En el Cementerio no están los Desaparecidos

En el Cementerio no están los Desaparecidos

En el Cementerio no están los Desaparecidos

Por Cristian Cottet

y ahora voy a morir, sin nada más, con tierra
sobre mi cuerpo, destinado a ser tierra.
Pablo Neruda
Canto General

La muerte es un asunto que va del desastre a la resignación, del llanto a la ritualidad, del espanto a la paz. La muerte nos gobierna, de a rato queremos no verle, esconder el rostro, pasar por su lado silbando sin que ella nos vea, pero es inevitable. Está ahí con sus pompas fúnebres, con sus velorios, sus cementerios, sus negociados. Creo que no existe cultura donde la muerte pase inadvertida. Todas se las arreglan para definir una forma de desprenderse de la materialidad que es el cuerpo. Unos le incineran, otros le lanzan a un río o al mar, otros los embalsaman, otros le entierran en un espacio que definen para esos menesteres. Para nosotros los chilenos el cementerio es el espacio más recurrido donde dejar “los restos” de nuestros seres queridos.

La antropóloga argentina Laura Panizo, propone cierta matriz de “atención” a la muerte. Para ella el duelo y el luto son dos fenómenos que se complementan y explican mutuamente dentro del ritual de la muerte. Mientras el duelo son prácticas privadas, materiales, simbólicas y mentales de los sobrevivientes, el luto serían los procedimientos colectivos que permiten el reingreso de los deudos a la comunidad de los vivientes. El duelo refiere a la capacidad de cada uno de los vivientes para reubicarse y reintegrarse en la comunidad que contuvo al no viviente, es un ejercicio fundamentalmente privado. El luto, en cambio, es un rito colectivo donde se despliegan diferentas prácticas que permitan volver al precario equilibrio social desde donde se sale y se debe retornar.

Como ritualidad, el luto obliga avanzar desde la separación (lo preliminal), estacionarse en la transición (lo liminal) y terminal en el reingreso (lo posliminal). Realizar a cabalidad esta “pascua” permite un reingreso en paz y así construir el duelo. Para alcanzar esto es necesario que se cumplan, por lo menos, dos condiciones: primero, que la ritualidad se materialice en todas sus formas y etapas, y segundo, que el cuerpo del que ha partido participe desde la separación al reingreso en la forma de una nueva instalación simbólica. Como dije al comienzo, la muerte es un asunto que va del desastre a la resignación.

Cuando el cuerpo no está, queda suspendido el rito en la liminalidad y el duelo se transforma en un permanente e infinito suspenso, donde los deudos deben construir otras estrategias de sobrevida, que estarán cargadas de incertidumbre y desamparo. En ese caso, que es el de los chilenos “detenidos desaparecidos”, no hay velorio, no existe ataúd ni cementerio, que es el territorio destinado al depósito de los cuerpos. La “animita” es una de las muchas formas que toma este ejercicio de muerte sin un cuerpo que resguardar.

En la Región Metropolitana de Chile se han instalado casi tres centenares de memoriales en recuerdo de los chilenos ejecutados y desaparecidos por la dictadura militar. Estos eventos van desde animitas, placas, esculturas, panteones y memoriales. Detrás de cada uno existe una comunidad que se organiza tanto para su construcción como para su mantenimiento. Casi la generalidad está referida a personas muertas y sepultadas, agreguemos a esto que el Estado mantiene un Programa de ayuda financiera para esos efectos.

El año 1993 se concretó la construcción del Memorial de los Detenidos Desaparecidos y Ejecutados instalado en el Cementerio General de Santiago, me refiero al monumento que recuerda y homenajea a todos los detenidos desaparecidos de Chile. En los bordes de este monumento se construyeron dos panteones, donde sepultan aquellos cuerpos recuperados de la desaparición.

En el marco de lo dicho hasta ahora, cabe preguntarse: ¿Qué hace este memorial en un cementerio si los nombrados técnicamente no están muertos sino secuestrados? ¿Acaso, con esta instalación, se pretendió “dar por muerto” simbólicamente a los miles de desaparecidos? ¿Se pretendía poner fin al ¿Dónde están?

Una tarea urgente, en medio de tanta premura y reivindicación no cumplida, es terminar con esa ambigüedad de visitar a nuestras(os) hermanas(os) secuestrados, en el lugar donde dejamos los muertos. Ellos no están muertos mientras no tengamos sus cuerpos y podamos concluir el rito que permita reingresar a esta sociedad a los miles de familiares que esperan. Es responsabilidad nuestra también el obligar al Estado a que se instale en algún espacio público y de libre acceso un verdadero Memorial y no una cripta gigante en un cementerio. No se resolverá con esto la monumental tarea de encontrar los cuerpos, pero no cabe duda que ayudará a poner las cosas en su lugar, cuestión que tanta falta hace en nuestro querido país.

Diciembre de 2011

Destacado

‘Memorias de militancia en el MIR’.

Autor del libro ‘Memorias de militancia en el MIR’

Sergio Salinas: “Creo que actualmente no hay ningún espacio para la vía armada como opción política”

Che-Miguel Enríquez

El próximo 7 de noviembre, el periodista y cientista político chileno Sergio Salinas presentará su segundo libro dedicado a la historia del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, titulado Memorias de militancia en el MIR (RIL Editores, 2014). El texto será comentado por Marco Enríquez-Ominami y Andrés Pascal Allende, a partir de las 17 horas en el Centro Cultural Estación Mapocho, en el marco de la 34º Feria Internacional de Santiago (Filsa).

El autor es doctor en Estudios Latinoamericanos y magíster en Ciencia Política de la Universidad de Chile; diplomado en Cultura de Paz de la Universitat Autònoma de Barcelona, y Periodista de la Universidad Católica de Chile.

Su primer libro sobre este tema fue El tres letras. Historia y contexto del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) (RIL Editores, 2013). Salinas, además, es coautor de Del regreso del Inca a Sendero Luminoso (RIL Editores, 2009) y Bolívar según Chávez. Ensayo de una tendencia (RIL Editores, 2013), y coeditor del libro Conflictos de identidades y política internacional (RIL Editores, 2005). Próximamente, publicará su última investigación: Conflictos y Nuevos Movimientos Sociales, ganador del Fondart Creación Ensayo 2014, y se encuentra preparando Pajarillos Libertarios: Ensayo sobre el Movimiento Estudiantil Chileno 1980-2011.

MOTIVACIONES

-¿Qué te motiva a investigar la historia del MIR?

portadamemoriasmir-Hay una frase de Marc Bloch que puede resumir la primera motivación que tuve para escribir estos dos libros (El tres letras y Memoria de Militancia en el MIR): “La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado. Pero no es quizás menos vano el hecho de preocuparse en comprender el pasado si no se sabe nada del presente”[1].

Y es que la vida de este historiador francés, uno de los intelectuales más destacados de la primera mitad del siglo XX, es el fiel reflejo de una parte de la política a la que siempre se le esconde, sobre todo en América Latina y Chile en particular: el uso de la violencia. Y si se acomete el desafío intelectual de escribir sobre ella se lo hace, mayoritariamente, en medio de la dicotomía de endiosar o demonizar. Recordemos que Marc Bloch, combatiente de la Resistencia Francesa, murió fusilado, tras ser torturado durante varias horas por la Gestapo, un 16 de junio de 1944, en Saint-Didier-de-Formans, cerca de Lyon.

Pero también hay una segunda razón coyuntural, la conmemoración de los 40 años del golpe militar el año pasado y también los 40 años de la muerte del secretario general del MIR, Miguel Enríquez Espinoza, este 5 de octubre de 2014. Es decir, momentos importantes de nuestra historia que reflejan mucho del pasado para comprender el presente. El primero, que rompía el “mito” patrio del país pacífico y con Fuerzas Armadas respetuosas de la institucionalidad. Y, el segundo, que mostraba que un grupo de jóvenes, en su mayoría, pasaba del discurso a la acción tratando, armas en la mano, de “tomar el cielo por asalto”.

Por último, una tercera motivación, también coyuntural, proviene de los enfrentamientos que se registraron el año 2011 en Europa, África y Asia y que recibieron nombres tan diversos como “la primavera árabe”, “revolución democrática árabe” o “el movimiento de los indignados”. A los que se le sumaron nuevas y más violentas protestas en Grecia y Ucrania y una guerra desatada en Siria. Estas movilizaciones presentaron características interesantes, como la capacidad de autoconvocarse a través de las redes sociales, por la participación juvenil y de cesantes, del movimiento sindical y de inmigrantes, y por el sentimiento común de no sentirse representados por los partidos y la forma de hacer política en la actualidad. Y, fundamentalmente, nos trajo de vuelta algo que para muchos había desaparecido luego del fin del enfrentamiento ideológico enmarcado en la Guerra Fría y que, parafraseando y jugando con Francis Fukuyama, podemos resumir como: “El no fin de la historia y el no fin del uso de la violencia política”. Esa es la tercera motivación, la violencia política sigue presente en la actualidad.

Víctor Fernando Krauss Ruz

Debemos recordar que la violencia política constituye, en la modernidad occidental, un concepto límite que ha sido poco estudiado. Sólo autores como George Sorel, Vladimir Ilich Lenin y Walter Benjamin, entre otros, que han mantenido una posición crítica con el proyecto moderno, han desarrollado una reflexión sustantiva acerca de la misma.

En síntesis, escribir sobre el uso de la violencia política en Chile y sobre el MIR, en particular, sigue siendo polémico pero es ineludible para entender (nos) a la sociedad chilena y a nosotros mismos.

Es por esto que me enmarco en el estudio de la historia reciente. A la que hay que entender como referida a un pasado cercano que, de alguna manera, no ha terminado de pasar y que por tanto todavía interpela e involucra a los individuos en la construcción de sus identidades individuales y colectivas. La historia reciente designa un campo de investigación de características difusas, que si bien en los últimos tiempos ha experimentado un importante desarrollo, aún no está consolidado como tal y que involucra un importante conjunto de problemas éticos, políticos, metodológicos y epistemológicos que reclaman una profunda reflexión y un permanente diálogo entre especialistas de diversas disciplinas abocados a su estudio.

Además pretendí, en este estudio sobre la memoria social, no centrarme únicamente en los grandes líderes del MIR sino que también en personas comunes que, desde distintas esferas y militancias de base, compartieron ese ideario de la política armada.

Por ellos me centré fundamentalmente en el período de la llamada “militancia revolucionaria”, buscando profundizar tanto en las racionalidades de los actores (individuales y colectivos) y del propio conflicto, como en la comprensión de los aspectos subjetivos de quienes emprendieron la lucha armada en las décadas de los setenta y ochenta en nuestro país. Como afirma Walter Benjamin, el recuerdo es capaz de corregir el pasado y la experiencia rememorativa es capaz de modificar aquello que la ciencia ha establecido. De ahí la posibilidad de la redención (Erlösung).

Clotario-Maroto

En el capítulo 1 analizo el liderazgo de Miguel Enríquez Espinoza y algunos elementos de su biografía. En el capítulo 2, denominado El MIR y los cristianos: el caso de Rafael Maroto, el sacerdote de los campamentos, se analiza la relación entre cristianismo y revolución, reflejado en la vida de este sacerdote que tenía un futuro brillante en el mundo eclesial. Y el capítulo 3, El MIR y la AGP: militancia revolucionaria y comunicaciones, en el apartado 3.8 titulado: Algunas historias de los miembros de Radio Liberación: persecución, sacrificio y muerte, se analiza, brevemente, la militancia revolucionaria de Fernando Vergara (Jesús); Patricia Bravo(Olga) y Gregory Randall (el gringo revolucionario). Y, por último, en el capítulo 4, denominadoSentimientos, sacrificios y abandonos. Algunas historias de militancia, se analiza brevemente la militancia revolucionaria de Fernando Krauss, madrugando la vida; Lucía Vergara, pariendo un corazón; Los guerrilleros de Neltume; Hugo Riveros, dibujando esperanzas, y de uno de los prisioneros políticos más antiguos en América Latina: Jaime Castillo Petruzzi, de Neltume a una cárcel peruana.

LA VIOLENCIA POLÍTICA

-¿Por qué es importante analizar las causas históricas o raíces del fenómeno de la violencia política?

-Porque, como afirman Marina Franco y Florencia Levín, fundadoras de la Red Interdisciplinaria de Estudios de Historia Reciente (RIEHR), es un dato de nuestros tiempos que el pasado cercano se ha constituido en objeto de gran presencia y centralidad, casi de culto, en el mundo occidental. Se trata de un pasado abierto, de algún modo inconcluso, cuyos efectos en los procesos individuales y colectivos se extienden hacia nosotros y se nos vuelven presentes. De un pasado que irrumpe imponiendo preguntas, grietas, duelos; de un pasado que, de un modo peculiar y característico, entreteje las tramas de lo público con lo más íntimo, lo más privado y lo más propio de cada experiencia. De un pasado que, a diferencia de otros pasados, no está hecho sólo de representaciones y discursos socialmente construidos y transmitidos, sino que está además alimentado de vivencias y recuerdos personales, rememorados en primera persona. Se trata, en suma, de un pasado “actual” o, más bien, de un pasado en permanente proceso de “actualización” y que, por tanto, interviene en las proyecciones a futuro.

VIABILIDAD DE LA VÍA ARMADA

-Después de todos los fracasos guerrilleros en Latinoamérica y el mundo, ¿es viable la vía armada para lograr transformaciones profundas en sentido democrático-socialista?

Radio Liberación-Creo que actualmente no hay ningún espacio para esta opción política. Como señalé anteriormente las épocas no se repiten nunca. En los setenta existía –como afirman las académicas argentinas Alejandra Ciriza y Eva Rodríguez en un trabajo sobre elPRT-ERP–  un contexto de certeza respecto del porvenir, a diferencia de la incerteza en el futuro que vivimos actualmente, “la revolución anunciada exigía la construcción de subjetividades capaces de enfrentar una coyuntura marcada por la militarización, las condiciones de excepcionalidad y guerra, y las necesidades de templar el ánimo para la acción heroica”[2].

En aquellos años se apostaba a la construcción de un sujeto revolucionario en la vida cotidiana, sin embargo esa vida cotidiana estaba marcada por la excepcionalidad del tiempo ahí, el tiempo frágil y urgente de construcción de la revolución. Un tiempo exento de dudas, como decía una canción de la época: ‘No podemos ser amigos del mal, al mal hay que dar maldad[3]’”[4].

Actualmente, como también sostienen estas historiadoras argentinas, nos encontramos con un contexto de incerteza respecto del porvenir, por lo que las formas de articular política, ética y subjetividad es diferente. “Incertidumbre respecto del futuro percibido como amenaza, de la relación con la naturaleza, cuyos límites aparecen bajo la forma de crisis ecológica, desertificación o agotamiento de recursos naturales, incerteza respecto de las posibilidades de supervivencia de la humanidad misma, en un continente en el cual las desigualdades se han profundizado y el hambre y la desocupación causan estragos inenarrables. Si algo caracterizó, en cambio, la militancia de los años 70 fue la certeza, a menudo arrasadora, de que el futuro advendría y sería, seguramente, mejor”[5].

LECCIONES

-¿Qué lecciones deja esa experiencia para la Izquierda latinoamericana?

El Rebelde-No solo para la Izquierda sino para todas las sociedades latinoamericanas, nuestros propios “años del plomo”[6] nos confirmó que durante toda la historia de América Latina, la violencia política ha estado siempre presente, pero sólo en la década del sesenta se apoderó del imaginario de miles de personas, la creencia en que la vía armada era el único camino para alcanzar el poder y realizar las grandes transformaciones estructurales de la sociedad.

Esta praxis política, si bien presenta diferencias contextuales y por cierto de magnitud, afectó la gobernabilidad y estabilidad de democracias que eran frágiles[7], con un modelo económico en crisis y que se veían desbordadas por las demandas de cambio político y social. Los discursos rupturistas provenían de un lado y otro del espectro político, del lado revolucionario y del lado contrarrevolucionario. Finalmente, fue este último el que se impuso, con dictaduras militares que se instalaron en media docena de países con los resultados por todos conocidos.

No hay que olvidar tampoco que, a escala internacional, la Guerra Fría es un componente esencial de este cuadro. América Latina no escapó y ni podía escapar, al enfrentamiento planetario entre los dos proyectos geopolíticos entonces dominantes.

La llegada del autoritarismo y las dictaduras militares a un número importante de países de América Latina y la consecuente represión contra el “enemigo interno”, provocó –además de las derrotas parciales de los primeros grupos partidarios de la vía armada- el inicio de la crisis de esta opción de cambio, la que se alargaría y se ahondaría en los procesos de transición a la democracia.

En ese momento, el balance de la lucha –puesta en marcha en medio del fervor revolucionario- era dramático para sus participantes. Miles de muertos, desaparecidos, exiliados y un imaginario político hecho trizas. No se puede hablar de la historia de América Latina en los últimos setenta y cinco años[8] sin analizar esta experiencia.

IZQUIERDA DE INTENCIÓN REVOLUCIONARIA

-¿Cuál debería ser el aprendizaje para quienes todavía persisten en construir una Izquierda de intención revolucionaria en nuestro país?

Lucía Vergara Valenzuela

-Creo que el mensaje sería, como lo señaló Albert Camus en su libro El hombre rebelde, que “el pensamiento rebelde no puede, por lo tanto, prescindir de la memoria: es una tensión perpetua. Al seguirlo en sus obras y sus actos tendremos que decir siempre si permanece fiel a su nobleza primera o si, por cansancio y locura, la olvida contrariamente, en una embriaguez de tiranía o de servidumbre”. Pero siempre en el entendido de que las épocas son distintas en sus características y en sus afanes. Es por eso que juzgar el pasado desde el presente es muy difícil e incorrecto, como también intentar “desde nuestras subjetividades” construir una realidad falsamente que nos permita replicar formas de acción colectivas sin vigencia desde la racionalidad política en la actualidad. Ya que en los setenta incluso si el zeitgeist[9] era propicio para la lucha armada, por el contexto internacional y cultural imperante, ésta era una opción política y no una necesidad histórica.

Comprendo lo polémico pero también necesario que es decir, como historiadores y cientistas políticos, que las épocas históricas no son repetibles. Además, que la generación de militancia en la Nueva Izquierda Revolucionaria (NIR) latinoamericana, reflejada en la figura del Che, enfatizaba el “voluntarismo”[10], entendido como la capacidad de los seres humanos de “construir” su propia historia y no esperar el cumplimiento de leyes objetivas del desarrollo de la naturaleza y de la sociedad, tal como lo afirmaba el materialismo histórico. Citando a uno de los poetas favoritos de Ernesto Guevara, León Felipe: “en la aventura de parirse a sí mismo”[11].

Esta decisión trágicamente colocó a esta generación de militantes revolucionarios en un camino sin vuelta atrás que, por una parte, les permitía anticipar -a partir de sus análisis- la inevitabilidad del enfrentamiento armado, probablemente a través de los golpes de Estado, y por otra, tener la conciencia de que no estaban en condiciones político-militares para enfrentarlo. De cierta manera, no podían escapar de la predestinación, no en el sentido religioso, sino que por su propia elección racional. Y, políticamente, no les quedaba más que confirmar en el discurso y la acción el camino escogido.

NEOMIRISMO

-¿Cómo ves el surgimiento de agrupaciones políticas nuevas que retoman el ideario mirista, como la Juventud Guevarista?

portada el tres letras-Creo que la lucha por la búsqueda de la “memoria oficial” en Chile ha sido fuerte en los últimos años. Pienso que se avanzó desde los primeros momentos en que solo participaban familiares de desaparecidos y ejecutados políticos hasta el momento catártico que se vivió en la conmemoración de los 40 años, que marca, incluso a nivel de los canales de televisión, el triunfo de una sola “memoria” por sobre la otra.

En este sentido, no resulta extraño que el pasado se haya hecho presente con mucha fuerza en el presente. Pero no es un fenómeno solo de los últimos años. Creo que el movimiento estudiantil, como sostiene Gabriel Salazar, es el único movimiento social que ha tenido una memoria histórica ininterrumpida desde la lucha por el retorno a la democracia hasta la actualidad. Lo que pasa es que por lo minoritario que eran los colectivos neomiristas estaban invisibilizados para la opinión pública. Pero ahí está la experiencia de la Surda, principalmente en la Universidad de Chile, en los años noventa. Incluso si ustedes analizan diferentes documentos, la web oficial y las redes sociales, se encontrarán que la Izquierda Autónoma utiliza la consigna “Adelante con todas las fuerzas de la historia” que pronunció el secretario general del MIR, Miguel Enríquez, en su discurso en el Teatro Caupolicán el 17 de julio 1973.

Sin embargo, es notorio el resurgir de las banderas rojinegras en el marco de las movilizaciones estudiantiles del año 2011, como es innegable el avance que han tenido los diversos colectivos neomiristas a nivel de elecciones estudiantiles y en su influencia en la Confech en los últimos dos años. Pero, hasta el momento, tiene un contenido más bien simbólico, es decir, del rescate de una cultura, una historia y una moral política, y no de una praxis en que la opción armada esté contemplada como una herramienta válida para alcanzar los objetivos políticos. Pero desde un punto de vista académico sólo puedo señalar que lo que analizo es el pasado y el presente, y no especulo sobre el futuro.

CASO BOMBAS 2.0

-¿Que moraleja debería dejar a quienes estuvieron colocando bombas de ruido y a los ‘encapuchados’ de las movilizaciones, el efecto contraproducente del nuevo ‘caso bombas’? ¿No deberían pensar que -independiente de quienes hayan puesto la bomba en el Metro Escuela Militar- sus acciones terminan favoreciendo a la derecha más reaccionaria?

bombazoenestacionmetro-Podríamos incluir este tipo de acciones en lo queCharles Tilly conceptualiza como “ataques dispersos” que son una forma de violencia colectiva que se manifiesta cuando en el curso de una interacción bien extendida, de pequeña escala y generalmente no violenta, un cierto número de participantes responde a los obstáculos, los desafíos o las restricciones con actos que provocan daños. Entre los ejemplos están el sabotaje, los ataques clandestinos esporádicos a objetos o lugares simbólicos, el asalto a los agentes del gobierno, los ataques incendiarios e incluso explosivos. Estos ataques dispersos se caracterizan por una baja centralidad de las interacciones violentas, y cuyos protagonistas se movilizan a través de redes pasivas: comunicación de carácter instantáneo entre individuos atomizados que se establece por el reconocimiento tácito de una identidad común y que está medida por el espacio geográfico[12].

Efectivamente este tipo de acciones desvirtúa, en la mayoría de los casos, el accionar legítimo de los Nuevos Movimientos Sociales y muchas veces provoca que las demandas iniciales escalen rápidamente hacia posturas maximalistas, complejizando la dinámica de los conflictos. Este tipo de accionar obedece a lógicas más individualistas que colectivas, sirviendo de argumentos políticos para los sectores más conservadores de la sociedad chilena.

Lamentablemente, como afirma Javier Couso, integrante de la Comisión Asesora Presidencial para reformar la Ley Antiterrorista y doctor en Derecho de la Universidad de Berkeley, hemos transitado desde una sucesión de actos menores, que ni siquiera calificaban de atentados, a uno cometido en contra de civiles inocentes en el subcentro de la estación Escuela Militar del Metro, tomando un cariz que lamentablemente no había tenido en los últimos 25 años.

nechaevY, en este punto, es necesario recordar, que los colectivos nihilistas rusos de fines del siglo XIX y comienzos del XX, incluso el considerado más radical por los expertos occidentales: Naródnaya Volia (La Voluntad del Pueblo), tenían una elaborada “moral revolucionaria”, en la que se trataba de evitar “los daños colaterales”, en otras palabras, la existencia de víctima civiles inocentes. La racionalidad política se puede encontrar en palabras del propio Sergey Gennadievich Nechayev, en su libro Catecismo Revolucionario: “uno debe guiarse por la cantidad de beneficios que le traiga a la causa revolucionaria su muerte (las autoridades, el Zar en este caso). De esta manera uno debe destruir primero a los que dañan la causa, y cuya muerte inmediata y violenta puede generar miedo en el gobierno, que así queda privado de una figura enérgica e inteligente”.

Es por lo anterior que el atentado del 8 de septiembre ha suscitado tantas suspicacias, ya que no se inserta en la propia racionalidad políticas que habían manifestado, durante 10 años, los colectivos anarquistas insurreccionalistas en Chile. De ser una decisión política, deberían justificar el porqué utilizarán la metodología terrorista.

Sin embargo, aquí no estamos frente a un “cisne negro” como conceptualiza Nassim Nicholas Taleb (The Black Swan, Second Edition, Penguin, 2010). Acá, al analizar lo sucedido en otras latitudes, como Grecia e Italia, uno podría pensar que en algún momento existiera una radicalización de algunas personas minoritarias dentro de la corriente anarquista insurreccional. Por ende, no es “un cisne negro” que se caracteriza por ser un caso atípico, que se encuentra fuera del ámbito de las expectativas regulares. No hay nada en el pasado que puede apuntar de manera convincente a su posibilidad. Además, tiene un impacto extremo y que pese a su condición de rareza, la naturaleza humana nos hace inventar explicaciones de su presencia después de los hechos, por lo que es explicable y predecible. En retrospectiva y no en prospectiva.

EZLN y PKK

-¿Qué te parecen las reflexiones que en cuanto al poder, al Estado, al medioambiente y al género, han realizado organizaciones guerrilleras como los zapatistas y los kurdos del PKK?

guerreras-kurdas-5-Creo que ambos grupos se diferencian claramente de los grupos revolucionarios de los años 70. De hecho, la opción por la vía armada es utilitaria y no prioritaria para ambos, pese a las enormes diferencias en cuanto a las características que tienen. Además ninguno pretende la toma del poder. El EZLN utilizó las armas, un corto lapso de tiempo, como una herramienta propagandística. Es la primera guerrillera postmoderna que no dispara tiros pero consiguió negociaciones políticas con el Estado mexicano. Y por otra parte, el PKK, tampoco tiene una centralidad en la vía armada sino que es una herramienta que les ha sido útil para su supervivencia como pueblo y en la búsqueda de constituirse en una nación organizada políticamente. Por ende, no es extraño las reflexiones que realizan en torno a temas que, en el mundo de incertidumbre que vivimos, son absolutamente atingentes, como son el poder, el Estado, la cuestión medioambiental y sobre el género. Insisto, pese a sus diferencias son parte de uno de los conflictos más importantes a nivel mundial luego de la caída del muro de Berlín, el étnico, que en muchos casos se ha convertido en un conflicto profundamente arraigado al interior de los países.

Además, debe haber una influencia desde el mundo de los llamados Nuevos Movimientos Sociales (NMS) hacia estos grupos “guerrilleros” (me complica llamarlos así). Actualmente opera una lógica en los NMS con ejes articuladores diferentes a aquellos que tenían los movimientos sociales clásicos en la década de los 70’. Por ejemplo, ya no se definen en términos ideológico-clasistas o económicos, sino más bien por coincidencias de objetivos sectoriales.

Los nuevos movimientos sociales ponen de manifiesto la crisis de legitimidad de los partidos políticos y las organizaciones tradicionales, y la emergencia de nuevos actores sociales debido a los cambios culturales producidos. Reaccionan a su vez a la injerencia cada vez mayor del Estado en la esfera privada. Los nuevos movimientos más que por organizaciones formales están protagonizados por redes o áreas de movimiento, como una red de grupos que comparten una cultura de movilización y una identidad colectiva.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEsta forma de organización no es instrumental, sino un objetivo en sí misma, la forma del movimiento es su mensaje y constituye un desafío simbólico a los patrones dominantes. La elección de los medios de lucha constituye una finalidad política en sí misma. Los NMS tienen preferencia por formas de acción colectiva no convencionales como la desobediencia civil. La acción colectiva se dirige cada vez más a concientizar a la opinión pública a través de los medios de comunicación. Por último, la globalización facilita una mayor cooperación y relación entre grupos diversos que establecen alianzas estratégicas para enfrentarse a un enemigo común y construyen identidades comunes a nivel global.

MENSAJE

-¿Cuál es el mensaje del libro Memoria de Militancia en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) para las nuevas generaciones?

-Creo que no es mi papel entregar mensajes, ya que solo he tratado de escribir y subrayar las racionalidades e irracionales de una generación de militantes y de sus subjetividades, de sus esperanzas y desengaños. Como investigador para la paz he pretendido mostrar una época que nos marcó y que sigue marcando a la sociedad chilena. Siempre tratando de mantener la mayor objetividad posible en estos dos libros sobre el MIR y, espero seguir haciéndolo en los nuevos proyectos que se vienen en los próximos años.

Sin embargo me gustaría citar lo dicho en el libro, por el participante de Radio Liberación, Gregory Randall, ya que me parece muy clarificador y sincero: “Seguramente nos equivocamos en muchas cosas pero la esencia de la acción era justa y expresaba el coraje y la voluntad profunda de lo mejor de Chile. Si no somos capaces de trasmitir nuestra experiencia, es probable que en los nuevos procesos se repitan los mismos errores o se deba empezar de nuevo desde cero. La gesta de la Resistencia no era solo una acción defensiva, era también cada día una obra creadora, que en muchos gestos cotidianos intentaba prefigurar aspectos del mundo nuevo que queríamos construir. Todo ello debe ser discutido con franqueza, sin prejuicios, permitiendo a las nuevas generaciones beber de su propio pasado. Cuando pienso en el sacrificio generoso de tantos compañeros me parece necesario que el pueblo sepa por qué lucharon y murieron. Sepa lo que hicieron, por qué lo hicieron y cuáles eran las causas de sus acciones”.

Por Cristian Sotomayor Demuth

El Ciudadano

Fotografía de Miguel Enríquez, del Fondo “Armindo Cardoso” del Archivo Fotográfico de la Biblioteca Nacional.

Foto de El Rebelde, del Fondo Eugenio Ruiz-Tagle.

Fotografía de Clotario Blest con el padre Rafael Maroto recibiendo a detenidos en las afueras de laPenitenciaría de Santiago, octubre de 1985. Archivo de Inés Paulino

REFERENCIAS

[1] Marc Bloch, Apología de la historia, Barcelona, Editorial Empúries, 1984. 37p.
[2] Alejandra Ciriza y Eva Rodríguez Agüero, “Militancia, política y subjetividad. La moral del PRT/ERP”, Políticas de la Memoria N° 5, Anuario de Investigación CeDInCI, Buenos Aires, 2004-2005, p. 5, en:http://bdigital.uncu.edu.ar/objetos_digitales/1493/militanciaprt.pdf
[3] Yo vivo en un tiempo de guerra, letra: Bertolt Brecht, adaptación: Gianfrancesco Guarnieri, música:Edu Lobo.
[4] Alejandra Ciriza y Eva Rodríguez Agüero, Militancia, política y subjetividad.
[5] Ibid.
[6]  “Anni di piombo”
[7] “La estabilidad del sistema, a diferencia de la gobernabilidad, dice relación con la vigencia de la institucionalidad democrática. La estabilidad apunta a la permanencia y proyección del sistema democrático por sobre los cambios de gobierno a que dé lugar la alternancia en el poder, demostrando la capacidad de absorber, canalizar y resolver por medio de los mecanismos institucionales los diversos conflictos societales que se dan en su interior. Siendo distintos los conceptos de gobernabilidad y estabilidad, entre ellos hay una estrecha relación en cuanto a que el primero se cimentará en el segundo”. Sergio Salinas,  “Consolidación Democrática, Gobernabilidad y Violencia Política en América Latina”,Centro de Estudios Miguel Enríquez, 1997:http://www.archivochile.com/America_latina/al_vg/america_latina_dg_00023.pdf (consultado el 01 de octubre de 2012).
[8] Algunos autores como Habermas denominan a este período como “Un breve siglo XX”. Ver Jürgen Habermas, “Nuestro breve siglo”. Revista Nexos N°248, agosto 1998, México D.F., 41p.
[9] Término alemán que literalmente significa “espíritu de la época”. Alude a la atmósfera intelectual  y cultural de un período histórico.
[10] “Al rechazar el voluntarismo, el marxismo-leninismo señala el carácter relativo del libre albedrío, examina la voluntad de las personas como derivada de las leyes objetivas del desarrollo de la naturaleza y de la sociedad (Factores objetivos y subjetivos de la historia)”. Definición de “voluntarismo” en DiccionarioRosenthal-Yudin (XXII Congreso PCUS): http://diamat.es/
[11] Ver Sergio Ramírez, “Consecuencia  revolucionaria: Desmitificar al Che para que siga combatiendo”:http://www.lafogata.org/che/nuevos/che_10-3.html
[12] Charles Tilly, Violencia colectiva, Barcelona, Editorial Hacer, 2007. Veáse un análisis del libro en Política Comparada, Charles Tilly,  Violencia colectiva: http://policycritica.blogspot.com/2011/04/comentario-critico-lectura-violencia.html

* Biblioteca Popular «14 de Enero», un intento de Historia Oral.

jueves, 5 de julio de 2007

* Biblioteca Popular «14 de Enero», un intento de Historia Oral

 

Por: Patricia Arroz Cecarelli – Mauricio Cajas Díaz.

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Organización y organizado

Este texto no podrá preservarse como la memoria oficial de la “Catorce de Enero”, no por carecer de veracidad en su contenido o por no considerarse sujetos con historicidad a quienes aquí se menciona. La razón es simple: no haber contado con una participación más amplia en el proceso de reconstrucción de la memoria histórica de la organización. Nuestro entrevistado es sólo uno de los muchos que han resistido y construido en ella.

 

Faltan personajes de indudable trascendencia dentro de este relato. En este texto se entretejen distintas existencias, distintas dignidades que van conformando un corpus y se van constituyendo como un ínfima parte de un proyecto político que se construye en los márgenes de la institucionalidad, en los márgenes de la sociedad. Un proyecto político esbozado por miles de militantes rebeldes como Rafael, quien le debe mucho a la “Catorce de Enero” porque en ella encuentra una razón de vivir, es su trinchera de vida.

 

Pero también la “Catorce” le debe mucho a él. Ambos se han fortalecido. Justamente por esta razón es que esta historia, escrita a través del relato oral, se enmarca dentro la historia de vida como de la historia de organización. Existe entre ambos, el individuo y la organización, una relación dialéctica tal que no se puede estudiar a uno prescindiendo del otro.

Historia de vida

No se puede abordar la Historia de la “Catorce de Enero” sin conocer previamente una parte de la historia de Rafael, nuestro entrevistado. Es que irremediablemente, ambos –la organización y él- están íntimamente ligados. Han sabido proyectarse a través de la resistencia y construcción, ello los ata indisolublemente.

“Yo estaba chico, tenía como 9 años y un día andaba Pinochet en Filipinas y le hicieron un boicot, y le digo a mi mamá «sabe qué, al presidente le hicieron un boicot -yo cabro chico no sabía ni que era un boicot- ¡el presidente Pinochet, presidente de todos los chilenos!» y ahí ella me contó la historia, me dice «ese conchesumadre no es nuestro presidente, es un golpista, mató a tantos…» y ahí empecé a cachar; empecé a cachar a los tíos que llegaban a la casa; cuando la vieja no estaba; cuando se desaparecía tres o cuatro meses porque andaba arrancando…”

Rafael nació en el año 1972, creció en un Chile cargado de violencia y represión, marcado profundamente por la dictadura militar encabezada por Augusto Pinochet Ugarte. Su vida transcurre en una población del sector sur de la ciudad de Santiago, El Almendro 1, actual comuna de El Bosque. En la ‘pobla’, como él la denomina. Su paso de la infancia a la adolescencia transcurre al calor de las protestas que ya en los 80’ ponía de relieve al movimiento popular como uno de los actores fundamentales de la escena política nacional:

“…siempre violento […] cuando hacían marchas salían las monjas, lo curas […] toda la gente con velas y con puros cantos […] nosotros, cabros chicos, ahí tirándole piedras a los pacos, cachai siempre encendido con la violencia de pueblo, de no saber porque estai tirando piedra, pero sabí que tení que tirar porque son los pacos, porque de chico, de que tengo uso de razón tenía que levantar las manos, andar manos arriba, reprimido”

El historiador Pedro Rosas, señala que la mayoría de los rebeldes de la transición chilena a la democracia -generación a la cual pertenece Rafael- que previamente lucharon por derrocar a la dictadura, iniciaron su militancia en organizaciones de tipo social, poblacionales, juveniles, culturales o de trabajo infantil, vinculados fuertemente con las Iglesias Católicas y Evangélicas1. Los inicios de su contribución en algún movimiento social, nos remontan a los primeros años de la década de 1980 cuando participaba en comunidades cristianas de la Iglesia Católica además de ser integrante de un Centro cultural de la población llamado “Libertad Unión y Progreso”, organización vinculada a la Iglesia Católica. En este sentido, Rafael, no escapa al perfil esbozado por el académico para el militante rebelde:

“surge la necesidad de hacer weas […] ahí empecé a destacarme en las colonias urbanas […] fui coordinador de las colonias que nacen al alero de la Iglesia Católica…”

Ya en esta etapa de su vida, además de encontrarse activo socialmente, germinaba en él una conciencia crítica que lo llevaría a cuestionarse algunos planteamientos de la institución eclesiástica:

“Mira, hacían unas jornadas en la Iglesia, donde todos se juntaban a rezar y hablar temas, entonces todos terminaban hablando del perdón y yo decía «pero ¿por qué tenemos que perdonar poh weon?»”

En marzo de 1986, “El Rodriguista”, órgano difusor del Frente Patriótico Manuel Rodríguez publicaba entre sus páginas:

De un modo o de otro todos los sectores políticos han planteado que 1986 es un año decisivo, una etapa de definiciones y de movilización social, de enfrentamiento y radicalización de lucha.”2

Efectivamente, no se equivocaban al plantear que ése sería un año decisivo. En julio, aparatos oficiales de seguridad militar, detectarían y desbaratarían la internación en el país de un cargamento de armas provenientes de Cuba, operación conocida como “Carrizal Bajo”3. En septiembre, fracasaría también la emboscada que el FPMR había tendido a Pinochet. Sin embargo, éste sería igualmente un año decisivo y de definiciones para Rafael:

“[a los 14 años] me toman preso y me torturaron los de la CNI … estuve dos noches y tres días detenido…”

Las circunstancias en las que cae detenido, casi por accidente, las explica de la siguiente manera

“[un día estando en la casa] me mandaron a comprar el diario, habían unos locos haciendo una barricada y yo –casi como juego- les ayudé poh. Llegaron los pacos y me llevan en cana. Pensé «me van a soltar porque soy cabro chico» y no poh, la pelota venía pa’ otro lado: andaban detrás de mi mamá…”

En este escenario, Rafael, adolescente ya lleno de dudas e inquietudes sociales, que más tarde, quizá acrecentadas por la detención sufrida, desembocarían en inquietudes políticas que lo llevarían a militar en el FPMR, organización que le “abre la ventana” para que proyecte toda su rebeldía y, a través de la acción directa, logre encauzar su “violencia de pueblo”

“ya me hago militante a los 14 años [después de la detención] Ahí tomo la decisión de militar y empecé a buscar. Me demoré como siete meses. Por ahí me encontré con unas gentes que me invitaron a una reunión, yo pensé que eran del MIR, después caché que eran del PC y le digo al compañero que me invitó «sabí que, buena onda pero no me gusta na’ el PC a mi, porque que yo quería estar en el MIR» y él responde «pero hay algo mejor, podí ayudar y trabajar con esta gente»… y ahí conocí a los viejos, empecé a trabajar con puros viejos en el tema logístico. En ese tiempo le llamaban ‘pasarse por la ventana’ , me pasé por la ventana al Frente […] porque no milité en la Jota antes…”

“Ahí trabajé en una unidad del Frente, trabajamos de torreros […] me llevan a una escuela [instancia de instrucción], me llevaron a una casa y con unos palitos de fósforos me enseñan «así se botan las torres» ¡corta y precisa!”

“empecé a trabajar con viejos comunistas que habían trabajado con mi abuelo, él me los entregó […] ellos me guardaban las weas; un viejo me tenía 20 kilos de amogelatina, otro me tenia 30 kilos de plástico, el otro me tenía no se poh 30 kilos de dinamita y mechas. Todos tenían cordón detonante, mechas, estopines, eléctricos, pirotécnicos, de todo… Yo iba a buscar las cargas y las entregaba, armaba -aprendí a armar las cargas- las armaba y las entregaba, ese era el tema del sabotaje…”

Durante 1986, cuando pasa a formar parte de las filas del FPMR, Rafael se ve enfrentado a una situación de triple “militancia”: participaba paralelamente en este organismo político-militar, en la Iglesia Católica y en el Centro Cultural “Libertad Unión y Progreso”. Estas dos últimas instancias serían utilizadas como plataforma de lanzamiento del trabajo territorial. Luego, durante ese mismo año, cuando la situación se hace insostenible y la comunidad cristiana no representa ninguna significación –política ni espiritual- para él y sus compañeros rodriguistas, comienzan a dedicarse exclusivamente al trabajo territorial desplegado a través del Centro Cultural, abandonan la comunidad cristiana. Sin embargo, el escenario se haría más difícil ya que esta organización, que contaba con alrededor de 50 integrantes activos, por definición, debía cumplir sólo una función social. Según la visión de algunos integrantes del Centro Cultural, el trabajo no debía politizarse, por lo tanto quedaba como tarea la sutil labor de convencer a los no convencidos. ¡Menudo desafío para los compañeros rodriguistas que no representaban el total del colectivo!:

“hasta que nos fuimos de la Iglesia y tuvimos que trabajar de lleno en la pobla. ¡Ahí fue difícil! Porque juntar 50 weones un una casa, en una mediagua de 6 x 3, donde todos querían hablar […] Asumo como presidente […] la palabra ‘política’ para ellos en ese tiempo era terrible, y empecé a instalar otra wea, había que hablar de política, la palabra ‘política’ no era mala, había que entender y empezamos a hacer política juntos”

Con respecto a la dirigencia que asume, explica que las circunstancias en las que se produce, justifica su proceso autodidacta de aprendizaje:

“a pesar de la niñez siempre tuve que enseñar, pero nunca vinieron a enseñarte, hubieron weas que aprendí solito poh weon, el camino me fue enseñando…”

EL contexto histórico en que crece Rafael lo empuja fuertemente a tomar decisiones más arraigadas en su dimensión política que movidas por su ímpetu de joven:

“no tenía opción, o erai un conchesumare, que habían muchos en la pobla, o la hacíai […] habían momentos en que tuve ganas de estar en el carrete pero tenía que estar acuartelado […] eso significó un abandono de un montón de weas […] asumiendo tareas de grande pero nunca dejando de ser niño, por ejemplo, la primera vez que le disparé a los pacos, fue como… me cagué, me cague poh, literalmente!”

En el 87, el Partido Comunista Chileno rompe nexos con el FPMR. Esta división se produce, entre otras cosas, porque los oficiales del FPMR habiendo recibido instrucción en Escuelas Militares y Academias de Guerra en el extranjero, tienen grados de militares de carrera que difícilmente se declararán obedientes a una Dirección del PCH que no tenía experiencia militar. Aunque públicamente el PCH mantuvo su Política de Rebelión Popular de Masas, se propuso desmantelar el aparato militar en un corto plazo. Se producía el cisma entre el FPMR y el PCCH4.

“…se separa el Frente del Partido y yo quedo ahí al medio, entonces rompo con mis compañeros que eran todos comunistas y quedo solo. Después me sumo al Frente que el PC denominaba «la fracción»”

Con esta escisión, el FPMR debía readecuar su organización de aparato armado para convertirse, aunque sin declararlo así en el momento, en un partido político. Con esto debía iniciar una campaña de captación de masas. Se aprecia, en este periodo una actitud de mayor pragmatismo:

“Organizamos en primer núcleo rodriguista de la comuna. Éramos tres compañeros […] asumimos nuestra militancia […] llegamos a juntar 100 compadres y había que darles una grado de organización, disciplinarlos ”

“la gente del núcleo eran los militantes del Frente, los demás eran milicianos [quienes no participaban del núcleo]. Entonces pa’ hacer una pega [acción directa] yo, como integrante del núcleo, era el primero en entrar y el último en salir. Hacíamos milicias de 9 o 10 y pa’ hacer una pega específica esos 10 se separaban [tácticamente].”

En esta política de pragmatismo del Frente, se derrama en los militantes de base como Rafael, la posibilidad de ejercer cierta autonomía con respecto a un órgano central:

“La decisión política pasaba por el núcleo. El núcleo hacía análisis. El miliciano debía cumplir la tarea no más. Dentro del contexto político en que se daba esa situación era aceptable. Hoy no lo haría porque hoy la situación es distinta, hay que formar, hay que fortalecer. No había mucho tiempo para pensar, había que hacerla no más poh. En el camino iban aprendiendo los cabros.”

Así transcurre la agitada vida de Rafael, entre acciones de propaganda armada, la formación de milicias y su permanencia en el Centro Cultural “Libertad Unión y Progreso”. En el ámbito Nacional, nos hallamos en 1988 con un plebiscito que dirimiría la continuidad del Pinochet en el gobierno, además de las elecciones presidenciales y parlamentarias en el año 89: la democracia retornaría al país.

Democracia cargada de impunidad

En una transición a la democracia que debe hacer justicia “en la medida de lo posible”, que para perdurar debe imponer un manto de olvido; una transición pactada y controlada desde las FFAA, en donde éstas realizan demostraciones de fuerza para manifestar al gobierno su molestia por la tentativa de hacer de justicia. En este contexto nos encontramos, por ejemplo, el 28 de mayo de 1993 con un “Boinazo” como medida de presión que el ejército, no hacia solamente al gobierno, sino hacia todo un país que aún teme, que aún no logra superar el velo de oscuridad tendido por 17 años de dictadura. ¿Acaso esto no es terrorismo?. ¿Acaso con estas acciones no se juega con el miedo de todo un pueblo para “llamar la atención” acerca de problemas no resueltos como la vulnerabilidad de personal militar ante la justicia?. Estas y otras interrogantes, rondarían en el pensamiento de los militantes rebeldes de la transición.

En este escenario, “la mayoría de los grupos políticos rebeldes habían orientado sus acciones contra símbolos y fuerzas de seguridad del antiguo régimen para denunciar la continuidad política y económica del modelo”5

Transición pactada, transición cobarde. Lapsos de eterna transición a la democracia, de justicia “en la medida de lo posible”, precisamente allí podemos descubrir a Rafael ya joven, aún militante, aún soñador, levantando su voz, construyendo y resistiendo. Cuando un 12 de agosto del año 1991, a las tres de la tarde cae detenido por segunda vez, pero esta vez ya no era el niño que pensaba que iba a ser dejado en libertad pronto:

“Después del caso Guzmán se hizo un proceso contra el Frente y ahí nos encanamos justo en ese proceso […] ”

Esta vez estaría seis meses y medio recluido. Este, a pesar de ser un proceso doloroso, de cuestionamientos, de soledades, de definiciones, para Rafael fue significativo y, de alguna manera, iba a influir en su futuro quehacer. Conoce gente nueva. Conoce a quien denomina como un “verdadero revolucionario”:

“En ese proceso conocí al Pedro [Ortiz], al Palito [José Miguel Martínez] al Pum-pum [Mauricio Gómez Lira] 6 […] el Pedro era, intelectualmente, un hombre muy capaz… muy inteligente y nos hicimos muy amigos […] él me decía «este es el cabro chico» […] yo, de los rodriguistas, era el menor. Yo participaban en el núcleo interno con él. Cuando llegué a una reunión, él empieza a hacer un análisis de coyuntura, pero me habla como intelectual, me eleva los términos y yo quedé más colgao’, yo le dije «que wea me estai hablando hermano, yo soi de la pobla, si no me aterrizai los términos me presento inorgánico» […] esa fue una gran lucha que dio él, por enseñarme y yo enseñarle lo que sabía […] en el fondo todos tenemos algo que enseñar […] ése fue el gran paso que dimos juntos: desde toda su capacidad intelectual, desde la claridad política que él tenía [luchaba] por aterrizar el concepto, que lo entendiera […] ahí fue como se fue dando el cariño […] si yo conocí a un hombre revolucionario, ése fue el Pedro […] entonces qué mejor, cuando yo se que se muere empiezo a enganchar gente pa’ la «Pedro Ortiz»…”

“Al Pedro [Ortiz Montenegro] lo conocí como el jefe, como el amigo, como el compañero, como el hermano. Yo siendo un cabro de 17 o 18 años que cae a la cárcel […] ahí que te dai cuenta que soi’ o no soi’, porque ahí es cuando […] me ofrecen entregar a mis compañeros y yo digo «no poh me quedo acá no más», me dicen [en tribunales] «bueno, entonces vai a hacer 15 años preso» yo digo «será, lo que sea». Entonces yo andaba en esos días muy cagao’ de onda llorando porque quería irme pa’ la calle, porque echaba de menos mi pobla, a mi mamá, a los cabros de la población y toda la wea poh; se acerca el Pedro y me dice «a mi me condenaron a 33 años y aquí estoy cagao’ de la risa ¿por qué andai llorando hermano si todavía ni te condenan? […] hermanito Usted va a trabajar conmigo» y ahí empecé a trabajar con él”

A pesar del intento de la Concertación de restar legitimidad política a toda acción de las organizaciones revolucionarias, criminalizando su existencia, en el interior de la cárcel aún se seguía operando como colectivo Al respecto, Rafael relata:

“Nos tenían en la calle de los [presos] comunes, en la calle 13, ahí yo como weón de la pobla tenía amigos, me sentía «cómodo» […] empezamos a hacer un taller de derechos humanos, enseñamos a leer a los presos comunes. Hicimos un acto pal’ 11 de septiembre, hablamos del tema con los presos […] la dirección interna del Frente en la cárcel que eran el Pedro y otros compañeros definen que los a compañeros que estábamos ahí, tenían que sacarnos a la calle 15 que era la de los presos políticos. Nos contacta un compañero y nos dicen «tal día van a venir y los van a llamar al abogado y Ustedes tiene que ir no más poh, tienen una semana pa’ que saquen la ropa o sus cosas de más importancia», sacamos alguna cosas. Entonces llegó un día y nos llaman al abogado […] ahí entra el Pedro y dice «ya, se van con nosotros», se toman la calle, pescan al paco que estaba con nosotros que era un teniente de inteligencia de gendarmería, le quitan la gorra, el sable y pa’ fuera… ahí nos tomamos la calle y nos fuimos a la calle de los presos políticos. Esa fue una acción del Frente. Una decisión política que toma la organización”

La militancia además de entregarles un fuerte componente identitario, les otorga cierto estatus dentro del mundo de reclusión. El prisionero político se diferencia del prisionero común:

“Había una diferencia en el trato de gendarmería con respecto a los presos comunes, por ejemplo, en la formación, en la cuenta […] nos separaban de la población común…, los presos comunes pasaban con las manos atrás y nosotros con las manos al lado, con short, con un libro en la mano; siempre desafiando a la autoridad porque los presos comunes no desafían a la autoridad, se someten, nosotros no. Es una cuestión de dignidad que te va manteniendo […] Hacíamos uso del derecho de preso político, que pa’ ellos valía callampa pero nosotros hacíamos uso de éste […] estábamos todos convencidos.”

Los abusos de autoridad, por parte de Gendarmería, también son enfrentados con el coraje que otorga la militancia y la certeza de no encontrarse solo frente a un mundo hostil:

“Le decíamos a los pacos [gendarmes] «yo estoy preso pero mis compañeros están todos en la calle»”

Si el guardián no cree, hay que convencerlo:

“«Ya, entonces la próxima semana vai a tener una bandera en la casa» y a la otra semana, había una bandera del Frente puesta en su casa, era el aviso, o le daban algún papel del Frente al hijo «toma una carta pa’ tu papá» […] teníai ese peso porque teníai organización. Una vez el alcaide de la cárcel mandó a que nos golpearan los gendarmes… al otro día le volaron la puerta de la casa, todos los vidrios quebrados, a las 7 de la mañana le estaban volando la casa. El nivel de organización era super grande.”

Del Centro Cultural a la “Pedro Ortiz”

Rafael es puesto en libertad aproximadamente el mes de marzo de 1992. Explica que, por razones de seguridad, se desvincula del FPMR como militante activo, sin embargo, mantendría contacto con los compañeros que aún seguían recluídos en calidad de prisioneros políticos, con quienes había estrechado tanto lazo afectivos como de índole políticos.

“Yo salgo de la cárcel y estuve un año sin militar, por un tema de seguridad.”

“Entonces, cuando salgo de la cárcel empiezo a estar vinculado con los PP, en mi situación de ex preso político”

El 15 de octubre de ese año 1992, Amnistía Internacional publicaba un documento titulado “Posible ejecución judicial y malos tratos”, en el cual expresaba su “preocupación por las denuncias del homicidio de al menos un preso político en circunstancias que sugieren su ejecución extrajudicial, y por los fuertes malos tratos infligidos a otros dos durante un intento de fuga llevado a cabo por ocho presos políticos del Centro de Detención Preventiva Santiago Sur el 10 de octubre de 1992. Otros dos presos resultaron muertos en circunstancias que aún no se han aclarado. Otros tres lograron escapar.” 7

Efectivamente, en la fecha señalada en el documento, 10 de octubre, ocho prisioneros políticos del FPMR, se fugaban de la ex-Penitenciaría. Tres de ellos logran escapar, tres caen abatidos por las balas de gendarmería – Pedro Ortiz Montenegro, José Miguel Martínez y Mauricio Gómez Lira- y dos fueron recapturados. Estos dos últimos, protagonizarían 4 años más tarde la cinematográfica fuga desde la Cárcel de alta Seguridad, operación denominada “Vuelo de Justicia”.8

La fuga protagonizada el 10 de octubre del 92 era una operación militar y como tal, sólo un selecto grupo estaba en conocimiento de ella, motivo por el cual Rafael solo tenía indicios de que “algo iba a ocurrir”:

“El 10 de octubre del 92’ tenía vínculos con los presos políticos. Cuando se empieza a planear el proceso de fuga en la cárcel, a mi me toca comprar algunos materiales […] estaba al tanto que iba a pasar algo, pero no sabía qué […] me pasaron una plata, compré unas cosas y se las hice llegar a quien tenía que hacérselas llegar […] estaba ahí [involucrado], de una u otra manera enganchado…”

Acontecidos los hechos, Rafael, comienza a movilizarse para acompañar a “sus hermanos” caídos en la fuga:

“Yo estoy viendo la televisión y veo que está el Pedro muerto y digo ¡no!, mi hermano, mataron a mi compañero y ahí empiezo con la organización… ”

“Al Pedro lo mataron las diez o doce del día […] y las 4 de la tarde ya estaba armando la wea, haciendo banderas pa’ ir a los funerales…”

Con la muerte de estos tres compañeros rodriguistas, el Centro Cultural ya se muestra a la población como una organización abiertamente política, popular, revolucionaria:

“Ahí empezamos a trabajar el tema de los derechos humanos, nos tomamos la Municipalidad, hicimos un ayuno por la ley de punto final en ese tiempo, participamos en foros, un montón de acciones de propaganda, pero no firmábamos como Frente, firmábamos como «Pedro Ortiz», en todos lados, donde tu ibai en El Bosque había un rayado nuestro, esa fue como la salida pa’ la calle”

“en la primera acción, estaba el alcalde de El Bosque entregando la cuenta anual y aparecemos con un cajón hecho de cartón con unas mascaras de bufones gritando «no a la amnistía, no a la impunidad…»”

Desde aquel momento el tipo de integrante de “Centro Cultural Pedro Ortiz”, es atravesado por una identidad única: el rodriguismo.

“Después me encuentro con el Francisco Díaz Trujillo, «El Chino» que es uno de los que se logra fugar cuando mataron al Pedro […] yo no milité nunca con «el Chino», pero yo obedecía a mis principios […] entonces se genera una relación.”

Transcurren alrededor de dos años, desde que se funda el Centro Cultural Pedro Ortiz, dos años de denuncia, de acción directa, de propaganda. Hasta que se instala en la mesa, la posibilidad de legalizar el colectivo, de obtener personalidad jurídica, con lo que se arriesgaban a pasar de ser una organización que se definía como antisistémica, a una organización funcional al modelo. Rafael, recuerda que el tema lo instala un par de personajes, a quienes él acusa como traidores.

“Hasta que se integra a la organización un compadre que había caído cuando yo estaba preso, siempre tuvimos dudas con él, y ella [su mujer], terminaron entregándonos, trabajaban pa’ la Oficina. Yo los heché y [ellos] van a la Municipalidad y entregan una lista con los nombres de todos nosotros…”

“Ellos no tenían casa, entonces el precio de ellos fue una casa, y sapearon poh […] Son el John Tavorga y la Ana Guerra”

“Ellos querían hacer una fundación y hacer todo un negocio”

Lamentablemente, la decisión de obtener la personalidad jurídica ya había sido tomada en conjunto, producto de las discusiones propuestas por Tavorga y Guerra, quienes concentra el poder -administrativo- puesto que, una vez legalizados, ostentan los cargos de tesorero él y presidenta ella:

“Instalan el tema de la legalización […] empiezan a engrupir a la gente hablando de proyectos pa’ alla , proyecto pa’ acá y una serie de weas extrañas [..] los hechamos, pero como ellos tenían la personalidad jurídica se la llevaron”

“Hubo un momento en que pensamos en la legalidad, pero como un tema estratégico, lo que nosotros no sabíamos era lo que ellos venían haciendo; en el proceso los fuimos pillando, porque se enrolan en los aparatos de inteligencia del Gobierno y le hacen toda la pega y se van encaminando. Nosotros no cachamos, cuando cachamos ya era tarde. Entonces ahí nos separamos para conformar el comité de DDHH «Pedro Ortiz»”

Una vez escindida la organización entre la facción institucionalista y la autónoma, esta última tendencia opta por conformar el comité de DDHH. Organización que funcionaba en casas y en locales, es decir, no se encuentra asentada en un territorio específico, se reunían en diversos lugares dentro de la comuna. Hasta que, en el año 1997, se “toman” una casa que está ubicada en la población “14 de Enero”, colindante a la población El Almendro 1, lugar donde creció Rafael.

La que, para efectos de este relato, he denominado facción institucionalista, por su parte, postula a una serie de proyectos, entre los cuales está la adquisición de una cantidad determinada de libros. Durante el proceso de separación, la facción autónoma se apropia de estos implementos y los instala en la casa que se habían “tomado” en la población “14 de enero”. Dando inicio a lo que sería la actual Biblioteca Popular 14 de Enero.

“nosotros vinimos y nos metimos a la casa que estaba abandonada, no tenía puertas, ventanas, nada […] sin permiso de la dueña ni nada. Hasta que llegó la dueña y nos cede el terreno […] nos cede el terreno y la casa pero de palabra, no formalmente.”

“como empiezo yo a vincularme nuevamente [con el FPMR] nos pasan unas mesas, unas sillas”

El cambio de nombre desde “Comité de DDHH Pedro Ortíz” a “Biblioteca Popular 14 de Enero” se produce en este mismo proceso de instalación de la biblioteca en la población del mismo nombre. Al contrario de lo que podría pensarse, el nombre no responde tanto a una situación de arraigo con el territorio en el que se instalan–recordemos que habían vivido como organización nómada- , sino que responde a la idea de desvincularse de la facción institucionalista que representaba serios peligros ya que Tavorga y Guerra habían entregado una lista con los datos de los integrantes de la facción autónoma.

“ahí definimos que nos vamos a quedar aquí [en la población «14 de Enero»]”

“Cuando no entregan, nos sapean, ahí nos denominamos como «14 de enero», por seguridad, pero no por la historia de la pobla, sino como «ya que estamos en esta pobla, hagámoslo aca»”

Es importante destacar la metamorfosis que este asentamiento provocaría en el colectivo, puesto que a sus actividades se sumaría el trabajo territorial, el vínculo directo con la población. Echaban raíces en un lugar que los proyectaría en el tiempo.

Lo que hoy constituye la sede de la biblioteca, es justamente esa casa abandonada que hace una década, se “tomaran” este grupo de compañeros para continuar su labor reivindicativa del movimiento popular, su labor de denuncia, de concientización de “la pobla”. Dicha sede limita con un sitio eriazo que, con el correr del tiempo, y el esfuerzo conjunto de “la Catorce” se ha ido transformando en la Plaza “Francisco Díaz Trujillo”9. Tanto este sitio como la casa abandonada, pertenecen al Laura Moya, doctora psiquiatra, activa militante por la memoria y los Derechos Humanos en Chile.

“lo que hoy es la plaza, era un espacio lleno de basura […] comenzamos a construir la plaza, conseguimos máquinas y todo con plata que pasaban los compañeros [del FPMR]”

El aporte que el rodriguismo, específicamente el FPMR Autónomo, realiza a la naciente organización territorial, se ve graficado y se le hace más patente a Rafael a partir de un episodio cotidiano:

“un día, yo estoy con un compañero, se rompe una silla [de la biblioteca] y yo digo «ah esta silla, está mala hay que botarla» y él me dice «¿cómo vai a botar esa silla? No vei que hay un compañero preso por esa silla» yo le pregunto por qué y el me responde «si poh hermano, estas weas no son gratis, los cabros están presos por estas weas, secuestraron al Edward por esa mesa y esa silla», ahí me despabilé…”

En el año 1997 se da inicio a un nuevo proyecto impulsado por “la catorce”, este proyecto sería el que legitimaría territorialmente a la organización: la colonias urbanas, elemento rescatado de la lucha antidictatorial de los 80, cuando la Iglesia Católica promovía estas iniciativas:

En el 97 hicimos las primeras colonias urbanas «Se precisan niños para amanecer» que respondían a la «Pedro Ortiz»10, éramos nosotros”

Con esta apertura hacia la población, el perfil del integrante de la organización se hará más heterogéneo, comienza participar el joven poblador, “hijo de la transición” que no tendrá el mismo grado de politización que poseía el militante del proceso anterior. Se abre la organización al sujeto que no fue curtido por la lucha que tenía un objetivo claro: derrocar a la dictadura, y en beneficio de este objetivo, debía hacer, sin preguntar.

“empieza a entrar más gente a participar, a hacer […] nos encontramos con un montón de compañeros nuevos que comienzan a cuestionarte”

Este permanente cuestionamiento, el ir y venir de nuevos y antiguos integrantes, la reflexión siempre presente y la búsqueda constante de nuevos caminos han sido permanentes en la “Biblioteca Popular 14 de Enero”.

Con la desarticulación de las organizaciones rebeldes, llevada a cabo por la Concertación de Partidos por la Democracia a través de la criminalización, desmovilización y encierro de sus cuadros operativos, “la Catorce”, para subsistir, debe recurrir a un nuevo elemento, una nueva forma de financiar las actividades que exigen recursos: la autogestión. Este concepto se encuentra muy ligado a la concepción de autonomía que persiguen estas nuevas organizaciones del periodo de eterna transición a la democracia.

“En todas la organizaciones de la comuna han participado en proyectos [financiados por entes gubernamentales], menos en la Catorce y eso ha significado el quiebre y el derrumbe de estas otras organizaciones, porque el camino más fácil es generar una organización, obtener personalidad jurídica y conseguir un proyecto […] la gente empieza a cachar que las weas no les cuestan […] todo lo contrario ocurre acá, cada cosa que hay ha costado”

La autogestión es concebida como forma de resguardarse de dos elementos que son considerados nocivos para la organización, a saber, la intervención de organismo oficiales fijando las líneas de acción a seguir y, por otra parte, la desmovilización de sus integrantes dada la comodidad y facilidad de obtener recursos de un ente externo. En este sentido, y considerando la similitud de circunstancias que se aprecian entre esta forma de recibir recursos y el haberlos recibido del FPMR, Rafael la explica planteando que la “recuperación”11 de recursos es una gestión propia de la organización: el órgano militar y la organización son percibidos como un todo, un complemento. El FPMR es también “la catorce”:

“para las Colonias urbanas, empezamos vendiendo papas fritas, juntamos 50 lucas, pero necesitábamos 500 lucas para una semana… tuvimos que ir a buscar la plata poh […] Nosotros gestionamos la plata […] los cabros fueron y trajeron pan, trajeron helados y no preguntí de donde los sacaron: los recuperamos. Por eso planteamos que es importante el elemento militar.”

La “14 de enero” hoy

“La ‘Catorce de Enero’ es organización de carácter popular […] después de un proceso (de reflexión interna) se hace una definición [..] de carácter revolucionario, aquí no se esconde el tema de la Revolución […] somos un colectivo que discute cuestiones de corte político”

Hoy “la catorce” se encuentra ubicada en el mismo lugar donde se asentó hace diez años, en la que fue la casa abandonada colindante con un sitio eriazo lleno de desperdicios. Claro que en el presente, la casa es sede y el sitio es plaza, construcciones, sin duda, valiosas para la preservación de la memoria.

El trabajo se realiza principalmente en función de los niños:

“se desarrolla trabajo con los niños que son quienes nos han abierto la puerta y son los que [en el futuro] van a generar la crítica ¿Quién más que los niños que viven la discriminación, la mala educación , la mala salud, la mala alimentación, el hacinamiento?. Todo lo que vivimos los pobre ellos lo viven más profundamente….”

“estai instalando en ese niño la idea de que él tiene el derecho de tomarse la calle para reivindicar sus derechos, no es necesario irse de aquí para cambiar la situación, la pobla se cambia con organización”

A través de sus catorce años de existencia, por “la catorce” han pasado un sin fin de personas, cuál de todas más valiosas, que de una u otra manera sostienen un fuerte vínculo con la organización, a su vez, ésta mantiene un siempre nuevo contingente:

“De los antiguos que habíamos en la Catorce habemos 2, uno que estuvo en la fundación que es el Pato y yo [Rafa], los demás son pura gente nueva, pura semilla…”

Las líneas de acción que hoy se han definido para proyectar el trabajo hacia la población y, de paso, generar una instancia de concientización, social y política, de sus nuevos integrantes, son:

Colectivo, es la instancia de discusión, de encuentro, de reunión donde se forma, se propone y se organiza el quehacer. Está compuesto por cerca de 10 integrantes.

“La decisión política se toma en colectivo,¡pero se argumenta! […] se discute“

Radio “Venceremos”, es el órgano difusor por excelencia utilizado para llegar a la población.

Biblioteca “14 de Enero”, esta instancia sirve a los niños para realizar sus tareas escolares. A través de ésta se realiza, también, apoyo pedagógico:

“veo a los papás que vienen a ayudar a la tía a hacer clases o se ponen con sus ‘moneas’ pa’ la fotocopia”

“hoy día son los niños que fueron parte de las colonias lo que están participando. Hoy en día el Nicolás [que participó en las colonias urbanas] está abriendo la Biblioteca”

Escuela de fútbol “Manuel Rodríguez”. Aprovechando el espacio administrado por la organización, es decir, la Plaza “Francisco Díaz Trujillo”, se realiza un escuela de fútbol con los niños del sector.

“los niños vienen a jugar en nuestra escuela de fútbol”

Plaza “Francisco Díaz Trujillo”. En una zona que no cuenta con áreas verdes habilitadas como instancia de esparcimiento, la plaza constituye un espacio de diversión para niños y adultos que, incluso, realizan asados en ella.

Identidad del sujeto

“El sentirse revolucionario […] es la cuestión de innovar, de soñar […] si a un compañero se le ocurre realizar una actividad, vamos y la hacemos […] no todo se explica políticamente porque [cada acción] tiene que ver con un compromiso, con entender de dónde somos, tiene que ver con un compromiso de clase. Un día, un compañero que yo creo que estaba muy equivocado, dijo «hacer plazas no es hacer revolución» y yo creo que sí. Es importante el tema de invitar a soñar a los compañeros, porque efectivamente cuando hablamos de la revolución y la organización revolucionaria que pensamos construir para el día de mañana, estamos diciendo también «compadre, en esta wea nos van a matar, nos van a meter presos o nos van a exiliar» por tanto hay que enamorarse de lo que estamos haciendo para mantenernos en esto. Tiene que ver con la acción de vida de cada uno de nosotros”

Durante la entrevista, Rafael tiende a relatarlo todo en plural. El “nosotros” está muy arraigado en su vocabulario, signo evidente de una fuerte vocación –y puesta en práctica- por lo social, por lo colectivo. Síntoma extraño en esta era en que la predisposición del común está cargada hacia el individualismo. Este rasgo, marca en él una poderosa identidad, primero de poblador, luego de militante rebelde, revolucionario, de rodriguista:

“Nosotros nunca nos olvidamos de nuestro origen de pobladores. No había que ser marxista-leninista pa’ darse cuenta que éramos pobres, que éramos pobladores”

Esa “mística rodriguista” es atribuída al carismático “Comandante Rodrigo”, quien manifestaba ”una permanente preocupación e interés por el bienestar y cultivo de un espíritu de cuerpo entre sus subordinados12:

“Todavía queda ese nexo, hay como una cuestión cultural con la que nuestra gente se identifica. […] en palabras super simples: ¿que pasaría con Manuel Rodríguez hoy día?¿tu creí que estaría por la elecciones? […] por esencia somos violentos, somos revolucionarios […] la transformación, la identidad, la mística. Hoy hay un grupo de gente, rodriguista y todo el cuento, pero no tienen la mística. Por ejemplo, si entro a la clandestinidad y tengo que andar disfrazao’ de paco, me voy a disfrazar de paco, si tengo que andar de milico, me disfrazo de milico, si tuviera que andar de cura, de evangélico, de mujer, de lo que sea, lo voy a hacer. Es la identidad lo que nos hace distinto a otras organizaciones. Tiene que ver con un tema de creer…“

También habla en plural para referirse a sus “hermanos” caídos. Frentistas que lucharon junto a él. El yo se diluye en el nosotros:

“Yo hablo en plural por los que no están. No es un capricho, porque los que no están, están siempre con uno […] siempre están mis hermanos presentes, están ahí conmigo. Lo más terrible fue la muerte… vivir la muerte. Tampoco creo que la wea sea sufría, era lo que debía pasar no más poh […] Hoy yo soy el que está aquí y debo hacerla, y hacerla lo mejor posible. Eso me lo ha dado la reflexión…”

Como pudimos apreciar a través de todo este relato, la relación simbiótica generada entre nuestro entrevistado Rafael y “la catorce” marca fuertemente el crecimiento y desarrollo de ambos. Si bien, el presente trabajo no ha tenido como objetivo sobredimensionar el rol revolucionario de nuestro entrevistado, tampoco pretende proponer que “la catorce” nunca hubiera existido sino es por la mediación de Rafael. Como él, pudieron haber muchos, quizá están muertos, quizá están detenidos, quizá exiliados.

“Hoy ni siquiera lo hago tanto por la gente, es porque es mi necesidad […] me siento identificado en cada árbol, en cada wea nueva que se ha hecho, aquí he estado. Por ejemplo, si traen algo nuevo a la plaza y yo no estoy pa’ mi sería terrible…”

“mi vida que ha girado en torno a la organización”

“una amiga me decía «¿No entendís que la wea pasó?» yo le respondí que «mientras exista un cabro chico cagándose de hambre en la calle, mientras exista alguien comiendo del Hogar de Cristo, alguien con mala salud, alguien con mala educación, mientras existan los sin techo […] la revolución es necesaria, no hay otro camino»”

Santiago, Junio de 2007.

Bibliografía

  • Rosas Aravena, Pedro, REBELDÍA, SUBVERSIÓN Y PRISIÓN POLÍTICA. CRIMEN Y CASTIGO EN LA TRANSICIÓN CHILENA 1990 – 2004. Ed. LOM, 2004

  • El Rodriguista Nº 13. Marzo, 1986.

  • Especiales – Diario La Tercera. 27 mayo 2001.

  • Vidal Hernán. FPMR. EL TABÚ DEL CONFLICTO ARMADO EN CHILE. Mosquito Editores. Santiago, 1995.

  • Sitio Web de Amnistía Internacional. Sección Documentación.

  • Zapata Valderas, Victoria. CARCEL DE ALTA SEGURIDAD. INHUMANIDAD, REPRESION Y REBELDIA. Editorial Mare Nostrum. Santiago, 2005.

1 Rosas Aravena, Pedro, REBELDÍA, SUBVERSIÓN Y PRISIÓN POLÍTICA. CRIMEN Y CASTIGO EN LA TRANSICIÓN CHILENA 1990 – 2004. Ed. LOM, 2004

2 “Marzo. Se aproxima la gran batalla”.El Rodriguista Nº 13. Marzo, 1986. Pp 5.

3 “La historia inédita de los años verde olivo”. Especiales – La Tercera. 27 mayo 2001.

4 Vidal Hernán. FPMR. EL TABÚ DEL CONFLICTO ARMADO EN CHILE. Mosquito Editores. Santiago, 1995.

5 Rosas Aravena, Pedro, REBELDÍA, SUBVERSIÓN Y PRISIÓN POLÍTICA. CRIMEN Y CASTIGO EN LA TRANSICIÓN CHILENA 1990 – 2004. Ed. LOM, 2004

6 Los tres personajes citados por Rafael, caerían abatidos por personal de Gendarmería, en un intento de fuga desde Centro de Detención Preventiva Santiago Sur, ex Penitenciaria; realizado el 10 de octubre de 1992.

7 Sitio Web de Amnistía Internacional. Sección Documentación. http://web.amnesty.org/library/Index/ESLAMR220141992?open&of=ESL-CHL. Revisado el 01 de junio de 2007.

8 Zapata Valderas, Victoria. CARCEL DE ALTA SEGURIDAD. INHUMANIDAD, REPRESION Y REBELDIA. Editorial Mare Nostrum. Santiago, 2005.

http://www.editoramarenostrum.cl/catalogo_categoria12.htm

9 Díaz Trujillo es uno de los rodriguistas que logró escapar en la fuga de 10 de octubre del 92. Según el relato de Rafael, pasado un par de años desde la fuga se encuentra con él que estaba, por razones obvias, en condición de clandestinidad. “El Chino”, como lo llamaban al interior del recinto penitenciario, se hospedaría en la casa de Rafael por un periodo aproximado de 6 meses, hasta que el 22 de diciembre de 1997, cae herido de muerte en un enfrentamiento con una patrulla de carabineros.

10 Cabe destacar que, a pesar de haberse constituído ya como la “Biblioteca Popular 14 de Enero” en el año 1996, Rafael, al relatar las actividades realizadas en el año 97 aún las atribuye a la “Pedro Ortiz”. El cambio de nombre forzado, no instaura un olvido de los orígenes de ésta. En la actualidad, año 2007, esta circunstancia se sigue dando, aún se habla de “la Pedro Ortiz” para referirse a la “Biblioteca Popular 14 de Enero”.

11 El concepto de “recuperación” asociado a acciones que escapan al marco legal, como asaltos y secuestros, se sustenta en la idea de que el capital, a través de la explotación de la clase trabajadora, extrae las ganancias generadas en el proceso de producción. Esta plusvalía, en una concepción marxista, es apropiada de forma ilegítima por la clase dominante. El trabajador debiese percibir parte de esta ganancia.

12 Vidal Hernán. FPMR. EL TABÚ DEL CONFLICTO ARMADO EN CHILE. Mosquito Editores. Santiago, 1995. Pp. 144.

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ROMERÍA POR PEDRO ORTIZ

 

Dos notas para la memoria de los niños en Dictadura. Oscar Contardo.

Texto para seminario Infancia y Dictadura en Psicología UDP

Este fue el texto que escribí para el seminario Infancia y Dictadura organizado por la escuela de Psicología de Universidad Diego Portales. 

“Se murió Pinochet”, me dijo y las palabras ya no alcanzaron para seguir hablando. El día estaba despejado y yo estaba en una mesa del Torremolinos, mirando calle Lastarria desde ese trozo de pasado en forma de fuente de soda: Formalita colorada, Paloma San Basilio de fondo, tapiz de tevinil lavable y Oscar, el maestro churrasquero, que ha ido envejeciendo como el aceite recalentado de una freidora de aluminio. “Se murió Pinochet”, dijo mi amiga del otro lado del teléfono y mi mirada avanzó hasta la puerta de entrada, la atravesó y se quedó en la calle iluminada por la resolana de diciembre pegando sobre los adoquines. La voz de mi amiga surtió el efecto de las invocaciones de las películas de brujos o de genios embotellados. Un saludo a los espíritus encerrados en la propia memoria.

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Presentación de Javiera Parada para Volver a los 17

Conocí a Oscar Contardo el veranodel año 2005, en uno mis viajes a Chile, desde Barcelona, donde viví desde elaño 1992. Oscar estaba preparando su libro “La era ochentera” y trabajaba con la responsable de que mi  residencia fuera la ciudad condal y no París, Andrea Palet. Me entrevistó entonces sobre mi participación en teleseries, durante los 80, y de cómo había influido elasesinato de mi padre en mi joven vida laboral.

Seis meses después, regresé a Chile, esta vez no ya de paso, si no con el deseo de ver si podía vivir en mi país, cuestión que me fue imposible durante todos los años anteriores. Cada vez que vine durante los años 90, me fui enojada, dolorida, sintiendo que en Chile realmente no había cambiado nada, que toda la pelea que habíamos dado contra la dictadura, había sido en vano. Sentía que el país seguía gris y homogéneo.

Pero algo, o mucho, había cambiado en el país el año 2005 y entonces, decidí volver y residir aquí.

Comenzó así, una amistad y admiración mutua, fraguada a fuego lento, con Oscar. Cronista excepcional, mordaz, capaz de diseccionar nuestra idiosincrasia como pocos, ha escrito sobre nuestro arribismo endémico; sobre la feroz discriminación a la que los chilenos nos hemos acostumbrado, a practicar y a recibir; como también de la provincia, invisibilizada tantas veces como sea posible en nuestros medios, políticas y relatos.

Así que cuando leí que estaba haciendo un libro sobre nuestra generación, pensé: “Qué ganas de haber escrito en ese libro”. De patuda que es una, no más.

Pero como la vida es generosa, hace un mes, recibí un DM  de Oscar (mensajedirecto de twitter, para los no avezados en la red social), en el que me invitaba a presentar “Volver a los 17, Recuerdos de una generación en dictadura”. Imagínense mi alegría y orgullo. Más aún, cuando vi el listado de participantes en el libro, muchos de ellos, escritores a los que admiro, algunos de ellos conocidos y otros, directamente, amigos.

“Volver a los 17, Recuerdos de una generación en dictadura” llega a nuestras manos justo en el aniversario de los 40 años del Golpe de Estado, hecho que marcaría de una manera u otra, la vida de todos nosotros.

Un aniversario con una densidad, que creo, en Chile no habíamos vivido. Innumerables han sido los programas de TV, de radio, los artículos, que han recordado esa fecha fatídica, pero también todo el horror desplegado por los organismos de Estado, en contra de un sector de la población. Pero más allá del recuerdo doloroso de las perdidas personales y del sufrimiento, que por supuesto son enormes, mi sensación es de que en Chile, por primera vez, nos hemos puesto a hablar de las causas que llevaron al Golpe y a la práctica sistemática del terrorismo de Estado: la implantación de un sistema económico ultra liberal y un sistema político que no permite la expresión cabal de las mayorías y que es irreformable, a través de una constitución llena de candados, que resguardan su esencia.

Y en medio de todas estas reflexiones, testimonios, recuerdos, aparece este libro coral, a modo de un álbum de fotos de una generación que, después de terminar con la dictadura, ha guardado un inquietante silencio.

Porque nos fuimos a nuestras casas, a recuperar una juventud vivida en dictadura y marcada por el horror en sus múltiples variables, como constatamos en este libro. Mientras yo vivía en España, porque era incapaz de vivir en Chile, por el dolor que me provocaba, tengo la sensación de que muchos compañeros de generación y amigos de esa época, también de algún modo iniciaron un viaje privado, del que, como por arte de magia, parece que estuviéramos todos volviendo.

Hay en este libro una invitación a volver hablar, pero, por sobre todo, a volver a escucharnos. Es como si hubiera vuelto el tiempo del diálogo, no de un diálogo claudicante, sino de uno que intenta entender qué le pasó al otro, durante todos estos años. Dónde estuvimos, cómo nos transformamos en lo que somos. Porque, como dice Neruda,  “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”.

“Volver a los 17, Recuerdos de una generación en dictadura” es un collage de memorias, de micro historias, que son las que al final conforman la Historia, esa escrita con mayúscula.

Mientras leía el libro, muchos momentos de mi propia vida, interrumpieron la lectura. Lloré circulando por sus imágenes y recuerdos. Lo leí con el corazón apretado, fue un ejercicio de memoria, de la real, de nuestras vidas, no la de las consignas.

El primer impacto lo tuve al leer que Oscar tuvo que buscar en el diccionario Sopena, qué significaba la palabra “degollados”, después del crimen de mi padre. No sólo Oscar, son muchos los autores en el libro,  los que cuentan cómo ese día marcó para siempre sus vidas. Fue impactante encontrarme con el relato del hecho que cambió mi vida para siempre, por otras voces, voces amigas, cercanas, conocidas.

Andrea Insunza, a quien conozco desde la infancia porque nuestras familias son amigas, llenó mi cabeza de paellas de la señora Lilly, de tortas de la señora Raquel y me paralizó con una frase en la que vi reflejados a mis hermanos “de algún modo, nosotros los niños, competíamos con la dictadura por la atención de nuestros padres”.

El libro me hizo recordar a mi abuela María Maluenda, cuando se escapaba conmigo a jugar flippers, escondida de mi abuelo Roberto. Me hizo recordar días enteros en la Vicaría de la Solidaridad, jugando snake, mientras mi padre, el Jose, archivaba en enormes computadores y en discos floppy, las innumerables violaciones a los derechos humanos, que día a día llegaban a ese organismo.

Estas imágenes no están en el libro, pero si están los olores, los ruidos, los colores que acompañan esos días.

En el relato de Alvaro Bisama -que también se llama Salvador, en honor al Presidente Allende, y a quien intenté convencer, con escaso éxito, de participar en una campaña política – me encontré con los silencios de esos años, con la música prohibida; con el Lebu, barco de la Sudamericana de Vapores, propiedad en ese entonces de Ricardo Claro, que fue utilizado como centro de tortura y detención y donde su padre estuvo detenido.

Pero también con la constatación de que “el terror era algo doméstico: el temor a perder el trabajo, a quedarse en la calle”. El horror de la pereza y el aburrimiento. El horror del no tiempo. El miedo a ser delatado por tus vecinos o compañeros de trabajo.

Recordé el atentado a Pinochet y cómo todos esperamos durante esas horas, esperanzados, que el tirano hubiera muerto.

Leyendo este libro, se reafirmó en mí la sensación de que los 17 años de la dictadura, no fueron lo mismo para todos los chilenos, que el dolor y el miedo no fueron compartidos, como pretenden hacernos creer algunos comentaristas e “historiadores” por estos días. Porque, como dice Bisama, “la memoria no es frágil”.

A Alejandra Costamagna la conozco de nuestros tiempos de pingüinas, donde ser adolescente y luchar contra la dictadura era una sola cosa. Era y es linda la Ale, la recuerdo de jumper.

La Ale alcanzó a vivir los años dela Unidad Popular y su madre le ha contado varias veces que ella sí conoció a Allende, aunque la Ale no se acuerde.

Y su relato me recordó el miedo a la palabra, impuesto en esos días: “Había que ser cautelosos con las palabras, que ahí había peligro”. Me acordé cuando yo le pregunté, muy chica, con 6 o 7 años,a mi mamá, si “nosotros éramos de izquierda”. “Si, me dijo la Estela, pero no le puedes contar a nadie”.

¿Cómo lograron explicarnos nuestros padres que había partes de nuestra vida, que estaban prohibidas?

Es sobrecogedor el relato del día del Golpe que hace Alejandra, lo que hicieron sus padres después de oír el último discurso de Allende.

Recordé el toque de queda, el susto que me daba porque con mis papás siempre llegábamos al filo y, a veces, incluso, después nos íbamos a tirar miguelitos.

Descubrí que la Ale, igual que yo,fue una fanática de los problemas de matemáticas, hasta que descubrió su pasiónpor las letras.

Apareció en mi cabeza el Francisco Miranda, que era el colegio hermano del Latinoamericano, donde llegaban los hijos de los exiliados y los hijos de la burguesía de izquierda. Juan Cristobal Peña pasó rápidamente por el Francisco y Rafael Gumucio por el Latino. Aunque toda mi adolescencia quise que me cambiaran a un liceo, reconozco que estos colegios fueron un refugio en esos años terribles.

Leí emocionada sobre ese tiempo otro, donde los secundarios nos tomábamos liceos, exigiendo el derecho a tener centros de alumnos democráticos, la rebaja del pasaje escolar y la gratuidad dela PAA. Recordé como veía escapar del Latino a mis compañeros para ir a la toma y yo pensaba, “no puedo entrar a la toma, porque si me pasa algo, mi mamá se muere”. Así que yo me quedaba afuera de los liceos, para apuntar los nombres de los detenidos y pasárselos a los abogados y a las familias.

“Seguridad para estudiar, libertad para vivir” y “No a la municipalización”, eran las consigas de la época.

La Ale cuenta de las Fiestas de Matucana 19, donde comencé a ir jovencísima, cuando empecé a desilusionarme de la política y comencé a enamorarme de la noche, los new wave y la música fuerte.

Y de “Primavera con una esquina rota”, la obra que mi abuelo estaba representando cuando le anunciaron el degollamiento de su hijo. La obra que no paro de hacer, en homenaje a su hijo.

Nona Fernandez también nos cuenta sobre ese movimiento pingüino; de las reuniones de la Feses, en calle Serrano, a las que asistí tantas veces; de las piletas de la Alameda, donde comenzaban nuestras marchas.

Hace poco, tenía que asistir a mi primera reunión en el Comando de Giorgio Jackson, tomé el metro y descendí en República, subí las escaleras y salí a la pileta de Cumming. E igual que estos relatos recomponen esa historia, la visión de la pileta y de mis compañeros secundarios, se unión en mi cabeza a este momento que vive Chile, donde nuevos movimientos sociales y políticos afloran y se toman la cancha, sin pedir permiso, exigen participación. Igual que nosotros en esos tiempos, exigíamos democracia.

Nona también cuenta de la impresión que hizo en ella la comprensión de la palabra “degollados”, la que quedó resonando en su cabeza. Nos les contaré aquí el desenlace de esta historia, pero si les cuento que me fue muy difícil terminarla. Esta historia que habla de víctimas y victimarios y de las víctimas invisibles, los niños.

“Pero las huellas del recuerdo han quedado en nosotros como las marcas de un combate naval, destinado al fracaso, y es tan difícil sacárselas de encima”.

El relato de Rafael Gumucio es sobrecogedor. La historia del secuestro de su madre, su resistencia a olvidar, la sensación tan niño de lo que significaba la delación, la traición, la tortura y el exilio.

“La forma fugitiva del sueño del que desperté para siempre a los tres años para no volver a dormir nunca más totalmente en calma, nunca del todo completamente en paz”.

Y sobre el 73, Rafael nos dice “Los que no lo vivimos, los que lo vivimos como yo, de oídas, no podemos olvidar. Los adultos se portaron como niños y los hombres como perros, y eso no se olvida. Ese recuerdo anterior, ese pasado que no pasó del todo nunca es más fuerte que cualquier voluntad, que cualquier idea, que cualquier deseo”.

Pablo Illanes nos lleva del todo a los 80 de las teleseries y a ese Chile donde aún existían empresas publicas potentes, antes que la dictadura desbalijara al Estado. Nos lleva al cine Normandie, donde descubrí a Herzog y a Klaus Kinski,a David Lynch y a Win Wenders. Ese espacio de libertad que comenzaba cuando se apagaba la luz y comenzaba la proyección. A los cines del centro, donde lo llevaba su papá después de pasar por el Café Colonia. Al Cinerama Santa Lucia.

La casi guerra con Argentina, de la que Oscar también nos habla. La guerra como una fantasía, en medio de la dictadura.

La familia dividida, la abuela paterna comunista, la materna pinochetista. Esa fractura en el seno de tantas familias durante tantos años.

Pablo nos cuenta del Festival de Viña, de Miguel Bose (mi ídolo de infancia), de la llegada de la tele a color, del Betamax, del VHS, de “La chica de rojo”, película que en ese tiempo, todos veíamos, vaya uno  a saber por qué.

“Siempre había alguien que conocía a alguien que había sufrido algo similar, una experiencia traumática de abuso, tortura o desaparición donde no existía la policía ni la chilenidad ni la noción de sentirse seguro. Era el terror oculto de todo ciudadano, no sólo el del compromiso político que podía ser peligroso,sino el del hombre equivocado, el “parecido a” o el que tuvo la mala suerte de estar en el lugar incorrecto a la hora indebida”.

La historia de Andrea Insunza, como les contaba al comienzo, es una historia cercana, conocida y vivida por mi familia. Me costó leerla, interrumpida por la emoción. Don Lucho Corvalán; Jaime y Mario Insunza, personajes de mi infancia con los que yo jugaba; las primeras detenciones después del Golpe; el exilio.

La Andrea se hace una pregunta que yo me hice muchas veces “A los seis meses, mis viejos ya habían decidido tener hijos. Durante mucho tiempo me pregunté porqué. Por qué en la mitad de ese desastre, mis padres habían decidido tener hijos”.

“A esas alturas, y sin que nadie me lo enseñara, ya había aprendido que los problemas de los grandes eran más importantes que los de los chicos. Y que la mejor forma de colaborar con mi familia, era resolver los míos sola.”

La detención de Jaime Insunza, el año 84, siendo secretario general del MDP y su deportación a Brasil. El allanamiento de la casa de Mario. Recuerdo claramente todos esos hechos. Ellos dos eran muy amigos de mi padre y siempre sabíamos cuando a alguien cercano le pasaba algo.

“La razón: eran comunistas. Y en Chile ser militante del Partido Comunista estaba prohibido. Mi familia estaba prohibida” dice Andrea. La mía, también.

Hay más relatos y hay muchos momentos de alegría en el libro. Pero a mi, en estos días, este libro me ha hecho reflexionar de cómo nos hicieron aprender a vivir con el miedo, a llevarlo con nosotros. No solo el miedo a la muerte, si no como se cuenta en este libro, el miedo a la cesantía, a la delación,  a estar en el lugar equivocado.

“Volvera los 17, Recuerdos de una generación en dictadura” es un enorme y necesario aporte a nuestra memoria, en estos 40 años del Golpe de Estado. Son los relatos de lo que ocurrió intramuros, de lo que callamos, de cómo aprendimos a jugar en medio del desconcierto. Son las historias personales, que brotan y nacen, para “dar voz a otras voces”, como dice Bisama.

Como si obligados a salir de un trance, hoy recuperáramos nuestras historias íntimas, donde el horror se despliega en distintas aristas, pero donde también y principalmente, se despliega la vida. Para decirnos que aquí no hubo ni habrá empate. Y que por mucho mall y cifra macro económica exitosa, a los que crecimos en dictadura, cuando recordamos nuestra infancia, siempre nos recorre algún tipo de escalofrío.

Muchas gracias.

10 de septiembre 2013

Javiera Parada en la presentación de Volver a los 17 el 10 de septiembre de 2013.Javiera Parada en la presentación de Volver a los 17 el 10 de septiembre de 2013.

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Libro “Volver a los 17″: padres e hijos

El de los 40 años ha sido, por lejos, el más impactante de los aniversarios redondos del golpe de estado chileno. Como nunca antes una nueva efeméride del quiebre de la democracia ha remecido a buena parte de los chilenos. Como nunca se han hecho exhortos de perdón y justicia. Las redes sociales dieron cuenta, como nunca, de su utilidad, puesto que a través de ellas se visibilizaron millares de pequeñas intensas historias del golpe y la dictadura, cosa imposible hace algunos años. Todo lo anterior reafirma que lo más importante en la vida no es sonreírle al mundo con optimismo y fe, sino buscar la justicia. Los medios de comunicación, por su parte, tuvieron un rendimiento dispar. Mientras Chilevisión descolló con producciones comoChile, las imágenes prohibidas y “Ecos del desierto”, Canal 13 se limitó a hacer un aséptico y timorato “corre video”, recalentando un charquicán de imágenes que ya se vieron un millón de veces en muchas otras partes y en muchos otros momentos.

Y están los libros. Era esperable que el mercado editorial aprovechara este aniversario del putsch, y lo hizo con la no ficción como estandarte principal. Entre los vol, las protestas estudiantiles de fines de los ochenta y contingencia, con el relieve propio de cada pluma que úmenes aparecidos para conmemorar las cuatro décadas del desastre de 1973, está Volver a los 17. Recuerdos de una generación en dictadura(Planeta, 2013), una compilación de textos de escritores y periodistas chilenos que crecieron durante el régimen pinochetista. A cargo del conjunto está el periodista y escritor curicano Óscar Contardo (1974).

Hace algunas semanas me tocó presentar a Contardo a propósito de una nueva edición de su superventas Siútico. El escenario era el foyer del Teatro Municipal de Viña del Mar, posiblemente una de las ciudades que cuenta con una de las mayores tasas de ancianos pinochetistas en Chile. Algo así como Providencia con acceso al Océano Pacífico. Aprovechando la ocasión, Contardo informó a la concurrencia de qué iba este libro. Su propósito es fijar los recuerdos de los miembros de una generación nacida en dictadura, o que hayan tenido muy poca edad al momento en que Allende fue derrocado. Ante esto un señor viñamarino pidió la palabra y le censuró con amargura al antologador el no contar “la otra mirada”, “la historia completa”, “lo que pasó antes del 11 de septiembre” y “las causas de por qué pasó lo que pasó”. Contardo esquivó con desenvoltura y serenidad el rocket, subrayando que el asunto del libro es el recuerdo y no la historiografía.

Esto lo confirma uno de los escritores que componen el conjunto, Álvaro Bisama, cuando apunta en su intervención en el libro que escribe del pasado acumulando retazos.

contardo

Las ventajas de un libro compuesto casi en su totalidad por sandías caladas no requieren de mucha explicación. Sí vale señalar que al ser éste un libro de memorias, en el que los autores deben bucear en sus recuerdos sobre el período más nefasto de la historia reciente de Chile,están obligados a ser honestos, sin dejar un centímetro a las cuchufletas y a la pirotecnia narrativa. De esta forma, Volver a los 17 se muestra como una combinación balanceada de intimidad y contingencia, con el relieve propio de cada una de las 15 plumas calificadas que conforman el libro, memorias que muestran marcas comunes como el terremoto de 1985, el caso degollados (otro golpe devastador) o las protestas estudiantiles de fines de los ochenta.

Como conjunto, Volver a los 17 es una sinfonía, posee distintos tonos, distintos colores. La llaneza infantil ante lo terrible deContardo, Alejandra Costamagna o Nona Fernández contrasta con la ópera ligera de Patricio Fernández Chadwick, quien habla de un tío Andrés que era revolucionario hasta el golpe además de aportar una anécdota de su pasado como nieto de patrón de fundo. Luego se pasa a Rafael Gumucio, desmedido y sentencioso, dando paso a un reverso absoluto, al de Pablo Illanes, quien hace un repaso más liviano,cinéfilo y televisivo de la época. Luego, la periodista Andrea Insunza marca otro giro en el libro, pues se pasa del relato de alguien arrojado al período a un testimonio de alguien que sufrió en más de un flanco el pisotón de la bota militar. Nieta del ex secretario general del PC Luis Corvalán, entre otros parientes comunistas, su relato la pone, tal vez, más cerca del horror que las otras plumas del libro. Es el aria más trágica de esta obra, sin dudas.

Libro eminentemente político, Volver a los 17 es también un libro de padres e hijos. De paternidades incomprendidas, de candores perdidos, de rebeldías y lecciones. De distancias y rebeldías adolescentes que el tiempo supo desvanecer. Lo expone con claridad Andrea Insunza: “De algún modo, nosotros, los niños, competíamos con la dictadura por la atención de nuestros padres. Y en la medida en que crecíamos empezábamos a notar nuestras derrotas”.

El camino de la memoria colectiva. Qué es lo que la sociedad recuerda y cómo se hacen presentes esos recuerdos hoy

El camino de la memoria colectiva. Qué es lo que la sociedad recuerda y cómo se hacen presentes esos recuerdos hoy

EL PAIS › QUE OPINAN SOBRE LA DICTADURA QUIENES LA PADECIERON Y LOS QUE NACIERON EN DEMOCRACIA

El camino de la memoria colectiva

El 60 por ciento de los argentinos opina que el golpe de 1976 fue injustificado. Y casi el 50 sostiene que fue la antesala del neoliberalismo de los ’90. Una encuesta exclusiva muestra los matices entre los que vivieron la dictadura y los hijos de la democracia.

 

Por Raúl Kollmann

Casi 6 de cada 10 argentinos dicen hoy que el golpe de Estado de 1976 no era justificable, pero hay un 20 por ciento que dice que sí estaba justificado y otro 20 por ciento –con mayoría muy joven, es decir que no vivió la dictadura– que dice que no puede dar opinión. En un marco de rechazo a lo que fue el Proceso, es distinto lo que opinan y cómo ven las cosas los que vivieron la dictadura y los llamados hijos de la democracia, o sea los que no pasaron por aquellos años. Cuando se les pregunta a los coetáneos de la dictadura si están de acuerdo con la frase “la peor democracia es mejor que una dictadura”, un 62 por ciento dice que está de acuerdo con ese concepto. Pero entre los que no vivieron el Proceso, sólo el 43 por ciento afirma que la peor democracia es mejor que una dictadura y un porcentaje cercano, el 37 por ciento, piensa que frente a una mala democracia, una dictadura es aceptable. Como en casi todas las preguntas, un 20 por ciento de los jóvenes afirma que no tiene opinión formada.

Las conclusiones surgen de una encuesta exclusiva realizada para Página/12 por el Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP), que lidera Roberto Bacman. En total se entrevistaron a 1044 personas de todo el país, vía telefónica, respetándose las proporciones por edad, sexo y nivel económico social. También se buscó un equilibrio proporcional entre habitantes de grandes ciudades, medianas y chicas.

“Acá el problema que afrontamos es el de la memoria –señala Bacman–, y más precisamente la memoria colectiva. Lo que buscamos fue saber qué es lo que la sociedad recuerda y cómo se hacen presentes esos recuerdos hoy. Como la memoria colectiva es una construcción social, su objetivo no es sólo recordar el pasado sino también darle una explicación y un sentido al presente. Es más: el pasado no permanece inmutable, siempre aparece dispuesto a ser moldeado por las ideas y experiencias del presente.”

En el trabajo realizado para este diario, el CEOP decidió hacer un corte transversal distinto respecto de las edades. “En lugar de los clásicos intervalos, se trabajó en función de dos ciclos sociales: los nacidos antes de la dictadura y lo que nacieron después del regreso de la democracia. Y partimos desde la idea de que la memoria se construye desde la fuerte influencia del que está cerca –familia, amigos, escuela, trabajo y otros–, y que ese rol de estos grupos sociales es fundamental en la estructuración de la memoria colectiva. A esto se agrega que cada actor social decodifica la realidad según su propia ideología. Cada uno ve la realidad a través de su propio cristal.”

¿Quién apoyó?

Aunque se trata de una evaluación histórica, cuando se les pregunta a los que fueron coetáneos de la dictadura que enumeren quiénes apoyaron el golpe, la mayor responsabilidad se pone en los partidos políticos, en segundo lugar en los ciudadanos comunes, en las grandes empresas y en los grandes medios. Pero la idea es que el golpe tuvo numerosos y variados apoyos. En cambio, para los hijos de la democracia, es decir los que nacieron después del Proceso, el orden cambia: los mayores culpables de haber apoyado el golpe son los medios de comunicación, porque justamente sienten hoy el poder que tienen los medios. Los hijos de la democracia han vivido de cerca el debate sobre la ley de medios y esto aflora incluso a la hora de evaluar el pasado. Recién después de los medios vienen, para los hijos de la democracia, los partidos y la Iglesia, a la que también ven con enorme poder, entre otras cosas por la traba al matrimonio igualitario o al aborto. “De todas maneras, en un estudio que hicimos hace ocho años –afirma el titular del CEOP–, se opinaba que la Iglesia tuvo una participación mucho más fuerte en el golpe. Es posible que la elección de Jorge Bergoglio como Papa haya hecho bajar la acusación.”

¿Justificable?

“Un dato que no puede pasar por alto –señala Bacman– y que se repite a lo largo de todo el estudio es el importante desconocimiento o incapacidad de responder de un segmento importante de la población. En varios indicadores medidos, existe alrededor de un 20 por ciento de los entrevistados que no ha podido manifestar una opinión o posición. Es una cuenta pendiente de la sociedad. En ese ‘no sabe/no contesta’ está la ausencia de interpretaciones claras de lo ocurrido y no hubo un proceso social de transmisión. Pese a todo lo hecho, que incluye los juicios y las condenas, la inclusión en los programas de estudio, los nietos recuperados, la presencia de Madres y Abuelas, el 24 de marzo como feriado, todavía queda un largo camino para recuperar la memoria en esa franja.”

Aun así hay una nítida mayoría que considera que el golpe no tuvo ninguna justificación; pero a 38 años, demasiado porcentaje figura entre los que piensan que sí fue justificado y los que no saben qué opinar.

Golpe y economía

Cuando se les pregunta a los encuestados si la dictadura abrió las puertas a las políticas neoliberales de los ’90, la mitad efectivamente asimila la economía del Proceso con la época de las privatizaciones y las relaciones carnales. Primero, es obvio que hay una franja importante que vivió la dictadura y sabe que esto fue así: las políticas de José Alfredo Martínez de Hoz fueron el anticipo de los ’90. Pero, además, Bacman ya evaluó que la memoria colectiva pasa por el tamiz de la ideología y, si se piensa desde el punto de vista del voto actual, esa asimilación con el neoliberalismo la realizan todos los que votaron al Frente para la Victoria, las distintas variantes del peronismo, el radicalismo, los socialistas, el centroizquierda.

Pero hay una mitad que, nuevamente, oscila entre estar en contra de ese vínculo entre dictadura y neoliberalismo. Desde ya están los que ideológicamente siguen respaldando las políticas de los ’90, pero sobre todo se ve nuevamente esa franja de jóvenes, de pocos recursos, que no logra dar una respuesta y se ampara en el “no sabe, no contesta”.

Desaparecidos

Algo similar pasa con la frase “la desaparición forzada de personas fue la manera que encontraron los militares para frenar la movilización popular”. Nuevamente hay más de un 30 por ciento en contra y el permanente porcentaje cercano al 20 por ciento que no opina.

La idea de la “pacificación”, difundida y propagandizada por el menemismo, sigue teniendo anclaje: hay un 30 por ciento de los entrevistados que sostiene que no hay cuestiones pendientes, que el Proceso debe ser un “caso cerrado”. Del otro lado, los que creen que hay un camino por recorrer, mencionan esencialmente terminar de enjuiciar y castigar a los culpables, y recuperar a los niños secuestrados durante el Proceso.

Democracia y dictadura

La antinomia planteada en la frase “la peor democracia es mejor que cualquier dictadura”, recoge el respaldo del 54 por ciento. Muestra nuevamente que hay un largo camino por andar en cuanto al trabajo sobre la memoria colectiva. Una definición de ese tipo debería recoger un respaldo más nítido. Pero entra en el cuadro un porcentaje, que aparece en todos los sondeos, que refleja a una franja con tendencias autoritarias: personas que tradicionalmente reclaman orden, se manifiestan contra los inmigrantes, son partidarios de la mano dura, se oponen al matrimonio igualitario y a otras políticas democráticas o progresistas.

Pero, además, nuevamente aparece la franja de los que no saben o no contestan. En este caso no se les pregunta sobre un hecho histórico sino que se les pide opinión respecto de una frase actual, básica, que tiene que ver con las convicciones democráticas. Aun así, el 15 por ciento de las personas, principalmente jóvenes y de escasos recursos, nuevamente no se manifiesta.

“Que haya una parte que no se expida –concluye Bacman–, constituye un desafío social: hay un segmento de la población donde la memoria colectiva no funcionó, donde los grupos primarios –familia, amigos, escuela– no han desempeñado la función de transmisión. Es un desafío, porque otros sectores pueden susurrarles al oído. Hay que construir día a día y de manera cotidiana, especialmente en la familia y en la escuela, la democracia. Habrá que seguir operando sobre la memoria, conscientes de que en el futuro debe garantizar que la memoria no sea parte del olvido.”

raulkollmann@hotmail.com

 

 

Tesis Tamara José Lagos. LOS MARCOS SOCIALES DE LA MEMORIA OFICIAL


LOS MARCOS SOCIALES DE LA MEMORIA OFICIAL

Tesis para optar al título de Socióloga.

TAMARA JOSÉ LAGOS CASTRO

María Emilia Tijoux, Profesora guía

Santiago Chile.

2011

2 Agradecimientos

A mi madre Kattia Castro por enseñarme a vivir en la otra memoria. A mis padres: Mario Lagos por -desde su ausencia- prendar de significado mi devenir, a José Miguel Ortega por decidir/ser mi papá. A Claudio Reyes por todo, a mi Amparo por atrasar esta tesis y revolucionar mi vida. A Marisol Castro y Pía Fuentes por apoyarme siempre.

Al Sub programa de investigación Domeyko: Memoria, Historia y Derechos Humanos que ha patrocinado esta tesis.

A María Emilia Tijoux por dar cabida académica a mis inquietudes, a Roberto Merino por sus generosas conversaciones.

A mi pujante e inquieta memoria.

3


Índice 1. Resumen

6

2.Introducción

7

2.1 Declaración de intenciones

6

2.2 Aclaraciones y nociones

8

2.3 Planteamiento del Problema

12

2.4 Antecedentes

22

2.4.1 Historia y disputa

22

2.4.2 Gobierno democrático y los primeros hitos

29

2.4.3Nuevas apuestas, nuevos lenguajes

32

2.4.4 Surgimiento del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos

35

2.5 Pregunta de investigación

40

2.6 Hipótesis de trabajo.

41

2.7 Objetivos

41

2.8 Relevancia

42

3. Estrategia metodológica

45

3.1 Carácter comprensivo de la Investigación

45

3.2 Enfoque

46

3.3 Tipo de Investigación.

48

3.4 Estrategia de producción de la información.

48

3.5 Muestra

49

3.6 Diseño de las entrevistas

50

3.7 Registro

51

3.8 Técnica de Producción de Información

51

4. El Estado, la génesis del Museo, la ruptura del consenso

54

4.1 El sentido/motivo de la acción

66

4.1.1 El diagnostico: la deuda

67

4.1.2 La subjetivación del consenso, el Estado enmarca su memoria.

68

4.1.3 La sensibilidad de una Presidenta de la República

70

 

4 4.1.4 La excepcionalidad del periodo

74

5. Las memorias, el Re-establececimiento del pasado, afanes de un Museo

80

5.1 Consideraciones iniciales

80

5.2 Marco social de la memoria nacional: para que nunca más

84

5.3 Museo para reparar y dignificar.

93

5.4 Museo para proponer y debatir el presente

100

6. El Museo, la puesta en escena de los vencidos

109

6.1 Condiciones de posibilidad para el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos en Chile

115

6.1.1 La obra culmine de Michele Bachelet

116

6.1.2 Participación e Información

117

6.2 La construcción del consenso: Comisiones de Verdad

119

6.2.1.Museo para las víctimas

121

6.2.2 Paréntesis de la historia, la polémica del periodo.

125

7. A modo de conclusión

132

7.1 Sobre la experiencia

132

7.2 Sobre la pregunta

132

7.3 Proposiciones y recomendaciones

142

8. Bibliografía

144

9. Anexos

149

 

5

1. Resumen.

La tesis empírica que se presenta a continuación tiene por objeto conocer y comprender cuáles son los sentidos que sustentan y justifican la construcción de un Museo de la Memoria y los Derechos Humanos en Santiago de Chile. Esta iniciativa estatal da cuenta de la necesidad definida por la institucionalidad de generar un espacio de reflexión, información e investigación en torno al pasado reciente del país y forma parte de una serie de iniciativas que desde el año noventa se han ido desarrollando. Estas iniciativas han basado su identidad en „dar a conocer‟ y/o „contar una verdad‟, ejercicio de enorme trascendencia tras 17 años de ocultamiento y tergiversación de los hechos. Esta investigación narra este recorrido institucional y político, caracterizándolo como un tipo de acción social particular que emerge de lo que se ha denominado, razón de Estado. Asimismo ha sido de interés reconocer qué memoria o memorias y qué usos de las mismas nutren estas apuestas, dando cuenta del carácter social que impregna la construcción y posicionamiento de las memorias como verdades que sitúan y delimitan un marco normativo determinado.

Ha sido afán explicito de este documento cuestionar la pertinencia de esta iniciativa así como el modo en que esta se llevo a cabo. Al respecto se advierte que el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos solo representa novedad en torno al tipo de puesta en escena de una verdad que no ha cambiado, en este sentido tras veinte años de „retornado‟ el régimen democrático, esta nueva apuesta no ha sido capaz de avanzar en procesos pedagógicos y reflexivos que incorporen nuevos elementos a la mirada en torno al pasado reciente del país y sobre todo a cómo este pasado significa y condiciona el presente, particularmente en relación al estado y compromiso con los derechos humanos en la actualidad.

Palabras Clave: Museo de la Memoria, marcos sociales de la memoria, construcción social de las memorias, razón de Estado, musealización, tipos de acción social, sentido de la acción social.

6

2. Introducción

“Sólo tendrá el don de avivar la chispa de la esperanza en el pasado el historiador que este firmemente convencido de que ni siquiera los muertos estarán seguros frente al enemigo si este triunfa. Y este enemigo no ha dejado de ser el vencedor” (Walter Benjamin)

2.1 Declaración de Intenciones

Comienzo aquí mi tesis de grado para optar al título de socióloga y me enfrento a un problema que puede sonar absurdo pero que conlleva en sí mismo una de las discusiones basales sobre la disciplina, su carácter científico y la relación sujeto-objeto, ¿hasta qué punto debo sincerar mis motivaciones para escribir este documento?

Rápidamente he decidido: ser veraz pero tal vez superficial, pues no es momento de dar testimonios sobre mi memoria, menos a partir del posicionamiento teórico y político que supone este trabajo. Sin embargo, asumo que la problemática de la memoria y del olvido es un tópico que me toca de cerca y de allí emana la intensidad de mi inquietud y mi obcecada decisión por trabajarlo, en este caso con el propósito de dar cuenta de los caminos culebreros e intempestivos de la construcción de las memorias, particularmente de aquella estatal u „oficial‟.

En el año 2005 abandoné la carrera de sociología por formarme como médico en Cuba, al momento de dar este vuelco en mi vida profesional nada hacía presagiar que los meses vividos en esa isla repotenciarían mi pasión por esta disciplina, la sociología, y la percepción sobre su importancia y utilidad en el actual contexto. Viviendo en otras latitudes caí en cuenta que los modos en que los pueblos y sus Estados traen la vida del pasado al presente y aun más los contenidos que nutren estos marcos para el recuerdo -al menos- se relacionan con el enaltecimiento u omisión de ciertos idearios políticos y proyectos vitales que cada país comprende como posible y/o deseable. Contrario a lo que podría haber conjeturado, la nomenclatura de mártir muy utilizada por Cuba en su propaganda me incomodaba, así como también me inquieta la lógica de víctima utilizada para el tratamiento de la historia reciente en Chile, ambos formatos me parecen estrategias profundamente reduccionistas para dar cuenta de procesos sociales e intentar la legitimización de algunos de sus aspectos.

La construcción de estos marcos-collage de relatos y retazos del pasado conlleva la elección de ciertos elementos por sobre otros y en consecuencia la omisión de un conjunto de memorias que no son funcionales a la contingencia. Esto supone una asimetría que funda la re-presentación del pasado, es decir a la hora de elegir la escenografía no todos los sujetos tienen a su haber las mismas herramientas para socializar sus memorias, esta idea reviste de dramatismo y complejidad el quehacer de la memoria y las ansías por un relato justo, según la acepción primera del término, a saber: Una de las cuatro virtudes cardinales, que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece,1 en cuanto la construcción de memorias se vincula con un pasado plagado de conflictividad, procesos sociales revolucionarios, violencia estatal, etc. La pugna por reposicionar a los sujetos y sus idearios dentro de la gama de alternativas discursivas supone una confrontación política que se tiñe de afectividad. En este sentido intuyo la importancia de dar a conocer otras memorias distintas a la „oficial‟ en torno al pasado reciente del país, así como también considero necesario reposicionar en el asunto público la discusión sobre la sociedad que queremos/hemos querido y cómo se ha intentado llevar a cabo esta añoranza. En relación a esto, advierto y pienso que el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos es parte de una política pública que nace de criterios ideológicos cuyo contenido trabajaremos y que tiene en relación a ellos, ciertos propósitos.

La historia y la comprensión del proceso de elaboración y ejecución de esta institución museal me interesó en un primer momento por su silencio, su carencia de conflicto, su inexistencia total de desacuerdos públicos, más aun teniendo como antecedente el conflicto (Hite, 2003) generado a partir de la instalación de un monumento a Allende en la Plaza de la Ciudadanía el año 2000. Advertí y me sorprendí entonces de la omisión que acompañaba la elaboración de este museo pero más aun me intrigó cuál iba a ser su contenido, es decir qué elementos definirían institucionalmente y ahora públicamente la memoria del pasado reciente de Chile. El interés se basa en la intuición (o imaginación) de que el tratamiento que aquí hace de este pasado otorga insumos objetivos para entender el presente y sus aparentes incoherencias en torno a la problemática sugerida. Con esto me refiero a que la memoria sin conflicto que ha intentado posicionar la oficialidad, se enfrenta una y otra vez a violentas y disruptivas bocanadas de memoria, que nacen muchas veces desde las violaciones a los derechos humanos ocurridas pero que van muchísimo más lejos, en este sentido el homenaje realizado el 21 de Noviembre del año en curso a Miguel Krassnoff, brigadier en retiro del Ejército de Chile condenado a más de 100 años de presidio por su vinculación con crímenes de lesa humanidad y la interacción allí ocurrida entre manifestantes y asistentes al evento, pone de manifiesto la existencia de un conflicto que no ha encontrado reconciliación ni ha podido ser acallado. Yo estuve ahí y debido a mis cortos años por primera vez experimenté en carne propia una serie de epítetos que solo había leído en libros o investigaciones de prensa, tales como: “Merino tenía razón ustedes no son humanos, son humanoides” o “el error que cometimos fue no matarlos a todos” A partir de este antecedente ejemplificador, surge la pregunta: ¿cómo convive un Museo de la Memoria y los Derechos Humanos con la posibilidad cierta que estos sujetos tienen de realizar con reconocimiento público este tipo de ensalzamientos?

Lo ocurrido en esta convocatoria da cuenta de que el tratamiento reconciliatorio que ha intentado propugnar el Estado para sus ciudadanos no ha penetrado en la conciencia de estos pues la contienda de aquellos años sigue en sus fundamentos, latente en los distintos grupos que conforman la sociedad.

2.2 Aclaraciones y nociones

El 11 de Enero del año 2010 abrió sus puertas al público el denominado “Museo de la Memoria y los Derechos Humanos” esta iniciativa es la primera apuesta a nivel nacional que busca desde el Estado, con sus fondos y elaboración museográfica dar cuenta de las violaciones a los derechos humanos ocurridas entre el 11 de Septiembre de 1973 y el 11 de Marzo de 1990. Su explicito afán pedagógico pretende facilitar procesos reflexivos en la sociedad en torno al respeto y promoción de los derechos humanos (Comisión Asesora Presidencial para Políticas de Derechos Humanos, 2009). Esta iniciativa es original de la ex Presidenta de la República, Michelle Bachelet Jeria y fue elaborada por la Comisión Asesora Presidencial para Políticas de Derechos Humanos, 9 en conjunto con el Ministerio de Obras Públicas (MOP) y la Dirección de Archivos, Bibliotecas y Museos (DIBAM) del país.

El museo se erige como el espacio donde se consolida y construye la memoria oficial acerca del pasado reciente del país. Así, las definiciones acerca de sus exposiciones, contenidos, ubicación y presupuesto se enmarcan dentro de lo que se puede denominar razón de Estado. El Museo posee colecciones conformadas por objetos de valor simbólico y artístico vinculados con la temática y también cuenta con la mayor colección de archivos documentales que durante años han sido resguardados por distintas agrupaciones de derechos humanos. Este archivo de incalculable valor, busca generar en el museo un sitio propicio para la investigación sobre memoria y derechos humanos que esté en contacto con otras instituciones similares a nivel internacional.

Ante un panorama tan deseable: ¿Porqué problematizar la existencia de este museo? Son múltiples las preguntas, hipótesis y reflexiones que dan cuerpo a este texto y que se fueron construyendo a lo largo de mi experiencia como estudiante de sociología y delimitando a partir del bagaje teórico que fui adquiriendo. En este marco se evidencia por ejemplo, que la construcción social de las memorias conlleva la permanente pugna entre memorias erigidas desde marcos sociales muy distintos e incluso antagónicos. En este sentido podemos afirmar que no existe una „gran memoria‟ ni que ésta se acerca a la construcción de un relato verdadero, por lo mismo la narración que construye a este espacio es solo una de las posibles dentro del entramado social

“La memoria es la vida, siempre encarnada por grupos vivientes y, en ese sentido, está en evolución permanente, abierta a la dialéctica del recuerdo y de la amnesia, inconsciente de sus deformaciones sucesivas, vulnerable a todas las utilizaciones y manipulaciones, capaz de largas latencias y repentinas revitalizaciones.” (Nora, 2009, p. 21)

Este carácter propio de las memorias hace que su tratamiento sea confuso y problemático, y en este sentido la complejidad que conlleva enclaustrarla en un Museo se hace manifiesta, y bien: ¿Por qué es preciso construir un museo de estas características? Es decir cuál es la necesitad reconocida por el Estado que se supone satisfecha con la construcción de este museo. En torno esto advierto que el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos hace parte de una serie de decisiones y acciones que 10 se han materializado en las últimas dos décadas para, desde el Estado hacerse cargo de las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante la dictadura militar. Ahora bien, no es posible decir si esta nueva institución responde a la ineficacia de las iniciativas anteriores en torno a facilitar la construcción de una cultura de promoción de los derechos humanos, o a un punto más dentro del recorrido de las políticas vinculadas con los derechos humanos en Chile. En torno a esto vale destacar que el tratamiento a nivel estatal acerca del pasado de nuestro país ha trabajado principalmente lo relacionado con los crímenes perpetrados, omitiendo los problemas y consecuencias que trae aparejada la permanencia en el presente de ciertos elementos –enclaves autoritarios- que institucionalmente limitan el carácter de la democracia en curso (Garretón, 2003)

Siguiendo a Garretón, el pasado es uno de los pocos elementos que tiene en común una sociedad histórica y por tanto el tratamiento que de éste se haga, se vincula con la posibilidad de construir un proyecto de país en el cual los individuos se reconozcan como actores, es decir como sujetos sociales. En este sentido el contenido que tengan las memorias que cohabitan una nación así como los sujetos que las representen y sus posiciones dentro de la estructura societal no serán elementos triviales,

“Un país es el modo de enfrentar y proyectar su pasado. Dicho de otra manera, es en torno a cómo resolvamos los problemas del pasado que va a definirse nuestro futuro como comunidad histórico moral.” (Ibíd., p. 216)

En torno a esta problemática se sitúa la presente investigación, cuya línea de interés se sustenta en la siguiente pregunta, ¿Cuáles son los principales factores sociopolíticos que sustentan y justifican (desde la óptica gubernamental) la construcción del denominado “Museo de la memoria y los derechos humanos” en Santiago de Chile, en el marco de la celebración del Bicentenario?

El objetivo general de este trabajo es develar y comprender los sentidos (verstehen) que sustentan y justifican la construcción del denominado “Museo de la memoria y los derechos humanos” en Chile.

A luz de la pregunta de investigación y el objetivo general definido para esta tesis, el enfoque metodológico a partir del cual trabajé es el cualitativo pues me permite 11 indagar en los elementos simbólicos que construyen la cotidianidad de los sujetos y su discurso, que a la vez otorga coherencia a sus decisiones y acciones.

Para dar cuenta del problema de investigación que basa este trabajo construí una muestra teórica que contiene tres de los actores que parecieron – a partir de la revisión de antecedentes- fundamentales en la elaboración y ejecución de este Museo, a saber: Por el Estado, los y las funcionarios/as de la Comisión Asesora Presidencial para Políticas de Derechos Humanos y del Ministerio de Bienes Nacionales, como asesor externo, FLACSO y por último algunos integrantes del directorio del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos en la actualidad. Esta muestra teórica se fue ampliando a partir de la información entregada por estos primeras contactaciones. El carácter de la entrevista en profundidad fue semi estructurada y el análisis de las mismas lo realicé a través de un análisis de contenido temático.

12 2.3 Planteamiento del problema

La presente tesis tiene como fin conocer y comprender las distintas lógicas que permiten, nutren y justifican la construcción del denominado “Museo de Memoria y los Derechos Humanos”, iniciativa estatal propiciada por el poder ejecutivo y enunciada por primera vez en la cuenta pública del 21 Mayo del año 2007. En este espacio se decide exponer un fragmento de la historia nacional comprendido entre el 11 de Septiembre de 1973 y el 11 de Marzo de 1990. Frente a esta apuesta estatal, surgen las siguientes preguntas ¿Porqué un Museo de la Memoria?, ¿Qué memoria y para quiénes? A partir de estas preguntas ingresaremos en la problemática particular definida para esta tesis.

Se puede advertir que la edificación de este lugar asume y expone la historia nacional según los elementos que ésta tiene para la ex presidenta de la República Michelle Bachelet –ideóloga de este espacio- y la Comisión Asesora Presidencial para Políticas de Derechos Humanos, organismo de su entera confianza; es decir es parte de la narrativa oficial que produce y reproduce de manera más menos consciente elementos que permiten definir y reforzar sentimientos de pertenencia que apuntan a mantener la cohesión social y a defender fronteras simbólicas. En palabras de Jelin (2002), estas memorias “proporcionan los puntos de referencia para <<encuadrar>> las memorias de grupos y sectores dentro de cada contexto nacional.” (Jelin, E., 2002, Pág. 40)

Ahora bien es preciso mencionar que este museo no es la primera edificación que se erige para dar a conocer las violaciones a los derechos humanos ocurridas en la dictadura, así tampoco es la primera construcción que incluya dentro de sus objetivos promover una cultura de respeto y promoción de los Derechos Humanos.2

2 A modo de ejemplo se sugiere revisar

http://villagrimaldi.cl/educacion/ y http://www.londres38.cl/1937/w3-propertyvalue-32007.html

Desde el año 2000, el Estado chileno comenzó a entregar fondos para la construcción de memoriales, placas u otros símbolos cuyo destino fuera reivindicar la memoria de quienes fueron vulnerados en sus derechos humanos con resultado de muerte. En su mayoría estos proyectos fueron protagonizados por familiares de ejecutados políticos o detenidos desaparecidos durante la dictadura militar. “El 3 de 13 marzo, al conmemorarse los 12 años del Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, se firma en la Moneda un Acta de Acuerdo entre el Gobierno y Agrupaciones de Familiares de las víctimas, para construir obras de reparación simbólica en diversos lugares del país”3.

3 Véase www.ddhh.gob.cl/historia_programa.htlm

4 Veáse http://www.museodelamemoria.cl/ES/Museo/Fundamentos/Comisionesdeverdad/InformeRettig.aspx

Desde ese momento -en particular- el Estado asume un rol central en el quehacer de la memoria, específicamente en la construcción de la memoria de los/as que denomina víctimas de las violaciones a los derechos humanos. El reconocimiento institucional de estos/as se cristaliza a través de proyectos y concursos públicos que abren licitaciones para la construcción de distintos espacios con este fin. La Comisión Asesora Presidencial para Políticas de Derechos Humanos encargada de elaborar y ejecutar el proyecto museo se posiciona desde una perspectiva puntual, asumiendo su gestión como un paso necesario para la reconstitución de la comunidad nacional garantizando tanto simbólica como institucionalmente que no se repitan situaciones de violencia como las vividas en él pasado. Este camino reconocido popular y públicamente a partir de la consigna del “nunca más” se inicia institucionalmente con la publicación del informe entregado por la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación el 8 de Febrero de 1991. El objeto de este trabajo fue investigar y aportar al esclarecimiento de la verdad sobre la desaparición, ejecución y torturas con resultado de muerte que ocurrieron tanto en el país como en el extranjero por el Estado o sus agentes. 4

Siguiendo con este proceso el año 2003 Ricardo Lagos entonces presidente, decide crear la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura cuyo afán fue esclarecer y dar a conocer una verdad que hasta el momento no había sido reconocida institucionalmente, es así como este informe da cuenta de los miles de chilenos y chilenas que sufrieron torturas y encarcelamientos; evidenciando el uso sistemático de la tortura y de sus mecanismos. Así sale a la luz pública la existencia a lo largo del país de centros clandestinos de detención y tortura.

“El informe es una expresión de la fortaleza moral de Chile, que necesitaba mirar con madurez la profundidad del abismo en el cual un día cayó. Da cuenta de una comunidad que puede, ahora más que antes, mirar de frente y 14 sin temores, las desventuras que jamás deberían haber ocurrido en esta tierra. Da cuenta de un país que hoy es más fuerte, porque esta cohesionado en torno a la paz, la libertad y el derecho” (Lagos, 2003)

Esta iniciativa es reabierta el año 2010 a cargo de la Comisión Asesora para la Calificación de Detenidos Desaparecidos, Ejecutados Políticos y Víctimas de Prisión Política y Tortura, durante las 91 sesiones que tuvo esta comisión se presentaron 32.453 casos (622 para Rettig y 31.831 para Valech) siendo calificados en definitiva a 30 personas como detenidos desaparecidos y ejecutados políticos y a 9.795 como víctimas de prisión política y tortura.5

5 Véase http://www.comisionvalech.gov.cl/InformeComision/Informe2011.pdf

Ambos informes son símbolos del tratamiento institucional que han recibido las violaciones a los derechos humanos y en consecuencia parte del pasado reciente del país. Es difícil negar la importancia que éstos tuvieron en el contexto de su aparición sin embargo han sido duramente criticados. Estos cuestionamientos se basan en el origen, calidad y profundidad de la democracia en curso y por ende en la trascendencia que estos informes tuvieron y tengan en el tratamiento de los derechos humanos en la actualidad. (Lira, E. & Loveman, B., 2000, 2002; Garretón, M., 2003)

Ahora bien en los dos episodios relatados recientemente como en la detención de Augusto Pinochet en Londres (1998), su posterior muerte (2006), la edificación de un monumento en homenaje a Jaime Guzmán (2008) y el reciente homenaje al ex brigadier del Ejército de Chile Miguel Krassnoff (2011), han sacado a relucir los distintos modos de hacer memoria que habitan en la sociedad chilena. El carácter antagónico que presentan estas propuestas ha significado el resurgimiento de un conflicto basado en la interpretación de la historia. Esto se ilustra en los distintos discursos que han realizado personajes políticos claves del país, en ellos es posible encontrar la constante alusión al pasado y a la reconciliación como tarea principal de todos los chilenos y chilenas.

El 4 de Marzo de 1991, Patricio Aylwin Azócar dio a conocer los resultados entregados por la Comisión Nacional por la Verdad y la Reconciliación, en su discurso pide perdón por lo acaecido y asume la tarea de propiciar la reconciliación nacional.

15 Muchos compatriotas piensan que es tiempo de poner “punto final” a este asunto. Por el bien de Chile, debemos mirar hacia el futuro… Es la hora del perdón y la reconciliación. ¿Quién podría no compartir estos anhelos? Para realizarlos, sin embargo, hay que empezar por precisar quiénes son los ofendidos llamados a perdonar y quiénes los ofensores que han de ser perdonados. Yo no puedo perdonar por otro. El perdón no se impone por decreto. El perdón requiere arrepentimiento de una parte y, de la otra, generosidad” (Aylwin, 1991).6

6 Discurso pronunciado por Patrico Aylwin el 4 de Marzo de 1991, al dar a conocer los resultados del informe entregado por la Comisión Nacional por la Verdad y la Reconciliación. Véase http://es.wikisource.org/wiki/Discurso_de_Patricio_Aylwin_Az%C3%B3car_al_dar_a_conocer_a_la_ciudadan%C3%ADa_el_informe_de_la_Comisi%C3%B3n_de_Verdad_y_Reconciliaci%C3%B3n

7 Discurso de Eduardo Frei Ruiz-Tagle ante la detención de Pinochet en Londres. Véase http://www.fundacionfrei.cl/efr/pdf/579.pdf

8 Ídem.

Posteriormente el 22 de Octubre de 1998, en el contexto de la detención de Pinochet en Londres, Eduardo Frei se dirigió al país a través de un comunicado oficial y público en el que cuestionó el actuar del juez Baltasar Garzón, defendiendo la soberanía de la nación a través de la solicitud de extradición de Pinochet.

“Mi Gobierno ha sostenido y seguirá sosteniendo dos criterios jurídicos internacionales pegados a nuestra tradición: la inmunidad diplomática y la soberanía de nuestros Tribunales para juzgar delitos cometidos en nuestro país. (Frei, 1998)7

El ex mandatario argumentó sus intenciones basándose en el precario estado de salud del senador como un elemento a tener en cuenta a la hora de tomar decisiones,

“En el Consejo de Gabinete de hoy, donde analizamos todos los aspectos de esta situación, estuvo también presente la preocupación por los aspectos humanitarios de su situación. Lo destaco especialmente porque en este Consejo hay Ministros de Estado que fueron objeto de tortura y de exilio, y hoy hablaron de humanidad. Así se construye la verdadera reconciliación nacional.”8 (Ibíd.)

16 A este respecto la ex Presidenta de la República Michelle Bachelet, en el discurso de asunción en el cargo el 11 de Marzo del 2006 explicitó la voluntad de ser la mandataria de todos los chilenos, declarando que es preciso mirar al futuro único momento en el que se puede retomar la idea de comunidad,

“Hoy no hay más que futuro. Un futuro donde caben todos, donde todos podemos construir una patria mejor…Ha llegado el momento, en que nos miremos unos a otros, cara a cara, sin resquemores ni suspicacias. El pasado es lo que es: Pasado. No lo olvidaremos nunca, pero nuestra mirada esta en el mañana”9(Bachelet, 2006)

9 Discurso pronunciado por Michelle Bachelet en el Palacio de La Moneda con motivo de asunción en el cargo. Véase http://www.redmujeresconbachelet.net/Noticias/MichelleBacheletDiscurso.htm

10 Discurso de Pablo Longueira con motivo de la inauguración de memoria a Jaime Guzmán. Véase http://www.fjguzman.cl/put_document.php?file=file_491d91730fbfc.pdf

El 10 de Noviembre del 2008 se inauguró el monumento erigido en homenaje al senador Jaime Guzmán asesinado por miembros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) el 1 de Abril de 1991. En esta ocasión el orador principal fue Pablo Longueira, senador en ejercicio del país y militante de la Unión Demócrata Independiente (UDI).

“Todos nosotros somos hoy los que nos sentimos integrados en esta escultura…Los que queremos construir un Chile siempre unido y mirando al cielo, más allá de nuestras discrepancias, credos o condiciones… Los que queremos compartir el ideal más profundo y trascendente de Jaime Guzmán… La unidad de todos los chilenos mirando hacia el futuro y dejando atrás en nuestros corazones las divisiones y conflictos del pasado. (Longueira 2008)”10

Como se corrobora en los párrafos anteriores la reconciliación así entendida y la recomposición del tejido social que sugiere, fueron pilares en torno a los cuales se decidió y actuó. Muchas veces esta convicción tuvo como resultado arduas críticas dirigidas a las negociaciones que se hicieron en materia de Derechos Humanos, por ejemplo al establecer facilidades para los victimarios a la hora de entregar información. Esto refiere al secreto profesional instalado por la Mesa de Diálogo en el año 2003. Este 17 tipo de decisiones así como la permanencia de la carta constitucional creada en 1980 por la dictadura militar son entre otros, elementos que dan pie para que se cuestione la idea de una reconciliación que se genere teniendo como parámetros elementos heredados del régimen militar. En este sentido Garretón (2007) refuta la idea de un consenso acabado, al que contrapone la tesis del carácter incompleto de la democracia debido a la permanencia de ciertos enclaves autoritarios. Asimismo asume la incapacidad que la sociedad chilena ha tenido de construir una memoria ética que otorgue sustento a la democracia. “Después de 16 años de terminada la dictadura militar -hemos sostenido a lo largo de este libro- Chile sigue entrampado en la época pospinochetista y no logra hacer el salto a la época o sociedad democrática o del bicentenario” (Ibíd., Pág. 111). En la misma línea de pensamiento, Ruiz (2006) asevera que la impronta con la que se ha cargado el ideal de reconciliación ha mermado el establecimiento de la verdad y el quehacer de la justicia. En efecto, ha limitado al régimen mismo.

“Vemos aquí como el ideal de la reconciliación, un ideal tal vez más religioso que político, se pone por encima de la verdad y la condiciona y limita, así como limita también al régimen democrático mismo” (Ibíd., Pág. 19).

Moulian (2006) en este mismo sentido destaca el modo en que se posiciona la idea de reconciliación:

“el duelo que propone la transición nace de la combinación de dos operaciones: la primera es la que marca el reconocimiento de la culpabilidad a través del informe Rettig y la segunda es el llamado a disolver esta culpabilidad en el abrazo solidario de la reconciliación entre víctimas y victimarios” (Ibíd., Pág. 24).

Por su parte Jocelyn-Holt (2006) enuncia lo se podría denominar como una ideología del consenso que ha intentado fallidamente, frenar las latentes conflictividades que conlleva la historia reciente y el tratamiento que los sectores en el poder han hecho de ella.

“Pienso que en lo que respecta estrictamente al mundo oficial –quienes ejercen el poder- hemos pasado de una historia de engaños contrapuestos, ofertas alternativas de embustes, a una historia de ocultamiento compartido, consensual, hasta terminar en nuestros días, en una historia 18 oficial que simplemente hace agua, no convence, apenas sirve.”(Ibíd., Pág. 28)

A su vez, Lechner (2006) enuncia aquello que fundamenta este trabajo y otorga coherencia a las citas anteriores. En efecto da cuenta del fracaso que han tenido los sectores políticos en el poder aun considerando los esfuerzos materializados en la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, la mesa de diálogo o la Comisión Nacional sobre Prisión política y Tortura para hacer del ideal reconciliatorio una realidad. La supremacía que se ha otorgado a la gobernabilidad, al orden y el temor al caos, no han sido suficientes para acallar los resabios de la historia reciente.

“se enfatiza el futuro posible en detrimento de un pasado de conflictos. Mas el silenciamiento del pasado no elimina las divisiones. De modo recurrente irrumpe el pasado, socavando la construcción política del consenso. La mala memoria no permite fortalecer el vinculo social y las capacidades de la acción colectiva.” (Ibíd., Pág. 18)

Se advierte a partir de lo anterior que el tratamiento que se ha hecho de la memoria tanto por los grupos dominantes de una sociedad y del Estado, como por parte de los sectores sociales subordinados son decisivos en la reaparición y el ocultamiento de conflictos vinculados con la historia de un país. En este sentido es preciso comprender enfáticamente que el concepto de memoria, así como el de olvido lleva de la mano el proceso de su construcción, por tanto se vuelve imprescindible considerar su carácter social y el vínculo que estos procesos tienen con la acción social. En palabras de Elizabeth Jelin (2002) es preciso

Reconocer a las memorias como objetos de disputas, conflictos y luchas, lo cual apunta a prestar atención al rol activo y productor de sentido de los participantes en esas luchas, enmarcados en relaciones de poder” (Pág. 2).

En efecto es posible reconocer la existencia de múltiples memorias vinculadas por ejemplo, con la posición que sus oradores tengan en el entramado social por tanto es factible reconocer al denominado “Museo de la Memoria y los Derechos Humanos” como representante de la memoria oficial y asumir a la vez la existencia de memorias alternativas cada una de las cuales conlleva sus olvidos correspondientes: “En cualquier 19 momento y lugar, es imposible encontrar una memoria, una visión y una interpretación únicas del pasado, compartidas por toda una sociedad”(Ibíd., Pág. 5).

Ante el panorama expuesto se manifiesta la importancia que ha tenido tanto el Estado, liderado hasta el año 2010 por la Concertación de Partidos por la Democracia, como también los partidos de oposición: Unión Demócrata Independiente y Renovación Nacional en el devenir que ha seguido la construcción social de las memorias y de los olvidos, que hoy se cristaliza en el discurso instaurado en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. Así lo dejo ver la ex presidenta Michelle Bachelet al inaugurar este espacio

“Por eso digo que me cuesta describir las emociones que se aglomeran esta tarde. Pero me he sentido acompañada, acompañada de la historia y de nuestro pueblo, representado en estos tres hombres justos que han hecho el recorrido junto a mí. Nuestros ex Presidentes Patricio Aylwin, Eduardo Frei y Ricardo Lagos, que representan 20 años de libertad y de respeto por los derechos humanos. (Bachelet, 2010)11

11 Discurso inaugural completo veáse : http://www.museodelamemoria.cl/LinkClick.aspx?fileticket=h4vUy6zvoaY%3d&tabid=78

En su conjunto han liderado las apuestas con que el Estado ha intentado hacerse cargo del pasado reciente, particularmente en lo relativo a las violaciones a los derechos humanos ocurridas bajo su alero.

Sociológicamente se puede afirmar que las memorias y los olvidos son productos sociales que emergen a partir del conflicto en que se enfrentan dos o más formas de revivir el pasado, de resignificarlo en función de un presente determinado.

“partiendo del lenguaje encontramos una situación de luchas por las representaciones del pasado, centradas en la lucha por el poder, por la legitimidad y el reconocimiento. Estas luchas implican, por parte de los diversos actores, estrategias para oficializar o institucionalizar la narrativa del pasado.”(Jelin, 2002, Pág. 37)

En otras palabras la problemática acerca de las memorias y los olvidos surge del enfrentamiento al interior de una sociedad dada entre memorias antagónicas que disputan el carácter de verdadero y hegemónico para sus discursos particulares.

20 Así si se establece la necesidad de construir una comunidad democrática inclusiva, el uso que se haga de las memorias es particularmente relevante. En este sentido los elementos que se rescaten del pasado reciente irán definiendo lo que se entiende por Chile y por los chilenos. Esta definición es necesaria y fue detectada el año 2001 por el PNUD (2002)

“El desafío de la cultura, en la perspectiva del Bicentenario, consistiría en crear y afianzar un “proyecto país”. Esto plantea una doble tarea. Por un lado, se ha de generar una visión de país en la cual todos puedan reconocerse como miembros plenos de una comunidad de ciudadanos y como actores eficaces en su desarrollo” (Pág. 18).

Sin embargo este proceso no puede llevarse a cabo a partir de la obsesión por el orden y el temor al caos,

Sin duda que la llamada “democracia de los acuerdos” ha sido un hito decisivo en el proceso de transición. No obstante, si el miedo al conflicto se proyecta al futuro, podría restar vitalidad a la democracia, porque obliga a una delimitación estrecha (no conflictiva) de lo “posible” (Ibíd., Pág. 24).

Ahora bien las memorias tanto individuales como sociales no pueden ser pactadas, difícilmente reconciliadas y esto tiende a complejizar esta problemática, en este sentido es preciso establecer que no existe una memoria neutra,

“Hay memorias oficiales alimentadas por instituciones, incluso Estados, y memorias subterráneas, escondidas o prohibidas. La <<visibilidad>> y el reconocimiento de una memoria dependen, también, de la fuerza de quienes la portan” (Traverso, 2000, Pág. 48).

En este contexto el problema no es que existan lugares que narren un fragmento de la historia, sino que el carácter fragmentando de esta narración no sea reconocido como tal y sea entregado como la historia en tanto serie de acontecimientos objetivos que otorga sentido a las prácticas de los sujetos. Ante esto es preciso reconocerla como una construcción social e identificar los elementos que la sustentan

A lo largo de esta problematización se han enunciado los elementos que hacen pertinente investigar esta temática que refiere al reconocimiento de este museo como 21 una puesta en escena de la memoria oficial construida a partir de los consensos alcanzados por la elite política en estos 21 años de democracia. Todo este proceso ha ido configurando un modo de hacer y sentir la memoria, hasta convertirla en un hecho social que se caracteriza sociológicamente por la fuerza de primar sobre las conciencias individuales.

“He aquí entonces un orden de hechos que presentan caracteres muy especiales: consisten en formas de obrar, pensar y sentir, exteriores al individuo y están dotados de un poder de coacción en virtud del cual se imponen.” (Durkheim, 2003, Pág. 36)

Ahora bien para terminar este acápite, si se estimara que el proceso de Reconciliación ha sido políticamente exitoso, ¿Qué hace necesario desde la lógica gubernamental la construcción de este museo? ¿Cuáles serán los temas que expone? En síntesis ¿Cuál es el uso político de este pasado, y las implicancias que tiene en el presente? Lechner (2006) ya lo había enunciado: “Los usos de la memoria pueden justificar tanto la repetición del pasado como legitimar la transformación del presente” (Pág. 18)

22 2.4 antecedentes

2.4.1Historia y disputa

Los comienzos de los trabajos teóricos sobre la memoria y los distintos adjetivos que sucesivamente la van calificando (social, histórica, colectiva, oficial) aparecen ya a inicios del siglo pasado siendo uno de sus relevantes representantes el sociólogo Maurice Halbwachs con “Les Cadres Sociaux de la mémoire” (1994) Aun así es a partir de los acontecimientos ocurridos durante la Segunda Guerra mundial que esta cuestión se eleva como un tema de enorme interés para teóricos de distintas disciplinas. El exterminio allí ocurrido contó con características distintas a otros episodios bélicos que suscitaron enormes inquietudes

Se exterminó a una vastísima población, que incluía a los grupos considerados “sobrantes” en la sociedad europea –en particular judíos y gitanos–, mediante el desarrollo de tecnologías de exterminio masivas y eficientes, como medio de garantizarlo” (Calveiro, 2006, Pág. 361).

Este exterminio instala la novedad de la utilización de la racionalidad instrumental en su máxima pureza, expresada en los campos de concentración y con ello la construcción y posterior instalación de una pedagogía del exterminio que se difunde a nivel mundial.

A partir de estos acontecimientos, el paradigma moderno y su promesa de progreso emancipatorio se sumerge en una profunda crisis, dando paso a la pregunta existencial por la condición humana y el devenir de la especie: el cuestionamiento filosófico por la cuestión humana se entrecruza con el momento histórico y político en Europa. Múltiples fueron los pensadores que desarrollaron esta reflexión, dentro de los cuales podemos nombrar a Hobsbawm (1998) y su idea de la aceptación y acomodación del ser humano a condiciones de vida deplorables, fácilmente asimilables a la barbarie, que crítica 23 además el fenómeno de destrucción del pasado ocurrido en las postrimerías del siglo XX, tildándolo como uno de los hechos más curiosos y característicos de esta época. 12

12 La sociología por su parte también se verá tocada directamente por los acontecimientos de las Guerras mundiales. No solo se modificarán los puntos de vista para observar la sociedad, sino también surgirán propuestas metodológicas para examinar las subjetividades y los significados de las acciones humanas.

Habermas se suma a este cuestionamiento, caracterizando al siglo XX como un periodo sombrío a causa de los totalitarismos de la época, que serán caracterizados por el autor, como socialmente inhumanos y opuestos a las ideas que previamente se forjaron en la ilustración. (Habermas, 2000). Traverso, parafraseando a los teóricos de la Escuela de Frankfurt, sostendrá que el nazismo y en general los totalitarismos, se sustentan en la transformación de la razón en instrumento de dominación que niega el carácter emancipador definido en sus orígenes. (Traverso, 2007). Los hombres se habrían convertido en “especialistas sin espíritu, hedonistas sin corazón” (Weber, 1985, Pág. 38).

Una salida para aprehender lo acontecido es el camino de la memoria, basado principalmente en la denuncia y la proliferación de testimonios. La necesidad de verdad y el quehacer de la justicia van junto con la urgencia de escribir la historia lo ocurrido como forma de traspasar a las nuevas generaciones lo acaecido, generando un sustrato cívico que posibilite que no exista olvido ni vuelvan a ocurrir sucesos similares.

Así, paulatinamente al pasar los años, los sobrevivientes y los Estados propiciaron iniciativas que otorgaron un espacio en la narrativa nacional a estos relatos cuyo valor simbólico facilitaría el proceso de reconstitución del tejido social y de los principios que fueron destruidos por el siniestro. Frente a esto es necesario comprender que la aniquilación de personas particulares se constituye como una práctica social que nace mucho antes del asesinato puntual y va más allá del mismo, destruye mucho más que una vida humana pues pretende erradicar una específica forma de ser, actuar y pensar; además la práctica de exterminio busca justificar y legitimar su accionar,

“su eje no gira tan sólo en el hecho del “aniquilamiento de poblaciones”, sino en el modo peculiar en que se llevan a cabo, en los tipos de legitimación a partir de los cuales logra consenso y obediencia y en las consecuencias que produce no sólo en los grupos victimizados sino también 24 en los perpetradores y en los testigos, que ven modificadas sus relaciones sociales a partir de la emergencia de esta práctica” (Feierstein, 2007, Pág. 35).

La historia del siglo XX y sus nuevas formas de exterminio posicionaron la temática de los Derechos Humanos y de la memoria en un sitial de gran importancia, urgencia y renombre. Esta discusión tiene su epicentro el año 1946 momento en que Naciones Unidas convocó a los Estados miembros de su organización para definir el nuevo tipo legal efecto de los asesinatos perpetrados por el nazismo (Feierstein, 2007) Este nuevo tipo legal se cristalizó en la convención para la prevención del delito y la sanción del delito de genocidio del año 1948. En dicha convención se plantearon cuatro ámbitos en los cuales el concepto de genocidio puede ser utilizado, estos son: étnico, nacional, racial o religioso; dejando fuera de la categoría de genocidio a los asesinatos masivos ocurridos dentro de un mismo territorio nacional producto de diferencias políticas, generando así un vacío legal para estas situaciones

“Muchos de los propios Estados que avalaban la convención adujeron que la inclusión de los grupos políticos podía poner en riesgo la aceptación de esta por parte de gran cantidad de Estados, porque estos no querían involucrar a la comunidad internacional en sus luchas políticas internas” (Ibíd., 2007, Pág.. 39)

El vacío legal que conlleva entonces, la utilización de la noción de genocidio no es un resultado azaroso sino responde más bien a los propios conflictos de interés existentes entre los países miembros de la ONU. Esta laguna es un antecedente a considerar en el contexto posterior de las dictaduras latinoamericanas y durante el inicio de los regímenes democráticos, ya que a consecuencia de esta categorización el exterminio ocurrido en América Latina a partir de razones políticas no encuentra en esta caracterización un lugar, quedando fuera del resguardo institucional e internacional definido por la ONU.

Durante el siglo XX en el contexto de la guerra fría, específicamente entre la década de los 50s y los 90s se desarrollaron en América Latina numerosas dictaduras, mayoritariamente éstas buscaban restablecer y otorgar estabilidad a sus países (Lira, Loveman, Mifsud, Salvat, 2001) „asediados‟ por la intromisión del marxismo 25 internacional y sus victorias, de estas la Revolución Cubana del 1 de Enero de 1959 logró notable influencia para los proyectos revolucionarios latinoamericanos.

Los regímenes dictatoriales fueron liderados en su mayoría por juntas militares que a través de la violencia estatal, la tortura, ejecución y desaparición forzada, entre otros mecanismos logró posicionar una pedagogía del horror que se instala a modo de paréntesis, de „mal necesario‟ dentro de las historias nacionales y que según los propios protagonistas de los golpes militares pueden estar plagadas de errores mas no de horrores pues nacen con la convicción y debido a la necesidad de proteger el bien común frente al desorden y la inminente guerra interna.

La premisa fundamental de la intervención militar era que el país “estaba en guerra” y que se requerían medidas militares para salvar la patria del enemigo, el marxismo y el comunismo, que tenían proyecciones externas e internas” (Lira, Loveman, 2002, Pág. 232).

En el caso chileno, una de las causas entregadas por la junta militar para justificar el golpe de Estado fue la crisis económica y política en que se encontraba el país, ésta hacía manifiesta la polarización social (Ibíd., 2002; Jelin, 2002). Pese a esto tienden a privilegiarse argumentos de orden económico e inclusive morales, subordinando la esfera social a la esfera económica. Esta lectura reduccionista es hoy en día utilizada para rescatar y valorar los aspectos positivos de la dictadura militar en Chile. (Garretón, 2003)

Muchos de los países que se vieron involucrados en violentas dictaduras militares han hecho un esfuerzo por trabajar de distinta forma en la resignificación de su pasado reciente, ya sea a partir de la elaboración de Comisiones de Verdad y/o memoriales, museos y monumentos que rescaten ciertos elementos de su historia, este ha sido el caso de Argentina, con su Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas del año 1982 y sus casas de memoria: Ex centro clandestino de detención D2 en Córdova y Casa por la Memoria y la Vida en Castelar, entre otros; En Uruguay un año después del término de su dictadura se desarrolló la denominada Comisión Investigadora sobre la Situación de Personas Desaparecidas y Hechos que la motivaron, posteriormente en el año 2000 se realizó la Comisión para la Paz. El centro cultural Museo de la Memoria (MUME) se encuentra dentro de sus espacios destinados a la Memoria reciente; En San 26 Salvador encontramos el Museo de la Palabra y la Imagen13. En Chile se han vivido procesos similares con la creación de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación el año 1991 (Mismo nombre que la Comisión de Verdad del Perú realizada el año 2000) y el informe entregado por la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura el año 2003,14 aun reconociendo este trabajo y la información que fueron paulatinamente posicionando como verdad, es preciso mencionar que cada proceso supuso gran conflictividad y enfrentamiento tanto al nivel de la clase política dirigente como de la sociedad en su conjunto. Las particularidades que tuvo este proceso para cada territorio nacional son justificadas por Garretón (2007) según las características que la transición democrática tuviese en cada lugar. Sin embargo en general todos los gobiernos democráticos post-dictatoriales y en particular los concertacionistas en el caso chileno han elevado como valor fundamental la democracia, su protección y mantenimiento por sobre la verdad, justicia y castigo de los crímenes perpetrados. Para esto creyeron necesario mermar el conflicto haciendo justicia en la medida de lo posible, como lo dijera Patricio Aylwin.

13 Véase http://www.memoriaabierta.org.ar/redlatinoamericana/index.php

14 Para una revisión completa de las Comisiones de verdad desarrolladas mundialmente, véase http://e-archivo.uc3m.es/bitstream/10016/2541/11/ApendiceIII.pdf

15 Discurso de Patricio Aylwin en el estadio nacional, disponible en Museo de Prensa, disponible en http://www.museodeprensa.cl/node/334

“Considero mi deber evitar que el tiempo se nos vaya de entre las manos mirando hacia el pasado. La salud espiritual de Chile nos exige encontrar fórmulas para cumplir en plazo razonable estas tareas de saneamiento moral, de modo que más temprano que tarde llegue el momento en que, reconciliados, todos miremos con confianza hacia el futuro y aunemos esfuerzos en la tarea que la patria nos demanda. (Aylwin, 1991)15

Los sectores que en ese momento eran parte de la oposición transitaron a la democracia a través de una negociación que permitió la existencia y legitimidad del plebiscito de 1988 cuyos resultados significaron que Patricio Aylwin fuera el Presidente de la República por los próximos 4 años. Dentro de esta negociación la derecha liderada por Pinochet, aclaró que existían elementos que no podrían ser modificados, tales como: la constitución política de 1980 y el modelo económico imperante.

27 “Por un lado, la oposición a los gobiernos democráticos, formada por los poderes fácticos empresariales, mediáticos y militares, así como por su expresión en la derecha, principalmente la UDI, definieron como puntos básicos de esa oposición la mantención de la institucionalidad política, la intangibilidad del modelo neoliberal y la impunidad en materia de violaciones a los Derechos Humanos. De modo que en esos puntos cruciales ha habido una oposición cerrada que cuenta, además, con los recursos institucionales, de poder y económico para tratar de impedir cualquier cambio.” (Garretón, 2007, Pág. 80)

Los partidos que integraron la Concertación de Partidos por la Democracia fueron parte -con distintos niveles- del planteamiento que consideraba como necesario relativizar o amilanar cualquier huella que pudiera mantener activos los conflictos previos; ésta idea es el pilar desde el cual se erige el proceso de resignificación del pasado por parte de la oficialidad que se cristaliza en la idea que se manifiesta en numerosos documentos, por ejemplo el informe entregado por la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación sobre las responsabilidades compartidas igualitariamente por los protagonistas del conflicto.

“En la campaña electoral de 1989, la Concertación de Partidos por la Democracia proclamaba la “reconciliación” como premisa del futuro gobierno de su candidato Patricio Aylwin Azocar. Los partidos de derecha, igual que el general Pinochet, apelaban también a la “reconciliación” (Loveman, Lira, 2002, Pág. 14).

A pesar de lo anterior y como Garretón asevera, el pasado reciente reaparece en cada debate sobre el presente siendo el 11 de Septiembre de 1973 uno de los hitos fundantes de la memoria colectiva nacional “No hay ningún tema o problema actual y futuro de Chile, cuya resolución no esté marcada por el 11 de septiembre de 1973 como cristalización de un pasado y proyección de un futuro.” (Garretón, 2007, Pág. 80).

La construcción y posicionamiento de las memorias se traslada a un escenario de confrontación política, donde quienes detentan el poder político formal tienen a su haber una específica política de memoria que es reactivada o detenida a partir de distintos hitos; uno de los objetivos de esta investigación es develarla, entenderla y establecer sus 28 posibles vínculos con el proyecto estatal Museo de la Memoria y los Derechos Humanos.”Toda sociedad posee una política de la memoria más o menos explícita, esto es, el marco del poder dentro del cual (o contra el cual) la sociedad elabora sus memorias y olvidos” (Guell, Lechner, 2006, Pág. 22)

Para realizar esta tarea es necesario remontarse a los últimos años de la década de los 80 y principios de los 90, es decir a los inicios de la transición democrática y establecer algunas de sus principales características. En primer lugar este proceso se inscribe dentro de las limitaciones impuestas por la constitución de 1980 que le había permitido al dictador hacer las modificaciones que fueran necesarias para mantenerse de manera indefinida en el poder. Cabe destacar aquí la ley de amnistía de 1978, que benefició a quienes durante el estado de sitio comprendido entre el 11 de Septiembre de 1973 y el 10 de Marzo de 1978, estuviesen comprometidos en hechos que revistiesen características de delito (Loveman, Lira, 1999). Dicha ley se constituyó posteriormente como un impedimento fundamental para el quehacer de la justicia respecto de las violaciones a los derechos humanos. Otro rasgo de la transición democrática chilena es la presencia por largo tiempo de Pinochet en la arena política nacional, primero como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y luego como senador designado obstaculizando la mayoría de las iniciativas parlamentarias destinada a establecer la verdad de lo ocurrido durante el régimen por él conducido.

La permanencia de Pinochet como sujeto de opinión y decisión, su presencia constante en la esfera pública constituyó una fuente persistente de violencia simbólica y evidenció el carácter pactado que había tenido la transición democrática. (Moulian, 1997).

A comienzos de los noventa, la situación en torno a las violaciones de los derechos humanos era crítica, el silencio se hacía insostenible para gran parte de la sociedad civil, las decisiones políticas no debían hacerse esperar, ahora que la democracia había llegado la verdad y la justicia debían cumplir su papel.

“En 1992, a mediados del gobierno de Aylwin, una encuesta de FLACSO señala que la mayoría (61%) de los encuestados se pronuncia por conocer la verdad y castigar; un 18% prefiere conocer la verdad y amnistiar y un 29 13% se inclina por dar por superado el problema” (Guell, Lechner, 2006, Pág. 29)

En este contexto el proceso mediante el cual la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación reconoce, identifica y nombra a 2.279 personas asesinadas por el régimen (informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, 1991) así como posteriormente la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura reconoce la utilización de tortura en 28.000 casos. (Informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, 2004), permite reconocer que el exterminio y la tortura fueron prácticas conocidas, comunes y válidas para el Estado.

2.4.2 Gobierno democrático y los primeros hitos

El gobierno de Aylwin estableció dos objetivos transversales: por un lado consolidar los principios y valores democráticos a partir de las nociones de consenso y reconciliación como la única forma de evitar que lo ocurrido se repitiese y conseguir una convivencia democrática plena; y por otro reconocer „en la medida de lo posible‟ dentro del marco legal circunscrito por la ley de amnistía de 1978, la existencia de ejecutados políticos y detenidos desaparecidos víctimas del terrorismo de Estado. Esto quedó plasmado en la redacción y publicación del Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación donde es posible encontrar una enumeración no exhaustiva de quienes fueron asesinados y ejecutados así como una breve descripción de las circunstancias en que sucedieron estos crímenes.

Como se ha mencionado en la problematización, este informe tuvo una importancia simbólica trascendente en la medida que esbozó un hito en el proceso de recomposición de las solidaridades y confianzas mínimas necesarias para establecer una convivencia democrática. Sin embargo al asumir Aylwin en nombre del Estado la responsabilidad por los crímenes de lesa humanidad, simultáneamente se genera una expiación de los responsables materiales e intelectuales de las violaciones a los derechos humanos perpetradas durante la dictadura militar. Por otra parte el contenido de este informe constituye principalmente una clasificación de las denominadas victimas que no deja espacio para entender y aprehender la historia como un proceso macro, en donde el tejido social en su totalidad resultó dañado, particularmente en las formas en que los 30 sujetos se relacionaban, imponiéndose una manera de relacionarse e interactuar socialmente basada en la desconfianza, el individualismo y en la idea dominante acerca de la existencia de un enemigo interno, que a lo largo de la historia ha tenido muchos nombres. A partir de dicho informe se inicia la reparación material a los familiares de quienes son reconocidos como víctimas por el documento, esta decisión se cristaliza en la ley 19.123.

Este proceso de esclarecimiento quedó medianamente truncado. Una de las hipótesis que explica esto es el asesinato del líder de la derecha nacional y senador Jaime Guzmán -a quien se reconoce como el ideólogo de la constitución de 1980- a manos del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Es preciso hacer hincapié en lo complejo que resulta comparar el asesinato de un líder político a manos de un grupo minoritario de la izquierda nacional con la liquidación masiva realizada por el Estado; sin embargo éste suceso llevó a dicha situación generando un retroceso en las políticas de Derechos Humanos y en las formas de trabajar la memoria que hasta el momento se venían desarrollando. (Lechner, 2006)

En adelante el tema que adquiere relevancia exclusiva es el valor y el cuidado de la emergente democracia, los crímenes de lesa humanidad perpetrados buscan ser explicados y enmarcados en un Estado de excepción; esto dificulta la noción de la historia entendida como una totalidad en permanente relación.

La detención de Pinochet en Londres significó tal explosión de memorias en conflicto que se generó la iniciativa conocida como Mesa de Diálogo desarrollada a partir de Agosto de 1999; este espacio pretendía sentar las bases de un consenso necesario para la añorada reconciliación, esta iniciativa congregó en un espacio común a abogados/as de larga trayectoria en derechos humanos tanto a nivel nacional como internacional, representantes de las Fuerzas Armadas, de los distintos credos religiosos, historiadores y periodistas. Es relevante destacar que no se observa en este momento la participación de instancias de la sociedad civil. Este encuentro posibilitó la entrega de información acerca del paradero de algunos/as detenidos/as desaparecidos/as por parte de las Fuerzas Armadas sin embargo las declaraciones se sucedieron bajo el alero del secreto profesional, sobreponiendo la Verdad y mermando la justicia. El documento que sintetiza esta experiencia invoca a la responsabilidad compartida de los chilenos en 31 lo ocurrido, dada la incapacidad de frenar la escalada de violencia. Dentro de las responsabilidades mayores se menciona a las Fuerzas Armadas y a organizaciones de izquierda que apelaron a la lucha armada como método político.16

16 Documentos de la mesa de diálogo (1999)

La mesa de diálogo estuvo cargada de simbolismos y gestos que apuntaron a la reconciliación nacional sin embargo su creación fue cuestionada por las agrupaciones de familiares de ejecutados/as y detenidos/as desaparecidos/as. Para ellos la utilización del secreto profesional representaba la continuación institucional de la impunidad.

A partir de este antecedente, Garretón cuestiona a la concertación, básicamente por su incapacidad de desarraigar enclaves autoritarios como la ley de amnistía o la constitución de 1980. Erradicarlos significaría garantizar institucionalmente que no se repitan los crímenes. En su opinión se ha avanzado en términos de reparación simbólica más no en el ámbito institucional:

“Quedan pendientes, así, tres grandes cuestiones en materia de Derechos Humanos, las que deben verse como un horizonte que, aunque no pueda materializarse, sirve como criterio y guía para plantearse permanentemente las tareas que la memoria ética de la sociedad, la justicia, y la convivencia democrática exigen. La primera es la verdad completa, con la información y paradero de los detenidos desaparecidos. La segunda es la justicia, reparación y castigo de todos los crímenes y violaciones cometidos… La tercera cuestión, precisamente, y vinculada a la reconciliación, es el reconocimiento de parte de un sector de la sociedad de los crímenes cometidos”. (Garretón, 1995, Pág. 23)

La información que entregaron las Fuerzas Armadas, bajo las condiciones antes explicadas significó que estas asumieran que existía información escubierta y que esta no había querido ser revelada por las posibles consecuencias penales que esta acción podía acarrear. Así, en síntesis la Mesa de Diálogo les dio la posibilidad de sanear sus culpas, confesándose pero sin tener consecuencias legales.

31 lo ocurrido, dada la incapacidad de frenar la escalada de violencia. Dentro de las responsabilidades mayores se menciona a las Fuerzas Armadas y a organizaciones de izquierda que apelaron a la lucha armada como método político.16

16 Documentos de la mesa de diálogo (1999)

La mesa de diálogo estuvo cargada de simbolismos y gestos que apuntaron a la reconciliación nacional sin embargo su creación fue cuestionada por las agrupaciones de familiares de ejecutados/as y detenidos/as desaparecidos/as. Para ellos la utilización del secreto profesional representaba la continuación institucional de la impunidad.

A partir de este antecedente, Garretón cuestiona a la concertación, básicamente por su incapacidad de desarraigar enclaves autoritarios como la ley de amnistía o la constitución de 1980. Erradicarlos significaría garantizar institucionalmente que no se repitan los crímenes. En su opinión se ha avanzado en términos de reparación simbólica más no en el ámbito institucional:

“Quedan pendientes, así, tres grandes cuestiones en materia de Derechos Humanos, las que deben verse como un horizonte que, aunque no pueda materializarse, sirve como criterio y guía para plantearse permanentemente las tareas que la memoria ética de la sociedad, la justicia, y la convivencia democrática exigen. La primera es la verdad completa, con la información y paradero de los detenidos desaparecidos. La segunda es la justicia, reparación y castigo de todos los crímenes y violaciones cometidos… La tercera cuestión, precisamente, y vinculada a la reconciliación, es el reconocimiento de parte de un sector de la sociedad de los crímenes cometidos”. (Garretón, 1995, Pág. 23)

La información que entregaron las Fuerzas Armadas, bajo las condiciones antes explicadas significó que estas asumieran que existía información encubierta y que esta no había querido ser revelada por las posibles consecuencias penales que esta acción podía acarrear. Así, en síntesis la Mesa de Diálogo les dio la posibilidad de sanear sus culpas, confesándose pero sin tener consecuencias legales. (pág.31 de 176)

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Futuros pasados, futuros perdidos. Reconfiguraciones de la memoria de los setenta en la Argentina de los noventa

 “El historiador que está a favor de los vencedores está fácilmente inclinado a interpretar los éxitos obtenidos a corto plazo mediante una teleología ex post a largo plazo.
Ocurre lo contrario entre los vencidos. Su primera experiencia es que las cosas han salido de manera distinta a lo que pretendían o esperaban. Cuando reflexionan, entran en una situación de necesidad justificativa para explicar por qué todo ha sucedido de otra manera y no como lo habían pensado. De este modo puede ponerse en marcha una búsqueda para comprender, y tal vez explicar, a largo plazo los motivos de la actual sorpresa”1.

Introducción

  • 2 Yerushalmi, Yosef, “Reflexiones sobre el olvido”, en Yosef Yerushalmi, Nicole Loraux, Hans Mommsen, (…)
  • 3 Pollak, Michael, “Memoria, olvido, silencio”, en Michel Pollak, Memoria, olvido, silencio. La produ (…)

1Es sabido que la memoria es, por definición, limitada y selectiva; que se construye tanto en base a recuerdos como a olvidos y silencios. Para Yerushalmi, en términos colectivos lo que llamamos olvido aparece “cuando ciertos grupos humanos no logran – voluntaria o pasivamente, por rechazo, indiferencia o indolencia, o bien a causa de alguna catástrofe histórica que interrumpió el curso de los días y las cosas – transmitir a la posteridad lo que aprendieron del pasado”2. Sin dudas, no hay un único tipo de olvido sino una multiplicidad de situaciones en las cuales se manifiestan olvidos y silencios, con diversos “usos” y sentidos. Hay olvidos definitivos, cuyo éxito impide su constatación en el presente, olvidos producto de estrategias políticas deliberadas y también pasados que parecían olvidados definitivamente pero que reaparecen y cobran nueva vigencia a partir de cambios en las condiciones culturales, sociales y políticas del presente. En este sentido, Pollak reserva el término silencio para aquellas estrategias de ocultación más o menos deliberadas de ciertos relatos que se vinculan con lo indecible, que no han sido olvidados pero que en ciertos contextos históricos no encuentran las condiciones necesarias para su escucha y transmisión3.

  • 4 Nora, Pierre, “La aventura de Les lieux de mémoire”, en Cuesta Bustillo, Josefina (ed.), Memoria e (…)
  • 5 Koselleck, Reinhart, Futuro pasado: para una semántica de los tiempos históricos, 1º ed., Barcelona (…)

2La memoria remite por tanto a un campo de problemas que no se limita a los recuerdos sino a la “economía general del pasado en el presente”, según la expresión de Pierre Nora4. En este sentido, el tiempo de la memoria es siempre el presente puesto que el pasado que se recuerda y olvida es activado y reorganizado en virtud de apuestas políticas actuales y, también, de expectativas futuras. Es en el presente donde se produce ese interjuego entre el pasado y el futuro por medio del cual, como señala Koselleck, el “horizonte de expectativas”, un futuro hecho presente que apunta a lo no experimentado todavía, es capaz de reconfigurar incesantemente el pasado presente que constituye el “espacio de experiencia”5.

  • 6 Jelin, Elizabeth, Los trabajos de la memoria, 2º ed., Madrid: Siglo Veintiuno de España Editores, 2 (…)
  • 7 Pollak, Michael, “Memoria e identidad social”, en Michael Pollak, Memoria, olvido, silencio. La pro (…)
  • 8 Aspecto ciertamente enfatizado en perspectivas como la de Maurice Halbawchs en La Memoria colectiva (…)
  • 9 Entre otros, Cuesta Bustillo, Josefina, Historia del presente, 1º ed. Madrid: Eudema, 1993, 95 p., (…)

3La memoria está entonces signada por batallas políticas presentes y es en sí misma un campo de disputas, conflictos y luchas, lo cual pone en primer plano el rol activo de los sujetos en los procesos de transformación simbólica y elaboración de sentidos del pasado. Aquello que Jelín ha buscado enfatizar con la noción de “trabajos de la memoria”, de la memoria como “objeto de trabajos”6. Ahora bien, si la memoria es un campo de disputas, sin dudas es también un factor central en los intentos de definir y reforzar lazos de pertenencia, “un elemento constitutivo del sentimiento de identidad, tanto individual como colectiva, en la medida en que es también un componente muy importante del sentimiento de continuidad y de coherencia de una persona o de un grupo en su reconstrucción de sí” como señala Pollak7. Y, más en general, un factor central para mantener la cohesión social8 y también el consenso y la legitimación del poder9.

  • 10 Pollak, Michael, “Memoria, olvido, silencio”, en Michel Pollak, Memoria, olvido, silencio. Memoria, (…)
  • 11 Jelin, op. cit.: p. 40-44, 68.
  • 12 Yerushalmi, op. cit.: p. 17-18.
  • 13 Véase de Pierre Bourdieu especialmente “Describir y prescribir: las condiciones de posibilidad y lo (…)

4La selectividad propia de la memoria y el hecho de que esté signada por las urgencias del presente remite a su carácter necesariamente plural y múltiple. Existen períodos históricos en que el consenso sobre el pasado es mayor; en que cierto relato, generalmente impuesto por los vencedores de los conflictos y batallas que están en juego, es ampliamente aceptado volviéndose hegemónico. Sin embargo, siempre habrá memorias alternativas que en ciertas coyunturas políticas pueden legitimarse como relatos rivales, por lo que el interjuego entre memorias dominantes, hegemónicas u oficiales y memorias subterráneas o clandestinas es permanente10. Como destaca Jelin11, cuando se trata de pasados signados por una intensa conflictividad social y política, genocidios y dictaduras represivas, como fue, entre muchos otros, el caso de la Argentina, la instalación de una memoria oficial resulta especialmente difícil y problemática. La liberalización de los regímenes políticos y las transiciones a la democracia tienden a generar intensas disputas por los sentidos del pasado y la emergencia de memorias rivales hasta entonces silenciadas y censuradas. Sin embargo, no se trata de una oposición binaria entre la memoria oficial expresada por un Estado monolítico y una memoria social unívoca, ni de una lucha de la memoria contra el olvido. Se trata de un enfrentamiento que involucra tanto al Estado, con todas sus contradicciones y los intentos refundacionales que suelen signarlo en estos períodos, como a diversos actores sociales y políticos que luchan por imponer distintas memorias, cada una con sus silencios y olvidos. En estos casos se vuelve particularmente evidente que la temporalidad de las memorias no es lineal, que presenta grietas, fracturas y hiatos temporales cuya dinámica es necesario historizar. Se trata de relatos que van cambiando según una lógica compleja que combina cambios en los escenarios políticos, mudanzas en las sensibilidades sociales, estrategias políticas explícitas de diversos actores y, especialmente, los nuevos interrogantes, diálogos y tensiones que suelen introducir en la esfera pública generaciones posteriores que no fueron protagonistas del pasado que está en juego. Ello nos introduce a un último tema que quisiéramos destacar, la cuestión de la transmisión intergeneracional de la memoria. Cuestión que Yerushalmi sitúa en el centro tanto del recuerdo como del olvido colectivo: “cuando decimos que un pueblo “recuerda”, en realidad decimos primero que un pasado fue activamente transmitido a las generaciones contemporáneas (…), y que después ese pasado transmitido se recibió como cargado de un sentido propio. En consecuencia, un pueblo “olvida” cuando la generación poseedora del pasado no lo transmite a la siguiente, o cuando ésta rechaza lo que recibió o cesa de transmitirlo (…)”12. La cita pone en juego dos condiciones básicas para que pueda producirse este proceso de transmisión. Por un lado, una generación que intenta transmitir ciertos sentidos del pasado, lecciones y aprendizajes considerados como un legado y muchas veces materializados en productos culturales como libros, museos, monumentos o películas que funcionan como “vehículos de la memoria”. Vehículos que no se limitan a expresar memorias preexistentes sino que contribuyen a delinearlas en su puesta en discurso. Por el otro lado, que exista la posibilidad de que quienes “reciben” este legado le den su propio sentido, lo reinterpreten y resignifiquen, es decir, que puedan apropiárselo activamente, situación que puede generar más de una tensión entre las generaciones involucradas. La primera condición puede verse seriamente dificultada cuando se trata de pasados traumáticos, cuando, según la expresión Yerushalmi, una “catástrofe histórica” interrumpe “el curso de los días y las cosas”. O al menos, como en el caso argentino, cuando los relatos sobre la dictadura, y también sobre el proceso de conflictividad política previo al golpe, estuvieron signados por fuertes censuras y silencios que condicionaron severamente las posibilidades de transmitir ciertos sentidos del pasado. A su vez, cuando luego de cierto tiempo la vieja generación intenta legar experiencias antes silenciadas que suelen ser dolorosas y tener un lugar central en sus vidas, pueden generarse fricciones frente a los interrogantes planteados por las generaciones posteriores, poniéndose en juego tanto sus márgenes de libertad para resignificarlo, como su propia legitimidad para intervenir activamente en ese ejercicio de memoria colectiva. Ahora bien, ¿quiénes tienen legitimidad para recordar?, ¿quiénes tienen autoridad para determinar cuál es el pasado que debe transmitirse y cuáles las formas “apropiadas” de hacerlo?, en suma, y parafraseando a Bourdieu ¿quién es el “portavoz autorizado” para expresar la memoria “legítima”?. Lógicamente, la respuesta no puede más que remitir al resultado de las luchas libradas por actores que se relacionan de distinto modo con el pasado en cuestión – quienes lo vivieron y quienes lo heredaron, quienes lo estudian y quienes lo expresan de diversos modos – y que pugnan por el poder propiamente simbólico de imponer los principios legítimos de visión y división del mundo social, en este caso del pasado13. Luchas en que muchas veces las posiciones suelen legitimarse en virtud del tipo de vínculo mantenido con ese pasado y afirmando su continuidad o ruptura con él.

  • 14 Respecto de las reconfiguraciones de la memoria sobre las experiencias militantes de los setenta pu (…)

5Teniendo en cuenta el conjunto de consideraciones esbozadas, este trabajo aborda algunas reconfiguraciones de la memoria sobre el proceso de radicalización política previo a la última dictadura militar que tuvieron lugar a mediados de los noventa. Diversos autores han señalado que por entonces la elaboración social de la experiencia represiva de los años setenta comenzó a transitar desde un relato despolitizador que había construido a los sujetos que sufrieron el terror estatal como “víctimas inocentes” a otro que buscaba reivindicar la acción política y la militancia -en muchos casos armada- de los desaparecidos14. Nuestro objetivo es aproximarnos a este tema analizando uno de los “vehículos de memoria” paradigmáticos de este proceso de pasaje, el documental Cazadores de Utopías, así como también algunos debates que suscitó el estreno del film. Se trata de una película centrada en la experiencia de Montoneros, una de las organizaciones político-militares más importantes de la Argentina de los setenta. Estrenada con gran repercusión pública en marzo de 1996 fue una expresión paradigmática de las reconfiguraciones de la memoria sobre la militancia armada que se estaban produciendo por entonces, al tiempo que contribuyó a impulsarlas desde el plano de la producción cultural. Examinaremos las estrategias de construcción de memorias desplegadas por el film, intentando precisar su lugar enunciación y el modo en que desde allí se atribuye sentido al pasado que se narra, a la luz de sus condiciones sociopolíticas de producción y de aquellas memorias con las cuales confronta. También analizaremos las intervenciones que realizaron diversos intelectuales y figuras públicas en ocasión del estreno de la película. Nos referimos particularmente a un debate aparecido en Página/12 que se prolongó en diversas ediciones del diario durante el mes de abril de 1996 y que evidenció que lo que estaba en juego era un debate largamente postergado. De hecho, como veremos, la polémica trascendió inmediatamente la consideración de la película para centrarse en cuáles debían ser los sentidos, legados y formas de transmisión de la experiencia setentista, involucrando a distintas generaciones que también pusieron en juego cuál era el rol que le cabía a cada una de ellas en el proceso de reapropiación de aquel pasado militante.

Reconfiguraciones de la memoria: los setenta en los noventa

6Hacia mitad de la década del noventa, comenzaron a producirse importantes reconfiguraciones en los relatos de circulación pública sobre el pasado reciente argentino, particularmente sobre el proceso de activación social y radicalización política previo a la última dictadura militar.

  • 15 Lvovich, Daniel, “Historia reciente de pasados traumáticos: De los fascismos y colaboracionismos eu (…)
  • 16 Pittaluga, op. cit.

7Durante los diez años que siguieron al fin de la dictadura, tanto los discursos predominantes sobre la transición democrática, como las formas de testimonialidad requeridas para condenar los crímenes perpetrados por el terrorismo de Estado, contribuyeron a delimitar las formas posibles de otorgar sentido a ese pasado. Si bien en nuestro país, a diferencia de otros casos europeos que también atravesaron sangrientas dictaduras, las violaciones a los derechos humanos no pudieron ser silenciadas ni negadas, surgió, al igual que en aquellos casos, una “memoria complaciente” en estrecha vinculación con las necesidades de legitimación del régimen político postdictatorial15. Sin dudas, la figura más extendida que supo condensar los discursos de la transición fue la “teoría de los dos demonios”, que oficiaba como relato legitimador del nuevo régimen democrático al tiempo que brindaba una visión reconfortante del pasado en que la sociedad podía verse a sí misma como víctima inocente del fuego cruzado entre militares y organizaciones armadas. A su vez, las formas de testimonialidad predominantes estuvieron signadas por la necesidad de denunciar el terror estatal y constituirse en pruebas para el juicio a las Juntas Militares. En estos testimonios, probablemente los únicos viables en el marco de ese necesario proceso, prevaleció el carácter de víctimas de los testigos y el borramiento de su previa militancia política. Estos procesos se conjugaron reforzando ciertas figuras de la memoria que, como la del desaparecido concebido en términos de “víctima inocente”, contribuyeron a que la militancia de los años ’70 fuera uno de los aspectos más soslayados de la historia reciente16. Sin dudas, películas como la República perdida, realizada por Miguel Pérez en 1983, o La noche de los lápices, dirigida por Héctor Olivera en 1986, fueron expresiones paradigmáticas de este tipo de relatos a nivel cinematográfico.

  • 17 Calveiro, op. cit.
  • 18 Oberti y Pittaluga, op. cit.
  • 19 En 1994 Andrés Di Tella ya había realizado un documental sobre el tema, Montoneros. Una historia, e (…)

8En contraste con estas formas de representación del pasado, desde mediados de los noventa la figura de la “víctima inocente” fue dejando paso a la “figura del militante” que, impulsada por una reivindicación no exenta de idealizaciones y mitificaciones, comienza a constituirse como eje articulador de nuevas memorias sobre esos años17. Las masivas conmemoraciones en ocasión del vigésimo aniversario de la última dictadura militar el 24 de marzo de 1996, junto con la irrupción en el espacio público de una nueva generación que además de condenar la represión estatal indagaba sobre cuestiones invisibilizadas como la militancia de los desaparecidos, fueron tanto expresiones como impulsores de estas reconfiguraciones. De este modo, durante la segunda mitad de la década las memorias sobre la militancia se multiplican y se produce cierto auge de las escrituras sobre el tema en un registro en que predominaron, y solieron combinarse, el relato testimonial, la investigación periodística y la novela histórica18. Probablemente La Voluntad, un éxito editorial de tres tomos y sucesivas reediciones que se propuso narrar una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina combinando historias de vida e investigación documental, sea una de las obras que más cabalmente ilustra estos cambios. A nivel cinematográfico, la expresión paradigmática de este proceso fue el documental Cazadores de utopías, realizado en 1995 e impulsado, igual que La Voluntad, por el intento de volver comprensibles las motivaciones de los militantes que en la década del ’70 habían abrazado la causa de la revolución, en una época que parecía mostrarse más desencantada19. No es ocioso recordar que el contexto político y social de producción del documental está signado por el auge del gobierno de Carlos Menem, que ese año ’95 vería ratificado en las urnas el consenso social del que todavía gozaba obteniendo la reelección con el 50% de los votos. Fueron años de implementación de reformas económicas de corte neoliberal, aumento del desempleo, espectacularización de la política y reconversión del peronismo. Los noventa se habían iniciado a su vez con la aceptación de los indultos por parte de conocidos miembros de Montoneros y la ocupación de importantes cargos políticos en el gobierno por algunos de ellos.

Futuros pasados, futuros perdidos: los setenta y los noventa en Cazadores de utopías

9Cazadores de utopías se estrenó en marzo de 1996, en ocasión del vigésimo aniversario del golpe militar, y su principal objetivo era rebatir la “teoría de los dos demonios” legitimando los ideales de cierta franja de la militancia setentista obliterados bajo la figura de la “víctima inocente”.

  • 20 Un análisis más amplio sobre las estrategias de construcción de memorias desplegadas por la películ (…)

10Como mencionamos, es sabido que por definición toda memoria es selectiva, que está singada por apuestas políticas presentes e íntimamente vinculada con las identidades individuales y colectivas. Desde el inicio, la película elige poner en primer plano esa selectividad con un epígrafe que indica: “La recuperación de nuestra memoria no podría ser desapasionada ni imparcial. A los 30.000 desaparecidos y a los que todavía creen que se puede vivir la historia con un poco más de dignidad”. Por tanto, lo que nos interesa aquí es analizar la forma en que la película construye esa parcialidad a la que hace referencia, es decir, cuáles son los sentidos atribuidos al pasado que narra, desde qué lugar y cómo lo hace y cuáles son las huellas que dejan en este relato las batallas políticas que se libran en y por intermedio del film. Nos centraremos en tres cuestiones: las estrategias utilizadas para legitimar las opciones políticas de la militancia setentista; la delimitación de su lugar de enunciación, es decir, cuál es el punto de vista que sostiene el relato, qué sujeto expresan – y constituyen – estas memorias; y el tipo de relación entre pasado y presente que deja entrever el film20.

11Cazadores de Utopías fue dirigida por David Blaustein, su argumento es de Ernesto Jauretche y la investigación histórica fue realizada por este último y Mercedes Depino, todos antiguos miembros de la organización Montoneros. La película narra diversos hechos históricos ocurridos entre 1955 y 1982 mediante una serie de prácticas de historización que permiten reconocer tres grandes etapas, cada una signada por ciertas problemáticas centrales. La primera comprende el período 1955-1970 (es decir, desde la proscripción del peronismo hasta el surgimiento de Montoneros) y narra los procesos que impulsaron a estos militantes a optar por la lucha armada. La segunda va de 1970 al 1º de mayo de 1974, en que la organización rompe con su líder, y se centra en el crecimiento de Montoneros y su relación con Perón. La última abarca el período que va de 1974 (en que muere Perón y la organización pasa a la clandestinidad) hasta 1982, en que ya se avizora el retorno de la democracia. Se centra en la crítica a lo que la película considera los errores de Montoneros y en las formas en que sus militantes lograron sobrevivir a la represión. Para narrar estos hechos, se apela a 34 testimonios de militantes políticos de la época que se intercalan con imágenes de archivo. La forma de editar e incorporar los testimonios no configura una estructura dialógica ni los entrevistados se contradicen mayormente entre sí. De este modo, pese a no haber una voz en off que unifique el campo de enunciación, en cada etapa predominan los testimonios de ciertos entrevistados que van construyendo un punto de vista más o menos homogéneo.

  • 21 La expresión alude a distintas agrupaciones ligadas a Montoneros como la “Juventud Peronista” (JP), (…)

12Una primera mirada sobre los entrevistados y la forma en que la película decide presentarlos (organización, ámbito y zona geográfica de militancia en los ‘70), nos da una aproximación inicial sobre su lugar de enunciación. Se trata de los “cuadros medios” de Montoneros que participaron mayormente de lo que por entonces se denominaban “frentes de masas”21. De este modo, la selección de testimonios apunta a realzar tanto el trabajo político de la organización en distintos ámbitos sociales donde la actividad armada no era el objetivo central, como su masividad e inserción geográfica, incluyendo entrevistados que militaban en distintas zonas del país.

13Como mencionamos, la primera parte del film se centra en ciertos procesos históricos que preparan al espectador para comprender el surgimiento de Montoneros. Durante este tramo, la selección y yuxtaposición de imágenes y discursos de Perón, Eva Perón, el “Che” Guevara y Fidel Castro van transmitiendo cierta concepción teleológica en que el surgimiento del peronismo de izquierda parece algo más o menos inscripto en la lógica de los hechos. Empieza a construirse así una visión del pasado en que la violencia aparece como algo inevitable y se va dejando sentada la idea de que Montoneros no habría hecho más que recoger el mandato de Evita y Perón, realizando lo que ellos, ya varios años antes, habían invocado. Se trata de un momento importante en la película ya que apunta a legitimar las opciones políticas de aquella franja militante y a rebatir la “teoría de los dos demonios”. Sin embargo, y como una suerte de síntoma de la dificultad de la tarea luego de la tragedia de la dictadura y los años de silencio, esta estrategia de legitimación no se realiza siempre desde un lugar netamente político. Por momentos, el carácter potencialmente controvertible de la opción armada -como de toda acción política en tanto tal- intenta evitarse de diversos modos. Nos referimos a tres recursos básicos: la naturalización de la opción armada mediante la mencionada lógica de la inevitabilidad histórica; la apelación a consideraciones éticas o morales más que políticas para legitimarla; y su justificación por medio de argumentos más propios de los ’90 que de los ’70. La primera de ellas, en parte ya mencionada, implica cierta naturalización de lo que fue una elección, es decir, no una determinación impuesta por la lógica de los hechos sino una opción entre las alternativas políticas disponibles en el período, que pueden haber sido numerosas o acotadas pero que en todo caso son siempre plurales (gracias a lo cual la política implica agencia humana y por tanto responsabilidad y potencial controversia). De este modo, la película responde a la demonización de las organizaciones guerrilleras con cierta naturalización de la opción armada. Entre otros testimonios, ello puede verse expresado en los siguientes:

“El tema de la opción por la lucha armada viene despacito, en un grado de asunción de violencia que yo te diría que casi casi no me doy cuenta cuando dejo de ser un integrante de lo que era todo un movimiento político con base y pasamos a ser un comando”. (Testimonio de Antonio Riestra, Montoneros-Santa Fe).

“Lo hicimos porque estábamos cansados de poner la otra mejilla, no lo hicimos porque nos gustaba, a nosotros nos impusieron el lugar de la batalla, nosotros no lo elegimos, nosotros no elegimos pelear de esta manera, la oligarquía nos puso en ese lugar”. (Testimonio de Gonzalo Chaves, JTP).

14En otros testimonios incluidos en el film, sobre todo en el momento en que los entrevistados hacen el balance de su experiencia militante, esa legitimación se ensaya desde un lugar signado más por la reivindicación de tipo moral que específicamente política:

“Jamás puede hablarse de dos demonios, porque el otro demonio es la necesidad, la igualdad, el derecho, la educación, la salud. El otro demonio está en las villas, está en esos chicos que no pueden estudiar. Ese es el otro demonio. Ese otro demonio desde el cual muchos, como yo, pensaban cambiar ese destino que tenían”. (Testimonio de René Clavijo, MVP).

  • 22 Calveiro, op. cit. (véase, p. 57-58).

15Lo que queremos señalar es que más allá de que esta franja militante estuviera motivada por ideales de justicia e igualdad, los proyectos políticos son siempre algo más que la necesidad, la educación o la salud y que, en todo caso, siempre hay diversos proyectos políticos articulables en torno a esos valores generales. Encontramos aquí un rasgo que Calveiro le atribuye a las memorias articuladas en torno a la “figura del militante”, que no adquirieron siempre un carácter más político que aquellas centradas en la figura de la “víctima inocente”22. Lo que señala la autora es que las formas atroces de exterminio de estos militantes tendieron a configurar una memoria más centrada en su reivindicación moral que en su dimensión específicamente política, es decir, en su carácter de actores políticos cuyas acciones son pasibles de análisis y crítica, también política, en la esfera pública. Así, este reemplazo de lo político por lo moral, habría terminando constituyendo una memoria que nuevamente obturaba la política, sin poder trascender la lógica de la “teoría de los dos demonios” al limitarse sólo a eliminar uno de los “villanos”.

16Por último, en relación con los diversos recursos que la película despliega para legitimar las opciones políticas de esta franja militante, habría que apuntar que se deslizan algunos sentidos problemáticos, en la medida en que si bien podían resultar efectivos para generar consenso en el presente del film, estaban prácticamente ausentes en los setenta. Es el caso de uno de los fragmentos de entrevista incorporados, en que se apela a la defensa de la constitución para legitimar la lucha armada:

“Hay que recordar que en nuestra constitución misma hay un párrafo que dice, que nos ordena, armarnos en defensa de la patria y de la constitución. Y bueno, nosotros entendíamos que nos estábamos armando en defensa de la constitución.” (Testimonio de Gerardo Bavio, Intendente de la ciudad de Salta por el FREJULI).

17Más allá de la experiencia personal del entrevistado, es sabido que la defensa de la constitución no era un valor extendido en el repertorio de referencias políticas de la época y menos aún el objetivo central de los proyectos políticos de esta franja militante.

  • 23 Esta cuestión también fue señalada en el lúcido ensayo de Aguilar, Gonzalo, “Maravillosa melancolía (…)
  • 24 La postura de la Columna Norte, compuesta por alrededor de 900 militantes, fue acompañada por la Co (…)
  • 25 Cabe agregar que varios de estos entrevistados, al igual que Mercedes Depino, encargada de la inves (…)

18La segunda parte de la película (1970-74), reedita en buena medida la visión que Montoneros había elaborado sobre su propia historia, aspecto que será destacado por diversas intervenciones suscitadas por el film que le reprocharán “repetir” el pasado en vez de tomar la distancia necesaria para “elaborarlo”. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que Montoneros no fue una organización homogénea y que menos aún lo son las visiones de sus ex militantes sobre el saldo de esa experiencia. Es sobre todo la tercera parte de la película, a través del tipo de visión crítica que propone sobre el accionar de Montoneros luego de su pase a la clandestinidad, la que permite precisar el lugar de enunciación desde el cual está realizada. Es decir, establecer más claramente cuál es el sujeto que expresan -y constituyen- estas memorias, compuestas tanto de recuerdos como de olvidos y silencios. Se trata del punto de vista de los cuadros medios y militantes de los “frentes de masas” que se vieron acorralados por la represión y que sintieron -y criticaron- la desprotección de su organización ante esa coyuntura trágica. El relato de esta visión crítica está fundamentalmente a cargo de Graciela Iturraspe, militante de la Columna Norte de la organización, en que Rodolfo Galimberti fue una referencia política central23. Desde 1975 y durante los primeros años de la dictadura, esta columna planteó abiertamente sus críticas a la estrategia montonera frente a la represión y se convirtió en un factor de permanente disidencia. Básicamente, impugnaban la falta de debate interno, su creciente “militarización” y exigían un mayor resguardo de los militantes de los “frentes de masas”, más expuestos a la represión por su carácter público y legal. Para ello proponían descentralizar su estructura, repartiendo armas y dinero, e invertir gran cantidad de recursos para protegerlos24. Los planteos fueron rechazados y estos militantes entendieron, como sostiene Iturraspe, que la negativa se debía a que la conducción no quería perder su poder centralizado. Este testimonio es acompañado por el de diversos ex militantes de los “frentes de masas” que también critican la “militarización” de la organización y narran su soledad ante la represión25.

19A partir de allí, y sobre todo en el balance final de los entrevistados, prácticamente todos los “errores” de Montoneros son atribuidos difusamente a “la conducción”, lo cual, más allá de las valoraciones, obviamente indica poco sobre el hecho de que miles de militantes hayan respondido a ella. A su vez, si la memoria se construye tanto en base a lo que se recuerda como a lo que se olvida y se silencia, corresponde destacar que figuras como Mario Firmenich, Fernando Vaca Narvaja o Roberto Perdía, miembros de la conducción nacional de la organización, no son nombrados ni una sola vez a lo largo de todo el film. Por su parte, Rodolfo Galimberti aparece dando un discurso en un acto multitudinario del año ‘72 pero sin ninguna referencia que le indique quién es al espectador que no pueda reconocer su rostro. Éste último es nombrado una sola vez por Juan Abal Medina, que lo menciona como exponente del principal error de la “juventud”, haberse sentido “propietarios exclusivos de la victoria” y, por ende, con derecho de dictar el rumbo que debía seguirse en adelante.Por supuesto, no es un dato menor que la responsabilidad de todos los “errores” de la organización se atribuya a una “conducción” que el film no puede nombrar y que los conflictos que la atraviesan no se terminen de explicitar. Se trata de un silencio que expresa la presencia de una ausencia, la huella que muestra la existencia de cuentas sin saldar, la necesidad de un debate público largamente postergado sobre una organización política diezmada por la represión y fracturada en diversos grupos durante el exilio.

  • 26 Por entonces, Galimberti y Jorge Born, el ex montonero y el empresario que habían participado como (…)

20La ausencia de menciones a los dirigentes de la organización, o las breves y difusas sobre Galimberti, también se deben a otras cuestiones que hacen a la relación entre el pasado y el presente del film. Se trata de dirigentes cuya trayectoria en los ’90 distaba de evocar los deseos de transformación social de los ’70 que la película reivindica, aspecto que una nota de Gabriela Cerruti publicada en Página/12, que analizaremos en el siguiente apartado, se encargaba de subrayar aludiendo a los “negocios políticos” de la dirigencia montonera con Menem, a sus “negocios privados con varios otros” y a la reconciliación pública de Galimberti con Jorge Born26. Sin dudas, aquellos derroteros contribuían a empañar los ideales que la película recupera en su batalla contra “la teoría de los dos demonios”. El desengaño experimentado por esta franja de la militancia setentista y el modo en que sentía que la trayectoria de su vieja dirigencia reforzaba la “teoría de los dos demonios” se ven claramente ilustrados en una solicitada publicada años atrás por un viejo compañero de Galimberti en la Columna Norte, en ocasión de su lujoso casamiento en Punta del Este:

  • 27 “Murió el ‘Tano’ Galimba”, solicitada publicada por Jorge Devoto el 15 de enero de 1991 en Clarín ( (…)

“(…) no nos sentimos tan traicionados por un presidente grotesco como por vos. No admitimos vivir con la teoría de los dos demonios y luchamos desde la recuperación democrática por rescatar la memoria del pueblo, por reivindicar su lucha, la nuestra. Siento el cachetazo artero de tu casamiento ante el Jet-Set que te festeja por tu presente traidor y jamás te perdonaré lo que fuiste. Sumás así en el intento por descalificar la lucha de aquella generación valiente.”27

21En este sentido, el punto de vista de la película también remite a los militantes que, según considera, no han traicionado sus antiguos ideales. Se trata de aquellos “que todavía creen que se puede vivir la historia con un poco más de dignidad”; a quienes, de hecho, va dedicado el film.

22Por último, el modo específico en que la película plantea la relación entre el pasado y el presente de los entrevistados puede verse en el final, tanto en sus balances sobre la militancia como en la descripción que realiza sobre el presente de cada uno de ellos. Se trata de una relación signada por la nostalgia, por el contraste entre un pasado cargado de luchas y deseos de transformación y un presente que en el relato de los protagonistas adquiere ribetes sombríos. De un pasado en que aquella generación todavía podía mostrar que tenía “una ética, una moral, un sentido de la lealtad y la justicia” que los llevaba a “buscar un mundo mejor”. Y de un contraste con el presente que resulta evidente en el testimonio que cierra el film:

“Viví un momento muy luminoso, y además viví en un momento en que el sentido común general iba a favor del mismo sentido común que tengo. Hoy, este es un momento en que el sentido común general va en contra de mi sentido común, que no tiene que ver con la comercialización de la vida, con la puesta de valor a todo, ni con la creación intencional de insolidaridad. (…) Como ellos se jugaron la vida [los desaparecidos], nosotros nos jugamos nuestra posibilidad de felicidad, yo no voy a ser íntegramente feliz nunca… Y creo que valió la pena”. (Testimonio de Juan José Salinas, JUP-Capital).

  • 28 Altamirano, Carlos, “Montoneros”, Punto de Vista, agosto de 1996, nº 55, p. 1-9 (véase: p. 1). (…)

23Con respecto a este contraste, no puede obviarse que el contexto del film está signado, a nivel local, por las reformas económicas implementadas por Menem y la reconversión de los símbolos y tradiciones más caros al peronismo y, a nivel más general, por el peso que tuvieron los discursos ligados a la idea del fin de la historia y las ideologías. En ese contexto, ninguno de los entrevistados propone recuperar los viejos proyectos políticos ni señala los contornos de otros nuevos. Más bien quisieran recuperar de modo general los antiguos deseos de transformación; recomponer “aquel espacio de sueño, de utopía”, como dice una de ellas en consonancia con el título del film. Palabra esta última muy poco frecuente en el léxico político de una época en que “revolución”, “liberación nacional” o “socialismo” eran las más usadas para nombrar lo que estaba en juego. Como destaca Altamirano, el término es ya un índice del paso del tiempo, “sirve para preservar los viejos relatos de identidad, depurados y estilizados, pero también delata, así sea involuntariamente, el reconocimiento de que ya no exhortan a la acción”28. Desde nuestro punto de vista, lo que sucede es que el tipo de coherencia que el film propone entre el pasado y el presente de sus entrevistados no se sitúa tanto en el nivel de la política como en el de la ética. Ambos tiempos se superponen en el final de la película. Sobre imágenes de archivo de grandes movilizaciones de los setenta se van imprimiendo unos pequeños cuadros que muestran a cada uno de los entrevistados en el presente. Se los ve en sus lugares habituales y realizando actividades cotidianas, con una breve leyenda que indica qué pasó con ellos luego de la derrota, cómo sobrevivieron a la dictadura, sus ocupaciones actuales, su situación familiar e incluso sus gustos personales. Son maestros rurales, docentes universitarios, carpinteros, pintores, libreros. Sólo tres de ellos continúan ligados a la política, algunos más tienen una militancia social o cultural y se nos indica que una de ellas rechazó el indulto. Ninguno tiene una trayectoria que permita asemejarlos a los dirigentes montoneros cuestionados. La forma en que se los muestra remite, en suma, a personas cuyo presente, si bien ya no está mayormente signado por un proyecto colectivo, evoca la “dignidad” a la que alude la dedicatoria del film.

24Una última reflexión merece el testimonio de Martín Caparrós, que citamos in extenso ya que permite pensar en las complejas relaciones entre la memoria y las identidades políticas, el pasado y sus legados, sus posibilidades de transmisión y elaboración en el presente:

“Mi abuelo fue un exiliado republicano y toda su vida fue aquél que perdió esa guerra, pero era algo ser un exiliado republicano, era haber pertenecido a algo que siguió vigente los cincuenta años que mi abuelo sobrevivió a esa guerra. En cambio, el espacio que nosotros ocupábamos, la opción que constituíamos, desapareció muy poco después de que hubiéramos sido derrotados, desapareció casi con nuestra propia desaparición. Quiero decir, la opción de la lucha armada como forma de intervenir en los conflictos sociales y políticos fue dejada de lado bastante rápido después de la derrota de los montos. Y unos años después incluso la idea de un socialismo posible o de una izquierda más o menos izquierda también empezó a deshacerse. Entonces, no queda un lugar desde el cual revisar eso. No queda el lugar en el que uno pueda decir yo soy tal cosa y voy a revisar lo que hice cuando era algo por el estilo, algo parecido a eso”.

25En principio, el testimonio permite pensar la memoria expresada por el film como un relato de identidad, ya que como destacamos en la introducción siguiendo a Pollak, aquella es un factor central en el “sentimiento de continuidad y coherencia de una persona o de un grupo en su reconstrucción de sí”, en este caso, de una franja particular de ex militantes montoneros cuyo punto de vista hemos intentado delinear. En este sentido, Cazadores de utopías puede verse como el intento por parte de estos ex militantes de construir un relato sobre la identidad montonera desde un presente en que ese colectivo no sólo ya no existe, sino que tampoco se ha reconvertido en otro que haya necesitado resignificar su pasado en virtud de un proyecto político futuro. Es decir, y tal como esboza Caparrós, no hay en el presente una identidad política en la que se reconozcan y desde la cual reelaborar ese pasado. De allí seguramente el aire de nostalgia que desprende el film, el hecho de que las utopías que lo nombran no parecen dirigirse al futuro ni vislumbrar nuevos proyectos o sujetos políticos que las encarnen, y que el sentimiento de “continuidad y coherencia” que expresa no se halle en el plano de lo político sino más bien en una suerte de resistencia ética frente a los valores de una época que no comparte.

26Finalmente, el testimonio permite introducirnos en el tema de la transmisión y apropiación del pasado, es decir, interrogarnos no sólo por el sujeto de estas memorias sino también por sus destinatarios. Sabemos que la dedicatoria de la película remite a los muertos y sobrevivientes que son identificados con el propio colectivo de referencia, que batalla contra la teoría de los dos demonios y que sus silencios evidencian un ajuste de cuentas con la vieja dirigencia montonera. Ahora bien, estas memorias son también el legado de una franja de la militancia setentista, o al menos intentan serlo. ¿Cuáles eran sus otros posibles destinatarios?, ¿cuáles debían ser los sentidos precisos de ese legado y quién tenía derecho a delinearlos?, ¿cuál era la forma “apropiada” de hacerlo y qué lugar le cabía a las distintas generaciones en la revisión de aquél pasado militante? Algunas de estas cuestiones estuvieron en juego en los debates suscitados por el film.

Batallas por los sentidos, transmisiones y legados del pasado: Página/12 y “un debate que la sociedad argentina se debía hace veinte años”

  • 29 Altamirano, Carlos, “Montoneros”, Punto de Vista, agosto de 1996, nº 55, p. 1-9 (véase: p. 1-2). Ta (…)
  • 30 Beceyro, Raúl, “Fantasmas del pasado”, Punto de Vista, agosto de 1996, nº 55, p. 10-12 y Etchemendy (…)
  • 31 Ranalletti, Mario, “Los años 70”, La Ciudad Futura. Revista de Cultura Socialista, otoño 1997, nº 4 (…)

27El estreno de Cazadores de Utopías, apenas días antes de la marcha por el 24 de marzo de 1996, generó repercusiones de distinto tipo, entre ellas intervenciones de diversos intelectuales en revistas como Punto de Vista y La ciudad futura. En su mayoría, estos artículos valoraron que la película volviera la mirada sobre el período previo al golpe militar pero enfatizaron que no era, ni tenía intención de ser, un vehículo que sirviera para la reflexión sobre ese pasado. Para Altamirano ello era imposible en la medida que se trataba de “una película de duelo, hecha por ex-Montoneros para ex-Montoneros” que no lograba escapar del “círculo de la repetición”, lo cual para el autor “hubiera supuesto un afuera del mito, la ruptura del vínculo con el pasado que ese relato mítico impone”29. A su vez, Beceyro y Etchemendy reclamaban que Cazadores de utopías no realizaba la profunda autocrítica que Montoneros aún debía hacer por su responsabilidad en la violencia de los ’70, enfatizando que ni el terror estatal ni la falaz equiparación propuesta por la “teoría de los dos demonios” debían ser pretextos para clausurar ese debate, cuestionando, de hecho, que todavía cualquier intento de análisis crítico sobre la experiencia montonera fuera censurado bajo la acusación de reforzar tal relato oficial30. Por su parte, Ranalletti le contestaba a Etchemendy que, por el contrario, uno de los méritos del film era exponer públicamente una voz que hasta el momento sólo tenía permitido emitir juicios autocríticos31.

28Como dejan entrever estas breves referencias, la película había contribuido a poner en el centro de la escena una experiencia militante largamente ocluida, promoviendo la ocasión para que diversos intelectuales intervinieran en el espacio público intentando delinear, de acuerdo a sus diversas perspectivas, los términos según los cuales consideraban que debía darse ese debate. De hecho, más allá de la pertinencia de las críticas que le realizaron al film en clave historiográfica, lo cierto es que la mayoría de ellas se adentraba en el terreno de una batalla política por la memoria, exigiéndole una serie de “elaboraciones” del pasado que requerían inexorablemente partir de ciertas premisas políticas (las de los articulistas) que sin dudas no eran las que sustentaban la película.

  • 32 Miguel Bonasso, “La victoria de la memoria”, 7/4/96, p. 14. Gabriela Cerruti, “La mitificación de l (…)

29La reflexión sobre la memoria y los legados de aquel pasado militante fue la dimensión específica en que situó una acalorada discusión que se prolongó en diversas ediciones del diario Página/12 durante el mes de abril de 1996, contando con la participación de distintas figuras públicas como Miguel Bonasso, Gabriela Cerruti, Susana Viau, Ernesto Villanueva, Claudio Uriarte, Marcelo Schapces, Juan Forn, Nora Cortiñas, Roberto Baschetti y Pedro Lipcovich32. La polémica trascendió inmediatamente la consideración del film, enfatizando en sus títulos y copetes que lo que estaba en juego era una discusión largamente postergada, “un debate que la sociedad argentina se debía hace veinte años”, como expresaba en una de sus ediciones. A su vez, como evidencia la evolución de los titulares del diario que encabezaban las distintas notas, como “Otras miradas sobre la generación del 70” ó “De los 70 a los 90”, la discusión pronto adquirió una impronta generacional que puso en juego tanto el tema de las formas de transmisión del pasado como la manera en que implícitamente se comparaban las décadas del setenta y el noventa.

30Bajo el título “Debate sobre la memoria, los Montoneros y el futuro” la discusión se inició con dos notas que polemizaban claramente entre sí, “La victoria de la memoria” de Miguel Bonasso y “La mitificación de los ‘70” de Gabriela Cerruti. Bonasso iniciaba su nota evocando en tono épico la imagen fraternal de los sobrevivientes: “Marzo fue un mes de recuerdos y reconstrucción de la memoria, sin precedentes en los trece años de la democracia. En la vereda de Carlos Pellegrini al 600, frente al cine Maxi, donde exhibían Cazadores de Utopías de David Blaustein, hubo escenas que parecían arrancadas de ‘Veinte años después’: antiguos mosqueteros y mosqueteras se reconocían pese a las arrugas y las canas, saltando en un abrazo reparatorio un abismo de años cavado por las cárceles, los destierros y la diáspora que engendra toda derrota. Pocas horas más tarde, el fenómeno se multiplicaba y alcanzaba el éxito de los grandes números, en la Marcha del 24”. Se trataba, de una reparación para los propios, pero también de un legado para las nuevas generaciones: un “estimulante revival que trasciende la nostalgia de los sobrevivientes y se proyecta hacia otros sectores de la sociedad; hacia las generaciones de recambio, que también poblaron la plaza”, aludiendo en seguida al surgimiento de HIJOS y su necesidad de “representarse la parábola existencial de sus padres”. Por el contrario, Cerruti, desde las primeras líneas de su artículo intenta una desmitificación mediante el sarcasmo: “Toda una proeza: una película de más de dos horas sobre la historia de los Montoneros sin nombrar ni una sola vez a Mario Eduardo Firmenich, ni a Rodolfo Galimberti, ni a Roberto Perdía o Fernando Vaca Narvaja”. Frente a lo cual Baschetti responderá con sus sospechas ante los análisis que “siempre se detienen ahí” y Cortiñas subrayando que no se trataba “de un olvido casual” puesto que los “dirigentes traidores” ya habían tenido suficiente tiempo en los medios de comunicación “para aportar su granito de arena a la teoría de los dos demonios”. Para Cortiñas, los testimonios de la película demarcaban la distancia entre “los traidores y los militantes – equivocados o no – honestos, con ideales, que eligieron salir a la calle a librar una batalla que creían justa, resignando sus intereses particulares en pos de un objetivo colectivo”. Por su parte, Schapces, asistente de dirección del film, rechazaba la “teoría simplista” de que las conductas de hoy explicasen los supuestos errores de concepción del pasado y reclamaba que era hora de dejar de “buscar chivos expiatorios (…) para borrar de un plumazo aquello que se pensaba apenas unos años atrás”.

31Pero la intervención de Cerruti no se detenía ahí sino que actuaba como una suerte de disrupción en la imagen de una transmisión intergeneracional sin conflictos ni tensiones que subyace en la nota de Bonasso. Para la articulista, situada en una generación intermedia entre la de los “padres” y los “hijos”, la película no sólo contenía interpretaciones históricas insólitas sino también “jeroglíficos para iniciados” (menciones a Taco Ralo, la contraofensiva y otras expresiones de la época que el film da por supuestas). En este sentido, a sus ojos, el primer problema era que sólo podían entenderla los protagonistas, es decir, la ausencia por parte del film de una verdadera vocación de transmisión. Con ello Cerruti comenzaba a delinear un “ellos” y un “nosotros” generacional y a cuestionar el modo en que “ellos”, los “otros”, la generación del setenta, pretendían construir y transmitir su legado: “Ellos vivieron – ¡hicieron! – un tiempo maravilloso, fue una generación dispuesta a dar la vida por sus ideales, ellos estuvieron a punto de cambiar la historia, ellos disfrutaron de la calle, la política, la solidaridad, como nunca antes y nunca después”, para agregar irónicamente “toda nuestra veneración y envidia a esa historia”. Así, para Cerruti, la forma en que los protagonistas sustituían el silencio por la palabra más que una “victoria de la memoria” que se proyectaba armónicamente hacia a las generaciones de recambio como para Bonasso, se había convertido en un peso – “Los gloriosos años setenta son el karma de las generaciones posteriores”, afirma provocativamente –, obturando un debate más profundo sobre aquella experiencia: “El mito de los años dorados, que Cazadores de Utopías contribuye a fortalecer, es la forma de escapar a la discusión verdadera de errores y aciertos”. La autora planteaba entonces un conjunto de preguntas que ponían en cuestión el mensaje que transmitía el film, introduciendo una perspectiva disonante frente al relato de los protagonistas: “¿Valió la pena?” – escribe citando, ahora como interrogante, el testimonio que cierra la película – “¿Era maravilloso o era insoportable? ¿O lo valioso duró apenas dos años? ¿Cuánto tiempo vamos a pasar añorando aquellos dos años sin pensar en el costo que hubo que pagar por esos veinticuatro meses de gloria?”. Y concluye su nota con una suerte de reclamo: “Quizás ahora que ya saldaron esa deuda con ellos mismos haya llegado por el fin el momento de encontrar una manera un poco menos apasionada y parcial de que nos ayuden -a nosotros, a los otros- a entender esa historia”.

32La nota de Cerruti delineaba así un “nosotros” y un “ellos” generacional en conflicto por los modos de apropiación de aquel pasado militante y abría un espacio para la mirada disonante de las nuevas generaciones sobre el legado que estaba en juego. Pero por eso mismo, se trata de un conflicto en que está fuertemente involucrada, hay allí algo valioso que más allá de las mitificaciones denunciadas permite cierto espacio común para el diálogo intergeneracional que demanda. En este sentido, las ironías, los reproches y reclamos, e incluso el tono por momentos virulento de Cerruti representan un rechazo frente a lo que considera un legado idealizado, pero también le imprimen a su nota cierto tono parricida respecto de la experiencia militante de una generación con la cual, pese a todo, todavía se reconocen lazos de filiación. Su intervención difiere por ello de la que realizará Uriarte, el único en la polémica para quien – desde un espectro ideológico opuesto y por ello con menor capacidad de interpelación – no hay nada que rescatar de “un movimiento de masas irracional, apasionado y violento”, como caracteriza a Montoneros y a sus “huestes”.

33La nota desafiante de Cerruti dispara, como una provocación, las siguientes intervenciones que integran la polémica, imprimiendo el tono generacional que predomina de allí en más. Si bien la pertenencia a una u otra generación no implica homogeneidad de posiciones, lo cierto es que buena parte de los articulistas elige intervenir desde ese lugar que diferencia a “los más viejos” (Viau, Villanueva, Bonasso, Baschetti) de las generaciones posteriores (Cerruti, Schapces, Forn), mientras que otros no se identifican en esos términos (Cortiñas) o intentan incluso objetivar los lugares y posiciones que están en juego en el debate (Lipcovich y también Forn).

34Ahora bien, si la nota de Cerruti cuestiona la forma en que la vieja generación transmite su pasado, varias de las intervenciones suscitadas no sólo rechazan la impugnación (junto con su tono “irónico y descalificador” – Cortiñas –, “perdonavidas y benevolente” – Viau – e implícitamente frívolo y superficial – Baschetti –) sino que responden redirigiendo la mirada hacia la responsabilidad de las nuevas generaciones en la apropiación de aquel pasado. Así, frente a los “jeroglíficos para iniciados” que Cerruti encuentra en el film, diversos articulistas (Viau, Cortiñas, Schapces, Baschetti) responden con las películas clásicas de su juventud, cuyos detalles no entendieron pero que estimularon su curiosidad y el deseo de indagar más. Y frente al “karma” impuesto por “los gloriosos años setenta”, Viau responde que “es por todos sabido que ‘el peso de las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos’ (y aquí no te cito, cito a Marx)”, lo cual parece una invitación a quedarse con la constatación de una verdad autorizada por la cita consagrada o a intervenir activamente al respecto. En todo caso, explicita Schapces, “debiéramos ser nosotros (mi generación, la de Gabriela, las posteriores) las que intentáramos transformar ese karma en debate. No es responsabilidad de ellos”. Por su parte, Cortiñas, intentaba bajar el tono de la disputa y delineaba un “nosotros” más inclusivo e intergeneracional subrayando que “la reconstrucción de la historia (…) no es patrimonio de nadie, se hace con el aporte honesto de todos los que buscan la verdad, la hayan vivido o no”. De todos modos, Forn, en “Más allá de las generaciones”, tomaba nota de la dificultad de trascender el topos generacional (“ser” de los setenta ó “ser” de los noventa) que signaba las posiciones en debate y alertaba que, aún en el mejor de los casos y más allá de las “chicanas generacionales”, era probable que tanto la discusión como sus conclusiones resultasen incómodas para la generación protagónica del pasado que estaba en juego. “¿Y qué?”, preguntaba desafiante.

35Además de esta discusión por el lugar que le cabía a las distintas generaciones en la revisión de aquel pasado militante, el debate estuvo signado por las formas de comparar el pasado y el presente, involucrando tácitamente los valores por los que se regían la generación del setenta y el noventa. En este sentido, y en consonancia con la propia película, la reivindicación de los ideales del pasado actúa como condena hacia el presente y sirve para delinear sus faltas, evidenciadas en las contraposiciones que atraviesan buena parte de las intervenciones: solidaridad vs. individualismo, sacrificio vs. facilismo, pasión por la política vs. frivolidad. Ese tipo de contraste está en la base de las mitificaciones que la nota de Cerruti denuncia y proyecta bajo la figura del “karma”, como si la idealización de la generación del setenta sobre el tiempo de su juventud actuara no sólo como crítica del presente sino también como subestimación de las generaciones y luchas siguientes. Es también el tema que de modo explícito aborda Pedro Lipcovich en “Tiempos distintos”, una de las notas con que concluye el debate y que Página/12 introduce apuntando que la discusión había derivado hacia “los contrastes y similitudes entre los militantes de los ‘años dorados’ y los que transitan los sufridos noventa”. Lipcovich elige resignificar los contrastes usuales destacando las formas de resistencia vinculadas a la emergencia de distintos movimientos sociales en los noventa, con objetivos más concretos y plurales como la defensa de los derechos de las mujeres, los homosexuales, las meretrices o los habitantes de asentamientos precarios. Luchas y reivindicaciones cuya existencia – afirma – pasa inadvertida para “quienes repiten que los noventa son puro individualismo light”. De ese modo, Lipcovich invitaba a repensar la idea de que en los setenta reinaba una solidaridad ausente en el presente y alertaba, en consonancia con Cerruti, sobre los peligros de la idealización del pasado. Se trataba de una tarea seguramente difícil en los primeros tiempos de debate público sobre la militancia setentista, luego de la derrota, la dictadura y los años de silenciamiento público, aspecto que Villanueva destacaba cuando aludía al “carácter romántico” que solía adquirir “la historia de los vencidos” y que Viau dejaba entrever cuando afirmaba con Trotsky que “los revolucionarios aman la época que les tocó vivir porque es su patria en el tiempo”. También Forn aludía a esta dinámica cuando le contestaba a Viau con otra cita – esta vez de Mauricio Cohen – señalando que “la única manera que tiene el derrotado de no entregarse es seguir siendo el mismo”, pero esta vez, en el contexto de su dura crítica hacia aquellos que se empeñaban “en seguir mirando el mundo como si nada hubiese sucedido en los últimos veinte años”.

Consideraciones finales

36En este trabajo hemos intentado analizar algunas reconfiguraciones de la memoria setentista que tuvieron lugar en los noventa a través del documental Cazadores de Utopías, uno de los “vehículos de memoria” que expresó y contribuyó a delinear esas transformaciones, y del debate que suscitó en Página/12. Revisiones de un pasado militante y comparaciones con el presente que a veces evadieron las complejidades de la política reduciéndola a las reivindicaciones éticas o morales y que llevaron el sello de la nostalgia. Rasgos todos ellos que sólo es posible comprender situándolos en un contexto en que, luego de un largo silenciamiento, comienzan a emerger en la esfera pública los relatos de los protagonistas sobre aquella experiencia intentando rebatir la “teoría de los dos demonios”. Un contexto político que también estuvo signado por el gobierno menemista y la trayectoria de algunos viejos dirigentes montoneros, derroteros -ambos- que buena parte de esta franja militante del peronismo de izquierda experimentó bajo la figura de la traición.

37En ese contexto, tanto Cazadores de Utopías como la polémica aparecida en Página/12, muestran que estos primeros intentos de exorcizar uno de los demonios de la teoría por parte de la generación protagonista requirieron primero idealizarlo, al tiempo que no lograron escapar de la alternativa entre “demonización” y “victimización”; aquella lógica para mirar el pasado que había impuesto el relato oficial que estas memorias buscaban combatir. Dinámica que esta vez se trasladó al interior de las organizaciones armadas, en este caso Montoneros, demonizando a su conducción y victimizando a sus militantes, lo cual volvía incomprensible la relación entre los dirigentes y sus seguidores, tal como previamente la “teoría de los dos demonios” había vuelto incomprensible la relación de la sociedad con la dictadura y con el proceso de radicalización política previo.

38Estas reconfiguraciones de la memoria setentista seguramente tengan mucho que ver con ese primer momento de “necesidad justificativa” que experimentan los vencidos en su búsqueda por explicarse “por qué todo ha sucedido de otra manera y no como lo habían pensado”, al que alude Koselleck en la cita que encabeza este trabajo. Sin dudas aquellos primeros debates públicos no fueron propicios para los análisis críticos y matizados. Pero quizás hayan sido necesarios para poder poner en marcha la búsqueda para comprender, y tal vez explicar, los motivos del auge y la derrota de aquella experiencia militante. De hecho, en los últimos tiempos, tanto las memorias como la escritura académica sobre aquél período se esfuerzan por desmontar ambos “demonios”, intentando problematizar las complejas relaciones, consensos y tensiones tanto de la última dictadura cívico-militar como del proceso de politización previo al golpe con diversos sectores de la sociedad de la cual emergieron.

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Notas

1 Koselleck, Reinhart, Los estratos del tiempo: estudios sobre la historia, 1º ed., Barcelona: Paidós ICE/IAU, 2001, 161 p., ISBN: 84-493-1139-X, p. 83.

2 Yerushalmi, Yosef, “Reflexiones sobre el olvido”, en Yosef Yerushalmi, Nicole Loraux, Hans Mommsen, Jean Milner y Gianni Vattimo, Usos del olvido, 2º ed., Buenos, Aires: Nueva Visión, 1998, p. 13-26, ISBN: 9506021955, p. 18.

3 Pollak, Michael, “Memoria, olvido, silencio”, en Michel Pollak, Memoria, olvido, silencio. La producción social de identidades frente a situaciones límite, 1º ed., La Plata: Al Margen, 2006, p. 17-31, ISBN: 987-1125-76-3.

4 Nora, Pierre, “La aventura de Les lieux de mémoire”, en Cuesta Bustillo, Josefina (ed.), Memoria e historia, 1º ed., Madrid: Marcial Pons, 1998, p. 17-34, ISBN: 84-7248-622-2, p. 26.

5 Koselleck, Reinhart, Futuro pasado: para una semántica de los tiempos históricos, 1º ed., Barcelona: Paidós, 1993, 368 p., ISBN: 84-7509-905-X (véase p. 333-357).

6 Jelin, Elizabeth, Los trabajos de la memoria, 2º ed., Madrid: Siglo Veintiuno de España Editores, 2002, 146 p., ISBN 84-323-1093-X.

7 Pollak, Michael, “Memoria e identidad social”, en Michael Pollak, Memoria, olvido, silencio. La producción social de identidades frente a situaciones límite, op. cit., p. 33-52 (véase: p. 38).

8 Aspecto ciertamente enfatizado en perspectivas como la de Maurice Halbawchs en La Memoria colectiva, 1º ed., Buenos Aires: Miña y Dávila, 2004, 251 p., ISBN: 978-84-92613-22-9.

9 Entre otros, Cuesta Bustillo, Josefina, Historia del presente, 1º ed. Madrid: Eudema, 1993, 95 p., ISBN: 8477541272.

10 Pollak, Michael, “Memoria, olvido, silencio”, en Michel Pollak, Memoria, olvido, silencio. Memoria, olvido, silencio. La producción social de identidades frente a situaciones límite, op. cit.

11 Jelin, op. cit.: p. 40-44, 68.

12 Yerushalmi, op. cit.: p. 17-18.

13 Véase de Pierre Bourdieu especialmente “Describir y prescribir: las condiciones de posibilidad y los límites de la eficacia política”, en Pierre Bourdieu, ¿Qué significa hablar? Economía de los intercambios lingüísticos, 3º ed., Madrid: Akal, 2008, p. 123-133, ISBN: 978-84-460-2950-2 y “Espacio social y poder simbólico”, en Pierre Bourdieu, Cosas dichas, 1º reed., Barcelona, Gedisa, 1993, p. 127-142, ISBN: 84-7432-503-X.

14 Respecto de las reconfiguraciones de la memoria sobre las experiencias militantes de los setenta pueden verse, entre varios otros y guiados por diversas perspectivas, Oberti, Alejandra y Pittaluga, Roberto, Memorias en montaje. Escrituras de la militancia y pensamientos sobre la historia, 1º ed., Buenos Aires: El cielo por Asalto, 2006, 268 p., ISBN: 987-9035-35-6; Calveiro, Pilar, “Memoria, política y violencia”, en Sandra Lorenzao y Ralph Buchenhorst (eds.), Políticas de la memoria. Tensiones en la palabra y la imagen, 1º ed., Buenos Aires: Gorla, 2007, p. 53-62, ISBN: 978-987-22081-6-5; Pittaluga, Roberto, “Miradas sobre el pasado reciente argentino. Las escrituras en torno a la militancia setentista (1983-2005)”, en Marina Franco, y Florencia Levín (comps.), Historia reciente. Perspectivas y desafíos para un campo en construcción, 1º ed., Buenos Aires: Paidós, 2007, p. 126-152, ISBN: 978-950-126565-1; Rabotnikof, Nora, “Memoria y política a treinta años del golpe”, en Clara E. Lida, Horacio Crespo y Pablo Yankelevich (comps.), Argentina, 1976: estudios en torno al golpe de estado, 1º ed. argentina, México DF: FCE/El colegio de México, 2008, p. 259-284, ISBN: 968-12-1301-7; Altamirano, Carlos, “Pasado presente”, en Clara E. Lida, Horacio Crespo y Pablo Yankelevich (comps.), Argentina, 1976: estudios en torno al golpe de estado (op. cit.), p. 17-33 y Vezzetti, Hugo, Sobre la violencia revolucionaria. Memorias y olvidos, 1º ed., Buenos Aires: Siglo XXI, 2009, 280 p., ISBN: 9789876290791.

15 Lvovich, Daniel, “Historia reciente de pasados traumáticos: De los fascismos y colaboracionismos europeos a la historia de la última dictadura argentina”, en Marina Franco, y Florencia Levín (comps.), Historia reciente. Perspectivas y desafíos para un campo en construcción, 1º ed., Buenos Aires: Paidós, 2007, p. 97-124, ISBN: 978-950-126565-1.

16 Pittaluga, op. cit.

17 Calveiro, op. cit.

18 Oberti y Pittaluga, op. cit.

19 En 1994 Andrés Di Tella ya había realizado un documental sobre el tema, Montoneros. Una historia, en un registro diferente y bastante más crítico, que no casualmente tuvo mucho menos repercusión.

20 Un análisis más amplio sobre las estrategias de construcción de memorias desplegadas por la película puede verse en González Canosa, Mora y Sotelo, Luciana, “Memorias militantes. Un análisis de las reconfiguraciones de la memoria sobre la militancia armada argentina a través del film Cazadores de utopías”, Revista Question, Verano 2010, nº 25, Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP.

21 La expresión alude a distintas agrupaciones ligadas a Montoneros como la “Juventud Peronista” (JP), la “Juventud Universitaria Peronista” (JUP), la “Juventud Trabajadora Peronista” (JTP), la “Unión de Estudiantes Secundarios” (UES), la “Agrupación Evita” (organización de mujeres) o el “Movimiento de Villeros Peronistas” (MVP), cuyos militantes no eran necesariamente miembros orgánicos de la organización ni combatientes. Estas agrupaciones desarrollaban un trabajo político de carácter mayormente público y legal que, guiado por las concepciones generales de Montoneros, intentaba poner el énfasis en las reivindicaciones específicas de los sectores o ámbitos sociales con los que se ligaban.

22 Calveiro, op. cit. (véase, p. 57-58).

23 Esta cuestión también fue señalada en el lúcido ensayo de Aguilar, Gonzalo, “Maravillosa melancolía”, en María José Moore y Paula Wolkowicz (eds.), Cines al margen. Nuevos modos de representación en el cine argentino contemporáneo, 1º ed., Buenos Aires: Libraria, 2007, p. 17-32, ISBN: 978-9872380601.

24 La postura de la Columna Norte, compuesta por alrededor de 900 militantes, fue acompañada por la Columna de La Plata. Ambas fueron las más exitosas en desarrollar la labor montonera en el movimiento obrero (Gillespi, Richard, Soldados de Perón, 2º ed., Buenos Aires: Grijalbo, 1998, 372 p., ISBN: 950-28-0236-5, p. 29). Entre otras cosas, exigían importantes sumas de dinero para invertir en viviendas que albergaran clandestinamente a los militantes perseguidos. A raíz de sus planteos la conducción elaboró un informe en que caricaturizaba la disidencia arguyendo que pretendía transformar a Montoneros en un “Banco Hipotecario Nacional”, lo cual “resolvería el déficit de vivienda en el país pero no los problemas de la revolución argentina”. (Gillespi, op. cit.: 294-295). Han sido muy citadas algunas declaraciones de Mario Firmenich respecto al tema. Por ejemplo, el reportaje que le dio a García Márquez en 1977 en que afirmó: “En octubre de 1975 ya sabíamos que se daría el golpe (…) Hicimos nuestros cálculos de guerra y nos preparamos para soportar, en el primer año, un número de pérdidas humanas no inferior a 1.500 bajas”. También, su declaración de 1981 en una revista cubana: “Nosotros hacemos de la organización un arma, simplemente un arma, y por lo tanto, sacrificamos la organización en el combate a cambio del prestigio político. Tenemos cinco mil cuadros menos, pero ¿cuántas masas más?” (Citadas en Larraqui y Caballero, Galimberti. De Perón a Susana, de Montoneros a la CIA, 1º ed., Buenos Aires: Norma, 2000, 631 p., ISBN: 987-9334-93-0, p. 264 y en Gillespi, op. cit.: p. 277, respectivamente).

25 Cabe agregar que varios de estos entrevistados, al igual que Mercedes Depino, encargada de la investigación histórica del film, también formaron parte de la Columna Norte. Por su parte, Ernesto Jauretche integró junto a Miguel Bonasso y otros dirigentes una de las dos fracciones que sufrió la organización durante el exilio (“Montoneros 17 de Octubre”) que también criticó su “militarismo” y la evaluación positiva de la Conducción Nacional sobre la denominada “contraofensiva”, para quien los asesinatos de buena parte de los militantes que retornaron al país habían sido simples “costos de la guerra” (Gillespi, op. cit.: p. 321-324).

26 Por entonces, Galimberti y Jorge Born, el ex montonero y el empresario que habían participado como víctima y captor en un resonado secuestro en 1974, ya se habían reconciliado con un abrazo público y proyectaban futuros negocios juntos.

27 “Murió el ‘Tano’ Galimba”, solicitada publicada por Jorge Devoto el 15 de enero de 1991 en Clarín (Citada en Larraqui y Caballero, op. cit.: p. 601-602). El desengaño con la figura de Galimberti seguramente haya sido particularmente intenso para esta franja militante ya que previamente había sido un referente político importante en las críticas a la conducción montonera. Primero desde la Columna Norte y luego, junto con Juan Gelman, al frente de la otra fracción que sufrió la organización en el exilio (“Peronismo en la Resistencia”) que en 1979 rechazó la “contraofensiva” (Gillespi, op. cit..: p. 321-324)

28 Altamirano, Carlos, “Montoneros”, Punto de Vista, agosto de 1996, nº 55, p. 1-9 (véase: p. 1).

29 Altamirano, Carlos, “Montoneros”, Punto de Vista, agosto de 1996, nº 55, p. 1-9 (véase: p. 1-2). También puede verse el artículo “Pasado presente” (op. cit.) en que el autor recoge algunas ideas del trabajo publicado en Punto de Vista.

30 Beceyro, Raúl, “Fantasmas del pasado”, Punto de Vista, agosto de 1996, nº 55, p. 10-12 y Etchemendy, Sebastián, “Cazadores de utopías y la violencia de los 70”, La Ciudad Futura. Revista de Cultura Socialista, primavera-verano 1996, nº 46, p. 32-35.

31 Ranalletti, Mario, “Los años 70”, La Ciudad Futura. Revista de Cultura Socialista, otoño 1997, nº 47, p. 55.

32 Miguel Bonasso, “La victoria de la memoria”, 7/4/96, p. 14. Gabriela Cerruti, “La mitificación de los 70”, 7/4/96, p. 15. Susana Viau, “Una historia no tan incomprensible”, 16/4/96, p. 13. Ernesto Villanueva, “La historia de los vencidos”, 16/4/96, p. 13. Claudio Uriarte, “Cazadores sin muchas utopías”, 21/4/96, p. 28. Marcelo Schapces, “Una parte de un gran rompecabezas, 21/4/96, p. 28. Juan Forn, “Más allá de las generaciones”, 21/4/96, p. 29. Nora Cortiñas, “La historia debe ser apasionada”, 21/4/96, p. 29. Roberto Baschetti, “La otra historia”, 28/4/96, p. 12. Pedro Lipcovich, “Tiempos distintos”, 28/4/96, p. 12. Puede pensarse que la polémica tuvo una considerable repercusión pública si tenemos en cuenta que Página/12 alcanzaba por entonces una tirada de más de cien mil ejemplares y que en Buenos Aires era un diario de circulación significativa. Un trabajo que incluye un análisis sobre este debate puede verse en Sonderéguer, María, “Los relatos sobre el pasado reciente en Argentina: una política de la memoria”, en Iberoamericana, 2001, nº 1, p. 99-113.

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Para citar este artículo

Referencia electrónica

Mora González Canosa y Luciana Sotelo, « Futuros pasados, futuros perdidos. Reconfiguraciones de la memoria de los setenta en la Argentina de los noventa », Nuevo Mundo Mundos Nuevos [En línea], Cuestiones del tiempo presente, Puesto en línea el 13 julio 2011, consultado el 14 marzo 2014. URL : http://nuevomundo.revues.org/61701 ; DOI : 10.4000/nuevomundo.61701

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Autores

Mora González Canosa

CONICET – Instituto de Investigaciones en Humanidades y Cs. Sociales, Facultad de Humanidades y Cs. de la Educación, Universidad Nacional de La Plata. Mail: gonzalezcanosa@yahoo.com.ar

Luciana Sotelo

Instituto de Investigaciones en Humanidades y Cs. Sociales, Facultad de Humanidades y Cs. de la Educación, Universidad Nacional de La Plata. Mail: lusotelo@yahoo.com.ar

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Derechos de autor

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“¡PAPÁ, QUÉ PORVENIR DESTRUIDO!”

I. “¡PAPÁ, QUÉ PORVENIR DESTRUIDO!”

Después de la lluvia: Chile, la memoria herida

By Mario Amorós

“No sé si es una suerte haber sobrevivido porque es muy duro continuar viviendo con
esta carga. En el fondo es un castigo porque permanentemente tienes que estar diciendo,
hablando, recordando lo que pasó”

21. Pablo Zepeda fue uno de los miembros del dispositivo
de seguridad presidencial (conocido como el GAP22 ) que el 11 de septiembre combatió
junto a Salvador Allende en defensa de la libertad frente a la embestida golpista. Aquella
tarde sus compañeros y él fueron conducidos al regimiento Tacna, donde fueron torturados
y la mayor parte de ellos asesinados y hechos desaparecer.
A partir de 1991, y después de que algunos regresaran del exilio (como Manuel Cortés
y él mismo), los supervivientes y varios familiares de los desaparecidos del GAP empezaron
a recoger documentación para contribuir a la búsqueda de sus restos e intentar que sus
verdugos fueran juzgados y con la intención de preparar una exposición que diera a conocer
su trabajo junto al Presidente. “Poco a poco aparecimos en actos públicos o nos contactamos
a través de amigos y nos dimos cuenta de que éramos más los que estábamos vivos”, señala
Manuel.23
Aquella labor les permitió reconstruir y reivindicar una historia de dignidad aún hoy
vilipendiada por los sectores políticos, sociales y mediáticos más conservadores. “Les causa
temor que nosotros, que defendimos la Constitución, al Presidente de la República y a
nuestro pueblo, sigamos vivos –dice Pablo–. Pero sólo nos pueden acusar de lealtad, de
consecuencia, no somos ni seremos ladrones ni criminales, como ellos”. Por su parte, Elena
Araneda asegura que “la derecha siempre nos ha mirado como los matones, los guerrilleros…
tantas cosas nos han llamado, pero les pregunto a quién hemos matado. Yo fui una
empleada del Presidente y mis compañeros, que aún tienen las muestras de las torturas,
defendieron la democracia de este país el 11 de septiembre. ¿Hasta cuándo van a hacernos
daño?”.24
Para Nena, que trabajó como asistenta personal de Salvador Allende durante 1973, el
reencuentro con sus compañeros del GAP supuso recuperar la esperanza, superar el odio
generado por tanto dolor y persecución. “Fui enferma alcohólica hasta el 7 de enero de 22
25 Entrevista a María Eugenia Horvitz. Abril de 2002.
1993, cuando logré dejar de beber. Mi soledad fue terrible, no tenía a quién contarle mis
problemas, no podía trabajar, me perseguían, aquí afuera se paraban autos… Me hundí con
el alcohol. En 1993 empecé a recuperarme porque un día en un acto en el Cementerio
General por los desaparecidos del Patio 29 me encontré con el compañero Milton Silva.
Ahora estoy de pie otra vez y soy una mujer feliz”. Hace cuatro años le extirparon el riñón
izquierdo por un cáncer y ahora intenta salvar el otro. “Aprendí con Allende a ser fuerte y
consecuente; esta enfermedad no va a doblarme”. No obstante, la tarea más importante,
“mis ganas de volver a vivir”, es la búsqueda de aquellos jóvenes con quienes compartió los
mil días más maravillosos de su vida.
Para ello han creado la Agrupación de Sobrevivientes del Dispositivo de Seguridad del
Presidente Salvador Allende, que hereda el espíritu de una asociación que fundaron hace
una década y a la que llamaron Kumelcán, palabra mapuche que significa “volver a nacer”,
“volver a salir de las raíces”. Cada 11 de septiembre se dirigen con profundo recogimiento
a La Moneda, hasta donde vuelve a estar la puerta de Morandé 80 (reabierta el pasado 11 de
septiembre por el presidente Lagos), por donde los militares sacaron a sus compañeros, y
depositan allí una corona de flores en su memoria.
Y cuando el Servicio Médico Legal identifica los restos de alguno de ellos en una de las
infinitas fosas clandestinas que horadan su patria, organizan un sencillo, pero emocionante
homenaje. “Vamos con sus restos a la tumba de Allende y decimos unas breves palabras que
nos hemos impuesto como juramento: ‘Compañero Presidente: aquí traemos a uno de los
nuestros que al igual que usted fue un hombre digno y leal a sus principios y al pueblo de
Chile’. Después vamos al lugar donde se le entierra. No pararemos hasta encontrar al último
de nuestros compañeros”, explica Manuel. “Estamos viejos y con una situación económica
mala, pero seguimos luchando”.
Junto con los miembros del GAP, un grupo de ministros y colaboradores del Presidente
resistieron durante seis horas en La Moneda, entre ellos el doctor Enrique París, miembro
del Comité Central del Partido Comunista y uno de sus asesores políticos y científicos.
“Enrique tuvo una capacidad extraordinaria de ser leal con sus ideas y con las obligaciones
sociales que le atribuyeron. Nuestros esfuerzos por encontrar sus restos y hacer justicia son
muy poco al lado de su sacrificio por el país”25. María Eugenia Horvitz evoca con profundo
amor a aquel joven que conoció en 1957, cuando era dirigente estudiantil, en un tiempo en
que los comunistas estaban proscritos debido a la Ley de Defensa Permanente de la Democracia
(conocida como la “Ley Maldita”) dictada por Gabriel González Videla en 1948.
Dos años después contrajeron matrimonio y desde entonces compartieron la lucha que
culminó con la histórica victoria de Allende el 4 de septiembre de 1970. “Fue un momento
de triunfo en el que pensamos que haríamos las reformas estructurales hasta el final”.

EXTRAÑOSIENTO

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Trailer Extrañosiento from Morris Ahumada Pezz on Vimeo.

Libelula Audiovisual PRESENTA
“EXTRAÑOSIENTO”

DIRECCIÓN Mauricio Ahumada
PRODUCTORA GENERAL Alejandra Rojo
MONTAJE Robert Díaz Encina
MÚSICA ORIGINAL Christian Pino Vergara
ASESOR GENERAL Javier Berrocal Barea
ASESOR PERIODISTICO César Baeza Hidalgo
POSTPRODUCCIÓN Insomnia Audiovisual

PERSONAJES Héctor Maturana, Marco Paulsen, Carlos García, Jorge Escobar, Rosita Ubilla, Magdalena Urzúa.

ESPECIALISTAS Verónica Reyna, Alejandra Arriaza, Francisco Cumplido.

AURICIO AHUMADA Y EL EXTRAÑAMIENTO EN CHILE

Abrir las grandes alamedas, 40 años después…volver la vista a la ‘Via chilena’

 

 

Abrir las grandes alamedas, 40 años después, de Joan del Alcàzar en El País

el 9 septiembre, 2013 en DerechosHistoriaInternacionalLibertadesPolítica,Sociedad

TRIBUNA

En esta época deprimida y deprimente, sería bueno volver la vista a la ‘Via chilena’ y recordar lo que nos enseñó

La experiencia chilena, la llamada Vía chilena al Socialismo, tuvo unas consecuencias políticas de gran calado en toda la izquierda occidental.

Se produjeron —podemos sintetizar— tres tipos de respuesta: primera, la que podríamos llamar de izquierda revolucionaria, partidaria de la lucha armada, convencida de que la dicotomía era revolución o fascismo, y de que nunca se podría alcanzar el socialismo por el mismo camino que se intentó durante los años de la Unidad Popular en Chile; segunda, la ortodoxa, de matriz soviética, que aun valorando la posibilidad de que —al menos teóricamente— se pudiera transitar pacíficamente hacia el socialismo, entendía que había de contemplarse la utilización de la fuerza para defender las conquistas revolucionarias; y tercera, la que se nos antoja más innovadora, la que Achille Occhetto, en sintonía con su predecesor Enrico Berlinguer, denominaría años después, ya en los años 80, un reformismo fuerte:“un reformismo que no se conforma con retoques de fachada, sino que interviene sobre las contradicciones de fondo de la sociedad con propuestas realistas (…), una alternativa democrática y reformadora que tenga como protagonistas a las fuerzas del progreso”.

Cuarenta años después del fatídico final de la Vía chilena y 25 de estas palabras del comunista italiano, sabemos que el mundo no solo no ha avanzado hacia el socialismo, sino que la gran superpotencia soviética ya no existe, y que la gran potencia china, oficialmente un país socialista con el Partido Comunista como Partido único, es un híbrido del que no se sabe cuál es realmente ni su modo ni sus relaciones de producción. Dejando de lado la excepcionalidad norcoreana y el atípico Vietnam, solo Cuba sigue auto considerándose un país socialista. Han surgido, eso sí, a su estela, algunos regímenes, singularmente el venezolano o bolivariano y otros que se encuentran en su cercanía, que se adscriben a un llamado —e indefinido— socialismo del siglo XXI.

Hace 20 años, Eric Hobsbawm escribió unas palabras que aluden a una patología que ha afectado y afecta a la izquierda política realmente existente en Occidente: “A quienes consideran que no sólo es más sencillo sino también mejor mantener ondeante la bandera roja, mientras los cobardes retroceden y los traidores adoptan una actitud despectiva, les acecha el grave riesgo de confundir la convicción con la prosecución de un proyecto político; el activismo militante con la transformación social y la victoria con la ‘victoria moral’ (que tradicionalmente ha sido el eufemismo con el que se ha denominado la derrota); el amenazar con el puño en alto al statu quo con la desestabilización del mismo o (como sucedió muchas veces en 1968) el gesto con la acción”.

Es por ello que hoy, cuatro décadas después de la muerte de Salvador Allende y del inicio de la dictadura que ensangrentó a Chile y que conmovió al mundo, tanto más al que se identificaba con los valores de la izquierda política, debiéramos volver a leer aquel proceso chileno.

A quienes hace décadas denostaban la despectivamente llamadademocracia burguesa, les sorprendió la crueldad insoportablemente desgarradora de la dictadura (por supuesto burguesa). A quienes hasta hace poco infravaloraban los avances del Estado llamado del Bienestar, implementado en los países en los que la izquierda reformista (más o menos) fuerte había conseguido afianzarse, les sorprende ahora la facilidad con la que los gobiernos que gestionan la crisis económica y financiera que estamos viviendo en los países del sur de Europa están desmontando los logros alcanzados. Y ahora los valoran como nunca antes lo hicieron, incluso hasta convertirlos en bandera propia.

Estamos en una fase deprimida y deprimente en cuanto a las luchas políticas por los derechos sociales, por la democratización radical de nuestras sociedades. Ha ocurrido antes. María José Orbegozo, periodista

especializada en la política italiana, escribía en 1981: “Cuando en octubre de 1973, frente a la caída de Salvador Allende en Chile, Berlinguer propuso el compromiso histórico entre las fuerzas mayoritarias (democristianos, socialistas y comunistas), el secretario general albergaba en su mente un proyecto muy ambicioso: modificar gradualmente las orientaciones de fondo de dichas fuerzas políticas y, muy en particular, de la Democracia Cristiana, para acelerarlas a un encuentro con los comunistas, evitando así el riesgo de una reacción derechista que, incluso, podría tener el apoyo de las masas”.

El proceso italiano no evolucionó por la senda prevista por los comunistas de los años 70, ni mucho menos. Pero no es eso lo que nos interesa ahora. Lo destacable, en nuestra opinión, es la lectura provechosa que se hizo de la experiencia chilena. Aunque en estos años difíciles debamos ser necesariamente críticos al evaluar las aplicaciones prácticas de lo que el proceso chileno enseñó al mundo, particularmente a la izquierda política reformista, parece poco discutible que se impone y se impondrá siempre la necesidad de generar amplios consensos que, —parafraseando a Berlinguer—, permitan construir una democracia de altísima calidad que propicie un Estado que garantice el pleno ejercicio y el desarrollo de todas las libertades. De todas. Solo así se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

Joan del Alcàzar, es catedrático de Historia Contemporánea de la Universitat de València.

 

Relacionado

http://www.salvador-allende.cl/Biblioteca/Salvador%20Allende/Utopias.PDF