“Mi vida con Carlos”.la búsqueda personal, por parte del hijo, de la memoria de su padre asesinado

“Mi vida con Carlos”.la búsqueda personal, por parte del hijo, de la memoria de su padre asesinado

SINOPSIS En 1973, el abogado y periodista Carlos Berger fue asesinado por el régimen de Pinochet. En tres días, 75 presos políticos fueron «secuestrados, torturados y ejecutados y, en muchos casos, sus cuerpos desaparecieron; como en el caso de mi padre». Germán Berger, el hijo, no ha sabido mucho de su padre, el cual murió antes de que él cumpliera un año de edad. La familia sólo hablaba de Carlos como un icono político, nunca como persona, como un hermano, un esposo o un humanista. “Mi vida con Carlos” es la búsqueda personal, por parte del hijo, de la memoria de su padre asesinado, revisando y revalorando la reciente historia y el presente de Chile a través de las vidas de una familia concreta. Es la historia de un drama familiar que refleja el drama de todo un país. El documental fue estrenado el 2010 en Festival Internacional de Documentales de Santiago, Fidocs.

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Exilio Heredado

Exilio Heredado

Exilio heredado´

En Viena, hijos de exiliados chilenos han construido una red de apoyo a quienes, como ellos, cargan con los dolores transmitidos por sus padres, víctimas de la dictadura. Esta carga real, no es abordada por los países donde residen; ni por Chile, donde pareciera que el exilio es un tema ya superado.

Por Verónica Gutiérrez

Hace un par de años, los hermanos Fernando (52) y Marcela Gómez (53), hijos de exiliados chilenos en Austria, fueron a un asado que organizó la embajada para celebrar el 18 de septiembre en Viena. “Nos pusimos a conversar con más gente. Nos encontramos con algunos de los que militaban en el Partido Socialista conmigo cuando éramos niños y recordamos tantas historias. Quedamos de juntarnos otro día. Arrendamos un lugar, mandamos a los hijos a jugar a otro lado y después de un rato, comenzamos a hablar sobre qué significaba el exilio para nosotros”, relata Marcela, hoy sicóloga. Recuerda que algunos trataban de sacar lo positivo de su experiencia, pero que ella fue rotunda en criticarla: “Me paré y dije ‘me carga el exilio, nunca quise esto para mí’”.

Marcela y Fernando, terapeuta ocupacional, comenzaron a organizar terapias grupales en Viena. “No nos imaginamos que iba a llegar tanta gente. Éramos cerca de 50 personas en el primer encuentro”. Fueron terapias grupales una vez a la semana por espacio de dos meses y el último fue un congreso. A este último llegó gente de Alemania, distintas ciudades de Austria, Francia y Finlandia. En estas terapias, trabajaron con el método de constelaciones familiares.

La sicóloga Astrid Becks (32), radicada en Austria, explica este método: “Es una técnica psicoterapéutica que busca elaborar y/o sanar problemas familiares.  Se da en un contexto de taller, donde asisten varias personas, que no necesariamente se conocen. El terapeuta “constela” a una persona en particular del público, es decir, esta trae un motivo de consulta y debe elegir al azar y del público a quienes representarán a los integrantes de su familia. Estos “curiosamente” suelen decir o actuar de la misma forma que los familiares reales (es un fenómeno que nadie puede explicar). En esa dinámica van saliendo temáticas, problemas, conflictos, traumas que normalmente no se han hablado en la familia. En mi experiencia personal y terapéutica, es una de las técnicas más potentes y sanadoras que existen. Una constelación familiar equivale a muchas sesiones terapéuticas individuales. Es muy intenso, emocional, vivencial y potente”.

Marcela Gómez ha hecho varios trabajos, tanto en Chile como en Austria y en otros países, para ayudar a exiliados. En la mayoría de ellos trabaja con el método de constelaciones familiares. Uno de ellos fue un taller llamado “Ven-seremos”, un juego de palabras que relacionaba a los hijos con la lucha de sus padres y una invitación a descubrir la identidad de las segundas generaciones. Este taller lo hizo en 2003 junto a otra sicóloga a raíz de los 30 años del golpe. En 2010, la invitaron a Alemania a hacer un taller llamado “Los países que hay en mí”, donde trataron, entre otras cosas, la falta del sentimiento de pertenencia a una patria. Otro taller que realizó en Austria se llamó “Rexilientes”, una mezcla entre resiliencia y exilio.

Marcela y Fernando Gómez concuerdan en que fue necesario hacer estas terapias, en primera instancia, para poder ellos mismos avanzar y seguir con sus vidas. “Uno tiene rabia, llora, grita, lo pasa mal, todo para después por fin estar bien”, dice Fernando. Con estas terapias y constelaciones familiares que practican con otros exiliados, han detenido el traspaso de traumas a terceras generaciones. Una vez resuelto esto, recién pudieron empezar a tratar a aquellos de la primera generación de exiliados, que hasta el momento no habían recibido apoyo psicológico por lo ocurrido en Chile.

Marcela García (40), socióloga e hija de exiliados chilenos radicados en Francia, realiza estudios de género relacionados con el exilio chileno. “Afuera se escrito muchísimo sobre el tema”, recalca.

Los hijos de exiliados políticos desarrollaron traumas durante este tiempo, que algunos no han sabido resolver incluso hasta el día de hoy. Hay varios traumas principales que se observan tanto en el caso del exilio chileno como de otros países, comenta Marcela Gómez, quien ha trabajado con inmigrantes chechenos, latinos y actualmente con refugiados sirios llegados a Austria. Los principales y los que más se repiten son el sentimiento de desarraigo, de pertenecen a ningún país o cultura; a sensación de responsabilidad por Chile, un país que varios de los hijos de exiliados no conocieron hasta más grandes; parentificación, el cambio de rol entre padres e hijos; y problemas de integración.

Ni de aquí ni de allá

Los hijos de exiliados tienen en común un fuerte sentimiento de desarraigo. No se sienten chilenos, porque han pasado la mayor parte de su vida en el extranjero, pero tampoco se sienten parte del país que acogió a sus padres, porque en sus casas no los incentivaron a adoptar la cultura del país donde llegaron. “Ya vamos a volver” repetían sus padres. La mayoría de los exiliados creía que la dictadura duraría solo un par de meses o como máximo dos años. Es por esto que en muchas familias, no se desarmaron las maletas, ni se esforzaron por integrarse.

Leticia Bialoskorski (34) ha vivido la mayor parte de su vida en Holanda. Su padre es exiliado chileno y su madre es holandesa. En total, no ha estado más de seis meses en Chile, pero siente que su cultura es chilena. “He vivido por tres años en Alemania ya. Estoy un poco confundida sobre mi cultura. Definitivamente soy holandesa, pero también me siento una ciudadana del mundo. Creo que tengo más de chilena que de alemana. Es algo que llevo en mi ADN”, explica.

El caso de José Vivallo (28) también llama la atención. Su hermano mayor nació en Suecia y llegó a Chile a los 10 años. Con 38 años, ha vivido la mitad de su vida en Chile y la otra mitad en Europa, pero se siente más europeo que chileno. De todas maneras, cuando se le pregunta de dónde se considera, contesta con un “soy ciudadano del mundo”. José nació mientras sus padres seguían en el exilio, pero retornó cuando apenas tenía 8 meses de vida. Él se considera chileno.

Marcela García fue apátrida hasta los 9 años. En Chile existen tres formas de adquirir la nacionalidad: nace en el territorio, ser hijo de chileno o recibir la nacionalidad por gracia. Marcela nació en Francia. Sus padres residían con pasaporte de refugiados. Por este motivo ella no pudo acceder a la nacionalidad francesa. Tampoco se podían acercar a la embajada chilena por el susto que esto le provocaba a su familia. Cuando se le pregunta si se siente chilena, afirma: “Soy lo más antinacionalista que pueda haber. Me importa más la persona que el país. Siento que soy más hija del exilio que francesa o chilena. Creo que tengo de ambas naciones y que no tendría por qué decidir. De todas formas, en Chile voy a ser considerada más francesa que chilena y en Francia, al revés”.

Loreto Caro (46), guionista e hija de exiliados chilenos, nació en Chile, pero a los cinco años se fue a Iowa con su familia. A los dos años se trasladaron a Boston. “Se juntaban todos los 18 de septiembre, todas las fiestas se celebraban en grupo. Esa fue la primera vez que tuve noción de que venía de otro lado, cuando nos juntábamos con esa gente que supuestamente era de Chile. Yo me juraba gringa, me juraba estadounidense”. Además, ella explica que muchos niños, cuando viven grandes traumas, tienen regresiones. Esto es lo que le ocurrió a ella. “Cuando llegamos, mi hermano y yo tuvimos que volver a usar pañales, incluso de día”.

Aunque no sienten que son de un lugar, la mayoría de ellos nunca se sintió exiliado. Ricardo Párvex (65) estuvo en varios centros de detención en Santiago y en la Quinta región. El año 74 salió del país en dirección a Francia junto a su esposa y con su hijo, que en ese entonces tenía solo 2 años. “El otro día hablábamos con mi hijo y me comentó que él nunca se ha sentido exiliado”, aclara. Marcela Gómez también recalca ese punto: “Yo no soy la exiliada, era a mi padre al que buscaban, no a mí. Yo tenía solo 11 años”.

El caso de los hermanos Gómez es distinto. Ellos nacieron en Chile y tuvieron que adaptarse a la nueva cultura. Apenas llegaron a Viena, los ubicaron con su familia en una vivienda social y a los niños les encontraron lugar en colegios. “Te ponían en cualquier curso. Éramos los pobrecitos. No entendíamos nada. Nos dejaban ahí, donde hablaban en un idioma que jamás habíamos escuchado, y no nos ayudaron a integrarnos. A las semanas ya no queríamos ir al colegio. Los papás nos obligaban y nos repetían: ’Ya vamos a volver, no importa’”, recuerda Fernando, quien en esa época tenía solo 10 años. Fue la repetición de ese mantra lo que llevó a que muchas familias no hicieran esfuerzos por adaptarse al nuevo país. Además, como los adultos militaban para poder colaborar con la situación en Chile, se juntaban entre chilenos y hablaban en su idioma. En muchos casos, ellos no necesitaron cambiar su estilo de vida, a diferencia de sus hijos que sí debieron integrarse para sobrevivir.

“Tú ibas a la casa de los otros ‘tíos’ y eran todas muy parecidas. Con plaquitas de cobre, con fotos de Allende, con una forma muy semejante”, recuerda Marcela García, quien hizo un extenso estudio sobre mujeres exiliadas en Francia. Sobre esa investigación, ella concluye que, en general, eran los hombres los que insistían con la idea de volver y se quedaban estancados en una época, con la idea fija de ayudar a Chile y continuar con la militancia, mientras las mujeres intentaban buscar trabajo y comenzar una nueva vida. “Tu ibas a casas y en muchas se veían las maletas hechas. No las querían desarmar por esta idea del ‘ya vamos a volver’. A los hombres esto les afectó de una manera diferente. Era como si se hubieran congelado en el tiempo. Usaban la misma ropa que en los años 70, tenían una imagen idealizada de Chile”, explica Marcela García.

Los hijos y los tíos

Al salir abruptamente del país, los roles familiares se modificaron. Muchos llegaron a lugares junto con otros chilenos. Estos se agruparon e hicieron colonias muy unidas. Al cortar lazos con la familia de forma tan abrupta, dentro de los grupos de exiliados, cada uno tomaba un rol. “Todos eran las tías y los tíos”, recuerda Marcela García. “Me acuerdo que había señoras mayores que hacían de abuelas. Yo no conocía a mis abuelos. En mi casa, además de las típicas placas de cobre de la Violeta Parra y de Pablo Neruda, teníamos una foto con el último discurso de Allende. No sé de dónde saqué la idea de que él era mi abuelo”.

Uno de los traumas principales es la parentificación o parentalización, cuando los niños se hacen responsables por sus padres y cambian de roles. Marcela Gómez, sicóloga radicada en Austria, explica cómo fue para ella: “Hay una inversión de los roles: una parentificación. Eso nosotros lo veíamos como algo negativo”. Esto ocurre en particular en aquellos países que hablan otro idioma. “Los niños aprendemos el idioma extranjero muy rápido. Empiezan a ser los traductores de sus padres. De grande, mi mamá me explicó, porque de chica no me di cuenta, pero a veces mi papá me hacía leer textos o cartas que llegaban. Yo pensaba que era un ejercicio para practicar mi español, pero en verdad le estaba ayudando con cosas que él no entendía”, recuerda Marcela García.

García, a través de sus estudios, también pudo observar cómo era la relación de pareja entre exiliados. Las parejas que ya estaban consolidadas antes de salir del país, tendieron a permanecer unidas. En el caso de las parejas que se unieron apresuradamente por la urgencia de la época, esas tendieron a separarse posteriormente. Es lo que ocurrió con sus propios padres, quienes se conocieron mientras su padre estaba detenido y su madre visitaba a su primo preso.

Quién es el culpable

“Al principio, los exiliados se dividieron. Se echaban la culpa unos a otros de quiénes eran los responsables del golpe”, explica Fernando Gómez. “En aquellos tiempos, desde Moscú, se transmitía ‘Escucha Chile’, que llegaba a las 12 de la noche a Viena. Tanto mis padres como nosotros nos quedábamos escuchando lo que pasaba en Chile. Escuchábamos que estaban deteniendo gente, estaban torturando, estaban matando. Ahí mismo te ponías a planificar actividades para solidarizar con Chile. Toda nuestra vida, toda nuestra juventud la pasamos en Viena, pero pensando en cómo era estar viviendo en Chile, cómo concientizar al pueblo austríaco para que nos ayudara a botar a Pinochet. Yo con 11 años, entré a militar al Partido Comunista. Como primera instancia tienes a tu padre o madre como imagen. En mi caso, había una mina tan rica, que dije, ‘¡metámonos!’”.

Su hermana, Marcela Gómez también recuerda esa época. “Todo era por Chile, aprendí a bailar cueca, me metí en grupos de baile, hacer fundaciones para ayudar a Chile, escuchar la música. Es algo que nadie te quita. Uno era representante de su cultura, del origen de sus padres. Los que no lograron entender que los padres lucharon por una causa, comenzaron a encararlos: ‘Por tu culpa vivimos esto’”. “A esa edad uno no quiere estar militando obligado, uno se quiere ir de fiesta o hacer otras cosas”, explica Fernando.

“Mi caso fue bastante especial”, añade Marcela García. “Nosotros vivíamos en un pueblito cerca de París, pero no había chilenos. Mi papá viajaba mucho a París y a veces nos llevaba con él a sus reuniones y actividades del partido, pero creo que por eso que no entré a militar. De todas formas, eres banderita. La gente te pregunta qué ocurre en Chile y tú tienes que saber. Yo tenía como 9 años y respondía que en Chile había una dictadura, que estaba muriendo gente”.

Después de la lluvia, no siempre sale el sol

Aquellos que retornaron al país, pudieron acceder a múltiples beneficios e indemnizaciones que ofrecía el gobierno para reparar el daño de alguna manera. Algunos de estos beneficios son acceso a salud gratuito, becas de estudios para segundas generaciones, tratamientos sicológicos y terapias físicas para los que fueron torturados, una pensión de reparación, entre otros.

El Instituto de Derechos Humanos tiene por cifra oficial 200 mil exiliados durante la dictadura. Los archivos de la Vicaría de la Solidaridad del Arzobispado de Santiago hablan de 1.675.000 personas. La diferencia se da porque esta cifra considera también a las 530 mil personas que vivían en el extranjero en “situación irregular”, a las familias de los buscados, y aquellos que salieron con visas de turistas, estudiantil o utilizando nacionalidades de otros países.

Existe el Programa Continuación (Ley Nº 19.123), creado el año 1997 por Decreto Supremo del Ministerio del Interior y Seguridad Pública, también conocido como “Programa de Derechos Humanos”. Ese plan establece varios tipos de beneficios a los que pueden acceder los torturados, exonerados y familiares de detenidos desaparecidos. En primera instancia, deben estar reconocidos por el Informe Valech. Este es el catastro oficial de víctimas de la dictadura.

El instituto de Derechos Humanos (INDH) otorga 5 beneficios de reparación diferentes: pensión de reparación, beca de educación para hijos, atención gratuita en salud, exención de servicio militar y otras ayudas complementarias, como educación o acceso a salud gratis. Los que retornaron, además tienen terapias sicológicas a su disposición y terapias físicas para aquellos que quedaron con secuelas por las torturas.

Los exiliados que decidieron quedarse fuera solo pueden acceder a uno de estos beneficios. Pueden recibir la pensión de reparación, la que puede ser transferida al extranjero. El INDH designa las siguientes cifras: “Para menores de 70 años de edad, la pensión (a 2004) es de $1.353.798; mayores de 70 años y menores de 75 años de edad: $1.480.284; mayores de 75 años: $1.549.422. Su pago es mensual y en doce cuotas”. Es decir, que la bonificación es de 135 mil pesos mensuales.

“Esa indemnización no alcanza para vivir un día”, dice Fernando, quien vive en Austria desde el año 1974. Allí, el sueldo mínimo es de 1.800 euros (proporcional a la calidad de vida del país) y la indemnización es equivalente a 183 euros mensuales.

Auto-reparación

El tema del exilio ha resurgido en Chile a raíz del cortometraje “Historia de un Oso”, ganador de un premio Oscar, el primero chileno en esa categoría.

El creador de la historia es Gabriel Osorio, cineasta y profesor de la Universidad de las Américas. “Al principio no le conté a nadie cuál era mi motivación para hacer esta historia”, cuenta Osorio. “Me demoré un tiempo en contarle a los otros del equipo que la historia la hacía por mi abuelo y que él había sido exiliado durante la dictadura. Él era Leopoldo Osorio y fue secretario de Allende por varios años. Lo conoció muy de cerca. Por eso lo detuvieron”.

Gabriel Osorio llega de invitado a un diplomado de “Educación, memoria y derechos humanos” de la Universidad de Chile. Luego de ver nuevamente el cortometraje, muchos de los asistentes le agradecen. “Es la primera vez que puedo hablar sobre ese período con mi papá, sin ‘rajarnos’ llorando”, comenta emocionada una de las alumnas. “Yo no tenía abuela” explica Gabriel. “Yo no entendía por qué, pero no tenía”. “Historia de un oso” habla de eso, usando una metáfora de un circo, cuenta qué significa para las familias, que un miembro se encuentre lejos por causas políticas y que no pueda retornar o comunicarse con los demás.

 “En mi familia no se hablaba mucho el tema. Yo preguntaba ‘dónde está mi abuelo’ y me respondían ‘está lejos’ y yo insistía, ‘pero por qué’ y me decían ‘es que lo exiliaron, no puede volver’. Para mí era impresionante. Qué había hecho él que no podía volver. Cuando eres chico, todo es muy confuso. Eso es lo terrible del exilio, que quiebra lazos. Él hizo una familia afuera. Mi abuelo retornó del exilio después, cuando yo tenía como 11 o 12 años. Se formó una relación extraña. No nos conocíamos. Ahora más de grande, tenemos mejor relación, pero lamento mucho lo que ocurrió”.

 “Creo que no es importante hablar del exilio solo hoy, creo que hay que hablarlo siempre, porque es algo que se repite constantemente. Lo dijimos cuando recibimos el premio, ahí en el teatro: ‘Ojalá que no pase nunca más’”, afirma el ganador del Oscar. Su premio parece ser una excepción a la regla del olvido.

El sicólogo húngaro Ivan Boszormenyi-Nagy explica en su libro “Lealtades invisibles” sobre el sistema de lealtades que se crean entre la primera generación de un hecho traumático, la segunda y la tercera. Uno de los puntos que recalcaba es que, si la primera generación hace algo, la segunda tiende a negarlo. Por el contrario, la tercera tiende a vincularse con esa primera generación. Pasó que muchos de la segunda generación no comprendieron lo que ocurría y se revelaron ante esto. Otros no supieron cómo desvincularse y ocurrieron “quiebres”, como lo llama Marcela Gómez.

García por su parte, explica este fenómeno por una causa natural: “Los padres sufrieron mucho y por no dañar a los hijos, no contaron nada. Los hijos no sabían lo que había ocurrido, pero sentían la carga, sentían el dolor. Cuando las personas son mayores, tienden a regresar al pasado, a hablar más de sus vidas, a liberarse de esas cargas emocionales. Es por eso que cuentan muchas historias a sus nietos. Es por esto que los nietos pueden empatizar con sus abuelos. No así sus hijos”.

Marcela y Fernando decidieron enfrentar su realidad estudiando carreras afines a la sicología y así ayudar de forma efectiva a sus pares. Marcela García se concentró en estudiar el fenómeno del exilio chileno y darlo a conocer con sus escritos. Loreto Caro, guionista, ha decidido enfrentar su historia de manera creativa: sus proyectos cinematográficos, siempre tratan sobre personas en un limbo, ya sea emocional, terrenal o a veces, ambos. “En el cine chileno no se habla de la dictadura. Es muy poco. Se menciona mucho, pero no se profundiza en el tema. Somos tímidos en visitar nuestra historia. Les tenemos miedo a las heridas y al sufrimiento. En Argentina, luego de cinco meses, sale la historia oficial de la dictadura argentina. Ellos son como ‘si ya estamos sangrando, ¡sangremos completos!’. En Chile, en cambio, se le pone de inmediato parchecitos y paños a la herida para que no sangre”, dice.

Para Fernando, quien sigue en Austria también es necesario hablar del tema hoy, cuando el exilio vuelve a ocurrir: “Aquí han llegado miles de sirios refugiados por la situación que viven en su país.  No es fácil dejar el país de uno. Mucho menos si es por la fuerza. Hay gente que no lo entiende. Llevo más de 40 años viviendo en este país, tengo la nacionalidad y mis papeles al día, pago mis impuestos y, aun así, te hacen sentir extranjero. Aquí se dice ‘susch’ a los extranjeros. Es una palabra que viene de los yugoslavos, que ellos dicen ‘escucha’ y lo repiten mucho ‘escucha, escucha’. Algo así como el gringo. Te dicen así, pero en tono más despectivo. No entienden que el exilio es como que te echaran de tu casa sin tiempo de recoger tus cosas. Te vas con el timbre de que eres malo”. Fernando recuerda un día, ya pasado el bombardeo a La Moneda, que estaba jugando en el patio de su casa, cuando sintió un helicóptero volar. Al levantar la vista, vio que venía volando muy bajo y que al interior viajaba un militar apuntando con una metralleta. “No pasó nada”, aclara rápidamente, pero hasta el día de hoy, con 52 años y en otro continente, cada vez que oye un helicóptero volar, “debe” volver la vista y verificar que no sea nada.

È Vero!

Reportaje de título

Segunda generación en el extranjero

Exilio heredado

En Viena, hijos de exiliados chilenos han construido una red de apoyo a quienes, como ellos, cargan con los dolores transmitidos por sus padres, víctimas de la dictadura. Esta carga real, no es abordada por los países donde residen; ni por Chile, donde pareciera que el exilio es un tema ya superado.

Por Verónica Gutiérrez

Hace un par de años, los hermanos Fernando (52) y Marcela Gómez (53), hijos de exiliados chilenos en Austria, fueron a un asado que organizó la embajada para celebrar el 18 de septiembre en Viena. “Nos pusimos a conversar con más gente. Nos encontramos con algunos de los que militaban en el Partido Socialista conmigo cuando éramos niños y recordamos tantas historias. Quedamos de juntarnos otro día. Arrendamos un lugar, mandamos a los hijos a jugar a otro lado y después de un rato, comenzamos…

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ASÍ NOS HICIMOS INVISIBLES

ASÍ NOS HICIMOS INVISIBLES

ASÍ NOS HICIMOS INVISIBLES

Yo no fui un gran orador en el gobierno del Presidente Salvador Allende. Traté, eso sí, de marcar el espacio de mis amigos y compañeros de revuelta. Sí, nos tomamos el liceo, muchas veces nos tomamos el liceo, también dijimos que el socialismo era una forma de vida. Fidel Castro y sus extensos discursos nos llenaron la cabeza de frases y discursos que no dejaban dormir. Pinté con ayuda de mi hermano una muralla con el rostro del Ché en nuestra pieza, cuestión que a nuestros padres no le gustó mucho pero finalmente reconocieron nuestro derecho a pensar, en esa casa doña Silvia era demócrata cristiana y don Pablo masón y radical. Así crecimos pintando nuevamente el rostro del Ché, pero esta vez estaba acompañado de Fidel.

Habiendo pasado los años me pregunté, ¿por qué salíamos a marchar, por qué nos tomábamos el liceo? La única respuesta era saber que luchábamos por “un mundo mejor”. Como estudiantes no teníamos reivindicaciones propias, entonces nos tomábamos las reivindicaciones de los obreros, de los pobladores, de los campesinos, de los pueblos originarios. Salíamos de parranda a pocas cuadras de la casa y la mayoría estudiábamos a Carlos Marx y unos pocos a León Trotski o Mao.

Yo pertenezco a ese tropel de estudiantes que buscábamos apurar el proceso que encabezaba el Presidente Salvador Allende. Teníamos extensas reuniones de base. Éramos comunistas, éramos socialistas, éramos miristas, éramos también radicales. Cada uno defendía su bandera y su partido mientras la vida se definía como un futuro inacabable. Éramos felices. Sospecho que Allamand y sus huestes derechistas también eran felices. Él incluso se cambió de liceo para hacernos la collera, un niñito de liceo particular no se estilaba en la política estudiantil secundaria.

Eran tiempos de filas para comprar el pan, de debates en la micro, de risas en la fila, de expropiaciones, de Reforma Agraria. Detrás de aquella señora de chaqueta verde, esa que mira desconcertada, ahí, justo al lado del señor con gorro, ¡esa es mi tía Juana! Salió a comprar pan y no ha vuelto, si alguien reconoce a esa señora le solicito que le indique como salir de ese atolladero. Me llamó hace poco para preguntar si puedo ir a buscarla, pero yo estoy en Chile y no hay locomoción desde aquí, ahora está conversando con un policía para que le indique la salida… Me volvió a llamar para decirme que ya llega con el pan… Hay una cola muy larga, mijo, mejor espérame con pan amasado. Ella estaba exiliada, pero nosotros no supimos el drama que aquello significaba, la doña era antigua en este barrio pero un día se esfumó, se fue mientras nosotros tratábamos de terminar los estudios, mientras nos pasábamos papelitos con las tareas del periodo, mientras aun llorábamos y nos cambiábamos de nombre.
A los pocos meses o años se nos olvidó doña Juana, le preguntamos a la vecina Laura y al viejito del negocio, le preguntamos a los que eran de derecha en la población, le preguntamos a la hermana de un primo medio derechista, él nos habló nuevamente del exilio y nuevamente no entendimos. Mi hermano dijo que eran los que se iban al extranjero. Yo no le creí, me fui a la casa, revisé todos los cajones buscando alguna señal. Aquellos que continuamos en la tarea de hacer una revolución debimos protegernos las espaldas. Todos debimos cuidarnos, unos y otros nos sentamos en la misma mesa, en la misma calle donde acosaba el feroz persecutor. Por lo que sé, fueron muy pocos los que delataron alguna casa, alguna guarida, alguna información, pero me enamoré de una muchacha que tenía siempre la palabra correcta a la hora de bajar las manos.

Era martes, despertamos en una toma en Puente Alto. A lo lejos se escuchaban disparos. Todos estábamos rondando los veinte años. No había teléfono celular, por lo que optamos por cruzar el Río Maipo a pie, mojados hasta la cintura reímos de la salvada y nos tiramos al sol para secarnos. Nos abrazamos y decidimos enfilar cada uno a su casa.

Así comienza la guerra. Estudios interrumpidos, novias que bajaban la cara al vernos, las noticias llegaban de boca en boca. El General Prat nunca pensó en preparar una ofensiva contra nuestra resistencia, tampoco el Presidente Allende se suicidio. Era la clandestinidad, el caminar esperando una cara conocida, caminando con el temor de que desde un automóvil bajaran con metrallas. Fue larga la guerra. Aún recuerdo algunos de los nombres que usaba para sobrevivir. En una cajita de fósforos me llegó la noticia de que Esteban no aparecía, también que Roberto estaba prisionero en Cuatro Álamos, en Tres Álamos, en Ritoque, en Puchuncaví, en el Estadio Nacional, en los regimientos y cuarteles de Carabinero.

Estuvimos atentos a mensajes que se leían con un libro, descifrando línea por línea, palabra por palabras, letra por letra. A los pocos meses o años recordamos a doña Juana, estaba moribunda en Bélgica. No sabemos si la sepultamos en Chillán o en Madrid, ella siempre dijo que le gustaba viajar hasta Cartagena. Éramos fantasmas, éramos invisibles, éramos sujetos sospechosos, éramos de la Resistencia, éramos comunistas, éramos miristas y socialistas, éramos un puñado de cabezas duras. Nos reuníamos en las iglesias mientras las beatas rezaban y nos deseaban una parte del Espíritu Santo.

Donde estaba el muro con la imagen del Ché y Fidel hoy es una estación de Tren Metropolitano. A esta fecha no aparecen nuestros amigos que cayeron en manos del enemigo. Escribo esto porque mis hijos no me creen tanto riesgo. Escribo para sanarme de esa enfermedad que era el miedo, el terror y la esperanza. Me ilusiono con que alguna vez podamos encontrar a miles de amigos detenidos desaparecidos. Me ilusiono con poder traer los restos de doña Juana a Cartagena. Me ilusiono con una marcha multitudinaria de obreros en La Alameda.

Hace mucho tiempo que nadie me conoce como Alejandro. Me llamo Cristian. No soy rubio, estoy canoso, pero aún estoy atento del hombre ese que camina tras mis pasos. Esta vez no caigo en la encerrona. Lo que vino después de esta historia es para largo. Por lo pronto, debo reencontrarme con las palabras que nos robaron. Debo hacer el ejercicio de abrazar a mi vecino comunista, a mi pariente socialista y a un puñado de miristas que caminan observando de reojo al que viene tras sus pasos.

Aún nos queda mucho por hacer.

Tomado de: dilemas.cl

Por *Cristian Cottet

*

Cristian Cottet Villalobos

Cristian Cottet Villalobos (Santiago, 1955), Antropólogo de la Universidad Bolivariana. Posee estudios en Ingeniería Mecánica y Pedagogía Básica.

 

Libros publicados

–Amor y rebeldía; Ediciones Minga; Santiago de Chile, 1981 (poesía)

–Urbanidades; Ediciones Resurgence (Laussane, Suiza) / Taller el Sol (Santiago de Chile); 1983 (poesía)

–Chiloé, noventa días; Publicado por los Talleres Culturales de Castro; 1983 (poesía)

–Épica inconclusa; Ediciones FUNDECHI; Ancud, Chile; 1985 (poesía)

–La comunicación; Centro de Investigación Social; Santiago de Chile; 1985 (manual de medios de reproducción y comunicación)

–Proclama para anunciar un manifiesto de la épica; autoeditado; Santiago de Chile; 1985; poesía; complemento de intervención poética en Centro Cultural Mapocho

–Manifiesto un terrible descontento con ayer; autoeditado; Santiago de Chile; 1986 (poesía)

–Has recuperada nada; Mosquito Comunicaciones; Santiago de Chile; 1990 (poesía)

–Libro de hechos inevitables; Mosquito Comunicaciones; Santiago de Chile; 1996 (poesía)

–Interpretaciones y testimonios; Mosquito Comunicaciones; Santiago de Chile; 2002 (poesía)

–Carlos Sánchez: La razón de estar gay; Mosquito Comunicaciones; Santiago de Chile; 2005 (testimonio).

–¿Se atreve usted don Jano?; Mosquito Editores / Colección Crímenes Criollos; octubre 2009 (novela). Se terminó con la Beca de Creación del Consejo Nacional del Libro y la Lectura (1999).

Correo electrónico: cristiancottet@gmail.com 

Seminario Interdisciplinario Sobre Archivos en Chile. Londres 38

Londres 38 participa en Seminario Interdisciplinario Sobre Archivos en Chile

En el espacio, que contó con la presencia de invitados internacionales, Londres 38 planteó la necesidad de definir un marco legal sobre archivos y acceso a documentos que hoy se encuentran bajo secreto.

Publicado el 12 de junio de 2017
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Este 9 de junio se realizó la tercera versión del Seminario Interdisciplinario de Archivos en Chile, organizado por Archivo Fech, la Dibam y el Archivo Nacional, donde también participó Londres 38, a través de su coordinador de Archivo Digital, Juan René Maureira.

Bajo el título ” “Del diálogo a la acción”, el seminario contó con la presencia de expertos nacionales e internacionales, quienes compartieron también sus experiencias frente a distintos archivos, su uso, liberación y política en torno a su publicación.

Las temáticas abordadas fueron “Organización de Archivos de Derechos Humanos”, a cargo de Stella Segado,quien fue directora del Archivo Nacional de la Memoria de Argentina, directora de Derechos Humanos del Ministerio de Defensa de Argentina y encargada de crear el Sistema de Archivos de la Defensa; “Valoración, selección y eliminación en los archivos”, por parte de Norma Fenoglio, de la Escuela de Archivología de la Universidad Nacional de Córdoba; “Conservación y restauración en archivos”, dictado por Gemma Contreras, Subdirectora del Instituto Valenciano de Conservación y Restauración de España; y “Didáctica y Educación de los archivos”, dictado por Christophe Barret, Coordinador del Servicio Educativo de los Archivos Nacionales de Francia.

“El trabajo de archivos tiene relación con la memoria, la documentación de hechos que dan valor a la verdad y para encontrar justicia. El punto de partida del trabajo con archivos tiene que ver con la empatía con los usuarios, que son las víctimas o sus familias”, señaló en su presentación Stella Segado.

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Segado contó los avances en administración y difusión de archivos clasificados, desde la creación de la CONADEP, en el gobierno de Raúl Alfonsín, con el objetivo de investigar casos de víctimas de la dictadura; hasta el gobierno de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, donde se creó y funcionó una política de liberación de archivos clasificados en el Ministerio de Defensa y otras reparticiones del Estado, archivos que fueron pruebas para muchas víctimas en juicios contra agentes de la represión y que hoy se encuentran abiertos a disposición de la ciudadanía, e incluso fondos completos digitalizados y subidos a internet en la plataforma “Archivos Abiertos

La charla de Segado fue comentada por Patricia Huenuqueo del Archivo Nacional de Chile, quien se refirió, entre otras cosas a las dificultades que enfrentan en relación al secretismo y un marco legal débil que otorga pocas atribuciones y recursos para el tratamiento de archivos de derechos humanos; y Juan René Maureira, refiriéndose al trabajo de liberación de archivos clasificados de militares en la dictadura argentina y los aprendizajes y desafíos en Chile frente al mismo tema. Una de las diferencias que establecieron entre ambos países es que en Chile aún hay cientos de archivos secretos, a los que no se ha podido tener acceso, como los de la Comisión Valech, de la Colonia Dignidad, de las fuerzas armadas y policiales, y de agencias de inteligencia como la DINA y la CNI, tal como evidenció Londres 38 en su campaña “No Más Archivos Secretos“.

“El acceso a la información de la represión no solo es una herramienta para encontrar la verdad y la justicia, sino también para el ejercicio del derecho a la verdad y la memoria, para la construcción de un Estado democrático fundado no en el secretismo y la impunidad, sino en la transparencia, la verdad y la justicia.. Por eso es necesario avanzar a un marco legal estable sobre archivos de memoria y derechos humanos, que haga de su recuperación, conservación y difusión, una política permanente del Estado”, comentó Juan René Maureira.

 

 

EL ARCHIVO FECH, LA DICTADURA Y LOS DERECHOS HUMANOS

 

 

Desde su fundación en 2008, el Archivo y Centro de Documentación de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (AFECH) ha mostrado un compromiso férreo con la defensa y promoción de los Derechos Humanos. Se trata de un asunto que no ha sido buscado de forma intencionada, sino que es ineludible, forzoso e inexcusable. Está en el nervio mismo de su cuerpo documental y, por lo mismo, forma parte de su identidad y de su valor como institución. El archivero francés Michel Duchein ha planteado que el Archivo es el corazón de las instituciones. En ese caso, los documentos del AFECH palpitan y en cada uno de sus latidos resuenan las luchas estudiantiles y los costos humanos y materiales que han sufrido por defender la vida y la libertad. Conjuntamente, han marcado el ritmo de su devenir y condicionado varias de sus iniciativas en sus seis años de existencia.

Originado como un proyecto estudiantil, la historia del AFECH representa un recorrido por recuperar y centralizar el patrimonio documental de los estudiantes de la Casa de Bello. Un material desperdigado y destruido producto del descuido y la inconsciencia, pero, principalmente, por los constantes ataques y las continuas destrucciones de sus diversas locaciones.

Cuatro momentos para ejemplificar. Primero. 21 de julio de 1920. Una turba de estudiantes conservadores y nacionalistas asoló el local de Ahumada 73. Hubo una quema pública de su biblioteca y de los archivos de las revistas Claridad y Juventud. También de su Imprenta. Segundo. 2 de abril de 1957. Fuerzas policiales ingresaron al local, rompieron las cañerías y desmantelaron una inundada casa de Alameda 341. Tercero. Julio de 1971. Un incendio provocado terminó con el local en llamas, el mismo que escogió Salvador Allende para proferir un discurso para celebrar su llegada a la Presidencia. Cuarto y final. El golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. La FECH clausurada y, más tarde, declarada ilegal.

Un Tánatos archivístico ha acechado históricamente la producción documental y patrimonial estudiantil. Así, la historia del Archivo FECH se puede caracterizar como un constante recabado de huellas, cuyo recorrido se orienta a contrapelo y en racconto a esa destrucción, desaparición y desperdigamiento al que lo ha querido destinar tantas veces la historia. He ahí el mayor valor de esta iniciativa. También, la de sus documentos recuperados en esta operación centrípeta. En Archivística, los archivos son una consecuencia inevitable de la actividad práctica de una institución. Sus documentos, entonces, materializan una serie de funciones y actividades de la FECH: los papeles están unidos y reflejan el actuar de la Federación. De ahí la posibilidad de recuperar las memorias e hilvanar las historias de sus protagonistas durante y después del golpe de 1973.

En su mayoría, los documentos del Archivo FECH evidencian la lucha estudiantil por democratizar la Universidad de Chile en un contexto de represión e intervención militar y, también, sus intentos infructuosos y exitosos por fomentar y hacer respetar los Derechos Humanos: a la vida, a la libertad y al de asociarse libremente.

Después del 11 de septiembre de 1973, el régimen militar clausuró la Federación. En su reemplazo se estableció la Federación de Centros de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECECH). En 1976-77,  apareció la ACU: la Agrupación Cultural Universitaria, organización de estudiantes que, por medio del arte y la cultura, intentó suplir su ausencia y trató de hacer Universidad en las peores condiciones.

En 1979, en un congreso clandestino se restableció la Federación, compitiendo de forma paralela con la organización oficialista. En 1984, tras largas luchas y dolorosas muertes, los estudiantes lograron recuperar la institución de los embates de la dictadura. Durante esa década, la FECH se dirigió críticamente contra las políticas educacionales de Pinochet, al punto de que en 1987 logró convocar a un paro general de dos meses contra el rector designado José Luis Federici.

Estas y otras acciones le han dado sentido y marcado el rumbo de varias de nuestras iniciativas. Primero, al intento de organizar y digitalizar la Colección de Derechos Humanos. Se trata de cerca de 700 documentos que oscilan entre 1976 y 1984. Además de permitir reconstruir las historias mencionadas más arriba, incluyen las listas de detenidos y diversos recursos de amparo. También, cartas de solidaridad nacional e internacional producto de la persecución a diversos líderes estudiantiles. Contiene, además, la querella interpuesta a Pinochet por la FECH en 1998. En ella es posible de ver el proceso de construcción del libelo y la persecución contra 75 alumnos que terminaron como detenidos desaparecidos y una información sumaria sobre su desaparición.

Segunda iniciativa. Como registrar y archivar era peligroso, los documentos recuperados han sido pocos y escuetos: vacío y silencio. Con la finalidad de paliar esa situación se origina el Archivo Oral y Audiovisual de las Memorias Estudiantiles. Nos percatamos que cada estudiante es un potencial documento: un soporte de información que aglutina vivencias y experiencias. Así lo experimentamos en nuestros encuentros, donde las diversas generaciones de estudiantes de la Universidad de Chile generan un diálogo. Por lo mismo, hemos buscado a los testigos para provocar el registro y archivar su memoria, transformando el silencio de los papeles en la voz de sus protagonistas.

Ambas iniciativas nos han vinculado con otras instituciones afines. De ahí nuestra participación en la Red de Archivos de Memoria y los Derechos Humanos, instancia colaborativa y de reflexión donde sus miembros reconocemos los archivos como herramientas de importancia radical para elaborar políticas de memoria. El Archivo se torna, así, en un espacio pedagógico: sus documentos posibilitan elaborar narrativas con potencial educativo y ejemplificador sobre la promoción y defensa irrestricta de los Derechos Humanos. Se refuerza, además, su calidad de repositorios de evidencias jurídicas, cuyos documentos son claves para la apertura y/o avance de litigios para alcanzar la verdad y la justicia.

 Archivo de Memoria y de los Derechos Humanos, el Archivo FECH ha colaborado activamente con el Colectivo Patricio Manzano, agrupación de estudiantes de la generación de los 80, quienes no han descansado por  reconstruir las circunstancias de la muerte del estudiante de Ingeniería Patricio Manzano en los Trabajos Voluntarios de Aconcagua 1985, primer mártir de la FECH democrática. Y, también, por clamar justicia. Celebramos la apertura del caso judicial contra Alberto Cardemil y, también, expresamos nuestra profunda felicidad y un enorme agradecimiento por el libro (próximo a ser publicado) de Marcela Campos, integrante del Colectivo, que indaga sobre los luctuosos sucesos que llevaron al fallecimiento de Patricio Manzano.

Actos y no gestos. Escrituras que son fundamentales para mantener viva la historia de la FECH y tomar conciencia de los costos humanos y sociales que enfrentó una generación universitaria para recuperar de la dictadura a la misma institución que hoy está intentado ser deslegitimada. Pato Manzano es uno. Faltan más. Como Archivo FECH hemos querido contribuir a saldar la deuda que tiene la Universidad de Chile con su memoria. Sin embargo aún falta sistematizar la información que está desperdigada en los diversos repositorios de la Universidad. Escasea un trabajo en conjunto. Un esfuerzo archivístico mancomunado y decidido. Falta una voluntad global de la Universidad con un proyecto íntegro a largo plazo donde realmente exista un reconocimiento de lo sucedido y, a la vez, una investigación al respecto que permita saldar esa deuda tanto con los docentes exonerados, como con los estudiantes en Dictadura.

El 17 de septiembre de 1843, en el discurso de instalación de la Universidad de Chile, Andrés Bello, su primer Rector, planteaba el rol que debía cumplir esta institución en su relación con la sociedad y el país. “Será como un cuerpo eminentemente expansivo y propagador”, declaró. Con la dictadura de Pinochet, este cuerpo recibió una herida que no ha cicatrizado y cuyo impacto y profundidad aún falta aquilatar. Mutilado su cerebro por la fuga de académicos y, también, por el asesinato y persecución de varios estudiantes. Mutilado su corazón y su espíritu en cuanto, desde entonces, se impuso una nueva idea de Universidad, de cultura, de arte y de país.

Claudio Ogass Bilbao

Director y Archivero

Leonardo Cisternas

Coordinador de Investigación y Extensión

Finalmente presentamos un documental, desarrollado en el marco de un proyecto financiado por la Universidad de Chile, que buscaba la creación del primer Archivo de Memoria Oral del Movimiento Estudiantil, mediante el registro de 7 testimonios que relataron su experiencia en una Universidad intervenida por los rectores designados durante la Dictadura cívico-militar.

El eje central del documental estuvo puesto en la Recuperación de la FECH entre 1976 y 1984, preguntándonos ¿Es válido interrogar desde el presente al movimiento estudiantil durante la Dictadura cívico-militar?  ¿Cuáles son las memorias que subyacen del recuerdo individual y colectivo de diversos momentos y espacios? ¿Qué se ha escrito y cómo han mirado y/o leído el rol que cumplieron los hijos de Bello en la lucha por la democratización interna y externa?

Las entrevistas apuntaron, precisamente, a revelar estas preguntas, interrogando e intencionando la fuente. A continuación los invitamos a visualizar nuestro documental que refleja uno de los periodos más duros del movimiento estudiantil de la Universidad de Chile.

Documental sobre la Recuperación de la FECH: de la ACU a la FECH

 

En la actualidad, la Red está conformada por las siguientes instituciones:

Sol, nieve y nostalgia.

Origen: Sol, nieve y nostalgia.

Sol, nieve y nostalgia
Rossana Cárcamo Serey
De madrugada me atacó la nostalgia y no pude sacarla de mi lecho. Me susurraba al oído canciones añejas y trasnochadas; me decía que las cosas han cambiado, que los amigos crecieron y se hicieron padres de familia y profesionales y que mis tías y tíos van acumulando arrugas y achaques, sin poder hacerles el quite.
Me contaba un poco avergonzada que no le gusta molestarme, pero se siente bien cuando la dejo abierta una rendija para acurrucarse en mi pecho.
Ella está convencida que su calor derrite la escarcha del jardín y que su respiración ahuyenta al viento gélido de Europa.
Me pedía que no la dejara morir, porque si lo hacía, nada tendría sentido.

Necesito el olor a tierra mojada, a vereda húmeda en tarde de primavera.
Me es urgente recorrer las calles que sólo he pisado en sueños estos últimos años.
Mi vista escudriña en cada recodo de la memoria algún detalle nuevo, alguna sorpresa para empezar el día.
Intento suplir las imágenes perdidas con fotos virtuales, pero el espejismo desaparece cuando toco la pantalla del ordenador
Por momentos, el sol que asoma y juega entre las nubes, me hace volver a la adolescencia y una sonrisa se dibuja entonces, frente al cristal de la ventana.

Entre la querencia y yo hemos firmado un pacto de no agresión, yo no le cierro el paso y ella me suministra esa cuota de valor, para no olvidar.

Diecisiete años duró la dictadura y dieciocho años lleva la Concertación sin hacer esfuerzo alguno, para que los chilenos obligados al destierro puedan volver.
Es cierto, yo no he sido nunca una exiliada, jamás me he considerado así, porque nadie me expulsó del país, pero no puedo condenar a mi hijo a vivir lejos de su padre.
El amor me trajo a tierras lejanas y aunque apagué la flama por voluntad propia, no puedo castigar al fruto de tal unión con un retorno anticipado.
A veces me sale la amargura de la derrota, la pena por esa alegría que creí llegaría para todos y que sólo ha tocado a unos cuantos que cambiaron vestiduras.

Cae el polvo de nieve y mis ideas tienden a congelarse.
El crepúsculo avanza y sé que debo comer, estudiar y estar con los míos, pero me aferro al teclado en un acto de rebeldía.
No hay caso, sigo siendo una niña en un cuerpo de cuarenta años.

Sol, Nieve y Nostalgia

Film acerca dictadura,exilio, desaparición forzada.“Te extraño, hermano”.

Film acerca dictadura,exilio, desaparición forzada.“Te extraño, hermano”.

 

TE Extraño.

 

La película Te extraño (2010), del director argentino Fabián Hoffman, puede interpretarse como un relato de formación. El filme narra la historia de Javier, un adolescente de 15 años que vive con su familia en Argentina. Luego de la desaparición Adrián (hermano de Javier y militante del grupo Montoneros) Javier es enviado a vivir a México. Es en el exilio y en el subsecuente regreso a su país donde el protagonista vivirá la transición de la adolescencia a la madurez.

 

Una de las características principales de las narrativas de formación es que son contadas desde una perspectiva personal. Así, el filme de Hoffman no pretende explicar las razones del golpe de estado o de la dictadura. Tampoco explora los motivos políticos e históricos del conflicto, pues como bien ha señalado el director en diversas entrevistas, el objetivo de la cinta era indagar cómo un adolescente vive dichos momentos de crisis política. Lo que interesa es mirar el impacto de la desaparición forzada y el exilio en el protagonista; es decir, observar a través de sus ojos. Por este motivo la película se centra en cómo estos hechos llevan a Javier configurar su identidad y a elegir un lugar dentro del mundo.

 

Debido a esta perspectiva íntima la película se desarrolla casi enteramente en un ambiente familiar. Abundan escenas en espacios cotidianos que nos recuerdan a nuestra vida durante la adolescencia: cenas y días de campo con nuestros padres, conversaciones en el comedor o en nuestra habitación; el viaje de la casa a la escuela y viceversa. Además, durante toda la película (a excepción del final) no se utiliza música para ambientar las escenas. Por el contrario, hay un énfasis en los sonidos que provienen de objetos ordinarios, como la televisión, la radio, los carros, un abanico, un reloj, personas cocinando y demás. Este uso de los sonidos crea una narración aún más íntima y subjetiva, como corresponde a este tipo de historias.

 

Es importante recalcar que la desaparición de Adrián es el motor de la narración fílmica, es decir, aquello que detona el movimiento exterior e interior del protagonista. Por un lado, la desaparición traslada a Javier de Argentina a México y lo transforma de un adolescente común a un exiliado. Por otro, lo reta a tomar una posición ante la tragedia familiar y el contexto político de su país. ¿Qué significa quedarse en México o regresar a Argentina? ¿Cuál es la mejor forma de recordar a su hermano? ¿Debería dejar atrás la muerte de Adrián y continuar con su vida? ¿O debería regresar a casa y vivir bajo la dictadura? México y Argentina se convierten así en algo más que lugares en el espacio. Son la representación de las decisiones que Javier debe tomar respecto a la dictadura, a la familia y a la memoria de su hermano desaparecido.

 

Estas preguntas que surgen ante Javier, y que suponen tomar una decisión, no podrían originarse antes de la desaparición de Adrián. Como otros protagonistas de los relatos de formación, Javier se encontraba resguardado en un ambiente conocido, en donde no era necesario adoptar una postura ante la sociedad. Por lo tanto, no tenía un participación importante dentro de la política o la vida familiar. Su vida, la de un estudiante y un adolescente cualquiera, se limitaba a asistir al colegio y ayudar en la casa.

 

Podemos ver esto en dos escenas que se repiten en el filme. En una, Javier le pide a su padre de las llaves de la quinta de la familia (a petición de Adrián), a lo que el padre responde negativamente. Después de esto vemos a Javier lavando los trastes, solo y dando la espalda a la cámara. En otra escena, ya en la quinta familiar, Adrián y otros miembros de Montoneros tienen una junta para discutir acciones políticas. Javier quiere escuchar y se mantiene cerca del grupo. Sin embargo, un miembro le cierra la puerta en la cara, por lo que queda fuera de la conversación. Javier de nuevo es relegado a la cocina y podemos verlo de espaldas, preparando la comida para los guerrilleros. Así pues, el lugar de Javier como estudiante y adolescente (un lugar secundario y menos activo) se resalta. No obstante, Javier ya muestran ciertos rasgos de individualidad antes de partir a México . Además de ser bastante inteligente (como es usual en los protagonistas del bildungsroman) realiza acciones rebeldes como pintar las paredes de su colegio o explotar una caja con volantes.

 

De acuerdo al género de los relatos de formación, la búsqueda de una voz propia y de la identidad siempre suponen un alejamiento de los modelos establecidos, representados ya sea por los padres o por la sociedad. Así, Javier se encuentra solo en México y debe enfrentar ese nuevo mundo por su propia cuenta, pues ya no están sus padres ni su hermano para guiarlo. Esta búsqueda de identidad genera soledad y ensimismamiento (que a la vez son intrínsecos en el paso de la adolescencia a la madurez). Por este motivo es usual ver a Javier caminando solo por la calles de la Ciudad de México, tocando las paredes con la mano y mirando hacia abajo. En otras escenas lo observamos acostado en la cama, con una mirada pensativa y absorta. Y aunque haya otros personajes que acompañan a Javier durante su estancia en el Distrito Federal, las decisiones que debe tomar le corresponden a él. Así, aunque acompañado, Javier se encuentra siempre solo.

 

En una charla con Fabián Hoffman en la Cineteca Nacional, el director comenta el porqué detrás del título de su película. A muchos les llamaba la atención un nombre tan íntimo (Te extraño) para una película contextualizada en la dictadura. La razón es que es un sentimiento tan humano (en palabras de Hoffman, tan llano), que surge a partir de la desaparición forzada. De acuerdo el director el título nos dice: “Te extraño, hermano”. Como lo han señalado diversos estudios, la desaparición de un ser querido es un evento traumático que no permite realizar un proceso de duelo. Al no saber qué sucedió con la persona amada, los familiares y amigos viven una desesperación constante. Javier también vive esta situación, que se representa en la película mediante un entrelazamiento de espacios y recuerdos. A pesar de estar en su habitación en México, Javier puede oír los ruidos de cuando compartía el cuarto con su hermano. Asimismo, confunde a desconocidos que caminan por la ciudad con Adrián. Los recuerdos regresan a pesar de la distancia, pues la desaparición no se puede borrar ni olvidar. Cambiar de espacio puede significar cambiar de vida, pero hay ciertos eventos imposibles de dejar atrás.

 

Por este motivo, luego de pasar casi un año en México, y de tener una fuerte discusión con dos guerrilleros y amigos de Adrián, Javier decide regresar a Argentina. Es este regreso el que nos permite ver los cambios internos que ha vivido y la identidad que ha formado a partir de su exilio y la desaparición de su hermano. Ya abordo del avión que lo llevará a casa, Javier decide brindar con una mujer que está sentada al lado suyo. Al mencionar que tiene un hermano desaparecido,la mujer le voltea la cara inmediatamente y deja de conversar con él. Este gesto de reconocimiento ante la desaparición forzada nos indica que Javier no ha olvidado la memoria de su hermano. Asimismo, es una acción personal que resiste el estigma de la militancia que caería sobre los guerrilleros desaparecidos a lo largo de la dictadura. Otro gesto importante es que Javier es el único miembro de la familia capaz de decirle a la abuela que Adrián está desaparecido. Ante el secretismo de sus padres, que solo podría traer más dolor a la familia, Javier mira a su abuela a los ojos, y a pesar de que va a romperle el corazón, le dice la verdad que tiene derecho a saber: Adrián ya no está.

 

Pasar de la adolescencia a la madurez no es un proceso sencillo, especialmente si se vive en contextos tan convulsos como una dictadura. No obstante, tanto en los relatos de formación como en la vida misma, es necesario forjar una identidad con la cual encarar al mundo. El viaje interior y geográfico de Javier en Te extraño ilustran perfectamente las palabras de su director: “lo más importante en la vida es tener una voz propia”. Hoffman, como familiar de un desaparecido y como exiliado, explora a profundidad aquellos momentos que nos convierten en lo que somos: las heridas de las cuales surgimos y las personas a las que nunca podremos olvidar.

En la página de la Cineteca NACIONAL DE México se exhibió este film cuya reseña explica que

Te extraño (México-Argentina, 2010), segundo filme del realizador Fabián Hofman, es el título que inaugura la Colección Cineteca y el primer DVD de producción nacional editado por esta institución a lo largo de su historia. Así mismo es la primera producción mexicana de la cual la Cineteca Nacional adquiere los derechos de exhibición, reafirmando su compromiso con la difusión del cine nacional.

Presentada mundialmente en la Berlinale 2010 y exhibida con éxito en el 30 Foro Internacional de la Cineteca Nacional, la cinta narra, a partir de la estrecha relación de un par de hermanos adolescentes, el vacío que deja la desaparición del mayor en la vida del menor, todo ello enmarcado en el contexto político turbulento que atravesaba la Argentina en la década de los setenta.

Fabián Hofman, quien fue durante una década Director Académico del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), explora en Te extraño la ausencia, el exilio, el desarraigo y la impotencia para construir una historia que privilegia la dimensión íntima, privada, sobre el entorno político, que aún sin perder su poder, se convierte en el telón de fondo de una trama donde el amor fraternal es protagonista. Se trata de un filme sobre la madurez, la pérdida y el modo en que un adolescente lidia con ella.

El filme ha participado en numerosos festivales internacionales, entre ellos en el Festival Internacional de Seattle (EUA, junio/2010), en el San Francisco Jewish (EUA, julio/2010) y recientemente en el Festival Internacional de Montreal (Canadá, septiembre/2010). Asimismo está confirmada su exhibición en el Festival de Río de Janeiro (Brasil, octubre/2010) y en el Festival Internacional de Chicago (EUA, octubre/2010), entre otros.

Te extraño (México-Argentina, 2010), segundo filme del realizador Fabián Hofman, es el título que inaugura la Colección Cineteca y el primer DVD de producción nacional editado por esta institución a lo largo de su historia. Así mismo es la primera producción mexicana de la cual la Cineteca Nacional adquiere los derechos de exhibición, reafirmando su compromiso con la difusión del cine nacional.

Presentada mundialmente en la Berlinale 2010 y exhibida con éxito en el 30 Foro Internacional de la Cineteca Nacional, la cinta narra, a partir de la estrecha relación de un par de hermanos adolescentes, el vacío que deja la desaparición del mayor en la vida del menor, todo ello enmarcado en el contexto político turbulento que atravesaba la Argentina en la década de los setenta.

Fabián Hofman, quien fue durante una década Director Académico del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), explora en Te extraño la ausencia, el exilio, el desarraigo y la impotencia para construir una historia que privilegia la dimensión íntima, privada, sobre el entorno político, que aún sin perder su poder, se convierte en el telón de fondo de una trama donde el amor fraternal es protagonista. Se trata de un filme sobre la madurez, la pérdida y el modo en que un adolescente lidia con ella.

El filme ha participado en numerosos festivales internacionales, entre ellos en el Festival Internacional de Seattle (EUA, junio/2010), en el San Francisco Jewish (EUA, julio/2010) y recientemente en el Festival Internacional de Montreal (Canadá, septiembre/2010). Asimismo está confirmada su exhibición en el Festival de Río de Janeiro (Brasil, octubre/2010) y en el Festival Internacional de Chicago (EUA, octubre/2010), entre otros.

Hacer arte con los archivos de la intervención de la CIA en la región

Hacer arte con los archivos de la intervención de la CIA en la región

Hacer arte con los archivos de la intervención de la CIA en la región

19 JUL, 2016

De niña vivió en Chile, Brasil y Paraguay, países que se encontraban en dictadura en los 70 y 80.  Voluspa Jarpa inaugura una muestra que da una mirada a esos y otros países del continente a partir de los archivos desclasificados de la CIA. En nuestra pequeña región de por acá es el trabajo más ambicioso y complejo de la artista nacida en Rancagua en 1971. La exposición se exhibe en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), que acaba de inaugurar una retrospectiva de Yoko Ono y  por primera vez abre sus puertas a un artista chileno.

La muestra tiene dos ejes de investigación en torno a Latinoamérica. A partir del análisis de los  archivos desclasificados por los Servicios de Inteligencia de EE.UU. durante el período 1948-1994, hace un cruce artístico con el minimalismo norteamericano. Además, se despliegan retratos sobre líderes latinoamericanos durante la Guerra Fría, que fueron víctimas de asesinatos o de crímenes no resueltos.

“Ha sido un proceso de mucho esfuerzo, no solo mío sino que colectivo, por parte de mi equipo, asistentes, personas que han apoyado, las galerías e instituciones”, dice Voluspa Jarpa, quien contó con el respaldo de las salas de Isabel Aninat y  Patricia Ready, la galería parisina Mor Charpentier, el Consejo de la Cultura, la Dirac, la embajada de Chile en Buenos Aires y el grupo Antenna.

La artista -compañera de generación de Natalia Babarovic y Mario Navarro- dice que lo que la mueve es la idea que hay detrás de esta muestra: “El arte tiene una magia y la gente participa porque es una fiesta y, dado mis niveles de convicción, terminan pensando que es muy importante. El arte tiene esa cualidad de convocar. Además, el evento en sí es muy importante. Chile necesita que sus artistas puedan producir seriamente desde Chile, con apoyo de Chile”, dice.

El recorrido

La entrada de la exposición propone una revisión de los archivos desclasificados de la CIA en 14 países latinoamericanos, muchos de ellos con tachaduras y censuras, a través de instalaciones que juegan en ese espacio difuso entre el texto y la imagen. Las piezas proponen citas al artista estadounidense  Donald Judd, asociado al movimiento minimalista. De esta forma, la artista pone en tensión la violencia política de la época con la austeridad del minimalismo que se desarrollaba por entonces. “Esta es esa dicotomía norteamericana que se da en un momento de mayor violencia, en términos de expansión de inteligencia, sobre los países latinoamericanos, Asia, África y Europa, mientras se levanta la vanguardia del minimalismo, que propone que la obra es materialidad pura, perfecta e industrial. Entonces lo que hace esta obertura es contraponer estéticamente, formalmente y concretamente el material de archivo en las obras citadas de Donald Judd, dentro de tres piezas gigantes que están a la entrada del museo”, explica Voluspa Jarpa.

Luego aparecen los retratos  de 47 líderes latinoamericanos cuyas muertes no han sido resueltas o están siendo investigadas. Cada uno de ellos ocupó cargos en la administración de los poderes del Estado como presidentes, ministros, jueces, jefes militares, arzobispos, diputados y senadores. Entre ellos aparecen los ex mandatarios Salvador Allende y Eduardo Frei. Para complementar la historia, a un lado están proyectadas las muertes de cada uno de ellos a través de imágenes crudas, porque muchos murieron de manera violenta, dentro de lo que la artista llama un “pasillo fúnebre”. Luego hay una sala de archivo en la que trabajó junto a su hermana, la periodista Paula Jarpa, donde están todos los documentos desclasificados, alrededor de 4.000, separados en carpetas, dentro de un espacio que llama la “sala morgue”, porque es fría, todos los materiales son metálicos y están bajo una luz blanca.

“Nos contactamos con todos los abogados o descendientes que hubieran llevado las causas y tuvieran la documentación judicial de cada una de estas muertes. Uno de los casos es el de Pablo Neruda, que aún no se cierra porque están esperando los últimos peritajes”, cuenta. Luego hay un mural de 10 metros de largo por 4 de alto que agrupa los funerales de cada uno como si fueran uno solo.

El último elemento de la muestra  es un video multicanal de cinco pantallas con la obra Translation Lessons (2012-2016), donde un profesor de inglés le enseña a la artista el idioma a través de la lectura de los archivos de la CIA, acto paradójico que pone de relieve que para entender una gran parte de la historia política reciente de Latinoamérica es necesario conocer un idioma extranjero.

El recorrido podría leerse como una historia del continente, aunque la artista  recalca que no es historiadora, no tiene el deber ético  de la historia de decir: lo que pasó fue esto. “Lo que yo hago es dar el material, las informaciones, aquí están las distintas disciplinas e instituciones que han generado estos distintos archivos que son posibilidades narrativas. Yo digo aquí están todas esas posibilidades, para que vengan todas las disciplinas para escribir esa historia desde el material de archivo, no desde la ideología. No desde la cita de autores sino que del material duro”, dice en referencia a los archivos. “La mayoría de las cosas que tú sabes no son las que ocurrieron. Uno accede a un pedazo de ese secreto 30 ó 40 años después y tienes que desarticular lo que sabías y empezar a ponerle toda esa información secreta para rearticular lo que tu creías que había sucedido”.

Esta exposición le hace concluir además que los países latinoamericanos tienen una historia común en la Guerra Fría. “Es una exposición muy personal porque fui una niña errante que pasé por estos países cuando era chica y me tocó ver la dictadura en Brasil, Paraguay, Chile y Argentina. Aunque parezca intelectual es súper personal, porque devela las preguntas que se hizo una niña hace mucho tiempo y que no eran preguntas locales sino una comparación de un lugar con el otro”, concluye.

Publicado en La Tercera

Primera exposición individual en un museo latinoamericano de Voluspa Jarpa (Rancagua, Chile, 1971), una artista que participa asiduamente en el circuito de bienales internacionales. La muestra está compuesta por doce piezas e incluye pinturas, objetos, instalaciones, videos, registros sonoros y documentos históricos.

Las obras dan cuenta de dos ejes de investigación complementarios y simbióticos: por un lado, el estudio de un conjunto de archivos desclasificados de los Servicios de Inteligencia de EUA durante el período 1948-1994, donde la propuesta artística relaciona los documentos con el mundo del arte, en particular, con el Minimalismo norteamericano; por el otro lado, la exhibición se plantea como un trabajo rememorativo sobre un conjunto de líderes latinoamericanos del período de la Guerra Fría, que ocuparon cargos de alta jerarquía y que fueron víctimas de asesinatos o de crímenes no resueltos.

En nuestra pequeña región de por acá es una muestra site-specific: el espacio expositivo del museo ha configurado la forma misma de las obras presentadas. En primera instancia, la muestra propone una revisión de los archivos desclasificados de la CIA en catorce países latinoamericanos. Los documentos, dedicados al registro de información de inteligencia y de operaciones políticas a largo plazo, son presentados en una gran instalación que permite apreciar su volumen y características principales. Muchos de ellos presentan tachaduras y censuras y, a causa de esas marcas gráficas, ya no pueden ser considerados meramente como textos para ser leídos sino que adquieren el estatus de imágenes que pueden ser observadas. La instalación juega en ese espacio difuso entre el texto y la imagen.

En relación con estos archivos, la exposición problematiza también los contenidos del arte minimalista norteamericano, contraponiendo la austeridad y el ascetismo formal propio de ese movimiento con la violencia política de la época en la que se desarrolló. En efecto, al mismo tiempo que están ocurriendo las grandes operaciones políticas en territorio latinoamericano, las instituciones artísticas y académicas norteamericanas promueven y difunden a la abstracción minimalista como su vanguardia artística. Aparecen así en la muestra diversas citas a obras de Donald Judd, que son intervenidas materialmente por reproducciones de los documentos de inteligencia.

En tercer lugar, aparecen los retratos de 47 líderes latinoamericanos en la imagen de oradores públicos y cuyas muertes no han sido resueltas o están siendo revisadas en la actualidad. Estos líderes ocuparon cargos en la administración de los poderes del Estado: presidentes, ministros, jueces, jefes militares, arzobispos, diputados, senadores. Están pintados sobre bronce pero son representados a través de un efecto fantasmagórico. En esta serie, Voluspa Jarpa se pregunta: ¿Cuándo y cómo se puede cambiar el curso de la historia de un colectivo? ¿Cómo se llevan a cabo estas operaciones? ¿Qué sucede cuando un líder deja su lugar de representación social y hay otro que ocupa su lugar? ¿En qué direcciones se manipuló la historia colectiva de nuestras sociedades?

Los líderes asesinados vuelven a aparecer en otras obras: otros retratos velados y realizados con sombras en una suerte de representación de un funeral colectivo, nuevas piezas de archivo en las que se recogen documentos judiciales facilitados por los familiares o demantes, y peritajes científicos sobre sus muertes presentes en las causas judiaciales y, finalmente, en la develación de sus nombres completos.

El último elemento del proyecto es un video multicanal de 5 pantallas con la obra Translation Lessons (2012-2016), una reflexión sobre el inglés como idioma hegemónico. En él, un profesor de inglés le enseña a la artista el idioma a través de la lectura de los archivos de la CIA. El film pone en evidencia una potente paradoja: para entender una gran parte de la historia política reciente de los países latinoamericanos es necesario conocer un idioma extranjero.

Apoyo institucional
Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Dirac
Dirección de Asuntos Culturales, Ministerio de  Relaciones Exteriores
Círculo Antenna
Embajada de Chile en Buenos Aires
Centro Cultural Matta, Buenos Aires

Agradecemos la colaboración de las galerías
Mor-Charpentier | Isabel Aninat | Patricia Ready | Galería Gabriela Mistral

Publicado en MALBA

Voluspa Jarpa: “Chile sigue siendo pueblerino”

Fue el propio director artístico del museo, Agustín Pérez Rubio, quien invitó a Voluspa Jarpa a participar en el Malba, uno de los principales del continente, después de ver su trabajo en octubre de 2014 en Bogotá. Más de 20 personas se han involucrado en este proyecto (desde lo público y privado, como Antenna), que lleva por título “En nuestra pequeña región de por acá”. Un site-specific; es decir, una instalación pensada para el espacio donde ocurre el evento. Fueron casi dos años preparando la muestra que se inaugura el 15 de julio, después de que finalice la de Yoko Ono, actualmente en exhibición.

Su prestigio, queda claro, ha traspasado las fronteras. La reconocida galería francesa Mor Charpentier se encarga de mover su trabajo en el circuito europeo. “El campo en las artes visuales contemporánea es hiper profesionalizado, y ese mundo se abrió para mí el 2011, cuando empecé a tener mucho feedback fuera de Chile. Apareció mi galería francesa, comencé a ir a ferias con Isabel Aninat; antes sólo asistía a bienales y no me había metido en el tema comercial. En el mundo profesional no está separado el arte crítico del comercial”, señala Voluspa.

Pero para llegar a estas lides es imposible no remitir a su historia, en la que se enlazan el desarraigo y la libertad, lo emocional y lo intelectual.

Según la mitología nórdica, Voluspa era una profetiza –el nombre se lo puso su abuelo masón– y quizá algo de eso hay en su trabajo, que explora el pasado para vislumbrar el futuro. Cada obra se produce luego de estudiar mucho, recopilar datos y números y de leer hasta que metafóricamente se desborda de información y aparece la imagen.

El interés por entender la historia de Chile tiene que ver con su ruta personal. En 1976 su padre, que era gerente de Cemento Melón, se quedó sin trabajo, y su familia buscó nuevas oportunidades en Paraguay y Brasil. Voluspa tenía cinco años cuando partió, para volver sólo en las vacaciones. A los 17 años regresó definitivamente, pensando que en este país se iba a sentir en casa. Pero no fue así. Hasta hoy se ve como outsider. “Voy a cumplir 45 años y ya he aprendido que el desarraigo es del tamaño de mi libertad, y yo le tengo gran amor y simpatía a mi libertad. Me encanta el desarraigo”, afirma.

Desde 1994 ha sostenido una larga producción artística. En 2011 trabaja con los archivos desclasificados de la CIA sobre Chile y América Latina. Este tema lo ha presentado en Suiza, Turquía, Francia y Brasil, y también es parte de su nueva muestra en Buenos Aires.

-¿Cómo se gesta esta exposición?

-Hay todo un proceso largo que parte con la mirada de la historia de Chile. Hice un mural a los 20 años en el Museo Nacional de Bellas Artes sobre el Desastre de Rancagua. Era interesante porque yo no había estudiado la historia de Chile en el colegio, y me di cuenta de que esa batalla tiene una característica que es muy propia: hay dos versiones sobre lo que pasó. Una carrerista y una ohigginiana, que narran hechos distintos. Si quieres saber qué fue realmente lo que sucedió, no tienes cómo. Y esa característica de Chile se repite siempre que hay un conflicto social, como en el golpe. Se establecen versiones con hechos distintos, lo que es una cuestión súper extraña, porque los hechos son los hechos. No hay más discusión, y creo que todo mi trabajo tiene que ver con esa tensión.

-¿Una tensión que relacionas con la histeria?

-La histeria se produce por un shock, en el que tú niegas acontecimientos, los cambias o los inviertes. El Desastre de Rancagua fue una derrota, pero la única representación que existe es la de un señor O’Higgins, desplazando la imagen de lo que fue la primera masacre de Chile. En términos conceptuales, trato de entender un tipo de lenguaje que al final es el mismo que se establece con los archivos que desclasifica la CIA de Chile.

-¿Qué te pasó al revisar los archivos?

-Me conecté con la tacha. El lenguaje en un texto borrado. Nuevamente se trató de un acto histérico, porque te dicen que van a desclasificar y está tachado. Es decir, voy a hacer algo y te voy a mostrar, pero no. Creo que tenemos a nivel cultural una rotura en el diálogo social. El arte es producto del diálogo. Esta sociedad recién está empezando a volver a establecer un diálogo entre personas que piensan distinto. No puede ser siempre un diálogo destructivo.

-¿Los archivos son la punta del iceberg de una estrategia continental?

-A través de un documento emitido por Chile a Uruguay me empecé a dar cuenta de que las autonomías nacionales no son como uno se las puede imaginar, porque todo está conectado con el otro. La primera exposición, que presenté en la 8va Bienal de Mercosur, se refería a la Operación Cóndor, pero iba más allá. La operación es el resultado, la consecuencia. Todo está entrelazado geopolíticamente. EE.UU. tenía intereses económicos y se alió para defenderlos con todos los países latinoamericanos que pudo, y ésa es la historia que se cuenta en la ruta del Malba.

-¿La exposición establece un recorrido?

-Tiene tres nudos temáticos que están sostenidos por la investigación y también por la forma. La obertura, si esto fuera una sinfonía, contextualiza tres obras de Donald Judd, padre del minimalismo norteamericano, que la vanguardia de EE.UU. exporta en el mismo momento en que está ocurriendo todo esto en América Latina. Por consiguiente, me apropio de su obra en términos contemporáneos. El minimalismo de Judd es muy interesante, porque pone al arte por el arte, en abstracción pura, geométrica, impecable, como una manera de celebrar el período más alto de industrialización. No genera un discurso con la realidad. Al incorporar los documentos desclasificados en la misma posición de la obra de Judd, se produce una especie de choque de forma y fondo.

-Además, exhibes ciertos personajes latinoamericanos.

-Bajando la escalera se despliega la imagen de 47 líderes de 14 países, que aparecieron en los archivos de la CIA, desde el año 47 al 94. Algunos fueron asesinados, en otros casos las causas de sus muertes están siendo investigadas. En bronce gruñido está la imagen fantasmagórica de ellos. En ese retrato aparecen el país, el año y no el nombre. Luego se despliega toda la información de las causas, con su historia, fallos, peritajes y exhumaciones, que conseguimos a través de familiares, jueces, abogados. Incluso César Gaviria, ex presidente de Colombia, nos ayudó. Fue un trabajo difícil. Después, en un muro, con una máquina que inventamos, se proyectan imágenes de los muertos, el lugar de los hechos o del accidente. Usamos la luz como una manera de que estas imágenes de crónica roja se desmaterialicen y no resulten morbosas. Y aquí aparece el cargo, pero aún sin el nombre.

-¿En cada sala entregas pistas que ayudan a completar el guion de lo ocurrido?

-Está todo pensado. Una sala más abajo, otra obra de Donald Judd intervenida contiene toda la investigación que hicimos por país. Esto lo puedes leer, están en unas carpetas realizadas con una solución de acero, son pesadas, frías, como si se tratara de una morgue. Al leerlas puedes hacer un cruce de información. Ahora ya sabes los nombres. Además, se exhiben 10 casos específicos con peritajes y documentación que nadie ha visto, lo que va a ser impactante. Los casos de Chile son Frei, Allende, Neruda, Letelier. También aparece Jacobo Arbenz, de Guatemala; Omar Torrijos, de Panamá, entre otros. Finalizo con un video multicanal de cinco pantallas, con la obra Translation Lessons (2012-2016), donde hago una reflexión sobre el idioma como dominio hegemónico. En él, un profesor me enseña inglés a través de la lectura de los archivos de la CIA.

-Toda esta investigación y proyecto tiene como punto inicial Chile. ¿Qué te motiva?

-Cuando no tuviste infancia en Chile, resulta difícil entender esta sociedad tan segmentada, con un sentido de la vigilancia por el otro. En países más grandes y diversos esos códigos no existen, como tampoco la necesidad de homogeneizarse. Llegué a Chile el 89 y la sociedad ha tenido cambios, pero sigue siendo pueblerina. Para entenderla me ayuda todo este trabajo que elaboro, partiendo desde lo intelectual.

Publicado por Capital Online

Escribir el dolor para ser resiliente. Leandra Guzman

Escribir el dolor para ser resiliente. Leandra Guzman

Tres miristas en la memoria de Concepción, Chile. “La Abuela Lloca”, ” Emilio” y Jane Vanini.

Tres miristas en la memoria de Concepción, Chile. “La Abuela Lloca”, ” Emilio” y Jane Vanini.

A 50 años de la fundación de MIR: Los pobres del campo y la ciudad

El siguiente artículo pretende rescatar parte de la historia personal de tres militantes del MIR en la región de Concepción, que representan la esencia de este proyecto político surgido a mediados de la década del 60 del siglo pasado.  El MIR pretendió rescatar la tradición clasista y combativa de los orígenes del movimiento obrero y en su camino se encontró con diversos actores sociales que reclamaban un espacio de participación en la sociedad chilena.  No son historias de renombrados líderes ni personajes públicos; es la historia de personas de pueblo, de pobres de la ciudad o del campo, refugiados exiliados, hombres y mujeres, los verdaderos artífices de esta historia de rebeldía del pueblo chileno.

Por: resumen.cl

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Leocadí Pradel Benavides: “La Abuela Lloca”

Leocadí era hija de un inmigrante francés que llegó a Coronel a fines del siglo XIX, época de auge carbonífero y del puerto. Siendo muy joven, Leocadí se enamora de un joven dirigente sindical de la sección local de la FOCH (Federación Obrera de Chile) y uno de los fundadores del Partido Comunista en Coronel. Tempranamente destacó por su astucia y carácter, ya antes de la persecución desatada en la zona del carbón por González Videla, tras la huelga larga de 1947 demostró habilidad escondiendo y ayudando a escapar a familiares y amigos de la persecución, de la prisión, del campo de concentración, o de  relegamientos.

En esa época, vestida impecablemente de rojo, incluido los zapatos, sombrero y cartera, asistía todos los días hasta el campo de concentración montado por el ejército en la playa de Coronel durante la aplicación de la Ley maldita, para exigir ver a su marido, detenido en ese recinto a la espera de su relegamiento a Pisagua. Era un gesto de dignidad y rebeldía.

Fue madre de 6 hijos biológicos y de otros tantos desamparados que acogía como suyos. Era ejemplo de un desprendimiento a toda prueba que la llevaba a compartir todo lo que tenía, su casa, su pan, y lo que no tenía. En una muestra más de una infinita solidaridad, durante el año recogía juguetes los cuales reparaba y luego regalaba a los niños de la calle para navidad.

Durante el gobierno de Allende, Leocadí colabora con las actividades y tareas del MIR en Coronel. El 11 de septiembre de 1973 todo su compromiso, su solidaridad e incluso su osadía serán, nuevamente, puestas a prueba. Esta vez, a pruebas de fuego. Tras el golpe militar las direcciones políticas del MIR de Cautín y de Concepción se replegaron hacia Coronel; allí Leocadí acoge en su casa a parte importante de las direcciones clandestinas donde se comienza a organizar la resistencia popular.

Con más de 70 años enfrentaba los allanamientos a su vivienda con frialdad absoluta; brindaba tranquilidad y seguridad a todos quienes pasaron por su casa buscando ayuda o refugio, muchos de los cuales le deben su vida, incluido el encargado regional del MIR de Concepción al momento del golpe.

Debido a su explícita exigencia, tras el golpe militar los miristas se vieron obligados a incorporarla como militante, cuando muchos desertaban ella reclamaba un espacio de lucha. Leocadí fue muy importante, en tareas de ocultar gente, trasladar personas e información y también, más adelante, como transmisora a las nuevas generaciones de jóvenes revolucionarios de toda la experiencia personal que tenía sobre la zona del carbón.

Consecuente, jamás traicionó sus principios, y hasta sus últimos días apoyó la causa popular; teniendo más de 90 años, participaba de proyectos de carácter político social.

Murió en su hogar en abril del año 2000, cansada pero íntegra, con más de cien años de vida.

Hugo Fernando Amaya Sepúlveda: “Indio Emilio”, “Guatón Rolando”

“Emilio”, “Rolando”, “El Indio” nació en Lota el 28 de abril de 1941, era el segundo de 4 hermanos del matrimonio del minero Juan Bautista Amaya y su compañera Mercedes Sepúlveda Aguilera.

Fernando se crío en Lota en el antiguo Pabellón 43. Sus estudios básicos los realizó en la Escuela Matías Cousiño y posteriormente Colegio San Juan. Los terremotos de mayo de 1960, no solo terminaron con la histórica huelga de los mineros de toda la región carbonífera desde Schwager a Lebu que se extendía por ya largos 3 meses, sino además derrumbo muchas viviendas entre ellas el viejo Pabellón 43. La familia Amaya se trasladó a vivir a la recién construida Población Camilo Olavarría de Coronel. En ese tiempo, el joven Fernando se desempañaba ya como obrero de Astilleros y Maestranzas de la Armada, ASMAR en Talcahuano, donde había ingresado a trabajar luego de pasar por la Escuela de Artesanos Navales de la Armada.

Desde su incorporación al MIR, a fines de los 60, Fernando paso a formar parte del trabajo militar de la naciente organización del GPM (Grupo Político Militar) de Coronel. Con la chapa de “Emilio”, participa de diversas acciones en los años del gobierno de Frei Montalva, época en la cual el MIR vivió su primera clandestinidad.

Luego del triunfo de Allende en 1970, el MIR salió de la clandestinidad y, ante los temores de atentados en contra del electo presidente, ofreció a sus militantes con formación militar para organizar un grupo que hiciera la seguridad personal al mandatario. Esta tarea de protección la lideró al interior del MIR el dirigente schwagerino Sergio Pérez Molina, “Chicope”, y uno de los primeros en ser alistados a este grupo fue “Emilio”. Allí pasó a formar parte de los choferes del equipo de seguridad; conducía una camioneta del parque de vehículos del GAP (Grupo de Amigos del Presidente), como fue conocido posteriormente este grupo.

La semana Santa de 1972 Hugo Amaya Sepúlveda fue portada en la prensa nacional. Un automóvil sufrió un accidente en el sector rural de Bucalemu; tras el volcamiento, material de guerra quedó al descubierto, por lo cual Amaya junto a su acompañante, Ricardo Pardo, “Mono”, un ex boina negra del ejército, fueron apresados y trasladados a la cárcel pública de Valparaíso. El otro acompañante, Oscar Delgado Marín, “Aquiles”, “Ciriaco”, logra escapar del sitio del suceso. Delgado también era un ex comando del ejército que fue parte de la primera promoción de boinas negras formados en Chile, en la Escuela de Paracaidistas en 1966, y que, junto a otros 8 comandos fue expulsado del ejército en 1969 por su pertenencia al MIR.

Amaya y Pardo, tras el accidente permanecieron en la cárcel hasta el invierno de 1973. Tras salir de prisión pasaron a formar parte de la primera escuadra de la Fuerza Central del MIR, grupo de combate de la organización.

Amaya estuvo muy ligado antes del golpe al grupo de ex boinas negras que se incorporo al MIR, bajo la influencia del hermano materno de Luciano Cruz, el capitán Florencio Fuentealba Aguayo. Este grupo fue completamente aniquiladopor los organos represivos de la dictadura antes de octubre de 1974.

Hugo Amaya permaneció activo en la resistencia contra la dictadura participando de diversas acciones en Santiago, donde estaba radicado, durante 1974 y 1975. A fines del 75 o principios del 76 pasó a retirar a sus hijos de diversas casas donde los había dejado encargados; algún tiempo más tarde, sus padres en Lota recibieron un recado de su compañera Victoria quien les señalaba que “Rolando” había caído detenido.

Amaya logró sobrevivir a la cacería de los órganos represivos de la dictadura hasta mediados de 1976. Para esa fecha, ya habían caído Miguel Enríquez (5 de octubre de 1974), Eulogio Fritz, “Duro Pablo”, jefe del MIR en Coronel (21 de febrero de 1975); solo quedaban funcionando pequeños núcleos organizados, los últimos restos del MIR.

Ese mes julio de 1976 solo hay dos desapariciones de militantes del MIR en Santiago, Hugo Amaya Sepúlveda y María Galindo Ramírez coincidentemente ambos de Coronel, pero no se ha podido establecer si había algún vínculo de trabajo de resistencia entre ellos o si hay alguna relación en la detención y desaparición de ambos

Hasta el día de hoy se desconoce el paradero de Hugo Fernando Amaya Sepúlveda; tenía 35 años cuando se pierde su rastro. La Comisión Rettig desestimó su caso por falta de antecedentes, como ha ocurrido con otros muchos casos de caídos en las garras de la represión de la dictadura.

Jane Vanini, una valiente mujer internacionalista

El 6 de diciembre de 1974 en la Población Laguna Redonda II, del sector Lorenzo Arenas de la ciudad de Concepción, se produjo uno de los episodios más emblemáticos de la lucha de resistencia contra la dictadura. Hecho que ha sido ignorado por la historia oficial y que ha pasado desapercibido en sucesivas actividades conmemorativas de ese período dictatorial.

Ese día, más bien en la madrugada, en la vivienda ubicada en el segundo piso del N° 560 del Pasaje 12 de la mencionada población, se produjo un enfrentamiento que le costó la vida a Jane Vanini, revolucionaria brasileña y militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), quien cayó abatida luego de oponer durante horas tenaz resistencia a los efectivos represivos que atacaban la vivienda.

Jane Vanini, de 29 años de edad, había nacido en Cáceres, en el Estado de Matto Grosso, en Brasil, el 8 de septiembre de 1945. Desde muy joven abrazó la causa de la revolución y la lucha por un mundo mejor para los desposeídos y explotados de esta tierra. El auge experimentado por las luchas populares en Brasil en la década del 60, la sorprende en plena época estudiantil. Fue el tiempo en que las máximas expresiones de movilización del pueblo llevaron al gobierno a Joao Goulart. Pero también fue el tiempo en que la reacción burguesa brasileña y del imperialismo yanqui empezaron a dibujar las respuestas represivas, contra revolucionarias y punitivas en contra del campo popular y revolucionario latinoamericano.

Por aquella época, Jane estudiaba en la Facultad de Ciencias Sociales en la Universidad de Sao Paulo. Fue allí que se integró a la organización revolucionaria Acción Liberadora Nacional (ALN), fundada y dirigida por Carlos Marighela. La ALN propiciaba la lucha armada como camino de lucha para la conquista de los objetivos populares y los propósitos socialistas. La ALN introdujo la guerrilla urbana como método de lucha legítimo y posible en la lucha revolucionaria.

Jane Vanini llega asilada a Chile el año 1971, junto a un centenar de luchadores brasileños. Ingresa a trabajar como secretaria en la revista Punto Final. Junto con eso, se integra a las filas del MIR con el nombre de Gabriela Fernández. En estas actividades laborales y políticas conoce a José Carrasco Tapia, Pepone, miembro del MIR y periodista, que se convertiría en su nuevo compañero.

En Marzo de 1974, el MIR, envía hacia Concepción a Jane Vanini y a José Carrasco Tapia. Debían trabajar en la reorganización del partido y en el impulso a las tareas de resistencia en esta zona. Jane llega primero, a quedarse en casas de colaboradores y a preparar las condiciones para la instalación de su propia vivienda. Luego, en septiembre de ese año, llegan a vivir a la vivienda departamento de la Población Laguna Redonda. Desde allí desarrollan sus tareas y actividades clandestinas. Sin embargo, el 5 de diciembre es detenido José Carrasco Tapia, su compañero, y de nuevo la libertad y la vida de Jane penden de una decisión ajena.

A la madrugada del día siguiente, 6 de diciembre, las fuerzas represivas llegaron hasta la casa. Se trataba de fuerzas de la infantería de marina (Grupo de choque del Destacamento N° 3 Sargento Aldea), de los servicios de inteligencia naval (Ancla II) y del CIRE, los mismos que habían detenido a Carrasco. Cercaron el block y trataron de tomar la vivienda por asalto.

Fue la tenaz resistencia que opuso Jane Vanini la que impidió que las fuerzas represivas ingresaran a la vivienda. No estuvo dispuesta a huir. Tampoco estuvo dispuesta a rendirse. Menos estuvo dispuesta a claudicar aunque voces enemigas y amigas la instaban a gritos a que depusiera su actitud rebelde.

Pero ese era el espíritu de Jane Vanini. Era una revolucionaria en cualquier parte y en todo momento. Llegado el momento culmine no vaciló en enfrentarse, en combatir, en resistir, hasta rendir la vida si fuese necesario, para preservar la dignidad de una causa, defender la libertad y testimoniar la necesidad de luchar. Luchó sola durante horas desde ese departamento contra un enemigo superior y cobarde.

Finalmente, ya gravemente herida, las fuerzas represivas irrumpieron en la vivienda y la ejecutaron. Luego su cuerpo fue sacado del lugar por los propios agresores y no se tuvo noticias de su sepultación.

Gabriela, como se le conoció en el MIR, fue una revolucionaria internacionalista que vivió y murió luchando consecuentemente por los valores e ideales de la justicia social y la libertad de los pueblos.

Imagen: Pititore

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