La memoria y el olvido Detenidos Desaparecidos en Chile. Elías Padilla B.

La memoria y el olvido

Detenidos Desaparecidos en Chile

 

La presente investigación fue presentada en diciembre de 1994 en el Departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, con el título original de: “LA DESAPARICION FORZADA DE PERSONAS EN CHILE. Una expresión de terrorismo de Estado”.

 

Contenido

PROLOGO

I. INTRODUCCION

1.Presentación del problema

2.Objetivos

3.Formulación de hipótesis

4. Método de trabajo

II. LA DICTADURA MILITAR CHILENA 1973 – 1990

1.Marco histórico general y derechos humanos

2.La dictadura militar chilena

3.La Doctrina de Seguridad Nacional en América Latina

4.La Doctrina de Seguridad Nacional en Chile

III. EL TERRORISMO DE ESTADO

1.Algunas definiciones del concepto de terrorismo de Estado

2.El terrorismo de Estado en América Latina

3.El terrorismo de Estado en Chile

IV. LA DESAPARICION FORZADA DE PERSONAS

1.Orígenes de la desaparición forzada de personas

2.La desaparición forzada de personas en América Latina

V. LA DESAPARICION FORZADA DE PERSONAS EN CHILE

1.La desaparición de personas en Chile

2.La impunidad en Chile

3.Análisis descriptivo del caso Chile

3. La desaparición forzada como expresión del terrorismo de Estado

CONCLUSIONES

Lista de detenidos desaparecidos

Anexos

La presente investigación fue presentada en diciembre de 1994 en el Departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, con el título original de: “LA DESAPARICION FORZADA DE PERSONAS EN CHILE. Una expresión de terrorismo de Estado”.

Este trabajo corresponde a la memoria de fin de estudios para obtener la maestría en Sociología. El director fue el Sr. Frédéric Debuyst y los lectores los Srs. Michel Molitor y Rudolph Rezsohazy.

Los datos sobre el número total de casos de detenidos desaparecidos, hasta este momento, han sido incorporados y reactualizados en los análisis. Para tal efecto, se ha considerado el último listado de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos de septiembre de 1995, como a la vez nueva información proveniente de instituciones y organismos de derechos humanos.

…a Nati Zapatero,

por su cariño, colaboración,y su

enorme paciencia sin la cual este

trabajo no hubiera sido posible.

Francis Aynaud, de la ciudad de Arles,

Francia, por su ayuda en la confección

del programa computacional.

A mis padres.

Agradecimientos especiales a

Agrupaciones Familiares de Detenidos Desaparecidos, AFDD,

Los familiares y amigos de las víctimas,

Grupo de Sobrevivientes Testigos,

Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos.

Claudio González, Secretario Ejecutivo de la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas, FASIC.

Carmen Garretón, Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad, Arzopispado de Santiago.

Corporación Servicio Paz y Justicia, Chile, SERPAJ,

Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo, CODEPU,

Grupo de Antropología Forense de Chile, GAF,

Equipo Argentino de Antropología Forense, EAAF.

Guy Bajoit, profesor de Sociología, Universidad de Lovaina,

Diana de Wouters, Secretaria General del COLARCH, Bélgica,

Cécile Rolin, Amnesty Internacional, Bruselas,

Mónica Donoso, OXFAM-Bélgica,

Margarita Björling, Biblioteca del Instituto Latinoamericano, Estocolmo,

Erick Zott, Centro de Estudios sobre DD.HH. de Chile, Viena,

Dieter Maier, Frankfurt.

Carlos Liberona, Isabel Toledo, Jorge Magasich, Pedro Milos, Roberto Merino Jorquera, Pedro Matta, Beatriz Bataszew y otras tantas personas y amigos de Chile y el exterior que colaboraron en este estudio.

La Desaparición de Personas como técnica planificada de tormento y exterminio supera todo lo conocido históricamente. Su perversión ética y jurídica para las víctimas directas (“prisioneros indefensos en cuatro paredes”); el terror primero y el dolor permanente después para familiares y allegados; la impunidad y los premios para victimarios sádicos o iluminados y finalmente, la total extinción material, social y jurídica del desaparecido la convierten en el máximo procedimiento, en la mayor de las técnicas mortales. Muy superior a la cruz y la horca, la guillotina y la silla eléctrica e inclusive a la cámara de gas del genocidio alemán. No hay explicaciones que dar, ni cadáveres para honrar o despedir, ni relaciones jurídicas que resolver, ni delincuentes para enjuiciar. Sólo silencio, ignorancia, incertidumbre.

Ricardo Colombres

Elías Padilla Ballesteros

Elías Padilla Ballesteros, Licenciado en Antropología Social en la Universidad de Chile y Magister en Sociología en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica.

Entre los años 1988 y 1990 fue encargado de la Comisión de Derechos Humanos del Colegio de Antropólogos de Chile, y representante en el Departamento de Derechos Humanos de la Federación de Colegios Profesionales.

Desde 1989 a 1992, miembro del Grupo de Antropología Forense, GAF, entidad que ha realizado diversos peritajes de identificación de casos de detenidos desaparecidos en Chile.

Actualmente es profesor de Antropología en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano de Santiago.

© Elías Padilla Ballesteros

La memoria y el olvido. Detenidos Desaparecidos en Chile.

© Ediciones Orígenes

Derechos reservados de esta edición

Editor: Humberto Ojeda Ruminot

Revisión de textos: Rafael Urbina

Fotografías: Arturo Hernández, Domingo Ulloa, Humberto Ojeda.

Archivos: Grupo de Sobrevivientes-Testigos y Agencia Reuter

Diagramación: Jean Becker – PyC gráfica

Impresión: P&P Impresores, fono/fax: 734 20 23

Registro de propiedad intelectual: Nº 94.431

I.S.B.N.: 956-7473-02-1

Ediciones Orígenes

Casilla 51864 , Correo Central – Santiago 1, Chile

Primera edición, octubre 1995

Impreso en Chile / Printed in Chile

Editado electrónicamente por el Equipo Nizkor- Derechos Human Rights el 28sep01

via La memoria y el olvido.

 

UNIVERSIDAD BOLIVARIANA

ESCUELA DE PERIODISMO

HISTORIAS DE REPRESIÓN INFANTIL E IMPUNIDAD

Tesis para postular al título de Periodista

Estudiantes Aspirantes: Fernando Caro Carrasco

Ricardo Manzur Carrasco

Profesor Guía: Fernando Barraza Draper

“Sólo aquello que hemos perdido merece ser contado…”

Quisiéramos parir esta historia en otro Chile. En uno donde las penas estén reparadas. Sabemos que esas heridas son difíciles de sanar, pero nuestro ánimo e intento no se construye en imprimir cientos de hojas con dolor ajeno. Nuestro motivo es contribuir desde nuestra trinchera al futuro de una nación que aún está divida, aunque artificialmente en el escenario político, en los relatos que compartiremos existe una injusticia que no podemos sino intentar sosegar. Para que no continúe atormentando a esos niños que hoy en día con aspecto de adulto exigen se reparen de algún modo todos esos años de angustia y privación del mundo al que no tuvieron derecho.

 

Extraviamos nuestra conciencia. Hemos hipotecado la vida de varias familias con la obstinación de nuestros sueños, que para otros eran pesadillas… Lo perdimos todo como nación y reconstruir esa herida abierta es sin duda un llamado que nos convoca como profesionales del futuro, para que en este peregrinar no volvamos a extraviar las lágrimas de los niños silenciados por cobardes fusiles, que borraron sus sonrisas en el comienzo de sus vidas.

Perdimos nuestro carné de identidad como chilenos y no queremos que el silencio se teja como un manto de impunidad. Este es un esfuerzo para conmemorar el dolor de miles de niños que vieron truncados sus juegos por la odiosidad de un pueblo que no quiso mirarse como hermanos. Que se limitó al odio, a generar violencia para dividirse… y que en algún punto de su historia, esperamos, se reencuentre y pueda mirarse cara a cara.

FCC & RMC

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

  • Doctrina de Seguridad Nacional (DNS) 7

MÉTODO DE REGISTRO

  • Las Pases para una Nueva Memoria:

Para que no Heredemos la Amnesia a Nuestros Hijos 18

  • Hipótesis, Objetivos Generales y Específicos 24
  • Conclusión 26

Capítulo 1

LAS VÍCTIMAS OLVIDADAS DE LA DICTADURA

  • El Drama Sicológico: El Caso de Andrés 31
  • Rodrigo y Jimmy en Noche Buena 36
  • Cuentas de los Angelitos en Chile 41

Capítulo 2

INOCENCIA ROBADA

  • Octubre Rojo en la Santa Adriana 52
  • Matanza en el Puente Bulnes 57
  • Antecedentes de una Masacre 60
  • Durmiendo con el Enemigo 61
  • Cuarteto de la Muerte 64
  • Dónde Está José Miguel 66
  • Bitácora de un Sobreviviente 69
  • La Morgue y el Día Después 72
  • El Eterno Calvario 76

Capítulo 3

MARCO REFERENCIAL

La Fase Terrorista

  • La Doctrina Cristiana Disfrazada como Justificante 84
  • Miedo a la Incertidumbre 85

Poblaciones y Movimientos Sociales

  • La “Peligrosidad” del Pobre 90

El Nefasto Rol del Poder Judicial

  • Recurso de Amparo e Impunidad 94
  • Así Operó la Justicia 97

El Funesto Rol de la Prensa

  • Paradigma de una Pluma Cómplice (Plan Z) 108

  • El Periodismo con Bototos  111

  • Traje Desastre y a la Medida 115
  • El Neo- Nuevo Periodismo 117
  • Por el Sendero de los Próceres 122

La Tortura

  • Cuando la Prisión Pública parece un Alivio 134

  • La Impunidad 137

Capítulo 4

LOS SOBREVIVIENTES

  • Y… Los Nominados Son 144
  • Voces que Revivieron el Horror 148
  • Adiós a los Niños 152

Agradecimientos 161

Bibliografía 162

INTRODUCCIÓN

Esta investigación pretende entregar una nueva visión del bullado tema de la violación a los Derechos Humanos (DD.HH.) por parte de los dispositivos de seguridad del régimen militar. De vasto conocimiento son todos los denominados casos emblemáticos, como “Villa Grimaldi”, “Operación Albania”, “Calle Conferencia” y la “Caravana de la Muerte”, entre otros, de los que se ha escrito profusamente. Sin embargo, hay un tópico que se ha abordado sucintamente en boletines e informes de DD.HH. y que por su alto contenido noticioso merece un tratamiento mucho más extenso y riguroso: las violaciones a menores de edad, en muchos casos “marginales”, durante la dictadura. Niños y adolescentes que no pertenecían a ninguna agrupación política y que son perfectamente interpretados por Gabriel Salazar y Julio Pinto en Historia Contemporánea de Chile:

Los niños y los jóvenes no figuran, normalmente, en las páginas de la Historia. Pero son lectores, escuchas y memorizadores de la misma. No son actores centrales. Tampoco son monumentos.*

Y es quizá la definición de estos historiadores la que nos da más luz a la hora de comprender la lectura que se hace de los jóvenes, más si es bajo una dictadura: “…Es que la mayoría de las definiciones de niñez y juventud no las asumen como sujeto histórico. Así por ejemplo, si los tiempos son de “estabilidad institucional”, las definiciones las asumen, solícitamente, como objetos de Pedagogía. Y si los tiempos son de crisis e inestabilidad institucional, entonces se tratan como objetos de sospecha policial, judicial y militar (ampliamos en el apartado “Limpieza Social”) En ambos casos, entran en la Historia, en la Política y en la Ciencia Social, no por sí mismas, sino llevadas de la mano, o bien por conceptos tipo “nana”, o por reprimendas represivas, correctivas y rehabilitadoras“.

El 11 de septiembre de 1973 las Fuerzas Armadas chilenas derrocaron al gobierno constitucional de Salvador Allende. La Unidad Popular, que proponía una transición pacífica hacia el socialismo, llegó violentamente a su fin tras el golpe militar. El día 11, el Presidente Allende murió en La Moneda, entre las llamas y el bombardeo infligido por los militares, mientras sus ministros y colaboradores fueron detenidos y llevados a campos de concentración. Más tarde muchos de ellos fueron asesinados o desaparecidos. Mediante el Bando Militar No.5, hecho comunicado oficial el 12 de septiembre, las Fuerzas Armadas declararon la existencia de un estado de “guerra interna” en el país. Así comenzaron 17 años de dictadura, que terminaron el 11 de marzo de 1990. De esta manera se estableció la Doctrina de Seguridad Nacional, que fue aplicada a lo ancho y largo de esta faja de tierra.

Los niños no son un tema para los chilenos. Tardamos demasiados años en hacerles una película, en la que sus personajes son los que acompañaron a los padres de los niños actuales. No existe la radio para ellos, pese a existir el acuerdo sobre la excelencia de este medio reforzador de la imaginación, concepto del que los infantes bastante nos han enseñado. Los niños en el ámbito de los DD.HH. parecían no existir, tanto que los que sufrieron la tortura cuando pequeños pensaban que sólo a ellos les había tocado.

Hace un buen tiempo en Chile no tenemos hijos naturales o ilegítimos, son hijos todos en el papel. Pero lo cierto es que somos testigos de cómo aún en tiempos de transición democrática el aparato represivo estatal continúa con sus antiguas prácticas de abuso y malos tratos a quienes habitan determinados sectores. Lugares marginados que hace más de 30 años fueron los escenarios de verdaderas matanzas desajustadas de toda norma o pacto social. Esta discriminación no ha terminado. Se agudiza entre los chilenos.

Sólo un 4,1 % de los niños y adolescentes tiene las condiciones básicas deseables para su desarrollo. Esto significa que cerca de 206 mil menores, de un total de 5 millones 110 mil que habitan el país, posee niveles óptimos para acceder a oportunidades consideradas como elementales. Atención con el futuro y memoria para con el pasado.


 

La tortura como escisión de cuerpo y mente

NO a la TORTURA
NO a la TORTURA (Photo credit: gizARTE)

Lunes 3 de diciembre de 2012

Lo más terrible de la tortura política es que obliga al torturado a luchar contra sí mismo. La tortura escinde a la persona por la mitad. Coloca la mente contra el cuerpo.
La mente quiere ser fiel a la causa de los compañeros, no quiere de ninguna manera entregarlos. El cuerpo, sometido a extrema intimidación y humillación, para verse libre de la tortura tiende a hablar y a hacer así la voluntad del torturador. Esta es la escisión.

Con la inauguración de la Comisión Memoria y Verdad del Gobierno brasileño sale a la luz con toda su barbarie la tortura como método sistemático del Estado dictatorial militar para combatir a sus opositores. Ya se han estudiado detalladamente estos procesos de deshumanización del torturado y también del torturador. Éste precisa reprimir su propia humanidad para practicar su acto inhumano. No sin razón muchos torturadores acabaron suicidándose por no aguantar tanta perversidad.

Quiero, sin embargo, destacar un punto no siempre presente en la discusión que ha sido muy bien analizado por los psicoanalistas, especialmente en la Alemania posnazi y entre nosotros por Hélio Peregrino, ya fallecido.

Lo más terrible de la tortura política es que obliga al torturado a luchar contra sí mismo. La tortura escinde a la persona por la mitad. Coloca la mente contra el cuerpo.

La mente quiere ser fiel a la causa de los compañeros, no quiere de ninguna manera entregarlos. El cuerpo, sometido a extrema intimidación y humillación, para verse libre de la tortura tiende a hablar y a hacer así la voluntad del torturador. Esta es la escisión.

Pero hay que resaltar un punto: la persona torturada cuando es presa del pánico y el pavor puede ser víctima de mecanismos inconscientes de identificación con el agresor. Al identificarse con él, consigue psicológicamente exorcizar por un momento el pánico y así sobrevivir.

El torturado que sucumbió a esta desesperada contingencia de autodefensa, incorpora siniestramente la figura del torturador. Éste consigue abrir una brecha en el alma del torturado, alcanza a penetrar en aquella última intimidad, allí donde residen los secretos más sagrados y donde la persona alimenta su misterio. Sobrepasa por tanto los umbrales últimos de la profundidad humana para poseer a la víctima y hacerla otra persona, alguien que acaba reconociendo ser de hecho subversivo, enemigo de la patria y de la humanidad, un traidor de la religión, un maldecido por Dios, un excomulgado de la Iglesia, alguien que está de parte del demonio. Los torturadores Albernaz y Fleury eran expertos en esta perversidad. Fleury dijo directamente a fray Tito, como aparece en el terrorífico film de Ratton “Bautismo de Sangre”, basado en el libro de fray Betto con el mismo nombre, que dejaría en él marcas que jamás olvidaría. Efectivamente, consiguió escindirle la mente y el cuerpo y penetrar en su más profunda intimidad hasta el punto de que, en el exilio en Francia, él sentía en todo momento la presencia de su verdugo. Dejó una nota antes de quitarse la vida: «prefiero quitarme la vida a morir».

Este tipo de tortura es especialmente malvada porque hace de la deshumanización el eje de una práctica sistemática de ciertos agentes del Estado. Si la categoría anti-Cristo aún significa alguna cosa, debe ser configurada dentro de este cuadro infernal. Se trata de la completa subversión de lo humano y de sus referencias sagradas. Es con seguridad uno de los mayores crímenes de inhumanidad que puedan existir.

Tales perversiones no pueden entrar dentro de ninguna amnistía. Los torturadores cargan en su alma y en su mente el estigma de Caín. Por dondequiera que vayan la vida los acusará porque violaron su sacralidad suprema.

Y todavía está la tortura de los desaparecidos, que crucifica a sus seres queridos. Por ejemplo, hubo una guerrilla en la región del río Araguaia hasta hoy no reconocida totalmente por los militares. Allí se cometieron todos los excesos: cortaban la cabeza y los dedos a los guerrilleros muertos y los enviaban a Brasilia para identificarlos. Hicieron desaparecer sus cadáveres. Hicieron desaparecer las vidas y pretenden ahora borrar las muertes. Y las familias viven una pesadilla que no tiene fin. Cada timbre que suena en casa funciona como un viento que sopla las cenizas y reaviva la brasa de la esperanza, seguida de amarga decepción: ¿Será él que vuelve? Otros dicen: “no nos mudemos de casa porque todavía puede volver… y qué sería de él si no estuviéramos aquí para el abrazo, el beso y las lágrimas?”

Los torturadores y sus jefes están ahí, ahora amenazados por el movimiento Levante Popular de la Juventud que no les deja en paz la conciencia. A ellos quisiera yo, como teólogo perseguido aunque no torturado, gritarles al oído el clamor de Jesucristo: “A vuestra generación se le pedirá cuenta de la sangre de todos los profetas, de los perseguidos y de los torturados, de su sangre derramada desde el principio del mundo. Sí, os aseguro que se os pedirá cuenta de esta sangre” (Lc 11,50-51).

Podrá haber una amnistía pactada por los hombres. Pero no habrá amnistía ante la conciencia y ante Aquel que se presentó bajo la figura de un preso, torturado y ejecutado en la cruz, Jesús, el Nazareno, cuando como Juez Supremo juzgará especialmente a aquellos que violaron la humanidad mínima. Llegará el día, supremo día, en que todos los desparecidos aparecerán. Vendrán, como dice el Apocalipsis de la gran tribulación de la historia. Sí, ellos volverán con el Viviente. Y entonces no habrá más espera ni palpitación de los corazones. El Viviente, también torturado un día, anulará todas las distancias, enjugará todas las lágrimas e inaugurará el Reino de los sacrificados y desaparecidos, ahora vivos, liberados y encontrados. Entonces será definitivamente verdadero: “Nunca más una dictadura. Nunca más desaparecidos. La tortura nunca más”.

[Traducción de María José Gavito].

Imagen tomada de: http://www.uclouvain.be/370182.html