“Resistencia y lucha de mujeres en dictadura”  (Extracto)

“Resistencia y lucha de mujeres en dictadura” 	 (Extracto)

Hna Karoline MeyerEn esta historia sabemos el rol importante de las mujeres y sus resistencias en dictadura.
Aquellas que –obligadas- tuvieron que partir al exilio, las que se quedaron y se organizaron en poblaciones, en organizaciones sociales, las que salieron a la calle, las que fueron torturadas, las feministas que nos dijeron “es posible alcanzar la democracia”, las pobladoras y aquellas que desde la Iglesia protegieron a los más vulnerables. Y tantas otras.

Verdeolivo

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A 40 años del Golpe de Estado, la memoria histórica es todavía un campo de tensiones, reinterpretaciones y búsquedas por la verdad. Es necesario rescatar el proceso de resistencia de las mujeres ante la violencia institucional e institucionalizada, sus luchas y su trabajo por alcanzar la democracia.
Septiembre llegó con todo. Las historias de luchas y resistencias de miles de chilenos/as remecieron a buena parte de la sociedad, incluso más allá de nuestras fronteras. La conmemoración de los 40 años del Golpe de Estado se tiñó de un matiz distinto, porque “hoy nadie puede negar la historia reciente de Chile”.

Observamos a una ciudadanía ávida de verdad y justicia, aquella que han demandado por años los familiares de las víctimas de la dictadura cívico-militar de Pinochet. La misma que han hecho suya abogados/as de derechos humanos, críticos del actuar de magistrados que nunca se pusieron en el lugar de las…

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Ignacio Valenzuela Pohorecky, “que fue acribillado por la espalda e Inmediatamente se volvió eterno.”

Ex militante relata experiencia de la juventud rebelde durante la tiranía de Pinochet
 

Ex militante relata experiencia de la juventud rebelde durante la tiranía de Pinochet
 
Adital

“La grandeza de la lucha revolucionaria es que permite pasar por sobre las contradicciones, los egoísmos y los riesgos; de ahí el desprecio a la muerte por una causa noble”

Raúl Pellegrin

Entre las protestas de los profesores, estudiantes y trabajadores/as del sistema de transporte público de una de las líneas más importantes del Transantiago, y apenas separados por la mesa envejecida de una fuente de soda santiaguina, el ex militante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR,http://www.rebelion.org/noticia.php?id=113276) , Eduardo Robles, relata que “a 28 años del asesinato por la espalda de Ignacio Valenzuela Pohorecky, su familia le pidió a los amigos de Ignacio la reposición de una placa de cerámica puesta en su tumba que representa un motivo infantil que le dibujó su hijo Luciano y que había sido robada. Y mientras colocábamos ese símbolo en su nicho, recordé y recordé (‘volví al corazón’) todo lo que ha pasado desde entonces”, y añade que “uno siempre evalúa el costo de la pérdida de este amigo, compañero y hermano. ¿Para que sirvió su caída? ¿Quiénes conocen hoy su historia? Y uno piensa en el sacrificio de una generación que combatió con las armas a la tiranía y qué cosas logramos.”

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Miembros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) se separan del Partido Comunista y emprenden la lucha armada contra el régimen de Pinochet.

¿En qué contexto cae Ignacio?

“A mediados de 1987 hacía pocos meses que el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) se había separado del Partido Comunista chileno (PCCh). Ignacio formó parte de la promoción inicial que creó al FPMR. De esos militantes de la Juventud Comunista (JJCC) que alcanzaron la claridad histórica para asumir una política no sólo porque bajó partidistamente, sino porque fue parte de un proceso y convicción personal sintetizadas en que para derrotar a la dictadura era preciso usar todas las formas de lucha. Hasta ese momento, todas las demás resultaron insuficientes. La inmensa mayoría de los dirigentes/as de los partidos políticos tradicionales de izquierda había sido asesinada. En consecuencia, la creación de frentes antifascistas, movimientos sindicales, etc. en contra de la tiranía carecían de espacio, ahogados por la represión. En ese marco dramático, muchos/as militantes llegaron al convencimiento de que para mover al pueblo de Chile y confrontar mediante acciones directas a la opresión ya era necesario realizar sabotajes, lucha y propaganda armada, castigos selectivos, etc. El objetivo era confrontar el monopolio de la violencia estatal, ayudar a la toma de conciencia y a elevar la moral de nuestro pueblo.”

¿Cómo conociste a Ignacio?

“Antes del golpe de Estado de 1973. Militábamos juntos en la JJCC. Ignacio era un gordito militante y estudiante del Liceo 17 de la comuna de Las Condes de la ciudad de Santiago. Era conocido como “el guatón Valenzuela”, de mejillas rojas, muy buen estudiante y de excelente humor. Cuando se ejecutó el golpe de Estado contaba 16 años y ya era un connotado militante de la JJCC de su colegio. Como muchos/as, después del golpe, Ignacio vivió un camino de transformación y madurez fulminante. Ingresó a estudiar Economía a la Universidad de Chile. Yo me reencontré con él alrededor de 1977 cuando estaba por graduarse de su carrera universitaria y ya habían exterminado a las direcciones del PCCh y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), entre otras fuerzas. En medio de un proceso de repliegue y exilio masivo, Ignacio me comentó que a la dictadura no se le podía encarar sólo enviando cartas a los regimientos, invocando el costado humano de los milicos o mediante las denuncias de las organizaciones de derechos humanos: era urgente asumir otro tipo de resistencia, siguiendo el ejemplo del MIR. Esta convicción caló en muchos jóvenes comunistas de la época.”

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¿A qué se refería explícitamente Valenzuela Pohorecky?

“A la necesidad de pasar a la clandestinidad y a desafiar a la dictadura militarmente. Ignacio hacía tiempo que confrontaba sus posiciones con los compañeros/as que realizaban un trabajo en la Asociación Cultural Universitaria (ACU, http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-3497.html). Recuerdo que Ignacio, amante de la poesía, discutía con un poeta de entonces a quien le planteaba que la poesía debía convertirse en lucha frontal y directa en contra de la tiranía. La poesía desarmada no provocaba ningún daño relevante a la opresión. Las peñas y los grupos folclóricos eran necesarios, pero definitivamente insuficientes.”

La juventud rebelde bajo la tiranía

¿Cómo se expresó la radicalización de los jóvenes de fines de los 70?

“Nos sumergimos y empezamos con los rayados (pintadas) en los muros llamando a la insubordinación, por ejemplo. Coincidimos con la victoria sandinista en Nicaragua en 1979, la de Vietnam en 1975, la guerra en El Salvador, y con discusiones fuera de Chile que se dieron en la cúpula del PCCh. De hecho, el secretario general de esa tienda, Luis Corvalán (que ejerció el cargo entre 1958 y 1990), comenzó a hablar de todas las formas de lucha, de la perspectiva insurreccional de masas (PIM), de la violencia aguda y, por primera vez, se mencionó el llamado “vacío histórico” del PCCh, el desprecio por la autodefensa y el trabajo militar. Los miembros del PCCh que se formaron en Cuba y combatieron en Nicaragua también incidieron en ese debate.”

¿Cuál fue la reacción de la totalidad de la dirección del PCCh?

“Al aparato sindical en el exilio, que era parte de la Federación Sindical Mundial, siempre le pareció una aventura el discurso insurreccional, debido, tanto a la política de la Unión Soviética, como a cierta mentalidad obrerista y economicista que lo dominaba. Esa cultura chocó con la juventud comunista al interior y al exterior del país.”

¿Y qué hicieron ustedes, entonces?

“Ignacio, yo y otros comenzamos a conversar con ex compañeros del colegio sobre la necesidad de iniciar sabotajes y acciones audaces.”

¿A qué se referían con ‘sabotajes’?

“Dañar las comunicaciones, desalentar en la práctica el discurso dictatorial del supuesto milagro económico chileno. Ya el MIR había efectuado sabotajes a agentes del gobierno y a símbolos de la burguesía en sus propios barrios de ricos. Por tanto, pensamos que esa era la línea a seguir. Comenzamos a boicotear con explosivos caseros los locales que administraba la esposa del dictador, Lucía Hiriart (http://es.wikipedia.org/wiki/CEMA_Chile), le incendiamos el auto a un guardaespaldas de Pinochet. En Santiago existíamos tres grupos de esta clase que no nos conocíamos entre nosotros. Algunos habían quemado los tendidos telefónicos, realizado ataques incendiarios a la revista Qué Pasa de ultraderecha Eso fue en 1980 y sin permiso del PCCh. Aprendimos de manera totalmente autodidacta.”

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Acto para pedir justicia por los militantes asesinados por la dictadura pinochetista en Chile.

¿Y qué hizo el PCCh?

“Paulatinamente empezó a contactar orgánicamente a pequeños grupos como el nuestro y que fueron formando el Frente 04, previo al FPMR y que se alimentó de algunas personas que fueron parte de la autodefensa que tuvo el PCCh en la Unidad Popular. En esa experiencia participó Cecilia Magni (http://es.wikipedia.org/wiki/Cecilia_Magni), antiguos militantes comunistas que años después murieron en el asalto a unas armerías, entre otros/as.”

¿Cómo respondió la tiranía?

“Nos signaba de terroristas mucho antes de que existiera el FPMR. Sincrónicamente fracasó de modo terrible la Guerrilla de Neltume del MIR (http://www.puntofinal.cl/550/neltume.htm).”

El FPMR y el PCCh: el conflicto permanente y la escisión

¿Y el origen del FPMR?

“El PCCh decidió crear un aparato militar, pero públicamente no como una política propia, con el fin de no perder el diálogo y la posibilidad de acuerdos con la oposición burguesa a la dictadura. El denominado “vacío histórico” nunca se tradujo en la transformación del PCCh en una organización político-militar. El FPMR fue una especie de ‘hijo bastardo’ del PCCh, un no reconocido. Eso, teóricamente, le ofrecería una forma de presionar al régimen y al mismo tiempo negociar en un mejor pie con la oposición liberal. Ya la creación del FPMR como una estructura aparte del PCCh, demostró que jamás existió un real reconocimiento de la ausencia de una política revolucionaria en su interior.”

Pero esa es una evaluación posterior…

“Por supuesto. Entonces, para quienes asistimos al parto del FPMR nos resultó un enorme avance su sola existencia. Nosotros nos convencimos de que un aparato de esa naturaleza no podía tener ninguna relación con el trabajo público del PCCh. Lo vimos como algo coherente en ese tiempo. Hoy podemos afirmar que la manera en que fue concebido el FPMR jamás tuvo que ver con un Partido Comunista que luchaba por el poder y que siempre primó y ha primado su condición reformista y legalista.”

¿Y la Política de Rebelión Popular de Masas (RPM) del PCCh?

“Fue proclamada en 1980, pero comenzó a realizarse en Chile alrededor de 1983, cuando se dio a conocer el FPMR. Galvarino Apablaza (Comandante Salvador,http://www.rebelion.org/noticia.php?id=114168) fue uno de los encargados de trabajo militar de masas (TMM) en el PCCh y luego fue uno de los dirigentes del FPMR. Así también se nombró a un enlace político entre el trabajo militar del PC con el FPMR.”

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¿Cómo era Ignacio Valenzuela Pohorecky?

“Ignacio tenía un carácter audaz basado en una formación política sólida. Cuando el PC bajaba la línea de realizar acciones de sabotaje y propaganda armada, Ignacio ya lo estaba haciendo hacía tiempo. Él fue uno de los primeros dirigentes del destacamento especial del FPMR. Los destacamento especiales en Santiago fueron cuatro: uno dirigido por Roberto Nordenflycht (http://institutanosydictadura.blogspot.com/2007/12/roberto-nordenflycht.html); otro por Mauricio Arenas (http://www.memoriaviva.com/Ejecutados/Ejecutados_A/arenas_bejas_mauricio_fabio.htm) ; otro por Mauricio Hernández Norambuena (http://www.mauriciohernandeznorambuena.com/); y otro por Ignacio, quien realiza espectaculares acciones. Por ejemplo, el secuestro del cabo de carabineros Germán Obando, del militar encargado de relaciones públicas del ejército, la toma de la Radio Minería, el asalto a las armerías, sabotajes múltiples, etc. En esas acciones todavía no participaban oficiales del FPMR formados en el extranjero, sino que militantes locales, salvo Roberto Nordenflycht, Raúl Pellegrin y Galvarino Apablaza, y otros pocos que se ocuparon de los aspectos logísticos de la nueva organización. De hecho, Ignacio (junto con Mauricio Arenas) sólo viajó a Cuba a formarse militarmente por algunos meses recién en 1984. Para conocer el carácter de Ignacio, vale ejemplificar con su planificación de una operación de castigo contra una casa de tortura y exterminio de la Central Nacional de Informaciones (CNI,http://es.wikipedia.org/wiki/Central_Nacional_de_Informaciones) ubicada en la calle José DomingoCañas, en la comuna de Ñuñoa en Santiago (en la actualidad, es un lugar de memoria de las víctimas de la dictadura). Cuando ya se encontraban los grupos operativos preparados para la acción en la calle, con fusiles y lanzagranadas, el PC envió un instructivo para que se suspendiera la operación porque estaban entrando a Chile las compañeras Julieta Campusano y Mireya Baltra, ex parlamentarias de la Unidad Popular que se presentaban desde el exilio a una entidad de DDHH en la capital. Se supone que la acción militar planificada podía poner en peligro a las ex diputadas. Pues bien, Ignacio resolvió no arriesgar a los combatientes y realizó la acción de todos modos. Varios agentes de la tiranía, probadamente asesinos, fueron ajusticiados en la operación rodriguista. Por ello, Ignacio fue reprendido por el PCCh a través de la dirección del FPMR. A las ex diputadas no les ocurrió nada. Ese tipo de conflictos entre el PC y el FPMR se tornaron recurrentes. Todo ello ocurrió previo a la independización del FPMR del Partido Comunista, porque los combatientes llegaron a la conclusión de que sólo eran considerados un aparato de negociación y propaganda armada. El PC no tenía el objetivo de construir un militante integral político y militarmente.”

¿Cómo y cuándo se independizó el FPMR del PCCh?

“A comienzos de 1987, la dirección del FPMR decidió confrontar la voluntad del PCCh de desarmar el trabajo militar de masas después del ajusticiamiento fallido a Augusto Pinochet y del descubrimiento de la internación de los arsenales de Carrizal Bajo. El Partido Comunista, presionado por las fuerzas más reformistas en su interior, resolvió desandar la política de rebelión popular de masas como condición impuesta por la oposición liberal al régimen para ser parte de la salida pactada de la dictadura. Es importante decir que siempre las armas que utilizó el FPMR tuvieron el control político y orgánico del PCCh. Creo que el motivo estuvo asociado al temor y desconfianza de que el FPMR se convirtiera en una fuerza independiente. Pero estamos hablando que en la dirección del FPMR estaba Raúl Pellegrin (http://www.nodo50.org/pretextos/pellegrin.html) y otros que tenían un nivel político mucho más avanzado que la dirección del PC, una superior experiencia combativa y una tradición de militantes ejemplares. El propio Raúl Pellegrin fue condecorado en Nicaragua como el mejor militante comunista. Por eso, cuando ocurre la separación, el 90% de la dirección del FPMR se fue del PC. Había una opción política mucho mayor al mero hostigamiento en contra de la dictadura. Se trataba de realizar realmente la Política de Rebelión Popular de Masas, más allá de una transición a la democracia limitada, representativa y burguesa, transición que todavía hoy no ha ocurrido. En la actualidad todo se ve más claro, toda vez que el PCCh acabó incorporándose a un bloque político (Nueva Mayoría) que únicamente se ha dedicado a administrar uno de los capitalismos más liberales y antipopulares del mundo. Siento que hemos sido traicionados más de una vez.”

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¿De qué manera recuerdas a Ignacio Valenzuela?

“Ignacio cayó a los 30 años de edad. Reunía un alto nivel de cultura política. Fue un gran lector del marxismo, de la poesía contemporánea (le gustaban los ‘poetas malditos’ franceses); gustaba de la música de Georges Brassens y de todos los irreverentes franceses, era economista profesional. Si bien no tenía buena voz, tocaba la guitarra. Era muy enamoradizo, vivía intensamente y no bebía alcohol. Y contaba con la audacia y decisión necesarias para llevar adelante operaciones muy arriesgadas donde él siempre estuvo en primera línea. Conjuntó la teoría y la práctica coherente y armoniosamente. Entre tantas acciones, participó directamente en el asalto al Cuartel Borgoño de la CNI: dirigió el ataque a un cuartel del Batallón Antiexplosivos ubicado en la calle Alférez Real en la comuna de Providencia en Santiago; condujo la acción de castigo en contra de la Comisaría de Carabineros de Polobanda en la comuna de Las Condes. Ya a fines de 1986, Ignacio me comentó que el PC estaba obstruyendo el trabajo militar de masas y al FPMR, y que en esas condiciones, él no estaba dispuesto a continuar la política de ese partido y que prefería incluso ir a criar gallinas al campo y dedicarse a escribir poesía.”

¿Ignacio tenía una vocación militar?

“Para nada. Se formó en la experiencia y la voluntad. Fue amante de la vida. En una de las primeras acciones en las que participé con él, hicimos unas barricadas apoyando la huelga de una empresa textil en el centro de Santiago en 1980. Entonces una operación audaz consistía en hacer una barricada y lanzar algunos volantes. Ignacio se fue autoconstruyendo desde lo más simple. El ‘gordito Valenzuela’ se transformó con el tiempo en un líder operativo de primer nivel, y todas las acciones en las que participó resultaron exitosas. Él nunca fue detenido ni cayó en ninguna de ellas. La única forma de detenerlo fue acribillándolo por la espalda. Junto a Raúl Pellegrin, Roberto Nordenflycht, Mauricio Arenas y otros/as, Ignacio fue un militante complejo, alegre, capaz de reírse de sí mismo y de encarar, al mismo tiempo, los riesgos de un revolucionario. Ni Ignacio ni los demás hermanos/as fueron militaristas o se creyeron nunca ‘Rambo’. Lo menos que deseaba Ignacio era morir. Por eso yo lo recuerdo a él y a los demás compañeros que murieron en la masacre de la Operación Albania (http://www.archivochile.com/Derechos_humanos/html/dd_hh_albania.html) muy lejos de una mirada martiriológica. Por eso a los que cayeron en ese crimen perpetrado por la tiranía para desmoralizar al FPMR y al pueblo chileno, aprovechando el debilitamiento de la organización por su reciente independización del PCCh, los evoco vitales, enteros, ejemplares. Fuera de la ortodoxia y la burocracia del PC y como a verdaderos comunistas revolucionarios.”

¿Cómo cayó Ignacio en el contexto de la llamada Operación Albania de mitad de junio de 1987?

“Ignacio fue el primero en caer en esa operación de la dictadura. Él se había quedado a dormir en una casa en la calle Alhué de Santiago, donde vivía su madre. Ese lugar estaba con seguimiento y vigilancia. Los agentes de la CNI fueron tras sus pasos y le dieron la voz de ‘alto’ para detenerlo. Ignacio portaba una granada de guerra y alcanzó a desenfundar su arma, una pistola Browning de 9 mm que siempre llevaba encima porque jamás estuvo dispuesto a entregarse, y en ese lapso fue acribillado por la espalda. Inmediatamente se volvió eterno.”

Un Héroe Socialista a dejado de existir. El “milico” Aguilera.

 

Un héroe socialista ha dejado de existir
Escrito por Renato Moreau
25-03-2014 a las 10:33:44
Un héroe socialista ha dejado de existirQuerido hermano, amigo y compañero.

Tu partida reciente hacia el infinito me ha llenado de pena, rabia y sentimientos culposos. Después de toda una vida de lucha, cariños y acciones conjuntas, en una fecha no muy lejana, nos agarramos del moño a través de un correo electrónico de Internet, por una bobería o insignificante estupidez. Estoy seguro que si lo habríamos discutido cara a cara, el resultado habría sido distinto. Nos habríamos gritado y mandado a cualquier lugar poco santo, para luego abrazarnos y seguir relacionándonos, en esa unidad y lucha de sentimientos, de dos viejos combatientes en las postrimerías de nuestras existencias, viviendo en la lejanía de dos continentes distintos.

Lucho, me cuesta mucho resignarme a no verte más, sin poder reiterarte el cariño, reconocimiento y el orgullo que siempre he tenido, de haber sido tu compañero de lucha siempre.

El Luis Aguilera o el “Milico” como cariñosamente lo llamábamos fue un gran hombre, ejemplo de combatientes y un revolucionario chileno de verdad.

Nos conocimos en el año 1972, en el seno de la Jefatura del Aparato Militar del PS, el “milico” venía llegando de un curso militar a Corea del Norte, donde le tocó asumir su dirección. Era la segunda jerarquía de los grupos operativos (G.O.) de dicha instancia partidaria. De extracción proletaria y vieja militancia socialista, era un formador de voluntades combativas y jefe respetado en las escuadras bajo su conducción.

En el combate en Indumet, Sumar y la Legua fue un miliciano ejemplar. Cuándo el enemigo choca con nosotros en La Legua y se inicia el combate, el aparato se divide en tres grupos de combatientes, el “milico” toma la jefatura de uno de ellos, que había quedado cercado y alejado del mando principal, los organiza y con los pobladores que se habían sumado a la lucha, se atrinchera en la Población y presenta combate hasta tres días después. Solo en el momento en que los militares fascistas amenazan con el bombardeo de La Legua, rompe el cerco y saca a sus compañeros de la zona, para conducirlos a la clandestinidad.

http://www.youtube.com/watch?v=06O03x3MpCo

Durante el reagrupamiento del Aparato Militar del PS, en clandestinidad, el “milico” asumió en forma generosa su puesto en la lucha, rescatando contactos y compañeros, cuidando pertrechos y medios y actuando militarmente cuándo se requería. No puedo olvidar un día de Diciembre del 73, cuando llega con la noticia, que la última casa-depósito que nos quedaba había sido allanada, sin que la policía descubriera el Barretín con medios, que en ella se escondía. En la Jefatura del aparato decidimos asaltar la casa si era necesario, para rescatar esas armas y medios de combate. Me asignaron la responsabilidad de dirigir la operación con el “milico” Aguilera como segundo y Eduardo Charme cómo tercero al mando. Llegamos a la acción con tres grupos operativos y la policía de investigaciones estaba en el interior de la casa. Tratamos de forzar la puerta y el enemigo la trancaba desde adentro, el “milico” a toda costa quería embestir la entrada con la camioneta en que nos movilizábamos, no aceptaba perder sin combatir esos pertrechos y cuándo recibe mi orden de cancelación del operativo, la cumple, no sin antes gritar unos buenos garabatos en contra de todos.

Cuándo nos retirábamos y a solo dos cuadras de la casa en cuestión, nos cruzamos con unos cincuenta agentes represivos, que en varios vehículos, y con las armas preparadas se dirigían en nuestra búsqueda. Al lograr salir indemnes de la zona, el “milico” me dice en forma simpática, que se autocriticaba de sus garabatos, asumiendo que habíamos tenido suerte de no caer combatiendo, ya que nos habíamos salvado solo por algunos minutos.

Cuándo es apresada la Dirección del Aparato Militar en Marzo del año 74, en una casa del sur de Santiago, el enemigo instala una “ratonera” en dicho inmueble. A los días cae el “milico Aguilera” en esa dirección, cuándo desesperadamente nos buscaba. Lo torturan y solo dice que es un trabajador en busca de pega y que había tocado en esa casa solo por casualidad. Lo dejan conmigo en una celda del “APA” en la base aérea del Bosque. Allí pudimos conversar el primer día, y afinar nuestras “Leyendas”. Yo era el más expuesto, por tener una ficha “subversiva” anterior.

Él y Manuel tenían que afirmar que no me conocían y no tenían que ver con nada. El “Milico” aguantó todo y en principio los esbirros se convencieron del cuento. El torturador Ceballos, me llevó a mí solo, al AGA (Academia de Guerra de la FACH) y dejó en esa Base Aérea al resto. La Inteligencia de la FACH tenía una lucha de poder muy agresiva con la DINA de Contreras, por el control, en esos años de la represión Dictatorial.  Eran patadas con sonrisas entre ellos y en este caso las sonrisas de Ceballos, era entregarles a la DINA a los detenidos de poca monta, sin importancia ni interés para la FACH. A Manuel, el “milico” y la “Rucia”  mi compañera de esos días (Embarazada de 7 meses), los mandan en un vehículo cerrado de la pesquera Arauco, a la sede la Dina, en Londres 38.

Van todos vendados en el interior, sin amarras y cuidados por un militar armado con un fusil AKA. En un momento donde el vehículo se detiene, el “milico Aguilera” se saca la venda y se abalanza en contra del guardia, lo reduce y le quita el fusil, abre la puerta y al ver a un guardia que corre desde la cabina, le dispara y éste cae en el pavimento, momentos en que se da real cuenta que se encuentra en plena Alameda, tipo 16.00 hrs y frente a la calle Serrano, en pleno centro de la Capital y en Marzo del año 1974.

El Lucho Aguilera le dice a Manuel y a la “Rucia” que se fuguen, y él con el fusil les cubre la retirada, Manuel corre en dirección de la calle Serrano y la “Rucia” le pide que se arranque él, ya que ella embarazada no puede correr, el “milico” no la quiere dejar sola, pero ella le insiste y éste corre por la Alameda hacia la calle Bandera. A Manuel le disparan y lo reducen herido en la calle Serrano, a pocas cuadras de la Alameda y a la “Rucia” y al herido los llevan a Londres 38. Para ellos la tortura será la revancha de los represores vencidos.

Nuestro “milico” al correr por la vereda norte de la Alameda se tropieza y se rompe dos dedos con el arma y el pavimento, deja el AKA en la vereda y se sube a una Micro de la locomoción colectiva. Sangrando de la mano, le ordena al chofer que no pare el vehículo hasta llegar a Gran Avenida. Esa disposición, la sangre cayendo y la actitud de nuestro compañero  asustan al chofer y a los pasajeros los cuales siguen al pié de la letra las órdenes del “milico Aguilera”.

Esa misma tarde, Eduardo Charme lo esconde en casas seguras y el Lucho se sumerge en la profunda clandestinidad.

La Dirección de recambio del Aparato Militar, a cargo de Eduardo Charme, quién siendo miembro cooptado del CC del PS en el Interior, es asesinado por los años 76, cuándo con una pistola en la mano se resiste a ser apresado por la DINA y presenta combate, deciden asilar al Lucho junto con la Celsa Parrau, la compañera de Arnoldo Camú, por estar muy expuestos bajo el cerco represivo.

El “milico” Aguilera, exiliado en la ciudad de Växjö en Suecia, inicia un importante trabajo de solidaridad con la resistencia Chilena en el exterior. Es responsable de los socialistas en su ciudad y miembro de la dirección del PS en Suecia. Junto a su compañera transforma su casa en un refugio de apoyo en medios materiales, cariño y amor para todos los chilenos expatriados que pasan por su región.

A principio de los años 80, una enfermedad complicada lo aqueja, el Parkinson le invade su cuerpo y le limita el trabajo remunerado, a lo cual responde con una mayor dedicación al Partido y a la causa Chilena. En el año 1983, cuando iniciamos el ingreso clandestino a Chile, el “milico” pidió venir a luchar junto a su pueblo en el interior, no lo dejamos cumplir con su deseo, la enfermedad del Parkinson era invalidante para trabajar en la clandestinidad. La “condena” de vivir en el exilio siempre, fue un golpe muy grande para nuestro “milico” Aguilera.

El Lucho murió junto a su familia en Suecia hace pocos días, llenando de pena y nostalgia a sus compañeros y a toda la gente que lo conoció y trabajó con él, por una Sociedad Socialista en la Patria, que por el momento no se podrá ver tal cual el “milico” la soñara.

Besos y cariños para su familia, en especial para su compañera, sus hijos y nietos. El papá ha muerto pero no se ha ido, él seguirá acompañándolos con el ejemplo y la fuerza de su vida.

Hermano y compañero.

“Hasta la victoria siempre”

Tata Moreau.

Luis Aguilera Celis fallece en Suecia de un ataque al corazón, el 15 de Marzo del año en curso, a las 16.00 horas.

Las mentiras de la “historia oficial”. Arturo Alejandro Muñoz recuerda la historia, la verdadera

Tal día como hoy se recuerda la traición y la infamia de unos, y la lealtad y el heroísmo de otros. Lejos de nosotros la idea de sepultar a los héroes bajo túmulos de flores para que no se vean y sean definitivamente olvidados.
Arturo Alejandro Muñoz recuerda la historia, la verdadera. Esa que han ocultado sistemáticamente durante décadas, para hacernos tragar la píldora del “jaguar” sudamericano.
En la imagen, tres figuras históricas leales.
Julio Cortazar, Hortensia Bussi de Allende y Gabriel García MárquezTenchaGGMJC
Las mentiras de la ‘historia oficial’En estas líneas no está la totalidad, sólo se expone un número mínimo, necesario para sembrar la duda cartesiana y comenzar la discusión reflexiva que nos lleve hacia la luz de la verdadescribeArturoAlejandroMuñoz¿Por qué en Chile son escasas las personas que se atreven a decir lo que piensan y sienten respecto de situaciones históricas y/o políticas que de manera distorsionada e interesada han sido parte de una educación formal llena de yerros?

Convengamos que son demasiados los compatriotas cuyo interés principal reside en cuidar puntillosamente su lenguaje, al grado de desvirtuar incluso sus propios sentimientos.

No pertenezco a ese enorme grupo que privilegia la calma y tranquilidad por sobre la honradez en el actuar y en el opinar. Asumo las consecuencias de tal actitud, sabedor de que algunas de mis opiniones provocan estertores estomacales en los amigos de lo ‘políticamente correcto’.

Comentaré asuntos en los que, estoy seguro, usted coincide de algún modo con mis opiniones, pero (reconózcalo) nunca se ha atrevió a explicitarlo. No se preocupe, son MIS comentarios, usted solamente asienta o disienta con un leve movimiento de cabeza. Así quedará libre de responsabilidad penal ante cualquier estropicio cometido por el suscrito al respecto.

Diego Portales, ícono de militares
Aquí se confirma la exactitud y veracidad de la opinión popular que señala cuán ignorantes son “los milicos patas hediondas” (gracejo muy usado en las décadas de los años 1940 y 1950 al referirse a los uniformados).

Pinochet, ladronzuelo y traidor, fue quien más recurrió a la figura de Portales para engañar a la gente haciéndole creer que el durísimo tri-ministro era particularmente admirador de la soldadesca. ¡Falso!

Diego Portales, aún siendo un decidido ‘pelucón’ (derechista), tenía pésima opinión de los militares; baste saber que se opuso tenazmente al regreso de O’Higgins a Chile desde su destierro peruano. Además, quiso fusilar al general Ramón Freire (al que acusó de ‘traidor y mentecato’)… y por último, sabedor de cuán inútiles y sediciosos eran los uniformados, creó, organizó y dirigió las “Guardias Cívicas”, a las que vistió y armó con prolijo cuidado para oponerlas al poder bélico y político del ejército regular (de ese mismo ejército que en Quillota lo apresó y, al día siguiente, en las alturas del Barón, en Valparaíso, lo asesinó).

Ejército de Chile, ‘vencedor, jamás vencido’
Otra falacia del tamaño de una catedral. El año 1891, en plena guerra civil desatada por los capitalistas que manejaron a su amaño al Congreso y a la Armada, en las batallas de Placilla y de Concón la marinería derrotó al ejército que apoyaba al presidente José Manuel Balmaceda.

Es cierto, muy cierto, que ese ejército fue leal a la Constitución y a las leyes apoyando al presidente Balmaceda, pero también es cierto que fue derrotado, que rindió sus armas y estandartes al enemigo… aún más, muchos oficiales, traicionando sus juramentos, aceptaron cambiar de bando e integrar las filas de la triunfadora Armada. ¿Ejército ‘jamás vencido’?

Los héroes del 11 de septiembre
Esos héroes no fueron militares. Augusto Pinochet, Gustavo Leigh, César Mendoza y José Toribio Merino apostaban por el exterminio total de toda huella de izquierdismo, y con mayor razón si este había mostrado rasgos de heroicidad en los enfrentamientos con las tropas regulares del ejército, la fuerza aérea, la armada o carabineros.

La heroica defensa de La Moneda el martes 11 de septiembre de 1973, fue uno de los hechos que los cuatro generales golpistas deseaban evitar que fuesen conocidos por la opinión pública.

Veintiún civiles, mal armados, mal entrenados la mayoría de ellos (o sin entrenamiento militar ninguno, en el caso de los asesores del Presidente), aislados y carentes de apoyo logístico, no sólo mantuvieron a raya a tres regimientos completos (Tacna, Buin y Blindado) durante cuatro horas, sino, además, provocaron bajas severas en las filas uniformadas disparando desde los balcones de La Moneda, ayudados exclusivamente por algunos francotiradores leales al gobierno, apostados en los edificios aledaños a la Casa de Toesca.

La Guardia no abandona al Presidente (al menos, una parte de ella –detectives– ya que la otra parte –carabineros– se retiró del lugar a media mañana), y el GAP tampoco… esos fueron los héroes de La Moneda que defendieron con sus vidas la institucionalidad democrática, la Constitución Política y la Presidencia de la República (olvidados y menospreciados por la Concertación y la Nueva Mayoría…).

Quizá, debido a la vergüenza, el coronel Joaquín Ramírez quería ‘fusilarlos en el acto’, allí, en calle Morandé, cuando los defensores de La Moneda –por irrestricta órdenes del Presidente de la República– habían depuesto las armas.

Los 21 prisioneros fueron fusilados en Peldehue (Fuerte Arteaga) el 13 de septiembre de 1973. Sus restos en sacos –según el testimonio del suboficial Eliseo Cornejo, testigo de los luctuosos sucesos– habrían sido lanzados al mar desde un helicóptero Puma.

Militares, y ultraderechistas muertos a manos de combatientes, no fueron ‘asesinados’
Hasta el día de hoy, algunos sectores políticos continúan llorando y exigiendo a viva voz ‘justicia’ para sancionar legalmente a aquellos combatientes de izquierda que segaron las vidas de algunos altos oficiales de las fuerzas armadas, de varios miembros de la DINA/CNI y de un relevante responsable directo del golpe de estado y la posterior masacre de civiles (Jaime Guzmán).

Esos sectores políticos (principalmente UDI y otros nacionalistas) parecen olvidar que la junta militar golpista informó urbe et orbi, el martes once de septiembre de 1973 –reiterándolo hasta la saciedad los días y meses posteriores– que el país estaba “en guerra”, vale decir, esa junta militar declaró la guerra a las fuerzas políticas que no manifestaban apoyo al golpe y a la sedición.

Un sector de esas fuerzas (MIR y FPMR) respondió a tal declaración abatiendo a tiros a individuos como Carol Urzúa y como a todos los uniformados caídos en un combate declarado unilateralmente por ellos mismos.

¿Por qué chillan hoy día entonces los megaterios de la UDI y otros similares? Si declararon la guerra, ¿qué esperaban? ¿Qué el ‘enemigo’ se quedase quieto, no hiciera nada y se dejase degollar?

Chile le debe su desarrollo a la empresa privada
¡Falacia absoluta!
Período 1939 – 1973: el violento terremoto que en el mes de enero de 1939 destruyó las ciudades de Chillán y Concepción cobrando más de treinta mil víctimas, apenas iniciado el gobierno de Pedro Aguirre Cerda, otorgó al mandatario radical la posibilidad de crear la CORFO (Corporación de Fomento de la Producción), institución fiscal que durante más de cuatro décadas investigó, propuso, invirtió (dinero del estado chileno) e inició exitosamente actividades fabriles y productivas en áreas donde la empresa privada había asegurado que ‘no existía posibilidad alguna de gerenciar ni administrar nada’.

Sin embargo, la CORFO lo hizo exitosamente. Ahí estuvieron, en su momento, empresas de total éxito como CAP (Huachipato), ENAMI, SERCOTEC. INACAP, IFOP, SENCE, IANSA, ENDESA, la UTE, Centrales Hidroeléctricas, Chile Films, ENAP, MADECO, ENTEL, TVN, y una multitud de empresas (más de 300) de rubros varios, como textiles, metalmecánica, agrícola, maderera, pesquera, automotriz (Fiat, Citroën y Peugeot), vestuario, etcétera. Decenas (quizá centenares) han sido las pioneras empresas creadas por CORFO, las cuales, una vez demostradas sus capacidades ‘económicas’, fueron EXIGIDAS por los capitales privados como elementos aptos para la privatización.

Período 1964-1973: durante dos siglos los terratenientes criollos mantuvieron sus propiedades en el más absoluto nivel de “no producción”, puesto que el 60 % o el 70% de esos extensos kilómetros cuadrados o hectáreas de fundos y haciendas estaban improductivos, dejados a la mano de Dios, constituyendo simples e inútiles paisajes.

El presidente Jorge Alessandri Rodríguez (1958-1964) inició, aunque tibiamente, el proceso de reforma agraria que sería incrementado y terminado por los mandatarios Frei Montalva (1964-1970) y Allende Gossens (1970-1973) a través de instituciones como CORA, INDAP e INIA.

Una vez que esos gobernantes triunfaran demostrando que Chile sí podía ser una potencia en producciones frutícolas y madereras (todas ellas, hasta ese momento, administradas por el Estado), los inversionistas privados, histéricamente, exigieron al gobierno de turno (era entonces el momento de la espantosa dictadura militar) la “venta” (privatización o regalo, en realidad) de todas las empresas fiscales, incluyendo las agrícolas, lo que se efectuó vergonzosamente durante el último año del gobierno dictatorial pinochetista (principalmente en el segundo semestre de 1989), a precios risibles, en condiciones insignificantes en su cuantía monetaria. Fue, sin duda, el mayor robo conocido en la Historia de Chile.

Período actual: y para qué hablar de los ‘regalos’ efectuados por el duopolio Alianza-Contratación a mega empresarios particulares, como ocurrió con los glaciares del Norte (Barrick Gold), las salmoneras y bosques en el sur, las reservas de agua en la zona austral, el borde costero, el mar chileno, los nuevos minerales cupríferos, y un etcétera tan largo como día lunes, pero siempre con la prospección, apoyo e inversión y primera administración del Estado.

Por cierto, este caso podría extenderse mil líneas más relatando ejemplos indesmentibles respecto de cómo los ‘privados’ han aprovechado el esfuerzo de gobiernos y sociedad civil chilena para agenciarse exitosas empresas descubiertas, iniciadas y estructuradas por el Estado, a bajo precio merced a las dádivas de los yanaconas que pululan en el Legislativo y en el Ejecutivo, a quienes la prensa servil y las tiendas partidistas apoyan.

En resumen, los inversionistas privados no han arriesgado un mísero centavo en proyectos, fábricas y empresas que el Estado no hubiese ya iniciado comprobando su rentabilidad.

La izquierda es innecesaria e inútil, sólo la derecha es fecunda
Aquí, en este caso, la cuestión es prácticamente al contrario. Si jamás hubiese existido una izquierda política y social, hoy el mundo estaría asfixiado por la miseria, hambruna y el racismo profundo. ¿Leyes laborales? ¿Sistemas de previsión social? ¿Justicia medianamente imparcial? ¿Sufragio universal? ¿Preocupación por los derechos humanos, por el medio ambiente, por la niñez? ¿Liberación femenina?

Nada de eso interesó a los dueños del capital durante la época victoriana cuando comenzó la revolución industrial… y tampoco preocuparía hoy a los ultra capitalistas si no existiese una izquierda que cautele los mínimos derechos de la mayoría de los seres humanos.

En Chile la mayoría de los mega empresarios, así como casi la totalidad de los poderosos latifundistas terratenientes, han logrado sus fortunas robando, expoliando, evadiendo impuestos, corrompiendo a las autoridades locales y nacionales, e incluso asesinando (por mano propia o por medio de sicarios como jueces venales, militares y policías). La mayoría de esos enriquecidos empresarios y latifundistas provienen de familias clasistas, sediciosas, ladronas. Y es fácil comprobarlo recurriendo a la Historia.

Por ello, la izquierda ha sido, es y seguirá siendo, más que necesaria, vital. Ojalá, además, pueda también ser gobierno… pero me refiero a la verdadera, a la izquierda-izquierda, no a esa mescolanza avinagrada de retazos politicastros reconvertidos al capitalismo que volvieron del exilio –luego de largas estadías en países industrializados– dispuestos a transformarse en ‘hijos pródigos o mayordomos’ de sus antiguos adversarios, traicionando a sus electores y a su propia historia.

Podría continuar con muchos otros tópicos y ejemplos, pero creo que los mencionados en las líneas anteriores son suficientes para comenzar la discusión, la reflexión crítica y el cambio (al menos, de actitud). Ahí se los dejo…. pero si a usted le parece insuficiente, avíseme, ya que no tengo empacho ni problema para entregarle más y más información respecto de una montonera de casos, personajes y hechos que conforman el falaz estado de cosas que el establishment actual, interesadamente, le vende a la ciudadanía.

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PASAJEROS DEL TREN ELQUINO

Federico no hacía gimnasia. «Me quiebro con mucha facilidad». Así se disculpaba ante nuestros profesores del Liceo de Hombres de La Serena. «Tengo una deficiencia ósea y con cualquier caída me luxo o me quiebro». Y le creían porque parecía que su excusa era verdadera, aunque no por eso a él se le viera enfermo o triste. Al contrario, contento se le podía ver mientras leía al borde de la cancha u observaba cómo el resto nos esforzábamos por encestar en el marcador de los campeones.

Así era Federico, y qué leía: Por quién doblan las campanas, Bestiario, Crítica a la razón pura, El manifiesto, La rebelión de las masas. Vaya las lecturas de Federico que hablaba pausado y con quien, intercambiándolos libros, nos contagiamos del deseo de cambiar el mundo. Y así, elegidos delegados por La Serena, partimos juntos al congreso de la Federación de Estudiantes Laicos de 1966 al Tabo. Maravilloso el congreso. Había sólo gente brillante, cuánta claridad. No puedo asegurar que yo haya estado a la altura, pero Federico sí lo estaba, no cabía duda; por ese tiempo es cuando yo lo empiezo a reconocer como mi maestro.

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Y pasamos muchas otras aventuras juntos. Nos fuimos un jueves con viernes feriado en el tren Elquino a la casa de sus padres, en Vicuña. Ese tren se convertía los fines de semana en una verdadera fiesta en que cientos de muchachas y muchachos del Valle que estudiaban en La Serena, bailaban y cantaban y, la vez de la que hablo, ese tren que avanzaba paciente, fue testigo de cómo dos liceanos de quinto o de sexto, se enamoraron de dos liceanas de tercero o de cuarto y las besaron en el entre carro sin que les importara el frío y la furia del viento, ni tampoco las miradas de los pasajeros mayores, quienes, más que censurarnos, nos observaban con la expresión de los que envidian a los enamorados.

 

En su casa me presentó a su hermano que sí hacía gimnasia, que sí jugaba al básketbol y, para nuestra condenación de intelectuales que considerábamos al músculo de tercera importancia, llevaba en los brazos muñequeras de cuero negro y se jactaba de las flexiones que era capaz de hacer en un barrón que había instalado al fondo del patio. Intelectuales y físico culturistas, vaya hermanos disparejos, me dije. Su madre, mientras tanto, matrona, nos invitó a asistir a una cesárea, una experiencia espantosa tras la cual, Federico y yo desistimos de nuestras expectativas para llegar a convertirnos en médicos, algo que ambos habíamos considerado como una posibilidad para el futuro.

 

Y no sé qué fue de esas muchachas de faldas breves que amamos en el tren Elquino, pero sí sé, que tanto Federico como yo vencimos a la represión del setenta y tres, a la del setenta y cuatro, y a la del setenta y cinco, y nos encontramos mucho después, en paradoja, frente a La Moneda. Fue cuando supe que él ya era padre y que su oficio era el de maestro, y más específico, el de profesor de Química. Además, supe que conservaba sus convicciones y continuaba resistiendo. Yo le hice saber por mi parte, que seguía también igual porque en eso no podría haber cambios: a la dictadura había que derrotarla y no se podía esperar a que muriera por sí sola. Nos abrazamos despidiéndonos, pero no pasaron seis meses o quizá ocho o diez; el caso fue que lo atraparon y lo castigaron duro y lo pasaron a la CNI donde le siguieron pegando hasta que vieron que se les moría. Fue entonces cuando lo llevaron a la posta central, quizá sólo para que muriera en un lugar fuera de sus porquerizas donde a ellos no los comprometiera.

Y así ocurrió: pocas horas después partió Federico Álvarez que no hacía gimnasia, que leía a Marx, a Kant, a Cortázar, que fue iniciado en los clanes, que amaba muchachas en el tren Elquino. Nos encontramos con su hermano en avenida La Paz el día de su entierro, al ataúd de Federico las floristas lo habían tapizado de pétalos. Nos abrazamos y lloramos —el hermano de Federico llevaba todavía sus muñequeras de culturista físico—. «Lo quebraron por completo », me contó sollozando, «mi hermano tenía una deficiencia en los huesos, prácticamente lo molieron por dentro».

 

Sucedió sin embargo un hecho milagroso: unas bestias, en su afán de que acabara pronto ese sepelio que los avergonzaba —aún en las manadas de hienas se manejan códigos de honor—, nos arrebataron la urna y se la llevaron a empujones. A pesar de eso, créanme que nadie vio que un pétalo cayera del ataúd de Federico o siquiera se moviera del lugar donde las floristas lo habían puesto, y eso, considerando el zamarreo y los golpes y toda esa brutalidad desatada. Hablo de un milagro para Federico Álvarez Santibáñez, maestro de piedra pulida que hoy decora el oriente eterno. Quizá en homenaje a Federico Álvarez Santibáñez, el tren Elquino, el que marchaba por su valle, al poco tiempo dejó de pasar.

 

MARTÍN FAUNES AMIGO

La Ultima lección del profesor

 

 

 

Perico, en la despedida de los sextos del Liceo de La serenaPerico, en la despedida de los sextos del Liceo de La serena

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Operación Alfa Carbón. “Pasan los años y la justicia se hace eterna”

Procesan a 18 ex agentes de la CNI por los crímenes de la Operación Alfa Carbón
26 julio, 2014

A 30 años de la muerte de mi padre. Asesinato. Recien hoy la justicia chilena reconoce culpables. Que tristeza siento de haber pasado una toda una vida al margen. Esperando que termine la pesadilla para para empezar a ser feliz. Como si la misma espera no fuera aun mas injusta. Autogobernando el impetu. Tratando de no reaccionar frente al continuo e infaltable comentario ignorante. Al ataque conciente del que se siente en ventaja porque la historia falsa de un pais le avala. Tantas veces senti el cansancio, la lucha continua contra la desesperacion, la pobreza, la soledad..aunque tal vez eso jamas cambie ya que hay cosas que son irreversibles. Valoro que esta condena venga a aclarar varios puntos, espero que aquellos que alguna vez esbozaron burla en sus rostros ahora esbozen verguenza. Tal vez es demasiado pedir a sus mentecitas…
Solo puedo decir que aunque muchas veces no convengamos en varias cosas, siento profunda admiracion y gratitud por aquellas personas que en estos treinta años no bajaron los brazos y siguieron exigiendo justicia

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Entre ellos se encuentran el brigadier de Ejército ® Marcos Spiros Derpich Miranda y Álvaro Corbalán, por los delitos de asociación ilícita y homicidio calificado de 7 ex militantes del MIR cometidos el 23 y 24 de agosto de 1984, muertos en falsos enfrentamientos.

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El ministro de la Corte de Apelaciones de Concepción, Carlos Aldana, modificó los procesamientos en esta causa e incorporó a dos personas más por los asesinatos cometidos en las ciudades de Concepción, Los Ángeles y Valdivia, en el marco de una acción represiva conocida como “Operación Alfa Carbón”.

El magistrado amplió el procesamiento a los agentes René Torres y Patricio Bertón y a otros que no lo estaban anteriormente por asociación ilícita, así como por el número de homicidios e ilícitos que cometieron cada uno de ellos, los cuales fueron aumentados.

Patricia Zalaquett viuda de Nelson Herrera Riveros señaló que “los procesamientos son un avance para alcanzar la justicia, a pesar de que los abogados de la parte querellante habían solicitado un mayor número de procesamientos.”

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Los crímenes de lesa humanidad se cometieron en Hualpencillo, actual Hualpén y frente a la Vega Monumental de Concepción, en el sector Idahue, camino a Santa Juana, en la Población Orompello de Los Ángeles en el sector Puente Estancilla en el camino que une Valdivia y Niebla y en Valdivia y fueron presentados a los medios como enfrentamientos entre terroristas y fuerzas de seguridad.

Sin embargo, después de 30 años de ocurridos los hechos, se logró establecer que las víctimas fueron todas asesinadas por orden de la dirección de la CNI, que los había seguido durante varios meses.

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Las víctimas de la Operación Alfa Carbón son Luciano Humberto Aedo Arias, Mario Octavio Lagos Rodríguez, Nelson Adrián Herrera Riveros, Mario Ernesto Mujica Barros, Rogelio Tapia de la Puente, Raúl Jaime Barrientos Matamala, Juan José Boncompte Andreu.

En esta oportunidad se sumaron a los procesamientos, Luis René Torres Méndez, y Patricio Alfredo Berton Campos.

Por el delito de asociación ilícita, el ministro Aldana sometió a proceso a: Álvaro Corbalán Castilla, Marco Derpich Miranda, Jorge Mandiola Arredondo y Patricio Castro Muñoz.Castro además había sido procesado anteriormente por sólo dos homicidios, ahora está por tres delos crímenes.

Asimismo, el juez Aldana procesó a Roberto Antonio Farías Santelices, Luis Hernán Gálvez Navarro, Manuel Morales Acevedo, José Abel Aravena Ruiz, Luis Enrique Andaur Leiva, Sergio Mateluna Pino, José Zapata Zapata, Bruno Soto Aravena, Luis Alberto Moraga Tresckow, Óscar Boehmwald Soto, Ema Verónica Ceballos Núñez, Gerardo Meza Acuña,

La acción criminal había sido bautizada como “Operación Alfa Carbón” por los mandos superiores del órgano represivo. La Operación fue la culminación de un largo trabajo de vigilancia, seguimientos y otras acciones de control sobre la militancia mirista en el sur, llevadas a cabo por parte de los agentes CNI, y que se prolongó por más de seis meses. Toda la preparación y ejecución del operativo estuvo bajo el mando directo de Marco Spiro Derpich Miranda y de Álvaro Julio Corbalán.

Fueron movilizados hacia el sur unos 60 agentes de la mencionada División Antisubversiva, principalmente los integrantes de la Brigada Azul, unidad especializada en la represión al MIR, los que arribaron a la zona sur con meses de anticipación para hacerse parte de las acciones previas. Pero también fueron movilizados agentes de las Brigadas Amarillo, Café y Verde, además de la temida Brigada Especial.

En la ejecución de los operativos de exterminio participaron la totalidad de agentes desplazados desde Santiago junto a los integrantes de las Brigadas Regionales de CNI que operaban en Concepción, Chillán, Temuco, Valdivia y Puerto Montt.

La CNI movilizó a varias decenas de agentes. Toda la acción represiva fue ordenada y monitoreada por la Dirección Nacional de la CNI que en esa época comandaba el general Humberto Gordon Rubio, secundado por el coronel Hugo Salas Wenzel. Tanto la labor de inteligencia previa, como la preparación y ejecución del operativo, así como los propósitos que buscaban, fue organizada y controlada por los mandos superiores, quienes dispusieron la movilización de hombres, los medios y recursos necesarios para el logro de su objetivo en el sur.

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Un reconocimiento necesario. Los exiliados y la lucha contra la dictadura

Un reconocimiento necesario. Los exiliados y la lucha contra la dictadura

La lucha de los exiliados contra la dictadura http://www.elmostrador.cl/opinion/2014/07/14/la-lucha-de-los-exiliados-contra-la-dictadura/ DIEGO AVARIA Doctor en Relaciones Internacionales, The Graduate Institute Geneva. Ha sido diplomático, profesor en Stanford e investigador en Columbia University He seguido con mucho interés las Conversaciones sobre el exilio que se realizan en el Museo de la Memoria. Para aquellos que se han perdido las presentaciones y para los que vivimos en el exterior, se puede acceder a las grabaciones a través de la página web del museo. http://www.museodelamemoria.cl/conversaciones-sobre-el-exilio-una-apuesta-por-el-testimonio/ Quisiera sumarme al debate, centrándome en un aspecto sobre el cual no se ha escrito suficientemente, a saber, la contribución de los exiliados para que Chile volviera a la democracia. En efecto, realizaron una destacada labor de denuncia y solidaridad en el exterior para derrotar a la dictadura. La represión contra el liderazgo de la Unidad Popular, así como el intento fallido de varios partidos de resistir como organizaciones clandestinas (debido a que fueron diezmados), transformaron a los exiliados en el más efectivo frente de lucha contra la dictadura, al menos hasta 1982. Pinochet usó el destierro para sofocar la acción política, pero una vez afuera los exiliados se organizaron y crearon asociaciones de solidaridad con Chile en los países de acogida. La principal actividad fue, sin duda, la de denunciar a la dictadura y las violaciones a los derechos humanos en Chile, a través de marchas, actos públicos y cartas a los diarios. Gracias a toda esta estrategia mediática, los comités de solidaridad consiguieron movilizar a las sociedades, los gobiernos y los parlamentos de los países de acogida a favor de su causa. Ayudaron a salvar a prisioneros o compatriotas perseguidos, mediante campañas ante gobiernos y organismos internacionales. Muchas veces financiaron directamente la salida de esos chilenos en peligro de muerte. Realizaron huelgas de hambre como expresión de protesta ante algún hecho inaceptable que ocurría en Chile o para salvar vidas de nacionales presos y en peligro de muerte o desaparición. En innumerables ocasiones se realizaron peñas, recitales, presentaciones de teatro u otras actividades, a las que asistía numeroso público, que arrojaban beneficios considerables. El dinero recolectado luego era enviado a Chile, para sustentar a familiares de prisioneros políticos, a viudas o hijos de desaparecidos, así como para costear el trabajo de los partidos políticos y las actividades que se realizaban contra la dictadura militar. Los exiliados crearon y establecieron vínculos con organizaciones políticas, culturales, religiosas, sociales, entre otras, y se insertaron en ellas para aportar al desarrollo de la causa chilena. La amplia gama de actividades mezclaba muchas veces la acción propiamente política con las actividades culturales, sindicales, deportivas u otras. En efecto, gracias a las diversas manifestaciones culturales se dio a conocer Chile a un público más masivo y se logró sensibilizar a la opinión pública internacional respecto a las violaciones de los derechos humanos, lo que mantuvo y aumentó la solidaridad en múltiples países. Por otro lado, los exiliados realizaron innumerables marchas de protesta, por las calles de múltiples ciudades del mundo, contra la dictadura y en solidaridad con los chilenos que en el país luchaban por la democracia. Los tradicionales desfiles de protesta los días 11 de septiembre de cada año se realizaron por todas las capitales del mundo frente a las embajadas y consulados chilenos. Fue muy importante el lobby que realizaron los exiliados en varios países con los organismos internacionales para mantener la vigilancia de los derechos humanos. Consiguieron que la Asamblea General de la ONU condenara, por amplia mayoría, la violación de los derechos humanos en Chile. Las condenas sucesivas a lo largo de los 17 años de dictadura contribuyeron al aislamiento internacional de la junta militar. Por cierto, la solidaridad de los exiliados se mantuvo con el plebiscito de 1988 y la subsiguiente elección presidencial. Colaboraron con dinero para estas campañas y efectuaron un cabildeo intenso y eficaz ante organismos internacionales, gobiernos y parlamentarios de todo el mundo, para que participaran como testigos y garantizaran la realización limpia de estos procesos eleccionarios. En Chile aún se ignora la magnitud de la solidaridad internacional contra la dictadura, obtenida gracias al trabajo incansable de los exiliados. Sin su compromiso con la suerte del país, probablemente la dictadura militar habría sido mucho más duradera. Es más, la constante lucha de los exiliados aportó considerablemente a la derrota de la dictadura, lo que debiera ser debidamente reconocido. Relacionados “El  exilio es un quiebre en las biografías” señaló Loreto Rebolledo, académica de la Universidad de Chile que ayer estuvo moderando en el Museo de la Memoria el segundo conversatorio sobre el exilio y el impacto en la vida de las personas. Con la participación de María Elena Acuña, quien salió del país a los cinco años con sus hermanos más pequeños con destino a Costa Rica; Anita Soto, militante del MIR que se exilió en Dinamarca; Antonio Maldonado, quien luego de sobrevivir a dos fusilamientos y vivir el asesinato de su padre y un hermano, lo sacan del país rumbo a  Bélgica, y Uca Silva, quien tuvo un largo periplo entre Argentina, Canadá y Ecuador, continuó el ciclo “Conversaciones sobre el exilio” que se extenderá hasta fines de agosto en el Museo de la Memoria. Los testimonios de cada uno de los participantes y del público asistente, pusieron el acento en la perdida de las raíces al llegar a otro país, la dificultad de aprender otra lengua, el desarraigo de los hijos que nacieron o crecieron en el exilio y especialmente el impacto que significó en los proyectos familiares. Uca Silva lo retrata muy bien al decir que “en cada país se iba perdiendo algo de Chile”. Los cambios en la vida de las personas fueron a todo nivel. Los niños que debieron adaptarse a culturas e idiomas muy diferentes y los adultos que pasaron de tener una carrera política a trabajar como obreros o en tareas de servicios. Para María Elena Acuña salir a temprana edad del país implicó la añoranza permanente por cosas simples como los juegos o el disfrute por una torta de milhojas, no obstante la sensación de tranquilidad que daba el país de acogida iba aminorando esa perdida. Se estima que alrededor de 240 mil chilenos salieron del país como exiliados y llegaron a cerca de 60 países. Son al menos tres generaciones las que hoy se ven impactadas por la problemática del exilio: la de los propios exiliados, la de sus padres y la de sus hijos. Para Antonio Maldonado lo peor del exilio es que rompe con todo, es un estado que requiere de muchas adaptaciones y cambios como aprender a hablar de nuevo. En su retorno a Chile, el viaje del aeropuerto al centro lo conectó con su lengua materna y se emocionó de solo leer los cárteles publicitarios que fue observando en el trayecto. En tanto, Anita Soto relató que sus hijas estuvieron tres meses en silencio y luego comenzaron a comunicarse en danés. El retorno para ella implicó juntar pedazos de su vida como un mosaico. “Por muchos años cada vez que pasaba por un aeropuerto me quebraba, cada aeropuerto significaba reducir tu vida a unas maletas”, concluyó Uca Silva. “Conversaciones sobre el exilio” es una oportunidad única para escuchar testimonios de chilenos que vivieron el exilio y el retorno. En cada sesión se aborda una temática especial, por ejemplo, en próximos encuentros se hablará del impacto del exilio en la política y sobre la producción cultural en el exilio. Biblioteca Digital Museo de la Memoria y Derechos Humanos http://www.museodelamemoria.cl/centro-de-documentacion/biblioteca-digital/ http://www.cedocmuseodelamemoria.cl/buscador Nº de coincidencias: 573 – &&&&&&&&&&&&&&&&&&} Relacionado https://imagenesparamemoriar.com/2013/11/11/exilio-chileno-e-historiografia-la-izquierda-exiliada-hugo-cancino-universidad-de-aalborg/ Abarzua , Héctor Fernando: “Por una historia del exilio”, Araucaria de Chile, No.  7, 1979, pp.145-149 Acuña, María Elena: Género y Generación en la trasmisión de la memoria, en: http:// http://www.uchile.cl/facultades/filosofía/publicaciones/cyber/19/macuna.html https://imagenesparamemoriar.com/2013/11/15/los-exiliados-chilenos-1973/  

The Politics of Exile in Latin America.

 

 MARIOSZNAJDERand LUISRONIGER: New York:CambridgeUniversityPress, 2009.The Poltics of Exile in Latin America de Mario Sznajder y Luis Roniger constituye el primer estudio sistemático que aborda a escala continental el exilio político en América Latina. Impresiona tanto el arco temporal histórico del estudio como el riguroso marco teórico que presenta. Su fecundo abordaje multifocal trasciende enfoques políticos de exclusión que provocó el autoritarismo en un solo país o la biografía historicista de algunos ilustres exiliados. Por primera vez es posible leer una lograda síntesis histórica -desde la época colonial hasta el presente- que contextualiza política y sociológicamente los itinerarios de los exiliados al interior de los países latinoamericanos y los destinos europeos, además de otras latitudes del mundo. Munidos de una variada información empírica proveniente de fuentes primarias y secundarias, los autores creen necesario desentrañar el origen del exilio en los imperios ibéricos, examinando desde las prácticas coloniales portuguesas de castigo y las prácticas de expulsión españolas y portuguesas por razones judiciales y sociales, hasta el detenido análisis de la expatriación como práctica de exclusión/regulación en los estados independientes poscoloniales. Mediante un abordaje analítico, los autores muestran que el exilio político, institucionalizado por elites de caudillos y oligarquías conservadoras/liberales durante el siglo XIX, sirvió de mecanismo de dominación sobre las masas, evitando un juego destructivo, en la era de las guerras civiles y del faccionalismo típicos de los “caudillo-states“. Los casos del expatriado O’Higgins, el tránsito de San Martín de la expatriación a su elección de ser un exiliado europeo y el ‘extrañamiento’ con que se penalizó al general Santander, vicepresidente de la Gran Colombia, son analizados brillantemente. En particular, el libro echa luz sobre la experiencia y retorno, durante el siglo XIX, de los exiliados políticos que contribuyeron de un modo decisivo en la formulación de nuevas ideas para comprender el ámbito de la política de los estados-nación emergentes, su misma noción de soberanía y el mecanismo regulatorio de la acción política. En esa dirección, el tercer capítulo resulta iluminador a fin de comprender el modo en que, fruto de la experiencia existencial e intelectual en el destierro, los exiliados de las elites elaboraron una cultura política fuera de la patria, donde descubrían lúcidamente el desfasaje entre las fronteras de la ciudadanía estatal proscripta y la identidad nacional reelaborada desde el destierro. Un ejemplo de ello fue la tensión entre la idea de estados confederados imaginados por exiliados en los años post-independencia, con ideas nuevas en torno a identidades colectivas para la formación estatal en la fragmentada realidad de países en pugna con fronteras territoriales. Es el caso de emigrados peruanos en Chile que se oponían a la Confederación Peruano-Boliviana liderada por el general Andrés de Santa Cruz. Un aporte analítico valioso del temprano exilio en el siglo XIX es ofrecido a través del formato conceptual que los autores denominan “a three-tiered structure“, conformado por la dinámica que opera para los exiliados entre el ámbito de sus comunidades de exilio, el país huésped receptor y la madre patria expulsora a la cual anhelan retornar. Ese formato permite analizar las posibilidades abiertas ante los exiliados para jugar un rol importante en el nivel de la política transregional y continental, en distintos clusters regionales (Chile-Argentina-Bolivia-Perú; además: Paraguay-Argentina-Uruguay-Brasil; y también: México-América Central-Caribe y Estados Unidos) . El formato triangular acude también a la historia de las ideas de algunos exiliados latinoamericanos que imaginaban componentes cívicos, primordiales y pan-nacionales de las nuevas identidades e imaginarios colectivos. En tal sentido, ha sido muy apropiada la inclusión de algunas reflexiones del diario del intelectual chileno Benjamín Vicuña Mackenna, durante su exilio en la década de 1850 a través de países latinoamericanos y de Europa. Asimismo, resulta fascinante la inclusión de las ideas panamericanistas del exiliado colombiano José María Caicedo y las del paradigmático intelectual portorriqueño, el “maestro” Eugenio María de Hostos y Bonilla, quien procuraba crear la Confederación Antillana (Cuba, Puerto Rico y República Dominicana), países en los que ejerció enorme influencia cultural y cívica. El capítulo cuarto examina los sitios de exilios, especialmente el caso de Chile y su interacción con la elite política e intelectual liberal latinoamericana luego de las primeras décadas de la independencia, desde los proscriptos por el rosismo como Vicente Fidel López, Sarmiento, Alberdi y Bartolomé Mitre, hasta los venezolanos Andrés Bello y Francisco Michelena. París es el sitio europeo analizado como la meca cultural de exiliados latinoamericanos desde la época de la independencia, mientras que México es focalizado como un sitio latinoamericano importante para los exiliados durante el siglo XX, primero españoles y más tarde del Cono Sur. El examen minucioso de la política de asilo de las repúblicas latinoamericanas revela que no hubo correlación entre nivel avanzado de democracia y disposición gubernamental de recibir exiliados (como en el caso temprano de asilo político dado por el régimen autoritario de Rodríguez de Francia al uruguayo Artigas, aislado completamente en Paraguay); pero los autores no se limitan a analizar el exilio desde la perspectiva del tipo de estado expulsor/excluyente, sino examinan las opciones de asilo y rutas posibles de refugio desde la perspectiva de los mismos exiliados. El capítulo quinto se ocupa de explicar la transformación del anterior exilio político en tanto desplazamiento-destierro-ostracismo de una selecta elite durante el siglo XIX y la emergencia de un masivo fenómeno social de exclusión ciudadana que condujo a la formación de comunidades de latinoamericanos expatriados en el siglo XX. Conceptualmente, al anterior formato analítico se agrega un cuarto componente estructural, a fin de entender cómo las redes internacionales empiezan a cumplir un rol importante desde la Segunda Guerra Mundial, como reguladores de acuerdos de asilo a escala mundial. Mediante el “four-tiered structure“, el capítulo sexto explora las variadas dinámicas de comunidades de exiliados, sus vínculos condiásporas de connacionales y el rol que juegan a nivel político en la arena internacional para influir en el rumbo tomado por los regímenes de sus respectivos países. Los casos examinados son los exiliados brasileros y lasdiásporas argentina, chilena y uruguaya. Hasta ahora, cada una de estasdiásporas de fugitivos de la represión en el Cono Sur fueron estudiadas de modo particular según el origen nacional (caso que los autores conocen muy bien); gracias al libro deSznajder yRoniger podemos saber mucho más de sus mutuas dinámicas, enriquecidas desde una perspectiva de análisis comparativo a nivel socio-político. Un fascinante capítulo que combina datos empíricos y cualitativos se ocupa de la extensión y lasimplicancias políticas de losexilios de presidentes latinoamericanos desde la época de la Independencia hasta el presente. De la sólida base de datos construida, ahora sabemos que más de un cuarto de todos aquellos que ocuparon la primera magistratura de países latinoamericanos conocieron el exilio, antes o después de ejercer la investidura presidencial. Finalmente, el libro se cierra enfocando la decisiva cuestión de si con el retorno de lademocratización y el de los expatriados se clausuraría el fenómeno del exilio en países latinoamericanos. Las agudas reflexiones de los autores (que ya habían estudiado en un libro seminal anterior el fenómeno del legado del autoritarismo en lademocratización de países del Cono Sur) se agrupan en dos órdenes de problemas de diferente naturaleza e igualmente importantes. Por un lado, la cuestión del impacto que tuvo sobre el proceso de la transición democrática la experiencia de los exiliados, quienes, desde la arenatransnacional, pudieron conocer innovadoras formas de pensar la política, la sociedad, la cultura, la nación, las vías alternativas a la modernidad, los desafíos de género y deetnicidad, además de las identidades colectivas. Por el otro lado, el capítulo final pone en foco una asignatura pendiente desde el punto de vista de lademocratización actual de la vida política: en qué medida el exilio ha sido también una de las ominosas formas de violación de los derechos humanos, junto con la tortura, la desaparición, los asesinatos y otros formas canonizadas de los crímenes del terrorismo de estado. El reciente artículo deSilvinaJensen apunta precisamente a este tema. Los autores recuerdan que entre las tareas pendientes de las emergentes democracias latinoamericanas en dirección a la inclusión social y la reparación judicial, moral y material, también se debe tomar en cuenta a los exiliados políticos que sufrieron de exclusión institucionalizada, Más aun, una de las conclusiones importantes del libro es que la misma democracia -no sólo las dictaduras- ha promovido el exilio y exclusión de líderes y militantes de la oposición, ya que varios estados democráticos no han podido liberarse del legado de una cultura política emboscada declientelismo, autoritarismo, polarización, favoritismo,faccionalismo, persecución, intolerancia a la crítica y la disidencia, además de la falsa percepción populista del adversario como enemigo irreconciliable. En síntesis, se trata de un libro que abre nuevos rumbos teóricos y líneas analíticas para la agenda retrospectiva y prospectiva de investigación del exilio, así como también para ampliar los estudios de la emigración como práctica de exclusión informal de ciudadanos que se sienten amenazados de vivir en aquellos países democráticos que sufrendisrupciones graves por factores socio-económicos, étnicos, de seguridad y demográficos.

Leonardo Senkman

Universidad Hebrea de Jerusalén

1.    Luis Roniger y Mario Sznajder, The Legacy of Human Rights in the Southern Cone, Oxford University Press, 1999; publicado en portugués con agregados por Ed. Perspectiva, São Paulo, 2004; y en castellano por Ed. Al Margen, La Plata, Argentina, 2005. 2.    Silvina Jensen, “¿Por qué sigue siendo políticamente incorrecto hablar de Exilio? La dificultosa inscripción del exilio en las memorias sobre el pasado reciente argentino (1983-2007)”, Páginas (revista digital de la Escuela de Historia, Universidad Nacional de Rosario), 1 (2008): 131-148. http://www1.tau.ac.il/eial/index.php?option=com_content&task=view&id=295&Itemid=179  

Red Charquican.cl

Como “buen ex-exiliado” que soy, yo también quiero hacer mi aporte a este intercambio de ideas y opiniones respecto al exilio…y a los exiliados del MIR…

Antes de salir de Chile me junté con dos compañeros…los únicos con los que tenia un mínimo contacto después de pasar 9 meses en diferentes campos de concentración. Ellos me informaron que partir al exilio seria considerado TRAIDOR… (hermoso titulo para quien no había traicionado a nadie !!!).

A mi llegada a Lyon, Francia, me puse de inmediato en contacto con aquellos que ma habían precedido y que estaban organizando en esta ciudad las actividades contra el régimen del dictador y al mismo tiempo en la bûsqueda de recursos para el partido. Sin pensarlo dos veces…y pese a mi situación de traidor, me incorporé de lleno a estas labores. Nuestras actividades fueron múltiples no solo contra la dictadura chilena sino también contra todos los regímenes dictatoriales que regían en ésa época en América Latina.

Numerosas fueron las actividades organizadas para juntar fondos…los que nunca fueron rechazados por el MIR…pese a venir de parte de un “traidor”…muy por el contrario !!!

Numerosas también fueron las personas que a nuestra solicitud respondieron positivamente y fueron a Chile por razones puntuales, entre otras, tratar de obtener la libertad de algún preso, inquirir sobre la situación de otros…o simplemente llevar dinero !!!

Creo que modestamente ayudamos, con nuestro granito de arena, en el combate contra la dictadura. Yo no pido ningún reconocimiento, me basta con tener mi conciencia tranquila, pero pienso que es importante que esto se sepa…y no tener que escuchar nuevamente, peses a los 40 años transcurridos, NOSOTROS LOS QUE NOS QUEDAMOS….como si los que nos fuimos hubiéramos abandonado la lucha !!!”

Pedro de Lyon
estimado compañero,estando de acuerdo con todo lo que dice le falto una parte muy importante y que siempre es olvidada,la decicion de cientos de compañeros del mir que estaban en el exilio y que tomaron la desicion de prepararse y retornar a chile a combatir a la dictadura,de esto no se habla y se trata de ocultar,seria bueno que en la cosa de recuperar la memoria se hablara tambien de todos estos compañeros que dejaron sus vidas para que chile recuperara su libertad por ellos por el momento son heroes anonimos cuya historia es conocida unicamente por los sobrevivientes que ya se estan poniendo viejos y empesando a morir,un fraternal abrazo a todos y todas “
,flaco theo

 

 

 

Destacado

Blanca Rengifo. Monja combatiente. “Ser astutos como serpientes y sencillos como palomas”.

La monja mirista

The Clinic Online 07 Agosto, 2011¡
 
Fue monja y partidaria de la violencia popular. Fue superiora del Hogar de Cristo y miembro del Comité Central del MIR. Salvó gente y odió, hasta sus últimos días a Pinochet. Abogada y huelguista, fue capaz se las más arriesgadas acciones a los 60 años. Esta es Blanca Rengifo. Muchos todavía se preguntan quién realmente fue.
Por: Juan Andrés Guzmán y Montserrat Madariaga
Magdalena es alta, blanca y muy delgada, como una gringa desabrida. En su cuello brilla un crucifijo de plata donde se lee: “He aquí que vengo a hacer tu voluntad”. De su hombro cuelga un bolso café, tipo colegial. Adentro lleva una bomba.
J.C. camina a su lado y no deja de sorprenderse del aplomo de la mujer. La bomba es de ruido, es cierto; pero al menos dos miristas han muerto manipulando esos artefactos. Ella no parece consciente de eso. O está consciente y no le importa. Su rostro blanco y anguloso carece de expresión. Es una cara sin esperanza y sin miedo, como el de alguien que ha visto cadáveres flotando en el río y ha asumido que es su tarea sepultarlos. Sólo sus ojos son increíblemente vivos. En ellos se ve que está feliz.
-Nos ganaste, Magdalena- dice JC.
-¿Por qué?
-Porque yo no te habría dejado venir… pero aquí estamos.
Magdalena aprieta su bolso y sonríe. Son las 11 de la noche y la pareja está frente a la sucursal del Banco del Estado de José Joaquín Pérez con Mapocho. No pasa ni un auto, como debe ser. Tampoco hay personas, como estaba calculado. Por todo Santiago una decena de grupos espera la hora indicada para disparar al aire, levantar barricadas o, como en este caso, detonar una bomba.
Esa noche no va a caer Pinochet. Pero Magdalena y J.C. piensan que con muchas jornadas como esa y muchos haciendo lo que ellos, al final lograrán vencer.
 
 
Magdalena se acerca a la puerta de la sucursal, abre su bolso y deja un paquete. Luego, como si nada, sigue caminando. Están a dos cuadras del banco cuando escuchan la explosión. En un único gesto de nerviosismo Magdalena toma la mano de J.C. y la aprieta. Él hace parar un taxi.
J.C. -que prefiere identificarse por su nombre político- no logra recordar hoy la fecha exacta del atentado. Piensa que fue entre 1979 y 1981, cuando el MIR inició la “masificación de la lucha popular”. Lo que sí tiene claro es que, Magdalena, su compañera de esa noche, era en realidad Blanca Rengifo: “una mirista valiente y comprometida”, como dice él; “una “religiosa humilde y devota”, como la describen las monjas de la Congregación del Amor Misericordioso; “una curiosa señora de 60 años”, como habría pensado cualquiera que la hubiera visto caminar esa noche perdida, con su cruz al cuello y su bolsón colegial.
 
La palabra
Blanca fue todo eso y nada. Fundó el Codepu (con 100 mil pesos que le dio su hermano Alfonso); salvó decenas de personas ayudándolas asilarse; resistió allanamientos, aleonó a los pobladores de El Montijo y, entre 1970 y 1980, supo medir como pocos el espíritu de la calle, con sus ciclos de guerra y calma. Fue monja y trabajó con el padre Hurtado; fue superiora del Hogar de Cristo y miembro del Comité Central del MIR (curiosa marca); estuvo en huelgas de hambre, marchas y barricadas. Cuando murió y los datos de su vida altamente compartimentada se empezaron a cruzar, muchos tuvieron que preguntarse quién era realmente.
Un día Blanca Rengifo vio cadáveres flotando en el río. Nadie sabe cuántos, pero junto a la hermana Odile, religiosa de origen francés, pasó los meses siguientes al Golpe de 1973 sepultando muertos sin nombre.
Las mujeres recorrían de noche la rivera del Mapocho a la altura de El Montijo y cavaban hasta la madrugada. Nadie se atrevía a ayudarlas.
 
-Los milicos traían a los presos en camiones. Los soltaban, los hacían correr y les disparaban por la espalda. Los cuerpos quedaban ahí y los perros empezaban a despedazar -relata Blanca Cuevas, antigua vecina del sector. Agrega: “Las monjas cavaban fosas lo mejor que podían. Me acuerdo que una vez una persona le avisó a Blanca que se les había quedado una mano afuera. Era terrible… Años después cambiaron el curso del río y esos cuerpos desaparecieron. Cuando llegó la democracia y vinieron a buscarlos, no encontraron nada”.
 
Blanca vivía en El Montijo desde que los pobladores se tomaron esos terrenos en 1972. Quería ser una vecina más, “salir al mundo a vivir entre los pobres como Jesús”, según lo dictaban las normas de su congregación. Blanca se hizo miembro de la Junta de Abastecimiento y Precios (la famosa JAP de la Unidad Popular) y fue la encargada de que llegara la harina y hubiera pan. ¿Era ya mirista? Nadie lo sabe. En las noches atendía a los enfermos.
 
-Hacíamos largas caminatas colocando inyecciones. Ella era muy corta de vista y como no había alumbrado público, yo la acompañaba- recuerda Blanca Cuevas.
 
-A mí no me gustaba ir pero ella tenía una mirada penetrante y con sólo verle los ojos uno sabía que había que hacerlo-, dice.
 
Tras el Golpe, el poder de convencimiento de sus ojos miopes adquirió niveles de mito. El sacerdote José Aldunate, quien también vivió en El Montijo, lo recuerda perfectamente.
-Un día caminábamos cerca de dónde ella vivía, cuando sentí que alguien me tomaba por detrás. Yo pensé que alguien me estaba haciendo una broma y me di vuelta. Entonces vi a dos hombres con un cuchillo. Blanca los miró y gritó “¡Qué piensan hacer, hombres!”. Y ellos simplemente se fueron.
Blanca, dice Aldunate, tenía un rostro inexpresivo que no reflejaba ni miedo ni felicidad. “Ella diluyó toda su personalidad en su trabajo”, sostiene.
Una monja de la congregación de Blanca, que prefiere permanecer en el anonimato, recuerda que varias veces las religiosas intentaron que ella fuera la superiora. Pero Blanca se negó.
-Quería ser como Jesús, quien no tuvo más autoridad que su palabra.
 
La madre
Blanca venía de una familia de clase media alta, con fundo en Mulchén y casona en Bilbao. Eran cuatro hermanos y Sonia, la única sobreviviente, dice que los momentos más felices los pasaron en el sur. Blanca era una joven delgada y curiosa que cruzaba el campo al galope y que buscaba, disimuladamente, la compañía de Pedro Lacroix, un muchacho 10 años mayor.
-Pedro administraba la reserva forestal de Malleco y ella lo miraba fascinada- explica Sonia.
Un invierno el joven se disparó accidentalmente y murió.
-Blanca lloró, reclamó, pataleó, no lo podía creer. Decía “no es cierto, no es cierto”. Estaba todavía en el colegio y fue un golpe muy fuerte. Por primera vez pensó en lo de ser monja- dice Sonia. Y agrega: “Si Pedro no hubiera muerto, quizás cómo sería la historia. Ya de viejas, ella me reconoció que él había sido su gran amor platónico”.
Blanca, sin embargo, no alcanzó a enjuagar la lágrimas cuando otra tragedia sacudió su vida. Su padre, Alfonso Rengifo, murió en un accidente ferroviario. Blanca y Alfonso tenían una relación muy fuerte y la joven quedó herida. Nueve meses después, su madre se volvió a casar “locamente enamorada”, con un hombre menor que ella. Fue el fin de una época.
-Eso nos marcó mucho- dice Sonia. “Él se llamaba Marcel Fermier y no hacía nada. Nunca se le conoció un trabajo decente. Mi mamá lo vestía, lo alimentaba. Pronto la herencia de mi padre desapareció y ellos empezaron a llevarse mal. Blanca se desilusionó del amor de matrimonio y eso la impulsó a irse a monja”.
Mucho tiempo después, en una de esas conversaciones donde los secretos de familia afloran de golpe, Blanca le contó a Sonia algo que nunca la dejó tranquila: que su madre conoció a Fermier antes de que su padre muriera.
-Blanca me dijo que mi papá había sufrido mucho por culpa de Marcel. Él se había dado cuenta de que algo pasaba entre ellos.
Fremier murió a los cinco años de matrimonio y la madre cayó en una profunda depresión. De ser una mujer amante de la vida social y de vestirse bien, pasó a girar en torno a su dolor y su desgracia.
“Estuvo años diciendo que se estaba muriendo. Era terrible, terrible”, recuerda Sonia.
Blanca, a lo mejor sin proponérselo, empezó a transformarse en la antítesis de su madre. Estudió derecho en la Universidad de Chile. Nunca se maquilló, nunca vistió elegante, nunca tuvo pareja. Y frente a ese ego materno absorbente, Blanca decidió diluirse. Se hizo monja, se fue a vivir a una población y durante los siguientes 50 años, pese a que tuvo muchas oportunidades de asumir un rol protagónico, prefirió permanecer en la sombra. Dividió su vida de modo que ninguna parte sobresaliera: muy pocos miristas supieron que era monja; muy pocas religiosas supieron que ella llegó a ser miembro del Comité Central del MIR; casi nadie supo nunca cual era su vida más allá de lo que la veían hacer. Y en un radical intento por no ser más que palabra y acción, poco antes de morir pidió que quemaran todos sus escritos.
La resistencia de Dios
En una ocasión Blanca le habló al abogado Fernando Zegers sobre un joven al que había escondido de los militares: “Era un militante clandestino y todo su ser transmitía fuerza, esperanza en el futuro… Ese muchacho me impactó profundamente. Cada vez que desfallezco, me acuerdo de él”, le dijo.
Zegers trabajó con Blanca en el Comité Por Paz y luego en el Codepu, organización de la que ella fue pieza central. “En los torturados, en los presos políticos, en los militantes ella vio el rostro de Dios”, explica el abogado.
Nadie sabe con certeza cuándo Blanca asumió que la violencia podía ser legítima. Pero lo cierto es que a fines de los ‘70, como miembro del Regional Santiago del MIR, compartía esa idea y la predicaba.
“Los militantes del MIR que no eran católicos, sostenían que las monjas y sacerdotes no debían participar en la masificación de la lucha armada, para no generar un conflicto con la Iglesia- explica J.C. Agrega: “Pero Blanca insistió en actuar. Ella sostuvo que los cristianos tenían que correr los riesgos de los pobres. Decía: ‘a los pobres los han maltratado y asesinado y ser cristianos es correr la suerte de ellos’. Para Blanca, si los sectores populares iban a recorrer el camino de la violencia, ella tenía que estar ahí”.
“La resistencia es Dios”, decía Blanca. Sin embargo, tenía un límite. “Si la violencia no la asumían los sectores populares extensamente, dejaba de ser legítima”, aclara J.C.
Poco después del atentado al Banco del Estado, J.C. fue detenido y no sabe si Blanca participó en otras acciones. Omar, que era su superior en el Regional Santiago, no recuerda hoy haberla destinado a algo así. Pero no le extraña que lo haya hecho. Blanca asumía la violencia sin miedo, como parte del paisaje de esos años. Y así trataba que lo entendieran quienes militaban con ella. Miguel Ángel Alfaro, mirista y poblador de El Montijo, aún recuerda sus recomendaciones:
-A los que estábamos más expuestos nos decía que cuando nos agarraran teníamos que estar convencidos de que lo que estábamos haciendo era correcto y hermoso. Sólo así podríamos resistir las torturas sin entregar información. También nos decía que memorizáramos direcciones de las Páginas Amarillas, de modo que al ser detenidos pudiéramos mentir y darle a nuestros compañeros tiempo para arrancar”.
Es probable que Blanca haya recurrido a eso cuando la CNI la detuvo en 1982. En esa ocasión los agentes saquearon las oficinas del Codepu y le prendieron fuego. Alejandro Olivares, encargado de las relacione sindicales, llegó al lugar cuando el edificio ya estaba rodeado de civiles armados y furgones sin patente. A él trataron de detenerlo, pero libró haciéndose pasar por cartero. Al irse vio a Blanca. Un agente la zamarreaba. Luego le dio un golpe en el pecho y la arrastró hacia una oficina. Olivares, impotente, sintió más golpes.
Juanita Méndez, funcionaria del Codepu, se encontró con Blanca adentro del furgón de los agentes. También estaba Elena López, la secretaria de Blanca y un hombre al que no conocían. El tipo insistía en que se pusieran de acuerdo en lo que iban a decir. Nadie le respondió. No era confiable. Las mujeres se tomaron de las manos y no hablaron en todo el camino.
Juanita recuerda que pararon en una librería de Av . Ejército donde los CNI compraron el scotch para cerrarles los ojos.
Dos días después las soltaron. Nunca hablaron de lo que habían vivido. Blanca sólo les preguntó si estaban dispuestas a seguir y ellas le dijeron que sí. Con la misma firmeza de siempre Blanca les dijo: “hay que buscar otro local”.
Esa convicción, sin embargo, ocultaba a la verdadera Blanca. Estaba choqueada y dolida. Llorando le contó a una religiosa que la hicieron oír la tortura de una asistente.
-Eso fue lo más horrible para ella. Nunca lo pudo olvidar- cuenta la religiosa.
Serpiente y paloma
La mayor parte de la Resistencia de Blanca, sin embargo, no fue violenta. Durante los años siguientes al Golpe ella y las hermanas Odile y Elena Chain, organizaron en El Montijo una red que salvó la vida de muchos perseguidos por Pinochet. Una monja que las conoció de cerca calcula que por la casa de Blanca pasaron unas 30 personas.
“En su mayoría eran mujeres y ellas las presentaban a los vecinos como ‘novicias’. Nunca escondieron armas, pero sí personas armadas”, afirma la religiosa.
Con el tiempo Blanca perfeccionó tanto sus estrategias de ocultamiento que para muchos se transformó en una especialista en lograr meter gente en las embajadas.
Blanca Cuevas recuerda uno de los métodos ideados por la monja: “formaba dos grupos: uno llevaba al perseguido y el otro simulaba un choque o una pelea de amantes, frente a la embajada escogida. Cuando todos estaban pendientes del escándalo, el asilado saltaba la pared”.
Blanca tenía una frase bíblica para estas operaciones y para gran parte de su actividad política. “Ser astutos como serpientes y sencillos como palomas”. La frase la recuerda Miguel Ángel Alfaro, quien la interpretaba entonces como “ser humildes, pero no huevones”.
Pese a las apariencias, para Blanca no fue fácil conciliar su credo y su militancia. El cura Aldunate, aún sin saber que era mirista, la veía complicada con el tema ideológico.
Tal vez sólo pudo hallar calma en 1978, cuando ella y otros religiosos se unieron a los familiares de los Detenidos Desaparecidos para realizar una huelga de hambre “hasta las últimas consecuencias”. La acción tuvo un fuerte impacto internacional y Pinochet presionó a la Iglesia para que los religiosos se retiraran. El entonces cardenal Silva Henríquez comprendía las motivaciones del movimiento, pero no podía avalar públicamente un acto que atentaba contra la propia vida de los participantes. Una religiosa relata que el Cardenal “nos retó congregación por congregación, durante largo rato. Al terminar, nos acercamos y le preguntamos qué debíamos decirle a Blanca. El Cardenal la conocía perfectamente; le tomó las manos a nuestra superiora, se rió y le dijo: “no le diga nada, déjela no más”.
En medio de esa huelga, que duró 17 días, Blanca envió a su congregación una carta explicando por qué estaba ahí. “Nunca como antes he entendido mis votos de obediencia, de pobreza y castidad”, escribió.
El odio
Si Blanca llegó a ser miembro del Comité Central del Mir, fue porque todos reconocían su capacidad de estar en contacto con el pulso de las poblaciones. En función de ese pulso ella peleó y se arriesgó. Pero hacia 1996 la vía violenta perdió arraigo en los sectores populares y Blanca comprendió que ese camino había perdido legitimidad. Los miristas se dividieron. Blanca quedó en el MIR Político, de Jecar Neghme, que llamó a votar No en el plebiscito del ‘88.
Blanca no llegó a ver la derrota electoral de Pinochet. Un cáncer al útero acabó con su vida el 11 de mayo de 1988. Durante meses, recuerda su hermana Sonia, sufrió dolores horribles.
-Me acuerdo la última vez que la vi en pie. Estábamos almorzando y se quejó de su dolor. Con mi marido la retamos porque no iba al médico. Ella dijo: “no tengo tiempo ni para enfermarme ni para morirme”.
La enfermedad avanzó rápido. La quimioterapia no resultó. Lo único que pudieron hacer los médicos fue cortarle unos nervios para que no sintiera dolor.
-Pero eso tampoco le hizo efecto. Ella quería estar conciente, pero el dolor era tan fuerte que pasó sus últimos 20 días inconsciente con morfina. Yo la iba a ver y cuando despertaba, jugamos el juego tonto donde la visita le dice al enfermo que se ve mejor, y el enfermo contesta que se siente mejor, pero los dos saben que se está muriendo. Conmigo Blanca nunca aceptó que se estaba muriendo.
Mejor suerte tuvo la neuro psiquiatra Paz Rojas. En un texto de homenaje a Blanca, rescata una última conversación con ella. Es el momento en que la mujer por primera vez habla de sí misma. “Esta enfermedad me ha ido acorralando. Aquí estoy, en este hospital, en esta cama sin poder abandonarla, llena de estos terribles dolores… voy a morir y no quiero morir así. Quisiera que mi muerte fuera un grito de rebeldía como la de tantos compañeros asesinados estos años…”
Rojas cuenta que entonces Blanca se acordó de sus amigos José Carrasco y José Manuel Parada. “Nos miró con sus profundos ojos azules, y dijo: ‘quisiera que supieran que estos últimos 15 años, a pesar del dolor, para mí han sido los más felices de mi vida’”.
Según Sonia sólo una cosa le dolió a Blanca al momento de morir.
-No pudo perdonar a Pinochet. Tenía un odio muy grande hacia él y se murió con ese resentimiento. Si ahora viera cómo está el viejo, creo que sería feliz.
 

“YO TUVE UN HIJO EN LA MONTAÑA.”

 

YO TUVE UN HIJO

EN LA MONTAÑA.

Yo Tuve Un Hijo En La Montaña”. Por madre cro Gastón, caído en

”Yo tuve un Hijo en la montaña”. Madre del cro Gastón caído en Neltume. 23 de marzo del 2006. “Voy a contar la historia de mi hijo que está sepultado en Tres 
http://www.archivochile.com/Chile_actual/06_ddhh/chact_ddhh0036.pdf

“Voy a contar la historia de mi hijo que está sepultado en Tres Lagunas. Pero

partiré por la historia del abuelo”.

“Mi abuelo había trabajado toda su vida haciendo caminos. Pala y picota. El nos

decía que quería con los años,  con su trabajo, que algún hijo, hija o nieto pueda

estudiar, tener un trabajo estable, una vida y una casa decentes. Ojalá una casita

propia”.

“Mi padre trabajó 26 años en la fábrica. Mi marido en la montaña. Trabajos duros.

Partían de amanecida. Una vez dijo: “Vamos a embarrar esta camisita, socio, pa

que algún día alguno de éstos tenga una vida mejor que la mía”.

“Mi hijo quiso lo mismo. Una vida mejor, más justa. Pero él era distinto: el Gastón l

quería eso mismo, pero no sólo para él o para los suyos. El quería eso para

todos”. Siempre recordaba las últimas palabras del finao presidente Allende, con

eso de las anchas alamedas para todos”.

“Por eso sería que se lo llevaron pal golpe. Bien apaleado, torturado y

encarcelado. A los dos años de cárcel lo echaron pa fuera. En Holanda estudió,

hizo cursos. Terminó con un buen trabajo. Nos mandaba fotos de una bonita

casa”.

“No estaba con nosotros, claro, pero estaba bien, y yo me conformaba porque se

había cumplido el sueño del abuelo y el de mi viejo en el sindicato”.

“Por eso, yo no entendí nada cuando en 1981 bajaron no sé cuantos soldados de

un camión, hicieron pedazos la puerta y nos atrincaron durante días,

preguntándonos por el exiliado, por el Gastón. Era invierno, me acuerdo porque

había harta nieve en esos días”.

“Ustedes sabrán de él, -les dije yo. ¡¿Qué andan preguntando, si ustedes lo

echaron pa fuera!? Miren, aquí tengo una carta suya que me llegó anteayer no

más”. “¡Díganos en qué cerro anda metido su hijo con los otros ésos!”, que me

decían. “Ustedes me andan bromeando para puro molestar, asustar o sonsacar

quizás qué cosas que una les invente. ¡Qué va andar tonteando acá el Gastón! Mi

hijo no es tonto, si allá está bien y tiene de todo. No como nosotros que seguimos

con la pobreza pegada al cuerpo”. Yo nunca pensé que mi hijo estaría arrancando

de 2000 milicos en ese mismo momento, a un par de horas de mi casa. Yo lo

hacía en Europa tan tranquilo”.

“Desde ese día anduvieron como lobos en el pueblo. Durante dos meses. En

Septiembre nos vinieron a buscar a varias señoras. Nos llevaron a Valdivia. A la

morgue. Ahí estaba mi Gastón:  flaaco, flaco. Y sucio y barbón, con 4 balazos en

el cuerpo y uno en el muslo. Allí estaba el hijo de la vecina: lleno de machucones y

con los dientes quebrados. No tenía ni un balazo. Había varios más, que la

mayoría eran de acá, que habían sido obreros del Complejo Maderero. Había

varios otros que no yo los conocía. En total unos ocho cuerpos, sin contar al

Ojeda, que ése lo mataron en diciembre en Quebrada Honda. Después supe que

son once los muertos en total”.

“Se veían tan pobres, tan flacos. Tanta miseria y padecimiento. Pero tan

tranquilos sus rostros. Parecían hermanos. Hermanitos en esa muerte que

todavía retumba en las altas rocas”.

“En ese tiempo, no entendí porqué había vuelto. A guerrillar. A buscar la muerte

sería… Mi Gastón. Mi chiquillo. Si allá tenía de todo. Y estaba tan bien”.

“Fíjese si estas cordilleras serán mágicas, que al año después de muerto ¡Todavía

me llegaban cartas del finaol”.

“Recién este año fui al lugar donde los pillaron en la montaña. Allá por Remeco,

lago Chanchán. Se veía el lugar de la fogata, la cocina donde comían, el lugar

donde dormían en sus carpas, unos palos parados como para hacer una rancha.

También vi unos restos de plástico, de ropas, tarros viejos, tapas de ollas como

con balazos. Todo allí, como si fueran a volver esa misma tarde.”.

“Y el monte está igualito. Tremendos abuelos coihues, así de grandes. Pensar que

ésos habrán escuchado las tallas y risas de mi chiquillo. Ahí estaba ese coihue

desde donde les dispararon. Algunos trabajadores que han ido dicen que en las

noches se oyen risas y tallas. Y a veces cantar. De esas canciones que se

cantaban antes. Y ningún obrero ha querido nunca voltear ni un palo en ese lugar.

Como que los dejan pa que cuiden el sueño de los cabros. Y los sueños del

abuelo, de los viejos del 45, de los del 73…”.

“Yo siempre he pensado: “Cómo no podremos siquiera construir una animita en

recuerdo de ellos. Ir a poner unas flores y unas velas de vez en cuando. ¿Cómo

irán a descansar tranquilos esos muchachos? Si no hay donde prenderles una

velita siquiera. Será por eso que en las noches suelo despertar suspirando”.

“Construir una animita. Y que los árboles sigan ahí. Acompañándolos. Hasta que

se caigan de viejos y crezcan otros nuevos”.

Neltume, 23 de marzo de 2006

 

 

Neltume, 23 de marzo de 2006

A 40 Años, 40 voces anónimas. Volver, Re-volver el pasado.

Volver, Re-volver el pasado

MEMORIA
DOMINGO, 03 NOVIEMBRE 2013 

Fuimos heroicos, fuimos pasiones encendidas, fuimos tan frágiles,

fuimos un beso y despedida, fuimos tan gráciles…

fuimos infantes inmaduros, fuimos futuro, y alegría,

fuimos un día cierta agonía que se marchaba y luego volvía…

fuimos un pleito, fuimos porfía, somos un sueño, una utopía…

(Manuel Huerta, Heroicos)

Se  cumplieron 40 años del aciago 11 de septiembre, barbarie que cerró a sangre y fuego un proceso social que se fue construyendo por cerca de 70 u 80 años de historia y luchas sociales. Acontecimiento  que abriría múltiples heridas en nuestra sociedad, que ha costado cicatrizar más allá de los pactos u soluciones administrativas.

Este gran costo social ha quedado registrado para la historia, para estas generaciones y no cabe duda, para las siguientes, en el Informe Rettig y Comisión Valech, sendos informes que dan cuenta en términos numéricos, los procesos, responsables estatales y los diferentes contextos en que ocurrieron las “más graves violaciones a los Derechos Humanos”, acontecidas  en un periodo que abarca hasta el  11 de marzo de 1990.

En términos del rescate de la memoria, se han escrito tesis, libros recopilatorios, de contexto, de análisis y reflexión, incluso de evaluación de los 1000 días del gobierno de Salvador Allende. Respecto a la dictadura militar, existen un sinfín de textos que van desde la Economía, Sociología, Politología hasta la Psicología.

Todos concuerdan que el periodo anteriormente señalado ha sido tenebroso, escabroso, violento respecto con sus víctimas. Nada ni nadie quedo intacto en esa vorágine de acontecimientos políticos, seguramente la verdad individual que es la base para construir la verdad colectiva, en algún momento será conocida y asumida por todos.

En estos 40 años, en el imaginario colectivo quedo instalado, a diferencia de los 30 años, que sí bien hubo un pueblo que fue víctima de todo el poder de la derecha y sus aliados, las Fuerzas Armadas, ese mismo pueblo asumió acciones de resistencia ante el cruel designio, las cuales coadyuvaron a forzar una salida democrática.

Revisando y reflexionando, parece interesante que existan diversas aproximaciones desde lo “científico” al fenómeno Unidad Popular y la posterior Dictadura Militar y digo fenómeno, en el sentido de objeto de estudio, pero a veces la información en su calidad y contenido comienza a saturar para no decir claramente, repetirse.

Una veta interesante a re-descubrir son los cientos y seguramente las miles de historias anónimas que contribuyeron con su esfuerzo, valentía, abnegación y desempeño al proceso de recuperación democrática. Democracia, palabra nueva, vacilante, incompleta, desigual, en constante construcción pero democracia en vez de dictadura.

En ese proceso es digno de destacar, la obra “Re – Volver, Relatos de una Dictadura”, libro que incluye a 40 jóvenes, hoy adultos que desde sus diversas experiencias, desde sus amplios y complejos matices, desde sus diversos recuerdos configuran historias de luchas, anhelos y sueños.

Recuerdos que estos 40 anónimos recuerdan en virtud y en calidad de personas que soñaron, amaron y no cabe duda que se comprometieron por una sociedad mejor. Seguramente en ese devenir nunca soñaron ni lucharon por una como la actual.

Todo lo que se hacía en tiempos de la dictadura tenía un costo, el “cuídese”, seguramente era parte del léxico cotidiano en estas 40 personas. Escrito en forma testimonial es una obra que transporta, que te lleva hacia el pasado, un pasado que no es tan pasado, muy por el contrario,  dado que sigue existiendo una sociedad desigual y por soñar.

40 memorias cabe en 40 años de 40 jóvenes que seguramente han superados esos 40, por recuperar el tiempo perdido, dar testimonio, dar la vida por la vida. Serán héroes anónimos, actores sociales, protagonistas, activistas, políticos o simples 40 personas que se subieron al tren de la historia, en el cual sólo se transita una vez.

La riqueza del texto es la diversidad que a través de la lectura se van transformando en historia no oficial, en huellas plurales desde lo singularidad de cada testimonio. Tenemos que seguir avanzando no sólo para construir memoria sino para rescatar esos cientos de personajes anónimos que contribuyeron a intentar fundar una sociedad mejor. Conocer y reconocer a estos 40 anónimos nos lleva a destacar el valor del testimonio, en una sociedad insatisfecha y cada vez más, desigual.

Otra obra que se dirige en la misma línea anterior “La Montaña Rebelde”, que versa sobre 12 historias sobre la guerrilla en Neltume, y su asedio constante por parte de un amplio operativo combinado entre fuerzas de seguridad y militares.

Los 40 años del golpe militar ya son parte del pasado, seguramente habrá que seguir sacando las lecciones justas y necesarias… mirando con vista hacia el futuro, se vienen otros 40 años, la caída en combate de Miguel Enríquez, en una callecita de San Miguel, será en un nuevo pero viejo contexto.

El desafío de mañana, es el rescate de esas historias anónimas, personales, no oficiales que vayan aportando seguramente desde su diversidad, desde su complejidad al nuevo sujeto social, al nuevo constructor de sociedad, simplemente es justo y necesario… cimentar una opinión que nos hace falta para construir una sociedad mejor.

Andrés Vera Quiroz

Noviembre del 2013