Montaje de Prensa . Operación Revista Para Ti

Operación Para Ti

Su hijo desapareció cuando tenía 17 años. Y la parió madre, militante y fundadora de la organización Familiares. Fue secuestrada, torturada en la ESMA y obligada a posar en un falso reportaje que publicó la revista Para Ti como parte de la campaña de la dictadura, diseñada por una multinacional que hoy trabaja para Monsanto.

thelma

El momento más denigrante del periodismo argentino tiene fecha: setiembre de 1979. Fue cuando la dictadura desplegó en los medios los servicios de la agencia multinacional Burson Marsteller. Pagó 1 millón de dólares para que le diseñaran una campaña que neutralizara la primera visita de una comisión internacional dispuesta a investigar las denuncias por violaciones de derechos humanos. Se sabe hoy que a Burson Marsteller le corresponde el copyright del inolvidable slogan “Los argentinos somos derechos humanos” que el entonces ministro del Interior, Albano Harguindeguy, mandó imprimir en 250.000 calcomanías autoadhesivas. Lo que no se sabe aún es si esta historia de Thelma Jara de Cabezas hay que leerla en el contexto de esa campaña y como una de sus mentiras más exitosas y perdurables.

Aparatos

Estoy sentada en la cocina de la modesta casa de Thelma y, con pudor, coloco el grabador arriba de la mesa. No es casual que en ese momento me muestre el celular que le entregó el programa de monitoreo de testigos de los juicios por delitos de lesa humanidad. “A las dos y media me tienen que llamar para control”, me advierte. Noto la paradoja: el teléfono y el grabador tienen el mismo tamaño. Y en esa mesa, los dos se convierten en un arma.

Rezo

La memoria de todo sobreviviente es un arma cargada de recuerdos. Thelma los dispara sin orden. No hay relato: hay fragmentos. Son esquirlas que por su intensidad se precipitan sobre la mesa. “Mi cabeza ya no es tan clara. Hay cosas que no recuerdo y otras que no puedo olvidar. Por esas, rezo”.

Rupturas

Thelma es una princesa guaraní. Nació en Corrientes, se casó en Ushuaia, parió a sus 2 hijos en Buenos Aires y regresó al fin del mundo hasta que dijo basta. Desde entonces, se radicó en Carapachay, donde crió a sus varones, sola. Trabajaba de asistente dental. Era activa, moderna, decidida. Los 70 la encontraron sin tiempo para la política, pero alentando a sus hijos a volar tras sus sueños. El mayor, Daniel, se fue a México a estudiar cine. El menor, Gustavo, comenzó a participar en la agrupación Montoneros. El 10 de mayo de 1976 lo secuestraron en un operativo callejero. Había militado sólo seis meses. Tenía 17 años.

Madres

La desaparición de Gustavo convirtió a Thelma en una de las fundadoras de Familiares, la primera organización de derechos humanos nacida en plena dictadura. “Familiares era apenas un escritorio dentro del departamento de la Liga Argentina de Derechos Humanos, ahí en Callao y Corrientes, justo arriba de la confitería Odeón”, evoca ahora Thelma. “En esa época no entendía por qué no querían que vaya a Plaza de Mayo. Me escapaba igual y me quedaba un ratito, para hablar con otras madres. Ellas tenían muchas ideas, siempre pensaban qué hacer. Con el tiempo me di cuenta de que mis compañeros no querían que fuera por cuestiones de seguridad. Pero eso lo entendí mucho después: el peligro”.

Papa

La princesa guaraní se convirtió, entonces, en un cuadro montonero. En plena dictadura y con un coraje que la llevó hasta la mexicana localidad de Puebla, donde en febrero de 1979 se celebró una reunión del Episcopado latinoamericano. Logró entregarle al Papa Juan Pablo II las denuncias por las desapariciones en Argentina. De ahí, viajó a España a entrevistarse con la conducción de Montoneros. En todo el trayecto estuvo escoltada: la siguieron.

thelma 1

Secuestro

Thelma fue secuestrada el 30 de abril de 1979 en la puerta del Hospital Español, en plena Capital porteña. Había ido a cuidar a su ex marido. “Lo trajeron desde Ushuaia en avión sanitario. Cáncer terminal. Moribundo. Son las 7. Lo sé porque justo entra un médico y se enoja mucho porque yo estoy ahí y no es el horario de visita. Salgo y veo una fila de autos en la puerta, uno detrás del otro. Atrás mío siento que hay alguien, caminando apurado. Hay algo raro en las luces de los autos. ¿Qué hago? Decido ir hacia la esquina porque hay una parada de colectivo, y veo mucha gente en la cola, esperando. Ahí, el que está atrás mío me agarra de los pelos, me pone la mano en la boca y me empuja adentro de un auto. Me llevan a un lugar. No sé dónde estoy. Es la ESMA, donde empieza todo el trajín de torturas.”

Daniel, el hijo mayor de Thelma, es quien pone en contexto este recuerdo. “En esa época en Familiares se había organizado un grupo de mujeres muy fuertes, decididas. Estaba Cata Guagnini (dirigente trotskista, dos hijos desaparecidos: Diego y el periodista Luis Guagnini), Lita Boitano (madre de Miguel y Adriana, ambos desaparecidos), Graciela Lois (su marido, Ricardo, tenía 24 años cuando lo secuestraron), Lilia Orfanó (también con dos hijos desaparecidos: Daniel y Guillermo), todas madres que trabajaban muy duro y con mucho carácter. Alguien me contó, no recuerdo quién, que la idea era secuestrar a alguna de ellas y eligieron a mi madre. Luego supimos por qué: Julia Sarmiento, que era miembro de Familiares, fue secuestrada y comenzó en la ESMA a colaborar con los militares. Ella la acompañó a Puebla, probablemente sabía que era la única de ese grupo de madres que integraba la conducción de Montoneros”.

Caramelo

Dispara Thelma: “Durante las primeras tres semanas me torturan. Un día por semana. No me acuerdo si lloraba, no me acuerdo si gritaba, no me acuerdo si sentía dolor. Nada, nada, nada: ya no me acuerdo. Me acuerdo que me sacan toda la ropa. Los gritos: ´Vieja de mierda, hablá´. ¿Cuánto tiempo dura? Un ratito no es, te aseguro”.

¿Rezabas?

No. Ahí no.

Ahí no hay dios

No. Ahí no hay nadie ni nada. Están ellos, 5 ó 6. Está Marcelo: le veo la cara cuando me levanta la venda y me dice: “Mirá”. Y se pone la picana en la mano. “La tengo dormida de tanto darte máquina, y vos nada”. Él se queja y la que recibe tortura soy yo. Después, unos sobrevivientes me contaron que mientras estaba en la sala de tortura, ellos estaban en un cuarto cercano y ahí la luz titilaba, porque cuando dan mucha máquina la tensión baja. También me contaron que una de esas veces lo vieron salir a Marcelo todo transpirado, con la ropa empapada en sudor, quejándose por el trabajo que yo le daba. Marcelo me secuestró y me torturó. Después supe que fue también el que me siguió a Puebla y a España. Fue también el que me acompañó a Uruguay para dar una entrevista a un diario y el que estaba en otra mesa, en ese bar donde hice la entrevista de la revista Para Ti”.

Marcelo es el represor Ricardo Miguel Cavallo, condenado el 26 de octubre de 2011, en el primer juicio por los delitos cometidos en la ESMA, a prisión perpetua.

Otros de los torturadores de Thelma eran el médico naval Carlos Octavio Capdevilla y el enfermero Juan Barrionuevo, que al momento de ser procesado se había convertido en diputado provincial a cargo de la comisión de salud de la legislatura de Tierra del Fuego.

Dispara Thelma: “Después de torturarme me tiran arriba de una frazada, en el piso. Dicen: a esta, nada de agua ni comida por 72 horas. Tengo los ojos vendados. Escucho el ruido de un papel de caramelo. Me acuerdo que uno de los guardias, el más joven, come caramelos de azúcar quemada, esos que se llaman Media hora. No dice nada. Sólo el ruido del papel, muy cerca, como si lo hiciera sonar al lado de mi oreja”.

La agencia

Fue el inefable José Alfredo Martínez de Hoz el que recomendó a la Junta Militar contratar los servicios de la agencia internacional Burson Marsteller para contrarrestar las denuncias que en foros y prensa internacionales lograron difundir Madres y familiares de desaparecidos. Su mano derecha, Walter Klein, por entonces titular de Coordinación y Planificación Económica, fue quien viajó a Nueva York para reunirse con Victor Emmanuel, el responsable de la “cuenta” argentina. Emmanuel admite su participación en el diseño de la campaña de la dictadura argentina en una entrevista que le realizó la investigadora Marguerite Feitlowitz y que publica en su libro A Lexicon of Terror, editado en 1998, y en el que cita extensamente el caso de Thelma. En ese entrevista, Emmanuel justifica: “La violencia era necesaria para abrir la economía proteccionista, estatista” de Argentina. “Nadie, pero nadie, invierte en un país envuelto en una guerra civil”, dice, admitiendo también que “muchas personas inocentes probablemente fueron asesinadas”. Y agrega: “Dada la situación, se requería una inmensa fuerza”.

thelma

Crímenes

De aquella época en Burson Marsteller solo queda hoy el octogenario fundador, Harold Burson, quien en una reciente entrevista explicó cuál es la especialidad de su empresa: “Una agencia de publicidad compra espacios en los medios para dar un mensaje directo. Nosotros nos dedicamos a generar espacios de influencia. Ya sea a través de personas o de medios. Nuestro objetivo es narrar la historia de nuestros clientes de modo de imponerse sobre sus críticos y que las cosas se miren desde nuestro punto de vista”.

La especialidad de Burson Marsteller son los crímenes. Algunos ejemplos:

  1. El gobierno de Nigeria los contrató en la segunda mitad de los años 1960 para refutar las acusaciones de genocidio en Biafra.
  2. Durante el gobierno del dictador Nicolae Ceaucescu, asistió exitosamente a Rumania en sus gestiones para obtener el estatus de nación más favorecida en el comercio internacional por parte de Estados Unidos. La campaña incluyó una visita a Rumania del conocido programa de TV NBC Today. El show se extendió durante una semana.
  3. Representaron a la empresa Union Carbide Corporation, fabricante de las pilas Eveready, para afrontar su responsabilidad por el desastre ocurrido en 1984 en Bhopal, ciudad de la India, que causó la muerte de 2.000 empleados y pobladores vecinos a la planta.
  4. En la década del 90 se especializó en capacitar a los ejecutivos y gerentes de empresas multinacionales de la industria petrolera, sobre el modo de comunicar a la opinión pública desastres producidos por derrames y explosiones.

Credo

Harold Burson admite que tienen un límite: no aceptan trabajar en campañas a favor del aborto. Su entrevistador le recuerda entonces su pasado con la dictadura argentina. Harold Burson responde: “Cierto, pero no trabajamos para la política interna nacional”. Ejemplo típico del credo de Burson Marsteller: no es mentira decir solo algo de verdad.

El objetivo del trabajo de Burson Masteller para la dictadura argentina era otro: diseñar una campaña que desacreditara el informe que la Comisión Internacional de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA, iba a difundir en el mundo luego de su visita a Argentina.

Silencios

La CIDH estuvo del 7 al 10 de septiembre de 1979 en Buenos Aires, del 10 al 14 en Córdoba, el 14 y 15 en Tucumán, pasó por Rosario y regresó a la Capital Federal. Visitó los campos clandestinos de detención de La Rivera y La Perla, en Córdoba, y El Atlético y el Olimpo, en Buenos Aires, que ya habían sido desmantelados. También visitaron la ESMA y por ese motivo los secuestrados allí fueron trasladados. Dispara Thelma: “Nos llevan al Tigre. Hay un grupo grande que está secuestrado en un pozo, bajo tierra. Ahí está el marido de una sobrina mía. Lo sé porque yo cocino para todos. Otras chicas también cocinan. Pero a la segunda o tercera vez que me toca cocinar a mí, escucho una voz que grita desde el pozo: ´Esto lo hizo Thelma porque tiene el sabor suave de sus comidas´. Es Eduardo, el marido de mi sobrina”. Estaban en El Silencio, la isla del Tigre que monseñor Emilio Graselli le vendió a la patota de la ESMA, según la investigación que publicó Horacio Verbitsky. “En ese libro –me dice Daniel, el hijo de Thelma- Vertbisky escribe tres veces que mi mamá le dio una nota a la revista Para Ti. Y no la dio: la obligaron, que es bien distinto. Lo llamé varias veces para aclarárselo, pero nunca me atendió”.

Falsedades

Thelma fue una de las últimas en llegar a la isla. Cavallo y la patota de la ESMA la habían trasladado con documentos falsos a Uruguay para posar en una falsa entrevista que fue publicada el 22 de agosto de 1979 en el falso diario World News, perteneciente la secta Moon. En esa nota le adjudicaban una frase: “Estoy secuestrada por los Montoneros”.

La nota fue reproducida por la agencia oficial Télam y varios diarios locales la publicaron como cierta. De esta manera la dictadura se anticipaba a la denuncia sobre la desaparición de Thelma que presentaría, días después, la organización Familiares en la cita que tenía pautada con la CIDH. Carlos Muñoz, otro de los sobrevivientes de la ESMA trasladado a la isla, declaró en el juicio: “Orlando González, alias Hormiga, que era fotógrafo del Centro de la Marina o Club la Marina, le tomó a Thelma las fotos en Uruguay, que yo revelé, donde se la veía en lugares típicos de Montevideo como si ella estuviera en una especie de exilio”.

Operación

El mismo día que llegó la CIDH a Buenos Aires, la revista Para Ti publicó en su tapa el falso reportaje titulado “Habla la madre de un subversivo muerto”. Cinco páginas, varias fotos y un argumento: una Madre desacreditaba las denuncias de las Madres.

Cuando Thelma declaró extensamente en el juicio a los ex comandantes de la dictadura, el 24 de julio de 1985, detalló que antes de esa entrevista la llevaron a una peluquería, que ubicó en la avenida Cabildo. Luego, le compraron ropa en Once. La entrevista se celebró en la confitería Selquet, en el barrio de Belgrano. El periodista que firmó el reportaje es Eduardo Scola y Tito La Penna, el fotógrafo que retrató a Thelma. Ambos declararon como testigos en la causa que investiga el delito cometido con ese falso reportaje.

Dispara Thelma: “No me dan ninguna explicación. Me dicen que la revista Para Ti quiere saber algunas cosas. Me arreglan un poco. El periodista pone un grabador en la mesa y me hace 2 ó 3 preguntas que no tienen nada que ver con nada. Todo muy seco. El fotógrafo está parado. Se mueve. Parece nervioso. Todo es muy rápido. Después, veo que en la ESMA todos tienen la revista en la mano. Se la pasan. Mirá, dicen. Ellos. A mí no me la muestran. Pero algo pasa después de ese reportaje. Me llevan a una oficina, donde todos los días tengo que copiar algo. Son recortes de diarios, que tienen párrafos señalados. Yo tengo que copiar esos párrafos, a mano. No tiene sentido. Una locura. Todos los días, copiar párrafos. Creo que es nada más que para tenernos ahí, obedeciendo, como esclavos. Dura mucho tiempo, unos cuantos meses. En esa oficina, siempre con la puerta cerrada. Un día abre la puerta así, de golpe, un oficial joven, y me grita: ´Vos nos debes odiar por todo lo que te hicimos´. Le contesto: ´No tengo ese pensamiento. No odio. Lo que siento es un gran dolor, por ustedes y por nosotros´”.

¿Qué te hicieron con ese reportaje?

No lo supe mientras estaba secuestrada ni mucho después de salir, porque no había leído Para Ti.

Heridas

Thelma se dio cuenta de lo que le habían hecho meses después de que la liberaran, el 7 de diciembre de 1979. Su hijo Daniel, que había regresado a Argentina como parte de la llamada “contraofensiva” fue detenido. A Thelma le avisó el represor Cavallo, quien viajó especialmente a Corrientes para darle la noticia. En la puerta de la cárcel, mientras hacía la fila para ver a su hijo detenido, la increpó un familiar de otro preso político. Le gritó: “Traidora”.

Había leído -y creído- la nota de Para Ti.

Bailes

Thelma cierra ahora los ojos y dispara: “A veces hacen bailecitos. Ellos quieren bailar: los guardias. Ponen la radio y discos también. Tango, y todo lo moderno. Los guardias se ponen a bailar. Las chicas, tan jóvenes, bailan. Y vienen los jefes, los que dan las órdenes, y bailan. Como en un comedor familiar, de club o de salón. Bailan. Y nosotros miramos, sin decir nada. Nunca sabemos cómo va a terminar nada. Nunca. Entonces, nos miramos entre nosotros, callados, como viendo un sueño, un sueño feo. Viendo esas caras, tan malvadas, repugnantes, procurando que eso no nos haga mal, no nos llegue al fondo. Esas caras, bien de película de terror. Tremendo, muy tremendo. Entonces, el esfuerzo por cuidar hasta la expresión, porque parece que todo gesto que hagamos nosotros puede servir de excusa para hacer más daño. Es muy raro lo que nos pasa. No hablar, observarlos. Sin hacer nada para no darles lugar a que hagan peores cosas. Aguantar, para que no se mate a nadie, para que no se torture a nadie. Aguantar, aguantar, aguantar… Pensar que ahora mi cuñada está yendo a la ESMA a bailar. Es jubilada. La pasan a buscar a las 9 de la mañana y la llevan a la ESMA y le dan el desayuno, charlas, conferencias, almuerzo, todo. Y baila”.

¿Vos no volviste?

Nunca más.

Diablos

Daniel, el hijo de Thelma, me pregunta si creo que es posible que un torturador, una bestia como el represor Cavallo puede haber ideado una estrategia mediática semejante como la que condenó a su madre. Relaciona entonces las fechas, la coincidencia de la campaña diseñada por Burson Marsteller y ese reportaje en Para Ti, en el contexto de toda la colaboración que prestó Editorial Atlántida a la dictadura. Dispara entonces hacia el corazón de las operaciones de prensa, que hoy gozan de excelente prestigio: Burson Marsteller acaba de ser nombrada Agencia Latinoamericana del Año 2013 por la publicación especializada en marketing The Holmes Report.

En Argentina, su flamante cliente es la multinacional Monsanto.

Plegarias

Thelma tiene un altar en su cuarto con las imágenes de Cristo, Sai Baba, la pirámide de Plaza de Mayo y la foto de su hijo Gustavo.

Su hijo Gustavo, 17 años

Reza allí todas las tardes una larga cadena de oraciones que ella misma escribe para una lista infinita de nombres que ella misma escoge. Tiene un atado con papelitos donde anota plegarias y personas. Le pido que anote mi nombre. La fotógrafa, también. Thelma los escribe a mano, en su lista infinita. Y dispara: “Mi hijo Daniel me pregunta qué encuentro en esta espiritualidad. Le respondo: tranquilidad. Eso es lo que necesito. Eso es lo que todos necesitamos”. Entiendo: el eterno rezo de Thelma es contra la impunidad. Y por la verdad.

Thelma

El juicio a los editores

La primera denuncia penal contra Editorial Atlántida y los responsables de la revista Para Ti por la publicación de la falsa entrevista a Thelma Jara de Cabezas se presentó en 1984 y fue archivada luego de la sanción de las leyes de impunidad. Su abogado era un profesor adjunto de Derecho Penal: Alberto Fernández, hoy más conocido como ex Jefe de Gabinete durante la presidencia de Néstor Kirchner.

El abogado y periodista Pablo Llonto, es ahora quien patrocina a Thelma en una nueva denuncia criminal contra los integrantes del directorio de Atlántida, “que estaban en conocimiento de la preparación y elaboración del reportaje y de otras notas sobre lo que sucedía en la ESMA y otros centros clandestinos”. La denuncia también involucra a periodistas “que en conocimiento del hecho realizaron el reportaje y con posterioridad no lo denunciaron”. La causa se tramita en el juzgado federal a cargo de Sergio Torres.

Ya declararon como testigos el periodista que realizó la nota y Tito La Penna, el fotógrafo. Dijo: “Hubo algo que me llamó la atención, y que después se lo comenté al periodista. Ella decía que buscaba a su hijo que estaba desaparecido. Y en esa época nadie hablaba de desaparecidos, nadie”.

El juez Torres citó, entre otros, al editor responsable de la publicación: Agustín Bottinelli. Comenzó así una serie de apelaciones con las que el periodista intentó eludir su declaración indagatoria. Concluyeron hace unos meses, cuando la Cámara Federal de Casación resolvió que Bottinelli debe presentarse ante la justicia. No lo hizo hasta hoy. Está esperando que el fallo sea confirmado por la Corte Suprema. En tanto, trabaja como jefe de la sección Sociedad del diario La Prensa.

Jara de Cabezas, Thelma

Juicio a las Juntas, 24 de Julio de 1985

Dr. López: Se llama al estrado a Thelma JARA de CABEZAS.

Dr. Ledesma: – ¿Alguno de sus hijos, señora, fue privado de su libertad?

Cabezas: Mi hijo Gustavo Alejandro.

Dr. Ledesma: ¿En qué circunstancias?

Cabezas: Bueno, el 10 de mayo.

Dr. Ledesma: ¿De qué año?

Cabezas: De 1976, salió de casa a la mañana muy temprano, a acompañar a una amiga.

Dr. Ledesma: ¿El nombre de esa amiga?

Cabezas: Mire ahora no recuerdo, pero le decíamos Kity.

Dr. Ledesma: ¿Le decían?

Cabezas: Kity.

Dr. Ledesma: Prosiga.

Cabezas: Salió de casa, y en la plaza de Martínez hubo un operativo, mediante el cual detenían a los colectivos y hacían bajar a los pasajeros…

Dr. Ledesma: ¿Qué colectivo era, sabe qué línea era?

Cabezas: No estoy segura, pero creo que era el 314.

Dr. Ledesma: ¿Cómo se enteró de eso?

Cabezas: Porque me vinieron a avisar, gente que había visto el operativo y que, casualmente, había un conscripto que conocía a mi hijo; el operativo era de Carapachay, donde vivíamos.

Dr. Ledesma: ¿Puede dar el nombre del conscripto?

Cabezas: No, porque no lo ubicamos después.

Dr. Ledesma: ¿Y otros datos para identificarlo?

Cabezas: No tengo ninguno.

Dr. Ledesma: Prosiga señora.

Cabezas: Y al bajar todos del colectivo, esta chica hechó a correr, le tiraron y la mataron, y a Gustavo lo subieron a un camión.

Dr. Ledesma: ¿Cuánto tiempo después se enteró usted de este hecho?

Cabezas: A los pocos días.

Dr. Ledesma: ¿Efectuó alguna denuncia?

Cabezas: Sí.

Dr. Ledesma: Al respecto.

Cabezas: Sí, sí, sí.

Dr. Ledesma: ¿De quién recibió respuestas escritas?

Cabezas: Bueno, de los hábeas corpus, los hice en el Juzgado.

Ledesma: No, fuera de las…

Cabezas: De los hábeas…

Dr. Ledesma: Fuera de los hábeas corpus.

Cabezas: Bueno…

Dr. Ledesma: Usted personalmente, ¿recibió alguna respuesta escrita?

Cabezas: Por ejemplo, yo había presentado una carta al 1° Cuerpo del Ejército, y ahí me contestan que el paso no les correspondía a ellos, y pasaban al área correspondiente, eso es lo único que me dicen.

Dr. Ledesma: ¿Qué actividad desarrollaba su hijo?

Cabezas: Bueno, era estudiante, estudiaba en el colegio Emilio Lamarca de Ballester, estaba en 3° año.

Dr. Ledesma: ¿Qué edad tenía?

Cabezas: 17 años.

Dr. Ledesma: ¿Era estudiante secundario?

Cabezas: Estudiante secundario.

Dr. Ledesma: ¿Trabajaba?

Cabezas: No, estudiaba.

Dr. Ledesma: En el colegio, ¿desempeñaba alguna actividad en algún grupo estudiantil?

Cabezas: No, su actividad la desarrollaba cuando había algún festival, o algo así, cosas, digamos, muy infantiles, cosas de chicos…

Dr. Ledesma: ¿Y tenía alguna inquietud política?

Cabezas: Bueno, él decía que era peronista.

Dr. Ledesma: ¿Estaba afiliado?

Cabezas: No, no.

Dr. Ledesma: ¿En algún grupo?

Cabezas: No estaba afiliado.

Dr. Ledesma: ¿Viajó al exterior?

Cabezas: ¿Mi hijo?

Dr. Ledesma: No, no, usted, ¿en procura de averiguar el paradero de su hijo?

Cabezas: Bueno, a raíz de la desaparición de mi hijo, yo comienzo a hacer todas las gestiones, y nos vamos reuniendo con otros familiares, y llego a la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, donde nos ceden un lugar físico y ahí formamos la Comisión de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por razones políticas.

Dr. Ledesma: ¿Usted desempeña algún cargo (inint.) en esa?

Cabezas: Yo era secretaria de organización de esa comisión, en el año ’79 viajé a México, y voy a Puebla.

Dr. Ledesma: ¿Viaja por decisión propia?

Cabezas: Por decisión propia.

Dr. Ledesma: ¿Con dinero particular?

Cabezas: Con dinero particular, y estando en México me integro a un grupo de madres y voy a Madrid para buscar una conexión con el Consejo Mundial de Iglesias, luego nos vamos a Roma.

Dr. Ledesma: ¿A través de quién hace esa conexión con el Consejo Mundial de Iglesias?

Cabezas: Era un pastor, cuyo nombre no recuerdo, y me dan una carta, entonces nos vamos a Roma a pedir una audiencia al Papa, pero en ese momento el Papa viajaba a México; nos recibe y volvemos a Puebla.

Dr. Ledesma: ¿A través de quién había hecho la gestión? ¿Desde México ideó toda la gestión para dirigirse a España, para ver, entrevistar a miembros del Consejo Mundial de Iglesias?

Cabezas: Bueno, este pastor era el que nos iba a dar las direcciones para encontrar, para comunicarnos con los miembros del Consejo Mundial de Iglesias.

Dr. Ledesma: Usted personalmente, ¿había hecho la gestión para comunicarse con él o alguna otra persona desde México?

Cabezas: Madres que vivían en Europa sabían el nombre de este pastor, entonces nos unimos y nos fuimos.

Dr. Ledesma: ¿Viajó usted sola o acompañada?

Cabezas: No, con otro grupo de madres.

Dr. Ledesma: ¿Puede mencionar algunas?

Cabezas: No recuerdo los nombres; en ese entonces, por razones de seguridad, no sabíamos los nombres, nada más que eso, sobrenombres, cosas así, pero sin importancia.

Dr. Ledesma: ¿Vuelve a Puebla?

Cabezas: Vuelvo a Puebla, y bueno en Puebla estábamos todo el tiempo en la reunión de los obispos del CELAM, y estoy ahí hasta marzo, y en marzo vuelvo, me reintegro a la Comisión de Familiares, mientras mi esposo trabajaba en Ushuaia.

Dr. Ledesma: Con relación a su viaje a Europa, y estando allí en alguno de los lugares en los que visitó, ¿tuvo algún contacto con integrantes de la organización ilegal Montoneros?

Cabezas: No señor, no señor, para nada.

Dr. Ledesma: Volvamos a Buenos Aires, ¿llega a Buenos Aires?

Cabezas: Llego a Buenos Aires; mi esposo trabajaba en Ushuaia, era empleado en Vialidad. El 7 de abril lo traen en un avión sanitario, con diagnóstico de cáncer de pulmón, paralizadas las piernas, y lo internan…

Dr. Ledesma: ¿Usted convivía con su esposo?

Cabezas: Desde la desaparición de Gustavo, bueno, él se quedó trabajando en Usbuaia y yo haciendo las gestiones acá.

Dr. Ledesma: Pero, ¿estaba separada?

Cabezas: No, él venía todas las veces que podía.

Dr. Ledesma: Prosiga.

Cabezas: El 7 de abril lo traen, lo internamos en el Hospital Español, y ahí me dedico a cuidarlo, era muy grave su estado, y entraba a las 8 y media de la mañana al hospital y salía a las 8 y media de la noche, y el 30 de abril…

Dr. Ledesma: ¿En dónde pernoctaba usted en esa época?

Cabezas: Me quedaba en la casa de un matrimonio mayor por comodidad, porque yo vivía en la casa de mi madre en Muñiz, y me quedaba muy lejos.

Dr. Ledesma: ¿En la casa de qué matrimonio?

Cabezas: Los dos ya no viven, la señora Carmen BONORA y el señor Emilio BONORA.

Dr. Ledesma: ¿Domicilio?

Cabezas: En Rivadavia. No recuerdo, creo que frente al Parque Rivadavia, al 4000 o no sé.

Dr. Ledesma: ¿Usted para esa época fue privada de su libertad?

Cabezas: El 30 de abril a las 8 de la noche, cuando salía del hospital.

Dr. Ledesma: 30 de abril, ¿de qué año?

Cabezas: De 1979.

Dr. Ledesma: ¿Hasta qué fecha permaneció privada de su libertad?

Cabezas: Hasta diciembre del ’79.

Dr. Ledesma: Prosiga, ¿en qué circunstancias es privada de su libertad, por cuántas personas?, ¿en qué es trasladada?

Cabezas: Estaba esperando en la calle Moreno el colectivo, creo que es el 118 que pasa por ahí, o el 115, no recuerdo bien ahora, y vi acercarse un auto, un Ford, un auto blanco.

Dr. Ledesma: ¿Marca?

Cabezas: Por el tamaño seria un Ford; tenía la puerta trasera abierta y cuando yo me fijé en ese detalle, una mano me tapa la boca y me introduce en el coche.

Dr. Ledesma: ¿Cuántas personas iban?

Cabezas: Cuatro, y hay un detalle, cuando yo salía del hospital, que después de las 8 de la noche, el Hospital Español cerraba la puerta principal que da a la calle Belgrano y teníamos que salir por la calle Rioja, cuando voy a cerrar la puerta para salir, entra un hombre joven, y lo reconozco porque era el que estaba en el auto en el que me secuestran.

Dr. Ledesma: ¿Invocaron alguna autoridad?

Cabezas: No.

Dr. Ledesma: ¿Orden escrita le exhibieron?

Cabezas: Nada, nada, me tiraron, me pusieron esposa y capucha.

Dr. Ledesma: ¿La golpearon?

Cabezas: No, en ese momento no.

Dr. Ledesmmma: ¿La interrogaron en él?

Cabezas: Tampoco, nada.

Dr. Ledesma: ¿Cuánto tiempo viajaron?

Cabezas: Y yo calculo que sería un poco más de media hora.

Dr. Ledesma: ¿Vestían de civil estas personas?

Cabezas: De civil.

Dr. Ledesma: ¿Exhibieron credenciales?

Cabezas: No, ninguna.

Dr. Ledesma: ¿Adónde fue conducida?

Cabezas: Bueno, supe después que era la Escuela de Mecánica de la Armada.

Dr. Ledesma: ¿Cómo lo supo?

Cabezas: Bueno, en el momento me llevan a una sala, me sacan la capucha y veo una sala que estaba tapizada, que después supe que era la sala de torturas.

Dr. Ledesma: ¿Tenía alguna denominación especial esa sala?

Cabezas: Y después supe que le decían la Huevera.

Dr. Ledesma: ¿Por qué le decían así?

Cabezas: Y, porque las paredes estaban tapizadas con cartones que sirven para envasar huevos.

Dr. Ledesma: Pero con posterioridad, ¿usted pudo apreciar personalmente a través de su vista que se trataba de la Escuela de Mecánica?

Cabeza.: No, no, en ese momento no, después supe.

Dr. Ledesma: Digo con posterioridad, no en ese momento.

Cabezas: Sí, después sí, además me preguntaron los otros secuestrados si sabía dónde estaba; yo me imaginaba que estaba ahí, por los ruidos, en el momento ese había fútbol, trenes, gritos de la cancha de fútbol y mucho tránsito.

Dr. Ledesma: ¿Qué pasó allí?

Cabezas: Bueno, ahí, en ese momento, me revisan mi cartera, me muestran una pastilla, no era una pastilla, era como una cápsula negra, me dijeron que era veneno, que era mío; yo no tenía nada de eso, porque además no tenía por qué tenerlo; yo dije que no, después me preguntan quién era mi responsable, como asegurando que yo era militante de alguna organización. Yo digo que no tengo responsable, que yo no soy militante; bueno…

Dr. Ledesma: ¿Mencionan alguna agrupación concretamente?

Cabezas: No, en ese momento, bueno, quieren saber a qué fui a México, a qué fui a Roma, porque ellos ya sabían que yo habia ido a esos lugares porque había una chica que trabajaba con nosotros en la Comisión de Familiares, y estaba trabajando con ellos.

Dr. Ledesma: ¿Cómo se llamaba?

Cabeza.: Julia Estela SARMIENTO.

Dr. Ledesma: ¿Le preguntan algo sobre ella?

Cabezas: Me preguntaron, sí, por qué yo había cambiado con Julia.

Dr. Ledesma: ¿Y efectivamente usted había cambiado con ella?

Cabezas: Sí, yo tenía algo, que no sabia qué era, no sabia porque…

Dr. Ledesma: ¿Sospechaba algo de ella?

Cabezas Algo sí.

Dr. Ledesma: ¿Usted qué le responde?

Cabezes: Les digo que yo no tenía nada contra Julia, pero seguían insistiendo…

Dr. Ledesma: ¿En donde la había visto usted a Julia con anterioridad?

Cabezas: En la Comisión de Familiares, antes que viniera mi marido.

Dr. Ledesma: ¿Dónde se reunían?

Cabezas: En la Comisión, en la Liga.

Dr. Ledesma: ¿En dónde estaba ubicada?

Cabezas: Estaba en la calle Corrientes 1785.

Dr. Ledesma: ¿Cuántas veces habrá concurrido Julia a dicho lugar?

Cabezas: ¿En ese año?

Dr. Ledesma: Sí.

Cabezas Todos los días, hasta que me secuestran.

Dr. Ledesma: Mientras la interrogan, ¿está encapuchada?

Cabezas: Bueno, no. Pero después me vuelven a encapuchar colocándome las manos a la espalda.

Dr. Ledesma: ¿Fue golpeada mientras era interrogada?

Cabezas: Sí, me dieron una cachetada, pero después, como no les decía qué había pasado, qué había hecho en Roma, entonces me desvisten, me ponen arriba de una cama y me torturan con picana eléctrica.

Dr. Ledesma: ¿Allí la seguían interrogando?

Cabezas: Me seguían interrogando; yo les decía que no sabía nada, no tenía nada que decir; preguntaban quién era mi responsable. Había muchas personas a mi alrededor que me interrogaban, aunque no las puede ver porque permanecía encapuchada; luego me sacan la capucha y me muestran fotografías.

Dr. Ledesama: ¿De quiénes?

Cabezas: Todas eran de organizaciones, decían ellos; yo no los conocía, sólo a Julia.

Dr. Ledesma: ¿Y fotografías individuales?

Cabezas: Individuales, yo conocí a Julia, a PUIGROS porque, bueno por la fotografía de los diarios, por todo el renombre que tenía, a FIRMENICH, por la fotografía de los diarios, y después a los demás no.

Dr. Ledesma: ¿Le quedaron secuelas de los tormentos recibidos?

Cabezas: Bueno, yo creo que no, creo que ésa fue la primera vez, después volvieron a torturarme, después de esa noche; bueno, me preguntan si yo tengo un responsable, yo digo, como me seguían torturando, digo, bueno sí, porque…

Dr. Ledesma: ¿Ese mismo día?

Cabezas: ¿Esa misma noche?

Dr. Ledesma: Esa misma noche.

Cabezas: Esa misma noche.

Dr. Ledesma: ¿Todo el tiempo, usted permaneció en ese subsuelo que mencionó?

Cabezas: Si.

Dr. Ledesma: Prosiga.

Cabezas: Yo pensaba; quería saber dónde estaba, y se me ocurrió decir que si, que tenía un responsable, para ver si paraban la tortura, y me preguntaron cómo era, dije, morocho, alto, de traje, pantalón gris y campera azul; entonces…

Dr. Ledesma: ¿Sin nombrarlo?

Cabezas: Sin nombrarlo. Entonces paran la tortura, y me dicen dónde me van a mandar, y me llevan a Capucha.

Dr. Ledesma: Cuando dijo usted que tenía un responsable, ¿no le preguntan cómo hacía contacto con él?

Cabezas: Bueno, yo le dije que a través de un teléfono, y di un número de teléfono cualquiera, que conservo en la memoria pero no sabía de quién era, con el fin de poder conservar la vida, y poder llegar a saber dónde estaba y bueno, si estaba mi hijo…

Dr. Ledesma: ¿Adónde fue alojada entonces?

Cabezas: Me llevaron a Capucha; allí había 16 secuestrados.

Dr. Ledesma: ¿Pudo identificar a ese detenido que le informó esto?

Cabezas: Sí.

Dr. Ledesma: ¿Quién era?

Cabezas: Osmar LECUMBERRI.

Dr. Ledesma: Prosiga.

Cabezas: Estaba al lado mío, por eso, fue el primero que habló conmigo. Y varios vienen a…, a preguntarme; ellos averiguan el número de teléfono y se dan cuenta de que es mentira, y viene un…, después supe que era un oficial, y me pregunta el número de teléfono; yo vuelvo a recordarles el mismo teléfono, se lo digo y se dan cuenta de que es mentira, entonces vuelven a torturarme.

Dr. Ledesma: ¿En qué lugar?

Cabezas: En el mismo lugar, y ese señor a quien le doy el número de teléfono y se da cuenta de que no es verdad, cuando me están torturando, me dice “Señora, yo mato”, y tenía un olor a vino que impresionaba, y esa noche son muchas horas de tortura, no recuerdo porque no sé tampoco la hora que me llevaron; me llevaron a la noche y me tuvieron ahí, pienso que toda la noche, no sé cuánto tiempo.

Dr. Ledesma: ¿En qué consistió la tortura?

Cabezas: Picana eléctrica.

Dr. Ledesma: ¿Algún otro dato le pedían en ese momento?

Cabezas: Bueno, como había mentido tenían que saber por qué había mentido, por qué me había burlado de ellos, ellos lo sintieron así.

Dr. Ledesma: ¿Mantuvo usted su versión del responsable o la cambió?

Cabezas: No, dije que no, que era mentira, no, no, eso era mentira, después de esa vez…

Dr. Ledesma: ¿Pudo identificar a alguno de sus torturadores?

Cabezas: En ese momento no, después sí, después me vuelven a llevar a Capucha, y estoy 48 horas sin comer ni beber.

Dr. Ledesma: Después, ¿se refiere a otra sesión de tormentos, o pudo identificar a éstos?

Cabezas: La tortura no es nada más que eso, la tortura física.

Dr. Ledesma: ¿Son dos veces que la torturaron?

Cabezas: Dos veces, sí.

Dr. Ledesma: ¿Quiénes fueron sus torturadores y cómo los identificó con posterioridad?

Cabezas: Bueno, después de esa sesión de tortura pasan unos días, y el 5 de junio me llevan a Pecera, eso durante el mes de mayo, pasé a en Capucha, sé la fecha porque los guardias escuchaban radio, y ahí sabíamos los días que eran. El 5 de junio me llevan a Pecera, antes de eso me llevan a conversar con uno de ellos y durante el tiempo que estuve supe los sobrenombres que tenían, uno era Juan, es el que habla conmigo y me dice que ellos tienen un método de recuperación y que me van a llevar a trabajar a un lugar para que yo pueda reintegrarme a la sociedad.

Dr. Ledesma: Sin entrar en detalles posteriores, para no perder la cronología del relato, yo sólo le pedía que mencionara quiénes fueron las personas que la atormentaron, y cuáles eran sus nombres.

Cabezas: Bueno, uno es Marcelo, el que le decían Juan, alguien que le decían Daniel, según me dijeron los otros secuestrados también estaba Abdala; el que me decía “señora, yo mato”, se llama Ricardo ESPEJAIME, eso lo supe…

Dr. Ledesma: ¿Puede repetir el nombre?

Cabezas: Ricardo ESPEJAIME.

Dr. Ledesma: ¿En dónde vio a estos señores?

Cabezas: Venían a Pecera.

Dr. Ledesma: ¿Todos?

Cabezas: Todos.

Dr. Ledesma: Prosiga con su relato.

Cabezas: Bueno, en Pecera…

Dr. Ledesma: Con posterioridad a esa última sesión de tortura, ¿adónde la conducen?

Cabezas: Me llevan a Capucha.

Dr. Ledesma: ¿Cuánto tiempo permanece en Capucha?

Cabezas: Todo el mes de mayo, hasta que me llevan a Pecera el 5 de junio.

Dr. Ledesma: ¿Pudo identificar detenidos que se hallaban en Capucha?

Cabezas: Sí, sí, sí.

Dr. Ledesma: ¿Quiénes?

Cabezas: Estaban Osmar LECUMBERRI, estaba Topo, que es un muchacho que no lo volvimos a ver; en ese momento yo sabía nada más que los sobrenombres, Mogo, Cachito, Mario…

Dr. Ledesma: De los que después supo el nombre, dígalos con el nombre, también.

Cabezas: Bueno, perfecto, estaba Roberto RAMIREZ, que era arquitecto; Osvaldo ACOSTA, abogado; Alejandro FIRPO, y a la esposa le decían Betty; estaba Lucía DEON; habla un médico que le decían Víctor o Caballo Loco.

Dr. Ledesma: ¿Sabe si colaboraban de alguna manera con las fuerzas que los tenían detenidos?

Cabezas: Yo no vi nada…

Dr. Ledesma: Prosiga.

Cabezas: Bueno, después, me llevaron a hablar con una periodista; me sacaron entre Marcelo, Juan y otro, no sé si oficial o suboficial, no sé quién era, no conocí el nombre, y… a hablar con una periodista…

Dr. Ledesma: ¿Dentro de la Escuela de Mecánica…?

Cabezas No, me sacaron a la calle, era de noche…

Dr. Ledesma: ¿Estaba en Capucha cuando esto ocurrió?

Cabezas: Estaba en Capucha.

Dr. Ledesma: ¿Qué pasó?

Cabezas: Me llevaron a un lugar que no sé dónde es, no pude ver nada; eran lugares desconocidos para mí, era como una oficina, pero desocupada, no había personal. Entramos por unas puertas donde no había ninguna persona, y me llevaron a una oficina, donde apareció una muchacha joven que dijo ser periodista. Entonces ellos me instruyeron y me indicaron lo que yo tenía que decir, que yo había buscado el refugio, el amparo de las Fuerzas Armadas, porque la banda de Montoneros me buscaba para matarme.

Dr. Ledemuma: ¿Pero era una entrevista periodística ésta?

Cabezas: Era una entrevista periodística; eso era para mandar al exterior, para desinformar, según me dijeron; que yo le diera esos datos nada más, y que la periodista iba a hacer una nota.

Dr. Ledesma: Prosiga.

Cabezas: De todas las cosas que se estaban…

Dr. Ledesama: ¿Cumplió este requerimiento usted?

Cabezas: Sí, ellos estaban detrás de mi, así se lo dije a la periodista y…

Dr. Ledesma: ¿Tomaba nota o grababa?

Cabezas: Tomaba datos nada más para luego armar la nota, después me enteré, eso habrá sido 15 minutos más o menos…

Dr. Ledesama: ¿Esto en qué fecha fue?

Cabezas: Y, no sé exactamente si fue una semana o dos semanas después del secuestro; no tengo noción de la fecha.

Dr. Ledesma: ¿Pero poco después de ser secuestrada?

Cabezas: Estando en Capucha, sí.

Dr. Ledesma: ¿Se enteró si salió algún…?

Cabezas: No, era tanto lo que estaban haciendo por mi desaparición, yo tenía a mi hijo y a mi nuera en México, y ellos se movían pidiendo a todos los organismos y a todas las personalidades, tratando de conocer mi paradero; entonces era mucho lo que se hacía en el exterior.

Dr. Ledesma: ¿En relación con ello le pidieron algo?

Cabezas: ¿Por mi hijo?

Dr. Ledesma: Sí, en relación con las gestiones que estaba efectuando su hijo.

Cabezas: No, no me decían nada, yo me entero después; cuando llegué a Pecera no me dejan ver los diarios, y los que estaban en contacto con los diarios tenían prohibido que me hicieran comentarios.

Dr. Ledesma: ¿No efectuó usted ninguna llamada a México, a su hijo o a algún conocido?

Cabezas: Sí, después de esa entrevista, me llevan a una central telefónica.

Dr. Ledesma: ¿Quién la lleva?

Cabezas: Me llevan Daniel y otras personas que en este momento no sé quiénes eran, no las volví a ver, no pude saber quiénes eran, pero a Daniel sí lo vi.

Dr. Ledesma: ¿Pudo ubicar en dónde estaba la central telefónica?

Cabezas: No, también era por lugares donde no había ninguna persona, había algunos dentro de ese lugar que eran los que tenían contacto…

Dr. Ledesma: ¿Qué llamado hizo?

Cabezas: Llamé a México, a la casa de una amiga…

Dr. Ledesma: ¿Una amiga de quién?

Cabezas: De mi hijo.

Dr. Ledesma: ¿De nombre?

Cabezas: Le decíamos Tipi, un sobrenombre.

Dr. Ledesma: ¿Usted la conocía?

Cabezas: No, hablé por teléfono nada más con ella, era sobrina de una madre de acá, de la comisión, y por ese motivo…

Dr. Ledesma: ¿Qué le dijo?

Cabezas: Entonces me hicieron decirle, de que si llamaba Daniel, mi hijo, que le dijera que yo estaba muy cansada, y que no hiciera nada, y esa noche cuando me llevaron lo primero que me dijeron…

Dr. Ledesma: ¿Recuerda el número al que llamó?

Cabezas: No, no.

Dr. Ledesma: ¿Usted lo recordaba ese número?

Cabezas: No, yo lo tenía anotado en la cartera en un papel, porque, como mi marido estaba tan grave, bueno, era el único número adonde podía llamar por si pasaba cualquier cosa, lo que tenía que pasar, y ellos lo encontraron y entonces me hicieron llevar…

Dr. Ledesma: Esto aproximadamente, ¿en qué fecha sería?

Cabezas: Y esto tiene que haber sido… porque yo estaba muy agotada, pienso que habrá sido en la semana o dos semanas.

Dr. Ledesma: ¿Todavía estaba en Capucha?

Cabezas: Sí, sí, sí.

Dr. Ledesma: ¿Muy cercana a la entrevista periodística?

Cabezas: ¿Cómo?

Dr. Ledesma: ¿Cercana en el tiempo a la entrevista periodística?

Cabeza: Sí, sí, sí.

Dr. Ledesma: Por esa época, ¿se le exigió alguna otra conducta?

Cabezas: No.

Dr. Ledesma: Prosiga con su relato.

Cabezas: Bueno, eso fue todo estando en Capucha, y ahí no me hicieron…, no hice más nada, hasta que me llevan a Pecera, que es en junio.

Dr. Ledesma: ¿Quién dispone su traslado a Pecera, dónde está Pecera, con qué fin la trasladan?

Cabezas: Bueno, digamos el responsable de Pecera era Marcelo, el que me lleva es Juan, con el consentimiento de todos los demás, porque después, a medida que iban viniendo me iban diciendo, en Pecera me llevan, me dicen que tengo que hacer trabajos administrativos, o sea Pecera estaba, digamos, en el entretecho, no le podría decir el Norte, Sur, Este, Oeste, no, sé que es en el mismo piso, pero digamos en otra punta del entretecho.

Dr. Ledesma: ¿En el mismo piso que está qué?

Cabezas: Donde estaba Capucha, pero es en otro sector.

Dr. Ledesma: ¿Cómo era? Descríbala.

Cabezas: Bueno, al entrar era un pasillo muy largo, y a los costados había pequeñas oficinas, donde cada secuestrado tenía un escritorio donde se trabajaba, las paredes eran de acrílico.

Dr. Ledesma: ¿A quién pudo ver allí en Pecera?

Cabezas: Bueno, ahí estaba un secuestrado que yo lo conozco por Coco, no sé el apellido, Ramón, Luis, Guille, le decían Duque, Hernán, y creo que nadie más, en ese momento eh, en ese momento…

Dr. Ledesma: ¿Puede señalar de alguno de ellos qué labor desempeñaban?

Cabezas: Bueno, por ejemplo Guille hacía el análisis de los artículos del exterior, sobre los negociados, sobre todo la parte política del exterior; había… Duque estaba en la parte archivo, que era archivar todos los recortes donde se hacían esos resúmenes que iban en carpetas; Coco hacia análisis de los artículos que se mandaban en el país, o sea a nivel nacional.

Dr. Ledesma: ¿Cuánto tiempo estuvo en Pecera?

Cabezas: En Pecera estuve hasta diciembre.

Dr. Ledesma: Hasta diciembre, ¿hasta que salió en libertad?

Cabezas: Hasta que salí, sí.

Dr. Ledesma: Usted mencionó más de una vez en el curso de esta declaración, proceso de recuperación, ¿quién le mencionó esa palabra?

Cabezas: Marcelo, Abdala, Juan.

Dr. Ledesma: ¿En qué consistía el proceso de recuperación?

Cabezas: En que trabajáramos; poder demostrar digamos buena voluntad a la política de ellos, que era, según lo que nos decían, la política de MASSERA, de recuperar…, que aceptemos, trabajando y con buena voluntad, lo que ellos querían hacer, y aceptar lo que habían hecho, o sea a través de las muertes que entendiéramos que si ellos habían matado era por el bien de la Patria.

Dr. Ledesma: ¿Esto se lo expresó quién?

Cabezas: Eso era el comentario de que…, de Juan y de Marcelo.

Dr. Ledesma: ¿Delante de alguien le expresaron esto?

Cabezas: No, las conversaciones siempre eran individuales.

Dr. Ledesma: ¿En algún momento envió cartas al exterior o dentro del país?

Cabezas: Sí, eso fue en la segunda sesión de tortura, después que me recupero un poco en la misma noche de la tortura, no…, pasa esa noche de tortura, me llevan, me vuelven a traer otro día y otra vez me van a torturar, pero me dicen de que si escribo…, si acepto mandar unas cartas no iba a haber más torturas, bueno yo ya no tenía más fuerzas para sostenerme. Entonces dije que sí, y esas cartas fueron dirigidas a VIDELA, ARAMBURU, a la Asamblea Permanente, a GISCARD D’ESTAING, al presidente de Italia, a la Comisión de Familiares, y no recuerdo más.

Dr. Ledesma: ¿Eran manuscritas por usted todas esas cartas?

Cabezas: Eran copiadas, ellos hicieron las cartas, yo las tuve que copiar, en esa carta…

Dr. Ledesma: ¿La copia manuscrita?

Cabezas: Manuscrita, copia manuscrita.

Dr. Ledesma: ¿Los sobres los llenó usted tanibién?

Cabezas: No, eso lo hacían… mi letra sí, pero ellos los mandaban.

Dr. Ledesma: Por eso, ¿pero los sobres contenían su letra?

Cabezas: También, también.

Dr. Ledesma: ¿Qué remitente contenían?

Cabezas: Eso lo ponían ellos, del Uruguay, porque cuando… El primer día de tortura me dicen que yo voy a ir al Uruguay, entonces me hacen hacer las cartas; primero me hacen hacer cartas a mi familia, a mi madre, diciendo que yo estoy en el Uruguay, y que la policía me buscaba por montonera.

Dr. Ledesma: ¿Qué dirección tenía ese remitente en el Uruguay, lo recuerda?

Cabezas: No, no porque yo no lo veía, porque había un oficial o alguien del servicio de inteligencia del Uruguay que trabajaba con ellos, y era el que llevaba las cartas y las despachaba…

Dr. Ledesma: ¿En qué lugar de la Escuela de Mecánica efectuó estas cartas?

Cabezas: ¿Dónde las escribí?

Dr. Ledesma: Sí.

Cabezas: En la sala de tortura.

Dr. Ledesma: ¿Alguien más había?

Cabezas: No, yo sola; venían los oficiales nada más.

Dr. Ledesma: Puede proseguir con su relato en Pecera o con relación a su trabajo, ¿puede relatar algo?

Cabezas: Bueno, yo era encargada de pasar en una tarjeta los titulares, diario y día que salían los artículos del exterior sobre política; me los pasaba Guille, que estaba a cargo de esos recortes.

Dr. Ledesma: ¿Pudo identificar a los guardias, tanto de Capucha como de Pecera, por nombres y apellidos?

Cabezas: Los guardias y…, no, apellidos no; sabía los de… por ejemplo, había 3 cargos o funciones, Pablo, Pablito, y después los verdes les decían a los chicos que eran muy jovencitos y que no tenían cargos, digamos rango.

Dr. Ledesma: ¿Qué funciones cumplían cada uno de ellos?

Cabezas: Y ellos cumplían la custodia nuestra, repartir la comida, desayuno y merienda y Pablito, por ejemplo, era el encargado de llevarnos a las duchas cuando era la hora del baño, algunas veces.

Dr. Ledesma: ¿Pudo identificar, estando en Pecera, a algún otro detenido además de los que mencionó?

Cabezas: Después estaba el sector 4, que estaba abajo, en el sótano. Bueno, ahí fueron a trabajar Alejandro FIRPO, y la señora, Betty, ahí estaba Danielo, otro…
Dr. Ledesma: Repita este nombre por favor.

Cabezas: Danielo, estaba Carlos MUÑOZ…

Dr. Ledesma: ¿Quién más, señora?

Cabezas: Lucía DEON; iban a trabajar también Roberto RAMíREZ, bajaban de Capucha, a 4…, Víctor, el médico, después, había otro, Andrés, que no recuerdo el apellido…

Dr. Ledesma: ¿Había algún otro Víctor?

Cabezas: Había Víctor…

Dr. Ledesma: ¿Sabe el apellido?

Cabezas: No, no sé, le decían GUIDINI, no sé si era un sobrenombre o si era el apellido.

Dr. Ledesma: ¿Le decían?

Cabezas: GUIDINI, ZURITA…

Dr. Ledesma.: ¿Sabe si había alguna familia detenida?

Cabezas: ¿Familia?… No, supe después, cuando detuvieron a Victor BASTERRA, a la esposa y a la hijita, cuando a los pocos días que yo estaba en Capucha trajeron a una señora Rosa, que era una señora de Ciudadela que la habílan traído según dijeron por confusión, y esa señora estuvo hasta que se recuperó de las quemaduras de la picana, porque la habían torturado muchísimo.

Dr. Ledesma: Mientras estuvo detenida, ¿tuvo alguna noticia de su marido?

Cabezas: Bueno, yo pedí si podían decirme qué había pasado con mi marido, eso fue en junio…

Dr. Ledesma: ¿A quién le pidió?

Cabezas: A Pablo, a Juan, que era el oficial, y pasaron 15 días más o menos, y me dijeron que había fallecido el 23 de mayo.

Dr. Ledesma: ¿Con posterioridad pudo comunicarse con algún familiar en forma telefónica?

Cabezas: Después… antes de eso, en junio, un domingo me sacan para hacerme fotografías por la Panamericana, me saca un… uno del servido de Inteligencia al que le decían Hormiga, y me llevan junto…, él y 3 más, y 2 personas más…

Dr. Ledesama: ¿A los otros no los identifica?

Cabezas: No, no los vi más.

Dr. Ledesma: ¿Quién le saca las fotografías?

Cabezas: El Hormiga. Me llevan por la Panamericana y me sacan varias fotos con la intención de empalmarlo, no sé cómo es el término correcto, con algún edificio del Uruguay, para hacer… para mandar al exterior y hacer creer que yo estoy en el Uruguay.

Dr. Ledesma: ¿Con qué fin?

Cabezas: Para desmentir que estoy secuestrada.

Dr. Ledesma: En la comunicación que tuvo con su familia, ¿pudo corroborar la veracidad de la muerte de su marido?

Cabezas: Sí, después…

Dr. Ledesma: ¿En qué fecha?

Cabezas: Pienso que habrá sido en julio, creo que habrá sido en julio.

Dr. Ledesma: ¿A qué teléfono llamó?

Cabezas: Llamaba al de unos vecinos.

Dr. Ledesma: ¿Qué familia era?

Cabeza: La familia DOTI.

Dr. Ledesma: ¿Y con quién habló en esa ocasión?

Cabezas: Bueno, hablaba con los vecinos pidiendo que… ellos llamaban, ya sea por ejemplo de Inteligencia de la ESMA llamaban, uno de los oficiales que estaba ahí.

Dr. Ledesma: ¿Qué persona?

Cabezas: Creo que uno se llamaba Julio, Julio, Juan…

Dr. Ledesma: ¿Ellos dispusieron que usted llamara o usted pidió que le concedieran?

Cabezas: No, no, ellos dispusieron, llamaban y decían del Uruguay, llamado del Uruguay de persona a persona.

Dr. Ledesma: ¿Con qué periodicidad efectuó llamados a su familia?

Cabezas: Y, al principio fue cada 15 días, y después fueron todas las semanas.

Dr. Ledesma: A usted, al ingresar o con posterioridad en la Escuela de Mecánica, ¿se le asignó algún número o apodo?

Cabezas: No, yo fui Thelma y nada más.

Dr. Ledesma: ¿Le pidieron sus datos?

Cabezas: ¿Como qué?

Dr. Ledesma: Sus datos personales, ¿le hicieron firmar alguna declaración?

Cabezas: No, no.

Dr. Ledesma: ¿Le sacaron alguna fotografía fuera de ésta que acaba de mencionar?

Cabezas: Sí, estando en Pecera, a los poquitos días me llevaron al laboratorio, donde me sacaron fotografías para el documento que me hicieron, documento falso a nombre de Magdalena Manuela BLANCO, para viajar al Uruguay.

Dr. Ledesma: ¿En qué fecha viajó al Uruguay y por qué motivo?

Cabezas: Bueno, la primera vez, pienso que habrá sido julio porque hacía mucho frío, a sacarme fotografías.

Dr. Ledesma: ¿Sabe quién le sacó la fotografia?

Cabezas: Hormiga.

Dr. Ledesma ¿En qué lugar físico le sacó la fotografía?

Cabezas: Me sacó en la plaza, caminando… varias…

Dr. Ledesma: No, no, le estoy preguntando, la fotografía para el documento a que acaba de hacer…

Cabezas: En el laboratorio me sacó… estaba Carlos MUÑOZ, estaba Andrés y Víctor, al que le decían GUIDINI… Y me sacó, creo que fue Carlos MUNOZ el que me sacó la foto también.

Dr. Ledesma: Relate el viaje al Uruguay.

Cabezas: Viajo con Marcelo, el Hormiga y el… no estoy segura si, no, la persona que es del servicio de inteligencia del Uruguay nos espera en el aeropuerto.

Dr. Ledesma: ¿Por qué medio viaja?

Cabezas: Esa vez creo que viajamos por Aerolíneas.

Dr. Ledesma.: ¿Desde dónde sale?

Cabezas: Desde Aeroparque.

Dr. Ledesma: ¿Y adónde llega?

Cabezas: A Carrasco.

Dr. Ledesma: ¿Qué pasa allí?

Cabezas: Bueno, ese día me llevan a sacar fotografías en la plaza, sentada en un banco leyendo, en el monumento a Artigas, cuando vamos hacia el aeropuerto en la playa Pocitos…

Dr. Ledesma: ¿Quién le saca las fotos?

Cabezas: Hormiga.

Dr. Ledesma: ¿Vuelven el mismo día?

Cabezas: Volvemos el mismo día.

Dr. Ledesma: ¿Por qué medio?

Cabezas: Creo que esa vez vuelven por Austral, a la vuelta, me parece.

Dr. Ledesma: ¿El pasaje a nombre de quién estaba expedido?

Cabezas: Pienso que debe ser al de Magdalena Manuela BLANCO, porque presentaba ese documento y porque me llamaban por ese nombre.

Dr. Ledesma: ¿Usted portaba ese documento?

Cabezas: No, lo tenía Marcelo.

Dr. Ledesma: ¿Marcelo tenía algún apellido o…?

Cabezas Marcelo… no sé cómo iba el documento de él, si había un apellido no sé.

Dr. Ledesma: ¿Efectuó algún otro viaje al Uruguay?

Cabezas: Sí. Esa vez de la fotografía, después, bueno, se acerca el viaje de la comisión de la OEA, entonces nos van a llevar a todos, nos avisan que nos hacen hablar a nuestra familia de que por todo el mes de septiembre no vamos a estar; a mí me hacen decir que por razones de seguridad.

Dr. Ledesma: ¿En qué fecha estamos aquí?

Cabezas: Y eso fue en agosto, que nos hacen decir… A mí me hacen decir que por razones de seguridad no voy a llamar más desde el Uruguay, y nos avisan que, vamos a ir a una isla, todos, y que los que estamos en Pecera y los que están en Cuatro vamos a tener tareas en la cocina, nos vamos a turnar para cocinar para todo el personal.

Dr. Ledesma: ¿Por qué medios los llevan a la isla?

Cabezas: Salimos del canal de San Fernando en lancha.

Dr. Ledesma: ¿Y desde la Escuela de Mecánica hasta San Fernando?

Cabezas: En camión, cerrado, con lona. A mí me avisan que no voy a viajar con todo el grupo a la isla porque hay un periodista de “Para Ti” que desea verme…

Dr. Ledesma: Prosiga.

Cabezas: Entonces se van todos y yo me quedo sola en Pecera, y esa mañana viene Marcelo, todavía no estaba confirmada la entrevista con “Para Ti”, y me pregunta si yo tengo una sobrina, yo le digo que si, que tengo varias sobrinas, y me dice él: “Pero Norma Cristina COSE”. “Sí, es mi sobrina -le digo-. ¿Por qué? ¿Qué pasa?”. “La tenernos nosotros. Después te la voy a traer para que la veas, pero hay algo más importante que es el periodista de ‘Para Ti’, que desea verte, y vamos a arreglar para que salgas con Ruso -que era otro secuestrado-… haciéndose pasar por tu sobrino, y la entrevista va a ser confirmada al otro día.” Una cosa así me dice; esa mañana me traen a mi sobrina y al marido, que estaban secuestrados.

Dr. Ledesma: ¿Cómo se llama el marido?

Cabezas: Eduardo… Héctor Eduardo PICHINI. Bueno…

Dr. Ledesma: ¿Habla con ellos?

Cabezas: Hablo con ellos por separado…

Dr. Ledesma: ¿Recibe alguna amenaza?

Cabezas: No, no había una amenaza, digamos… evidente, tácita, era una cosa así como, bueno, “está tu sobrina, está el periodista”; algo así como un trueque ¿no? Era algo velado.

Dr. Ledesma: ¿Qué instrucciones se le dieron sobre la entrevista?

Cabezas: Bueno, que tengo que decir al periodista,como le dije a la otra periodista, pero ahora en diferente forma, que yo estuve con la banda de Montoneros, que fui engañada por los organismos de derechos humanos, que Amnesty Internacional también me engañó, o sea… todo era como para desprestigiar a los organismos de derechos humanos y desmoralizar a los familiares, tal cual sale con la revista después, y que…

Dr. Ledesma: ¿Quién le da estas instrucciones?

Cabezas: Marcelo.

Dr. Ledesma: ¿Delante de alguien?

Cabezas: No, sola, siempre sola.

Dr. Ledesma: ¿El Ruso no estaba tampoco en esa circunstancia?

Cabezas: Tampoco. Bueno, y creo que es al otro día, no recuerdo bien, no estoy segura…

Dr. Ledesma: ¿Puede precisar la fecha?

Cabezas: No.

Dr. Ledesma: ¿Aproximadamente? Con referencia al viaje a la isla…

Cabezas: Claro, creo que… no estoy segura si es el 24 de agosto que los 11 van a la isla, no estoy segura, pero más o menos por la fecha que sale la entrevista con “Para Ti”.

Dr. Ledesma: ¿Pero a usted en qué fecha la llevan a la isla?

Cabezas: A mí me llevan después de “Para Ti”.

Dr. Ledesma: Cuando usted dice el 24 de agosto llegan a la isla, ¿se refiere a cuál grupo?

Cabezas: Al otro grupo, a los demás.

Dr. Ledesma: Perfecto. ¿Con qué fin se hacía esa entrevista? y ¿se lo expresaron a usted o no?

Cabezas: No, para confirmar lo que ellos decían que yo estaba en el Uruguay para que se siga creyendo que yo no estaba secuestrada, que era una supuesta desaparición, y así fue…, me llevan a la peluquería, me compran ropa…

Dr. Ledesma: ¿Quién la lleva a la peluquería?

Cabezas: Me lleva un muchacho de Inteligencia que le decían Mario, y…

Dr. Ledesma: ¿Por qué medio la lleva a la peluquería?

Cabezas En coche, de la ESMA salíamos en coche.

Dr. Ledesma: ¿Encapuchada o…?

Cabezas: No, no, con anteojos ahumados.

Dr. Ledesma: ¿Pudo identificar en qué peluquería estuvo?

Cabezas: No, no, porque era cerca de Cabildo, pero una calle que cortaba Cabildo, así que no conozco el lugar.

Dr. Ledesma: ¿Cerca de Cabildo, en la Capital Federal?

Cabezas: Sí, Capital Federal era.

Dr. Ledesma: ¿Y la vestimenta en dónde la compraron?

Cabezas: La compran en Once.

Dr. Ledesma: ¿Acompañada por quién?

Cabezas: Esa vez voy acompañada por otro, no sé si oficial o suboficial, no conozco el grado, que le decíamos Willie…

Dr. Ledesma: ¿Se la hicieron probar a la vestimenta, o se la compraron directamente?

Cabezas: No, me hicieron probar.

Dr. Ledesma: Relate dónde fue la entrevista, si es que se realizó.

Cabezas: Sí. Me avisan que voy a salir con Ruso, solos los dos, a Ruso le dan un micrófono muy chiquitito que lo lleva en el bolsillo de la camisa, y me avisan de que van a ir dos coches con armas, y que tenemos que ir a la confitería de Figueroa Alcorta y Pampa.

Dr. Ledesma: ¿Usted en qué medio tenía que ir?

Cabezas En un coche, solos los dos.

Dr. Ledesma: ¿Qué vehículo era?

Cabezas: Creo que era un Renault, pero no recuerdo bien.

Dr. Ledesma: ¿Recuerda cómo se llamaba la confitería a la que concurrieron?

Cabezas No sé el nombre, sé que es Figueroa Alcorta y Pampa.

Dr. Ledesma: Bueno, relate.

Cabezas: Llegamos ahí, estaciona el coche, hay unas escaleritas para subir, entramos en la confitería y nos ponemos a la derecha de la entrada, nos sentamos y en eso se acercan dos señores, que eran el periodista y el fotógrafo; entonces me preguntan si yo soy Thelma JARA de CABEZAS, y que él es el periodista de “Para Ti”, que querían hacerme una nota, si podíamos ir al…

Dr. Ledesma: ¿Se acreditaron de alguna manera?

Cabezas: Sí.

Dr. Ledesma: ¿Exhibieron alguna credencial o algo así?

Cabezas: Yo creo que la credencial de periodista nada más. Y si podemos ir al otro ángulo de la confitería, entonces piden al mozo que corra las cortinas; no había nadie en la confitería y después entra…

Dr. Ledesma: ¿Que las abran o que las cierren las cortinas?

Cabezas: Que la cierren; después entran ABDALA, Julia, Juan, en otra mesa está Marcelo y no recuerdo con quién otro, que está a mi espalda…

Dr. Ledesma: ¿Marcelo y quién más?

Cabezas: No sé con quién estaba Marcelo, y el periodista pone…

Dr. Ledesma: ¿Qué actitud adoptan ellos?

Cabezas: Bueno, el periodista bastante… digamos, no sé si agresivo, en el sentido de querer desprestigiar a los organismos de derechos humanos, y todo el trabajo y la lucha de los familiares ¿no?, haciendo mucho hincapié de que yo voy a la liga, ¿por qué Amnesty Internacional, por qué recurro; por qué hacemos tanto movimiento, por qué tantos pedidos?

Dr. Ledesma: ¿Efectúan grabación de la entrevista o efectúan notas?

Cabezas: Hay grabador.

Dr. Ledesma: ¿Pudo determinar cómo se llamaba de apellido el Ruso? Con posterioridad me refiero.

Cabezas: Lo supe hace poco.

Dr. Ledesma: ¿Cómo se llama?

Cabezas: Lázaro BRASTEIN.

Dr. Ledesma: ¿Qué actitud adoptaron mientras se desarrollaba la entrevista periodística Julia, ABDALA, Juan y Marcelo?

Cabezas: Estaban en una mesa atrás nuestro, y Marcelo tenía el retorno del micrófono, así que escuchaba toda la conversación.

Dr. Ledesma: ¿Usted respondía conforme a las instrucciones que había recibido?

Cabezas: Sí, conforme a las instrucciones y en algún… por ejemplo hubo detalles, que los.., ellos no me dijeron que yo dijera…, cuando fui a la entrevista con la primera periodista me dijeron: “no menciones a tuhijo, que está en México”, y esta vez me dijeron: “Hacé igual que con la periodista”, entonces me pregunta el periodista si yo tenía otro hijo y yo le dije que no; luego me pregunta si yo creo en Dios, yo le contesto que para mi lo único verdadero y real es Dios y la justicia divina, y ellos me preguntan qué pienso de los culpables.

Dr. Ledesma: ¿Usted vio con posterioridad ese reportaje?

Cabezas: No.

Dr. Ledesma: ¿No lo leyó nunca?

Cabezas: No, porque no podía, porque pensé que era…, sabía que era todo fraguado porque después se desvirtuaba todo lo que yo había dicho…

Dr. Ledesma: ¿No declaró judicialmente sobre ese reportaje?

Cabezas: Sí.

Dr. Ledesma: ¿No le fue exhibido en esa ocasión?

Cabezas: En esa ocasión sí, lo leí; sí, sí, en ese momento lo escuché…

Dr. Ledesma: ¿Recuerda en qué lugar le fue exhibido?

Cabezas: Sí. ¿Puedo decirlo? En el juzgado del doctor OLIVIERI.

Dr. Ledesma: ¿Lo que ahí aparece concuerda con las expresiones vertidas por usted en la ocasión…?

Cabezas: No sale lo que me preguntan, si tengo otro hijo, sale que yo me voy al Uruguay después que muere mi marido, y eso no es cierto; no salen las respuestas mías sobre los culpables y sobre la justicia divina, son detalles que yo iba poniendo como para… pensando siempre que mi familia tuviera un…

Dr. Ledesma: ¿Y lo que sale positivamente se ajusta más o menos a lo expresado por usted?

Cabezas: No, nada.

Dr. Ledesma: ¿En qué aspecto?

Cabezas: Bueno, no salen esos detalles, y no salen…

Dr. Ledesma: Señor secretario, un segundito por favor; señor secretario exhiba a la compareciente. Señora, se le va a exhibir la fotocopia de la causa del Juzgado de Instrucción N° 3, que el secretario va a individualizar, y con el reportaje a la vista usted nos va a señalar en qué lugares se aparta de lo que expresó.

Cabezas: Perfecto.

Dr. López: Bueno, se trata de fotocopia certificada del expediente 39.426 del Juzgado de Instrucción N° 3, caratulado “VARELA CID, Eduardo”, su denuncia las fotocopias que se le van a exhibir son las correspondientes a las fojas 7 a 11 de la numeración original del expediente y, como número de fotocopia, 12 a 16.

Dr. Ledesma: Señor secretario, alcance a la testigo la respuesta recibida según su informe del día de la fecha que contiene el mismo elemento, y exhíbaselo directamente desde este…

Dr. López: Perfecto, a continuación se le va a exhibir idéntica… otra copia de la misma nota periodística que es la que se recibió ayer en secretaría.

Dr. Ledesma: Señora, la oigo, léalo, y al tiempo que lo va leyendo, no lo lea en voz alta, sino señálenos las diferencias que encuentra entre lo que usted afirmó y lo que aparece en el reportaje. A partir de su declaración, por favor, sin introducción ¿no? Señora…

Cabezas: Bueno, es todo mentira, es espantoso, yo no recibí amenazas, yo estuve.., ellos hacen publicar que Gustavo fue muerto en un enfrentamiento.

Dr. Ledesma: Más cerca del micrófono negro, por favor.

Cabezas: Ellos hacen publicar en los diarios que Gustavo fue muerto en un enfrentamiento…

Dr. Ledesma: Prosiga señora, por favor…

Cabezas: Yo no recibo amenazas, es mentira lo que… sobre la liga, en qué momento puedo decir eso, si ellos nos ayudaron siempre; además el funcionamiento y el trabajo de los familiares era por motivos tan dolorosos que de ninguna manera podía pensar eso… en ningún momento está, yo decido hacer, pensar que la solicitada era mentira, en ningún momento se acerca nadie a mí, en ningún momento mi hijo tiene ninguna actitud de ese estilo que dice acá, con los periodistas que sacan, me llevan ellos al Uruguay, el abogado McBRAIT menciona mi caso porque los familiares van a España en donde se realiza el congreso, de ninguna manera es…

Dr. Ledesma: ¿Qué familiares van a…?

Cabezas: De la Comisión de Familiares, no sé quiénes son las personas que viajaban…, es todo espantoso y mentira.

Dr. Ledesma: Señora, usted afirma que el contenido de esta entrevista es falso, la pregunta que le formula el Tribunal es si la respuesta que usted dio en esa entrevista en la confitería de Pampa y Figueroa Alcorta se ajusta a lo que dice ahí, o tampoco se ajusta.

Cabezas: No.

Dr. Ledesma: ¿Las instrucciones que usted había recibido de Juan, Marcelo, etc., sobre las respuestas que debía dar, no son éstas?

Cabezas: No, está todo cambiado, todo cambiado, o sea, yo no digo que estoy secuestrada, no digo en ningún momento que estoy… sí, cómo podría explicarle, el periodista en lo que insiste es por qué yo recurro a los organismos de derechos humanos, Amnesty Internacional para pedir por el paradero de mi hijo, él hace hincapié y persiste en la pregunta, él dice que los organismos son usados por las organizaciones terroristas, eso es lo que dicen…

Dr. Ledesma: En concreto, señora, ¿sus respuestas grabadas por el periodista son las que aparecen en la revista o no?

Cabezas: No, no.

Dr. Ledesma: Prosigamos. Luego del reportaje, ¿qué es lo que pasa?

Cabezas: Luego del reportaje, bueno, volvemos a la Escuela y de ahí al otro día me llevan a la isla… esa noche…

Dr. Ledesma.: ¿Pudo identificar la isla?

Cabezas: No, no sé el lugar.

Dr. Ledesma: ¿Cuánto tiempo permanecen en la isla?

Cabezas: Estamos hasta fines de setiembre, pero yo vuelvo a viajar al Uruguay, me llevan más o menos, creo que pasan 3 días más, ya estaba la comisión, dos veces más viajo al Uruguay.

Dr. Ledesma: ¿Con qué fin la llevan al Uruguay?

Cabezas: Para entrevistarme con dos periodistas de Nueva York para desinformar sobre mi desaparición, me llevan…

Dr. Ledesma: ¿Con quién viaja?

Cabezas: Con Marcelo.

Dr. Ledesma: ¿Con qué medios?

Cabezas: Avión… creo que Austral.

Dr. Ledesma: ¿Dónde se aloja en Uruguay?

Cabezas: En un hotel que está… no sé el nombre.

Dr. Ledesma: ¿No pudo identificarlo con posterioridad? ¿En qué calle está ubicado?

Cabezas: Bueno, los únicos detalles que tengo es que estaba cerca de la municipalidad y a la calle paralela de la avenida 18 de Julio -creo que es la avenida principal del Uruguay.

Dr. Ledesma: ¿Se realiza la entrevista?

Cabezas: Esa vez no. No se realiza porque no pueden viajar los periodistas, pero a mí me hacen conectar en una pizzería, estaba uno de los de servicios de Inteligencia del Uruguay, y viene otro que le hacen… dice llamarse Víctor CARRASCO. El era el encargado de recibir a los periodistas y hacerse pasar por mi amigo, que era el que me protegía en el Uruguay.

Dr. Ledesma: ¿Tiene lugar esa entrevista en esa ocasión?

Cabezas: En esa ocasión no, vuelvo a Buenos Aires y vuelvo a la isla; a los pocos días, creo que dos días más tarde, otra vez me llaman y viajamos al Uruguay nuevamente con Marcelo, ahí en el Uruguay nos recibe nuevamente el que se decía llamar Víctor CARRASCO y el otro señor que era del servicio de Inteligencia.

Dr. Ledesma: ¿Tuvo la entrevista?

Cabezas: Ese día llegamos de noche, al otro día a la mañana temprano llegan los dos periodistas…

Dr. Ledesma: ¿Dónde se aloja esa noche?

Cabezas: En el mismo hotel; me hacen poner anteojos ahumados, pañuelo en la cabeza, porque ya había salido “Para Ti”, y me llevan a un departamento que era de unos amigos de este señor uruguayo, y ahí están los dos periodistas o sea… pasan, yo tengo que estar en una esquina, en la avenida 18 de Julio, y a las 9 de la mañana pasa un coche con uno que se hacia llamar Víctor CARRASCO, los dos periodistas y un integrante del Centro Piloto de París, y en la entrevista…

Dr. Ledesma: En resumen, ¿cuáles son sus respuestas en las entrevistas?

Cabezas: Bueno, la entrevista es preguntarme en relación con mi desaparición, si es verdad que estoy desaparecida; bueno, yo digo que no, eso tenía que decir, que Víctor CARRASCO era mi amigo, que me había protegido en el Uruguay, que me daba ropas, alimentos, remedios, y que iba a estar ahí no sé por cuánto tiempo hasta que tuviera seguridad de volver a mi país.

Dr. Ledesma: ¿Se expide usted en esa entrevista en contra de las organizaciones de derechos humanos?

Cabezas: Ahí también ellos vuelven a indicarme de que ellos saben que los organismos de Derechos Humanos son usados por las organizaciones terroristas.

Dr. Ledesma: ¿Usted acepta eso; usted lo dice en esa entrevista?

Cabezas: No, ellos preguntan y yo digo que yo no sé, ellos me preguntan si es verdad eso, si yo sé eso, que yo no sé eso…

Dr. Ledesma: ¿Usted dice no saber?

Cabezas: Claro, era a través de un intérprete, o sea, ellos me preguntaban, el intérprete…

Dr. Ledesma: El intérprete quién…

Cabezas: El intérprete era del grupo del Centro Piloto de París.

Dr. Ledesma: ¿Cómo sabe que era del grupo del Centro Piloto de París el intérprete?

Cabezas: Porque me lo comenta después; termina la entrevista, me sacan fotografías, en la calle, al lado de un coche con chapa del Uruguay para publicar las fotos en Estados Unidos y en toda Europa, y se van ellos, y yo me quedo con el que decía ser Víctor CARRASCO.

Dr. Ledesma: ¿El intérprete era de idioma inglés?

Cabezas: Hablaba inglés.

Dr. Ledesma: ¿Usted sabe hablar inglés?

Cabezas: No, no.

Dr Ledesma: ¿Vuelve a la isla?

Cabezas: Vuelvo a la isla…

Dr. Ledesma: ¿Qué funciones cumple en la isla usted?

Cabezas: Cocino.

Dr. Ledesma: ¿Qué detenidos pudo ver en la isla?

Cabezas: En la isla había una casa en la que estabanlos “capuchas”. Habían trasladado a todos los que estaban en Capucha en ese momento…

Dr. Ledesma: ¿Cuántos eran, aproximadamente?

Cabezas: Eran más de 15… 17 eran.

Dr. Ledesma: ¿Pudo reconocer alguno de los que estaban en Capucha?

Cabezas: Después, cuando llegamos a Pecera; cuando volvimos a fines de setiembre.

Dr. Ledesma: ¿Cómo vuelven a la ESMA?

Cabezas: Volvemos nosotros primero en lancha y después nos espera un camión en el canal de San Fernando, un camión con toldo, y nos ponen a todos y nos distribuyen otra vez en la ESMA.

Dr. Ledesma: ¿Supo de la muerte o de la desaparición de alguna persona en la ESMA?

Cabezas: Sí; antes de ir a la isla, creo que fue en agosto, secuestraron a un matrimonio VILLAFLOR. Eran dos matrimonios: Josefina VILLAFLOR, José HAZAN, Elsa MARTíNEZ y Raimundo VILLAFLOR. En la madrugada en que los secuestran estábamos en Pecera un grupo de secuestrados y viene a decirme uno de Inteligencia, a quien le decían “Julio”, si podía cuidar a una nena, era la hijita de Josefina VILLAFLOR. La nena se queda conmigo; pienso yo que sería por la edad, pero se durmió pensando en su abuela. Yo duermo con la nena porque la nena lloraba mucho y a la otra mañana, a eso de las diez de la mañana, la llevan a la casa de la abuela. Uno de Inteligencia, a quien le decían “Fafa” y Lucía de OHN, se la entregan. Sabemos que la entregan en la casa de la abuela diciendo que eran compañeros de los padres. Además, esa noche traen elementos de la casa de los VILLAFLOR-HAZAN: máquinas de coser, licuadora, exprimidora y ropas.
Dr. Ledesma: Pero, ¿por qué usted afirma, concretamente que saben, que estas personas murieron o desaparecieron?

Cabezas: Yo no vi que los mataran, sabemos que no están…

Dr. Ledesma: ¿Hay algún personal de la ESMA que se lo refirió?

Cabezas: No, no. Lo que sé, si, es que muere Raimundo VILLAFLOR porque nosotros, en ese momento, teníamos el dormitorio entre Capucha e Inteligencia, y cuando los llevaban a torturar, tenían que pasar por ese lugar para Capucha y yo veía y podía mirar cuando los llevaban los guardias y que los arrastraban y los golpeaban y supimos que hubo mucho movimiento una noche. Corrían todos los guardias y era que había muerto; después supimos por los guardias, los chicos -los verdes que les decían-, que habla muerto realmente…

Dr. Ledesma: ¿Sabe en qué condiciones murió?

Cabezas: Después de una torrura dijeron que era un paro cardíaco por los golpes recibidos.

Dr. Ledesma: ¿Le consta la aplicación de tormentos a otros detenidos en la ESMA, aparte de los que acaba de mencionar?

Cabezas: Me consta a través de los dichos; o sea, me decían, me contaban cómo fueron torturados, pero no lo he visto.

Dr. Ledesma: ¿No oyó a alguien a quien torturaran o vio signos de esas torturas en alguien?

Cabezas: Eso fue cuando recién estuve en Capucha. Esa señora. Rosa, que estaba torturada hasta en la boca: eso sí lo vi.

Dr. Ledesma: ¿Visitó usted a su familia?

Cabezas: Sí; después que volvemos de la isla me lleva a La casa de mi madre, una noche, una tarde, a las 7.30 de la tarde, en un taxi que era de la ESMA, con un guardia al que le decían “Mario” y me deja dos horas en la casa de mi madre. A las nueve de la noche pasa a retirarme.

Dr. Ledesma: ¿Con posterioridad se repitió esto?

Cabezas: Sí.

Dr. Ledesma: ¿Cuántas veces?

Cabezas: Y… después me llevaban, por ejemplo, a las 8 de la noche y me iban a retirar a las 8 de la mañana del domingo; después fueron llevándome a las 8 de la noche del sábado y me iban a retirar a la noche del domingo.

Dr. Ledesma: ¿En qué condiciones recuperó su libertad?

Cabezas: Ellos me dijeron que yo estaba ahí por la acción psicológica que desempeñaba, que creían que estaba en condiciones de salir en libertad.

Dr. Ledesma: ¿Quién la dispuso?

Cabezas: ABDALA

Dr. Ledesma: ¿El personalmente se la comunicó?

Cabezas: El, personalmente, delante de todos.

Dr. Ledesma: ¿Y sabe cómo se decidía una libertad?

Cabezas: Mire, no sé exactamente cómo, concretamente. Sabemos -se decía-, se reunían y decidían. Eran decisiones por mayoría.

Dr. Ledesma: ¿Quienes?

Cabezas: Los oficiales, o sea, el equipo de ABDALA se reunían y, bueno, decidían quién iba a salir y quién no iba a salir. Eso era como una votación, pero no es nada concreto.

Dr. Ledesma: ¿Esto cómo lo supo?

Cabezas: Y… eso se decía por los guardias, pero…

Dr. Ledesma: ¿Con relación a la decisión de alguna muerte o traslado de alguna persona?

Cabezas: También; todo se decidía así.

Dr. Ledesma: ¿No sabe cómo estaba estructurado el grupo de tareas que usted mencionó, ABDALA y ese asunto de la votación, etcétera. Si había divisiones de tareas dentro del grupo?

Cabezas: No sé exactamente. Como para decirle algo concreto, no se.

Dr. Ledesma: Mientras permaneció en la ESMA, ¿estuvo a disposición de alguna autoridad civil o militar?

Cabezas: Cuando sale la revista Para Ti, va el…

Dr. Ledesma: Me refiero a algún proceso civil o militar.

Cabezas: No.

Dr. Ledesma: ¿Y a disposición del PEN?

Cabezas: No.

Dr. Ledesma: Aparte de las salidas que mencionó en el curso de la declaración, ¿fue conducida en alguna oportunidad a algún otro lado?

Cabezas: No. A la isla, a la quinta; había una quinta en Del Viso.

Dr. Ledesma: ¿Cuánto tiempo estuvo allí?

Cabezas: A la quinta me llevaron cuando me traían del Uruguay para dormir; ahí tenían una quinta de fin de semana.

Dr. Ledesma: Y aparte de la declaración judicial que mencionó, ¿efectuó alguna denuncia por estos hechos?

Cabezas: No

Dr. Ledesma: ¿Ante la CONADEP?

Cabezas: Sí, ante la CONADEP sí.

Dr. Ledesma: ¿Tenía usted militancia política?

Cabezas: No señor.

Dr. Ledesma: ¿Qué actividades desarrollaba?

Cabezas: Estaba en la comisión de los familiares como secretaria de esa organización; era asistente dental y no estaba en ningún partido.

Dr. Ledesma: En qué trabajaba, me refiero…

Cabezas: Trabajaba en el Instituto de Odontología de Olivos como asistente dental.

Dr. Ledesma: ¿Sabe de algún matrimonio que haya estado detenido en la ESMA, aparte de los que ya mencionó?

Cabezas: Matrimonio… Yo veía a los guardias que venían con las alianzas de los secuestrados. Una vez vino un guardia y me dijo: “Miré…”

Dr. Ledesma: ¿Los nombres de algún matrimonio que no haya mencionado en el curso de su declaración?

Cabezas: No. No recuerdo en este momento.

Dr. Ledesma: ¿Sabe si había algún detenido de sobrenombre “Pisco”?

Cabezas: Sí, a “Pisco” sí. “Pisco” estaba en Pecera, en Capucha cuando yo estuve en Pecera. A “Pisco” lo vi estando en el lavadero porque los de Capucha teníamos un lavadero común y a “Pisco” lo trajeron a lavar los platos, por ejemplo, y yo fui a lavar ropa.

Dr. Ledesma: ¿Sabe el nombre de “Pisco”?

Cabezas: Pablo LEPISCOPO.

Dr. Ledesma: ¿Sabe de alguna persona apodada “Kuky” que haya estado detenida mientras usted también lo estaba?

Cabezas: Sí.

Dr. Ledesma: ¿Sabe el nombre?

Cabezas: Susana de BARROS. No sé el otro apellido de ella.

Dr. Ledesma: ¿El marido estaba detenido?

Cabezas: También.

Dr. Ledesma: ¿Cómo se llamaba?

Cabezas: Osvaldo BARROS.

Dr. Ledesma: ¿Tenía algún apodo?

Cabezas: Yo lo conocí por Osvaldo, pero creo que los guardias le habían puesto ahí “Anteojito”.

Dr. Ledesma: ¿Sabe si había alguna persona de edad que…?

Cabezas: Estaba la señora a la que le decían “Tía Irene”. Yo la vi en el lavadero también.

Dr. Ledesma: ¿De alguna profesora de inglés que hubiera estado detenida?

Cabezas: Sí. Mariana. Se llamaba Nora Irene WALSHON, estuvo en Pecera con nosotros también.

Dr. Ledesma: Aparte de las personas parientas suyas que estaban detenidas, ¿algún conocido o familiar suyo fue privado de su libertad, aproximadamente para la fecha en que Ud. fue privada?

Cabezas: No.

Dr. Ledesma: ¿La Fiscalía alguna pregunta?

Dr. Moreno Ocampo: Sí señor presidente, si supo que hubiera algún detenido que se especializaba enarreglar aparatos electrónicos.

Cabezas: Sí, Mario VILLANI.

Dr. Moreno Ocampo: Si puede explicar cómo sabe que estaban “Kuky” y “Anteojito”.

Cabezas: Porque estaban en Pecera conmigo

Dr. Ledesma: ¿Recuerda qué trabajo desarrollaban?

Cabezas: Ellos hacían el análisis de los artículos que salían en los diarios, no se si eran políticos o si eran culturales, me parece que eran culturales.

Dr. Moreno Ocampo: Si sabe ¿cómo lograron los oficiales que allí trabajaban que se publicaran los reportajes que le hicieron en las diferentes revistas?

Cabezas: ¿Si sé cómo los oficiales hicieron para publicar el reportaje en Para Ti?

Dr. Ledesma: No, en la primera entrevista.

Dr. Moreno Ocampo: Si conoce alguno.

Cabezas: No sé porque eso lo manejaban desde el exterior, ellos con el…

Dr Ledesma: ¿Dijeron qué contacto tenían ellos?

Cabezas: El Centro Piloto de París hacía todas las cosas.

Dr. Ledesma: ¿También con la revista Para Ti?

Cabezas: Y no, de eso no.

Dr. Moreno Ocampo: Para complementar esta pregunta que se hace, si le podíamos repreguntar si supo que tuviera alguna conexión con algún medio de prensa, la gente que trabajaba en ese lugar, o que estaba en ese lugar.

Cabezas: ¿Sí había alguna conexión? No, no recuerdo.

Dr. Moreno Ocampo: Si la entrevista que le hicieron en Figueroa Alcorta el periodista que la entrevistó, le dio un nombre o se identificó de algún modo.

Cabezas: No.

Dr. Moreno Ocampo: Si lo puede describir.

Cabezas: La descrípcíonn no recuerdo bien exactamente. Hace muchos años.

Dr. Ledesma: ¿No puede dar ningún dato?

Cabezas: No; joven de unos treinta y algo de años…

Dr. Ledesma: ¿Del fotógrafo tampoco?

Cabezas: Del fotógrafo, también joven, alto, creo que tenía bigotes, no sé, no sé.

Dr. Moreno Ocampo: Si supo algo del secuestro de HIDALGO SOLA y Elena HOLMBERG, estando ella detenida en la ESMA.

Cabezas: No, nada.

Dr. Strasera: Si supo que hubiera algún detenido de apodo Nando.

Cabezas: Sí, Fernando BROSKI, lo vi en el lavadero también.

Dr. Strasera: Si puede decir por qué medio, en qué forma, fue liberada.

Cabezas: Me llevaron en un coche a mi casa.

Dr. Ledesma: ¿Quién la llevó?

Cabezas: Un guardia, no…

Dr. Ledesma: ¿No sabe el nombre?

Cabezas: No, en este momento no.

Dr. Strassera: ¿Dijo en qué vehículo?

Dr. Ledesma: No, no dijo. ¿En qué vehículo?

Cabezas: En un Ford Falcon blanco.

Dr. Strassera: Si supo algo estando detenida, de Rodolfo WALSH o vio unos efectos.

Cabezas: No, nada.

Dr. Strassera: Ninguna más.

Dr. Ledesma: ¿Las defensas? Dr. GOLDARACENA.

Dr. Goldaracena: Si cuando recuperó su libertad y la llevaron a su casa era la misma de Carapachaay que nombró al principio de la declaración.

Cabezas: No, la casa de mi madre, en Muñiz.

Dr. Goldaracena: Si desde ese día volvió a ver a alguna de las personas con las cuales compartió el cautiverio.

Cabezas: No, solamente a los BARROS; Susana BARROS y Osvaldo BARROS; solamente a ellos.

Dr. Ledesma: ¿En qué circunstancias?

Cabezas: Porque se hicieron muy amigos de mi sobrino, por el cumpleaños de las nenas, en esa fecha nos encontrábamos.

Dr. Goldaracena: Si cuando hizo su primera denuncia, si su primera denuncia fue la que hizo ante la CONADEP.

Cabezas: Ante la CONADEP.

Dr. Ledesma: Fue la primera, ¿en qué fecha?

Cabezas: Aproximadamente en julio del año pasado, o antes de julio.

Dr. Goldaracena: Si formuló alguna otra denuncia o declaración.

Dr. Ledesma: Esta respondida, doctor.

Dr. Goldaracena: Esa denuncia señor presidente y hablo de una causa por el tema de Para Ti. Si fuera de ésas ¿hay alguna más?

Dr. Ledesma: Declaró en elJuzgado de Instrucción N° 3.

Dr. Goldaracena: En la causa de VARELA CID, si fuera de esas dos…

Dr. Ledesma: Respondió negativamente a la existencia de otra denuncia.

Dr. Goldaracena: Perdón, señor presidente; en las dos últimas oportunidades que fue al Uruguay, ¿cuántos días permaneció allí?

Dr. Ledesma: Surge del contexto, sólo pernoctó una vez en ambos casos.

Dr. Goldaracena: Dijo la declarante que el 10 de mayo del ’76, su hijo Gustavo Aieiandro salió temprano a la mañana a acompañar a una amiga. Si esa amiga vivía en la casa de la declarante.

Cabezas: No señor, estaba de visita.

Dr. Ledesma: ¿Adónde la acompañaba?

Cabezas: A la casa de ella.

Ledesma: ¿Sabe dónde vivía?

Cabezas: Era San Isidro, no recuerdo la ubicación.

Dr. Goldaracena: Si había ido de visita esa misma mañana temprano.

Cabezas: No, había ido a la noche y como era muy tarde se quedó.

Dr. Goldaracena: Si con posterioridad, fuera de lo que ha dicho, se enteró de alguna causa o motivo por la cual haya sufrido su hijo el episodio que describió.

Cabezas: Lo único que supe de Gustavo fue, creo que lo dije, a través del conscripto, después no supe más nada, nunca, ni vinieron a casa ni nada, no sé nada.

Dr. Goldaracena: La declarante dijo haber viajado a México, a Roma y a Madrid con otras madres. Si esas madres eran las mismas que integraban la comisión en la que dijo haber ocupado un cargo.

Dr. Ledesma: ¿Puede decir si integraban la comisión?

Cabezas: No.

Dr. Goldaracena: La declarante dijo también que esas personas por razones de seguridad se manejaban con sobrenombres. Si recuerda cuál era el sobrenombre que utilizaba la declarante.

Cabezas: No recuerdo.

Dr. Goldaracena: Si se hospedaban en los mismos hoteles.

Cabezas: Sí.

Dr. Goldaracena: Si el grupo fue integrado de la misma forma durante todo el viaje por estos tres lugares o si se fue cambiando en su integración.

Dr. Ledesma: Si el grupo que fue a España y a Roma, estaba integrado de la misma manera por las mismas personas.

Cabezas: Sí, sí.

Dr. Goldaracena: Si en los diferentes registros en los distintos hoteles no tuvo oportunidad de conocer los verdaderos nombres de las restantes integrantes del grupo.

Cabezas: No, porque no tenía interés en saberlo.

Dr. Goldaracena: La declarante dijo que cuando fue interrogada, por primera vez en ocasión de su detención se le preguntó por qué había cambiado su actitud con Julia Estela SARMIENTO; anteriormente ante la comisión dijo que obviamente Julia Estela era una infiltrada de los servicios. Si esta conclusión la sacó antes o después de ser detenida.

Dr. Ledesma: ¿Usted efectuó esa afirmación?

Cabezas: No sé si exactamente dije eso, lo que sí me pareció extraña fue la actitud de Julia.

Dr. Goldaracena: Si recuerda cómo hizo su viaje a México. Si fue un viaje directo de Buenos Aires a México, o si hubo escalas intermedias.

Cabezas: Sí, creo que sí.

Dr. Goldaracena: Si obtuvo con motivo de ese viaje su pasaporte o lo había obtenido con anterioridad.

Cabezas: Tenía pasaporte.

Dr. Goldaracena: Si fue necesario tramitar visa.

Cabezas: Bueno, cuando llegué a México.

Dr. Ledesma: Afirmativamente, respondió doctor.

Dr. Goldaracena: No me queda claro si la visa la obtuvo aquí o en México.

Cabezas: En México.

Dr. Goldaracena: La declarante, la segunda vez que fue interrogada, reconoció haber mentido en los datos que había dado en la oportunidad. Si recuerda qué explicación dio teniendo en cuenta que también se le preguntaba por qué había mentido.

Dr. Ledesma: En la primera oportunidad no fue doctor.

Dr. Goldaracena: En la primera oportunidad dice haber dado un número telefónico que en realidad no sabía, en la segunda oportunidad se le preguntó si había mentido y por qué reconoció haber mentido.

Dr. Ledesma: Efectivamente, pero fue en la tercera en la que se rectifica. ¿Cuál es la pregunta concreta al respecto doctor?

Dr. Goldaracena: Eran dos las preguntas que se le hacían, si había mentido y porqué la testigo dijo que reconocía haber mentido en ese momento, pero no sé si se le siguió preguntando por qué y en su caso qué respondió.

Dr. Ledesma: Esto ha sido respondido.

Dr. Goldaracena: Yo no lo he advertido señor presidente…

Dr. Ledesma: La testigo refirió que había pergeñado esa suerte de reconocer que tenía un responsable para sustraerse al castigo, y con posterioridad cuando fue descubierto que el número telefónico no correspondía, admitió que había sido una idea personal para evitar el castigo.

Dr. Goldaracena: Si en esos interrogatorios se le preguntó si en sus viajes a México, a Madrid, fundamentalmente en Madrid y en Roma, se había entrevistado con miembros de la organización Montoneros.

Dr. Ledesma: Ya le preguntó el Tribunal al respecto, y negó.

Dr. Goldaracena: El Tribunal le preguntó si ella se había entrevistado, no si se le había preguntado sobre esa supuesta entrevista.

Cabezas: ¿Si me habían preguntado?

Dr. Goldaracena: Sí, si en el interrogatorio a que fue sometida se le preguntó sobre posibles entrevistas con miembros…

Cabezas: Sí me preguntaron, me preguntaban eso.

Dr. Ledesma: ¿En qué lugar?

Cabezas: En la ESMA.

Dr. Ledesma: No, no ¿en qué lugar habían tenidolugar las entrevistas sobre la que la interrogaban?

Cabezas: Si yo había tenido entrevistas…

Dr. Ledesma.: Con miembros de la cúpula de la organización ilegal Montoneros y en dónde la había tenido, si le mencionaba el lugar.

Cabezas: Claro, ellos decían de que era en Roma.

Dr. Goldaracena: Si este episodio recuerda haberlo comentado con Carlos MUNOZ.

Cabezas: No señor.

Dr. Ledesma: ¿No recuerda o no lo comentó?

Cabezas: No lo comenté.

Dr. Goldaracena: Si conoce a FIRMENICH.

Dr. Ledesma: Con la aclaración que si Ud. encuentra alguna respuesta que pueda ser autoincriminante, puede negarse a contestar, puede responder.

Cabezas: Me niego a contestar.

Dr. Ledesma: No le oí, la pregunta es si tuvo entrevistas y conoce a FIRMENICH, personalmente, no a través de su actuación pública.

Cabezas: No señor.

Dr. Goldaracena: Si conoce a María Antonia BERGER.

Cabezas: A María Antonia sí, porque estaba en Puebla.

Dr. Goldaracena: Si puede decir qué hacía Antonia BERGER en Puebla o puede explicar en qué circunstancia la conoció.

Cabezas: En Puebla había un salón muy grande donde había un mostrador donde nos acercábamos a pedir una audiencia con los obispos, María Antonia estaba entre el público, no sé exactamente lo que ella hacía ni lo que ella hablaba porque era uno más entre todo el público; sé que me señalaron que era María Antonia.

Dr. Ledesma: ¿Diálogos con ella tuvo?

Cabezas: …

Dr. Ledesma: ¿Algo con ella tuvo o alguna conversación con alguna sustancia?

Cabezas: Bueno, había conversaciones, como era todo general dentro del público que estaba ahí, eramos muchos, y si se hablaba en un momento, bueno, por equis circunstancia, uno se acercaba y conversaba pero nada, nada personal, nada individual.

Dr. Ledesma: ¿Doctor?

Dr. Goldaracena: Si puede dar alguna precisión, sobre por qué, si era simplemente una persona más del público, se acuerda de haberla visto a Maria Antonia AVALLAY.

Dr. Ledesma: Puede contestar.

Cabezas: Sí, porque me acuerdo de que la vi, y bueno porque la señalaron y porque estábamos muchas horas ahí.

Dr. Ledesma: Recuerda, ¿quién la señaló, quién le dijo que era ella?

Cabezas: Bueno, recuerdo que cuando hablábamos con periodistas, los periodistas la conocían, creo que fue, habrá sido algún periodista, no, no sé precisar la persona.

Dr. Ledesma: ¿Doctor?

Dr. Goldaracena: Si en esa oportunidad, se le dijo algo sobre las actividades de María Antonia AVALLAY.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: No, no señor.

Dr. Goldaracena: Si conoce a una persona de apellido VACA o VACA NARVAJA.

Cabezas: No señor.

Dr. Goldaracena: Si conoce a una persona de apellido OBREGON u OBREGON CANO.

Dr. Ledesma.: Puede responder.

Cabezas: Por los diarios.

Dr. Goldaracena: La testigo dijo que, en ocasión de su entrevista con un periodista y un fotógrafo en Figueroa Alcorta y Pampa, estando ellos sentados, ella con el Ruso, aparecen el periodista y el fotógrafo, si le quedó claro cuál fue la forma por la cual el periodista y el fotógrafo los identificaron a ellos.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: Quedaba algo así, como explícito; si me habían dicho que eran periodistas de Para Ti, bueno, era una situación, no podía pedir documentos.

Dr. Goldaracena: Si en algún momento se enteró de cuál fue el motivo, o la imputación por cuya virtud estuvo privada de su libertad.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: ¿Si se por qué estuve?

Dr. Ledesma: Efectivamente

Cabezas: Me dijo ABDALA que era por la situación psicológica que desempeñaba.

Dr. Ledesma: ¿Doctor?

Dr. Goldaracena: Si se enteró de cuál fue el motivo o la imputación por la cual habían estado en parecida situación o en la misma situación, su sobrina y el marido de ella

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: Suponemos que ha sido por mi situación, por lo que ellos se movían buscándome y haciendo averiguaciones, pero yo personalmente no sé.

Dr. Goldaracena: Si su sobrina o el marido tenían alguna militancia política activa, o en alguna organización.

Cabezas: No, no tenían.

Dr. Goldaracena: Si puede precisar, cuál es el grado de parentesco, entre la declarante y su sobrina.

Dr Ledesma: No le alcancé a oir doctor.

Dr. Goldaracena: ¿Cuál es la relación de parentesco?

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: Es la hija de mi hermana.

Dr. Goldaracena: Nada más señor presidente, gracias.

Dr. Ledesma: ¿Alguna otra defensa? Doctor BUERO…

Dr. Buero: Señor presidente, el doctor GOLDARACENA acaba de aludir al pasaporte que había necesitado la declarante; mi pregunta es, si tiene ese pasaporte, el pasaporte que ha usado.

Dr. Ledesma: ¿Puede fundamentar la pertinencia de la pregunta doctor?

Dr. Buero: Sí, señor presidente.

Dr. Ledesma: (inint.)

Dr. Buero: (inint.) como anoche, con la fundamentación, ¿puede fundamentarlo en presidencia?

Dr. Lodesma: Acérquese. Señor fiscal, puede acercarse por favor… ¿Posee el pasaporte, senora?

Cabezas: No señor.

Dr. Ledesma: Doctor BUERO.

Dr. Buero: Si puede decir, en esas oportunidades, en qué fecha salió y en qué fecha volvió a entrar en el país, si lo recuerda.

Dr. Ledesma.: ¿Se refiere a…

Dr. Buero: A ese viaje que hizo a México.

Dr. Ledesma: Si lo recuerda, señora, responda.

Cabezas: Mire, sé que era en enero y volví en marzo.

Dr. Ledesma: Doctor BUERO.

Dr. Buero: ¿Del año?

Cabezas: Pero no recuerdo la fecha.

Dr. Buero: Perdón, ¿de qué año? Me interesa que lo diga la testigo.

Dr. Ledesma: El año, señora.

Cabezas: 1979

Dr. Buero: Si cuando viajó a España e Italia usó el mismo pasaporte que había empleado para ir a México.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Dr. Buero: Si estuvo en Brasil.

Dr. Ledesma: ¿En qué fecha, doctor?

Dr. Buero: En oportunidad de ese viaje.

Dr. Ledesma: Con motivo de este viaje, ¿estuvo en Brasil?

Cabezas: No.

Dr. Buero: Movimiento Peronista Montonero, con una serie de personas, quiero aclarar que no le pregunto si ella estuvo, o si alguien le preguntó sobre eso mismo, ¿si sabía que en Roma, en la época de su viaje, efectivamente, había una reunión del Movimiento Peronista Montonero?

Dr. Ledesma: Puede responder, señora.

Cabezas: No, señor.

Dr. Ledesma: Doctor BUERO.

Dr. Buero: Si a la fecha de los hechos referidos en su declaración, la declarante tenía bienes de fortuna.

Dr. Ledesma: No ha lugar a la pregunta; inconducente, doctor.

Dr. Buero: Señor presidente, pido reposición basada en que la testigo, si mal no recuerdo, dijo que ella había pagado estos viajes.

Dr. Ledesma: Efectivamente, lo dijo, doctor.

Dr. Buero: Por eso, sí.

De. Ledesma: Insisto en el no ha lugar.

Dr. Buero: Muy bien, señor presidente. Si a la fecha de su liberación quedaban muchos prisioneros en la ESMA. Aproximadamente qué número.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: Sí, quedaban más, creo que más de 20 personas.

Dr. Ledesma: Doctor BUERO.

Dr. Buero: Si con posterioridad a su liberación se entrevistó con algún otro prisionero.

Dr. Ledesma: Ya lo contestó, doctor.

Dr. Buero: ¿Dijo con quién?

Dr. Ledesma: Sólo, sólo el matrimonio BARROS.

Dr. Buero: Gracias. Si el marido de su sobrina, que dijo que era Héctor Eduardo PICCINI, tenía algún sobrenombre y si puede, si lo recuerda.

Dr. Ledesma: ¿Tenía algún sobrenombre PICCINI?

Cabezas: Ahí, dentro de la ESMA, le decían “Tata”.

Dr. Ledesma: Doctor BUERO.

Dr. Buero: Si sabe si Norma Irene WOLSHON tenía militancia en alguna organización subversiva.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: No sé, señor.

Dr. Buero: Si sabe por qué la detuvieron, entonces.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: No sé, señor.

Dr. Buero: Si sabe si BASTERRA integraba alguna organización subversiva.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: No, señor.

Dr. Buero: Si sabe por qué lo detuvieron

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: No, señor.

Dr. Buero: Si Carlos MUÑOZ integraba alguna organización subversiva.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: No, señor.

Dr. Ledesma: ¿Sabe por qué lo detuvieron?

Cabezas: No sé, no sé.

Dr. Buero: Por último, señor presidente, solicito que, con la prevención del caso, se le pregunte si la declarante, que dijo no tener filiación política o actuación política, integraba, en cambio la rama femenina del Movimiento Peronista Montonero.

Dr. Ledesma: Con la prevención de que puede negarse a contestar si considera la pregunta autoincriminante, puede contestar, señora.

Cabezas: No contesto.

Dr. Buero: Nada más, señor presidente, gracias.

Dr. Ledesma: ¿Alguna otra defensa? El Tribunal dispone de un cuarto intermedio de 15 minutos. Señora, su testimonio ha terminado.

MEMORIA NO EDITADA de jóvenes de los 80 s…“Raúl pintaba esperanzas y lo mataron”.

MEMORIA NO EDITADA de jóvenes de los 80 s…“Raúl pintaba esperanzas y lo mataron”.

1000 Historias

Estos relatos son testimonios de niños, jóvenes, hombres y mujeres que desde distintos espacios, lugares y momentos han sido protagonistas de los 80 años de la fundación del Partido Socialista de Chile. (los textos no han sido editados)

domingo, 7 de julio de 2013

Raúl pintaba esperanzas y lo mataron

Raúl Valdés Stolze nació en Santiago el 30 de abril de 1951, en el seno de una familia de clase media acomodada. Hijo de Carlos y Silvia, cursó  sus estudios básicos y medios  en el Colegio de la Salle y en el San José de Calazans.

Tras egresar de la enseñanza secundaria, ingresó a la carrera de Construcción Civil en la Universidad Técnica del Estado, UTE,  desarrollando actividad académica entre los años 1969 y 1973.

En esa escuela, conoció a varios militantes de la Juventud Socialista, entre los que se estaban Ariel Mancilla, José Quintana y Luis.

Pronto es electo como dirigente del Centro de Alumnos de Construcción Civil, al tiempo que pasa a formar parte del equipo de coordinación de la Juventud Socialista en la UTE.

Con sus nuevos compañeros de ideas y militancia, Raúl participa de un activo contingente juvenil que no sólo realiza trabajo político en la universidad, sino que amplía su influencia política y social hacia un vasto y sector de las actuales comunas de Quinta Normal y Santiago, especialmente entre los estudiantes secundarios de los liceos de Aplicación y Amunátegui  –donde conoce a jóvenes militantes como Juan Fierro, Jorge Aravena y Juan Carvajal- y entre los alumnos-trabajadores del Liceo Nocturno Integral Nº1, dirigido por el recordado profesor Alberto Galleguillos.

Raúl participó en el equipo que fundó la Seccional Tercera Comuna de la JS, la misma que acuñó la consigna “Firme junto a la clase obrera”. Para él y sus compañeros, no se trató únicamente de un eslogan, pues desde ese nuevo seccional se vincularon estrechamente a los núcleos del PS y a los  sindicatos de trabajadores del Hospital San Juan de Dios, de la Fundición Yungay y de la Fundición Libertad (edificio donde hoy funciona la Universidad ARCIS), y de las empresas Indus Lever y Barbara Lee.

El 12 de septiembre de 1973, Raúl fue detenido en la Casa Central de la UTE junto a otros dirigentes y autoridades universitarias, siendo encarcelado en el Estadio Chile y posteriormente llevado al Estadio   Nacional. Desde éste último recinto es trasladado, en noviembre de 1973, al Campo de Prisioneros de Chacabuco, lugar en el que permanece hasta septiembre de 1974.

Ese año es trasladado a Santiago, donde es recluido en la Cárcel Pública, pasando después a la Penitenciaría y a los campos de la DINA de 3 y 4 Álamos, para luego ser llevado a la Quinta Región, al Campo de Prisioneros de Ritoque, desde donde finalmente es puesto en libertad en febrero de 1975, “por falta de méritos”.

De la cárcel a la lucha

Su decisión de incorporarse a la lucha nunca flaqueó. Antes incluso de salir en libertad, a fines de 1974 y estando detenido en la Penitenciaria, Raúl fue visitado por dos compañeras con las cuales retoma su vínculo político para integrarse a las tareas de la reconstrucción partidaria.  Así, al momento de su liberación en 1975, se integra al Regional Santiago Centro, asumiendo la responsabilidad de editar el boletín “El Pueblo”,  órgano oficial  del regional durante esos difíciles años, cuando la impresión de toda la prensa clandestina se realizaba en condiciones muy precarias, con mimeógrafos manuales y plantillas “picadas” en esténcil y también en serigrafía, procedimiento con el que se daba color a las portadas.

Pese a que había sido exonerado de la universidad, logró titularse en octubre de 1977, gracias a una iniciativa personal del ex director de la carrera de Construcción Civil, que consiguió que las autoridades militares interventoras de la ex UTE permitieran la titulación de los estudiantes que fueron expulsados por  motivaciones políticas.

Profesional exitoso, ya desde el año 75 se incorpora a trabajar en importantes obras y construcciones, al tiempo que conoce a otra joven militante socialista, Cecilia González, “La Negra”, con quien se casa, en mayo de 1976, tras dos meses de pololeo. De esa familia nacerán sus dos hijas: Carolina y Claudia.

Durante el año 75, bajo el permanente acecho de la DINA, el trabajo de comunicaciones siguió con mayor énfasis en la educación política y en la reorganización del movimiento sindical. Es por eso que el PS adecua su estructura a las exigencias políticas del momento y los regionales se organizan por “frentes”, pasando el Regional Santiago Centro a ser el “Regional Sindical Carlos Cortés”. Raúl forma parte de esa dirección y su responsabilidad específica es, precisamente, la rearticulación  del trabajo sindical.

En el frente de masas y en la propaganda clandestina

Este trabajo en el ámbito sindical, con Raúl como uno de sus principales protagonistas, poco a poco va dando sus frutos. En 1976  se comienza a estructurar la Subsecretaria de Frentes de Masas, que reitera como su prioridad en ese período la reconstrucción del movimiento sindical, a través de la articulación de un organismo central que represente a los trabajadores.

Raúl forma parte de este equipo de trabajo, que crea un Boletín de Frente de Masas-Sindical, que alcanza un importante nivel de distribución e influencia. Junto a este se planteó la necesidad de contribuir a la reimpresión de los boletines de las organizaciones sindicales, llegándose a apoyar la elaboración de alrededor de 14 de estos boletines: de la Coordinadora Nacional Sindical, de la Federación de Panificadores, de la Confederación Ranquil, de la Federación de Trabajadores del Vidrio, de la Federación Gráfica, de los Ferroviarios y de la Federación del Cuero y del Calzado, entre otros.

A partir de ese año, Raúl participa también en la diagramación e impresión de los primeros ejemplares de “Unidad y Lucha”, el periódico del PS en la clandestinidad.

Hacia 1980, producto de su disciplina y compromiso, y de sus evidentes habilidades para el trabajo gráfico, Raúl es designado como encargado nacional de la Secretaría de Prensa y Propaganda del aun proscrito PS.

Entre 1981 y 1983, además, desempeña el rol de enlace con la estructura partidaria que funciona en Iquique, ciudad en la que se encuentra momentáneamente por razones de trabajo, y contribuye al reforzamiento de la dirección del PS en Arica, luego de la desvinculación de esta con el Comité Central, tras la caída de la red norte del PS. En Arica, aporta a la capacitación político-ideológica de los socialistas de esa ciudad, al tiempo que entrega su conocimiento en temas de propaganda, contribuyendo también al renacimiento y a la pérdida del miedo de las organizaciones sindicales de la zona.

Durante la segunda mitad de los años 80, Raúl asume múltiples tareas partidarias: en 1984 le corresponde instalar la instancia preparatoria del V Pleno Nacional y del XXIV Congreso del PS (sector Almeyda) y es designado Encargado Nacional de Propaganda, cargo que ocupará hasta 1988 y desde el cual propicia la publicación de periódicos como “La Firme”, “Acción Socialista” y “Pueblo Unido”.

Un año antes, en 1987, Raúl se integra a un equipo especial del PS, desarrollando actividades comunicacionales y emisiones de la clandestina Radio Unidad.

 

Ese mismo año, y en el marco de la efervescencia social ocasionada por la visita del Papa Juan Pablo II a Chile, Raúl aporta a la lucha del pueblo chileno con el que probablemente fue uno de sus diseños más recordados: la imitación de los billetes de 500, 1000 y 5000 mil pesos, con un mensaje anti dictatorial al reverso, que fueron uno de los mayores impactos comunicacionales en la época, ya que casi nadie resistía guardarse uno o varios en el bolsillo, amplificando la transmisión de las consignas anti Pinochet escritas en esos billetes falsos.

Resultado de imagen para la imitación de los billetes de 500, 1000 y 5000 mil pesos, con un mensaje anti dictatorial al reverso,

Reactivando el muralismo socialista

En 1988 en la Conferencia Seccional del PS es elegido miembro de la Dirección Seccional 19 de Abril, asumiendo como Secretario Político de ella.  Desarrolla cartillas y cursos de propaganda, como una forma de ayudar a la masificación de los métodos de reproducción manual de boletines, panfletos y afiches anti dictatoriales.  Es instructor, monitor y creativo de las recién creadas Brigadas Salvador Allende (BRISA) y de las reactivadas Brigadas Elmo Catalán (BEC). La mayoría de los murales que estas brigadas pintaron en ese período (en el Parque La Bandera, en la Panamericana, en General Velázquez, en la Población Herminda de la Victoria y en la Villa Portales, por ejemplo) corresponden a diseños realizados y dirigidos por Raúl.

En 1989, en un Pleno del Regional Santiago Centro, es elegido miembro de dicha dirección, cargo que ejercía al momento de su asesinato  el sábado 8 de julio de 1989.

Esa mañana, cuando un tibio sol iluminaba las calles del centro de Santiago, Raúl fue herido mortalmente por un guardia de seguridad sin que mediara provocación alguna.

El hecho se produjo cuando Raúl y otros tres militantes del PS –entre los cuales se encontraba su esposa- realizaba unos rayados murales, insertos en la campaña por la recuperación de los derechos civiles y políticos del entonces Secretario General del PS, Clodomiro Almeyda, quien en razón de los aún vigentes artículo 8º y 24º de la Constitución de 1980, permanecía inhabilitado de su derecho a presentarse como candidato a algún cargo de elección popular por un período de diez años.

Precisamente por ello es que la consigna que pintaba junto a sus compañeros era “No más exclusión: Almeyda senador!”, la misma que escribieron en una de las murallas de los estudios de televisión KV, en calle Catedral Nº 1850. Desde el interior de las instalaciones apareció, intempestivamente, el guardia José René Poblete Vega, funcionario de la empresa Centinel S.A. -conformada en su totalidad por ex miembros del Ejército- quien a escasos metros de distancia y por la espalda disparó en contra de Raúl, quien ante el estupor de su esposa y compañeros, fue trasladado minutos después hasta un centro asistencial, al que llegó ya fallecido.

 

Carabineros que se apersonaron en el lugar detuvieron al hechor, constatando que el arma que utilizó no era de su propiedad ni tampoco contaba con un permiso vigente para portarla.

Sin embargo, uno de los policía sermoneó a Cecilia González, diciendo que “eso les pasa por andar rayando” y amenazándola con tomarla detenida. Después de un áspero intercambio de palabras, “La Negra” logró que el policía la autorizara a llamar por teléfono.

Cecilia González, “la negra”, declaró que el guardia cometió “un crimen a sangre fría y por la espalda, ya que de nuestra parte no hubo ni siquiera una agresión verbal que justificara su reacción”, versión que fue refrendada por numerosos vecinos del sector, que señalaron que el guardia era conocido como “El Rambo”, por su afición a las artes marciales, su prepotencia y su trato violento e intimidatorio incluso con las personas que asistían como público a los programas televisivos que se grababan en esos estudios.

Tras permanecer incomunicado por espacio de diez días, Poblete confesó su crimen y se declaró culpable, aportando antecedentes respecto de la empresa de seguridad a la que prestaba servicios. Así se conoció que “Centinel S.A.” tenía entre sus directivos y jefes operacionales a ex miembros del Ejército, lo que motivó al PS a solicitar una investigación judicial sobre esos vínculos.

Luego de recuperado el cuerpo de Raúl, sus restos fueron velados en el local del Comando Socialista por el NO (COSONO), que en los hechos funcionaba como el local central del PS Almeyda. Tras ser homenajeado por decenas de militantes que hicieron guardias de honor rotativas en torno a su féretro, sus funerales fueron acompañados por cientos de militantes del Partido, de la Juventud Socialista y de diversas organizaciones de derechos humanos, que corearon la consigna “Raúl pintaba esperanzas y lo mataron”.

Memorial del Detenido Desaparecido y Ejecutado Político 

A la fecha de su muerte, Raúl tenía 38 años.

El padre y esposo 

Cecilia “La negra”
Carolina y Claudia 

El artista preso

El Ceramista 

 

El Muralista

Y coreamos “Raúl pintaba esperanzas y lo mataron”.

Archivo de Prensa

 

Publicado por Cecilia Suárez en 17:08

Enviar por correo electrónicoEscribe un blogCompartir con TwitterCompartir con FacebookCompartir en Pinterest

Etiquetas: Ariel Mancilla, BEC, Campo Prisioneros de Ritoque, Cecilia González “la negra”, Chacabuco, Clodomiro Almeyda, COSONO, José René Poblete Vega, Juventud Socialista de Chile, Raúl Valdés Stolze

1 comentario:

  1. CecyMore7 de julio de 2013, 23:13
  2. RAUL VALDES, PRESENTE AHORA Y SIEMPRE,… en la memoria colectiva socialista, en la memoria viva de su familia, en el ejemplo revolucionario de quién lo entrega todo por sus ideales.
    Negra

Quién era Álvaro Barrios Duque?

Quién era Álvaro Barrios Duque?

 

Ahora, llegando a casa, en la placita de enfrente, nos esperaba la memoria… No se exactamente quién fue Álvaro Barrios Duque, pero sé que es un compañero… Los jóvenes que se reúnen siempre allí cuentan desde hoy con una nueva presencia; mis hijos y sus amiguitos con nuevas lecciones a través de mis palabras que acompañaron la lectura del mural y el sacarle fotos; reacciones sobrecogedoras, incómodas, curiosas, de todo más no indiferencia. Fue impactante para todos los que llegábamos encontrarnos con él, y a través de él, con todos. No sé tampoco quién hizo el mural, al parecer un hombre y un joven, me alegro muchísimo, gracias, de corazón. Compañero Álvaro Miguel Barrios Duque PRESENTE, ahora y Siempre!!!

 

 

ALVARO MIGUEL BARRIOS DUQUE

 

CEDULA IDENTIDAD:           5.541.054-2 de Santiago
ESTADO CIVIL:                      Casado
FECHA DE NACIMIENTO:    9 de Abril de 1948
EDAD:                                      26 años a la fecha de detención
DOMICILIO:                              Altamiraño 2333 Conchali Santiago
PROFESIÓN:                           Estudíante de Pedagogía en Inglés de la Universidad de Chile

Su cónyuge, Gabriela Zuñiga Figueroa, con quien había contraído matrimonio el 3 de Julio de 1974, expresa, en la querella criminal presentada ante el 10 Juzgado del Crimen de Mayor Cuantía de Santiago:
“El día 15 de Agosto de 1874, alrededor del mediodía, llegaron hasta nuestro domicilio de esa epoca, Altamiraño 2333, Conchalí, dos personas a las cuales mi cónyuge conocia, Luz Arce Sandoval, de unos 24 años, domiciliada en Venecia 1639 y Patricio Alvarez, estudiante de Medicina, domiciliado en Vivaceta 1639, quienes lo saludaron afectuosamente y lo invitaron a salir a la calle para conversar un rato.  Caminaron por espacio de unos 200 metros hasta un lugar donde esperaba una camioneta Chevrolet de color celeste con toldo y sin patente, en el interior de la cual había varios civiles que nadie alcanzo a distinguir bien”.

“Mi cónyuge fue introducido al interior de la camioneta, que arranco de inmediato.  Testigos de la llegada de Luz Arce y Patricio Alvarez fueron el padrasto de mi cónyuge, Hector Grunert y su hermano German Grunert Duque, los cuales asimismo vieron desde la entrada de la casa como Alvaro era introducido al vehiculo señalado”.

“…Tanto Luz Arce como Patricio Alvarez eran personas que vivían desde tiempo atras en nuestro sector, conocidos por tanto en el barrio y tanto mi cónyuge como yo los saludabamos y a veces conversabamos”.

“Yo regrese un poco despues al hogar y me entere por los parientes de mi marido de lo sucedido.  No me inquiete mayormente al comienzo, ya que pensé que mi cónyuge había salido con estos conocidos.  Sin embargo, alrededor de las 21 horas de esa misma noche y en circunstancias que yo tampoco me encontraba en casa, volvió Alvaro Barrios acompañado esta vez por varios civiles desconocidos, recogió algo de ropa suya y manifestó estar detenido por efectivos de inteligencia.  Su hermano y su padrasto fueron nuevamente testigos  de este hecho”.

“Al día siguiente me enteré que otros vecinos habían sido detenidos un poco despues de mi cónyuge y por el mismo grupo: Sergio Riveros Villavicencio y Julio Canas.  Me dirigí entonces a la casa de Patricio Alvarez para informarme acerca de los hechos que tanto me alarmaban acerca de mi cónyuge…Me dijo que no me preocupara, que se trataba de un simple tramite de rutina y que mi esposo volvería pronto, pero se negó a explicar en que consistía esa rutina, por qué se había detenido a mi cónyuge, dónde se encontraba él y a qué se debía su participación”.

“Despues de esto y a medida que transcurría el tiempo sin tener noticias de mi cónyuge, volví varias veces a conversar con Alvarez, pero sin ningun resultado.  Aseguraba que mi cónyuge estaba por regresar, pero nunca sucedió asi”.
“Por otra parte, en Noviembre de 1974 fue liberado Julio Canas, con el cual conversé y me confirmó haber sido detenido junto con mi cónyuge y don Sergio Riveros.  Luego fueron llevados a un recinto de detención que él no pudo identificar, puesto que se mantenía con la vista vendada, pero en el cual estaba tambien Alvaro Barrios.  Canas escuchó su voz al comienzó y luego consiguió incluso hablar con él en una oportunidad… Actualmente (Julio Canas) se encuentra fuera del país”.

” En cuanto a Luz Arce fue,  al parecer, hace poco tiempo trasladada a Talca, donde continua prestando su colaboración a la Dirección de Inteligencia Nacional, DINA, organismo al cual al parecer pertenece.  Sus familiares, sin embargo, son gentes conocidas en el sector donde vivíamos en el año 1974 y continuan viviendo allí”.

“…Aún no he conseguido ubicar el paradero de mi marido, a pesar de las múltiples diligencias que he realizado”.

El padrasto del afectado, Hector German Grunert Mathieu, declaró en el Tribunal lo siguiente:
“El día 15 de Agosto de 1974, siendo la una de la tarde aproximadamente, llegaron a mi domicilio ubicado en esa epoca en Altamiraño 2333, de Conchalí, dos jovenes amigos de mi hijastro Alvaro Barrios Duque.  Posteriormente supe que esa pareja de jóvenes se llaman Patricio Alvarez Poblete y Luz Arce Sandoval, según me lo contó mi hijo menor Héctor Germán.  Como mi hijastro se encontraba en casa, lo llame y salió de nuestro hogar en compañía de tales jovenes, de a pie, yo no me preocupé mayormente del asunto, puesto que salieron conversando amigablemente.  Posteriormente alrededor de las 8 de la noche regresó Alvaro, en busca de una parka, me pidió cigarros y me dijo que estaba detenido por el SIM, Servicio de Inteligencia Militar.  Con mi hijastro nadie entró a la casa.  Al salir Alvaro Barrios me asomé a la calle y divisé que subía por la parte posterior de una camioneta encarpada que debido a la oscuridad no me fijé en su patente.  Ignoro si dicha camioneta hubiera pertenecido al Ejército o no.  Desde esa oasión no he vuelto a ver a mi hijastro Alvaro”.

Por su parte, Hector German Grunert Duque, hermano del detenido, manifestó:
“…El día 15 del mes de Agosto de 1974…siendo aproximadamente las 12 y media del día, estando en mi casa ubicada en ese tiempo en Altamiraño 2333, divisé llegar a Pato Alvarez en compañía de una muchacha joven a la cual no conocía, quienes preguntaron por mi hermanastro Alvaro.  Yo como conocía de vista, a Pato, llame a Alvaro y le dije que lo buscaba el estudíante de Medicina.  Luego salió Alvaro hasta la puerta de calle y yo me despreocupe del asunto.  No volví a ver a Alvaro como hasta las 8 de la noche del mismo día, ocasión en que llegó apresuradamente de a pie, bastante nervioso, y nos dio a conocer a mi y a mi padre, que se encontraba detenido en una base militar, que luego lo soltarían y que no nos preocuparamos.  Se puso una parka, se llevó unos panes para comer y cigarrillos.  Tanto yo como mi padre salimos a la puerta para verlo irse.  Por esta razón nos dimos cuenta que subía a la parte trasera de una camioneta con toldo, marca Chevrolet, color oscuro, común y corriente, no del Ejército.  Desd esa ocasión no he vuelto a ver a mi hermanastro”.

De la mayor importancia es el testimonio de Patricio Alvarez Poblete, que transcribimos:
“El día 14 de Agosto de 1974 me encontraba en mi casa viendo televisión.  Cerca de las 24 horas repentinamente alguien golpeó la puerta y pidió hablar conmigo, al salir pude ver que era Luz Arce a quien conocía por haber pertenecido ambos a un centro cultural que había en Vivaceta. Una vez que estuve al lado de ella en el jardin de la casa, me pidió que salieramos a la calle para que yo le señalara el domicilio de una niña amiga, salí a la calle, afuera me presentó un hombre que andaba con ella, mientras conversábamos este hombre cerró la puerta de la reja del jardín lo que me llamó la atención y me di vuelta para mirar y vi que me encañonaba con un revólver.  Inmediatamente me esposó, me llevó hasta la esquina de mi casa y me subieron a una camioneta grande de color amarillo, una vez arriba me colocaron scotch en los ojos y una venda.  De esta forma me llevaron a un lugar desconocido para mí, el trayecto calculo yo que debe haber demorado unos 15 minutos, deteniéndose la camioneta una sola vez cerca de un dmicilio.  Posteriormente me llevaron a un lugar que creo que puede haber sido una casa, y una vez allí me hicieron caminar por un corredor y me dejaron en una pieza donde había más personas, pero siempre esposado y sin sacarme la venda de los ojos, allí permanecí durante toda la noche hasta el día siguiente en que me llevaron a una pieza y me interrogaron acerca de la actividades que tenía yo con Alvaro en el Centro Cultural, también me preguntaron por otros compañeros de la universidad.  En este interrogatorio también estaba presente Luz Arce, me decía que yo hablara todo lo que sabía acerca de los demás compañeros, una vez que ya terminaron con mi interrogatorio me subieron a la misma camioneta con Luz Arce y nos trasladaron hasta cerca del domicilio de Alvaro, allí me sacaron la venda de los ojos y me ordenaron junto con Luz Arce que fueramos hasta la casa de Alvaro y lo llamáramos en la misma forma que Luz lo había hecho conmigo y estas personas se quedaron esperando a una media cuadra.  Alvaro se encontaba en su casa y nos siguió, ya que le había dicho vamos hasta la esquina para que conversemos, durante el pedacito de camino yo le pregunté como había estado, pero no pudimos hablar ninguna otra cosa.  Una vez en la esquina hicieron subir a Alvaro a la camioneta, lo vendaron y lo esposaron.  En la camioneta fueron a dar una vuelta por los alrededores y enseguida me fueron a dejar a mi casa y me entregaron a mis padres.  No me llevaron con Alvaro hasta el lugar donde estuve detenido, como dice el parte de Investigaciones (con anterioridad Patricio Alvarez había sido entrevistado por ese Servicio, en cumplimiento de una orden de investigar emanada del Tribunal), después de la detención de Alvaro yo quedé libre, solamente siguió en la camioneta con Alvaro, Luz Arce.  Desde esa fecha ya no volvi a ver nunca más a Luz Arce y a Alvaro Barrios, ni nunca más he sabido de ellos.  Ignoro a que organismo pertenecían los hombres que nos detuvieron, ya que jamás nos mostraron credenciales y además vestían de civil”.

Luz Arce no pudo ser ubicada por Investigaciones pero si se dio con su domicilio y fue entrevistado su padre, Enrique Orellana, quien dijo: “Efectivamente mi hija Luz Arce Sandoval perteneció al Centro Cultural Vivaceta donde practicaba atletismo desde el año 1974, fue detenida en varias oportunidades por personas que dijeron pertenecer al Servicio de Inteligencia, pero los cuales nunca se identificaron debidamente.  Posteriormente y para evitar seguir siendo interrogada, se fue de la casa y hemos ignorado desde 1976, a principios de año, su paradero y solamente hemos recibido noticias de ella por intermedio de llamadas telefónicas, informándosenos que se encuentra en Argentina, pero ignoro su domicilio exacto”.  Sin embargo informa Investigaciones, la salida de Luz Arce “no se encuentra registrada en Policia Internaciónal” (Oficio de 5-1-77, de la 10a Comisaria Judicial).  Al ser entrevistado Patricio Alvarez, manifestó, entre otras cosas, refiriéndose a su detención que Luz Arce” al parecer mostraba otros domicilios de otras personas ya que la camioneta – en que lo llevaban – se detuvo en varios lugares y otras personas fueron subidas a ella…”

En cuanto a los otros detenidos vecinos, mencionados en la querella, Sergio Riveros Villavicencio y Julio Canas, Investigacines señala: “En el Gabinete de Identificación Central se registra Sergio Alberto Riveros Villavicencio, civil No 4.339.612-9, sin penal, soltero, domiciliado en Pasaje Peatones 1821.  Trasladado hasta ese domicilio, el informante, en compañía del detective Sr. Roberto Calderon Fuentes, entrevisto a doña María Reyes Hidalgo, Chilena…nacida en Santiago el 20 de Octubre de 1950, soltera… civil 6.055.723, Santiago, de ese domicilio, quien manifestó: “Soy cuñada de Sergio Riveros V., quien el día 15 de Agosto fue detenido por personas que dijeron ser del Servicio de Inteligencia sin que hasta esta fecha se haya tenido alguna noticia acerca de su paradero.  Conozco de nombre a Alvaro Barrios y sé que fue detenido en la misma fecha que mi cuñado, es decir al mismo tiempo y a Julio Canas sólo lo he escuchado nombrar pero no tengo ningún antecedente acerca de él”.  “Las diligencias efectuada a fin de lograr el actual domicilio o paradero de Sergio Alberto Riveros Villavicencio y de Julio Canas – añade el informe – no han dado a la fecha resultados positivos” (Oficio de Investigaciones de fecha 11-2-77, 10a Comisaría Judicial).

En suma, pese a las evidencias, Álvaro Barrios Duque sigue siendo un detenido ‘desaparecido’ y no se ha hecho efectiva la responsabilidad de los culpables.

El 31 de Agosto de 1977 el juez dictó acto de sobreseimiento temporal en la causa, confirmando la Corte de Apelaciones su resolución el 21 de Octubre de 1977.

19 de Octobre 2004 El Mostrador

Procesan a cúpula de la ex DINA por secuestro de mirista

La titular del Noveno Juzgado del Crimen de Santiago, Raquel Lermanda, procesó como autores de secuestro calificado a cuatro ex miembros de la cúpula de la disuelta Dirección Inteligencia Nacional (DINA).

La magistrada estimó que existen presunciones fundadas de que miembros de la DINA tienen responsabilidad en la desaparición del mirista Álvaro Barrios Duque, detenido el 15 de agosto de 1974 en su casa, ubicada en la comuna de Conchalí.

La resolución afecta al general (R) Manuel Contreras, ex jefe del organismo represivo, al brigadier (R) Miguel Krasnoff, al coronel (R) Marcelo Moren Brito y al civil Osvaldo Romo.

 

 

29 de Octubre 2004 El Mercurio

Corte otorga libertad a brigadier (r) Krassnoff

La Tercera Sala de la Corte de Apelaciones resolvió otorgar la libertad provisional al brigadier (r) Miguel Krassnoff procesado como autor del secuestro calificado de Álvaro barrios Duque.

 

Por el secuestro de Barrios, ocurrido en 1974, están procesados también los ex miembros de la DINA, Manuel Contreras, Osvaldo Romo y Marcelo Moren Brito.

 

8 de Junio 2006 TVN.cl

Procesan a militar (r) por crimen de mirista

En el Batallón de Policía Militar de Peñalolén quedó detenido hoy el retirado suboficial mayor del Ejército, Nelson Paz Bustamante, procesado por el ministro en visita Juan Fuentes Belmar, como autor del secuestro calificado del militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), Alvaro Miguel Barrios Duque.

 

Barrios Duque, de 26 años de edad al momento de su arresto ilegal, era estudiante de Pedagogía en Inglés de la Universidad de Chile. La Comisión de Verdad y Reconciliación estableció que la víctima estuvo aprehendida en el recinto clandestino que la disuelta Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) mantenía en el número 38 de la calle Londres, en pleno centro de la capital.

 

 

 

 

Asimismo, el magistrado determinó que todos los condenados, salvo Zapata Reyes, deberán cancelar una indemnización solidaria de 35.000.000 de pesos (unos 64.220 dólares) a Gabriela Zúñiga Figueroa, cónyuge de la víctima.

 

Posteriormente, el joven opositor de la dictadura militar (1973-1990) fue visto en el centro de tortura y reclusión “Londres 38”, desde donde se perdió su rastro.

 

22 de Enero 2010
La Nación

EL “NEGRO” PAZ
Otro de los hitos importantes de esta sentencia es que por primera vez el mayor (R) del Ejército Nelson “Negro” Paz Bustamante -chofer en este grupo operativo y que tiene varios procesamientos en curso- va a cumplir una condena tras las rejas, pues hasta el momento se encontraba en libertad. La Suprema elevó su castigo de 800 días a cinco años y un día de presidio efectivo. A Manuel Contreras se le mantuvo la pena de cinco años y un día.
Tras conocer el fallo, la abogada Magdalena Garcés del Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior se manifestó satisfecha, pues dijo que pese a que las penas no son proporcionales a la gravedad del delito se logró que fueran efectivas y que los responsables del secuestro de Barrios cumplan su castigo en la cárcel.
“Estamos contentos porque es un fallo en el cual se nos escuchó y se rechazaron las dos atenuantes alegadas por la defensas de los militares que era la media prescripción y otra del Código de Justicia Militar que habla de la ‘obediencia indebida’” señaló Garcés.

Fallo Corte Suprema – Barrios Duque – 2008

La Nación, 26 de enero de 2015

Suprema ordenó libertad inmediata de ex agente de la DINA

La Corte Suprema ratificó el fallo dictado por la Corte de Apelaciones de Santiago que acogió un recurso de amparo presentado por Nelson Paz Bustamante, condenado en una causa por violaciones a los derechos humanos, en contra del Ministerio de Justicia por negarse a otorgar el beneficio concedido por la comisión de reducción de condenas.

En fallo unánime, la Segunda Sala del máximo tribunal -integrada por los ministros Milton Juica, Hugo Dolmestch, Carlos Künsemüller, Haroldo Brito y Lamberto Cisternas- ratificó la sentencia que acogió la acción cautelar presentada por defensa del agente de la DINA condenado por el secuestro calificado de Álvaro Barrios Duque, y ordenó su inmediata libertad.

La sentencia reitera el criterio del máximo tribunal que ha acogido diversos recursos de amparo presentados por condenados por delitos comunes en situaciones similares, resoluciones que establecieron que el Ministerio de Justicia no tiene facultades para revisar los criterios de las comisiones de rebajas de condenas de los tribunales de alzada.

Estimada Karlita (con K) Rubilar: Hoy reflexionaba acerca de lo que hiciste al denunciar con bombos y platillos, coche de guagua mediante, la existencia de detenidos desaparecidos falsos. Guardaste celosamente los nombres, esperando el momento propicio, tu intención era no herir a nadie. Hoy reconoces errores en la forma, pero no en el fondo, desconociendo […]

Estimada Karlita (con K) Rubilar: Hoy reflexionaba acerca de lo que hiciste al denunciar con bombos y platillos, coche de guagua mediante, la existencia de detenidos desaparecidos falsos. Guardaste celosamente los nombres, esperando el momento propicio, tu intención era no herir a nadie. Hoy reconoces errores en la forma, pero no en el fondo, desconociendo la relación intrínseca entre ambas, no por nada elegiste hacerlo como lo hiciste.

De nada ha servido que Sebastián Piñera te exculpe con eso que para el Golpe de Estado no habías nacido, te advierto que hay gente muy mala que asegura que quien te soplaba al oído lo que deberías hacer es nada menos que el Mamo Contreras a través de interpósita persona, tu asesor jurídico Javier Gómez que tiene un prontuario como abogado (otros más tendenciosos aún dice que no lo es….ojo al piojo) que ni te explico, si hasta anduvo asesorando a la defensa de Paul Schaffer, el nazi pedófilo de Colonia Dignidad, “dime con quien andas y te diré quien eres”, pero en fin, tú decides de quienes te rodeas.

Pero volvamos a lo que me convoca, metiste la pata o te hicieron meterla, solo que hay metidas de pata y metidas de pata y esta es imperdonable, más aun en tu condición de Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Honorable Cámara de Diputados, que te exige ser consecuente con esa investidura. Informarte, cotejar, empaparte de la realidad cruel que vivimos miles de familias en nuestro país en dictadura y que en democracia seguimos viviendo gracias a la falta de voluntad política de la Concertación y al constante boicot del sector al que tu representas en avanzar en la legislación para un NUNCA MAS, populismo mediante, tu partido, Renovación Nacional y la UDI, siguen siendo los sostenedores ideológicos de la dictadura, si no ¿cómo se explica que hayan votado en contra de la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada?

Ya se que llego re tarde con la información, pero Luis Emilio Recabarren González fue detenido y hecho desaparecer el 29 de abril de 1976, junto a su esposa Nalvia Rosa Mena Alvarado (embarazada) y a su hermano Manuel Guillermo, su padre, Don Manuel Segundo Recabarren Rojas es hecho desaparecer al día siguiente, el 30 de abril, todos eran militantes del Partido Comunista. Luis Emilio y Nalvia Rosa fueron detenidos junto a su hijo de dos años, del mismo nombre que su padre, quien fue abandonado a pocas cuadras de su casa por los agentes de la DINA, él sobrevivió. Fíjate que además el Ministro Alejandro Solís lleva en la actualidad el proceso por la desaparición de esta familia y esta a punto de dictar autos de procesamiento, logrando determinar responsabilidades de los hechores. Era cuestión de ponerle tinca para darse cuenta de lo infundado del “datito” que te estaban entregando, esa era tu pega o debió ser.

Por último te cuento que la otra noche, te ví en los tres canales de televisión casi a la misma hora, a saber, canal 13, Chilevisión y Televisión Nacional, todos ellos ubicados en un mismo sector geográfico. Igual te imagino corriendo con el coche para cumplir con esos compromisos mediáticos para “dar la cara” como insististe, que no vas a renunciar, decías, que pedías perdón por la forma pero no por el fondo, decías, o sea insististe en sostener lo insostenible, además agregaste que habías recibido un e-mail de un familiar de los Recabarren González en que te agredía y tu tuviste la grandeza de contestarlo y lo que tu hiciste ¿cómo se llama?

Santo Tomás de Aquino, Padre de la Santa Madre Iglesia reconoce distintos tipos de tontos y tonterías y buscándole el ajuste, lo tuyo correspondería a un “Intellectus rudissimi idiotae”, que grafica a “un idiota que toma por falso aquello que no puede comprender” (Summa Contra los Gentiles, Ed BAC).

Atentamente,
GABRIELA ZUÑIGA FIGUEROA
(Esposa de Alvaro Barrios Duque, detenido desaparecido el 15 de agosto de 1974)

Nota:
Si te dicen que lo han visto bailando cumbia allá por Colombia, no hagas tal con denunciarlo como un falso desaparecido, se trata de un alcance de nombre y apellido con un gran y reconocido artista plástico de ese país y que andaría por ahí en edad con MI ALVARO de no haber sido hecho desaparecer por tu ya sabes- espero- quienes.

Ahora bien, como al parecer Argentina sería un lugar adecuado para hacer aparecer a nuestros familiares, si te dicen que fijo que MI ALVARO, fue visto y oído hablando con ese acento tan característico, tampoco hagas tal con denunciarlo, se trataría de otro alcance, esta vez de apellido, pues sería Lucas BARRIOS, jugador de Colo Colo. Todo esto te lo cuento con el ánimo de evitarte otro bochorno.

Santiago 9 de enero de 2009

 

 

¡Libertad para Ramiro! Presentacion del libro “Un paso al Frente. Habla el Comandante Ramiro”

¡Libertad para Ramiro! Presentacion del libro “Un paso al Frente. Habla el Comandante Ramiro”
El jueves 29 de diciembre, ante un auditorio repleto de asistentes de la Biblioteca Nacional de Santiago, se realizó la presentación de  “Un Paso Al Frente. Habla el comandante Ramiro del FPMR” (editado por Laurence Maxwell y Jorge Pavés, Editorial CEIBOS), libro en que se narra médiate la propia voz y memoria de Ramiro sus experiencias y reflexiones sobre una serie de momentos claves en la historia del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, la lucha anti dictatorial, los turbulentos  años de transición negociada a la “democracia” -incluida su fuga desde la CAS-, el paso por la guerrilla colombiana, hasta su encarcelamiento en Brasil luego del secuestro de Washington Olivetto.Es el intento de amplificar un testimonio que debió traspasar un estricto régimen de aislamiento, muros de prisiones y fronteras para dar cuenta de una parte de la historia negada constantemente por el poder político y la llamada historia oficial. Sin ninguna pretensión de mitificar la imagen de Ramiro, su relato -cargado de datos y con una lucidez que sorprende luego de más de 15 años de total aislamiento- reviste gran importancia para la comprensión de la historia de la lucha armada en Chile, el rol de las organizaciones revolucionarias contra la dictadura de Pinochet  y la brutal arremetida concertacionista  durante el gobierno de Aylwin.Reproductor de audio http://cl.ivoox.com/es/player_es_podcast_277539_1.html  03:01 05:48 Utiliza las teclas de flecha arriba/abajo para aumentar o disminuir el volumen.   Ir a descargarA través de su relato se da cuenta del cómo su presidio ha buscado castigar algo mucho mayor que hechos específicos; el hecho de ser el preso de Brasil con mayor cantidad de años bajo el estricto e inhumano Régimen Disciplinar Diferenciado – siendo aplicado regularmente por algunos meses  y con un máximo de 1/3 de la pena total- sumado al silencio cómplice del estado chileno, dejan en claro el ensañamiento  y la intención de aniquilarlo, siendo urgente la exigencia de su extradición y posterior excarcelamiento. “Durante estos 15 años ha estado sometido a un régimen carcelario especial, verdadera  tortura penitenciaria de encierro total en aislamiento absoluto. En Chile ha sido condenado e inculpado en varios hechos de alto impacto político, entre otros del ajusticiamiento de Jaime Guzmán; de los secuestros de Cristian Edwards y del coronel Carlos Careo; y de la emboscada a Augusto Pinochet en 1986. Mauricio Hernández cumple más que una condena por delitos punibles ante la ley. Paga también, en solitario, como si en él se concentraran todas las insubordinaciones, la voluntad de silencio y el olvido de una sociedad que intenta enterrar en vida una versión de la historia nacional en que hubo quienes lucharon con las armas contra la dictadura y luego, contra la impunidad.”Hacemos un llamado a solidarizar, agitar y difundir en relación a la actual situación de Mauricio Hernández, exigiendo su retorno para poner fin a más de 15 años de brutal encarcelamiento.LIBERTAD PARA RAMIRO AHORA! Intervencion a las afueras de la Biblioteca Nacional

 

Origen: ¡Libertad para Ramiro! Presentacion del libro “Un paso al Frente. Habla el Comandante Ramiro”

Libres en prisión, la otra artesanía. Arte-factos creados en dictadura en Chile 1973-1990

Libres en prisión, la otra artesanía. Arte-factos creados en dictadura en Chile 1973-1990

Libres en prisión: Artesanía creada en dictadura

La imagen puede contener: 5 personas

 

 

 

Los objetos forjados por los presos políticos cruzaron las alambradas de los centros de represión de la dictadura y hoy día son ejemplo de resiliencia y de resistencia. Su historia es recogida en la obra de Ruth Vuskovic y Sylvia Ríos, que sin duda es un gran aporte tanto para tener una visión global como para contribuir a nuevas y futuras investigaciones.

Cada objeto da cuenta de una historia, de una cultura, y su lectura será más pertinente si conocemos cómo se construyó y qué significaba para las personas que lo compartieron en su momento de creación. Especialmente significativos son los artefactos culturales hechos en prisión política bajo dictadura. Es el tema de investigación y testimonios de la obra Libres en prisión, la otra artesanía. Arte-factos creados en dictadura en Chile 1973-1990, de Ruth Vuskovic y Sylvia Ríos, publicado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes bajo el sello de la Editorial de la Universidad de Santiago de Chile.

En la precariedad de la prisión política, cuando el hambre es parte de la vivencia, entre las personas puede surgir la disyuntiva entre comerse todo el escaso pan o dejar un poco de miga para hacer algo con las manos y convertir esa miga en un objeto bello, amable, cuya terminación proporcionará un poco de felicidad. Su creación, por primitiva que sea, eleva o refuerza la autoestima del productor –el artesano/a casual– que se reviste con la dignidad del trabajo y la constatación de una obra que connota una satisfacción vital. En algunos casos, los objetos perduran como recuerdos materiales que a la vez son fuentes de memoria. El desarrollo de la artesanía de prisioneros y prisioneras se expresó desde la ensoñación y la creación espontánea hasta el uso de técnicas sofisticadas.

Según las necesidades de los prisioneros y prisioneras, y las condiciones de la prisión, el trabajo artesanal y las manualidades evolucionaron desde la recurrencia a la apreciada comida -migas de pan y huesos- hasta la fabricación en serie de recuerdos para comercializar en el exterior. Evoluciona en calidad y complejidad, también en el sentido de que en un principio es una expresión individual, solitaria, que crecientemente se asocia con actividades cooperativas que potencian la sensación de autovalencia en la situación de indefensión.

En los diversos recintos y desde el primer momento, los lugares fueron vistos con una mirada nueva que buscaba en cada elemento una función adicional: cada “cosa” se podía resignificar como soporte de “algo” o herramienta para hacer “algo”. Se despertó la capacidad de (re) descubrir y, así, cada clavo era una herramienta en potencia; una gubia, por ejemplo; y cada madero o hueso, el material para tallar con esa gubia. Como en el origen, la piedra volvió a ser martillo; y cada semilla podía lucir en una joya. Los metales (tuercas, latitas, tarros, el alambre de púas), la madera (astillas, palitos de helados o de fósforos), las telas (retazos, hilos, un bolsillo guacho). Todo podía reinventarse al cambiar el aprecio por objetos que alcanzaron, con una nueva mirada, una nueva dignidad. Nada era desechable y cada ocurrencia llamaba naturalmente a la técnica que correspondía para su realización. Así, lo informa este libro, se practicó la carpintería, el tejido, la cestería, la forja, el repujado. Las autoras contabilizan aproximadamente 80 tipos de artefactos hechos en madera, hueso, tejido, semilla, metal, cuero, cobre, cromo-níquel, mimbre, papel, piedra, suela , alambre y cáñamo; trabajados en las más diversas técnicas, reciclando y renombrando pedazos de llantas de auto, papel de diario, semillas de los árboles, trozos de madera, clavos desclavados, pedazos de telas de su ropa, calcetines usados, cabellos, hilos de las frazadas, astillas de los muebles, palos de fósforos, baldosas, muebles desarmados, tornillos y fierros abandonados. Todo ello fue resignificado y adquirió otra vida. Este conocimiento Ruth Vuskovic y Sylvia Ríos lo sistematizan, señalando lugares, técnicas, materiales y autores; ofreciendo una taxonomía y agregando amables cuadros de clasificación y síntesis. Un gran aporte tanto para tener una visión global como para contribuir a nuevas y futuras investigaciones.

¿Había permiso para esto? Dependía de una autoridad absolutamente discrecional, de un comandante que podía autorizar o prohibir las actividades. La “conquista” de la autorización para tener herramientas de trabajo, podía perderse sorpresivamente en un allanamiento y cada cambio de guardia dejaba las autorizaciones anteriores en suspenso. La suspicacia de los militares respecto del simbolismo de materiales, figuras y colores dependía de la mayor o menor astucia de los uniformados. Sin embargo, los objetos cruzaron las alambradas y hoy día son ejemplo de resiliencia y de resistencia: los objetos siguen resistiendo.

tapa-libro

Etiquetas: , , , , , » Publicado: a las 8:00 am

Rugbistas argentinos desaparecidos en dictadura.la Voces de sus hijxs y amigos

Rugbistas argentinos desaparecidos en dictadura.la Voces de sus hijxs y amigos
Soy madre de tres rugbistas chilenos y abuela de otros dos. He conocido desde décadas un montón de jugadores y he compartido con ellos en las graderías, en los tercer tiempo y en vacaciones. Sé que los rugbistas forman unos de esos extraños grupos en que se producen y entablan profundos lazos de afecto, compañerismo,fraternidad sin que por lo general los unan lazos de familia. Son un grupo de pertenencia que mantiene unidos a hombres desde la infancia hasta los últimos años, incluyendo en sus afectos a sus esposas e hijos. Es por ello que esta historia caló muy hondo en mí, porque puedo imaginar perfectamente cuan profundos eran los vínculos que este deporte y la militancia unió a estos deportistas.
Agradezco a Carola Ochoa, que una vez publicada la primera nota acerca de los rugbistas argentinos desaparecidos me hizo llegar a través de facebook esta que ahora  comparto y que lleva el horror a un grado difícil de aceptar.

Una lista que no para de crecer

La sanjuanina Carola Ochoa, con la colaboración de familiares, amigos y compañeros de esos rugbiers y su tarea de investigación exhaustiva, logró confeccionar una nómina que hoy alcanza el centenar de casos.

Hernán Rocca, uno de lo tantos rugbiers desaparecidos, va en busca de la pelota.

Una mujer, casi de la nada y solo con su compromiso militante armó un registro de jugadores de rugby desaparecidos que no tiene precedentes. Carola Ochoa vive en San Juan, habla pausado y menciona con orgullo su trabajo social en Villa Hipódromo. Quizá no tenga idea del valor de su tarea: su pesquisa constante, la búsqueda de un nombre, de un club, del dato que esclarece. Hizo crecer la lista con la colaboración de familiares, amigos y compañeros de esos rugbiers que hoy pueblan sus archivos. Una cifra todavía imprecisa que ya superó con holgura a los 52 que son homenajeados en un torneo nacional que ella misma creó. Hoy casi duplicó la cifra. Pero además de su paciencia tibetana para juntar historias –todas reunidas en su página de Facebook– Carola consiguió que nos hiciéramos de nuevo una pregunta: ¿cómo pudo ser que tantos jóvenes que abrazaron ideales revolucionarios en los años 70 eligieran al rugby como deporte?

La respuesta no la tiene ella ni tampoco nosotros. Podríamos hacer elucubraciones sobre la matriz solidaria del juego. La época convulsionada que los encontró en la lucha. Las coincidencias en el estudio, la pasión por el rugby y sobre todo, su identificación con diferentes proyectos políticos. Eran montoneros, comunistas, guevaristas, maoístas, trotskistas. Ochoa hilvanó sus perfiles con el hilo conductor del deporte. Hizo tanto en tan poco tiempo que hasta ella misma está sorprendida. Y confiesa que se sacó de encima los prejuicios con el ambiente del rugby cuando se entusiasmó al unir las historias de sus desaparecidos.

Ahora cuenta desde su provincia: “Esta iniciativa empezó cuando Fernando Sandoval, un profesor y militante de los Derechos Humanos en Chubut, me invitó a formar parte del grupo organizador en el país de La Carrera de Miguel para traerla a San Juan. Fue durante una capacitación de tres días en Puerto Madryn, con Elvira Sanchez, hermana de Miguel, y los referentes nacionales”.

Después –confiesa en su largo correo– leyó el libro Deporte, desaparecidos y dictadura publicado en 2006 y reeditado en 2010. Una pieza encaja en la otra hasta formar un mecano que Ochoa contribuyó a extender por todo el país. Dice que en San Juan no hay jugadores de rugby desaparecidos, pero buscó y chequeó las identidades de casi noventa casos confirmados. La nómina según ella ya supera los cien. En ese número hay quienes representaban a clubes que también desaparecieron como sus deportistas. Atahualpa Rugby Club o Central Buenos Aires, el club donde jugaban los alumnos y ex alumnos del Colegio Nacional Buenos Aires.

Uno de los más entusiastas colaboradores de la sanjuanina es el ex puma Eliseo Branca. Gran jugador del CASI de San Isidro y su entrenador campeón en 2005 después de veinte años sin títulos. También se sumó Martín Sharples, tercera línea del club Porteño y atleta. Dos condiciones que no lo definen totalmente porque además es un militante comprometido que perdió una pierna en un accidente de moto. Y juega al rugby con una prótesis. Martín –confiesa Carola– la convenció de que en determinado momento debía ponerle una cifra al torneo de rugby que imaginaba. De ahí surgió el 52. Pero se quedó demasiado corta porque seguiría topándose con más casos.

“En 2015, cuando vi por internet el video de Ensenada RC. Rugby Social, conocí a integrantes de la comisión directiva: Gabriel Merayo, Germán Fisser y Ana Garcia Munitis. Me invitaron a La Plata para explicarles mi proyecto” cuenta la sanjuanina. La capital bonaerense será escenario el domingo 13 de noviembre de una jornada que seguramente Carola jamás olvidará. En el Colegio Nacional Rafael Hernández que homenajeó a sus alumnos desaparecidos colocándoles sus nombres a las aulas –varios de ellos jugaban al rugby– se realizará una jornada con doce talleres sobre derechos humanos, memoria, literatura e inclusión en el deporte de la ovalada, entre otros temas.

El sábado 12 se disputará un partido de seven y otro de veteranos en homenaje a los jugadores desaparecidos. Veinte de ellos integraron distintos planteles de La Plata Rugby Club entre las décadas del 60 y 70. La institución los recuerda en una placa colocada en su sede de Gonnet hace unos años. Sobre la historia de esta tragedia, el periodista Claudio Gómez escribió un magnífico libro: Maten al rugbier. También se filmaron un par de documentales en Brasil e Italia. Y una miniserie sobre deportistas desaparecidos les dedicó un capítulo a los del club canario –se los conoce así por su camiseta amarilla– que se estrenó en Canal Encuentro en 2015.

Otra mujer, la periodista del diario La Capital de Rosario Laura Vilche también aportó en sus investigaciones las historias de los jugadores desaparecidos de aquella ciudad. Si Ochoa encontró solo en la capital bonaerense 41 casos repartidos entre La Plata Rugby, Universitario, Los Tilos y San Luis, desde la segunda ciudad del país le aportaron dieciocho historias más de sus clubes Old Resian, Jockey, Duendes, Universitario y Logaritmo.

La organizadora de esta movida que recorrió nuestra amplia geografía sueña con repetir la jornada del próximo fin de semana en San Juan, una provincia sin tradición rugbística. Ella no quiere olvidarse de todos sus colaboradores, de quienes la acompañan en la búsqueda de más datos, más fotos, más nombres que coincidan con esas fotos que, de no ser por ella, estarían guardadas en el cajón de alguna cómoda, dispersas, quién sabe dónde. El resultado es una contribución a la memoria de un deporte que sufrió como ninguno el terrorismo de Estado. Un registro que estimulará nuevas investigaciones porque en cada caso hay una historia que merece completarse.

El primer acercamiento que tuve con los casos de los rugbiers desaparecidos de La Plata fue por una nota que publiqué en el diario Perfil el 24 de marzo de 2006. Había leído sobre el tema (algún escrito de Gustavo Veiga en Página/ 12), pero esa tarde, cuando viajé por primera vez hasta el club en Gonnet, la historia me conmovió. Los anfitriones fueron Raúl Barandiarán, ex compañero de cinco jugadores-militantes, y dos hijas, Ana Balut y Verónica Sánchez Viamonte.
De aquella nota conservo un puñado de recuerdos; quiero rescatar dos. El primero es que después de desgrabar las entrevistas y reunir el material estuve un par de días dando vueltas sin poder arrancar. Escribía y borraba, una y otra vez; no aparecía un comienzo que me conformara. Tenía la mejor historia para contar —lo sabía—, pero el teclado se resistía. El compromiso y la exigencia que sentía eran desmedidos, algo que con otros temas no me ocurría. Al final la entregué, claro, forzado por los tiempos del cierre. El otro recuerdo que me quedó es que, cuando salió publicada, seguí insatisfecho: tenía la certeza de que el tema abarcaba una dimensión que excedía las dos páginas de un diario.
Tuvo que pasar un tiempo para que me decidiera a llevar esas historias a un libro. Una vez que arranqué fueron dos años intensos de búsquedas, viajes y escritura. Los rugbiers desaparecidos de La Plata se convirtieron en una obsesión. Y durante ese lapso pasaron cosas. Cuando empecé a fines de 2012, los casos eran diecisiete. Seis meses después, una investigación de Julián Axat —hijo de Rodolfo, uno de los rugbiers desaparecidos— reveló dos casos más. Al año, en una charla con un ex jugador del club, descubrí el vigésimo. La investigación influyó hasta en mis hábitos más cotidianos. Repetí hasta el hartazgo la canción que menos había escuchado de Virus. Conseguí un disco de Agapornis solo porque la banda está integrada por jugadores de LPRC.
No recuerdo en estos dos años haber leído un libro que no tuviera que ver con la militancia en los setenta. Y con las películas me ocurrió algo parecido.
Mientras yo buscaba a hijos, hermanos, amigos y compañeros, La Plata sufrió la peor inundación de su historia que —entre otros desastres— provocó ochenta y nueve muertos. Y seguí atento dos juicios por delitos de lesa humanidad. En la causa por el Circuito Camps condenaron a prisión perpetua a dieciséis militares y a un civil, el represor y ex ministro de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, Jaime Smart. Y por el centro clandestino de detención La Cacha recibieron perpetua quince genocidas, entre ellos, el ex policía Miguel Osvaldo Etchecolatz.
Una tarde estaba escribiendo mientras en la tele hablaba la presidenta Cristina Fernández. Yo trataba de resolver alguna historia mientras ella lanzaba el canal gratuito DeporTV en un acto en Tecnópolis. Su voz, apenas un rumor de fondo, entraba en segundo plano. Hasta que empezó a enumerar: “Santiago Sánchez Viamonte, Mariano Montequín, Moura, Rocca, Marcelo Bettini…”.Mis dedos se frenaron sobre el teclado. Sorprendido, giré la cabeza: era ella, la presidenta, recordando a esos muchachos que ya formaban parte de mi rutina. Horas después, YouTube completó la parte del discurso que me había perdido. Todavía vestida de negro, Cristina detalló: “Los deportistas desaparecidos después del golpe del 24 de marzo de 1976 me impactaron como ciudadana, como militante y como vecina de la ciudad de La Plata, porque de La Plata Rugby Club, que era uno de los mejores cuadros de rugby, no era el mío, pero era uno de los mejores cuadros de rugby de La Plata, si no el mejor, dicen algunos, desaparecieron dieciocho jugadores, muchos de los cuales eran muy amigos míos, conocidos”.
Una hija me confesó que se inventó recuerdos. Otra, que cuando piensa en sus padres los representa en una foto, que no puede imaginarlos en movimiento. Y otra, que está convencida de que suele tener conflictos con sus parejas porque es hija de desaparecidos. Una hermana me mostró un cinturón con manchas de sangre y marcas de balas. Un hermano me confió que su memoria borró todo lo que ocurrió aquellos años. Otro, que a su casa iba el delator que se había infiltrado en la agrupación. Una madre me detalló el encuentro que los represores le permitieron tener con su hijo para que se despidieran. Un padre, en el rol de juez, le tomó declaración a un genocida.
Un compañero del club me dijo que durante años fantaseaba con que sus amigos llegaban caminando por la playa de San Bernardo. Hay una habitación que sigue intacta. A un ex militante de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios), Independiente le salvó la vida. Y un ex dirigente del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) me reconoció que tuvo que aceptar, resignado, que la mayoría de las caídas se produjeron por delaciones. En LPRC hubo veinte casos, pero las historias los exceden.
La reconstrucción de fragmentos de las vidas de las víctimas me llevó a enfrentarme con episodios del presente tan complejos e intensos como aquellos que se vivieron en los años de militancia. El 29 de junio de 1978 murió el último rugbier. Pero el genocidio no se cerró.

Las fotos de Josefina. Memoria EN_REDADA

Las fotos de Josefina. Memoria EN_REDADA

Memoria EN_REDADA

Recibí en mi correo eléctrónico un mail de mi amiga Marta, con quien mantengo una amistad que ha enlazado nuestras memorias militantes y femeninas uniéndonos en una red de sororidad más allá del tiempo y el espacio.

Marta me envía una historia de otras mujeres, de mujeres militantes, y me escribe:

“Queridxs colegas, amigxs

avanzan el semestre y otras ocupacionesc  y con ello vuestra carga de trabajo, pero espero que pueden encontrar unos minutos para leelr estos conmovedores momentos de mujeres choras http://martazabaleta.blogspot.co.uk/2017/02/argentinalas-fotos-de-josefina-por.html
de Argentina.

Se puede aprender tanto de ellas.
Abrazos.

Abro el enlace que Marta,economista, académica y poeta exiliada argentina en el Reino Unido me ha compartido y me encuentro con esta imagen que abre mi memoria de mujer una vez joven y madre de una hija una vez viva…

Leo la nota en la fuente y me lanzo a buscar en la web a estas dos mujeres con la sensación de escarbar en una historia cuyas raíces se hunden en mi propia historia, en la de Marta y en la de tantas otras mujeres que militan y militaron en Latinoamérica trascendiendo su tiempo y su espacio.
y repito, como dice Marta, se puede aprender tanto de ellas.
RESISTENCIAS
Las fotos de Josefina

Voy a empezar por el final: de la mesa frente a la que estaba sentada tomó el collar de cuentas redondas, grandes, estriadas en rojo, y se lo sujetó al cuello. Después recogió las fotos que había mostrado, se paró y salió entre los aplausos de quienes la escuchamos del otro lado del vidrio. Cuando la abracé, sin saber quién contenía a quién, sentí las cuentas incrustándose en el pecho de las dos.

Ella se llama Josefina, el collar era de su mamá, lo rescató la mañana siguiente a su secuestro, cuando volvió a ese departamento con la puerta arrancada para cubrir la vergüenza de estar en bombacha con una remera roja, un jean y unas zapatillas. Tenía siete años, le faltaba un mes para cumplir los ocho, su hermano uno y medio y los dos habían dormido en la casa de una vecina a la que la patota le golpeó la puerta para dejarlos como un paquete.

“¡Qué voy a hacer con estos chicos!”, se había desesperado la mujer y ella guardó esa frase y ese tono por décadas, hasta que encontró a la vecina que ahora tiene nombre y es Susana, hasta que pudieron poner en común aquella noche larga del 6 de diciembre de 1977. “La encontré y la traje para acá”, dijo Josefina y una risa sosegada, tal vez de alivio, tal vez de complicidad, como un aflojarse del lazo que nos unía a quienes la escuchábamos, anduvo de boca en boca.

Josefina declaró el miércoles, en el juicio de lesa humanidad que tiene entre las víctimas a su madre, Vibel -Virginia- Casalaz. Josefina es una de esas amigas entre las que nos salvamos la vida, aunque el devenir de las cosas nos mantengan a distancia más tiempo del que desearíamos. A lo largo de los más de 20 años que llevamos de amistad, junto con Raquel y con Alba, ese núcleo duro de complicidad femenina, nos sacamos muchas fotos juntas, antes de que se llamaran “selfies”, las cuatro con las sonrisas incandescentes. Esta vez también hubo foto, en el subsuelo de los tribunales federales, en ese sitio sin ningún ángel en la calle Comodoro Py; habíamos llorado todas, Jose en el lugar de los testigos, el resto sosteniendo a la distancia esa entereza, todas esas palabras que supo enhebrar, buscadas y encontradas en noches de insomnio, en los días de la militancia en H.I.J.O.S., extraídas de diálogos con sobrevivientes, con sus amores; escritas también, ella que sabe hacerlo como pocas. Las sonrisas, a pesar del llanto, volvieron a capturar la luz en la imagen.

El collar que tanto le gustaba a su madre no fue lo único que rescató Josefina del departamento violentado. También se llevó una bolsita con fotos que les sirvió a los policías que la fueron a buscar al día siguiente para preguntarle por todas y cada una de las personas amadas que ahí aparecían. Ella estaba prevenida, iba a segundo grado en la misma escuela a pesar de los cambios de casa a que obligaba la persecución con un nombre falso, María José Roldán. No identificó a nadie. Las fotos siguieron su camino con ella, el primer viaje lo hicieron en la valijita con la que iba al colegio y que la acompañó en los dos días que pasó en la casa de una mujer policía, separada de su hermano al que se llevó un hombre de la misma fuerza. ¿A qué se debió esa separación por género? ¿Por qué no los dejaron juntos? Josefina no se acuerda casi nada de esos dos días, estaba enferma de hepatitis y sin duda la memoria da respiro, espacios de olvido necesarios para seguir adelante con la sucesión de los días. La noche del secuestro, por ejemplo, termina para ella con la imagen de su madre yéndose en el ascensor con esos tipos jóvenes y con armas largas que recuerda. “Mi mamá me tendría que haber dicho algo en ese momento, eso es lo que yo sentía, me tendría que haber dado una última instrucción”, dijo frente al tribunal y cerró: “Pero según me contó la vecina, cuando yo salí de ahí estaba en el piso, boca abajo, encañonada”.

No tenía instrucciones pero rescató los bienes preciados de su madre, el collar, las fotos que eran un resguardo de la vida cotidiana: playas, sonrisas, besos que no podían perderse en la huida aun a riesgo de convertirse en delación involuntaria. ¿Cuánto sabía la niña de todo lo que iba a perder como para que antes que sus juguetes guardara la bolsita de las fotos?

–Polo no es un nombre -le dijo el comisario de la 35 a la niña de 7 que había dado apodo, apellido y ocupación de su abuelo, “un fabricante de soda de Tres Arroyos”.

–Usted búsquelo que lo va a encontrar -contestó ella y así fue, constatando una vez más la enorme maquinaria del plan sistemático para la desaparición de personas no sólo represiva, también burocrática. Una burocracia dócil que ahora pretende aplicarse al conteo de los cuerpos que nos faltan. Nombrar es una cuestión de poder, decir 30 mil  y que haya acuerdo es el poder que hemos ido acumulando a lo largo de cuatro décadas y es lo que está en disputa.

Mientras escucho a mi amiga, pegada al vidrio que nos separa con la ilusión de encontrar sus ojos como si hiciera falta para sostenerla cada vez que amenaza con quebrarse, pienso con deseo en el lugar que ocupa. Yo también quiero acusar, quiero que llegue la hora del juicio por lo que le hicieron a mi madre y a sus compañeros y compañeras de cautiverio. Cuando promediaba el año pasado y se supo que no sucedería en octubre como habían prometido, y después, cuando tampoco habría fecha designada para marzo, empezó a circular entre los querellantes la lista de testigos que tendrían que adelantarse en testimoniar porque la dentellada de la muerte ya les está mordiendo los talones. 85, 87, 90, 95 años se leía junto a algunos nombres. Alguien anotó en ese intercambio de correos que su madre ya no podría declarar porque el ejercicio de memoria había destrozado sus neuronas. Hace 13 años que presentamos la querella. En ese tiempo todos y todas nos convertimos en otros, en otras, guardando a la vez quienes fuimos para no perder detalle cuando nos den la palabra. La impotencia se come el fin de la impunidad que ya no podemos declamar.

Antes de escuchar a Josefina, en un cuarto intermedio que tensa nuestra paciencia, Raquel me dice con ojos húmedos: “Siento que nos están tomando el pelo, ya no le encuentro sentido”. Es una descarga de derrota que no va a acatar, aunque las dos sabemos de qué habla. La Justicia, con esos pies de plomo, ya no puede llamarse así. Y sin embargo.

“¿Pudiste reconstruir…?”, es la primera parte de la pregunta que se repite para que Josefina de cuenta de lo que sabe de su madre, de su destino después del secuestro. Ella contesta una y otra vez, sobre los testimonios leídos, los diálogos ansiosos que persiguen un dato más, por nimio que fuera. Todo el trabajo lo hicimos las víctimas y quienes se comprometieron con nuestro duelo, el inmenso duelo acuoso de un país entero que todavía sigue evaluando el tamaño de las heridas que dejó el terrorismo de Estado. ¿Dónde están los papeles, los organigramas, los números de ellos, los ejecutores? ¿Dónde ocultaron los cuerpos? ¿Por qué a ellos se les permite todavía ahora ocultarse?

Hubiera querido que estén aquí los acusados, para interpelarlos. Quiero decir que yo pienso todas las noches en el cuerpo torturado y violado de mi madre. Y los represores piensan que así le hicieron bien a la patria. -dijo Josefina y tomó el collar de su madre de la mesa frente a la que estaba sentada y se lo puso, recogió sus fotos y enjugó sus lágrimas. Para que se vea y que se sepa: aun cuando le arrebataron tanto no pudieron quitarle todo.

En otro espacio virtual leo acerca de esta hija militante de la memoria:

UN COLLAR DE CERÁMICA

La estridencia de los camiones que pasan por encima apenas le permiten hablar a Josefina Giglio. Pero no grita, no lo quiere hacer en este lugar.

Josefina Giglio señala el retrato de su madre dentro de un cartel en el lugar donde estaba ubicado el centro de tortura El Atlético.

Madre de dos niños e hija de desaparecidos, intenta hallar el retrato de su madre en el afiche que está colgado sobre las ruinas del Centro Clandestino de Detención y Tortura Club Atlético, que está -estaba- ubicado debajo de la autopista 25 de mayo de la capital argentina.

Aquí está Coca, mirá- señala la foto de Virginia Isabel Cazalas, su madre, entre las centenares de imágenes de personas impresas sobre una sábana como recuerdo de quienes estuvieron presos aquí.

Josefina está acá porque este fue el último lugar donde, según testimonios de otros detenidos sobrevivientes, su madre fue vista por última vez.

A principios de 1978, cuando tenía 8 años, se la arrebataron de la casa en donde vivían clandestinos en Buenos Aires. Desapareció, lo mismo que había ocurrido con su padre un año antes.

Y desde entonces los anda buscando, a ella y a él, sin éxito.

Virginia Isabel Cazalas, más conocida como “Coca”, era la madre de Josefina.

Josefina es una de los muchos hijos que todavía no pudieron reunirse con los huesos.

Por eso tal vez sus peregrinaciones a las ruinas de Club Atlético, como un mecanismo para no olvidar ante la tierra abierta de las excavación arqueológica que se realiza ahora en este lugar antes utilizado para la tortura y que quedó sepultado cuando se construyó la autopista.

“En esto hay como dos partes: primero estás como esperando, como detenido en el tiempo esperando a que vuelvan, y después hay un momento en que comenzás a buscar”, dice Josefina.

“Tengo la fantasía que me iría a dormir la siesta con los huesos”, Josefina Giglio, hija de desaparecidos.

“Siempre estás buscando”.

“Había una época en que había una publicidad en la tele y el actor era igual a mi papá. Igual. Y mi papá había estudiado teatro, entonces yo decía ‘por ahí le dieron un golpe en la cabeza, se olvidó quién es y es ese actor’. Escribí al canal y todo. Nunca nadie me contestó, obviamente… Después, mi búsqueda en serio comenzó cuando de grande empecé la universidad”.

Su despertar universitario fue también el inicio de una misión colectiva: la agrupación Hijos e Hijas por la Identidad, la Justicia contra el Olvido y el Silencio (H.I.J.O.S), algo así como una versión filial de lo que hacían las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, que fue fundada en 1994, cuando muchos de los hijos de los desaparecidos cumplieron la mayoría de edad.

El centro clandestino de detención Club Atlético funcionaba a pocas cuadras de la cancha del popular equipo de fútbol Boca Juniors.

Con ellos logró, dice, “democratizar el dolor”. Con ellos lloró, protestó en las calles.

Estudió a fondo la historia de sus padres para intentar encontrar pistas: las impresiones del sulfuro de plata en las fotografías, la tinta aplastada en las hojas de las cartas. Algo que le permitiera entender quiénes eran, por qué habían luchado, qué sentido había tenido su muerte casi segura.

Y ha visto, como un tren que pasa de largo en una estación, cómo a otros compañeros de militancia el EAAF les han restituido los restos de sus padres, mientras ella los sigue esperando.

“Tengo la fantasía que me iría a dormir la siesta con los huesos”, cuenta y se ríe. La carcajada le suelta la mirada que aguarda tras unos anteojos gruesos de carey. La idea le enciende una chispa.

“Tendría algo así como un amuleto, un deseo de hacerme un colgante con ellos”, continúa sonriente.

“La tierra contiene como un útero los huesos que esperan”, se lee en uno de los cuadros de las oficinas del EAAF.

Josefina ya tiene un collar.

Al día siguiente del secuestro en el verano del 78, cuando le dieron permiso para entrar al departamento de donde se habían llevado a Virginia para buscar algunas cosas, la única pertenencia de su madre que se llevó fue un collar de cerámica que habían comprado juntas en la feria de Plaza Francia.

“Pensaba dárselo cuando volviera”.

Durante estos años ha elaborado mil conjeturas, pero a pesar de su empeño hay cuentas que no puede obviar: el EAAF sólo tiene restos óseos de unas 600 personas y siguen hallándose algunos centenares más, pero el número queda muy lejos de los 30.000 desaparecidos que calculan las organizaciones de derechos humanos e incluso de los 10.000 que reconocen las fuentes más conservadoras.

Y a muchos de ellos, se sabe, los tiraron al Río de la Plata y al mar desde los llamados “vuelos de la muerte”.

“Durante mucho tiempo tenía la sensación de ser hija de un agujero negro y los huesos siento que me permiten esa continuidad: yo soy esos huesos, voy a ser esos huesos. Recuperar esa continuidad que se cortó. Uno cree que una tibia y un peroné son innecesarios, hasta que te das cuenta de que son una fuente de alivio y te darían un cierre”, reclama.

Una fila india de camiones interrumpe la charla hasta el punto de suspenderla. Pero antes de irse ella mira el abismo de las excavaciones: dice que siempre busca algún objeto, alguna presilla, un pedazo de herencia que le debe el destino.

Para tenerlo mientras llegan los huesos.

Y es así que en mi transito virtual encuentro una noticia de hace cuatro días, una fotografía de dos hijos – Josefina y Francisco – hijos de Virginia y Carlos, huérfanos por el terrorismo de Estado en la Argentina que una vez nos acogio a mis hijos y a mi, donde vivimos la segunda dictadura a las que hemos sobrevivido.

Carlos y Vibel –el padre y la madre de Josefina, Coco y Coca para sus compañeros de partido- militaban en el Partido Comunista Marxista Leninista (PCML). Carlos era arquitecto, había caído el 19 de mayo de 1976 en una reunión del partido en Combate de los Pozos y Pavón, por un vecino que lo denunció. Cuando intentaba huir por la terraza, fue herido en una pierna y cayó al pozo de luz. Nunca más se supo de él. Desde entonces, Vibel –psicoanalista- peregrinaba entre una sombra y la otra mirándose las espaldas. Los militares la alcanzaron un año y medio después, en un departamento de Belgrano R. No estaba sola: Josefina tenía 7 años, Francisco uno y medio. Estaban además otros militantes del PCML. Los militares lo llamaron Operativo Escoba.

“Entre que se llevan a mi padre, el 19 de mayo de 1976, y caemos con mi madre el 5 de diciembre de 1977, hubo un dispositivo de pinzas para buscarla. La noche del 8 de junio se llevaron en La Plata a mi abuela paterna, Tecla, a mi tío que estaba con ella, en Tres Arroyos a Polo, y en Mones Casón, cerca de Carlos Casares, a mi tío Oscar Bossier, el cuñado de mi padre”.

http://memoria.telam.com.ar/noticia/-un-brigadier-dijo-que-mama-era-la-mujer-mas-buscada-_n3809

Necesitamos recuperar los restos. Josefina y Francisco Giglio

Josefina y Francisco Giglio declararon en el juicio por los crímenes cometidos en el llamado circuito ABO.

Los testimonios de Josefina y Francisco Giglio, hijos de los desaparecidos Virginia Isabel Cazalás y Carlos Giglio, inauguraron la audiencia que reactivó tras la feria el tercer tramo del juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en los centros clandestinos de detención y exterminio Atlético, Banco y Olimpo. Fue la primera vez que ambos contaron en tribunales la historia de sus vidas desde la arista que representa el secuestro y la desaparición de su mamá, que fue vista en el Banco por sobrevivientes. “Vebel”, como la llamaban en su familia. “Coca”, como la habían bautizado sus compañeros de militancia del Partido Comunista Marxista Leninista (PCML), fue llevada del departamento en el que estaba escondida la noche del 5 de diciembre de 1977 por una patota del Ejército. Estaba en camisón. Josefina, de siete años, y Francisco, de año y medio, fueron dejados con una vecina. Crecieron con sus abuelos maternos en Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires. Nunca más supieron de su mamá ni de su papá, que había desaparecido en mayo del ‘76. Con cuarenta, Francisco reconoció ante el Tribunal Oral Federal número 2 que todavía los espera. No obstante, reclamó por sus restos, al igual que su hermana, que se quejó de que los acusados no presencien el juicio. “No alcanza con los juicios. Sería bueno que los imputados estén sentados acá también. Todas las noches pienso en el cuerpo de mi madre violado y torturado. Y los señores que dieron las órdenes y las cumplieron piensan que hicieron un bien a la patria”, remató, sobreponiéndose al llanto, que logró contener durante todo su testimonio. El público que presenció la jornada la aplaudió un rato largo. Cuando el TOF le dio permiso para retirarse, ella tomó el collar de perlas grandotas que era de su mamá, y que había colocado en la mesa del estrado al comenzar a hablar, y se lo puso.

“Primero quisiera contar un poco sobre mi mamá, que era la más linda del mundo”, propuso Josefina como respuesta a la consulta que le realizó la fiscal Gabriela Sosti para introducirla en su testimonio. La hija de “Coca” completó la selección de fotografías entregadas al TOF que había iniciado su hermano, quien la precedió en el estrado. Josefina explicó que cuando un policía y una presunta asistente social la llevaron al departamento de Belgrano R donde la noche anterior habían secuestrado a su mamá para que agarrase ropa para ella y para su hermano, bebé entonces, ella también se llevó una bolsa con fotos que su mamá siempre llevaba de casa a casa y ese collar de perlas grandotas, que “a ella le gustaba mucho” y que encontró sobre su mesita de luz. Ayer, mientras declaraba, lo sacó de su cartera y lo puso sobre la mesa del estrado.

Pasaron más de 40 años, pero Josefina fue clara y precisa para contar lo ocurrido la noche del 5 de diciembre de 1977 y las que le siguieron. Ella, su mamá y su hermano vivían en un departamento de la calle Ramón Freyre con dos compañeros de militancia: Mariano Montequón y Patricia Villar. Esa noche acababan de cenar y hacía calor. “Mi mamá estaba en camisón, y así se la llevan, y yo estaba en bombacha”, contó.

Sientieron que rompían la puerta de entrada. “Yo me escondí porque no quería que me vieran, mi mamá pidió cambiarse pero no la dejaron. A nosotros nos dejaron con la vecina”, siguió. Aún hoy, le extraña que ella no le haya dado “alguna instrucción” antes de que se la llevaran.

Años después se reencontró con Susana Martínez, la vecina a la que “tres jóvenes de civil” le pidieron que cuidara a ella y a Francisco “hasta que llegara la Policía”. Susana también declaró ayer en el juicio. El otro testigo fue Daniel Merialdo, un sobreviviente del circuito ABO.

Cuando la encontró, Susana le dijo que la última vez que la vio su mamá estaba tirada en el suelo, apretada por una pistola larga. Con el tiempo, ella y su hermano supieron que su madre fue atrapada en un operativo al que el Ejército llamó “Escoba” y que barrió con casi todos los militantes del PCML.

Al otro día, la policía los llevó a buscar ropa al departamento reventado por el Ejército. “Cuando esta mujer que dijo ser asistente social pero que no aparece en ningún registro me vio con la bolsa de fotos, me sentó en la mesa y me hizo verlas una por una mientras me preguntaba ‘¿este quién es? ¿y éste quién es? Yo estaba entrenada y sabía que no tenía que decir nada”.

Tenía siete años Josefina, pero ya sabía que en la escuela y en todos lados era María José Roldán. La familia estaba clandestina desde 1975, cuando les allanaron la casa. Francisco nació en julio de 1976, pero su padre no llegó a conocerlo. Fue secuestrado en Constitución, un mes antes. “Nos quedamos solos. Pienso mucho en esa mujer sola, con dos hijos y escapando”, relató Josefina.

Tres días después del secuestro de su mamá, su abuelo de Polo, de Tres Arroyos, los fue a buscar. Cuando fueron creciendo, Polo les contó que para dar con Vibel los terroristas dieron un par de pasos antes de reventar el departamento de Freyre: lo secuestraron a él –permaneció un mes en Vesubio–; a su abuela paterna y a un tío paterno y a un cuñado de Carlos Giglio.

El relato de Francisco fue menos detallista. El tenía un año y medio cuando ocurrió todo. Coincidió con su hermana en el sentimiento de espera. “Llegó la democracia y todos pensábamos que los iban a liberar, porque creíamos que estaban detenidos en algún lugar. Yo creí que iban a aparecer para mi cumpleaños de quince. Y luego, para mi fiesta de egresados”, intentó explicar ella, que comparó al gobierno de Raúl Alfonsín con “la esperanza”; al indulto de Carlos Menem con “el abismo” y a las gestiones kirchneristas con el abandono de la clandestinidad. “Yo sentí que salía de la clandestinidad, que podía decir que mis viejos estaban desaparecidos y que no era mi culpa, y que había un Estado que en vez de discutir la cantidad de desaparecidos debería estar buscando los restos de mi padre y de otros”.

Francisco lo analizó desde la figura del “desaparecido”, esa que “produce algo tremendo en la mente de un hijo, porque siempre lo estás esperando. Yo tengo 40 y sigo esperándolos en algún rincón de mí. La perversidad es tremenda”.

Ambos saben que no volverán, por eso ven una posibilidad de “cierre” en la recuperación de los restos. “Necesito recuperar los restos de mis padres – dijo Francisco– sería de alguna manera reencontrarme con ellos”.

Josefina también reclamó los restos: “Me gustaría que el Poder Judicial le exija al Ejecutivo que disponga de todos los medios para encontrar los huesos de mis padres y de todos los desaparecidos. Y que le dé prioridad a la búsqueda de todos los chicos que fueron robados. Yo no quiero que mis hijos crezcan buscando los huesos de su abuela. Ya pasaron 40 años, ya es tiempo”.

Cartas…

Archivos Audiovisuales CEDOC Museo de la Memoria y los Derechos Humanos

Videos en página facebook

Las voces de los Hijxs.Pablo Sepúlveda Allende : arresten a Henry Kissinger.

DestacadoLas voces de los Hijxs.Pablo Sepúlveda Allende : arresten a Henry Kissinger.

“Querida Noruega, arresta a Henry Kissinger, el hombre que planeó el golpe de Estado en el que mi abuelo fue asesinado”

Nieto de Allende pide arresto de Kissinger en Oslo por golpe militar en Chile.

Una familia que marcó la Historia reciente de Chile. Los Allende – Bussi y sus descendientes.

Pablo es hijo de Carmen Paz Allende, hija mayor del presidente Salvador Allende y de Héctor Sepúlveda; sobrino de Isabel Allende Bussi, presidenta del PSCH y ex presidenta del Senado. Pablo es primo hermano de Maya Fernández Allende, hija de Beatriz, la Tati, todos ellos figuras políticas.Su prima  Marcia Tambutti, hija de Isabel filmó la historia de la familia en su documental Mi abuelo Allende .

Es médico y vive en Venezuela .

(Noticia publicada en medios nacionales e internacionales)

 

por 11 diciembre 2016

Nieto de Allende pide arresto de Kissinger en Oslo por golpe militar en Chile
“A un gobierno que afirma defender la paz y los derechos humanos, como hace el noruego, ¿es mucho pedirle que un criminal de guerra con responsabilidad directa en genocidio, tortura y golpes de Estado sea declarado persona non grata o sea detenido y llevado ante la justicia según la ley internacional?”, consta en la carta.

Un nieto del expresidente Salvador Allende reclamó hoy a las autoridades noruegas que arresten al exsecretario de Estado de Estados Unidos Henry Kissinger, presente en Oslo estos días, por su apoyo al golpe militar de 1973 en Chile.

Resultado de imagen para "Querida Noruega, arresta a Henry Kissinger, el hombre que planeó el golpe de Estado en el que mi abuelo fue asesinado",

 

Kissinger viajó a Noruega por invitación del Instituto Nobel y la Universidad de Oslo, asistió ayer a la entrega del premio de la Paz al presidente de Colombia, Juan Manuel Santos -con quien mantuvo una reunión privada-, y hoy pronunciará una conferencia con Zbigniew Brzezinski, antiguo consejero del expresidente Jimmy Carter.

El acto, que tiene el apoyo del Instituto Nobel, se celebrará en un aula de la universidad, y el hecho de que “ninguna de las víctimas de sus crímenes de guerra y políticas criminales” puedan intervenir, ni vayan a ser nombradas, es lo que ha convencido a Pablo Sepúlveda Allende de mandar una carta a esas instituciones.

En , carta que hoy reproduce el conservador  Aftenposten.no-el principal diario de ese país nórdico-, Sepúlveda Allende se muestra “conmocionado” por el “homenaje” a Kissinger, que considera una “ofensa”. (leer carta completa)

“A un gobierno que afirma defender la paz y los derechos humanos, como hace el noruego, ¿es mucho pedirle que un criminal de guerra con responsabilidad directa en genocidio, tortura y golpes de Estado sea declarado persona non grata o sea detenido y llevado ante la justicia según la ley internacional?”, consta en la carta.

Sepúlveda Allende pregunta también al Instituto Nobel si nadie en esta institución tiene “el valor y la moral suficientes” para retirarle a Kissinger el Nobel que se le otorgó en 1973 por el acuerdo de paz en Vietnam y reparar una “injusticia histórica” en vez de homenajearlo con un acto que es “una vergüenza histórica”.

El nieto del expresidente chileno resalta que está “bien documentada” la participación de Kissinger en el golpe de Pinochet y otros golpes y “campañas de terror político” en Sudamérica y en otras partes del mundo.

“Noruega les abrió las puertas a miles de chilenos que huían de un régimen de terror, por eso es incomprensible que Kissinger sea recibido y homenajeado en Noruega con motivo de la entrega del Nobel de la Paz”, escribe Sepúlveda Allende.

Para mayor información

 Amy Goodman

Kerry, Kissinger y el otro 11 de septiembre

El único motivo por el que se debería buscar a Henry Kissinger es para llevarlo ante la justicia, al igual que Pinochet.

Henry Kissinger and Augusto Pinochet

Mientras la intervención militar del Presidente Barack Obama en Siria parece haberse postergado por el momento, llama la atención que el Secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, se haya reunido el 11 de septiembre con uno de sus predecesores, Henry Kissinger, supuestamente para hablar de la estrategia de las próximas negociaciones sobre Siria con funcionarios rusos. La reunión entre Kerry y Kissinger y la oposición pública al ataque a Siria, que ambos apoyan, deberían mirarse a través del espejo de lo sucedido el 11 de septiembre, pero de 1973.

Aquel día, hace 40 años, el presidente democráticamente electo de Chile, Salvador Allende, fue derrocado violentamente mediante un golpe de Estado que contó con el apoyo de Estados Unidos. El General Augusto Pinochet asumió el control del país y dio inicio a diecisiete años de un régimen militar de terror, en el que más de 3.000 chilenos fueron asesinados y desaparecidos, alrededor del mismo número de personas que murieron el 11 de septiembre de 2001. Allende, que era socialista, contaba con mucho apoyo popular en su país, pero sus políticas eran el anatema de las élites de Chile y Estados Unidos, por lo que el entonces Presidente estadounidense, Richard Nixon, y su Secretario de Estado y asesor de seguridad nacional, Henry Kissinger, apoyaron el intento de derrocarlo.

El papel que desempeñó Kissinger en la planificación del golpe de Estado en Chile en 1973 queda más claro a medida que pasan los años y surgen nuevos documentos, que el propio Kissinger intentó mantener en secreto. Peter Kornbluh, de la organización sin fines de lucro National Security Archive (Archivo de Seguridad Nacional), ha revelado las pruebas durante años, y recientemente actualizó su libro “Pinochet: los archivos secretos”.

El archivo Pinochet

Kornbluh* me dijo que Kissinger “fue el principal responsable de idear la política para derrocar a Allende e incluso de apoyar a Pinochet y las violaciones de los derechos humanos que ocurrieron durante su régimen”. Afirmó que Kissinger “presionó a Nixon para que asumiera una política agresiva, pero encubierta, para lograr derrocar a Allende, desestabilizar su capacidad de gobernar y generar lo que Kissinger denominó ‘un clima golpista’”.

El régimen de Pinochet fue violento, represivo y un aliado cercano de Estados Unidos. Pinochet formó alianzas con otros regímenes militares de América del Sur, que crearon el “Plan Cóndor”, una campaña de terrorismo de Estado y asesinatos coordinados en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. El Plan Cóndor incluso llegó a las calles de Washington D.C. cuando, el 21 de septiembre de 1976, el ex embajador chileno en Estados Unidos durante el gobierno de Allende, Orlando Letelier, fue asesinado junto a su asistente, un ciudadano estadounidense llamado Ronni Moffitt, en un atentado con coche bomba perpetrado por la policía secreta de Pinochet en la zona de las embajadas, a apenas unas cuadras de la Casa Blanca.

Finalmente, tras la creciente condena mundial y la resistencia no violenta dentro del país, el régimen de Pinochet se vio obligado a realizar un plebiscito en el que se decidiría si Pinochet debía continuar como dictador en Chile. La población rechazó al gobierno de Pinochet con un “NO” rotundo, y dio paso a la actual era democrática en Chile.

Al menos dos ciudadanos estadounidenses fueron asesinados durante el golpe de 1973. Charles Horman y Frank Teruggi viajaron a Chile para ser testigos de la experiencia democrática que se estaba desarrollando en el país. Trabajaban como escritores y periodistas. Su secuestro y asesinato por parte de las fuerzas de Pinochet, con la posible colaboración del Gobierno estadounidense, fueron representados en la película “Desaparecido” del director Costa Gavras, con Jack Lemmon y Sissy Spacek como protagonistas. En Chile, la película “Desaparecido” fue prohibida por el régimen de Pinochet. Con motivo del 40 aniversario del golpe de Estado, la viuda de Charles Horman, Joyce Horman, realizó una ceremonia conmemorativa en la ciudad de Nueva York. El evento fue organizado por la fundación Charles Horman Truth Foundation y atrajo a cientos de personas, muchas de las cuales formaron parte del Gobierno de Allende, perdieron familiares durante la dictadura, o se vieron obligadas a exiliarse de Chile durante aquellos terribles años.

Entre los asistentes estaba Juan Garcés, un ciudadano español que fue asesor personal del Presidente Allende. Garcés estaba con Allende en el Palacio de la Moneda el 11 de septiembre de 1973. Poco antes de que el palacio fuera bombardeado por la fuerza aérea, Allende acompañó a Garcés a la puerta y le dijo que saliera y le contara al mundo lo que había sucedido aquel día.

Allende murió durante el golpe, y Garcés apenas logró escapar de Chile con vida. Años después presentó una denuncia penal contra Pinochet, y finalmente logró que se lo arrestara en Gran Bretaña en 1998, donde Pinochet permaneció detenido durante 504 días. Si bien finalmente Pinochet pudo regresar a Chile, más tarde fue procesado allí y tuvo que afrontar un juicio y la prisión. Murió en 2006 bajo arresto domiciliario a los 91 años de edad.

Hoy en día, Juan Garcés considera que hay alarmantes similitudes entre la represión en Chile y las actuales políticas estadounidenses: “Realizan entregas extraordinarias, ejecuciones extrajudiciales. Tienen centros de detención secretos. El recurso de habeas corpus es ineficaz. Me preocupa mucho que los mismos métodos que se utilizaron en Chile durante la dictadura, con el conocimiento y el apoyo del Gobierno de Nixon y Kissinger, ahora se estén utilizando en muchos países, con otra excusa, con el apoyo de Estados Unidos. Considero que es algo muy peligroso para todos”.

En lugar de reunirse con Kissinger para buscar asesoramiento, John Kerry debería apoyar la paz y consultar a personas como Garcés, que han dedicado su vida a luchar por esa causa. El único motivo por el que se debería buscar a Henry Kissinger es para llevarlo ante la justicia, al igual que Pinochet.

The Pinochet File

*Peter Kornbluh

Peter Kornbluh dirige el Proyecto de Documentación de Cuba y Chile del Archivo de Seguridad Nacional. Él es el autor de la Bahía de Cochinos desclasificados: El informe secreto de la CIA en la invasión de Cuba y The Pinochet File: Un Dossier desclasificados en Atrocidad y rendición de cuentas y un co-autor (con Laurence Chang) de la Crisis de los Misiles de 1962: Un Nacional Archivo de seguridad Documentos lector y (con Malcolm Byrne) de El escándalo Irán-Contras: La Historia desclasificados , todos publicados por The New Press. Vive en Washington, DC

“Operación Cóndor”: juicio histórico sobre el plan de represión coordinada de las dictaduras latinoamericanas en los años 70

“Operación Cóndor”: juicio histórico sobre el plan de represión coordinada de las dictaduras latinoamericanas en los años 70

07 DE MARZO DE 2013
EXCLUSIVO DN!ES
Dirty war 1

Escuche/Vea/Lea (en inglés)



JUAN GONZÁLEZ:

El martes pasado comenzó un histórico juicio en Argentina, que podría revelar nuevos detalles sobre la estrategia coordinada de seis países latinoamericanos, en las décadas de 1970 y 1980, para eliminar disidentes políticos. Este plan, conocido como Operación Cóndor, involucró a las dictaduras militares de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay. Estos gobiernos colaboraron entre sí para rastrear, secuestrar y asesinar personas que ellos calificaban de terroristas: activistas de izquierda, sindicalistas, estudiantes, sacerdotes, periodistas, guerrilleros, y también sus familias.

El plan fue impulsado por el dictador chileno Augusto Pinochet y existe evidencia de que la CIA y el ex secretario de Estado Henry Kissinger fueron cómplices del mismo desde sus inicios. Al menos 25 generales del ejército están imputados en la causa, y se espera contar con el testimonio de más de 500 personas. En agosto, un juez federal argentino solicitó formalmente al Departamento de Justicia del Gobierno de Obama que permita que propio Kissinger sea interrogado. El Gobierno de Obama no respondió.

AMY GOODMAN: Este juicio se está llevando a cabo en Buenos Aires, donde un antiguo taller mecánico fue convertido en un centro de tortura. Argentina es el país donde más personas extranjeras fueron asesinadas en el marco de la Operación Cóndor. Esto está sucediendo apenas semanas después de que la Corte Suprema de Uruguay derogara una ley que hubiera permitido juicios similares en ese país.

Para ampliar esta información, nos acompaña John Dinges, autor del libro “Operación Cóndor: una década de terrorismo internacional en el Cono Sur”, que recopila entrevistas e informes de inteligencia desclasificados para reconstruir acontecimientos mantenidos en secreto. Antes de eso, Dinges trabajó para la National Public Rario, y como periodista independiente en Latinoamérica. Actualmente es profesor en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia.

John Dinges, bienvenido a Democracy Now!

JOHN DINGES: Encantado de estar aquí. Gracias.

AMY GOODMAN: Háblanos de la importancia de este juicio que está teniendo lugar en Argentina.
JOHN DINGES: Bueno, ya se han hecho varios juicios, y éste se remonta a la detención de Pinochet en Londres, en 1998. Eso desató una avalancha de pruebas, que atravesaron Europa y dieron lugar a juicios en muchos lugares, como Roma, París, Argentina y Chile, pero todos más pequeños que éste. Aquí hay 25 personas acusadas. Por desgracia —o por suerte, quizás— muchas de las personas implicadas en esto ya han muerto, o están muy viejos; muchos de los jefes máximos. Pero aquí hay 25 argentinos y un uruguayo, todos con cargos militares, quienes participaron directamente en las acciones de la Operación Cóndor.

Se trata de algo histórico, ya que vamos a escuchar las declaraciones de 500 testigos. Y no es algo habitual en el sistema jurídico latinoamericano. Esto se está haciendo realmente público ahora que escuchamos los testimonios. Antes sólo declaraban ante los jueces a puertas cerradas, y luego, alguna gente podía llegar a leer esos testimonios, pero no llegaba a ser realmente público. Esta vez es realmente público. Y al parecer, gran parte del juicio está siendo grabado. Así que es la primera vez que toda la población va a poder va a escuchar los detalles de esta serie tan terrible de atrocidades, que tanta gente ha matado.

JUAN GONZÁLEZ: John, para quienes nunca han oído hablar de la Operación Cóndor o saben poco sobre ella, ¿podrías hablarnos sobre sus orígenes? ¿Cómo comenzó, que países o gobiernos la encabezaron?

JOHN DINGES: Bueno, fue una iniciativa chilena. Augusto Pinochet tenía dominada a la oposición. El golpe de Estado fue en 1973, y para 1974 ya no había casi oposición interna. Pero mucha gente que había formado parte del anterior Gobierno, que él había derrocado, se había marchado al extranjero. Un general importante vivía en Argentina. Dirigentes políticos, como por ejemplo Orlando Letelier, ex ministro de relaciones exteriores y ex embajador en EE. UU. –que era alguien que solía comer con Henry Kissinger- vivía en Washington. Había gente desparramada por diferentes lugares, en Europa y en toda Latinoamérica, y Pinochet quería ir tras ellos. Así que organizó la Operación Cóndor.

Y convenció a los otros países —Brasil, Uruguay, Argentina, Bolivia y Paraguay— para que se sumaran, con el argumento de que existían acciones guerrilleras que los amenazaban a todos conjuntamente. Y de hecho, hubo una organización guerrillera llamada Junta de Coordinación Revolucionaria, formada por diferentes grupos armados que luchaban contra esos gobiernos. Entonces, la idea de Pinochet era colaborar para perseguir a esta gente. Y así lo hicieron.

La mayor parte de los exiliados chilenos estaban en Argentina, que fue el último país en ver derrocado su gobierno civil. Allí la dictadura militar se inició en marzo de 1976, y el Plan Cóndor se creó a finales de 1975. Así que ya estaban preparados. Y cuando se produjo el golpe de Estado en Argentina, comenzaron a matar a cientos de personas, a estas personas extranjeras. Es interesante que hayas mencionado a Automotores Orletti. Este es el taller mecánico que fue utilizado como centro de tortura, y ahí es donde retenían a los presos de otros países.

AMY GOODMAN: Con Democracy Now! hemos visitado ese taller. Quiero leer parte de un documento desclasificado, un informe de la CIA que muestra que funcionarios estadounidenses sabían que los servicios de inteligencia latinoamericanos estaban ampliando sus redes de acción con la Operación Cóndor. Cito: “Están uniendo fuerzas para erradicar la ‘subversión’ … una palabra que, cada vez más, se refiere a la disidencia no violenta, de parte de la izquierda y centro-izquierda”.

Esto se relaciona con otro documento que tú conseguiste, John Dinges, de la agencia de inteligencia chilena, conocida como DINA. En él se detalla el número de muertos y desaparecidos registrado por la inteligencia argentina. Es un cable enviado por el representante de la DINA en Buenos Aires que dice, cito, que “está enviando una lista de todos los muertos,” que incluía el conteo oficial y extraoficial de muertos. Entre 1975 y mediados de 1978, según él, cito: “suman 22.000 entre muertos y desaparecidos”. Háblanos sobre el número de muertos y qué es lo que sabía EE.UU.

JOHN DINGES: Bueno, vamos primero con Estados Unidos. En este período, los años setenta, Estados Unidos fue un patrocinador importante de las dictaduras militares que derrocaron, en algunos casos a gobiernos democráticos y en otros a gobiernos civiles tambaleantes. Como fuera, el resultado fueron gobiernos como el de Videla, el de Pinochet o el de Banzer en Bolivia, que mataban a sus ciudadanos impunemente. El gobierno de EE. UU. sabía de estos asesinatos masivos. Y mantuvo una actitud esquizofrénica y maquiavélica hacia esta situación. Realmente no querían a los comunistas en el gobierno, y la democracia parecía estar dando lugar a gobiernos comunistas. De hecho, el presidente de izquierda Salvador Allende fue elegido democráticamente, e instaló en Chile un gobierno civil y revolucionario. Y por eso, Pinochet lo derrocó. Estados Unidos tenía pánico ante la posibilidad de que esto se extendiera en Latinoamérica, por lo que apoyó la llegada de las dictaduras.

Cuando comenzaron los asesinatos masivos, EE. UU. sabía que eso estaba sucediendo. Se enteraron de la Operación Cóndor poco después de su creación. No hay pruebas de que supieran de su existencia en el momento en que se creó. Sí hay pruebas de que lo sabían un par de meses después de iniciadas sus operaciones. Pero sin duda tenían conocimiento de que estas cosas estaban sucediendo. Y si nos fijamos en las transcripciones de las reuniones entre Henry Kissinger y estos jefes militares de Argentina y de Chile, de las que tenemos registro, ¿qué es lo que dicen en privado? Algo así como: “Apoyamos lo que están haciendo. Entendemos que tienen que hacer valer su autoridad. Hagan lo posible por liberar algunos presos, porque el Congreso me está presionando mucho, los demócratas están queriendo hacer que yo defienda los derechos humanos. Así que les pido un esfuerzo, pero entiendo lo que están haciendo”.

Y en una ocasión, dos semanas después de que Kissinger visitase Santiago, se realizó la segunda reunión más importante entre todos los países del Cóndor para hablar sobre el plan. Y en esa reunión, en junio de 1976, se aprobaron operaciones de asesinatos fuera de Latinoamérica. Y el primero de estos asesinatos tuvo lugar en Washington DC. Orlando Letelier, ex ministro de relaciones exteriores chileno, fue asesinado en las calles de Washington.

AMY GOODMAN: Es una historia asombrosa. De hecho, tú has escrito un libro sobre el tema.

JOHN DINGES: En realidad he escrito dos libros. Uno es sobre el asesinato, en el que, por primera vez, incluí un capítulo sobre el descubrimiento de la Operación Cóndor. No tenía muchos detalles. Incluso, en cierta medida, fui mal informado por el Departamento de Estado.

Años más tarde, después de que Pinochet fuese detenido en Londres, hubo una avalancha de documentos, que incluían 60.000 páginas de material, que se hicieron públicos por orden del presidente Clinton. Entonces pude investigar realmente y entender lo sucedido desde el punto de vista de EE. UU. Pero también en Latinoamérica se revelaron muchos documentos. Y creo que eso es aún más importante, porque si sólo tuviéramos documentos estadounidenses, siempre alguien podía decir “bueno, ese es el punto de vista de EE.UU. sobre estos asuntos.” Pero lo que pasaba realmente en esos gobiernos latinoamericanos…

AMY GOODMAN: Explícanos cómo fue que Orlando Letelier y su asistente, Ronni Moffitt, fueron asesinados en las calles de Washington DC, en Estados Unidos, en 1976.

JOHN DINGES: Pinochet inició esta operación poco después de aquella reunión con Kissinger. Menos de un mes después, dio la orden para esto. Enviaron a un agente que hacía varios años trabajaba para la DINA, Michael Townley, que era estadounidense. No creo que fuera casualidad que le encargaran esto a un agente estadounidense, ya que, obviamente, cuando se comenzó a sospechar de ellos, dijeron: “Ah, este tipo trabaja para la CIA“. Y mucha gente está dispuesta a creer que siempre es la CIA quien está detrás de estas cosas. De hecho, tanto la extrema derecha como la extrema izquierda decían “fue la CIA.” No hay pruebas de que Townley trabajara para la CIA, pero es seguro que trabajaba para los chilenos.

Se juntó con algunos cubanos en Nueva Jersey, cubanos anticastristas, y fueron a Washington. Townley se metió debajo del auto y puso una bomba que él mismo había construido, que se activaba con uno de esos antiguos beepers. Siguieron el auto por la Avenida Massachusetts y en Sheridan Circle, bien cerca de la embajada de Chile, pulsaron el botón y lo mataron. Ronni Moffitt era la esposa de Michael Moffitt, que era asistente de Orlando. Ella iba en el asiento delantero del auto y por eso murió. Michael sobrevivió y Orlando, por supuesto, murió inmediatamente.

AMY GOODMAN: Townley estuvo algunos años en la cárcel. Y entonces…

JOHN DINGES: A Townley lo entregaron los chilenos. La historia de cómo se resolvió este caso es increíble. En general se asumía que en EE. UU. no se iba a investigar el caso muy a fondo. Pero quienes pensaron eso estaban equivocados. El FBI realizó una extensa investigación, resolvió el caso, obtuvo fotos de los implicados. Esa larga historia yo la cuento en el libro. Cuando identificaron a las personas que habían ido a EE. UU. para llevar esto a cabo, fueron a Chile y pidieron la cooperación del Gobierno de Pinochet. Y Pinochet tenía dos opciones: matar a Townley —y hay pruebas de que ese era uno de los planes— o entregarlo. Y finalmente lo entregaron. Lo llevaron a Estados Unidos, y comenzó a declarar. Y ahí hubo otra avalancha de información, que provino de Michael Townley. Él todavía vive en Estados Unidos. Estuvo sólo cinco años en prisión.

AMY GOODMAN: Y ahí entró en el programa de protección de testigos.

JOHN DINGES: Estuvo en protección de testigos por un tiempo. Por lo que sé, ya no lo está. Actualmente vive en la zona centro-oeste de EE.UU. Y bueno, él ha cooperado. No sé si tiene algún remordimiento sobre su pasado, pero ha colaborado con muchas investigaciones desde su encarcelamiento.

JUAN GONZÁLEZ: John, me gustaría preguntarte sobre un personaje fuera de lo común del que hablas en el libro, y sus esfuerzos para poner fin a la Operación Cóndor: Ed Koch, el recientemente fallecido alcalde de Nueva York, que en esa época era un joven congresista demócrata, y empezó a hacer muchas preguntas sobre lo que estaba pasando, haciendo enojar a nuestro propio gobierno. ¿Podrías hablarnos de eso?

JOHN DINGES: Ed Koch, una figura muy querida en esta ciudad. Realmente, todo el mundo que ha tratado con él ha tenido la misma experiencia. Cuando estaba investigando esta historia, él cooperó gustosamente conmigo. Y vino a la fiesta de lanzamiento de mi libro. Así que también lo quiero. Ed Koch era congresista y fue impulsor de una enmienda a una ley, que permitiera suspender la ayuda militar a Uruguay. Los uruguayos eran parte de la Operación Cóndor. Esto fue en 1976. Y laCIA descubrió eso, creo que lo descubrieron porque los uruguayos lo comentaron frente a ellos, dijeron que iban a convencer a los chilenos para que fueran a Washington a matar a Koch. No sabemos si eso se llegó a poner en marcha. Pero George Bush, que era el jefe de la CIA en aquel momento, llamó a Ed Koch y le dijo —es maravilloso escuchar a Ed Koch contar esta historia— le dijo: “Tengo que contarte algo: Hay un complot para asesinarte”. Ed Koch preguntó si le iban a ofrecer protección. Y ellos dijeron: “No, no. Ese no es nuestro trabajo. Somos la CIA. Sólo te estamos avisando, te toca a ti ocuparte de tu propia seguridad”. Ed Koch no sabía que esto era parte de la Operación Cóndor. Pensaba que era cosa de algún exaltado de la dictadura.

Tiempo después, durante mi investigación pude hablar con una de las personas que participó en esto, uno de los uruguayos. Y sí, fue una típica movida del Plan Cóndor, aunque no llegaron a matar a nadie, por suerte. Pero fue el típico modus operandi. Con el fin de cubrir sus huellas, un país usaba los agentes de otro país para hacer el trabajo sucio, en las operaciones planeadas para fuera de América Latina. Dentro de América Latina, tenían una manera mucho más sistemática y eficaz de funcionamiento. Se perseguía a los disidentes de cada lugar, en cualquier país donde estuvieran, Perú, Brasil, Uruguay y principalmente Argentina. Y ahí la metodología era simple: capturarlos, secuestrarlos, torturarlos, matarlos y hacer desaparecer sus cuerpos. Muy pocas personas han sobrevivido a la Operación Cóndor, casi nadie. Es muy difícil encontrar un sobreviviente.

JUAN GONZÁLEZ: Y aún así, muchos de los líderes de los nuevos gobiernos populistas que hay ahora en América Latina surgieron de algunas de las organizaciones perseguidas por el Cóndor. Especialmente en Uruguay, donde el presidente es un ex Tupamaro. Y en toda la región, esos disidentes son ahora parte del aparato de gobierno de sus países.

JOHN DINGES: Hace dos semanas, estuve en Bolivia y entrevisté a una persona del Ministerio de Comunicaciones, una de las tantísimas personas de pueblos indígenas que forman parte del gobierno de Morales. Y él contó que su padre había estado preso. Había estado exiliado en Chile, y cuando llegó el golpe de Estado fue encarcelado, estuvo siete meses preso, y fue torturado. Y en esa misma oficina hablé con otra persona, que también había participado en la resistencia boliviana en la década de 1980, y antes, su padre había estado involucrado con el grupo que luchaba junto al Che Guevara en 1960.

Estos son revolucionarios, pero son un tipo diferente de revolucionarios. Están igual de comprometidos, creo, pero sin tomar las armas. Creo que se dan cuenta de que esa forma de lucha no se ha llevado a revoluciones triunfantes, entonces me siento muy optimista sobre lo que está pasando con este grupo de gobiernos ahora.

AMY GOODMAN: Por último, hay un cable del Departamento de Estado, de 1978 que, según la cubierta de tu libro, dice: “Kissinger explicó que en su opinión el gobierno argentino había hecho un excelente trabajo en la erradicación de las fuerzas terroristas”. ¿Qué significa que los jueces hayan pedido el testimonio de Kissinger y que el gobierno de Obama no haya respondido?

JOHN DINGES: A Kissinger lo han llamado a declarar muchas veces. En mi libro hablo de una vez en la que sí respondió, creo que era un pedido de Francia. Y básicamente, negó todo. Es algo muy frustrante. Para mí era claro que todo lo que dijo eran mentiras, no hay otra palabra para ello, estaba mintiendo. O sea, los documentos dicen una cosa y Kissinger dijo otra cosa. Y él sabía lo que decían los documentos. En Estados Unidos nunca se ha permitido que un funcionario público sea juzgado en otros países. No somos miembros de la ICC.

AMY GOODMAN: La Corte Penal Internacional (por sus siglas en inglés).

JOHN DINGES: Sí, la Corte Penal Internacional. No ha habido ningún juicio en el exterior que haya puesto a un estadounidense en el banquillo de los acusados. Hubo un intento en Italia, pero por supuesto, ningún imputado apareció. En Estados Unidos, por uno u otro motivo, tanto los demócratas como los republicanos proteger a nuestros violadores de derechos humanos, cuando se trata de violaciones de derechos humanos fuera de Estados Unidos. Simplemente así se manejan.

AMY GOODMAN: ¿Describirías a Henry Kissinger como un violador de los derechos humanos?

JOHN DINGES: Sí, absolutamente.

JUAN GONZÁLEZ: ¿Y cuál es importancia de esta historia de externalizar la lucha contra el terrorismo, de modo de no dejar huellas de la propia participación, en relación con la guerra actual contra el terrorismo en los Estados Unidos?

JOHN DINGES: Bueno, yo estaba escribiendo mi primer capítulo cuando pasó lo del 9/11, en mi casa en Washington. Y en el final del libro, que termina con una referencia al 9/11, digo que esto no es algo que estemos condenados a repetir. Y lo digo haciendo la comparación entre la guerra contra el terrorismo de la década de 1970 y la guerra actual contra el terrorismo, lanzada por el presidente Bush. Pensaba que habíamos aprendido la lección de no copiar los métodos de los enemigos, o de aquellos que han demostrado ser violadores de los derechos humanos. Pero desafortunadamente, creo que hemos hecho eso muchas veces.

La discusión actual sobre el uso de aviones no tripulados me parece aterradora; porque me cuesta distinguir entre lo que fue la Operación Cóndor, con menos tecnología, y lo que es el uso de aviones no tripulados, que básicamente lo que hacen es entrar en otro país, incluso con el permiso de ese país —así era en general también en la Operación Cóndor— perseguir a la gente, y matarla. Ahora bien, la justificación es: “Pero eran criminales. Estaban en combate”. Eso puede o no ser cierto, pero al final quien lo determina es la misma persona que aprieta el gatillo.

Creo que es importante poner esto en discusión. Y tal vez en un juicio como éste, que se remonta a los años 70, la gente dice: “Bueno, así fueron las dictaduras en la década de 1970”. Pero la tendencia del Estado a creer que es válido actuar contra sus enemigos de la manera más eficaz posible se mantiene vigente, y claramente no se limita a las dictaduras.

AMY GOODMAN: Queremos darte las gracias, John Dinges, por haber estado con nosotros. John Dinges es autor del libro “Operación Cóndor: una década de terrorismo internacional en el Cono Sur.” Antes de eso, trabajó en la National Public Radio, NPR, y como periodista independiente en América Latina. Actualmente es profesor en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia.

Traducido por Javier Pérez. Edición: Verónica Gelman y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org.


The original content of this program is licensed under a Creative Commons Attribution-Noncommercial-No Derivative Works 3.0 United States License. Please attribute legal copies of this work to democracynow.org. Some of the work(s) that this program incorporates, however, may be separately licensed. For further information or additional permissions, contact us.
Linternas y bosques

Expediciones a la literatura infantil y juvenil

Correo de los Trabajadores

Rompiendo el cerco informativo y sentido común dominantes!

Revistas Chilenas

Just another WordPress.com weblog

Portada de Internacional | EL PAÍS

Rescate y recopilación de memoria intergeneracional en la Web.

Moon Magazine - Revista Lúdico-Cultural

Artes, Literatura y Ocio desde un enfoque humano

EL BLOG DE MANUEL CERDÀ

“Todo está dicho, pero como nadie escucha es preciso comenzar de nuevo.” (André Gide)

En el Jardín Inglés

• donde lo que nunca ha sido, puede ser •

HEY,BLAIR!

Music and lifestyle

América Latina en movimiento

Rescate y recopilación de memoria intergeneracional en la Web.

Biblioteca Errante

Reseñas torrejas, pero reseñas al fin y al cabo.

PRISMA Comunicación

Prisma Comunicación es un blog donde podrás encontrar artículos periodísticos y notas de opinión con perspectiva de género.

El Circo De Los Inocentes

"La escritura es la pintura de la voz"

Literatura y Filosofía

Rescate y recopilación de memoria intergeneracional en la Web.

Meli Wixan Mapu

Rescate y recopilación de memoria intergeneracional en la Web.

A %d blogueros les gusta esto: