En busca del origen.   Un “viaje”hacia el pasado remoto.

En busca del origen.   Un “viaje”hacia el pasado remoto.

                                                                               En busca del origen

 “ El contarnos la historia fue una manera de aliviar la nostalgia por nuestras familias que permanecieron en el antiguo hogar”

Marcela Bravo Goñi

2019

A los 72 años comienzo este relato. No estoy segura de que lo que aquí relato, haya sucedido de la exacta forma en que lo cuento.  Se impone una advertencia: ¿quién y cómo se puede comprobar si lo que aquí se cuenta es la verdad y toda la verdad? No es posible. Y aún así; durante mucho tiempo he estado estudiando, leyendo y haciendo investigaciones genealógicas sobre mi familia materna, por eso creo que este relato es lo más cercano a lo que puede haber sucedido en la realidad.

Se puede decir que este recorrido hacia el pasado lo inicié con mi salida de Chile el año 1975, hace 43 años. O puedo también ubicar el comienzo en 1984, cuando mi madre Pepita Goñi, nos visita en Estocolmo y me cuenta la historia de la familia, especialmente la de nuestros antepasados por el lado materno. Emocionalmente, es desde entonces que vengo sintiendo la profunda significación que tuvo para mi el exilio: emigrar e inmigrar, y también, como lo he podido entender, la profunda significación que tiene para todo el que se ha visto obligado a hacerlo. Cuando mi madre, estimulada por mi curiosidad, me entrega los primeros elementos para entender la migración de sus abuelos maternos, mis bisabuelos,  que alrededor de 1890 dejan Polonia para instalarse en Chile, se despierta en mí una necesidad de hacer  un “viaje”, de comenzar una búsqueda hacia el pasado remoto, que no termina sino en estos días en que quiero ya resumir el relato, sobre todo porque reciéntemente he recibido información decisiva que en algún sentido, cierra el círculo.  

En este viaje hay fechas decisivas que desglosaré por capítulos:

I 1888 y 1892: la migración de mis bisabuelos con sus cuatro (o tres?) hijos, entre ellos mi abuela Sara Swiderski Kol

II Agosto/Septiembre de 1975: fecha en que la dictadura de Pinochet me expulsa de Chile y mi llegada a Suecia

III Julio de 1984: fecha en que mi madre, Pepita Goñi, nos viene a visitar a Estocolmo y con su información elaboramos un árbol genealógico de la familia

IV Noviembre del año 2007: fecha en que nuestro primo segundo, Claudio J, entrega el certificado de nacimiento de nuestra bisabuela, Gitel Kol, y el certificado de nacimiento de una de las hijas de Gitel, Bajla/Berta Swiderski, la abuela de Claudio, a nuestra prima hermana Carmen Goñi

V Octubre 2012: seminario televisado en Estocolmo, en memoria de Raul Wallenberg, en que entre otros participantes, el director de la Shoa Foundation muestra que es posible encontrar sobrevivientes del Holocausto en el sitio creado por Steven Spielberg. De esa forma encuentro a Roza Kol, la historia de ella y de su familia

VI Octubre 2018: fecha en que finalmente se confirma el parentesco de mi bisabuela Gitel – que en Chile se pasó a llamar Augusta, con Roza Kol. Ellas fueron efectivamente hermanas, hijas de Nathan Kol (1831- ) y Malka Fogel Nadel (1838- )

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I El viaje de los bisabuelos, Gitel Kol (1859 -1948) y Somer Swiderski (1854 -1928).

En mi búsqueda, el nombre de una ciudad marca un hito que me permite comenzar y realizar este viaje. Es el lugar donde la bisabuela Gitel nace, en Polonia. Este lugar lo lleva gravado en la memoria mi prima Adriana Goñi; nuestra abuela Sara se lo ha transmitido a ella. Es el pueblo de Kalisz. Según mi madre el marido de Gitel, Somer Swiderski, que era de una clase social inferior, vivía en un pueblo cercano llamado Sieradz.  El matrimonio se realiza en Kalisz en 1882, y no fue bien visto por la familia de Gitel. (Hay comentarios en esta historia, como éste de mi madre, que no tengo como comprobar, solo los repito sin saber si hay algo detrás de la leyenda.)

Según los registros de Kalisz Gubernia/Poznan Province, del matrimonio Swiderski Kohl nacen varios hijos ya antes de emigrar: Efraim, n en 1884; Icek, n en 1885 muerto en 1886; Sura/Sara, n en 1888; Bajla y Marjem, n en 1890. También encontré el certificado de su matrimonio, donde aparecen ambos firmando; encargué el rollo con los documentos filmados a la Iglesia Mormona (“La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”) que archiva estos datos, y me fuí a las oficinas de la Iglesia en Västerhaninge, Estocolmo. En un aparato especial, una especie de video antiguo con manopla, y con el código recibido pude encontrar el certificado. Estaba escrito con letras cirílicas, según una mujer rusa que investigaba en el aparato al lado mío. Según ella muy difícil de interpretar, porque no se parece demasiado al ruso actual. Pero los nombres, las firmas de Gitel y Somer, aparecen muy claras.

¿Porqué los documentos en idioma ruso? Gran parte de lo que hoy es Polonia, era en ese tiempo parte del Imperio Ruso. Entre otras cosas, se prohibía la lengua polaca en las escuelas y universidades. Todo documento emitido por la administración pública se escribía en ruso. (Según el libro del judío danés Georg Brandes que viaja a Polonia en 1888; su libro “Impresiones de Polonia” se traduce al sueco en 1890)

Ahora, si las familias Kol y Swiderski hablaron ruso, lo dudo. Mi abuela decía que los rusos eran “el diablo”, los polacos los odiaban. En ese tiempo los polacos y sobre todo los judíos centroeuropeos, admiraban principalmente todo lo alemán.  Hablarían el jidish, el idioma de los judíos centroeuropeos que se dice es una especie de mezcla de alemán o polaco, según la zona, con el hebreo y con escritura hebrea? No creo tampoco; judíos eran, pero mi madre en su visita a Estocolmo, dice: “eran judíos sin ritos, pero no bautizaron a sus hijos”. Palabras icónicas! Dan una pauta importante, eran judíos mas bien seculares; lo que no he podido entender es cuándo, o cuál es la generación de esta familia la que se aparta de la religión. Porque en Polonia se registraba en ese tiempo la religión tal como se registra la fecha y el lugar de nacimiento de cada persona. Y los dos certificados de nacimiento que hemos encontrado, afirman que las hijas recién nacidas (Gitel en 1859 y su hija Bajla/Berta en 1890) fueron inscritas ante el rabino en la sinagoga de Kalisz. Cuando pregunté en el Instituto Histórico Judío de Polonia, en Varsovia, si eventualmente Somer Swiderski podría haber sido no-judío, me contestaron: no solo impensable, imposible! En aquel tiempo no se permitían los matrimonios mixtos de judíos con no judíos. Mi pregunta venía del conocimiento de que el apellido Swiderski en Polonia es bastante común, hay muchos Swiderski también no judíos.

Para más complicación: las ciudades de Kalisz y Sieradz, aunque efectivamente estuvieron bajo el dominio ruso, hay información en la historia por demás trágica de Polonia, que relata que estas ciudades – sobre todo Kalisz, que estaba cerca de la frontera con la germana Prusia, fueron – en distintos períodos y en las distintas llamadas particiones de Polonia, asimiladas por Prusia. Como mi abuelo Juan Goñi le decía “la alemana” a su esposa Sara, no estoy totalmente segura de que mis bisabuelos vivieran en la zona rusa, al menos no todo el tiempo, ni  tampoco todos sus antepasados. Las fronteras se movían a menudo con las constantes guerras y particiones, de modo que en todas las ciudades de la europa central, vivían en ese tiempo grupos y etnias de distintas nacionalidades, más o menos mezclados entre sí. Se ve por ejemplo en el film de Andrzej Wajda, ‘Tierra Prometida’ cómo en Lodz, importante ciudad industrial cercana a Kalisz y Sieradz, coexistían judíos, alemanes y polacos. El mito dice que los que trabajaban duro eran alemanes y judíos; los polacos eran aristócratas, los que poseían la tierra, dedicados a las bellas artes y las diversiones, pero poco dados al trabajo.

Se dice que la administración rusa era caótica, cruel, y especialmente antisemita en ese entonces, mientras que la germana era reconocidamente disciplinada, organizada y algo más tolerante con los polacos, y por tanto también con los judíos polacos; aún cuando éstos también fueron discriminados allí. Por ejemplo:  “La política de Prusia se caracterizó por la alemanización y por el ataque generalizado a los derechos de los polacos y católicos. En las escuelas nacionales, la educación de los niños polacos era impartida en alemán. También se establecieron políticas de transferencia de tierras de propietarios polacos a los alemanes. Prusia quiso asimilar a los judíos polacos a la vida civil prusiana/germana, disolviendo las comunidades y juzgados judíos, para hacer de ellos personas occidentales. Debían hablar o polaco o alemán y fueron los idiomas que se impusieron en las escuelas judías.” (Prussian Poland, 1920)

Siguiendo con el viaje. Todo indica que el bisabuelo Somer viajó solo a Chile–según la leyenda a raíz de que la familia Kohl le exigió que se estableciera primero para después mandar a buscar al resto. El viaje de Somer está registrado en el barco Abydos, el 30 de diciembre de 1888.  Somer, 30 años, registrado como ‘Kaufmann’, comerciante. El barco que parte de Hamburgo, se detiene en Amberes, Bélgica. Luego, en marzo de 1892 aparecen en los registros Gitel con sus cuatro (o tres?) hijos embarcando en Hamburgo y Amberes, hacia Chile en el barco Kambyses. El lugar de residencia para ambos se registra la ciudad de Kalisz, “Russisch Polen”.  Ambos barcos arriban a Valparaíso. (Hay una discrepancia en las fechas. Somer viaja en 1888 y una de las mellizas, Bajla es inscrita en la sinagoga en 1890; en realidad habían nacido el año anterior. Ver certificado más adelante.)

El viaje de Gitel con sus hijos está rodeado de mitos y leyendas y es considerado, – al menos por mí y las primas con que he conversado el tema, como el origen del trauma familiar. Lo siguiente se ha transmitido en nuestra familia, de distintas formas, como en el juego del “teléfono”, cuchicheos que deforman el mensaje original: el mayor de los hijos, Efraim/Román, de unos 7 años habría sido díscolo y desobediente con su madre, al punto de ‘jugando’ haber colgado a una de las mellizas por una claraboya del barco! O bien: tira los juguetes de sus hermanas por la claraboya, para regalarlos a los niños de un barco vecino. O: Bajla/Berta, una de las mellizas, se asomó al ojo de buey con ayuda de su hermano Efraim/Roman. Luego se cuenta que de los cuatro hijos que partieron: Efraim/Roman, las mellizas Berta/Bajla y Marjem, y la que luego será mi abuela Sara, 5 años, sólo llegaron tres. Marjem habría fallecido en la travesía. Pero, en los registros del viaje de Gitel aparecen sólo tres hijos: Roman, Salomea (que en realidad es Sara) y Bajla/Berta. O sea la historia de la melliza muerta en el barco, que ha marcado a la familia, no parece haber sido tal. Marjem puede haber fallecido en Kalisz, antes de la partida. En el certificado de nacimiento de Bajla/Berta aparece ella como “la primera de unas mellizas”. El duelo de Gitel por su hija y la nostalgia por su país y sus padres, han estado inscritos en nuestra sangre y DNA familiar.

La familia Swiderski Kohl a su llegada a Chile, se instala en Rancagua, donde después el matrimonio tendrá otros tres hijos: Luis, Marta y Estér.  Porqué en Rancagua? También en la leyenda familiar se manejan dos versiones divergentes, o es sólo que hasta ahora no hemos podido comprobar cómo las dos versiones se conectan; puede ser que ambas historias sean verídicas.

Un rastro de la primera versión es que anteriormente a Somer y Gitel, habría emigrado un pariente o hermano de Gitel que habría instalado una tienda de paños en esa ciudad. Efectivamente, después de mucho buscar he encontrado a ese hermano desaparecido hasta ahora: Adolfo Kohl, nacido en 1863. Adolfo llega bastante antes que los Swi Kol, en 1882 a Chile, de 19 años, en el barco Denderah. También parte desde Hamburgo, su lugar de residencia es Kalisz, y su nacionalidad: ‘Russich Polen’. Incluso Román, el hijo de Somer y Gitel, que también ha estado algo perdido para las generaciones siguientes, aparece en los documentos que he encontrado, firmando en 1925 la disolución de una empresa en Rancagua junto a su hermano Luis Swiderski. ¿Puede haber sido Adolfo el que comenzó la tienda o algun tipo de empresa, en Rancagua?

En todo caso la tienda existió. En el artículo de Felix Miranda Salas ‘Historia de Rancagua’, puede leerse: “Acaso…. sea conveniente, por encima de la mera curiosidad dejar constancia en estos apuntes de los establecimientos que había en la ciudad, en ese año, 1900 y 1901, las Tiendas, de Germán Cohl, Sommer Swidersky y Antonio Soltura”. (Germán Cohl, medio hermano de Gitel también emigró en esos años.)

Digo “desaparecidos” porque no se conoce el paradero posterior ni descendencia de Román Swiderski Kohl o de Adolfo Kohl. Lo que yo he encontrado este último tiempo es una novedad para nuestra familia; Román y Adolfo existieron y trabajaron en esos años en Rancagua, junto a los otros de los cuales tenemos mucha información y que tuvieron gran descendencia. Mi madre hablaba de Román: “intelectual drogadicto, se casó con Rosita, una argentina”. Mi hermana Paulina ha constatado reciéntemente que Román está enterrado en el mausoleo de la familia Goñi Swiderski, sin fechas. Desgraciadamente y a pesar de que nuestras familias en la generación siguiente convivieron cercánamente, nunca les preguntamos a tiempo para saber los detalles de sus vidas pasadas. Esta es una de nuestras grandes penas, al menos una de las penas mías; sé que también otras primas así lo han sentido; no haber preguntado más y a tiempo, sobre ese acontecimiento que hoy  en día se nos aparece como grandioso, el viaje tan definitivo que nuestros antepasados hicieron a esas tierras lejanas.

Israel Brockman y Pessa Kohl son los personajes de la otra leyenda, la colindante o divergente. Pessa, nacida en 1854 en Kalisz fue la hermana mayor de Gitel. Se casó en 1871 con Israel Brockman, también en Kalisz. Dos hijos nacen en esa ciudad: Ester en 1873 y Mayer en 1874.  

Traducción de certificado, gracias al eslavista sueco Lennart Kihlander: “1874 (en cirílico): Nachman Kohl inscribió a su nieto MAJER BROKMAND KOHL, por ausencia del padre, el 26 dic 1874. Majer era hijo de Yzrael Bersli Brockmand (26) y Pessa Kohl (22). Fueron testigos: N. Kohl y J. M. Wartski.”

En el Archivo Histórico del Judaísmo chileno se puede leer:

“Brockman Cohl, Mauricio 1874-1932. Hijo del matrimonio de inmigrantes polacos formado por Yzrael Bersli Brockman y Pessa Kohl, acontecido el año 1871, quienes viajaron a vivir a Chile. Nacido con el nombre de Majer cambió su nombre a Mauricio Brockman Cohl, se transformó en un destacado médico y fundador de la Clínica Alemana de Santiago. Destaca su participación durante la epidemia de influenza y rebrote de tifus 1918-1920, que afectó al país. “

Resulta que Israel emigra a Chile en 1874 (“por ausencia del padre inscribe el abuelo Nathan a su nieto”) de 24 años, en el barco Sakkara. Profesión, ‘handelsmann’, comerciante.  Al parecer viaja solo. Pero en algún momento después viajan Pessa, que en Chile se da en llamar Paulina, con sus hijos. La hija Ester, que en Chile se llamará Ernestina, se casa alrededor de 1894 con Amadeo Heiremans, “ícono” de la familia, como lo describe mi prima Carmen Goñi en su excelente blog. (parentela.blogspot.com) Amadeo, del cual hay también leyendas dispares: habría sido hijo de “campesinos pobres” en Bélgica o ya recibido de ingeniero emigra a trabajar en Chile en la construcción de ferrocarriles. Nacido en 1869, se convierte en un industrial de peso importante en Chile. Exactamente cuándo esta pareja se casa, y dónde, es algo que todavía no he encontrado en los archivos. Lo más probable es que su encuentro y su casamiento hayan acontecido en Chile ya que el nacimiento de su primer hijo, Oscar, está registrado en los anales chilenos, en 1895.

Aquí empieza entonces la otra leyenda, el motivo del viaje de los Swi Kohl habría sido el llamado “de la selva” de Pessa, Israel  y Amadeo con su esposa Ester: ‘vengan, acá hay trabajo y lugar para ustedes’. ¿Porqué supongo que esta leyenda es probable? Porque Israel Brockman ya está en Chile en 1874, o sea casi 20 años antes de la partida de los Swi Kohl. Pero no tenemos antecedentes de que Israel con su familia hayan vivido o trabajado en Rancagua. Más bien esta historia nos lleva a pensar que es por el lado de Amadeo Heiremans que los Swiderski Kol o al menos algunos miembros de la familia, pueden haber obtenido trabajo en la construcción de ferrocarriles u otras empresas que el industrial Heiremans fundó. Entre otras, Heiremans instaló al principio del siglo XX un aserradero en Santiago.

También en el ilustrativo libro del ingeniero belga Gustav Verniory, Diez Años en la Araucanía, 1889-1899 (con prólogo del poeta Jorge Teillier) se menciona tanto a Amadeo Heiremans como a sus suegros ‘Mr. y Mme. Brockman’. Verniory cuenta que en 1898  recibe en el sur de Chile, donde trabaja en las obras del ferrocarril a Pitrufquén, la visita de Amadeo Heiremans, compatriota y colega, “uno de los financistas de la obra”. El episodio que relata es por demás triste y cruel; juntos inventan una triquiñuela para engañar a los indios: Amadeo se hace pasar por el Presidente de la República, a quién los mapuches han estado esperando para presentarle sus quejas y peticiones.

Cuando Verniory ya está en Santiago, preparando el viaje de vuelta a Bélgica, almuerza un día en casa de Amadeo. Este lo convida para ir al encuentro de sus suegros a Portillo, en la cordillera. Mr y Mme. Brockman vienen llegando de Buenos Aires, “de vuelta de su país natal Polonia que no visitaban desde hace 20 años”. Toda una aventura en tren, en coche y en mulas! Aquí se comprueba que esta pareja Brockman, ella es Pessa/Paulina Kohl, había ya llegado alrededor de 1874-78 a Chile. (El dato sobre este excelente libro lo encontré en el también excelente blog de Gabriel Bunster.)

Según se puede leer en el informe de la Comisión Parlamentaria de Colonización “Informes, proyectos de ley, actas de las Sesiones y otros Antecedentes. 1912 Empresas de Colonización”(Pág 245): don Amadeo Heiremans habría recibido del gobierno de Chile tierras en el sur de Chile, en Rupanco, en la Isla de Coihueco, y se le habría permitido traer numerosas familias de colonos. (Concesión a don Amadeo Heiremans, por decreto número 2099, de 18 de octubre de 1904.)

La política del gobierno chileno en esos años era extremadamente europeizante, y promovió con todo el poder de que disponía, la inmigración europea para colonizar el sur de Chile, para desgracia de los ahí milenarios residentes, los mapuches chilenos.

(Para una visión algo distinta, es decir que no sólo llegaron profesionales y destacados empresarios europeos, ver: La inmigración extranjera en Chile a revisión: también proletarios, aventureros, desertores y deudores. Gilberto Harris Bucher, 2011)

Todo esto lo relato para poder entender una, la segunda de las leyendas de la inmigración de los Swi y Kohl. Heiremans tuvo suficientes medios y recursos, y sobre todo apoyo gubernamental como para traer a Chile y dar trabajo a muchos inmigrantes europeos. ¿Tal vez también a miembros de la familia de su esposa?

Queda claro que en ese tiempo no era problema establecerse en Chile, aquí o allá. Pero ¿porqué abandonan nuestros ancestros Polonia? Aquí la leyenda familiar es muda, el relato se lo guardaron mis bisabuelos, mi abuela y sus hermanos. Y nadie de las generaciones siguientes preguntó lo suficiente, como en un pacto; triste por demás! Tuve que experimentar en carne propia las peripecias y tristezas del exilio para comenzar a pensar en ellos, los que en realidad nos dieron vida y nos salvaron de la catástrofe, teniendo en cuenta que con su partida esquivaron tanto la I como la II Guerra Mundial; de modo que yo los respeto como visionarios.

Lo que sigue es lo que he encontrado en libros de historia y literatura europea de la época, también he conversado con mi amiga y colega judía-polaca, Krysia F. He leído bastante sobre “la cuestión judía” para hacerme una idea de las vidas de nuestros antepasados. Para saber qué sucedía con los judíos en Polonia, tanto la rusa como la germana, de esos tiempos.

Desde más o menos el año 1850 hasta comienzos del 1900, emigraron cientos de miles de europeos sobre todo a América del Norte, pero también a la del Sur, agobiados por sequías, hambrunas y persecusiones, no sólo a los judíos. La libertad de religión no existía en ese entonces; más de un millón de suecos emigraron tanto por pobreza, como porque la Iglesia luterana dominante prohibía las llamadas Iglesias cristianas libres.

Un recuento muy somero que no pretende ser histórico ni cronológico, es comenzar relatando el hecho de que Polonia desde muy temprano– ya en el siglo XII, recibió a cantidades de judíos, venidos de geografías muy distintas donde se les había obligado a convertirse al cristianismo, se los perseguía y/o se los expulsaba. Los motivos de la persecución milenaria del pueblo judío: hay información que sostiene que las primeras persecuciones se debieron a que la religión judía fue la primera religión monoteísta. Mucho más tarde, el cristianismo los culpa de haber instigado la crucificción y muerte de Jesús. Esto último ha sido lo que ha influído y exacerbado el antisemitismo durante cientos de años, a través de la mitología difundida por las iglesias cristianas, protestantes y católicas. (Para un análisis profundo recomiendo el libro clásico de Raul Hillberg, La destrucción de los judíos europeos.)

Es, sin embargo un hecho aceptado que donde mejor estuvieron los judíos, al menos en Europa, fue justamente en Polonia. Fueron sobre todo los reyes polacos los que aceptaron con benevolencia la presencia de judíos en sus territorios. Los reyes los necesitaban en sus cortes, sobre todo por los conocimientos en materia comercial y económica que los judíos aportaban. La primera moneda acuñada en Polonia se grabó con letras hebreas! Hubo épocas en que la convivencia funcionó bien, se dictaron también leyes que protegían a los judíos, pero siempre viviendo en comunidades apartes: contaban con sus propios juzgados y con leyes provenientes de su religión mosaica. Tanto los reyes polacos como la comunidad judía estuvieron de acuerdo en esta forma de convivir.  Los judíos ortodoxos nunca tuvieron como aspiración la de mezclarse con el pueblo polaco. Pero el pueblo polaco – a nivel local, no veía con la misma benevolencia la convivencia con los judíos. Entre otras cosas, los reyes los ocuparon para recabar impuestos de los campesinos polacos. Tampoco el clero católico veía con buenos ojos las costumbres ni la religión judía. Exacerbados sobre todo por el clero, el pueblo polaco desarrolló animadversión contra los judíos. Hubo conflictos también de tipo económico y gremial, en que las agrupaciones de artesanos polacos exigían una cantidad fija de talleres, que no entraran a competir con los talleres polacos. Los artesanos judíos sólo podían funcionar y comerciar dentro de los límites de su comunidad, cuando traspasaban estos límites con el permiso de reyes o gobernadores, los artesanos polacos los atacaban. También se les impedía ingresar en ciertos sectores de la producción, por el mismo motivo para no competir con polacos. Estos ataques, los mal conocidos progroms, se instigaban periódicamente; grupos descontrolados de polacos destruían sinagogas, y maltrataban judíos, sin que se les aplicaran después represalias. Las relaciones entre los dos pueblos pasaron por épocas de mucho conflicto. Lo que siempre causó malestar en la población judía fueron los altos, incluso dobles, gravámenes a que estaba sometida; los impuestos por no participar en los ejércitos o en las guerras, eran altísimos, por ejemplo. A pesar de pagar para no entrar en el ejército, se reclutaba a la fuerza a los jóvenes judíos y se los obligaba a convertirse. A los judíos se los gravaba con bravura en las localidades, y muchas veces tuvieron que recurrir al rey de turno para que se les impusieran impuestos con más justicia.

Polonia fue repartida en tres ocasiones, las llamadas particiones: Prusia, el Imperio Ruso y el Imperio Austro-Húngaro se repartían las distintas zonas.

No estoy siguiendo un relato cronológico, pero es necesario comentar que a comienzos de 1800 Napoleón entra triunfante a Varsovia y por unos pocos años establece el Ducado de Polonia. Napoleón fue bien recibido, en general, tanto por polacos y judíos; en Kalisz así como en todo el país. La constitución establecida por Napoleón garantizaba iguales derechos a todos los ciudadanos, incluyendo a los judíos. Sin embargo, los judíos no deseaban completa igualdad. Aspiraban sí a la libertad de religión, a la abolición de la prohibición de residir en ciertas ciudades y en ciertos sectores de las ciudades, a la abolición de la prohibición de participar en ciertas ramas de la producción, y a la abolición de ciertos impuestos y gravámenes. La completa igualdad les habría impuesto los mismos deberes de los otros ciudadanos, tales como el reclutamiento en el ejército – lo que significaba la violación del Sabbath, comer comidas ‘trefa’, no aceptadas por los ritos judíos, tener que rasurarse las barbas y los rulos, etc.

El Ducado duró sólo unos 15 años; después se impone el Imperio Ruso. Hay suficiente material histórico que sostiene que todo el país, tanto polacos como judíos padecieron injusticias y represión bajo el Imperio Ruso. En 1863 se produce un levantamiento contra el Imperio Ruso, en él participaron activamente muchos judíos de Kalisz; judíos y no-judíos fueron expulsados a Siberia. Otro suceso en la historia de Kalisz que puede haber tenido importancia para nuestros antepasados: el Imperio Ruso y las autoridades rusas expulsaron de Kalisz, en 1881, a los judíos que carecían de nacionalidad rusa.

Estas informaciones las he encontrado principalmente en ‘The Kalish Book’, escrito por sobrevivientes judíos que escaparon durante la II Guerra Mundial, originarios de Kalisz. También ahí se relata sobre los trabajos típicos de esa zona y de los judíos en especial: acuñación de monedas, fabricación de encaje y telas, sastrería y sombrerería. Los judíos comerciaban con estos productos fuera de Kalisz y de Polonia, hacia Rusia y Prusia, principalmente. La población judía en Kalisz era numerosa, aproximadamente un tercio de la población total.

Con el tiempo y el desarrollo industrial, algunos judíos fueron dejando la comunidad cerrada para mezclarse y establecerse en los centros de viviendas polacos. Sobre todo los empresarios y los intelectuales; sus hijos comenzaron a ingresar a los colegios polacos, rusos o germanos, según la época. Es el tiempo de la emancipación judía, que comienza alrededor del siglo XVIII. Los judíos tradicionales tenían sus propias casas de estudios, habitualmente colindantes con la sinagoga; los ortodoxos no mandaban a sus hijos a los colegios seculares o cristianos. La división entre judíos fue haciéndose más profunda; igualmente fueron saboteados por los empresarios polacos que no apreciaban los éxitos económicos de sus vecinos judíos, por temor a la competencia.

II Agosto/Septiembre de 1975: fecha en que la dictadura de Pinochet me expulsa de Chile, sin juicio ni acusación ninguna,  y mi llegada a Suecia, a los 29 años

Después de haber estado detenida unos meses (3 + 7) en diversas cárceles o establecimientos que la dictadura ocupó en Concepción y en Santiago para recluir a los presos políticos, apareció mi nombre en una lista de detenidos que serían expulsados del país, publicada por la misma dictadura. Tuve la suerte de obtener una visa para exiliarme en Suecia, por haber trabajado – después del golpe militar, e inmediatamente antes de ser detenida por la segunda vez, unos meses en la Embajada de Suecia. Obtuve mi diploma y título de psicóloga en la Universidad de Chile,  el 4 de diciembre de 1974, entre la primera detención en Concepción y la segunda en Santiago. Cuando fuí a dar mi examen final ese día, estaba el Instituto Pedagógico –donde funcionaba la Escuela de Psicología, controlado por militares; para pasar tuve que entregar mi carnet de identidad a un soldado estacionado en la entrada.

Este corte abrupto en mi vida: el cambio de un medio geográfico, linguístico y socioeconómico conocido a uno totalmente desconocido, sin mi familia ni mis amigos que, o fueron asesinados o quedaron en Chile en condiciones deplorables o también se vieron obligados a emigrar a otros países, se convirtió con el tiempo en el suceso o episodio de mayor importancia en mi vida, una ruptura que marca un antes y un después, que separa con una línea gruesa, los dos períodos. El integrar ambas vidas en una unidad me costó sangre, sudor y lágrimas. Y sobre todo mucho tiempo, en el que viví en un duelo prolongado de nunca terminar.

En el exilio trabajé como psicóloga, principalmente con las dificultades que los diversos grupos nacionales y étnicos enfrentan al  emigrar e inmigrar; así pude entender que algunos procesos psicosociales son comunes y generales para los que se ven obligados a dejar su país. También pude entender que no todos los que se ven enfrentados a las dificultades de la migración las superan con el tiempo. Muchos quedan atrapados en la nostalgia por el pasado y no pocas veces su salud se deteriora como consecuencia.

No es raro entonces que en mi nuevo mundo haya comenzado a pensar en aquellos antepasados que hicieron el viaje en tiempos pasados en dirección contraria, de Europa a Chile. Lo raro es que no haya pensado antes en ellos; su odisea estaba en la historia pasada de la familia pero sin ningún detalle ni carga emocional. Nadie hablaba ni sabía porqué se había producido esta emigración desde Polonia a Chile. O talvez algunos de los mayores sabían más que otros, pero mi generación no sintió la menor preocupación por averiguar más. Mis recuerdos son, alguien preguntaba: “Seremos judíos? Sin duda, no ves las narices que tenemos?” Y ésto era más bien algo para divertirse y reir. No contenía un relato ni se hicieron más preguntas.

En algún sentido dice ésto también algo positivo de Chile. En Chile, ser judío no conllevaba – al menos en ese tiempo, ninguna carga negativa; con todos los inmigrantes europeos que poblaron el país en tiempos pasados, los apellidos puramente “chilenos” no eran mayoría. Y los apellidos extranjeros no eran considerados como algo extraño, eran parte del país y de nuestra cultura. Recuerdo entre mis compañeras y compañeros de estudios, profesores, vecinos: Johnson, Duffloc, Alterman, Klein, Bendit, Horvitz, Bronfman, Pirard, Corbeaux, Detmer, Stanley, Mackenna, Charme, Joannon, etc; además de una cantidad inmensa de apellidos españoles y vascos, entre otros los de mi abuelo materno, Goñi Urmeneta. Jamás escuché a mis padres decir algo negativo sobre los judíos, tampoco algo positivo en realidad, y a pesar de yo haber nacido en 1946, al año siguiente del término de la II Guerra Mundial, nunca se habló sobre lo sucedido. Recuerdo sí que mi madre se lamentaba, cada vez que iban al cine – y lo hacían todos los sábados, de los noticiarios que mostraban la crueldad y los estragos de los nazis en los campos de concentración. En general, en Chile se valoraban altamente las culturas europeas y se menospreciaba lo típicamente chileno, para qué decir lo mapuche. III Julio de 1984: fecha en que mi madre, Pepita Goñi, nos viene a visitar a Estocolmo y con su información desarrollamos un árbol genealógico de la familia

Mi hija Paula nace en 1980 y las cartas, paquetes y llamados por teléfono con mi familia en Chile, van y vienen. Me mandan ropa para ella, que mi madre cose; entre otras un ‘vestido de novia’ para Paula, que cuando comienza el jardín infantil dice que se casará con su amiguito Tommy.  Ya han pasado casi diez años y aún se me prohibe entrar o volver a mi país. En el verano de 1984 convido a mi madre a Estocolmo a pasar unos meses de verano, principalmente para que conozca a su nieta, y su nieta a su abuela. Fué una visita especial, después de tantos años sin vernos. Paula y Pepita jugaban como dos niñas pequeñas, nunca había visto a mi madre tan entusiamada con una menor de edad!

Este viaje fue memorable porque yo ya había desarrollado una curiosidad por la migración de mis antepasados polaco-judíos. Lo que me impresiona hoy, cuando leo los apuntes que hicimos juntas y que aún guardo, es la memoria social de mi madre. Cuánto sabía de todos sus parientes! Fechas de nacimiento y de muerte, quién se casó con quién, los hijos que tuvieron, etc. También el hecho de que mantuviera contacto estrecho con sus tios, tías, primos, etc. especialmente de la familia de su madre, me impresiona. Un cariño entrañable por su tío Lucho y la tía Inesita, su mujer; por su tía Estercita, tan adorable, chiquita y cariñosa. También quiso mucho a su primo Eduardo J y su mujer Odette C. La hija de su tía Marta Swi, Gabriela Mateluna, llegaba en bicicleta por nuestra casa en Las Petunias a pintarle las uñas. Fue amiga con Verni, una señora alta de pelo blanco que yo conocí y que hablaba el castellano con acento alemán; ahora entiendo al releer los apuntes, que fue casada nada menos que con el Dr Mauricio Brockman; recuerdo que Verni visitaba a Pepita en nuestra casa. Pepita también guardaba recuerdos de su abuela materna, Gitel/Augusta, la que cruzó los oceanos: “dueña de casa perfecta, tierna, amorosa, santita, cariñosa”, son sus palabras.

La historia más increíble, y me encantan las historias que se transmiten de boca en boca, sin que sepamos si son exactas: “Mamina (así le decíamos a nuestra abuela materna Sara, la que llegó de 5 años a Chile) vivía en Rancagua, iba a estudiar a Santiago donde prima Ernestina ( la prima casada con Amadeo Heiremans) y vivía muy bien. Colegio La Ilustración, Directora Sra. Turén. Colegio muy avanzado. La familia tenía palco en la Opera. Sara, la única de las hermanas que se cría así. “(Por ser la mayor?) “Al morir Ernestina Amadeo se acerca a Mamina. Iban al cementerio juntos. Tia Paulina (Pessa Kohl de Brockman, madre de Ernestina, suegra de Amadeo) vivió en casa de Amadeo, casa fantástica, al fondo y Mamina la visitaba mucho”. Esta casa, en Avda República 475, es famosa por su arquitectura especial y por su historia; actualmente es la sede del Museo Salvador Allende.

También durante su estadía conversamos con Pepita sobre la religión. Como escribí más arriba, Gitel y Somer según mi madre, fueron judíos sin ritos, que no bautizaron a sus hijos. Mi abuela Sara, al casarse con mi abuelo Juan Goñi U. se convierte al catolicismo y el día de su matrimonio, en 1908, se bautiza. Su conversión a la fé cristiana fue sincera, la veíamos a menudo rezando, con el rosario en la mano. El resto de los hijos de Gitel y Somer creo que se consideraron judíos seculares o liberales y se casaron todos con parejas chilenas, comunmente de fé cristiana católica. Con la excepción de Bajla/Berta. Berta, la hermanita de mi abuela que llega con ella en el barco de 3 años, se casa primero con Eugenio J, judío-polaco, nacido en Lodz; y a su muerte, con su hermano Arturo. Según una de las leyendas, ella los habría ido a buscar a Polonia, o traído de allá, tal como muchos inmigrantes lo hacen para casarse con compatriotas y/o para ayudar a compatriotas a salir de su país, también hoy en día.

La otra versión la entrega Claudio J, uno de los nietos de Berta: “Mi abuelo Eugenio J, el marido de Berta, era ingeniero de minas. Hizo su tesis sobre el cobre y se fue de Polonia a USA. Sé por mi padre que mi abuelo trabajaba en el mineral del Teniente al lado de Rancagua. Estos datos me permiten formular la hipótesis de que mi abuelo conoció a Berta en Chile, en Rancagua mismo. Lo que tú señalas, que ella fue a buscar marido a Polonia no es imposible pero la coincidencia es grande con su formacion, ingeniero de minas, con su especialidad el cobre, etc. Yo creo que Eugenio trabajaba para la Braden Copper Co. ya en los US y que lo mandaron para Chile a su filial. Viviendo en Rancagua no era muy complicado que conociese otra famila que venía de Polonia y que estaba alli radicada en los comienzos del siglo 20 en una ciudad que debe haber tenido una poblacion bastante pequeña y aun más para que decir los que tenían una situacion acomodada y que además venían del mismo pais.”

Cualquiera sea la verdad, según informaciones que otra nieta de Berta, Eugenia J, me ha entregado en el último tiempo, tampoco se conservaron las tradiciones judías en esa rama de la familia. Eugenia J vino a tomar conciencia de su origen judío cuando ya en la universidad, un profesor le pregunta por su apellido. De modo que ahí tampoco se habló del viaje, de las razones, de los orígenes, nada!

Los árboles genealógicos creados en esos días por Pepita, también el de su padre Juan Goñi Urmeneta, son cinco páginas que guardo como tesoro, porque tienen tanto de la vida de mi madre y de todos los que ella quiso. Los datos y las fechas que ella recordaba, que yo he podido contrastar con Jewish Gen y Ancestry, están casi en su totalidad correctos. A pesar de que en esos años no existía por supuesto ni google ni internet, ni ella traía apuntes consigo.

Un dato que ella entrega está errado: “Pessa/Paulina, hermana de Augusta/Gitel (su abuela/mi bisabuela) vino después”. En los registros de partidas y llegadas de inmigrantes (Ancestry) figura Israel Brockman, el marido de Pessa/Paulina viajando en 1874. También el libro de Gustav Verniory confirma que ‘Mr y Mme Brockman’ volvían a Chile en 1898, de un viaje a su tierra natal que habían dejado hace 20 años. De modo que esta pareja en realidad fue de los primeros en llegar de todo el familión que emigra.

Por el camino me surgió también la pregunta: muchos partieron, pero ¿quedaron algunos en Polonia, y más exactamente en Kalisz? ¿Iban a dejar todos los hermanos Kohl a sus padres solos, no quedarían algunos hijos con Nathan Kohl y Malka Fogel Nadel? Y cuál fué su destino? Mi madre no sabía nada de esto, la única vez que se nombra el tema es cuando mi prima Adriana Goñi entrevista a la tía Nena, hermana de mi madre, unos años antes de morir. Ella dice en la grabación: “si quedaron algunos,  sus descendientes de seguro fueron asesinados en el holocausto”.

IV Noviembre del año 2007: nuestro primo segundo, Claudio J, entrega los certificados de nacimiento de nuestra bisabuela Gitel Kol y de su abuela, Bajla/Berta Swiderski Kohl, a mi prima Carmen Goñi. Estos documentos tienen una gran significación para Carmen y para mí. Es la primera vez que se constata sin lugar a dudas el origen judío de nuestra familia. (Las traducciones hechas también por L. Kihlander, en diciembre del 2007. Las traducciones del sueco al español, son mías.)

El certificado de nacimiento de Gitel está escrito a mano, en polaco. Pero el formulario tiene un texto impreso en ruso, que dice más o menos así:

“El funcionario del Registro Civil para las inscripciones de las confesiones no cristianas en el distrito de Kalish, notifica que en los libros del Registro Civil se encuentra el siguiente Certificado de Nacimiento Nr 159 del año 1860”.

“Acta de nacimiento No 159 de 1860.

Sucede en la ciudad de Kalish el 16 de agosto del año mil ochocientos sesenta, a las cinco y media de la tarde. Comparece el israelita Nachman Kohl, sastre, 30 años, residente en Kalish, en presencia del testigo Lejzen Weiss, profesor y Fabian Katowski, asesor jurídico, cada uno de 64 años de edad, residentes en Kalish, y nos señala el nacimiento de una niña, nacida en Kalish el 20 de octubre del año 1859, a las 3 de la madrugada, de su mujer Malka Fogel nacida Nadel, de 22 años, y quisiera darle a la niña el nombre Gitel Kohl. Esta acta fue leída por los implicados y por ellos mismos firmada.”

Siguen las firmas y después está la ratificación del sello de la ciudad de Kalish.

Al final de la página, nuevamente impreso en ruso: “Confirmo la veracidad de esta copia, que está conforme con el original en los libros locales, con mi firma. Ciudad de Kalisz. 7 junio de 1911”.

(Una observación es que probablemente tanto Gitel como Somer por algún motivo necesitaron en Chile sus certificados de nacimiento el año 1911, y los mandaron pedir a Polonia. Hay un certificado de nacimiento de Somer, expedido también en 1911, el 15 de junio, en su ciudad natal Sieradz y enviado a Chile por su madre, Malka Szynkelewska. Se puede ver en el blog de Carmen, parentela. Pero éste certificado está en alemán. Sieradz parte de Prusia y Kalisz parte de Rusia, en 1911?)

“Certificado de Nacimiento Nr 65 de 1890.

En la ciudad de Kalish, a 6 al antiguo estilo (18 al nuevo estilo) del año 1890 a las 3 de la tarde comparecen personalmente Nachman Kohl, comerciante, 62 años, residente en la ciudad de Kalish, en compañía del testigo Marcus Wartski, secretario de la Sinagoga, de 54 años, e Icek Orlinski, “Disier” de la Sinagoga, de 47 años, residente en Kalish, nos señala el nacimiento de una niña, la primera de unas mellizas, las que habrían nacido en Kalish el 23 de junio al estilo antiguo (5 de julio al nuevo estilo) del año pasado a las 10 de la mañana, de su yerno Somer Swiderski, comerciante, de 32 años, con su señora esposa Gitel, nacida Kohl, de 32 años de edad, la hija del citado Nachman Kohl. Esta niña será llamada Bajla Swiderska. El retraso en la inscripción fue consecuencia de la ausencia del padre de la niña, el que tampoco en esta oportunidad se ha hecho presente en este acto. Esta acta fue leida y firmada por los presentes.

Siguen las firmas.”

La ausencia del padre, Somer, se debió – como se sabe, a que éste ya había emigrado a Chile.

V Octubre 2012: seminario televisado en Estocolmo, en memoria de Raul Wallenberg, en que entre otros participantes, el director de la Shoa Foundation muestra cómo es posible encontrar sobrevivientes del Holocausto en el sitio creado por Steven Spielberg.

De esa forma encuentro en el registro a Roza Kol, la historia de ella y de su familia, relatada por su nieta Marin K. nacida en Lodz, en 1920. Un resumen somero: Roza se casa en 1879 con Lipman Wolf Fajfer en Kalisz; tuvieron ocho hijos. Su hija Estera, n 1888, huye con su marido, hijos y nietos de Polonia el mismísimo 1 de septiembre de 1940, día en que Hitler invade Polonia. Su travesía es legendaria; ayudados por un cónsul japonés en Lituania llegan – junto a otros 6 000 judíos polacos a Shangai, donde se establece un gheto que perdura hasta el final de la guerra. Luego toda la familia se traslada a Australia. Roza, ya viuda en ese entonces, se queda en Polonia y es asesinada durante la guerra, en el guetto de Varsovia.

A comienzos del 2013 encontré a los hijos de Marin en Australia. Hay mucha descendencia y ellos sí han conservado las tradiciones judías. Cuando los contacté vivía Marin en una casa para ancianos judíos, la directora era su hija, Susan H. Es con la que tengo más contacto al día de hoy, pero hay hermanos y tíos aún vivos, como Marcel W. hermano de Marin, hoy de 92 años, poeta y traductor de poetas polacos que ha sido condecorado por el gobierno polaco.

Otra hija de Roza Kohl de Fajfer, Roma/Rebeca, permaneció en Polonia y sobrevivió. Los “parientes” australianos me conectan con Ania G. en Varsovia, nieta de Roma/Rebeca Z, nacida en 1900. Esta rama sufrió lo indecible durante la guerra, período en que vivieron en Varsovia, en el gheto hasta 1942.  Roma/Rebeca se escapa después con sus dos hijitos, Wanda y Jan, y viven escondidos en la zona aria. La historia es larga, doy aquí solo un matiz. He visitado a Ania, hija de Wanda, en Varsovia.

Ninguna de las personas con que tomé contacto, ni tampoco la generación de los mayores, tenía recuerdos de algún ancestro que hubiera  emigrado a Chile. Yo les relato la historia y les muestro los documentos en mi poder, que no son pruebas fehacientes, son indicios y la suposición mía que surge a raíz de que en todos los registros de ciudadanos de Kalisz aparecen Gitel y Roza juntas, a veces nacidas el mismo año (mellizas?) o con uno o dos años de diferencia. En alguna lista aparecen también los padres, Nathan y Malka Fogel Kol, e inmediatamente después Gitel y Roza, siempre juntas. Es esto lo que me llevó a pensar que Gitel y Roza podrían haber sido hermanas y lo que me llevó a centrarme en Roza y buscarla hasta encontrarla. Luego en los registros de matrimonio que reviso en la Iglesia Mormona también encuentro el certificado del matrimonio de Roza con Lipman Wolf Fajfer; lo que me impresionó fué la semejanza de las dos firmas, de Gitel y Roza. Pero como digo, ni los australianos ni los que quedaron en Polonia guardan en la memoria la historia de la emigración de Gitel y su familia.

Según mi interpretación, pueden haber sido las viscisitudes sufridas por los que quedaron o tuvieron que huir, o sea los traumas sufridos por esa rama de la familia: el asesinato de Roza, la huída de Polonia, las persecuciones sufridas, la vida en el ghetto, etc, lo que hace pasar al olvido los episodios anteriores a los traumas de la guerra. Sin que pueda comprobar mi interpretación me acerco a Ania que me recibe con mucha amabilidad en Varsovia, conozco a su familia: su marido Jasek, su hija Malgosia y su nieta Mania, de la misma edad de mi nieta Inez. Ella vino a saber de su orígen judío a los 17 años, su madre y su abuela le escondieron la historia de infortunios sufridos, también porque durante el regimen comunista posterior a la guerra no se destacó como especial y única la persecución y los asesinatos de judíos en los campos de concentración. Juntas vamos al Instituto Histórico Judío en Varsovia, donde se nos informa que no poseen documentos de identificación de esos años, para conocer el parentesco de Roza y Gitel. Por mail he estado conectada especialmente con Susan, en Australia, también con su hermano Andrew, destacado sociólogo que trabaja y escribe sobre cuestiones de migración; también me acogen con amablidad pero como no tienen ellos grabado en su historia pasada el relato que yo les hago, no puedo avanzar mucho más en mi investigación. Los contactos se hacen más y más esporádicos.

VI Octubre 2018: fecha en que finalmente se encuentra un comprobante que confirma el parentesco de mi bisabuela Gitel – que en Chile se pasó a llamar Augusta, y Roza Kol de Fajfer. Ellas fueron efectivamente hermanas, hijas de los mismos padres Nathan Kol y Malka Fogel Nadel.

Mi prima Carmen Goñi me escribe en septiembre de 2018 que ha sabido que Susan, de Australia, nos anda buscando por la red; por aquí y por allá, encuentra Susan el blog de un pariente lejano Kohl que a su vez contacta a Carmen. Cuando le escribo a Susan, me dice que no había guardado mi dirección pero está muy contenta de retomar el contacto. Sobretodo yo me emociono cuando entiendo porqué se ha esforzado en encontrarnos. Ella ha estado en el Instituto Judío de Varsovia, el mismo que yo visité con Ania hace años. Pero ahora sí Susan ha conseguido un documento importante. Es una lista de judíos polacos que durante la guerra buscan contacto con parientes en el extranjero, seguramente con la esperanza de conseguir visa para poder dejar el país; en esa lista aparece Roza Fajfer (su apellido de casada) escribiendo a Augusta Swiderski Cohl a la casilla 1256, Santiago de Chile.  Es muy triste, no sabemos si esa carta salió de Polonia, si llegó a destino, ni si se hicieron esfuerzos en esos años por ayudar a los parientes en Polonia. No hay rastros en Chile de esos contactos. Según información entregada por Claudio J, nieto de Berta, la casilla 1256 existió y se ocupaba asíduamente por su padre y abuelo. Roza fue asesinada por los nazis en el guetto de Varsovia en 1942, la carta fue enviada en 1940.

En el certificado de defunción de Augusta Cohl Nadel, fallecida el 25 de diciembre de 1948, aparece la dirección de su domicilio habitual: Avda. Holanda 3823. Fue Sebastián V, hijo de mi hermana Paulina, quién consiguió este documento en el Registro Civil.

Ania me ha enviado reciéntemente el libro “We Couldn’t Understand Why… The Plight and Experiences of the Children of the Holocaust”, del cual ella ha sido la redactora. En la portada su madre Wanda y su tío Jan, de niños, los que junto a su madre se escaparon del guetto de Varsovia.

Una gran alegría es que me encontraré con Susan y Ania en Copenhagen, a principios de junio de este año.

Hasta aquí mi relato. No deja de tener alguna importancia y significación para mí el haberlo completado y ahora entregarlo a la familia, especialmente a mi hija Paula. Hace ya tiempo me pidió que escribiera algo ya que no entendía mis entrevesados relatos y mi entusiasmo con lo que iba encontrando, ni la cantidad de parientes y ancestros que le nombraba, acostumbrada a que aquí en Suecia hemos estado solitas. De modo que le dedico este escrito a ella, a sus hijas, mis nietas Inez y Paloma, y a su marido Sebastian, para que conozcan sus raíces.

Y mil gracias a las personas de la familia que me han ayudado por el camino, con recuerdos, datos y documentos: Carmen Goñi, Paulina B, Claudio J, Eugenia J, mi redactora; gracias también a los familiares lejanos, Ania de Varsovia y Susan de Australia. Y a mis amigas de antes y de ahora, Krysia F. en Estocolmo y Myriam K. en Santiago.  Por supuesto que todos los errores y omisiones son de mi responsabilidad.

Marcela Bravo Goñi, Estocolmo, 23 de abril del 2019

Para terminar y para mayor claridad: 

Roza y Gitel fueron hermanas. Sus padres fueron Nathan Kohl y Malka Fogel Nadel

Estera y Roma fueron primas hermanas de Sara (Mamina) y Berta (Nani) Swiderski

Marin, Wanda y Marcel: primos de segundo grado de Pepita, Tío Tano, Tía Kicha, Tia Nena, Tío Eduardo J

Susan y Ania: primas de tercer grado de Marcela, Carmen, Adriana, Paulina, Pilar, Anita B, Eugenia J, Claudio J…..

Etapas psicológicas del exilio

Etapas psicológicas del exilio
ana vasque

Etapas psicológicas del exilio

ETIQUETADOCHILE,DICTADURA MILITAR,EXILIO POLÍTICO,FEMINISMO,FRANCIA 

EN ESTE TEXTO HABLARÉ DE LAS ETAPAS PSICOLÓGICAS DEL EXILIO Y TOMARÉ COMO REFERENCIA EL ARTÍCULO “ MUJERES EN EL EXILIO: LA PERCEPCIÓN DEL EXILIO DE LAS MUJERES EXILIADAS EN FRANCIA ” DE ANA VÁSQUEZ, SOCIÓLOGA CON ESTUDIOS EN EL CAMPO DE LA PSICOSOCIOLOGÍA. . EL ARTÍCULO FUE PUBLICADO EN 1982 POR LA REVISTA MENSAJE , FUNDADA Y EDITADA EN CHILE EN 1951 POR EL JESUITA PADRE HURTADO, QUE PRETENDE INFORMAR A SUS LECTORES CON UNA PERSPECTIVA CRÍTICA Y CRISTIANA DE LA REALIDAD NACIONAL E INTERNACIONAL. MENSAJE ES MI PRINCIPAL FUENTE DE INVESTIGACIÓN PARA LA MAESTRÍA Y ES UN INSTRUMENTO IMPORTANTE PARA LA INVESTIGACIÓN DEL EXILIO CHILENO., SIENDO LOS ESCRITOS DE ANA VÁSQUEZ LOS MÁS CUESTIONADORES SOBRE EL GÉNERO Y EL EXILIO DE LAS MUJERES CHILENAS EN FRANCIA. EL TEXTO AL QUE ME REFIERO ESTÁ PRESENTE EN LA SECCIÓN DE LA REVISTA DENOMINADA “SOCIEDAD” QUE CONTIENE SIETE PÁGINAS QUE SE ENCUENTRAN DISPONIBLES EN EL REPOSITORIO DIGITAL DE IMPRESOS.


ESCRIBÍ UN POCO MÁS SOBRE MENSAJE Y CITÉ EL TEXTO DE VÁSQUEZ AQUÍ EN EL BLOG, ACCEDA AQUÍ .

definicion de exilio

Según Ana Vásquez, el exilio chileno consiste en un acto de expulsión del país de origen y la prohibición de regresar . La estudiosa agrega que este tipo de castigo tiene un carácter político y que el 10% de la población chilena se encontraba en el exilio, cuestión que permite resaltar cuánto la práctica conformó el contexto político de Chile durante el año de publicación de su escrito. (mil novecientos ochenta y dos). Vale recordar que el país se encontraba en medio de una dictadura militar dirigida y comandada por el general Augusto Pinochet , y que el gobierno del presidente Salvador Allende sufrió un golpe de Estado, generando una persecución implacable contra él y sus seguidores.La comunidad chilena exiliada estaba integrada por profesores universitarios, ex funcionarios del gobierno, sindicalistas y campesinos , que en los países de acogida, entre ellos Francia, Finlandia, Canadá y Mozambique, se enfrentaban a la inhabilitación profesional y la pérdida de poder social. Ana Vásquez caracteriza al exilio chileno como “un exilio de militantes como en todo el Cono Sur”. Aquí, la expresión Cono Sur se refiere a los países de América del Sur, que vivieron dictaduras militares y civiles como realidades como Chile, Argentina, Brasil, entre otros.

Primera etapa psicológica del exilio

Es interesante notar que al comienzo de su texto la autora llama la atención sobre la importancia de no reducir una investigación psicológica del exilio de los chilenos a un análisis de los problemas políticos y sociales presentes en Chile y Francia en ese momento. Después de todo, los procesos psicológicos no son homogéneos y los individuos tienen particularidades complejas que se manifiestan más allá del colectivo exiliado . Así, Ana Vásquez sostiene que en la primera etapa del exilio, las similitudes entre las experiencias de mujeres y hombres tienen cierta uniformidad debido al proceso de transculturación en el que se ve sometida la comunidad exiliada.de inmediato. En él se incorporan las costumbres del país receptor, en este caso, Francia. La transculturación es difícil ya menudo dolorosa porque exige una confrontación con las culturas de los dos países en cuestión.

La primera etapa psicológica del exilio está marcada por el sentimiento de pérdida, la inestabilidad emocional y económica, la promesa de volver al país de origen y la dificultad de pensar en proyectos a largo plazo . En esta fase, hay un fortalecimiento de los lazos de solidaridad entre la comunidad exiliada y la idealización de Chile y sus especificidades. En un momento en el que también hay cierta negativa a asimilar las costumbres francesas y dificultades para adaptarse a la nueva realidad. De esta manera, la primera etapa del exilio chileno fue crucial en la vida de los perseguidos bajo la dictadura de Pinochet, pues configuró el proceso de integración a la sociedad de acogida de cada exiliado y exiliada y de todos en colectivo.

el exilio femenino

Según Ana Vásquez, a medida que avanza la transculturación, el exilio de las mujeres adquiere formas específicas . La pérdida de la familia, por ejemplo, asume un mayor peso para el género femenino, pues el ideal de la familia latinoamericana les otorga la responsabilidad de cuidar del hogar y de sus seres queridos. El exilio, marcado por la inestabilidad emocional y económica, corrobora que este ideal familiar se transforme por la nueva realidad impuesta a la comunidad exiliada. Muchas mujeres que en Chile se dedicaban a las tareas domésticas y a la crianza de los hijos mientras sus parejas trabajaban fuera del hogar, buscaron insertarse en el mercado laboral para sobrevivir en el extranjero.

Hubo casos de mujeres que llegaron a Francia solteras y que, al salir a trabajar y estudiar, tuvieron contacto con múltiples ideas. Los que no tenían título profesional trabajaban en restaurantes y otros lugares donde el ingreso mensual era muy bajo. Otros continuaron con sus estudios. Es de destacar que muchos sujetos no profesionales se esforzaron por estudiar nuevos temas. En algunas circunstancias, las mujeres casadas realizaban tareas económicas y recibían salarios iguales o superiores a los de los hombres. Por lo tanto, los ejemplos citados muestran cómo las experiencias de estos exiliados fueron diversas y que es imposible ubicarlos dentro de un grupo unilateral .

Roles de género en las etapas del exilio

Si bien las condiciones de vida en el exilio cambiaron constantemente, la división de roles de género se mantuvo similar a la que prevalecía en Chile . Muchos exiliados se enfrentaron a la doble jornada laboral. Los militantes conciliaron tareas partidistas, trabajo fuera del hogar y responsabilidades domésticas. Situaciones que pueden haber pasado desapercibidas a los ojos de estas mujeres, en la primera etapa del exilio, ya que los temas valorados por el colectivo exiliado involucraban a Chile, la represión y la resistencia a la dictadura militar. Por estas razones, la división de roles de género pasó a ser predominante en las etapas del fenómeno en el exterior, principalmente en Francia.

Otras etapas psicológicas del exilio

Las nuevas responsabilidades adquiridas por los exiliados y exiliadas promovieron sus autonomías. El conocimiento de nuevas teorías y el contacto con mujeres francesas y de otros países latinoamericanos contribuyeron a la consolidación de encuentros e intercambios de experiencias femeninas. Según el texto de Vásquez (1982), inicialmente, las mujeres se vieron obligadas a percibir cambios en la práctica cotidiana. Posteriormente, reflexionaron sobre ellos y tomaron conciencia individual y colectivamente.

El acto de socialización entre mujeres en el exilio no es un tema nuevo sobre el que escribo aquí en el blog. Para conocer más sobre el tema, recomiendo los siguientes textos:

Las discusiones entre mujeres eran consideradas clandestinas por muchos y colocadas en la subcategoría de “tema de conversación femenina”, de hecho es una característica de los diversos exilios, en los que las exiliadas trabajan clandestinamente, incluso para evitar ser perseguidas en el país de asilo. . La toma de conciencia de los exiliados chilenos contribuyó al surgimiento de conflictos interpersonales con sus compañeras, compañeras de partido e incluso con otras mujeres.quienes catalogaron sus reflexiones como “afrancesamiento” y “burguesía”. Los conflictos también podían involucrarse, pues ambos rompían con un modelo de mujer latinoamericana históricamente construido y reproducido en los espacios que ocupaban. Vásquez dijo que pocos exiliados chilenos hablaron en público, síntoma de la estructura patriarcal existente en la sociedad en su conjunto y mantenida en el exilio.

Conclusión

Se observa que el texto “ Mujeres en el exilio: la percepción del exilio de las mujeres exiliadas en Francia ”, de Ana Vásquez, aborda que las vivencias psicológicas, políticas y sociales del exilio chileno son diferentes para los géneros , especialmente luego de un mayor desarrollo de la proceso de transculturación en el exterior. Además, muestra cómo la reflexión colectiva provoca cambios en el comportamiento individual de los exiliados chilenos.. Muchas de ellas entendieron que la construcción de un determinado modelo de feminidad es algo aprendido desde el inicio de la vida y que la deconstrucción de ese modelo está en conflicto con las ideologías sustentadas por la comunidad exiliada. Esta observación les permitió entenderse como activos en un proceso histórico que va más allá de los contextos políticos y sociales de Chile y Francia.

Referencia consultada

VÁSQUEZ, Ana. Mujeres en el exilio: la percepción del exilio de las mujeres exiliadas en Francia, publicado por la revista Mensaje en 1982

El horror que se expande. Violencia sexual, un relato

El horror que se expande. Violencia sexual, un relato

Entrevista a Mabel Zanta 

Condena al Tigre Acosta por los abusos sexuales en la ESMA: una de las víctimas cuenta su historia

Por Ailín Bullentini13 de agosto de 2021 – 14:34

“Fui acusada de ser montonera y yo no tenía la más puta idea, si ni sé manejar un arma”, contó a PáginaI12 Mabel Zanta.
“Fui acusada de ser montonera y yo no tenía la más puta idea, si ni sé manejar un arma”, contó a PáginaI12 Mabel Zanta.

Algunas experiencias suceden y pasan, se van. Pero otras quedan en quienes las viven: como un tesoro o como “un lastre” que, aunque se niegue, se esconda, se oculte; resurge. Y Mabel Zanta sabe de eso. Cada septiembre, lo recuerde conscientemente o no, su paso por la ESMA se le interponía. “Por h o por b me lastimaba con algo, me quemaba en la cocina, me caía, me golpeaba. Era mi cuerpo hablando, sacando a la luz las heridas que me dejaron”, dice, a la espera de que esta vez sea diferente. Mabel es una de las tres víctimas en el juicio por delitos sexuales que tuvieron lugar en el centro clandestino que funcionó en el predio porteño de la Armada durante la última dictadura cívico eclesiástica militar y que este viernes, tras diez meses de juicio oral, cerró con la histórica condena de Jorge “Tigre” Acosta y Alberto “Gato” González a 24 y 20 años de prisión.

“El juicio tiene ese aspecto reparador que calma. Que haya justicia es que una pueda vivir sin el lastre que cargamos durante tanto tiempo”, propone Zanta, que tiene 81 años y la espalda “cansada” de cargar con el peso de aquello que sufrió en septiembre de 1978 en la Esma.

Su paso por la Esma

Zanta tenía tenía 39 años y dos hijos adolescentes cuando fue secuestrada, torturada, acusada de montonera y violada en un baño del centro clandestino y tenía planeado escuchar desde la casa de su hija, Georgina Andino, el fallo del Tribunal Oral Federal número 5 de la Ciudad de Buenos Aires, que dirigió el juicio de lesa humanidad por los hechos que sufrieron ella y otras dos mujeres prisioneras del grupo de tareas 3.3.2 contra uno de sus jefes, Jorge “Tigre” Acosta, y uno de sus integrantes, Alberto “Gato” González.  

Es la primera vez que los delitos que sufrió Zanta durante la última dictadura cívico militar eclesiástica son eje de un juicio oral y público. Lo contó por primera vez ante la Justicia en 2014, cuando fue convocada por el Ministerio Público Fiscal para ampliar la denuncia que había radicado en 1983 ante la Conadep. Tras su relato, su “caso” se sumó al de Silvia Labayrú y al de María Rosa Paredes, sobrevivientes de la Esma que forman parte de la megacausa desde hace décadas y cuyas situaciones fueron analizadas en debates orales previos, aunque por primera vez son tenidas en cuenta exclusivamente como víctimas de delitos de índole sexual.

El horror que se expande

En 1978, Mabel estudiaba Psicología Social, cuidaba de sus padres “ya viejitos”, criaba dos hijos adolescentes –Georgina de 12 y Marcelo de 19– y “ayudaba” en el negocio que encabezaba su marido, Jorge Andino, una juguetería en el barrio porteño de Barracas. Vivían los cuatro en Uriburu al 500, en el barrio porteño de Balvanera. No eran militantes orgánicos de ninguna agrupación, pero sabían de la cacería de las fuerzas de seguridad por todas las calles de la ciudad y del país. Y ellos fueron “solidarios y cobijantes” ante tanta persecución, definió Georgina en diálogo con este diario. “Mi hermano y yo tuvimos muchos tíos por horas que pasaban por casa y se iban”, contó.

La primera “visita” de la patota de la Esma a la casa de sus padres fue en febrero de ese año, pero no los encontraron. No fallaron la segunda. Fue en los primeros días de septiembre.

“Mi hijo me llamó a casa preguntándome dónde estaba papá, que no había aparecido por el negocio todavía. Le dije que no sabía, me volvió a llamar más tarde y me contó que unos tipos que parecían ladrones o policías, mirá vos la descripción, preguntaban por mí. Le dije que se quedara tranquilo que iba para allá. Ni se me ocurrió pensar que podían llegar a ser secuestradores. A las 14 más o menos, 14.30 entré al negocio y detrás mío entró la patota comandada por el “Ángel Rubio”, resumió Mabel a través del teléfono. La subieron en el asiento de atrás de un auto, flanqueada por dos represores; uno más al volante y, en el asiento del acompañante, Alfredo Astiz le advertía que si no “cerraba la boca”, era “boleta”.

No lo sabría hasta que fue liberada, 21 días después, pero la llevaron a la ESMA. Allí también tenían a su esposo. “Fui acusada de ser montonera y yo no tenía la más puta idea, si ni sé manejar un arma”, aseguró. Fue torturada, amenazada con la vida de sus hijos, a quienes tenían custodiados, conformó Georgina. Depositada en “capuchita”, como era conocido el altillo del casino de oficiales de la Esma. Y violada.

El abuso sexual “no fue parte del interrogatorio”, relató Zanta. “Fue un verde’”, señaló en relación a los represores encargados de custodiar a les prisioneres en el centro clandestino. Lo único que supo del “tipo”, asegura la sobreviviente, es que se apodaba “Lobo” y que integraba una guardia de “lo más gritona, venían algún que otro turno, llegaban a los gritos desaforados, parecían borrachos”.

Un día, estaba el “Lobo” a cargo de su custodia y le preguntó si quería ir al baño. “Yo le dije que sí porque siempre se quería ir al baño. Me acompañó y ahí me subió a la pileta y me violó a punto de pistola”, resumió. “La tortura fue terrible y la violación fatal porque más allá de la desposesión de la voluntad y del cuerpo de una, no terminó ahí en ese baño. ¿Y si estaba embarazada?, me preguntaba yo. El horror se expandía con el tiempo”, definió.

Reparar 40 años después

Cuando contó el episodio ante el TOF 5, el 30 de noviembre pasado, el abogado del “Gato” González la hostigó “hasta el hartazgo”, recordó Zanta: “Me preguntó si yo podía ubicar a qué altura estaba la pileta en la que me sentó el tipo, me preguntó cómo podía saber si me había apuntado con un arma si estaba encapuchada, y vuelta sobre lo mismo y vuelta otra vez. El presidente del Tribunal tuvo que ponerle un límite”.

Ésa fue una de las dos o tres audiencias que Zanta presenció del debate al que señala como “fundamental” en el proceso de “reconstrucción de una misma” y sobre el cual depositó una “expectativa importante”. “Fueron muchos años durante los cuales tuve que rehacerme”, asegura. Parte de ese trabajo tuvo que ver con poder “contar” lo que había vivido, “sufrido” en el centro clandestino: “En aquellos años contar lo del secuestro no estaba dentro de lo posible entre la generalidad de la gente. Mucho menos la violación, imaginate”, señaló.

Georgina, que “supo sin saber del todo” lo que había pasado desde el minuto uno, recién lo oyó de boca de Mabel “muchísimos años después”. “Es importante que la Justicia haya hecho lugar a lo que las y los sobrevivientes denunciaban, a los abusos y violaciones, de manera autónoma. Pero aún falta, aún resta que muchos y muchas cuenten lo que sufrieron”, confía la mujer, militante de los derechos humanos, trabajadora en el sitio de memoria Virrey Ceballos y “sostén principal” de Mabel en la búsqueda de Justicia. “La acompaño porque es mi vieja y la amo, pero también porque sé que su testimonio abre caminos a otros”, sostuvo.

Esperaron el fallo juntas, con la expectativa de que “sea la Justicia la que repare ahora”, subrayó Zanta, para quien “es lo mismo si le dan 15 años, 25 o cadena perpetua” a los acusados: “Lo que espero es que sean condenados”. Lo fueron.

*La entrevista desarrollada en esta nota se publicó por primera vez en 11 de agosto, antes del histórico fallo sobre los crímenes sexuales en la ESMA.

“Mi vida con Carlos”.la búsqueda personal, por parte del hijo, de la memoria de su padre asesinado

“Mi vida con Carlos”.la búsqueda personal, por parte del hijo, de la memoria de su padre asesinado

SINOPSIS En 1973, el abogado y periodista Carlos Berger fue asesinado por el régimen de Pinochet. En tres días, 75 presos políticos fueron «secuestrados, torturados y ejecutados y, en muchos casos, sus cuerpos desaparecieron; como en el caso de mi padre». Germán Berger, el hijo, no ha sabido mucho de su padre, el cual murió antes de que él cumpliera un año de edad. La familia sólo hablaba de Carlos como un icono político, nunca como persona, como un hermano, un esposo o un humanista. “Mi vida con Carlos” es la búsqueda personal, por parte del hijo, de la memoria de su padre asesinado, revisando y revalorando la reciente historia y el presente de Chile a través de las vidas de una familia concreta. Es la historia de un drama familiar que refleja el drama de todo un país. El documental fue estrenado el 2010 en Festival Internacional de Documentales de Santiago, Fidocs.

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Exilio Heredado

Exilio Heredado

Exilio heredado´

En Viena, hijos de exiliados chilenos han construido una red de apoyo a quienes, como ellos, cargan con los dolores transmitidos por sus padres, víctimas de la dictadura. Esta carga real, no es abordada por los países donde residen; ni por Chile, donde pareciera que el exilio es un tema ya superado.

Por Verónica Gutiérrez

Hace un par de años, los hermanos Fernando (52) y Marcela Gómez (53), hijos de exiliados chilenos en Austria, fueron a un asado que organizó la embajada para celebrar el 18 de septiembre en Viena. “Nos pusimos a conversar con más gente. Nos encontramos con algunos de los que militaban en el Partido Socialista conmigo cuando éramos niños y recordamos tantas historias. Quedamos de juntarnos otro día. Arrendamos un lugar, mandamos a los hijos a jugar a otro lado y después de un rato, comenzamos a hablar sobre qué significaba el exilio para nosotros”, relata Marcela, hoy sicóloga. Recuerda que algunos trataban de sacar lo positivo de su experiencia, pero que ella fue rotunda en criticarla: “Me paré y dije ‘me carga el exilio, nunca quise esto para mí’”.

Marcela y Fernando, terapeuta ocupacional, comenzaron a organizar terapias grupales en Viena. “No nos imaginamos que iba a llegar tanta gente. Éramos cerca de 50 personas en el primer encuentro”. Fueron terapias grupales una vez a la semana por espacio de dos meses y el último fue un congreso. A este último llegó gente de Alemania, distintas ciudades de Austria, Francia y Finlandia. En estas terapias, trabajaron con el método de constelaciones familiares.

La sicóloga Astrid Becks (32), radicada en Austria, explica este método: “Es una técnica psicoterapéutica que busca elaborar y/o sanar problemas familiares.  Se da en un contexto de taller, donde asisten varias personas, que no necesariamente se conocen. El terapeuta “constela” a una persona en particular del público, es decir, esta trae un motivo de consulta y debe elegir al azar y del público a quienes representarán a los integrantes de su familia. Estos “curiosamente” suelen decir o actuar de la misma forma que los familiares reales (es un fenómeno que nadie puede explicar). En esa dinámica van saliendo temáticas, problemas, conflictos, traumas que normalmente no se han hablado en la familia. En mi experiencia personal y terapéutica, es una de las técnicas más potentes y sanadoras que existen. Una constelación familiar equivale a muchas sesiones terapéuticas individuales. Es muy intenso, emocional, vivencial y potente”.

Marcela Gómez ha hecho varios trabajos, tanto en Chile como en Austria y en otros países, para ayudar a exiliados. En la mayoría de ellos trabaja con el método de constelaciones familiares. Uno de ellos fue un taller llamado “Ven-seremos”, un juego de palabras que relacionaba a los hijos con la lucha de sus padres y una invitación a descubrir la identidad de las segundas generaciones. Este taller lo hizo en 2003 junto a otra sicóloga a raíz de los 30 años del golpe. En 2010, la invitaron a Alemania a hacer un taller llamado “Los países que hay en mí”, donde trataron, entre otras cosas, la falta del sentimiento de pertenencia a una patria. Otro taller que realizó en Austria se llamó “Rexilientes”, una mezcla entre resiliencia y exilio.

Marcela y Fernando Gómez concuerdan en que fue necesario hacer estas terapias, en primera instancia, para poder ellos mismos avanzar y seguir con sus vidas. “Uno tiene rabia, llora, grita, lo pasa mal, todo para después por fin estar bien”, dice Fernando. Con estas terapias y constelaciones familiares que practican con otros exiliados, han detenido el traspaso de traumas a terceras generaciones. Una vez resuelto esto, recién pudieron empezar a tratar a aquellos de la primera generación de exiliados, que hasta el momento no habían recibido apoyo psicológico por lo ocurrido en Chile.

Marcela García (40), socióloga e hija de exiliados chilenos radicados en Francia, realiza estudios de género relacionados con el exilio chileno. “Afuera se escrito muchísimo sobre el tema”, recalca.

Los hijos de exiliados políticos desarrollaron traumas durante este tiempo, que algunos no han sabido resolver incluso hasta el día de hoy. Hay varios traumas principales que se observan tanto en el caso del exilio chileno como de otros países, comenta Marcela Gómez, quien ha trabajado con inmigrantes chechenos, latinos y actualmente con refugiados sirios llegados a Austria. Los principales y los que más se repiten son el sentimiento de desarraigo, de pertenecen a ningún país o cultura; a sensación de responsabilidad por Chile, un país que varios de los hijos de exiliados no conocieron hasta más grandes; parentificación, el cambio de rol entre padres e hijos; y problemas de integración.

Ni de aquí ni de allá

Los hijos de exiliados tienen en común un fuerte sentimiento de desarraigo. No se sienten chilenos, porque han pasado la mayor parte de su vida en el extranjero, pero tampoco se sienten parte del país que acogió a sus padres, porque en sus casas no los incentivaron a adoptar la cultura del país donde llegaron. “Ya vamos a volver” repetían sus padres. La mayoría de los exiliados creía que la dictadura duraría solo un par de meses o como máximo dos años. Es por esto que en muchas familias, no se desarmaron las maletas, ni se esforzaron por integrarse.

Leticia Bialoskorski (34) ha vivido la mayor parte de su vida en Holanda. Su padre es exiliado chileno y su madre es holandesa. En total, no ha estado más de seis meses en Chile, pero siente que su cultura es chilena. “He vivido por tres años en Alemania ya. Estoy un poco confundida sobre mi cultura. Definitivamente soy holandesa, pero también me siento una ciudadana del mundo. Creo que tengo más de chilena que de alemana. Es algo que llevo en mi ADN”, explica.

El caso de José Vivallo (28) también llama la atención. Su hermano mayor nació en Suecia y llegó a Chile a los 10 años. Con 38 años, ha vivido la mitad de su vida en Chile y la otra mitad en Europa, pero se siente más europeo que chileno. De todas maneras, cuando se le pregunta de dónde se considera, contesta con un “soy ciudadano del mundo”. José nació mientras sus padres seguían en el exilio, pero retornó cuando apenas tenía 8 meses de vida. Él se considera chileno.

Marcela García fue apátrida hasta los 9 años. En Chile existen tres formas de adquirir la nacionalidad: nace en el territorio, ser hijo de chileno o recibir la nacionalidad por gracia. Marcela nació en Francia. Sus padres residían con pasaporte de refugiados. Por este motivo ella no pudo acceder a la nacionalidad francesa. Tampoco se podían acercar a la embajada chilena por el susto que esto le provocaba a su familia. Cuando se le pregunta si se siente chilena, afirma: “Soy lo más antinacionalista que pueda haber. Me importa más la persona que el país. Siento que soy más hija del exilio que francesa o chilena. Creo que tengo de ambas naciones y que no tendría por qué decidir. De todas formas, en Chile voy a ser considerada más francesa que chilena y en Francia, al revés”.

Loreto Caro (46), guionista e hija de exiliados chilenos, nació en Chile, pero a los cinco años se fue a Iowa con su familia. A los dos años se trasladaron a Boston. “Se juntaban todos los 18 de septiembre, todas las fiestas se celebraban en grupo. Esa fue la primera vez que tuve noción de que venía de otro lado, cuando nos juntábamos con esa gente que supuestamente era de Chile. Yo me juraba gringa, me juraba estadounidense”. Además, ella explica que muchos niños, cuando viven grandes traumas, tienen regresiones. Esto es lo que le ocurrió a ella. “Cuando llegamos, mi hermano y yo tuvimos que volver a usar pañales, incluso de día”.

Aunque no sienten que son de un lugar, la mayoría de ellos nunca se sintió exiliado. Ricardo Párvex (65) estuvo en varios centros de detención en Santiago y en la Quinta región. El año 74 salió del país en dirección a Francia junto a su esposa y con su hijo, que en ese entonces tenía solo 2 años. “El otro día hablábamos con mi hijo y me comentó que él nunca se ha sentido exiliado”, aclara. Marcela Gómez también recalca ese punto: “Yo no soy la exiliada, era a mi padre al que buscaban, no a mí. Yo tenía solo 11 años”.

El caso de los hermanos Gómez es distinto. Ellos nacieron en Chile y tuvieron que adaptarse a la nueva cultura. Apenas llegaron a Viena, los ubicaron con su familia en una vivienda social y a los niños les encontraron lugar en colegios. “Te ponían en cualquier curso. Éramos los pobrecitos. No entendíamos nada. Nos dejaban ahí, donde hablaban en un idioma que jamás habíamos escuchado, y no nos ayudaron a integrarnos. A las semanas ya no queríamos ir al colegio. Los papás nos obligaban y nos repetían: ’Ya vamos a volver, no importa’”, recuerda Fernando, quien en esa época tenía solo 10 años. Fue la repetición de ese mantra lo que llevó a que muchas familias no hicieran esfuerzos por adaptarse al nuevo país. Además, como los adultos militaban para poder colaborar con la situación en Chile, se juntaban entre chilenos y hablaban en su idioma. En muchos casos, ellos no necesitaron cambiar su estilo de vida, a diferencia de sus hijos que sí debieron integrarse para sobrevivir.

“Tú ibas a la casa de los otros ‘tíos’ y eran todas muy parecidas. Con plaquitas de cobre, con fotos de Allende, con una forma muy semejante”, recuerda Marcela García, quien hizo un extenso estudio sobre mujeres exiliadas en Francia. Sobre esa investigación, ella concluye que, en general, eran los hombres los que insistían con la idea de volver y se quedaban estancados en una época, con la idea fija de ayudar a Chile y continuar con la militancia, mientras las mujeres intentaban buscar trabajo y comenzar una nueva vida. “Tu ibas a casas y en muchas se veían las maletas hechas. No las querían desarmar por esta idea del ‘ya vamos a volver’. A los hombres esto les afectó de una manera diferente. Era como si se hubieran congelado en el tiempo. Usaban la misma ropa que en los años 70, tenían una imagen idealizada de Chile”, explica Marcela García.

Los hijos y los tíos

Al salir abruptamente del país, los roles familiares se modificaron. Muchos llegaron a lugares junto con otros chilenos. Estos se agruparon e hicieron colonias muy unidas. Al cortar lazos con la familia de forma tan abrupta, dentro de los grupos de exiliados, cada uno tomaba un rol. “Todos eran las tías y los tíos”, recuerda Marcela García. “Me acuerdo que había señoras mayores que hacían de abuelas. Yo no conocía a mis abuelos. En mi casa, además de las típicas placas de cobre de la Violeta Parra y de Pablo Neruda, teníamos una foto con el último discurso de Allende. No sé de dónde saqué la idea de que él era mi abuelo”.

Uno de los traumas principales es la parentificación o parentalización, cuando los niños se hacen responsables por sus padres y cambian de roles. Marcela Gómez, sicóloga radicada en Austria, explica cómo fue para ella: “Hay una inversión de los roles: una parentificación. Eso nosotros lo veíamos como algo negativo”. Esto ocurre en particular en aquellos países que hablan otro idioma. “Los niños aprendemos el idioma extranjero muy rápido. Empiezan a ser los traductores de sus padres. De grande, mi mamá me explicó, porque de chica no me di cuenta, pero a veces mi papá me hacía leer textos o cartas que llegaban. Yo pensaba que era un ejercicio para practicar mi español, pero en verdad le estaba ayudando con cosas que él no entendía”, recuerda Marcela García.

García, a través de sus estudios, también pudo observar cómo era la relación de pareja entre exiliados. Las parejas que ya estaban consolidadas antes de salir del país, tendieron a permanecer unidas. En el caso de las parejas que se unieron apresuradamente por la urgencia de la época, esas tendieron a separarse posteriormente. Es lo que ocurrió con sus propios padres, quienes se conocieron mientras su padre estaba detenido y su madre visitaba a su primo preso.

Quién es el culpable

“Al principio, los exiliados se dividieron. Se echaban la culpa unos a otros de quiénes eran los responsables del golpe”, explica Fernando Gómez. “En aquellos tiempos, desde Moscú, se transmitía ‘Escucha Chile’, que llegaba a las 12 de la noche a Viena. Tanto mis padres como nosotros nos quedábamos escuchando lo que pasaba en Chile. Escuchábamos que estaban deteniendo gente, estaban torturando, estaban matando. Ahí mismo te ponías a planificar actividades para solidarizar con Chile. Toda nuestra vida, toda nuestra juventud la pasamos en Viena, pero pensando en cómo era estar viviendo en Chile, cómo concientizar al pueblo austríaco para que nos ayudara a botar a Pinochet. Yo con 11 años, entré a militar al Partido Comunista. Como primera instancia tienes a tu padre o madre como imagen. En mi caso, había una mina tan rica, que dije, ‘¡metámonos!’”.

Su hermana, Marcela Gómez también recuerda esa época. “Todo era por Chile, aprendí a bailar cueca, me metí en grupos de baile, hacer fundaciones para ayudar a Chile, escuchar la música. Es algo que nadie te quita. Uno era representante de su cultura, del origen de sus padres. Los que no lograron entender que los padres lucharon por una causa, comenzaron a encararlos: ‘Por tu culpa vivimos esto’”. “A esa edad uno no quiere estar militando obligado, uno se quiere ir de fiesta o hacer otras cosas”, explica Fernando.

“Mi caso fue bastante especial”, añade Marcela García. “Nosotros vivíamos en un pueblito cerca de París, pero no había chilenos. Mi papá viajaba mucho a París y a veces nos llevaba con él a sus reuniones y actividades del partido, pero creo que por eso que no entré a militar. De todas formas, eres banderita. La gente te pregunta qué ocurre en Chile y tú tienes que saber. Yo tenía como 9 años y respondía que en Chile había una dictadura, que estaba muriendo gente”.

Después de la lluvia, no siempre sale el sol

Aquellos que retornaron al país, pudieron acceder a múltiples beneficios e indemnizaciones que ofrecía el gobierno para reparar el daño de alguna manera. Algunos de estos beneficios son acceso a salud gratuito, becas de estudios para segundas generaciones, tratamientos sicológicos y terapias físicas para los que fueron torturados, una pensión de reparación, entre otros.

El Instituto de Derechos Humanos tiene por cifra oficial 200 mil exiliados durante la dictadura. Los archivos de la Vicaría de la Solidaridad del Arzobispado de Santiago hablan de 1.675.000 personas. La diferencia se da porque esta cifra considera también a las 530 mil personas que vivían en el extranjero en “situación irregular”, a las familias de los buscados, y aquellos que salieron con visas de turistas, estudiantil o utilizando nacionalidades de otros países.

Existe el Programa Continuación (Ley Nº 19.123), creado el año 1997 por Decreto Supremo del Ministerio del Interior y Seguridad Pública, también conocido como “Programa de Derechos Humanos”. Ese plan establece varios tipos de beneficios a los que pueden acceder los torturados, exonerados y familiares de detenidos desaparecidos. En primera instancia, deben estar reconocidos por el Informe Valech. Este es el catastro oficial de víctimas de la dictadura.

El instituto de Derechos Humanos (INDH) otorga 5 beneficios de reparación diferentes: pensión de reparación, beca de educación para hijos, atención gratuita en salud, exención de servicio militar y otras ayudas complementarias, como educación o acceso a salud gratis. Los que retornaron, además tienen terapias sicológicas a su disposición y terapias físicas para aquellos que quedaron con secuelas por las torturas.

Los exiliados que decidieron quedarse fuera solo pueden acceder a uno de estos beneficios. Pueden recibir la pensión de reparación, la que puede ser transferida al extranjero. El INDH designa las siguientes cifras: “Para menores de 70 años de edad, la pensión (a 2004) es de $1.353.798; mayores de 70 años y menores de 75 años de edad: $1.480.284; mayores de 75 años: $1.549.422. Su pago es mensual y en doce cuotas”. Es decir, que la bonificación es de 135 mil pesos mensuales.

“Esa indemnización no alcanza para vivir un día”, dice Fernando, quien vive en Austria desde el año 1974. Allí, el sueldo mínimo es de 1.800 euros (proporcional a la calidad de vida del país) y la indemnización es equivalente a 183 euros mensuales.

Auto-reparación

El tema del exilio ha resurgido en Chile a raíz del cortometraje “Historia de un Oso”, ganador de un premio Oscar, el primero chileno en esa categoría.

El creador de la historia es Gabriel Osorio, cineasta y profesor de la Universidad de las Américas. “Al principio no le conté a nadie cuál era mi motivación para hacer esta historia”, cuenta Osorio. “Me demoré un tiempo en contarle a los otros del equipo que la historia la hacía por mi abuelo y que él había sido exiliado durante la dictadura. Él era Leopoldo Osorio y fue secretario de Allende por varios años. Lo conoció muy de cerca. Por eso lo detuvieron”.

Gabriel Osorio llega de invitado a un diplomado de “Educación, memoria y derechos humanos” de la Universidad de Chile. Luego de ver nuevamente el cortometraje, muchos de los asistentes le agradecen. “Es la primera vez que puedo hablar sobre ese período con mi papá, sin ‘rajarnos’ llorando”, comenta emocionada una de las alumnas. “Yo no tenía abuela” explica Gabriel. “Yo no entendía por qué, pero no tenía”. “Historia de un oso” habla de eso, usando una metáfora de un circo, cuenta qué significa para las familias, que un miembro se encuentre lejos por causas políticas y que no pueda retornar o comunicarse con los demás.

 “En mi familia no se hablaba mucho el tema. Yo preguntaba ‘dónde está mi abuelo’ y me respondían ‘está lejos’ y yo insistía, ‘pero por qué’ y me decían ‘es que lo exiliaron, no puede volver’. Para mí era impresionante. Qué había hecho él que no podía volver. Cuando eres chico, todo es muy confuso. Eso es lo terrible del exilio, que quiebra lazos. Él hizo una familia afuera. Mi abuelo retornó del exilio después, cuando yo tenía como 11 o 12 años. Se formó una relación extraña. No nos conocíamos. Ahora más de grande, tenemos mejor relación, pero lamento mucho lo que ocurrió”.

 “Creo que no es importante hablar del exilio solo hoy, creo que hay que hablarlo siempre, porque es algo que se repite constantemente. Lo dijimos cuando recibimos el premio, ahí en el teatro: ‘Ojalá que no pase nunca más’”, afirma el ganador del Oscar. Su premio parece ser una excepción a la regla del olvido.

El sicólogo húngaro Ivan Boszormenyi-Nagy explica en su libro “Lealtades invisibles” sobre el sistema de lealtades que se crean entre la primera generación de un hecho traumático, la segunda y la tercera. Uno de los puntos que recalcaba es que, si la primera generación hace algo, la segunda tiende a negarlo. Por el contrario, la tercera tiende a vincularse con esa primera generación. Pasó que muchos de la segunda generación no comprendieron lo que ocurría y se revelaron ante esto. Otros no supieron cómo desvincularse y ocurrieron “quiebres”, como lo llama Marcela Gómez.

García por su parte, explica este fenómeno por una causa natural: “Los padres sufrieron mucho y por no dañar a los hijos, no contaron nada. Los hijos no sabían lo que había ocurrido, pero sentían la carga, sentían el dolor. Cuando las personas son mayores, tienden a regresar al pasado, a hablar más de sus vidas, a liberarse de esas cargas emocionales. Es por eso que cuentan muchas historias a sus nietos. Es por esto que los nietos pueden empatizar con sus abuelos. No así sus hijos”.

Marcela y Fernando decidieron enfrentar su realidad estudiando carreras afines a la sicología y así ayudar de forma efectiva a sus pares. Marcela García se concentró en estudiar el fenómeno del exilio chileno y darlo a conocer con sus escritos. Loreto Caro, guionista, ha decidido enfrentar su historia de manera creativa: sus proyectos cinematográficos, siempre tratan sobre personas en un limbo, ya sea emocional, terrenal o a veces, ambos. “En el cine chileno no se habla de la dictadura. Es muy poco. Se menciona mucho, pero no se profundiza en el tema. Somos tímidos en visitar nuestra historia. Les tenemos miedo a las heridas y al sufrimiento. En Argentina, luego de cinco meses, sale la historia oficial de la dictadura argentina. Ellos son como ‘si ya estamos sangrando, ¡sangremos completos!’. En Chile, en cambio, se le pone de inmediato parchecitos y paños a la herida para que no sangre”, dice.

Para Fernando, quien sigue en Austria también es necesario hablar del tema hoy, cuando el exilio vuelve a ocurrir: “Aquí han llegado miles de sirios refugiados por la situación que viven en su país.  No es fácil dejar el país de uno. Mucho menos si es por la fuerza. Hay gente que no lo entiende. Llevo más de 40 años viviendo en este país, tengo la nacionalidad y mis papeles al día, pago mis impuestos y, aun así, te hacen sentir extranjero. Aquí se dice ‘susch’ a los extranjeros. Es una palabra que viene de los yugoslavos, que ellos dicen ‘escucha’ y lo repiten mucho ‘escucha, escucha’. Algo así como el gringo. Te dicen así, pero en tono más despectivo. No entienden que el exilio es como que te echaran de tu casa sin tiempo de recoger tus cosas. Te vas con el timbre de que eres malo”. Fernando recuerda un día, ya pasado el bombardeo a La Moneda, que estaba jugando en el patio de su casa, cuando sintió un helicóptero volar. Al levantar la vista, vio que venía volando muy bajo y que al interior viajaba un militar apuntando con una metralleta. “No pasó nada”, aclara rápidamente, pero hasta el día de hoy, con 52 años y en otro continente, cada vez que oye un helicóptero volar, “debe” volver la vista y verificar que no sea nada.

È Vero!

Reportaje de título

Segunda generación en el extranjero

Exilio heredado

En Viena, hijos de exiliados chilenos han construido una red de apoyo a quienes, como ellos, cargan con los dolores transmitidos por sus padres, víctimas de la dictadura. Esta carga real, no es abordada por los países donde residen; ni por Chile, donde pareciera que el exilio es un tema ya superado.

Por Verónica Gutiérrez

Hace un par de años, los hermanos Fernando (52) y Marcela Gómez (53), hijos de exiliados chilenos en Austria, fueron a un asado que organizó la embajada para celebrar el 18 de septiembre en Viena. “Nos pusimos a conversar con más gente. Nos encontramos con algunos de los que militaban en el Partido Socialista conmigo cuando éramos niños y recordamos tantas historias. Quedamos de juntarnos otro día. Arrendamos un lugar, mandamos a los hijos a jugar a otro lado y después de un rato, comenzamos…

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ASÍ NOS HICIMOS INVISIBLES

ASÍ NOS HICIMOS INVISIBLES

ASÍ NOS HICIMOS INVISIBLES

Yo no fui un gran orador en el gobierno del Presidente Salvador Allende. Traté, eso sí, de marcar el espacio de mis amigos y compañeros de revuelta. Sí, nos tomamos el liceo, muchas veces nos tomamos el liceo, también dijimos que el socialismo era una forma de vida. Fidel Castro y sus extensos discursos nos llenaron la cabeza de frases y discursos que no dejaban dormir. Pinté con ayuda de mi hermano una muralla con el rostro del Ché en nuestra pieza, cuestión que a nuestros padres no le gustó mucho pero finalmente reconocieron nuestro derecho a pensar, en esa casa doña Silvia era demócrata cristiana y don Pablo masón y radical. Así crecimos pintando nuevamente el rostro del Ché, pero esta vez estaba acompañado de Fidel.

Habiendo pasado los años me pregunté, ¿por qué salíamos a marchar, por qué nos tomábamos el liceo? La única respuesta era saber que luchábamos por “un mundo mejor”. Como estudiantes no teníamos reivindicaciones propias, entonces nos tomábamos las reivindicaciones de los obreros, de los pobladores, de los campesinos, de los pueblos originarios. Salíamos de parranda a pocas cuadras de la casa y la mayoría estudiábamos a Carlos Marx y unos pocos a León Trotski o Mao.

Yo pertenezco a ese tropel de estudiantes que buscábamos apurar el proceso que encabezaba el Presidente Salvador Allende. Teníamos extensas reuniones de base. Éramos comunistas, éramos socialistas, éramos miristas, éramos también radicales. Cada uno defendía su bandera y su partido mientras la vida se definía como un futuro inacabable. Éramos felices. Sospecho que Allamand y sus huestes derechistas también eran felices. Él incluso se cambió de liceo para hacernos la collera, un niñito de liceo particular no se estilaba en la política estudiantil secundaria.

Eran tiempos de filas para comprar el pan, de debates en la micro, de risas en la fila, de expropiaciones, de Reforma Agraria. Detrás de aquella señora de chaqueta verde, esa que mira desconcertada, ahí, justo al lado del señor con gorro, ¡esa es mi tía Juana! Salió a comprar pan y no ha vuelto, si alguien reconoce a esa señora le solicito que le indique como salir de ese atolladero. Me llamó hace poco para preguntar si puedo ir a buscarla, pero yo estoy en Chile y no hay locomoción desde aquí, ahora está conversando con un policía para que le indique la salida… Me volvió a llamar para decirme que ya llega con el pan… Hay una cola muy larga, mijo, mejor espérame con pan amasado. Ella estaba exiliada, pero nosotros no supimos el drama que aquello significaba, la doña era antigua en este barrio pero un día se esfumó, se fue mientras nosotros tratábamos de terminar los estudios, mientras nos pasábamos papelitos con las tareas del periodo, mientras aun llorábamos y nos cambiábamos de nombre.
A los pocos meses o años se nos olvidó doña Juana, le preguntamos a la vecina Laura y al viejito del negocio, le preguntamos a los que eran de derecha en la población, le preguntamos a la hermana de un primo medio derechista, él nos habló nuevamente del exilio y nuevamente no entendimos. Mi hermano dijo que eran los que se iban al extranjero. Yo no le creí, me fui a la casa, revisé todos los cajones buscando alguna señal. Aquellos que continuamos en la tarea de hacer una revolución debimos protegernos las espaldas. Todos debimos cuidarnos, unos y otros nos sentamos en la misma mesa, en la misma calle donde acosaba el feroz persecutor. Por lo que sé, fueron muy pocos los que delataron alguna casa, alguna guarida, alguna información, pero me enamoré de una muchacha que tenía siempre la palabra correcta a la hora de bajar las manos.

Era martes, despertamos en una toma en Puente Alto. A lo lejos se escuchaban disparos. Todos estábamos rondando los veinte años. No había teléfono celular, por lo que optamos por cruzar el Río Maipo a pie, mojados hasta la cintura reímos de la salvada y nos tiramos al sol para secarnos. Nos abrazamos y decidimos enfilar cada uno a su casa.

Así comienza la guerra. Estudios interrumpidos, novias que bajaban la cara al vernos, las noticias llegaban de boca en boca. El General Prat nunca pensó en preparar una ofensiva contra nuestra resistencia, tampoco el Presidente Allende se suicidio. Era la clandestinidad, el caminar esperando una cara conocida, caminando con el temor de que desde un automóvil bajaran con metrallas. Fue larga la guerra. Aún recuerdo algunos de los nombres que usaba para sobrevivir. En una cajita de fósforos me llegó la noticia de que Esteban no aparecía, también que Roberto estaba prisionero en Cuatro Álamos, en Tres Álamos, en Ritoque, en Puchuncaví, en el Estadio Nacional, en los regimientos y cuarteles de Carabinero.

Estuvimos atentos a mensajes que se leían con un libro, descifrando línea por línea, palabra por palabras, letra por letra. A los pocos meses o años recordamos a doña Juana, estaba moribunda en Bélgica. No sabemos si la sepultamos en Chillán o en Madrid, ella siempre dijo que le gustaba viajar hasta Cartagena. Éramos fantasmas, éramos invisibles, éramos sujetos sospechosos, éramos de la Resistencia, éramos comunistas, éramos miristas y socialistas, éramos un puñado de cabezas duras. Nos reuníamos en las iglesias mientras las beatas rezaban y nos deseaban una parte del Espíritu Santo.

Donde estaba el muro con la imagen del Ché y Fidel hoy es una estación de Tren Metropolitano. A esta fecha no aparecen nuestros amigos que cayeron en manos del enemigo. Escribo esto porque mis hijos no me creen tanto riesgo. Escribo para sanarme de esa enfermedad que era el miedo, el terror y la esperanza. Me ilusiono con que alguna vez podamos encontrar a miles de amigos detenidos desaparecidos. Me ilusiono con poder traer los restos de doña Juana a Cartagena. Me ilusiono con una marcha multitudinaria de obreros en La Alameda.

Hace mucho tiempo que nadie me conoce como Alejandro. Me llamo Cristian. No soy rubio, estoy canoso, pero aún estoy atento del hombre ese que camina tras mis pasos. Esta vez no caigo en la encerrona. Lo que vino después de esta historia es para largo. Por lo pronto, debo reencontrarme con las palabras que nos robaron. Debo hacer el ejercicio de abrazar a mi vecino comunista, a mi pariente socialista y a un puñado de miristas que caminan observando de reojo al que viene tras sus pasos.

Aún nos queda mucho por hacer.

Tomado de: dilemas.cl

Por *Cristian Cottet

*

Cristian Cottet Villalobos

Cristian Cottet Villalobos (Santiago, 1955), Antropólogo de la Universidad Bolivariana. Posee estudios en Ingeniería Mecánica y Pedagogía Básica.

 

Libros publicados

–Amor y rebeldía; Ediciones Minga; Santiago de Chile, 1981 (poesía)

–Urbanidades; Ediciones Resurgence (Laussane, Suiza) / Taller el Sol (Santiago de Chile); 1983 (poesía)

–Chiloé, noventa días; Publicado por los Talleres Culturales de Castro; 1983 (poesía)

–Épica inconclusa; Ediciones FUNDECHI; Ancud, Chile; 1985 (poesía)

–La comunicación; Centro de Investigación Social; Santiago de Chile; 1985 (manual de medios de reproducción y comunicación)

–Proclama para anunciar un manifiesto de la épica; autoeditado; Santiago de Chile; 1985; poesía; complemento de intervención poética en Centro Cultural Mapocho

–Manifiesto un terrible descontento con ayer; autoeditado; Santiago de Chile; 1986 (poesía)

–Has recuperada nada; Mosquito Comunicaciones; Santiago de Chile; 1990 (poesía)

–Libro de hechos inevitables; Mosquito Comunicaciones; Santiago de Chile; 1996 (poesía)

–Interpretaciones y testimonios; Mosquito Comunicaciones; Santiago de Chile; 2002 (poesía)

–Carlos Sánchez: La razón de estar gay; Mosquito Comunicaciones; Santiago de Chile; 2005 (testimonio).

–¿Se atreve usted don Jano?; Mosquito Editores / Colección Crímenes Criollos; octubre 2009 (novela). Se terminó con la Beca de Creación del Consejo Nacional del Libro y la Lectura (1999).

Correo electrónico: cristiancottet@gmail.com 

Seminario Interdisciplinario Sobre Archivos en Chile. Londres 38

Londres 38 participa en Seminario Interdisciplinario Sobre Archivos en Chile

En el espacio, que contó con la presencia de invitados internacionales, Londres 38 planteó la necesidad de definir un marco legal sobre archivos y acceso a documentos que hoy se encuentran bajo secreto.

Publicado el 12 de junio de 2017
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Este 9 de junio se realizó la tercera versión del Seminario Interdisciplinario de Archivos en Chile, organizado por Archivo Fech, la Dibam y el Archivo Nacional, donde también participó Londres 38, a través de su coordinador de Archivo Digital, Juan René Maureira.

Bajo el título » «Del diálogo a la acción», el seminario contó con la presencia de expertos nacionales e internacionales, quienes compartieron también sus experiencias frente a distintos archivos, su uso, liberación y política en torno a su publicación.

Las temáticas abordadas fueron «Organización de Archivos de Derechos Humanos», a cargo de Stella Segado,quien fue directora del Archivo Nacional de la Memoria de Argentina, directora de Derechos Humanos del Ministerio de Defensa de Argentina y encargada de crear el Sistema de Archivos de la Defensa; «Valoración, selección y eliminación en los archivos», por parte de Norma Fenoglio, de la Escuela de Archivología de la Universidad Nacional de Córdoba; «Conservación y restauración en archivos», dictado por Gemma Contreras, Subdirectora del Instituto Valenciano de Conservación y Restauración de España; y «Didáctica y Educación de los archivos», dictado por Christophe Barret, Coordinador del Servicio Educativo de los Archivos Nacionales de Francia.

«El trabajo de archivos tiene relación con la memoria, la documentación de hechos que dan valor a la verdad y para encontrar justicia. El punto de partida del trabajo con archivos tiene que ver con la empatía con los usuarios, que son las víctimas o sus familias», señaló en su presentación Stella Segado.

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Segado contó los avances en administración y difusión de archivos clasificados, desde la creación de la CONADEP, en el gobierno de Raúl Alfonsín, con el objetivo de investigar casos de víctimas de la dictadura; hasta el gobierno de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, donde se creó y funcionó una política de liberación de archivos clasificados en el Ministerio de Defensa y otras reparticiones del Estado, archivos que fueron pruebas para muchas víctimas en juicios contra agentes de la represión y que hoy se encuentran abiertos a disposición de la ciudadanía, e incluso fondos completos digitalizados y subidos a internet en la plataforma «Archivos Abiertos«

La charla de Segado fue comentada por Patricia Huenuqueo del Archivo Nacional de Chile, quien se refirió, entre otras cosas a las dificultades que enfrentan en relación al secretismo y un marco legal débil que otorga pocas atribuciones y recursos para el tratamiento de archivos de derechos humanos; y Juan René Maureira, refiriéndose al trabajo de liberación de archivos clasificados de militares en la dictadura argentina y los aprendizajes y desafíos en Chile frente al mismo tema. Una de las diferencias que establecieron entre ambos países es que en Chile aún hay cientos de archivos secretos, a los que no se ha podido tener acceso, como los de la Comisión Valech, de la Colonia Dignidad, de las fuerzas armadas y policiales, y de agencias de inteligencia como la DINA y la CNI, tal como evidenció Londres 38 en su campaña «No Más Archivos Secretos«.

«El acceso a la información de la represión no solo es una herramienta para encontrar la verdad y la justicia, sino también para el ejercicio del derecho a la verdad y la memoria, para la construcción de un Estado democrático fundado no en el secretismo y la impunidad, sino en la transparencia, la verdad y la justicia.. Por eso es necesario avanzar a un marco legal estable sobre archivos de memoria y derechos humanos, que haga de su recuperación, conservación y difusión, una política permanente del Estado», comentó Juan René Maureira.

 

 

EL ARCHIVO FECH, LA DICTADURA Y LOS DERECHOS HUMANOS

 

 

Desde su fundación en 2008, el Archivo y Centro de Documentación de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (AFECH) ha mostrado un compromiso férreo con la defensa y promoción de los Derechos Humanos. Se trata de un asunto que no ha sido buscado de forma intencionada, sino que es ineludible, forzoso e inexcusable. Está en el nervio mismo de su cuerpo documental y, por lo mismo, forma parte de su identidad y de su valor como institución. El archivero francés Michel Duchein ha planteado que el Archivo es el corazón de las instituciones. En ese caso, los documentos del AFECH palpitan y en cada uno de sus latidos resuenan las luchas estudiantiles y los costos humanos y materiales que han sufrido por defender la vida y la libertad. Conjuntamente, han marcado el ritmo de su devenir y condicionado varias de sus iniciativas en sus seis años de existencia.

Originado como un proyecto estudiantil, la historia del AFECH representa un recorrido por recuperar y centralizar el patrimonio documental de los estudiantes de la Casa de Bello. Un material desperdigado y destruido producto del descuido y la inconsciencia, pero, principalmente, por los constantes ataques y las continuas destrucciones de sus diversas locaciones.

Cuatro momentos para ejemplificar. Primero. 21 de julio de 1920. Una turba de estudiantes conservadores y nacionalistas asoló el local de Ahumada 73. Hubo una quema pública de su biblioteca y de los archivos de las revistas Claridad y Juventud. También de su Imprenta. Segundo. 2 de abril de 1957. Fuerzas policiales ingresaron al local, rompieron las cañerías y desmantelaron una inundada casa de Alameda 341. Tercero. Julio de 1971. Un incendio provocado terminó con el local en llamas, el mismo que escogió Salvador Allende para proferir un discurso para celebrar su llegada a la Presidencia. Cuarto y final. El golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. La FECH clausurada y, más tarde, declarada ilegal.

Un Tánatos archivístico ha acechado históricamente la producción documental y patrimonial estudiantil. Así, la historia del Archivo FECH se puede caracterizar como un constante recabado de huellas, cuyo recorrido se orienta a contrapelo y en racconto a esa destrucción, desaparición y desperdigamiento al que lo ha querido destinar tantas veces la historia. He ahí el mayor valor de esta iniciativa. También, la de sus documentos recuperados en esta operación centrípeta. En Archivística, los archivos son una consecuencia inevitable de la actividad práctica de una institución. Sus documentos, entonces, materializan una serie de funciones y actividades de la FECH: los papeles están unidos y reflejan el actuar de la Federación. De ahí la posibilidad de recuperar las memorias e hilvanar las historias de sus protagonistas durante y después del golpe de 1973.

En su mayoría, los documentos del Archivo FECH evidencian la lucha estudiantil por democratizar la Universidad de Chile en un contexto de represión e intervención militar y, también, sus intentos infructuosos y exitosos por fomentar y hacer respetar los Derechos Humanos: a la vida, a la libertad y al de asociarse libremente.

Después del 11 de septiembre de 1973, el régimen militar clausuró la Federación. En su reemplazo se estableció la Federación de Centros de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECECH). En 1976-77,  apareció la ACU: la Agrupación Cultural Universitaria, organización de estudiantes que, por medio del arte y la cultura, intentó suplir su ausencia y trató de hacer Universidad en las peores condiciones.

En 1979, en un congreso clandestino se restableció la Federación, compitiendo de forma paralela con la organización oficialista. En 1984, tras largas luchas y dolorosas muertes, los estudiantes lograron recuperar la institución de los embates de la dictadura. Durante esa década, la FECH se dirigió críticamente contra las políticas educacionales de Pinochet, al punto de que en 1987 logró convocar a un paro general de dos meses contra el rector designado José Luis Federici.

Estas y otras acciones le han dado sentido y marcado el rumbo de varias de nuestras iniciativas. Primero, al intento de organizar y digitalizar la Colección de Derechos Humanos. Se trata de cerca de 700 documentos que oscilan entre 1976 y 1984. Además de permitir reconstruir las historias mencionadas más arriba, incluyen las listas de detenidos y diversos recursos de amparo. También, cartas de solidaridad nacional e internacional producto de la persecución a diversos líderes estudiantiles. Contiene, además, la querella interpuesta a Pinochet por la FECH en 1998. En ella es posible de ver el proceso de construcción del libelo y la persecución contra 75 alumnos que terminaron como detenidos desaparecidos y una información sumaria sobre su desaparición.

Segunda iniciativa. Como registrar y archivar era peligroso, los documentos recuperados han sido pocos y escuetos: vacío y silencio. Con la finalidad de paliar esa situación se origina el Archivo Oral y Audiovisual de las Memorias Estudiantiles. Nos percatamos que cada estudiante es un potencial documento: un soporte de información que aglutina vivencias y experiencias. Así lo experimentamos en nuestros encuentros, donde las diversas generaciones de estudiantes de la Universidad de Chile generan un diálogo. Por lo mismo, hemos buscado a los testigos para provocar el registro y archivar su memoria, transformando el silencio de los papeles en la voz de sus protagonistas.

Ambas iniciativas nos han vinculado con otras instituciones afines. De ahí nuestra participación en la Red de Archivos de Memoria y los Derechos Humanos, instancia colaborativa y de reflexión donde sus miembros reconocemos los archivos como herramientas de importancia radical para elaborar políticas de memoria. El Archivo se torna, así, en un espacio pedagógico: sus documentos posibilitan elaborar narrativas con potencial educativo y ejemplificador sobre la promoción y defensa irrestricta de los Derechos Humanos. Se refuerza, además, su calidad de repositorios de evidencias jurídicas, cuyos documentos son claves para la apertura y/o avance de litigios para alcanzar la verdad y la justicia.

 Archivo de Memoria y de los Derechos Humanos, el Archivo FECH ha colaborado activamente con el Colectivo Patricio Manzano, agrupación de estudiantes de la generación de los 80, quienes no han descansado por  reconstruir las circunstancias de la muerte del estudiante de Ingeniería Patricio Manzano en los Trabajos Voluntarios de Aconcagua 1985, primer mártir de la FECH democrática. Y, también, por clamar justicia. Celebramos la apertura del caso judicial contra Alberto Cardemil y, también, expresamos nuestra profunda felicidad y un enorme agradecimiento por el libro (próximo a ser publicado) de Marcela Campos, integrante del Colectivo, que indaga sobre los luctuosos sucesos que llevaron al fallecimiento de Patricio Manzano.

Actos y no gestos. Escrituras que son fundamentales para mantener viva la historia de la FECH y tomar conciencia de los costos humanos y sociales que enfrentó una generación universitaria para recuperar de la dictadura a la misma institución que hoy está intentado ser deslegitimada. Pato Manzano es uno. Faltan más. Como Archivo FECH hemos querido contribuir a saldar la deuda que tiene la Universidad de Chile con su memoria. Sin embargo aún falta sistematizar la información que está desperdigada en los diversos repositorios de la Universidad. Escasea un trabajo en conjunto. Un esfuerzo archivístico mancomunado y decidido. Falta una voluntad global de la Universidad con un proyecto íntegro a largo plazo donde realmente exista un reconocimiento de lo sucedido y, a la vez, una investigación al respecto que permita saldar esa deuda tanto con los docentes exonerados, como con los estudiantes en Dictadura.

El 17 de septiembre de 1843, en el discurso de instalación de la Universidad de Chile, Andrés Bello, su primer Rector, planteaba el rol que debía cumplir esta institución en su relación con la sociedad y el país. “Será como un cuerpo eminentemente expansivo y propagador”, declaró. Con la dictadura de Pinochet, este cuerpo recibió una herida que no ha cicatrizado y cuyo impacto y profundidad aún falta aquilatar. Mutilado su cerebro por la fuga de académicos y, también, por el asesinato y persecución de varios estudiantes. Mutilado su corazón y su espíritu en cuanto, desde entonces, se impuso una nueva idea de Universidad, de cultura, de arte y de país.

Claudio Ogass Bilbao

Director y Archivero

Leonardo Cisternas

Coordinador de Investigación y Extensión

Finalmente presentamos un documental, desarrollado en el marco de un proyecto financiado por la Universidad de Chile, que buscaba la creación del primer Archivo de Memoria Oral del Movimiento Estudiantil, mediante el registro de 7 testimonios que relataron su experiencia en una Universidad intervenida por los rectores designados durante la Dictadura cívico-militar.

El eje central del documental estuvo puesto en la Recuperación de la FECH entre 1976 y 1984, preguntándonos ¿Es válido interrogar desde el presente al movimiento estudiantil durante la Dictadura cívico-militar?  ¿Cuáles son las memorias que subyacen del recuerdo individual y colectivo de diversos momentos y espacios? ¿Qué se ha escrito y cómo han mirado y/o leído el rol que cumplieron los hijos de Bello en la lucha por la democratización interna y externa?

Las entrevistas apuntaron, precisamente, a revelar estas preguntas, interrogando e intencionando la fuente. A continuación los invitamos a visualizar nuestro documental que refleja uno de los periodos más duros del movimiento estudiantil de la Universidad de Chile.

Documental sobre la Recuperación de la FECH: de la ACU a la FECH

 

En la actualidad, la Red está conformada por las siguientes instituciones:

Sol, nieve y nostalgia.

Origen: Sol, nieve y nostalgia.

Sol, nieve y nostalgia
Rossana Cárcamo Serey
De madrugada me atacó la nostalgia y no pude sacarla de mi lecho. Me susurraba al oído canciones añejas y trasnochadas; me decía que las cosas han cambiado, que los amigos crecieron y se hicieron padres de familia y profesionales y que mis tías y tíos van acumulando arrugas y achaques, sin poder hacerles el quite.
Me contaba un poco avergonzada que no le gusta molestarme, pero se siente bien cuando la dejo abierta una rendija para acurrucarse en mi pecho.
Ella está convencida que su calor derrite la escarcha del jardín y que su respiración ahuyenta al viento gélido de Europa.
Me pedía que no la dejara morir, porque si lo hacía, nada tendría sentido.

Necesito el olor a tierra mojada, a vereda húmeda en tarde de primavera.
Me es urgente recorrer las calles que sólo he pisado en sueños estos últimos años.
Mi vista escudriña en cada recodo de la memoria algún detalle nuevo, alguna sorpresa para empezar el día.
Intento suplir las imágenes perdidas con fotos virtuales, pero el espejismo desaparece cuando toco la pantalla del ordenador
Por momentos, el sol que asoma y juega entre las nubes, me hace volver a la adolescencia y una sonrisa se dibuja entonces, frente al cristal de la ventana.

Entre la querencia y yo hemos firmado un pacto de no agresión, yo no le cierro el paso y ella me suministra esa cuota de valor, para no olvidar.

Diecisiete años duró la dictadura y dieciocho años lleva la Concertación sin hacer esfuerzo alguno, para que los chilenos obligados al destierro puedan volver.
Es cierto, yo no he sido nunca una exiliada, jamás me he considerado así, porque nadie me expulsó del país, pero no puedo condenar a mi hijo a vivir lejos de su padre.
El amor me trajo a tierras lejanas y aunque apagué la flama por voluntad propia, no puedo castigar al fruto de tal unión con un retorno anticipado.
A veces me sale la amargura de la derrota, la pena por esa alegría que creí llegaría para todos y que sólo ha tocado a unos cuantos que cambiaron vestiduras.

Cae el polvo de nieve y mis ideas tienden a congelarse.
El crepúsculo avanza y sé que debo comer, estudiar y estar con los míos, pero me aferro al teclado en un acto de rebeldía.
No hay caso, sigo siendo una niña en un cuerpo de cuarenta años.

Sol, Nieve y Nostalgia

Film acerca dictadura,exilio, desaparición forzada.“Te extraño, hermano”.

Film acerca dictadura,exilio, desaparición forzada.“Te extraño, hermano”.

 

TE Extraño.

 

La película Te extraño (2010), del director argentino Fabián Hoffman, puede interpretarse como un relato de formación. El filme narra la historia de Javier, un adolescente de 15 años que vive con su familia en Argentina. Luego de la desaparición Adrián (hermano de Javier y militante del grupo Montoneros) Javier es enviado a vivir a México. Es en el exilio y en el subsecuente regreso a su país donde el protagonista vivirá la transición de la adolescencia a la madurez.

 

Una de las características principales de las narrativas de formación es que son contadas desde una perspectiva personal. Así, el filme de Hoffman no pretende explicar las razones del golpe de estado o de la dictadura. Tampoco explora los motivos políticos e históricos del conflicto, pues como bien ha señalado el director en diversas entrevistas, el objetivo de la cinta era indagar cómo un adolescente vive dichos momentos de crisis política. Lo que interesa es mirar el impacto de la desaparición forzada y el exilio en el protagonista; es decir, observar a través de sus ojos. Por este motivo la película se centra en cómo estos hechos llevan a Javier configurar su identidad y a elegir un lugar dentro del mundo.

 

Debido a esta perspectiva íntima la película se desarrolla casi enteramente en un ambiente familiar. Abundan escenas en espacios cotidianos que nos recuerdan a nuestra vida durante la adolescencia: cenas y días de campo con nuestros padres, conversaciones en el comedor o en nuestra habitación; el viaje de la casa a la escuela y viceversa. Además, durante toda la película (a excepción del final) no se utiliza música para ambientar las escenas. Por el contrario, hay un énfasis en los sonidos que provienen de objetos ordinarios, como la televisión, la radio, los carros, un abanico, un reloj, personas cocinando y demás. Este uso de los sonidos crea una narración aún más íntima y subjetiva, como corresponde a este tipo de historias.

 

Es importante recalcar que la desaparición de Adrián es el motor de la narración fílmica, es decir, aquello que detona el movimiento exterior e interior del protagonista. Por un lado, la desaparición traslada a Javier de Argentina a México y lo transforma de un adolescente común a un exiliado. Por otro, lo reta a tomar una posición ante la tragedia familiar y el contexto político de su país. ¿Qué significa quedarse en México o regresar a Argentina? ¿Cuál es la mejor forma de recordar a su hermano? ¿Debería dejar atrás la muerte de Adrián y continuar con su vida? ¿O debería regresar a casa y vivir bajo la dictadura? México y Argentina se convierten así en algo más que lugares en el espacio. Son la representación de las decisiones que Javier debe tomar respecto a la dictadura, a la familia y a la memoria de su hermano desaparecido.

 

Estas preguntas que surgen ante Javier, y que suponen tomar una decisión, no podrían originarse antes de la desaparición de Adrián. Como otros protagonistas de los relatos de formación, Javier se encontraba resguardado en un ambiente conocido, en donde no era necesario adoptar una postura ante la sociedad. Por lo tanto, no tenía un participación importante dentro de la política o la vida familiar. Su vida, la de un estudiante y un adolescente cualquiera, se limitaba a asistir al colegio y ayudar en la casa.

 

Podemos ver esto en dos escenas que se repiten en el filme. En una, Javier le pide a su padre de las llaves de la quinta de la familia (a petición de Adrián), a lo que el padre responde negativamente. Después de esto vemos a Javier lavando los trastes, solo y dando la espalda a la cámara. En otra escena, ya en la quinta familiar, Adrián y otros miembros de Montoneros tienen una junta para discutir acciones políticas. Javier quiere escuchar y se mantiene cerca del grupo. Sin embargo, un miembro le cierra la puerta en la cara, por lo que queda fuera de la conversación. Javier de nuevo es relegado a la cocina y podemos verlo de espaldas, preparando la comida para los guerrilleros. Así pues, el lugar de Javier como estudiante y adolescente (un lugar secundario y menos activo) se resalta. No obstante, Javier ya muestran ciertos rasgos de individualidad antes de partir a México . Además de ser bastante inteligente (como es usual en los protagonistas del bildungsroman) realiza acciones rebeldes como pintar las paredes de su colegio o explotar una caja con volantes.

 

De acuerdo al género de los relatos de formación, la búsqueda de una voz propia y de la identidad siempre suponen un alejamiento de los modelos establecidos, representados ya sea por los padres o por la sociedad. Así, Javier se encuentra solo en México y debe enfrentar ese nuevo mundo por su propia cuenta, pues ya no están sus padres ni su hermano para guiarlo. Esta búsqueda de identidad genera soledad y ensimismamiento (que a la vez son intrínsecos en el paso de la adolescencia a la madurez). Por este motivo es usual ver a Javier caminando solo por la calles de la Ciudad de México, tocando las paredes con la mano y mirando hacia abajo. En otras escenas lo observamos acostado en la cama, con una mirada pensativa y absorta. Y aunque haya otros personajes que acompañan a Javier durante su estancia en el Distrito Federal, las decisiones que debe tomar le corresponden a él. Así, aunque acompañado, Javier se encuentra siempre solo.

 

En una charla con Fabián Hoffman en la Cineteca Nacional, el director comenta el porqué detrás del título de su película. A muchos les llamaba la atención un nombre tan íntimo (Te extraño) para una película contextualizada en la dictadura. La razón es que es un sentimiento tan humano (en palabras de Hoffman, tan llano), que surge a partir de la desaparición forzada. De acuerdo el director el título nos dice: “Te extraño, hermano”. Como lo han señalado diversos estudios, la desaparición de un ser querido es un evento traumático que no permite realizar un proceso de duelo. Al no saber qué sucedió con la persona amada, los familiares y amigos viven una desesperación constante. Javier también vive esta situación, que se representa en la película mediante un entrelazamiento de espacios y recuerdos. A pesar de estar en su habitación en México, Javier puede oír los ruidos de cuando compartía el cuarto con su hermano. Asimismo, confunde a desconocidos que caminan por la ciudad con Adrián. Los recuerdos regresan a pesar de la distancia, pues la desaparición no se puede borrar ni olvidar. Cambiar de espacio puede significar cambiar de vida, pero hay ciertos eventos imposibles de dejar atrás.

 

Por este motivo, luego de pasar casi un año en México, y de tener una fuerte discusión con dos guerrilleros y amigos de Adrián, Javier decide regresar a Argentina. Es este regreso el que nos permite ver los cambios internos que ha vivido y la identidad que ha formado a partir de su exilio y la desaparición de su hermano. Ya abordo del avión que lo llevará a casa, Javier decide brindar con una mujer que está sentada al lado suyo. Al mencionar que tiene un hermano desaparecido,la mujer le voltea la cara inmediatamente y deja de conversar con él. Este gesto de reconocimiento ante la desaparición forzada nos indica que Javier no ha olvidado la memoria de su hermano. Asimismo, es una acción personal que resiste el estigma de la militancia que caería sobre los guerrilleros desaparecidos a lo largo de la dictadura. Otro gesto importante es que Javier es el único miembro de la familia capaz de decirle a la abuela que Adrián está desaparecido. Ante el secretismo de sus padres, que solo podría traer más dolor a la familia, Javier mira a su abuela a los ojos, y a pesar de que va a romperle el corazón, le dice la verdad que tiene derecho a saber: Adrián ya no está.

 

Pasar de la adolescencia a la madurez no es un proceso sencillo, especialmente si se vive en contextos tan convulsos como una dictadura. No obstante, tanto en los relatos de formación como en la vida misma, es necesario forjar una identidad con la cual encarar al mundo. El viaje interior y geográfico de Javier en Te extraño ilustran perfectamente las palabras de su director: “lo más importante en la vida es tener una voz propia”. Hoffman, como familiar de un desaparecido y como exiliado, explora a profundidad aquellos momentos que nos convierten en lo que somos: las heridas de las cuales surgimos y las personas a las que nunca podremos olvidar.

En la página de la Cineteca NACIONAL DE México se exhibió este film cuya reseña explica que

Te extraño (México-Argentina, 2010), segundo filme del realizador Fabián Hofman, es el título que inaugura la Colección Cineteca y el primer DVD de producción nacional editado por esta institución a lo largo de su historia. Así mismo es la primera producción mexicana de la cual la Cineteca Nacional adquiere los derechos de exhibición, reafirmando su compromiso con la difusión del cine nacional.

Presentada mundialmente en la Berlinale 2010 y exhibida con éxito en el 30 Foro Internacional de la Cineteca Nacional, la cinta narra, a partir de la estrecha relación de un par de hermanos adolescentes, el vacío que deja la desaparición del mayor en la vida del menor, todo ello enmarcado en el contexto político turbulento que atravesaba la Argentina en la década de los setenta.

Fabián Hofman, quien fue durante una década Director Académico del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), explora en Te extraño la ausencia, el exilio, el desarraigo y la impotencia para construir una historia que privilegia la dimensión íntima, privada, sobre el entorno político, que aún sin perder su poder, se convierte en el telón de fondo de una trama donde el amor fraternal es protagonista. Se trata de un filme sobre la madurez, la pérdida y el modo en que un adolescente lidia con ella.

El filme ha participado en numerosos festivales internacionales, entre ellos en el Festival Internacional de Seattle (EUA, junio/2010), en el San Francisco Jewish (EUA, julio/2010) y recientemente en el Festival Internacional de Montreal (Canadá, septiembre/2010). Asimismo está confirmada su exhibición en el Festival de Río de Janeiro (Brasil, octubre/2010) y en el Festival Internacional de Chicago (EUA, octubre/2010), entre otros.

Te extraño (México-Argentina, 2010), segundo filme del realizador Fabián Hofman, es el título que inaugura la Colección Cineteca y el primer DVD de producción nacional editado por esta institución a lo largo de su historia. Así mismo es la primera producción mexicana de la cual la Cineteca Nacional adquiere los derechos de exhibición, reafirmando su compromiso con la difusión del cine nacional.

Presentada mundialmente en la Berlinale 2010 y exhibida con éxito en el 30 Foro Internacional de la Cineteca Nacional, la cinta narra, a partir de la estrecha relación de un par de hermanos adolescentes, el vacío que deja la desaparición del mayor en la vida del menor, todo ello enmarcado en el contexto político turbulento que atravesaba la Argentina en la década de los setenta.

Fabián Hofman, quien fue durante una década Director Académico del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), explora en Te extraño la ausencia, el exilio, el desarraigo y la impotencia para construir una historia que privilegia la dimensión íntima, privada, sobre el entorno político, que aún sin perder su poder, se convierte en el telón de fondo de una trama donde el amor fraternal es protagonista. Se trata de un filme sobre la madurez, la pérdida y el modo en que un adolescente lidia con ella.

El filme ha participado en numerosos festivales internacionales, entre ellos en el Festival Internacional de Seattle (EUA, junio/2010), en el San Francisco Jewish (EUA, julio/2010) y recientemente en el Festival Internacional de Montreal (Canadá, septiembre/2010). Asimismo está confirmada su exhibición en el Festival de Río de Janeiro (Brasil, octubre/2010) y en el Festival Internacional de Chicago (EUA, octubre/2010), entre otros.