ASÍ NOS HICIMOS INVISIBLES

ASÍ NOS HICIMOS INVISIBLES

ASÍ NOS HICIMOS INVISIBLES

Yo no fui un gran orador en el gobierno del Presidente Salvador Allende. Traté, eso sí, de marcar el espacio de mis amigos y compañeros de revuelta. Sí, nos tomamos el liceo, muchas veces nos tomamos el liceo, también dijimos que el socialismo era una forma de vida. Fidel Castro y sus extensos discursos nos llenaron la cabeza de frases y discursos que no dejaban dormir. Pinté con ayuda de mi hermano una muralla con el rostro del Ché en nuestra pieza, cuestión que a nuestros padres no le gustó mucho pero finalmente reconocieron nuestro derecho a pensar, en esa casa doña Silvia era demócrata cristiana y don Pablo masón y radical. Así crecimos pintando nuevamente el rostro del Ché, pero esta vez estaba acompañado de Fidel.

Habiendo pasado los años me pregunté, ¿por qué salíamos a marchar, por qué nos tomábamos el liceo? La única respuesta era saber que luchábamos por “un mundo mejor”. Como estudiantes no teníamos reivindicaciones propias, entonces nos tomábamos las reivindicaciones de los obreros, de los pobladores, de los campesinos, de los pueblos originarios. Salíamos de parranda a pocas cuadras de la casa y la mayoría estudiábamos a Carlos Marx y unos pocos a León Trotski o Mao.

Yo pertenezco a ese tropel de estudiantes que buscábamos apurar el proceso que encabezaba el Presidente Salvador Allende. Teníamos extensas reuniones de base. Éramos comunistas, éramos socialistas, éramos miristas, éramos también radicales. Cada uno defendía su bandera y su partido mientras la vida se definía como un futuro inacabable. Éramos felices. Sospecho que Allamand y sus huestes derechistas también eran felices. Él incluso se cambió de liceo para hacernos la collera, un niñito de liceo particular no se estilaba en la política estudiantil secundaria.

Eran tiempos de filas para comprar el pan, de debates en la micro, de risas en la fila, de expropiaciones, de Reforma Agraria. Detrás de aquella señora de chaqueta verde, esa que mira desconcertada, ahí, justo al lado del señor con gorro, ¡esa es mi tía Juana! Salió a comprar pan y no ha vuelto, si alguien reconoce a esa señora le solicito que le indique como salir de ese atolladero. Me llamó hace poco para preguntar si puedo ir a buscarla, pero yo estoy en Chile y no hay locomoción desde aquí, ahora está conversando con un policía para que le indique la salida… Me volvió a llamar para decirme que ya llega con el pan… Hay una cola muy larga, mijo, mejor espérame con pan amasado. Ella estaba exiliada, pero nosotros no supimos el drama que aquello significaba, la doña era antigua en este barrio pero un día se esfumó, se fue mientras nosotros tratábamos de terminar los estudios, mientras nos pasábamos papelitos con las tareas del periodo, mientras aun llorábamos y nos cambiábamos de nombre.
A los pocos meses o años se nos olvidó doña Juana, le preguntamos a la vecina Laura y al viejito del negocio, le preguntamos a los que eran de derecha en la población, le preguntamos a la hermana de un primo medio derechista, él nos habló nuevamente del exilio y nuevamente no entendimos. Mi hermano dijo que eran los que se iban al extranjero. Yo no le creí, me fui a la casa, revisé todos los cajones buscando alguna señal. Aquellos que continuamos en la tarea de hacer una revolución debimos protegernos las espaldas. Todos debimos cuidarnos, unos y otros nos sentamos en la misma mesa, en la misma calle donde acosaba el feroz persecutor. Por lo que sé, fueron muy pocos los que delataron alguna casa, alguna guarida, alguna información, pero me enamoré de una muchacha que tenía siempre la palabra correcta a la hora de bajar las manos.

Era martes, despertamos en una toma en Puente Alto. A lo lejos se escuchaban disparos. Todos estábamos rondando los veinte años. No había teléfono celular, por lo que optamos por cruzar el Río Maipo a pie, mojados hasta la cintura reímos de la salvada y nos tiramos al sol para secarnos. Nos abrazamos y decidimos enfilar cada uno a su casa.

Así comienza la guerra. Estudios interrumpidos, novias que bajaban la cara al vernos, las noticias llegaban de boca en boca. El General Prat nunca pensó en preparar una ofensiva contra nuestra resistencia, tampoco el Presidente Allende se suicidio. Era la clandestinidad, el caminar esperando una cara conocida, caminando con el temor de que desde un automóvil bajaran con metrallas. Fue larga la guerra. Aún recuerdo algunos de los nombres que usaba para sobrevivir. En una cajita de fósforos me llegó la noticia de que Esteban no aparecía, también que Roberto estaba prisionero en Cuatro Álamos, en Tres Álamos, en Ritoque, en Puchuncaví, en el Estadio Nacional, en los regimientos y cuarteles de Carabinero.

Estuvimos atentos a mensajes que se leían con un libro, descifrando línea por línea, palabra por palabras, letra por letra. A los pocos meses o años recordamos a doña Juana, estaba moribunda en Bélgica. No sabemos si la sepultamos en Chillán o en Madrid, ella siempre dijo que le gustaba viajar hasta Cartagena. Éramos fantasmas, éramos invisibles, éramos sujetos sospechosos, éramos de la Resistencia, éramos comunistas, éramos miristas y socialistas, éramos un puñado de cabezas duras. Nos reuníamos en las iglesias mientras las beatas rezaban y nos deseaban una parte del Espíritu Santo.

Donde estaba el muro con la imagen del Ché y Fidel hoy es una estación de Tren Metropolitano. A esta fecha no aparecen nuestros amigos que cayeron en manos del enemigo. Escribo esto porque mis hijos no me creen tanto riesgo. Escribo para sanarme de esa enfermedad que era el miedo, el terror y la esperanza. Me ilusiono con que alguna vez podamos encontrar a miles de amigos detenidos desaparecidos. Me ilusiono con poder traer los restos de doña Juana a Cartagena. Me ilusiono con una marcha multitudinaria de obreros en La Alameda.

Hace mucho tiempo que nadie me conoce como Alejandro. Me llamo Cristian. No soy rubio, estoy canoso, pero aún estoy atento del hombre ese que camina tras mis pasos. Esta vez no caigo en la encerrona. Lo que vino después de esta historia es para largo. Por lo pronto, debo reencontrarme con las palabras que nos robaron. Debo hacer el ejercicio de abrazar a mi vecino comunista, a mi pariente socialista y a un puñado de miristas que caminan observando de reojo al que viene tras sus pasos.

Aún nos queda mucho por hacer.

Tomado de: dilemas.cl

Por *Cristian Cottet

*

Cristian Cottet Villalobos

Cristian Cottet Villalobos (Santiago, 1955), Antropólogo de la Universidad Bolivariana. Posee estudios en Ingeniería Mecánica y Pedagogía Básica.

 Últimas actividades

2012 – 2013.  Investigación: “¡Baila Chinita, baila! Religiosidad y construcción social en

Andacollo

Resumen: Trabajo de campo en la ciudad de Andacollo (IV Región), referida a las ceremonias religiosas.

2012. Profesor de cátedras: “Derechos Humanos” “Metodología de la Investigación” (Universidad Bolivariana) y “Taller de observación” , “Taller de metodología de la investigación” (Universidad ARCIS).

2012. Investigación, revisión de textos y prólogo del libro “El hablar minero en Andacollo”.

2010. Investigación: “Identificación, localización y catastro de complejos religiosos y ceremoniales mapuche. Regiones del Bío-Bío, La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos”, del Consejo de Monumentos Nacionales (CMN), Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI) y el Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC-UHC).

Resumen: Trabajo de campo en las regiones indicadas, direccionado a catastrar espacios y/o territorios donde se desarrollan actividades religiosas o de actualización cultural, por las comunidades mapuches de la zona. Informe Final con prólogo “Complejos ceremoniales en la cultura mapuche”.

2010-2011. Asesor en el Ámbito Social en el Proyecto FONDART Región Metropolitana “Murales para mi barrio”.

Resumen: Capacitación a los jóvenes integrantes del Taller “Murales para mi barrio”

1988 – 2012. Fundador, Director y Editor de Mosquito Editores.

 

Libros publicados

–Amor y rebeldía; Ediciones Minga; Santiago de Chile, 1981 (poesía)

–Urbanidades; Ediciones Resurgence (Laussane, Suiza) / Taller el Sol (Santiago de Chile); 1983 (poesía)

–Chiloé, noventa días; Publicado por los Talleres Culturales de Castro; 1983 (poesía)

–Épica inconclusa; Ediciones FUNDECHI; Ancud, Chile; 1985 (poesía)

–La comunicación; Centro de Investigación Social; Santiago de Chile; 1985 (manual de medios de reproducción y comunicación)

–Proclama para anunciar un manifiesto de la épica; autoeditado; Santiago de Chile; 1985; poesía; complemento de intervención poética en Centro Cultural Mapocho

–Manifiesto un terrible descontento con ayer; autoeditado; Santiago de Chile; 1986 (poesía)

–Has recuperada nada; Mosquito Comunicaciones; Santiago de Chile; 1990 (poesía)

–Libro de hechos inevitables; Mosquito Comunicaciones; Santiago de Chile; 1996 (poesía)

–Interpretaciones y testimonios; Mosquito Comunicaciones; Santiago de Chile; 2002 (poesía)

–Carlos Sánchez: La razón de estar gay; Mosquito Comunicaciones; Santiago de Chile; 2005 (testimonio).

–¿Se atreve usted don Jano?; Mosquito Editores / Colección Crímenes Criollos; octubre 2009 (novela). Se terminó con la Beca de Creación del Consejo Nacional del Libro y la Lectura (1999).

Correo electrónico: cristiancottet@gmail.com 

cristina guerra,

15 feb. 2013 9:35

Sol, nieve y nostalgia.

Origen: Sol, nieve y nostalgia.

Sol, nieve y nostalgia
Rossana Cárcamo Serey
De madrugada me atacó la nostalgia y no pude sacarla de mi lecho. Me susurraba al oído canciones añejas y trasnochadas; me decía que las cosas han cambiado, que los amigos crecieron y se hicieron padres de familia y profesionales y que mis tías y tíos van acumulando arrugas y achaques, sin poder hacerles el quite.
Me contaba un poco avergonzada que no le gusta molestarme, pero se siente bien cuando la dejo abierta una rendija para acurrucarse en mi pecho.
Ella está convencida que su calor derrite la escarcha del jardín y que su respiración ahuyenta al viento gélido de Europa.
Me pedía que no la dejara morir, porque si lo hacía, nada tendría sentido.

Necesito el olor a tierra mojada, a vereda húmeda en tarde de primavera.
Me es urgente recorrer las calles que sólo he pisado en sueños estos últimos años.
Mi vista escudriña en cada recodo de la memoria algún detalle nuevo, alguna sorpresa para empezar el día.
Intento suplir las imágenes perdidas con fotos virtuales, pero el espejismo desaparece cuando toco la pantalla del ordenador
Por momentos, el sol que asoma y juega entre las nubes, me hace volver a la adolescencia y una sonrisa se dibuja entonces, frente al cristal de la ventana.

Entre la querencia y yo hemos firmado un pacto de no agresión, yo no le cierro el paso y ella me suministra esa cuota de valor, para no olvidar.

Diecisiete años duró la dictadura y dieciocho años lleva la Concertación sin hacer esfuerzo alguno, para que los chilenos obligados al destierro puedan volver.
Es cierto, yo no he sido nunca una exiliada, jamás me he considerado así, porque nadie me expulsó del país, pero no puedo condenar a mi hijo a vivir lejos de su padre.
El amor me trajo a tierras lejanas y aunque apagué la flama por voluntad propia, no puedo castigar al fruto de tal unión con un retorno anticipado.
A veces me sale la amargura de la derrota, la pena por esa alegría que creí llegaría para todos y que sólo ha tocado a unos cuantos que cambiaron vestiduras.

Cae el polvo de nieve y mis ideas tienden a congelarse.
El crepúsculo avanza y sé que debo comer, estudiar y estar con los míos, pero me aferro al teclado en un acto de rebeldía.
No hay caso, sigo siendo una niña en un cuerpo de cuarenta años.

Sol, Nieve y Nostalgia

Santiago de Chile 1985, 03:00. Miguel Angel Pezoa

Santiago de Chile 1985, 03:00. Miguel Angel Pezoa

Santiago de Chile 1985, 03:00 AM

Volantes de la Memoria
La lluvia ha cesado de caer sobre Santiago y las calles oscuras y mojadas reflejan las luces de las luminarias públicas, el frío se hace dueño de la noche y un grupo de muchachos están parados en la esquina bajo el alero de un techo que apenas cubre sus cuerpos destruidos, unas cajas de vino y algunos pitillos alimentan sus cuerpos y almas… Un auto con sus luces apagadas se desplaza lentamente con cuatro civiles en su interior, dos de ellos fuman, otro se empina una petaca de pisco para matar el frío según él. Tienen como misión encontrar la casa donde se oculta un joven militante de una organización político militar y que es acusado de participar en el atentado contra una torre de alta tensión en la comuna de Pudahuel, la que provocó el corte de luz durante la noche anterior.
En una casa pequeña, una joven pareja se da a la tarea de crear vida en medio de tanta muerte, en otra vivienda un pareja de ancianos espera en silencio tener más vida ante el inminente final de sus historias, un poco más allá hay una casa iluminada por la luz que resplandece del poste del alumbrado público, con un televisor que transmite las noticias del atentado y posterior corte de energía eléctrica, al interior de ella hay dos muchachos que aguardan en silencio y con sendas pistolas cargadas la irrupción de los “chanchos”.

Los jóvenes que estaban en la esquina tomando y fumando bajo la sombra de los arboles y cubiertos por el pequeño techo, miraban como el vehículo avanzaba por la calle lentamente, el ladrido de los perros se hizo ensordecedor, de una ventana se asoma el rostro de a señora María, una anciana que vivía sola y sabía todo lo que pasaba en su cuadra, un poco más allá se enciende un farol en el ante jardín de una casa, el vehículo que circulaba a oscuras enciende sus luces y acelera lentamente para doblar en la próxima esquina y perderse, seguramente durante la madrugada aparecerá de nuevo.

El frío ha tomado por asalto la comuna de La Florida y todo el resto de la Región Metropolitana, el silencio cómplice de las calles se hace presente cuando nuevamente aparece el vehículo sin luces en el mismo pasaje de la población buscando al muchacho, la joven pareja duerme tranquila después de dedicarse a la noble tarea de amar, los dos ancianos siguen esperando la llegada de la “pelá”, quizás demore un día más, el farol del ante jardín está apagado, la anciana señora María se vuelve asomar por la ventana, los jóvenes de la esquina han desaparecido, un par de cajas son el mudo reflejo de su paso por aquella oscura y fría estación en su andar, los dos muchachos duermen con sus respectivas pistolas bajo la cabecera, un ojo medio abierto y el oído aguzado para despertar ante cualquier ruido extraño, los perros se han dormido o se encuentran en sus refugios tratando de mantener el calor.

El grupo de agentes que viaja al interior del auto preparan sus armas, un par de pistolas al cinto, todos con una metralleta UZI unos brazaletes naranjos en sus brazos. Detienen el vehículo y bajan rápidamente y en silencio, uno de ellos se aposta detrás de un árbol, mientras otro lo hace detrás de un poste de luz, los otros dos saltan la pequeña reja del ante jardín para derribar la puerta de la casa.

Los dos muchachos ya han despertado y esperan en la oscuridad el ingreso de los “chanchos” para repelerlos a balazos, de pronto la puerta de la casa se abre tras un par de golpes de patadas y comienza el intercambio de disparos, el fuego de las UZI ilumina el interior de la casa, las dos pistolas de los muchachos responden como pueden, el enfrentamiento es desigual hasta que los jóvenes que estaban en la esquina del pasaje hace unas horas se hacen presente con un par de fusiles AK y unos revolver, los agentes se saben perdidos y tratan de huir, en el intento un “chancho” cae herido y es arrastrado hasta el vehículo que sale raudo en medio de un fuego cruzado.

Las luces de las casas se han encendido tímidamente una vez que ha silenciado el infierno, los jóvenes llegan corriendo fusil en mano y las caras cubiertas con pañoletas y pasamontañas, al interior de la casa uno de los muchachos está herido con un par de impacto de bala, la casa está destrozada. Los jóvenes toman a los muchachos, el herido de unos 17 años y su compañero de unos 20 años, los sacan a la calles mientras se acerca raudo un vehículo al cual son subidos y desaparecen dejando todo detrás, en la huida un silencio les cubre la espalda y las miradas de los vecinos que se asoman por las ventanas.

Los muchachos que aparecieron para salvar la vida de estos dos jóvenes, si bien eran del sector, vivían a unas cuadras de ese pasaje y se encontraban en la esquina todas las noches desde hacía unas semanas, cuando su contacto les informó que esa era una casa de seguridad y que llegarían unos compañeros, para que la protegieran en caso de ser necesario.

La mañana llegó plagada de noticias del enfrentamiento la noche anterior en la comuna de La Florida, donde un agente de la CNI había muerto producto de los impacto de bala recibidos durante el escape, los vecinos hablaban en los noticiarios del grupo de subversivos que habían “asesinado” al “ceneta”, mientras tanto en una comuna del sector oriente de Santiago, en una clínica clandestina, la luz de los ojos del joven de 17 años se apagaba.

Cine chileno. El Edificio de los chilenos. Desacralización de la militancia heroica,

Hijxs de la Memoria Chile 

Tamara Vidaurrazaga ( hija de Ignacio y Soledad) es periodista, tiene un magíster de genero y es candidata a doctora en Estudios Latinoamericanos. Investiga sobre las organizaciones que propugnaron la lucha armada en los setenta latinoamericanos, especialmente respecto de las mujeres que participaron en ellas. Últimamente ha investigado sobre las memorias de los hijos/as de militantes. Tiene una hija y le gusta el suchi.

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Tamara Vidaurrazaga es periodista, tiene un magíster de genero y es candidata a doctora en Estudios Latinoamericanos. Investiga sobre las organizaciones que propugnaron la lucha armada en los setenta latinoamericanos, especialmente respecto de las mujeres que participaron en ellas. Últimamente ha investigado sobre las memorias de los hijos/as de militantes. Tiene una hija y le gusta el suchi.

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SSA51666 (Photo credit: Memoria Urgente)
Desde Otro Lugar

La Memoria de “los hijos de” en el documental El Edificio de los chilenos.

http://www.lafuga.cl/desde-otro-lugar/647


“El vacío es un camino que sólo se llena al recorrerlo”, son las palabras con las que comienza el documental El edificio de los chilenos de Macarena Aguiló. Y haberlo hecho, es la manera en que su autora y protagonista, llena el vacío de su vida tras el abandono por parte de su padre y madre, para luchar en Chile contra la dictadura de Pinochet. Partiendo desde la biografía de la propia autora, el documental narra la historia del “Proyecto Hogares” del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, pensado para reemplazar el cuidado paterno y materno de niños y niñas cuyos progenitores regresaron a combatir clandestinamente a Chile a fines de los años ‘70.

El edificio de los chilenos, no es la obra de una investigadora aséptica del periodo, sino de una hija de militantes del MIR, organización político militar que resistió a la dictadura de Pinochet. Antes niña, ahora mujer, creció con el peso de progenitores héroes de la izquierda latinoamericana, víctimas de la represión, con la responsabilidad de ser lo suficientemente buena descendiente de tamaños personajes.

Su relato, y los relatos que entretejen poco a poco la narración audiovisual, humanizan a los progenitores -y con ello al resto de los y las militantes de las izquierdas de los setenta- cuyas imágenes se debaten en la dicotomía héroe/víctima, complejizándolos a través de los rasgos de humanidad que nos entregan, para aportar a la reconstrucción de una memoria que solo recientemente ha sido contada.

Macarena reconstruye una memoria otra del periodo, la de “los hijos de”, que no eligieron su lugar en la historia, pero fueron fuertemente influenciados por las decisiones maternas/paternas. Lo hace de manera crítica, sabiendo también que tiene el permiso por el lugar que ocupa en la historia –es hija de- pero también porque fue claramente víctima de la dictadura, lo que le da el permiso social para incurrir en un acto de desacralización de la militancia heroica, relato que prima todavía al interior de la izquierda chilena. Macarena no solo fue víctima al vivir el abandono materno/paterno, sino también al ser secuestrada siendo niña, por agentes de la represión dictatorial como forma de presionar a su padre para que se entregara.

Esta obra rompe con la dicotomía público-privado, y con el tácito acuerdo de hablar de los aspectos públicos de la militancia, poniendo la inflexión en los sucesos y consecuencias de las decisiones tomadas en las vidas íntimas de los militantes de la época y de las misma narradora-protagonista en la actualidad.

En el recorrido de la narración hay una búsqueda evidente por reconstruir la propia biografía a través de las memorias de un país dolorido y todavía silenciado en este plano, puesto que las miradas críticas respecto de como se vivieron las militancias y la forma en que se memorializa a los protagonistas de los setenta, ya sea que estén vivos o muertos; todavía resultan incipientes.

Humanización de la militancia

Cuando Macarena habla de sí misma, habla de las consecuencias que para ella y otros hijos e hijas de militantes, tuvieron y siguen teniendo las decisiones que sus progenitores tomaron. Está refiriéndose a una generación anterior que creyó en la revolución como un hecho tangible y posible, como señala Claudia Gilman (2003)cuando se refiere al concepto de época. Según Gilman la época se termina cuando la revolución deja de ser posible y se transforma en utopía. Es desde este tiempo actual, en que la revolución dejó de ser concreta para transformarse en utopía que la narradora de este documental mira hacia el pasado, ese pasado en que la revolución se produciría de manera inmediata, por lo que, para sus progenitores, valía la pena dejar todo lo personal en pos del objetivo urgente y colectivo: la revolución socialista.

El documental se refiere a la generación militante de sus progenitores, transgrediendo la dicotomía víctima/héroe, que ha sido construida desde las izquierdas. La noción de víctimas responde a un primer momento en el que era necesario exigir verdad y justicia y dejar en claro las atrocidades de las violaciones a los derechos humanos cometidas por las dictaduras chilena y argentina. En esta etapa se silencian los aspectos combativos de estos protagonistas, reconstruyendo sus biografías esencialmente en torno a las represiones de las que fueron víctimas, con el fin de dejar en claro socialmente que las acciones del Estado habían sido desmedidas e inhumanas.

Con victimización nos referimos a la reducción de la víctima a este rol unívoco y homogéneo, noción en la que se desconoce otras aristas de quienes sin lugar a dudas se convirtieron en víctimas, pero a la vez jugaron roles como combatientes y articuladores de proyectos de vida subversivos al sistema hegemónico.

El relato que sigue al de la victimización, es el del heroísmo. Una memoria que se refiere a la generación protagonista de los setenta esencialmente como militantes y combatientes que eligieron un proyecto de vida y sociedad por el que incluso estuvieron dispuestos a perder la vida. Este relato reivindica el proyecto revolucionario de esta generación como algo posible y deseable no solo en ese pasado reciente, sino también en nuestro presente y futuro. Por heroísmo entendemos aquella memoria que -al contrario de la victimización- recuerda a los protagonistas de las luchas de los setenta y ochenta como héroes que nunca se equivocaron y cuyo proyecto puede y debe emularse sin críticas ni cuestionamientos.

En El edificio de los chilenos se evidencia una subversión a esta posibilidad dicotómica de memorias sobre los y las militantes, reconstruyendo un relato en el que estos personajes se humanizan y por tanto se vuelven más complejos, llenos de zonas grises.

No es la gesta pública -ni el martirio producto de ésta- lo que se narra, sino las consecuencias que el sueño revolucionario implicó en la vida privada de los descendientes de los protagonistas de la época revolucionaria. Los otrora héroes del documental caen ante la pregunta de la nueva generación que no desea necesariamente ser heroica pero tuvieron que serlo a la fuerza: ¿por qué nos abandonaron? Los adultos responsables de las decisiones de antaño se vuelven humanos ante esta pregunta e incluso lloran. Algunos no se perdonan lo hecho, otros no saben qué decir. Ninguno repite la excusa de antaño “por todos los niños del mundo”, la excusa ya no es tan poderosa en los cuerpos concretos de los abandonados, cuando se da en medio de la derrota política. El sacrificio ha sido estéril. Algunos progenitores nunca volvieron y aún así la revolución ansiada no ganó.

Transgresión público/privado y tránsito de lo individual a lo colectivo

En esta obra se produce un tránsito desde la propia biografía hacia una historia colectiva, transgrediendo además la dicotomía público/privado y el acuerdo tácito de referirse a la militancia setentista solo en términos de la gesta pública, obviando cómo lo público y lo privado se influenciaron mutuamente en este periodo.

Se evidencia una autorreferencia constante a la propia historia, a los documentos personales, a los recuerdos íntimos, aportes que reiteradamente devuelven al documental la veracidad de la historia. Son las cartas que escribe la madre de Macarena tras dejarla a cargo de los “padres sociales” del “Proyecto Hogares”, las fotografías de Cuba, su diario de vida, los dibujos infantiles y los recortes de la época.

La historia de Aguiló es también la de un colectivo de infantes dejados en el proyecto hogares en Cuba, y la de un número no contabilizado de menores que fueron abandonados por padres y madres que priorizaron por el compromiso de la militancia en Chile. De su relato Aguiló salta al relato de sus hermanos sociales, de sus hermanos sociales a otros ex niños/as que vivieron la experiencia, de ellos a sus padres biológicos y sociales, a los padres de otros, a quienes planearon el proyecto sin tener hijos en él.

El documental transgrede uno de los conceptos más enclaustrantes para occidente: la dicotomía público-privado (Pateman, 1996), puesto que complejiza una memoria de lo público a través de los recuerdos personales. Los militantes dejan de ser reconstruidos desde sus labores en lo público: el trabajo por la revolución, y más bien se rehace la historia de cómo en lo cotidiano tuvieron que tomar opciones dolorosas que implicaron a otros/as, quienes heredaron las consecuencias de esas decisiones. Relato que es incipientemente contado porque resulta más doloroso aún que los dolores públicos de la revolución perdida.

El deber ser de una generación pospuesta por el proyecto revolucionario

La transparencia de Aguiló, las dudas y dolores expuestos y la inconformidad ante el deber ser heredado por ser hija de militantes, facilitan la empatía con los relatos y las verdades allí puestas en discusión.

Son parte de una generación pospuesta por la revolución inminente. La urgencia de ésta fue tan grande que para el héroe-militante la lucha pública-abstracta fue el ejercicio fundamental y ante el cual todos los demás dejó de ser prioritario. Se rompió así el orden “natural-cultural” en el que los hijos-concretos son primordiales, sobre todo en el caso de las mujeres quienes transgredieron en mayor medida el deber ser sexo genérico, dejando atrás el rol de madres abnegadas.

Macarena y el colectivo de infantes de quien se reconstruye la historia, son víctimas invisibilizadas de dictaduras que pusieron a una generación de adultos entre la disyuntiva de luchar o hacer la vista gorda. Luchar con armas o políticamente. Mantenerse al lado de los hijos/as o posponerlos hasta el supuesto triunfo.

Pertenecen a una generación que supieron lo que es un segundo lugar en la vida de sus padres y madres, cediendo sin chistar un espacio que culturalmente les correspondía, siendo sacrificados por los adultos como exigencia para lograr la ansiada revolución, revolución que finalmente fue derrotada en Chile, haciendo aún más trágica la opción de lo colectivo por sobre lo personal.

En la obra se leen silencios incómodos que evidencian un trauma colectivo y aún invisible. No son combatientes escogiendo su lugar en la historia. No pudieron decidir por qué bando optarían. Ni dar un paso al lado. La decisión fue tomada por otros, adultos, que con sus determinaciones guiaron la historia individual y colectiva de esta generación pospuesta por el proyecto revolucionario.

Aguiló devela no solo lo que significa ser hoy “hija de”, sino lo que les implicó en sus infancias este deber ser, el mandato a cumplir para merecer el cartel de hijas de revolucionarios, exigencia que se le hace a estos niños y niñas, herederos de los sueños revolucionarios de sus progenitores.

“Queríamos hacer niños nuevos”, dice una madre social entrevistada para el documental de Aguiló, refiriéndose a cómo fue en estos infantes que los y las militantes plasmaron el sueño guevarista de formar el “hombre nuevo”. La exigencia entonces era ser los mejores en todo, como le recomendaba el “Che” Guevara a su hija Hilda en una de sus cartas desde Bolivia: la mejor en los estudios, la más solidaria, la mejor hija y hermana, formando así a la verdadera revolucionaria.

Evidentemente el ser hijos/as de la vanguardia le entregaba a estos pequeños/as- protagonistas del documental- la tarea de ser también vanguardia en la conformación de pequeños “hombres nuevos” que se formarían en Cuba, el país de la revolución y los sueños guevaristas per se. Margarita Marchi, la madre biológica de Aguiló, define claramente qué querían lograr con los hijos/as del “Proyecto Hogares”: “queríamos niños con capacidad subversiva y resistencia frente al capitalismo”.

Este “nuevo hombre” debía ser ante todo ejemplar, y eso es lo que se le pedía a los descendientes dejados en Cuba: ejemplaridad ante sus “hermanos sociales” pequeños, porque eran la encarnación del heroísmo de sus progenitores, como recuerda Aguiló en su documental cuando señala: “comencé por comerme toda la comida, algo que mi madre no había logrado en años”.

Se le pide a esos niños/as “compañerismo”, se los hace responsables de una elección que a todas luces es adulta, se los trata como pares dentro de la revolución. No son seres a los que hay que proteger solamente, sino también a los que se les puede exigir un sacrificio por una causa que no escogieron, sino que fue heredada.

La obra transita entre la aceptación del deber ser en tanto “hijos de” y la crítica al lugar que les tocó en la historia por las decisiones de sus progenitores. Y eso es lo que hace de este documental un aporte que complejiza la memoria de la militancia y sus consecuencias.

La niña madura y el deber ser se confrontan con la crítica que necesariamente hace Aguiló al reconstruir descarnadamente su historia, con los ojos de una adulta que -aun compartiendo sueños con sus padres- tiene claridad sobre los dolores que hasta el presente acarrea por no haber tenido derecho a rabietas. Reconoce lo bueno de la experiencia en los relatos de la vida colectiva en Cuba, y se sabe abandonada en las palabras de unos de los padres que dejó a sus hijos entonces. Transita entre estos dos sentires, como el documental se mueve entre la dulzura e inocencia del proyecto que intento colectivizar la “familia partidaria” y el dolor del desapego, el desgarro del abandono y la proximidad de la muerte de quienes estaban lejos: los padres y madres.

Esta obra devela una memoria crítica que recién comienza a visibilizarse en Chile. Hablan de lo que ha permanecido mudo, porque sin duda fue lo más doloroso de la revolución derrotada: los sacrificios que parecen haber sido estériles y sin embargo continúan acarreando costos para la generación pospuesta por un sueño incumplido.

La narradora se instala en un lugar crítico de manera atrevida y subversiva, transgresión que es posible en buena parte porque -aún siendo un tema todavía sensible- proviene de una protagonista de esta historia. La crítica de Macarena no sería igualmente recibida si no fuera ella misma hija de las decisiones militantes de sus progenitores. Esta memoria crítica hacia la militancia todavía se encuentra en un lugar incipiente, todavía es posible solo dependiendo de quien la hace. Aun es complejo referirse críticamente a la militancia, sobre todo a cómo las decisiones políticas de esta militancia tuvieron consecuencias en las vidas no solo de la generación de los setenta, sino también en la de sus hijos e hijas.¿Cuánto faltará para que la militancia pueda ser vista de manera crítica por todos y todas sin tener que mostrar las medallas que nos autoricen a hablar del tema?

Hace unos meses pude entrevistar a Aleida Guevara, la “hija de” por excelencia. Habló con convicción de que nunca se sintió pospuesta por su padre, el “Che”, y que comprende la urgencia de la entrega del guerrillero, porque hoy le permite disfrutar de una vida digna en medio de una revolución triunfante. Habló con toda la convicción del mundo, sin embargo cuando le pregunté si su padre le había hecho falta, le cayeron lágrimas y respondió: “Siempre me hace falta. Tengo más años que los que él tenía cuando lo asesinaron, y todavía me hace falta”.

Bibliografía

Gilman Claudia. Entre la pluma y el fusil. Debates y dilemas del escritor revolucionario en América Latina, Siglo XXI editores: Buenos Aires, 2003.

Guevara Ernesto, “El socialismo y el hombre en Cuba”, Marcha, Montevideo, 1965, versión electrónica tomada de Ernesto Che Guevara, Escritos y discursosTomo 8, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1977.

Jelin Elizabeth, Los trabajos de la memoria, España, Siglo Veintiuno editores, 2001.

Pateman, Carol “Criticas feministas a la dicotomía público-privado”, en Castells Carmen, Perspectivas feministas en teoría política, Barcelona, Piados, 1996.


 

A CUARENTA AÑOS: CRÓNICA DE UN GOLPE DE ESTADO. LECCIONES DE UNA DICTADURA

A Cuarenta Años: Crónica de un Golpe de Estado. Lecciones de una dictadura

por Álvaro Cuadra (Chile) 
Lunes, 26 de Agosto de 2013

1.- Paradoja chilena

 

 

 

A fines de la década de los años 80 del siglo XX, Chile y el mundo parecen inaugurar un nuevo tiempo histórico. Por aquellos años, cae el muro de Berlín, poniendo fin a la llamada Guerra Fría. Un cambio macro político destinado a abrir un nuevo curso a la historia de la humanidad. Al mismo tiempo, en Chile, un plebiscito sacaba al dictador Augusto Pinochet de la primera magistratura del país. Un cambio micro político que significó el inicio de un proceloso camino hacia la restauración democrática, un camino que después de 40 años todavía no termina.

Sin tener plena conciencia de ello, el nuevo escenario nacional, e internacional, nos ofrecía lo que podemos llamar “la paradoja chilena” Si bien el dictador se retiraba de la Moneda, refugiándose como comandante en jefe de su ejército, había dejado todo “atado, bien atado” para que la institucionalidad dictatorial siguiera presidiendo la política nacional por décadas. Con ello se garantizaba la impunidad de civiles y militares que habían actuado como verdugos, Pinochet el primero. Asimismo, se mantuvo un orden económico tremendamente ventajoso para banqueros e inversionistas criollos y extranjeros. Por último, se estructuró una legislación que dio garantías a los sectores de derecha para preservar mayorías parlamentarias mediante el llamado sistema binominal.

En pocas palabras, mientras el planeta entero  enfrentaba una apertura inédita en la historia, preparándose para ingresar en procesos de mundialización, la institucionalidad chilena operó una clausura. Lejos de prepararse para cambios democráticos en la sociedad chilena, las elites locales se aferraron a una constitución heredada de la dictadura, acomodándose a ella. En una sociedad que hasta el presente se estructura casi como un régimen de castas, la constitución de Pinochet cristalizó una democracia oligárquica: clasista, excluyente y anti democrática.

De este modo, la dictadura de Augusto Pinochet fue el instrumento de una clase social para realizar el “trabajo sucio”, descabezando un movimiento popular ascendente  a sangre y fuego, sembrando el territorio nacional de cadáveres. La barbarie en que se ha sumido la derecha chilena se prolonga hasta el presente bajo la forma de impunidad para los responsables – civiles y militares –  de crímenes de lesa humanidad. Pero también en impedir la expresión democrática de las mayorías ciudadanas y en la represión de amplios sectores de chilenos que reclaman sus derechos, estudiantes, trabajadores.

En la hora presente y superada ya la falsa dicotomía que nos proponía como únicos modelos posibles el “socialismo real” de cuño soviético o el “neoliberalismo” de estilo occidental; surge en Chile, como en otros países de la región, la verdadera contradicción histórica y social que nos acompaña desde la independencia: Una democracia oligárquica que legitima la injusticia de los más o una democracia participativa que restituya la soberanía de nuestros pueblos.

 

2.- Dolores y enseñanzas

 

 

Las circunstancias históricas más aberrante y trágicas han sido también una ocasión propicia para el aprendizaje y la reflexión. El sufrimiento individual y colectivo pareciera ser un acicate que nos muestra el significado de ciertos acontecimientos, más allá de lo intelectual, más allá de la emoción. Ni entender la racionalidad política de una acción militar ni la consternación ante la barbarie parecen suficientes ante tanto dolor y tanta muerte. Para entender cabalmente ciertos acontecimientos se requiere además “comprenderlos en su profundidad” Esta comprensión está más allá de los conceptos y las emociones e implica una aprehensión que reclama un compromiso integral, pleno de intensidad y radicalidad, una genuina experiencia espiritual.

Desde una perspectiva tal, todo lo acontecido en Chile desde 1973 representa una degradación moral que solo puede avergonzar al género humano. El fatídico golpe de estado protagonizado por Augusto Pinochet ha significado, ni más ni menos, poner en entredicho la “dignidad humana”, violentando los cuerpos y la vida de hombres y mujeres, muchos de ellos, desaparecidos hasta hoy. Los actos inspirados en el fanatismo homicida, en la codicia y el egoísmo solo multiplican el sufrimiento en víctimas y victimarios. La barbarie pervive cuando sigue impune, pues solo la justicia humana puede redimir parcialmente la ignominia.

Ningún uniforme es suficiente para ocultar lo que somos. Abusar o asesinar a otro, sea en nombre de cualquier ideología o creencia, es abusar o asesinar a un semejante. Este “saber moral” es aceptado por laicos y creyentes y se inscribe por derecho propio entre los derechos humanos fundamentales: el derecho a la vida. Chile ha debido compartir su tragedia con muchos otros pueblos de la tierra, el momento amargo de su dolorosa degradación. Un dolor que se expresa en miles de torturados, asesinados, desparecidos y en el luto de sus familiares. Un dolor que también se expresa en la vergüenza que ensombrece nuestro país hasta nuestros días, un dolor que se llama impunidad y se llama desigualdad e injusticia.

Las nuevas generaciones de chilenos deben aprender a vivir con las cicatrices de un pasado triste y vergonzante. Sin embargo, por lo mismo, se les impone el desafío de restituir la “dignidad” a la vida en nuestra sociedad. La dimensión profunda de nuestra historia, espiritual si se quiere, nos concierne a todos y atañe a nuestra estatura humana. No se trata de una cuestión etérea, lejana y ajena, la“dignidad” se realiza en la vida concreta de los pueblos donde cada individuo encuentra un lugar para su realización. En el presente, los chilenos estamos llamados a construir nuevos horizontes democráticos, inclusivos, participativos, que conjuguen el crecimiento material con el desarrollo moral, dejando atrás la tristeza y el rencor del siglo precedente.

 

3.-  Fuerzas Armadas: Tarea Pendiente

 

 

Democratizar un país consiste en lo fundamental en ajustar las instituciones al amplio tejido social de la nación a la que sirve. En este sentido, se hace indispensable reconfigurar la institucionalidad chilena y eso pasa por una nueva constitución para nuestra república. Este nuevo diseño solo puede emanar de la voluntad soberana de un pueblo, cualquiera sea la forma en que ésta se exprese. Democratizar Chile es poner todas las instituciones de un estado responsable como garantía de una vida digna para hombres, mujeres y niños nacidos en este país, sin importar su condición social, su credo, ideología u origen étnico. En un Chile democrático todos deben encontrar su lugar, sin exclusiones.

En ese Chile democrático corresponde abordar el complejo problema de nuestras fuerzas armadas. Hasta el presente, se trata de tópico que nadie quiere abordar, es un tabú político que los diversos partidos y figuras eluden, ignorando un aspecto fundamental para el presente y el futuro histórico del país. Plantear el problema de una profunda democratización de las fuerzas armadas es políticamente incorrecto, sin embargo, se trata de una cuestión insoslayable en los años venideros. Esto se explica, en parte, en el hecho evidente de que han sido las instituciones castrenses las que han protagonizado una dictadura atroz que nos avergüenza hasta hoy.

El papel de las fuerzas armadas en un Chile democrático no puede estar disociado del curso histórico del país en su conjunto. La dictadura de Augusto Pinochet y su constitución de facto politizó en extremo a los institutos armados, llegando al grotesco de asegurar a los comandantes en jefe un sillón parlamentario, formando a generaciones de oficiales en doctrinas foráneas y anti patrióticas de “seguridad nacional”, que conciben a los sectores sociales oprimidos como un “enemigo interno” Esta profunda distorsión de la herencia de nuestros héroes sigue pesando en los cuarteles, convirtiendo a las fuerzas armadas en verdaderos gendarmes de un estado policial.

El Chile del mañana requiere de unas fuerzas armadas democráticas, garantizando el acceso a sus institutos de todos los jóvenes chilenos sin exclusiones clasistas como acontece en la actualidad. Las instituciones de la defensa nacional requieren recuperar un nuevo sentido de patriotismo, tan profundo como generoso. En tanto instituciones del estado chileno, no es aceptable que sean convertidas en cotos cerrados donde reina el nepotismo, como una entidad parásita y ajena a los problemas del país. Una democracia robusta no puede desarrollarse mirando al mundo militar como una amenaza presente o futura. Construir una nueva relación con los uniformados en un país democrático es uno de los grandes desafíos de Chile en el presente siglo, una nueva relación que deje atrás la triste historia que ya conocemos.

 

4.- Lecciones de una dictadura

 

Suele acontecer en la historia que tras muchas décadas se vuelve en espiral al mismo punto de partida, pero en un nivel cualitativamente distinto. El caso del golpe de estado en Chile, pareciera confirmar esta sentencia. Al observar las últimas décadas se constata que las razones profundas que llevaron en su momento, a la elección de Salvador Allende y su singular “vía chilena al socialismo” nunca han desaparecido. El fundamento último de la llamada Unidad Popular fue la aspiración de una parte importante de la población de ver realizadas sus aspiraciones de justicia social frente a una democracia oligárquica por definición desigual y excluyente.

Si bien el pasado, el presente y el futuro constituyen categorías temporales lo cierto es que el imaginario histórico y social se define más bien como una “experiencia histórica” esto es, como un tiempo vivido. En este sentido, todo “ahora”, tal y como nos enseña Benjamin, actualiza su pasado histórico como un “otrora” un presente diferido que adquiere una nueva significación en una circunstancia actual. Ese “otro ahora” no ha desaparecido de la subjetividad colectiva, está allí cristalizado en recuerdos, testimonios, imágenes, en fin, está inscrito simbólicamente como una posibilidad cierta. No se trata desde luego, de reeditar experiencias históricas sino de reconocer en ella su fundamento histórico y moral.

Desde esta perspectiva, la superación de la Guerra Fría y su falsa oposición entre un socialismo de cuño soviético o un capitalismo al estilo occidental, torna más nítido el carácter histórico político de la fisura latinoamericana. En efecto, en este “ahora” del siglo actual surge con mayor claridad el imperativo de dejar atrás las formas arcaicas de una democracia oligárquica sedimentada desde los albores de nuestra independencia y cuya expresión más reciente es la constitución de facto impuesta por una dictadura militar.

La guerra de Augusto ha sido el intento más acabado de refundar un país, afirmando, al mismo tiempo, su tradición oligárquica. Esta empresa, empero, está llegando a su fin. Como señaló el mismo Allende aquel histórico 11 de septiembre de 1973: “Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos” Tales palabras adquieren hoy su sentido más pleno y profundo, pues las nuevas generaciones retoman los pasos de un proceso democrático cuyo sentido es el mismo de hace cuarenta años: el anhelo de una mayor justicia social para las mayorías.

Es cierto, otros son los protagonistas, otras las voces. Es cierto, muy diversas las circunstancias del mundo y de nuestro país. Otros los matices de la historia presente, mas los gritos y demandas en las calles nos traen los ecos de ese otrora que reclama su presente. Hay un sutil hilo de seda que atraviesa el tiempo aparente, diríase un mismo espíritu que anima dos épocas separadas por tanto dolor, por tanto silencio. Es la marcha humana de muchedumbres en las calles, hombres, mujeres niños, construyendo su destino en el océano infinito de tiempo y de historia, su propia historia.

 

 El autor, Alvaro Cuadra, es Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. ELAP. Universidad ARCIS

JÓVENES Y MEMORIA. Recordamos para el futuro

 

http://www.comisionporlamemoria.org/jovenesymemoria/el-programa.htm

¿Qué es Jóvenes y Memoria?

En el año 2002 la Comisión Provincial por la Memoria (Provincia de Buenos Aires – Argentina) lanzó el programa “Jóvenes y memoria, recordamos para el futuro” para promover el tratamiento de la última dictadura militar en las escuelas secundarias bonaerenses.

Este programa se propone, por un lado, renovar la forma de enseñar y aprender ciencias sociales, fortaleciendo espacios curriculares ya existentes en la educación formal. Por otro, activar el proceso de construcción y transmisión de la memoria colectiva como forma de afianzar los valores en derechos humanos, las prácticas democráticas y el compromiso cívico crítico de las nuevas generaciones. Se trata de impactar sobre la subjetividad de los jóvenes, en sus formas de percibir el presente y en la capacidad para pensarse como sujetos autónomos, conscientes y responsables de sus opciones y prácticas.

En torno al eje “Autoritarismo y democracia”, proponemos el abordaje de la historia reciente en la escuela, a partir de una premisa básica: que sean los alumnos los que se apropien significativamente de las experiencias pasadas. A partir de la elección de un tema o pregunta sobre la historia de su comunidad equipos de alumnos y docentes inician una investigación, entrevistando a protagonistas, consultando archivos y finalmente produciendo un relato donde exponen sus conclusiones. El soporte de este producto final es también una elección: un video, un mural, una obra de teatro, una intervención urbana, una muestra fotográficaa, un CD multimedia, una página web, una revista, un libro, un programa de radio etc.

Los jóvenes cuentan la historia

La propuesta es que sean los adolescentes quienes investiguen y “cuenten” la historia. Los alumnos formulan hipótesis, interpretan y deciden qué y cómo contar. La escuela se trasforma así en productora de conocimiento crítico, original e innovador. Los jóvenes se desplazan del lugar de receptores de relatos y conceptos sobre la historia, hacia el de los constructores de conocimiento, con la peculiaridad de trabajar en grupo y producir un hecho colectivo que impacta más allá de la escuela.

Es su comunidad la receptora, son sus padres, sus docentes, sus otros pares quienes “reciben” relatos del pasado construidos en base a las preguntas de las nuevas generaciones.

La experiencia

A lo largo de las cinco convocatorias del Programa múltiples han sido las historias sobre la dictadura militar, reconstruidas y contadas por alumnos y docentes de las escuelas secundarias de la provincia de Buenos Aires. Han participado escuelas de grandes ciudades y de pequeñas localidades, insertas en medios pobres o en sectores más acomodados. Así, las historias a contar han sido variadas y heterogéneas.

Las temáticas elegidas pueden agruparse en torno a algunos ejes:

la biografía de desaparecidos de la comunidad
la reconstrucción de episodios locales, de represión y de resistencia.
la exploración sobre las percepciones que desde el presente se tiene de la dictadura: el “acá no pasó nada”.
la reconstrucción de la vida cotidiana durante la dictadura
las trasformaciones sociales y económicas que provocó la dictadura en su comunidad.
la Guerra de Malvinas
el impacto de la dictadura sobre las prácticas educativas

Memorias locales

La dimensión micro histórica de las investigaciones les permite a los jóvenes una mirada sobre la dinámica de la historia menos opaca, menos abstracta y a la vez menos esquemática y estereotipada de la que ofrece la historia escolarr. El protagonista, el testigo, la víctima, el victimario, el cómplice, están al alcance de la mano; pueden ser reconocidos como vecinos, maestros, padres, y los alumnos pueden inscribirse en la Historia desde sus historias. Pero además, desde el punto de vista cognitivo, aprenden más y mejor Historia de esta manera que en las propuestas convencionales.

El encuentro final: Chapadmalal

Como cierre del año de trabajo, los equipos de docentes y alud,nos se reúnen durante dos o tres días en Chapadmalal. Allí presentan sus obras de teatro, instalaciones, libros, videos, web, cd rom. Las historias se suceden una tras otra, todas se parecen, pero son diferentes, singulares. Cada una ha tenido en su comunidad una recepción distinta, multitudinarios auditorios o dominada indiferencia. Lo que todas tienen en común es esa mirada libre y abierta de los jóvenes.

La construcción de la democracia de nuestro país no es un proceso acabado. Sus debilidades y límites también pueden rastrearse en el pasado. Reflexionar en torno al período signado por el autoritarismo, sobre todo aquél donde asoló el terrorismo de Estado (1976-1983) es una tarea que merece ser abordada con especificidad. No obstante la tragedia sucedida hunda sus raíces en nuestra historia.

Los jóvenes de hoy tienen el derecho de confrontar con el pasado reciente su propio presente, valorando la democracia y reconociendo su estado de “incompletitud”, ya que serán los que continúen con la tarea de perfeccionarla.
Este presente, tan atravesado por la crisis social, política y económica, requiere espacios de indagación del pasado, para hacer de esta democracia un proyecto colectivo donde definir nuestra identidad y de la que todos seamos parte.

Antecedentes

Cuando lanzamos el programa (en el año 2002) estábamos convencidos de que este denso proceso de aprendizaje que emprendían los alumnos y docentes iba a impactar en varios niveles. No se iba a limitar a sumar información sobre el pasado hasta entonces desconocida, o a incorporar nuevos conceptos, o aprender nuevos saberes, o a desarrollar nuevas habilidades.

Nos interesaba promover el desarrollo de una “experiencia” en el sentido de transformar la propia subjetividad de los participantes. En otras palabras, provocar cambios en las formas de percibir el presente, las maneras de comprender la sociedad, la forma de valorar los hechos, los modos de actuar individual y colectivamente.

La indagación sobre el pasado, además de dar cuenta de fenómenos complejos anclados en otro tiempo, permite adquirir nuevas perspectivas al inscribir el presente en una continuidad temporal más densa, ensanchando los márgenes de la experiencia vivida y también de las expectativas de futuro.

En un segundo nivel, buscamos incidir en las diferentes culturas institucionales escolares, poniendo en tensión prácticas, valores implícitos y explícitos, currículos, potenciando espacios de creación y trabajo colectivo, fortaleciendo a la escuela como espacio de construcción y transmisión de la memoria.

Finalmente, intentamos generar un espacio de intercambio de lo que hace y produce la escuela con las instituciones y miembros de su comunidad. La experiencia de estos años del Programa nos mostró de qué manera los contextos sociales donde se insertan las escuelas fueron conmovidos, al ser interpelados por una joven generación que ha provocado la revisión de un pasado que antes había sido poco indagada. El señalamiento de silencios, hiatos y ausencias disparó trabajos sobre la propia identidad de la comunidad que no dejan de impactarnos.

Con el Programa Jóvenes y Memoria, pretendemos promover en los jóvenes el sentido y la valoración crítica del pasado y del presente como parte del proceso de construcción de su identidad y de su afiliación a la sociedad a la que pertenecen, en el marco del proceso de profundización de la democracia.

Participar del Programa

Ser parte del Programa, implica desarrollar un Proyecto Institucional en las escuelas secundarias generando como resultado una producción concreta que sirva como vehículo de transmisión de la memoria del pasado reciente de sus comunidades, signado por la experiencia del autoritarismo.

Fases del proyecto

Cada proyecto deberá contemplar las siguientes fases:

Investigación
Identificar y reconstruir los acontecimientos más significativos –en torno al eje Autoritarismo y Democracia– que marcaron la historia de las comunidades donde está inserta la escuela .

Archivo
Recopilar, ordenar y preservar los documentos y testimonios que permitieron dar cuenta del pasado.

Transmisión
A partir de la investigación, construir un relato sobre ese pasado. Cada proyecto deberá elegir para su producción final uno de los siguientes soportes de transmisión:

1) Libro
2) Producciones gráficas (folletos, cartillas, diarios, revistas)
3) Ediciones multimedia (páginas Web, Cd)
4) Murales, marcas de memoria
5) Obra de teatro o puesta escénica
6) Muestra fotográfica
7) Documental en soporte audiovisual
8) Documental en soporte sonoro

Aportes de la Comisión

A las escuelas seleccionadas la Comisión brindará:

1. Capacitación específica para docentes y alumnos:
Formulación de proyectos
Educación, Historia y Memoria
Cine y Memoria/ Medios de comunicación y memoria/ Arte y memoria
Introducción a la investigación histórica/ Historia oral
Archivología

2. Capacitación específica para la producción final:
lenguaje audiovisual / lenguaje radiofónico / producción y edición de textos / diseño de bocetos y realización de murales / producción de instalaciones y marcas de memoria / muestras fotográficas / teatro comunitario / multimedia

3. Insumos:
Para la capacitación: La Comisión entregará a las escuelas material bibliográfico, documentos y videos adecuados de apoyo para los proyectos.
Para la producción: La Comisión proporcionará aquellos insumos indispensables para la realización del producto final, los cuales serán acordados con cada uno de los equipos de trabajo luego de la aprobación del proyecto.

4. Generación de espacios de encuentro e intercambio:
Durante el período de realización, se organizarán talleres regionales en los que confluirán distintos equipos de las escuelas donde se debatirá y compartirán las diversas experiencias en desarrollo.

Los distintos trabajos realizados serán presentados en un encuentro final a realizarse a fin de año, en el complejo de Chapadmalal, donde los jóvenes de cada ciudad se encontrarán con otros para “contar” la historia, para trasmitir la memoria de su pueblo.

youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=MnH2_4kof_Y

 

Programa Jóvenes y Memoria, pretendemos promover en los jóvenes el sentido y la valoración crítica del pasado y del presente como parte del proceso de construcción de su identidad y de su afiliación a la sociedad a la que pertenecen, en el marco del proceso de profundización de la democracia

Pensando el Programa…

A lo largo de las cuatro convocatorias del programa “Jóvenes y Memoria. Recordamos para el futuro”, múltiples han sido las historias sobre la dictadura reconstruidas y contadas por alumnos y docentes de los polimodales bonaerenses. A pesar de su diversidad, tienen en común tanto su inscripción local como la peculiaridad de que sean los adolescentes los encargados de investigar y contarlas. ¿Qué reflexiones pueden hacerse a partir de esas historias?

Diaz, Diego
“Los jóvenes y la producción audiovisual sobre la dictadura”
Revista Tram(p)as de la comunicación y la cultura, Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP, año 2006
Descargar artículo
Raggio, Sandra
“La enseñanza del pasado reciente. Hacer memoria y escribir la historia en el aula”
Revista Clio & Asociados, Universidad Nacional del Litoral, volumen 5, 2004
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Raggio, Sandra
“Jóvenes construyendo colectivamente la memoria”
Revista Novedades Educativas, año 18 Nº 188, agosto 2006
Descargar artículo
Raggio, Sandra
“Trajes de época para las batallas por el futuro. Los jóvenes y la memoria”
Revista Puentes, año 6 Nº 17, abril de 2006
Descargar artículo
Diaz, Diego
“¿Con qué imágenes los jóvenes cuentan la dictadura? Mirar para ser visto, narrar para ser mirado”
Descargar artículo
Saraví, María Elena
Representaciones de los jóvenes sobre el  trabajo: Del mundo feliz al desamparo.
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Salvatori, Samanta y Ordenavía, Macarena
“Pensar el pasado. Los jóvenes y sus representaciones sobre los desaparecidos”

 

 

PUBLICACIONES : CRÓNICAS

Versión impresora

Exilio chileno: 1973-1990 
Carmen Pinto Luna

 

Ana Vásquez define el exilio como un castigo que se les impone a las personas privándolas del derecho de vivir en su propia patria, la que se vive en general como una injusticia e impone elregreso como único medio de reparación, es probablemente una de las razones por las cuales la idea de retorno es uno de los mitos constitutivos de la comunidad en exilio. Para los chilenos el exilio y el retorno al país se acoplan como una causa y su consecuencia, el retorno se impone por lo tanto como el único fin lógico. (Vásquez, 1988[1]).

Sobre el número de chilenos que partió al exilio las cifras son vagas y difusas, y hasta hoy no hay un consenso sobre la cantidad exacta de personas que se vieron afectadas.  En lo que si hay consenso es a la hora de señalar que el destierro significó un gran dolor, y un giro en 180 grados en sus vidas, tanto para los que partieron, los que trataron de iniciar una nueva vida, los que retornaron, como para los que decidieron quedarse por razones diversas,  todos además coinciden en que el exilio nunca fue dorado.

En el caso de Chile, junto con el exilio político se constituyó un exilio llamado económico. El desempleo, condición consustancial a la implementación de un nuevo modelo político y económico, es en la práctica una forma más de represión que afectando a trabajadores, técnicos y profesionales, obliga a miles de ellos a buscar horizontes en otros países. Como lo señala Marina Franco, la decisión personal de abandonar el país se produce  porque juzgaron su permanencia en el país “de alto riesgo para la supervivencia propia o de los seres cercanos, o porque las condiciones represivas prohibían el ejercicio de una profesión política, cultural o laboral” (Franco, 2008[2]).

Es claro, que los emigrantes chilenos que salieron o fueron expulsados del país a consecuencia del golpe de Estado fueron refugiados que huían de la represión política. No podría haber, en efecto, situación más evidente en el caso chileno luego del golpe militar, y parece casi indecente hacerse la pregunta si tuvieron que partir de manera forzada, es claro que esta fue, aún por razones económicas, asociada a la idea de una necesidad imperiosa o forzosa. Las formas de represión vividas por cada uno: detención, tortura, muerte o desaparecimiento de algún familiar o amigo, condicionaron  esta decisión.

Los exiliados, en su gran mayoría, pensaban constantemente en el retorno y es ahí donde el exilio se diferencia de otras migraciones de tipo económico, para estos últimos el regreso es en cualquier momento posible. “Quienes salieron de manera forzada, no pueden retornar al país sin exponerse a los riesgos de los cuales huyeron. Por lo demás, cuando una persona se beneficia de una protección internacional acordada por la Convención de Ginebra, no puede reclamar la protección de su país ni puede volver a él sin riesgos de perder el estatuto de refugiado. (Gaillard, 1997[3]).

Al mismo tiempo se vive una situación de aislamiento y desarraigo graficada por un “estoy aquí, pero no pertenezco“. Las casas de los exiliados eran como un país en miniatura. Ismael: “hablábamos español al interior de la casa, estaban las fotos de Allende y de Víctor Jara, escuchábamos los discos de los Quila. La familia, desde Chile, tejió una red de amor, conectándonos a través de cartas, dibujos, conversaciones grabadas”.

El choque cultural se manifiesta en formas y períodos diversos. El exiliado vive una situación disociada entre los requerimientos inmediatos de adaptación y sobrevida que le imponen las condiciones del país y el anhelo siempre presente de retornar a la patria. La gran mayoría vivió muchos años de exilio sin deshacer las maletas. Sebastián: “mi mamá tenía las maletas literalmente listas, porque pronto volveríamos a Chile, nunca estuvo en nuestra familia la idea de quedarnos en otro país, por eso tampoco solicitamos la nacionalización”.

La patria se idealiza petrificándola en formas pretéritas conservadas en el recuerdo. En ocasiones los análisis políticos hicieron creer “que antes de fin de año estaremos de vuelta”, lo que refuerza el sentimiento de transitoriedad. Angélica: “siempre tuvimos un sillón que recogimos de la calle, mi papá lo tapizó y, una mesa que nos regalaron a la cual mi papá le puso una tabla para agrandarla, en los once años de exilio nunca la cambiamos”.

Se fortalecen entonces mecanismos de defensa que incluyen, entre otros, el reforzamiento de patrones tradicionales de relación intrafamiliar, la reclusión en un marco de interacciones estrechas (el grupo partidario, el núcleo de chilenos), el refugiarse en la noticia sobre y desde Chile, la que se vive siempre con atraso.

Memoria del exilio: Al articular el concepto de memoria en el espacio público en lo referente al exilio asistimos a que dicha categoría analítica está afecta a un vaciamiento de su propia palabra en un contexto post dictatorial que ha naturalizado el orden social. Para Nelly Richard la condición “post” no puede sino evocar un constante pensamiento sufriente atrapado en el recuerdo del ayer y la injusticia del hoy, vaciándose la densidad de la propia historia que transita entre el querer olvidar-recordar, quedando ésta exiliada a ser una narrativa del no acontecimiento. (Richard, 1998[4]).

El exilio ha sido la violación de los derechos humanos que menos ha sido tematizada. A la negación en el discurso social del exilio como una experiencia limite se agrega la ausencia de espacios colectivos donde dicha vivencia pueda ser reflexionada. “Así, por ejemplo, en las conmemoraciones del trigésimo aniversario del golpe de Estado en Chile, un tema ausente de las discusiones sobre la memoria fue, precisamente, el exilio y el retorno.Los seminarios, debates y mesas redondas no lo abordaron, probablemente porque no lo consideraron importante”. (Rebolledo, 2006[5]).

El fenómeno del exilio es mucho más que un accidente en la biografía de muchos desterrados, pervive en la memoria de quienes vivieron esa experiencia, existiendo diferentes memorias, entre las cuales las más notorias son el exilio como traición y, el exilio como oportunidad. El silencio está en las propias familias de las víctimas, en parte porque el dolor sigue estando presente. Sebastián: “a mi tío Mario le sacaron la mugre, lo pasó pésimo, eso fue comentario de familia, se dio en una sobremesa. Mario le contó a una sola persona, a mi abuela, le dijo yo le cuento pero nunca más me habla del tema, no me pregunte nunca más, no quiero  hablar del tema”. Ítalo: “Mi padre, hoy cuando se toma una copa, llora y nos pide disculpa, a mí, a mis hermanas, pero por qué, nosotros no fuimos consecuencia de sus decisiones sino de otros, mi viejo estuvo en Villa Grimaldi y nunca ha dicho que le pasó”. 

En los relatos de hijos de exiliados-retornados de Francia, se hace evidente que sus memorias pugnan por abrirse paso negándose al olvido, reconocen la validez de la lucha de sus padres, en muchos casos han tomado “la antorcha” que les dejaron, con orgullo y responsabilidad. Obviamente el tiempo ha trabajado de manera diferente en cada uno de ellos, pero todos vehiculan una memoria de la cual se sienten herederos y si bien no se consideran víctimas directas, asumen que sus vidas son la consecuencia del exilio de sus padres.

Como ya se ha dicho, el exilio en Chile no es un tema de conversación pública. Es como si el retorno hubiera sido una compensación al castigo y con eso se cierra el paréntesis en las vidas de tantas personas, a las que se agregan las generaciones siguientes, hijos y nietos. Un muro invisible sigue separando a los que se quedaron con quienes salieron, eufemismo que sortea nominar el drama, y en el que subyace el miedo y desconocimiento de unos sobre otros. Pero sobre todo, no se habla de la historia del exilio, es una historia muy difícil de escribir. Se trata de las vidas truncadas y recomenzadas en más de cincuenta países de todos los continentes de alrededor un millón de compatriotas.

Cada cual habla del exilio sobre su propia experiencia y sentir. Para algunos fue una tragedia personal sin remisión; algunos se suicidaron no pudiendo soportar la vida fuera de su hábitat natural, para muchos fue una oportunidad de estudiar, de adquirir una conciencia más profunda de lo que somos como país, de la historia y del futuro deseado,  Hubo también quienes se extrañaron, quienes no quisieron dejar atrás lo vivido en Chile e iniciar una vida nueva. Son los menos.

Para los hijos, el retorno a Chile significó una experiencia muy dura, especialmente para quienes volvieron antes de 1989 y se vieron obligados a vivir bajo la misma dictadura que expulsó a sus padres del país. La vigilancia funcionaba sin cesar, la mirada sobre el que volvía estaba por doquier, el retornado se enfrentaba a un Chile herido por  la aplicación de políticas de violencia y mecanismos de represión aún en vigor. Michelle: “dejé de hablar por mucho tiempo para que no notaran mi acento y no tener que mentir en torno a mi padre. Después de ir de colegio en colegio, llegué al Liceo Latino-Americano, ese mismo año tres profesores fueron degollados[6]”. Jerónimo: “Una semana después de mi llegada, ese once de septiembre hubo tres muertos. Pinochet tenía todo el poder que quería.  Fue súper traumático enfrentarse a una situación que no era la que uno esperaba. De afuera se veía  como  que la lucha era del conjunto del pueblo para derrotar a la dictadura y te das cuenta que la mitad de la gente votó por mantener el sistema.

La segunda generación, la de los hijos que salieron pequeños o que nacieron en el exilio, tiene una memoria particular sobre sus propias vivencias, pero comprenden aun mejor la situación de sus padres pues para algunos de ellos el retorno es el inicio de su propio exilio o la conciencia de no ser de acá ni de allá. Sara: “finalmente mirando hacia atrás, es el mismo movimiento pero a la inversa de lo que vivieron los papás, llegar a un país que no conoce, que no eligió”.

En sus testimonios se puede identificar una memoria del exilio como un tiempo en que la vida cotidiana se vivía de manera paralela, entre un allá y un acá, entre Chile y el país de acogida, entre el país de sus padres y el país en el cual ellos crecieron o nacieron, donde se formaron. No lo vivieron como un drama, es lo que les tocó. Claudio: “me distinguía en todo, en la forma de hablar, me llamaban el gringo, fue una experiencia y una fatalidad; es lo que me toca vivir pensé, vamos para adelante no más. Cuando llegué acá mucha gente apoyaba al régimen y no lo podía creer, no saben lo que pasó me preguntaba”.  

En la mayoría de las familias se conservó el idioma y la cultura, donde la música, la literatura, los afiches, las fotografías, la  artesanía, la gastronomía y, hasta la bandera nacional y las partidarias fueron su mundo propio. Jerónimo: “Siempre supe que era chileno, aunque desde que tengo uso de razón fui bilingüe, participaba en todas las actividades relacionadas con Chile junto a mis padres, y otros niños hijos de chilenos, en mi pieza tenía las banderas del partido y las del FPMR”.

Las memorias de los hijos son un  reflejo del exilio de los padres proyectado sobre ellos, aun cuando para algunos la idea de Chile era lejana o muy abstracta. Conscientes o no, los padres transfirieron a los hijos una parte de su destino de exiliados, por un lado subsiste una admiración por el compromiso adquirido por los padres en aras de un mundo mejor, más igualitario y por otro, un sentimiento de profunda injusticia y frustración al momento del retorno, experiencia que en muchos casos convierte a los padres en víctimas por segunda vez a los ojos de sus hijos.

 La compenetración con la historia de sus padres es tal, que aun cuando no estén comprometidos políticamente en el sentido de militancia partidaria, se sienten portadores y asumen una herencia humanista, de tolerancia, de respeto por los derechos humanos, de solidaridad con las luchas actuales por conquistar una sociedad más justa, como es el caso, por ejemplo, de la lucha de los estudiantes, donde participan muchos nietos de exiliados.

Muchos, incluso los que nacieron en otro país, se autocalifican como “nosotros los exiliados” o “nosotros los retornados”, y si bien hubo frustración, discriminación, sintieron rabia por haber dejado el país donde se criaron, hoy se han adaptado al país y sienten que es importante aportar, desde los diferentes lugares donde actúan: el arte, el sindicalismo, la academia, la educación, para producir los cambios por los que sus padres lucharon y como dice Ismael: “porque aquí empezó todo, la historia de nuestros padres que se comprometieron con el gobierno de la Unidad Popular, que abrazaron la causa de los más necesitados”. O, Ana: “cuando llegué a Chile echaba de menos a mis amigos, que eran todos africanos. Pero volví a vivir allá y me quise volver a Chile. Con el paso del tiempo, y sin caer en nacionalismos baratos, uno se va chilenizando y va ‘cachando’ la cultura. Ahora miro Francia con otros ojos, agradezco la oportunidad, pero mi interés está acá. Hay una energía que me llama mucho la atención y quiero que mi hijo lo viva y lo sienta”.

 UNLP. Septiembre 2012

 

[1] Vásquez, Ana y Araujo, Ana María (1988) Exils latino-américains: La malédiction d’Ulisse. Paris: Ciemi L’Harmattan.

[2] Franco, Marina (2008) El exilio, Argentinos en Francia durante la dictadura. Buenos Aires: Siglo XXI.[3] Gaillard, Anne Marie (1997) Exils et retours : Itinéraires chiliens. Paris: Ciemi L’Harmattan.[4] Richard, Nelly (1998). Residuos y Metáforas. Ensayos de crítica cultural sobre el Chile de la Transición. Santiago: Cuarto Propio.[5] Rebolledo, Loreto (2006) Memorias del desarraigo. Testimonios de exilio y retorno de hombres y mujeres de Chile. Santiago de Chile: Catalonia.

[6] Fue el secuestro y asesinato de tres miembros del Partido Comunista de Chile, perpetrado por Carabineros en 1985, Manuel Guerrero, Santiago Nattino, José Manuel Parada.

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 Referencia
Carmen Pinto Luna.  “Exilio chileno: 1973-1990 .”  Anaquel Austral. Ed. Virginia Vidal. Santiago : Editorial Poetas Antiimperialistas de América.   14 de Septiembre de 2012.
 <  http://virginia-vidal.com/publicados/cronicas/article_491.shtml >
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La redefinición de la familia: Girls transnacionales

La redefinición de la familia: Girls transnacionales

Narrar experiencias de migración parental, detención y deportación

Rachel M. Hershberg y M. Brinton Lykes

Resumen : Esta investigación narrativa exploratorio examina las vidas de cuatro mujeres centroamericanas con uno o varios con sede padres migrantes indocumentados. Cada participante es de entre 10 y 16 años de edad y es parte de una familia transnacional entre los EE.UU. y América Central. Sus narraciones proporcionan una ventana a las niñas experiencias transnacionales en las intersecciones de género, el origen étnico, el papel de la familia, y condición jurídica. En concreto, a través del análisis narrativo temático que aprendemos acerca de la posición de cada niña en su familia transnacional, sus encuentros con la inmigración de EE.UU. y los sistemas de deportación, y sus experiencias con la violencia doméstica o la deserción masculina. Con base en los hallazgos, el estudio insta a los científicos sociales y los educadores para atender a las experiencias familiares transnacionales, incluyendo la forma en que el significado concurso y hacer de sí mismos o de sus familiares niñas migraciones y retornos y la generización de los procesos familiares y la migración.

Palabras clave : niñas, familia, migración, deportación, el transnacionalismo, la investigación narrativa

Tabla de contenidos

1. Introducción

2. Sistemas de Globalización

2,1 teoría transnacional

2.2 La feminización de los estudios sobre migración

2.3 Becas de Niñas y Niños Migrantes

2.4 Contextos de “ilegalidad” y las influencias sobre las familias

3. Recopilación de datos de las chicas transnacionales en los derechos humanos del Proyecto Migrante (HRMP)

3.1 Derechos Humanos de los Migrantes Proyecto

3.2 Investigación con chicas transnacionales

3.3 Ejemplo

3.4 Contexto

3.5 Entrevistas con chicas transnacionales

4. Analizar relatos de las chicas transnacionales en el HRMP

4,1 temáticas narrativas pasos de análisis

5. Las niñas transnacionales Redefinir la familia: Narrativas de relaciones transfronterizas y sistemas sociopolíticos

5.1 Las relaciones interpersonales y rupturas amenazados desde dentro de los EE.UU.

5.2 Frente a los sistemas injustos para trabajadoras migrantes con sede en

5.3 En función de papá transnacional de Guatemala

5,4 migración derivada de la maternidad y el cambio familiar en Guatemala

6. Ejes Transversales en las experiencias de las niñas transnacionales “en las intersecciones

6.1 Los vínculos transnacionales y las remesas

6,2 relaciones de género y las desigualdades

7. Discusión del análisis de las narrativas y los temas identificados

8. Limitaciones y Trabajo Futuro

Agradecimientos

Apéndice: Derechos humanos de los migrantes: Proyecto Juventud Preguntas Entrevista

Notas

Referencias

Autores

Citación

 Ver artículo completo en :

http://www.qualitative-research.net/index.php/fqs/article/view/1770/3474

CARTA A UN JOVEN QUE SE VA (I)

CARTA A UN JOVEN QUE SE VA (I)
por Rafael Hernández
Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza… Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.

San Pablo, Epístola 1ª a Timoteo, cap 4, vers. 12, 16.

Seguro no recuerdas la caída del muro de Berlín, pues quizás naciste en ese mismo año o cuando más terminabas la primaria. Para ti y tus amigos, la muerte del Che es un acontecimiento tan remoto como lo era la Revolución rusa para los que nos fuimos a alfabetizar en 1961. Tan remoto como el siglo pasado. Aunque celebraste el nacimiento del nuevo milenio, te sientes más del siglo XXI que del XX. Si alguien te dijera que eres un cubano de transición, lo mirarías con extrañeza. (Te comento que esa frase despedía cierto resplandor en los años 60; ahora no tanto). En cambio, si alguien te preguntara si eres un ciudadano del Período especial, quizás te encogerías de hombros o le harías un comentario mordaz, pero en el fondo estarías más de acuerdo. 

La mayor parte de tu infancia y adolescencia han coincidido con ese Periodo especial, que a diferencia de los viejos, a ti no te ha tocado vivir como malos tiempos o incluso derrumbe de ilusiones, sino como único horizonte de vida. En estos 22 años, que vienen siendo como una generación y media, según los expertos, no has recolectado epopeyas como Playa Girón o la Crisis de Octubre, ni siquiera la guerra de Angola. Sientes que la mayor diferencia con los viejos, sin embargo, no ha sido la falta de aquellas gestas, sino de aquellos sueños. Esa épica revolucionaria se aleja más de ti mientras más la televisión vacía sus imágenes repetidas en la pantalla, las has visto tantas veces que no te dicen nada. Pero no es tanto eso lo que te falta, sino los proyectos que otros antes de ti pudieron hacerse. Cuando llegaste, todo estaba hecho, armado, por los que habían demolido lo viejo (lo que para ellos era “el pasado”), construido y reglamentado el orden nuevo. 

Tú, que no llegaste a tiempo para aquellas edificaciones, piensas que aquel país inventado por otros (para ti, “el pasado”) ya no existe, y solo sobrevive un orden viejo, más bien irremediable. Lo peor, sin embargo, no es haber nacido en un orden preestablecido, porque eso le pasa a todo el mundo, sino tus inciertas posibilidades de cambiarlo. En todo caso, no quieres invertir tu vida intentándolo, porque no tienes otra que esta; y aspiras a conseguir un techo propio, un empleo que te guste y te permita lo que puedas con tu capacidad y esfuerzo, sin penurias de transporte y luz, y planear para irte de vacaciones a alguna parte una vez al año, aunque tengas que quitarte de otras cosas. Piensas que la única manera de asegurarte esa vida es saltar por encima de este horizonte y buscar otros.

No sé cuándo lo decidiste –y quizás una parte de ti todavía duda. Puede ser que se te haya ocurrido la primera vez cuando supiste que un amigo tuyo ya no estaba aquí; cuando, en un encuentro con viejos compañeros de clase, se pusieron a inventariar al grupo, y ahí se dieron cuenta de que muchos se habían ido. O porque a tu pareja se le ha metido en la cabeza y no para de hablar de eso el santo día. O porque esa misma pareja se ha hecho ciudadana española, y con ese pasaporte ya pueden irse a vivir a Europa o a cualquier país, hasta los mismos Estados Unidos. O porque tus parientes en Miami, Madrid o Toronto pueden darte una mano. O porque simplemente necesitas respirar otro aire.

Esta carta parte de creer que piensas con tu propia cabeza. Mi intención no es disuadirte, ni hacerte advertencias, ni mucho menos endilgarte un discurso patriótico. No pretendo hablarte como tu padre, consejero o guía espiritual; ni como mensajero de una fe religiosa, verdad revelada, voz de la experiencia o autoridad de maestro. Te invito a pensar entre los dos tus razones, pero sobre todo el contexto y significado de tu decisión de irte del país. A poner en situación tus argumentos, para sacar algo en limpio que, tal vez, pueda servirte. No creas que lo hago solo por ti. Tengo mis propios motivos, porque tu decisión de partir nos implica a todos, y sobre todo a los que no hemos pensado nunca en irnos.

Te propongo primero que miremos juntos lo que tenemos alrededor.

Oyes decir que los jóvenes no tienen valores, reniegan del socialismo, se quieren ir del país y no les interesa la política. Quizás los que así piensan identifican valores con sus valores, la política con movilizaciones y discursos, la defensa del socialismo con determinados mandamientos –entre otros, que este sistema es solo para los revolucionarios comprometidos, que un ciudadano cubano solo lo es mientras resida en la tierra donde nació, o que disponer de otro documento de viaje equivale a ponerse a las órdenes de una potencia extranjera.

Te advierto que los que así razonan no son nada más “algunos funcionarios”, sino muchas otras buenas personas, íntegros ciudadanos, para quienes defender la patria no es una declaración. De hecho, cuando estos hablan de defender las conquistas sociales de la Revolución, la mayoría piensa en educación y salud gratuitas, y –si esa es la medida de la Revolución y el socialismo en el plano social–, es lógico que muchos digan que tú deberías pagarlas, si te quieres mudar a otra parte “donde no vas a defenderlas”.

En cambio, tú crees que esos derechos los conquistó la Revolución para todos, y por eso mismo son tuyos, sin más condiciones que haber nacido en esta isla. Has escuchado que, según la Constitución, los derechos básicos de un cubano están más allá de su manera de pensar; y que la justicia social y la igualdad son precisamente eso: principios y valores que hay que ejercer de verdad, sin sujetarlos a clase, raza, género, orientación sexual, religión o ideología, porque representan la conquista más importante de todas, la de la dignidad plena de la persona. Bueno, si tú estás de acuerdo con eso, quizás te sorprenda escuchar que eres una criatura del socialismo. Si te importan el bienestar de toda la sociedad, la democracia de los ciudadanos, la libertad (incluida la de todos los que te rodean) y la independencia nacional, te advierto que eres un ser más polítizado que muchos habitantes del planeta –incluidos probablemente la mayoría de ese país para donde vas.

También tú tienes, como esos otros buenos ciudadanos que acabo de mencionar, tus propias verdades asumidas, que compartes con tus amigos, y que ustedes tampoco ponen nunca en tela de juicio. Por ejemplo, piensan que son un cero a la izquierda, y que nada pasa por ustedes. Sin embargo, te comento que este sistema nuestro te consulta y te pide que te movilices, porque tu movilización y tus opiniones le son necesarias para que la mayoría de las políticas funcionen—aunque ni tú ni muchos burócratas lo entiendan así. En efecto, aunque ellos sigan pensando que lo decisivo es aceitar la cadena de mando y cumplir el plan, y tú creas que eres una nulidad en el sistema, cuando pides la palabra para criticar los Lineamientos, reclamas tus derechos en cualquier parte, protestas ante desigualdades y privilegios, aplaudes una crítica dicha sin pelos en la lengua, pides que las políticas no solo se enuncien sino tengan resultados –e incluso cuando acudes a la Plaza refunfuñando, para hacer quórum en la misa de Joseph Ratzinger– estás contribuyendo activamente a la política, y a mantener vivo un tejido sin el cual este sistema languidecería, y que los sociólogos llaman consenso.

Por cierto, ese tejido es lo que sostiene también al capitalismo. La diferencia consiste en que este no requiere que participes activamente, basta con que no intentes subvertirlo, tengas la sensación de estar informado y poder decidir quién gobierna, yendo a votar (o no) cada cierto tiempo. Naturalmente que allá puedes expresar muchas opiniones y escuchar otras miles, elegir entre varios candidatos, enterarte de quiénes son y cómo piensan, sus planes y propuestas para los grandes problemas del país, e ir a votar (si eres ciudadano) por el que te parezca. Quizás te hayas preguntado a veces por qué este sistema nuestro, que tiene sus elecciones, no puede darle a la gente que piensa como tú la posibilidad de expresar sus opiniones políticas en la televisión, proponer tantos candidatos como quiera (no solo abajo, sino a todos los niveles), escucharlos, hacerles preguntas y saber lo que tienen en la cabeza, antes de votar por ellos y sus propuestas. Siempre has oído que la confrontación política en la televisión, una lista abierta de candidatos y el debate entre ellos no es otra cosa que la politiquería del capitalismo. Que si abrimos ese espacio, los americanos, la mafia de Miami y los disidentes se van a aprovechar para usar sus dineros y confundir al pueblo. Y al enemigo “no se le puede dar ni tantico así”. Etc.

También debes haber oído, sin embargo, que nosotros mismos podemos acabar con esto que tenemos más probablemente que ese enemigo. Y que este y sus planes no pueden ser la causa de que dejemos de hablar de nuestros problemas, porque al final, la verdad se impone. Lo has oído, en la voz de los principales dirigentes, una y otra vez, pero es como si nada, los argumentos de siempre siguen ahí. Estás cansado de escuchar anuncios de cambios que no acaban de llegar, y que no dependen de “factores objetivos”, sino de una “vieja mentalidad” que sigue sujetando las riendas.

(Continuará…)

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(Papo)
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Fuente: La Joven Cuba