La Fosa de Pisagua. 28 años, sus hijos esperando verdad y justicia.

La Fosa de Pisagua. 28 años, sus hijos esperando verdad y justicia.
A 28 años del hallazgo de la fosa clandestina de Pisagua, sigue la demanda de verdad y justicia
 3 junio, 2018 Edición Cero 0
Trailer / fragmento

Patricio Cabezas es hijo de un abogado ejecutado en la caleta de Pisagua durante el Golpe de Estado Militar en Chile en Septiembre de 1973. Durante el hallazgo de una fosa común cerca de su cementerio, se revelan las evidencias de terribles atrocidades cometidas en contra de ciudadanos chilenos por el régimen de Augusto Pinochet.

Mas de 10 cuerpos baleados son encontrados envueltos en sacos de papas y sujetados por alambres de las coronas de flores que abundan en las cercanías. Una misteriosa condición natural del desierto mantuvo los cuerpos casi intactos. Años más tarde un grupo de personas descubre, registra y da a conocer los hechos de este descubrimiento al mundo generando mucho impacto. Un joven Cabezas se encuentra entre los paleros que cavan la fosa. Esta experiencia le devuelve algo curativo para su vida pero lo deja marcado para siempre.

Un 02 de Junio de 1990, luego de reiteradas e infructíferas búsquedas, y ya con los albores de los primeros meses de recuperación democrática, fue descubierta la fosa clandestina de Pisagua, que contenía los cuerpos de 20 ejecutados políticos, quienes fueron vilmente asesinados. estaban con los ojos vendados, las manos atadas a su espalda y envueltos en sacos de arpillera. Pero, 17 años después, emergieron de la salina tierra nortina, para contar su verdad al mundo. No andaban escapados ni en libertad; fueron ejecutados.
Este domingo, como todos los años, se conmemora esta fecha, con una ceremonia en el Mausoleo Para Que Nunca Más, donde yacen los cuerpos de quienes fueron encontrados y cuyos familiares decidieron compartir un espacio que los cobijara a todos.  Y este año no fue distinto. En el Cementerio N° 3 se reunieron familiares, ex prisioneros, compañeros, amigos, ciudadanos…  todos bajo la consigna de “Para que Nunca Más” y siguiendo en la lucha de verdad y justicia.
En esta ocasión, concurrió como cada año, el Senador Jorge Soria Quiroga, quien también fuera prisioneros político en Pisagua y compañero de muchos de los desaparecidos. También estuvieron presentes el diputado Hugo Gutiérrez, el alcalde Mauricio Soria, el Presidente del Consejo Regional, Alberto Martínez y el Consejero Pedro Cisternas.En la ocasión se rindió un homenaje y se nombró a quienes fueron encontrados en la fosa:
Manuel  Sanhueza Mellado,
Hugo Martínez Guillén,
Alberto Yáñez Carvajal, 
Luis Alberto Toro Castillo,
Nelson Márquez Agusto,
Germán  Palominos Lamas, 
José  Córdova Croxatto, 
Juan Valencia Hinojosa,
Julio Cabezas Gacitúa,
Mario Morris Barrios,
Humberto Lizardi Flores,
Luis Lizardi Lizardi,
Marcelino Guzmán Fuentes,
Juan Calderón Villalón,
Nicolás Chanez Chanez,
Juan Mamani García,
Orlando Cabello Cabello,
Luis Manríquez Wilde
Juan Orlando Rojas Osega.
Mientras, sigue la búsqueda de Juan Antonio Ruz Díaz,  Rodolfo Fuenzalida Fernández, José Sampson Ocaranza, Michel Nasch y Freddy Taberna Gallegos.
BOLSA N° 20
Hay una situación que no está clara hasta hoy y que tiene que ver con la llamada “bolsa N° 20”, que contenía restos de a los menos 3 personas. Se le practicaron peritajes en el país, pero para acceder a una tecnología más avanzada, fue enviada al extranjeros. Hasta hoy, no se sabe a quiénes pertenecían los restos. Y la bolsa, también desapareció.
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La fosa está emplazada a casi 3 kilómetros al norte de Pisagua, a un costado del cementerio de la localidad costera, distante a 180 kilómetros al norte de Iquique. El hecho se registró el 2 de junio de 1990, luego que una avanzada de familiares, ex presos políticos y el arqueólogo Olaf Olmos buscaran desde hacía una semana restos de las víctimas del Régimen Militar.
El presidente de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos y Detenidos Desaparecidos, Afepi, Héctor Marín Rossel, recordó el hecho, explicando que solamente un grupo reducido de dirigentes conocía el hecho, pero se mantenía en absoluta reserva para no generar falsas expectativas.
“De hecho, muchas de las búsquedas nunca se dieron a conocer”.Explicó que fue “el 2 de junio, a las 18 horas, cuando apareció el primer cuerpo, que correspondía a Manuel Sanhueza Mellado, oriundo de Valparaíso, que fue detenido en Arica, junto con su esposa embarazada y su suegro y trasladado al campo de concentración de Pisagua. Paradójicamente fue el primero encontrado, pero el último en ser identificado, ya que a su familia le indicaron que en su traslado, él se había fugado y se había internado en el mar, ahogándose. Quedaron vivos su suegro y su esposa, quien abortó debido a las torturas”.
INHUMACIÓN ILEGAL Una vez encontrados los primeros restos, se hizo presente en el lugar el juez de Pozo Almonte, Nelson Muñoz Morales, quien llegó junto a Carabineros para denunciar la inhumación ilegal.Con ello comenzó a acordonarse el lugar.En el sitio emplazado a casi 3 kilómetros de Pisagua, a un costado del cementerio de la localidad costera distante a 180 kilómetros al norte de Iquique, continuaron las excavaciones en la madrugada del 3 de junio. Mientras, un grupo de viudas y familiares de las víctimas son informadas de los hallazgos y viajan raudamente a Pisagua, a quienes solamente se les permite el acceso hasta el sector de Alto Hospicio de la caleta costera, debido a que estaba acordonado el pueblo y prohibido el acceso a civiles. Tampoco se les confirma, ni niega el hallazgo.
PALEROS Por la tarde, tras una intensa jornada de trabajos de 25 paleros, fueron encontrados 19 cuerpos de Detenidos Desaparecidos y Ejecutados, los que fueron trasladados por vehículos de la Funeraria la Humanitaria el mismo día hasta el Servicio Médico Legal.
El 5 de junio ya existía certeza de la identificación de algunas víctimas, ya que las familias pudieron ingresar para reconocer a los DD.DD. y Ejecutados Políticos. El primero en ser reconocido fue el profesor Humberto Lizardi Flores, luego Luis Lizardi Lizardi, después al abogado del Consejo de Defensa del Estado, Julio Cabezas. También se identificó a Martínez.
FUNERALES El primer funeral que todavía se recuerda por lo masivo y simbólico, fue el 7 de junio, donde fueron sepultados 13 de los cuerpos en el Cementerio Nº3, donde se habilitó un pabellón especial. La ceremonia litúrgica se efectuó en la Iglesia Catedral “Inmaculada Concepción”, para luego ser trasladados los restos hasta el campo santo. A los 3 días, se efectuó otro funeral, debido a que muchos de los familiares se encontraban en el sur del país, y del extranjero, como Holanda y Suecia.
EXCAVACIONES Paralelamente seguían las excavaciones en Pisagua, debido a las versiones que señalaban que existían 3 fosas más, no solo en la parte baja de la caleta, sino en Alto Hospicio de Pisagua, debido a que a los detenidos del Régimen Militar se les obligó a construir una pista de aterrizaje en el sector.
El caso fue designado al magistrado Hernán Sánchez Marré, en calidad de ministro en visita, quien tras un tiempo derivó la causa a la justicia militar, al declararse incompetente por estar supuestamente involucrados militares.
De ahí los antecedentes duermen hasta el retorno a la democracia en 1990.
Destacado

SEPTIEMBRE 14, 2010

Marta R. Zabaleta* del Frente de Mujeres Revolucionarias del MIR chileno, años 70

“NO ME ARREPIENTO DE NADA”

La escuché hablar sobre el ”trabajo doméstico invisible” en Villarrica, el verano de 1971. Fue una charla muy sencilla en vocabulario. Recuerdo que las mujeres quedaron encantadas por escuchar a alguien que le ponía palabras a lo que ellas no podían decir… existía un alto grado de analfabetismo, timidez, humildad y violencia intrafamiliar, tanto, que ni siquiera se atrevieron a contarle a sus maridos lo que escucharon en esa reunión… Fue hace casi 40 años.

La hija de una dirigenta regional de Villarrica (sur de Chile), Cecilia Burgos Conejeros, escuchó ese día el mensaje del Frente de Mujeres Revolucionarias -Organización que ni siquiera parece haber registrado el historiador Luis Vitale, también militante del MIR, en su Cronología Comentada del Movimiento de Mujeres en Chile-. Era Marta Zabaleta la que hablaba, argentina, militante del MIR chileno y feminista latinoamericana ya en ese tiempo. Fue en la época de la UP, Unidad Popular, la coalición de partidos de izquierda que hizo posible los 3 años de Allende en el gobierno chileno.

“IDEAS RARAS”

“Imagina mi emoción con la carta de esta persona. Ahora ella vive en el exilio, creo que ya es abuela… Yo tampoco he olvidado cuando fuimos a la población en Villarrica. Con unas casitas de 4 x 4 metros cuadrados, no más, no tenían ni vidrios y sólo piso de tierra, era gente trabajadora, pero sin recursos, que vivían en condiciones muy precarias. Eso no lo tomaban en cuenta las visitadoras sociales de ese tiempo, que culpabilizaban a las mujeres diciéndoles que sus guaguas se enfermaban de diarreas e infecciones porque ellas no desinfectaban bien las mamaderas… El trato clasista, racista y machista típico, también entre nosotros. Yo un día me quedé hasta el final en una reunión vecinal convocada por esas compañeras de los servicios de asistencia social y de repente, me paré, me presente y hablé de los derechos de las mujeres, pero alguien dijo: ¡Por qué habla ella si es argentina! ¡Les viene a poner ideas raras a “nuestras” mujeres en la cabeza!… el acostumbrado discurso de la UP, xenófobo además… querían evolución, pero con las mujeres sometidas”.Fuiste cofundadora en Concepción del Frente de Mujeres Revolucionarias ¿Cómo fue ese feminismo?

Sí, tres de las fundadoras no éramos chilenas, dos argentinas y una francesa que se suicidó no mucho después cuando murió su amante, Luciano Cruz (1), ella era muy buena persona, feminista y socialista también. Me prestó muy importante bibliografía.
De acuerdo a mi concepción de lo que es el feminismo como movimiento, entre el 70 y el 73, sólo se puede hablar de que había algunas mujeres feministas en Chile, y tal vez también, un puñado de hombres pro-feministas. Nuestro grupo, por ejemplo, constaba de 13 mujeres como mucho, en sus inicios. Fue creado en 1971 y empezó con clases vespertinas gratis, dadas por mí en la escuela de Economía y Administración de la Universidad de Concepción.¿Cómo eran esas clases?

Eran en la Universidad. Iban dirigidas a estudiantes de ambos sexos. Asistía quien quería, pero básicamente lo hacían integrantes del Movimiento Universitario de Izquierda (MUI), que era el frente de masas universitario del MIR. Un artículo que recuerdo de la bibliografía elegida fue sobre la invisibilidad del trabajo doméstico, escrito por la socióloga argentina Isabel Larguía y que publicó “Monthly Review Press”, en Nueva York. Esa revista era excelente, producida por los mejores economistas marxistas de la época, como Paul Barán y Paul Sweezy, salía también en versión castellana, y era distribuida en Chile por Lucho Benado, militante del Partido Socialista.También discutíamos en esas clases, el manifiesto constitutivo del Frente de Mujeres Revolucionarias, FMR que habíamos redactado en reuniones de mujeres hechas en mi casa.¿Iban dirigidas a sólo estudiantes de Universidad?

Las de la Universidad, sí, pero un equipo de dos hombres, estudiantes de medicina, un abogado, y dos mujeres, Cristina Haydee Araya y yo, dábamos clases y asesorábamos al Sindicato de Empleadas Domésticas de Concepción, Chillán y Temuco, en temas propuestos por ellas mismas. Temas legales, de vivienda, sexuales y laborales. Llegaban muchas a estas clases. Al margen del Frente de Mujeres, en mi base de cuadros del MIR escribíamos con tres colegas varones, charlas de educación política para el frente de masas trabajadoras del MIR, el Frente de Trabajadores Revolucionarios, FTR. Luego las dábamos en los sindicatos, en las minas de Lota y Coronel, en las fábricas estatizadas, en los astilleros de Talcahuano, entre otros. Yo decidí ponerles diálogo y quedaron bastante amenas. Escribimos unas 25, y cuatro de ellas fueron dedicadas por mí al tema de la mujer, incluyendo los problemas de discriminación en el lugar de trabajo, de pareja y de violencia del marido, generalmente asociada al alcoholismo.¿Tuvieron repercusión?

Sí, esas clases hasta las reimprimió el PS y llegaron a difundirse en más de 25 mil ejemplares. En suma: cuatro fueron dedicadas a problemas e intereses específicos de las mujeres obreras, pobladoras, esposas de mineros, de obreros, etcétera. Los compañeros les llamaban: “Sobre la cuestión femenina”, siguiendo la vieja tradición marxista. Yo también daba estas clases a las personas afiliadas a las Juntas de Abastecimiento y Precios (JAPs) de la región, pero muy especialmente a las de la JAP de Concepción Centro, que era la que yo pertenecía y donde residía. Fui sumamente activa en el desarrollo comunitario de las JAPs y en su vertebración con los trabajos extracurriculares de los estudiantes de mi Escuela, trabajo que estaba a mi cargo.“EL COMITÉ REGIONAL NOS HIZO ACOMPAÑAR POR UN VARÓN”…

Marta cuenta que preparaba sus clases a partir de sus lecturas del “Segundo Sexo” de Simone de Beauvoir. Había traído el libro en español desde Argentina “porque en Chile, en esos tiempos era muy difícil conseguir ese tipo de bibliografía. Mi idea era que las estudiantes reflexionaran sobre las posiciones existencialistas -que aún no eran feministas- de Simona. Además yo las contrastaba con los principales aportes a la ‘cuestión femenina’ del marxismo ortodoxo y con los nuevos aportes críticos del marxismo feminista de los años 60”…¿Qué decía el MIR de todo eso?

Contábamos con el total apoyo del Comité Regional y del Comité Central, aunque curiosamente cuando viajamos al Sur nos hicieron acompañar con un joven varón que escuchaba todo lo que hablábamos con ojos muy asustados. Se llamaba el Mechón Castro, y era estudiante, creo, de Sociología de la Universidad, y muy metido en la Federación de Estudiantes de Concepción, FEC. Era también gran entusiasta de la Revolución Cubana, un poco a diferencia mía, que siempre tuve grandes reservas con la manera en que se conceptualizaba a las mujeres en el doctrinario cubano, y con el trato secundario que se les daba en el PC de Cuba, básicamente a través de la Federación de Mujeres Cubanas. Pero Mechón instaba a las mujeres del Sur “a esforzarse, porque hasta podrían viajar a Cuba”. Estas intervenciones suyas me daban más pena que enojo. Las mujeres, en todo caso, tenían sus reivindicaciones muy claras: no pedían nada para sí, todo para sus hijas e hijos; en especial, educación.No hablaban de ir a Cuba, ni de sí mismas…

No. Eso ocurría en nuestros trabajos del FMR desde Concepción al Sur. Un común denominador que he observado en muchos países del mundo entre las mujeres de las clases o estratos menos favorecidos.
Me acompañaron en ese viaje varias compañeras que estudiaban para ser matronas, y dentistas. También trabajé a nombre del Frente de Mujeres Revolucionarias entre las mujeres mapuche del Frente Campesino Revolucionario (MCR). Y en los alrededores de Concepción, entre las pobladoras que participaban en tomas de terrenos, y fábricas. Yo ya tenía buena experiencia previa en ese trabajo, pues cuando trabajaba como investigadora del Instituto de Educación y Capacitación para la Reforma Agraria (ICIRA), en Santiago, estuve encargada de evaluar el impacto del método de alfabetización y concientización de adultos de Paulo Freire entre el campesinado organizado y el del Instituto de Educación Rural de la Iglesia Católica.¿Había mujeres en el CC del MIR?

En 1971, una de las integrantes del Comité Central del MIR, que vivía en Santiago, era Gladys Díaz -sobreviviente de la dictadura de Pinochet- (2), nos visitó en mi casa una o dos veces. Ella era dirigenta también del Frente de Trabajadores Revolucionarios del MIR y de su propio sindicato profesional. Se había hecho bien conocida en ese tiempo porque rechazó públicamente un premio de una empresa de productos de belleza, parece que de Helen Rubenstein. Me acuerdo siempre de que ella nos insistió en que debíamos impulsar a las mujeres de los trabajadores que habían ocupado entonces fábricas en Rengo -donde trabajaban con apoyo del MIR y pedían su expropiación- a salir de sus casas, a acostumbrarse a ser independientes de sus hombres, y que para eso, nos dijo, debíamos ir nosotras a reemplazarlas, a cuidar de sus hijos, a cocinarles a ellos y a sus maridos… cosa que sólo algunas veces y con ciertas dudas, acepté hacer, creo…¿Sabía de feminismo el gobierno de la UP?

Mira, bien poco o nada. Pero cuando Fidel Castro visitó Chile, en 1971, se alarmó muchísimo porque la UP no podía movilizar a las mujeres y convenció a Allende a convocarlas al Estadio Nacional y ambos les hablaron allí a las asistentes, que fueron miles. “Punto Final”, esa misma semana sacó una separata con el discurso de Fidel a las mujeres de Chile. A raíz de todo eso, Allende decidió hacerse asesorar con mujeres feministas de los diversos partidos de su coalición, la UP. Creo que sólo consiguió a cuatro o cinco, según me contó una médica trotskista pro mirista, que fue invitada, la doctora Neomicia (Micha) Lagos que por entonces era esposa de Luis Vitale – el historiador, miembro fundador del MIR y del Comité Central-. Pero no lo sé exactamente porque yo nunca fui invitada a ninguna reunión de las feministas asesoras de la UP. Tal vez Gladys Díaz, sí lo haya sido porque al llegar al exilio, ella escribió un documento feminista del MIR, razonable para esa época. Hubo también dos brasileras feministas, ambas sociólogas y profesoras universitarias, Vania Bambirra, del PS, y Evelyn Page, del MIR, que escribían y hablaban sobre los derechos de las mujeres y sobre la mujer. Algunas mujeres del MUI de Concepción, con nuestro apoyo, lucharon por conseguir el derecho a aborto seguro, legal y electivo de las estudiantes.¿Desde la UP, qué medios de comunicación dirigidos a las mujeres había?

Había la revista “Paula”, que yo consideraba muy mediocre, pero lo peor es que era cualquier cosa, menos feminista. En ella trabajaba una periodista desconocida entonces, Isabel Allende -no la hija del presidente, sino la escritora actual-. Yo no le veía ninguna conciencia feminista a ella en sus escritos, aunque he observado que años después declaró que era feminista ya desde entonces… Bueno, es que la UP era un gobierno de centro izquierda, que llegó al gobierno –nunca al poder- con 40 medidas progresistas, que no constituían un programa socialista realmente, al decir de Paul Sweezy. Tampoco lo era en materia de derechos sexuales y reproductivos. Pero la Editorial del Estado, Quimantú saco un interesante librito que solo encontré en un biblioteca de la Universidad de Londres cuando trabajaba en mi tesis doctoral, ya en el exilio, acerca de la situación general de las chilenas. Contiene un resumen de las muertes por violencia de género de las mujeres, que creo que decía que eran más o menos 400 al año.50 AÑOS, SOCIALISTA y FEMINISTA

Marta en 1989 fue nominada por la British Broadcasting Corporation (BBC) y el Art Council of Great Britain como “Daughter of Simone de Beauvoir” –Hija de Simone de Beauvoir- (3) por la influencia que esa fundamental filósofa existencialista y feminista, ejerciera en su vida y su trabajo. Cuando le hablo de “patriarcado”, Marta me explica: “En mi esquema conceptual no necesito usar el vocablo Patriarcado para explicarme nada. Estoy autoentrenada- dado que soy una intelectual marxista especializada en los estudios sobre las mujeres, los hombres y los géneros, a analizar a la sociedad como sostenida por relaciones sociales caracterizadas por las desigualdades. Por lo tanto, estudio a mujeres y hombres, niñas y niños, como sujetas y sujetos sociales de relaciones derivadas de su clase, raza y género, en su interrelación recíproca, y tomando en cuenta factores biológicos y culturales como la edad, la educación, la sexualidad, las ideologías políticas y las fantasías religiosas, y así siguiendo. En ese enfoque y conceptualmente hablando, ni el patriarcado ni el matriarcado me sirven mucho, por eso, no los uso”…En el transcurso de nuestra correspondencia comprendo por qué Marta Zabaleta, a menudo subraya la academia y lo intelectual en su vida: “Lo que más me ayudó en la vida, creo, fue el carácter perseverante que me dejó mi padre como herencia. Fui capaz de construirme una sólida carrera profesional a pesar de tantos escollos que me pusieron en el camino, mi familia de origen, mi marido, algunos colegas, principalmente hombres, también militares, policías, soplones y hasta a veces, yo misma”… Percibo que es la historia de las mujeres que luchan, en su caso, más de 50 años de lucha feminista latinoamericana, por abrirse paso en un mundo de hombres bien machos en lo más obvio y también en algo un poco más sutil, las ideas…

Marta, has escrito sobre literatura de mujeres postgolpe y has destacado que escriben muchas veces para sanarse… A veces se piensa que eso no es político…

No puedo ni creo que se debe generalizar así. En todo caso, todo lo que yo hago es político. Y no, no escribo expresamente para sanarme de ningún trauma. Pero si lo consigo, ¡mejor!… Escribo y hablo para dejar constancia histórica de fenómenos sociales relevantes que me ha tocado vivir, y de los cuales fui testiga, y muchas veces, autora y/o víctima. Hay mucha agente aquí en Europa que me considera una privilegiada por el tipo de experiencia que fui capaz de acumular debido a un cúmulo de circunstancias históricamente específicas que me tocó experimentar: el gobierno populista -y popular- de Juan Perón y Eva Duarte, el de Allende, el de Pinochet, el de Videla, y la doble visión que me confirió la obligada vida del otro lado del Atlántico.¿Cómo has enfrentado esta vida feminista de revoluciones, golpes, exilios…?

Yo crucé los Andes y me fui a Chile –siendo ya feminista en 1963- con la intención de hacer un recorrido similar al del Che que me llevara a ser la Che de las mujeres feministas del continente… Bueno, muchas veces he enfrentado mi vida con enorme dolor, humillación, mucha angustia y siempre con muchas necesidades materiales. Pero, más en general, sin corromperme, ni abandonar mis ideas. También he gozado siempre del enorme apoyo de personas e instituciones relacionadas a mi profesión. Y del de mi hija y mi hijo. Pero tan larga es la lista que es imposible tratar aquí de resumirla.
En más de 50 años de acción feminista militante, debo haber cometido muchos errores; dejo que los critiquen otras y otros. Todas las experiencias vividas, militancia izquierdista, militancia feminista, golpes, exilios, me han enriquecido como mujer y como intelectual, como científica y como escritora, amiga y compañera, madre y amiga. Me han revitalizado como poeta, aunque el trauma del golpe de Chile me impuso un silencio poético de más de 30 años… Creo que lo mejor que hice en mi vida fue decidir ser madre y lo peor, fue enfatuarme a veces con hombres nuevos que existían más en mi imaginación -o ahora último en la pantalla del Internet- que en la cocina, en la oficina o en la cama, pero no me arrepiento de nada, con ellos también se goza.¿MICHELLE BACHELET, SÍMBOLO DE LA IGUALDAD DE LAS MUJERES?

Le pregunto abiertamente sobre la falsa idea –en mi opinión- de que la ex presidenta de Chile, Michelle Bachelet sería un símbolo de igualdad para las mujeres. Lo han sugerido algunas feministas chilenas como Diamela Eltit –importante escritora- y Teresa Valdés –analista política- en distintos momentos (4). Incluso se hizo un Encuentro Feminista en Olmué el año 2005 en el que -a todas luces- la organización quiso sacar un acuerdo feminista –que no lograron- a favor de Bachelet…Marta reflexiona: “No sé sobre esas opiniones que mencionas que existen sobre Michelle Bachelet, pero las creería equivocadas. Yo nunca apoyé a Bachelet, una social demócrata, aunque me despierta mucha simpatía a nivel personal porque creo que debe ser una mina inteligente y chora. Pero ¡que símbolo cultural, de qué igualdad!… ¿Se piantaron?… Tal vez se creyeron el cuento de que mejorar la situación personal por ser mujer, es una forma de combatir las causas que generan su subordinación social. Y eso no me extraña: muchos movimientos sociales, muchas escuelas de pensamiento progresista, muchas mujeres y hombres de serios ideales, han caído en las mismas trampas a lo largo del Siglo 20. Otro problema es como se usan los vocablos: ¿Qué entienden por “igualdad”? Cualquiera se dice socialista o feminista, o cristiano o musulmán, judío o judía. Estas apropiaciones distorsionan el lenguaje, sus inexactitudes generan mucha confusión, y con eso ayudan a perpetuar todas las desigualdades sociales: de clase, de raza y de género, por cuanto ayudan a invisibilizar la realidad.

¿Qué opinas del feminismo autónomo latinoamericano y caribeño?

Creo que en muchas cosas van por buen camino. Admiro en especial el de Honduras. Y en los que tal vez no sea siempre así, no es función mía mirarlas desde afuera y juzgar. Eso debe ser hecho, creo, por ustedes mismas. Porque creo que nunca hay que delegar responsabilidades en política. Ni llevarse por lo que dicen de una, ni de nosotras. Tampoco es bueno perder la perspectiva de lo poco que podemos hacer: la nuestra es una lucha muy, muy, larga y lo que podemos hacer desunidas, es muy poco.Marta Zabaleta, en el 73, ya “hacía 10 años que tenía una vida y una familia en Chile” y sólo 30 años más tarde, en 2003 regresó “por una semana, por razones de trabajo. Gocé de la compañía de colegas, amigas, amigos y familiares”… El 5 de octubre de 1973 había sido expulsada de Chile con destino a su país de origen, Argentina, junto con 17 adultos y 19 menores de edad –una era su guagua de 9 meses-. Su repatriación fue solicitada por la presidencia argentina “por tratarse de una Científica de Primera Clase”. Esto vino luego de haber sido exonerada de su cargo de Profesora Titular de la Universidad y detenida y torturada en el campo de detención Estadio Regional de Concepción. Más tarde, con la dictadura argentina, Marta fue perseguida por la Operación Cóndor (coordinación del terrorismo de estado de Chile, Argentina y otras dictaduras del cono sur), y finalmente fue expulsada una vez más de un país latinoamericano, esta vez de Argentina “con un único destino: el Reino Unido, aproximadamente el 16 de noviembre de 1976”. Desde 1981 hasta finales de 1989, explica: “fui forzada a aceptar la discriminatoria condición de refugiada de las Naciones Unidas en el Reino Unido”, situación que, a la larga, superó pues está inserta en el mundo académico, social y político de ese país.

Nos quedan más y más preguntas para recuperar historia feminista y de mujeres activistas. La historia de las socialistas feministas, de mujeres que apostaron a las revoluciones no sólo de los hombres, si no de la humanidad completa, militantes izquierdistas que no luchaban por ninguna patria, pero sí por las mujeres y los hombres de los territorios latinoamericanos… Marta Zabaleta es historia viva, pero ante todo una compañera sobreviviente de más de una dictadura, también de la que arrebató la vida en Chile, por ejemplo a Mónica Benaroyo Pencu (5), rumana-uruguaya y a Jane Vanini (6), brasileña, latinoamericanas actuando como Marta en Chile… Marta, que no se arrepiente de nada, poeta que tras el golpe chileno estuvo en “silencio poético” por 30 años, que no se dejó vencer y retomó sus versos, y que –es maravilloso que así sea- hoy está viva para contar parte de esta historia.

Victoria Aldunate Morales

victoriamoralesaldunate@gmail.com
Feminista autónoma latinoamericana
La Ciudad de las Diosas
* La Dra. Marta R. Zabaleta vive actualmente en Londres, Inglaterra. Es economista, cientista política y poeta. Madre de Yanina Andrea Hinrichsen -“chilena creciendo en el exilio”-, y del escocés Tomás Alejo Hinrichsen Zabaleta. Pertenece al Comité Editorial de la Publicación periódica que se publica en Londres “Exiled Ink”. Es profesora Honoraria de la Facultad de Letras y Educación de la Universidad de Middlesex, Londres, Inglaterra. Entre otras acciones y elaboraciones creó y coordina la red internacional de “Mujeres y Palabras en el Mundo”, y creó y ha dirigido por casi una década el Grupo de Trabajo “Mujeres, Hombres y Géneros” del Consejo Europeo de Investigaciones Sociales sobre América Latina y El Caribe. Su vida y su trabajo además de todo lo relatado, le han merecido un lugar como científica y escritora en más de treinta publicaciones biográficas del tipo ‘Who’s Who’ de Europa y de EEUU. También ha sido escogida en 2003 como ejemplo de una refugiada política, mujer que triunfó en Europa, y en 2005 entre una de las diez personas becadas por el Council for Assisting Refugee Academics (CARA) desde 1935, para participar de la Historia Oral de Londres por “su valiosa contribución a la cultura de la ciudad”. Su historia personal y sus opiniones sobre temas relevantes fueron grabadas para ese efecto, y permanecerán a disposición del público en el Museo de Londres a perpetuidad.1. Luciano Cruz Aguayo (1944 – 1971). Dejó la militancia en las juventudes comunistas de manera crítica y junto a otros jóvenes, luchadores sindicales y sociales participó de la fundación del movimiento de Izquierda revolucionaria, MIR. Considerado uno de los intelectuales del movimiento, realizó cursos de formación sindical y política y charlas sobre el manifiesto comunista, también redactó una carta a Jean Paul Sastre en los años 70. Muy reconocido por el MIR. Era de familia acomodada. Hijo de un militar, pasó casi toda su vida en Concepción, sus padres vivían en una parcela a orillas del río Andalién, frente a una población de emergencia llamada J.F. Kennedy (tomado de Archivo Chile. Historia Político Social – Movimiento Popular http://www.archivochile.com/Homenajes/html/luciano_cruz.html).

2. Gladys Díaz, periodista, una de las más conocidas personalidades del MIR. Después del golpe pasó a la clandestinidad y fue detenida el 20 de febrero de 1975 en Santiago, siendo torturada en un centro de detención secreto de la DINA. Gladys Dí­az estuvo incomunicada durante 80 dí­as en el centro de torturas de Villa Grimaldi en Santiago (tomado de “El caso de la chilena Gladys Dí­az, Examen del expediente sobre la liberación de una detenida”, agosto 2008, de Dieter Maier).

3. Penny Foster y Imogen Sutton (editoras), Daughters of de Beauvoir, The Women’s Press, 1989, y el Film de la BBC del mismo título, spot BOOKMARK (1989). http://artsonfilm.wmin.ac.uk/films.php?a=view&recid=180

4. Columna “Mujer y Poder, periscopio urbano” de Diamela Eltit, La Nación (Chile), Domingo 12 de marzo de 2006. http://www.lanacion.cl/prontus_noticias/site/artic/20060311/pags/20060311175107.html Columna “PUNTO DE VISTA. Michelle Bachelet y las feministas” de Teresa Valdés. Mujeres Hoy. 7 de diciembre de 2005 http://www.mujereshoy.com/secciones/3485.shtml

5. Mónica Cristina Benaroyo Pencu fue descuartizada por militares en septiembre de 1973. La decapitaron a patadas, enterrada viva hasta el cuello. Su cuerpo momificado apareció en 2008, en un recinto militar correspondiente al sitio denominado “pampa mal paso oeste” ubicado a la entrada sur de Arica (Norte de Chile). Había nacido en Rumania y crecido en Uruguay, vivió en Buenos Aires un tiempo y luego se fue a Arica a trabajar en la Alcaldía. Era militante del Partido Comunista, había estudiado Filosofía, se ganaba la vida como traductora. En septiembre del 73 salió un decreto de la Junta Militar que la expulsaba de Chile, pero era un montaje, ya había sido asesinada.

6. Jane Vanini fue rodeada por un destacamento de Infantería de Marina el año 74 al que ella opuso resistencia sola, disparando desde la casa que compartía con su compañero, el periodista y dirigente del MIR José Carrasco Tapia, pero que había sido detenido ese día por efectivos de la Armada. Jane resistió hasta que agotó sus balas y resultó herida. Los agentes del Centro de Inteligencia Regional (CIRE) la sacaron inconsciente en una camilla y se la llevaron con rumbo desconocido. Hoy se sabe que fue asesinada tres o cuatro días después. Jane era brasileña, estudió ciencias sociales en la Universidad de Sao Paulo y fue parte de Acción Liberadora Nacional (ALN). Luego del golpe de estado en Brasil fue condenada -en ausencia- a 5 años de prisión. En clandestinidad se integró al Movimiento de Liberación Popular –disidente del ALN-. En 1970 se expatrió a Uruguay, posteriormente a Argentina y Cuba, el 71 obtuvo asilo político en Chile y se incorporó al MIR. Trabajaba como secretaria en la revista Punto Final (tomado de “Luz y muerte de Jane Vanini” de Arnaldo Pérez Guerrahttp://www.lainsignia.org/2008/enero/ibe_004.htm).

Marta R. Zabaleta, 2010
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Sí a la Diversidad Familiar!

 

 

SÁBADO, DICIEMBRE 30, 2006

Las miristas de Chile: mi homenaje feminista a HERSTORY


Henry Rousseau,Tropicos,1910

Una entre muchas, pocas entre todas, pero aun asi, vale agregar aunque sea de paso, el trabajo realizado por aquellas mujeres que ayudaron por ser feministas tanto al interior y exterior del MIR., desde el FMR (Frente de Mujeres Revolucionarias, frentde masas del MIR, junto al FTR, FESR, FCRR, basado en Concepcion , 1971-1973).

Pero asi son las historias: la masculina nos ignora y la femenina es acotada y fragmentada, como nuestras vidas en cuanto mujeres: nuestra vida y memoria aun empieza, se escucha, y termina, casi siempre,con cada una de nosotras!…Y eso, solo a veces…

Vemos por ello con no poca algarabia como unas pocas sobrevivientes del MIR celebran aun hoy con sus propias acciones su accidentada vida.Y con no poco orgullo las felicitamos a traves de estas paginas.

Hasta nuestra victoria, siempre,hermanas!

Muriel Dockendorff, mirista de temuco, con mando de tropas, estudiante de Economia Y Administracion, Universidad de Concepcion,casada, asesinada en 1974

A continuacion,reproducimos la opinion de una de ellas, la periodista Lucia Sepulvedad Ruiz, compañera de/pareja del peridtsa mirista Augusto Carmona,asesinado por la dictadura, y madre de su hija, Eva Maria. Carmona( ver post aparte)

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Opinión
Chile
Feministas jóvenes acompañaron a ‘Mujeres en Rojo y Negro’
Por: Lucía Sepúlveda Ruiz (especial para ARGENPRESS.info) (Fecha publicación:29/12/2006)

Personalidades como el historiador Gabriel Salazar, Premio Nacional de Historia y la doctora Paz Rojas, directora de la Corporación de Derechos del Pueblo, CODEPU, llegaron a esta cita con la memoria Ayer miércoles 27, (cuando)Tamara Vidaurrázaga lanzó su libro ‘Mujeres en Rojo y Negro. Reconstrucción de la memoria de tres mujeres miristas’ (Ediciones Escaparate) en el museo Benjamín Vicuña Mackenna, a tablero vuelto, con un marco de público cercano al mirismo, pero en el que también estaban mujeres de la Coordinadora de Feministas Jóvenes que la autora integra. El libro es la tesis con que Tamara, de profesión periodista, aprobó su magister en estudios de género y cultura (Universidad de Chile). Las mujeres rojinegras son Arinda Ojeda, Cristina Chacaltana y Soledad Aránguiz, la madre de la autora. Comentaron el libro la propia Cristina Chacaltana, así como la historiadora y académica Margarita Iglesias y las periodistas Gladys Díaz y Lucía Sepúlveda, junto al historiador y ex preso político Pedro Rosas.

La obra será un referente obligado para el conocimiento de la historia de las mujeres chilenas que militaron en la izquierda en el período 71-90. Es doblemente notable, porque se trata de un libro que contiene dos partes que pueden funcionar independientemente una de otra. La primera parte, los relatos de vida tienen -valga la redundancia- vida propia. Esos relatos constituyen por sí solos una narración de ritmo cinematográfico por la calidad de sus detalles, de las luces y sombras, de la historia viva de tres mujeres miristas ‘retornadas’, reflexionada y reconstruida por ellas mismas desde el inicio de su militancia hasta la salida de la cárcel de Coronel, pasando por exilios, amores, maternidad, y lucha. Y la segunda parte de la tesis, es la elaboración y el análisis de esas historias, profundizando la clave feminista con que se han desarrollado estos relatos de vida y explicitando los conceptos utilizados para construir y reconstruir estas historias.

La obra puede leerse como un guión cinematográfico sobre las vidas de Arinda, Soledad y Cristina. Tamara, la hija de Soledad, posibilitó así la reconstrucción de fragmentos y trozos de nuestra historia como pueblo, y como mujeres a través de esta obra. En un país amnésico como Chile, esto tiene un tremendo valor.

Uno de los objetivos de Tamara era ‘establecer un puente generacional entre las mujeres del grupo etáreo de Tamara y aquel al que pertenecen las 3 miristas… y un nexo entre los relatos expuestos y mujeres ajenas a las experiencias relatadas.’También se planteó – al presentar la historia de estas combatientes miristas que vivieron grandes dolores y pérdidas personales -‘aportar a la desvictimización de ellas, ubicarlas como sujetas activas… y protagonistas de un trozo de la historia de Chile’.

Como integrante de la misma generación de Soledad, Arinda y Cristina, esta periodista sostuvo haber transitado con emoción e interés por ese ‘puente’ tendido por Tamara, pero también con alguna sorpresa ante planteamientos que revelan que la clandestinidad mirista tuvo muy variados perfiles y características.

En la segunda parte de la obra, la autora sistematiza los conceptos ‘maternidades en resistencia’ y ‘empoderamiento feminista’, ambos en tensiones de identidad que son ilustradas por las experiencias vividas por cada una de ellas, antes y después de su paso por el exilio y su vivencia del feminismo en Europa. Muestra un cuadro en el cual si bien la militancia en el MIR posibilitó las transgresiones al modelo de mujer establecido por el sistema dominante, a la vez reprodujo en su interior las características del sistema.


‘Mi mama con la mama de Muriel’, foto tomada por mi hija Yanina Hinrichsen , en la fiesta de celbracion del 20 cumpleaños del Latin American Women Rights’ Service,LAWRS, Londres, 2003. En la foto, de derecha a izquierdaaprecen: Nidia Castro,Ana Naria Navarrete (medio, ahora fallecida, madre de Muriel), y Marta Zabaleta.

Al respecto, se planteó en los comentarios que no es posible generalizar las experiencias de las mujeres miristas, pues la clandestinidad, la compartimentación establecida, y las características de la lucha para quienes no vivieron el exilio, se unen para que cada historia sea singular. La percepción de otras mujeres combatientes que vivieron su maternidad en resistencia respecto de cómo el MIR asumió la militancia de las mujeres es diferente. Ellas no vieron en Chile, prácticas sistemáticas que pusieran en tensión la militancia respecto de la condición de mujer, y por el contrario observaron que se trataba de promover a las compañeras que se destacaban, a tareas de dirección.

En el Comité Central del MIR había pocas mujeres (en los años 80, había apenas 4 dirigentes CC mujeres en Chile) pero era difícil que en esa etapa se hubiera reflejado allí una equidad que no existía en ningún sector de la sociedad. Los problemas de género nunca se discutieron políticamente a nivel colectivo, aunque Gladys Díaz recordó que Lumi Videla en el año 69 presentó un documento en el que postulaba que las mujeres no estaban equitativamente representadas en la dirección del MIR. Pero en la práctica, los problemas de género se zanjaron según los criterios y desarrollo de la madurez personal de los y las militantes involucrados.

Berenice, hermana de Muriel,expone sus cuadros en Londres 9 nov 2006-26 Febrero 2007).En la foto, junto a Marta Zabaleta(izquierda) y a su derecha, en la pared, un puñado de los poemas de Muriel.Muriel era una de las mujeres con altas responsabilidades militares, del tipo de lo que se alude mas abajo.(Foto por el hijo de Marta,Tomas Alejo Hinrichsen Z.)

Sin embargo, se destacó en el acto que desde el comienzo, en todas las tareas políticas y militares del MIR hubo mujeres, y su rol fue rescatado siempre. Entre las que cayeron, se mencionó a dirigentes políticas como Lumi Videla, jefes o dirigentes de estructuras estudiantiles, sindicales o territoriales como María Isabel Joui, María Galindo, María Eugenia Martínez o María Teresa Bustillos; jefes o integrantes de grupos milicianos como Arcadia Flores o Paulina Aguirre, Araceli Romo o Loreto Castillo; o enlaces y ayudantes de compañeros de dirección y encargadas de redes de información e infraestructura como María Inés Alvarado, Mónica Llanca, Cecilia Castro, Diana Arón, Lucía Vergara o Jane Vanini. Otras mujeres como Blanca Rengifo, brillaron en tareas de derechos humanos, entre muchas otras miristas notables. Se dijo que estas son las historias que hoy son un poco más conocidas.

En su discusión de esta tesis, Lucía Sepúlveda sostuvo que muchas miristas encontraron sus propias formas de vivir -y algunas, de sobrevivir- la maternidad en resistencia y de responder a la destrucción de sus mundos privados anteriores al golpe de Estado. La infinita mayoría de estas historias de combatientes de la Resistencia que sobrevivieron, agregó, están todavía en su ‘cuarto propio’. Por cierto, ellas tienen en común con las tres mujeres de esta obra, su transgresora opción por el uso de todas las formas de lucha, su amor por el pueblo, y en muchos casos, también su autonomía política respecto de sus parejas y su contribución a la humanización y embellecimiento de los espacios de la vida en resistencia. Ellas encontraron parejas miristas (compañeros, decíamos antes) que las apoyaron en su militancia y que incluso cumplieron roles subordinados a ellas, en muchas oportunidades.

También tienen en común con Soledad, Arinda y Cristina, la ilusión de la victoria final como compensación a tanto dolor vivido, y su rechazo a ser catalogadas como víctimas, por sentirse protagonistas de la historia.

Tamara concluyó ayer que no todo es derrota, que una parte de los sueños de estas mujeres y de sus luchas, cristalizó en logros que le permiten a ella pararse en el mundo como mujer de otra manera, y desde su militancia feminista seguir adelante en su propio camino.

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La periodista autora de la nota OPINION, LUCIA SEPULVEDA RUIZ

7 Comments:

At 9:19 p.m.Blogger hector bohoslavsky said…
Que manera tan interesante de colocar flores en los lechos vacios.

At 11:42 p.m.Anonymous Anónimo said…
me siento con gran aprecio hacia la reinvindicacion de la memoria perdida y por sobre todo del genero femenino.gracias por hacer patria en la memoria historica de los chilenos.

At 5:36 p.m.Anonymous lobito said…
A todos estos marxistas gaznápiros denominados “desaparecidos” si volvieran a aparecer, sencillamente habría que desaparecerlos nuevamente pero esta vez asegurandose que nunca más levanten cabeza enterrandolos de a pares o por numeros primos en un solo cajón, “que economía más grande”.
Me da lo mismo si lo publicas, lo leerás igual.
VIVA CHILE VIVA PINOCHET
CO.VE.MA.FA
At 4:47 p.m.Blogger Marta Raquel Zabaleta said…
Martita criolla, trato de comentar en tu blog y no me resulta. Solamente decir gracias por publicar esto. Oye y que deleznables comentarios los de la o el que se esconde tras siglas para alabar a su general traidor y asesino y de paso seguir con el discurso violento.
Un abrazo
Dra. Consuelo Rivera Fuentes
23 //12/2013He extraido esto de mi cuenta de email debido a su importancia, y para apoyar la opinión de mi colega sobre esa alma perdida que se esconde detrás de una sigla.
Gracias, Consuelo, GRACIAS.
Dra. Marta R. Zabaleta, Londres

At 8:02 p.m.Blogger silvia l Loustau said…
Gracias por este recuerdo a las valerosas miristas, conoci mucho a Lumi Videla, cuyo hijo ahora es musico. Hasta la Victoria Compañeras!
Silvia Loustau
At 1:53 p.m.Blogger lourdes uranga said…
Me mantienes en la vida querida, a veces creo que todo terminò.
Me voy al FORO SOCIAL MUNDIAL, a recibir oxigeno, eso espero.
At 6:17 a.m.Anonymous Anónimo said…
En donde estés Anita (Argentina), siempr5e estarás en mi memoria……

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Otrxs Hijxs. Los que no pueden acusar.

Otrxs Hijxs. Los que no pueden acusar.

¿Quienes somos?

QUIENES INTEGRAMOS HISTORIAS DESOBEDIENTES 

Siempre fuimos historias desobedientes y solitarias, pero hoy elegimos encontrarnos. Nos movilizaron muchas cosas, como el 2×1, como la voz de Mariana, la hija de Miguel Etchecolatz. Nos unimos por el dolor, pero cuando nos encontramos nos dimos cuenta de que compartíamos muchas cosas, muchos sentimientos e ideales, que nos podían ayudar a sanar.

Nos juntamos para repensarnos y posicionarnos, porque no nos sentíamos representados por las voces de los familiares de represores que se venían pronunciando hasta el momento. Porque sentimos la necesidad de alzar nuestra voz en este momento del país, con un gobierno que insiste en negar el genocidio y los 30 mil desaparecidos.Alzamos nuestra voz para romper el mandato de silencio y sumarnos a una lucha por la Verdad, de la que muchos de nosotros ya veníamos participando desde hace tiempo. Una voz que se multiplica desde abajo en oposición al discurso sin escrúpulos de los medios de comunicación que fueron cómplices de la dictadura y del terror.

Porque desde siempre, en la intimidad o en colectivo, acompañamos con el corazón la lucha de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, y nos alegramos con cada nieto y cada nieta restituidos que recuperaban su identidad arrebatada.

Porque la recomposición de la sociedad no puede surgir nunca de la llamada “pacificación” o “conciliación”, sino de la Justicia y la Verdad. Porque aquel mandato de silencio y complicidad que se enquistó al interior de nuestras familias, solo pudo sobrevivir a costa de la impunidad, con leyes de indulto y obediencia debida. Colaborando con la memoria colectiva.

Hoy somos un colectivo de historias y voces desobedientes. Somos hijas e hijos de genocidas, pero no somos solamente eso, también somos artistas, docentes, profesionales, y muchas otras cosas más. Recibimos el apoyo y el mensaje de otras y otros que sienten la misma necesidad de contar su historia y tal vez así aportar un granito de arena para suturar las heridas profundas que generó el terror de Estado en nuestra sociedad. A ellas y ellos les agradecemos profundamente y les pedimos paciencia, porque esto recién empieza, y porque preferimos avanzar de a poco, reflexionando sobre nuestro lugar en la sociedad y en la historia, pero sobre todo, siendo respetuosos de cada una de las historias que vamos conociendo. En este camino, vamos buscando el marco adecuado para canalizar todas las necesidades que surgen.

Porque solo así, con mucho amor y respeto de las voces y las historias, podremos dar el paso del silencio a la acción y del dolor a la esperanza.

2017-11-01

COMUNICADO DE PRENSA

Para que las hijas, hijos y familiares de genocidas podamos denunciarlos penalmente y declarar en los juicios, presentamos este proyecto de ley. 
Desde Historias Desobedientes, Hijas, Hijos y familiares de genocidas, por memoria verdad y justicia, presentaremos el martes 7 de noviembre a las 14 horas, por mesa de entrada del congreso, Rivadavia 1864, el
PROYECTO DE REFORMA AL LIBRO SEGUNDO – TÍTULO I – CAPÍTULO I, Y AL LIBRO SEGUNDO – TÍTULO III – CAPÍTULO IV DEL CÓDIGO PROCESAL PENAL DE LA NACIÓN
La redacción actual de los artículos es la siguiente:
178: Nadie podrá denunciar a su cónyuge, ascendiente, descendiente o hermano, a menos que el delito aparezca ejecutado en perjuicio del denunciante o de un pariente suyo de grado igual o más próximo que el que lo liga con el denunciado.
Art. 242: No podrán testificar en contra del imputado, bajo pena de nulidad, su cónyuge, ascendientes, descendientes o hermanos, a menos que el delito aparezca ejecutado en perjuicio del testigo o de un pariente suyo de grado igual o más próximo que el que lo liga con el imputado.
El proyecto de reforma es para que estas prohibiciones sean removidas cuando se trate de delitos de lesa humanidad, habilitando de esta manera a las hijas, hijos o familiares de genocidas, que en forma voluntaria quieran dar su testimonio, y de esa manera puedan aportar a la causa.
La necesidad de esta reforma se plantea al momento que una hija, hijo o familiar de genocida, tomamos conciencia de la información que tenemos y que puede aportar al esclarecimiento de una causa, teniendo muy en cuenta la obligación ética que sentimos, por tratarse de crímenes de lesa humanidad.
La urgencia de esta presentación se justifica en los límites de tiempo para esclarecer estas causas, que si bien no prescriben, los protagonistas de los hechos están en edades muy avanzadas, y es necesario que sean esclarecidos, para lograr justicia.
Desde el colectivo Historias Desobedientes, nos vemos interpelados por esta realidad, por lo tanto hacemos la presentación de este proyecto de ley de modificación de los artículos citados.
Pedimos a la prensa que nos acompañe en esta instancia para que se difunda el pedido y que la sociedad tome conocimiento de nuestro padecer frente a la imposibilidad de hablar y nos pueda acompañar en este justo y necesario pedido.
Lo que no se puede decir tampoco se puede callar.

PROYECTO DE REFORMA AL LIBRO SEGUNDO – TÍTULO I – CAPÍTULO I, Y AL LIBRO SEGUNDO – TÍTULO III – CAPÍTULO IV DEL CÓDIGO PROCESAL PENAL DE LA NACIÓN

QUEBRÓ EL PACTO DE SILENCIO

Hijo de genocida denunció la participación de su padre en vuelos de la muerte

Julio Verna fue médico de Campo de Mayo durante la dictadura y aplicaba sedantes a detenidos que iban a ser arrojados al mar. “Las personas quedaban despiertas pero paralizadas por la anestesia”, relató Pablo, su hijo y denunciante.

08|11|17

 

Pablo Verna pide testificar junto a otros hijos de padres represores o cómplices de la dictadura militar.
Pablo Verna pide testificar junto a otros hijos de padres represores o cómplices de la dictadura militar.Foto:El País

Pablo Verna, es el hijo mayor de Julio Alejandro Verna, médico con grado de Capitán Retirado del Ejército Argentino. Durante la dictadura militar, Verna trabajó como médico anestesista y traumatólogo en el hospital que funcionaba dentro del centro clandestino de detención y exterminio de Campo de Mayo.

Verna hijo se animó a través de un informe en Telefé Noticias, a describir las aberrantes funciones que realizó su padre, ya que el sistema penal no le permite denunciarlo si no se trata de un delito cometido contra él mismo u otro familiar. “Mi mamá hablaba con otros familiares de lo que hacía mi viejo, no conmigo. Un día, después de tantas contradicciones que fui recopilando, lo interpelé y lo descubrí”, relató.

En el informe Pablo denunció que su padre era el encargado de aplicar sedantes a los detenidos que iban a ser arrojados al mar en los vuelos de la muerte, e incluso subía a los aviones por si despertaban antes de tiempo, para reforzar la dosis: “Las personas quedaban despiertas pero paralizadas por anestesias”, describió visiblemente conmovido. 

Asimismo, aseguró que su padre participaba de allanamientos y secuestros por si resultaba herido alguno de los integrantes del grupo, y también cumplía tareas atendiendo a los prisioneros en el centro de detención, para que pudieran soportar nuevas sesiones de tortura.

Pablo recordó, además, que dentro de su casa su padre se jactaba sobre su accionar en los escuadrones de Campo de Mayo, el Centro Clandestino que secuestró y mató a casi 5 mil personas y no dejó sobrevivientes, lo que complica a la justicia para condenar a los responsables de los delitos de lesa humanidad.  

Denuncia. Cuando comenzaron los juicios de lesa humanidad, Pablo interpeló a su padre y obtuvo un registro de audio con la confesión de los hechos. El 23 de diciembre del 2013 Pablo se presentó en la Secretaría de Derechos Humanos y lo denunció. La Secretaría presentó la denuncia al juzgado que lleva la causa de Campo de Mayo – “vuelos de la muerte”, TOF 1 DE SAN MARTÍN. La Jueza Alicia Vence aún no avanzó con la causa.

“La duda tan tremenda que tenía ya era una certeza y confirmaba lo que mi mamá me había dicho. Fue un alivio. Y ahí empezó el sufrimiento, el duelo, el dolor de que haya participado de estos crímenes”, relató Verna hijo.

Julio Verna transita sus días en un departamento de la calle Simbron al 3000, en Villa del Parque. Entra y sale de su vivienda como si nada hubiera sucedido. Al ser consultado para el informe de Telefe Noticias, se negó a dar declaraciones y dijo que “hablen con el juzgado”. Pablo, desde entonces dejó de ver a su padre. “Hacé una investigación, yo no voy a dar ningún nombre ni datos”, le advirtió.

Este año el joven, abogado de 44 años, se unió al grupo “Historias desobedientes” que integran hijos de represores que repudian los actos de sus padres. La iniciativa surgió por la exposición pública de Mariana Dopaso, la hija de Etchecolátz.

“Es una forma de aportar nuestro grano de arena a la lucha por Memoria, Verdad y Justicia que los organismos de derechos humanos libran desde hace años. Venimos de distintas historias, y tras asumirlas queremos dar testimonio en los Tribunales”, sostuvo.

Con el apoyo de esa agrupación Pablo escribió un proyecto de ley donde propone modificar el código penal donde los hijos de las personas sospechadas de Delitos de Lesa Humanidad puedan declarar/denunciar a sus padres. “La otra alternativa era quedarme en silencio, es una complicidad mucho más que jurídica, lo hice por mí y por la humanidad”, concluyó.

Temas:

Hijos de represores argentinos piden testificar contra sus padres

Familiares de acusados por crímenes de lesa humanidad quieren cambiar la ley que les impide declarar contra sus progenitores

Pablo Verna muestra el proyecto de ley presentado en el Congreso. EFE

Meses atrás, hijos de represores argentinos se rebelaron contra sus padres y se unieron para exigir que no salgan de la cárcel. Ahora piden al Congreso cambiar la legislación que les impide declarar contra ellos en juicios por crímenes de lesa humanidad. Los familiares agrupados en el colectivo “Historias desobedientes” denuncian que una vez decididos a romper el pacto de silencio familiar ahora son las leyes argentinas las que les impiden testificar sobre las atrocidades cometidas durante la última dictadura (1976-1983).

“Historias desobedientes”: La lucha de hijos e hijas de genocidas argentinos para declarar contra sus padres

Un grupo de hijos e hijas de agentes represivos de la dictadura argentina comenzaron a organizarse para romper con los pactos de silencio. La ley no les permite denunciar o declarar contra un familiar directo, a menos que se trate de la víctima directa del delito.

Por  / 08.11.2017 

Primero se rebelaron contra sus padres, miembros activos de la represión y desaparición de cientos de personas en la dictadura argentina. Se organizaron para evitar que salgan en libertad y hoy piden al Congreso que les permita declarar contra ellos en crímenes de lesa humanidad. Los familiares del colectivo “Historias desobedientes” están decididos a romper con los pactos de silencio y las leyes argentinas que impiden hacer justicia.

Uno de ellos es Pablo Verna, quien está dispuesto a declarar contra el ex capitán Julio Alejandro Verna, su padre y médico militar: “Le pregunté muchas veces y él siempre me negó su participación”, contó a El País. Luego, en 2013, él lo admitió por primera vez.

Entrevista Pablo Verna

Entrevista Analía, Vivi ,Pablo hijos de genocidas

“Admitió que participó en los vuelos de la muerte, inyectando a personas que viajaban en los vuelos con anestesia que los dejaba prácticamente inmóviles”, relató. Desde entonces no volvieron a tener contacto.

Hoy, el Código Procesal Penal de Argentina prohíbe que una persona pueda denunciar o declarar contra un familiar directo, a menos que se trate de la víctima directa del delito. Por ello, es necesario modificar los artículos 178 y 242 que lo impiden.

El proyecto publicado en la web de Historias Desobedientes explica que “esta reforma es para que estas prohibiciones sean removidas cuando se trate de delitos de lesa humanidad, habilitando a las hijas, hijos o familiares de genocidas, que en forma voluntaria quieran dar su testimonio, y de esa manera puedan aportar a la causa”.

Hoy, el país trasandino tiene 16 juicios abiertos por crímenes cometidos en dictadura. Desde la anulación de la Ley de Amnistía en 2003, han sido condenadas 818 personas. Los casos de hijos que han apuntado a sus padres y exigido justicia no son pocos: de hecho, el colectivo nació después de la movilización social contra la sentencia que pretendía reducir el tiempo de condena de los represores.

En esa marcha estuvo Mariana, hija de Miguel Etchecolatz, uno de los peores agentes represivos de la dictadura. Ella lo definió como “un monstruo” y recalcó que no debía salir en libertad. También alzó la voz Analía Kalinec, hija de Eduardo Kalinec, un conocido represor que cumple cadena perpetua y Erika Lederer, hija de Ricardo Lederer, médico obstetra que ayudó a parir a varios hijos de desaparecidas y quien se suicidó en 2012, al saber que sería condenado.

MÁS INFORMACIÓN

Es el caso de Pablo Verna, dispuesto a declarar contra su padre, el excapitán Julio Alejandro Verna, médico militar. Frente al Congreso, Verna, impulsor de la ley, recuerda que comenzó a sospechar cuando tenía 11 o 12 años, aún sin un punto de vista crítico. Fue “un camino muy largo” llegar a escuchar la verdad, cuenta a EL PAÌS. “Le pregunté muchas veces y él siempre me negó su participación”, dice. Tuvo que esperar hasta 2013. “Yo tenía conocimiento de los hechos por mi madre y él lo admitió. Admitió que participó en los vuelos de la muerte, inyectando a personas que viajaban en los vuelos con anestesia que los dejaba prácticamente inmóviles”, asegura. Desde ese dìa no ha vuelto a tener contacto con él. Detalla que su padre está acusado por la querella, pero no ha sido imputado por el fiscal.

El Código Procesal Penal argentino prohibe que una persona denuncie o declare contra un familiar directo a menos que éste sea la víctima directa del delito. El colectivo quiere modificar los artículos 178 y 242 que lo impiden. “Esta reforma es para que estas prohibiciones sean removidas cuando se trate de delitos de lesa humanidad, habilitando a las hijas, hijos o familiares de genocidas, que en forma voluntaria quieran dar su testimonio, y de esa manera puedan aportar a la causa”, sostiene el proyecto legislativo publicado en la página web de Historias Desobedientes.

“Nosotros sufrimos un mandato de silencio familiar, para que lo que se hablaba no saliera de la puerta de casa. Pero la ley es también una mordaza que nos impide hablar”, asegura Laura Delgadillo, cuyo padre, comisario de policía, murió sin condena. “Quizás (poder declarar) no sea de gran ayuda en los juicios, pero queremos colaborar en la reconstrucción de la memoria colectiva”, agrega Delgadillo.

Analía Kalinec (izq), Pablo Verna y Lorna Milena, este martes en Buenos Aires.
Analía Kalinec (izq), Pablo Verna y Lorna Milena, este martes en Buenos Aires. EFE

Argentina tiene abiertos en la actualidad 16 juicios por crímenes cometidos durante la última dictadura. Según datos de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad, han sido condenadas 818 personas en 193 sentencias desde la anulación en 2003 de las leyes de amnistía.

El colectivo nació poco después de la gran movilización social contra una sentencia que permitía reducir el tiempo de condena de los represores, el pasado mayo. En esa marcha participó Mariana, la hija de Miguel Etchecolatz, uno de los peores torturadores de la dictadura. En una entrevista posterior, definió como “un monstruo” a su padre y mostró su inquietud por que fuese excarcelado.

Pocos días después, comenzaron a levantarse voces similares, como la de Analía Kalinec, hija de Eduardo Kalinec, alias doctor K, un conocido represor que cumple cadena perpetua. O la de Erika Lederer, hija de Ricardo Lederer, el obstetra que ayudó a parir a varios hijos de desaparecidas y se suicidó en 2012 al ver que le iban a condenar. Algunos decidieron unirse. De la media docena inicial, con el paso de los meses cerca de 50 se han acercado a preguntar y a hablar.

No en mi nombre: hijos de torturadores argentinos repudian a sus padres

Un grupo de familiares de represores se unen para rechazar sus crímenes y exigir que cumplan sus condenas

Sus reuniones son duras. Una especie de terapia colectiva. La mayoría lleva años sin compartir su secreto, y tienen muchas ganas de hablar. Necesitan sacarlo. “Al principio fue una catarsis. Acabamos llorando casi todos. Arrastramos una cultura muy arraigada que nos dice honrarás a tu padre. Es muy difícil romper con eso”, cuenta María Laura Delgadillo, (AUDIO) una de las fundadoras de “Historias desobedientes”, el grupo que ha conmocionado a una Argentina acostumbrada a los relatos terribles de la dictadura. Pero este es diferente, porque se hace desde dentro. Son los hijos de los represores, que se rebelan contra sus padres y se unen para exigir que no salgan de la cárcel, que cumplan sus condenas de cadena perpetua.

María Laura Delgadillo y Walter Docters durante la entrevista con EL PAÍS.
María Laura Delgadillo y Walter Docters durante la entrevista con EL PAÍS. MARIANA ELIANO

Durante años, el mundo de la represión de una de las peores dictaduras del planeta se dividía en dos, como los espacios dentro de los juicios de lesa humanidad: por un lado, los represores y sus familias, por otro, las víctimas y las suyas. Pero eso se acabó el día que este pequeño grupo en el que hay sobre todo mujeres, que empezaron media docena y ahora ya son más de 50, fue a una manifestación con una pancarta: “Hijos e hijas de genocidas por la memoria, verdad y justicia”.

Allí estaba Analia Kalinec, hija de Eduardo Kalinec, alias doctor K, un conocido represor que cumple cadena perpetua. O Erika Lederer, hija de Ricardo Lederer, el obstetra que ayudó a parir a buena parte de los hijos de desaparecidas, que se suicidó en 2012 al ver que le iban a condenar. Erika no solo ha tenido valor para crear este grupo. También lo tuvo para encontrarse con el nieto 106 de Abuelas de Plaza de Mayo, al que su padre había ayudado a entregar a una familia fiel a la dictadura. La firma de Lederer en el falso certificado de nacimiento era su condena. Erika, también víctima de su padre, que la maltrataba, quería saber cómo podía ayudar a Pablo, el nieto al que el Lederer le había arruinado la vida.

Todos arrastran historias así, por eso sus reuniones son difíciles. “Algunos solo hemos recibido caricias de una mano contaminada por la tortura”, contó uno de ellos en la última cita. Muchos sufren consecuencias físicas de tanta tensión, se enferman. Tiene apoyo de psicólogos para que les ayuden a contar. Todos superan los 40 años, algunos llegan a 60, y sus padres se están muriendo. Lo que más les angustia es que lo hacen sin contar nada, sin decir dónde están los desaparecidos.

Porque el gran sueño de muchos de estos hijos es convencer a sus padres de que se arrepientan y ayuden a encontrar los cuerpos de los desaparecidos o los nietos aún sin recuperar. “Queremos romper el pacto de silencio que hay entre ellos. En las familias a veces hay datos que pueden reconstruir la historia. Si conseguimos unirlos podemos ayudar a otras víctimas”, explica María Eugenia Vergera, otra miembro del grupo, que tiene doble condición: es sobrina de un represor y a la vez esposa de un desaparecido.

El grupo de hijos de represores en su primera aparición pública en Buenos Aires, el 3 de junio pasado.
El grupo de hijos de represores en su primera aparición pública en Buenos Aires, el 3 de junio pasado.AFP

El sueño sería que los hijos lograran convencer a los padres. Pero no se engañan, ahora mismo parece imposible. El pacto de silencio de los represores ha resistido. Nadie se ha arrepentido ni ha dado un solo dato de una fosa común. Ni siquiera ante sus hijos. Liliana Furió, hija de un conocido represor de Mendoza, condenado a perpetua en 2013, lo intentó muchas veces. Hasta que él le gritó “No se hablé más, si tuviera que volverme a poner la capucha lo volvería a hacer”. Ahora él está senil, y ella lo visita en su arresto domiciliario. Algunos tienen relación con sus padres, otros no. Muchos han fallecido.

“Mi padre se murió discutiendo conmigo”, cuenta Walter Docters. Su padre era represor y él luchaba contra la dictadura, pasó varios años en la cárcel. Pero no lo mataron precisamente por su apellido, porque Echecolatz, que dirigía la represión en la provincia de Buenos Aires, le prometió a su padre que lo salvaría. “Era de ideología nazi, era arquitecto y trabajó con Echecolatz en el diseño de los lugares donde tenían a los detenidos. Yo militaba en el ERP pero él logró que no me mataran”. También le pidió muchas veces que confesara, sin éxito. “Me decía tú tienes tus compañeros, yo los míos. Ellos te mantuvieron con vida, cumplieron, yo no voy a ir contra los muchachos”.

Precisamente el conmovedor testimonio de la hija de Echecolatz, que apareció en la revista Anfibia, impulsó a muchos de estos hijos a unirse. Algunos ya habían aparecido con sus historias en el libro Hijos de los 70 (Sudamericana) de Carolina Arenes y Astrid Pikielny, un texto sobrecogedor. Pero Mariana, que ya no se apellida Echecolatz porque se lo cambió, removió muchas cosas al contar el horror de ser hija de ese monstruo que también lo era en casa, como muchos de ellos. Aunque no todos, algunos se comportaban como padres muy cariñosos.

Quieren justicia. Exigen que a sus familiares no se les apliquen un beneficio, el llamado dos por uno (dos días por cada uno pasado en prisión preventiva) que sacaría a muchos a la calle. Algunos tienen terror ante la idea de que sus padres salgan libres.

A otros, como Delgadillo, cuyo padre murió sin condena, les mueve una necesidad de hacer algo para reparar un daño que ni siquiera conocen del todo. “Mi papá era comisario de policía. Un día encontré una capucha entre sus cosas. Alguna vez trajo ropa, zapatos, un reloj, un microscopio, de sus operativos. Mi madre siempre nos prohibió tocar esas cosas. Lo quemó todo salvo el microscopio. Era muy violento, nos pegaba con una caña. Mi mamá se intentó suicidar metiéndose en un cuartel de noche, para que mi viejo viera cómo eran sus compañeros, pero no le dispararon”.

Otros sí conocen con detalle los crímenes de sus padres, los han leído en sentencias judiciales, han escuchado los testimonios de las víctimas. Y les cuesta vivir con ese peso. Por eso se unen. Están recibiendo mensajes de todo el mundo, y en Chile algunos hijos de represores quieren organizar algo parecido. Todos quieren gritar lo mismo: no en mi nombre.

Los hijos de los represores argentinos rompen su silencio

CÉSAR G. CALERO Buenos Aires / 2 jul. 2017

Unen sus voces en el grupo Historias Desobedientes para denunciar los crímenes cometidos por sus progenitores durante la última dictadura.

Los hijos de los represores argentinos rompen su silencio
Ciudadanos con el pañuelo blanco que simboliza a las Madres de Plaza de Mayo, durante una protesta contra la reducción de la pena de un represor, en Buenos Aires. MARTÍN ACOSTAREUTERS

Cuando llegaba a casa después del trabajo, el oficial de la policía federal Eduardo Kalinec se transformaba en un padre de familia afectuoso con su mujer y sus hijas. Al día siguiente, volvía a lo suyo: la tortura sistemática de personas detenidas en varios centros clandestinos por su oposición a la dictadura argentina que dejó 30.000 desaparecidos entre 1976 y 1983. Kalinec, conocido como el ‘Doctor K’, fue condenado a cadena perpetua en 2010. Ahora, una de sus hijas, Analía Kalinec, y otros hijos de represores han decidido romper su silencio y compartir sus historias con la sociedad con un propósito común que se resume en las tres palabras que simbolizan la lucha de los derechos humanos en Argentina: memoria, verdad y justicia.

Nacida en 1979, Analía Kalinec fue una de las primeras en contar su historia en 2009. Pero fue hace tan sólo unas semanas cuando varios hijos de represores decidieron que era hora de agrupar sus voces y exponer públicamente su contundente rechazo a la barbarie en la que participaron sus progenitores. Nacía así ‘Historias Desobedientes y con Faltas de Ortografía’, una página de Facebook donde varios hijos de ex militares y ex policías van relatando sus experiencias. Al grupo inicial, formado por Analía Kalinec, Erika Lederer, Laura Delgadillo, Liliana Furio, Rita Vagliati y Martín Azcurra se han sumado en los últimos días más de 30 hijos (la gran mayoría, mujeres) que también quieren alzar su voz.

“Yo me enteré de que mi papá participó en la dictadura cuando me llama mi mamá y me dice que él está preso. Antes nunca lo había conectado con la dictadura. Es ahí (en 2005) cuando hago mi quiebre existencial”, comenta Analía Kalinec a EL MUNDO en una larga charla en la que también participan Laura Delgadillo y Liliana Furio. Tras un periodo de “negación” de esa realidad, Analía fue asimilando poco a poco que el mismo padre con el que había vivido una infancia dorada (“éramos como la familia Ingalls, cuatro hijas obedientes, una madre ama de casa…”), había sido un torturador. En 2008, ya con el juicio en marcha, se produce la ruptura definitiva: “Es un camino de ida sin retorno. Nosotros no suscribimos que aquello fue una guerra. Nosotros decimos que somos hijos de genocidas y que lo que hubo fue terrorismo de Estado“.

El detonante de la formación de Historias Desobedientes fue la participación de la hija de un célebre genocida en la multitudinaria marcha celebrada en Buenos Aires el pasado 10 de mayo contra una sentencia de la Corte Suprema que redujo la pena a un represor. Esa movilización de la ciudadanía impulsó una ley para frenar los beneficios a los condenados por delitos de lesa humanidad. Mariana D., hija del ex policía Miguel Etchecolatz, reveló en la revista digital ‘Anfibia’ por qué se manifestó contra su padre ese día y cómo fue el proceso de repulsa que le animó a cambiarse el apellido hace unos años.

Otra hija de un represor, Erika Lederer, tomó el testigo de Mariana y publicó en el mismo medio un estremecedor relato sobre esa ‘piedra de Sísifo’ con la que, a su juicio, cargan los descendientes de los genocidas. El padre de Erika, Ricardo Lederer, se suicidó en 2012 cuando la justicia lo tenía cercado. Durante la dictadura había trabajado como obstetra de la maternidad clandestina del centro de detención Campo de Mayo. “Tenemos el deber cívico y humano de dar presencia y memoria”, escribió Erika, para quien la razón de juntarse con otros hijos de genocidas debe ser “aportar datos a los familiares que aún hoy buscan justicia, nietos, y poder llorar sus muertos”.

“La gente se acercaba y lloraba al vernos”

Las integrantes de Historias Desobedientes hicieron su primera aparición pública como colectivo el pasado 3 de junio durante la marcha convocada por el movimiento Ni Una Menos contra la violencia de género. “Éramos seis personas con la bandera. La gente se acercaba y lloraba al vernos”, cuenta Laura Delgadillo, hija de un represor de La Plata ya fallecido que nunca fue juzgado. Para Liliana Furio, veterana militante feminista y cuyo padre cumple cadena perpetua domiciliaria, la elección de ese día no fue casual: “Tiene una conexión directa. Los gobiernos genocidas representan el machismo criminal“.

Con la llegada al poder de Néstor Kirchner en 2003 se enterraron las leyes de impunidad aprobadas en el pasado y se dio alas a la justicia para que se retomaran los juicios contra los miembros de la dictadura. Cristina Fernández de Kirchner dio continuidad a esa política durante sus dos mandatos presidenciales (2007-2015). “Si no hubiera sido por esas políticas, nunca me hubiera enterado de lo que hizo mi papá; era un secreto familiar”, apunta Analía.

Durante esos años se reforzó también el papel de organizaciones como Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Las integrantes de Historias Desobedientes ya han comenzado a tender puentes con esos grupos de derechos humanos y han recibido mensajes de apoyo de supervivientes de la dictadura y de hijos de desaparecidos.

El desafío de estas hijas e hijos con historias tremebundas a sus espaldas es ahora dotarse de una identidad como colectivo. Cada una de sus experiencias es diferente a las otras. Y los sentimientos que albergan hacia sus progenitores también difieren. Analía y Liliana ven sus casos como una “tragedia familiar” que les ha dejado ante todo una “profunda tristeza”, un sentimiento que -aseguran- está por encima del odio. Analía, maestra psicóloga de profesión, le escribió varias cartas a su padre tras el juicio. “Mi posicionamiento -subraya- también es un acto de amor hacia él. Le estoy ofreciendo que se arrepienta”. Nunca obtuvo respuesta. Ni el ex oficial Kalinec ni ningún otro represor se han arrepentido jamás. Por eso, algunos de sus hijos rompen hoy su silencio en Argentina.

Archivo Huelga de Hambre, CEPAL 1977

Archivo Huelga de Hambre, CEPAL 1977
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Anita Altamirano

Anita Florencia Altamirano Aravena Esposa de Juan Antonio Gianelli Company, profesor y dirigente comunista del sindicato único de la educación, desaparecido en su lugar de trabajo frente a testigos en la escuela de niñas nº24 …

2

Ernestina Alvarado

Ernestina Alvarado Rivas Madre de Nalvia Rosa Mena Alvarado, quien fue militante de las Juventudes Comunistas y estaba embarazada con tres meses de gestación al momento de su detención junto a su esposo Luis Emilio …

Wilma Atoine

Wilma Antoine

Wilma Antoine Lazzerini Esposa de Horacio Cepeda Marinkovic Caso de los 13: Constructor civil de profesión, ex director de la empresa de transportes colectivos del estado y militante del partido comunista quien fue detenido el …

Monica Araya

María Mónica Araya

Maria Mónica Araya Flores Hija de Bernardo Araya y María Olga Flores Hija del matrimonio entre Barnardo Araya Zuleta, ex diputado por el partido comunista, además dirigente nacional de la CUT y Maria Olga flores …

Raquel Ardiles

Raquel Ardiles

Raquel Ardiles Tabilo Esposa de Victor Modesto Cardenas Valderrama: electricista, militante comunista desaparecido el 26 de agosto de 1976 a los 52 años, tras ser detenido en la vía pública por agentes del comando conjunto, …

Irma Areyano

Irma Arellano

Irma Arellano Hurtado Casada, con 3 hijos junto a Armando Portilla Portilla: operador mecánico, ex-director de Endesa y militante comunista, quien fue detenido el 9 de diciembre de 1976 en la vía pública por agentes …

Mercedes Arévalos

Mercedes Arévalo

Mercedes del Carmen Arevalo Pantoja Esposa de Miguel Nazal Quiroz Casada, con 4 hijos junto a Miguel Nazal Quiroz: miembro del comité central del partido comunista, ex-director de la CUT en Villarica.  detenido el 11 …

Caupolicán Cruz

Caupolicán Cruz

Caupolicán Cruz Díaz Hermano de Lisandro Tucapel Cruz Díaz: telegrafista, ex dirigente sindical de los trabajadores de la empresa Cementos Polpaico y militante del Partido Comunista, fue detenido a los 52 años de edad el …

Edith Díaz

Edith Díaz

Edith Díaz Bahamondes Cónyuge de Fernando Alfredo Navarro Allende Caso de los trece. Fernando Alfredo Navarro Allende, producido el Golpe Militar, comenzó a ser buscado para su detención; su hogar fue allanado en múltiples ocasiones por efectivos del …

Cecilia Escobar

Cecilia Escobar

Cecilia Escobar Cepeda Hermana de Elisa del Carmen Escobar Cepeda Caso conferencia Elisa del Carmen Escobar Cepeda, soltera, obrera, militante del Partido Comunista, fue detenida el día 6 de mayo de 1976 en una “ratonera” …

Ninfa Espinoza

Ninfa Espinoza

Ninfa Espinoza Fernández Hermana de Eliana Espinoza Fernández Caso conferencia Eliana Marina Espinoza Fernández, soltera, comerciante, militante del Partido Comunista, salió de su casa aproximadamente a las 17:30 hrs. del día 12 de mayo de …

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Carolina Gajardo

    Carolina Gajardo Carolina Gajardo tenía 23 años cuando fue convocada por las compañeras Ana González y Sola Sierra para participar en la huelga de hambre. Su esposo, Luis Emilio Maturana, había sido detenido …

Irene Godoy

Irene Godoy

Irene Godoy Godoy Esposa de Humberto Fuentes Humberto de las Nieves Fuentes Rodríguez, ex Regidor de la comuna de Renca, militante del Partido Comunista, fue detenido el día 4 de noviembre de 1975, por efectivos …

Ana González

Ana González

Ana González Nació en la ciudad de Tocopilla, el 27 de julio de 1925. Tempranamente se unió a las Juventudes Comunistas  donde conoció a su esposo Manuel Recabarren, quien se mantuvo activo en el Partido Comunista hasta el momento de …

Norma Matus

Norma Matus

Norma Matus González Madre de Carlos Alberto Carrasco Carlos Alberto Carrasco Matus, 21 años de edad, soltero, Cabo Segundo del Ejército, era estudiante de Instituto Comercial N°5, del cual había sido dirigente estudiantil, ex militante …

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María Estela Ortíz

  María Estela Ortiz, hija de Fernando Ortiz, desaparecido el 15 de diciembre de 1976, fue una de las organizadoras de la huelga de hambre. Ella junto a Sola Sierra y María Luisa Azocar, convocaron …

María Luisa Ortíz

María Luisa Ortíz

María LuisaOrtiz Hija de Juan Fernando Ortiz Letelier   María Luisa Ortiz, se desempeña como Jefa del Área de Colecciones e Investigación, Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. Es hija de Juan Fernando …

María Adriana Pablós

María Adriana Pablos

María Adriana Pablos Esposa de Carlos Contreras Maluje   El 2 de noviembre de 1976, Contreras Maluje, entonces de 29 años de edad, ex regidor de Concepción, y de profesión químico farmacéutico, fue detenido por agentes …

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Isolina Ramirez

Isolina Ramirez Esposa de Mario Zamorano Donoso Caso Conferencia : Mario Jaime Zamorano Donoso, casado, tres hijas, obrero marroquinero, miembro del Comité Central del Partido Comunista, fue detenido junto a un grupo de dirigentes de …

Violeta Reyes

Violeta Reyes

Violeta Reyes Pareja de José Enrique Corvalán Valencia José Enrique Corvalán Valencia, casado, 6 hijos, dirigente sindical, militante comunista, fue detenido por la DINA el 9 de agosto de 1976, alrededor de las 10 horas, …

Marta Rocco

Marta Rocco

Marta Rocco Esposa de Mario Juica Vega Mario Jesús Juica Vega, casado, 5 hijos, ex presidente de los obreros municipales de Renca, militante comunista, fue detenido por agentes de la DINA el 9 de agosto …

Max Santelices

Max Santelices

 Pablo Jose Maximiliano Santelices Tello   Esposo de Reinalda del Carmen Pereira caso de los 13 Reinalda, hija única, casada, embarazada de cinco meses de su primer hijo, tecnóloga médico, ex dirigente de la salud …

Sola Sierra

Sola Sierra

Sola Sierra Henríquez esposa de Waldo Ulises Pizarro Sola Sierra Henríquez nació en Santiago en 1935. Hija de Marcial y Ángela, sobreviviente de la Matanza de Santa María, quienes tenían una tradición familiar de militancia …

Tania Toro

María Tania Toro

María Tania Toro Hermana de Nicomedes Toro Bravo Nicomedes Toro, de 31 años de edad, soltero, obrero, era miembro de la Brigada Ramona Parra del Partido Comunista. Detenido el día 28 de julio de 1976 …

Aminta Traverso

Aminta Traverso

Aminta Traverso Bernaschina Esposa de Marcelo Concha Bascuñan, primo de Iván Sergio Insunza   Marcelo Concha Bascuñan tenía 30 años de edad, casado, padre de tres hijos, militante del Partido Comunista  y de profesión Ingeniero Agrónomo , …

Carmen Vivanco

Carmen Vivanco

Carmen Vivanco Esposa de Oscar Ramos Garrido, Madre de Oscar Ramos Vivanco, hermana de Hugo Vivanco Vega, cuñada de Alicia Herrera Benitez y tía de Nicolás Vivanco Herrera (hijo de Alicia Herrera )   “Me …

Museo de la Memoria. Exposición
 Lenguaje y archivo: Exploraciones performativas, visuales y sonoras del archivo Huelga de hambre en la CEPAL, 1977.
“La voz se sostiene en “la ley no escrita”. (Esta división es puesta vívidamente en escena en Antígona, con la distinción entre las leyes divinas no escritas y las leyes humanas de la polis.)Podríamos ver aquí un sucinto resumen de lo que Kant denominará,un par de milenios más tarde, la oposición entre moralidad y legalidad.Esta distinción depende de que se comprenda de cierta manera la división entre la voz y la letra,donde se concibe la moralidad como un asunto relativo a la voz y la legalidad como un asunto relativo a la letra.”Dolar, Mladen. Una voz y nada mas.1ª edición, Ediciones Manantial SRL., Buenos Aires, 2007.
Esta obra fue un proceso de investigación y creación colectiva[1] sobre la primera huelga de hambre de los familiares de los detenidos desaparecidos –CEPAL, 1977– a partir del archivo sobre la misma, depositado en el Museo de la Memoria y de la entrevistas a fuentes directas –testimonios de los participantes de la huelga de hambre–.
Contexto histórico
En 1977 familiares de detenidos desaparecidos inician una serie de acciones que marcaron el comienzo de una nueva etapa en la búsqueda de justicia para sus familiares víctimas de la dictadura. El 14 de junio de 1977 se inicia La huelga de hambre en la CEPAL[2] que duró 9 días, constituyéndose en la primera huelga de hambre de familiares de detenidos desaparecidos y la segunda huelga de hambre en dictadura.[3]
La huelga de hambre en la CEPAL, dispuso de los cuerpos en colectivo para la resistencia del mismo como protesta ante la violencia del Estado, exigiendo una respuesta sobre el paradero de sus familiares desaparecidos: 24 mujeres y 2 hombres iniciaron la huelga de hambre con el lema “mi vida por la verdad. En la Sede de la CEPAL de Santiago, desplegaron un lienzo de diez metros de largo que proclamaba: “Por la paz, por la vida, por la libertad, los encontraremos”[4] . Y aseguraron que no saldrían de ahí hasta que Pinochet se comprometiera a responder por los desaparecidos.Esta huelga se produjo en pleno funcionamiento de la DINA y a casi seis meses de la detención y desaparición del Comité Central del Partido Comunista en clandestinidad –ocurrido en diciembre de 1976– , los familiares buscaban a sus parientes vivos.
La importancia de esta Huelga radica en varias acciones y consecuencias hasta ese momento inéditas en la lucha contra la dictadura:– Da a conocer a nivel global lo que estaba pasando en Chile en relación la violación sistemática de los derechos humanos y en especial el caso de los detenidos desaparecidos.
Hubo un intercambio de información que logró ser publicado por los medios en Chile debido a la presión que fue ejercida desde el exterior, esto debido a la condición internacional de la CEPAL y al aparato montado por los ayudistas de la huelga que activaron huelgas de hambre en otras sedes de la CEPAL, por ejemplo en México.– Entregó una clara señal a la dictadura de que el Partido Comunista no había sido exterminado, reactivando los sistemas de operación clandestinos y públicos del Partido bajo las acciones de los denominados un-dos-tres los cuales habían sido fuertemente golpeados por la detención y desaparición del Comité Central.
María Estela Ortiz se refiere a esta estructura:“Trabajamos con gente que jugó un rol determinante para que pudiéramos entrar, otra gente que jugó un rol determinante para hacer los chequeos de salud de todo tipo, con electrocardiograma, con todo y trabajamos en la clandestinidad, osea, todo fue fuera de la Vicaría, nos juntábamos en otros lugares, sabíamos sólo las personas que estábamos en el un,dos, tres.Un dos tres le decíamos en la época de dictadura a los equipos que dirigíamos– porque éramos tres personas, éramos nosotros tres donde cada uno tenía una responsabilidad”. ( Extracto de entrevista a Estela Ortiz )–
Instaló inéditas operaciones de despliegue organizado mediante la  utilización de diversos medios de publicación, preparación de la huelga ­–chequeos médicos, coartadas para ingresar a la CEPAL, cambios de vestimenta, peluquería, sistema de parejas para ingresar, puntos de encuentro, lo que debían llevar a la huelga, etcétera–  y la vinculación con organizaciones internacionales en contra la dictadura.
Podríamos decir que con esta huelga de hambre la dictadura se vio enfrenta a un cambio en el lenguaje de la resistencia, el se cual rebeló en forma de un cuerpo colectivo, afectado, militante y resistente –cuerpos en su mayoría de mujeres–, la violencia de la dictadura ejercida sobre el cuerpo desparecido, señalando su ausencia.De este modo la huelga de hambre es percibida como una política del cuerpo ejercida en contra de la represión, de un cuerpo político que opera a través de actos vitales de transferencia, transmitiendo el saber social, el sentido de identidad y la memoria a partir de acciones que de acá en adelante se tornaran reiteradas.
Bitácoras, cartas, notas de prensa, dos fotografías, declaraciones de apoyo, etcétera, es lo que contiene en la actualidad el corpus archivado de la huelga depositado en el Archivo del Museo de la Memoria[5], el cual segmentado bajo lógicas archivísticas del Museo, disemina su noción inicial de un cuerpo concebido como uno sólo en lo colectivo, donde lo escrito es nuevamente, lo inscrito en el archivo, su documentación, dejando en estado de latencia lo impermanente como la potencia real del archivo.Así, como parte de un proceso de búsqueda y exploración de lenguajes, sus límites y sus diferencias, que se inician con el archivo Arqueología de la ausencia, es que emerge y como una insistencia en mi producción visual, la lectura –la voz como objeto–  y el montaje del fragmento, poéticas a que refieren al archivo y a la imposibilidad de la construcción de un relato único y hegemónico. Así, restaurando el vestigio y los intersticios como poéticas por medio del montaje, se produce la articulación crítica sobre la tensión y las diferencias entre la inscripción legal –documento– y la lectura del mismo, vista ésta –lectura– como un instancia en que la voz como objeto estético vehicula los conceptos del fragmento como condición inherente al archivo y la impermanencia del sonido como la subversión de la idea originaria del archivo, lo dispuesto para permanecer.
Verónica Troncoso
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Magister en Artes Visuales de la Universidad de Chile.
Participó como directora del proyecto de investigación y creación sobre la primera Huelga de Hambre realizada por familiares de Detenidos Desaparecidos durante la dictadura cívico-militar en Chile, la cual se llevó a cabo en junio de 1977 en las dependencia de la CEPAL.
 ARTE ARCHIVO Y DERECHOS HUMANOS.
Formulación proyecto huelga de hambre, 1977
“Los archivos han sido sacralizados y al mismo tiempo “desordenados” al poner en cuestión el canon,las instituciones y las historias construidas.Ahora, como nunca antes, se constituyen en repositorios desde el cual es posible escribir otras historias.”Andre Giunta, #Errata 1
La progresiva referencia al archivo como programa de producción en el arte contemporáneo, tiene una de sus condiciones más importantes en la necesidad de reflexionar la crisis del humanismo a la que nos enfrentan los acontecimientos y, más precisamente, los procesos históricos que se suceden desde el siglo XX hasta hoy.
Acontecimientos y procesos que han puesto concretamente en entredicho la posibilidad de elaborar una historia que, al modo de una narración, permitiera comprender lo que ha sido el devenir de los pueblos. En este sentido las artes visuales se constituyen como un campo dialógico de exploración y proliferación de lenguajes, en donde éstos –los lenguajes– representan no solo la posibilidad de nuevas lecturas con respecto al archivo, sino a su vez, la reactivación de los mismos, bajo diversas operaciones visuales y de montaje de lo contenido en el corpus del archivo, así como señala Graciela Carnevale: “Mostrar el archivo es una forma de compartir con los otros. Es un espacio de diálogo, un espacio en el que unos escuchan a los otros e intercambian perspectivas y preguntas sobre su propia práctica. Entendiendo el archivo como un espacio abierto en el que uno contempla, discute y debate. Lo concibo como un proceso, como algo incompleto que es reforzado por cada nueva experiencia del presente.“
Los desastres que marcan este fin del milenio son también archivos del mal; disimulados o destruidos, prohibidos, desviados, «reprimidos». Su tratamiento es a la vez masivo y refinado en el transcurso de guerras civiles o internacionales, de manipulaciones privadas o secretas. Nunca se renuncia, es el inconsciente mismo, a apropiarse de un poder sobre el documento, sobre su posesión, su retención o su interpretación. ¿Más a quién compete en última instancia la autoridad sobre la institución del archivo? ¿Cómo responder de las relaciones entre el memorándum, el indicio, la prueba y el testimonio?”(Derrida, Mal de Archivo)
Los archivos sobre derechos humanos en Chile producidos por el Estado, son en la actualidad archivos cerrados y parcialmente clausurados, sobre ellos se han aplicado leyes de secreto y de seguridad. Los archivos sobre este tema de los cual se disponen, han sido producidos por iniciativas ciudadanas sin contraparte. Esta falta de contraparte ha consignado a estas historia como <<personales>>, por ende subjetivas, haciendo que la inscripción en la denominada historia con mayúscula, les haya sido negada por muchos años.
Podríamos decir que las operaciones sobre el archivo desde el campo del arte generan la posibilidad de su inscripción en un espacio para el cual no estaba pre-consignado.
Los archivos olvidados, los archivos disfuncionales, los archivos secretos han sido problematizados sistemáticamente desde el campo del arte.
Voluspa Jarpa con su obra Minimal Secret, expuesta en la feria Arco de Madrid, problematiza los archivos desclasificados y tachados de la CIA sobre Chile, mediante el desplazamiento del archivo, la puesta en escena de su tachadura y por ende de su clausura, es que se deja ver los fragmentos incompletos de una historia que no se puede contar.
 “El deber de la memoria no se limita a guardar la huella material, escritura u otra, de los hechos pasados, sino que cultiva el sentimiento de estar obligados respecto a estos otros de los que afirmaremos más tarde que ya no están pero que estuvieron.
Pagar la deuda, diremos, pero también someter la herencia a inventario” (Ricoeur)
En 1977 la agrupación de familiares de detenidos desaparecidos inicia una serie de hechos que marcaron el comienzo de una nueva etapa en la búsqueda de justicia para las víctimas de la dictadura. La huelga en la Cepal vii que duró 9 días, dispuso de los cuerpos en colectivo para la resistencia del mismo como protesta ante la violencia del Estado, exigiendo una respuesta sobre el paradero de los familiares desaparecidos, “24 mujeres y 2 hombres de la agrupación de familiares de detenidos desaparecidos iniciaron una huelga de hambre con el lema “mi vida por la verdad” en la Sede de la Cepal de Santiago, allí desplegaron un lienzo de diez metros de largo que proclamaba: “Por la paz, por la vida, por la libertad, los encontraremos” . Y aseguraron que no saldrían de ahí hasta que Pinochet se comprometiera a responder por los desaparecidos” .
Otros familiares de la Agrupación entregaron una nota a 16 medios de comunicación, también repartieron volantes en las calles, pintaron murales, organizaron misas y hubo en su apoyo declaraciones de abogados, personalidades políticas y sociales, un grupo amplio de intelectuales y decenas de federaciones sindicales”.La huelga de hambre en la Cepal, es el punto de partida en el despliegue de nuevas estrategias y acciones colectivas en el ámbito de la resistencia y denuncia contra la dictadura militar, en donde “el cuerpo es también lugar de resistencia cuando se vive como primer espacio de soberanía”. El cuerpo afectado por el hambre, el cuerpo como uno subversivo, que hace uso de la decisión de no ejercer una acción de violencia externa sino de la internalización de ésta para manifestarse, es sólo su propia inapetencia el actor de la acción silenciosa.
 .Bitácoras, cartas, notas de prensa, una fotografía, listas, etcétera, es lo que contiene en la actualidad el corpus archivado de la huelga, segmentado bajo las lógicas del archivo, diseminando su noción inicial de un cuerpo concebido como uno sólo en lo colectivo, donde lo escrito es lo inscrito en el archivo, su documentación , dejando en estado de latencia lo impermanente como la potencia real del archivo, su lectura.Su potencia real radica en la reactivación de lo que hemos denominado la letra muerta en el archivo, como un acto que trae al presente un hecho del pasado a través de lo oral que está contenido en él .
Las Yeguas del apocalipsis en 1993 , realizan en protesta por la ausencia de políticas concretas de justicia por parte del gobierno de Aylwin frente a las violaciones a los derechos humanos , la performance Tu dolor dice: Minado. En un ex centro de detención ilegal en calle Belgrano –Santiago– Lemebel y Casas realizan la lectura performática de la lista de los detenidos desaparecidos reconocidos por el Estado de Chile y publicados en el informe Rettig, la lectura se efectúa dando la espalda al espectador , en donde las espaldas desnudas de Lemebel y Casas presentan al cuerpo expuesto como imagen anónima del mismo, mientras tanto la lectura trae a presencia mediante el sonido al nombre del desaparecido , reactivando la letra muerta del archivo mediante lo efímero de la voz y su puesta en escena. La lista del archivo es reactivada mediante la performatividad de la voz y su puesta en escena, ya no son nombres pertenecientes a una estadística del horror, sino que son sonidos concretos de la realidad del horror. La acción realizada por Lemebel y Casas dispone de parte del archivo –la lista– haciendo cruces entre archivo, cuerpo y performance.Surge entonces la interrogante de buscar un elemento transversal entre una huelga de hambre y un acto performático más que el mismo cuerpo; donde el acto performático según (*) Richard Schechner parte por hacer una diferencia fundamental para entenderlo, algo es performance o algo se puede entender como performance.
Podríamos decir que la incidencia de la violencia sobre el cuerpo colectivo así como sobre el cuerpo individual trasciende los territorios primariamente pactados y así como la Huelga de hambre puede ser vista como una performance, la acción de Lemebel y Casas puede ser vista como un acto político, como señala Suely Rolnik: “Lo que lleva a los artistas a agregar lo político a su investigación poética es el hecho de que los regímenes autoritarios entonces vigentes en sus países inciden en sus cuerpos de manera especialmente aguda, pues afectan su propio quehacer, y es así como viven al autoritarismo en la médula de su actividad creadora. Se asocia así el impulso de la creación al peligro de sufrir la violencia por parte del Estado, que puede ir desde la prisión hasta la tortura y llegar incluso a la muerte; dicha asociación se inscribe en la memoria inmaterial del cuerpo: es la memoria física y afectiva de las sensaciones de dolor, miedo y humillación.”
Las huelgas de hambre son vistas como una política del cuerpo ejercida en contra de la represión, el cuerpo de lo político opera como actos vitales de transferencia, transmiten el saber social, el sentido de identidad y la memoria a partir de acciones reiteradas. “Constituyéndose como performance mediante su archivación”, así el proceso de archivo puede caracterizarse de algún modo como un acto performático, su reactivación en la inversión de su escritura, en donde la reescritura del archivo está dada por el sonido de su lectura y la lectura de su sonido vendría a ser el capital político de lo inmaterial/oral.
Texto perteneciente a parte del proyecto de investigación y creación sobre la huelga de hambre de 1977.
Tagged: archivo, derechos humanos[1] Este proyecto de investigación fue premiado con el Fondo de Incentivo a la Creación de la Universidad de Chile. Proyecto del cual soy directora, los demás participantes del mismo fueron: el académico Mauricio Barría; los tesistas de pre-grado del Departamento de Artes Visuales: Jennifer Frías, Waldo Estuardo y Sergio Michael; y los alumnos Pablo Sanchez y Matías Serrano. Todos pertenecientes a la Facultad de Arte de la Universidad de Chile.[2] Comisión económica para América Latina y el Caribe.[3] La primera fue realizada de los presos de Puchuncaví en 1975, en protesta por el caso de los 119.[4] Amorós, Mario. “Después de la Lluvia: Chile la memoria herida.” P.394 . Versión digital, visitada el 20 de febrero del 2015. Véase en: books[5] El archivo sobre la Huelga de hambre en la CEPAL, se encuentra dentro del Fondo Ortiz- Rojas. Fondo ordenado tanto por pieza como por fondo documental, un total de 7 carpetas con documentos, de los cuales hay una parte digitalizada.

Anita Altamirano

Anita Florencia Altamirano Aravena Esposa de Juan Antonio Gianelli Company, profesor y dirigente comunista del sindicato único de la educación, desaparecido en su lugar de trabajo frente a testigos en la escuela de niñas nº24 …

Ernestina Alvarado

Ernestina Alvarado Rivas Madre de Nalvia Rosa Mena Alvarado, quien fue militante de las Juventudes Comunistas y estaba embarazada con tres meses de gestación al momento de su detención junto a su esposo Luis Emilio …

Wilma Antoine

Wilma Antoine Lazzerini Esposa de Horacio Cepeda Marinkovic Caso de los 13: Constructor civil de profesión, ex director de la empresa de transportes colectivos del estado y militante del partido comunista quien fue detenido el …

María Mónica Araya

Maria Mónica Araya Flores Hija de Bernardo Araya y María Olga Flores Hija del matrimonio entre Barnardo Araya Zuleta, ex diputado por el partido comunista, además dirigente nacional de la CUT y Maria Olga flores …

Raquel Ardiles

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Mercedes Arévalo

Mercedes del Carmen Arevalo Pantoja Esposa de Miguel Nazal Quiroz Casada, con 4 hijos junto a Miguel Nazal Quiroz: miembro del comité central del partido comunista, ex-director de la CUT en Villarica.  detenido el 11 …

Caupolicán Cruz

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Edith Díaz

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Cecilia Escobar

Cecilia Escobar Cepeda Hermana de Elisa del Carmen Escobar Cepeda Caso conferencia Elisa del Carmen Escobar Cepeda, soltera, obrera, militante del Partido Comunista, fue detenida el día 6 de mayo de 1976 en una “ratonera” …

Ninfa Espinoza

Ninfa Espinoza Fernández Hermana de Eliana Espinoza Fernández Caso conferencia Eliana Marina Espinoza Fernández, soltera, comerciante, militante del Partido Comunista, salió de su casa aproximadamente a las 17:30 hrs. del día 12 de mayo de …

Carolina Gajardo

    Carolina Gajardo Carolina Gajardo tenía 23 años cuando fue convocada por las compañeras Ana González y Sola Sierra para participar en la huelga de hambre. Su esposo, Luis Emilio Maturana, había sido detenido …

Irene Godoy

Irene Godoy Godoy Esposa de Humberto Fuentes Humberto de las Nieves Fuentes Rodríguez, ex Regidor de la comuna de Renca, militante del Partido Comunista, fue detenido el día 4 de noviembre de 1975, por efectivos …

Ana González

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Norma Matus

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Wilma Antoine

Wilma Antoine Lazzerini Esposa de Horacio Cepeda Marinkovic Caso de los 13: Constructor civil de profesión, ex director de la empresa de transportes colectivos del estado y militante del partido comunista quien fue detenido el …

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Mercedes Arévalo

Mercedes del Carmen Arevalo Pantoja Esposa de Miguel Nazal Quiroz Casada, con 4 hijos junto a Miguel Nazal Quiroz: miembro del comité central del partido comunista, ex-director de la CUT en Villarica.  detenido el 11 …

Caupolicán Cruz

Caupolicán Cruz Díaz Hermano de Lisandro Tucapel Cruz Díaz: telegrafista, ex dirigente sindical de los trabajadores de la empresa Cementos Polpaico y militante del Partido Comunista, fue detenido a los 52 años de edad el …

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Edith Díaz Bahamondes Cónyuge de Fernando Alfredo Navarro Allende Caso de los trece. Fernando Alfredo Navarro Allende, producido el Golpe Militar, comenzó a ser buscado para su detención; su hogar fue allanado en múltiples ocasiones por efectivos del …

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Cecilia Escobar Cepeda Hermana de Elisa del Carmen Escobar Cepeda Caso conferencia Elisa del Carmen Escobar Cepeda, soltera, obrera, militante del Partido Comunista, fue detenida el día 6 de mayo de 1976 en una “ratonera” …

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Montaje de Prensa . Operación Revista Para Ti

Operación Para Ti

Su hijo desapareció cuando tenía 17 años. Y la parió madre, militante y fundadora de la organización Familiares. Fue secuestrada, torturada en la ESMA y obligada a posar en un falso reportaje que publicó la revista Para Ti como parte de la campaña de la dictadura, diseñada por una multinacional que hoy trabaja para Monsanto.

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El momento más denigrante del periodismo argentino tiene fecha: setiembre de 1979. Fue cuando la dictadura desplegó en los medios los servicios de la agencia multinacional Burson Marsteller. Pagó 1 millón de dólares para que le diseñaran una campaña que neutralizara la primera visita de una comisión internacional dispuesta a investigar las denuncias por violaciones de derechos humanos. Se sabe hoy que a Burson Marsteller le corresponde el copyright del inolvidable slogan “Los argentinos somos derechos humanos” que el entonces ministro del Interior, Albano Harguindeguy, mandó imprimir en 250.000 calcomanías autoadhesivas. Lo que no se sabe aún es si esta historia de Thelma Jara de Cabezas hay que leerla en el contexto de esa campaña y como una de sus mentiras más exitosas y perdurables.

Aparatos

Estoy sentada en la cocina de la modesta casa de Thelma y, con pudor, coloco el grabador arriba de la mesa. No es casual que en ese momento me muestre el celular que le entregó el programa de monitoreo de testigos de los juicios por delitos de lesa humanidad. “A las dos y media me tienen que llamar para control”, me advierte. Noto la paradoja: el teléfono y el grabador tienen el mismo tamaño. Y en esa mesa, los dos se convierten en un arma.

Rezo

La memoria de todo sobreviviente es un arma cargada de recuerdos. Thelma los dispara sin orden. No hay relato: hay fragmentos. Son esquirlas que por su intensidad se precipitan sobre la mesa. “Mi cabeza ya no es tan clara. Hay cosas que no recuerdo y otras que no puedo olvidar. Por esas, rezo”.

Rupturas

Thelma es una princesa guaraní. Nació en Corrientes, se casó en Ushuaia, parió a sus 2 hijos en Buenos Aires y regresó al fin del mundo hasta que dijo basta. Desde entonces, se radicó en Carapachay, donde crió a sus varones, sola. Trabajaba de asistente dental. Era activa, moderna, decidida. Los 70 la encontraron sin tiempo para la política, pero alentando a sus hijos a volar tras sus sueños. El mayor, Daniel, se fue a México a estudiar cine. El menor, Gustavo, comenzó a participar en la agrupación Montoneros. El 10 de mayo de 1976 lo secuestraron en un operativo callejero. Había militado sólo seis meses. Tenía 17 años.

Madres

La desaparición de Gustavo convirtió a Thelma en una de las fundadoras de Familiares, la primera organización de derechos humanos nacida en plena dictadura. “Familiares era apenas un escritorio dentro del departamento de la Liga Argentina de Derechos Humanos, ahí en Callao y Corrientes, justo arriba de la confitería Odeón”, evoca ahora Thelma. “En esa época no entendía por qué no querían que vaya a Plaza de Mayo. Me escapaba igual y me quedaba un ratito, para hablar con otras madres. Ellas tenían muchas ideas, siempre pensaban qué hacer. Con el tiempo me di cuenta de que mis compañeros no querían que fuera por cuestiones de seguridad. Pero eso lo entendí mucho después: el peligro”.

Papa

La princesa guaraní se convirtió, entonces, en un cuadro montonero. En plena dictadura y con un coraje que la llevó hasta la mexicana localidad de Puebla, donde en febrero de 1979 se celebró una reunión del Episcopado latinoamericano. Logró entregarle al Papa Juan Pablo II las denuncias por las desapariciones en Argentina. De ahí, viajó a España a entrevistarse con la conducción de Montoneros. En todo el trayecto estuvo escoltada: la siguieron.

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Secuestro

Thelma fue secuestrada el 30 de abril de 1979 en la puerta del Hospital Español, en plena Capital porteña. Había ido a cuidar a su ex marido. “Lo trajeron desde Ushuaia en avión sanitario. Cáncer terminal. Moribundo. Son las 7. Lo sé porque justo entra un médico y se enoja mucho porque yo estoy ahí y no es el horario de visita. Salgo y veo una fila de autos en la puerta, uno detrás del otro. Atrás mío siento que hay alguien, caminando apurado. Hay algo raro en las luces de los autos. ¿Qué hago? Decido ir hacia la esquina porque hay una parada de colectivo, y veo mucha gente en la cola, esperando. Ahí, el que está atrás mío me agarra de los pelos, me pone la mano en la boca y me empuja adentro de un auto. Me llevan a un lugar. No sé dónde estoy. Es la ESMA, donde empieza todo el trajín de torturas.”

Daniel, el hijo mayor de Thelma, es quien pone en contexto este recuerdo. “En esa época en Familiares se había organizado un grupo de mujeres muy fuertes, decididas. Estaba Cata Guagnini (dirigente trotskista, dos hijos desaparecidos: Diego y el periodista Luis Guagnini), Lita Boitano (madre de Miguel y Adriana, ambos desaparecidos), Graciela Lois (su marido, Ricardo, tenía 24 años cuando lo secuestraron), Lilia Orfanó (también con dos hijos desaparecidos: Daniel y Guillermo), todas madres que trabajaban muy duro y con mucho carácter. Alguien me contó, no recuerdo quién, que la idea era secuestrar a alguna de ellas y eligieron a mi madre. Luego supimos por qué: Julia Sarmiento, que era miembro de Familiares, fue secuestrada y comenzó en la ESMA a colaborar con los militares. Ella la acompañó a Puebla, probablemente sabía que era la única de ese grupo de madres que integraba la conducción de Montoneros”.

Caramelo

Dispara Thelma: “Durante las primeras tres semanas me torturan. Un día por semana. No me acuerdo si lloraba, no me acuerdo si gritaba, no me acuerdo si sentía dolor. Nada, nada, nada: ya no me acuerdo. Me acuerdo que me sacan toda la ropa. Los gritos: ´Vieja de mierda, hablá´. ¿Cuánto tiempo dura? Un ratito no es, te aseguro”.

¿Rezabas?

No. Ahí no.

Ahí no hay dios

No. Ahí no hay nadie ni nada. Están ellos, 5 ó 6. Está Marcelo: le veo la cara cuando me levanta la venda y me dice: “Mirá”. Y se pone la picana en la mano. “La tengo dormida de tanto darte máquina, y vos nada”. Él se queja y la que recibe tortura soy yo. Después, unos sobrevivientes me contaron que mientras estaba en la sala de tortura, ellos estaban en un cuarto cercano y ahí la luz titilaba, porque cuando dan mucha máquina la tensión baja. También me contaron que una de esas veces lo vieron salir a Marcelo todo transpirado, con la ropa empapada en sudor, quejándose por el trabajo que yo le daba. Marcelo me secuestró y me torturó. Después supe que fue también el que me siguió a Puebla y a España. Fue también el que me acompañó a Uruguay para dar una entrevista a un diario y el que estaba en otra mesa, en ese bar donde hice la entrevista de la revista Para Ti”.

Marcelo es el represor Ricardo Miguel Cavallo, condenado el 26 de octubre de 2011, en el primer juicio por los delitos cometidos en la ESMA, a prisión perpetua.

Otros de los torturadores de Thelma eran el médico naval Carlos Octavio Capdevilla y el enfermero Juan Barrionuevo, que al momento de ser procesado se había convertido en diputado provincial a cargo de la comisión de salud de la legislatura de Tierra del Fuego.

Dispara Thelma: “Después de torturarme me tiran arriba de una frazada, en el piso. Dicen: a esta, nada de agua ni comida por 72 horas. Tengo los ojos vendados. Escucho el ruido de un papel de caramelo. Me acuerdo que uno de los guardias, el más joven, come caramelos de azúcar quemada, esos que se llaman Media hora. No dice nada. Sólo el ruido del papel, muy cerca, como si lo hiciera sonar al lado de mi oreja”.

La agencia

Fue el inefable José Alfredo Martínez de Hoz el que recomendó a la Junta Militar contratar los servicios de la agencia internacional Burson Marsteller para contrarrestar las denuncias que en foros y prensa internacionales lograron difundir Madres y familiares de desaparecidos. Su mano derecha, Walter Klein, por entonces titular de Coordinación y Planificación Económica, fue quien viajó a Nueva York para reunirse con Victor Emmanuel, el responsable de la “cuenta” argentina. Emmanuel admite su participación en el diseño de la campaña de la dictadura argentina en una entrevista que le realizó la investigadora Marguerite Feitlowitz y que publica en su libro A Lexicon of Terror, editado en 1998, y en el que cita extensamente el caso de Thelma. En ese entrevista, Emmanuel justifica: “La violencia era necesaria para abrir la economía proteccionista, estatista” de Argentina. “Nadie, pero nadie, invierte en un país envuelto en una guerra civil”, dice, admitiendo también que “muchas personas inocentes probablemente fueron asesinadas”. Y agrega: “Dada la situación, se requería una inmensa fuerza”.

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Crímenes

De aquella época en Burson Marsteller solo queda hoy el octogenario fundador, Harold Burson, quien en una reciente entrevista explicó cuál es la especialidad de su empresa: “Una agencia de publicidad compra espacios en los medios para dar un mensaje directo. Nosotros nos dedicamos a generar espacios de influencia. Ya sea a través de personas o de medios. Nuestro objetivo es narrar la historia de nuestros clientes de modo de imponerse sobre sus críticos y que las cosas se miren desde nuestro punto de vista”.

La especialidad de Burson Marsteller son los crímenes. Algunos ejemplos:

  1. El gobierno de Nigeria los contrató en la segunda mitad de los años 1960 para refutar las acusaciones de genocidio en Biafra.
  2. Durante el gobierno del dictador Nicolae Ceaucescu, asistió exitosamente a Rumania en sus gestiones para obtener el estatus de nación más favorecida en el comercio internacional por parte de Estados Unidos. La campaña incluyó una visita a Rumania del conocido programa de TV NBC Today. El show se extendió durante una semana.
  3. Representaron a la empresa Union Carbide Corporation, fabricante de las pilas Eveready, para afrontar su responsabilidad por el desastre ocurrido en 1984 en Bhopal, ciudad de la India, que causó la muerte de 2.000 empleados y pobladores vecinos a la planta.
  4. En la década del 90 se especializó en capacitar a los ejecutivos y gerentes de empresas multinacionales de la industria petrolera, sobre el modo de comunicar a la opinión pública desastres producidos por derrames y explosiones.

Credo

Harold Burson admite que tienen un límite: no aceptan trabajar en campañas a favor del aborto. Su entrevistador le recuerda entonces su pasado con la dictadura argentina. Harold Burson responde: “Cierto, pero no trabajamos para la política interna nacional”. Ejemplo típico del credo de Burson Marsteller: no es mentira decir solo algo de verdad.

El objetivo del trabajo de Burson Masteller para la dictadura argentina era otro: diseñar una campaña que desacreditara el informe que la Comisión Internacional de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA, iba a difundir en el mundo luego de su visita a Argentina.

Silencios

La CIDH estuvo del 7 al 10 de septiembre de 1979 en Buenos Aires, del 10 al 14 en Córdoba, el 14 y 15 en Tucumán, pasó por Rosario y regresó a la Capital Federal. Visitó los campos clandestinos de detención de La Rivera y La Perla, en Córdoba, y El Atlético y el Olimpo, en Buenos Aires, que ya habían sido desmantelados. También visitaron la ESMA y por ese motivo los secuestrados allí fueron trasladados. Dispara Thelma: “Nos llevan al Tigre. Hay un grupo grande que está secuestrado en un pozo, bajo tierra. Ahí está el marido de una sobrina mía. Lo sé porque yo cocino para todos. Otras chicas también cocinan. Pero a la segunda o tercera vez que me toca cocinar a mí, escucho una voz que grita desde el pozo: ´Esto lo hizo Thelma porque tiene el sabor suave de sus comidas´. Es Eduardo, el marido de mi sobrina”. Estaban en El Silencio, la isla del Tigre que monseñor Emilio Graselli le vendió a la patota de la ESMA, según la investigación que publicó Horacio Verbitsky. “En ese libro –me dice Daniel, el hijo de Thelma- Vertbisky escribe tres veces que mi mamá le dio una nota a la revista Para Ti. Y no la dio: la obligaron, que es bien distinto. Lo llamé varias veces para aclarárselo, pero nunca me atendió”.

Falsedades

Thelma fue una de las últimas en llegar a la isla. Cavallo y la patota de la ESMA la habían trasladado con documentos falsos a Uruguay para posar en una falsa entrevista que fue publicada el 22 de agosto de 1979 en el falso diario World News, perteneciente la secta Moon. En esa nota le adjudicaban una frase: “Estoy secuestrada por los Montoneros”.

La nota fue reproducida por la agencia oficial Télam y varios diarios locales la publicaron como cierta. De esta manera la dictadura se anticipaba a la denuncia sobre la desaparición de Thelma que presentaría, días después, la organización Familiares en la cita que tenía pautada con la CIDH. Carlos Muñoz, otro de los sobrevivientes de la ESMA trasladado a la isla, declaró en el juicio: “Orlando González, alias Hormiga, que era fotógrafo del Centro de la Marina o Club la Marina, le tomó a Thelma las fotos en Uruguay, que yo revelé, donde se la veía en lugares típicos de Montevideo como si ella estuviera en una especie de exilio”.

Operación

El mismo día que llegó la CIDH a Buenos Aires, la revista Para Ti publicó en su tapa el falso reportaje titulado “Habla la madre de un subversivo muerto”. Cinco páginas, varias fotos y un argumento: una Madre desacreditaba las denuncias de las Madres.

Cuando Thelma declaró extensamente en el juicio a los ex comandantes de la dictadura, el 24 de julio de 1985, detalló que antes de esa entrevista la llevaron a una peluquería, que ubicó en la avenida Cabildo. Luego, le compraron ropa en Once. La entrevista se celebró en la confitería Selquet, en el barrio de Belgrano. El periodista que firmó el reportaje es Eduardo Scola y Tito La Penna, el fotógrafo que retrató a Thelma. Ambos declararon como testigos en la causa que investiga el delito cometido con ese falso reportaje.

Dispara Thelma: “No me dan ninguna explicación. Me dicen que la revista Para Ti quiere saber algunas cosas. Me arreglan un poco. El periodista pone un grabador en la mesa y me hace 2 ó 3 preguntas que no tienen nada que ver con nada. Todo muy seco. El fotógrafo está parado. Se mueve. Parece nervioso. Todo es muy rápido. Después, veo que en la ESMA todos tienen la revista en la mano. Se la pasan. Mirá, dicen. Ellos. A mí no me la muestran. Pero algo pasa después de ese reportaje. Me llevan a una oficina, donde todos los días tengo que copiar algo. Son recortes de diarios, que tienen párrafos señalados. Yo tengo que copiar esos párrafos, a mano. No tiene sentido. Una locura. Todos los días, copiar párrafos. Creo que es nada más que para tenernos ahí, obedeciendo, como esclavos. Dura mucho tiempo, unos cuantos meses. En esa oficina, siempre con la puerta cerrada. Un día abre la puerta así, de golpe, un oficial joven, y me grita: ´Vos nos debes odiar por todo lo que te hicimos´. Le contesto: ´No tengo ese pensamiento. No odio. Lo que siento es un gran dolor, por ustedes y por nosotros´”.

¿Qué te hicieron con ese reportaje?

No lo supe mientras estaba secuestrada ni mucho después de salir, porque no había leído Para Ti.

Heridas

Thelma se dio cuenta de lo que le habían hecho meses después de que la liberaran, el 7 de diciembre de 1979. Su hijo Daniel, que había regresado a Argentina como parte de la llamada “contraofensiva” fue detenido. A Thelma le avisó el represor Cavallo, quien viajó especialmente a Corrientes para darle la noticia. En la puerta de la cárcel, mientras hacía la fila para ver a su hijo detenido, la increpó un familiar de otro preso político. Le gritó: “Traidora”.

Había leído -y creído- la nota de Para Ti.

Bailes

Thelma cierra ahora los ojos y dispara: “A veces hacen bailecitos. Ellos quieren bailar: los guardias. Ponen la radio y discos también. Tango, y todo lo moderno. Los guardias se ponen a bailar. Las chicas, tan jóvenes, bailan. Y vienen los jefes, los que dan las órdenes, y bailan. Como en un comedor familiar, de club o de salón. Bailan. Y nosotros miramos, sin decir nada. Nunca sabemos cómo va a terminar nada. Nunca. Entonces, nos miramos entre nosotros, callados, como viendo un sueño, un sueño feo. Viendo esas caras, tan malvadas, repugnantes, procurando que eso no nos haga mal, no nos llegue al fondo. Esas caras, bien de película de terror. Tremendo, muy tremendo. Entonces, el esfuerzo por cuidar hasta la expresión, porque parece que todo gesto que hagamos nosotros puede servir de excusa para hacer más daño. Es muy raro lo que nos pasa. No hablar, observarlos. Sin hacer nada para no darles lugar a que hagan peores cosas. Aguantar, para que no se mate a nadie, para que no se torture a nadie. Aguantar, aguantar, aguantar… Pensar que ahora mi cuñada está yendo a la ESMA a bailar. Es jubilada. La pasan a buscar a las 9 de la mañana y la llevan a la ESMA y le dan el desayuno, charlas, conferencias, almuerzo, todo. Y baila”.

¿Vos no volviste?

Nunca más.

Diablos

Daniel, el hijo de Thelma, me pregunta si creo que es posible que un torturador, una bestia como el represor Cavallo puede haber ideado una estrategia mediática semejante como la que condenó a su madre. Relaciona entonces las fechas, la coincidencia de la campaña diseñada por Burson Marsteller y ese reportaje en Para Ti, en el contexto de toda la colaboración que prestó Editorial Atlántida a la dictadura. Dispara entonces hacia el corazón de las operaciones de prensa, que hoy gozan de excelente prestigio: Burson Marsteller acaba de ser nombrada Agencia Latinoamericana del Año 2013 por la publicación especializada en marketing The Holmes Report.

En Argentina, su flamante cliente es la multinacional Monsanto.

Plegarias

Thelma tiene un altar en su cuarto con las imágenes de Cristo, Sai Baba, la pirámide de Plaza de Mayo y la foto de su hijo Gustavo.

Su hijo Gustavo, 17 años

Reza allí todas las tardes una larga cadena de oraciones que ella misma escribe para una lista infinita de nombres que ella misma escoge. Tiene un atado con papelitos donde anota plegarias y personas. Le pido que anote mi nombre. La fotógrafa, también. Thelma los escribe a mano, en su lista infinita. Y dispara: “Mi hijo Daniel me pregunta qué encuentro en esta espiritualidad. Le respondo: tranquilidad. Eso es lo que necesito. Eso es lo que todos necesitamos”. Entiendo: el eterno rezo de Thelma es contra la impunidad. Y por la verdad.

Thelma

El juicio a los editores

La primera denuncia penal contra Editorial Atlántida y los responsables de la revista Para Ti por la publicación de la falsa entrevista a Thelma Jara de Cabezas se presentó en 1984 y fue archivada luego de la sanción de las leyes de impunidad. Su abogado era un profesor adjunto de Derecho Penal: Alberto Fernández, hoy más conocido como ex Jefe de Gabinete durante la presidencia de Néstor Kirchner.

El abogado y periodista Pablo Llonto, es ahora quien patrocina a Thelma en una nueva denuncia criminal contra los integrantes del directorio de Atlántida, “que estaban en conocimiento de la preparación y elaboración del reportaje y de otras notas sobre lo que sucedía en la ESMA y otros centros clandestinos”. La denuncia también involucra a periodistas “que en conocimiento del hecho realizaron el reportaje y con posterioridad no lo denunciaron”. La causa se tramita en el juzgado federal a cargo de Sergio Torres.

Ya declararon como testigos el periodista que realizó la nota y Tito La Penna, el fotógrafo. Dijo: “Hubo algo que me llamó la atención, y que después se lo comenté al periodista. Ella decía que buscaba a su hijo que estaba desaparecido. Y en esa época nadie hablaba de desaparecidos, nadie”.

El juez Torres citó, entre otros, al editor responsable de la publicación: Agustín Bottinelli. Comenzó así una serie de apelaciones con las que el periodista intentó eludir su declaración indagatoria. Concluyeron hace unos meses, cuando la Cámara Federal de Casación resolvió que Bottinelli debe presentarse ante la justicia. No lo hizo hasta hoy. Está esperando que el fallo sea confirmado por la Corte Suprema. En tanto, trabaja como jefe de la sección Sociedad del diario La Prensa.

Jara de Cabezas, Thelma

Juicio a las Juntas, 24 de Julio de 1985

Dr. López: Se llama al estrado a Thelma JARA de CABEZAS.

Dr. Ledesma: – ¿Alguno de sus hijos, señora, fue privado de su libertad?

Cabezas: Mi hijo Gustavo Alejandro.

Dr. Ledesma: ¿En qué circunstancias?

Cabezas: Bueno, el 10 de mayo.

Dr. Ledesma: ¿De qué año?

Cabezas: De 1976, salió de casa a la mañana muy temprano, a acompañar a una amiga.

Dr. Ledesma: ¿El nombre de esa amiga?

Cabezas: Mire ahora no recuerdo, pero le decíamos Kity.

Dr. Ledesma: ¿Le decían?

Cabezas: Kity.

Dr. Ledesma: Prosiga.

Cabezas: Salió de casa, y en la plaza de Martínez hubo un operativo, mediante el cual detenían a los colectivos y hacían bajar a los pasajeros…

Dr. Ledesma: ¿Qué colectivo era, sabe qué línea era?

Cabezas: No estoy segura, pero creo que era el 314.

Dr. Ledesma: ¿Cómo se enteró de eso?

Cabezas: Porque me vinieron a avisar, gente que había visto el operativo y que, casualmente, había un conscripto que conocía a mi hijo; el operativo era de Carapachay, donde vivíamos.

Dr. Ledesma: ¿Puede dar el nombre del conscripto?

Cabezas: No, porque no lo ubicamos después.

Dr. Ledesma: ¿Y otros datos para identificarlo?

Cabezas: No tengo ninguno.

Dr. Ledesma: Prosiga señora.

Cabezas: Y al bajar todos del colectivo, esta chica hechó a correr, le tiraron y la mataron, y a Gustavo lo subieron a un camión.

Dr. Ledesma: ¿Cuánto tiempo después se enteró usted de este hecho?

Cabezas: A los pocos días.

Dr. Ledesma: ¿Efectuó alguna denuncia?

Cabezas: Sí.

Dr. Ledesma: Al respecto.

Cabezas: Sí, sí, sí.

Dr. Ledesma: ¿De quién recibió respuestas escritas?

Cabezas: Bueno, de los hábeas corpus, los hice en el Juzgado.

Ledesma: No, fuera de las…

Cabezas: De los hábeas…

Dr. Ledesma: Fuera de los hábeas corpus.

Cabezas: Bueno…

Dr. Ledesma: Usted personalmente, ¿recibió alguna respuesta escrita?

Cabezas: Por ejemplo, yo había presentado una carta al 1° Cuerpo del Ejército, y ahí me contestan que el paso no les correspondía a ellos, y pasaban al área correspondiente, eso es lo único que me dicen.

Dr. Ledesma: ¿Qué actividad desarrollaba su hijo?

Cabezas: Bueno, era estudiante, estudiaba en el colegio Emilio Lamarca de Ballester, estaba en 3° año.

Dr. Ledesma: ¿Qué edad tenía?

Cabezas: 17 años.

Dr. Ledesma: ¿Era estudiante secundario?

Cabezas: Estudiante secundario.

Dr. Ledesma: ¿Trabajaba?

Cabezas: No, estudiaba.

Dr. Ledesma: En el colegio, ¿desempeñaba alguna actividad en algún grupo estudiantil?

Cabezas: No, su actividad la desarrollaba cuando había algún festival, o algo así, cosas, digamos, muy infantiles, cosas de chicos…

Dr. Ledesma: ¿Y tenía alguna inquietud política?

Cabezas: Bueno, él decía que era peronista.

Dr. Ledesma: ¿Estaba afiliado?

Cabezas: No, no.

Dr. Ledesma: ¿En algún grupo?

Cabezas: No estaba afiliado.

Dr. Ledesma: ¿Viajó al exterior?

Cabezas: ¿Mi hijo?

Dr. Ledesma: No, no, usted, ¿en procura de averiguar el paradero de su hijo?

Cabezas: Bueno, a raíz de la desaparición de mi hijo, yo comienzo a hacer todas las gestiones, y nos vamos reuniendo con otros familiares, y llego a la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, donde nos ceden un lugar físico y ahí formamos la Comisión de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por razones políticas.

Dr. Ledesma: ¿Usted desempeña algún cargo (inint.) en esa?

Cabezas: Yo era secretaria de organización de esa comisión, en el año ’79 viajé a México, y voy a Puebla.

Dr. Ledesma: ¿Viaja por decisión propia?

Cabezas: Por decisión propia.

Dr. Ledesma: ¿Con dinero particular?

Cabezas: Con dinero particular, y estando en México me integro a un grupo de madres y voy a Madrid para buscar una conexión con el Consejo Mundial de Iglesias, luego nos vamos a Roma.

Dr. Ledesma: ¿A través de quién hace esa conexión con el Consejo Mundial de Iglesias?

Cabezas: Era un pastor, cuyo nombre no recuerdo, y me dan una carta, entonces nos vamos a Roma a pedir una audiencia al Papa, pero en ese momento el Papa viajaba a México; nos recibe y volvemos a Puebla.

Dr. Ledesma: ¿A través de quién había hecho la gestión? ¿Desde México ideó toda la gestión para dirigirse a España, para ver, entrevistar a miembros del Consejo Mundial de Iglesias?

Cabezas: Bueno, este pastor era el que nos iba a dar las direcciones para encontrar, para comunicarnos con los miembros del Consejo Mundial de Iglesias.

Dr. Ledesma: Usted personalmente, ¿había hecho la gestión para comunicarse con él o alguna otra persona desde México?

Cabezas: Madres que vivían en Europa sabían el nombre de este pastor, entonces nos unimos y nos fuimos.

Dr. Ledesma: ¿Viajó usted sola o acompañada?

Cabezas: No, con otro grupo de madres.

Dr. Ledesma: ¿Puede mencionar algunas?

Cabezas: No recuerdo los nombres; en ese entonces, por razones de seguridad, no sabíamos los nombres, nada más que eso, sobrenombres, cosas así, pero sin importancia.

Dr. Ledesma: ¿Vuelve a Puebla?

Cabezas: Vuelvo a Puebla, y bueno en Puebla estábamos todo el tiempo en la reunión de los obispos del CELAM, y estoy ahí hasta marzo, y en marzo vuelvo, me reintegro a la Comisión de Familiares, mientras mi esposo trabajaba en Ushuaia.

Dr. Ledesma: Con relación a su viaje a Europa, y estando allí en alguno de los lugares en los que visitó, ¿tuvo algún contacto con integrantes de la organización ilegal Montoneros?

Cabezas: No señor, no señor, para nada.

Dr. Ledesma: Volvamos a Buenos Aires, ¿llega a Buenos Aires?

Cabezas: Llego a Buenos Aires; mi esposo trabajaba en Ushuaia, era empleado en Vialidad. El 7 de abril lo traen en un avión sanitario, con diagnóstico de cáncer de pulmón, paralizadas las piernas, y lo internan…

Dr. Ledesma: ¿Usted convivía con su esposo?

Cabezas: Desde la desaparición de Gustavo, bueno, él se quedó trabajando en Usbuaia y yo haciendo las gestiones acá.

Dr. Ledesma: Pero, ¿estaba separada?

Cabezas: No, él venía todas las veces que podía.

Dr. Ledesma: Prosiga.

Cabezas: El 7 de abril lo traen, lo internamos en el Hospital Español, y ahí me dedico a cuidarlo, era muy grave su estado, y entraba a las 8 y media de la mañana al hospital y salía a las 8 y media de la noche, y el 30 de abril…

Dr. Ledesma: ¿En dónde pernoctaba usted en esa época?

Cabezas: Me quedaba en la casa de un matrimonio mayor por comodidad, porque yo vivía en la casa de mi madre en Muñiz, y me quedaba muy lejos.

Dr. Ledesma: ¿En la casa de qué matrimonio?

Cabezas: Los dos ya no viven, la señora Carmen BONORA y el señor Emilio BONORA.

Dr. Ledesma: ¿Domicilio?

Cabezas: En Rivadavia. No recuerdo, creo que frente al Parque Rivadavia, al 4000 o no sé.

Dr. Ledesma: ¿Usted para esa época fue privada de su libertad?

Cabezas: El 30 de abril a las 8 de la noche, cuando salía del hospital.

Dr. Ledesma: 30 de abril, ¿de qué año?

Cabezas: De 1979.

Dr. Ledesma: ¿Hasta qué fecha permaneció privada de su libertad?

Cabezas: Hasta diciembre del ’79.

Dr. Ledesma: Prosiga, ¿en qué circunstancias es privada de su libertad, por cuántas personas?, ¿en qué es trasladada?

Cabezas: Estaba esperando en la calle Moreno el colectivo, creo que es el 118 que pasa por ahí, o el 115, no recuerdo bien ahora, y vi acercarse un auto, un Ford, un auto blanco.

Dr. Ledesma: ¿Marca?

Cabezas: Por el tamaño seria un Ford; tenía la puerta trasera abierta y cuando yo me fijé en ese detalle, una mano me tapa la boca y me introduce en el coche.

Dr. Ledesma: ¿Cuántas personas iban?

Cabezas: Cuatro, y hay un detalle, cuando yo salía del hospital, que después de las 8 de la noche, el Hospital Español cerraba la puerta principal que da a la calle Belgrano y teníamos que salir por la calle Rioja, cuando voy a cerrar la puerta para salir, entra un hombre joven, y lo reconozco porque era el que estaba en el auto en el que me secuestran.

Dr. Ledesma: ¿Invocaron alguna autoridad?

Cabezas: No.

Dr. Ledesma: ¿Orden escrita le exhibieron?

Cabezas: Nada, nada, me tiraron, me pusieron esposa y capucha.

Dr. Ledesma: ¿La golpearon?

Cabezas: No, en ese momento no.

Dr. Ledesmmma: ¿La interrogaron en él?

Cabezas: Tampoco, nada.

Dr. Ledesma: ¿Cuánto tiempo viajaron?

Cabezas: Y yo calculo que sería un poco más de media hora.

Dr. Ledesma: ¿Vestían de civil estas personas?

Cabezas: De civil.

Dr. Ledesma: ¿Exhibieron credenciales?

Cabezas: No, ninguna.

Dr. Ledesma: ¿Adónde fue conducida?

Cabezas: Bueno, supe después que era la Escuela de Mecánica de la Armada.

Dr. Ledesma: ¿Cómo lo supo?

Cabezas: Bueno, en el momento me llevan a una sala, me sacan la capucha y veo una sala que estaba tapizada, que después supe que era la sala de torturas.

Dr. Ledesma: ¿Tenía alguna denominación especial esa sala?

Cabezas: Y después supe que le decían la Huevera.

Dr. Ledesma: ¿Por qué le decían así?

Cabezas: Y, porque las paredes estaban tapizadas con cartones que sirven para envasar huevos.

Dr. Ledesma: Pero con posterioridad, ¿usted pudo apreciar personalmente a través de su vista que se trataba de la Escuela de Mecánica?

Cabeza.: No, no, en ese momento no, después supe.

Dr. Ledesma: Digo con posterioridad, no en ese momento.

Cabezas: Sí, después sí, además me preguntaron los otros secuestrados si sabía dónde estaba; yo me imaginaba que estaba ahí, por los ruidos, en el momento ese había fútbol, trenes, gritos de la cancha de fútbol y mucho tránsito.

Dr. Ledesma: ¿Qué pasó allí?

Cabezas: Bueno, ahí, en ese momento, me revisan mi cartera, me muestran una pastilla, no era una pastilla, era como una cápsula negra, me dijeron que era veneno, que era mío; yo no tenía nada de eso, porque además no tenía por qué tenerlo; yo dije que no, después me preguntan quién era mi responsable, como asegurando que yo era militante de alguna organización. Yo digo que no tengo responsable, que yo no soy militante; bueno…

Dr. Ledesma: ¿Mencionan alguna agrupación concretamente?

Cabezas: No, en ese momento, bueno, quieren saber a qué fui a México, a qué fui a Roma, porque ellos ya sabían que yo habia ido a esos lugares porque había una chica que trabajaba con nosotros en la Comisión de Familiares, y estaba trabajando con ellos.

Dr. Ledesma: ¿Cómo se llamaba?

Cabeza.: Julia Estela SARMIENTO.

Dr. Ledesma: ¿Le preguntan algo sobre ella?

Cabezas: Me preguntaron, sí, por qué yo había cambiado con Julia.

Dr. Ledesma: ¿Y efectivamente usted había cambiado con ella?

Cabezas: Sí, yo tenía algo, que no sabia qué era, no sabia porque…

Dr. Ledesma: ¿Sospechaba algo de ella?

Cabezas Algo sí.

Dr. Ledesma: ¿Usted qué le responde?

Cabezes: Les digo que yo no tenía nada contra Julia, pero seguían insistiendo…

Dr. Ledesma: ¿En donde la había visto usted a Julia con anterioridad?

Cabezas: En la Comisión de Familiares, antes que viniera mi marido.

Dr. Ledesma: ¿Dónde se reunían?

Cabezas: En la Comisión, en la Liga.

Dr. Ledesma: ¿En dónde estaba ubicada?

Cabezas: Estaba en la calle Corrientes 1785.

Dr. Ledesma: ¿Cuántas veces habrá concurrido Julia a dicho lugar?

Cabezas: ¿En ese año?

Dr. Ledesma: Sí.

Cabezas Todos los días, hasta que me secuestran.

Dr. Ledesma: Mientras la interrogan, ¿está encapuchada?

Cabezas: Bueno, no. Pero después me vuelven a encapuchar colocándome las manos a la espalda.

Dr. Ledesma: ¿Fue golpeada mientras era interrogada?

Cabezas: Sí, me dieron una cachetada, pero después, como no les decía qué había pasado, qué había hecho en Roma, entonces me desvisten, me ponen arriba de una cama y me torturan con picana eléctrica.

Dr. Ledesma: ¿Allí la seguían interrogando?

Cabezas: Me seguían interrogando; yo les decía que no sabía nada, no tenía nada que decir; preguntaban quién era mi responsable. Había muchas personas a mi alrededor que me interrogaban, aunque no las puede ver porque permanecía encapuchada; luego me sacan la capucha y me muestran fotografías.

Dr. Ledesama: ¿De quiénes?

Cabezas: Todas eran de organizaciones, decían ellos; yo no los conocía, sólo a Julia.

Dr. Ledesma: ¿Y fotografías individuales?

Cabezas: Individuales, yo conocí a Julia, a PUIGROS porque, bueno por la fotografía de los diarios, por todo el renombre que tenía, a FIRMENICH, por la fotografía de los diarios, y después a los demás no.

Dr. Ledesma: ¿Le quedaron secuelas de los tormentos recibidos?

Cabezas: Bueno, yo creo que no, creo que ésa fue la primera vez, después volvieron a torturarme, después de esa noche; bueno, me preguntan si yo tengo un responsable, yo digo, como me seguían torturando, digo, bueno sí, porque…

Dr. Ledesma: ¿Ese mismo día?

Cabezas: ¿Esa misma noche?

Dr. Ledesma: Esa misma noche.

Cabezas: Esa misma noche.

Dr. Ledesma: ¿Todo el tiempo, usted permaneció en ese subsuelo que mencionó?

Cabezas: Si.

Dr. Ledesma: Prosiga.

Cabezas: Yo pensaba; quería saber dónde estaba, y se me ocurrió decir que si, que tenía un responsable, para ver si paraban la tortura, y me preguntaron cómo era, dije, morocho, alto, de traje, pantalón gris y campera azul; entonces…

Dr. Ledesma: ¿Sin nombrarlo?

Cabezas: Sin nombrarlo. Entonces paran la tortura, y me dicen dónde me van a mandar, y me llevan a Capucha.

Dr. Ledesma: Cuando dijo usted que tenía un responsable, ¿no le preguntan cómo hacía contacto con él?

Cabezas: Bueno, yo le dije que a través de un teléfono, y di un número de teléfono cualquiera, que conservo en la memoria pero no sabía de quién era, con el fin de poder conservar la vida, y poder llegar a saber dónde estaba y bueno, si estaba mi hijo…

Dr. Ledesma: ¿Adónde fue alojada entonces?

Cabezas: Me llevaron a Capucha; allí había 16 secuestrados.

Dr. Ledesma: ¿Pudo identificar a ese detenido que le informó esto?

Cabezas: Sí.

Dr. Ledesma: ¿Quién era?

Cabezas: Osmar LECUMBERRI.

Dr. Ledesma: Prosiga.

Cabezas: Estaba al lado mío, por eso, fue el primero que habló conmigo. Y varios vienen a…, a preguntarme; ellos averiguan el número de teléfono y se dan cuenta de que es mentira, y viene un…, después supe que era un oficial, y me pregunta el número de teléfono; yo vuelvo a recordarles el mismo teléfono, se lo digo y se dan cuenta de que es mentira, entonces vuelven a torturarme.

Dr. Ledesma: ¿En qué lugar?

Cabezas: En el mismo lugar, y ese señor a quien le doy el número de teléfono y se da cuenta de que no es verdad, cuando me están torturando, me dice “Señora, yo mato”, y tenía un olor a vino que impresionaba, y esa noche son muchas horas de tortura, no recuerdo porque no sé tampoco la hora que me llevaron; me llevaron a la noche y me tuvieron ahí, pienso que toda la noche, no sé cuánto tiempo.

Dr. Ledesma: ¿En qué consistió la tortura?

Cabezas: Picana eléctrica.

Dr. Ledesma: ¿Algún otro dato le pedían en ese momento?

Cabezas: Bueno, como había mentido tenían que saber por qué había mentido, por qué me había burlado de ellos, ellos lo sintieron así.

Dr. Ledesma: ¿Mantuvo usted su versión del responsable o la cambió?

Cabezas: No, dije que no, que era mentira, no, no, eso era mentira, después de esa vez…

Dr. Ledesma: ¿Pudo identificar a alguno de sus torturadores?

Cabezas: En ese momento no, después sí, después me vuelven a llevar a Capucha, y estoy 48 horas sin comer ni beber.

Dr. Ledesma: Después, ¿se refiere a otra sesión de tormentos, o pudo identificar a éstos?

Cabezas: La tortura no es nada más que eso, la tortura física.

Dr. Ledesma: ¿Son dos veces que la torturaron?

Cabezas: Dos veces, sí.

Dr. Ledesma: ¿Quiénes fueron sus torturadores y cómo los identificó con posterioridad?

Cabezas: Bueno, después de esa sesión de tortura pasan unos días, y el 5 de junio me llevan a Pecera, eso durante el mes de mayo, pasé a en Capucha, sé la fecha porque los guardias escuchaban radio, y ahí sabíamos los días que eran. El 5 de junio me llevan a Pecera, antes de eso me llevan a conversar con uno de ellos y durante el tiempo que estuve supe los sobrenombres que tenían, uno era Juan, es el que habla conmigo y me dice que ellos tienen un método de recuperación y que me van a llevar a trabajar a un lugar para que yo pueda reintegrarme a la sociedad.

Dr. Ledesma: Sin entrar en detalles posteriores, para no perder la cronología del relato, yo sólo le pedía que mencionara quiénes fueron las personas que la atormentaron, y cuáles eran sus nombres.

Cabezas: Bueno, uno es Marcelo, el que le decían Juan, alguien que le decían Daniel, según me dijeron los otros secuestrados también estaba Abdala; el que me decía “señora, yo mato”, se llama Ricardo ESPEJAIME, eso lo supe…

Dr. Ledesma: ¿Puede repetir el nombre?

Cabezas: Ricardo ESPEJAIME.

Dr. Ledesma: ¿En dónde vio a estos señores?

Cabezas: Venían a Pecera.

Dr. Ledesma: ¿Todos?

Cabezas: Todos.

Dr. Ledesma: Prosiga con su relato.

Cabezas: Bueno, en Pecera…

Dr. Ledesma: Con posterioridad a esa última sesión de tortura, ¿adónde la conducen?

Cabezas: Me llevan a Capucha.

Dr. Ledesma: ¿Cuánto tiempo permanece en Capucha?

Cabezas: Todo el mes de mayo, hasta que me llevan a Pecera el 5 de junio.

Dr. Ledesma: ¿Pudo identificar detenidos que se hallaban en Capucha?

Cabezas: Sí, sí, sí.

Dr. Ledesma: ¿Quiénes?

Cabezas: Estaban Osmar LECUMBERRI, estaba Topo, que es un muchacho que no lo volvimos a ver; en ese momento yo sabía nada más que los sobrenombres, Mogo, Cachito, Mario…

Dr. Ledesma: De los que después supo el nombre, dígalos con el nombre, también.

Cabezas: Bueno, perfecto, estaba Roberto RAMIREZ, que era arquitecto; Osvaldo ACOSTA, abogado; Alejandro FIRPO, y a la esposa le decían Betty; estaba Lucía DEON; habla un médico que le decían Víctor o Caballo Loco.

Dr. Ledesma: ¿Sabe si colaboraban de alguna manera con las fuerzas que los tenían detenidos?

Cabezas: Yo no vi nada…

Dr. Ledesma: Prosiga.

Cabezas: Bueno, después, me llevaron a hablar con una periodista; me sacaron entre Marcelo, Juan y otro, no sé si oficial o suboficial, no sé quién era, no conocí el nombre, y… a hablar con una periodista…

Dr. Ledesma: ¿Dentro de la Escuela de Mecánica…?

Cabezas No, me sacaron a la calle, era de noche…

Dr. Ledesma: ¿Estaba en Capucha cuando esto ocurrió?

Cabezas: Estaba en Capucha.

Dr. Ledesma: ¿Qué pasó?

Cabezas: Me llevaron a un lugar que no sé dónde es, no pude ver nada; eran lugares desconocidos para mí, era como una oficina, pero desocupada, no había personal. Entramos por unas puertas donde no había ninguna persona, y me llevaron a una oficina, donde apareció una muchacha joven que dijo ser periodista. Entonces ellos me instruyeron y me indicaron lo que yo tenía que decir, que yo había buscado el refugio, el amparo de las Fuerzas Armadas, porque la banda de Montoneros me buscaba para matarme.

Dr. Ledemuma: ¿Pero era una entrevista periodística ésta?

Cabezas: Era una entrevista periodística; eso era para mandar al exterior, para desinformar, según me dijeron; que yo le diera esos datos nada más, y que la periodista iba a hacer una nota.

Dr. Ledesma: Prosiga.

Cabezas: De todas las cosas que se estaban…

Dr. Ledesama: ¿Cumplió este requerimiento usted?

Cabezas: Sí, ellos estaban detrás de mi, así se lo dije a la periodista y…

Dr. Ledesma: ¿Tomaba nota o grababa?

Cabezas: Tomaba datos nada más para luego armar la nota, después me enteré, eso habrá sido 15 minutos más o menos…

Dr. Ledesama: ¿Esto en qué fecha fue?

Cabezas: Y, no sé exactamente si fue una semana o dos semanas después del secuestro; no tengo noción de la fecha.

Dr. Ledesma: ¿Pero poco después de ser secuestrada?

Cabezas: Estando en Capucha, sí.

Dr. Ledesma: ¿Se enteró si salió algún…?

Cabezas: No, era tanto lo que estaban haciendo por mi desaparición, yo tenía a mi hijo y a mi nuera en México, y ellos se movían pidiendo a todos los organismos y a todas las personalidades, tratando de conocer mi paradero; entonces era mucho lo que se hacía en el exterior.

Dr. Ledesma: ¿En relación con ello le pidieron algo?

Cabezas: ¿Por mi hijo?

Dr. Ledesma: Sí, en relación con las gestiones que estaba efectuando su hijo.

Cabezas: No, no me decían nada, yo me entero después; cuando llegué a Pecera no me dejan ver los diarios, y los que estaban en contacto con los diarios tenían prohibido que me hicieran comentarios.

Dr. Ledesma: ¿No efectuó usted ninguna llamada a México, a su hijo o a algún conocido?

Cabezas: Sí, después de esa entrevista, me llevan a una central telefónica.

Dr. Ledesma: ¿Quién la lleva?

Cabezas: Me llevan Daniel y otras personas que en este momento no sé quiénes eran, no las volví a ver, no pude saber quiénes eran, pero a Daniel sí lo vi.

Dr. Ledesma: ¿Pudo ubicar en dónde estaba la central telefónica?

Cabezas: No, también era por lugares donde no había ninguna persona, había algunos dentro de ese lugar que eran los que tenían contacto…

Dr. Ledesma: ¿Qué llamado hizo?

Cabezas: Llamé a México, a la casa de una amiga…

Dr. Ledesma: ¿Una amiga de quién?

Cabezas: De mi hijo.

Dr. Ledesma: ¿De nombre?

Cabezas: Le decíamos Tipi, un sobrenombre.

Dr. Ledesma: ¿Usted la conocía?

Cabezas: No, hablé por teléfono nada más con ella, era sobrina de una madre de acá, de la comisión, y por ese motivo…

Dr. Ledesma: ¿Qué le dijo?

Cabezas: Entonces me hicieron decirle, de que si llamaba Daniel, mi hijo, que le dijera que yo estaba muy cansada, y que no hiciera nada, y esa noche cuando me llevaron lo primero que me dijeron…

Dr. Ledesma: ¿Recuerda el número al que llamó?

Cabezas: No, no.

Dr. Ledesma: ¿Usted lo recordaba ese número?

Cabezas: No, yo lo tenía anotado en la cartera en un papel, porque, como mi marido estaba tan grave, bueno, era el único número adonde podía llamar por si pasaba cualquier cosa, lo que tenía que pasar, y ellos lo encontraron y entonces me hicieron llevar…

Dr. Ledesma: Esto aproximadamente, ¿en qué fecha sería?

Cabezas: Y esto tiene que haber sido… porque yo estaba muy agotada, pienso que habrá sido en la semana o dos semanas.

Dr. Ledesma: ¿Todavía estaba en Capucha?

Cabezas: Sí, sí, sí.

Dr. Ledesma: ¿Muy cercana a la entrevista periodística?

Cabezas: ¿Cómo?

Dr. Ledesma: ¿Cercana en el tiempo a la entrevista periodística?

Cabeza: Sí, sí, sí.

Dr. Ledesma: Por esa época, ¿se le exigió alguna otra conducta?

Cabezas: No.

Dr. Ledesma: Prosiga con su relato.

Cabezas: Bueno, eso fue todo estando en Capucha, y ahí no me hicieron…, no hice más nada, hasta que me llevan a Pecera, que es en junio.

Dr. Ledesma: ¿Quién dispone su traslado a Pecera, dónde está Pecera, con qué fin la trasladan?

Cabezas: Bueno, digamos el responsable de Pecera era Marcelo, el que me lleva es Juan, con el consentimiento de todos los demás, porque después, a medida que iban viniendo me iban diciendo, en Pecera me llevan, me dicen que tengo que hacer trabajos administrativos, o sea Pecera estaba, digamos, en el entretecho, no le podría decir el Norte, Sur, Este, Oeste, no, sé que es en el mismo piso, pero digamos en otra punta del entretecho.

Dr. Ledesma: ¿En el mismo piso que está qué?

Cabezas: Donde estaba Capucha, pero es en otro sector.

Dr. Ledesma: ¿Cómo era? Descríbala.

Cabezas: Bueno, al entrar era un pasillo muy largo, y a los costados había pequeñas oficinas, donde cada secuestrado tenía un escritorio donde se trabajaba, las paredes eran de acrílico.

Dr. Ledesma: ¿A quién pudo ver allí en Pecera?

Cabezas: Bueno, ahí estaba un secuestrado que yo lo conozco por Coco, no sé el apellido, Ramón, Luis, Guille, le decían Duque, Hernán, y creo que nadie más, en ese momento eh, en ese momento…

Dr. Ledesma: ¿Puede señalar de alguno de ellos qué labor desempeñaban?

Cabezas: Bueno, por ejemplo Guille hacía el análisis de los artículos del exterior, sobre los negociados, sobre todo la parte política del exterior; había… Duque estaba en la parte archivo, que era archivar todos los recortes donde se hacían esos resúmenes que iban en carpetas; Coco hacia análisis de los artículos que se mandaban en el país, o sea a nivel nacional.

Dr. Ledesma: ¿Cuánto tiempo estuvo en Pecera?

Cabezas: En Pecera estuve hasta diciembre.

Dr. Ledesma: Hasta diciembre, ¿hasta que salió en libertad?

Cabezas: Hasta que salí, sí.

Dr. Ledesma: Usted mencionó más de una vez en el curso de esta declaración, proceso de recuperación, ¿quién le mencionó esa palabra?

Cabezas: Marcelo, Abdala, Juan.

Dr. Ledesma: ¿En qué consistía el proceso de recuperación?

Cabezas: En que trabajáramos; poder demostrar digamos buena voluntad a la política de ellos, que era, según lo que nos decían, la política de MASSERA, de recuperar…, que aceptemos, trabajando y con buena voluntad, lo que ellos querían hacer, y aceptar lo que habían hecho, o sea a través de las muertes que entendiéramos que si ellos habían matado era por el bien de la Patria.

Dr. Ledesma: ¿Esto se lo expresó quién?

Cabezas: Eso era el comentario de que…, de Juan y de Marcelo.

Dr. Ledesma: ¿Delante de alguien le expresaron esto?

Cabezas: No, las conversaciones siempre eran individuales.

Dr. Ledesma: ¿En algún momento envió cartas al exterior o dentro del país?

Cabezas: Sí, eso fue en la segunda sesión de tortura, después que me recupero un poco en la misma noche de la tortura, no…, pasa esa noche de tortura, me llevan, me vuelven a traer otro día y otra vez me van a torturar, pero me dicen de que si escribo…, si acepto mandar unas cartas no iba a haber más torturas, bueno yo ya no tenía más fuerzas para sostenerme. Entonces dije que sí, y esas cartas fueron dirigidas a VIDELA, ARAMBURU, a la Asamblea Permanente, a GISCARD D’ESTAING, al presidente de Italia, a la Comisión de Familiares, y no recuerdo más.

Dr. Ledesma: ¿Eran manuscritas por usted todas esas cartas?

Cabezas: Eran copiadas, ellos hicieron las cartas, yo las tuve que copiar, en esa carta…

Dr. Ledesma: ¿La copia manuscrita?

Cabezas: Manuscrita, copia manuscrita.

Dr. Ledesma: ¿Los sobres los llenó usted tanibién?

Cabezas: No, eso lo hacían… mi letra sí, pero ellos los mandaban.

Dr. Ledesma: Por eso, ¿pero los sobres contenían su letra?

Cabezas: También, también.

Dr. Ledesma: ¿Qué remitente contenían?

Cabezas: Eso lo ponían ellos, del Uruguay, porque cuando… El primer día de tortura me dicen que yo voy a ir al Uruguay, entonces me hacen hacer las cartas; primero me hacen hacer cartas a mi familia, a mi madre, diciendo que yo estoy en el Uruguay, y que la policía me buscaba por montonera.

Dr. Ledesma: ¿Qué dirección tenía ese remitente en el Uruguay, lo recuerda?

Cabezas: No, no porque yo no lo veía, porque había un oficial o alguien del servicio de inteligencia del Uruguay que trabajaba con ellos, y era el que llevaba las cartas y las despachaba…

Dr. Ledesma: ¿En qué lugar de la Escuela de Mecánica efectuó estas cartas?

Cabezas: ¿Dónde las escribí?

Dr. Ledesma: Sí.

Cabezas: En la sala de tortura.

Dr. Ledesma: ¿Alguien más había?

Cabezas: No, yo sola; venían los oficiales nada más.

Dr. Ledesma: Puede proseguir con su relato en Pecera o con relación a su trabajo, ¿puede relatar algo?

Cabezas: Bueno, yo era encargada de pasar en una tarjeta los titulares, diario y día que salían los artículos del exterior sobre política; me los pasaba Guille, que estaba a cargo de esos recortes.

Dr. Ledesma: ¿Pudo identificar a los guardias, tanto de Capucha como de Pecera, por nombres y apellidos?

Cabezas: Los guardias y…, no, apellidos no; sabía los de… por ejemplo, había 3 cargos o funciones, Pablo, Pablito, y después los verdes les decían a los chicos que eran muy jovencitos y que no tenían cargos, digamos rango.

Dr. Ledesma: ¿Qué funciones cumplían cada uno de ellos?

Cabezas: Y ellos cumplían la custodia nuestra, repartir la comida, desayuno y merienda y Pablito, por ejemplo, era el encargado de llevarnos a las duchas cuando era la hora del baño, algunas veces.

Dr. Ledesma: ¿Pudo identificar, estando en Pecera, a algún otro detenido además de los que mencionó?

Cabezas: Después estaba el sector 4, que estaba abajo, en el sótano. Bueno, ahí fueron a trabajar Alejandro FIRPO, y la señora, Betty, ahí estaba Danielo, otro…
Dr. Ledesma: Repita este nombre por favor.

Cabezas: Danielo, estaba Carlos MUÑOZ…

Dr. Ledesma: ¿Quién más, señora?

Cabezas: Lucía DEON; iban a trabajar también Roberto RAMíREZ, bajaban de Capucha, a 4…, Víctor, el médico, después, había otro, Andrés, que no recuerdo el apellido…

Dr. Ledesma: ¿Había algún otro Víctor?

Cabezas: Había Víctor…

Dr. Ledesma: ¿Sabe el apellido?

Cabezas: No, no sé, le decían GUIDINI, no sé si era un sobrenombre o si era el apellido.

Dr. Ledesma: ¿Le decían?

Cabezas: GUIDINI, ZURITA…

Dr. Ledesma.: ¿Sabe si había alguna familia detenida?

Cabezas: ¿Familia?… No, supe después, cuando detuvieron a Victor BASTERRA, a la esposa y a la hijita, cuando a los pocos días que yo estaba en Capucha trajeron a una señora Rosa, que era una señora de Ciudadela que la habílan traído según dijeron por confusión, y esa señora estuvo hasta que se recuperó de las quemaduras de la picana, porque la habían torturado muchísimo.

Dr. Ledesma: Mientras estuvo detenida, ¿tuvo alguna noticia de su marido?

Cabezas: Bueno, yo pedí si podían decirme qué había pasado con mi marido, eso fue en junio…

Dr. Ledesma: ¿A quién le pidió?

Cabezas: A Pablo, a Juan, que era el oficial, y pasaron 15 días más o menos, y me dijeron que había fallecido el 23 de mayo.

Dr. Ledesma: ¿Con posterioridad pudo comunicarse con algún familiar en forma telefónica?

Cabezas: Después… antes de eso, en junio, un domingo me sacan para hacerme fotografías por la Panamericana, me saca un… uno del servido de Inteligencia al que le decían Hormiga, y me llevan junto…, él y 3 más, y 2 personas más…

Dr. Ledesama: ¿A los otros no los identifica?

Cabezas: No, no los vi más.

Dr. Ledesma: ¿Quién le saca las fotografías?

Cabezas: El Hormiga. Me llevan por la Panamericana y me sacan varias fotos con la intención de empalmarlo, no sé cómo es el término correcto, con algún edificio del Uruguay, para hacer… para mandar al exterior y hacer creer que yo estoy en el Uruguay.

Dr. Ledesma: ¿Con qué fin?

Cabezas: Para desmentir que estoy secuestrada.

Dr. Ledesma: En la comunicación que tuvo con su familia, ¿pudo corroborar la veracidad de la muerte de su marido?

Cabezas: Sí, después…

Dr. Ledesma: ¿En qué fecha?

Cabezas: Pienso que habrá sido en julio, creo que habrá sido en julio.

Dr. Ledesma: ¿A qué teléfono llamó?

Cabezas: Llamaba al de unos vecinos.

Dr. Ledesma: ¿Qué familia era?

Cabeza: La familia DOTI.

Dr. Ledesma: ¿Y con quién habló en esa ocasión?

Cabezas: Bueno, hablaba con los vecinos pidiendo que… ellos llamaban, ya sea por ejemplo de Inteligencia de la ESMA llamaban, uno de los oficiales que estaba ahí.

Dr. Ledesma: ¿Qué persona?

Cabezas: Creo que uno se llamaba Julio, Julio, Juan…

Dr. Ledesma: ¿Ellos dispusieron que usted llamara o usted pidió que le concedieran?

Cabezas: No, no, ellos dispusieron, llamaban y decían del Uruguay, llamado del Uruguay de persona a persona.

Dr. Ledesma: ¿Con qué periodicidad efectuó llamados a su familia?

Cabezas: Y, al principio fue cada 15 días, y después fueron todas las semanas.

Dr. Ledesma: A usted, al ingresar o con posterioridad en la Escuela de Mecánica, ¿se le asignó algún número o apodo?

Cabezas: No, yo fui Thelma y nada más.

Dr. Ledesma: ¿Le pidieron sus datos?

Cabezas: ¿Como qué?

Dr. Ledesma: Sus datos personales, ¿le hicieron firmar alguna declaración?

Cabezas: No, no.

Dr. Ledesma: ¿Le sacaron alguna fotografía fuera de ésta que acaba de mencionar?

Cabezas: Sí, estando en Pecera, a los poquitos días me llevaron al laboratorio, donde me sacaron fotografías para el documento que me hicieron, documento falso a nombre de Magdalena Manuela BLANCO, para viajar al Uruguay.

Dr. Ledesma: ¿En qué fecha viajó al Uruguay y por qué motivo?

Cabezas: Bueno, la primera vez, pienso que habrá sido julio porque hacía mucho frío, a sacarme fotografías.

Dr. Ledesma: ¿Sabe quién le sacó la fotografia?

Cabezas: Hormiga.

Dr. Ledesma ¿En qué lugar físico le sacó la fotografía?

Cabezas: Me sacó en la plaza, caminando… varias…

Dr. Ledesma: No, no, le estoy preguntando, la fotografía para el documento a que acaba de hacer…

Cabezas: En el laboratorio me sacó… estaba Carlos MUÑOZ, estaba Andrés y Víctor, al que le decían GUIDINI… Y me sacó, creo que fue Carlos MUNOZ el que me sacó la foto también.

Dr. Ledesma: Relate el viaje al Uruguay.

Cabezas: Viajo con Marcelo, el Hormiga y el… no estoy segura si, no, la persona que es del servicio de inteligencia del Uruguay nos espera en el aeropuerto.

Dr. Ledesma: ¿Por qué medio viaja?

Cabezas: Esa vez creo que viajamos por Aerolíneas.

Dr. Ledesma.: ¿Desde dónde sale?

Cabezas: Desde Aeroparque.

Dr. Ledesma: ¿Y adónde llega?

Cabezas: A Carrasco.

Dr. Ledesma: ¿Qué pasa allí?

Cabezas: Bueno, ese día me llevan a sacar fotografías en la plaza, sentada en un banco leyendo, en el monumento a Artigas, cuando vamos hacia el aeropuerto en la playa Pocitos…

Dr. Ledesma: ¿Quién le saca las fotos?

Cabezas: Hormiga.

Dr. Ledesma: ¿Vuelven el mismo día?

Cabezas: Volvemos el mismo día.

Dr. Ledesma: ¿Por qué medio?

Cabezas: Creo que esa vez vuelven por Austral, a la vuelta, me parece.

Dr. Ledesma: ¿El pasaje a nombre de quién estaba expedido?

Cabezas: Pienso que debe ser al de Magdalena Manuela BLANCO, porque presentaba ese documento y porque me llamaban por ese nombre.

Dr. Ledesma: ¿Usted portaba ese documento?

Cabezas: No, lo tenía Marcelo.

Dr. Ledesma: ¿Marcelo tenía algún apellido o…?

Cabezas Marcelo… no sé cómo iba el documento de él, si había un apellido no sé.

Dr. Ledesma: ¿Efectuó algún otro viaje al Uruguay?

Cabezas: Sí. Esa vez de la fotografía, después, bueno, se acerca el viaje de la comisión de la OEA, entonces nos van a llevar a todos, nos avisan que nos hacen hablar a nuestra familia de que por todo el mes de septiembre no vamos a estar; a mí me hacen decir que por razones de seguridad.

Dr. Ledesma: ¿En qué fecha estamos aquí?

Cabezas: Y eso fue en agosto, que nos hacen decir… A mí me hacen decir que por razones de seguridad no voy a llamar más desde el Uruguay, y nos avisan que, vamos a ir a una isla, todos, y que los que estamos en Pecera y los que están en Cuatro vamos a tener tareas en la cocina, nos vamos a turnar para cocinar para todo el personal.

Dr. Ledesma: ¿Por qué medios los llevan a la isla?

Cabezas: Salimos del canal de San Fernando en lancha.

Dr. Ledesma: ¿Y desde la Escuela de Mecánica hasta San Fernando?

Cabezas: En camión, cerrado, con lona. A mí me avisan que no voy a viajar con todo el grupo a la isla porque hay un periodista de “Para Ti” que desea verme…

Dr. Ledesma: Prosiga.

Cabezas: Entonces se van todos y yo me quedo sola en Pecera, y esa mañana viene Marcelo, todavía no estaba confirmada la entrevista con “Para Ti”, y me pregunta si yo tengo una sobrina, yo le digo que si, que tengo varias sobrinas, y me dice él: “Pero Norma Cristina COSE”. “Sí, es mi sobrina -le digo-. ¿Por qué? ¿Qué pasa?”. “La tenernos nosotros. Después te la voy a traer para que la veas, pero hay algo más importante que es el periodista de ‘Para Ti’, que desea verte, y vamos a arreglar para que salgas con Ruso -que era otro secuestrado-… haciéndose pasar por tu sobrino, y la entrevista va a ser confirmada al otro día.” Una cosa así me dice; esa mañana me traen a mi sobrina y al marido, que estaban secuestrados.

Dr. Ledesma: ¿Cómo se llama el marido?

Cabezas: Eduardo… Héctor Eduardo PICHINI. Bueno…

Dr. Ledesma: ¿Habla con ellos?

Cabezas: Hablo con ellos por separado…

Dr. Ledesma: ¿Recibe alguna amenaza?

Cabezas: No, no había una amenaza, digamos… evidente, tácita, era una cosa así como, bueno, “está tu sobrina, está el periodista”; algo así como un trueque ¿no? Era algo velado.

Dr. Ledesma: ¿Qué instrucciones se le dieron sobre la entrevista?

Cabezas: Bueno, que tengo que decir al periodista,como le dije a la otra periodista, pero ahora en diferente forma, que yo estuve con la banda de Montoneros, que fui engañada por los organismos de derechos humanos, que Amnesty Internacional también me engañó, o sea… todo era como para desprestigiar a los organismos de derechos humanos y desmoralizar a los familiares, tal cual sale con la revista después, y que…

Dr. Ledesma: ¿Quién le da estas instrucciones?

Cabezas: Marcelo.

Dr. Ledesma: ¿Delante de alguien?

Cabezas: No, sola, siempre sola.

Dr. Ledesma: ¿El Ruso no estaba tampoco en esa circunstancia?

Cabezas: Tampoco. Bueno, y creo que es al otro día, no recuerdo bien, no estoy segura…

Dr. Ledesma: ¿Puede precisar la fecha?

Cabezas: No.

Dr. Ledesma: ¿Aproximadamente? Con referencia al viaje a la isla…

Cabezas: Claro, creo que… no estoy segura si es el 24 de agosto que los 11 van a la isla, no estoy segura, pero más o menos por la fecha que sale la entrevista con “Para Ti”.

Dr. Ledesma: ¿Pero a usted en qué fecha la llevan a la isla?

Cabezas: A mí me llevan después de “Para Ti”.

Dr. Ledesma: Cuando usted dice el 24 de agosto llegan a la isla, ¿se refiere a cuál grupo?

Cabezas: Al otro grupo, a los demás.

Dr. Ledesma: Perfecto. ¿Con qué fin se hacía esa entrevista? y ¿se lo expresaron a usted o no?

Cabezas: No, para confirmar lo que ellos decían que yo estaba en el Uruguay para que se siga creyendo que yo no estaba secuestrada, que era una supuesta desaparición, y así fue…, me llevan a la peluquería, me compran ropa…

Dr. Ledesma: ¿Quién la lleva a la peluquería?

Cabezas: Me lleva un muchacho de Inteligencia que le decían Mario, y…

Dr. Ledesma: ¿Por qué medio la lleva a la peluquería?

Cabezas En coche, de la ESMA salíamos en coche.

Dr. Ledesma: ¿Encapuchada o…?

Cabezas: No, no, con anteojos ahumados.

Dr. Ledesma: ¿Pudo identificar en qué peluquería estuvo?

Cabezas: No, no, porque era cerca de Cabildo, pero una calle que cortaba Cabildo, así que no conozco el lugar.

Dr. Ledesma: ¿Cerca de Cabildo, en la Capital Federal?

Cabezas: Sí, Capital Federal era.

Dr. Ledesma: ¿Y la vestimenta en dónde la compraron?

Cabezas: La compran en Once.

Dr. Ledesma: ¿Acompañada por quién?

Cabezas: Esa vez voy acompañada por otro, no sé si oficial o suboficial, no conozco el grado, que le decíamos Willie…

Dr. Ledesma: ¿Se la hicieron probar a la vestimenta, o se la compraron directamente?

Cabezas: No, me hicieron probar.

Dr. Ledesma: Relate dónde fue la entrevista, si es que se realizó.

Cabezas: Sí. Me avisan que voy a salir con Ruso, solos los dos, a Ruso le dan un micrófono muy chiquitito que lo lleva en el bolsillo de la camisa, y me avisan de que van a ir dos coches con armas, y que tenemos que ir a la confitería de Figueroa Alcorta y Pampa.

Dr. Ledesma: ¿Usted en qué medio tenía que ir?

Cabezas En un coche, solos los dos.

Dr. Ledesma: ¿Qué vehículo era?

Cabezas: Creo que era un Renault, pero no recuerdo bien.

Dr. Ledesma: ¿Recuerda cómo se llamaba la confitería a la que concurrieron?

Cabezas No sé el nombre, sé que es Figueroa Alcorta y Pampa.

Dr. Ledesma: Bueno, relate.

Cabezas: Llegamos ahí, estaciona el coche, hay unas escaleritas para subir, entramos en la confitería y nos ponemos a la derecha de la entrada, nos sentamos y en eso se acercan dos señores, que eran el periodista y el fotógrafo; entonces me preguntan si yo soy Thelma JARA de CABEZAS, y que él es el periodista de “Para Ti”, que querían hacerme una nota, si podíamos ir al…

Dr. Ledesma: ¿Se acreditaron de alguna manera?

Cabezas: Sí.

Dr. Ledesma: ¿Exhibieron alguna credencial o algo así?

Cabezas: Yo creo que la credencial de periodista nada más. Y si podemos ir al otro ángulo de la confitería, entonces piden al mozo que corra las cortinas; no había nadie en la confitería y después entra…

Dr. Ledesma: ¿Que las abran o que las cierren las cortinas?

Cabezas: Que la cierren; después entran ABDALA, Julia, Juan, en otra mesa está Marcelo y no recuerdo con quién otro, que está a mi espalda…

Dr. Ledesma: ¿Marcelo y quién más?

Cabezas: No sé con quién estaba Marcelo, y el periodista pone…

Dr. Ledesma: ¿Qué actitud adoptan ellos?

Cabezas: Bueno, el periodista bastante… digamos, no sé si agresivo, en el sentido de querer desprestigiar a los organismos de derechos humanos, y todo el trabajo y la lucha de los familiares ¿no?, haciendo mucho hincapié de que yo voy a la liga, ¿por qué Amnesty Internacional, por qué recurro; por qué hacemos tanto movimiento, por qué tantos pedidos?

Dr. Ledesma: ¿Efectúan grabación de la entrevista o efectúan notas?

Cabezas: Hay grabador.

Dr. Ledesma: ¿Pudo determinar cómo se llamaba de apellido el Ruso? Con posterioridad me refiero.

Cabezas: Lo supe hace poco.

Dr. Ledesma: ¿Cómo se llama?

Cabezas: Lázaro BRASTEIN.

Dr. Ledesma: ¿Qué actitud adoptaron mientras se desarrollaba la entrevista periodística Julia, ABDALA, Juan y Marcelo?

Cabezas: Estaban en una mesa atrás nuestro, y Marcelo tenía el retorno del micrófono, así que escuchaba toda la conversación.

Dr. Ledesma: ¿Usted respondía conforme a las instrucciones que había recibido?

Cabezas: Sí, conforme a las instrucciones y en algún… por ejemplo hubo detalles, que los.., ellos no me dijeron que yo dijera…, cuando fui a la entrevista con la primera periodista me dijeron: “no menciones a tuhijo, que está en México”, y esta vez me dijeron: “Hacé igual que con la periodista”, entonces me pregunta el periodista si yo tenía otro hijo y yo le dije que no; luego me pregunta si yo creo en Dios, yo le contesto que para mi lo único verdadero y real es Dios y la justicia divina, y ellos me preguntan qué pienso de los culpables.

Dr. Ledesma: ¿Usted vio con posterioridad ese reportaje?

Cabezas: No.

Dr. Ledesma: ¿No lo leyó nunca?

Cabezas: No, porque no podía, porque pensé que era…, sabía que era todo fraguado porque después se desvirtuaba todo lo que yo había dicho…

Dr. Ledesma: ¿No declaró judicialmente sobre ese reportaje?

Cabezas: Sí.

Dr. Ledesma: ¿No le fue exhibido en esa ocasión?

Cabezas: En esa ocasión sí, lo leí; sí, sí, en ese momento lo escuché…

Dr. Ledesma: ¿Recuerda en qué lugar le fue exhibido?

Cabezas: Sí. ¿Puedo decirlo? En el juzgado del doctor OLIVIERI.

Dr. Ledesma: ¿Lo que ahí aparece concuerda con las expresiones vertidas por usted en la ocasión…?

Cabezas: No sale lo que me preguntan, si tengo otro hijo, sale que yo me voy al Uruguay después que muere mi marido, y eso no es cierto; no salen las respuestas mías sobre los culpables y sobre la justicia divina, son detalles que yo iba poniendo como para… pensando siempre que mi familia tuviera un…

Dr. Ledesma: ¿Y lo que sale positivamente se ajusta más o menos a lo expresado por usted?

Cabezas: No, nada.

Dr. Ledesma: ¿En qué aspecto?

Cabezas: Bueno, no salen esos detalles, y no salen…

Dr. Ledesma: Señor secretario, un segundito por favor; señor secretario exhiba a la compareciente. Señora, se le va a exhibir la fotocopia de la causa del Juzgado de Instrucción N° 3, que el secretario va a individualizar, y con el reportaje a la vista usted nos va a señalar en qué lugares se aparta de lo que expresó.

Cabezas: Perfecto.

Dr. López: Bueno, se trata de fotocopia certificada del expediente 39.426 del Juzgado de Instrucción N° 3, caratulado “VARELA CID, Eduardo”, su denuncia las fotocopias que se le van a exhibir son las correspondientes a las fojas 7 a 11 de la numeración original del expediente y, como número de fotocopia, 12 a 16.

Dr. Ledesma: Señor secretario, alcance a la testigo la respuesta recibida según su informe del día de la fecha que contiene el mismo elemento, y exhíbaselo directamente desde este…

Dr. López: Perfecto, a continuación se le va a exhibir idéntica… otra copia de la misma nota periodística que es la que se recibió ayer en secretaría.

Dr. Ledesma: Señora, la oigo, léalo, y al tiempo que lo va leyendo, no lo lea en voz alta, sino señálenos las diferencias que encuentra entre lo que usted afirmó y lo que aparece en el reportaje. A partir de su declaración, por favor, sin introducción ¿no? Señora…

Cabezas: Bueno, es todo mentira, es espantoso, yo no recibí amenazas, yo estuve.., ellos hacen publicar que Gustavo fue muerto en un enfrentamiento.

Dr. Ledesma: Más cerca del micrófono negro, por favor.

Cabezas: Ellos hacen publicar en los diarios que Gustavo fue muerto en un enfrentamiento…

Dr. Ledesma: Prosiga señora, por favor…

Cabezas: Yo no recibo amenazas, es mentira lo que… sobre la liga, en qué momento puedo decir eso, si ellos nos ayudaron siempre; además el funcionamiento y el trabajo de los familiares era por motivos tan dolorosos que de ninguna manera podía pensar eso… en ningún momento está, yo decido hacer, pensar que la solicitada era mentira, en ningún momento se acerca nadie a mí, en ningún momento mi hijo tiene ninguna actitud de ese estilo que dice acá, con los periodistas que sacan, me llevan ellos al Uruguay, el abogado McBRAIT menciona mi caso porque los familiares van a España en donde se realiza el congreso, de ninguna manera es…

Dr. Ledesma: ¿Qué familiares van a…?

Cabezas: De la Comisión de Familiares, no sé quiénes son las personas que viajaban…, es todo espantoso y mentira.

Dr. Ledesma: Señora, usted afirma que el contenido de esta entrevista es falso, la pregunta que le formula el Tribunal es si la respuesta que usted dio en esa entrevista en la confitería de Pampa y Figueroa Alcorta se ajusta a lo que dice ahí, o tampoco se ajusta.

Cabezas: No.

Dr. Ledesma: ¿Las instrucciones que usted había recibido de Juan, Marcelo, etc., sobre las respuestas que debía dar, no son éstas?

Cabezas: No, está todo cambiado, todo cambiado, o sea, yo no digo que estoy secuestrada, no digo en ningún momento que estoy… sí, cómo podría explicarle, el periodista en lo que insiste es por qué yo recurro a los organismos de derechos humanos, Amnesty Internacional para pedir por el paradero de mi hijo, él hace hincapié y persiste en la pregunta, él dice que los organismos son usados por las organizaciones terroristas, eso es lo que dicen…

Dr. Ledesma: En concreto, señora, ¿sus respuestas grabadas por el periodista son las que aparecen en la revista o no?

Cabezas: No, no.

Dr. Ledesma: Prosigamos. Luego del reportaje, ¿qué es lo que pasa?

Cabezas: Luego del reportaje, bueno, volvemos a la Escuela y de ahí al otro día me llevan a la isla… esa noche…

Dr. Ledesma.: ¿Pudo identificar la isla?

Cabezas: No, no sé el lugar.

Dr. Ledesma: ¿Cuánto tiempo permanecen en la isla?

Cabezas: Estamos hasta fines de setiembre, pero yo vuelvo a viajar al Uruguay, me llevan más o menos, creo que pasan 3 días más, ya estaba la comisión, dos veces más viajo al Uruguay.

Dr. Ledesma: ¿Con qué fin la llevan al Uruguay?

Cabezas: Para entrevistarme con dos periodistas de Nueva York para desinformar sobre mi desaparición, me llevan…

Dr. Ledesma: ¿Con quién viaja?

Cabezas: Con Marcelo.

Dr. Ledesma: ¿Con qué medios?

Cabezas: Avión… creo que Austral.

Dr. Ledesma: ¿Dónde se aloja en Uruguay?

Cabezas: En un hotel que está… no sé el nombre.

Dr. Ledesma: ¿No pudo identificarlo con posterioridad? ¿En qué calle está ubicado?

Cabezas: Bueno, los únicos detalles que tengo es que estaba cerca de la municipalidad y a la calle paralela de la avenida 18 de Julio -creo que es la avenida principal del Uruguay.

Dr. Ledesma: ¿Se realiza la entrevista?

Cabezas: Esa vez no. No se realiza porque no pueden viajar los periodistas, pero a mí me hacen conectar en una pizzería, estaba uno de los de servicios de Inteligencia del Uruguay, y viene otro que le hacen… dice llamarse Víctor CARRASCO. El era el encargado de recibir a los periodistas y hacerse pasar por mi amigo, que era el que me protegía en el Uruguay.

Dr. Ledesma: ¿Tiene lugar esa entrevista en esa ocasión?

Cabezas: En esa ocasión no, vuelvo a Buenos Aires y vuelvo a la isla; a los pocos días, creo que dos días más tarde, otra vez me llaman y viajamos al Uruguay nuevamente con Marcelo, ahí en el Uruguay nos recibe nuevamente el que se decía llamar Víctor CARRASCO y el otro señor que era del servicio de Inteligencia.

Dr. Ledesma: ¿Tuvo la entrevista?

Cabezas: Ese día llegamos de noche, al otro día a la mañana temprano llegan los dos periodistas…

Dr. Ledesma: ¿Dónde se aloja esa noche?

Cabezas: En el mismo hotel; me hacen poner anteojos ahumados, pañuelo en la cabeza, porque ya había salido “Para Ti”, y me llevan a un departamento que era de unos amigos de este señor uruguayo, y ahí están los dos periodistas o sea… pasan, yo tengo que estar en una esquina, en la avenida 18 de Julio, y a las 9 de la mañana pasa un coche con uno que se hacia llamar Víctor CARRASCO, los dos periodistas y un integrante del Centro Piloto de París, y en la entrevista…

Dr. Ledesma: En resumen, ¿cuáles son sus respuestas en las entrevistas?

Cabezas: Bueno, la entrevista es preguntarme en relación con mi desaparición, si es verdad que estoy desaparecida; bueno, yo digo que no, eso tenía que decir, que Víctor CARRASCO era mi amigo, que me había protegido en el Uruguay, que me daba ropas, alimentos, remedios, y que iba a estar ahí no sé por cuánto tiempo hasta que tuviera seguridad de volver a mi país.

Dr. Ledesma: ¿Se expide usted en esa entrevista en contra de las organizaciones de derechos humanos?

Cabezas: Ahí también ellos vuelven a indicarme de que ellos saben que los organismos de Derechos Humanos son usados por las organizaciones terroristas.

Dr. Ledesma: ¿Usted acepta eso; usted lo dice en esa entrevista?

Cabezas: No, ellos preguntan y yo digo que yo no sé, ellos me preguntan si es verdad eso, si yo sé eso, que yo no sé eso…

Dr. Ledesma: ¿Usted dice no saber?

Cabezas: Claro, era a través de un intérprete, o sea, ellos me preguntaban, el intérprete…

Dr. Ledesma: El intérprete quién…

Cabezas: El intérprete era del grupo del Centro Piloto de París.

Dr. Ledesma: ¿Cómo sabe que era del grupo del Centro Piloto de París el intérprete?

Cabezas: Porque me lo comenta después; termina la entrevista, me sacan fotografías, en la calle, al lado de un coche con chapa del Uruguay para publicar las fotos en Estados Unidos y en toda Europa, y se van ellos, y yo me quedo con el que decía ser Víctor CARRASCO.

Dr. Ledesma: ¿El intérprete era de idioma inglés?

Cabezas: Hablaba inglés.

Dr. Ledesma: ¿Usted sabe hablar inglés?

Cabezas: No, no.

Dr Ledesma: ¿Vuelve a la isla?

Cabezas: Vuelvo a la isla…

Dr. Ledesma: ¿Qué funciones cumple en la isla usted?

Cabezas: Cocino.

Dr. Ledesma: ¿Qué detenidos pudo ver en la isla?

Cabezas: En la isla había una casa en la que estabanlos “capuchas”. Habían trasladado a todos los que estaban en Capucha en ese momento…

Dr. Ledesma: ¿Cuántos eran, aproximadamente?

Cabezas: Eran más de 15… 17 eran.

Dr. Ledesma: ¿Pudo reconocer alguno de los que estaban en Capucha?

Cabezas: Después, cuando llegamos a Pecera; cuando volvimos a fines de setiembre.

Dr. Ledesma: ¿Cómo vuelven a la ESMA?

Cabezas: Volvemos nosotros primero en lancha y después nos espera un camión en el canal de San Fernando, un camión con toldo, y nos ponen a todos y nos distribuyen otra vez en la ESMA.

Dr. Ledesma: ¿Supo de la muerte o de la desaparición de alguna persona en la ESMA?

Cabezas: Sí; antes de ir a la isla, creo que fue en agosto, secuestraron a un matrimonio VILLAFLOR. Eran dos matrimonios: Josefina VILLAFLOR, José HAZAN, Elsa MARTíNEZ y Raimundo VILLAFLOR. En la madrugada en que los secuestran estábamos en Pecera un grupo de secuestrados y viene a decirme uno de Inteligencia, a quien le decían “Julio”, si podía cuidar a una nena, era la hijita de Josefina VILLAFLOR. La nena se queda conmigo; pienso yo que sería por la edad, pero se durmió pensando en su abuela. Yo duermo con la nena porque la nena lloraba mucho y a la otra mañana, a eso de las diez de la mañana, la llevan a la casa de la abuela. Uno de Inteligencia, a quien le decían “Fafa” y Lucía de OHN, se la entregan. Sabemos que la entregan en la casa de la abuela diciendo que eran compañeros de los padres. Además, esa noche traen elementos de la casa de los VILLAFLOR-HAZAN: máquinas de coser, licuadora, exprimidora y ropas.
Dr. Ledesma: Pero, ¿por qué usted afirma, concretamente que saben, que estas personas murieron o desaparecieron?

Cabezas: Yo no vi que los mataran, sabemos que no están…

Dr. Ledesma: ¿Hay algún personal de la ESMA que se lo refirió?

Cabezas: No, no. Lo que sé, si, es que muere Raimundo VILLAFLOR porque nosotros, en ese momento, teníamos el dormitorio entre Capucha e Inteligencia, y cuando los llevaban a torturar, tenían que pasar por ese lugar para Capucha y yo veía y podía mirar cuando los llevaban los guardias y que los arrastraban y los golpeaban y supimos que hubo mucho movimiento una noche. Corrían todos los guardias y era que había muerto; después supimos por los guardias, los chicos -los verdes que les decían-, que habla muerto realmente…

Dr. Ledesma: ¿Sabe en qué condiciones murió?

Cabezas: Después de una torrura dijeron que era un paro cardíaco por los golpes recibidos.

Dr. Ledesma: ¿Le consta la aplicación de tormentos a otros detenidos en la ESMA, aparte de los que acaba de mencionar?

Cabezas: Me consta a través de los dichos; o sea, me decían, me contaban cómo fueron torturados, pero no lo he visto.

Dr. Ledesma: ¿No oyó a alguien a quien torturaran o vio signos de esas torturas en alguien?

Cabezas: Eso fue cuando recién estuve en Capucha. Esa señora. Rosa, que estaba torturada hasta en la boca: eso sí lo vi.

Dr. Ledesma: ¿Visitó usted a su familia?

Cabezas: Sí; después que volvemos de la isla me lleva a La casa de mi madre, una noche, una tarde, a las 7.30 de la tarde, en un taxi que era de la ESMA, con un guardia al que le decían “Mario” y me deja dos horas en la casa de mi madre. A las nueve de la noche pasa a retirarme.

Dr. Ledesma: ¿Con posterioridad se repitió esto?

Cabezas: Sí.

Dr. Ledesma: ¿Cuántas veces?

Cabezas: Y… después me llevaban, por ejemplo, a las 8 de la noche y me iban a retirar a las 8 de la mañana del domingo; después fueron llevándome a las 8 de la noche del sábado y me iban a retirar a la noche del domingo.

Dr. Ledesma: ¿En qué condiciones recuperó su libertad?

Cabezas: Ellos me dijeron que yo estaba ahí por la acción psicológica que desempeñaba, que creían que estaba en condiciones de salir en libertad.

Dr. Ledesma: ¿Quién la dispuso?

Cabezas: ABDALA

Dr. Ledesma: ¿El personalmente se la comunicó?

Cabezas: El, personalmente, delante de todos.

Dr. Ledesma: ¿Y sabe cómo se decidía una libertad?

Cabezas: Mire, no sé exactamente cómo, concretamente. Sabemos -se decía-, se reunían y decidían. Eran decisiones por mayoría.

Dr. Ledesma: ¿Quienes?

Cabezas: Los oficiales, o sea, el equipo de ABDALA se reunían y, bueno, decidían quién iba a salir y quién no iba a salir. Eso era como una votación, pero no es nada concreto.

Dr. Ledesma: ¿Esto cómo lo supo?

Cabezas: Y… eso se decía por los guardias, pero…

Dr. Ledesma: ¿Con relación a la decisión de alguna muerte o traslado de alguna persona?

Cabezas: También; todo se decidía así.

Dr. Ledesma: ¿No sabe cómo estaba estructurado el grupo de tareas que usted mencionó, ABDALA y ese asunto de la votación, etcétera. Si había divisiones de tareas dentro del grupo?

Cabezas: No sé exactamente. Como para decirle algo concreto, no se.

Dr. Ledesma: Mientras permaneció en la ESMA, ¿estuvo a disposición de alguna autoridad civil o militar?

Cabezas: Cuando sale la revista Para Ti, va el…

Dr. Ledesma: Me refiero a algún proceso civil o militar.

Cabezas: No.

Dr. Ledesma: ¿Y a disposición del PEN?

Cabezas: No.

Dr. Ledesma: Aparte de las salidas que mencionó en el curso de la declaración, ¿fue conducida en alguna oportunidad a algún otro lado?

Cabezas: No. A la isla, a la quinta; había una quinta en Del Viso.

Dr. Ledesma: ¿Cuánto tiempo estuvo allí?

Cabezas: A la quinta me llevaron cuando me traían del Uruguay para dormir; ahí tenían una quinta de fin de semana.

Dr. Ledesma: Y aparte de la declaración judicial que mencionó, ¿efectuó alguna denuncia por estos hechos?

Cabezas: No

Dr. Ledesma: ¿Ante la CONADEP?

Cabezas: Sí, ante la CONADEP sí.

Dr. Ledesma: ¿Tenía usted militancia política?

Cabezas: No señor.

Dr. Ledesma: ¿Qué actividades desarrollaba?

Cabezas: Estaba en la comisión de los familiares como secretaria de esa organización; era asistente dental y no estaba en ningún partido.

Dr. Ledesma: En qué trabajaba, me refiero…

Cabezas: Trabajaba en el Instituto de Odontología de Olivos como asistente dental.

Dr. Ledesma: ¿Sabe de algún matrimonio que haya estado detenido en la ESMA, aparte de los que ya mencionó?

Cabezas: Matrimonio… Yo veía a los guardias que venían con las alianzas de los secuestrados. Una vez vino un guardia y me dijo: “Miré…”

Dr. Ledesma: ¿Los nombres de algún matrimonio que no haya mencionado en el curso de su declaración?

Cabezas: No. No recuerdo en este momento.

Dr. Ledesma: ¿Sabe si había algún detenido de sobrenombre “Pisco”?

Cabezas: Sí, a “Pisco” sí. “Pisco” estaba en Pecera, en Capucha cuando yo estuve en Pecera. A “Pisco” lo vi estando en el lavadero porque los de Capucha teníamos un lavadero común y a “Pisco” lo trajeron a lavar los platos, por ejemplo, y yo fui a lavar ropa.

Dr. Ledesma: ¿Sabe el nombre de “Pisco”?

Cabezas: Pablo LEPISCOPO.

Dr. Ledesma: ¿Sabe de alguna persona apodada “Kuky” que haya estado detenida mientras usted también lo estaba?

Cabezas: Sí.

Dr. Ledesma: ¿Sabe el nombre?

Cabezas: Susana de BARROS. No sé el otro apellido de ella.

Dr. Ledesma: ¿El marido estaba detenido?

Cabezas: También.

Dr. Ledesma: ¿Cómo se llamaba?

Cabezas: Osvaldo BARROS.

Dr. Ledesma: ¿Tenía algún apodo?

Cabezas: Yo lo conocí por Osvaldo, pero creo que los guardias le habían puesto ahí “Anteojito”.

Dr. Ledesma: ¿Sabe si había alguna persona de edad que…?

Cabezas: Estaba la señora a la que le decían “Tía Irene”. Yo la vi en el lavadero también.

Dr. Ledesma: ¿De alguna profesora de inglés que hubiera estado detenida?

Cabezas: Sí. Mariana. Se llamaba Nora Irene WALSHON, estuvo en Pecera con nosotros también.

Dr. Ledesma: Aparte de las personas parientas suyas que estaban detenidas, ¿algún conocido o familiar suyo fue privado de su libertad, aproximadamente para la fecha en que Ud. fue privada?

Cabezas: No.

Dr. Ledesma: ¿La Fiscalía alguna pregunta?

Dr. Moreno Ocampo: Sí señor presidente, si supo que hubiera algún detenido que se especializaba enarreglar aparatos electrónicos.

Cabezas: Sí, Mario VILLANI.

Dr. Moreno Ocampo: Si puede explicar cómo sabe que estaban “Kuky” y “Anteojito”.

Cabezas: Porque estaban en Pecera conmigo

Dr. Ledesma: ¿Recuerda qué trabajo desarrollaban?

Cabezas: Ellos hacían el análisis de los artículos que salían en los diarios, no se si eran políticos o si eran culturales, me parece que eran culturales.

Dr. Moreno Ocampo: Si sabe ¿cómo lograron los oficiales que allí trabajaban que se publicaran los reportajes que le hicieron en las diferentes revistas?

Cabezas: ¿Si sé cómo los oficiales hicieron para publicar el reportaje en Para Ti?

Dr. Ledesma: No, en la primera entrevista.

Dr. Moreno Ocampo: Si conoce alguno.

Cabezas: No sé porque eso lo manejaban desde el exterior, ellos con el…

Dr Ledesma: ¿Dijeron qué contacto tenían ellos?

Cabezas: El Centro Piloto de París hacía todas las cosas.

Dr. Ledesma: ¿También con la revista Para Ti?

Cabezas: Y no, de eso no.

Dr. Moreno Ocampo: Para complementar esta pregunta que se hace, si le podíamos repreguntar si supo que tuviera alguna conexión con algún medio de prensa, la gente que trabajaba en ese lugar, o que estaba en ese lugar.

Cabezas: ¿Sí había alguna conexión? No, no recuerdo.

Dr. Moreno Ocampo: Si la entrevista que le hicieron en Figueroa Alcorta el periodista que la entrevistó, le dio un nombre o se identificó de algún modo.

Cabezas: No.

Dr. Moreno Ocampo: Si lo puede describir.

Cabezas: La descrípcíonn no recuerdo bien exactamente. Hace muchos años.

Dr. Ledesma: ¿No puede dar ningún dato?

Cabezas: No; joven de unos treinta y algo de años…

Dr. Ledesma: ¿Del fotógrafo tampoco?

Cabezas: Del fotógrafo, también joven, alto, creo que tenía bigotes, no sé, no sé.

Dr. Moreno Ocampo: Si supo algo del secuestro de HIDALGO SOLA y Elena HOLMBERG, estando ella detenida en la ESMA.

Cabezas: No, nada.

Dr. Strasera: Si supo que hubiera algún detenido de apodo Nando.

Cabezas: Sí, Fernando BROSKI, lo vi en el lavadero también.

Dr. Strasera: Si puede decir por qué medio, en qué forma, fue liberada.

Cabezas: Me llevaron en un coche a mi casa.

Dr. Ledesma: ¿Quién la llevó?

Cabezas: Un guardia, no…

Dr. Ledesma: ¿No sabe el nombre?

Cabezas: No, en este momento no.

Dr. Strassera: ¿Dijo en qué vehículo?

Dr. Ledesma: No, no dijo. ¿En qué vehículo?

Cabezas: En un Ford Falcon blanco.

Dr. Strassera: Si supo algo estando detenida, de Rodolfo WALSH o vio unos efectos.

Cabezas: No, nada.

Dr. Strassera: Ninguna más.

Dr. Ledesma: ¿Las defensas? Dr. GOLDARACENA.

Dr. Goldaracena: Si cuando recuperó su libertad y la llevaron a su casa era la misma de Carapachaay que nombró al principio de la declaración.

Cabezas: No, la casa de mi madre, en Muñiz.

Dr. Goldaracena: Si desde ese día volvió a ver a alguna de las personas con las cuales compartió el cautiverio.

Cabezas: No, solamente a los BARROS; Susana BARROS y Osvaldo BARROS; solamente a ellos.

Dr. Ledesma: ¿En qué circunstancias?

Cabezas: Porque se hicieron muy amigos de mi sobrino, por el cumpleaños de las nenas, en esa fecha nos encontrábamos.

Dr. Goldaracena: Si cuando hizo su primera denuncia, si su primera denuncia fue la que hizo ante la CONADEP.

Cabezas: Ante la CONADEP.

Dr. Ledesma: Fue la primera, ¿en qué fecha?

Cabezas: Aproximadamente en julio del año pasado, o antes de julio.

Dr. Goldaracena: Si formuló alguna otra denuncia o declaración.

Dr. Ledesma: Esta respondida, doctor.

Dr. Goldaracena: Esa denuncia señor presidente y hablo de una causa por el tema de Para Ti. Si fuera de ésas ¿hay alguna más?

Dr. Ledesma: Declaró en elJuzgado de Instrucción N° 3.

Dr. Goldaracena: En la causa de VARELA CID, si fuera de esas dos…

Dr. Ledesma: Respondió negativamente a la existencia de otra denuncia.

Dr. Goldaracena: Perdón, señor presidente; en las dos últimas oportunidades que fue al Uruguay, ¿cuántos días permaneció allí?

Dr. Ledesma: Surge del contexto, sólo pernoctó una vez en ambos casos.

Dr. Goldaracena: Dijo la declarante que el 10 de mayo del ’76, su hijo Gustavo Aieiandro salió temprano a la mañana a acompañar a una amiga. Si esa amiga vivía en la casa de la declarante.

Cabezas: No señor, estaba de visita.

Dr. Ledesma: ¿Adónde la acompañaba?

Cabezas: A la casa de ella.

Ledesma: ¿Sabe dónde vivía?

Cabezas: Era San Isidro, no recuerdo la ubicación.

Dr. Goldaracena: Si había ido de visita esa misma mañana temprano.

Cabezas: No, había ido a la noche y como era muy tarde se quedó.

Dr. Goldaracena: Si con posterioridad, fuera de lo que ha dicho, se enteró de alguna causa o motivo por la cual haya sufrido su hijo el episodio que describió.

Cabezas: Lo único que supe de Gustavo fue, creo que lo dije, a través del conscripto, después no supe más nada, nunca, ni vinieron a casa ni nada, no sé nada.

Dr. Goldaracena: La declarante dijo haber viajado a México, a Roma y a Madrid con otras madres. Si esas madres eran las mismas que integraban la comisión en la que dijo haber ocupado un cargo.

Dr. Ledesma: ¿Puede decir si integraban la comisión?

Cabezas: No.

Dr. Goldaracena: La declarante dijo también que esas personas por razones de seguridad se manejaban con sobrenombres. Si recuerda cuál era el sobrenombre que utilizaba la declarante.

Cabezas: No recuerdo.

Dr. Goldaracena: Si se hospedaban en los mismos hoteles.

Cabezas: Sí.

Dr. Goldaracena: Si el grupo fue integrado de la misma forma durante todo el viaje por estos tres lugares o si se fue cambiando en su integración.

Dr. Ledesma: Si el grupo que fue a España y a Roma, estaba integrado de la misma manera por las mismas personas.

Cabezas: Sí, sí.

Dr. Goldaracena: Si en los diferentes registros en los distintos hoteles no tuvo oportunidad de conocer los verdaderos nombres de las restantes integrantes del grupo.

Cabezas: No, porque no tenía interés en saberlo.

Dr. Goldaracena: La declarante dijo que cuando fue interrogada, por primera vez en ocasión de su detención se le preguntó por qué había cambiado su actitud con Julia Estela SARMIENTO; anteriormente ante la comisión dijo que obviamente Julia Estela era una infiltrada de los servicios. Si esta conclusión la sacó antes o después de ser detenida.

Dr. Ledesma: ¿Usted efectuó esa afirmación?

Cabezas: No sé si exactamente dije eso, lo que sí me pareció extraña fue la actitud de Julia.

Dr. Goldaracena: Si recuerda cómo hizo su viaje a México. Si fue un viaje directo de Buenos Aires a México, o si hubo escalas intermedias.

Cabezas: Sí, creo que sí.

Dr. Goldaracena: Si obtuvo con motivo de ese viaje su pasaporte o lo había obtenido con anterioridad.

Cabezas: Tenía pasaporte.

Dr. Goldaracena: Si fue necesario tramitar visa.

Cabezas: Bueno, cuando llegué a México.

Dr. Ledesma: Afirmativamente, respondió doctor.

Dr. Goldaracena: No me queda claro si la visa la obtuvo aquí o en México.

Cabezas: En México.

Dr. Goldaracena: La declarante, la segunda vez que fue interrogada, reconoció haber mentido en los datos que había dado en la oportunidad. Si recuerda qué explicación dio teniendo en cuenta que también se le preguntaba por qué había mentido.

Dr. Ledesma: En la primera oportunidad no fue doctor.

Dr. Goldaracena: En la primera oportunidad dice haber dado un número telefónico que en realidad no sabía, en la segunda oportunidad se le preguntó si había mentido y por qué reconoció haber mentido.

Dr. Ledesma: Efectivamente, pero fue en la tercera en la que se rectifica. ¿Cuál es la pregunta concreta al respecto doctor?

Dr. Goldaracena: Eran dos las preguntas que se le hacían, si había mentido y porqué la testigo dijo que reconocía haber mentido en ese momento, pero no sé si se le siguió preguntando por qué y en su caso qué respondió.

Dr. Ledesma: Esto ha sido respondido.

Dr. Goldaracena: Yo no lo he advertido señor presidente…

Dr. Ledesma: La testigo refirió que había pergeñado esa suerte de reconocer que tenía un responsable para sustraerse al castigo, y con posterioridad cuando fue descubierto que el número telefónico no correspondía, admitió que había sido una idea personal para evitar el castigo.

Dr. Goldaracena: Si en esos interrogatorios se le preguntó si en sus viajes a México, a Madrid, fundamentalmente en Madrid y en Roma, se había entrevistado con miembros de la organización Montoneros.

Dr. Ledesma: Ya le preguntó el Tribunal al respecto, y negó.

Dr. Goldaracena: El Tribunal le preguntó si ella se había entrevistado, no si se le había preguntado sobre esa supuesta entrevista.

Cabezas: ¿Si me habían preguntado?

Dr. Goldaracena: Sí, si en el interrogatorio a que fue sometida se le preguntó sobre posibles entrevistas con miembros…

Cabezas: Sí me preguntaron, me preguntaban eso.

Dr. Ledesma: ¿En qué lugar?

Cabezas: En la ESMA.

Dr. Ledesma: No, no ¿en qué lugar habían tenidolugar las entrevistas sobre la que la interrogaban?

Cabezas: Si yo había tenido entrevistas…

Dr. Ledesma.: Con miembros de la cúpula de la organización ilegal Montoneros y en dónde la había tenido, si le mencionaba el lugar.

Cabezas: Claro, ellos decían de que era en Roma.

Dr. Goldaracena: Si este episodio recuerda haberlo comentado con Carlos MUNOZ.

Cabezas: No señor.

Dr. Ledesma: ¿No recuerda o no lo comentó?

Cabezas: No lo comenté.

Dr. Goldaracena: Si conoce a FIRMENICH.

Dr. Ledesma: Con la aclaración que si Ud. encuentra alguna respuesta que pueda ser autoincriminante, puede negarse a contestar, puede responder.

Cabezas: Me niego a contestar.

Dr. Ledesma: No le oí, la pregunta es si tuvo entrevistas y conoce a FIRMENICH, personalmente, no a través de su actuación pública.

Cabezas: No señor.

Dr. Goldaracena: Si conoce a María Antonia BERGER.

Cabezas: A María Antonia sí, porque estaba en Puebla.

Dr. Goldaracena: Si puede decir qué hacía Antonia BERGER en Puebla o puede explicar en qué circunstancia la conoció.

Cabezas: En Puebla había un salón muy grande donde había un mostrador donde nos acercábamos a pedir una audiencia con los obispos, María Antonia estaba entre el público, no sé exactamente lo que ella hacía ni lo que ella hablaba porque era uno más entre todo el público; sé que me señalaron que era María Antonia.

Dr. Ledesma: ¿Diálogos con ella tuvo?

Cabezas: …

Dr. Ledesma: ¿Algo con ella tuvo o alguna conversación con alguna sustancia?

Cabezas: Bueno, había conversaciones, como era todo general dentro del público que estaba ahí, eramos muchos, y si se hablaba en un momento, bueno, por equis circunstancia, uno se acercaba y conversaba pero nada, nada personal, nada individual.

Dr. Ledesma: ¿Doctor?

Dr. Goldaracena: Si puede dar alguna precisión, sobre por qué, si era simplemente una persona más del público, se acuerda de haberla visto a Maria Antonia AVALLAY.

Dr. Ledesma: Puede contestar.

Cabezas: Sí, porque me acuerdo de que la vi, y bueno porque la señalaron y porque estábamos muchas horas ahí.

Dr. Ledesma: Recuerda, ¿quién la señaló, quién le dijo que era ella?

Cabezas: Bueno, recuerdo que cuando hablábamos con periodistas, los periodistas la conocían, creo que fue, habrá sido algún periodista, no, no sé precisar la persona.

Dr. Ledesma: ¿Doctor?

Dr. Goldaracena: Si en esa oportunidad, se le dijo algo sobre las actividades de María Antonia AVALLAY.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: No, no señor.

Dr. Goldaracena: Si conoce a una persona de apellido VACA o VACA NARVAJA.

Cabezas: No señor.

Dr. Goldaracena: Si conoce a una persona de apellido OBREGON u OBREGON CANO.

Dr. Ledesma.: Puede responder.

Cabezas: Por los diarios.

Dr. Goldaracena: La testigo dijo que, en ocasión de su entrevista con un periodista y un fotógrafo en Figueroa Alcorta y Pampa, estando ellos sentados, ella con el Ruso, aparecen el periodista y el fotógrafo, si le quedó claro cuál fue la forma por la cual el periodista y el fotógrafo los identificaron a ellos.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: Quedaba algo así, como explícito; si me habían dicho que eran periodistas de Para Ti, bueno, era una situación, no podía pedir documentos.

Dr. Goldaracena: Si en algún momento se enteró de cuál fue el motivo, o la imputación por cuya virtud estuvo privada de su libertad.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: ¿Si se por qué estuve?

Dr. Ledesma: Efectivamente

Cabezas: Me dijo ABDALA que era por la situación psicológica que desempeñaba.

Dr. Ledesma: ¿Doctor?

Dr. Goldaracena: Si se enteró de cuál fue el motivo o la imputación por la cual habían estado en parecida situación o en la misma situación, su sobrina y el marido de ella

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: Suponemos que ha sido por mi situación, por lo que ellos se movían buscándome y haciendo averiguaciones, pero yo personalmente no sé.

Dr. Goldaracena: Si su sobrina o el marido tenían alguna militancia política activa, o en alguna organización.

Cabezas: No, no tenían.

Dr. Goldaracena: Si puede precisar, cuál es el grado de parentesco, entre la declarante y su sobrina.

Dr Ledesma: No le alcancé a oir doctor.

Dr. Goldaracena: ¿Cuál es la relación de parentesco?

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: Es la hija de mi hermana.

Dr. Goldaracena: Nada más señor presidente, gracias.

Dr. Ledesma: ¿Alguna otra defensa? Doctor BUERO…

Dr. Buero: Señor presidente, el doctor GOLDARACENA acaba de aludir al pasaporte que había necesitado la declarante; mi pregunta es, si tiene ese pasaporte, el pasaporte que ha usado.

Dr. Ledesma: ¿Puede fundamentar la pertinencia de la pregunta doctor?

Dr. Buero: Sí, señor presidente.

Dr. Ledesma: (inint.)

Dr. Buero: (inint.) como anoche, con la fundamentación, ¿puede fundamentarlo en presidencia?

Dr. Lodesma: Acérquese. Señor fiscal, puede acercarse por favor… ¿Posee el pasaporte, senora?

Cabezas: No señor.

Dr. Ledesma: Doctor BUERO.

Dr. Buero: Si puede decir, en esas oportunidades, en qué fecha salió y en qué fecha volvió a entrar en el país, si lo recuerda.

Dr. Ledesma.: ¿Se refiere a…

Dr. Buero: A ese viaje que hizo a México.

Dr. Ledesma: Si lo recuerda, señora, responda.

Cabezas: Mire, sé que era en enero y volví en marzo.

Dr. Ledesma: Doctor BUERO.

Dr. Buero: ¿Del año?

Cabezas: Pero no recuerdo la fecha.

Dr. Buero: Perdón, ¿de qué año? Me interesa que lo diga la testigo.

Dr. Ledesma: El año, señora.

Cabezas: 1979

Dr. Buero: Si cuando viajó a España e Italia usó el mismo pasaporte que había empleado para ir a México.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Dr. Buero: Si estuvo en Brasil.

Dr. Ledesma: ¿En qué fecha, doctor?

Dr. Buero: En oportunidad de ese viaje.

Dr. Ledesma: Con motivo de este viaje, ¿estuvo en Brasil?

Cabezas: No.

Dr. Buero: Movimiento Peronista Montonero, con una serie de personas, quiero aclarar que no le pregunto si ella estuvo, o si alguien le preguntó sobre eso mismo, ¿si sabía que en Roma, en la época de su viaje, efectivamente, había una reunión del Movimiento Peronista Montonero?

Dr. Ledesma: Puede responder, señora.

Cabezas: No, señor.

Dr. Ledesma: Doctor BUERO.

Dr. Buero: Si a la fecha de los hechos referidos en su declaración, la declarante tenía bienes de fortuna.

Dr. Ledesma: No ha lugar a la pregunta; inconducente, doctor.

Dr. Buero: Señor presidente, pido reposición basada en que la testigo, si mal no recuerdo, dijo que ella había pagado estos viajes.

Dr. Ledesma: Efectivamente, lo dijo, doctor.

Dr. Buero: Por eso, sí.

De. Ledesma: Insisto en el no ha lugar.

Dr. Buero: Muy bien, señor presidente. Si a la fecha de su liberación quedaban muchos prisioneros en la ESMA. Aproximadamente qué número.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: Sí, quedaban más, creo que más de 20 personas.

Dr. Ledesma: Doctor BUERO.

Dr. Buero: Si con posterioridad a su liberación se entrevistó con algún otro prisionero.

Dr. Ledesma: Ya lo contestó, doctor.

Dr. Buero: ¿Dijo con quién?

Dr. Ledesma: Sólo, sólo el matrimonio BARROS.

Dr. Buero: Gracias. Si el marido de su sobrina, que dijo que era Héctor Eduardo PICCINI, tenía algún sobrenombre y si puede, si lo recuerda.

Dr. Ledesma: ¿Tenía algún sobrenombre PICCINI?

Cabezas: Ahí, dentro de la ESMA, le decían “Tata”.

Dr. Ledesma: Doctor BUERO.

Dr. Buero: Si sabe si Norma Irene WOLSHON tenía militancia en alguna organización subversiva.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: No sé, señor.

Dr. Buero: Si sabe por qué la detuvieron, entonces.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: No sé, señor.

Dr. Buero: Si sabe si BASTERRA integraba alguna organización subversiva.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: No, señor.

Dr. Buero: Si sabe por qué lo detuvieron

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: No, señor.

Dr. Buero: Si Carlos MUÑOZ integraba alguna organización subversiva.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: No, señor.

Dr. Ledesma: ¿Sabe por qué lo detuvieron?

Cabezas: No sé, no sé.

Dr. Buero: Por último, señor presidente, solicito que, con la prevención del caso, se le pregunte si la declarante, que dijo no tener filiación política o actuación política, integraba, en cambio la rama femenina del Movimiento Peronista Montonero.

Dr. Ledesma: Con la prevención de que puede negarse a contestar si considera la pregunta autoincriminante, puede contestar, señora.

Cabezas: No contesto.

Dr. Buero: Nada más, señor presidente, gracias.

Dr. Ledesma: ¿Alguna otra defensa? El Tribunal dispone de un cuarto intermedio de 15 minutos. Señora, su testimonio ha terminado.

Augusto, “el Pelao Carmona”, mi compadre. Justicia al fin.

Augusto, “el Pelao Carmona”, mi compadre. Justicia al fin.

Justicia, 40 años después

Publicado el 29 Mayo 2017

ESCRITO POR LUCÍA SEPÚLVEDA

Por el asesinato del periodista y dirigente del MIR, Augusto Carmona Acevedo,  cometido por la CNI el 7 de diciembre de 1977 cuando él tenía 38 años,  fueron condenados, 40 años después, algunos de los responsables. Augusto, “el Pelao Carmona”, padre de mi hija Eva María, fue mi compañero en los inolvidables años de la Unidad Popular y luego en la lucha antidictatorial. Eva María y Alejandra, su otra hija, crecieron sin él. Sus seis nietos  irán conociendo la verdad histórica, aun cuando ello no borrará el dolor de la ausencia.  

 

 

Alto dirigente del MIR en la clandestinidad, Augusto  había sido ex jefe de Prensa de Canal 9 de TV de la U de Chile y redactor de la revista Punto Final. El crimen fue presentado por la dictadura y los medios como un enfrentamiento.

La querella interpuesta en 2003  para impugnar la amnistía impuesta en 1993, era contra Augusto Pinochet y todos los que fueran responsables. Como familia, habíamos vivido con júbilo la detención de Pinochet en Londres.  Era  lo más cercano a la justicia y a la reparación. El hecho había remecido a la justicia chilena. Pero la impunidad persistió, con trucos judiciales para dilatar los procesos, entre otras movidas que permitían el avance de la “impunidad biológica”:  El año 2006 muere  Pinochet sin pagar por este ni ningun otro crimen. Fue en el Día Internacional de los Derechos Humanos, que coincide con mi cumpleaños…No hubo regalos de la justicia para nosotros en estos años.  

Iban muriendo los criminales mientras los padres de los ejecutados detenidos desaparecidos partían sin conocer verdad ni justicia, tal como ocurrió con don Augusto y la señora María Acevedo, los padres del “Pelao”.  Sin embargo viva está la constitución pinochetista, al igual que el modelo económico implantado entonces y perfeccionado por la Concertación/Nueva Mayoría. Sólo a través de la lucha social de los de abajo, y los terremotos irrumpe  el verdadero rostro del país por el que se jugaron y entregaron su vida “Oslo” y miles de compañeros y compañeras.  La corrupción y el envilecimiento de la política, la corrupción y el saqueo de los bienes comunes se nutren de la impunidad y de la tolerancia a las prácticas de tortura instaladas en distintos ámbitos de la acción del Estado, sea con los menores, sea en las comunidades mapuche allanadas y militarizadas o en las cárceles.

 

Privilegios de criminales  

En este marco llega finalmente la sentencia de la Corte Suprema: a10 años y 1 día  a los ex brigadieres de ejército Miguel Krassnoff y Manuel Provis Carrasco; al mayor (r) de ejército Enrique Sandoval Arancibia y al coronel (r) Luis Torres Méndez, así como los ex suboficiales del ejército José Fuentes Torres y Basclay Zapata. Menciono sus grados porque en Chile ningún criminal ha sido degradado,  pero la sentencia judicial sólo los individualiza por sus nombres. Los criminales reciben legalmente las generosas pensiones que se autoasignaron las Fuerzas Armadas mientras condenaban al resto de los chilenos a jubilar con las miserables pensiones del sistema de las AFPs. Mientras escribo, me pregunto además si este año Krassnoff podrá gozar en libertad de su pensión de  $ 2.489.658, ya que otros criminales con condenas por delitos de lesa humanidad ya han obtenido la libertad condicional. El monto de la pensión se conoció por la lista entregada por el Consejo para la Transparencia al diario La Tercera recientemente.

En el procesamiento inicial del ministro en visita Leopoldo Llanos (2005) la lista de criminales era encabezada por Odlanier Mena, director de la CNI, que estaba con condicional por otro homicidio y se suicidó (2013) eludiendo su responsabilidad.  Los agentes que declararon en el proceso por el asesinato de Augusto Carmona aseguraron que desde el reemplazo de la Dina por la CNI, a mediados de 1977, con Odlanier Mena como director, todos los operativos de exterminio debían contar con su autorización previa. La Brigada Roja (sucesora de la Halcón) fue la encargada de llevar a cabo la ejecución de Augusto Carmona, operación supervisada por Krassnoff – quien dirigió todos los operativos contra el MIR –   bajo el probable mando operativo de Manuel Provis. Mena llegó al lugar de los hechos pocas horas después.

 

Periodista de trinchera

Carmona tuvo una destacada carrera en el periodismo nacional, donde fue jefe de prensa de Canal 9 de TV –entonces de la Universidad de Chile- elegido por los trabajadores que ocuparon la estación en agosto de 1972 intentando detener el avance del golpismo. Tras el golpe militar,  él escogió los riesgos de la lucha de resistencia, aunque su salud era precaria por haber sufrido una compleja operación al corazón. En esos primeros años en que sólo existía la prensa adicta a la dictadura, el “Pelao Carmona”, ahora “Oslo”,  comenzó a organizar la red  de  periodistas que recolectaba noticias sobre los crímenes de la DINA, y  testimonios sobre la existencia de detenidos desaparecidos, enviándolas al “Correo de la Resistencia”, en México. Carmona era miembro del comité central del MIR en la clandestinidad. Como encargado  de las relaciones políticas, se reunía con dirigentes de la izquierda y un sector de la Democracia Cristiana para impulsar acuerdos tendientes a formar un movimiento amplio de resistencia popular.  

Las exigencias de la vida clandestina eran contradictorias con el carácter del Pelao, que  era comunicativo, amistoso, seductor, dado a las  conversas de café y a escuchar y bailar tangos y boleros. Ese amor por la vida lo transmitió a sus tareas políticas, que arremetía con vehemencia, pasión  y creatividad, cambiando su aspecto físico  y reduciendo sus salidas para eludir la persecución.  La forzosa quietud le permitió asumir el rol de cuidar a Eva María, nacida poco después del golpe, a quien prodigaba su ternura y atención, superando el machismo característico de esa época. Eva tenía 3 años cuando lo asesinaron y no podía ni siquiera llevar su apellido, pues vivíamos en la clandestinidad.

El Pelao había estudiado periodismo y bibliotecología tras egresar del Instituto Nacional. Fue presidente del centro de alumnos de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile y más tarde, presidente del sindicato de trabajadores del Canal 9, donde fue redactor político del Noticiero “Nueve Diario”.  Como redactor de la revista Punto Final viajó a Cuba junto a un grupo de periodistas que entrevistaron a Fidel Castro en La Habana. En agosto de 1967, había reporteado el juicio militar en Camiri, Bolivia, a Régis Debray y otras personas vinculadas a la guerrilla del Che.

En 1973 fue, además, jefe de prensa de Radio Nacional, emisora del MIR. Perteneció a una generación de notables periodistas comprometidos con el pueblo, como Augusto Olivares, Máximo Gedda y José Carrasco Tapia, grandes amigos suyos. De la promoción 1957 del Instituto Nacional arranca su estrecha amistad con el poeta Manuel Silva Acevedo,  así como con el pintor Raúl Sotomayor y el académico Grinor Rojo. 

Delito de lesa humanidad
La sentencia de la Suprema calificó el asesinato del periodista como un delito de lesa humanidad dado que fue “un ataque sistemático o generalizado en contra de bienes jurídicos como la vida de una parte de la población civil con determinada opción ideológica, con la participación del poder político y la intervención de agentes del Estado” y concedió también, a contrapelo del Consejo de Defensa del Estado, y cumpliendo las obligaciones internacionales de Chile, la reparación civil solicitada para las hijas.

 La acuciosa investigación iniciada por el ministro Alejandro Solís, hoy jubilado, fue retomada por el juez Llanos.  Los ministros Haroldo Brito,   Milton Juica y Jorge Dahm,  respaldaron lo obrado por Llanos, en tanto los  ministros Carlos Künsemüller y Lamberto Cisternas, sostuvieron en un voto de minoría que los criminales debían cumplir sólo la mitad de la pena impuesta.  Siguieron así  la teoría de la “media prescripción” respaldada por el Presidente de la Corte Suprema Hugo Dolmetsch,  similar al “2 x 1” aplicada en Chile en varias oportunidades y rechazado en Argentina recientemente en masivas movilizaciones.

La trampa mortal

El crimen ocurrió el 7 de diciembre de 1977, bajo estado de sitio pero los testimonios de los vecinos hicieron resplandecer la verdad. Ante el  tribunal los testigos –entre los que se cuenta  el escritor Reinaldo Marchant que acudió motu proprio a la Comisión Rettig a contar lo que vivió ese día – declararon lo mismo que Marchant expuso ante la Rettig , refutando la mentira del enfrentamiento. También lo había denunciado yo ante la Comisión Allana de Naciones Unidas, que visitó Chile un año después. Me protegió para comparecer el querido Padre José Aldunate.  

La tortura fue la clave para detectar al Pelao. No nos enteramos a tiempo de la detención de un colega y su equipo de apoyo. Paradojalmente el Pelao había  intentado protegerlo y asilarlo para salvar la red clandestina de periodistas que éste contactaba. Pero era demasiado tarde y ellos ya habían caído en manos de la CNI. Ese día, una veintena de vehículos rodearon desde temprano la manzana en que vivía el Pelao, en la calle Barcelona, de la comuna de San Miguel. Los agentes allanaron su domicilio y ocuparon además la casa contigua. Luego ordenaron a los vecinos recogerse en sus casas y permanecieron horas esperándolo en el interior del inmueble. Cerca de medianoche,  cuando él sacaba sus llaves para ingresar a la casa, dispararon una ráfaga de subametralladora acribillándolo por la espalda. Los agentes arrastraron el cuerpo al interior. Un fiscal militar ordenó más tarde un informe a los peritos de la Brigada de Homicidios de Investigaciones. El informe estableció que el cuerpo fue arrastrado y que la pistola que portaba Carmona estaba con seguro, por lo que no pudo hacer uso de ella para defenderse. Al lugar llegó más tarde el director de la CNI, Odlanier Mena en su vehículo marca Volvo, según declaró Juan Arancibia López, su chofer.

Este fue el inicio de la política de la CNI de aniquilamiento de dirigentes, remplazando el secuestro por la ejecución in situ, enmascarada como un enfrentamiento. Un mes después, Germán Cortés, también alto dirigente del MIR fue asesinado en similares circunstancias.

El cartel de la DINA/CNI

Odlanier Mena Salinas, sobreseído por muerte de su responsabilidad en este crimen,  había sido condenado en 2008 a seis años por los secuestros de Oscar Ripoll Codoceo, Manuel Donoso y Julio Valenzuela (Caravana de la Muerte), pero ya estaba en libertad condicional cuando el ministro Llanos lo procesó, y se suicidó en su propia casa al saberlo. Ello coincidió con el traslado de los criminales desde el penal de Cordillera hacia Punta Peuco.

 

El condenado Miguel Krassnoff Martchenko tiene la segunda más alta pensión de los 81 criminales actualmente condenados en Punta Peuco (sólo inferior a la del ex fiscal Torres). El  se especializó en el exterminio del MIR.  Según información  del Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior, está condenado a firme por los secuestros  de 20 resistentes en la llamada Operación Colombo   (María Teresa Bustillos, Manuel Cortez Joo, Julio Flores, María Elena y Galo González Inostroza, Sergio Lagos, Ofelio Lazo, M. Cristina López, Mónica Llanca, Sergio Montecinos, Jorge D’Orival, Jorge Ortiz,  Eugenia Martínez, Anselmo Radrigán, Marcelo Salinas, Fernando y Claudio Silva, Gerardo Silva,  Muriel Dockendorff, Manuel Villalobos), incluidos en la Lista de los 119. Krassnoff también cumple condena por los secuestros y desapariciones de  Diana Aaron, Luis Arias,  Alvaro Barrios, Cecilia Bojanic, Amelia Bruhn, José Calderón, Carmen Díaz, Mamerto Espinoza, Iván Monti, Antonio Llidó, Luis Muñoz Rodríguez, Flavio Oyarzún,  Sergio Pérez, José Ramírez, Sergio Riffo, Herbit Ríos, Jaime Robotham, Luis San Martín, Renato Sepúlveda, Claudio Thauby y  Lumi Videla, casi todos militantes del MIR. Además, fue condenado por el montaje en Rinconada de Maipú en que la DINA ejecutó a Alberto Gallardo, Catalina Gallardo, Mónica Pacheco, Luis Ganga, Manuel Reyes y Pedro Cortés. A ello se agregan las condenas por torturar en Villa Grimaldi a prisioneros y prisioneras que sobrevivieron. En ausencia, fue condenado en Francia por la desaparición de los ciudadanos franceses Alfonso Chanfreau, Jean Yves Claudet, George Klein y Etienne Pesle. En Chile aun está procesado por muchos otros secuestros.

Krassnoff no  ha entregado información alguna que permita encontrar a los desaparecidos y esclarecer casos, por el contrario reivindica sus crímenes. Sin embargo, su abogado reivindica ante la Corte el actuar de su defendido contra el “terrorismo”.  La Corte de Apelaciones acogió parcialmente, el 8 de septiembre de 2016, un recurso de protección interpuesto por Krassnoff para salir en libertad, abriendo la puerta a la reconsideración de su solicitud por parte de la Comisión de Libertad Vigilada. El 5 de octubre del año pasado, esta misma corte concedió la libertad condicional a Raúl Iturriaga Neumann, revocando así la repetida negativa de la Comisión de Libertad Condicional respectiva.

Otro condenado, Manuel Provis, ex jefe del Batallón de Inteligencia tiene dos condenas más por matar a sus pares: a 10 años y un día por la muerte del ex químico de la DINA Eugenio Berríos en Uruguay, y  a  4 años por asesinato del coronel Huber.  Su pensión es de $2.442.188. Provis está en Punta Peuco desde agosto de 2015, tras el suicidio del el ex general director del DINE Hernán Ramírez, al ser notificado de la sentencia en el caso Berríos.

Enrique Sandoval Arancibia (“Pete el Negro”) ya fue  condenado por el asesinato del dirigente del MIR Germán Cortés,  y por el montaje (caso Las Vizcachas) en que se asesinó a Juan Soto Cerda, Luis Araneda, Luis Pincheira y Jaime Cuevas (1981). Por desaparecer al menor Carlos Fariña, no cumplió pena alguna de cárcel. Sigue gozando de una  pensión de $1.653.952.

Basclay  Zapata (“El Troglo”) está en Punta Peuco, condenado a 10 años por desaparición de Manuel Cortes Joo, Julio Flores, los hermanos Galo y María Elena González Inostroza; Sergio Lagos,  M. Cristina López, Mónica Llanca, Jorge D’Orival, Anselmo Radrigán, Fernando y Claudio Silva Peralta, Manuel Villalobos (todos del caso Operación Colombo). Además condenado por  los secuestros y desapariciones de Alvaro Barrios,  Carmen Díaz, Elsa Leuthner,  Antonio Llidó, Iván Monti,  José Ramírez, Herbit Ríos, Ricardo Troncoso, Lumi Videla.

Luis Torres Méndez  (“Negro Mario”) estaba en libertad condicional, al emitirse la sentencia de la corte Suprema, con una  sentencia de primera instancia por el secuestro de Miguel Angel Acuña Castillo, (Operación Colombo). También está procesado por casos de la Operación Cóndor y por secuestros  de militantes comunistas en calle Conferencia.
José Fuentes Torres, (“Cara de Santo”) también libre al momento de dictarse la sentencia por el homicidio de Augusto Carmona,  está procesado por su participación en la Operación Colombo y cumplió  en libertad una “condena” por el  secuestro y muerte de Mireya Pérez Vargas.

 

La historia de periodistas revolucionarios como Augusto Carmona Acevedo y tantos otros compañeros y compañeras de su generación, requiere ser incorporada a la memoria pero también y sobre todo,  a la práctica social y política de los comunicadores de hoy en este Chile donde quieren reinar para siempre el duopolio y la farándula.  ¡Hagámoslo ya!

Memorias de PRIGUE de Chacabuco. Épica de los Campos de Concentración.

Memorias de  PRIGUE de Chacabuco. Épica de los Campos de Concentración.

                   

 
“Para que nadie se olvide”.
“Para ti, papá, que perdiste tu juventud (en Chacabuco). Pero no olvides que ese fue el precio de la libertad del individuo”.

Chacabuco. Angel Parra

 

Campamento de Prisioneros “Chacabuco”

Antofagasta; II Región

Cerca de 110 kms de distancia de Antofagasta, en medio del desierto de Atacama  fue instalado el Campo de Prisioneros Chacabuco, ubicado en la Oficina Salitrera Chacabuco, al costado este de la Ruta CH-5. En la antigüedad era un pequeño pueblo minero donde funcionaba la compañía minera de nitrato, Sociedad Química y Minera de Chile (Soquimich). El pueblo se encontraba abandonado desde 1938 y se usaba para prácticas militares del ejército. El Campo de Prisioneros Chacabuco fue utilizado desde principios de noviembre de 1973, hasta abril de 1975, con  más de 1.000 presos políticos. Este Campamento era sólo de hombres. El sector de prisioneros fue delimitado con alambradas de púas, minas antipersonales y torres de vigilancia con personal armado de metralletas. El Campo de Prisioneros Chacabuco fue uno de los más grandes campamentos de prisioneros no sólo de la región, sino del país. Los presos políticos concentrados en este campo venían de diferentes recintos militares especialmente de la Primera y Segunda Región, así como de Santiago y Valparaíso. Los detenidos no sólo habían sido torturados en los diversos lugares donde anteriormente habían permanecido recluidos sino también durante el trayecto a Chacabuco. En especial todos aquellos que fueron trasladados en trenes de carga desde Iquique, en barcos desde Valparaíso (el Andalién), y en camiones militares desde Pisagua.

El Campo de Prisioneros Chacabuco estaba a cargo de la Primera División del Ejército de Antofagasta, pero la guardia rotaba entre el ejército, la Fuerza Aérea y personal de Carabineros. Muchos presos fueron dejados en libertad a principios de 1974, período en el cual nuevos prisioneros fueron traídos a Chacabuco. El campo empezó a vaciarse gradualmente en julio de 1974, en la medida que los internos eran trasladados a diferentes campos de Santiago y Valparaíso (Tres Alamos, Ritoque y Melinka). De acuerdo a los testimonios recibidos, la guardia rotaba entre personal del Ejército, Fuerza Aérea y Carabineros. Vigilando el campo, había un tanque militar que transitaba continuamente alrededor de éste. Los testimonios señalan, además, que era frecuente que los sobrevolaran aviones en vuelos rasantes. El Comité para la Paz informó a fines de 1974: Los presos vivían en corredores de adobe que contenían diez casas pequeñas. Cada una era de dos o tres pisos y mantenía a seis presos. Había un comedor de uso común y no contaba con luz eléctrica hasta julio de 1974.

Hay testimonios que coinciden en señalar que, al ingresar al campamento, los prisioneros eran obligados a tenderse desnudos por horas sobre la cancha de fútbol; normalmente eran recibidos con maltratos, amenazas y golpizas de pies, puños, objetos contundentes, como las culatas de los fusiles.

Los detenidos vivían en corredores de adobe que estaban formados por diez casas pequeñas como pabellones. Cada una era de dos o tres pisos y mantenía a seis presos. Había un comedor de uso común y no contaba con luz eléctrica.

El maltrato fue constante. Las condiciones de vida, a juicio de los declarantes, eran amenazadoras e inciertas en alto grado. Según las denuncias presentadas ante la Comisión Valech, las malas condiciones de vida incluían una denigrante situación alimenticia y el hostigamiento permanente. Bajo cualquier pretexto, los detenidos eran sacados por las noches a la intemperie, dejándolos hasta la madrugada bajo el intenso frío del desierto; y en otros momentos, durante el día, eran forzados a permanecer bajo el sol.

Es importante notar que la arbitrariedad del castigo que denuncian los ex presos fue una fuente de constante amenaza y tortura psicológica. Los efectivos inventaban motivos para interrogarlos, supuestas planificaciones de fugas o sabotajes por parte de los presos. Consta por los testimonios que también se practicaron de manera permanente las amenazas de acciones contra las familias de los prisioneros.

Los ex prisioneros experimentaban una presión adicional al ser sometidos a intensas jornadas de ejercicio de tipo militar y tener un régimen de trabajos forzados, en especial, trabajos, sin utilidad ni sentido. Asimismo consta de algunas declaraciones que hubo prisioneros que eran mantenidos por algún tiempo separados del resto, en un régimen carcelario con maltratos más severos. Otros eran mantenidos en continuos interrogatorios, con aplicación de torturas. Los testimonios indican que muchos de los prisioneros recibieron golpizas de pies, puños y con objetos contundentes, como las culatas de los fusiles, además de simulacros de fusilamiento.

Algunos de los ex presos políticos denunciaron haber sido llevados desde este recinto hacia Antofagasta para ser interrogados, en medio de torturas y golpes, por el fiscal militar de la zona. Otros fueron interrogados en medio de golpes en el campamento, por agentes de civil y agentes del Servicio de Inteligencia Militar (SIM).

Testimonios:

“…el desierto, lo veíamos más grande y extenso, el calor seguía aumentando, la velocidad era lenta. No podíamos conversar. La caravana recorrió más de una hora cuando empezamos a ver una chimenea alta que indicaba la presencia de la antigua oficina salitrera Chacabuco de la Anglo Latauro (Compañia Inglesa). Llegamos a unos murallones y entramos por una abertura grande. Se pusieron al lado de los buses, unos tanques que nos apuntaban amenazadoramente con sus cañones. El nerviosismo aumentaba más y más, casi tiritábamos de miedo. Los buses pararon frente a unas rejas. Los carabineros nos entregaron contados al Ejército.”  (Sadi Renato Joui Joui, en su libro “Chacabuco y Otros Centros de Detención”, 1994)

“..en el campo de concentración de Chacabuco a cargo del Ejército, fuimos nuevamente víctimas de trato inhumano, degradante y humillante además de constantes amenazas y amedrentamiento psicológico y físico. Inmediatamente que nos recluyeron dentro del cercado de alambre-púa, electrificado y con altas torres de vigilancia, el comandante a cargo del campo, capitán Carlos Minoletti Arriagada, nos hizo formar en un lugar abierto, ordenó desnudarnos, esparcir las pertenencias personales en el suelo y esperar así inmóviles su inspección que iba a efectuar a cada uno. El capitán Minoletti demostrando su brutal prepotencia e impunidad por cualquier delito, realizó dicha inspección agrediendo a cada ciudadano detenido con insultos, trato ofensivo y afirmaciones calumniosas, agrediéndolo con golpes y comentarios humillantes. Terminada su inspección, que tomó horas bajo el ardiente sol y aire de la pampa, nos hizo agrupar para vejarnos otra vez con falsas acusaciones, calumnias y amenazas de todo tipo. Con ínfula de juez divino nos notificó que estábamos allí “por las huevadas que han hecho y las que pensaban hacer”(sic). Personal del Ejército y Fuerza Aérea se turnaban en la vigilancia del campo y en imponer el arbitrario régimen de cautiverio a los ciudadanos allí detenidos. Otros oficiales que cometieron trato inhumano fueron los capitanes Santander y Alexander o Alejandro Ananias. El capitán Santander, quien se vanagloriaba de ser campeón panamericano de tiro al blanco y amenazar a los prisioneros con eso de donde ponía el ojo ponía la bala, en más de una ocasión nos hizo comer bajo un enorme despliegue de soldados fuertemente armados y apuntando directamente a las cabezas de las personas. En otra, interrumpía abruptamente la hora de comida para hacernos formar sin razón específica. En otra oportunidad nos agrupó para reprendernos humillantemente y acusarnos falsamente de rayar las murallas con consignas políticas. Por otra parte, pilotos de la Fuerza Aérea, en aviones de combate, hacían vuelos rasantes sobre el campo de concentración cotidianamente, provocando inquietud y temor en la población reclusa.

 “..en Chacabuco fui obligado a recoger los excrementos con las manos […]. Además fui golpeado en las plantas de los pies descalzos con un palo solamente porque mi segundo nombre es Augusto” (Comisión Valech)

[…] de pie todo el día a pleno sol (40°C) y de noche los hacían correr para sentir el frío del desierto” (Comisión Valech)

Criminales y Cómplices

Capitán Alejandro Ananías (Ejercito); Capitán Carlos Minoletti Arriagada (Ejército); Capitán Victor Santander Veliz (Ejercito); Capellán Varela; Capellán Jorquera; Capellan Zenteno;

Capitán Zabala; Teniente Canals

 

Fuentes de Información: Informe Rettigg; Informe Valech; Coordinadora de Ex-presos Políticos de Santiago: “Nosotros los Sobrevivientes acusamos”; Libro: “La Represión Política en Chile: Los Hechos”; Diarios: “Punto Final”; “Fortín Mapocho”; “La Nación”; “El Siglo”; Chipnews.com; Libros:Chacabuco y Otros Centros de Detención“, “La Represión Política en Chile”; Archivo memoriaviva.com.

La Nacion

9 de Noviembre 2003

Monumento nacional: ¿Cómo era Chacabuco?

El sector alambrado, que fue donde vivimos y penamos, tenía más o menos seis cuadras de largo y tres de ancho. Había pabellones para obreros y para los empleados. Todas eran casas pareadas, de adobes y techos de calamina. Durante el día, cada casa era un horno y de noche, una nevera. Cuando llegamos ninguna casa tenía puertas ni ventanas. Les habían clavado arpilleras, que el viento las sacudía a su antojo. Se improvisaron dos grandes letrinas, con duchas y lavatorios. Los servicios higiénicos eran dos o tres grandes acequias con tablones encima para solo poner los pies.
Jorge Montealegre es poeta, escritor y sobre todo, un hombre hecho y derecho, yo diría intachable. Estuvo preso junto conmigo en Chacabuco, cuando la dictadura de Pinochet empezó a cargar su mano cruel y no paró más. Jorge tenía entonces 19 años.
Escribió poemas en su carácter de preso político y después, cuando recuperó la libertad y salió al exilio, siguió escribiendo como condenado. Recién publicó el libro “Frazadas del Estadio Nacional”.
Voy a reproducir algunas líneas donde describe lo ocurrido el 9 de noviembre de 1973, hoy hace 30 años, cuando se avisó a los presos del estadio que serian trasladados a la salitrera de Chacabuco:
“Nos metieron en buses, nos amenazaron por enésima vez y designaron a tres soldados, con fusiles ametralladoras para custodiarnos en el vehículo. También estaban los jardineros del estadio que miraban estupefactos, impotentes, con los ojos brillantes. Salimos en caravana hacia Valparaíso. Al cruzar la ciudad vimos cientos de pañuelos que apenas asomaban por las ventanas. Los carabineros cortaban los caminos. Muchos jeeps y camiones militares eran parte del convoy. Ya en la carretera, aparecieron los helicópteros.
Nos llevamos el Estadio en el recuerdo. Íbamos a Chacabuco. No es fácil deshacerse del Estadio. Sigue aquí adentro”.

HAZAÑAS DE FILISTOQUE:
Mario Benavente, profesor, filósofo, master en ciencias políticas, dictó clases durante 40 años en la Universidad de Concepción, también cayó preso. De notable educador, la dictadura lo convirtió en peligroso extremista.

Estuvo detenido en Investigaciones, en la cárcel pública y el estadio Regional en Concepción. Después pasó a Chacabuco, campo Melinka de Puchuncaví y campo de Tres Alamos. Más de 20 meses sin libertad y luego exiliado a Suecia.
Escribió un libro notable: “Contar para saber”. De Chacabuco, describe este simpático episodio en la página 53: ” Todas las actividades programadas por los detenidos, llevaban el sello de la rebeldía. El poema, el canto, el show semanal, la escuela, el deporte, el circo, eran algunas de sus manifestaciones. Filistoque fue un ser peculiar. Rubicundo, grandullón y fornido. Su sonrisa permanente lo acompañaba a todos los rincones. Cuando reía, mostraba sus cuatro poderosos dientes, dos arriba y dos abajo.

Todos los demás fueron volados a culatazos por los torturadores. Era generoso y siempre dispuesto a ayudar. Se ganó el aprecio de todos. Sabía de sus limitaciones. Hombre de pueblo, de población, le gustaba conversar con los más cultos. Nadie conocía su nombre real. Le hacia gracia que así fuera, le daba otra personalidad, se sentía importante.

Fue duramente torturado, porque había integrado el grupo de seguridad del PS y Altamirano. Por eso afirmaba que vivía de yapa. No sabemos cómo ni cuándo, fue nombrado jefe para formar con los presos una banda de guerra. Lo hizo tras largas sesiones y cumplió. Salió a desfilar un día con su banda fuera del campamento dejando la sensación de que era fuga. Un camión con soldados armados hasta los dientes, los fue a buscar a todos.
La banda fue disuelta y los castigaron en forma ignominiosa. Filistoque estuvo en tela de juicio hasta el final, salió de Chacabuco, fue trasladado a otros lugares de prisión y finalmente expulsado del país. Se radicó en Inglaterra”.
En 1984, cuando la dictadura estaba en su apogeo, nadie se atrevía a levantar la voz. Por eso resultó casi desafiante que la revista Hoy, dirigida por Emilio Filippi, se atreviera publicar un libro que abriera de par en par las puertas del oprobioso campo de prisioneros de Chacabuco.
En esa aventura, lo acompañé sin titubeos, arriesgando la libertad y ¿por qué no?, hasta la vida. Se editó el libro “Un viaje por el infierno” que relató descarnadamente como vivieron casi diez mil presos que pasaron por la salitrera.

¿Cómo era Chacabuco?

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El sector alambrado, que fue donde vivimos y penamos, tenía más o menos seis cuadras de largo y tres de ancho. Había pabellones para obreros y para los empleados. Todas eran casas pareadas, de adobes y techos de calamina.
Durante el día, cada casa era un horno y de noche, una nevera. Cuando llegamos ninguna casa tenía puertas ni ventanas. Les habían clavado arpilleras, que el viento las sacudía a su antojo. Se improvisaron hasta el final, dos grandes letrinas, con duchas y lavatorios. Los servicios higiénicos eran dos o tres grandes acequias con tablones encima para solo poner los pies.

Allí vivieron los presos chacabucanos, pero todo se hizo más llevadero porque el Consejo de Ancianos, nombrado por los propios detenidos, creó servicios médicos, asistencia judicial y social, bibliotecas, pulpería, salas para los conjuntos artísticos y un diario mural. Fuimos gente de buena ley”.
¿A qué vienen estos recuerdos que asaltan y enternecen? El viernes pasado, a las 19 horas, en el salón de honor del viejo Congreso Nacional, llegaron de todos los rincones de Chile los presos que pasaron por Chacabuco. Pronunciaron discursos, lloraron a mares, repartieron abrazos y pidieron que la vieja salitrera, el fatídico campo de concentración, sea por angas o por mangas, un Monumento Nacional.
Creo que se lo merece…

El Siglo
Ex Presos Políticos de Concepción: “Derrotados … No vencidos”

El Auditorio de la Universidad de Concepción repleto por un público conmovido, fue el escenario en que Mario Benavente Paulsen y su esposa Nimia Jaque Peña presentaron la semana pasada sus relatos testimoniales “Contar para saber” y “El árbol que florecía hijos”, de uno y otra, respectivamente, en sendas ediciones costeadas por ellos mimos como ejemplar contribución a la “memoria histórica” de la brutal represión fascista en Chile y la dignidad y fortaleza con que la afrontaron sus “prisioneros políticos”, entre ellos los narradores.
Son decenas de breves testimonios de sus propias vivencias y de las de otras y otros ex presos políticos de los “campos” de reclusión y torturas de Chacabuco, Puchuncaví, Los Alamos precedidos del paso inicial por cuarteles Isla Quiriquina y Estadio Regional de Concepción. Incluso, la narración de la niña, hija de una madre presa; la visión de Nimia desde el patio de la cárcel penquista de su hijo encaramado en un árbol del parque vecino para verla por sobre los muros. Ocho de las ex prisioneras “reportadas” por ella se hicieron presente en el acto.
El abogado de Derechos Humanos Nelson Caucoto, ex alumno de la U. de Concepción, inició el acto con una esperanzada exposición de avances en cuanto al aumento de los procesamiento de coautores, cómplices y encubridores de crímenes contra la humanidad en Chile.
En el acto, auspiciado por el Colegio de Profesores de Concepción, presentó a los autores la dirigenta nacional Olimpia Riveros, que compartió con ellos desde antes de los sucesos del 73 en la actividad y lucha gremial y política de izquierda. La acompañaron en la misión Patricia García y Alberto Carrasco, maestros colegiados.
Benavente y Nimia cerraron el acto. El señaló que los ex presos políticos “fuimos derrotados… pero no vencidos”, reafirmando sus decisiones pese a la exoneración de sus cátedras, los maltratos y torturas y el largo exilio. Destacó los cursos de variados estudios y certámenes literarios en el campo Chacabuco como expresión de la dignidad con que se afrontó la represión en ellos.

CHACABUCO, MEMORIA DEL SILENCIO

Por Dr. Luis Cifuentes S.

La película “Chacabuco, memoria del silencio”, de Gastón Ancelovici, refleja una realidad distinta, y en consecuencia adopta un enfoque diferente, al film “Estadio Nacional” al punto que es difícil y acaso injusto intentar compararlas. Mientras el Estadio Nacional, junto al Estadio Chile, Villa Grimaldi, Tejas Verdes y varios otros lugares fueron centros de tortura y exterminio, Chacabuco fue, en sentido estricto, un campo de concentración. Fuimos enviados allí prisioneros políticos que ya habíamos sido interrogados en espera de que el aparato administrativo dictatorial decidiera qué hacer con cada uno de nosotros. La tortura y el asesinato, entonces, no fueron fenómenos de ocurrencia diaria ni frecuente en la antigua oficina salitrera. Este hecho, sin excluir la tragedia (hubo un suicidio en el tiempo que yo permanecí en el campo, al que me refiero más abajo), por si solo generó un distinto tipo de convivencia y de comunicación, con un fuerte contenido comunitario.

La película refleja esta situación: no se trata de testimonios en forma de monólogos, como en “Estadio Nacional”, sino de conversaciones colectivas, filmadas tanto en Santiago como en el campo mismo. El poeta Jorge Montealegre, quien, siendo un adolescente escribiera su primer poema en Chacabuco, hace de ancla del documental y habría sido muy difícil, sino imposible, encontrar una persona con mejores aptitudes para la tarea. Su poema “Así es el choquero”, recitado por el autor en su vivienda chacabucana, despertará viejas y nuevas emociones.

El film comienza con impresionantes vistas aéreas del desierto y de Chacabuco. La belleza de los cerros, cielos y crepúsculos constituyó el trasfondo majestuoso de todo lo sucedido. Las conversaciones entre Montealegre, el poeta Rafael Salas y Angel Parra abren los fuegos, en un primer reconocimiento del campo. Allí estaba la pulpería… ¿o era acá ? Allá la bella iglesia de madera, destruida por el fuego en 1982; acá el templo evangélico; más allá, el “barrio cívico”, donde los abogados, médicos y artistas presos tenían sus locales de atención y creación. Yendo más al hueso, aquí fue donde nos recibieron con insultos, golpes y amenazas cuando “inauguramos” el campo, donde nos dijeron que “NO requisarían las hojas de afeitar, por si queríamos suicidarnos”.

La película esta cargada de emotividad e ilustrada por trozos de una filmación realizada por un equipo de la RDA que llegó a Chacabuco engañando a los militares con el recurso de hacerse pasar por holandeses. De fondo, aparte de la música compuesta para el film por Angel Parra hijo, hay extractos del concierto de despedida de Angel Parra padre, grabado en cassette por Alberto Corvalán Castillo, hijo del entonces secretario general del Partido Comunista. Alberto murió en el exilio antes de cumplir los 30, producto de las torturas sufridas en el velódromo del estadio nacional. Es su voz la que se escucha narrando aquella grabación, que apareció en forma de disco en Italia en los 70. En una escena llena de ternura, Angel canta la canción que compuso en el campo a su pequeña hija Javiera, ahora en presencia de la adulta homenajeada.

Las muchas anécdotas de Chacabuco están bien representadas. En especial, la protagonizada por el popular Filistoque, un preso que, dada su experiencia, fue encargado por el comandante para entrenar a la banda de los militares. Filistoque aprovechó la ocasión de uno de sus tantos ensayos para dirigirse a la puerta del campo a la cabeza de sus hombres, dio orden de abrirla y luego salió marchando por la carretera en dirección a Calama seguido de los disciplinados militares. Por cierto, no llegó lejos, pero esta debe ser la anécdota más sabrosa en la historia de los campos de concentración, no sólo de Chile.

Me impactó ver el teatro restaurado, aunque eché de menos los maltrechos pero elegantes asientos de fierro y tapiz y las imponentes aunque añosas cortinas del escenario, que colgaban ahí desde los años 20. El teatro era el lugar donde en ocasiones se nos autorizó a recibir visitas.

Una serie de otros ex-prisioneros agregan sus recuerdos. De especial valor son los de Mariano Requena, primer presidente del Consejo de Ancianos, que cuenta de las difíciles, y a veces hilarantes, relaciones con los militares. Otros mencionan los cursos de nivel primario, secundario y universitario impartidos entonces por los mismos prisioneros en la “universidad del desierto”. Yo dicté uno de Termodinámica Química, aprovechando como texto el libro de Fisicoquímica de Castellan, que en forma casi milagrosa alguien había llevado al campo. También contribuyen al testimonio colectivo un ex-oficial destacado en Chacabuco y un ex-capellán.

La película me dejó un buen sabor, de fraternidad y esperanza. A la salida, entre las pocas personas presentes en la sala, me encontré con un viejo amigo, ex-chacabucano. Nos fuimos a tomar una cerveza, tratando de hacer durar la fraternidad recién revivida.

¿Qué podría yo agregar a este sólido testimonio fílmico ? Tan sólo una anécdota: cuando llegó al campo el primer grupo de presos provenientes del estadio (luego llegarían de todo Chile) nos formaron en la calle principal y el capitán a cargo salió del perímetro enrejado hacia su oficina. A los pocos segundos se escuchó, de lo alto de una torre de vigilancia, el grito: “¡Alberto Corvalán Castillo !”. El interpelado, que estaba en el grupo, en un acto de valor inolvidable, corrió hacia la torre sin saber si lo ametrallarían. Al llegar al pie, le dejaron caer un saco con pan, reunido por los conscriptos para los presos. “¡De la base de la Jota!”, le gritaron.

Lo asombroso de esta historia, de la que fui testigo presencial, no consiste tanto en que hubiera una organización de izquierda entre los militares que nos custodiaban como en el hecho – que hasta hoy me cuesta explicarme – de que ellos actuaran a vista y paciencia del resto de los conscriptos sin ser denunciados; esto, sin que me quepa ni la más remota sombra de una duda, les habría valido la muerte por despedazamiento. Los panes fueron rápidamente distribuidos (ignoro si también fueron multiplicados) y el saco lanzado dentro de una casa; los oficiales nunca se enteraron. Esta anécdota refleja un aspecto de la realidad de aquellos días que es bueno no desechar.

Expreso mi gratitud a Gaston Angelovici y a todos los que contribuyeron a hacer realidad esta película. Junto a los films de Guzmán y Parot, ella contribuye a rescatar memoria en un país amnésico que mira para otro lado.

Vayan mis recuerdos hacia mi amigo Marcelo Concha, hacia el profesor Francisco Aedo y otros, que luego de salir de Chacabuco fueron nuevamente aprisionados y hasta la fecha están desaparecidos. Rindo homenaje al obrero Oscar Vega, que había vivido y trabajado en Chacabuco en su juventud. Anciano, solo y destruido, por haber sido asesinada toda su familia, buscó su vieja casa y se colgó de una viga. Los que no nos colgamos tenemos, en consecuencia, ciertos deberes de humanidad de los que, tarde o temprano, tendremos que rendir cuentas.

Piensa Chile

29 noviembre, 2013

Mensaje de lucha desenterrado 39 años después en Chacabuco

En el encuentro de los ex prisioneros del Campo de Concentración de Chacabuco, la antigua oficina salitrera en la pampa de Antofagasta -el 23 y 24 de noviembre de 2013- un grupo de antiguos reclusos se dio a la tarea de encontrar una botella enterrada, con un mensaje escrito en octubre de 1974, cuando se cerró el campo.

Carta en botella 1974Tras un debate acerca de la locación exacta, y con gran emoción, excavaron en el pequeño patio de la vivienda y encontraron una botella intacta. En la parte exterior, uno de los presos -un químico- escribió “VENENO”, y una fórmula terrorífica, para espantar intrusos.

La carta aun legible en el papel amarillento, está firmada por cuatro partidos de izquierda, y es un testimonio de moral revolucionaria y compromiso de lucha que la asamblea de los ex prisioneros adoptó el mismo día como “Declaración de Chacabuco” en el teatro de la antigua oficina salitrera.

El mensaje conserva plena vigencia. A continuación el texto completo y el registro audiovisual de su lectura a viva voz, por uno de sus redactores, minutos después de la excavación, realizado por el equipo de HispanTV-Chile:

    ………………A la caída del Gobierno Popular encabezado por Salvador Allende, se instaura en Chile una feroz dictadura que estremeció al mundo por su crueldad y terror. Miles fueron los muertos a lo largo del país; otros tantos los desaparecidos.

Asimismo llenaron las cárceles y los campos de concentración más de diez mil presos políticos. Sólo por este campo pasaron 1.284 escogidos dirigentes de izquierda, incluyendo jóvenes menores de edad y ancianos en extremo. Vivieron y sufrieron aquí hombres de diferentes regiones del país. De Copiapó, Antofagasta, Valparaíso, Santiago, Colchagua, O’Higgins, Linares, Chillán, Biobío, Concepción, Arauco, Osorno llegaron a este desolado lugar, símbolo de la explotación de los obreros del salitre. Obreros, campesinos, empleados, intelectuales, profesionales y estudiantes que se distinguieron por su alta moral, y solidez en sus principios.

La soledad de la pampa cobró vida con la activa creatividad de los artesanos y artistas que nacían al amparo de la soledad de los días de cautiverio. Memorables fueron los shows que alegraron domingo a domingo los días de cautiverio. Nadie olvidará la chingana, la fogata, las obras teatrales, el circo, la fecunda actividad de los talleres artesanales, sus variadas exposiciones de cobre, madera, telar, onyx, como tampoco nadie olvidará las torres, con sus uniformados y fusiles apuntando a la alambrada, las odiosas formaciones a pleno sol o al frío de la noche, los allanamientos, el pillaje, la canción nacional y su agregado irónico, nuestros nobles… Como tampoco nadie podrá olvidar el escuálido rancho, las migajas de pan, la rosca y sus derivados, las úlceras y neurosis.

Pero todo se superaba con dignidad y moral. Se organizaron por casa, pabellón y campo, en todo unidos. El Consejo de Ancianos, que era la máxima organización, creó servicios públicos para los detenidos, tales como el bienestar, el policlínico, la escuela, la biblioteca, la asociación deportiva, departamento de aseo, administración, cooperativa artesanal, etcétera.

Son acontecimientos memorables para cada uno: en homenaje a la memoria de los compañeros mártires, el digno minuto de silencio el día 11 de septiembre de 1974; la lealtad y nobleza de los compañeros que viajaron miles de kilómetros; el fusilamiento de los perros llegados al campo; las misteriosas explosiones de las minas que rodeaban el campo; los días sin agua.

Aunque permanecieron sólo en este lugar más de un año, nadie se consideró más o menos libre que el resto de sus hermanos de la calle, pues era la patria una inmensa cárcel. El compromiso con la libertad tampoco fue un anhelo individual, sino un compromiso de combate junto al pueblo.

Hasta ellos llega el aliento constante, creciente, de la solidaridad de los trabajadores del mundo y sus vanguardias políticas, y de los países y pueblos democráticos y organizaciones internacionales, por medio de la voz amiga y hermana de Radio Moscú, Habana, Progreso, Berlín, etc.

Hoy, al ser …….(ilegible)…… y otros campos de concentración, se marchan con la convicción inevitable del triunfo de la revolución socialista para días no lejanos. Compañeros, en sus mentes está presente la necesidad de la victoria inevitable. Necesitamos sólo una victoria: la final.

Partido Comunista de Chile
Partido Socialista de Chile
Movimiento de Izquierda Revolucionaria
Movimiento de Acción Popular Unitaria

Chacabuco, Octubre de 1974

 

Palabras de Guillermo Torres Gaona
Presidente Nacional del Colegio de Periodistas de Chile

Santiago, 7 de noviembre de 2003 Sala de la ex Cámara de Diputados

Estimadas amigas, amigos, compañeros:

Impregnados de la solemnidad de este recinto que representó, por tantos años, la tradición republicana de nuestra nación y que fue escenario de tantas decisiones trascendentes para el pueblo chileno, nos reunimos esta noche con el impacto vigente de todo aquello que nos involucró, exactamente, hace 30 años. Lo hacemos con una mixtura de emociones, entre el dolor y la esperanza, entre el recuerdo del pasado y la mirada hacia el porvenir, y entre los sueños interrumpidos y las certezas de nuestras convicciones. Nos acompañan nuestras familias, esposas, hijos, nietos; en fin, muchas y muchos seres queridos que compartieron con nosotros las consecuencias del cautiverio de entonces, o que se han integrado años después en el transcurrir inevitable del tiempo como nuevas familias.

Pero todo, hoy, inmerso en una común gratitud:

Nuestro agradecimiento a quienes hicieron de la solidaridad internacional un gigantesco movimiento que comprometió a millones de personas en los cinco continentes y que permitió salvar tantas vidas y, a la vez, aislar de la comunidad de naciones al régimen terrorista encabezado por Augusto Pinochet. Movimiento que incluyó a estados, naciones y a organizaciones de todo tipo, a gobiernos de países amigos que dispusieron para la comunidad de chilenos exiliados, hasta de radioemisoras, como fueron los casos de la URSS, Alemania Democrática, Cuba, Checoslovaquia, Hungría, Argelia, y tantas otras para informar de la situación y estimular el apoyo a la causa democrática de los chilenos. Gobiernos que, como los de Suecia, tuvieron embajadores de la más noble lealtad y fiereza para defender a loa asilados, y que rompieron relaciones con la dictadura. A todos ellos, eterna gratitud.

Esta noche, nos rodea el ejemplo de coherencia de nuestro presidente mártir, el compañero Salvador Allende, y en su legado buscamos el recto camino hacia una sociedad más justa, más democrática, más pluralista; en definitiva, más humana y al servicio de las causas justas y libertarias que ennoblecen a la persona.

Siempre con la esperanza de construir un país en que prevalezca la justicia, esa primera virtud de todo sistema social; solidario, en que se instale la verdad, que satisfaga las aspiraciones legítimas y tan postergadas del pueblo, en que haya respeto irrestricto a los derechos humanos para impedir cualquier aventura antidemocrática en contra de nuestras naciones. Y que las víctimas del régimen militar alcancemos una justa reparación

Hace 30 años justos, desde diversos lugares del país, los militares que asaltaron a sangre y fuego el sistema democrático preparaban las caravanas de la muerte y, a la vez, finiquitaban sus operativos para trasladar a numerosos prisioneros políticos, que permanecían como rehenes en estadios y diversos centros de reclusión, a campos de concentración que instalaron en apartadas regiones del país. Desde la gélida isla Dawnson en la zona más austral del planeta hasta el desierto de Atacama.

Lo que nos habría parecido como una pavorosa imagen sobre el nazismo alemán, y que formó parte de un pasado acercado por el cine, la literatura y el análisis político, se convertía en una violenta y cruel realidad para tantos miles de chilenos. Así, nos hicieron trasladar para continuar como prisioneros de una guerra inexistente, sólo justificatoria del asalto al poder, en el campo de concentración situado en el desierto más árido del mundo, con temperatura sobre 30 grados en el día y de cinco grados bajo cero en la noche.

La oficina salitrera de Chacabuco, declarada monumento nacional durante el Gobierno del Presidente Allende para resguardar la historia épica de los obreros de las salitreras a comienzos del siglo 20, se convertía en un lugar elegido, montado y equipado para negar la vida y todas las libertades humanas.

Por Chacabuco, en su año de existencia, pasamos más de tres mil prisioneros, procedentes de distintas zonas del país. El primer grupo lo constituímos, básicamente, 736 prisioneros que procedíamos del Estadio Nacional, y posteriormente fueron llegando compañeros de Valparaíso, Concepción, Linares, Colchagua, Copiapó, y de diferentes provincias y ciudades de la zona norte, hasta Arica. Todos sobrevivientes de experiencias muy duras por la represión.

A treinta años de hechos imborrables en nuestras vidas y de tantas consecuencias personales, pero que deben pertenecer a la memoria colectiva de nuestro país, a la memoria histórica de la nación, nos hemos esforzado por convertir estas historias personales en testimonios que trascienden, que revelan verdades que todavía permanecen ocultas y que corren el riesgo de quedar sepultadas.

Así, hay decenas de obras de compañeros chacabucanos que ilustran y detallan la tragedia, pero que también dan cuenta testimonial de ese enorme amor a la vida de todos, el sentido de supervivencia y de ganarle a la muerte, como prisioneros políticos que no pierden el sentido más profundo de nuestras existencias.

Mario Benavente, Rolando Carrasco Moya, Santiago Cavieres, Luis Alberto Corvalán, Adolfo Cozzi, Virgilio Figueroa, Alberto Gamboa, Sadi Joui, Jorge Montealegre, Alejandro Wittker, entre otros, han narrado los avatares como prisioneros de la dictadura, han publicado antologías poéticas y han dejado testimonios imborrables de sus historias personales y también colectivas como Chacabucanos.

Todos ellos, y muchos otros más, han contribuid al fortalecimiento de una cultura reconocida de la verdad histórica.

Porque, básicamente, se trata no sólo de no olvidar, porque el olvido es la cesación de la memoria que se tenía, el descuido de lo que se debía tener presente.

De lo que se trata es, primariamente, como testigos y víctimas, de revelar, informar, narrar, escribir, aportar a la sociedad chilena que sepa que hubo campos de concentración, que hubo miles de detenidos a lo largo de todo el territorio nacional. Que el golpe de estado puso en práctica una política de aniquilamiento de todo un pueblo, que se operó con la lógica –actualizada a la época– de la política nazi de exterminio y de la devastadora doctrina de la Seguridad Nacional propugnada por los Estados Unidos.

Fue una política de Estado, con todo lo que ello implica, para echar abajo al Gobierno del Presidente Allende, destruir la institucionalidad democrática, para eliminar a todos quienes profesaban o eran partidarios de la Unidad Popular y para instaurar una dictadura con la violencia de las armas.

Por eso que hoy, a 30 años del golpe militar y del día exacto en que fue abierto el campo de Chacabuco, es justo hablar de sobrevivientes. Y no por un afán de martirizarnos, de flagelarnos con la memoria, de ser autorreferentes o de agudizar la condición de víctimas.

Sí, es cierto. Los que pasamos por los campos de concentración y estamos vivos, somos sobrevivientes.

Lo que primero nos hermanó en los centros de torturas y campos de prisioneros fue el sobrevivir en las durísimas condiciones a que fuimos sometidos. Ganarle a quienes, con la tortura, el maltrato y las humillaciones querían aniquilarnos; a ellos, ganarles con la vida. Seguir viviendo.

En Chacabuco, organizados con nuestras propias capacidades y competencias para soportar el cautiverio, formando el Consejo de Ancianos y su estructura grupal por pabellones, debimos soportar las privaciones; buscar y ser dignos en nuestra condición de prisioneros políticos aislados en el desierto más árido del mundo, sometidos a un régimen en que se buscaba el abatimiento psicológico y la destrucción ideológica. Y mantener en alto la honra y el orgullo, esos dos valores de la verdadera patria que nos habla el Premio Nobel de Literatura, José Saramago. Honra y orgullo que se manifestaron en la vida que se logró desarrollar en Chacabuco

Básicamente, nos esforzamos por entregar a los demás, lo que sabíamos hacer. Así como los médicos se organizaron en la policlínica y constituyeron un valiosísimo grupo humano y profesional que resguardó nuestra salud, también los 18 periodistas que estuvimos allí partimos con un noticiero oral, que se leía a la hora del rancho en los comedores, con noticias de lo que ocurría en el campo y con recomendaciones. Cuando ya estaba afianzada la organización del Consejo de Ancianos, comenzamos con la edición semanal de Chacabuco-73, diario mural con noticias, crónicas y entrevistas. Todo, obviamente, pasaba por la censura estricta de la oficialidad. Pero siempre logramos pasar “goles”, tanto que el editorial de la edición del 18 de septiembre fue el Cuándo de Chile, de Pablo Neruda, sin que los censores se percataran de qué estaban autorizando para su publicación.

Los profesores, hicieron una enorme contribución educativa y pedagógica con la escuela con más de 400 alumnos, y tantos otros profesionales, artistas, técnicos, trabajadores que entregaron sus conocimientos y experticias. Hubo alumnos que aprendieron a leer hasta quienes desarrollaron sus capacidades para hablar otros idiomas.

Los shows dominicales, aunque censurados previamente, nos daban un hálito más de vida, empujando la necesaria creatividad para convertirlos en verdaderas comedias musicales y la animación de conductores que nos transmitían ánimo y exacerbaban nuestras esperanzas. Y la astucia para no vernos privados de poner allí, también, contenidos ligados con nuestra identidad valórica. Los concursos literarios y musicales pusieron a prueba el torrente de creatividad que es posible redescubrir en tan difíciles condiciones. El choquero es así, de Jorge Montealegre, Nuestro canto, Sin tu luz, ambas de Rafael Eugenio Salas, las canciones de los cuatro elefantes y otras han permanecido en el tiempo y han atravesado tantas fronteras.

Los tallados y la artesanía desplegada en cuero, ónix y otras pequeñas producciones permiten transmitir a las generaciones presentes y futuras los mensajes de nuestros sueños.

Es la cultura que se aloja en el alma de una nación y que también provino de un campo de concentración.

El conjunto Chacabuco, con Ángel Parra, la peña folclórica La Chingana, el grupo de teatro, cantantes y solistas en instrumentos musicales, expresaron notablemente nuestra vital ansia por recuperar la libertad.

Las competencias de fútbol y las olimpíadas, con diferentes pruebas atléticas, incluyendo torneos de vóleibol y tenis, también fueron expresiones de una vitalidad arrancada desde la esperanza

La organización del correo, cuyas piezas postales también eran censuradas por la oficialidad del campo, nos permitían una brizna de comunicación y de inmenso amor con nuestros familiares.

La recolección y préstamo de libros era parte de nuestras necesidades y su satisfacción, así como también la discusión y el debate político sobre la historia vivida y la proyección de un futuro tan difuso, que podía ser tan lejano como tan cercano. Incierto, para ser más precisos.

No nos derrumbaron. Aunque siempre lo quisieron y cuántas veces destruyeron todo lo que habíamos logrado con tenacidad y astucia. Pero se encontraron con una barrera cuyo sostén fue el apego a la vida y a los valores implícitos en nuestra condición de prisioneros políticos.

Somos individuos que teníamos enormes sueños, proyectos de vida, de futuro con nuestras familias, de un país más justo, solidario, con el pueblo como protagonista de su propio porvenir y nuestras vidas se vieron tan radicalmente cambiadas. Como sobrevivientes, nos compromete también la memoria de nuestros compañeros que ya no están. Y cuántos ya no están con nosotros.

Cuantas vivencias compartidas con el profesor Francisco Aedo, con el ingeniero agrónomo Marcelo Concha Bascuñán, detenidos desaparecidos tras ser liberados de Chacabuco; o quienes murieron al poco tiempo después producto de lo que padecieron en las torturas, como Luis Alberto Corvalán: o aquellos como el ex subsecretario de Educación Waldo Suárez, el jefe de la Oficina de Emergencia del Ministerio del Interior, Atilio Gaete, el periodista Virgilio Figueroa, el ex vicepresidente de la Corfo, Kurt Drekman, o tantos otros como el “tata” Luis Font, que murieron sin jamás recuperar los sitiales que tan merecidamente ocuparon con su idoneidad y capacidad profesional: o algunos como el “Negro” Eduardo Rojo que puso trágico fin a sus días al no superar los traumas de la prisión.

Cuántos debieron partir al exilio, a tierras solidarias; pero extrañas, al fin al cabo, a rehacer sus vidas; a recomponer aquello que los carceleros y sus mandantes destruyeron.

Cuántas familias se quebrantaron, cuántos se vieron obligados a la clandestinidad para poder darle continuidad a sus convicciones políticas, y fueron muertos -tras Chacabuco- al ser coherentes con su posición, como el caso de Raúl Valdés, ya a fines de 1988. Cuántos perdieron su trabajo tras ser liberados y sufrieron la persecución, la discriminación, o el olvido.

Los daños son enormes. Quizás no hay cuantificación posible. Sólo la labor interdisciplinaria de muchos profesionales comprometidos podrá acercarse cada vez más a un análisis al que muchos debemos contribuir. Pero que es necesario acometer en profundidad, como parte de la verdad histórica, de la justicia, de la reparación y de la sanación social que algún día Chile alcanzará.

Cuando el presidente Lagos planteó que la reparación para los presos políticos debía ser “simbólica y austera”, la doctora Paz Rojas comentó algo tan verídico y profundo como que “la tortura no fue ni simbólica ni austera”. La lucha por el conocimiento de la verdad, la difusión del verdadero Chile tras el golpe militar y la justicia y la reparación, nos compromete.

Hoy, aún con todo el avance que hemos observado en reportajes, crónicas, entrevistas y materiales inéditos con la conmemoración de los 30 años, queda mucho por alcanzar para ser éticamente justos con esos principios del periodista que debe estar siempre al servicio de la verdad, de los principios democráticos y de los derechos humanos.

La épica de los campos de concentración, y de tantas batallas en torno a los derechos humanos que no se conocen, tiene un amplio margen para ser abordado en creaciones que deberán dar a la luz y sumarse a todos los esfuerzos que ya se han hecho. La declaratoria del estadio nacional como monumento histórico, el bautizo del estadio Chile como estadio Víctor Jara, las placas instaladas en el mismo estadio nacional y en la puerta de ingreso en Chacabuco en homenaje a los prisioneros políticos, la denominación de sala Waldo Suárez a la sala principal de la subsecretaría de Educación, el documental de Chacabuco realizado por Gastón Ancelovici, constituyen también signos muy positivos de reencuentro con la historia y marcan también hechos destacables que permiten seguir instalando la necesidad de un reencuentro con la verdad histórica y con la difusión de la memoria histórica.

Amigos, amigos, compañeros todos:

Recordar es tener presente, y tener presente es mirar al futuro.

Muchos de nosotros entramos a una etapa de nuestras vidas en que es necesario apurar la entrega de aquello que debemos testimoniar. Entregar a las generaciones futuras, las experiencias de hechos que, para curar las heridas, deben ser conocidas y
convertidas en parte de la memoria histórica. Es por ello que esta noche de recuerdos, de dolor, pero de mucha esperanza, nos comprometemos a seguir trabajando para que Chacabuco persista como testimonio, reforzar las entidades que como la Agrupación de Ex Presos Políticos de Chacabuco y la Corporación Histórica y Cultural Memoria, puedan echar raíces en la sociedad civil y proyectarse para poner en el centro dos ideas esenciales y comunes:

Promover la memoria histórica para que nunca más en Chile tengamos que vivir experiencias tan horrendas con el paso por los centros de torturas y campos de concentración, y que haya justicia y reparación.

Esa debe ser parte de nuestra contribución al legado del recto camino que nos dejó el presidente Salvador Allende.

Crónica de un ex prisionero político

Regreso a Chacabuco

LECTURA DE FOTO: El arquitecto Francisco Aedo es el autor de esta escena de la vida en Chacabuco. El profesor Aedo al salir en libertad fue nuevamente detenido por la Dina. La última vez se le vio en Cuatro Alamos. Hasta hoy es un detenido desaparecido.

Luego de un descanso reponedor, tras el maratónico viaje a Chacabuco, intento ordenar mis pensamientos y aplacar mis emociones. Cuesta resumir todo lo que viví durante esos dos días -23 y 24 de noviembre de 2013- junto con decenas de ex prisioneros políticos que regresamos, pero esta vez de visita y acompañados de familiares, al antiguo campo de concentración en el desierto de Atacama. El propósito era conmemorar el 40º aniversario de la apertura de esta enorme ciudadela-prisión en que cerca de mil hombres escribieron un apasionante testimonio de valor y dignidad.
A comienzos del siglo pasado, Chacabuco fue una oficina salitrera. El 26 de julio de 1971 el gobierno del presidente Salvador Allende la declaró Monumento Nacional. Pero en noviembre de 1973 se convirtió en un campo de concentración para casi mil chilenos que, en los hechos, eran rehenes de la dictadura militar. Muchos fueron trasladados desde el Estadio Nacional a Valparaíso para embarcarlos en las bodegas del barco salitrero Andalién. Un viaje de incierto destino en el oscuro vientre de la nave. Fueron casi tres días hasta Antofagasta. Desde allí los llevaron en un tren de trocha angosta hasta Baquedano y en ese lugar, apuntados por fusiles, los hicieron abordar camiones militares que los llevaron a Chacabuco. En una cancha de fútbol y desnudos -bajo observación de ametralladoras pesadas-, fueron revisadas las pocas pertenencias que traían. Les notificaron que los conatos de fuga serían castigados con fusilamiento, lo mismo cualquier intento de suicidio. Esas y otras sanciones estaban pautadas en un reglamento de “prisioneros de guerra” de 1879, que un oficial leyó con voz de trueno. Terminada esta elocuente recepción, se permitió a los prisioneros que tomaran posesión de las casas acondicionadas para recibirlos. Sacos vacíos de café brasileño servían de puertas y ventanas. En los dormitorios los esperaban camarotes de madera de dos y tres pisos con colchoneta y una frazada. Así comenzó nuestra nueva vida.
Como muchos que estuvimos en calidad de “prisioneros de guerra” en este campo de concentración a unos 100 kms. de Antofagasta, no había regresado a Chacabuco en 40 años. Luego de aterrizar en el aeropuerto de Cerro Moreno, y gracias a la buena voluntad de Hernán Contreras, también chacabucano, nos internamos por el desierto rumbo al antiguo campamento.
Reingresé al campo tratando de reconstruir el camino efectuado hace años en un camión militar… con las manos en la nuca, la mirada baja y el corazón apretado por el incierto destino que nos esperaba. Ahora crucé la primera alambrada -ya inexistente-, esta vez en libertad y dueño de mis actos. Giré a la derecha, tratando de encontrar un punto de referencia importante: la plaza de los pimientos que el profesor Mario Céspedes regaba a diario con el esmero de un jardinero de vocación. Un duelo con el árido paisaje para mantener viva esa mancha de opaco verdor en el polvoriento lugar.
La plaza apareció ante mí con toda su humilde majestuosidad. Allí recibí las dos visitas de mi fiel compañera, Gilda, mientras estuve preso en Chacabuco. La plaza de los pimientos está frente al antiguo teatro de la oficina salitrera donde en alguna época -dicen- se interpretaban óperas con célebres cantantes europeos. Esta vez encontré la plaza llena de abrazos, risas y la emoción desbordante de los ex prisioneros, sus familias y amigos que llegaron a Chacabuco procedentes de todo Chile y del extranjero.
Seguí mi camino para reconstruir en la memoria los sitios que recorría hace cuatro décadas. Me habían dicho que el campo se encontraba tan destruido que sería muy difícil orientarse en los escombros. Pero luego de avanzar unos metros, dí con el emplazamiento de la reja que entonces cercaba el campo. Antes de traspasar, imaginariamente, el portón de ingreso con sus torres de vigilancia servidas por soldados con ametralladoras, ubiqué el lugar donde nos inyectaban la vacuna que nos mantuvo semiatontados durante una semana. Ahora sí, ya estaba en el interior de lo que fue el campo de concentración de Chacabuco, entonces rodeado por una reja electrificada y un campo minado que de vez en cuando hacía volar, hechos pedazos, a los perros vagabundos del desierto que se aventuraban por esos terrenos.
En Chacabuco, conducidos por el Consejo de Ancianos, nuestra máxima autoridad -elegida entre los jefes de pabellones que a su vez eran elegidos por los jefes de casas-, transformamos la prisión en una trinchera de resistencia y dignidad que se regía por nuestros propios códigos, basados en la solidaridad y hermandad de los seres humanos(1).
Ante los ojos de mi memoria apareció la primera pulpería con que contamos en el campo -a cargo de Dante Sirandoni- que nos abastecía de cigarrillos y papas que el compañero pesaba en una antigua romana huesera. Doblando hacia la calle principal estaba el llamado “barrio cívico”. Al frente la segunda pulpería creada con aportes de los prisioneros. Eso permitió que un camión nos trajera víveres desde el vecino pueblo de Baquedano. Nos abastecía de alimentos como azúcar, tallarines, café, té, chancho chino y -a veces- algunas frutas, así como barniz y pinceles para la artesanía en madera. Esa pulpería la atendían, por encargo del Consejo de Ancianos, Mario Agliatti Fernández, Domingo Chávez Navarro y Guillermo Orrego Valdebenito.
En la casa contigua vivían Hugo Salvatierra, encargado de la biblioteca, un dibujante técnico de apellido Muñoz que elaboraba los diplomas de reconocimiento que se entregaban a compañeros destacados en diversas labores, y otros compañeros.
Como Chacabuco era una verdadera ciudadela, contábamos con una gama de servicios creados por los prisioneros. Por ejemplo, una oficina de correos, cuyo encargado era el compañero Zañartu; un policlínico con numerosos médicos dirigido por el doctor Rolando Álvarez; una oficina de registro de los forzados habitantes de Chacabuco, a cargo del “Tata” Víctor Calvo, un coronel de ejército en retiro, tan prisionero como el resto; un departamento de bienestar social, a cargo de Atilio Gaete; la universidad popular con su rector, Patricio Corbalán Carrera; una suerte de peña folclórica, La Chingana, donde al calor de papas fritas, sopaipillas y té, canturreábamos para distendernos. Pero lo más significativo era el show dominical, para el cual trabajaban decenas de compañeros durante la semana: cantantes, actores, directores, iluminadores, tramoyistas, etc., que ensayaban durante la semana para presentar un espectáculo que alcanzó alto nivel de calidad. La actividad cultural fue intensa en Chacabuco. Concursos de poesía y cuentos, con decenas de participantes. Exposiciones de artesanía en madera, fierro, huesos, alambre, etc. Un diario mural atendido por un grupo de periodistas profesionales.
Mi propósito mayor en el recorrido por Chacabuco era llegar a la casa en que habité: la Nº 26 del Pabellón 5. Ninguna casa tenía agua potable ni alcantarillado. Nuestras necesidades las hacíamos colectivamente en unas letrinas abiertas, donde la fetidez competía con el mosquerío. Al principio las letrinas estaban separadas una de otra por una plancha de madera terciada. Pero con el auge que tomaron los trabajos artesanales, esas planchas desaparecieron para convertirse en diversas expresiones del arte cautivo. Los baños entonces quedaron abiertos, sin ninguna privacidad y desafiando todo pudor.
Las piezas de mi antigua casa en Chacabuco me parecieron ahora tan pequeñas, que me impactaron. Recordaba que además de los tres camarotes por pieza, el “Tata” Sánchez, nuestro jefe de casa, había construido un clóset. Pese a la estrechez fui capaz de recordar nítidamente la distribución de los camarotes de tres pisos y sus ocupantes.
El periodista Alejandro Kirk, de HipanTV, canal iraní en español, me acompañó en este recorrido que iniciamos en la escotilla 7 del Estadio Nacional y que culminó en Chacabuco.

En la antigua casa dejamos una ofrenda de rosas rojas a nombre de los sobrevivientes de la casa 26 del pabellón 5: Manuel Cabieses Donoso, Julio Vega Pais, Milton Lee Guerrero, Roberto Soto Pérez, José Urzúa Prieto, Domingo Chávez Navarro, el “Puntúo” Riquelme y quien escribe este relato. La ofrenda fue en honor de los compañeros que ya murieron, como el “Tata” Jorge Sánchez, obrero de la construcción; Luis Alberto Corvalán Castillo, el inolvidable Coné; Marcelo Concha Bascuñán, asesinado por la Dina. Y también en recuerdo de nuestros vecinos de entonces: el arquitecto Francisco Aedo, y Rabito, el técnico en radio, ambos asesinados después de salir en libertad de Chacabuco. También recordamos al compañero Oscar Vega, que no pudo soportar la prisión en el mismo lugar donde había trabajado como obrero del salitre, y se colgó de la viga en la que había sido su casa familiar.

En la cancha de fútbol, donde diariamente nos hacían formar para contarnos y nos hacían cantar la Canción Nacional, se realizó un homenaje a todos los compañero que ya partieron de esta tierra. Especial mención se hizo a Marcelo Concha, Francisco Aedo y Elías Martínez.
Un momento de particular emoción lo protagonizaron los compañeros Esnaldo Sanhueza, Iván Salazar y Eduardo Godoy, que en el patio de la casa Nº 7 del pabellón 23, desenterraron una botella que allí ocultaron en octubre de 1974 con un mensaje firmado por los partidos Comunista, Socialista, Mapu y MIR. Las palabras finales de ese mensaje, en hojas amarillentas, dice: “Compañeros, en sus mentes está presente la necesidad de la victoria inevitable. Necesitamos solo una victoria: la final”.
Yo encaminé de nuevo mis pasos hacia la casa 26 del Pabellón 5, esta vez a petición de María Victoria Corvalán y Mario Urzúa. Llevaban un ramo de flores para depositarlo en la casa en que habitó Luis Alberto Corvalán. Fue un momento muy emotivo cuando María Victoria depositó las rosas rojas en el lugar en que estuvo el camarote donde dormía su hermano, que más tarde murió en Bulgaria a consecuencia de las torturas con electricidad que le aplicaron en el Estadio Nacional. Después de ese momento de recogimiento y recuerdo nos dirigimos a la antigua puerta del campo, donde nos esperaban los buses que nos llevarían de regreso a Antofagasta. Respiramos hondo el aire de la libertad pensando en tantos compañeros admirables que conocimos en Chacabuco.

GUILLERMO ORREGO VALDEBENITO(2)

Notas:
(1) El primer presidente del Consejo de Ancianos de Chacabuco fue el médico Mariano Requena. También presidieron el Consejo de Ancianos el periodista Manuel Cabieses, los ex diputados Patricio Hurtado y Vicente Sota; Sergio Astudillo, Patricio Castro, Hernán Miranda, Héctor Benavides, Francisco Díaz, Vicente Poblete, Dagoberto Reyes y Héctor Mellado.
(2) El autor tenía 25 años cuando estuvo prisionero en el Campamento de Chacabuco. Militante de las Juventudes Comunistas, Orrego trabajaba como dibujante técnico en la compañía Standard Electric, filial de la ITT. Fue activo participante en los shows dominicales de Chacabuco. Su nombre artístico: Memo Bronson. Participó en la fundación de la Corporación Memoria Campo de Prisioneros Políticos de Chacabuco |1(chacabuco@gmail.com) y fue su primer presidente. El actual presidente es Gabriel Reyes Arriagada.

corporacion.memoria.chacabuco@gmail.com

 

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 796, 20 de diciembre, 2013)

1 Ver El propósito de la Corporación es contribuir a la construcción de la memoria de nuestro país a través de la recuperación de lo vivido por los presos políticos de Chacabuco y sus familiares, visibilizando y compartiendo nuestra historia. Por ello, intenta ser una organización solidaria, que una y acoja a los ex prisioneros de Chacabuco y que rescate y proyecte la experiencia vivida como un aporte a la reflexión del Chile del presente y del futuro.

 

Ángel Parra y el disco grabado en un campo de concentración

Así recuerda a Parra el poeta Jorge Montealegre, quien fue prisionero político junto al cantor en 1973 y, muchos años después, compartió con él un retorno al mismo lugar: un reencuentro con Ángel Parra hombre y niño al mismo tiempo.

Sábado 11 de marzo de 2017

Ángel Parra estuvo con las manos en la nuca después del golpe y se lo llevaron los milicos al Estadio Nacional. Así –Manos en la nuca– se llama la novela con claves autobiográficas en que cuenta esa experiencia. Su literatura fue recogiendo la memoria de prisión. Sin embargo, en el mismo cautiverio, especialmente en el campo de prisioneros Chacabuco, en el desierto de Atacama, se registraron vestigios del paso de Ángel Parra por la prisión política que reflejan una vivencia colectiva.

Estos rastros fueron plasmados en soportes materiales de un inmenso valor documental. El primer documento que recordamos es una entrevista para el diario mural “Chacabuco ‘73”. La nota, manuscrita, pegada con alfileres sobre una arpillera, se titulaba “Ángel en la pampa”. Leyéndola, el lector ajeno a la vivencia de entonces se enteraba de las misas cantadas y oratorios para el pueblo que Ángel ya había hecho antes “en la catedral, en la UC y en algunas parroquias”.  El periodista le pregunta por “Alma de Chacabuco”, su composición para guitarra creada en ese campo de prisioneros: “Nació de la observación, de la musicalidad cósmica de este desierto impresionante, sus noches estrelladas, sus infinitos horizontes, de la gigantesca presencia del sol, de sus tierras áridas y de los arpegios del viento, todo eso para mí es musicalidad. El variado color de los cerros distantes, tiene su tono musical. ‘Alma de Chacabuco’ es sencillamente un paisaje con música…”. El testimonio fue rescatado por Gerardo García y Sadi Joui, quienes transcribieron y publicaron después en un libro el material de ese precario y valioso diario.

En prisión Ángel organizó el conjunto Los de Chacabuco, junto a Ernesto Parra y Ricardo Yocelevzky, con quienes ya había trabajado en la Peña de los Parra, y otros compañeros entre quienes estaban Marcelo Concha, Víctor Canto, Manuel Castro, Luis Cifuentes, Luis Corvalán Márquez, Antonio González, Manuel Ipinza y Julio Vega. El grupo, con su repertorio de folclor latinoamericano y con la Misa criolla, del compositor argentino Ariel Ramírez, contribuyó a elevar la moral de los prisioneros y se ganó la gratitud y la admiración del, literalmente, público cautivo. Ángel, por su parte, compuso un Oratorio de Navidad y la obra La pasión según San Juan. Lo hizo Biblia en mano. Al capellán de Carabineros, contó Ángel, “le pedí una Biblia y le dije que le iba a mostrar, a través de la lectura del Evangelio, que lo que nosotros habíamos sufrido no estaba lejos de la vida, pasión, persecución y sufrimiento de Cristo”. La acogida que tuvo La pasión fue con el público aplaudiendo de pie. Además de la ovacionada interpretación, el mensaje entregaba una protesta evidente, permitida gracias al resquicio que ofrecía el hecho de que las palabras eran del Evangelio; en el pasaje de tortura y crucifixión de Cristo hay reiteradas menciones a los soldados y se escucha –a  modo de intertextualidad o cita musical– la melodía de “Alma de Chacabuco”.

Con méritos propios el hijo de Violeta Parra gozaba del cariño de sus compañeros y fue una alegría cuando se anunció que podría salir en libertad. Esto fue  en enero de 1974. Sus compañeros de grupo lo agasajaron con un recital de despedida. En la oportunidad por primera vez Ángel cantó solo para todos los prisioneros: “Canción de amor” y dos canciones dedicadas a sus hijos Angélico y Javiera. Por su parte los prisioneros le brindaron el aplauso más grande que –según él– había recibido en toda su trayectoria. Aplaudían al artista, pero también al compañero y amigo. Con una grabadora facilitada por un sacerdote, Luis Alberto Corvalán –acompañado de Domingo Chávez y Guillermo Orrego– registró el acto escondido bajo el escenario. Con la cinta, Ángel publica un disco en el exilio (Chacabuco, en 1974) preservando así el valioso documento sonoro. No fue fácil lograr la edición, pero se hizo y debe ser el único o uno de los pocos documentos sonoros grabados en una prisión, que den cuenta de la resistencia cultural en esas condiciones y también de una acción de testimonio y solidaridad en el exilio.

Recuperada la democracia, Ángel vuelve a Chacabuco; a un pueblo abandonado. En la plaza desierta, atrae la mirada un pimiento cuyas ramas, abiertas al sol, semejan un pobre cristo torturado. Tiene la cabeza inclinada, desfalleciente, como el que pintara su madre en el óleo “El gavilán”. Lo talló un prisionero político –Orlando Valdés, en 1974– cuando la antigua salitrera fue un campo de concentración. En segundo plano está la glorieta, el quiosco donde la banda del pueblo tocaba los domingos para la familia pampina. Es el año 2000. Ya no hay obreros del salitre ni presos políticos. Estamos grabando el documental “Chacabuco, memoria del silencio”, de Gastón Ancelovici. Ángel se aparta discretamente del grupo y de las cámaras. Desde lejos, lo sigo con la mirada. Sube al quiosco y camina en círculos pensando no sé qué cosa. De a poco, el viento trae lo que canta. Estamos en un pueblo fantasma, en medio del desierto. Y arriba quemando el sol. Cada vez más fuerte: Paso por un pueblo muerto / se me nubla el corazón / aunque donde habita gente / la muerte es mucho mayor. / Enterraron la justicia / enterraron la razón. / Y arriba quemando el sol. Repetía el último verso, a contraluz. ¿Una canción de la célebre Violeta Parra? No, pensé para mí, este hombre está cantando una canción de su mamá. O ella le está cantando a él. Era una escena muy íntima, al aire libre. Había que dejarlo solo. Al viejo y al niño. Pocas veces he visto, escuchando una canción y mirando a un amigo, cómo los distintos pliegues de las historias de una persona y de un lugar se entretejen con tanta densidad. Y con tanta emoción.

Hoy, sábado 11 de marzo de 2017, me cuentan que Ángel Parra falleció. Y llegaron los recuerdos, estos y otros. Y encontré algunos que ya había escrito, porque Ángel -además de su obra y amistad- nos dejó su memoria. No podremos olvidarlo.

*Jorge Montealegre Iturra es poeta y periodista, autor de libros como Bien común (1995) y, junto a Antonio Larrea, Rastros y rostros de un canto (1997). En 1973 fue detenido en el Estadio Nacional y el campo de concentración de Chacabuco, donde compartió la prisión política con Ángel Parra.

http://www.diarioantofagasta.cl/el-pais/14756/el-campo-de-prisioneros-politicos-mas-grande-de-chile-durante-la-dictadura-militar/Relacionado

Las fotos de Josefina. Memoria EN_REDADA

Las fotos de Josefina. Memoria EN_REDADA

Memoria EN_REDADA

Recibí en mi correo eléctrónico un mail de mi amiga Marta, con quien mantengo una amistad que ha enlazado nuestras memorias militantes y femeninas uniéndonos en una red de sororidad más allá del tiempo y el espacio.

Marta me envía una historia de otras mujeres, de mujeres militantes, y me escribe:

“Queridxs colegas, amigxs

avanzan el semestre y otras ocupacionesc  y con ello vuestra carga de trabajo, pero espero que pueden encontrar unos minutos para leelr estos conmovedores momentos de mujeres choras http://martazabaleta.blogspot.co.uk/2017/02/argentinalas-fotos-de-josefina-por.html
de Argentina.

Se puede aprender tanto de ellas.
Abrazos.

Abro el enlace que Marta,economista, académica y poeta exiliada argentina en el Reino Unido me ha compartido y me encuentro con esta imagen que abre mi memoria de mujer una vez joven y madre de una hija una vez viva…

Leo la nota en la fuente y me lanzo a buscar en la web a estas dos mujeres con la sensación de escarbar en una historia cuyas raíces se hunden en mi propia historia, en la de Marta y en la de tantas otras mujeres que militan y militaron en Latinoamérica trascendiendo su tiempo y su espacio.
y repito, como dice Marta, se puede aprender tanto de ellas.
RESISTENCIAS
Las fotos de Josefina

Voy a empezar por el final: de la mesa frente a la que estaba sentada tomó el collar de cuentas redondas, grandes, estriadas en rojo, y se lo sujetó al cuello. Después recogió las fotos que había mostrado, se paró y salió entre los aplausos de quienes la escuchamos del otro lado del vidrio. Cuando la abracé, sin saber quién contenía a quién, sentí las cuentas incrustándose en el pecho de las dos.

Ella se llama Josefina, el collar era de su mamá, lo rescató la mañana siguiente a su secuestro, cuando volvió a ese departamento con la puerta arrancada para cubrir la vergüenza de estar en bombacha con una remera roja, un jean y unas zapatillas. Tenía siete años, le faltaba un mes para cumplir los ocho, su hermano uno y medio y los dos habían dormido en la casa de una vecina a la que la patota le golpeó la puerta para dejarlos como un paquete.

“¡Qué voy a hacer con estos chicos!”, se había desesperado la mujer y ella guardó esa frase y ese tono por décadas, hasta que encontró a la vecina que ahora tiene nombre y es Susana, hasta que pudieron poner en común aquella noche larga del 6 de diciembre de 1977. “La encontré y la traje para acá”, dijo Josefina y una risa sosegada, tal vez de alivio, tal vez de complicidad, como un aflojarse del lazo que nos unía a quienes la escuchábamos, anduvo de boca en boca.

Josefina declaró el miércoles, en el juicio de lesa humanidad que tiene entre las víctimas a su madre, Vibel -Virginia- Casalaz. Josefina es una de esas amigas entre las que nos salvamos la vida, aunque el devenir de las cosas nos mantengan a distancia más tiempo del que desearíamos. A lo largo de los más de 20 años que llevamos de amistad, junto con Raquel y con Alba, ese núcleo duro de complicidad femenina, nos sacamos muchas fotos juntas, antes de que se llamaran “selfies”, las cuatro con las sonrisas incandescentes. Esta vez también hubo foto, en el subsuelo de los tribunales federales, en ese sitio sin ningún ángel en la calle Comodoro Py; habíamos llorado todas, Jose en el lugar de los testigos, el resto sosteniendo a la distancia esa entereza, todas esas palabras que supo enhebrar, buscadas y encontradas en noches de insomnio, en los días de la militancia en H.I.J.O.S., extraídas de diálogos con sobrevivientes, con sus amores; escritas también, ella que sabe hacerlo como pocas. Las sonrisas, a pesar del llanto, volvieron a capturar la luz en la imagen.

El collar que tanto le gustaba a su madre no fue lo único que rescató Josefina del departamento violentado. También se llevó una bolsita con fotos que les sirvió a los policías que la fueron a buscar al día siguiente para preguntarle por todas y cada una de las personas amadas que ahí aparecían. Ella estaba prevenida, iba a segundo grado en la misma escuela a pesar de los cambios de casa a que obligaba la persecución con un nombre falso, María José Roldán. No identificó a nadie. Las fotos siguieron su camino con ella, el primer viaje lo hicieron en la valijita con la que iba al colegio y que la acompañó en los dos días que pasó en la casa de una mujer policía, separada de su hermano al que se llevó un hombre de la misma fuerza. ¿A qué se debió esa separación por género? ¿Por qué no los dejaron juntos? Josefina no se acuerda casi nada de esos dos días, estaba enferma de hepatitis y sin duda la memoria da respiro, espacios de olvido necesarios para seguir adelante con la sucesión de los días. La noche del secuestro, por ejemplo, termina para ella con la imagen de su madre yéndose en el ascensor con esos tipos jóvenes y con armas largas que recuerda. “Mi mamá me tendría que haber dicho algo en ese momento, eso es lo que yo sentía, me tendría que haber dado una última instrucción”, dijo frente al tribunal y cerró: “Pero según me contó la vecina, cuando yo salí de ahí estaba en el piso, boca abajo, encañonada”.

No tenía instrucciones pero rescató los bienes preciados de su madre, el collar, las fotos que eran un resguardo de la vida cotidiana: playas, sonrisas, besos que no podían perderse en la huida aun a riesgo de convertirse en delación involuntaria. ¿Cuánto sabía la niña de todo lo que iba a perder como para que antes que sus juguetes guardara la bolsita de las fotos?

–Polo no es un nombre -le dijo el comisario de la 35 a la niña de 7 que había dado apodo, apellido y ocupación de su abuelo, “un fabricante de soda de Tres Arroyos”.

–Usted búsquelo que lo va a encontrar -contestó ella y así fue, constatando una vez más la enorme maquinaria del plan sistemático para la desaparición de personas no sólo represiva, también burocrática. Una burocracia dócil que ahora pretende aplicarse al conteo de los cuerpos que nos faltan. Nombrar es una cuestión de poder, decir 30 mil  y que haya acuerdo es el poder que hemos ido acumulando a lo largo de cuatro décadas y es lo que está en disputa.

Mientras escucho a mi amiga, pegada al vidrio que nos separa con la ilusión de encontrar sus ojos como si hiciera falta para sostenerla cada vez que amenaza con quebrarse, pienso con deseo en el lugar que ocupa. Yo también quiero acusar, quiero que llegue la hora del juicio por lo que le hicieron a mi madre y a sus compañeros y compañeras de cautiverio. Cuando promediaba el año pasado y se supo que no sucedería en octubre como habían prometido, y después, cuando tampoco habría fecha designada para marzo, empezó a circular entre los querellantes la lista de testigos que tendrían que adelantarse en testimoniar porque la dentellada de la muerte ya les está mordiendo los talones. 85, 87, 90, 95 años se leía junto a algunos nombres. Alguien anotó en ese intercambio de correos que su madre ya no podría declarar porque el ejercicio de memoria había destrozado sus neuronas. Hace 13 años que presentamos la querella. En ese tiempo todos y todas nos convertimos en otros, en otras, guardando a la vez quienes fuimos para no perder detalle cuando nos den la palabra. La impotencia se come el fin de la impunidad que ya no podemos declamar.

Antes de escuchar a Josefina, en un cuarto intermedio que tensa nuestra paciencia, Raquel me dice con ojos húmedos: “Siento que nos están tomando el pelo, ya no le encuentro sentido”. Es una descarga de derrota que no va a acatar, aunque las dos sabemos de qué habla. La Justicia, con esos pies de plomo, ya no puede llamarse así. Y sin embargo.

“¿Pudiste reconstruir…?”, es la primera parte de la pregunta que se repite para que Josefina de cuenta de lo que sabe de su madre, de su destino después del secuestro. Ella contesta una y otra vez, sobre los testimonios leídos, los diálogos ansiosos que persiguen un dato más, por nimio que fuera. Todo el trabajo lo hicimos las víctimas y quienes se comprometieron con nuestro duelo, el inmenso duelo acuoso de un país entero que todavía sigue evaluando el tamaño de las heridas que dejó el terrorismo de Estado. ¿Dónde están los papeles, los organigramas, los números de ellos, los ejecutores? ¿Dónde ocultaron los cuerpos? ¿Por qué a ellos se les permite todavía ahora ocultarse?

Hubiera querido que estén aquí los acusados, para interpelarlos. Quiero decir que yo pienso todas las noches en el cuerpo torturado y violado de mi madre. Y los represores piensan que así le hicieron bien a la patria. -dijo Josefina y tomó el collar de su madre de la mesa frente a la que estaba sentada y se lo puso, recogió sus fotos y enjugó sus lágrimas. Para que se vea y que se sepa: aun cuando le arrebataron tanto no pudieron quitarle todo.

En otro espacio virtual leo acerca de esta hija militante de la memoria:

UN COLLAR DE CERÁMICA

La estridencia de los camiones que pasan por encima apenas le permiten hablar a Josefina Giglio. Pero no grita, no lo quiere hacer en este lugar.

Josefina Giglio señala el retrato de su madre dentro de un cartel en el lugar donde estaba ubicado el centro de tortura El Atlético.

Madre de dos niños e hija de desaparecidos, intenta hallar el retrato de su madre en el afiche que está colgado sobre las ruinas del Centro Clandestino de Detención y Tortura Club Atlético, que está -estaba- ubicado debajo de la autopista 25 de mayo de la capital argentina.

Aquí está Coca, mirá- señala la foto de Virginia Isabel Cazalas, su madre, entre las centenares de imágenes de personas impresas sobre una sábana como recuerdo de quienes estuvieron presos aquí.

Josefina está acá porque este fue el último lugar donde, según testimonios de otros detenidos sobrevivientes, su madre fue vista por última vez.

A principios de 1978, cuando tenía 8 años, se la arrebataron de la casa en donde vivían clandestinos en Buenos Aires. Desapareció, lo mismo que había ocurrido con su padre un año antes.

Y desde entonces los anda buscando, a ella y a él, sin éxito.

Virginia Isabel Cazalas, más conocida como “Coca”, era la madre de Josefina.

Josefina es una de los muchos hijos que todavía no pudieron reunirse con los huesos.

Por eso tal vez sus peregrinaciones a las ruinas de Club Atlético, como un mecanismo para no olvidar ante la tierra abierta de las excavación arqueológica que se realiza ahora en este lugar antes utilizado para la tortura y que quedó sepultado cuando se construyó la autopista.

“En esto hay como dos partes: primero estás como esperando, como detenido en el tiempo esperando a que vuelvan, y después hay un momento en que comenzás a buscar”, dice Josefina.

“Tengo la fantasía que me iría a dormir la siesta con los huesos”, Josefina Giglio, hija de desaparecidos.

“Siempre estás buscando”.

“Había una época en que había una publicidad en la tele y el actor era igual a mi papá. Igual. Y mi papá había estudiado teatro, entonces yo decía ‘por ahí le dieron un golpe en la cabeza, se olvidó quién es y es ese actor’. Escribí al canal y todo. Nunca nadie me contestó, obviamente… Después, mi búsqueda en serio comenzó cuando de grande empecé la universidad”.

Su despertar universitario fue también el inicio de una misión colectiva: la agrupación Hijos e Hijas por la Identidad, la Justicia contra el Olvido y el Silencio (H.I.J.O.S), algo así como una versión filial de lo que hacían las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, que fue fundada en 1994, cuando muchos de los hijos de los desaparecidos cumplieron la mayoría de edad.

El centro clandestino de detención Club Atlético funcionaba a pocas cuadras de la cancha del popular equipo de fútbol Boca Juniors.

Con ellos logró, dice, “democratizar el dolor”. Con ellos lloró, protestó en las calles.

Estudió a fondo la historia de sus padres para intentar encontrar pistas: las impresiones del sulfuro de plata en las fotografías, la tinta aplastada en las hojas de las cartas. Algo que le permitiera entender quiénes eran, por qué habían luchado, qué sentido había tenido su muerte casi segura.

Y ha visto, como un tren que pasa de largo en una estación, cómo a otros compañeros de militancia el EAAF les han restituido los restos de sus padres, mientras ella los sigue esperando.

“Tengo la fantasía que me iría a dormir la siesta con los huesos”, cuenta y se ríe. La carcajada le suelta la mirada que aguarda tras unos anteojos gruesos de carey. La idea le enciende una chispa.

“Tendría algo así como un amuleto, un deseo de hacerme un colgante con ellos”, continúa sonriente.

“La tierra contiene como un útero los huesos que esperan”, se lee en uno de los cuadros de las oficinas del EAAF.

Josefina ya tiene un collar.

Al día siguiente del secuestro en el verano del 78, cuando le dieron permiso para entrar al departamento de donde se habían llevado a Virginia para buscar algunas cosas, la única pertenencia de su madre que se llevó fue un collar de cerámica que habían comprado juntas en la feria de Plaza Francia.

“Pensaba dárselo cuando volviera”.

Durante estos años ha elaborado mil conjeturas, pero a pesar de su empeño hay cuentas que no puede obviar: el EAAF sólo tiene restos óseos de unas 600 personas y siguen hallándose algunos centenares más, pero el número queda muy lejos de los 30.000 desaparecidos que calculan las organizaciones de derechos humanos e incluso de los 10.000 que reconocen las fuentes más conservadoras.

Y a muchos de ellos, se sabe, los tiraron al Río de la Plata y al mar desde los llamados “vuelos de la muerte”.

“Durante mucho tiempo tenía la sensación de ser hija de un agujero negro y los huesos siento que me permiten esa continuidad: yo soy esos huesos, voy a ser esos huesos. Recuperar esa continuidad que se cortó. Uno cree que una tibia y un peroné son innecesarios, hasta que te das cuenta de que son una fuente de alivio y te darían un cierre”, reclama.

Una fila india de camiones interrumpe la charla hasta el punto de suspenderla. Pero antes de irse ella mira el abismo de las excavaciones: dice que siempre busca algún objeto, alguna presilla, un pedazo de herencia que le debe el destino.

Para tenerlo mientras llegan los huesos.

Y es así que en mi transito virtual encuentro una noticia de hace cuatro días, una fotografía de dos hijos – Josefina y Francisco – hijos de Virginia y Carlos, huérfanos por el terrorismo de Estado en la Argentina que una vez nos acogio a mis hijos y a mi, donde vivimos la segunda dictadura a las que hemos sobrevivido.

Carlos y Vibel –el padre y la madre de Josefina, Coco y Coca para sus compañeros de partido- militaban en el Partido Comunista Marxista Leninista (PCML). Carlos era arquitecto, había caído el 19 de mayo de 1976 en una reunión del partido en Combate de los Pozos y Pavón, por un vecino que lo denunció. Cuando intentaba huir por la terraza, fue herido en una pierna y cayó al pozo de luz. Nunca más se supo de él. Desde entonces, Vibel –psicoanalista- peregrinaba entre una sombra y la otra mirándose las espaldas. Los militares la alcanzaron un año y medio después, en un departamento de Belgrano R. No estaba sola: Josefina tenía 7 años, Francisco uno y medio. Estaban además otros militantes del PCML. Los militares lo llamaron Operativo Escoba.

“Entre que se llevan a mi padre, el 19 de mayo de 1976, y caemos con mi madre el 5 de diciembre de 1977, hubo un dispositivo de pinzas para buscarla. La noche del 8 de junio se llevaron en La Plata a mi abuela paterna, Tecla, a mi tío que estaba con ella, en Tres Arroyos a Polo, y en Mones Casón, cerca de Carlos Casares, a mi tío Oscar Bossier, el cuñado de mi padre”.

http://memoria.telam.com.ar/noticia/-un-brigadier-dijo-que-mama-era-la-mujer-mas-buscada-_n3809

Necesitamos recuperar los restos. Josefina y Francisco Giglio

Josefina y Francisco Giglio declararon en el juicio por los crímenes cometidos en el llamado circuito ABO.

Los testimonios de Josefina y Francisco Giglio, hijos de los desaparecidos Virginia Isabel Cazalás y Carlos Giglio, inauguraron la audiencia que reactivó tras la feria el tercer tramo del juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en los centros clandestinos de detención y exterminio Atlético, Banco y Olimpo. Fue la primera vez que ambos contaron en tribunales la historia de sus vidas desde la arista que representa el secuestro y la desaparición de su mamá, que fue vista en el Banco por sobrevivientes. “Vebel”, como la llamaban en su familia. “Coca”, como la habían bautizado sus compañeros de militancia del Partido Comunista Marxista Leninista (PCML), fue llevada del departamento en el que estaba escondida la noche del 5 de diciembre de 1977 por una patota del Ejército. Estaba en camisón. Josefina, de siete años, y Francisco, de año y medio, fueron dejados con una vecina. Crecieron con sus abuelos maternos en Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires. Nunca más supieron de su mamá ni de su papá, que había desaparecido en mayo del ‘76. Con cuarenta, Francisco reconoció ante el Tribunal Oral Federal número 2 que todavía los espera. No obstante, reclamó por sus restos, al igual que su hermana, que se quejó de que los acusados no presencien el juicio. “No alcanza con los juicios. Sería bueno que los imputados estén sentados acá también. Todas las noches pienso en el cuerpo de mi madre violado y torturado. Y los señores que dieron las órdenes y las cumplieron piensan que hicieron un bien a la patria”, remató, sobreponiéndose al llanto, que logró contener durante todo su testimonio. El público que presenció la jornada la aplaudió un rato largo. Cuando el TOF le dio permiso para retirarse, ella tomó el collar de perlas grandotas que era de su mamá, y que había colocado en la mesa del estrado al comenzar a hablar, y se lo puso.

“Primero quisiera contar un poco sobre mi mamá, que era la más linda del mundo”, propuso Josefina como respuesta a la consulta que le realizó la fiscal Gabriela Sosti para introducirla en su testimonio. La hija de “Coca” completó la selección de fotografías entregadas al TOF que había iniciado su hermano, quien la precedió en el estrado. Josefina explicó que cuando un policía y una presunta asistente social la llevaron al departamento de Belgrano R donde la noche anterior habían secuestrado a su mamá para que agarrase ropa para ella y para su hermano, bebé entonces, ella también se llevó una bolsa con fotos que su mamá siempre llevaba de casa a casa y ese collar de perlas grandotas, que “a ella le gustaba mucho” y que encontró sobre su mesita de luz. Ayer, mientras declaraba, lo sacó de su cartera y lo puso sobre la mesa del estrado.

Pasaron más de 40 años, pero Josefina fue clara y precisa para contar lo ocurrido la noche del 5 de diciembre de 1977 y las que le siguieron. Ella, su mamá y su hermano vivían en un departamento de la calle Ramón Freyre con dos compañeros de militancia: Mariano Montequón y Patricia Villar. Esa noche acababan de cenar y hacía calor. “Mi mamá estaba en camisón, y así se la llevan, y yo estaba en bombacha”, contó.

Sientieron que rompían la puerta de entrada. “Yo me escondí porque no quería que me vieran, mi mamá pidió cambiarse pero no la dejaron. A nosotros nos dejaron con la vecina”, siguió. Aún hoy, le extraña que ella no le haya dado “alguna instrucción” antes de que se la llevaran.

Años después se reencontró con Susana Martínez, la vecina a la que “tres jóvenes de civil” le pidieron que cuidara a ella y a Francisco “hasta que llegara la Policía”. Susana también declaró ayer en el juicio. El otro testigo fue Daniel Merialdo, un sobreviviente del circuito ABO.

Cuando la encontró, Susana le dijo que la última vez que la vio su mamá estaba tirada en el suelo, apretada por una pistola larga. Con el tiempo, ella y su hermano supieron que su madre fue atrapada en un operativo al que el Ejército llamó “Escoba” y que barrió con casi todos los militantes del PCML.

Al otro día, la policía los llevó a buscar ropa al departamento reventado por el Ejército. “Cuando esta mujer que dijo ser asistente social pero que no aparece en ningún registro me vio con la bolsa de fotos, me sentó en la mesa y me hizo verlas una por una mientras me preguntaba ‘¿este quién es? ¿y éste quién es? Yo estaba entrenada y sabía que no tenía que decir nada”.

Tenía siete años Josefina, pero ya sabía que en la escuela y en todos lados era María José Roldán. La familia estaba clandestina desde 1975, cuando les allanaron la casa. Francisco nació en julio de 1976, pero su padre no llegó a conocerlo. Fue secuestrado en Constitución, un mes antes. “Nos quedamos solos. Pienso mucho en esa mujer sola, con dos hijos y escapando”, relató Josefina.

Tres días después del secuestro de su mamá, su abuelo de Polo, de Tres Arroyos, los fue a buscar. Cuando fueron creciendo, Polo les contó que para dar con Vibel los terroristas dieron un par de pasos antes de reventar el departamento de Freyre: lo secuestraron a él –permaneció un mes en Vesubio–; a su abuela paterna y a un tío paterno y a un cuñado de Carlos Giglio.

El relato de Francisco fue menos detallista. El tenía un año y medio cuando ocurrió todo. Coincidió con su hermana en el sentimiento de espera. “Llegó la democracia y todos pensábamos que los iban a liberar, porque creíamos que estaban detenidos en algún lugar. Yo creí que iban a aparecer para mi cumpleaños de quince. Y luego, para mi fiesta de egresados”, intentó explicar ella, que comparó al gobierno de Raúl Alfonsín con “la esperanza”; al indulto de Carlos Menem con “el abismo” y a las gestiones kirchneristas con el abandono de la clandestinidad. “Yo sentí que salía de la clandestinidad, que podía decir que mis viejos estaban desaparecidos y que no era mi culpa, y que había un Estado que en vez de discutir la cantidad de desaparecidos debería estar buscando los restos de mi padre y de otros”.

Francisco lo analizó desde la figura del “desaparecido”, esa que “produce algo tremendo en la mente de un hijo, porque siempre lo estás esperando. Yo tengo 40 y sigo esperándolos en algún rincón de mí. La perversidad es tremenda”.

Ambos saben que no volverán, por eso ven una posibilidad de “cierre” en la recuperación de los restos. “Necesito recuperar los restos de mis padres – dijo Francisco– sería de alguna manera reencontrarme con ellos”.

Josefina también reclamó los restos: “Me gustaría que el Poder Judicial le exija al Ejecutivo que disponga de todos los medios para encontrar los huesos de mis padres y de todos los desaparecidos. Y que le dé prioridad a la búsqueda de todos los chicos que fueron robados. Yo no quiero que mis hijos crezcan buscando los huesos de su abuela. Ya pasaron 40 años, ya es tiempo”.

Arpilleras Por La Memoria…Un testamento gráfico

Arpilleras Por La Memoria…Un testamento gráfico

Arpilleras Por La Memoria – Bélgica Castro Fuentes.

En 1974, un pequeño grupo de mujeres cuyos hijos habían desaparecido desde su detención, comenzaron a reunirse para confeccionar tapices. Sus trabajos tienen un fuerte contenido de denuncia de los crímenes contra derechos humanos en su país. Pronto el movimiento se extendió a otras ciudades y comenzó a llamar la atención del público internacional.

Paradójicamente, la dictadura dio la oportunidad a las mujeres de encontrar una forma de poder político. La desprotección en que el gobierno de Pinochet dejó a mujeres de todas las clases y grupos sociales las empujó a encontrar una voz para articular sus demandas. Con motivo de su arte, las arpilleristas se organizaron, primero como madres de los desaparecidos, después como ciudadanas políticas.

El primer taller de arpilleras fue abierto en 1974, patronizado por la Vicaria de la Solidaridad. Unas catorce de ellas, desesperadas por la desaparición de sus familiares, por el hambre de sus hijos y por el terror, llegaron al patio de la Vicaria, donde se les ofreció retazos de tela, con los que podrían ocuparse y ganar un poco de dinero. Espontáneamente comenzaron a trabajar en este nuevo arte politizado.

Las arpilleras se crearon en un ambiente de silencio y miedo, y narran historias a través de colores y formas. En ellas se describen eventos de la vida de la nación: historias de pérdidas, de la negación del futuro, de la ausencia de felicidad, del deseo de paz. A las mujeres las une el dolor, la ausencia y la búsqueda inútil de sus parientes perdidos.

La relación entre arte y denuncia, imagen y verdad política no es fácil de entender para quienes viven en países donde la libertad de expresión y las garantías individuales no están amenazadas sistemáticamente. Las arpilleras chilenas son un ejemplo de tantos movimientos artísticos que tuvieron que encontrar un medio de expresión intenso pero seguro, donde pudieran gritar sin decir palabras. Las imágenes de gran inocencia y fuerza de esos tapices son un reflejo directo de las necesidades de tantos ciudadanos chilenos.

En 1991 y con la vuelta de un sistema democrático, la mayoría de los talleres habían cerrado. Pero el trabajo de estas mujeres sigue siendo un testamento gráfico de la lucha por los derechos humanos y como advertencia de que no debemos olvidar la dictadura.

Arpilleras de Bélgica Castro :www.arpillerasporlamemoria.comhttp://on.fb.me/lsFnqB

En youtube: http://www.youtube.com/watch?v=38u4LGmfKAw

2054 .El secreto está, el secreto es visible…Ley 19.992

2054 .El secreto está, el secreto es visible…Ley 19.992

Quince víctimas de la dictadura militar consiguieron que se desclasificaran los documentos de la “Comisión Valech” que contienen testimonios y archivos relacionados con las torturas que sufrieron, rompiendo por primera vez el carácter de “secreto” de 50 años que rige sobre el informe.

  • La tortura seguirá siendo un pendiente de la democracia, parcial e inclusa, que hemos construido a más de un cuarto de siglo del fin fáctico de la dictadura si no avanzamos en derogar el secreto, crear los mecanismos de prevención e instituir reparaciones que verdaderamente se correspondan con el daño causado. De no ocurrir nada de lo anterior, la tipificación del delito de tortura será meramente una justiciabilidad de hechos. Una ventana que se abre, pero que no da paso a cerrar definitivamente las puertas a la tolerancia de estos actos vejatorios de la dignidad humana. Una medida que simbólicamente se entronca con el arrojo de *Sebastián Acevedo y el movimiento que propició su acto desesperado, pero que no honra su muerte con un nunca más.

    http://www.elmostrador.cl/noticias/opinión/2016/11/20/sebastian-acevedo-y-la-tortura-en-chile

 

 

Víctimas de la dictadura consiguieron levantar secreto del informe de la Comisión Valech.

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Gracias a un resquicio en el artículo 15 de la Ley Valech, lograron romper el “secreto” de 50 años que rige sobre el informe.

“Recuperar estos archivos es parte de la reparación moral que nos debe el Estado”, expresó una de las víctimas.

EFE. Archivo.

Los archivos contienen fotografías, recortes de prensa y fichas de las victimas, y la transcripción de sus testimonios.

Los archivos contienen fotografías, recortes de prensa y fichas de las victimas, y la transcripción de sus testimonios.

Quince víctimas de la dictadura militar consiguieron que se desclasificaran los documentos de la “Comisión Valech” que contienen testimonios y archivos relacionados con las torturas que sufrieron, rompiendo por primera vez el carácter de “secreto” de 50 años que rige sobre el informe.

Gracias al descubrimiento de un resquicio que permite abrir los documentos solo con la propia voluntad de las víctimas, lograron quebrar el silencio de medio siglo impuesto por el Gobierno, que decretó que los archivos debían mantenerse en secreto hasta 2054.

Las quince carpetas poseen fotografías, recortes de prensa y fichas de las victimas, además de la transcripción de sus testimonios, con los nombres y las descripciones de sus captores y torturadores durante el régimen de Augusto Pinochet.

Forman parte de la información recabada por la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, conocida como “Comisión Valech”, organismo creado en 2003 con el objetivo de esclarecer la identidad de las 40.000 personas que fueron detenidas y torturadas.

Según el presidente Ricardo Lagos, quien promulgó la ley, el objetivo del secreto de 50 años fue “proteger la dignidad de las víctimas” que no querían que sus familias supieran de las torturas que sufrieron durante la dictadura.

“Poder cruzar la información y armar un mapa completo de la represión”

Scarlett Mathieu, una de las ex presas políticas de la dictadura que el pasado jueves recuperó la carpeta vinculada con su caso, señaló a la Agencia Efe que “recuperar estos archivos es parte de la reparación moral que nos debe el Estado. Nosotros tenemos que ser los dueños de esa información y poco a poco debemos entregársela a la sociedad. Ahora está en nuestras manos un pedazo de la verdad”.

Resultado de imagen para Scarlett Mathieu

Testimonio Scarlett Mathieu Loguercio

SCARLETT MATHIEU LOGERCIO: En Londres estuve aproximadamente diez días, ahí sufrí torturas de todo tipo, violencia política sexual específicamente, tortura psicológica de amenazas con detener a mis hijos, tortura psicológica de escuchar torturas a otras personas, que es una parte muy difícil de sobrellevar, psicológicamente queda uno muy marcada, porque las torturas propias uno está todo el rato resistiendo, de alguna manera, pero estar escuchando cómo torturan a otras persona, y lo hemos conversado con varias personas, es una de las experiencias más difíciles de asimilar.

Mathieu, que después del golpe de Estado perteneció al MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), fue detenida en 1974 y torturada durante ocho meses. En 2003 nombró ante la Comisión Valech a los agentes que la torturaron durante su cautiverio.

“Me gustaría que mi testimonio saliera a la luz y que los nombres de quienes me torturaron pudieran ser conocidos por la ciudadanía. Yo solo pude reconocer a cinco agentes, pero había más. Es importante que muchas más víctimas hagan lo mismo, para que se pueda cruzar la información y armar un mapa completo de la represión”, explicó.

Cómo se permitió la desclasificación

Distintas asociaciones de DD.HH. llevan años pidiendo levantar el secreto. La Presidenta Michelle Bachelet prometió durante la campaña electoral que estudiaría este asunto.

Pero fue la iniciativa de un artista visual lo que ha permitido quebrar el secreto.

FRANCISCO PAPAS FRITAS: Al crear un secreto de 50 años, lo que tu esperas es que tanto las personas víctimas, como los victimarios, mueran, fallezcan y exista una impunidad, una impunidad de muerte, una impunidad biológica. Básicamente.

El grupo “Desclasificación Popular” es un colectivo del artista Francisco “Papas Fritas”, que junto a un equipo de periodistas y abogados encontraron la forma legal de forzar al Estado chileno a entregar a las víctimas la transcripción de sus declaraciones, además de otros documentos relacionados con sus casos.

Como señalan en su página web, “a partir de una nueva lectura a la ley 19.992 identificamos y reivindicamos el derecho de quienes prestaron estos testimonios a tener las declaraciones en su poder, mediante la exigencia del derecho que otorga el artículo 15″.

El art. 15 de la Ley Valech dicta que mientras rija el secreto de 50 años, nadie tendrá acceso a los documentos, sin perjuicio del derecho personal que asiste a los titulares de los documentos, informes, declaraciones y testimonios incluidos en ellos, para darlos a conocer o proporcionarlos a terceros por voluntad propia”.

Y es en este extracto en donde se apoyaron para pedir la desclasificación: la voluntad de cada víctima para sacarlos a la luz.

“Nos hemos encontrado con todas las trabas, pero lo hemos conseguido. Es posible desclasificar los documentos. Estamos emocionados”, dijo el impulsor del grupo, Francisco “Papas Fritas”.

Actualmente, hay otras 50 víctimas que están siendo asesoradas por el equipo y que han solicitado la entrega de sus declaraciones.

Dicha información será publicada en la página web de la iniciativa, www.desclasificacionpopular.cl, donde, a partir del próximo 15 de diciembre se podrán consultar las declaraciones de las víctimas que de forma anónima deseen dar a conocer la identidad de sus torturadores.

Este será el inicio de la desclasificación popular“, concluye el artista.

Artista Francisco “Papas Fritas” tatúa en su cuerpo testimonio de tortura del Informe Valech

por 19 diciembre 2016

Artista Francisco
¿Dónde empieza el arte, dónde acaba la política? En un video perforance, “Un cuerpo violentado” —el de la tortura y el del artista— el del autor de la obra, simula ser parte de una escena de tortura. Esta escena se entrecruza con una sesión de tatuaje que va escribiendo letra a letra un testimonio del Informe Valech sobre su espalda del artista. Este cuerpo pese a su fragilidad resiste al silencio impuesto por la lógica del secreto inscribiendo en sí un testimonio del horror.

En la exposición 2054, el artista visual y agitador cultural Francisco “Papas Fritas” hace lo que no ha hecho el Estado.

Después de dos años de trabajo en colaboración con el colectivo Desclasificación popular, en la muestra -que evoca el año en que el Estado chileno se comprometió a terminar con el secreto que encubre la responsabilidad de militares y civiles en los miles de casos de tortura durante la dictadura- se expondrán por primera vez  al público archivos de la Comisión Nacional de Prisión Política y Tortura durante la dictadura cívico-militar en Chile – conocidos como Valech I – que siguen estando en secreto por 50 años.

Segunda fase del proyecto (sep 2015)

Este proyecto comenzó el 2014 con Desclasificación Popular donde se construyó un sistema de desclasificación, cuya segunda etapa, iniciada a partir del año 2015, ha consistido en la difusión y sistematización del proyecto por parte de un equipo multidisciplinario. Este último ha sido el encargado de la generación de accesos de ex presos y ex presas políticas a sus archivos mediante recursos de protección contra el Instituto de Derechos Humanos, custodio legal de los archivos Valech.

Bajo este mecanismo se han logrado desclasificar las primeras carpetas, poniendo en entredicho el secreto e impunidad que pesa sobre dicha Comisión. Estos archivos serán dados a conocer por primera vez en la exposición 2054, y de forma posterior en el sitio web de desclasificación popular.

Con ello se dará inicio a la tercera etapa del proyecto que consiste en la triangulación de la información, tanto para la apertura de causas judiciales como para distintos tipos de investigación que contribuyan tanto a la verdad, justicia como a la memoria histórica.

Artista simula tortura

Frente a aquellas imágenes se exhibe un video-performance cuyo foco de atención no es otro que un cuerpo. Un cuerpo violentado; el del autor de la obra, Papas Fritas quien simula ser parte de una escena de tortura. Esta escena se entrecruza con una sesión de tatuaje que va escribiendo letra a letra un testimonio del Informe Valech sobre la espalda del artista.

Abrir la herida 2016 Fotografía color 19,4x30 a proceso de cicatrización de tatuaje sin tinta de un archivo Valech

Este cuerpo —el de la tortura y el del artista— pese a su fragilidad resiste al silencio impuesto por la lógica del secreto inscribiendo en sí un testimonio del horror. Más aún, es un cuerpo que trae de vuelta al presente historias, memorias y heridas.

¿Dónde empieza el arte, dónde acaba la política? El propio dispositivo visual se resiste a operar en la distinción y la clasificación, su proceder es más cercano a la infiltración y al contagio. 2054 más que ser sólo el año propuesto por el Estado chileno para la desclasificación de los archivos del Informe Valech se vuelve una clave de acceso al presente.

Un presente que se describe en dos planos: uno, el del secreto; el otro, el de la resistencia política de la desclasificación popular. Para la resistencia política estética, 2054 es entonces la cifra que inicia el movimiento del dispositivo político visual de la desclasificación popular. Su tiempo es ahora el del presente-pasado.

Imagen de reflejo

De acuerdo con la descripción realizada por la académica y teórica feminista Alejandra Castillo, la instalación 2054 – año del supuesto fin del secreto – consiste en un conjunto de cuadros que en su mayoría no tienen más imagen que la del reflejo, otros, los menos, contienen piezas de los archivos de los testimonios de aquellas y aquellos que sufrieron de prisión política y tortura durante la dictadura militar iniciada el año 1973.

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Cerca de aquellos cuadros, se instala otra serie de imágenes con las fotografías oficiales de quienes han gobernado Chile desde la 1990 hasta hoy; más los afiches del SI y del No de la campaña electoral de 1989 en forma invertida, volviendo visible la siguiente leyenda: is on. Más claramente se deja leer: The Secret is on. El secreto está, el secreto es visible, el secreto es ahora instalado a plena luz.

Gritografias en Red

Rescate y recopilación de memoria intergeneracional en la Web.

La Estaca

Revista

Antígona Feminista

Debatir y dialogar con la escena política chilena actual desde una perspectiva feminista

La memoria y el sol

LIJ - Ilustración

Cambio21

Rescate y recopilación de memoria intergeneracional en la Web.

La Historia Derecha de Chile

La verdadera historia, como nunca te la han contado

..::Mundo Retorcido::..

Hay que apreciar la 'retorcidez' del mundo XD

Desahogo social

Escritos literarios y opiniones de cualquier índole para un desahogo social que me nazca de las entrañas.

Alejandro Poetry

un hombre roto. poeta

La Raza Cómica

Rescate y recopilación de memoria intergeneracional en la Web.

Luna Paniagua

Escritura, lectura y corrección de textos

Diario y Radio U Chile

Rescate y recopilación de memoria intergeneracional en la Web.

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ElAntro

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