Roberto Nordenflycht

Roberto Nordenflycht

Historias de vida combatiente

URBESALVAJE

Por José Miguel Carrera

nordenflych

Cierto día, como “siempre”, Manuel se preparó para cumplir la rutina diaria de trabajador de oficina. Esa era la leyenda con que lo conocía la dueña de la casa donde arrendaba una pieza. A las ocho de la mañana, puntualmente, se despedía de ella y abría la reja del ante jardín, revisaba el buzón y de vez en cuando encontraba una de las cartas que él mismo se enviaba de vez en cuando para no levantar sospechas. Pero aquel no sería como todos los días en su “normal” vida de clandestino.

Corrían los años finales de la década de los ochenta. Había asumido nuevas responsabilidades en la organización y aún no se cumplía un año desde la muerte del primer jefe del Frente, “Benjamín” Raúl Pellegrin. Era la época en que la dictadura caminaba inexorablemente a su fin y en medio de ese escenario, los rodriguistas…

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Gian Franco Pagliaro/Yo te nombro libertad

YO TE NOMBRO…LIBERTAD (1969) (Gian Franco Pagliaro)

Por el pájaro enjaulado
Por el pez en la pecera
Por mi amigo que está preso
Porque ha dicho lo que piensa.

Por las flores arrancadas
Por la hierba pisoteada
Por el cuerpo torturado
De mi amigo que no canta.

Yo te nombro Libertad.

Por los dientes apretados
Por el nudo en la garganta
Por la rabia contenida
Por las bocas que no cantan.

Por el verso censurado
Por el beso clandestino
Por el joven exiliado
Por los nombres prohibidos

Te nombro en nombre de todos
Por tu nombre verdadero
Te nombro y cuando oscurece
Cuando nadie me ve
Escribo tu nombre en las paredes
De mi ciudad
Tu nombre verdadero
Tu nombre y otros nombres
Que no nombro por temor.

Por la idea perseguida
Por los golpes recibidos
Por aquel que no resiste
Y se queda en el camino.

Por el miedo que te tienen
Por tus pasos que vigilan
Por el déspota de turno
Por los hijos que te matan

Yo te nombro Libertad.

Por las tierras invadidas
Por los pueblos conquistados
Por la gente sin salida
Por los sueños atrapados.

Por el justo ajusticiado
Que no han dicho como y donde
Por el héroe asesinado
que jamás negó tu nombre.

Yo te nombro Libertad.

Espacio de JEAC

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Otro de mis cantautores preferidos es sin duda Gian Franco Pagliaro, este italiano nacido en Napoli y bautizado bajo el nombre de Carlo Pagliaro. A sus quince años, toda su familia emigró de Italia con destino a Brasil, pero en la escala del barco en Buenos Aires, se enamoraron de la ciudad y decidieron quedarse. Posteriormente tocaré más a fondo su biografía y su vida artística y otros hermosos temas, ya que cuento con un archivo respetable de sus vinilos. Ahora quiero centrarme en ese maravilloso tema que dice “Yo te nombro libertad” y que tantas veces cantamos como himno en nuestro grupo juvenil en aquellas épocas de dictadura de los años 70.

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“Con el tiempo “Yo te nombro” o si prefieren, “Yo te nombro Libertad”, se convertiría en una de las canciones más emblemáticas de los setenta y la más utilizada por los partidos de izquierda y organizaciones revolucionarias…

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ENTREVISTA A OSVALDO BAYER Y NORA CORTIÑAS

ENTREVISTA A OSVALDO BAYER Y NORA CORTIÑAS

Memoria y defensa DD.HH en la Argentina de Macri

El Sudaméricano

A 41 años de la masacre genocida, por Radio La Retaguardia, Alfredo Grande en el programa Sueños Posibles entrevistó a Osvaldo Bayer -periodista y escritor-, Nora Cortiñas -madre de Plaza de Mayo de Línea Fundadora-

Osvaldo Bayer

“Viví el aniversario del 24 de marzo con enorme tristeza, sinceramente no hay consuelo, cuánta asquerosidad, cuánta crueldad, muy pocas veces realmente me avergoncé de ser argentino pese a los grandes que tenemos, cómo puede ser posible que un individuo así, sino cientos y cientos que trajeron la muerte en este país tan rico, donde todos podríamos vivir felices. Estos son todos los defectos de siempre de nuestra democracia, sinceramente no se toman las cosas en serio parece, aquí hay que corregirse, hay que iniciar una política nueva, una política que realmente salve a todos y que uno tenga confianza en el gobierno, en el sistema. Hasta ahora, no”,

Sobre la amenaza de…

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A décadas del asesinato del líder del MIR chileno, opinan Ramis, Echeverría, Amoros y Quesada

Nadie lo dude. Miguel esta con nosotros

Verdeolivo

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La pregunta de Miguel

La figura de Miguel Enríquez despierta dos tipos de reacción. O se le descalifica en bloque, culpándole de un amplio conjunto de pestes políticas, o por el contrario, se la ensalza en un relato militante, que mezclando la hagiografía revolucionaria y el panegírico apologético tiene poco que ver con la personalidad y el talante del fundador del MIR.

Miguel no era un santo ni un demonio, sino un revolucionario que propuso una serie de preguntas políticas fundamentales al país, y estuvo dispuesto a debatirlas abiertamente durante toda su vida. Lejos del sectarismo o el dogmatismo, se le debe ubicar, dentro de la tradición del pensamiento crítico latinoamericano, entre los que buscan una alternativa emancipatoria adecuada a las condiciones específicas de nuestros pueblos. En este aspecto, Miguel Enríquez es una figura actual. Sus preguntas siguen siendo gravitantes y exigen ser tomadas en cuenta, de forma profunda…

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El testimonio de la mujer que fue quemada por una patrulla de Pinochet

El testimonio de la mujer que fue quemada por una patrulla de Pinochet

Chile: el testimonio de Carmen Gloria Quintana, la mujer que fue quemada por una patrulla de Pinochet

  • 31 julio 2015
Carmen Gloria QuintanaDerechos de autor de la imagenFONDO DIARIO LA NACION Y ARCHIVO MUSEO DE LA MEMORIA
Image captionTras recuperarse en Canadá, Carmen Gloria Quintana volvió a Chile a contar su testimonio y luchar por la democracia.

Rodrigo Rojas de Negri y Carmen Gloria Quintana fueron quemados vivos. El primero murió. La segunda sobrevivió para contarlo*.

El caso estremeció a Chile y al mundo hace casi 30 años. Y recién ahora tiene coletazos en la justicia.

El ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago, Mario Carroza, dictó el jueves cinco nuevos procesamientos a los siete que dictó la semana pasada por homicidio calificado y homicidio frustrado contra exmilitares que participaron en lo que se conoce como el “Caso Quemados”: dos jóvenes que en julio de 1986 fueron quemados vivos en medio de unas protestas contra el gobierno del general Augusto Pinochet (1973-1990).

El caso fue reabierto luego de que Fernando Guzmán, entonces recluta, rompiera un “pacto de silencio” -que según Guzmán implicó dinero y beneficios con tal de que quienes estuvieron envueltos en los hechos no hablaran- y contara por primera vez detalles de cómo se produjo el crimen.

Su testimonio permitió por primera vez procesar en la justicia civil a los presuntos autores.

Sin embargo, la versión de la única víctima que sobrevivió para contarlo era distina.

En julio de 2013, Carmen Gloria le contó a Mike Lanchin del programa Witness de la BBC cómo una patrulla de Pinochet la roció con combustible, le prendió fuego y luego la abandonóen un terreno baldío a las afueras de Santiago. Este fue su testimonio.

El 2 de julio había sido declarado paro nacional y Pinochet había amenazado con sacar a las Fuerzas Armadas a reprimir a todos los que salieran.

Yo me levanté temprano, con mi hermana Emilia, la mayor. Era un día nublado, invierno, tipo 7:30 de la mañana y salimos a caminar por la población desde la que se suponía iríamos en marcha hacia la Universidad de Santiago.

Nos juntamos con algunos vecinos, con Rodrigo Rojas y dos jóvenes más que yo no conocía prácticamente.

Estos jóvenes se preparaban para hacer una barricada con neumáticos para interrumpir el tránsito de una avenida bien importante y nos piden ayuda. Como nuestro ánimo era de protestar, les dijimos que bueno.

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Una protesta que terminó en tragedia

  • El 2 de julio de 1986 Chile se preparaba para un paro nacional contra del gobierno de facto del general Augusto Pinochet.
  • Carmen tenía 18 años entonces. Estaba en la universidad y como tantas otras veces, se disponía a participar activamente del paro.
  • Sin embargo, camino a las protestas, el grupo con el que iba se encontró cara a cara con una patrulla militar, comandada por el entonces teniente Pedro Fernández Dittus.
  • Los jóvenes iban con neumáticos y combustible para construir barricadas. Al ver a los militares, huyeron. Sin embargo Carmen y el joven fotógrafo Rodrigo Rojas De Negri fueron alcanzados por los militares.
  • Según la versión oficial del gobierno de Pinochet, cuando Quintana y Rojas fueron detenidos, algunas de las bombas molotov que llevaban se rompieron y explotaron, prendiéndoles fuego accidentalmente.

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Cuando íbamos caminando se nos acerca una camioneta de militares, todos con maquillaje y vestidos de camuflaje.

Tuvimos miedo, dejamos botados los neumáticos y salimos arrancando, todos en distintas direcciones.

Nos salieron persiguiendo a nosotros con Rodrigo, que corrimos hacia la misma dirección.

A Rodrigo lo sometieron y lo patearon en el suelo.

A mí me tomaron, me revisaron por todas partes, me pusieron contra la pared. Me preguntaron qué andaba haciendo, les dije que iba a estudiar a la universidad. Me revisan los documentos, me los quitan.

Me echaban garabatos (insultaban), me pegaban en la espalda con la punta de la metralleta y yo lloraba porque tenía mucho miedo.

Se comunican por sus aparatos con su gente, viene un grupo de militares de la esquina. Estaban los neumáticos y traen un bidón de bencina. “En esto andaban”, nos dicen.

El militar que mandaba más, el teniente Pedro Fernández Dittus, toma el bidón.

Yo estaba de pie contra la pared. Me empieza a echar bencina desde la cabeza y a Rodrigo lo rocía como a una planta, porque él estaba tendido en el suelo sangrando.

En esos momentos yo no pensé que la idea era quemarnos. Se me pasó por la mente que era como una burla, que nos iban a soltar y me iba a poder bañar.

Repentinamente ellos nos tiran un aparato incendiario que explota y yo me convierto en una antorcha humana. Y Rodrigo también.

Yo me desesperé y traté de apagarme con las manos, empecé a revolcarme en el suelo a ver si las llamas se apagan y no pasaba nada.

Entonces siento que alguien me tira una frazada encima, me envuelven y me ponen en la parte de atrás de un camión.

Después de eso yo pierdo la conciencia.

[Según la declaración de Guzmán, tras ser rociados con combustible, quien los encendió fue otro de los oficiales a cargo de la operación: el entonces teniente Julio Castañer, también procesado hoy por homicidio por el juez Carroza.

Según la versión de Guzmán, “el fuego lo inició el teniente Castañer con el encendedor”.

“Cuando estaban en el suelo, escuché que el teniente Castañer le decía a Fernández que lo mejor era matarlos, pero este último dijo que no, porque el era católico”, declaró Guzmán ante la justicia]

Quemados caminando por ayuda

Despierto cuando nos están tirando en una zanja en el campo donde corre el agua, pero estaba seca.

Me tiran a mí y después a otro cuerpo. Yo tenía miedo, así que me hago la dormida, no reacciono. Y nos dejan ahí botados.

Rodrigo me empieza a mover para que despierte. Nos levantamos y lo miro: tenía toda su cara negra, le faltaba la mitad del pelo. Me empiezo a mirar y veo toda mi ropa oscura y mis manos negras. Y le digo a él: “Mira como nos dejaron estos desgraciados”. Y él se queda callado.

Nos dejaron en un camino campestre, muy hacia adentro, de polvo y tierra. Tuvimos que caminar a la calle.

Salimos a una carretera y ahí nos dimos cuenta de que estábamos cerca del aeropuerto. Empezamos a tratar de hacer parar los autos, pero yo creo que los autos se asustaban al ver nuestra imagen de zombies.

Al rato después llega una patrulla de policía y Rodrigo me dice que no digamos nada, porque nos pueden hacer desaparecer.

La Policía nos pregunta qué nos pasó y nosotros no decimos nada, nos quedamos en silencio.

Había justo una construcción donde había obreros. La policía llama a la ambulancia y la ambulancia no llega nunca. Los obreros nos hacen como una camilla de ladrillos y ahí yo me acuesto.

Yo tenía tanta rabia que le digo a la Policía: “Tíreme un balazo por favor, para no seguir sufriendo”.

Estuvimos como 30 minutos, creo. No lo sé realmente.

Ante mis palabras, la Policía reaccionó. Pararon un vehículo civil y nos llevaron a un consultorio cercano.

Ahí la enfermera les dice a los carabineros que se vayan y me dejen sola con ella. Ella, muy amable, me pregunta qué me hicieron y yo le digo la verdad. Me dice si quiere que hable con alguien. Yo le digo: “Sí, con mis papás”. Y ahí ella le avisa a mi familia.

Después de que hablan con mi familia, nos transportan a la Posta Central, que es el hospital más grande de Urgencias en Chile y ahí yo pierdo la conciencia.

No sé qué más ocurre conmigo. Sé que estuve en coma, que me hicieron muchas operaciones de trasplante de piel, donaciones de sangre…

Fue un periodo muy oscuro para mí, porque es como que hubiera estado muerta todo ese tiempo. Después reconstituí la historia por lo que mis padres y mis amigos me han contado.

En el hospital: hermana de novia y atentado a Pinochet

Carmen Gloria QuintanaDerechos de autor de la imagenFONDO DIARIO LA NACION Y ARCHIVO MUSEO DE LA MEMORIA
Image captionCarmen Gloria Quintana antes del ataque.

Empecé de poco a darme cuenta. Todo mi cuerpo estaba vendado entero, porque me hacían injertos de piel. Era muy doloroso, porque cada vez que me cambiaban las sábanas, se me pegaban.

También estaba con un respirador artificial, no podía respirar por mí misma.

Rodrigo Rojas no logró sobrevivir. Tenía un 70% de la superficie de su cuerpo quemado y falleció cuatro días después.

Yo tenía el 65% de mi cuerpo quemado, también con quemaduras de segundo y tercer grado.

Pasaron dos meses y medio (en el hospital, antes de viajar a Canadá donde se le ofreció un tratamiento de recuperación).

Me acuerdo de algunas enfermeras que eran bastante cariñosas. Hubo días de paro en que algunas no podían llegar y otras, aunque no les correspondía, se quedaban haciendo doble turno para cuidarme.

También recuerdo que me impactó mucho ver a mi mamá la primera vez, porque había perdido como 15 kilos.

Mi mamá me hizo cariño y me dijo que era una chica valiente. Ella tiene harto sentimiento de culpa, porque cuando me vio la primera vez quemada pensó que era mejor que me muriera para que no sufriera.

Mi hermana Emilia, la que salió ese día conmigo, fue a verme vestida de novia con su marido.

También recuerdo que el doctor Jorge Villegas, que era el cirujano plástico que llevaba mi caso, me contó que habían hecho un atentado contra Pinochet en septiembre. Y eso me alegró mucho.

Se preocuparon mucho porque pensaron que podían tomar represalias y me podían asesinar ese día. Entonces toda mi familia se quedó en el hospital ese día.

Vocera de los sin voz

Carmen Gloria QuintanaDerechos de autor de la imagenLA TERCERA
Image captionCarmen Gloria ha viajado por todo el mundo contando su caso.

Cuando llegué a Canadá fue la primera vez que empecé a ver mi cuerpo, cómo estaba. Fue bastante impactante.

Yo resistí al principio mirarme. Iba al baño, había un espejo y no me quería mirar.

Al principio estaba completamente inmóvil. Cuando llegué a Canadá no podía caminar ni usar las manos. Tuve que crear nuevamente músculos en mis piernas para volver a caminar.

Los primeros años me hicieron 40 operaciones aproximadamente.

Las manos y el cuello me quedaron muy quemadas y me tuvieron que operar varias veces para poder recuperar la movilidad.

Tenía que estar en kinesioterapia todos los días. No podía agarrar lápices, cucharas, pinzas. Eso lo recuperé, pero la motricidad fina aún me cuesta. Soy torpe con las manos y no puedo hacer cosas muy delicadas.

La boca me quedó bastante atrofiada y me tuvieron que hacer varias operaciones para poder abrirla.

Volví a Chile el año 1988 yo creo que ahí me operé unas dos veces más, pero ya tenía fobia al olor de la anestesia. Dije que ya era suficiente, ya no quería nada más.

Empecé a contar lo que me había sucedido y viajé a muchos países denunciando la situación de violación de los derechos humanos que vivíamos en Chile.

Viajé a EE.UU., Alemania, Francia, las dos Alemanias, Bélgica, Suiza, Suecia, Australia y a algunos países de Latinoamérica. Me convertí en una especie de vocera de la situación de derechos humanos en Chile.

La fuerza me la dio la rabia, saber que tanta gente había muerto y no tenía voz para denunciar lo sucedido. Yo me sentí una portavoz de toda esa gente.

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* Este reportaje de Witness fue originalmente publicado el 2 de julio de 2013, para el aniversario número 27 de los hechos y fue actualizado el 31 de julio con los últimos avances del proceso.

URBESALVAJE

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Generación rebelde

Generación rebelde

La historia de las últimas décadas en Chile se construyó con algo más de lo que señala la historia oficial y los discursos rimbombantes que mencionan hechos importantes de la nación. Ese algo más es, por lo general, el aporte de las mayorías a los cambios políticos y sociales determinantes en el país. Es a su vez la historia de los sencillos, los buenos de corazón, los solidarios, los que no salen en la tele, la “participación de las masas” como gorgoreaba en los años 70 más de algún connotado líder político de la izquierda tradicional.

El libro de fotografías Generación rebelde de Pepe Durán, Segunda Edición, con el apoyo para el diseño de la portada, diagramación y retoque digital de Raúl Castro Free, como en la actualización de fotos, con una hermosa impresión de 150 páginas realizada por Ensamble Impresores, nos muestra nuevamente un poco de ese “algo más”. Refleja en imágenes lo que hicimos en esos años para acabar con la dictadura. Extraordinarias fotografías de la experiencia social y política de los 80 retratadas como memoria colectiva para el presente.

URBESALVAJE

La memoria armada de los ochenta en archivos fotográficos de Pepe Durán

La historia de las últimas décadas en Chile se construyó con algo más de lo que señala la historia oficial y los discursos rimbombantes que mencionan hechos importantes de la nación. Ese algo más es, por lo general, el aporte de las mayorías a los cambios políticos y sociales determinantes en el país. Es a su vez la historia de los sencillos, los buenos de corazón, los solidarios, los que no salen en la tele, la “participación de las masas” como gorgoreaba en los años 70 más de algún connotado líder político de la izquierda tradicional.

El libro de fotografías Generación rebelde de Pepe Durán, Segunda Edición, con el apoyo para el diseño de la portada, diagramación y retoque digital de Raúl Castro Free, como  en la actualización de fotos, con una hermosa impresión de 150 páginas realizada…

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40 AÑOS. MI MEMORIA, TU MEMORIA, NUESTRA MEMORIA

El 11 de septiembre de 1973 mi proyecto de vida voló en mil pedazos con las bombas que cayeron sobre La Moneda.

No Olvido, No perdono.

ASI LO VIVI YO...y quien lo hereda no lo hurta

Los primeros días de la Dictadura ví el río arrastrando los cuerpos de mis compañeros…

Los primeros días de la dictadura los carabineros comandados por el Capitán Galaz, del sector de el Arrayan, golpearon a mis hijos y patearon sus bolsones del colegio buscando esas armas que jaás estuvieron…

Los primeros días de la dictadura debí vender a precio vil mi parcela al gral. Orlando Gutierrez a cambio del salvoconducto para poner a salvo a mis cuatro hijos fuera de Chile.

El 11 de septiembre de 1973 mi proyecto de vida voló en mil pedazos con las bombas que cayeron sobre La Moneda.

No Olvido, No perdono.

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Marcela Eva Santucho escribe la historia y la memoria de su padre

Marcela Eva Santucho escribe la historia y la memoria de su padre

Marcela Santucho, hija de revolucionarios trae la voz de sus padre y sus compañeros a la memoria

Comunicaciones y Reseñas memoria

Entrevista a Marcela Eva Santucho. La hija de Mario Roberto Santucho presenta nuevo libro y asegura: “Estamos cada vez más cerca de encontrar el cuerpo de mi padre”.
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El suboficial retirado Víctor Ibañez fue uno de los principales testimonios que aseguró que el cuerpo de Mario Roberto Santucho, líder del ERP, había sido expuesto por los militares en el Museo de la Subversión Juan Carlos Leonetti -inaugurado en 1979- junto a las pertenencias de otros caídos; libros, panfletos, objetos y armas incautadas a los guerrilleros. El genocida Antonio Domingo Bussi, creador de dicho Museo y quien exhibió el cadáver de Santucho, armaba escenas que representaban la actividad guerrillera con maniquíes, vestidos según cada caso. En el caso de Santucho, no se trataba de un maniquí, sino, de su propio cuerpo embalsamado.

Marcela Eva (47 años) es la segunda hija de las tres que tuvo Santucho con Ana MaríaVillarreal.( Ana, y…

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Rugbistas argentinos desaparecidos en dictadura.la Voces de sus hijxs y amigos

Rugbistas argentinos desaparecidos en dictadura.la Voces de sus hijxs y amigos
Soy madre de tres rugbistas chilenos y abuela de otros dos. He conocido desde décadas un montón de jugadores y he compartido con ellos en las graderías, en los tercer tiempo y en vacaciones. Sé que los rugbistas forman unos de esos extraños grupos en que se producen y entablan profundos lazos de afecto, compañerismo,fraternidad sin que por lo general los unan lazos de familia. Son un grupo de pertenencia que mantiene unidos a hombres desde la infancia hasta los últimos años, incluyendo en sus afectos a sus esposas e hijos. Es por ello que esta historia caló muy hondo en mí, porque puedo imaginar perfectamente cuan profundos eran los vínculos que este deporte y la militancia unió a estos deportistas.
Agradezco a Carola Ochoa, que una vez publicada la primera nota acerca de los rugbistas argentinos desaparecidos me hizo llegar a través de facebook esta que ahora  comparto y que lleva el horror a un grado difícil de aceptar.

Una lista que no para de crecer

La sanjuanina Carola Ochoa, con la colaboración de familiares, amigos y compañeros de esos rugbiers y su tarea de investigación exhaustiva, logró confeccionar una nómina que hoy alcanza el centenar de casos.

Hernán Rocca, uno de lo tantos rugbiers desaparecidos, va en busca de la pelota.

Una mujer, casi de la nada y solo con su compromiso militante armó un registro de jugadores de rugby desaparecidos que no tiene precedentes. Carola Ochoa vive en San Juan, habla pausado y menciona con orgullo su trabajo social en Villa Hipódromo. Quizá no tenga idea del valor de su tarea: su pesquisa constante, la búsqueda de un nombre, de un club, del dato que esclarece. Hizo crecer la lista con la colaboración de familiares, amigos y compañeros de esos rugbiers que hoy pueblan sus archivos. Una cifra todavía imprecisa que ya superó con holgura a los 52 que son homenajeados en un torneo nacional que ella misma creó. Hoy casi duplicó la cifra. Pero además de su paciencia tibetana para juntar historias –todas reunidas en su página de Facebook– Carola consiguió que nos hiciéramos de nuevo una pregunta: ¿cómo pudo ser que tantos jóvenes que abrazaron ideales revolucionarios en los años 70 eligieran al rugby como deporte?

La respuesta no la tiene ella ni tampoco nosotros. Podríamos hacer elucubraciones sobre la matriz solidaria del juego. La época convulsionada que los encontró en la lucha. Las coincidencias en el estudio, la pasión por el rugby y sobre todo, su identificación con diferentes proyectos políticos. Eran montoneros, comunistas, guevaristas, maoístas, trotskistas. Ochoa hilvanó sus perfiles con el hilo conductor del deporte. Hizo tanto en tan poco tiempo que hasta ella misma está sorprendida. Y confiesa que se sacó de encima los prejuicios con el ambiente del rugby cuando se entusiasmó al unir las historias de sus desaparecidos.

Ahora cuenta desde su provincia: “Esta iniciativa empezó cuando Fernando Sandoval, un profesor y militante de los Derechos Humanos en Chubut, me invitó a formar parte del grupo organizador en el país de La Carrera de Miguel para traerla a San Juan. Fue durante una capacitación de tres días en Puerto Madryn, con Elvira Sanchez, hermana de Miguel, y los referentes nacionales”.

Después –confiesa en su largo correo– leyó el libro Deporte, desaparecidos y dictadura publicado en 2006 y reeditado en 2010. Una pieza encaja en la otra hasta formar un mecano que Ochoa contribuyó a extender por todo el país. Dice que en San Juan no hay jugadores de rugby desaparecidos, pero buscó y chequeó las identidades de casi noventa casos confirmados. La nómina según ella ya supera los cien. En ese número hay quienes representaban a clubes que también desaparecieron como sus deportistas. Atahualpa Rugby Club o Central Buenos Aires, el club donde jugaban los alumnos y ex alumnos del Colegio Nacional Buenos Aires.

Uno de los más entusiastas colaboradores de la sanjuanina es el ex puma Eliseo Branca. Gran jugador del CASI de San Isidro y su entrenador campeón en 2005 después de veinte años sin títulos. También se sumó Martín Sharples, tercera línea del club Porteño y atleta. Dos condiciones que no lo definen totalmente porque además es un militante comprometido que perdió una pierna en un accidente de moto. Y juega al rugby con una prótesis. Martín –confiesa Carola– la convenció de que en determinado momento debía ponerle una cifra al torneo de rugby que imaginaba. De ahí surgió el 52. Pero se quedó demasiado corta porque seguiría topándose con más casos.

“En 2015, cuando vi por internet el video de Ensenada RC. Rugby Social, conocí a integrantes de la comisión directiva: Gabriel Merayo, Germán Fisser y Ana Garcia Munitis. Me invitaron a La Plata para explicarles mi proyecto” cuenta la sanjuanina. La capital bonaerense será escenario el domingo 13 de noviembre de una jornada que seguramente Carola jamás olvidará. En el Colegio Nacional Rafael Hernández que homenajeó a sus alumnos desaparecidos colocándoles sus nombres a las aulas –varios de ellos jugaban al rugby– se realizará una jornada con doce talleres sobre derechos humanos, memoria, literatura e inclusión en el deporte de la ovalada, entre otros temas.

El sábado 12 se disputará un partido de seven y otro de veteranos en homenaje a los jugadores desaparecidos. Veinte de ellos integraron distintos planteles de La Plata Rugby Club entre las décadas del 60 y 70. La institución los recuerda en una placa colocada en su sede de Gonnet hace unos años. Sobre la historia de esta tragedia, el periodista Claudio Gómez escribió un magnífico libro: Maten al rugbier. También se filmaron un par de documentales en Brasil e Italia. Y una miniserie sobre deportistas desaparecidos les dedicó un capítulo a los del club canario –se los conoce así por su camiseta amarilla– que se estrenó en Canal Encuentro en 2015.

Otra mujer, la periodista del diario La Capital de Rosario Laura Vilche también aportó en sus investigaciones las historias de los jugadores desaparecidos de aquella ciudad. Si Ochoa encontró solo en la capital bonaerense 41 casos repartidos entre La Plata Rugby, Universitario, Los Tilos y San Luis, desde la segunda ciudad del país le aportaron dieciocho historias más de sus clubes Old Resian, Jockey, Duendes, Universitario y Logaritmo.

La organizadora de esta movida que recorrió nuestra amplia geografía sueña con repetir la jornada del próximo fin de semana en San Juan, una provincia sin tradición rugbística. Ella no quiere olvidarse de todos sus colaboradores, de quienes la acompañan en la búsqueda de más datos, más fotos, más nombres que coincidan con esas fotos que, de no ser por ella, estarían guardadas en el cajón de alguna cómoda, dispersas, quién sabe dónde. El resultado es una contribución a la memoria de un deporte que sufrió como ninguno el terrorismo de Estado. Un registro que estimulará nuevas investigaciones porque en cada caso hay una historia que merece completarse.

El primer acercamiento que tuve con los casos de los rugbiers desaparecidos de La Plata fue por una nota que publiqué en el diario Perfil el 24 de marzo de 2006. Había leído sobre el tema (algún escrito de Gustavo Veiga en Página/ 12), pero esa tarde, cuando viajé por primera vez hasta el club en Gonnet, la historia me conmovió. Los anfitriones fueron Raúl Barandiarán, ex compañero de cinco jugadores-militantes, y dos hijas, Ana Balut y Verónica Sánchez Viamonte.
De aquella nota conservo un puñado de recuerdos; quiero rescatar dos. El primero es que después de desgrabar las entrevistas y reunir el material estuve un par de días dando vueltas sin poder arrancar. Escribía y borraba, una y otra vez; no aparecía un comienzo que me conformara. Tenía la mejor historia para contar —lo sabía—, pero el teclado se resistía. El compromiso y la exigencia que sentía eran desmedidos, algo que con otros temas no me ocurría. Al final la entregué, claro, forzado por los tiempos del cierre. El otro recuerdo que me quedó es que, cuando salió publicada, seguí insatisfecho: tenía la certeza de que el tema abarcaba una dimensión que excedía las dos páginas de un diario.
Tuvo que pasar un tiempo para que me decidiera a llevar esas historias a un libro. Una vez que arranqué fueron dos años intensos de búsquedas, viajes y escritura. Los rugbiers desaparecidos de La Plata se convirtieron en una obsesión. Y durante ese lapso pasaron cosas. Cuando empecé a fines de 2012, los casos eran diecisiete. Seis meses después, una investigación de Julián Axat —hijo de Rodolfo, uno de los rugbiers desaparecidos— reveló dos casos más. Al año, en una charla con un ex jugador del club, descubrí el vigésimo. La investigación influyó hasta en mis hábitos más cotidianos. Repetí hasta el hartazgo la canción que menos había escuchado de Virus. Conseguí un disco de Agapornis solo porque la banda está integrada por jugadores de LPRC.
No recuerdo en estos dos años haber leído un libro que no tuviera que ver con la militancia en los setenta. Y con las películas me ocurrió algo parecido.
Mientras yo buscaba a hijos, hermanos, amigos y compañeros, La Plata sufrió la peor inundación de su historia que —entre otros desastres— provocó ochenta y nueve muertos. Y seguí atento dos juicios por delitos de lesa humanidad. En la causa por el Circuito Camps condenaron a prisión perpetua a dieciséis militares y a un civil, el represor y ex ministro de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, Jaime Smart. Y por el centro clandestino de detención La Cacha recibieron perpetua quince genocidas, entre ellos, el ex policía Miguel Osvaldo Etchecolatz.
Una tarde estaba escribiendo mientras en la tele hablaba la presidenta Cristina Fernández. Yo trataba de resolver alguna historia mientras ella lanzaba el canal gratuito DeporTV en un acto en Tecnópolis. Su voz, apenas un rumor de fondo, entraba en segundo plano. Hasta que empezó a enumerar: “Santiago Sánchez Viamonte, Mariano Montequín, Moura, Rocca, Marcelo Bettini…”.Mis dedos se frenaron sobre el teclado. Sorprendido, giré la cabeza: era ella, la presidenta, recordando a esos muchachos que ya formaban parte de mi rutina. Horas después, YouTube completó la parte del discurso que me había perdido. Todavía vestida de negro, Cristina detalló: “Los deportistas desaparecidos después del golpe del 24 de marzo de 1976 me impactaron como ciudadana, como militante y como vecina de la ciudad de La Plata, porque de La Plata Rugby Club, que era uno de los mejores cuadros de rugby, no era el mío, pero era uno de los mejores cuadros de rugby de La Plata, si no el mejor, dicen algunos, desaparecieron dieciocho jugadores, muchos de los cuales eran muy amigos míos, conocidos”.
Una hija me confesó que se inventó recuerdos. Otra, que cuando piensa en sus padres los representa en una foto, que no puede imaginarlos en movimiento. Y otra, que está convencida de que suele tener conflictos con sus parejas porque es hija de desaparecidos. Una hermana me mostró un cinturón con manchas de sangre y marcas de balas. Un hermano me confió que su memoria borró todo lo que ocurrió aquellos años. Otro, que a su casa iba el delator que se había infiltrado en la agrupación. Una madre me detalló el encuentro que los represores le permitieron tener con su hijo para que se despidieran. Un padre, en el rol de juez, le tomó declaración a un genocida.
Un compañero del club me dijo que durante años fantaseaba con que sus amigos llegaban caminando por la playa de San Bernardo. Hay una habitación que sigue intacta. A un ex militante de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios), Independiente le salvó la vida. Y un ex dirigente del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) me reconoció que tuvo que aceptar, resignado, que la mayoría de las caídas se produjeron por delaciones. En LPRC hubo veinte casos, pero las historias los exceden.
La reconstrucción de fragmentos de las vidas de las víctimas me llevó a enfrentarme con episodios del presente tan complejos e intensos como aquellos que se vivieron en los años de militancia. El 29 de junio de 1978 murió el último rugbier. Pero el genocidio no se cerró.