Esos chilenos siempre forzados al exilio

“Y nosotros, dentro del país, no teníamos el derecho de decidir lo que queríamos hacer. Y éramos muchos los que nos organizamos para resistir. Pero nunca, ni a mí, ni a todos los compañeros que yo conozco, se nos puede acusar de haber atentado contra un gobierno democrático, legítimamente constituido. En ningún momento”.

Esos chilenos siempre forzados al exilio
Le Courrier de Genève
Traducido para Rebelión por Carmen García Flores
 DESTIERRO. Han abandonado su país cuando otros por fin podían entrar. Cuando, al regreso de la democracia, algunos oponentes armados tuvieron que elegir entre la prisión y el alejamiento.Cuarenta años. Esta es la pena de destierro que se impuso Carlos García Herrera en 1992, dos años después del retorno formal de la democracia en Chile. La condena más dura para seis chilenos que aún viven hoy en el exilio forzado en Bélgica y en Finlandia. “Este es un honor que yo no me merezco, dice irónicamente, jamás he sido un dirigente político” Carlos prefiere describirse como “un militante de la resistencia, un guerrillero urbano”.

Encarcelado por la dictadura de Augusto Pinochet en 1981, está todavía condenado a cadena perpetua según una ley denominada “antiterrorista”. Para él, como para los otros militantes en su mismo caso, la vuelta del a democracia tuvo un gusto amargo. “Esperábamos una liberación incondicional de todos los presos políticos, como lo habían prometido los partidos del a oposición”.

Pero la transición no ha hecho tabla rasa con las instituciones del pasado. Con el ex dictador como comandante en jefe de la armada durante toda la duración de su mandato, y con una Constitución

elaborada por este último (aún hoy en día en vigor aunque enmendada por dos veces), el gobierno del demócrata-cristiano Patricio Aylwin se limitó a “investigar la justicia en la medida de lo posible”, como afirmó en su época.

Y el general Pinochet había tenido cuidado en hacer cumplir rigurosamente la Constitución de 1980: Nada de gracia posible para los prisioneros condenados por “terrorismo”. El gobierno de la transición le propondrá entonces elegir entre partir, sin posibilidad de retorno durante varios años, o permanecer en prisión. Entre 1990 y 1994, a veintinueve personas se les conmutaron sus penas de prisión por penas de alejamiento (extrañamiento). “Había pasado ya suficientes años en prisión, preferí partir”.

La trayectoria de Carlos es la de un hombre que ha atravesado por todas las tempestades de esta época agitada. En 1973, año del golpe de Estado contra el gobierno socialista de Salvador Allende, estaba en la Marina. Junto con otros, el sentía que algo se tramaba en el seno de la Institución. “Muchas personas eran conscientes de que se preparaba un golpe de Estado, había una gran efervescencia política en la Marina”.

De marino a guerrillero

Chile aún cuenta con una importante marina de guerra cuyos oficiales están claramente anclados en la derecha conservadora. “El embrión del golpe de Estado se encontraba allí, entre un grupo de oficiales de marina. Pinochet se sumó a la idea al final”, explica Jorge Magasich, doctor en historia de la Universidad de Bruselas y autor de la tesis Los que dijeron no. Historia del movimiento de los marinos chilenos opuestos al golpe de Estado de 1973.

“Por contra, los suboficiales y sobre todo la tropa, son en su mayoría leales y de izquierda. Cuando comprenden que el pronunciamiento es inevitable y que serán obligados a participar en él, los marinos leales intentan alertar a las autoridades políticas. Pero en la noche del 5 al 6 de agosto de 1973, es decir un mes antes del golpe de Estado, una ola de arrestos cae sobre ellos. “Entre 150 y 200 marinos son arrestados, ellos serán los primeros torturados. A continuación, noventa y dos de ellos serán condenados por “sedición” a penas que iban desde tres a ocho años de prisión”, explica Jorge Magasich. Carlos García formaba parte de ese grupo. “Nosotros no éramos militantes, éramos simplemente personas que pensaban que un golpe de Estado es algo ilegal. Nuestro deber como marinos era defender al gobierno, poco importa cuál fuera con tal que fuera elegido democráticamente. Esto es lo que hicimos y fuimos encarcelados por ello”, recuerda.

Es en la prisión cuando se convierte en militante. En efecto, después del golpe de Estado los presos políticos afluyen por cientos. “Cada organización, en las prisiones o en los campos de concentración en la que había militantes encarcelados, mantenía una estructura organizativa. Es, pues, por su contacto como nosotros empezamos a formarnos políticamente y a conocer lo que es la teoría revolucionaria, el marxismo, etc”.

Liberado en 1976, Carlos retoma enseguida contacto con algunos camaradas del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) a los que conoció en prisión. Vuelve a vivir en Santiago donde se incorpora a los movimientos sociales que surgen después de la feroz represión que había seguido al golpe de Estado. “Hacia el 77-78 hubo una reactivación, especialmente del movimiento sindical. Pero la oposición no se detuvo ahí: “Como yo y otros compañeros teníamos una experiencia militar debido a nuestro paso por la Marina, el MIR nos propuso formar parte de un equipo de propaganda armada, un equipo de sabotaje. Y poco a poco comenzamos una guerrilla.

Contra la “Gestapo” chilena

Una guerrilla que aspiraba a desenmascarar los centros de tortura secretos de la dictadura, en la región de Santiago y Valparaíso principalmente. “Organizamos dos ataques relámpago contra estos centros de tortura, unos atentados contra los principales responsables de las torturas de la dictadura. Pero este tipo de acciones no era lo cotidiano, no ocupábamos también de la vida política durante la resistencia y además cada uno debía trabajar para vivir. Esto se parecía mucho a lo que hacían los Belgas, los franceses o los otros europeos contra la ocupación nazi”.

Entre las acciones dirigidas por esta célula figura el atentado de 1980 contra el teniente coronel Roger Vergara, director de la Escuela de enseñanza del Ejército. Para Carlos, esto fue un acto político, decidido colectivamente. “Habíamos asesinado a un responsable de la ‘Gestapo’ chilena” compara.

Enseguida, la vida legal y la resistencia armada se hacen inconciliables. Carlos permanece, pues, en la clandestinidad. Pero esta situación no durará por mucho tiempo, será arrestado unos meses más tarde, en enero de 1981.

“Era un día normal, había ido al cine y acababa de visitar a mi familia y al entrar en mi casa me tendieron una emboscada y me arrestaron junto a mi mujer y mi hija de un año y medio” Fue juzgado por un tribunal y condenado a cadena perpetua..

En 1992 se le conmuta la condena en dos penas de veinte años de alejamiento, es decir cuarenta años. Otros cumplieron penas más cortas de cinco, diez o veinte años de alejamiento y han vuelto o están próximos a volver definitivamente. Algunos, siempre bajo fuertes medidas, pueden entrar en Chile por breves periodos de tiempo “por razones humanitarias” como la defunción de un pariente. “Yo no quiero matar a mi madre para poder regresar a mi casa”, exclama Carlos.

Derecho a la resistencia

El pasado noviembre, cumplió su primera pena de veinte años. Escribió una carta al presidente Sebastián Piñera, a quien ha hecho que le llegara la carta en propia mano por la intermediación del Cónsul honorario de Amberes, en Bélgica. “Hace veinte años que estoy aquí, ¿no es suficiente? Me gustaría recuperar mi derecho a volver a mi casa. Aquí en Bélgica dispongo de todos los derechos como cualquier otro ciudadano ¿por qué no puedo disponer de ellos en mi propio país?” se pregunta.

Hoy, Carlos siente sorpresa por el hecho de que “después de todos estos años, el poder político chileno se niega a reconocer que las personas que participaron en esta resistencia han ayudado enormemente a debilitar la dictadura. Esta misma dictadura que cada año era condenada por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Pero Pinochet y los suyos no escuchaban a nadie, las palabras no eran suficientes. Las condenas verbales, oficiales, diplomáticas eran útiles pero no suficientes”.

“Y nosotros, dentro del país, no teníamos el derecho de decidir lo que queríamos hacer. Y éramos muchos los que nos organizamos para resistir. Pero nunca, ni a mí, ni a todos los compañeros que yo conozco, se nos puede acusar de haber atentado contra un gobierno democrático, legítimamente constituido. En ningún momento”.

El 11 de septiembre de 2013, Chile conmemorará los cuarenta años del golpe de Estado militar. Veintitrés años después del final de la dictadura, muchas heridas quedan por cerrar. Si nadie lo remedia, Carlos no volverá a su país antes de 2032, él tendrá entonces 79 años.

Fuente: http://www.lecourrier.ch/node/105200

 

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Verdeolivo

Tomado de http://www.rebelion.org
Por Sébastian Brulez

    DESTIERRO. Han abandonado su país cuando otros por fin podían entrar. Cuando, al regreso de la democracia, algunos oponentes armados tuvieron que elegir entre la prisión y el alejamiento.

Cuarenta años. Esta es la pena de destierro que se impuso Carlos García Herrera en 1992, dos años después del retorno formal de la democracia en Chile. La condena más dura para seis chilenos que aún viven hoy en el exilio forzado en Bélgica y en Finlandia. “Este es un honor que yo no me merezco, dice irónicamente, jamás he sido un dirigente político” Carlos prefiere describirse como “un militante de la resistencia, un guerrillero urbano”.

Encarcelado por la dictadura de Augusto Pinochet en 1981, está todavía condenado a cadena perpetua según una ley denominada “antiterrorista”. Para él, como para los otros militantes en su mismo caso, la vuelta del a democracia tuvo un gusto…

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Entre Tortura y Filantropía – Los niños pobres del “Presidente” Pinochet

DestacadoEntre Tortura y Filantropía – Los niños pobres del “Presidente” Pinochet

Latinodada

http://latinodada.blogspot.de/2015/05/el-nino-limitado.html

El “niño limitado”

27 marzo 2015

Markus Thulin.

Entre Tortura y Filantropía – Los niños pobres del “Presidente” Pinochet

Este artículo se puede leer también en Alemán:
http://zentrodada.blogspot.de/2015/05/el-nino-limitado.html

Chile después del 11 de septiembre de 1973 fue una dictadura. A través de una política represiva y elecciones manipuladas una junta militar, presidida por el General Augusto Pinochet (1915-2006) gobernó el país. Una parte de la sociedad representada por grupos y organizaciones afiliadas al “régimen militar” (como muchos de ellos nombran la dictadura hasta hoy) apoyó al nuevo estado.

Con el presidente Salvador Allende (1908-1973) murió el 11 de septiembre también la buena voluntad de muchos Chilenos de trabajar democráticamente en un proceso progresivo de su país. La dictadura llevó a Chile a ser un país de privatización incondicional. La larga época de intentos de socialización entre mapuches (indígenas) y mestizos, los ciudadanos y la gente pobre en los suburbios (las poblaciones) llegó a un final sin retorno por 16 años.

 
celebración del Día del niño – 1978 – Región Metropolitana

Cinco años después del golpe – en diciembre de 1978 – un gran programa de recaudación para los niños lisiados tuvo su inauguración en la televisión – la “Teletón” moderado por Mario Luis Kreutzberger Blumenfeld –  “Don Francisco”:

https://youtu.be/SNkODjDg73w

La Teletón recaudó fondos para el “niño limitado” – niños condiscapacidades físicas como parálisis, amputaciones o deformaciones. A través de un gran evento cada año se presentaba un nuevo himno para los niños que necesitaban ayuda, como en 1980 la canción “De pie la esperanza”:

https://youtu.be/RFNfwUrQe_o
Foto: www.coanil.cl/

En 1974 se fundó la organización Coanil (Fundación de Ayuda Al Niño Limitado) creando residencias y escuelas a lo largo de todo el país, con el objetivo de mejorar la situación social y económica en que se encontraban las personas con discapacidad intelectual (niños limitados), especialmente en los sectores de extrema pobreza del país.

En diciembre de 1978 cuando la Teletón fue transmitida por primera vez a las casas de los Chilenos (los que poseían un televisor), parecía que todo Chile y todos los Chilenos aplaudieron al gran intento por mejorar la situación catastrófica de sus más pequeños compatriotas. Una de las donaciones más grandes en 1978 la hizo general Pinochet.

A pesar de un progreso económico que Chile vivió hasta los principios de los años 1980, hubo constantemente un cierto porcentaje de Chilenos que quedó atrás  – la gente más pobre y sus niños. El “Señor Presidente” hizo todo lo posible para que estos “niños pobres” no se convirtieran en “niños resistentes” a su régimen.

Durante el régimen de la Junta Militar hubo 107 casos de violencia contra niños que afectaron a menores de 18 años. Hubo 34 ejecutados, 20 detenidos desaparecidos, 12 muertes a consecuencias de situaciones de violencia política, 24 por abuso de poder y 17 a causa de violencia innecesaria. Respecto a las edades en su mayoría las víctimas eran adolescentes, el 54% tenía entre 16 y 17 años, y el 26% entre 14 y 15.

 
Desfile de fiestas patrias – 1976 – Región de Coquimbo

El gobierno quería evitar la resistencia de la juventud y una de sus acciones fue la renovación de los desfiles escolares como los actos oficiales de la juventud chilena en el día de la  “Llama de la Libertad”, la fiesta de la primavera y otros eventos de gran envergadura. Por mucho tiempo, incluso después de la dictadura, en los colegios no se enseñó la historia del gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende.

“Carabineros de Chile” es la única institución policial uniformada (la otra es la policía de Investigaciones – PDI) del país. Por eso, sus funciones son múltiples: desde el control del tránsito, el cuidado de niños, vigilancia de fronteras, vigilancia y patrullaje de las ciudades y del campo, hasta la represión política. Referente a la dictadura se recuerda más esto último. Sin embargo la exaltación de carabineros (su patriotismo, nobleza, sacrificio, etc.) en las escuelas (sobre todo primarias) es tradicional, y ocurrió antes, durante y después de la dictadura.
Ejemplo de “Las brigadas escolares” actuales – documental de abril de 2010:

https://youtu.be/8pGbS2XsRiY

En 1997, nueve años después del “No” al “Presidente” Pinochet un informe de “Carabineros de Chile” señaló que había  2.450 de organizaciones juveniles de los Carabineros de Chile, con 60.722 integrantes.

De las actas del Ministerio de Salud de los años 1973 hasta 1978 resulta que había un mayor esfuerzo del gobierno para la ayuda al “niño pobre” con nuevos programas de salud y educación. Sin embargo no desapareció la pobreza, ni desaparecieron las víctimas inocentes de la dictadura que murieron, que fueron torturados o que perdieron a sus padres a través de las persecuciones hechas por la policía y el ejército militar.

 
“Protección al niño limitado” – estampilla 1977 [Foto: mercadolibre.com]

El 13 de agosto de 1999 fue descubierto el cuerpo de Carlos Patricio Farina Oyarce de 13 años secuestrado en octubre de 1973, una de las víctimas juveniles de la dictadura más conocidas en Chile. El tráiler del documental “mi hermano y yo” sobre la investigación en su caso se puede ver aquí:

http://www.cinechile.cl/pelicula-691
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Las fotos para este artículo/Post se puede encontrar aquí:http://www.memoriasdelsigloxx.cl/

La base de literatura para este artículo/Post fue: “Historia de la Infancia en el Chile republicano 1810-2010” de Jorge Rojas Flores. El libro completo se puede leer aquí: 
http://web.integra.cl/doctos_cedoc/archivos/documentos/historia_infancia_chile_republicano_academico%5B1%5D.pdf

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http://latinodada.blogspot.de/2014/10/la-ninez-en-la-dictadura-el-caso.html

Los Combatientes Jóvenes de Ayer y de Hoy. Una Memoria popular.

Los Combatientes Jóvenes de Ayer y de Hoy. Una Memoria popular.

SALUDOS AL DÍA DEL COMBATIENTE – Brigada Salvador Allende BRISA

Buscando en las páginas de internet o en documentos oficiales de los gobiernos pos dictadura, se pueden observar las conmemoraciones referidas a la “chilenidad”, muestran una infinidad de fiestas religiosas y paganas muy conocidas, y cuando se hace referencia a las fiestas “oficiales”, llama la atención que varios hechos que se celebran sucedieron en territorios que no eran de Chile. Ejemplos, el Combate Naval de Iquique, la Batalla de la Concepción y otros. No aparecen dos importantes conmemoraciones que son tradición en el pueblo chileno, el 11 de septiembre y 29 de marzo.

Como es sabido, el 11 de septiembre recordamos el ejemplo y la dignidad de Salvador Allende y su grupo de escoltas, GAP, y es homenaje a las víctimas de la dictadura y por ende es una repulsa a los criminales golpistas civiles y militares.

La versión “oficial”, borra totalmente la participación de los combatientes y de las organizaciones populares en la lucha contra la dictadura, pero a pesar de ello, en nuestro país se conmemora sagradamente el 29 de marzo, como el “Día del Combatiente”. Un día como ese, en 1985, los hermanos Rafael y Eduardo Vergara Toledo fueron asesinados por carabineros en Villa Francia, y al llegar la noche, la joven Paulina Aguirre es ejecutada por la CNI en el sector El Arrayán. Un año antes en Pudahuel, el mismo día, había sido asesinado Mauricio Maigret Becerra, al enfrentarse a las fuerzas represivas. Todos militaban en MIR.

Ese día no se ha borrado de la memoria de los chilenos y es considerado además, como de homenaje al pueblo rebelde y en recuerdo a los jóvenes chilenos que enfrentaron en la lucha directa a la dictadura, en el combate poblacional, en las jornadas de protestas y barricadas, en las universidades y liceos, en los centros de trabajo, en los grupos de combate, en los enfrentamientos armados contra las fuerzas represivas, en las acciones de notoriedad contra la “normalidad” que nos pretendían imponer la clase pudiente, en la lucha clandestina, y en reconocimiento también al exilio combativo y al internacionalismo de cientos de jóvenes fuera de Chile. Es un homenaje a los presos políticos que mantuvieron firme sus ideas, luego de ser detenidos, torturados y encarcelados. Es recordar con orgullo sus huelgas de hambre, desde el mismo 11 de septiembre de 1973.

Los combatientes, fueron los actores directos de las acciones políticos militares, de propaganda y agitación, miles de hombres y mujeres cumplieron más de una de esas tareas o misiones, según sea el caso. La mayoría de ellos se vieron obligados a aprender el arte militar y conspirativo con éxito, para brindarnos alegrías y justicia popular.

son los que desprecian con más fuerza la vergonzosa voltereta ideológica de los otrora conspicuos y fulgurantes dirigentes políticos de izquierda, hoy devenidos en “demócratas binominales”.

El “29” se rememora la lucha desplegada por los “jóvenes de otra época, aquellos de las primeras resistencias al Golpe de Estado en las filas socialistas del grupo de escoltas de Allende en La Moneda, la Plaza de la Constitución y en las poblaciones populares. Recuerda con orgullo la Resistencia de los combatientes del MIR, los Grupos Cero de los comunistas, las acciones audaces del FPMR y de los jóvenes lautaristas. El pacto de la Transición transformó a estos combatientes en “terroristas”, por obra y gracia de los intereses espurios

que hoy salen a la luz, debido a la connivencia corrupta y monetaria entre empresarios de la dictadura y la Concertación (partidos de izquierda incluidos) que representaban a los opositores frente a Pinochet y la derecha a finales de los años ochenta.

Santiago Chile, Marzo 29, 2015

El hombre del abrigo amarillento lleva nuestra memoria a Rusia

EL HOMBRE DEL ABRIGO  AMARILLENTO Y LA MUJER QUE LO AMABA

 “Los mujeriegos, esos grandes hombres que con sus pañuelos llenos de rouge van por los caminos”.

José Ángel Cuevas

“La monogamia, nacida de la concentración de riqueza por los hombres y del deseo de heredar esa riqueza a sus hijos, requiere la imposición monogámica de la mujer, pero ello no ha sido impedimento para la poligamia descarada u oculta del hombre”.

F. Engels, El origen de la familia, la propiedad y el estado.

Que las mujeres son personas de clase diferente es una condición que día tras día constato y me convenzo de lo cierto que ello es: otra manera de mirar, de sonreír, de expresar las cosas que piensan. Lo dice uno que no se cansa de observarlas y puede hacerlo a resguardo sabiendo que no lo verán y que si lo vieran no le darían ninguna importancia. Es así como voy tras ellas para disfrutar de ver cómo gozan, cómo ríen, cómo se cuentan secretos. En mi opinión nada hay más bello que los secretos que se comparten las mujeres. Esa comprensión que se brindan, esa complicidad que se demuestran: más que hermoso. La última que quise admirar caminaba junto a un tipo de abrigo amarillento. Ella con su lucecita en los ojos, él hablando de mil cosas, recuerdos. Cosas que, con seguridad, les pertenecían a ambos y que antaño habrían reído con ellas. Pequeñeces simpáticas que él le recordaba a la subida por esos escalones mientras la mujer eludía las caricias nada sutiles que el hombre intentaba sin darle descanso.

Bella manera de subir, pensé, aunque me perdía detalles. Es que la pareja había ingresado a una casona vieja, hotel de barrio, y yo, pájaro pardo que aleteaba desde afuera solo alcanzaba a escuchar sus palabras cuando pasaban junto a los vidrios quebrados, había tantos, nadie se ocupa de reponerlos en hoteles de a ratos así como no existe la mujer que no sonría al entrar en alguno de ellos: albergues transitorios de esperanza. Sonrisas de mujeres que serán amadas. Ninguna se resiste a sonreír en estas circunstancias. Ellas en eso son todas iguales, lo son también en la luminosidad que les surge cuando la fortuna las enfrenta con alguno con el que han sido amantes. Y ya ven cómo éste parecía ser el caso: ella se reía divertida con las historias que él le recordaba y le divertían también sus intentos de a toda costa propasarse. Aunque yo, testigo, afirmo que el hombre reía más, reía con todas sus ganas. Empezaba a reír antes de terminar lo que estaba contando y ella se contagiaba con su risa y se distraía, ocasión que él aprovechaba para no dar tregua a su deseo de rendirle tributo con las manos.

Todo esto ocurría mientras continuaban subiendo peldaños, y yo que no dejaba de envidiar al tipo, no dejaba de preguntarme tampoco cuánto tiempo hacía que ellos no se veían. Imposible saberlo, imposible incluso para mí, pájaro voyerista de profesión “observante”. Claro que si me arriesgo diría que haría acaso quince o veinte años, nunca menos. Es que eran demasiadas las historias que él tenía para recordarle haciendo notar que parecían todas verdaderas. La había pasado bien ese par, era algo obvio porque el hombre del abrigo amarillento continuaba con sus anécdotas incluso mientras buscaba dinero para pagar por el cuarto, aunque lógico, apenas desapareció la encargada volvió a sus ataques, a sus recurridos zarpazos. Suerte que para mi placer quedaron frente a uno de los vidrios rotos y a mi disposición para poder verlos bien y también para escucharlos.

Se buscaron las bocas y se reconocieron con las manos como verdaderos adolescentes. El hombre buscaba para ella recuerdos mientras murmuraba incoherencias alusivas a la primera vez que habían ido bajo los paltos. Lo decía todo en un murmullo que nada omitía. Resoplaba mencionando los botones que cortara del vestido de la muchacha, la negativa débil de ésta y la mancha roja a medida que la razón iban perdiendo. Resoplaba el hombre pero sin dejar de luchar por despojarla de su ropa, sobre todo de la última prenda que ella se empeñaba en conservar. Quizá ya no le resultaba fácil mostrarse desnuda ante uno al que no veía desde hacía tanto tiempo. En fin, eran perspectivas diferentes pues el hombre no demostraba un ápice de vergüenza, al contrario: de espaldas en la cama la observaba con la expresión gozosa del león que admira a la gacela y no dejaba de preguntarle cómo podía avergonzarse después de esto y de lo otro y de todo eso que en el pasado habían hecho juntos.

Claro que cuando el rosa pálido de la mujer surgió al descubrirse deslumbrante, el hombre, atónito ante tamaña perfección, cogió su fino abrigo amarillento y la cubrió. La mujer aceptó aquel gesto en una actitud de sentirse protegida aunque satisfecha también con el forro de seda acariciando esa piel suya avergonzada. Sonrió entonces mientras el hombre, sin quitarle el abrigo, la empujó seguro junto a él, con la certeza de que ella volvería a amarlo como hacía quince o veinte años. Quizá por eso osó bajo las sábanas sin ninguna clase de preámbulos, buscó miel de ulmo y la encontró porque se mantuvo un rato largo disfrutando cabeza abajo. Después de eso se amaron de un modo que a veces era suave y otras violento, y en que el hombre hacía pausas y entonces, brioso, atacaba de nuevo mientras ella se las ingeniaba para hacerlo gozar de sus senos aunque aún tuviera el abrigo puesto. Todo era esfuerzo para el hombre del abrigo amarillento, pero buen esfuerzo. Se notaba:

“¿Te acuerdas de la primera vez que nos subimos al palto? ¿Te acuerdas cómo tu hermana trataba de encontrarnos?”. Cosas así le iba preguntando mientras toro maestro continuaba en un galope que ninguno de los dos esperaba terminarlo.

El palto para los amantes juveniles, me dije distrayéndome y volví a la realidad cuando la pareja descansaba, o el hombre al menos. Dormía mientras la mujer jugueteaba recorriendo con un dedo el pecho de su amigo que subía y bajaba a medida que emitía ronquidos acompasados. Y he aquí una enorme diferencia entre hombres y mujeres: el hombre era un gran león en sueños mientras la mujer velaba su dormir sin dejar de juguetear en su pecho. Deseaba, quizá, ser pequeña y tan frágil que pudiera correr por esa pradera que su amigo tenía cubierta de hierba enroscada o tal vez quería ser sirena y nadar sobre la piel de su amado mientras lo iba acariciando. Yo que aleteaba entre las ramas adiviné que ése era su deseo aunque pude darme cuenta de que la mujer se debatía también en la contradicción de acunarlo como madre pero conservando entre las piernas la rodilla de su hijo.

Extraña madre parecía la mujer que amaba al hombre del abrigo amarillento. Todas las mujeres tienen algo de madres y ésta que no lo era, al menos no de él, velaba su sueño como al de un hijo indefenso. Lo dejaba dormir mientras besaba su cuello, sus párpados. Lo amaba, estoy seguro. Lo amaba desde hacía quince o más años y sin duda iba a amarlo por veinte o treinta más. Así son las mujeres, me dije, mientras me extasiaba viéndola retirarse de la cama sigilosa para no despertarlo. Se quitó el abrigo del hombre y se acercó a la ventana unos instantes en que pude admirarla sin que nada se interpusiera. Fue por un momento apenas porque entonces se devolvió a la cama a su rutina de amar el cuerpo de su hombre-hijo-amado-dormido hasta que abrazada a él la sorprendió el cansancio. Se quedó dormida junto al hombre del abrigo amarillento al que ahora acompañaba en sueños y el sueño de él evocaba, tal vez, a esas tardes en el huerto de los paltos. Aunque advierto que puedo equivocarme: ése era seguro el sueño de ella, pero quizá no el del hombre. Quién me dice si en vez de a los paltos él no volvía en sueños a su oficina, al trabajo, a la manera de cómo se ganaba el sustento. En todo caso el dormir de ambos era plácido, en eso se parecen hombres y mujeres, también los que componían esta pareja que yo observaba: una mujer y un hombre que quizá no se amaban desde hacía veinte o más años pero ahora dormían compartiendo sueños de niños, sueños de paltos.

Dormían soñando y les correspondería despertar, vuelta él a sus quehaceres y ella a su recato. Las sábanas reemplazarían al abrigo para protegerla de las miradas del hombre que volvería seguramente a sus risas, desnudo sobre la cama, ni un ápice de vergüenza. Son distintos, me dije otra vez, mientras la veía recomenzar su juego de caricias y el hombre llegaba con sus historias a las historias del presente. “¿Eres feliz?” le preguntó, pero no pareció importarle la respuesta, él respondió por él sin que ella nada respondiera ni preguntara. Pero ella sí había respondido, dijo algo que el hombre no alcanzó a entender y yo tampoco: el hombre porque continuaba bromeando y yo porque soy imperfecto y tiendo a veces a desconcentrarme.

Y entre bromas el hombre le contó de su hijo a punto de egresar de la universidad y del segundo, nada menos, un artista. Le habló también de una chiquilla, “es una princesa” le dijo y sin que mediara nada, agregó “qué bueno que tú encontraste al tipo correcto”. Ella pareció asentir con la cabeza pero no logré darme cuenta de a qué asentía exactamente porque el hombre no se dejaba interrumpir con las respuestas que daba a sus propias preguntas y a las que suponía eran las respuestas que le daba la mujer. Por eso, por las acotaciones del hombre, supuse que ella vivía con un buen tipo, con uno que probablemente el hombre del abrigo amarillento conocía. Podía ser que hubiesen sido amigos, qué sé yo, excompañeros de la universidad o de algún trabajo.

Ella murmuró “feliz con mis hijos”, aunque lo dijo para sí, para escucharlo ella misma, y sin saberlo también para mí que detuve mi trinar para indagar en sus sentimientos. Mientras tanto el hombre retomó sus historias del pasado contando cómo había salido adelante sorteando aquellos años oscuros en que los perros habían abandonado madrigueras para intentar atraparlos. “Curioso que nunca nos encontráramos por allí si tú ni yo fuimos de los que salieron arrancando”, dijo entre anécdotas intrincadas de lugares y nombres que tenían marcado el olor a guerrillero: “a Federico Álvarez (2)del Liceo de La Serena lo mataron a patadas, ¿te acuerdas de ese domingo en que nos invitó a su casa de Vicuña…? ¿Te acuerdas del che compadre a quien acribillaron en (3)Janequeo el maldito día de Fuenteovejuna. (4)Y de Lucho Guajardo el que logró escapar en su famosa bicicleta pero nada más se supo de él después que lo recapturaron. Nada se supo tampoco del lugar dónde arrojaron a (5)Contreras Claudio llamado “Coco”, ni a (6) Boris” Agustín, ni a  (7) Horacio Carabantes, tampoco a (8) Joaquín, de apellido verdadero “Vásquez Sáez”, ni a (9) Nano de La Barra, mucho menos a (1) María Cristina López, ¿te acuerdas de la luminosidad de sus ojos acaramelados?”

María Cristina:  cómo querías a tus amigos, hombre del abrigo amarillento, a tus compañeros de lucha, pero cuando la mencionaste a ella tu mirada se ensombreció y yo adiviné que la razón era una muchacha hermosa, mujer de convicciones. Son cosas que no llegué a determinar o de las cuales no tuve certeza, pero sí aseguro que fue ése el único momento en que el hombre de la mujer que yo observaba perdió en parte su sonrisa, aunque la recuperó casi de inmediato a la vez que volvía a lo de sus hijos y su casa: un buen hogar. “Qué bueno que el tuyo también lo es” le dijo, y el actual hijo-amante, exguerrillero,  continuó contándole de su familia y de su mujer que era también una buena amante. “Hemos tenido suerte, tú y yo” declaró, pero ella nada había dicho de cómo era o cómo no era su marido, apenas un murmullo acerca de sus hijos. Bastante reservada la mujer que amaba a este hombre-hijo, exguerrillero, examante.

Así estaban las cosas como las veía este pájaro intruso: el hombre del abrigo amarillento era un buen amante y lo era también la mujer con que vivía. Por otra parte esa amiga de antaño con que ahora se encontraba era una amante extraordinaria, si bien yo no había experimentado placer brindado por ella, por mi oficio de fisgón le daba todo el crédito, no por nada, pajarillo errante, yo soy también capaz de ir por ahí de sexo en ristre.

Cómo sería su marido, era la pregunta, pero estoy seguro de que ella en su recato sería eso algo que no se atrevería a confesar. Era capaz de entregarse a su amigo por entera, dormida o despierta, pero solo le hablaría de sus hijos. “Soy feliz, con ellos” la escuché que repetía pero el hombre de nuevo no pudo escucharla porque la mujer lo dijo justo cuando él había retomado su discurso. “Házmelo como se lo haces a él” decía, y le empujó suave pero firme la cabeza hasta el miembro que se veía otra vez orgulloso y erecto. La mujer se dejó conducir sin decir palabra y yo pájaro pardo con el oído en sus pensamientos, sé que lo hizo en realidad como se lo hacía a él mismo, al amigo con que ahora compartía el camastro. Para eso era él quien se lo había enseñado a hacer arriba de los paltos y si en algún momento no estuve seguro de esto mi duda se disipó al ver que la mujer, sin interrumpir la caricia de sus labios, miraba a su amigo por el rabillo y en sus ojos estaban igual las chispas de los primeros acercamientos. Es cierto que se la notaba con algo de vergüenza pero no tanta como para que el hombre no gozara del contacto, además en los ojos de la mujer al sentir el goce final de su amigo apareció una sonrisa tenue de niña, con seguridad la misma que tenía cuando ensayaban el amor en la copa de los árboles. Así son las mujeres, me dije: evocaba placeres juveniles mientras él, loco de pasión, insistía en que ella emulara exactas las caricias supuestamente reservadas para quien la había desposado. Pero eso para ella no parecía importante, vuelta atrás por veinte años tras gozar con el sabor del hombre, olvidada de su vergüenza, galopó, amazona desnuda, para morir clavada y dormirse otra vez sobre ese curioso potro montado a la inversa, aunque ahora sí extenuado.

Era ya de noche plena. “Tu marido debe ser un buen amante” repitió el hombre mascullándolo como letanía desde un sueño y el dormir fue profundo algunos instantes para esa madre-mujer y para ese hombre-hijo. Fueron apenas unos cuantos segundos que terminaron abruptos. Entonces vi al hombre vestirse mientras la mujer permanecía observándolo sin inquietarse. Esta vez el pudor no parecía afectarla: cabeza en la almohada, desnuda y tan tranquila como si pudiera detener con la mirada al hombre para que ese momento se hiciese interminable.

Entonces él le preguntó “¿por qué no te vistes?” y ella sin quitarle la vista de encima le respondió que no se preocupara pues vivía apenas a tres cuadras. Claro que ya de nuevo el hombre no la escuchaba, en vez de eso, mientras anudaba su corbata había vuelto quizá a veinte o a treinta años y recomenzaba sus anécdotas. En una de ellas, aunque de seguro no lo pretendía, recordó la mujer un suceso turbio, un enredo con una tal Mónica, amiga de ambos. Ni él ni ella la mencionaron, pero de urraca, pájaro fisgón, navegué entre sus pensamientos y supe que el hombre y la mujer pensaban en esa amiga lejana: el hombre con una sonrisa que pretendía disimular y la mujer con un dejo de tristeza. Concentrado en el hombre me enteré que él había tenido que ver con aquella Mónica de apellido Alarcón, tal vez la llevó bajo el mismo palto mientras su amiga preparaba las tareas o realizaba quién sabe qué encargos. Llegué a saber eso y supe también que era un suceso que la mujer no lograba arrancárselo: el hombre del abrigo amarillento había ido al huerto con la tal Mónica por el mismo tiempo en que iba con ella, debió ser cuando tenían quince o catorce años, posiblemente en La Serena, atrás por los sesenta.

“Pero lo de la Alarcón no tuvo la importancia de lo nuestro” pensó la mujer, y yo, pájaro de oído fino logré una vez más escucharla. También la escuché que agregó para sí: “¿y qué puede importar una cuestión de infidelidad cuando han pasado más de veinte años?”. Un momento después mientras su amigo se anudaba los zapatos, musitó moviendo apenas los labios: “Estuve feliz de que me enseñara a amar y sobre todo a amarlo”. El hombre de vuelta al presente quiso insistir en lo del marido: “tiene suerte de tenerte” le dijo, mientras se miraba al espejo acomodándose las canas, sin embargo los ojos de la mujer se habían ensombrecido. A pesar de eso el hombre del abrigo amarillento se acercó a ella con la bragueta entreabierta y la mujer lo sintió crecer por última vez en la humedad de su boca. Se estaban despidiendo. El hombre se inclinó entonces sobre ella y la mujer alcanzó a robarle un beso antes de que su amigo se alejara.

Salió del cuarto el hombre con su abrigo puesto y una vez en los escalones noté que había robado la ropa interior a su amiga y bajaba por las escaleras acariciándola. Tal vez esperaba rescatar de ahí el aroma a deseo de su antigua camarada y tenerla presente mezclada al olor de los paltos. Pájaro pardo, lo comprendo, yo que soy por excelencia voyerista, he aprendido a gozar atrapando también aromas, es con ellas que me ayudo a recordar las sonrisas y las formas de las mujeres que gozo observando.

En Pío Nono la gente se había vuelto un mar horrendo. Era difícil desplazarse incluso para mí, voyerista alado. El hombre debió abrirse paso con los hombros y tan pronto como pudo subió a un taxi sin dejar de acariciar esa prenda de vestir que llevaba ahora en el bolsillo de su abrigo amarillento. Bien por ti exguerrillero, exescalador de paltos, examante de la tal Mónica Alarcón que nada te exigía, disponías de ella a tu antojo, jamás te pidió que lo supieran sus amigas, nada. Apenas esperaba una caricia, una cerrada de ojo, a cambio estaba para ti siempre que no estaba tu amiga “la importante”, como seguramente la llamabas, ésta que no veías desde hacía tantos años y que se la jugó también en contra de los perros, y tal como tú dijiste, no fue de las que salieron arrancando. Pero ambas te amaban, cómo te amaban, e imagino que la otra sentía también por ti un gran afecto, me refiero a la más comprometida, quizá exguerrillera: María Cristina, la conociste mucho después, habías olvidado a la tal Alarcón y también a la amiga con que acabas de gozarlo, ya vivías en Santiago. Pero ella sí era exigente, hombre del abrigo amarillento, no me cabe duda. La equidad era requisito y requisito también un comportamiento ético. Ética revolucionaria en medio de las balas: si la hubieras querido habrías tenido que merecerla. Qué tarea difícil amigo mío: hacerte tú merecedor de una mujer tan valerosa, de ahí tu rostro de sombras cuando por desventura la recuerdas. Pero qué importa, si el encuentro con tu amiga serenense de esta tarde prueba que de nada te olvidas, y yo que no te juzgo grito con el pensamiento que si las olvidaras serías un infame, es la opinión humilde de este pájaro pardo, jilguero cantor que no debieras tomar en cuenta porque yerra. Observa, siempre observa y casi no pierde detalles, aún así a veces se equivoca, y mi equivocación de esa vez fue distraerme haciendo conjeturas en vez de aprovechar la visión de la mujer que suponía aún sobre la cama, espléndida y desnuda, recién amada, recién gozada. Cuando me devolví para hacerlo nadie había en el camastro, nadie. Loco de ansias entré por los vidrios destrozados con un presentimiento amargo. La busqué por los pasillos, por debajo de la cama. Al no encontrarla aleteé dentro de la habitación mientras un viejo nudo que tengo me iba apretando la garganta. Fue entonces que la vi, nunca lo hubiera esperado: estaba tendida sobre los azulejos en el baño. Por aquel suelo congelado un río rojo se venía arrastrando. Quise gritar socorro, lo quería con el alma, “¡Socorro!” triné, pero quién le hace caso a un pájaro pardo.

Desgracia, son distintas las mujeres de los hombres. “¿Por qué lo hiciste, insensata?” le grité con el pensamiento, y ella, que parecía arrepentida, respondió “lo busqué por veinte años”. Después, con un gesto de desesperación agregó: “sálveme que mis hijos me están esperando”. Aleteé como un loco dando vueltas por el cuarto, quería detener ese torrente maligno, llevarla entre mis brazos. Pájaro Pardo, convertido en zorzal noble pleno del vigor que brota a los desesperados, hice un esfuerzo supremo hasta que logré alzarla. Podrán no creerlo pero la mujer parecía apenas pluma liviana y con ella a cuestas salí aleteando. Esperaba llevarla a la posta a un hospital, o qué sé yo, a mi propio nido de pájaro pardo, sin embargo afuera, por encima de los árboles, sentí que esa alma suya se escapaba, sonreía y se escapaba. La pluma de ave del paraíso en que la mujer se había convertido avanzaba más rápido que yo por los espacios.

Subía arriba, muy arriba. Subía y se alargaba. Aún la tenía tomada de la mano, pese a eso continuaba alargándose y cambiaba su palidez por miles de colores mientras parecía irse desenrollando. Un segundo después, la figura delgada y sinuosa de la mujer que amaba al hombre del abrigo amarillento terminaba su ascenso y descendía en parábola, serpentina de colores que yo quise reenrollar  y dejarla para mí, sin embargo continuó en su caída, frágil, suave, convertida en pedacitos de papeles salpicando las cabezas de las personas que los recibían sonriendo. Pensaban quizá que eran por el cielo celebrados.

 

MARTÍN FAUNES AMIGO

(1) http://www.archivochile.com/Memorial/caidos_mir/119/067lopez_maria.pdf

(2) http://www.memoriaviva.com/Ejecutados/Ejecutados_A/alvarez_santibanez_federico.htm

(3) http://www.puntofinal.cl/576/cuchilloslargos.htm Hugo Ratier, argentino

(4) http://www.atinachile.cl/content/view/101240/Lucho-Guajardo.html

(5) http://www.lashistoriasquepodemoscontar.cl/coco.htm

(6) http://www.lashistoriasquepodemoscontar.cl/angel.htm

(7) http://www.lashistoriasquepodemoscontar.cl/cocacola.htm

(8) http://www.archivochile.com/Memorial/caidos_mir/119/067lopez_maria.pdf

(9) http://www.archivochile.com/Chile_actual/16_hue_dict/chact_huedict0021.pdf Nano de la Barra y Ana Maria Puga

(10) http://www.lashistoriasquepodemoscontar.cl/genteute.htm “Boris” Agustin

 

“El hombre del abrigo amarillendo y la mujer que lo amaba”, fue publicado en UN LAPIZ DE PASTA MARCA BIC Y OTRAS AVENTURAS SUBTERRANEAS, Martín Faunes Amigo, Editorial Cuarto Propio, 2013.

En el Cementerio no están los Desaparecidos

En el Cementerio no están los Desaparecidos

En el Cementerio no están los Desaparecidos

Por Cristian Cottet

y ahora voy a morir, sin nada más, con tierra
sobre mi cuerpo, destinado a ser tierra.
Pablo Neruda
Canto General

La muerte es un asunto que va del desastre a la resignación, del llanto a la ritualidad, del espanto a la paz. La muerte nos gobierna, de a rato queremos no verle, esconder el rostro, pasar por su lado silbando sin que ella nos vea, pero es inevitable. Está ahí con sus pompas fúnebres, con sus velorios, sus cementerios, sus negociados. Creo que no existe cultura donde la muerte pase inadvertida. Todas se las arreglan para definir una forma de desprenderse de la materialidad que es el cuerpo. Unos le incineran, otros le lanzan a un río o al mar, otros los embalsaman, otros le entierran en un espacio que definen para esos menesteres. Para nosotros los chilenos el cementerio es el espacio más recurrido donde dejar “los restos” de nuestros seres queridos.

La antropóloga argentina Laura Panizo, propone cierta matriz de “atención” a la muerte. Para ella el duelo y el luto son dos fenómenos que se complementan y explican mutuamente dentro del ritual de la muerte. Mientras el duelo son prácticas privadas, materiales, simbólicas y mentales de los sobrevivientes, el luto serían los procedimientos colectivos que permiten el reingreso de los deudos a la comunidad de los vivientes. El duelo refiere a la capacidad de cada uno de los vivientes para reubicarse y reintegrarse en la comunidad que contuvo al no viviente, es un ejercicio fundamentalmente privado. El luto, en cambio, es un rito colectivo donde se despliegan diferentas prácticas que permitan volver al precario equilibrio social desde donde se sale y se debe retornar.

Como ritualidad, el luto obliga avanzar desde la separación (lo preliminal), estacionarse en la transición (lo liminal) y terminal en el reingreso (lo posliminal). Realizar a cabalidad esta “pascua” permite un reingreso en paz y así construir el duelo. Para alcanzar esto es necesario que se cumplan, por lo menos, dos condiciones: primero, que la ritualidad se materialice en todas sus formas y etapas, y segundo, que el cuerpo del que ha partido participe desde la separación al reingreso en la forma de una nueva instalación simbólica. Como dije al comienzo, la muerte es un asunto que va del desastre a la resignación.

Cuando el cuerpo no está, queda suspendido el rito en la liminalidad y el duelo se transforma en un permanente e infinito suspenso, donde los deudos deben construir otras estrategias de sobrevida, que estarán cargadas de incertidumbre y desamparo. En ese caso, que es el de los chilenos “detenidos desaparecidos”, no hay velorio, no existe ataúd ni cementerio, que es el territorio destinado al depósito de los cuerpos. La “animita” es una de las muchas formas que toma este ejercicio de muerte sin un cuerpo que resguardar.

En la Región Metropolitana de Chile se han instalado casi tres centenares de memoriales en recuerdo de los chilenos ejecutados y desaparecidos por la dictadura militar. Estos eventos van desde animitas, placas, esculturas, panteones y memoriales. Detrás de cada uno existe una comunidad que se organiza tanto para su construcción como para su mantenimiento. Casi la generalidad está referida a personas muertas y sepultadas, agreguemos a esto que el Estado mantiene un Programa de ayuda financiera para esos efectos.

El año 1993 se concretó la construcción del Memorial de los Detenidos Desaparecidos y Ejecutados instalado en el Cementerio General de Santiago, me refiero al monumento que recuerda y homenajea a todos los detenidos desaparecidos de Chile. En los bordes de este monumento se construyeron dos panteones, donde sepultan aquellos cuerpos recuperados de la desaparición.

En el marco de lo dicho hasta ahora, cabe preguntarse: ¿Qué hace este memorial en un cementerio si los nombrados técnicamente no están muertos sino secuestrados? ¿Acaso, con esta instalación, se pretendió “dar por muerto” simbólicamente a los miles de desaparecidos? ¿Se pretendía poner fin al ¿Dónde están?

Una tarea urgente, en medio de tanta premura y reivindicación no cumplida, es terminar con esa ambigüedad de visitar a nuestras(os) hermanas(os) secuestrados, en el lugar donde dejamos los muertos. Ellos no están muertos mientras no tengamos sus cuerpos y podamos concluir el rito que permita reingresar a esta sociedad a los miles de familiares que esperan. Es responsabilidad nuestra también el obligar al Estado a que se instale en algún espacio público y de libre acceso un verdadero Memorial y no una cripta gigante en un cementerio. No se resolverá con esto la monumental tarea de encontrar los cuerpos, pero no cabe duda que ayudará a poner las cosas en su lugar, cuestión que tanta falta hace en nuestro querido país.

Diciembre de 2011

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Ayudista de todas las horas__ Sonia Edwards __por Lucía Sepúlveda

El Miguel, ellos, nosotros y la Carolita__ _Miguel Enríquez __por Adriana Goni

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Hombre niño casi alado _Claudio Venegas Lazzaro-__por Margarita Román

El guitarrista que se atrevía a cantar _Horacio Carabantes-__por Martín Faunes Amigo

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El niño invisible _Miguel, Bautista, Ricardo y Ambrosio- __por Manuel Holzapfel Gottschalk

El beso tembloroso _Mónica Llanca Iturra- __por Lucía Sepúlveda Ruiz

Aquí…, Radio Liberación _Fernando Vergara Vargas-__por Lucía Sepúlveda Ruiz

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Nilda Patricia __Nilda Patricia Peña Solari__por Juparo

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La niña junto al piano __Patricia Peña Solari__por Claudio

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Carta de Bautista a su madre __ Bautista Van Schouwen Vasey __

Página de diario de 1963 __ María Cristina López Stewart __

Otro más del Manuel de Salas __ Luis Guajardo Zamorano __Anónimo

Miguel vivía en una casa con vista a la esperanza __ Miguel Enríquez Espinoza __por José María Memet

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Hermana niña __ Carmen Bueno Cifuentes __por Olimpia Bueno

Historia de un asesinato por fusilamiento__ A la memoria de Pedro Purísimo Barría__por Germán Westphal

El hombre del abrigo amarillento y la mujer que lo amaba__María Cristina López Stewart, Federico Alvarez Santibáñez, Horacio Caravantes Olivares, Jaime Vásquez Sáez, Luis Guajardo Zamorano, Claudio Contreras y Agustín Martínez __por Martín Faunes Amigo

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Una persona de la raza humana __José Modesto Amigo Latorre__por Hippie

Encuentro del héroe con la traidora __Padre Antonio Llidó Mengual__por Archivero

Mac Leod había sido cadete __Juan Rodrigo Mac Leod Treuer y María Julieta Ramírez Gallegos__por Pablo Leiva

Con Mario somos amigos __Mario Edrulfo Carrasco Díaz __por Lucía Sepúlveda

Recuerda, tu hermano desapareció __Manuel Jesús Villalobos Díaz__por Lucía Sepúlveda

Un asesino anda suelto por Ñuñoa __Eduardo y Rafael Vergara Toledo__Desde Comisión FUNA

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La casita de La Faena__Jaime Orellana __por Kenya

Los ojos olvidados del camarógrafo de la “Batalla de Chile”__Carmen Bueno y Jorge Müller Silva __por Gustavo del Campo

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Ayer cuando me enteré__José Francisco Bordás Paz, “el Coño Molina” __por Rucia

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Juez especial después de 27 años__Leopoldo Muñoz Andrade__por Lucía Sepúlveda

¿Dónde estará la Violeta del Grupo de Teatro Acuarium?__Violeta López Díaz__por Lucía Sepúlveda

Morén Brito versus María Teresa Eltit “et ale” __María Teresa Eltit__por Lucía Sepúlveda

El año nuevo ’75 de Marisa: Infierno en La Torre__María Isabel Joui __por Lucía Sepúlveda

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El estudiante que Alejandra envió “a Puerto Montt”__ Mauricio Jorquera Encina __por Lucía Sepúlveda

Joven profesor detenido cuando iba a ver partido del Mundial__ Agustín Fioraso Chau __por Lucía Sepúlveda

Miguel Angel desaparecido versus Miguel Angel, su “doble” del sur__ Miguel Acuña Castillo y Héctor Garay Hermosilla __por Lucía Sepúlveda

Cacería nocturna__ Ofelio Lazo Lazo __por Lucía Sepúlveda

Desapareció de la U y de Maipú a los 21 años__ Juan Ernesto Ibarra Toledo __por Lucía Sepúlveda

Vietnam y Londres en la vida de un poblador__ Carlos Cubillos Gálvez __por Lucía Sepúlveda

El mirista de Quinta Normal que desapareció un 26 de julio__ Ismael Chávez Lobos __por Lucía Sepúlveda

La Pity Vergara__ Lucía Vergara Valenzuela __por Paty

Homenaje a Pepe Carrasco__ José Carrasco Tapia “Pepone” __por Patricia Collyer

El chico Sebastián, un artesano militante__ Rubén Arroyo Padilla __por Sonia Cano

Pepito milagroso__ José Carrasco Tapia “Pepone” __por Cheña

Verano del 72__ Sergio Peña Díaz __por Raúl de Calama

Váyanse de Santiago__ Lucía Vergara Valenzuela “la Pity” y Arturo Villavela Araujo __por Marisa

El veterinario del MCR__ Sergio Peña Díaz __por Queltec

Secretos de familia__ Alan Bruce Catalán __por Lucía Sepúlveda

Un beso para las tres__ Sergio Peña Díaz __por Ricardo-Eugenio

El Coño Villavela__ Arturo Villavela Araujo __por “M”

Del José Joaquín Aguirre al Hospital de Cunco__ Eduardo González Galeno __por Margarita Romero

El último de los buenos que alcanzó a verlo__ Sergio Pardo Pedemonte __por Aminta Traverso

La DINA contra dos del cordón Vicuña Mackenna__ Cecilia Castro Salvadores y Juan Carlos Rodríguez Araya __por Sonia Cano

Francia exige a justicia chilena aclarar desaparición de Alfonso Chanfreau__ Alfonso Chanfreau Oyarce __por Lucía Sepúlveda

Juan Chacón dijo adiós a su padre en Cuatro Alamos antes de desaparecer__ Juan Rosendo Chacón Olivares __por Lucía Sepúlveda

El arte de ser mirista y trabajar en Investigaciones__ Sonia Bustos Reyes __por Lucía Sepúlveda

La voz de María Angélica__ María Angélica Andreoli Bravo __por Lucía Sepúlveda

Marcados a fuego en la frente, María Inés y Martín__ María Inés Alvarado Borgel y Martín Elgueta Pinto __por Lucía Sepúlveda

Secuestro del albañil de la Población Kennedy__ Eduardo Alarcón Jara __por Lucía Sepúlveda

Kellina, la mirista hija de una enfermera del Hospital Militar__ Jacqueline Binfa Contreras __por Lucía Sepúlveda

Homenaje a la caída en combate de Miguel Enríquez __Miguel Enríquez Espinoza__por Hernán Aguiló

Sitio en homenaje a Jecar Nehgme __Jecar Antonio Nehgme Cristi__por Lucho

Profesionales a fines y contrapuestos __María Cristina López Stewart__por Martín Faunes Amigo

El último día de Miguel __Miguel Enríquez Espinoza__por Manuel Cavieses Donoso

Thamesis __Marcelo Salinas Eytel__por Nicole Drouilly

Muriel, dulces, kuchen y tortas __Muriel Dockendorff Navarrete__por Patricia Ochoa

El que tuvo siempre tiempo para escribir poesía __ Máximo Gedda Ortiz__por Ignacio Puelma

Un par de botas para su hermana __ Luis Guajardo Zamorano __por Martín Faunes Amigo

Carta para mi amigo el ciclista __ Sergio Tormen Méndez __por Carlos Moukarzel Numair

Cien años de soledad __ Santos Romeo González __por Nilda Bórquez

La hija del flaco Raúl __ Carlos Julio Fernández Zapata __por Hilda E. Espinoza Figueroa

El detective-ángel de las micro tabletas fotográficas __ Teobaldo Antonio Tello Garrido __por Martín Faunes Amigo

Ramón Núñez, ¡no existe! __Ramón Núñez Espinoza __por Lucía Sepúlveda

Abundio, el carpintero del G1 __Abundio Contreras González __por Lucía Sepúlveda

A la esquina sin abrigo en el invierno del 74__Jorge Olivares Graindorge, Zacarías Machuca Muñoz __por Lucía Sepúlveda

De la Bolsa de Comercio a un recinto de tortura__Guillermo Beausire Alonso __por Lucía Sepúlveda

Estoy en poder de la DINA!__Germán Moreno Fuenzalida __por Lucía Sepúlveda

Collar de flor al cuello__Cecilia Labrín __por Lorena Sandoval

Unos veranos después__Lumi Videla y Sergio Pérez __por Martín Faunes Amigo

El chaleco rosado de jacqueline__Jacqueline Drouilly __por Nicole Drouilly

Un ex dirigente de la salud__Marcos Esteban Quiñones Lembach __por Lucía Sepúlveda

Brazos que parecían abrazar sueños__Elízabeth Cabrera Balarritz __por Carmen Gallero Urízar

El delito de ser amigos y ex alumnos del Manuel de Salas__Jaime Mauricio Buzio Lorca __por Lucía Sepúlveda

Una imagen de cartón levantada sobre mi cabeza__Jenny Barra__por Lucrecia Brito Vásquez

La desaparición del peluquero mirista__Daniel Abraham Reyes Piña__por Lucía Sepúlveda

Sopa de rocas__Juan José Boncompte Andreu__por María Norambuena/Martín Faunes Amigo

Tren nocturno a la esperanza__Carlos Rioseco Espinoza__por Hilda E. Espinoza Figueroa

Entre dos mundos__Jorge D’orival Briceño__por Anita

María Isabel y María Teresa__María Isabel Joui Petersen y María Teresa Eltit Contreras__por Lucrecia Brito Vásquez

Una casa al fondo por Joaquín Godoy__Ida Vera Almarza, María Cristina López Stewart, Carlos Carrasco Matus, Miguel Angel Pizarro Meniconi __por Tomás Pizarro Meniconi

Coca-Cola__Jaime Vásquez Sáez__por Martín Faunes Amigo

El negro era un valiente__Hernán Pérez Alvarez__por Lucrecia Brito Vásquez

Nos encontraremos a través de la niebla que despejaremos__Muriel Dockendorff Navarrete__por Gloria Laso Lezaeta

A María Mardones__Hermanos Velásquez Mardones__por Hilda Espinoza

María Isabel tenía diecinueve años y una vida por delante__María Isabel Joui Petersen__por María Eugenia Letelier

_ > ¿QUIÉNES SOMOS? Un grupo interdisciplinario de personas interesadas en preservar la memoria histórica que bajo el nombre “Las historias que podemos contar”, hemos creado este espacio web para dar a conocer nuestros avances en estos ya catorce años en que nos hemos dedicado al trabajo de rescatar la memoria en pro de la dignidad valórica e histórica de los compañeros que cayeron enfrentando a la dictadura. Hacemos notar que son pocos aquellos que cuentan con una historia, un homenaje literario, o una foto o pintura que los rescate no sólo en lo que eran como militantes, sino también en como los seres humanos que eran, con alegrías y sueños. Así, este avance se muestra esperando incentive en la colaboración de todos ustedes para esta labor que no reconoce dimensiones ni partidos y el único plazo que establece es el más corto posible.El material que presentamos está, por lo tanto, en constante actualización, ello, gracias a aportes que se reciben desde todo el mundo, siendo factible que en él existan inexactitudes y errores que rogamos disculpar, sólo no se cometen errores cuando no se avanza. Adviértanos si detecta algún error y, ayúdenos, tenemos por delante una tarea inmensa: dar a conocer lo que pasó con los nuestros, pero por sobre todo, mostrar cómo eran ellos y cuáles eran sus sueños.Nadie que sepa algo se puede restar a esta tarea que para cumplirla somos todos necesarios. La idea es que escribamos sobre quienes conocimos y generemos con este material uno o más libros. Hemos publicado tres volúmenes de la saga “Las historias que podemos contar”, con una cuarta en preparación, el apoyo a cinco libros sobre memoria histórica ya publicados y más 500 historias escritas en homenaje a toda una generación que se la jugó contra la dictadura.Nos llamamos “Las historias que podemos contar”, porque si fuimos testigos y participantes podemos y tenemos todo el derecho a contarla, es más, lo debemos hacer para preservar esta historia reciente que a pesar de los esfuerzos que han hecho por borrarla ésta porfiadamente resurge para que la tengamos siempre presente. ¡Hasta la victoria siempre…!

Margarita Román Dobson, Hilda Espinoza Figueroa, Shenda Román, Xaviera Ovalle, Violeta Bagnara, Lorena Sandoval, Monique Hermosilla Jordens, María Angélica Illanes, Grecia Gálvez, Draco Maturana, Valeria Barraza, Edgardo Carabantes, Facundo Leylaf Ona, Juan Carlos Díaz, Manolo Arriagada, Pancho Lussich, Fernando Lizana, Manuel Paiva y Lucrecia Brito, nuestra Secretaria General, más Martín Faunes Amigo, nuestro Director.


LAS HISTORIAS QUE PODEMOS CONTAR: — directorhistorias@gmail.com

Descontrol, desadaptación, descontento o simplemente exclusión, Chile ante el mundial de fútbol

Gano Chile en el partido de futbol a España y la histeria se desató, celebraciones mas o menos vimos a mucha gente que sintieron que por fin su vida tenía un sentido que eran parte de algo o que algo estaba pasando en su entorno y querían ser parte de esto, desde mesuradas celebraciones a expresiones irracionales de descontrol como jóvenes cayendo del alumbrado público o desde el techo de microbuses.

Mas de 900 vehículos de la locomoción colectiva “atacados” dice la prensa, 40 choferes “secuestrados”, un muerto, un desaparecido y enfrentamiento entre los pacos y festejantes sobrios y no tanto fue el balance entregado por el gobierno en un escueto y asombrado informe desde este instrumento de control de clase.

Pero ¿alguien se atreve a buscar las causas de este comportamiento?, lo mas fácil es decir que son un grupo de desadaptados, delincuentes, anti patriotas y otros adjetivos que tratan de excluir a esta “gente” y dejarlos fuera del promedio de chilenos resilientes que se contenta con saltar, reTwittear  frases rimbombantes buscando en lo que 11 jugadores hacen para asirse a algo que les diga que también alguna vez ganan. Nos jactamos de haberle ganado a Australia a España y queremos ganarle a Holanda, pero resulta que en lo cotidiano en sus países, los trabajadores pueden negociar según este esquema

 

Porcentaje de trabajadores con negociación colectiva

 

Holanda   España   Australia   Chile

 

81%        71%        40%        8%

 

Fuente:Holanda, Australia, España: Employment Outlook 2012

OECD, ETUI, AIAS, Fundación SOL, Base de datos SIRELA, DITRAB

 

Porque eso sucede cuando la “gente” es excluida de su patria por otras “gentes” que creen deben hacerlo en aras de una buena convivencia, donde una casta política decide como se mueve un país, a quienes se excluye de las grandes cifras para que estas cuadren en la OCDE donde somos el país con mayor desigualdad miembro de esta, donde los índices de diferencia de sueldos entre el que mas gana y el que menos lo hace son vergonzosos, un país donde no se ha podido mejorar la educación y se sigue insistiendo en que el mercado debe regular la calidad, un país donde los mas pobres se jubilan con un promedio de $120.000 quedando postergados a ser parias luego de haber trabajado toda su vida, y ese estado que pide respeto y orden no esta ni ahí con ellos. Piden que no nos desordenemos pero nada dicen de las condiciones de empleo, salud y vivienda de millones de chilenos que siguen siendo postergados por un sistema que no los va a considerar pues no está para esto. Donde los gurus de la SOFOFA se reúnen a comentar sobre esta “chusma” enajenada por el futbol por los medios de comunicación que ellos controlan y donde ya no saben que inventar para mantener la pelota dentro de las cámaras las 24 horas los 7 días.

Estamos siendo bombardeados por el sistema que se prepara a realizar cambios en este mes de futbol que duraran  años por lo menos y nosotros no podemos soltar ni el celular ni el televisor.

Mas encima se asombran cuando la gente que no se siente parte de todo este exitoso modelo, hace lo que de por vida le han dicho puede hacer, enajenarse, excluirse de tomar parte y va a chocar con lo establecido, porque inconscientemente la masa está diciendo que no se siente parte de los otros triunfos, esos que nos pasan por la TV, los de los grandes tratados, los de la fundación Libertad y Desarrollo, los de la cámara de diputados, los de las autoridades que nos han robado casi todo, hasta nuestra soberanía para entregarla a los grandes capitales nacionales e internacionales.

No nos asombramos, creo que el sistema cosecha lo que ha sembrado, ese odio de muchos de nosotros por lo establecido, por como se hacen las cosas, por una casta de tipos que dicen representarme sin que yo los haya elegido. Por eso no nos asombramos.

El problema no es el futbol, son los medios azuzados por el sistema que lo utilizan para mantener la dominación sobre nosotros.

Llamamos a seguir organizándonos, seguir luchando y construyendo la unidad para deshacernos de esta realidad y construir en nuestra patria el gobierno de los trabajadores, el socialismo.

 

Fuerza Popular

 

 

 

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Tus respuestas aportaran a la construcción de Nuestra Memoria. Gracias por responder

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Formulario para ser respondido por DESCENDIENTES Y FAMILIARES DE LAS PERSONAS AFECTADAS POR LAS VIOLACIONES A LOS DD HH EN CHILE A PARTIR DE 1973

Destacado

Cuarenta años. ¿Aniversario o compromiso de unidad? Cristian Cottet

Cuarenta años. ¿Aniversario o compromiso de unidad?

 

Cristian Cottet

 

En todos aquellos lugares en que la política
ha sido falsa, incapaz y mala, se ha requerido
a la justicia para que actuara en su lugar…
Pablo Neruda; “Yo acuso”

El 20 de julio de 1974 es secuestrado desde un taller de bicicletas, en la comuna de Ñuñoa, el militante del MIR Luis Guajardo Zamorano. El 26 de julio de 1974 doña Eliana Zamorano Rojas, madre de Luis Guajardo Zamorano, interpuso un Recurso de Amparo a favor de su hijo ante la Corte de Apelaciones de Santiago, acompañando como antecedente un certificado de la Posta Nº 3 en el cual consta la atención médica realizada a su hijo. El 12 de diciembre de 1974, el Ministro del Interior, General Raúl Benavides Escobar, respondió a la Corte que el amparado no se encontraba detenido por orden emanada de ese ministerio.

Un año después, el 23 y 24 de julio de 1975, por medio de los diarios chilenos El Mercurio y La Segunda se da a conocer una lista de 119 chilenos que habrían muerto en diversos países sudamericanos, entre los cuales se encontraba Luis Guajardo Zamorano. “Exterminados como ratones”, era el titular del diario La Segunda.

El 5 de octubre de 1974 muere Miguel Humberto Enríquez Espinoza, Secretario General del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), combatiendo a los destacamentos de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). Representante genuino de una generación marcada por el avance las luchas populares, Enríquez marcó la pauta de lucha contra la dictadura instalada el 11 de septiembre de 1973 al negarse repetidamente abandonar Chile en virtud de un cerco que se cerraba cada día más.

Miguel Enríquez nació el 27 de marzo de 1944. En estos días cumpliría 70 años.

Pero también este año se cumplen 40 años de la desaparición de Luis Guajardo Zamorano.

Y se cumplen 39 años del montaje instalado por la dictadura y avalado por la prensa derechista, donde se quiso convencer de una vendetta criminal, haciendo uso de los nombres de 119 chilenos. 101 de ellos eran menores de 30 años. 57 eran solteros. 19 eran mujeres, 91 hijos quedaron sin padre o madre.

Este año se cumplen 40 años de la muerte de Miguel Enríquez.

Pero es mucho más que un aniversario. Estos 40 años encuentra a quienes combatieron y resistieron la dictadura desde la militancia en la izquierda revolucionaria en múltiples procesos paralelos de construcción de referentes políticos. La izquierda no tiene nombre, no es un líder ni un partido. Menos es un movimiento social gobernado por entusiasmos parciales. La izquierda es una sumatoria de reivindicaciones, es sentires campesinos, movilizaciones de trabajadores. La izquierda es mujer, estudiante. La izquierda es constitutiva de una identidad de la pobreza. La izquierda no le pertenece a nadie.

Cuarenta años es una vida, me dijo mi abuela cuando los cumplí. Cuarenta años son también lo que ha tardado la izquierda en reconocerse desde la pobreza construyendo referencias que den luz y dirección a las múltiples organizaciones que se debaten en las particulares reivindicaciones locales.

La izquierda es también los dolores de cada detenido desaparecido, no sólo los más nombrados o dirigentes nacionales. La izquierda es una campesina que junto a otra reunieron fuerzas para exigir que les devuelvan sus esposos en Paine. Cuarenta años es un vida, si, pero un vida definida por la memoria. El olvido, por su lado, es una mancha, una siniestra mancha que permite seguir viviendo y así gozar de las nuevas virtudes que nos ofrecen el presente y el futuro. El olvido se ha transformado en una acusación, en una serie de castigos y con esto la crueldad se ha instalado entre las desastrosas miradas del resto. El olvido es una conmemoración discriminadora, es reconocer el heroísmo de Miguel Enríquez y dejar de lado los 119 desaparecidos por la DINA. El olvido contiene mucha memoria, entonces cuando se conmemora la figura del héroe y se desplaza la figura del militante, del dirigente de la Reforma Agraria, de las mujeres violadas en Villa Grimaldi, cuando el héroe eclipsa a los que supone dirigir o reconocer, allí, en ese momento la izquierda concurre al olvido más ominoso y segmenta su patrimonio a una zona elitista y banal.

La fragmentación social y política ha sido una de las herramientas más recurrentes a la hora de inmovilizar las luchas y reivindicaciones de los pobres. Reconozcámoslo, continuar santificando algunos líderes muertos, semeja más a un proceso religioso, acerca mucho más a una animita, pero no a la práctica política que los pobres comienzan a reconocer como propia.

Este año se cumplen 40 años de la muerte de Miguel Enríquez.

Pero también este año se cumplen todos los cumpleaños de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), se cumplen todos los años de los detenidos desaparecidos y sus familiares que les buscan, se cumplen todos los años de los ejecutados, de los guerrilleros de Neltume, de las primeras gestiones de resistencia a la dictadura. Este año es el cumpleaños de Chile, un Chile vigoroso pero penoso, un Chile orgulloso de su trabajo.

Este año se cumplen 40 años de la muerte de Miguel Enríquez.

Existen dos posibilidades en este marasmo político que es la izquierda. O bien conmemoramos la muerte de Miguel Enríquez como un héroe que en solitario enfrentó lo peor que ha dado este país, o bien conmemoramos el comienzo de la construcción de una izquierda reunida tras muchos, miles de aniversarios que aún duelen cada vez que nos recuerdan la vida de izquierdistas que no descansaron ni flaquearon a la hora de luchar, no sólo por el retorno de la democracia existente antes del 73, sino por una vida mejor, un país mejor… una democracia mejor.

Este año se cumplen 40 años de la desaparición de Luis Guajardo Zamorano.

Comparta su Historia de Vida. La Memoria nos hermana. Exilio en Mozambique

Personas que estuvimos en Mozambique escribimos testimonios de ese periplo, y se plasmó en un libro que se lanzó en noviembre en el ex congreso, lamentablemente hubo poca participación y fue muy poca gente que trabaja en la “memoria”, pero fue mucha gente que quiso estar y tener segun dicen esos históricos testimonios esta fue la invitación donde sale información, quien necesite un libro me lo pide lo tiene un compañero a cargo de la distribución

Mari Cris, en Red Solidaria Casa de Miguel

https://www.facebook.com/groups/casademiguel/10151948927743616/?notif_t=group_comment

Paulina Manríquez | Mozambique

Paulina-Manriquez

¿CUÁLES SON LAS PRIMERAS IMPRESIONES DE SU LLEGADA AL NUEVO PAÍS?

DE LA VILLA FREI, ÑUÑOA  A  MAPUTO, MOZAMBIQUE.

Iniciado los años 80’, durante la crisis económica de Chile y luego del periodo de terror vivido en los 70’, mis padres junto a sus tres hijos de 13, 10 y 8 años, se impulsan en búsqueda de un lugar para vivir más acogedor,  que su amado país.

Es así, como partimos en un largo viaje hacia el sur de África, a Maputo, Mozambique. País independizado de su colonia Portuguesa en 1975, que tiene frontera con Sudáfrica y que su gran costa es el Índico.

Yo tenía alrededor de 10 años y no sabía lo que era viajar más allá del litoral central en “Citroneta”, por lo que recuerdo esa sensación mezclada de temor y valentía al momento de partir, afortunadamente junto a mis padres,  a lo desconocido.

Mi aproximación al continente africano se inició primeramente en Brasil.  Ruta inevitable para llegar al destino. Variedad de colores y ritmos. Luego cruzamos el atlántico y aterrizamos en Johannesburgo, Sudáfrica. Ahí sí, estábamos en África. Pleno periodo de lucha contra el apartheid y con el Líder Nelson Mandela preso, se iniciaba mi historia en ese continente, con un pueblo noble y generoso.

Para llegar finalmente al destino,  tomamos un pequeño avión de LAM (Líneas Aéreas Mozambicanas) No recuerdo bien el aterrizaje en Maputo, sino que mis primeros recuerdos están con la llegada y acogida de la Gran Familia de Agapito Santander, quienes llevaban unos años en Mozambique, luego de haber pasado su primer periodo de exilio en Francia.

Ellos nos vincularon con el resto de la Gran colonia Chilena, que existía por esas latitudes.

Un nudo en mi garganta, se mantuvo durante el primer periodo, producto de lo radical del cambio. Mantengo en mi memoria gráfica el olor a aceite de coco que existía en el ambiente y que con el pasar del tiempo ya era propio. También recuerdo el cantar de los grillos, los que eran mucho más salvajes que los tímidos grillos chilenos, las calles, geografía, construcción, gente, clima, vestimenta, costumbres, color, ritmo, despertar y caída del sol,  todo nuevo  y distinto.

Rápidamente iniciamos la rutina cotidiana y nos incorporamos a la vida escolar. “International School of Maputo” otro espacio radicalmente distinto a la escuela pública en periodos de dictadura “D-156” de Ñuñoa,  con uniforme, brigadieres y la canción nacional  todos los lunes, izando la bandera, de menor a mayor manteniendo un brazo de  distancia uno de otro,  con sus “nobles valientes soldados…..” , para encontrarse de golpe y porrazo en una escuela inglesa, con niños provenientes de todas partes del mundo, sin uniforme, con mesas grupales, con salas por ramo y con mi entrañable amiga Nadia Ivanova, con quien me mantengo en contacto a la distancia territorial, pero con la misma  proximidad con la que nos unimos hace más de 30 años,  y con quien soñamos reencontrarnos en  algún momento de la vida y en alguna parte del mundo.

Cinco años aprox, fueron los que vivimos allá y muchas son las historias únicas que se dieron en ese periodo.

Los mejores “años nuevos”, los recuerdo allá con la gran colonia chilena, bailando hasta el amanecer todos los ritmos del mundo, cantando y celebrando los años nuevos por país.

Como señalé anteriormente, la nobleza y generosidad de ese pueblo, hizo que muchos chilenos pasaran un largo periodo en ese país e incluso dejarán raíces.

Espero que este relato impulse, sino a mis hijos, a mis nietos o cualquier descendencia a retomar el contacto con esas latitudes del mundo.

Santiago de Chile, Enero 2014.

Ma. Paulina Manríquez Sánchez