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Memoria MIR. Carta de Daniel Felipe Ruiz Lazo.

Carta de Daniel Felipe Ruiz Lazo.

Estimados compañeros y compañeras, de mi familia roja y negra:                                                                                                                                                                         

Quiero compartir con ustedes en nombre mío y de mi familia una importante noticia. El 29 de noviembre he ganado la querella criminal contra Álvaro Corvalán Castilla y Aquiles González Cortés, por el secuestro permanente de mi hermano Sergio Fernando Ruiz Lazo, a ambos se los ha condenado a ocho años de presidio mayor en su grado mínimo.

Por supuesto, esperábamos una condena muchísimo mayor, no nos sentimos conformes ni creemos que se ha hecho justicia, sin embrago, no podemos dejar de alegrarnos por este avance, frente a diversas situaciones, en muchos momentos llegamos a creer que no viviríamos lo suficiente para ver este día, tal como le sucedió a mi madre y mi padre que murieron con el dolor de ver impunes a los que alejaron para siempre de nuestro lado a Sergio.

Hoy me siento más tranquilo, creo que nuestra lucha por estos casi treinta años no ha sido en vano, en lo personal les aseguro que no desistiré hasta ver que se haga realmente justicia para mi hermano y para todos nuestros compañeros y compañeras que cayeron en las manos sangrientas de los que hoy pretenden inocencia, me siento también orgulloso como siempre de mi hermano, de su integridad, de su consecuencia, como deben estarlo todos los que lo conocieron.

Agradezco a todos los que nos han acompañado estos largos años de dolor y lucha, los que han permitido que la memoria de Sergio perdure, los que han continuado luchando, los que creen que mueren los cuerpos no las ideas, no los sueños ni los principios y que día a día construyen un palmo del mundo en el que creemos, en el que creyó también mi hermano.

Me despido con un abrazo fraterno, en nombre de mi familia

Daniel Ruiz Lazo.

 

  1. RUIZ LAZO SERGIO FERNANDO – Memoria Viva

    http://www.memoriaviva.com/Desaparecidos/D…/sergio_fernando_ruiz_lazo.h…

    Sergio Fernando Ruiz Lazo, casado, dos hijos, técnico textil, militante del Movimiento de Izquierda Revolucionario, MIR, fue detenido el 21 de diciembre de 

  2. RUIZ LAZO SERGIO FERNANDO Detenido Desaparecido

    190.98.219.232/~interac/victimas/?p=349

    El 20 de diciembre de 1984 fue detenido por funcionarios de la CNI, en Santiago Sergio Fernando RUIZ LAZO, dirigente del MIR, quien había ingresado 

  3. Cómo El Mercurio intentó encubrir las desapariciones de Sergio Ru

    es.groups.yahoo.com/group/chilemundo/message/19754

    11/02/2005 – 1 entrada

    Conforme establece el proceso 143.671-1 del Tercer Juzgado del Crimen, Sergio Fernando Ruiz Lazo, casado, dos hijos, técnico textil y 

  4. Lo que brilla con luz propia, nadie lo puede apagar – Memoria-MIR

    SERGIO JAIME BRAVO AGUILERA FRANCISCO  SERGIO EDUARDO JOSÉ CIENFUEGOS CAVIERES JEAN IVES …. SERGIO FERNANDO RUIZ LAZO

  5. Querella Víctimas Mir Chile

    En atención a ello salió Sergio PEÑA DIAZ, de profesión veterinario, militante del …. Sergio Fernando Ruiz Lazo, casado, dos hijos, técnico textil, militante del  

  6. Condenan a ex agentes CNI por secuestro de militante del MIR 

    hace 5 días – De acuerdo a los antecedentes de la causa, se logró establecer que Sergio Fernando Ruiz Lazo pertenecía al Movimiento de Izquierda  

  7. nacion.cl – Nueva acusación por secuestro contra Álvaro Corbalán

    27/12/2011 –  en una hora indeterminada, dejó de verse y de tenerse noticias de Sergio Fernando Ruiz Lazo, quien pertenecía al Movimiento de Izquierda  

  8. ruiz lazo sergio fernando – Archivo de Fondos y Colecciones

    Con una fotografía. En el interior: Se entregan todos los detalles de la vida y desaparición de Sergio Fernando Ruiz Lazo y de las gestiones que ha realizado su 

  9. Dictan condena contra ex agentes de la CNI por secuestro de 

    “a) Que Sergio Fernando Ruiz Lazo pertenecía al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), al menos desde el año 1972 y, a consecuencia del golpe  

  10. [PDF]

    ÁLVARO JULIO FEDERICO CORBALÁN CASTILLA – CIPER Chile

    ciperchile.cl/wp-content/uploads/Álvaro-Julio-Corbalán-Castilla..pdf

    05/08/2002 – Nelson Fernando Araneda Loaiza, Jaime Alfonso Cuevas Cuevas, Luis  coautor del secuestro calificado de Sergio Fernando Ruiz Lazo,.

Cine chileno. El Edificio de los chilenos. Desacralización de la militancia heroica,

Hijxs de la Memoria Chile 

Tamara Vidaurrazaga ( hija de Ignacio y Soledad) es periodista, tiene un magíster de genero y es candidata a doctora en Estudios Latinoamericanos. Investiga sobre las organizaciones que propugnaron la lucha armada en los setenta latinoamericanos, especialmente respecto de las mujeres que participaron en ellas. Últimamente ha investigado sobre las memorias de los hijos/as de militantes. Tiene una hija y le gusta el suchi.

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Tamara Vidaurrazaga es periodista, tiene un magíster de genero y es candidata a doctora en Estudios Latinoamericanos. Investiga sobre las organizaciones que propugnaron la lucha armada en los setenta latinoamericanos, especialmente respecto de las mujeres que participaron en ellas. Últimamente ha investigado sobre las memorias de los hijos/as de militantes. Tiene una hija y le gusta el suchi.

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SSA51666 (Photo credit: Memoria Urgente)
Desde Otro Lugar

La Memoria de “los hijos de” en el documental El Edificio de los chilenos.

http://www.lafuga.cl/desde-otro-lugar/647


“El vacío es un camino que sólo se llena al recorrerlo”, son las palabras con las que comienza el documental El edificio de los chilenos de Macarena Aguiló. Y haberlo hecho, es la manera en que su autora y protagonista, llena el vacío de su vida tras el abandono por parte de su padre y madre, para luchar en Chile contra la dictadura de Pinochet. Partiendo desde la biografía de la propia autora, el documental narra la historia del “Proyecto Hogares” del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, pensado para reemplazar el cuidado paterno y materno de niños y niñas cuyos progenitores regresaron a combatir clandestinamente a Chile a fines de los años ‘70.

El edificio de los chilenos, no es la obra de una investigadora aséptica del periodo, sino de una hija de militantes del MIR, organización político militar que resistió a la dictadura de Pinochet. Antes niña, ahora mujer, creció con el peso de progenitores héroes de la izquierda latinoamericana, víctimas de la represión, con la responsabilidad de ser lo suficientemente buena descendiente de tamaños personajes.

Su relato, y los relatos que entretejen poco a poco la narración audiovisual, humanizan a los progenitores -y con ello al resto de los y las militantes de las izquierdas de los setenta- cuyas imágenes se debaten en la dicotomía héroe/víctima, complejizándolos a través de los rasgos de humanidad que nos entregan, para aportar a la reconstrucción de una memoria que solo recientemente ha sido contada.

Macarena reconstruye una memoria otra del periodo, la de “los hijos de”, que no eligieron su lugar en la historia, pero fueron fuertemente influenciados por las decisiones maternas/paternas. Lo hace de manera crítica, sabiendo también que tiene el permiso por el lugar que ocupa en la historia –es hija de- pero también porque fue claramente víctima de la dictadura, lo que le da el permiso social para incurrir en un acto de desacralización de la militancia heroica, relato que prima todavía al interior de la izquierda chilena. Macarena no solo fue víctima al vivir el abandono materno/paterno, sino también al ser secuestrada siendo niña, por agentes de la represión dictatorial como forma de presionar a su padre para que se entregara.

Esta obra rompe con la dicotomía público-privado, y con el tácito acuerdo de hablar de los aspectos públicos de la militancia, poniendo la inflexión en los sucesos y consecuencias de las decisiones tomadas en las vidas íntimas de los militantes de la época y de las misma narradora-protagonista en la actualidad.

En el recorrido de la narración hay una búsqueda evidente por reconstruir la propia biografía a través de las memorias de un país dolorido y todavía silenciado en este plano, puesto que las miradas críticas respecto de como se vivieron las militancias y la forma en que se memorializa a los protagonistas de los setenta, ya sea que estén vivos o muertos; todavía resultan incipientes.

Humanización de la militancia

Cuando Macarena habla de sí misma, habla de las consecuencias que para ella y otros hijos e hijas de militantes, tuvieron y siguen teniendo las decisiones que sus progenitores tomaron. Está refiriéndose a una generación anterior que creyó en la revolución como un hecho tangible y posible, como señala Claudia Gilman (2003)cuando se refiere al concepto de época. Según Gilman la época se termina cuando la revolución deja de ser posible y se transforma en utopía. Es desde este tiempo actual, en que la revolución dejó de ser concreta para transformarse en utopía que la narradora de este documental mira hacia el pasado, ese pasado en que la revolución se produciría de manera inmediata, por lo que, para sus progenitores, valía la pena dejar todo lo personal en pos del objetivo urgente y colectivo: la revolución socialista.

El documental se refiere a la generación militante de sus progenitores, transgrediendo la dicotomía víctima/héroe, que ha sido construida desde las izquierdas. La noción de víctimas responde a un primer momento en el que era necesario exigir verdad y justicia y dejar en claro las atrocidades de las violaciones a los derechos humanos cometidas por las dictaduras chilena y argentina. En esta etapa se silencian los aspectos combativos de estos protagonistas, reconstruyendo sus biografías esencialmente en torno a las represiones de las que fueron víctimas, con el fin de dejar en claro socialmente que las acciones del Estado habían sido desmedidas e inhumanas.

Con victimización nos referimos a la reducción de la víctima a este rol unívoco y homogéneo, noción en la que se desconoce otras aristas de quienes sin lugar a dudas se convirtieron en víctimas, pero a la vez jugaron roles como combatientes y articuladores de proyectos de vida subversivos al sistema hegemónico.

El relato que sigue al de la victimización, es el del heroísmo. Una memoria que se refiere a la generación protagonista de los setenta esencialmente como militantes y combatientes que eligieron un proyecto de vida y sociedad por el que incluso estuvieron dispuestos a perder la vida. Este relato reivindica el proyecto revolucionario de esta generación como algo posible y deseable no solo en ese pasado reciente, sino también en nuestro presente y futuro. Por heroísmo entendemos aquella memoria que -al contrario de la victimización- recuerda a los protagonistas de las luchas de los setenta y ochenta como héroes que nunca se equivocaron y cuyo proyecto puede y debe emularse sin críticas ni cuestionamientos.

En El edificio de los chilenos se evidencia una subversión a esta posibilidad dicotómica de memorias sobre los y las militantes, reconstruyendo un relato en el que estos personajes se humanizan y por tanto se vuelven más complejos, llenos de zonas grises.

No es la gesta pública -ni el martirio producto de ésta- lo que se narra, sino las consecuencias que el sueño revolucionario implicó en la vida privada de los descendientes de los protagonistas de la época revolucionaria. Los otrora héroes del documental caen ante la pregunta de la nueva generación que no desea necesariamente ser heroica pero tuvieron que serlo a la fuerza: ¿por qué nos abandonaron? Los adultos responsables de las decisiones de antaño se vuelven humanos ante esta pregunta e incluso lloran. Algunos no se perdonan lo hecho, otros no saben qué decir. Ninguno repite la excusa de antaño “por todos los niños del mundo”, la excusa ya no es tan poderosa en los cuerpos concretos de los abandonados, cuando se da en medio de la derrota política. El sacrificio ha sido estéril. Algunos progenitores nunca volvieron y aún así la revolución ansiada no ganó.

Transgresión público/privado y tránsito de lo individual a lo colectivo

En esta obra se produce un tránsito desde la propia biografía hacia una historia colectiva, transgrediendo además la dicotomía público/privado y el acuerdo tácito de referirse a la militancia setentista solo en términos de la gesta pública, obviando cómo lo público y lo privado se influenciaron mutuamente en este periodo.

Se evidencia una autorreferencia constante a la propia historia, a los documentos personales, a los recuerdos íntimos, aportes que reiteradamente devuelven al documental la veracidad de la historia. Son las cartas que escribe la madre de Macarena tras dejarla a cargo de los “padres sociales” del “Proyecto Hogares”, las fotografías de Cuba, su diario de vida, los dibujos infantiles y los recortes de la época.

La historia de Aguiló es también la de un colectivo de infantes dejados en el proyecto hogares en Cuba, y la de un número no contabilizado de menores que fueron abandonados por padres y madres que priorizaron por el compromiso de la militancia en Chile. De su relato Aguiló salta al relato de sus hermanos sociales, de sus hermanos sociales a otros ex niños/as que vivieron la experiencia, de ellos a sus padres biológicos y sociales, a los padres de otros, a quienes planearon el proyecto sin tener hijos en él.

El documental transgrede uno de los conceptos más enclaustrantes para occidente: la dicotomía público-privado (Pateman, 1996), puesto que complejiza una memoria de lo público a través de los recuerdos personales. Los militantes dejan de ser reconstruidos desde sus labores en lo público: el trabajo por la revolución, y más bien se rehace la historia de cómo en lo cotidiano tuvieron que tomar opciones dolorosas que implicaron a otros/as, quienes heredaron las consecuencias de esas decisiones. Relato que es incipientemente contado porque resulta más doloroso aún que los dolores públicos de la revolución perdida.

El deber ser de una generación pospuesta por el proyecto revolucionario

La transparencia de Aguiló, las dudas y dolores expuestos y la inconformidad ante el deber ser heredado por ser hija de militantes, facilitan la empatía con los relatos y las verdades allí puestas en discusión.

Son parte de una generación pospuesta por la revolución inminente. La urgencia de ésta fue tan grande que para el héroe-militante la lucha pública-abstracta fue el ejercicio fundamental y ante el cual todos los demás dejó de ser prioritario. Se rompió así el orden “natural-cultural” en el que los hijos-concretos son primordiales, sobre todo en el caso de las mujeres quienes transgredieron en mayor medida el deber ser sexo genérico, dejando atrás el rol de madres abnegadas.

Macarena y el colectivo de infantes de quien se reconstruye la historia, son víctimas invisibilizadas de dictaduras que pusieron a una generación de adultos entre la disyuntiva de luchar o hacer la vista gorda. Luchar con armas o políticamente. Mantenerse al lado de los hijos/as o posponerlos hasta el supuesto triunfo.

Pertenecen a una generación que supieron lo que es un segundo lugar en la vida de sus padres y madres, cediendo sin chistar un espacio que culturalmente les correspondía, siendo sacrificados por los adultos como exigencia para lograr la ansiada revolución, revolución que finalmente fue derrotada en Chile, haciendo aún más trágica la opción de lo colectivo por sobre lo personal.

En la obra se leen silencios incómodos que evidencian un trauma colectivo y aún invisible. No son combatientes escogiendo su lugar en la historia. No pudieron decidir por qué bando optarían. Ni dar un paso al lado. La decisión fue tomada por otros, adultos, que con sus determinaciones guiaron la historia individual y colectiva de esta generación pospuesta por el proyecto revolucionario.

Aguiló devela no solo lo que significa ser hoy “hija de”, sino lo que les implicó en sus infancias este deber ser, el mandato a cumplir para merecer el cartel de hijas de revolucionarios, exigencia que se le hace a estos niños y niñas, herederos de los sueños revolucionarios de sus progenitores.

“Queríamos hacer niños nuevos”, dice una madre social entrevistada para el documental de Aguiló, refiriéndose a cómo fue en estos infantes que los y las militantes plasmaron el sueño guevarista de formar el “hombre nuevo”. La exigencia entonces era ser los mejores en todo, como le recomendaba el “Che” Guevara a su hija Hilda en una de sus cartas desde Bolivia: la mejor en los estudios, la más solidaria, la mejor hija y hermana, formando así a la verdadera revolucionaria.

Evidentemente el ser hijos/as de la vanguardia le entregaba a estos pequeños/as- protagonistas del documental- la tarea de ser también vanguardia en la conformación de pequeños “hombres nuevos” que se formarían en Cuba, el país de la revolución y los sueños guevaristas per se. Margarita Marchi, la madre biológica de Aguiló, define claramente qué querían lograr con los hijos/as del “Proyecto Hogares”: “queríamos niños con capacidad subversiva y resistencia frente al capitalismo”.

Este “nuevo hombre” debía ser ante todo ejemplar, y eso es lo que se le pedía a los descendientes dejados en Cuba: ejemplaridad ante sus “hermanos sociales” pequeños, porque eran la encarnación del heroísmo de sus progenitores, como recuerda Aguiló en su documental cuando señala: “comencé por comerme toda la comida, algo que mi madre no había logrado en años”.

Se le pide a esos niños/as “compañerismo”, se los hace responsables de una elección que a todas luces es adulta, se los trata como pares dentro de la revolución. No son seres a los que hay que proteger solamente, sino también a los que se les puede exigir un sacrificio por una causa que no escogieron, sino que fue heredada.

La obra transita entre la aceptación del deber ser en tanto “hijos de” y la crítica al lugar que les tocó en la historia por las decisiones de sus progenitores. Y eso es lo que hace de este documental un aporte que complejiza la memoria de la militancia y sus consecuencias.

La niña madura y el deber ser se confrontan con la crítica que necesariamente hace Aguiló al reconstruir descarnadamente su historia, con los ojos de una adulta que -aun compartiendo sueños con sus padres- tiene claridad sobre los dolores que hasta el presente acarrea por no haber tenido derecho a rabietas. Reconoce lo bueno de la experiencia en los relatos de la vida colectiva en Cuba, y se sabe abandonada en las palabras de unos de los padres que dejó a sus hijos entonces. Transita entre estos dos sentires, como el documental se mueve entre la dulzura e inocencia del proyecto que intento colectivizar la “familia partidaria” y el dolor del desapego, el desgarro del abandono y la proximidad de la muerte de quienes estaban lejos: los padres y madres.

Esta obra devela una memoria crítica que recién comienza a visibilizarse en Chile. Hablan de lo que ha permanecido mudo, porque sin duda fue lo más doloroso de la revolución derrotada: los sacrificios que parecen haber sido estériles y sin embargo continúan acarreando costos para la generación pospuesta por un sueño incumplido.

La narradora se instala en un lugar crítico de manera atrevida y subversiva, transgresión que es posible en buena parte porque -aún siendo un tema todavía sensible- proviene de una protagonista de esta historia. La crítica de Macarena no sería igualmente recibida si no fuera ella misma hija de las decisiones militantes de sus progenitores. Esta memoria crítica hacia la militancia todavía se encuentra en un lugar incipiente, todavía es posible solo dependiendo de quien la hace. Aun es complejo referirse críticamente a la militancia, sobre todo a cómo las decisiones políticas de esta militancia tuvieron consecuencias en las vidas no solo de la generación de los setenta, sino también en la de sus hijos e hijas.¿Cuánto faltará para que la militancia pueda ser vista de manera crítica por todos y todas sin tener que mostrar las medallas que nos autoricen a hablar del tema?

Hace unos meses pude entrevistar a Aleida Guevara, la “hija de” por excelencia. Habló con convicción de que nunca se sintió pospuesta por su padre, el “Che”, y que comprende la urgencia de la entrega del guerrillero, porque hoy le permite disfrutar de una vida digna en medio de una revolución triunfante. Habló con toda la convicción del mundo, sin embargo cuando le pregunté si su padre le había hecho falta, le cayeron lágrimas y respondió: “Siempre me hace falta. Tengo más años que los que él tenía cuando lo asesinaron, y todavía me hace falta”.

Bibliografía

Gilman Claudia. Entre la pluma y el fusil. Debates y dilemas del escritor revolucionario en América Latina, Siglo XXI editores: Buenos Aires, 2003.

Guevara Ernesto, “El socialismo y el hombre en Cuba”, Marcha, Montevideo, 1965, versión electrónica tomada de Ernesto Che Guevara, Escritos y discursosTomo 8, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1977.

Jelin Elizabeth, Los trabajos de la memoria, España, Siglo Veintiuno editores, 2001.

Pateman, Carol “Criticas feministas a la dicotomía público-privado”, en Castells Carmen, Perspectivas feministas en teoría política, Barcelona, Piados, 1996.


 

Retraumatización Social. A 40 años del Golpe, Chile requiere de una sanación colectiva.

A 40 años del Golpe, Chile requiere de una sanación colectiva. Por Mirna Concha, periodista

04/09/2013 |

Chile necesita una caracterización psicosocial urgente. Han pasado 40 años del Golpe y mientras no “saquemos todo afuera”, como dice la canción de Mercedes Soza, no podrá nacer la primavera, mientras no hablemos desde el alma, mirándonos a los ojos, no podrán nacer cosas nuevas.

Es bueno que la televisión muestre la historia, pero al no haber sanado las heridas, cada vez se revive eldolor, la frustración y la rabia. Chile es un país enfermo.

 

Lo dije en “Una caracterización psicosocial urgente para Chile”, en enero de 2010. Chile es, sin duda, un país afectado por un estrés post-traumático, cuyos trastornos están a la vista: “reviviscencia” repetitiva del evento, evasión, excitación, sentimientos de culpa, ansiedad, estrés, tensión, según lo definen los médicos. Todos síntomas que sin duda podemos asociar particular y más intensamente en septiembre, mes que anualmente acentúa y hace más evidente las diferencias que nos mantienen divididos.

En esa misma columna, hace ya más de tres años, decía que Chile necesita una urgente caracterización psicosocial para determinar las patologías que como sociedad nos afectan, y sanar las profundas heridas que persisten. Y planteaba que si hacemos una analogía con las adicciones, podríamos concluir que Chile se encuentra en un estado “contemplativo” en el cual existe consciencia de lo vivido, de las consecuencias, pero estamos inmovilizados. Necesitamos con urgencia pasar a etapas superiores, a la decisión y luego a la acción, esa que nos llevará a la rehabilitación y sanación.

Este año se conmemoran 40 años del Golpe. Las heridas están abiertas, el dolor, la rabia y la frustración se acentúan con las imágenes que está y seguirá mostrando la televisión.

 

Es bueno educar, mantener viva la memoria, pero en una “terapia” colectiva sin la debida contención los riesgos son demasiado altos.La conmemoración este año será sin duda más cruda. Ojalá no hayan víctimas fatales, pues ya se ha derramado demasiada sangre.

 

 

 

Argentinos reaccionan a la muerte de Videla – BBC Mundo – Video y Fotos

Argentinos reaccionan a la muerte de VidelaFacebookTwitterEnvíe esta página por e-mailReproductor multimediaUtilizar un reproductor alternativoLa muerte de Jorge Rafael Videla ha generado distintas reacciones fuera y dentro de Argentina.El hombre que dirigió la junta militar que \

vía Argentinos reaccionan a la muerte de Videla – BBC Mundo – Video y Fotos.

Argentinos reaccionan a la muerte de Videla

Reproductor multimedia

La muerte de Jorge Rafael Videla ha generado distintas reacciones fuera y dentro de Argentina.

El hombre que dirigió la junta militar que “desapareció” a miles de personas entre 1976 y 1983, murió el viernes en la mañana en su celda, donde cumplía cadena perpetua.

La Abuelas de la Plaza de Mayo manifestaron el alivio que les produjo la noticia, aunque mostraron su pesar por el hecho de que Videla no contribuyó con la investigación para conocer el paradero de las 30.000 personas desaparecidas y los 400 nietos que siguen buscando.

En las calles de Buenos Aires, la gente manifestó sus opiniones no sin mantener cautela.

Chile 40 Years On network

 

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Welcome to Chile 40 Years On network

This year marks the 40th anniversary of the Chilean coup d’etat  that ousted the constitutional president of Chile, Salvador Allende, from office and gave rise to the vicious dictatorship of General Augusto Pinochet 11th September 1973. The Chile 40 Years On  network has been set up to commemorate the 40th anniversary of the Chilean human and social tragedy brought about by Pinochet’s dictatorship.

Thousands of people were tortured and killed, others ‘disappeared’ at the hands of the authorities, the secret police and more were illegally detained. Men, women and children were rounded up by the military and taken from their homes. Most were never seen alive by their families again. 1 million people were forced  into exile.

We also aim to celebrate life and the progress made by Chilean people in their quest for democracy and justice.

Through this page, and direct contact, the Chile 40 Years On network aims to link up and facilitate memorial events and initiatives to celebrate survival and life in different parts of the UK, so that there can be a critical mass of awareness of the significance of these events for Chile and the rest of the world.

You are most welcome to join us!

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February 2013

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Isabel Cortes gives her view on growing up in #Thatcher’s Britain as a Chilean exile in @guardian http://t.co/CeNlqpvq9O
 

 

Los efectos psicosociales de la revictimización

Los efectos psicosociales de la revictimización

Miércoles 22 de septiembre de 2010

http://justiciaypazcolombia.com/Los-efectos-psicosociales-de-la

La revictimización hace referencia directamente a un sujeto puesto en una condición no libre ni voluntaria sino dada por el ejercicio de otro poder, que ejerce fuerza o presión. Se trata de un alguien que ha sido víctima, pero el prefijo re, nos dice de la característica de esa condición su repetición. Por lo tanto, la re-victimización es una palabra derivada que hace referencia a la experiencia que victimiza a una persona en dos o más momentos de su vida.

La revictimización es el conjunto de hechos o “el hecho en que un individuo sea víctima de violencia interpersonal en dos o más momentos de la vida. Ambas experiencias son separadas en el tiempo y realizadas por parte de al menos dos perpetradores diferentes. Es decir, se refiere a sufrir abuso físico o sexual por parte de un familiar durante la niñez y luego experimentarlo nuevamente durante la vida adulta, cuando el perpetrador es la pareja masculina” (1).

En el marco de la violencia sociopolítica, cuando se habla de perpetrador no necesariamente se habla de personas con nombres y apellidos sino de grupos o estructuras con un proyecto político, económico y social que se impone, se imprime o se construye con el uso de la fuerza. Se trata de la Fuerza Pública, organismos de seguridad del Estado, su estrategia regular e irregular denominada paramilitares, que en mayor medida protegen intereses de sectores del poder establecido o posibilitan su enriquecimiento. Y se trata también de las guerrillas, como grupo político disidente en armas que pretende sabotear y/o instaurar otro orden. En la guerra se pretende herir, capturar o matar al adversario, y más allá de los códigos entre los guerreros, la población es convertida en víctima. En Colombia, personas, también grupos humanos, han sido victimizadas por el Estado y tiempo después la misma estructura institucional o parainstitucional la revictimiza, aunque no sea el mismo autor material. Los ejercicios del poder violento para el aseguramiento de un estatus quo, hacen de la persecución bajo diversas técnicas uno de los medios privilegiados de sometimiento y exterminio, lo que hace posible la revictimización hasta el logro de objetivos estratégicos.

Otros autores hablan de la victimización secundaria para hacer referencia a la revictimización. En este sentido, ésta se deriva de las relaciones de la víctima con las instituciones sociales de servicios sociales, sanitarios, medios de comunicación, jurídicos, entre otros. (Soria, 2006) Sin embargo, en este caso aplicaría la definición de revictimización al tener en cuenta que si una persona ha sido víctima y posteriormente es maltratada por alguna institución porque se le niega información, no se le reconoce como una interlocutora válida, no se le escucha con el debido respeto y en otros casos estas mismas instituciones a las que acuden porque cumplen alguna función de protección, son las que les amenaza, les investiga, les persigue. En estos casos claramente se están evidenciando nuevos episodios de violación de derechos y por lo tanto de revictimización.

Desde esta definición más amplia que define sujetos institucionales como responsables de la re revictimización, se comprende en el marco de la violencia sociopolítica situaciones en que los procesos jurídicos revictimizan sometiendo a una persona a interrogatorios innecesarios que reviven la experiencia traumática o que indirectamente sugieren situaciones que atentan contra su dignidad, es el caso que enfrentan entre otras víctimas las mujeres abusadas sexualmente cuando se indaga en qué medida su comportamiento o actitud puede haber aportado a la violencia sexual. Otras situaciones que se pueden mencionar es el caso del uso de terceros como informantes y/o testigos para hacer falsas acusaciones sobre las víctimas. La falta de eficiencia en la administración de justicia y la permanente impunidad aumentan el sufrimiento de la mayoría de las víctimas.

De igual forma los medios de información masiva muchas veces operan como mediadores de los intereses de los victimarios, cuando no ellos, deliberadamente se convierten en máquinas de revictimización. Luego de decisiones de las Cortes, entre ellas internacionales, como por ejemplo, en el caso del asesinato de Manuel Cepeda Vargas o de fallos nacionales, como el de los familiares de los desaparecidos en la cafetería del Palacio de Justicia, familiares de las víctimas se han visto sometidos a graves señalamientos y acusaciones infundadas por sujetos procesales, el gobierno y por los generadores de opinión que argumentan con su libertad de opinión y expresión irrespetando en lo más profundo la dignidad y el bienestar de las víctimas.

Efectos Psicosociales de la revictimización

La revictimización genera impactos psicosociales porque remueven las situaciones traumáticas generadas por la violación de la dignidad y de derechos. No basta con mencionar los efectos de la revictimización sino el auscultar sobre las pretensiones y los actores que generan dicha revictimización. La revictimización genera condiciones que empeoran, que producen mayor vulneración de la situación de las víctimas, como es el caso de las víctimas de crímenes de Estado. Ellas siguen expuestas no solamente a la continuidad de violación de sus derechos sino de ser invisibilizadas, en medio de avances formales de democratización, continúan sometidas a técnicas y medios novedosos de persecución.

Cuando se hace referencia a las víctimas de crímenes de Estado en donde se niega la realidad del Estado como un victimario, las víctimas enfrentan una doble necesidad: ser reconocidas como víctimas y reclamar sus derechos al mismo tiempo.

Al reconocer como responsable de la violación de sus derechos a quienes han generado la violencia y a quienes mantienen el control social, esta situación les expone fácilmente a ser revictimizadas con la intención de debilitar, dominar y doblegar la voluntad de las personas para intentar hacerles desistir de sus procesos de exigibilidad de sus derechos y en el peor de los casos eliminar ya sea individual o comunitariamente a quienes no responden al propósito de dominación, a quienes no están de acuerdo con un modelo de sociedad y de economía. En Colombia este modelo social y económico permite solamente determinadas libertades de expresión, de oposición y de exigencia.

En este sentido, los medios masivos de información han generado una reacción en la sociedad en donde la estigmatización es el denominador común. Esto se expresa en afirmaciones justificadoras como: “por algo será”, “algo habrá hecho para que le sucediera lo que le sucedió”. Algunos autores han llamado a este efecto social de “consentimiento” la revictimización terciaria.

Este es el efecto logrado a través de los objetivos de la represión como parte de la guerra psicológica. Se pretende “construir, formar o modelar la opinión pública a través del lenguaje constituido por contenidos ideológicos, imágenes y asociaciones simbólicas, utilizadas con una intencionalidad, una orientación y un sentido preciso”(2) .

Hablar de los efectos psicosociales de la revictimización no es tarea fácil puesto que no hay estudios estructurados que den cuenta de dicha problemática y por la complejidad en si misma del fenómeno. No obstante, las mismas víctimas y organizaciones acompañantes desde su reconstrucción de la represión han ido identificando esos efectos.

Esos efectos ocultos, aparentemente invisibles, son parte de lo que se quiere lograr con la violencia. El miedo, el silencio, la parálisis, las afecciones en el modo de ocupar un espacio, son parte de las expresiones emocionales que afectan a la persona, al grupo humano y la sociedad.

Cuando una persona ha sido víctima se generan cambios en su vida personal, familiar, organizacional y/o comunitaria por la ruptura, por la lesión, por el trauma y los efectos que esto tiene depende de muchos factores. Pueden generar efectos psicosociales más duraderos deteriorando de manera importante la calidad de vida y en general el bienestar de las personas. Es posible que una persona todavía no haya alcanzado a través de un proceso adecuado la elaboración de sus duelos cuando es revictimizada, lo cual puede provocar un agravante para la salud física y emocional llevando incluso, en algunos casos extremos, a trastornos mentales.

Los factores que inciden en el impacto son los antecedentes individuales, familiares, organizativos, comunitarios, la personalidad de los individuos, las redes sociales con las que se cuenta, el nivel de estudios, las ideologías, las creencias que se tiene, la reacción de la sociedad, entre otros.

Sin embargo, ante la necesidad de tener en cuenta los factores mencionados, se ha encontrado que ante los hechos traumáticos las afectaciones emocionales en general se manifiestan a nivel de los sentimientos, a nivel físico, a nivel comportamental y de los pensamientos. En un alto porcentaje estas afectaciones no terminan en trastornos o enfermedades mentales puesto que hay otro elemento importante que hay que tener en cuenta y es la capacidad de resiliencia de las personas.

Manifestaciones emocionales de la revictimización

A nivel de los sentimientos normalmente se genera miedo, rabia, ansiedad, dificultad para centrar la atención, sensación de inseguridad, sensación de cansancio sin que una actividad física lo justifique, tristeza que dependiendo de la forma como se maneje o de la misma revictimización puede desembocar en depresión. Todas estas reacciones emocionales se pueden generar con una victimización y la revictimización hace que se remuevan dichas emociones experimentadas anteriormente y las actualice vivenciando de esta forma una nueva situación dolorosa que puede ser incluso traumática. Sentimientos que se presentan con mayor frecuencia son la rabia, la impotencia y la desesperanza.

Físicamente también se presentan algunas sintomatologías como consecuencia psicosomáticas que implican alteraciones a nivel físico producido por la psiquis pero que no precisamente se enmarcan dentro de una enfermedad específica, como es el caso de los trastornos somatomorfos en donde, según el DSM IV, dicho trastorno “es la presencia de síntomas físicos que sugieren una enfermedad médica y que no pueden explicarse completamente por la presencia de una enfermedad, por los efectos directos de una sustancia o por otro trastorno mental”(3) . Los síntomas psicosomáticos que más se presentan en las víctimas de la violencia sociopolítica son los dolores de cabeza o cefaleas, problemas de respiración como las asfixias, dolor en el pecho, diarrea, taquicardia, sudoración.

A nivel de la conducta o el comportamiento, se evidencia una posibilidad de extremos como el aislamiento o la extroversión y activismo, pueden presentarse dificultad para conciliar y mantener el sueño, así como las constantes pesadillas relacionadas con los hechos traumáticos, así mismo los estados de ánimo de tristeza y desesperanza pueden repercutir en movimientos lentos que denotan una gran carga emocional o una constante agresividad ante estímulos externos incluso irrelevantes (esto se presenta con una alta frecuencia en los niños y las niñas).

La esfera del pensamiento es también afectada en cuanto que los pensamientos repetitivos frente al hecho concreto de la violación pueden evidenciarse con una alta frecuencia en las víctimas. En ese sentido se puede presentar pesimismo, falta de ganas de vivir más, sentimientos de culpa y/ o de auto-reproches, pero pueden también presentarse pensamientos positivos a partir de la comprensión que la persona tiene de lo que le está sucediendo y de la conservación de su identidad.

Manifestaciones colectivas de la revictimización

De acuerdo a los grupos o colectivos a los que una persona pertenece o en general, de acuerdo a la cultura en la que se nace y se crece, una persona forma su identidad, que puede verse afectada por los hechos de violencia. Las identidades se van fraccionando con aseveraciones escuchadas en noticieros o programas radiales como “ciudadanos de bien”, lo cual implica que unas personas son buenas, dignas, merecedoras de vivir en sociedad y otras, que son indignas, indeseadas y que por dicha razón se termina justificando la estigmatización, la exclusión, el señalamiento, y hasta el asesinato.

Por estas razones, muchas personas no se atreven nuevamente a denunciar las violaciones de sus derechos, lo cual impide dimensionar de manera completa la violencia estatal, y la problemática del conflicto. Todo esto genera otro impacto en las familias, comunidades, grupos o en general en la sociedad y es la ruptura de la confianza en los seres humanos, lo que tiene implicaciones fuertes en la construcción de un modelo de sociedad justa, incluyente, equitativa.

Socialmente se ha venido estigmatizando a las víctimas con la manipulación psicológica a través de muchos medios, especialmente los de información masiva, pero también como consecuencia de no impartir justicia ante las violaciones dejando la sensación que ha sido justo lo que le ha pasado a la víctima y poco a poco invirtiendo valores éticos: la víctima se convierte en victimario, la mentira en verdad, el resultado justifica los medios, etc.

La imposibilidad del restablecimiento emocional, social y económicamente ante una revictimización agrava la salud física y mental; también es necesario tener en cuenta que la impunidad ante los crímenes y violaciones de derechos humanos es una forma continua de revictimización que tiene como consecuencia lógica la pérdida de credibilidad en las instituciones del Estado y en funcionarios del gobierno. En este sentido es contradictorio cuando esas mismas instancias reclaman a las victimas confianza y les responsabilizan por la falta de avances en las investigaciones de crímenes, dado su falta de colaboración con las autoridades.

Trascendiendo la mirada victimizante

La revictimización y sus efectos en el marco de la violencia sociopolítica no son una situación nueva. Las víctimas han estado expuestas a múltiples formas y veces de revictimización y aún continúan existiendo, exigiendo y construyendo país. Ese es el caso de muchas víctimas organizadas como las del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado – MOVICE, por poner un ejemplo e incluso otras víctimas que no se han organizado: pero a todos les mantiene en pie la esperanza de que algún día van a encontrar justicia por lo menos en su caso.

En el libro “La Resiliencia, Desvictimizar la víctima” (Cyrulnik, Manciaux, Sánchez, Colmenares, Balegno &, Olaya, 2002) se plantea: “Una inmensa fuerza humana trabaja en una gran diversidad de campos en Colombia para construir y dar solución a diferentes problemáticas, sin embargo en ocasiones no lo logra. De la misma manera existe una inmensa fuerza humana que se destina a trascender las desgracias, a sobrepasar las crisis, a sobreponerse al dolor de las heridas producidas por las actuales condiciones que el país atraviesa y continuar ejerciendo su soberanía obre la vida.” (pág. 27).

María Eugenia Colmenares citando a Boris Cyrulnik se refiere a la palabra resiliencia como “La resiliencia es más que resistir, es también aprender a vivir (…) antes del golpe uno estima que la vida nos es debida y la felicidad también (…) el hecho de haber vivido una situación extrema, de rondar la muerte y haberla destruido, hace nacer en el alma del niño herido un extraño sentimiento de vivir la prolongación de un plazo (…) la prueba, cuando uno la sobrepasa, cambia el gusto del mundo. Toda situación extrema en tanto que proceso de destrucción de la vida, encierra en forma paradójica un potencial de vida (…)”. (pág. 58)

La resiliencia entonces es la capacidad que tienen las personas de sobreponerse ante situaciones adversas integrándolas en sus vidas y haciendo de estas un escalón importante en la continuidad de su existencia. Este es un potencial que no evita los impactos psicosociales inmediatos de la revictimización, pero sí habla de los mecanismos de afrontamiento, que no hacen posible que la experiencia traumática desemboque directamente a un desequilibrio mental, como desde una comprensión simplista, reduccionista se podría interpretar.

Así, paradójicamente, la revictimización se enfrenta a un remanente existencial, a un sustrato de la sensibilidad, de la mente, de la voluntad que posibilita el afrontamiento, y la afirmación de la propia dignidad ante el propósito del victimario.
Ese remanente está ahí como base de superación, de síntesis y de elaboración personal y colectiva frente a la repetición de hechos con los cuales se pretende negar la posibilidad de las exigencias de verdad, de justicia y de reparación, la discusión política, la deliberación y otro tipo de sueños y de sociedad democrática.

(1)Desai, Arias, Thompson & Basile, 2002. Childhood victimization and subsequent adult revictimization assessed in a nationally representative sample of women and men. Violence Vict.

(2)Girón, C. 2005. El olvido, la estigmatización y la exclusión de las víctimas de la violencia política: una forma de tortura
psicológica promovida por los medios masivos de comunicación?, en Terre des hommes Italia. 2005 (Editores)
Implicaciones de la tortura psicológica en contextos de violencia política, Bogotá: Editorial Códice Ltda).

(3)Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. DSM IV. Masson,S.A., 1995

Por: Equipo Psicosocial
Comisión Intereclesial de Justicia y Paz

Ningún contexto justifica las violaciones a los Derechos Humanos,Sr. Ministro.

Señor Harald Beyer
Ministro de Educación
Presente

La carta de la Directora de la Dibam publicada en el diario El Mercurio el sábado 23 de junio referente al Museo de la Memoria plantea una visión que, desde nuestra perspectiva, vulnera un principio básico consensuado a nivel internacional: ningún contexto justifica las violaciones a los Derechos Humanos.

Si utilizáramos la premisa de Magdalena Krebs, podríamos contextualizar también las purgas de Stalin, el Holocausto judío en la Alemania Nazi o las matanzas de Ruanda. El contexto o “los antecedentes” como plantea Krebs, podrían explicar, y por lo tanto ayudar a comprender y justificar la tortura, los asesinatos masivos, los detenidos desaparecidos o cualquier otra forma de violencia contra grupos o personas que se aparten del ideario de quien viola derechos fundamentales. ¿Existe alguna justificación plausible para matar, torturar y desaparecer?

“La violencia imperante” como plantea Krebs sería el antecedente de la violación a los Derechos Humanos cometidos en dictadura y sería por tanto causa o razón para la violencia ejercida por agentes del Estado luego del 11 de septiembre de 1973.

En su lógica, la tensión social previa al golpe de Estado, el asesinato del General Schneider, las tomas de fundos y fábricas, las colas, el paro de camioneros, el desabastecimiento o el inexistente Plan Z, serían antecedentes a ser considerados en la muestra del Museo de la Memoria para explicar por qué se asesinó, violó, torturó, desapareció y exilió a miles de compatriotas luego del golpe.

Su argumento no solo explicita un grave relativismo moral, sino que es profundamente peligroso. Con él podrían justificarse las mayores atrocidades ya que los antecedentes previos a la violación a los derechos humanos permitirían explicarlos y eventualmente, justificarlos.

El Museo de la Memoria, como bien dice Krebs, tiene una función educativa y esa es justamente educar a las futuras generaciones respecto de lo que no debe ocurrir nunca más en Chile. Sin embargo, como pretende la directora de la Dibam, al considerar las razones o antecedentes de por qué se ejerció tal violencia, pierde su sentido pedagógico y relativiza acciones condenables, dando herramientas a algunos de sus visitantes para argumentar que tal vez esas acciones tenían razón de ser considerando la situación que se vivía previo al golpe de 1973.

La carta de la Directora de la Dibam pone en cuestión su idoneidad y capacidad para dirigir un área tan sensible y relevante como los archivos, museos y memoria del país, por lo que consideramos que usted como Ministro de Educación debe tomar cartas en el asunto y removerla de su cargo.

Firmas
1. Adriana Bórquez Adriazola, Profesora de Estado, Sobreviviente Colonia Dignidad
2. Adriana Palomera Valenzuela Historiadora, Universidad UArcis
3. Alejandra Castillo, Filósofa, Universidad UArcis
4. Alex Ovalle Letelier, Programa Doctorado en Historia, Universidad de Chile
5. Alexis Ernesto Rebolledo Carreño, Sociólogo, Universidad del Bio Bio
6. Alfredo Barahona Zuleta, Periodista, Ediciones y Comunicaciones Claretianas
7. Alicia Scherson, Cineasta, Universidad de Chile
8. Ana María Baeza C., Académica, Universidad de Chile
9. Anamaría Silva Mena
10. Bernardo Subercaseaux, Académico, Universidad de Chile
11. Camilo Brodsky, poeta
12. Carla Peñaloza Palma, Historiadora, Universidad de Chile
13. Carmen Limary Sánchez Rivera, Profesora Lenguas y literatura, independiente
14. Carolina Aguilera, Socióloga, Villa Grimaldi
15. Catalina Saldaña Lagos, Historiadora, Equipo Inv., Espacio de Memorias-Londres 38
16. Claudia Lagos Lira, Periodista, Universidad de Chile
17. Claudia Rojas Mira, Profesora de Historia, independiente
18. Constanza Romero Santibáñez, Profesora de Historia y Geografía, independiente
19. Cristóbal Torres Arriagada, Ciudadano
20. Daniela Cornejo, Licenciada en Lengua y Literatura, Espacio de Memorias-Londres 38
21. Elena Toro Saldivia, Periodista, independiente
22. Elías Sánchez González, programa Maestría en Historia y Memoria, Universidad Nacional de La Plata
23. Elsa Rudolphy Romaní, Actriz, Teatro Bellavista
24. Enrique Fernández Moreno, Escritor y Comunicador Social, independiente
25. Esteban Radiszcz, Psicoanalista, Universidad de Chile
26. Fernando Ulloa Valenzuela, Etnohistoriador, Universidad de Chile
27. Francis Goicovich Videla, Historiador, Universidad de Chile
28. Gabriel Flores Rivera, Poeta Popular
29. Germán F. Westphal, Académico, Universidad de Maryland
30. Haydee Oberreuter Ormazábal, Programa Magister Patrimonio Histórico y Territorial, Universidad de Cantabria
31. Héctor Peña Ramírez, Psicólogo, independiente
32. Ignacio Iriarte, Periodista
33. Iván Ljubetic Vargas, Historiador y Escritor, ex-catedrático Universidad de Chile-Temuco
34. Jaime Massardo, Doctor en Historia, Universidad de Valparaíso
35. Jaime Parada Hoyl, Historiador, Movilh
36. Javiera Parada, Gestora Cultural
37. Jorge Amaro Toledo, Sociólogo, Sobreviviente de José Domingo Cañas-Villa Grimaldi
38. Jorge Pinto Rodríguez, Historiador, Universidad de La Frontera
39. Jorge Viera Gamboa
40. José Aguilera Martínez, Profesor, Colegio de Adultos SENDA
41. José Bórquez Vega, Diseñador Gráfico y Ex-PP, independiente
42. Juan Carlos Sepúlveda, Comunicador Audiovisual
43. Juan Gatica Amengual, Exonerado Político, Consultor de Empresas
44. Juan René Maureira M., Espacio de Memorias-Londres 38
45. Julio Pinto, Historiador, Universidad de Santiago de Chile
46. Karen Glavic, Socióloga, UArcis
47. Karen Moure Casabianca, Diseñadora, Grupo Link
48. Kena Lorenzini, Fotógrafa y Psicóloga, independiente
49. Libio Pérez, Periodista, independiente
50. Lucía Sepúlveda Ruiz, Periodista, Red de Acción en Plaguicidas Chile
51. Luis Cruz Salas, Filósofa, Corporación Paine-un Lugar para la Memoria
52. Manuel Loyola, Historiador, Universidad de Santiago de Chile
53. Manuel Rojas Duarte, Corporación de Campo de Prisioneros de Chacabuco
54. Marcela Cubillos Poblete, Historiadora, Universidad de La Serena
55. María Elena Varela Alamos
56. María Eugenia Dominguez Saul, Periodista, Universidad de Chile
57. María Eugenia Horvitz V., Historiadora, Universidad de Chile
58. María Fernanda Morgado, Profesora de Historia y Geografía, Colegio María Educa
59. María Isabel Arthur Nogueira, Secretaria
60. Mario Matus G., Historiador, Universidad de Chile
61. Maura Iório, Licenciada en Historia del Arte, Always Green Tour
62. Máximo Kinast Avilés
63. Miguel Urrutia F., Sociólogo, Universidad de Chile
64. Miguel Valderrama, Historiador, Universidad UArcis
65. Nelson Castro Flores, Académico, Universidad Viña del Mar
66. Pablo Jara Hormazábal, Estudiante, Universidad Alberto Hurtado
67. Patricia Chavarría Zemelman, investigadora
68. Patricia Parga-Vega, Periodista, Bélgica
69. Patricia Violeta Gómez Ríos, Profesora y Programa de Doctorado, PRO-EDDE.
70. Patricio Guzmán, Lic. en Cs. Empresariales, Asesor Económico Confed. de Sindicatos Bancarios y Afines.
71. Patricio Herrera González, Historiador, Centro de Estudios Históricos El Colegio de Michoacán
72. Patrick Puigmal, Académico, Universidad de Los Lagos
73. Paulina Aliaga de la Fuente, Profesora de Historia, becaria Maestría en Pedagogía UNAM-México.
74. Paz Bartolomé, periodista
75. Pedro Alejandro Matta, Investigador Villa Grimaldi
76. Pedro Jacinto Molina Moreno, CIP-CRC Copiapó de Sename
77. Pedro Rosas Aravena, Historiador, UArcis
78. Pedro Vega Morales, Sociólogo, Secretaría Regional de Desarrollo
79. Renán Ignacio Fuentealba Baraona, Médico Veterinario, Laboratorios SAVAL S.A
80. Ricardo Frodden Armstrong, Ex PP y Coordinador CECT, Coordinador Centro de Formación Sindical de Región Metropolitana
81. Roberto Vásquez Llantén, Proyecto Internacional por los Derechos Humanos, Londres
82. Rodrigo Acuña Vassallo, Repalco Chile
83. Rodrigo del Villar Cañas, Geógrafo Social, independiente
84. Rodrigo Larraín Contador
85. Rodrigo Zúñiga, Filósofo, Universidad de Chile
86. Rosita Palma Sepúlveda, Profesora, Universidad Alberto Hurtado
87. Roxana Pey Tumanoff, Científica, Universidad de Chile
88. Ruth Palacios Briceño, Historiadora
89. Sara De Witt Jorquera, Trabajadora Social, Manager Haringey Serv.Sociales, Londres
90. Scarlett Mathieu, Agrónoma, Programa Apoyo a la Prod. familiar Municipalidad de Paine
91. Sebastián Saavedra Bravo, Profesor Historia y Geografía, Universidad del Mar
92. Sergio Grez Toso, Historiador, Universidad de Chile
93. Trinidad Bustamante Arenas, Administradora
94. Verónica Sánchez González, Profesora de Castellano, independiente
95. Víctor Ramirez Zapata, técnico medio en administración, Estudiante, Universidad de Atacama
96. Viviana Ramirez, Antropóloga, Universidad de Concepción

A CUARENTA AÑOS: CRÓNICA DE UN GOLPE DE ESTADO I. ¿ES QUE LA DICTADURA MILITAR HA TERMINADO?

Salvador Allende Gossens
Salvador Allende Gossens (Photo credit: Wikipedia)
Junta session one week after the 1973 coup.
Junta session one week after the 1973 coup. (Photo credit: Wikipedia)
Augusto Pinochet
Augusto Pinochet (Photo credit: a-birdie)
Patricio Aylwin (2011)
Patricio Aylwin (2011) (Photo credit: Wikipedia)

A Cuarenta Años: Crónica de un Golpe de Estado I. ¿Es que la dictadura militar ha terminado?

por Álvaro Cuadra (Chile)
Lunes, 04 de Febrero de 2013

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1.- Backyard: El patio trasero

Preguntarse por el fin de una dictadura militar como la chilena bien pudiera parecer una obviedad. Es como preguntar por el fin del Tercer Reich o la Guerra Fría, pues, todos los signos indican que, en efecto, la historia ha señalado un ocaso. Pero debemos ser cautos e insistir en la pregunta, más todavía en la experiencia chilena, pues pareciera que lo que dábamos por finiquitado persiste obstinado de mil maneras en la vida social y política de nuestro país. Instalada la interrogante, surge la inquietante sospecha de que no se trata de enmarcar en un paréntesis un determinado régimen de terror (1973 – 1989), pues los paréntesis suelen ser porosos, cuando no, ilusorios. Si nuestra  sospecha es correcta, habría iniciar una reflexión con la hipótesis de que el golpe de estado de Augusto Pinochet se fraguó mucho antes de lo que indican las fechas oficiales y todavía no termina.

Si hemos de darle crédito al Informe Church, un documento elaborado por el Senado estadounidense en 1975, lo cierto es que la Casa Blanca a través de su servicio de inteligencia CIA financió la desestabilización del gobierno de Salvador Allende desde que éste fuera elegido en las urnas, antes de que asumiera la presidencia del país en 1970. De hecho, en una tradición inaugurada en Italia en 1948, la CIA intervino en las elecciones chilenas de 1964 y 1970. El gobierno de entonces, encabezado por Richard Nixon y su secretario Henry Kissinger, fueron los artífices que vieron culminada su obra en septiembre de 1973 como parte de una estrategia mundial inscrita en la Guerra Fría.

No es necesario forzar la historia para demostrar con nítidos antecedentes que la conspiración anti allendista fue obra de una potencia extranjera y que ésta comenzó, por lo menos, tres años antes de los fatídicos acontecimientos como una sistemática acción encubierta. Todo lo acontecido durante los llamados mil días del gobierno popular: boicot diplomático y económico, atentados terroristas, huelgas de gremios profesionales y empresariales, presión al interior de las fuerzas armadas, y una orquestada campaña de prensa encabezada por El Mercuriorespondió en gran medida a los dólares invertidos en Chile, tanto por agencias gubernamentales estadounidenses como por corporaciones multinacionales.

Desde la perspectiva de Washington, el gobierno de Salvador Allende significaba un riesgo serio y la amenaza de una “segunda Cuba” en América Latina y con ello una expansión del poder comunista soviético. Recordemos que aquel mismo año, el gobierno de Nixon se retiraba de Viet Nam como fruto de una negociación en París. Recordemos, además, que la intervención norteamericana en Latinoamérica no era nada nuevo en su agenda política regional; después de la Segunda Guerra Mundial cayeron los gobiernos de Arbenz en Guatemala, Goulart en Brasil y la República Dominicana fue invadida igual que Granada y Panamá años más tarde. Hasta el presente, todas las administraciones en la Casa Blanca han mantenido el bloqueo a Cuba y una hostilidad explícita a cualquier régimen de corte democrático popular, como es el caso de Venezuela, Ecuador o Nicaragua.

2.- La alegría ya viene

La dictadura de Augusto Pinochet deja el poder ejecutivo en el marco de su propia institucionalidad. Este hecho marcará la llamada transición pacífica a la democracia, con el aplauso no disimulado de Elliot Abrams. Con escasas medidas cosméticas, los gobiernos de la Concertación debían gobernar con las reglas heredadas de la dictadura y con el compromiso de no tocar a ninguno de los cómplices del general durante su gobierno. La Concertación de Partidos por la Democracia gobernaría durante cuatro gobiernos sucesivos sin alterar, en lo fundamental,  el modelo económico ni el modelo político diseñado por el dictador.

El resultado de casi dos décadas de “gobiernos democráticos” en que se alternaron la Democracia Cristiana y el Partido Socialista generó en el país más expectativas que resultados. La gestión concertacionista logró naturalizar un orden constitucional, revistiéndolo de una pátina republicana que no hacía sino consolidar lo que algunos han llamado una “democracia de baja intensidad” Como todo proceso, éste no estuvo exento de graves debilidades entre sus propios protagonistas y, en el límite, de una degradación de la cuestión pública en que se mezclaron negocios y política. En pocas palabras, una “constitución de facto”, ilegal y corrupta en su origen, terminó de corromper a una clase política que olvidó los grandes valores que decía defender para comenzar a defender los valores bursátiles y a las grandes empresas.

Los últimos gobiernos concertacionistas, insistiendo en un “pastiche republicano”, no lograron mantener la unidad en sus propias filas ni impedir que los escándalos se sucedieran. El proceso hizo crisis en las últimas elecciones presidenciales, dándole una mayoría circunstancial al actual mandatario, representante del empresariado y la derecha extrema. En el presente, la movilización social pone de manifiesto un cierto “malestar ciudadano” con el actual estado de cosas. Se ha planteado la necesidad de una “Asamblea Constituyente”, cuestión que divide a las distintas corrientes progresistas y democráticas ante la posibilidad de un eventual gobierno liderado por Michelle Bachelet.

La Concertación constituyó un instrumento político de la década de los ochenta respaldado por el gobierno de los Estados Unidos. Durante dos décadas, este conglomerado de partidos articulo una política de consensos cuyo resultado está a la vista: Un gobierno de derechas. No es fácil, por tanto, proyectar un “revival” concertacionista en los años venideros, pues la realidad social y política es muy diferente a aquella de los años ochenta y noventa. Pareciera que todo se juega en un programa que se haga cargo de reformas serias y profundas en el sistema económico y político. No es posible conjugar, al mismo tiempo, la herencia de Pinochet en lo económico y lo político con el creciente malestar de la población.

Los acelerados cambios culturales verificados en esta primera década del siglo XXI instalan a las nuevas generaciones en coordenadas que exceden incluso los límites históricos nacionales, de tal suerte que surgen reclamos democráticos que no admiten los límites estrechos de una sociedad altamente autoritaria, clasista y excluyente. Los movimientos estudiantiles han mostrado ya los síntomas de estas nuevas tendencias políticas y culturales que instalan nuevos horizontes de sentido en nuestra sociedad, ante los cuales ni el actual orden institucional ni la clase política que quiere gestionarlo está a la altura.

3.- Pinochetismo sin Pinochet

La dictadura del general Augusto Pinochet se planteó como un régimen fundacional, esto es, como un punto de inflexión en la historia del país. Para llevar a cabo este propósito legó a las generaciones posteriores una carta constitucional diseñada, expresamente, para preservar un modelo económico y político que asegurara el dominio ganado por la fuerza de las armas para los sectores de derecha. Si bien la historia ya ha barrido de escena las cenizas del dictador, no ha ocurrido lo mismo con el diseño institucional sancionado por la junta militar en los años ochenta del pasado siglo.

El Chile de hoy no es sino la prolongación pseudo democrática del poder heredado por los políticos y empresarios de extrema derecha desde aquella pagana noche en Chacarillas. Fue allí, una fría noche de julio de 1977 cuando un grupo de fanáticos, devotos del Opus Dei, nacionalistas o pretendidos liberales, sellaron el pacto entre el terror militar y la elite política y empresarial que nos gobierna en nuestros días. Mientras muchos hogares en modestas poblaciones eran allanados cada noche, mientras muchos chilenos eran torturados, exiliados o asesinados, los poderosos celebraban sus nupcias con el sátrapa.

Hasta nuestros días permanece intocado un sistema electoral que impide la expresión genuina de un pueblo, mediante artificios legales que dejan fuera a los partidos pequeños. Hasta el presente, la impunidad de civiles y militares es la atmósfera naturalizada de nuestro quehacer político. Contra la opinión de sentido común, es necesario señalar que la dictadura en Chile no ha terminado: No ha terminado para los pueblos originarios que solo reciben una feroz represión de parte de las autoridades por reclamar sus derechos ancestrales. Tampoco ha terminado la dictadura para las miles de familias endeudadas por un sistema que lucra con la educación de los jóvenes de nuestro país ni para millones de trabajadores que deben sobrevivir con salarios miserables gracias al modelo neoliberal imperante. La dictadura existe en cientos de leyes y decretos que ordenan un país fundamentalmente autoritario al que se han plegado no pocos miembros de una clase política oportunista.

En esta llamada democracia, el pinochetismo impune está vivo aunque su líder haya muerto, jactándose de sus crímenes, haciendo apología de la violencia y del terrorismo de estado. Una avenida todavía celebra el once de septiembre y buques de la Armada Nacional enarbolan el nombre de uno de los golpistas. En esta llamada democracia, los cómplices de graves delitos de lesa humanidad siguen fungiendo como legisladores o funcionarios de gobierno. El pinochetismo sin Pinochet persiste como una peste en la sociedad chilena, impidiendo a las nuevas generaciones avanzar hacia formas más profundas de democracia. La actual constitución garantiza prebendas a la clase política, impunidad a civiles y uniformados y, desde luego, millonarias ganancias a las corporaciones chilenas y extranjeras.

Mediante un manejo cuasi monopólico de los medios de comunicación se ha incubado entre nosotros un imaginario mal sano que convierte las justas demandas de los movimientos sociales en una amenaza. Los noticieros de televisión y la prensa de gran tiraje han incubado una cultura del miedo y del consumo suntuario. La herencia pinochetista se traduce, entonces, en una amnesia dirigida que nos impide recordar que nuestra sociedad está erigida sobre una pila de cadáveres y que los culpables andan sueltos.

A cuarenta años del golpe de estado de 1973 los tribunales se han mostrado reacios, acaso incapaces de hacer justicia. Los pocos procesados y sentenciados por temas relativos a derechos humanos cumplen sus condenas en cárceles de lujo. El mismo Augusto Pinochet murió impune gracias a los buenos oficios del gobierno chileno, rodeado de sus seres queridos y con las bendiciones de rigor. A cuarenta años del golpe de estado, muchos chilenos todavía viven el luto y la angustia de no saber dónde están sus seres queridos. El golpe de estado no ha terminado en Chile, la reconstrucción democrática de nuestra sociedad no ha tenido lugar. Más allá de la demagogia, lo único cierto es el olvido, olvido de las víctimas de aquel trágico episodio. Olvido de los pobres de cada día. Olvido de nuestra propia dignidad como país.

 Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. ELAP. Universidad ARCIS

José Carrasco Tapia (Pepone) “Irradiar alegría por estar en una causa justa”.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Uno de tantos homenajes a Pepe

Homenaje del Colegio de Periodistas, año 2002
Lucía Sepúlveda, * periodista, dedicó estas palabras a José Carrasco Tapia

“Irradiar alegría por estar en una causa justa”.
Lo dijo el Pepe de otro compañero, del Chico Mario Díaz, en el entierro de éste. Pero también estaba autorretratándose…Es hermoso saber que nuestro colega y compañero siempre estuvo contento con su opción de vida. Una opción que pudo quizás intuir teóricamente cuando ingresó al MIR el año 1967, pero que tras el golpe se develó en toda su crudeza. En ese marco, por ejemplo, en el campo de concentración de Puchuncaví, Pepone, militante y periodista, se las arregló para romper colectivamente la censura, y liderar la primera huelga de hambre de presos, como reacción ante la maniobra con que la dictadura quiso esconder la desaparición de 119 chilenos: la OperaciónColombo. Este testimonio dado arriesgando la propia vida, junto a otros 96 detenidos, restó de inmediato credibilidad al montaje sobre la supuesta muerte de los desaparecidos en el exterior. Las condiciones de líder de Pepe eran innatas, y desde muy joven se vinculó a las luchas gremiales y sindicales, pero el carácter del liderazgo que asumió, se fue forjando en el camino. Una lectura de la vida de Pepe nos lleva a darnos cuenta de cómo aun en medio de experiencias límites, es posible crecer y aprender. Nada más lejano a su práctica que la de ser una “víctima”. Conoció la prisión, la tortura, la muerte de seres queridos y el exilio, pero su paso por el hábitat del horror y el destierro, le confirió una ciudadanía que le permitió mirar la vida de una forma aún más competa, y agregar a su consecuente militancia política y gremial, una capacidad notable para amar, entender al otro, para dialogar, para construir relaciones de una calidad superior en distintos ámbitos de la vida, incluyendo el de la propia familia. Fuimos amigos y compañeros de militancia en la época de la vorágine previa al 11 de septiembre del 73, cuando todo era una carrera contra el tiempo y contra el golpe que venía. En este entonces, Pepe pasaba como un bólido por distintos lugares en busca de informaciones, de recursos o apoyo, y su urgencia era la del MIR, que buscaba tener mayor peso en los medios de comunicación, en las poblaciones y fábricas, para plantear allí lo que considerábamos eran las tareas necesarias. El conservó esa urgencia y ese entusiasmo por hacer cosas, pero le agregó otros condimentos que son, tal vez, los que permiten que su memoria llegue a ámbitos que van mucho más allá de su militancia y de nuestra profesión. Es una memoria que nos interpela amistosamente, es una mano –un poco pesada, como la de él – en el hombro, que nos llama a romper las censuras del 2002, a retomar el quehacer colectivo, a buscar alegremente la forma de entregar a los jóvenes periodistas de hoy, los valores con los que Pepe Carrasco sacó brillo a su opción de vida y militancia.


 
Ese mismo año, Luciano Carrasco, hijo de “pepe” también habló de su padre. el 11 de diciembre de ese mismo año Luciano se suicidó lanzándose a las lineas del tren a la altura de Pedro Aguirre Cerda.
Etiquetas: ,Campo de Prisioneros Puchuncaví (Melinka)

En este 5 de octubre de tantos significados, te recuerdo,me recuerdo,los recuerdo…

sábado, 8 de septiembre de 2012

Uno de tantos homenajes a Pepe

Homenaje del Colegio de Periodistas, año 2002 Lucía Sepúlveda, periodista, dedicó estas palabras a José Carrasco Tapia

“Irradiar alegría por estar en una causa justa”.
Lo dijo el Pepe de otro compañero, del Chico Mario Díaz, en el entierro de éste. Pero también estaba autorretratándose…Es hermoso saber que nuestro colega y compañero siempre estuvo contento con su opción de vida. Una opción que pudo quizás intuir teóricamente cuando ingresó al MIR el año 1967, pero que tras el golpe se develó en toda su crudeza. En ese marco, por ejemplo, en el campo de concentración de Puchuncaví, Pepone, militante y periodista, se las arregló para romper colectivamente la censura, y liderar la primera huelga de hambre de presos, como reacción ante la maniobra con que la dictadura quiso esconder la desaparición de 119 chilenos: la OperaciónColombo. Este testimonio dado arriesgando la propia vida, junto a otros 96 detenidos, restó de inmediato credibilidad al montaje sobre la supuesta muerte de los desaparecidos en el exterior. Las condiciones de líder de Pepe eran innatas, y desde muy joven se vinculó a las luchas gremiales y sindicales, pero el carácter del liderazgo que asumió, se fue forjando en el camino. Una lectura de la vida de Pepe nos lleva a darnos cuenta de cómo aun en medio de experiencias límites, es posible crecer y aprender. Nada más lejano a su práctica que la de ser una “víctima”. Conoció la prisión, la tortura, la muerte de seres queridos y el exilio, pero su paso por el hábitat del horror y el destierro, le confirió una ciudadanía que le permitió mirar la vida de una forma aún más competa, y agregar a su consecuente militancia política y gremial, una capacidad notable para amar, entender al otro, para dialogar, para construir relaciones de una calidad superior en distintos ámbitos de la vida, incluyendo el de la propia familia. Fuimos amigos y compañeros de militancia en la época de la vorágine previa al 11 de septiembre del 73, cuando todo era una carrera contra el tiempo y contra el golpe que venía. En este entonces, Pepe pasaba como un bólido por distintos lugares en busca de informaciones, de recursos o apoyo, y su urgencia era la del MIR, que buscaba tener mayor peso en los medios de comunicación, en las poblaciones y fábricas, para plantear allí lo que considerábamos eran las tareas necesarias. El conservó esa urgencia y ese entusiasmo por hacer cosas, pero le agregó otros condimentos que son, tal vez, los que permiten que su memoria llegue a ámbitos que van mucho más allá de su militancia y de nuestra profesión. Es una memoria que nos interpela amistosamente, es una mano –un poco pesada, como la de él – en el hombro, que nos llama a romper las censuras del 2002, a retomar el quehacer colectivo, a buscar alegremente la forma de entregar a los jóvenes periodistas de hoy, los valores con los que Pepe Carrasco sacó brillo a su opción de vida y militancia.

 
Ese mismo año, Luciano Carrasco, hijo de “pepe” también habló de su padre. el 11 de diciembre de ese mismo año Luciano se suicidó lanzandose a las lineas del tren a la altura de Pedro Aguirre Cerda.