Exilio Heredado

Exilio Heredado

Exilio heredado´

En Viena, hijos de exiliados chilenos han construido una red de apoyo a quienes, como ellos, cargan con los dolores transmitidos por sus padres, víctimas de la dictadura. Esta carga real, no es abordada por los países donde residen; ni por Chile, donde pareciera que el exilio es un tema ya superado.

Por Verónica Gutiérrez

Hace un par de años, los hermanos Fernando (52) y Marcela Gómez (53), hijos de exiliados chilenos en Austria, fueron a un asado que organizó la embajada para celebrar el 18 de septiembre en Viena. “Nos pusimos a conversar con más gente. Nos encontramos con algunos de los que militaban en el Partido Socialista conmigo cuando éramos niños y recordamos tantas historias. Quedamos de juntarnos otro día. Arrendamos un lugar, mandamos a los hijos a jugar a otro lado y después de un rato, comenzamos a hablar sobre qué significaba el exilio para nosotros”, relata Marcela, hoy sicóloga. Recuerda que algunos trataban de sacar lo positivo de su experiencia, pero que ella fue rotunda en criticarla: “Me paré y dije ‘me carga el exilio, nunca quise esto para mí’”.

Marcela y Fernando, terapeuta ocupacional, comenzaron a organizar terapias grupales en Viena. “No nos imaginamos que iba a llegar tanta gente. Éramos cerca de 50 personas en el primer encuentro”. Fueron terapias grupales una vez a la semana por espacio de dos meses y el último fue un congreso. A este último llegó gente de Alemania, distintas ciudades de Austria, Francia y Finlandia. En estas terapias, trabajaron con el método de constelaciones familiares.

La sicóloga Astrid Becks (32), radicada en Austria, explica este método: “Es una técnica psicoterapéutica que busca elaborar y/o sanar problemas familiares.  Se da en un contexto de taller, donde asisten varias personas, que no necesariamente se conocen. El terapeuta “constela” a una persona en particular del público, es decir, esta trae un motivo de consulta y debe elegir al azar y del público a quienes representarán a los integrantes de su familia. Estos “curiosamente” suelen decir o actuar de la misma forma que los familiares reales (es un fenómeno que nadie puede explicar). En esa dinámica van saliendo temáticas, problemas, conflictos, traumas que normalmente no se han hablado en la familia. En mi experiencia personal y terapéutica, es una de las técnicas más potentes y sanadoras que existen. Una constelación familiar equivale a muchas sesiones terapéuticas individuales. Es muy intenso, emocional, vivencial y potente”.

Marcela Gómez ha hecho varios trabajos, tanto en Chile como en Austria y en otros países, para ayudar a exiliados. En la mayoría de ellos trabaja con el método de constelaciones familiares. Uno de ellos fue un taller llamado “Ven-seremos”, un juego de palabras que relacionaba a los hijos con la lucha de sus padres y una invitación a descubrir la identidad de las segundas generaciones. Este taller lo hizo en 2003 junto a otra sicóloga a raíz de los 30 años del golpe. En 2010, la invitaron a Alemania a hacer un taller llamado “Los países que hay en mí”, donde trataron, entre otras cosas, la falta del sentimiento de pertenencia a una patria. Otro taller que realizó en Austria se llamó “Rexilientes”, una mezcla entre resiliencia y exilio.

Marcela y Fernando Gómez concuerdan en que fue necesario hacer estas terapias, en primera instancia, para poder ellos mismos avanzar y seguir con sus vidas. “Uno tiene rabia, llora, grita, lo pasa mal, todo para después por fin estar bien”, dice Fernando. Con estas terapias y constelaciones familiares que practican con otros exiliados, han detenido el traspaso de traumas a terceras generaciones. Una vez resuelto esto, recién pudieron empezar a tratar a aquellos de la primera generación de exiliados, que hasta el momento no habían recibido apoyo psicológico por lo ocurrido en Chile.

Marcela García (40), socióloga e hija de exiliados chilenos radicados en Francia, realiza estudios de género relacionados con el exilio chileno. “Afuera se escrito muchísimo sobre el tema”, recalca.

Los hijos de exiliados políticos desarrollaron traumas durante este tiempo, que algunos no han sabido resolver incluso hasta el día de hoy. Hay varios traumas principales que se observan tanto en el caso del exilio chileno como de otros países, comenta Marcela Gómez, quien ha trabajado con inmigrantes chechenos, latinos y actualmente con refugiados sirios llegados a Austria. Los principales y los que más se repiten son el sentimiento de desarraigo, de pertenecen a ningún país o cultura; a sensación de responsabilidad por Chile, un país que varios de los hijos de exiliados no conocieron hasta más grandes; parentificación, el cambio de rol entre padres e hijos; y problemas de integración.

Ni de aquí ni de allá

Los hijos de exiliados tienen en común un fuerte sentimiento de desarraigo. No se sienten chilenos, porque han pasado la mayor parte de su vida en el extranjero, pero tampoco se sienten parte del país que acogió a sus padres, porque en sus casas no los incentivaron a adoptar la cultura del país donde llegaron. “Ya vamos a volver” repetían sus padres. La mayoría de los exiliados creía que la dictadura duraría solo un par de meses o como máximo dos años. Es por esto que en muchas familias, no se desarmaron las maletas, ni se esforzaron por integrarse.

Leticia Bialoskorski (34) ha vivido la mayor parte de su vida en Holanda. Su padre es exiliado chileno y su madre es holandesa. En total, no ha estado más de seis meses en Chile, pero siente que su cultura es chilena. “He vivido por tres años en Alemania ya. Estoy un poco confundida sobre mi cultura. Definitivamente soy holandesa, pero también me siento una ciudadana del mundo. Creo que tengo más de chilena que de alemana. Es algo que llevo en mi ADN”, explica.

El caso de José Vivallo (28) también llama la atención. Su hermano mayor nació en Suecia y llegó a Chile a los 10 años. Con 38 años, ha vivido la mitad de su vida en Chile y la otra mitad en Europa, pero se siente más europeo que chileno. De todas maneras, cuando se le pregunta de dónde se considera, contesta con un “soy ciudadano del mundo”. José nació mientras sus padres seguían en el exilio, pero retornó cuando apenas tenía 8 meses de vida. Él se considera chileno.

Marcela García fue apátrida hasta los 9 años. En Chile existen tres formas de adquirir la nacionalidad: nace en el territorio, ser hijo de chileno o recibir la nacionalidad por gracia. Marcela nació en Francia. Sus padres residían con pasaporte de refugiados. Por este motivo ella no pudo acceder a la nacionalidad francesa. Tampoco se podían acercar a la embajada chilena por el susto que esto le provocaba a su familia. Cuando se le pregunta si se siente chilena, afirma: “Soy lo más antinacionalista que pueda haber. Me importa más la persona que el país. Siento que soy más hija del exilio que francesa o chilena. Creo que tengo de ambas naciones y que no tendría por qué decidir. De todas formas, en Chile voy a ser considerada más francesa que chilena y en Francia, al revés”.

Loreto Caro (46), guionista e hija de exiliados chilenos, nació en Chile, pero a los cinco años se fue a Iowa con su familia. A los dos años se trasladaron a Boston. “Se juntaban todos los 18 de septiembre, todas las fiestas se celebraban en grupo. Esa fue la primera vez que tuve noción de que venía de otro lado, cuando nos juntábamos con esa gente que supuestamente era de Chile. Yo me juraba gringa, me juraba estadounidense”. Además, ella explica que muchos niños, cuando viven grandes traumas, tienen regresiones. Esto es lo que le ocurrió a ella. “Cuando llegamos, mi hermano y yo tuvimos que volver a usar pañales, incluso de día”.

Aunque no sienten que son de un lugar, la mayoría de ellos nunca se sintió exiliado. Ricardo Párvex (65) estuvo en varios centros de detención en Santiago y en la Quinta región. El año 74 salió del país en dirección a Francia junto a su esposa y con su hijo, que en ese entonces tenía solo 2 años. “El otro día hablábamos con mi hijo y me comentó que él nunca se ha sentido exiliado”, aclara. Marcela Gómez también recalca ese punto: “Yo no soy la exiliada, era a mi padre al que buscaban, no a mí. Yo tenía solo 11 años”.

El caso de los hermanos Gómez es distinto. Ellos nacieron en Chile y tuvieron que adaptarse a la nueva cultura. Apenas llegaron a Viena, los ubicaron con su familia en una vivienda social y a los niños les encontraron lugar en colegios. “Te ponían en cualquier curso. Éramos los pobrecitos. No entendíamos nada. Nos dejaban ahí, donde hablaban en un idioma que jamás habíamos escuchado, y no nos ayudaron a integrarnos. A las semanas ya no queríamos ir al colegio. Los papás nos obligaban y nos repetían: ’Ya vamos a volver, no importa’”, recuerda Fernando, quien en esa época tenía solo 10 años. Fue la repetición de ese mantra lo que llevó a que muchas familias no hicieran esfuerzos por adaptarse al nuevo país. Además, como los adultos militaban para poder colaborar con la situación en Chile, se juntaban entre chilenos y hablaban en su idioma. En muchos casos, ellos no necesitaron cambiar su estilo de vida, a diferencia de sus hijos que sí debieron integrarse para sobrevivir.

“Tú ibas a la casa de los otros ‘tíos’ y eran todas muy parecidas. Con plaquitas de cobre, con fotos de Allende, con una forma muy semejante”, recuerda Marcela García, quien hizo un extenso estudio sobre mujeres exiliadas en Francia. Sobre esa investigación, ella concluye que, en general, eran los hombres los que insistían con la idea de volver y se quedaban estancados en una época, con la idea fija de ayudar a Chile y continuar con la militancia, mientras las mujeres intentaban buscar trabajo y comenzar una nueva vida. “Tu ibas a casas y en muchas se veían las maletas hechas. No las querían desarmar por esta idea del ‘ya vamos a volver’. A los hombres esto les afectó de una manera diferente. Era como si se hubieran congelado en el tiempo. Usaban la misma ropa que en los años 70, tenían una imagen idealizada de Chile”, explica Marcela García.

Los hijos y los tíos

Al salir abruptamente del país, los roles familiares se modificaron. Muchos llegaron a lugares junto con otros chilenos. Estos se agruparon e hicieron colonias muy unidas. Al cortar lazos con la familia de forma tan abrupta, dentro de los grupos de exiliados, cada uno tomaba un rol. “Todos eran las tías y los tíos”, recuerda Marcela García. “Me acuerdo que había señoras mayores que hacían de abuelas. Yo no conocía a mis abuelos. En mi casa, además de las típicas placas de cobre de la Violeta Parra y de Pablo Neruda, teníamos una foto con el último discurso de Allende. No sé de dónde saqué la idea de que él era mi abuelo”.

Uno de los traumas principales es la parentificación o parentalización, cuando los niños se hacen responsables por sus padres y cambian de roles. Marcela Gómez, sicóloga radicada en Austria, explica cómo fue para ella: “Hay una inversión de los roles: una parentificación. Eso nosotros lo veíamos como algo negativo”. Esto ocurre en particular en aquellos países que hablan otro idioma. “Los niños aprendemos el idioma extranjero muy rápido. Empiezan a ser los traductores de sus padres. De grande, mi mamá me explicó, porque de chica no me di cuenta, pero a veces mi papá me hacía leer textos o cartas que llegaban. Yo pensaba que era un ejercicio para practicar mi español, pero en verdad le estaba ayudando con cosas que él no entendía”, recuerda Marcela García.

García, a través de sus estudios, también pudo observar cómo era la relación de pareja entre exiliados. Las parejas que ya estaban consolidadas antes de salir del país, tendieron a permanecer unidas. En el caso de las parejas que se unieron apresuradamente por la urgencia de la época, esas tendieron a separarse posteriormente. Es lo que ocurrió con sus propios padres, quienes se conocieron mientras su padre estaba detenido y su madre visitaba a su primo preso.

Quién es el culpable

“Al principio, los exiliados se dividieron. Se echaban la culpa unos a otros de quiénes eran los responsables del golpe”, explica Fernando Gómez. “En aquellos tiempos, desde Moscú, se transmitía ‘Escucha Chile’, que llegaba a las 12 de la noche a Viena. Tanto mis padres como nosotros nos quedábamos escuchando lo que pasaba en Chile. Escuchábamos que estaban deteniendo gente, estaban torturando, estaban matando. Ahí mismo te ponías a planificar actividades para solidarizar con Chile. Toda nuestra vida, toda nuestra juventud la pasamos en Viena, pero pensando en cómo era estar viviendo en Chile, cómo concientizar al pueblo austríaco para que nos ayudara a botar a Pinochet. Yo con 11 años, entré a militar al Partido Comunista. Como primera instancia tienes a tu padre o madre como imagen. En mi caso, había una mina tan rica, que dije, ‘¡metámonos!’”.

Su hermana, Marcela Gómez también recuerda esa época. “Todo era por Chile, aprendí a bailar cueca, me metí en grupos de baile, hacer fundaciones para ayudar a Chile, escuchar la música. Es algo que nadie te quita. Uno era representante de su cultura, del origen de sus padres. Los que no lograron entender que los padres lucharon por una causa, comenzaron a encararlos: ‘Por tu culpa vivimos esto’”. “A esa edad uno no quiere estar militando obligado, uno se quiere ir de fiesta o hacer otras cosas”, explica Fernando.

“Mi caso fue bastante especial”, añade Marcela García. “Nosotros vivíamos en un pueblito cerca de París, pero no había chilenos. Mi papá viajaba mucho a París y a veces nos llevaba con él a sus reuniones y actividades del partido, pero creo que por eso que no entré a militar. De todas formas, eres banderita. La gente te pregunta qué ocurre en Chile y tú tienes que saber. Yo tenía como 9 años y respondía que en Chile había una dictadura, que estaba muriendo gente”.

Después de la lluvia, no siempre sale el sol

Aquellos que retornaron al país, pudieron acceder a múltiples beneficios e indemnizaciones que ofrecía el gobierno para reparar el daño de alguna manera. Algunos de estos beneficios son acceso a salud gratuito, becas de estudios para segundas generaciones, tratamientos sicológicos y terapias físicas para los que fueron torturados, una pensión de reparación, entre otros.

El Instituto de Derechos Humanos tiene por cifra oficial 200 mil exiliados durante la dictadura. Los archivos de la Vicaría de la Solidaridad del Arzobispado de Santiago hablan de 1.675.000 personas. La diferencia se da porque esta cifra considera también a las 530 mil personas que vivían en el extranjero en “situación irregular”, a las familias de los buscados, y aquellos que salieron con visas de turistas, estudiantil o utilizando nacionalidades de otros países.

Existe el Programa Continuación (Ley Nº 19.123), creado el año 1997 por Decreto Supremo del Ministerio del Interior y Seguridad Pública, también conocido como “Programa de Derechos Humanos”. Ese plan establece varios tipos de beneficios a los que pueden acceder los torturados, exonerados y familiares de detenidos desaparecidos. En primera instancia, deben estar reconocidos por el Informe Valech. Este es el catastro oficial de víctimas de la dictadura.

El instituto de Derechos Humanos (INDH) otorga 5 beneficios de reparación diferentes: pensión de reparación, beca de educación para hijos, atención gratuita en salud, exención de servicio militar y otras ayudas complementarias, como educación o acceso a salud gratis. Los que retornaron, además tienen terapias sicológicas a su disposición y terapias físicas para aquellos que quedaron con secuelas por las torturas.

Los exiliados que decidieron quedarse fuera solo pueden acceder a uno de estos beneficios. Pueden recibir la pensión de reparación, la que puede ser transferida al extranjero. El INDH designa las siguientes cifras: “Para menores de 70 años de edad, la pensión (a 2004) es de $1.353.798; mayores de 70 años y menores de 75 años de edad: $1.480.284; mayores de 75 años: $1.549.422. Su pago es mensual y en doce cuotas”. Es decir, que la bonificación es de 135 mil pesos mensuales.

“Esa indemnización no alcanza para vivir un día”, dice Fernando, quien vive en Austria desde el año 1974. Allí, el sueldo mínimo es de 1.800 euros (proporcional a la calidad de vida del país) y la indemnización es equivalente a 183 euros mensuales.

Auto-reparación

El tema del exilio ha resurgido en Chile a raíz del cortometraje “Historia de un Oso”, ganador de un premio Oscar, el primero chileno en esa categoría.

El creador de la historia es Gabriel Osorio, cineasta y profesor de la Universidad de las Américas. “Al principio no le conté a nadie cuál era mi motivación para hacer esta historia”, cuenta Osorio. “Me demoré un tiempo en contarle a los otros del equipo que la historia la hacía por mi abuelo y que él había sido exiliado durante la dictadura. Él era Leopoldo Osorio y fue secretario de Allende por varios años. Lo conoció muy de cerca. Por eso lo detuvieron”.

Gabriel Osorio llega de invitado a un diplomado de “Educación, memoria y derechos humanos” de la Universidad de Chile. Luego de ver nuevamente el cortometraje, muchos de los asistentes le agradecen. “Es la primera vez que puedo hablar sobre ese período con mi papá, sin ‘rajarnos’ llorando”, comenta emocionada una de las alumnas. “Yo no tenía abuela” explica Gabriel. “Yo no entendía por qué, pero no tenía”. “Historia de un oso” habla de eso, usando una metáfora de un circo, cuenta qué significa para las familias, que un miembro se encuentre lejos por causas políticas y que no pueda retornar o comunicarse con los demás.

 “En mi familia no se hablaba mucho el tema. Yo preguntaba ‘dónde está mi abuelo’ y me respondían ‘está lejos’ y yo insistía, ‘pero por qué’ y me decían ‘es que lo exiliaron, no puede volver’. Para mí era impresionante. Qué había hecho él que no podía volver. Cuando eres chico, todo es muy confuso. Eso es lo terrible del exilio, que quiebra lazos. Él hizo una familia afuera. Mi abuelo retornó del exilio después, cuando yo tenía como 11 o 12 años. Se formó una relación extraña. No nos conocíamos. Ahora más de grande, tenemos mejor relación, pero lamento mucho lo que ocurrió”.

 “Creo que no es importante hablar del exilio solo hoy, creo que hay que hablarlo siempre, porque es algo que se repite constantemente. Lo dijimos cuando recibimos el premio, ahí en el teatro: ‘Ojalá que no pase nunca más’”, afirma el ganador del Oscar. Su premio parece ser una excepción a la regla del olvido.

El sicólogo húngaro Ivan Boszormenyi-Nagy explica en su libro “Lealtades invisibles” sobre el sistema de lealtades que se crean entre la primera generación de un hecho traumático, la segunda y la tercera. Uno de los puntos que recalcaba es que, si la primera generación hace algo, la segunda tiende a negarlo. Por el contrario, la tercera tiende a vincularse con esa primera generación. Pasó que muchos de la segunda generación no comprendieron lo que ocurría y se revelaron ante esto. Otros no supieron cómo desvincularse y ocurrieron “quiebres”, como lo llama Marcela Gómez.

García por su parte, explica este fenómeno por una causa natural: “Los padres sufrieron mucho y por no dañar a los hijos, no contaron nada. Los hijos no sabían lo que había ocurrido, pero sentían la carga, sentían el dolor. Cuando las personas son mayores, tienden a regresar al pasado, a hablar más de sus vidas, a liberarse de esas cargas emocionales. Es por eso que cuentan muchas historias a sus nietos. Es por esto que los nietos pueden empatizar con sus abuelos. No así sus hijos”.

Marcela y Fernando decidieron enfrentar su realidad estudiando carreras afines a la sicología y así ayudar de forma efectiva a sus pares. Marcela García se concentró en estudiar el fenómeno del exilio chileno y darlo a conocer con sus escritos. Loreto Caro, guionista, ha decidido enfrentar su historia de manera creativa: sus proyectos cinematográficos, siempre tratan sobre personas en un limbo, ya sea emocional, terrenal o a veces, ambos. “En el cine chileno no se habla de la dictadura. Es muy poco. Se menciona mucho, pero no se profundiza en el tema. Somos tímidos en visitar nuestra historia. Les tenemos miedo a las heridas y al sufrimiento. En Argentina, luego de cinco meses, sale la historia oficial de la dictadura argentina. Ellos son como ‘si ya estamos sangrando, ¡sangremos completos!’. En Chile, en cambio, se le pone de inmediato parchecitos y paños a la herida para que no sangre”, dice.

Para Fernando, quien sigue en Austria también es necesario hablar del tema hoy, cuando el exilio vuelve a ocurrir: “Aquí han llegado miles de sirios refugiados por la situación que viven en su país.  No es fácil dejar el país de uno. Mucho menos si es por la fuerza. Hay gente que no lo entiende. Llevo más de 40 años viviendo en este país, tengo la nacionalidad y mis papeles al día, pago mis impuestos y, aun así, te hacen sentir extranjero. Aquí se dice ‘susch’ a los extranjeros. Es una palabra que viene de los yugoslavos, que ellos dicen ‘escucha’ y lo repiten mucho ‘escucha, escucha’. Algo así como el gringo. Te dicen así, pero en tono más despectivo. No entienden que el exilio es como que te echaran de tu casa sin tiempo de recoger tus cosas. Te vas con el timbre de que eres malo”. Fernando recuerda un día, ya pasado el bombardeo a La Moneda, que estaba jugando en el patio de su casa, cuando sintió un helicóptero volar. Al levantar la vista, vio que venía volando muy bajo y que al interior viajaba un militar apuntando con una metralleta. “No pasó nada”, aclara rápidamente, pero hasta el día de hoy, con 52 años y en otro continente, cada vez que oye un helicóptero volar, “debe” volver la vista y verificar que no sea nada.

È Vero!

Reportaje de título

Segunda generación en el extranjero

Exilio heredado

En Viena, hijos de exiliados chilenos han construido una red de apoyo a quienes, como ellos, cargan con los dolores transmitidos por sus padres, víctimas de la dictadura. Esta carga real, no es abordada por los países donde residen; ni por Chile, donde pareciera que el exilio es un tema ya superado.

Por Verónica Gutiérrez

Hace un par de años, los hermanos Fernando (52) y Marcela Gómez (53), hijos de exiliados chilenos en Austria, fueron a un asado que organizó la embajada para celebrar el 18 de septiembre en Viena. “Nos pusimos a conversar con más gente. Nos encontramos con algunos de los que militaban en el Partido Socialista conmigo cuando éramos niños y recordamos tantas historias. Quedamos de juntarnos otro día. Arrendamos un lugar, mandamos a los hijos a jugar a otro lado y después de un rato, comenzamos…

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Exiliados chilenos en Francia: enfoque sociológico

Exiliados chilenos en Francia: enfoque sociológico

A partir del 11 de septiembre de 1973, Francia alberga a unos 15,000 ciudadanos chilenos, con quienes tiene una capacidad extraordinaria. El entusiasmo de la generación posterior a la sexta octava por la experiencia de la Unidad y los mitos revolucionarios, la recomposición de una izquierda francesa lanzada a la conquista del poder o la gran cobertura mediática de los eventos en Chile son factores que determinará las políticas establecidas para recibir esta población. Además, esta diáspora tiene particularidades que la diferencian de la mayoría de las otras migraciones políticas.

Cartel del Partido Comunista Francés para Chile, con, a la izquierda, el retrato del presidente de la República de Chile Salvador Allende Gossens (1908-1973), 1973. © Roger-Viollet

Cartel del Partido Comunista Francés para Chile, con, a la izquierda, el retrato del Presidente de la República de Chile Salvador Allende (1908-1973), 1973 © Roger-Viollet

Estatutos, perfiles, implementación y estrategias familiares

Certificado emitido por OFPRA al Sr. Victor-Hugo Iturra Andaur, refugiado chileno © Colección privada Victor-Hugo Iturra Andaur, Taller del ruido

Certificado emitido por OFPRA al Sr. Victor-Hugo Iturra Andaur, refugiado chileno © Colección privada Victor-Hugo Iturra Andaur, Taller del ruido

Con respecto a la administración francesa, los exiliados chilenos optaron por tres estados especiales: refugiado, trabajador inmigrante o estudiante. ¿Por qué no todos tienen el estado de refugiado, incluso si pudieran obtenerlo fácilmente? La razón principal es que algunas personas prefieren mantener su nacionalidad, especialmente si han logrado conservar sus documentos de identidad chilenos.

Sobre la duración del exilio y según los períodos, considere que los perfiles evolucionaron. A su llegada a Francia, los exiliados constituyen una población de 20 a 50 años comprometida políticamente como simpatizantes de la Unidad Popular. Este personaje dominante dura todo el exilio. La diáspora chilena está compuesta en gran parte por mandos medios, cuadros políticos y / o sindicales, mientras que la proporción de trabajadores y campesinos sigue siendo baja. A diferencia de muchos migrantes, los chilenos tienen una proporción casi igual de hombres y mujeres, lo que en este caso significa que el exilio fue familiar. Su ubicación es urbana. Otra particularidad de esta diáspora es su baja movilidad espacial. Puede vincularse a una buena integración local y a una satisfacción relativa de las condiciones de vida ofrecidas.

Muchas familias experimentan un período de crisis debido a la conjunción de varios elementos como una fragilidad preexistente de las parejas, una delicada inserción profesional, la desaparición de la efervescencia política, la evolución de las mentalidades en contacto con las nuevas corrientes de pensamiento y los movimientos feministas, la existencia en Francia de estructuras sociales que empoderan a las mujeres y su acceso a la condición de cabeza de familia (guarderías, instalaciones comunitarias, subsidios). Además, los pródromos del exilio son vividos por la segunda generación de una manera intensa y enfrentan las dificultades de la instalación sin ser entregados por los padres una explicación coherente. A esto se agrega el hecho de que están inmersos en un sistema escolar extranjero que descubren privado porque sus padres tienen que resolver problemas materiales y psicológicos. Con el tiempo, estos jóvenes están experimentando un proceso de transculturación.

Recepción, solidaridad, dificultades de instalación y luego integración

Después del golpe militar del general Pinochet, el 11 de septiembre de 1973, el ejército realizó arrestos en masa.  Octubre de 1973 Santiago en Chile © Eyedea / Keystone France

Después del golpe militar del general Pinochet, el 11 de septiembre de 1973, el ejército realizó arrestos en masa. Octubre de 1973 Santiago en Chile © Eyedea / Keystone France

El fracaso de la Unidad Popular  tiene una resonancia excepcional. Toda la opinión pública francesa está conmocionada por la violencia del golpe. Los militantes y simpatizantes de la izquierda se movilizan desde el 12 de septiembre de 1973, al llamado de las formaciones políticas y los sindicatos asociados dentro del “Comité de los 18”, mientras se organizan grupos de solidaridad en todas partes. En noviembre de 1973, se creó un Comité de Coordinación para la Recepción de Refugiados que reúne organismos públicos y asociaciones por un lado. Por su parte, desde el 28 de septiembre de 1973, el gobierno francés da su acuerdo para la recepción de refugiados de Chile.

Se establece un plan de emergencia para recibir atención en los refugios, asistencia médica gratuita y aprendizaje de francés. En los refugios, los exiliados reciben apoyo administrativo para regularizar su situación con respecto a OFPRA. Las universidades ofrecen cursos especializados y el Ministerio de Trabajo asigna horas de cursos introductorios a la formación profesional.

En este doloroso contexto, el primer contacto con Francia ocurre a través de instituciones que los exiliados tienden a asimilar al aparato represivo chileno. Los primeros años son los más sensibles y conservan recuerdos bastante negativos. Deben modificar ciertos comportamientos al ubicar su temporalidad en la agenda social del país de acogida. Además de esto, hay patologías inherentes a situaciones de violencia experimentadas, dado que algunos de los exiliados fueron víctimas de la represión. Los chilenos ven así que sus posibilidades de integración disminuyen claramente.

Eloïse, educador especializado en París, de la serie Hijos exilio / Fils de l'exil de Eric Facon © Eric Facon, Museo Nacional de Historia y Culturas de la Inmigración

Eloïse, educador especializado en París, de la serie Hijos exilio / Fils de l’exil por Eric Facon © Eric Facon / el bar Floréal, Museo Nacional de Historia y Culturas de la Inmigración

De hecho, el trauma de dejarlos sobrevivir con sus sentimientos e intereses relacionados con el país de origen. Su tiempo está estructurado según una atemporalidad diaria y esta actitud de “pasajero en tránsito” “con las maletas debajo de la cama” limita las oportunidades de entrenamiento y aprendizaje. A medida que pasa el tiempo, los exiliados comienzan a integrarse y comienzan un proceso de transculturación. En general, logran algo de estabilidad. La segunda generación también está empezando a pesar sobre la percepción del exilio: los niños que se han convertido en adolescentes han completado la educación secundaria y desean cursar estudios superiores en Francia.

A pesar de todas estas instalaciones de recepción y las dificultades de instalación, la cuestión delicada sigue siendo el empleo, porque la legislación no permite que un extranjero que ha firmado un contrato trabaje de inmediato. A nivel de integración profesional, no experimentaron los mismos problemas que los inmigrantes tradicionales, aún no han logrado escapar de una fuerte descalificación. Cambiaron sus trayectorias profesionales con la perpetuación del exilio. Aquellos que hasta ahora se habían contentado con profesiones “auxiliares”, se embarcaron en cursos de capacitación relacionados con sus habilidades pasadas. Junto a este camino de integración, los chilenos también tuvieron que resolver rápidamente el problema de la vivienda.

Los exiliados chilenos, cualquiera que sea el estado elegido, fueron bienvenidos en condiciones muy favorables, beneficiándose de una solidaridad excepcional. Estas personas, por sus características históricas y culturales, han marcado la imaginación de la historia de la inmigración en Francia. Tuvieron que reconstruir sus vínculos sociales, adaptarse a una nueva forma de socialización y resignarse a una descalificación profesional. Tomados en esta agitación de la historia, los Chiliennes aprovecharon, de ser necesario, su llegada a Francia para abrirse a conceptos previamente ignorados. El prolongado período de exilio ha empujado a estos inmigrantes a integrarse en la sociedad francesa. Del mismo modo, los niños, traumatizados por las implicaciones familiares del exilio más que por su posición como migrantes,

Nicolas Prognon, profesor, investigador y miembro asociado de GRHI-UTM

Los hijxs del exilio. Trailers y música.

Los hijxs del exilio. Trailers y música.
Hijos del exilio
CICLO

Hijos del exilio

 

En el marco de la muestra Exilios, este ciclo reúne películas que indagan sobre la experiencia de niños y niñas que vivieron su infancia en el exilio: el desarraigo, el viraje abrupto de la vida cotidiana y la dificultad de comprender aquellos cambios. La convivencia entre alegrías y tristezas, el alivio de poder hablar de lo prohibido sin miedo, la adaptación a esa nueva vida incierta, echar raíces; y de pronto… volver, y un nuevo desarraigo.
Esto es parte del universo que estas películas exploran, en primera persona o en relato coral, a través de la mirada adulta y en algunos casos también desde la experiencia de la paternidad.
El ciclo acompañará la muestra durante marzo, abril y mayo con proyecciones el último sábado de cada mes.

Sábado 1 de abril / 19 HS

El (im)posible olvido

El (im)posible olvido

Con la presencia del director, Andrés Habegger

(Argentina 2016, 81’)

Un padre, activista político, casi un héroe, víctima de la violencia militar latinoamericana de los años setenta. Un hijo que vivió con esa ausencia la mayor parte de su vida. Una historia repleta de olvidos. Un intento de recuperar momentos, situaciones, gestos y objetos. Este film es un viaje interno, emocional y político hacia el lugar donde se alojan los momentos olvidados.

Dirección: Andrés Habegger / Guión: Andrés Habegger / Fotografía: Melina Terribili / Montaje: Alejandro Brodersohn / Música: Jorge Aliaga / Productora: coproducción Argentina-México-Brasil; Cepa Audiovisual, Naderías Cine. Calificación: apta para mayores de 13 años.

Sábado 29 de abril / 19 HS

La guardería

La guardería

Con la presencia de la directora, Virginia Croatto

(Argentina 2015, 71’)

Durante la llamada Contraofensiva de Montoneros se crea en La Habana “La Guardería”, una casa en donde los hijos estarían seguros y al cuidado de compañeros de la misma organización. Más de treinta niños pasaron por allí. Muchos aprendieron a hablar, dieron sus primeros pasos y se educaron en las escuelas cubanas, mientras esperaban que sus padres volvieran por ellos. Finalmente con la democracia, vuelven a ese país mítico del que tanto les hablaron, por el que sus padres lucharon y hasta perdieron la vida, pero se confrontan con una realidad que es muy diferente a sus sueños. Hoy, los adultos que fueron esos niños, nos cuentan sus recuerdos, fantasías y análisis de lo que fue su particular niñez.

Dirección: Virginia Croatto / Guión: Gustavo Alonso / Fotografía: Marcelo Iaccarino, Ignacio Masllorens / Montaje: Lucas D’Alo, Virginia Croatto / Música: Nicolás Sorín / Productora: CEPA, INCAA. Calificación: apta para todo público.

Sábado 27 de mayo / 18 HS

Retour: Volver

Retour: Volver

Dirección: Martin Bourgault

(Canadá 2016, 61’)

El cantante y músico Tomas Jensen vuelve a la Argentina después de cuarenta años en el exilio: sus padres huyeron de la dictadura militar cuando tenía seis años. De vuelta en su país natal, redescubre lugares de su infancia, se reúne con un primo perdido y establece contacto con músicos de la escena argentina actual. Con ellos grabará un álbum en un estudio de Buenos Aires y tocará unos cuantos espectáculos al público local. Un regreso hacia los orígenes y el sonido.

Dirección: Martin Bourgault / Guión: Martin Bourgault / Fotografía: Martin Bourgault / Montaje: Andrea Henriquez, Martin Bourgault / Música: Tomas Jensen / Con la presencia de: Tomás Jensen, Damian Nisenson, Fernando Kabusacki, Mene Savasta Alsina, Marina Fages / Productora: Let Artists be.

Sábado 24 de junio / 19 hs

El Premio

El Premio

Con la presencia de la directora, Paula Markovitch

(México 2011, 120’)

El premio aborda el exilio interno desde el punto de vista de una niña. En 1977, Cecilia tiene siete años y aprende que no debe revelar su verdadera identidad. Se acostumbra a fingir y a decir lo contrario de lo que piensa. Un día, escribe una composición por encargo de las maestras y recibe un premio de manos de los militares, los mismos que probablemente mataron a su papá. Esta premiada película está basada en los recuerdos de la directora que reside en México.

Guión y dirección: Paula Markovitch / Producción: Izrael Moreno, Pablo Boneu y Paula Markovitch / Fotografía: Wojciech Staron / Música: Sergio Gurrola / Dirección de Arte: Bárbara Enríquez y Oscar Tello / Sonido directo: Isabel Muñoz y Alexis Stravopulos / Diseño de sonido: Sergio Díaz y Arturo Zárate / Edición: Lorena Moriconi, Mariana Rodríguez y Paula Markovitch / Entrenamiento actoral infantil: Silvia Villegas.

Amanda no es la letra de una canción … “Yo soy la hija de Víctor Jara”.

DestacadoAmanda no es la letra de una canción … “Yo soy la hija de Víctor Jara”.

Amanda no es la letra de una canciónHija Amanda Jara

Cuando dice su nombre en el consultorio le cantan “Te recuerdo, Amanda”. Antes se hacía la lesa. Ahora dice: “Yo soy la hija de Víctor Jara”. Amanda no canta, no toca guitarra y tampoco milita en el PC. No pretende ser el vivo retrato de su padre. Su recuerdo es íntimo, un proceso personal en el que ha debido aprender a desenrabiarse con Víctor ausente y a pedir explicaciones por su muerte.

Domingo 25 de mayo de 2008 | por Alejandra Carmona López

La noche que Amanda voló hacia su exilio se fue sólo con lo puesto. Ni siquiera alcanzó a recoger sus juguetes de niña de nueve años. En las tres maletas que llevaban ella, su madre, Joan, y su hermana, Manuela, sólo cupo su padre: sus fotos, un montón de recortes de diarios, cartas y cintas de grabación. En medio de fusiles y militares arrogantes que abundaban en el aeropuerto de Santiago, enfilaron hasta la puerta del avión con destino a Londres, las tres de la mano, escoltadas por un funcionario de la Embajada de Inglaterra en Chile. Era el 16 de octubre de 1973, y ésa, la única escena de esa noche que Amanda Jara tiene en la cabeza. Además de la sensación de vacío, de volar mucho antes que el avión despegara. El desamparo.

En Chile quedaba su casa de Colón, el cuarto básico en el Manuel de Salas, las tardes de asombro y aprendizaje. La humedad de los paisajes de Isla Negra que tanto le gustaba mirar. Los amigos, los sueños y su padre muerto con 44 balazos.

Por estos días, los recuerdos son como un dedo impertinente apretando el corazón. La semana pasada, el ministro Juan Eduardo Fuentes Belmar cerró la causa de la muerte de Víctor como ella llama a su padre y ha tenido que recordar a la fuerza muchas de las cosas que su mente había intentado borrar.

Amanda Jara no canta, no toca la guitarra, no milita en el PC y tampoco quiere formar una familia de artistas que se llame “los Jara”, aunque algunos de sus primos se lo han sugerido. Alguna vez, cuando era chica, bailó en un grupo folclórico, pero nunca le gustó exponerse. No escucha todo el día canciones de trova y se niega a dar la razón a quienes dicen que tiene la misma sonrisa de su padre. Va a pocos encuentros proderechos humanos, no lleva la bandera de lucha de ninguna causa. A Amanda Jara no le interesa ser símbolo de nada.

Con suerte acepta dar esta entrevista.

Pero lo suyo no es una pose de rebeldía. Recién se está reconciliando con buena parte de su vida. Ahora que tiene 43 años, desde su tranquila vida en Quintay donde llegó hace 18 años macera los recuerdos ingratos y ha vuelto a escuchar las canciones de Víctor Jara sin sentir rabia por haberla dejado.

SIMPLEMENTE MARÍA

 
  Joan, Víctor, Amanda (sentada en las piernas de su papá) y Manuela. Todos en compañía de una guitarra. Foto: Gentileza Fundación Víctor Jara

Todo fue muy confuso ese 11 de septiembre de 1973. Víctor tenía agendado un acto en la Universidad Técnica del Estado. La idea: luchar contra la guerra civil en Chile. De pronto, ese martes cambió de rumbo. Por la radio se escuchó sobre el ataque a La Moneda y el levantamiento de los militares. Allende estaba pronunciando su discurso histórico cuando Víctor decidió salir a la calle. “Era un día extraño, con los relatos de la radio, y todo hacía que fuera un día especial, pero nadie pensó que la situación llegaría a tal extremo. Nadie pensó que chilenos terminarían matando chilenos”. Víctor salió de la casa rumbo a la Universidad Técnica.

Entonces, Amanda nombre que heredó de su abuela paterna estaba por cumplir ocho años. Sus días transcurrían tranquilos en la casa de Colón donde todavía vive su mamá, la bailarina inglesa Joan Turner. “Yo me crié escuchando música cuenta Amanda . Había un cuarto trasero donde ensayaban los Quila y los Inti. Hacían unas murgas muy chistosas en el patio. Dejaban la escoba con los vecinos”. En otra parte de la casa, su mamá ensayaba escuchando a Vivaldi y su hermana Manuela, la “Manu” hija del fallecido coreógrafo Patricio Bunster , se divertía aprendiendo a tocar guitarra con Víctor. En las tardes, Manuela y el cantautor eran absorbidos por la televisión mexicana, y la teleserie “Simplemente María” los consumía. Aunque sus padres trabajaban mucho, Amanda no tiene ninguna sensación de ausencia.

“Víctor nos cantaba, aunque sólo la ‘Manu’ se acuerda cuando ensayaba pequeñas estrofas de sus creaciones con la guitarra. Nosotros también le cantábamos, hacíamos shows; la ‘Manu’ era rebuena para eso. Bailaba, se disfrazaba, y él se mataba de la risa; le gustaba mucho estar con nosotras”, cuenta Amanda. Juntos salían de paseo a la Quinta Normal y probaban las sopas, platos estrella de la afición culinaria de Víctor Jara.

Los recuerdos de Amanda son tal y como alguna vez los describió el cantante al momento de hablar de su familia. “Tenemos dos hijas, Manuela y Amanda, por las que confieso total y absoluta debilidad En mi día ideal estaría todo el día en la casa, no habría fuerza que me hiciera salir. Me dedicaría a trabajar en el jardín, a hacer aseo, a contemplar muchas cosas que por falta de tiempo no puedo contemplar ahora. A jugar con mis hijas”.

UNA PROTESTA EN MATTA

Hace 18 años que Amanda Jara eligió Quintay como su refugio. Ella prefiere la calidez de la cabaña que comparte con Nego, un buzo que trae el pescado para el almuerzo. Ella colabora con verduras de su chacra. Se alejó de Santiago porque no le gusta la tontera de la capital. “En Santiago creen que la vida se trata de farándula, de los futbolistas, de la chimuchina. Son cosas muy superficiales, y lo peor es que se creen la muerte, pero las cosas no son iguales en el resto de Chile. Ya estaba aburrida de la capital”, asegura.

Después de estudiar Comunicaciones Visuales y cuatro años de Bellas Artes en la Arcis, dejó todo y se fue a vivir al terreno que habían comprado años antes con su mamá. “Con la Turistel en la mano buscamos sitios, hasta nos ofrecieron Tunquén, pero nos pareció muy solo, así que no vivo en el sector cuico”, dice muerta de la risa, hasta que las carcajadas se apagan, desaparece la coraza y esa chapa de “inepta social” que Amanda se impone porque no quiere contestar nada que la delate.

“Siento pena por la muerte de mi papá, pero por mucho tiempo, muchos años, sentí mucha rabia”. Interrumpe su relato para explicar que ella no es siempre así, pero que estos últimos días tiene un revoltijo en la guata y la pena no tarda en aflorar. Sigue entre sollozos por varios minutos: “Tenía rabia, me preguntaba por qué Víctor había salido de la casa ese día, por qué no se había quedado con nosotras, por qué se fue a la Técnica”. Es su desahogo, pero se incorpora nuevamente para explicar que todo esto hizo que ella no escuchara a Víctor Jara por mucho tiempo. “En mi casa no se escuchaba; en Londres, porque mi mamá se volvía un mar de llanto, y luego acá, simplemente porque tardé en reconciliarme con esa historia”, dice. “Quizá por eso tampoco aprendí a tocar guitarra, ni a cantar; seguramente era lo que esperaban de la hija de Víctor Jara”.

Cuando Amanda volvió a Chile sólo pensaba permanecer un año y regresar a Londres, pero se quedó más tiempo. “Me enamoré de un hombre y también de este Chile combativo, entregado, que salía a la calle a luchar”. Era 1983 cuando asistió a su primera protesta en Santiago. Caminó cuadras y cuadras por avenida Matta, mientras Chile asistía a períodos crudos de represión producto de las primeras marchas antidictadura. De entre la muchedumbre se oyó el grito: “Compañero Víctor Jara, presente”. Con el pecho hinchado y las lágrimas sin contención, Amanda tomó aire contaminado y lacrimógeno y respondió: “Presente”. Como si fuera un muerto ajeno, pero también como si fuera suyo y de todos. Entonces comenzó a reconciliarse con su padre. Si Víctor Jara no hubiese ido a la Universidad Técnica ese martes, no habría sido Víctor Jara.

TE RECUERDO, AMANDA

Por estos días, Amanda va y viene de Quintay. Deja a Nego con sus labores de pescador y ella viaja a Santiago a enterarse de la fundación que lleva el nombre de su padre y también del curso que ha tomado la investigación por su muerte. “Yo me hago una sola pregunta: si mi padre, que es el caso emblemático del Estadio Chile no tiene solución, ¿entonces qué pasa con el resto de muertos, dónde están los culpables?”, dice. Amanda no puede creer que en todos estos años no haya ni un solo testigo que pueda reconocer al asesino. Pero maneja una teoría: “Hay un par de oficiales que estaban presos por el tanquetazo de julio. Ellos fueron liberados el día del golpe. Se dice que a estos oficiales se les dio el Estadio Chile como un premio”.

Amanda cree que la información no ha llegado a las manos de la justicia porque hay quienes no han querido que se sepa la verdad. “La gran piedra de tope para los casos del Estadio Chile ha sido el Ejército, las Fuerzas Armadas. No han querido entregar un organigrama de mando. El Ejército tiene la información y no la ha entregado, por eso se ha visto frustrado no sólo el caso de mi padre, sino que tantos otros”. A pesar de la resolución judicial, Amanda no culpa al ministro Fuentes Belmar. Tampoco le interesa que quienes asesinaron a su padre, “viejos de más de 70 años”, se pudran en la cárcel. “Lo que yo quiero es justicia, y la justicia para mí es que se sepa quiénes son los asesinos. Que podamos ver una lista y decir este señor de acá, con nombre y apellido, es un asesino”.

Amanda nunca ha pedido públicamente justicia para su padre. Sin embargo, ahora no se pierde detalle y viajó especialmente desde Quintay para reunirse con el ministro de Justicia, Carlos Maldonado. Ya no tiene cuentas pendientes. De esas que son personales y no se escriben en la prensa. Incluso ahora bromea cuando va al consultorio o a pagar alguna cuenta y al decir su nombre le cantan: “Te recuerdo, Amanda”. Antes se quedaba callada, ahora dice: “Yo soy la hija de Víctor Jara”. Y si una periodista le dice que esa canción la escribió su padre para su madre, ella también tiene respuesta: “Cuando la hizo, yo tenía dos años y medio y me habían diagnosticado diabetes, así que esa canción también la escribió un poco por mí”. LND

    Film acerca dictadura,exilio, desaparición forzada.“Te extraño, hermano”.

    Film acerca dictadura,exilio, desaparición forzada.“Te extraño, hermano”.

     

    TE Extraño.

     

    La película Te extraño (2010), del director argentino Fabián Hoffman, puede interpretarse como un relato de formación. El filme narra la historia de Javier, un adolescente de 15 años que vive con su familia en Argentina. Luego de la desaparición Adrián (hermano de Javier y militante del grupo Montoneros) Javier es enviado a vivir a México. Es en el exilio y en el subsecuente regreso a su país donde el protagonista vivirá la transición de la adolescencia a la madurez.

     

    Una de las características principales de las narrativas de formación es que son contadas desde una perspectiva personal. Así, el filme de Hoffman no pretende explicar las razones del golpe de estado o de la dictadura. Tampoco explora los motivos políticos e históricos del conflicto, pues como bien ha señalado el director en diversas entrevistas, el objetivo de la cinta era indagar cómo un adolescente vive dichos momentos de crisis política. Lo que interesa es mirar el impacto de la desaparición forzada y el exilio en el protagonista; es decir, observar a través de sus ojos. Por este motivo la película se centra en cómo estos hechos llevan a Javier configurar su identidad y a elegir un lugar dentro del mundo.

     

    Debido a esta perspectiva íntima la película se desarrolla casi enteramente en un ambiente familiar. Abundan escenas en espacios cotidianos que nos recuerdan a nuestra vida durante la adolescencia: cenas y días de campo con nuestros padres, conversaciones en el comedor o en nuestra habitación; el viaje de la casa a la escuela y viceversa. Además, durante toda la película (a excepción del final) no se utiliza música para ambientar las escenas. Por el contrario, hay un énfasis en los sonidos que provienen de objetos ordinarios, como la televisión, la radio, los carros, un abanico, un reloj, personas cocinando y demás. Este uso de los sonidos crea una narración aún más íntima y subjetiva, como corresponde a este tipo de historias.

     

    Es importante recalcar que la desaparición de Adrián es el motor de la narración fílmica, es decir, aquello que detona el movimiento exterior e interior del protagonista. Por un lado, la desaparición traslada a Javier de Argentina a México y lo transforma de un adolescente común a un exiliado. Por otro, lo reta a tomar una posición ante la tragedia familiar y el contexto político de su país. ¿Qué significa quedarse en México o regresar a Argentina? ¿Cuál es la mejor forma de recordar a su hermano? ¿Debería dejar atrás la muerte de Adrián y continuar con su vida? ¿O debería regresar a casa y vivir bajo la dictadura? México y Argentina se convierten así en algo más que lugares en el espacio. Son la representación de las decisiones que Javier debe tomar respecto a la dictadura, a la familia y a la memoria de su hermano desaparecido.

     

    Estas preguntas que surgen ante Javier, y que suponen tomar una decisión, no podrían originarse antes de la desaparición de Adrián. Como otros protagonistas de los relatos de formación, Javier se encontraba resguardado en un ambiente conocido, en donde no era necesario adoptar una postura ante la sociedad. Por lo tanto, no tenía un participación importante dentro de la política o la vida familiar. Su vida, la de un estudiante y un adolescente cualquiera, se limitaba a asistir al colegio y ayudar en la casa.

     

    Podemos ver esto en dos escenas que se repiten en el filme. En una, Javier le pide a su padre de las llaves de la quinta de la familia (a petición de Adrián), a lo que el padre responde negativamente. Después de esto vemos a Javier lavando los trastes, solo y dando la espalda a la cámara. En otra escena, ya en la quinta familiar, Adrián y otros miembros de Montoneros tienen una junta para discutir acciones políticas. Javier quiere escuchar y se mantiene cerca del grupo. Sin embargo, un miembro le cierra la puerta en la cara, por lo que queda fuera de la conversación. Javier de nuevo es relegado a la cocina y podemos verlo de espaldas, preparando la comida para los guerrilleros. Así pues, el lugar de Javier como estudiante y adolescente (un lugar secundario y menos activo) se resalta. No obstante, Javier ya muestran ciertos rasgos de individualidad antes de partir a México . Además de ser bastante inteligente (como es usual en los protagonistas del bildungsroman) realiza acciones rebeldes como pintar las paredes de su colegio o explotar una caja con volantes.

     

    De acuerdo al género de los relatos de formación, la búsqueda de una voz propia y de la identidad siempre suponen un alejamiento de los modelos establecidos, representados ya sea por los padres o por la sociedad. Así, Javier se encuentra solo en México y debe enfrentar ese nuevo mundo por su propia cuenta, pues ya no están sus padres ni su hermano para guiarlo. Esta búsqueda de identidad genera soledad y ensimismamiento (que a la vez son intrínsecos en el paso de la adolescencia a la madurez). Por este motivo es usual ver a Javier caminando solo por la calles de la Ciudad de México, tocando las paredes con la mano y mirando hacia abajo. En otras escenas lo observamos acostado en la cama, con una mirada pensativa y absorta. Y aunque haya otros personajes que acompañan a Javier durante su estancia en el Distrito Federal, las decisiones que debe tomar le corresponden a él. Así, aunque acompañado, Javier se encuentra siempre solo.

     

    En una charla con Fabián Hoffman en la Cineteca Nacional, el director comenta el porqué detrás del título de su película. A muchos les llamaba la atención un nombre tan íntimo (Te extraño) para una película contextualizada en la dictadura. La razón es que es un sentimiento tan humano (en palabras de Hoffman, tan llano), que surge a partir de la desaparición forzada. De acuerdo el director el título nos dice: “Te extraño, hermano”. Como lo han señalado diversos estudios, la desaparición de un ser querido es un evento traumático que no permite realizar un proceso de duelo. Al no saber qué sucedió con la persona amada, los familiares y amigos viven una desesperación constante. Javier también vive esta situación, que se representa en la película mediante un entrelazamiento de espacios y recuerdos. A pesar de estar en su habitación en México, Javier puede oír los ruidos de cuando compartía el cuarto con su hermano. Asimismo, confunde a desconocidos que caminan por la ciudad con Adrián. Los recuerdos regresan a pesar de la distancia, pues la desaparición no se puede borrar ni olvidar. Cambiar de espacio puede significar cambiar de vida, pero hay ciertos eventos imposibles de dejar atrás.

     

    Por este motivo, luego de pasar casi un año en México, y de tener una fuerte discusión con dos guerrilleros y amigos de Adrián, Javier decide regresar a Argentina. Es este regreso el que nos permite ver los cambios internos que ha vivido y la identidad que ha formado a partir de su exilio y la desaparición de su hermano. Ya abordo del avión que lo llevará a casa, Javier decide brindar con una mujer que está sentada al lado suyo. Al mencionar que tiene un hermano desaparecido,la mujer le voltea la cara inmediatamente y deja de conversar con él. Este gesto de reconocimiento ante la desaparición forzada nos indica que Javier no ha olvidado la memoria de su hermano. Asimismo, es una acción personal que resiste el estigma de la militancia que caería sobre los guerrilleros desaparecidos a lo largo de la dictadura. Otro gesto importante es que Javier es el único miembro de la familia capaz de decirle a la abuela que Adrián está desaparecido. Ante el secretismo de sus padres, que solo podría traer más dolor a la familia, Javier mira a su abuela a los ojos, y a pesar de que va a romperle el corazón, le dice la verdad que tiene derecho a saber: Adrián ya no está.

     

    Pasar de la adolescencia a la madurez no es un proceso sencillo, especialmente si se vive en contextos tan convulsos como una dictadura. No obstante, tanto en los relatos de formación como en la vida misma, es necesario forjar una identidad con la cual encarar al mundo. El viaje interior y geográfico de Javier en Te extraño ilustran perfectamente las palabras de su director: “lo más importante en la vida es tener una voz propia”. Hoffman, como familiar de un desaparecido y como exiliado, explora a profundidad aquellos momentos que nos convierten en lo que somos: las heridas de las cuales surgimos y las personas a las que nunca podremos olvidar.

    En la página de la Cineteca NACIONAL DE México se exhibió este film cuya reseña explica que

    Te extraño (México-Argentina, 2010), segundo filme del realizador Fabián Hofman, es el título que inaugura la Colección Cineteca y el primer DVD de producción nacional editado por esta institución a lo largo de su historia. Así mismo es la primera producción mexicana de la cual la Cineteca Nacional adquiere los derechos de exhibición, reafirmando su compromiso con la difusión del cine nacional.

    Presentada mundialmente en la Berlinale 2010 y exhibida con éxito en el 30 Foro Internacional de la Cineteca Nacional, la cinta narra, a partir de la estrecha relación de un par de hermanos adolescentes, el vacío que deja la desaparición del mayor en la vida del menor, todo ello enmarcado en el contexto político turbulento que atravesaba la Argentina en la década de los setenta.

    Fabián Hofman, quien fue durante una década Director Académico del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), explora en Te extraño la ausencia, el exilio, el desarraigo y la impotencia para construir una historia que privilegia la dimensión íntima, privada, sobre el entorno político, que aún sin perder su poder, se convierte en el telón de fondo de una trama donde el amor fraternal es protagonista. Se trata de un filme sobre la madurez, la pérdida y el modo en que un adolescente lidia con ella.

    El filme ha participado en numerosos festivales internacionales, entre ellos en el Festival Internacional de Seattle (EUA, junio/2010), en el San Francisco Jewish (EUA, julio/2010) y recientemente en el Festival Internacional de Montreal (Canadá, septiembre/2010). Asimismo está confirmada su exhibición en el Festival de Río de Janeiro (Brasil, octubre/2010) y en el Festival Internacional de Chicago (EUA, octubre/2010), entre otros.

    Te extraño (México-Argentina, 2010), segundo filme del realizador Fabián Hofman, es el título que inaugura la Colección Cineteca y el primer DVD de producción nacional editado por esta institución a lo largo de su historia. Así mismo es la primera producción mexicana de la cual la Cineteca Nacional adquiere los derechos de exhibición, reafirmando su compromiso con la difusión del cine nacional.

    Presentada mundialmente en la Berlinale 2010 y exhibida con éxito en el 30 Foro Internacional de la Cineteca Nacional, la cinta narra, a partir de la estrecha relación de un par de hermanos adolescentes, el vacío que deja la desaparición del mayor en la vida del menor, todo ello enmarcado en el contexto político turbulento que atravesaba la Argentina en la década de los setenta.

    Fabián Hofman, quien fue durante una década Director Académico del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), explora en Te extraño la ausencia, el exilio, el desarraigo y la impotencia para construir una historia que privilegia la dimensión íntima, privada, sobre el entorno político, que aún sin perder su poder, se convierte en el telón de fondo de una trama donde el amor fraternal es protagonista. Se trata de un filme sobre la madurez, la pérdida y el modo en que un adolescente lidia con ella.

    El filme ha participado en numerosos festivales internacionales, entre ellos en el Festival Internacional de Seattle (EUA, junio/2010), en el San Francisco Jewish (EUA, julio/2010) y recientemente en el Festival Internacional de Montreal (Canadá, septiembre/2010). Asimismo está confirmada su exhibición en el Festival de Río de Janeiro (Brasil, octubre/2010) y en el Festival Internacional de Chicago (EUA, octubre/2010), entre otros.

    Somos, fuimos,seremos migrantes. Chilenos en Suecia

    Somos, fuimos,seremos migrantes. Chilenos en Suecia

    Camila Salazar Atias  criminóloga nacida en Chile, criada en Lund, Suecia , una de las principales expertas en el campo de la actividad relacionada con las pandillas. Grado de la Universidad John Jay de Justicia Criminal, Nueva York. Donde también hizo tres años de estudio de investigación etnográfica con una de las bandas callejeras más grandes del mundo, el Todopoderoso América King y Queen Nation. Desde 1997 trabajó con cuestiones relativas a la construcción de las bandas y la identidad de las pandillas. . Camila ha establecido y dirige el Centro Sueco para obtener información sobre subculturas destructivos (CIDES), cuya misión es contrarrestar el desarrollo de las bandas, y se centran en las estrategias exitosas. Camila ya ha hecho posible que los miembros de la banda a abandonen sus vidas destructivas y comiencen de nuevo. Sus esfuerzos y perseverancia ha mejorado la vida de muchos jóvenes que ahora están viviendo sin el temor de constantes amenazas y violencia. Por el momento se desempeña como jefe de programas sociales Fryshuset, una de las casas  más grandes del mundo  de la juventud con más de 60 programas diferentes. Además, da conferencias, hace la promoción,  habla en publico, modera,  en los medios de comunicación. Ella es parte de diversos grupos de expertos y de referencia, escribe artículos en libros y los medios de comunicación, así como se encuentra en el Directorio de Samba.

    Camila es una apasionado de dar a la gente una oportunidad temor honesto en la vida, el valor y la igualdad  Camila recibió en 2015 el prestigioso premio internacional Anna Lindh .

     

    Camila Salazar Atías is a criminologist born in Chile, raised in Lund and one of Sweden´s foremost experts in the field of gang related activity. Degree from John Jay College of Criminal Justice, New York. Where she also did three years of ethnographic research study with one of the world’s largest street gangs, The Almighty Latin King and Queen Nation. Has since 1997 worked with issues concerning the construction of gangs and gang identity.. Camila has established and runs the Swedish center for information on destructive sub-cultures (CIDES) whose mission is to counteract the development of gangs, and focus on exit strategies. Camila has since made it possible for gang members to leave their destructive lives and start anew. Her efforts and perseverance has improved the lives of many young people who are now living without the fear of constant threats and violence. At the moment she works as head of social programs at Fryshuset, on of the worlds largest youth houses with more then 60 different programs. In addition, she lectures, does advocacy, moderate, pubic speaking, figures in media. She Is involved in various expert and reference groups, writes articles in books and media as well as sits in Samba’s Board of Directors.
    Camila is passionate about giving people an honest fear chance in life, everybody’s equal value and equality.
    Camila received in 2015 the prestigious international Anna Lindh Prize for her work.Camila salazar. Perfil Linkedin

     

    Ilich Galdámez, hijo de detenido-desaparecido. UNA FLOR PARA NUESTROS HÉROES A 40 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO EN CHILE

    UNA FLOR PARA NUESTROS HÉROES A 40 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO EN CHILE

     

     

    “Una flor para nuestros héroes”

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    A 40 años del golpe de estado en Chile
    Este sábado 14 de septiembre, a 40 años del golpe de estado pinocheti-yanqui contra el pueblo chileno y su presidente Salvador Allende, les rendimos el merecido y sentido homenaje a nuestr@s heroínas y héroes en la ciudad de Estocolmo. El lugar escogido no pudo ser más simbólico, el Monumento La Mano, erigido a los 500 suecos internacionalistas que lucharon en los años 30 defendiendo en tierras ibéricas la libertad y los sueños del pueblo español, vasco, catalán y gallego contra la bota fascista de Franco y sus aliados. Un tercio de estos internacionalistas, intelectuales, obreros y campesinos, dejaron su sangre en los campos donde se enfrentó el socialismo contra la brutalidad.
    Sin mayor estridencia que los fuertes latidos de nuestros corazones y el clamor profundo de nuestras consignas a dos lenguas, retomamos el compromiso histórico y sempiterno, que nos auto convoca cada hora, día y año, con aquellos que la cultura de la muerte y el odio nos arrebató tempranamente en Chile. La síntesis de nuestro respeto, admiración y recuerdo estuvo en las fotos, palabras, canto, poesía, carteles, banderas y flores que porfiadamente volvieron a reflejar, al igual que en jornadas pasadas justo en los estertores veraniegos nórdicos, la fuerza telúrica y humana de los sobrevivientes y sus hijos, nietos y amigos.
    Pudimos comprobar, en varios pasajes de la jornada, que el realismo mágico, tan literario y meridianamente latinoamericano, es más que una figura creada por literatos locos y enormes como sus obras, ya que nosotros simples ciudadanos del mundo, animales sociales y políticos, alejados a golpe de exilio de nuestras raíces y de nuestros primeros tiempos y amores, fuimos, por un breve y fugaz momento las manos quebradas y martirizadas de Víctor Jara, fuimos la voz metálica de Allende desde La Moneda en llamas, fuimos el grito de dolor del torturado, nos fundimos en la sangre que brotaba de la humanidad, más humana que nunca, del ejecutado y del desaparecido…pero, también fuimos puño en alto, fuimos la bronca con los dos dedos en V, fuimos el grito y la organización, la protesta y la exigencia de Verdad y Justicia, Fuimos lo que nunca hemos dejado de ser… fuimos allendistas.
    Y por serlo comprobamos que somos buenos para recordar, así como también concluimos que no tenemos alma ni condición de blanqueadores de la historia, de nuestra historia…osadamente, para algunos, y políticamente incorrecto para otros, recordamos también a los otros mártires, aquellos de “la alegría ya viene”, aquellos que incomodan acuerdos y pactos entre gallos y medianoche. No sólo estuvo en el discurso, en la foto o en el lienzo el rostro de los que cayeron en tiempos de brutalidad verde y parda, de bestialidad con uniforme militar, de represor con rostro e identidad oculta…también estuvo el activista mapuche, el obrero forestal o el niño poblador recientemente atravesado por la bala mandatada por los nuevos y a la vez antiguos represores de cuello y corbata, con olor a continuismo y agenda neoliberal….
    Al fin de cuentas la realidad, la que no tiene remedio por muy dura que sea, nos demuestró una y otra vez que nuestros mártires, tan violentamente ausentados, nuestras víctimas de antaño y las de ahora lo son de la misma clase político-social que a fuerza de hipocresía y de golpe farandulero pretende arrebatarnos, en un ejercicio trasnochado y desesperado, lo único que la dictadura no pudo quitarnos, la memoria…nuestra memoria, la que cada vez se parece más y más a la utopía, a esa que nos mueve, que nos obliga al movimiento para alcanzarla y que nos tiene prohibido olvidar.
    Seguiremos recordando y exigiendo Verdad y Justicia a voz en cuello, ya que el no hacerlo sería en la práctica volver a martirizar y desaparecer a los nuestros.
    Ni olvido ni perdón, ni para los de ayer ni para los de hoy!
    Ilich Galdámez, hijo de detenido-desaparecido
    15 de septiembre 2013

     

     

    “Vuelvo, vida vuelvo, a vivir en mi país.” Exilio, viaje solo de ida…

    No Olvidamos] Exiliados: Camino a otro país. Los “sin patria” obligados a dejar Chile

    30 julio, 2014 
     
     
     

    Exilio no es una palabra, ni es un drama, ni menos una estadística.

    Arpilleras Exilio - Documentos Históricos Naif

    El exilio es simplemente un vértigo, un mareo, un abismo, es un tajo en el alma y también en el cuerpo cuando, un día, una noche, te hacen saber que aquel paisaje tras la ventana, aquel trabajo, aquel amigo, aquella silla y aquel hueco en aquel colchón, aquel sabor, aquel olor y aquel aire que habías perdido, lo has perdido y lo has perdido para siempre, de raíz y sin vuelta.

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    Fue durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1989), cuando salió del país el mayor número de exiliados políticos de la historia de Chile.

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    En un contexto violatorio de los derechos de las personas, miles se asilaron o huyeron para preservar sus vidas y libertad. Otras fueron expulsadas. Un apreciable número conmutó las penas de presidio a las que fueron condenadas, por el extrañamiento, prohibiéndoseles regresar al país al término de la condena. Se sumaron también personas exoneradas de distintas actividades y otras que por temor, o no soportar el clima de represión imperante dejaron el país haciendo uso de sus pasaportes o cédulas de identidad.

    Más tarde muchos de ellos aparecieron en listas de prohibición de ingreso al país. Otros se encontraron con que al renovar este documento en un Consulado, se les extendía con la limitación de que no era válido para ingresar a Chile: llevaba estampado una letra “L”.

    Algunos de los asilados permanecieron meses en las embajadas que los acogieron, en espera de su salvoconducto. También se asilaron o partieron al exilio muchos de sus familiares, acogiéndose al Plan de Reunificación Familiar del Alto Comisionado de las Naciones Unidas, ACNUR.

    El 1 de septiembre de 1988, la dictadura determinó poner fin al exilio mediante Decreto N°203 del Ministerio del Interior que expresa: “…Déjense sin efecto todos los decretos y decretos supremos exentos que, dictados en virtud de las atribuciones conferidas por el Artículo 41 N° 4 de la Constitución Política de la República disponen la prohibición de ingreso al territorio nacional de las personas que en ellos se mencionan...”.

     

    Se cerró así un período de quince años de la vida de Chile, pero no de la de muchos que debieron enfrentar el desafío de retornar a un país del que nunca debieron salir, o afincarse definitivamente en lugares que los acogieron con solidaridad.

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    En el transcurso de ese tiempo muchos forjaron nuevos espacios para su desarrollo: aprendieron distintos idiomas, conocieron, asimilaron y aportaron a otras culturas, adquirieron o revalidaron títulos, trabajaron en lo propio o aprendieron nuevos oficios o disciplinas.

    Sin embargo, otros sucumbieron ante el dolor de verse expulsados de lo que les pertenecía: depresión, angustias, enfermedades y suicidios recorrieron esos años el mundo del exilio.

    A partir de entonces en Chile, la reflexión sobre el exilio ha estado centrada sobre todo en la experiencia del retorno, en el sentimiento de desarraigo profundo de la identidad individual y colectiva que ha hecho del exilio una experiencia traumática. De ello hablan por sí mismos los numerosos testimonios que nos ha heredado la historia.

    Muchos… nunca más volvieron, y siguen siendo: “Los sin patria“. Esta reflexión busca, de una u otra forma, conjurar “el otro nombre de la muerte”, como Shakespeare denominaba al exilio.

    Si somos capaces de sentirlo, siquiera un instante, tal vez pueda evitarse volver a caer en él nunca más.

    “Vuelvo a casa, vuelvo compañera.
    Vuelvo mar, montaña, vuelvo puerto.
    Vuelvo sur, saludo mi desierto.
    Vuelvo a renacer, amado pueblo.

    Vuelvo, amor vuelvo. A saciar mi sed de ti…
    Vuelvo, vida vuelvo, a vivir en mi país.”

    Illapu.

    NOTA: Mientras escribí esta columna, los escuché a ustedes compañeros:
    Roberto Márquez y todo su clan de Illapu.
    ¡VENCEREMOS!

    Memoria desde Fuera. The Stone and the Moon. Un film de Ricardo Letelier.

     

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    Equipo

    Directed by:                                                  Director of Photography:
    Vincenzo Mistretta                                        Vincenzo Mistretta
    Ricardo Letelier Brecht

    Original Music By:                                      Production Designer:
    Osvaldo Torres                                             Carlos Baeza de la Torre
    Franck Malesieuux
    Marc Hoffelt
    Aristote/Productions

    Lighting Design:                                         Camera Operator:
    Elizabeth Finnegan                                      Adam Cumins

    Photographer:                                             French Translation:
    Marten Czamanske                                      Sophie CHEGARAY   Unité Documentairies

     

     

    Esta película está profundamente ligada a la historia reciente de Chile, donde hay muchos conflictos no resueltos relacionados con la dictadura de Pinochet que afectaron profundamente  la conciencia del país. A pesar de la negativa de los ex golpistas, la justicia está trabajando para traer a la palestra el tema de las violaciones a los derechos humanos en el país. Artistas de todos los géneros están involucrados en un renacimiento de la conciencia social, como los cineastas que exploran lo que pasó y lo que queda por hacer. También cabe mencionar el otro cine, el cine que pretende desconocer la Memoria y mostrarnos una visión incompleta de la historia.

    La piedra y la Luna es un relato ficticio basado en situaciones reales de muchos de los presos políticos de la época. El lamentable encarcelamiento y el posterior exilio dejó huellas profundas en la memorio de los niños que sufrieron el trauma de la dictadura.

    Para muchos de esos niños que ahora son adultos, la idea de ​volver es una utopía, un sueño con el temor de ser alienados por un país que no conocen, haber nacido en una familia que sólo ha podido recrear las referencias culturales a través de relatos orales e imágenes perdidas en la memoria.

    Un país es mucho más que eso. Un país es un lugar infinito donde es imposible capturar todo lo que hay en una obra de arte sea cual sea la forma de representación. Que es casi imposible imaginar el retorno sin sentirse completamente perdidos y desconectados de la realidad.

    La piedra y la Luna es una película única porque el tema es visto desde el exterior. El personaje (Emilia) quiere volver. No a la permanencia definitiva o tratar de volver a conectarse, porque ella entiende que sería imposible. Ella acepta su realidad y por tanto está protegida de los falsos sueños. Emilia tiene una enorme curiosidad por su pasado, y encuentra la oportunidad de viajar y explorar su país de nacimiento del cual fue sacada siendo niña.

    Queremos entender este viaje psicológico y transmitirla en una película que todo el mundo puede apreciar, que no trate de dividir a los espectadores, si no para entender la humanidad y las experiencias de la protagonista. Trataremos de mostrar que el exilio no es una cuestión solo de geografía, sino que está internalizado para miles de personas que están marginadas en su propia tierra.

    Cuando Emilia regresa a Chile hace un viaje hacia el futuro y no al pasado. Su viaje le permitirá vivir el futuro con una visión mucho más clara de lo que realmente le sucedió a sus padres, y la razón por la cual ella es la mujer que es. Las personas siempre buscan entendimiento cultural, y Emilia es la fusión de dos culturas, la Americana y la Chilena, ella necesita fusionar las dos facetas de su vida para sentirse completa.

    Nosotros, los artistas jugamos un papel importante en la búsqueda de una vida mejor. Cualquier forma de arte es de vital importancia para la sociedad en la que vivimos y esta película en particular será un instrumento para la memoria.

    Ricardo Letelier Brecht

     

    Siempre he tenido una afinidad con las artes visuales ,desde muy pequeño, de hecho, recuerdo vívidamente la primera vez que mi padre me preguntó qué quería hacer cuando fuera grande y yo respondí inmediatamente que quería ser fotógrafo. Me he centrado en este objetivo a partir de entonces y mi primera oportunidad llegó cuando era un hombre joven en Ecuador y un director de noticias de una revista se me acercó para fotografiar la vida cotidiana de la gente a través de mi lente.

    Allí comencé a entender el poder de las imágenes, la forma en que una historia podría cobrar vida cuando se utilizaron una serie de fotografías para contarla y eso me inspiró aún más a derramar mis energías en mi vocación. Más tarde, tuve la oportunidad de fotografiar a los bailarines en el Ballet Nacional, en Quito, donde el arte de las imágenes en movimiento se entretejen en mi fotografía y mi imaginación se disparó ya que había descubierto nuevos métodos con los cuales trabajar. De repente, la fotografía en sí ya no podía soportar todo lo que yo soñaba con hacer, con la adición de movimiento, el cine se convirtió en un mejor medio y el documental se convirtió en el vehículo que me permitiera contar la historia.

    Mi primer documental fue filmado en el Páramo de los Andes, un lugar desolado donde muchos agricultores viven y trabajan la tierra lo mejor que pueden. Inspirados por su fuerza y ​​dignidad ,ser testigo de la dura vida de los campesinos tachando la vida de la tierra y su doble explotación cuando trataban de encontrar un futuro mejor en las ciudades , creamos Un Solo Camino, un documental de 60 minutos junto a mi compañero cineasta Carlos Baeza de la Torre. Fue entonces cuando empecé a dedicarme por completo y definitivamente a este nuevo arte, una nueva forma de comunicación, donde se integran por completo los hilos de – lenguaje, los mensajes, la belleza y la educación en el lente de la cámara. Me ofrecí a trabajar en películas de mis colegas para mejorar mi sentido de las imágenes, el sonido y la iluminación, el aprendizaje y compartir el arte con diferentes grupos. La edición fue la siguiente gran transformación y al igual que las otras cuerdas aprendí a tocar esas notas también. Y, por último, también experimenté las dificultades sentidas por la mayoría de mis colegas que es el financiamiento de los cineastas independientes, que es siempre tenue y difícil de alcanzar, sobre todo para los pequeños proyectos creativos.

    escrito por Ricardo Letelier.

    Vincenzo Mistretta

    English

    Vincenzo Mistretta es director de cine y artista visual. Nació en Palermo, Sicilia y emigró a los Estados Unidos con su familia cuando era niño. Ha vivido en Buffalo, NY, New York City; Roma, Italia, y Palermo, Sicilia. Comenzó su carrera como artista visual en 1989 al graduarse de Pratt Institute en Nueva York con un BFA en Pintura. Sus pinturas han sido exhibidas en Europa y en los EE.UU. y se encuentran en numerosas colecciones en Italia, los EE.UU. y Francia.

    Mistretta comenzó a hacer películas en 1989 en la ciudad de Nueva York. Obtuvo una maestría en Estudios de Medios y Literatura Italiana de la Universidad de Buffalo en 1998 y una Maestría en Estudios de Medios de la misma institución en 2006. Ha trabajado en diversos géneros como experimental, narrativo y documental, a menudo utilizando un híbrido de los tres. Temas recurrentes en su rango de trabajo de la identidad cultural y lingüística con el género y la sexualidad a las preocupaciones formales con la esencia material de la película en sí. Su interés de larga data en el activismo político le ha llevado a producir una serie de documentales sobre las mujeres de Negro en la red de paz en Buffalo y Nueva York, y en 2006 fue galardonado con una beca Fulbright para continuar su investigación y documentación de Mujeres de Negro en Roma y en el resto de Europa . En 2011 recibió una beca de Canales de Squeaky Wheel / Buffalo Media Recursos para trabajar con la Coalición sin fines de lucro de Aire Limpio de WNY en Tonawanda , Nueva York en un documental sobre la organización. Después de que el proyecto había terminado, él mantuvo sus estrechos vínculos con el grupo y continúa trabajando en varios proyectos de vídeo, incluyendo un documental que examina los problemas ambientales críticos en el oeste de Nueva York.

    Mistretta ha recibido una Miquel Vinciguerra cine Grant, así como becas y subvenciones del Niagara ( NY ) del Consejo de las Artes, el Condado de Erie ( NY) Consejo de las Artes , el Centro de Televisión Experimental , y otros. Ha proyectado y expuesto su obra a nivel internacional en salas y festivales , incluyendo abrir proyectos de vídeo y el Festival de Cine Arcipelago en Roma ; el Festival de Cine O’Curt en Nápoles ; Netwerk / Centro de Arte Contemporáneo , Bruselas , el Festival Internacional de Cine de Madrid y de la Internacional Festival de Cine Independiente en la ciudad de Nueva York. También ha presentado ponencias en varios congresos académicos sobre el género, la cultura popular, el cine italiano, y la globalización en la Universidad de Rutgers (Newark, NJ), en la Universidad de Buffalo , así como el 13 º Salón Internacional de Historia Oral en Roma, Italia.

    Mistretta ha enseñado el cine, el análisis de la película, y documental de producción en la Universidad de Buffalo y SUNY Fredonia . También ha trabajado como curador Acefalo Galería de Arte en Palermo , Italia, y programador de medios en Abrir Proyectos de vídeo , un archivo de vídeo con sede en Roma, que facilita las proyecciones de videoarte / cine en toda la ciudad y en el extranjero . Su compañía de producción de video, La Ricecooker Productions, sirvió como base para su trabajo en comerciales de televisión y producciones independientes.

    Es un honor para mí trabajar en el proyecto de la Memoria junto a mi compañero Ricardo Letelier Brecht. La piedra y la Luna es sin lugar a dudas una película original en la medida que proyecta el retorno dentro de un marco investigativo con miras al futuro.

    escrito por Vincenzo Mistretta