron y en lo que dice el informe Rettig, que recopila cada caso«, indica.

El Informe Rettig fue realizado por la Comisión de Verdad y Reconciliación, un órgano creado con la llegada de la democracia para investigar las violaciones a los derechos humanos durante el pinochetismo.

En 1991, ese informe, que sólo contabilizó desapariciones y ejecuciones, reconoció 2.279 muertes a manos de agentes del Estado.

Un recuerdo «muy fuerte»

Más allá de lo que ha leído e investigado y de lo que le han contado, Luis asegura que, pese a su corta edad, hay algo que recuerda del día en que vio a sus padres y a su tío por última vez.

Soldados golpistas arrestan a guardaespaldas de Allende
Pie de foto,En esta imagen se observa a un grupo de soldados golpistas al momento de arrestar a guardias de seguridad del presidente Allende, en septiembre de 1973.

Y lo logró evocar tras recibir ayuda psicológica enfocada en personas con estrés postraumático crónico en la Cruz Roja de Suecia.

«La psicóloga me ayudó a sacar un recuerdo en el que veo a mi madre muy cerca de mí, hablándome, y detrás de ella hay un cuerpo en el suelo. En la puerta hay otro hombre, está parado. No sé si es mi papá o mi tío, está tratando de ver lo que pasa afuera. Estamos en una habitación».

Ese cuarto, él cree, fue el lugar donde los tuvieron detenidos.

«¿En ese recuerdo cómo ves a tu mamá?», le preguntamos.

«Se veía como un ángel», responde. «Es un recuerdo que tengo muy, muy fuerte».

¿Por qué sus padres?

Cuando le preguntamos a Luis por qué cree que sus padres fueron detenidos, reflexiona sobre su nombre.

Luis Recabarren junto a su abuela Ana González
Pie de foto,Luis junto a su abuela Ana González y su tía Patricia Recabarren.

«Luis Emilio Recabarren Serrano (1876-1924) fue el fundador del Partido Obrero en Chile hace unos cien años (1912). No sé si somos parientes o no. Nunca ha sido relevante para mí».

Pero más allá de esa posible asociación que los agentes pudieron haber establecido, su padre fue dirigente sindical.

«El padre y los hermanos de mi mamá fueron dirigentes sindicales. Todos eran idealistas, fueron una generación con potencial político que querían un cambio en la sociedad».

El objetivo del gobierno, dice, era romper las familias que tenían una postura política contraria. «Ellos querían matar ideas, (hacer) un genocidio político».

Sus padres militaban en el Partido Comunista. «No eran violentos, no eran terroristas. Sólo querían transformar la sociedad, luchar por la igualdad».

Haciéndose la imagen de sus padres

Luis sabe que sus papás «se enamoraron en un Congreso del Partido Comunista».

Luis Recabarren junto a su hija
Pie de foto,Luis junto a su hija cuando era pequeña.

Así se lo contaron sus abuelas y sus tíos.

«Mi papá era bien carismático, recibía mucha atención de las muchachas. Pero al principio mi mamá no le daba ni bola porque sabía cómo era», cuenta entre risas.

Desde la adolescencia, Nalvia «se oponía a las desigualdades», le gustaba ayudar a la comunidad y «no era de las que esperaba a que alguien viniera a resolver los problemas de la comuna».

«Tengo la impresión de que mi madre era muy delicada. Cantaba en el coro del liceo francés, dibujaba, tenía cualidades artísticas».

Tanto a su padre como a su madre les gustaba mucho el ballet. Le cuentan que ella escuchaba música clásica cuando lo llevaba en el vientre.

Ambos eran delgados y muy altos «para el promedio de los chilenos». Él mismo mide 1,86 metros.

«Hasta que yo muera»

En una entrevista de Recabarren con la periodista Ivonne Toro del periódico chileno La Tercera, publicada el 29 de octubre, dice que necesita saber quién fue el que mató a su madre.

Luis Recabarren junto a su familia.
Pie de foto,Con sus hijos, Luis aprendió lo que es el amor incondicional entre padres e hijos.

«Hasta el día de hoy no tengo información concreta sobre cómo fue la operación contra mis padres ni quiénes estuvieron involucrados», le indica a BBC Mundo.

«No se ha podido saber toda la verdad plena«.

«Toda mi vida, hasta que yo muera, voy a buscar la verdad sobre lo que pasó. No voy a parar. Y si muero, mis hijos la buscarán. Esto va de generaciones. Es incansable».

Está casado con la periodista sueca Sara Recabarren y tiene tres hijos de 7, 11 y 15 años. Con ellos aprendió lo que realmente es el amor incondicional.

«Mientras yo sea fuerte, ellos serán fuertes», dice.

«Ellos van a seguir la lucha. Mi inclinación como padre es protegerlos, pero sé que podrán transformar todo este dolor en algo positivo».

«Un deber»

Recabarren dice que mientras se sienta con fuerza seguirá contando su historia. Pero no es fácil.

Ana Gonzalez
Pie de foto,Ana González, con su inolvidable carisma y entrega por el movimiento en busca de los desaparecidados chilenos, en una ceremonia celebrada el 9 de septiembre de 2013, en el Museo de la Memoria de Santiago de Chile, en honor a las víctimas del régimen militar.

«Mis tíos que sobrevivieron torturas tienen mucha dificultad para hablar sobre lo que les pasó, incluso con sus propios hijos».

«Ahora que mi abuela paterna no está, lo tengo que hacer. Es un deber».

«Para mí Chile es una paradoja: odio a Chile por lo que me ha causado y, al mismo tiempo, amo a Chile porque soy de allá, porque es mi pueblo y porque después de la muerte de mi abuela siento su solidaridad, su cariño».

Hijos del exilio: las historias cruzadas que marcaron a los ministros de Boric

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Juan Manuel Ojeda y Carlos Said28 ENE 2022 10:26 PMTiempo de lectura: 16 minutos

El gabinete del presidente electo comparte experiencias vitales comunes. A siete futuros secretarios de Estado les tocó abandonar el país en pleno régimen militar, porque las vidas de sus padres corrían peligro. A algunos les tocó Cuba, a otros Suecia, Guatemala, Canadá o Reino Unido. Pese a que cada país tiene sus particularidades, todos coinciden en lo mismo: parte de lo que son hoy lo aprendieron de aquella época en que, siendo niños o adolescentes, tuvieron que partir de cero, a veces con miedo, otras con alegría y lejos de sus familias.




1. Dejar Chile atrás

Faltaban solo 16 días para que Maya Fernández estuviera de cumpleaños. En aquella época la actual diputada socialista era una niña que se preparaba para su segundo año de vida. Lo que iba a ser una fiesta, de pronto se rompió abruptamente. El 11 de septiembre fue el golpe de Estado y la futura ministra de Defensa debió partir junto con sus padres rumbo a Cuba.

Su madre era la médica Beatriz Allende y su padre, el diplomático cubano Luis Fernández Oña, quien formó parte del Departamento América del Partido Comunista cubano, a cargo de la relación del régimen castrista con los partidos y movimientos de izquierda latinoamericanos.

“Mi mamá tenía un embarazo de siete meses. Mi hermano nació en noviembre, en Cuba. Siempre he pensado en lo duro que debe haber sido para ella perder a su padre en La Moneda y, además, haber estado embarazada. No debe haber sido nada de fácil”, dice Fernández.

La familia llegó a La Habana en avión y cuatro años después su mamá se suicidó. En ese momento ella quedó a cargo de Mitzi Contreras, amiga de la madre de la actual parlamentaria: “Por eso yo digo que la vida me regaló dos madres”.

La médica Begoña Yarza es siete años mayor que Fernández, pero a las dos las une una misma experiencia. La futura ministra de Salud también se vio obligada a vivir en el exilio. “Mi papá (Simón Yarza) era alcalde de Rengo. Lo tomaron preso en septiembre de 1973, le dieron un Consejo de Guerra y lo condenaron con la pena de extrañamiento. En 24 horas las Naciones Unidas lo tenían que sacar del país”, explica quien será la próxima titular del Minsal.

Yarza tiene un recuerdo potente de aquella época. “Nos llevaron en un camión militar a un avión Air France por la pista de aterrizaje. Cuando nos subimos, el capitán se acercó a la escalera y en francés le dijo a mi papá que estaba honrado de que él subiera y que estaba pisando territorio libre del fascismo. Seguramente para mi papá debe haber sido algo muy bonito, que alguien lo mirara con una dignidad distinta. Él era un hombre formidable. Yo era chica, pero vi esa escena y me pareció hermosa, porque reconocí lo que era darle a otro dignidad”, recuerda emocionada. Los Yarza pasaron por Buenos Aires y Lima, para luego terminar en 1974 en La Habana.

Maya Fernández, cuando tenía dos años, junto a su madre Beatriz Allende. Habían llegado hace poco a Cuba.

A la abogada Antonia Urrejola también le tocó ser hija del exilio. En su caso, su experiencia fue a más de siete mil kilómetros de distancia de Cuba. La futura ministra dice que pese a ser una niña de seis años tenía conciencia de lo complejo de la situación del país: “Antes de que mis papás partieran, mi casa fue allanada varias veces. Mi padre estuvo detenido por tres meses en Tejas Verdes. Una vez llegaron los militares a la casa y se llevaron a mi mamá a Villa Grimaldi”, recuerda Urrejola.

Su padre, Carlos Urrejola, era economista, arqueólogo y trabajaba en el Pedagógico. Su madre, María Inés Noguera, era profesora de un colegio particular. Ambos no eran militantes activos, apoyaban a la Unidad Popular, pero tenían contactos en el MIR y el Partido Socialista.

“Recuerdo cuando mi papá volvió de su detención. Tengo la imagen de él volviendo a la casa de manera sorpresiva. Lo recuerdo muy flaco, con el pelo largo y barba. Cuando lo vi me dio miedo, mucho miedo”, recuerda la abogada.

Los Urrejola llegaron como refugiados políticos hasta Hull, una ciudad al norte de Inglaterra, en el condado de Yorkshire. Seis meses después llegó la futura canciller, de entonces seis años, junto a su hermana de 14 y su otro hermano de nueve. En Chile se había quedado con unos tíos y recuerda que ellos le compraron un vestido: “Querían que llegara bonita al reencuentro. Lamentablemente, de ese momento no me acuerdo mucho más, lo tengo súper borrado”.

La historia de Flavio Salazar, el próximo ministro de Ciencia, también fue en Europa. Su vida iba a ser otra. Nació en Buenos Aires en 1965 y su familia volvió a Chile en 1971. Estudió en el Colegio Salesianos Alameda y en 1984 entró a Veterinaria en la Universidad de Chile.

Pero ese año, marcado por las protestas contra la dictadura, las cosas cambiaron. Su padre, que era parte del sindicato de Pizarreño y militante del Partido Comunista, pidió asilo en Suecia y se lo llevaron en diciembre, poco después de que el general Augusto Pinochet decretara un estado de sitio en todo el país.

Salazar tuvo que dejar su carrera para seguir, junto a su familia, a su padre. “Nos mandó a buscar, y nos reunificamos allá a principios de 1985. Llegamos a Estocolmo y nos enviaron a un campamento de refugiados, pero que en realidad eran departamentos en una ciudad al interior de Suecia, que se llama Köping”, relata el académico. La ciudad era pequeña, pero existía una fábrica de Volvo, donde su padre encontró trabajo como técnico automotriz.

Antonia Urrejola junto a sus padres y hermanos en Hull, al norte del Reino Unido. En la foto, la futura canciller es la cuarta de izquierda a derecha.

La nueva ministra del Deporte, Alexandra Benado, nació en mayo de 1976, en Estocolmo, debido al exilio de sus padres. Pero la distancia no cortó los lazos con Chile, sobre todo en el caso de su madre, Lucía Vergara, militante muy activa del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), para quien el destierro no era un obstáculo para luchar contra Pinochet.

Sus padres habían llegado poco antes a Suecia, en 1975, y luego de que ella nació, la familia se trasladó a Cuba, quizás en un intento de la madre de acercarse al país. Según una columna que publicó esta semana Miguel Orellana Benado, primo del padre de la futura ministra, luego la abuela de la próxima ministra se la llevó a Guatemala para protegerla.

Sus padres volvieron escondidos a Chile, en el marco de la “operación retorno” del MIR, que buscaba reunir guerrilleros para derrocar a Pinochet. El 30 de agosto de 1983, un comando mirista asesinó al intendente de Santiago, Carol Urzúa, desatando la ira de la autoridad. La CNI comenzó una cacería contra los militantes del MIR y dieron con ellos. En una casa en Las Condes, ubicada en la calle Fuenteovejuna, detectaron la presencia de tres miristas que estaban escondidos, entre ellos Lucía Vergara.

Usando un jeep con una metralleta calibre 50, la patrulla de la CNI acribilló a los miristas y provocó el incendio de la casa. Luego, el régimen afirmaría que había sido un enfrentamiento, en un patrullaje de rutina. La Comisión Rettig acreditaría más tarde que se trató de un montaje.

Antonia Urrejola junto a su madre, María Inés Noguera, en Reino Unido.

La futura ministra de Justicia, Marcela Ríos, también tuvo una experiencia parecida, pero en Canadá. El 14 de febrero de 1981 fue el día en que Ríos y su familia se fueron de Chile. Querían dejar atrás los años de miedo, tristezas y pobreza que vivieron con la dictadura y, sin saber lo que les esperaba, viajaron más de 10 mil kilómetros para buscar una nueva vida.

En Santiago vivían en la población Santa Olga, en Lo Espejo, y en los años de Allende su padre era presidente de la Junta de Vecinos y de la JAP, la unidad local que administraba alimentos entre los vecinos. Eso le traería consecuencias durante ocho años.

“Después del golpe, estuvo preso un rato y nunca más pudo encontrar trabajo, por lo que decidimos irnos de Chile por una mezcla de persecución y una situación económica desmejorada”, relata Ríos. El viaje lo lograron gracias a un programa de refugiados que tenía el gobierno canadiense y a la ayuda de unas monjas.

2. Aprender a vivir en otro país

Maya Fernández está convencida de que su vida en Cuba no fue especial. De hecho, repite más de una vez que fue algo “muy normal, muy de la cotidianeidad de cualquier niño o joven”. En La Habana estudió en un colegio público que era internado: “Había una escuela donde muchos hijos e hijas de exiliados llegaban allí. Nosotros estuvimos internados, fue toda una experiencia de vida. Ahí hice mis primeros amigos de la vida”.

Fue compañera de una hija de Silvio Rodríguez y también de algunas de las hijas de Pablo Milanés. “Extraño esa época, era un momento en que la vida se hacía mucho en la calle, jugábamos ahí a la cuerda. Había muchas actividades, mucho interés por encontrarnos”, dice la próxima ministra.

Para ella si hay algo que le recuerda su niñez y juventud en La Habana es el mar: “El mar siempre ha sido importante en mi vida y cuando lo veo, me provoca esas sensaciones de volver a aquella época”.

Maya Fernández junto a Mitzi Contreras, a quien considera su segunda madre. En la foto, la próxima ministra de Defensa es la primera de izquierda a derecha.

Esa misma sensación es compartida por Begoña Yarza. Quizás las dos no compartieron muchos momentos, pero sí las une ese gusto por el océano. “Me gustaba mi barrio, yo vivía en Alamar, estaba en la playa, era un barrio popular. Era una ciudad donde convivía gente muy diversa. Ahí me crié, me gustaba mucho”, comenta la médica.

Yarza siempre estuvo conectada a Chile a través del Comité de Solidaridad. Desde ahí fue reconocida por ser una experta en bailar cueca, lo que hacía en cada peña que se organizaba.

Antonia Urrejola estuvo en Hull desde 1975 hasta 1981. La futura canciller aprendió a vivir en una ciudad en la que recién estaban llegando extranjeros. No sabía nada de inglés y en su escuela ni siquiera sabían lo que era Chile. Algunos profesores la discriminaron por venir de Latinoamérica, pero otros, dice, la acogieron “con amor”.

En Suecia, Flavio Salazar, el futuro jefe de Ciencia, trató de insertarse en el país que lo recibió y se mantuvo realizando actividades con la comunidad chilena: “La principal labor que me tocó fue trabajar en grupos juveniles, hacíamos cosas culturales en el Centro Juvenil Pablo Neruda”.

La vida nórdica iba segura y sin contratiempos, hasta que fue asesinado el primer ministro sueco Olof Palme, en febrero de 1986, el mismo cuyo gobierno les había abierto las puertas del país.

“Eso fue un golpe muy fuerte para todos los refugiados. Fue muy doloroso, un asesinato inesperado en un país tan tranquilo como Suecia”, dice. En esos años, estaba llegando una segunda oleada importante de chilenos al país, “y nos cobijamos unos con otros. Pero luego me tuve que ir a estudiar, y mantuve los contactos con la comunidad chilena que había llegado antes”.

Marcela Ríos junto a su familia, el día en que se despidieron de sus conocidos y partieron a Canadá. En la foto, la futura ministra de Justicia es la tercera de izquierda a derecha, justo al medio.

A Canadá, Marcela Ríos llegó con 13 años. El gobierno los aceptó y los envió a Saskatoon, una ciudad de la provincia de Saskatchewan, que tenía 200 mil habitantes. Ahí también había otras 200 o 300 familias de chilenos, con quienes su familia forjó lazos.

Ingresó a un colegio sin saber hablar inglés, pero en septiembre ya estaba cursando su enseñanza regular. Pero pronto también empezó a trabajar como mesera en un mall y en una fábrica de costuras, algo que allá es común entre los adolescentes. Desde ahí en adelante, a los 15 años, no ha parado de trabajar.

También se involucró con la comunidad chilena. “Participé en grupos folclóricos y hacíamos clases de español para que a los niños más chicos no se les olvidara el idioma. Incluso, había gente de mi edad, que se había ido a Canadá muy chica, por lo que hablaban mal español”, recuerda.

Luego se trasladó a Toronto, a estudiar un bachillerato sobre Sociología y Estudios Latinoamericanos y del Caribe en la Universidad de York, para luego trasladarse a México, en 1992, a cursar una maestría en Ciencias Sociales en la Flacso.

3. Volver a Chile

Para Begoña Yarza su paso por Cuba marcó su ADN como persona y como médica. En 1988 fue escogida para representar a los exiliados de La Habana en Chile en un “congreso de jóvenes exiliados para recordarle a Chile que había un grupo de jóvenes y niños que habíamos salido al exilio y que no teníamos derecho a votar”. En Santiago vivió el plebiscito. La energía y esperanza cuando ganó el No la llevó a tomar una decisión: “Opté por terminar la carrera de Medicina y devolverme”.

Como trabajadora de la salud formada en Cuba, asegura que es imposible que su visión del sistema no esté inspirado en ese modelo: “Esta mirada que tiene el sistema sanitario cubano acerca de la salud, que tiene que ver con el abordaje universal, muy cercano a la gente, muy basado en la atención primaria, por cierto que está impregnado en mi ADN, en mi formación”.

Maya Fernández no hizo toda su carrera universitaria en Cuba. Alcanzó a hacer un año de Biología y luego, a los 20 años, se subió a un avión y llegó a Chile. De inmediato entró a la Universidad de Chile y ese hito marcó la nueva relación con el país: “Yo no tenía amigos, no conocía las calles, no tenía un pasado en Chile. Por lo tanto, todas mis relaciones se construyeron desde que entré ahí. Eso fue muy importante”.

Antonia Urrejola llegó de seis años y se fue de 12 desde Hull hasta Chile. Al igual que sus compañeros de gabinete, el exilio que le tocó vivir por sus padres configuró su carrera de abogada. “Creo que ver de cerca lo que implican las violaciones a los derechos humanos y las rupturas democráticas, sus efectos devastadores en las vidas de tantas personas me marcó en mi opción de estudiar Derecho, por dedicarme a los derechos humanos y en tener empatía con las víctimas de violaciones a los derechos humanos”.

A Hull volvió dos veces. La primera vez lo hizo embarazada de su primer hijo y con su marido, Cristián Franz: “Fue impactante, porque miré todo desde la posición que deben haber tenido mis padres. Llegar al norte de Inglaterra, lejos de Santiago, el sol y la familia, a cargo de tres hijos y llenos de incertidumbres debe haber sido durísimo”. Urrejola cuenta que cuando se fue de Hull a Londres no paró de llorar: “Fue un viaje precioso de reencuentros, pero también desgarrador, porque me puse en los zapatos de un papá y una mamá que partieron a un país, a una ciudad desconocida”.

Antonia Urrejola, la niña de la foto, camina junto a su madre y su abuela materna por Hull.

Ese mismo viaje luego lo hizo con sus dos hijos mayores. Les quiso mostrar lo que fue su infancia, que supieran más de su vida y la de sus abuelos. “Ese viaje fue como cerrar el círculo. Fue reparador”, concluye Urrejola.

En el caso de Flavio Salazar, la distancia no lo ha alejado de Suecia. Al contrario, pareciera que sus lazos con la nación escandinava se hicieron más fuertes. Acá en Chile formó una plataforma de colaboración académica con Suecia, que reúne a cientos de investigadores.

Además, mantiene lazos con la embajada, continúa en contacto con sus amigos de la época de estudios y, más importante que eso, sus hijas se fueron para allá una vez que terminaron el colegio y ahora viven en Noruega. “Estoy todavía muy conectado con Suecia”, dice Salazar, por lo que viaja a ese país una vez al año.

Cuando estudiaba allá, ingresó a las Juventudes Comunistas, y continuó militando en el PC una vez que llegó a Chile. “Ahí he estado todos estos años, con diferentes posiciones, pero nunca me ha tocado trabajar en las estructuras partidarias, por las responsabilidades académicas y dentro de la universidad”, señala.

Flavio Salazar, futuro ministro de Ciencia, posando para una foto en Suecia, en los años 80.

Al terminar sus estudios universitarios, Marcela Ríos decidió volver a Chile en 1995. El resto de su familia tomó la misma decisión y hoy se encuentran reunidos en el país, excepto su hermano, que se quedó en Vancouver. El último en regresar fue su padre, hace apenas tres años, cuando jubiló.

Pero Marcela Ríos dice que sus lazos con el país que la recibió no son tan fuertes: “Nunca me integré del todo a la sociedad canadiense. Tenía amigos, pero tenía más redes con la comunidad de latinos, porque había muchos latinoamericanos en Canadá. Mis amigos eran chilenos, salvadoreños, colombianos, ecuatorianos y argentinos”.

“Mis grandes amigos de la vida los hice en México, también en Canadá y en mi doctorado que hice en Estados Unidos. Acá en Chile es común que uno se junte con sus amigos del colegio o la universidad. Yo no tengo eso, porque mis amigos del colegio y la universidad están repartidos por todo el mundo”, relata la socióloga.

El camino de Alexandra Benado fue distinto. Se desarrolló en el ámbito deportivo, partiendo en el período en que estuvo en Cuba, y continuó cuando volvió a Chile en 1990. Formó parte de la selección nacional femenina de fútbol y fue capitana del equipo que obtuvo para Chile el tercer lugar en la Copa América en 2010.

Por razones lógicas, la muerte de su madre la marcó y, para honrarla, comenzó un trabajo de memoria en el sitio Londres 38. Uno de los últimos recuerdos que tiene de ella es una carta que le envió, poco antes de ser asesinada, que decía: “Porque hubimos muchos que nos tomamos de las manos y a pesar de los hijos presos, muertos o torturados, a pesar de los hijos solos o lejos, fuimos acumulando penas, alegrías y fuerza, y todo eso se convirtió en libertad y el sol volvió a brillar”.

El horror que se expande. Violencia sexual, un relato

El horror que se expande. Violencia sexual, un relato

Entrevista a Mabel Zanta 

Condena al Tigre Acosta por los abusos sexuales en la ESMA: una de las víctimas cuenta su historia

Por Ailín Bullentini13 de agosto de 2021 – 14:34

“Fui acusada de ser montonera y yo no tenía la más puta idea, si ni sé manejar un arma”, contó a PáginaI12 Mabel Zanta.
“Fui acusada de ser montonera y yo no tenía la más puta idea, si ni sé manejar un arma”, contó a PáginaI12 Mabel Zanta.

Algunas experiencias suceden y pasan, se van. Pero otras quedan en quienes las viven: como un tesoro o como “un lastre” que, aunque se niegue, se esconda, se oculte; resurge. Y Mabel Zanta sabe de eso. Cada septiembre, lo recuerde conscientemente o no, su paso por la ESMA se le interponía. “Por h o por b me lastimaba con algo, me quemaba en la cocina, me caía, me golpeaba. Era mi cuerpo hablando, sacando a la luz las heridas que me dejaron”, dice, a la espera de que esta vez sea diferente. Mabel es una de las tres víctimas en el juicio por delitos sexuales que tuvieron lugar en el centro clandestino que funcionó en el predio porteño de la Armada durante la última dictadura cívico eclesiástica militar y que este viernes, tras diez meses de juicio oral, cerró con la histórica condena de Jorge “Tigre” Acosta y Alberto “Gato” González a 24 y 20 años de prisión.

“El juicio tiene ese aspecto reparador que calma. Que haya justicia es que una pueda vivir sin el lastre que cargamos durante tanto tiempo”, propone Zanta, que tiene 81 años y la espalda “cansada” de cargar con el peso de aquello que sufrió en septiembre de 1978 en la Esma.

Su paso por la Esma

Zanta tenía tenía 39 años y dos hijos adolescentes cuando fue secuestrada, torturada, acusada de montonera y violada en un baño del centro clandestino y tenía planeado escuchar desde la casa de su hija, Georgina Andino, el fallo del Tribunal Oral Federal número 5 de la Ciudad de Buenos Aires, que dirigió el juicio de lesa humanidad por los hechos que sufrieron ella y otras dos mujeres prisioneras del grupo de tareas 3.3.2 contra uno de sus jefes, Jorge “Tigre” Acosta, y uno de sus integrantes, Alberto “Gato” González.  

Es la primera vez que los delitos que sufrió Zanta durante la última dictadura cívico militar eclesiástica son eje de un juicio oral y público. Lo contó por primera vez ante la Justicia en 2014, cuando fue convocada por el Ministerio Público Fiscal para ampliar la denuncia que había radicado en 1983 ante la Conadep. Tras su relato, su “caso” se sumó al de Silvia Labayrú y al de María Rosa Paredes, sobrevivientes de la Esma que forman parte de la megacausa desde hace décadas y cuyas situaciones fueron analizadas en debates orales previos, aunque por primera vez son tenidas en cuenta exclusivamente como víctimas de delitos de índole sexual.

El horror que se expande

En 1978, Mabel estudiaba Psicología Social, cuidaba de sus padres “ya viejitos”, criaba dos hijos adolescentes –Georgina de 12 y Marcelo de 19– y “ayudaba” en el negocio que encabezaba su marido, Jorge Andino, una juguetería en el barrio porteño de Barracas. Vivían los cuatro en Uriburu al 500, en el barrio porteño de Balvanera. No eran militantes orgánicos de ninguna agrupación, pero sabían de la cacería de las fuerzas de seguridad por todas las calles de la ciudad y del país. Y ellos fueron “solidarios y cobijantes” ante tanta persecución, definió Georgina en diálogo con este diario. “Mi hermano y yo tuvimos muchos tíos por horas que pasaban por casa y se iban”, contó.

La primera “visita” de la patota de la Esma a la casa de sus padres fue en febrero de ese año, pero no los encontraron. No fallaron la segunda. Fue en los primeros días de septiembre.

“Mi hijo me llamó a casa preguntándome dónde estaba papá, que no había aparecido por el negocio todavía. Le dije que no sabía, me volvió a llamar más tarde y me contó que unos tipos que parecían ladrones o policías, mirá vos la descripción, preguntaban por mí. Le dije que se quedara tranquilo que iba para allá. Ni se me ocurrió pensar que podían llegar a ser secuestradores. A las 14 más o menos, 14.30 entré al negocio y detrás mío entró la patota comandada por el “Ángel Rubio”, resumió Mabel a través del teléfono. La subieron en el asiento de atrás de un auto, flanqueada por dos represores; uno más al volante y, en el asiento del acompañante, Alfredo Astiz le advertía que si no “cerraba la boca”, era “boleta”.

No lo sabría hasta que fue liberada, 21 días después, pero la llevaron a la ESMA. Allí también tenían a su esposo. “Fui acusada de ser montonera y yo no tenía la más puta idea, si ni sé manejar un arma”, aseguró. Fue torturada, amenazada con la vida de sus hijos, a quienes tenían custodiados, conformó Georgina. Depositada en “capuchita”, como era conocido el altillo del casino de oficiales de la Esma. Y violada.

El abuso sexual “no fue parte del interrogatorio”, relató Zanta. “Fue un verde’”, señaló en relación a los represores encargados de custodiar a les prisioneres en el centro clandestino. Lo único que supo del “tipo”, asegura la sobreviviente, es que se apodaba “Lobo” y que integraba una guardia de “lo más gritona, venían algún que otro turno, llegaban a los gritos desaforados, parecían borrachos”.

Un día, estaba el “Lobo” a cargo de su custodia y le preguntó si quería ir al baño. “Yo le dije que sí porque siempre se quería ir al baño. Me acompañó y ahí me subió a la pileta y me violó a punto de pistola”, resumió. “La tortura fue terrible y la violación fatal porque más allá de la desposesión de la voluntad y del cuerpo de una, no terminó ahí en ese baño. ¿Y si estaba embarazada?, me preguntaba yo. El horror se expandía con el tiempo”, definió.

Reparar 40 años después

Cuando contó el episodio ante el TOF 5, el 30 de noviembre pasado, el abogado del “Gato” González la hostigó “hasta el hartazgo”, recordó Zanta: “Me preguntó si yo podía ubicar a qué altura estaba la pileta en la que me sentó el tipo, me preguntó cómo podía saber si me había apuntado con un arma si estaba encapuchada, y vuelta sobre lo mismo y vuelta otra vez. El presidente del Tribunal tuvo que ponerle un límite”.

Ésa fue una de las dos o tres audiencias que Zanta presenció del debate al que señala como “fundamental” en el proceso de “reconstrucción de una misma” y sobre el cual depositó una “expectativa importante”. “Fueron muchos años durante los cuales tuve que rehacerme”, asegura. Parte de ese trabajo tuvo que ver con poder “contar” lo que había vivido, “sufrido” en el centro clandestino: “En aquellos años contar lo del secuestro no estaba dentro de lo posible entre la generalidad de la gente. Mucho menos la violación, imaginate”, señaló.

Georgina, que “supo sin saber del todo” lo que había pasado desde el minuto uno, recién lo oyó de boca de Mabel “muchísimos años después”. “Es importante que la Justicia haya hecho lugar a lo que las y los sobrevivientes denunciaban, a los abusos y violaciones, de manera autónoma. Pero aún falta, aún resta que muchos y muchas cuenten lo que sufrieron”, confía la mujer, militante de los derechos humanos, trabajadora en el sitio de memoria Virrey Ceballos y “sostén principal” de Mabel en la búsqueda de Justicia. “La acompaño porque es mi vieja y la amo, pero también porque sé que su testimonio abre caminos a otros”, sostuvo.

Esperaron el fallo juntas, con la expectativa de que “sea la Justicia la que repare ahora”, subrayó Zanta, para quien “es lo mismo si le dan 15 años, 25 o cadena perpetua” a los acusados: “Lo que espero es que sean condenados”. Lo fueron.

*La entrevista desarrollada en esta nota se publicó por primera vez en 11 de agosto, antes del histórico fallo sobre los crímenes sexuales en la ESMA.

Salida de miles de niños chilenos a Suecia en las décadas de los 70 y 80’s. Nazis suecos y dictadura

Salida de miles de niños chilenos a Suecia en las décadas de los 70 y 80’s. Nazis suecos y dictadura

Más de 2 mil niños enviados a Suecia en dictadura

Aja Elmgren, la sueca clave en la red de adopciones ilegales de Pinochet que llegó a lo más alto de la élite chilena

Diego Ortiz27/11/2021

Elmgren junto a la jueza de Familia, Eliana Silva Romero. Créditos: chileadoption.se

Elmgren junto a la jueza de Familia, Eliana Silva Romero. Créditos: chileadoption.seElmgren junto a la jueza de Familia, Eliana Silva Romero. Créditos: chileadoption.se

Una investigación reveló que la dictadura sacaba provecho diplomático de adopciones con ayuda de nazis en Suecia. Elmgren, sueca radicada en Chile, organizaba el envío de niños. Acá fundó la escuela de equitación La Dehesa y creó distintas sociedades. Su yerno es un reconocido empresario, cercano a la familia Angelini y director de Celulosa Arauco.

Anna María Elmgren, o Aja, tiene el convencimiento de que lo que hizo durante la dictadura de Augusto Pinochet fue lo correcto. Aja fue el enlace del Centro de Adopciones sueco (llamado Adoptionscentrum) en Chile, gestionando la salida de miles de niños chilenos al país nórdico en las décadas de los 70 y 80’s. Salidas que en múltiples casos fueron ilegales. Casos que más que adopciones, fueron secuestros.

“Los niños que llegaron a Suecia son personas de bien, con proyectos de vida, familias y futuro”, explica Elmgren en un recurso de protección interpuesto por ella en contra de una serie de reportajes de Chilevisión sobre la red de adopciones ilegales de Pinochet, emitidos el 2018 y que le valieron a su autor, el periodista Alejandro Vega, ser reconocido con el Premio Periodismo de Excelencia de la Universidad Alberto Hurtado. (Vea el primer reportaje de Vega acá).

Distintas investigaciones históricas y periodísticas –entre ellas, las emitidas por el canal de televisión– dieron cuenta que existieron adopciones sin el consentimiento de los padres biológicos, despojando a familias chilenas de sus hijos.

Alfaro y Morales hallaron evidencia de que los niños dados en adopción eran utilizados para generar una imagen positiva de la dictadura chilena en Suecia; en un plan orquestado en el país nórdico por políticos de ultraderecha cercanos al nazismo sueco.

Además, según descubrieron recientemente la historiadora chilena, Karen Alfaro, y el profesor de historia, José Luis Morales, las adopciones cumplieron fines políticos para el régimen de Pinochet. Mediante la revisión de “documentación diplomática correspondiente a la embajada chilena en Suecia”, Alfaro y Morales hallaron evidencia de que los niños dados en adopción eran utilizados para generar una imagen positiva de la dictadura chilena en Suecia; en un plan orquestado en el país nórdico por políticos de ultraderecha cercanos al nazismo sueco. (Revise acá el artículo de INTERFERENCIA al respecto).

“Jamás recibí un pago o beneficio económico por lograr adopciones”, asegura Elmgren en el recurso de protección contra Chilevisión, el cual finalmente fue desestimado. “El Centro me pagaba mensualmente una suma que varió con el tiempo, pero que jamás se constituyó como la fuente principal del ingreso familiar y menos aún el punto de partida de fortunas o patrimonios injustificados”, recalca.

Lo cierto es que dos años después de la fecha en que Anna María asegura dejó de trabajar para Adoptionscentrum, la mujer fuerte de la red adopciones constituyó e ingresó en distintas sociedades.

Su fortuna, eso sí, comenzó a construirse años antes, en un negocio conjunto con su ex marido, el oficial de Carabineros Carlos Carmona Kopp.

De Suecia a Chile, el camino hacia la élite

Anna María llegó desde Suecia en 1965 junto a su primer marido, Karl Ulf Edenholm, ejecutivo de una compañía sueca de fósforos, probablemente con la intención de invertir en la industria forestal chilena. Lo hicieron acompañados de sus hijos Patrik y Teresa Edenholm Elmgren. El matrimonio se acabaría en Sudamérica, con Edenholm volviendo a Europa y Elmgren quedándose en Chile, donde volvió a casarse.

En 1971, Aja contrajo matrimonio con el carabinero Carlos Carmona Kopp, oficial en retiro de la institución y miembro de la policía montada, siendo la equitación una pasión que compartía con Elmgren. Juntos fundaron la Escuela de Equitación La Dehesa en 1970, cuando aquel lugar poco tenía que ver con el actual barrio residencial de la élite santiaguina.

Al año siguiente de iniciar la escuela, Anna María Elmgren conocería el mundo de las adopciones. Su hermana Kristina le solicitó ayuda para adoptar a un niño chileno. “Yo sabía muy bien que mi hermana y su marido no podían tener hijos y que para ellos era un anhelo tenerlos”, explica en el recurso de protección contra Chilevisión.

Recorrió la Casa Nacional del Niño, la entidad entonces responsable del cuidado de niños en adopción, consiguiendo que Kristina Elmgren adoptara un niño chileno al poco tiempo. “En el caso de mi hermana y como en todos los otros en los que intervine, se siguieron fielmente todos los pasos que establecía la ley”, asegura. Aja, en los años siguientes, enviaría un total de tres niños chilenos a su hermana Kristina en Suecia.

Pero investigadores que estudiaron el trabajo de Elmgren y de Adoptionscentrum* en Chile explican que habría, además de razones humanitarias y políticas, motivos económicos para localizar y enviar niños al país nórdico.

Anna María asegura que fueron las condiciones precarias en que se encontraban estos niños lo que la llevó a dedicarse tiempo completo a gestionar el envío de niños a Suecia. “Aquel Chile de los 70 en nada se parece al Chile actual. El abandono de menores, dada la insuficiencia de medios, era un hecho que no conmovía a nadie; los niños recibían muy poca atención estatal; muchos de ellos vivían en pésimas condiciones de salud, con severos problemas de alimentación y con pronósticos de vida muy desalentadores”, explica.

Pero investigadores que estudiaron el trabajo de Elmgren y de Adoptionscentrum en Chile explican que habría, además de razones humanitarias y políticas, motivos económicos para localizar y enviar niños al país nórdico.

“En esa época, comprar un niño chileno salía lo mismo que un Volvo último modelo en Suecia”, explica fríamente una fuente en Suecia conocedora de la red de adopciones ilegales. En el reportaje de Alejandro Vega publicado en Chilevisión, se da cuenta que el valor de los niños variaba dependiendo de las características del niño: continente de procedencia, color de piel, de pelo, y edad del niño influían en el precio a pagar. Según lo informado en el reportaje, tenían un valor de 35 mil coronas suecas, unos 2 mil dólares en 1984.

Ficha donde se elegían las características de niños a adoptar. Fuente: CHV.

Ficha donde se elegían las características de niños a adoptar. Fuente: CHV.Ficha donde se elegían las características de niños a adoptar. Fuente: CHV.

Aunque Elmgren asegura haber servido de enlace para las adopciones por razones más bien humanitarias, lo cierto es que existían razones monetarias para realizar el trabajo. En un reportaje del medio Cambio 21 cifran en 2.325 dólares el sueldo de Aja, monto muy por encima del salario medio chileno de US$ 118 en aquella época.

En tanto, la periodista Ana María Olivares, quien estudia el tema desde el año 2004 y pertenece a la agrupación especializada en entrega de apoyo a víctimas de adopciones ilegales, Hijos y Madres del Silencio, duda que Aja haya recibido un simple salario por sus servicios. Olivares describe el trabajo de Elmgren en la dictadura como “hacer lobby con los jueces y viajar por los hogares” para conseguir niños.

“Es bien difícil que haya sido un sueldo base y nada más, porque ella misma tenía montada una empresa que le pagaba a cuidadoras, asistentes sociales, médicos [responsables del cuidado de los niños a enviar a Suecia]”, explica en conversación con INTERFERENCIA. Para la investigadora, “es imposible que una persona con tanto poder y tanto trabajo no tuviese más dinero a su cargo, siendo que además le llegaban solicitudes no sólo por Adoptionscentrum, sino que también por fuera del centro”.

Elmgren, por su parte, explica que lo que la llevó junto a su familia a vivir de forma acomodada fue la escuela de equitación.

Sea cual sea el caso, la figura de Anna María es mayúscula en el sistema de adopciones irregulares en dictadura. Según documentación a la que accedió Olivares, son más de 2 mil adopciones las llevadas por Elmgren.

Sea cual sea el caso, la figura de Anna María es mayúscula en el sistema de adopciones irregulares en dictadura. Según documentación a la que accedió Olivares, son más de 2 mil adopciones las llevadas por Elmgren. “No existió otra persona que estuviera a cargo de eso acá en Chile, ella tenía la representación”, explica, “y su marido también la tuvo”.https://edicioncero.cl/2020/03/madre-a-la-que-le-arrebataron-a-su-bebe-hace-40-anos-se-practica-toma-de-huellas-geneticas-con-la-esperanza-de-reencontrase-con-su-hija/

En 1991, con el retorno de la democracia, cesaría el trabajo de Adoptionscentrum. Aja, por su parte, se iniciaría en los negocios.

Elmgren después de las adopciones

Dos años después de dejar de trabajar con el centro de adopciones sueco, en 1993, comenzó a ingresar a sociedades, en su mayoría relacionadas al incipiente mercado computacional.

Partió con dos ese año: Efe S.A., a la que ingresó el 22 de junio del ’93, y Leasing Computacional S.A., a cuya propiedad entró con la misma Efe S.A. tres semanas después.

Entre ambas empresas, sumaban un capital de $411 millones.

De acuerdo a las escrituras de ambas sociedades, Elmgren entró a Efe S.A. con sólo 100 acciones, siendo las 9.900 restantes de propiedad de la empresa Computer Holdings Inc., domiciliada en Islas Vírgenes Británicas y representada por Jorge Friedman, actual decano de la facultad de Economía de la Universidad de Santiago. Leasing Computacional, en tanto, fue constituida por la misma Efe S.A.

Entre ambas empresas, sumaban un capital de $411 millones.

Dos años después, el 4 de abril de 1996, Elmgren constituyó una nueva sociedad junto a la empresa domiciliada en Islas Vírgenes Británicas, Computer Holdings Incorporated. Con un capital de $500 mil pesos –sólo $5 mil fueron aportados por Anna María– se constituyó Inversiones Ansel Limitada. Dos meses después aumentaron el capital a $121 millones, siendo aportados íntegramente por Computer Holdings.  

Para todas las sociedades constituidas, Anna María figura con una dirección en Lo Barnechea, viviendo desde aquella fecha a la actualidad en aquella comuna, específicamente en El Huinganal, uno de los barrios más pudientes de la capital.

Teresa Edenholm, la hija de Aja –quien también presentó un recurso de protección luego de la emisión de los reportajes de CHV–, en tanto, contrajo matrimonio con el empresario Tim Purcell, fundador del fondo de inversiones Linzor Capital y un actor de peso en el mundo de los negocios.

Según su propio perfil en la página de Linzor, Purcell es o ha sido director de la compañía de seguros de vida Cruz del Sur; la empresa de retail Komax S.A.; la Universidad Santo Tomás; Cine Hoyts; y Colegios Cree, entre otros.

Es hijo de Henry Purcell, dueño de Portillo, un exclusivo centro de esquí. Estudió en Economía en la Universidad de Cornell y trabajó en el gigante financiero JP Morgan antes de volver a Chile. Acá, según consigna La Tercera, es parte del “círculo de hierro” del grupo Angelini, uno de los más ricos del país, además de ser cercano a la familia Said por parte de uno de los hermanos, Salvador.

Su cercanía con la familia Angelini es tal que, además de participar del directorio de Celulosa Arauco –de propiedad de aquel clan–, se especulaba el año 2010 que un 60% de los fondos que manejaba Linzor Capital proviene de la fortuna de esa familia, también dueños de Copec.

Respecto a los Said, Purcell fue director de Parque Arauco, de aquella familia. Desde Linzor Capital, juntos compraron la isapre Cruz Blanca.

Según su propio perfil en la página de Linzor, Purcell es o ha sido director de la compañía de seguros de vida Cruz del Sur; la empresa de retail Komax S.A.; la Universidad Santo Tomás; Cine Hoyts; y Colegios Cree, entre otros.

*El Centro de Adopciones es el intermediario más grande de Suecia para adopciones internacionales . La organización es una asociación sin fines de lucro . El Centro de Adopciones fue establecido en 1969 y desde sus inicios ha mediado más de 25,000 adopciones internacionales. El Centro de Adopciones lleva a cabo actividades para adoptados, familias adoptivas y futuros padres adoptivos, principalmente mediante la mediación de adopciones internacionales.

SVT ha escrito que el Centro de Adopciones ha mediado en adopciones de niños robados. [ 10 ] [ 11 ] [ 12 ] El centro de adopción dice que las adopciones se han realizado de acuerdo con las leyes vigentes, tanto en el extranjero como en Suecia. [ 13 ] [ 14 ]https://sv.wikipedia.org/wiki/Adoptionscentrum

Relacionado: https://edicioncero.cl/2020/03/madre-a-la-que-le-arrebataron-a-su-bebe-hace-40-anos-se-practica-toma-de-huellas-geneticas-con-la-esperanza-de-reencontrase-con-su-hija/

https://www.chvnoticias.cl/reportajes/dictadura-pinochet-ayuda-nazis-suecos-adopciones-irregulares_20211031/

chileadoption.se Lo que creemos que se necesita en Suecia:http://chileadoption.se/

 ❏ Todos los adoptados sueco- chilenos  y sus padres adoptivos deben recibir información sobre irregularidades e ilegalidades que son investigadas en la Corte de Apelaciones de Santiago, causa Rol 1044-2018.

Se trata de la seguridad jurídica de los adoptados y sus familias y de la responsabilidad del estado sueco.

❏ “La Comisión de Investigación Especial investiga los actos de organismos del Estado, en relación a hechos irregulares en adopción y registro de minorías, y control de la salud del país” (2019).

En Chile se ha investigado la participación del Estado chileno en el secuestro de menores, irregularidades e ilegalidades en relación con la adopción y cómo salimos del país de nacimiento. La información sobre esta investigación debe enviarse a todos los padres adoptivos y adoptados de Suecia en Chile.

❏ TODAS las adopciones de Chile deben ser investigadas en Suecia.

❏ El estado sueco debe ser responsable de los viajes de regreso a Chile.

❏ El estado sueco debe sufragar los costes / apoyo de la asistencia jurídica gratuita en Suecia si es necesario.

❏ Queremos que nuestra documentación sobre nosotros y nuestras adopciones sea guardada por el estado / autoridad sueca.

Hoy, las agencias de adopción «poseen» nuestros documentos, no tenemos control sobre nuestra propia documentación. ¡No es legalmente seguro! Además, nosotros, que venimos de Chile y fuimos adoptados en Suecia, somos todos adultos.

Información de la Agencia Sueca de Derecho de Familia y Apoyo a los Padres, MFoF

 Cualquiera que sospeche de irregularidades en su propio proceso de adopción y quiera investigarlo puede completar un formulario de denuncia enviado a la Policía De Investigaciones De Chile (PDI). Enlace al formulario de solicitud (pdf) a continuación. También es posible entablar una acción a través de un representante particular (abogado) de acuerdo con las disposiciones del Código Procesal Judicial chileno «.

Para quienes ya hayan enviado previamente un informe a la investigación penal, ellos mismos o con la ayuda del MFoF, con información sobre su caso, se debe haber iniciado una investigación. Si no está seguro de si la información ha salido a la luz, o quiere verificar qué número de caso tiene la investigación, puede comunicarse con ellos en adopcionesirregulares_casantiago@pjud.cl «

«MFoF ya no tiene la oportunidad de ayudar con el envío de documentación».

“En mi opinión, nada ocurrió” Negacionismo contemporáneo y libertad de expresión

“En mi opinión, nada ocurrió” Negacionismo contemporáneo y libertad de expresión

Comunicados y Declaraciones

Verónica ESTAY STANGE
Instituto de Estudios Políticos de París

  1. En mi opinión, nada ocurrió” Negacionismo contemporáneo y libertad de expresión
  2. ¡Chile despertó! Llamado urgente a la Desobediencia civil (Noviembre de 2019)
  3. Declaración pública en torno a la solicitud de libertad condicional de violadores de DDHH (Octubre de 2019)
  4. Venda Sexy: Saludo de Historias Desobedientes-Chile (Septiembre de 2019)
  5. Estadio Nacional: Saludo de Historias Desobedientes-Chile (Septiembre de 2019)

“En mi opinión, nada ocurrió”
Negacionismo contemporáneo y libertad de expresión

Verónica ESTAY STANGE
Instituto de Estudios Políticos de París

Frente a un Eichmann real, era necesario luchar con la fuerza de las armas y, de ser necesario, con las armas de la astucia. Frente a un Eichmann de papel, hay que responder con el papel. […] Al hacerlo, no nos situamos en el terreno en el que se ubica nuestro enemigo. No lo “discutimos”, sino que desmontamos los mecanismos de sus mentiras y sus falsedades, lo cual puede resultar metodológicamente útil para las nuevas generaciones.
Pierre Vidal-Naquet, Los asesinos de la memoria, 1987


En 2012, seis años después de la muerte Augusto Pinochet y cerca de veinte años después del regreso de la democracia a Chile, la “Asociación 11 de Septiembre”, fundada por partidarios del dictador, decidió organizar un homenaje en su honor que contemplaba la proyección de un documental apologético. Dado que el número de víctimas bajo su mandato se eleva más de 40.000 –entre desaparecidos, ejecutados, torturados y presos políticos, sin contar a los exiliados–, muchas voces se alzaron para impugnar dicha celebración. En este contexto, el teniente en retiro Juan González concedió una entrevista al canal de noticias CNN-Chile. Al ser interrogado por la periodista, González afirma que el objetivo de la película en cuestión es poner fin a las “mentiras” y a las “manipulaciones” a las que recurren los comunistas para difamar al “gobierno militar” (eufemismo con frecuencia utilizado con referencia a la dictadura). Asimismo, evoca los beneficios de ese “gobierno” frente a la situación “catastrófica” en la que el país se encontraba antes sumergido, cuestiona la elección democrática de Salvador Allende, y justifica la violencia posterior recurriendo a la “teoría de los dos demonios”, según la cual una supuesta guerra civil habría confrontado a dos bandos en
igualdad de condiciones. En el punto culminante de este intercambio, la periodista le pregunta sobre las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura. A lo cual González responde: “En mi opinión, no hubo violaciones a los derechos humanos”, argumentando que los desaparecidos y los ejecutados eran terroristas comandados por el comunismo internacional. Dicho de otro modo, “en mi opinión, nada ocurrió”.

Los Eichmann de papel

Después de ver esta entrevista en Youtube, y teniendo vínculos directos con sobrevivientes de la dictadura de Pinochet, recordé con amargura las palabras de Pierre Vidal-Naquet, quien, en el prefacio a su libro sobre el negacionismo del Holocausto, afirmaba que a la mentira “le queda todavía una larga vida” 1. Ya que, como él decía, siempre existirán “Eichmann de papel” que, prolongando en el plano simbólico la oscura tarea de los verdugos, se esforzarán por “asesinar la memoria” de tal o cual comunidad.

1 Pierre Vidal-Naquet, Les Assassins de la mémoire. « Une Eichmann de papier » et autres essais sur le révisionnisme (1987), París, La Découverte, prefacio a la edición de 2005.


Consciente de las diferencias existentes entre los genocidios del siglo XX y los sistemas
que en América Latina condujeron a la persecución de decenas de miles de personas, me pregunté entonces, como seguramente lo hicieron también muchos otros ciudadanos, si ante afirmaciones como la de González no sería acaso posible promulgar una ley sobre el “negacionismo” en Chile, comparable a las legislaciones europeas. Incluso llegué a escribir una carta en este sentido dirigida al juez español Baltasar Garzón; carta que, por supuesto, no obtuvo respuesta. De cualquier modo, desde principios de 2020, a pesar de la oposición de la derecha cercana a Sebastián Piñera, ha sido sometido a discusión el proyecto de ley conocido como “Ley Hermógenes”, que considera como delito específico la “negación de las violaciones de los derechos humanos”.

Volviendo sobre este debate, me propongo analizar, en primer lugar, las estrategias de los “Eichmann de papel” contemporáneos. ¿Podemos realizar una transposición temporal y temática de las consideraciones de Pierre Vidal-Naquet? Transposición temporal: en la era posverdad, y considerando la evolución de los medios de comunicación, ¿las estrategias negacionistas son las mismas que hace cuarenta años? Transposición temática: ¿puede el desmantelamiento de los discursos negacionistas en torno a los grandes genocidios generalizarse a la negación de otros crímenes colectivos, con motivaciones políticas (en este caso, en Chile)?

En segundo lugar, quisiera reflexionar sobre el trasfondo ético de la íntima indignación que produce en cada uno de nosotros la negación de acontecimientos históricos cuyas huellas llevamos dentro. ¿Por qué ante ese tipo de formulaciones los sobrevivientes –y sus descendientes– se sienten negados en su existencia misma? ¿Por qué este sentimiento es tan brutal, aun cuando el discurso toma la forma de una opinión banal: “en mi opinión, esto no ocurrió”? Y, sobre todo, ¿con qué derecho se puede prohibir la expresión de esas ideas, siendo que al mismo tiempo se defiende la libertad de pensamiento y de expresión inherente a la democracia?

Estas mismas preguntas se han planteado en Europa en el marco de los debates sobre el “revisionismo” y el negacionismo, y las respuestas distan mucho de ser unánimes. Basta con pensar en las controversias que suscitó en Francia el apoyo de Noam Chomsky (1980, 2010) al historiador negacionista Robert Faurisson, no porque estuviera de acuerdo con lo que este último decía, sino porque consideraba que, al impedirle expresarse, se estaría violando el derecho a la “libertad de expresión” de todo investigador. Argumento que Vidal-Naquet refuta de inmediato: “Ciertamente, se puede afirmar que todo el mundo tiene derecho a la mentira y a la falsedad, y que la libertad individual incluye ese derecho…. Pero el derecho que el “falsificador” reclama no se le debe conceder en nombre de la verdad” 2. Obviamente, Vidal-Naquet se refería a Faurisson en tanto “historiador” –supuesto garante de la verdad–. Si el mismo contra-argumento puede sostenerse a propósito de personas investidas de roles más o menos relacionados con “la verdad” –maestros, políticos, periodistas… –, ¿hasta qué punto sigue siendo válido frente al ciudadano común que niega públicamente grandes
acontecimientos históricos, sin pretender hablar en nombre de la verdad, sino simplemente expresar su propia verdad, dando “su opinión”?

Al respecto, podemos citar el caso de Hermógenes Pérez de Arce, en Chile. En noviembre de 2019, sus palabras actualizaron el debate y aceleraron el proceso legislativo, hasta el punto de que, recurriendo a una antífrasis irónica, la ley contra el negacionismo lleva su nombre. En el marco de una entrevista televisiva, Pérez de Arce niega los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura y afirma, refiriéndose a la revuelta social iniciada en 2019, que los derechos humanos son menos importantes que la reconstrucción del país. Indignada, la periodista le pide que se retire del programa. El entrevistado condena ese acto de “censura” no en nombre de “la verdad”, sino en nombre de “su verdad”: “cómo no me voy a retirar si soy censurado, no puedo exponer mi opinión y se descalifica en términos que son insolentes e injustos. Así que por eso me retiro”3. En este mismo sentido, podemos pensar en las declaraciones de Loreto Iturriaga –hija de Raúl Iturriaga Neumann, antiguo agente de la DINA actualmente preso en Punta Peuco–. En 2017, cuando una víctima de la dictadura le recuerda en Twiter las torturas sexuales infligidas a las presas políticas, Iturriaga responde:
“Deja de inventar cosas, mujer, que pasan solo por tu mente perturbada y sucia! Te mueres de ganas que un honorable te violara!!!! [sic]” 4. Ya que esta respuesta fue ampliamente mediatizada, Iturriaga es entrevistada al poco tiempo. Pide entonces disculpas por el tono empleado y, cuando el periodista evoca los centros clandestinos especializados en torturas sexuales, ella responde: “eso es falso. De testigos falsos. Déjame decirte que eso es mentira. Yo pienso que eso es mentira. Doy fe que eso es mentira”. Una vez más, “¡en mi opinión, nada ocurrió!”.

2 « Un Eichmann de papier » (Esprit, 1980), texto retomado en Les Assassins de la mémoire, ibid.
3 El Desconcierto, 29/11/2019.
4 The Clinic, 14/06/2019.


La verdad histórica: entre contingencia y necesidad

Para empezar, conviene recordar las razones por las cuales una verdad evenemencial o factual– esto es, el hecho de que un acontecimiento haya tenido lugar siguiendo una determinada lógica causal– puede ser objeto de interpretaciones diversas, mientras que verdades como las que postulan las matemáticas están fuera de toda discusión. Vidal-Naquet afirma al respecto: “un discurso histórico es una red de explicaciones que puede ceder el lugar a ‘otra explicación’ cuando se considera que esta última da cuenta de lo diverso de modo más eficaz”5. Este fenómeno, que se sitúa en el origen de la retórica, se explica por la oposición entre “verdades de hecho” y “verdades de razón”; oposición propuesta por Leibniz, desarrollada por Hannah Arendt y retomada por el filósofo Paul Rateau justamente a propósito del negacionismo6. Las verdades de razón, que dependen del razonamiento lógico y no de la observación, tienen la propiedad de ser no contradictorias y de poder ser demostradas. Esta demostración consiste en comprobar la inherencia del predicado al sujeto, hasta reconocer su identidad (A=B) –por ejemplo: “el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos”–. Por lo tanto, las verdades de razón son necesarias: su contrario es falso, puesto que imposible. Es por ello que conllevan una certeza absoluta.


En cuanto a las verdades de hecho, ellas son también no contradictorias –lo cual determina su coherencia interna: en el ámbito jurídico, el “relato de los hechos” no debe tener contradicciones–. Pero, en sentido estricto, estas verdades no son demostrables: ellas se acercan a la equivalencia o la identidad entre los términos, pero la coincidencia nunca es total. Las verdades de hecho son pues contingentes; su contrario no es lo falso, sino lo posible. Frente a una serie de acontecimientos que se desarrollaron de cierta manera, siempre está claro que podrían haberse producido de otro modo: nada obliga el “curso de las cosas” a orientarse en tal o cual dirección ya que, en términos absolutos, todos los caminos son igualmente imaginables. De ahí una suerte de relativismo que podría hacernos creer en la “subjetividad radical” de las verdades de hecho. Ya que, como Paul Ricœur7 observaba, la aprehensión de todo acontecimiento supone la mediación del punto de vista y del relato: los hechos puros están inevitablemente filtrados por los testimonios de los diversos actores.

Pero, a pesar de este componente subjetivo, debemos reconocer que existe un criterio de distinción entre la verdad factual y la mera opinión. En efecto, el predicado de verdad se sitúa fuera del ámbito de la opinión en la medida en que, como lo reconoce Arendt, el “contenido6 de la afirmación no es de naturaleza persuasiva sino coercitiva”8. En términos de Rateau, “la materia factual se resiste a todos los intentos de deformación y de falsificación a causa de ese carácter intransigente, obstinado, insistente de la verdad, que ‘exige imperativamente ser reconocida, rechazando la discusión’”9. Si la verdad de razón se apoya en las demostraciones, la verdad factual se basa en las pruebas: frente a ellas, no podemos negar los hechos. No podemos, no a causa de una “imposibilidad” absoluta (como en el caso de las verdades de razón), sino por un impedimento de orden ético: no podemos o no debemos permitirnos, a riesgo de traicionarnos a nosotros mismos en tanto sujetos del “saber verdadero”. Aunque las verdades de hecho no implican una certeza absoluta, ellas suponen lo que Rateau llama una certeza moral”: es lo que expresa el testigo de un acontecimiento cuando afirma que está seguro de que eso ocurrió, reconociendo al mismo tiempo que podría haber ocurrido de otro modo. Si la verdad de hecho es contingente, es al mismo tiempo coercitiva. En otros términos, la contingencia de la verdad de hecho está limitada por una necesidad epistémica. Necesidad, ya que, cuando un acontecimiento tiene lugar, es el único que podemos reconocer como verdadero frente al universo de posibilidades; epistémica, ya que el saber en cuestión se asume como certero. Es esta certeza la que, según Ricœur, permite distinguir la memoria de la imaginación.

5 « Thèses sur le révisionnisme », en Les assassins de la mémoire, op. cit.
6 « La vérité, le mensonge et la loi », Les Temps Modernes, vol. 645-646, n° 4, 2007.
7 La mémoire, l’histoire, l’oubli, París, Seuil, 2000. 
8 H. Arendt, op. cit., p. 305.
9 P. Rateau, op. cit., p. 37.



“Mi verdad”: entre libertad y responsabilidad

En virtud de su carácter certero a los ojos del sujeto del saber, la verdad de hecho posee una dimensión “coercitiva”, una fuerza que nos obliga a creer en ella. Se plantea entonces el problema de la libertad de pensamiento y de expresión, argumento comúnmente convocado por aquellos que se oponen a la sanción del negacionismo. Arendt reconoce que, “cuando se la considera desde el punto de vista político, la verdad posee un carácter despótico” 10 que la sustrae al debate y la sitúa fuera del campo político, aun cuando constituye el fundamento de la comunidad (de la polis). Mientras que la libertad de pensamiento abre la posibilidad del error, del malentendido, de la ilusión o incluso de la adhesión voluntaria a la mentira a título personal, la libertad de expresión, en nombre del bien común, termina ahí donde empieza la verdad de hecho. Una verdad que, siendo de orden epistémico, resulta de un largo trabajo de investigación y conocimiento: labor desarrollada por los historiadores con el objetivo de despejar la “materia factual”, poniéndola “fuera de debate”11.


Pero el negacionismo en tanto acto deliberado plantea el problema no sólo de la libertad, sino también de la intencionalidad, y por consiguiente de la “mala fe”. Ya que el error, por muy dañino que sea, no puede condenarse con la misma severidad que la mentira. A propósito de la “mala fe”, Jean-Paul Sartre afirma: “habiendo definido la situación del hombre como una elección libre, sin excusas ni concesiones […], todo hombre que invente un determinismo es un hombre de mala fe”. El filósofo llama “cobardes” a todos aquellos que, “recurriendo a excusas deterministas”, se ocultan a sí mismos “su libertad total”, y da el nombre de “cerdos” a los que tratan de “demostrar que su existencia era necesaria, siendo que es la contingencia misma”12. Así, la mala fe resultaría de la negación de la contingencia (contingencia de sí mismo o de las circunstancias) que es la condición de la libertad propia y la de los demás13.


Ahora bien, del mismo modo que existe una necesidad epistémica de la verdad de hecho que, limitando su contingencia, la distingue de lo posible (la ficción, el “hecho alternativo”, la mentira), la contingencia del individuo está circunscrita por una necesidad ética: se trata de la responsabilidad. Definida por Ricœur como “la persistencia de sí mismo” cuando se mantiene la palabra que se ha dado (“te doy mi palabra”), la responsabilidad introduce una suerte de principio de no contradicción en el interior del individuo: negar o justificar un hecho sabiendo que tuvo lugar o que es injustificable, implica contradecirse a sí mismo y traicionar sus propias convicciones, siendo irresponsable frente a los demás.


En suma, la verdad factual, así como el sujeto que ella presupone, resulta del equilibrio –o la tensión– entre contingencia y necesidad. Contingente, la verdad de hecho podría no ser; necesaria, ella se impone frente a la lógica, forzándola a través de las pruebas y de la “materia factual” consolidadas como un saber certero en el marco de una comunidad determinada. Como contraparte, la “contingencia existencial” del individuo, definitoria de su libertad, se opone a la necesidad ética que introduce la responsabilidad.

10 H. Arendt, op. cit., p. 308. 11 P. Rateau, op. cit., p. 56.
12 L’existentialisme est un humanisme, Paris, Nagel, 1946, pp. 80-81, 84-85.
13 Para un análisis semiótico de la mala fe, ver Jacques Fontanille, « La Mauvaise Foi », Actes Sémiotiques, 114,2011.



Estrategias discursivas del Negacionismo contemporáneo

A partir de la comparación de los discursos negacionistas en torno al genocidio armenio con los referidos al Holocausto, Richard Hovannisian14 identifica cuatro estrategias: la negación en cuanto tal, la relativización, la racionalización y la banalización. Sobre esta base, habiendo reconocido las exigencias de la verdad y los límites de la libertad, podemos ahora esbozar una tipología de los mecanismos negacionistas, explicando su lógica interna. En este marco, la principal característica del negacionismo contemporáneo –tal es mi hipótesis– es su tendencia a salir del ámbito político o académico (donde se situaba el “caso Faurisson”) para hacer de la “plaza pública” (los medios de comunicación, las redes sociales) su lugar de manifestación privilegiado, sacando provecho de los nuevos parámetros del ethos y de la “credibilidad” que la comunicación de masas ha instaurado.

Primero, la negación de la necesidad de los hechos y la negación de la contingencia del
individuo (todo es contingente, y soy yo quien decide) se traduce en la mentira propiamente dicha: como el “cerdo” de Sartre, el sujeto supone que el mundo es contingente, y que por lo tanto le corresponde a él en tanto instancia absolutamente necesaria escoger la “versión” que será considerada como verdadera. Rateau afirma: “el mentiroso insiste en la contingencia hasta cubrir de irrealidad todos los hechos, que retrotrae a un estado anterior a la existencia: el de la simple posibilidad”. Y concluye: “gracias a esta reducción modal […], el individuo tiene un sentimiento de plena libertad respecto a asuntos de todo orden” 15. Aquí se sitúan las declaraciones de Iturriaga: lo que yo digo –que los centros de tortura no existieron– es verdadero, porque yo lo pienso, extrayéndolo de lo posible. Una verdad basada, como ella misma lo afirma, en un acto de fe (“doy fe que eso es mentira”).


Segundo, la negación de la contingencia de los hechos y de la contingencia del individuo (todo es necesario, y yo mismo soy necesario) conduce a la reinterpretación de la Historia, falseando su lógica causal y forzándola según la voluntad del individuo, aunque ello implique reinventar un principio de no-contradicción. Encontramos un ejemplo típico en el complotismo: un acontecimiento, incluso banal o aleatorio, se asocia con una intención y una necesidad ocultas, reveladas por la racionalidad omnipotente del negacionista. Es aquí que se ubica la “teoría de los dos demonios”, así como la hipótesis según la cual la violencia dictatorial en Chile habría sido una respuesta legítima a la amenaza del comunismo internacional. Como sabemos, esta última hipótesis está basada en el rumor propagado por los golpistas a propósito del llamado Plan Zeta –cuya inexistencia fue más tarde demostrada–, que la izquierda habría concebido para instaurar una dictadura marxista a través de un auto-golpe de Estado que el golpe de Pinochet habría evitado: “revisión” de la historia que invierte los roles entre héroes y tiranos. La misma estrategia de reinterpretación fue utilizada por el gobierno de Piñera en el marco de la revuelta iniciada en octubre de 2019: frente a un “enemigo interno” comandado por el “vandalismo” y la “delincuencia organizada”, era preciso emitir una “declaración de guerra” y ejercer una represión que estuvieran a la altura de tal amenaza.

14 « L’Hydre à quatre têtes du négationnisme », in CDCA, Actualité du génocide des Arméniens, Edipol, 1999.
15 P. Rateau, op. cit., p. 47.



Tercero, la negación de la contingencia de las circunstancias y de la necesidad ética del
individuo (el mundo tal como es se impone a mí, y por no tanto no tengo elección) caracteriza la justificación. Mientras que el mecanismo anterior (la reinterpretación) implica una lógica justificativa de las decisiones tomadas, en este caso se trata más bien de de justificar las decisiones no tomadas. Como el “cobarde” de Sartre, el sujeto afirma que fueron las circunstancias las que obligaron los verdugos a actuar: “no tenían opción”. La responsabilidad desaparece entonces del horizonte ético. En este sentido, una gran cantidad de inculpados por crímenes de lesa humanidad recurren al “deber de obediencia”: en 2008, el general Gonzalo Santelices reconoció su participación en la Caravana de la Muerte, afirmando que, en esa época, “era impensable no cumplir la orden de un superior”16. En Argentina, este argumento tenía un valor jurídico, inscribiéndose en la “ley de obediencia debida” (1987-1998).


Cuarto, la negación del carácter necesario de los hechos, así como del individuo (todo es contingente, y yo mismo soy contingente) toma la forma de la banalización o de la eufemización: en medio de la contingencia generalizada, no sólo todos los acontecimientos y todas las versiones son equivalentes (el sujeto siendo pues incapaz de elegir), sino que su valor ético y veridictorio (su carácter de “verdadero” o “falso”) es indecidible. Al respecto, podemos evocar los eufemismos, que abundan en los regímenes totalitarios, pero también podemos pensar en la libertad de expresión defendida a ultranza y por sí misma: fuera de toda prueba u obligación de responsabilidad, todos los puntos de vista se vuelven legítimos. En el marco del Covid-19, un fenómeno de este tipo se manifestó en Chile. Mientras que las agrupaciones de derechos humanos exigían, por razones humanitarias y sanitarias, la liberación o el otorgamiento de la libertad condicional a los jóvenes mantenidos en prisión preventiva tras la revuelta social, los pocos responsables de crímenes de lesa humanidad actualmente encarcelados reclamaban la obtención de beneficios semejantes, recurriendo a los mismos argumentos. Considerando que las condiciones de detención de unos y otros son incomparables –los criminales de la dictadura se encuentran en prisiones de lujo– y que la gravedad de los crímenes que les han sido imputados no tienen común medida, esta estrategia correspondería al negacionismo por banalización. El procedimiento de fondo consiste en la disolución de las diferencias tanto entre los hechos como entre los individuos: ya que todos los ciudadanos son iguales ante la ley, nada (ni sus condiciones de vida ni la naturaleza de sus faltas) podría distinguirlos, y todas sus exigencias son equivalentes.


Para concluir, recordaré que, en virtud de su carácter no ya anti-democrático sino más bien ante-democrático, la verdad de hecho se sitúa por definición fuera de todo debate. “La verdad se transforma en opinión desde el momento en que sirve de material para la discusión pública”17. Así, los relacionistas se esfuerzan constantemente por provocar la controversia, por demostrar su legitimidad, y por llevarla al escenario mediático o a las redes sociales. Es por ello que, como decía Vidal-Naquet, no se discute con los Eichmann de papel, a riesgo de reforzar su estrategia.

16 El País, 8 février 2008. 17 P. Rateau, op. cit., p. 42.



La voluntad de someter a discusión lo que es propiamente indiscutible se manifiesta en la frase pronunciada por González (y reproducida, con formulaciones distintas, por Iturriaga y Pérez de Arce): “en mi opinión, no hubo violaciones a los derechos humanos”. En tanto soporte de la mentira (primer eje de nuestra tipología), ese “en mi opinión” no es un mecanismo nuevo. Sin embargo, potencializado por la masificación de los intercambios, me parece condensar el peligro principal del negacioniso contemporáneo.


Ello me conduce a sugerir como última hipótesis que la “democratización” de la información que los nuevos medios de comunicación han hecho posible apela a la libertad individual en detrimento de toda necesidad. La verdad de hecho se confunde con la opinión de manera no normada, anónima, y sobre la base de una validación a la vez subjetiva y cuantitativa: los likes construyen la verdad. En este marco, más que de verdad en cuanto tal o de mentira, podemos hablar de tensión y confusión entre regímenes de verdad diferentes. Si bien existe una verdad de la opinión (relacionada con la sinceridad), así como una verdad de los afectos y de las pasiones (que tiene que ver con la autenticidad), estos regímenes de verdad no se sitúan en el mismo plano de pertinencia que la verdad factual.


Por lo tanto, someter a discusión la realidad de los crímenes de lesa humanidad cometidos en Chile durante la dictadura debería parecernos tan absurdo como someter una verdad matemática al debate público, reduciendo la verdad de razón a la “verdad de creencia” característica de la opinión. Si, desde el punto de vista ético, negar una verdad de razón puede considerarse como un insulto a la inteligencia en la medida en que esta negación ataca a un pensamiento basado en una lógica implacable, negar una verdad de hecho es un insulto a la humanidad en la medida en que esta negación se dirige a los testigos y a los sobrevivientes de acontecimientos históricos comprobados. Mientras que, en el plano colectivo, el Negacionismo daña a la comunidad construida en torno a estos acontecimientos fundadores, en el plano individual cuestiona la sobrevivencia misma de las personas implicadas. De ahí la violencia a la vez simbólica y casi somática (ya que se dirige a los rastros corporales de la sobrevivencia) de lo que a veces se presenta como una afirmación perfectamente inocente: “en mi opinión…”.


En definitiva, dentro de cada comunidad, el respeto del ámbito propio a la verdad factual, que es la verdad de la historia y de la memoria colectiva, es una garantía de justeza (equilibrio entre contingencia y necesidad) tanto como de justicia.


¡Chile despertó! Llamado urgente a la Desobediencia civil

Chile despertó: lo sabemos ahora y lo constatamos día a día en las calles, en el trabajo, en las redes sociales. Por primera vez desde hace tantos años, el pueblo chileno alza la voz para reivindicar los derechos más básicos de los que la dictadura y la post dictadura vestida de democracia lo fue poco a poco despojando. Chile se levanta, sí, pero con dificultad: lejos de atenuarse, la represión se mantiene, se intensifica, afina sus estrategias.

Así, a fines de octubre el Ministerio de la Defensa realizó un llamado de carácter obligatorio a los reservistas de las fuerzas armadas para sumarse al servicio activo, y luego a los jóvenes de dieciocho años para realizar el Servicio Militar. Todo ello con la finalidad de reforzar la labor sangrienta llevada a cabo por los militares y carabineros de Chile.

Frente a este llamado cuyo motor fundamental es la violencia, el Colectivo Historias Desobedientes-Chile responde ahora con un LLAMADO URGENTE A LA DESOBEDIENCIA CIVIL, en plena coherencia con nuestro llamado previo a la Desobediencia castrense y filial.

 Nos dirigimos a los jóvenes de Chile, tanto reservistas como no reservistas en edad de realizar el Servicio Militar: muchos de ustedes, si no la mayoría, han sufrido en carne propia la injusticia, la precariedad, las carencias en la salud y la educación que acarrea el mismo sistema que hoy los llama a su servicio. Pero ustedes saben, deben saber, que los que están hoy manifestando en las calles son personas como ustedes; son quizás sus propios familiares. Es su pueblo el que se levanta… y ustedes también son pueblo.

En estas circunstancias, ya que la represión ejercida actualmente se opone a demandas plenamente justificadas, y ya que, de la brutalidad ciega a la tortura, sus medios son contrarios a los derechos humanos, los invitamos a desobedecer. Mucho se ha hablado de la objeción de conciencia en nuestro país, poniéndola al servicio de las causas más diversas. En tanto hijas, hijos y familiares de criminales que, durante la dictadura, fueron incapaces de desobedecer, hoy queremos recordar que en este caso la objeción de conciencia aparece como la forma más legítima y más digna de Desobediencia civil.

Chile despertó, sí, pero ¿cuántos muertos, cuántos heridos, cuántos torturados implicará este despertar? La respuesta depende también de ustedes.

Por la Desobediencia castrense, filial y civil,

Historias Desobedientes-Chile

19 de noviembre de 2019.


Declaración pública en torno a la solicitud de libertad condicional de violadores de DDHH

Una vez más, como ha ocurrido desde hace muchos años, varios reos de Punta Peuco están solicitando a través de Gendarmería que se les conceda el beneficio de “libertad condicional”. Aunque a estas alturas la noticia no es novedosa, y aunque se han presentado reiteradamente argumentos jurídicos y éticos incuestionables en cuanto a la ilegitimidad de dicha demanda, esta ocasión es para nosotros la primera en la que, como Colectivo, podemos expresarnos al respecto, adoptando una posición firme y sin ambigüedades. Esperamos que por lo menos esta declaración constituya un aporte simbólico al trabajo de memoria, verdad y justicia, que, poco a poco y desde lo profundo, se ha venido desarrollando en nuestro país. 

Al igual que nuestra existencia misma en tanto actor político, la posición en la que nos encontramos en este asunto no deja de ser paradójica: los “reos” de los que se trata son –o podrían, y deberían, ser– nuestros propios padres o familiares. Asumiendo ese vínculo, y asumiendo sobre todo el íntimo desgarro que define nuestra condición, nos sumamos abiertamente al rechazo que las agrupaciones de Derechos Humanos han manifestado respecto a este tipo de solicitudes, y más aún respecto a su ejecución. 

No nos mueven el odio ni la rabia, sino el amor por el ser humano y el reconocimiento del carácter inalienable de sus derechos. Es por eso que, haciendo acto de “ponderación” –si no desde la ley, por lo menos desde la más mínima conciencia ética–, debemos reconocer que el perjuicio a las víctimas, a sus familiares, y a la sociedad en su conjunto, tiene una absoluta prevalencia cuando se trata de violaciones a los derechos humanos. 

Si bien el derecho internacional contempla la posibilidad de reducción de la pena “bajo ciertas condiciones”, no es necesario reflexionar mucho para concluir que, en la mayoría de los casos, esas condiciones no han sido cumplidas: confesión de los actos cometidos, colaboración efectiva con la justicia para el esclarecimiento de los casos… sin hablar del arrepentimiento. Requisitos todos indispensables para la prevención de los crímenes de lesa humanidad que los Estados están obligados a asumir.

 Ciertamente, lo que el “sentido común” percibe no siempre corresponde a lo que las instancias judiciales establecen. Pero ¿podemos acaso confiar en los análisis de un sistema judicial que tiene pendiente el fallo de numerosas causas en proceso, y que ha dejado en libertad –y con altos cargos, privados y públicos– a los más grandes responsables de la represión ejercida durante la dictadura? ¿Por qué no ocuparse del juicio de los criminales que viven en la impunidad, antes de conceder beneficios carcelarios a los pocos que están presos?

Por todo ello, reiteramos nuestros principios fundamentales: NO A LA IMPUNIDAD (entendida también como “la inefectividad de las sanciones”), NO AL NEGACIONISMO (en el cual están comprendidos los argumentos a los que los criminales siguen recurriendo para justificar sus actos), y NO A LA RECONCILIACIÓN (en tanto voluntad de ocultar la parte más dolorosa de nuestra historia bajo un manto de prescripción y olvido). 

Historias Desobedientes-Chile

10 de octubre de 2019.

UCRANIA: LOS FASCISTAS DE AYER Y DE HOY. Miguel Lawner

UCRANIA: LOS FASCISTAS DE AYER Y DE HOY. Miguel Lawner

Este artículo es un aporte de Thamar Alvarez, quien vivió de niña su exilio familiar en Israel y posteriormente en Valencia,España. Psicóloga, bloggista y escritora trabaja el tema de exilio-retorno.

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Mis padres nacieron en Ucrania. Vivían en aldeas pobladas mayoritariamente
por familias de granjeros judíos al sur oeste del país, próximos a la frontera
con Polonia. Bastaba cruzar el río Dniester para entrar a territorio polaco.
Tras el triunfo de la revolución de Octubre el año 1917, el poder del zar se
desplomó en todo su imperio, pero al comienzo, los bolcheviques sólo
estuvieron en condiciones de dominar el territorio comprendido entre San
Petersburgo y Moscú.
En Ucrania se produjo un vacío de poder, situación que propició el surgimiento
de las que se conocieron como Bandas Blancas, pandillas conformadas por
aventureros de todo tipo, incluyendo a ex miembros de la Ojrana ( la policía
secreta del zar), que recorrían el país llevando a cabo asaltos contra aldeas
como aquella donde vivían mis padres. La más famosa fue la encabezada por
Simeón Petliura, de cuyas tropelías me hablaba mi madre con verdadero
horror.
Estos atentados son los que se identifican con la palabra rusa pogrom, que
significa devastación. Se trata de un término asociado al ataque dirigido contra
comunidades judías y se origina en Ucrania, donde la persecución a los judíos
comenzó desde fines del siglo IXX, después de acusar a los judíos, sin
evidencia alguna, como culpables del asesinato del zar Alejandro II ocurrido en
1881.
Mis padres relataban como debieron establecer vigías en las copas de los
árboles más altos, oteando el horizonte. En cuanto asomaba una polvareda a lo
lejos, era señal que se aproximaba la caballería de Petliura y se apresuraban a
bajar hacia los subterráneos, construidos expresamente para ponerlos a salvo
junto con sus animales, los cuales eran anestesiados a fin de asegurar el más
absoluto silencio. Angustiados escuchaban a los bandoleros golpeando el
pavimento con sus armas, en busca de localizar el acceso a los subterráneos.

2
Según Solzenitzyn, de los 887 pogroms contabilizados en Ucrania entre 1918 y
1920, aproximadamente un 40% se atribuye a las bandas dirigidas por Petliura
La vida de los judíos se hizo imposible tras cuatro años expuestos a tanta
inseguridad. La familia de mi padre compuesta por 8 hermanos y sus padres,
resolvieron emigrar hacia América. Abandonaron todo y cruzaron hacia Polonia
el año 1921, embarcándose en el puerto de Gdansk rumbo a Buenos Aires,
para establecerse finalmente en Chile un año más tarde.
La familia de mi madre, integrada por otras dos hermanas y dos hermanos
permaneció en Ucrania. Cuando sobrevino la invasión de Hitler a la Unión
Soviética en Junio de 1941, el gobierno soviético ordenó la evacuación total de
las ciudades próximas a la frontera. Las dos hermanas de mi madre
obedecieron esta orden, e iniciaron un recorrido que se extendió por unos dos
mil kilómetros, caminando gran parte del tiempo, a ratos en un camión, algunos
tramos en ferrocarril, hasta alcanzar al otro lado de los montes Urales, donde
los soviéticos trasladaron gran parte de su industria bélica. Allí permanecieron
hasta el término de la guerra.
De los dos hermanos, uno se alistó en el Ejército Rojo muriendo en combate
muy pronto. El otro, casado con dos pequeños hijos, rehusó evacuar. Le
manifestó a sus hermanas: “los alemanes no son tan malos. Ahora podremos
hacer buenos gishef” (1).
En Ucrania, los nazis no necesitaron hacer uno de las Einsatzgruppen, unidad
de la policía especializada en la detención de familias judías y su traslado a los
campos de exterminio. Esta labor la cumplieron a plena satisfacción
agrupaciones ucranianas de corte fascista, donde el antisemitismo y el
anticomunismo era y sigue siendo tan arraigado como su sentimiento anti ruso.
Fueron ellos quienes denunciaron a nuestros familiares en cuanto arribaron las
tropas de ocupación nazis. Mi tío, su mujer y sus dos hijos, fueron trasladados
a los campos de exterminio, sufriendo el mismo destino que los 6 millones de
judíos gaseados e incinerados por el nazismo durante el curso de la Segunda
Guerra Mundial.
1 En lengua yiddish: negocio.

3
Los fascistas ucranianos no se limitaron a la cacería de judíos en su propia
patria, sino que organizaron un cuerpo de ejército que se unió a las tropas
nazis en la guerra contra la Unión Soviética, donde destacaron por su
ferocidad en el combate. Uno de los principales organizadores de este
destacamento de mercenarios y traidores a su patria, fue Piotr Krassnoff, líder
de los cosacos que se había exiliado una vez que los bolcheviques asumieron
el poder en Ucrania y retornó para servir al ejército alemán. Este Piotr, es
abuelo del coronel(r) Miguel Krassnoff, condenado por los tribunales chilenos a
causa de su participación en la tortura y desaparición de numerosos
compatriotas.
El abogado Gabriel Zaliasnik, presidente hasta hace poco de la colectividad
judía en Chile, reveló que “con el advenimiento de Hitler al poder, y
particularmente con ocasión de la invasión nazi a la ex Unión Soviética, Piotr
Krasnow, acordó la incorporación de unidades cosacas al bando alemán. Entre
dichos soldados se encontraba precisamente el padre del coronel (R) Miguel
Krassnoff, Semeon Krassnoff. Tanto el abuelo como el padre del coronel (R)
Krassnoff fueron enjuiciados por crímenes de guerra, traición a la patria y
colaboración con el enemigo, siendo condenados por el Tribunal Supremo de la
URSS a la pena de muerte y ejecutados en definitiva por fusilamiento en el
patio de la Cárcel de Lefortovo en enero del 1947″ y no en la Plaza Roja por
combatir el comunismo, como dijo en “un diario vespertino” el “ex ministro del
gobierno militar Alfonso Márquez de la Plata”. (2)
Al término de la guerra, las dos hermanas de mi madre emprendieron el
retorno, caminando nuevamente gran parte de la ruta. Durante el trayecto,
falleció la hermana mayor dejando a una pequeña hija de nombre Bella, nacida
de su matrimonio con Motia, persona también de origen judío, quién se había
alistado en el ejército rojo concluyendo la guerra con el grado de coronel. La
única hermana de mi madre sobreviviente: mi tía Brane, junto a su cuñado
Motia y su sobrina, arribaron en 1946 al mismo hogar en la ciudad de
Kamenetz-Podolsk, que habían abandonado al iniciarse la invasión del ejército
alemán..
2 Cooperativa.cl. Lunes 21 de noviembre de 2011

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Al término de la guerra, mi madre escribió una tras otra numerosas cartas
hasta lograr restablecer el contacto con su hermana Brane el año 1962. Sólo
entonces pudimos restablecer el intercambio epistolar y enterarnos de la
dramática suerte corrida por nuestros familiares. En 1971 invitamos a la tía
Brane a viajar a Chile, permaneciendo 3 meses junto a nosotros, por lo cual
pudimos conocer más detalles de los sufrimientos indecibles experimentados
durante la guerra.
Transcurrieron 70 años desde la incorporación de Ucrania a la Unión
Soviética en 1922 hasta su derrumbe en 1991. Salvo los años de la ocupación nazi, durante todo ese
período Ucrania se desarrolló sin conflictos étnicos o raciales, pero
bastó el fin del poder soviético para desatar nuevamente el chauvinismo y
la persecución contra las familias de origen judío, a tal extremo que la propia
Alemania resolvió ir en su auxilio.


Como forma de reparación por tantos crímenes y daños cometidos contra los
judíos, el gobierno alemán organizó un importante programa de refugio,
rescatando a miles de familias víctimas del antisemitismo desatado
nuevamente en Ucrania y las estableció en su propio territorio brindándoles
toda suerte de apoyo financiero y social.
Mi tía Brane, su cuñado Motia, su sobrina Bella y Román hijo de esta con 15
años de edad, arribaron en 1994 a la ciudad de Mulheim, próxima a Dortmund,
en el que pudieron establecerse, estudiar y trabajar sin inconvenientes. Allí falleció
mi tía Brane el año 1997. Aprovechando un viaje a Europa un año antes,
pasamos a verlos encontrando a la tía enferma recluida en un hospital donde
falleció poco después.

5
1975: Expulsado de Chile ese año, fui invitado a
Moscú. Gracias a la gentileza de Iris y José Miguel
Varas, pude reunirme en Moscú con mi tía Brane y
su cuñado Motia.

1996: Junto a Brane en el Hospital de Mulheim,
Alemania.

E la foto, estamos en la Plaza Roja
junto a una traductora.

Desde el derrumbe del mundo socialista, Ucrania, al igual que el resto de las
repúblicas que siguieron ese camino, ha experimentado una brutal restauración
del capitalismo. Se desmontaron todas las conquistas en materia de educación,
salud, previsión social y desarrollo urbano, todo esto acompañado de una
gigantesca campaña anticomunista en los medios de comunicación, destinada
a bloquear la memoria histórica de sus pueblos.
La globalización ha exacerbado la cultura del consumismo, la competividad y la
violencia, trayendo consigo el espejismo de un presunto bienestar para un
núcleo reducido de la sociedad y golpeando las conquistas sociales y el bolsillo
de las grandes mayorías.
Un puñado de ex funcionarios del régimen se adueñaron de todas las
empresas estatizadas, generando fortunas multimillonarias que avergüenzan,
entre ellos, la anterior primer ministra de Ucrania, Yulia Timoshenko liberada
ahora de la cárcel donde permanecía hace ya 3 años Ella, así como el recién
destituido primer ministro Yanukóvich representan a dos grupos de la actual
oligarquía corrupta, en disputa por el poder. Sus fortunas provienen de la
privatización de las empresas públicas, materia en la cual algunos empresarios
chilenos han resultado notables discípulos.

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La crisis iniciada en Estados Unidos el año 2008, ha traído consigo un agudo
deterioro económico en la mayoría de las naciones europeas. Grecia, Portugal,
Irlanda, España, y ahora también Italia experimentan tasas de cesantía
cercanas o superiores al 20%. Millones de ciudadanos indignados recorren
calles o se instalan en las plazas de muchas ciudades europeas, reclamando
por el abrupto deterioro de sus vidas, en especial la juventud, que avizora un
negro porvenir..
Ucrania no es la excepción. Sin embargo, el legítimo descontento popular fue
rápidamente monopolizado por los fascistas de hoy, que se adueñaron de las
protestas efectuadas en la Plaza de la Independencia de Kiev, blandiendo
armas y levantando barricadas. Por el lugar se apresuraron a concurrir en su
apoyo, los cancilleres de Alemania y Canadá, así como el senador republicano
Mac Cain, arengando a sus muchachos “para luchar por la democracia hasta el
fin”. Junto a las banderas de Ucrania, se han alzado las de los secesionistas
chechenos, y la del más radical de los grupos islámicos que combate hoy en
Siria.
La desesperación del pueblo ucraniano ha sido astutamente aprovechada por
los fascistas ucranianos militantes del partido Svoboda (Libertad), agrupación
de un nacionalismo fanático cuyo lema es Ucrania sobre todo, que no difiere
nada del lema de los nazis: Deutschland uber alles (Alemania sobre todo).
Ilustrativo del fanático afán nacionalista que los inspira, es el hecho que una de
sus primeras medidas ha sido forzar en el parlamento un acuerdo declarando el
ucraniano como única lengua oficial, en circunstancias que casi el 40 % de la
población es de origen ruso y prácticamente no hablan otro idioma.
El Partido Comunista de Ucrania acaba de emitir un comunicado en el cual
señala lo siguiente:
“La actuación de los grupos ultraderechistas, encabezados por fuerzas
abiertamente neonazis, surgidas al calor del régimen de Yanukóvich, y
herederas ideológicas de los ocupantes hitlerianos, van acompañados por un
nuevo y extremadamente peligroso resurgimiento de la histeria anticomunista,
que se manifiesta en la destrucción generalizada de los monumentos a Lenin, a
los héroes de la Gran Guerra Patria, por asaltos criminales a las sedes de
nuestro partido, en Kiev y en otras ciudades del país, por el terror moral y físico

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contra los comunistas y en las exigencias de prohibir la actividad del
Partido Comunista”.
El cuadro que presenta Europa por estos días, comienza a parecerse
demasiado al que se vivía en los años 30, antes del ascenso de Hitler al poder.
En Francia, recientes sondeos confirman que el ultraderechista partido Frente
Nacional, que dirige Marine Le Pen, aparece como la opción más votada con
vistas a las elecciones del Parlamento europeo en Mayo próximo.
En Grecia, la agrupación fascista Amanecer Dorado, que incluso utiliza el
saludo nazi, entró por primera vez al parlamento. En Austria, Dinamarca,
Hungría, Noruega y Serbia, organizaciones políticas ultraderechistas han
logrado en los últimos años un importante apoyo popular.
No hay caso,….. el empobrecimiento de los sectores populares y medios en
Europa, los hace presa fácil del mensaje racista y nacionalista sobre todo si a
esto se añade la debilidad de las organizaciones sociales y políticas de
izquierda.
Ucrania es un caso especialmente agudo en este sentido, dado el arraigo de
las raíces fascistas, que permanecieron sumergidas durante la existencia de la
URSS, pero que hoy renacen fortalecidas por la naturaleza excluyente del
modelo económico neoliberal.
Con todo, me cuesta admitir que hayan desaparecido en esa tierra fértil, los
valores humanistas y solidarios que conocimos ayer.
Dos libros que transcurren en Ucrania nos conmovieron en nuestra juventud.
Uno es el Poema Pedagógico, de Antón Makarenko, que trata sobre la
creación en Ucrania de una colonia para recuperar a jóvenes de ambos sexos,
que deambulan por el territorio como vagos o delincuentes. Fue una situación
generada a raíz de los desajustes familiares ocasionados por la revolución de
1917, también por la intervención posterior de las tres potencias y los ya
mencionados pogroms.
El autor del libro, es un maestro de escuela a quién las autoridades soviéticas
le encargan en la postrimería de los años 20, la dirección de dicha colonia que
llevará el nombre de Máximo Gorky. Makarenko recurre a métodos a menudo
discutibles, con tal de crear hábitos de convivencia, de estudios y de trabajo
colectivo entre muchachos altamente indisciplinados, con quienes incluso se

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trenza en combates a combo limpio. Resulta impactante enterarse de la
reinserción social de estos auténticos casos perdidos.
El otro libro se titula El Comité Regional Clandestino actúa, de Aleksei
Fiodorov,
quién es el protagonista y autor de la obra. Fiodorov era el Secretario
Regional del Partido Comunista en la región de Chernigov cuando sobreviene
la invasión alemana y se resuelve que pase a la clandestinidad a fin de
organizar la resistencia en la retaguardia contra la ocupación alemana,
aprovechando la existencia de una extensa zona de bosques, propicia para
esta operación.
Es una lucha guerrillera contra un enemigo feroz, fuertemente armado, que
recibe diariamente golpes en el transporte de sus tropas y pertrechos. El
heroísmo de estos combatientes clandestinos fue una gran contribución para
la victoria del ejército rojo que terminará por expulsar al invasor. Fiodorov y sus
camaradas ucranianos fueron honrados al término de la guerra como héroes
de la Unión Soviética. Recuerdo con gran emoción la lectura de este libro que
marcó una etapa importante de mi juventud.
No puede ser que hayan desaparecido los Makarenko y los Fiodorov. Pecaré
de exceso de optimismo, pero no será Putin quién detenga al fascismo en
Ucrania o en la Federación Rusa. Será el propio pueblo de esos territorios
heroicos a quienes debemos el haber acabado con la barbarie hace ya casi 70
años.
Miguel Lawner

.
25.02.2014.

Relacionados

http://comunicacionesantropologia.wordpress.com/2014/02/24/la-historia-de-los-judios-de-izquierda-en-chile-y-en-argentina-tesis-valeria-navarro-rosenblatt/

Homenaje a judíos víctimas de la dictadura

Diana Arón,Raúl Pellegrin,Juan Carlos Perelman.

Emotivos homenajes a las 17 víctimas de origen judío asesinadas por la dictadura militar tuvieron lugar en diciembre. En el Cementerio Israelita de Conchalí se inauguró un memorial, y en el Parque por la Paz Villa Grimaldi se instaló una placa conmemorativa. Los actos fueron organizados por B’nai B’rith, Círculo Israelita de Santiago, Fundación Salvador Allende, Hashomer Hatzair y el Centro Progresista Judío-Meretz Chile.
En la inauguración del memorial habló Sara Stoulman Pessa, cuyos padres -Jacobo y Matilde- fueron secuestrados en el aeropuerto de Buenos Aires el 29 de mayo de 1977, y se encuentran desaparecidos. Dijo: “Han pasado 40 años, al igual que la travesía de nuestro pueblo por el desierto descrita en la Tora. Transitamos por un largo camino de dolor, desesperanza y sufrimientos, pensando una y otra vez a dónde llegaron nuestros llantos, las súplicas a Dios que no fueron atendidas, nuestras voces sin eco y sintiendo que todo esto chocaba con un muro: el de la indolencia de las personas, la falta de empatía, la deshumanización. No es casual que este número de 40 años se repita. Después de tanto tiempo transcurrido, ya se generó la conciencia necesaria en la sociedad para entender y aceptar reconocer este espantoso pasado y mirarlo desde el sufrimiento del prójimo”.

LAS VICTIMAS
Las 17 víctimas de origen judío asesinadas por la dictadura militar son: Abraham Muskatblit Eidelstein, comunista; Mario Bernardo Lejdermann Konujowska, sin militancia; Boris Weisfeiler Bernstein, sin militancia; Carlos Berger Guralnik, comunista; David Silberman Gurovich, comunista; Diana Frida Arón Svigilsky, mirista; Ernesto Traubmann Riegelhaupt, comunista; George Klein Pipper, comunista; Jacobo Stoulman Boertnik, sin militancia; Jorge Hernán Müller Silva, mirista; José Joaquín Valenzuela Levi, FPMR; Juan Carlos Perelman Ide, mirista; Luis Alberto Guendelman Wisniak, mirista; Manuel Elías Jana Santibáñez, socialista; Matilde Pessa Mois, esposa de Jacobo Stoulman, sin militancia; Raúl Alejandro Pellegrin Friedmann, FPMR y Recaredo Ignacio Valenzuela Pohorecky, FPMR.
Sara Stoulman Pessa expresó en la inauguración del memorial: “Cuando se nos mostró el proyecto y nos expresaron el sentimiento de que veían la necesidad de saldar una deuda moral con los familiares de las víctimas, tal vez no vieron que -a la vez- se estaba saldando una deuda con las propias víctimas y, a su vez, con la comunidad entera. Esto era necesario para todos, porque significa reconocernos en todas nuestras etapas como sociedad. Reconocer el pasado permite estar de pie en un sólido presente y poder gestar un futuro promisorio, como comunidad”.
Entre los asistentes a la inauguración del memorial se encontraba la profesora universitaria Ana María Arón, hermana de Diana Arón, detenida desaparecida desde 1974. La memoria de Diana ha sido honrada en la Villa Grimaldi, donde fue torturada, y en el Instituto Hebreo, del que fue alumna. El año pasado la Universidad Católica le otorgó el título póstumo de periodista.
En entrevista con la periodista Michelle Hafemann, Ana María recordó la vida de su hermana desaparecida. Entre otras cosas en ese diálogo se dijo:
“Conversé con la historiadora Valeria Navarro-Rosenblatt que trabaja su tesis doctoral sobre los judíos de Izquierda, y ella planteaba que los que se incorporaban a los movimientos de Izquierda en las décadas de los 60 y 70 lo hacían muy motivados por su propios valores judaicos. En el fondo, que en su identidad judía se sentían llamados a participar de procesos como el de la Unidad Popular. ¿Sientes que en el caso de Diana influyeron este tipo de factores?
‘Yo creo que sí, porque mi familia no era una familia involucrada en el pensamiento de Izquierda, en términos de política partidista; mi abuelo, como muchos judíos que llegaron de Europa, llegó arrancando del comunismo. A mi abuelo le decías la palabra ‘comunista’ y escupía al suelo. Los valores que se transmitían en mi casa eran valores comunitarios, absolutamente. Todo el tema de ayudar a la comunidad, de justicia social, eran temas muy presentes todo el tiempo. Y yo pienso que mi hermana lo tuvo de la misma manera que lo tuve yo, desde otra trinchera. Nunca he sido militante de ningún partido, pero obviamente que lo que yo hago está bien para la Izquierda, y tiene que ver con defender a los pobres, a los abusados, a los oprimidos. Y eso yo lo aprendí en mi casa. No solamente es conmoverte con el sufrimiento de los otros, sino que ayudarles, porque una está en una posición más privilegiada. Creo que eso tiene que ver mucho con el judaísmo. En el caso de Diana: en mi casa la política no era tema; ella empezó a saber de política cuando entró a la Universidad Católica que, además, es como una paradoja, porque la Universidad era un bastión de lo más conservador y, después, fue el marco teórico de la dictadura. Y en Periodismo, precisamente, se empezaron a formar y a estudiar la ideología. Ahí empezaron a tener una formación política más disciplinada. Pero en mi casa, nunca’”.

UNA CRITICA CERTERA
Por su parte, Claudio Mandler, del Centro Progresista Judío-Meretz Chile, señaló: “Entre los 17 nombres que engrosan la lista, muchos eran jóvenes comprometidos con su entorno, que buscaban y luchaban por el Tikun Olam: por cambiar esta sociedad, por mejorarla, por convertirla en una sociedad ejemplar según sus ideales. Durante la época más oscura en la historia de nuestro país, hay que reconocerlo de una vez, el liderazgo comunitario no hizo lo suficiente para ayudar a los perseguidos ni a sus familiares, y no estuvo a la altura de las circunstancias. Muchas puertas, demasiadas, fueron cerradas en la cara de aquellos que las tocaron pidiendo asistencia. Podemos pensar, quizás, en varias razones por las cuales nuestros dirigentes, en ese difícil contexto, decidieron actuar de esa manera. Ninguna de ellas justifica esta falta de integridad y la nula responsabilidad por el prójimo -otro concepto tan ‘nuestro’- que tristemente demostraron”.
Más adelante, Mandler sostuvo: “No basta con el memorial, tenemos que exigir más. No basta hablar solamente de la memoria y de los ideales que guiaban a las víctimas. Hay que investigar la verdad, hay que perseguir la justicia y exigirla…Hoy en día la comunidad tiene suficiente influencia política para hacer cosas muy positivas que todos aplaudimos, fruto de un muy buen manejo de nuestro liderazgo en los últimos años: viajes educativos de políticos y personeros sociales y culturales a Israel, conmemoraciones y festejos comunitarios en instancias gubernamentales, ministros de Estado, un capellán en La Moneda, etc. Si realmente queremos demostrar respeto por esa tradición de la cual estamos tan orgullosos, tenemos que hacerlo no sólo mediante ceremonias simbólicas: hay que enfrentar nuestra memoria reciente con sinceridad, hay que perseguir la justicia a rajatabla, y hay que hacer ambas cosas activamente. Hay que usar esa influencia política, también, para exigir respuestas a las autoridades nacionales, hay que reclamar que se siga investigando las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura, hay que exigir saber la verdad sobre lo que pasó con nuestros hermanos y los otros detenidos desaparecidos a nivel nacional, y hay que demandar que se juzgue hasta el último de los crímenes de lesa humanidad. Es, en pocas palabras, algo parecido a lo que hace, por ejemplo, el Instituto Wiesenthal hasta hoy: los crímenes de lesa humanidad no pueden prescribir”.

Pedro Fernández

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 797, 10 de enero, 2014)

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www.puntofinal.cl
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“La memoria de las mujeres, la fuerza de las luchas”

Hoy, en rescate de la memoria histórica, les invitamos a conectarse a nuestro ciclo de conversatorios: “La memoria de las mujeres, la fuerza de las luchas”, en este cuarto capítulo participarán dos ex. Prisioneras políticas: María Eugenia Bravo, Profesora de Estado en Filosofía, Psicología y Académica de la Universidad de Chile; Martha Montoya Vélez, estudiante en el Centro de Estudios de la Realidad Nacional de la Universidad Católica de Chile y Wally Kunstmann coordinadora general corporación Estadio Nacional, Memoria Nacional ex Prisioneros Políticos. Conduce Gloria König. #unpueblosinmemoriaesunpueblosinfuturo

¿Dónde están? La búsqueda de los desaparecidos de Pinochet se agota

¿Dónde están? La búsqueda de los desaparecidos de Pinochet se agota

6 de agosto de 2019 07:53 ¿Dónde están? La búsqueda de los desaparecidos en la dictadura de Augusto Pinochet se agota

Juana Cerda, hija de César Cerda, que desapareció durante la dictadura militar de 1973-1990 de Augusto Pinochet en Chile, sostiene una imagen de su padre frente al Memorial de los Prisioneros Desaparecidos y Ejecutados en el Cementerio General de Santiago.

Hace 43 años la vida de Juana Cerda se detuvo. Su padre, miembro del Partido Comunista, fue detenido por la dictadura de Augusto Pinochet. Como él, otras 1 000 víctimas permanecen desaparecidas, en una angustiante búsqueda que ha rendido muy pocos frutos. El 19 de mayo de 1976 César Cerda, de 47 años, casado y padre de tres hijos, fue detenido tras meses de persecución a la cúpula del Partido Comunista. “¿Dónde está?, ¿Dónde quedó su cuerpo?, es la vida que llevamos preguntándonos”, dice Juana, al frente del memorial que recuerda a los 3 200 muertos y desaparecidos de la dictadura en el cementerio general de Santiago.

Otras 38 000 personas fueron torturadas por el régimen (1973-1990). Las tumbas con letreros que dicen ¿Dónde están? se ven en la zona llamada Patio 29, en el Cementerio General de Santiago, el 16 de mayo de 2019, donde las personas que desaparecieron durante la dictadura militar de Augusto Pinochet de 1973-1990 en Chile fueron enterrados sin ser identificados. 

Junto a su madre recorrió hospitales, comisarías, morgues y cuarteles sin respuesta, al igual que otras esposas, hijos, hermanos o parejas de miles de prisioneros políticos. “La búsqueda fue muy dolorosa. En el caso de mi madre hizo una huelga de hambre, se encadenó. Nos cambió totalmente la vida”, relata Juana, que a sus 62 años continúa buscando a su padre, del que solo sabe que pasó por los centros de torturas Villa Grimaldi y Simón Bolívar, en Santiago.

El mismo camino recorrió la familia de Eduardo Campos, detenido en 1973. “Han sido años de búsqueda y no tenemos nada”, dice su hermana Silvia, que siguió las indagaciones tras la muerte de su madre en 1994. Su caso es aún más dramático. En 2006, el Servicio Médico Legal les informó que el cuerpo identificado como el de Eduardo no era tal. Tuvieron que desenterrarlo y partir de cero nuevamente. –

¿Búsqueda paralizada? – De las casi 1 100 personas que figuran como desaparecidas, apenas 104 fueron encontradas. El último gran hallazgo ocurrió hace más de una década. Las agrupaciones de víctimas lo atribuyen al desinterés de los sucesivos gobiernos y denuncian que tras la llegada al poder del conservador Sebastián Piñera, en marzo de 2018, las labores se paralizaron. “Para el Estado de Chile no ha sido un tema (de interés), y creo que este gobierno, por sus características, no solo ya no tiene interés sino que boicotea cualquier avance”, acusa Lorena Pizarro, presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, hija de Waldo Pizarro, desaparecido en 1976. La antropóloga Giselle Contreras del Servicio Médico Legal de Chile trabaja en un esqueleto humano no identificado para mostrar un ejemplo de cómo aplicar técnicas para la identificación de personas que desaparecieron durante la dictadura militar de Augusto Pinochet de 1973-1990 en Chile.  En diciembre de 2017, a poco de terminar la presidencia, la socialista Michelle Bachelet lanzó un Plan Nacional de Derechos Humanos, que incluye el programa Búsqueda y destino final de detenidos desaparecidos, que en 2021 debería presentar una hoja de ruta con objetivos, responsables, recursos y mecanismos de seguimiento y evaluación de resultados. Pero según la organización de memoria Londres 38, tanto el plan como el programa “se encuentran paralizados y en constante revisión por el actual gobierno”. Para Amnistía Internacional, las modificaciones introducidas por el gobierno de Piñera a este plan para eliminar el compromiso de acabar con la ley de Amnistía de 1978 y la creación de una comisión permanente de calificación de víctimas, implican “ aumentar la deuda pendiente”. “Se ha dado continuidad y profundizado el trabajo en esta materia. Hemos manifestado en todas las oportunidades que hemos tenido nuestro compromiso en este ámbito y hemos tenido las puertas abiertas a recibir a las diferentes organizaciones de familiares”, dice la subsecretaria de Derechos Humanos, Lorena Recabarren, en un correo electrónico tras rechazar una entrevista con la AFP. Ampliar Marisol Vega, nieta de Julio Vega, quien desapareció en 1976 durante la dictadura militar de Augusto Pinochet en 1973-1990, posa sosteniendo una foto de su abuelo frente al Memorial de los Prisioneros Desaparecidos y Ejecutados en el Cementerio General de Santiago. – ¿Por qué tan pocos? – Sobre las causas judiciales, a diciembre de 2018 la Subsecretaría informó que tramitaba 451 procesos por ejecuciones (correspondientes a 851 víctimas) y 266 por desaparición (618 víctimas). Desde el 3 de junio, dos abogados revisan los casos de 355 víctimas que no tienen un proceso judicial. Además, se actualizó un sistema de información para procesar de mejor manera causas vigentes. Pero la deuda de justicia sigue siendo amplia. El último informe de derechos humanos de la Universidad Diego Portales estableció que solo en un 22,1% de los casos oficializados de desapariciones y ejecuciones se dictó una sentencia entre 1995 y junio de 2018. En una reciente revisión, el Comité Contra la Desaparición Forzada de Naciones Unidas expresó su preocupación por el reducido número de víctimas localizadas y recomendó a Chile “intensificar sus esfuerzos para incoar las investigaciones o acelerar” las que están en trámite. Ampliar La antropóloga Giselle Contreras del Servicio Médico Legal de Chile trabaja en un esqueleto humano no identificado para mostrar un ejemplo de cómo aplicar técnicas para la identificación de personas que desaparecieron durante la dictadura militar de Augusto Pinochet de 1973-1990 en Chile, en Santiago. “No es fácil encontrar a los detenidos desaparecidos si uno piensa que fue un diseño precisamente para hacerlos desaparecer sin huellas”, plantea Elizabeth Lira, experta en la cuestión de la Universidad Alberto Hurtado. Lira se refiere, por ejemplo, a la operación Retiro de televisores ordenada en 1978 por Pinochet tras los primeros hallazgos de osamentas, para volver a esconder los cuerpos, muchos de los cuales fueron dinamitados o lanzados al mar. Las agrupaciones afirman que las Fuerzas Armadas tienen toda la información pero se niegan a entregarla acogiéndose a un “pacto de silencio”. “No se han encontrado, porque ese era el objetivo. El que sea una herida que lacere la conciencia nacional”, plantea Lorena Pizarro. – ¿Quién busca a los desaparecidos? – Además de sus familias, que concentran los esfuerzos, una decena de jueces investigan causas de derechos humanos, mientras que una unidad especial del Servicio Médico Legal (SML) trabaja en la identificación de los pocos cuerpos encontrados. El paso de los años, los escasos vestigios conservados y la existencia sólo de fragmentos dificultan la identificación. “Tenemos las técnicas; la tecnología está disponible pero la información y la calidad de la información con la que trabajamos es muy variable”, dice Marisol Intriago, encargada de la unidad de DDHH del SML, que hoy trata de identificar unas 45 posibles víctimas. El servicio cuenta con cerca de 4 000 muestras de sangre y unos 1 800 restos óseos de familiares para asegurar en el futuro la búsqueda, ya que muchos de sus descendientes están muriendo. Pero los familiares no bajan los brazos. “Vamos a seguir en la lucha hasta que se nos vaya la vida”, promete Juana Cerda. Ampliar La chilena Lorena Pizarro, hija de Owaldo Pizarro, quien desapareció durante la dictadura militar de Augusto Pinochet en 1973-1990 en Chile, posa sosteniendo un cartel con una silueta que dice «¿Dónde están?» En Santiago. TAGS MUNDO CHILE DESAPARECIDOS AUGUSTO PINOCHET ASESINADOS

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección:https://www.elcomercio.com/actualidad/busqueda-desaparecidos-dictadura-pinochet-chile.html?fbclid=IwAR3IeUWx3PQCV7Itf23iY7ugcNQC_e5cQPp3jLRKC4XWd6u9Th6LtYKSvlI. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com

Marìa Espinoza:Mi papá asesinado era marinero de bahía.

Marìa Espinoza:Mi papá asesinado   era marinero de bahía.

La Agrupación por la Memoria Histórica Providencia solicitó la declaración de la Intendencia Regional de Antofagasta como sitio de memoria. La solicitud nace debido a que durante la dictadura cívico-militar el recinto fue utilizado como centro de detención y tortura. En el edificio, incluso, se ha acreditado el asesinato de -al menos- una persona: El trabajador marítimo Joaquín Espinoza Ojeda.

Regionalista.cl conversó con su hija, María Espinoza Barraza, quien compartió sus vivencias de niña y los recuerdos que conserva de la época. Ella tenía 8 años cuando vio por última vez a su padre. Fue el 15 de septiembre de 1973.

«Mi papá tenía un auto afuera de la casa. Yo estaba jugando en ese momento. Fue a la hora de almuerzo. Yo me fijé que habían unas gallinas vivas detrás del auto. Yo le pregunto por qué estaban esas gallinas ahí. Qué eres sapa, me dice. Y me cuenta que tenía que llevarlas a una vecina. Entonces él almuerza y se va en el vehículo. Y en la tarde él no llegó y el toque de queda era a las 7 creo. Nunca más llegó», relata.

Lo próximo que recuerda es que su madre, Rosaura Barraza, se enteró del fallecimiento de su esposo porque encontró el cuerpo en el hospital. Allí le entregaron sus pertenencias ensangrentadas. Y allí supo que lo habían asesinado en la Intendencia Regional de Antofagasta.

«Mi padrino cuenta que él tuvo que entrar a ver el cuerpo de mi papá al hospital antiguo y había mucha gente en el piso. Él tuvo que pisar cuerpos para llegar donde estaba mi papá. Mi mamá fue escoltada por militares para reconocer el cuerpo. En ese tiempo no entregaban los cadáveres. Mi abuelo tenía contactos y al final le entregaron el cuerpo de mi papá para poder velarlo», recuerda María.

«Es triste que aún haya personas y familias que no sepan donde están los cuerpos de sus familiares. Porque igual existe el consuelo de poder enterrar a tus seres queridos. Nosotros tuvimos la desesperación de que no le entregaran el cuerpo a mi mamá. Yo como niña lo viví, fue un trauma para todos, para mi hermano. Mi hermano mayor tiene como una laguna mental de ese tiempo», relata.

La detención

María recuerda que dos días después llegó la señora que acompañaba a su padre en el auto cuando iban a dejar las gallinas. La vecina relató cómo ocurrió la detención de Joaquín Espinoza.

«Ella cuenta que iban doblando por Nicolás Tirado con Pedro Aguirre Cerda y justo en el cruce quedan en pana. Y de norte a sur venía una caravana militar y por la rapidez con que venían, al hacer el quite al vehículo de mi papá, se volcó un jeep. Y ahí tomaron detenido a mi papá y se lo llevaron a la Intendencia Regional, en el segundo piso», cuenta.

De ahí vino el montaje y las mentiras con que justificaron su detención y las de miles de personas: Lo acusaron de ser un extremista y de haber atentado contra la caravana.

«A él lo amarraron y lo torturaron. En ese tiempo estaba Adrián Ortiz, del ejército. Luego nos enteramos que el que disparó fue Patricio Ferrer», afirma

Certificado de la «Justicia Militar» dando cuenta de la muerte de Joaquín Espinoza Ojeda.

El asesinato

María relata que su padre solo estuvo algunas horas en la Intendencia, siendo asesinado el mismo 15 de septiembre: «Todo ocurrió en la Intendencia. Mi papá trabajaba en el puerto en ese tiempo, era marinero de bahía. Y en Las Rocas vivían los del puerto. Y mi padrino y los amigos de él se enteraron y fueron inmediatamente a la Intendencia. Y cuando ellos iban subiendo, iban bajando el cuerpo de mi papá. Y lo llevaron hacia el hospital. Iba tapado, pero todo indicaba que era el cuerpo de mi papá», recuerda.

«Por la defunción que aparece en el documento se habla de desprendimiento de masa encefálica. La primera versión fue que el disparo fue en la frente. Pero después por mi padrino, que lamentablemente falleció hace poquito y que tenía la historia mucho más completa, supimos que el disparo fue en la boca. Fue hecho con el arma dentro de la boca. Lo que yo escuchaba en ese tiempo es que él tenía marcas como que le quemaron con cigarro. Después también pensamos que podían haber sido las esquirlas del disparo. Pero de que estaba amarrado, que fue torturado en una pieza, eso lo supimos con el tiempo», agrega.

Certificado de defunción dando cuenta de la causa de muerte de Joaquín Espinoza.

Tras el asesinato de su padre, María recuerda que el 17 de septiembre El Mercurio de Antofagasta dio cuenta de los hechos, transmitiendo la versión oficial de la dictadura que acusaba a Joaquín de ser un extremista. Pero, además, el diario publicó un obituario de su padre, en la misma página, lo que habría molestado a las autoridades militares.

«Lo que pasa es que mi abuelo era amigo o conocido del director de El Mercurio de esa época. Y lo que se escuchaba es que el director del diario había tenido problemas con los militares por haber publicado la noticia del fallecimiento junto con la defunción. Y eso estaba prohibido para quienes eran tratados como extremistas. Y él lo puso en honor a su amigo. Y habían hasta amenazado con cerrar el diario por haber hecho la publicación», rememora.

Publicación de El Mercurio de Antofagasta del 17 de septiembre de 1973.

Proceso judicial y sitio de memoria

Actualmente hay un proceso judicial en curso que lleva adelante el Ministro en visita de causas de derechos humanos de la zona norte, Vicente Hormazábal. En octubre de 2017 se realizó una reconstitución de escena en la Intendencia y el año pasado se realizó la exhumación del cuerpo.

«Nosotros esperamos verdad y justicia. En su momento salió en el Informe Rettig. Pero igual hay gente que cree que eso es mentira. Igual hubo algunos familiares que vivían lejos y que pensaban que mi papá estaba metido en esto. Y aunque hubiese estado metido, yo creo que tampoco es justa una muerte así. Él pudo haber estado luchando, quizás, por algún interés político, legítimo, pero tampoco era la forma de morir. Pero, para ser sincero, él no estaba en ningún partido. Él nunca se interesó en nada», afirma María.

«Mi papá no pertenecía a ningún partido. No militaba. Mi abuelo tenía un letrero o una foto de Alessandri en esa época. Mi padre tenía 36 años. Era de esos que veía monitos, veía revistas de dibujos animados. Jamás lo vi enojado, jamás levantándonos la mano. Era tranquilo», agrega.

Por todas estas consideraciones, María y su familia consideran totalmente justo que se pida declarar la Intendencia como sitio de memoria: «En su momento hubo personas que trabajaban en la Intendencia que decían que eso era falso, que no hubo ninguna muerte ahí, siendo que había testigos que sí vieron cuando el cuerpo de mi papá salió. Luego también supimos que bajo de la Intendencia hay un tipo de bodegas que tienen unas mirillas, unos ventanales chicos. Es como un tipo de lugar de detención. Y eso no se sabe. Ya está claro que mi papá fue detenido y asesinado ahí, pero hay más casos. Es un tema desconocido», afirma.

Tras el asesinato de Joaquín Espinoza Ojeda, a los pocos meses falleció su padre Joaquín. Eso llevó a su esposa Rosaura Barraza a hacerse cargo de sus tres hijos y también de su suegra.

«Mi madre es súper luchadora. Se hizo cargo de todos nosotros. Se enfrentó muchas veces a los militares por pedir justicia. Por eso, las personas que tienen información de este caso y de muchos otros casos, tienen que hablar. Ya ha pasado tanto tiempo y yo conozco algunas personas que dicen que no hubo dictadura, que fue una guerra civil. Todavía niegan lo que ocurrió. Hay madres que han muerto sin saber donde están sus hijos y sus seres queridos. Para ser sincera, cuando nos llegó el Informe Rettig, que eran como cuatro tomos, yo no alcancé a leer ni siquiera la cuarta parte, porque los casos son terribles. Me impactó mucho. Casos de niños, de familias completas. Solo pedimos verdad y justicia», concluye.