La transición de Salvador Allende

La transición de Salvador Allende

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Salvador Allende Silva | Foto: Mario Telles

Salvador Allende Silva (32) ha vivido tres décadas con un nombre que no deja indiferente a nadie. A 30 años del plebiscito, relata a partir de su propia experiencia cómo ha variado la percepción de su figura, y su nombre, con el paso del tiempo.


Desde lejos, Salvador Allende mira con atención a un grupo de hombres vestidos de uniforme que aguardan la orden para entrar a La Moneda. Se toma unos minutos para entender la situación ante los gritos de la gente que se encuentra a su alrededor. A través de sus lentes, observa que el perímetro está acordonado por lo que entiende, de inmediato, que estos hombres son los únicos que tienen autorización para ingresar. Nunca imaginó encontrarse con esta escena, pero ya no le queda más que esperar a que los uniformados terminen la tarea para la que fueron convocados.

La tarea: resguardar al Presidente Sebastián Piñera durante la presentación de los nuevos buses del Transantiago en la Plaza de la Constitución.

Es un día soleado de octubre y Salvador Allende Silva (32) opta por caminar rumbo a Morandé 80 -descartando su idea inicial de recorrer el Palacio- mientras carga una foto del ex Presidente socialista en la mano izquierda. Un cuadro que intenta colgar entre los enormes barrotes negro de un ventanal cerrado que está ubicado a un costado de la icónica puerta donde hace 45 años salió el cuerpo de un Mandatario que tenía su mismo nombre.

La carabinera que resguarda esta entrada lo observa con curiosidad y se acerca a hacerle unas preguntas.

-¡Recuerdo las primeras veces que los carabineros me pidieron el carné! ¡Las caritas que ponían!- dice mientras esboza una sonrisa.

Durante sus poco más de tres décadas, este periodista de profesión no ha tenido más alternativa que enfrentar a las distintas reacciones que provoca su nombre tanto en familiares, amigos, compañeros de colegio y universidad, y conocidos varios que se han cruzado con él en algún momento de su vida. Dice que esto le ha permitido ser un protagonista de la evolución que ha tenido la figura de Salvador Allende Gossens durante la transición.

-En los 90, recuerdo que el impacto de los adultos era más bien privado o serio, mientras en todo el mundo se inauguraban calles y plazas en su honor. Pero había gente que me felicitaba y me llamaban “Chicho” en modo de cariño- relata.

Bajo su ojo de espectador privilegiado asegura que los chilenos “pasaron del miedo al silencio, y luego vino un boom generalizado respecto a la figura de Allende y posteriormente un romanticismo mercantalizado de su imagen con el que se ha quedado pegada la gente, lamenta, porque asegura esperaría que fuera recordado “por su propuesta humana y política”.

Salvador explica, además, que no se llama así por casualidad. Esto le permitió entender desde pequeño por qué compartía el mismo nombre de un Presidente que sigue provocando reacciones y sentimientos tan distintos en las personas a 45 años de su muerte. Dice que su padre – que trabajó activamente durante la Unidad Popular- se la jugó poniéndole así en un año “bien duro”: 1986, que “coincide con la muerte de Rodrigo Rojas de Negri”, cuenta. “Un personaje histórico de esta envergadura tiene y tendrá siempre detractores, pero creo que es incuestionable la calidad humana que tenía el Presidente Allende y la nobleza de sus actos con los que se ganó un lugar en la historia y en el corazón del Pueblo de Chile”, reflexiona sobre la persona que inspiró su identidad.

Sin embargo, deja claro que si tuviera un hijo no lo llamaría Salvador: “No me gustan las dinastías en absoluto, sean de donde sean”, dice.

Y se detiene, para agregar una precisión:

-Pero, claramente, no le pondré ni Adolfo, ni Benito, ni Augusto, ni Toribio.

Carta a mi papá facho: En búsqueda de la memoria histórica

Carta a mi papá facho: En búsqueda de la memoria histórica

Carta a mi papá facho: En búsqueda de la memoria histórica

Por Loreto Montero.


Tenía once años la primera vez que discutí con alguien de política. Fue con una compañera de colegio: ella defendía a Ricardo Lagos y yo a Joaquín Lavín. Claramente, ninguna tenía argumentos decentes para sostener su posición. Yo, por lo menos, me limitaba a repetir el discurso que escuchaba en mi casa: Lavín era bueno y Lagos, malo. Pasaba lo mismo con las teleseries. En lugar de los recuerdos que buena parte de mi generación tiene de la Olguita Marina o Juan Burro, yo tengo puros referentes charchas, como el Luciano Cruz-Coke actuando de sí mismo en Amor a Domicilio. En mi casa se veía casi siempre el Canal 13 porque mi papá decía que TVN era comunista. Yo no tenía idea lo que eso significada, ni me importaba. Crecí teniéndole mala a la Gladys Marín porque sí o, más bien, porque apenas aparecía en la tele mi papá la cambiaba diciendo “esta vieja fea, ma lo que wevea”.

Llegué a la universidad pensando que Pinochet era solo un caballero importante, como esos que una escucha nombrar en la historia lejana, tipo Mateo de Toro- Zambrano. Antes de eso, nunca había escuchado el término “Golpe de Estado”, ni mucho menos “dictadura”. La realidad de los detenidos desaparecidos, los prisioneros políticos y sus familias, era totalmente invisible para mí. Incluso, cuando empecé a escuchar sobre el rol que jugaron los medios de comunicación en el periodo, seguía percibiéndolo como mera información: datos duros que había que memorizar para sacarse buena nota en la prueba. Eso, hasta que me tocó leer los informes Rettig y Valech y enfrentarme a una gama más amplia de libros de historia que los Santillana del colegio.

Gracias a unas hojas mal fotocopiadas me enteré que el viejito que tanto admiraba mi papá era odiado por gente no sólo en Chile, sino alrededor de todo el mundo; que él y otros seres nefastos habían detentado el poder del país por casi dos décadas, y que a pesar de contar con el apoyo de todas las fuerzas armadas y policiales del país, además del respaldo de una de las mayores potencias del mundo, Estados Unidos; habían torturado, aprisionado y ejecutado a más de 40 mil civiles por considerarlos una “amenaza contra la nación”.

Llegué a pelear ese día a la casa, y casi todos los que le siguieron. La rutina iba más o menos así: yo le gritaba a mi papá que en los cuarteles de tortura violaban a chicas como yo con perros, que introducían ratones por sus vaginas, y que eso había sido solo una pequeña parte de un gran sistema de violencia y deshumanización orquestado por su ídolo. Durante años su única respuesta fue decir que todo eso era mentira, que obviamente todos los informes y todos los libros de periodismo e historia que hablan sobre eso fueron escritos por gente de izquierda, y que los derechos humanos eran una invención de los comunistas. Después de años de incómodas sobremesas, sin embargo, he tenido un pequeño triunfo: he logrado que mi papá acepte, a lo menos en dos ocasiones, que su tatita mató gente y que “quizás, se le pasó un poco la mano”. Pero a la par de esa concesión viene siempre e inmediatamente la justificación: “es que eran ellos o nosotros; Rusia y Cuba tenían a los comunistas armados hasta los dientes; las filas en la UP eran gigantes, y gracias a Pinochet yo pude comprar la casa en donde viviste.”

He sentido rabia tantas veces hacia ti, papá. He sentido rabia porque ya no sé cómo explicarte que si la contienda no hubiera sido tan desigual habríamos tenido una guerra civil en vez de una dictadura; que tú tampoco fuiste libre durante ese tiempo porque los medios te ocultaron información y mucha de la que te mostraron era falsa; que sin saberlo apoyaste la transformación de tu país en el conejillo de indias de un experimento socioeconómico que nos tiene hasta hoy lamentando la privatización de todo lo que nos es más preciado: nuestra salud, nuestra educación, el agua que tomamos. He perdido la esperanza de hacerte entender la complejidad de factores que se ponen en juego al momento de analizar los efectos de la dictadura en nuestra realidad diaria. La he perdido principalmente porque yo solo he logrado comprenderlo vagamente tras años de estudio que tú nos has tenido ni vas a tener. Pero después de todas nuestras discusiones, papá, después de todas las veces que me fui a llorar a mi pieza de pura frustración por constatar que tú nunca ibas a ceder, debo decirte que siento menos rabia. Ese sentimiento ha ido en retirada y ha dejado espacio para una pena profunda, una pena que se vuelve cada vez más abismante, cuando te escucho decir en tono burlón que “ya salieron de nuevo con la weaita de la justicia, el perdón y el olvido”, que no entiendes “para qué le siguen dando con eso, si ya pasó” y que “por qué no se aburren de una vez”.

Últimamente he estado estudiando cómo opera la memoria colectiva, papá. Paradójicamente algo que te enorgullece tanto de mí que es mi trabajo, es lo que me impide dejar de cuestionarte. No sé si te has dado cuenta, pero recordar es algo fundamental en la vida de cualquier persona: no solo nos permite aprender cosas básicas que sería una paja aprender de nuevo todos los días, como sostener un tenedor o subir una escalera. También nos permite despertar cada mañana sabiendo quiénes somos, a quienes amamos y cómo llegamos a amarlos. La memoria individual es lo que nos permite conservar el sentido de continuidad en nuestra identidad, es decir, contarnos a nosotros mismos y al resto, el relato de quiénes somos. La memoria colectiva, por su parte, no es solo la suma de esas memorias individuales, sino el relato público que le da sentido a nuestra relación con esos otros que nos rodean, que existieron antes y existirán después que nosotros. O sea, que sin esa conexión estaríamos totalmente perdidos en el mundo y en nuestras propias mentes.

Por eso es que cuando te escucho hablar desde tu soberbia, desde esa parte de ti que simplemente no quiere aceptar que puede estar equivocada, me da tanta pena. Porque esa soberbia invalida las cosas buenas que, a pesar de todo, lograste transmitirme; esa soberbia te vuelve indiferente al sufrimiento humano, te hace negar el dolor de esos otros que son parte de nuestra memoria compartida y a los que se les ha prohibido el derecho al relato. ¿Te imaginas, papá, recorriendo desiertos junto a mi mami con la esperanza de encontrar un pedacito de hueso mío o de mis hermanos? ¿Te imaginas insistiendo año tras año, primero con rabia y después con nada más que pena y cansancio, para que algún militar se apiade de ti y te diga finalmente si vas a poder encontrar dos centímetros de mi fémur en algún lugar, o tendrás que resignarte a imaginar mis restos depositados en el fondo marino? ¿Te imaginas, papá, contando incansablemente todos los años que no has estado conmigo, los sueños que no me viste cumplir, los nietos que no pudiste abrazar?

Es cierto que yo no viví en dictadura, papá, que esto es un ejercicio de ficción; que tuve la suerte de no lamentar el asesinato y la desaparición forzada de ningún ser querido. Yo nací cuando la dictadura se estaba acabando, pero la memoria colectiva tiene, a la vez, esa gracia y desgracia de ir pasándote la posta, lo quieras o no, y yo necesito saber de las generaciones pasadas para entenderme y entender el mundo al que llegué. Necesito saber qué pasó antes de mí para entender el presente e imaginar futuros posibles. Yo necesito que tú dejes de negar el sufrimiento de todas esas vidas mutiladas, papá, porque sin ellas, yo y muchos otros no logramos entender bien al mundo al que nos trajeron. Porque sin esas vidas, una parte del relato que soy yo misma, queda en negro, papá, y yo ya no sé qué hacer con tanta oscuridad.


Loreto Montero

Salir del gueto.A 43 años del montaje: Las 19 mujeres víctimas de la Operación Colombo

DestacadoSalir del gueto.A 43 años del montaje: Las 19 mujeres víctimas de la Operación Colombo

Salir del gueto.

Adriana Goñi Godoy

22 de julio de 2018

 Ayer, en el homenaje a los 119 compañeros desaparecidos, Lucía Sepúlveda planteó lo siguiente: instalar en el presente de las luchas feministas a las 19 mujeres caídas en esta operación. Ellas fueron militantes sociales que son raíz de las muchas luchas históricas de las mujeres, continuando una lucha ininterrumpida de distintos sectores de mujeres que hoy confluyen en el movimiento feminista que ha remecido el país. No podemos suscribir esta lucha a los sectores universitarios sin ligarlo a la permanente lucha de otros sectores de mujeres- trabajadoras domésticas, temporeras, funcionarias, campesinas, originarias, diversidad sexual, pobladoras, defensoras de los derechos humanos, sindicalistas, artistas, mujeres exiliadas, militantes… .

La memoria nuestra está en un gueto formado por los familiares, sobrevivientes, compañeros. Nuestro deber es des encapsularla y traspasarla al conjunto de la sociedad, que fue afectada transversalmente por las violaciones a los derechos humanos. Las secuelas de la dictadura y la post dictadura afectan hasta el presente a los diversos sectores que componen el tejido social. El sistema implantado a partir del Golpe de Estado y mantenido en la transición es estructuralmente violador de los derechos sociales, culturales y económicos del conjunto de la sociedad. No es posible invisibilizar este hecho si defendemos los derechos humanos. Nuestros compañeros fueron luchadores sociales y dieron su vida por construir una sociedad más justa. En la Operación Colombo, asesinaron a 19 mujeres jóvenes que militaban en distintos sectores apoyando, construyendo, creando espacios de participación y lucha y 100 compañeros que abrazaron igualmente la causa de los pobres del campo y la ciudad. La sociedad del presente debe conocer sus luchas e integrarlas a las luchas del presente. —

Esta lucha es transversal y tenemos la capacidad de darla en todos los espacios, utilizando todas las armas que hoy tenemos. .

A 43 años del montaje: Las 19 mujeres víctimas de la Operación Colombo

“Exterminados como ratones”, tituló el 24 de julio de 1975 el diario La Segunda. Aquí la historia de las 19 mujeres detrás de ese montaje, las 19 desaparecidas de la Operación Colombo.

Por Lucía Sepúlveda Ruiz / 24.07.2018

Agentes del Estado ejercieron violencia sexual política extrema sobre diecinueve prisioneras políticas detenidas en la Operación Colombo. Resistieron hasta su ignoto final estas mujeres de los años 70, libres, solidarias, que vivían el amor y la militancia política a fondo. 

Colombo fue -lo sabemos ahora- un mensaje colonizador en clave de género, un espejo del terror, dirigido también a las mujeres de esos tiempos. Porque estas mujeres eran autónomas, comprometidas con su tiempo, insurrectas, valerosas, alegres y se sentían dueñas de su destino.

La más joven de ellas, María Isabel, tenía 19 años y las dos mayores, 34 a la fecha de su detención. Trece de ellas tenían menos de 25 años y el resto, no llegaba a los 30. Sus nombres, junto a los de otros 100 varones detenidos, figuraron en listas publicadas por La Segunda y por medios de Brasil y Argentina, afirmando que 119 chilenos y chilenas habían sido exterminados “como ratones” por sus propios compañeros de lucha (titular del vespertino La Segunda del 24 de julio de 1975).

La mayoría de las detenidas en este episodio represivo era de Santiago, pero algunas venían de Isla de Maipo, Chillán o Temuco, y eran estudiantes universitarias, obreras, o funcionarias públicas. Militaban en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) dieciocho de ellas, y una pertenecía a las Juventudes Comunistas. Había una compañera embarazada, y cuatro eran madres de niños muy pequeños.

Desaparecieron entre 1974 y 1975, en la Operación Colombo, un montaje mediático con que la DINA buscó paralizar a quienes luchaban contra la dictadura, teniendo como blanco preferente al MIR. Antes de arrojarlas al mar, a un volcán o a una fosa sin nombre, los agentes represivos ejercieron en todas ellas violencia sexual y tortura en las más atroces formas imaginables, incluyendo el uso de inyecciones de pentotal para quebrantarlas, de animales amaestrados para vejarlas, y violándolas frente a sus parejas y seres queridos. Las sobrevivientes, sus hermanas, han testimoniado en tribunales en detalle, la violencia sexual que presenciaron y vivieron. Ni a las desaparecidas ni a sus compañeras –organizadas como “Mujeres Sobrevivientes Siempre Resistentes” –  lograron someter los criminales. Las prisioneras, privadas de todo contacto con el exterior,  se apoyaban, cuidaban  sus heridas, lloraban, cantaban, tejían pulseras con astillas, se contaban historias,  recetas y poemas; intercambiaban ropas, ideaban códigos secretos para protegerse cuando las separaban, y seguían resistiendo.

Once fallos

En el caso de Jacqueline Binfa, el fallo a firme exculpó en 2009 a todos los agentes de la DINA, estableciendo la prescripción total del delito de secuestro. Este año 2018, la Corte Suprema sólo dictó dos fallos definitivos en el caso de las compañeras, con lo que se elevó a once la cifra de fallos emitidos por esa corte por las 19 desapariciones ya citadas de la lista de los 119, ocurridas hace 43 años.

Las tardías penas de los últimos años varían entre los 6 y los diez años para los perpetradores, casi siempre los miembros que quedan vivos de la plana mayor de la DINA encabezada por el ex generalManuel Contreras, en línea directa con Pinochet, y secundada por la brigada Halcón, cuya presa de caza eran los miembros del MIR. Al mando de Halcón estaba el ex brigadier de Ejército Miguel Krassnoff  Marchenko, uno de los que ahora espera cumplir sus múltiples condenas en la comodidad de su hogar. También han sido condenados el ex brigadier Pedro Espinoza (segundo al mando de la DINA y jefe en Villa Grimaldi); el ex general Raúl Iturriaga (subjefe de la DINA y responsable del departamento exterior que armó la Operación Colombo en Argentina, Brasil y otros países), el ex oficial de carabineros Ciro Torré (jefe del recinto Ollagüe de José Domingo Cañas); Francisco Ferrer (Comandante de la Brigada de Inteligencia Metropolitana y miembro de la Brigada Caupolicán); Orlando Manzo, ex oficial de gendarmería (jefe de Cuatro Alamos). También hubo condenas para el ex general de Ejército César Manríquez (jefe de la Brigada de Inteligencia Metropolitana y luego de Villa Grimaldi), para Nelson Paz (suboficial de ejército  y agente DINA), Manuel Carevic, ex coronel de Ejército (miembro de la DINA), Risieri del Prado Altez, ex detective, (DINA) y Hugo Hernández, ex detective de la Venda Sexy, entre otros.

En algunos casos como el de María Angélica Andreoli, sólo fue condenada la cúpula de la DINA y los agentes ejecutores de las torturas y violaciones resultaron absueltos.

Siete de los 19 casos de las mujeres detenidas en la Operación Colom​b​o aún están en la Corte de Apelaciones o son de primera instancia. Y hay un caso, el de Violeta López en que ni siquiera hay procesados. En los once casos que la sentencia ha castigado en distinto grado a los criminales, lo ha hecho por secuestro. Sin embargo, la violencia sexual como forma específica de tortura, ha sido ignorada en los fallos. El Colectivo 119 de Familiares y Compañeros de los desaparecidos y desaparecidas en ese episodio represivo, junto a los abogados y otros colectivos de derechos humanos, ha luchado incesantemente por la justicia y la memoria. Por otra parte, una querella interpuesta en 2014 por mujeres sobrevivientes, se enfoca en el delito específico de violencia sexual política cometida en su contra, así como los efectos en las víctimas.

Ninguno de los condenados ha entregado  información que permitiera encontrar los restos de las detenidas. Todos los perpetradores conservan su grado militar, su pensión y granjerías como miembro de las Fuerzas Armadas, muy superior a las ínfimas jubilaciones que perciben los ciudadanos chilenos. El ejército pagó los gastos de su defensa legal, que por décadas logró prolongar los juicios y en varios casos ha significado la impunidad biológica, por muerte de los inculpados.

En total,  respecto de la lista de los 119 desaparecidos, la Corte Suprema ha dictado 56 sentencias a firme, de las cuales 45 fallos (cinco dictados en 2017/2018) corresponden a los varones desaparecidos en la Operación Colombo. Es decir, en menos de la mitad de los varones desaparecidos ha habido justicia. Uno de esos fallos (en 2016), en el proceso por el secuestro de Rodolfo Marchant, absolvió por muerte a Augusto Pinochet –que solo llegó a estar procesado por ese y otros casos- y también al ex mayor Marcelo Moren Brito (jefe de Grimaldi en un período) y a Manuel Contreras, el criminal director de la CNI, los tres únicos reos en la causa.

Para la ola feminista

Aquí presentamos finalmente, en orden alfabético, un breve fragmento de esas 19 vidas de mujeres chilenas –una de ellas de origen mapuche- que los torturadores segaron y quisieron borrar. Sus biografías están algo más desarrolladas en “119 de nosotros” (Lucía Sepúlveda, LOM, 2005), sin embargo es relevante traerlas ahora de vuelta al corazón y a la memoria, para entregarlas con amor a las nuevas generaciones de jóvenes luchadoras sociales y feministas.

1. María Inés Alvarado Borgel
Tenía 21 años cuando la detuvieron, el 17 de julio de 1974. Era secretaria y había estudiado en el Liceo Manuel de Salas. Militaba en el MIR. Antes del golpe, formaba parte de equipos que trabajaban con las pobladoras de la Nueva La Habana, una toma de terrenos, para tocar temas como violencia familiar, y hacer educación política. En dictadura, cumplió una de las tareas de mayor riesgo, invisibilidad y responsabilidad: ser enlace de su pareja, Martín Elgueta. Él era dirigente medio del MIR y se contactaba con Hernán Aguiló, otro dirigente. Martín fue detenido 2 días antes. María Inés fue torturada para que revelara el paradero de Aguiló. Los agentes la llevaron a casa de sus padres y montaron allí una ratonera esperando que llegaran otros resistentes. Su madre vio las huellas de la tortura y las marcas de las quemaduras y torturas sexuales en su hija. Sin la fortaleza y coraje de compañeras como María Inés, la resistencia no habría sido posible.

2. María Angélica Andreoli Bravo
Fue detenida en su casa de calle Bilbao, el 6 de agosto de 1974. Tenía 27 años y era del MIR. Antes del golpe estudiaba en la Universidad de Talca. Iba a ser nutricionista. Pero tras el golpe militar interrumpió sus estudios y entró a trabajar de secretaria en Sigdo Coppers. Trabajaba en el equipo de apoyo a la Comisión Política del MIR, y a Miguel Enríquez, su secretario general. Fue entregada por una delatora, Marcia Merino. Los agentes la llevaron al centro clandestino de detención ubicado en Londres 38, donde otras prisioneras escucharon su voz por varios días, resistiendo.

3. Jacqueline Binfa Contreras
Militante del MIR fue detenida el 27 de agosto de 1974, cuando tenía 28 años. En la calle la entregó Marcia Merino, la Flaca Alejandra. Había cursado la secundaria en el Colegio San Gabriel, donde era una adolescente rebelde, muy crítica de su medio social. Como era de ideas de avanzada, discutía con su mamá, que era viuda y trabajaba en el Hospital Militar. Estudió Trabajo Social en la Universidad de Chile. Sus compañeros de la U la recuerdan como una estudiante comprometida y totalmente entregada a sus actividades en el frente poblacional, en San Bernardo.  Fue torturada en los centros clandestinos de detención de Villa Grimaldi, José Domingo Cañas y Cuatro Álamos. Pero no hay un solo detenido por su secuestro, violencia sexual y desaparición. La Corte Suprema determinó en 2009 que todos los delitos estaban prescritos.

4. Carmen Bueno Cifuentes
Actriz de cine, tenía 24 años cuando la detuvieron el 29 de noviembre de 1974. Había estudiado en el Liceo 1 de Santiago, y vivió en el barrio República. Era la tercera de cinco hermanos. Su hermana la describe como una mujer que fue libre en el amor, y en sus relaciones, sin convencionalismos, tabúes sexuales ni dobleces. Una amiga cuenta que era “cabezona, medio existencialista y leía libros sobre la mujer”. Carmen había actuado en “La Tierra Prometida”, del director Miguel Littin. Ella y su pareja, el camarógrafo Jorge Müller fueron obligados a subir a una camioneta y llevados a Villa Grimaldi. Ambos militaban en el MIR y participaban del Frente de Trabajadores Revolucionarios de Cine. Se enamoraron locamente mientras se filmaba la película “A la Sombra del Sol”, de Silvio Caiozzi, donde Carmen fue la productora. La pareja fue torturada en Villa Grimaldi y en Cuatro Álamos. Se apoyaban gritándose su amor mientras permanecían detenidos.

5. María Teresa Bustillos Cereceda
Militante del MIR, tenía 24 años cuando la detuvieron el 9 de diciembre de 1974. Faltaban sólo unos días para la fecha en que debía rendir su último examen para recibirse en Trabajo Social en la Universidad de Chile. Durante el gobierno de Salvador Allende, participó del Tren de la Salud, organizando la atención de los pacientes de lugares apartados del país que requerían atención médica. Hasta hoy la recuerdan otros participantes de esa experiencia, porque “ su cabellera cobriza le confería un aura de luz” y por la impecable organización allí desplegada por ella. Era dirigenta, pero también enlace de Hernán González, quien detenido previamente, entregó el local donde ella revelaba fotos, copiaba microfilmes y estudiaba mapas de la ciudad para fijar los puntos de contacto que les permitirían comunicarse con miembros de la organización. Fue llevada a Villa Grimaldi, torturada y vejada para luego desaparecer definitivamente.

6. Sonia Bustos Reyes
Militante del MIR y cajera en el Servicio de Investigaciones (la actual PDI), tenía 30 años cuando fue detenida en su casa del barrio Brasil, el 5 de septiembre de 1974. Su padre, que falleció tempranamente, estuvo preso en Pisagua en tiempos de González Videla. Estudió en el Instituto Superior de Comercio. La familia recuerda que en sus trabajos anteriores en un hotel y una inmobiliaria, no aceptaba ningún abuso de los patrones, y siempre luchó por dignificar la vida del pueblo. Su hermana Rosa, detenida junto a ella al igual que su novio Carlos, sobrevivió, y cuenta que Sonia era coqueta desde chica, y le gustaba arreglarse y diseñar su propia ropa. También escribía poemas y pintaba. Por su trabajo, ella recibía información sobre gente que la DINA buscaba, y lo hacía  llegar a la Resistencia para que se protegieran. Sonia trabajaba políticamente junto a un detective, Teobaldo Tello y a una funcionaria, Mónica Llanca. Todos están desaparecidos.

7. Cecilia Castro Salvadores
Tenía 24 años, una hijita de dos, Valentina, y un marido, Juan Carlos Rodríguez, cuando a ambos los detuvieron en su departamento el 17 de noviembre de 1974. Ella estaba en cuarto año de Derecho de la U, había sido seleccionada chilena en voleibol  y campeona nacional  en el liceo 1, donde estudió. En su familia había un historial de mujeres luchadoras. Su abuela paterna fue una de la primeras  sufragistas  y la primera mujer que firmó las filas del partido Radical. Cecilia militaba en el MIR donde hizo activismo participando en las tomas de fundo en Linares con el Movimiento Campesino Revolucionario, y haciendo alfabetización a las mujeres campesinas del lugar. Su grupo, tras ser desalojada la toma, fue a parar  a la cárcel de Parral  y liberado gracias a gestiones del Presidente Allende. Cecilia se casó  muy poco después de ese episodio con Juan Carlos, también mirista, en febrero de1972. La pareja fue torturada en José Domingo Cañas y luego Cecilia fue llevada a VillaGrimaldi. Una sobreviviente relata acerca  de  su dignidad en ese lugar.

8. Muriel Dockendorff Navarrete
Tenía 23 años cuando la detuvieron, el 6 de agosto del 74. Era mirista, y al igual que su marido, había sido dirigente estudiantil en la escuela de Economía de la U de Concepción, aunque venía de Temuco. En los años previos había participado en trabajos voluntarios en comunidades mapuche, alfabetizando y conversando sobre el derecho a organizarse y recuperar la tierra usurpada. Sus amigas de la época de universidad la recuerdan como una militante rigurosa, pero también saben de sus poemas y su cercanía al arte. A Muriel le gustaba bordar y daba toques muy personales a la casa en que vivía en Laguna Redonda, en Concepción. En prisión, cantaba canciones de amor y quería saber de Juan su marido, preso como ella. La entregó Marcia Merino. Como María Angélica Andreoli, pertenecía al  equipo de apoyo a la Comisión Política del MIR y a su secretario general, Miguel Enríquez. Gloria Laso, sobreviviente, cuenta que Muriel soñaba con reencontrarse con Juan cuando la pesadilla acabara, e irse a vivir al sur, donde “viviría en una casita de madera en medio de un bosque de mañíos y araucarias, y le pondría a sus niños nombres de héroes y de quienes habían caído luchando en pos de sus sueños”.

9. Jacqueline Drouilly Yurich
Tenía 24 años y un embarazo de 4 meses, cuando fue detenida en Santiago el 30 de octubre de 1974. Pocas horas después, en otro  lugar cayó detenido su marido, Marcelo Salinas. Miguel Enríquez ya había caído en combate el 5 de octubre, y ahora la DINA seguía buscando a su sucesor en la dirección del MIR, Andrés Pascal Allende. La pareja de militantes del MIR se había casado en agosto y luego de la fiesta con la familia y amigos, Jacqueline bromeaba mostrando las sábanas color púrpura, “de obispo”, conguardas blancas que había cosido cuando comenzó a vivir con Marcelo.

Ellos formaban parte de los equipos que realizaban tareas al interior de la estructura de Informaciones, directamente ligada a la dirección del MIR. Jacqueline era la mayor de cuatro hermanas y vivió su niñez y adolescencia en Temuco.  Estudió Trabajo Social, en la U de Chile. Pero como también tenía inclinaciones artísticas estudió dos años de Teatro en Santiago, cuando se trasladaron allí. Después del golpe, sus padres le ofrecieron apoyarla para irse a Europa. Pero ella y Marcelo rehusaron, argumentando que los  pobladores y los trabajadores no podían irse, y “vamos a aguantar” como ellos. Sabían los riesgos, pero también sabían que su partido y el pueblo los necesitaban. En prisión, en Cuatro Alamos, Jacqueline  se las arreglaba para comunicarse con Marcelo usando un espejo, y alegraba a sus compañeras contando historias y chistes.

10. María Teresa Eltit Contreras
Tenía 22 años y estudiaba secretariado. Militaba en el MIR. Fue detenida el 12 de diciembre de 1974, pocos días después de la detención y muerte en tortura de José Bordaz, jefe militar del MIR, con quien trabajaba como su enlace. Su militancia venía desde los tiempos en que era estudiante secundaria  y pertenecía a la FESES, Federación de Estudiantes Secundarios. En prisión se reencontró con una compañera de esa época, sobreviviente, que la  describe como  “impulsiva, enamorada y muy comprometida”  con los objetivos de su partido. Otra amiga la recuerda haciendo trabajo político en los campamentos “Patria o Muerte “y “Venceremos” de la comuna de  La Granja, surgidos de tomas de terreno. María Teresa fue torturada en la parrilla muchas veces, sin embargo otras presas recuerdan que era quien recibía y consolaba a quienes pasaban luego por ese mismo trance. Ante las otras compañeras manifestaba también su dolor por el desamparo en que había quedado su madre que era viuda y trabajadora del área de la salud.

11. María Elena González Inostroza
Tenía 22 años cuando fue detenida en Santiago, el 15 d agosto de 1974. Era mirista y hasta el golpe había sido Directora de la escuela N° 18 del fundo El Calabozo, de Chillán. Hija de campesinos, había sido la mejor  alumna de su carrera, titulada con distinción como profesora de educación básica en la U de Chile de Chillán. La persecución en esa región fue intensa. La casa de sus padres fue allanada 17 veces. Ella y su hermano Galo se trasladaron a Santiago y fueron detenidos en su departamento junto a otros tres compañeros y el hijo de 5 meses de una de ellas. Del extraordinario temple de María Elena en los campos de concentración testimonia una sobreviviente: “Sabía de cocina chilena y de empanadas. Todo lo medía en platos hondos. Me dijo impertérrita que la estuvieron torturando 36 horas en la parrilla”. Era capaz de reírse de todo, con un humor  negro a prueba de las circunstancias.

12. María Isabel Joui Petersen
Marisa, de 19 años, estudiaba economía en la Universidad de Chile. Fue detenida el 20 de diciembre de 1974. Era la única mujer de un hogar tradicional, en que sus dos hermanos y su padre eran uniformados. Ella llegó al compromiso político desde la vertiente cristiana, ya que fue miembro de la Juventud de Estudiantes Católicos JEC, donde entendió el cristianismo como lo explicaba  la teología de la liberación: compromiso con  la lucha por liberar a los oprimidos y construir un mundo mejor. Fue presidenta del Centro de Alumnos del Liceo 3, cuya directiva participaba en las reuniones de la FESES.Así fue como Marisa llegó al FER y más tarde comenzó a formar parte  de la Brigada Secundaria del MIR. Lecturas políticas del Ché y Bakunin, lucha callejera, tomas, huelgas, protestas frente a la embajada de Estados Unidos en el Parque Forestal así como la venta del periódico mirista El Rebelde a la entrada de las fábricas y antes de entrar a clase, eran parte de su vida. En esos tiempos surgió la inquebrantable amistad con María Teresa Eltit y con María Alicia (sobreviviente) quien recuerda que a Marisa le gustaba escuchar a Cat Stevens, a Creedence ClearWaterRevival y a Quilapayun. Con sus amigas celebró Marisa en la Alameda la noche del triunfo del Presidente Allende. Y en los trabajos voluntarios se enamoró de Renato Sepúlveda, estudiante de medicina, también del MIR.  Se casaron en diciembre del 73, cuando poco quedaba del mundo en que habían vivido. La dictadura había cerrado su escuela, pero ambos siguieron en la resistencia. El trío de amigas después compartió prisión y tortura. Con hilos de una frazada y astillas tejieron  pulseras que prometieron llevar siempre consigo.

13. Mónica Llanca Iturra
Tenía 23 años, un hijo de 2 años, Rodrigo, y un marido cuando la detuvieron el 6 de septiembre de 1974. Era funcionaria del Gabinete Central de investigaciones, y pertenecía a una red clandestina que proporcionó células de identidad a la resistencia. Trabajó junto a Antonio Tello y Sonia Bustos. A lo largo de 6 meses, logró traspasar cartolas de cédulas en blanco para la elaboración de nuevas células de identidad destinadas a los perseguidos dirigentes miristas que no podían pasar los controles callejeros. Mónica estudió en el Liceo 15 de calle Santo Domingo y vivía en el barrio Carrascal, donde conoció a Manuel. Se casaron en 1971 y compartieron el entusiasmo de los años de la Unidad Popular y los cambios que el país vivía. Mónica iba las concentraciones y las marchas, leía con Manuel la revista Punto Final y  El Rebelde, y en una carta a una amiga,  le preguntaba si encontraba que Allende era en verdad el Salvador de Chile. Manuel trabajaba en Cemento Polpaico, que había sido intervenida, y estudiaba de noche en la USACH, entonces Universidad Técnica del Estado. Eran una familia feliz y llena de esperanza, habían montado una casilla de madera en el patio de la casa de la hermana de Mónica. Manuel quedó cesante tras el golpe y vivieron días difíciles, sustentando ella sola el hogar. Una compañera de trabajo la describe como “alegre, vivaz, confiada y confiable. En el casino siempre nos hablaba con mucho amor de Manuel y de su hijito Rodrigo.”

14. Violeta López Díaz
Militante del MIR, viuda, desapareció, tenía 40 años, un hijo de 16, Ricardo, y una hija de 14, Rebeca. Militante y artista, madre y mujer bella, obrera y secretaria, rompía los cánones tradicionales. Antes del golpe, había fundado el grupo de teatro Acquarius. Participó en la Asociación de Teatro de los Ferrocarriles, y también fue secretaria de la Sociedad de Autores Teatrales de Chile. El 11 de septiembre trabajaba como obrera  en Cecinas Loewer y fue detenida junto a otros once trabajadores y hostigada por varios días. En una oportunidad los uniformados le hicieron tragar bencina, amenazándola con  prenderle fuego y hacer daño a sus hijos. Valiente, decidida, ella siguió adelante con su familia, su militancia y su vida pero tras su detención en su domicilio de San Miguel, el 29 de agosto de 1974, sus hijos la perdieron para siempre. La denuncia para el recurso de amparo la puso el niño en la Vicaría. Cuando la buscó en recintos policiales, los uniformados le respondían que se volviera a casa porque su madre lo había dejado botado. Siguió haciéndolo, desesperado y dejó los estudios.  Se fue preso una y otra vez porque durante las noches de toque de queda salía a las calles a exigir el paradero de Violeta y luego insultaba a los uniformados. Una demanda fue presentada en 2005 por CODEPU, y la última en 2015 como parte de una demanda colectiva de Londres 38. Finalmente la ministra Marianela Cifuentes tomó la causa, que aun no tiene procesados.

15.- María Cristina  López Stewart
21 años, militante del MIR, estudiante de historia en el Pedagógico de la U de Chile fue detenida el 22 de septiembre de 1974, en el marco de los operativos que la DINA realizaba para ubicar a Miguel Enríquez. La joven estudiante, de cabellos color miel y pequeña de estatura,  dirigía una parte de la estructura de informaciones, trabajando con Alejandro de la Barra, quien fue ejecutado por la DINA en diciembre de ese mismo año. Desde los ocho años, María Cristina, la menor de tres hermanas, llevó un diario de vida. A los 16 escribió allí : “Yo no tengo miedo a la muerte. Tengo miedo a dejar de vivir.” Estudió en el Liceo 7, donde pudo conocer niñas de sectores sociales diferentes a su familia, que vivía en La Reina e hizo allí amistades entrañables. Leía, estudiaba, escuchaba a Los Beatles, su grupo musical favorito, y jugaba con su perrita Jenny. Su rebeldía y su búsqueda de igualdad de derechos la llevaron a negarse a asistir a la graduación al fin de sus estudios secundarios,  porque había otras estudiantes que no lo harían por no poder costear el traje para la  ocasión. Comenzó su militancia universitaria en el frente estudiantil, participando incluso  domingos y festivos en el trabajo político y poblacional, lo que hacía decir a su mamá: “Parece ser que mi hija Mari siente que cada minuto de su existencia es más importante entregado a los demás que a sí misma y así va dejando su desbordante alegría y esperanza en hogares más humildes “. Luego Mari pasó a trabajar políticamente en la búsqueda, recolección y sistematización de información relacionada con los movimientos golpistas de determinados sectores.

16. Eugenia Martínez Hernández
Obrera, del MIR, colocolina, 25 años, fue detenida el 24 de octubre de 1974 en la industria Laban, donde trabajaba. Su madre explica que ella entró al MIR porque deseaba vivir en una sociedad libre y justa. Su compromiso social se despertó cuando trabajaba en una fábrica de papeles. Eugenia terminó su enseñanza  media asistiendo al Liceo Nocturno N=3  llegando muy tarde a su casa de La Legua Emergencia. La fábrica de Laban fue  tomada por sus trabajadores el 29 de junio del 73, día del “Tancazo” , una suerte de ensayo del golpe. Quena logró la intervención de la industria denunciando el boicot patronal a la producción y desde entonces se unieron al Cordón industrial Macul. Pero la experiencia sólo alcanzó a durar 2 meses. Tras el golpe, la industria volvió a manos de los patrones.

17. Marta Neira Muñoz
Comunista, 29 años, un hijo – Francisco- fue detenida el 9 de diciembre de 1974, a horas de que su pareja, César Arturo Negrete (MIR) de quien era enlace, también cayera preso. Tita, alegre y generosa, de grandes ojos azules, la tercera de cinco hermanos, creció en la localidad de Isla de Maipo. En la plaza todos le hacían rueda cuando bailaba rock and roll con su hermano Miguel Angel. Ella era el orgullo de las Juventudes Comunistas de la localidad, donde solía repartir El Siglo. Era bajita y le gustaba usar tacones muy altos. Su padre había conocido la persecución en tiempos que González Videla ilegalizó al Partido Comunista. Cuando la familia se trasladó a Santiago, estuvo un tiempo en el Liceo 5 de Portugal pero terminó sus estudios en un liceo nocturno. Su rostro hermoso, de tez tostada y sonrisa perfecta fue una vez portada de la revista juvenil Ramona que editaba Quimantu, donde trabajó hasta el 11 de septiembre.

18. Patricia Peña Solari
Estudiante de licenciatura en Biología, tenía 23 años cuando fue detenida el 10 de diciembre de 1974. Su hermano Fernando había caído el día anterior. Su madre, concertista en piano, hermana de la actriz Malucha Solari, había fallecido poco antes. Militaba en el MIR y se encargaba de reproducir el periódico del MIR, El Rebelde, en un complejo proceso que comenzaba con descifrar los textos que venían en microfilm. Había estudiado en el Liceo 1. Bella, de pelo largo liso y negro, ojos almendrados y piel morena, Patricia tocaba el piano y la guitarra y amaba la música. Pertenecía al coro del Liceo y luego al  coro de Cámara de Guido Minoletti. En las largas noches de tiempos de dictadura y resistencia, Patricia y su pareja trabajaban en los textos de El  Rebelde para hacer unos 200 ejemplares, tras lo cual, con las manos aun entintadas, se acariciaban…después Patricia tocaba el piano interpretando a Mozart y Chopin, en una sucesión que Claudio, su pareja, sobreviviente rememora: “Allí estabas nuevamente  dulce como siempre: el amor, la reunión, El Rebelde y  el regreso al pentagrama.”

19. Bárbara Uribe Tamblay
Detenida el 10 de julio de 1974, tenía 20 años. Egresó del liceo un año antes de  casarse con Edwin en diciembre del 73. Fue amor a primera vista, se conocieron en el local de la Federación de Estudiantes Nocturnos, como activos miembros del FER y ella tomó la iniciativa. Iván trabajaba en la estructura de Informaciones, y es probable que Bárbara tambiénlo hiciera. Estudió en los liceos 7 de Niñas y 9 de Macul y allí luchó por todas las causas justas. Eran cuatro hermanas,Su hermana Viviana cuenta que tenía fama de rebelde  y la echaban de todos lados. También se preocupaba de sus amigas y una de ellas recuerda que le enseñó a pintarse las pestañas. Emotiva, sensible, le gustaba  la música y el canto y le aburrían las lecturas pesadas. Muy bella, le aconsejaron ser  modelo pero ella optó por hacer un curso de secretariado. Ingresó al MIR tras participar en los trabajos voluntarios en apoyo al movimiento campesino y obrero en Talca: “Cuando conoció la pobreza  directamente,no dejó de verla más”, explica su hermana. Trabajó políticamente en los campamentos de Lo Hermida y Nueva Habana y conocía de cerca al agente Romo que en esa época era dirigente poblacional, y luego fue quien  la detuvo y vejó. Ella había continuado ligada a los pobladores y se esforzó por ayudar a los perseguidos. Bárbara y Edwin permanecen desaparecidos y unidos para siempre.

fragmentos de la “Otra” vida de Bachelet, en la RDA. El matrimonio de Alejandra Holzapfel.

fragmentos de la “Otra” vida de Bachelet, en la RDA. El matrimonio de Alejandra Holzapfel.
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    • El matrimonio de una pareja de exiliados chilenos en Potsdam quedó registrado en un documental que permaneció por casi cuatro décadas en el sótano de unos departamentos de la desaparecida Alemania Oriental. La película muestra las únicas imágenes audiovisuales conocidas de Michelle Bachelet en su exilio, entre 1975 y 1979. Invitada al festejo, de 26 años y embarazada de su primogénito Sebastián, el filme revela la desconocida cotidianidad de la Presidenta y de los refugiados en el lado oriental del Muro.

    Son apenas ocho minutos y, sin embargo, el documental es un extracto exquisito de la vida de los chilenos exiliados en la RDA en la segunda mitad de los setenta.

     El casamiento de una pareja de refugiados en Alemania Oriental. Solamente dos locaciones: el Registro Civil de Postdam y la fiesta en un pequeño departamento del barrio de Babelsberg. Entre los invitados, Michelle Bachelet, de 26 años, junto a Jorge Dávalos, de 31. Casi cuarenta años después de la filmación, la película llegó a Chile por dos caminos insólitos. Eine chilenische Hochzeit (Un matrimonio chileno, 1977), del alemán Rainer Ackermann y el búlgaro Valentin Milanow, comienza así:

    Ahora estoy dispuesta a recibir el sí de parte de ustedes. Antes, quisiera subrayar que con su aprobación y mi firma, su matrimonio adquiere validez legal. Les pido levantarse, señala una circunspecta oficial alemana del Registro Civil.

    Los novios se ponen de pie. Las imágenes son en blanco y negro.

    —Señor José Fuica, ¿desea usted contraer matrimonio con la señorita Alejandra Holzapfel? De ser así, conteste “sí”.

    —Ja, confirma en alemán Pepe Fuica, chileno, militante socialista, que había conocido a su mujer en la RDA.

    —Señorita Alejandra Holzapfel, ¿desea usted contraer matrimonio con el señor José Fuica? De ser así, conteste “sí”.

    —Ja–, asienta también Alejandra, conocida entre los chilenos exiliados como Coneja.

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    Hija de un diputado radical muerto en 1969, la novia se ve bonita y contenta. En Chile, sin embargo, había vivido una época de terror. Militante del MIR en la clandestinidad, la estudiante de Veterinaria a fines de 1974 había sido detenida por la Dina. Durante tres meses fue víctima de torturas atroces en Villa Grimaldi, la Venda Sexy y Tres y Cuatro Alamos. Su historia aparece en Ingrid Olderock. La mujer de los perros, de la periodista Nancy Guzmán, una investigación sobre la integrante de la Dina que utilizaba animales para violentar sexualmente a las víctimas.

    Pero en el Registro Civil de Postdam se vive una jornada de felicidad y la funcionaria alemana finalmente sella el acuerdo nupcial: “Como símbolo visible de su unión, tienen ustedes ahora la oportunidad de intercambiar argollas”. El silencio estricto de la ceremonia se rompe de repente con el sonido de una pieza solemne interpretada en la misma sala por un pianista, un violinista y un chelista vestidos elegantemente.

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    El ambiente del departamento es otra cosa: la argentina Liliana Althube, funcionaria de la embajada de Argentina en Berlín y emparejada con chileno, anima el festejo con guitarra y canciones latinoamericanas. Interpreta Mire mi amigo del uruguayo Alfredo Zitarrosa: “Mire mi amigo no venga con esas cosas de las cuestiones. Yo no le entiendo mucho…”.

    La vivienda decorada con afiches de Salvador Allende pertenece a la novia. De acuerdo a algunos chilenos que compartieron el exilio con Alejandra, estaba ubicado en el mismo block de departamentos de Postdam donde vivieron Bachelet y su madre, Angela Jeria, cuando llegaron a la RDA desde Australia en la primera mitad de 1975. Las tres mujeres eran vecinas y en estas residencias proporcionadas por el gobierno alemán compartieron los dolores de esta primera etapa del destierro. Un pequeño living-comedor, una cocina angosta y un baño que, como se estila en Alemania, tenía el W.C. en un espacio diferente a la ducha. En el caso de las personas solas, un dormitorio.

    La torta del matrimonio está adornada con una rosa. Algunas botellas y canapés distribuidos en platitos. La novia lanza su ramo a un grupo de apenas seis solteras en un espacio estrecho. En el documental del matrimonio Fuica- Holzapfel se advierte un ambiente festivo y familiar, aunque la veintena de invitados son solamente amigos del exilio: los parientes de los novios se encuentran en Chile, bastante lejos. Entre los asistentes se hallaban militantes de las Juventudes Comunistas (uno conocido como El estuche), de la Juventud Socialista (como la propia Bachelet), del MAPU (como uno al que llamaban El merluza) y un solo representante radical (el único de la fiesta que lleva corbata). Algunos niños chilenos y un puñado de alemanes, que parecen disfrutar como nadie la celebración.

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    Comienza el baile y suena Pobre caminante de un tocadiscos. Entre los invitados que se animan a salir a la pequeña pista se encuentra Carlos Puccio, hermano del ex ministro socialista Osvaldo Puccio, jovencísimo junto a su señora Marisol Guerra. Sentados en el living, el economista del PS Sergio Arancibia y Margarita Luque, esposa de Exequiel Ponce. Miembro de la Comisión Política del Partido Socialista, había sido detenido en Chile el 25 de junio de 1975 y no se conocía su paradero. La mujer está acompañada de una niña, aparentemente de su hija Tania. En una escena entrañable, los documentalistas entrevistan a la señora Ponce y la pequeña le ayuda con el alemán. La mayoría de las ocasiones, los menores aprendían el idioma antes que sus padres.

    Este era el mundo en la RDA de 1977 en el que se desenvolvía socialmente Michelle Bachelet, que observa la escena del baile desde una esquina junto a dos amigos: estaba embarazada de su primer hijo, Sebastián, que iba a nacer en Leipzig el 1 de junio de 1978. En la época en que mejoraba su alemán y retomaba sus estudios de Medicina suspendidos en Chile, lleva el pelo largo, gafas grandes y usa un vestido de seda hindú. La actual Presidenta utilizó un atuendo similar para su matrimonio con Dávalos, en diciembre de 1977, según se observa en las fotografías familiares. De acuerdo al libro Michelle, de Elizabeth Subercaseaux y Malú Sierra, lo había comprado durante un reciente paso por Fiji.

    El tocadiscos queda en silencio. Se acaba Pobre caminante y empieza el discurso.

    —Como el vino es poco, el que no baila no toma, dice en medio de la pista un socialista dicharachero. Los invitados y los novios comienzan a darle un sorbito a la única botella que pasa de mano en mano. Abrazados y dando pasitos de un lado a otro, cantan todos juntos: “Tómese esa copa, esa copa de vino. Tómese esa copa, esa copa de vino. Ya se la tomó, ya se la tomó. Y ahora le toca al vecino”.

    Milanow, el realizador búlgaro, entrevista a los recién casados. Alejandra, en perfecto alemán que había aprendido en el colegio en Chile, dice que quiere continuar con sus estudios de Veterinaria y que Pepe, su flamante esposo, pretende ser profesor de marxismo leninismo. Sueñan con radicarse en Mozambique, Angola o Cuba.

    Bachelet aparece en dos escenas de Un matrimonio chileno. En una segunda ocasión se le ve sentada junto a Dávalos y al resto de invitados, cuando aparentemente la fiesta se ha detenido y los chilenos exiliados cantan canciones como Gracias a la vida de Violeta Parra. En la fecha de este matrimonio, Bachelet realiza reservadas labores políticas desde la RDA y todavía no sabe que faltaría cerca de un año para poder regresar a Chile en febrero de 1979.

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    Pasaron algunas décadas antes de que el documental aterrizara en Chile. Isabel Mardones tiene a su cargo la cinemateca del Goethe Institut y es coautora de una magnífica investigación sobre las relaciones de las dos Alemania con el cine chileno: Señales contra el olvido. Cine chileno recobrado (Cuarto Propio 2012). Gracias a sus gestiones, en 2013 llegó a Chile la historiadora de cine y realizadora de la Universidad de Southampton, Claudia Sandberg. La investigadora alemana visitó Santiago y dictó un seminario para los alumnos de la Escuela de Periodismo de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), con largos y cortos sobre el exilio chileno en la RDA producidos por Compañía Cinematográfica Estatal de Alemania Oriental (DEFA). Entre las cintas que mostró a un grupo de estudiantes y algunos profesores se hallaba Eine chilenische Hochzeit. Recién entonces y gracias a la confirmación de las profesoras Bárbara Fuentes y Paz Montenegro se pudieron percatar de la presencia de la Presidenta Bachelet entre los invitados.

    Pero el documental siguió una ruta paralela. La novia, Alejandra Holzapfel, por mucho tiempo intentó recuperar la cinta de su casamiento. El búlgaro Milanow, un joven pasante en los estudios de la DEFA, a fines de los setenta le había regalado una copia. Eine chilenische Hochzeit, sin embargo, quedó guardado por años en el sótano de un departamento en Leipzig, la ciudad a donde la chilena se trasladó junto a su marido Pepe. Retornada a Chile en 1987, donde se dedicó a la gestión cultural, recién hace unos meses logró tener el filme nuevamente en sus manos: una persona que vivía en la vivienda de la antigua Alemania Oriental se lo trajo de regalo. Holzapfel nunca se enteró de que en 2013 un grupo de estudiantes y profesores de la UAI habían visto la proyección de su casamiento.

    Los asistentes a la boda consultados no recordaban la existencia del filme. Unos se excusaron de ayudar en la reconstrucción del festejo, por tratarse de un período doloroso que prefieren no rememorar, y algunos observaron el corto con la nostalgia de reconocerse a ellos mismos y a los amigos en una época que ahora parece tan lejana. Holzapfel pretende, en algún momento, juntarlos a todos para proyectarlo.

    Pero las vidas de unos y otros, reunidas en los ocho minutos de Eine chilenische Hochzeit, siguieron rutas distintas e inesperadas.

    Alejandra y Pepe tuvieron hijos y se separaron en 1979. Holzapfel lo abandonó y se radicó con los niños en Frankfurt: nunca le pudo perdonar que, cuando ella pretendía regresar a Chile para luchar contra la dictadura, Fuica la denunciara ante el consulado para impedir el viaje, de acuerdo a una entrevista que la gestora cultural concedió a The Clinic en 2013. El finalmente logró estudiar marxismo leninismo como deseaba, pero murió en Alemania en un accidente de tránsito.

    Carlos Puccio, que bailaba animado junto a Marisol, se transformó en director de cine. En 1994 estrenó Aquí, donde yo vivo, un documental que relata el drama de los hijos de los exiliados que volvieron a Chile en los años noventa. Falleció hace menos de un año, luego de una larga enfermedad.

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    Margarita Luque, que también retornó, murió en junio de 2008. Nunca pudo encontrar los restos de su marido, Exequiel Ponce, que hasta la actualidad conforma la lista de detenidos desaparecidos. Su hija Tania se transformó en traductora.

    Y Michelle Bachelet.

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    La invitada que usaba gafas grandes y vestido hindú, en 2006 llegó a ser la primera mujer Presidenta de Chile. A punto de cumplir 64 años y abuela de dos nietos, hijos de Sebastián, al que esperaba en ese casamiento olvidado, hace diecisiete meses está nuevamente en La Moneda en su segunda administración.

    “El tema Chile era algo que preocupaba al Estado de Alemania Oriental”, explica Isabel Mardones, encargada de la Cinemateca del Goethe-Institut Chile.
    De acuerdo al crítico de cine Ascanio Cavallo, “a pesar de la distancia idiomática, geográfica y cultural, no existió ningún ambiente fílmico que dedicara tanta atención al exilio chileno como el de la RDA”. “Le permitía confirmar su superioridad moral sobre Alemania Federal y la necesidad de establecer barreras como el Muro contra las agresiones”, señala el periodista.
    La académica alemana Claudia Sandberg, que trabaja en un largometraje documental sobre las películas chilenas de la DEFA, dice que en el corto Eine chilenische Hochzeit (1977), “se muestran los anhelos, las incertidumbres, la desesperación y la esperanza”.
    El cineasta Rainer Ackermann, uno de los guionistas, ratifica el interés de la DEFA por retratar la vida cotidiana de este grupo de refugiados: “El exilio chileno tenía toda nuestra simpatía”. Desde Alemania se declara sorprendido: hasta ahora no sabía que Michelle Bachelet estaba entre las invitadas a ese matrimonio.

    http://www.caras.cl/sociedad/fragmentos-de-la-vida-de-bachelet-en-la-rda-un-casamiento-olvidado/

  2. AntronioElAntro.cl

“La casa de los conejos”, una historia autobiográfica

Laura Alcoba explica en “La casa de los conejos” su infancia y clandestinidad

Barcelona, 10 dic (EFE).- La escritora argentina Laura Alcoba* narra en su primera novela, “La casa de los conejos”, una historia autobiográfica, la de una niña

Barcelona, 10 dic (EFE).- La escritora argentina Laura Alcoba narra en su primera novela, “La casa de los conejos”, una historia autobiográfica, la de una niña que, a los siete años y tras el golpe de estado en Argentina, se vio obligada a vivir en la clandestinidad mientras su padre montonero estaba preso.

La novela, un fenómeno editorial en Francia, Inglaterra y Argentina, se ha presentado hoy en Barcelona, una vez traducida al español desde el francés original.

Laura Alcoba (La Plata, Argentina, 1968) huyó a los diez años con su madre a París, donde estudió y se licenció en Letras especializándose en literatura española del Siglo de Oro.

Unos pocos meses antes del inicio del régimen dictatorial y con el padre, militante en la guerrilla montonera, en prisión, la pequeña y su madre se mudaron a una casa en La Plata donde supuestamente se criaban conejos, y que en realidad encubría la imprenta del periódico de la oposición “Evita Montonera”.

La niña descubrió entonces la violencia, el conflicto político y la situación de clandestinidad sin acabar de entender lo que pasaba, viviendo en circunstancias extremas que no era capaz de interpretar más allá de la experiencia infantil.

Aquí radica la condición especial de esta novela, que, lejos de buscar explicaciones y juzgar los hechos, se limita a plantearlos desde la inocente mirada de una niña, y deja en manos del lector la interpretación, reflexión y valoración de lo sucedido.

Una visita a “La casa de los conejos” en 2003 conmovió a la autora con imágenes de su niñez, y la empujó a escribir para poner orden en las ideas inconexas que afluían a su memoria.

“Mi idea original era escribir un libro más documentado para volver sobre mi experiencia infantil”, ha confesado Laura Alcoba, “pero, al empezar a redactarla, la voz de la niña se iba apoderando de mi relato”, ha asegurado.

El convertirlo en un texto novelístico ha ayudado, según la escritora, a hacer llegar al público la historia y a conectar los flashes memorísticos revividos de forma muy visual pero desordenada.

“La casa de los conejos” ha sido bien recibida en Argentina, como apunta la propia autora, gracias al hecho de ahorrarse los habituales juicios de valor y disputas políticas y a que plantea un recuerdo desde la sencilla mirada limpia de la niña.

“Eso sorprendió mucho en Argentina”, admite Alcoba. “Si hubiera conservado la voz adulta podía haber caído en las trampas de la idealización o el planteamiento político”, ha afirmado.

Según la escritora, gracias a mantener el punto de vista infantil la novela “ha llegado a gente que habitualmente no lee esos temas y que tenía la seguridad de que no se encontraría con un panfleto político”.

En el prólogo del libro, Laura Alcoba advierte de que no es un relato para recordar, “sino para olvidar un poco”, y ha querido insistir en ese “un poco”, porque en su opinión se trata de “olvidar para seguir adelante”, algo a lo que el libro, reconoce, la ayudó.

De hecho, la idea que atraviesa toda la novela es una pregunta que se plantea en las primera páginas: “¿Por qué algunos han muerto y yo no?”. Y la respuesta que alcanza la niña es: “el azar”.-EFE asp/rq/is (foto)

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2015_04_01_PH_VITO_RIVELLI_58602 LAURA ALCOBALaura Alcoba es escritora, traductora y editora franco-argentina. Su lengua de escritura es el francés si bien Argentina está muy presente en su escritura.En 2007, la editorial francesa Gallimard publicó su primera novela, Manèges, petite histoire argentine, inspirada en un episodio de su infancia durante la dictadura argentina. El año siguiente, se publicó en Argentina con el título La casa de los conejos (Edhasa), en una traducción del escritor Leopoldo Brizuela. Luego vinieron las traducciones al inglés (Portobello Books), al alemán (Suhrkamp/Insel), al italiano (Piemme), al serbio (Arhipelag). Próximamente se publicará en árabe.

En 2009 salió su segunda novela, Jardin blanc (Gallimard 2009) publicada pocos meses después en Argentina en una traducción del poeta Jorge Fondebrider (Edhasa).

En 2012, publicó Les Passagers de l’Anna C. (Gallimard). En esta novela, la autora reconstruye el viaje que hicieron un grupo de jóvenes a finales de los años ’60, saliendo clandestinamente de Argentina con el proyecto de ir a Cuba y de reunirse con el Che Guevara. Entre ellos se encontraban sus padres. Resultado de un trabajo de investigación, el libro no deja de ser una novela. Las contradicciones, las dudas, los olvidos fortuitos o voluntarios, las lagunas de la memoria desempeñan un papel central.

En 2013, la editorial Gallimard publicó su cuarta novela, Le Bleu des abeilles centrada en la experiencia infantil del exilio. Saludada por la crítica y el público inmediatamente después de su publicación, fue seleccionada en Francia para numerosos premios entre los cuales el premio Médicis y el Femina, y galardonada con le Prix de Soutien de la Fondation del Duca.

En 2014, salió en Edhasa con el título El azul de las abejas – en una traducción, una vez más, de Leopoldo Brizuela.

 

EL AZUL DE LAS ABEJAS

Sinopsis

“Para pintar El azul de las abejas, himno de amor a la literatura, Laura Alcoba, buscó inspiración en su propia historia -y en las cartas de su padre. Magnífico.” Le Monde

Es el año 1978, en La Plata. Una niña espera encontrarse con su madre, exiliada en París. Estudia sin pausa el francés, su futuro idioma, un aprendizaje donde conviven sueños y un velo de incertidumbre. Mientras, cada quince días, visita a su padre en la cárcel; un preso político en tiempos de la dictadura. Él también la prepara para el viaje, y le recuerda que mantendrán la relación a través de cartas. Cuando a principios de 1979 llega a Francia, la realidad corrige tantas fantasías. No es París propiamente dicho donde irá a vivir sino un suburbio; no es la postal del Sena, la torre Eiffel y las callejuelas, sino el edificio algo extravagante donde está el departamento de su madre. Es, comprende de golpe, una niña refugiada. No obstante, está en las puertas de un nuevo comienzo. El descubrimiento de una lengua que será suya; de un colegio que poco se parece al argentino; de los amigos exiliados que visitan a su madre y hacen el recuento de los compañeros asesinados o desaparecidos. En medio, las cartas a su padre y el tibio descubrimiento de la literatura, de la escritura como lugar inocente, lugar de encuentro y emoción. Maravillosamente escrita, El azul de las abejas es el relato en primera persona de una niña que, de manera vertiginosa, adquiere una nueva realidad. Un país y un idioma, la lejanía con su tierra original y con su padre, las sorpresas que cada día la deslumbran y atemorizan. Con esa candidez y esa precisión que sólo se dan en la niñez, y que serán parte de su vida, porque son huellas imborrables. Comienza donde terminaba la primera novela de Laura Alcoba, La casa de los conejos, y es un libro conmovedor sobre una infancia luminosa y renacida entre la memoria viva del dolor y el exilio.

Como traductora tradujo al francés cuentos, poemas, obras de teatro y ante todo novelas, como Un lugar llamado Oreja de Perro del peruano Iván Thays, Trabajos del reino y Señales que precederán al fin del mundo, del mexicano Yuri Herrera. Últimamente tradujo al francés la primera novela de la escritora argentina Selva Almada, El viento que arrasa.Desde octubre del 2013, es directora de colección en las ediciones du Seuil, responsable de la literatura de lengua española, catalana y portuguesa.

Sesenta Mujeres presas en Pisagua

Después de 43 años, ex presas políticas en Pisagua se querellarán contra carceleros que las vejaron

 

 

Anyelina Rojas V/ Periodista Edición Cero.-

En sí y año tras año, el acto de conmemoración en honor a las víctimas de DDHH, tras el golpe de Estado, es un acto de extrema emocionalidad, de sentimientos encontrados, de recuerdos que no se quieren recordar. Sin embargo, en éste, el Nº 43, fue de una explosión emocional, cuando las mujeres presas en Pisagua, todas que muy jóvenes en aquella época, incluso, algunas adolescentes y que hoy desde la madurez y la sabiduría de los años, anuncian que se querellarán contra quienes las vejaron sexualmente durante sus detenciones. No fue algo generalizado, pero son muchos los casos… que se han callado por años, pero hoy es la hora de la verdad… Y la justicia.

Fue impactante cuando la activista de Derechos Humanos y dirigente de la Corporación Pisagua, Juana Torres, de militancia comunista desde su juventud, hizo el anuncio a viva voz, en pleno acto conmemorativo. Y lo hizo mientras las mujeres, como tradicionalmente lo hacen, se presentaban en un coro para sumarse al homenaje, de cada 11 de septiembre.

Nadie lo esperaba. Tampoco lo contaron antes, por lo que la concurrencia quedó sorprendida… Se produjo un gran silencio, seguido de un gran aplauso por la valentía de todas ellas. Cada una con una historia particular, que ahora enfrentarán de manera completa, porque “la sociedad no merece nuestro silencio”, señala Juana Torres.

“Es hora que el mundo entienda que esas mujeres fueron capaces de superar el dolor… Y aquí estamos compañeros, presentes y con la frente en alto”, dijo con voz entrecortada, recordando a muchas de otras mujeres que ya murieron.

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Juana Torres recordó que en los años 70 eran muchachas jóvenes, entusiastas. Sesenta llegaron a Pisagua. Dijo que ya ahora, mujeres adultas y con sus vidas realizadas, se reúnen todas las semanas para ensayar sus coros, y a través de sus canciones, entregar su mensaje. Así, entre ensayos y encuentros surgen las inevitables conversaciones de lo ocurrido en Pisagua, los recuerdos. Pero también la alegría y el valor por seguir luchando.

Entonces entre reunión y reunión, comienzan a analizar el tema, con una mirada más allá de lo que habitualmente lo hacían. “Pensamos que aún no estamos totalmente sanas, porque esta fecha todavía nos asusta… No tenemos ese miedo y ese dolor de llanto, tenemos ese dolor revolucionario, ese dolor que fortalece…”

Se deciden entonces, a exponer el tema “porque creemos que no tenemos derecho de negar a la sociedad; no decir lo que pasamos. No estamos de acurdo con los 50 años de silencio y estábamos cayendo en eso”.

Tomada la decisión de denunciar los abusos sexuales, que se suman a la brutalidad de la detención, la tortura y el cautiverio, el paso ahora es trabajar en la querella. Este fue el tema que marcó el acto conmemorativo, a 43 años del golpe de estado.

ACTO CONMEMORATIVO

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Los homenajes partieron en la Plaza que recuerda al presidente Allende, para luego enfilar, hacia el Cementerio Nº 3, donde se levanta el Mausoleo “Para Que Nunca Más”, donde yacen ex prisioneros poíticos, aparecidos en la fosa clandestina de Pisagua.

El acto fue dirigido por los dirigentes de la AFEPI, Héctor Marín y Lisabeth Millar, hermano e hija de Jorge Marín y Williams Millar, ejecutados en el Regimiento Telecomunicaciones, luego trasladados al mismo cementerio, donde se urdió una falsa historia de fuga y enfrentamiento.

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En la ocasión, asistió el alcalde Jorge Soria, en tal calidad, pero también por su condición de ex prisionero político. Dijo que su lucha y su gestión histórica, está inspirada en las ideas del Presidente Allende, quien pretendía mayor igualdad, mejor educación y salud. También recordó que el creador de la Zona Franca de Iquique, no fue Pinochet, sino que Salvador Allende.

También intervinieron Etna Venegas, del partido Humanista y Juan Carlos Zavala, del Partido Socialista, en línea disidente a la de la colectividad.

De: edicióncero.cl

Exiliados chilenos en Francia: enfoque sociológico

Exiliados chilenos en Francia: enfoque sociológico

A partir del 11 de septiembre de 1973, Francia alberga a unos 15,000 ciudadanos chilenos, con quienes tiene una capacidad extraordinaria. El entusiasmo de la generación posterior a la sexta octava por la experiencia de la Unidad y los mitos revolucionarios, la recomposición de una izquierda francesa lanzada a la conquista del poder o la gran cobertura mediática de los eventos en Chile son factores que determinará las políticas establecidas para recibir esta población. Además, esta diáspora tiene particularidades que la diferencian de la mayoría de las otras migraciones políticas.

Cartel del Partido Comunista Francés para Chile, con, a la izquierda, el retrato del presidente de la República de Chile Salvador Allende Gossens (1908-1973), 1973. © Roger-Viollet

Cartel del Partido Comunista Francés para Chile, con, a la izquierda, el retrato del Presidente de la República de Chile Salvador Allende (1908-1973), 1973 © Roger-Viollet

Estatutos, perfiles, implementación y estrategias familiares

Certificado emitido por OFPRA al Sr. Victor-Hugo Iturra Andaur, refugiado chileno © Colección privada Victor-Hugo Iturra Andaur, Taller del ruido

Certificado emitido por OFPRA al Sr. Victor-Hugo Iturra Andaur, refugiado chileno © Colección privada Victor-Hugo Iturra Andaur, Taller del ruido

Con respecto a la administración francesa, los exiliados chilenos optaron por tres estados especiales: refugiado, trabajador inmigrante o estudiante. ¿Por qué no todos tienen el estado de refugiado, incluso si pudieran obtenerlo fácilmente? La razón principal es que algunas personas prefieren mantener su nacionalidad, especialmente si han logrado conservar sus documentos de identidad chilenos.

Sobre la duración del exilio y según los períodos, considere que los perfiles evolucionaron. A su llegada a Francia, los exiliados constituyen una población de 20 a 50 años comprometida políticamente como simpatizantes de la Unidad Popular. Este personaje dominante dura todo el exilio. La diáspora chilena está compuesta en gran parte por mandos medios, cuadros políticos y / o sindicales, mientras que la proporción de trabajadores y campesinos sigue siendo baja. A diferencia de muchos migrantes, los chilenos tienen una proporción casi igual de hombres y mujeres, lo que en este caso significa que el exilio fue familiar. Su ubicación es urbana. Otra particularidad de esta diáspora es su baja movilidad espacial. Puede vincularse a una buena integración local y a una satisfacción relativa de las condiciones de vida ofrecidas.

Muchas familias experimentan un período de crisis debido a la conjunción de varios elementos como una fragilidad preexistente de las parejas, una delicada inserción profesional, la desaparición de la efervescencia política, la evolución de las mentalidades en contacto con las nuevas corrientes de pensamiento y los movimientos feministas, la existencia en Francia de estructuras sociales que empoderan a las mujeres y su acceso a la condición de cabeza de familia (guarderías, instalaciones comunitarias, subsidios). Además, los pródromos del exilio son vividos por la segunda generación de una manera intensa y enfrentan las dificultades de la instalación sin ser entregados por los padres una explicación coherente. A esto se agrega el hecho de que están inmersos en un sistema escolar extranjero que descubren privado porque sus padres tienen que resolver problemas materiales y psicológicos. Con el tiempo, estos jóvenes están experimentando un proceso de transculturación.

Recepción, solidaridad, dificultades de instalación y luego integración

Después del golpe militar del general Pinochet, el 11 de septiembre de 1973, el ejército realizó arrestos en masa.  Octubre de 1973 Santiago en Chile © Eyedea / Keystone France

Después del golpe militar del general Pinochet, el 11 de septiembre de 1973, el ejército realizó arrestos en masa. Octubre de 1973 Santiago en Chile © Eyedea / Keystone France

El fracaso de la Unidad Popular  tiene una resonancia excepcional. Toda la opinión pública francesa está conmocionada por la violencia del golpe. Los militantes y simpatizantes de la izquierda se movilizan desde el 12 de septiembre de 1973, al llamado de las formaciones políticas y los sindicatos asociados dentro del “Comité de los 18”, mientras se organizan grupos de solidaridad en todas partes. En noviembre de 1973, se creó un Comité de Coordinación para la Recepción de Refugiados que reúne organismos públicos y asociaciones por un lado. Por su parte, desde el 28 de septiembre de 1973, el gobierno francés da su acuerdo para la recepción de refugiados de Chile.

Se establece un plan de emergencia para recibir atención en los refugios, asistencia médica gratuita y aprendizaje de francés. En los refugios, los exiliados reciben apoyo administrativo para regularizar su situación con respecto a OFPRA. Las universidades ofrecen cursos especializados y el Ministerio de Trabajo asigna horas de cursos introductorios a la formación profesional.

En este doloroso contexto, el primer contacto con Francia ocurre a través de instituciones que los exiliados tienden a asimilar al aparato represivo chileno. Los primeros años son los más sensibles y conservan recuerdos bastante negativos. Deben modificar ciertos comportamientos al ubicar su temporalidad en la agenda social del país de acogida. Además de esto, hay patologías inherentes a situaciones de violencia experimentadas, dado que algunos de los exiliados fueron víctimas de la represión. Los chilenos ven así que sus posibilidades de integración disminuyen claramente.

Eloïse, educador especializado en París, de la serie Hijos exilio / Fils de l'exil de Eric Facon © Eric Facon, Museo Nacional de Historia y Culturas de la Inmigración

Eloïse, educador especializado en París, de la serie Hijos exilio / Fils de l’exil por Eric Facon © Eric Facon / el bar Floréal, Museo Nacional de Historia y Culturas de la Inmigración

De hecho, el trauma de dejarlos sobrevivir con sus sentimientos e intereses relacionados con el país de origen. Su tiempo está estructurado según una atemporalidad diaria y esta actitud de “pasajero en tránsito” “con las maletas debajo de la cama” limita las oportunidades de entrenamiento y aprendizaje. A medida que pasa el tiempo, los exiliados comienzan a integrarse y comienzan un proceso de transculturación. En general, logran algo de estabilidad. La segunda generación también está empezando a pesar sobre la percepción del exilio: los niños que se han convertido en adolescentes han completado la educación secundaria y desean cursar estudios superiores en Francia.

A pesar de todas estas instalaciones de recepción y las dificultades de instalación, la cuestión delicada sigue siendo el empleo, porque la legislación no permite que un extranjero que ha firmado un contrato trabaje de inmediato. A nivel de integración profesional, no experimentaron los mismos problemas que los inmigrantes tradicionales, aún no han logrado escapar de una fuerte descalificación. Cambiaron sus trayectorias profesionales con la perpetuación del exilio. Aquellos que hasta ahora se habían contentado con profesiones “auxiliares”, se embarcaron en cursos de capacitación relacionados con sus habilidades pasadas. Junto a este camino de integración, los chilenos también tuvieron que resolver rápidamente el problema de la vivienda.

Los exiliados chilenos, cualquiera que sea el estado elegido, fueron bienvenidos en condiciones muy favorables, beneficiándose de una solidaridad excepcional. Estas personas, por sus características históricas y culturales, han marcado la imaginación de la historia de la inmigración en Francia. Tuvieron que reconstruir sus vínculos sociales, adaptarse a una nueva forma de socialización y resignarse a una descalificación profesional. Tomados en esta agitación de la historia, los Chiliennes aprovecharon, de ser necesario, su llegada a Francia para abrirse a conceptos previamente ignorados. El prolongado período de exilio ha empujado a estos inmigrantes a integrarse en la sociedad francesa. Del mismo modo, los niños, traumatizados por las implicaciones familiares del exilio más que por su posición como migrantes,

Nicolas Prognon, profesor, investigador y miembro asociado de GRHI-UTM

Hijos y Madres del Silencio

Esto no es sólo un tema de derechos, es darle valor a otro ser humano que reclama saber la verdad. Nadie puede arrogarse la facultad de quedarse con una verdad que le pertenece a otro. Incluso los padres adoptivos tienen el deber de decir la verdad, no pueden darse la vuelta y seguir así no más, porque tienen responsabilidades con sus hijoshttps://ciperchile.cl/2014/05/08/adopciones-irregulares-iii-nuevos-testimonios-revelan-nombres-de-medicos-y-clinicas-que-violaron-la-ley/

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Niños robados

La Justicia chilena comenzó a abrir una de las páginas más oscuras de la dictadura de Augusto Pinochet (foto): la adopción irregular de miles de niños que fueron enviados al extranjero. Hoy, sus madres los buscan ayudadas por las redes sociales. El 9 de julio de 1977, durante los años más cruentos de la dictadura (1973-1990), Margarita Escobar llegó a tener a su hija al hospital Paula Jaraquemada de Santiago. Alcanzó a ver a su bebé unos instantes antes de que se la llevaran.

Cuatro décadas después relata que durante horas nadie le dio información sobre su hija y que cada tanto la inyectaban para mantenerla dormida. “Cada vez que despertaba volvía a preguntar por ella, hasta que una matrona me dijo: tu guagua (bebé) nació muerta”. Pidió verla para darle un beso pero no la dejaron. Después de eso “nadie me dio ningún papel, me mandaron para la casa. No sé cómo llegué; estaba totalmente dopada”, recuerda.

En el mismo hospital, en febrero de 1985, María Orellana dio a luz a un niño que llamó Cristián. “Alcancé a escuchar que era un varón; después me aplicaron una inyección y no supe más”, cuenta. Durante días pidió ver a su hijo pero nadie le dio respuesta hasta que le informaron que había muerto. Tampoco la dejaron verlo. “Quédate con el recuerdo de tu guagüita, va a ser muy cruel que la veas”, recuerda que le dijeron en el hospital.

reportaje T13.cl Adopciones Irregulares

Al igual que Margarita, a María tampoco le dieron ningún papel ni le entregaron el cuerpo. “No hay nada, es como si yo no hubiera pasado por ese hospital”, recuerda hoy, empeñada como otras miles de madres en encontrar a su hijo.

El juez especial de causas de derechos humanos Mario Carroza realiza desde enero una extensa investigación sobre sustracción de menores centrada en los años de la dictadura, aunque, ante nuevas denuncias, la amplió hasta 2000. Si bien se ha descartado el secuestro de niños como método represivo, como sucedió en Argentina, se cree que las condiciones de esa época facilitaron el actuar de grupos dedicados a “captar” niños para enviarlos al extranjero con fines económicos, explica el abogado del Instituto Nacional de Derechos Humanos Pablo Rivera, que ha presentado denuncias a nombre de las madres.

Un rol protagónico lo jugaron asistentes sociales, religiosos, médicos o funcionarios de municipios u hospitales, que detectaban a madres vulnerables y luego sustraían a los niños o lograban bajo engaños que fueran dados en adopción. “En general los casos tienen relación con madres de escasos recursos que dieron a luz a sus hijos o hijas y luego fueron engañadas por funcionarios de los hospitales respecto a que estaban muertos o enfermos o murieron con posterioridad y nunca más supieron de sus hijos”, explica el abogado del Instituto Nacional de Derechos Humanos Pablo Rivera, que ha presentado denuncias a nombre de las madres.

La vigencia hasta 1988 de una ley que permitía borrar los orígenes de las familias biológicas contribuyó a fomentar la práctica en un país sumido en esos años en el silencio y el temor, explica la historiadora de la Universidad Austral Karen Alfaro. Para Alfaro, la práctica se “inscribe también dentro de una lucha ideológica de la dictadura de Pinochet, un tipo de violencia social sobre los sectores más pobres”.

No hay registros de la cantidad de niños enviados al extranjero. Según datos oficiales, entre 1973 y 1987 se registraron 26.611 adopciones en Chile pero no se sabe cuántos fueron llevados al exterior.

El juez Carroza ha logrado determinar que al menos 2.021 fueron adoptados en Suecia entre 1971 y 1992. Otros miles llegaron a Alemania, Francia, Italia, España, Holanda, Suiza, Estados Unidos, Uruguay y Perú. El valor pagado por cada niño equivalía a entre 3000 y 5000 dólares de hoy.

Sin papeles que respalden su historia, muchas madres guardaron su dolor por años. Pero a medida que los primeros casos fueron haciéndose públicos y se formaron grupos de búsqueda en redes sociales muchas se dieron cuenta de que miles compartían su experiencia. Uno de estos grupos es “Hijos y madres del silencio”, que reúne en Facebook a unas 3.000 personas: hijos que buscan su origen biológico y madres que quieren reencontrase con hijos arrebatados. “Lo que nosotros necesitamos es que se abran los archivos, las fichas de los hospitales, que se haga esto público para que la gente que está fuera de Chile se dé cuenta de que pudo ser una adopción ilegal”, clama Marisol Rodríguez, vocera de la agrupación. En tres años, el grupo ha logrado casi 90 reencuentros.

Las pruebas de ADN son hoy su mayor ayuda. Con dificultad, por los costos, muchas madres se están realizando los test rápidos para poder ingresar a bancos genéticos internacionales. “Lo que quiero es saber qué paso con mi hija y si mi hija me anda buscando”, dice Josefina Sandoval, tras someterse a una prueba. “La andamos buscando y con esto la vamos a encontrar”, agrega sobre la hija que dio a luz pero fue dada por muerta el 24 de junio de 1980.

Rocío Brizuela Chehade, de 27 años, escribió una carta titulada “Los niños del silencio”. Es que ella es uno de los menores que fueron entregados en adopción de manera irregular en los años ’70 y ’80 en complicidad con las familias, ginecólogos y religiosos, como fue el caso de Gerardo Joannon.

Fuente: soychile.cl – http://www.soychile.cl/Santiago/Sociedad/2014/05/03/246784/Victima-de-adopciones-irregulares-Se-puede-llegar-a-tolerar-que-te-cambien-la-familia-pero-que-te-maten-en-vida-supera-un-limite-extremo.aspx

http://www.t13.cl/noticia/nacional/adopciones-irregulares-identifican-29-captadoras-ninos

Hijos y Madres del Silencio

Hay en Chile un grupo de personas con una historia común y desconocida para la mayoría de nuestra sociedad. Somos aquellos niños y niñas protagonistas (algunos dicen víctimas) de lo que la prensa llama “adopciones irregulares” ocurridas en los años 70 y 80 en nuestro país. Hoy tenemos 30 ó 40 años, algunos hemos sido conscientes de nuestra historia, algunos hemos decidido enfrentarla, otros olvidarla, otros simplemente no escucharla, y muchos otros probablemente aún no han tenido la opción siquiera de conocerla. Todos nosotros somos los niños del silencio.
El silencio ha sido la columna vertebral de nuestras vidas. El silencio de nuestros padres biológicos al saber que habíamos sido concebidos, de su entorno cercano para ocultar la desgracia de un embarazo no deseado ante la sociedad, el silencio de las familias adoptivas por miedo a perdernos y también el propio silencio al temer enfrentar nuestra verdad. Todos estos silencios fueron creados y mantenidos por muchos años – en mi caso 27 – por personas que de alguna forma u otra han estado presente en nuestras vidas. Y en la mayoría de los casos sigo pensando que se trató de silencios bien intencionados, basados en el amor.
La gran mayoría de los niños del silencio tuvimos que lidiar –muchas veces inconscientemente – con situaciones infinitamente complicadas en términos emocionales. Lidiamos con el estrés que provoca en los bebés el ser fruto de un embarazo no deseado, con el desapego que significa no haber sido amamantados por nuestras madres, con haber sido niños “inexplicablemente enfermizos” e incluso desnutridos por ser alimentados artificialmente en una época donde los sustitutos de la leche materna no eran los ideales. Lidiamos con los miedos constantes de nuestros padres adoptivos de que la verdad aflorara sin control, con la imposibilidad de sentirnos seguros y protegidos sin saber por qué, con la duda que genera la falta de identidad, con la dificultad de poder formar nuestras propias familias, y mucho más.
Pero también los niños del silencio fuimos y somos tremendamente amados. Acogidos por familias que nos cuidaron con esmero, que nos quisieron incondicionalmente viniésemos desde donde viniésemos. Criados por padres, tíos, padrinos y abuelos que cometieron – como todos – muchos errores, pero que dieron lo mejor de sí para hacer de nosotros mejores personas. Esas, las familias que siempre conocimos, fueron las que enjugaron nuestras lágrimas, nos recogieron cuando caímos, curaron nuestras heridas, se desvelaron con nuestras fiebres, gozaron de nuestros logros y lloraron nuestros pesares. En mi caso no puedo estar más que agradecida y sentirme afortunada por ello. Muchas veces, también fuimos amados por nuestras madres y padres biológicos que, aunque aturdidos por las circunstancias, renunciaron a nosotros para que pudiésemos tener un futuro mejor. En muchas otras historias, las madres y padres biológicos no tuvieron opción.
Los niños del silencio somos extremadamente resilientes, y de alguna forma u otra podemos contener en nuestros cuerpos de adultos dos historias de infancia, las contadas y las silenciadas. Cuando nos enteramos de nuestras verdaderas historias hemos tenido que releer nuestras vidas, volver a mirar los álbumes de fotos, nos hemos preguntado quién eligió nuestros nombres, si debemos seguir celebrando nuestro cumpleaños en la misma fecha e incluso si tenemos que seguir celebrándolos. Nos preguntamos dónde nacimos, a quién nos parecemos, si tenemos hermanos, si estamos menos solos y si hay algo que nos pueda hacer sentir más seguros. Algunos hemos tenido la posibilidad de hablar del tema con al menos uno de nuestros padres biológicos y/o adoptivos. O no alcanzamos a hacerlo. 
Como niña del silencio he podido vivir con todo esto y he podido volver a usar mi nombre con la seguridad construida por vínculos de amor. Con ayuda de muchas personas he aceptado las decisiones tomadas por otros sobre mi vida, abriendo el corazón y la mente para entender el contexto en el que ocurrieron los acontecimientos. He tratado de llevar este proceso desde que conocí mi historia – hace ya casi 10 años – con la mayor franqueza posible conmigo misma, para avanzar y no quedarme empantanada en situaciones que no puedo, y que probablemente tampoco quiero, cambiar. Lo más duro ha sido imaginar los años de sacrificio, silencio y dolor de mis dos mamás y mis dos papás, y el aceptar que la verdad que conozco siempre será incompleta. Nunca el rompecabezas estará terminado.
Hoy he dado un paso más, el de reaccionar públicamente ante una frase escrita en un reportaje respecto de las adopciones irregulares en Chile que rezaba: “para que esa estrategia tuviera éxito, requería de un elemento clave: un compromiso de riguroso silencio de todos los que estaban al tanto de la verdad”.
Los últimos días han sido dolorosos. Enfrentarse a nuevos casos que abultan el conteo de probablemente cientos de niños y niñas del silencio es siempre desolador, pero esta vez el agravante es gigantesco… muchos niños fueron dados por muertos para que la adopción fuera “exitosa”. Y eso ya no es tolerable para mí. Desde mi perspectiva, creo que se puede llegar a tolerar que te cambien el apellido, la familia, los hermanos, incluso el nombre, pero que te maten en vida supera un límite demasiado extremo. Aunque no es mi caso, el dolor cala hondo en los huesos, porque sé lo que he vivido y aún así no puedo siquiera vislumbrar lo que sienten las personas que, en su propia búsqueda por la verdad, tal vez se encontraron con un certificado de defunción de ellos mismos.
Hoy la polémica está instalada en la iglesia católica y sus representantes, quienes lamentablemente fomentaron la creación de una sociedad castigadora, donde muchas personas tienen más miedo a “no pertenecer” que a vivir el resto de sus vidas con mentiras gigantescas sobre sus conciencias. Mañana, lamentablemente, esta problemática será tema en alguna otra de las tantas institucionalidades que seguramente fueron parte de esta red negra de abuso y degradación: hospitales, colegios, el propio Estado, las dictaduras… la lista podría ser interminable.
Escribí estas líneas porque quiero que Chile sepa que hay muchas personas viviendo, superando, renaciendo, reconstruyendo, reparando sus vidas en torno a todos los silencios que nos han tocado vivir. Escribí, para romper el silencio y decir con voz fuerte y clara que los niños y niñas del silencio no somos una historia del pasado, sino que existimos hoy, aunque nuestros documentos legales y la historia conocida de nuestras vidas estén lejos de reflejar lo que realmente somos.
Porque el resto de mi vida estoy dispuesta a muchas cosas, pero no a permanecer indiferente ante la existencia de niños dados por muertos para contribuir a la red de adopción ilegal en Chile. Porque esos niños y todos los niños del silencio deben saber que existen con sus verdaderas historias, que no están solos y que al menos hay una más que está dispuesta a hablar por y con ellos si lo necesitan. Y porque no quiero que nuestro país se engañe, esto no es solo la punta del iceberg de una historia pasada: esto va a seguir pasando hasta que dejemos de callarlo, hasta que el silencio se utilice por primera vez para escuchar a los que hay que escuchar.
Rocío Brizuela Chehade

El viernes 18 de abril, Matías Troncoso recibió una invitación para sumarse a un grupo de facebook que armó una joven conocida suya. Lo que parecía un simple ejercicio cotidiano, terminó provocando un fuerte remezón en su vida. En ese grupo estaba el link al recién publicado reportaje de CIPER que hablaba de niños dados por muertos y entregados en adopción por el padre Gerardo Joannon (ver reportaje). Así relata Matías lo que le sucedió:

-Cuando terminé de leer me temblaban las piernas. Ahí parecía estar la pieza que me faltaba para el puzzle que llevo años tratando de reconstruir, gota a gota. Por primera vez alguien me confirmaba que lo que yo buscaba era posible de encontrar. Antes, yo contaba esta historia a mis amigos y pasaba por loco, pero yo siempre supe que había algo más detrás de mi adopción, que mi historia no estaba completa. Sentí una alegría tremenda, porque me di cuenta que ya no estaba solo en esto, que había otros en mi situación, y que entonces, se abría una posibilidad para descubrir finalmente la identidad de mi mamá biológica. Había esperanzas de que asomara toda la verdad.

Matías llamó inmediatamente a su mamá para preguntarle si conocía al padre Gerardo Joannon, sin mencionar el reportaje. Ella le respondió con toda naturalidad: “Sí, claro, ese cura es muy amigo de tu tía”. El dato encajaba en el rompecabezas que durante años había ido armando:

-Mi madre se refería a su hermana, casada con un abogado quien fue el que supuestamente hizo todos los trámites con el doctor Gustavo Monckeberg para regularizar mis papeles. Esa información tan importante sólo me la entregaron cuando mi tío murió hace exactamente seis años. Todo calzaba: Joannon era el nombre que me faltaba.

Llegaba a sus manos una nueva pista, quizás decisiva, en una búsqueda que ha cruzado física y emocionalmente sus 33 años de vida. Un esfuerzo solitario que no ha hecho más que tropezar con obstáculos, silencios, puertas cerradas e información conseguida a cuentagotas, “como sacando pequeñas capas de una cebolla sin poder llegar al centro”, grafica.

Hoy Matías tiene una gran certeza: “Comprobé que mi adopción fue ilegal y que si las personas que tienen información la entregaran, quizás yo podría saber quiénes son mis padres biológicos”.

Matías Troncoso siempre supo que fue adoptado al nacer. “En ese aspecto me siento bendecido, porque siempre me dijeron la verdad y fue un tema tratado con naturalidad, todo el mundo sabía, nunca fue un tema encubierto. Tengo el recuerdo de imágenes muy bellas, todo rodeado de un inmenso amor”.

Hasta los nueve o diez años fue para él fue una verdad absoluta, sin bordes ni dudas. Pero llegó el momento de hacer preguntas más directas. Y ese día lo recuerda con nitidez.

-¿Qué les preguntaste exactamente a tus papás?
Estábamos los tres y les pregunté directamente de quién soy hijo. Yo quiero saber quiénes son mis padres biológicos, por qué no me dan esa información, les dije. Ellos me respondieron que no sabían, que nunca supieron. Hasta el día de hoy es lo que me responden, con algunas variaciones. Insistí en distintas oportunidades y siempre me respondieron lo mismo. Yo siempre les he dicho que para mí ellos son mis papás y me siento parte de mi familia, pero tengo derecho a saber la verdad sobre mi historia y mis orígenes.

A medida que Matías fue creciendo, sus preguntas se fueron haciendo más inquisitivas: “Bueno, aceptando que ustedes no saben quienes son mis padres, quiero saber en qué condiciones ocurrió que yo llegara a esta familia, cómo fue que me adoptaron, quiero detalles. La respuesta de ellos fue: ‘te elegimos a ti’. Nada más”.

-¿Qué te contaron del momento previo a la llegada a tu casa, del proceso mismo de tu adopción?
Todos los antecedentes desde el día que llegué a mi casa están. Me dijeron que me fueron a buscar una noche y que llegué de madrugada, pero nadie me sabe decir si venía directo de la clínica o de otro lugar. Tengo fotos de ese  día, mi mamá me tiene en brazos, era un recién nacido y mi papá me contó que ellos mismos me cortaron el cordón umbilical, así es que no debieron pasar más de quince días del parto. Los antecedentes que no existen es todo lo que pasó antes.

-¿Por qué comenzaste a sospechar que había información que no calzaba en tu historia de adopción?
Es que a medida que fui creciendo, las versiones iban cambiando, no había una sola respuesta frente a mis preguntas, muchas veces eran opuestas las versiones que me daban por separado mi papá y mi mamá. Entonces estaba claro que algo no me estaban diciendo. Cuando estás solo en esta búsqueda, no le puedes creer a nadie. Esto ha sido difícil, porque cada miga de pan que vas recibiendo te sirve para ir componiendo tu propia historia. Pero estos datos están llenos de contradicciones.

-¿Y qué te imaginabas sobre esa información que presentías te estaban ocultando?
Nada específico, la verdad. Por una razón que no me explico, yo tuve consciencia desde muy chico de que no podía formarme ninguna expectativa ni esperanza sobre el tema de mis padres biológicos. Tenía asumido que esta era mi realidad y que yo vivía feliz con mis padres. Sentía que era inútil tratar de imaginar esa realidad paralela, aunque en el fondo quisiera saberlo.

“TÚ TIENES QUE HABLAR CON EL DOCTOR MONCKEBERG”

Las fechas exactas se vuelven algo difusas para Matías en su reconstrucción cronológica de estos años de búsqueda. Sin embargo, recuerda con nitidez dos conversaciones fundamentales con sus papás durante su adolescencia:

-Recuerdo que a los quince años tuvimos una conversación más en profundidad, donde yo los presioné mucho. Les dije: necesito que me digan exactamente cómo fueron las condiciones, porque yo estoy emocionalmente preparado para saber. Yo estoy totalmente seguro que ustedes son mis padres y no tengan miedo porque nada va a pasar, pero por favor, les pido que me digan la verdad. Allí, por primera vez, me aparece el nombre de Monckeberg. Mi mamá me dijo: “tú tienes que hablar con el doctor Gustavo Monckeberg”, y me dio su número de teléfono.

-¿Te explicó por qué ese médico era importante en tu historia?
Me dijo que él se había hecho cargo de mi adopción. Y que ese doctor además, atendió en el parto a mi madre biológica. Hasta ahí yo pensaba que estaba bien que un doctor ayudara a una mamá que quiere dar en adopción a su hijo. Me parecía entendible. Lo que me hizo ruido es que ese médico había atendido otros partos en mi familia y era una persona conocida en mi núcleo familiar.

-Y decidiste entonces contactar al doctor Monckeberg…
Sí, no recuerdo si fue en ese momento o unos días después. Lo llamé por teléfono, le dije quien era y que necesitaba que me dijera quién era mi madre biológica. Monckeberg no se puso nervioso ni nada parecido. Me dijo: ¿en qué año fue esto? En 1981, le respondí. ¿Y ahora en qué año estamos?, le escuché decir. Fue una sensación extraña, como de alguien que no está totalmente cuerdo. El doctor Monckeberg no me dijo nada. Mis papás estaban al lado mío en ese momento y me dijeron que no tenían más información para ayudarme.

Matías no se dio por vencido. Meses después, logró ubicar la dirección de una oficina privada del doctor Gustavo Monckeberg, en el sector de Apoquindo. El médico se había jubilado de la medicina diez años antes:

-No era una consulta, era un departamento y había una secretaria. Me presenté ante ella y pedí hablar con el doctor. Ella me preguntó mucho de dónde venía y para qué quería verlo. Le expliqué que era adoptado, que atendió a mi mamá biológica y que necesitaba ver el registro de partos del médico. La mujer me dijo que tenía que pedírselo a él, pero que no estaba disponible y además, que él ya no se acordaba de nada. Es tremendo toparse con un portazo así, cuando sabes que esa persona sí tiene la información y podría ayudarte. Me fui con la espina clavada. Él no me iba a ayudar y ya no me quedaba más que hacer con la información que tenía hasta ese momento. Nadie me iba a entregar esos registros. De eso estaba seguro.

Ante esa muralla que se le instaló al frente, Matías decidió volver a la carga con sus papás. Entonces, un nuevo antecedente salió a la luz:

Mi papá me contó que un tiempo antes de mi nacimiento, fue con mi tío abogado a una casa en Vitacura. Ese tío estaba casado con la hermana de mi mamá, la misma tía que hoy sé era muy amiga del padre Gerardo Joannon. Ante mi insistencia por conocer el nombre de mi mamá biológica, mi papá entonces me confesó que le hicieron firmar un documento en el que se comprometió a renunciar a cualquier acción para saber quién era mi madre biológica. Me insistió en que esas fueron las condiciones bajo las cuales pudieron adoptarme. Y me dijo que en función de ese compromiso, los papeles se habían destruido y que no había forma de rastrear esa pista legalmente porque yo soy hijo biológico de mis padres.

En la ardua reconstrucción de su adopción. Matías tiene hoy algunas cosas claras. Y una de ellas es el contradictorio rol del doctor Gustavo Monckeberg en el proceso. En algún momento su papá le contó que se entrevistaron con Monckeberg un par de años antes de la adopción, para ver la factibilidad de acceder a un hijo. En otra ocasión le relató que fue justo antes de que se los entregaran en adopción. Hoy, no tiene cómo verificar esa información porque el doctor Gustavo Monckeberg murió en 2008.

-¿El doctor Monckeberg sería a tu juicio el protagonista central en este sistema de adopciones?
A mí me queda claro que Monckeberg es la figura central de toda esta operación. Mis papás me dijeron que él era la cara visible de todo esto. Aun así yo no me tragaba toda la versión, porque a ratos dudaba de todo.

“MI MAMÁ BIOLÓGICA ME ESTUVO BUSCANDO”

Tras la confesión que le hicieran sus padres sobre el rol del doctor Gustavo Monckeberg en su adopción, Matías recibió un nuevo antecedente, esta vez de boca de su madre. Una información que recién hoy es capaz de aquilatar en toda su dimensión y que explicaría por qué la fecha de nacimiento que figura en su cédula de identidad (5 de marzo de 1981) no coincide con la fecha de inscripción en el Registro Civil: 1986.

-Debo haber tenido como 16 años, cuando un día a mi mamá se le escapó una frase. Fue como un desliz… Me contó que durante los primeros cinco años de mi vida, mi mamá biológica me estuvo buscando. Y que por esa razón, mi carné figura con una inscripción cinco años más tarde de mi nacimiento. Me quedé helado. ¿Qué podía hacer yo con esa nueva información? Cada antecedente  nuevo me  desconcertaba aún más. Ella hoy desmiente que me lo haya dicho, pero yo no tengo de dónde haber inventado una historia así. Mi papá también hoy dice que eso no es cierto.

-¿Qué significó para ti, en ese momento, saber que tu mamá biológica te había estado buscando durante cinco años?
… (guarda silencio un rato) No te puedo mentir, no me surgió ese llamado fuerte, como venido del interior, como para salir corriendo a buscarla. La verdad, es que mirado con ojos de hoy, creo que lo que me pasó fue que no asimilé realmente el valor de la información que estaba recibiendo.

Matías había reparado antes ya en ese detalle. Que su cédula de identidad registra una diferencia de cinco años entre su nacimiento y la inscripción en el Registro Civil. Pero había otro antecedente que le hacía ruido. Su número de RUT era muy diferente al de sus compañeros de generación. Si su número de registro es 17 millones, sus amigos tenían 13 ó 14 millones. “Hasta cierta edad yo me había convencido de que esa diferencia se debía a que yo era un niño adoptado. La verdad es que nunca me cuestioné que hubiera algo más detrás”.

-¿Le preguntaste a tu papá la razón para esa inscripción tan tardía?
Me dijo que mi tío, el abogado que participó en el proceso de adopción, le había explicado que en estos casos debían pasar cinco años antes de inscribirme, para ver si yo era compatible con mi familia adoptiva. La verdad es que a mí me pareció en ese momento una explicación bastante razonable y creíble. Pero con lo que yo he logrado averiguar en todos estos años de búsqueda con personas que han adoptado, ese periodo no es superior a un año y medio. ¡No se tarda cinco años!

Lo que Matías se demoró en entender es que en esos cinco años que mediaron entre su nacimiento y su inscripción había varios secretos involucrados. Uno de ellos podría ser el que efectivamente sus padres demoraron su inscripción para no dar rastros de su paradero a su madre biológica que lo buscaba. Pero había otro secreto que avalaba el silencio de sus padres. Años después, Matías se encontraría de frente con una verdad aplastante e indesmentible.

“LA INFORMACIÓN ESTABA EN LA PIEZA CONTIGUA”

Matías Troncoso cuenta que, en su solitario peregrinar tras la búsqueda de sus orígenes, el siguiente dato concreto lo encontró en una inscripción de nacimiento donde aparece que nació en la Clínica Santa María. Cuando Matías obtuvo esa nueva información sí siguió el impulso que le surgió: decidió ir a la misma clínica a preguntar. Tenía 18 años, lo sabe bien porque recién estrenaba su licencia de conducir:

-Me presenté en el mesón de informaciones de la clínica y fui  directo al grano. Hola sé que soy adoptado, sé que nací acá y me gustaría saber si existe un registro o algo que me permita saber quiénes son mis padres biológicos. La niña que atendía quedó muy sorprendida. Al punto que llamó al jefe de servicio al cliente para que me atendiera. El funcionario hizo un par de llamadas y me respondió que a este registro sólo se podía acceder con una orden judicial. La respuesta me abrumó: una vez más tenía la sensación de que la información estaba en la pieza contigua y yo no podía acceder a ella.

-¿Se te cruzó por la cabeza ir donde un juez para que ayudara en esta búsqueda?
Yo tenía 18 años y entonces no me imaginaba que un juez pudiera dedicarse a buscar este tipo de información. Además, no estaba dispuesto a abrir un juicio que podía demorar 35 años en resolverse. Decidí que no quería desgastar mi energía para un proceso en el que no tenía ya ninguna esperanza. De todos modos, les comenté a mis padres lo ocurrido. Pero no pasó de ahí…

“ESTOY PREPARADO PARA ACEPTAR QUE ELLA NO QUIERA CONOCERME”

Cuando Matías salió del colegio y sus padres lo mandaron a estudiar a Europa por dos años, su inagotable búsqueda quedó en una especie de congelador. A su regreso, se fue a vivir solo. A los 21 años, tuvo su primer hijo con su pareja de entonces y dos años después sería padre por segunda vez. Fueron años de crianza y dedicación exclusiva a sus hijos.

En esos intensos años, Matías Troncoso no sólo se dedicó a ser padre, también construyó una exitosa carrera profesional. Aún así, confiesa que hubo  momentos en que la figura de su madre biológica irrumpía en su vida sin control. Hasta que se cruzó en su camino con una persona que, por su trabajo, tenía conocimiento de cómo se indaga en los orígenes genealógicos. Y fue esa persona quien lo condujo nuevamente a la Clínica Santa María, esta vez con una recomendación precisa: debía solicitar la información sobre todas las defunciones de recién nacidos registradas en torno a la fecha de nacimiento que figura en su carnet de identidad: 5 de marzo de 1981. Esta vez, a través de un abogado, hizo la solicitud oficial. La respuesta de la clínica fue un contundente no.

-Los antecedentes recogidos por CIPER, dan cuenta de adopciones que se hicieron engañando a la madre y dando por muerto al hijo. Pese a la negativa de la clínica, ¿pudiste averiguar si pudo ser ese tu caso?
No, porque eso es imposible sin poder ver los registros de defunción. Y en eso, la clínica ha sido totalmente hermética. Hace pocos días me entregaron otra información. Supe que mi tío, el abogado que además es mi padrino, fue a buscarme cuando me entregaron. No fueron mis papás. Sé que llegué a la casa de madrugada, pero nadie me sabe decir si venía directo de la clínica o de otro lugar.

-Matías, ¿para ti sería diferente saber que tu adopción fue consentida por tu madre biológica o que ella fue engañada y su hijo dado por muerto?
¡Uf!, ¡qué difícil! (guarda silencio)… No sé cuál sería mi reacción si supiera que ella fue obligada o engañada… Rabia, tristeza…, no me imagino cómo sería ese momento y menos cómo sería ese reencuentro. No tengo la respuesta. Me tocaría enfrentar un proceso muy delicado, no sólo con ella sino con mis propios padres. Si fue un acto voluntario o si me entregó por las razones que sean, creo que estoy preparado para aceptar la verdad, sea cual sea. También respetaría el que ella no quisiera conocerme. Sería capaz de aceptarlo. Está en su derecho y así es la vida. En todo caso, cualquiera sea la verdad, para mí sería igualmente importante encontrarla. Me permitiría cerrar el círculo. Tendría la tranquilidad de que hice todo cuanto estuvo a mi alcance para encontrarla y saber la verdad de lo que pasó. No soporto seguir con verdades a medias.

Durante los últimos seis años, Matías Troncoso ha ido obteniendo nuevos detalles que le han permitido dar un nuevo impulso a su búsqueda. Por ejemplo, su mamá le dio el nombre de dos enfermeras matronas que trabajaban junto al doctor Gustavo Monckeberg en esos años. A una de ellas la buscó intensamente hasta lograr ubicarla. Y fue a su encuentro, pero no tuvo suerte. No logró conversar con ella.

La esposa del abogado que participó en su proceso de adopción, su tía materna, le aseguró que antes de morir su marido le había entregado una carta a su papá con todos los antecedentes que rodearon su adopción. Su papá le asegura que jamás la recibió. Hasta hoy Matías no ha logrado que ninguno de sus familiares se decida a entregarle esa carta.

Hace seis años Matías Troncoso logró al fin abrir una puerta que lo condujo a una verdad dolorosa y que no estaba sujeta a ningún desmentido. Fue el último eslabón en una cadena de secretos de familia que le han provocado mucho daño. A través de una persona que conoció su historia y entendió su angustia, pudo acceder al fin a los archivos del Registro Civil. Precisamente a aquellas carpetas altamente reservadas que contienen el historial de quienes han sido adoptados.

-¿Y cuál fue la información sobre tu adopción que allí obtuviste?
Fue un golpe muy duro, tremendo. Porque yo no existo en esa base de datos. No hay historia anterior ni registro alguno sobre algún proceso de adopción que me afecte. Ante la ley, soy hijo biológico de mis padres y punto. No hay historia previa. En ese momento, supe que mi adopción había sido ilegal.

Ahí estaba el gran secreto que ocultaban sus padres sobre su adopción. Al haberlo inscrito como hijo biológico, de manera ilegal, toda la historia de su nacimiento real quedaba sepultada. Sin rastro.

“LE HE MANDADO MUCHOS RECADOS AL PADRE JOANNON”

Todo cambió nuevamente el viernes 18 de abril. El reportaje de CIPER le proporcionó el eslabón clave que le faltaba. Matías Troncoso sabe hoy que existe una posibilidad de que su historia esté vinculada a los otros casos que dio a conocer CIPER sobre adopciones irregulares. Allí donde el propio sacerdote de los Sagrados Corazones, Gerardo Joannon, reconoce que él fue quien ayudó a algunas familias a entregar en adopción a hijos de madres adolescentes. Y que lo hizo en colaboración con el doctor Gustavo Monckeberg y otros nueve médicos.

-¿Le asignas alguna responsabilidad al padre Joannon en este secreto guardado por años en tu familia?
En mi caso no tengo la certeza que haya sido el cura Joannon el enlace con mi adopción. Lo que me hace mucho sentido es la estrecha relación y amistad que ese sacerdote tenía y tiene con mi familia materna y con el abogado que se hizo cargo de todo el papeleo para validar mi inscripción. A mí nunca me apareció su nombre en mi búsqueda.

-¿Qué esperas ahora del sacerdote Gerardo Joannon?
Que él entregara de una vez  toda la información que tiene. Si está relacionado con mi caso, que me diga la verdad y también lo haga sobre todas las otras personas que como yo han pasado años buscando a sus madres biológicas. A mí no me interesa si sigue siendo cura, si lo sancionan o no. Sólo me tranquilizaría que entregue la información ya y que a todos nosotros nos dejen tranquilos de una vez. Le he mandado mensajes con muchas personas que lo conocen. Hasta ahora no se ha manifestado. Y es urgente que entregue una respuesta.

Quiero ser bien claro. A mí no me interesa juzgar ni condenar a ninguno de los involucrados. A ninguno. Tampoco me interesa levantar polvo, abrir causas judiciales o gastar energías en algo que no conduce a nada. Lo que sí me produce rechazo es la mentira para defender una forma de pensar, para protegerse del qué dirán. Y sostenerla durante tantos años. También quiero ser claro: ¡a mis padres nunca los voy a juzgar! Ellos me han dado todo su amor y yo he sido muy feliz a su lado.

Más de un mes antes de haber leído el reportaje de CIPER, Matías despertó una noche de madrugada con un sueño que todavía recuerda muy nítido: “Estaba con una persona que me decía que había encontrado a mi mamá biológica. Estaba a punto de decirme su nombre cuando desperté. Fue una sensación muy potente. Espero que esta entrevista sirva para que, si alguien sabe algo más sobre mi historia, pueda decirlo. Es lo único que me motiva a exponer públicamente mi historia.

Ver también 

El Chile de 1987. Matanza de Corpus Christi, la venganza de Pinochet.

El Chile de 1987. Matanza de Corpus Christi, la venganza de Pinochet.

Uno de los montajes más emblemáticos de la dictadura militar. La Operación Albania o Matanza de Corpus Christi dejó entre el 15 y 16 de junio de 1987 doce frentistas muertos en manos de agentes de la CNI. Los hombres de bigote simularon fuertes enfrentamientos para encubrir la muerte de estas personas, entre ellas la de José Joaquín Valenzuela Levi, uno de los líderes del FPMR y cabecilla del atentado a Pinochet.

 

La noche de los Cristos Rotos. Matanza de Corpus Christi

“La tarde huele a pólvora esparcida. Los pasos van degollando la noche”.

El 15 y 16 de Junio de 1987, son asesinados 12 miembros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (Fpmr). Son baleados a mansalva en las calles, ametrallados en los patios. Raptados, apresados, torturados y maniatados para finalmente perecer ejecutados con las manos amarradas, desarmados, solos y acorralados.

Nos hemos reunido en las cuatro esquinas de esta sencilla hoja para desenterrar algunos pétalos que son huesos hechos polvo de recuerdos ausentes, presentes y persistentes.

Nos hemos reunido en las cuatro esquinas de este punto cardinal central que es recordar, rescatar la injusticia escondida y hundida por gruesas capas de tiempo. Buscando encontrarnos quizás en oscuros acordes y versos que vienen desgarrando ropajes ensangrentados que quedaron allí…allá…por todos los rincones donde esas arañas fueron tejiendo vendas y veredas que separan a los hombres de los animales.

Un año antes, cuando el lobo del hombre escapó del cerco lazo impuesto por los humanos, éste, una vez sosegado de sus temblores y dolores, envió una dentellada escondida, un zarpazo encubierto en contra de esos hombres y mujeres que osaron desafiarlo.

Amargo Junio, quincena de penas olvidadas y cubiertas. Junio rebanado en dos, tajeado brutal como una cesárea de mariposas hecha por lagartos que afilan corvos oxidados de sangre y pulen pistolas escondidos en los sótanos.

Bravos de espanto una jauría delinea un círculo de muerte sobre su primera presa.

Va resolviendo la incógnita de ciertas ecuaciones de injusticias cuando lo asaltan. Pretende defenderse, y antes que esto ocurra, el miedo empuja la pólvora sobre su víctima.

Un árbol lo abraza y le da sorbitos de oxígeno con sus hojas. Muere regando con su sangre el viejo árbol. Le colocan un arma en la mano, un pasamontañas en la cara.

Seis horas más tarde la misma diferente jauría contempla como un noble patricio camina cerca de las nubes y las cometas. Le temen, debido a esto no le dan tiempo para nada. Lo acribillan como a una bestia peligrosa.

Le colocan un arma en la mano, un pasamontañas en la cara.

La violación en contra de los Derechos Humanos en Chile bajo dictadura fue groseramente brutal y descarada. Como resultado de esta cruenta política de represión se generó un profundo rechazo tanto nacional como internacional en contra de la dictadura, y sus cientos de desapariciones, violaciones, fusilamientos, ejecuciones sumariadas, torturas, encarcelados, desterrados y otros, que eran y son, el pan de cada día con que se nutren los señores.

Todo lo anterior, sumado al pavor de enfrentarse mano a mano contra los enemigos del sistema autoritario, hace que los sostenedores de este sistema, modifiquen diabólicamente sus planes.

El mar tendía a rebalsarse de tanto cuerpo arrojado por los militares, las olas venían teñidas de sangre, las algas con cabelleras humanas. Las perlas eran dientes arrancados.

Las minas eran inspeccionadas por ciertos curiosos, las cavernas, tumbas y catacumbas clandestinas expelían olores y dolores de cabeza recurrentes a las estafetas de la muerte.

Había que matar para seguir ganando, había que asesinar para seguir disfrutando.

Después de contemplados estos factores, se decidió una solución, simple, eficaz y certera.

Mentir. Pero mentir con comparsa incluida. Con escenografía itinerante. Con actores maquillados de piedra o vestidos de acero. Con los medios de comunicación promocionando los circos y los “valientes” domadores de fieras terroristas, de serpientes subversivas.

Y que cuando hubiesen reclamos, indagaciones o algún impertinente insistente. Las farsas fuesen revisadas y dirimidas por algún arlequín de la justicia militar.

Unierónse los medios de comunicación, el poder judicial, empresarios-sicarios, el gobierno y todos los tormentos.

Se dio paso a un acto mediocre salvaje con telón de sangre en el fondo.

Los falsos enfrentamientos.

Matar por la espalda, raptar tortura matar, no estaba separado ni por una coma. Todo era una sola cosa. Los falsos asaltos, los falsos enfrentamientos, los balazos al aire, las patadas de utilería a las puertas, los gritos de alto, las sirenas aullando desgracias.

Interceptados por la muerte, faenados por los militares, etiquetados por la prensa, procesados por el poder judicial civil-militar.

Terroristas abatidos en enfrentamientos. Subversivos Muertos en escuela de guerrillas.

No había que dar explicaciones de ninguna índole. Ellos mismos se lo buscaron, ellos son los únicos responsables. Les dijeron alto y no obedecieron, de entre sus ropas sacaron un revólver. Intentaron atacar a funcionarios del estado.

Con este efugio se deshacían de cualquier antagonista, se les rotulaba de violentistas y asunto terminado y procesado.

Seres humanos convertidos en monstruos que no merecen, ni merecerán vivir.

Cualquiera que esté en contra del gobierno y pretenda defenderse es una persona violenta que merece ser muerta.

El asesinar en manadas es la soldadura indestructible del acuerdo siniestro entre matarifes.

Un centenar de funcionarios del estado rodea la calle. Adentro ya saben más o menos que pasa. Se activa la alarma, esperan este tipo de sorpresas.

Dos Henríquez se quedan a proteger el escape de los otros. Mueren reventados a balazos.

Las vainas caen como lluvia de bronce sobre el pasto.

La mayoría logra escapar, algunos de los fugitivos son apresados pero perdonados por cuestiones de suerte, falta de balas, sino, cansancio nocturno de carniceros.

Dos Henríquez ofrendan su vida para salvar la vida de sus otros compañeros.

¿Sirvió de algo ese sacrificio? , ¿Dónde están, qué hacen esos que huyeron de la muerte?

A esa misma hora, en otro lugar observado desde hace tiempo, irrumpe un centenar de funcionarios del estado, intentando forzar cierta puerta.

La puerta no cede. El cerebro chispea una idea brillante. Arrojan una bomba militar para llorar. Luego, con una segunda máscara sobre la primera, entre tinieblas avanza un espectro armado. Indefenso, acurrucado, desarmado, en posición fetal buscando la caricia primaria de sus inicios, le revientan de un balazo cada ojo a un Julio olvidado.

La excitación y el sudor aceitan el rostro de este espectro viviente.

Las gárgolas que cuidan la ergástula de calle Borgoño han decidido terminar las torturas y pasar a la etapa más clara y honesta de sus instintos. Siete prisioneros serán fusilados.

Siete de espadas, siete de mazos sobre sus cuerpos. Fatídica férula sobre sus frentes.

Los suben a los carros. A sabiendas que los llevan para eliminarlos, aún les siguen pegando y humillando. Todo castigo es poco.

Han elegido un escenario donoso. Depositarán los cuerpos repartidos en forma equilibrada sobre este inmueble que pretenden decorar en una nueva morgue como suelen hacerlo.

Un centenar de valientes solados saltan y levantan las manos con sus armas para ser elegidos.

Sólo catorce han sido favorecidos. Cada binomio oficial se encargará de asesinar a un elegido.

Cansados, golpeados, vejados, semidesnudos, hambrientos, nerviosos, angustiados, agotados de torturas y gritos, les dicen amables pero decididos que se paren en ciertos rincones, costados, alerones, umbrales.

Estridente se queja un techo abofeteado de piedra o de ladrillo. Y este sonido es inicio principio para el epílogo de la muerte.

Todos gritan, unos despidiéndose de la vida a puteadas, a llantos, súplicas y oraciones. Los otros gritan intentando anestesiarse de sensaciones y seguir percutando. Todo da vueltas, se triza el momento en dos, el antes y el después de la matanza.

Siguiendo la costumbre de viejos tabúes y creencias ancestrales, pasa un escolta del dolor y los va rematando para asegurar que sus recuerdos no los sigan en sus sueños ni en los reflejos de los espejos.

La sangre empapela los cuartos, va pintando el suelo cuando arrastran sus cuerpos por el piso, para posarlos como espantapájaros futuros que ahuyentarán cualquier intento de rebeldía.

Se cumple el primer mandamiento marcial. El Falso Enfrentamiento.

Los van rompiendo como ramas secas, las costillas crujen ante el plomo. El sonido de sus huesos muriendo no son lo suficientemente fuertes o audibles. A pesar de que el ruido entra por los oídos que se crispan de miedo en los alrededores, sonido que venda los ojos por años. Nadie ve nada, nadie vio nada. Nadie verá nada.

Luego aparecen rémoras periodísticas a devorar lo que ha quedado. Obedientes publican y escriben lo que ciertos distinguidos oficiales les han dictado.

Escarmentados despiadadamente estos niños y niñas del mal.

Operación Albania. Cacería de albatros a balazos.

Los doce peldaños de una escala infinita que conduce a la muerte y a las estrellas.

Gritan los rayos, lloran los relámpagos, aúlla la lluvia de impotencia allá en Junio.

Ver sobre las portadas las fotos de tus seres queridos.

Doce dolores dormidos sobre el talud enterrado de los recuerdos que no se van, que se quedan, que se agigantan como gigantes fueron aquellos que entregaron la vida gota a gota, a borbotones, a barril lleno por un Chile que aún no está terminado.

¿Cuántas maneras hay de matar a un ser humano?

Sólo una, olvidándolo.

Andrés Bianque

 

 

OPERACIÓN ALBANIA

Crónica del gran montaje de la CNI

 

Memoria para optar al título de Periodista Universidad de Chile

Instituto de la Comunicación e Imagen Escuela de Periodismo

Nicole de los Ángeles Vergara Domínguez

Profesora guía |  Faride Zerán Chelech

Santiago de Chile

2013

 

fpmr O ALBANIA FOTO PEPE DURAN JUNIO 1987 Foto Pepe Duran,junio 1987

 

Introducción

Tras el atentado del Frente Patriótico Manuel Rodríguez a Augusto Pinochet y su comitiva el 7 de septiembre de 1986, la historia de muchas personas cambió para siempre. Pocas horas después de la emboscada en el sector de Las Vertientes en el Cajón del Maipo, el general apareció en el noticiario de Televisión Nacional, 60 minutos, con su mano vendada, mostrando el Mercedes Benz blindado dañado y señalando una frase que quedaría grabada en la historia de Chile: “¡Esto prueba que el terrorismo es serio, que es más grave de lo que están hablando y que ya está bueno que los señores políticos se den cuenta que estamos en una guerra entre el marxismo y la democracia!”.

 

Sus palabras calaron hondo y sus acciones post atentado sellaron la vida de muchos. Se declaró Estado de Sitio en el país y de inmediato la Central Nacional de Informaciones, CNI, comenzó una desenfrenada búsqueda por encontrar a los culpables de la llamada Operación Siglo XX. La investigación se confundió con el temor, se sembró miedo asesinando horas después a personas que no tenían relación con el atentado y se acentuó la horrible relación entre la policía secreta del régimen y la sociedad civil.

Este hecho fue uno de los antecedentes principales de uno de los montajes más emblemáticos de la dictadura militar. La Operación Albania o Matanza de Corpus Christi dejó entre el 15 y 16 de junio de 1987 doce frentistas muertos en manos de agentes de la CNI. Los hombres de bigote simularon fuertes enfrentamientos para encubrir la muerte de estas personas, entre ellas la de José Joaquín Valenzuela Levi, uno de los líderes del FPMR y cabecilla del atentado a Pinochet.

Los agentes de la CNI interceptaron a los frentistas en la vía pública, irrumpieron en sus hogares y casas de seguridad asesinandolos en medio de un sangriento plan.

 La historia de la Operación Albania no es una más de los años ‘80, no es una más que relata la muerte de frentistas, es la historia de un montaje planificado, en donde agentes de la Central Nacional de Informaciones en conjunto con medios de comunicación oficialistas se confabularon para dar un testimonio falso a la sociedad. Los familiares no sólo debieron reponerse a las muertes de sus seres queridos. Por más de una década debieron batallar con la justicia para demostrar que los frentistas no fallecieron producto de enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, si no que fueron brutalmente asesinados por la dictadura militar.

Hijos de la represión

16 de junio de 1987 y a las 13.00 horas el locutor Petronio Romo aparecía en el dial 93.3 FM y con su inconfundible voz anunciaba:¾ Urgente, El diario de Cooperativa está llamando¾.

El periodista al que le daba el pase informaba que el Obispo Auxiliar de Santiago, Monseñor Sergio Valech, junto con lamentar la muerte de 12 personas en enfrentamientos pidió el esclarecimiento de los hechos: ‘En la mañana pude leer el diario, no había oído noticias de tal manera que después me impuse que había aumentado el número de fallecidos, es un hecho muy lamentable, muy doloroso (…) Esperamos que la investigación llegue a un final feliz en cuanto a saber los orígenes y las formas 48, decía el sacerdote sobre las muertes de los rodriguistas.

25 horas antes de ese despacho, los servicios de seguridad  le declararon la guerra al Frente y, sin asco, mataron a 12 de sus integrantes. La matanza de Corpus Christi había comenzado.

Ricardo Silva Soto, de 28 años, estudiante de 4º año de Ciencias Químicas en la Universidad de Chile, innumerables veces mejor compañero y alumno destacado en fútbol, no sabía que la mañana del 15 de junio sería la última en que vería a su familia.  Eran  las  7.00  am  y  Ricardo  se  despedía  de  su  mujer,  Patricia, asegurándole que estaría de vuelta antes de la hora de almuerzo. Debía viajar, pero antes había quedado en llevar a su pequeño hijo Cristian de 4 años al jardín infantil.

Se puso su pantalón de cotelé café, su camisa blanca, el suéter de lana verde claro con cuello redondo y su chaqueta de mezclilla azul. No dijo a dónde, ni a qué ni con quién se juntaría. La mayoría de las veces no contaba sus andanzas ni daba  pie  para  que  le  preguntaran,  El  Flaco  como  lo  llamaban  de  cariño,  se cuidaba y cuidaba a los suyos. Aunque siempre estaba alerta a posibles seguimientos de la policía secreta de Pinochet, esa mañana fría, con grados bajo cero, salió de su casa en la Villa Olímpica en Ñuñoa y no sospechó nada. No tenía de qué sospechar, no lo seguían a él.

Ricardo, segundo hombre del Frente en la Octava región, debía reunirse con Ricardo Rivera, primer hombre en Concepción y José Joaquín Valenzuela Levi, comandante Ernesto, máximo líder del FPMR que participó en el atentado a Augusto Pinochet en septiembre del ‘86. Era probable que se juntaran a hablar sobre los próximos pasos que darían, pero nunca hablaron, al menos no como lo tenían previsto. Ese lunes 15 de junio los tomaron violentamente detenidos y se los llevaron al cuartel Borgoño.

El Flaco Silva ingresó al Frente con varios años encima. Cursaba su segunda carrera cuando junto a dos compañeros hicieron un par de panfletos contra la dictadura, los pusieron en las rejillas del metro  de Santiago, en la superficie, esperando que el paso de los trenes les regalara una ráfaga de viento que hiciera volar consignas sobre una ciudad reprimida. Estaban viendo como los panfletos se elevaban casi de forma surreal cuando llegaron los pacos y se los llevaron detenidos.

Les pegaron, les pegaron mucho. Ricardo consternado con tanta violencia le dijo a su compañero:

Hueón, esta hueá no puede ser. No hicimos nada y nos sacaron la chucha De pronto empezó a faltar a clases, ya no se veía en las mesas de pin pon ni en las pichangas con los amigos. Ricardo decidió congelar su último semestre en la U para dedicarse por completo a su labor en Concepción. Para todos, la razón era que quería buscar trabajo; hermético y cuidadoso nunca dijo que en realidad se trataba de un trabajo político.

Dejó su indiscutido puesto de defensa central de su equipo de fútbol, renunció a los entrenamientos en el Estadio Recoleta, se alejó por momentos del charango, la quena y la guitarra, de las dobles porciones de porotos con riendas del casino de su Facultad y de los regaloneos de las auxiliares. Empezó a ver menos a los amigos y la familia. Por decisión propia, El Flaco Silva entró a la clandestinidad.

Ricardo se fue al sur, se cortó la barba, se la dejó crecer y se la volvió a cortar. Prevenido, siempre que se daba una vuelta por Santiago y se quedaba con su mujer redoblaba la seguridad:

 

Pati, quédate aquí. Camina con cuidado con Cristián, puede que nos estén siguiendo repetía incansablemente.

Por esos años su esposa y su pequeño vivieron en 14 casas diferentes.

La mañana del lunes 15 de junio cuando Ricardo Silva salió de su casa no sintió nada extraño, debía reunirse con Ricardo Rivera que venía desde Lota. Su jefe, primer hombre del FPMR en Concepción, tenía 24 años. Soltero, mecánico especializado, era chofer de locomoción colectiva en el pueblo del carbón. La noche del domingo tomó el bus a las 21.45 horas para reunirse con Ricardo Silva y José Joaquín Valenzuela Levi el lunes por la mañana. Se despidió de su familia, les dijo que no daba más con la cesantía, que por eso viajaba a la capital en busca de empleo. Jamás les habló del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, de su trabajo, de su lucha por sacar a Pinochet del poder. Su padre, quien había estado detenido por razones políticas en 1974, no sabía que el viaje tenía otros motivos.

Antes de subirse al bus, su madre se acercó y le dijo cariñosa: Ricardo, aquí están los 70 mil pesos para que compres mercadería para el negocio

Rivera viajaba todos los meses a Santiago para surtir la pequeña paquetería que su familia tenía en Lota. La mercadería nunca apareció por el lugar, él tampoco.

Al llegar al Terminal de Santiago se bajó del bus, ajustó su parka azul y sintió el frío seco de la mañana capitalina, ese frío que penetra en los huesos y cuesta sacarlo de encima. Debajo de la parka, Ricardo andaba con camisa y un chaleco de lana celeste, un pantalón de género del mismo color y unas botas de reno café con las que intentaba capear los grados bajo cero. No alcanzó a concretar los motivos de su viaje, menos a comprar la mercadería que le habían encargado cuando los “chanchos” le cayeron encima.

La CNI tenía dentro de su organización la denominada “Brigada Verde”, brigada que dependía de la División Antisubversiva cuya misión era reprimir al Frente, investigarlo, seguir a cada uno de sus integrantes y analizar documentos de su plana  mayor.  En  junio  de  1987,  35  miembros  trabajaban  en  la  brigada  que ajustaba los detalles de la Operación Albania, el falso enfrentamiento que comunicarían para ocultar la matanza de los rodriguistas ejecutados.

Durante esos días el trabajo era intenso. Hugo Salas Wenzel, director de la CNI, daba la orden de dejar sin capacidad de acción al FPMR, en su jerga militar, de “neutralizarlo”.

Mientras Ricardo Silva, Ricardo Rivera y José Joaquín Valenzuela Levi cruzaban el Barrio Mapocho, eran llevados a  Borgoño y recepcionados en la “paquetería” del cuartel, otros agentes con bigotes daban el segundo golpe al otro lado de la ciudad.

¿Así mueren los comunistas?

La juventud ondera del momento se despertaba con U2 y mantenía una nueva semana en el ranking de los más escuchados  With  or  without  you. Es probable que Recaredo Ignacio Valenzuela Pohorecky, Comandante Benito del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, ni siquiera supiera qué grupos eran los más escuchados esos días según Clip, el suplemento musical de Las Últimas Noticias. Tenía otras preocupaciones.

Ese mismo lunes 15 de junio salió de su casa a las 9 de la mañana para hacer un par de trámites, minutos después de cerrar la puerta en la remodelación de las Torres San Borja un furgón L100 Mitsubishi de color azul comenzó a seguirlo. Seis funcionarios de la CNI a cargo del Teniente de Carabineros Emilio Neira Donoso no le perdían los pasos. A Valenzuela lo tenían fichado hace tiempo, lo seguían desde marzo de ese año.

El Comandante Benito, como se hacía llamar internamente al interior del Frente, salió de la Torre 24 de Portugal con Marin y con paso lento fue al paradero a tomar una liebre hacia Macul. Se bajó, cruzó su mirada en distintas direcciones y se acercó a la citroneta patente AX330 que estaba estacionada en la calle. Miró, volvió a mirar. Con disimulo se acercó, la revisó y siguió su camino hacia Plaza Ñuñoa. Llegó a unas de las oficinas de Chilectra y esperó que pasara otra micro para ir a Las Condes a la casa de su madre .

Ignacio Valenzuela ingresó al Partido Comunista a los 14 años, chico, como muchos  de  los niños  que  a  su edad comenzaban a militar. Aunque su madre quiso alargar lo más posible esa decisión, Ignacio estaba convencido. Incluso antes de hacer oficial su militancia él ya decía que era comunista. No le importaba que lo miraran feo en medio del régimen demócrata cristiano que lideraba Eduardo Frei Montalva, para él sus convicciones estaban claras.

Cursaba  la  educación  básica  en  el  Liceo  7  de  Ñuñoa  cuando con su amigo Sergio se sentaba a hablar pestes del gobierno de Frei. No estaba a favor de la “revolución en libertad”, la encontraba poco clara y definida. Tampoco le gustaba la manera en que se hacía la reforma agraria, aunque encontraba que a la larga era buena, no estaba de acuerdo en que a los trabajadores no se les entregara una  adecuada  asistencia  técnica  ni  material  necesario  para  trabajar  la  tierra. Menos estaba a favor de la chilenización del cobre, Ignacio y Sergio apostaban por la nacionalización del  metal. Con pocos años, los amigos compartían las inquietudes de la política y eran testigos de la fuerte represión que se ejercía contra los trabajadores que reclamaban por sus derechos y aumentos de salario.

Tras una de sus visitas al dentista junto a su madre y su hermano menor Rodrigo en el centro de Santiago, Ignacio vio cómo los pacos apaleaban y tiraban bombas lacrimógenas a los profesores que se manifestaban en calle Compañía. Al ver los fuertes lumazos, la mujer se refugió con los niños en un portal estrecho del centro hasta que su hijo mayor la miró fijamente con el ceño fruncido:

¿Por qué hacen eso los Carabineros? preguntó.

Para proteger el orden  público, le respondió sin pensarlo mucho Adriana, su madre.

¡Pero si la gente no estaba haciendo nada! Marchaba y gritaba nada más. Tú los viste. El desorden lo hace la policía dijo Ignacio con 10 años de edad

En el colegio el ambiente se politizaba cada día más, todos hablaban de política, hasta los más chicos. Mientras Ignacio pensaba en el Ché Guevara y llenaba sus cuadernos dibujando la imagen del guerrillero con su boina, en la sala de clases a él y a sus compañeros les aplicaban una disciplina casi militar. Les cortaban el pelo cuando éste osara asomarse por sobre la camisa, les arrancaban los botones de las chaquetas cuando estaban desabrochados, les sacaban las insignias y los cordones de los zapatos. Los tenían tardes enteras formados en el patio hasta que oscureciera como forma de castigo. En los consejos de curso hablaban el tema y además debatían sobre lo que pasaba en el país. Ignacio siempre se encargaba de que el marxismo fuera uno de los temas a tratar.

Cuando  en  1970  Salvador  Allende  ganó  las  elecciones,  Recaredo  Ignacio Valenzuela Pohorecky celebró junto a sus amigos el triunfo. Sentían que habían salido  vencedores  pese  a  la  campaña  del  terror  que  los  opositores  habían instalado en la opinión pública. La idea más común que resonaba era que los comunistas eran come guaguas.

El golpe de Estado cayó cuando Ignacio era un adolescente. Fue testigo del terrorismo que se institucionalizó en el país, lloró como un niño la muerte de Allende y sintió como a cuadras de su casa en Tomás Moro también bombardeaban la casa del Presidente. Vivió allanamientos y el sábado 13 de octubre de 1973 se enteró cómo Carabineros se llevó detenido a su padre desde el Ministerio de Hacienda. Con las manos en la nuca, entre patadas y encañonado por metralletas hicieron salir a su padre gritándole “¡Camina, mierda!”.

Recaredo, el padre, no militaba en ningún partido por lo que la familia no sabía por qué se lo llevaban. Buscaron ayuda para conocer el paradero de su detención hasta que llegaron al Estadio Nacional, su progenitor estaba en la escotilla número tres. Por suerte tenían contactos y pudieron sacarlo seis días después.

Ignacio saltó de colegio en colegio hasta terminar su educación media y entrar a Ingeniería Comercial en la Universidad de Chile. Pese a estar en varios establecimientos  y  preocuparse  mucho  de  la  política  destacó  en  la  PAA obteniendo un muy buen puntaje. Chaqueta de cuero como lo identificó la Central Nacional de Informaciones llevaba una vida pública y privada, como muchos otros en dictadura. De pronto se puso hermético, dejó de contar sus cosas en la casa, comenzó a salir mucho y cada vez que le preguntaban dónde iba decía que a estudiar con compañeros.

Un mes después del golpe empezó a prepararse para todo lo que vendría. Tenía 17 años y sabía que comenzaba la resistencia. De a poco comenzó a formarse, al principio de manera muy doméstica, luego más profesional. Sus primeros pasos los dio con cajas de fósforos, juntó muchas y dedicó tardes completas a ensayar pequeñas detonaciones en tarros vacíos que su madre desechaba. Se entretenía en eso y siempre pensaba en inventar fuegos artificiales para celebrar el Año Nuevo.

En el día a día compartía con su esposa Cecilia Carvallo, bibliotecaria de la Universidad de Chile y su hijo Lucián de 7 años. Con él jugaba ajedrez, inventaba poemas y hablaba de la luna, los planetas y los movimientos de la tierra. Quizás de cuántas cosas más. Acompañado de una guitarra le enseñaba canciones de Silvio, Violeta, Víctor Jara y Mercedes Sosa. Con Lucián incluso mantenían conversaciones un tanto filosóficas sobre el origen del hombre y de Dios, compartían el amor por los perros y juntaban conchitas de mar cada vez que iban a la playa.

Para todos Valenzuela Pohorecky era un destacado economista, se licenció con distinción máxima y obtuvo nota 6 en su examen de grado. Siendo muy joven ya era  profesor  ayudante  de  cátedra  de  la  Escuela  de  Economía  de  la  Chile  y profesor titular de Economía del Instituto Arcis. Fue asesor y consultor en materias financieras y sobresalió por su manejo en inglés y francés.

Pero antes de comenzar su vida profesional, Ignacio conoció a Cecilia y apenas la vio le dijo que le gustaba y que quería que fuera su compañera. No especuló ni dejó pasar tiempo. Pese ser diez años menor que ella, la conquistó con su multifacética e intensa personalidad: le recitó poemas de Pablo Neruda, le bailó millones de piezas de tango, dibujó, pintó y cantó para ella.

En paralelo a esa vida pública, el Comandante Benito era uno de los seis más altos oficiales del Frente Patriótico Manuel Rodríguez para la época. Según su madre fue el fundador del Frente, el que lo echó a andar y el que con otros compañeros lo hizo crecer.

Ignacio  Valenzuela  Pohorecky  participó  en  el  rescate  de  Fernando  Larenas Seguel, combatiente recluido en la clínica particular Las Nieves tras un enfrentamiento con la CNI que lo dejó con un impacto de proyectil en su cabeza. Como Larenas se encontraba en un delicado estado de salud   y como en lo inmediato no podría “cooperar” en la investigación que los agentes realizaban, los tribunales autorizaron que el frentista se mantuviera internado en el centro privado. Lo que no imaginaron fue que días después del enfrentamiento y pese al alto resguardo policial, cinco hombres vestidos de manera formal liderados por Valenzuela Pohorecky simularon ser agentes de la CNI, ingresaron a la clínica y rescataron a Larenas del lugar.

El mismo Valenzuela participó en otras actividades de alto riesgo, pero los CNI lo tenían en la mira principalmente por el cargo de Logística que ocupaba en el Frente  Patriótico   Manuel   Rodríguez,   lo   que   los   esperanzaba   en   obtener información sobre explosivos y la ubicación de armas en Carrizal bajo. El dolor de cabeza que aún arrastraba Pinochet.

Ignacio fue parte de la Constitución del FPMR, haciéndose respetar en la organización entre los combatientes que estaban bajo su mando. Además fue Jefe de Zona en la capital y miembro de la Dirección Nacional. Muchos veían en él un ejemplo en la teoría y en las acciones de combate.

Alrededor de las 10 de la mañana del 15 de junio, Valenzuela  Pohorecky  llamó a Adriana, su mamá, para pedirle la dirección de un mecánico. Su auto de nuevo había quedado en panne, esta vez en calle Las Palmeras en Macul. Adriana le dio el dato que necesitaba y 15 minutos después volvió a atender el teléfono. Nuevamente era Ignacio, ahora la llamaba para decirle que le llevaría las llaves y los documentos del auto. Le dijo que estaría en una hora más en su casa en Las Condes. En las oficinas de Chilectra tomó la micro que lo llevaría a la zona oriente de Santiago. Se bajó en Colón pasado Alhué, caminó y entró por esa calle. El Mitsubishi azul no perdía sus pasos, pero esperó que llegara otro vehículo con más agentes armados con CZ9 mm para atacar.

En total, seis hombres con brazalete amarillo entre los que se encontraba  el suboficial de Ejército René Valdovinos Morales, el carabinero Manuel Morales y el agente César Acuña. Se dio la orden, detuvieron los vehículos en calle Alhué a la altura del 1172 y le dispararon por la espalda a Ignacio, todos en su contra y varios disparos a la vez.

El cuerpo se desplomó en la vereda oriente de la calle, su cabeza a 5 cm de un árbol que daba al antejardín de una casa con un muro pintado celeste, celeste deslavado.   Rápidamente   le   pusieron   entre   sus   ropas   una   granada   para “cargarlo”,  le taparon la cara con unos diarios y cuando llegó carabineros le pusieron encima un plástico verde.

En la misma calle, a 30 metros del lugar Adriana Pohorecky comenzaba a impacientarse en su casa. Se asomó por la ventana para ver qué pasaba, había mucho ruido y varios autos ocupando las vías y calzadas de la manzana. De un minuto a otro se llenó de gente, Adriana presa de la incertidumbre alcanzó a ver una persona tirada en el piso que vestía chaqueta café, una bufanda de lanilla escocesa, un suéter color terracota y un pantalón de cotelé. No quiso creer que fuera su hijo, Intentó acercarse a la esquina para ver más, pero no la dejaron. El suéter le parecía familiar, pero entre los nervios olvidó que ella misma lo había tejido.

En minutos los CNI se multiplicaron, llegó la policía y todo se volvió un caos. Carabineros de la 17º Comisaría llegó al lugar a las 13.42 pm con la gente que estaba de turno: a los detectives y dos inspectores los acompañaron peritos del Departamento de Laboratorio de Criminalística, un fotógrafo forense, un planimetrista, peritos de huellas de la sección Huellografía y Dactiloscopia del Departamento de Asesoría Técnica y un médico examinador policial del Departamento de Medicina Criminalística.

Mientras ellos comenzaban a trabajar, Adriana se autoconvencía:

No, no puede ser él

Se volteó y volvió a su casa. El primer rodriguista había caído.

Pese a que en las primeras informaciones se insistió que Recaredo   Ignacio Valenzuela   Pohorecky   había   repelido   el   fuego,   el   juez   Hugo   Dolmestch desacreditó la versión que los agentes propagaron. Se echó abajo la declaración de los testigos falsos y tiempo después se sentenció el hecho como un homicidio, su cara estaba rota a tiros.

El  juez  Dolmestch  también  recogió  la  versión  de  Hernán  Ávalos  Narváez, periodista de El Mercurio que se presentó en calle Alhué para cubrir la muerte de Ignacio. El periodista recordó después que en el lugar se encontraba Álvaro Corbalán, Jefe de la División Antisubversiva Bernardo O’Higgins de la CNI, quien se acercó a la prensa que estaba alrededor del cerco reporteando información para confirmarles la tesis del enfrentamiento.

En el lugar Corbalán lanzó de forma despectiva:

Así mueren los comunistas

 

Leer tesis completa en MEMORIA DE TITULO OPERACIÓN ALBANIA Crónica del gran montaje de la CNI

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

55  PEÑA, Cristóbal. Los Fusileros. Crónica secreta de una guerrilla en Chile. Editorial Random House

Mondadori. Pág. 257. Santiago, Chile. 2007.

 

Como chanchos en el barro

 

 

 

Mientras en calle Alhué en Las Condes, los agentes de la CNI disfrazaban la primera muerte como un enfrentamiento, otros hombres de bigote frondoso continuaban  realizando  seguimientos  y  detenciones  en  la  ciudad  congelada. Esther Angélica Cabrera Hinojosa, de 22 años, esperó las 15.00 horas del lunes

15 de junio y salió de su casa en el pasaje Felipe Berliner a la altura del 2705, entre Carnot y Rivas, calle paralela a Gran Avenida y Santa Rosa en San Miguel. Le aseguró a su hermano que regresaría pronto:

 

¾Daniel, vuelvo como en 3 horas¾, le dijo.

 

 

Esther sabía que la seguían, los agentes no disimulaban. De todas formas la joven militante del Partido Comunista salía de su casa, visitaba amigos, recorría y protestaba las calles reprimidas de Santiago.

 

Ese día se fumó un cigarro, tomó la liebre hasta la Alameda con General Velásquez y caminó al departamento de su amigo Carlos Saravia Jiménez en Villa Portales. Es probable que su paso fuera rápido y su respiración entrecortada. Al llegar al edificio subió al departamento y nerviosa comprobó que había varios hombres en actitud sospechosa rondando las escaleras y el sector. Era evidente que la esperaban.

 

Carlos había salido de su casa minutos antes a comprar pan para la once y confirmó que habían seis hombres de civil haciendo guardia. Nervioso le dijo a Esther que se quedara, que durmiera en su casa, que había visto a sujetos con

 

pinta de “chanchos”, pero Esther no le hizo caso y para evitar que le pasara algo a él o a su familia se despidió, cerró la puerta por fuera y bajó. En las escaleras, con estampa desafiante, dos sujetos apretaban la marca.

 

La Chichi, como le decían en su casa y sus amigas más cercanas, andaba con un chaleco de lana negro,  una chaqueta de cotelé verde, una minifalda negra y pantys rojas. Esa fue la última vez que la vieron.

 

Minutos más tarde cuando Esther caminaba por la vereda, Luis Arturo Sanhueza Ros, Capitán de Ejército y funcionario de la Brigada Verde de la CNI a quien lo llamaban el Huiro le dijo al Viejo Horacio:

 

¾ ¡Esa es! ¾56.

 

 

Rápidamente el sargento de Carabineros que reemplazaba su nombre de Carlos de la Cruz Pino Soto por la chapa de Viejo Horacio, obedeció. El hombre se bajó del furgón e identificándose falsamente como funcionario del OS-7 de Carabineros invitó a Esther a acompañarlo advirtiéndole que estaba involucrada en un asunto de drogas, que por eso la detenían. Eran las 5 y media de la tarde.

 

La subieron al furgón en el que se trasladaban y la llevaron de inmediato al cuartel Borgoño. En el camino a Independencia la vendaron, amordazaron y registraron. No encontraron nada. En la detención también participó el sargento de Ejército

Manuel  Rigoberto  Ramírez  Montoya,  apodado  Olafo;  el  suboficial  de  Ejército,

 

 

 

 

56 Declaración de Carlos de la Cruz Pino Soto. Fs. 5.306. Expediente Operación Caso Albania disponible en Archivos y Documentos de la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas, FASIC.

 

Fernando Remigio Burgos Díaz conocido internamente como el Costilla; Luis Santibáñez y el agente Acosta. Tras verificar que Esther no llevaba armas, uno de los hombres comentó:

 

¾ Anda sin sostenes¾.

 

 

Según los CNI, cuando detuvieron a Esther desconocían el verdadero nombre de la “dama”57. Al estacionarse en Borgoño 1470 en la comuna de Independencia, El Huiro junto a otro CNI bajaron del vehículo a la detenida y  la recepcionaron en la paquetería del cuartel. Cuando la joven ya estaba en los calabozos, Sanhueza caminó entre los pasillos de Borgoño para informarle al capitán Krantz Bauer, Jefe de la Unidad de Asuntos Generales de la CNI, que ya se había cumplido la orden y que todo había salido “sin novedad. La persona estaba sana y sin problemas”58.

 

Krantz Bauer Donoso era el encargado de neutralizar al FPMR y a todo el que significara un peligro para la dictadura de Pinochet. Fue él quien le reveló a Álvaro Corbalán en junio de 1987 que habían muchos extremistas rondando en la capital.

 

¾ Llegué a tener una información de aproximadamente 500 componentes profesionales del Frente Patriótico Manuel Rodríguez en Santiago lo que estimé era mucha gente y que ese movimiento nos podían indicar la preparación para una

actividad del Frente que podía ser de graves consecuencias para el país, por lo

 

 

57 Vocativo con el que en reiteradas ocasiones los agentes imputados se referían a las detenidas en sus declaraciones.

 

58 Declaración de Luis Arturo Sanhueza Ros, agente CNI que participó en detención de Esther Cabrera Hinojosa. Prueba Testimonial Rol Nº 39.122. Santiago, 13 de abril de 2004. Proveyó Hugo Dolmestch Urra, Ministro en Visita Extraordinaria. Expediente Operación Caso Albania disponible en Archivos y Documentos de la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas, FASIC.

 

que correspondía para evitar cualquier problema dar cuenta al Comandante de la

 

División¾59, confesó con posterioridad Bauer.

 

 

Ese  fue  el  antecedente  que  la  CNI  necesitó.  Desesperada  por  anular  a  los frentistas y encontrar culpables del atentado al general comenzó a preparar el gran operativo de inteligencia que denominó internamente Operación Albania. En esos años Albania era el país de Europa oriental con el gobierno comunista más ortodoxo, era también el más impenetrable. La CNI y el régimen querían dar un golpe que dejara en el suelo al Frente. Por eso el director Nacional de Informaciones, Hugo Salas Wenzel, solicitó el mismo lunes 15 de junio al fiscal Luis Acevedo de la Tercera Fiscalía Militar de Santiago una orden amplia de investigar con facultades de detención y allanamiento.

 

Todos estaban   en   conocimiento   de   lo que sucedería, incluso   esa   mañana mientras Álvaro Corbalán e Iván Belarmino Quiroz, uno de sus subalternos, se reunían para ultimar detalles del proceso que ya se efectuaba en las calles, el director  de  la  CNI  se  comunicaba  directamente  con  Augusto  Pinochet  para contarle cómo iban las cosas. En los pasillos ya se escuchaba que el asunto era serio, no de cabros chicos.

 

Y así se iban cumpliendo las órdenes. El agente Luis  Arturo Sanhueza Ros que recién había dejado en los calabozos a Esther y le había comunicado a Krantz

Bauer que todo marchaba bien, se quedó junto a otros agentes en el cuartel

 

 

 

59  Declaración de Krantz Bauer Donoso, agente CNI. Reportaje de Televisión Contacto, conducido por

Mercedes Ducci, investigación de Claudio Mendoza. Santiago, Chile: Canal 13, 2003.

 

Borgoño hasta que le avisaron por radio que necesitaban apoyo en otra detención. Tras cumplir el mandato, se relajaron y partieron al restaurante típico que frecuentaban en  calle Vivaceta: El Pollo Caballo.

 

Al  momento de  su  detención  Esther  Cabrera  Hinojosa  estaba cesante,  había salido hace un par de años de cuarto medio y había dado dos veces la PAA. Después de varios ir y venir, de la muerte de su madre y de su viaje junto a su familia a Venezuela, asistía a un curso en un instituto de inglés para viajar a Los Angeles, California, donde tenía familiares. Tenía planes para continuar con sus estudios superiores en el extranjero, pero los CNI soltaron a la muerte en su cara y todo se truncó.

 

Según lo declarado, su familia no sabía de su trabajo como rodriguista. En abril de

 

1986 fue detenida en la calle por su presunta participación en el asalto y la quema de una micro. No encontraron pruebas suficientes y su defensa, liderada por el abogado Camilo Marks de la Vicaría de la Solidaridad, logró sacarla de la cárcel de mujeres en libertad bajo fianza cuatro meses después con firma mensual. Su padre, Adrián Cabrera, también había sido detenido en 1986. A él lo soltaron el 11 de junio del ‘87, cuatro días antes que secuestraran y mataran violentamente a su hija.

 

Nacida en Chuquicamata, a la Chichi le gustaban las organizaciones sociales, el campo, la música y la poesía. También fumarse un cigarro y caminar las calles de la ciudad con su amiga Graciela, la Chela, a quien en 1985 un par de suecos la convencieron para grabar un documental sobre su vida. Viajaron a Chile, a La

 

Legua y registraron todo: las protestas, las formas de organización, la represión, la rabia, injusticia, pero también los sueños y amores.

 

En el documental se ve a la Chela y la Chichi conversando de la vida y el amor bajo dictadura. Es el único registro que hay de Esther, todo lo demás desapareció tras su muerte. La CNI allanó su casa y se llevó cada recuerdo de la joven. Sus cuadernos, poemas, cartas, ropa, sus fotografías, se llevaron su vida y en parte su memoria.

 

En la cinta se escucha a la Chichi:

 

 

¾ Me da miedo establecer una relación, así tan formal porque en estos tiempos no se puede hacer nada. No se puede realmente pensar, hay que soñar como en lo que tú quieres no más¾.

 

A la que le respondían:

 

 

¾Si te poní a esperar que caiga Pinochet  para formar una familia, tener pareja, hijos, como que igual pueden pasar hartos años¾60.

 

Pero la Chichi no vio como cayó el general, como corrió solo y llegó segundo, no vio las celebraciones del triunfo del “No”. Encerrada en el cuartel Borgoño en la comuna de Independencia esperó su suerte y aguantó torturas junto a los otros frentistas que habían sido detenidos durante el día: el estudiante de Ciencias

Químicas  de  la  Universidad  de  Chile,  Ricardo  Silva;  el  primer  hombre  de

 

 

 

60 PALMGREN, Lars. Chela: sobre sueños, amores y lucha en Chile. [Documental]. Suecia, 1986.

 

Concepción que viajaba desde Lota, Ricardo Rivera y el jefe de la Operación Siglo

 

XX, José Joaquín Valenzuela Levi.

 

 

Un mes antes de su detención, Esther se sentó junto a su hermana Ruth y le planteó seriamente la posibilidad de cambiar de identidad, de ciudad, de aspecto y de vida. La Chichi pensó en sumergirse en la clandestinidad y desaparecer por completo  de  la  dictadura,  pero  sus  convicciones  le  dijeron  que  no.  Decidió continuar  su  trabajo  político,  teniendo  plena  conciencia  de  los  riesgos  que implicaba participar en las actividades que organizaba el Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

 

El cóndor quiere carne

 

 

 

 

 

La operación seguía y para alentar a sus subalternos, Álvaro Corbalán vociferaba con euforia en el cuartel Borgoño:

 

¾¡El cóndor quiere carne! ¾.

 

 

Bajo esa consigna, un grupo de agentes salía a dar el nuevo golpe.

 

 

Pasadas las 18.00 horas del lunes 15 de junio, seis horas después del asesinato de Recaredo Ignacio Valenzuela Pohorecky en calle Alhué en Las Condes, otro importante hombre del Frente Patriótico Manuel Rodríguez era atrapado por la CNI. Patricio Ricardo Acosta Castro tenía 29 años y los agentes lo habían bautizado como Jirafales por su notoria altura: Patricio medía 1, 83 cm.

 

Habían pasado varios días desde que la calle en la que vivía Patricio era vigilada por sujetos sospechosos. Iban y venían en sus autos, rodeaban la manzana y patrullaban el sector. Los vecinos de calle Varas Mena en la comuna de San Miguel ya se habían dado cuenta de los movimientos y asustados llamaron a carabineros  porque  habían  visto  en  reiteradas  ocasiones  un  auto  blanco  sin patente dando vueltas por el lugar.

 

Esa tarde Patricio paseaba con su hijo Sebastián de 6 años, junto a él se detuvo en un kiosco, compró unos cuchuflí y se fue a la casa de una conocida. En el lugar dejó a su pequeño encargado. Junto a un amigo regresó a la casa en la que vivía

 

con su madre, se bajó de la micro en el paradero 14 de Santa Rosa y vio cruzar a su compañero a la bomba de bencina porque necesitaba cambiar plata.

 

El Pacho como le decían sus cercanos, había llegado hacía poco de Cuba. Sus vecinos declararon que solían verlo solo y que lo único que sabían de él era que tenía un hijo y que era profesor. Al morir dejó huérfano a Sebastián, la madre del niño fue asesinada horas más tarde durante la misma Operación Albania.

 

Patricio ingresó a la Universidad de Santiago a estudiar ingeniería en calefacción, refrigeración y aire acondicionado. En clases de dibujo, una de sus favoritas, se concentraba silbando sutilmente canciones de Silvio Rodríguez y de Los Jaivas, en los ratos libres jugaba pin pon y dedicaba gran parte de su tiempo a Patricia Angélica Quiroz, la madre de su hijo. A pesar de su juventud, el Pacho tomó muy seriamente la paternidad, esperó ansioso a su pequeño y se inquietó cada vez que la mamá tuvo una contracción61.

 

Conocido al interior del Frente por su excelente y pausada oratoria, Patricio participaba frecuentemente en los festivales universitarios que organizaba la Agrupación Universitaria en el Teatro Caupolicán. Se caracterizaba por su nivel de instrucción y por nunca hablar de más.

 

La versión que dio la CNI y la que los medios oficiales  hicieron eco y publicaron en sus páginas tras la muerte decía que Patricio Acosta, “extremista del Frente

Patriótico Manuel Rodríguez”, había fallecido en un duro enfrentamiento. Según

 

 

 

61 Aguilera, Oscar. Operación Albania…Sangre de Corpus Christi. Sin editorial. Santiago, Chile. 1996.

 

informó la Central Nacional de Informaciones un vehículo con personal de seguridad seguía la pista a tres sospechosos, dos de los cuales lograron eludir el cerco. Un tercero enfrentó a los funcionarios con una pistola Browing calibre 9, disparó varias veces a los ocupantes del vehículo, logró huir, pero fue alcanzado y se produjo el intercambio de disparos que le ocasionaron la muerte62. Se referían a Acosta. Pero los medios no se quedaban ahí, sin pudor de verificar información el diario La Cuarta titulaba al día siguiente: “A balazos calientan a extremistas” 63.

 

La información manipulada por la policía secreta de Pinochet ocultaba lo que los vecinos vieron, lo que realmente sucedió. Patricio Acosta regresaba a su casa ubicada en Varas Mena 630, casi en la esquina que intersecta con el Pasaje Dos en Villa Austral en la comuna de San Miguel cuando los “chanchos” comenzaron a seguirlo. Juan Jorquera lo seguía a pie, avanzó tras él hasta Santa Rosa mientras el resto de los agentes esperaban en la camioneta doble cabina Subarú, en los dos taxis marca Datsun y en otro auto blanco del mismo modelo.

 

Juan Jorquera se detuvo, pensó en seguir la orden que le habían encomendado y detener a Jirafales, pero no se atrevió a caerle encima. El Pacho era demasiado maceteado para que sólo una persona lo redujera. En sentido contrario a Patricio

Acosta y al agente Jorquera caminaba el Capitán Francisco Zúñiga con otros CNI.

 

 

 

 

 

 

62 “4 extremistas mueren a tiros en enfrentamientos” Diario La Tercera. Santiago, Chile. Portada. 16 de junio, 1987.

 

63 “A balazos calientan a extremistas: 4 muertos” Diario La Cuarta. Santiago, Chile. Portada. 16 de junio,

1987.

 

Sin aviso y a siete metros de distancia Zúñiga le disparó sin remordimiento al

 

Pacho.

 

 

Según testimonios de vecinos que vieron la terrible escena, la víctima cayó arrodillada,  entonces lo  rodearon  alrededor de  ocho  sujetos  y  al  reducirlo,  lo acribillaron. Patricio murió de seis disparos, uno de ellos en la cabeza. Mientras los sujetos lanzaban tiros al aire para dispersar a los vecinos, otro seguía disparando al cuerpo sin vida de Patricio. Una vez muerto, un agente de la CNI le puso en sus manos un revólver y un gorro pasamontañas, en esa posición lo filmaron y le sacaron varias fotografías para incriminarlo. Antes de eso uno de los líderes de la operación gritó:

 

¾  ¡Ahuyenten  a  la  gente!  Disparen  al  aire,  no  dejen  que  nadie  se  acerque hueón ¾.

 

El germen de la Operación Albania se origina por la preocupación de los aparatos de seguridad chilenos tras el atentado contra Augusto Pinochet y avanza gracias al trabajo cada vez más consistente de seguimiento que había localizado a buena parte de la plana mayor del FPMR en Santiago, hacia comienzos de 1987. En junio de ese mismo año la Dirección Nacional del FPMR había fijado una importante reunión de sus máximos líderes. Era la oportunidad que esperaba la CNI para atrapar a la mayor cantidad de líderes del Frente de una sola vez.

Gran parte de los datos de la CNI llegaban gracias a la información obtenida tras los fracasos de la internación de armas de Carrizal Bajo y el atentado a Augusto Pinochet en el Cajón del Maipo, ocurridas meses antes, operaciones en las que decenas de frentistas y militantes del Partido Comunista de Chile (PCCh) cayeron detenidos.

Gracias a este trabajo de inteligencia, la CNI tuvo claridad respecto de las personas que debían ser detenidas y, eventualmente, abatidas, iniciando a principios de 1987 una exhaustiva ronda de seguimientos y puntos fijos sobre importantes miembros del FPMR.

Uno de los logros más importantes de esta labor fue la identificación de José Joaquín Valenzuela Levi, quien con el nombre de “Ernesto” comandó el fallido atentado a Pinochet.En los ficheros de la CNI, Valenzuela era llamado “Rapa Nui”, debido a que fue visto por primera vez saliendo de una vivienda en una calle con ese nombre. Por su parte, Ignacio Recaredo Valenzuela era “Chaqueta de cuero”, por la vestimenta que usaba al momento de su primera detección.

Álvaro Corbalán, jefe del estamento operativo de la CNI obtuvo del entonces director de la institución, el general Hugo Salas Wenzel, la orden para que efectivos de todas las brigadas a su cargo procedieran, apoyados por la Unidad Antiterrorista del Ejército y por funcionarios de Investigaciones. De acuerdo con la confesión posterior de Corbalán, la orden de Salas Wenzel implicaba acabar con la vida de todos los frentistas que fueran detenidos.1​ Es decir, “reventar” definitivamente al FPMR, según la jerga de esos días.

Según consta en el primer documento de los 30 tomos del expediente, el mismo 15 de junio el fiscal militar Luis Acevedo había autorizado todas las detenciones y allanamientos.

La Muerte de Ignacio Valenzuela

 

Ignacio Recaredo Valenzuela Pohorecky era seguido desde marzo de 1987. Era un destacado ingeniero y académico, en la vida pública. En la privada era uno de los seis más altos oficiales del Frente, para esa época. Reconocido por su arrojo, la CNI sabía que había participado en el asalto a una armería y se había enfrentado a funcionarios de seguridad en varias ocasiones.

El 15 de junio de 1987 la CNI ya esperaba afuera de su casa, en la remodelación San Borja, desde cerca de las 6 de la mañana. Luego de abandonar su domicilio Valenzuela fue seguido durante horas, hasta que alrededor del mediodía fue finalmente abatido en la calle Alhué, de la comuna de Las Condes, por disparos de agentes de la CNI efectuados desde un furgón a unos 25 metros de distancia. Recibió tres impactos, uno de ellos en el tórax, que le resultó mortal; otro en el glúteo y el tercero en el pie. Además, un árbol tras el que se refugió registró cuatro impactos y la casa por donde él iba pasando también sufrió balazos. Valenzuela estaba a escasos 30 metros de la casa de su madre, cuando fue interceptado, según el relato judicial de René Valdovinos, uno de los agentes de la CNI que actuó en ese operativo.

“Lo teníamos rodeado y estábamos armados. Honestamente pensé que se iba a rendir frente a esa desventaja en que se encontraba, lo que no hizo y al contrario, tomó la pistola con la intención de repeler la detención y por lo tanto todos disparamos en su contra y varios disparos a la vez, cayendo éste al suelo”

René Valdovinos, Agente de la CNI

La CNI informó en su momento que Valenzuela portaba una pistola y una granada. Pero los testigos afirmaron que no iba armado y que solo atinó a darse vuelta, por lo cual le dispararon en un glúteo y en un pie. Los testigos señalaron que minutos antes de los hechos fueron advertidos de que iban a producirse disparos y que debían alejarse del lugar.

El 9 de noviembre de 2000, el ex agente de la CNI Manuel Morales Acevedo agregó un nuevo antecedente que fue crucial para entender lo que realmente ocurrió.

“Si bien la misión era detener a este sujeto, el intentó sacar un arma, la tomó y hubo que disparar en su contra y el arma efectivamente la portaba el sujeto, sin perjuicio que para darle mayor efectividad se le cargó, colocándole entre sus ropas una granada ”

Manuel Morales, Agente de la CNI

La Muerte de Patricio Acosta

Ese mismo 15 de junio, seis horas más tarde, otro numeroso grupo de agentes copó el lado poniente de la calle Varas Mena, en San Joaquín. Los agentes acechaban a “Jirafales”, como le decían por su altura a Patricio Acosta Castro, un importante oficial del FPMR. Según los numerosos testimonios disponibles en el expediente judicial, ese día la mencionada calle estaba siendo vigilada por sujetos que se desplazaban en automóviles, algo que los vecinos habían notado que sucedía desde hacía una semana.

Esa tarde, Acosta salió de su casa cerca de las 18.00. Ya era férreamente seguido. Los vecinos declararon que solían verlo solo, y que lo único que sabían de él era que tenía un hijo y era profesor. De lo que vino después todos los agentes, casi sin excepción, inculpan al agente de la CNI.

“Alrededor de las 18:00 a 19:00 salió de esa casa un individuo alto, de bigotes y que por las características físicas correspondía el sujeto a quien se buscaba, por lo que lo seguí hasta Santa Rosa, desde donde éste se devolvió hacia la casa y lo seguí a pie. Se me ordenó detenerlo, pero yo no podía hacer esa detención solo, por la gran contextura física del sujeto. Es del caso que, mientras lo seguía, a cierta distancia observé que en sentido contrario venía el capitán Zúñiga con otros agentes, por lo que pensé que ellos iban a proceder a la detención. Sin embargo, en un momento dado y cuando el sujeto se encontraba más o menos a unos cinco metros de distancia de mi, el capitán Zúñiga le disparó de improviso a unos siete metros de distancia y éste cayo al suelo. Luego sentí dos disparos y me di cuenta que allí se había cometido una embarrada”

Juan Jorquera, Agente de la CNI

Según testimonios de testigos, la víctima cayó arrodillada. Entonces lo rodearon alrededor de ocho sujetos, entre ellos Zuñiga. Ya reducido, en vez de ser llevado a un centro asistencial, Acosta fue acribillado.[] El propio Zuñiga le disparó en la cabeza, mientras otro lo remató con una ráfaga de metralleta. Una vez muerto, un agente de la CNI le puso en sus manos un revólver y un gorro pasamontañas. En esa posición lo filmaron y le sacaron varias fotografías. Esta versión, de que Zuñiga le disparó cuando ya estaba muerto, fue confirmada por al menos tres agentes de la CNI, entre ellos quién era su subalterno, Jorge Vargas Bories.

Las muertes de Calle Varas Mena

Esa misma noche, agentes de la policía civil llegaron hasta el inmueble de calle Varas Mena 417, uno de los varios que a las 23.00 de esa noche la CNI decidió allanar. Allí se produjo el primer y único enfrentamiento reconocido por todos.

En el interior de la vivienda, que era utilizada como casa de seguridad y centro de instrucción, había cerca de una docena de combatientes del FPMR. Quien hacía las veces de dueña de casa era Cecilia Valdés, que estaba acompañada de su hijo, de dos años. La supuesta pareja de Cecilia era el oficial del Frente Juan Waldemar Henríquez. Esa noche dentro de la casa ya se sabía de la muerte de Ignacio Recaredo Valenzuela y, más aún, de Patricio Acosta a pocas cuadras del lugar.

Cerca de la medianoche la casa fue finalmente copada por los agentes de la CNI, dando lugar a un intenso tiroteo entre las fuerzas de seguridad y los dos frentistas que cubrieron la retirada de sus compañeros desde el interior, Juan Waldemar Henríquez y Wilson Henríquez Gallegos.

Paralelamente una decena de rodriguistas escapaba en medio de la balacera. Desde los techos de la casa los dos frentistas encargados de la cobertura del grupo respondían el ataque policial con sus armas. En un momento dado la techumbre cedió y Juan Waldemar Henríquez, ingeniero de 28 años, cayó herido al interior de una vivienda vecina. Luego ingresaron los policías al inmueble encontrándolo tendido en el piso, y a esas alturas sin ofrecer resistencia. Sin embargo, fue rematado por ráfagas de disparos en el mismo lugar. Algunos testigos señalaron que Henríquez se había rendido y que estaba con los brazos en alto cuando fue ultimado.

Con la muerte de Juan Waldemar Henríquez, no se acabaron las escaramuzas. En el caso de su compañero Wilson Henríquez, este fue rodeado por agentes de la CNI, en el patio de otra casa, donde se había refugiado. En breves momentos fue apresado, golpeado, y luego fusilado, registrando su cuerpo, según el protocolo de autopsia, 21 orificios de bala.

Entre los que escaparon por los techos de las casas vecinas, para luego ser capturados, se encontraban Cecilia Valdés, Santiago Montenegro y Héctor Figueroa. Este último era intensamente buscado por su participación en el atentado a Augusto Pinochet en 1986.

La muerte de Julio Guerra Olivares

Casi simultáneamente a los sucesos de Varas Mena, otro centenar de agentes y policías, rodeó el dúplex 213, del block 33 de la Villa Olímpica, en Ñuñoa. Allí Julio Guerra Olivares, conocido al interior del FPMR como “Guido”, arrendaba una pieza a Sonia Hinojosa. Estaba clandestino desde su participación como fusilero en el atentado a Augusto Pinochet, en septiembre de 1986.

Eran alrededor de las 00:00 y el agente de la CNI Iván Cifuentes procedió a forzar la puerta del departamento. El oficial de la CNI decidió lanzar al interior del dúplex una bomba lacrimógena militar. Mientras esperaban a que Guerra saliera, llegó otro equipo de seguridad. Acto seguido el agente Fernando Burgos, valiéndose de una máscara antigás, llegó hasta el baño del segundo piso donde Guerra se encontraba refugiado. El frentista fue inmediatamente abatido por cuatro disparos del agente. Posteriormente el cuerpo fue rematado por otro agente y dejado en el borde de una escalera.

La autopsia de Julio Guerra demostró que tenía disparos a corta distancia, siempre de arriba hacia abajo y de atrás hacia adelante. Dos de ellos en los ojos. Además se comprobó que el frentista no estaba armado.

Las muertes de Calle Pedro Donoso

El último capítulo de la Operación Albania se escribió en un abandonado inmueble de la calle Pedro Donoso, en la comuna de Recoleta. Esa noche aún faltaba decidir el destino de siete frentistas que aguardaban detenidos en el cuartel de calle Borgoño. Álvaro Corbalán, declaró en el expediente del caso que le pidió instrucciones al director de la CNI, general Hugo Salas Wenzel, de qué hacer con los detenidos.

“Y se me comunica por parte del general Salas Wenzel que no cabía posibilidades con respecto de aquellos que resultaron ser importantes dentro del Frente y por lo tanto había que eliminarlos ”

Alvaro Corbalán

En los calabozos de Borgoño estaban quiénes eran considerados importantes al interior del FPMR como José Joaquín Valenzuela Levi, el “comandante Ernesto” y Esther Cabrera Hinojosa. Pero también se encontraban Ricardo Rivera Silva, Ricardo Silva Soto, Manuel Valencia Calderón, Elizabeth Escobar Mondaca y Patricia Quiroz Nilo, dirigentes que no tenían gran relevancia para los agentes. Todos habían sido detenidos en las horas previas. Según el expediente judicial, Alvaro Corbalán le ordenó al agente Iván Quiroz que eligiera a cinco oficiales para que se hicieran responsables de juntar a su gente para llevar a cabo la eliminación de los siete detenidos.

La madrugada del 16 de junio de 1987, los detenidos fueron trasladados en caravana a la casa deshabitada de calle Pedro Donoso 582, que la CNI ya tenía identificada. El mayor Alvaro Corbalán había encargado al capitán Francisco Zúñiga elegir el lugar donde los frentistas serían acribillados. Luego de meditarlo, el oficial optó por el inmueble deshabitado del cual la CNI sospechaba que en ocasiones funcionaba como una casa de seguridad frentista.

Según versiones de vecinos de la casa de calle Pedro Donoso las personas que esa noche llegaron detenidas estaban descalzas, con los brazos atados atrás de la espalda, amarrados y con la vista vendada. El sargento Ivan Quiroz y el capitán Francisco Zúñiga fueron encomendados para designar a parejas de oficiales que ejecutarían a cada uno de los siete frentistas detenidos.

La misma CNI calculó que esa noche había cerca de un centenar de agentes, carabineros y detectives dentro y fuera de la casa. La orden para que los efectivos asignados a cada víctima percutieran sus armas se dio lanzando un ladrillo al techo, mientras el resto de los agentes disparó al aire y gritó para dar a los vecinos la idea de un enfrentamiento. Alrededor de las 5:30 h, los siete frentistas fueron acribillados. Después, según varios agentes, entró en acción el capitán Francisco Zúñiga, quien procedió a rematar a cada una de las víctimas.

En el primer dormitorio quedaron los cuerpos de Ricardo Rivera Silva, con cinco impactos recibidos a mediana distancia, y de José Joaquín Valenzuela Levi, con 16, efectuados a corta distancia. En el primer pasillo fue muerto Manuel Valencia Calderón, con 14 disparos hechos desde unos tres metros, en ráfaga. Del informe balístico y de la autopsia se concluye que fue colocado al final de este pasillo, donde había una puerta abierta, y fusilado.

El cuerpo de Ester Cabrera Hinojosa, con cinco impactos de bala, fue encontrado en el interior de la cocina. En ese lugar no hay huellas de disparos. Del análisis de los peritajes se concluye que la víctima fue fusilada en un pasillo lateral y que, posteriormente, su cuerpo fue dejado en la cocina.

El cuerpo de Ricardo Silva Soto presentaba 10 impactos de bala. De acuerdo con los informes periciales, fue baleado dentro del segundo dormitorio y rematado en el suelo, según revelan varios impactos en el piso de la pieza. Un detalle significativo de que no hubo enfrentamientos es el hecho de que Ricardo Silva presentaba heridas de bala en las palmas de sus dos manos, en un intento instintivo de protegerse, desde el suelo, de las balas con que finalmente lo mataron.

Muy cerca del cuerpo de Ricardo Silva fue encontrado el de Elizabeth Escobar Mondaca, con 13 impactos de bala, 10 de los cuales fueron efectuados a muy corta distancia, según la autopsia. La joven, igual que Ricardo Silva, fue baleada primero dentro del segundo dormitorio y, posteriormente, rematada a menos de un metro de distancia, con varias ráfagas, contra un muro de una habitación deshabitada. El cuerpo de Patricia Quiroz Nilo apareció al fondo del extenso pasillo interior de la casa de Pedro Donoso y presentaba 11 impactos de bala.

Un policía que estuvo en todos los lugares donde murieron las personas en la Operación Albania, declaró en el proceso que todos los sitios del suceso estaban profundamente alterados y que al llegar a ellos los impactos de bala en los muros habían sido removidos. También declaró que “todas las armas de las víctimas estaban colocadas en la mano izquierda”.

Fallo Judicial

Estos hechos fueron investigados en el proceso judicial rol No. 39.122-87.

El 28 de enero de 2005 el ministro en visita Hugo Dolmestch condenó en primera instancia a cadena perpetua al ex director de la CNI Hugo Salas Wenzel, por los asesinatos cometidos en el marco de la llamada Operación Albania. Asimismo, sentenció a quince años de prisión al ex jefe operativo de ese disuelto organismo Álvaro Corbalán, y a diez años al ex oficial de Carabineros Iván Quiroz, quien fue pieza clave de esta operación.1​ Este último permaneció prófugo de la justicia desde el momento de conocerse el fallo de última instancia, en septiembre de 2007, siendo apresado por la policía el día 23 de enero de 2008 en Concepción, e ingresado al día siguiente en la Cárcel de Punta Peuco.23

En el fallo dictado por el ministro en visita se señaló que Salas Wenzel fue condenado a la pena de presidio perpetuo como co-autor de los delitos de homicidio simple de los doce frentistas muertos en junio de 1987.

La Fosa de Pisagua. 28 años, sus hijos esperando verdad y justicia.

La Fosa de Pisagua. 28 años, sus hijos esperando verdad y justicia.
A 28 años del hallazgo de la fosa clandestina de Pisagua, sigue la demanda de verdad y justicia
 3 junio, 2018 Edición Cero 0
Trailer / fragmento

Patricio Cabezas es hijo de un abogado ejecutado en la caleta de Pisagua durante el Golpe de Estado Militar en Chile en Septiembre de 1973. Durante el hallazgo de una fosa común cerca de su cementerio, se revelan las evidencias de terribles atrocidades cometidas en contra de ciudadanos chilenos por el régimen de Augusto Pinochet.

Mas de 10 cuerpos baleados son encontrados envueltos en sacos de papas y sujetados por alambres de las coronas de flores que abundan en las cercanías. Una misteriosa condición natural del desierto mantuvo los cuerpos casi intactos. Años más tarde un grupo de personas descubre, registra y da a conocer los hechos de este descubrimiento al mundo generando mucho impacto. Un joven Cabezas se encuentra entre los paleros que cavan la fosa. Esta experiencia le devuelve algo curativo para su vida pero lo deja marcado para siempre.

Un 02 de Junio de 1990, luego de reiteradas e infructíferas búsquedas, y ya con los albores de los primeros meses de recuperación democrática, fue descubierta la fosa clandestina de Pisagua, que contenía los cuerpos de 20 ejecutados políticos, quienes fueron vilmente asesinados. estaban con los ojos vendados, las manos atadas a su espalda y envueltos en sacos de arpillera. Pero, 17 años después, emergieron de la salina tierra nortina, para contar su verdad al mundo. No andaban escapados ni en libertad; fueron ejecutados.
Este domingo, como todos los años, se conmemora esta fecha, con una ceremonia en el Mausoleo Para Que Nunca Más, donde yacen los cuerpos de quienes fueron encontrados y cuyos familiares decidieron compartir un espacio que los cobijara a todos.  Y este año no fue distinto. En el Cementerio N° 3 se reunieron familiares, ex prisioneros, compañeros, amigos, ciudadanos…  todos bajo la consigna de “Para que Nunca Más” y siguiendo en la lucha de verdad y justicia.
En esta ocasión, concurrió como cada año, el Senador Jorge Soria Quiroga, quien también fuera prisioneros político en Pisagua y compañero de muchos de los desaparecidos. También estuvieron presentes el diputado Hugo Gutiérrez, el alcalde Mauricio Soria, el Presidente del Consejo Regional, Alberto Martínez y el Consejero Pedro Cisternas.En la ocasión se rindió un homenaje y se nombró a quienes fueron encontrados en la fosa:
Manuel  Sanhueza Mellado,
Hugo Martínez Guillén,
Alberto Yáñez Carvajal, 
Luis Alberto Toro Castillo,
Nelson Márquez Agusto,
Germán  Palominos Lamas, 
José  Córdova Croxatto, 
Juan Valencia Hinojosa,
Julio Cabezas Gacitúa,
Mario Morris Barrios,
Humberto Lizardi Flores,
Luis Lizardi Lizardi,
Marcelino Guzmán Fuentes,
Juan Calderón Villalón,
Nicolás Chanez Chanez,
Juan Mamani García,
Orlando Cabello Cabello,
Luis Manríquez Wilde
Juan Orlando Rojas Osega.
Mientras, sigue la búsqueda de Juan Antonio Ruz Díaz,  Rodolfo Fuenzalida Fernández, José Sampson Ocaranza, Michel Nasch y Freddy Taberna Gallegos.
BOLSA N° 20
Hay una situación que no está clara hasta hoy y que tiene que ver con la llamada “bolsa N° 20”, que contenía restos de a los menos 3 personas. Se le practicaron peritajes en el país, pero para acceder a una tecnología más avanzada, fue enviada al extranjeros. Hasta hoy, no se sabe a quiénes pertenecían los restos. Y la bolsa, también desapareció.
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La fosa está emplazada a casi 3 kilómetros al norte de Pisagua, a un costado del cementerio de la localidad costera, distante a 180 kilómetros al norte de Iquique. El hecho se registró el 2 de junio de 1990, luego que una avanzada de familiares, ex presos políticos y el arqueólogo Olaf Olmos buscaran desde hacía una semana restos de las víctimas del Régimen Militar.
El presidente de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos y Detenidos Desaparecidos, Afepi, Héctor Marín Rossel, recordó el hecho, explicando que solamente un grupo reducido de dirigentes conocía el hecho, pero se mantenía en absoluta reserva para no generar falsas expectativas.
“De hecho, muchas de las búsquedas nunca se dieron a conocer”.Explicó que fue “el 2 de junio, a las 18 horas, cuando apareció el primer cuerpo, que correspondía a Manuel Sanhueza Mellado, oriundo de Valparaíso, que fue detenido en Arica, junto con su esposa embarazada y su suegro y trasladado al campo de concentración de Pisagua. Paradójicamente fue el primero encontrado, pero el último en ser identificado, ya que a su familia le indicaron que en su traslado, él se había fugado y se había internado en el mar, ahogándose. Quedaron vivos su suegro y su esposa, quien abortó debido a las torturas”.
INHUMACIÓN ILEGAL Una vez encontrados los primeros restos, se hizo presente en el lugar el juez de Pozo Almonte, Nelson Muñoz Morales, quien llegó junto a Carabineros para denunciar la inhumación ilegal.Con ello comenzó a acordonarse el lugar.En el sitio emplazado a casi 3 kilómetros de Pisagua, a un costado del cementerio de la localidad costera distante a 180 kilómetros al norte de Iquique, continuaron las excavaciones en la madrugada del 3 de junio. Mientras, un grupo de viudas y familiares de las víctimas son informadas de los hallazgos y viajan raudamente a Pisagua, a quienes solamente se les permite el acceso hasta el sector de Alto Hospicio de la caleta costera, debido a que estaba acordonado el pueblo y prohibido el acceso a civiles. Tampoco se les confirma, ni niega el hallazgo.
PALEROS Por la tarde, tras una intensa jornada de trabajos de 25 paleros, fueron encontrados 19 cuerpos de Detenidos Desaparecidos y Ejecutados, los que fueron trasladados por vehículos de la Funeraria la Humanitaria el mismo día hasta el Servicio Médico Legal.
El 5 de junio ya existía certeza de la identificación de algunas víctimas, ya que las familias pudieron ingresar para reconocer a los DD.DD. y Ejecutados Políticos. El primero en ser reconocido fue el profesor Humberto Lizardi Flores, luego Luis Lizardi Lizardi, después al abogado del Consejo de Defensa del Estado, Julio Cabezas. También se identificó a Martínez.
FUNERALES El primer funeral que todavía se recuerda por lo masivo y simbólico, fue el 7 de junio, donde fueron sepultados 13 de los cuerpos en el Cementerio Nº3, donde se habilitó un pabellón especial. La ceremonia litúrgica se efectuó en la Iglesia Catedral “Inmaculada Concepción”, para luego ser trasladados los restos hasta el campo santo. A los 3 días, se efectuó otro funeral, debido a que muchos de los familiares se encontraban en el sur del país, y del extranjero, como Holanda y Suecia.
EXCAVACIONES Paralelamente seguían las excavaciones en Pisagua, debido a las versiones que señalaban que existían 3 fosas más, no solo en la parte baja de la caleta, sino en Alto Hospicio de Pisagua, debido a que a los detenidos del Régimen Militar se les obligó a construir una pista de aterrizaje en el sector.
El caso fue designado al magistrado Hernán Sánchez Marré, en calidad de ministro en visita, quien tras un tiempo derivó la causa a la justicia militar, al declararse incompetente por estar supuestamente involucrados militares.
De ahí los antecedentes duermen hasta el retorno a la democracia en 1990.
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