Por una Memoria del Conflicto y del Debate acerca del Proyecto de país que deseamos.

Por una Memoria del Conflicto y del Debate acerca del Proyecto de país que deseamos.

La potencia de la memoria

POR: Tamara Lagos, Socióloga de la Universidad de Chile , septiembre 11, 2013

“La inercia histórica de un sistema construido a sangre y fuego se convierte, con el tiempo, en el principal enemigo de los vencedores. Y viene a dar con ellos una segunda guerra. No caliente, por cierto, sino tibia. No con balas, sino con recuerdos. No decretando, sino debatiendo. Como un conflicto cultural y político del sistema consigo mismo. Como un pugilato con su propia sombra. O sea: con la memoria y la palabra de sus ciudadanos.” (Gabriel Salazar)

Comenzó septiembre y con ello la memoria se volvió trending topic, las fotos en blanco y negro un tesoro, los programas de televisión comentario obligado en las micros y la oficina, ¡qué horror lo que pasó! El bombardeo, los muertos, los arrojados al río, los desaparecidos, los subversivos, las viudas y los huérfanos.

Todos y todas nos sorprendemos y horrorizamos ante la barbarie, intentamos responder las preguntas de los más pequeños, escuchamos las experiencias de los más viejos, repetimos el ‘nunca más’ con fuerza, visitamos el Museo de la Memoria, Villa Grimaldi y creemos, queremos o necesitamos creer , nos invitan a creer que hacer memoria es un ejercicio acerca del pasado.

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Al recordar nos olvidamos que la memoria es un ejercicio diario, dinámico, que no tiene fecha de comienzo y término. Que supera ampliamente las efemérides. Recordamos a los muertos para no olvidarlos sin embargo al traerlos al presente, así, muertos, los volvemos a desaparecer, los reconocemos solo como víctimas y así, los enterramos a todos juntos repartidos de a pedacitos en el patio 29 de la historia.

Nuestro ejercicio de memoria nunca ingenuo y siempre político olvida que fuimos vencidos y que nuestros muertos se jugaron la vida por un país distinto, distinto al país que hoy tenemos. Nos olvidamos que la potencia de la memoria tiene que ver con conocernos y reconocernos en un continuo y comprender de lo que hemos sido capaces.

Cosificar la memoria en el pasado nos nubla la vista y nos impide ver qué hay de Golpe de Estado hoy, que hay de dictadura en nuestro más diario vivir, qué hay de víctimas y de combatientes en cualquier marcha estudiantil, resistencia mapuche, organización social en Tocopilla o Aysén. Aquellos a quienes denominamos víctimas siguen caminando en otros cuerpos con los que no empatizamos, con los que no nos emocionamos pues simplemente no los vemos.

Invitémonos a construir hoy  la memoria que queremos recordar, a entretejer juntos los cuentos que harán dormir a nuestros hijos mañana en un país dónde el silencio y el consenso sean parte del pasado, donde el conflicto se posicione nuevamente como el modo de enfrentarnos con otros distintos y discutir nuevamente el proyecto de país que deseamos.

Esta memoria que permite perdones añejos e imposibles es hija del consenso, de la transición, de la justicia en la medida de lo posible, esta memoria se enmarca dentro de los caminos trazados de un país acallado que a 40 años del Golpe de Estado permite que las fuerzas de orden –y el ministerio del interior- se sientan amenazados por algunos carteles desplegados en los puentes del rio Mapocho con la pregunta: ¿dónde están los desaparecidos? ¿Qué tienen estás víctimas que desde su enorme muerte siguen molestando?

Nuestros muertos, los del pasado reciente y lejano, tienen lucha y su lucha se contagia, nuestros muertos cargan proyectos de país que gritan por todos lados, nuestros muertos nos traen la memoria de la dignidad de un pueblo. Esta memoria pujante e inquieta silente por décadas que brota a borbotones en las nuevas generaciones y en las viejas generaciones que los acompañan. Esta memoria supera la injusticia, se come a la impunidad y molesta a los poderosos, a los mismos que ayer acabaron por un rato con la posibilidad cierta de una transformación social pendiente y necesaria.

Invitémonos a construir hoy  la memoria que queremos recordar, a entretejer juntos los cuentos que harán dormir a nuestros hijos mañana en un país dónde el silencio y el consenso sean parte del pasado, donde el conflicto se posicione nuevamente como el modo de enfrentarnos con otros distintos y discutir nuevamente el proyecto de país que deseamos.

Aprovechemos el boom de una memoria mediatizada para tomarla y dotarla de otros contenidos, preguntémonos sobre todo si somos capaces de seguir conmocionados y movilizados en 7 días más, cuando Chile pase de la reflexión y la conmemoración a 5 días de fiesta nacional.

Tamara Lagos es hija de el militante del MIR asesinado en 1984 .Mario Lagos.

http://ciperchile.cl/2013/06/04/alfa-carbon-1-la-operacion-albania-del-sur/

Rogelio, Padre de Olivia e Isabel… “era una raíz anclada en el sur…”

23 de Agosto de 1984

ROGELIO TAPIA DE LA PUENTE

“Su profesión de Ingeniero Forestal le hizo estar en contacto con quienes laboran en ese sector, usualmente de estrecha condición económica, lo que constituyó para él una permanente preocupación por la falta de un acceso mas igualitario en las oportunidades..” escribe su padre, el médico Miguel Tapia de la Maza, en carta al obispo de Valdivia Monseñor Alejandro Jiménez, luego de la muerte de Rogelio.

Rogelio nace el 12 de marzo de 1953 en Santiago; es el menor de siete hermanos y su infancia transcurre rodeado de dedicación y de afecto. Sensible, bondadoso, muy amigo de su padre, desde niño lo ayuda en sus trabajos manuales y comparte con el su gran amor por la naturaleza, por las plantas y animales. Se le recuerda generoso, ayudando permanentemente a sus amigos más necesitados. Recuerdan sus padres: “Fue un ser de condiciones humanas y morales extraordinarias. Recibimos de él una entrega de cariño sin límites como hijo, hermano, esposo y padres…”.

Sus estudios universitarios lo llevan a Valdivia en 1973 a estudiar Ingeniería Forestal en la Universidad Austral. Allí participa activamente en el MUI (*) y al momento del golpe es llamado a presentarse por los militares quienes lo detienen e incomunican durante algunos días. No ocurre lo mismo con otros estudiantes de la Universidad Austral, camaradas y amigos. Con dolor se entera del fusilamiento de Fernando Krauss, Rene Barrientos y otros. No acepta la derrota y asume sus convicciones con más fuerza que nunca.

Sobre esa época Rogelio escribe:

¡Cómo poner en palabras, cómo explicar sentimientos y vivencias? Otros pueden, yo lo intento. Decir por ejemplo ¿dónde están mis amigos más cercanos? Cercanos en sus esperanzas, ¿Dónde está mi fuerza de esos años de derrota?

Derrota que se transformó en lucha, en esperanza. Derrota que no admitía ni permitía admitir. Derrota que continúa transformándose. ¿Acaso mi mejor expresión está en la defensa? ¿Cómo escribir esos años, cómo escribir esos años? ¿Cómo entender esos años? ¿Dónde está la fuerza?

Militante de la Resistencia y del MIR “en el trabajo forestal se empapó de las condiciones de explotación en las empresas forestales, de la potencialidad de la organización y lucha de los obreros, de los campesinos mapuches, temporeros en esas faenas… Era una raíz anclada en el sur…” escribe un compañero preso político de Concepción.

En 1981 contrae matrimonio con Elisa del Carmen Hernández a quién conocía desde 1973 cuando ambos eran estudiantes de la Universidad Austral. “Rogelio era un hombre tranquilo, amable, cariñoso –recuerda Elisa– alto, delgado, usaba lentes… Amaba la naturaleza, el aire, el sol, el frío, la lluvia, la montaña. Pero por sobre todo amaba al hombre, al trabajador, al luchador; amaba la Justicia y la defendió hasta con la última gota de su sangre… Luego del golpe militar yo no pude continuar mis estudios pero me quedé en Valdivia trabajando para mantener a mi hijo Fernando. Por ese entonces me encuentro con Rogelio ¡Cuánto bien me hace su amistad! Era de una bondad y solidaridad tremenda, un hombre excelente con una capacidad de amar que no tiene límites ni comparación…” continúa recordando Elisa.

Años difíciles, en Valdivia los amigos parten, son desterrados, encarcelados. Años en los que Rogelio escribe:

Hoy supe que habían vuelto tú y tu compañera con un hijo que aún no nace y que ya ha estado preso (otro lo dijo antes que yo) Tal vez años atrás ni siquiera lo hubiese sabido o tal vez no hubiesen, vuelto…

Con Elisa y Fernando forman su hogar en Paillaco, pequeño pueblo cercano a Valdivia de donde es originaria Elisa. En 1981 nace Olivia Elisa y en 1984 la pequeña Isabel Carolina que sólo tiene dos meses cuando su padre muere. Vivían en Valdivia desde algún tiempo.

Ese 23 de agosto, Rogelio sale de su hogar a las 16 horas y no vuelve. Elisa se entera de su asesinato al día siguiente. Más tarde escribiría:

“Todo el amor que nos dejaste hemos de trocarlo en lucha; somos la prolongación de tus sueños no acabados, de la nobleza de tu espíritu, de tu valentía sin límites; tu amor es hoy bandera y tu luz antorcha viva de libertad…


(*) Movimiento Universitario de Izquierda.


Editado electrónicamente por el Equipo Nizkor- Derechos Human Rights el 18mar02

María Victoria, hija apropiada. “La apropiación no es un acto de amor”.

Hija de desaparecidos denunció que el fiscal Romero Victorica ayudó a su apropiador

La Mañana // Audio Victoria Montenegro // La mujer hizo estas revelaciones al declarar por primera vez en la Justicia. Precisó que Romero Victorica, actual fiscal de Casación, organizó la defensa del coronel Herman Tetzlaff, le pagó abogados que no estaban al alcance de su bolsillo y le filtraba datos de la investigación.
LA MAÑANA | 26 DE ABRIL DE 2011

Victoria Montenegro, hija de desaparecidos apropiada por el represor Herman Tetzlaff, declaró por primera vez ante la Justicia y denunció que el actual fiscal Juan Martín Romero Victorica, de la Cámara de Casación, organizó la defensa del coronel, le pagó abogados “que no estaban al alcance del bolsillo de la familia” y le filtraba datos de la investigación con semanas de antelación.

Por Continental, relató que ella tenía “veinticinco años cuando me lo contó. Durante años asumí la versión de él, que me repetía que había habido una guerra y él había abatido a sus enemigos, que eran mis padres. Recuerdo que en ese momento se lo agradecí, hace diez años. Pese a mis negativas a dar muestras de mi sangre para comprobar quiénes eran mis padres biológicos, con los adelantos tecnológicos, la Justicia pudo establecerlo y me entregó la información”, resumió.

“Mi apropiador falleció, tengo una hermana (hija biológica de sus apropiadores) a la que quiero mucho, tengo sobrinos. Es un proceso largo que lleva más de diez años. Me tocó declarar ahora, pero no es nuevo, esto”, reflexionó Montenegro. En este sentido admitió que, en su momento, dijo “barbaridades, defendí el terrorismo de Estado, pero era porque no sabía, por eso pido perdón”, concluyó.

Obstinaciones de la Memoria.La Dictadura militar chilena en las tramas del recuerdo

Obstinaciones de la Memoria.La Dictadura militar chilena en las tramas del recuerdo

Athenea Digital – num. 8 otoño 2005

Obstinaciones de la memoria: La dictadura militar chilena en las tramas del recuerdo

Isabel Piper Shafir

Universidad Arcis
ipiper@universidadarcis.cl

 

En esta investigación se analizan múltiples relatos sobre la dictadura militar chilena, tanto de quienes sufrieron directamente la represión política y de quienes trabajan con sus efectos, como de quienes no se definen a sí mismos/as ni como víctimas ni como participantes de algún trabajo o movimiento de derechos humanos. Aunque las versiones que se construyen sobre el pasado son múltiples, en esta tesis se defiende la idea de que bajo el alero de estas diferencias se producen retóricas argumentativas que cruzan las diferencias de contenido y/o de intención de los y las hablantes, produciendo efectos políticos similares.

Entiendo la producción de recuerdos como una práctica social y simbólica que tiene el efecto de producir experiencias del pasado. Interpretamos los acontecimientos a través de la construcción de tramas narrativas y de líneas arguméntales, por tanto, el estudio de las memorias de la dictadura ha implicado el análisis de las maneras mediante las cuales las personas hablan de ella pasado, así como los efectos sociales y políticos de dichas construcciones.

La presente investigación se centra en la memoria en tanto proceso dialógico a través del cual se defienden y argumentan ciertas posiciones del pasado. Al mismo tiempo analiza sus usos como argumento para defender ciertas versiones sobre el presente que a su vez sostienen la creación de identidades. La memoria se constituye así en un centro articulador de la vida social en diversos sentidos: construcción del pasado, explicación del presente, sostén identitario, y eje articulador de prácticas políticas.

El proceso de interpretación comenzó con el análisis de las narraciones sobre el pasado y con labúsqueda de sus ejes temáticos comunes. Estos constituyen los recuerdos más fuertes de la dictadura y su identificación no necesariamente tiene que ver con un criterio cuantitativo. Es decir, aunque por una parte dan cuenta de los contenidos del pasado a lo que se hace referencia con mayor frecuencia, su búsqueda fue realizada fundamentalmente a través de la identificación de argumentos, afectos, silencios, metáforas, metonimias o alusiones, que en conjunto constituyen las memorias de la dictadura, y que le otorgan sentido a los relatos. Estos ejes fueron convertidos en guía de escritura de esta tesis, que se organiza en torno a los hitos de memoria construidos por los discursos que analiza.

La escritura de este texto constituye una meta-memoria analítica de diversas memorias de la dictadura. En su escritura utilizó diversos materiales textuales para ir conformando una narración que, a la vez de ser una reflexión crítica sobre las memorias de la dictadura, constituya en sí misma una versión de dicho pasado. Es decir, es un análisis crítico de los discursos de la dictadura, y al mismo tiempo una acción de memoria.

El texto se estructura en dos partes. La primera, llamada las heridas de la patria expone mi tesis fundamental, que es que las memorias de la dictadura son construidas a través de una retórica cuyo eje central es la noción de marca, herida o trauma.Es por eso que me refiero a ella como una retórica de la marca. El primer capítulo, presenta el Golpe Militar a través de las metáforas que los discursos usan para recordarlo: el bombardeo de La Moneda, la foto de la junta de gobierno y de Pinochet con sus lentes oscuros, y el último discurso del Presidente Salvador Allende. El capítulo dos presenta los debates en torno a la memoria y el olvido de esa etapa de nuestra historia nacional, defendiendo la tesis de que la sociedad chilena no sólo no ha olvidado la dictadura sino que esta constituye un centro fundamental en nuestros discursos identitarios. Muestro también que la dictadura es recordada a través de diversas tramas, específicamente: recordar hablando, recordar negándose a hablar, recordar callando y recordar viviendo nuevamente la experiencia.

El capítulo tres muestra el uso que los discursos del pasado hacen de la metáfora de un accidente para referirse a la dictadura, y la de trauma, herida o marca, para hablar de sus efectos. En el cuatro muestro como se ha construido una teoría y una práctica de la psicología en torno a dichas metáforas, y que han llegado a conformar un campo de especialización disciplinar en el ámbito de las consecuencias de la violencia política. En este punto, habré argumentado que los discursos construyen un sujeto nacido de la dictadura y sus prácticas represivas, un sujeto que se distingue por haber sido quebrado, herido y marcado por la violencia. El capítulo 5 expone, a través de los discursos de los y las afectados y de los profesionales de Derechos Humanos cómo sería ese sujeto analizando, en el capítulo 6, los efectos de dicha construcción.

La segunda parte, las marcas de la tortura presenta el análisis de testimonios de afectados/as por la prisión política y la tortura y del Informe de la Comisión Nacional Contra la Prisión política y la Tortura publicado en el año 2004. Está segunda parte funciona como un epílogo, en la medida en que los relatos de la tortura muestran de manera efectiva la retórica de la marca cuya existencia, característica y efectos se han desarrollado en la primera parte. La tortura es significada por sus víctimas como un profundo quiebre, que se instala en sus vidas marcándolos/as y transformándolos en personas distintas de lo que eran. El capítulo siete muestra como los relatos hablan de dicho quiebre y de la transformación de la normalidad en una donde la tortura está a la vuelta de la esquina. El capítulo que sigue se refiere a la materialización de dicho quiebre en padecimientos concretos, describiendo con palabras de los y las afectados las características de la marca dejada por la tortura. Finalmente, el capítulo nueve se refiere a la idea misma de reparación que solicitan los y las afectados, que difiere y tensiona las nociones tradicionales al situar el problema en los dolores del presente.

En toda esta investigación, he partido de la base de que la memoria es un proceso y un producto eminentemente social. Dado que la he considerado como una práctica relacional, no he dirigido su análisis a lo qué ocurre en la mente de las personas sino hacia las acciones mismas de recordar. Me he preocupado de qué y cómo chilenos y chilenas construimos versiones del pasado, cómo usamos las memorias y los olvidos en nuestras relaciones cotidianas, cómo usamos ambos como argumento en nuestros diálogos, y que efectos psicosociales tienen dichas prácticas.

La fuerza simbólica de la memoria es enorme en la medida en que contribuye a producir realidades, relaciones e imaginarios sociales; y es ese mismo poder el que la convierte en potencial fuente de resistencias, inestabilidades y transformaciones. Pero el mero hecho de recordar u olvidar determinados acontecimientos no garantiza el carácter transformador de la memoria, sino que este depende de la capacidad de los recuerdos construidos de tensionar las versiones hegemónicas que imperan de un determinado momento. No es mi intención contrastar estas memorias con un supuesto acontecer objetivo de los hechos, ni pretender sostener una versión verdadera de lo ocurrido.Lo que busco es tensionar los discursos existentes promoviendo la construcción de nuevas interpretaciones y sentidos, abriendo nuevas posibilidades de narración que nutran formas diferentes y móviles de producir las memorias de la dictadura. Entiendo esta producción académica como una forma de acción política y es en cuanto tal que me interesa.

Destacado

Memoria de niños sin Historia. Alejandra Costamagna y Nona Fernández.

La infancia chilena

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Una lectura de Había una vez un pájaro, de Alejandra Costamagna, y de Space invaders, de Nona Fernández.

Por Diego Zuñiga.

nona 2 Lo primero es la desconfianza: me parece difícil creer en la idea de que existe el progreso en la literatura. Quiero decir: creer que un escritor empieza escribiendo un libro bueno y que luego tendrá que escribir uno mejor y después uno impresionante, hasta llegar a un peak.

Hay lectores que pueden creer en esa idea. Uno lo ha hecho más de una vez: lees una primera novela que resulta ser una sorpresa, y luego esperas más y más, pero en el fondo aquella esperanza no tiene ninguna justificación: el ejercicio literario es un trabajo impredecible y hay que aprender eso, aunque como lectores nos cueste. Por eso insistimos. Por eso leemos a los contemporáneos: porque esperamos que nos sorprendan, porque en ese gesto, como lectores, tomamos un riesgo real y, de pronto, recibimos una recompensa. A veces –pocas veces- tenemos la suerte de ver cómo un autor evoluciona, cómo descubre nuevas lecturas y experiencias y las incorpora a su escritura, cómo va buscando hasta encontrar nuevos tonos, nuevas formas.

Lo que quiero decir es esto: que este 2013, las escritoras chilenas Alejandra Costamagna y Nona Fernández han publicado dos libros pequeños, pero que muestran cómo su escritura ha alcanzado puntos absolutamente reconocibles: Había una vez un pájaro (Cuneta) y Space Invaders (Alquimia), respectivamente.

Lo que quiero decir es que Costamagna y Fernández vienen publicando libros desde hace ya varios años –más de una década– y que como lectores hemos tenido la suerte de ver sus búsquedas hasta llegar aquí, a los últimos libros en los que sus obsesiones han encontrado las formas precisas, las palabras, los tonos, el fraseo.

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Dicen que Onetti se refirió pocas veces a su infancia, pero hay una frase de él que encierra, creo yo, una imagen contundente sobre la imposibilidad de escribir esos años, esa época, esa vida: “Decir la infancia implica sin remedio un fracaso equivalente a contar los sueños”.

costamagna 2Hay autores que caen en la tentación de ese fracaso y se arriesgan: narrar la infancia y lo que rodea a esa infancia. Eso han hecho Costamagna y Fernández en sus últimos libros y también, en parte, en los libros anteriores, que llegaron, justamente, en 2013 a librerías argentinas: Animales domésticos (2011), de Costamagna, y Fuenzalida (2012), de Fernández. Un libro de cuentos y una novela, publicados por Penguin Random House y que hablaban, justamente, de la infancia, pero también de otras cosas: los años 70 y 80 en Chile, las relaciones de pareja, la dictadura vista desde historias filiales y ambiciosas que resuenan, sin duda, en sus últimos libros. Porque mientras Costamagna ha recopilado tres relatos en Había una vez un pájaro –un cuento, de hecho, es de su libro anterior-, Fernández en Space invaders ha vuelto a escribir sobre el Santiago de los 80 y cómo la violencia de la dictadura se colaba, inevitablemente, en todas las vidas, incluso en la de aquellos que sólo eran niños.

Si Onetti hablaba de la infancia como un sueño, Fernández ha elegido de epígrafe para su novela una frase de Georges Perec que está, sin duda, emparentada con aquella mirada del uruguayo y que nos sirve para entender la atmósfera no sólo de este relato, sino también de los de Costamagna: “Estoy sometido a este sueño: sé que no es más que un sueño, pero no puedo escapar de él”.

De eso hablan estos libros: de la imposibilidad de escapar de la infancia, de esos recuerdos que nos configuran aunque a veces nos queramos hacer los tontos.

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Había una vez un pájaro: tres cuentos –“Nadie nunca se acostumbra”, “Agujas de reloj”, “Había una vez un pájaro”– y tres niñas vinculadas estrechamente a sus padres –no así a sus madres-: un viaje en citroneta desde Santiago hasta Argentina, cruzando esa cordillera que separa no sólo dos países, sino que una historia familiar; una hija enamorada de su padre y una madre difusa; y otra hija que no entiende mucho, pero que se atreve a narrar la historia de su padre, detenido en dictadura.

De fondo, el relato político que se narra de soslayo: la cotidianeidad de una violencia que se expresa en pequeñas pero contundentes imágenes: “Mi madre me abraza fuerte, culposa, y yo pregunto qué pasa. Pero ella dice que no estamos en edad de entender, que paciencia, que algún día nos van a explicar todo”.

Hay algo terrible en esas palabras: Costamagna las escribió originalmente en 1996, cuando publicó En voz baja, su primera novela y que decidió reescribir ahora para este libro –un proceso de reescritura que terminó convirtiendo esa novela en un cuento de 40 páginas, que le da el título al libro–. Pero lo terrible es que aquella sentencia de la madre es, de alguna forma, la idea que prevaleció en la década de los 90 en Chile: no estamos preparados para entender ni para juzgar, es la época de los acuerdos en la medida de lo posible, la transición. Esa madre es la voz horrible de una época y Costamagna supo escucharla antes que todos, porque ése es otro de los méritos de su escritura: hoy, cuando algunos críticos y lectores “suspicaces” plantean que está de moda escribir sobre la infancia, es bueno recordarles que En voz baja es de 1996. Muchos años antes de todo esto. Pero que ahora, además, Costamagna le ha agregado un valor incuestionable: la capacidad de contener la voz de esa niña que narra la vida separada de su padre y las visitas que hace a la cárcel, pero sin entender bien qué pasa. En esta versión, Costamagna baja el tono realmente, lo que le agrega emotividad y contundencia.

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Space Invaders: una novela breve acerca de un grupo de escolares en plena década de los 80, una voz indefinida que nos advierte, desde el comienzo: “No hay manera de ponerse de acuerdo porque en los sueños, lo mismo que en los recuerdos, no puede ni debe haber consenso posible”.

Esa arbitrariedad de la memoria es la que prevalece en esta novela y también en los relatos de Costamagna: ninguna quiere ser la voz oficial del pasado, pues entienden que eso no tiene sentido. Lo que importa es esa imposibilidad del consenso, la voluntad por reconstruir esa infancia –esos sueños– a partir de lo que está ahí, simplemente. En este caso, una memoria escolar que está fundada en una historia real: un carabinero que degolló, junto a otros compañeros, a tres militantes comunistas en 1985. Pero Fernández decide no narrar esta crónica, no, esquiva el relato de no ficción, creo que por dos motivos: primero, porque ya contó esa historia en un texto publicado en Volver a los 17 (Planeta, 2013), una antología de no ficción en la que se reunió a 14 escritores chilenos que vivieron su infancia en dictadura y se les pidió que contaran esa experiencia. El texto de Nona Fernández es, sin duda, uno de los mejores: un relato vertiginoso e intenso en el que cuenta la historia de Estrella González, hija de uno de los carabineros culpables en el “Caso degollados”. Fernández fue compañera de colegio de ella y narra ese tiempo, la infancia compartida, la adolescencia, el día en que se supo del caso y cómo nunca volvió a ver a Estrella.

Sin embargo, creo que el motivo más importante por el que Fernández evita esta crónica en Space Invaders es porque, justamente, es alguien que cree, por sobre todo, en la ficción, en cómo el lenguaje puede cambiarlo todo y ser, quizá, la única herramienta para transmitir una realidad que a veces se difumina con demasiada rapidez. Aquí, en la novela, Fernández se da el lujo de confundirlo todo, de armar una voz generacional que va relatando la historia de esta niña, pero sin narrar la crónica policial. Lo que importa es la atmósfera enrarecida de la memoria: cómo un grupo de niños va perdiendo la inocencia –uno de los mejores capítulos es ése en el que todos se encierran en una sala, a oscuras, y se tocan y se descubren, haciendo una alusión al poema “La pieza oscura”, de Enrique Lihn-, mientras un país se despierta de la dictadura: las protestas, los secretos, los atentados, la violencia doméstica y, por sobre todo, la certeza de que la memoria es algo casi siempre inesperado: “No sabemos si esto es un sueño o un recuerdo. A ratos creemos que es un recuerdo que se nos mete en los sueños, una escena que se escapa de la memoria de alguno y se esconde entre las sábanas sucias de todos”.

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Lo último: si Fernández elegía un epígrafe de Perec que denota, creo, un giro en sus lecturas y en su escritura –hay una prosa más vertiginosa pero menos experimental, mucho más centrada en las acciones e imágenes–, Costamagna hace lo propio con el epígrafe que elige para el relato que le da título al libro, una frase de Clarice Lispector que dice: “Había una vez un pájaro, Dios mío”.

En esa pequeña frase que Lispector anotó en una crónica hay encerrada toda una poética: la imposibilidad de contar una historia como todo el mundo espera, la desconfianza en ese comienzo tan común y simple, la sospecha sobre aquellos que piensan que la literatura sólo se trata de contar una historia.

Hay, en los libros de Costamagna y Fernández, una desconfianza en el lenguaje que se traduce en una escritura que se cuestiona y que ensaya, por sobre todas las cosas: la búsqueda de tonos distintos, la certeza de que hay que escribir en contra de la comodidad.

8 de septiembre de 1986. Cuatro cuerpos cocidos a balazos…

El Pepe que conocí

El lunes 8 de septiembre de 1986, el periodista Fernando Paulsen tuvo que cumplir la más dura de las tareas: contarle a Silvia Vera que su marido, el periodista José Carrasco, había sido asesinado. En este relato, Paulsen relata cómo vivían los periodistas de la revista Análisis en plena dictadura, su relación con Carrasco y el impacto del asesinato del periodista, hecho en el que se basa parte del capítulo 9 de Los Archivos del Cardenal 2. “El mensaje que se entregó esa madrugada del 8 de septiembre de 1986, con cuatro cuerpos cocidos a balazos en distintas partes de Santiago, fue el fin del mito: un electricista, un publicista, un profesor y un periodista estaban en igualdad de condiciones de ser exterminados durante la Dictadura. La pequeña arrogancia que teníamos de creer que ser periodista te daba inmunidad para lo más brutal de la represión, dos años antes del plebiscito, quedó destruida de cuajo”.

Por Fernando Paulsen

I. Usted
La voz de Silvia Vera canta la canción “Usted”, de Armando Manzanero. Estamos en su departamento de calle Santa Filomena, en el barrio Bellavista. Hemos escuchado el “Usted” de Silvia muchas veces. Tiene muy buena voz y clara entonación. Pero lo que todos en ese departamento estamos esperando es el momento en que Silvia le dedica la canción con distintas miradas a su esposo, el Pepe Carrasco.

Hay miradas burlonas cuando Silvia canta que Pepe “es el culpable de todas sus angustias y todos sus quebrantos”. Reímos todos. Hay miradas de resignación cuando Silvia se declara “esclava de sus ojos y juguete de su amor”. Hay miradas de futuro cuando Silvia reconoce en Pepe “su esperanza, su última esperanza”, y pide a Pepe que la comprenda. Y todo termina con esa mirada de plegaria urgente, cuando la voz baja hasta el borde del silencio, para prometer que Silvia “la vida diera por vencer el miedo de besarlo a Usted”.

Por supuesto, la canción termina con el mentado beso y los aplausos de todos.

Las rutinas en tiempos de dictadura eran algo deseado. Daban seguridad. En la revista Análisis teníamos la rutina de tener Viernes Alegres. Luego de entregada la siguiente edición a la imprenta, el último día hábil de la semana se convertía en fiesta. La mayoría de las veces en la misma revista, pero poco a poco fuimos trasladando la fiesta a casas de cada cual, donde todos llegaban.

Había un trago que era impajaritable, que no sé por qué razón nos gustaba tanto tomar y del que hoy poco se escucha, el vino navegado. Como un malón a la antigua empezaban a llegar los que denominábamos “amigos de la revista”, que traían cosas para comer y para tomar. Un “amigo de la revista” no requería muchos requisitos, salvo que alguien que trabajara en Análisis lo invitara. De ahí quedaba con licencia para ser parte de los Viernes Alegres hasta el infinito.

Silvia Vera, viuda de José Carrasco. Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.

En el departamento de Pepe y Silvia, cuando ella cantaba “Usted”, se vivía el último Viernes Alegre de los antiguos, donde cualquiera llegaba y todos eran “amigos de la revista”. Ninguno de nosotros, que éramos esa vez como diez o doce, volvería a escuchar a Silvia cantarle “Usted” al Pepe. Desaparecerían las miradas, las burlas y el beso final con el tan-tán de la canción.

Ese fue un Viernes Alegre reducido. Estaban pasando cosas raras. Llamados telefónicos amenazantes, seguimientos de autos extraños. 1986 había sido declarado como el Año Decisivo por la oposición de izquierda a la Dictadura. La movilización social aumentaba. Las coaliciones opositoras también aumentaban. A la Alianza Democrática y el Movimiento Democrático Popular (MDP) , nacidos en 1983, se sumaba ahora una Asamblea de la Civilidad que era un arco amplísimo de figuras representando gremios, confederaciones, sindicatos, partidos políticos, centros de estudiantes, académicos y que tenían a la protesta en las calles como método favorito de expresión.

José Carrasco Tapia, editor internacional de revista Análisis y consejero del Colegio de Periodistas, militante del MIR, era un entusiasta de la expectativa que mostraba la Asamblea de la Civilidad. Defendía que la protesta cundiera en momentos en que algunos creían que esas manifestaciones eran sólo abollones menores que no desviaban a la Dictadura de su curso y, en cambio, clamaban que había llegado el tiempo de enfrentar al dictador en su terreno, el militar. Eran los que decían que la gente en la calle era una aspirina cuando se necesitaba cirugía mayor.

En ese contexto, comenzaron a llegar telefonazos amenazantes contra Pepe. Estábamos acostumbrados a recibirlos. Nuestras familias, no. Parecía una rutina infernal más. Hasta que pasó lo del Palacio de Tribunales.

II. A Buenos Aires
En esos días de agosto de 1986, prácticamente todas las semanas los periodistas de Análisis teníamos que ir a tribunales a declarar porque se habían presentado acciones legales en contra nuestra. El director, Juan Pablo Cárdenas, le hacía burlas a Pepe Carrasco, porque era el único que no recibía querellas ni llamados a tribunales. Pepe se reía y decía en tono demasiado solemne para la festiva acotación de Juan Pablo: “Es que a mí me tienen en engorda”. Y no faltaba la referencia a lo bueno para comer que era Pepe y todos nos reíamos. Pepe no tanto.

El periodista José Carrasco estuvo exiliado en Venezuela y México. Volvió a Chile a inicios de 1984. Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.

Era martes o miércoles, no recuerdo bien. Mediados de agosto. Estaba en el palacio de Tribunales. Tenía que declarar ya no sé por qué caso ni por qué cosa. Entonces, era común ver mini protestas o eventos muy rápidos de crítica contra la Dictadura en el centro de Santiago. Incluso en ocasiones se formaban mítines muy rápidos dentro de Tribunales: grupos de 10 a 15 personas gritaban algo, tiraban unos folletos al aire y salían corriendo.

Después de declarar, salí por la puerta que da a calle Bandera y levanté uno de los folletos que se habían tirado hacía escasos minutos. Tenía la foto de Pepe Carrasco, la palabra “traidor” y una X sobre su rostro. El documento estaba muy burdamente confeccionado. Intentaba pasar por una amenaza del propio MIR contra uno de sus más conspicuos militantes. La idea era que quienes no estaban con la tesis del enfrentamiento armado, sobraban o eran traidores. Y a Pepe se le acusaba de esto último.

Me fui de inmediato a la revista y le conté a Juan Pablo Cárdenas lo que había visto. Me dijo que lo habían llamado para contarle que alrededor del Campus Oriente de la Universidad Católica se habían tirado panfletos similares. Teníamos tiempo antes que la siguiente edición entrara a imprenta y colocamos un recuadro en el No. 155 de Análisis, bajo el título: “José Carrasco: Amenazas de muerte contra periodista de Análisis”. En él relatábamos la seguidilla de panfletos que habían aparecido. Se incluía un trozo de la declaración que había sacado el Colegio de Periodistas, manifestando “su más plena solidaridad con este dirigente”. El recuadro agregaba la siguiente información: “Después que se diera a conocer a la luz pública el tenor de las amenazas contra el editor internacional de Análisis, llegó hasta la redacción un comunicado que firma el Secretariado Nacional del MIR, en el que se señala que los panfletos con las amenazas de muerte contra José Carrasco no son de su autoría. En el comunicado del MIR se atribuye la acción a organismos represivos del Régimen, indicando que su objetivo sería asesinar a dirigentes opositores para después hacerla aparecer como luchas internas entre los sectores democráticos”.

Nos reunimos a la semana siguiente con Pepe. Estábamos Juan Pablo Cárdenas, María Olivia Monckeberg, subdirectora, y yo, que a la sazón era Jefe de Informaciones de la revista. Considerábamos que la situación era absolutamente anormal, más allá de las consabidas amenazas telefónicas. Si había una constante en la represión de la Dictadura era que cada vez que se publicitaba una pugna interna se terminaba con muertos. La tesis de la pugna interna era un excusa predilecta de la Dictadura. Los desaparecidos habían, en su tiempo, sido explicados como una purga interna entre los que querían combatir en Chile y los que querían asilarse e irse del país, luego del Golpe. Los 119 ejecutados por la DINA en 1975, en la denominada Operación Colombo, fueron calificados al principio de víctimas de un enfrentamiento entre miristas. La guinda de la torta en esta operación mediática cívico-militar fue el titular del diario La Segunda: “Exterminados como ratones”. Más cerca en el tiempo, los degollados de 1985, sólo un año antes de los hechos que acá relato, habían sido explicados por dos miembros de la Junta Militar, el almirante José Merino y el general César Mendoza, como parte de un “ajuste de cuentas entre comunistas”.

Fernando Paulsen en el funeral del periodista José Carrasco.  Archivo Inés Paulino.

Por lo tanto, cuando se creaba públicamente la idea de una reyerta interna dentro de un movimiento o partido de izquierda, con lenguaje maniqueo y absoluto, donde unos eran los correctos y otros los traidores, se sabía que esa plataforma manipulativa terminaba con muertos que eran asociados a la supuesta lucha intestinal.

A raíz de lo anterior se tomó la decisión de pedirle a José Carrasco, en esa reunión en la revista, su salida del país con carácter de inmediata. Era una forma de protección. El destino era Buenos Aires por dos razones con nombre de mujer: María Eugenia Camus y Gladys Díaz. La “Cheña” Camus había trabajado desde 1984 como periodista en la revista, era gran amiga de Pepe, y había vuelto hacía pocos días a Buenos Aires donde su marido, Sergio Santos, tenía un negocio fotográfico. Gladys Díaz, también periodista, vivía igualmente en Buenos Aires, y colaboraba frecuentemente con Análisis. Los tres –Pepe, la Cheña y Gladys– eran muy amigos: habían militado en el MIR, habían padecido la cárcel y el exilio post Golpe, habían rehecho sus vidas, y tanto María Eugenia como Gladys vivían a sólo una hora y media en avión de Santiago, en la capital de Argentina.

Juan Pablo me dijo que le avisara a la “Cheña” que Pepe llegaría a Ezeiza. Lo hice sin darle a María Eugenia muchas explicaciones, porque ella entendía perfectamente lo que estaba pasando. Al día siguiente fue a recoger a Pepe al aeropuerto y durante los siguientes 20 días Pepe Carrasco se los pasó entre el departamento de Cheña, donde se quedaba casi todo el día, y el de Gladys Díaz, entonces casada con Alejandro Bahamondes, actual dirigente del PPD.

III. Personal 1
“Fernando, ¿dónde guardas tu plata?”. La pregunta me dejó lelo. En Análisis ganábamos bastante poco y merced a las invocaciones que hacíamos –con el dichoso vino navegado- cada fin de mes a Santa Petunia (personaje inexistente que Juan Pablo Cárdenas nominó Patrona de la revista Análisis), milagrosamente los pagos no se atrasaban demasiado. Por lo que pensar en guardar la plata no era algo que se me hubiera ocurrido. Uno funcionaba como esos bomberos de los servicentros antiguos, que eran cajeros automáticos de carne y hueso. Siempre con el fajo de billetes en el bolsillo, enrollados en un gran bolo. A nosotros no nos daba para gran bolo, pero sacábamos lo necesario para el día o la semana, y el resto se quedaba en algún recipiente de la casa. Además, a partir de la ola de relegaciones y exilios –los había por cientos desde que se iniciaron las protestas en 1983-, siempre era conveniente llevar algo de plata en cash, por si despertabas en otro lugar o país.

Homenaje en recuerdo de Pepe Carrasco, asesinado en septiemnbre de 1986 en venganza por atentado a Pinochet.  Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.

“Te lo pregunto en serio”, me dijo Pepe. “Es una tontera andar con los billetes encima. Un incentivo al robo, lo mismo que se sepa que guardas dinero constante y sonante en la casa. Lo que tienes que hacer es abrir una cuenta corriente y depositarlo ahí. Usa cheques, es más eficiente”.

Ya éramos grandecitos a esas alturas de 1984 o 1985, estábamos casados, y venía el Pepe y nos trataba como niños, porque lo mismo le dijo a Juan Pablo Cárdenas y creo que a dos o tres periodistas más. El hecho es que más tarde que temprano terminamos preguntándole a Pepe cuál era el banco que nos aconsejaba. “Eso es obvio, el que está aquí a media cuadra de la revista, el Citibank”, respondió despreocupadamente. La revista Análisis quedaba en Manuel Montt 425, comuna de Providencia, y, efectivamente, hacía pocas semanas se había instalado en la esquina de Manuel Montt con Nueva Providencia (entonces con letreros que decían que se llamaba Avenida 11 de septiembre) una sucursal del Citibank.

“Ya sé que me van a decir cómo sugiero un banco del imperialismo –se anticipó Pepe-, pero si necesito guardar mis pocas platas, aquí y ahora, confío más en las instituciones de Estados Unidos que en las creadas y mantenidas por la Dictadura”.

Y partimos un día en procesión, caminando desde la revista a la sucursal del Citibank, donde varios abrimos nuestra primera cuenta corriente. El hábito de pagar con cheque ha estado conmigo desde entonces; incluso ahora cuando el plástico y las transferencias dominan la escena, sigo siendo un cultor de esa liturgia de estampar en números y después en palabras el monto a pagar, poniendo la fecha muy claramente, nombrando al beneficiario, tirando dos rayas para cruzar el documento a fin de que se deposite y ratificando todo con la propia firma. Pepe Carrasco me inculcó ese hábito, que tiene el mérito de hacerme recordar al compañero de revista, cada vez que alguien me pregunta: “¿por qué sigues haciendo cheques cuando nadie ya lo hace?”

IV. Personal 2
En 1986 se desmoronó la primera familia que construí. Una familia de dos, porque éramos solo mi ex mujer y yo. Nos separamos la última semana del 85. Me fui a la casa de mi madre, pero sabía que tenía que encontrar algo propio y rápido. Mi cabeza, sin embargo, no estaba para iniciar una búsqueda de departamento y, por lo tanto, dilataba la salida de la casa de mi mamá con excusas que ni yo creía. En Análisis se turnaban las amigas periodistas para distraerme un poco: la Patty Collyer me invitó a pasar mi primer Año Nuevo de separado con su familia; la Pamela Jiles inventaba ocasiones para celebrar algo, cualquier cosa, con tal de hacerme salir, juntarnos con gente y vaciar la mente un rato; María Olivia Monckeberg organizaba asados, más frecuentemente que de costumbre, donde todos nos reíamos y los temas personales se alejaban por largas horas. Pero todo ello me mantenía en la casa de mi madre.

Un día, Pepe Carrasco entró a mi oficina y cerró la puerta tras él. “Fernando –me dijo–, separarse es una mierda. Separarse sin tener a otra persona, es más mierda todavía. Esa mierda se traduce en posponer el regreso a la vida normal y eso pasa por tener espacios propios. Da lata buscar casa, rearmar piezas y baños, y uno termina haciendo todo eso a la rápida y mal. Por eso, te pido (me pasa un papel escrito) que vayas a hablar con esta persona a esta dirección de la calle Purísima, al lado de donde vivo yo. Es una persona que arrienda una casa que posee justo arriba de la suya. Tiene dos habitaciones, living y comedor, una cocina larga y, lo mejor, una terraza de loza arriba, que abarca toda la planta y que mira al cerro San Cristóbal, donde si vas por la noche y escuchas atentamente, podrás oír el rugido de los leones del zoológico. Ya hablé con él, sabe quién eres tú, dónde trabajas y negocié el precio del arriendo, de tal forma que si te gusta, no tienes más que decir que sí y tienes nueva casa.”

Yo no pertenecía al círculo de los amigos íntimos de Pepe Carrasco. Nos llevábamos bien, conversábamos a menudo y participábamos de las fiestas periódicas que hacíamos en la revista. Pero su núcleo de fierro pasaba por relaciones históricas con otros periodistas como la Cheña, Gladys, su entrañable amistad con Juan Pablo Cárdenas, su paternal cariño y apoyo a periodistas más jóvenes como la Patty Collyer o la María José Luque. Habíamos tenido discusiones fuertonas en alguna ocasión, como había muchas en la revista Análisis, que congregaba a personas que pensábamos distinto, pero tenían un objetivo común, cual era retornar lo más pronto posible a la democracia.

Por eso me sorprendió tanto esa reunión a puertas cerradas, donde Pepe me habló como un íntimo amigo le habla a otro en momentos de miedo y duda: no trayéndole más problemas, sino resolviéndoselos.

IV. El retorno
Habla tú esta vez con el Pepe, Fernando”, me dijo Juan Pablo Cárdenas mostrándome el auricular. “Yo me agoté”. Desde que Pepe se había ido a Buenos Aires no pasaba un día sin llamar a la revista, para ver si ya estaban dadas las condiciones para volver. Juan Pablo recibía sus llamados, le comentaba lo que estaba ocurriendo en el país y, pese a las insistencias de Pepe, le pedía al editor internacional de la revista que permaneciera en Buenos Aires un tiempo más.

Mlitante del MIR, en los '80s Carrasco era de los que apoyaba la tesis de que la movilización social -más que la lucha armada- permitiría terminar con la dictadura.  Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.

Así por casi 20 días. El jueves 4 de septiembre de 1986 volvió a llamar. Dijo que Silvia tenía una dolencia muy fuerte en su espalda; que los niños –Iván, Alfredo y Luciano- necesitaban ayuda; que había visto cómo se habían acabado las amenazas y los panfletos, que la cosa estaba calmada y que quería volver.

Estábamos en la oficina de Juan Pablo, creo que con María Olivia Monckeberg también, y ahí se tomó la decisión de dejar de obstaculizar su regreso. Pensábamos que efectivamente la situación había cambiado. Y pesaba la necesidad de sus hijos y de Silvia.

“Vuelve, no más”, le dijo Juan Pablo. “El domingo te hacemos un asado en la casa de la María Olivia.” Pepe no se demoró más que unas pocas horas y el viernes 5 de septiembre entraba de vuelta a su país por el aeropuerto Arturo Merino Benítez.

Pepe Carrasco no pudo ir al asado en casa de María Olivia Monckeberg en la calle Luis Carrera, en Vitacura, el domingo 7 de septiembre. Dijo que la Silvia tenía todavía dolores de espalda muy fuertes y que prefería quedarse con ella en el departamento. Nos quedamos de encontrar todos el lunes en la revista. Y hubiese sido así, pero ese fin de semana cambiaría nuestras vidas radicalmente.

V. Domingo 7
“Mamá, parece que trataron de matar a Pinochet”, dijo Magdalena Browne, hija de María Olivia, tras aparecer de sopetón en el living, en medio del bendito asado. Nadie pareció escucharla. Magdalena tenía entonces unos 12 años y comenzó a alzar la voz.

“Mamá, trataron de matar a Pinochet”, gritó. Nos callamos. La niña dijo, “en la tele”, y partimos al dormitorio principal donde estaba el televisor. Había cadena nacional, estaba en ella hablando el entonces ministro secretario general de Gobierno, Francisco Javier Cuadra. Daba cuenta del atentado ocurrido contra el general Pinochet en el Cajón del Maipo. Se mencionó que Pinochet estaba ileso, lo mismo que un nieto que lo acompañaba, que había muertos entre la escolta del gobernante y que quienes habían perpetrado el atentado habían logrado escapar.

No habían pasado segundos desde que mirábamos, estupefactos, la televisión, cuando sonó el teléfono en la casa de María Olivia. Era Pepe Carrasco, el periodista Pepe Carrasco, que tenía solamente una cosa en la cabeza. La revista Análisis ya había sido enviada a la imprenta y aparecería el lunes sin consignar la noticia más importante del momento. “Eso no puede ser”, le dijo Pepe a Juan Pablo Cárdenas. “Tenemos que incluir aunque sea un recuadro en portada sobre el atentado o no habremos hecho bien nuestra pega”, insistió.

El problema era que la revista se imprimía en una editorial que tenía límites muy estrictos para recibir material y, además, cada cambio costaba una enorme cantidad de dinero. Juan Pablo, en todo caso, estuvo de acuerdo en que había que cambiar la portada. Mientras se informaba que se declaraba Estado de Sitio y se decretaba toque de queda, los contactos con la editorial permitieron cambiar las películas de la primera página, para que consignara el atentado. Sin embargo, antes de que todo el material pudiera imprimirse, el gobierno decretó la suspensión de varios medios de comunicación, invocándose el Estado de Sitio, incluyendo a Análisis. La pega que pedía Pepe se hizo, pero esa edición no vio nunca la luz. El Estado de Sitio duró cuatro meses, hasta enero de 1987, cuando recién fuimos autorizados, junto a otras publicaciones, para volver a los quioscos.

Nos fuimos rápidamente a nuestras casas, antes de que se activara el nuevo toque de queda. Quedamos de juntarnos a primera hora en la revista. Tomé mi automóvil, un pequeño Subaru Rex, y partí hacia Bellavista. Pasé frente al edificio de Pepe Carrasco, todo a oscuras, di la vuelta a la manzana para tomar Purísima y entré en mi casa. No intenté escuchar el rugido de los leones del zoológico. Como sería público en cosa de horas, los zarpazos asesinos andaban en la calle, no en el cerro esa noche.

VI. “Hay que contarle a Silvia”
Cuando llegaron, como a las 5 de la mañana del lunes, tan sólo a metros de mi casa, a buscar a Pepe Carrasco, yo dormía profundamente. No recuerdo quién me dijo y dónde supe lo de su secuestro. Lo que sí recuerdo es que nos distribuimos los periodistas y personal de la revista en diversas direcciones donde pudiéramos buscar apoyo para que soltaran luego a Pepe. Fuimos al Arzobispado, a las embajadas, hablamos con los pocos miembros de gobierno que recibían nuestras llamadas y nada. No había señales de Pepe Carrasco. Estábamos dispersos en muchos lugares, hasta que Teresa Izquierdo, secretaria de la revista, decidió que había que acompañar a la Silvia en su departamento. La acompañó el abogado de DDHH, Fernando Zegers. Y para allá también partí yo. En ese lugar nos encontramos con Hernán Cardemil, que vivía en el mismo edificio, y que oficiaba de productor de Análisis en lo que tenía que ver con la relación con la imprenta.

Los demás comenzaron a dejar de ir por apoyo a Iglesias y embajadas, y empezaron a reportear las posibilidades de un desastre: si a Pepe lo habían matado tenía que llegar a la Morgue, o llegaría a las radios la noticia de un cuerpo encontrado en algún lado.

En los '90s la calle Belgrado, donde se ubicaba la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile, varias veces fue pintada con el nombre del periodista. Hoy se llama Periodista José Carrasco Tapia.  Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.

La Tere Izquierdo y Fernando Zegers pidieron hablar conmigo a media mañana en el departamento de ella, que quedaba en el mismo edificio de Pepe. Me dijeron que habían recibido un informe de que dos cuerpos habían sido encontrados, muertos, y que estaban en la morgue. Que uno de ellos era el de Pepe Carrasco. Entendí de inmediato lo que pasaba: alguien tenía que decirle la verdad a la Silvia, antes de que un flash de Radio Cooperativa o un extra de televisión diera cuenta en lenguaje periodístico del hecho.

Uno es un profesional entrenado para dar informaciones. Las he dado de todo tipo: algunas festivas y, por ende, sin riesgo alguno; otras trágicas, como las catástrofes naturales o la muerte de una personalidad mundial; las hubo también con drama económico, con colapsos y quiebras por doquier; y, por cierto, esas noticias de todos los días en Dictadura de alguien caído, preso, golpeado, y que contábamos con rabia contenida.

Pero no me sentía preparado para contarle a Silvia lo que sabíamos. Pensé por un instante que quizás debíamos esperar a Juan Pablo o a Fernando Castillo Velasco, ex rector de la UC y presidente del directorio de Análisis. O a que llegara el hermano de Pepe, Raúl, y hablara con su cuñada en familia.

Le pregunté a Fernando y la Tere si había margen de error. Me dijeron que no. Sabíamos que corríamos contra el extra de algún medio, la noticia se esparciría rápido y más pronto que tarde sería difundida. Les pedí que llamaran a la Silvia para que viniera al departamento de la Tere. Les pedí que se quedaran en la pieza conmigo. Yo hablaría.

–Silvia, encontraron un cuerpo que creemos que es el Pepe-, le dije lo más articulado que pude.
–¿Está vivo o muerto?- preguntó ella.
–Muerto– dije yo.
–¿Estás seguro que es el Pepe?– preguntó la Silvia en un hilo de voz.
–Estoy seguro –le dije-. En un rato se sabrá por los medios. No queremos que te enteres por la radio. Por eso te lo decimos nosotros.

Silvia me dio las gracias por avisarle y salió con la Tere a prepararse para lo que sabía que vendría. Contarle a sus hijos, el reconocimiento en la Morgue, y la mierda de futuro inmediato que se venía encima.

VII. Espero que no, pero…
El periodismo opositor en Dictadura hizo un ejemplar trabajo de justicia de imprenta. Todo lo que se sabe de las violaciones a los derechos humanos entre 1973 y 1990 fue escrito y publicado durante la dictadura en las pocas revistas de oposición que estaban autorizadas para existir. Si los tribunales, hasta el día de hoy, han fallado en su labor de hacer justicia legal respecto de esa brutalidad, distinta es la realidad de la prensa independiente de la época, que estuvo a la altura de su papel investigativo y de exposición de hechos.

Se reporteó sin desconocer el miedo que nos embargaba. Se llegó a recuperar órdenes escritas, documentos que nadie quería que se conocieran. Se entrevistó a víctimas, familiares, abogados. Y este empuje periodístico incontenible incluso permeó el núcleo de poder dictatorial, abriéndose varias fuentes claves para dilucidar crímenes que ellos mismos repudiaban. Poco a poco se abrió paso para que se pudiera entrevistar, en esos medios marginales, a señeras figuras de la Dictadura desencantadas con el Régimen, o que no aceptaban que les imputaran crímenes que habían cometido sus superiores.

En todo ese largo camino de investigación y difusión –con estados de excepción que suspendían varias veces los medios, que encarcelaban a los directores de ellos y a sus periodistas–,dentro de lo más oscuro de la Dictadura y sus métodos, a mediados de los ‘80 muchos creíamos que ser periodista era una especie de escudo protector. Claro, se querellaban contra nosotros, pasábamos semanas o meses en la cárcel, teníamos que destinar varias horas de la semana a declarar en tribunales, y nuestras familias vivían a saltos por nuestras conductas periodísticas.

Pero el mensaje que se entregó esa madrugada del 8 de septiembre de 1986, con cuatro cuerpos cocidos a balazos en distintas partes de la ciudad de Santiago, condenados –sin juicio– por un crimen que no cometieron, fue el fin del mito: un electricista, un publicista, un profesor y un periodista estaban en igualdad de condiciones de ser exterminados durante la Dictadura. Sus profesiones eran irrelevantes; si eran dirigentes de gremios nacionales no importaba. La pequeña arrogancia que teníamos de creer que ser periodista te daba inmunidad para lo más brutal de la represión, dos años antes del plebiscito, quedó destruida de cuajo con el asesinato de Pepe Carrasco.

La Dictadura funcionó como tal hasta el último día. Y me enorgullezco en decir que la prensa opositora a ella, también. Trabajé con colegas de mi revista y de las otras, que no dudaron un segundo en seguir abriendo el camino de la información que se callaba en los medios uniformados y cómplices activos de la Dictadura.

Nos mataron a uno de los mejores y, lejos de ser un acto inhibidor, fue un acicate. Produjimos más material revelatorio del Régimen y su reguero de muertos en los dos años antes del plebiscito de 1988 que en casi toda la década anterior. La Dictadura hacía agua interna mientras se acercaba el plebiscito, y los medios investigábamos y recibíamos material inédito como nunca antes.
Si el asesinato de Pepe Carrasco fue un aviso a la profesión, no tuvo efecto alguno en la práctica. Al contrario.

Si de lo que se trataba era que sintiéramos que la muerte se acercaba a nosotros, eso se logró muy claramente. Nos dolió y nos duele todavía el asesinato de Pepe Carrasco. Porque más allá de un periodista y lo que representaba gremialmente, Pepe era un compañero de trabajo, un amigo, un tipo con un sentido del humor que no se compra en la farmacia, que escasea y siempre hace falta. Triunfaron en quitarnos lo que no tiene repuesto. Y en instalar una maldita y cruel bomba de tiempo, que significó que Luciano Carrasco, el hijo de Pepe, años más tarde considerara que no había remedio en esta vida para el dolor que lo acompañaba a todas horas, desde que mataron a su padre.

Espero que mis colegas de profesión nunca más tengan que defender la democracia desde la trinchera del periodismo restringido que permite, en migajas, una dictadura.

Espero que los horrores del pasado se graben lo suficiente en nuestra conciencia como para evitar que los demonios del maniqueísmo criminal, del estereotipo criminal, de la mentira criminal, del iluminismo criminal, vuelvan a tener una chance de hacerse del poder a sangre y fuego.

Pero si eso ocurriera, si la repetición de errores llevara a la posibilidad de una nueva dictadura, estoy seguro de que en las catacumbas de la resistencia periodística afloraría, entre muchos otros, el recuerdo de la voz potente y la risa contagiosa de Pepe Carrasco, que impulsaría a iniciar un nuevo viaje, con los que quieran ir -como pasó antes-, simplemente buscando contar noticias que estén prohibidas de revelarse.


VER DOCUMENTAL: “JOSÉ CARRASCO TAPIA”





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Infancia Dañada por la Dictadura. Chile

Infancia Dañada por la Dictadura. Chile

Los niños y la represión en la dictadura
20 de agosto, 2013

Se estima que alrededor de 700 niños quedaron huérfanos por el Régimen Militar.

Son los otros desaparecidos, el otro rostro del periodo en que se enlutó el país, donde los mismos menores se estimado que fueron más de 200 niños los torturados y más de 700 menores quedaron huérfanos producto de la dictadura en Chile. Son algunas de las cifras de diversos informes de organismos de derechos humanos que retratan lo que vivieron menores de edad.

Hoy, algunas agrupaciones y personas que los ayudaron recuerdan la difícil experiencia de hace ya 40 años. Muchos de ellos llegaron a la Fundación de la Protección a la Infancia Dañada por los Estados de Emergencia, organización creada en 1979, donde acogieron a los huérfanos que lo perdieron todo.


http://Pidee. Memoria y archivo oral: hijos e hijas de detenidos desaparecidos. Santiago, Pidee, 2014(Libro en pdf)

Según el informe Rettig existen al menos 307 menores de 20 años ejecutados, de los cuales 75 son detenidos desaparecidos. Uno de los casos emblemáticos fue el de Carlos Fariña Oyarce, joven de 13 años asesinado en 1973, el cual luego de más de 30 años se logró que los autores del delito fueran sentenciados.

régimen militar, protección a la infancia dañada por los estados de emergencia, informe rettig,dictadura,Pinochet
Noticias relacionadas

“A nuestros compañeros caídos en agosto en él sur de Chile”. VIVEN!

Muertos en Falsos Enfrentamientos
Viven
http://http://www.derechos.org/nizkor/chile/libros/sobarzo/23ago84/cap13.html

 

Nos preguntamos: ¿Tendremos que esperar el fin de la tiranía para reconstruir las vidas y la lucha de los hombres y mujeres caídos combatiéndola? Pensamos que no.

Tenemos que rehacer sus vidas. Sus familias conocen una parte, nosotros sus camaradas, la otra.

Para las que fueron sus compañeras, para sus hijos y familiares, para nosotros, están presentes, viven. Se han adherido como recuerdo, experiencia y nos dan fuerza cuando ella nos falta.

“A nuestros compañeros caídos en agosto en él sur de Chile”

Agua tierra
aire
materia elemental , Atención
Que la Araucaria
no se agite
y la Cordillera
no sea visible
mágica
ni a derecha
ni a izquierda
ni los Andes
ni Nahuelbuta
Que se detengan
las faenas
que la piedra continúe
su secreto de carbón
Que el coipo
siga liberto
Que el avellano y
el alerce
el laurel y el mañío
no puedan ser cortados
que se vacíen
los ríos
Cautín ¡detente!
Neltume ¡despierta!
y el hijo de Lautaro
salga al camino
Corral, Valdivia
¡atención!
Paralícese el trabajo
en las calles
los caminos
y las minas
todos alerta
¿Qué sucede?
Que todo quede inmóvil
Que se haga silencio
Valentía de muchos pocos
Valentía de noche
Valentía de cargador lleno
Valentía amparada en las urgencias de estos tiempos
Han rastreado huellas
en las tierras húmedas
como manto de sangre
de norte a sur
nos arrancan copihues
Nelson Herrera…
Octavio Lagos…
Luciano Aedo…
Mario Mujica…
Marcos Vega…
Rogelio Tapia…
Raúl Barrientos…
Juan Boncompte …
Hasta Santiago
llega la orgía haciendo
caudal

Fragmento del poema: “A nuestros compañeros caídos…” Ignacio Vidarrauzaga

“…Conocí poco al flaco, fue por esos avatares de nuestra lucha. No recuerdo cómo ni cuándo fue, pero sí recuerdo como era él: un joven alegre, espontáneo, siempre la “talla” oportuna a flor de labios, sin llegar a la charlatanería, jamás grosero.

A pesar de que nunca hablamos detenidamente de política, yo podía ver en él una gran comprensión e inmenso amor a su pueblo. El venía de barrios populares, de origen humilde, muy humilde, por eso se hacía carne de los sufrimientos de los suyos. Más que eso, él era pueblo puro, y era a él a quien el régimen fascista hería directamente con su política de opresión.

Me imagino como se habrá puesto de contento el día que le encomendaron la próxima tarea. Fue su último trabajo. Murió en el intento.

Al otro día vi su fotografía en el periódico; estaba reclinado, casi sentado, apoyado en una pared del antejardín. Su rostro muy sereno, sus ojos cerrados como si estuviera durmiendo. En una entrevista que se le hacía a una vecina del sector esta decía “…lo vi acercarse caminando en vaivén. Luego se sentó ahí y se quedó quieto, como durmiendo…” Sí, cuando vi esa fotografía, aunque Ud. no lo crea, lloré… Sólo, entonces, supe que se llamaba Roberto González Lizama…”
De un Preso Político en la Penitenciería.

Nelson Herrera

“Conocí a Nelson Herrera cuando yo llevaba apenas unas pocas semanas en Chile. Irradiaba simpatía, alegría, seguridad. Ya me habían hablado de él. Lonco, le decíamos entre nosotros y me habían comentado de su humor, de su calidad humana, de su claridad y capacidad política. Conocerlo fue mucho más que eso, en pocos minutos me reencontré con Chile, con mis compañeros, con mi Partido. Luego de hacerme una bienvenida más o menos formal y mientras esperábamos comenzar la reunión. Lonco se puso a contar chistes y a revolverlas creando un clima ameno, simpático, de confianza. Yo, un poco sorprendida y contenta, pensaba en que no tenía nada que ver con la imagen que uno se inventa de los jefes, así serios, preocupados sólo de las cuestiones más grandes. Me preguntaba sobre mi viaje, los detalles más pequeños, las anécdotas, las cosas jocosas. Al poco rato sentía como que nos hubiésemos conocido desde siempre, al igual que al resto de los compañeros que venía de conocer. Con el tiempo comprendí que ese humor y esa simpatía eran parte de él, era así y también fui descubriendo su gran capacidad política, su inteligencia, su simpleza, su calidad como revolucionario, su gran riqueza humana. Me gustaba sobretodo que tuviera ese carácter tan alegre, eso provocaba una cercanía inmediata que abría las condiciones para conocerse más allá del quehacer partidario. Conversábamos de nuestros hijos, se volvía loco cuando hablaba de las “gracias” de su Javiera.

Hablábamos del amor, de nuestras relaciones de pareja, de los conflictos que se creaban; hablábamos de la mujer y sus problemas. Cuando llegábamos a ese punto me decía asombrado: “Dices las mismas cosas que mi compañera”, extrañándose al comprobar que podíamos sentir lo mismo, inquietamos y preocuparnos por lo mismo sin conocernos siquiera.

También nos contábamos pedazos de nuestras vidas, me habló de otro amor importante que había tenido en su vida, una compañera de la cual tuvo que separarse brusca y obligadamente; me habló de su familia, de su padre, de su madre, de sus hermanos, historias de niño, de joven, de adulto. Javiera, hija de Nelson Herrera

Todos esos momentos los teníamos en medio de las largas reuniones, en las pausas que se alargaban inevitablemente. Nuestras reuniones eran más que reuniones, era el encuentro con la familia, con nuestros seres queridos, y luego de eso, a retomar las discusiones políticas, la tareas, la formación política y militar. Tenía una brillantez enorme para deducir la línea política que debíamos impulsar según el momento y las condiciones políticas existentes. No era un “intelectual” como se concibe en estos momentos, era un revolucionario, forjado directamente en la lucha de clases, educándose llevado principalmente por las exigencias de sus responsabilidades y las necesidades del Partido.

Para mi Nelson representa la imagen de como debe ser un dirigente revolucionario, no aquella imagen abstracta que tenía cuando ingresé al MIR, sino la imagen actual, concreta, madurada a través de tantos años de andar de un lado a otro. Por eso su muerte me dolió tanto, porque sé lo difícil que es encontrar compañeros con esa capacidad, formar dirigentes de ese nivel, encontrar hombres tan completos. Aprendí mucho de él, de su método, de su reflexión, de su alegría, de su modestia. Hay tantos lugares que me lo recuerdan; cuando salga libre iré a visitar algunos de ellos, restaurantes, cafés, calles; quiero sobretodo ir al lugar donde estuvimos por última vez, un día antes que lo asesinaran.

En la fiscalía me enteré de su muerte: luego que declaré, el fiscal Marisio me pasó un recorte para que dijera si lo conocía. Presentía algo así, venía de la CNI y conocía sus métodos, pero el golpe fue igualmente duro. No aparecía sólo Nelson, estaba también la foto de Mario Mujica, de Luciano Aedo, de Mario Lagos.

Mario Mujica y Cristina Chacaltana

Mario Mujica era el compañero de Cristina Chacaltana y ella estaba también en la fiscalía, pero no sabía aún de la muerte de su compañero. Se notaba en su cara, tenía preocupación, dolor, porque venía saliendo del horror de la CNI, pero aún no tenía reflejado el dolor que provocaba la muerte. Yo no me atreví a decirle algo, apenas podíamos mirarnos y además ¿Cómo darle la noticia sin tener siquiera la posibilidad de hablarle, consolarla, entregarle siquiera mi apoyo y mi afecto? Recién cuando salimos de la incomunicación se enteró de la muerte de Mario; se lo dijeron en la fiscalía. Fue desgarrador, ahora entendía de mi incapacidad de decírselo antes: era su compañero por tantos años, su compañero de todos los momentos. Se adoraban, las pocas veces que los vi juntos siempre estaban de la mano. La “vieja” sin su “viejo” era algo tan difícil de creer y de aceptar por mí… ¿cómo sería entonces para ella?

German, hijo de Mario Mujica y Cristina Chacaltana

Recordaba las veces que Mario hablaba de su hijo en el exilio, era un tema doloroso, te dolía tanto esa separación. No era muy conversador, tenía un aire melancólico. Sabía que provenía de una familia humilde, en algunos relatos de su vida se notaba y repetía que era “San Miguelino” con mucho orgullo. Era muy trabajador y constante y era el que ponía los detalles prácticos para la realización de las tareas. El plano miliciano era su terreno, pero hacía esfuerzos por ser un cuadro integral desarrollando todas sus capacidades. Lo conocí poco y más supe de él por el resto de los compañeros. Me gustaba su sencillez, su tranquilidad, su objetividad. Ahora, aquí, por Cristina lo fui conociendo, he ¡do rescatando toda su riqueza, sus sueños, el deseo de estar pronto con Germancito. Su madurez para desarrollar el amor de la pareja, su búsqueda para que no se terminara nunca ese amor de tantos años. He sabido de su preocupación sin límites para cumplir con toda tarea partidaria; he sabido de su fortaleza y de sus penas. Cada vez que recibimos fotos de Germán busco en sus rasgos al “viejo” y los encuentro: se parecen harto. Ojalá algún día pueda conocerlo para contarle lo que yo conocí de su padre, los momentos que nos tocó compartir; contarle del ejemplo que nos dejó, todo lo que sembró en su vida de militante; hablarle de las anécdotas que recuerdo, de como lo vi en ese tiempo tan duro que debió vivir lejos de él.

las hijas de Luciano Aedo

Pronto se van a cumplir tres años del asesinato de nuestros compañeros. El día 23 de agosto de 1984 quedará grabado para el resto de nuestras vidas.

Siempre decimos que las mujeres y hombres caídos en estos largos años de dictadura no serán jamás olvidados y esto que parece ser una consigna resulta ser una absoluta verdad. Más allá de los homenajes escritos u orales que podemos rendirles cada cierto tiempo, está el homenaje cotidiano, el de cada día, el recuerdo no sólo del revolucionario, sino también del hombre, aquel ser concreto con sus grandezas y debilidades. A ellos recurrimos cuando necesitamos más fuerzas, más claridad y también los recordamos cuando la lucha tiene avances, cuando tenemos éxitos y alegrías. Nosotras aquí, en estos casi tres años, hemos hablado tantas veces de ellos, de todos y de cada uno, de los que conocimos directamente y de los que hemos conocido a través de otros.

Con los compañeros asesinados el 23 de agosto compartimos parte de nuestras vidas, de nuestros problemas cotidianos, de nuestras tareas revolucionarias; compartimos el riesgo de nuestras vidas y esos son lazos irrompibles, más allá de la muerte. Por eso, para nosotros es tan fácil entender porque aún siguen tan cerca nuestro, porque seguimos queriéndolos, porque siguen siendo.

Mario Lagos con su hijo Pablo y su hermano Antonio Juan José Boncomte

Han quedado con nosotros, han dejado recuerdos, enseñanzas, amor, alegría de vivir, confianza en ese futuro que más temprano que tarde tendrá que llegar.

Esa convicción nos la han transmitido con su ejemplo, su vida, su muerte. Hemos hablado tanto de ellos que cuando se trata de resumir, de escribir sobre ellos, su vida, no es fácil, cualquier cosa podría parecer poco, repetido, sin la fuerza con la cual los recordamos”.

Soledad Aranguiz
Junio de 1987.
Cárcel de Coronel.


Rogelio Tapia

Las compañeras secaron
sus ojos
apretaron los puños
tragaron saliva
y con hijos
rabia
cárcel
o libertad
Las compañeras
— compañeras siguieron la vida
la lucha
la vida — lucha
la lucha — vida.

Ignacio Vidarrauzaga

“…La noticia de su muerte me impresionó mucho. Eramos amigos desde niños, vivíamos en el mismo barrio… Siempre creí que Julio era inmortal… por su calma, su seguridad, su responsabilidad, su orden…”
Un amigo de Julio Oliva, Mayo de 1987.

“…En esta carta, que nace inspirada en un sentimiento de dolor que estimamos compartir con Uds., deseamos manifestar que en Rogelio recordaremos siempre una persona íntegra y un profesional que asumió su responsabilidad con vocación, esfuerzo y seriedad. Su sencillez y su gran riqueza interior han sembrado entre sus colegas un ejemplo de honradez y consecuencia…”

Carta dirigida por el Consejo Regional de Colegio de Ingenieros Forestales a los padres de Rogelio Tapia. Agosto de 1984.

“…Los que conocimos a tu compañero recordaremos en él al colega y amigo de gran sensibilidad y fortaleza que sembró para siempre un ejemplo entre nosotros…”

Carta dirigida a Elisa, compañera de Rogelio Tapia, por los Ingenieros Forestales de la Sede Regional de Los Lagos. Agosto de 1984.

Nelson, la historia que hoy se teje en nuestro país no cuenta con tu presencia. No llegas a la cita clandestina que revisó los últimos detalles de la protesta campesina, ni a la reunión con tus compañeros y amigos, aquella donde revisaron la acción que demostrara una vez más el poder de la moral combatiente.

Ya no estamos en la que fue nuestra última casa, con su hermoso entorno de pinos que recorta el cielo de Concepción. La casa, casita de madera en que te esperé quemando papeles y esperanzas, hasta el último minuto del día 23, el minuto en que llegaron armados de brutalidad reaccionaria, creyéndose capaces de destruirlo todo. ¿En qué pensaste en esa fracción de tiempo? ¿Qué pensaste maniatado frente a los asesinos? ¿Qué piensas en ese segundo que una bala atraviesa tus ideas, que estalla y perfora tu amplia frente que amé tanto?

Pasa el tiempo, la niña se te parece mucho. Pasa el tiempo y yo aprendo más de ti. Te asumen quienes te conocieron al calor de la lucha, de la práctica, de la iniciativa tan propia de ti. De la iniciativa revolucionaria, transformadora, que con tan pocos medios y recursos produce tanto, que a pesar de golpes, a pesar de “vacilantes”, a pesar de “realistas”, sigue, prosigue, es una bandera anclada en las masas de los oprimidos, de nuestro pueblo que vive y conoce reveses y embates de la lucha democrática revolucionaria y no por ello claudica, no se acomoda en un falso realismo, no está dispuesto a negociar. ¿Cómo hacerlo con tanta sangre por medio?

Los años de tu vida que pude compartir, los que alcanzó a disfrutar Javiera, los años que amasaste ideas, práctica, aquellos años de esfuerzo, de tantas conversaciones, también siete años con tantos meses, tantas horas, que me hicieron conocerte, amarte, aprender. Esos años de vida intensa, de presente acechado por los riesgos que se asumen, son mi tesoro, la fuente más rica donde encuentro las lecciones de tu sabiduría revolucionaria, de tu capacidad de disfrutar intensamente cada pequeña cosa agradable, para empapar de alegría tus tareas cotidianas.

Eras una explosión de vida a los treinta. No puedo escribir de tu vida en forma ordenada. ¿Cómo?, si se me agolpan tantas imágenes: compañero, papá, dirigente. En la calle, en la casa clandestina, en nuestra intimidad. Te hacías el perrito con la Javiera, te enojabas cuando no comía, le decías “mi lunita”. Te quedabas hasta tarde frente a la máquina de escribir y refregabas mil veces el bigote cuando las ¡deas no fluían. Criticabas con pasión a la hora de responsabilidades y tareas no asumidas, terminabas educando, a partir de los errores. Llegabas contento cuando las cosas marchaban bien, cantabas las canciones “de moda”,… me acariciabas el pelo. Eras expresivo y buen conversador, sabías entretener con sus historias y anécdotas, reflexionabas a fondo, pero nunca dejaste de ser un poco impulsivo, esta mezcla fue tu sello, ideas correctas y pasión a la hora de implementarlas. Cada gesto y ademán, cada apreciación tuya avalada por tu práctica y experiencia denotaba la inteligencia que había en tí, tu amor por la vida, tu forma de ser tan auténtica, tu valentía para enfrentar los riesgos desde los primeros momentos después del golpe hasta el final de tu vida. Todos esos años no dejaste nunca de pensar, de hacer, de actuar. No iba contigo estar abrumado, siempre la talla a flor de labios, aunque a veces serio y preocupado, nunca abrumado, nunca renegando. En los momentos más difíciles, quizás aquellos días previos a tu muerte cuando las pistas de seguimiento a otros compañeros se hacían más evidentes y a la vez confusas, ahí estabas, buscando soluciones, atando cabos, tomando medidas. Podrías haber priorizado por tu seguridad, la mía y la de la niña… pero estaban tantos compañeros, tanto trabajo, había que avisar, conducir el resguardo de tantos hombres, mujeres, niños, y las pistas no eran tan claras. Te quedaste hasta el final, un revolucionario tan íntegro como tú no podía hacer otra cosa.

Nuestras vidas, la marcha de los acontecimientos de este país convulsionado, reclama tu presencia, pero queda, quedó tanto de tu paso arrollador de iniciativas y entrega revolucionaria, está tu huella en tantos compañeros que te conocieron, quisieron y respetaron, estamos yo y Javiera sembradas de ti, están por sobre todo aquellos proyectos que se hicieron carne y que mostraron a punta de voluntad y desvelos la vigencia de la lucha revolucionaria.

Patricia Zalaquet
Compañera de Nelson Herrera


PALABRAS A MI COMPAÑERO

Aquí
con la cabeza puesta en tu nombre,
tus muecas dulces,
preocupadas,
tu infinito refregar de bigotes,
tus ojos:
Por donde transitaron tantos
proyectos de libertad.
Aquí,
en este rinconcito de la prisión
repaso tu hermoso tránsito por la vida,
cuando conocí y me hice parte
de tu entrega,

tu aporte,
tu legado al Partido.

Al Partido vital,
entrometido,
audaz,
perseverante. Como tú.

Desde aquí,
a cuatro meses de tu muerte
anuncio que seré dos.
Dos para suplir tu ausencia,
dos para cubrir tu partida,
…en lo inconcluso
…en lo trazado del camino que aún nos falta
para conquistar la libertad.

Patricia Zalaquet
Diciembre de 1984
Cárcel de Coronel

“…Por tantos años te amaba sin querer verte, sólo tu alma; clandestino entre los hombres sin alma que gobiernan este triste país, donde se mata a los que aman la verdad, y cuan clara es aún la luz en plena oscuridad: la nobleza de tu espíritu, tu recto proceder, la lealtad absoluta a tus principios..”

Elisa, compañera de Rogelio Tapia. Mayo de 1987

“…Como su compañera durante diez años puedo decir que hoy, al encontrarme encarcelada desde el mismo día de su muerte, he podido reflexionar y meditar sobre todo lo que Mario me aportó en forma personal como también a otros compañeros, su entrega y fortaleza en el trabajo, la humildad y el amor a la vida y a nuestro pueblo.

Fue siempre un compañero de buen carácter, de un humor especial, cariñoso, con una ternura inmensa que dejaba traslucir en forma natural desde los detalles de la vida cotidiana hasta en la toma de las grandes decisiones. Su imagen, su recuerdo, los miles de detalles de la vida compartida son para mi una fuente de fortaleza…”

“…Mario hablaba constantemente y con orgullo de su hijo –era su “Mamita más recóndita”– ; soñaba con verlo en Chile jugando con otros niños, conociendo su país, su familia. Siempre observaba los niños jugando en las calles y pensaba en su hijo. ¿Cómo estará? ¿Se acordará de nosotros? ¿Cuánto habrá crecido? Y se imaginaba a Germancito en cualquiera de ellos que pudiera tener su edad. Pronto su tristeza se transformaba en alegría por esa facilidad extraordinaria que tenía para comunicarse con los niños: se integraba a jugar con ellos… como si hubiese estado un ratito con su hijo..”

“..Recuerdo a Mario radiante con el nacimiento de nuestro hijo; más aún, porque íntimamente siempre deseó un varón. Germán vino a llenar de más amor nuestra pareja a la par que nos proporcionaba más fuerza para nuestra decisión de lucha, para que él y todos los niños tuvieran derecho a una vida digna..”

Cristina Chacaltana
Cárcel de Coronel

“…Mamá, sí al papá no lo hubieran matado por la espalda, yo sé que se hubiera defendido ¿por qué son tan cobardes?

“…¿Por qué será que siempre que miro a la Tiny me acuerdo de mi papá? dice Javiera mientras camina a casa abrazando con ternura a la muñeca que su papá le regaló.

Javiera, Marzo de 1987
Hija de Nelson Herrera

Julio Oliva junto a su familia

“…Tus hijos no lloran; se desarrollan junto a la naturaleza que nos mostraste; se alimentan de frutas, verduras, semillas de árboles y piensan y estudian, disfrutan del amor de tu pueblo sabio, humilde, bondadoso, alegres de caminar juntos…”

Elisa, compañera de Rogelio Tapia.

“Todo este amor y cariño que nos tenemos nos dará otro hijo por el que no descansaré y daré todos mis sacrificios para que ese ser que viene tenga todo lo necesario para poder vivir… Pero, ¿se puede llamar Vida a algo que es sólo sufrir…? No sé como escribir, no sé que decir, no sé como empezar, pero continuaremos..”

Julio Oliva en carta a su compañera.

“…Al comienzo no podía comprender que Julio se hubiera muerto y nos abandonara… a mí… a los niños. Quizás hasta tuve rabia, pero poco a poco lo he ido entendiendo, descubriéndolo a través de sus amigos y compañeros, su consecuencia. Hoy entiendo que estaba en esto por nosotros… por todos los niños…”

Eduvina. compañera de Julio Oliva. Mayo de 1987.


Editado electrónicamente por el Equipo Nizkor- Derechos Human Rights el 18mar02


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Operación Alfa Carbón. “Pasan los años y la justicia se hace eterna”

Procesan a 18 ex agentes de la CNI por los crímenes de la Operación Alfa Carbón
26 julio, 2014

A 30 años de la muerte de mi padre. Asesinato. Recien hoy la justicia chilena reconoce culpables. Que tristeza siento de haber pasado una toda una vida al margen. Esperando que termine la pesadilla para para empezar a ser feliz. Como si la misma espera no fuera aun mas injusta. Autogobernando el impetu. Tratando de no reaccionar frente al continuo e infaltable comentario ignorante. Al ataque conciente del que se siente en ventaja porque la historia falsa de un pais le avala. Tantas veces senti el cansancio, la lucha continua contra la desesperacion, la pobreza, la soledad..aunque tal vez eso jamas cambie ya que hay cosas que son irreversibles. Valoro que esta condena venga a aclarar varios puntos, espero que aquellos que alguna vez esbozaron burla en sus rostros ahora esbozen verguenza. Tal vez es demasiado pedir a sus mentecitas…
Solo puedo decir que aunque muchas veces no convengamos en varias cosas, siento profunda admiracion y gratitud por aquellas personas que en estos treinta años no bajaron los brazos y siguieron exigiendo justicia

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Entre ellos se encuentran el brigadier de Ejército ® Marcos Spiros Derpich Miranda y Álvaro Corbalán, por los delitos de asociación ilícita y homicidio calificado de 7 ex militantes del MIR cometidos el 23 y 24 de agosto de 1984, muertos en falsos enfrentamientos.

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El ministro de la Corte de Apelaciones de Concepción, Carlos Aldana, modificó los procesamientos en esta causa e incorporó a dos personas más por los asesinatos cometidos en las ciudades de Concepción, Los Ángeles y Valdivia, en el marco de una acción represiva conocida como “Operación Alfa Carbón”.

El magistrado amplió el procesamiento a los agentes René Torres y Patricio Bertón y a otros que no lo estaban anteriormente por asociación ilícita, así como por el número de homicidios e ilícitos que cometieron cada uno de ellos, los cuales fueron aumentados.

Patricia Zalaquett viuda de Nelson Herrera Riveros señaló que “los procesamientos son un avance para alcanzar la justicia, a pesar de que los abogados de la parte querellante habían solicitado un mayor número de procesamientos.”

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Los crímenes de lesa humanidad se cometieron en Hualpencillo, actual Hualpén y frente a la Vega Monumental de Concepción, en el sector Idahue, camino a Santa Juana, en la Población Orompello de Los Ángeles en el sector Puente Estancilla en el camino que une Valdivia y Niebla y en Valdivia y fueron presentados a los medios como enfrentamientos entre terroristas y fuerzas de seguridad.

Sin embargo, después de 30 años de ocurridos los hechos, se logró establecer que las víctimas fueron todas asesinadas por orden de la dirección de la CNI, que los había seguido durante varios meses.

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Las víctimas de la Operación Alfa Carbón son Luciano Humberto Aedo Arias, Mario Octavio Lagos Rodríguez, Nelson Adrián Herrera Riveros, Mario Ernesto Mujica Barros, Rogelio Tapia de la Puente, Raúl Jaime Barrientos Matamala, Juan José Boncompte Andreu.

En esta oportunidad se sumaron a los procesamientos, Luis René Torres Méndez, y Patricio Alfredo Berton Campos.

Por el delito de asociación ilícita, el ministro Aldana sometió a proceso a: Álvaro Corbalán Castilla, Marco Derpich Miranda, Jorge Mandiola Arredondo y Patricio Castro Muñoz.Castro además había sido procesado anteriormente por sólo dos homicidios, ahora está por tres delos crímenes.

Asimismo, el juez Aldana procesó a Roberto Antonio Farías Santelices, Luis Hernán Gálvez Navarro, Manuel Morales Acevedo, José Abel Aravena Ruiz, Luis Enrique Andaur Leiva, Sergio Mateluna Pino, José Zapata Zapata, Bruno Soto Aravena, Luis Alberto Moraga Tresckow, Óscar Boehmwald Soto, Ema Verónica Ceballos Núñez, Gerardo Meza Acuña,

La acción criminal había sido bautizada como “Operación Alfa Carbón” por los mandos superiores del órgano represivo. La Operación fue la culminación de un largo trabajo de vigilancia, seguimientos y otras acciones de control sobre la militancia mirista en el sur, llevadas a cabo por parte de los agentes CNI, y que se prolongó por más de seis meses. Toda la preparación y ejecución del operativo estuvo bajo el mando directo de Marco Spiro Derpich Miranda y de Álvaro Julio Corbalán.

Fueron movilizados hacia el sur unos 60 agentes de la mencionada División Antisubversiva, principalmente los integrantes de la Brigada Azul, unidad especializada en la represión al MIR, los que arribaron a la zona sur con meses de anticipación para hacerse parte de las acciones previas. Pero también fueron movilizados agentes de las Brigadas Amarillo, Café y Verde, además de la temida Brigada Especial.

En la ejecución de los operativos de exterminio participaron la totalidad de agentes desplazados desde Santiago junto a los integrantes de las Brigadas Regionales de CNI que operaban en Concepción, Chillán, Temuco, Valdivia y Puerto Montt.

La CNI movilizó a varias decenas de agentes. Toda la acción represiva fue ordenada y monitoreada por la Dirección Nacional de la CNI que en esa época comandaba el general Humberto Gordon Rubio, secundado por el coronel Hugo Salas Wenzel. Tanto la labor de inteligencia previa, como la preparación y ejecución del operativo, así como los propósitos que buscaban, fue organizada y controlada por los mandos superiores, quienes dispusieron la movilización de hombres, los medios y recursos necesarios para el logro de su objetivo en el sur.

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Hijo de Ejecutado Político despide a su padre…”nos quedamos sin voz y con el alma en mil pedazos.”

Alocución de despedida de Iván González a los ejecutados de Tierra del Fuego en 1973. Cementerio de Porvenir , 1 de Noviembre de 2003. Homenaje organizado la Agrupación de DDHH S. Allende.

Señoras y señores, seré muy breve en mis palabras ya que espero puedan interpretar aún mas la emoción que me cubre al estar hoy acá junto a los que compartieron los últimos momentos junto a mi padre, pero no por ello voy a dejar de nombrarlos y mantenerlos siempre en mi recuerdo: Germán Cárcamo Carrasco y Carlos Baigorri Hernández. A ellos mi respeto y mi afecto.
Serán ellos por toda la eternidad, los testigos silentes del destino que quiso que sus vidas convergieran y formaran un vinculo común e indestructible. Junto a los dos descansa Jorge Parra Alarcón cuya historia se junta por una misma causa.

Ese mismo destino nos reúne hoy a nosotros para brindarles el merecido adiós que en su momento fue negado, pero que el tiempo y la providencia se encarga de ordenar y establecer los momentos adecuados y oportunos para enmendar las faltas del pasado.
Mi padre, Ramón González Ortega, no comparte con ellos el lugar en donde les fue asignado para su descanso eterno, ya que sus restos mortales reposan hoy en la ciudad de Chillán, en su tierra natal, lugar en que siempre quiso estar para su sueño perenne. Su hijo menor se presenta ante ustedes y eleva la voz en su nombre.
Todos sabemos bien por que estamos junto a ellos, recordándolos, quienes fueron, que fue de sus vidas. No es necesario agregar mas acápites a una etapa en que fueron victimas de circunstancias incomprensibles y que aun hoy buscamos respuesta. Nadie, absolutamente nadie tiene a la mano el poder suficiente para cegar la vida de los hombres, creyendo que existen motivos superiores que los motivan, y así justificar lo injustificable.
Nada podrá resarcir el daño que hemos sufrido, nadie podrá darnos una respuesta coherente y satisfactoria a nuestras preguntas, la mente humana no puede encontrar explicación y menos aun justificación a la muerte sufrida en estas condiciones. Aceptarlo es enfrentarse al horror y la deshumanización.

Text Box:

Foto Agrupación S Allende

A los familiares les fue negada la posibilidad de saber el por qué de sus muertes, la imposibilidad de ver sus cuerpos, enterrar dignamente sus restos y expresar libremente el dolor que les aquejaba, imposibilidad de vivir el rito del duelo sin miedo y asumir la pena de la muerte; en definitiva, al igual que ellos nos quedamos sin voz y con el alma en mil pedazos. Yo me pregunto, ¿cómo se repara el alma, cómo se hace?.
Si ustedes me permiten quisiera finalizar mis palabras dirigiendo una palabras a mi padre.
Papá, palabra simple y sencilla que jamás tuve ni voy a tener oportunidad de dirigirte mientras yo tenga vida. Aquí, con la frente en alto te digo, que mama te ama y te recuerda y que cuando Dios disponga la esperes con los brazos abiertos ya que ella no te ha olvidado. Ricardo, tu hijo mayor necesita la fortaleza que puedas brindarle para soportar tu ausencia, Carmen, tu hija mayor, necesita de los sabios consejos que siempre supiste darle, Carolina, tu hija menor, te ama y extraña los juegos que inventabas para ella y yo, tu hijo menor, te digo gracias por ser quien fuiste, que me siento orgulloso de ser tu hijo y que cuides y protejas la familia ya que sin ellos, entonces, ya no me quedaría nada.
Amigos de Porvenir, la verdad es una sola, no existen dos verdades para un mismo hecho y la verdad de lo que aquí yace es irrefutable. Los insto a reflexionar sobre lo sucedido, que aconteció aquí en Magallanes, frente a nosotros y no olvidarlos, de ser testigos de la verdad y propagarla, ya que en caso contrario, ésta se encontraría tergiversada e incompleta.
Espero que en cuanto he dicho, también refleje el sentimiento de los familiares de Carlos Baigorri, Germán Cárcamo y Jorge Parra. Si he faltado en algo espero sepan entenderme y perdonarme.

Text Box:   Foto Agrupación S Allende

Iván González Toro.
Porvenir, 1 de noviembre de 2003.

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A 35 años del Golpe,  a 18 años  de Gobiernos de la Concertación, el pacto Juntos Podemos Más considera que los derechos humanos  se violan todos los días, “con una educación discriminatoria y deficiente para la mayoría de los niños,  con una insuficiente atención de salud, con una legislación laboral  que avala la explotación  extrema  y la inseguridad, con un sistema de previsión social  que no asegura jubilación digna, con muchos magallánicos que padecen algún tipo de discapacidad y se tienen que desenvolver en una ciudad que no los incluye, y  con  más de un tercio de la población que no tiene representación parlamentaria”, lamentó Avendaño.

En el caso de Magallanes los ejecutados políticos son:

1.- Carlos Baigorri, profesor, militante comunista

2.- Ramón González Ortega, Inspector del SII, independiente

3.- Jorge Parra, trabajador de Enap, militante comunista

4.- Simón Cárcamo, trabajador frigorífico Socomar, militante PS

5.- Susana Ovando, perteneciente a la Federación Juvenil Socialista

Avendaño explicó que la movilización y la organización es la que ha sido capaz de mantener, al menos en una parte de la población el tema de los DDHH.