Los Tres de Arica. El MIR y el Cóndor.

Los Tres de Arica. El MIR y el Cóndor.

Tras el golpe, tres jóvenes miristas sacaron clandestinamente del país a un alto dirigente del partido rumbo a Perú. Luego, partieron a Cuba a recibir instrucción militar con la intención de regresar a combatir en Chile. Primero se pondrían a prueba en Argentina, pero allí los devoró la represión. Su desaparición nunca fue denunciada.

 

Desorientados de noche en el desierto, habían vuelto a su punto de partida. Alrededor del 10 de octubre de 1973, el Secretario Regional del MIR para el Norte Grande, Jorge Fuentes Alarcón, el “Trosko”, partió a pie desde el Valle de Lluta en Arica para salir clandestinamente hacia Perú. Iba con dos compañeros del MIR local. Pero las luces que vieron al amanecer no eran de Tacna, como esperaban, sino de Arica.La noche del 28 de octubre, los mismos dos acompañantes, Mario Espinoza Barahona y Jorge Vercelotti Muñoz, asumían nuevamente la misión de sacar al “Trosko” del país. A este viaje se sumaron otros dos militantes del MIR en Arica: Homero Tobar Avilés y Bruno González. Esta vez lo lograrían.Dos años más tarde, el “Trosko” Fuentes era secuestrado en Paraguay y entregado a agentes chilenos, así inaugurando las operaciones conjuntas de los servicios de inteligencia secretos del Cono Sur, conocido como Operación Cóndor. Fuentes continúa desaparecido.

Al año siguiente, tres de los cuatro militantes del MIR que lo ayudaron a salir de Chile desaparecían en Argentina.

Las familias de Espinoza, Vercelotti y Tobar no denunciaron formalmente su desaparición hasta 2011. En el caso de Espinoza y Tobar, no lo hicieron porque nunca tuvieron noticias fidedignas sobre ellos; ni siquiera sabían en qué país podrían estar. La familia de Vercelotti sí se enteró de su muerte, pero guardó silencio durante 30 años.

Recién en 2011 la Comisión Asesora para la Calificación de Detenidos Desaparecidos, Ejecutados Políticos y Víctimas de Prisión Política y Tortura en Chile reconoció a los tres como víctimas de violaciones a los derechos humanos.

Hasta 2008 no se sabía que Mario Espinoza Barahona era la identidad del detenido-desaparecido chileno de nombre político “Mauro” que figuraba en el informe oficial de víctimas de la dictadura argentina, CONADEP, con el registro Nº 10015. Ese año, a partir de un documento interno del MIR obtenido por el periodista estadounidense John Dinges, por primera vez se pudo asociar una identidad a “Mauro” y esta autora pudo localizar a su familia, obtener una fotografía, confirmar su identidad con testigos y comenzar a reconstruir su historia. Hasta entonces, Mario Espinoza sólo había sido “Mauro”, un chileno militante del MIR y sargento del ERP argentino, desaparecido en agosto de 1976 en Buenos Aires.

Su familia en Arica no había podido hacer la conexión porque no tuvo noticias de él desde su salida hacia Perú en 1973. “La familia nunca hizo ninguna denuncia, ya que siempre tuvieron la esperanza de que él estaba seguro en el extranjero, al igual que otras personas que debieron dejar nuestro país. Pero siempre quedó la duda, ya que nunca se comunicó con ellos,” afirma Héctor Uribe, amigo de juventud y hermano de la pareja de Espinoza al momento de abandonar el país.

Durante la indagación sobre la identidad de “Mauro” –iniciada en 2002 a instancias de Dinges para su investigación sobre la Operación Cóndor (NOTA AL PIE 1)- emergió el nombre de otro detenido-desaparecido chileno en Argentina sobre el cual los organismos de derechos humanos en Chile y Argentina ni su familia sabían nada: Homero Tobar Avilés. Originalmente, se sospechaba que “Mauro” era hermano de Elmo Catalán Avilés, dirigente de la tendencia guerrillera Ejército de Liberación Nacional del Partido Socialista de Chile, muerto en Bolivia en 1970. Elmo Catalán tenía un medio hermano por parte de su madre y estaba desaparecido en Argentina, pero no era “Mauro”. Era Homero Tobar.

El rastro de Tobar se evaporó apenas llegó a Argentina en 1976 y las escasas versiones sobre él son contradictorias. Su familia nunca denunció su desaparición.

De Jorge Vercelotti se tiene certeza sobre su muerte. En 2008, la Cámara Federal de Buenos Aires confirmó que Vercelotti había sido ejecutado el 18 de marzo de 1976 en Ciudadela, en las afueras de la capital argentina, junto a un compañero paraguayo, Claudio Ocampo Alonso, también militante del MIR chileno.

Esta es la historia de los tres muchachos de Arica, los que sacaron al “Trosko” Fuentes clandestinamente del país, de noche por el desierto.

En Arica

Vercelotti, Tobar y Espinoza se conocían bien. Arica era una ciudad pequeña en 1973, y una de las hermanas de Espinoza era muy amiga de la madre de Tobar, porque trabajaban cerca. A la vez, la gran casona de la familia Catalán ofrecía pensión, y ahí llegó a vivir Vercelotti cuando arribó a Arica.

Vercelotti y Tobar habían militado juntos en el MAPU antes de incorporarse al MIR durante el gobierno del Presidente Salvador Allende. En su nueva organización política, conocieron a Espinoza, un joven y carismático militante, deportista y apasionado Scout.

En el MIR, Mario Espinoza adoptó el nombre político “Mauro”, igual que su sobrino regalón de tres años, hijo de su hermana Clara. Sus amigos y familiares le decían Pepe, y algunos compañeros de partido le decían “el Gitano”. Nació en Arica en 1951 en una familia de 10 hermanos e ingresó al MIR a fines de los sesenta. Fue conscripto voluntario de la Defensa Civil y estudió en el Liceo Industrial hasta 1972, cuando abandonó los estudios y tomó un trabajo en un taller de parabrisas.

En su grupo Scout, le decían el “Zorro Astuto”. “Salíamos mucho a explorar. Teníamos nuestros códigos y rituales, y Pepe tenía muchos conocimientos de técnicas, cómo despistar, detectar, disfrazarse, eludir situaciones,” cuenta R.B., amigo de barrio y compañero en los Scout y en la política, quien pidió reserva de su nombre.

Homero Tobar, nacido en Calama en 1952 pero criado en Arica, era el hermano menor de la familia Catalán por parte de la madre. Sin haber conocido a su padre y discriminado por sus propios hermanos, uno de los cuales era militar, Homero Tobar no compartió su actividad política con su familia, con excepción de un par de primos.

“Con Homero vivíamos a pocas cuadras y nos veíamos mucho porque éramos los dos más pequeños de la familia. Era mi primito regalón; crecí con él. Era una persona muy sola. La familia de Homero era una familia tradicional y nunca lo aceptaron porque no era un Catalán. Su interés por la política nació de Elmo. No se vieron mucho, pero Elmo era su ejemplo,” cuenta su primo Omar Segovia.

De poca formación académica y política, el año en que murió Elmo Catalán y él cumplía los 18 años, Homero Tobar ingresó al recientemente creado partido MAPU. Fue reclutado por el Secretario Regional del MAPU en Arica, Julio Jiménez, quien lo conocía de pequeño, ya que su familia y la familia Catalán eran amigos de larga data.

“En esa época, en la casa de Homero arrendaba una pieza un estudiante universitario de la Democracia Cristiana que se integró al MAPU. Entre ese amigo y yo reclutamos a Homero. Después fue expulsado del MAPU junto con Jorge Vercelotti por ultraizquierdistas, por tratar a Allende de reformista,” afirma Jiménez.

Tobar se incorporó al MIR en marzo de 1973. En el barrio y entre sus compañeros era más conocido como Homero Catalán, pero en el MIR adoptó el mismo nombre que utilizó su medio hermano Elmo en Bolivia: “Ricardo”.

“Homero era recatado, no opinaba mucho. No tenía formación, su familia no se preocupó de sus estudios y fue maltratado por sus hermanos. El único culto en esa familia era Elmo, pero no se conocieron mucho, ya que Elmo no estaba en Arica,” dice Jiménez.

Jorge Vercelotti (NOTA AL PIE 2) nació en Antofagasta en 1951. Su padre había sido suboficial mayor del Ejército, ya jubilado al momento del golpe militar. Estudió biología durante un año en la Universidad de Chile en Antofagasta, donde ingresó a la Izquierda Cristiana. Después, pasó a militar en el MAPU, y en 1972, dejó la universidad y su ciudad para trasladarse a Arica. Ahí, trabajó en la Tesorería y por un tiempo, se hospedó en la gran casona de la familia Catalán, que también ofrecía pensión. Era macizo y usaba lentes de grueso marco como se estilaba en la época, y por ello, a pesar de que su nombre político era “Marco”, le decían “Tevito” o “Tevo”, por su parecido al perrito animado que bailaba en la presentación de Televisión Nacional.

“Homero y Jorge eran dos niños, en el más limpio sentido de la palabra, llenos de ilusiones y deseos de hacer la revolución, de cambiar este país… En algún momento, decidieron que el MAPU era muy reformista y se fueron al MIR,” recuerda A.T., compañero de ellos en el MAPU.

En el MIR, al igual que Espinoza, se dedicaron al área sindical. Tobar participó en el intento de formar un cordón industrial en el sector norte de la ciudad. En 1973, Espinoza y Vercelotti pasaron a integrar las nuevas unidades operativas que organizaba el MIR en el norte.

“Conocí bastante a los dos, a Mario y al ‘Tevo’. Eran bien dedicados. Mario era muy consecuente, bien consciente de que había que tener un compromiso más grande. Se incorporó al tiro a las unidades, no puso problemas. Él y el ‘Tevo’ no andaban alardeando, eran tranquilos. No armaban desórdenes ni se creían los mejores,” recuerda Juan Carlos García, entonces dirigente del MIR en Arica.

Vercelotti había pasado un periodo de instrucción militar en Cuba. Integró un pequeño grupo de militantes locales enviados a la isla meses antes del golpe militar. Salió hacia Cuba con dos compañeros a mediados de mayo de 1973, mientras Espinoza y otro compañero, “Manuel”, (NOTA AL PIE 3) se quedaron en Santiago esperando salir con un segundo grupo que finalmente no alcanzó a viajar. En esa espera se produjo el intento de golpe de Estado conocido como el tanquetazo del 29 de junio de 1973. Vercelotti estaba en Cuba, pero a Espinoza lo pilló el movimiento militar en Santiago. Cuenta “Manuel” que junto con Espinoza se integraron temporalmente a una unidad operativa del MIR en la capital y participaron en la defensa de la antena de la Radio Nacional.

Vercelotti regresó de Cuba a mediados de julio de 1973, y a partir de entonces, el grupo de militantes comenzó su retorno desde Santiago hacia el norte. Espinoza y “Manuel” regresaron a Arica haciendo dedo. Vercelotti pasó a ver a su familia en Antofagasta. Fue la última vez que lo vieron.

“Jorge era tímido, hablaba poco. Se ponía muy nervioso cuando tenía que hablar ante un grupo; no estaba acostumbrado. Nosotros siempre lo consideramos un obrero –vestía como obrero y trabajó en lo sindical. Años después nos enteramos que había sido universitario,” cuenta Marco Donoso, entonces estudiante secundario y encargado de la jefatura estudiantil del partido en Arica.

Tobar, en cambio, se hacía notar más allá de sus reales responsabilidades en el partido. A decir de uno de sus compañeros de entonces, era voluntarista y ansioso. Se expuso más de lo necesario, y cuando vino el golpe militar, temió justificadamente por su seguridad.

“Cuando sucedió el golpe, su hermano Gustavo, que era militar, lo escondió en su casa. Ese fue el gesto más importante que hizo Gustavo para demostrar que lo consideraba un hermano a pesar de todo, porque Gustavo siempre fue su verdugo en la familia,” dijo su primo Omar Segovia.

Sacar al “Trosko”

Después del golpe militar, la dirección local del MIR en Arica buscó proteger al “Trosko” Fuentes. El dirigente político había llegado a la ciudad desde Antofagasta pocos días antes para informar sobre la última reunión del Comité Central del partido. Se había realizado una gran asamblea en la sede de la Universidad de Chile con todos los militantes el lunes, 10 de septiembre.

A las dos de la tarde del 11 de septiembre, con el palacio presidencial en Santiago en llamas, Vercelotti acompañó al encargado sindical del MIR en Arica a buscar al “Trosko” y llevarlo a una casa de seguridad en el cerro La Cruz, perteneciente a un ayudista de otro partido de izquierda. Ahí permaneció un par de días.

El “Trosko” Fuentes era una de las personas más buscadas por los militares y le habían puesto precio a su cabeza. Pasó de una casa de seguridad a otra. Vercelotti se encargó de hacer los contactos con la militancia, miembros de la dirección y con otros partidos de izquierda.

Al momento del golpe, en Arica se encontraba una buena parte de la dirección local del MIR, salvo el encargado de Tareas Especiales, quien estaba en Antofagasta. Tanto el encargado del MIR en Arica y los responsables del frente estudiantil y de organización, así como el responsable de Tareas Especiales, caerían detenidos en las semanas que siguieron.

“Ellos cayeron por razones distintas, pero no por lo del ‘Trosko’. Que el ‘Trosko’ estaba en Arica era desconocido para los militares en esos momentos: ninguno de ellos fue interrogado respecto del ‘Trosko’,” relata Marco Donoso.

El “Trosko” se estaba quedando sin contactos y sin apoyo logístico. No conocía los nombres o direcciones de sus compañeros de partido en Arica y tampoco podía regresar a Antofagasta.

Decidió entonces que la mejor alternativa era salir hacia Perú. En ese momento, la política oficial del MIR era que ninguno de sus militantes debía asilarse ni abandonar el país. Sin embargo, aunque se puede presumir que el “Trosko” conocía esa política de partido, la orden “El MIR no se asila” no había llegado a los militantes de base en Arica.

“No teníamos idea de esa política. El primer contacto que tuvimos en Arica con el MIR central en Santiago fue meses después, en 1974. Esta historia se dio de manera natural. Se corría peligro y había que sacar al ‘Trosko’ del país, y punto. La idea siempre fue ir a Cuba para luego reingresar a Chile,” explica Donoso.

Con la represión encima y la dirección local detenida, se buscó entre los militantes más jóvenes y menos expuestos para encargarles la tarea de organizar la salida de Chile del “Trosko” Fuentes. La responsabilidad recayó en “Carlos”, un estudiante de secundaria que militaba hacía poco en el MIR. En esa misión también participó “Fernando”, recién ingresado a la universidad y al partido. Ellos se encargaron de planificar la salida, asegurar el apoyo logístico y económico, coordinar a los ayudistas y determinar una ruta segura y transporte hasta la frontera. El “Trosko” Fuentes se ocultó en casa de “Fernando”.

Se planificó una primera salida en la segunda semana de octubre de 1973, en que el “Trosko” fue acompañado por Vercelotti y Espinoza, quienes sirvieron como sus guardaespaldas.

“Siempre he pensado que si el ‘Trosko’ debía elegir a alguien para ser su guardaespaldas, sería Vercelotti. El ‘Trosko’ tenía muy buena opinión de él y de Espinoza. Les tenía aprecio y cariño por la entrega, y por lo tanto, mucha confianza. Eso me consta, ya que muchas veces me lo manifestó en conversaciones,” afirma Juan Carlos García.

Ida y vuelta por el desierto

Al planificar la salida, “Carlos” se había contactado con un pequeño agricultor del Valle de Lluta, conocedor de rutas y con gran experiencia en pasos fronterizos. “Él trazó una ruta desde el punto exacto de partida, dando a conocer incluso referencias con las que debían encontrarse. Irían sólo tres: el ‘Trosko’, Tevito y Mario. Fuimos a dejarlos en un vehículo hasta el lugar en el Valle que me había señalado el agricultor. En el vehículo viajaban ellos tres y los acompañábamos Cacho Salcedo, un amigo de Cacho y yo. Esto ocurrió más menos a las 10 de la noche y nos despedimos de un abrazo. Las condiciones para hacer el recorrido eran bastante básicas: aparte de algunos enseres personales iban con una brújula. Recuerdo que el ‘Trosko’, por la imposibilidad de llevarla, dejó de regalo a ‘Fernando’ una manta que tenía un gran significado para él, porque había pertenecido a Luciano Cruz,” relató “Carlos”.

El plan era llegar en vehículo hasta el Valle de Lluta, cruzar la frontera a pie y avanzar 40 kilómetros hasta la ciudad peruana de Tacna. De hecho, ya lo habían hecho dos estudiantes universitarios del MIR poco antes. Habían logrado cruzar la frontera sin problemas, pero fueron arrestados casi de inmediato por la policía peruana y entregados a la policía de Chile. Los dos jóvenes terminaron presos en la cárcel de Arica.

Según Juan Carlos García, la salida de los universitarios hacia Perú había sido prematura. “Siempre escuché que el contacto era con la policía de Tacna. Había un acuerdo con los cubanos que consistía en que había que presentarse ante la policía de Tacna, y ellos los llevarían con los cubanos. Pero parece que ellos llegaron demasiado pronto, antes de consolidar los contactos,” dijo.

En el primer intento, el “Trosko”, Espinoza y Vercelotti caminaron en redondo por el desierto y regresaron a otro punto del Valle de Lluta; desde allí se movilizaron de regreso a Arica.

“Carlos” afirma que el “Trosko” entonces volvió a la casa de “Fernando” y los otros se fueron a los lugares donde habían estado hasta el día anterior.

La despedida

Espinoza vivió en casa de su hermana Clara hasta el día en que partió de Chile. “Después del golpe Pepe siguió viviendo conmigo y trabajando en la fábrica. Llegaba a la casa a almorzar y volvía al trabajo. Siempre andaba nervioso, preguntando si alguien había preguntado por él. Pepe tenía miedo de estar en Arica; me arranco o me matan, me decía,” cuenta Clara Espinoza.

Antes del siguiente intento de partida el 28 de octubre de 1973, Espinoza comenzó a despedirse de quienes más quería.

El día anterior, citó a su amigo de infancia, compañero en los scout y en la política, R.B.. “Estábamos afuera de la casa de su hermana Clara y él estaba con su sobrino Mauro en brazos. Me dijo que iba a ser la última vez que nos veríamos. Él tenía bien claro que no era fácil volver,” afirmó el amigo. Nunca más lo vio.

También visitó a una familia vecina de la población Juan Noé. La dueña de casa, Bernarda Lepe, acogía con frecuencia a los amigos de barrio y de scout de su hijo, entre ellos a Espinoza, por lo que la llamaban cariñosamente “la Abuela”.

Siendo una familia de militancia socialista, él pasaba muchas horas en su casa, dijo Lepe. “Yo era como su confidente, porque Pepe decía que su familia no lo comprendía, no compartían sus ideas políticas. Por eso se refugiaba con nosotros. Pepe era otro hijo para mí,” dijo.

Ese día lo esperaban Bernarda, su marido Sergio Gárate, su hija Patricia y un par de amigos. A ellos Espinoza les anunció que se iba de Chile.

Bernarda le pasó un anillo de oro con una piedra roja y le dijo: “Esto te va a servir, por lo menos lo puedes vender.” Espinoza dijo que lo guardaría como recuerdo.

“Pepe era una persona extraordinaria. Tenía una calidez humana que rara vez se encuentra. Tenía mucha llegada con todo el mundo,” comenta Patricia Gárate.

La familia Gárate jamás olvidó ese día. No sólo fue la última vez que vieron a Espinoza, sino también el día en que se llevaron detenido al jefe de hogar. En medio de la despedida, llegaron detectives a arrestar a Sergio Gárate, oficial de Aduanas y miembro del Partido Socialista.

“Cuando vinieron a detenerlo, los muchachos se pusieron muy nerviosos,” dijo Patricia Gárate. “Pero los detectives eran conocidos y ellos se apresuraron en detener a mi papá y llevarlo a la cárcel para evitar pasárselo a los militares. Mi papá estuvo detenido un año y medio en la cárcel de Arica.”

El día que partirían rumbo a Perú, Espinoza llevó a tres amigos a casa de su hermana Clara. Dos de ellos eran Tobar y Vercelotti, a quienes Clara ya conocía. Ella recuerda bien esa tarde, porque era su cumpleaños. No hablaron mucho. Ella les preparó once con huevos fritos y le cantaron el cumpleaños feliz.

Esa tarde, Espinoza le confidenció a su hermana que estaban sacando a una persona del país y se irían por los cerros hacia Perú, no por los pasos fronterizos; los estarían esperando en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en Lima. Dijo que después se irían a Cuba y que pronto tendría noticias de él. Clara lloraba.

Clara le arregló un bolso y le pasó unas joyas. “Le dije que las cambiara por comida o cualquier cosa, porque no llevaba nada, sólo un poco de ropa. Llevaba un terno azul con corbata, porque decía que vestido con ese terno se iba a presentar ante Fidel Castro. Llevó unos ponchos, mantas, pantalones. Se fue con la chaqueta anaranjada que siempre usaba,” recuerda.

Los cuatro partieron al atardecer de pie por las calles de Arica, mientras Clara los seguía de la mano de su pequeño hijo Mauro. “Él me hacía señas para que me devolviera, pero yo lo seguía, llorando. Recuerdo que pasaban camiones militares. Después de unas cuadras, pasé a la casa de mi hermano mayor. Pepito se fue, se perdió, dobló la esquina y no lo volví a ver más,” relata.

Atravesar la frontera

Hacía poco que la Caravana de la Muerte comandada por el general Sergio Arellano Stark había abandonado Arica, tras dejar un reguero de muertos en la zona norte del país. El “Trosko” Fuentes seguía en la mira de los militares, pero Arellano y su comitiva no se imaginaron que recién se habían encontrado en la misma ciudad.

Se había movilizado una red de apoyo logístico entre militantes locales, amigos y ayudistas, incluso de otros partidos de izquierda. Esta vez, fueron guiados por el desierto por un peruano con experiencia en los recorridos de frontera y al que hubo que pagarle por el servicio, recuerda “Carlos”. El peruano los acompañaría a partir del kilómetro 25 del Valle, cruzarían juntos la frontera a pie, y luego los recogería un camión que los llevaría a Tacna.

“En esa oportunidad acompañé al ‘Trosko’ sólo hasta una calle de encuentro y fue recogido en un taxi en el que iban Tevito y Homero. Luego fueron recogidos Mario y Bruno, que esperaban en distintos lugares. La incorporación de Homero y Bruno corrió por cuenta del convencimiento de Tevito, ya que él consideraba necesario que salieran. Esta fue una situación que se resolvió apenas un par de días antes de esa salida,” afirma “Carlos”.

Esa noche, en un furgón Citroen, un ayudista llevó al “Trosko”, Espinoza, Tobar, Vercelotti y Bruno González hasta el valle, y desde ahí continuaron la travesía a pie.

Por varios meses, el amigo de Espinoza, R.B., siguió al peruano que los sacó de Arica. “Pero después alguien me dijo que el hombre había pisado una mina en la frontera y había muerto. La gente que yo conocía por el lado de Pepe estaba presa o había salido del país. Yo salí de Chile en diciembre de 1973, y no supe nunca más de él,” dijo.

Lo que sucedió, según le contó después el “Trosko” Fuentes a Juan Saavedra Gorriateguy (“Patula”) en La Habana, fue que el grupo fue detenido en la frontera por la policía peruana. Les quitaron todas sus pertenencias, y, es de suponer, también las joyas que Clara Espinoza y Bernarda Lepe le entregaron a Espinoza.

Temían ser devueltos a Chile, como ya había sucedido antes con los dos estudiantes universitarios que terminaron presos en Arica. Pidieron asilo político, pero les fue negado. Fueron trasladados a Lima.

“Pero los peruanos tenían la actitud de ayudar a los perseguidos chilenos de manera encubierta. El ‘Trosko’ me contó que ellos llamaron al cónsul cubano y él los ayudó a viajar a Cuba un par de semanas después,” recuerda Saavedra.

En el año que siguió, fueron detenidos “Carlos” y “Fernando”, los dos jóvenes ariqueños a cargo de la operación de sacar al “Trosko” del país, y casi todos quienes participaron de una u otra forma en ella, así como la nueva dirección local del partido. Era más de una veintena de detenidos.

En enero de 1974, la novia de Homero Tobar en Arica, Miriam, recibió una carta suya timbrada en México avisando que se encontraba bien. La madre de Mario Espinoza recibió una carta similar de su hijo a inicios de 1974, también procedente de México. En la carta, Espinoza pidió que después de leerla, la destruyeran. La madre viajó a Iquique y le mostró la carta a uno de sus hijos, Raúl, quien hacía el servicio militar en el regimiento de esa ciudad. “La carta venía de México y en ella hablaba sólo generalidades. Después, mi mamá rompió la carta. No supimos más de él,” afirma Raúl.

El MIR había enviado esas cartas desde México, porque a esas alturas, “Mauro”, “Ricardo”, “Marco” y el “Trosko” Fuentes ya se encontraban en Cuba. El plan era recibir instrucción militar en Cuba y regresar clandestinamente a Chile para luchar en contra de la incipiente dictadura militar.

Establecer la retaguardia

Al llegar a Cuba el grupo fue alojado en el Hotel Presidente de La Habana, como lo hicieron muchos refugiados chilenos después del golpe. En diciembre de 1973, junto a otros militantes del MIR venidos de distintas partes, comenzaron a recibir instrucción militar en guerrilla urbana y rural. Primero estuvieron en Punto Cero y después en la Base Pinar del Río.

A pesar de ser severamente criticado por la Dirección Nacional de su partido por haber salido del país, el “Trosko” Fuentes fue nombrado por el Secretario General del MIR, Miguel Enríquez, como representante de la organización en Cuba. Debía encargarse de un primer grupo de instrucción militar y designó a “Mauro” como jefe del grupo. Según quien sería después su jefe en Cuba, Enérico García (“Fernando”), “Mauro” demostraba indiscutibles condiciones de liderazgo.

“Mauro era serio, responsable en el cumplimiento de las tareas que surgían de las necesidades del grupo. Alegre, divertido, buen amigo, solidario, siempre dispuesto a colaborar. No era aún un dirigente formador de otros cuadros, pero se avizoraba en él un proyecto más que interesante de militante y combatiente mirista,” lo describe García.
El grupo a cargo del “Trosko” pasó cerca de un año en distintos cursos de instrucción. El plan era prepararse militarmente en la isla y reingresar clandestinamente a Chile. Sin embargo, no se daban las condiciones para el retorno. El MIR era duramente golpeado, las comunicaciones con el partido en el interior eran extremadamente difíciles, y no había cómo asegurar una estructura de apoyo para la llegada de militantes desde el exterior, afirma Enérico García.

En los primeros meses de 1974, llegó a Cuba el dirigente del MIR Edgardo Enríquez, el “Pollo”, hermano del secretario general del MIR. El “Pollo” quedó en la jefatura del partido en La Habana, mientras que el “Trosko” Fuentes preparaba su traslado a Argentina.

En ese lapso, algunos militantes abandonaron la tarea militar, incluyendo Bruno González, quien había salido con el “Trosko” desde Arica. Entró en conflicto con la política del MIR, y a fines de 1974 se integró al MAPU en La Habana.

Con las condiciones en Chile desfavorables para el retorno, el MIR había decidido establecer una retaguardia en Argentina. Ese país serviría como base de operaciones mientras se trasladaban militantes, recursos y medios hacia Chile. Además, los cuadros del MIR entrenados en Cuba tendrían un teatro de operaciones donde foguearse para lo que esperaban sería la lucha en Chile, y al mismo tiempo apoyarían a las organizaciones revolucionarias argentinas.

Aún faltaba un año para el golpe militar en Argentina, y las organizaciones de izquierda en ese país estaban en pleno auge. La relación entre el Partido Revolucionario de los Trabajadores – Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP) de Argentina y el MIR eran óptimas. Apenas producido el golpe de Estado en Chile, el máximo dirigente del PRT, Mario Roberto Santucho, instruyó hacer llegar una valija con un millón de dólares al MIR en Chile y ofrecerle ayuda para sacar a sus militantes de Chile e ingresarlos a Argentina. (NOTA AL PIE 4)

“La relación política del MIR con el PRT era importante y estrecha. El PRT era, además, nuestra principal fuente financiera. Teníamos expectativas de que en la medida en que avanzaba la lucha en Argentina, podríamos crear una retaguardia para operar en Chile,” afirma el entonces dirigente del MIR Andrés Pascal Allende.

Al iniciarse 1974, muchos militantes del MIR y de su organización hermana en Uruguay, el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, refugiados en Argentina, se habían incorporado al PRT-ERP. En febrero de ese año, Santucho presentó públicamente el documento fundacional de la Junta Coordinadora Revolucionaria (JCR) que integraban el ERP argentino, los Tupamaros de Uruguay, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Bolivia y el MIR de Chile y que ya venía incubándose desde hacía un tiempo. Con los últimos tres países bajo bota militar, la JCR se concibió como una coordinadora de organizaciones revolucionarias que se brindaría apoyo mutuo en lo militar, logístico y económico para avanzar la revolución armada en cada uno de sus países. La JCR tuvo su base central clandestina en Buenos Aires.

Cada organización designó a un representante ante la JCR, y el MIR delegó esa tarea a Edgardo Enríquez. Entre otras cosas, él se encargó de la red de militantes chilenos que ingresaban clandestinamente a Argentina para eventualmente partir a combatir en Chile.

De las organizaciones que participaron en la JCR, el PRT-ERP argentino era la que se encontraba en mayor expansión, y a partir de marzo 1974 comenzó a preparar un foco guerrillero en la provincia de Tucumán, creando la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez. La Compañía se dedicó inicialmente a tareas de entrenamiento hasta fines de mayo de ese año, cuando comenzó a operar. Entre su centenar de combatientes se encontraban varios chilenos.

En ese contexto y con ese plan, el “Trosko” Fuentes se trasladó a Argentina para preparar las condiciones para el ingreso de más militantes chilenos, quienes participarían con el PRT-ERP tanto en unidades urbanas como en la Compañía de Monte. Sería su prueba de fuego y trampolín hacia Chile. Entre los que debían participar estaban Mario Espinoza, Jorge Vercelotti y Homero Tobar, los muchachos de Arica.

La casa de la calle 68

El “Trosko” Fuentes partió a Buenos Aires en septiembre de 1974. Fue reemplazado en La Habana en sus tareas de atender a los exiliados del MIR y a los grupos que se estaban formando militarmente por Juan Saavedra (“Patula”), quien había llegado a Cuba en marzo de ese año.

Del grupo original en instrucción quedaron sólo siete: Homero Tobar Avilés (“Ricardo”), Jorge Vercelotti Muñoz (“Marco”), Mario Espinoza Barahona (“Mauro”), Heriberto Leal Sanhueza (“Miguel Ángel”), Miguel Orellana Castro (“Pablo”), Claudio Ocampo Alonso (“Juan”, paraguayo) y Luis Alberto Barra García (“Alejo”). Mario Espinoza también era conocido como “Mauro 2” porque ya había un dirigente del MIR en Cuba que usaba el mismo nombre político.

El paraguayo Claudio Ocampo (“Juan”), entonces de 26 años, se había integrado al MIR tras llegar a Chile becado para estudiar pedagogía durante el gobierno de la Unidad Popular. Su padre había sido entrenador de fútbol en el Club Nacional de Paraguay y se trasladó con su familia a Ecuador, donde Claudio vivió gran parte de su infancia y adolescencia junto a sus tres hermanos mayores. En Ecuador, ingresó a la facultad de química de la Universidad de Quito, pero decidió trasladarse a Chile durante el gobierno de Allende, como lo había hecho un tío poco antes. Tras el golpe militar, se asiló en la embajada de Panamá por más de un mes.

“Mi padre viajó a Santiago a ayudar a conseguir el salvoconducto para sacarlo del país. Viajó a Panamá, luego pasó a México y después a Cuba,” relata su hermano, Milton Ocampo.

Claudio Ocampo llegó a Cuba a fines de 1973 con su compañera chilena y una pequeña hija y al poco tiempo se incorporó a las tareas del partido.

“Juan era reconcentrado, trascendente, nada para él era banal, todo era importante. Era un gran conversador, desconfiado, con mucho compromiso con la causa, con el partido, con una visión de la revolución quizás más integradora. No hablaba de su historia personal ni de su país de origen. No aceptaba la posibilidad de la deslealtad. Eso lo hacía potente en el grupo, y un buen cuadro militar,” dice Enérico García, su jefe político en La Habana.

Tras un año en escuelas cubanas, en diciembre de 1974 el grupo comenzó a recibir formación de parte de instructores del MIR en las áreas de inteligencia, educación política, métodos conspirativos, documentación y fotografía, entre otras. Tenían jornadas completas de instrucción todos los días.

Continuaban con la formación propia, cuando en febrero de 1975 llegó a Cuba Enérico García, quien había estado preso en Chile después del golpe militar. Él se hizo cargo de continuar la tarea de preparar pequeños grupos para ingresar clandestinamente a Chile. Su ayudante en esa tarea era Juan Lara Muñoz. (NOTA AL PIE 5).

García era responsable de cuatro pequeños grupos que recibían instrucción especializada por área. “Patula” pasó a hacerse cargo del grupo de Documentación. Un segundo grupo se dedicó al área de Comunicaciones. La unidad encabezada por “Mauro” se especializó en Guerrilla Rural.

El cuarto grupo eran ex militantes socialistas que ya se encontraban en Cuba recibiendo instrucción militar al momento del golpe militar, y que en 1975 dejaron su partido para incorporarse al MIR. En esa transición, ellos participaban en una “micro-brigada”; vivían juntos y trabajaban en la construcción mientras se iban integrando a su nuevo partido.

Los cuatro grupos vivían compartimentados en distintas casas de La Habana. El grupo de “Mauro” vivía en una casa de color amarillo opaco en la calle 68, y por eso se le conocía como “la casa de la 68”. Tenían estricta prohibición de contactarse o frecuentar a otros chilenos en la isla. Vivían en el segundo piso de la casa y en el primero residía una familia cubana. Para esa época, Ocampo se había separado de su pareja chilena y Espinoza iniciaba una relación amorosa con una cubana, que se mantuvo hasta su salida a Argentina.

“El grupo que componía la casa 68 tenía las características que en general marcaban la joven militancia mirista de aquella época: un compromiso social a toda prueba, un afán de participación directa en las luchas populares, un compromiso en la búsqueda del hombre nuevo que pregonara el Che y no escatimar esfuerzo ni sacrificio en su militancia,” afirma Enérico García.

El desmantelamiento del MIR en Argentina

El “Pollo” Enríquez ingresó clandestinamente a Argentina en mayo de 1975. Ese mismo mes, fue detenido el “Trosko” Fuentes al entrar a Paraguay desde Argentina junto a Amílcar Santucho, hermano del máximo dirigente del PRT-ERP.

El arresto del “Trosko” Fuentes en Paraguay y su traslado a centros de tortura clandestinos en Chile cuatro meses más tarde marcó el inicio de las operaciones conjuntas de los servicios de seguridad de los países del Cono Sur conocido como la Operación Cóndor. En la captura de Fuentes y Santucho participaron efectivos de Argentina, Paraguay y Chile, y abrió una veta de información extraída bajo tortura por los servicios de inteligencia de los tres países que a la larga llevaría a la detección y posterior detención de prácticamente todo el contingente del MIR en Argentina.

Jorge Fuentes Alarcón fue detenido y bestialmente torturado en Paraguay hasta septiembre de 1975, cuando fue entregado a agentes de la DINA chilena, quienes lo trasladaron a Chile. Fue visto en el centro clandestino de Cuatro Álamos y después en Villa Grimaldi, desde donde desapareció en enero de 1976.

En los meses que siguieron el arresto del “Trosko” Fuentes en Paraguay fue aniquilada gran parte de la dirigencia rural de la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez, iniciando su declive. Durante el año y medio de esfuerzos por desarrollar ese foco guerrillero en Tucumán – en el que debían combatir los miristas que se preparaban en Cuba – murieron en combate media docena de chilenos: Rubén Estrada (“Sergio”), Jaime Miguel Vergara (“César”), “Luciano”, “Marcelo”, el sueco y militante del MIR chileno, Dag Arne Runing (“Julio”) y Domingo Villalobos Campo, conocido como el “Sargento Dago”.

Mucho antes del golpe militar del 24 de marzo de 1976 en Argentina, ya estaba operando la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) y se libraba una guerra sucia subterránea en contra de la izquierda en ese país. “La situación era extremadamente frágil. El MIR prácticamente no tenía aparato en Argentina y recién a comienzos de 1976 se estaba montando uno,” afirma Andrés Pascal.

Fue en ese contexto en que la dirigencia del MIR en La Habana aceleró los preparativos para enviar combatientes a colaborar con la JCR.

Enérico García debía ser uno de los primeros en viajar a Argentina para, junto con el “Pollo” Enríquez, preparar el ingreso de los demás y el posterior traslado clandestino a Chile. Pero él mismo advirtió a la jefatura del MIR de que no estaban las condiciones para garantizar la seguridad de los grupos una vez en Argentina.

Sin embargo, el encargado del Comité Exterior del MIR en Cuba, Manuel Cabieses, aseguraba que la situación estaba controlada, porque así le estaba informando Edgardo Enríquez desde Argentina. El segundo de Enríquez en Buenos Aires era el argentino Patricio Biedma Schadewaldt (“Nico”), quien se había incorporado al MIR en Chile, donde vivía desde 1968; Biedma había regresado a Argentina después del golpe militar en Chile.

La dirigencia del MIR en Cuba decidió que partiera el primer grupo, el de la casa de la 68 y García se quedó en La Habana. Los miembros del grupo liderado por “Mauro” salieron de La Habana de manera escalonada a partir de diciembre de 1975, llegando a Argentina algunas semanas después. Todos iban con identidades y pasaportes falsos de distintas nacionalidades y pasaron por Praga y otras ciudades de Europa antes de llegar a París. Ahí recibieron su misión, itinerario, contactos en Argentina y las últimas instrucciones del partido.

Espinoza fue el primero en salir en diciembre de 1975. Lo siguieron ese mismo mes Jorge Vercelotti, Claudio Ocampo y Miguel Orellana. En febrero de 1976 salió Heriberto Leal y en marzo, Homero Tobar. Los primeros llegaron a Argentina en febrero de 1976.

Antes de partir, y como era la costumbre, cada uno dejó escrita una carta a su familia que el MIR debía entregar en caso de muerte. Sólo la familia de Vercelotti la recibió, muy poco después.

Mientras los militantes de la “casa de la 68” se establecían en Argentina, en marzo de 1976, por diferencias políticas con el partido, García fue expulsado del MIR y se trasladó a la ciudad cubana de Santa Clara. No regresaría a La Habana ni al MIR hasta 1978, por lo que nunca pudo hacer seguimiento del grupo que había tenido a su cargo. Sólo en 1978 se enteró de que todos habían muerto o desaparecido; los primeros dos a las pocas semanas de haber ingresado clandestinamente a Argentina.

Muertos por la Triple A

El plan para el grupo encabezado por “Mauro” era ganar experiencia combativa junto al PRT-ERP en la guerrilla rural en Tucumán, fortalecer a la JCR y establecer una retaguardia en Argentina para el eventual ingreso clandestino a Chile. Esa etapa no debía extenderse más de seis meses. Originalmente, debían integrarse a la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez, pero a esas alturas, la compañía estaba prácticamente desarticulada y el PRT-ERP había sido infiltrado y estaba siendo duramente perseguido. Por lo tanto, a pesar de su especialización en guerrilla rural, los seis debieron integrarse a grupos operativos urbanos del PRT-ERP en distintas zonas de Buenos Aires y otras ciudades.

Al llegar a Argentina a principios de 1976, algunos de ellos se quedaron un tiempo en una casa de seguridad de la JCR en Del Viso, en el norte de la provincia de Buenos Aires, donde vivía el matrimonio argentino compuesto por Osvaldo Bartolini y Susana Gabelli. A esa casa también había llegado en diciembre de 1975 desde la Compañía de Monte la militante del ERP Susana Islas. De a poco, se irían distribuyendo en distintas tareas y casas de seguridad del PRT.

A mediados de marzo de 1976, sólo Jorge Vercelotti, Claudio Ocampo y Susana Islas permanecían en la casa de Del Viso, junto con la pareja argentina. Desde ahí fueron secuestrados todos menos Susana Islas el 18 de marzo. Islas logró sobrevivir porque llegó más tarde a casa.

Los cuerpos de Bartolini y Gabelli fueron hallados el 20 de marzo de 1976 lejos del sector.

Vercelotti y Ocampo fueron encontrados al día siguiente en la vía pública en Ciudadela, en las afueras de Buenos Aires. De acuerdo al expediente judicial de la época, Vercelotti estaba totalmente desnudo y Ocampo se encontraba sólo con pantalón. Ambos estaban vendados y amordazados, y en sus espaldas les habían pegado con tela adhesiva los pasaportes falsos con los que habían ingresado al país. Al interior de ambos pasaportes se encontraron tres papeles idénticos. Uno decía “Junta Coordinadora Revolucionaria – ELN – MIR – ERP – MLN”, el segundo decía “MIR”, y el tercero era un volante titulado “Comando General, 3 AAA, Parte de Guerra nº 1”.

 

No tenían heridas de bala. Las autopsias a sus cuerpos dieron cuenta de golpes y torturas y que habían sido asfixiados con aceite; en ambos casos la causa de muerte fue un “paro cardio-respiratorio de origen traumático”.

El hallazgo de sus cadáveres fue informado al día siguiente en el diario La Nación de Argentina, que habló de un “enfrentamiento”. Ambas familias se enteraron de sus muertes por medio de cartas enviadas por el Comité Exterior del MIR. En el caso de Ocampo, el sobre dirigido a su padre sólo contenía una copia del recorte de diario La Nación. Sin embargo, el padre no pudo viajar a Buenos Aires a recuperar el cuerpo porque dos meses antes había caído preso en Asunción otro de sus hijos, Luis Ocampo, de 17 años, acusado de participar en un supuesto grupo armado de casi nula existencia en su país. A Claudio lo buscaron un tío y su madre pero nunca lograron encontrar sus restos.

De acuerdo a Federico Tatter, dirigente de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos de Paraguay, cuando Luis Ocampo salió de prisión a principios de abril de 1976, viajó a Argentina en busca de su hermano. En esa tarea contó con la colaboración del Servicio Paz y Justicia (SERPAJ) y particularmente de su director, el escritor argentino y Premio Nobel de la Paz 1980, Adolfo Pérez Esquivel. Pero Luis, hoy fallecido, tampoco pudo dar con su hermano mayor.

La familia Vercelotti recibió una carta similar del MIR con el recorte de diario y además. También se incluía la carta que Jorge había escrito a su familia en Cuba antes de partir. Sin embargo, la familia no buscó sus restos ni denunció su muerte. El padre de familia, militar en retiro, impuso el silencio.

“La familia no pudo hacer nada para saber lo que había sucedido con Jorge por temor a las represalias. Pasaron años en que vivimos sólo con el dolor de haberlo perdido y con el silencio que mi padre pidió para proteger al resto de la familia. Silencio con el que nadie estuvo de acuerdo, pero que acatamos,” señala Celia Vercelotti, hermana de Jorge.

En 2005, tras la muerte del padre, Celia comenzó el largo y doloroso proceso de búsqueda de la verdad y de los restos de su hermano. Partió enviando una solicitud general de información por Internet. Tres años más tarde, le llegó un email del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).

La identificación de Ocampo y Vercelotti fue posible hace pocos años gracias a que en la época, la policía hizo un levantamiento fotográfico de los cuerpos y de sus pasaportes y tomó las huellas dactilares de quienes aparecían –según sus pasaportes falsos- como el ciudadano salvadoreño David Linares Cortez (Ocampo) y el ecuatoriano Pedro Quintana Vargas (Vercelotti).

En 1990, un ex miembro del EAAF que trabajaba en Amnistía Internacional en Londres entregó al equipo forense información sobre un militante del MIR chileno de nacionalidad paraguaya de apellido Ocampo que había sido secuestrado por un comando de ultraderecha en Buenos Aires. El EAAF ya conocía el caso de los dos cuerpos encontrados en Ciudadela en 1976, pero las muestras dactilares que se habían tomado a los cadáveres no coincidían con los registros dactilares que tenían de los desaparecidos argentinos. Recién en 2005 la EAAF pudo contar con la colaboración del gobierno de Paraguay a través de la Comisión de Verdad y Justicia creada en ese país.

“Con esa Comisión intercambiamos información sobre los ciudadanos paraguayos desaparecidos en Argentina y le solicitamos ayuda para la búsqueda de las huellas dactilares de Ocampo. Paralelamente, nos enteramos de la carta que envió Celia Vercelotti a la Secretaría de Derechos Humanos de Argentina en la que adjuntaba la carta del MIR sobre el asesinato en Ciudadela, mencionando el detalle de los pasaportes pegados a la espalda. No había mucho que deducir. Pedimos las huellas de Vercelotti al gobierno chileno. En ambos casos las pericias fueron positivas,” explica Daniel Bustamante, investigador del EAAF.

La identidad de Ocampo fue confirmada en 2008; la de Vercelotti en 2009.

Ambos habían sido enterrados en marzo de 1976 con los nombres falsos que aparecían en sus pasaportes en nichos separados del cementerio de la ciudad de Morón, en Ciudadela. Ocho años después, sus restos –aún con las identidades falsas- fueron trasladados a una fosa común, por lo que hoy es imposible individualizarlos para su exhumación y repatriación.

Aún no se ha logrado identificar y localizar a la hija que Ocampo tenía con su pareja chilena para entregarle antecedentes de su padre. Hoy ella tendría alrededor de 42 años.

La desaparición de “Mauro”

Días después de la muerte de Vercelotti y Ocampo y poco después de la llegada de Homero Tobar a Argentina, se concretó el muy anunciado golpe de Estado en contra del gobierno de Isabel Perón, el 24 de marzo de 1976.

El 10 de abril, fue secuestrado el encargado del MIR en Argentina y representante ante la JCR, Edgardo Enríquez. En 2009, el EAAF pudo confirmar su muerte, al descubrir sus huellas dactilares y una fotografía de su cuerpo en los archivos del Hospital Pirovano de Buenos Aires; sin embargo, no se ha logrado recuperar su cuerpo y continúa desaparecido.

Patricio Biedma (“Nico”) asumió las responsabilidades del “Pollo” Enríquez en Argentina.

Durante la primera mitad de 1976, en Argentina fueron secuestrados y desaparecidos media docena de chilenos, entre ellos Nelson Cabello Pérez y Frida Laschan Mellado (NOTA AL PIE 6) (ambos en abril 1976, Buenos Aires), los jóvenes socialistas Juan Hernández Zaspe, Manuel Tamayo Martínez y Luis Muñoz Velásquez (abril 1976, Mendoza) y Óscar Urra Ferrarese (mayo 1976, Buenos Aires). Les seguirían Luis Elgueta Díaz y María Cecilia Magnet Ferrero (ambos en julio 1976, Buenos Aires), José Francisco Pichulmán Alcapán (agosto 1976, Neuquén), Rachel Venegas Illanes (septiembre 1976, Buenos Aires) y María Eliana Acosta Velasco (septiembre 1976, La Plata), entre otros.

No obstante, a pesar del golpe de Estado, la aguda situación represiva y la desaparición del “Pollo” Enríquez, entre abril y mayo de 1976 llegaron a ese país los primeros dos integrantes del segundo grupo enviado por el MIR desde Cuba, especialistas en Comunicaciones. Sin embargo, fueron alertados por el propio PRT de los serios problemas de seguridad y las dificultades que tendrían para mantenerlos a salvo en el país, por lo que retornaron a Cuba un par de meses más tarde. Los dos eventualmente ingresaron clandestinamente a Chile.

El tercer grupo, especializado en Documentación, se quedó en La Habana, salvo un integrante que ingresó a Chile. El cuarto grupo, el de los ex socialistas, comenzó su ingreso a Chile a partir de febrero-marzo 1976. Varios de ellos no sobrevivieron.

Mientras, “Mauro” había pasado a integrar la Columna Norte del PRT-ERP en Buenos Aires y durante varios meses de 1976 vivió en casa de una compañera del PRT, María del Carmen Castro (“Nora”), con quien debió recorrer toda la zona norte y oeste del Gran Buenos Aires para familiarizarse.

“Recuerdo que Mauro llegó a la Argentina con un bolso Samsonite, que en ese momento era lo mejor. Traía dólares y unas pocas cosas, uno o dos jeans, una camisa que recuerdo era celeste a cuadritos, una toalla chica, una pasta de los dientes y un cepillo, todo comprado en Francia,” dice Castro.

En mayo de 1976, aproximadamente, “Mauro” se trasladó a la casa del matrimonio argentino compuesto por Ricardo Luis Iwanski (“Quico”) y Rosa Delia Cabot (“Blanca”), quien se encontraba embarazada, y el hijo de ambos de dos años. A partir de entonces, “Mauro” comenzó a participar en acciones operativas urbanas del PRT-ERP, utilizando también el nombre político “Santiago”.

A mediados de junio de 1976, “Mauro” se salvó de ser detenido. Militares habían llegado a la casa de Iwanski a detener a todo el grupo, pero solo Cabot fue secuestrada. Hoy se encuentra desaparecida. “Mauro”, Iwanski y un argentino de nombre político “Claudio” lograron escapar en esa oportunidad, afirma Castro.

Un mes más tarde, fue secuestrado Iwanski. También permanece desaparecido. “Claudio” sobrevivió.

“A mediados de junio, más o menos, Mauro fue un domingo a casa y lo vi cansado. De repente había dejado de ser el Mauro alegre que yo conocía. Le dijo a mi mamá que por donde él vivía había nogales y que la próxima vez que viniera le iba a traer nueces. Llegó agosto y Mauro no vino. Mi mamá me preguntó por él y yo le dije que tenía mucho trabajo. Pero yo suponía lo peor,” recuerda Castro.

Entre junio y agosto de 1976, el Ejército ya había virtualmente aniquilado a la guerrilla del ERP y desbaratado a numerosas células del PRT, secuestrando a unos 200 militantes. En ese contexto fue detenido “Mauro” en julio de 1976.

En ese periodo también caía detenido Biedma, aunque no está claro si “Mauro” y Biedma fueron detenidos al mismo tiempo.

De acuerdo a un prisionero sobreviviente del centro clandestino Automotores Orletti operado por el Servicio de Inteligencia del Ejército argentino (SIDE) en Buenos Aires, cuando fue llevado ahí el 23 de agosto de 1976, Biedma ya llevaba bastantes días en el lugar. “Mauro” llegó después, en septiembre. “Apenas estuvo ‘Mauro’ en nuestra celda se puso a charlar con ‘Nico’; era evidente que se conocían,” afirmó.

Este testigo, quien pidió reserva de su nombre, compartió celda con Biedma y “Mauro”. Biedma, dice, le contó que había sido detenido por casualidad y que por varios días pudo ocultar su identidad de sus captores debido a los documentos falsos que portaba. No está claro si Biedma pasó por otro centro de detención antes de Orletti, pero cree que “Mauro” sí estuvo en otro lugar antes de Orletti.

Los guardias tenían un trato diferenciado con Biedma, cuenta su compañero de celda: “Era un trato respetuoso hacia él, como de reconocimiento a un enemigo digno. ‘Nico’ destacaba de todo nosotros por su aplomo, un carácter muy templado. Lo vi sonreír -que no era fácil allí-, ayudar a los demás, y hasta me enseñó cantando bajito una canción chilena muy conocida, ‘Arriba en la cordillera’. En los 45 días que permanecí allí, fue el único al que le permitieron en una oportunidad darse una ducha.”

Los tres compartieron celda en la planta alta de Orletti junto con otros secuestrados cuyo número variaba según las detenciones y traslados. En los primeros días de octubre, llegaron a esa celda una docena de uruguayos. “Todos estábamos vendados y esposados, y algunos con grilletes en los tobillos,” relata este testigo. “La puerta metálica era muy ruidosa y eso nos alertaba cuando entraban a nuestra celda, y cuando sabíamos que estábamos solos nos bajábamos las vendas y así podíamos vernos y charlar en voz baja. Nos iluminaba todo el día una lamparita eléctrica que estaba muy alta. Había colchonetas en el suelo y en ellas nos sentábamos o dormíamos. Los alimentos eran muy escasos. No había forma de asearse y nos sacaban a un baño con un inodoro situado en un patio o terraza. En la celda había un balde para orinar. Ni lastimados ni heridos recibían atención médica, ni siquiera un compañero herido de bala en una pierna. Con frecuencia ponían música a volumen muy alto, y no sólo cuando torturaban.

Según este ex prisionero argentino, cuyo testimonio ante la comisión de verdad en Argentina fue clave para saber de la existencia de “Mauro” en Orletti, a ese centro de tortura llegaban oficiales de otros países del Cono Sur a interrogar a sus connacionales. Automotores Orletti se convirtió en la base de la Operación Cóndor en Argentina.

“Me consta que ‘Nico’ fue interrogado por chilenos porque él mismo me lo dijo, concretamente que eran agentes de la DINA. Creo que ‘Mauro’ no fue torturado en Orletti porque ya lo habían torturado en otro centro, pero sí lo interrogaron en Orletti los mismos agentes chilenos. Calculo que para eso lo habrán llevado allí. ‘Mauro’ me dijo que le imputaban la muerte de dos policías de la provincia de Buenos Aires,” afirma el testigo.

Un cable de la CÍA fechado el 22 de septiembre de 1976, titulado “Argentina-Cuba: ¿Apoyo de Castro para la Subversión Local?”, obtenido por el periodista John Dinges y publicado en su libro sobre la Operación Cóndor, da cuenta de la íntima relación que tenían los servicios de inteligencia argentinos y estadounidenses. El documento transmite los detalles del interrogatorio a Patricio Biedma y “Mauro” dentro del centro de torturas poco después de sucedido. El cable señala:

“Las fuerzas de seguridad argentinas capturaron a Patricio Biedma y Mario Espinosa, chilenos que han trabajado desde algún tiempo por la causa terrorista en Argentina. Biedma dice que era el jefe del MIR de Chile en Argentina, y el delegado del grupo a la Junta Coordinadora Revolucionaria (JCR), una coalición de organizaciones terroristas regional. Espinosa también dice ser miembro del MIR y más recientemente, combatiente del Ejército Revolucionario del Pueblo de Argentina (ERP).
Biedma dice que se reunía frecuentemente con un oficial de la Embajada de Cuba en Buenos Aires que ‘regularmente’ entregaba fondos para la JCR así como también al ERP y los Montoneros. [SE TACHAN CUATRO LÍNEAS DEL CABLE]
…Espinosa también afirma que la embajada cubana entrega fondos a izquierdistas argentinos, y que él mismo recibió instrucción en Cuba, y que luego fue introducido al ERP por un contacto cubano en Argentina.”

El ex prisionero político permaneció en Automotores Orletti hasta el 7 de octubre de 1976. Cuando fue liberado, en la celda sólo quedaban Biedma y “Mauro”. Orletti fue cerrado un mes más tarde. Biedma está desaparecido.

El prisionero sobreviviente de Orletti identificó positivamente la fotografía de Mario Espinoza Barahona como correspondiente a su compañero de celda, “Mauro”. Enérico García también reconoció a Mario Espinoza como “Mauro”, el jefe del grupo en instrucción militar en La Habana.

A pesar de que el cable de la CIA identifica correctamente a “Mauro” como Mario Espinoza, por muchos años se pensó que “Mauro” era un hermano de Elmo Catalán. La confusión se debió, al parecer, a una información distorsionada que llegó a Argentina. Daniel Bustamante, investigador del EAAF, dice que el equipo forense fue informado de declaraciones prestadas por Enérico García y Juan Saavedra ante la Comisión Rettig respecto de la desaparición de Heriberto Leal en las que afirmaban que dentro del grupo de chilenos en Cuba había uno de Arica, de nombre político “Mauro”, y que era hermano de Elmo Catalán.

Sin embargo, García asegura que lo que él relató a la Comisión Rettig fue una reunión a la que fue citado en 1990 por un abogado de la Vicaria de la Solidaridad -cuyo nombre no recuerda- que quería confirmar una información: un conscripto argentino había dicho que se había encontrado un cadáver en la cordillera por el lado argentino que correspondía a un militante del MIR de nombre Mauro, de Arica.

“Yo conté eso en mi declaración, transmitiendo la información del abogado. Yo no tenía ninguna información sobre un cuerpo en la cordillera, pero siempre tuve perfectamente claro que ‘Ricardo’ era el hermano de Catalán, no ‘Mauro’. Lo que nunca supe hasta muchos años después fueron sus nombres verdaderos,” afirma García.

La versión equivocada de que “Mauro” podría ser hermano de Elmo Catalán se diseminó entre investigadores y la comunidad de derechos humanos y contribuyó a ella el hecho de que tanto Espinoza como Tobar eran de Arica. Sin embargo, aunque la distorsionada información despistó a quiénes buscaban la verdadera identidad de “Mauro”, sirvió para descubrir a otro detenido-desaparecido que ni siquiera estaba en los radares de los organismos de derechos humanos de Chile o Argentina: el medio hermano de Elmo Catalán, Homero Tobar.

Una desaparición sin rastro

La desaparición de Homero Tobar (“Ricardo”) en Argentina es un total enigma. No existe información fidedigna ni han surgido testigos o alguna evidencia de su eventual detención, prisión o muerte. Al momento, nadie lo ha reconocido en fotos. Sin embargo, existe la posibilidad de que haya estado en Río Negro.

En los primeros meses de 1976, cuando Tobar estaba recién llegado a Argentina, le envió a su novia Miriam una segunda carta. En ella le contaba que estaba en Río Negro y que estaba trabajando. Fue la última vez que la familia Catalán supo de Homero Tobar.

El nombre verdadero de Homero Tobar Avilés figura en un documento de la Comisión Asesora de Antecedentes (CAA) de la Secretaría de Inteligencia de Estado al que esta autora tuvo acceso sobre el chileno Hugo Inostroza Arroyo, ex militante del ERP asentado en la zona de Neuquén con su familia desde hacía años.

Según este documento de la CAA, Grupo de Tareas 1, Inostroza actuaba como el “responsable militar del ERP en las provincias de Neuquén y Río Negro”, y sus “contactos en el MIR” en 1976 eran Lorenzo Homero Tobar Avilés (“Ricardo”) y José Luis Appel de la Cruz (“Claudio”), citándolos con sus nombres verdaderos completos y sus chapas políticas. Appel de la Cruz desapareció en Neuquén en enero de 1977.

Consultado Inostroza al respecto, dijo no conocer a Homero Tobar y tampoco lo reconoció en una fotografía.

Según la versión de la familia Catalán, años después de la salida de Tobar de Chile en octubre de 1973, su madre recibió una llamada desde Argentina comunicándole que su hijo estaba muerto. Después, en la década de los ochenta, una pariente le contó a la familia que según su esposo, quien era detective, Tobar ya había muerto, pero se negó a entregar alguna información adicional. No ha sido posible contactar a esta pariente o su marido para ratificar esta información.

Otra versión que circula en la familia Catalán es la de una prima hermana de Homero, Carmen Segovia Avilés. Mientras trabajaba en la Comisión de Derechos Humanos de Arica, dijo, en 1984 aproximadamente se enteró de que su primo era un detenido-desaparecido y que al parecer, había muerto en la frontera de Chile con Argentina.

“Supe que Homero había ingresado a Chile a la altura de Los Andes con un par de compañeros más y el padre Roco, en Quilpué, le dio refugio. Estuvo cerca de dos días en Quilpué, y luego regresó a Argentina a buscar a más compañeros para ingresarlos a Chile. Ahí dicen que fue abatido, pero no está claro,” dijo Segovia. Esta versión no ha podido ser confirmada pero coincide en algún grado con la información entregada por el abogado de la Vicaría de la Solidaridad a Enérico García en 1990.

Las cartas que nunca llegaron

Las familias de Homero Tobar y Mario Espinoza nunca denunciaron su desaparición porque jamás fueron informadas por el MIR u otras personas de que ellos podrían haber sido secuestrados o que se encontraban desaparecidos.

Antes de partir de Cuba hacia Argentina, cada militante llenó una ficha con sus datos personales, se les tomó una fotografía y se les pidió escribir una carta de despedida a su familia. El MIR debía enviar estas cartas a sus familias en caso de muerte.

Las familias de Mario Espinoza y Homero Tobar no recibieron esas cartas – no está claro porqué. Aunque no había constancia de sus muertes y el MIR en Argentina estaba prácticamente desmantelado, alguien en el partido tendría que haberse enterado de su desaparición. Alguien tendría que haberlo informado.

Esas cartas, junto con las fichas y fotografías de todos ellos, las guardó por muchos años un dirigente del MIR en La Habana, que aún vive en Cuba. Consultado a través de terceros en 2009, señaló que ya no las tenía en su poder. Según Enérico García, esos documentos, así como todo el archivo del MIR en La Habana está ahora en manos del gobierno cubano. Los esfuerzos por recuperarlos han sido infructuosos.

“Cuando el MIR se dividió en la segunda mitad de los ochenta, hubo disputas entre las diferentes corrientes respecto de la posesión de los archivos del MIR que estaban en Cuba. Según me contó un miembro de la dirección del partido a fines de los noventa cuando reclamé las cartas de estos muchachos, frente a esas disputas intervino el gobierno cubano y se quedó con todo el archivo. Los cubanos dijeron que entregarían los archivos si los representantes de las distintas corrientes del MIR se ponían de acuerdo. Y hasta ahí llegamos,” afirma García.

Notas:
1 John Dinges, “The Condor Years”, The New Press, New York, 2004.
2 Jorge Vercelotti nació como Jorge Machuca, que era el apellido materno del padre. A mediados de los setenta, su padre rectificó su apellido y quedó como Jorge Vercelotti. Él nunca se enteró de esa rectificación.
3 “Manuel” pidió reserva de su nombre verdadero.
4 No está claro si ese dinero llegó efectivamente a manos del MIR. María Seoane, “Todo o Nada”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1991, pp. 215-216.
5 Juan Lara murió el 12 de septiembre de 1981 tras recibir un disparo accidental durante la retirada de una operación del MIR en Santiago.
6 Frida Laschan y su marido, el argentino Ángel Athanasiu Jara, fueron secuestrados junto a su hijo de casi seis meses, Pablo. El bebé fue entregado a una familia argentina y su verdadera identidad restituida en agosto de 2013.

VIOLENCIA SEXUAL CONTRA MUJERES EN DICTADURA

VIOLENCIA SEXUAL CONTRA MUJERES EN DICTADURA

Colegio de Periodistas

El establecimiento de la verdad sobre las violaciones a los derechos humanos ocurridas en la dictadura tiene un reconocimiento político y social amplio y relativamente transversal. Pero lamentablemente en una sociedad de profundas desigualdades en el ejercicio del poder y de una naturalización de la violencia contra las mujeres prácticamente intocable, el Estado, los actores políticos, los medios de comunicación y periodistas redundan en darle la espalda a esa verdad histórica cuando ella alude a la violencia particular que se ejerció (y ejerce) contra las mujeres.

El martes 13 de junio, en el programa Mentiras Verdaderas de La Red, el periodista Ignacio Franzani tuvo como entrevistada a Loreto Iturriaga, hija de Raúl Iturriaga Neumann, ex militar e integrante de la DINA, condenado por violaciones a los derechos humanos. El caso ha estado en agenda por el estado de salud del ex militar y por el uso que ha hecho su hija de las redes sociales para reclamar por las condiciones en que se encuentra su padre y banalizar la violencia sexual a la sobrevivieron decenas de mujeres en dictadura.

Iturriaga reiteró en varios momentos de la entrevista que la violencia sexual contra las mujeres, y “las violaciones cometidas con animales como perros y ratas”, son una falsedad, una mentira. Como Comisión de Género del Colegio de Periodistas es un imperativo ético recordarle a la opinión pública que la violencia sexual como un modo específico de tortura contra mujeres fue una práctica sistemática de la dictadura y que el periodismo no se puede ejercer de espalda a una verdad histórica registrada en los informes de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura conocida como Comisión Valech (por mencionar algunos testimonios escritos).

Es de toda justicia, empatía social y responsabilidad profesional denunciar que episodios como estos no pueden repetirse en el ejercicio del periodismo y en los medios de comunicación sin que exista un mínimo de cuestionamiento sobre la calidad de la información y la línea editorial del medio que prima en el desarrollo de esos contenidos. La verdad histórica de lo que sucedió con las mujeres en dictadura no puede ser entendida como un espectáculo mediático o como la puesta en escena de alguien con ánimos particulares de venganza. Lo mínimo que se le puede exigir a un periodista con palestra pública es que esté informado.

La violencia sexual contra las mujeres en dictadura fue sistemática y se aplicó en todas sus formas y en casi todos los centros de tortura (Villa Grimaldi, Londres 38, la “Venda Sexy”, la ex Colonia Dignidad, por mencionar algunos) en las comisarías, retenes, cuarteles, furgones, durante los allanamientos, en las propias casas de las mujeres. Donde fuese posible.

La violencia sexual se ejecutó a través de violaciones anales, vaginales y de manera oral. Por personas, usando objetos y animales. A través de tocaciones y amenazas de violación como una forma de infundir miedo. Desnudez y exposición forzada a los abusos sexuales contra otras personas para anular todo atisbo de dignidad.

Estas violaciones a los derechos humanos de las mujeres fueron masivas y ejecutadas por militares y civiles, contra mujeres de todas las edades y clases sociales. Sus cuerpos y sus vidas fueron parte de una estrategia de guerra, odio y temor y también como botines, como recompensas por el cumplimiento del deber.

Una vez más reiteramos que los medios de comunicación y sus profesionales deben trabajar sus informaciones y contenidos en marcos fundados en derechos humanos reconocidos internacionalmente. La violencia contra las mujeres es un continuo en democracia, guerra o conflictos políticos y armados. Adquiere diversas manifestaciones y formas. Se produce y reproduce en distintos espacios sociales. Pero en tiempos de conflicto, esas manifestaciones de violencia sobre las mujeres se exacerban, se tornan más crueles y perversas. Se ejercen con mayor grado de impunidad. Lamentablemente, no son nuevos actos de discriminación y violencia porque continúan siendo expresiones de dominación y subordinación histórica hacia las mujeres, dirigidas por grupos armados, la acción u omisión del Estado.

Junio 2017

Declaración Pública  Comisión de Género Colegio de Periodistas de Chile

Archivo Huelga de Hambre, CEPAL 1977

Archivo Huelga de Hambre, CEPAL 1977
1

Anita Altamirano

Anita Florencia Altamirano Aravena Esposa de Juan Antonio Gianelli Company, profesor y dirigente comunista del sindicato único de la educación, desaparecido en su lugar de trabajo frente a testigos en la escuela de niñas nº24 …

2

Ernestina Alvarado

Ernestina Alvarado Rivas Madre de Nalvia Rosa Mena Alvarado, quien fue militante de las Juventudes Comunistas y estaba embarazada con tres meses de gestación al momento de su detención junto a su esposo Luis Emilio …

Wilma Atoine

Wilma Antoine

Wilma Antoine Lazzerini Esposa de Horacio Cepeda Marinkovic Caso de los 13: Constructor civil de profesión, ex director de la empresa de transportes colectivos del estado y militante del partido comunista quien fue detenido el …

Monica Araya

María Mónica Araya

Maria Mónica Araya Flores Hija de Bernardo Araya y María Olga Flores Hija del matrimonio entre Barnardo Araya Zuleta, ex diputado por el partido comunista, además dirigente nacional de la CUT y Maria Olga flores …

Raquel Ardiles

Raquel Ardiles

Raquel Ardiles Tabilo Esposa de Victor Modesto Cardenas Valderrama: electricista, militante comunista desaparecido el 26 de agosto de 1976 a los 52 años, tras ser detenido en la vía pública por agentes del comando conjunto, …

Irma Areyano

Irma Arellano

Irma Arellano Hurtado Casada, con 3 hijos junto a Armando Portilla Portilla: operador mecánico, ex-director de Endesa y militante comunista, quien fue detenido el 9 de diciembre de 1976 en la vía pública por agentes …

Mercedes Arévalos

Mercedes Arévalo

Mercedes del Carmen Arevalo Pantoja Esposa de Miguel Nazal Quiroz Casada, con 4 hijos junto a Miguel Nazal Quiroz: miembro del comité central del partido comunista, ex-director de la CUT en Villarica.  detenido el 11 …

Caupolicán Cruz

Caupolicán Cruz

Caupolicán Cruz Díaz Hermano de Lisandro Tucapel Cruz Díaz: telegrafista, ex dirigente sindical de los trabajadores de la empresa Cementos Polpaico y militante del Partido Comunista, fue detenido a los 52 años de edad el …

Edith Díaz

Edith Díaz

Edith Díaz Bahamondes Cónyuge de Fernando Alfredo Navarro Allende Caso de los trece. Fernando Alfredo Navarro Allende, producido el Golpe Militar, comenzó a ser buscado para su detención; su hogar fue allanado en múltiples ocasiones por efectivos del …

Cecilia Escobar

Cecilia Escobar

Cecilia Escobar Cepeda Hermana de Elisa del Carmen Escobar Cepeda Caso conferencia Elisa del Carmen Escobar Cepeda, soltera, obrera, militante del Partido Comunista, fue detenida el día 6 de mayo de 1976 en una “ratonera” …

Ninfa Espinoza

Ninfa Espinoza

Ninfa Espinoza Fernández Hermana de Eliana Espinoza Fernández Caso conferencia Eliana Marina Espinoza Fernández, soltera, comerciante, militante del Partido Comunista, salió de su casa aproximadamente a las 17:30 hrs. del día 12 de mayo de …

12

Carolina Gajardo

    Carolina Gajardo Carolina Gajardo tenía 23 años cuando fue convocada por las compañeras Ana González y Sola Sierra para participar en la huelga de hambre. Su esposo, Luis Emilio Maturana, había sido detenido …

Irene Godoy

Irene Godoy

Irene Godoy Godoy Esposa de Humberto Fuentes Humberto de las Nieves Fuentes Rodríguez, ex Regidor de la comuna de Renca, militante del Partido Comunista, fue detenido el día 4 de noviembre de 1975, por efectivos …

Ana González

Ana González

Ana González Nació en la ciudad de Tocopilla, el 27 de julio de 1925. Tempranamente se unió a las Juventudes Comunistas  donde conoció a su esposo Manuel Recabarren, quien se mantuvo activo en el Partido Comunista hasta el momento de …

Norma Matus

Norma Matus

Norma Matus González Madre de Carlos Alberto Carrasco Carlos Alberto Carrasco Matus, 21 años de edad, soltero, Cabo Segundo del Ejército, era estudiante de Instituto Comercial N°5, del cual había sido dirigente estudiantil, ex militante …

16

María Estela Ortíz

  María Estela Ortiz, hija de Fernando Ortiz, desaparecido el 15 de diciembre de 1976, fue una de las organizadoras de la huelga de hambre. Ella junto a Sola Sierra y María Luisa Azocar, convocaron …

María Luisa Ortíz

María Luisa Ortíz

María LuisaOrtiz Hija de Juan Fernando Ortiz Letelier   María Luisa Ortiz, se desempeña como Jefa del Área de Colecciones e Investigación, Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. Es hija de Juan Fernando …

María Adriana Pablós

María Adriana Pablos

María Adriana Pablos Esposa de Carlos Contreras Maluje   El 2 de noviembre de 1976, Contreras Maluje, entonces de 29 años de edad, ex regidor de Concepción, y de profesión químico farmacéutico, fue detenido por agentes …

19

Isolina Ramirez

Isolina Ramirez Esposa de Mario Zamorano Donoso Caso Conferencia : Mario Jaime Zamorano Donoso, casado, tres hijas, obrero marroquinero, miembro del Comité Central del Partido Comunista, fue detenido junto a un grupo de dirigentes de …

Violeta Reyes

Violeta Reyes

Violeta Reyes Pareja de José Enrique Corvalán Valencia José Enrique Corvalán Valencia, casado, 6 hijos, dirigente sindical, militante comunista, fue detenido por la DINA el 9 de agosto de 1976, alrededor de las 10 horas, …

Marta Rocco

Marta Rocco

Marta Rocco Esposa de Mario Juica Vega Mario Jesús Juica Vega, casado, 5 hijos, ex presidente de los obreros municipales de Renca, militante comunista, fue detenido por agentes de la DINA el 9 de agosto …

Max Santelices

Max Santelices

 Pablo Jose Maximiliano Santelices Tello   Esposo de Reinalda del Carmen Pereira caso de los 13 Reinalda, hija única, casada, embarazada de cinco meses de su primer hijo, tecnóloga médico, ex dirigente de la salud …

Sola Sierra

Sola Sierra

Sola Sierra Henríquez esposa de Waldo Ulises Pizarro Sola Sierra Henríquez nació en Santiago en 1935. Hija de Marcial y Ángela, sobreviviente de la Matanza de Santa María, quienes tenían una tradición familiar de militancia …

Tania Toro

María Tania Toro

María Tania Toro Hermana de Nicomedes Toro Bravo Nicomedes Toro, de 31 años de edad, soltero, obrero, era miembro de la Brigada Ramona Parra del Partido Comunista. Detenido el día 28 de julio de 1976 …

Aminta Traverso

Aminta Traverso

Aminta Traverso Bernaschina Esposa de Marcelo Concha Bascuñan, primo de Iván Sergio Insunza   Marcelo Concha Bascuñan tenía 30 años de edad, casado, padre de tres hijos, militante del Partido Comunista  y de profesión Ingeniero Agrónomo , …

Carmen Vivanco

Carmen Vivanco

Carmen Vivanco Esposa de Oscar Ramos Garrido, Madre de Oscar Ramos Vivanco, hermana de Hugo Vivanco Vega, cuñada de Alicia Herrera Benitez y tía de Nicolás Vivanco Herrera (hijo de Alicia Herrera )   “Me …

Museo de la Memoria. Exposición
 Lenguaje y archivo: Exploraciones performativas, visuales y sonoras del archivo Huelga de hambre en la CEPAL, 1977.
“La voz se sostiene en “la ley no escrita”. (Esta división es puesta vívidamente en escena en Antígona, con la distinción entre las leyes divinas no escritas y las leyes humanas de la polis.)Podríamos ver aquí un sucinto resumen de lo que Kant denominará,un par de milenios más tarde, la oposición entre moralidad y legalidad.Esta distinción depende de que se comprenda de cierta manera la división entre la voz y la letra,donde se concibe la moralidad como un asunto relativo a la voz y la legalidad como un asunto relativo a la letra.”Dolar, Mladen. Una voz y nada mas.1ª edición, Ediciones Manantial SRL., Buenos Aires, 2007.
Esta obra fue un proceso de investigación y creación colectiva[1] sobre la primera huelga de hambre de los familiares de los detenidos desaparecidos –CEPAL, 1977– a partir del archivo sobre la misma, depositado en el Museo de la Memoria y de la entrevistas a fuentes directas –testimonios de los participantes de la huelga de hambre–.
Contexto histórico
En 1977 familiares de detenidos desaparecidos inician una serie de acciones que marcaron el comienzo de una nueva etapa en la búsqueda de justicia para sus familiares víctimas de la dictadura. El 14 de junio de 1977 se inicia La huelga de hambre en la CEPAL[2] que duró 9 días, constituyéndose en la primera huelga de hambre de familiares de detenidos desaparecidos y la segunda huelga de hambre en dictadura.[3]
La huelga de hambre en la CEPAL, dispuso de los cuerpos en colectivo para la resistencia del mismo como protesta ante la violencia del Estado, exigiendo una respuesta sobre el paradero de sus familiares desaparecidos: 24 mujeres y 2 hombres iniciaron la huelga de hambre con el lema “mi vida por la verdad. En la Sede de la CEPAL de Santiago, desplegaron un lienzo de diez metros de largo que proclamaba: “Por la paz, por la vida, por la libertad, los encontraremos”[4] . Y aseguraron que no saldrían de ahí hasta que Pinochet se comprometiera a responder por los desaparecidos.Esta huelga se produjo en pleno funcionamiento de la DINA y a casi seis meses de la detención y desaparición del Comité Central del Partido Comunista en clandestinidad –ocurrido en diciembre de 1976– , los familiares buscaban a sus parientes vivos.
La importancia de esta Huelga radica en varias acciones y consecuencias hasta ese momento inéditas en la lucha contra la dictadura:– Da a conocer a nivel global lo que estaba pasando en Chile en relación la violación sistemática de los derechos humanos y en especial el caso de los detenidos desaparecidos.
Hubo un intercambio de información que logró ser publicado por los medios en Chile debido a la presión que fue ejercida desde el exterior, esto debido a la condición internacional de la CEPAL y al aparato montado por los ayudistas de la huelga que activaron huelgas de hambre en otras sedes de la CEPAL, por ejemplo en México.– Entregó una clara señal a la dictadura de que el Partido Comunista no había sido exterminado, reactivando los sistemas de operación clandestinos y públicos del Partido bajo las acciones de los denominados un-dos-tres los cuales habían sido fuertemente golpeados por la detención y desaparición del Comité Central.
María Estela Ortiz se refiere a esta estructura:“Trabajamos con gente que jugó un rol determinante para que pudiéramos entrar, otra gente que jugó un rol determinante para hacer los chequeos de salud de todo tipo, con electrocardiograma, con todo y trabajamos en la clandestinidad, osea, todo fue fuera de la Vicaría, nos juntábamos en otros lugares, sabíamos sólo las personas que estábamos en el un,dos, tres.Un dos tres le decíamos en la época de dictadura a los equipos que dirigíamos– porque éramos tres personas, éramos nosotros tres donde cada uno tenía una responsabilidad”. ( Extracto de entrevista a Estela Ortiz )–
Instaló inéditas operaciones de despliegue organizado mediante la  utilización de diversos medios de publicación, preparación de la huelga ­–chequeos médicos, coartadas para ingresar a la CEPAL, cambios de vestimenta, peluquería, sistema de parejas para ingresar, puntos de encuentro, lo que debían llevar a la huelga, etcétera–  y la vinculación con organizaciones internacionales en contra la dictadura.
Podríamos decir que con esta huelga de hambre la dictadura se vio enfrenta a un cambio en el lenguaje de la resistencia, el se cual rebeló en forma de un cuerpo colectivo, afectado, militante y resistente –cuerpos en su mayoría de mujeres–, la violencia de la dictadura ejercida sobre el cuerpo desparecido, señalando su ausencia.De este modo la huelga de hambre es percibida como una política del cuerpo ejercida en contra de la represión, de un cuerpo político que opera a través de actos vitales de transferencia, transmitiendo el saber social, el sentido de identidad y la memoria a partir de acciones que de acá en adelante se tornaran reiteradas.
Bitácoras, cartas, notas de prensa, dos fotografías, declaraciones de apoyo, etcétera, es lo que contiene en la actualidad el corpus archivado de la huelga depositado en el Archivo del Museo de la Memoria[5], el cual segmentado bajo lógicas archivísticas del Museo, disemina su noción inicial de un cuerpo concebido como uno sólo en lo colectivo, donde lo escrito es nuevamente, lo inscrito en el archivo, su documentación, dejando en estado de latencia lo impermanente como la potencia real del archivo.Así, como parte de un proceso de búsqueda y exploración de lenguajes, sus límites y sus diferencias, que se inician con el archivo Arqueología de la ausencia, es que emerge y como una insistencia en mi producción visual, la lectura –la voz como objeto–  y el montaje del fragmento, poéticas a que refieren al archivo y a la imposibilidad de la construcción de un relato único y hegemónico. Así, restaurando el vestigio y los intersticios como poéticas por medio del montaje, se produce la articulación crítica sobre la tensión y las diferencias entre la inscripción legal –documento– y la lectura del mismo, vista ésta –lectura– como un instancia en que la voz como objeto estético vehicula los conceptos del fragmento como condición inherente al archivo y la impermanencia del sonido como la subversión de la idea originaria del archivo, lo dispuesto para permanecer.
Verónica Troncoso
02_vero
Magister en Artes Visuales de la Universidad de Chile.
Participó como directora del proyecto de investigación y creación sobre la primera Huelga de Hambre realizada por familiares de Detenidos Desaparecidos durante la dictadura cívico-militar en Chile, la cual se llevó a cabo en junio de 1977 en las dependencia de la CEPAL.
 ARTE ARCHIVO Y DERECHOS HUMANOS.
Formulación proyecto huelga de hambre, 1977
“Los archivos han sido sacralizados y al mismo tiempo “desordenados” al poner en cuestión el canon,las instituciones y las historias construidas.Ahora, como nunca antes, se constituyen en repositorios desde el cual es posible escribir otras historias.”Andre Giunta, #Errata 1
La progresiva referencia al archivo como programa de producción en el arte contemporáneo, tiene una de sus condiciones más importantes en la necesidad de reflexionar la crisis del humanismo a la que nos enfrentan los acontecimientos y, más precisamente, los procesos históricos que se suceden desde el siglo XX hasta hoy.
Acontecimientos y procesos que han puesto concretamente en entredicho la posibilidad de elaborar una historia que, al modo de una narración, permitiera comprender lo que ha sido el devenir de los pueblos. En este sentido las artes visuales se constituyen como un campo dialógico de exploración y proliferación de lenguajes, en donde éstos –los lenguajes– representan no solo la posibilidad de nuevas lecturas con respecto al archivo, sino a su vez, la reactivación de los mismos, bajo diversas operaciones visuales y de montaje de lo contenido en el corpus del archivo, así como señala Graciela Carnevale: “Mostrar el archivo es una forma de compartir con los otros. Es un espacio de diálogo, un espacio en el que unos escuchan a los otros e intercambian perspectivas y preguntas sobre su propia práctica. Entendiendo el archivo como un espacio abierto en el que uno contempla, discute y debate. Lo concibo como un proceso, como algo incompleto que es reforzado por cada nueva experiencia del presente.“
Los desastres que marcan este fin del milenio son también archivos del mal; disimulados o destruidos, prohibidos, desviados, «reprimidos». Su tratamiento es a la vez masivo y refinado en el transcurso de guerras civiles o internacionales, de manipulaciones privadas o secretas. Nunca se renuncia, es el inconsciente mismo, a apropiarse de un poder sobre el documento, sobre su posesión, su retención o su interpretación. ¿Más a quién compete en última instancia la autoridad sobre la institución del archivo? ¿Cómo responder de las relaciones entre el memorándum, el indicio, la prueba y el testimonio?”(Derrida, Mal de Archivo)
Los archivos sobre derechos humanos en Chile producidos por el Estado, son en la actualidad archivos cerrados y parcialmente clausurados, sobre ellos se han aplicado leyes de secreto y de seguridad. Los archivos sobre este tema de los cual se disponen, han sido producidos por iniciativas ciudadanas sin contraparte. Esta falta de contraparte ha consignado a estas historia como <<personales>>, por ende subjetivas, haciendo que la inscripción en la denominada historia con mayúscula, les haya sido negada por muchos años.
Podríamos decir que las operaciones sobre el archivo desde el campo del arte generan la posibilidad de su inscripción en un espacio para el cual no estaba pre-consignado.
Los archivos olvidados, los archivos disfuncionales, los archivos secretos han sido problematizados sistemáticamente desde el campo del arte.
Voluspa Jarpa con su obra Minimal Secret, expuesta en la feria Arco de Madrid, problematiza los archivos desclasificados y tachados de la CIA sobre Chile, mediante el desplazamiento del archivo, la puesta en escena de su tachadura y por ende de su clausura, es que se deja ver los fragmentos incompletos de una historia que no se puede contar.
 “El deber de la memoria no se limita a guardar la huella material, escritura u otra, de los hechos pasados, sino que cultiva el sentimiento de estar obligados respecto a estos otros de los que afirmaremos más tarde que ya no están pero que estuvieron.
Pagar la deuda, diremos, pero también someter la herencia a inventario” (Ricoeur)
En 1977 la agrupación de familiares de detenidos desaparecidos inicia una serie de hechos que marcaron el comienzo de una nueva etapa en la búsqueda de justicia para las víctimas de la dictadura. La huelga en la Cepal vii que duró 9 días, dispuso de los cuerpos en colectivo para la resistencia del mismo como protesta ante la violencia del Estado, exigiendo una respuesta sobre el paradero de los familiares desaparecidos, “24 mujeres y 2 hombres de la agrupación de familiares de detenidos desaparecidos iniciaron una huelga de hambre con el lema “mi vida por la verdad” en la Sede de la Cepal de Santiago, allí desplegaron un lienzo de diez metros de largo que proclamaba: “Por la paz, por la vida, por la libertad, los encontraremos” . Y aseguraron que no saldrían de ahí hasta que Pinochet se comprometiera a responder por los desaparecidos” .
Otros familiares de la Agrupación entregaron una nota a 16 medios de comunicación, también repartieron volantes en las calles, pintaron murales, organizaron misas y hubo en su apoyo declaraciones de abogados, personalidades políticas y sociales, un grupo amplio de intelectuales y decenas de federaciones sindicales”.La huelga de hambre en la Cepal, es el punto de partida en el despliegue de nuevas estrategias y acciones colectivas en el ámbito de la resistencia y denuncia contra la dictadura militar, en donde “el cuerpo es también lugar de resistencia cuando se vive como primer espacio de soberanía”. El cuerpo afectado por el hambre, el cuerpo como uno subversivo, que hace uso de la decisión de no ejercer una acción de violencia externa sino de la internalización de ésta para manifestarse, es sólo su propia inapetencia el actor de la acción silenciosa.
 .Bitácoras, cartas, notas de prensa, una fotografía, listas, etcétera, es lo que contiene en la actualidad el corpus archivado de la huelga, segmentado bajo las lógicas del archivo, diseminando su noción inicial de un cuerpo concebido como uno sólo en lo colectivo, donde lo escrito es lo inscrito en el archivo, su documentación , dejando en estado de latencia lo impermanente como la potencia real del archivo, su lectura.Su potencia real radica en la reactivación de lo que hemos denominado la letra muerta en el archivo, como un acto que trae al presente un hecho del pasado a través de lo oral que está contenido en él .
Las Yeguas del apocalipsis en 1993 , realizan en protesta por la ausencia de políticas concretas de justicia por parte del gobierno de Aylwin frente a las violaciones a los derechos humanos , la performance Tu dolor dice: Minado. En un ex centro de detención ilegal en calle Belgrano –Santiago– Lemebel y Casas realizan la lectura performática de la lista de los detenidos desaparecidos reconocidos por el Estado de Chile y publicados en el informe Rettig, la lectura se efectúa dando la espalda al espectador , en donde las espaldas desnudas de Lemebel y Casas presentan al cuerpo expuesto como imagen anónima del mismo, mientras tanto la lectura trae a presencia mediante el sonido al nombre del desaparecido , reactivando la letra muerta del archivo mediante lo efímero de la voz y su puesta en escena. La lista del archivo es reactivada mediante la performatividad de la voz y su puesta en escena, ya no son nombres pertenecientes a una estadística del horror, sino que son sonidos concretos de la realidad del horror. La acción realizada por Lemebel y Casas dispone de parte del archivo –la lista– haciendo cruces entre archivo, cuerpo y performance.Surge entonces la interrogante de buscar un elemento transversal entre una huelga de hambre y un acto performático más que el mismo cuerpo; donde el acto performático según (*) Richard Schechner parte por hacer una diferencia fundamental para entenderlo, algo es performance o algo se puede entender como performance.
Podríamos decir que la incidencia de la violencia sobre el cuerpo colectivo así como sobre el cuerpo individual trasciende los territorios primariamente pactados y así como la Huelga de hambre puede ser vista como una performance, la acción de Lemebel y Casas puede ser vista como un acto político, como señala Suely Rolnik: “Lo que lleva a los artistas a agregar lo político a su investigación poética es el hecho de que los regímenes autoritarios entonces vigentes en sus países inciden en sus cuerpos de manera especialmente aguda, pues afectan su propio quehacer, y es así como viven al autoritarismo en la médula de su actividad creadora. Se asocia así el impulso de la creación al peligro de sufrir la violencia por parte del Estado, que puede ir desde la prisión hasta la tortura y llegar incluso a la muerte; dicha asociación se inscribe en la memoria inmaterial del cuerpo: es la memoria física y afectiva de las sensaciones de dolor, miedo y humillación.”
Las huelgas de hambre son vistas como una política del cuerpo ejercida en contra de la represión, el cuerpo de lo político opera como actos vitales de transferencia, transmiten el saber social, el sentido de identidad y la memoria a partir de acciones reiteradas. “Constituyéndose como performance mediante su archivación”, así el proceso de archivo puede caracterizarse de algún modo como un acto performático, su reactivación en la inversión de su escritura, en donde la reescritura del archivo está dada por el sonido de su lectura y la lectura de su sonido vendría a ser el capital político de lo inmaterial/oral.
Texto perteneciente a parte del proyecto de investigación y creación sobre la huelga de hambre de 1977.
Tagged: archivo, derechos humanos[1] Este proyecto de investigación fue premiado con el Fondo de Incentivo a la Creación de la Universidad de Chile. Proyecto del cual soy directora, los demás participantes del mismo fueron: el académico Mauricio Barría; los tesistas de pre-grado del Departamento de Artes Visuales: Jennifer Frías, Waldo Estuardo y Sergio Michael; y los alumnos Pablo Sanchez y Matías Serrano. Todos pertenecientes a la Facultad de Arte de la Universidad de Chile.[2] Comisión económica para América Latina y el Caribe.[3] La primera fue realizada de los presos de Puchuncaví en 1975, en protesta por el caso de los 119.[4] Amorós, Mario. “Después de la Lluvia: Chile la memoria herida.” P.394 . Versión digital, visitada el 20 de febrero del 2015. Véase en: books[5] El archivo sobre la Huelga de hambre en la CEPAL, se encuentra dentro del Fondo Ortiz- Rojas. Fondo ordenado tanto por pieza como por fondo documental, un total de 7 carpetas con documentos, de los cuales hay una parte digitalizada.

Anita Altamirano

Anita Florencia Altamirano Aravena Esposa de Juan Antonio Gianelli Company, profesor y dirigente comunista del sindicato único de la educación, desaparecido en su lugar de trabajo frente a testigos en la escuela de niñas nº24 …

Ernestina Alvarado

Ernestina Alvarado Rivas Madre de Nalvia Rosa Mena Alvarado, quien fue militante de las Juventudes Comunistas y estaba embarazada con tres meses de gestación al momento de su detención junto a su esposo Luis Emilio …

Wilma Antoine

Wilma Antoine Lazzerini Esposa de Horacio Cepeda Marinkovic Caso de los 13: Constructor civil de profesión, ex director de la empresa de transportes colectivos del estado y militante del partido comunista quien fue detenido el …

María Mónica Araya

Maria Mónica Araya Flores Hija de Bernardo Araya y María Olga Flores Hija del matrimonio entre Barnardo Araya Zuleta, ex diputado por el partido comunista, además dirigente nacional de la CUT y Maria Olga flores …

Raquel Ardiles

Raquel Ardiles Tabilo Esposa de Victor Modesto Cardenas Valderrama: electricista, militante comunista desaparecido el 26 de agosto de 1976 a los 52 años, tras ser detenido en la vía pública por agentes del comando conjunto, …

Irma Arellano

Irma Arellano Hurtado Casada, con 3 hijos junto a Armando Portilla Portilla: operador mecánico, ex-director de Endesa y militante comunista, quien fue detenido el 9 de diciembre de 1976 en la vía pública por agentes …

Mercedes Arévalo

Mercedes del Carmen Arevalo Pantoja Esposa de Miguel Nazal Quiroz Casada, con 4 hijos junto a Miguel Nazal Quiroz: miembro del comité central del partido comunista, ex-director de la CUT en Villarica.  detenido el 11 …

Caupolicán Cruz

Caupolicán Cruz Díaz Hermano de Lisandro Tucapel Cruz Díaz: telegrafista, ex dirigente sindical de los trabajadores de la empresa Cementos Polpaico y militante del Partido Comunista, fue detenido a los 52 años de edad el …

Edith Díaz

Edith Díaz Bahamondes Cónyuge de Fernando Alfredo Navarro Allende Caso de los trece. Fernando Alfredo Navarro Allende, producido el Golpe Militar, comenzó a ser buscado para su detención; su hogar fue allanado en múltiples ocasiones por efectivos del …

Cecilia Escobar

Cecilia Escobar Cepeda Hermana de Elisa del Carmen Escobar Cepeda Caso conferencia Elisa del Carmen Escobar Cepeda, soltera, obrera, militante del Partido Comunista, fue detenida el día 6 de mayo de 1976 en una “ratonera” …

Ninfa Espinoza

Ninfa Espinoza Fernández Hermana de Eliana Espinoza Fernández Caso conferencia Eliana Marina Espinoza Fernández, soltera, comerciante, militante del Partido Comunista, salió de su casa aproximadamente a las 17:30 hrs. del día 12 de mayo de …

Carolina Gajardo

    Carolina Gajardo Carolina Gajardo tenía 23 años cuando fue convocada por las compañeras Ana González y Sola Sierra para participar en la huelga de hambre. Su esposo, Luis Emilio Maturana, había sido detenido …

Irene Godoy

Irene Godoy Godoy Esposa de Humberto Fuentes Humberto de las Nieves Fuentes Rodríguez, ex Regidor de la comuna de Renca, militante del Partido Comunista, fue detenido el día 4 de noviembre de 1975, por efectivos …

Ana González

Ana González Nació en la ciudad de Tocopilla, el 27 de julio de 1925. Tempranamente se unió a las Juventudes Comunistas  donde conoció a su esposo Manuel Recabarren, quien se mantuvo activo en el Partido Comunista hasta el momento de …

Norma Matus

Norma Matus González Madre de Carlos Alberto Carrasco Carlos Alberto Carrasco Matus, 21 años de edad, soltero, Cabo Segundo del Ejército, era estudiante de Instituto Comercial N°5, del cual había sido dirigente estudiantil, ex militante …

María Estela Ortíz

  María Estela Ortiz, hija de Fernando Ortiz, desaparecido el 15 de diciembre de 1976, fue una de las organizadoras de la huelga de hambre. Ella junto a Sola Sierra y María Luisa Azocar, convocaron …

María Luisa Ortíz

María LuisaOrtiz Hija de Juan Fernando Ortiz Letelier   María Luisa Ortiz, se desempeña como Jefa del Área de Colecciones e Investigación, Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. Es hija de Juan Fernando …

María Adriana Pablos

María Adriana Pablos Esposa de Carlos Contreras Maluje   El 2 de noviembre de 1976, Contreras Maluje, entonces de 29 años de edad, ex regidor de Concepción, y de profesión químico farmacéutico, fue detenido por agentes …

Isolina Ramirez

Isolina Ramirez Esposa de Mario Zamorano Donoso Caso Conferencia : Mario Jaime Zamorano Donoso, casado, tres hijas, obrero marroquinero, miembro del Comité Central del Partido Comunista, fue detenido junto a un grupo de dirigentes de …

Violeta Reyes

Violeta Reyes Pareja de José Enrique Corvalán Valencia José Enrique Corvalán Valencia, casado, 6 hijos, dirigente sindical, militante comunista, fue detenido por la DINA el 9 de agosto de 1976, alrededor de las 10 horas, …

Marta Rocco

Marta Rocco Esposa de Mario Juica Vega Mario Jesús Juica Vega, casado, 5 hijos, ex presidente de los obreros municipales de Renca, militante comunista, fue detenido por agentes de la DINA el 9 de agosto …

Max Santelices

 Pablo Jose Maximiliano Santelices Tello   Esposo de Reinalda del Carmen Pereira caso de los 13 Reinalda, hija única, casada, embarazada de cinco meses de su primer hijo, tecnóloga médico, ex dirigente de la salud …

Sola Sierra

Sola Sierra Henríquez esposa de Waldo Ulises Pizarro Sola Sierra Henríquez nació en Santiago en 1935. Hija de Marcial y Ángela, sobreviviente de la Matanza de Santa María, quienes tenían una tradición familiar de militancia …

María Tania Toro

María Tania Toro Hermana de Nicomedes Toro Bravo Nicomedes Toro, de 31 años de edad, soltero, obrero, era miembro de la Brigada Ramona Parra del Partido Comunista. Detenido el día 28 de julio de 1976 …

Aminta Traverso

Aminta Traverso Bernaschina Esposa de Marcelo Concha Bascuñan, primo de Iván Sergio Insunza   Marcelo Concha Bascuñan tenía 30 años de edad, casado, padre de tres hijos, militante del Partido Comunista  y de profesión Ingeniero Agrónomo , …

Carmen Vivanco

Carmen Vivanco Esposa de Oscar Ramos Garrido, Madre de Oscar Ramos Vivanco, hermana de Hugo Vivanco Vega, cuñada de Alicia Herrera Benitez y tía de Nicolás Vivanco Herrera (hijo de Alicia Herrera )   “Me …

 

Anita Florencia Altamirano Aravena Esposa de Juan Antonio Gianelli Company, profesor y dirigente comunista del sindicato único de la educación, desaparecido en su lugar de trabajo frente a testigos en la escuela de niñas nº24 …

Ernestina Alvarado

Ernestina Alvarado Rivas Madre de Nalvia Rosa Mena Alvarado, quien fue militante de las Juventudes Comunistas y estaba embarazada con tres meses de gestación al momento de su detención junto a su esposo Luis Emilio …

Wilma Antoine

Wilma Antoine Lazzerini Esposa de Horacio Cepeda Marinkovic Caso de los 13: Constructor civil de profesión, ex director de la empresa de transportes colectivos del estado y militante del partido comunista quien fue detenido el …

María Mónica Araya

Maria Mónica Araya Flores Hija de Bernardo Araya y María Olga Flores Hija del matrimonio entre Barnardo Araya Zuleta, ex diputado por el partido comunista, además dirigente nacional de la CUT y Maria Olga flores …

Raquel Ardiles

Raquel Ardiles Tabilo Esposa de Victor Modesto Cardenas Valderrama: electricista, militante comunista desaparecido el 26 de agosto de 1976 a los 52 años, tras ser detenido en la vía pública por agentes del comando conjunto, …

Irma Arellano

Irma Arellano Hurtado Casada, con 3 hijos junto a Armando Portilla Portilla: operador mecánico, ex-director de Endesa y militante comunista, quien fue detenido el 9 de diciembre de 1976 en la vía pública por agentes …

Mercedes Arévalo

Mercedes del Carmen Arevalo Pantoja Esposa de Miguel Nazal Quiroz Casada, con 4 hijos junto a Miguel Nazal Quiroz: miembro del comité central del partido comunista, ex-director de la CUT en Villarica.  detenido el 11 …

Caupolicán Cruz

Caupolicán Cruz Díaz Hermano de Lisandro Tucapel Cruz Díaz: telegrafista, ex dirigente sindical de los trabajadores de la empresa Cementos Polpaico y militante del Partido Comunista, fue detenido a los 52 años de edad el …

Edith Díaz

Edith Díaz Bahamondes Cónyuge de Fernando Alfredo Navarro Allende Caso de los trece. Fernando Alfredo Navarro Allende, producido el Golpe Militar, comenzó a ser buscado para su detención; su hogar fue allanado en múltiples ocasiones por efectivos del …

Cecilia Escobar

Cecilia Escobar Cepeda Hermana de Elisa del Carmen Escobar Cepeda Caso conferencia Elisa del Carmen Escobar Cepeda, soltera, obrera, militante del Partido Comunista, fue detenida el día 6 de mayo de 1976 en una “ratonera” …

Ninfa Espinoza

Ninfa Espinoza Fernández Hermana de Eliana Espinoza Fernández Caso conferencia Eliana Marina Espinoza Fernández, soltera, comerciante, militante del Partido Comunista, salió de su casa aproximadamente a las 17:30 hrs. del día 12 de mayo de …

Carolina Gajardo

    Carolina Gajardo Carolina Gajardo tenía 23 años cuando fue convocada por las compañeras Ana González y Sola Sierra para participar en la huelga de hambre. Su esposo, Luis Emilio Maturana, había sido detenido …

Irene Godoy

Irene Godoy Godoy Esposa de Humberto Fuentes Humberto de las Nieves Fuentes Rodríguez, ex Regidor de la comuna de Renca, militante del Partido Comunista, fue detenido el día 4 de noviembre de 1975, por efectivos …

Ana González

Ana González Nació en la ciudad de Tocopilla, el 27 de julio de 1925. Tempranamente se unió a las Juventudes Comunistas  donde conoció a su esposo Manuel Recabarren, quien se mantuvo activo en el Partido Comunista hasta el momento de …

Norma Matus

Norma Matus González Madre de Carlos Alberto Carrasco Carlos Alberto Carrasco Matus, 21 años de edad, soltero, Cabo Segundo del Ejército, era estudiante de Instituto Comercial N°5, del cual había sido dirigente estudiantil, ex militante …

María Estela Ortíz

  María Estela Ortiz, hija de Fernando Ortiz, desaparecido el 15 de diciembre de 1976, fue una de las organizadoras de la huelga de hambre. Ella junto a Sola Sierra y María Luisa Azocar, convocaron …

María Luisa Ortíz

María LuisaOrtiz Hija de Juan Fernando Ortiz Letelier   María Luisa Ortiz, se desempeña como Jefa del Área de Colecciones e Investigación, Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. Es hija de Juan Fernando …

María Adriana Pablos

María Adriana Pablos Esposa de Carlos Contreras Maluje   El 2 de noviembre de 1976, Contreras Maluje, entonces de 29 años de edad, ex regidor de Concepción, y de profesión químico farmacéutico, fue detenido por agentes …

Isolina Ramirez

Isolina Ramirez Esposa de Mario Zamorano Donoso Caso Conferencia : Mario Jaime Zamorano Donoso, casado, tres hijas, obrero marroquinero, miembro del Comité Central del Partido Comunista, fue detenido junto a un grupo de dirigentes de …

Violeta Reyes

Violeta Reyes Pareja de José Enrique Corvalán Valencia José Enrique Corvalán Valencia, casado, 6 hijos, dirigente sindical, militante comunista, fue detenido por la DINA el 9 de agosto de 1976, alrededor de las 10 horas, …

Marta Rocco

Marta Rocco Esposa de Mario Juica Vega Mario Jesús Juica Vega, casado, 5 hijos, ex presidente de los obreros municipales de Renca, militante comunista, fue detenido por agentes de la DINA el 9 de agosto …

Max Santelices

 Pablo Jose Maximiliano Santelices Tello   Esposo de Reinalda del Carmen Pereira caso de los 13 Reinalda, hija única, casada, embarazada de cinco meses de su primer hijo, tecnóloga médico, ex dirigente de la salud …

Sola Sierra

Sola Sierra Henríquez esposa de Waldo Ulises Pizarro Sola Sierra Henríquez nació en Santiago en 1935. Hija de Marcial y Ángela, sobreviviente de la Matanza de Santa María, quienes tenían una tradición familiar de militancia …

María Tania Toro

María Tania Toro Hermana de Nicomedes Toro Bravo Nicomedes Toro, de 31 años de edad, soltero, obrero, era miembro de la Brigada Ramona Parra del Partido Comunista. Detenido el día 28 de julio de 1976 …

Aminta Traverso

Aminta Traverso Bernaschina Esposa de Marcelo Concha Bascuñan, primo de Iván Sergio Insunza   Marcelo Concha Bascuñan tenía 30 años de edad, casado, padre de tres hijos, militante del Partido Comunista  y de profesión Ingeniero Agrónomo , …

Carmen Vivanco

Carmen Vivanco Esposa de Oscar Ramos Garrido, Madre de Oscar Ramos Vivanco, hermana de Hugo Vivanco Vega, cuñada de Alicia Herrera Benitez y tía de Nicolás Vivanco Herrera (hijo de Alicia Herrera )   “Me …

 

Mi padre Ismael Chávez.

Mi padre Ismael Chávez.

El 11 de septiembre del año 2013, 40 años después del golpe militar, Juan Carlos Chávez interpuso la primera querella criminal contra Agustín Edwards como autor intelectual del delito de homicidio, en favor de los 119 muertos en la Operación Colombo, entre ellos su padre. Esta es la historia de su larga búsqueda y la sensación de liberación que tuvo después de sentar en el banquillo al magnate de la prensa chilena. “Me sentí más liberado y que en cierta forma hacía justicia por mi viejo y por todos aquellos que no se pudieron defender en su momento”, cuenta.

Poco antes de la medianoche, golpearon a la puerta de la casa. “¿A quién busca?”, preguntó Mónica Pilquil a un hombre alto y de voz amable que le pidió hablar con Juan Carlos. Pese a que no era el nombre original de su esposo, sino la chapa con la que lo identificaban en el MIR, accedió a buscarlo sin entrar en detalles.

Si bien era extraño que un desconocido se presentara a esa hora en la casa, pensó que podía tratarse de un compañero que desconocía la identidad original de Ismael. Una estrategia habitual en el trabajo clandestino de aquellos años que no le causó mayores sospechas. “Debe tratarse de algo importante”, pensó.

Esa misma tarde Ismael Chávez había presentado a su hijo recién nacido a sus alumnos de expresión corporal en el Duoc. Estaba tan orgulloso que pidió a Mónica que lo llevara y luego regresaron juntos a su hogar. Cuando descansaba con el niño en una habitación sintió el llamado de su esposa. Al llegar a la puerta escuchó un leve forcejeo.

Tres hombres habían ingresado a la fuerza al domicilio y se identificaron como agentes del Estado. Afuera los esperaba un vehículo con el motor encendido. Recién ahí entendieron que se trataba de una operación de la DINA para capturar a militantes de izquierda delatados por compañeros torturados, que en jerga de la época se conocía como “poroteo”.

Antes de marcharse, sin que se percataran los visitantes, Chávez le entregó a Mónica un puñado de boletos de micros donde se escribían los puntos de encuentro durante la resistencia para que se deshiciera de ellos. Los agentes le dijeron a la familia que se trataba de algo rutinario y que regresaría en un par de horas. Mónica se subió a una escalera y observó desde el techo como su marido era escoltado por tres personas. Llevaba un poncho negro y transmitía una extraña sensación de calma. Ismael Chávez Lobos tenía 22 años y un hijo de menos de un mes de vida. El 26 de julio del año 1974 fue el último día que su familia lo vio con vida.

FALSO ENFRENTAMIENTO

El 22 de julio de 1975, casi un año después de su desaparición, la familia de Ismael Chávez se enteró a través de la prensa que había muerto en un enfrentamiento entre extremistas ocurrido en Argentina, conocido como Operación Colombo. La lista de 119 fallecidos, publicada por la revista argentina LEA y el diario brasileño O’Día, fue replicada en Chile por El Mercurio, La Tercera y el vespertino La Segunda. Este último, en un alarde de impudicia, tituló en primera plana: “Exterminados como ratones”.

La noticia rápidamente fue desmentida por agencias internacionales y el montaje periodístico quedó en evidencia.  En el campamento de concentración de Melinka, en Puchuncaví, 95 presos iniciaron una huelga de hambre denunciando que algunos compañeros asesinados habían estado hacía pocos días en el lugar.A tanto llegó el revuelo internacional que Sergio Diez, entonces embajador de Chile ante la ONU, tuvo que acudir a la Asamblea General de Naciones Unidas a dar explicaciones. Allí, con el desparpajo de los cómplices, aseguró que los asesinados ni siquiera tenían existencia legal.

Mónica, con su hijo en brazos, recorrió todos los centros de detención donde estaban recluidos los presos políticos, especialmente Cuatro Álamos y el Estadio Nacional. En ninguno de esos lugares recibió alguna pista sobre el paradero de Ismael Chávez. Su marido, a quien conoció cuando tenía 18 años en una marcha en el centro de Santiago, pertenecía al frente de estudiantes universitarios que dependía del Movimiento de Izquierda Revolucionaria.

Chávez había estudiado teatro en la Universidad de Chile y el mismo año de su desaparición se matriculó en la escuela de Derecho de la misma casa de estudios. Soñaba con ser diplomático de carrera y estaba convencido de que la intervención militar no se prolongaría por mucho tiempo.

Mientras, se dedicaba a labores de propaganda, confeccionando en mimeógrafo El Rebelde, una revista clandestina elaborada por el MIR donde escribía artículos y Mónica le ayudaba con las ilustraciones. Ambos, además, trabajaban en distintas poblaciones del sector poniente de Santiago. Juan Carlos, como conocían a Ismael, se dedicaba a realizar teatro comunitario en cuanto centro cultural se levantó en aquellos años. Buscaba concientizar a los pobladores a través de su oficio. Siempre decía que hacer teatro, era hacer política.

Mónica quedó embarazada en su último año de secundaria. Pese a que la gente del MIR no era partidaria de que sus miembros se casaran, entendiendo la grave crisis política que atravesaba el país, la pareja decidió contraer matrimonio. Lo hicieron el 1 de febrero del año 1974. Cinco meses más tarde nació Juan Carlos, bautizado así en honor a la “chapa” política de su padre, desaparecido pocos días después de su nacimiento. En 1977, después de varios allanamientos a la casa de Mónica, esta decide exiliarse en Holanda junto a su pequeño hijo.

EXILIO

Juan Carlos Chávez tenía apenas tres años cuando llegó a Ámsterdam. En Holanda comenzaron a vivir con una tía. Mónica empezó a trabajar en un comité internacional de refugiados, ligado al partido radical, y luego en servicios de solidaridad a otros países latinoamericanos que estaban en guerra, como Nicaragua y El Salvador.

El constante activismo político de su madre, despertó tempranamente las inquietudes políticas de Juan Carlos. La casa siempre estaba rodeada de dirigentes de diversos países y escuchaba lo que pasaba en otras partes del mundo. “Yo era súper chico y hacía análisis políticos, sabía harto de historia, sobre la vida del Che Guevara y le conversaba a la gente que llegaba a la casa. Ellos quedaban impactados. Era algo inconsciente”, recuerda Juan Carlos.

Pese a que su entorno era eminentemente político, él nunca se sintió como un exiliado. Iba a una escuela normal, hablaba perfectamente el idioma y su madre acababa de recibir un subsidio de vivienda por parte del gobierno holandés. Como todo niño de su edad comenzó a preguntar por qué su padre no lo iba a buscar al colegio. “A los cinco años supe que estaba desaparecido. Mi madre nunca me inventó nada. Siempre trató de explicarlo y como estábamos metidos en el tema político se me hizo más fácil”.

Juan Carlos piensa que esa resiliencia, en el fondo fue una estrategia emocional para transformar el dolor en un tema político, ideológico, de lucha. Un proceso que con los años, admite, le provocó algunos trastornos psicológicos. “Uno puede disfrazar ciertas cosas como heroísmo, pero tarde o temprano las cosas comienzan a afectarte. Es un fenómeno inconsciente que uno utiliza como una barrera de protección”, analiza hoy.

Encontrar un espacio en el mundo, definir su identidad, fue un trabajo largo y también doloroso. Una búsqueda que comenzó cuando visitó por primera vez Chile cuando tenía 10 años. Su madre, que tenía una relación formal con un ciudadano holandés con los que tuvo dos hijos, terminó de estudiar trabajo social y pidió hacer su práctica en Chile en la Vicaría de la Solidaridad.

El reencuentro con Chile coincidió con las emblemáticas jornadas de protestas en contra de la dictadura. Era el año 1984 y Juan Carlos tenía 10 años. Recuerda haber estado en la Villa Francia con dos de sus tías, arrancando de los pacos por unos estrechos pasajes de la población, en una protesta luego de la muerte de los hermanos Vergara. “Comencé a correr en la misma dirección que lo hacía la gente, había una tremenda balacera, y de repente me meten a una casa. Lo más gracioso es que estaba tirado en el piso y unos metros más allá, en el antejardín, estaba una de mis tías. La solidaridad era increíble”, recuerda.

De vuelta en Holanda, cuando le preguntaban qué le había gustado de Chile, respondía que lo más llamativo habían sido las protestas. Cinco años más tarde regresaría definitivamente al país.

LA BÚSQUEDA

La familia había crecido durante el exilio. A Mónica y Juan Carlos, se sumaron Vincent, la pareja de su madre, y dos hermanos más. Todos arribaron al país en febrero del año 89. El regreso de Juan Carlos al país coincidió con el proceso de transición que recién comenzaba en Chile.

Ese mismo año ingresó a estudiar al Liceo Juan Bosco y comenzó a involucrarse en el movimiento estudiantil secundario. “Me tocaron las protestas por el pasaje del metro, empecé a vincularme con integrantes del centro de alumnos, algunos chicos del MIR, y con gente del Liceo de Aplicación, pero no milité en ningún partido”, recuerda.

Su llegada al país concidió con una búsqueda que tenía pendiente: saber por otras personas quién había sido su padre. Visitó a varios presos políticos en la cárcel pública. Uno de ellos le comentó que era un tipo extrovertido, de voz imponente, que siempre vestía de poncho y lo acompañaba una mujer baja de piel blanca (su madre). El rompecabezas comenzaba a armarse.

Juan Carlos reconoce que, pese a la ausencia de su progenitor, siempre tuvo una dialéctica particular con él. Cuando era pequeño lo veía como un héroe sin fallas. Lo sentía cercano pero a la vez muy distante. Cuando se portaba mal no faltaba quien le recordaba que en esas circunstancias su padre no se habría comportado así. “En un momento -reconoce- comencé a peinarme como mi papá, a vestirme como él. No sé cómo explicarlo, como que no tenía una identidad propia”.

Durante un encuentro en Villa Grimaldi, Juan Carlos escuchó el testimonio de un sobreviviente que había venido a declarar en una causa que llevaba el juez Juan Guzmán Tapia por la Operación Colombo. Ahí se percató que la fecha en que estuvo detenido el prisionero y su padre eran coincidentes. Se acercó, le mostró la foto de Ismael y le preguntó si lo conocía. También le comentó como andaba vestido su padre al momento de su desaparición.

Pocos días después el hombre lo llama por teléfono y le contó una historia ocurrida en Londres 38. Le aseguró que uno de los detenidos, en una salida a “porotear”, se arrancó con la venda puesta y fue atropellado por un vehículo. Los agentes lo devolvieron al centro de detención y lo dejaron tirado en el piso. Estaba perdiendo sangre y hacía mucho frío. De pronto escuchó una voz y observó entre la venda cuando un hombre se acercó al herido y le entregó una prenda a nombre de un tal Juan Carlos. La ropa era un poncho negro. El mismo que su padre usaba cuando fueron a buscarlo a su hogar. Por fin, después de años de búsqueda, la familia encontraba una pista a la cual aferrarse.

LA SANACIÓN

En el año 90 murió en un accidente automovilístico Vincent, la pareja de su madre, que trabajaba como fotógrafo para agencias extranjeras. La ausencia del verdadero padre le impidió asimilar que tenía otro a su lado, que había marcado su vida de manera importante. Su deceso desató una crisis en Juan Carlos. “Me dí cuenta que tuve alguien importante y que no lo valoricé. Él se portó muy bien conmigo y me entregó muchos valores de tolerancia que aún conservo”.

Huérfano por segunda vez, Juan Carlos cayó en una fuerte depresión. Estudió periodismo, teatro, cine y derecho. No pudo terminar ninguna carrera. “Empezaba con entusiasmo, pero después se me quitaban las ganas. Eso me empezó a afectar en las relaciones de pareja. Comenzó a darme todo lo mismo. Me lamentaba no poder llevar una vida normal como el resto”, recuerda.

Comenzó una terapia junto a su madre. Le descubrieron un trastorno obsesivo compulsivo. Se dio cuenta que había ciertos rituales que repetía: apretar las llaves del agua y cerrar reiteradamente la puerta de su casa. “Yo pensaba que eran mañas. La doctora que me empezó a tratar no sólo me recetaba medicamentos, sino que también me explicaba cómo funcionaba fisiológicamente. Poco a poco comencé a entender de qué se trataba, pero aún seguía confundido”.

En el año 2014 ya no aguantaba más y decidió abandonar el tratamiento. Lo cortó de raíz y comenzó a tomar yerbas medicinales. El repentino cambio le provocó mareos, dolores de cabeza y náuseas. “Sentía que estaba en un limbo -recuerda- no daba más, podía pasar cualquier cosa”.

En diciembre de ese año llegó a visitarlo un primo del sur que se había transformado en machi. En cuanto su familiar lo vio, comenzó a abrazarlo y hacerle cariño. “Vengo a ayudarte”, le dijo. Luego le comentó que desde hacía muchos años sentía que a él le pasaba algo y que si quería sanarse tenía que obedecerle.

Le recomendó un trabajo sicológico, físico y espiritual. “Me dijo que no me vistiera más de negro, que usara colores más vivos, que me preocupara de proporcionarme inyecciones diarias de humor y que abandonara el círculo político de los derechos humanos por un tiempo. Me dio a entender que mi madre y yo estábamos en una simbiosis que era un circulo vicioso”.

Antes de marcharse el machi le dijo “cuando tú te sanes, comenzarás a sanar a otras personas”. El mensaje le pareció un tanto críptico, pero con el tiempo lo comenzó a descifrar. Las recomendaciones comenzaron a tener efectos y lentamente se comenzó a sentir mejor. Incluso logró entender, sin angustia, lo que su doctora intentó desentrañar. “Cuando cerraba las llaves compulsivamente, intentaba controlar situaciones que jamás pude manejar cuando pequeño. Yo tenía 26 días de vida cuando murió mi padre. No tenía de qué culparme”, reflexiona.

Una parte medular del proceso de sanación ocurrió cuando un abogado lo invitó a participar en una acción judicial. Un acto que tuvo un fuerte componente simbólico. El 11 de septiembre del año 2013, 40 años después del golpe militar, Juan Carlos Chávez interpuso la primera querella criminal contra Agustín Edwards como autor intelectual del delito de homicidio, en favor de los 119 muertos en la Operación Colombo, entre ellos su padre. “Me sentí más liberado y que en cierta forma hacía justicia por mi viejo y por todos aquellos que no se pudieron defender en su momento”.

“Agustín Edwards representa el mal que dirige todo, pero que nadie ve. Me atrevo a decir que fue peor que Pinochet. Los milicos hicieron el trabajo sucio y los civiles que apoyaron la dictadura son los Pilatos que se lavaron las manos y que finalmente planificaron todo”.

Para el hijo de Ismael Chávez la querella cerró un ciclo en su vida. “Sentí que se cerró algo, pero que se abrió otra cosa mejor con una nueva perspectiva. Lo más importante es el tema espiritual, porque sin ese camino de sanación nada tiene sentido”.

La acción judicial en contra del magnate de la prensa finalmente no prosperó, aunque el quinto Agustín tuvo que declarar en tribunales. Juan Carlos Chávez comenzó a estudiar el año pasado medicina naturopática. Los designios de su primo se estaban cumpliendo.

Augusto, “el Pelao Carmona”, mi compadre. Justicia al fin.

Augusto, “el Pelao Carmona”, mi compadre. Justicia al fin.

Justicia, 40 años después

Publicado el 29 Mayo 2017

ESCRITO POR LUCÍA SEPÚLVEDA

Por el asesinato del periodista y dirigente del MIR, Augusto Carmona Acevedo,  cometido por la CNI el 7 de diciembre de 1977 cuando él tenía 38 años,  fueron condenados, 40 años después, algunos de los responsables. Augusto, “el Pelao Carmona”, padre de mi hija Eva María, fue mi compañero en los inolvidables años de la Unidad Popular y luego en la lucha antidictatorial. Eva María y Alejandra, su otra hija, crecieron sin él. Sus seis nietos  irán conociendo la verdad histórica, aun cuando ello no borrará el dolor de la ausencia.  

 

 

Alto dirigente del MIR en la clandestinidad, Augusto  había sido ex jefe de Prensa de Canal 9 de TV de la U de Chile y redactor de la revista Punto Final. El crimen fue presentado por la dictadura y los medios como un enfrentamiento.

La querella interpuesta en 2003  para impugnar la amnistía impuesta en 1993, era contra Augusto Pinochet y todos los que fueran responsables. Como familia, habíamos vivido con júbilo la detención de Pinochet en Londres.  Era  lo más cercano a la justicia y a la reparación. El hecho había remecido a la justicia chilena. Pero la impunidad persistió, con trucos judiciales para dilatar los procesos, entre otras movidas que permitían el avance de la “impunidad biológica”:  El año 2006 muere  Pinochet sin pagar por este ni ningun otro crimen. Fue en el Día Internacional de los Derechos Humanos, que coincide con mi cumpleaños…No hubo regalos de la justicia para nosotros en estos años.  

Iban muriendo los criminales mientras los padres de los ejecutados detenidos desaparecidos partían sin conocer verdad ni justicia, tal como ocurrió con don Augusto y la señora María Acevedo, los padres del “Pelao”.  Sin embargo viva está la constitución pinochetista, al igual que el modelo económico implantado entonces y perfeccionado por la Concertación/Nueva Mayoría. Sólo a través de la lucha social de los de abajo, y los terremotos irrumpe  el verdadero rostro del país por el que se jugaron y entregaron su vida “Oslo” y miles de compañeros y compañeras.  La corrupción y el envilecimiento de la política, la corrupción y el saqueo de los bienes comunes se nutren de la impunidad y de la tolerancia a las prácticas de tortura instaladas en distintos ámbitos de la acción del Estado, sea con los menores, sea en las comunidades mapuche allanadas y militarizadas o en las cárceles.

 

Privilegios de criminales  

En este marco llega finalmente la sentencia de la Corte Suprema: a10 años y 1 día  a los ex brigadieres de ejército Miguel Krassnoff y Manuel Provis Carrasco; al mayor (r) de ejército Enrique Sandoval Arancibia y al coronel (r) Luis Torres Méndez, así como los ex suboficiales del ejército José Fuentes Torres y Basclay Zapata. Menciono sus grados porque en Chile ningún criminal ha sido degradado,  pero la sentencia judicial sólo los individualiza por sus nombres. Los criminales reciben legalmente las generosas pensiones que se autoasignaron las Fuerzas Armadas mientras condenaban al resto de los chilenos a jubilar con las miserables pensiones del sistema de las AFPs. Mientras escribo, me pregunto además si este año Krassnoff podrá gozar en libertad de su pensión de  $ 2.489.658, ya que otros criminales con condenas por delitos de lesa humanidad ya han obtenido la libertad condicional. El monto de la pensión se conoció por la lista entregada por el Consejo para la Transparencia al diario La Tercera recientemente.

En el procesamiento inicial del ministro en visita Leopoldo Llanos (2005) la lista de criminales era encabezada por Odlanier Mena, director de la CNI, que estaba con condicional por otro homicidio y se suicidó (2013) eludiendo su responsabilidad.  Los agentes que declararon en el proceso por el asesinato de Augusto Carmona aseguraron que desde el reemplazo de la Dina por la CNI, a mediados de 1977, con Odlanier Mena como director, todos los operativos de exterminio debían contar con su autorización previa. La Brigada Roja (sucesora de la Halcón) fue la encargada de llevar a cabo la ejecución de Augusto Carmona, operación supervisada por Krassnoff – quien dirigió todos los operativos contra el MIR –   bajo el probable mando operativo de Manuel Provis. Mena llegó al lugar de los hechos pocas horas después.

 

Periodista de trinchera

Carmona tuvo una destacada carrera en el periodismo nacional, donde fue jefe de prensa de Canal 9 de TV –entonces de la Universidad de Chile- elegido por los trabajadores que ocuparon la estación en agosto de 1972 intentando detener el avance del golpismo. Tras el golpe militar,  él escogió los riesgos de la lucha de resistencia, aunque su salud era precaria por haber sufrido una compleja operación al corazón. En esos primeros años en que sólo existía la prensa adicta a la dictadura, el “Pelao Carmona”, ahora “Oslo”,  comenzó a organizar la red  de  periodistas que recolectaba noticias sobre los crímenes de la DINA, y  testimonios sobre la existencia de detenidos desaparecidos, enviándolas al “Correo de la Resistencia”, en México. Carmona era miembro del comité central del MIR en la clandestinidad. Como encargado  de las relaciones políticas, se reunía con dirigentes de la izquierda y un sector de la Democracia Cristiana para impulsar acuerdos tendientes a formar un movimiento amplio de resistencia popular.  

Las exigencias de la vida clandestina eran contradictorias con el carácter del Pelao, que  era comunicativo, amistoso, seductor, dado a las  conversas de café y a escuchar y bailar tangos y boleros. Ese amor por la vida lo transmitió a sus tareas políticas, que arremetía con vehemencia, pasión  y creatividad, cambiando su aspecto físico  y reduciendo sus salidas para eludir la persecución.  La forzosa quietud le permitió asumir el rol de cuidar a Eva María, nacida poco después del golpe, a quien prodigaba su ternura y atención, superando el machismo característico de esa época. Eva tenía 3 años cuando lo asesinaron y no podía ni siquiera llevar su apellido, pues vivíamos en la clandestinidad.

El Pelao había estudiado periodismo y bibliotecología tras egresar del Instituto Nacional. Fue presidente del centro de alumnos de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile y más tarde, presidente del sindicato de trabajadores del Canal 9, donde fue redactor político del Noticiero “Nueve Diario”.  Como redactor de la revista Punto Final viajó a Cuba junto a un grupo de periodistas que entrevistaron a Fidel Castro en La Habana. En agosto de 1967, había reporteado el juicio militar en Camiri, Bolivia, a Régis Debray y otras personas vinculadas a la guerrilla del Che.

En 1973 fue, además, jefe de prensa de Radio Nacional, emisora del MIR. Perteneció a una generación de notables periodistas comprometidos con el pueblo, como Augusto Olivares, Máximo Gedda y José Carrasco Tapia, grandes amigos suyos. De la promoción 1957 del Instituto Nacional arranca su estrecha amistad con el poeta Manuel Silva Acevedo,  así como con el pintor Raúl Sotomayor y el académico Grinor Rojo. 

Delito de lesa humanidad
La sentencia de la Suprema calificó el asesinato del periodista como un delito de lesa humanidad dado que fue “un ataque sistemático o generalizado en contra de bienes jurídicos como la vida de una parte de la población civil con determinada opción ideológica, con la participación del poder político y la intervención de agentes del Estado” y concedió también, a contrapelo del Consejo de Defensa del Estado, y cumpliendo las obligaciones internacionales de Chile, la reparación civil solicitada para las hijas.

 La acuciosa investigación iniciada por el ministro Alejandro Solís, hoy jubilado, fue retomada por el juez Llanos.  Los ministros Haroldo Brito,   Milton Juica y Jorge Dahm,  respaldaron lo obrado por Llanos, en tanto los  ministros Carlos Künsemüller y Lamberto Cisternas, sostuvieron en un voto de minoría que los criminales debían cumplir sólo la mitad de la pena impuesta.  Siguieron así  la teoría de la “media prescripción” respaldada por el Presidente de la Corte Suprema Hugo Dolmetsch,  similar al “2 x 1” aplicada en Chile en varias oportunidades y rechazado en Argentina recientemente en masivas movilizaciones.

La trampa mortal

El crimen ocurrió el 7 de diciembre de 1977, bajo estado de sitio pero los testimonios de los vecinos hicieron resplandecer la verdad. Ante el  tribunal los testigos –entre los que se cuenta  el escritor Reinaldo Marchant que acudió motu proprio a la Comisión Rettig a contar lo que vivió ese día – declararon lo mismo que Marchant expuso ante la Rettig , refutando la mentira del enfrentamiento. También lo había denunciado yo ante la Comisión Allana de Naciones Unidas, que visitó Chile un año después. Me protegió para comparecer el querido Padre José Aldunate.  

La tortura fue la clave para detectar al Pelao. No nos enteramos a tiempo de la detención de un colega y su equipo de apoyo. Paradojalmente el Pelao había  intentado protegerlo y asilarlo para salvar la red clandestina de periodistas que éste contactaba. Pero era demasiado tarde y ellos ya habían caído en manos de la CNI. Ese día, una veintena de vehículos rodearon desde temprano la manzana en que vivía el Pelao, en la calle Barcelona, de la comuna de San Miguel. Los agentes allanaron su domicilio y ocuparon además la casa contigua. Luego ordenaron a los vecinos recogerse en sus casas y permanecieron horas esperándolo en el interior del inmueble. Cerca de medianoche,  cuando él sacaba sus llaves para ingresar a la casa, dispararon una ráfaga de subametralladora acribillándolo por la espalda. Los agentes arrastraron el cuerpo al interior. Un fiscal militar ordenó más tarde un informe a los peritos de la Brigada de Homicidios de Investigaciones. El informe estableció que el cuerpo fue arrastrado y que la pistola que portaba Carmona estaba con seguro, por lo que no pudo hacer uso de ella para defenderse. Al lugar llegó más tarde el director de la CNI, Odlanier Mena en su vehículo marca Volvo, según declaró Juan Arancibia López, su chofer.

Este fue el inicio de la política de la CNI de aniquilamiento de dirigentes, remplazando el secuestro por la ejecución in situ, enmascarada como un enfrentamiento. Un mes después, Germán Cortés, también alto dirigente del MIR fue asesinado en similares circunstancias.

El cartel de la DINA/CNI

Odlanier Mena Salinas, sobreseído por muerte de su responsabilidad en este crimen,  había sido condenado en 2008 a seis años por los secuestros de Oscar Ripoll Codoceo, Manuel Donoso y Julio Valenzuela (Caravana de la Muerte), pero ya estaba en libertad condicional cuando el ministro Llanos lo procesó, y se suicidó en su propia casa al saberlo. Ello coincidió con el traslado de los criminales desde el penal de Cordillera hacia Punta Peuco.

 

El condenado Miguel Krassnoff Martchenko tiene la segunda más alta pensión de los 81 criminales actualmente condenados en Punta Peuco (sólo inferior a la del ex fiscal Torres). El  se especializó en el exterminio del MIR.  Según información  del Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior, está condenado a firme por los secuestros  de 20 resistentes en la llamada Operación Colombo   (María Teresa Bustillos, Manuel Cortez Joo, Julio Flores, María Elena y Galo González Inostroza, Sergio Lagos, Ofelio Lazo, M. Cristina López, Mónica Llanca, Sergio Montecinos, Jorge D’Orival, Jorge Ortiz,  Eugenia Martínez, Anselmo Radrigán, Marcelo Salinas, Fernando y Claudio Silva, Gerardo Silva,  Muriel Dockendorff, Manuel Villalobos), incluidos en la Lista de los 119. Krassnoff también cumple condena por los secuestros y desapariciones de  Diana Aaron, Luis Arias,  Alvaro Barrios, Cecilia Bojanic, Amelia Bruhn, José Calderón, Carmen Díaz, Mamerto Espinoza, Iván Monti, Antonio Llidó, Luis Muñoz Rodríguez, Flavio Oyarzún,  Sergio Pérez, José Ramírez, Sergio Riffo, Herbit Ríos, Jaime Robotham, Luis San Martín, Renato Sepúlveda, Claudio Thauby y  Lumi Videla, casi todos militantes del MIR. Además, fue condenado por el montaje en Rinconada de Maipú en que la DINA ejecutó a Alberto Gallardo, Catalina Gallardo, Mónica Pacheco, Luis Ganga, Manuel Reyes y Pedro Cortés. A ello se agregan las condenas por torturar en Villa Grimaldi a prisioneros y prisioneras que sobrevivieron. En ausencia, fue condenado en Francia por la desaparición de los ciudadanos franceses Alfonso Chanfreau, Jean Yves Claudet, George Klein y Etienne Pesle. En Chile aun está procesado por muchos otros secuestros.

Krassnoff no  ha entregado información alguna que permita encontrar a los desaparecidos y esclarecer casos, por el contrario reivindica sus crímenes. Sin embargo, su abogado reivindica ante la Corte el actuar de su defendido contra el “terrorismo”.  La Corte de Apelaciones acogió parcialmente, el 8 de septiembre de 2016, un recurso de protección interpuesto por Krassnoff para salir en libertad, abriendo la puerta a la reconsideración de su solicitud por parte de la Comisión de Libertad Vigilada. El 5 de octubre del año pasado, esta misma corte concedió la libertad condicional a Raúl Iturriaga Neumann, revocando así la repetida negativa de la Comisión de Libertad Condicional respectiva.

Otro condenado, Manuel Provis, ex jefe del Batallón de Inteligencia tiene dos condenas más por matar a sus pares: a 10 años y un día por la muerte del ex químico de la DINA Eugenio Berríos en Uruguay, y  a  4 años por asesinato del coronel Huber.  Su pensión es de $2.442.188. Provis está en Punta Peuco desde agosto de 2015, tras el suicidio del el ex general director del DINE Hernán Ramírez, al ser notificado de la sentencia en el caso Berríos.

Enrique Sandoval Arancibia (“Pete el Negro”) ya fue  condenado por el asesinato del dirigente del MIR Germán Cortés,  y por el montaje (caso Las Vizcachas) en que se asesinó a Juan Soto Cerda, Luis Araneda, Luis Pincheira y Jaime Cuevas (1981). Por desaparecer al menor Carlos Fariña, no cumplió pena alguna de cárcel. Sigue gozando de una  pensión de $1.653.952.

Basclay  Zapata (“El Troglo”) está en Punta Peuco, condenado a 10 años por desaparición de Manuel Cortes Joo, Julio Flores, los hermanos Galo y María Elena González Inostroza; Sergio Lagos,  M. Cristina López, Mónica Llanca, Jorge D’Orival, Anselmo Radrigán, Fernando y Claudio Silva Peralta, Manuel Villalobos (todos del caso Operación Colombo). Además condenado por  los secuestros y desapariciones de Alvaro Barrios,  Carmen Díaz, Elsa Leuthner,  Antonio Llidó, Iván Monti,  José Ramírez, Herbit Ríos, Ricardo Troncoso, Lumi Videla.

Luis Torres Méndez  (“Negro Mario”) estaba en libertad condicional, al emitirse la sentencia de la corte Suprema, con una  sentencia de primera instancia por el secuestro de Miguel Angel Acuña Castillo, (Operación Colombo). También está procesado por casos de la Operación Cóndor y por secuestros  de militantes comunistas en calle Conferencia.
José Fuentes Torres, (“Cara de Santo”) también libre al momento de dictarse la sentencia por el homicidio de Augusto Carmona,  está procesado por su participación en la Operación Colombo y cumplió  en libertad una “condena” por el  secuestro y muerte de Mireya Pérez Vargas.

 

La historia de periodistas revolucionarios como Augusto Carmona Acevedo y tantos otros compañeros y compañeras de su generación, requiere ser incorporada a la memoria pero también y sobre todo,  a la práctica social y política de los comunicadores de hoy en este Chile donde quieren reinar para siempre el duopolio y la farándula.  ¡Hagámoslo ya!

Incorporando a la memoria la historia del periodista revolucionario Agusto Carmona, el Pelao…

Incorporando a la memoria la historia del periodista revolucionario Agusto Carmona, el Pelao…
Justicia 40 Años despues

Por Lucía Sepúlveda Ruiz

Resultado de imagen para Lucía Sepúlveda Ruiz

Por el asesinato del periodista y dirigente del MIR, Augusto Carmona Acevedo, cometido por la CNI el 7 de diciembre de 1977 cuando él tenía 38 años, fueron condenados, 40 años después, algunos de los responsables. Augusto, “el Pelao Carmona”, padre de mi hija Eva María, fue mi compañero en los inolvidables años de la […]

Por el asesinato del periodista y dirigente del MIR, Augusto Carmona Acevedo, cometido por la CNI el 7 de diciembre de 1977 cuando él tenía 38 años, fueron condenados, 40 años después, algunos de los responsables. Augusto, “el Pelao Carmona”, padre de mi hija Eva María, fue mi compañero en los inolvidables años de la Unidad Popular y luego en la lucha antidictatorial. Eva María y Alejandra, su otra hija, crecieron sin él. Sus seis nietos irán conociendo la verdad histórica, aun cuando ello no borrará el dolor de la ausencia.

 

Alejandra y Eva María Carmona conferencia de prensa condena ex agentes CNI

Alto dirigente del MIR en la clandestinidad, Augusto había sido ex jefe de Prensa de Canal 9 de TV de la U de Chile y redactor de la revista Punto Final. El crimen fue presentado por la dictadura y los medios como un enfrentamiento.

La querella interpuesta en 2003 para impugnar la amnistía impuesta en 1993, era contra Augusto Pinochet y todos los que fueran responsables. Como familia, habíamos vivido con júbilo la detención de Pinochet en Londres. Era lo más cercano a la justicia y a la reparación. El hecho había remecido a la justicia chilena. Pero la impunidad persistió, con trucos judiciales para dilatar los procesos, entre otras movidas que permitían el avance de la “impunidad biológica”: El año 2006 muere Pinochet sin pagar por este ni ningún otro crimen. Fue en el Día Internacional de los Derechos Humanos, que coincide con mi cumpleaños…No hubo regalos de la justicia para nosotros en estos años.

Iban muriendo los criminales mientras los padres de los ejecutados detenidos desaparecidos partían sin conocer verdad ni justicia, tal como ocurrió con don Augusto y la señora María Acevedo, los padres del “Pelao”. Sin embargo, viva está la constitución pinochetista, al igual que el modelo económico implantado entonces y perfeccionado por la Concertación/Nueva Mayoría. Sólo a través de la lucha social de los de abajo, y los terremotos irrumpe el verdadero rostro del país por el que se jugaron y entregaron su vida “Oslo” y miles de compañeros y compañeras. La corrupción y el envilecimiento de la política, la corrupción y el saqueo de los bienes comunes se nutren de la impunidad y de la tolerancia a las prácticas de tortura instaladas en distintos ámbitos de la acción del Estado, sea con los menores, sea en las comunidades mapuche allanadas y militarizadas o en las cárceles.

Privilegios de criminales

En este marco llega finalmente la sentencia de la Corte Suprema: a 10 años y 1 día a los ex brigadieres de ejército Miguel Krassnoff y Manuel Provis Carrasco; al mayor (r) de ejército Enrique Sandoval Arancibia y al coronel (r) Luis Torres Méndez, así como los ex suboficiales del ejército José Fuentes Torres y Basclay Zapata. Menciono sus grados porque en Chile ningún criminal ha sido degradado, pero la sentencia judicial sólo los individualiza por sus nombres. Los criminales reciben legalmente las generosas pensiones que se autoasignaron las Fuerzas Armadas mientras condenaban al resto de los chilenos a jubilar con las miserables pensiones del sistema de las AFPs. Mientras escribo, me pregunto además si este año Krassnoff podrá gozar en libertad de su pensión de $ 2.489.658, ya que otros criminales con condenas por delitos de lesa humanidad ya han obtenido la libertad condicional. El monto de la pensión se conoció por la lista entregada por el Consejo para la Transparencia al diario La Tercera recientemente.

En el procesamiento inicial del ministro en visita Leopoldo Llanos (2005) la lista de criminales era encabezada por Odlanier Mena, director de la CNI, que estaba con condicional por otro homicidio y se suicidó (2013) eludiendo su responsabilidad. Los agentes que declararon en el proceso por el asesinato de Augusto Carmona aseguraron que desde el reemplazo de la Dina por la CNI, a mediados de 1977, con Odlanier Mena como director, todos los operativos de exterminio debían contar con su autorización previa. La Brigada Roja (sucesora de la Halcón) fue la encargada de llevar a cabo la ejecución de Augusto Carmona, operación supervisada por Krassnoff – quien dirigió todos los operativos contra el MIR – bajo el probable mando operativo de Manuel Provis. Mena llegó al lugar de los hechos pocas horas después.

Periodista de trinchera

Carmona tuvo una destacada carrera en el periodismo nacional, donde fue jefe de prensa de Canal 9 de TV –entonces de la Universidad de Chile- elegido por los trabajadores que ocuparon la estación en agosto de 1972, intentando detener el avance del golpismo. Tras el golpe militar, él escogió los riesgos de la lucha de resistencia, aunque su salud era precaria por haber sufrido una compleja operación al corazón. En esos primeros años en que sólo existía la prensa adicta a la dictadura, el “Pelao Carmona”, ahora “Oslo”, comenzó a organizar la red de periodistas que recolectaba noticias sobre los crímenes de la DINA, y testimonios sobre la existencia de detenidos desaparecidos, enviándolas al “Correo de la Resistencia”, en México. Carmona era miembro del comité central del MIR en la clandestinidad. Como encargado de las relaciones políticas, se reunía con dirigentes de la izquierda y un sector de la Democracia Cristiana para impulsar acuerdos tendientes a formar un movimiento amplio de resistencia popular.

Las exigencias de la vida clandestina eran contradictorias con el carácter del Pelao, que era comunicativo, amistoso, seductor, dado a las conversas de café y a escuchar y bailar tangos y boleros. Ese amor por la vida lo transmitió a sus tareas políticas, que arremetía con vehemencia, pasión y creatividad, cambiando su aspecto físico y reduciendo sus salidas para eludir la persecución. La forzosa quietud le permitió asumir el rol de cuidar a Eva María, nacida poco después del golpe, a quien prodigaba su ternura y atención, superando el machismo característico de esa época. Eva tenía 3 años cuando lo asesinaron y no podía ni siquiera llevar su apellido, pues vivíamos en la clandestinidad.

El Pelao había estudiado periodismo y bibliotecología tras egresar del Instituto Nacional. Fue presidente del centro de alumnos de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile y más tarde, presidente del sindicato de trabajadores del Canal 9, donde fue redactor político del Noticiero “Nueve Diario”. Como redactor de la revista Punto Final viajó a Cuba junto a un grupo de periodistas que entrevistaron a Fidel Castro en La Habana. En agosto de 1967, había reporteado el juicio militar en Camiri, Bolivia, a Régis Debray y otras personas vinculadas a la guerrilla del Che.

En 1973 fue, además, jefe de prensa de Radio Nacional, emisora del MIR. Perteneció a una generación de notables periodistas comprometidos con el pueblo, como Augusto Olivares, Máximo Gedda y José Carrasco Tapia, grandes amigos suyos. De la promoción 1957 del Instituto Nacional arranca su estrecha amistad con el poeta Manuel Silva Acevedo, así como con el pintor Raúl Sotomayor y el académico Grinor Rojo.

Delito de lesa humanidad

La sentencia de la Suprema calificó el asesinato del periodista como un delito de lesa humanidad dado que fue “un ataque sistemático o generalizado en contra de bienes jurídicos como la vida de una parte de la población civil con determinada opción ideológica, con la participación del poder político y la intervención de agentes del Estado” y concedió también, a contrapelo del Consejo de Defensa del Estado, y cumpliendo las obligaciones internacionales de Chile, la reparación civil solicitada para las hijas.

La acuciosa investigación iniciada por el ministro Alejandro Solís, hoy jubilado, fue retomada por el juez Llanos. Los ministros Haroldo Brito, Milton Juica y Jorge Dahm, respaldaron lo obrado por Llanos, en tanto los ministros Carlos Künsemüller y Lamberto Cisternas, sostuvieron en un voto de minoría que los criminales debían cumplir sólo la mitad de la pena impuesta. Siguieron así la teoría de la “media prescripción” respaldada por el Presidente de la Corte Suprema Hugo Dolmetsch, similar al “2 x 1” aplicada en Chile en varias oportunidades y rechazado en Argentina recientemente en masivas movilizaciones.

La trampa mortal

El crimen ocurrió el 7 de diciembre de 1977, bajo estado de sitio pero los testimonios de los vecinos hicieron resplandecer la verdad. Ante el tribunal los testigos –entre los que se cuenta el escritor Reinaldo Marchant que acudió motu proprio a la Comisión Rettig a contar lo que vivió ese día – declararon lo mismo que Marchant expuso ante la Rettig , refutando la mentira del enfrentamiento. También lo había denunciado yo ante la Comisión Allana de Naciones Unidas, que visitó Chile un año después. Me protegió para comparecer el querido Padre José Aldunate.

La tortura fue la clave para detectar al Pelao. No nos enteramos a tiempo de la detención de un colega y su equipo de apoyo. Paradojalmente el HJUYYTRF5F había intentado protegerlo y asilarlo para salvar la red clandestina de periodistas que este contactaba. Pero era demasiado tarde y ellos ya habían caído en manos de la CNI. Ese día, una veintena de vehículos rodearon desde temprano la manzana en que vivía el Pelao, en la calle Barcelona, de la comuna de San Miguel. Los agentes allanaron su domicilio y ocuparon además la casa contigua. Luego ordenaron a los vecinos recogerse en sus casas y permanecieron horas esperándolo en el interior del inmueble. Cerca de medianoche, cuando él sacaba sus llaves para ingresar a la casa, dispararon una ráfaga de subametralladora acribillándolo por la espalda. Los agentes arrastraron el cuerpo al interior. Un fiscal militar ordenó más tarde un informe a los peritos de la Brigada de Homicidios de Investigaciones. El informe estableció que el cuerpo fue arrastrado y que la pistola que portaba Carmona estaba con seguro, por lo que no pudo hacer uso de ella para defenderse. Al lugar llegó más tarde el director de la CNI, Odlanier Mena en su vehículo marca Volvo, según declaró Juan Arancibia López, su chofer.

Este fue el inicio de la política de la CNI de aniquilamiento de dirigentes, remplazando el secuestro por la ejecución in situ, enmascarada como un enfrentamiento. Un mes después, Germán Cortés, también alto dirigente del MIR fue asesinado en similares circunstancias.

El cartel de la DINA/CNI

Odlanier Mena Salinas, sobreseído por muerte de su responsabilidad en este crimen, había sido condenado en 2008 a seis años por los secuestros de Oscar Ripoll Codoceo, Manuel Donoso y Julio Valenzuela (Caravana de la Muerte), pero ya estaba en libertad condicional cuando el ministro Llanos lo procesó, y se suicidó en su propia casa al saberlo. Ello coincidió con el traslado de los criminales desde el penal de Cordillera hacia Punta Peuco.

El condenado Miguel Krassnoff Martchenko tiene la segunda más alta pensión de los 81 criminales actualmente condenados en Punta Peuco (sólo inferior a la del ex fiscal Torres). El se especializó en el exterminio del MIR.

Según información del Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior, está condenado a firme por los secuestros de 20 resistentes en la llamada Operación Colombo (María Teresa Bustillos, Manuel Cortez Joo, Julio Flores, María Elena y Galo González Inostroza, Sergio Lagos, Ofelio Lazo, M. Cristina López, Mónica Llanca, Sergio Montecinos, Jorge D’Orival, Jorge Ortiz, Eugenia Martínez, Anselmo Radrigán, Marcelo Salinas, Fernando y Claudio Silva, Gerardo Silva, Muriel Dockendorff, Manuel Villalobos), incluidos en la Lista de los 119. Krassnoff también cumple condena por los secuestros y desapariciones de Diana Aaron, Luis Arias, Álvaro Barrios, Cecilia Bojanic, Amelia Bruhn, José Calderón, Carmen Díaz, Mamerto Espinoza, Iván Monti, Antonio Llidó, Luis Muñoz Rodríguez, Flavio Oyarzún, Sergio Pérez, José Ramírez, Sergio Riffo, Herbit Ríos, Jaime Robotham, Luis San Martín, Renato Sepúlveda, Claudio Thauby y Lumi Videla, casi todos militantes del MIR. Además, fue condenado por el montaje en Rinconada de Maipú en que la DINA ejecutó a Alberto Gallardo, Catalina Gallardo, Mónica Pacheco, Luis Ganga, Manuel Reyes y Pedro Cortés. A ello se agregan las condenas por torturar en Villa Grimaldi a prisioneros y prisioneras que sobrevivieron. En ausencia, fue condenado en Francia por la desaparición de los ciudadanos franceses Alfonso Chanfreau, Jean Yves Claudet, George Klein y Etienne Pesle. En Chile aún está procesado por muchos otros secuestros.

Krassnoff no ha entregado información alguna que permita encontrar a los desaparecidos y esclarecer casos, por el contrario justifica sus crímenes. Sin embargo, su abogado reivindica ante la Corte el actuar de su defendido contra el “terrorismo”. La Corte de Apelaciones acogió parcialmente, el 8 de septiembre de 2016, un recurso de protección interpuesto por Krassnoff para salir en libertad, abriendo la puerta a la reconsideración de su solicitud por parte de la Comisión de Libertad Vigilada. El 5 de octubre del año pasado, esta misma corte concedió la libertad condicional a Raúl Iturriaga Neumann, revocando así la repetida negativa de la Comisión de Libertad Condicional respectiva.

Otro condenado, Manuel Provis, ex jefe del Batallón de Inteligencia tiene dos condenas más por matar a sus pares: a 10 años y un día por la muerte del ex químico de la DINA Eugenio Berríos en Uruguay, y a 4 años por asesinato del coronel Huber. Su pensión es de $2.442.188. Provis está en Punta Peuco desde agosto de 2015, tras el suicidio del ex general director del DINE Hernán Ramírez, al ser notificado de la sentencia en el caso Berríos.

Enrique Sandoval Arancibia (“Pete el Negro”) ya fue condenado por el asesinato del dirigente del MIR Germán Cortés, y por el montaje (caso Las Vizcachas) en que se asesinó a Juan Soto Cerda, Luis Araneda, Luis Pincheira y Jaime Cuevas (1981). Por desaparecer al menor Carlos Fariña, no cumplió pena alguna de cárcel. Sigue gozando de una pensión de $1.653.952.

Basclay Zapata (“El Troglo”) está en Punta Peuco, condenado a 10 años por desaparición de Manuel Cortes Joo, Julio Flores, los hermanos Galo y María Elena González Inostroza; Sergio Lagos, M. Cristina López, Mónica Llanca, Jorge D’Orival, Anselmo Radrigán, Fernando y Claudio Silva Peralta, Manuel Villalobos (todos del caso Operación Colombo). Además condenado por los secuestros y desapariciones de Álvaro Barrios, Carmen Díaz, Elsa Leuthner, Antonio Llidó, Iván Monti, José Ramírez, Herbit Ríos, Ricardo Troncoso, Lumi Videla.

Luis Torres Méndez (“Negro Mario”) estaba en libertad condicional, al emitirse la sentencia de la corte Suprema, con una sentencia de primera instancia por el secuestro de Miguel Angel Acuña Castillo (Operación Colombo). También está procesado por casos de la Operación Cóndor y por secuestros de militantes comunistas en calle Conferencia.

José Fuentes Torres, (“Cara de Santo”) también libre al momento de dictarse la sentencia por el homicidio de Augusto Carmona, está procesado por su participación en la Operación Colombo y cumplió en libertad una “condena” por el secuestro y muerte de Mireya Pérez Vargas.

La historia de periodistas revolucionarios como Augusto Carmona Acevedo y tantos otros compañeros y compañeras de su generación, requiere ser incorporada a la memoria, pero también y sobre todo, a la práctica social y política de los comunicadores de hoy en este Chile donde quieren reinar para siempre el duopolio y la farándula. ¡Hagámoslo ya!

Relacionado

http://www.theclinic.cl/2013/05/27/augusto-carmona-la-historia-del-crimen-que-solo-un-testigo-conocio/

Odlanier Mena, jefe CNI, asesinó al periodista Agusto Carmona

“La opción de Augusto Carmona”, Homenaje al ex militante del MIR asesinado por la Dictadura

El Pelao Carmona y el Flaco Muller

Memorias de PRIGUE de Chacabuco. Épica de los Campos de Concentración.

Memorias de  PRIGUE de Chacabuco. Épica de los Campos de Concentración.

                   

 
“Para que nadie se olvide”.
“Para ti, papá, que perdiste tu juventud (en Chacabuco). Pero no olvides que ese fue el precio de la libertad del individuo”.

Chacabuco. Angel Parra

 

Campamento de Prisioneros “Chacabuco”

Antofagasta; II Región

Cerca de 110 kms de distancia de Antofagasta, en medio del desierto de Atacama  fue instalado el Campo de Prisioneros Chacabuco, ubicado en la Oficina Salitrera Chacabuco, al costado este de la Ruta CH-5. En la antigüedad era un pequeño pueblo minero donde funcionaba la compañía minera de nitrato, Sociedad Química y Minera de Chile (Soquimich). El pueblo se encontraba abandonado desde 1938 y se usaba para prácticas militares del ejército. El Campo de Prisioneros Chacabuco fue utilizado desde principios de noviembre de 1973, hasta abril de 1975, con  más de 1.000 presos políticos. Este Campamento era sólo de hombres. El sector de prisioneros fue delimitado con alambradas de púas, minas antipersonales y torres de vigilancia con personal armado de metralletas. El Campo de Prisioneros Chacabuco fue uno de los más grandes campamentos de prisioneros no sólo de la región, sino del país. Los presos políticos concentrados en este campo venían de diferentes recintos militares especialmente de la Primera y Segunda Región, así como de Santiago y Valparaíso. Los detenidos no sólo habían sido torturados en los diversos lugares donde anteriormente habían permanecido recluidos sino también durante el trayecto a Chacabuco. En especial todos aquellos que fueron trasladados en trenes de carga desde Iquique, en barcos desde Valparaíso (el Andalién), y en camiones militares desde Pisagua.

El Campo de Prisioneros Chacabuco estaba a cargo de la Primera División del Ejército de Antofagasta, pero la guardia rotaba entre el ejército, la Fuerza Aérea y personal de Carabineros. Muchos presos fueron dejados en libertad a principios de 1974, período en el cual nuevos prisioneros fueron traídos a Chacabuco. El campo empezó a vaciarse gradualmente en julio de 1974, en la medida que los internos eran trasladados a diferentes campos de Santiago y Valparaíso (Tres Alamos, Ritoque y Melinka). De acuerdo a los testimonios recibidos, la guardia rotaba entre personal del Ejército, Fuerza Aérea y Carabineros. Vigilando el campo, había un tanque militar que transitaba continuamente alrededor de éste. Los testimonios señalan, además, que era frecuente que los sobrevolaran aviones en vuelos rasantes. El Comité para la Paz informó a fines de 1974: Los presos vivían en corredores de adobe que contenían diez casas pequeñas. Cada una era de dos o tres pisos y mantenía a seis presos. Había un comedor de uso común y no contaba con luz eléctrica hasta julio de 1974.

Hay testimonios que coinciden en señalar que, al ingresar al campamento, los prisioneros eran obligados a tenderse desnudos por horas sobre la cancha de fútbol; normalmente eran recibidos con maltratos, amenazas y golpizas de pies, puños, objetos contundentes, como las culatas de los fusiles.

Los detenidos vivían en corredores de adobe que estaban formados por diez casas pequeñas como pabellones. Cada una era de dos o tres pisos y mantenía a seis presos. Había un comedor de uso común y no contaba con luz eléctrica.

El maltrato fue constante. Las condiciones de vida, a juicio de los declarantes, eran amenazadoras e inciertas en alto grado. Según las denuncias presentadas ante la Comisión Valech, las malas condiciones de vida incluían una denigrante situación alimenticia y el hostigamiento permanente. Bajo cualquier pretexto, los detenidos eran sacados por las noches a la intemperie, dejándolos hasta la madrugada bajo el intenso frío del desierto; y en otros momentos, durante el día, eran forzados a permanecer bajo el sol.

Es importante notar que la arbitrariedad del castigo que denuncian los ex presos fue una fuente de constante amenaza y tortura psicológica. Los efectivos inventaban motivos para interrogarlos, supuestas planificaciones de fugas o sabotajes por parte de los presos. Consta por los testimonios que también se practicaron de manera permanente las amenazas de acciones contra las familias de los prisioneros.

Los ex prisioneros experimentaban una presión adicional al ser sometidos a intensas jornadas de ejercicio de tipo militar y tener un régimen de trabajos forzados, en especial, trabajos, sin utilidad ni sentido. Asimismo consta de algunas declaraciones que hubo prisioneros que eran mantenidos por algún tiempo separados del resto, en un régimen carcelario con maltratos más severos. Otros eran mantenidos en continuos interrogatorios, con aplicación de torturas. Los testimonios indican que muchos de los prisioneros recibieron golpizas de pies, puños y con objetos contundentes, como las culatas de los fusiles, además de simulacros de fusilamiento.

Algunos de los ex presos políticos denunciaron haber sido llevados desde este recinto hacia Antofagasta para ser interrogados, en medio de torturas y golpes, por el fiscal militar de la zona. Otros fueron interrogados en medio de golpes en el campamento, por agentes de civil y agentes del Servicio de Inteligencia Militar (SIM).

Testimonios:

“…el desierto, lo veíamos más grande y extenso, el calor seguía aumentando, la velocidad era lenta. No podíamos conversar. La caravana recorrió más de una hora cuando empezamos a ver una chimenea alta que indicaba la presencia de la antigua oficina salitrera Chacabuco de la Anglo Latauro (Compañia Inglesa). Llegamos a unos murallones y entramos por una abertura grande. Se pusieron al lado de los buses, unos tanques que nos apuntaban amenazadoramente con sus cañones. El nerviosismo aumentaba más y más, casi tiritábamos de miedo. Los buses pararon frente a unas rejas. Los carabineros nos entregaron contados al Ejército.”  (Sadi Renato Joui Joui, en su libro “Chacabuco y Otros Centros de Detención”, 1994)

“..en el campo de concentración de Chacabuco a cargo del Ejército, fuimos nuevamente víctimas de trato inhumano, degradante y humillante además de constantes amenazas y amedrentamiento psicológico y físico. Inmediatamente que nos recluyeron dentro del cercado de alambre-púa, electrificado y con altas torres de vigilancia, el comandante a cargo del campo, capitán Carlos Minoletti Arriagada, nos hizo formar en un lugar abierto, ordenó desnudarnos, esparcir las pertenencias personales en el suelo y esperar así inmóviles su inspección que iba a efectuar a cada uno. El capitán Minoletti demostrando su brutal prepotencia e impunidad por cualquier delito, realizó dicha inspección agrediendo a cada ciudadano detenido con insultos, trato ofensivo y afirmaciones calumniosas, agrediéndolo con golpes y comentarios humillantes. Terminada su inspección, que tomó horas bajo el ardiente sol y aire de la pampa, nos hizo agrupar para vejarnos otra vez con falsas acusaciones, calumnias y amenazas de todo tipo. Con ínfula de juez divino nos notificó que estábamos allí “por las huevadas que han hecho y las que pensaban hacer”(sic). Personal del Ejército y Fuerza Aérea se turnaban en la vigilancia del campo y en imponer el arbitrario régimen de cautiverio a los ciudadanos allí detenidos. Otros oficiales que cometieron trato inhumano fueron los capitanes Santander y Alexander o Alejandro Ananias. El capitán Santander, quien se vanagloriaba de ser campeón panamericano de tiro al blanco y amenazar a los prisioneros con eso de donde ponía el ojo ponía la bala, en más de una ocasión nos hizo comer bajo un enorme despliegue de soldados fuertemente armados y apuntando directamente a las cabezas de las personas. En otra, interrumpía abruptamente la hora de comida para hacernos formar sin razón específica. En otra oportunidad nos agrupó para reprendernos humillantemente y acusarnos falsamente de rayar las murallas con consignas políticas. Por otra parte, pilotos de la Fuerza Aérea, en aviones de combate, hacían vuelos rasantes sobre el campo de concentración cotidianamente, provocando inquietud y temor en la población reclusa.

 “..en Chacabuco fui obligado a recoger los excrementos con las manos […]. Además fui golpeado en las plantas de los pies descalzos con un palo solamente porque mi segundo nombre es Augusto” (Comisión Valech)

[…] de pie todo el día a pleno sol (40°C) y de noche los hacían correr para sentir el frío del desierto” (Comisión Valech)

Criminales y Cómplices

Capitán Alejandro Ananías (Ejercito); Capitán Carlos Minoletti Arriagada (Ejército); Capitán Victor Santander Veliz (Ejercito); Capellán Varela; Capellán Jorquera; Capellan Zenteno;

Capitán Zabala; Teniente Canals

 

Fuentes de Información: Informe Rettigg; Informe Valech; Coordinadora de Ex-presos Políticos de Santiago: “Nosotros los Sobrevivientes acusamos”; Libro: “La Represión Política en Chile: Los Hechos”; Diarios: “Punto Final”; “Fortín Mapocho”; “La Nación”; “El Siglo”; Chipnews.com; Libros:Chacabuco y Otros Centros de Detención“, “La Represión Política en Chile”; Archivo memoriaviva.com.

La Nacion

9 de Noviembre 2003

Monumento nacional: ¿Cómo era Chacabuco?

El sector alambrado, que fue donde vivimos y penamos, tenía más o menos seis cuadras de largo y tres de ancho. Había pabellones para obreros y para los empleados. Todas eran casas pareadas, de adobes y techos de calamina. Durante el día, cada casa era un horno y de noche, una nevera. Cuando llegamos ninguna casa tenía puertas ni ventanas. Les habían clavado arpilleras, que el viento las sacudía a su antojo. Se improvisaron dos grandes letrinas, con duchas y lavatorios. Los servicios higiénicos eran dos o tres grandes acequias con tablones encima para solo poner los pies.
Jorge Montealegre es poeta, escritor y sobre todo, un hombre hecho y derecho, yo diría intachable. Estuvo preso junto conmigo en Chacabuco, cuando la dictadura de Pinochet empezó a cargar su mano cruel y no paró más. Jorge tenía entonces 19 años.
Escribió poemas en su carácter de preso político y después, cuando recuperó la libertad y salió al exilio, siguió escribiendo como condenado. Recién publicó el libro “Frazadas del Estadio Nacional”.
Voy a reproducir algunas líneas donde describe lo ocurrido el 9 de noviembre de 1973, hoy hace 30 años, cuando se avisó a los presos del estadio que serian trasladados a la salitrera de Chacabuco:
“Nos metieron en buses, nos amenazaron por enésima vez y designaron a tres soldados, con fusiles ametralladoras para custodiarnos en el vehículo. También estaban los jardineros del estadio que miraban estupefactos, impotentes, con los ojos brillantes. Salimos en caravana hacia Valparaíso. Al cruzar la ciudad vimos cientos de pañuelos que apenas asomaban por las ventanas. Los carabineros cortaban los caminos. Muchos jeeps y camiones militares eran parte del convoy. Ya en la carretera, aparecieron los helicópteros.
Nos llevamos el Estadio en el recuerdo. Íbamos a Chacabuco. No es fácil deshacerse del Estadio. Sigue aquí adentro”.

HAZAÑAS DE FILISTOQUE:
Mario Benavente, profesor, filósofo, master en ciencias políticas, dictó clases durante 40 años en la Universidad de Concepción, también cayó preso. De notable educador, la dictadura lo convirtió en peligroso extremista.

Estuvo detenido en Investigaciones, en la cárcel pública y el estadio Regional en Concepción. Después pasó a Chacabuco, campo Melinka de Puchuncaví y campo de Tres Alamos. Más de 20 meses sin libertad y luego exiliado a Suecia.
Escribió un libro notable: “Contar para saber”. De Chacabuco, describe este simpático episodio en la página 53: ” Todas las actividades programadas por los detenidos, llevaban el sello de la rebeldía. El poema, el canto, el show semanal, la escuela, el deporte, el circo, eran algunas de sus manifestaciones. Filistoque fue un ser peculiar. Rubicundo, grandullón y fornido. Su sonrisa permanente lo acompañaba a todos los rincones. Cuando reía, mostraba sus cuatro poderosos dientes, dos arriba y dos abajo.

Todos los demás fueron volados a culatazos por los torturadores. Era generoso y siempre dispuesto a ayudar. Se ganó el aprecio de todos. Sabía de sus limitaciones. Hombre de pueblo, de población, le gustaba conversar con los más cultos. Nadie conocía su nombre real. Le hacia gracia que así fuera, le daba otra personalidad, se sentía importante.

Fue duramente torturado, porque había integrado el grupo de seguridad del PS y Altamirano. Por eso afirmaba que vivía de yapa. No sabemos cómo ni cuándo, fue nombrado jefe para formar con los presos una banda de guerra. Lo hizo tras largas sesiones y cumplió. Salió a desfilar un día con su banda fuera del campamento dejando la sensación de que era fuga. Un camión con soldados armados hasta los dientes, los fue a buscar a todos.
La banda fue disuelta y los castigaron en forma ignominiosa. Filistoque estuvo en tela de juicio hasta el final, salió de Chacabuco, fue trasladado a otros lugares de prisión y finalmente expulsado del país. Se radicó en Inglaterra”.
En 1984, cuando la dictadura estaba en su apogeo, nadie se atrevía a levantar la voz. Por eso resultó casi desafiante que la revista Hoy, dirigida por Emilio Filippi, se atreviera publicar un libro que abriera de par en par las puertas del oprobioso campo de prisioneros de Chacabuco.
En esa aventura, lo acompañé sin titubeos, arriesgando la libertad y ¿por qué no?, hasta la vida. Se editó el libro “Un viaje por el infierno” que relató descarnadamente como vivieron casi diez mil presos que pasaron por la salitrera.

¿Cómo era Chacabuco?

Resultado de imagen para campo de prisioneros de chacabuco

El sector alambrado, que fue donde vivimos y penamos, tenía más o menos seis cuadras de largo y tres de ancho. Había pabellones para obreros y para los empleados. Todas eran casas pareadas, de adobes y techos de calamina.
Durante el día, cada casa era un horno y de noche, una nevera. Cuando llegamos ninguna casa tenía puertas ni ventanas. Les habían clavado arpilleras, que el viento las sacudía a su antojo. Se improvisaron hasta el final, dos grandes letrinas, con duchas y lavatorios. Los servicios higiénicos eran dos o tres grandes acequias con tablones encima para solo poner los pies.

Allí vivieron los presos chacabucanos, pero todo se hizo más llevadero porque el Consejo de Ancianos, nombrado por los propios detenidos, creó servicios médicos, asistencia judicial y social, bibliotecas, pulpería, salas para los conjuntos artísticos y un diario mural. Fuimos gente de buena ley”.
¿A qué vienen estos recuerdos que asaltan y enternecen? El viernes pasado, a las 19 horas, en el salón de honor del viejo Congreso Nacional, llegaron de todos los rincones de Chile los presos que pasaron por Chacabuco. Pronunciaron discursos, lloraron a mares, repartieron abrazos y pidieron que la vieja salitrera, el fatídico campo de concentración, sea por angas o por mangas, un Monumento Nacional.
Creo que se lo merece…

El Siglo
Ex Presos Políticos de Concepción: “Derrotados … No vencidos”

El Auditorio de la Universidad de Concepción repleto por un público conmovido, fue el escenario en que Mario Benavente Paulsen y su esposa Nimia Jaque Peña presentaron la semana pasada sus relatos testimoniales “Contar para saber” y “El árbol que florecía hijos”, de uno y otra, respectivamente, en sendas ediciones costeadas por ellos mimos como ejemplar contribución a la “memoria histórica” de la brutal represión fascista en Chile y la dignidad y fortaleza con que la afrontaron sus “prisioneros políticos”, entre ellos los narradores.
Son decenas de breves testimonios de sus propias vivencias y de las de otras y otros ex presos políticos de los “campos” de reclusión y torturas de Chacabuco, Puchuncaví, Los Alamos precedidos del paso inicial por cuarteles Isla Quiriquina y Estadio Regional de Concepción. Incluso, la narración de la niña, hija de una madre presa; la visión de Nimia desde el patio de la cárcel penquista de su hijo encaramado en un árbol del parque vecino para verla por sobre los muros. Ocho de las ex prisioneras “reportadas” por ella se hicieron presente en el acto.
El abogado de Derechos Humanos Nelson Caucoto, ex alumno de la U. de Concepción, inició el acto con una esperanzada exposición de avances en cuanto al aumento de los procesamiento de coautores, cómplices y encubridores de crímenes contra la humanidad en Chile.
En el acto, auspiciado por el Colegio de Profesores de Concepción, presentó a los autores la dirigenta nacional Olimpia Riveros, que compartió con ellos desde antes de los sucesos del 73 en la actividad y lucha gremial y política de izquierda. La acompañaron en la misión Patricia García y Alberto Carrasco, maestros colegiados.
Benavente y Nimia cerraron el acto. El señaló que los ex presos políticos “fuimos derrotados… pero no vencidos”, reafirmando sus decisiones pese a la exoneración de sus cátedras, los maltratos y torturas y el largo exilio. Destacó los cursos de variados estudios y certámenes literarios en el campo Chacabuco como expresión de la dignidad con que se afrontó la represión en ellos.

CHACABUCO, MEMORIA DEL SILENCIO

Por Dr. Luis Cifuentes S.

La película “Chacabuco, memoria del silencio”, de Gastón Ancelovici, refleja una realidad distinta, y en consecuencia adopta un enfoque diferente, al film “Estadio Nacional” al punto que es difícil y acaso injusto intentar compararlas. Mientras el Estadio Nacional, junto al Estadio Chile, Villa Grimaldi, Tejas Verdes y varios otros lugares fueron centros de tortura y exterminio, Chacabuco fue, en sentido estricto, un campo de concentración. Fuimos enviados allí prisioneros políticos que ya habíamos sido interrogados en espera de que el aparato administrativo dictatorial decidiera qué hacer con cada uno de nosotros. La tortura y el asesinato, entonces, no fueron fenómenos de ocurrencia diaria ni frecuente en la antigua oficina salitrera. Este hecho, sin excluir la tragedia (hubo un suicidio en el tiempo que yo permanecí en el campo, al que me refiero más abajo), por si solo generó un distinto tipo de convivencia y de comunicación, con un fuerte contenido comunitario.

La película refleja esta situación: no se trata de testimonios en forma de monólogos, como en “Estadio Nacional”, sino de conversaciones colectivas, filmadas tanto en Santiago como en el campo mismo. El poeta Jorge Montealegre, quien, siendo un adolescente escribiera su primer poema en Chacabuco, hace de ancla del documental y habría sido muy difícil, sino imposible, encontrar una persona con mejores aptitudes para la tarea. Su poema “Así es el choquero”, recitado por el autor en su vivienda chacabucana, despertará viejas y nuevas emociones.

El film comienza con impresionantes vistas aéreas del desierto y de Chacabuco. La belleza de los cerros, cielos y crepúsculos constituyó el trasfondo majestuoso de todo lo sucedido. Las conversaciones entre Montealegre, el poeta Rafael Salas y Angel Parra abren los fuegos, en un primer reconocimiento del campo. Allí estaba la pulpería… ¿o era acá ? Allá la bella iglesia de madera, destruida por el fuego en 1982; acá el templo evangélico; más allá, el “barrio cívico”, donde los abogados, médicos y artistas presos tenían sus locales de atención y creación. Yendo más al hueso, aquí fue donde nos recibieron con insultos, golpes y amenazas cuando “inauguramos” el campo, donde nos dijeron que “NO requisarían las hojas de afeitar, por si queríamos suicidarnos”.

La película esta cargada de emotividad e ilustrada por trozos de una filmación realizada por un equipo de la RDA que llegó a Chacabuco engañando a los militares con el recurso de hacerse pasar por holandeses. De fondo, aparte de la música compuesta para el film por Angel Parra hijo, hay extractos del concierto de despedida de Angel Parra padre, grabado en cassette por Alberto Corvalán Castillo, hijo del entonces secretario general del Partido Comunista. Alberto murió en el exilio antes de cumplir los 30, producto de las torturas sufridas en el velódromo del estadio nacional. Es su voz la que se escucha narrando aquella grabación, que apareció en forma de disco en Italia en los 70. En una escena llena de ternura, Angel canta la canción que compuso en el campo a su pequeña hija Javiera, ahora en presencia de la adulta homenajeada.

Las muchas anécdotas de Chacabuco están bien representadas. En especial, la protagonizada por el popular Filistoque, un preso que, dada su experiencia, fue encargado por el comandante para entrenar a la banda de los militares. Filistoque aprovechó la ocasión de uno de sus tantos ensayos para dirigirse a la puerta del campo a la cabeza de sus hombres, dio orden de abrirla y luego salió marchando por la carretera en dirección a Calama seguido de los disciplinados militares. Por cierto, no llegó lejos, pero esta debe ser la anécdota más sabrosa en la historia de los campos de concentración, no sólo de Chile.

Me impactó ver el teatro restaurado, aunque eché de menos los maltrechos pero elegantes asientos de fierro y tapiz y las imponentes aunque añosas cortinas del escenario, que colgaban ahí desde los años 20. El teatro era el lugar donde en ocasiones se nos autorizó a recibir visitas.

Una serie de otros ex-prisioneros agregan sus recuerdos. De especial valor son los de Mariano Requena, primer presidente del Consejo de Ancianos, que cuenta de las difíciles, y a veces hilarantes, relaciones con los militares. Otros mencionan los cursos de nivel primario, secundario y universitario impartidos entonces por los mismos prisioneros en la “universidad del desierto”. Yo dicté uno de Termodinámica Química, aprovechando como texto el libro de Fisicoquímica de Castellan, que en forma casi milagrosa alguien había llevado al campo. También contribuyen al testimonio colectivo un ex-oficial destacado en Chacabuco y un ex-capellán.

La película me dejó un buen sabor, de fraternidad y esperanza. A la salida, entre las pocas personas presentes en la sala, me encontré con un viejo amigo, ex-chacabucano. Nos fuimos a tomar una cerveza, tratando de hacer durar la fraternidad recién revivida.

¿Qué podría yo agregar a este sólido testimonio fílmico ? Tan sólo una anécdota: cuando llegó al campo el primer grupo de presos provenientes del estadio (luego llegarían de todo Chile) nos formaron en la calle principal y el capitán a cargo salió del perímetro enrejado hacia su oficina. A los pocos segundos se escuchó, de lo alto de una torre de vigilancia, el grito: “¡Alberto Corvalán Castillo !”. El interpelado, que estaba en el grupo, en un acto de valor inolvidable, corrió hacia la torre sin saber si lo ametrallarían. Al llegar al pie, le dejaron caer un saco con pan, reunido por los conscriptos para los presos. “¡De la base de la Jota!”, le gritaron.

Lo asombroso de esta historia, de la que fui testigo presencial, no consiste tanto en que hubiera una organización de izquierda entre los militares que nos custodiaban como en el hecho – que hasta hoy me cuesta explicarme – de que ellos actuaran a vista y paciencia del resto de los conscriptos sin ser denunciados; esto, sin que me quepa ni la más remota sombra de una duda, les habría valido la muerte por despedazamiento. Los panes fueron rápidamente distribuidos (ignoro si también fueron multiplicados) y el saco lanzado dentro de una casa; los oficiales nunca se enteraron. Esta anécdota refleja un aspecto de la realidad de aquellos días que es bueno no desechar.

Expreso mi gratitud a Gaston Angelovici y a todos los que contribuyeron a hacer realidad esta película. Junto a los films de Guzmán y Parot, ella contribuye a rescatar memoria en un país amnésico que mira para otro lado.

Vayan mis recuerdos hacia mi amigo Marcelo Concha, hacia el profesor Francisco Aedo y otros, que luego de salir de Chacabuco fueron nuevamente aprisionados y hasta la fecha están desaparecidos. Rindo homenaje al obrero Oscar Vega, que había vivido y trabajado en Chacabuco en su juventud. Anciano, solo y destruido, por haber sido asesinada toda su familia, buscó su vieja casa y se colgó de una viga. Los que no nos colgamos tenemos, en consecuencia, ciertos deberes de humanidad de los que, tarde o temprano, tendremos que rendir cuentas.

Piensa Chile

29 noviembre, 2013

Mensaje de lucha desenterrado 39 años después en Chacabuco

En el encuentro de los ex prisioneros del Campo de Concentración de Chacabuco, la antigua oficina salitrera en la pampa de Antofagasta -el 23 y 24 de noviembre de 2013- un grupo de antiguos reclusos se dio a la tarea de encontrar una botella enterrada, con un mensaje escrito en octubre de 1974, cuando se cerró el campo.

Carta en botella 1974Tras un debate acerca de la locación exacta, y con gran emoción, excavaron en el pequeño patio de la vivienda y encontraron una botella intacta. En la parte exterior, uno de los presos -un químico- escribió “VENENO”, y una fórmula terrorífica, para espantar intrusos.

La carta aun legible en el papel amarillento, está firmada por cuatro partidos de izquierda, y es un testimonio de moral revolucionaria y compromiso de lucha que la asamblea de los ex prisioneros adoptó el mismo día como “Declaración de Chacabuco” en el teatro de la antigua oficina salitrera.

El mensaje conserva plena vigencia. A continuación el texto completo y el registro audiovisual de su lectura a viva voz, por uno de sus redactores, minutos después de la excavación, realizado por el equipo de HispanTV-Chile:

    ………………A la caída del Gobierno Popular encabezado por Salvador Allende, se instaura en Chile una feroz dictadura que estremeció al mundo por su crueldad y terror. Miles fueron los muertos a lo largo del país; otros tantos los desaparecidos.

Asimismo llenaron las cárceles y los campos de concentración más de diez mil presos políticos. Sólo por este campo pasaron 1.284 escogidos dirigentes de izquierda, incluyendo jóvenes menores de edad y ancianos en extremo. Vivieron y sufrieron aquí hombres de diferentes regiones del país. De Copiapó, Antofagasta, Valparaíso, Santiago, Colchagua, O’Higgins, Linares, Chillán, Biobío, Concepción, Arauco, Osorno llegaron a este desolado lugar, símbolo de la explotación de los obreros del salitre. Obreros, campesinos, empleados, intelectuales, profesionales y estudiantes que se distinguieron por su alta moral, y solidez en sus principios.

La soledad de la pampa cobró vida con la activa creatividad de los artesanos y artistas que nacían al amparo de la soledad de los días de cautiverio. Memorables fueron los shows que alegraron domingo a domingo los días de cautiverio. Nadie olvidará la chingana, la fogata, las obras teatrales, el circo, la fecunda actividad de los talleres artesanales, sus variadas exposiciones de cobre, madera, telar, onyx, como tampoco nadie olvidará las torres, con sus uniformados y fusiles apuntando a la alambrada, las odiosas formaciones a pleno sol o al frío de la noche, los allanamientos, el pillaje, la canción nacional y su agregado irónico, nuestros nobles… Como tampoco nadie podrá olvidar el escuálido rancho, las migajas de pan, la rosca y sus derivados, las úlceras y neurosis.

Pero todo se superaba con dignidad y moral. Se organizaron por casa, pabellón y campo, en todo unidos. El Consejo de Ancianos, que era la máxima organización, creó servicios públicos para los detenidos, tales como el bienestar, el policlínico, la escuela, la biblioteca, la asociación deportiva, departamento de aseo, administración, cooperativa artesanal, etcétera.

Son acontecimientos memorables para cada uno: en homenaje a la memoria de los compañeros mártires, el digno minuto de silencio el día 11 de septiembre de 1974; la lealtad y nobleza de los compañeros que viajaron miles de kilómetros; el fusilamiento de los perros llegados al campo; las misteriosas explosiones de las minas que rodeaban el campo; los días sin agua.

Aunque permanecieron sólo en este lugar más de un año, nadie se consideró más o menos libre que el resto de sus hermanos de la calle, pues era la patria una inmensa cárcel. El compromiso con la libertad tampoco fue un anhelo individual, sino un compromiso de combate junto al pueblo.

Hasta ellos llega el aliento constante, creciente, de la solidaridad de los trabajadores del mundo y sus vanguardias políticas, y de los países y pueblos democráticos y organizaciones internacionales, por medio de la voz amiga y hermana de Radio Moscú, Habana, Progreso, Berlín, etc.

Hoy, al ser …….(ilegible)…… y otros campos de concentración, se marchan con la convicción inevitable del triunfo de la revolución socialista para días no lejanos. Compañeros, en sus mentes está presente la necesidad de la victoria inevitable. Necesitamos sólo una victoria: la final.

Partido Comunista de Chile
Partido Socialista de Chile
Movimiento de Izquierda Revolucionaria
Movimiento de Acción Popular Unitaria

Chacabuco, Octubre de 1974

 

Palabras de Guillermo Torres Gaona
Presidente Nacional del Colegio de Periodistas de Chile

Santiago, 7 de noviembre de 2003 Sala de la ex Cámara de Diputados

Estimadas amigas, amigos, compañeros:

Impregnados de la solemnidad de este recinto que representó, por tantos años, la tradición republicana de nuestra nación y que fue escenario de tantas decisiones trascendentes para el pueblo chileno, nos reunimos esta noche con el impacto vigente de todo aquello que nos involucró, exactamente, hace 30 años. Lo hacemos con una mixtura de emociones, entre el dolor y la esperanza, entre el recuerdo del pasado y la mirada hacia el porvenir, y entre los sueños interrumpidos y las certezas de nuestras convicciones. Nos acompañan nuestras familias, esposas, hijos, nietos; en fin, muchas y muchos seres queridos que compartieron con nosotros las consecuencias del cautiverio de entonces, o que se han integrado años después en el transcurrir inevitable del tiempo como nuevas familias.

Pero todo, hoy, inmerso en una común gratitud:

Nuestro agradecimiento a quienes hicieron de la solidaridad internacional un gigantesco movimiento que comprometió a millones de personas en los cinco continentes y que permitió salvar tantas vidas y, a la vez, aislar de la comunidad de naciones al régimen terrorista encabezado por Augusto Pinochet. Movimiento que incluyó a estados, naciones y a organizaciones de todo tipo, a gobiernos de países amigos que dispusieron para la comunidad de chilenos exiliados, hasta de radioemisoras, como fueron los casos de la URSS, Alemania Democrática, Cuba, Checoslovaquia, Hungría, Argelia, y tantas otras para informar de la situación y estimular el apoyo a la causa democrática de los chilenos. Gobiernos que, como los de Suecia, tuvieron embajadores de la más noble lealtad y fiereza para defender a loa asilados, y que rompieron relaciones con la dictadura. A todos ellos, eterna gratitud.

Esta noche, nos rodea el ejemplo de coherencia de nuestro presidente mártir, el compañero Salvador Allende, y en su legado buscamos el recto camino hacia una sociedad más justa, más democrática, más pluralista; en definitiva, más humana y al servicio de las causas justas y libertarias que ennoblecen a la persona.

Siempre con la esperanza de construir un país en que prevalezca la justicia, esa primera virtud de todo sistema social; solidario, en que se instale la verdad, que satisfaga las aspiraciones legítimas y tan postergadas del pueblo, en que haya respeto irrestricto a los derechos humanos para impedir cualquier aventura antidemocrática en contra de nuestras naciones. Y que las víctimas del régimen militar alcancemos una justa reparación

Hace 30 años justos, desde diversos lugares del país, los militares que asaltaron a sangre y fuego el sistema democrático preparaban las caravanas de la muerte y, a la vez, finiquitaban sus operativos para trasladar a numerosos prisioneros políticos, que permanecían como rehenes en estadios y diversos centros de reclusión, a campos de concentración que instalaron en apartadas regiones del país. Desde la gélida isla Dawnson en la zona más austral del planeta hasta el desierto de Atacama.

Lo que nos habría parecido como una pavorosa imagen sobre el nazismo alemán, y que formó parte de un pasado acercado por el cine, la literatura y el análisis político, se convertía en una violenta y cruel realidad para tantos miles de chilenos. Así, nos hicieron trasladar para continuar como prisioneros de una guerra inexistente, sólo justificatoria del asalto al poder, en el campo de concentración situado en el desierto más árido del mundo, con temperatura sobre 30 grados en el día y de cinco grados bajo cero en la noche.

La oficina salitrera de Chacabuco, declarada monumento nacional durante el Gobierno del Presidente Allende para resguardar la historia épica de los obreros de las salitreras a comienzos del siglo 20, se convertía en un lugar elegido, montado y equipado para negar la vida y todas las libertades humanas.

Por Chacabuco, en su año de existencia, pasamos más de tres mil prisioneros, procedentes de distintas zonas del país. El primer grupo lo constituímos, básicamente, 736 prisioneros que procedíamos del Estadio Nacional, y posteriormente fueron llegando compañeros de Valparaíso, Concepción, Linares, Colchagua, Copiapó, y de diferentes provincias y ciudades de la zona norte, hasta Arica. Todos sobrevivientes de experiencias muy duras por la represión.

A treinta años de hechos imborrables en nuestras vidas y de tantas consecuencias personales, pero que deben pertenecer a la memoria colectiva de nuestro país, a la memoria histórica de la nación, nos hemos esforzado por convertir estas historias personales en testimonios que trascienden, que revelan verdades que todavía permanecen ocultas y que corren el riesgo de quedar sepultadas.

Así, hay decenas de obras de compañeros chacabucanos que ilustran y detallan la tragedia, pero que también dan cuenta testimonial de ese enorme amor a la vida de todos, el sentido de supervivencia y de ganarle a la muerte, como prisioneros políticos que no pierden el sentido más profundo de nuestras existencias.

Mario Benavente, Rolando Carrasco Moya, Santiago Cavieres, Luis Alberto Corvalán, Adolfo Cozzi, Virgilio Figueroa, Alberto Gamboa, Sadi Joui, Jorge Montealegre, Alejandro Wittker, entre otros, han narrado los avatares como prisioneros de la dictadura, han publicado antologías poéticas y han dejado testimonios imborrables de sus historias personales y también colectivas como Chacabucanos.

Todos ellos, y muchos otros más, han contribuid al fortalecimiento de una cultura reconocida de la verdad histórica.

Porque, básicamente, se trata no sólo de no olvidar, porque el olvido es la cesación de la memoria que se tenía, el descuido de lo que se debía tener presente.

De lo que se trata es, primariamente, como testigos y víctimas, de revelar, informar, narrar, escribir, aportar a la sociedad chilena que sepa que hubo campos de concentración, que hubo miles de detenidos a lo largo de todo el territorio nacional. Que el golpe de estado puso en práctica una política de aniquilamiento de todo un pueblo, que se operó con la lógica –actualizada a la época– de la política nazi de exterminio y de la devastadora doctrina de la Seguridad Nacional propugnada por los Estados Unidos.

Fue una política de Estado, con todo lo que ello implica, para echar abajo al Gobierno del Presidente Allende, destruir la institucionalidad democrática, para eliminar a todos quienes profesaban o eran partidarios de la Unidad Popular y para instaurar una dictadura con la violencia de las armas.

Por eso que hoy, a 30 años del golpe militar y del día exacto en que fue abierto el campo de Chacabuco, es justo hablar de sobrevivientes. Y no por un afán de martirizarnos, de flagelarnos con la memoria, de ser autorreferentes o de agudizar la condición de víctimas.

Sí, es cierto. Los que pasamos por los campos de concentración y estamos vivos, somos sobrevivientes.

Lo que primero nos hermanó en los centros de torturas y campos de prisioneros fue el sobrevivir en las durísimas condiciones a que fuimos sometidos. Ganarle a quienes, con la tortura, el maltrato y las humillaciones querían aniquilarnos; a ellos, ganarles con la vida. Seguir viviendo.

En Chacabuco, organizados con nuestras propias capacidades y competencias para soportar el cautiverio, formando el Consejo de Ancianos y su estructura grupal por pabellones, debimos soportar las privaciones; buscar y ser dignos en nuestra condición de prisioneros políticos aislados en el desierto más árido del mundo, sometidos a un régimen en que se buscaba el abatimiento psicológico y la destrucción ideológica. Y mantener en alto la honra y el orgullo, esos dos valores de la verdadera patria que nos habla el Premio Nobel de Literatura, José Saramago. Honra y orgullo que se manifestaron en la vida que se logró desarrollar en Chacabuco

Básicamente, nos esforzamos por entregar a los demás, lo que sabíamos hacer. Así como los médicos se organizaron en la policlínica y constituyeron un valiosísimo grupo humano y profesional que resguardó nuestra salud, también los 18 periodistas que estuvimos allí partimos con un noticiero oral, que se leía a la hora del rancho en los comedores, con noticias de lo que ocurría en el campo y con recomendaciones. Cuando ya estaba afianzada la organización del Consejo de Ancianos, comenzamos con la edición semanal de Chacabuco-73, diario mural con noticias, crónicas y entrevistas. Todo, obviamente, pasaba por la censura estricta de la oficialidad. Pero siempre logramos pasar “goles”, tanto que el editorial de la edición del 18 de septiembre fue el Cuándo de Chile, de Pablo Neruda, sin que los censores se percataran de qué estaban autorizando para su publicación.

Los profesores, hicieron una enorme contribución educativa y pedagógica con la escuela con más de 400 alumnos, y tantos otros profesionales, artistas, técnicos, trabajadores que entregaron sus conocimientos y experticias. Hubo alumnos que aprendieron a leer hasta quienes desarrollaron sus capacidades para hablar otros idiomas.

Los shows dominicales, aunque censurados previamente, nos daban un hálito más de vida, empujando la necesaria creatividad para convertirlos en verdaderas comedias musicales y la animación de conductores que nos transmitían ánimo y exacerbaban nuestras esperanzas. Y la astucia para no vernos privados de poner allí, también, contenidos ligados con nuestra identidad valórica. Los concursos literarios y musicales pusieron a prueba el torrente de creatividad que es posible redescubrir en tan difíciles condiciones. El choquero es así, de Jorge Montealegre, Nuestro canto, Sin tu luz, ambas de Rafael Eugenio Salas, las canciones de los cuatro elefantes y otras han permanecido en el tiempo y han atravesado tantas fronteras.

Los tallados y la artesanía desplegada en cuero, ónix y otras pequeñas producciones permiten transmitir a las generaciones presentes y futuras los mensajes de nuestros sueños.

Es la cultura que se aloja en el alma de una nación y que también provino de un campo de concentración.

El conjunto Chacabuco, con Ángel Parra, la peña folclórica La Chingana, el grupo de teatro, cantantes y solistas en instrumentos musicales, expresaron notablemente nuestra vital ansia por recuperar la libertad.

Las competencias de fútbol y las olimpíadas, con diferentes pruebas atléticas, incluyendo torneos de vóleibol y tenis, también fueron expresiones de una vitalidad arrancada desde la esperanza

La organización del correo, cuyas piezas postales también eran censuradas por la oficialidad del campo, nos permitían una brizna de comunicación y de inmenso amor con nuestros familiares.

La recolección y préstamo de libros era parte de nuestras necesidades y su satisfacción, así como también la discusión y el debate político sobre la historia vivida y la proyección de un futuro tan difuso, que podía ser tan lejano como tan cercano. Incierto, para ser más precisos.

No nos derrumbaron. Aunque siempre lo quisieron y cuántas veces destruyeron todo lo que habíamos logrado con tenacidad y astucia. Pero se encontraron con una barrera cuyo sostén fue el apego a la vida y a los valores implícitos en nuestra condición de prisioneros políticos.

Somos individuos que teníamos enormes sueños, proyectos de vida, de futuro con nuestras familias, de un país más justo, solidario, con el pueblo como protagonista de su propio porvenir y nuestras vidas se vieron tan radicalmente cambiadas. Como sobrevivientes, nos compromete también la memoria de nuestros compañeros que ya no están. Y cuántos ya no están con nosotros.

Cuantas vivencias compartidas con el profesor Francisco Aedo, con el ingeniero agrónomo Marcelo Concha Bascuñán, detenidos desaparecidos tras ser liberados de Chacabuco; o quienes murieron al poco tiempo después producto de lo que padecieron en las torturas, como Luis Alberto Corvalán: o aquellos como el ex subsecretario de Educación Waldo Suárez, el jefe de la Oficina de Emergencia del Ministerio del Interior, Atilio Gaete, el periodista Virgilio Figueroa, el ex vicepresidente de la Corfo, Kurt Drekman, o tantos otros como el “tata” Luis Font, que murieron sin jamás recuperar los sitiales que tan merecidamente ocuparon con su idoneidad y capacidad profesional: o algunos como el “Negro” Eduardo Rojo que puso trágico fin a sus días al no superar los traumas de la prisión.

Cuántos debieron partir al exilio, a tierras solidarias; pero extrañas, al fin al cabo, a rehacer sus vidas; a recomponer aquello que los carceleros y sus mandantes destruyeron.

Cuántas familias se quebrantaron, cuántos se vieron obligados a la clandestinidad para poder darle continuidad a sus convicciones políticas, y fueron muertos -tras Chacabuco- al ser coherentes con su posición, como el caso de Raúl Valdés, ya a fines de 1988. Cuántos perdieron su trabajo tras ser liberados y sufrieron la persecución, la discriminación, o el olvido.

Los daños son enormes. Quizás no hay cuantificación posible. Sólo la labor interdisciplinaria de muchos profesionales comprometidos podrá acercarse cada vez más a un análisis al que muchos debemos contribuir. Pero que es necesario acometer en profundidad, como parte de la verdad histórica, de la justicia, de la reparación y de la sanación social que algún día Chile alcanzará.

Cuando el presidente Lagos planteó que la reparación para los presos políticos debía ser “simbólica y austera”, la doctora Paz Rojas comentó algo tan verídico y profundo como que “la tortura no fue ni simbólica ni austera”. La lucha por el conocimiento de la verdad, la difusión del verdadero Chile tras el golpe militar y la justicia y la reparación, nos compromete.

Hoy, aún con todo el avance que hemos observado en reportajes, crónicas, entrevistas y materiales inéditos con la conmemoración de los 30 años, queda mucho por alcanzar para ser éticamente justos con esos principios del periodista que debe estar siempre al servicio de la verdad, de los principios democráticos y de los derechos humanos.

La épica de los campos de concentración, y de tantas batallas en torno a los derechos humanos que no se conocen, tiene un amplio margen para ser abordado en creaciones que deberán dar a la luz y sumarse a todos los esfuerzos que ya se han hecho. La declaratoria del estadio nacional como monumento histórico, el bautizo del estadio Chile como estadio Víctor Jara, las placas instaladas en el mismo estadio nacional y en la puerta de ingreso en Chacabuco en homenaje a los prisioneros políticos, la denominación de sala Waldo Suárez a la sala principal de la subsecretaría de Educación, el documental de Chacabuco realizado por Gastón Ancelovici, constituyen también signos muy positivos de reencuentro con la historia y marcan también hechos destacables que permiten seguir instalando la necesidad de un reencuentro con la verdad histórica y con la difusión de la memoria histórica.

Amigos, amigos, compañeros todos:

Recordar es tener presente, y tener presente es mirar al futuro.

Muchos de nosotros entramos a una etapa de nuestras vidas en que es necesario apurar la entrega de aquello que debemos testimoniar. Entregar a las generaciones futuras, las experiencias de hechos que, para curar las heridas, deben ser conocidas y
convertidas en parte de la memoria histórica. Es por ello que esta noche de recuerdos, de dolor, pero de mucha esperanza, nos comprometemos a seguir trabajando para que Chacabuco persista como testimonio, reforzar las entidades que como la Agrupación de Ex Presos Políticos de Chacabuco y la Corporación Histórica y Cultural Memoria, puedan echar raíces en la sociedad civil y proyectarse para poner en el centro dos ideas esenciales y comunes:

Promover la memoria histórica para que nunca más en Chile tengamos que vivir experiencias tan horrendas con el paso por los centros de torturas y campos de concentración, y que haya justicia y reparación.

Esa debe ser parte de nuestra contribución al legado del recto camino que nos dejó el presidente Salvador Allende.

Crónica de un ex prisionero político

Regreso a Chacabuco

LECTURA DE FOTO: El arquitecto Francisco Aedo es el autor de esta escena de la vida en Chacabuco. El profesor Aedo al salir en libertad fue nuevamente detenido por la Dina. La última vez se le vio en Cuatro Alamos. Hasta hoy es un detenido desaparecido.

Luego de un descanso reponedor, tras el maratónico viaje a Chacabuco, intento ordenar mis pensamientos y aplacar mis emociones. Cuesta resumir todo lo que viví durante esos dos días -23 y 24 de noviembre de 2013- junto con decenas de ex prisioneros políticos que regresamos, pero esta vez de visita y acompañados de familiares, al antiguo campo de concentración en el desierto de Atacama. El propósito era conmemorar el 40º aniversario de la apertura de esta enorme ciudadela-prisión en que cerca de mil hombres escribieron un apasionante testimonio de valor y dignidad.
A comienzos del siglo pasado, Chacabuco fue una oficina salitrera. El 26 de julio de 1971 el gobierno del presidente Salvador Allende la declaró Monumento Nacional. Pero en noviembre de 1973 se convirtió en un campo de concentración para casi mil chilenos que, en los hechos, eran rehenes de la dictadura militar. Muchos fueron trasladados desde el Estadio Nacional a Valparaíso para embarcarlos en las bodegas del barco salitrero Andalién. Un viaje de incierto destino en el oscuro vientre de la nave. Fueron casi tres días hasta Antofagasta. Desde allí los llevaron en un tren de trocha angosta hasta Baquedano y en ese lugar, apuntados por fusiles, los hicieron abordar camiones militares que los llevaron a Chacabuco. En una cancha de fútbol y desnudos -bajo observación de ametralladoras pesadas-, fueron revisadas las pocas pertenencias que traían. Les notificaron que los conatos de fuga serían castigados con fusilamiento, lo mismo cualquier intento de suicidio. Esas y otras sanciones estaban pautadas en un reglamento de “prisioneros de guerra” de 1879, que un oficial leyó con voz de trueno. Terminada esta elocuente recepción, se permitió a los prisioneros que tomaran posesión de las casas acondicionadas para recibirlos. Sacos vacíos de café brasileño servían de puertas y ventanas. En los dormitorios los esperaban camarotes de madera de dos y tres pisos con colchoneta y una frazada. Así comenzó nuestra nueva vida.
Como muchos que estuvimos en calidad de “prisioneros de guerra” en este campo de concentración a unos 100 kms. de Antofagasta, no había regresado a Chacabuco en 40 años. Luego de aterrizar en el aeropuerto de Cerro Moreno, y gracias a la buena voluntad de Hernán Contreras, también chacabucano, nos internamos por el desierto rumbo al antiguo campamento.
Reingresé al campo tratando de reconstruir el camino efectuado hace años en un camión militar… con las manos en la nuca, la mirada baja y el corazón apretado por el incierto destino que nos esperaba. Ahora crucé la primera alambrada -ya inexistente-, esta vez en libertad y dueño de mis actos. Giré a la derecha, tratando de encontrar un punto de referencia importante: la plaza de los pimientos que el profesor Mario Céspedes regaba a diario con el esmero de un jardinero de vocación. Un duelo con el árido paisaje para mantener viva esa mancha de opaco verdor en el polvoriento lugar.
La plaza apareció ante mí con toda su humilde majestuosidad. Allí recibí las dos visitas de mi fiel compañera, Gilda, mientras estuve preso en Chacabuco. La plaza de los pimientos está frente al antiguo teatro de la oficina salitrera donde en alguna época -dicen- se interpretaban óperas con célebres cantantes europeos. Esta vez encontré la plaza llena de abrazos, risas y la emoción desbordante de los ex prisioneros, sus familias y amigos que llegaron a Chacabuco procedentes de todo Chile y del extranjero.
Seguí mi camino para reconstruir en la memoria los sitios que recorría hace cuatro décadas. Me habían dicho que el campo se encontraba tan destruido que sería muy difícil orientarse en los escombros. Pero luego de avanzar unos metros, dí con el emplazamiento de la reja que entonces cercaba el campo. Antes de traspasar, imaginariamente, el portón de ingreso con sus torres de vigilancia servidas por soldados con ametralladoras, ubiqué el lugar donde nos inyectaban la vacuna que nos mantuvo semiatontados durante una semana. Ahora sí, ya estaba en el interior de lo que fue el campo de concentración de Chacabuco, entonces rodeado por una reja electrificada y un campo minado que de vez en cuando hacía volar, hechos pedazos, a los perros vagabundos del desierto que se aventuraban por esos terrenos.
En Chacabuco, conducidos por el Consejo de Ancianos, nuestra máxima autoridad -elegida entre los jefes de pabellones que a su vez eran elegidos por los jefes de casas-, transformamos la prisión en una trinchera de resistencia y dignidad que se regía por nuestros propios códigos, basados en la solidaridad y hermandad de los seres humanos(1).
Ante los ojos de mi memoria apareció la primera pulpería con que contamos en el campo -a cargo de Dante Sirandoni- que nos abastecía de cigarrillos y papas que el compañero pesaba en una antigua romana huesera. Doblando hacia la calle principal estaba el llamado “barrio cívico”. Al frente la segunda pulpería creada con aportes de los prisioneros. Eso permitió que un camión nos trajera víveres desde el vecino pueblo de Baquedano. Nos abastecía de alimentos como azúcar, tallarines, café, té, chancho chino y -a veces- algunas frutas, así como barniz y pinceles para la artesanía en madera. Esa pulpería la atendían, por encargo del Consejo de Ancianos, Mario Agliatti Fernández, Domingo Chávez Navarro y Guillermo Orrego Valdebenito.
En la casa contigua vivían Hugo Salvatierra, encargado de la biblioteca, un dibujante técnico de apellido Muñoz que elaboraba los diplomas de reconocimiento que se entregaban a compañeros destacados en diversas labores, y otros compañeros.
Como Chacabuco era una verdadera ciudadela, contábamos con una gama de servicios creados por los prisioneros. Por ejemplo, una oficina de correos, cuyo encargado era el compañero Zañartu; un policlínico con numerosos médicos dirigido por el doctor Rolando Álvarez; una oficina de registro de los forzados habitantes de Chacabuco, a cargo del “Tata” Víctor Calvo, un coronel de ejército en retiro, tan prisionero como el resto; un departamento de bienestar social, a cargo de Atilio Gaete; la universidad popular con su rector, Patricio Corbalán Carrera; una suerte de peña folclórica, La Chingana, donde al calor de papas fritas, sopaipillas y té, canturreábamos para distendernos. Pero lo más significativo era el show dominical, para el cual trabajaban decenas de compañeros durante la semana: cantantes, actores, directores, iluminadores, tramoyistas, etc., que ensayaban durante la semana para presentar un espectáculo que alcanzó alto nivel de calidad. La actividad cultural fue intensa en Chacabuco. Concursos de poesía y cuentos, con decenas de participantes. Exposiciones de artesanía en madera, fierro, huesos, alambre, etc. Un diario mural atendido por un grupo de periodistas profesionales.
Mi propósito mayor en el recorrido por Chacabuco era llegar a la casa en que habité: la Nº 26 del Pabellón 5. Ninguna casa tenía agua potable ni alcantarillado. Nuestras necesidades las hacíamos colectivamente en unas letrinas abiertas, donde la fetidez competía con el mosquerío. Al principio las letrinas estaban separadas una de otra por una plancha de madera terciada. Pero con el auge que tomaron los trabajos artesanales, esas planchas desaparecieron para convertirse en diversas expresiones del arte cautivo. Los baños entonces quedaron abiertos, sin ninguna privacidad y desafiando todo pudor.
Las piezas de mi antigua casa en Chacabuco me parecieron ahora tan pequeñas, que me impactaron. Recordaba que además de los tres camarotes por pieza, el “Tata” Sánchez, nuestro jefe de casa, había construido un clóset. Pese a la estrechez fui capaz de recordar nítidamente la distribución de los camarotes de tres pisos y sus ocupantes.
El periodista Alejandro Kirk, de HipanTV, canal iraní en español, me acompañó en este recorrido que iniciamos en la escotilla 7 del Estadio Nacional y que culminó en Chacabuco.

En la antigua casa dejamos una ofrenda de rosas rojas a nombre de los sobrevivientes de la casa 26 del pabellón 5: Manuel Cabieses Donoso, Julio Vega Pais, Milton Lee Guerrero, Roberto Soto Pérez, José Urzúa Prieto, Domingo Chávez Navarro, el “Puntúo” Riquelme y quien escribe este relato. La ofrenda fue en honor de los compañeros que ya murieron, como el “Tata” Jorge Sánchez, obrero de la construcción; Luis Alberto Corvalán Castillo, el inolvidable Coné; Marcelo Concha Bascuñán, asesinado por la Dina. Y también en recuerdo de nuestros vecinos de entonces: el arquitecto Francisco Aedo, y Rabito, el técnico en radio, ambos asesinados después de salir en libertad de Chacabuco. También recordamos al compañero Oscar Vega, que no pudo soportar la prisión en el mismo lugar donde había trabajado como obrero del salitre, y se colgó de la viga en la que había sido su casa familiar.

En la cancha de fútbol, donde diariamente nos hacían formar para contarnos y nos hacían cantar la Canción Nacional, se realizó un homenaje a todos los compañero que ya partieron de esta tierra. Especial mención se hizo a Marcelo Concha, Francisco Aedo y Elías Martínez.
Un momento de particular emoción lo protagonizaron los compañeros Esnaldo Sanhueza, Iván Salazar y Eduardo Godoy, que en el patio de la casa Nº 7 del pabellón 23, desenterraron una botella que allí ocultaron en octubre de 1974 con un mensaje firmado por los partidos Comunista, Socialista, Mapu y MIR. Las palabras finales de ese mensaje, en hojas amarillentas, dice: “Compañeros, en sus mentes está presente la necesidad de la victoria inevitable. Necesitamos solo una victoria: la final”.
Yo encaminé de nuevo mis pasos hacia la casa 26 del Pabellón 5, esta vez a petición de María Victoria Corvalán y Mario Urzúa. Llevaban un ramo de flores para depositarlo en la casa en que habitó Luis Alberto Corvalán. Fue un momento muy emotivo cuando María Victoria depositó las rosas rojas en el lugar en que estuvo el camarote donde dormía su hermano, que más tarde murió en Bulgaria a consecuencia de las torturas con electricidad que le aplicaron en el Estadio Nacional. Después de ese momento de recogimiento y recuerdo nos dirigimos a la antigua puerta del campo, donde nos esperaban los buses que nos llevarían de regreso a Antofagasta. Respiramos hondo el aire de la libertad pensando en tantos compañeros admirables que conocimos en Chacabuco.

GUILLERMO ORREGO VALDEBENITO(2)

Notas:
(1) El primer presidente del Consejo de Ancianos de Chacabuco fue el médico Mariano Requena. También presidieron el Consejo de Ancianos el periodista Manuel Cabieses, los ex diputados Patricio Hurtado y Vicente Sota; Sergio Astudillo, Patricio Castro, Hernán Miranda, Héctor Benavides, Francisco Díaz, Vicente Poblete, Dagoberto Reyes y Héctor Mellado.
(2) El autor tenía 25 años cuando estuvo prisionero en el Campamento de Chacabuco. Militante de las Juventudes Comunistas, Orrego trabajaba como dibujante técnico en la compañía Standard Electric, filial de la ITT. Fue activo participante en los shows dominicales de Chacabuco. Su nombre artístico: Memo Bronson. Participó en la fundación de la Corporación Memoria Campo de Prisioneros Políticos de Chacabuco |1(chacabuco@gmail.com) y fue su primer presidente. El actual presidente es Gabriel Reyes Arriagada.

corporacion.memoria.chacabuco@gmail.com

 

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 796, 20 de diciembre, 2013)

1 Ver El propósito de la Corporación es contribuir a la construcción de la memoria de nuestro país a través de la recuperación de lo vivido por los presos políticos de Chacabuco y sus familiares, visibilizando y compartiendo nuestra historia. Por ello, intenta ser una organización solidaria, que una y acoja a los ex prisioneros de Chacabuco y que rescate y proyecte la experiencia vivida como un aporte a la reflexión del Chile del presente y del futuro.

 

Ángel Parra y el disco grabado en un campo de concentración

Así recuerda a Parra el poeta Jorge Montealegre, quien fue prisionero político junto al cantor en 1973 y, muchos años después, compartió con él un retorno al mismo lugar: un reencuentro con Ángel Parra hombre y niño al mismo tiempo.

Sábado 11 de marzo de 2017

Ángel Parra estuvo con las manos en la nuca después del golpe y se lo llevaron los milicos al Estadio Nacional. Así –Manos en la nuca– se llama la novela con claves autobiográficas en que cuenta esa experiencia. Su literatura fue recogiendo la memoria de prisión. Sin embargo, en el mismo cautiverio, especialmente en el campo de prisioneros Chacabuco, en el desierto de Atacama, se registraron vestigios del paso de Ángel Parra por la prisión política que reflejan una vivencia colectiva.

Estos rastros fueron plasmados en soportes materiales de un inmenso valor documental. El primer documento que recordamos es una entrevista para el diario mural “Chacabuco ‘73”. La nota, manuscrita, pegada con alfileres sobre una arpillera, se titulaba “Ángel en la pampa”. Leyéndola, el lector ajeno a la vivencia de entonces se enteraba de las misas cantadas y oratorios para el pueblo que Ángel ya había hecho antes “en la catedral, en la UC y en algunas parroquias”.  El periodista le pregunta por “Alma de Chacabuco”, su composición para guitarra creada en ese campo de prisioneros: “Nació de la observación, de la musicalidad cósmica de este desierto impresionante, sus noches estrelladas, sus infinitos horizontes, de la gigantesca presencia del sol, de sus tierras áridas y de los arpegios del viento, todo eso para mí es musicalidad. El variado color de los cerros distantes, tiene su tono musical. ‘Alma de Chacabuco’ es sencillamente un paisaje con música…”. El testimonio fue rescatado por Gerardo García y Sadi Joui, quienes transcribieron y publicaron después en un libro el material de ese precario y valioso diario.

En prisión Ángel organizó el conjunto Los de Chacabuco, junto a Ernesto Parra y Ricardo Yocelevzky, con quienes ya había trabajado en la Peña de los Parra, y otros compañeros entre quienes estaban Marcelo Concha, Víctor Canto, Manuel Castro, Luis Cifuentes, Luis Corvalán Márquez, Antonio González, Manuel Ipinza y Julio Vega. El grupo, con su repertorio de folclor latinoamericano y con la Misa criolla, del compositor argentino Ariel Ramírez, contribuyó a elevar la moral de los prisioneros y se ganó la gratitud y la admiración del, literalmente, público cautivo. Ángel, por su parte, compuso un Oratorio de Navidad y la obra La pasión según San Juan. Lo hizo Biblia en mano. Al capellán de Carabineros, contó Ángel, “le pedí una Biblia y le dije que le iba a mostrar, a través de la lectura del Evangelio, que lo que nosotros habíamos sufrido no estaba lejos de la vida, pasión, persecución y sufrimiento de Cristo”. La acogida que tuvo La pasión fue con el público aplaudiendo de pie. Además de la ovacionada interpretación, el mensaje entregaba una protesta evidente, permitida gracias al resquicio que ofrecía el hecho de que las palabras eran del Evangelio; en el pasaje de tortura y crucifixión de Cristo hay reiteradas menciones a los soldados y se escucha –a  modo de intertextualidad o cita musical– la melodía de “Alma de Chacabuco”.

Con méritos propios el hijo de Violeta Parra gozaba del cariño de sus compañeros y fue una alegría cuando se anunció que podría salir en libertad. Esto fue  en enero de 1974. Sus compañeros de grupo lo agasajaron con un recital de despedida. En la oportunidad por primera vez Ángel cantó solo para todos los prisioneros: “Canción de amor” y dos canciones dedicadas a sus hijos Angélico y Javiera. Por su parte los prisioneros le brindaron el aplauso más grande que –según él– había recibido en toda su trayectoria. Aplaudían al artista, pero también al compañero y amigo. Con una grabadora facilitada por un sacerdote, Luis Alberto Corvalán –acompañado de Domingo Chávez y Guillermo Orrego– registró el acto escondido bajo el escenario. Con la cinta, Ángel publica un disco en el exilio (Chacabuco, en 1974) preservando así el valioso documento sonoro. No fue fácil lograr la edición, pero se hizo y debe ser el único o uno de los pocos documentos sonoros grabados en una prisión, que den cuenta de la resistencia cultural en esas condiciones y también de una acción de testimonio y solidaridad en el exilio.

Recuperada la democracia, Ángel vuelve a Chacabuco; a un pueblo abandonado. En la plaza desierta, atrae la mirada un pimiento cuyas ramas, abiertas al sol, semejan un pobre cristo torturado. Tiene la cabeza inclinada, desfalleciente, como el que pintara su madre en el óleo “El gavilán”. Lo talló un prisionero político –Orlando Valdés, en 1974– cuando la antigua salitrera fue un campo de concentración. En segundo plano está la glorieta, el quiosco donde la banda del pueblo tocaba los domingos para la familia pampina. Es el año 2000. Ya no hay obreros del salitre ni presos políticos. Estamos grabando el documental “Chacabuco, memoria del silencio”, de Gastón Ancelovici. Ángel se aparta discretamente del grupo y de las cámaras. Desde lejos, lo sigo con la mirada. Sube al quiosco y camina en círculos pensando no sé qué cosa. De a poco, el viento trae lo que canta. Estamos en un pueblo fantasma, en medio del desierto. Y arriba quemando el sol. Cada vez más fuerte: Paso por un pueblo muerto / se me nubla el corazón / aunque donde habita gente / la muerte es mucho mayor. / Enterraron la justicia / enterraron la razón. / Y arriba quemando el sol. Repetía el último verso, a contraluz. ¿Una canción de la célebre Violeta Parra? No, pensé para mí, este hombre está cantando una canción de su mamá. O ella le está cantando a él. Era una escena muy íntima, al aire libre. Había que dejarlo solo. Al viejo y al niño. Pocas veces he visto, escuchando una canción y mirando a un amigo, cómo los distintos pliegues de las historias de una persona y de un lugar se entretejen con tanta densidad. Y con tanta emoción.

Hoy, sábado 11 de marzo de 2017, me cuentan que Ángel Parra falleció. Y llegaron los recuerdos, estos y otros. Y encontré algunos que ya había escrito, porque Ángel -además de su obra y amistad- nos dejó su memoria. No podremos olvidarlo.

*Jorge Montealegre Iturra es poeta y periodista, autor de libros como Bien común (1995) y, junto a Antonio Larrea, Rastros y rostros de un canto (1997). En 1973 fue detenido en el Estadio Nacional y el campo de concentración de Chacabuco, donde compartió la prisión política con Ángel Parra.

http://www.diarioantofagasta.cl/el-pais/14756/el-campo-de-prisioneros-politicos-mas-grande-de-chile-durante-la-dictadura-militar/Relacionado

Quién era Álvaro Barrios Duque?

Quién era Álvaro Barrios Duque?

 

Ahora, llegando a casa, en la placita de enfrente, nos esperaba la memoria… No se exactamente quién fue Álvaro Barrios Duque, pero sé que es un compañero… Los jóvenes que se reúnen siempre allí cuentan desde hoy con una nueva presencia; mis hijos y sus amiguitos con nuevas lecciones a través de mis palabras que acompañaron la lectura del mural y el sacarle fotos; reacciones sobrecogedoras, incómodas, curiosas, de todo más no indiferencia. Fue impactante para todos los que llegábamos encontrarnos con él, y a través de él, con todos. No sé tampoco quién hizo el mural, al parecer un hombre y un joven, me alegro muchísimo, gracias, de corazón. Compañero Álvaro Miguel Barrios Duque PRESENTE, ahora y Siempre!!!

 

 

ALVARO MIGUEL BARRIOS DUQUE

 

CEDULA IDENTIDAD:           5.541.054-2 de Santiago
ESTADO CIVIL:                      Casado
FECHA DE NACIMIENTO:    9 de Abril de 1948
EDAD:                                      26 años a la fecha de detención
DOMICILIO:                              Altamiraño 2333 Conchali Santiago
PROFESIÓN:                           Estudíante de Pedagogía en Inglés de la Universidad de Chile

Su cónyuge, Gabriela Zuñiga Figueroa, con quien había contraído matrimonio el 3 de Julio de 1974, expresa, en la querella criminal presentada ante el 10 Juzgado del Crimen de Mayor Cuantía de Santiago:
“El día 15 de Agosto de 1874, alrededor del mediodía, llegaron hasta nuestro domicilio de esa epoca, Altamiraño 2333, Conchalí, dos personas a las cuales mi cónyuge conocia, Luz Arce Sandoval, de unos 24 años, domiciliada en Venecia 1639 y Patricio Alvarez, estudiante de Medicina, domiciliado en Vivaceta 1639, quienes lo saludaron afectuosamente y lo invitaron a salir a la calle para conversar un rato.  Caminaron por espacio de unos 200 metros hasta un lugar donde esperaba una camioneta Chevrolet de color celeste con toldo y sin patente, en el interior de la cual había varios civiles que nadie alcanzo a distinguir bien”.

“Mi cónyuge fue introducido al interior de la camioneta, que arranco de inmediato.  Testigos de la llegada de Luz Arce y Patricio Alvarez fueron el padrasto de mi cónyuge, Hector Grunert y su hermano German Grunert Duque, los cuales asimismo vieron desde la entrada de la casa como Alvaro era introducido al vehiculo señalado”.

“…Tanto Luz Arce como Patricio Alvarez eran personas que vivían desde tiempo atras en nuestro sector, conocidos por tanto en el barrio y tanto mi cónyuge como yo los saludabamos y a veces conversabamos”.

“Yo regrese un poco despues al hogar y me entere por los parientes de mi marido de lo sucedido.  No me inquiete mayormente al comienzo, ya que pensé que mi cónyuge había salido con estos conocidos.  Sin embargo, alrededor de las 21 horas de esa misma noche y en circunstancias que yo tampoco me encontraba en casa, volvió Alvaro Barrios acompañado esta vez por varios civiles desconocidos, recogió algo de ropa suya y manifestó estar detenido por efectivos de inteligencia.  Su hermano y su padrasto fueron nuevamente testigos  de este hecho”.

“Al día siguiente me enteré que otros vecinos habían sido detenidos un poco despues de mi cónyuge y por el mismo grupo: Sergio Riveros Villavicencio y Julio Canas.  Me dirigí entonces a la casa de Patricio Alvarez para informarme acerca de los hechos que tanto me alarmaban acerca de mi cónyuge…Me dijo que no me preocupara, que se trataba de un simple tramite de rutina y que mi esposo volvería pronto, pero se negó a explicar en que consistía esa rutina, por qué se había detenido a mi cónyuge, dónde se encontraba él y a qué se debía su participación”.

“Despues de esto y a medida que transcurría el tiempo sin tener noticias de mi cónyuge, volví varias veces a conversar con Alvarez, pero sin ningun resultado.  Aseguraba que mi cónyuge estaba por regresar, pero nunca sucedió asi”.
“Por otra parte, en Noviembre de 1974 fue liberado Julio Canas, con el cual conversé y me confirmó haber sido detenido junto con mi cónyuge y don Sergio Riveros.  Luego fueron llevados a un recinto de detención que él no pudo identificar, puesto que se mantenía con la vista vendada, pero en el cual estaba tambien Alvaro Barrios.  Canas escuchó su voz al comienzó y luego consiguió incluso hablar con él en una oportunidad… Actualmente (Julio Canas) se encuentra fuera del país”.

” En cuanto a Luz Arce fue,  al parecer, hace poco tiempo trasladada a Talca, donde continua prestando su colaboración a la Dirección de Inteligencia Nacional, DINA, organismo al cual al parecer pertenece.  Sus familiares, sin embargo, son gentes conocidas en el sector donde vivíamos en el año 1974 y continuan viviendo allí”.

“…Aún no he conseguido ubicar el paradero de mi marido, a pesar de las múltiples diligencias que he realizado”.

El padrasto del afectado, Hector German Grunert Mathieu, declaró en el Tribunal lo siguiente:
“El día 15 de Agosto de 1974, siendo la una de la tarde aproximadamente, llegaron a mi domicilio ubicado en esa epoca en Altamiraño 2333, de Conchalí, dos jovenes amigos de mi hijastro Alvaro Barrios Duque.  Posteriormente supe que esa pareja de jóvenes se llaman Patricio Alvarez Poblete y Luz Arce Sandoval, según me lo contó mi hijo menor Héctor Germán.  Como mi hijastro se encontraba en casa, lo llame y salió de nuestro hogar en compañía de tales jovenes, de a pie, yo no me preocupé mayormente del asunto, puesto que salieron conversando amigablemente.  Posteriormente alrededor de las 8 de la noche regresó Alvaro, en busca de una parka, me pidió cigarros y me dijo que estaba detenido por el SIM, Servicio de Inteligencia Militar.  Con mi hijastro nadie entró a la casa.  Al salir Alvaro Barrios me asomé a la calle y divisé que subía por la parte posterior de una camioneta encarpada que debido a la oscuridad no me fijé en su patente.  Ignoro si dicha camioneta hubiera pertenecido al Ejército o no.  Desde esa oasión no he vuelto a ver a mi hijastro Alvaro”.

Por su parte, Hector German Grunert Duque, hermano del detenido, manifestó:
“…El día 15 del mes de Agosto de 1974…siendo aproximadamente las 12 y media del día, estando en mi casa ubicada en ese tiempo en Altamiraño 2333, divisé llegar a Pato Alvarez en compañía de una muchacha joven a la cual no conocía, quienes preguntaron por mi hermanastro Alvaro.  Yo como conocía de vista, a Pato, llame a Alvaro y le dije que lo buscaba el estudíante de Medicina.  Luego salió Alvaro hasta la puerta de calle y yo me despreocupe del asunto.  No volví a ver a Alvaro como hasta las 8 de la noche del mismo día, ocasión en que llegó apresuradamente de a pie, bastante nervioso, y nos dio a conocer a mi y a mi padre, que se encontraba detenido en una base militar, que luego lo soltarían y que no nos preocuparamos.  Se puso una parka, se llevó unos panes para comer y cigarrillos.  Tanto yo como mi padre salimos a la puerta para verlo irse.  Por esta razón nos dimos cuenta que subía a la parte trasera de una camioneta con toldo, marca Chevrolet, color oscuro, común y corriente, no del Ejército.  Desd esa ocasión no he vuelto a ver a mi hermanastro”.

De la mayor importancia es el testimonio de Patricio Alvarez Poblete, que transcribimos:
“El día 14 de Agosto de 1974 me encontraba en mi casa viendo televisión.  Cerca de las 24 horas repentinamente alguien golpeó la puerta y pidió hablar conmigo, al salir pude ver que era Luz Arce a quien conocía por haber pertenecido ambos a un centro cultural que había en Vivaceta. Una vez que estuve al lado de ella en el jardin de la casa, me pidió que salieramos a la calle para que yo le señalara el domicilio de una niña amiga, salí a la calle, afuera me presentó un hombre que andaba con ella, mientras conversábamos este hombre cerró la puerta de la reja del jardín lo que me llamó la atención y me di vuelta para mirar y vi que me encañonaba con un revólver.  Inmediatamente me esposó, me llevó hasta la esquina de mi casa y me subieron a una camioneta grande de color amarillo, una vez arriba me colocaron scotch en los ojos y una venda.  De esta forma me llevaron a un lugar desconocido para mí, el trayecto calculo yo que debe haber demorado unos 15 minutos, deteniéndose la camioneta una sola vez cerca de un dmicilio.  Posteriormente me llevaron a un lugar que creo que puede haber sido una casa, y una vez allí me hicieron caminar por un corredor y me dejaron en una pieza donde había más personas, pero siempre esposado y sin sacarme la venda de los ojos, allí permanecí durante toda la noche hasta el día siguiente en que me llevaron a una pieza y me interrogaron acerca de la actividades que tenía yo con Alvaro en el Centro Cultural, también me preguntaron por otros compañeros de la universidad.  En este interrogatorio también estaba presente Luz Arce, me decía que yo hablara todo lo que sabía acerca de los demás compañeros, una vez que ya terminaron con mi interrogatorio me subieron a la misma camioneta con Luz Arce y nos trasladaron hasta cerca del domicilio de Alvaro, allí me sacaron la venda de los ojos y me ordenaron junto con Luz Arce que fueramos hasta la casa de Alvaro y lo llamáramos en la misma forma que Luz lo había hecho conmigo y estas personas se quedaron esperando a una media cuadra.  Alvaro se encontaba en su casa y nos siguió, ya que le había dicho vamos hasta la esquina para que conversemos, durante el pedacito de camino yo le pregunté como había estado, pero no pudimos hablar ninguna otra cosa.  Una vez en la esquina hicieron subir a Alvaro a la camioneta, lo vendaron y lo esposaron.  En la camioneta fueron a dar una vuelta por los alrededores y enseguida me fueron a dejar a mi casa y me entregaron a mis padres.  No me llevaron con Alvaro hasta el lugar donde estuve detenido, como dice el parte de Investigaciones (con anterioridad Patricio Alvarez había sido entrevistado por ese Servicio, en cumplimiento de una orden de investigar emanada del Tribunal), después de la detención de Alvaro yo quedé libre, solamente siguió en la camioneta con Alvaro, Luz Arce.  Desde esa fecha ya no volvi a ver nunca más a Luz Arce y a Alvaro Barrios, ni nunca más he sabido de ellos.  Ignoro a que organismo pertenecían los hombres que nos detuvieron, ya que jamás nos mostraron credenciales y además vestían de civil”.

Luz Arce no pudo ser ubicada por Investigaciones pero si se dio con su domicilio y fue entrevistado su padre, Enrique Orellana, quien dijo: “Efectivamente mi hija Luz Arce Sandoval perteneció al Centro Cultural Vivaceta donde practicaba atletismo desde el año 1974, fue detenida en varias oportunidades por personas que dijeron pertenecer al Servicio de Inteligencia, pero los cuales nunca se identificaron debidamente.  Posteriormente y para evitar seguir siendo interrogada, se fue de la casa y hemos ignorado desde 1976, a principios de año, su paradero y solamente hemos recibido noticias de ella por intermedio de llamadas telefónicas, informándosenos que se encuentra en Argentina, pero ignoro su domicilio exacto”.  Sin embargo informa Investigaciones, la salida de Luz Arce “no se encuentra registrada en Policia Internaciónal” (Oficio de 5-1-77, de la 10a Comisaria Judicial).  Al ser entrevistado Patricio Alvarez, manifestó, entre otras cosas, refiriéndose a su detención que Luz Arce” al parecer mostraba otros domicilios de otras personas ya que la camioneta – en que lo llevaban – se detuvo en varios lugares y otras personas fueron subidas a ella…”

En cuanto a los otros detenidos vecinos, mencionados en la querella, Sergio Riveros Villavicencio y Julio Canas, Investigacines señala: “En el Gabinete de Identificación Central se registra Sergio Alberto Riveros Villavicencio, civil No 4.339.612-9, sin penal, soltero, domiciliado en Pasaje Peatones 1821.  Trasladado hasta ese domicilio, el informante, en compañía del detective Sr. Roberto Calderon Fuentes, entrevisto a doña María Reyes Hidalgo, Chilena…nacida en Santiago el 20 de Octubre de 1950, soltera… civil 6.055.723, Santiago, de ese domicilio, quien manifestó: “Soy cuñada de Sergio Riveros V., quien el día 15 de Agosto fue detenido por personas que dijeron ser del Servicio de Inteligencia sin que hasta esta fecha se haya tenido alguna noticia acerca de su paradero.  Conozco de nombre a Alvaro Barrios y sé que fue detenido en la misma fecha que mi cuñado, es decir al mismo tiempo y a Julio Canas sólo lo he escuchado nombrar pero no tengo ningún antecedente acerca de él”.  “Las diligencias efectuada a fin de lograr el actual domicilio o paradero de Sergio Alberto Riveros Villavicencio y de Julio Canas – añade el informe – no han dado a la fecha resultados positivos” (Oficio de Investigaciones de fecha 11-2-77, 10a Comisaría Judicial).

En suma, pese a las evidencias, Álvaro Barrios Duque sigue siendo un detenido ‘desaparecido’ y no se ha hecho efectiva la responsabilidad de los culpables.

El 31 de Agosto de 1977 el juez dictó acto de sobreseimiento temporal en la causa, confirmando la Corte de Apelaciones su resolución el 21 de Octubre de 1977.

19 de Octobre 2004 El Mostrador

Procesan a cúpula de la ex DINA por secuestro de mirista

La titular del Noveno Juzgado del Crimen de Santiago, Raquel Lermanda, procesó como autores de secuestro calificado a cuatro ex miembros de la cúpula de la disuelta Dirección Inteligencia Nacional (DINA).

La magistrada estimó que existen presunciones fundadas de que miembros de la DINA tienen responsabilidad en la desaparición del mirista Álvaro Barrios Duque, detenido el 15 de agosto de 1974 en su casa, ubicada en la comuna de Conchalí.

La resolución afecta al general (R) Manuel Contreras, ex jefe del organismo represivo, al brigadier (R) Miguel Krasnoff, al coronel (R) Marcelo Moren Brito y al civil Osvaldo Romo.

 

 

29 de Octubre 2004 El Mercurio

Corte otorga libertad a brigadier (r) Krassnoff

La Tercera Sala de la Corte de Apelaciones resolvió otorgar la libertad provisional al brigadier (r) Miguel Krassnoff procesado como autor del secuestro calificado de Álvaro barrios Duque.

 

Por el secuestro de Barrios, ocurrido en 1974, están procesados también los ex miembros de la DINA, Manuel Contreras, Osvaldo Romo y Marcelo Moren Brito.

 

8 de Junio 2006 TVN.cl

Procesan a militar (r) por crimen de mirista

En el Batallón de Policía Militar de Peñalolén quedó detenido hoy el retirado suboficial mayor del Ejército, Nelson Paz Bustamante, procesado por el ministro en visita Juan Fuentes Belmar, como autor del secuestro calificado del militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), Alvaro Miguel Barrios Duque.

 

Barrios Duque, de 26 años de edad al momento de su arresto ilegal, era estudiante de Pedagogía en Inglés de la Universidad de Chile. La Comisión de Verdad y Reconciliación estableció que la víctima estuvo aprehendida en el recinto clandestino que la disuelta Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) mantenía en el número 38 de la calle Londres, en pleno centro de la capital.

 

 

 

 

Asimismo, el magistrado determinó que todos los condenados, salvo Zapata Reyes, deberán cancelar una indemnización solidaria de 35.000.000 de pesos (unos 64.220 dólares) a Gabriela Zúñiga Figueroa, cónyuge de la víctima.

 

Posteriormente, el joven opositor de la dictadura militar (1973-1990) fue visto en el centro de tortura y reclusión “Londres 38”, desde donde se perdió su rastro.

 

22 de Enero 2010
La Nación

EL “NEGRO” PAZ
Otro de los hitos importantes de esta sentencia es que por primera vez el mayor (R) del Ejército Nelson “Negro” Paz Bustamante -chofer en este grupo operativo y que tiene varios procesamientos en curso- va a cumplir una condena tras las rejas, pues hasta el momento se encontraba en libertad. La Suprema elevó su castigo de 800 días a cinco años y un día de presidio efectivo. A Manuel Contreras se le mantuvo la pena de cinco años y un día.
Tras conocer el fallo, la abogada Magdalena Garcés del Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior se manifestó satisfecha, pues dijo que pese a que las penas no son proporcionales a la gravedad del delito se logró que fueran efectivas y que los responsables del secuestro de Barrios cumplan su castigo en la cárcel.
“Estamos contentos porque es un fallo en el cual se nos escuchó y se rechazaron las dos atenuantes alegadas por la defensas de los militares que era la media prescripción y otra del Código de Justicia Militar que habla de la ‘obediencia indebida’” señaló Garcés.

Fallo Corte Suprema – Barrios Duque – 2008

La Nación, 26 de enero de 2015

Suprema ordenó libertad inmediata de ex agente de la DINA

La Corte Suprema ratificó el fallo dictado por la Corte de Apelaciones de Santiago que acogió un recurso de amparo presentado por Nelson Paz Bustamante, condenado en una causa por violaciones a los derechos humanos, en contra del Ministerio de Justicia por negarse a otorgar el beneficio concedido por la comisión de reducción de condenas.

En fallo unánime, la Segunda Sala del máximo tribunal -integrada por los ministros Milton Juica, Hugo Dolmestch, Carlos Künsemüller, Haroldo Brito y Lamberto Cisternas- ratificó la sentencia que acogió la acción cautelar presentada por defensa del agente de la DINA condenado por el secuestro calificado de Álvaro Barrios Duque, y ordenó su inmediata libertad.

La sentencia reitera el criterio del máximo tribunal que ha acogido diversos recursos de amparo presentados por condenados por delitos comunes en situaciones similares, resoluciones que establecieron que el Ministerio de Justicia no tiene facultades para revisar los criterios de las comisiones de rebajas de condenas de los tribunales de alzada.

Estimada Karlita (con K) Rubilar: Hoy reflexionaba acerca de lo que hiciste al denunciar con bombos y platillos, coche de guagua mediante, la existencia de detenidos desaparecidos falsos. Guardaste celosamente los nombres, esperando el momento propicio, tu intención era no herir a nadie. Hoy reconoces errores en la forma, pero no en el fondo, desconociendo […]

Estimada Karlita (con K) Rubilar: Hoy reflexionaba acerca de lo que hiciste al denunciar con bombos y platillos, coche de guagua mediante, la existencia de detenidos desaparecidos falsos. Guardaste celosamente los nombres, esperando el momento propicio, tu intención era no herir a nadie. Hoy reconoces errores en la forma, pero no en el fondo, desconociendo la relación intrínseca entre ambas, no por nada elegiste hacerlo como lo hiciste.

De nada ha servido que Sebastián Piñera te exculpe con eso que para el Golpe de Estado no habías nacido, te advierto que hay gente muy mala que asegura que quien te soplaba al oído lo que deberías hacer es nada menos que el Mamo Contreras a través de interpósita persona, tu asesor jurídico Javier Gómez que tiene un prontuario como abogado (otros más tendenciosos aún dice que no lo es….ojo al piojo) que ni te explico, si hasta anduvo asesorando a la defensa de Paul Schaffer, el nazi pedófilo de Colonia Dignidad, “dime con quien andas y te diré quien eres”, pero en fin, tú decides de quienes te rodeas.

Pero volvamos a lo que me convoca, metiste la pata o te hicieron meterla, solo que hay metidas de pata y metidas de pata y esta es imperdonable, más aun en tu condición de Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Honorable Cámara de Diputados, que te exige ser consecuente con esa investidura. Informarte, cotejar, empaparte de la realidad cruel que vivimos miles de familias en nuestro país en dictadura y que en democracia seguimos viviendo gracias a la falta de voluntad política de la Concertación y al constante boicot del sector al que tu representas en avanzar en la legislación para un NUNCA MAS, populismo mediante, tu partido, Renovación Nacional y la UDI, siguen siendo los sostenedores ideológicos de la dictadura, si no ¿cómo se explica que hayan votado en contra de la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada?

Ya se que llego re tarde con la información, pero Luis Emilio Recabarren González fue detenido y hecho desaparecer el 29 de abril de 1976, junto a su esposa Nalvia Rosa Mena Alvarado (embarazada) y a su hermano Manuel Guillermo, su padre, Don Manuel Segundo Recabarren Rojas es hecho desaparecer al día siguiente, el 30 de abril, todos eran militantes del Partido Comunista. Luis Emilio y Nalvia Rosa fueron detenidos junto a su hijo de dos años, del mismo nombre que su padre, quien fue abandonado a pocas cuadras de su casa por los agentes de la DINA, él sobrevivió. Fíjate que además el Ministro Alejandro Solís lleva en la actualidad el proceso por la desaparición de esta familia y esta a punto de dictar autos de procesamiento, logrando determinar responsabilidades de los hechores. Era cuestión de ponerle tinca para darse cuenta de lo infundado del “datito” que te estaban entregando, esa era tu pega o debió ser.

Por último te cuento que la otra noche, te ví en los tres canales de televisión casi a la misma hora, a saber, canal 13, Chilevisión y Televisión Nacional, todos ellos ubicados en un mismo sector geográfico. Igual te imagino corriendo con el coche para cumplir con esos compromisos mediáticos para “dar la cara” como insististe, que no vas a renunciar, decías, que pedías perdón por la forma pero no por el fondo, decías, o sea insististe en sostener lo insostenible, además agregaste que habías recibido un e-mail de un familiar de los Recabarren González en que te agredía y tu tuviste la grandeza de contestarlo y lo que tu hiciste ¿cómo se llama?

Santo Tomás de Aquino, Padre de la Santa Madre Iglesia reconoce distintos tipos de tontos y tonterías y buscándole el ajuste, lo tuyo correspondería a un “Intellectus rudissimi idiotae”, que grafica a “un idiota que toma por falso aquello que no puede comprender” (Summa Contra los Gentiles, Ed BAC).

Atentamente,
GABRIELA ZUÑIGA FIGUEROA
(Esposa de Alvaro Barrios Duque, detenido desaparecido el 15 de agosto de 1974)

Nota:
Si te dicen que lo han visto bailando cumbia allá por Colombia, no hagas tal con denunciarlo como un falso desaparecido, se trata de un alcance de nombre y apellido con un gran y reconocido artista plástico de ese país y que andaría por ahí en edad con MI ALVARO de no haber sido hecho desaparecer por tu ya sabes- espero- quienes.

Ahora bien, como al parecer Argentina sería un lugar adecuado para hacer aparecer a nuestros familiares, si te dicen que fijo que MI ALVARO, fue visto y oído hablando con ese acento tan característico, tampoco hagas tal con denunciarlo, se trataría de otro alcance, esta vez de apellido, pues sería Lucas BARRIOS, jugador de Colo Colo. Todo esto te lo cuento con el ánimo de evitarte otro bochorno.

Santiago 9 de enero de 2009

 

 

Sol, nieve y nostalgia.

Origen: Sol, nieve y nostalgia.

Sol, nieve y nostalgia
Rossana Cárcamo Serey
De madrugada me atacó la nostalgia y no pude sacarla de mi lecho. Me susurraba al oído canciones añejas y trasnochadas; me decía que las cosas han cambiado, que los amigos crecieron y se hicieron padres de familia y profesionales y que mis tías y tíos van acumulando arrugas y achaques, sin poder hacerles el quite.
Me contaba un poco avergonzada que no le gusta molestarme, pero se siente bien cuando la dejo abierta una rendija para acurrucarse en mi pecho.
Ella está convencida que su calor derrite la escarcha del jardín y que su respiración ahuyenta al viento gélido de Europa.
Me pedía que no la dejara morir, porque si lo hacía, nada tendría sentido.

Necesito el olor a tierra mojada, a vereda húmeda en tarde de primavera.
Me es urgente recorrer las calles que sólo he pisado en sueños estos últimos años.
Mi vista escudriña en cada recodo de la memoria algún detalle nuevo, alguna sorpresa para empezar el día.
Intento suplir las imágenes perdidas con fotos virtuales, pero el espejismo desaparece cuando toco la pantalla del ordenador
Por momentos, el sol que asoma y juega entre las nubes, me hace volver a la adolescencia y una sonrisa se dibuja entonces, frente al cristal de la ventana.

Entre la querencia y yo hemos firmado un pacto de no agresión, yo no le cierro el paso y ella me suministra esa cuota de valor, para no olvidar.

Diecisiete años duró la dictadura y dieciocho años lleva la Concertación sin hacer esfuerzo alguno, para que los chilenos obligados al destierro puedan volver.
Es cierto, yo no he sido nunca una exiliada, jamás me he considerado así, porque nadie me expulsó del país, pero no puedo condenar a mi hijo a vivir lejos de su padre.
El amor me trajo a tierras lejanas y aunque apagué la flama por voluntad propia, no puedo castigar al fruto de tal unión con un retorno anticipado.
A veces me sale la amargura de la derrota, la pena por esa alegría que creí llegaría para todos y que sólo ha tocado a unos cuantos que cambiaron vestiduras.

Cae el polvo de nieve y mis ideas tienden a congelarse.
El crepúsculo avanza y sé que debo comer, estudiar y estar con los míos, pero me aferro al teclado en un acto de rebeldía.
No hay caso, sigo siendo una niña en un cuerpo de cuarenta años.

Sol, Nieve y Nostalgia

Hoy mataron a Lenin, mi padre.

Hoy mataron a Lenin, mi padre.

Lorena Díaz Ramírez perdió a su padre cuando tenía dos años. Se crió mirando la única fotografía que conservó su madre junto con un reloj, unas colleras y algunos objetos que quedaron tras su desaparición el 9 de mayo de 1976 en manos de la DINA. Recién a los 38 años encontró un documental ruso en el que salía entrevistado. En un minuto y 54 segundos pudo por primera vez oír su voz.

Es mediados de los años 90. En la casa de Lorena Díaz, donde vivía con su madre en Macul, hay poca luz. El living es un lugar sobrio, triste, con un detalle que lo hace distinto al resto de las casas de sus compañeros de universidad. En una mesa hay un retrato viejo, en blanco y negro, donde aparece un joven de 29 años de piel morena y rostro delgado. El papel tiene una arruga que atraviesa la fotografía.

En ese tiempo, Lorena pocas veces respondía cuando le preguntaban por esa foto. Y si lo hacía, su respuesta era tan demoledora que en la mayoría de las veces el diálogo se cortaba:

Mi papá es un detenido desaparecido- respondía, tajante.

No más preguntas.

Lorena tenía dos años cuando se llevaron a su padre de la casa de su abuelo materno en Quinta Normal. Ese día, Lenin Adán Díaz Silva, economista y miembro de la Comisión Técnica del Partido Comunista, pasó a formar parte de la lista de detenidos desaparecidos del PC en el operativo conocido como Calle Conferencia, donde otros siete compañeros sufrieron el mismo destino.

Aunque sabía que apenas ocurrió el Golpe de Estado de 1973 el régimen militar perseguía a sus opositores, aun así, Lenin optó por quedarse en Chile, sin sospechar que ese 9 de mayo de 1976 no vería nunca más a su esposa Apolonia y a su pequeña hija, que meses después lo esperaría tardes enteras en el living de su casa de la población Llico de San Miguel para que le diera la mamadera.

Esa mañana, Lenin salió confiado a la reunión que tenía pactada con Elisa Escobar Cepeda. Lo que no sabía Lenin era que la mujer, que había sido detenida la semana anterior, era custodiada por agentes de la DINA, y se había convertido en delatora.

Lenin Díaz fue llevado al centro de detención y torturas Villa Grimaldi, desde donde se perdió su rastro para siempre. Elisa corrió la misma suerte y hoy ambos son parte de los más de mil detenidos desaparecidos que dejó la dictadura.
Lorena creció contando la historia de su padre por partes o simplemente callando cuando no se sentía segura. Desde niña supo lo que era la clandestinidad, lo que se podía decir y lo que no.

-A medida que pasaron los años fui entendiendo otras cosas. Aprendí a intuir cuándo podía contar mi historia y cuándo no.

Su madre, Apolonia Ramírez, le había advertido desde chiquitita que lo que le había ocurrido a su padre no era una información que podía compartir con cualquiera. Aunque siempre supo que su papá estaba desaparecido, cuando era niña pensaba que cualquier día podía aparecer.

No se sienten los pasos del papá, ¿a qué hora va a llegar?- repetía todos los días sentada en el living de las distintas casas que fueron ocupando hasta llegar a la población Llico, en esas oscuras tardes de los 70.

Mi mamá siempre me dijo que el papá era un detenido desaparecido, me decía que pensaba distinto, que quería un Chile mejor para todos los niños y que esto a los militares no les había parecido y por eso no sabíamos dónde estaba. Me decía que había gente que trabajaba día a día buscándolo a él como a tantos otros -recuerda.

MI VECINO TORTURADOR

En esos años, Lorena y su madre se cobijaron en la Vicaria de la Solidaridad, que era como el patio de su casa. Allí creció, aprendió que la familia era más extensa que la sanguínea, jugaba con otros hijos de detenidos desaparecidos y era cuidada por Lorena Pizarro, quien celebraba sus graciosas imitaciones a la cantante mexicana Daniela Romo, mientras su madre participaba de extensas reuniones con dos jóvenes abogados de derechos humanos, Nelson Caucoto y Pamela Pereira, para revisar los escasos avances que había sobre su padre y de los más de mil detenidos desaparecidos en la dictadura de Pinochet.

Tuvo varias crisis. Las recuerda perfectamente. La primera fue a los seis años, cuando no quería tomar su leche. Tiempo después lo conversó con una psicóloga y entendió que el recuerdo inconsciente de su padre dándole la mamadera antes de dormir, la había marcado a fuego.

-Es algo que nunca pude resolver. Es el link directo que me hace recordar a mi padre. Hasta hoy veo la leche y me dan arcadas.

Ese es uno de los recuerdos que la marcó. El otro vino después, cuando comenzó a llorar insistentemente preguntando cuándo podría ver nuevamente a su papá y Apolonia cortó el llanto en seco:

-Tu papá está desaparecido y no sabemos dónde está. Puede que esté muerto -le soltó.

Mi mamá fue muy ruda con todo eso, hubo un tiempo que se lo critiqué mucho, pero después la entendí. Lo hizo para salvarme, para ayudarme a entender que mi papá nunca más regresaría y que debía vencer el dolor. Ella no era una mamá típica, como las de mis compañeros de liceo, sino que era casi un emblema de la perfección en esta lucha junto con esta familia que era la gente de la Vicaría, de la Agrupación de Detenidos Desaparecidos y de los DDHH.

Aunque la frase de su madre la golpeó, la rabia, la impotencia y el llanto con los años se transformaron en orgullo. Hasta hoy Lorena se pregunta cómo le habría explicado ella a sus hijos lo que su mamá con mucho dolor le transmitía.
No me imagino explicándoles a mis hijos que ‘hoy día vamos a ir a tirar panfletos, pero no puedes comentarlo con nadie’. Pero era nuestra realidad. A todos los hijos de detenidos desaparecidos nos tocó acompañar a los papás a reuniones… Nosotros tratábamos de jugar a la normalidad en medio de esa masacre que habíamos vivido.

A la par de sus tardes en el patio de la Vicaria, conoció a su primera gran amiga del barrio. Eran vecinas en la población Llico. A veces Lorena se quedaba en su casa mientras Apolonia salía a protestar a la calle. El padre de su amiga Loreto Mena la tomaba en brazos y la cuidaba. Años después se enteraría que aquel padre acogedor y cariñoso había sido agente de uno de los aparatos de exterminio creados por Pinochet y no vería nunca más a su amiga Loreto.

-Era el torturador perfecto. Cuando en los años 90 comenzaron a abrirse los casos de derechos humanos en los tribunales y la prensa empezó informar, me enteré que había sido parte de la CNI. Tiempo después intenté buscar a Loreto por Facebook, pero nunca di con ella -dice Lorena.

VILLA BAVIERA

La Pola, como conocen a su madre en la Agrupación de Detenidos Desaparecidos, atesoraba sus recuerdos de Lenin, y Lorena, intentaba recordar. Lo más bonitos eran en la ex Unión Soviética, cuando el PC los becó para estudiar economía en la universidad Patricio Lumbumba, en Moscú. Años después, Lenin sería nombrado por el fallecido presidente Salvador Allende en 1972 como director de la minera La Exótica.

Mis padres eran dos cabros proletas, de familia obrera, inteligentes. Se fueron muy jóvenes y viajaron en esos años cuando nadie viajaba, en los años 60. Mi papá se vino primero a trabajar al gobierno de Allende y mi mamá llegó después, justo el año del golpe. Por eso su historia con él es muy corta, como la mía. Una historia de espera, de amor a distancia que había que reconstruir.

Lorena se había criado con historias fabulosas de su padre. Pero no conocía sus gestos, su olor, sus manos. Creció mirando esa foto en blanco y negro que estaba en el living de su casa. Desde pequeña había imaginado la manera de tenerlo en su habitación y un día sin que su madre se diera cuenta abrió una maleta que estaba guardada en uno de los clóset de la casa. Descubrió que Apolonia había hecho varias mudas de ropa con la esperanza de llevárselas a su esposo si algún día lograba saber dónde estaba detenido. La maleta quedó guardada durante meses hasta que Lorena la abrió.

-Tomé la ropa de mi papá y puse sobre la cama una camisa, un pantalón, un par de calcetines y sus zapatos. Eso fue un hito en mi vida. No había fotos, no había información, pero estaba esa figura que me permitió armarlo, imaginar cómo sería. Estuve años deseando soñar con él cuando me dormía, pero no lograba, no soñaba… Poco a poco en mi vida fueron pasando cosas que me permitieron saber que mi padre había sido real, que había caminado, que había generado lazos, que había amado -explica Lorena.

De pronto, Lorena comenzó a usar la ropa de su papá. Era adolescente y, en vez de vestirse como las niñas de su edad, ocupaba una camisa de él y la anudaba en las puntas porque no era de su talla. Usó durante años sus beatles y un abrigo escocés. Lo hizo hasta que un día su mamá invitó a los familiares más cercanos a una comida y en unas bolsitas guardó cosas de Lenin y a cada uno le regaló algo.

A los 13 años, Lorena habló con su abuela paterna. En uno de los tantos veraneos en Vallenar, la tierra natal de Lenin. Conversaron por varias horas. Llegaba así la segunda crisis que vivió Lorena: quería que le dijeran cómo era su papá, qué le gustaba comer, si era divertido o no, cómo era cuando se enojaba, cómo le iba en el colegio, cómo eran sus amigos del barrio, cómo había sido de niño, de joven, cómo había sido como hijo. Lorena estaba cansada del duelo permanente y de vivir con un dolor que, según sus palabras, no se apagaba nunca.

Le pedí que me hablara de él. Se lo pedí también a la gente de la Vicaría, a todas las personas que lo habían conocido.

Su abuela le mostró el lugar donde dormía su papá. Y le contó que era buen hijo, apegado a ella, que le gustaba leer poesía, comer tallarines, ver peleas de boxeo y escuchar a Jairo. Con su madre esas conversaciones eran difíciles, porque Apolonia estaba preocupada de encontrarlo. Lorena tampoco quería aflorar en ella el dolor que también sentía por su ausencia.

A medida que fue creciendo, Lorena comenzó hacer suya la lucha de su madre por encontrar a Lenin. A las 13 años viajó junto a una delegacion de niños a Europa para ser parte del “Tribunal Infantil para juzgar a Pinochet”, donde junto a 9 niños representantes de las violaciones a los DD.HH y Carmen Gloria Quintana, entregaba su testimonio hasta 5 veces por día.

A los 24 años fue parte de una querella conjunta contra Pinochet, el mismo año que este caía detenido en Londres. No era un simbolismo. Lorena había decidido formalizar su búsqueda e iniciar el largo camino que su madre había trazado desde 1976 al alero de la Vicaria.

En el 2012, se querelló en contra de 20 ex uniformados encabezados por el ex director de la DINA, el general (R) Manuel Contreras y el ex brigadier Pedro Espinoza, responsables de torturas, desapariciones y asesinatos perpetrados en centros clandestinos de represión como Londres 38, José Domingo Cañas, Villa Grimaldi, Tres y Cuatro Álamos y Simón Bolívar, entre otros.

Mi mamá es más dura, rígida, las cosas para ella son o no son. Yo siento que mi mamá tiene en su rostro una inflexión de tristeza profunda. Una mirada de ausencia. Ella no comulga con los sicólogos, encuentra que sólo son buenos para mí, pero no para ella. A veces la veo sonreír, pero igual se nota su tristeza. Cuando estamos en alguna comida con la familia, pienso en las ganas que ella tendría de estar con su esposo al lado y disfrutar ese momento. Veo a mi viejo entre nosotras. Ella ha sido sola en la vida, con grandes amistades, pero sola. Tuvo la oportunidad de rehacer su vida, de parar la búsqueda. Pero ella eligió esta ruta y yo caminé de su mano.

Cuando a partir del año 2000 comenzaron los allanamientos en Villa Baviera y se confirmó que también había sido un centro de reclusión y tortura de prisioneros políticos, Lorena y su madre viajaron a la Séptima Región con la secreta esperanza de hallar ahí a Lenin Díaz.

Madre e hija se paraban en frente a los portones del enclave alemán para protestar con carteles que fabricaban en la casa: “Por la vida y por la paz que nos digan dónde están”, gritaban mientras pasaban raudos los autos de la Policía de Investigaciones en los operativos de la época. Lorena aún creía que lo encontraría, imaginaba que podría estar desnutrido y demente. Sus amigos le preguntaban qué iba hacer si estaba en esas condiciones. Ella sólo pensaba en abrazarlo.

-La imagen latente de no poder cerrar un ciclo era terrible con cada cosa o avance que escuchábamos en la prensa o en la Agrupación. Ahora con todo lo que sabemos tenemos claro que es imposible que haya resistido a la tortura, pero como en esos tiempos no había información, teníamos una esperanza. Porque uno a los muertos los llora y los entierra y yo no he podido hacer eso con mi papá. ¿A quién entierro yo? A un padre que no recuerdo, un olor que no recuerdo, texturas que no recuerdo -dice.

¿Cuándo perdiste la esperanza de encontrar a tu papá con vida?
-La perdí recién a los 25 años, un poco antes de casarme. Puedo parecer ingenua, pero cuando estaba en la universidad pensaba que me lo podía encontrar en la calle, que podía ser un mendigo, que lo habían torturado tanto que podía estar ahí botado, medio loco. Eso me duró hasta que me casé y me convencí que Lenin no estaría presente ese día.

EL REENCUENTRO

El 2012 fue trascendental en la vida de Lorena. Sintió las ganas profundas de realizar un homenaje a su padre. En ese tiempo trabajaba en el Museo de la Memoria y organizó junto a sus primas todos los preparativos. Había pensado que sería algo íntimo, pero la cadena de correos electrónicos y las preguntas que sus amigos les hacían por Facebook, provocaron lo contrario. Durante 20 días le llegaron cientos de correos con fotografías de su padre haciendo deportes, en la universidad, y de un momento a otro reconstruyó dos décadas de Lenin a través de imágenes.

-Al comienzo, el acto homenajearía sólo al Lenin Díaz militante, que era su condición inalienable, pero se armó un acto también para el Lenin papá, hijo, amigo, el estudiante; el Lenin cotidiano que yo había perseguido por años. De pronto, era también el abuelo de mis tres hijos… Eso marcó otro ciclo en mi vida -recuerda.

En medio de la organización del acto se encontró con Verónica Troncoso, quien estaba trabajando en un proyecto llamado Arqueología de la Ausencia, que reconstruía la vida de los detenidos desaparecidos por medio de textos, fotos y objetos, entre otros elementos. Fue en ese entonces que se encontró con una sorpresa.

Lorena le había hablado a Verónica que sabía de la existencia de un documental donde aparecía su padre, pero que nunca lo había podido encontrar.

-Se trataba de un documental que mi mamá lo había buscado durante toda su vida. Había preguntado en la embajada de Rusia y en la universidad donde habían estudiado en los años 60, pero había sido imposible hallarlo -explica Lorena.
Finalmente, Verónica Troncoso lo encontró: se trataba de “Continente en llamas”, que había realizado el documentalista Roman Karmen en 1972 y que registraba los principales cambios políticos y sociales que vivía Latinoamérica en ese tiempo y entrevistaba a los jóvenes que los lideraban.

-Lo había esperado toda la vida. Recuerdo que Verónica me lo envió y me encerré en mi pieza sola. No quería que nadie me acompañara.

Lorena se sentó en el suelo de su dormitorio e instaló el computador en la cama. Cuando puso play, fue mirando con nerviosismo cómo se sucedían las imágenes.

Recuerdo que lo detenía a cada momento pensando que era mi padre, buscando su cara. Salían imágenes de mucha gente y todos para mí eran mi padre. El corazón me latía muy rápido -recuerda.

Habían pasado 13 minutos cuando escuchó su voz y vio a Lenin en primer plano.

-Lo identifiqué de inmediato, porque era verme a mí con el pelo corto -dice emocionada.

Durante un minuto y 54 segundos pudo oír su voz. Lo miró gesticular. Observó detenidamente sus rasgos y el color de sus ojos. Lorena veía por primera vez al hombre de la fotografía en blanco y negro que estaba en el living de su casa, con vida.

Sentí que todo lo que había vivido a mis 38 años era consecuencia de este ser que estaba ahí y que se movía, que podía oir su voz, gesticular con sus manos, que estuvo vivo en algún minuto, que fue parte del mundo. Me sentí afortunada, privilegiada… quería abrazarlo y decirle que habíamos sobrevivivido, y que yo estaba viva, que tenía hijos, familia, trabajo, un esposo, que era feliz.

Luego de ver el documental y del acto en el Museo de la Memoria, Lorena pensó también cómo integraría a sus hijos en este camino.

-Ellos saben que su abuelo está muerto, porque cuesta explicarle a ellos que es un detenido desaparecido. Con mis hijos he tratado de que el relato hacia ellos sea desde la historia, desde el corazón. No quiero transmitirles odio, a pesar de que me cuesta decir que no lo siento. En mi fuero interno me resulta imposible no odiar a Pinochet o al ex agente de la Dina, Marcelo Moren Brito. Pero lo que he hecho es convertirlo en energía positiva. Y lo he logrado. He hecho una vida y voy con el dolor de la mano, pero sin dejar de reír.

Lorena dice que a veces se cuestiona el celebrar el cumpleaños de su padre, sobre todo cuando una de sus hijas le pregunta cómo lo celebran si él no está. Entonces se siente convencida, ellos son nietos de un desaparecido, como tal, parte de estos ritos.

Pese a eso, dice que no le gustaría delegar en ellos la búsqueda de su padre, pero ahora con el tiempo parece inevitable.

Si yo no puedo encontrarlo, ellos van a tener que seguir. Pero hoy, a 40 años del golpe, quiero más que nunca que llegue el día en que pueda mirar a mis 3 hijos y decirles con un abrazo que hemos encontrado por fin verdad y justicia.

000000000000

lenin_leyendo+

Lenin Díaz Silva

Lenin Díaz, de profesión economista, nace en Vallenar el 2 de mayo de 1945 y, con su compañera Apolonia Ramírez, tiene una hija: Ana Lorena. Al igual que su padre, hermanos y otros integrantes de su familia, Lenin integra el Partido Comunista.

Cursa su primer año escolar en la Escuela Nº 3. Por motivos de trabajo, la familia se muda al Norte, a la Oficina Salitrera María Elena, y luego al puerto de Tocopilla. Desde chico tiene aptitudes multifacéticas; le gusta escribir poesía, los deportes, el fútbol y el boxeo.

En 1963, ingresa a estudiar Economía a la Universidad de los Pueblos Unidos Patricio Lumumba, en la Unión Soviética; universidad que recibía a alumnos de escasos recursos y buen rendimiento de distintos países. Allí Lenin incrementa su activismo político, participando de las actividades de la universidad. El primer año aprende rápidamente ruso y obtiene una nivelación en la carrera, y al poco tiempo se está formando como actor, escribiendo poesía y practicando deportes con excelencia.

Conoce a su mujer, Apolonia, mientras forma parte del comité de pre selección de los alumnos. Se comienza a enamorar de ella al leer una pequeña biografía que cada postulante tenía que escribir para cursar su aplicación. Lo conmueve la historia tan dura de la familia de Apolonia.

En 1970 vuelve a Santiago y comienza a trabajar en la Mina Exótica, dependiente de Codelco y parte fundamental de la nacionalización del cobre. Tras el golpe de Estado, pasa a la clandestinidad, operando con la chapa de “Leonel” .

El 9 de mayo de 1976, la DINA detiene a Lenin. Su secuestro forma parte del caso grupo de mayo, denominación que recibe un operativo de la dirección de inteligencia del régimen militar para desmantelar al PC que culminó con diversos detenidos en ese mes (entre ellos, Mario Zamorano, Jorge Muñoz, Jaime Donato, Uldarico Donaire, Elisa Escobar y Marcelo Concha Bascuñán). A pesar de los esfuerzos de su compañera Apolonia, no se ha podido determinar la fecha de su muerte ni localizar certeramente su cuerpo. Se sabe que estuvo en Villa Grimaldi y que aún estaba vivo entre el 24 y 26 de agosto de  1976, cuando Isaac Godoy recuerda haberlo visto en ese lugar.

 

Fuentes:
Memoria Viva
Testimonio de Apolonia Ramírez, mujer de Lenin Díaz
Testimonio de Lorena Díaz Ramírez, hija de Lenin Díaz
Testimonio de Lidia Silva (QEP), madre de Lenin Díaz

Reportaje The Clinic: “Mi papá Lenin”. En: http://www.theclinic.cl/2013/09/10/mi-papa-lenin/

Finding Purpose

Insights on thriving in the modern world

Living up life.

Against all odds, a fascinating life.

EL FARO DEL FIN DEL MUNDO

¿No da acaso lo mismo un puerto que otro puerto?

Con el corazón en la mano

"Poesía es hablar con el corazón en la mano."

DE LA PLUMA AL TECLADO

Blog de Guadalupe Lara

ChronosFeR

Música, Literatura, Fotografia, Cinema,Cultura.

Única Solución Revolución

Sitio oficial de publicación de análisis, reflexiones, situaciones políticas de la organización política revolucionaria "Trabajadores al Poder".

Conviviendo con la fibromialgia

Es un intento de dar un poco de felicidad a los enfermos de fibromialgia. Un espacio libre de opinión donde todos podemos expresar nuestros sentimientos, vivencias, mejoras, etc.

How to blue

Un blog acerca mi vida personal sientete libre de juzgar.

Poeta da Garrafa

Este sítio expõem a palavra, a imagem, a voz da minha poesia. Foto: Odilon Machado de Lourenço.

En la orilla de Misly

Amo, luego vivo.

A %d blogueros les gusta esto: