Las fotos de Josefina. Memoria EN_REDADA

Las fotos de Josefina. Memoria EN_REDADA

Memoria EN_REDADA

Recibí en mi correo eléctrónico un mail de mi amiga Marta, con quien mantengo una amistad que ha enlazado nuestras memorias militantes y femeninas uniéndonos en una red de sororidad más allá del tiempo y el espacio.

Marta me envía una historia de otras mujeres, de mujeres militantes, y me escribe:

“Queridxs colegas, amigxs

avanzan el semestre y otras ocupacionesc  y con ello vuestra carga de trabajo, pero espero que pueden encontrar unos minutos para leelr estos conmovedores momentos de mujeres choras http://martazabaleta.blogspot.co.uk/2017/02/argentinalas-fotos-de-josefina-por.html
de Argentina.

Se puede aprender tanto de ellas.
Abrazos.

Abro el enlace que Marta,economista, académica y poeta exiliada argentina en el Reino Unido me ha compartido y me encuentro con esta imagen que abre mi memoria de mujer una vez joven y madre de una hija una vez viva…

Leo la nota en la fuente y me lanzo a buscar en la web a estas dos mujeres con la sensación de escarbar en una historia cuyas raíces se hunden en mi propia historia, en la de Marta y en la de tantas otras mujeres que militan y militaron en Latinoamérica trascendiendo su tiempo y su espacio.
y repito, como dice Marta, se puede aprender tanto de ellas.
RESISTENCIAS
Las fotos de Josefina

Voy a empezar por el final: de la mesa frente a la que estaba sentada tomó el collar de cuentas redondas, grandes, estriadas en rojo, y se lo sujetó al cuello. Después recogió las fotos que había mostrado, se paró y salió entre los aplausos de quienes la escuchamos del otro lado del vidrio. Cuando la abracé, sin saber quién contenía a quién, sentí las cuentas incrustándose en el pecho de las dos.

Ella se llama Josefina, el collar era de su mamá, lo rescató la mañana siguiente a su secuestro, cuando volvió a ese departamento con la puerta arrancada para cubrir la vergüenza de estar en bombacha con una remera roja, un jean y unas zapatillas. Tenía siete años, le faltaba un mes para cumplir los ocho, su hermano uno y medio y los dos habían dormido en la casa de una vecina a la que la patota le golpeó la puerta para dejarlos como un paquete.

“¡Qué voy a hacer con estos chicos!”, se había desesperado la mujer y ella guardó esa frase y ese tono por décadas, hasta que encontró a la vecina que ahora tiene nombre y es Susana, hasta que pudieron poner en común aquella noche larga del 6 de diciembre de 1977. “La encontré y la traje para acá”, dijo Josefina y una risa sosegada, tal vez de alivio, tal vez de complicidad, como un aflojarse del lazo que nos unía a quienes la escuchábamos, anduvo de boca en boca.

Josefina declaró el miércoles, en el juicio de lesa humanidad que tiene entre las víctimas a su madre, Vibel -Virginia- Casalaz. Josefina es una de esas amigas entre las que nos salvamos la vida, aunque el devenir de las cosas nos mantengan a distancia más tiempo del que desearíamos. A lo largo de los más de 20 años que llevamos de amistad, junto con Raquel y con Alba, ese núcleo duro de complicidad femenina, nos sacamos muchas fotos juntas, antes de que se llamaran “selfies”, las cuatro con las sonrisas incandescentes. Esta vez también hubo foto, en el subsuelo de los tribunales federales, en ese sitio sin ningún ángel en la calle Comodoro Py; habíamos llorado todas, Jose en el lugar de los testigos, el resto sosteniendo a la distancia esa entereza, todas esas palabras que supo enhebrar, buscadas y encontradas en noches de insomnio, en los días de la militancia en H.I.J.O.S., extraídas de diálogos con sobrevivientes, con sus amores; escritas también, ella que sabe hacerlo como pocas. Las sonrisas, a pesar del llanto, volvieron a capturar la luz en la imagen.

El collar que tanto le gustaba a su madre no fue lo único que rescató Josefina del departamento violentado. También se llevó una bolsita con fotos que les sirvió a los policías que la fueron a buscar al día siguiente para preguntarle por todas y cada una de las personas amadas que ahí aparecían. Ella estaba prevenida, iba a segundo grado en la misma escuela a pesar de los cambios de casa a que obligaba la persecución con un nombre falso, María José Roldán. No identificó a nadie. Las fotos siguieron su camino con ella, el primer viaje lo hicieron en la valijita con la que iba al colegio y que la acompañó en los dos días que pasó en la casa de una mujer policía, separada de su hermano al que se llevó un hombre de la misma fuerza. ¿A qué se debió esa separación por género? ¿Por qué no los dejaron juntos? Josefina no se acuerda casi nada de esos dos días, estaba enferma de hepatitis y sin duda la memoria da respiro, espacios de olvido necesarios para seguir adelante con la sucesión de los días. La noche del secuestro, por ejemplo, termina para ella con la imagen de su madre yéndose en el ascensor con esos tipos jóvenes y con armas largas que recuerda. “Mi mamá me tendría que haber dicho algo en ese momento, eso es lo que yo sentía, me tendría que haber dado una última instrucción”, dijo frente al tribunal y cerró: “Pero según me contó la vecina, cuando yo salí de ahí estaba en el piso, boca abajo, encañonada”.

No tenía instrucciones pero rescató los bienes preciados de su madre, el collar, las fotos que eran un resguardo de la vida cotidiana: playas, sonrisas, besos que no podían perderse en la huida aun a riesgo de convertirse en delación involuntaria. ¿Cuánto sabía la niña de todo lo que iba a perder como para que antes que sus juguetes guardara la bolsita de las fotos?

–Polo no es un nombre -le dijo el comisario de la 35 a la niña de 7 que había dado apodo, apellido y ocupación de su abuelo, “un fabricante de soda de Tres Arroyos”.

–Usted búsquelo que lo va a encontrar -contestó ella y así fue, constatando una vez más la enorme maquinaria del plan sistemático para la desaparición de personas no sólo represiva, también burocrática. Una burocracia dócil que ahora pretende aplicarse al conteo de los cuerpos que nos faltan. Nombrar es una cuestión de poder, decir 30 mil  y que haya acuerdo es el poder que hemos ido acumulando a lo largo de cuatro décadas y es lo que está en disputa.

Mientras escucho a mi amiga, pegada al vidrio que nos separa con la ilusión de encontrar sus ojos como si hiciera falta para sostenerla cada vez que amenaza con quebrarse, pienso con deseo en el lugar que ocupa. Yo también quiero acusar, quiero que llegue la hora del juicio por lo que le hicieron a mi madre y a sus compañeros y compañeras de cautiverio. Cuando promediaba el año pasado y se supo que no sucedería en octubre como habían prometido, y después, cuando tampoco habría fecha designada para marzo, empezó a circular entre los querellantes la lista de testigos que tendrían que adelantarse en testimoniar porque la dentellada de la muerte ya les está mordiendo los talones. 85, 87, 90, 95 años se leía junto a algunos nombres. Alguien anotó en ese intercambio de correos que su madre ya no podría declarar porque el ejercicio de memoria había destrozado sus neuronas. Hace 13 años que presentamos la querella. En ese tiempo todos y todas nos convertimos en otros, en otras, guardando a la vez quienes fuimos para no perder detalle cuando nos den la palabra. La impotencia se come el fin de la impunidad que ya no podemos declamar.

Antes de escuchar a Josefina, en un cuarto intermedio que tensa nuestra paciencia, Raquel me dice con ojos húmedos: “Siento que nos están tomando el pelo, ya no le encuentro sentido”. Es una descarga de derrota que no va a acatar, aunque las dos sabemos de qué habla. La Justicia, con esos pies de plomo, ya no puede llamarse así. Y sin embargo.

“¿Pudiste reconstruir…?”, es la primera parte de la pregunta que se repite para que Josefina de cuenta de lo que sabe de su madre, de su destino después del secuestro. Ella contesta una y otra vez, sobre los testimonios leídos, los diálogos ansiosos que persiguen un dato más, por nimio que fuera. Todo el trabajo lo hicimos las víctimas y quienes se comprometieron con nuestro duelo, el inmenso duelo acuoso de un país entero que todavía sigue evaluando el tamaño de las heridas que dejó el terrorismo de Estado. ¿Dónde están los papeles, los organigramas, los números de ellos, los ejecutores? ¿Dónde ocultaron los cuerpos? ¿Por qué a ellos se les permite todavía ahora ocultarse?

Hubiera querido que estén aquí los acusados, para interpelarlos. Quiero decir que yo pienso todas las noches en el cuerpo torturado y violado de mi madre. Y los represores piensan que así le hicieron bien a la patria. -dijo Josefina y tomó el collar de su madre de la mesa frente a la que estaba sentada y se lo puso, recogió sus fotos y enjugó sus lágrimas. Para que se vea y que se sepa: aun cuando le arrebataron tanto no pudieron quitarle todo.

En otro espacio virtual leo acerca de esta hija militante de la memoria:

UN COLLAR DE CERÁMICA

La estridencia de los camiones que pasan por encima apenas le permiten hablar a Josefina Giglio. Pero no grita, no lo quiere hacer en este lugar.

Josefina Giglio señala el retrato de su madre dentro de un cartel en el lugar donde estaba ubicado el centro de tortura El Atlético.

Madre de dos niños e hija de desaparecidos, intenta hallar el retrato de su madre en el afiche que está colgado sobre las ruinas del Centro Clandestino de Detención y Tortura Club Atlético, que está -estaba- ubicado debajo de la autopista 25 de mayo de la capital argentina.

Aquí está Coca, mirá- señala la foto de Virginia Isabel Cazalas, su madre, entre las centenares de imágenes de personas impresas sobre una sábana como recuerdo de quienes estuvieron presos aquí.

Josefina está acá porque este fue el último lugar donde, según testimonios de otros detenidos sobrevivientes, su madre fue vista por última vez.

A principios de 1978, cuando tenía 8 años, se la arrebataron de la casa en donde vivían clandestinos en Buenos Aires. Desapareció, lo mismo que había ocurrido con su padre un año antes.

Y desde entonces los anda buscando, a ella y a él, sin éxito.

Virginia Isabel Cazalas, más conocida como “Coca”, era la madre de Josefina.

Josefina es una de los muchos hijos que todavía no pudieron reunirse con los huesos.

Por eso tal vez sus peregrinaciones a las ruinas de Club Atlético, como un mecanismo para no olvidar ante la tierra abierta de las excavación arqueológica que se realiza ahora en este lugar antes utilizado para la tortura y que quedó sepultado cuando se construyó la autopista.

“En esto hay como dos partes: primero estás como esperando, como detenido en el tiempo esperando a que vuelvan, y después hay un momento en que comenzás a buscar”, dice Josefina.

“Tengo la fantasía que me iría a dormir la siesta con los huesos”, Josefina Giglio, hija de desaparecidos.

“Siempre estás buscando”.

“Había una época en que había una publicidad en la tele y el actor era igual a mi papá. Igual. Y mi papá había estudiado teatro, entonces yo decía ‘por ahí le dieron un golpe en la cabeza, se olvidó quién es y es ese actor’. Escribí al canal y todo. Nunca nadie me contestó, obviamente… Después, mi búsqueda en serio comenzó cuando de grande empecé la universidad”.

Su despertar universitario fue también el inicio de una misión colectiva: la agrupación Hijos e Hijas por la Identidad, la Justicia contra el Olvido y el Silencio (H.I.J.O.S), algo así como una versión filial de lo que hacían las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, que fue fundada en 1994, cuando muchos de los hijos de los desaparecidos cumplieron la mayoría de edad.

El centro clandestino de detención Club Atlético funcionaba a pocas cuadras de la cancha del popular equipo de fútbol Boca Juniors.

Con ellos logró, dice, “democratizar el dolor”. Con ellos lloró, protestó en las calles.

Estudió a fondo la historia de sus padres para intentar encontrar pistas: las impresiones del sulfuro de plata en las fotografías, la tinta aplastada en las hojas de las cartas. Algo que le permitiera entender quiénes eran, por qué habían luchado, qué sentido había tenido su muerte casi segura.

Y ha visto, como un tren que pasa de largo en una estación, cómo a otros compañeros de militancia el EAAF les han restituido los restos de sus padres, mientras ella los sigue esperando.

“Tengo la fantasía que me iría a dormir la siesta con los huesos”, cuenta y se ríe. La carcajada le suelta la mirada que aguarda tras unos anteojos gruesos de carey. La idea le enciende una chispa.

“Tendría algo así como un amuleto, un deseo de hacerme un colgante con ellos”, continúa sonriente.

“La tierra contiene como un útero los huesos que esperan”, se lee en uno de los cuadros de las oficinas del EAAF.

Josefina ya tiene un collar.

Al día siguiente del secuestro en el verano del 78, cuando le dieron permiso para entrar al departamento de donde se habían llevado a Virginia para buscar algunas cosas, la única pertenencia de su madre que se llevó fue un collar de cerámica que habían comprado juntas en la feria de Plaza Francia.

“Pensaba dárselo cuando volviera”.

Durante estos años ha elaborado mil conjeturas, pero a pesar de su empeño hay cuentas que no puede obviar: el EAAF sólo tiene restos óseos de unas 600 personas y siguen hallándose algunos centenares más, pero el número queda muy lejos de los 30.000 desaparecidos que calculan las organizaciones de derechos humanos e incluso de los 10.000 que reconocen las fuentes más conservadoras.

Y a muchos de ellos, se sabe, los tiraron al Río de la Plata y al mar desde los llamados “vuelos de la muerte”.

“Durante mucho tiempo tenía la sensación de ser hija de un agujero negro y los huesos siento que me permiten esa continuidad: yo soy esos huesos, voy a ser esos huesos. Recuperar esa continuidad que se cortó. Uno cree que una tibia y un peroné son innecesarios, hasta que te das cuenta de que son una fuente de alivio y te darían un cierre”, reclama.

Una fila india de camiones interrumpe la charla hasta el punto de suspenderla. Pero antes de irse ella mira el abismo de las excavaciones: dice que siempre busca algún objeto, alguna presilla, un pedazo de herencia que le debe el destino.

Para tenerlo mientras llegan los huesos.

Y es así que en mi transito virtual encuentro una noticia de hace cuatro días, una fotografía de dos hijos – Josefina y Francisco – hijos de Virginia y Carlos, huérfanos por el terrorismo de Estado en la Argentina que una vez nos acogio a mis hijos y a mi, donde vivimos la segunda dictadura a las que hemos sobrevivido.

Carlos y Vibel –el padre y la madre de Josefina, Coco y Coca para sus compañeros de partido- militaban en el Partido Comunista Marxista Leninista (PCML). Carlos era arquitecto, había caído el 19 de mayo de 1976 en una reunión del partido en Combate de los Pozos y Pavón, por un vecino que lo denunció. Cuando intentaba huir por la terraza, fue herido en una pierna y cayó al pozo de luz. Nunca más se supo de él. Desde entonces, Vibel –psicoanalista- peregrinaba entre una sombra y la otra mirándose las espaldas. Los militares la alcanzaron un año y medio después, en un departamento de Belgrano R. No estaba sola: Josefina tenía 7 años, Francisco uno y medio. Estaban además otros militantes del PCML. Los militares lo llamaron Operativo Escoba.

“Entre que se llevan a mi padre, el 19 de mayo de 1976, y caemos con mi madre el 5 de diciembre de 1977, hubo un dispositivo de pinzas para buscarla. La noche del 8 de junio se llevaron en La Plata a mi abuela paterna, Tecla, a mi tío que estaba con ella, en Tres Arroyos a Polo, y en Mones Casón, cerca de Carlos Casares, a mi tío Oscar Bossier, el cuñado de mi padre”.

http://memoria.telam.com.ar/noticia/-un-brigadier-dijo-que-mama-era-la-mujer-mas-buscada-_n3809

Necesitamos recuperar los restos. Josefina y Francisco Giglio

Josefina y Francisco Giglio declararon en el juicio por los crímenes cometidos en el llamado circuito ABO.

Los testimonios de Josefina y Francisco Giglio, hijos de los desaparecidos Virginia Isabel Cazalás y Carlos Giglio, inauguraron la audiencia que reactivó tras la feria el tercer tramo del juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en los centros clandestinos de detención y exterminio Atlético, Banco y Olimpo. Fue la primera vez que ambos contaron en tribunales la historia de sus vidas desde la arista que representa el secuestro y la desaparición de su mamá, que fue vista en el Banco por sobrevivientes. “Vebel”, como la llamaban en su familia. “Coca”, como la habían bautizado sus compañeros de militancia del Partido Comunista Marxista Leninista (PCML), fue llevada del departamento en el que estaba escondida la noche del 5 de diciembre de 1977 por una patota del Ejército. Estaba en camisón. Josefina, de siete años, y Francisco, de año y medio, fueron dejados con una vecina. Crecieron con sus abuelos maternos en Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires. Nunca más supieron de su mamá ni de su papá, que había desaparecido en mayo del ‘76. Con cuarenta, Francisco reconoció ante el Tribunal Oral Federal número 2 que todavía los espera. No obstante, reclamó por sus restos, al igual que su hermana, que se quejó de que los acusados no presencien el juicio. “No alcanza con los juicios. Sería bueno que los imputados estén sentados acá también. Todas las noches pienso en el cuerpo de mi madre violado y torturado. Y los señores que dieron las órdenes y las cumplieron piensan que hicieron un bien a la patria”, remató, sobreponiéndose al llanto, que logró contener durante todo su testimonio. El público que presenció la jornada la aplaudió un rato largo. Cuando el TOF le dio permiso para retirarse, ella tomó el collar de perlas grandotas que era de su mamá, y que había colocado en la mesa del estrado al comenzar a hablar, y se lo puso.

“Primero quisiera contar un poco sobre mi mamá, que era la más linda del mundo”, propuso Josefina como respuesta a la consulta que le realizó la fiscal Gabriela Sosti para introducirla en su testimonio. La hija de “Coca” completó la selección de fotografías entregadas al TOF que había iniciado su hermano, quien la precedió en el estrado. Josefina explicó que cuando un policía y una presunta asistente social la llevaron al departamento de Belgrano R donde la noche anterior habían secuestrado a su mamá para que agarrase ropa para ella y para su hermano, bebé entonces, ella también se llevó una bolsa con fotos que su mamá siempre llevaba de casa a casa y ese collar de perlas grandotas, que “a ella le gustaba mucho” y que encontró sobre su mesita de luz. Ayer, mientras declaraba, lo sacó de su cartera y lo puso sobre la mesa del estrado.

Pasaron más de 40 años, pero Josefina fue clara y precisa para contar lo ocurrido la noche del 5 de diciembre de 1977 y las que le siguieron. Ella, su mamá y su hermano vivían en un departamento de la calle Ramón Freyre con dos compañeros de militancia: Mariano Montequón y Patricia Villar. Esa noche acababan de cenar y hacía calor. “Mi mamá estaba en camisón, y así se la llevan, y yo estaba en bombacha”, contó.

Sientieron que rompían la puerta de entrada. “Yo me escondí porque no quería que me vieran, mi mamá pidió cambiarse pero no la dejaron. A nosotros nos dejaron con la vecina”, siguió. Aún hoy, le extraña que ella no le haya dado “alguna instrucción” antes de que se la llevaran.

Años después se reencontró con Susana Martínez, la vecina a la que “tres jóvenes de civil” le pidieron que cuidara a ella y a Francisco “hasta que llegara la Policía”. Susana también declaró ayer en el juicio. El otro testigo fue Daniel Merialdo, un sobreviviente del circuito ABO.

Cuando la encontró, Susana le dijo que la última vez que la vio su mamá estaba tirada en el suelo, apretada por una pistola larga. Con el tiempo, ella y su hermano supieron que su madre fue atrapada en un operativo al que el Ejército llamó “Escoba” y que barrió con casi todos los militantes del PCML.

Al otro día, la policía los llevó a buscar ropa al departamento reventado por el Ejército. “Cuando esta mujer que dijo ser asistente social pero que no aparece en ningún registro me vio con la bolsa de fotos, me sentó en la mesa y me hizo verlas una por una mientras me preguntaba ‘¿este quién es? ¿y éste quién es? Yo estaba entrenada y sabía que no tenía que decir nada”.

Tenía siete años Josefina, pero ya sabía que en la escuela y en todos lados era María José Roldán. La familia estaba clandestina desde 1975, cuando les allanaron la casa. Francisco nació en julio de 1976, pero su padre no llegó a conocerlo. Fue secuestrado en Constitución, un mes antes. “Nos quedamos solos. Pienso mucho en esa mujer sola, con dos hijos y escapando”, relató Josefina.

Tres días después del secuestro de su mamá, su abuelo de Polo, de Tres Arroyos, los fue a buscar. Cuando fueron creciendo, Polo les contó que para dar con Vibel los terroristas dieron un par de pasos antes de reventar el departamento de Freyre: lo secuestraron a él –permaneció un mes en Vesubio–; a su abuela paterna y a un tío paterno y a un cuñado de Carlos Giglio.

El relato de Francisco fue menos detallista. El tenía un año y medio cuando ocurrió todo. Coincidió con su hermana en el sentimiento de espera. “Llegó la democracia y todos pensábamos que los iban a liberar, porque creíamos que estaban detenidos en algún lugar. Yo creí que iban a aparecer para mi cumpleaños de quince. Y luego, para mi fiesta de egresados”, intentó explicar ella, que comparó al gobierno de Raúl Alfonsín con “la esperanza”; al indulto de Carlos Menem con “el abismo” y a las gestiones kirchneristas con el abandono de la clandestinidad. “Yo sentí que salía de la clandestinidad, que podía decir que mis viejos estaban desaparecidos y que no era mi culpa, y que había un Estado que en vez de discutir la cantidad de desaparecidos debería estar buscando los restos de mi padre y de otros”.

Francisco lo analizó desde la figura del “desaparecido”, esa que “produce algo tremendo en la mente de un hijo, porque siempre lo estás esperando. Yo tengo 40 y sigo esperándolos en algún rincón de mí. La perversidad es tremenda”.

Ambos saben que no volverán, por eso ven una posibilidad de “cierre” en la recuperación de los restos. “Necesito recuperar los restos de mis padres – dijo Francisco– sería de alguna manera reencontrarme con ellos”.

Josefina también reclamó los restos: “Me gustaría que el Poder Judicial le exija al Ejecutivo que disponga de todos los medios para encontrar los huesos de mis padres y de todos los desaparecidos. Y que le dé prioridad a la búsqueda de todos los chicos que fueron robados. Yo no quiero que mis hijos crezcan buscando los huesos de su abuela. Ya pasaron 40 años, ya es tiempo”.

Testimonios acusan a Cheyre.

Testimonios acusan a Cheyre.

Informe delata participación de Cheyre en “La Caravana de La Serena”

Diario Uchile | Jueves 24 de septiembre 2015 

http://radio.uchile.cl/2015/09/24/informe-delata-participación-de-cheyre-en-la-caravana-de-la-serena

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Claves: ,

En mayo de 2015, un informe de Policía de Investigaciones recogió siete testimonios que daban cuenta de la relación de Juan Emilio Cheyre con torturas cometidas en el caso conocido como “La Caravana de la Serena”. La investigación derivada de la Caravana de la Muerte ya tuvo su primer enfrentamiento en tribunales, cuando en octubre de 2013, la Quinta Sala de la Corte de Apelaciones rechazó procesar al ex comandante en jefe del Ejército.

Sin embargo, y pese a que en el argumento de Cheyre se insiste en citar la resolución de la Corte de Apelaciones cuando se le consulta por su responsabilidad en los hechos,The Clinic reveló que nuevos testigos habrían interpuesto querellas, la primera en mayo de 2014 por los familiares de Carlos Enrique Alcayaga Varela. A esta, se suman al proceso testimonios de víctimas de torturas cometidas en el Regimiento Arica (Hoy Infantería n° 21 de Coquimbo), quienes buscan poder reabrir el proceso en contra de Cheyre, Ariosto Lapostol y al médico Guido Díaz Paci “así como de todos los que resulten responsables, en su calidad de autor, cómplice o encubridor, de los delitos de secuestro calificado seguido de homicidio calificado” de los 15 prisioneros políticos que fueron acribillados en ese recinto militar.

El abogado querellante Cristián Cruz explica que existen antecedentes para solicitar el procesamiento del general en retiro. “Cheyre siempre descolló por el trato a los presos, era quien manejaba el destino de los detenidos, y quien se paseaba constantemente por la fiscalía militar en tiempos de guerra, por eso es visto por una multiplicidad de personas en un período extenso de tiempo”.

Según los relatos contenidos en las declaraciones de las víctimas, Cheyre es recordado como un hombre “severo” y temido por todos. Entre los episodios narrados recuerdan torturas ordenadas por el ex comandante en jefe del Ejército. Algunas de ellas, la utilización de corriente en los genitales, golpes y amedrentamientos de todo tipo.

“En el lugar me ordenan sacarme la camisa y corbata, y comenzaron los golpes de pies puños y en reiteradas ocasiones me golpeaban con un objeto contundente tipo martillo pequeño en los codos; asimismo recuerdo que me cortaron el pecho con una cuchilla (tipo Gillette) obligándome a persignarme; me quemaron el pecho con cigarrillo y fósforos, todo esto mofándose de mi religión: me tiraron a un pozo con fecas, con la finalidad de ahogarme; simulaciones de fusilamientos, esta situación duró toda la tarde, fue lo más duro que he vivido, me golpearon brutalmente”, se recoge en uno de los relatos, cuya orden habría dado el propio Cheyre.

En la conclusión del documento, se explica que los testimonios tendrían veracidad, sobre todo porque en ellos la figura de Juan Emilio Cheyre es transversal. “Dejando establecido que el oficial tenía injerencia y mando sobre los detenidos, lo cual se sustenta en que varios testigos lo conocían con anterioridad al día 11 de septiembre del año 1973, producto de las diferentes reuniones de trabajo gubernamentales que se sostenían en conjunto con el comandante Ariosto Lapostol Orrego, quien siempre era acompañado por el teniente Juan Emilio Cheyre Espinoza”.

En su declaración, el hoy miembro del directorio del Servel insistió en que el tema había quedado zanjado en 2013: “He recibido sus preguntas, las que de acuerdo a su requerimiento original aludirían al caso que lleva la ministra Patricia González. Al respecto, puedo señalar que no tengo responsabilidad alguna en los hechos en que se me intenta involucrar, que los tribunales nunca me han imputado participación directa o indirecta en este caso, y que ello fue ratificado de manera unánime por la Quinta Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago en octubre de 2013”, dijo por correo electrónico a The Clinic.

Al, finalizar el correo, Cheyre dijo que agradecía el interés y la oportunidad de expresar “a través de su medio mi firme compromiso con la justicia y la verdad”.

Recordando…A fuego vivo: En memoria de Sebastián Acevedo

Recordando…A fuego vivo: En memoria de Sebastián Acevedo

El 9 de noviembre de 1983 se registra la detención de Galo y María Candelaria Acevedo Saez, hijos de Sebastián ACEVEDO BECERRA, por civiles armados que no se identificaron. Su padre desesperado los busca en diferentes recintos y solicita ayuda en numerosas partes, sospechando que se encuentran en poder de la CNI.

El 11 de noviembre de 1983, al no tener noticias de ellos, en señal de protesta y para presionar a las autoridades, rocía parafina y bencina en sus ropas en la Plaza de la ciudad, y debido a que un Carabinero intenta detenerlo, se prende fuego, muriendo a las pocas horas a consecuencia de la quemaduras que sufre.  

La Comisión estima que si bien Sebastián Acevedo murió a consecuencias de hechos provocados por su propia mano, y no cabe en rigor calificar su muerte de una violación de derechos humanos, es víctima de la violencia política, porque tomó la determinación que le costó la vida en un gesto extremo por salvar a sus hijos de consecuencias inciertas, pero que bien se podía temer fueran muy graves, o como modo desesperado de protestar por la situación que lo afligía como padre.

(Informe Rettig)


El Ciudadano

16 de Noviembre 2010

A fuego vivo: En memoria de Sebastián Acevedo

En tiempos de Dictadura Militar, el 9 de noviembre de 1983 se registra la detención de Galo y María Candelaria Acevedo Saez, hijos de Sebastián Acevedo Becerra, minero del carbón, por civiles armados que no se identificaron. Su padre desesperado los busca en diferentes recintos y solicita ayuda en numerosas partes, sospechando que se encuentran en poder de la CNI.
El 11 de noviembre de 1983, al no tener noticias de ellos y en señal de protesta y para presionar a las autoridades, rocía parafina y bencina en sus ropas en la Plaza de la ciudad. Cuando un carabierno intentó detenerlo, él prendió fuego a sus ropas y con él se extinguió también su vida. Murió a las pocas horas a consencuencia de las quemaduras.
La muerte de Sebastián refleja el dolor y angustia de quienes vivieron la desaparición de padres, madres, hijos y nietos. Es por esto, afirma Erika Acevedo, “que la inmolación de Sebastian sacudió la conciencia de todo Chile, desnudó el drama de las detenciones secretas y las torturas. El impacto de esta acción fue tal que la dictadura se vio obligada a reconocer la detención de Galo y Maria Candelaria Acevedo, para días más tarde dejarlos en libertad”.
“Como muestra de la repercusión social que tuvo este caso -cuenta la que es hija de Sebastián Acevedo- al interior de la Iglesia Católica surgió un movimiento contra la tortura que tomó el nombre de Sebastian Acevedo”.

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PiensaChile.cl

15 de Noviembre 2011

Nada esta olvidado, Nadie esta olvidado: Sebastián Acevedo:

Estaba desesperado. Pedía que la CNI le devolviera a sus dos hijos detenidos ilegalmente. Fue a la Vicaría de la Solidaridad, recorrió
comisarías, salas de prensa y conversó con autoridades civiles y militares. Pero a Sebastián Acevedo nadie lo ayudó. El 12 de noviembre de 1983 se instaló afuera de la Catedral de Concepción, se roció con bencina y se prendió. Ocho horas después murió. Los jóvenes habían sido acusados de organizar un plan terrorista. Antes de ser liberados, ambos fueron torturados en un recinto militar. La muerte de Acevedo conmovió al país e inspiró el capítulo 10 de la serie “Los archivos del cardenal”. Hoy sus hijos recuerdan a su padre con orgullo. Dicen que dio la vida por ellos.

No pudo seguir durmiendo. El miércoles 9 de noviembre de 1983, María Candelaria Acevedo se despertó con los gritos de su madre. Eran pasadas las siete de la mañana cuando más de treinta hombres entraron a su casa en la Villa Mora de Coronel, en la Octava Región. Todos estaban armados. La estudiante de 26 años no opuso resistencia. Era militante de las Juventudes Comunistas
y desde 1973 cumplía labores clandestinas.

A esa hora, Sebastián Acevedo, su padre, esperaba un bus para dirigirse a su trabajo en la constructora Lago Ranco de Concepción. Hacía unos días le habían advertido que dos de sus cuatro hijos eran seguidos por la CNI. Cuando vio pasar los furgones a toda velocidad, volvió corriendo a su domicilio. Después de un forcejeo, los hombres le dijeron: “Nos llevamos a su hija porque es terrorista”. Dos agentes de la CNI subieron a
María Candelaria a una camioneta blanca, vendaron sus ojos y comenzaron a dar vueltas por Coronel.

Una hora y media después detuvieron a Galo Acevedo, otro hijo de Sebastián. Dos autos se estacionaron afuera de la constructora donde trabajaba, la misma de su padre. Lo subieron a un furgón y le pegaron con la culata de la pistola en los testículos. Después de esposarlo, lo tiraron al suelo. Al detenerse en una comisaría para buscar a otro detenido, Galo escuchó que lo mencionaban: “Tenemos el regalo”.

Los hermanos Acevedo Sáez fueron llevados a un recinto militar ubicado frente al balneario de Playa Blanca, a tres kilómetros de Coronel.
Al día siguiente, el jueves 10 de noviembre, el diario El Sur de
Concepción –propiedad de la cadena El Mercurio- informó en una
escueta nota que varios miembros de una “red de militantes
comunistas” habían sido detenidos en la zona, por efectivos
policiales y de seguridad. Entre los nombres figuraban los hermanos
Acevedo. No se informaba sobre cargos, tribunal responsable ni del
lugar de detención al que habían sido trasladados (ver galería de
archivos de prensa de la época, abajo).
Sebastián Acevedo Becerra, fue un obrero chileno, que ante el dolor
de la ausencia de sus hijos, detenidos por agentes de la CNI, se
inmola en la Plaza de Armas de la ciudad de Concepción.
Un padre busca a sus hijos
El 9 de noviembre de 1983 se registra la detención de Galo y María
Candelaria Acevedo Saez, por civiles armados que no se
identificaron. Ambos eran hijos de Sebastián Acevedo Becerra,
minero del carbón. Este padre desesperado por el paradero de sus
hijos los busca en diferentes recintos, solicita ayuda en numerosas
partes, sospechando que se encuentran en poder de la CNI.
Al no tener noticias de ellos, dos días luego de la detención de sus
hijos, el 11 de noviembre de 1983, en señal de protesta para
presionar a las autoridades, se rocía parafina y bencina en sus ropas
en la Plaza de Armas de Concepción. Cuando un carabinero intentó
detenerlo, él prendió fuego a sus ropas y con él se extinguió también
su vida. Murió a las pocas horas a consecuencia de las quemaduras.
La muerte de Sebastián refleja el dolor y angustia de quienes
vivieron la desaparición de padres, madres, hijos y nietos. Es por
esto, señala su hija Erika Acevedo:
“Que la inmolación de Sebastián sacudió la conciencia de todo
Chile, desnudó el drama de las detenciones secretas y las torturas. El
impacto de esta acción fue tal que la dictadura se vio obligada a
reconocer la detención.
Luego de los hechos su hija Candelaria fue liberada, pudo ir al
Hospital Regional de Concepción y despedirse de su padre
moribundo, este pudo ver que su hija había sido liberada. Sus
últimas palabras para su hija fueron:
“Me dijo que cuidara a mi hijo, a mi hermano, que no dejara
abandonada a mi madre”. Luego de la muerte de su padre, sus hijos
nuevamente fueron detenidos: María Candelaria cayó nuevamente
detenida el 30 de noviembre de 1983, estuvo presa un año y dos
meses. Su hermano Galo Fernando estaría detenido durante dos
años. En el lugar mismo donde se inmolo se pintó una cruz roja,
para recordar su heroìsmo.

Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo

Ante los hechos sucedidos en Concepción, un grupo de personas
que protestaba contra la tortura que practicaba la CNI decidió poner
como nombre a su movimiento Sebastián Acevedo. Este grupo
estaba coordinado por el jesuita José Aldunate nació así el
Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo, que realizaba
una protesta pacífica en las calles.
Tuvieron 180 salidas a la calle en siete años. Sin ofender, sin armas,
simplemente proclamando o denunciando la tortura.
Recuerda el padre Aldunate una de estas acciones: “Escogimos un
lugar de torturas que estaba en avenida Borgoño, donde había un
portón de fierro. Llevamos un lienzo que decía

 

“aquí se tortura”.
Armamos un escándalo en la calle, páramos el tráfico, echamos un
canto, juntamos 70 personas. Hasta que llegaron los carabineros,
con sus carros. Se llevaron a algunos, otros nos metimos en los
carros, por fuerza. Llegamos a las comisarías, allá no encontraban
qué hacer con nosotros. Nos tomaron los nombres, las fotos,
etcétera. Y nos echaron a la calle a las 11 de la noche”.

Un Héroe Socialista a dejado de existir. El “milico” Aguilera.

 

Un héroe socialista ha dejado de existir
Escrito por Renato Moreau
25-03-2014 a las 10:33:44
Un héroe socialista ha dejado de existirQuerido hermano, amigo y compañero.

Tu partida reciente hacia el infinito me ha llenado de pena, rabia y sentimientos culposos. Después de toda una vida de lucha, cariños y acciones conjuntas, en una fecha no muy lejana, nos agarramos del moño a través de un correo electrónico de Internet, por una bobería o insignificante estupidez. Estoy seguro que si lo habríamos discutido cara a cara, el resultado habría sido distinto. Nos habríamos gritado y mandado a cualquier lugar poco santo, para luego abrazarnos y seguir relacionándonos, en esa unidad y lucha de sentimientos, de dos viejos combatientes en las postrimerías de nuestras existencias, viviendo en la lejanía de dos continentes distintos.

Lucho, me cuesta mucho resignarme a no verte más, sin poder reiterarte el cariño, reconocimiento y el orgullo que siempre he tenido, de haber sido tu compañero de lucha siempre.

El Luis Aguilera o el “Milico” como cariñosamente lo llamábamos fue un gran hombre, ejemplo de combatientes y un revolucionario chileno de verdad.

Nos conocimos en el año 1972, en el seno de la Jefatura del Aparato Militar del PS, el “milico” venía llegando de un curso militar a Corea del Norte, donde le tocó asumir su dirección. Era la segunda jerarquía de los grupos operativos (G.O.) de dicha instancia partidaria. De extracción proletaria y vieja militancia socialista, era un formador de voluntades combativas y jefe respetado en las escuadras bajo su conducción.

En el combate en Indumet, Sumar y la Legua fue un miliciano ejemplar. Cuándo el enemigo choca con nosotros en La Legua y se inicia el combate, el aparato se divide en tres grupos de combatientes, el “milico” toma la jefatura de uno de ellos, que había quedado cercado y alejado del mando principal, los organiza y con los pobladores que se habían sumado a la lucha, se atrinchera en la Población y presenta combate hasta tres días después. Solo en el momento en que los militares fascistas amenazan con el bombardeo de La Legua, rompe el cerco y saca a sus compañeros de la zona, para conducirlos a la clandestinidad.

http://www.youtube.com/watch?v=06O03x3MpCo

Durante el reagrupamiento del Aparato Militar del PS, en clandestinidad, el “milico” asumió en forma generosa su puesto en la lucha, rescatando contactos y compañeros, cuidando pertrechos y medios y actuando militarmente cuándo se requería. No puedo olvidar un día de Diciembre del 73, cuando llega con la noticia, que la última casa-depósito que nos quedaba había sido allanada, sin que la policía descubriera el Barretín con medios, que en ella se escondía. En la Jefatura del aparato decidimos asaltar la casa si era necesario, para rescatar esas armas y medios de combate. Me asignaron la responsabilidad de dirigir la operación con el “milico” Aguilera como segundo y Eduardo Charme cómo tercero al mando. Llegamos a la acción con tres grupos operativos y la policía de investigaciones estaba en el interior de la casa. Tratamos de forzar la puerta y el enemigo la trancaba desde adentro, el “milico” a toda costa quería embestir la entrada con la camioneta en que nos movilizábamos, no aceptaba perder sin combatir esos pertrechos y cuándo recibe mi orden de cancelación del operativo, la cumple, no sin antes gritar unos buenos garabatos en contra de todos.

Cuándo nos retirábamos y a solo dos cuadras de la casa en cuestión, nos cruzamos con unos cincuenta agentes represivos, que en varios vehículos, y con las armas preparadas se dirigían en nuestra búsqueda. Al lograr salir indemnes de la zona, el “milico” me dice en forma simpática, que se autocriticaba de sus garabatos, asumiendo que habíamos tenido suerte de no caer combatiendo, ya que nos habíamos salvado solo por algunos minutos.

Cuándo es apresada la Dirección del Aparato Militar en Marzo del año 74, en una casa del sur de Santiago, el enemigo instala una “ratonera” en dicho inmueble. A los días cae el “milico Aguilera” en esa dirección, cuándo desesperadamente nos buscaba. Lo torturan y solo dice que es un trabajador en busca de pega y que había tocado en esa casa solo por casualidad. Lo dejan conmigo en una celda del “APA” en la base aérea del Bosque. Allí pudimos conversar el primer día, y afinar nuestras “Leyendas”. Yo era el más expuesto, por tener una ficha “subversiva” anterior.

Él y Manuel tenían que afirmar que no me conocían y no tenían que ver con nada. El “Milico” aguantó todo y en principio los esbirros se convencieron del cuento. El torturador Ceballos, me llevó a mí solo, al AGA (Academia de Guerra de la FACH) y dejó en esa Base Aérea al resto. La Inteligencia de la FACH tenía una lucha de poder muy agresiva con la DINA de Contreras, por el control, en esos años de la represión Dictatorial.  Eran patadas con sonrisas entre ellos y en este caso las sonrisas de Ceballos, era entregarles a la DINA a los detenidos de poca monta, sin importancia ni interés para la FACH. A Manuel, el “milico” y la “Rucia”  mi compañera de esos días (Embarazada de 7 meses), los mandan en un vehículo cerrado de la pesquera Arauco, a la sede la Dina, en Londres 38.

Van todos vendados en el interior, sin amarras y cuidados por un militar armado con un fusil AKA. En un momento donde el vehículo se detiene, el “milico Aguilera” se saca la venda y se abalanza en contra del guardia, lo reduce y le quita el fusil, abre la puerta y al ver a un guardia que corre desde la cabina, le dispara y éste cae en el pavimento, momentos en que se da real cuenta que se encuentra en plena Alameda, tipo 16.00 hrs y frente a la calle Serrano, en pleno centro de la Capital y en Marzo del año 1974.

El Lucho Aguilera le dice a Manuel y a la “Rucia” que se fuguen, y él con el fusil les cubre la retirada, Manuel corre en dirección de la calle Serrano y la “Rucia” le pide que se arranque él, ya que ella embarazada no puede correr, el “milico” no la quiere dejar sola, pero ella le insiste y éste corre por la Alameda hacia la calle Bandera. A Manuel le disparan y lo reducen herido en la calle Serrano, a pocas cuadras de la Alameda y a la “Rucia” y al herido los llevan a Londres 38. Para ellos la tortura será la revancha de los represores vencidos.

Nuestro “milico” al correr por la vereda norte de la Alameda se tropieza y se rompe dos dedos con el arma y el pavimento, deja el AKA en la vereda y se sube a una Micro de la locomoción colectiva. Sangrando de la mano, le ordena al chofer que no pare el vehículo hasta llegar a Gran Avenida. Esa disposición, la sangre cayendo y la actitud de nuestro compañero  asustan al chofer y a los pasajeros los cuales siguen al pié de la letra las órdenes del “milico Aguilera”.

Esa misma tarde, Eduardo Charme lo esconde en casas seguras y el Lucho se sumerge en la profunda clandestinidad.

La Dirección de recambio del Aparato Militar, a cargo de Eduardo Charme, quién siendo miembro cooptado del CC del PS en el Interior, es asesinado por los años 76, cuándo con una pistola en la mano se resiste a ser apresado por la DINA y presenta combate, deciden asilar al Lucho junto con la Celsa Parrau, la compañera de Arnoldo Camú, por estar muy expuestos bajo el cerco represivo.

El “milico” Aguilera, exiliado en la ciudad de Växjö en Suecia, inicia un importante trabajo de solidaridad con la resistencia Chilena en el exterior. Es responsable de los socialistas en su ciudad y miembro de la dirección del PS en Suecia. Junto a su compañera transforma su casa en un refugio de apoyo en medios materiales, cariño y amor para todos los chilenos expatriados que pasan por su región.

A principio de los años 80, una enfermedad complicada lo aqueja, el Parkinson le invade su cuerpo y le limita el trabajo remunerado, a lo cual responde con una mayor dedicación al Partido y a la causa Chilena. En el año 1983, cuando iniciamos el ingreso clandestino a Chile, el “milico” pidió venir a luchar junto a su pueblo en el interior, no lo dejamos cumplir con su deseo, la enfermedad del Parkinson era invalidante para trabajar en la clandestinidad. La “condena” de vivir en el exilio siempre, fue un golpe muy grande para nuestro “milico” Aguilera.

El Lucho murió junto a su familia en Suecia hace pocos días, llenando de pena y nostalgia a sus compañeros y a toda la gente que lo conoció y trabajó con él, por una Sociedad Socialista en la Patria, que por el momento no se podrá ver tal cual el “milico” la soñara.

Besos y cariños para su familia, en especial para su compañera, sus hijos y nietos. El papá ha muerto pero no se ha ido, él seguirá acompañándolos con el ejemplo y la fuerza de su vida.

Hermano y compañero.

“Hasta la victoria siempre”

Tata Moreau.

Luis Aguilera Celis fallece en Suecia de un ataque al corazón, el 15 de Marzo del año en curso, a las 16.00 horas.

Las mentiras de la “historia oficial”. Arturo Alejandro Muñoz recuerda la historia, la verdadera

Tal día como hoy se recuerda la traición y la infamia de unos, y la lealtad y el heroísmo de otros. Lejos de nosotros la idea de sepultar a los héroes bajo túmulos de flores para que no se vean y sean definitivamente olvidados.
Arturo Alejandro Muñoz recuerda la historia, la verdadera. Esa que han ocultado sistemáticamente durante décadas, para hacernos tragar la píldora del “jaguar” sudamericano.
En la imagen, tres figuras históricas leales.
Julio Cortazar, Hortensia Bussi de Allende y Gabriel García MárquezTenchaGGMJC
Las mentiras de la ‘historia oficial’En estas líneas no está la totalidad, sólo se expone un número mínimo, necesario para sembrar la duda cartesiana y comenzar la discusión reflexiva que nos lleve hacia la luz de la verdadescribeArturoAlejandroMuñoz¿Por qué en Chile son escasas las personas que se atreven a decir lo que piensan y sienten respecto de situaciones históricas y/o políticas que de manera distorsionada e interesada han sido parte de una educación formal llena de yerros?

Convengamos que son demasiados los compatriotas cuyo interés principal reside en cuidar puntillosamente su lenguaje, al grado de desvirtuar incluso sus propios sentimientos.

No pertenezco a ese enorme grupo que privilegia la calma y tranquilidad por sobre la honradez en el actuar y en el opinar. Asumo las consecuencias de tal actitud, sabedor de que algunas de mis opiniones provocan estertores estomacales en los amigos de lo ‘políticamente correcto’.

Comentaré asuntos en los que, estoy seguro, usted coincide de algún modo con mis opiniones, pero (reconózcalo) nunca se ha atrevió a explicitarlo. No se preocupe, son MIS comentarios, usted solamente asienta o disienta con un leve movimiento de cabeza. Así quedará libre de responsabilidad penal ante cualquier estropicio cometido por el suscrito al respecto.

Diego Portales, ícono de militares
Aquí se confirma la exactitud y veracidad de la opinión popular que señala cuán ignorantes son “los milicos patas hediondas” (gracejo muy usado en las décadas de los años 1940 y 1950 al referirse a los uniformados).

Pinochet, ladronzuelo y traidor, fue quien más recurrió a la figura de Portales para engañar a la gente haciéndole creer que el durísimo tri-ministro era particularmente admirador de la soldadesca. ¡Falso!

Diego Portales, aún siendo un decidido ‘pelucón’ (derechista), tenía pésima opinión de los militares; baste saber que se opuso tenazmente al regreso de O’Higgins a Chile desde su destierro peruano. Además, quiso fusilar al general Ramón Freire (al que acusó de ‘traidor y mentecato’)… y por último, sabedor de cuán inútiles y sediciosos eran los uniformados, creó, organizó y dirigió las “Guardias Cívicas”, a las que vistió y armó con prolijo cuidado para oponerlas al poder bélico y político del ejército regular (de ese mismo ejército que en Quillota lo apresó y, al día siguiente, en las alturas del Barón, en Valparaíso, lo asesinó).

Ejército de Chile, ‘vencedor, jamás vencido’
Otra falacia del tamaño de una catedral. El año 1891, en plena guerra civil desatada por los capitalistas que manejaron a su amaño al Congreso y a la Armada, en las batallas de Placilla y de Concón la marinería derrotó al ejército que apoyaba al presidente José Manuel Balmaceda.

Es cierto, muy cierto, que ese ejército fue leal a la Constitución y a las leyes apoyando al presidente Balmaceda, pero también es cierto que fue derrotado, que rindió sus armas y estandartes al enemigo… aún más, muchos oficiales, traicionando sus juramentos, aceptaron cambiar de bando e integrar las filas de la triunfadora Armada. ¿Ejército ‘jamás vencido’?

Los héroes del 11 de septiembre
Esos héroes no fueron militares. Augusto Pinochet, Gustavo Leigh, César Mendoza y José Toribio Merino apostaban por el exterminio total de toda huella de izquierdismo, y con mayor razón si este había mostrado rasgos de heroicidad en los enfrentamientos con las tropas regulares del ejército, la fuerza aérea, la armada o carabineros.

La heroica defensa de La Moneda el martes 11 de septiembre de 1973, fue uno de los hechos que los cuatro generales golpistas deseaban evitar que fuesen conocidos por la opinión pública.

Veintiún civiles, mal armados, mal entrenados la mayoría de ellos (o sin entrenamiento militar ninguno, en el caso de los asesores del Presidente), aislados y carentes de apoyo logístico, no sólo mantuvieron a raya a tres regimientos completos (Tacna, Buin y Blindado) durante cuatro horas, sino, además, provocaron bajas severas en las filas uniformadas disparando desde los balcones de La Moneda, ayudados exclusivamente por algunos francotiradores leales al gobierno, apostados en los edificios aledaños a la Casa de Toesca.

La Guardia no abandona al Presidente (al menos, una parte de ella –detectives– ya que la otra parte –carabineros– se retiró del lugar a media mañana), y el GAP tampoco… esos fueron los héroes de La Moneda que defendieron con sus vidas la institucionalidad democrática, la Constitución Política y la Presidencia de la República (olvidados y menospreciados por la Concertación y la Nueva Mayoría…).

Quizá, debido a la vergüenza, el coronel Joaquín Ramírez quería ‘fusilarlos en el acto’, allí, en calle Morandé, cuando los defensores de La Moneda –por irrestricta órdenes del Presidente de la República– habían depuesto las armas.

Los 21 prisioneros fueron fusilados en Peldehue (Fuerte Arteaga) el 13 de septiembre de 1973. Sus restos en sacos –según el testimonio del suboficial Eliseo Cornejo, testigo de los luctuosos sucesos– habrían sido lanzados al mar desde un helicóptero Puma.

Militares, y ultraderechistas muertos a manos de combatientes, no fueron ‘asesinados’
Hasta el día de hoy, algunos sectores políticos continúan llorando y exigiendo a viva voz ‘justicia’ para sancionar legalmente a aquellos combatientes de izquierda que segaron las vidas de algunos altos oficiales de las fuerzas armadas, de varios miembros de la DINA/CNI y de un relevante responsable directo del golpe de estado y la posterior masacre de civiles (Jaime Guzmán).

Esos sectores políticos (principalmente UDI y otros nacionalistas) parecen olvidar que la junta militar golpista informó urbe et orbi, el martes once de septiembre de 1973 –reiterándolo hasta la saciedad los días y meses posteriores– que el país estaba “en guerra”, vale decir, esa junta militar declaró la guerra a las fuerzas políticas que no manifestaban apoyo al golpe y a la sedición.

Un sector de esas fuerzas (MIR y FPMR) respondió a tal declaración abatiendo a tiros a individuos como Carol Urzúa y como a todos los uniformados caídos en un combate declarado unilateralmente por ellos mismos.

¿Por qué chillan hoy día entonces los megaterios de la UDI y otros similares? Si declararon la guerra, ¿qué esperaban? ¿Qué el ‘enemigo’ se quedase quieto, no hiciera nada y se dejase degollar?

Chile le debe su desarrollo a la empresa privada
¡Falacia absoluta!
Período 1939 – 1973: el violento terremoto que en el mes de enero de 1939 destruyó las ciudades de Chillán y Concepción cobrando más de treinta mil víctimas, apenas iniciado el gobierno de Pedro Aguirre Cerda, otorgó al mandatario radical la posibilidad de crear la CORFO (Corporación de Fomento de la Producción), institución fiscal que durante más de cuatro décadas investigó, propuso, invirtió (dinero del estado chileno) e inició exitosamente actividades fabriles y productivas en áreas donde la empresa privada había asegurado que ‘no existía posibilidad alguna de gerenciar ni administrar nada’.

Sin embargo, la CORFO lo hizo exitosamente. Ahí estuvieron, en su momento, empresas de total éxito como CAP (Huachipato), ENAMI, SERCOTEC. INACAP, IFOP, SENCE, IANSA, ENDESA, la UTE, Centrales Hidroeléctricas, Chile Films, ENAP, MADECO, ENTEL, TVN, y una multitud de empresas (más de 300) de rubros varios, como textiles, metalmecánica, agrícola, maderera, pesquera, automotriz (Fiat, Citroën y Peugeot), vestuario, etcétera. Decenas (quizá centenares) han sido las pioneras empresas creadas por CORFO, las cuales, una vez demostradas sus capacidades ‘económicas’, fueron EXIGIDAS por los capitales privados como elementos aptos para la privatización.

Período 1964-1973: durante dos siglos los terratenientes criollos mantuvieron sus propiedades en el más absoluto nivel de “no producción”, puesto que el 60 % o el 70% de esos extensos kilómetros cuadrados o hectáreas de fundos y haciendas estaban improductivos, dejados a la mano de Dios, constituyendo simples e inútiles paisajes.

El presidente Jorge Alessandri Rodríguez (1958-1964) inició, aunque tibiamente, el proceso de reforma agraria que sería incrementado y terminado por los mandatarios Frei Montalva (1964-1970) y Allende Gossens (1970-1973) a través de instituciones como CORA, INDAP e INIA.

Una vez que esos gobernantes triunfaran demostrando que Chile sí podía ser una potencia en producciones frutícolas y madereras (todas ellas, hasta ese momento, administradas por el Estado), los inversionistas privados, histéricamente, exigieron al gobierno de turno (era entonces el momento de la espantosa dictadura militar) la “venta” (privatización o regalo, en realidad) de todas las empresas fiscales, incluyendo las agrícolas, lo que se efectuó vergonzosamente durante el último año del gobierno dictatorial pinochetista (principalmente en el segundo semestre de 1989), a precios risibles, en condiciones insignificantes en su cuantía monetaria. Fue, sin duda, el mayor robo conocido en la Historia de Chile.

Período actual: y para qué hablar de los ‘regalos’ efectuados por el duopolio Alianza-Contratación a mega empresarios particulares, como ocurrió con los glaciares del Norte (Barrick Gold), las salmoneras y bosques en el sur, las reservas de agua en la zona austral, el borde costero, el mar chileno, los nuevos minerales cupríferos, y un etcétera tan largo como día lunes, pero siempre con la prospección, apoyo e inversión y primera administración del Estado.

Por cierto, este caso podría extenderse mil líneas más relatando ejemplos indesmentibles respecto de cómo los ‘privados’ han aprovechado el esfuerzo de gobiernos y sociedad civil chilena para agenciarse exitosas empresas descubiertas, iniciadas y estructuradas por el Estado, a bajo precio merced a las dádivas de los yanaconas que pululan en el Legislativo y en el Ejecutivo, a quienes la prensa servil y las tiendas partidistas apoyan.

En resumen, los inversionistas privados no han arriesgado un mísero centavo en proyectos, fábricas y empresas que el Estado no hubiese ya iniciado comprobando su rentabilidad.

La izquierda es innecesaria e inútil, sólo la derecha es fecunda
Aquí, en este caso, la cuestión es prácticamente al contrario. Si jamás hubiese existido una izquierda política y social, hoy el mundo estaría asfixiado por la miseria, hambruna y el racismo profundo. ¿Leyes laborales? ¿Sistemas de previsión social? ¿Justicia medianamente imparcial? ¿Sufragio universal? ¿Preocupación por los derechos humanos, por el medio ambiente, por la niñez? ¿Liberación femenina?

Nada de eso interesó a los dueños del capital durante la época victoriana cuando comenzó la revolución industrial… y tampoco preocuparía hoy a los ultra capitalistas si no existiese una izquierda que cautele los mínimos derechos de la mayoría de los seres humanos.

En Chile la mayoría de los mega empresarios, así como casi la totalidad de los poderosos latifundistas terratenientes, han logrado sus fortunas robando, expoliando, evadiendo impuestos, corrompiendo a las autoridades locales y nacionales, e incluso asesinando (por mano propia o por medio de sicarios como jueces venales, militares y policías). La mayoría de esos enriquecidos empresarios y latifundistas provienen de familias clasistas, sediciosas, ladronas. Y es fácil comprobarlo recurriendo a la Historia.

Por ello, la izquierda ha sido, es y seguirá siendo, más que necesaria, vital. Ojalá, además, pueda también ser gobierno… pero me refiero a la verdadera, a la izquierda-izquierda, no a esa mescolanza avinagrada de retazos politicastros reconvertidos al capitalismo que volvieron del exilio –luego de largas estadías en países industrializados– dispuestos a transformarse en ‘hijos pródigos o mayordomos’ de sus antiguos adversarios, traicionando a sus electores y a su propia historia.

Podría continuar con muchos otros tópicos y ejemplos, pero creo que los mencionados en las líneas anteriores son suficientes para comenzar la discusión, la reflexión crítica y el cambio (al menos, de actitud). Ahí se los dejo…. pero si a usted le parece insuficiente, avíseme, ya que no tengo empacho ni problema para entregarle más y más información respecto de una montonera de casos, personajes y hechos que conforman el falaz estado de cosas que el establishment actual, interesadamente, le vende a la ciudadanía.

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Los doctores de los campos clandestinos. APROPIACION DE NIÑOS EN LA DICTADURA

EL PAIS › DOS MEDICOS Y UNA OBSTETRA SERAN JUZGADOS POR SU RELACION CON LA APROPIACION DE NIÑOS EN LA DICTADURA

Los doctores de los campos clandestinos

Los médicos Norberto Bianco y Raúl Martín y la obstetra Luisa Arroche serán juzgados por la apropiación de niños durante la dictadura. Se desempeñaban en la maternidad clandestina que funcionaba en Campo de Mayo.

 Por Ailín Bullentini

Por primera vez serán juzgados profesionales de la salud que participaron en partos clandestinos de concentración donde dieron a luz hijos de prisioneras que permanecen desaparecidas. Los médicos están acusados por su participación en la apropiación de los bebés de las prisioneras. Como antecedente a este juicio, en uno de los fallos judiciales por delitos de lesa humanidad más trascendentes, el Tribunal Oral Federal Nº 6 había determinado que el robo de bebés paridos por mujeres secuestradas en centros clandestinos de detención fue una práctica sistemática y generalizada del terrorismo de Estado desatado durante la última dictadura cívico-militar. Por esos crímenes, los integrantes de la cúpula militar que gobernó al país aquellos años fue severamente condenada. Dos años después, y bajo la misma mecánica, el mismo tribunal comenzará a juzgar este miércoles a integrantes del personal médico militar vinculados con la apropiación de bebés nacidos en la maternidad clandestina que funcionó en Campo de Mayo y cuyas responsabilidades no fueron analizadas en aquel mítico juicio. Cada uno en el caso que corresponda, los acusados, los médicos Norberto Bianco y Raúl Martín, y la obstetra Luisa Arroche y los represores que tuvieron a su cargo la zona, Santiago Riveros y Reynaldo Bignone, deberán responder por el robo de nueve bebés –cinco de los cuales lograron recuperar su verdadera identidad–, según el requerimiento de elevación a juicio de Abuelas de Plaza de Mayo. Las historias de los nietos recuperados Francisco Madariaga Quintela y Catalina de Sanctis Ovando serán algunas de las tratadas a lo largo del debate.

Pasaron dos años de aquel primer y emblemático acto de justicia y casi una década desde que Abuelas de Plaza de Mayo le pidió al Poder Judicial que, sin perder de vista a “los Videla, los Massera, los Riveros y Bignone”, investigara a las segundas y terceras líneas de las Fuerzas Armadas que participaron en el proceso de robo y entrega de bebés que varias mujeres parieron en el Hospital Militar de Campo de Mayo durante su cautiverio clandestino. El funcionamiento de esa “maternidad clandestina”, como la parte de la sociedad que se preocupó por que la Justicia analizara los horrores de aquellos años, rebautizó a esa institución sanitaria que aún respira recostada sobre la avenida Pablo Ricchieri de la guarnición militar de Campo de Mayo, fue ventilado en el juicio por el plan sistemático, con lo cual, muchos testimonios desplegados entonces serán incorporados en este debate vía reproducción audiovisual. Algunas otras versiones de los hechos ofrecidas durante la intrucción también serán sumadas sin necesidad de ser reiteradas frente a los jueces María del Carmen Roqueta, Julio Luis Panelo y Jorge Humberto Gettas. En los pasillos de Comodoro Py apuestan a que la sentencia llegue antes de fin de año.

El juicio a los médicos

Riveros y Bignone fueron condenados a en el juicio por el Plan Sistemático. A Bignone, no obstante, se lo juzgó como miembro de la última junta de comandantes que dirigió la última dictadura cívico-militar. Recibió 15 años de cárcel, condena que fue incrementada a 25 por la Cámara de Casación. Riveros, condenado a 20 años, fue responsabilizado como jerarca del Comando de Institutos Militares que tenían, bajo su órbita, a Campo de Mayo. Sin embargo, el marco de acusaciones que decantó en ese debate oral no tuvo siquiera desde su etapa de instrucción en cuenta a los médicos militares que integraron el organigrama delictivo. Los médicos que dirigían el Hospital Militar de Campo de Mayo y especialmente quienes tenían a su cargo el área obtétrica de esa institución “habían quedado afuera del ojo de la Justicia”, determinó Alan Iud, que representará junto a Pablo Lachener a la querella de Abuelas de Plaza de Mayo en el debate oral que arrancará el miércoles.

Como la causa por el Plan Sistemático ya estaba elevada a juicio oral, Abuelas decidió impulsar la investigación en el mismo expediente que investigaba los crímenes de lesa humanidad cometidos en Campo de Mayo, que recorría, entonces, instancias preliminares. Año 2006. Justicia del distrito de San Martín. Varios años después, la Cámara local decidió que esa investigación debía entenderse como una continuidad de la causa mayor y, como aquélla, tramitarse en la Justicia federal. Ocho años después de aquel primer paso, la causa llegó a su juicio oral, que en un primer momento tuvo como fecha de inicio en julio, pero fue pospuesto por las recusaciones que las defensas de los imputados presentaron contra la presidenta del tribunal y su coequipier, Panelo, y que no prosperaron.

Los casos

En el Pabellón de Epidemiología del Hospital Militar de Campo de Mayo existieron, entre fines de 1976 y fines de 1978, dos habitaciones “especiales”: ventanas enrejadas, cerrojos en las puertas, sin luz. Por esas habitaciones pasaron, por lo menos, 17 jóvenes embarazadas cautivas de la cacería del terrorismo de Estado que desató su furia en el país entre 1976 y 1983. Hasta allí eran trasladadas, en autos particulares, tabicadas, esposadas, desde diferentes centros clandestinos de detención que funcionaron en la órbita de Campo de Mayo, cuando se acercaba su fecha de parto. Los alumbramientos sucedían, la mayoría de las veces inducidos y por cesárea, en el quirófano del hospital. Luego, las mujeres eran despojadas de sus bebés, a los que le perdían el rastro, y depositadas nuevamente en las habitaciones privadas de Epidemiología hasta su alta. El destino siguiente era de nuevo el centro clandestino. Y, desde allí, la desaparición. La muerte.

Detalles más, detalles menos, así fueron los últimos días de Marta Alvarez, Susana Stritzler, Mónica Masri, Valeria Beláustegui Herrera, María Eva Duarte, Myriam Ovando, Silvia Quintela Dallasta, Norma Tato y Liliana Isabel Acuña, cuyas historias serán el eje del debate oral que comenzará esta semana y quienes permanecen desaparecidas. Existen otros ocho casos similares cuyas causas aún no fueron elevadas a juicio oral, paso burocrático que la querella de Abuelas espera que suceda en el transcurso de estos meses. Dependerá del TOF 6 que puedan ser, luego de esa elevación, incorporados al debate.

Detalles más, detalles menos, fueron los primeros días de, por lo menos, Francisco Madariaga Quintela, Catalina de Sanctis Ovando, Belén Altamiranda Taranto, Pablo Casariego Tato y Valeria Acuña Gutiérrez: hijos de algunas de aquellas víctimas y recuperados, a lo largo de los años siguientes y con la fuerza de la búsqueda incansable de Abuelas de Plaza de Mayo. La mayoría de las historias de estos nietos recuperados fueron ventiladas en el juicio por el Plan Sistemático, como el caso de Madariaga, Casariego Tato o Altamiranda Taranto, o en debates orales individuales contra apropiadores o entregadores, como lo tuvo de Sanctis Ovando.

Los acusados

En sus primeros años, el expediente que indagó lo sucedido en la maternidad clandestina que funcionó en el Hospital Militar de Campo de Mayo contaba con una decena de imputados. Más de la mitad no ocupará el banquillo de los acusados: algunos fallecieron, otros fueron salvados por “cuestiones de salud”.

Por ser las autoridades máximas de la zona de defensa IV del Ejército nacional, que incluye en su jurisdicción la repartición militar de Campo de Mayo, Riveros y Bignone volverán a ocupar el banquillo de los acusados en este juicio. Son los únicos dos imputados a los que el funcionamiento vertical de la jerarquía militar no los deja despegarse de los delitos a exponer en el debate oral que comenzará el miércoles. En esa misma línea de responsabilidades la querella de Abuelas ubicaba a Antonio Bussi, quien falleció en noviembre de 2011.

De los médicos militares retirados que aportarían su responsabilidad en este debate, só´lo dos finalmente llegaron a juicio. Raúl Martín y Norberto Bianco. Martín fue jefe del servicio de Clínica del Hospital Militar en el que parieron más de una quincena de mujeres, en su mayoría jóvenes, secuestradas clandestinamente por el terrorismo de Estado y en donde les arrebataron a sus hijos. Según la acusación de la querella, Martín era un “retransmisor” de información relativa a la presencia de esas mujeres en el hospital, a sus partos y al destino de sus bebés. Bianco fue jefe del Servicio de Traumatología de la institución. La querella y la Fiscalía, a cargo de Martín Niklison, coinciden en señalarlo como un “personaje clave” en la asociación que los unificó junto a otros profesionales militares cuyo objetivo fue despojar de sus niños a detenidas ilegales cuyo destino era la desaparición. Yolanda Arroche de Sala García fue obstetra de la institución y está acusada de haber firmado el certificado de nacimiento falso de uno de los bebés apropiados y quien ya recuperó su identidad, Francisco Madariaga Quintela. El milico médico Julio Caserotto, quien tenía a su cargo el servicio de Obstetricia del hospital, falleció. Jorge Habib Haddad fue subdirector del centro de salud de la fuerza, mientras que Ramón Capecce era jefe de Cirugía. Ambos fueron declarados “incapaces de defenderse” por deficiencias en su estado psíquico. Los tres se salvaron de la Justicia.

Dos notas para la memoria de los niños en Dictadura. Oscar Contardo.

Texto para seminario Infancia y Dictadura en Psicología UDP

Este fue el texto que escribí para el seminario Infancia y Dictadura organizado por la escuela de Psicología de Universidad Diego Portales. 

“Se murió Pinochet”, me dijo y las palabras ya no alcanzaron para seguir hablando. El día estaba despejado y yo estaba en una mesa del Torremolinos, mirando calle Lastarria desde ese trozo de pasado en forma de fuente de soda: Formalita colorada, Paloma San Basilio de fondo, tapiz de tevinil lavable y Oscar, el maestro churrasquero, que ha ido envejeciendo como el aceite recalentado de una freidora de aluminio. “Se murió Pinochet”, dijo mi amiga del otro lado del teléfono y mi mirada avanzó hasta la puerta de entrada, la atravesó y se quedó en la calle iluminada por la resolana de diciembre pegando sobre los adoquines. La voz de mi amiga surtió el efecto de las invocaciones de las películas de brujos o de genios embotellados. Un saludo a los espíritus encerrados en la propia memoria.

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Presentación de Javiera Parada para Volver a los 17

Conocí a Oscar Contardo el veranodel año 2005, en uno mis viajes a Chile, desde Barcelona, donde viví desde elaño 1992. Oscar estaba preparando su libro “La era ochentera” y trabajaba con la responsable de que mi  residencia fuera la ciudad condal y no París, Andrea Palet. Me entrevistó entonces sobre mi participación en teleseries, durante los 80, y de cómo había influido elasesinato de mi padre en mi joven vida laboral.

Seis meses después, regresé a Chile, esta vez no ya de paso, si no con el deseo de ver si podía vivir en mi país, cuestión que me fue imposible durante todos los años anteriores. Cada vez que vine durante los años 90, me fui enojada, dolorida, sintiendo que en Chile realmente no había cambiado nada, que toda la pelea que habíamos dado contra la dictadura, había sido en vano. Sentía que el país seguía gris y homogéneo.

Pero algo, o mucho, había cambiado en el país el año 2005 y entonces, decidí volver y residir aquí.

Comenzó así, una amistad y admiración mutua, fraguada a fuego lento, con Oscar. Cronista excepcional, mordaz, capaz de diseccionar nuestra idiosincrasia como pocos, ha escrito sobre nuestro arribismo endémico; sobre la feroz discriminación a la que los chilenos nos hemos acostumbrado, a practicar y a recibir; como también de la provincia, invisibilizada tantas veces como sea posible en nuestros medios, políticas y relatos.

Así que cuando leí que estaba haciendo un libro sobre nuestra generación, pensé: “Qué ganas de haber escrito en ese libro”. De patuda que es una, no más.

Pero como la vida es generosa, hace un mes, recibí un DM  de Oscar (mensajedirecto de twitter, para los no avezados en la red social), en el que me invitaba a presentar “Volver a los 17, Recuerdos de una generación en dictadura”. Imagínense mi alegría y orgullo. Más aún, cuando vi el listado de participantes en el libro, muchos de ellos, escritores a los que admiro, algunos de ellos conocidos y otros, directamente, amigos.

“Volver a los 17, Recuerdos de una generación en dictadura” llega a nuestras manos justo en el aniversario de los 40 años del Golpe de Estado, hecho que marcaría de una manera u otra, la vida de todos nosotros.

Un aniversario con una densidad, que creo, en Chile no habíamos vivido. Innumerables han sido los programas de TV, de radio, los artículos, que han recordado esa fecha fatídica, pero también todo el horror desplegado por los organismos de Estado, en contra de un sector de la población. Pero más allá del recuerdo doloroso de las perdidas personales y del sufrimiento, que por supuesto son enormes, mi sensación es de que en Chile, por primera vez, nos hemos puesto a hablar de las causas que llevaron al Golpe y a la práctica sistemática del terrorismo de Estado: la implantación de un sistema económico ultra liberal y un sistema político que no permite la expresión cabal de las mayorías y que es irreformable, a través de una constitución llena de candados, que resguardan su esencia.

Y en medio de todas estas reflexiones, testimonios, recuerdos, aparece este libro coral, a modo de un álbum de fotos de una generación que, después de terminar con la dictadura, ha guardado un inquietante silencio.

Porque nos fuimos a nuestras casas, a recuperar una juventud vivida en dictadura y marcada por el horror en sus múltiples variables, como constatamos en este libro. Mientras yo vivía en España, porque era incapaz de vivir en Chile, por el dolor que me provocaba, tengo la sensación de que muchos compañeros de generación y amigos de esa época, también de algún modo iniciaron un viaje privado, del que, como por arte de magia, parece que estuviéramos todos volviendo.

Hay en este libro una invitación a volver hablar, pero, por sobre todo, a volver a escucharnos. Es como si hubiera vuelto el tiempo del diálogo, no de un diálogo claudicante, sino de uno que intenta entender qué le pasó al otro, durante todos estos años. Dónde estuvimos, cómo nos transformamos en lo que somos. Porque, como dice Neruda,  “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”.

“Volver a los 17, Recuerdos de una generación en dictadura” es un collage de memorias, de micro historias, que son las que al final conforman la Historia, esa escrita con mayúscula.

Mientras leía el libro, muchos momentos de mi propia vida, interrumpieron la lectura. Lloré circulando por sus imágenes y recuerdos. Lo leí con el corazón apretado, fue un ejercicio de memoria, de la real, de nuestras vidas, no la de las consignas.

El primer impacto lo tuve al leer que Oscar tuvo que buscar en el diccionario Sopena, qué significaba la palabra “degollados”, después del crimen de mi padre. No sólo Oscar, son muchos los autores en el libro,  los que cuentan cómo ese día marcó para siempre sus vidas. Fue impactante encontrarme con el relato del hecho que cambió mi vida para siempre, por otras voces, voces amigas, cercanas, conocidas.

Andrea Insunza, a quien conozco desde la infancia porque nuestras familias son amigas, llenó mi cabeza de paellas de la señora Lilly, de tortas de la señora Raquel y me paralizó con una frase en la que vi reflejados a mis hermanos “de algún modo, nosotros los niños, competíamos con la dictadura por la atención de nuestros padres”.

El libro me hizo recordar a mi abuela María Maluenda, cuando se escapaba conmigo a jugar flippers, escondida de mi abuelo Roberto. Me hizo recordar días enteros en la Vicaría de la Solidaridad, jugando snake, mientras mi padre, el Jose, archivaba en enormes computadores y en discos floppy, las innumerables violaciones a los derechos humanos, que día a día llegaban a ese organismo.

Estas imágenes no están en el libro, pero si están los olores, los ruidos, los colores que acompañan esos días.

En el relato de Alvaro Bisama -que también se llama Salvador, en honor al Presidente Allende, y a quien intenté convencer, con escaso éxito, de participar en una campaña política – me encontré con los silencios de esos años, con la música prohibida; con el Lebu, barco de la Sudamericana de Vapores, propiedad en ese entonces de Ricardo Claro, que fue utilizado como centro de tortura y detención y donde su padre estuvo detenido.

Pero también con la constatación de que “el terror era algo doméstico: el temor a perder el trabajo, a quedarse en la calle”. El horror de la pereza y el aburrimiento. El horror del no tiempo. El miedo a ser delatado por tus vecinos o compañeros de trabajo.

Recordé el atentado a Pinochet y cómo todos esperamos durante esas horas, esperanzados, que el tirano hubiera muerto.

Leyendo este libro, se reafirmó en mí la sensación de que los 17 años de la dictadura, no fueron lo mismo para todos los chilenos, que el dolor y el miedo no fueron compartidos, como pretenden hacernos creer algunos comentaristas e “historiadores” por estos días. Porque, como dice Bisama, “la memoria no es frágil”.

A Alejandra Costamagna la conozco de nuestros tiempos de pingüinas, donde ser adolescente y luchar contra la dictadura era una sola cosa. Era y es linda la Ale, la recuerdo de jumper.

La Ale alcanzó a vivir los años dela Unidad Popular y su madre le ha contado varias veces que ella sí conoció a Allende, aunque la Ale no se acuerde.

Y su relato me recordó el miedo a la palabra, impuesto en esos días: “Había que ser cautelosos con las palabras, que ahí había peligro”. Me acordé cuando yo le pregunté, muy chica, con 6 o 7 años,a mi mamá, si “nosotros éramos de izquierda”. “Si, me dijo la Estela, pero no le puedes contar a nadie”.

¿Cómo lograron explicarnos nuestros padres que había partes de nuestra vida, que estaban prohibidas?

Es sobrecogedor el relato del día del Golpe que hace Alejandra, lo que hicieron sus padres después de oír el último discurso de Allende.

Recordé el toque de queda, el susto que me daba porque con mis papás siempre llegábamos al filo y, a veces, incluso, después nos íbamos a tirar miguelitos.

Descubrí que la Ale, igual que yo,fue una fanática de los problemas de matemáticas, hasta que descubrió su pasiónpor las letras.

Apareció en mi cabeza el Francisco Miranda, que era el colegio hermano del Latinoamericano, donde llegaban los hijos de los exiliados y los hijos de la burguesía de izquierda. Juan Cristobal Peña pasó rápidamente por el Francisco y Rafael Gumucio por el Latino. Aunque toda mi adolescencia quise que me cambiaran a un liceo, reconozco que estos colegios fueron un refugio en esos años terribles.

Leí emocionada sobre ese tiempo otro, donde los secundarios nos tomábamos liceos, exigiendo el derecho a tener centros de alumnos democráticos, la rebaja del pasaje escolar y la gratuidad dela PAA. Recordé como veía escapar del Latino a mis compañeros para ir a la toma y yo pensaba, “no puedo entrar a la toma, porque si me pasa algo, mi mamá se muere”. Así que yo me quedaba afuera de los liceos, para apuntar los nombres de los detenidos y pasárselos a los abogados y a las familias.

“Seguridad para estudiar, libertad para vivir” y “No a la municipalización”, eran las consigas de la época.

La Ale cuenta de las Fiestas de Matucana 19, donde comencé a ir jovencísima, cuando empecé a desilusionarme de la política y comencé a enamorarme de la noche, los new wave y la música fuerte.

Y de “Primavera con una esquina rota”, la obra que mi abuelo estaba representando cuando le anunciaron el degollamiento de su hijo. La obra que no paro de hacer, en homenaje a su hijo.

Nona Fernandez también nos cuenta sobre ese movimiento pingüino; de las reuniones de la Feses, en calle Serrano, a las que asistí tantas veces; de las piletas de la Alameda, donde comenzaban nuestras marchas.

Hace poco, tenía que asistir a mi primera reunión en el Comando de Giorgio Jackson, tomé el metro y descendí en República, subí las escaleras y salí a la pileta de Cumming. E igual que estos relatos recomponen esa historia, la visión de la pileta y de mis compañeros secundarios, se unión en mi cabeza a este momento que vive Chile, donde nuevos movimientos sociales y políticos afloran y se toman la cancha, sin pedir permiso, exigen participación. Igual que nosotros en esos tiempos, exigíamos democracia.

Nona también cuenta de la impresión que hizo en ella la comprensión de la palabra “degollados”, la que quedó resonando en su cabeza. Nos les contaré aquí el desenlace de esta historia, pero si les cuento que me fue muy difícil terminarla. Esta historia que habla de víctimas y victimarios y de las víctimas invisibles, los niños.

“Pero las huellas del recuerdo han quedado en nosotros como las marcas de un combate naval, destinado al fracaso, y es tan difícil sacárselas de encima”.

El relato de Rafael Gumucio es sobrecogedor. La historia del secuestro de su madre, su resistencia a olvidar, la sensación tan niño de lo que significaba la delación, la traición, la tortura y el exilio.

“La forma fugitiva del sueño del que desperté para siempre a los tres años para no volver a dormir nunca más totalmente en calma, nunca del todo completamente en paz”.

Y sobre el 73, Rafael nos dice “Los que no lo vivimos, los que lo vivimos como yo, de oídas, no podemos olvidar. Los adultos se portaron como niños y los hombres como perros, y eso no se olvida. Ese recuerdo anterior, ese pasado que no pasó del todo nunca es más fuerte que cualquier voluntad, que cualquier idea, que cualquier deseo”.

Pablo Illanes nos lleva del todo a los 80 de las teleseries y a ese Chile donde aún existían empresas publicas potentes, antes que la dictadura desbalijara al Estado. Nos lleva al cine Normandie, donde descubrí a Herzog y a Klaus Kinski,a David Lynch y a Win Wenders. Ese espacio de libertad que comenzaba cuando se apagaba la luz y comenzaba la proyección. A los cines del centro, donde lo llevaba su papá después de pasar por el Café Colonia. Al Cinerama Santa Lucia.

La casi guerra con Argentina, de la que Oscar también nos habla. La guerra como una fantasía, en medio de la dictadura.

La familia dividida, la abuela paterna comunista, la materna pinochetista. Esa fractura en el seno de tantas familias durante tantos años.

Pablo nos cuenta del Festival de Viña, de Miguel Bose (mi ídolo de infancia), de la llegada de la tele a color, del Betamax, del VHS, de “La chica de rojo”, película que en ese tiempo, todos veíamos, vaya uno  a saber por qué.

“Siempre había alguien que conocía a alguien que había sufrido algo similar, una experiencia traumática de abuso, tortura o desaparición donde no existía la policía ni la chilenidad ni la noción de sentirse seguro. Era el terror oculto de todo ciudadano, no sólo el del compromiso político que podía ser peligroso,sino el del hombre equivocado, el “parecido a” o el que tuvo la mala suerte de estar en el lugar incorrecto a la hora indebida”.

La historia de Andrea Insunza, como les contaba al comienzo, es una historia cercana, conocida y vivida por mi familia. Me costó leerla, interrumpida por la emoción. Don Lucho Corvalán; Jaime y Mario Insunza, personajes de mi infancia con los que yo jugaba; las primeras detenciones después del Golpe; el exilio.

La Andrea se hace una pregunta que yo me hice muchas veces “A los seis meses, mis viejos ya habían decidido tener hijos. Durante mucho tiempo me pregunté porqué. Por qué en la mitad de ese desastre, mis padres habían decidido tener hijos”.

“A esas alturas, y sin que nadie me lo enseñara, ya había aprendido que los problemas de los grandes eran más importantes que los de los chicos. Y que la mejor forma de colaborar con mi familia, era resolver los míos sola.”

La detención de Jaime Insunza, el año 84, siendo secretario general del MDP y su deportación a Brasil. El allanamiento de la casa de Mario. Recuerdo claramente todos esos hechos. Ellos dos eran muy amigos de mi padre y siempre sabíamos cuando a alguien cercano le pasaba algo.

“La razón: eran comunistas. Y en Chile ser militante del Partido Comunista estaba prohibido. Mi familia estaba prohibida” dice Andrea. La mía, también.

Hay más relatos y hay muchos momentos de alegría en el libro. Pero a mi, en estos días, este libro me ha hecho reflexionar de cómo nos hicieron aprender a vivir con el miedo, a llevarlo con nosotros. No solo el miedo a la muerte, si no como se cuenta en este libro, el miedo a la cesantía, a la delación,  a estar en el lugar equivocado.

“Volvera los 17, Recuerdos de una generación en dictadura” es un enorme y necesario aporte a nuestra memoria, en estos 40 años del Golpe de Estado. Son los relatos de lo que ocurrió intramuros, de lo que callamos, de cómo aprendimos a jugar en medio del desconcierto. Son las historias personales, que brotan y nacen, para “dar voz a otras voces”, como dice Bisama.

Como si obligados a salir de un trance, hoy recuperáramos nuestras historias íntimas, donde el horror se despliega en distintas aristas, pero donde también y principalmente, se despliega la vida. Para decirnos que aquí no hubo ni habrá empate. Y que por mucho mall y cifra macro económica exitosa, a los que crecimos en dictadura, cuando recordamos nuestra infancia, siempre nos recorre algún tipo de escalofrío.

Muchas gracias.

10 de septiembre 2013

Javiera Parada en la presentación de Volver a los 17 el 10 de septiembre de 2013.Javiera Parada en la presentación de Volver a los 17 el 10 de septiembre de 2013.

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Libro “Volver a los 17″: padres e hijos

El de los 40 años ha sido, por lejos, el más impactante de los aniversarios redondos del golpe de estado chileno. Como nunca antes una nueva efeméride del quiebre de la democracia ha remecido a buena parte de los chilenos. Como nunca se han hecho exhortos de perdón y justicia. Las redes sociales dieron cuenta, como nunca, de su utilidad, puesto que a través de ellas se visibilizaron millares de pequeñas intensas historias del golpe y la dictadura, cosa imposible hace algunos años. Todo lo anterior reafirma que lo más importante en la vida no es sonreírle al mundo con optimismo y fe, sino buscar la justicia. Los medios de comunicación, por su parte, tuvieron un rendimiento dispar. Mientras Chilevisión descolló con producciones comoChile, las imágenes prohibidas y “Ecos del desierto”, Canal 13 se limitó a hacer un aséptico y timorato “corre video”, recalentando un charquicán de imágenes que ya se vieron un millón de veces en muchas otras partes y en muchos otros momentos.

Y están los libros. Era esperable que el mercado editorial aprovechara este aniversario del putsch, y lo hizo con la no ficción como estandarte principal. Entre los vol, las protestas estudiantiles de fines de los ochenta y contingencia, con el relieve propio de cada pluma que úmenes aparecidos para conmemorar las cuatro décadas del desastre de 1973, está Volver a los 17. Recuerdos de una generación en dictadura(Planeta, 2013), una compilación de textos de escritores y periodistas chilenos que crecieron durante el régimen pinochetista. A cargo del conjunto está el periodista y escritor curicano Óscar Contardo (1974).

Hace algunas semanas me tocó presentar a Contardo a propósito de una nueva edición de su superventas Siútico. El escenario era el foyer del Teatro Municipal de Viña del Mar, posiblemente una de las ciudades que cuenta con una de las mayores tasas de ancianos pinochetistas en Chile. Algo así como Providencia con acceso al Océano Pacífico. Aprovechando la ocasión, Contardo informó a la concurrencia de qué iba este libro. Su propósito es fijar los recuerdos de los miembros de una generación nacida en dictadura, o que hayan tenido muy poca edad al momento en que Allende fue derrocado. Ante esto un señor viñamarino pidió la palabra y le censuró con amargura al antologador el no contar “la otra mirada”, “la historia completa”, “lo que pasó antes del 11 de septiembre” y “las causas de por qué pasó lo que pasó”. Contardo esquivó con desenvoltura y serenidad el rocket, subrayando que el asunto del libro es el recuerdo y no la historiografía.

Esto lo confirma uno de los escritores que componen el conjunto, Álvaro Bisama, cuando apunta en su intervención en el libro que escribe del pasado acumulando retazos.

contardo

Las ventajas de un libro compuesto casi en su totalidad por sandías caladas no requieren de mucha explicación. Sí vale señalar que al ser éste un libro de memorias, en el que los autores deben bucear en sus recuerdos sobre el período más nefasto de la historia reciente de Chile,están obligados a ser honestos, sin dejar un centímetro a las cuchufletas y a la pirotecnia narrativa. De esta forma, Volver a los 17 se muestra como una combinación balanceada de intimidad y contingencia, con el relieve propio de cada una de las 15 plumas calificadas que conforman el libro, memorias que muestran marcas comunes como el terremoto de 1985, el caso degollados (otro golpe devastador) o las protestas estudiantiles de fines de los ochenta.

Como conjunto, Volver a los 17 es una sinfonía, posee distintos tonos, distintos colores. La llaneza infantil ante lo terrible deContardo, Alejandra Costamagna o Nona Fernández contrasta con la ópera ligera de Patricio Fernández Chadwick, quien habla de un tío Andrés que era revolucionario hasta el golpe además de aportar una anécdota de su pasado como nieto de patrón de fundo. Luego se pasa a Rafael Gumucio, desmedido y sentencioso, dando paso a un reverso absoluto, al de Pablo Illanes, quien hace un repaso más liviano,cinéfilo y televisivo de la época. Luego, la periodista Andrea Insunza marca otro giro en el libro, pues se pasa del relato de alguien arrojado al período a un testimonio de alguien que sufrió en más de un flanco el pisotón de la bota militar. Nieta del ex secretario general del PC Luis Corvalán, entre otros parientes comunistas, su relato la pone, tal vez, más cerca del horror que las otras plumas del libro. Es el aria más trágica de esta obra, sin dudas.

Libro eminentemente político, Volver a los 17 es también un libro de padres e hijos. De paternidades incomprendidas, de candores perdidos, de rebeldías y lecciones. De distancias y rebeldías adolescentes que el tiempo supo desvanecer. Lo expone con claridad Andrea Insunza: “De algún modo, nosotros, los niños, competíamos con la dictadura por la atención de nuestros padres. Y en la medida en que crecíamos empezábamos a notar nuestras derrotas”.

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Fue en septiembre__ José René Barrientos Warner __Germán F. Westphal

Kellina__ Jacqueline Binfa Contreras __María Paz García-Huidobro

Al Che y a Miguel en el 2001 __ Miguel Enríquez, Ernesto Che Guevara __Víctor Toro Ramírez

Carta de Bautista a su madre __ Bautista Van Schouwen Vasey __

Página de diario de 1963 __ María Cristina López Stewart __

Otro más del Manuel de Salas __ Luis Guajardo Zamorano __Anónimo

Miguel vivía en una casa con vista a la esperanza __ Miguel Enríquez Espinoza __por José María Memet

Amanece __ Máximo Gedda Ortiz __

Cuando en el sur florecían los cerezos __Marcelo Salinas Eytel__por Guido Eytel

Hermana niña __ Carmen Bueno Cifuentes __por Olimpia Bueno

Historia de un asesinato por fusilamiento__ A la memoria de Pedro Purísimo Barría__por Germán Westphal

El hombre del abrigo amarillento y la mujer que lo amaba__María Cristina López Stewart, Federico Alvarez Santibáñez, Horacio Caravantes Olivares, Jaime Vásquez Sáez, Luis Guajardo Zamorano, Claudio Contreras y Agustín Martínez __por Martín Faunes Amigo

Arrayán__Paulina Aguirre__por Viviana Sepúlveda

Cartas mutiladas__Carmen Bueno__por María Elena Blanco

Bajo el bosque__Héctor Garay Hermosilla__por Diego Muñoz Valenzuela

Triunfador en innumerables aventuras __Sergio Alejandro Riffo Ramos__por Pablo Leiva

Confidenciado entre café y café __Sergio Alejandro Riffo Ramos__por Marisa

Una persona de la raza humana __José Modesto Amigo Latorre__por Hippie

Encuentro del héroe con la traidora __Padre Antonio Llidó Mengual__por Archivero

Mac Leod había sido cadete __Juan Rodrigo Mac Leod Treuer y María Julieta Ramírez Gallegos__por Pablo Leiva

Con Mario somos amigos __Mario Edrulfo Carrasco Díaz __por Lucía Sepúlveda

Recuerda, tu hermano desapareció __Manuel Jesús Villalobos Díaz__por Lucía Sepúlveda

Un asesino anda suelto por Ñuñoa __Eduardo y Rafael Vergara Toledo__Desde Comisión FUNA

Biografía de Miguel Enríquez __Miguel Enríquez Espinoza__por Pedro Naranjo Sandoval

La opción de Augusto Carmona__Augusto Carmona Acevedo __por Lucía Sepúlveda

Un gato de siete vidas__Renato Alejandro Sepúlveda Guajardo __por Queni y Queltec

Confieso que he luchado y alcé los puños iracundo__Ricardo Ruz Zañartu __por P. Ruz

El preso ochocientos quince__Gilberto Urbina Chamorro __por Sonia Cano

La casita de La Faena__Jaime Orellana __por Kenya

Los ojos olvidados del camarógrafo de la “Batalla de Chile”__Carmen Bueno y Jorge Müller Silva __por Gustavo del Campo

En las garras de la Operación Cóndor__Sergio Reyes Navarrete __por Sonia Cano

Ayer cuando me enteré__José Francisco Bordás Paz, “el Coño Molina” __por Rucia

“Sigamos luchando no más…”__Hernán Santos Pérez Alvarez__por Queltec

Ubica a mi compañera cuando salgas en libertad__Pedro Poblete Córdova__por Lucía Sepúlveda

Matemáticas y ajedrez__Vicente Palomino Benítez__por Lucía Sepúlveda

Juez especial después de 27 años__Leopoldo Muñoz Andrade__por Lucía Sepúlveda

¿Dónde estará la Violeta del Grupo de Teatro Acuarium?__Violeta López Díaz__por Lucía Sepúlveda

Morén Brito versus María Teresa Eltit “et ale” __María Teresa Eltit__por Lucía Sepúlveda

El año nuevo ’75 de Marisa: Infierno en La Torre__María Isabel Joui __por Lucía Sepúlveda

Aquí no tengo nada que decir__Martín Elgueta Pino__por Lucía Sepúlveda

La mirista hija de una enfermera del Hospital Militar__Jacqueline Binfa Contreras__por Lucía Sepúlveda

Alfredo, vas a ser abuelo__Alfredo García Vega__por Silvia Vera

Cacería de dos hermanos__Jorge D’orival Briceño__por Sonia Cano

El Pelao Krauss__ Víctor Fernando Krauss Iturra __por P. Ruz

Padre, compañero Joan Alsina__ Joan Alsina Hurtos __por María Paz García Huidobro

Volveré, volveré, donde está mi madre esperándome__ César Arturo Negrete Peña __por sus hermanas

Un minero__ Antonio Lagos Rodríguez __por Susana

Nuestro Aníbal__ Agustín Reyes González __por Maria Stella Dabancens Gandara

El estudiante que Alejandra envió “a Puerto Montt”__ Mauricio Jorquera Encina __por Lucía Sepúlveda

Joven profesor detenido cuando iba a ver partido del Mundial__ Agustín Fioraso Chau __por Lucía Sepúlveda

Miguel Angel desaparecido versus Miguel Angel, su “doble” del sur__ Miguel Acuña Castillo y Héctor Garay Hermosilla __por Lucía Sepúlveda

Cacería nocturna__ Ofelio Lazo Lazo __por Lucía Sepúlveda

Desapareció de la U y de Maipú a los 21 años__ Juan Ernesto Ibarra Toledo __por Lucía Sepúlveda

Vietnam y Londres en la vida de un poblador__ Carlos Cubillos Gálvez __por Lucía Sepúlveda

El mirista de Quinta Normal que desapareció un 26 de julio__ Ismael Chávez Lobos __por Lucía Sepúlveda

La Pity Vergara__ Lucía Vergara Valenzuela __por Paty

Homenaje a Pepe Carrasco__ José Carrasco Tapia “Pepone” __por Patricia Collyer

El chico Sebastián, un artesano militante__ Rubén Arroyo Padilla __por Sonia Cano

Pepito milagroso__ José Carrasco Tapia “Pepone” __por Cheña

Verano del 72__ Sergio Peña Díaz __por Raúl de Calama

Váyanse de Santiago__ Lucía Vergara Valenzuela “la Pity” y Arturo Villavela Araujo __por Marisa

El veterinario del MCR__ Sergio Peña Díaz __por Queltec

Secretos de familia__ Alan Bruce Catalán __por Lucía Sepúlveda

Un beso para las tres__ Sergio Peña Díaz __por Ricardo-Eugenio

El Coño Villavela__ Arturo Villavela Araujo __por “M”

Del José Joaquín Aguirre al Hospital de Cunco__ Eduardo González Galeno __por Margarita Romero

El último de los buenos que alcanzó a verlo__ Sergio Pardo Pedemonte __por Aminta Traverso

La DINA contra dos del cordón Vicuña Mackenna__ Cecilia Castro Salvadores y Juan Carlos Rodríguez Araya __por Sonia Cano

Francia exige a justicia chilena aclarar desaparición de Alfonso Chanfreau__ Alfonso Chanfreau Oyarce __por Lucía Sepúlveda

Juan Chacón dijo adiós a su padre en Cuatro Alamos antes de desaparecer__ Juan Rosendo Chacón Olivares __por Lucía Sepúlveda

El arte de ser mirista y trabajar en Investigaciones__ Sonia Bustos Reyes __por Lucía Sepúlveda

La voz de María Angélica__ María Angélica Andreoli Bravo __por Lucía Sepúlveda

Marcados a fuego en la frente, María Inés y Martín__ María Inés Alvarado Borgel y Martín Elgueta Pinto __por Lucía Sepúlveda

Secuestro del albañil de la Población Kennedy__ Eduardo Alarcón Jara __por Lucía Sepúlveda

Kellina, la mirista hija de una enfermera del Hospital Militar__ Jacqueline Binfa Contreras __por Lucía Sepúlveda

Homenaje a la caída en combate de Miguel Enríquez __Miguel Enríquez Espinoza__por Hernán Aguiló

Sitio en homenaje a Jecar Nehgme __Jecar Antonio Nehgme Cristi__por Lucho

Profesionales a fines y contrapuestos __María Cristina López Stewart__por Martín Faunes Amigo

El último día de Miguel __Miguel Enríquez Espinoza__por Manuel Cavieses Donoso

Thamesis __Marcelo Salinas Eytel__por Nicole Drouilly

Muriel, dulces, kuchen y tortas __Muriel Dockendorff Navarrete__por Patricia Ochoa

El que tuvo siempre tiempo para escribir poesía __ Máximo Gedda Ortiz__por Ignacio Puelma

Un par de botas para su hermana __ Luis Guajardo Zamorano __por Martín Faunes Amigo

Carta para mi amigo el ciclista __ Sergio Tormen Méndez __por Carlos Moukarzel Numair

Cien años de soledad __ Santos Romeo González __por Nilda Bórquez

La hija del flaco Raúl __ Carlos Julio Fernández Zapata __por Hilda E. Espinoza Figueroa

El detective-ángel de las micro tabletas fotográficas __ Teobaldo Antonio Tello Garrido __por Martín Faunes Amigo

Ramón Núñez, ¡no existe! __Ramón Núñez Espinoza __por Lucía Sepúlveda

Abundio, el carpintero del G1 __Abundio Contreras González __por Lucía Sepúlveda

A la esquina sin abrigo en el invierno del 74__Jorge Olivares Graindorge, Zacarías Machuca Muñoz __por Lucía Sepúlveda

De la Bolsa de Comercio a un recinto de tortura__Guillermo Beausire Alonso __por Lucía Sepúlveda

Estoy en poder de la DINA!__Germán Moreno Fuenzalida __por Lucía Sepúlveda

Collar de flor al cuello__Cecilia Labrín __por Lorena Sandoval

Unos veranos después__Lumi Videla y Sergio Pérez __por Martín Faunes Amigo

El chaleco rosado de jacqueline__Jacqueline Drouilly __por Nicole Drouilly

Un ex dirigente de la salud__Marcos Esteban Quiñones Lembach __por Lucía Sepúlveda

Brazos que parecían abrazar sueños__Elízabeth Cabrera Balarritz __por Carmen Gallero Urízar

El delito de ser amigos y ex alumnos del Manuel de Salas__Jaime Mauricio Buzio Lorca __por Lucía Sepúlveda

Una imagen de cartón levantada sobre mi cabeza__Jenny Barra__por Lucrecia Brito Vásquez

La desaparición del peluquero mirista__Daniel Abraham Reyes Piña__por Lucía Sepúlveda

Sopa de rocas__Juan José Boncompte Andreu__por María Norambuena/Martín Faunes Amigo

Tren nocturno a la esperanza__Carlos Rioseco Espinoza__por Hilda E. Espinoza Figueroa

Entre dos mundos__Jorge D’orival Briceño__por Anita

María Isabel y María Teresa__María Isabel Joui Petersen y María Teresa Eltit Contreras__por Lucrecia Brito Vásquez

Una casa al fondo por Joaquín Godoy__Ida Vera Almarza, María Cristina López Stewart, Carlos Carrasco Matus, Miguel Angel Pizarro Meniconi __por Tomás Pizarro Meniconi

Coca-Cola__Jaime Vásquez Sáez__por Martín Faunes Amigo

El negro era un valiente__Hernán Pérez Alvarez__por Lucrecia Brito Vásquez

Nos encontraremos a través de la niebla que despejaremos__Muriel Dockendorff Navarrete__por Gloria Laso Lezaeta

A María Mardones__Hermanos Velásquez Mardones__por Hilda Espinoza

María Isabel tenía diecinueve años y una vida por delante__María Isabel Joui Petersen__por María Eugenia Letelier

_ > ¿QUIÉNES SOMOS? Un grupo interdisciplinario de personas interesadas en preservar la memoria histórica que bajo el nombre “Las historias que podemos contar”, hemos creado este espacio web para dar a conocer nuestros avances en estos ya catorce años en que nos hemos dedicado al trabajo de rescatar la memoria en pro de la dignidad valórica e histórica de los compañeros que cayeron enfrentando a la dictadura. Hacemos notar que son pocos aquellos que cuentan con una historia, un homenaje literario, o una foto o pintura que los rescate no sólo en lo que eran como militantes, sino también en como los seres humanos que eran, con alegrías y sueños. Así, este avance se muestra esperando incentive en la colaboración de todos ustedes para esta labor que no reconoce dimensiones ni partidos y el único plazo que establece es el más corto posible.El material que presentamos está, por lo tanto, en constante actualización, ello, gracias a aportes que se reciben desde todo el mundo, siendo factible que en él existan inexactitudes y errores que rogamos disculpar, sólo no se cometen errores cuando no se avanza. Adviértanos si detecta algún error y, ayúdenos, tenemos por delante una tarea inmensa: dar a conocer lo que pasó con los nuestros, pero por sobre todo, mostrar cómo eran ellos y cuáles eran sus sueños.Nadie que sepa algo se puede restar a esta tarea que para cumplirla somos todos necesarios. La idea es que escribamos sobre quienes conocimos y generemos con este material uno o más libros. Hemos publicado tres volúmenes de la saga “Las historias que podemos contar”, con una cuarta en preparación, el apoyo a cinco libros sobre memoria histórica ya publicados y más 500 historias escritas en homenaje a toda una generación que se la jugó contra la dictadura.Nos llamamos “Las historias que podemos contar”, porque si fuimos testigos y participantes podemos y tenemos todo el derecho a contarla, es más, lo debemos hacer para preservar esta historia reciente que a pesar de los esfuerzos que han hecho por borrarla ésta porfiadamente resurge para que la tengamos siempre presente. ¡Hasta la victoria siempre…!

Margarita Román Dobson, Hilda Espinoza Figueroa, Shenda Román, Xaviera Ovalle, Violeta Bagnara, Lorena Sandoval, Monique Hermosilla Jordens, María Angélica Illanes, Grecia Gálvez, Draco Maturana, Valeria Barraza, Edgardo Carabantes, Facundo Leylaf Ona, Juan Carlos Díaz, Manolo Arriagada, Pancho Lussich, Fernando Lizana, Manuel Paiva y Lucrecia Brito, nuestra Secretaria General, más Martín Faunes Amigo, nuestro Director.


LAS HISTORIAS QUE PODEMOS CONTAR: — directorhistorias@gmail.com

Acerca de Subsecretaria FF AA: “los hijos no eran responsables de los pecados de los padres,…”esta niña no sabe las atrocidades que cometió su padre,

Víctimas de torturas y marinos exonerados piden aclarar antecedentes de la designada subsecretaria para las FF.AA. Carolina Echeverría

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Víctimas de torturas y ex marinos exonerados durante la dictadura militar por dar a conocer la posibilidad de un Golpe de Estado piden se aclaren los oscuros antecedentes de la reciente designada Subsecretaria de las FF.AA, Carolina Echeverría (PPD). Antes la misma Carolina Echeverría habría sido investigada a través de un sumario administrativo por graves conflictos de intereses con el proyecto Termoeléctrica Barrancones, que finalmente detuvo Sebastián Piñera, dada la alta movilización social en contra del proyecto.

Según la información entregada por víctimas de la represión durante la dictadura de Pinochet, la reciente designada Subsecretaria de FF.AA., Carolina Echeverría Moya (PPD) es hija del Coronel ® del Ejército, Víctor Echeverría Henríquez, quien durante la dictadura se desempeñó como capitán a cargo del “Regimiento Buin”, ubicado en la comuna de Recoleta y que fue utilizado como centro de detención y tortura luego del Golpe.

Aunque Víctor Echeverría nunca ha sido procesado por violaciones a los derechos humanos, (fue citado a declarar por el juez Mario Carroza), existen diversos testigos que acreditan su colaboración y participación en sesiones de interrogatorios, torturas y otros vejámenes criminales.

Entre ellos está la conocida escritora Mónica Echeverría, quien no tiene nexos familiares con el general ni su hija y quien fuera detenida y trasladada al mismo regimiento. La investigadora se refirió a la figura del hombre que estaba a cargo de este centro de tortura.

“El capitán Echeverría fuera de detenerme y de llevarme al Regimiento Buin, detuvo a mucha gente e hizo toda clase de cosas horribles dentro de su regimiento. Ahora yo creo francamente que esta niña no sabe las atrocidades que cometió su padre, su padre fue un torturador que dirigía las torturas, fue un violador y un asesino”, señaló.

El teniente del Regimiento Buin, Carlos Pérez Tobar,  afirmó que a Víctor Echeverría había sido enviado en calidad de funcionario de Inteligencia del ejército al regimiento ya que éste operó como neutralizador del llamado tanquetazo, previo al golpe de estado. El ex uniformado indicó que presentó una denuncia por tortura y el homicidio de un conscripto, el soldado Mario Gho Alarcón, a quien, asegura, le dispararon públicamente en el edificio de la Comandancia de la instalación.

La escritora Mónica Echeverría aseguró que la relación de parentesco es real  y sostuvo que no juzgan a la subsecretaria designada recientemente por Bachelet por actos cometidos por su padre, pero sí surge la duda entre las víctimas de violaciones a los derechos humanos si se conocía este antecedente al proponer su carta en una secretaría como la de Fuerzas Armadas.

En este sentido se pronunció el vocero de la Nueva Mayoría, Osvaldo Andrade: “Esta no fue una propuesta hecha como conglomerado, cada partido, conversó, propuso, habría que preguntarle a quien la propuso. Yo francamente no tengo idea. Yo entiendo además, que esto salió en la prensa tiempo atrás, así que pareciera ser de público conocimiento, pero si me preguntan si es que la información se manejó o no en el comando presidencial, no lo sé, porque yo no soy parte del comando”.

La designada Subsecretaria Carolina Echeverría es militante del Partido por la Democracia (PPD). Fuentes al interior de la colectividad señalan que desconocían el antecedente. Así lo indicó el diputado PPD Patricio Hales, integrante de la Comisión de Defensa, quien dio fe de la futura autoridad al desempeñarse como subsecretaria de marina en el anterior gobierno de Michelle Bachelet.

Patricio Hales, parlamentario del PPD indicó que “yo no había escuchado nunca de este antecedente, solo sé que ella fue una subsecretaria que cumplió con la Presidenta Michelle Bachelet en forma muy rigurosa, es una persona muy seria en su trabajo, yo la conozco desde hace más de 15 años. Los antecedentes que siempre he tenido de ella han sido de un trabajo muy impecable en su cumplimiento, no había escuchado una cosa como esta”.

El parlamentario PPD añadió que no conoce la denuncia, pero que no puede juzgar a nadie en función de la biografías de sus padres, ya que éstas no determinan los valores y principios. Con esto coincidió el abogado Roberto Celedón, quien fue detenido junto a su esposa y trasladado también al Regimiento Buin. El profesional reiteró la necesidad de aclarar a la opinión pública si esto se conocía al momento de la designación.

El abogado Roberto Celedón manifestó que “los hijos no eran responsables de los pecados de los padres, sin perjuicio de que en un puesto tan delicado, como es este que dice relación con las Fuerzas Armadas, yo creía que era un tema que la Presidenta Bachelet tenía que conocerlo. Si ha habido plena transparencia de ella en informar esta situación o al futuro ministro de Defensa, la Presidenta en conocimiento de todos estos antecedentes la ratificó en el cargo. Yo hago conciencia de la Presidenta”.

El abogado agregó además que se subentiende que un personero de la Nueva Mayoría debe adherir al respeto irrestricto de los derechos humanos.

No obstante, la futura autoridad también ha sido denunciada por la Asociación de Marinos Exonerados quienes afirman que, al momento de tramitar la jubilación para sus uniformados sometidos a vejámenes,  la autoridad les pidió que retiraran la demanda que habían interpuesto contra sus torturadores. Esta señal de obstrucción a la justicia inquieta a algunas de las víctimas, para quienes la nueva autoridad se debe pronunciar sobre esta materia y asegurar el respeto a la vida y la dignidad en la formación de todos los miembros de la Armada.

El Sumario Administrativo e investigación por conflictos de interés

Además, hay otros datos graves. Carolina Echeverría, tendrá a su cargo, entre otras funciones, tramitar las concesiones marítimas. Según un reporte de Ciper Chile este asunto respecto a tramitar concesiones marinas en el primer gobierno de Michelle Bachelet, le valió un sumario administrativo.

Sin embargo, extrañamente, y dada la gravedad de los antecedentes y mails que respaldaban la investigación, también dada a conocer en su momento por La Tercera, no se le formularon cargos, el primer semestre del 2008, cuando aún era subsecretaria de marina, se investigaron las gestiones de la firma Suez Energy para obtener las concesiones marítimas para el proyecto Termoeléctricas Barrancones y en el rol que tuvo en ello la firma Osorio & Echeverría Consultores Asociados Ltda, sociedad que pertenecía a la subsecretaria y su esposo, Clobis Osorio Olave.

El hombre habría realizado una serie de consultas a su esposa entonces Subsecretaria de Marina sobre la solicitud de concesión de la termoeléctrica Barrancones, una de las cuales fue reenviada por email por la propia Carolina Echeverría. Además, los pagos de esta asesoría ($7.000.000) fueron depositados en una cuenta de la empresa en que la subsecretaria era socia, junto a su marido Clobis Osorio.

 Por, David Rubinstein

El Ciudadano

Foto: Radio Universidad de Chile

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  • Lunes, 10 de febrero de 2014
  • Actualizado a las 21:46

10 de febrero de 2014

Acusación se suma a cuestionamientos de los “marinos constitucionalistas”

Víctimas de DD.HH. identifican a padre de futura subsecretaria de Fuerzas Armadas como torturador y violador

“Me parece increíble que Carolina, con un puesto tan importante de subsecretaria, no sepa, no haya intuido, no haya buscado qué es lo que era su padre, que era capitán en el Regimiento Buin y que es culpable de detenciones, de muertes, de tortura, de violaciones y hoy día está libre”, sostuvo Mónica Echeverría, quien junto a Mónica Bulnes se refirió al papel que jugó Víctor Echeverría durante la dictadura militar.

Un emplazamiento a la designada subsecretaria de las Fuerzas Armadas, Carolina Echeverría Moya (PPD), para que se pronuncie respecto a las acusaciones que pesan sobre su padre en relación con violaciones de los derechos humanos, realizaron Mercedes Bulnes y Mónica Echeverría, víctimas de la dictadura.

En el programa “Una Nueva Mañana”, de Radio Cooperativa, Mercedes Bulnes relató: “Él, Víctor Echeverría (Henríquez), era capitán en ese entonces, y llegó al domicilio de mi padre, donde yo estaba ese día, el 23 de octubre de 1973, a detenernos a mí y a mi marido y nos llevaron al Regimiento Buin. Yo soy casada con Roberto Celedón. Esa noche Roberto fue torturado (…) A mí me dejaron en libertad al día siguiente, pero fui detenida nuevamente una semana más tarde”.

Por su parte, Echeverría asegura que el uniformado torturó a su esposo y cometió abusos deshonestos hacia ella misma.

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Villa Grimaldi y su Archivo Oral. La Memoria que nos hace visibles.

Archivo Oral

El Archivo Oral es una iniciativa implementada por la Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi con la colaboración del Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile (ICEI) y tiene como objetivo la construcción de un archivo testimonial relativo a la historia de Villa Grimaldi centro clandestino de detención, tortura y desaparición de la Dictadura Militar. (denominado cuartel “Terranova” por la Dirección Nacional de Inteligencia DINA).

Nuestro archivo produce en soporte audiovisual testimonios de ex detenidos y detenidas del ex Cuartel Terranova, familiares de ex detenidos, ejecutados y/o desaparecidos del lugar, vecinos del recinto de reclusión, informantes claves, expertos en la materia, entre otros. Con los testimonios se ha creado un archivo en formato DVD de consulta pública dirigido a estudiantes, profesionales, investigadores y público en general. El archivo es el eje central del Museo de Sitio.

El enfoque museal se inserta en las corrientes denominadas “museos de la memoria”, en los que los testimonios son el material fundamental de las colecciones. Ello se traduce en que parte de éstos contarán con una vía de acceso abierta al público a través de las diversas exposiciones y actividades organizadas por el museo.

Además de la producción de fuentes testimoniales, el equipo a cargo del Archivo Oral promueve instancias de difusión y reflexión de contenidos relativos a la memoria, derechos humanos, terrorismo de Estado y otros temas asociados.

En sus diversas etapas el Archivo Oral de la Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi ha contado con la colaboración de la Coalición Internacional de Sitios de Conciencia (USA), Memoria Abierta (Argentina), Kolat (Alemania), Fundación Ford (Chile), Fundación Heinrich Böll (Alemania) y la Comisión Europea.

Horario de atención Sala de Consulta del Archivo Oral y CEDOC.

Martes: 14:00 a 18:00
Miércoles: 10:00 a 14:00
Jueves: 14:00 a 18:00
Viernes: 10:00 a 14:00

La consulta deberá realizarse previo envío de solicitud (formulario a continuación) y tras recibir la confirmación correspondiente.

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