El Comando de Vengadores de Mártires: secuestros, tortura y muerte

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Espero que esta vez sí se pueda hacer justicia con Eduardo Jara, con su hijo que creció sin padre, con sus familiares, con Cecilia Alzamora que sobrevivió duramente al secuestro, con aquellos que recién ingresábamos a Periodismo de la PUC y vimos la tragedia de cerca en una universidad que no pudo ni quiso ayudar…

Este mensaje leído en las redes sociales me condujo a investigar el caso poco conocido de las acciones de este grupo de militares que se tomaron la justicia- venganza en sus manos y han permanecido impunes hasta el año 2015.

Nuestra memoria alerta está en-redada, y somos muchos más que dos…

El COVEMA y la monja misteriosa

Alejandra Matus.

 

El tercer capítulo de Los archivos del cardenal se inspiró en los secuestros con que debutó, en 1980, el Comando de Vengadores de Mártires, formado por el entonces director de Investigaciones, Ernesto Baeza, para vengar la muerte del teniente coronel Roger Vergara, asesinado por el MIR ese año. Todos los secuestrados fueron liberados, pero uno de ellos, el estudiante Eduardo Jara, murió producto de las torturas. Hoy Cecilia Alzamora –quien fue apresada y liberada junto a Jara– habla sobre lo ocurrido y entrega antecedentes inéditos sobre el papel que habría tenido una monja como delatora de las víctimas.

El 23 de julio de 1980, Eduardo Jara, estudiante de periodismo de la Universidad Católica, llamó a su amiga y ex polola Cecilia Alzamora. Ella ya había egresado, pero seguían en contacto. Ambos habían realizado la práctica profesional en Radio Chilena ese verano. Jara estaba muy acongojado porque no tenía dinero suficiente para pagar la matrícula para el segundo semestre. Por eso le pidió a Alzamora que lo acompañara a la universidad. Se le vencía el plazo ese mismo día y necesitaba conseguir que alguien le prestara el dinero. Ella aceptó a regañadientes, como en tantas otras ocasiones en que él enfrentó apuros similares.

Entonces habían pasado ocho días desde que un comando del MIR asesinara al director de la Escuela de Inteligencia del Ejército, teniente coronel Roger Vergara Campos, cuando salía de su casa en Manuel Montt, cerca de Bilbao. Se trataba de una de las primeras acciones ejecutadas por la Fuerza Central del MIR, que en 1978 había dado curso a la «Operación Retorno» y a inicios de los años ochenta contaba ya con un contingente militar para realizar acciones selectivas y de cierta envergadura.

Roger Vergara pertenecía a la inteligencia institucional del Ejército. Su asesinato representó un golpe duro para los servicios de seguridad de la dictadura, y motivó la baja inmediata de Odlanier Mena, el flamante director de la CNI (el organismo que había reemplazado a la Dirección de Inteligencia Nacional, DINA) y enemigo declarado de Manuel Contreras. En su lugar asumió Humberto Gordon. Santiago se volvió un hervidero de agentes y policías que tenían como único objetivo capturar a los asesinos de Vergara. En ese contexto, el director de Investigaciones, general Ernesto Baeza, seleccionó a cincuenta de sus hombres para buscar a los culpables. Así nació el Comando de Vengadores de Mártires, COVEMA. Y partió la cacería.

Mientras viajaban desde el Paradero 25 de Gran Avenida rumbo al Campus Oriente, en micro, Alzamora y Jara repararon en la fuerte presencia de policías en la calle.

–No es un buen día para salir –dijo él.

–Menos para andar contigo –bromeó ella.

Amistad en el Campus Oriente
Cecilia Alzamora estudió periodismo en la Universidad Católica a mediados de los setenta. Tenía una hija, era soltera y, a pesar de ser de izquierda, había decidido mantenerse al margen de cualquier actividad política. Eran años en que la detención, la marginación, la pérdida del trabajo y aun la muerte le podían tocar a cualquiera que expresara oposición a la dictadura, y Cecilia quería proteger a su hija. Por eso mantenía la boca cerrada y en la universidad no hacía otra cosa que estudiar.

Nunca le preguntó a Eduardo Jara si él militaba. Ella sospechaba que sí, por su amistad con los hermanos Romero, quienes eran un poco más abiertos respecto de sus convicciones políticas. Mario Romero era un estudiante brillante que terminó la carrera de periodismo en tiempo récord, y el hermano de este, Gonzalo, estudiaba medicina y atendía gratuitamente a opositores sin recursos. «Esos eran los códigos. Había cosas que no se decían, ni se preguntaban», recuerda.

Había otra mujer que parecía una amiga cercana de Eduardo. Cecilia pensó que ellos tenían una sintonía más política, porque «había muchas conversaciones privadas y secretos entre ellos; o eso parecía». Lo curioso es que se trataba de una monja, quien había pedido el traslado a Periodismo desde la carrera de Teología. Algo similar había hecho el propio Jara, quien logró el traslado desde Pedagogía.

Cecilia compartió con ella algunos ramos optativos, como un taller de cine, junto a Jara, Cecilia Serrano, Samuel Silva, María Elena Correa, Pamela Jiles y Tati Penna. «La monja», como le decían todos (y cuyo nombre mantenemos en reserva, en resguardo de la investigación judicial), era una mujer simpática que se ruborizaba intensamente cada vez que se decía un chiste de doble sentido o un profesor le hacía una pregunta. A Jara le regalaba leche holandesa y ropa usada europea, que conseguía en la Congregación del Buen Pastor, a la que pertenecía (aunque según otra versión se trataba de una monja paulina).

«Ellos estudiaban juntos. Se prestaban libros. Todavía tengo un texto de ella sobre el Concilio Vaticano II. Eduardo me pidió que se lo devolviera cuando la viera», dice Alzamora. Pero la ocasión nunca se dio.

Cecilia recuerda que, pocos días después del asesinato de Roger Vergara, Jara le confidenció que la monja había tenido una conducta extraña con él. «Me dijo que se habían juntado en el convento, porque ella le iba a dar algo, y que la monja se levantó el hábito hasta el nacimiento de las piernas, como acomodándose las medias, mirándolo en forma inquietante. Yo lo eché a la broma. Pero él estaba muy preocupado. No entendía por qué la monja había actuado así».

«¡Bájate, conchetumadre!»
Ese 23 de julio, en el Campus Oriente, el profesor Óscar González Clark salvó del apuro a Jara y le extendió un cheque por mil pesos. «Ándate corriendo», le dijo, porque el plazo para matricularse vencía y Jara tendría que ir hasta la Casa Central de la universidad, frente al cerro Santa Lucía.

«Justo antes de salir nos encontramos con la monja. Eduardo se acercó a decirle algo y yo la saludé cuando terminaron de hablar. Salimos corriendo a tomar un colectivo», relata. Cecilia y Jara se sentaron adelante, junto al chofer, porque los tres asientos traseros estaban ocupados. El vehículo se detuvo en un semáforo en calle Los Leones, antes de llegar a Lota. Desde una camioneta C-10 se bajaron varios sujetos armados: «¡Bájate conchetumadre!», gritaron.

«A mí me metieron una pistola en las costillas, pero yo gritaba: “¡No, no! ¡No me bajo!”. Yo no entendía qué estaba pasando. Pensaba que nos querían bajar a todos y no tenía intenciones de obedecer, hasta que Eduardo me dice: “Cecilia, bájate. Nos quieren a nosotros”».

Los desconocidos los metieron en la parte trasera de la camioneta, les vendaron los ojos y los cubrieron con sus chaquetas. Les dieron numerosas vueltas, hasta llevarlos a un lugar que tiempo después Cecilia reconocería como la Brigada de Homicidios, ubicada en esa época en el subterráneo del Cuartel Central de Investigaciones, en la avenida General Mackenna.

En operativos separados y en días sucesivos, el hasta entonces desconocido COVEMA secuestró al menos a catorce personas. Entre las víctimas estaban Juan Capra, Nancy Ascueta y Haissam Chaghoury, quienes vivían en una pensión cercana al lugar donde fue asesinado el teniente coronel; los siquiatras Alejandro Navarrete y Eduardo Pérez Arza; una mujer a la que solo se conoció como «la abuela» y el estudiante de medicina Gonzalo Romero, el amigo de Eduardo Jara. Con los días se sumarían los secuestros de Mario Romero, hermano del anterior, y Guillermo Hormazábal, directores de dos emisoras pertenecientes a la Iglesia Católica y cuya prominencia probablemente haría cambiar los planes del COVEMA.

La silla giratoria
Alzamora y Jara, los primeros detenidos, fueron separados inmediatamente al llegar a su lugar de reclusión. Fueron desnudados y revisados. A ella le dieron un golpe en la cabeza que le dejó el cuello inmovilizado y a Jara se lo llevaron a otra dependencia. Ella ya no podía escucharlo.

Con los ojos vendados y sentada en una silla giratoria, Alzamora respondió preguntas sobre su supuesta vinculación con el MIR, el asesinato de Vergara y sus actividades políticas. Tras oír sus negativas, los agentes comenzaron a preguntarle por Jara y sus conexiones. Suponían que Alzamora era su polola y que, por lo tanto, sabría. Ella descartó que Jara pudiera estar involucrado en el asesinato de Vergara, porque aunque ya no estaban juntos recordaba que ese día él había estado ubicable y no había mostrdo especial preocupación por ese hecho. Los interrogadores de Jara iban y venían con listados de nombres que él había entregado en la tortura, para chequearlos con ella. Casi todos eran compañeros de universidad, de los cuales Cecilia desconocía que tuvieran vínculos con organizaciones políticas.

«En un momento, me tomaron y me llevaron a la celda donde tenían a Eduardo. Estaba sentado, desnudo y amarrado, en una silla bajo un foco de luz. Me levantaron la venda para que pudiera verlo y para que él me viera a mí. “Ya, poh, dile, cuéntale…”, y acto seguido Eduardo dijo que vivía hacía varios años con la madre de su hijo, Ana María. “Pero no estoy casado”, aclaró seguidamente. Me di cuenta de que esos tipos pensaban que nosotros éramos pareja y que de ese modo me iban a poner en su contra para delatarlo, pero yo sabía lo de Ana María. Eduardo les siguió el juego y me pidió perdón por las mentiras que supuestamente me había dicho. Después me llevaron de regreso y me decían: “¿Viste que te hicieron güeona?”. “Sí –decía yo, siguiendo el juego–. Tienen razón. Qué le vamos a hacer”».

Cecilia comenzó a sentir la presencia de otros prisioneros. Cuando podía, les preguntaba los nombres. Trataba de memorizarlos. Una anciana –«la abuela» o «señora Berta»– fue llevada hasta el cuartel para interrogarla por ser vecina de María Isabel Ortega, una militante del MIR. Como la mujer dijo no saber nada, trajeron a un niño, su nieto, para que la conminara a hablar.

Cecilia se daba cuenta de que comenzaba la noche porque se aquietaban los ruidos a su alrededor. A Eduardo Jara lo dejaron en una habitación cercana a la suya. Ella lo oía quejarse, pedir agua. Un día, Jara no regresó. Los agentes le hicieron creer que él había muerto.

«Me sentaron en la silla giratoria y me empujaban de lado a lado: “Ahora sí que vai a hablar. El Jara ya cagó. Quedai voh”. Yo les dije: “¿Saben qué más? Hagan lo que quieran conmigo, van a perder el tiempo”. Y era cierto, porque Eduardo jamás me confidenció nada de sus actividades, si las tenía, y yo solo lo conocía en el contexto de la universidad. Salvo la sospecha sobre la real naturaleza de su relación con la monja, que aún me guardaba».

Una alarma radial la salvó momentáneamente. Habían asaltado varias sedes bancarias y los agentes salieron en bandada a la calle. Los prisioneros quedaron prácticamente solos. Pero volvieron. Y uno de los agentes, que parecía más educado que los demás, pasó por su lado y le dijo: «Eres lista. No hai entregado ná».

«Yo imaginé que a Eduardo le habían sacado todo lo que podían hasta matarlo, y que ahora me tocaba a mí. “Tengo que entregarles algo que les sirva”, pensé, y me acordé de la monja. Me habían preguntado por todos los amigos de Eduardo, menos por ella. Sentía culpa, pero habían pasado varios días y suponía que ella habría tomado sus precauciones. Les di su nombre pensando que no podrían hacerle nada porque la Iglesia la iba a proteger. Para mi sorpresa, en vez de averiguar más dejaron de interrogarme. No me preguntaron nada nunca más».

Una semana después del secuestro de Jara y Alzamora, el 30 de julio, fueron arrestados Guillermo Hormazábal, director de opinión pública del Arzobispado y jefe de prensa de Radio Chilena, y Mario Romero, director de la Radio Presidente Ibáñez, de Punta Arenas, quien estaba en Santiago preocupado por la desaparición de su hermano Gonzalo. Hormazábal y Romero fueron capturados cuando caminaban rumbo al restaurante Carillón, donde almorzaba el personal de Radio Chilena. El directorio de la emisora comenzó de inmediato una campaña intensa por su liberación y, cosa inusual para la época, la noticia de sus secuestros apareció en la prensa.

En medio de la conmoción, los prisioneros fueron trasladados a la Octava Comisaría Judicial de Investigaciones, según pudo aclarar posteriormente la Vicaria. Jara ya no fue torturado, pero se quejaba constantemente de frío y de hambre. Decía que le dolían las muñecas. Imploraba que no lo dejaran morir.

Hormazábal fue liberado el mismo día de su detención: lo dejaron abandonado en un sitio eriazo, con los ojos vendados. Sus captores le dieron plata para la micro y le pusieron un papel en el bolsillo en el que se identificaban como Comando de Vengadores de Mártires. En la madrugada del 31 de julio fue liberado Gonzalo Romero y, un poco más tarde, su hermano Mario.

Ese día la Corte de Apelaciones designó al juez Alberto Echavarría para investigar los secuestros, en respuesta a un escrito del ministro del Interior, Sergio Fernández. En la misma jornada, dos de los liberados dieron una conferencia de prensa, pero Cecilia Alzamora, Eduardo Jara, Nancy Ascueta y otros seguían desaparecidos.

«Cállate, huevón»
La noche del 31 de julio, según pudo establecerse en los testimonios recogidos por la Vicaría, los guardias que custodiaban a los cautivos abrieron una botella de pisco de la que bebían mientras jugaban naipes. Jara, sentado en una banca, se quejaba. Pedía agua.

«Nos tenían a todos vendados y cerca. Se notaba que movían cuerpos, y yo ya podía escucharlo. Estaba en shock. Desvariaba. “¡Cállate, huevón!”, le decían los guardias. Él volvió a quejarse y de repente oí un golpe fuerte y seco. Eduardo quedó en silencio. Ahí sentí miedo. Pensé que estaba muerto o inconsciente, porque no lo escuché más por muchas horas. Hasta que despertó y comenzó a quejarse de nuevo. Estaba muy mal».

Tarde, el viernes 1 de agosto, los prisioneros remanentes fueron subidos en varios vehículos y abandonados en distintos sitios eriazos en la madrugada del sábado 2. A Alzamora y Jara los mantuvieron en un furgón por largas horas. Uno de los guardias se portó amable y le masajeó los pies al joven, porque los tenía helados y sin zapatos. Luego, en la noche, fueron metidos a un auto que al fin partió.

«Eduardo seguía quejándose de dolor y frío. Se le caía la cabeza para el lado. Le decían: “Del MIR y recostándose como huevón. Enderézate”, pero él simplemente no podía. Nos bajaron en Valenzuela Puelma [en La Reina alta] y nos hicieron acostarnos en el suelo, boca abajo. Me dijeron: “Cuenta de cien hacia atrás. Fuerte. Para que te escuchemos”. Ahí me despedí de la vida. Estaba segura de que nos iban a disparar».

Cecilia no dejó de contar hasta que llegó al número uno. Entonces se dio cuenta de que estaban solos y se quitó la venda.

«Hablé con él un poco. Le pregunté si había entregado a la monja. Me dijo que sí. “Yo también”, le dije. Lo ayudé a pararse. Casi no podía caminar. Yo le pasé mis zapatos y así pudo avanzar otro poco, pero no podía. Se iba para el lado. Lo dejé debajo de un poste y empecé a pedir ayuda. Me encontré con unos tipos que cuando supieron lo que nos había pasado salieron huyendo, despavoridos. Toqué el timbre en una casa y mentí. Dije que nos habían asaltado y así logré que llamaran a la ambulancia».

Cecilia y Eduardo fueron trasladados a la Posta 4 de Ñuñoa. En camillas separadas por una cortina, Cecilia oía cómo los médicos anotaban las lesiones de Eduardo y pedían exámenes. Una enfermera le hizo un gesto indicándole que los médicos eran militares y se negó a tomar las pastillas que le ofrecieron. Fue trasladada a una comisaría y Jara quedó en el recinto médico. Mientras esperaba que su familia fuera a buscarla, un carabinero se le acercó y le dijo: «Aquí hay unos periodistas que quieren conversar con usted. ¿Desea atenderlos?».

«Yo acepté pensando que serían colegas. Cuando me hizo pasar a la sala donde estaban, no podía creerlo. Los reconocí de inmediato. Eran los tipos que nos habían secuestrado. Uno que hablaba más que el otro me preguntó si yo creía que podría identificar a mis captores. Les dije: “Da la casualidad de que se parecen mucho a ustedes”, me di la media vuelta y salí».

Minutos después, un carabinero se acercó a contarle que Jara había muerto.

La monja
A la mañana siguiente, a primera hora, Cecilia se presentó en la Vicaría. Lo primero que pidió fue que alguien se preocupara de la situación de la monja. Ella había dado su nombre en los interrogatorios y quería asegurarse de que alguien le advirtiera que podía correr peligro.

«Los abogados me dijeron que no me preocupara, porque estaba bien, pero noté algo raro. Exigí hablar con el vicario Juan de Castro y él también insistió en que ella estaba bien. “No le ha pasado nada”, me dijo, pero no sonó convincente».

Unos días más tarde, el juez Echavarría ordenó la detención del jefe de la Brigada de Homicidios, José Opazo, y el subjefe, Domingo Pinto, junto a seis subalternos. La justicia aceptó la hipótesis de que el COVEMA se había organizado a espaldas del mando institucional, pero el escándalo obligó a la renuncia casi inmediata del director de Investigaciones, general (r) Ernesto Baeza.

Unas semanas más tarde, por una iniciativa de la revista Hoy, todos quienes habían sido secuestrados se reunieron. Entonces Cecilia se enteró de que Guillermo Hormazábal y Mario Romero habían visto a la monja minutos antes de ser detenidos. Contaron que ella les insistió en acompañarlos a almorzar, pero Guillermo se negó explicándole que Mario quería hablar un asunto delicado con él.

Cecilia volvió a la Vicaría. Exigía saber qué había pasado con la monja. Entonces se enteró de que su congregación la había sacado del país. Años más tarde descubrió un hecho aun más escalofriante. La monja volvió a Chile desprendida de sus hábitos y ya de civil se casó con José Opazo, el ex jefe de la Brigada de Homicidios, el hombre que dirigió el operativo del COVEMA, y que estuvo procesado y detenido por unas semanas. Más tarde Opazo moriría de cáncer, pero la monja, titulada de periodista, se encontró en un par de ocasiones con Cecilia en actividades profesionales.

«Ella me miraba desafiante. Como diciendo aquí estoy. A mí se me helaba la sangre. Durante los siguientes diez años, seguí recibiendo llamadas anónimas de amenaza. Principalmente de una mujer. A pesar de que me cambiaba constantemente de casa, siempre me ubicaban y amenazaban a mi hija o a mi padre. Una vez llamaron a unos vecinos para decirles: “¿Usted sabe que su vecina es una terrorista?”».

Sin temor
Álvaro Varela, uno de los abogados de la Vicaría que estuvo a cargo del caso, recuerda que el ministro Echavarría prácticamente no investigó. Era el mismo juez que en el caso de los diez dirigentes desaparecidos del PC en 1976 dio por ciertos los papeles que certificaban su salida al extranjero y cerró la causa. En cuanto a estos catorce secuestros del caso COVEMA, determinó que José Opazo y el detective Eduardo Rodríguez habían actuado motu proprio en la detención ilegal de Juan Capra y Nancy Ascueta, y en 1988 los condenó a una pena de 541 días que cumplieron en libertad. En cuanto a la muerte de Eduardo Jara, el juez no encontró pruebas de que los funcionarios hubiesen participado en su secuestro, ni que tuvieran responsabilidad en su muerte. El caso por su homicidio fue sobreseído sin culpables.

En 1985, la Vicaría obtuvo el testimonio de un funcionario que había participado en el operativo como chofer, el que permitió establecer que fue el COVEMA el que secuestró y torturó a Eduardo Jara, y que la creación del Comando fue una orden del general Baeza, quien escogió personalmente a cincuenta de sus mejores hombres para la operación. Para ello contó con la colaboración, usual en aquel tiempo, de otros organismos de seguridad, como la CNI y aun de personal de Carabineros. Pero la justicia ignoró los antecedentes.

Sobre el crimen de Jara, el abogado Varela señala: «Investigaciones creyó tener un hilo e intentó aclarar el crimen de Roger Vergara por esa vía. Pero sus pistas eran totalmente erradas. Jara era un militante marginal del MIR, sin participación en acciones militares, como creía Investigaciones. Lo que nunca tuvo una explicación muy clara fue la violencia de la acción y haber matado a Eduardo Jara, salvo que se les pasó la mano en la tortura».

Cecilia Alzamora, por su parte, cree que al menos las detenciones de Eduardo Jara, Guillermo Hormazábal, Mario y Gonzalo Romero y la suya se debieron a un «soplo» de la monja. «Recuerdo que lo discutimos entre nosotros en aquel tiempo, pero optamos por no insistir. Destapar este dato hubiera servido para desprestigiar a la Iglesia y el trabajo de la Vicaría».

Sin embargo, treinta y un años después del asesinato de Eduardo Jara, Cecilia Alzamora ya no siente ese temor y en abril pasado declaró lo que sabe ante el juez Mario Carroza.


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Resolución Juez Mario Carroza de mayo 2015

José Eduardo Jara fue secuestrado y torturado por integrantes de Covema.

Cecilia Alzamora también fue raptada junto al joven.

covema.cl

Jara falleció producto de los golpes que recibió.

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El juez Mario Carroza procesará a 10 militares en retiro y ex integrantes de la Policía de Investigaciones por el homicidio calificado de José Eduardo Jara y el secuestro de Cecilia Alzamora, ambos estudiantes de periodismo en la Universidad Católica, ocurrido en julio de 1980.

Alzamora y Jara fueron secuestrados el 23 de julio de 1980 tras ser interceptado el taxi en que se encontraban en la esquina de las calles Eliodoro Yáñez y Los Leones, menos de 10 días después de la muerte del director de la Escuela de Inteligencia del Ejército Roger Vergara.

Resultado de imagen para Cecilia Alzamora

Los jóvenes fueron retenidos por miembros del Comando de Vengadores de Mártires (Covema), quienes los torturaron durante un día, causando la muerte de Jara.

Eduardo Jara, hijo del fallecido, explicó que “esto es una acción que se decide como familia, en este caso mi madre y yo, más que nada para cerrar un ciclo en nuestras vidas. Yo soy padre y no me gustaría decirle a mi hijo que su abuelo fue asesinado en dictadura y que los asesinos quedaron impunes”.

“Es parte del cierre que nosotros necesitamos como familia, dejar en claro que nosotros no queremos nada más que eso, no buscamos nada más que las personas, que sean identificadas y tengan una sanción como debe ser”, añadió.

El abogado Luciano Fouillioux comentó que “el ministro Carroza procesa a este mismo grupo como autores de homicidio calificado de Eduardo Jara y un día de tortura o de aplicación de tormento de Cecilia Alzamora, previo secuestro de ambos, y han sido procesados y están siendo citados para ser notificados la próxima semana”.

subirCaso emblemático

La presidenta del Colegio de Periodistas, Javiera Olivares, sostuvo que “para nosotros son casos absolutamente emblemáticos y dentro de los cuales Eduardo Jara es -junto con Cecilia-, como estudiante de periodismo, un caso muy recordado”.

“Por lo tanto, el hecho de vislumbrar posibilidades y caminos de justicia no solo nos parece lo justo, lo que tenía que haber sucedido hace mucho tiempo, sino que nos empuja a seguir pidiendo justicia para todo el resto de los otros casos”, agregó.

Por su parte, Alzamora manifestó que “ha sido un proceso gradual y lo importante son los resultados. Yo creo que estamos en una etapa importante en este minuto también, estas personas están siendo formalizadas y vamos a ver qué pasa”.

“Evidentemente que yo espero que esto llegue a término con condena porque esto fue muy grave y todos esperamos que haya castigo para los culpables y que no prime la impunidad, que ha sido la tónica en la mayoría de los casos de derechos humanos en Chile”, recalcó.

Eduardo Jara, hijo del fallecido, explicó que “esto es una acción que se decide como familia, en este caso mi madre y yo, más que nada para cerrar un ciclo en nuestras vidas. Yo soy padre y no me gustaría decirle a mi hijo que su abuelo fue asesinado en dictadura y que los asesinos quedaron impunes”.

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2054 .El secreto está, el secreto es visible…Ley 19.992

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Quince víctimas de la dictadura militar consiguieron que se desclasificaran los documentos de la “Comisión Valech” que contienen testimonios y archivos relacionados con las torturas que sufrieron, rompiendo por primera vez el carácter de “secreto” de 50 años que rige sobre el informe.

  • La tortura seguirá siendo un pendiente de la democracia, parcial e inclusa, que hemos construido a más de un cuarto de siglo del fin fáctico de la dictadura si no avanzamos en derogar el secreto, crear los mecanismos de prevención e instituir reparaciones que verdaderamente se correspondan con el daño causado. De no ocurrir nada de lo anterior, la tipificación del delito de tortura será meramente una justiciabilidad de hechos. Una ventana que se abre, pero que no da paso a cerrar definitivamente las puertas a la tolerancia de estos actos vejatorios de la dignidad humana. Una medida que simbólicamente se entronca con el arrojo de *Sebastián Acevedo y el movimiento que propició su acto desesperado, pero que no honra su muerte con un nunca más.

    http://www.elmostrador.cl/noticias/opinión/2016/11/20/sebastian-acevedo-y-la-tortura-en-chile

 

 

Víctimas de la dictadura consiguieron levantar secreto del informe de la Comisión Valech.

Leer artículo completo

Gracias a un resquicio en el artículo 15 de la Ley Valech, lograron romper el “secreto” de 50 años que rige sobre el informe.

“Recuperar estos archivos es parte de la reparación moral que nos debe el Estado”, expresó una de las víctimas.

EFE. Archivo.

Los archivos contienen fotografías, recortes de prensa y fichas de las victimas, y la transcripción de sus testimonios.

Los archivos contienen fotografías, recortes de prensa y fichas de las victimas, y la transcripción de sus testimonios.

Quince víctimas de la dictadura militar consiguieron que se desclasificaran los documentos de la “Comisión Valech” que contienen testimonios y archivos relacionados con las torturas que sufrieron, rompiendo por primera vez el carácter de “secreto” de 50 años que rige sobre el informe.

Gracias al descubrimiento de un resquicio que permite abrir los documentos solo con la propia voluntad de las víctimas, lograron quebrar el silencio de medio siglo impuesto por el Gobierno, que decretó que los archivos debían mantenerse en secreto hasta 2054.

Las quince carpetas poseen fotografías, recortes de prensa y fichas de las victimas, además de la transcripción de sus testimonios, con los nombres y las descripciones de sus captores y torturadores durante el régimen de Augusto Pinochet.

Forman parte de la información recabada por la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, conocida como “Comisión Valech”, organismo creado en 2003 con el objetivo de esclarecer la identidad de las 40.000 personas que fueron detenidas y torturadas.

Según el presidente Ricardo Lagos, quien promulgó la ley, el objetivo del secreto de 50 años fue “proteger la dignidad de las víctimas” que no querían que sus familias supieran de las torturas que sufrieron durante la dictadura.

“Poder cruzar la información y armar un mapa completo de la represión”

Scarlett Mathieu, una de las ex presas políticas de la dictadura que el pasado jueves recuperó la carpeta vinculada con su caso, señaló a la Agencia Efe que “recuperar estos archivos es parte de la reparación moral que nos debe el Estado. Nosotros tenemos que ser los dueños de esa información y poco a poco debemos entregársela a la sociedad. Ahora está en nuestras manos un pedazo de la verdad”.

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Testimonio Scarlett Mathieu Loguercio

SCARLETT MATHIEU LOGERCIO: En Londres estuve aproximadamente diez días, ahí sufrí torturas de todo tipo, violencia política sexual específicamente, tortura psicológica de amenazas con detener a mis hijos, tortura psicológica de escuchar torturas a otras personas, que es una parte muy difícil de sobrellevar, psicológicamente queda uno muy marcada, porque las torturas propias uno está todo el rato resistiendo, de alguna manera, pero estar escuchando cómo torturan a otras persona, y lo hemos conversado con varias personas, es una de las experiencias más difíciles de asimilar.

Mathieu, que después del golpe de Estado perteneció al MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), fue detenida en 1974 y torturada durante ocho meses. En 2003 nombró ante la Comisión Valech a los agentes que la torturaron durante su cautiverio.

“Me gustaría que mi testimonio saliera a la luz y que los nombres de quienes me torturaron pudieran ser conocidos por la ciudadanía. Yo solo pude reconocer a cinco agentes, pero había más. Es importante que muchas más víctimas hagan lo mismo, para que se pueda cruzar la información y armar un mapa completo de la represión”, explicó.

Cómo se permitió la desclasificación

Distintas asociaciones de DD.HH. llevan años pidiendo levantar el secreto. La Presidenta Michelle Bachelet prometió durante la campaña electoral que estudiaría este asunto.

Pero fue la iniciativa de un artista visual lo que ha permitido quebrar el secreto.

FRANCISCO PAPAS FRITAS: Al crear un secreto de 50 años, lo que tu esperas es que tanto las personas víctimas, como los victimarios, mueran, fallezcan y exista una impunidad, una impunidad de muerte, una impunidad biológica. Básicamente.

El grupo “Desclasificación Popular” es un colectivo del artista Francisco “Papas Fritas”, que junto a un equipo de periodistas y abogados encontraron la forma legal de forzar al Estado chileno a entregar a las víctimas la transcripción de sus declaraciones, además de otros documentos relacionados con sus casos.

Como señalan en su página web, “a partir de una nueva lectura a la ley 19.992 identificamos y reivindicamos el derecho de quienes prestaron estos testimonios a tener las declaraciones en su poder, mediante la exigencia del derecho que otorga el artículo 15″.

El art. 15 de la Ley Valech dicta que mientras rija el secreto de 50 años, nadie tendrá acceso a los documentos, sin perjuicio del derecho personal que asiste a los titulares de los documentos, informes, declaraciones y testimonios incluidos en ellos, para darlos a conocer o proporcionarlos a terceros por voluntad propia”.

Y es en este extracto en donde se apoyaron para pedir la desclasificación: la voluntad de cada víctima para sacarlos a la luz.

“Nos hemos encontrado con todas las trabas, pero lo hemos conseguido. Es posible desclasificar los documentos. Estamos emocionados”, dijo el impulsor del grupo, Francisco “Papas Fritas”.

Actualmente, hay otras 50 víctimas que están siendo asesoradas por el equipo y que han solicitado la entrega de sus declaraciones.

Dicha información será publicada en la página web de la iniciativa, www.desclasificacionpopular.cl, donde, a partir del próximo 15 de diciembre se podrán consultar las declaraciones de las víctimas que de forma anónima deseen dar a conocer la identidad de sus torturadores.

Este será el inicio de la desclasificación popular“, concluye el artista.

Artista Francisco “Papas Fritas” tatúa en su cuerpo testimonio de tortura del Informe Valech

por 19 diciembre 2016

Artista Francisco
¿Dónde empieza el arte, dónde acaba la política? En un video perforance, “Un cuerpo violentado” —el de la tortura y el del artista— el del autor de la obra, simula ser parte de una escena de tortura. Esta escena se entrecruza con una sesión de tatuaje que va escribiendo letra a letra un testimonio del Informe Valech sobre su espalda del artista. Este cuerpo pese a su fragilidad resiste al silencio impuesto por la lógica del secreto inscribiendo en sí un testimonio del horror.

En la exposición 2054, el artista visual y agitador cultural Francisco “Papas Fritas” hace lo que no ha hecho el Estado.

Después de dos años de trabajo en colaboración con el colectivo Desclasificación popular, en la muestra -que evoca el año en que el Estado chileno se comprometió a terminar con el secreto que encubre la responsabilidad de militares y civiles en los miles de casos de tortura durante la dictadura- se expondrán por primera vez  al público archivos de la Comisión Nacional de Prisión Política y Tortura durante la dictadura cívico-militar en Chile – conocidos como Valech I – que siguen estando en secreto por 50 años.

Segunda fase del proyecto (sep 2015)

Este proyecto comenzó el 2014 con Desclasificación Popular donde se construyó un sistema de desclasificación, cuya segunda etapa, iniciada a partir del año 2015, ha consistido en la difusión y sistematización del proyecto por parte de un equipo multidisciplinario. Este último ha sido el encargado de la generación de accesos de ex presos y ex presas políticas a sus archivos mediante recursos de protección contra el Instituto de Derechos Humanos, custodio legal de los archivos Valech.

Bajo este mecanismo se han logrado desclasificar las primeras carpetas, poniendo en entredicho el secreto e impunidad que pesa sobre dicha Comisión. Estos archivos serán dados a conocer por primera vez en la exposición 2054, y de forma posterior en el sitio web de desclasificación popular.

Con ello se dará inicio a la tercera etapa del proyecto que consiste en la triangulación de la información, tanto para la apertura de causas judiciales como para distintos tipos de investigación que contribuyan tanto a la verdad, justicia como a la memoria histórica.

Artista simula tortura

Frente a aquellas imágenes se exhibe un video-performance cuyo foco de atención no es otro que un cuerpo. Un cuerpo violentado; el del autor de la obra, Papas Fritas quien simula ser parte de una escena de tortura. Esta escena se entrecruza con una sesión de tatuaje que va escribiendo letra a letra un testimonio del Informe Valech sobre la espalda del artista.

Abrir la herida 2016 Fotografía color 19,4x30 a proceso de cicatrización de tatuaje sin tinta de un archivo Valech

Este cuerpo —el de la tortura y el del artista— pese a su fragilidad resiste al silencio impuesto por la lógica del secreto inscribiendo en sí un testimonio del horror. Más aún, es un cuerpo que trae de vuelta al presente historias, memorias y heridas.

¿Dónde empieza el arte, dónde acaba la política? El propio dispositivo visual se resiste a operar en la distinción y la clasificación, su proceder es más cercano a la infiltración y al contagio. 2054 más que ser sólo el año propuesto por el Estado chileno para la desclasificación de los archivos del Informe Valech se vuelve una clave de acceso al presente.

Un presente que se describe en dos planos: uno, el del secreto; el otro, el de la resistencia política de la desclasificación popular. Para la resistencia política estética, 2054 es entonces la cifra que inicia el movimiento del dispositivo político visual de la desclasificación popular. Su tiempo es ahora el del presente-pasado.

Imagen de reflejo

De acuerdo con la descripción realizada por la académica y teórica feminista Alejandra Castillo, la instalación 2054 – año del supuesto fin del secreto – consiste en un conjunto de cuadros que en su mayoría no tienen más imagen que la del reflejo, otros, los menos, contienen piezas de los archivos de los testimonios de aquellas y aquellos que sufrieron de prisión política y tortura durante la dictadura militar iniciada el año 1973.

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Cerca de aquellos cuadros, se instala otra serie de imágenes con las fotografías oficiales de quienes han gobernado Chile desde la 1990 hasta hoy; más los afiches del SI y del No de la campaña electoral de 1989 en forma invertida, volviendo visible la siguiente leyenda: is on. Más claramente se deja leer: The Secret is on. El secreto está, el secreto es visible, el secreto es ahora instalado a plena luz.

Familia Gallardo. Núcleos familiares que fueron desmembrados durante la dictadura.

DestacadoFamilia Gallardo. Núcleos familiares que fueron desmembrados durante la dictadura.

39 AÑOS DE ESPERA SIN JUSTICIA

La incansable lucha de la familia Gallardo Moreno

Para mí, la historia de mi familia es una historia de amor profundo, de amor por el pueblo chileno, por la familia. Un amor que habla de sueños de transformación. A pesar de la masacre de mi familia y de la falta de justicia, mi historia e identidad me llena de orgullo-afirma Alberto Rodríguez Gallardo

Entre 1975 y 1976 cinco integrantes de la familia Gallardo Moreno fueron asesinados por agentes de la DINA. Tres fueron torturados hasta la muerte en Villa Grimaldi y dos acribillados a balazos. A pesar de que han pasado casi cuatro décadas de sus asesinatos todavía no tienen justicia. Esta es la historia de una familia que fue víctima de uno de los peores montajes mediáticos durante la dictadura: el emblemático caso de Rinconada de Maipú. Hoy, los sobrevivientes, cuentan la historia de los que ya no están.

Rinconada

Isabel Gallardo Moreno de 16 años salió rápido de su casa a comprar el diario a petición de su hermana Catalina. Pensó que no lo encontraría porque era tarde. Catalina estaba nerviosa, daba vueltas de un lado a otro con su hijo de seis meses en brazos y necesitaba ver las noticias. Cuando regresó su hermana con el diario leyeron juntas sobre un enfrentamiento en una escuela de Santiago que dejó dos muertos: un “extremista” y un soldado del Ejército. Poco rato después, llega Mónica Pacheco (25), la esposa de su hermano Roberto Gallardo Moreno, embarazada de tres meses a conversar con Catalina. Fue la noche del 18 de noviembre de 1975.

Estaban perseguidas y querían pasar la noche. Pero yo vivía en una casa muy pequeña en Almirante Barroso con San Pablo y no tenía espacio así que fui donde un vecino amigo para ver si podía recibirlas, pero su padre era militar. Ahí me quedé sin opciones así que me devolví a la casa- relata Isabel Gallardo.

El pequeño Alberto, en brazos de su madre, no paraba de llorar. Isabel prefirió sacarlo de la casa pero no alcanzó.

A unos cuantos metros suyos vio a cuatro tipos salir de un auto negro que pertenecían a la Brigada de Investigaciones. Su instinto actuó rápido: “Atiné a devolverme con el Beto en los brazos, pensé pasarlo y que me detuvieran a mí. Pero no alcancé a hacer nada cuando entran a mi casa, encuentran a mi hermana Catalina y mi cuñada Mónica. Pensé en pasarle al niño al primero que abriera y que me llevaran a mí. Pero aparece otro auto más y nos meten a todos adentro”, relata Isabel.

Pocas horas antes, Ofelia Aida Moreno, madre de Isabel y Catalina, estaba en una reunión del colegio de su nieta Viviana de 9 años. Su esposo, Alberto Gallardo (63) va a buscarla de emergencia: el director general de la PDI, Ernesto Baeza Michelsen, estaba con hombres en su casa buscando a su hijo Roberto. Sin obtener respuesta se llevan detenidos a Ofelia, Alberto, su hijo Guillermo (32) y su nieta Viviana, de 9 años.

La familia casi completa llega al cuartel de Investigaciones de General Mackenna, donde se reúnen por última vez en el pasillo subterráneo aledaño a las salas de interrogatorio. “Te encargo a mi mamá y cuando salgas de acá tienes que buscar a Rolando (su esposo) y dile que vamos al norte”, le dice Catalina a Isabel. También les encarga a su hijo Beto. Isabel, sin entender el mensaje, le dice que sí, sin cuestionarlo. Luego comenzaron los interrogatorios. Algunos con amenazas verbales, otros con metralleta y golpes.

Me preguntaban por las actividades políticas de mi familia, en qué trabajaban. Yo decía que Catalina era secretaria y mi hermano Roberto, vendedor ambulante. También me preguntaban si mi papá tenía militancia política y, como yo pensaba que la detención era un error, por eso les dije que cuando joven era comunista– recuerda Isabel.

Fue la última vez que la familia permaneció junta. Luego los separan para siempre. A Guillermo, su madre Ofelia, Viviana, Isabel y al bebé los mandaron a una caseta de seguridad. Alberto Gallardo, Mónica y Catalina quedaron en las salas de interrogatorio.

Temprano al día siguiente el director de la PDI, Baeza Michelsen, va a buscar al primer grupo a la caseta de seguridad y les dice: “Pueden irse a su casa, pero sepa usted, señora, que su hijo Roberto murió ayer y a Catalina, Mónica y Alberto los tiene que reclamar en la DINA”. Todos comienzan a llorar por Roberto sin entender qué estaba pasando. La familia Gallardo Moreno no tenía idea qué era la DINA.

Historia de persecución

Alberto Gallardo Pacheco llegó a Santiago a los 25 años, desde el pueblo de Gatico, cerca de Tocopilla. En el norte se había hecho militante del partido comunista y, por falta de trabajo como tornero mecánico, decidió arrendar una pieza en una pensión con unos compañeros. Ahí conoció a Ofelia de 17 años y nunca más se separaron. Familia grande y unida de cuatro hijos: Isabel, Roberto, Catalina y Guillermo. Llevaban una vida tranquila, hasta que en 1958 Alberto se ve obligado a emigrar a Argentina, porque nadie acá le daba trabajo por estar en la lista negra por ser comunista cuando el presidente González Videla decretó la ilegalidad del partido.

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En Argentina todo fue más llevadero. Una parroquia del barrio empezó a llamar la atención de los hijos y de Ofelia. La más entusiasta era Catalina, que entró a Acción Católica Argentina y al poco tiempo Roberto siguió sus pasos, logrando que toda la familia se acercara a la Iglesia. En 1969 Isabel vuelve a Chile junto a sus padres y en 1970 Catalina y Roberto se les unen.

Empezaron a militar en la juventud Obrera Cristiana (JOC), con quienes todos los veranos organizaban un paseo en una casa donada por el cardenal José María Caro en El Quisco, destinada exclusivamente para ser la “casa de vacaciones de obreros”. Esa enorme casa de 50 camarotes por cada lado, la preparaban todos los veranos los hermanos Gallardo Moreno como voluntarios.

En esa época se conversaba mucho no solo de religión si no también de cómo bajar la religión a la realidad. Ahí formamos nuestra conciencia de clase, en el proceso de la Unidad Popular. Porque todos éramos hijos de trabajadores- recuerda Isabel con nostalgia.

En verano de 1970, Juana Ramírez, una religiosa de la Congregación Hijas del Corazón de María y amiga cercana del padre José Aldunate, conoce por primera vez en El Quisco a Roberto Gallardo.

Juana aún no olvida las primeras palabras que cruzaron:
Hermana, ¿por qué murió Jesús en la cruz? – preguntaba Roberto.
Porque esa era la voluntad de Dios – le decía Juana.
No, hermana, Jesús murió en la cruz porque era un rebelde que le hizo frente al imperio romano y quería justicia para el pueblo israelí.

“También me decía que Jesús no estaba en el cielo si no entre nosotros. Y esas palabras llevaron la revolución a mi vida. Yo siempre digo, él me evangelizó a mí”, recuerda con cariño Juana Ramírez. Dos años después Rolando fue a visitarla al El Quisco con su polola Mónica. “Ella era una dulzura, de una ternura increíble. Me invitaron a comer un poco de arrocito con leche, conversamos y regaloneamos. Andaban vendiendo unos avioncitos de plumavit en la playa. Esa fue la última vez que los vi vivos”, cuenta Juana. Solo tres años después Juana, con el padre José Aldunate y la hermana de Ofelia Moreno, serían los encargados de reconocer sus cuerpos torturados.

La revolución latente que Roberto llevaba la compartía con Mónica, Catalina y su novio Rolando Rodríguez, quien era dirigente nacional de la JOC y militante del MIR. “Tomamos conciencia y nos hicimos comprometidos con el proceso de la UP. Yo participaba en la Juventud Socialista y en las marchas, que eran casi todos los días, veía a Rolando. Él iba con la gente del MIR. Muchos amigos cercanos estaban ahí, el estallido social era impresionante”, recuerda Isabel.

Tan lejos llegó esa complicidad entre ellos, que Catalina y Rolando, con Roberto y Mónica se decidieron casar exactamente una semana antes del golpe de Estado. Fue una gran fiesta familiar. Pero la alegría no duraría mucho.

El 11 de septiembre del 73 los hermanos Gallardo Moreno salieron juntos en un taxi, dejando a sus padres, Ofelia y Alberto en la casa. Tenían una reunión en una fábrica cerca de Cumming con la Alameda, ahí un grupo intentó organizarse reuniendo implementos de primeros auxilios y enseñando a usar armas.

Isabel tenía un kit de emergencia con medicamentos para la ocasión. “Todos pensábamos que iba a ser un enfrentamiento cuerpo a cuerpo. De momios contra nosotros. Nunca pensé lo que realmente sería, fui muy ilusa”, recuerda Isabel. Pero eso fue solo el comienzo. Su hermano Roberto Gallardo, que siempre había perseguido sus ideales, ingresó obligatoriamente al Servicio Militar, teniendo que vivir como conscripto aquel año.

Mi abuela siempre nos cuenta que mi tío Roberto era extrovertido. De risa fácil, un hombre que le gustaba divertirse todo el tiempo. Pero cuando entró al ejército su sonrisa se borró – cuenta Alberto Rodríguez.

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Luego de largas jornadas diarias, Roberto llegaba a su casa atribulado. Le contaba a su madre que había sido obligado a participar en allanamientos en poblaciones donde tenía que fingir que golpeaba a la gente. A veces pasaban días sin saber de él, a ratos lo acuartelaban y no tenían ninguna noticia suya en varios días. “Finalmente por una complicación del primer embarazo de su esposa Mónica pudo salirse, porque estaba desesperado. Apeló a la salud de Mónica y la pobreza de la familia. Logró salir, pero algo en él había cambiado por lo que le había tocado vivir. Roberto se volvió reservado”, cuenta Isabel.

Noche de horrores

Después de ser liberados por la Brigada de Investigaciones la mañana del 19 de noviembre de 1976 y que les anunciaran la muerte de su hermano Roberto Gallardo, Isabel y Guillermo empezaron a hacer los trámites para encontrar su cuerpo. Su madre Ofelia estaba pasmada. Fueron a la morgue pero nadie con su nombre estaba ahí. Isabel recuerda que alguien les dijo que debían ir a poner una denuncia al Comité Pro Paz -organismo de la Iglesia católica que buscaba resguardar los derechos humanos- y que ahí expusieran su caso. Sin saber qué hacía el Comité, llegó allá y le contó su historia a Juana Ramírez que trabajaba ahí desde 1974. Juana sabía exactamente quien era Roberto. Entre llantos y desesperación en el Comité les propusieron interponer un recurso de amparo por Catalina, Roberto, Mónica y Alberto Gallardo.

Todas las luces de esperanzas, sin embargo, se derrumbaron cuando vecinos le avisan a la señora Ofelia que nombraban a su esposo, su hija y nuera en la televisión mientras sus otros hijos hacían los trámites. En una entrevista con la revista Pastoral Popular en marzo de 1991, ella recordó ese momento:

Isabel y Guillermo andaban en el Comité Pro Paz cuando recibo un llamado telefónico de una hermana que me dice que vea las noticias. Se trataba de un extra informativo donde se hablaba de un enfrentamiento con organismos de seguridad en la Rinconada de Maipú. Señalaban que habían sido exterminados “los extremistas” y daban los nombres de mi esposo, mi hija Catalina y mi nuera Mónica. Me negué a todo. Pero a las 9 de la noche sale un reportaje de Julio López Blanco sobre el enfrentamiento y seguí negando. Pensé que era una mentira para que mi hijo Roberto se presentara a las autoridades– comenta la señora Ofelia en esa entrevista.

Fue una noche terrible. En la televisión los periodistas Claudio Sánchez y Julio López Blanco daban detalles de un enfrentamiento que a nadie en la familia le hacía sentido.

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-Empieza a nombrar nuestros familiares como los caídos y nosotros no entendíamos nada. No sabíamos que decir, fue la noche más horrorosa, fue terrible. Todos nos acostamos en una sola cama pero no pudimos pegar ni una sola pestaña, por las dudas y por la angustia, fue un sentimiento indescriptible- recuerda Isabel acongojada.

Hasta ese momento parte de la familia Gallardo Moreno todavía no entendía la noche de horror que habían vivido sus seres queridos. Noche que estuvo muy lejos de ser un enfrentamiento armado en los cerros de la Rinconada de Maipú. Catalina Gallardo, Mónica Pacheco y Alberto Gallardo fueron trasladados desde el cuartel de la Brigada de Investigaciones al cuartel militar Terranova (denominado más tarde Villa Grimaldi). Las justificaciones para su detención estaban claras para la DINA: El día anterior se había producido un operativo armado de miembros del MIR en la Escuela Bío-Bío en Santiago. A consecuencia del cual falleció el soldado Hernán Salinas y el militante del MIR Roberto Gallardo Moreno (25), hermano de Catalina, esposo de Mónica e hijo de Alberto.

Como constan los testigos presentes en el Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, la noche del 18 de noviembre fue la peor noche de Villa Grimaldi. Testigos aseguran que hubo un gran movimiento de vehículos, donde dos detenidas fueron llevadas a las piezas de tortura aledañas a las celdas de mujeres. También recuerdan que un anciano estuvo largo rato en el jardín del cuartel, donde se escuchaban gritos y mucho movimiento. Luego se les sumaron varios detenidos más y las dos mujeres (Mónica y Catalina) fueron llevadas al jardín, donde se escuchaban los gritos de Marcelo Moren Brito pidiendo agua caliente y aceite hirviendo.
Los gritos quedaron marcados en los recuerdos de los detenidos.

Leila Pérez, detenida en octubre de 1975, recuerda los gritos en el patio y el vozarrón inconfundible de Marcelo Moren Brito, en ese momento a cargo de Villa Grimaldi. Otro testimonio clave fue el del historiador Gabriel Salazar quien también declaró que fue la peor noche de todas: golpes, gritos de los detenidos, caos e instrucciones de los agentes de la DINA que corrían para todas partes.

– Me ha tocado conversar con detenidos que estuvieron ese día como Gabriel Salazar, Patricio Bustos del Servicio Médico legal, Leila Pérez y otros. Todos convergen en que fue una noche de horror. Tanto así que gente hizo juramentos de no volver a hablar de lo que habían visto esa noche. Pero la verdad es tan liberadora que también se habla de la intachable integridad, porque a pesar de todo lo que les hicieron ellos no hablaron. Tuvieron convicción y dignidad hasta su muerte- cuenta Alberto, hijo de Catalina y Rolando Rodríguez.

Al día siguiente, como relata la señora Ofelia en su Familia Gallardo Presente: Necesito La Verdad“>Entrevista aparecida en la revista Pastoral Popular Nº 206 – Marzo de 1991, sus hijos Isabel y Guillermo volvieron a la morgue en búsqueda de respuestas. “Por la tarde, casi al cerrar la morgue, mi hijo Guillermo pudo conversar con el portero y le cuenta su tragedia. Este hombre se ablandó y lo deja entrar escondido. Ahí encuentra a mi hijo Roberto, recién llegado. Estaba desfigurado, para asegurarse de su identidad le abrió la boca y ubicó un diente característico de nuestra familia”, relata Ofelia. Roberto había muerto el 17 de noviembre en un asalto que el MIR hace a la Escuela Bío-Bío, recinto que funcionaba como fachada para esconder armamento militar que ellos pretendían recuperar para poder combatir la dictadura.
Pero nada se sabía de Catalina, Mónica y Alberto. Casi a mediados de diciembre y gracias a la gestión de la abogada de derechos humanos Fabiola Letelier -hermana de Orlando Letelier, asesinado en Washington- les entregaron los cuerpos. A reconocerlos llegaron el padre José Aldunate, Juana Ramírez y la hermana de la señora Ofelia. Juana recuerda ese momento como si fuera ayer.

Solo nos dejaron ver rápidamente los cuerpos. Catalina no tenía ojos en sus cuencas. Yo casi perdí el conocimiento, estaba profundamente conmocionada pero tenía que controlarme. Todos estaban visiblemente torturados, caras enrojecidas, quemadas con cigarros, hinchados, desfigurados, con tierra, ensangrentados. Mónica estaba embarazada de tres meses, ni te explico. Esa imagen no se me olvidará nunca– recuerda Juana.

El padre José Aldunate, a pesar de que conocía muy bien a Roberto y Catalina de la JOC, donde se relacionaban también con Mariano Puga y Roberto Bolton, se quedó en silencio. Los tres llevaron los ataúdes sellados al Cementerio General donde Ofelia esperaba a su familia.

39-años-de_portada-de-“La-Tercera-de-la-hora”,-del-20-de-noviembre-de-1975

Fue todo muy emotivo. Los sepultureros empezaron a sacar flores de otras tumbas para ponerles, porque nadie pudo llevar flores. Desde ese momento yo nunca me pude separar de esa familia. Eran una familia pura, preciosa. Hoy soy madrina de Alberto y nunca más me separé de Ofelia – recuerda Juana Ramírez que hoy vive en el mismo terreno familiar que toda la familia en Renca.

El ensañamiento que Manuel Contreras, Marcelo Moren Brito, Víctor Laurence Mirens, Francisco Ferrer Lima, Miguel Krassnoff, entre otros, infringieron a la familia Gallardo Moreno ese día, no tuvo límites. Y esa pregunta fue la que llevó a Alberto Rodríguez a dedicarse los últimos nueve años de su vida a indagar más sobre la historia política de su familia, que hoy le llena de orgullo. Si bien aún no tiene clara las fechas, Rolando, Catalina, Mónica y Roberto entran al MIR vinculado a un grupo del Colegio Andacollo, en el barrio que vivían.

Mi familia eran muy creyentes y en esa convicción de fe se dieron cuenta que con el accionar de la Iglesia no bastaba para hacer una transformación social y ahí deciden entrar al MIR, con el fin de actuar, tomar el compromiso de lucha y luego de resistencia a la dictadura. De hecho mis papás Catalina y Rolando tenían un compromiso que si uno caía, el otro seguía. Y así fue. Cuando mataron a mi madre, mi papá pasó a la clandestinidad para seguir luchando, hasta que lo acribillan a plena luz del día- cuenta Alberto Rodríguez.

Su padre fue acribillado casi un año después el 20 de octubre de 1976 en plena calle. Su familia intentó que se asilara, pero no hubo caso. Le decía que pensara en Alberto, que crecería sin sus padres si no se iba. Pero Rolando estaba decidido a quedarse y seguir la lucha ante la dictadura que le había arrebatado a su esposa: “justamente por el Beto es que hago esto”, respondía su padre.

Lucha sin descanso

La familia Gallardo Moreno como otros núcleos familiares que fueron desmembrados durante la dictadura –como la familia Recabarren González y Vergara Toledo, entre otras- todavía están atrapadas en la impunidad. Han pasado 39 años desde los hechos y todavía los autores intelectuales y materiales de los asesinatos de Roberto Gallardo, Catalina Gallardo, Mónica Pacheco y Alberto Gallardo no reciben condena por parte de los Tribunales de Justicia, debido a que la causa judicial quedó estancada en la orden de procesamiento del juez Alejandro Solís el año 2006. Las muertes de Roberto Gallardo y Rolando Rodríguez pasan por el mismo escenario.

Hoy la abuela Ofelia Moreno tiene 89 años, Isabel Gallardo 57, Guillermo Gallardo falleció justo el 11 de septiembre de 1997 y Alberto, el niño que fue detenido junto a su madre cuando tenía seis meses, tiene 39. A pesar de ser el primer caso de la Comisión Rettig reconocido como una grave violación a los derechos humanos, aún esperan justicia.

Todo este tiempo llevamos esperando sentencia. Pero las condenas que se manejan son entre 10 y 15 años para los responsables. Ya el tiempo que llevamos esperando es mayor a la condena, es inaudito. Hoy nos damos cuenta que los montajes en Chile no han cesado y que desconfiemos de los medios es un derecho, porque han aportado a desinformar – relata frustrado Alberto.

Además de la justicia que les debe el Estado chileno, la Familia Gallardo Moreno desea que TVN y Canal 13 reconozcan públicamente su responsabilidad en uno de los montajes más sórdidos de la historia de Chile. “No es posible que hoy a casi 40 años ellos no hayan dicho que el montaje Rinconada de Maipú fue una mentira que le expusieron al país y al mundo, exigimos que den la cara ante el país y el mundo”, dice Alberto.

Solo el Colegio de Periodistas estableció sanciones por parte del Comité de Ética Metropolitano. “Al único que echaron y está sometido a proceso es Roberto Araya porque se comprobó que era agente de la DINA. Claudio Sánchez y López Blanco solo recibieron sanciones éticas”, comenta Isabel Gallardo.

En enero del 2012, la investigación del juez Alejandro Solís estableció que Roberto Araya y Julio López Blanco fueron efectivamente convocados por la DINA para emitir en televisión notas que presentaran como enfrentamiento los asesinatos de la familia Gallardo Moreno.

La “mami Ofelia” como le llaman en Renca se sumó a la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos poco tiempo después de la tragedia, siendo una de las primeras cinco integrantes. A pesar de ser nuevamente secuestrada por la DINA un año después para ser interrogada, nunca ha tenido miedo en gritar su verdad. “Si me van a matar por decir mi verdad, que me maten. Pero nadie me quitará el derecho de decir lo que me pasó”, siempre le dice a su familia. Y su lucha, hoy, está enfocada a limpiar el nombre de su familia y en hacer entender a la gente que lo que salió en televisión fue una gran mentira.

Entre los periodistas responsables no están solo los que aparecieron en pantalla. Está también Vicente Pérez Zurita, jefe de prensa de TVN en ese tiempo y también el director general del canal, Manfredo Mayol, padre del sociólogo Alfredo Mayol – comenta Isabel.

Las acusaciones de la familia están respaldadas por la investigación del juez Solís pero tampoco se ha hecho justicia respecto a los medios de comunicación que respaldaron la versión entregada por canal 13 y TVN: El Mercurio, La Segunda, Las últimas Noticias, La Tercera, la revista Qué Pasa, entre otros.

Para mí, la historia de mi familia es una historia de amor profundo, de amor por el pueblo chileno, por la familia. Un amor que habla de sueños de transformación. A pesar de la masacre de mi familia y de la falta de justicia, mi historia e identidad me llena de orgullo- afirma Alberto Rodríguez.

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La violencia política sexual práctica regular de tortura contra las mujeres. Sitio de Memoria a la Venda Sexy.

Declaración PúblicaEl día ayer, en los salones de la Biblioteca Nacional se declaró a la Venda Sexy, la casa de tortura, en donde los agentes de la DINA realizaron, en el período 1974 1975, las más inhumanas prácticas de tortura y sevicias sexuales en contra de las prisioneras políticas que allí fueron recluidas. La violencia política sexual se transformó en práctica regular de tortura contra las mujeres, y dio a la Venda Sexy un lugar particular en el articulación del aparato represivo de la dictadura cívico-militar.Hoy, 41 años más tarde y luego de una larga y ardua lucha, fundamentalmente de las mujeres que allí fueron torturadas, después de años de movilización por visualizar esta particular y recurrente forma de represión, como fue la violencia política sexual, el estado de Chile reconoce como La memoria y el reconociemiento de los/as sobrevivientes hacen parte intergrante del proceso de reparación para quienes sufrieron las violación de sus derechos fundamentalres durante la dictadura cívico-militar. La movilización de las mujeres ha significado que en la declaración realizada el miércoles 11 de Mayo, se haya hecho especial mención a que en este sitio de memoria se pondrá especial interés a los temas de género.Guardar para las generaciones actuales y futuras los lugares en donde el escarnio, la tortura y las violaciones sexuales de hombres y mujeres, la desaparición y las ejecusiones pasaron a ser un trato sistemático de los aparatos represivos y de los agentes del estado, permiten dar una señal clara y definitiva para que el Nunca más, el fin a la Impunidad y el castigo a los culpables de los delitos de lésa humanidad, sean armas fundamental en la reconstrucción de una cierta convivencia nacional de respeto a los derechos humanos.¡¡¡ JUICIO Y CASTIGO A LOS CULPABLES AHORA !!!¡¡¡HONOR Y GLORIA ETERNA A NUESTRAS COMPAÑERAS DETENIDAS DESAPARECIDAS, EJECUTADAS Y EXPLOSIONADAS!!!¡¡¡ QUE VIVAN LAS MUJERES QUE LUCHAN !!!¡¡¡ POR LA VERDAD, CON LA VERDAD, HASTA VENCER !!!ASOCIACIÓN MUTUAL DE EX PRESOS Y PRESAS POLITICAS DEL MIR Y DE LA RESISTENCIA POPULARSantiago 12 de Mayo de 1016

Origen: (78) Beatriz Bataszew

 

Mutual Mujeres MIR

Yo fui torturada…verbalizar lo sucedido

Yo fui torturada…verbalizar lo sucedido
Susana Atxaerandio Ex presa política vasca
 
Yo fui torturada
Por fortuna, también hay un sector creciente de la sociedad que sabe que se tortura y actúa en consecuencia, hay medios de comunicación que publican nuestros testimonios, organizaciones que con gran valentía trabajan para la erradicación de la tortura, instituciones internacionales que han emitido importantes dictámenes sobre esa práctica.
 
Y estamos nosotros y nosotras
Al igual que Amaia, Juan, Onintze… Hemos sido miles de personas en Euskal Herria hemos descendido al infierno. Tenemos constancia además de que trece no regresaron.
Para quienes sobrevivimos a la tortura nos resulta muy difícil describir lo que sucede durante el periodo de incomunicación, porque roza la locura, acaricia la irracionalidad más absoluta, te desliza hacia el sufrimiento en todas sus dimensiones. La experiencia más brutal jamás vivida. Rememorarlo, algo inevitable, te obliga a situarte fuera, a verlo desde cierta distancia, porque volver mentalmente al agujero provoca un dolor insoportable. Revivirlo evoca de nuevo la situación de indefensión a manos de tus captores.
Hace ya muchos años Eva Forest apuntaba la importancia vital de hacer público el testimonio, no sólo para constatar la existencia de la tortura, sino porque pone palabras a hechos que permiten estudiarla y analizarla en el contexto en que se produce. Me aconsejaron que tratase de escribir y verbalizar lo que había sucedido durante el periodo de incomunicación. Por un lado para interponer, si yo estaba dispuesta, una denuncia judicial. Sí que recibí apoyo técnico jurídico. Sí que recibí ayuda amiga que me hizo minimizar las secuelas psíquicas. Fue un buen consejo, desde el aspecto terapéutico.
Así, mientras tomaba diariamente antiinflamatorios que me calmaran las secuelas de los continuos golpes, relajantes musculares para aliviar el dolor de las posturas forzadas durante esos días, mientras me aplicaba una pomada para curar las marcas de electrodos, mientras padecía insomnio o cuando me despertaba sobresaltada por las pesadillas, escribí mi relato.
El mío, diferente al de Nekane, al de Iñaki, al de Rosana…
Intento expresar con nombres, adverbios, adjetivos hechos únicos, experiencias tan presentes pero irrepetibles como un relato cronológico: llegaron de madrugada, me sacaron de la cama, practicaron el registro, me condujeron al cuartel, las amenazas, los golpes… Describo las técnicas que se han empleado contra mí: me pusieron la bolsa, me aplicaron electrodos, me obligaron a desnudarme… y en la mayoría de los casos sientes que trasladas un relato que, aunque es fiel evidencia de lo sucedido, no acaba de explicar todo lo sentido, no agota lo vivido durante esos interminables días. Sientes la impotencia de no poder exponer esas vivencias en su total dimensión.
Te enfrentas ahora a otro calvario: el impacto que tendrá este testimonio que ahora exteriorizas. Cuando Aitor, Ainara, César… le dijeron al Juez, todavía en régimen de incomunicación, que habían sido torturados, miró hacia otro lado, intentó cambiar la dirección del interrogatorio, pidió al secretario que no apuntara los extremos que le estaban siendo revelados, no requirió un examen médico que pudiera plasmar las marcas o que pudiera evidenciar otras marcas invisibles: nunca abrió una investigación. Y es que la tortura en los últimos -al menos- treinta años de práctica, ha contado con todo un sistema de impunidad, impidiendo su demostración pública. Salvo cuando los torturadores y torturadoras, funcionarios y -no hay que olvidarlo- funcionarias públicas han hecho mal su trabajo y la persona que «custodian» tiene que ingresar de urgencia en un hospital porque está a punto de morir, o se pueden documentar marcas visibles que hacen que el caso trascienda a la opinión pública. Desgraciadamente, en la gran mayoría de los casos queda en el olvido. Pero cada torturado, cada torturada, Jokin, Laura, Eneko… son la viva evidencia de lo que ha sucedido. ¿Se atreverían, mirándonos a los ojos, a acusarnos de seguir consignas? ¿Sostendrían, cara a cara, que nuestra vivencia personal e irrepetible es mentira?
Llegué a la conclusión de que mi testimonio, nuestro testimonio, no interesa porque somos la viva confirmación de que esta práctica se utiliza hoy en día y que no ha dejado de ser utilizada por el Estado. Y esto sucede porque hay jueces que firman detenciones incomunicadas, agentes especializados para aplicar la tortura de forma científica, sistemática y efectiva; porque hay gobiernos que conceden indultos a los agentes condenados por torturas; porque hay médicos y médicas forenses que, a pesar de tener evidencias de que se están produciendo torturas, no actúan con responsabilidad; porque hay medios de comunicación que tras hacerse eco de nuestras detenciones, grabar la salida de nuestros domicilios y filtrar informaciones policiales durante la incomunicación, no publican nuestros testimonios o no contrastan la información; porque la clase política, que se llena la boca al hablar de derechos humanos, no nos recibe o nos dice que no hay pruebas, que seguimos consignas, manuales… Pero también porque hay una parte de la sociedad a la que le resulta incómodo pensar que hoy en día se tortura y se muestra adormecida ante las evidencias.
Pero, por fortuna, también hay un sector creciente de la sociedad que sabe que se tortura y actúa en consecuencia, hay medios de comunicación que publican nuestros testimonios, organizaciones que con gran valentía trabajan para la erradicación de la tortura, instituciones internacionales como el Tribunal Europeo de Derechos Humanos o la ONU, nada sospechosos de parcialismos, que han emitido importantes dictámenes sobre esa práctica.
Y estamos nosotros y nosotras: Manu, Lorea, Unai… para romper ese muro de silencio que rodea a esta gran lacra social. Sin olvidaros a todas y todos los que nos habéis acompañado en este difícil camino de denuncia.
La tortura forma parte ya de nuestra experiencia vital. Y se convierte en la energía que impulsa a acabar con ella. Así nos hacemos conscientes del gran trabajo que queda por hacer, de cuantificación, de reparación, justicia y verdad. Para nosotros y nosotras es demasiado tarde. Sólo nos anima el objetivo último de que vosotros, Eneritz, Iratxe, Joxean… jamás paséis por una experiencia semejante de violencia inhumana, degradante y brutal.
VER
Conversaciones el 15 de marzo de 2013, el Museo de San Telmo ‘Ankulegi XVI. Conferencia de la antropología: Violencia Escenario ‘parte del ciclo. Los participantes Laura Tejero Tabernero, María Carballo López, Susana Atxaerandio Alesanco y Caterina eran Gamundi Canyelles. / Los trabajos se llevaron a cabo en el 15 de marzo de 2013 El Museo San Telmo dentro del ciclo ‘Jornada de Antropología Ankulegi XVI: Escenarios de la violencia’. Los participantes Laura Tejero Tabernero, María Carballo López, Susana Atxaerandio Gamundi Alesanco y Caterina Canyelles.

Training Torturers: The School of the Americas

Training Torturers: The School of the AmericasMarjorie CohnIn the most developed countries (France, the United States), some terrible schools have trained soldiers for years to the subtleties of the cruellest torture techniques. Marjorie Cohn is studying the School of the Americas history from where have come out some terrible war criminals. To limit the spread of Communism in the 60s and the 70s, the United States has supported the biggest Latin American dictatorships by training their leaders to counteract the enemies of the regime. Almost 60 000 soldiers, officers and civilians had become torturers experts when they went out of the School of Americas. Today, the school activities remain unclear. No investigation has been opened to highlight the managers responsibilities.Importing torture techniques it had used in the Phoenix program in Vietnam – including waterboarding, electric shock, assassination, kidnapping, and summary execution – the United States trained Latin American strongmen how to maintain control. Manuals that explained how to use torture to neutralize enemies were brought to the School from the U.S. Army intelligence training center at Fort Huachuca, Arizona. “The U.S. Army School of the Americas … is a school that has run more dictators than any other school in the history of the world.” – Representative Joseph Kennedy [1]A few years ago, during a visit to Buenos Aires, I visited the Plaza de Mayo. Old women carrying large photographs of their dead children marched around the square as they have done every Thursday since April 1977. One woman told me how her 18-year-old daughter, clad in a nightgown, was abducted in the middle of the night. She had criticized government policies at the university. Her body was found near a creek. Other women related stories of how their children were “disappeared” and tortured. These mothers continue to demand that the military tell them what happened to their loved ones. During the time they were kidnapped, the United States supported the Argentine dictatorship in its “dirty war.” In the late 1970s and early 1980s, Leopoldo Galtieri led the military junta in Argentina, when some 30,000 people were disappeared and killed. Galtieri was a graduate of the School of the Americas.A School for CounterinsurgencyThe School was established in 1946 in the Panama Canal Zone; it was called the Latin American Training Center-Ground Division. In 1963, it became the U.S. Army School of the Americas. It suspended operations in September 1984 pursuant to the 1977 Panama Canal Treaty. The School of the Americas (SOA) reopened three months later at Fort Benning, Georgia, where a U.S. military base is located. Due to negative publicity about the School, SOA was cosmetically renamed Western Hemisphere Institute for Security Cooperation (WHINSEC) in 2001.Since it opened, more than 59,000 military, police, and civilians from 23 Latin American and Caribbean countries have been trained at the School. Many went on to disappear, torture, and murder their people. “In fact,” according to a 1995 Los Angeles Times editorial, “it is hard to think of a coup or human rights outrage that has occurred in [Latin America] in the past 40 years in which alumni of the School of the Americas were not involved” [2].During the Cold War, the United States used Latin American dictatorships as proxies to counter revolutions and keep the region “safe” from communism. The 1959 Cuban revolution, the 1970 election of Salvador Allende in Chile, and the 1979 Nicaraguan revolution were pivotal moments for the anti-communist U.S. foreign policy in Latin America.Another significant development that influenced U.S. policy was Vatican II in the early 1960s, which led to reform in the Catholic Church and liberation theology. In a break from past practice, the church began to align itself with the poor, focusing on inequality that led to hunger and misery. This is the role the church played in Guatemala in the mid-1980s, which led to the kidnapping and torture of Sister Dianna Ortíz, described below.The United States armed military governments, provided them with money and loans, and used diplomatic pressure and threats to ensure loyalty to U.S. interests. Training military tyrants to repress their own populations was cheaper and easier than sending in U.S. troops. The primary goal of the United States in Latin America during this period was to maintain stability for U.S. investment.Importing torture techniques it had used in the Phoenix program in Vietnam – including waterboarding*, electric shock, assassination, kidnapping, and summary execution – the United States trained Latin American strongmen how to maintain control. Manuals that explained how to use torture to neutralize enemies were brought to the School from the U.S. Army intelligence training center at Fort Huachuca, Arizona.As the United States supported these dictatorships and trained them to use vicious tactics against their people, both sides enga

Origen: Training Torturers: The School of the Americas

PASAJEROS DEL TREN ELQUINO

Federico no hacía gimnasia. «Me quiebro con mucha facilidad». Así se disculpaba ante nuestros profesores del Liceo de Hombres de La Serena. «Tengo una deficiencia ósea y con cualquier caída me luxo o me quiebro». Y le creían porque parecía que su excusa era verdadera, aunque no por eso a él se le viera enfermo o triste. Al contrario, contento se le podía ver mientras leía al borde de la cancha u observaba cómo el resto nos esforzábamos por encestar en el marcador de los campeones.

Así era Federico, y qué leía: Por quién doblan las campanas, Bestiario, Crítica a la razón pura, El manifiesto, La rebelión de las masas. Vaya las lecturas de Federico que hablaba pausado y con quien, intercambiándolos libros, nos contagiamos del deseo de cambiar el mundo. Y así, elegidos delegados por La Serena, partimos juntos al congreso de la Federación de Estudiantes Laicos de 1966 al Tabo. Maravilloso el congreso. Había sólo gente brillante, cuánta claridad. No puedo asegurar que yo haya estado a la altura, pero Federico sí lo estaba, no cabía duda; por ese tiempo es cuando yo lo empiezo a reconocer como mi maestro.

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Y pasamos muchas otras aventuras juntos. Nos fuimos un jueves con viernes feriado en el tren Elquino a la casa de sus padres, en Vicuña. Ese tren se convertía los fines de semana en una verdadera fiesta en que cientos de muchachas y muchachos del Valle que estudiaban en La Serena, bailaban y cantaban y, la vez de la que hablo, ese tren que avanzaba paciente, fue testigo de cómo dos liceanos de quinto o de sexto, se enamoraron de dos liceanas de tercero o de cuarto y las besaron en el entre carro sin que les importara el frío y la furia del viento, ni tampoco las miradas de los pasajeros mayores, quienes, más que censurarnos, nos observaban con la expresión de los que envidian a los enamorados.

 

En su casa me presentó a su hermano que sí hacía gimnasia, que sí jugaba al básketbol y, para nuestra condenación de intelectuales que considerábamos al músculo de tercera importancia, llevaba en los brazos muñequeras de cuero negro y se jactaba de las flexiones que era capaz de hacer en un barrón que había instalado al fondo del patio. Intelectuales y físico culturistas, vaya hermanos disparejos, me dije. Su madre, mientras tanto, matrona, nos invitó a asistir a una cesárea, una experiencia espantosa tras la cual, Federico y yo desistimos de nuestras expectativas para llegar a convertirnos en médicos, algo que ambos habíamos considerado como una posibilidad para el futuro.

 

Y no sé qué fue de esas muchachas de faldas breves que amamos en el tren Elquino, pero sí sé, que tanto Federico como yo vencimos a la represión del setenta y tres, a la del setenta y cuatro, y a la del setenta y cinco, y nos encontramos mucho después, en paradoja, frente a La Moneda. Fue cuando supe que él ya era padre y que su oficio era el de maestro, y más específico, el de profesor de Química. Además, supe que conservaba sus convicciones y continuaba resistiendo. Yo le hice saber por mi parte, que seguía también igual porque en eso no podría haber cambios: a la dictadura había que derrotarla y no se podía esperar a que muriera por sí sola. Nos abrazamos despidiéndonos, pero no pasaron seis meses o quizá ocho o diez; el caso fue que lo atraparon y lo castigaron duro y lo pasaron a la CNI donde le siguieron pegando hasta que vieron que se les moría. Fue entonces cuando lo llevaron a la posta central, quizá sólo para que muriera en un lugar fuera de sus porquerizas donde a ellos no los comprometiera.

Y así ocurrió: pocas horas después partió Federico Álvarez que no hacía gimnasia, que leía a Marx, a Kant, a Cortázar, que fue iniciado en los clanes, que amaba muchachas en el tren Elquino. Nos encontramos con su hermano en avenida La Paz el día de su entierro, al ataúd de Federico las floristas lo habían tapizado de pétalos. Nos abrazamos y lloramos —el hermano de Federico llevaba todavía sus muñequeras de culturista físico—. «Lo quebraron por completo », me contó sollozando, «mi hermano tenía una deficiencia en los huesos, prácticamente lo molieron por dentro».

 

Sucedió sin embargo un hecho milagroso: unas bestias, en su afán de que acabara pronto ese sepelio que los avergonzaba —aún en las manadas de hienas se manejan códigos de honor—, nos arrebataron la urna y se la llevaron a empujones. A pesar de eso, créanme que nadie vio que un pétalo cayera del ataúd de Federico o siquiera se moviera del lugar donde las floristas lo habían puesto, y eso, considerando el zamarreo y los golpes y toda esa brutalidad desatada. Hablo de un milagro para Federico Álvarez Santibáñez, maestro de piedra pulida que hoy decora el oriente eterno. Quizá en homenaje a Federico Álvarez Santibáñez, el tren Elquino, el que marchaba por su valle, al poco tiempo dejó de pasar.

 

MARTÍN FAUNES AMIGO

La Ultima lección del profesor

 

 

 

Perico, en la despedida de los sextos del Liceo de La serenaPerico, en la despedida de los sextos del Liceo de La serena

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LAS HISTORIAS QUE PODEMOS CONTAR. LA PRIMAVERA DEL 75

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LAS HISTORIAS QUE PODEMOS CONTAR

MUJERES COMBATIENTES. Una militante del MIR . “La lucha continúa, no ha terminado”.

Ana Becerra, sobreviviente de Tejas Verdes: “La lucha continúa, no ha terminado”

Llegada a San Antonio a los 10 años, Ana Becerra fue una militante del MIR que -como otros en el puerto- vivió en carne propia el sadismo desatado por civiles y militares una vez ocurrido el golpe de Estado. Fue detenida en dos oportunidades, en 1973 en Tejas Verdes, y en Las Cabañas, campo de concentración ubicado en Santo Domingo, dos años después. Su testimonio forma parte del libro “El despertar  de los cuervos. Tejas Verdes, el origen del exterminio en Chile” (Ceibo Ediciones), del periodista Javier Rebolledo (“La danza de los cuervos”).

Allí está su detención en el Parque de Materiales mientras estaba embarazada y su estadía ahí por cerca de siete meses; las torturas que sufrió junto a sus compañeras y la vida que generaron en ese lugar; su salida del país y el regreso. Pero también está aquello que la ayudó a mantenerse en pie. “Cómo fue sacándole una solución a todo lo que vivió ahí dentro, las herramientas que la vida le dio para superar esas vivencias: El amor, fundamentalmente”, dice Rebolledo.

Foto Rens Veninga

“Lo más importante era poner a Santo Domingo en el mapa de la tortura”

¿Qué significó para ti el poder testimoniar?

Siento que es una tarea cumplida. Que salga a la luz la verdad de los detenidos desaparecidos y los presos políticos. Por mí que existan más organizaciones ocupadas de que se conozca más. Es parte de mi trabajo la divulgación de lo que sucedió.

¿Qué es lo principal que, a través de tu trabajo testimonial, debe ser relevado?

Para mí lo más importante era poner a Santo Domingo en el mapa de la tortura: apareció por primera vez en el informe de la Comisión Valech. Fuimos alrededor de 15 los que estuvimos aquí y conseguir todos los testimonios ha sido duro. Mi relato está desde los ’80 en los informes de la Vicaría. No había nada más, hasta que después logré conseguir más testimonios de gente que estuvo en prisión aquí. Hoy Javier (Rebolledo) ha logrado imponerlo con su publicación, al hacer la relación de la Escuela de la DINA que operó en Santo Domingo y nuestra posterior llegada a ese recinto. Es tremendo que se haya logrado mostrar hasta aquí. Durante un tiempo sólo existía mi testimonio y la sentencia que aparece en el libro de Luz (Arce)* en el que Jara** le dice que no se puede quedar porque tiene que venir para acá por unos  “fiambres”.

¿Por qué llegas a este lugar?

La tortura aquí existió por muchos años. La primera vez que me detuvieron fue cuando voluntariamente me entregué el 16 de septiembre y me liberaron en febrero del ’74. Soy la única que estuvo todo el tiempo en calidad de prisionera. Cuando yo me entregué tenía orden de fusilamiento: nunca supe por qué razón, pero creo que por eso, a lo mejor, me mantuvieron en Tejas Verdes todo el tiempo.

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“No somos pobrecitos”

¿Hay algo que te gustaría remarcar sobre tu experiencia?

Los relatos han estado vivos, en lo personal no me gusta hacer mucho relato, por el morbo. Incluso el Informe Valech tiene algo de morboso, cuando te preguntan “¿Y dónde exactamente le aplicaron la corriente?, etcétera. Y por eso muchas veces escuchas “pobrecita”. A mí me carga el término “pobrecita”. Todo lo que nos pasó fue el alto precio que pagamos por nuestros ideales, por nuestras convicciones. Pero no somos “pobrecitos”.

¿Qué hiciste con tu vida después?

Recordar. Al salir de Tejas Verdes no paré con mi actividad. Por eso es que caigo en 1975 durante la redada que se hace a los miembros del MIR y que me lleva finalmente al exilio, primero en Argentina y luego en Suecia. Cuando regreso, a mediados de los ’80, inmediatamente comienzo a trabajar en los grupos de defensa de los Derechos Humanos.

Foto Rens Veninga

¿Qué significó volver a este lugar de tanto sufrimiento, a San Antonio?

Yo siempre quise vivir en mi tierra y la lucha nunca ha terminado. Uno aporta lo que puede. Primero fue declarar en los tribunales, ante las investigaciones, la Vicaría, recogiendo información, buscando restos. Y, en general, yo puedo aportar con mi experiencia a los movimientos de los jóvenes: ellos son las semillas que germinan.

¿Y hoy, cómo realizas esa lucha?

Voy a las marchas, también participo en la Comisión Ética Contra la Tortura, me interpongo entre jóvenes y carabineros, voy a sacar de las comisarias a los chicos; a veces me convierto en la “vieja de mierda” también. Pero si en algo les puedo aportar, es en tratar de ayudar desde mi experiencia a los cabros que llevan las banderas de lucha. Eso es lo fundamental, que la lucha continúa, no ha terminado. No existe un país perfecto, pero existe uno mejor y para eso seguiré luchando hasta que llegue al cajón. Uno no puede dejar sus ideales, mis ideales no son vendibles y por eso sigo, y seguimos ahí, adelante.

* Luz Arce, pasó de ser militante del PS a colaboradora y jefe de sección de la DINA. Su historia aparece en el libro “Luz Arce: Después del Infierno”, de Michael Lazzara.

** Mayor Mario Alejandro Jara Seguel, agente encargado de la DINA en Rocas de Santo Domingo, que entre sus “tareas” tenía la de preparar asados y vacaciones para el personal de la DINA en ese balneario.

50 años del golpe militar en Brasil: la preparación

[REPORTAJE] 50 años del golpe militar en Brasil: la preparación
Adital

 

El próximo 1° de abril marcará los 50 años del golpe militar en Brasil. Por este motivo Adital publica, a partir de hoy, una serie de cuatro reportajes que abordarán, desde el punto de vista histórico, los motivos que llevaron al país a adherir al golpe, inclusive con apoyo de gran parte de la población; hablaremos también sobre la actuación de los órganos de represión; la resistencia contra la represión de los militares; y, finalmente, construiremos un paralelo entre la actual situación del país y la época del golpe.
Reprodução

 

El pre-golpe

 

El golpe militar ocurrido en 1964 estableció en Brasil una dictadura que se extendió hasta el año 1985. A lo largo de esos 21 años, el régimen militar endureció el gobierno, convirtiendo en legales prácticas totalmente contrarias a los derechos humanos, como la censura y la tortura. Los militares combatieron, sin piedad, cualquier amenaza “comunista” o de manifestantes contrarios al gobierno, marcando, en la historia de Brasil, un período sombrío, caracterizado por actos autoritarios y violentos. La simple desconfianza de que alguien era “comunista” ya era motivo para espiar y detener a esa persona para averiguación de antecedentes, empezando, en ese momento, un cruel proceso de tortura psicológica y, en muchos casos, física.

 

La decisión, por parte de los militares, de aplicar un golpe de Estado a un gobierno electo democráticamente no fue algo repentino, ocurrió como consecuencia de una serie de hechos políticos acumulados en el período post Getulio Vargas, agravados por la decisión de este presidente de suicidarse. Después de la muerte de Vargas, Juscelino Kubitscheck (JK) fue electo en forma directa. JK desenvolvió una forma de gobernar que le posibilitó la conquista de un gran apoyo de la población; su slogan “50 años en 5” se volvió extremadamente popular entre los brasileros. Sin embargo, el gobierno de JK también estaba siendo marcado por indicios de que los militares preparaban un golpe de Estado.

 

Janio Quadros y el intento de auto-golpe

 

“¡Barre, barre, escobita!

¡Barre, barre la indignidad!

Que el pueblo ya está cansado

De sufrir de esta manera…”

 

El trecho musical arriba es parte del jingle de la campaña electoral del sucesor de JK en la Presidencia de la República, Janio Quadros. El jingle y la campaña electoral como un todo causaron una óptima impresión en los brasileros, convirtiendo a Quadros en presidente con una aprobación nunca antes vista en las urnas. La victoria avasalladora, con 5,6 millones de votos, hizo que el presidente electo creyese en un autogolpe de Estado. Creyendo que el pueblo siempre estaría a su lado, el propio Quadros orquestó una renuncia. El objetivo era volver al poder mediante un pedido amplio de retorno, que sólo sería aceptado si le fuesen datos poderes absolutos. Siete meses después de su elección, puso en práctica este plan y renunció al cargo. Sin embargo, contrariando las expectativas, el pueblo nunca le pidió que volviera y el cargo de presidente terminó siendo ocupado por su vicepresidente, João Goulart, conocido como Jango. Sin embargo, no fue fácil para Goulart asumir el cargo que era su derecho.

 

En la época de la renuncia de Janio Quadros, éste estaba en un viaje diplomático en la República Popular China, lo que causaba escalofríos a los militares brasileros, asumidamente anticomunistas. Aprovechando la situación, los militares acusaron a Jango de ser comunista y le impidieron asumir el cargo máximo del país.

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Después de muchas negociaciones, mediadas inclusive por su cuñado Leonel Brizola, los que apoyaban a Jango y la oposición terminaron haciendo un acuerdo político por el cual se crearía un régimen parlamentarista, en el que el presidente es sólo un jefe de Estado con poderes reducidos. En 1961, João Goulart asumió ese gobierno parlamentarista. Sin embargo, dos años después, hubo un plebiscito y el pueblo, con un porcentaje del 82%, optó por la vuelta del presidencialismo. Entonces, en 1963, Jango, finalmente, asumió la Presidencia con amplios poderes.

 

Durante el gobierno de Jango, se hicieron notorios los varios problemas estructurales de la política de Brasil, acumulados en las décadas que precedieron al golpe, y las disputas de naturaleza internacional, en el ámbito de la Guerra Fría, que desestabilizaron a su gobierno.

 

Jango adoptó una política económica más conservadora, disminuyendo la participación de las empresas extranjeras en sectores estratégicos de la economía e instituyendo un límite para el envío de ganancias de las empresas internacionales, siguiendo las orientaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). A pesar de este conservadurismo, el entonces presidente siempre fue maleable en relación con las reivindicaciones sociales, lo que aumentaba la desconfianza de los militares.

 

En medio de la inestabilidad económica, Jango publicó el Plan Trienal, que buscaba combatir la inflación y hacer que Brasil crezca a una tasa del 7% anual, además de iniciar una política de distribución de ingresos. Sin embargo, el plan no consiguió alcanzar las metas esperadas y las reivindicaciones populares se volvieron más fuertes. Después del fracaso del plan, Jango apostó a las reformas de base, para reestructurar al país. Estas medidas incluían las reformas agraria, tributaria, administrativa, bancaria y educacional.

 

En una gran elección, llamada ‘Comicios de la Central’, por haber sido realizada en la Plaza de la República, frente a la estación Central de Brasil, en Río de Janeiro, el presidente anunció a más de 150 mil personas que daría comienzo a las reformas y libraría al país del caos en que se hallaba. Los comicios, sin embargo, fueron otro motivo para que la oposición lo acusara de comunista. A partir de allí, se intensificó una movilización social anti-Jango.

 

El golpe

 

La clase media, al ver las banderas rojas y los pedidos de reforma agraria, se asustó con una posible revolución socialista y brindó su apoyo a los militares. Algunos días después de los comicios, se organizó la ‘Marcha de la Familia con Dios por la Libertad’, que llevó a miles de personas a las calles, pidiendo el alejamiento del presidente. Estas manifestaciones fueron vistas por los militares como un consentimiento al entonces Golpe de Estado que estaba siendo preparado.

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En la madrugada del 31 de marzo de 1964, el golpe militar fue deflagrado contra el gobierno de João Goulart. Lo que se destacó fue la total falta de reacción del gobierno y de los grupos que le daban su apoyo. Jango cayó sin resistencia, sin siquiera accionar su dispositivo militar que le daba apoyo. Comenzaba entonces un período sombrío para la historia brasilera, marcado por el autoritarismo, la censura y violentas violaciones de derechos humanos.

 

De acuerdo con el profesor de historia de la UFRJ, Carlos Fico, autor del libro Además del Golpe, Jango podría “haber tomado con facilidad el Palacio de Guanabara, donde estaba el gobernador Carlos Lacerda, que se defendía en forma precaria. Podría haber dispersado las tropas golpistas con pocos aviones bombarderos, sin embargo, prefirió evitar una guerra civil, o sólo evaluó que sería inútil resistir”. Goulart salió del país, pero antes de hacerlo, ya había perdido su mandato. Fue hacia el exilio en Uruguay, de donde sólo retornaría a Brasil para ser sepultado, en 1976.

 

Traducción: Daniel Barrantes – barrantes.daniel@gmail.com

 

 

17.03.2014

 

 

[REPORTAJE] 50 años del golpe militar en Brasil: represión y tortura

 

Mateus Ramos
Adital

 

“Es como si ellos corrompieran tu alma, destruyendo lo que uno tiene de bueno (…). Ellos quieren, a través de la masacre, de la inhumanidad, que uno traicione, que uno rompa todos los vínculos que tiene, como en el caso que vi de una niña, que entregó a su propio padre”.

 

Reprodução
Maria do Carmo Serra Azul

 

El trecho de arriba es parte de una larga entrevista concedida por María do Carmo Serra Azul a Adital. Cacao, tal como es conocida por los amigos, es una ex-presa política, que fue torturada en los sótanos del DOI-CODI, uno de los órganos represores de la dictadura militar brasilera.

 

Presos políticos, como Cacao y tantos otros, son personas que fueron encarceladas por las autoridades de un país por expresar, en palabras o actos, su discordancia con el régimen político en vigencia. Cabe resaltar que la existencia de esos presos, está, usualmente, asociada con regímenes políticos dictatoriales, o sea, no hay presos políticos si no hay dictadura.

 

Las torturas a las que eran sometidos los presos políticos llevaron al surgimiento de otro término: desaparecidos políticos, personas que simplemente desaparecían después de ser detenidas por la policía.

 

El sitio web www.acervoditadura.rs.gov.br revela que existen más de 200 muertes oficiales en el período de la dictadura, sin embargo, ese número debe ser mucho mayor, teniendo en cuenta que muchos muertos fueron simplemente “desovados”, para utilizar un término que los propios opresores usaban.

 

Otro número oficial, que en la realidad también debe ser mucho mayor, es el de los desaparecidos. En el sitio web www.desaparecidospoliticos.org.br *se publica un listado de 379 nombres de personas que desaparecieron después de ser detenidas durante el régimen militar. Ese número es bajo si tenemos en cuenta que muchas familias no relataron la desaparición de sus seres queridos por miedo a sufrir represalias por parte de los militares.

 

Métodos de torturaReprodução

 

“Ellos me hacían el ‘submarino’, introducían mi cabeza en el agua a la fuerza, me ahogaban y después me hacían respirar, como si me hubiese ahogado en la playa, eso me dejaba loca”, se desahoga Cacao al recordar los 15 días que pasó siendo torturada.

 

Antes de hablar de los órganos de represión, es necesario explicar los métodos de tortura utilizados, que muchas veces eran tan crueles, que llevaban a la muerte a los torturados o los dejaba locos.

 

Silla del Dragón – “Me ataron a la silla del dragón, desnuda, y me dieron choques eléctrico en el ano, en la vagina, en el ombligo, en los senos, en la boca, en el oído”. (María Amelia Teles, ex-militante del Partido Comunista de Brasil) Era una especie de silla eléctrica revestida de zinc y vinculada a terminales eléctricas, donde los presos se sentaban desnudos. Cuando se lo activaba, el aparato trasmitía choques eléctricos a todo el cuerpo del torturado. Además, muchas veces los torturadores colocaban un balde de metal en la cabeza de la víctima, donde también eran aplicados choques eléctricos.

 

Palo de arara – “Fui al palo de arara varias veces (uno es atado a un palo como si fuese un ave o un animal para transporte). De tanto porrazo, una vez mi cuerpo quedó en muy mal estado, me agitaba convulsivamente en el suelo”. (Maria do Socorro Diógenes, ex-militante del Partido Comunista Brasilero Revolucionario (PCBR) – El palo de arara es una de las formas más antiguas de tortura, utilizada en Brasil desde la época de la esclavitud. Los torturadores colocaban una barra de hierro atravesando los puños y las rodillas del preso, que quedaba desnudo. La víctima era colgada a cerca de 20 centímetros del suelo, en una posición que causaba dolores desgarradores y no terminaba allí. Después de estar colgando el torturado recibía choques eléctricos, golpizas y quemaduras con cigarrillos.

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Ahogamientos – “Los torturadores me introducían con capucha en un tanque de agua sucia, hedionda, asquerosa. Cuando retiraban mi cabeza del agua, yo no podía respirar, porque aquel paño se pegaba a mi nariz.” (Maria do Socorro Diógenes, ex-militante PCBR) – Con este método, los torturadores tapaban las narinas del preso y colocaban una manguera dentro de la boca de la víctima, obligándolo a tragar agua. Otro método de ahogamiento era el de sumergir la cabeza del torturado en un tanque de agua, forzando su nuca hacia abajo hasta el límite del ahogamiento. Muchas veces el preso se desmayaba, lo que no significaba el fin de la tortura.

 

Heladera – Los presos eran obligados a quedarse desnudos dentro de una celda pequeña hacia lo alto, lo suficiente como para impedirles estar de pie, después de eso los torturadores accionaban un dispositivo que, controlado por ellos, alternaba la temperatura de la celda entre extremadamente baja y lo suficientemente alta que enloquecía a cualquiera. Sumado a eso, altoparlantes reproducían sonidos extremadamente irritantes. Los presos llegaban a pasar días en esas celdas, sin agua ni comida.

 

Suero de la verdad – Existen varios tipos de “sueros de la verdad”, el utilizado por el régimen militar era el pentotal sódico. Una droga que provoca en la víctima un estado de somnolencia y que reduce las barreras inhibitorias. Bajo su efecto, la persona puede hablar cosas que normalmente no diría (de ahí el nombre de suero de la verdad). El problema es que el efecto de ese suero es poco confiable, ya que la víctima puede tener alucinaciones y fantasear cosas que no son necesariamente verdaderas. Además, en algunos casos, la droga puede llevar a la muerte.

 

Palizas – “Ellos giraban a los presos dentro de las celdas y los empujaban contra la pared, dejando marcas de sangre por todos lados, mi marido tiene una cicatriz en la cabeza hasta hoy a causa de ello” (Cacao) – Como el propio nombre lo dice, era literalmente una paliza. El preso recibía agresiones físicas de todas las maneras posibles, entre las más violentas estaba el “teléfono”, donde el torturador golpeaba con las dos manos, en forma de concha, al mismo tiempo en los oídos del preso. Esta técnica dejaba al torturado zonzo y podía hasta estallarle los tímpanos, causando sordera permanente.


 

Abusos sexuales“Ellos usaban y abusaban. Sólo nos interrogaban totalmente desnudas, juntando el dolor de la tortura física con la humillación de la tortura sexual”. (Gilse Cosenza, ex-militante de Acción Popular, AP). Una forma cruel de tortura, ya que afecta tanto lo físico como lo psicológico. Esos abusos se sumaban a las golpizas, insultos y mucha sumisión, muchas veces además del estupro, hombres y mujeres tenían objetos introducidos en sus cuerpos.

 

Tortura psicológica “Con certeza la peor tortura fue ver mis hijos entrando en la sala cuando yo estaba en la silla del dragón. Estaba desnuda, toda orinada a causa de los choques eléctricos. Cuando me vio, Janaína preguntó: ‘Madre, ¿por qué estás azul y nuestro padre verde?’. Edson dijo: ‘Ah, madre, aquí la gente queda azul, ¿eh?’. Ellos también me decían que iban a matar a los niños. Llegaron a decir de que Janaína ya estaba muerta dentro de un cajón”. Considerada por muchos como la forma más cruel de tortura. Iban desde la humillación del preso hasta amenazas de violencia contra sus familiares. Mujeres embarazadas o que tenían hijos recién nacidos, muchas veces escuchaban decir a los torturadores que nunca más los verían. Hay también relatos de hombres que eran obligados a ver los abusos sexuales contra sus mujeres.

 

Los órganos de represión

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“Usted, ahora, va a conocer la sucursal del infierno”. (Palabras proferidas por un oficial del ejército a Frei Tito, cuando éste era llevado hacia el interrogatorio y, consecuentemente, a las torturas)

 

“Decían que la tortura no era institucional, yo me entregué en la 10ª Legión militar y salí de allá encapuchada y sufriendo agresiones, entonces, todo es una gran mentira, todos sabían lo que ocurría con los presos políticos (…). En el propio cuartel, había una placa con la sigla DOI-CODI”, recuerda Cacao, sobre el día en que se entregó a la policía.

 

Los órganos de represión de la dictadura militar brasilera eran varios, pero vamos a atenernos a los más importantes y temidos, como el DOI-CODI. Fue en los sótanos de ese órgano donde la mayoría de los presos políticos fueron torturados, humillados y muchas veces asesinados.

 

El DOI-CODI, que era dirigido por el entonces Capitán Carlos Alberto Brilhante Ustra, estaba constituido por dos órganos diferentes, el Destacamento de Operaciones y de Informaciones (DOI), responsable de las acciones prácticas de búsqueda, detención e interrogatorio de sospechosos, y el Centro de Operaciones de Defensa Interna (CODI), cuyas funciones incluían el análisis de informaciones, la coordinación de los diversos órganos militares y el planeamiento estratégico del combate a los grupos de izquierda. Aunque fuesen dos órganos distintos, eran frecuentemente asociados en la sigla DOI-CODI, lo que reflejaba el carácter complementario de los dos órganos.

 

Ustra, en 2008, se convirtió en el primer militar en ser reconocido por la Justicia brasilera como torturador en el período de la dictadura. Durante una sesión de la Comisión de la Verdad, en 2013, el ex-sargento del Ejército Marival Fernandes declaró que el ex-comandante, era el “señor de la vida y de la muerte” del DOI-CODI y que “elegía quien iba a vivir y quien a morir”.

 

Otro brazo importante de la represión y que causaba escalofríos en los presos era el Escuadrón de la Muerte, liderado por el delegado Sergio Fleury. El Escuadrón, que surgió en la década de 1960 en San Pablo, era un grupo paramilitar cuyo objetivo era perseguir y matar a supuestos delincuentes tenidos como peligrosos para la sociedad.

 

Su comandante, Fleury, era uno de los más crueles interrogadores, frecuentemente los presos interrogados por él morían durante las torturas. “Él frecuentemente contaba victorias, afirmando haber sido la persona que mató a Marighella”, cuenta Cacao.

 

María do Carmo fue una de las personas que enfrentó el interrogatorio de Fleury y sobrevivió. Ella cuenta que todos los interrogatorios realizados por él alternaban torturas con conversaciones. “Él me preguntaba: ¿te está gustando? ¿Quieres que te lo repita? Entonces yo decía: ¡no! Y él retrucaba, pues entonces habla. Y yo respondía: pero es que no se”.

 

Censura

 

Además de la represión violenta, había también censura. Durante la dictadura, fue enorme la censura a las producciones culturales que contrariaban las doctrinas militares. El órgano responsable de la censura, durante el régimen, era la División de Censura de Diversiones Públicas (DCDP). Para aprobar la letra de una canción, por ejemplo, era necesario enviarla al DCDP y si no era liberada por el órgano, la grabadora podía abrir un recurso a ser juzgado por los censores, que estaban en Brasilia. Ellos analizaban cómo se trataban las buenas costumbres y la crítica política contra el régimen militar.

 

“Ellos se creían omnipotentes, inalcanzables, lo que no era tan verdad. Yo tenía aún el control sobre lo que yo haría. Lo que ellos querían, yo lo sabia, y sólo lo diría si yo lo quisiera”, resalta Cacao.

 

Curiosidades

 

Algunos hechos curiosos ocurrieron en la época de la censura, cosas que pocas personas saben. Veamos:

 

Gilberto Gil hizo la composición de la canción “Aquel abrazo”, después de haber sido detenido en un carro blindado de la policía. Él pensó que sería asesinado.

 

Chico Buarque, cuando escribió la canción ‘Apesar de você’, lo hizo por el disgusto que sentía por la falta de libertad durante la dictadura. El cantor expresó su decepción en la canción, donde la crítica se disfrazada como si fuese una pelea entre enamorados. Al enviar la canción al departamento de censura, él imaginó que la letra sería vetada, pero terminó siendo liberada;

 

Después de la grabación de “Apesar de você”, los censores se volvieron bastante rígidos con Chico Buarque, que entonces pasó a utilizar también el heterónimo Julinho de Adelaide, para huir de la censura. Después del descubrimiento de que Julinho de Adelaide y Chico eran la misma persona, los censores pasaron a exigir copias de RG y CPF a los artistas.

Lea más:

 

[REPORTAJE] 50 años del golpe militar en Brasil: la preparación

 

Traducción: Daniel Barrantes – barrantes.daniel@gmail.com

* Ditch Pavos
Edson Luís de Almeida Teles
Pared para honrar el lugar de la fosa clandestina .

En 1990 , el 4 de septiembre , estaba abierto a deshacerse Pavos , Don Bosco en el cementerio situado en las afueras de la ciudad de São Paulo. Allí se hallaron huesos de 1049 , los presos y las víctimas de escuadrones de la muerte políticos indigentes . Seis presos políticos deben ser enterrados en esta fosa , según los registros del cementerio: Dennis Anthony Casimiro , Casimiro Dimas , Flávio Carvalho Molina , Francisco José de Oliveira , Eduardo Frederico Mayr y Grenaldo Jesus da Silva .
El cementerio Don Bosco fue construido por la ciudad de São Paulo, en 1971 , la gestión de Paulo Maluf y, al principio , recibió los cadáveres de personas no identificadas , indigentes y las víctimas de la represión política. Era parte del plan original de la instalación de un crematorio , que causó extraño y sospechoso que llame al contratista para su construcción. Este proyecto de la cremación de los cadáveres de los pobres , que sólo tiene noticia a través de la memoria de sepultadores , fue abandonado en 1976. Los huesos exhumados en 1975 fueron apilados en el cementerio y el funeral en 1976 , enterrado en una fosa clandestina.
Nuestra familia de hermanos Yuri y Alex de Paula Xavier Pereira , después de varios intentos de encontrar sus restos en los cementerios de la ciudad de São Paulo, encontró que Yuri fue enterrado en el cementerio de los pavos cuando el funeral de su tío en el mismo cementerio en diciembre 1973 . Después de algún tiempo , la familia mostró el periódico administrador cementerio donde las noticias se informó de la muerte de Alex e indicó el nombre falso utilizado por él durante la clandestinidad, João Maria de Freitas . Por lo tanto , el administrador se encuentra en los registros del cementerio enterrado a una persona con ese nombre. Este descubrimiento ha motivado la familia para el uso de identidad falsa para el entierro de los activistas políticos asesinados .
En junio de 1979 , la hermana de Yuri y Alex , Iara Xavier Pereira, informó esta información a las familias de reunión política muertos y desaparecidos en el III Encuentro Nacional del Movimiento de Amnistía , en Río de Janeiro. Incluso en junio, algunos familiares del cementerio se encuentran pavos y otros militantes muertos y enterrados bajo identidad falsa como Gelson Reicher , enterrado bajo el nombre de Emiliano Sessa, y Luis Eurico Lisboa Tejera, enterrados como Nelson Bueno. Estos nuevos datos llevaron a otros miembros de la familia para comenzar sus búsquedas en los cementerios de los nombres falsos utilizados por sus familiares en la clandestinidad .
En julio de 1979 , la familia de Flávio Carvalho Molina, asesinado el 7 de noviembre de 1971, se enteró de su muerte a través unida a un proceso en segundo Armada de Auditoría , sin embargo no hay documentos nunca recibieron ninguna comunicación , ni siquiera informal . En la documentación , el Comité de Auditoría es informado de la muerte de Flavio, cuyo cuerpo había sido enterrado en el cementerio de un indigente en Don Bosco en pavos , con el falso nombre de Álvaro Lopes Peralta , el hoyo n . 14 , calle 11 , bloque 2 , las vías 1 y log n . 3054 . Su familia trató de exhumar sus restos cuando descubrieron que habían sido exhumados en 1975 y reinumados en una fosa común . En ese momento, nada se podía hacer debido a la represión política que prevalece en el país.
En 1990 , el periodista Caco Barcellos , la investigación de la violencia policial a través de informes de la autopsia del Instituto Médico Legal (IML ) de São Paulo, redescubre ilegal y zanja este evento logra una gran atención de la prensa. A continuación, las familias de la ganancia política muertos y desaparecidos el apoyo del alcalde Luiza Erundina , que creó la Comisión Especial de Investigación de los huesos de pavos.
La familia exigió el traslado de los huesos al Departamento de Medicina Legal , UNICAMP , para el IML / SP aún funcionaba médicos forenses que firmaron los informes falsos de los presos políticos asesinados en la tortura. El director de IML , en ese momento , el Dr. José Antonio de Melo firmó los informes de las autopsias de Manoel Fiel Filho , muertos bajo tortura el 16 de enero de 1976, en el Ejército DOI-CODI/II . La familia , el Centro para el Estudio de la Violencia de la USP (NEV ) , Amnistía Internacional y Americas Watch invitó al Dr. Clyde Collins Nieve y Argentina Equipo de Antropología Forense (EAAF ) para colaborar con el Departamento de Medicina Forense de la UNICAMP en la catalogación y identificación de los huesos encontrados en la fosa de los pavos . Sin embargo , no podían trabajar en la investigación de la identificación , ya que el equipo de medicina forense de la universidad no estaba de acuerdo con su participación.
Entre el 17 de septiembre de 1990 y mayo 1991 se instaló en el Salón de la Ciudad de São Paulo una CPI para investigar las irregularidades de los Pavos de trinchera . En noviembre de 1990, el Acuerdo entre el Estado , la ciudad de São Paulo y la Universidad Estatal de Campinas (UNICAMP ) , se firmó por un periodo de 1 año, con el objetivo de identificar los huesos. En este período también se inició la investigación policial no. 10/90 en West Seccional , presidido por el Dr. Cesario Jair da Silva para establecer la responsabilidad por el uso de la zanja ilegal. En diciembre de 1990 , los huesos , debidamente catalogados y empaquetados fueron trasladados a la LMD / UNICAMP . A finales de 1992 dio dos identificaciones de los presos políticos cuyos restos eran ilegales en la zanja : Dennis Anthony Casimir , dadas por desaparecidas , y Edward Frederick Mayr .
El trabajo de la Comisión Especial de Investigación de los huesos del pavo y el IPC extendió su trabajo a todos los cementerios de la capital y ciudades aledañas. Por lo tanto , otros huesos fueron enviados a la LMD / UNICAMP para la investigación con fines de identificación . Cementerio Pavos tres esqueletos de tumbas individuales fueron identificados como los de Helber Goulart José Gomes, Antônio Carlos Bicalho Lana y Sonia Maria de Moraes Ángel Jones. En el mismo cementerio , la tumba donde los esqueletos serían enterrados Hiroaki Torigoe y otra fosa donde sería Luís José da Cunha fueron retirados y enviados a la LMD / UNICAMP . Hasta la fecha , no hay resultados de la investigación fueron revelados.
Cementerio de Campo Grande , São Paulo, se identificaron los restos de Emanuel Bezerra dos Santos. Se comprobó que José María Ferreira Araújo , quien murió en São Paulo , 23 de septiembre de 1970, fue enterrado en el cementerio de Vila Formosa. Sin embargo , los cambios en la prestación de algunos bloques del mismo lugar imposible de los restos de José María . Algunos huesos fueron trasladados a esta UNICAMP cementerio y , según su Departamento de Medicina Legal , ya había sido devuelto al cementerio, sin embargo, revelar ningún informe al respecto.
El 29 de abril 1991 fueron llevados cementerio Xambioá , el sur de Pará , dos esqueletos de presuntos guerrilleros do Araguaia . Una pertenecía a Francisco Manoel Chaves y la otra Maria Lúcia Petit da Silva. Como se dictó la identificación del informe de Maria Lúcia Petit da Silva a la familia el 15 de mayo de 1996. Las otras familias se les dio copias de los informes que identifican el papel sin membrete de la universidad y sin firmar.
Desde 1993 , la duración del mandato del alcalde Luiza Erundina , se transmitió ningún informe oficial sobre las investigaciones de los huesos. A pesar de las dificultades para llegar a final de las identificaciones , donde encontraron a deshacerse de un monumento fue erigido por el arquitecto Ricardo Ohtake , inaugurado el 26 de agosto de 1993.
El 17 de mayo , se celebró la asamblea de 1995 para exigir la rendición de cuentas en materia de investigación con el propósito de identificar los huesos de pavos y otros cementerios . Luego se supo que los fragmentos óseos de los seis milicianos muertos , ya identificados por DML , habían sido enviados a Alemania. También se envía fragmentos de huesos de esqueletos no identificados de la Universidad Federal de Minas Gerais, en Belo Horizonte, para la extracción de ADN. Se dispuso la creación de un comité para garantizar la transparencia de la labor de investigación de la LMD. Estabilizado que los huesos serían devueltos a los pavos del cementerio después de la conclusión de la investigación y de las condiciones previamente acordados con la familia y , una vez más , la DML se comprometieron a enviar el informe detallado sobre la investigación.
Después de un año sin respuesta por parte de la UNICAMP , la familia, a través de la interferencia de la Procuraduría General de Justicia del Estado de São Paulo dos Santos Jr. Belisario , se reunió con el rector de esa universidad José Martins Filho , Secretario Adjunto de Seguridad Pública, Luiz Antonio Alves de Souza, los legisladores estatales Renato Simões y Lino Wagner y Susanna Lisboa , Representante Especial de la Comisión de Acreditación de los Muertos y Desaparecidos . Se decidió por la lejanía del Dr. Badan Palhares el proceso de investigación de los huesos de los pavos , el envío de médicos forenses Secretaría de Seguridad para supervisar la investigación, la participación de expertos internacionales en calidad de observador , el envío de cuestionario preparado por la familia con todo cuestiones que se explican por el rector. Badan Palhares fue reemplazado por José Eduardo Bueno Zappa, y el médico forense Carlos Delmonte fue remitido por el Departamento de Seguridad Pública de DML / UNICAMP . Las respuestas proporcionadas por la UNICAMP del Procurador General fueron evasivas y contradictorias.
En abril de 1997 la familia recibió copias del informe ” Pavos de proyecto” firmados por el Dr. Zappa y oficio del Dr. Carlos Belmonte . Tanto el informe (documento oficial de la primera DML / UNICAMP sobre los huesos) y la oficina del médico forense de la Oficina de Seguridad fueron evasivas y dedicado a elogiar al Departamento de Medicina Forense.
En febrero de 1998 se formó un comité especial para sugerir las medidas necesarias para la realización de los trabajos sobre la identificación de los muertos y desaparecidos acuerdos políticos , presidida por el médico forense Dr. Antenor Chicarino e integrado por miembros de la familia y representantes de los Departamentos de Justicia y de Cultura del Estado de Sao Paulo. La Comisión , después de realizar la inspección en los locales de DML / UNICAMP , tomó nota de la precariedad de los envases de los huesos y el compromiso de las investigaciones , ya que se abrieron las bolsas y jugaron sin la identificación del suelo de barro sucio, debido a la inundación que afectó el edificio , y con muebles pesados ​​sobre ellos. Ante esta situación, la Comisión indicó que el traslado de los huesos a Oscar Freire Institute , Departamento de Medicina Forense de la USP y la participación de expertos internacionales en calidad de observador , y que dicha transferencia se hizo sólo después de una investigación a fondo de la situación real de los huesos cuando establecen un plazo para la conclusión de las investigaciones .
El informe de la Comisión Especial que contiene las propuestas anteriores se presentaron a los Secretarios de Justicia y Seguridad Pública en abril de 1998, sin embargo, recibir respuesta alguna de las autoridades. En marzo de 1999 , los miembros de la reunión del Comité Especial celebrada extinguido con el actual Secretario de Seguridad Pública del Estado de São Paulo , Marco Vinícius Petroluzzi , que se comprometió a responder a las soluciones propuestas en abril de 1998.
El 31 de marzo de 1999, la familia de Flávio Carvalho Molina propuso una medida cautelar con solicitud de medida cautelar para la obtención de pruebas con el fin de instruir a Recurso de indemnización propuestos en 1992 “(…) con el fin de determinar las pruebas de ADN en los huesos que quedan en la UNICAMP , posiblemente en los grupos I y II (originalmente llamado muestra Camping – – 1 ) la experiencia inmediata. , según el informe ” los pavos del proyecto” , págs 21 , más precisamente los que recibieron los números 240 y 57 (páginas 25 ) (…) ” para identificar sus restos . La demanda pide que el caso UNICAMP no puede realizar tales pruebas periciales que los restos son trasladados a un lugar seguro donde se realiza el examen necesario .
Se abrieron otras fosas clandestinas. En Río de Janeiro , el 16 de septiembre de 1991, el Grupo Tortura Nunca Mais consiguió el apoyo a 2.100 esqueletos exhumados de una tumba en el cementerio de Ricardo de Albuquerque. Los cuerpos de los muertos y desaparecidos fueron enterrados en una tumba poco profunda cinco años más tarde transferido al osario general. A principios de los 80 enterrados en una fosa clandestina todos los huesos de personas enterradas como mendigos de 1971 al 16 de enero de 1974.
Met, a continuación, un equipo de dos médicos forenses nombrados por el Consejo Regional de Medicina del Estado de Río de Janeiro ( CREMERJ ) , Gilson Souza Lima y María Cristina Menezes, arqueólogo y profesor de la Universidad Estatal de Río de Janeiro ( UERJ ), Nancy Vieira , y el antropólogo y profesor de la Universidad Federal Fluminense (UFF ) , Eliane Catarino . En octubre de 1991 , el Equipo Argentino de Antropología Forense representado por Luis Fondebrider , Mercedes Doretti y Silvana Turner llevó a cabo una capacitación técnica con el equipo y dirigió los trabajos de catalogación de los huesos. Por desgracia , cuando los huesos trasladados desde osario general, se mezclaron en la zanja , formando un conjunto de aproximadamente 430 000 huesos , entre los que no se puede distinguir un esqueleto completo . Aun así, varios cráneos y otros huesos fueron retirados y colocados en 17 bolsas de plástico para ser examinados.
En marzo de 1993 , el equipo terminó el trabajo debido a la falta de financiación y la imposibilidad de sostenerlo con sólo tres personas . Los huesos catalogados fueron almacenados en el Hospital General de Bonsucesso . La ubicación de la zanja permanece custodiado , donde en el futuro tenemos la intención de construir un monumento . Los nombres de los 14 presos políticos están enterrados en esta tumba : Ramires Maranhão Valley y Vitorino Alves Moitinho , tanto desaparecidas; José Bartolomeu Rodrigues da Costa , José Pinheiro Silton , Ranúsia Alves Rodrigues, Almir Custódio de Lima , Vargas de Oliveira Cabral , José Gomes Teixeira José Raimundo da Costa , Maria Lourdes Wanderley Bridges, Wilton Ferreira, Mário Luís de Souza plata y Guilhardini . Otros dos militantes fueron enterrados en fosas comunes en Río de Janeiro : el cementerio es Cacuia Severino Viana Colón y Santa Cruz, Roberto Cieto .
En el cementerio de Santo Amaro , Recife (PE ) , los restos de los muertos ” Masacre de San Benito Ranch” fueron enterrados en una fosa clandestina . En 1973, el jefe de la policía de São Paulo Sérgio Fleury Paranhos , dirigida por cable Anselmo , organizó la acción policial en el que murieron militantes VPR ( Vanguardia Revolucionaria Popular ) en el rodaje esa granja . La investigación llevada a cabo en la Comisión Especial de Reconocimiento de los Muertos y Desaparecidos Políticos que establece la Ley 9.140/95 , muestran que todos fueron encarcelados y torturados antes de ser llevado a la granja de Sao Bento. No se ha podido llevar a cabo investigaciones en esta zanja, porque los huesos no estaban separados en bolsas de plástico , lo que hace inviable el trabajo de identificación . Están enterrados en la fosa del cementerio de Santo Amaro : Eudaldo Gomes da Silva , Luís Ferreira de Souza Evaldo Jarbas Pereira Marques , Pauline Barrett Viedma Reichtul y Soledad . La esposa de José Manoel da Silva logró rescatar su cuerpo antes de que fuera ilegal zanja trasnferido , pero sólo 3 1995 le puede enterrar en su ciudad natal .

 

 

 

Uruguay: Denuncia “el cuerpo de las mujeres fue utilizado como botín de guerra”,

Uruguay: Denuncia de Beatriz Benzano y Clarel de los Santos

DURANTE LA DICTADURA, EL CUERPO DE LAS MUJERES FUE USADO COMO BOTÍN DE GUERRA

30 junio 2013

El horror, el horror

La última dictadura, de la que se cumplen 40 años este jueves, dejó víctimas silenciosas, como las mujeres ex presas, que sufrieron abusos y violencia sexual.
Durante la última dictadura uruguaya, “el cuerpo de las mujeres fue utilizado como botín de guerra”, afirma Beatriz Benzano, quien décadas después del régimen promovió, junto a otras ex presas políticas, la primera demanda colectiva por violencia sexual ejercida contra las detenidas en ese periodo.

Lo que hicieron los militares con las mujeres detenidas fue “un crimen de guerra”, asegura Beatriz, ex monja que luego militó en el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN).

“El cuerpo de la mujer era usado como botín de guerra, en los cuarteles nos entregaban a la tropa para que hicieran lo que quisieran con nosotras. Y como campo de batalla, por eso lo hacían delante de compañeros o esposos”, relata Beatriz, quien estuvo encarcelada entre 1972 y 1976.

Ella es una de las 28 ex presas políticas que presentaron en octubre de 2011 una denuncia contra más de un centenar de militares, policías, médicos y enfermeros que participaron de las torturas y abusos sexuales contra las detenidas.

La denuncia sostiene que las detenidas sufrieron especialmente “en su condición de mujeres”.

El ensañamiento era mayor “por el hecho de ser mujeres y por ser ellos una institución tan jerarquizada, autoritaria y machista”, sostiene Beatriz. “No podían tolerar que nosotras nos hubiéramos salido del rol tradicional de esposas, madres, amas de casa”.

“La desnudez forzada era lo primero que nos hacían, al llegar al cuartel nos arrancaban la ropa. En esa situación de vulnerabilidad e indefensión empezaban a torturarnos y a hacer algunas prácticas de violencia sexual”, recuerda, con la mirada empañada.

Cientos de denuncias

Si bien hay unos 15 condenados en los últimos años en Uruguay por delitos cometidos durante la dictadura –entre ellos los ex dictadores Gregorio Álvarez y el fallecido Juan María Bordaberry-, todos fueron culpados por el delito de homicidio.

Con el regreso de la democracia en 1985 y la aprobación un año después de una ley que frenó las investigaciones sobre los crímenes de la dictadura, los detenidos callaron las torturas.

“Lo que hicimos fue pelear por memoria y verdad, tratar de encontrar a los desaparecidos, nos parecía que era lo más urgente”, señaló Benzano.

Luego que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ordenara en 2011 a Uruguay investigar y juzgar los delitos de la dictadura, las ex presas evaluaron que ahora sí podían denunciar. Pero se toparon con la gran dificultad para hablar del tema.

“Hablamos con más de un centenar de compañeras, invitándolas a hacer la denuncia, algunas que sabíamos que habían sido violadas, y al final quedamos 28 haciendo la denuncia. Hay compañeras del grupo que jamás lo habían hablado con su compañero o durante 30 años de terapia no se lo habían dicho al terapeuta ni a nadie”, relata Beatriz.

Un proceso similar vivieron 90 ex presos y ex presas que presentaron una denuncia separada, también en 2011, por las torturas y tratos degradantes cometidos en las prisiones uruguayas, que llegaron a albergar unos 6.000 presos políticos.

También en este caso, “más allá de identificar a los responsables y castigarles por un delito cometido, para nosotros lo fundamental es que se avance en la jurisprudencia en el país para que este tipo de delitos nunca más ocurran. Y que si ocurren, que haya instrumentos jurídicos reales y efectivos para castigarlos”, dijo a la AFP Clarel de los Santos, ex detenido y uno de los impulsores de esta denuncia.

De los Santos sostiene que “durante muchos años se negó que la tortura hubiera existido, una parte importante de la población no creyó”.

“Por eso nos parece ponerlo en el tapete: que existió tortura, que la tortura generó secuelas en una cantidad de gente que nunca pudo rehabilitarse, que en general cambió para siempre a las personas que fueron torturadas. Aunque hayan hecho esfuerzos por canalizar su vida no fue lo mismo”, enfatizó.

Beatriz coincide en que la sociedad uruguaya ha recibido las denuncias sobre torturas “con asombro, como si nunca hubieran oído hablar (de esto)”.

“Creo que también todo el mundo trató de olvidar lo peor: el horror del terrorismo de Estado”, sostiene. “Que estaban todos los cuarteles y las comisarías del país convertidos en centros de tortura y de exterminio, con cuerpos colgados del aire, balanceándose como muñecos, desnudos siempre. Cuerpos tirados, amontonados, mugrientos, sangrientos, desfigurados por los golpes en la cara, en todo el cuerpo, en los genitales, donde se ensañaban, ultrajados, pisoteados”.

Ambas denuncias están actualmente en la Suprema Corte de Justicia (SCJ), para que el máximo tribunal resuelva si se pliega al pedido de la defensa de los acusados, que sostienen que los delitos prescribieron, basándose en un fallo emitido por la propia SCJ para otro caso este año.

Sin embargo, en estos dos casos las víctimas aseguran que seguirán adelante.

“Es urgente, no podemos dejar ese fardo a las generaciones venideras”, dice Beatriz. “Los hijos y los nietos de ellos oyen que sus padres o abuelos siguen reivindicando lo que hicieron. El trabajo es de justicia pero también por un nunca más”.

(Fuente: AFP)
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