La hija de uno de los peores torturadores argentinos: “Es un monstruo, lo repudio”

La hija de uno de los peores torturadores argentinos: “Es un monstruo, lo repudio”

Mariana D., hija de Miguel Etchecolatz, cuenta a la revista Anfibia cómo fue su infancia junto al represor

Mariana D., hija de Miguel Etchecolatz, cuando era una niña.
Mariana D., hija de Miguel Etchecolatz, cuando era una niña. FEDERICO COSSO ANFIBIA

Miguel Etchecolatz tiene 88 años y está preso. La justicia lo condenó a cuatro reclusiones perpetuas por tormentos, secuestros, homicidios y falsificación de identidad, delitos de lesa humanidad que cometió cuando era el jefe de los 21 centros de detención ilegal que la dictadura argentina tuvo en la provincia de Buenos Aires.

El 9 de mayo pasado, Etchecolatz pidió que se le aplique el 2 por 1, un beneficio pensado para delitos comunes que la Corte Suprema decidió extender también a los represores. El fallo causó tanta indignación que el Congreso demoró menos de 48 horas en redactar y aprobar una ley que le pone límites, con el voto de los diputados y senadores de todos los partidos políticos. El miércoles 10, con la ley recién aprobada, decenas de miles de personas marcharon a la Plaza de Mayo para repudiar a la Corte y contra la impunidad. Entre la multitud estuvo Mariana D., de 46 años, hija de Etchecolatz.

La revista Anfibia publicó una larga entrevista donde la mujer relató cómo fue vivir con un “ser infame” y “sin escrúpulos” que le producía terror.

Mariana D. se cambió el apellido hace un año y prefiere resguardar el nuevo. Es psicóloga y profesora en una universidad privada. Es la única de la familia Etchecolatz que se ha quedado en Buenos Aires, resistiendo la carga de su apellido y el peso de la memoria. La del miércoles fue su primera marcha por los derechos humanos, una escena que siempre evitó por miedo a no poder resistir. Ahora está convencida de que su padre merece morir en la cárcel y decidió contar su historia. Etchecolatz es un símbolo de la represión ilegal en Argentina, a la altura del dictador Jorge Rafael Videla o el marino Alfredo Astiz. Fue el segundo de la policía de Buenos Aires durante la dictadura y tuvo a su cargo los centros clandestinos donde se torturaba y asesinaba a los detenidos.

Mariana D. en su casa de Buenos Aires
Mariana D. en su casa de Buenos AiresFEDERICO COSSO ANFIBIA

En 1986 fue condenado a 23 años de cárcel por 91 casos de tormentos, pero quedó libre por las leyes del perdón votadas durante el gobierno de Raúl Alfonsín (1983-1989). En 2003 esas normas fueron derogadas y Etchecolatz fue de los primeros represores en volver a la cárcel. Siempre desafiante, nunca se ocultó a los medios, donde hacia alarde de su violencia y defendía la represión. La fama de Etchecolatz fue una tortura para sus hijos, que padecieron el apellido como una condena.

El periodista Juan Manuel Mannarino cuenta en Anfibia que “Etchecolatz era una presencia fantasmagórica en su casa de Avellaneda”, en las afueras de Buenos Aires, donde Mariana y sus dos hermanos varones sólo lo veían los fines de semana. “De lunes a viernes, el padre conducía el aparato represivo. Daba órdenes para secuestrar personas, torturarlas, asesinarlas. Los sábados y domingos Etchecolatz casi no hablaba. Se la pasaba echado en una cama mirando televisión. Cada tanto emitía un silbido: había que llevarle rápido un vaso de agua mineral fresca con gas. Si algo no le gustaba, Etchecolatz les pegaba unos bifes [golpes] con la palma abierta a sus hijos”. En 2014, en el texto que presentó ante el juez para obtener el cambio de apellido, Mariana resumió lo que sentía por su padre: “Horror, vergüenza y dolor”. “No hay ni ha habido nada que nos una, y he decidido con esta solicitud ponerle punto final al gran peso que para mí significa arrastrar un apellido teñido de sangre y horror (…) Mi ideología y mis conductas fueron y son absoluta y decididamente opuestas a las suyas. Porque nada emparenta mi ser a este genocida”, escribió.

Mariana D cuando era una bebé, en brazos de su padre.
Mariana D cuando era una bebé, en brazos de su padre. FEDERICO COSSO ANFIBIA

“Todos nos liberamos de Etchecolatz después de que cayó preso por primera vez, allá por 1984. Su sola presencia infundía terror. Al monstruo lo conocimos desde chicos, no es que fue un papá dulce y luego se convirtió. Vivimos muchos años conociendo el horror. Y ya en la adolescencia duplicado, el de adentro y el de afuera. Por eso es que nosotros también fuimos víctimas. Ser la hija de este genocida me puso muchas trabas”, dice a Anfibia. Mariana tuvo una primera infancia feliz en la casa de sus abuelos maternos, pero cuando cumplió 8 años tuvo que mudarse con el resto de la familia a La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, desde donde Etchecoltaz coordinaba el aparato represivo. Ahí comenzó una vida errante entre colegios y casas que no duraban más de un año “por cuestiones de seguridad”. Sus amigos eran hijos de otros represores, como Ramón Camps, el jefe de su padre, padrino del hermano menor de Mariana. La mujer recuerda el día del bautismo de aquel niño, el traslado en cinco autos distintos para no ser identificados y el accidente con un arma automática que le costó la vida a uno de los custodios. Etchecolatz constató la muerte de su subordinado y siguió como si nada hubiese pasado.

Miguel Etchecolatz en una foto familiar.
Miguel Etchecolatz en una foto familiar. FEDERICO COSSO ANFIBIA

“Nunca lo vi sufrir. Ni siquiera cuando una vez le pusieron una bomba en la jefatura de policía y le habían roto el oído. En el hospital seguía dando órdenes como un autómata”, dice Mariana, quien recuerda como rezaba para que padre encontrara la muerte, o el día que fue con él a ver La Historia Oficial, la película ganadora de un Oscar que cuenta las vivencias de un matrimonio que descubre que su niña adoptada es hija de desaparecidos. “No tengo dudas que fue un goce silencioso. El del perverso, que es el que más duele”, dice Mariana cuando han pasado más de 30 años de aquella tarde.

“¿Cómo te sentías cuando escuchabas su apellido en los medios?”, le pregunta el periodista. “Me invadía el terror. Me temo que aún sigue sosteniendo poder desde la cárcel, no es un ningún viejito enfermo, lo simula todo. Es un ser infame, no un loco, alguien a quien le importan más sus convicciones que los otros, alguien que se piensa sin fisuras, un narcisista malvado sin escrúpulos. Antes me hacía daño escuchar su nombre, pero ahora estoy entera, liberada”. Por eso se ha animado a contar su historia. “Lo único que quiero expresar ante la sociedad es el repudio a un padre genocida, repudio que estuvo siempre en mí”, dice.

Mi padre Ismael Chávez.

Mi padre Ismael Chávez.

El 11 de septiembre del año 2013, 40 años después del golpe militar, Juan Carlos Chávez interpuso la primera querella criminal contra Agustín Edwards como autor intelectual del delito de homicidio, en favor de los 119 muertos en la Operación Colombo, entre ellos su padre. Esta es la historia de su larga búsqueda y la sensación de liberación que tuvo después de sentar en el banquillo al magnate de la prensa chilena. “Me sentí más liberado y que en cierta forma hacía justicia por mi viejo y por todos aquellos que no se pudieron defender en su momento”, cuenta.

Poco antes de la medianoche, golpearon a la puerta de la casa. “¿A quién busca?”, preguntó Mónica Pilquil a un hombre alto y de voz amable que le pidió hablar con Juan Carlos. Pese a que no era el nombre original de su esposo, sino la chapa con la que lo identificaban en el MIR, accedió a buscarlo sin entrar en detalles.

Si bien era extraño que un desconocido se presentara a esa hora en la casa, pensó que podía tratarse de un compañero que desconocía la identidad original de Ismael. Una estrategia habitual en el trabajo clandestino de aquellos años que no le causó mayores sospechas. “Debe tratarse de algo importante”, pensó.

Esa misma tarde Ismael Chávez había presentado a su hijo recién nacido a sus alumnos de expresión corporal en el Duoc. Estaba tan orgulloso que pidió a Mónica que lo llevara y luego regresaron juntos a su hogar. Cuando descansaba con el niño en una habitación sintió el llamado de su esposa. Al llegar a la puerta escuchó un leve forcejeo.

Tres hombres habían ingresado a la fuerza al domicilio y se identificaron como agentes del Estado. Afuera los esperaba un vehículo con el motor encendido. Recién ahí entendieron que se trataba de una operación de la DINA para capturar a militantes de izquierda delatados por compañeros torturados, que en jerga de la época se conocía como “poroteo”.

Antes de marcharse, sin que se percataran los visitantes, Chávez le entregó a Mónica un puñado de boletos de micros donde se escribían los puntos de encuentro durante la resistencia para que se deshiciera de ellos. Los agentes le dijeron a la familia que se trataba de algo rutinario y que regresaría en un par de horas. Mónica se subió a una escalera y observó desde el techo como su marido era escoltado por tres personas. Llevaba un poncho negro y transmitía una extraña sensación de calma. Ismael Chávez Lobos tenía 22 años y un hijo de menos de un mes de vida. El 26 de julio del año 1974 fue el último día que su familia lo vio con vida.

FALSO ENFRENTAMIENTO

El 22 de julio de 1975, casi un año después de su desaparición, la familia de Ismael Chávez se enteró a través de la prensa que había muerto en un enfrentamiento entre extremistas ocurrido en Argentina, conocido como Operación Colombo. La lista de 119 fallecidos, publicada por la revista argentina LEA y el diario brasileño O’Día, fue replicada en Chile por El Mercurio, La Tercera y el vespertino La Segunda. Este último, en un alarde de impudicia, tituló en primera plana: “Exterminados como ratones”.

La noticia rápidamente fue desmentida por agencias internacionales y el montaje periodístico quedó en evidencia.  En el campamento de concentración de Melinka, en Puchuncaví, 95 presos iniciaron una huelga de hambre denunciando que algunos compañeros asesinados habían estado hacía pocos días en el lugar.A tanto llegó el revuelo internacional que Sergio Diez, entonces embajador de Chile ante la ONU, tuvo que acudir a la Asamblea General de Naciones Unidas a dar explicaciones. Allí, con el desparpajo de los cómplices, aseguró que los asesinados ni siquiera tenían existencia legal.

Mónica, con su hijo en brazos, recorrió todos los centros de detención donde estaban recluidos los presos políticos, especialmente Cuatro Álamos y el Estadio Nacional. En ninguno de esos lugares recibió alguna pista sobre el paradero de Ismael Chávez. Su marido, a quien conoció cuando tenía 18 años en una marcha en el centro de Santiago, pertenecía al frente de estudiantes universitarios que dependía del Movimiento de Izquierda Revolucionaria.

Chávez había estudiado teatro en la Universidad de Chile y el mismo año de su desaparición se matriculó en la escuela de Derecho de la misma casa de estudios. Soñaba con ser diplomático de carrera y estaba convencido de que la intervención militar no se prolongaría por mucho tiempo.

Mientras, se dedicaba a labores de propaganda, confeccionando en mimeógrafo El Rebelde, una revista clandestina elaborada por el MIR donde escribía artículos y Mónica le ayudaba con las ilustraciones. Ambos, además, trabajaban en distintas poblaciones del sector poniente de Santiago. Juan Carlos, como conocían a Ismael, se dedicaba a realizar teatro comunitario en cuanto centro cultural se levantó en aquellos años. Buscaba concientizar a los pobladores a través de su oficio. Siempre decía que hacer teatro, era hacer política.

Mónica quedó embarazada en su último año de secundaria. Pese a que la gente del MIR no era partidaria de que sus miembros se casaran, entendiendo la grave crisis política que atravesaba el país, la pareja decidió contraer matrimonio. Lo hicieron el 1 de febrero del año 1974. Cinco meses más tarde nació Juan Carlos, bautizado así en honor a la “chapa” política de su padre, desaparecido pocos días después de su nacimiento. En 1977, después de varios allanamientos a la casa de Mónica, esta decide exiliarse en Holanda junto a su pequeño hijo.

EXILIO

Juan Carlos Chávez tenía apenas tres años cuando llegó a Ámsterdam. En Holanda comenzaron a vivir con una tía. Mónica empezó a trabajar en un comité internacional de refugiados, ligado al partido radical, y luego en servicios de solidaridad a otros países latinoamericanos que estaban en guerra, como Nicaragua y El Salvador.

El constante activismo político de su madre, despertó tempranamente las inquietudes políticas de Juan Carlos. La casa siempre estaba rodeada de dirigentes de diversos países y escuchaba lo que pasaba en otras partes del mundo. “Yo era súper chico y hacía análisis políticos, sabía harto de historia, sobre la vida del Che Guevara y le conversaba a la gente que llegaba a la casa. Ellos quedaban impactados. Era algo inconsciente”, recuerda Juan Carlos.

Pese a que su entorno era eminentemente político, él nunca se sintió como un exiliado. Iba a una escuela normal, hablaba perfectamente el idioma y su madre acababa de recibir un subsidio de vivienda por parte del gobierno holandés. Como todo niño de su edad comenzó a preguntar por qué su padre no lo iba a buscar al colegio. “A los cinco años supe que estaba desaparecido. Mi madre nunca me inventó nada. Siempre trató de explicarlo y como estábamos metidos en el tema político se me hizo más fácil”.

Juan Carlos piensa que esa resiliencia, en el fondo fue una estrategia emocional para transformar el dolor en un tema político, ideológico, de lucha. Un proceso que con los años, admite, le provocó algunos trastornos psicológicos. “Uno puede disfrazar ciertas cosas como heroísmo, pero tarde o temprano las cosas comienzan a afectarte. Es un fenómeno inconsciente que uno utiliza como una barrera de protección”, analiza hoy.

Encontrar un espacio en el mundo, definir su identidad, fue un trabajo largo y también doloroso. Una búsqueda que comenzó cuando visitó por primera vez Chile cuando tenía 10 años. Su madre, que tenía una relación formal con un ciudadano holandés con los que tuvo dos hijos, terminó de estudiar trabajo social y pidió hacer su práctica en Chile en la Vicaría de la Solidaridad.

El reencuentro con Chile coincidió con las emblemáticas jornadas de protestas en contra de la dictadura. Era el año 1984 y Juan Carlos tenía 10 años. Recuerda haber estado en la Villa Francia con dos de sus tías, arrancando de los pacos por unos estrechos pasajes de la población, en una protesta luego de la muerte de los hermanos Vergara. “Comencé a correr en la misma dirección que lo hacía la gente, había una tremenda balacera, y de repente me meten a una casa. Lo más gracioso es que estaba tirado en el piso y unos metros más allá, en el antejardín, estaba una de mis tías. La solidaridad era increíble”, recuerda.

De vuelta en Holanda, cuando le preguntaban qué le había gustado de Chile, respondía que lo más llamativo habían sido las protestas. Cinco años más tarde regresaría definitivamente al país.

LA BÚSQUEDA

La familia había crecido durante el exilio. A Mónica y Juan Carlos, se sumaron Vincent, la pareja de su madre, y dos hermanos más. Todos arribaron al país en febrero del año 89. El regreso de Juan Carlos al país coincidió con el proceso de transición que recién comenzaba en Chile.

Ese mismo año ingresó a estudiar al Liceo Juan Bosco y comenzó a involucrarse en el movimiento estudiantil secundario. “Me tocaron las protestas por el pasaje del metro, empecé a vincularme con integrantes del centro de alumnos, algunos chicos del MIR, y con gente del Liceo de Aplicación, pero no milité en ningún partido”, recuerda.

Su llegada al país concidió con una búsqueda que tenía pendiente: saber por otras personas quién había sido su padre. Visitó a varios presos políticos en la cárcel pública. Uno de ellos le comentó que era un tipo extrovertido, de voz imponente, que siempre vestía de poncho y lo acompañaba una mujer baja de piel blanca (su madre). El rompecabezas comenzaba a armarse.

Juan Carlos reconoce que, pese a la ausencia de su progenitor, siempre tuvo una dialéctica particular con él. Cuando era pequeño lo veía como un héroe sin fallas. Lo sentía cercano pero a la vez muy distante. Cuando se portaba mal no faltaba quien le recordaba que en esas circunstancias su padre no se habría comportado así. “En un momento -reconoce- comencé a peinarme como mi papá, a vestirme como él. No sé cómo explicarlo, como que no tenía una identidad propia”.

Durante un encuentro en Villa Grimaldi, Juan Carlos escuchó el testimonio de un sobreviviente que había venido a declarar en una causa que llevaba el juez Juan Guzmán Tapia por la Operación Colombo. Ahí se percató que la fecha en que estuvo detenido el prisionero y su padre eran coincidentes. Se acercó, le mostró la foto de Ismael y le preguntó si lo conocía. También le comentó como andaba vestido su padre al momento de su desaparición.

Pocos días después el hombre lo llama por teléfono y le contó una historia ocurrida en Londres 38. Le aseguró que uno de los detenidos, en una salida a “porotear”, se arrancó con la venda puesta y fue atropellado por un vehículo. Los agentes lo devolvieron al centro de detención y lo dejaron tirado en el piso. Estaba perdiendo sangre y hacía mucho frío. De pronto escuchó una voz y observó entre la venda cuando un hombre se acercó al herido y le entregó una prenda a nombre de un tal Juan Carlos. La ropa era un poncho negro. El mismo que su padre usaba cuando fueron a buscarlo a su hogar. Por fin, después de años de búsqueda, la familia encontraba una pista a la cual aferrarse.

LA SANACIÓN

En el año 90 murió en un accidente automovilístico Vincent, la pareja de su madre, que trabajaba como fotógrafo para agencias extranjeras. La ausencia del verdadero padre le impidió asimilar que tenía otro a su lado, que había marcado su vida de manera importante. Su deceso desató una crisis en Juan Carlos. “Me dí cuenta que tuve alguien importante y que no lo valoricé. Él se portó muy bien conmigo y me entregó muchos valores de tolerancia que aún conservo”.

Huérfano por segunda vez, Juan Carlos cayó en una fuerte depresión. Estudió periodismo, teatro, cine y derecho. No pudo terminar ninguna carrera. “Empezaba con entusiasmo, pero después se me quitaban las ganas. Eso me empezó a afectar en las relaciones de pareja. Comenzó a darme todo lo mismo. Me lamentaba no poder llevar una vida normal como el resto”, recuerda.

Comenzó una terapia junto a su madre. Le descubrieron un trastorno obsesivo compulsivo. Se dio cuenta que había ciertos rituales que repetía: apretar las llaves del agua y cerrar reiteradamente la puerta de su casa. “Yo pensaba que eran mañas. La doctora que me empezó a tratar no sólo me recetaba medicamentos, sino que también me explicaba cómo funcionaba fisiológicamente. Poco a poco comencé a entender de qué se trataba, pero aún seguía confundido”.

En el año 2014 ya no aguantaba más y decidió abandonar el tratamiento. Lo cortó de raíz y comenzó a tomar yerbas medicinales. El repentino cambio le provocó mareos, dolores de cabeza y náuseas. “Sentía que estaba en un limbo -recuerda- no daba más, podía pasar cualquier cosa”.

En diciembre de ese año llegó a visitarlo un primo del sur que se había transformado en machi. En cuanto su familiar lo vio, comenzó a abrazarlo y hacerle cariño. “Vengo a ayudarte”, le dijo. Luego le comentó que desde hacía muchos años sentía que a él le pasaba algo y que si quería sanarse tenía que obedecerle.

Le recomendó un trabajo sicológico, físico y espiritual. “Me dijo que no me vistiera más de negro, que usara colores más vivos, que me preocupara de proporcionarme inyecciones diarias de humor y que abandonara el círculo político de los derechos humanos por un tiempo. Me dio a entender que mi madre y yo estábamos en una simbiosis que era un circulo vicioso”.

Antes de marcharse el machi le dijo “cuando tú te sanes, comenzarás a sanar a otras personas”. El mensaje le pareció un tanto críptico, pero con el tiempo lo comenzó a descifrar. Las recomendaciones comenzaron a tener efectos y lentamente se comenzó a sentir mejor. Incluso logró entender, sin angustia, lo que su doctora intentó desentrañar. “Cuando cerraba las llaves compulsivamente, intentaba controlar situaciones que jamás pude manejar cuando pequeño. Yo tenía 26 días de vida cuando murió mi padre. No tenía de qué culparme”, reflexiona.

Una parte medular del proceso de sanación ocurrió cuando un abogado lo invitó a participar en una acción judicial. Un acto que tuvo un fuerte componente simbólico. El 11 de septiembre del año 2013, 40 años después del golpe militar, Juan Carlos Chávez interpuso la primera querella criminal contra Agustín Edwards como autor intelectual del delito de homicidio, en favor de los 119 muertos en la Operación Colombo, entre ellos su padre. “Me sentí más liberado y que en cierta forma hacía justicia por mi viejo y por todos aquellos que no se pudieron defender en su momento”.

“Agustín Edwards representa el mal que dirige todo, pero que nadie ve. Me atrevo a decir que fue peor que Pinochet. Los milicos hicieron el trabajo sucio y los civiles que apoyaron la dictadura son los Pilatos que se lavaron las manos y que finalmente planificaron todo”.

Para el hijo de Ismael Chávez la querella cerró un ciclo en su vida. “Sentí que se cerró algo, pero que se abrió otra cosa mejor con una nueva perspectiva. Lo más importante es el tema espiritual, porque sin ese camino de sanación nada tiene sentido”.

La acción judicial en contra del magnate de la prensa finalmente no prosperó, aunque el quinto Agustín tuvo que declarar en tribunales. Juan Carlos Chávez comenzó a estudiar el año pasado medicina naturopática. Los designios de su primo se estaban cumpliendo.

MEMORIA NO EDITADA de jóvenes de los 80 s…“Raúl pintaba esperanzas y lo mataron”.

MEMORIA NO EDITADA de jóvenes de los 80 s…“Raúl pintaba esperanzas y lo mataron”.

1000 Historias

Estos relatos son testimonios de niños, jóvenes, hombres y mujeres que desde distintos espacios, lugares y momentos han sido protagonistas de los 80 años de la fundación del Partido Socialista de Chile. (los textos no han sido editados)

domingo, 7 de julio de 2013

Raúl pintaba esperanzas y lo mataron

Raúl Valdés Stolze nació en Santiago el 30 de abril de 1951, en el seno de una familia de clase media acomodada. Hijo de Carlos y Silvia, cursó  sus estudios básicos y medios  en el Colegio de la Salle y en el San José de Calazans.

Tras egresar de la enseñanza secundaria, ingresó a la carrera de Construcción Civil en la Universidad Técnica del Estado, UTE,  desarrollando actividad académica entre los años 1969 y 1973.

En esa escuela, conoció a varios militantes de la Juventud Socialista, entre los que se estaban Ariel Mancilla, José Quintana y Luis.

Pronto es electo como dirigente del Centro de Alumnos de Construcción Civil, al tiempo que pasa a formar parte del equipo de coordinación de la Juventud Socialista en la UTE.

Con sus nuevos compañeros de ideas y militancia, Raúl participa de un activo contingente juvenil que no sólo realiza trabajo político en la universidad, sino que amplía su influencia política y social hacia un vasto y sector de las actuales comunas de Quinta Normal y Santiago, especialmente entre los estudiantes secundarios de los liceos de Aplicación y Amunátegui  –donde conoce a jóvenes militantes como Juan Fierro, Jorge Aravena y Juan Carvajal- y entre los alumnos-trabajadores del Liceo Nocturno Integral Nº1, dirigido por el recordado profesor Alberto Galleguillos.

Raúl participó en el equipo que fundó la Seccional Tercera Comuna de la JS, la misma que acuñó la consigna “Firme junto a la clase obrera”. Para él y sus compañeros, no se trató únicamente de un eslogan, pues desde ese nuevo seccional se vincularon estrechamente a los núcleos del PS y a los  sindicatos de trabajadores del Hospital San Juan de Dios, de la Fundición Yungay y de la Fundición Libertad (edificio donde hoy funciona la Universidad ARCIS), y de las empresas Indus Lever y Barbara Lee.

El 12 de septiembre de 1973, Raúl fue detenido en la Casa Central de la UTE junto a otros dirigentes y autoridades universitarias, siendo encarcelado en el Estadio Chile y posteriormente llevado al Estadio   Nacional. Desde éste último recinto es trasladado, en noviembre de 1973, al Campo de Prisioneros de Chacabuco, lugar en el que permanece hasta septiembre de 1974.

Ese año es trasladado a Santiago, donde es recluido en la Cárcel Pública, pasando después a la Penitenciaría y a los campos de la DINA de 3 y 4 Álamos, para luego ser llevado a la Quinta Región, al Campo de Prisioneros de Ritoque, desde donde finalmente es puesto en libertad en febrero de 1975, “por falta de méritos”.

De la cárcel a la lucha

Su decisión de incorporarse a la lucha nunca flaqueó. Antes incluso de salir en libertad, a fines de 1974 y estando detenido en la Penitenciaria, Raúl fue visitado por dos compañeras con las cuales retoma su vínculo político para integrarse a las tareas de la reconstrucción partidaria.  Así, al momento de su liberación en 1975, se integra al Regional Santiago Centro, asumiendo la responsabilidad de editar el boletín “El Pueblo”,  órgano oficial  del regional durante esos difíciles años, cuando la impresión de toda la prensa clandestina se realizaba en condiciones muy precarias, con mimeógrafos manuales y plantillas “picadas” en esténcil y también en serigrafía, procedimiento con el que se daba color a las portadas.

Pese a que había sido exonerado de la universidad, logró titularse en octubre de 1977, gracias a una iniciativa personal del ex director de la carrera de Construcción Civil, que consiguió que las autoridades militares interventoras de la ex UTE permitieran la titulación de los estudiantes que fueron expulsados por  motivaciones políticas.

Profesional exitoso, ya desde el año 75 se incorpora a trabajar en importantes obras y construcciones, al tiempo que conoce a otra joven militante socialista, Cecilia González, “La Negra”, con quien se casa, en mayo de 1976, tras dos meses de pololeo. De esa familia nacerán sus dos hijas: Carolina y Claudia.

Durante el año 75, bajo el permanente acecho de la DINA, el trabajo de comunicaciones siguió con mayor énfasis en la educación política y en la reorganización del movimiento sindical. Es por eso que el PS adecua su estructura a las exigencias políticas del momento y los regionales se organizan por “frentes”, pasando el Regional Santiago Centro a ser el “Regional Sindical Carlos Cortés”. Raúl forma parte de esa dirección y su responsabilidad específica es, precisamente, la rearticulación  del trabajo sindical.

En el frente de masas y en la propaganda clandestina

Este trabajo en el ámbito sindical, con Raúl como uno de sus principales protagonistas, poco a poco va dando sus frutos. En 1976  se comienza a estructurar la Subsecretaria de Frentes de Masas, que reitera como su prioridad en ese período la reconstrucción del movimiento sindical, a través de la articulación de un organismo central que represente a los trabajadores.

Raúl forma parte de este equipo de trabajo, que crea un Boletín de Frente de Masas-Sindical, que alcanza un importante nivel de distribución e influencia. Junto a este se planteó la necesidad de contribuir a la reimpresión de los boletines de las organizaciones sindicales, llegándose a apoyar la elaboración de alrededor de 14 de estos boletines: de la Coordinadora Nacional Sindical, de la Federación de Panificadores, de la Confederación Ranquil, de la Federación de Trabajadores del Vidrio, de la Federación Gráfica, de los Ferroviarios y de la Federación del Cuero y del Calzado, entre otros.

A partir de ese año, Raúl participa también en la diagramación e impresión de los primeros ejemplares de “Unidad y Lucha”, el periódico del PS en la clandestinidad.

Hacia 1980, producto de su disciplina y compromiso, y de sus evidentes habilidades para el trabajo gráfico, Raúl es designado como encargado nacional de la Secretaría de Prensa y Propaganda del aun proscrito PS.

Entre 1981 y 1983, además, desempeña el rol de enlace con la estructura partidaria que funciona en Iquique, ciudad en la que se encuentra momentáneamente por razones de trabajo, y contribuye al reforzamiento de la dirección del PS en Arica, luego de la desvinculación de esta con el Comité Central, tras la caída de la red norte del PS. En Arica, aporta a la capacitación político-ideológica de los socialistas de esa ciudad, al tiempo que entrega su conocimiento en temas de propaganda, contribuyendo también al renacimiento y a la pérdida del miedo de las organizaciones sindicales de la zona.

Durante la segunda mitad de los años 80, Raúl asume múltiples tareas partidarias: en 1984 le corresponde instalar la instancia preparatoria del V Pleno Nacional y del XXIV Congreso del PS (sector Almeyda) y es designado Encargado Nacional de Propaganda, cargo que ocupará hasta 1988 y desde el cual propicia la publicación de periódicos como “La Firme”, “Acción Socialista” y “Pueblo Unido”.

Un año antes, en 1987, Raúl se integra a un equipo especial del PS, desarrollando actividades comunicacionales y emisiones de la clandestina Radio Unidad.

 

Ese mismo año, y en el marco de la efervescencia social ocasionada por la visita del Papa Juan Pablo II a Chile, Raúl aporta a la lucha del pueblo chileno con el que probablemente fue uno de sus diseños más recordados: la imitación de los billetes de 500, 1000 y 5000 mil pesos, con un mensaje anti dictatorial al reverso, que fueron uno de los mayores impactos comunicacionales en la época, ya que casi nadie resistía guardarse uno o varios en el bolsillo, amplificando la transmisión de las consignas anti Pinochet escritas en esos billetes falsos.

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Reactivando el muralismo socialista

En 1988 en la Conferencia Seccional del PS es elegido miembro de la Dirección Seccional 19 de Abril, asumiendo como Secretario Político de ella.  Desarrolla cartillas y cursos de propaganda, como una forma de ayudar a la masificación de los métodos de reproducción manual de boletines, panfletos y afiches anti dictatoriales.  Es instructor, monitor y creativo de las recién creadas Brigadas Salvador Allende (BRISA) y de las reactivadas Brigadas Elmo Catalán (BEC). La mayoría de los murales que estas brigadas pintaron en ese período (en el Parque La Bandera, en la Panamericana, en General Velázquez, en la Población Herminda de la Victoria y en la Villa Portales, por ejemplo) corresponden a diseños realizados y dirigidos por Raúl.

En 1989, en un Pleno del Regional Santiago Centro, es elegido miembro de dicha dirección, cargo que ejercía al momento de su asesinato  el sábado 8 de julio de 1989.

Esa mañana, cuando un tibio sol iluminaba las calles del centro de Santiago, Raúl fue herido mortalmente por un guardia de seguridad sin que mediara provocación alguna.

El hecho se produjo cuando Raúl y otros tres militantes del PS –entre los cuales se encontraba su esposa- realizaba unos rayados murales, insertos en la campaña por la recuperación de los derechos civiles y políticos del entonces Secretario General del PS, Clodomiro Almeyda, quien en razón de los aún vigentes artículo 8º y 24º de la Constitución de 1980, permanecía inhabilitado de su derecho a presentarse como candidato a algún cargo de elección popular por un período de diez años.

Precisamente por ello es que la consigna que pintaba junto a sus compañeros era “No más exclusión: Almeyda senador!”, la misma que escribieron en una de las murallas de los estudios de televisión KV, en calle Catedral Nº 1850. Desde el interior de las instalaciones apareció, intempestivamente, el guardia José René Poblete Vega, funcionario de la empresa Centinel S.A. -conformada en su totalidad por ex miembros del Ejército- quien a escasos metros de distancia y por la espalda disparó en contra de Raúl, quien ante el estupor de su esposa y compañeros, fue trasladado minutos después hasta un centro asistencial, al que llegó ya fallecido.

 

Carabineros que se apersonaron en el lugar detuvieron al hechor, constatando que el arma que utilizó no era de su propiedad ni tampoco contaba con un permiso vigente para portarla.

Sin embargo, uno de los policía sermoneó a Cecilia González, diciendo que “eso les pasa por andar rayando” y amenazándola con tomarla detenida. Después de un áspero intercambio de palabras, “La Negra” logró que el policía la autorizara a llamar por teléfono.

Cecilia González, “la negra”, declaró que el guardia cometió “un crimen a sangre fría y por la espalda, ya que de nuestra parte no hubo ni siquiera una agresión verbal que justificara su reacción”, versión que fue refrendada por numerosos vecinos del sector, que señalaron que el guardia era conocido como “El Rambo”, por su afición a las artes marciales, su prepotencia y su trato violento e intimidatorio incluso con las personas que asistían como público a los programas televisivos que se grababan en esos estudios.

Tras permanecer incomunicado por espacio de diez días, Poblete confesó su crimen y se declaró culpable, aportando antecedentes respecto de la empresa de seguridad a la que prestaba servicios. Así se conoció que “Centinel S.A.” tenía entre sus directivos y jefes operacionales a ex miembros del Ejército, lo que motivó al PS a solicitar una investigación judicial sobre esos vínculos.

Luego de recuperado el cuerpo de Raúl, sus restos fueron velados en el local del Comando Socialista por el NO (COSONO), que en los hechos funcionaba como el local central del PS Almeyda. Tras ser homenajeado por decenas de militantes que hicieron guardias de honor rotativas en torno a su féretro, sus funerales fueron acompañados por cientos de militantes del Partido, de la Juventud Socialista y de diversas organizaciones de derechos humanos, que corearon la consigna “Raúl pintaba esperanzas y lo mataron”.

Memorial del Detenido Desaparecido y Ejecutado Político 

A la fecha de su muerte, Raúl tenía 38 años.

El padre y esposo 

Cecilia “La negra”
Carolina y Claudia 

El artista preso

El Ceramista 

 

El Muralista

Y coreamos “Raúl pintaba esperanzas y lo mataron”.

Archivo de Prensa

 

Publicado por Cecilia Suárez en 17:08

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Etiquetas: Ariel Mancilla, BEC, Campo Prisioneros de Ritoque, Cecilia González “la negra”, Chacabuco, Clodomiro Almeyda, COSONO, José René Poblete Vega, Juventud Socialista de Chile, Raúl Valdés Stolze

1 comentario:

  1. CecyMore7 de julio de 2013, 23:13
  2. RAUL VALDES, PRESENTE AHORA Y SIEMPRE,… en la memoria colectiva socialista, en la memoria viva de su familia, en el ejemplo revolucionario de quién lo entrega todo por sus ideales.
    Negra

Mi padre fue el obstetra de la maternidad clandestina de Campo de Mayo . La mierda que me tocó vivir.

Mi padre fue el obstetra de la maternidad clandestina de Campo de Mayo . La mierda que me tocó vivir.

 

24/05/2017 ERIKA LEDERER

“Mi padre fue el obstetra de la maternidad clandestina de Campo de Mayo y no lo perdono”

Desde un grupo de Facebook convoca a los hijos de represores a juntarse: “La consigna es reunirnos para aportar datos, contar historias que a otros les sirvan. Reunirnos para sanar porque no hay noción de los daños que aún se siguen produciendo”.

Por Guillermo Lipis

Erika Lederer, la hija del segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo, nunca se reconcilió con su padre y luego de la marcha del 2×1 contra la acordada de la Corte Suprema de Justicia, se propuso “reunir a los hijos de los genocidas que jamás avalamos sus delitos, a los que gritamos en sus caras la palabra asesino y Memoria, Verdad y Justicia”.

El nombre de Ricardo Lederer surgió en los casos de apropiación de bebés en la maternidad clandestina de Campo de Mayo, juzgados bajo la caratula “Riveros, Santiago Omar y otros por privación ilegal de la libertad, tormentos, homicidio, etc.”, en la que se determinó que “en ese centro clandestino también fueron detenidas-desaparecidas decenas de mujeres embarazadas”.

En el contexto de esta causa, la enfermera Lorena Josefa Tasca informó que le tocó “intervenir en tres casos de mujeres no registradas: uno en epidemiología, otro en la cárcel de Campo de Mayo, y otro fue un parto” y señaló al doctor (capitán) Ricardo Lederer como “el segundo jefe militar de Obstetricia”. Pero Erika recordó que “también estuvo involucrado en los vuelos de la muerte” cuando tiraban detenidos-desaparecidos al Río de la Plata, y se sumó a los ‘carapintadas’.

A pesar de estos hechos, el capitán Lederer vivió en libertad hasta que el pasado le cobró la factura: Se suicidó de un tiro en la boca a pocas horas de haberse difundido la restitución de identidad del nieto recuperado 106, Pablo Javier Gaona Miranda -en agosto de 2012- cuando se supo que con su firma avaló la identidad falsa con la que fue entregado a sus apropiadores, con un mes de vida, luego de un operativo en el que secuestraron a sus padres biológicos, María Rosa Miranda y Ricardo Gaona Paiva.

-T (Télam): ¿Odia a su padre?
-EL (Erika Lederer):
No lo perdono, no sé si lo odio. También me preguntaron si lo quería, pero no me hago esa pregunta… No tuve odio, tuve tristeza porque quise que cambiara…

Dos días después de la marcha contra la decisión de la Corte, en la convocatoria contra el 2×1, Erika escribió en su Facebook: “Pienso en voz alta: Los hijos de genocidas que no avalamos jamás sus delitos, esos que gritamos en sus caras la palabra asesino y Memoria, Verdad y Justicia, por pocos que seamos, podríamos juntarnos, para aportar datos que hagan a la construcción de la memoria colectiva”.

“Aún con la panza revuelta por los recuerdos y los ojos con ganas de seguir llorando, se me cruzó esa idea por la cabeza y el corazón. Juntarnos para hilvanar la historia, para producir dato, dejar testimonio y ayudar a que se sepa. Me ofrecí a gestarlo y a darle forma casi como una necesidad”.

-T: ¿Qué eco está teniendo su propuesta?
-EL:
La expectativa es que se vaya sumando gente para generar relatos de estas historias que dejaron huella. Y para eso hay una página de Facebook en la que vamos encontrándonos. Se llama Historias Desobedientes y con Faltas de Ortografía ).
Nos va a servir para reconstruir nuestros relatos, rellenar algunas lagunas y lograr historias habitables. Nos vamos juntando de a poco. Es muy loco no haber tenido conexión antes. Lo primero que dije es que no voy a perder un minuto en discusiones que ya no doy porque la queja no sirve de nada. La consigna es reunirnos para aportar datos, contar historias que a otros les sirvan. Reunirnos para sanar porque no hay noción de los daños que aún se siguen produciendo.
También destaco que no nos ponemos en pie de igualdad con los hijos de desaparecidos. En todo caso estamos al servicio, pero no nos sentimos con voz.

“Por pocos que seamos, podemos juntarnos para aportar datos que hagan a la construcción de la memoria colectiva”, afirmó Erika a Télam -en esta entrevista exclusiva- y ratificó su propuesta que comenzó a tomar forma luego de la marcha del 10 de mayo y la publicación de la entrevista que la revista Anfibia le hiciera a la hija del genocida Miguel Etchecolatz.

-T: ¿Reconoce algún punto de inflexión en el que perdió la esperanza de entenderte con él?
-EL:
¿Cuándo perdí la esperanza de que se arrepienta…? Puedo indicar tres momentos diferentes. El primero fue cuando me di cuenta que los militares eran impiadosos a la hora de generar violencia sobre los cuerpos: En una oportunidad mi viejo le puso una pistola en la cabeza a mi mamá delante mío cuando yo tenía 15 años. Ahí entendí que era capaz de hacer cualquier cosa. El segundo fue a mis 24 años, cuando realizó una requisa de mi habitación. Yo no estaba en casa y entró a revisar mi pieza y tiró todo. Revolvió hasta encontrar unos periódicos que había dejado escondidos en la biblioteca. A los pocos días decidí irme de mi casa. Y otro, por ejemplo, fue cuando vino a ver a mis hijos antes de suicidarse. Poco antes le había mandado un mensaje de texto y le escribí ‘Memoria, Verdad y Justicia’. Cuando llegó le pregunté si pensaba arrepentirse y me dijo que no. Creo que cuando visitó a los chicos ya le rondaba la idea del suicidio porque luego me llamó para decirme que me quería, no hablábamos muy seguido.

Le había mandado un mensaje de texto y le escribí ‘Memoria, Verdad y Justicia’. Cuando llegó le pregunté si pensaba arrepentirse y me dijo que no

-T: ¿Qué recuerdos tiene del vínculo con tu padre?
-EL:
Uff… que estaba loco, de hecho le decían ‘El loco’. Mi viejo era bipolar y muy violento, sobre todo conmigo porque siempre lo interpelé, era la oveja negra de la familia. Su violencia dependía del día a día y yo lo detectaba mirándolo a los ojos. Podía ser extremadamente feroz y de golpe muy cariñoso. Vivíamos en un campo minado todo el tiempo.

-T: ¿Cuándo se dio cuenta a qué se dedicaba en verdad?
-EL:
Alrededor de tercer grado, 8 años, recuerdo que apareció una nota en Página/12 en la que mi papá defendió a Camps, de quien era íntimo amigo e iba a visitar a la cárcel hasta que se murió. En ese momento empezaron a decirme que no hablara de esas cosas en el colegio y no entendía por qué. Esto me sembró una duda de las buenas y me dio mucha vergüenza. Recuerdo que al mismo tiempo dejé de creer en Papá Noel. Pero mi viejo, que tenía un sadismo especial, ya había trabajado como forense de la Policía Bonaerense. Recuerdo que comíamos con fotos de muertos sobre la mesa.

-T: ¿Reconoce algún aspecto suyo en su propia forma de actuar o su personalidad?
-EL:
Me considero temeraria, no tengo miedo (como él), y eso me ayudó a enfrentarlo. Fui educada con valores de mierda, pero uno de ellos me fue muy útil: la gallardía. Lo peor que se puede hacer para defender una idea es no tener coraje.

-T: ¿Pensó en cambiarse el apellido como la hija de Etchecolatz?
-EL:
No. Mi apellido no es tan conocido, pero además decidí hacerme cargo de la mierda que me tocó. En una época me daba vergüenza decirlo, nos constituimos a partir de la subjetividad; y desde ahí podemos construir otra cosa. Por eso es que me consideran una traidora, un hecho que hasta hoy tiene efectos en mi vida. Familias como la mía tuvieron que vivir disociadas entre los afectos y la razón porque había que seguir conviviendo y mirarse a los ojos. Pero cuando se rompió el pacto de silencio se destrozaron los vínculos y las sanciones del clan fueron encarnizadas. En mi caso, por ejemplo, mi hermano no me da pelota, y con mi madre me llevo muy mal porque creo que tuvo una ignorancia dolosa; sabía lo que pasaba pero se hizo la boluda.

Mi padre genocida. Soy la hija de Etchecolatz.

Mi padre genocida. Soy la hija de Etchecolatz.
El duro testimonio de la hija de Miguel Etchecolatz: "Al monstruo lo conocimos desde chicos"

Mariana D. se cambió el apellido hace un año. Es la hija del represor Miguel Etchecolatz. El 10 de mayo marchó a Plaza de Mayo. Como las 500 mil personas que se movilizaron en Buenos Aires contra el 2×1, como millones de argentinos, quiere que su padre cumpla la condena en la cárcel. “Es un ser infame, no un loco. Un narcisista malvado sin escrúpulos”, dice ella, que padeció la violencia de Etchecolatz en su propia casa.

 

La hija de Miguel Etchecolatz camina por Avenida de Mayo y Perú buscando a sus dos amigas. No agita el pañuelo blanco ni salta con los cánticos. Podría ser cualquier mujer de las miles que asisten a la marcha contra el 2×1. Salvo sus amigas, ninguna de las 500 mil personas que se amontonan en la Plaza de Mayo y alrededores y gritan “como a los nazis les va a pasar, adonde vayan los iremos a buscar” saben que esa mujer anónima es hija de uno de los hombres más conocidos de la represión. Se llama Mariana D. Hace un año se cambió el apellido. 

 

Mariana lloró cuando se conoció el fallo de la Corte que otorgó el 2×1 al represor Luis Muiña. Horas después del fallo de la Corte, Etchecolatz, condenado seis veces por delitos de lesa humanidad, pidió el beneficio del 2×1. Como los que marcharon el 10 de mayo, como millones de argentinos, quiere que los genocidas condenados mueran en la cárcel. Que su padre, el excomisario Miguel Osvaldo Etchecolatz, muera en la cárcel. Mariana D. fue por primera vez a una marcha por los derechos humanos. Nunca se había animado a ir a Plaza de Mayo los 24 de marzo. Por miedo a ser rechazada. Por miedo a no poder soportar el dolor en vivo y en directo. Pero ahora está allí por primera vez para decir que ella, también, desea verlos morir en la cárcel. 

hijade_caja_01 Etchecolatz era una presencia fantasmagórica en su casa de Avellaneda. Mariana y sus hermanos varones J .M. y F. M. solo lo veían los fines de semana. De lunes a viernes, el padre conducía el aparato represivo de la ciudad de La Plata y alrededores. Daba órdenes para secuestrar personas, torturarlas, asesinarlas. Los sábados y domingos Etchecolatz casi no hablaba. Se la pasaba echado en una cama mirando televisión. Cada tanto emitía un silbido: había que llevarle rápido un vaso de agua mineral fresca con gas. Si algo no le gustaba, Etchecolatz les pegaba unos bifes con la palma abierta a sus hijos.

 

Mariana supo de grande que su madre intentó varias veces escaparse con ella y sus dos hermanos. Lo planeó varias veces. Etchecolatz se dio cuenta y la amenazó: “Si te vas te pego un tiro a vos y a los chicos”.

 

A las siete de la tarde del 10 de mayo, a unas cuadras de la Plaza de Mayo, Mariana D.,  rubia, de estatura media, se mueve con la misma soltura con la que da clases en una universidad privada. Viste zapatillas y campera negra. Y cada vez que pide permiso para avanzar entre la multitud, sonríe. Alguien grita “un médico, por favor, un médico”. Los cuerpos se aprietan unos con otros. Es imposible llegar a la Plaza. Mariana se marea por la oleada de gente, se toma de los brazos de sus amigas, hasta que logra sacarse las zapatillas y treparse a la baranda de una parada de subte. Desde ahí, mira: las banderas de CTERA por la defensa de la educación pública, las del Partido Obrero, la de La Cámpora, los carteles con las caras de los desaparecidos.

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***

“Debiendo verme confrontada en mi historia casi constantemente y no por propia elección al linde y al deslinde que  diferentes personas, con ideas contrarias o no a su accionar horroroso y siniestro pudieran hacer sobre mi persona, como si fuese yo un apéndice de mi padre, y no un sujeto único, autónomo e irrepetible, descentrándome de mi verdadera posición, que es palmariamente contraria a la de ese progenitor y sus acciones (…) Permanentemente cuestionada y habiendo sufrido innumerables dificultades a causa de acarrear el apellido que solicito sea suprimido, resulta su historia repugnante a la suscripta, sinónimo de horror, vergüenza y dolor. No hay ni ha habido nada que nos una, y he decidido con esta solicitud ponerle punto final al gran peso que para mí significa arrastrar un apellido teñido de sangre y horror, ajeno a la constitución de mi persona. Pero además de lo expuesto, mi ideología y mis conductas fueron y son absoluta y decididamente opuestas a las suyas, no existiendo el más mínimo grado de coincidencia con el susodicho. Porque nada emparenta mi ser a este genocida”.

 

Argumentos personales en la solicitud del cambio de apellido de Mariana Etchecolatz a Mariana D, mujer nacida el 12 de agosto de 1970 en Avellaneda. Texto presentado en noviembre de 2014 en un juzgado de Familia de Capital Federal.

***

—¿Cuándo escuchaste por primera vez lo que había hecho tu padre?

—De joven. Fue muy difícil, porque vivíamos en una burbuja, sometidos y desinformados. Aparentábamos lo que no éramos. Las personas que nos rodeaban decían “qué capo es tu viejo”. No había quienes nos dijeran “mirá este hijo de puta lo que hizo”. Una vez que escuché un testimonio en un juicio ya no me hizo falta nada más. Hasta hoy me da aberración.

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Mariana es psicoanalista y en el consultorio a veces escucha a pacientes con problemas de sueño. Es ella, esta vez, la que no puede dormir después de la marcha. En su departamento, donde vive con su pareja Nicolás y tres perros que encontró en la calle, hace zapping y pone una película del Rey Lear. Dice que por el cambio de apellido siente una “reparación”, pero que sigue preocupada por “este gobierno de derecha que avanza contra los derechos del pueblo”.

 

El día que el correo le envió el nuevo documento y abrió el sobre, se desesperó. Seguía teniendo el apellido Etchecolatz. “Fue un error administrativo, así que lo tuve que hacer de vuelta. Mirá lo que me costó borrarme ese estigma”.

 

—¿Qué sentís con tu nueva identidad?

—Siento calma, perdí el miedo y adquirí la madurez necesaria. Lo de la marcha fue conmovedor. Hay que tener la memoria despierta. Me siento acompañada porque somos millones.

 

—¿Y cómo lo viven tus otros hermanos y tu mamá?

Todos nos liberamos de Etchecolatz después de que cayó preso por primera vez, allá por 1984. Vivíamos en Brasil porque era jefe de seguridad de los Bunge y Born, y regresó pensando que su imputación era un trámite, como si la Justicia no le llegara a los talones. Al principio lo visitábamos, pero después mi madre, María Cristina, pudo decirle en la cara que íbamos a dejar de verlo. Ella siempre nos protegió de ese monstruo, si no hubiera sido por su amor, no podríamos haber hecho una vida. Y mis hermanos J.M. y F.M. se fueron a vivir lejos de Buenos Aires, cada uno hizo su familia, ahora somos muy unidos. Mi mamá se casó con un hombre que ama, y está en el exterior. Nadie llegó a lo que yo llegué, pero me apoyan.

 

—¿Para vos tu padre era un monstruo? ¿Lo viviste así?

Su sola presencia infundía terror. Al monstruo lo conocimos desde chicos, no es que fue un papá dulce y luego se convirtió. Vivimos muchos años conociendo el horror. Y ya en la adolescencia duplicado, el de adentro y el de afuera. Por eso es que nosotros también fuimos víctimas. Ser la hija de este genocida me puso muchas trabas.

hijade_caja_04—¿Cómo cuáles?

Portar un apellido así es como que te obliga a sostener lo que hizo, y eso no se lo permito más. Aparte, nunca existió un vínculo real con él. Me produjo inconmensurables angustias, huellas de traumas infantiles, a eso se le suma lo que todos nos fuimos enterando sobre su rol criminal en el terrorismo de Estado. Fue la encarnación del mal en todos los ámbitos.

 

—¿Nunca fue afectuoso con ustedes?

No. Etchecolatz hizo todo lo que un padre no hace. Era un ser invisible, que usaba la violencia y no se le podía decir nada. Aparentaba tener una familia, pero nos tenía asco y era encantador con los de afuera. Vivíamos arrastrados por él, mudanzas todo el tiempo, sin lazos, sin amigos, sin pertenencias. Una realidad cercenada. Nos cagó la vida. Pero nos pudimos reconstruir.

***

Hay algo que Mariana no se explicará jamás: cómo un hombre criado en el campo, en la pampa húmeda bonaerense, de familia honesta y humilde, llegó a convertirse, con una instrucción básica y rudimentaria, en uno de los ejecutores más fríos y eficientes de la maquinaria del terror. A los 13 años entró a la Escuela Vucetich y, tiempo después, se ganó la confianza de Ramón Camps, jefe de Policía de la provincia de Buenos Aires.

 

La charla transcurre en el living de su casa. A pocos metros, en una biblioteca hay libros de Zygmunt Bauman, Julio Cortázar, Noam Chomsky, Juan José Hernández Arregui y Edgar Allan Poe.

 

A Mariana le interesa destacar la figura de su madre, a la que considera una víctima de violencia de género. Etchecolatz le llevaba veinte años. Se conocieron cuando ella fue a hacer una denuncia a la comisaría de Avellaneda. “Se enamoró de una imagen. Luego él la empezó a golpear, ascendió rápidamente en la policía y mi mamá hizo lo que pudo. Se resistió pero era como luchar sola contra toda una fuerza policial. Y cuando cortamos relación con él, empezamos de cero, mi mamá nunca había trabajado y vivimos con lo justo, pero con un alivio descomunal”, dice. Y llora.

hijade_der_05***

La primera infancia fue feliz. Mariana D. vivió en la casa de los abuelos maternos, en Avellaneda. Les decían “El Perón y la Perona”, por su simpatía con el movimiento peronista. La abuela hacía asados en el patio. Su madre era hija única y disfrutaban de la visita de amigos músicos, se ponían a cantar tangos, a escuchar ópera. Unos tíos abuelos los alzaban y les compraban facturas.

 

Eran laburantes, del interior de Buenos Aires. Por su cargo de jefe, Etchecolatz ya vivía poco con nosotros. Mis abuelos no lo querían. Lo llamaban el “mal bicho”.

 

Mariana nunca reconocerá a Miguel Etchecolatz con la palabra padre o papá. Lo llamará siempre por el apellido.

 

A los ocho años se fueron a vivir a La Plata. Y empezó el infierno. Jamás pudo completar más de un año en un mismo colegio. A ella y a sus hermanos los cambiaban “por seguridad”. No pudo hacer amigos. Se relacionaban con los hijos de otros represores conocidos, como el ex médico Jorge Antonio Bergés y el mismo Camps, que fue padrino de F.M., el hijo más chico de Etchecolatz.

 

El bautismo de F.M. lo hicieron en la residencia oficial del máximo jefe de la fuerza, una mansión en La Plata. La familia Etchecolatz viajó en cinco autos “por seguridad”. Había custodia de refuerzo. Se desató tormenta fuerte. Miguel Etchecolatz estaba atento a un handy. Le llamaban “Dorotea Inés”, apodo que combinaba las letras de su cargo como director de la Dirección de Investigaciones.

 

Dorotea Inés, Dorotea Inés, hubo un accidente gritó entonces un custodio policial. Otro custodio se había disparado un arma automática, tras pasar un badén. Etchecolatz bajó de su auto, constató la muerte de su subordinado y continuó como si nada hubiera ocurrido. El bautismo siguió con total normalidad.

hijade_caja_06Nunca lo vi sufrir. Ni siquiera cuando una vez le pusieron una bomba en la jefatura de policía y le habían roto el oído. En el hospital seguía dando órdenes como un autómata. Los hijos de Bergés o de Camps al menos recibieron algo de amor, nosotros, nada dice Mariana.

 

—¿Nada lo conmovía?

Lo religioso. Se persignaba dándoles besos a las estampitas. Él se consideraba por debajo de Dios pero por encima de los mortales. Con mi hermano J.M. decíamos que cuando rezaba se estaba comiendo los santos.

***

La segunda infancia fue la de vivir con custodios que hacían de niñeras cama adentro en un edificio blindado de tres pisos de calle 62 y 11, en La Plata. No podían dormir en paz. Ciertas madrugadas estallaban disparos y su madre les tapaba los oídos con mantas y colchones. De día los llevaban de paseo por la Escuela Vucetich y por el Tiro Federal. Etchecolatz pernoctaba en el destacamento policial.

 

Lo veíamos en fiestas oficiales, en desfiles. Con nosotros infundió el mismo miedo y respeto que con sus subordinados.

 

Los sábados y domingos, cuando Etchecolatz se aparecía por el edificio de 62 y 11, Mariana y J.M. se escondían en un placard. Apenas escuchaban la voz metálica, los niños temblaban esperando un arranque de furia contra ellos o su madre. Nunca miró sus cuadernos de colegio, nunca jugó con ellos, nunca una caricia.

 

Cuando dejaba el edificio, Mariana y sus hermanos se ponían a rezar. Para que nunca jamás volviera. “Que por favor se muera”, pensaba ella, entonces.

***

Una vez, recuerda Mariana, la llevó a ver una película. Fue una de las pocas salidas juntos. Mariana era la hija contestataria. “Mirá lo que me hacés hacerte”, le decía su padre cuando la castigaba. Movía la mandíbula y las manos, preparaba la escena con frases como “Mmm…vida” o “Marianita, Marianita”, como advirtiendo una futura paliza. Luego de golpear con la palma abierta, pedía perdón. Era flaco, alto, de espalda pequeña y tenía tanta fuerza que un día partió un jarrón al medio con las manos, sin arrojarlo al piso. Mariana tenía 15 años cuando Etchecolatz la invitó al cine. No hablaron nunca: ni antes, ni durante ni después de la película. Era “La Historia Oficial”. Mariana cerró los ojos cuando el personaje de Héctor Alterio le apretó a Norma Aleandro los dedos contra una puerta. La escena la reconoció como familiar. Y no la olvidará jamás. “No tengo dudas que fue un goce silencioso. El del perverso, que es el que más duele”, dice ahora, con la precisión de una pericia psicológica.

 

hijade_col_07***

Dice que empezó a salir a la calle con “Néstor y Cristina”. Que sintió los escraches de H.I.J.O.S. como si hubieran sido propios. Que nunca olvidará el velorio de Néstor Kirchner y el cierre de mandato de Cristina Fernández de Kirchner. “Fue hermoso sentir lo politizado que estábamos, ir de marcha en marcha, este pueblo no va a sucumbir ante los poderosos”.

 

Cuando cumplió veinte años se alejó de su familia. Viajó a España, volvió, vivió sola. Trabajó de secretaria. Se puso a estudiar en la Facultad de Psicología, aunque no en la Universidad Nacional de Buenos Aires como hubiera querido. Su hermano F.M. abandonó la universidad. “Su examen está desaparecido”, le dijo un profesor.

 

Lo terrible es que con mis hermanos nos refugiamos en el anonimato por la sombra de ese hijo de puta. Ellos no lo soportaron y se fueron de la ciudad, yo decidí quedarme. Vivir así es duro, humillante. A mí me bochaban los exámenes por el apellido y volvía a casa con un ataque de angustia.

 

A Mariana había gente que le retiraba el saludo por el sólo hecho de portar ese apellido. Cuando en una librería entregaba la tarjeta de crédito para pagar, del otro lado del mostrador escuchaba: “Qué apellido, eh”. Ella se quedaba muda. No sabía, no podía responder palabra o hacer algún gesto.

 

La última vez que escuchó la voz de su padre fue en la cárcel de Magdalena, en 1985. Dijo: “Qué vergüenza estos zurdos, lo que me hicieron”. Y nada más.

 

—¿Cómo te sentías cuando escuchabas su apellido en los medios?

Me invadía el terror. Me angustié desesperadamente con lo de Julio López. Me temo que aún sigue sosteniendo poder desde la cárcel, no es un ningún viejito enfermo, lo simula todo. Todavía hay gente que piensa que fue alguien íntegro porque “nunca robó nada”. Como si eso lo exculpara de los crímenes aberrantes que cometió.

 

—¿Y quién es verdaderamente Etchecolatz?

Es un ser infame, no un loco, alguien que le importan más sus convicciones que los otros, alguien que se piensa sin fisuras, un narcisista malvado sin escrúpulos. Antes me hacía daño escuchar su nombre, pero ahora estoy entera, liberada.

 

—¿Qué deseas de acá en adelante?

Que no salga nunca más. Nunca me había animado a contar mi historia. Y lo único que quiero expresar ante la sociedad es el repudio a un padre genocida, repudio que estuvo siempre en mí. Mejor dicho: el repudio de una hija a un padre genocida.

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Mariana D. se cambió el apellido y fue el miércoles pasado a la marcha contra el “dos por uno”; desea que su padre “no salga nunca más” de la cárcel

SÁBADO 13 DE MAYO DE 2017
Habló la hija de Miguel Etchecolatz
Habló la hija de Miguel Etchecolatz. Foto: Archivo

Conoce al represor Miguel Etchecolatz por su extrema violencia, pero no sólo aquella que fue parte del capítulo más oscuro de la historia argentina reciente y la que lo dejó condenado por seis causas de lesa humanidad . También por la violencia doméstica que ella tuvo que vivir junto a su madre y sus dos hermanos, en su casa, con un padre que los ignoraba y, cuando no, los maltrataba, golpeaba y amenazaba.

Mariana ya no es Etchecolatz. Decidió cambiarse el apellido para borrar parte de esa cicatriz que le dejó su padre, a quien considera un “monstruo” y desea “que no salga nunca más” de la cárcel. Por eso, Mariana fue a la marcha del pasado miércoles para manifestarse en contra de la aplicación del “dos por uno” a condenados por delitos de lesa humanidad, como su padre, a quien ya le fue denegado un pedido esta semana.

“Al monstruo lo conocimos desde chicos, no es que fue un papá dulce y luego se convirtió. Vivimos muchos años conociendo el horror. Y ya en la adolescencia duplicado, el de adentro y el de afuera. Por eso es que nosotros también fuimos víctimas”, dijo Mariana D. en una entrevista con la revista digital Anfibia.

“Nunca existió un vínculo real con él. Me produjo inconmensurables angustias, huellas de traumas infantiles, a eso se le suma lo que todos nos fuimos enterando sobre su rol criminal en el terrorismo de Estado. Fue la encarnación del mal en todos los ámbitos”, agregó.

La mujer de 46 años, psicoanalista y profesora universitaria, denuncia a su padre, quien fue director de Investigaciones de la policía bonaerense durante la última dictadura militar, también por violencia doméstica. Contó que a su padre sólo lo veían los fines de semana, que les pegaba a su madre, a sus hermanos y a ella cuando las cosas no se hacían como él quería.

“Si te vas, te pego un tiro a vos y a los chicos”, le decía Etchecolatz a su mujer, cuando ella quería escapar con sus tres hijos.

“Etchecolatz hizo todo lo que un padre no hace. Era un ser invisible, que usaba la violencia y no se le podía decir nada. Aparentaba tener una familia, pero nos tenía asco y era encantador con los de afuera. Vivíamos arrastrados por él, mudanzas todo el tiempo, sin lazos, sin amigos, sin pertenencias. Una realidad cercenada. Nos cagó la vida. Pero nos pudimos re,construir” señaló Mariana, quien se refiere a su padre por el apellido.

“Todos nos liberamos de Etchecolatz después de que cayó preso por primera vez, allá por 1984. Vivíamos en Brasil porque era jefe de seguridad de los Bunge y Born, y regresó pensando que era un trámite, como si la Justicia no le llegara a los talones. Al principio lo visitábamos, pero después mi madre, María Cristina, pudo decirle en la cara que íbamos a dejar de verlo. Ella siempre nos protegió de ese monstruo, si no hubiera sido por su amor, no podríamos haber hecho una vida. Y mis hermanos J.M. y F.M. se fueron a vivir lejos de Buenos Aires, cada uno hizo su familia, ahora somos muy unidos. Mi mamá se casó con un hombre que ama, y está en el exterior. Nadie llegó a lo que yo llegué, pero me apoyan”, contó Mariana.

A la hora de calificar a su padre, lo considera “un ser infame, no un loco, alguien a quien le importan más sus convicciones que los otros, alguien que se piensa sin fisuras, un narcisista malvado sin escrúpulos”.

“¿Qué deseas de acá en adelante?”, le preguntó el periodista Juan Manuel Mannarino al cierre de la entrevista. “Que no salga nunca más. Nunca me había animado a contar mi historia. Y lo único que quiero expresar ante la sociedad es el repudio a un padre genocida, repudio que estuvo siempre en mí. Mejor dicho: el repudio de una hija a un padre genocida”, contestó Mariana.

Pedido rechazado

Ayer, la Unidad Fiscal de Derechos Humanos de La Plata se opuso a las excarcelaciones del comisario retirado Miguel Etchecolatz, el ex capellán policial Christian Von Wernich y otros siete represores condenados por delitos de lesa humanidad, cuyas defensas pidieron aplicar el cuestionado fallo del 2×1 de la Corte Suprema.

Los fiscales Marcelo Molina y Hernán Schapiro dictaminaron que el beneficio del 2×1 es “incompatible con las obligaciones internacionales del Estado en materia de persecución y sanción de graves violaciones de los derechos humanos y de crímenes de lesa humanidad”, entre otros argumentos.

 

http://www.eldestapeweb.com/la-comision-interamericana-derechos-humanos-cuestiono-duramente-la-corte-n28865

Testimonios de Hijos de Detenidos Desaparecidos del Cono Sur

Presentación del proyecto “Memoria y Archivo oral: Hijos e hijas de detenidos desaparecidos”

20 de marzo 2014

En el auditorio del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos y con una gran asistencia de público, se realizó la presentación de “Memoria y Archivo Oral: Hijos e Hijas de Detenidos Desaparecidos” – audiovisual y libro.

El evento contó con la presencia de Anu Korppi-Koskela, Primera Secretaria de la Embajada de Finlandia, directores de organismos de Derechos Humanos y representantes de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD), entre otros.

Tras la exhibición de la sinopsis del Archivo Oral, fue presentado el libro que entrega un análisis y reflexión de los relatos recogidos en este estudio, el que fue comentado por Nancy Nicholls, Académica de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano y Pontificia Universidad Católica de Chile; Estela Ortíz, Secretaria Ejecutiva del Consejo Nacional de la Infancia; y Elizabeth Lira, Decana de la Facultad de Psicología, Universidad Alberto Hurtado.

Las palabras de las comentaristas estuvieron centradas en la importancia de contar con materiales que apunten a la memoria individual y colectiva. A la valentía y generosidad de los testimoniantes, al rescatar historias que siendo parte del pasado se vuelven siempre presentes. Y, finalmente, la importancia de visibilizar el daño sicológico social que sufrieron los niños y niñas durante la dictadura.

Ver sinopsis video:  https://www.youtube.com/watch?v=PMJ5bFzV-p8&feature=youtu.be

Este trabajo se articula con relatos de hijos de Detenidos Desaparecidos entre los años 1973 y 1976. En esa época ellos/ellas tenían entre dos y catorce años de edad, e incluso, una de ellas estaba en el vientre de su madre con siete meses de gestación. La sinopsis da cuenta de los momentos vividos por los niños y niñas tras la situación represiva. Ellos/as se refieren a la detención del padre, la búsqueda, el miedo, los dolores y distintos soportes con que contaron durante su desarrollo. Al mismo tiempo, recogen los valores e ideales heredados de sus familias y la fortaleza con que han enfrentado la verdad, la lucha por la paz y la justicia.
La memoria de estos hijos e hijas de Detenidos Desaparecidos, hoy adultos, es un gesto que contribuye a descubrir y reconstruir la historia oficial con nuevas fuentes, posibilitando hacer una reinterpretación en temas que no han sido suficientemente analizados y cuyos sujetos históricos y sus vivencias han sido poco consideradas.

Relacionado

http://youtu.be/l7_KXhDZqcc

 

“A nuestros compañeros caídos en agosto en él sur de Chile”. VIVEN!

Muertos en Falsos Enfrentamientos
Viven
http://http://www.derechos.org/nizkor/chile/libros/sobarzo/23ago84/cap13.html

 

Nos preguntamos: ¿Tendremos que esperar el fin de la tiranía para reconstruir las vidas y la lucha de los hombres y mujeres caídos combatiéndola? Pensamos que no.

Tenemos que rehacer sus vidas. Sus familias conocen una parte, nosotros sus camaradas, la otra.

Para las que fueron sus compañeras, para sus hijos y familiares, para nosotros, están presentes, viven. Se han adherido como recuerdo, experiencia y nos dan fuerza cuando ella nos falta.

“A nuestros compañeros caídos en agosto en él sur de Chile”

Agua tierra
aire
materia elemental , Atención
Que la Araucaria
no se agite
y la Cordillera
no sea visible
mágica
ni a derecha
ni a izquierda
ni los Andes
ni Nahuelbuta
Que se detengan
las faenas
que la piedra continúe
su secreto de carbón
Que el coipo
siga liberto
Que el avellano y
el alerce
el laurel y el mañío
no puedan ser cortados
que se vacíen
los ríos
Cautín ¡detente!
Neltume ¡despierta!
y el hijo de Lautaro
salga al camino
Corral, Valdivia
¡atención!
Paralícese el trabajo
en las calles
los caminos
y las minas
todos alerta
¿Qué sucede?
Que todo quede inmóvil
Que se haga silencio
Valentía de muchos pocos
Valentía de noche
Valentía de cargador lleno
Valentía amparada en las urgencias de estos tiempos
Han rastreado huellas
en las tierras húmedas
como manto de sangre
de norte a sur
nos arrancan copihues
Nelson Herrera…
Octavio Lagos…
Luciano Aedo…
Mario Mujica…
Marcos Vega…
Rogelio Tapia…
Raúl Barrientos…
Juan Boncompte …
Hasta Santiago
llega la orgía haciendo
caudal

Fragmento del poema: “A nuestros compañeros caídos…” Ignacio Vidarrauzaga

“…Conocí poco al flaco, fue por esos avatares de nuestra lucha. No recuerdo cómo ni cuándo fue, pero sí recuerdo como era él: un joven alegre, espontáneo, siempre la “talla” oportuna a flor de labios, sin llegar a la charlatanería, jamás grosero.

A pesar de que nunca hablamos detenidamente de política, yo podía ver en él una gran comprensión e inmenso amor a su pueblo. El venía de barrios populares, de origen humilde, muy humilde, por eso se hacía carne de los sufrimientos de los suyos. Más que eso, él era pueblo puro, y era a él a quien el régimen fascista hería directamente con su política de opresión.

Me imagino como se habrá puesto de contento el día que le encomendaron la próxima tarea. Fue su último trabajo. Murió en el intento.

Al otro día vi su fotografía en el periódico; estaba reclinado, casi sentado, apoyado en una pared del antejardín. Su rostro muy sereno, sus ojos cerrados como si estuviera durmiendo. En una entrevista que se le hacía a una vecina del sector esta decía “…lo vi acercarse caminando en vaivén. Luego se sentó ahí y se quedó quieto, como durmiendo…” Sí, cuando vi esa fotografía, aunque Ud. no lo crea, lloré… Sólo, entonces, supe que se llamaba Roberto González Lizama…”
De un Preso Político en la Penitenciería.

Nelson Herrera

“Conocí a Nelson Herrera cuando yo llevaba apenas unas pocas semanas en Chile. Irradiaba simpatía, alegría, seguridad. Ya me habían hablado de él. Lonco, le decíamos entre nosotros y me habían comentado de su humor, de su calidad humana, de su claridad y capacidad política. Conocerlo fue mucho más que eso, en pocos minutos me reencontré con Chile, con mis compañeros, con mi Partido. Luego de hacerme una bienvenida más o menos formal y mientras esperábamos comenzar la reunión. Lonco se puso a contar chistes y a revolverlas creando un clima ameno, simpático, de confianza. Yo, un poco sorprendida y contenta, pensaba en que no tenía nada que ver con la imagen que uno se inventa de los jefes, así serios, preocupados sólo de las cuestiones más grandes. Me preguntaba sobre mi viaje, los detalles más pequeños, las anécdotas, las cosas jocosas. Al poco rato sentía como que nos hubiésemos conocido desde siempre, al igual que al resto de los compañeros que venía de conocer. Con el tiempo comprendí que ese humor y esa simpatía eran parte de él, era así y también fui descubriendo su gran capacidad política, su inteligencia, su simpleza, su calidad como revolucionario, su gran riqueza humana. Me gustaba sobretodo que tuviera ese carácter tan alegre, eso provocaba una cercanía inmediata que abría las condiciones para conocerse más allá del quehacer partidario. Conversábamos de nuestros hijos, se volvía loco cuando hablaba de las “gracias” de su Javiera.

Hablábamos del amor, de nuestras relaciones de pareja, de los conflictos que se creaban; hablábamos de la mujer y sus problemas. Cuando llegábamos a ese punto me decía asombrado: “Dices las mismas cosas que mi compañera”, extrañándose al comprobar que podíamos sentir lo mismo, inquietamos y preocuparnos por lo mismo sin conocernos siquiera.

También nos contábamos pedazos de nuestras vidas, me habló de otro amor importante que había tenido en su vida, una compañera de la cual tuvo que separarse brusca y obligadamente; me habló de su familia, de su padre, de su madre, de sus hermanos, historias de niño, de joven, de adulto. Javiera, hija de Nelson Herrera

Todos esos momentos los teníamos en medio de las largas reuniones, en las pausas que se alargaban inevitablemente. Nuestras reuniones eran más que reuniones, era el encuentro con la familia, con nuestros seres queridos, y luego de eso, a retomar las discusiones políticas, la tareas, la formación política y militar. Tenía una brillantez enorme para deducir la línea política que debíamos impulsar según el momento y las condiciones políticas existentes. No era un “intelectual” como se concibe en estos momentos, era un revolucionario, forjado directamente en la lucha de clases, educándose llevado principalmente por las exigencias de sus responsabilidades y las necesidades del Partido.

Para mi Nelson representa la imagen de como debe ser un dirigente revolucionario, no aquella imagen abstracta que tenía cuando ingresé al MIR, sino la imagen actual, concreta, madurada a través de tantos años de andar de un lado a otro. Por eso su muerte me dolió tanto, porque sé lo difícil que es encontrar compañeros con esa capacidad, formar dirigentes de ese nivel, encontrar hombres tan completos. Aprendí mucho de él, de su método, de su reflexión, de su alegría, de su modestia. Hay tantos lugares que me lo recuerdan; cuando salga libre iré a visitar algunos de ellos, restaurantes, cafés, calles; quiero sobretodo ir al lugar donde estuvimos por última vez, un día antes que lo asesinaran.

En la fiscalía me enteré de su muerte: luego que declaré, el fiscal Marisio me pasó un recorte para que dijera si lo conocía. Presentía algo así, venía de la CNI y conocía sus métodos, pero el golpe fue igualmente duro. No aparecía sólo Nelson, estaba también la foto de Mario Mujica, de Luciano Aedo, de Mario Lagos.

Mario Mujica y Cristina Chacaltana

Mario Mujica era el compañero de Cristina Chacaltana y ella estaba también en la fiscalía, pero no sabía aún de la muerte de su compañero. Se notaba en su cara, tenía preocupación, dolor, porque venía saliendo del horror de la CNI, pero aún no tenía reflejado el dolor que provocaba la muerte. Yo no me atreví a decirle algo, apenas podíamos mirarnos y además ¿Cómo darle la noticia sin tener siquiera la posibilidad de hablarle, consolarla, entregarle siquiera mi apoyo y mi afecto? Recién cuando salimos de la incomunicación se enteró de la muerte de Mario; se lo dijeron en la fiscalía. Fue desgarrador, ahora entendía de mi incapacidad de decírselo antes: era su compañero por tantos años, su compañero de todos los momentos. Se adoraban, las pocas veces que los vi juntos siempre estaban de la mano. La “vieja” sin su “viejo” era algo tan difícil de creer y de aceptar por mí… ¿cómo sería entonces para ella?

German, hijo de Mario Mujica y Cristina Chacaltana

Recordaba las veces que Mario hablaba de su hijo en el exilio, era un tema doloroso, te dolía tanto esa separación. No era muy conversador, tenía un aire melancólico. Sabía que provenía de una familia humilde, en algunos relatos de su vida se notaba y repetía que era “San Miguelino” con mucho orgullo. Era muy trabajador y constante y era el que ponía los detalles prácticos para la realización de las tareas. El plano miliciano era su terreno, pero hacía esfuerzos por ser un cuadro integral desarrollando todas sus capacidades. Lo conocí poco y más supe de él por el resto de los compañeros. Me gustaba su sencillez, su tranquilidad, su objetividad. Ahora, aquí, por Cristina lo fui conociendo, he ¡do rescatando toda su riqueza, sus sueños, el deseo de estar pronto con Germancito. Su madurez para desarrollar el amor de la pareja, su búsqueda para que no se terminara nunca ese amor de tantos años. He sabido de su preocupación sin límites para cumplir con toda tarea partidaria; he sabido de su fortaleza y de sus penas. Cada vez que recibimos fotos de Germán busco en sus rasgos al “viejo” y los encuentro: se parecen harto. Ojalá algún día pueda conocerlo para contarle lo que yo conocí de su padre, los momentos que nos tocó compartir; contarle del ejemplo que nos dejó, todo lo que sembró en su vida de militante; hablarle de las anécdotas que recuerdo, de como lo vi en ese tiempo tan duro que debió vivir lejos de él.

las hijas de Luciano Aedo

Pronto se van a cumplir tres años del asesinato de nuestros compañeros. El día 23 de agosto de 1984 quedará grabado para el resto de nuestras vidas.

Siempre decimos que las mujeres y hombres caídos en estos largos años de dictadura no serán jamás olvidados y esto que parece ser una consigna resulta ser una absoluta verdad. Más allá de los homenajes escritos u orales que podemos rendirles cada cierto tiempo, está el homenaje cotidiano, el de cada día, el recuerdo no sólo del revolucionario, sino también del hombre, aquel ser concreto con sus grandezas y debilidades. A ellos recurrimos cuando necesitamos más fuerzas, más claridad y también los recordamos cuando la lucha tiene avances, cuando tenemos éxitos y alegrías. Nosotras aquí, en estos casi tres años, hemos hablado tantas veces de ellos, de todos y de cada uno, de los que conocimos directamente y de los que hemos conocido a través de otros.

Con los compañeros asesinados el 23 de agosto compartimos parte de nuestras vidas, de nuestros problemas cotidianos, de nuestras tareas revolucionarias; compartimos el riesgo de nuestras vidas y esos son lazos irrompibles, más allá de la muerte. Por eso, para nosotros es tan fácil entender porque aún siguen tan cerca nuestro, porque seguimos queriéndolos, porque siguen siendo.

Mario Lagos con su hijo Pablo y su hermano Antonio Juan José Boncomte

Han quedado con nosotros, han dejado recuerdos, enseñanzas, amor, alegría de vivir, confianza en ese futuro que más temprano que tarde tendrá que llegar.

Esa convicción nos la han transmitido con su ejemplo, su vida, su muerte. Hemos hablado tanto de ellos que cuando se trata de resumir, de escribir sobre ellos, su vida, no es fácil, cualquier cosa podría parecer poco, repetido, sin la fuerza con la cual los recordamos”.

Soledad Aranguiz
Junio de 1987.
Cárcel de Coronel.


Rogelio Tapia

Las compañeras secaron
sus ojos
apretaron los puños
tragaron saliva
y con hijos
rabia
cárcel
o libertad
Las compañeras
— compañeras siguieron la vida
la lucha
la vida — lucha
la lucha — vida.

Ignacio Vidarrauzaga

“…La noticia de su muerte me impresionó mucho. Eramos amigos desde niños, vivíamos en el mismo barrio… Siempre creí que Julio era inmortal… por su calma, su seguridad, su responsabilidad, su orden…”
Un amigo de Julio Oliva, Mayo de 1987.

“…En esta carta, que nace inspirada en un sentimiento de dolor que estimamos compartir con Uds., deseamos manifestar que en Rogelio recordaremos siempre una persona íntegra y un profesional que asumió su responsabilidad con vocación, esfuerzo y seriedad. Su sencillez y su gran riqueza interior han sembrado entre sus colegas un ejemplo de honradez y consecuencia…”

Carta dirigida por el Consejo Regional de Colegio de Ingenieros Forestales a los padres de Rogelio Tapia. Agosto de 1984.

“…Los que conocimos a tu compañero recordaremos en él al colega y amigo de gran sensibilidad y fortaleza que sembró para siempre un ejemplo entre nosotros…”

Carta dirigida a Elisa, compañera de Rogelio Tapia, por los Ingenieros Forestales de la Sede Regional de Los Lagos. Agosto de 1984.

Nelson, la historia que hoy se teje en nuestro país no cuenta con tu presencia. No llegas a la cita clandestina que revisó los últimos detalles de la protesta campesina, ni a la reunión con tus compañeros y amigos, aquella donde revisaron la acción que demostrara una vez más el poder de la moral combatiente.

Ya no estamos en la que fue nuestra última casa, con su hermoso entorno de pinos que recorta el cielo de Concepción. La casa, casita de madera en que te esperé quemando papeles y esperanzas, hasta el último minuto del día 23, el minuto en que llegaron armados de brutalidad reaccionaria, creyéndose capaces de destruirlo todo. ¿En qué pensaste en esa fracción de tiempo? ¿Qué pensaste maniatado frente a los asesinos? ¿Qué piensas en ese segundo que una bala atraviesa tus ideas, que estalla y perfora tu amplia frente que amé tanto?

Pasa el tiempo, la niña se te parece mucho. Pasa el tiempo y yo aprendo más de ti. Te asumen quienes te conocieron al calor de la lucha, de la práctica, de la iniciativa tan propia de ti. De la iniciativa revolucionaria, transformadora, que con tan pocos medios y recursos produce tanto, que a pesar de golpes, a pesar de “vacilantes”, a pesar de “realistas”, sigue, prosigue, es una bandera anclada en las masas de los oprimidos, de nuestro pueblo que vive y conoce reveses y embates de la lucha democrática revolucionaria y no por ello claudica, no se acomoda en un falso realismo, no está dispuesto a negociar. ¿Cómo hacerlo con tanta sangre por medio?

Los años de tu vida que pude compartir, los que alcanzó a disfrutar Javiera, los años que amasaste ideas, práctica, aquellos años de esfuerzo, de tantas conversaciones, también siete años con tantos meses, tantas horas, que me hicieron conocerte, amarte, aprender. Esos años de vida intensa, de presente acechado por los riesgos que se asumen, son mi tesoro, la fuente más rica donde encuentro las lecciones de tu sabiduría revolucionaria, de tu capacidad de disfrutar intensamente cada pequeña cosa agradable, para empapar de alegría tus tareas cotidianas.

Eras una explosión de vida a los treinta. No puedo escribir de tu vida en forma ordenada. ¿Cómo?, si se me agolpan tantas imágenes: compañero, papá, dirigente. En la calle, en la casa clandestina, en nuestra intimidad. Te hacías el perrito con la Javiera, te enojabas cuando no comía, le decías “mi lunita”. Te quedabas hasta tarde frente a la máquina de escribir y refregabas mil veces el bigote cuando las ¡deas no fluían. Criticabas con pasión a la hora de responsabilidades y tareas no asumidas, terminabas educando, a partir de los errores. Llegabas contento cuando las cosas marchaban bien, cantabas las canciones “de moda”,… me acariciabas el pelo. Eras expresivo y buen conversador, sabías entretener con sus historias y anécdotas, reflexionabas a fondo, pero nunca dejaste de ser un poco impulsivo, esta mezcla fue tu sello, ideas correctas y pasión a la hora de implementarlas. Cada gesto y ademán, cada apreciación tuya avalada por tu práctica y experiencia denotaba la inteligencia que había en tí, tu amor por la vida, tu forma de ser tan auténtica, tu valentía para enfrentar los riesgos desde los primeros momentos después del golpe hasta el final de tu vida. Todos esos años no dejaste nunca de pensar, de hacer, de actuar. No iba contigo estar abrumado, siempre la talla a flor de labios, aunque a veces serio y preocupado, nunca abrumado, nunca renegando. En los momentos más difíciles, quizás aquellos días previos a tu muerte cuando las pistas de seguimiento a otros compañeros se hacían más evidentes y a la vez confusas, ahí estabas, buscando soluciones, atando cabos, tomando medidas. Podrías haber priorizado por tu seguridad, la mía y la de la niña… pero estaban tantos compañeros, tanto trabajo, había que avisar, conducir el resguardo de tantos hombres, mujeres, niños, y las pistas no eran tan claras. Te quedaste hasta el final, un revolucionario tan íntegro como tú no podía hacer otra cosa.

Nuestras vidas, la marcha de los acontecimientos de este país convulsionado, reclama tu presencia, pero queda, quedó tanto de tu paso arrollador de iniciativas y entrega revolucionaria, está tu huella en tantos compañeros que te conocieron, quisieron y respetaron, estamos yo y Javiera sembradas de ti, están por sobre todo aquellos proyectos que se hicieron carne y que mostraron a punta de voluntad y desvelos la vigencia de la lucha revolucionaria.

Patricia Zalaquet
Compañera de Nelson Herrera


PALABRAS A MI COMPAÑERO

Aquí
con la cabeza puesta en tu nombre,
tus muecas dulces,
preocupadas,
tu infinito refregar de bigotes,
tus ojos:
Por donde transitaron tantos
proyectos de libertad.
Aquí,
en este rinconcito de la prisión
repaso tu hermoso tránsito por la vida,
cuando conocí y me hice parte
de tu entrega,

tu aporte,
tu legado al Partido.

Al Partido vital,
entrometido,
audaz,
perseverante. Como tú.

Desde aquí,
a cuatro meses de tu muerte
anuncio que seré dos.
Dos para suplir tu ausencia,
dos para cubrir tu partida,
…en lo inconcluso
…en lo trazado del camino que aún nos falta
para conquistar la libertad.

Patricia Zalaquet
Diciembre de 1984
Cárcel de Coronel

“…Por tantos años te amaba sin querer verte, sólo tu alma; clandestino entre los hombres sin alma que gobiernan este triste país, donde se mata a los que aman la verdad, y cuan clara es aún la luz en plena oscuridad: la nobleza de tu espíritu, tu recto proceder, la lealtad absoluta a tus principios..”

Elisa, compañera de Rogelio Tapia. Mayo de 1987

“…Como su compañera durante diez años puedo decir que hoy, al encontrarme encarcelada desde el mismo día de su muerte, he podido reflexionar y meditar sobre todo lo que Mario me aportó en forma personal como también a otros compañeros, su entrega y fortaleza en el trabajo, la humildad y el amor a la vida y a nuestro pueblo.

Fue siempre un compañero de buen carácter, de un humor especial, cariñoso, con una ternura inmensa que dejaba traslucir en forma natural desde los detalles de la vida cotidiana hasta en la toma de las grandes decisiones. Su imagen, su recuerdo, los miles de detalles de la vida compartida son para mi una fuente de fortaleza…”

“…Mario hablaba constantemente y con orgullo de su hijo –era su “Mamita más recóndita”– ; soñaba con verlo en Chile jugando con otros niños, conociendo su país, su familia. Siempre observaba los niños jugando en las calles y pensaba en su hijo. ¿Cómo estará? ¿Se acordará de nosotros? ¿Cuánto habrá crecido? Y se imaginaba a Germancito en cualquiera de ellos que pudiera tener su edad. Pronto su tristeza se transformaba en alegría por esa facilidad extraordinaria que tenía para comunicarse con los niños: se integraba a jugar con ellos… como si hubiese estado un ratito con su hijo..”

“..Recuerdo a Mario radiante con el nacimiento de nuestro hijo; más aún, porque íntimamente siempre deseó un varón. Germán vino a llenar de más amor nuestra pareja a la par que nos proporcionaba más fuerza para nuestra decisión de lucha, para que él y todos los niños tuvieran derecho a una vida digna..”

Cristina Chacaltana
Cárcel de Coronel

“…Mamá, sí al papá no lo hubieran matado por la espalda, yo sé que se hubiera defendido ¿por qué son tan cobardes?

“…¿Por qué será que siempre que miro a la Tiny me acuerdo de mi papá? dice Javiera mientras camina a casa abrazando con ternura a la muñeca que su papá le regaló.

Javiera, Marzo de 1987
Hija de Nelson Herrera

Julio Oliva junto a su familia

“…Tus hijos no lloran; se desarrollan junto a la naturaleza que nos mostraste; se alimentan de frutas, verduras, semillas de árboles y piensan y estudian, disfrutan del amor de tu pueblo sabio, humilde, bondadoso, alegres de caminar juntos…”

Elisa, compañera de Rogelio Tapia.

“Todo este amor y cariño que nos tenemos nos dará otro hijo por el que no descansaré y daré todos mis sacrificios para que ese ser que viene tenga todo lo necesario para poder vivir… Pero, ¿se puede llamar Vida a algo que es sólo sufrir…? No sé como escribir, no sé que decir, no sé como empezar, pero continuaremos..”

Julio Oliva en carta a su compañera.

“…Al comienzo no podía comprender que Julio se hubiera muerto y nos abandonara… a mí… a los niños. Quizás hasta tuve rabia, pero poco a poco lo he ido entendiendo, descubriéndolo a través de sus amigos y compañeros, su consecuencia. Hoy entiendo que estaba en esto por nosotros… por todos los niños…”

Eduvina. compañera de Julio Oliva. Mayo de 1987.


Editado electrónicamente por el Equipo Nizkor- Derechos Human Rights el 18mar02


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“Por amor a la memoria llevaré siempre sobre mi cara la cara de mi padre…” German Berger,en funeral de Carlos,asesinado por la Dictadura.

Atención, hijos e hijas de desaparecidos y ejecutados: Lee aquí la palabra de Germán, hijo de Carlos Berger y Carmen Hertz, ayer en el Memorial, sepultando a su padre asesinado en 1973.

 

Foto: Atención, hijos e hijas de desaparecidos y ejecutados: Lee aquí la palabra de Germán, hijo de Carlos Berger y Carmen Hertz, ayer en el Memorial, sepultando a su padre asesinado en 1973.<br /><br />
"Bertolt Brecht escribió<br /><br />
“íbamos cambiando de país como de zapatos, desesperados cuando en alguna parte solo había injusticia, pero no indignación. También el odio contra la bajeza desfigura las facciones. También la ira contra la injusticia pone ronca la voz. Ustedes, sin embargo, cuando lleguen los tiempos en que el hombre sea amigo del hombre, piensen en nosotros con indulgencia”<br /><br />
Y así es, la voz se nos ha puesto ronca, desesperados e indignados seguimos hoy frente a la impunidad y la ignominia que ha campeado en nuestro querido país. Hemos lidiado contra la ira, contra la soledad de la pérdida. La indignación y las convicciones nos han mantenido en pie, algunos han podido incluso luchar gracias a ella, otros hemos tratado solo de sobrevivir.<br /><br />
Querida familia, queridos Petxis, Mama eterna luchadora, hijitas mías, Elsita, Ricardo, Vivi, Jorge, Manuel, tíos, primos, queridos Sadá… Amigos todos, hermanos de ruta, esos que forman parte de la familia electiva que la vida suele darnos.. En este día, donde estamos homenajeando a mi padre asesinado, quiero dar las gracias por acompañarnos hoy aquí, gracias por acompañarnos siempre y ser tan indulgentes con nosotros…<br /><br />
Mi tio Eduardo me dijo una vez que si hubiésemos tenido un cuerpo, si hubiésemos podido enterrarlo, quizás habríamos podido hablar más de la muerte de Carlos…pero nunca lo hicimos y el silencio se impuso entre nosotros. El presente y el pasado de mi familia se partieron ahí, con la devastadora muerte de mi padre…y el futuro ya no volvería a ser el mismo para ninguno de nosotros. Su muerte y la desaparición de su cuerpo nos dejó un dolor seco, incapaz de ser expresado, un dolor casi prohibido…fue como si toda su existencia nunca hubiese existido, la pena era oculta, cada uno cargaba con su propio dolor. Lamento que Eduardo ya no esté con nosotros para participar de esta ceremonia.<br /><br />
Querido viejo,<br /><br />
Es extraño estar hoy aquí .., enterrando unos restos que el desierto nos devolvió de tu cuerpo, es difícil porque el horror de tu crimen y la angustia de saberte desaparecido ya son heridas indelebles en nuestras almas...<br /><br />
Pero aquí estamos y estaremos siempre, una y otra vez. Aquí está tu familia, aquí están tus amigos, aquí están los familiares que siguen buscando, aquí están también las almas de tus compañeros asesinados, aquí esta parte de ese país que alguna vez soñaste con cambiar… Aquí estamos todos, celebrando tu ceremonia 40 años después de tu muerte..<br /><br />
Recuerdo que cuando era niño soñaba casi todas las noches que tu regresabas, que habías estado escondido y volvías a nuestro lado.. Me explicabas cosas, escuchaba tu voz por primera vez, acariciaba tu rostro por primera vez y sentía tus labios en mis mejillas por primera vez…las fantasías inundaban mi mente y mi cuerpo de niño. La cronología de la infancia no está hecha de líneas sino de sobresaltos. La memoria es un espejo opaco y vuelto añicos.. intentar recordar es tan desesperante como intentar recuperar un sueño que nos ha dejado una sensación, pero ninguna imagen, una historia sin historia, vacía, de la que queda solamente un vago estado de ánimo… Las imágenes se han perdido.. Los años, las palabras, los juegos, las caricias se han borrado, y sin embargo, de repente repasando el pasado, algo vuelve a iluminarse en la obscura región del olvido. Casi siempre se trata de una esperanza mezclada con alegría, y casi siempre está la cara de mi papa, tu cara, pegada a la mía. Como la sombra que arrastramos o que nos arrastra…<br /><br />
Fue difícil todo, tolerar mi innata mezquindad y conducirla por causes menos dañinos, aprender a contener mi sed de venganza, no es que a uno le enseñen a ser bueno, sino que le enseñan a no ser malo… Nunca me he sentido bueno, pero debo reconocer que gracias a la benéfica influencia de mi papa, he podido ser un malo que no ejerce, un cobarde que se sobrepone con esfuerzo a su cobardía y un avaro que domina su avaricia…y lo más importante, si hay algo de felicidad en mi vida, si tengo alguna madurez, si casi siempre me comporto o trato de comportarme de una manera decente y mas o menos normal, si no soy un antisocial y he soportado suicidios, penas, muertes violentas y todavía sigo siendo pacifico, creo que fue simplemente porque mi padre era Carlos Berger Guralnik.<br /><br />
Yo quise a mi papa con locura, con un amor que nunca volví a sentir hasta que nacieron mis hijas. Cuando nacieron ellas lo reconocí, porque es un amor muy parecido en intensidad, aunque distinto, y en cierto sentido opuesto. Yo sentía que a mi nada me podía pasar si estaba con mi papa, aunque fuera de aquella manera onírica. Y siento que a mis hijas nada les puede pasar si están conmigo… Todo esto es una cosa muy primitiva, ancestral, que se siente en lo más hondo de la conciencia, en un sitio anterior al pensamiento…<br /><br />
Hoy es un día de homenaje, este funeral es una fiesta de la memoria… la tristeza nos embragara siempre y nunca será suficiente.. Sin embargo debemos levantarnos y ser capaces de reír, de amar y de bailar…… Hoy es un día donde la memoria triunfa por un instante, porque nos atrevemos a recordar, porque pensamos en lo mucho que hemos sufrido, porque soñamos otra vez con un país mas justo, más inclusivo.. Porque incluso por instantes somos capaces de luchar por ello… Hoy es la fiesta de mi padre, de todos los compañeros y compañeras asesinadas, hoy es la fiesta de mi patria, de mi pueblo… de un país que se levanta y es capaz de soñar…<br /><br />
Y para terminar quiero decir que la historia es triste pero no desesperada…<br /><br />
Ahora tengo 41 años y acompañado por mi esposa Elsa y mis hijas Greta y Amalia luchamos por hacer una vida nueva, sana, limpia de rencores y de odio, no queremos eternizar el luto, No tratamos el tema como una tragedia…la tragedia de muchos, la tragedia de un pueblo. Estamos hoy aquí para contarles a nuestras hijas de donde ellas vienen, quienes eran y cómo fueron sus ancestros… No hay tono quejumbroso, no se busca provocar el llanto, solo quiero que mis hijas conozcan esa parte de la saga de su familia…del país.<br /><br />
Hijas mías, vuestro padre desea que se coman la vida, que no sufran…, ustedes asoman al mundo repartiendo alegría, encarnan la esperanza de una vida nueva… ustedes representan el triunfo de la vida…<br /><br />
Y como dijo el poeta, por amor a la memoria llevaré siempre sobre mi cara la cara de mi padre…
Bertolt Brecht escribió
“íbamos cambiando de país como de zapatos, desesperados cuando en alguna parte solo había injusticia, pero no indignación. También el odio contra la bajeza desfigura las facciones. También la ira contra la injusticia pone ronca la voz. Ustedes, sin embargo, cuando lleguen los tiempos en que el hombre sea amigo del hombre, piensen en nosotros con indulgencia”
Y así es, la voz se nos ha puesto ronca, desesperados e indignados seguimos hoy frente a la impunidad y la ignominia que ha campeado en nuestro querido país. Hemos lidiado contra la ira, contra la soledad de la pérdida. La indignación y las convicciones nos han mantenido en pie, algunos han podido incluso luchar gracias a ella, otros hemos tratado solo de sobrevivir.
Querida familia, queridos Petxis, Mama eterna luchadora, hijitas mías, Elsita, Ricardo, Vivi, Jorge, Manuel, tíos, primos, queridos Sadá… Amigos todos, hermanos de ruta, esos que forman parte de la familia electiva que la vida suele darnos.. En este día, donde estamos homenajeando a mi padre asesinado, quiero dar las gracias por acompañarnos hoy aquí, gracias por acompañarnos siempre y ser tan indulgentes con nosotros…
Mi tio Eduardo me dijo una vez que si hubiésemos tenido un cuerpo, si hubiésemos podido enterrarlo, quizás habríamos podido hablar más de la muerte de Carlos…pero nunca lo hicimos y el silencio se impuso entre nosotros. El presente y el pasado de mi familia se partieron ahí, con la devastadora muerte de mi padre…y el futuro ya no volvería a ser el mismo para ninguno de nosotros. Su muerte y la desaparición de su cuerpo nos dejó un dolor seco, incapaz de ser expresado, un dolor casi prohibido…fue como si toda su existencia nunca hubiese existido, la pena era oculta, cada uno cargaba con su propio dolor. Lamento que Eduardo ya no esté con nosotros para participar de esta ceremonia.
Querido viejo,
Es extraño estar hoy aquí .., enterrando unos restos que el desierto nos devolvió de tu cuerpo, es difícil porque el horror de tu crimen y la angustia de saberte desaparecido ya son heridas indelebles en nuestras almas…
Pero aquí estamos y estaremos siempre, una y otra vez. Aquí está tu familia, aquí están tus amigos, aquí están los familiares que siguen buscando, aquí están también las almas de tus compañeros asesinados, aquí esta parte de ese país que alguna vez soñaste con cambiar… Aquí estamos todos, celebrando tu ceremonia 40 años después de tu muerte..
Recuerdo que cuando era niño soñaba casi todas las noches que tu regresabas, que habías estado escondido y volvías a nuestro lado.. Me explicabas cosas, escuchaba tu voz por primera vez, acariciaba tu rostro por primera vez y sentía tus labios en mis mejillas por primera vez…las fantasías inundaban mi mente y mi cuerpo de niño. La cronología de la infancia no está hecha de líneas sino de sobresaltos. La memoria es un espejo opaco y vuelto añicos.. intentar recordar es tan desesperante como intentar recuperar un sueño que nos ha dejado una sensación, pero ninguna imagen, una historia sin historia, vacía, de la que queda solamente un vago estado de ánimo… Las imágenes se han perdido.. Los años, las palabras, los juegos, las caricias se han borrado, y sin embargo, de repente repasando el pasado, algo vuelve a iluminarse en la obscura región del olvido. Casi siempre se trata de una esperanza mezclada con alegría, y casi siempre está la cara de mi papa, tu cara, pegada a la mía. Como la sombra que arrastramos o que nos arrastra…
Fue difícil todo, tolerar mi innata mezquindad y conducirla por causes menos dañinos, aprender a contener mi sed de venganza, no es que a uno le enseñen a ser bueno, sino que le enseñan a no ser malo… Nunca me he sentido bueno, pero debo reconocer que gracias a la benéfica influencia de mi papa, he podido ser un malo que no ejerce, un cobarde que se sobrepone con esfuerzo a su cobardía y un avaro que domina su avaricia…y lo más importante, si hay algo de felicidad en mi vida, si tengo alguna madurez, si casi siempre me comporto o trato de comportarme de una manera decente y mas o menos normal, si no soy un antisocial y he soportado suicidios, penas, muertes violentas y todavía sigo siendo pacifico, creo que fue simplemente porque mi padre era Carlos Berger Guralnik.
Yo quise a mi papa con locura, con un amor que nunca volví a sentir hasta que nacieron mis hijas. Cuando nacieron ellas lo reconocí, porque es un amor muy parecido en intensidad, aunque distinto, y en cierto sentido opuesto. Yo sentía que a mi nada me podía pasar si estaba con mi papa, aunque fuera de aquella manera onírica. Y siento que a mis hijas nada les puede pasar si están conmigo… Todo esto es una cosa muy primitiva, ancestral, que se siente en lo más hondo de la conciencia, en un sitio anterior al pensamiento…
Hoy es un día de homenaje, este funeral es una fiesta de la memoria… la tristeza nos embargara siempre y nunca será suficiente.. Sin embargo debemos levantarnos y ser capaces de reír, de amar y de bailar…… Hoy es un día donde la memoria triunfa por un instante, porque nos atrevemos a recordar, porque pensamos en lo mucho que hemos sufrido, porque soñamos otra vez con un país mas justo, más inclusivo.. Porque incluso por instantes somos capaces de luchar por ello… Hoy es la fiesta de mi padre, de todos los compañeros y compañeras asesinadas, hoy es la fiesta de mi patria, de mi pueblo… de un país que se levanta y es capaz de soñar…
Y para terminar quiero decir que la historia es triste pero no desesperada…
Ahora tengo 41 años y acompañado por mi esposa Elsa y mis hijas Greta y Amalia luchamos por hacer una vida nueva, sana, limpia de rencores y de odio, no queremos eternizar el luto, No tratamos el tema como una tragedia…la tragedia de muchos, la tragedia de un pueblo. Estamos hoy aquí para contarles a nuestras hijas de donde ellas vienen, quienes eran y cómo fueron sus ancestros… No hay tono quejumbroso, no se busca provocar el llanto, solo quiero que mis hijas conozcan esa parte de la saga de su familia…del país.
Hijas mías, vuestro padre desea que se coman la vida, que no sufran…, ustedes asoman al mundo repartiendo alegría, encarnan la esperanza de una vida nueva… ustedes representan el triunfo de la vida…
Y como dijo el poeta, por amor a la memoria llevaré siempre sobre mi cara la cara de mi padre…

Yehuda Amijai (יהודה עמיחי)

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La Importancia de las Redes en la construcción de la Memoria. Un relato. Verónica De Negri.

La Importancia de las Redes en la construcción de la Memoria. Un relato. Verónica De Negri.

/Veronica De Negri: “Lo Mataron para Dañarme a Mi”

Por | 02/07/2013

Entrevista de Patricio López en Radio Universidad de Chile. Equipo El Desconcierto.

“(…) Primero quiero hacerte una acotación, Rodrigo fue quemado vivo, y eso quiero que nunca nadie lo olvide, fue quemado vivo. No fue muerto, fue quemado vivo y después cuando llego a la posta central se le cierran las puertas para que su tratamiento se haga. Hubo intencionalidad y para mi eso fue muy importante. Hoy, 27 años después todavía no se ha hecho justicia al respeto. (…) Han sido muy duros estos 27 años, en primero lugar porque no he podido hacer justicia en mi país, y segundo porque viene el cambio y no ha habido justicia. (…) Los militares, los criminales, las víctimas, no hay justicia para ellas, (…) Bueno ahora yo creo que se ha producido un espacio suficientemente largo para lograr hacer justicia, saber la verdad.

(…) Hay 33 personas involucradas, se hizo un juicio arreglado. Fernández Dittus tuvo una condena que no cumplió entera, salió por buen comportamiento y el pago por proteger a 3 miembros de la policía secreta de Pinochet. Porque habían 3 policías secretas en quemar a mi hijo y Carmen Gloria. La respuesta que yo me he dado desde el comienzo es que eso fue para dañarme a mi, porque yo he sido una persona que aunque no tengo un nombre importante, no he callado.

(…) La verdad es que yo no sé toda la verdad tampoco, desgraciadamente perdí mucho material. Me recuerdo haber visto un periódico en Washington que se llamaba Blanco y Negro y que relata todo el recorrido que Rodrigo hace desde que sale desde Montreal hasta Perú, incluso nombra a quien venían sentado al lado de Rodrigo, y de ahí ellos hablan de conclusiones y cosas… entonces eso a mi me hace pensar que a Rodrigo le pusieron un punto ya saliendo.

Me encontré en un momento en un callejón sin salida, Rodrigo tenía 19 años cumplidos recién. Y yo tenía que ver de una u otra manera… yo pensaba que a Rodrigo le podía pasar algo… (…) Desde el 77 que yo salí del exilio, y él estuvo antes, el salió antes, mientras yo estuve presa, el estuvo en Canada…Todavía mis maletas están hechas..mucha gente tiene casa muy cómoda, yo lo que encuentro más barato o en la calle, porque siempre he estado con las maletas listas. Yo todavía no puedo volver.

(…) Bueno, te digo honestamente para mi, yo me sentí muy traicionada y de hecho escribí un poema que se llama “Definiciones”. Consideré que la Concertación fue la gran traidora de Chile. Yo voté por un programa que puede hacer desaparecer el binominal, un programa que tenga proyecciones para que vuelva a hacer un Chile como en 70 y el 73, donde todos participaban y se sentían feliz…donde eran feliz las grandes mayorías. Encuentro que en este país hay mucha negación a al verdad, entre esas el no nombrar las cosas por su nombre ¡Imáginate! ¡la UDI que es Patria Libertad para mi! Gente que tiene odio, por algo nunca llevaron a la justicia a los tribunales.

Nos dice cuan traidores a los que dieron su vida por creer en un Chile mejor, la Concertación fue. Yo me acuerdo que a mi me acusaron de terrorista, pero si hay algo que detesto son las armas, y las detesto de niña. Yo estaba en contra del plebiscito,no por que quisiera que Pinochet siguiera ahí, pero yo vi, y de hecho me llamo personalmente Eliot que era el encargado para America Latina para ver si me metían en la salida, el del gobierno de Reagan el que cambio el mundo… junto a Tatcher.

(…) Vamos a ir a la Corte, vamos a presentar el caso llevando a los 31. Pero yo no quiero morirme sin haber agotado todos los posibles pasos para justicia para Rodrigo. Para mi es algo tan importante, no sólo por la dignidad de mi hijo, sino que por la liberación del país. Yo quiero tener todas las piezas de un rompecabezas juntas. Para mi no significa absolutamente nada, yo quiero justicia, justicia sin odio. La derecha siempre dice que odiamos… yo estoy muy lejos del odio. (…) Entonces, yo siempre decía que la diferencia entre los militares y civiles que hicieron el golpe, es que nosotros queríamos justicia, por eso queríamos un juicio a Pinochet.

(…) Te voy a decir una cosa, les guste o no les guste hay un partido que ha sido consecuente desde el primer día, y lo seguirá hasta el último, es el Partido Comunista. Si bien no me he acercado a ellos, estoy seguro que van a aplaudir el que vaya a la Corte.

(…) Rodrigo fue un niño progresista en términos de fotografía…pero yo habló como el niño que yo vi crecer, el niño inquieto, que amaba la música, el arte… que lo amaba todo, la ciencia, la tecnología. Sabía una cantidad de lenguajes…de las computadoras, sus instalaciones en librerías, embajadas. Pero también de una gran sensibilidad…

Le compré un libro de vida para que escribiera y el escribió muy poquito, tenía 6 años y medio y era capaz de tener claro lo que pasaba en Chile, más quelos políticos…”

El 2 de julio de 1986 una patrulla militar detuvo a Rodrigo Rojas De Negri en una manifestación, junto a la estudiante universitaria Carmen Gloria Quintana. En un caso que horrorizó al mundo ambos fueron quemados vivos por los militares y abandonados moribundos en los límites de Santiago. Rodrigo murió poco después. Carmen Gloria logró sobrevivir.
Estas son las publicaciones de La Tercera y El Mercurio.
¿Debemos olvidar?

Foto de Patricia Salgado.
Foto de Patricia Salgado.
Publicado el 6 jul. 2013

A 27 años de haber sido quemada viva por una patrulla del ejército, en plena dictadura cívico-militar chilena. Carmen Gloria Quintana, entrega su testimonio junto al de Verónica De Negri, madre de Rodrigo Rojas, asesinado por miembros del Ejército.

Santiago de Chile. Cientos de personas asistieron al homenaje y conmemoración de los 27 años del brutal crimen, donde Rodrigo Rojas De Negri y Carmen Gloria Quintana quienes fueron secuestrados por una patrulla del Ejército chileno, rociados con bencina e incendiados el 02 de Julio de 1986.

Rodrigo Andrés Rojas De Negri murió el 6 de julio de 1986 como consecuencia de los golpes y quemaduras recibidas por militares chilenos. Carmen Gloria logró sobrevivir tras largos años de difíciles tratamientos.

El teniente Sergio Fernández Dittus, jefe de la patrulla militar, ordenó que los cuerpos humeantes fueran cubiertos con frazadas y subidos a uno de sus vehículos. Horas más tarde, fueron abandonados en un sector rural de Quilicura, en la periferia de Santiago,

En 1986, la Dictadura de la derecha política y las Fuerzas Armadas, comandadas por Augusto Pinochet, enfrentaban sucesivas jornadas de protestas convocadas por la oposición, las que fueron duramente reprimidas por los efectivos, que el régimen de facto desplazaba por todo el País. Decenas de muertos y heridos coronaron la sangrienta respuesta de la tiranía militar, al alzamiento de un Pueblo.

RODRIGO ROJAS DE NEGRI: TESTIMONIO DE CARMEN GLORIA QUINTANA Y VERÓNICA SU MADRE

Rodrigo Rojas De Negri, en la memoria

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Rodrigo Rojas, mañana yo conmemoro ese fatídico  vcc/encuentro tuyo con la patrulla militar comandada por el teniente Pedro Fernández Dittus. El día de hoy, te tengo en la memoria y estas palabras, son mi homenaje a ti y a todos quienes fueron torturados, asesinados y exiliados. Es mi firme promesa, quizás más, es mi juramento, de un: Nunca más.

Debe haber sido finales de 1977. Yo era pequeña y acompañé a mi madre a darle la bienvenida a una exiliada chilena, que recién llegaba a Washington D.C. Hay que recordar que Estados Unidos no abrió su embajada para que chilenos se asilaran. Que llegará alguien exiliado a la capital, era un acontecimiento.

Recuerdo haber ido a un departamento subterráneo,  con ventanas pequeñas que daban hacia una calle céntrica. Quedaba en Adams Morgan, el barrio latino de la capital.  Ahí conocí a la exiliada recién llegada y a sus dos hijos. Uno de ellos era un poco mayor que yo, tenía grandes ojos, cristalinos, y era muy tímido.  El otro debe haber tenido cerca de dos años. Ellos eran Verónica De Negri y sus hijos Rodrigo Andrés y Pablo Salvador.

Para Rodrigo, era el reencuentro con su madre.  Había viajado a visitar a su abuela a Canadá en 1976 y esa visita se transformó en un largo limbo, ya que después de su partida a su madre la arrestaron por su supuesta participación en una imprenta clandestina en su nativo Valparaíso.

Verónica era militante comunista. A ella la torturaron en la base naval y fue víctima de repetidas violaciones por parte de sus captores. Tres Álamos fue el lugar donde posteriormente la trasladaron, a la espera de su sentencia. En este campo de concentración, fue nuevamente víctima de violaciones – no solo por parte de sus captores – sino también con el uso de ratones.  Perdonen mi  crudeza, pero creo que es necesario informar  a la gente el horror de la tortura, para que hagan suyo el dolor y la humillación que las victimas vivieron.  Solo así se podrá comprender el clamor de un “Nunca Más”.

Durante casi un año, Verónica estuvo sujeta a los abusos por parte de sus celadores. Finalmente,  la condena fue el exilio.

A Rodrigo lo vi intermitentemente durante varios años.  Fue creciendo, con la idea fija de volver a Chile, como todos los que vivían alejados del país por miedo –en el autoexilio–  o producto de portar una “L” en el pasaporte.

Lo volví a encontrar  en mayo del año 1986. Él venía llegando a Santiago. Fotografiaba el funeral de Ronald Wood, también asesinado por un militar que le apuntó a la cabeza al joven universitario que cantaba el Himno de la Alegría, junto a una treintena de personas.  Tres  fueron los disparos, dos a la cabeza y uno en la mano.

Poco más de un mes después,  nuevamente me encontré con Rodrigo. Sería nuestro último encuentro, dado que asistí a su funeral.

Rodrigo había vuelto a Chile, con su cámara al hombro y el sueño de publicar un libro de fotografía en Estados Unidos.  Ni siquiera debía estar en Chile.  Su boleto tenía el destino de Machu Pichu. Pero después de  visitar a su abuela en Arica se subió a un bus con rumbo a Santiago. No pudo abandonar su tierra. Como muchos de nosotros, él quería ser testigo de la represión que, nos contaban, ocurría. Y como muchos de nosotros, quiso participar de las protestas y unir su voz, a las que gritaban: “¡Basta, ya!”

Todos sus sueños fueron truncados ese 2 de julio, cuando le tendió la mano a Carmen Gloria Quintana que se habría caído en su intento de huir de la patrulla militar que repentinamente llegó al lugar donde se levantaba la barricada, en esa calle cercana a la Estación Central.

Fueron golpeados por los soldados y tendidos en el suelo. Los rociaron con la bencina que había en el lugar, dejada por los que huyeron. Luego les prendieron fuego.  Imagine usted, ese dolor, los gritos de dolor.

Posteriormente, los envolvieron en frazadas y los trasladaron  a Quilicura, donde los arrojaron a un zanjón de regadío.  Los dejaron ahí,  para que fallecieran. Fueron encontrados ahí por lugareños y trasladados al SAPU de la comuna. Hoy, ese centro asistencial lleva como nombre “Rodrigo Rojas De Negri”.

Cuatro días más tarde, producto de las quemaduras sufridas,  Rodrigo murió en la Posta Central.  Carmen Gloria tuvo que sobreponerse a un sinfín de operaciones, pero sobrevivió.

Transcribo estos recuerdos porque durante estas semanas he leído como algunos quisieran contextualizar la violencia ejercida por el Estado, durante el periodo de la dictadura. Recuerdo y sufro,  porque sé que mi pluma no tiene la capacidad de mostrarles la pureza de alma de Rodrigo y me siento impotente ante la injusticia de los hechos –y ante la injusticia de tantos hechos– que algunos quisieran justificar.

Solo puedo decir, escribir, reiterar y recalcar: No hay justificación alguna.

Rodrigo Rojas, mañana yo conmemoro ese fatídico encuentro tuyo con la patrulla militar comandada por el teniente Pedro Fernández Dittus. El día de hoy te tengo en la memoria y estas palabras son mi homenaje a ti y a todos quienes fueron torturados, asesinados y exiliados. Es mi firme promesa, quizás más, es mi juramento de un “Nunca Más”.

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Foto: Objetivo Denuncia

Qterida Adriana.
Te estoy adjuntando la carta al Presidente Ailwyn,, opte por escanearla para mandartela y como lo hice con fotos con mis hijos rn diferentes momentos de mi vida decidi mandarlas si es que te pueden server para algo. hay una, la mas Chiquita que me impresiona mucho porque estoy con Pablo y fue tomada para mi document de viaje, mi expression es muy rara y triste ademas que me veo mas vieja de lo que era porque no tenia no 30 agnos. so no te resulta abrir la carta hazmelo saber y ahi la transcribire, hay algunos datos que me parecen interesante contarte, una que la carta la reesacribi muchas veces ya que la primera tenia 24 carillas pero la reescribi muchas veces hasta llegar a esta, por supuesto que la que mande no tenia las correccio0nes que tiene esta, la carta fue muy criticada por la comunidad chilena que encontraban que era muy irresponsible de mi parte esperar que el president la leyera y menos siendo tan larga, lo peor es que ni me lo dijeron a mi si no que se lo dijeron a un amigo miop uruguayo, que con unos cuantos vasos de vino me conto todos los chismes que estaban hacienda los de nuestra comunidad y la otra que tambien es importante , ya te conte algo el otro dia, la embajada aca en Washington me bloqueo la carta y nunca se mando, despues la lleve persinalmente al Ministerio de RR.EE. y tambien me la bloquearon y despues me fui a la cComision de DD.HH. del Cpngreso y finalmente se la entregue a Jose Ailwyn, que no me la recibio de buen gusto, es mas se enojo, y despues yo la selle en mis documentos hasta que mi hijo Pablo me empezo a preguntar por ella, ya que el consideraba que era importante hacerla circular.
Espero que la carta te sirva de algo, pero si te digo que estare encontrando mas documentos que me parecen historicos.
Fue super rico converser contigo, aunque sea a traves del ciber-espacio. Un gran abrazo amiga mio, TQM.
Veronica
Ni perdon ni olvido

Veronica De Negri

12 de Marzo a la(s) 19:44 ·

Mis queridos/as amigos/as, me duele profundamente que hagan uso de mi espacio para vomitar tanta frustración en contra de la Presidenta Michelle Bachelet, y no crean que no los entiendo, no! los entiendo mucho más de lo que Uds. se puedan imaginar, pero por favor no me usen para eso porque en mis casi 69 años, los he pasado en largas luchas internas y externas por buscar el lado positivo de los acontecimientos y sé que no es fácil y Uds. se habrán dado cuenta que muchas veces sale fuerte y no lo puedo contener, pero les aseguro que no es odio es simplemente denuncia y el deseo de seamos capaces de ir a un análisis profundo, que nos demos cuenta como nuestros enemigos están tranquilos en su casa manipulando con nosotras/os para que nos hagamos pedazos porque así logran sus objetivos que tienen muchas formas y fondos, por favor entiendan, y no me cansare de decirlo, los quiero a todos/as y respeto a cada uno/a de Uds., con cada uno de sus puntos de vista, pensamientos e ideologías, yo tengo la mía y muchos de Uds. la insultan sin bases casi todos los días, pero en realidad no me preocupa porque hay hechos de fondo que a mi me hacen estar orgullosa de pertenecer a ella, aunque mucho dolor he vivido por ello, dolor que Uds. también han sentido muchas veces y se han sentido traicionados tantas veces como yo, y por favor entiendan que no les estoy pidiendo que se queden callados, no!, no es eso, yo tengo serios problemas con varias cosas y personajes, pero también quiero tener la paciencia y la energía para empujar verdaderos cambios que vayan a beneficiar a las grandes mayoría de la nación y no para grupos privilegiados, quiero que nuestras riquezas nacionales sean nuestras, que se respeten todas nuestras naciones originarias y todo el resto de la población, que nuestras aguas sean nuestras, que respetemos todo nuestro medio ambiente en toda su diversidad, la educación, que seamos capaces de volver a tener una educación que no solo sea gratuita y de calidad, donde el desarrollo del pensamiento crítico juegue un rol importante en el desarrollo de los programas nacionales y además que nos permita ser personas activas en nuestra sociedad, de desarrollar un sentimiento de empatía hacia el resto de la humanidad, que al arte juegue un rol en nuestras vidas, bueno no los quiero marear porque lo que quiero es que nos entendamos y dejemos estas peleas y descalificaciones entre nosotros que nos tienen estancados y en parte eso también me hace tener tanto dolor porque me doy cuenta que no solo tenemos la Constitución de Pinochet pero su pensamiento nefasto de odio y destrucción se metió en nuestra nación y duele, duele profundamente.
 Días atrás hubo marchas, gritos, disfraces, saludos y bla, bla bla..., pero me doy cuenta que hay mucha falta de respeto hacia la mujer, y entiéndanme, lo poco y nada que Chile ha avanzado se lo debe a la fuerza y valentía de la mujer, que con inteligencia, fuerza militante, amor a la humanidad porque no quiere que estos hechos tan violentos y destructivos de vuelvan a producir y se ha enfrentado tanto a la brutalidad y odio de unos, como a la manipulación diplomática de otros, lo digo así porque no encuentro el termino más adecuado para expresarlo, tampoco eso quiere decir que no valorice el rol que los hombres han jugado en esta lucha, no se olviden que para mí son parte activa de la vida y tuve tres hijos a los que amo muy profundamente así como a mi padre, mis hermanos, mis camaradas, amigos, pero a veces me frustra tanto verlos como también nos tratan de destruir para mantener nuestra cabeza gacha, y busco y rebusco en mi que poder hacer para cambiar todo esto, como es lógico de suponer nadie puede hacerlo solo, tenemos que hacerlo todos juntos y ya es tiempo que aprendamos a comunicarnos, a ser capaces de discutir y discrepar sin herirnos, pero entendamos que Michelle no es Evita, Evita es Argentina y corresponde a otra realidad, Michelle es nuestra presidenta, nos guste o no nos guste, y ayudemos a hacer cambios y mantengamos nuestra vigilancia para cada vez que alguno de estos seres que no nos representan y buscan intereses mezquinos los denunciemos, pero seamos pacientes y antes de poner estos posteos pensemos un poco y no seamos tan ligeros y meternos a todos en su mambos, yo tengo un pensamiento crítico y estaré alerta y vigilante, pero también me daré el espacio para reflexionar, quizás no tenga la inteligencia de muchos de Uds. pero hago tremendos esfuerzos para no herir y quiero hacer un aporte positivo, no siempre se logra, pero piensen llevo 37 años en el exilio y con terror veo que mi vida se va apagando, que estoy perdiendo hasta mi vocabulario' Dejen a Michelle ejercer su poder y empujemos para que lo pueda hacer, pero de una forma positiva.
 LES VOY A CONTAR ALGO DE NUESTRA PRESIDENTA POR LO QUE YO ESTARE ETERNAMENTE AGRADECIDA HASTA MI ULTIMO RESPIRO, aunque me enojé muchas veces con ella por otras cosas y lo cuento porque ella nunca a tomado créditos por hechos que valen, además que quiero que jóvenes que sueñan sentirse revolucionarios y hacen actos que ni siquiera tienen conciencia por que lo hacen y no saben lo que es exponer la vida por amor a la humanidad, cuando mi Rodrigo Andrés Rojas De Negri murió, la Presidenta Michelle Bachelet trabajaba en la Posta Central y se las ingenio y logro zafarse de todos los seres oscuros de la Posta y tomo el control y la responsabilidad de ella, que fue los que nos permitió salvar a Carmen Gloria Quintana, fue gracias a ella, que se la pudo trasladar al Hospital del Trabajador, si ella no se hubiera jugado por Carmen Gloria ella quizás hoy día no podría ser nuestro testigo viviente, y por favor no es que le este quitando los merecidos créditos que Carmen Gloria tiene. También durante la madrugada los milicos fueron a sacar a Rodrigo, que estaba ya muerto en el subterráneo de la Posta Central ella se les enfrento y no los dejo robarse el cuerpo de Rodrigo y para los que no vivieron esos momentos, ese puro hecho era exponerse a ser ejecutada, o brutalmente torturada y ella lo hizo y como les dije antes nunca ha hecho mención del hecho.
 Espero no haber herido a nadie, porque no ha sido mi intensión, ahora si alguien quiere borrarme como amiga está bien, pero yo no lo hare porque como se los he dicho muchas veces en distintos escenarios los quiero a todos y todas y les estoy muy agradecida por todo el cariño y apoyo que me han brindado en estos largos años de lucha y humildemente les doy las gracias por darme este espacio.

Principio del formulario

  • AFEP interpone querella por Rodrigo Rojas De Negri

    4 julio, 2013 5:32 am

    “El 2 de julio de 1986, día de Paro Nacional, siendo aproximadamente, las ocho de la mañana, Rodrigo caminaba por una de las calles del Barrio Los Nogales, de la comuna de Estación Central, junto a un grupo de jóvenes (…). Fue en esas circunstancias que fueron interceptados por una patrulla de soldados que inició la persecución de los jóvenes. Rodrigo Rojas De Negri y Carmen Gloria Quintana fueron apresados y brutalmente golpeados con las culatas de los fusiles. Sus captores, luego de reducirlos completamente, los tendieron en el suelo, los rociaron con combustible e hicieron arder como piras humanas.

    Ésta es parte de la descripción de los hechos redactada en la querella interpuesta por Alicia Lira de laAgrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, y Verónica De Negri, madre del fotógrafo de diecinueve años, Rodrigo Rojas De Negri, quién fuera quemado vivo junto a Carmen Gloria Quintana, en medio de una jornada de protesta llamada por la Asamblea de la Civilidad el 2 y 3 de julio del 1986, en la comuna de Estación Central. La acción es interpuesta ante “todos los que resulten responsables”.


    Verónica De Negri en los tribunales, junto a Alicia Lira de AFEPSu madre, Verónica De Negri establece: “Para nosotros es muy importante también conocer la verdad, saber por qué se llevó solamente a un sólo hombre a la Justicia y no a los 33 hombres que quemaron a Rodrigo, y que conformaban la patrulla militar. Ahí había tres policías secretos de Pinochet. Y yo quiero saber porque estaban esos tres hombres para quemar vivo a mi hijo. Estamos a 40 años del Golpe Militar y a veintisiete años de que quemaron a Rodrigo y a Carmen. Me parece que ya es tiempo y que es realmente brutal que hasta la fecha, nunca se hubiera hecho nada…”

    LA QUERELLA QUE FALTABA

    Alicia Lira, presidenta de la Afep nos responde sobre lo importante que era interponer esta acción judicial:

    ¿Cuál es el principal objetivo de la querella criminal presentada por la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos y Verónica De Negri, madre de Rodrigo?

    Nuestra Agrupación presentó la querella por el crimen de Rodrigo Rojas De Negri porque en la patrulla que los quemó, hubo un solo condenado, cuando fue una patrulla de al menos seis militares. La causa primero paso a la Fiscalía Militar, lo que no da ni dio garantía de un justo proceso. En cuanto a lo civil, el abogado que llevaba la causa no se acuerda en que quedó en lo civil, entonces lo hicimos a pedido de Verónica De Negri porque a 27 años que asesinaron a su hijo, no ha tenido justicia.

    ¿A su parecer, ¿cuáles han sido las condiciones que han permitido tanta impunidad en el caso de Rodrigo Rojas?

    La impunidad que ha existido en el caso de Rodrigo es porque el proceso lo llevó la Fiscalía Militar, por lo cual ellos fueron “juez y parte” en este proceso, en un crimen de Lesa Humanidad. A Rodrigo lo quemaron el 2 de julio muriendo el 6 de julio, a raíz de una larga agonía.

    ¿Desde la AFEP se piensa entablar nuevas acciones legales, sobre otros casos, en un año tan emblemático como éste?

    No porque de los 1200 casos que no tenían querellas, ya la presentamos. Excepto que tengamos otro caso parecido al de Rodrigo.

    declaracion Verónica Denegri y Alicia Lira

    Publicado el 29 sept. 2013

    Una exposición en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) Quinta Normal sobre la obra del fallecido fotógrafo Rodrigo Rojas De Negri -quien murió el 6 de julio de 1986 tras ser quemado vivo junto a Carmen Gloria Quintana por una patrulla militar de la dictadura- podrá ser vista entre el 27 de septiembre y el 6 de noviembre, como parte de la programación “A Cuarenta Años del Golpe” del museo.

    Ésta es la primera muestra de fotografías del joven fotógrafo y es fruto de una investigación impulsada por Verónica De Negri, madre de Rodrigo, y realizada por la curadora de la Sala de Fotografía Emergente del MAC, Montserrat Rojas Corradi, además de un equipo compuesto por los investigadores Lucy Quezada y Jaime Cuevas. Lleva por título “Un exilio sin retorno”.

    El archivo de Rojas De Negri está compuesto por alrededor de 1.400 imágenes, entre negativos, diapositivas, fotografías en blanco y color. Éste incluye desde sus primeras imágenes tomadas en el exilio en Washington, EE.UU., junto a su madre y hermano, hasta los registros que realizó durante su viaje a Chile en 1986. Además de estas fotografías, esta investigación incluye un documental actualmente en desarrollo, realizado por Michael Gómez Muñoz, Tarix Sepúlveda y Mariano Díaz Miranda.

    La exposición en MAC Quinta Normal presenta más de cuarenta fotografías y alrededor de treinta diapositivas que cristalizan la mirada de Rodrigo Rojas respecto de tres temáticas: el exilio en Washington, EE.UU; el retrato a poblaciones y primeras protestas ciudadanas en Chile; y los retratos de su familia. Esta variedad de registro da cuenta de un fotógrafo integral, que utilizó la cámara fotográfica como una extensión de su cuerpo.

    La curadora Montserrat Rojas Corradi y la investigadora Lucy Quezada comentan respecto de la muestra: “El acercamiento de Rodrigo Rojas De Negri a la fotografía obedece a la melancolía del exilio, la nostalgia y su inquietud por retornar a Chile. Fue su infinita curiosidad por la vida, las situaciones familiares y momentos políticos lo que marcó su historia.”

    Junto a la obra de Rojas De Negri también se exhibe, en MAC Parque Forestal, “Prueba de vida. Chile, 1973-1990″, de Marcelo Montecino y “Recuerdo de Roland (Un souvenir)”,homenaje al diplomático francés Roland Husson. Todas forman parte de la iniciativa “A Cuarenta Años del Golpe” en la que el MAC y el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos se han unido.

    Cabe consignar que la figura de Rodrigo Rojas Denegri ha sido recordada por el grupo Illapu, que le dedicó la canción “Para seguir viviendo”, que forma parte del disco homónimo (1986). Asimismo, el dúo Quelentaro dedicó una copla titulada “Rodrigo Rojas”. Por su parte, el Consejo de la Cultura creó en 2006 el premio de fotografía Rodrigo Rojas De Negri.

    Hasta ahora sus fotografías se conocían sólo en algunos círculos, situación que viene a ser corregida por esta muestra.

     

Memoria invisibilizada. La muerte del capitán Heyder, la DINA y Colonia Dignidad

La muerte del capitán Heyder, la DINA y Colonia Dignidad

―Tremenda tragedia esta, ¿no le parece a usted, señorita?― preguntó a Adriana Heyder Goycolea la mujer que iba sentada al frente de ella en el tren entre Santiago y Talca, la fría tarde del 8 junio de 1975. Quien le buscaba conversación era una típica viajera de tren del Chile de los años 70: edad media e indefinible, más bien gruesa, vestida en forma humilde y con un canasto en cuyo interior se adivinaban sandwichs y un pequeño termo.

Adriana había llegado recién esa mañana a Chile, en un vuelo de Lufthansa. Estaba cansada, confundida y no vestía apropiadamente para la ocasión. De unos treinta años, delgada, buenamoza y con aspecto de “niña bien”, llevaba el cabello largo, unos jeans gastados y un suéter rojo. Parecía una típica turista extranjera, pese a que es chilena.

―¿De qué me habla?― preguntó a su interlocutora, saliendo del ensimismamiento en que iba.

―De esto, pues señorita, de este pobre capitán que mataron― le respondió mostrando la portada del diario que iba leyendo, fechado un par de días antes. Había un título muy grande, que decía algo así como “terroristas secuestran y asesinan a capitán de Ejército en Talca”. Debajo se exhibía una foto del malogrado, un hombre joven con uniforme de oficial, parecido a James Dean.

―Él era mi hermano― le contestó Adriana, con una seriedad que seguramente dejó pasmada a su vecina de viaje, quien de inmediato le ofreció sus condolencias y un café.

Tres días antes, el 5 de junio, los padres de Adriana, Osvaldo Heyder Montoya y Lola Goycolea, recibieron en su casa del barrio universitario de Concepción un llamado que alteró sus vidas para siempre.  Esa jornada, tras el teléfono, un militar les preguntó si sabían algo de Osvaldo, capitán en el regimiento de Talca. Respondieron que no y entonces les comunicaron que dos días antes ―el 3― su hijo, el capitán de Ejército Osvaldo Heyder Goycolea, había desaparecido a eso del mediodía, a bordo de su citroneta.

El capitán Osvaldo Heyder

Dos días más tarde, hallaron el vehículo en las cercanías de la Torre Entel, con el cadáver de su jefe adentro. Una burda autopsia realizada por un legista ad hoc estableció que el cuerpo presentaba una herida a bala transfixiante ―es decir, con  salida de proyectil― en el cráneo, que lo atravesaba a la altura de los pabellones auditivos, de derecha a izquierda. Ello se compadecía con el supuesto hecho de que en su mano portaba un revólver Rossi, calibre 38, pero la verdad es que de nada de ello quedaron: fotografías, pericias balísticas, nada que pudiera confirmar lo que decía el médico en su informe. Ni siquiera se sabe dónde está el arma, hecho que es esencial en esta trama.

Los Heyder viajaron lo más rápido que pudieron a Talca, en cuyo regimiento fueron recibidos en el regimiento de Talca como los padres de un héroe. Claro. Les explicaron que su hijo era un héroe del anticomunismo, pues extremistas del MIR lo habían asesinado, rojos de rabia, al saber que el capitán estaba tras la pista de una supuesta internación ilegal de armas.
Tres días más tarde Adriana por arribó a Talca y sus padres le repitieron la versión oficial. Ella, quizá por instinto, entendió que algo no cuajaba y se plantó frente al comandante del regimiento.
―Llevo cuatro años viviendo sola y no tengo problemas en aceptar la verdad. Dígame lo que pasó.
―Su hermano se suicidó. Tenía problemas, pues había tomado plata de la tropa― fue la respuesta del uniformado.

El viaje

Lo más lógico fue aceptar la versión oficial, la de la muerte en manos de extremistas. El Ejército decidió que Heyder sería sepultado en Santiago y mientras su cuerpo era velado en una capilla ardiente, se decidió bautizar allí mismo, al lado del cadáver de su padre, a la hija menor del capitán, Claudia, que tenía 41 días de nacida.

En el funeral, un capitán leyó un emocionante  discurso sobre el difunto, en el cual aseguraba que el 1 de enero de 1975 había sido transferido al regimiento Talca, y destacó sus cualidades humanas profesionales.  Cuando estaban a punto de llevarse el cuerpo al cementerio, alguien dio una contraorden y el cadáver fue trasladado al Servicio Médico Legal, a fin de efectuarle una segunda autopsia (ya habían practicado una en el hospital de Talca).

Luego los Heyder regresaron a Concepción.

Una semana más tarde, sonó nuevamente el teléfono. Era un oficial de la Tercera División de Ejército.

―Mi general Pinochet está en la ciudad y quiere reunirse con ustedes, para darles su pésame. ¿A qué hora podemos mandar un vehículo a buscarlos?― preguntó el militar, asumiendo que ellos correrían al encuentro del capitán general. No se equivocaba.

Nerviosos, los Heyder se vistieron con sus mejores ropas y esperaron ansiosos el momento en que apareció un Mercedes Benz blindado, que los trasladó hasta el regimiento Guías, ubicado en el acceso a la ciudad.

Los hicieron quedarse algunos minutos en una oficina y desde allí los llevaron al casino del regimiento. Pinochet los esperaba en un rincón. Pese a que no era muy alto les pareció gigantesco, tan dueño de sí y con cara de compungido, vistiendo su uniforme plomo con charreteras rojas y doradas. Detrás de él había tres o cuatro militares más y varios civiles que nadie sabe que función cumplían ahí.

Pinochet se acercó. Abrazó a los padres de Adriana y a ella le dio un beso en la mejilla. Con su voz carrasposa, tomó del brazo a Osvaldo Heyder y a Lola Goycolea, los miró fijamente a los ojos y se dirigió a la madre.

―Señora, usted tiene que estar orgullosa de haber perdido un hijo por la patria.

Los padres del capitán se quebraron por unos segundos. Sacando la voz, Osvaldo Heyder le pidió que se preocupara de la viuda y las tres niñas que había dejado su hijo.

―No se preocupen. Yo voy a hacer todo lo posible para que estén bien- le respondió.

La reunión fue muy breve, no más que esas y algunas otras frases de cortesía. Osvaldo Heyder padre decía que se trataba de un reconocimiento público a lo que su hijo había sido en vida. Si bien no estaba feliz, al menos se lo veía tranquilo por primera vez después de varias semanas.

Los días siguientes la tesis del homicidio por parte de terroristas comenzó a tomar mucha más fuerza. Prácticamente todos los días, en los diarios de circulación nacional, aparecían informaciones sobre las pesquisas destinadas a detener a los autores del homicidio del capitán, en una investigación incoada por la Fiscalía Militar de Talca. A medida que iban apareciendo las noticias, parecía evidente que todo lo que se había dicho oficialmente se confirmaba. Un día se mencionaba que había 25 guerrilleros detenidos, otro día que se había detectado un nuevo intento de los terroristas por ingresar clandestinamente a Chile. Los militares respondían a todas las preguntas con evasivas, como “no podemos confirmar ni desmentir la información aparecida hoy en el diario, en el sentido de que tenemos a varios detenidos por el crimen”.

Las noticias sobre la muerte de Heyder fueron dando paso a otras informaciones inteligentemente urdidas, sobre la presencia de un verdadero ejército guerrillero del MIR que se preparaba, desde Argentina, para prácticamente invadir Chile, pero pocos se dieron cuenta de ello.

A fines de julio Adriana debió regresar a Alemania, donde trabajaba. El terminal aéreo de Pudahuel tenía un gran movimiento cuando llegó. Muchas lágrimas, quizá más de las habituales, corrían por los pasillos.

Ya en vuelo, a las pocas horas de viaje varios pasajeros comenzaron a ponerse de pie, a circular, a buscarle conversación a los otros. Repentinamente ella se vio en medio de un grupo formado por otros tres chilenos. Uno de ellos, que estaba sentado a la orilla y no llevaba equipaje alguno, de unos 45 años y pelo largo negro, iba con mucha cara de tristeza, pero compuesto. Ante una pregunta sobre su destino comentó que no se iba de viaje ni nada parecido.

―Me echaron del país. Me voy exiliado― explicó con dureza.

Se produjo un silencio incómodo, que alguien rompió al preguntarle a Adriana si iba de vacaciones a Europa. Claramente, ella era una niña de buena familia y el curioso pasajero obviamente no esperaba ninguna sorpresa incómoda de parte de ella.

―No, yo vivo en Alemania. Vine a Chile a un funeral.

―¿Quién se murió?

―Mi hermano. Lo mataron― disparó ella llena de rabia, dispuesta a que alguien le preguntara qué había pasado.

Como era lógico, todos se sobresaltaron por la respuesta. El mismo que había hecho la pregunta inicial, aparentemente sin escarmentar sobre su falta de delicadeza, la interrogó sobre quién era su hermano. Ella les contó. El exiliado, que observaba toda la escena sin sobresaltos y siempre sentado, tomó de nuevo la palabra.

―A tu hermano no lo mataron los del MIR. Lo mataron los mismos milicos. Créeme. 

El correo

Por cierto, Adriana siguió durante muchos años creyendo en la versión oficial, pero eso cambió a partir de 1995, cuando el eficientísimo correo alemán la encontró (se había cambiado de casa) y le  entregó un sobre anónimo que le habían enviado desde Chile a su dirección antigua.

Adentro lo único que encontró fue una fotocopia de una página del diario La Época, de Santiago, fechado el 28 de septiembre de 1992. Había un gran título que rezaba “La muerte de los duros. Las huellas de posibles ajustes de cuentas y venganzas en organismos de seguridad”. Firmado por la periodista Alejandra Matus, el texto contaba la muerte de varios militares, supuestamente cometidas por otros uniformados, en vendettas cometidas por y entre organismos de seguridad del régimen militar.

Desconcertada, quizá olvidando lo que le habían dicho en el avión, siguió leyendo, sin entender de qué se trataba, hasta que llegó a un subtítulo que rezaba “el capitán sensible”.

Tuvo que sentarse al leer el contenido del artículo. Allí, un ex mirista llamado Erick Zott narraba que en enero de 1975 había sido detenido en Valparaíso junto a más de 20 militantes de ese grupo, y que cuando estaban recluidos en el regimiento Maipo de Valparaíso, un capitán de Ejército, que se presentó ante ellos como Osvaldo Heyder, les dijo que era el jefe del Servicio de Inteligencia Militar del regimiento y que se preocuparía de que su estancia fuera lo más tranquila posible.

Zott aseveraba que dicha actitud humanitaria ―que no creyeron al principio― derivó en un enfrentamiento que tuvo lugar frente a los presos, entre Heyder y otro oficial, el teniente Fernando Laureani Maturana, jefe de la agrupación “Vampiro” de la DINA, lo que se produjo cuando Laureani trató de llevarse todos los presos de allí, a lo que Heyder se opuso. Pese a que Laureani tenía menor grado que Heyder, en los hechos él pertenecía a las estructuras de élite de los organismos de represión, mientras Heyder era un simple oficial “de las filas”. En resumen, tenía mucho más poder que el capitán.

Zott argumentaba que estaba seguro de que dicha postura por parte de Heyder, que se había traducido en lograr que varios de los presos quedaran en el regimiento y no fueran conducidos a las cárceles secretas del régimen ―entre ellas Colonia Dignidad― les había salvado la vida.

De hecho, ocho integrantes del grupo de miristas que Heyder no pudo retener en el regimiento siguen figurando hoy en las nóminas de detenidos-desaparecidos. Sólo algunos de los que se llevó Laureani, como Zott, lograron sobrevivir, mientras que todos aquellos que se quedaron en poder de Heyder no sólo siguieron con vida, sino que recibieron un trato digno y humanitario mientras estuvieron en manos del capitán.

Tras varios años buscándolo, Adriana finalmente encontró a Zott en Austria. Este le reafirmó la historia y además le contó que en el operativo de exterminio en contra de Osvaldo no sólo había participado la DINA, sino también la Colonia Dignidad.

El crimen

La que parece ser la simiente del asesinato de Heyder el 17 de enero de 1975 de la mano de la Agrupación “Vampiro”, uno de los brazos de a Brigada “Caupolicán” de la DINA, que estaba dedicada a la represión del MIR.

Tras una serie de detenciones de militantes del MIR en la Región Metropolitana, los “Vampiro” tornaron sus ojos hacia la Quinta Región, donde sabían se había refugiado una parte importante de miristas que habían escapado de Concepción, ciudad donde corrían peligro. Comandados por el mayor Marcelo Morén Brito, secundados por Laureani y acompañados por la ex mirista Marcia Merino, los DINA llegaron en un helicóptero “Puma” al Regimiento Maipo y comenzaron su tarea. El día señalado, Mónica Medina, en ese tiempo pareja de Erick Zott, fue aprehendida en Santiago. Un poco más tarde Zott cayó en Viña del Mar y luego le llegó el turno a Alfredo García Vega, de 30 años. Después arrestaron a Fabián Ibarra, de 27 años, su conviviente Sonia Ríos, de 30, y Carlos Rioseco, de 26 años. Al día siguiente, los agentes encontraron a quien ellos creían era uno de los más importantes jefes del MIR en la Quinta Región, Alejandro Delfín Villalobos Díaz, más conocido como “El Mickey”, quien fue emboscado en una casa de calle Montaña, donde se produjeron la mayor parte de las detenciones anteriores. Pese a que las autoridades dijeron que “El Mickey” había sido encontrado muerto en Santiago, existen testimonios de que fue asesinado allí mismo.

A este respecto, la única hoja de vida del capitán Heyder que se encontraba en el sumario original seguido tras su muerte, consignaba que por esos días se desempeñaba como jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) del regimiento. En su parte final, como acción destacada, la hoja muestra una felicitación por su actuación en un operativo realizado por la DINA entre el 17 y el 28 de enero de 1975 en Valparaíso, en el cual “se logró destruir 12 organizaciones del MIR, capturándose a varios extremistas, entre ellos al cabecilla, apodado‚ El…”

Pese a que no está la página siguiente, se trataba de “El Mickey”, muerto el 19 de enero. Dos días más tarde, Horacio Carabantes fue detenido en Viña y el 24 de enero María Isabel Gutiérrez y su novio, Hernán Brain, fueron aprehendidos por los integrantes de la DINA en Quilpué y luego llevados al Maipo. También llegaron allá Abel Vilches, detenido el 27 de enero luego que los hombres de Laureani mantuvieran a su familia secuestrada por dos días, y Elías Villar, arrestado el mismo día en Valparaíso. Amén de los mencionados anteriormente (todos los cuales desaparecieron, a excepción de Zott, Medina y Brain) fueron privadas de libertad al menos otras 12 personas, y todas ellas fueron recluidas en el Maipo.

El policía bueno

Mientras allí se encontraban se les presentó un oficial vestido de uniforme: el capitán Heyder. Hombre de ideas prusianas y formado en medio de los ideales del honor militar, se paró delante de los presos, les dijo cómo se llamaba, cuál era su cargo y preguntó cómo estaban.

―También les preguntó en qué los podía ayudar. Al principio desconfiaron de él, pues creyeron que estaba haciendo el papel del “bueno”, pero pronto Erick estableció mucha empatía con él. Conversaron mucho en ese tiempo― cuenta Adriana, quien asegura que no se conocían previamente, aunque ambos eran de Concepción, más o menos de la misma edad y del mismo sector, al igual que otra de las protagonistas de esta tragedia: Marcia Merino, más conocida como “la flaca Alejandra”, quien sí conocía a los Heyder de la infancia común en Concepción.

Zott relata que Heyder le contó que había presenciado la muerte de “El Mickey” y que “ese hecho había sido determinante en él para distanciarse ante nosotros de los métodos de los DINA, llegando a manifestar su disposición a alivianarnos nuestra estadía en el regimiento, así como facilitarnos la información del curso de las investigaciones, para estar mejor preparados en los careos e interrogatorios… con el correr de los días, fuimos comprobando que no se trataba de una clásica y conocida maniobra. Sus periódicos acercamientos y confidencias fueron incondicionales y de verdad alivianaron ese horror”, recuerda Zott.

Mónica Medina, en tanto, rememora que tras haber estado en Villa Grimaldi, su paso por el Maipo fue “una taza de leche”, pues asegura que “el capitán se esmeraba en que todo estuviera dentro de las reglas legales”. Relata que tras ser detenida la llevaron a Villa Grimaldi y luego a Valparaíso, al regimiento Maipo.

―Ahí me arrastraron a una pieza, donde en el piso, apoyados en una especie de vitrina larga que dividía la pieza, había dos compañeros. Después de un rato apareció ese militar, Osvaldo Heyder. Dos soldados me sacaron de ahí para llevarme a una pieza donde había una cama. Allí quedé custodiada por un soldado al cual le rogué que me diera agua. Cuando por fin lo logré convencerlo vino el capitán, que lo subió y lo bajó. Luego le explicó que si me daba agua me mataba, por la tortura con electricidad. Luego de ello, Mónica Medina dice que no recuerda mucho más, hasta que abrió sus ojos y descubrió que estaba en un hospital.

―Cuando desperté en el hospital estaba un médico y el capitán, que me dejaron ver a la compañera de Carabantes (hoy en día desaparecido), que acababa de dar a luz mellizos. Luego de eso volví al regimiento. Allá los de la DINA eran los que llevaban la voz cantante. Yo escuché que ellos tenían pugnas con el capitán Heyder, ya que él quería dejarnos en Valparaíso y aplicarnos la ley, lo que la DINA no estaba interesada en hacer.

Zott cuenta que la medianoche del 27 de enero “el capitán Heyder se me acercó una vez más para informarme que la DINA había dado por terminado el operativo en Valparaíso, a fin de trasladar a Santiago a todos los que allí estábamos detenidos. Acto seguido me consultó de qué manera nos podía ayudar, reiterándome sus enormes limitaciones y lo delicada que era su situación. Yo le sugerí que bajo el pretexto de continuar las investigaciones pendientes, tratara de dejar el máximo de detenidos posibles a su cargo, particularmente a mujeres”.

Heyder, de ese modo, logró retener a 12 luego de un fuerte alegato con Laureani, que se desarrolló delante de los presos. Otros 12 – entre ellos Zott- fueron subidos la madrugada del 28 de junio a un camión frigorífico y llevados a Villa Grimaldi. Ocho siguen desaparecidos.

La muerte

Tras la muerte de Osvaldo Heyder, el ejército le efectuó todo tipo de homenajes. En su funeral, un capitán leyó un emocionante  discurso sobre el difunto, en el cual decía que el 1 de enero de 1975 había sido transferido al regimiento Talca, lo cual es una falsedad absoluta, pues ello ocurrió el 13 de febrero (es decir, sólo dos semanas después que terminara el operativo de la DINA en la Quinta Región).

No fue lo único turbio que hubo en las exequias. Al hecho de que antes de enterrar el ataúd se lo llevaran para hacerle una segunda  autopsia, esa vez en el Servicio Médico Legal, se sumó la presencia de extraños personajes, como un oficial de Ejército que se acercó a Osvaldo Heyder padre para decirle que su hijo se había suicidado por líos de faldas y que habían arreglado todo para que pareciera un suicidio, a fin de que su viuda pudiera recibir la pensión correspondiente. A principios de 2002, cuando Adriana viajó a Chile para contratar al abogado Hernán Fernández, objeto de reabrir la causa, le mostró a su padre dos fotografías y le preguntó si reconocía a alguno de los hombres que le mostraba.

―¡Claro! Este es el tipo que me dijo que Osvaldito se había suicidado― gritó al reconocer una foto de los años mozos de Marcelo Morén Brito, quien ―ahora se sabe― llegó a Talca en la tarde del 5 de junio, con el fin de “aclarar” lo  acontecido.

La versión del asesinato en manos de miristas tampoco cuenta con sustento alguno, en primer lugar, porque el SIM no estaba dedicado a la represión directamente, sino a prestar apoyo a la DINA. De hecho, no se conocen casos de agentes del gobierno militar asesinados por miristas, pero sí está comprobada la muerte de agentes de esa administración a manos de sus propios camaradas. Al respecto, Zott asevera que él, durante mucho tiempo, se dedicó a investigar lo que había ocurrido con Heyder, quizá con algún cargo de conciencia por no haber podido hacer nada por devolverle la mano, y efectuó diversas consultas sobre una posible participación del MIR en el hecho.

―Todos los resultados fueron y son hasta hoy negativos, pues ningún militante o estructura del MIR aparece, de alguna manera,  vinculada a este crimen. Por el contrario, el capitán Heyder carece de los más mínimos atributos como para haberse transformado en el primer y último objetivo, entre 1974 y 1978, de las acciones armadas del terrorismo de izquierda― argumenta.

A los testimonios de los presos del Maipo ―a los que se sumaron, por ejemplo, Hernán Brain y Mónica Medina― respecto del buen trato recibido de parte de Osvaldo Heyder, se agregó un importante elemento: lo dicho por Hugo Bäar. Si bien lo anterior podría parecer medianamente vago, la verdad es que cobra mucho más peso por un nuevo testimonio de Erick Zott, el cual conversó varias veces con Baar en 1985, puesto que ambos testificaron en Alemania en el juicio que allí llevaba Colonia Dignidad contra Amnistía Internacional, luego que esta agrupación acusara al enclave de ser un centro de torturas (Zott también estuvo detenido en ese lugar).

De acuerdo a un documento protocolizado ante el cónsul chileno en Viena, el 23 de octubre de 2002, cuando se estaba efectuando el juicio, Zott estuvo en una conversación entre Walter Rövenkamp (gerente de Amnistía) y Hugo Bäar, quien “reconstruyendo pasajes importantes de sus responsabilidades en esta colonia, entre otras cosas relató que en aquel entonces (a mediados de los años 70) él estaba encargado de administrar la armería de la colonia y de esta manera se enteró que en el invierno chileno de 1975, dos miembros de la Colonia Dignidad, a quienes identificó y cuyos nombres no recuerdo, participaron en un atentado en contra de un oficial del ejército chileno en la ciudad de Talca. Hugo Bäar recibió el arma de vuelta y estos dos miembros de la colonia se ocultaron temporalmente en el sur de Chile”.

Y otro detalle, nada menor. Previo al traslado de Heyder a Talca, el Regimiento Maipo recibió desde la Corte de Apelaciones de Valparaíso un recurso de amparo interpuesto en favor de Neftalí Carabantes por su esposa, Liliana Castillo. Hacia mayo de 1975, el regimiento contestó al tribunal de alzada reconociendo que las ocho personas desaparecidas que se mencionaba allí había estado presas y que se les había llevado la DINA con dirección desconocida. No sólo era la primera vez que se respondía con la verdad a un libelo de este tipo en aquellos años, sino que, además, fue la primera vez que desde el propio Ejército se reconoció la existencia de la DINA. Por cierto, no se sabe quién redactó la respuesta al recurso de amparo, pero no es muy difícil entender que quien lo hizo era una persona de una integridad y valentía excepcional.

Colombo

La muerte del capitán Heyder, caso que aún sigue en investigación, sirvió además como punta de lanza para otro tétrico episodio: la Operación Colombo, un plan de inteligencia que consistió en publicar dos “diarios” en Brasil y Argentina, con el fin de informar que 119 miristas se habían muerto entre sí por rencillas internas, en Argentina.

La escalada informativa comenzó tras el asesinato del capitán, cuando las autoridades filtraron a la prensa chilena la especie de que el oficial había sido muerto por miristas que querían infiltrarse a Chile desde Argentina. Luego, de acuerdo a notas de prensa que argüían que dichos antecedentes se habían obtenido gracias a las informaciones recabadas “por la investigación que se sigue en Talca por la muerte del capitán Heyder”, se dijo que había un “ejército” de 2 mil miristas en Tucumán, listo para penetrar en Chile, y así se fue preparando a la opinión pública para lo que venía después.das por distintos tribunales chilenos, al encontrarse desaparecidas y ―como se comprobó más tarde― todas ellas habían sido detenidas anteriormente por la DINA.

Obviamente nadie lo creyó, y de ello da cuenta un cable desclasificado por el Departamento de Estado de Estados Unidos, que relata que “el 15 de julio, LEA, una revista de Buenos Aires que apareció por una sola vez, publicó una lista de 60 chilenos supuestamente asesinados en Argentina, México, Francia, Venezuela y Colombia en una purga interna del MIR. La fuente de LEA es un despacho sin firma de una agencia noticiosa mexicana llamada FONEL, que es desconocida para nosotros. La dirección de LEA no existe. Hay información de que LEA está asociada a grupos de extrema derecha de Argentina”.
El documento señala más adelante que “el 25 de junio, apareció una edición de O Día, de Curitiba, Brasil, con un artículo firmado desde Buenos Aires, aunque sin fecha, con una lista de 59 miristas asesinados en Salta. No hay confirmación -ni negación- en el gobierno argentino de este enfrentamiento. O Dia es una oscura revista y supuestamente mensual, pero sólo han aparecido tres números este año”.

Lee el documento sobre la relación de la Colonia Dignidad y el homicidio del capitán:

Reportaje actualizado y adaptado a partir del reportaje del mismo nombre publicado en noviembre de 2002 en “El Periodista”.

 

 

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74.125.82.195
  • Me golpearon el corazon , Yo hice el servicio militar en el Regimiento Maipo de Valparaiso desde abril del 73 hasta Junio del 75,ademas vivia cerca de su casa en Playa Ancha.
  • Yo nunca crei en su muerte a manos de la izquierda y cuando lo conversamos en una botilleria del barrio llamada Estadio en la cuadra donde yo vivo con un vecino que estaba en la escuela militar ese mismo año, nos parecio extraña su muerte.El capitan Heyder era comandante de la compañia de morteros y yo soldado de la primera compañia plana mayor y servicios. Los pelaos sabiamos que el capitan Heyder era buena tela con los concriptos, pero lo que marco mi vision de el,fue,que el dia del Tancazo en junio del 73 Formada la compañia en el pationos dijo,EL GOBIERNO ES LEGAL Y HAY QUE DEFENDERLO, Yo militante de la jota en ese entonces,sabia que la cosa iba en serio ahora. Vino el golpe y sali de voluntario para ir a Santigo el dia doce de septiembre hasta diciembre del mismo año.
  • Fue el capitan Heyder que hablo con el comandante del regimiento E.Y.M, para que salieramos de civil por los conflictos que se producian con los marinos cuando se estaba franco. El relato de mas arriba lo sabia de ese mismo dia, porque yo estaba de guardia cuando nos dijo que los prisioneros no estaban en buenas condiciones y que no les dieramos agua porque era peligroso para la salud de estos compas del MIR. Esto me mostro una vez mas la calidad humana de este capitan que trataba bien a sus soldados y de muchos otros que un dia rescatare por bien de la memoria historica.
  • Para mi Juan Cancino Sepulveda ex sargento segundo de reserva del ejecito de Chile, contingente 1973, El capitan Osvaldo Heyder Goicolea,merece ser rescatado del olvido infame y mostrarlo como fue, un soldado honesto,un mejor oficial y un ser humano en todo el sentido de la palabra,porque en medio de toda la oscuridad hubieron hombres como el que aliviaron un poco el dolor de muchos. JM.
  • El 22 de enero de 2014, 23:43, HIJXS . VOCES.
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