No-natos

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No-natos

 
Somos los hijos y los nietos
De los hoy recordados
Somos las hijas y las nietas
Que nunca existieron
Pero que tanto quisieron
Nacer, vivir, jugar y luchar
Somos la descendencia
De quienes hoy resuenan
Eternos en nuestras voces
En un ahora y siempre
En un siempre ahora
 
Somos esa sangre que no sangró
De quienes tanta sangre dejaron
Somos los sueños arrancados
De quienes tanta justicia soñaron
Somos los hijas e hijos que no nacieron
Para poder decir
Madre o Padre
 
Pero hoy renacemos
Pero hoy gritamos, luchamos y recordamos
Porque las heridas se han vuelto a abrir

Quieren liberar sombras

Quieren volver a matar a los padres que no tuvimos
Matarlos en dignidad
Matarlos en memoria
Y hoy los que no nacimos
Perpetua justicia a gritos pedimos

(Miguel Echeverria M)

 
Destacado

Los Hijos de Pinochet (1987)

Los Hijos de Pinochet

 


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El papel de los niños, sujeto de la historia

El papel de los niños, sujeto de la historia

El papel de los niños

  • Antonia García C.
  • La muestra “Infancia en dictadura”, que estuvo hace unos meses en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, se repone en estos días, y se podrá ver hasta el 29 de octubre en la Biblioteca Nicanor Parra, Vergara 324 (Santiago / metro Los héroes). En paralelo, acompañando la muestra, una serie de actividades se están realizando desde el 8 de septiembre y continuarán hasta el 14, en la Facultad de Psicología de la Universidad Diego Portales (Jornadas “Memoria, elaboración y resistencia. Imágenes y narrativas para reescribir el dolor social”).

Vivian Lavín enfatizó en este espacio, en más de una oportunidad, la importancia del trabajo realizado por la Dra. Patricia Castillo y su equipo. Todo indica que no hay forma de no verse tocado por lo que ahí se cuenta y el cómo se cuenta. “La importancia de lo ínfimo”, como suele recalcar Patricia Castillo, es lo que está en juego. Pero también una reflexión sobre el lugar de los niños en la historia.

Los niños de ayer. Y los niños de hoy. Porque eso es también lo que esta muestra permite: interrogarnos sobre el rol de los niños y lo que hacemos con ellos y lo que no hacemos. El rol que le damos y el rol que ellos asumen sin preguntar nada a nadie, porque los niños suelen ser “subversivos”: no solamente porque se toman los espacios y se toman la palabra, sino también porque, en distintas circunstancias de opresión, crean sus propios espacios de libertad*. El niño como sujeto creativo por excelencia, el niño sujeto de la historia y no mero acompañante, el niño-observador-narrador con su propia manera de oír y de restituir el mundo. Eso es también lo que esta muestra pone en escena a través de dibujos y escritos realizados por niños chilenos durante la dictadura.

foto-infancia-en-dictadura

Este trabajo llega en un momento particular. Existe hoy otra sensibilidad frente al pasado reciente y una pluralidad de voces que revelan temas que hasta hace poco estaban “ahí”, como entre tinieblas, no atendidos todavía.

Pienso en la existencia de la Agrupación de Ex Menores de Edad Víctimas de Prisión Política y Tortura en Chile. Pero, también, en la escritora María José Ferrada: en su gesto, su búsqueda y el hilo que tiende en sus poemas dedicados a niños y niñas ejecutados durante la dictadura (“Niños”).* Pienso en una obra como “El edificio de los chilenos” de Macarena Aguiló. Partiendo de una experiencia llevada a cabo por militantes del MIR –que decidieron poner a salvo a sus hijos dejándolos a cargo de padres sociales en Cuba, antes de retornar a Chile de manera clandestina para combatir–, este trabajo permite ampliar el espectro de las preguntas. ¿Qué hicieron los militantes de izquierda con sus hijos durante la dictadura? ¿Cómo se conjuga militancia y familia? ¿Combate y paternidad? ¿Combate y maternidad? ¿Cuándo ausentarse es proteger y cuándo es abandonar? Preguntas difíciles, preguntas dolorosas que Macarena Aguiló logra abordar con una generosidad asombrosa.

“Infancia en dictadura” llega en este momento en que cierta brecha en el muro de la propia casa está abierta y puede ser recorrida de frente. La muestra es lo suficientemente rica como para ser abordada desde muchos aspectos. Quisiera enfatizar dos.

El primero es el papel. En varios sentidos. Uno tiene que ver con la figura del niño y la posibilidad de jugar con los roles. Porque acá el que calla es el adulto. Es él quien debe abrir sus sentidos para atender lo que los niños dejaron registrado en distintos soportes (cartas, diarios íntimos, tarjetas postales, dibujos). El adulto aprende del niño y el niño es la voz autorizada para contar. No es la única inversión a la que procede la muestra. Hay otra que consiste en volcar al espacio público un tipo de relato y/o de producción originalmente concebido en un espacio íntimo (caso paradigmático del diario).

De alguna manera, esto equivale a contar la historia desde los huecos, desde las rendijas, desde las huellas que la historia (en mayúscula) fue dejando en los hogares y que los niños –de diversas condiciones sociales y con historias familiares diferentes– fueron inscribiendo con letra apretadita (en minúscula) en sus cuadernos, diarios, hojas sueltas. Así, también, la muestra opera como amplificador de voces que, en su momento, fueron cuchicheos.

Pero también está el papel como materia. La superficie. La textura. ¿Qué haríamos sin papel? ¿Habrá una vida después del papel? Y uno se sorprende porque, de pronto, frente a una foto tomada en la inauguración, se advierte que hay ciertas cosas que sólo es posible atender porque quedaron registradas ahí. Sin papel, un trabajo como “Infancia en dictadura” no sería posible, ya que no recurre prioritariamente a la evocación, a la reconstrucción desde un momento presente, sino a la huella, al rastro que dejó la infancia. Al trazo.

Los niños que vivieron su infancia en dictadura –dice Patricia Castillo y lo dice con fuerza– no pueden ser considerados “segunda generación”. Es un punto de vista muy interesante. Hay que atenderlo. Como también hay que atender la diversidad que queda en evidencia. Y es que hay infancias en dictadura. Y lo que pudo resultar relevante para uno, no necesariamente lo fue para otro. Hay una pluralidad de vivencias. Más allá, lo que la muestra pone en relieve es el papel de los niños en su condición de testigos y actores. Ambas cosas a la vez.

La muestra invita a ampliar la mirada. A reflexionar no solamente sobre los casos más fácilmente identificables como violencia política. A considerar, por ejemplo, la situación de los niños en los barrios más humildes y la manera en que se vieron confrontados a una violencia –absolutamente política– que aqueja, sin tregua, a los pobres por ser pobres. Pero también, y ya por libre asociación, una cosa llevando a la otra, el caso de los niños que intervinieron para ayudar, para colaborar con los adultos en situación de peligro.

Otro aspecto tiene que ver con la posibilidad que otorga la muestra de articular tiempos y situaciones. No pocas veces, hoy, nos comportamos como si los niños tuvieran la extraña cualidad de no escuchar y de no verse afectados por lo que hacemos y decimos los adultos. La muestra tiene un segmento que da mucho qué pensar. Se trata de las “Palabras que nunca debimos aprender”.

Entonces, ya en un contexto actual, cabe también preguntarse sobre el mundo que hacemos y el mundo que nombramos en presencia de nuestros niños. Porque es un hecho. Ellos están. Viven. Y así viviendo también (nos) ven, (nos) miran, (nos) escuchan.

* Recomiendo la lectura de “Los ojos de los pájaros”, de Maren Ulriksen.* *En ese texto (que es parte del libro que firma con Marcelo Viñar: “Fracturas de la memoria”) se cuenta de qué manera algunos niños sortearon las normas de control de quienes habían aprisionado a sus padres. Para que nada, ni siquiera la cárcel, impidiera el gesto de amor y protección del hijo/a hacia el padre.

*Los niños mártires de María José Ferrada

  • Vivian Lavín
  • Viernes 22 de enero del 2016

Niños es un libro que supera la categoría de literatura infantil en la que está corseteada su autora, quien en lenguaje poético describe breves instantes de la niñez de esos 34 menores víctimas de la violencia de la dictadura militar chilena. Una obra que se complementa con las ilustraciones de Jorge Quien, el que con trazos negros y azules materializa a esos mártires olvidados de la historia reciente de nuestro país.

María José Ferrada ha sido reconocida con importantes premios en nuestro país, como el que entrega el Consejo del Libro y la Lectura y la Academia Chilena de la Lengua, pero eso no la envanece. Mantiene la sencillez de la niña que nació en Temuco y cuya infancia revive con la sola palabra luciérnagas, esas luces-insectos que evocan esos momentos de la niñez cuando la realidad era difusa, a veces fantástica y otras, terriblemente real.

El oficio de su padre de vendedor viajero le permitió conocer a las personas más divertidas de su vida. La libertad y el desenfado de esos hombres y mujeres que maleta en mano seducían a sus clientes con la palabra. Vendedores de sueños y soluciones prácticas a partir de un producto que se materializaba fuera de ese misterioso equipaje que cargaban junto a sus propias esperanzas.

María José Ferrada es periodista, mejor poeta y más conocida como escritora de libros para niños, que ella escribe pensando que son para todos, para grandes y para chicos, pero que el estricto rótulo de la categorización educativa por edades la circunscribe a un público que le encanta. Por eso no se queja. Prefiere que todos crean que está en ese género que todavía pasa por menor, pero desde donde ha hecho uno de los gestos más silenciosos y revolucionarios de los últimos años en Chile.

Fue cuando se percató que uno de los informes de las violaciones a los Derechos Humanos de la dictadura no distinguía la edad de sus víctimas y que entre ellos, se contaban niños y niñas. Debió entonces, sumergirse en las miles de páginas del Informe Rettig y fue sacando, no sin dolor, lentamente los nombres de esos menores que quedaron en el fondo de una lista cruel. Eligió a 34 de ellos, los que cuando los mataron eran menores de 14 años y se encerró con sus nombres y sus edades para convocarlos en secreto.

Así surgió Niños, el título de un libro de Grafito Ediciones que exhibe en su portada la palabra quebrada: Ni – ños, un concepto breve que aquí está cortado en dos y flotando sobre un gran fondo azul, como un océano desde donde emergen estas personitas.

Niños es un libro que supera la categoría de literatura infantil en la que está corseteada su autora, quien en lenguaje poético describe breves instantes de la niñez de esos 34 menores víctimas de la violencia de la dictadura militar chilena. Una obra que se complementa con las ilustraciones de Jorge Quien, el que con trazos negros y azules materializa a esos mártires olvidados de la historia reciente de nuestro país.

 

 

Y así, en cada página, ir abriéndose a momentos diminutos pero fundamentales junto a estos niños inmortales para terminar, de la misma manera como le sucede a la infancia, de forma brusca e incomprensible, con la lista donde aparecen sus nombres y apellidos, y junto a ellos la categoría de detenida o detenido desaparecido, de ejecutada o ejecutado a la edad de 5 meses de vida, de 3, 9 u 11 años…

Niños de María José Ferrada aparece entonces, como una manera de liberarlos de las amarras de la muerte en que quedaron sus nombres como parte del Informe Rettig, para dejarlos para siempre en esa república maravillosa llamada infancia de la que nadie jamás debió sacarlos.

**LOS OJOS DE LOS PÁJAROS
a. D.V.
Siempre está allí, ante mi, ese montón de papeles. Nunca encuentro
un momento para echar un vistazo a esas hojas amarillentas, gastadas por
el tiempo. Tendría que tomar la decisión de tirarlas a la papelera, al olvido.
Sin embargo, un libro que se encuentra entre esos viejos manuscritos
retiene mi atención. Es el informe de un congreso. Era en Punta del Este,
en 1970, justo antes de Navidad; el verano uruguayo comenzaba,
esplendoroso, y las playas se llenaban de veraneantes. Nos encontrábamos
en el Hotel Casino San Rafael imitación caricatural de un castillo
renacentista.
Recorro varios artículos; veo el nombre de nuestro equipo en
hermosos caracteres. Trabajábamos bien… Leo: “Angustia de alienación…
en un grupo de niños se ha creado progresivamente un clima de terror…
uno de los niños se ha convertido en el jefe asesino… Rafael, con las manos
llenas de pintura roja, juega a ser el torturador. Ataca sádicamente al más
pequeño del grupo”. Me pregunto de dónde provenía la violencia de esas
palabras para nombrar el comportamiento de Rafael. Sin duda, comenzábamos
a presentir, sin saberlo, lo que íbamos a vivir en los años venideros.
Vuelvo como en un ensueño a las primeras páginas del libro: “Nuestro
destino, el del continente latinoamericano… depende de la ciencia. La
cultura en ciencias humanas constituye el fundamento de la valorización
de los recursos humanos… Y en ese sentido, la psiquiatría… cumple un
papel de capital importancia en la posibilidad del hombre de participar
plenamente en el proceso de desarrollo de la civilización humana”. Esas
palabras de inauguración del Congreso fueron pronunciadas por el rector
de la Universidad de la República, ingeniero Oscar Maggiolo. Hace pocos
meses, nos enteramos de su muerte en exilio, en Caracas.
Intento cerrar el libro con un gesto brusco, pero este permanece
abierto en la última página. Automáticamente, mi mirada se detiene en la
inscripción: “Impreso en los talleres de la Comunidad del Sur, Montevideo,
agosto de 1971”. Había atendido a algunos niños de esa comunidad:
Alejandro… y otros. Alguien me dijo que Alejandro vivía en Barcelona; los
otros en Suecia o en Australia todos expulsados por el régimen.

Súbitamente, la curiosidad me empuja hacia el paquete abandonado.
Encuentro mi viejo cuaderno azul de notas. Allí donde estuvo guardado,
las polillas tuvieron todo el tiempo necesario para hacer su lento trabajo
de borramiento, sin ser molestadas. Logro reconocer, en esa escritura
deslavada, el nombre de los niños que conocí hace algunos años.
La primavera desplazaba rápidamente al invierno. Aquella mañana, los
primeros rayos del sol penetraban por la ventana entibiando el ambiente.
Afuera, en el jardín, las gotas de rocío me dirigían brillantes guiñadas.
Hacía poco que nos habíamos instalado en esa vieja y confortable casa;
aún olía a pintura fresca. Al fin tenía mi rincón donde podía trabajar
tranquila, aislada de los ruidos del exterior.
Ese día, esperaba a la señora A. Venía “por un simple papel”. Su marido
estaba detenido por motivos políticos. Las autoridades de la cárcel exigían
que un médico especialista explicara las razones psicológicas que
justificaban una autorización de visita para su hijita. En la cola de la visita
de la cárcel, la señora A. conoció a otra madre a quien yo había hecho un
certificado de ese tipo, y fue ella quien le dio mi dirección. Sentí cierta
inquietud al preguntarme cuántos certificados habría hecho ya. Sería
necesario –me dije– encontrar otros colegas con quienes compartir esa
tarea. Estaba segura que debían controlar los nombres de los médicos que
hacían tales certificados. “Me dijeron que era sólo una cuestión de
rutina…”, me explicó la madre al darse cuenta de mis dudas. Verdaderamente
estoy exagerando, pensé. ¡Sentirme perseguida por tan poco luego
de tantos años de análisis!
Vuelvo a encontrar mi cuaderno azul sobre el escritorio. Matilde… Veo
todavía sus cabellos y sus ojos de azabache. Tenía siete años cuando su
padre fue detenido, pero era “demasiado grande” para compartir la visita
con los más pequeños en el patio de la prisión. Desde hacía varios meses
no podía besar a su padre, ¡ella, la única niña, la mayor de sus hermanos!
Estaba obligada a la interminable espera junto a su madre y solo podía
hablar con su padre a través de un vidrio, utilizando un teléfono que
alcanzaba a duras penas. Se dice a sí misma, en forma decidida: “Voy a
obligarme a llorar”. Algunas semanas después, me cuenta en secreto que
logró entrar con sus hermanos pequeños. “No me costó nada, lloraba de
verdad y bien fuerte… Me tire al piso… Ios soldados tuvieron miedo al
verme así y me dejaron entrar con los chiquitos… Le preguntaron a mamá
si me había hecho ver por un psiquiatra.”
Durante tres días seguidos, el barrio es allanado. Había por lo menos
seis soldados, metralleta en mano, en el fondo del jardín. Mi hijo y sus
amigos jugaban en la arena. Estaba preocupada por ellos y no pude
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contenerme: “¡Pero no ven que solo hay niños!”. No lograba disimular mi
rabia, pese a las precauciones que uno cree que debe tomar en esas
circunstancias.
Por cierto las cosas habían cambiado. Ya no se podía pasear
tranquilamente por la ciudad; era peligroso salir sin documentos.
Mirábamos con recelo a nuestros vecinos, a nuestros conocidos, incluso
a quienes nos consultaban La sospecha, el miedo, el temor a la denuncia
nos invadían poco a poco. Pero nada de eso se traslucía en las reuniones
de trabajo ni en la producción escrita.
María José era una paciente que me daba mucho trabajo en las
sesiones. Me hostigaba sin tregua. Cuando se ausentó durante dos
semanas, sentí cierto alivio. Su madre me dejó un lacónico mensaje:
“Problemas familiares” . Cuando volvió, María José me contó que una
tarde los militares ocuparon la casa buscando a su padre. Al otro día, no
había nada para el desayuno. La madre quiso ir de compras, pero ni ella
ni los dos hermanos mayores fueron autorizados a salir. Fue María José,
de apenas seis años, quien pudo salir a hacer los mandados. Escondió
en su zapato un pedazo de papel en el que la madre le anotó un número
de teléfono. Desde el almacén del barrio, previno a su padre de que no
viniese a la casa. Luego, volvió con el pan y la leche. Los militares
esperaron en vano varios días y por fin decidieron irse.
Estábamos en invierno. Irrumpieron en plena noche. Registraron por
todos lados, tiraron todos los papeles al piso en desorden, dieron vuelta
los cajones, desperdigaron los objetos. Todo ello no tenía importancia, si
no fuera que estaba sola, sin siquiera poder encontrar la vieja estilográfica
que no nos abandonaba nunca. Pablo dormía y no se despertó. Mañana,
deberé explicarle lo que sucedió. No sé si encontraré las palabras para
decirle que su padre ya no está.
Pablo sabe que, por primera vez, podrá visitar a su padre en la cárcel.
Prepara con dedicación un regalo: un cenicero en cerámica, fabricado por
él mismo. Lo pinta de rayas multicolores. Preocupado, me pregunta:
¿Crees que papá se dará cuenta que entre las rayas pinte nuestra bandera?
En efecto disimulado entre las rayas, había pintado el símbolo del frente
político al cuál pertenecía su padre.
Estaba agotada, cuando en ese momento me hacía falta una sobredosis
de lucidez para evitar cualquier paso en falso. No podía dejar de trabajar;
la vida debía seguir normalmente. Esa misma mañana una madre me había
llamado por teléfono, pidiéndome una consulta urgente. Su nombre me
decía algo; debía ser la esposa de ese antiguo diputado cuyo nombre y
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foto habían aparecido en el comunicado de las Fuerzas Conjuntas de la
noche anterior.
En la tarde, recibí a Rodrigo, un hermoso niño de seis años, vestido
como todos los escolares con túnica blanca y una gran moña azul. Su
madre estaba deprimida y sin trabajo. Su padre había dejado la casa para
pasar a la clandestinidad. Desde entonces, Rodrigo retrocedía en su trabajo
escolar, presentaba una incontinencia urinaria y le había robado dinero a
su abuela. Durante la sesión, Rodrigo no logra hablar. Esta allí, tenso,
inmóvil, sentado en la silla, las manos en los bolsillos. Lentamente, saca una
mano y me muestra un paquete de caramelos. Se pone uno en la boca y
lo chupa. De pronto, su rostro se transforma, algo se le atraganta, queda
bloqueado. Permanece así, su mirada fija en la mía, paralizado de terror,
mientras las lágrimas caen de sus ojos.
Doy vuelta la página de mi cuaderno azul. Veo el nombre de Sofía.
Insistente, el recuerdo de aquella lejana mañana ocupa cada vez más mi
pensamiento. Había decidido llevar a los niños al parque. Aquel domingo
de mañana la ciudad, aún vacía, despertaba tranquilamente. Tome el
camino habitual. Más allá del Palacio Legislativo, distinguí el viejo edificio
de la Facultad de Medicina, puertas y ventanas cerradas, vacío desde hacía
meses. Un poco más adelante, aceleré al pasar frente a la clínica en la que
había trabajado tantos años, y donde ya no había lugar para mí. Un poco
más lejos, se levantaba un largo muro blanco, la puerta barroca de hierro
forjado custodiada por dos ametralladoras y, en el fondo del parque,
rodeada de palmeras y magnolias, la silueta de la gran residencia, sede del
Comando del aparato represivo. Tres veces por semana, centenares de
hombres, mujeres, niños y viejos esperaban, haciendo fila en la vereda,
alguna noticia, una carta o un paquete de ropa sucia de sus familiares
desaparecidos o detenidos. Todo parecía tranquilo esa mañana. Más allá de
las residencias, después del puente, se extendían los barrios populares. A
mi derecha, dos topadoras limpiaban el terreno. Sólo quedaban escombros
del monumento construido colectivamente en memoria de los ocho
obreros asesinados en aquel local.
Sofía permanece asociada a esos recuerdos. Tenía cinco años. Aún la
veo. Su padre está preso. En cada visita, Sofía le lleva los dibujos que
contienen lo esencial de lo que quería decirle. Sus dibujos son censurados
sistemáticamente en la entrada. Un día, la mujer de la guardia tacha con tinta
negra las golondrinas que anuncian la llegada de la primavera. “Está
prohibido dibujar palomas”, le dice en tono severo. Desde entonces, Sofía
no dibuja más pájaros, pero dibuja numerosos pares de pequeños círculos
entre las ramas de los árboles.
Son los ojos de los pájaros que están escondidos.
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Afuera, la bruma que asciende atenúa la luz de este atardecer parisino.
Guardo mi cuaderno en la biblioteca y hago pasar a Laura. Tiene cuatro
años. Hablamos de la posibilidad de un viaje para visitar a su padre que está
preso desde antes de su nacimiento. Me dice: “Quiero ir a ver a papá… voy
a llevar un regalo sorpresa para los malos” y dibuja un paquete atado con
una cinta. “Sabés. este regalo, tiene una trampa. Lo van a abrir y ¡boommmm!
las estrellas”. Con orgullo, levanta su puño cerrado.
Casi sin pensarlo permanezco adherida a ese sueño que, sin ser mío,
no es diferente del mío. Somos llevados por miles de globos de colores,
a través del océano en un largo viaje. Ayer, volví a ver a Ana. Nos
conocimos hace tiempo Cuando solo tenía tres años, la pequeña fue
testigo desde la puerta de su cuarto de la destrucción de libros y muebles,
de los insultos a su madre embarazada, de los gritos, patadas y culatazos
propinados a su padre para hacerlo salir de la casa y llevarlo por la fuerza
a un lugar desconocido. Ana tiene ahora seis años. Dibuja una niña con
globos en la mano. Me dice con aire audaz: “Voy a ir con mi maestra, a
soltar estos globos sobre el mar… creo que van a llegar a otros países
porque son globos que no revientan. Sobre el globo está el nombre del
niño y de la escuela. Estoy segura que el que lo encuentre responderá…
Quisiera que llegaran a lo de Alicia, mi amiga; vive justo enfrente a mi casa,
allá. Recibí tres cartas de Uruguay… Agarro tres globos y los mando a la
casa de mis abuelos… Creo que los globos todavía no pueden llegar hasta
donde está mi papá… todavía no, pero algún día”.
M.U. de V., París, 1980
Traducido del francés por María Urruzola del
libro Exil et torture (Denoël 1989, París).
Esta versión ha sido corregida
y ampliada por la autora.

Los Niños del 11. …los milicos jodieron nuestra infancia.

Los Niños del 11. …los milicos jodieron nuestra infancia.

Los niños del 11: la voz de los 80, ya cansados de la transición inacabada

por 8 septiembre 2016

Los niños del 11: la voz de los 80, ya cansados de la transición inacabada
Pinochet jamás imaginó que serían los niños y niñas que miramos –estupefactos y sin comprender nada– cómo los militares hacían añicos la vieja república, los que, más tarde y junto a Los Prisioneros, seríamos “la fuerza, la voz de los 80” que lo tumbaría. Los mismos a quienes nos agotó el relato de una transición siempre inacabada, que no cumplió su propósito y que derivó en corruptela. Esta es una narración de lo que para muchos de esos chicos fue ese día, del que se cumplen 43 años este domingo.

Lucho Pérez recuerda que como a las 4:00 a.m. se llevaron detenidas a su hermana Patty y a su madre. Sus vecinos lo escondieron en un tarro de basura muy enfermo, desde donde, al día siguiente, lo rescató una vecina para esconderlo en su casa y posteriormente trasladarlo a la residencia de una tía en Villa Alemana. En su hogar, además de su madre y hermana, fueron detenidos su padre y su hermano Libio, con quienes solo pudo reencontrarse a inicios de los 80.

“El chico Ernesto”, como lo conocimos más tarde en la JS de Talca, o Martín, como solían llamarlo en Santiago, nunca perdonó a los militares el secuestro de su perro “Ringo”, motivo por el cual hasta hoy desde Punta Arenas insiste en que, también, es un detenido desaparecido. Fue lo sucedido a su mascota, más que lo que atravesó su familia, el verdadero motivo por el cual ingresó a comienzos de los 80 a la política para enfrentar  a la dictadura. El ahora magallánico, sinceramente cree que no hubo proyecto ni programa político para arriesgar la vida sino, lisa y llanamente, el desquite con una dictadura que le robó su infancia.

Alejandra Pallamar vivía en Coya y recuerda que “nos fuimos del colegio temprano, a mediodía. El 11 y todo septiembre comienza a ser una nebulosa. Me acuerdo que empezaron los rumores, que algunos vecinos destaparon botellas de champaña, brindaron y en mi casa no lo hicieron, que mis padres estaban muy angustiados y que mi cumpleaños fue muy triste: solo con galletas de agua. Septiembre fue un mes donde no sabíamos nada de mi hermano, llegaban rumores, historias de que gente aparecía en el río del Mapocho y la visita insólita de un primo que era boina negra que quería saber dónde estaba Pablo. Y mi papá claramente se deprimió, él intuía que iba a ser algo doloroso para ellos… lo otro fuerte que me pasó es la sensación de incertidumbre que había en Coya, familias que tenían altos cargos desparecieron, nunca más se vieron, los Rojas, Trufello, Ireland, etc.”.

La psicóloga  reitera que era una época  de  mucha angustia y que se “volvió pa’ dentro”: “De alguna manera me puse estudiosa, más introspectiva, como una manera de defender posiciones, como un arma de defensa. Yo me sentí parte de una familia vulnerada en derechos, y eso me volvió más estudiosa”, al punto que en 1983, la hermana del extremista –según el diario local– era puntaje nacional en la PAA.

Rosa Acevedo tenía, en 1973, 11 años y vivía en la Isla del Guindo en Santa Cruz. Esa mañana estaba con su padre debajo de una mata de nísperos leyendo una revista de historietas de Tarzán o de La Trinchera: “Teníamos una radio y empiezan a transmitir que La Moneda ha sido atacada. Era cerca de mediodía, y mi papá dice que ‘hay que tener cuidado, esta noche no vamos a dormir tranquilos’. Estuvimos ahí hasta cuando empezaron a bombardear La  Moneda, y mi papá se puso intranquilo y sin saber qué hacer, hasta que dice ‘me voy a quedar aquí porque no va a pasar nada’, aunque luego señala que ‘si vienen pacos o milicos, ustedes lo que tienen que decir es no sé’, nada más y eso me quedó grabado. Y de ahí se saltan mis recuerdos hasta que, cuando anochece, estábamos durmiendo y como 8 o 10 milicos nos empujan la puerta y nos hicieron levantarnos y a mi papá lo sacaron solo en calzoncillos y nos apuntaban. Después levantaron los colchones y los picanearon con fusiles hasta destruirlos”.

A Rosa el 11 le marcó su vida: “Recuerdo que esa noche también se llevaron a su primo Matías y que cuando los suben al camión mi mamá le alcanza a pasar ropa a mi papá. Serían ya como las cuatro de la mañana. Y ahí llegan con el Matías y lo sientan a su lado. Era un camión militar con barandas y ahí mi viejo desapareció. En la casa los milicos empezaron a revisar y encontraron unas revistas Punto Final firmadas con mi nombre, y un milico pregunta ‘¿dónde está la Rosa Acevedo?’, y mi mamá le dice ‘está frente a Ud., es esta niñita’. Luego no volvimos a dormir y ella salió en busca del papá al otro día muy temprano. Fue primero a la comisaria en Santa Cruz, donde no estaba, y luego lo encontró en San Fernando, detenido en el regimiento”.

Vicente Peña Palominos, que tenía 16 años y cursaba el 3° Medio en la Escuela Consolidada de Experimentación de San Vicente de Tagua Tagua y ya por entonces se consideraba un allendista, rememora así ese día: “Estaba en clases y, como de costumbre, estas se suspenderían prontamente pues era 11 de septiembre, día del maestro, y nos aguardaba un acto conmemorativo en el cual debía participar con una de mis poesías, que precisamente había  escrito para la ocasión. Era un día gris con mucha ausencia a clases de parte de mis compañeras y compañeros. Al momento de dar inicio al homenaje al profesor, se anuncia por parlantes que debíamos retirarnos a nuestras casas. Todo fue desconcierto y se rumoreaba que algo extremo podía pasar. Fue un día muy triste, gris, pletórico de miedos y angustias. Al regreso a casa, vi en las calles a personas celebrando y amenazando a quienes transitábamos por las aceras. El movimiento de carabineros transformados en soldados, con sus cascos y armas, se escurría por todos lados. Mi madre nos esperaba en las puertas de mi hogar con su rostro compungido y presa de mucha tristeza y miedo. Algunos vecinos, comerciantes  de origen árabe –turcos, les decíamos– aplaudían y  cantaban alegres. Tal acto  contrastaba con la pena de nuestros rostros cabizbajos. Ese día, pasamos pegados a la  única radio a pilas”. Para Vicente, durante años, recordar ese día fue un verdadero trauma.

Claudio Contreras Labra, quien era el presidente del Centro de Alumnos del Industrial de San Fernando, no resiste la presión del Golpe y solitario frente a las estrellas se suicida el 11 por la noche en el fundo Huichunguala. Gloria Durán, por entonces alumna del Liceo de Niñas de San Fernando y novia de Claudio, 43 años después aún no supera aquel hecho dramático.

Esteban Valenzuela, con 9 años y cursando el 4° básico del Instituto O’Higgins en Rancagua, relata que ese día “iba llegando al colegio, la mañana gris del 11 de septiembre a las 8:20 a.m., cuando estudiantes más grandes regresaron gritando que los militares estaban derrocando a Allende… En la casa, mamá, Manolín, Kuky, la abuela y la tía Cora escuchaban la radio, las últimas palabras de Allende en Radio Magallanes, y vieron en la televisión las imágenes del combate… la abuela nos dio almuerzo en total mudez. Mi padre llegó con rostro serio –no hubo euforia, ni banderas chilenas, lo recuerdo bien, él supo que el Golpe era un fracaso, una tragedia… fue un martes nublado, frío, triste–. La hoguera creció cuando papá, con los ojos humedecidos, regresó del cuarto del fondo de la casa con un alto de libros de marxismo y sindicalismo del abuelo Manuel. Mi papá no se quedaba dormido esa noche, yo lo abracé sin escuchar sus ronquidos”. El 11, también, marcó a fuego su vida futura.

Néstor Ramírez, santacruzano, dirigente estudiantil en el Liceo, miembro del Frente de Estudiantes Revolucionarios (FER), relata así aquel día fatídico: “Estábamos en el liceo cantando la Canción Nacional cuando aparecieron los milicos en el recreo y nos sacaron a todos de clases y nos reunieron en el gimnasio y ahí nos dijeron que ‘las cosas habían cambiado en este país, que los estudiantes debían dedicarse a estudiar, que gobernaba una Junta de Gobierno y la Canción Nacional había que cantarla con ganas’. Y luego señaló que ‘aquí hay unos alumnos problemáticos que los vamos a subir al escenario. Entonces subieron a Fidias Cucumides, a Donoso, después a otro Cucumides (Tatico) y enseguida yo. El milico nos humilló. Luego nos llevó a la sala del director y explicó que en un bolso de una niña de San Fernando había aparecido un panfleto contra la junta y que debíamos saber, mientras nos amenazaba con el corvo y nos pedía averiguar. En la tarde volvimos para decirle que no habíamos podido indagar nada. Nos empezamos a separar y no volvimos a juntarnos. Empecé a buscar amigos de derecha. Mi papá preso, ¿para qué iba a dar más problemas de los que había ya en mi casa?”.

Titín, que tenía 14 años y se encontraba en aquella época internado en la Escuela Granja de Santa Cruz, evoca así el 11: “En la escuela, teníamos tele, estábamos tomando desayuno y mirando las noticias cuando nos enteramos que había un pronunciamiento militar y rumbo a la sala un profesor nos dijo que ya había milicos controlando y que no podíamos salir de la escuela. Estaba asustado, pues yo sabía lo que estaban atacando los milicos y que al viejo se lo iban a llevar preso, uno estaba en antecedentes de qué se trataba y era un hecho de que íbamos a ser perseguidos. Cuando pasaron unos dos días nos mandaron para la casa y mi papá ya estaba preso, igual que mis tíos y mi primo. Estuvo esa vez como tres meses, y la segunda que estuvo detenido, yo sí estaba en la casa. Fue en invierno, estábamos en una cocina con leña tomando desayuno y con casco y metralleta lo sacaron esposado, le dijeron que llevara unas frazadas, porque no iba a volver luego, lo subieron a un camión con tolva, los pusieron boca abajo y los trajeron a la comisaria de Santa Cruz y después a San Fernando”. Esa fecha marcó su vida.

José Luis Almonacid tenía para el 11 apenas tres años. Su padre, el profesor Luis Almonacid, no se encontraba en casa el 14 de septiembre de 1973, cuando una patrulla militar encañonó a su madre, quien estaba embarazada de ocho meses. Sin embargo, no tuvo la misma suerte el día subsiguiente: el día 16 a las once de la mañana, el maestro volvió a casa a verla, pues no estaba alojando allí por razones de seguridad. A eso de las once y media de la mañana llegó una patrulla a buscarlo. Lo sacaron a empujones, no le dejaron ponerse el vestón y se lo llevó Carabineros. Lo empujaban y él iba nervioso, con las manos en alto. Almonacid usaba lentes y al llegar a la esquina el dirigente gremial trastabilló e intentaba sujetar sus lentes que se le caían cuando sintió la ráfaga de la metralleta. Cayó herido de muerte. A la madre de José Luis se le desprendió su placenta y perdió al hijo que estaba en su vientre. Su familia fue destruida.

 

En mi caso, recuerdo que cursaba el 1° básico en la Escuela N° 3 de San Bernardo y que mi mamá despertó ese día con una crisis debido a la compleja relación que tenía por ese tiempo con mi padre o por el recuerdo de su hermana –la tía Gladys– fallecida en enero de 1973, en el balneario de Quinteros. Ese fue un día nublado y triste, ella veía fantasmas de mujeres y de mí tía en el patio, mientras yo miraba asustado. No recuerdo si fue por eso o por el estallido del Golpe que no fuimos a clases. Luego, se sintieron volar rasantes los Hawker Hunter que iban a bombardear La Moneda. Nos trasladaron a la casa de la abuela que estaba ahí mismo pero adelante, a la habitación en que estaba la tele y donde habitualmente veíamos los dibujos animados o Música Libre. Allí colgaba un retrato hermoso de la tía fallecida, mientras mi mamá decía que conversaba con ella al tiempo que la radio anunciaba la muerte del Presidente.

Desaparecieron los marihuaneros –hippies– de la plaza Guarello, se acabaron las colas donde la mayoría de nosotros recibió su primer sobrenombre y los negocios estaban llenos de mercadería, mientras los jeeps con militares se tomaron la calle J.J. Pérez en la que vivíamos. Hubo una operación rastrillo en el barrio y a los niños nos encerraron en la misma pieza donde estuvimos el 11, mientras el militar que comandaba la acción decía a los grandes, en la cocina, “no queremos matar a nadie, así que, si tienen armas, entréguenlas”. No tengo ningún recuerdo de si tuve o no fiesta de cumpleaños ese año, pero del 11 me acuerdo casi completamente.

Rosa Riquelme vivía en Curicó y sus remembranzas son las de una niña que, para la fatídica fecha, cuenta con apenas seis años y cuyo abuelo era de izquierda y que el 70 votó por Allende. A partir de ese martes vivió el terror de la dictadura y de no hablar palabra alguna en casa. Vivía en un barrio que estaba en la mira de los militares y todavía resuenan en su mente los balazos de aquel día.

Ricardo Díaz, próximo a cumplir siete años, vivía en Pichingal, sector rural de Molina. Recuerda que estaba en 2° básico e iba a clases por la tarde. Eran las 11.00 a.m. y estaba viendo Plaza Sésamo en Canal 13 cuando de repente cortan el programa y empiezan a transmitir el Golpe. Según él, “se veían tanques militares y yo no entendía nada y mamá tampoco decía nada”. Cree que no tuvo clases y que luego comenzaron a pasar camiones repletos con milicos en busca de un vecino que vivía a metros de su casa. Su papá llegó presuroso del trabajo a mediodía y ahí les contó lo que pasaba: “Pinochet en la tele, discursos y bandos, día gris y nublado”, recuerda.

José Miguel Arriagada residía por entonces en una comuna metropolitana y tenía seis años. Ese día su padre debió trabajar y de regreso debía tomar micro frente a La Moneda. Recuerda que los milicos lo detuvieron y le revisaron sus cosas. En su casa, por entonces, vivía un primo que estaba haciendo el servicio militar, que se lo llevaron a La Moneda y le ordenaron disparar a quien se moviera y eso le daba un tremendo susto, pues sabía que su tío debía estar por esos lados. Más tarde les confesó que estuvo muerto de susto, pues lo único que no quería era dispararle a su padre. El Chino vivió la angustia de su madre por la tensa espera de su padre.

Hugo Sarmiento vivía en Pudahuel y tenía seis años: “Mi viejo llegó del trabajo y desde el patio vimos pasar los aviones. Mi abuelo tuvo que caminar desde el centro hasta la casa y luego, por la noche, nos reunimos todos en su casa para estar más seguros. En la casa de mi abuela materna lloraron a Allende, aunque yo no entendía mucho lo que estaba pasando”, confiesa.

Max Coloma, contaba también con seis años y era hijo de un miembro de la comisión política del PS, quien deambulaba por Santiago ese día intentando hacer algo. Max, le confesará más tarde a Hernán, ya clandestino, que quiere contarle algo: “Supongo que tú ya sabes que murió Allende y sé que ese es el motivo por el cual tú no estás. Quiero decirte que yo vi cuando murió Allende, pues me subí al techo y pude mirar cómo los aviones bombardeaban La Moneda”.

En general, los niños del 11 lo pasamos bastante mal porque la tragedia de ‘nuestros grandes’ no se acabó ese día: siguió luego con la amargura de algunos de ellos presos; con el allanamiento periódico de nuestros barrios –como la René Schneider de Rancagua–, y con las puertas crujiendo producto de las patadas de los milicos; del requisamiento de nuestros libros de 1° o 2° básicos, porque decía “población Unidad Popular”, y el llamado de atención a nuestros padres; con el hambre de fines de los 70 o la militarización de la sociedad en los 80.

Por eso tal vez tenga razón Lucho Pérez: nuestro odio a la dictadura no fue ideológico ni programático, fue visceral, revanchista, porque los milicos jodieron nuestra infancia.

Es por eso que ya en los 80, siendo adolescentes, sea en la Universidad Católica, como les sucedió a Teo y Alejandra; en Concepción, como les ocurrió a Rosita y Alejandro Navarro; o en Talca, como nos pasó a varios,  colaboramos intensamente en la reconstrucción de nuestros centros de alumnos y federaciones, mantuvimos el ánimo en alto, ingresamos a militar la mayoría al socialismo y nos inscribimos masivamente para derrotar a Pinochet el 88, pues, a diferencia de ahora, entendimos que el fin de la dictadura era una  tarea donde cabían todos –viejos y nuevos– y no una atribución exclusiva de una generación, como puede deducirse de esa cantilena de frases alambicadas de algunos nuevos liderazgos que ya nos empiezan a agotar con su relato. Entendimos  que la juventud es una condición que se pasa con el tiempo.

Pinochet jamás imaginó que serían los niños y niñas que miramos –estupefactos y sin comprender nada– cómo los militares hacían añicos la vieja república, los que, más tarde y junto a Los Prisioneros, seríamos “la fuerza, la voz de los 80” que lo tumbaría. Los mismos a quienes nos agotó el relato de una transición siempre inacabada, que no cumplió su propósito y que derivó en corruptela.

El “Pelao” Carmona, periodista asesinado e impunidad en delitos de lesa humanidad.

El “Pelao” Carmona, periodista asesinado e impunidad en delitos de lesa humanidad.

A juzgar por la injusticia latente, la pinche “reconciliación” no fue sino una forma de garantizar mucha impunidad. El caso del asesinato del periodista Augusto Carmona es la prueba flagrante…

acarmona

Augusto Carmona

Augusto Carmona y la justicia ¿sólo por hoy?


Por Lucía Sepúlveda Ruiz


En los mismos días aciagos de junio en que con la venia de la Corte Suprema volvían a las calles cinco criminales de lesa humanidad, la Corte de Apelaciones confirmó seis de las siete condenas impuestas por el ministro Leopoldo Llanos a los responsables del asesinato por la espalda de Augusto Carmona Acevedo, ocurrido el 7 de diciembre de 1977.

El padre de mi hija Eva María, mi compañero en los inolvidables años de la Unidad Popular y luego en la lucha antidictatorial, era un alto dirigente del MIR, periodista, ex jefe de Prensa de Canal 9 de TV de la U de Chile y redactor de Punto Final. El crimen fue presentado en los medios como un enfrentamiento.

Mi hija Eva María Carmona y yo, recibimos la sentencia con sentimientos contradictorios, valorando sobre todo que la Corte no rebajó las condenas de 10 años y un día a los principales inculpados: Miguel Krassnoff, Manuel Provis, Enrique Sandoval, José Fuentes, Luis Torres y Basclay Zapata, aunque exculpó a la agente Teresa Osorio, también agente de la CNI.

No nos sentimos con ánimo de celebrar nada, pero atesoramos las expresiones de aprecio y cariño recibidas tras el fallo judicial. Habíamos esperado un año y medio desde el fallo de primera instancia en la demanda contra Augusto Pinochet y quienes resultaren responsables. El genocida general no pagó por ningún crimen. Y el más importante procesado, Odlanier Mena, jefe de la CNI, eludió una segura condena por este asesinato, suicidándose.

En la historia sin fin de espera por justicia, la Corte Suprema puede tomarse quizás otro año y medio. Pero, ojo: hay genocidas que ya abandonaron Punta Peuco, premiados por no colaborar jamás con la justicia. Estas decisiones impresentables no se conocen, en medio de una agenda social copada por la incesante represión con que el Estado encara el movimiento social estudiantil y la lucha mapuche; por los escándalos de la corrupción, los desastres ambientales y el clamor de territorios devastados por el extractivismo.

Cuando conozcamos el fallo definitivo, Krassnoff y sus secuaces estarán más viejos y podrían acogerse a los llamados “beneficios carcelarios”. ¿Cómo celebrar ahora, cuando el poder corrompe al extremo de generar alianzas espurias entre la UDI y senadores de la Nueva Mayoría?

Es el nuevo truco con el que la Corte Suprema (con Dolmetsch a la cabeza), coludida con Bachelet, parlamentarios (por la Nueva Mayoría Guillier, Quintana, Zaldívar, Matta, Tuma), un sector de la jerarquía eclesiástica (el jesuita Montes y el obispo Goic), y las fuerzas armadas están imponiendo con sigilo la impunidad en delitos de lesa humanidad, olvidándose del mentado Nunca Más y del respeto a los compromisos derivados del derecho internacional en derechos humanos.

El 15 de junio, el abogado de Krassnoff reivindicó ante la Corte su actuar como CNI contra el “terrorismo”. Los genocidas no se arrepienten ni han sido degradados. No les bastó tener atención médica en el Hospital Militar, ni cárcel especial ni pensión millonaria y costosos abogados. Quienes aplicaron el terrorismo de Estado son hoy reos privilegiados en el sistema carcelario.

Sin embargo el libreto oficial invierte el razonamiento lógico y los victimiza, en un novedoso montaje que incluye enmascarar el “perdón” como si este se extendiera a una inexistente lista de reos comunes de avanzada edad y condiciones similares.

¿Cómo celebrar esta sentencia esperada durante 39 años, durante los cuales fallecieron los padres de Augusto? Sus dos hijas, Eva y Alejandra, han debido reconstruirse emocionalmente frente a la ausencia paterna y la indiferencia del Estado. Hoy la impunidad se cuela mostrando la falsedad del perdón farfullado una vez por algún juez. El movimiento de derechos humanos atajó los más diversos proyectos de ley orientados a exculpar a los criminales, y sigue bregando por justicia.

Según cifras oficiales, sólo 344 criminales han sido condenados con sentencia ejecutoriada. Más de la mitad de ellos, (181) tuvo penas alternativas como ir a firmar a una comisaría. A diciembre de 2015, permanecían en Punta Peuco sólo 110 agentes de un total de 117 que cumplían prisión. Es paradojal que en Estados Unidos un fallo responsabilice a Pedro Barrientos por el homicidio de Víctor Jara, mientras en Chile no hay siquiera gotas de justicia para centenares de casos de ejecutados y desaparecidos.

Exigimos justicia, por “el Pelao Carmona” y por todos los caídos, pero también por las nuevas generaciones que luchan por un Chile diferente, junto a las organizaciones de derechos humanos y movimientos sociales conscientes. El cierre de Punta Peuco y el traslado de los criminales de lesa humanidad a cárceles comunes es una tarea urgente. La degradación de los criminales de lesa humanidad, y el fin del grotesco chorreo de impunidad que salpica nuestra ya cuestionada democracia, son imperativos éticos que de no ser realizados envilecerán aun más a la clase política y la institucionalidad.


(columna publicada originalmente en Punto Final Nº 855, el 8 de julio, con el título “Augusto Carmona demanda justicia”).

“Operación Cóndor”: juicio histórico sobre el plan de represión coordinada de las dictaduras latinoamericanas en los años 70

“Operación Cóndor”: juicio histórico sobre el plan de represión coordinada de las dictaduras latinoamericanas en los años 70

07 DE MARZO DE 2013
EXCLUSIVO DN!ES
Dirty war 1

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JUAN GONZÁLEZ:

El martes pasado comenzó un histórico juicio en Argentina, que podría revelar nuevos detalles sobre la estrategia coordinada de seis países latinoamericanos, en las décadas de 1970 y 1980, para eliminar disidentes políticos. Este plan, conocido como Operación Cóndor, involucró a las dictaduras militares de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay. Estos gobiernos colaboraron entre sí para rastrear, secuestrar y asesinar personas que ellos calificaban de terroristas: activistas de izquierda, sindicalistas, estudiantes, sacerdotes, periodistas, guerrilleros, y también sus familias.

El plan fue impulsado por el dictador chileno Augusto Pinochet y existe evidencia de que la CIA y el ex secretario de Estado Henry Kissinger fueron cómplices del mismo desde sus inicios. Al menos 25 generales del ejército están imputados en la causa, y se espera contar con el testimonio de más de 500 personas. En agosto, un juez federal argentino solicitó formalmente al Departamento de Justicia del Gobierno de Obama que permita que propio Kissinger sea interrogado. El Gobierno de Obama no respondió.

AMY GOODMAN: Este juicio se está llevando a cabo en Buenos Aires, donde un antiguo taller mecánico fue convertido en un centro de tortura. Argentina es el país donde más personas extranjeras fueron asesinadas en el marco de la Operación Cóndor. Esto está sucediendo apenas semanas después de que la Corte Suprema de Uruguay derogara una ley que hubiera permitido juicios similares en ese país.

Para ampliar esta información, nos acompaña John Dinges, autor del libro “Operación Cóndor: una década de terrorismo internacional en el Cono Sur”, que recopila entrevistas e informes de inteligencia desclasificados para reconstruir acontecimientos mantenidos en secreto. Antes de eso, Dinges trabajó para la National Public Rario, y como periodista independiente en Latinoamérica. Actualmente es profesor en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia.

John Dinges, bienvenido a Democracy Now!

JOHN DINGES: Encantado de estar aquí. Gracias.

AMY GOODMAN: Háblanos de la importancia de este juicio que está teniendo lugar en Argentina.
JOHN DINGES: Bueno, ya se han hecho varios juicios, y éste se remonta a la detención de Pinochet en Londres, en 1998. Eso desató una avalancha de pruebas, que atravesaron Europa y dieron lugar a juicios en muchos lugares, como Roma, París, Argentina y Chile, pero todos más pequeños que éste. Aquí hay 25 personas acusadas. Por desgracia —o por suerte, quizás— muchas de las personas implicadas en esto ya han muerto, o están muy viejos; muchos de los jefes máximos. Pero aquí hay 25 argentinos y un uruguayo, todos con cargos militares, quienes participaron directamente en las acciones de la Operación Cóndor.

Se trata de algo histórico, ya que vamos a escuchar las declaraciones de 500 testigos. Y no es algo habitual en el sistema jurídico latinoamericano. Esto se está haciendo realmente público ahora que escuchamos los testimonios. Antes sólo declaraban ante los jueces a puertas cerradas, y luego, alguna gente podía llegar a leer esos testimonios, pero no llegaba a ser realmente público. Esta vez es realmente público. Y al parecer, gran parte del juicio está siendo grabado. Así que es la primera vez que toda la población va a poder va a escuchar los detalles de esta serie tan terrible de atrocidades, que tanta gente ha matado.

JUAN GONZÁLEZ: John, para quienes nunca han oído hablar de la Operación Cóndor o saben poco sobre ella, ¿podrías hablarnos sobre sus orígenes? ¿Cómo comenzó, que países o gobiernos la encabezaron?

JOHN DINGES: Bueno, fue una iniciativa chilena. Augusto Pinochet tenía dominada a la oposición. El golpe de Estado fue en 1973, y para 1974 ya no había casi oposición interna. Pero mucha gente que había formado parte del anterior Gobierno, que él había derrocado, se había marchado al extranjero. Un general importante vivía en Argentina. Dirigentes políticos, como por ejemplo Orlando Letelier, ex ministro de relaciones exteriores y ex embajador en EE. UU. –que era alguien que solía comer con Henry Kissinger- vivía en Washington. Había gente desparramada por diferentes lugares, en Europa y en toda Latinoamérica, y Pinochet quería ir tras ellos. Así que organizó la Operación Cóndor.

Y convenció a los otros países —Brasil, Uruguay, Argentina, Bolivia y Paraguay— para que se sumaran, con el argumento de que existían acciones guerrilleras que los amenazaban a todos conjuntamente. Y de hecho, hubo una organización guerrillera llamada Junta de Coordinación Revolucionaria, formada por diferentes grupos armados que luchaban contra esos gobiernos. Entonces, la idea de Pinochet era colaborar para perseguir a esta gente. Y así lo hicieron.

La mayor parte de los exiliados chilenos estaban en Argentina, que fue el último país en ver derrocado su gobierno civil. Allí la dictadura militar se inició en marzo de 1976, y el Plan Cóndor se creó a finales de 1975. Así que ya estaban preparados. Y cuando se produjo el golpe de Estado en Argentina, comenzaron a matar a cientos de personas, a estas personas extranjeras. Es interesante que hayas mencionado a Automotores Orletti. Este es el taller mecánico que fue utilizado como centro de tortura, y ahí es donde retenían a los presos de otros países.

AMY GOODMAN: Con Democracy Now! hemos visitado ese taller. Quiero leer parte de un documento desclasificado, un informe de la CIA que muestra que funcionarios estadounidenses sabían que los servicios de inteligencia latinoamericanos estaban ampliando sus redes de acción con la Operación Cóndor. Cito: “Están uniendo fuerzas para erradicar la ‘subversión’ … una palabra que, cada vez más, se refiere a la disidencia no violenta, de parte de la izquierda y centro-izquierda”.

Esto se relaciona con otro documento que tú conseguiste, John Dinges, de la agencia de inteligencia chilena, conocida como DINA. En él se detalla el número de muertos y desaparecidos registrado por la inteligencia argentina. Es un cable enviado por el representante de la DINA en Buenos Aires que dice, cito, que “está enviando una lista de todos los muertos,” que incluía el conteo oficial y extraoficial de muertos. Entre 1975 y mediados de 1978, según él, cito: “suman 22.000 entre muertos y desaparecidos”. Háblanos sobre el número de muertos y qué es lo que sabía EE.UU.

JOHN DINGES: Bueno, vamos primero con Estados Unidos. En este período, los años setenta, Estados Unidos fue un patrocinador importante de las dictaduras militares que derrocaron, en algunos casos a gobiernos democráticos y en otros a gobiernos civiles tambaleantes. Como fuera, el resultado fueron gobiernos como el de Videla, el de Pinochet o el de Banzer en Bolivia, que mataban a sus ciudadanos impunemente. El gobierno de EE. UU. sabía de estos asesinatos masivos. Y mantuvo una actitud esquizofrénica y maquiavélica hacia esta situación. Realmente no querían a los comunistas en el gobierno, y la democracia parecía estar dando lugar a gobiernos comunistas. De hecho, el presidente de izquierda Salvador Allende fue elegido democráticamente, e instaló en Chile un gobierno civil y revolucionario. Y por eso, Pinochet lo derrocó. Estados Unidos tenía pánico ante la posibilidad de que esto se extendiera en Latinoamérica, por lo que apoyó la llegada de las dictaduras.

Cuando comenzaron los asesinatos masivos, EE. UU. sabía que eso estaba sucediendo. Se enteraron de la Operación Cóndor poco después de su creación. No hay pruebas de que supieran de su existencia en el momento en que se creó. Sí hay pruebas de que lo sabían un par de meses después de iniciadas sus operaciones. Pero sin duda tenían conocimiento de que estas cosas estaban sucediendo. Y si nos fijamos en las transcripciones de las reuniones entre Henry Kissinger y estos jefes militares de Argentina y de Chile, de las que tenemos registro, ¿qué es lo que dicen en privado? Algo así como: “Apoyamos lo que están haciendo. Entendemos que tienen que hacer valer su autoridad. Hagan lo posible por liberar algunos presos, porque el Congreso me está presionando mucho, los demócratas están queriendo hacer que yo defienda los derechos humanos. Así que les pido un esfuerzo, pero entiendo lo que están haciendo”.

Y en una ocasión, dos semanas después de que Kissinger visitase Santiago, se realizó la segunda reunión más importante entre todos los países del Cóndor para hablar sobre el plan. Y en esa reunión, en junio de 1976, se aprobaron operaciones de asesinatos fuera de Latinoamérica. Y el primero de estos asesinatos tuvo lugar en Washington DC. Orlando Letelier, ex ministro de relaciones exteriores chileno, fue asesinado en las calles de Washington.

AMY GOODMAN: Es una historia asombrosa. De hecho, tú has escrito un libro sobre el tema.

JOHN DINGES: En realidad he escrito dos libros. Uno es sobre el asesinato, en el que, por primera vez, incluí un capítulo sobre el descubrimiento de la Operación Cóndor. No tenía muchos detalles. Incluso, en cierta medida, fui mal informado por el Departamento de Estado.

Años más tarde, después de que Pinochet fuese detenido en Londres, hubo una avalancha de documentos, que incluían 60.000 páginas de material, que se hicieron públicos por orden del presidente Clinton. Entonces pude investigar realmente y entender lo sucedido desde el punto de vista de EE. UU. Pero también en Latinoamérica se revelaron muchos documentos. Y creo que eso es aún más importante, porque si sólo tuviéramos documentos estadounidenses, siempre alguien podía decir “bueno, ese es el punto de vista de EE.UU. sobre estos asuntos.” Pero lo que pasaba realmente en esos gobiernos latinoamericanos…

AMY GOODMAN: Explícanos cómo fue que Orlando Letelier y su asistente, Ronni Moffitt, fueron asesinados en las calles de Washington DC, en Estados Unidos, en 1976.

JOHN DINGES: Pinochet inició esta operación poco después de aquella reunión con Kissinger. Menos de un mes después, dio la orden para esto. Enviaron a un agente que hacía varios años trabajaba para la DINA, Michael Townley, que era estadounidense. No creo que fuera casualidad que le encargaran esto a un agente estadounidense, ya que, obviamente, cuando se comenzó a sospechar de ellos, dijeron: “Ah, este tipo trabaja para la CIA“. Y mucha gente está dispuesta a creer que siempre es la CIA quien está detrás de estas cosas. De hecho, tanto la extrema derecha como la extrema izquierda decían “fue la CIA.” No hay pruebas de que Townley trabajara para la CIA, pero es seguro que trabajaba para los chilenos.

Se juntó con algunos cubanos en Nueva Jersey, cubanos anticastristas, y fueron a Washington. Townley se metió debajo del auto y puso una bomba que él mismo había construido, que se activaba con uno de esos antiguos beepers. Siguieron el auto por la Avenida Massachusetts y en Sheridan Circle, bien cerca de la embajada de Chile, pulsaron el botón y lo mataron. Ronni Moffitt era la esposa de Michael Moffitt, que era asistente de Orlando. Ella iba en el asiento delantero del auto y por eso murió. Michael sobrevivió y Orlando, por supuesto, murió inmediatamente.

AMY GOODMAN: Townley estuvo algunos años en la cárcel. Y entonces…

JOHN DINGES: A Townley lo entregaron los chilenos. La historia de cómo se resolvió este caso es increíble. En general se asumía que en EE. UU. no se iba a investigar el caso muy a fondo. Pero quienes pensaron eso estaban equivocados. El FBI realizó una extensa investigación, resolvió el caso, obtuvo fotos de los implicados. Esa larga historia yo la cuento en el libro. Cuando identificaron a las personas que habían ido a EE. UU. para llevar esto a cabo, fueron a Chile y pidieron la cooperación del Gobierno de Pinochet. Y Pinochet tenía dos opciones: matar a Townley —y hay pruebas de que ese era uno de los planes— o entregarlo. Y finalmente lo entregaron. Lo llevaron a Estados Unidos, y comenzó a declarar. Y ahí hubo otra avalancha de información, que provino de Michael Townley. Él todavía vive en Estados Unidos. Estuvo sólo cinco años en prisión.

AMY GOODMAN: Y ahí entró en el programa de protección de testigos.

JOHN DINGES: Estuvo en protección de testigos por un tiempo. Por lo que sé, ya no lo está. Actualmente vive en la zona centro-oeste de EE.UU. Y bueno, él ha cooperado. No sé si tiene algún remordimiento sobre su pasado, pero ha colaborado con muchas investigaciones desde su encarcelamiento.

JUAN GONZÁLEZ: John, me gustaría preguntarte sobre un personaje fuera de lo común del que hablas en el libro, y sus esfuerzos para poner fin a la Operación Cóndor: Ed Koch, el recientemente fallecido alcalde de Nueva York, que en esa época era un joven congresista demócrata, y empezó a hacer muchas preguntas sobre lo que estaba pasando, haciendo enojar a nuestro propio gobierno. ¿Podrías hablarnos de eso?

JOHN DINGES: Ed Koch, una figura muy querida en esta ciudad. Realmente, todo el mundo que ha tratado con él ha tenido la misma experiencia. Cuando estaba investigando esta historia, él cooperó gustosamente conmigo. Y vino a la fiesta de lanzamiento de mi libro. Así que también lo quiero. Ed Koch era congresista y fue impulsor de una enmienda a una ley, que permitiera suspender la ayuda militar a Uruguay. Los uruguayos eran parte de la Operación Cóndor. Esto fue en 1976. Y laCIA descubrió eso, creo que lo descubrieron porque los uruguayos lo comentaron frente a ellos, dijeron que iban a convencer a los chilenos para que fueran a Washington a matar a Koch. No sabemos si eso se llegó a poner en marcha. Pero George Bush, que era el jefe de la CIA en aquel momento, llamó a Ed Koch y le dijo —es maravilloso escuchar a Ed Koch contar esta historia— le dijo: “Tengo que contarte algo: Hay un complot para asesinarte”. Ed Koch preguntó si le iban a ofrecer protección. Y ellos dijeron: “No, no. Ese no es nuestro trabajo. Somos la CIA. Sólo te estamos avisando, te toca a ti ocuparte de tu propia seguridad”. Ed Koch no sabía que esto era parte de la Operación Cóndor. Pensaba que era cosa de algún exaltado de la dictadura.

Tiempo después, durante mi investigación pude hablar con una de las personas que participó en esto, uno de los uruguayos. Y sí, fue una típica movida del Plan Cóndor, aunque no llegaron a matar a nadie, por suerte. Pero fue el típico modus operandi. Con el fin de cubrir sus huellas, un país usaba los agentes de otro país para hacer el trabajo sucio, en las operaciones planeadas para fuera de América Latina. Dentro de América Latina, tenían una manera mucho más sistemática y eficaz de funcionamiento. Se perseguía a los disidentes de cada lugar, en cualquier país donde estuvieran, Perú, Brasil, Uruguay y principalmente Argentina. Y ahí la metodología era simple: capturarlos, secuestrarlos, torturarlos, matarlos y hacer desaparecer sus cuerpos. Muy pocas personas han sobrevivido a la Operación Cóndor, casi nadie. Es muy difícil encontrar un sobreviviente.

JUAN GONZÁLEZ: Y aún así, muchos de los líderes de los nuevos gobiernos populistas que hay ahora en América Latina surgieron de algunas de las organizaciones perseguidas por el Cóndor. Especialmente en Uruguay, donde el presidente es un ex Tupamaro. Y en toda la región, esos disidentes son ahora parte del aparato de gobierno de sus países.

JOHN DINGES: Hace dos semanas, estuve en Bolivia y entrevisté a una persona del Ministerio de Comunicaciones, una de las tantísimas personas de pueblos indígenas que forman parte del gobierno de Morales. Y él contó que su padre había estado preso. Había estado exiliado en Chile, y cuando llegó el golpe de Estado fue encarcelado, estuvo siete meses preso, y fue torturado. Y en esa misma oficina hablé con otra persona, que también había participado en la resistencia boliviana en la década de 1980, y antes, su padre había estado involucrado con el grupo que luchaba junto al Che Guevara en 1960.

Estos son revolucionarios, pero son un tipo diferente de revolucionarios. Están igual de comprometidos, creo, pero sin tomar las armas. Creo que se dan cuenta de que esa forma de lucha no se ha llevado a revoluciones triunfantes, entonces me siento muy optimista sobre lo que está pasando con este grupo de gobiernos ahora.

AMY GOODMAN: Por último, hay un cable del Departamento de Estado, de 1978 que, según la cubierta de tu libro, dice: “Kissinger explicó que en su opinión el gobierno argentino había hecho un excelente trabajo en la erradicación de las fuerzas terroristas”. ¿Qué significa que los jueces hayan pedido el testimonio de Kissinger y que el gobierno de Obama no haya respondido?

JOHN DINGES: A Kissinger lo han llamado a declarar muchas veces. En mi libro hablo de una vez en la que sí respondió, creo que era un pedido de Francia. Y básicamente, negó todo. Es algo muy frustrante. Para mí era claro que todo lo que dijo eran mentiras, no hay otra palabra para ello, estaba mintiendo. O sea, los documentos dicen una cosa y Kissinger dijo otra cosa. Y él sabía lo que decían los documentos. En Estados Unidos nunca se ha permitido que un funcionario público sea juzgado en otros países. No somos miembros de la ICC.

AMY GOODMAN: La Corte Penal Internacional (por sus siglas en inglés).

JOHN DINGES: Sí, la Corte Penal Internacional. No ha habido ningún juicio en el exterior que haya puesto a un estadounidense en el banquillo de los acusados. Hubo un intento en Italia, pero por supuesto, ningún imputado apareció. En Estados Unidos, por uno u otro motivo, tanto los demócratas como los republicanos proteger a nuestros violadores de derechos humanos, cuando se trata de violaciones de derechos humanos fuera de Estados Unidos. Simplemente así se manejan.

AMY GOODMAN: ¿Describirías a Henry Kissinger como un violador de los derechos humanos?

JOHN DINGES: Sí, absolutamente.

JUAN GONZÁLEZ: ¿Y cuál es importancia de esta historia de externalizar la lucha contra el terrorismo, de modo de no dejar huellas de la propia participación, en relación con la guerra actual contra el terrorismo en los Estados Unidos?

JOHN DINGES: Bueno, yo estaba escribiendo mi primer capítulo cuando pasó lo del 9/11, en mi casa en Washington. Y en el final del libro, que termina con una referencia al 9/11, digo que esto no es algo que estemos condenados a repetir. Y lo digo haciendo la comparación entre la guerra contra el terrorismo de la década de 1970 y la guerra actual contra el terrorismo, lanzada por el presidente Bush. Pensaba que habíamos aprendido la lección de no copiar los métodos de los enemigos, o de aquellos que han demostrado ser violadores de los derechos humanos. Pero desafortunadamente, creo que hemos hecho eso muchas veces.

La discusión actual sobre el uso de aviones no tripulados me parece aterradora; porque me cuesta distinguir entre lo que fue la Operación Cóndor, con menos tecnología, y lo que es el uso de aviones no tripulados, que básicamente lo que hacen es entrar en otro país, incluso con el permiso de ese país —así era en general también en la Operación Cóndor— perseguir a la gente, y matarla. Ahora bien, la justificación es: “Pero eran criminales. Estaban en combate”. Eso puede o no ser cierto, pero al final quien lo determina es la misma persona que aprieta el gatillo.

Creo que es importante poner esto en discusión. Y tal vez en un juicio como éste, que se remonta a los años 70, la gente dice: “Bueno, así fueron las dictaduras en la década de 1970”. Pero la tendencia del Estado a creer que es válido actuar contra sus enemigos de la manera más eficaz posible se mantiene vigente, y claramente no se limita a las dictaduras.

AMY GOODMAN: Queremos darte las gracias, John Dinges, por haber estado con nosotros. John Dinges es autor del libro “Operación Cóndor: una década de terrorismo internacional en el Cono Sur.” Antes de eso, trabajó en la National Public Radio, NPR, y como periodista independiente en América Latina. Actualmente es profesor en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia.

Traducido por Javier Pérez. Edición: Verónica Gelman y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org.


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« Ni olvidados ni muertos, viven hoy más que nunca ». El chico Feliciano, de Renca.

CORNEJO CAMPOS, Raúl Guillermo (Dossier 8 Pág. – 4 artículos)

NOMBRE COMPLETO: Raúl Guillermo Cornejo Campos

EDAD al momento de la detención o muerte: 17-10-47, 28 años de edad a la fecha de detención

PROFESION U OCUPACION: Estudiante sociología U. de Chile y artesano

FECHA de la detención o muerte: 16 de junio de 1976

LUGAR de la detención o muerte: Detenido en San Diego con Avenida Matta, Santiago ORGANISMO RESPONSABLE de la detención o muerte: Dirección de Inteligencia Nacional (DINA)

TIPO CASO de violación de derechos humanos: Detenido Desaparecido

HISTORIA PERSONAL Y POLITICA: Casado, Militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR-Chile)

SITUACION REPRESIVA Raúl Guillermo Cornejo Campos, casado, un hijo, ex estudiante universitario, militante del MIR fue detenido el 16 de junio de 1976 en San Diego con Avenida Matta, Santiago, a las 17:50 horas, por agentes de la DINA, los que pocos minutos antes habían procedido a liberarlo en las inmediaciones del Parque O’Higgins ante una gran cantidad de periodistas, después de un intento frustrado de asilo en la Embajada de Bulgaria.

El joven Cornejo Campos era intensamente buscado y varios miembros de su familia habían sido detenidos y torturados para que dieran información sobre su paradero. El 15 de junio, Raúl Cornejo y otras 25 a 30 personas intentaron asilarse en la ex-Embajada de Bulgaria, sede diplomática que a esa fecha estaba a cargo de la Embajada de Austria. En dicho lugar, un funcionario de nacionalidad búlgara les ordenó irse, como estos no lo hicieron llamó a las fuerzas de seguridad para desalojar el recinto. Al lugar concurrieron Carabineros y civiles que procedieron a detener a los asilados. Todos los detenidos fueron primero trasladados a la Comisaría Las Tranqueras y luego al recinto de la DINA de “Cuatro Alamos”.

La información oficial, aparecida en el diario EL CRONISTA del 17 de junio de 1976 señala: “Lo sucedido y lo concreto es: un grupo de personas trató de asilarse para provocar malestar al Gobierno mientras se desarrollan las reuniones de la Sexta Asamblea de la OEA…”. “Este grupo de personas fue interferido en sus pretensiones de asilarse, sin motivo alguno y se encuentran detenidas en Tres Alamos”. Este mismo periódico informa además que “el Encargado de Negocios de Austria, Manfredo Kiepach mantuvo largas conversaciones con personeros del Ministerio de Relaciones Exteriores… se presume que todo fue en torno a la tentativa de asilo en la ex-Embajada de Bulgaria bajo tuición de Austria.                                                                                                                                                                 .” Al día siguiente, fueron advertidos que serían dejados en libertad, aunque algunos de ellos, como Sergio Raúl Pardo Pedemonte, fueron amenazados por un interrogador apodado “Kun Fu” por los prisioneros. El gobierno militar decidió poner en libertad a estos detenidos el 16 de junio a las 17:30 en las inmediaciones del Parque O’Higgins, con gran cobertura de prensa y televisión. En el sector se apreciaba un considerable número de civiles, algunos escondidos tras matorrales, por esto los detenidos intentaron alejarse del lugar lo más rápido posible, varios de ellos se fueron en taxi y otros subieron a un microbus, cuando éste llegó a Avenida Matta con San Diego, varios de los recién liberados se bajaron para librarse de los vehículos de la DINA que los seguían. Dos de estas personas Raúl Guillermo Cornejo Campos y Sergio Raúl Pardo Pedemonte, fueron detenidas cuando transitaban por Avda. Matta con San Diego y desde esa fecha se encuentran desaparecidas.

La detención fue presenciada por Patricio Cornejo Campos, hermano del afectado, quien también viajaba en el microbus mencionado. En declaración jurada del 8 de julio de 1976, manifiesta: “Mi hermano fue detenido casi inmediatamente al bajar del microbus, es decir, más o menos a las 17:50 horas”. “Yo pude ver cuando mi hermano atravesaba corriendo Avenida Matta en sentido norte (en dirección a Alameda). Inmediatamente tras de él apareció un automóvil de tamaño mediano que dobló en la esquina de San Diego hacia la izquierda para cortarle el paso. De este auto bajaron 4 personas armadas, vestidas de civil, quienes detuvieron a mi hermano y lo obligaron a subir al auto.” Otro testigo de la detención es Luis Armando Elgueta Plana quien, en declaración jurada en abril de 1992, relata que él integró el grupo que intentó asilarse en la Embajada de Bulgaria, que le tocó permanecer con Cornejo Campos en la pieza Nro. 13 de Cuatro Alamos y luego subieron al mismo bus para intentar evadir el acoso de los agentes de la DINA. Los servicios de seguridad habían buscado intensamente a Raúl Cornejo. Varios miembros de su familia fueron detenidos, siendo interrogados casi exclusivamente respecto del paradero del afectado. Sus padres, Raúl Cornejo Díaz y Elisa Campos Díaz, permanecieron detenidos desde el 11 de diciembre de 1974 hasta el 20 de septiembre de 1975. Su cónyuge, Viviana Altamirano Fuentes estuvo detenida desde el primero de diciembre de 1975 hasta septiembre de 1976. El 17 de diciembre de 1974 detuvieron a la suegra de Cornejo, doña Aminta Fuentes Quezada y sus tres hijas de 19, 16 y 15 años, las que fueron recluidas en el centro de torturas de “Villa Grimaldi” durante 5 días, mientras que Aminta Fuentes permaneció privada de libertad durante 5 meses. Posteriormente, continuó siendo amedrentada para que no siguiera haciendo trámites en favor de su yerno, según lo denunció en declaración notarial del 30 de mayo de 1977. Recibió permanentes llamadas telefónicas con amenazas y debió retirar a sus hijas del colegio por temor a que se consumaran las amenazas en contra de ellas.                                                                                                                                                                           Ofelia Nistal Nistal, quien estuvo detenida desde el 6 al 24 de diciembre de 1974 en el centro de torturas de Villa Grimaldi y en el campo de prisioneros de Cuatro Alamos, en declaración notarial informa que fue interrogada sobre “el Chico Feliciano”, que era el apodo de Guillermo Cornejo y también la llevaron a la casa de los padres de Cornejo. Otro detenido, Oscar Patricio Orellana Figueroa, en declaración notarial señala que durante las torturas a que fue sometido se le interrogaba sobre “el Chico Feliciano”. Héctor Hernán Rojas Pizarro, declaró el 14 de septiembre de 1976, que estuvo detenido en Villa Grimaldi durante 22 días, en diciembre de 1975 fue torturado con electricidad y colgamientos y sometidos a interrogatorios sobre Guillermo Cornejo Campos. Otro detenido, Edwin Patricio Bustos Streeter en declaración jurada de enero de 1991, expresa que, estando detenido en Tres Alamos en junio de 1976, vio cuando era ingresado al recinto de la DINA de Cuatro Alamos a Guillermo Cornejo Campos, a quien él conocía con el apodo de “Chico Feliciano”, describe que iba vestido con jeans y que le cubrían el rostro con su propia parka que era de color azul. Raúl Guillermo Cornejo Campos continúa como detenido desaparecido hasta la fecha.

GESTIONES JUDICIALES Y/O ADMINISTRATIVAS El 18 de junio de 1976 se presentó recurso de amparo en favor de Raúl Guillermo Cornejo Campos ante la Corte de Apelaciones de Santiago que ingresó con el número rol 541-76. En él se solicitó que se oficie al Ministro del Interior y al Ministro de Justicia y que se comisione a uno de los Ministros para que se traslade al lugar de detención (probablemente Cuatro Alamos). Posteriormente se informó a la Corte de los graves problemas que había sido víctima la familia, en directa relación con la búsqueda de Guillermo Cornejo. El Ministro del Interior informó con fecha 8 de julio de 1976 que Raúl Guillermo Cornejo Campos había sido detenido por Decreto Exento N°2113 del 15 de junio de 1976 y puesto en libertad por D.E. N°2115 del 16 de junio de 1976. Sin embargo el informe respectivo no tiene fecha y, en consecuencia, se solicitó a la Corte que se requiriese un informe fechado, pues podían haber cambios después del 16 de junio. El 30 de junio de 1976 el amparo fue rechazado en virtud de los antecedentes proporcionados por el Ministerio del Interior. El 14 de julio de 1976 se presentó una denuncia por el delito de secuestro en la persona del afectado, ante el Quinto Juzgado del Crimen de Santiago, solicitando que se oficie a las autoridades e instituciones que puedan tener relación con este hecho. El Ministro del Interior, General Raúl Benavides, reiteró la información entregada a la Corte de Apelaciones en el sentido de que el afectado fue detenido el 15 de junio y puesto en libertad el 16 de junio de 1976. El Instituto Médico Legal, informó el 20 de agosto de 1976, que “Revisados los registros de este servicio, no figura ningún cadáver identificado como Raúl Guillermo Cornejo Campos”. Investigaciones remitió el parte 2352 en el cual señala que se hicieron consultas en el Instituto Médico Legal, Posta de Asistencia Pública y en SENDET (Secretaría Ejecutiva                                                                                                                                                                            En todas estas instituciones las respuestas fueron negativas, indicando que no estaba registrado en ellas el afectado. El Subsecretario de Guerra informó que no aparecía ingresado proceso judicial en contra de la persona señalada. El 23 de septiembre la Jueza encargada reiteró los Oficios a la DINA y al Campamento de Detenidos Políticos de Cuatro Alamos. El 24 de septiembre, el Teniente Coronel Antonio Barrueto Mena, de la Prefectura de Carabineros, informa que “La persona anteriormente indicada no se encuentra detenida en este Campamento…”. Esta información es reiterada el 7 de octubre de 1976. El 30 de noviembre de 1976, la Jueza ordenó el cierre del sumario y con la misma fecha lo sobreseyó en consideración “que de los antecedentes acumulados no se encuentra suficientemente acreditado el delito que es denunciado”. Se apeló al dictamen, pero en segunda instancia se estableció el sobreseimiento temporal el 14 de diciembre de 1976. Se realizaron numerosas otras gestiones para conseguir la libertad de Guillermo Cornejo a diversos niveles. El Embajador de Austria solicitó su libertad y ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) hizo consultas sobre el destino del afectado y de las otras personas que habían intentado refugiarse en la Embajada de Bulgaria. Todas estas gestiones fueron inútiles y Raúl Guillermo Cornejo Campos sigue como detenido desaparecido. Fuente: Vicaria de la Solidaridad —————–0—————-

El Chico Feliciano y el acorazado Potemkin (Jecho)

Gracias infinitamente y felicitaciones al Flaco Lucho por esas líneas (salidas de lo más hondo del corazón) para recordar a nuestro querido chico Feliciano. Es un relato que me parece tremendamente humanizante. Quisiera poder emplear la frase con que se recordó en cierta ocasión en Cuba a los héroes del Moncada : « Ni olvidados ni muertos, viven hoy más que nunca ». Personalmente no recuerdo muchas ocasiones en las que haya compartido algunos momentos con el chico, fuera del ámbito puramente partidario. Sin embargo entre los recuerdos que conservo de él, uno está estrechamente ligado a la historia del acorazado Potemkin por habernos encontrado casualmente a la salida del cine España en 1972 en Santiago. Este cine presentaba en ese entonces un festival de cine soviético y esta célebre película (« El acorazado Potemkin ») era una de las principales atracciones de ese festival. Feliciano estaba con su compañera aquella tarde y recuerdo que nos alejamos del cine caminando por calle Huérfanos aunque por respeto al sacrosanto principio de no extremar las relaciones puramente personales entre los  militantes, no prolongamos mucho más la tertulia.                                                                                                                                                                . Esta continuó sin embargo días más tarde durante una pausa en una reunión, en que hicimos el necesario paralelo entre aquellos sucesos heroicos de la Rusia zarista de 1905 y la sublevación de la marinería chilena en 1931. Leyendo esas acertadas palabras del Flaco mis propios recuerdos de este gran compañero (desaparecido en 1976) me hicieron caer en la cuenta de que pronto se cumplirá el primer centenario de aquellos sucesos acaecidos en el puerto de Odessa (27 de junio de 1905) que son uno de los hitos principales de la revolución de 1905, aplastada a sangre y fuego por las tropas zaristas. El pelao Lenin diría, muchos años después, que aquellos sucesos fueron el « ensayo general » de la revolución de 1917. Pero quiero dejar la palabra a quienes hayan estudiado realmente esa y otras revoluciones (entre los que no me incluyo) para terminar pidiéndole al Flaco (y que se lo pidamos todos) que siga escribiendo y deleitándonos -¿por qué no ?- con trozos de nuestra historia. Saludos. Jecho. ———————0—————-

Hablando con el Mateo el otro dia, recordando viejos tiempos y recordando viejos amigos, me dijo {+

Me quedó bailando en la cabeza esa frase. Y quizas por eso, entre muchas otras cosas, decidi escribir estas lineas. No es el unico. También estuvo olvidado por mucho tiempo Pablito o el guaton Pablo como le deciamos en el barrio en aquellos lindos tiempos. La diferencia es que Pablito volvio a la “primera plana” a raiz del fallo de la Corte de Apelaciones que no considero aplicable la Ley de Anmistia en el caso de su desaparicion fisica. Digo fisica porque Pablito (Miguel Angel Sandoval) junto a chico Feliciano (Guillermo Cornejos Campos) y muchos otros amigos y compañeros seguiran siempre presentes en nuestros recuerdos. En particular para todos aquellos que fuimos sus amigos en el barrio San Genaro de Renca. En realidad lo quieran o no, ellos hacen parte de la historia que tiene que ver con la Comuna de Renca y en particular con el MIR. A pesar de haber estado declarado “desaparecido” por mucho tiempo y ha pesar de que los responsables del régimen militar jamas admitieron su existencia en la Villa Grimaldi, Pablito se ha cobrado una buena mano en las ultimas semanas con el fallo de la Corte de Apelaciones que ha dejado sin aplicacion la tristemente famosa Ley de Anmistia de la Dictadura de Pinochet. Y por consecuencia de ello la detencion del responsable de muchas asesinatos , torturas y desapariciones de cientos de cros y amigos. Siempre lo molestabamos con su profesion de sastre. “nosotros, la clase obrera, tenemos por derecho propio estar en la revolucion” decia yo para molestarlo. “nosotros , los estudiantes-decia el Feliciano- siempre hemos estado en la vanguardia de la lucha junto a los trabajadores”. “pero vos como sastre, que chuchas estai haciendo aqui” le deciamos y nos cagabamos de la risa haciendolo rabiar. Pablito tenia un caracter super jovial. Humilde y muy respetuoso. Mucho menos “palomillas” que nosotros. Ademas muy interesado en leer y aprender. Poco nos duro ese tipo de mofas, que por lo demàs no tenian ningun caracter ofensivo ni despreciativo. Por el contrario era una muestra de nuestra confianza como amigos. Eramos del mismo barrio y nos conociamos muy bien.                                                                                                                                                                           CEME – Centro de Estudios Miguel Enríquez – Archivo Chile Sida 7 Feliciano, con su caracter serio y de lider innato, era como nuestro hermano mayor. A él llegabamos cuando teniamos problemas personales o cuando nos asaltaban dudas politicas. Un dia Pablito, muy serio, nos corto en seco nuestras bromas habituales postreuniones. “Saben que mas huevoncitos- nos dijo- … desde los anarquistas de la primera época de las luchas obreras….. ….Como media hora duro la “cháchara” del Pablito. Nos paseo por la historia del movimiento obrero chileno y sus origenes. Desde las Mancomunales hasta la constitucion de la CUT. Citando a Recabarren, Vitale y otros. Al final solemnemente nos dijo ” Y bueno, tengo o no tengo derecho a estar con ustedes huevoncitos ?” -Pero claro compadre -respondimos – No te lo tomis tan serio p’o huevon . – Si solo eran bromas p’alegrar el almanaque – y nos volvimos a cagar de la risa . Con él siempre habia buen humor. Aun en los peores momentos. Hicimos muchas cosas juntos. Desde las mas simples de la vida cotidiana hasta las mas serias como querer cambiar el mundo. Pero nunca dejamos de ser los “cabros del barrio”. De nuestro querido barrio que nos vio crecer. De los bailes, las pichangas, los amores y los desamores, de nuestra pobreza material, de la fidelidad de las amistades y de todo lo que la vida nos enseña en un barrio popular. Junto a ellos pasamos nuestra adolescencia y casi sin darnos cuentas nos metimos ” en cosas de adultos”. ———————0—————- Al Chico Feliciano lo conocia desde la infancia. Nos criamos juntos en el mismo barrio renquino de San Genaro . De barrio en realidad no tenia nada todavia ya que en esos entoces Renca era “puros potreros”. El era el mayor de cuatro hermanos. Su padre, don Raul era un excelente mécanico de la ETC. Su madre , la Sra Alicia cuidaba de los hijos y de la abuela que también vivia con ellos . Vivian en una casa de madera construida por ellos mismos en la entrada de lo que fue la antigua Chacra San Genaro. Un inmenso terreno que posteriormente fue comprado por la ETC y en la cual vivian algunos de sus trabajadores. Con el tiempo se formo una cooperativa de construccion y se levanto la poblacion San Genaro con casas de buena construccion destinadas a los trabajadores de la ETC. La casa que les toco estaba ubicada en la calle 2 , frente a la de mis primos y mas cerca aun de mi casa. De los cuatro hermanos, él que mas se juntaba con nosotros era el Teco, el segundo. Bueno p’a la pelota , los carretes y la guitarra era el mas fiestero de los Cornejos. En plena adolescencia tuvo la mala suerte de agarrarse una terrible infeccion en la rodilla por la cual tuvieron que amputarle una pierna. Cayo en una gran depresion que solo con el amor y el cariño de su familia y amigos pudo superar. Obviamente no pudo jugar nunca mas a la pelota pero sus caracter siguio siempre igual. El tercero, el Pato siempre andaba “en otra onda” , fanatico por la musica, excelente guitarrista, adorador de Jimmi Hendrix. El mas chico Queno, nos observaba desde sus cortos años. El mas serio siempre fué el chico Willy(Feliciano). Le deciamos asi por la costumbre de andar siempre con gafas oscuras. Se acostumbro tanto que se transformo en una casi obligada caracteristica personal que solo abandono después del golpe y producto de la represion.                                                                                                                                                                           CEME – Centro de Estudios Miguel Enríquez – Archivo Chile Sida 8 Un dia cuando tomaba el bus que me conducia a la fabrica Hirmas 2 (Texicron) donde yo trabajaba, subio conmigo el chico Willy, nunca hubieramos podido imaginar que ese fugaz encuentro cambiaria nuestras vidas. -hola Flaco p’a donde vai, – P’a la pega pos chico , y tu ? – Voy a la Fac me respondio el chico. Tengo una prueba y no se como me va salir – Qué estai estudiando chico? – Psicologia – me respondio. Y tu donde estais trabajando ? – Ahi en la Hirmas. En la fabrica nueva. – Oye y cuantos trabajadores hay ? – Somos como 700, y la mayoria somos todos jovenes, aparte de los jefes que vienen de la Planta N°1 – Y el sidicato compadre , como anda ? – Ahi no mas , no nos inflan mucho; Dicen que solo somos cabros y que no tenemos idea de las cosas sociales ! – Sabis Flaco, podriamos hacer algo en conjunto. Quizas si nos juntaramos a discutir un poco podriamos ver la forma de hacer algo. – Bueno si tenis tiempo , uno de estos dias paso p’a tu casa y conversamos Y ahi comenzo nuestra segunda historia con el chico Willy. Mejor dicho con el chico Willy y su familia ya que siempre tuvimos en ellos un apoyo sin limites. Nos juntamos en su casa y empezamos a ver que podiamos hacer a nivel de la Fabrica y después se nos ocurrio que podiamos tomar contacto con alguién del MIR para tener una vision mas amplia de las cosas que pasaban en nuestro Pais; El chico se las ingenio para hacer una cita con A. Pascal. En esa época Andres Pascal era un fugitivo de la justicia que junto con otros compañeros del MIR eran buscados por toda la policia chilena a causa de los asaltos de bancos de los ultimos tiempos. Un dia A. Pascal llego a nuestra poblacion, a la casa del chico mas exactamente. Ahi estabamos el Chico feliciano, Pablito y yo. Nos explico que los asaltos a bancos no eran asuntos delictuales sino ” expropaciones al capitalismo” o “recuperar para el pueblo” lo que los capitalistas nos robaban diariamente. Confieso que al pricipio no “caché” mucho sus ideas. – Pero no hay problemas Flaco, me dijo. Yo los voy a dejar conectado con alguién para que les explique por que y como los capitalistas les roban a uds; diariamente su fuerza de trabajo.Y lo que nosotros hacemos no es nada mas que “recuperar” lo que a Uds les roban diariamente. Ese alguién fué el rucio James (Patricio Munita) con el que compartimos tantos y lindos dias de nuestra juventud. Nos gusto el discurso de Andrés; Y mas aun su imagen de joven bien educado, honesto de “buena cuna” que se preocupaba de los mas pobres.. Era la primera vez que veiamos alguién dedicado a la politica que tenia un discuso de esa naturaleza hacia con nosotros, cabros pobres, de origen humilde que solo habiamos visto “politiqueros de turno” venir a darnos charlas para juntar votos y después “chao pescao”. Una vez pasadas las elecciones ni siquiera se acordaban de nosotros. Como decian nuestros viejos.                                                                                                                                                                           CEME – Centro de Estudios Miguel Enríquez – Archivo Chile Sida 9 Esa sencilla reunion que podria aparecer como algo anecdotico paso a ser el acto fundador del MIR en Renca. Los viejos miristas se acordaran de la importancia que tuvo Renca en el desarrollo del MIR en Santiago. Largo seria de enumerar y nombrar a todos aquellos que compartieron nuestras casas, nuestros humildes hogares en aquellos tiempos de honestos sueños e ideales. De aquellos que nos ayudaron, que nos protegieron, que nos mostraron su entereza, su lealtad y coraje como la Sra Alicia y don Raul. Esa es parte de otra historia que aun no esta escrita. Por ahora estas lineas solo tienen el impulso de la emotividad. Del recuerdo que surge al ver el nombre del Guaton Pablo en todos los titulares de los diarios. De la revancha que se cobra despues de treinta años y que nos hace grandes en el recuerdo de toda esa juventud que un dia nos hizo crecer y créer que un mundo distinto es posible. Flaco Lucho desde Bélgica marzo 2005 ———————————————— Información disponible en el sitio ARCHIVO CHILE, Web del Centro Estudios “Miguel Enríquez”, CEME: http://www.archivochile.com Si tienes documentación o información relacionada con este tema u otros del sitio, agradecemos la envíes para publicarla. (Documentos, testimonios, discursos, declaraciones, tesis, relatos caídos, información prensa, actividades de organizaciones sociales, fotos, afiches, grabaciones, etc.) Envía a: archivochileceme@yahoo.com NOTA: El portal del CEME es un archivo histórico, social y político básicamente de Chile y secundariamente de América Latina. No persigue ningún fin de lucro. La versión electrónica de documentos se provee únicamente con fines de información y preferentemente educativo culturales. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos que correspondan, porque los documentos incluidos en el portal son de propiedad intelectual de sus autores o editores. Los contenidos de cada fuente, son de responsabilidad de sus respectivos autores, a quiénes agradecemos poder publicar su trabajo. Deseamos que los contenidos y datos de documentos o autores, se presenten de la manera más correcta posible. Por ello, si detectas algún error en la información que facilitamos, no dudes en hacernos llegar tu sugerencia / errata..

La Primavera de Chile. Documental completo

La Primavera de Chile. Documental completo
Publicado el 13 jul. 2013

Título Original: La primavera de Chile
Título en Inglés: Chilean spring
Duración: 102 minutos
Soporte: Digital

Producción: Cristián del Campo — Gastón Muñoz

Dirección y Guión: Cristián del Campo Cárcamo

Producción Ejecutiva y Distribución: Elena Varela

Producción en terreno: Marcelo Dauros, Mauricio Castro, Mario Venegas, Cristián del Campo
Investigación periodística: Julio Candia
Colaboración Guión: Marcia Pozzo, Julio Candia, Hugo Fuentes
Cámara: Mauricio Castro, Juan Pablo Araneda, Alex Ramírez, Cristián del Campo
Edición y Montaje: Hugo Fuentes, Cristián del Campo
Arte y Diseño: Marcelo Dauros Pantoja
Postproducción: Marcelo Arriagada

Agradecimientos:

Radio Universidad de Chile
Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios, ACES
Confederación Nacional de Estudiantes Secundarios, CONES
Confederación de Estudiantes de Chile, CONFECH
Federación Nacional de Pobladores, FENAPO
Confederación de Trabajadores del Cobre, CTC
Colegio de Profesores de Chile A.G.
Fundación Progresa

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    La Primavera de Chile o el bloqueo cognitivo
    Por Colectivo Miope

    La Primavera de Praga fue un momento crucial en la liberación política y social donde Checoslovaquia le hizo frente al avasallador totalitarismo comunista que le pretendía imponer la ex-URSS.  Ahora, ésta alusión floral, respecto a Chile, estaría básicamente en consonancia con la misma idea de resistencia social pero en función a otro sistema económico –basado en el libre mercado– impuesto, mantenido y defendido por todo el espectro político -con intereses en juego- a lo largo de los últimos 30 años.

    La Primavera de Chile despliega a lo largo de casi dos horas un desfile de rostros queribles, como lo son los voceros estudiantiles. También otros más rabiosos, aquellos portadores de cierta misión con causas puntuales, más que con la trinidad de conceptos que defiende el estudiantado.

    Y, aunque el movimiento aludido como tal efectivamente posea todas las características de la analogía desenfundada en torno al replanteamiento duro del paradigma económico en ejecución, el largometraje logra escasamente aportar algo más a la reflexión profunda del asunto, confiando escuetamente en el abanico de argumentos cercados y por lo tanto, mucho menos aún, plantear -o al menos insinuar- rutas para los desafíos futuros del estancado embrollo. Es más bien una constatación sintética y cadenciosa, y pulcra eso sí. Una tibia cronología de sucesos con la expositiva intervención del dirigente, vocero, intelectual o experto afín.

    Evidentemente las autoridades oficiales son retratadas mediante un menesteroso material de prensa como -lo que supuestamente son- figuras rígidas, ultraconservadoras, opacas, poco dispuestas a escuchar, con discursos y planteamientos mecánicamente enarbolados. Sujetos poco empáticos, sin alma. Ontológicamente despreciables. Todo legítimo, pero claro, sin permitirse acceder a su voz en ninguna distendida conversación frontal que si gozan el resto de los participantes. Es decir, se hace imposible siquiera osar cuestionar lo fríamente dispuestos o al menos a darle una vuelta, darle un respiro y acceder a ideas que los discursos oficiales por su misma lógica eficiente y sobria no lo permiten. En definitiva, en La Primavera de Chile se asume que la repetición -a modo de mantra- fortalece esa hipótesis de trabajo que jamás se pone a prueba, ni menos aún, obvio, con el latente riesgo que involucra un debate.

    Aquí los razonamientos son unilaterales, su fuerza –como en la acción popular– al final del día se basa en la presión física, la ocupación y la soberbia convicción de que “lo que hacemos es lo correcto” y por tanto requiere radicalizaciones múltiples, eventuales atropellos, aceptación per se. Todo la disposición de elementos en este simulacro narrativo hace suponer –paradójicamente- que La Primavera de Chile no cree en su pueblo, no cree que éste pueda ejercer el pensamiento crítico, no cree que sea conveniente entregarle las elementos que -a través de un medio popular como lo es el cine- el individuo pueda sacar sus propias conclusiones, oxigenar su juicio, ser ciudadanos y no un par de piernas y gargantas útiles en determinado momento.

    Sin duda que el metraje apunta certeramente los aspectos fundamentales del movimiento acaecidos durante el 2011 a modo de reporte “objetivo” y además toca tangencialmente aspectos incluso más interesantes y particularmente idiosincrásicos que le dan personalidad al problema, como lo fueron las performances creativamente pop en público, las marchas carnavaleras, los eventos pachangueros masivos, el majadero uso retórico del rock pesado en la represión policial, y bueno, no mucho más.

    No adherir cabalmente a estas alturas a esta amalgama de fuerzas sociales que abogan por una educación de calidad, gratuita y sin lucro es prácticamente considerado una herejía, es decir, atreverse a ponderar la información, las circunstancias, los argumentos… básicamente pensar por sí mismo. Al parecer lo que se necesita hoy es el vitoreo instintivo, el apoyo irrestricto y acrítico a cualquier slogan que apele a la olvidada familia linchada por los pagarés de una institución que no le garantiza nada al educando, que lo ve como un número y mano de obra barata estratégicamente funcional a la nación en supuesto desarrollo.

    Más allá de que sea el “primer” documental sobre el movimiento –un término que en sí induce a desconfiar de la fuerza interna del despliegue de los contenidos–, sería saludable que esto sirviera para profundizar en base a lo que se supone que el cine puede lograr y que lo diferencia de otras manifestaciones audiovisuales, es decir, lograr acompañar un proceso determinado en base a una cierta intimidad, a un acceso único, nunca antes visto, en la profundización de los anhelos y desafíos más particulares. En las revelaciones que puede otorgar enfrentar una oposición específica, en encontrar aquella pulsión y valor en personajes en los que nadie confía ni conoce. La Primavera de Chile no roza en más de un par de escenas algo de esto. No construye personajes (pues los personajes están construidos ya), no revela nada que no sepamos ni se propone poner a prueba la tesis con la que parte y nunca se atreve a problematizar.

    De esta manera la propuesta aquí planteada tal vez sirva para expandir el “espíritu” reformista que reacciona efectivamente ante el abuso ejercido contra los más desprotegidos y, con ello, decirle al mundo que Chile se moviliza, que se une en torno a una serie de prácticas y que no tolera la prepotencia del capital. Pero, internamente, cinemáticamente, narrativamente, es apenas un primer y tibio paso respecto este gran tema. Luego, entonces, y por eso mismo, solo puede ser una formidable oportunidad para no anquilosarse en el irrelevante acopio de los hechos e imágenes que hoy por hoy abundan, redundan, cansan y sobran.

    Algunas interrogantes que quedan:

    ¿Qué pasa con los carabineros encapuchados? ¿De donde surge esa infame estrategia de boicot, si es que existe? ¿Cómo enfrenta un carabinero su función para con los estudiantes sabiendo que su profesión nace -por lo general- de la carencia de medios para un futuro que realmente desarrolle sus aptitudes? ¿Cómo se entrena un carabinero para abordar la represión? ¿Cree en su rol, puede optar? ¿Cómo aborda el dilema un estudiante con la necesidad de manifestarse si carga una tradición uniformada? ¿A qué le teme tanto la elite dominante? ¿Sólo a perder su poder, su influencia y sus negocios? ¿Por qué ésta cree con –supuesta– reflexiva convicción que su modelo ofrece más oportunidades de desarrollo integral a los ciudadanos? ¿Se niegan al cambio por que creen que una población educada, reflexiva, crítica abusará de su nuevo estatus a modo de venganza clasista?

Discurso de un niño de 8 años a los 40 años del Golpe de Estado

Discurso de un niño de 8 años a los 40 años del Golpe de Estado
 
Ningún niño a esa edad piensa por sí mismo sobre esas cosas. Así como su entorno le hace ver así las cosas otro entorno lo haría ver otras. Sólo hablo de la naturaleza de ser niño.

Andreits Bravo

Recuerda cuando tenías su edad. Todos creíamos en lo que nos decían nuestros padres. Es todo.

Mari Cris

Mira, Andreits, cada ser humano absorve de su entorno y se va construyendo, nadie pide nada el pidió ser entrevistado se aclaró, todo lo que diga cualquier ser humano es importante para el entorno inmediato como en este caso y no debe existir la discriminación por el solo hecho que son niños.

papyjuaN1

Por supuesto que tenemos conciencia cuando somos pequeõs : yo me acuerdo que a los siete años en clases de religiòn detestaba a Dios, porque el cura decìa que no se podìa adorar a nadie, solo a Dios. Pucha, yo adoraba a mi papà.Y Dios yo lo veìa como un ojo gigante que me podìa ver cuando iba al baño…..y cuando me robaba la leche condensada.

papyjuaN1

Cuando se lo dije a mi padre me dijo, que yo podìa adorar a quien quisiera y que esas eran leseras del cura. Luego me preguntò : pero tu quieres hacer la primera comuniòn?Yo le conteté que sì. Y porqué quieres hacerla? Porque me quiero poner el vestido que me està haciendo mi abuelita… El dijo a mi mamà…seìa mejor que la hiciera p’al otro año….Pero igual la hice, mi unico problema era con Dios, Jesùs me gustaba.

Andreits Bravo

No entiendo la idea de que niños den “su opinión”, si realmente no es su opinión, simplemente repiten lo que les dicen sus padres, porque aún están en una etapa en que lo que les digan ellos es la verdad absoluta. Y digo esto sin desmerecer lo que se diga, sólo pensando en que no tiene valor ¿o le van a pedir a ese niño que tenga consciencia o criterio?

camila rodriguez

que ricura de niño T.T y pa todos los que digan “weón como llenan de odio a un niño y blablablabla comunistas desgraciados…” el no habla de odios, no dice palabras como tortura ni justicia, solo esta diciendo lo que sus amigos y familiares dicen, pero lo dice con esa convicción porque a sus tiernos 8 añitos no entiende cómo este país puede ser tan dsigual……lo que nosotros no entendemos, un niño de 8 años tampoco……..ame a este pequeñito 🙂

Mi padre ejecutado. Memoria desde el útero de mi madre.

Actualizado el 4 feb. 2012 En entrevista con Alberto Dufey explica las razones del porqué tardo tantos años en denunciar la ejecución de su padre en Victoria por un comando de boinas negras durante el golpe militar en Chile en 1973, cuando ella se encontraba en el vientre de su madre.

Pedro MUÑOZ APABLAZA

Sobre la muerte de “Pedrito”, como reza en el sitio de sus restos, se supo que ocurrió por una equivocación, toda vez que la persona que debía ser ajusticiada, era del mismo apellido,pero no se hallaba en Victoria.

 

31.12.2012 Sergio Valenzuela González, ex jefe de un comando de boinas negras, que se mantiene detenido en el Regimiento Tucapel de Temuco, investigado por la muerte de Pedro Muñoz Apablaza y Eliseo Jara Ríos, ambos militantes del Partido Socialista y que fueron asesinados en el fundo California de Victoria en el mes de octubre de 1973.

en el mes de febrero de 2012 los restos de Muñoz Apablaza fueron exhumados desde el cementerio de Victoria, quien tenía 21 años al momento de su muerte.En el caso de Jara Ríos tenía 38 años al momento de su asesinato.Era jefe de área del Instituto de Desarrollo Agropecuario (Indap) y militante del Partido Socialista.Fue detenido y llevado a la Cárcel de Victoria en cuatro oportunidades, reingresando por última vez el 16 de octubre de 1973.

El día 27 de octubre de 1973, una patrulla de boinas negras del Ejército, bajo el mando de Sergio Hernán Valenzuela González, llegó a Victoria en helicópteros, en una misión especial.  Esos comandos salieron ese mismo día en un camión en dirección a Curacautín donde procedieron a ejecutar a los detenidos Pedro Muñoz Apablaza y Eliseo Jara Ríos

Eliseo Jara fue sacado el día 27 de octubre de la cárcel de Victoria, esposado y en precarias condiciones físicas, por efectivos militares, despidiéndose de sus compañeros de detención, Pedro Muñoz Apablaza fue detenido el mismo 27 de octubre en su domicilio, por la patrulla de boinas negras

Jorge Castro Lobos, fue procesado por su participación en los hechos

 

 

Sergio Valenzuela González se llama el criminal, quien era comandante de los boinas negras que masacraron por la espalda a dos personas en el Fundo California de Curacautín, en octubre de 1973.

La Corte de Apelaciones de Temuco lo mantiene en prisión en el Regimiento Tucapel de Temuco.

Valenzuela fue el autor material de los disparos que acabaron con la vida de Pedro Muñoz Apablaza y Eliseo Jara Ríos.

Muñoz Apablaza, egresado de enseñanza media, tenía 21 años cuando fue sacado de su hogar en Victoria por la patrulla de boinas negras que le dio muerte.

Su hija, la periodista Cinthia Muñoz, quien estaba en el vientre materno a la fecha del crimen, ha luchado durante todos estos años por esclarecer las circunstancias de la muerte de su padre.

Sólo en febrero pasado, los restos de los dos detenidos fueron exhumados en el cementerio de Victoria.

RIOS

Eliseo Segundo Jara Ríos tenía 38 años al momento de su asesinato.

Era jefe de área del Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP) y militante del Partido Socialista.

Fue detenido y llevado a la Cárcel de Victoria en cuatro oportunidades, reingresando por última vez el 16 de octubre de 1973.

El Informe Rettig señala que el Jefe del Centro Readaptación Social de Victoria señaló que el detenido egresó de ese Recinto: “el día 27 de octubre de 1973 para ser llevado a Fiscalía, no habiendo regresado, ni tampoco reingresado a la Unidad con fecha posterior”.

OTROS INVOLUCRADOS

Otros oficiales que formaban parte del Batallón Nº4 de Victoria siguen procesados por estos homicidios calificados.

Se trata de Hernán Salazar Chiferlli, segundo comandante del regimiento; Humberto Torres Torres; el ex gobernador militar Luis René Vega Fonseca y Jorge Castro Lobos.

El ministro que llevó a cabo la investigación, Álvaro Mesa, sometió a proceso como encubridor de las torturas al médico Alejandro Reyes, autoridad sanitaria del Batallón de Victoria el año 1973.

40 años después de cometidos los crímenes, comienza a llegar la justicia para estas familias chilenas.

 

Biobiochile.cl, 26 abril de 2013

 

El dirigente de la agrupación de derechos humanos dijo que restá aún la interposición de 39 querellas relacionadas con personas detenidas, desaparecidas, torturadas y ejecutadas en Cautín y Malleco, acción judicial que realizan para que no queden casos impunes al cumplirse los 40 años del golpe militar.

  Estas paginas han sido preparadas y son mantenidas por: Proyecto Internacional de Derechos Humanos – Londres © 1996 – 2015

            

periodista Cinthya Muñoz Aguero

                        –            Pedro MUÑOZ APABLAZA, 21 años, egresado de enseñanza media.  Fue detenido el mismo 27 de octubre en su domicilio, por una patrulla de boinas negras.

                                      De acuerdo a la información reunida en ésta Comisión, ese día 27 de octubre una patrulla de boinas negras del Ejército llegó a Victoria en helicópteros, en una misión especial.  Esos comandos salieron ese mismo día en un camión en dirección a Curacautín donde procedieron a ejecutar a los detenidos mencionados, en el Fundo California. 

                                      Los restos fueron entregados a los familiares quienes declaran que fueron informadas que los dos detenidos habían sido ejecutados ante un intento de fuga. Esta versión no se hizo oficial, pero contradice testimonios concordantes y verosímiles que habrían visto cómo uno de ellos fue sacado del penal de Victoria y el otro de su domicilio por efectivos militares. 

                                    Esta Comisión tiene la convicción que ambas personas fueron ejecutadas, a manos de los agentes del Estado.  Ello es un acto de violación a los derechos humanos. 

Informe Rettig              

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Published On: Vie, dic 12th, 2014

Emotiva Ceremonia En Colocación De Primera Piedra En Memorial De Detenidos Desparecidos

La ceremonia estuvo encabezada por la gobernadora  provincial Andrea Parra, el edil Obdulio Valdebenito, dirigentes políticos y familiares de detenidos desaparecidos.

En el  jardín de la entrada principal al cementerio municipal, se realizó ayer jueves  la colocación de la primera piedra de lo que será el futuro memorial de los detenidos desaparecidos en la provincia de Malleco  en tiempos del gobierno  militar. A la emotiva ceremonia asistió la señora  Gloria Álvarez, madre del joven  Luis Raúl Cotal Álvarez de 14 años, asesinado en extrañas circunstancias  por militares en la cercanías del regimento Húsares, sin que su cuerpo hasta ahora sea ubicado.

Desde la ciudad de Victoria asistió don Sergio Agüero Vásquez y su hija María Soledad Agüero,quien en su juventud fue la novia  del detenido desaparecido  Pedro  Muñoz Apablaza, con quien tuvo una hija y que hoy es una destacada periodista en la vecina comuna de Victoria.

Don Sergio relata que cuando asesinaron a Pedro Muñoz, el era secretario del gobernador de Victoria,” yo fui militar,  en esa época era sargento  y trabaje con el gobernador  de ese entonces  en Victoria. Pedro era el novio de mi hija y se iban a casar por esos días, mi hija quedó embarazada, hoy mi nieta va a  cumplir 41 años. Imagínese yo trabajaba con el comandante, tenía hijos de izquierda, tuve que soportar  toda la presión que había contra los militares que teníamos hijos  o familiares de izquierda” Puntualizó el ex militar.

Don Sergio agrega que Pedro Muñoz Apablaza estaba saliendo de la escuela de investigaciones cuando le”achacaron” que era de izquierda y que realizaba instrucción pre militar a los jóvenes de la población donde vivía. “En la población la mayoría de los vecinos tenia tendencia de izquierda y todos creían que  yo era soplón, imagínese soplón y con mis hijos y sus amigos que estaban todos en contra del gobierno. Imagínese Pedro a esta fecha habría tenido 62 años”, finalizó.

Por su parte la ex novia  de Pedro Muñoz, María Soledad Agüero, dijo que  estaba todo listo para el matrimonio cuando asesinaron a su futuro esposo,” Fui la novia de Pedro, no nos alcanzamos a casar, tengo una hija póstuma que se llama Cintia Muñoz, ella es periodista y  que trabaja en la universidad Arturo Prat de Victoria”. Manifestó

Al preguntar  sobre el significado del memorial, María Soledad dijo que se le vienen cosas muy profundas y dolorosas. “Tengo mi familia, actualmente estoy casada, pero todos los recuerdos hermosos de Pedro están  dentro del corazón. Yo sé todo lo que sufrió, por tal razón esta  ceremonia es muy emotiva, es un momento de profunda reflexión, el crimen no se va a reparar nunca, pero si hay que recordarlo de buena manera. No siento nada de rencor, soy creyente y este memorial servirá para que nunca más ocurra lo que sucedió en dictadura”, finalizó.

Gobernadora

Por su parte la gobernadora Andrea Parra señaló,” este memorial servirá para rescatar la memoria, dar una señal del firme compromiso de parte del gobierno con el tema de los derechos humanos, no solo debe ser objeto de recuerdos  en aquellas fechas difíciles de nuestro país, como es el 11 de septiembre, sino  también debemos  realizar   una profunda reflexión  de cada uno de los seres humanos, en la medida en que nosotros seamos una sociedad  más solidaria, respetuosa  y que vallamos dejando la violencia de lado ,comprenderemos  la importancia de respetarnos mutuamente y preservaremos esta cultura  profunda  de los derechos humanos”, concluyó la gobernadora.

Por su parte Oscar Tapia Garrido, secretario de la comisión Valech dijo que este memorial  sirve para reparar ven parte el daño ocasionado  a las víctimas de la dictadura militar.” En realidad todavía no se ha cumplido con el objetivo de buscar la justicia plena, ya que las condiciones no están  dadas. Esta es una reparación mínima que se puede hacer en honor a estas  personas “, manifestó.

Reconocimiento

En esta oportunidad fue distinguida la señora, Gloria Álvarez, quien ha dado una dura lucha por encontrar   los restos de su hijo asesinado en octubre del año 1973, Luis Cotal Álvarez. El alcalde Obdulio Valdebenito fue el encargado de hacer entrega del reconocimiento, señalando” una madre nunca deja de luchar. Gloria ha luchado por más de 40 años por saber donde se encuentra el cuerpo de su hijo. Este reconocimiento es para esta madre abnegada y luchadora”, finalizó.