México: Fallece Padre Baron. Teólogos de la liberación de México.

Fallece el padre Barón y con él parte de la lucha por los DH en la Huasteca

México, D.F. a 2 de mayo de 2013 (Cencos).-El pasado 26 de abril falleció en Guadalajara el sacerdote José Barón Larios, quien, al lado del sacerdote Samuel Mora Castillo y el presbítero Pablo Hernández Clemente, formaron en la década de 1970 el Equipo Pastoral Atlapexco, dedicándose a la defensa de los derechos humanos y apoyaron la defensa de las tierras de las comunidades indígenas de la Huasteca.

Los tres integrantes del Equipo Pastoral de Atlapexco fallecieron por enfermedad en el transcurso del último año. Su más reciente lucha era la búsqueda de justicia a los 300 indígenas asesinados por caciques y guardias blancas durante la década de los 70 en el contexto de los movimientos territoriales indígenas de aquel entonces. Samuel convalecía en el hospital hasta el viernes 25, a José Barón la muerte le sorprendió durmiendo de visita con sus familiares de Guadalajara. El cura Pablo Hernández Clemente falleció en febrero de 2012.

El equipo de Cencos lamenta la muerte del padre Barón, pues la relación con él fue larga y solidaria. Una de las anécdotas más importantes de esta relación es de julio de 1977, cuando Cencos fue allanado y vandalizado por la policía federal. Al día siguiente, Luz Longoria y José Álvarez Icaza, recibieron la primera ayuda para rearmar el Centro: José Barón Larios, realizó una colecta entre las comunidades del norte del estado de Hidalgo y viajó toda la noche a la Ciudad de México para llevar la bolsa con monedas de las y los huastecos, a sus colegas activistas del Distrito Federal.

El padre Barón

Oriundo de la Unión de Guadalupe, ubicada al sur de Jalisco, este 7 de julio cumpliría 81 años, la gran mayoría dedicados a poner la Iglesia al servicio de los marginados en la Huasteca. Seguía los pasos de otros teólogos de la liberación, como el fallecido Samuel Ruiz en Chiapas y Arturo Lona en Oaxaca. “Soy indio náhuatl del sur de Jalisco”, así refería cuando contaba acerca de su vida y su experiencia sacerdotal, iniciada el 8 de diciembre de 1966. A partir de 1970, desempeñó el ministerio sacerdotal en la Huasteca hidalguense. Barón Larios nació el 5 de julio 1932. Fue sociólogo y compartía sus conocimientos a quien lo solicitaba. Tenía también una maestría en desarrollo rural por la Universidad Iberoamericana. Denunció el caso de más de 200 indígenas campesinos asesinados y propuso que el caso fuera conocido por el Tribunal Internacional de La Haya en Holanda. Al respecto, Barón Larios lamentó, hace algunos meses, la desaparición de la fiscalía para asuntos del pasado sin que hubiera juzgado el citado crimen.

El pasado primero de mayo, la Fundación Arturo Herrera Cabañas, la Red Unida de Organizaciones de la Sociedad Civil de Hidalgo, entre otras asociaciones, entregaron post mortem el reconocimiento al Valor Ciudadano, que sería entregado en vida al padre José Barón Larios, a los líderes de la comunidad de Ixtlahuac, donde el sacerdote pasó sus últimos años.

El padre Barón Larios, previendo su muerte, dejó una petición póstuma: “Sintiéndome próximo al llamado del Padre –mi única esperanza– busqué la oportunidad de saludarlos –a todos los amo en mi Jesús–, agradecerles, pedirles su perdón generoso porque no siempre me comporté como hermano de ustedes en Cristo. “Los últimos años me he dado a los cristianos de Ixtlahuac (primero y segundo). La casa, las cosas y mis pobres restos son de ellos. No quiero salir de aquí. Si la enfermedad que me va a llevar a la muerte se prolonga, déjenme aquí con ellos. Mis vecinos sabrán qué hacer conmigo y con mis restos. Que aquí se hagan mis funerales de acuerdo con las costumbres de la comunidad. Si algún sacerdote en la misa de cuerpo presente me recuerda, por favor que no hable de virtudes que nunca tuve. Ya saben ustedes que se dice: ‘si quieres ser malo, cásate; y si quieres ser bueno, muérete’. “Una súplica postrera: oren por mí, pecador. Gracias. Las y los bendigo. Nos veremos en el cielo.”

Los restos de Barón Larios arribaron el domingo 27 de abril a la localidad de Macuxtepetla, donde realizaron una misa de cuerpo presente. Después de la medianoche el féretro fue trasladado a Ixtlahuac II. Al día siguiente la carroza arribó a la iglesia del Santuario de Guadalupe, donde al mediodía fue realizada una misa en honor a José Barón y con la presencia de las cenizas del padre Samuel.

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Con información de los diarios El Independiente de HidalgoPlazaJuarez.com y Milenio

Centro Nacional de Comunicación Social

Eduardo Charme Ex miembro de la Dirección Clandestina del PSCH .

 “Lo duro de la jornada será dulce; lo difícil, hermoso y lo largo será temprano”.http://www.brigadasalvadorallende.cl/brisa-2/eduardo-charme-ex-miembro-de-la-direccion-clandestina-del-ps/?fb_source=message#comment-214
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EDUARDO CHARME BARROSEduardo Charme fue un destacado militante del Partido Socialista de Chile, asesinado en 1976, a la edad de 34 años, cuando era miembro de la Comisión Política.Su vida política la inició en la Universidad de Chile, mientras estudiaba Ciencias Políticas. Una vez titulado, y durante el Gobierno de Salvador Allende, desempeñó cargos de gran responsabilidad en el Ministerio de Economía y en el Banco Español, donde lo sorprendió el golpe militar.

El mismo 11 de septiembre combatió duramente a las fuerzas militares desde las poblaciones marginales de Santiago. Inmediatamente ingresó a la clandestinidad y se abocó a las tareas de reconstrucción del Partido Socialista.

En enero de 1975 fue detenido por agentes de la DINA y conducido a Villa Grimaldi, donde sufrió feroces torturas que lo marcaron hasta su muerte. Sin embargo, resistió heroicamente sin entregar información a sus captores.

Posteriormente, fue trasladado al Campo de Prisioneros de Puchuncaví, donde formó parte de la dirección de la organización de presos políticos y encabezó la primera huelga de hambre de los detenidos durante la dictadura militar. Su claridad política, su consecuencia y su espíritu unitario le valieron el respeto de sus compañeros de prisión.

Gracias a la presión internacional, fue liberado en septiembre de 1975. Una vez en libertad, y pese a las advertencias y consejos de que abandonara el país, continuó su trabajo político y, a comienzos de 1976, asumió como Secretario de Organización del Partido, tras ser detenida gran parte de la dirección máxima.

En esa calidad participó en el Primer Pleno Nacional Clandestino del Partido, realizado en agosto de 1976, donde fue elegido miembro de la Comisión Política.

Su muerte ocurrió el 14 de septiembre de 1976, al ser sorprendido por agentes de la DINA cuando concurría a contactarse con un dirigente regional. A las 13:30 horas cayó abatido por las balas de los efectivos de seguridad pese a oponer resistencia, en la calle Olivos con Avenida La Paz.

Eduardo fue un hombre íntegro, un revolucionario consecuente las 24 horas del día, aún cuando el sentía que tenía muchas fallas e inseguridades. Sin embargo, era un hombre seguro de sus sentimientos y del primer y gran amos de su vida: el Partido y el pueblo.

Eduardo fue un revolucionario que vivió intensamente; su entrega al Partido fue total y a él dedicaba todas sus fuerzas. Pero también se daba tiempo para otros sentimientos, especialmente la amistad, que para él tenía un valor primordial. Así cultivó muchas amistades entre los presos que estuvieron con él en Puchuncaví aunque fueran de diferente partido, ya que Eduardo era esencialmente unitario.

Tampoco temía demostrar sus sentimientos ante otros hombres, y su amistad la manifestaba de diferentes formas, ya fuera con una gran preocupación por la formación política o la vida privada de otros compañeros, con un pequeño regalo, un gesto de cariño o un poema de Neruda, de quien era ferviente admirador.

En una oportunidad, incentivó a la esposa de un detenido desaparecido –gran amigo suyo- a compartir una casa con él a fin de darle un hogar a los hijos y sacarla del estado depresivo en que ella se encontraba. En otra ocasión, le escribió una carta a un dirigente del Partido que había decidido abandonar el país; allí le había ver lo que significaba para el Partido su alejamiento y cómo le afectaba a él personalmente, ya que había llegado a quererlo entrañablemente.

Su vida como estudiante transcurrió en medio de grandes dificultades económicas, ya que provenía de una numerosa familia que vivía en Chiloé y tenía 11 hermanos, por lo que debió sortear muchos escollos para terminar su carrera universitaria. Una de sus preocupaciones diarias era estudiar y prepararse a conciencia para las necesidades de la lucha; pero también era un gran formador y con su palabra, además de su ejemplo, se preocupaba de quienes estaban a su alrededor enseñándoles a vivir la vida de forma honesta y consecuente.

Tal vez uno de sus mayores dolores era vivir separado de sus hijos, Yuri y Tania, a quienes sólo podía ver ocasionalmente; por lo mismo, cuando estaba con ellos era para él un día de fiesta que compartía con sus amigos a quienes presentaba los niños con orgullo que no disimulaba.

Otro de sus pesares era el fracaso de su primer matrimonio, pero reclamaba su derecho a tener una compañera que compartiera sus ideales y su lucha. Así, dos meses antes de su muerte, le escribió a Patricia, su compañera, una carta que refleja lo era para él su pareja. Está fechada el 29 de junio de 1976, después de una difícil reunión partidaria, y dice así…

“”Querida: te escribo en medio de la mucha tristeza que me produce el dolor del gran amor, de lo difícil de la jornada y de lo hermoso de estar en medio de ella. Pero también te escribo con la satisfacción de saberte cerca y con la seguridad que me vas dando. Ambas cosas, la conciencia de lo duro y hermoso de la jornada y la satisfacción y seguridad de ti –mi compañera de la etapa decisiva- son mi forma de vivir. Sólo quisiera tener todas las fuerzas y claridad necesarias para ser lo mejor para ambos amores y no defraudarlos.

Te quiero para mí pero, por sobre todo, te quiero con toda la claridad del mundo, con la mayor consecuencia posible para abrir las puertas del mundo a la felicidad de los hombres. Te pienso junto a mí, eternamente a mi lado pero, fundamentalmente, en las tareas que la historia del presente nos permitirán transformar la historia del mañana. Te deseo seria, tranquila para mí, mas inquieta y alegre para nuestro pueblo.

Nuestro amor se debe desarrollar, nuestro amor debe crecer, nuestro amor debe probarse en medio de los miles de combates que nuestro Partido, nuestra clase y nuestro pueblo darán para obtener el pan, el trabajo y el socialismo. Por eso y por tí me siento realmente feliz por vivir, por gozar la vida con la plenitud con que sólo es posible hacerlo desde este lado de la trinchera. La jornada será larga, dura y difícil, pero pienso que estaremos juntos aprendiendo, creando y actuando.
Lo duro de la jornada será dulce; lo difícil, hermoso y lo largo será temprano”.

Muere monja de población…una generación de religiosas con quienes re-comenzó el cristianismo.

Muere monja de población

por Jorge Costadoat (Chile)
Domingo, 08 de Julio de 2012

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Ha muerto Elena Chain Curi, monja de población. Dudo que alguna vez haya salido su nombre en la prensa. Pudo haber sido noticia, de haberse cumplido contra ella el balazo con que la amenazaron durante la dictadura. No sé. Los diarios de la época “estaban en otra”. El domingo antepasado sepultamos a una mujer que no fue una monja cualquiera. Fue una monja de población.

El año 1965 —puede ser que me equivoque en la fecha— el personal pastoral de la iglesia de Santiago puso en un gran papelógrafo el mapa de la ciudad. En él se destacaba con pinchos dónde se ubicaba el clero y las religiosas. La gran mayoría se concentraba en los sectores pudientes de Santiago. A impulsos del Concilio Vaticano II, tras constatarse esta injusta distribución de los consagrados, las religiosas iniciaron un éxodo masivo a las poblaciones más pobres. Dejaron los colegios de clase alta. Partieron a meter las botas en el barro.

Desde entonces hasta hoy, esta clase de monja lo ha sido todo: enfermera, dirigenta poblacional, caudilla, educadora, jefa de la olla común, catequista, vendedora de bingos, rondín, confidente, sacerdote y mamá. Estas monjas han ido donde nadie va. No han estado pendientes de que alguien diga de ellas son “santas” o algo así. Su concentración en el prójimo botado en las cunetas ha sido total.

A los largo de estos años se corrió la bola. Los perseguidos, los hambrientos, los enfermos, los drogadictos, los alcohólicos, las adolescentes embarazadas, los inmigrantes, los sin techo, cualquiera, se han refugiado en sus casas. Allí han recibido una taza de té, un pan con margarina y cariño, mucho oído y amparo. ¿Cuántos niños han hecho las tareas en sus casas? ¿A cuántos ancianos estas mujeres les han comprado los bonos de Fonasa y acompañado en la cola del doctor? Las poblaciones que han contado con una Elena Chaín, han podido pasar el invierno protegidas.

Esta monja de la congregación del Amor Misericordioso las representa a todas. La recuerdan con lágrimas en El Montijo, Cerro Navia… Participó en la Toma de Peñalolén y fundó allí la comunidad Enrique Alvear. Con tenacidad y alegría, enseñó a los adultos a leer la Biblia. La desconocían. Apenas siquiera juntaban palabras. Ella no hizo distinción entre casados y recasados. Tampoco entre los que tenían fe y los que no. Trató a todos como a iguales. Su casa era un entrar y salir de gente. Los últimos años, ya vieja y enferma, sobrecargada de penas ajenas, llegaba a la misa envuelta en lanas. Poco después, a los ochenta años, partió de misionera a La Serena.

¿Por qué todo este recuerdo? Bien podría guardarme un reconocimiento que tiene mucho de personal. También podría ahorrarme estas palabras de elogio a una generación de religiosas con quienes re-comenzó el cristianismo. La Vicaría y las monjas de población, en mi opinión, son lo mejor de la Iglesia chilena del postconcilio.

Esta es la Iglesia de los pobres con que soñaron Hurtado y Manuel Larraín, Medellín y la Teología de la Liberación. Hago este recuerdo porque, aunque la historia nunca se repite, el país y la misma Iglesia necesitan faros que indiquen cómo, y cómo no, se crece en humanidad.

– El autor es sacerdote jesuita y labora en el  Centro Teológico Manuel Larraín.

*Fuente: El Mostrador