La voz de Chris. Hijo de la Memoria

La voz de Chris. Hijo de la Memoria

Adriana Goñi

julio 2022

La voz de Chris

Chris se define en su IG «

Hoy supe que Christian falleció atropellado por un bus del Transantiago mientras pedaleaba hacia la vida…Quiero , de algún modo, expresar lo que este joven ha sido para mi, para mi trabajo, para mi sentir.

Periodista web/audiovisual, humorista frustrado, fotógrafo ocasional, cocinero amateur y #jardinerocannábico por vocación.

Busco en mi disco duro, busco en las redes sociales y en la Web su presencia y encuentro un océano de ideas, palabras, llamados, relatos, imágenes de este niño que conocí a sus 17 años recien cumplidos con quien inicié un camino que se ha extendido por mas de 17 años.

Christian Martinez Santos, hjo de la memoria, nacido de Elizabeth y Jorge, mis compañeros.

«Los hijos no somos victimas, somos testimonio«

Cuando el proyecto de hacer visible la memoria y la historia de los hijos e hijas era aún una idea obsesiva que me rondaba, conocí a un muy joven estudiante  de secundaria nacido en Bélgica, hijo de mis amigos y compañeros Jorge y Elizabeth, retornados de un largo exilio. Lo invité a tomar un café y nos reunimos, casi de incognito, en una terraza de un boliche.

¿Cómo te reconozco? Le pregunté al teléfono, para ubicarlo entre la gente. Voy de negro, me dijo. Yo también, le contesté y me dio risa…parecíamos dos conspiradores de opereta. Nos juntamos y le describí mi idea, y él de inmediato se entusiasmó. Esto era en los días del primer gobierno de Michelle Bachelet, por ahí por el año 2006.

Cuando comenzamos a desarrollar ideas, surgió de inmediato la brecha generacional. Yo planteaba hacer memoria a partir del Golpe de Estado y hacerlo extensivo a la actualidad; él con una increíble claridad y firme convicción, me planteó que la dictadura se había extendido hasta 1990, por lo que para él deberíamos acotar la memoria a esas fechas .Yo, muy arrogante no acepté y nos separamos amigos, pero no colaboradores.

Él fue quien instaló aquello de que los hijos no somos víctimas, somos testimonio, que después vi escrito en distintos sitios Web de Hij@s, y hoy hago una arqueología emocionada en los muchos espacios virtuales donde está estampada la incansable labor de este hoy ,brillante periodista y fotógrafo.

Es él quien, en su sitio Memoria Histórica de Chile, escribió en el año2009:

“Los Padres”

6/6/09 Por Christian Martínez Santos.―

El 11 de septiembre del 73 fue el día que cambio la vida de muchos, entre esas vidas estaban las de muchos cercanos a mí, que con grandes anhelos de justicia y libertad lucharon con consecuencia y coherencia, pensando en dar la vida si es que fuera necesario. Miles fueron los perseguidos, los torturados, los desaparecidos y los asesinados, miles son y serán los que carguen con el peso de llevar la historia de vida de estos personajes, y miles deberíamos ser los que rescaten, cuenten y reconstruyan esas historias olvidadas, con el fin y la convicción de que nunca más nadie deba volver a tomar la decisión de defender la libertad y justicia con su propia vida.

Yo nací en el 90, soy parte de la generación que por poco tiempo no nació en dictadura, de haber nacido antes, tampoco habría nacido en un país en dictadura. Mis padres habían llegado a Bélgica a principios del  89, en un autoexilio para preservar, durante el poco tiempo que le quedaba a la dictadura de Augusto Pinochet, intacto el pequeño núcleo familiar que habían formado.

Era el segundo exilio de mi padre.

La madurez, la valentía, la consecuencia y la coherencia de la vida de mis padres, es, a Mi parecer, lo que ha producido que mis hermanos mayores y yo veamos la vida de estos no como algo terrible, sino más bien, como algo que hay que ver con orgullo y honor.

Durante mi corta vida, nunca me han contado cosas que no quiera escuchar, y nunca han negado respuesta a mis dudas. Una de las pocas cosas que jamás he preguntado y que por el momento no espero preguntar, es cómo fueron las torturas que ami padre realizaron, por cuánto tiempo y quiénes fueron, si es que él tuviera conocimiento.

Mi padre era militante, activo y combativo, del MIR, mi madre, en cambio, fue una gran luchadora social en organizaciones como el CODEPU,AFPP,AFEP,AFDD y los CAP, de este último mi madre fue la creadora en la zona norte. En mi padre la militancia despertó en los 70 y en mi madre despertó su espíritu de luchadora social en los años 80, cuando empezó una relación con mi padre, la que dura hasta hoy en día. La relación de estos dos luchadores ha dado como fruto a tres hijos varones, agradecidos y orgullosos de la vida que nos han dado, y honrados de poder transmitir a la gente la opción de vida que mis padres tomaron durante la dictadura militar.

Chris y sus padres, Jorge Martinez y Elizabeth Santos en el Taller del Retorno, en Tallersol 2009
Chris y sus hermanos.

Nunca los vimos llorar, nunca les hemos escuchado  victimizarse, nunca les hemos visto sufrir por la opción de luchar contra la dictadura que tomaron, y jamás, jamás, nos sentimos vulnerados por nadie ni nada, aun en un país extranjero, aun en las visitas a la cárcel que hacían mis hermanos, aun cuando la muerte rondaba a mis padres.

Deben aceptar las culpas de cada cual.

22/4/08

Por Christian Martínez Santos

A través de la participación en algunas reuniones de grupos conformados por víctimas del régimen militar, como en conversaciones individuales con algunas de estas personas, se hace posible ver que la relación con sus hijos se ve afectada profundamente por su pasado de “victimas de la dictadura”. Este fenómeno, se expresaría en muchos jóvenes en deserción estudiantil, suicidios, problemas psicológicos y constantes problemas de socialización, tanto con la familia más cercana (hermanos, padres, madres), como con sus pares.

Es necesario poner la expresión “victimas de la dictadura” entre comillas, porque es donde, a mi parecer, se ve reflejada la raíz de estas problemáticas.

Vivir el día a día en una familia donde los padres (sujetos claves en la formación de los niños/as particularmente en su primera infancia), o familiares más cercanos, cuentan sus historias de vida, con un constante sentimiento de “victimización”, de odio, de frustraciones, puede traspasar dichas emociones al niño/a que se esta criando, lo que podría tener varias reacciones en el niño; replica del odio de sus padres en él, indiferencia ante la vida de sus padres (lo que podría producir en el niño una mala relación con sus padres o un desconocimiento de los mismos), victimizarse al igual que sus padres lo han hecho (cayendo en posibles problemas psicológicos), la frustración constante o negatividad frente a lo vivido, o el desapego hacia la vida propia, en tanto posibles efectos.

Los niños, son el producto de su realidad y entorno, por lo tanto los padres, “victimas de la dictadura”, no pueden negar su responsabilidad en la formación de sus hijos/as, ellos/as requieren mirar críticamente lo realizado con sus hijos. Así sea el escenario de una cárcel, o de un país cuyo lenguaje no se entiende, es siempre responsabilidad de los padres el crecimiento equilibrado de sus hijos (a lo menos hasta la etapa de adolescencia), entonces, es posible inducir que son los padres quienes no hicieron de esa realidad y de su entorno algo distinto, algo digno de vivirse por sus hijos/as.

Esta temática debería tratarse en las familias que se ven afectadas por estas situaciones, que los padres realicen un análisis crítico, en pro de mejorar la relación familiar con sus hijos, y ayudar a estos a comprender los problemas y vulnerabilidades de sus padres.

Chris, Jorge y Elizabeth en lanzamiento libro Rossana Carcamo, 2009
Chris,Elizabeth y Jorge con Rossana Cárcamo amigos desde el exilio en Belgica


Con la situación mencionada en el párrafo anterior, buscamos empezar a reconocer en los hijos la importancia de recuperar la historia de sus padres y amigos, y esto no tan solo en escritos, sino que en las formas en que a los hijos se les ocurra; escribiendo, pintando, analizando, elaborando poesía, obras de teatro, bienvenido sea, porque todo, todo sirve, para curar heridas y cerrar un ciclo.

Luego de terminada la dictadura de Videla en Argentina, lo primero que muchos hicieron, al día siguiente de su caída, fue el inicio de publicaciones masivas de libros de memoria, tanto novelas como ensayos, tanto vivenciales como documentales, un trabajo que han realizado desde entonces. Por esta vía, han logrando tener una mayor continuidad en sus historia personales y de país.

Ya han pasado 18 años del retorno a un sistema democrático, luego de haber vivido 17 años de dictadura. En estos años, los personajes principales de esa época, es decir nuestros padres, abuelos, tíos y familiares, no han recordado, a veces por miedo, otras por tristeza, muchas por pudor, o simplemente por el desgaste personal que produciría volver a revivir los dramas vividos.

Chris con Ramon Fernandez, compañero exiliado, amigo de sus padres.

Esta tarea ha sido pues legada a nuestras generaciones, somos los hijos y nietos, quienes tendremos que escribir y transmitir la historia que, hasta ahora ha sido muy poco recuperada.

Parte importante de esta recuperación tiene que ver con trabajar la aceptación y empatía de los hijos con sus padres, como camino de sanación de nuestros propios dramas de hijos/as de “victimas de la dictadura”. Es así como seremos nosotros, los hijos y nietos, los que escribiremos sus vidas. De esta manera, a su vez, nosotros entregaremos herramientas para que las generaciones siguientes no tengan impedimentos en conocer su historia, la historia de su familia y de su país, para no volver a repetir lo ocurrido, para no volver a engendrar nunca más un espécimen como Pinochet.

Debemos recuperar la historia y el respeto que lo vivido merece.

Bienvenid@s

5/8/07

¿De dónde parte esta idea?

Conversando con mi profesora de lenguaje, descubro que su padre tenía un pasado socialista y allí me doy cuenta que las historias tantas veces escuchadas a mi padre y a mi madre, no las he memorizado, y al tratar de recrearlas me parecen vagas, siento que se están perdiendo y con ello, me doy cuenta que no las tendré a la mano para contarlas a mi sobrina Antonia, a mis hijos, o sencillamente no voy a poder recordarla cuando mi padre ya no esté y todo parezca tan lejano.

Esa historia, me doy cuenta que tiene que ver con lo que ha sido mi propia vida y también, lo que no deja de ser potente, con la vida del país, con generaciones de seres humanos que han creído en ciertas cosas, con la realidad que hoy vivimos.

La vida de mi padre, hace un cruce con la vida de mi madre y allí estoy yo, naciendo, construyendo con ellos una familia. ¿Pero cuál es la vida que ellos hicieron?, ¿Por qué una vida así vivida, como ellos la vivieron, no tiene derecho a quedar escrita?, ¿Por qué esta historia escrita no puede arrojar luces respecto a la vida vivida en esos y estos años por otros, que hicieron similares caminos?, ¿Por qué las vida de estos seres humanos no puede ayudarnos a recordar la historia vivida, por todo un país, iluminándonos respecto de la otra historia, la escrita con mayúscula?, ¿Por qué desde esas historias no nos sería posible entender la sociedad que hoy estamos construyendo?, ¿Por qué los que entonces dieron sus vidas, se sacrificaron y esforzaron, en general hoy no son los protagonistas del presente?.

¿Qué espero producir?

Recuperar la historia, porque no hay sólo una historia, porque en la historia de estas vidas se pueden ver muchas otras vidas.

Recuperar la historia y el respeto que lo vivido merece. No puedo dejar de recordar cuando un día mi padre me cuenta una historia de uno de sus ex compañeros en el MIR que, por coincidencia, era también el padre de uno de mis compañeros de curso, no obstante mi padre me pide que no lo comparta con mi compañero porque a él no le consta que su padre le haya compartido esa historia, allí yo no logré entender porque ocultar lo vivido si es tan importante a lo menos para nosotros, los hijos.

Recuperar la historia y con ello, sentir que el miedo ya no está presente, sentir que puedo con ello ayudar a varios a terminar de una vez con la “persecuta”, que puedo aportar un granito de arena a ese “Nunca Más”.

Recuperar la historia, recuperando la memoria para dejarla plasmada en el papel, y no olvidarla más. No quisiera que estas historias sólo quedaran en mi cabeza, sin que otros muchos puedan verla y desde ello, conocer lo que allí sucedió.

Recuperar la historia, recuperando de pasada lazos y afectos entre las personas que compartieron alguna vez momentos intensos y que hoy están diseminados por el mundo o, cada cual enfrascado en sus vidas personales.

Todos quienes estén interesados y quieran incorporarse a las conversaciones que abran en el foro, solo regístrense sin miedo alguno aquí.

Saludos y participen del foro.

Christian Martínez.

http://memoria-historica-chile.blogspot.com/

Y echamos a andar

Hoy supe que Christian falleció atropellado por un bus del Transantiago mientras pedaleaba hacia la vida…

“Se vive para darse”: o el recuerdo de un libro inexistente.Ignacio Vidaurrazaga Manriquez

“Se vive para darse”: o el recuerdo de un libro inexistente

Ignacio Vidaurrázaga Manríquez *

Debe haber sido noviembre o diciembre de 1988, dictadura mediante y cuando aún estábamos en la vieja cárcel de Chacabuco 70, en Concepción, el momento en que hicimos ese particular lanzamiento en los patios de visita donde hubo alguna vez una araucaria. El nombre de la criatura fue: “Se vive para darse”, que según recuerdo era una frase robada a Eduardo Galeano de alguna parte.

Chacabuco 70. Foto https://www.marineros-constitucionalistas-chile.com/chacabuco-70-la-carcel-de-concepcion/

Con unas 145 páginas y un montaje sinérgico de dibujos y poesías que había ido reuniendo desde septiembre del 84 en adelante, la publicación de Ediciones Literatura Alternativa de Bruno Serrano hacía parte de varios sentidos. El más cercano era lo escrito sobre mis compañeros del 23-24 de agosto/84 ejecutados entre Concepción y Valdivia por los esbirros de la CNI junto al paso por la tortura en Concepción y en Santiago.

Luego, la relación cotidiana que uno establecía entre las vivencias de la cárcel y las noticias del afuera. Muchas demasiado tristes, que en algunos casos rebotaban directamente entre nosotros. Como por ejemplo sucedería con la noticia de la muerte de Tatiana Fariña, que escuchamos en la radio Cooperativa mientras estábamos junto al Rulo- su hermano- en nuestra pequeña cocina.

O en los momentos alegres la significación de volver a re-conocer a mis hijas aún pequeñas: Tamara y Katia, llenas de preguntas y contentas de tener padre y madre, aunque fuera encerrados y una vez al mes.

O como seguíamos la rebeldía de miles pese a la represión. También, los amores y desamores de la prisión, siempre intensos y cruentos. En fin, fueron esos los años en que la poesía se fue haciendo al calor del calendario porque escribir fue desahogo y bitácora más que maestría de taller.

De amores fugados escribí:

Esa mujer

Que mira a la distancia / no se ha dado cuenta / que en vez de pestañas

me molestan barrotes incrustados/ en mis pupilas.

Pero el proyecto de hacer un libro venía de antes, era una complicidad de hermanos. Con Gastón en algún momento de la cárcel retomamos comunicaciones. Él requería dinero, siempre les faltaba en la clandesta y nosotros teníamos formas de conseguirlo y hacérselo llegar. En el Chile clandestino conseguir cada peso era un riesgo significativo.

Lo del libro se originó simplemente en el compartido interés de hacer algo juntos. Él continuaba dibujando en medio de su extendida y dura clandestinidad y en mi caso había vuelto a escribir en los años de cárcel. No recuerdo desde donde del exterior me ofrecieron unos apoyos y ese fue el dinero para este proyecto de libro, donde yo asumiría el texto, mientras los dibujos serían de autoría anónima. Un libro que uniría cárcel y clandestinidad, que en suma eran concebidos como frentes desde donde se podía hacer resistencia.

Un proyecto que nos volvería a enlazar como hermanos de crianza y de opciones. Habernos quedado después del golpe. Más tarde separarnos por mi repliegue al exilio. Y el 80 volver a estar ambos activos en distintas zonas de Chile.

Los vientos habían cambiado, y poco a poco junto a dolorosos y frecuentes golpes represivos, estaban los avances de las protestas. Pese a lo alto y gruesos muros de Chacabuco 70, escuchábamos los gritos de las manifestaciones y en las visitas nos enterábamos de todo lo que estaba sucediendo. Recuerdo que los sindicatos de Gran Concepción nos hacían donaciones de comida como expresión concreta de solidaridad.

Adentro éramos los subversivos o los políticos según quien y cuando nos nombraran. Originarios de Tomé, Yumbel o la zona del carbón, Penco o Barrio Norte primaban los locales, mientras los presos afuerinos éramos una minoría. Hubo gendarmes cómplices y también los hubo perros y hostigadores. En general nos habíamos ganado miguitas de respeto y creo que casi siempre buscamos ser más allá de las orgánicas un solo frente de PP. Sabíamos de otras cárceles del sur e incluso de Santiago. Papelitos y calugas iban y venían mimetizados de mil maneras.

Retornando al proyecto libro con mi hermano acordamos que me enviaría una carpeta con dibujos sobre todos los temas posibles, luego en la cárcel yo haría un primer montaje. Eso debe haber sido el 85 y parte del 86. Antes no, por los traslados a Temuco y a Valdivia que ordenaban las Fiscalías Militares para adicionarme años. Lo cierto, es que ya devuelto en Concepción en la celda 14 y encaramado en un camarote cerca del cielo fui avanzando en este proyecto.

Creo, que no es este el texto para nombrar a cada uno de mis compañeros, que fueron varias decenas durante esos seis años y cuatro cárceles. Algunos están y nos comunicamos e incluso nos hemos visto. Mientras otros, muy pocos son ya memoria como el Charly y el Mota de Talcahuano.

En eso estaba afanado, cuando en septiembre del 86, después del atentado al dictador, un martes 10 de septiembre por un recorte de diario y la visita del cura Pedro Arregui de Penco me enteré que hacía dos días habían secuestrado y ejecutado a Gastón, al gordo, a “Picasso”, a mí hermano.

Lo que me sucedió a velocidad de abismo y control de prisionero puede ser otro texto, por lo tanto optamos retornar de inmediato. Ese día el proyecto libro cambió de sentido: ahora, había que reivindicar los dibujos, las líneas, la crónica de vida que subyacía en los significativos trazos de Gastón.

Y afiebrado escribí muchos textos al hermano que ya no estaría:

Indistancia del Guatón

“Realmente somos una familia muy aterrizada en este país de locos, una familia más separada que la cresta y todo gracias al loco superior” el guatón

Partamos de la base /que no podemos sacarnos el traje /que pese a todo

y aún en tu in-distancia / (como tú decías) / penas-faltas/ mucho desde allá

(que los dos sabemos es desde un terrenal aquí).

Todo eso querido guatón/ para decirte que reconstruimos tus pasos

enrollando tus clandestinas vidas/ de entre los pliegues

de tus nombres de guerra.

¿No has pensado que hasta tu muerte es clandestina?

Para muchos/ que aún no escuchan/ el sonar de los tambores de la aldea

llevando la mala nueva/ al último rincón de las localidades

/ de prófugos/ escuelas/ campañas / acciones/ reclutamientos

y carencias.

Desde el 86 al 87 estuve en eso. En silencio y destinando muchas horas al día. Incluso, recuerdo que me construí una mesita de trabajo con doble fondo. Hice copias de los dibujos en papel diamante en una mesa de luz y fui uno a uno montando dibujos y textos. Poco a poco fueron saliendo esos pliegos a la calle y con mucha seguridad también inventamos un barretín donde esos rollos pudieran viajar seguros. O quizás, todo sólo sucedió con el apoyo de mi vieja que sabía de qué se trataba cuando entraba y sacaba cosas protegidas por el fuero de magistrada.

Bruno Serrano en su editorial había publicado “Olla Común” de su autoría y “Poemas Insurrectos” de Heddy Navarro. También en la misma colección estarían “La Cola de la Lagartija” de Paulina y Gabriela Richards y “Mi Rebeldía es Vivir” de Arinda Ojeda. En las diversas formas de prisión de los años de dictadura se escribió, aunque las antologías de poesía existentes hasta el día de hoy prefieran majaderamente ignorar periodos, ciudades y circunstancias. Salvo la excepción del trabajo académico de la doctora en Literatura Olga Grandón, que hacia fines de los 90 publicó “Estrellando el muro: escritura de la prisión política en Chile” sintetizando especialmente el periodo de los 80 hasta el fin de la dictadura y poniendo fuertes acentos en la poesía carcelaria escrita por mujeres. Olga originaria de Concepción posiblemente había conocido esos textos desde los patios de visita en Chacabuco 70 y Coronel.

Hacer ese libro fue posible gracias a muchas complicidades de ex parejas y amigos, ayudistas y compañeros. Nada era o fue posible hacer solo. Un día cualquiera recibí en la prisión un paquete con diez libros. De inmediato partí con uno en la mano para hablar con el entonces alcaide. Había fracasado el intento de tiranicidio, pasado el plebiscito y fragmentado el MIR. Pronto nos cambiarían a una nueva cárcel llamada “El Manzano”, que decían que era un complejo. Los sueños de fuga, los chinches y las garrapatas quedaban atrás. La espera del cambio y el traslado también.

El alcaide me recibió entre incrédulo y sorprendido.

-¿Usted quiere lanzar un libro en está cárcel? –me dijo.

-Si, en el horario de visita de un fin de semana- le respondí.

Obviamente algo así no estaba en los reglamentos. Y lo único que se le ocurrió a ese coronel o mayor de lentes oscuros y porte macizo, el que hasta ahí había observado un comportamiento decente con nosotros, fue pedirme que le regalara y además le dedicara un libro.

-Usted sabe que todo va a cambiar- me comentó cuando se lo entregue.

Y así quedó sellado el lanzamiento en el patio de la cárcel de Concepción de Chacabuco 70. Él con su “salvoconducto” y yo con mi lanzamiento autorizado en homenaje a Gastón. Ese estreno de un libro en el patio de visitas de la cárcel de Concepción tuvo decenas de testigos, que seguramente recibieron ese libro. Todo aconteció único e irrepetible por forma y fondo. Cualquiera nueva edición tendrá posiblemente este recuento, pero ya nada podrá ser igual.

El otro lanzamiento fue en Pudahuel junto a una exposición de dibujos ampliados de Gastón. Esa fue la forma de recordarlo en uno de los territorios donde lo conocieron, en ese último tiempo de su extendida clandestinidad de 13 años. De eso otro, sólo vi fotos y años después en los 2000 un compañero me hizo llegar copia de los dibujos exhibidos en lo que parecía un galpón. Ahí también fueron distribuidos varios centenares de libros.

El libro “Se vive para darse” tuvo un tiraje de 1000 ejemplares y se regaló. Su producción era un dinero solidario y por lo tanto tenía que repartirse en Concepción y Santiago en los círculos más cercanos.

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Y luego muy lentamente ese libro se fue extinguiendo y olvidando.

Durante años no tuve ningún libro. Hasta que hace un par de años lo busqué en Mercado Libre y lo encontré para al menos volver a tener uno. Luego, conocí al librero Juan Polizzi, quien me regaló otro: una Antología de poesía en prisión llamado “Girasoles en las Sombras, Antología de Poesía de Presos Políticos”, Editorial Urbe, 1988 recopilados por Dante Ruiz Molina y Demian Moreno. El texto reunía 25 autores y autoras de diversos momentos de prisión. De mi autoría aparecían publicadas tres poesías extraídas de ese libro.

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Lo cierto, es que este año, cuando termine de escribir y comience a publicar los libros en que trabajo -El MIR de Miguel, Crónicas de Memoria, tomos I y II- ese creo será la hora de reeditar este libro inexistente, clandestino y desaparecido. Ya veremos con que editorial o como lo haremos. Publicar esa poesía y dibujos creo deberá ser un trabajo artesanal de cuidadoso y logrado montaje.

Hoy, en el día del libro, he considerado válido hablar de esta obra inexistente e inubicable. Recordarlo, creo es lo menos que un autor puede hacer por un libro inexistente.

Y para este final un aliento fraterno a la distancia a todos, todas y todes quienes conforman la prisión política la de antes y la del 18/0. A quienes borronean cuadernos sin atreverse a llamar poesía, cuento o crónica a las palabras que acumulan. La verdad, es que eso poco importa. Todos esos textos son valiosos, además de útiles. La prisión no es comparable a ninguna cuarentena exterior. Pero, permite actos propios y libres de vigilancias carcelarias y guardias internas. Y escribir y leer es uno de esos actos propios, además de posibles y dignos.

Ají Picante. 23 de abril de 2020.

*Ignacio Vidaurrázaga es periodista de la Universidad Arcis y magíster en Literatura mención Hispanoamericana de la Universidad de Chile. Ha escrito: “Se vive para darse” (1987, Editorial LAR), un poemario escrito en prisión con dibujos de su hermano Gastón, mirista que es secuestrado y ejecutado en 1986. Posteriormente, publicó “Martes once, la primera resistencia” (2013, Ediciones LOM).

Otro 24 de marzo. Yo viví un universo paralelo

Yo viví un universo paralelo.

En diciembre de 1977 vendí mi casa, mi auto, abandoné al Tonki nuestro perro lanudo, armé las maletas de mis cuatro hijos y regresé a Chile.

Diciembre 1977, reencuentro familiar

Mi humor siempre negro me hizo decir «más vale dictadura conocida que dictadura por conocer» y por supuesto estaba consciente de que tener por padre a un hombre público, rico empresario, vicepresidente de la FIFA y que Cesar Mendoza estaba casado con una prima hermana de mi madre- otra Godoy-era de cierto modo un paraguas protector.

Desde diciembre de 1973 viví en Buenos Aires, con mi entonces compañero que se había asilado en la embajada argentina y recién llegaban al país.

Fuimos acogidos solidariamente por otro asilado, Leonardo Cáceres y Gabriela su mujer que nos dieron alojo en su casa mientras sus hijos y los míos llegaban de Chile. Mis cuatro niños llegaron el 15 de marzo del 74, el día que mi hija cumplió 6 años.

Mis años de exilio fueron un universo paralelo donde las relaciones, los haceres y sentires sufrieron una distorsión tal que dejé de ser yo y me sumergí en la negación de mi identidad. En julio del 74 cumplí 30 años; ese día encontré trabajo y mi dedicación absoluta a conseguir mantener a mis hijos me hizo vivir situaciones surrealistas.

Recuerdo cada día levantarme a las seis de la mañana para tomar el colectivo que me dejaba a las ocho en Caballito, donde trabajaba. Creo que era el 137, que decían daba vueltas a la republica por lo extenso de su recorrido. Nunca he olvidado al obrero anciano que me guardaba un asiento en ese recorrido diario desde Martínez, en la provincia de Buenos Aires hasta Capital. En el Sanatorio Antártida si no llegabas a las ocho en punto no te dejaban entrar, así es que la ansiedad era mi compañera cotidiana.

Yo salí de Chile siendo estudiante de antropología, divorciada con cuatro hijos y en una relación no consolidada con un compañero de la universidad, militante también del MIR, que a poco llegar, en dos o tres años se transformó en una toxica experiencia.

En mi trabajo había otros chilenos; uno era comunista y otro mirista y nunca nos dirigimos la palabra porque la desconfianza estaba instalada desde entonces.

Y llegó el año 78, yo en Chile y mi padre a cargo de la organización del Mundial en Argentina.

En Buenos Aires había dejado un amor y aproveche la ocasión para regresar, invitada por mi padre.

Y acá es cuando se me viene abajo la memoria; no quiero recordarme sentada en el palco de honor en el estadio con las autoridades de la FIFA y de seguro con los militares argentinos…Por más que fuerzo el recuerdo no existe en mi memoria rastro alguno de esos días.

Cómo pude vivir en Buenos Aires en los tiempos de la Triple A, los años del Cóndor, la operación Colombo y no tener indicios de lo que ocurría a mi alrededor.?

Hoy, vieja y cansada reviso partes de mi vida y contrasto con los ríos y océanos de información y evidencias con las que he trabajado casi 50 años de lo sucedido durante la dictadura de Videla y ahora que harán 46 años de ese 24 de marzo me obligo a evaluar, a repasar cuanto hice, cuanto dejé de hacer; los porqué, los como, los con quien viví esos tiempos.

Hoy pienso con dolor en mis amigos de entonces, algunos asesinados por los milicos, otros perdidos en el olvido, otros desaparecidos de mi vida y mi memoria adolorida los recuerda cada marzo…

1 de marzo 2022

Desde <https://www.facebook.com/memoriandodesdeabajo/?ref=pages_you_manage>



Siento cada año la compulsión, la urgente necesidad de escribir, de recordar, de hacer visible lo que se vivió en la Argentina durante la dictadura- la ultima dictadura, como los argentinos la llaman- cuando las mujeres, los niños,los adolescentes, los y las judías entre otros fueron perseguidos, ejecutados, desaparecidos , apropiados, borrados del presente y del futuro.

Este año escribo acerca de la represión, tortura,muerte y desaparición de los compañeros y compañeras de origen judío, que en Argentina dejo en evidencia el antisemitismo que en nombre del mundo libre, occidental y cristiano exterminó a 195 desaparecidos judíos, incluyendo a chilenos y chilenas residentes en ese país.

Lo hago en recuerdo de mis bisabuelos Somer Swiderski  y Gitel (Augusta) Kohl y mi abuela Sara, nacida en Kalisz, Condado de Kalisz, Voivodato de Gran Polonia, Polonia, llegados a Chile en 1891 y cuya asimilación me negó mi identidad judía.

Una arqueología de la Memoria Familiar.

Durante 46 años he leido, buscado, compartido diversos materiales que describen, intentan explicar el horror. Libros, documentos, videos, audios, entrevistas,imágenes dan cuenta de lo que, parafraseando un poco a Galeano, cuenta que si Hitler hubiera sido
testigo de la impunidad y las atrocidades que cometieron los militares argentinos en sus procedimientos de captura-secuestro de
las víctimas para su posterior confinamiento en los tristemente célebres
Centros Clandestinos de Detención (CCD), bien le hubiera provocado un
severo e incurable complejo de inferioridad (Galeano,2001: 229),
*

Elena Alfaro confesó en
su relato ante la CONADEP lo siguiente:*
Si la vida en el campo era pesadilla para cualquier detenido, la situación
se agravaba para los judíos, que eran objeto de palizas permanentes y otras
agresiones, a tal punto que muchos preferían ocultar su origen, diciendo
por ejemplo que eran polacos católicos
(RNM, 1984: 50).
Jorge Reyes, detenido en el CCD Regimiento 1º Patricios, contaba:

Cuando nos golpeaban nos decían: “¡somos la GESTAPO!” (RNM, 1984: 50).
Nora Stejilevich narró su detención y traslado a un CCD del que pudo
salir afortunadamente con vida, detalló aspectos sobre las torturas que le
fueron aplicadas y los métodos de interrogación empleados por los hombres de fajina:
Directamente me llevaron a la sala de torturas donde me sometieron con
la picana eléctrica.
Me preguntaban los nombres de las personas que iban a viajar a Israel conmigo… el interrogatorio lo centraron en cuestiones judías. Uno de ellos sabía hebreo, o al menos algunas palabras que ubicaba adecuadamente en la oración.
Procuraba saber si había entrenamiento militar en los Kibutz (granjas comunitarias), pedían descripción física de los organizadores de los planes de estudios,

como aquel en el que yo estaba (Sherut Laam), descripción del edificio de la
Agencia Judía (que conocía a la perfección), etc. Me aseguraron que el “problema de la subversión” era el que más les preocupaba, pero el “problema judío” le
seguía en importancia y estaban archivando información (RNM, 1984: 51).
Pedro Miguel Vanrell confirmó que a los judíos les obligaban a levantar
la mano y gritar ¡yo amo a Hitler!
Los represores se reían y les sacaban la ropa a los prisioneros y les pintaban en las espaldas cruces svásticas con pintura en aerosol. Después los
demás detenidos los veían en las duchas, oportunidad en que los guardias
identificándolos – volvían a golpearlos y maltratarlos.
Vanrell recuerda el caso de un judío al que apodaban Chango, al que el
guardia lo sacaba de su calabozo y lo hacía salir al patio.
lo hacían mover la cola, que ladrara como un perro, que le chupara las
botas. Era impresionante lo bien que lo hacía, imitaba al perro igual que si
lo fuera, porque si no satisfacía al guardia, éste le seguía pegando… Después
cambió y le hacía hacer de gato
(RNM, 1984: 53).
Daniel Eduardo Fernández describió los límites de la infamia cuando en
su testimonio relató:

Contra los judíos se aplicaba todo tipo de torturas pero en especial una
sumamente sádica y cruel: “el rectoscopio” que consistía en un tubo que se
introducía en el ano de la víctima, o en la vagina de las mujeres, y dentro del
tubo se largaba una rata. El roedor buscaba la salida y trataba de meterse
mordiendo los órganos internos de la víctima
(RNM, 1984: 52).

Desde principios del siglo XX, existía en Argentina una arista antisemita que formulaba una correlación entre ser judío y ser marxista, debido a la marcada presencia judía en movimientos sindicales socialistas, anti-fascistas, y en partidos de izquierda. En la época de la última dictadura militar argentina (1976-1985), canalizando el latente antisemitismo criollo, se acentuó el corolario judío-subversivo.

Lo que Pierre Vidal-Naquet denomina el “sintagma judeo-marxista” que en 1942 y 1943 impulsó a las huestes de Hitler a librar la guerra en el este -“indisolublemente contra los judíos y los marxistas, considerados una misma entidad”[4] – recobró vigencia en la llamada guerra sucia de Argentina. La actualización de esta figura en Argentina se expresó por medio de un trato diferencialmente cruel hacia los prisioneros judíos, y una sobrerrepresentación de judíos entre los detenidos desaparecidos, en proporción a la población de ciudadanos argentinos de origen judío.[5]

En Chile no estaba culturalmente arraigado el concepto de judío como sinónimo de izquierda. Muy al contrario, es más probable que se asociasen al conocido apoyo institucional judío a la Junta Militar. Por lo tanto la visión que equivalía al judío con la izquierda estaba ausente de la retórica y práctica represiva de la Junta Militar chilena.

En este contexto, Argentina proporcionaba el escenario propicio para una orquestación con la cual Chile pretendía descarriar escrutinio acerca del destino de personas cuya detención era negada sistemáticamente. Para los militares argentinos, el montaje reforzaría la noción que su territorio nacional estaba azotada por subversivos internacionales que confabulaban con nacionales para producir una peligrosa inestabilidad, exigiendo la mano dura del Estado.

El agente chileno de la DINA Enrique Arancibia Clavel sería el principal enlace en Buenos Aires. Arancibia, años después, el único procesado por el asesinato de Carlos Prats y Sofía Cuthbert, colaboraba con sus pares argentinos a través de la Secretaría de Inteligencia de Estado. Posterior a su detención, se encontró en su casa un documento escrito a mano alzada con los nombres de 32 detenidos desaparecidos chilenos y los pasos fronterizos por las cuales habrían entrado a Argentina.[6] Jaime Eugenio Robostam [sic] Bravo habría entrado por Tromen (hoy Mahuil Malal), a 50 kilómetros en camino de ripio de San Martín de los Andes, el día 29 de febrero de 1975; Juan Carlos Perelman Ide supuestamente por Las Cuevas (hoy Cristo Redentor) el 29 de marzo del mismo año.

Los nombres de Jaime Robothan y Juan Carlos Perelman más los de David Silberman y Luis Guendelman, ambos egresados del Instituto Hebreo, fueron utilizados para un macabro preludio al montaje que se llegaría a conocer como Operación Colombo o Lista de los 119. Son los únicos nombres asociados con Operación Colombo que comparten el hecho de ser apellidos judíos, o por lo menos de timbre judío, dado que los Robothan no conocen antepasados judíos en su familia.

Los socios argentinos de Arancibia Clavel fueron los integrantes de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) que empezaba a circular en sus Ford Falcón verde por las calles de Buenos Aires. Dado el sesgo antisemita de este grupo, es probable que fueran sus operativos quienes eligieron los nombres de cuatro judíos para dar inicio al montaje.

La periodista argentina Stella Calloni, autora de dos libros sobre Operación Cóndor[7], está convencida que los argentinos eligieron los nombres judíos. “En ese momento, yo tengo la seguridad, te diría, del entusiasmo con el cual los de aquí participaron en esa operación. Mi tesis es estos chilenos se pusieron de acuerdo con un grupo nacionalista, nazis en realidad, y acá aparecieron cuatro cadáveres, con nombres de judíos chilenos. Todavía no sabemos de quienes son esos cadáveres. Estos hicieron este favor a Chile y a su vez, Chile haría un favor a los argentinos. Le entregaba gente o nombres. Cambiaban favor por favor”.[8]

Laura Elgueta, entonces de 18 años, vivía en Buenos Aires con sus padres chilenos exiliados desde 1974. Elgueta ha estudiado la maquinaria chilena-argentina de inteligencia para entender las circunstancias del secuestro y posterior desaparición de su hermano, el estudiante de música y militante del MIR Luis, cuñada Clarita Fernández y Cecilia, hermana de Clarita, el 27 julio de 1976. “No es casual que hayan sido ellos quienes eligieron nombres que sonaban judíos”. Elgueta señala “una mirada muy antisemita, instalada en sectores tradicionales vinculados a la Iglesia más ortodoxa argentina”, asociados con la Triple A.[9]

Elgueta fue testigo presencial del sesgo antisemita de la represión argentina. Casi al año de la desaparición de Luis, Clarita y Cecilia, a las 11 de la noche del 12 de julio 1977, ella fue secuestrada con otra cuñada. “Hacen el clásica operativo de secuestro que se hacía en plena 1977”, resalta. Las metieron, golpeándolas, en autos y las llevaron a un centro clandestino, que con los años lograron identificar como el Club Atlético. Al bajarlas de los autos, “lo primero que escuchamos fue a chilenos que nos estaban esperando. Creo que eran mas de dos”.

“Siguen el procedimiento habitual. Nos sacan los documentos, y nos ponen una letra con número. En el momento del interrogatorio nos desnudan. Llevan a mi cuñada a interrogarla. Me dejan a mi esperando, desnuda y vendada. En un momento siento que traen a dos chicos, bajándolos, golpeándolos bruscamente. La mujer estaba aterrada. Cuando los desnuden se dan cuenta que él es judío. Hacen un festín: ‘Oh, este es un Moishe, mirá vos que sos judío, que bueno te lo vamos a dar; qué bueno que tenemos otro en nuestros manos!’

“En un momento hubo un silencio. Yo me di cuenta que estábamos los tres solos y se produjo un gesto muy lindo. Yo tosí; él tosió, y ella tosió. Nos comunicamos así. No supe nada mas de ellos. Deben estar desaparecidos, muertos”.

En todo momento estaba presente por lo menos un chileno, escuchando, mientras la interrogaban. Benito José Fioravanti, perteneciente a un sector de católicos fundamentalistas de corte nazista, posteriormente es sindicado como el jefe del centro de torturas Atlético. “La participación de Fioravanti con chilenos está comprobado a través de mi caso en 1977”, afirma Laura Elgueta. Reitera, “Pienso que no es casual que estos personajes”, quienes propiciaron crueldad especial hacia los judíos, hayan participado en Operación Colombo y eligieran los nombres judíos.

El operativo inició el 16 de abril 1975 con el hallazgo en un estacionamiento subterráneo de Buenos Aires de un cuerpo quemado y mutilado hasta ser irreconocible, acompañado por carteles atribuyendo el muerto a un ajuste de cuentas entre combatientes del izquierda. Al lado del cuerpo se encontró intacto un carnet de identidad chilena con nombre del ingeniero David Silberman Gurovich, gerente de Cobre-Chuquicamata. Hacía seis meses que Silberman había sido raptado desde la Penitenciaria de Santiago, en un despliegue operativo, explicado por el Ministerio del Interior como un secuestro por el MIR.  Posteriormente, testigos declararon haber estado presos junto a él en el centro de tortura de calle José Domingo Cañas 1367 en Santiago en octubre de 1974[10].

Este modus operandi se repetiría en julio con la aparición de tres cadáveres más, también carbonizados, acompañado nuevamente por carteles, aludiendo al MIR y los carnets de identidad chilenos, correspondientes a Luis Guendelman, Jaime Robotham y Juan Carlos Perelman.

Los días 12 y 16 de julio familiares leyeron con estupor e incrédulos las portadas de El Mercurio, La Tercera, y Las Ultimas Noticias. Bajo el título “Sangrienta Vendetta Interna Hay en el MIR,” el reportaje de Las Ultimas Noticias daba cuenta que Luis Alberto Wendelmann Wisniack y Jaime Eugenio Robostam Bravo, “reclamados por organismos internacionales tales como la Amnesty y otros grupos de supuestas tendencias humanitarias […] Pero ahora resulta que aparecieron ultimados por sus propios compañeros extremistas en el vecino país”.

Luis Guendelman, detenido el 4 de septiembre 1974 en su casa, fue visto en el centro de detención secreto de calle Londres 38 el día después de su detención, y en Cuatro Álamos el 26 de septiembre. En Cuatro Álamos le contó a los presos con quienes compartía celda que estuvo torturado en Villa Grimaldi. En noviembre y diciembre 1974 fue internado en el Hospital Militar, y luego regresó a Cuatro Álamos donde, en febrero de 1976 un preso le escuchó cantar el tango “Adiós muchachos compañeros de mi vida”.[11] En ese lugar fue visto con vida por última vez.

El 31 de diciembre del 1974 Jaime Robotham compartía un te con su gran amigo y compañero del Partido Socialista Claudio Thauby. Más tarde, cuando iban caminando juntos por Avenida Sucre, un auto se detuvo bruscamente y salta a la vereda Fernando Laureani Maturana, quien conocía a Claudio por haber sido cadete en la Escuela Militar. Diecisiete sobrevivientes del campo de concentración que operó en Villa Grimaldi declararon ante el ministro Alejandro Solís como Jaime Robotham llegó ensangrentado de una herida de la cabeza propiciado al momento de su detención.

Juan Carlos Perelman había sido detenido junto a su pareja Gladys Díaz el 20 de febrero de 1975 y llevados a Villa Grimaldi. El 28 de febrero 1975, ambos fueron incorporados a una fila de presos que subían a un vehículo. De repente, a Gladys la sacaron de la fila.  Nunca más se supo de Juan Carlos.

Los familiares de los cuatro chilenos tuvieron la horrorosa experiencia de viajar a Argentina para conocer los cadáveres encontrados.

En el caso de Luis Guendelman, viajaron a la morgue de Pilar, en la provincia de Buenos Aires, su madre Sara Wisniack y esposa Francisca Hurtado, llevando radiografías de la cadera de Luis. Desde los 10 años cuando lo operaron, tenía un torno de platina. Ningún de los dos cadáveres tenía un platillo en los huesos. Las radiografías dentales tampoco reflejaban la dentadura del cadáver que les mostraron en Pilar.

“La situación era totalmente absurda, afirma Alejandro Guendelman, primo de Luis. “Los cadáveres estaban tan calcinados que no podías contar los dedos de la mano. Sin embargo entre los restos de la ropa habían unos carnets plásticos, un librito verde plástico original, no falsificado, emitido por el Gabinete de Identificación, impresa por la Casa de Moneda. En esa época eran escritos a mano, y esta también. Pero la foto de Luis era de cuando sacó su primer carnet de 10 años. El apellido en vez de estar escrito con “G” estaba escrito con “W”. Como que alguien le entregó un alto de carnet blanco a López Rega o Arancibia Clavel, y lo llamaron por teléfono y le preguntaron ¿Cómo se escribe? Y escribió “W”.  ¿Tu piensas que el Gabinete de Identificación se va equivocar en poner un W en vez de un G?”[12]

Tan burdo era el montaje que a simple vista se desenmascaró a si misma como un fraude.

En esos días llegaban a Chile dos congresistas de los Estados Unidos, a preguntar insistentemente por Luis a solicitud de su hermano Simón Guendelman. También a principios de julio había llegado a Perú el Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas.  Seguían sin autorización de Chile para entrar. Como forma de presión, decidieron instalarse en el país vecino. El 8 de julio el Ministerio de Relaciones Exteriores responde al Grupo.

“La situación en Chile está en sus peores momentos y el Grupo de Trabajo está en Perú. Nosotros contentos que va llegar este grupo”, recuerda Roberto Garretón. “La respuesta de Chile fue fantástica. Dado el estado del peligro por la patria, dice Pinochet, se prohíbe el ingreso. Y visto que no se le permite entrar, más encima el Grupo de Trabajo debe disolverse! Allá flota la lista de los 119.”

El 18 de julio aparece por primera y única vez la Revista Lea que reportea que “60 extremistas chilenos han sido eliminados en los últimos tres meses por sus propios compañeros de lucha” en Argentina y otros países de América Latina, señalando un lista de estas personas.  El 24 de julio sale en Brasil la primera edición en 52 años del diario “O Día de Curitiba”, señalando una nómina de 59 otros nombres de “extremistas chilenos” que habrían muerto en enfrentamientos con policía en Salta, Argentina. La sumatoria de las nóminas de ambos reportajes, ampliamente difundidas por los medios de comunicación en Chile, era 119 nombres.

El 28 de mayo los familiares de muchos detenidos desaparecidos habían presentado un recurso de amparo conjuntos a la Corte de Apelaciones de Santiago y, el 8 de julio lo presentaron ante la Corte Suprema. Ahora la prensa chilena apuntaba a esta nómina para denunciar que jamás fueron detenidos, y el recurso de amparo fue rechazado.

En el campo de detención de Puchuncaví, prisioneros reconocieron en los diarios lo nombres de personas con quienes habían estado en Villa Grimaldi, Cuatro Álamos y otras cárceles secretas. La indignación al constatar que estaban matando a sus compañeros superó el miedo, y 90 presos políticos se declararon en huelga de hambre.

“Gran número de las causas de violaciones de derechos humanos en Chile llevan un mensaje, un mensaje de terrorismo de estado. Este mensaje generalmente es: al enemigo se le trata de esta manera, o sea, de una manera muy cruel”,  señala Juan Guzmán Tapia, ex juez de la Corte de Apelaciones de Santiago.

Es probable que el mensaje de Operación Colombo y de su preludio, iba dirigido también a los chilenos resistentes en Argentina, como Luis Concha. A sus 79 años, Concha, que todavía vive en Argentina, afirma, “Nosotros sabíamos que si nos agarraban aquí en Argentina íbamos a pasarlo mal”.

El ex juez Guzmán recalca: “El segundo mensaje es una orden al Ejército y a las Fuerzas Armadas de como deben ser tratados los enemigos: sin ninguna piedad, sin ninguna misericordia, Qué esta maniobra de desinformación se iniciara con nombres judíos no creo que sea una coincidencia.[13]

En septiembre de 2004 el juez Juan Guzmán Tapia procesó a 16 ex miembros de la DINA por Operación Colombo. En noviembre de 2005, el juez Víctor Montiglio procesó a Augusto Pinochet en Operación Colombo y en mayo de 2008 procesó a 98 jerarcas y ex agentes de la DINA por 60 víctimas de Operación Colombo.

Operación Colombo fue el procesamiento más fácil, afirma el ex juez Juan Guzmán Tapia. “Pinochet dice que es una infamia que personas que se mataron entre ellos en Argentina se les estén achacando al gobierno militar esa responsabilidad. Lo dice con mucha energía, con mucho enojo”.

David Silberman, Luis Guendelman, Juan Carlos Perelman, y Jaime Robotham. Cuatro nombres, nombres de sonido judío, fueron elegidos para descarriar la verdad. Terminan aportando a desvelar una gran mentira, y logrando justicia.

(Extracto del libro “Memoria latente” (Lom Ediciones, 2016). Por Maxine Lowy)

Desde <https://www.elclarin.cl/2021/07/21/cuatro-nombres-en-la-operacion-colombo/>

*N.N. La Operación Cóndor. Memoria y derecho
Primera edición, 2006
© Derechos reservados por Juan Mario Solís Delgadillo
© Universidad Autónoma de San Luis Potosí
Álvaro Obregón 64, Zona Centro
ISBN-970-705-048-9

http://www.desaparecidos.org/arg/doc/

http://www.derechos.org/nizkor/arg/doc/judios.html

La vida revolucionaria de Beatriz Allende, nuestra Tati

La vida revolucionaria de Beatriz Allende, nuestra Tati

el mundo académico y militante de Chile ha dirigido cada vez más su atención a la juventud revolucionaria chilena de los años sesenta, de la cual Beatriz formó parte. En este contexto, y a raíz de las protestas estudiantiles en 2011 y de las críticas a la desconexión de los partidos políticos de la realidad y al sistema neoliberal que Chile heredó de la dictadura, el activismo comenzó a ver en ella un modelo y una inspiración. Más recientemente, el movimiento feminista en Chile, que ha jugado un rol muy importante en las protestas desde octubre del año pasado, también ha contribuido a arrojar luz sobre las mujeres que fueron protagonistas del pasado. Hoy, hay una organización progresista que tomó su nombre de Beatriz (el Frente de Mujeres Progresistas Tati Allende) y cada vez más gente se pregunta sobre ella

IMAGEN Y MEMORIA COLECTIVA

  • 11.10.2020
  • CHILE
  • HISTORIA / POLÍTICA

Beatriz Allende

La vida revolucionaria de Beatriz Allende

TANYA HARMERTRADUCCIÓN: VALENTÍN HUARTE

Las mujeres revolucionarias son habitualmente oscurecidas por los libros de historia. Pero una nueva biografía de Beatriz Allende, hija y confidente cercana de Salvador Allende, y militante internacionalista, ayuda a arrojar luz sobre lo que significaba ser una mujer revolucionaria en la era del Che Guevara. Hoy, 11 de octubre, es el aniversario de su fallecimiento.

    El 4 de septiembre se conmemoró en Chile el 50° aniversario de las históricas elecciones presidenciales de 1970, en las que Salvador Allende y la Unidad Popular llegaron al poder. En esa época, el triunfo electoral de la izquierda chilena fue percibido como un hecho revolucionario. Para toda una generación de jóvenes activistas, tanto en Chile como en el extranjero, las elecciones de 1970 parecían confirmar la posibilidad de una vía parlamentaria al socialismo.

    A pesar…

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    Carta a mi padre

    Esta es la historia de la ausencia de un padre en la vida de su hija. La carta, reconstruida por Olivia Carballar a partir del testimonio de Felisa González, está incluida en el libro ‘El ADN de la Memoria: fosas del franquismo, semillas de memoria’, un trabajo de la asociación sevillana Nuestra Memoria basado en una exposición fotográfica del mismo título.

    Verdeolivo

    «Te mataron a ti pero no consiguieron matar las generaciones que vinimos detrás. Ninguna otra historia podrá cambiar la nuestra. Te quiero mucho».

    Felisa y su familia, en una fotografía de la exposición ‘El ADN de la Memoria’. LOLO VASCO

    Esta es la historia de la ausencia de un padre en la vida de su hija. La carta, reconstruida por Olivia Carballar a partir del testimonio de Felisa González, está incluida en el libro ‘El ADN de la Memoria: fosas del franquismo, semillas de memoria’, un trabajo de la asociación sevillana Nuestra Memoria basado en una exposición fotográfica del mismo título.

    Hola, papá. ¿Te ves ahí en la foto? La que te tiene cogido soy yo. Sí, la primera de la fila. Sí, sí, Felisa, la pequeña. Estoy segura de que me reconoces. Ay, que me han sacado con el chaquetón arrugado… ¡Tengo 80 años! Y sabes una cosa, ¿papá?…

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    Hij@s. Las Memorias prestadas

    Hij@s. Las Memorias prestadas

    Introducción

    Érase una vez yo – otra y la misma – que escribía cuentos, poemas, relatos y volcaba en papeles ajados mis sentires y pensares y hacía conjuros escritos para aliviar la soledad. Y de pronto, en octubre, todas las burbujas estallaron y nos trasvasijamos.

    ASI LO VIVI YO...y quien lo hereda no lo hurta

    Introducción

    Érase una vez yo – otra y la misma – que escribía cuentos, poemas, relatos y volcaba en papeles ajados mis sentires y pensares y hacía conjuros escritos para aliviar la soledad. Y de pronto, en octubre, todas las burbujas estallaron y nos trasvasijamos.

    «La edición final de este libro se realiza en un marco de crisis social y política inéditas en las últimas décadas en nuestro país, el 18 de octubre de 2019 marca un antes y un después, el pueblo sale a la calle con demandas sociales derivadas de la imposición de un modelo económico neoliberal que ha sido nefasto para el desarrollo equitativo de hombres y mujeres que viven en Chile. Hemos vuelto a vivenciar el miedo, la impotencia, la desesperanza, sentimientos que encontrarán en estas páginas y pensamos que ya no volveríamos a vivir.»

    Tomo prestado del libro “ME ESCAPABA A EL CEMENTERIO», de la…

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    Las arpilleras-mensajeras de Freddy Maturana

    Acá nadie muere,compañero!

    Providencia: Un Sitio de Memoria para Antofagasta

    Arpillera, Freddy Maturana. Arpillera de Freddy Maturana.

    Las arpilleras, en sus distintos modos, nacieron en las cárceles y centros de detención durante la dictadura, como una forma atrevida y valiente de comunicación, simple, pero llena de sentido de vida y de sensibilidad creativa frente al horror y la muerte. Luego serian expresiones testimoniales de los familiares de las víctimas de la represión, y también verdaderos retratos de la realidad social chilena, aquella que escondían los medios informativos cómplices de la dictadura.

    Freddy Maturana, era un obrero que soñaba y apoyaba el proyecto de transformación social que representaba Salvador Allende. Al momento del Golpe Militar, fué despedido de su trabajo y perseguido, al igual que tantos miles de chilenas y chilenos, por ser militantes de izquierda. Luego, sufrió con la detención, tortura, cárcel y exilio de su hermano Leonardo. A su conciencia social proletaria, ya se sumaban tempranamente más razones valederas para rebelarse en…

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    Elvira Huanquil: La mujer que vivió la toma en la Bandera

    Elvira Huanquil: La mujer que vivió la toma en la Bandera
    Elvira Huanquil: La mujer que vivió la toma en la Bandera
    Angel

    Redacción piensaChile0

    Elvira Huanquil: La mujer que vivió la toma en la Bandera
    <p class="has-drop-cap" value="<amp-fit-text layout="fixed-height" min-font-size="6" max-font-size="72" height="80">12 septiembre, 2014<br>Elvira Huanquil Carileo es una mujer Mapuche, oriunda de Puquiñe, un pequeño poblado cerca de Panguipulli en la Región de Los Ríos. Tiene 66 años, es dueña de casa y se dedica a la venta de empanadas los fines de semana. Esta tarde nos juntamos a conversar sobre cómo fue la toma del fundo La Bandera, que hoy es la popular población que lleva ese nombre y que aparece en la conocida canción “En un largo tour” del conjunto Sol y Lluvia.12 septiembre, 2014
    Elvira Huanquil Carileo es una mujer Mapuche, oriunda de Puquiñe, un pequeño poblado cerca de Panguipulli en la Región de Los Ríos. Tiene 66 años, es dueña de casa y se dedica a la venta de empanadas los fines de semana. Esta tarde nos juntamos a conversar sobre cómo fue la toma del fundo La Bandera, que hoy es la popular población que lleva ese nombre y que aparece en la conocida canción “En un largo tour” del conjunto Sol y Lluvia.

    Elvira Huanquil Carileo
    Elvira Huanquil Carileo

    El 26 de enero de 1969 un grupo de personas y familias enteras que eran denominados “los sin casas” se tomaron los terrenos del fundo La Bandera que eran terrenos no habitados y que además no estaban consideradas para ser zona de construcción para futuras viviendas. El terreno comprendía lo que hoy es la zona de Santa Rosa con la circunvalación Américo Vespucio. El campamento fue llamado “26 de enero”. La mayoría de las personas que participaron vivían de allegados en los alrededores, hacinados en conventillos o arrendando entre varios una pieza para vivir.

    La travesía de Elvira partió con un anuncio en la radio Colo Colo, en donde se llamaba a ocupar algunos terrenos de la toma que hasta ese momento llevaba meses en pie, ella consideró que era la única instancia que tenia con su esposo y sus cuatro hijos de tener un lugar donde edificar una futura vivienda

    Y escuchamos en la radio, en ese tiempo existía la Radio Colo Colo y una vecina lo escuchó y me fue a avisar, yo también había escuchadoY ahí vinimos altiro al 25 que era Manuel Rodríguez en esos años, ahora Américo Vespucio y acá era un fundo, el fundo La Bandera y entramos con el barro hasta las rodilla, lloviendo en el mes de junio, para que nos dieron un terreno y quien fue que nos dio este terreno fue Victor Toro, que nosotros no lo conocíamos y en esa noche no lo pudimos ver porque estaba tan oscuro, que no sabíamos quién era, pero sabíamos que era él y quien nos entregó el sitio donde vivimos ahora. No sabíamos los riesgos que podíamos pasar, no teníamos idea, solamente escuchamos “una toma” ni yo sabía lo que era una toma. Corrimos de allá de San Ramón, fue a las ochos de la noche cuando escuchamos y de ahí corrimos con una vecina y nos vinimos con una lata y un palo, mientras mi marido llegaba del trabajo y ahí supo y nos vinimos todos, pero no con los niños, sino que yo y él y mis vecinas y de ahí pusimos unos palos parados y ahí nos quedamos, cuidando, hacían unos fríos horribles, pero estábamos felices porque íbamos a tener casa. A medida que iba llegando la gente se iba apoderado de una parte, cada esquina hacia cuatro sitios y uno de esos cuatro fue el que tomamos nosotros y después tomó otro vecino del lado y otro vecino y otro vecino, estos sitios son de 10 metros para delante y 20 para atrás. Tenía cuatro hijos, pero muchos de los vecinos, tenían más, no teníamos donde vivir, arrendábamos y no nos alcanzaba para vivir, mi marido ganaba poco y no nos alcanzaba para pagar el arriendo, por eso apenas supimos de esa toma, nos vinos a hacer la toma y ahí nos fuimos quedando, toda la gente y bueno, nos fue bien gracias a Dios.

    Elvira se dedica a la venta de empanadas los fines de semana. Foto: Sarai Soto.
    Elvira se dedica a la venta de empanadas los fines de semana. Foto: Sarai Soto.

    Elvira llegó en junio del 1970 a la toma, tras un anuncio que hizo el dirigente poblacional y militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria -MIR- Víctor Toro por la radio. Según Elvira el día que llegó a la toma se le asignó un sitio que debían cuidar y que desde ese momento sería de su familia. Los terrenos ya estaban distribuidos por manzanas y sectores. El  MIR por medio de su frente de masas, el Frente de Trabajadores Revolucionarios -FTR-, fueron quienes lideraron la toma de La Bandera. En el libro Tomando su sitio: el movimiento de pobladores de Santiago 1957 – 1970 de Mario Garcés, se cita una entrevista a Víctor Toro, hecha en Las Noticias de Ultima Hora el 28 de marzo de 1970, donde asegura la importancia de que los pobladores de asumieran un rol histórico:

    Este frente de clases a juicio de Toro, debía asumir un papel histórico consiente de la incapacidad absoluta del actual sistema de injustas diferencias sociales para solucionar integralmente sus problemas y agregó “este frente deberá responder a los verdaderos intereses de la clases obrera, esto es la transformación revolucionaria de la estructura socio-económica vigente.

    En primera instancia validaron la toma del terreno durante el gobierno de Frei Montalva, posteriormente le entregaron el dominio de propiedad durante el Gobierno de Salvador Allende, en conjunto con la instalación de suministros básicos. Así lo recuerda Elvira:

    Después de los años mi marido fue a Serviu, para que nos asignaran la tarjeta y pusimos plata en la libreta Corvi en esos años, que no me acuerdo cuando era realmente y tuvimos que vender la única radio que teníamos, después mi marido cuando fue a Serviu donde hubo un enfrentamiento con los pacos y bueno a mi marido le pagaron, después lo llevaron preso y al día siguiente lo soltaron, después pasaron unos días y vino un señor, que no me acuerdo como se llama, vino a entregarnos las tarjetas, con esa tarjeta uno ya podía hacer algo, comenzar a cerrar el sitio de alguna forma y de ahí de poco fuimos arreglando y cerrando el sitio primero con. Al inicio no teníamos agua, no teníamos luz, nos alumbrábamos con velas y teníamos cocina a parafina, no había alcantarillado, nada de nada, íbamos a lavar y a buscar el agua a una copa de agua que queda en Américo Vespucio actualmente, queda como a unas 20 cuadras, allá íbamos a buscar agua para hacer la comida. Para ir al baño, íbamos a donde un familiar que ya tenía casa en esos años, íbamos para allá cuando teníamos que ir a hacer nuestras necesidades, toda la gente iba distintas casa para que pedir que nos prestaran para hacer nuestras necesidades, además en esos años había un establo y una viña, y de ahí en la noche se hacía en una pelela o en un tarro y se iba botar para el frente, para el establo.

    Pero ¿Qué significó la Unidad Popular para una pobladora que luchaba por el derecho a la vivienda? Elvira explica que fue un proceso difícil que implicó duros esfuerzos, pero que dio sus frutos hasta el día de hoy:

    Nosotros nos tomamos los terrenos en el tiempo de Frei, cuando estaba por terminar, el Frei padre y después ahí salió Allende y ahí fue más fácil obtuvimos la vivienda definitiva por Serviu, se puso la plata, Serviu entregó títulos de dominio y ese titulo de dominio después se fue a bienes raíces , se hizo todo el tramite, este sitio está pagado, nosotros estábamos al día con los dividendos, se comenzó a pagar dividendos, después con los años hicieron una cosa, si tu tenias al día los dividendos, entonces se congelaba y se daba un plazo, después salía como que tenias todo pagaba completamente. Todo lo pagamos de poco, fuimos ganando más monedas y de ahí hicimos las veredas. Con el tiempo se edificaron departamentos. Lo que más rescatamos de la Unidad Popular, fue la casa que nos dieron en ese tiempo, porque o sino ¿hubiéramos tenido más adelante la posibilidad de tener casa? no sé, si éramos muy pobres, no teníamos para comprar, no te digo que tuvimos que vender la única radio que teníamos que habíamos pagado en cuotas chica. Estaba la cosa entre Frei, en el tiempo de Frei la tomamos, en el de Allende nos dieron las solución, nos dieron una caseta, una media agua, que ya eran dos piezas y de ahí fuimos haciendo para atrás una cocinita y así de poco fuimos trabajando para tener lo que tenemos ahora.

    La Bandera. Foto: Sarai Soto.
    La Bandera. Foto: Sarai Soto.

    Cuando estábamos finalizando la conversación, Elvira nos manifestó la importancia que tuvo para ella como persona y chilena el proceso de la Unidad Popular:

    Lo malo de ese tiempo, es que mataron a Allende, lo más malo que hicieron. Yo me sentí parte de eso, porque en esos años un podía salir y luchar por nuestra vivienda, nos dieron el sitio y todo esto, yo por eso estoy contenta y triste a la vez, porque pasó lo que pasó, porque no debió haber pasado, bueno hay mucha gente que estaba feliz, pero no todos estábamos felices. No pertenecíamos a ningún partido político nosotros, pero, igual uno sufrió, sufrió muchas cosas, ponte tu, la muerte de Salvador Allende, lo sentimos porque estaba empezando bien, lo malo, a mi parecer, es que el se cayó en haber puesto militares en el gobierno, yo a pesar de que era tan joven, decía: Nopo está mal, porque lo pueden traicionar y así fue, como que yo presentía algo y bueno, fue una traición. Uno estaba bien, estaba contenta, cuando salió, salimos a celebrar, me acuerdo que yo tenía a los cabros chicos y salimos corriendo por toda la población y con mis cuatro cabros saltábamos, eran como las siete u ocho de la noche y salimos a gritar ¡Allende, Allende!

    La tarde de hoy estuvo fría y el olor a pan amasado inundaba cada espacio de la casa de la señora Elvira. La Bandera despidió el día con su aspecto provinciano y sus calles que en cada paso que daba, me revelaban el amor y el esfuerzo puesto en todo lo que mis ojos veían.

    – Este artículo, de la autora Sarai Soto López, forma parte del proyecto de escritura de la historia de la Población La Bandera. Lo habíamos publicado con una autoria equivocada. Pedimos disculpas a su autora. 26 de septiembre de 2015

    *Fuente: Con Tinta NegraLEAVE A COMMENT

    Los Ángeles de Guayacán. Jimmy y Rodrigo.

    Los Ángeles de Guayacán. Jimmy y Rodrigo.

    01/12/2020 – La presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, Ana Merino, descartó de plano la teoría de que los dos menores que desaparecieron la Navidad de 1973, y cuyos restos fueron encontrados cuatro años después enterrados cerca de sus hogares, hayan muerto por un derrumbe de tierra, como propone el periodista Mauricio Palma en un libro que se presentará el 7 de diciembre en La Serena. La dirigenta sostuvo que esa tesis había sido descartada por el propio juez Juan Guzmán que llevó la causa, quien le había señalado a ella que los restos presentaban orificios de bala y que era claro que los dos menores fueron asesinados por una patrulla militar. Indica que esa teoría “está equivocada porque la dictadura quiso tapar todos los indicios de la muerte de estos niños y la madre de Jimmy Christie Bossy tenía todos los antecedentes del crimen de su hijo. Ella murió el año pasado y alcanzamos a poner una última querella. Además, a ella y al padre de Rodrigo los llevaron al regimiento, los tuvieron detenidos y los torturaron y les dijeron que ellos eran responsables de la muerte de los niños. Fue una cosa muy terrible y ella decía después que tenía mucho miedo”. Relata que casi como riéndose de esta madre desesperada, el año 1974, el comandante del regimiento, Ariosto Lapostol, “le mandó una carta de condolencias. Además de haberla torturado, le envía esa carta que fue una burla” Los menores que desaparecieron la Navidad de 1973, son Jimmy Christie  Bossy, de 7 años  y Rodrigo Palma Moraga de 8 años de edad y según Ana Merino, habría sido una patrulla militar la que mató a los dos menores y escondió sus cuerpos, restos que fueron encontrados sepultados cerca de los tambores de combustibles ubicados en Guayacán, que era el lugar donde se les vio jugando por última vez. “Todo esto lo quisieron tapar simulando un derrumbe y que murieron solos mientas jugaban, pero eso no es verdad”, afirmó Merino.

    Fuente: Diario el Día – http://www.diarioeldia.cl/region/rechazan-teoria-vuelco-en-caso-ninos-guayacan

    Guayacán, donde ejecutaron a niños

    http://lashistoriasquepodemoscontar.cl/guayacan.htm

    En recuerdo de Rodrigo Palma Moraga y Jimmy Christie Bossy

    El ejército niega todavía que Cheyre esté vinculado con el asesinato de dos niños en Guayacán, Región de Coquimbo, ocurrido en diciembre de 1973. La querella fue presentada por los abogados Hugo Gutiérrez y Juan Bustos en julio de 2001 contra el ex dictador Pinochet, e interpuesta por los familiares de Rodrigo Palma Moraga y Jimmy Christie Bossy, de 8 y 9 años de edad respectivamente. Los menores fueron fusilados por una patrulla militar que custodiaba unos gaseoductos en una población del sector La Herradura (Guayacán), habitada por funcionarios de Impuestos Internos.

    «¿Qué saben ustedes…?»
    La tarde del 24 de diciembre de 1973, tres niños -Rodrigo Javier Palma Moraga, Jimmy Christie Bossy y Patricio Díaz Gajardo-, jugaban en las cercanías de la población ubicada en la parte superior de los estanques para el almacenamiento de combustible en Guayacán, Coquimbo. El padre de Patricio, al regresar de su trabajo, vio a los niños y se llevó a su hijo a casa. Los otros dos menores quedaron ahí, y no llegaron jamás a sus hogares, cuestión que causó alarma en el barrio. Los vecinos se organizaron en parejas para buscarlos, y se vieron obligados a infringir el toque de queda que, ese día, por ser Navidad, se alargó hasta las 21:00 hrs.

    Nelson Díaz, padre de Patricio, y Luis Varas, utilizaron un automóvil. Llegaron hasta la portería de los estanques. Allí se percataron que, extrañamente, no había ningún militar, ni guardia. Los estanques eran custodiados permanentemente por los militares. Horas antes habían constatado la presencia de muchos soldados, que disparaban sus metralletas de manera habitual sin que nadie supiera hacia qué blancos. Claro, a los pobladores les habían dicho que ahí «se podían producir atentados extremistas», pero nada de eso había ocurrido. El personal que custodiaba los estanques pertenecía al Regimiento de Artillería Motorizado Nº2 «Arica» de La Serena.

    Los vecinos, alarmados y frustrados por la búsqueda inútil, regresaron a sus casas. Nelson Díaz y Luis Varas fueron detenidos por una patrulla de militares que les revisaron su auto e, incluso, dispararon sobre el techo del Fiat-600 en que se movilizaban. Contra la muralla y con las manos en la cabeza, fueron amenazados de muerte en caso de moverse. Así permanecieron allí, en espera de alguien de mayor rango apareciera; y eso ocurrió algo después, cuando un capitán les presentó excusas y los dejó en libertad. Como consecuencia de la desaparición de los menores, la vida del barrió cambió radicalmente. La casa de Raúl Palma, padre de uno de los niños, se veía permanentemente custodiada. La población fue cercada y se sometió a las familias de los menores a «arresto domiciliario». Toda la población fue allanada por militares armados quienes los interrogaron sobre «la desaparición de los menores» y «qué sabían de eso».

    Balas militares
    Como si el arresto domiciliario no hubiera sido suficiente abuso, los padres de los menores empezaron a ser trasladados a menudo al regimiento, para ser torturados. Mientras tanto se efectuaban intensas búsquedas para dar con el paradero de los niños, participando el Cuerpo de Bomberos de Coquimbo, carabineros e Investigaciones con una brigada de Homicidios que enviada especialmente desde Santiago. Carabineros utilizó perros policiales «expertos en rastreo». Sin embargo, la búsqueda fue infructuosa.

    En agosto de 1978, niños del vecindario -que jugaban en el sector-, encontraron los restos de los menores sepultados a orillas del camino que conduce a la playa La Herradura, cercano a los depósitos de combustible, y a una distancia de, aproximadamente, 100 metros de las casas. Estaban a una profundidad no superior a 20 centímetros, lo que resulta completamente incomprensible dado que en el lugar se buscó afanosamente, incluso con los perros policiales.

    «Debido a esto y otros antecedentes presumimos que los cuerpos fueron colocados allí con posterioridad», señala el abogado Hugo Gutiérrez. En el Instituto Médico Legal de Santiago, se realizaron los peritajes. Los padres fueron citados para la entrega de los restos, entrevistándose con un médico legista, que practicó la autopsia. Les indicó que la causa de muerte era «a consecuencia de impactos de bala de grueso calibre, provocándoles la destrucción del 75% del cráneo», y agregando que «esos proyectiles los usan sólo el Ejército». Sin embargo, el médico les señaló que «no podía certificar esa causa de muerte». «Efectivamente el certificado señala ‘causa de muerte indeterminada'», agrega Gutiérrez.

    En la querella se cita, en calidad de inculpados, a Ariosto Lapostol Orrego, comandante del Regimiento Arica, Juan Emilio Cheyre Espinoza, que en el momento de ocurridos los hechos se desempeñaba como ayudante del comandante Lapostol (su «delfín»), y va dirigida contra Augusto Pinochet y «todos los que resulten responsables». También se cita a Osvaldo Pincetti (*), que mantuvo secuestrados a los padres de los niños, y al oficial Carlos Verdugo Gómez, que formaba parte de la Unidad Especial de Inteligencia del Regimiento «Arica».

    Se presume que el grupo que estaba de guardia en ese momento, fue el que fusiló a los niños. Después, escondieron los cuerpos para volver a enterrarlos en las cercanías cuando la búsqueda de la policía y los vecinos terminó. Por eso no había ningún militar cuando los vecinos los buscaron en los estanques. Los padres nunca presentaron el caso en ninguna instancia, «por temor. No se califica todavía la participación de Cheyre. Lo citamos en calidad de ‘inculpado’. No sabemos qué participación tuvo, y queremos que declare lo que sabe. Es razonable pensar que él, como ayudante del comandante, supo de los hechos y está al tanto de la participación de la patrulla militar. El ministro Guzmán hasta ahora no ha citado a nadie en el proceso», señala Hugo Gutiérrez.

    Este artículo Arnaldo Pérez Guerra, fue publicado por El Siglo y La Insignia, en marzo del 2002, bajo el título «La responsabilidad de Cheyre»

    Maruja Bossy, madre de Jimmy·

    Hay momentos que hacen que el alma se desgarre cuando los recuerdos amargos y tristes afloran y es lo que me sucede al comenzar este relato … el año 1973 nuestra familia vivía en la calle Wenceslao Vargas Nº823 de la población Raúl Marín Balmaceda colindante al sector de Guayacán de la Comuna de Coquimbo, cerca de allí estaban ubicados los estanques de Combustibles de la empresas Shell, Copec , por ello después del 11 de septiembre, se puso guardias la mayoría eran conscriptos muy jóvenes del Regimiento Arica, lugar que estaba custodiado para evitar un posible ataque subversivo. https://wikicharlie.cl/w/Jimmy_Christie_Bossy

    24 de diciembre de 1973: Mi hijo Jimmy de 7 años como las 15.00 horas fue a casa de un tío a jugar con una prima, a las 16.00 horas regreso se tomó un vaso de leche y se comió un plátano y me dice “ mama, arreglé mi ropa para venir a bañarme como las 6 para estar listo y esperar al viejito pascuero”, volvió a casa de su tío y allí fue a buscarle un vecino Rodrigo Palma, le dice Jim a su tío “jugaré un ratito ya que tengo que volver luego a mi casa”, después de eso no se supo más de ellos.

    Cerca de las 19 horas fui a buscarle y nos los encontré, pregunté a muchos vecinos y amigos pero no lo habían visto, bajamos a la playa pues la playa La Herradura está muy cerca y como las 20.30 horas di cuenta a Carabineros, me contestaron que debía estar en alguna casa, cosa imposible porque mi hijo nunca se quedaba en casa ajena, como había toque de queda me dieron un salvoconducto para salir a buscarlo, pero eso no fue posible porque al querer salir en la puerta de mi casa los militares, me dijeron que me entrará o de lo contrario “me matarían”. Los carabineros, cuando hice la denuncia me dijeron que había que esperar 48 horas, yo pensando que podría ser un rapto, les pedí que cerrarán la carretera, pero me dijeron que eso no se podía hacer.

    25 de diciembre de 1973: fui al lugar donde “curiosamente 4 años más  tarde apareció el cadáver de mi hijo y su amigo”, no había nada extraño , todo estaba igual me subí sobre una piedra pues andaba sola, mi esposo en aquellos años estaba en el norte llegó como 4 días después y mis otros dos hijos todavía eran pequeños para que me acompañaran, miré a todos lados, di aviso a Investigaciones; estaba el Inspector Valdés, que nos ayudó mucho en su búsqueda, también el capitán Sergio Contador de Carabineros, fueron días de mucho dolor y angustia sin saber nada de nada.

    Los primeros días del año 74 llegaron los militares Carlos Verdugo Gómez. Fernando Polanco Gallardo, Juan Emilio Cheyre a quien nadie llamó y estuvieron en casa haciendo muchas preguntas, allanaron todas las casas de la población Víctor Domingo Silva a cualquiera hora de la noche, preguntando “dónde estaban los niños”, “que habían hecho con ellos” e incluso a mi hermana que vivía en Santiago también le revisaron su casa. Quienes después fueron llamados a declarar. (van documentos adjuntos de su declaración) como también el Teniente Coronel Eduardo Cruz Adaros.

    11 de enero de 1974: llegaron a mi casa los militares diciendo que el Comandante Ariosto Lapostol me necesitaba, al llegar allí al Regimiento me pidieron el carné y me llevaron por un pasillo, me vendaron la vista, me colocaron en una camilla me amarraron y me empezaron a dar agua tibia azucarada con varias capsulas y tabletas, fueron 12 pastillas, cuando se me corrió la venda estando en la capilla me di cuenta que la persona que me estaba dando las pastillas era el doctor Díaz Pacci, rápidamente me amarraron de nuevo la vista, tocaban una música muy suave, cada vez me preguntaban que “ donde tenía los niños”, fueron interminables las veces que me hicieron la misma pregunta, hacían girar la camilla, eso me produjo mareo, deseos de ir al baño, pero ellos seguían preguntando la misma pregunta, me dolía todo el cuerpo, lo único que deseaba es que esa interrogación terminará, pero nada pasó, a mi marido le decían que yo estaba con el Comandante Lapostol…cosa que no era así ya que estaba sometida diariamente a interrogaciones.

    Después de varios días mi marido me fue a buscar con un amigo y me encontró en una pesebrera, estaba muy sucia con la misma ropa, solo me pude bañar cuando regrese a casa, días después me dio un infarto producto según el médico de las pastillas ingeridas durante el interrogatorio, pase una semana en el hospital, posteriormente estuvimos un mes sin salir detenidos en mi propia casa, la vecina nos pasaba víveres para comer así pasaron los días con interrogaciones. Mis otros hijos que en ese entonces tenían 14 años el mayor y la chica 12, cuando ocurrió esto en diciembre fueron llevados por una amiga donde permanecieron hasta marzo del 1974.

    Cosa irónica que después de 4 años el Señor Ariosto Lapostol, al encontrar los restos de mi hijo y Rodrigo nos hizo llegar a la familia una carta donde nos manifestaba su pesar por tan lamentable hecho y nos pareció burla pedirnos, que Dios nos ayude a sobrellevar este hecho, pues durante esos 4 años ellos sabían el destino de los menores y nunca nos hicieron saber. Patricio Varela un locutor muy conocido de la Radio Minería, nos ayudó mucho, cada noche ceca de las 22.00 horas al comenzar un programa que él hacia… decía _ Donde esta Jimmy y Rodrigo ,esto lo repitió casi un año.

    Cuando los militares llegaban a mi casa, en reiteradas ocasiones nos pedían plata para combustible, había que servirle café, se aprovechaban de la ocasión para pedir cosas. En una oportunidad llego un militar, no recuerdo el nombre pero se hacía llamar Marcelo, me pidió fotos de Jim para verlas y al final se las llevó todas, sin decirme nada; pensé que luego las traería pero eso nunca ocurrió. Sufría de dolores de cabeza constante por todas las cosas que me estaban sucediendo, no saber que le había sucedido a mi hijo y amigo, saber que esa noche de su desaparición se habían escuchados balazos, baje más de 25 kilos, mi matrimonio se iba deteriorando porque en aquel entonces mi esposo no me ayudaba en la búsqueda incesante que yo hacía de mi hijo. Durante esos años no hubo parte donde no fui e incluso viaje a la Argentina donde me encontré con letreros con las fotos de los dos pequeños.

    Los militares, parasicólogos se sumaban a la búsqueda, recuerdo a uno de estos parasicólogo llamado Goyo que vivía en La Serena pero trabajaba para los militares y había otro mayor que ayudaba a los militares para interrogar a los detenidos, también fue traído a mi casa – un hombre ordinario y grosero- supe después con los años que estaba preso en Santiago.

    En una oportunidad fui a Santiago a ver a Patricio Varela, el locutor que antes mencioné, también íbamos a ver una vidente que le decían Aquima, esta mujer me interrogó, y en esos momentos llegaron, no sé si eran militares y me llevaron a una casa, donde me interrogaron; llegue toda mojada porque estaba lloviendo, al lugar, me tuvieron amarrada y toda la noche escuche el sonido de una gota de agua que caía en un tarro y además alumbraban la casa a cada momento; estuve allí toda la noche , al día siguiente me golpearon y así fue todo el día, hasta que en la noche me soltaron, llegue a la casa de unos amigos me dieron algunos medicamentos y llamaron al médico, a los días siguientes estando ya más repuesta del resfrío y los golpes propinados regrese a Coquimbo, quiero agregar que en ese interrogatorio estuvo Manuel Contreras, como yo en ese entonces no le conocía pero después por las fotos que se expusieron de él, lo reconocí, también en esa oportunidad me dieron tabletas que me dejaban muy mal.

    Hoy después de 37 años recordar todo esto es muy doloroso para no solo por la pérdida de mi hijo que durante 4 años no supe que le había sucedido, también por todos los vejámenes a que fui sometida, por querer saber su paradero siempre con la ilusión de encontrarle.

    14 de agosto de 1977: tenía una reunión en el Centro de Madres al que concurría, estando ya lista para ir, de repente no sé porque motivo no me dieron deseos de asistir, que es lo que les dije a unas amigas cuando me vinieron a buscar… en el intermedio ocurrió que unos chicos al estar encumbrando volantines, buscaron algo para ponerle de cola y encontraron enterradas unas lanas pero al tirarla asomo un huesito; los niños, taparon la ropa y avisaron a su padre quien llamo a carabineros… cuando yo supe eso pensé inmediatamente en los niños, me fui caminando al lugar, que quedaba muy cerca de casa ya que en esos momentos me había cambiado a un edificio de departamento que es donde hoy resido… y observe que sacaban un pelo largo, pensé que era una niñita, pero cuando levantaron la ropa pude reconocer una chaleco que yo le había tejido a Jimito, me devolví a mi casa y volvimos al lugar con mi hijo, estábamos muy preocupados, angustiados y tristes por este hallazgo, estaba el detective Valdés, Carabineros y gente del PEM que estaban picando para sacar los cuerpos. Había un carabinero chico y gordo que no me dejaba pasar, yo que estaba muy delgada no sé de donde saque fuerza para tomar al carabinero de las manos y darlo vuelta, lo tire al suelo y el detective Valdés le dice que me deje pasar pues era mi hijo el que habían encontrado, al sacarlo los detectives se llevaron los restos y me pidieron que fuese a Investigaciones a las 19.00 horas, al concurrir me mostraron toda su ropa y no cabía duda era de mi hijo. Al día siguiente sacaron a su amigo Rodrigo y los cuerpos fueron llevados a Santiago.

    Después de un año de estar en Santiago  sus cuerpos, mi marido y el papá de Rodrigo los fueron a buscar  allí; había un médico que les dijo “yo estoy castigado y me tienen acá en el Instituto Médico Legal y la autopsia que hice me es imposible escribir la verdad me pidieron que pusiera muerte indeterminada en consecuencia que los niños los mataron con balas de grueso calibre que solo los militares la usan”. Incluso quiero acotar que en el certificado de defunción figura que fueron muertos en Santiago. Pero va adjunto un certificado de traslado de cadáver a Santiago.

    Y se presume que el grupo que estaba de guardia en esos momentos fueron los que fusilaron a los niños, después escondieron los cuerpos para volver a enterrarlos cuando la búsqueda de la policía, familiares y vecinos finalizó.

    Se retiraron los cuerpos, fueron envueltos y se trajeron como un paquete cualquiera; cuando llegaron se llevaron a una funeraria llamada San Luis acá en Coquimbo, se realizó una misa, fue muy triste todo, había mucha gente al paso de la carroza hasta llegar al cementerio, porque fue un acontecimiento muy comentado por la prensa durante bastante tiempo y causo bastante conmoción en el puerto el encontrar los cuerpos en el lugar donde ya se había buscado antes.

    A contar de este acontecimiento mi vida cambió, una gran tristeza me invadió ,sabía que ya no lo vería nunca más, que mi pequeño hijo nunca más estaría con nosotros, sus hermanos sufrieron mucho, gracias a Dios que les fue bien en sus respectivos colegios y hoy son muy buenas personas y profesionales.

    2001

    En el año 2001 fuimos a Santiago con mi hijo Esteban y los padres de Rodrigo ,el otro menor ejecutado, a interponer una demanda contra Augusto Pinochet, demanda que sería llevada a cabo por el abogado Hugo Gutiérrez Gálvez y Juan Bustos Ramírez, ambos abogados de Santiago domiciliados en Phillips 40, Ofic. 68 de Santiago. Se le cancelo un dinero al Sr. Gutiérrez. Hay documentos adjuntos de estas acciones.

    2002

    Posteriormente el año 2002 el Juez Sr. Juan Guzmán vino a La Serena y nos interrogaron en Investigaciones de La Serena a mí y a Esteban mi hijo mayor, cuya declaración va adjunta.

    26 de abril de 2002: Este viernes se ordenó la exhumación del cadáver de mi hijo, todo esto fue muy difundido por la prensa local, nacional e internacional. Se adjuntan documento aclaratorios donde indican que los cuerpos presentaban fracturas de costillas y heridas profundas de cráneo, lo que confirmaría lo ya sabido que fueron asesinados por balas militares.

    Sus restos fueron llevados nuevamente a Santiago retornando tres meses después,

    Y se recordó que en la autopsia fueron obligados a firmar el certificado de defunción, que la causa de muerte era “indeterminada” el año 1977, y ponen lugar de fallecimiento Santiago.

    Lo triste en este caso que nunca ha existido la voluntad de llegar a la verdad en este caso y que se hayan creados historias inverosímiles para justificar lo injustificable, posteriormente a esta exhumación, y a la investigación que se realizaba, el máximo tribunal determinó que el caso que seguía el Juez Juan Guzmán lo siquiera el Juez Jorge Zepeda quién nunca dilucido absolutamente nada, quedando nuevamente este caso la más completa impunidad

    Nos cuesta pensar que es posible que haya sido por que el Señor Juan Emilio Cheyre Espinoza ocupaba la Comandancia en Jefe del Ejército, por ello este alevoso crimen ha pasado a ser uno de los tantos hechos deleznables sin resolver, que se cometieron, pero que en este caso, cobran mayor relevancia por ser dos seres inocentes que nada justificaba la acción realizada, y donde la victima paso a ser la familia por todas las infamias que se cometieron contra ellas.

    Quiero manifestar que en el lugar donde se cometió esta ejecución se está construyendo un espacio de área verde que se llamará “Mirador de Los Ángeles en honor a estos menores para, valorar la vida y para que nunca más vuelva a ocurrir atrocidades así en nuestro país y en ninguna parte del mundo.

    Entrevista con Eugenia Moraga Pinto, madre de Rodrigo Palma Moraga: «a los niños les pegaron, los maltrataron, se los llevaron y los ejecutaron»

    http://fugadetinta.cl/entrevista-con-eugenia-moraga-palma-madre-de-rodrigo-palma-moraga-a-los-ninos-les-pegaron-los-maltrataron/

    Publicado 25 diciembre, 2016 

    «Yo quedé sin lágrimas, quedé seca de llorar, quedé con los ojos secos, pero dije no, tengo que mantener esto muy cuerdo para poder luchar. Para poder sobrellevar todo lo sucedido y poder llevarlo dentro. No puedo hacer imposible la vida de la hija que quedaba y de mi marido que estaba sufriendo lo mismo que yo. Me dije, si desespero a tal punto y me vuelvo loca, le estaré dando más trabajo a mi marido del que ya estaba sufriendo él”.

    Con estas palabras, Eugenia Moraga Pinto comienza el relato sobre la muerte de su hijo Rodrigo Palma Moraga (8 años), asesinado junto a su amigo Jimmy Christie Bossy (9 años) el 24 de diciembre de 1973 en el sector de Guayacán en la ciudad de Coquimbo. A 41 años de este brutal asesinato por parte de militares genocidas, estuvimos conversando con la madre sobre lo realmente sucedido aquella víspera de navidad, sobre su dolor y su constante lucha por la búsqueda de «Verdad y Justicia» para su hijo. Reproducimos parte de esta conversación que releva detalles de la muerte de Rodrigo y Jimmy no difundidos por ningún medio de comunicación masivo. De esta manera Fuga de Tinta rinde un homenaje a Rodrigo Palma y Jimmy Bossy, pequeñas víctimas del terrorismo de Estado vivido en nuestro país.

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    FDT: ¿Cómo ha sido sobrellevar este dolor por tantos años en espera de saber la verdad sobre lo ocurrido con Rodrigo y obtener justicia?

    Kena: Mira lo sobrellevamos entregándonos mucho a la espiritualidad. El yoga me ha ayudado mucho, aunque yo soy de religión judía, ambas son muy parecidas. Mis amigos son muy católicos, pero se pueden llevar ambas religiones de buena manera. Nosotros los judíos siempre hemos dicho «ni perdón, ni olvido», lo traemos en la sangre, viene en nuestros genes. Yo soy una mujer de carácter muy alegre, mi marido es muy pasivo, entonces quizás ahí formamos el equilibrio. Si no estaríamos los dos acompañando al hijo, en circunstancias que yo siento que él me está acompañando a mí. Yo siento que Rodrigo vino a enseñarnos eso, y todavía lo hace y tiene mucho que enseñarnos.

    FDT: Tomando la historia no contada de la muerte de Rodrigo ¿qué crees tú que ha pasado para que este silencio se haya hecho presente durante todos estos años?

    Kena: Ha sido una historia muy poco contada, ya que los medios de comunicación no nos lo han permitido porque los personajes que están involucrados tienen una red de protección grande. En ese entonces ya estaba en televisión Mario Kreutzberger, Don Francisco, y yo recurrí a él para que me ayudara a contar esta historia, porque entre judío y judío nos apoyamos, y tampoco pudo, siendo en esa época un personaje de la televisión.

    Este fue un crimen tan espantoso, siempre dicen este es un caso emblemático, no se sí existirá otra caso tan emblemático, no sé si se les ocurre pensar en otro más emblemático, ya que fue un 24 de diciembre. Con mi esposo estuvimos en la exhumación de Jimmy y de mi hijo junto con el juez Guzmán y la antropóloga Isabel Reveco. A los niños les pegaron, a Jimmy el proyectil de guerra le voló el cráneo, se lo borraron. Estaba esta parte de atrás (hace un gesto tocándose la parte posterior del cráneo), pegado con tela, pero toda la cara voló. Cuando nos entregaron los cuerpos, yo me llevé a Rodrigo al cementerio Parque del Mar en Con Con porque tenía miedo de que me lo quisieran robar, en el Instituto Médico Legal tenían la orden de no entregar su cuerpo. Esto fue un crimen muy brutal.

    FDT: Efectivamente esta es una historia callada, silenciada ¿qué sucedió ese 24 de diciembre?

    Kena: Ellos estaban donde hoy está el memorial, no estaban abajo en los estanques como se ha dicho. Ellos jugaban arriba donde está el memorial como todos los días con varios niños. Entre ellos, la vecina que después de 3 años, estaba jugando y encontró el bracito de Jimmy.

    Esto fue a pleno sol, porque deben haber sido las 5 y media a seis de la tarde, cuando yo salgo a buscar a Rodrigo al antejardín. Estaba mi suegra que había venido a pasar la Navidad con nosotros, ella me dice ya había bañado a Claudita (hermana), y que llamen a Rodrigo para bañarlo y cenar temprano por todo lo político que pasaba y por el toque de queda que era a las 11 de la noche. Yo salgo al antejardín a buscar a Rodrigo y no estaba, salgo por la calle, lo busco y no está, empiezo a preguntar y nadie sabía nada, empieza a pasar la hora y Rodrigo no aparece, sale mi marido, ya nos empezamos a movilizar toda la manzana y en eso sabemos que la señora Maruja Bossy, empieza a buscar a Jimmy. Él era de más carácter y se atraían, Rodrigo era más retraído, ellos siempre jugaban entre todos a la vuelta de nuestra casa. Llegó la noche, me amanecí caminando por la playa y no me di cuenta de todo lo que había caminado hasta que me vi descalza, con un pantalón blanco y una blusa floreada, lista para la cena. Me miro y corro donde Sergio Contador que era Teniente de Carabineros y que nos conocíamos, vivía muy cerca de la escuela donde iba Rodrigo. Esa noche salimos todos a buscar, estuvo personal del Gope y mucha gente. Ellos estaban con otro niño, Patricio, pero su padre pasó poco antes y se lo llevó a la casa y le dijo a Rodrigo que se fuera también. Él le dijo «sí tío ya no más», fueron esos segundos donde todo cambió.

    Ellos iban a la escuela D-43 con Claudia, estaban felices en ese colegio. En Santiago, a mí me apuntaron con metralleta, a Rodrigo le tocó ver mucho, incluso los cadáveres en el río Mapocho. Mi marido se vino en comisión de servicio como Jefe de Avaluaciones del Servicio de Impuestos Internos de la región. El día que desaparecieron, yo les avisé a Carabineros y a Investigaciones de la desaparición de los niños. Ése mismo día llegó la gente del servicio de inteligencia y ellos se hicieron cargo de todo, se instalaron meses en mi casa.

    Ellos jugaban todos los días a la vuelta de nuestra casa y ahí mismo fue donde la vecina, que era niña también, jugando a tirar una lana del suelo para su volantín, la tira y sale un hueso, era el brazo de Jimmy. Ya habían transcurrido 3 años y 8 meses desde que habían desaparecido.

    Diario

    FDT: ¿Cómo fue ese momento?

    Kena: El día que los encontraron yo estaba en mi casa con una amiga preparando las cosas y llega mi marido más temprano de lo habitual. Él iba todos los días a almorzar, pero ese día llego como a las 11 de la mañana. Yo le dije a mi amiga: «tan temprano que llegó y yo no he preparado el almuerzo». Lo primero que pensé fue que lo habían exonerado nuevamente y le digo “viejo te echaron otra vez de la oficina” y me dice que no. Entonces yo inmediatamente supe que se trataba de Rodrigo, y él me dijo que sí. Pedí a Dios y a mi maestro que me ayudaran en ese momento. Yo me había fortalecido en espíritu y físicamente con mi maestro de yoga, eso me ayudo a soportar todos esos años, él nos enseñó mucho de la manera de la filosofía, por qué estamos acá, cuál es nuestra misión y la de cada uno. Ese día todo estaba raro, nadie me aviso que habían encontrado unas osamentas, mi marido llega a la casa y va donde estaba la gente, yo me quedé en casa con mi guagua. La hija de otros vecinos, al sacar una lana del suelo encontró un hueso y cuando la tira saca el brazo de Jimmy, se empezó correr la voz y todos los vecinos llegaron. Raúl les pidió que no movieran nada hasta que llegara la policía a levantar las osamentas y llegó gente del POHJ con la orden de levantar los huesos con pala y llevárselos con un arnés, de esa forma.

    Si hubiesen estado los huesos ahí todo ese tiempo, los 3 años y 8 meses, debiesen haber estado con la piel seca, porque ahí es salino. Yo soy enfermera, entonces sé que hubiese quedado momificado, no hubiesen estado los puros huesos blancos y lavados, y todos revueltos. Después la antropóloga tuvo que darse el trabajo de separarlos. Mi marido vuelve y me dice «vieja encontraron a Rodrigo, están sacando las osamentas, los encontraron a 30 centímetros… a 30 centímetros» (repite Kena).

    Diario 4

    FDT: ¿Qué explicación les dieron a ustedes de lo que había pasado, porqué los restos de ambos niños aparecían después de todos este tiempo y en un lugar en que habían buscado tanto?

    A mí nadie me dijo nada, en un principio nos acusaron de auto secuestro. ¿Qué padres harían eso?, ellos eran nuestra felicidad. A Raúl se lo llevaron ilegalmente diciendo que el comandante del regimiento quería conversar con él, yo les dijo «pero que él venga a mi casa» y me dicen que no. El teniente me dijo: «también estará mi comandante» (Ariosto Lapostol), me dijeron «le prometemos que a las 4 de la tarde estará de vuelta en su casa», y yo tenía miedo. A las 12 de la noche llegaron de nuevo a mi casa para decirme que Raúl estaba aún ocupado.

    Al otro día me levanto temprano con Claudia y supimos que a mi marido lo exoneraron después de todo esto. Nosotros estábamos sin dinero. Decían que él era comunista porque ayudaba a la gente pobre en la oficina cuando llegaban y no sabía leer los formularios.

    Los estanques siempre estuvieron custodiados por patrullas militares porque decían que los miristas los podían hacer volar. Nunca nadie hubiese hecho eso, porque significaba matar a hermanos, hubiesen volado medio Coquimbo, nadie es tan estúpido para hacer algo así. La patrulla pasaba todos los días por ese sector donde está el memorial, varias veces cuando cambiaban de turno. Ese día estaban todos bebidos y los disparos se escucharon durante todo el día en la cuadra de atrás, en el sector de los estanques. Esa tarde, seguramente pasó la patrulla y algo le deben haber dicho a los niños, yo creo que ellos no dijeron nada o les dijeron algo, no sé, pero algo pasó que los militares se bajaron de la patrulla y les pegaron “hasta decir basta”. Yo fui a la exhumación de los dos, con mi hijo menor ayudamos a armar los cuerpos, Rodrigo tenía costillas culateadas, costillas quebradas, fueron las palabras de la antropóloga Reveco. Rodrigo tenía el coxis baleado con proyectil de guerra, ella cree que se puso por delante de Jimmy, quizás en un instinto de protegerlo. Pero igual el proyectil le llegó a Jimmy en la cabeza y con eso murió. Lo que yo siempre he querido saber es si él habrá sufrido, si habrá quedado con vida por mucho tiempo. Yo todavía tengo una conchita que Rodrigo tenía en su mano, que con el sufrimiento la apretó tanto que se le incrusto en el dedo y se la sacamos cuando lo encontramos. Yo quiero creer que no sufrió, científicamente sé que el dolor es una sola vez como dice mi marido, después el cuerpo ya no siente, pero sufro pensando en el dolor que debe haber sentido.

    Alguien vio esa noche que en un vehículo militar echaban bolsas, como cuerpos, entonces creo que los niños en el estado en que estaban, quebrados, culateados, se los llevaron inmediatamente. Por eso hay dos tipos de tierra en el cajón en que nos entregaron los cuerpos. Cuando los encontraron, después de los 3 años y 8 meses, costó mucho tiempo para que nos los entregaran. Siempre nos daban excusas, que no valía la pena, que aún no se hacía la autopsia, hasta que llegamos con una orden para que lo entregaran. En el cajón, que era muy pequeño, había estos dos tipos de tierra. Una tierra era salina y la otra de Vicuña. Al juez Guzmán nunca lo dejaron ir a Vicuña, a él lo amenazaron, él tenía identificada la patrulla pero nunca supo los nombres de quienes iban allí, yo no creo que no sepan quienes fueron.

    Yo puedo perdonar todo, a mí no me interesa saber quién los mató, pero quiero saber por qué y quienes fueron. Porque desde el tercer día que Rodrigo despareció, con mi marido supimos que fue la patrulla militar, fueron los militares. Era 24 de diciembre, imagine a esos niños después de tanto golpe, quebrados enteros, molidos, Jimmy sin cráneo. No iban a llegar con niños así al hospital, no, entonces simplemente los ejecutaron, les pegaron, los maltrataron, se los llevaron y los ejecutaron. A la antropóloga Isabel Reveco la amenazaron con sus hijos para que no pusiera nada en el informe de la autopsia, para que no hablara. Cuando retiramos el cuerpo de Rodrigo fuimos con un gremialista de impuestos internos como testigo y el doctor nos dijo «éste es el certificado real, pero este es el que tenemos que presentar, si quieren dar sepultura a sus hijos firmen éste». Firmamos el que nos dijo para que nos entregaran a los niños, pero nosotros ya sabíamos que había otro certificado que es el real. Al tiempo, fuimos a ver al médico y ya no trabajaba allí. La última vez que a Rodrigo lo levantaron (exhumaron), que ha sido tres veces por las investigaciones, el médico en Santiago nos dijo lo que se puso en el certificado no es la realidad, no es la verdad.

    En ese entonces, el gobierno estaba dispuesto a pagar la sepultura judía de Rodrigo que costaba 7 millones de pesos, yo le dije al rabino que no tenía esa plata, yo le dije esto es aberrante. Finalmente, yo había comprado en el Parque del Mar, pero el Ministro del Interior de esa época estaba muy interesado en ayudarme, porque le convenía. Yo trabajé mucho, mucho, para juntar dinero para llevar finalmente el caso a la Corte Interamericana de La Haya y decir que esto fue de los militares de acá, los responsables estaban acá.

    FDT: ¿Cuándo hablas de responsables, quiénes son ellos?

    Kena: En primer lugar me refiero a Ariosto Lapostol que era el que mandaba, en segundo lugar Juan Emilio Cheyre que era su brazo derecho. Yo por la gente que conocía acá en La Serena en esa época, había gente cercana a Cheyre y él quería entrar al círculo de estas personas. Después de esto nunca más insistió, a mi nunca me ha querido dar la cara, nunca. Le he mandado a decir de todo y nada. A mi no me interesa que me digan «fueron ellos los que dispararon», yo sé que no fueron los que mencionó porque ellos mandaban y el «pelao» que no hacía caso lo daban de baja, todos sabemos eso. Ellos son víctimas, pero si ese día estaban bebidos y les pegaron a los niños, eso no lo acepto.

    FDT: En términos judiciales, ¿en qué está el caso hoy?

    Kena: Vamos bien, Hernán Fernández es nuestro abogado. En términos de justicia con mi marido no miramos la plata, una vez el juez Guzmán me dijo «Kena a tu hijo no lo vas a ver más, es una realidad dura, pero es la realidad, solo estará en tu recuerdo, en tu mente, tú lo llevas en tu retina, pero a los que lo hicieron hazle justicia». Eso miro yo, la justicia. Por ello existe un juicio criminal y a la par el juicio civil, esperamos terminar con el criminal y comenzar inmediatamente con el civil y obtener una reparación que nos permita realizar un mejor trabajo en la «Agrupación de Ex Menores de Prisión Política y Tortura» donde participo. En el civil hemos sido una espina esperando y comenzando por Ricardo Lagos, que para mí ha sido lo más nefasto, comenzó gobernando con la derecha y sigue con la derecha, es íntimo amigo con Cheyre. Me deben mucha plata, pero esa plata no la quiero para mí. Si nos tienen que pagar que nos paguen, nosotros somos «viejos sin casa», vendimos nuestra casa para el juicio, por eso si tienen que pagar que paguen.

    FDT: Mirando otras situaciones que ocurrieron con niños en esta época, ya sea como testigos o víctimas directas como Rodrigo, ¿cómo ves la relación entre infancia y dictadura?, si bien quizás en Chile no existió una política tan explícita de violencia hacia los niños como en Argentina, existen situaciones pendientes.

    Kena: Me parece horrible, espantoso. Por eso creo que es importante que nos unamos para trabajar y resolvamos estos casos, trabajando juntos, por eso es importante los recursos. Me parece indispensable trabajar juntas y saber qué paso con todo estos casos y que se haga justicia. Entonces vamos avanzando.

    Agradecemos a Kena por su tiempo y fortaleza.