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Rescate y recopilación de memoria intergeneracional en la Web.


MI AMIGO CURA ROBERTO GUZMAN, HIJO DE LA MEMORIA.* Via Crucis en Cuartel Borgoño

Vía Crucis en Cuartel Borgoño

La Bandera, martes santo, 31 de marzo de 2026

Queridas amigas y amigos:

                                La primera semana santa que viví en Peñalolén fue en 1991. Recuerdo que el entonces párroco se indignó fuertemente con el p. Pepe Aldunate porque por segunda vez se atrevía a realizar un vía crucis el viernes santo con un grupo de personas en las afueras de la Villa Grimaldi, sin pedirle autorización a él, pues quedaba en su jurisdicción parroquial y frente a la capilla Nuestra Señora de Loreto: “¡qué se ha imaginado ese cura!” -así tal cual lo oí decir. Pepe era un cura muy querido por mi abuela Josefina que participaba activamente en el Sebastián Acevedo, y nos conocíamos personalmente porque me habían convidado a participar en el grupo de “Los chicos malos” de Mariano Puga, Juanita Ramírez, Roberto Bolton, la Maggie Westwood y otros. No le dije nada a Pedro porque yo estaba recién llegado a la parroquia, y ni siquiera era diácono. Pero por supuesto que no estaba en absoluto de acuerdo con él; el dolor y la devoción a Cristo doliente no tiene jurisdicción parroquial, aunque muchos curas y obispos piensen que sí.

                A mediados del año siguiente llegó una invitación a nuestra parroquia para sumarse a un trabajo que vecinos y vecinas, la Asamblea Permanente por los DDHH en Peñalolén y La Reina y la parroquia luterana del sector, estaban haciendo con el objetivo de recuperar la Villa Grimaldi, ex Cuartel Terranova, centro de detención, tortura y de muerte en tiempos de la dictadura. Éramos ya tres curas en la parroquia, pero ni Pedro ni Rodrigo se interesaron, y acudí yo. Encontré un grupo muy hermoso de vecinos, y los acompañaba el pastor Martín, que al poco tiempo asumió tareas en la iglesia luterana y fue reemplazado por la excelente pastora Gloria Rojas. Estaban Coral, Dante, Amanda, Carlos, Lilia, la señora Marta, Marisol y otros. Recuerdo que en una reunión, medio sofocados por el calor en un departamento, pensábamos en qué nombre le íbamos a poner a nuestro sueño. Fue una niña joven la que propuso “Parque por la paz”, y así quedó. Trabajamos con reuniones mensuales y a poco andar se nos sumaron ex-presos de Villa Grimaldi, Patricio Bustos, Roberto Merino y Pedro Matta. A mediados de 1994 ya teníamos el apoyo del alcalde (RN) y el 10 de diciembre de ese año, en una hermosísima “liturgia de limpieza”, abríamos las terroríficas puertas de Villa Grimaldi por manos de un niño de cuya llave salían múltiples cintas de colores que el pueblo sostenía. Entramos con música de Inti-Illimani y después de leer el pasaje bíblico de los huesos revividos (Ezequiel cap. 37) la gente entre lágrimas esparcía agua bendita exorcizando ese lugar que el odio había convertido en un sitio macabro. A esa altura en nuestra parroquia había otro párroco que tampoco participó de la liturgia.

 El vía crucis se continuó haciendo los viernes santo por calle Arrieta desde Tobalaba a Villa Grimaldi. Así se construyó poco a poco el Parque por la Paz, que se fue haciendo un lugar famoso. En 1997 me fui a Mozambique y en el 2017, ya de regreso, me dio mucha desazón saber que el Vía Crucis para algunos se había convertido en un multitudinario acto de saludos mutuos, como un “nosotros entre nosotros”, de reivindicación de ciertas causas sociales, al que acudían las dos personas que cuando fueron párrocos de esos lugares nunca se mojaron el potito en un vía crucis que era mal visto y peligroso. Ahora era un espacio seguro.

                En 2024 compartimos la idea de abrir otros lugares donde, con la oración del vía crucis, vinculáramos el sufrimiento de Jesús al de tantos y tantas que soportaron también humillaciones, torturas y muerte por causa de la justicia, como víctimas del odio de los poderosos. Se nos ocurrió el exCuartel Borgoño, el recinto operativo más importante de la CNI, centro de secuestro, detención y tortura, acudido habitualmente por Álvaro Corvalán y otros criminales. Desde allí se planificaron la “Operación Albania” y otros crímenes como por ejemplo los de Tucapel Jiménez, Paulina Aguirre, Pepe Carrasco y otros lanzados al mar en septiembre de 1987, cuatro meses después de la visita del papa Juan Pablo II. Ahí, como en Grimaldi y en otros lugares, se mofaban de la humanidad.

                Es bueno advertir que el mismo odio continúa presente en nuestro país con una tendencia al negacionismo de ese dolor y de los crímenes de lesa humanidad. Les pesa mucho lo pasado y se niegan a asumir esa vergüenza, y con odiosas pataletas irracionales vandalizan los sitios de memoria.

El 18 de abril de 2025, viernes santo, hicimos nuestro primer vía crucis en los alrededores del cuartel Borgoño, entregado a la Corporación del mismo nombre por 15 años. Fueron dos horas de gran recogimiento, recorriendo sus 14 estaciones. Éramos unas 60 personas y cinco sacerdotes. Curiosamente surgieron absurdas voces de protesta por este nuevo Vía Crucis. Que yo sepa, no provenían de nadie de los que haya estado desde el principio, sino de parte de un reducido grupo constituido en Sanedrín rabioso que no acepta alternativas, como si dijeran “Dios está en todas partes, pero atiende con nosotros en Grimaldi”. Esto evidencia realmente una miopía enana, pues es necesario acompañar la memoria del dolor en todos lados, expandirla, propagarla por distintos territorios.

Una vez que con los años se consolide Borgoño, o si un grupo se atreve, como lo hizo Pepe Aldunate en el ’89 o ’90, a hacer un Vía Crucis también en Londres 38, y luego en Venda Sexy, en José Domingo Cañas o en Nido 20. Debería hacerse un Vía Crucis en los Hornos de Lonquén, y ahora bajo un gobierno negacionista, en las afueras de Colonia Dignidad, allá en Linares, exponiendo que la tortura que sufrió Jesús no quedó supeditada al Gólgota, sino que está presente en todos los lugares donde hay tortura, y eso no hay que olvidarlo. Que si no, nuestra religiosidad queda reducida a cuadritos de cerámica en las iglesias, y Cristo no vino para eso.

Aqui va la invitación a seguir recuperando espacios para la Memoria.

Roberto G.

*Roberto Guzmán H es un sacerdote diocesano chileno con una destacada labor misionera en Mozambique, motivado por la influencia de su padre y una profunda vocación religiosa desde su juventud.

Biografía y vocación

El padre Roberto Guzmán H recibió una fuerte influencia de su padre, quien luchó por la justicia social desde el ámbito legal y fue asesinado durante la dictadura chilena por la Caravana de la Muerte 

www.iglesia.cl

. Su vocación religiosa comenzó a gestarse en el colegio ya en 1977, y más tarde, a mediados de los años 80, ingresó al seminario para profundizar su llamado a servir 

www.seminariopontificio.cl

. Su formación como sacerdote diocesano lo preparó para asumir tareas pastorales y misioneras con compromiso y entrega.

Labor misionera en Mozambique

El padre Guzmán ha dedicado 17 a 19 años de su vida al servicio como misionero en Mozambique, llevando un pedacito de la Iglesia de Santiago a África 

www.iglesia.cl+1

. Durante su misión, ha trabajado directamente con comunidades locales, contribuyendo a actividades pastorales y sociales que buscan fortalecer la fe y mejorar la calidad de vida de quienes lo rodean. Su experiencia misionera sirve también como testimonio vocacional para jóvenes interesados en la labor de la Iglesia en contextos internacionales



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