Guillermo González Betancourt Asesino sin conciencia sin libertad condicional.

Guillermo González Betancourt  Asesino sin conciencia sin libertad condicional.
Suprema rechaza amparo Guiillermo González Betancourt: Había solicitado libertad condicional

21 septiembre, 2015 

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“No se vislumbra en la denegatoria de la libertad condicional, en consecuencia, alguna afectación de la libertad personal y seguridad individual del amparado que sea contraria a la Constitución y las leyes, de modo que el recurso será desechado”, sostiene el fallo.

La Corte Suprema rechazó el recurso de amparo presentado por la defensa de Guillermo González Betancourt, condenado a presidio perpetuo en el denominado caso Degollados, en contra de la decisión de la Comisión de Libertad Condicional de la Corte de Apelaciones de Santiago que le denegó dicho beneficio a su representado.

En fallo unánime, la Segunda Sala del máximo tribunal –integrada por los ministros Carlos Künsemüller, Haroldo Brito, Lamberto Cisternas y los abogados integrantes Jean Pierre Matus y Jaime Rodríguez– ratificaron el rechazo del recurso cautelar por considerar que la Comisión de Libertad Condicional actuó apegada a la ley al denegar el beneficio a González Betancourt, quien no ha tomado conciencia del delito por el que fue condenado.

“Que la denegatoria de la libertad condicional se basó, según consta en la resolución de la Comisión de 04 de mayo del año en curso, en el informe psicológico del sentenciado aportado por Gendarmería, que da cuenta que no ha adquirido una adecuada conciencia del delito cometido, del daño y el mal causado con el mismo y no ha demostrado una real disposición al cambio”, expresa la sentencia.

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“Tales circunstancias, en concepto del órgano resolutivo, permitieron concluir que requiere un mayor tiempo de evaluación para comprobar que se encuentra corregido y rehabilitado para la vida social.  De lo anterior es posible establecer que la Comisión ha actuado con apego a la legalidad, puesto que ha fundado la decisión de denegar la libertad condicional, acudiendo para ello a los antecedentes que le fueron proporcionados para su análisis, siguiendo el procedimiento previsto en el DL N° 321 de 1925 sobre libertad condicional y su reglamento, contenido en el Decreto 2442, precisa la Corte Suprema.

“No se vislumbra en la denegatoria de la libertad condicional, en consecuencia, alguna afectación de la libertad personal y seguridad individual del amparado que sea contraria a la Constitución y las leyes, de modo que el recurso será desechado”, sostiene el fallo.

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Dictaduras Cono Sur. La Operación Morgan. Uruguay

Denuncias buscan justicia para torturados y desaparecidos durante la dictadura

Desenmascarando la Operación Morgan

Morgan era el apellido de un pirata británico que hacía lo que todo pirata: robar. No es casual la denominación de Operación Morgan, que expresa un nivel de cinismo, lamentablemente habitual en la historia de la última dictadura uruguaya. La Operación Morgan recibió su nombre desde propias filas militares y comprendió el proceso de robos y apropiación de los bienes materiales que pertenecían a cualquier partido con ideología “comunista”. En los años 70 la milicia uruguaya consideró que el Partido Comunista del Uruguay (PCU), el Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) y la Unión Juventud Comunista (UJC) eran los principales focos de “acción subversiva” en el país, y que los demás partidos socialistas eran “organizaciones de fachada” patrocinadas por los anteriores y con la finalidad de distraer la atención. Fue así como en 1975 se lanzó “oficialmente” la cacería masiva de integrantes de estos partidos, persecución programada para prolongarse hasta 1976, lapso que la milicia consideró suficiente para “extirpar” la “amenaza comunista” en el país. Morgan se extendió hasta 1984, con rachas de diferente intensidad pero siempre teniendo como factor en común el robo y la sistemática aplicación de torturas, violación de mujeres, secuestro de niños, y desaparición forzada de decenas de personas. La Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII) dirigida por el inspector general Víctor Castiglioni, tuvo la poco honrosa autoría intelectual del Operativo Morgan, en tanto que el Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA) liderado por el general Esteban Cristi fue el autor material de los robos, secuestros, asesinatos y torturas hechos en nombre de Morgan. El exterminio comunista efectuado en este operativo tuvo como resultado 23 desaparecidos, 16 muertos en tortura, un asesinato en Argentina, seis muertes en prisión y tormentosos castigos físicos para miles de personas. Los militares no se limitaron al territorio uruguayo, sino que con la venia del Plan Cóndor hicieron de las suyas también en Paraguay, Bolivia, Chile, Colombia y sobre todo en Argentina, país en el que desaparecieron más uruguayos que en nuestro propio territorio nacional. Tampoco se debe olvidar el caso de la maestra Elena Quinteros, quien fue secuestrada en Uruguay mientras intentaba huir de sus captores refugiándose en los jardines de la embajada de Venezuela en Montevideo, territorio del país caribeño. Otro de los organismos represores con activa participación en la Operación Morgan fue el Servicio de Inteligencia y Defensa (SID), liderado por el general Amaury Prantl hasta 1979, cuando asumió el también general Iván Paulós. El botín El desbaratamiento financiero de las organizaciones comunistas en Uruguay fue desde el comienzo unos de los principales objetivos, motivo por el cual se robó dinero, propiedades y bienes pertenecientes a los comunistas. Estos robos, lejos de ser aislados, fueron uno de los motivos frecuentes de tortura y constituyeron una forma de conseguir fondos para el gobierno dictatorial y gracias al cual pudo extender su aparato represivo clandestino e intensificarlo. Torturar se convirtió en un negocio muy rentable. General Prantl la “Casona de Millán”, centro clandestino de torturas en el cual fue visto por última el maestro Julio Casto. La denominada “Cárcel del Pueblo” (ubicada en la calle Juan Paullier al 1190) fue otros de los centros de tortura usados durante Morgan. Este centro clandestino de detención había sido expropiado a los tupamaros en 1972 y fue intensamente utilizado durante todo el proceso del operativo genocida que los militares impusieron. En la Cárcel del Pueblo las torturas diferían de las que se aplicaban en otros lugares, pues este lugar era utilizado principalmente para “reacondicionamiento” de los secuestrados, esto significa que se les ataban las manos a la espalda, se los encapuchaba y se los tiraba en el piso de un sótano sin agua ni comida durante varios días. De esa forma se le daba un supuesto “descanso” a los cuerpos que venían sufriendo meses de torturas de toda clase y tenor, generalmente traídos desde otros centros clandestinos. La “Casa de Punta Gorda” (también conocida como “Infierno Chico”, ubicada sobre la Rambla República de México) fue el lugar en el que se aplicó la mayoría de las torturas durante los primeros meses del Operativo Morgan; esto fue así hasta que se acondicionó el llamado “300 Carlos” o simplemente “Infierno”, montado en el Servicio de Material y Armamento (SMA) ubicado en los fondos del Batallón de Infantería Blindado Nº 13, lugar donde en el año 2005 aparecieron los restos óseos de Fernando Miranda, miembro del PCU y hasta entonces desaparecido. Luego de ser torturados en esos centros, los detenidos desaparecidos (si es que sobrevivían) pasaban a la Brigada de Infantería Nº 1, en Cno. Maldonado a la altura del Km 14, adonde la orden era alivianar las torturas para poder “blanquearlos” (jerga militar que significa fingir que se los había atrapado desde la “legalidad” y presentarlos en un estado que no mostrara el verdadero deterioro físico de sus víctimas). Por estos lugares pasaron la mayoría de los detenidos clandestinos uruguayos que fueron secuestrados en el marco de este operativo. Una Ideología mortal Democracia y marxismo son incompatibles. Su eliminación es imprescindible para la convivencia en paz y progreso.” La frase pertenece a un texto publicado a pocos meses del golpe de Estado en el matutino El País. Dicho texto fue escrito por el entonces director del Instituto Militar de Estudios Superiores (IMES), General Luís Forteza. En la misma carta también se puede apreciar cómo Forteza compara al comunismo con el cáncer, y afirma que debe ser extirpado. Los informes de inteligencia de la dictadura uruguaya a los que accedieron los autores de la Investigación Histórica sobre Detenidos Desaparecidos, (coordinada por el decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Álvaro Rico) exhiben un grotesco operativo de exterminio del PCU que tuvo como principal agresor al OCOA del general Cristi. Un documento de setiembre de 1976, firmado por el propio Esteban Cristi, dice textualmente que El PCU en nuestro país actualmente centraría su accionar en el departamento de Montevideo y agrega que luego de la represión se logrará que tenga menos de mil (integrantes) más la UJC y CNT (Convención Nacional de Trabajadores).” Otro ejemplo de la “moral” en la que estos grupos militares estaban embebidos lo dio el General Iván Paulós (ex director del SID), cuando en plena democracia y en entrevista con el diario El País, dijo que “cuando hablamos de decenas de desaparecidos o de muertos, es una insignificancia si pensamos en todo lo bueno que se logró”. Paulós también publicó en el semanario Búsqueda una apología de los crímenes que Esteban Cristi autorizó desde el OCOA, diciendo que quien“tiró la bomba en Hiroshima es un héroe de guerra estadounidense pese a que mató mucha gente. Pero si fuera uruguayo, sería considerado un asesino”, ocasión en la cual se adelantó a determinar que “No se puede juzgar así actos de guerra”. La causa Morgan a más de 30 años Recientemente el Instituto de Estudios Legales y Sociales del Uruguay (IELSUR) presentó una denuncia por torturas en representación de 90 personas que fueron detenidas en múltiples centros clandestinos de tortura entre los años 1973 y 1985. El Dr. Martín Fernández, abogado de IELSUR, dijo a Sala de Redacciónque la denuncia se presenta bajo el entendido de que “la tortura es un crimen de lesa humanidad y que, por lo tanto, no prescribe”. Fernández estimó que si bien la ley recientemente aprobada en el parlamento “da un marco adecuado a la denuncia”, no es uno de los motivos por los que ésta fue hecha. Explicó que la denuncia tardó mucho tiempo en ser realizada porque “el proceso psicológico de comunicar este tipo de cosas es muy complicado y toma mucho tiempo, sacrificio y trabajo”. Dicha denuncia incluye no sólo a personas torturadas en el marco del Operativo Morgan, sino que también hay una veintena de víctimas del Batallón de Artillería Nº 1 que están incluidos en la causa. Los denunciados por el Operativo Morgan son militares, médicos y enfermeros que mantenían con vida a los torturados y señalaban sus puntos débiles hacia los cuales debería ser dirigida la tortura. También hay psiquíatras y psicólogos que se prestaron a los fines de la completa destrucción moral, intelectual, espiritual, psicológica y ética de los torturados y sus familiares. “El médico me atendió más de una vez, venía, me revisaba y cuando ya mi organismo no resistía más me hacía descansar, me daban pastillas, me alimentaban y a los dos o tres días volvía, me examinaba y decía bueno, éste está de alta, pueden seguir”, relató Clarel de los Santos a Sala de Redacción. De los Santos era un simple estudiante que se había integrado al Partido Comunista poco antes de su detención en 1975. Hoy día es uno de los denunciantes del Operativo Morgan. Un pequeño seguimiento En la Actualización de la Investigación Histórica Sobre los Detenidos Desaparecidos (publicada recientemente en http://www.presidencia.gub.uy) se incluye un documento fechado en febrero de 1976, en el que uno de los principales responsables del Operativo Morgan, el Comandante de la División de Ejército I, general. Esteban Cristi, felicitó expresamente a 12 oficiales que participaron en el genocidio comunista. Ellos son: los Teniente Coronel Manuel Calvo y Henry Saralegui; los Mayores Ernesto A. Ramas, Victorino Vázquez y Juan Lezama; los Capitanes Omar Lacasa, Rubely Pereyra y Rudyard Scioscia; y los Tenientes Primero Julio Tabárez, Jorge “pajarito” Silveira, Antraning Ohannessian y José Parisi. Entre ellos hay algunas figuritas que se repiten, militares cuya “carrera” represiva ha ido más allá del Operativo Morgan: Ernesto Avelino Ramas Pereira, era apodado (según el libro A todos ellos) como Oscar 1, El Tordillo, El Gallego y Puñales. Torturó en el 300 Carlos a las órdenes del OCOA. Actualmente está preso por haber participado en al menos 28 asesinatos en el marco del Plan Cóndor; que determinaba la coordinación criminal entre las dictaduras de América y tenía base en Chile y un emblemático centro de torturas denominado “Automotores Orletti” en Argentina, donde fueron martirizados los uruguayos exiliados secuestrados por los militares. Victorino “el Víbora” Vázquez, es tío de Gilberto Vázquez (actualmente procesado por lo mismo que Ramas) está señalado junto a otro conocido represor, Lawrie Rodríguez (quien supiera acompañar en sus listas al ex presidente Jorge Batlle), como uno de los vinculados con la desaparición de María Claudia García de Gelman, quien permaneció secuestrada en la “Base Valparaíso” (centro clandestino de torturas cito en el barrio de Villa Dolores). El Víbora también es responsable por la muerte del militante Hugo De los Santos, quien murió por torturas en el Regimiento sexto de Caballería, donde la tortura estaba dirigida por Vázquez. Sin embargo, Victorino Vázquez nunca fue imputado por este caso, por la que sí fue a la cárcel (en el marco de una causa por al menos diez muertes) Juan María Bordaberry. Omar Lacasa (apodado Óscar o el Alemán), está vinculado a la causa por la desaparición del maestro Julio Castro, visto con vida por última vez mientras era torturado en la Casona de Millán; y también es señalado como responsable por la muerte del comunista Horacio Gelós Bonilla. Rudycard Scioscia fue vinculado en el libro De la A a la Z (de Alberto Silva) al 300 Carlos (o Infierno), uno de los principales centros de tortura utilizados en Morgan, en cuyo predio han aparecido restos óseos de detenidos desaparecidos; y fue reconocido en dialogo con Sala de Redacción por Marys Yic como uno de los vinculados con el asesinato de su padre, Nuble Yic. Jorge Silveira (alias Pajarito o Chimichurry) está actualmente preso por la desaparición de Adalberto Soba, y en 1981 violó sistemáticamente a cerca de 20 estudiantes menores de edad Antraning Ohannessian (alias el Turco o el Armenio) está vinculado al Plan Cóndor por los asesinatos, entre otros, de Gerardo Gatti, María Emilia Islas de Zaffaroni y de Nibia Sabalsagaray, muerta en un “Interrogatorio” a menos de un día de su secuestro. El Turco recibió (al igual que varios de los aquí mencionados) “Cursos Especiales” sobre “Interrogatorios” y “Contrainsurgencia” (están entre comillas porque ese era el nombre que tenían) en la Escuela de las Américas (SOA, por sus siglas en inglés), montada por el gobierno de Estados Unidos en la Zona de Canal de Panamá. Finalmente, José Parisi está vinculado al “Grupo de los Óscar” que torturó en el 300 Carlos y fue reconocido (junto al ya mencionado Ernesto Ramas) por denunciantes del Operativo Morgan como uno de los torturadores más activos durante los secuestros. “Fuimos invisibles para la sociedad” Marys Yic, hija del militante del PCU Nuble Yic, contó a Sala de Redacción los detalles de su lucha en la búsqueda de justicia por el homicidio de su padre. El crimen de Nuble Yic es uno de los 90 que están siendo denunciados en la causa por el Operativo Morgan. Nuble fue empleado de la rama cárnica, estaba casado y era padre de cuatro hijas. Marys, de sólo 11 años de edad en ese entonces, vivió el tormentoso secuestro de su padre como protagonista cuando “el 22 de octubre de 1975, a las 2 de la mañana, entraron seis personas, lo encapucharon, le esposaron las manos a la espalda, y se lo llevaron a punta de pistola con destino desconocido”. Además de llevarse a Yic, los secuestradores “se robaron todo, pusieron un mantel en la sala y se llevaron todo lo que quisieron, hasta mis cuadernos de la escuela”, cuenta Marys con el coraje de no quebrarse mientras sacude su memoria. Nuble Yic era enfermo cardíaco y los militares en ningún momento repararon en su condición, torturándolo con especial saña y negándole todas las medicinas necesarias, tras haberlo secuestrado a pocos días de una internación por haber infartado y mientras Yic todavía se encontraba convaleciente. El rastro de Nuble Yic fue perseguido por su hija en una investigación que le tomó todo un año de trabajo y culminó cuando confirmó que el obrero cárnico había sufrido todo tipo de torturas en la “Casa de Punta Gorda”, la “Cárcel del Pueblo”, “300 Carlos” y la Brigada de Infantería Nº 1, donde murió de un infarto producto de las extremas torturas a las que fue sometido. Su dolencia cardíaca nunca fue atendida por los enfermeros y médicos, que secundaban a los torturadores. Un día antes de su muerte, Yic recibió la única visita que tuvo durante su tortuoso cautiverio. Su esposa e hijas comprobaron el deterioro físico por los meses contínuos de torturas. “Mi padre escondía las manos debajo de la mesa que nos separaba; después me enteré por mi madre que hacía eso para que yo no viera sus dedos, porque le habían arrancado las uñas”. Para acceder a esa visita, Marys, de sólo 11 años, tuvo que desnudarse delante de una militar y le apuntaron con una metralleta. Durante los breves instantes en que vio a su padre, Yic recuerda que “no podía dejar de llorar, tanto que mi madre me pidió que parara y mi padre le dijo ‘dejála que llore’”. “Los militares también condenaron a niños y adolescentes, y tres décadas más tarde muchos seguimos pagando las consecuencias de aquello”, dice Marys explicando el alcance del terrorismo de Estado. En la denuncia presentada sobre el caso Yic aparecen los nombres de médicos y enfermeros, cómplices de las torturas que provocaron la muerte de Nuble. Los nombres son: Dr. Milton Sarkissián (del Hospital Militar), un doctor de quien se sabe que su apellido es Rivero y dos enfermeros, uno de ellos de apellido Casiano (o Kasiano) y otro que trabajaba en el cuartel del Km 14 donde Nuble Yic murió y que se apellidaba Suna. Y es que a los problemas familiares y económicos que produce la desaparición forzada de un padre de familia, hay que añadir las secuelas psicológicas, de las que el Estado nunca se hizo cargo y ante las cuales Marys explica que “no fue una pelea entre adultos, nosotras eramos niños, fuímos torturadas psicológicamente y fuimos invisibles para la sociedad”. El alcance de las torturas hechas por militares durante la dictadura no terminaba en el cuerpo de los sometidos. Marys cuenta que durante parte del cautiverio de su padre “enviábamos un bolso con ropas, medicinas, lentes para ver y alimentos todas las semanas a una dependencia en el Prado y a pedido de los militares; ese bolso nos era devuelto con la ropa ensangrentada, los lentes y medicamentos sin tocar, y la comida podrida”, con lo que quedaba claro que la tortura se extendía fácilmente a todos los integrantes de la familia. Marys afirma que con sólo 11 años, tuvo que entender que el Estado era un peligro para ella y su famlia; y que todo lo iban a tener que hacer de la misma forma que han hecho esta denuncia, con muchísimo valor y a puro pulmón. Mercedes Labadie

Recordando…A fuego vivo: En memoria de Sebastián Acevedo

Recordando…A fuego vivo: En memoria de Sebastián Acevedo

El 9 de noviembre de 1983 se registra la detención de Galo y María Candelaria Acevedo Saez, hijos de Sebastián ACEVEDO BECERRA, por civiles armados que no se identificaron. Su padre desesperado los busca en diferentes recintos y solicita ayuda en numerosas partes, sospechando que se encuentran en poder de la CNI.

El 11 de noviembre de 1983, al no tener noticias de ellos, en señal de protesta y para presionar a las autoridades, rocía parafina y bencina en sus ropas en la Plaza de la ciudad, y debido a que un Carabinero intenta detenerlo, se prende fuego, muriendo a las pocas horas a consecuencia de la quemaduras que sufre.  

La Comisión estima que si bien Sebastián Acevedo murió a consecuencias de hechos provocados por su propia mano, y no cabe en rigor calificar su muerte de una violación de derechos humanos, es víctima de la violencia política, porque tomó la determinación que le costó la vida en un gesto extremo por salvar a sus hijos de consecuencias inciertas, pero que bien se podía temer fueran muy graves, o como modo desesperado de protestar por la situación que lo afligía como padre.

(Informe Rettig)


El Ciudadano

16 de Noviembre 2010

A fuego vivo: En memoria de Sebastián Acevedo

En tiempos de Dictadura Militar, el 9 de noviembre de 1983 se registra la detención de Galo y María Candelaria Acevedo Saez, hijos de Sebastián Acevedo Becerra, minero del carbón, por civiles armados que no se identificaron. Su padre desesperado los busca en diferentes recintos y solicita ayuda en numerosas partes, sospechando que se encuentran en poder de la CNI.
El 11 de noviembre de 1983, al no tener noticias de ellos y en señal de protesta y para presionar a las autoridades, rocía parafina y bencina en sus ropas en la Plaza de la ciudad. Cuando un carabierno intentó detenerlo, él prendió fuego a sus ropas y con él se extinguió también su vida. Murió a las pocas horas a consencuencia de las quemaduras.
La muerte de Sebastián refleja el dolor y angustia de quienes vivieron la desaparición de padres, madres, hijos y nietos. Es por esto, afirma Erika Acevedo, “que la inmolación de Sebastian sacudió la conciencia de todo Chile, desnudó el drama de las detenciones secretas y las torturas. El impacto de esta acción fue tal que la dictadura se vio obligada a reconocer la detención de Galo y Maria Candelaria Acevedo, para días más tarde dejarlos en libertad”.
“Como muestra de la repercusión social que tuvo este caso -cuenta la que es hija de Sebastián Acevedo- al interior de la Iglesia Católica surgió un movimiento contra la tortura que tomó el nombre de Sebastian Acevedo”.

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PiensaChile.cl

15 de Noviembre 2011

Nada esta olvidado, Nadie esta olvidado: Sebastián Acevedo:

Estaba desesperado. Pedía que la CNI le devolviera a sus dos hijos detenidos ilegalmente. Fue a la Vicaría de la Solidaridad, recorrió
comisarías, salas de prensa y conversó con autoridades civiles y militares. Pero a Sebastián Acevedo nadie lo ayudó. El 12 de noviembre de 1983 se instaló afuera de la Catedral de Concepción, se roció con bencina y se prendió. Ocho horas después murió. Los jóvenes habían sido acusados de organizar un plan terrorista. Antes de ser liberados, ambos fueron torturados en un recinto militar. La muerte de Acevedo conmovió al país e inspiró el capítulo 10 de la serie “Los archivos del cardenal”. Hoy sus hijos recuerdan a su padre con orgullo. Dicen que dio la vida por ellos.

No pudo seguir durmiendo. El miércoles 9 de noviembre de 1983, María Candelaria Acevedo se despertó con los gritos de su madre. Eran pasadas las siete de la mañana cuando más de treinta hombres entraron a su casa en la Villa Mora de Coronel, en la Octava Región. Todos estaban armados. La estudiante de 26 años no opuso resistencia. Era militante de las Juventudes Comunistas
y desde 1973 cumplía labores clandestinas.

A esa hora, Sebastián Acevedo, su padre, esperaba un bus para dirigirse a su trabajo en la constructora Lago Ranco de Concepción. Hacía unos días le habían advertido que dos de sus cuatro hijos eran seguidos por la CNI. Cuando vio pasar los furgones a toda velocidad, volvió corriendo a su domicilio. Después de un forcejeo, los hombres le dijeron: “Nos llevamos a su hija porque es terrorista”. Dos agentes de la CNI subieron a
María Candelaria a una camioneta blanca, vendaron sus ojos y comenzaron a dar vueltas por Coronel.

Una hora y media después detuvieron a Galo Acevedo, otro hijo de Sebastián. Dos autos se estacionaron afuera de la constructora donde trabajaba, la misma de su padre. Lo subieron a un furgón y le pegaron con la culata de la pistola en los testículos. Después de esposarlo, lo tiraron al suelo. Al detenerse en una comisaría para buscar a otro detenido, Galo escuchó que lo mencionaban: “Tenemos el regalo”.

Los hermanos Acevedo Sáez fueron llevados a un recinto militar ubicado frente al balneario de Playa Blanca, a tres kilómetros de Coronel.
Al día siguiente, el jueves 10 de noviembre, el diario El Sur de
Concepción –propiedad de la cadena El Mercurio- informó en una
escueta nota que varios miembros de una “red de militantes
comunistas” habían sido detenidos en la zona, por efectivos
policiales y de seguridad. Entre los nombres figuraban los hermanos
Acevedo. No se informaba sobre cargos, tribunal responsable ni del
lugar de detención al que habían sido trasladados (ver galería de
archivos de prensa de la época, abajo).
Sebastián Acevedo Becerra, fue un obrero chileno, que ante el dolor
de la ausencia de sus hijos, detenidos por agentes de la CNI, se
inmola en la Plaza de Armas de la ciudad de Concepción.
Un padre busca a sus hijos
El 9 de noviembre de 1983 se registra la detención de Galo y María
Candelaria Acevedo Saez, por civiles armados que no se
identificaron. Ambos eran hijos de Sebastián Acevedo Becerra,
minero del carbón. Este padre desesperado por el paradero de sus
hijos los busca en diferentes recintos, solicita ayuda en numerosas
partes, sospechando que se encuentran en poder de la CNI.
Al no tener noticias de ellos, dos días luego de la detención de sus
hijos, el 11 de noviembre de 1983, en señal de protesta para
presionar a las autoridades, se rocía parafina y bencina en sus ropas
en la Plaza de Armas de Concepción. Cuando un carabinero intentó
detenerlo, él prendió fuego a sus ropas y con él se extinguió también
su vida. Murió a las pocas horas a consecuencia de las quemaduras.
La muerte de Sebastián refleja el dolor y angustia de quienes
vivieron la desaparición de padres, madres, hijos y nietos. Es por
esto, señala su hija Erika Acevedo:
“Que la inmolación de Sebastián sacudió la conciencia de todo
Chile, desnudó el drama de las detenciones secretas y las torturas. El
impacto de esta acción fue tal que la dictadura se vio obligada a
reconocer la detención.
Luego de los hechos su hija Candelaria fue liberada, pudo ir al
Hospital Regional de Concepción y despedirse de su padre
moribundo, este pudo ver que su hija había sido liberada. Sus
últimas palabras para su hija fueron:
“Me dijo que cuidara a mi hijo, a mi hermano, que no dejara
abandonada a mi madre”. Luego de la muerte de su padre, sus hijos
nuevamente fueron detenidos: María Candelaria cayó nuevamente
detenida el 30 de noviembre de 1983, estuvo presa un año y dos
meses. Su hermano Galo Fernando estaría detenido durante dos
años. En el lugar mismo donde se inmolo se pintó una cruz roja,
para recordar su heroìsmo.

Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo

Ante los hechos sucedidos en Concepción, un grupo de personas
que protestaba contra la tortura que practicaba la CNI decidió poner
como nombre a su movimiento Sebastián Acevedo. Este grupo
estaba coordinado por el jesuita José Aldunate nació así el
Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo, que realizaba
una protesta pacífica en las calles.
Tuvieron 180 salidas a la calle en siete años. Sin ofender, sin armas,
simplemente proclamando o denunciando la tortura.
Recuerda el padre Aldunate una de estas acciones: “Escogimos un
lugar de torturas que estaba en avenida Borgoño, donde había un
portón de fierro. Llevamos un lienzo que decía

 

“aquí se tortura”.
Armamos un escándalo en la calle, páramos el tráfico, echamos un
canto, juntamos 70 personas. Hasta que llegaron los carabineros,
con sus carros. Se llevaron a algunos, otros nos metimos en los
carros, por fuerza. Llegamos a las comisarías, allá no encontraban
qué hacer con nosotros. Nos tomaron los nombres, las fotos,
etcétera. Y nos echaron a la calle a las 11 de la noche”.

Tercera Generación: La Voz de los Nietos. “Mucho nos arrebataron ese día”

Rebelion. Mucho nos arrebataron ese día.

A Víctor Hugo Morales Mazuela
Mucho nos arrebataron ese día
Un 9 de agosto de 1976 te hicieron desaparecer. Mucho nos arrebataron ese día, cuando ni siquiera tu cuerpo nos dejaron. Siempre quise decirte muchas cosas, aunque ahora me doy cuenta de que más me hubiera gustado escucharte, saber de ti no por los fragmentos, no por los retazos de biografía que nos quedaron, sino por tu voz, por tu presencia. Siempre te admiré, cada pedazo de tu vida me despertaba una gran curiosidad, cómo eras, qué te gustaba, de qué cosas te reías, cuáles eran tus planes, quiénes eran tus amigos. A los pocos, muy a los pocos te fui conociendo. Recuerdo que no hace mucho, en un homenaje a los fundadores de la población La Victoria, un compañero y amigo tuyo, me presentó a otro compañero y le dijo: “Mira, este es el nieto del chico Morales” y sus miradas me hicieron sentir que en sus ojos era yo quien te veía. O aquella vez en que la célula del Partido que lleva tu nombre te homenajeó convidando a tus vecinos de la Ranquil a la ceremonia y ellos cantaron la Internacional con nosotros, parecía que tú también decías, una vez más, “Arriba los pobres del mundo”. A veces en el tío Vlady, tu compadre, también te veía, cuando contaba historias de bares en las que estabas presente. Por él supe que eras bueno pa’ la talla, amigo de los amigos y excelente bailarín, al igual que él. Que eras porfiado y valiente y que, por eso, seguramente no hablaste en medio de la tortura, que al contrario, como decía Benedetti, puteaste como un loco, que es una linda forma de callar. Todas aquellos que te conocieron me han dicho que eras una gran persona y sobre todo un gran compañero, un gran comunista, fiel a sus ideas y principios. Hasta el día de hoy me enorgullece tu trayectoria, tu condición de obrero autodidacta, como digno representante de las enseñanzas de Recabarren o de Don Elías Laferte. Que, como ellos, eras de los que el terno jamás se quitaban, porque había que ser el espejo donde la clase se mirara, como los comunistas de antes, los que sobrevivieron a la Ley Maldita, los que con Allende llegaron a La Moneda y con él se quedaron hasta el fin. Que eras uno de esos viejos, uno de eso grandes viejos, de aquellos tiempos “cuando al Partido sólo entraban lo héroes”, como en el poema de Jorge Teiller. Cómo me hubiera gustado escuchar tus historias de los tiempos de la “Ley Maldita”, cuando por reinosista casi te echaron de la Jota. Por ejemplo, que me contaras cómo fue ese rayado en el centro en plena represión de “el traidor” González Videla. Me hubiese gustado que me contaras también cómo pasaste de ser maestro a Jefe de Obras, para escuchar de tus labios aquella historia de tu respuesta a los profesionales que te preguntaban en qué universidad habías estudiado y tú le decías “pues en la Universidad de la Vida”. Aunque más me gustaría que supieras cómo tu compañera te buscó, cómo luchó, cómo, con su pena acuestas, deambuló por cada rincón de Santiago pronunciando tu nombre, cómo desafió a la Dictadura, con tu foto en el pecho, preguntando ¿dónde está? El pecho se te hincharía al saber cómo ella y las esposas de tus compañeros los buscaron y se convirtieron en las primeras en enfrentar a la Dictadura, marchando, haciendo huelga de hambre, denunciando y manteniendo viva la memoria de nuestro pueblo. Estarías orgulloso de saber también cómo tus hijos y nietos lucharon, que no pusieron la otra mejilla y se convirtieron en canción, en barricada, en la piedra en la mano del pueblo, en sindicato, en protesta en la población. De saber que jamás te olvidaron y que los inspirabas, que los obligabas a no tener miedo, que los llevabas a jugársela un poco más cada día hasta que la Dictadura cayera. A más de 30 años de tu desaparición, tu esposa, tus hijos, tus nietos siguen pidiendo justicia, pero cuando dicen justicia no piensan solamente en tu cuerpo, no exigen sólo saber la verdad, no exigen sólo castigo a los culpables. Cuando dicen justicia, dicen justicia para Chile, que cuando la DINA te secuestraba no era tu cuerpo el objetivo, era la idea de un país distinto la que ametrallaban en las calles, eran los derechos conquistados por el pueblo lo que querían asesinar y en parte lo lograron, aún no se reconquista todo lo perdido en esos años. Por eso hoy decir tu nombre, recordarte, es rebelarse contra un Chile injusto, es afirmar que las ideas por las que te sacrificaste no han muerto, que están vivas, no apenas en la memoria de los que se niegan a olvidar, sino que en cada nueva lucha, en cada grito por libertad, por educación para todos, por salarios justos o por tierra. Aún estás con nosotros porque la idea de Chile por la que luchaste aún está en pie, porque te vivificamos cada vez que comprendemos que el mejor homenaje es seguir tu ejemplo. Relacionados: Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.