a nuestros hijos no los buscó nadie, porque ellos eran cómplices de los militares.

10-8-2013|12:15|DERECHOS HEBE DE BONAFINI
…a nuestros hijos no los buscó nadie, porque ellos eran cómplices de los militares. Ellos sabían todo, incluso donde estaban. Yo fui a denunciar que mi hijo estaba en la Comisaría 5ta y les pedí que por favor fueran a buscarlo. Y un juez me dijo: “No, señora, yo no voy, porque si entro y los matan a todos, la culpa de la muerte de su hijo va a ser mía”. Eso me contestó el juez [Héctor Carlos] Adamo de La Plata. Increíble. Una iba a contarles a los jueces lo que se iba enterando y estos desgraciados no hacían nada. Entonces yo fui a la Comisaría y entré a los gritos porque me dijeron que mi hijo estaba ahí. Me dieron una paliza terrible y me sacaron a la calle. No es lo mismo que vaya un juez a que hubiera ido yo. No sé si los íbamos a salvar, no lo sé, pero esa es la justicia que tuvimos. Más que Justicia, era Injusticia.

¿Las cosas podrían haber sido diferentes con otro tipo de jueces?

La complicidad cívico-militar las Madres siempre la denunciamos, tiene que ver con eso. Los militares no se mandaron solos. Si no hubieran tenido jueces tan corruptos, que todavía están hoy algunos en actividad, los 30.000 desaparecidos estarían vivos. O al menos, si no hubieran sido tan corruptos, muchos se hubieran salvado.

El 23 de septiembre de 2010 la Asociación Madres de Plaza de Mayo hizo un juicio ético y político a los jueces cómplices de la dictadura.

Sí, lo hemos hecho varias veces. Al no haber juicios, mucho antes del 2010 empezamos a desenmascarar a los cómplices. Hicimos el primero en la época de Alfonsín, le hicimos un Juicio a las Juntas en la Plaza. Después uno en Quilmes a los médicos, donde estaba [Jorge Antonio] Bergés, un médico de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Más adelante hicimos otro en La Plata justamente para hablarle a Adamo. Y ahora les hicimos uno a los cómplices de la Justicia[1], la Iglesia y el periodismo. Siempre hacemos juicios éticos porque sentimos que ya que no conseguíamos que caminara la justicia había que visibilizarlo, para que la gente supiera que cuando decís que era una dictadura “cívico-militar”, quiénes eran los “civiles”.

En diciembre se cumplen 30 años de la creación de la CONADEP. ¿Cuál fue la posición de la Asociación en aquel momento?

Nosotras no estuvimos de acuerdo, porque primero ante los tribunales ya había de todo. ¿Qué necesidad había de investigar todo otra vez por un camino no judicial? Pero claro, Alfonsín pensaba inventar todo un aparato para demostrar que estaba haciendo algo. La CONADEP tuvo cosas muy jodidas. A mí me llamaron para preguntarme en qué agrupación estaban mis hijos, no para buscarlos, y yo les dije que no les iba a decir, porque encima se los llevaron por revolucionarios.

¿Qué significó la llegada de Néstor Kirchner al gobierno de la Nación?

Bueno, como que llegó El Salvador, “el salvador de la Patria”. En realidad, en un primero momento no nos dimos cuenta. Yo creo que todavía no nos dimos cuenta de todo lo que hizo. Todavía no nos dimos cuenta de todos sus discursos. Yo cada vez que los leo digo “¡Ésto no lo escuchamos! ¿Cuándo lo dijo?”. Me cuesta recordarlo. Por eso ahora a Cristina la escucho con tanta atención, porque a Néstor no lo escuchamos con mucha atención y dijo cosas importantísimas. Era como natural todo lo que hacía. Y no, porque las cosas que dijo fueron de muchísima profundidad. Él me quería mucho, siempre me acariciaba y me decía: “Seguí siendo así tan… -¿cómo me decía?- políticamente incorrecta”.

Las Madres se involucraron activamente en la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual…

Los medios siempre estuvieron en contra de las Madres, no sé a favor de quién pero en contra de las Madres siempre. Nos dilapidaron, nos ensuciaron. Para nosotras nunca existieron los grandes medios de comunicación. Por eso tenemos una radio, por eso tenemos una revista, tuvimos un diario, tuvimos que inventar todo eso para que nos visibilizara la gente. Sino, éramos invisibles. Si hubiese sido por los medios éramos invisibles. A las Madres nos dieron cualquier cantidad de honoris causa en Europa, aquí, en todas partes. ¿Alguna vez salió publicado? No. Nunca sale nada, tampoco yo hago lo que hago para salir en el diario.

¿Qué opina sobre el proceso de integración regional que ha vivido en la última década Sudamérica?

Es impresionante. Yo soy muy amiga de todos los presidentes de la región. A Correa Néstor lo conoció porque yo lo traje, Correa siempre me iba a escuchar cuando yo iba a hablar a Ecuador. Fui una gran amiga de Chávez. Lo mató el laburo, el trabajo, toda la corrupción que tenía siempre encima, los problemas que tenía que solucionar. Los quiero mucho a ellos. A Evo ni te cuento, lo conozco de cuando caminaba desde las minas. Así que me parece importantísima la unidad de la región, el surgimiento de la UNASUR. Porque al final se está logrando lo que buscaban nuestros hijos, ¿no?, la unidad latinoamericana.

¿Cuál es su opinión sobre el reciente proceso de democratización de la justicia?

Me parece maravilloso y necesario, es una experiencia que va a ir mucho más allá de nuestros juicios éticos y políticos. Está basado en principios democráticos impresionantes, que nunca imaginábamos que llegarían a la Justicia argentina. Toda esta democratización de la justicia y el avance que se pueda lograr en los diferentes ámbitos es en beneficio de todos. De los pibes, de las víctimas del gatillo fácil, de tantos grupos. La verdad es que yo ni soñaba con ver ésto que estoy viendo. El otro día cuando estuve con Cristina le dije “Mirá, Cristina, aunque a vos te parezca mentira las Madres estamos siendo felices. No soñábamos con ser felices y uno tiene felicidad porque peleamos tantos años por esto y ahora ver que la Justicia se va a reformar, que los juicios por violaciones a los derechos humanos se están haciendo, que los genocidas son condenados”. Más allá de todo lo que pasa, que te ensucian, que te agreden, te dicen de todo. Yo contra eso no peleo, porque yo ni les discuto, no respondo jamás a ninguna agresión.

¿Por qué?

Porque me parece que si nosotros pensamos que ellos instalan la noticia, porque quieren hablar de eso y nosotros lo repetimos, estamos haciendo lo que ellos quieren. Instando lo que ellos quieren instalar. Me parece equivocado cuando algunos programas de televisión que no pertenecen a los grandes medios económicos hacen eso. Si no queremos que una mentira se instale, no la tenemos que repetir nosotros.

¿Cómo explica la sentencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que declaró inconstitucional la Ley que democratizaba el Consejo de la Magistratura?

La Corte es cómplice. Con excepción de Zaffaroni. Son cómplices de lo que pasó antes y de lo que está pasando ahora. Ellos apoyan a la derecha, no sé si apoyan a Clarín y a Magnetto, pero al Pueblo seguro que no. Ellos nunca estuvieron para el Pueblo. Siempre están con los poderosos. Por eso se llama “Suprema Corte de Justicia”, pero no es ni Suprema ni hace Justicia.

Previo al dictado de la sentencia, las Madres enviaron una carta al Tribunal pidiendo que fallara a favor del pueblo.

Sí, les pedimos que por primera vez fallaran defendiendo los intereses del Pueblo. Ya en el 2010 cuando hicimos el primer acto en Tribunales por la Ley de Medios, dije que los jueces de la Corte Suprema eran unos turros. Y como hice un discurso muy fuerte muchos se enojaron. Pero la verdad es que me quedé corta, muy corta diciéndoles turros.

¿Le parece que a partir del fallo de la Corte Suprema está clausurada la posibilidad de la participación del Pueblo en la elección de los jueces o quedan caminos para explorar?

Yo pienso que siempre hay que seguir luchando. Porque si nosotras no hubiéramos creído en la lucha y en la calle estaríamos muertas. Nosotras seguimos creyendo que los pueblos solucionan los problemas en la calle, no en los tribunales. De eso estoy convencida. En los tribunales se puede lograr algo pero solo si el pueblo ayuda en la calle. Por lo menos, así lo vemos nosotras.

 

Para leer una versión ampliada de esta entrevista: www.infojus.gov.ar

 


[1]Entre los “imputados” se encontraban los magistrados Eduardo Rafael Riggi, Luis Francisco Miret, Otilio Romano, Wagner Gustavo Mitchell, Juan Martín Romero Victorica, Liliana Elena Catucci, Víctor Hermes Brusa, Pedro Cornelio Federico Hooft, Norberto Giletta, Guillermo Rivarola, Luis María Fernández, Luis María Vera Candiotti, Juan Carlos Marchetti, Julio Demetrio Petra, Carlos Pereyra González, Alicia María Di Donato, Nicasio Dibur, Abel Bonorino Peró, Horacio Enrique Prack, Néstor Luis Montezanti, Justo Rovira, Alfredo Bisordi, Adolfo Gabrielli, Horacio Heredia, Abelardo Rossi, Alejandro Caride, Federico Videla Escalada, Emilio Miguel Daireaux, Elías Guatavino, Jorge Gabriel García Collins, Eduardo Vocos Conesa, Guillermo Federico Madueño, Mario Héctor Pena, Leopoldo José Russo, Héctor Carlos Adamo, Eduardo Marquardt, Miguel Ángel Almeyra Nazar, Martín Anzoátegui, Amelia Lidia Berraz de Vidal, Oscar Hermelo, Norberto Quantín, Luisa Martha Riva Aramayo, Juan Carlos Rodríguez Basavilbaso, Rafael Sarmiento, Ricardo Gregorio Rongo y Luis Rueda.

Esos chilenos siempre forzados al exilio

“Y nosotros, dentro del país, no teníamos el derecho de decidir lo que queríamos hacer. Y éramos muchos los que nos organizamos para resistir. Pero nunca, ni a mí, ni a todos los compañeros que yo conozco, se nos puede acusar de haber atentado contra un gobierno democrático, legítimamente constituido. En ningún momento”.

Esos chilenos siempre forzados al exilio
Le Courrier de Genève
Traducido para Rebelión por Carmen García Flores
 DESTIERRO. Han abandonado su país cuando otros por fin podían entrar. Cuando, al regreso de la democracia, algunos oponentes armados tuvieron que elegir entre la prisión y el alejamiento.Cuarenta años. Esta es la pena de destierro que se impuso Carlos García Herrera en 1992, dos años después del retorno formal de la democracia en Chile. La condena más dura para seis chilenos que aún viven hoy en el exilio forzado en Bélgica y en Finlandia. “Este es un honor que yo no me merezco, dice irónicamente, jamás he sido un dirigente político” Carlos prefiere describirse como “un militante de la resistencia, un guerrillero urbano”.

Encarcelado por la dictadura de Augusto Pinochet en 1981, está todavía condenado a cadena perpetua según una ley denominada “antiterrorista”. Para él, como para los otros militantes en su mismo caso, la vuelta del a democracia tuvo un gusto amargo. “Esperábamos una liberación incondicional de todos los presos políticos, como lo habían prometido los partidos del a oposición”.

Pero la transición no ha hecho tabla rasa con las instituciones del pasado. Con el ex dictador como comandante en jefe de la armada durante toda la duración de su mandato, y con una Constitución

elaborada por este último (aún hoy en día en vigor aunque enmendada por dos veces), el gobierno del demócrata-cristiano Patricio Aylwin se limitó a “investigar la justicia en la medida de lo posible”, como afirmó en su época.

Y el general Pinochet había tenido cuidado en hacer cumplir rigurosamente la Constitución de 1980: Nada de gracia posible para los prisioneros condenados por “terrorismo”. El gobierno de la transición le propondrá entonces elegir entre partir, sin posibilidad de retorno durante varios años, o permanecer en prisión. Entre 1990 y 1994, a veintinueve personas se les conmutaron sus penas de prisión por penas de alejamiento (extrañamiento). “Había pasado ya suficientes años en prisión, preferí partir”.

La trayectoria de Carlos es la de un hombre que ha atravesado por todas las tempestades de esta época agitada. En 1973, año del golpe de Estado contra el gobierno socialista de Salvador Allende, estaba en la Marina. Junto con otros, el sentía que algo se tramaba en el seno de la Institución. “Muchas personas eran conscientes de que se preparaba un golpe de Estado, había una gran efervescencia política en la Marina”.

De marino a guerrillero

Chile aún cuenta con una importante marina de guerra cuyos oficiales están claramente anclados en la derecha conservadora. “El embrión del golpe de Estado se encontraba allí, entre un grupo de oficiales de marina. Pinochet se sumó a la idea al final”, explica Jorge Magasich, doctor en historia de la Universidad de Bruselas y autor de la tesis Los que dijeron no. Historia del movimiento de los marinos chilenos opuestos al golpe de Estado de 1973.

“Por contra, los suboficiales y sobre todo la tropa, son en su mayoría leales y de izquierda. Cuando comprenden que el pronunciamiento es inevitable y que serán obligados a participar en él, los marinos leales intentan alertar a las autoridades políticas. Pero en la noche del 5 al 6 de agosto de 1973, es decir un mes antes del golpe de Estado, una ola de arrestos cae sobre ellos. “Entre 150 y 200 marinos son arrestados, ellos serán los primeros torturados. A continuación, noventa y dos de ellos serán condenados por “sedición” a penas que iban desde tres a ocho años de prisión”, explica Jorge Magasich. Carlos García formaba parte de ese grupo. “Nosotros no éramos militantes, éramos simplemente personas que pensaban que un golpe de Estado es algo ilegal. Nuestro deber como marinos era defender al gobierno, poco importa cuál fuera con tal que fuera elegido democráticamente. Esto es lo que hicimos y fuimos encarcelados por ello”, recuerda.

Es en la prisión cuando se convierte en militante. En efecto, después del golpe de Estado los presos políticos afluyen por cientos. “Cada organización, en las prisiones o en los campos de concentración en la que había militantes encarcelados, mantenía una estructura organizativa. Es, pues, por su contacto como nosotros empezamos a formarnos políticamente y a conocer lo que es la teoría revolucionaria, el marxismo, etc”.

Liberado en 1976, Carlos retoma enseguida contacto con algunos camaradas del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) a los que conoció en prisión. Vuelve a vivir en Santiago donde se incorpora a los movimientos sociales que surgen después de la feroz represión que había seguido al golpe de Estado. “Hacia el 77-78 hubo una reactivación, especialmente del movimiento sindical. Pero la oposición no se detuvo ahí: “Como yo y otros compañeros teníamos una experiencia militar debido a nuestro paso por la Marina, el MIR nos propuso formar parte de un equipo de propaganda armada, un equipo de sabotaje. Y poco a poco comenzamos una guerrilla.

Contra la “Gestapo” chilena

Una guerrilla que aspiraba a desenmascarar los centros de tortura secretos de la dictadura, en la región de Santiago y Valparaíso principalmente. “Organizamos dos ataques relámpago contra estos centros de tortura, unos atentados contra los principales responsables de las torturas de la dictadura. Pero este tipo de acciones no era lo cotidiano, no ocupábamos también de la vida política durante la resistencia y además cada uno debía trabajar para vivir. Esto se parecía mucho a lo que hacían los Belgas, los franceses o los otros europeos contra la ocupación nazi”.

Entre las acciones dirigidas por esta célula figura el atentado de 1980 contra el teniente coronel Roger Vergara, director de la Escuela de enseñanza del Ejército. Para Carlos, esto fue un acto político, decidido colectivamente. “Habíamos asesinado a un responsable de la ‘Gestapo’ chilena” compara.

Enseguida, la vida legal y la resistencia armada se hacen inconciliables. Carlos permanece, pues, en la clandestinidad. Pero esta situación no durará por mucho tiempo, será arrestado unos meses más tarde, en enero de 1981.

“Era un día normal, había ido al cine y acababa de visitar a mi familia y al entrar en mi casa me tendieron una emboscada y me arrestaron junto a mi mujer y mi hija de un año y medio” Fue juzgado por un tribunal y condenado a cadena perpetua..

En 1992 se le conmuta la condena en dos penas de veinte años de alejamiento, es decir cuarenta años. Otros cumplieron penas más cortas de cinco, diez o veinte años de alejamiento y han vuelto o están próximos a volver definitivamente. Algunos, siempre bajo fuertes medidas, pueden entrar en Chile por breves periodos de tiempo “por razones humanitarias” como la defunción de un pariente. “Yo no quiero matar a mi madre para poder regresar a mi casa”, exclama Carlos.

Derecho a la resistencia

El pasado noviembre, cumplió su primera pena de veinte años. Escribió una carta al presidente Sebastián Piñera, a quien ha hecho que le llegara la carta en propia mano por la intermediación del Cónsul honorario de Amberes, en Bélgica. “Hace veinte años que estoy aquí, ¿no es suficiente? Me gustaría recuperar mi derecho a volver a mi casa. Aquí en Bélgica dispongo de todos los derechos como cualquier otro ciudadano ¿por qué no puedo disponer de ellos en mi propio país?” se pregunta.

Hoy, Carlos siente sorpresa por el hecho de que “después de todos estos años, el poder político chileno se niega a reconocer que las personas que participaron en esta resistencia han ayudado enormemente a debilitar la dictadura. Esta misma dictadura que cada año era condenada por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Pero Pinochet y los suyos no escuchaban a nadie, las palabras no eran suficientes. Las condenas verbales, oficiales, diplomáticas eran útiles pero no suficientes”.

“Y nosotros, dentro del país, no teníamos el derecho de decidir lo que queríamos hacer. Y éramos muchos los que nos organizamos para resistir. Pero nunca, ni a mí, ni a todos los compañeros que yo conozco, se nos puede acusar de haber atentado contra un gobierno democrático, legítimamente constituido. En ningún momento”.

El 11 de septiembre de 2013, Chile conmemorará los cuarenta años del golpe de Estado militar. Veintitrés años después del final de la dictadura, muchas heridas quedan por cerrar. Si nadie lo remedia, Carlos no volverá a su país antes de 2032, él tendrá entonces 79 años.

Fuente: http://www.lecourrier.ch/node/105200

 

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Verdeolivo

Tomado de http://www.rebelion.org
Por Sébastian Brulez

    DESTIERRO. Han abandonado su país cuando otros por fin podían entrar. Cuando, al regreso de la democracia, algunos oponentes armados tuvieron que elegir entre la prisión y el alejamiento.

Cuarenta años. Esta es la pena de destierro que se impuso Carlos García Herrera en 1992, dos años después del retorno formal de la democracia en Chile. La condena más dura para seis chilenos que aún viven hoy en el exilio forzado en Bélgica y en Finlandia. “Este es un honor que yo no me merezco, dice irónicamente, jamás he sido un dirigente político” Carlos prefiere describirse como “un militante de la resistencia, un guerrillero urbano”.

Encarcelado por la dictadura de Augusto Pinochet en 1981, está todavía condenado a cadena perpetua según una ley denominada “antiterrorista”. Para él, como para los otros militantes en su mismo caso, la vuelta del a democracia tuvo un gusto…

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¡Es una guerra! Anunciaron los terroristas de Estado el año 73.

¡Es una guerra! Anunciaron los terroristas de Estado el año 73.

A los héroes de Septiembre

Se cumple un nuevo aniversario del golpe de Estado, cuando el Ejército, la Armada, la Aviación, Carabineros e Investigaciones de Chile, haciendo caso omiso a sus deberes éticos e institucionales, por lo menos los que dictaba la Constitución vigente hasta ese entonces, bombardearon La Moneda, asesinaron al Presidente de la República y derrocaron al gobierno legítimo de Salvador Allende.

El saldo de víctimas de la dictadura, según datos “oficiales”, superan las cuarenta mil personas, entre detenidos ilegalmente, torturados, ejecutados y desaparecidos, y sin contar los miles de expulsados al exilio, o de los chilenos que debieron huir del país para salvar sus vidas amenazadas.

A pesar que han pasado 42 años de ese fatídico 11, el magnicidio se sigue recordando. La batalla en La Moneda, los enfrentamientos desde el Ministerio de Obras Públicas, los primeros combates de la Resistencia, la dignidad de los presos políticos encarcelados en recintos militares y campos de concentración, los atentados, los apagones, las voladuras de torres, las ollas comunes, los comprando juntos, los velatones, la solidaridad internacional y tantas otras formas de lucha populares, siguen siendo fuentes de remembranzas e inspiración de diferentes tipos de homenajes, desde los litúrgicos y hasta los de carácter combativo en cada septiembre.

El golpe de Estado fue “la continuación de la política por otros medios”, aplicada por los partidos de derecha, grandes empresarios y la Democracia Cristiana en contra del gobierno de la Unidad Popular, ante la imposibilidad de contar y lograr el quorum necesario de parlamentarios para destituir constitucionalmente a Salvador Allende como Presidente.

Esa alianza golpista cívico-militar, se consideró con el derecho de usar la violencia en contra de un gobierno legítimo, hasta estos días rasgan vestiduras  hipócritamente contra la decisión de las organizaciones políticas de izquierda de emplear la violencia político-militar en contra de la dictadura que ellos generaron.

¡Es una guerra! Anunciaron los terroristas de Estado el año 73. Sus generales al declararla, tomaron como enemigo a los propios ciudadanos que juraron defender de agresiones externas: el pueblo chileno, en especial a los partidarios de Allende. Los clásicos militares lo enuncian en sus tratados y los mandos saben que una guerra cuando se acomete, debe cumplir tres grandes objetivos:a) Destruir las fuerzas que enfrentan, sus enemigos, b) Controlar el territorio o el teatro de operaciones y c) Romper la voluntad de lucha del pueblo atacado, destruyendo su moral combativa. Esto último es esencial, es lo que garantiza el triunfo total y en el tiempo de los vencedores.

¿Cumplieron estos objetivos estratégicos, los golpistas?

Al margen de que cada objetivo merece un análisis particular, en esta opinión solo generalizaremos. Las fuerzas populares que apoyaban y defendieron a Allende a pesar del honor y la desigualdad de fuerzas y medios, fueron destruidas, y las que posteriormente enfrentaron la dictadura también. Los militares controlaron rápidamente el territorio nacional. Pero ¿destruyeron la voluntad de lucha? ¿La moral combativa fue aplastada? ¿Los combatientes perseguidos, apresados, relegados, expulsados del país, renegaron de sus ideas?, ¿el pueblo chileno olvidó a Salvador Allende, a su sueño socialista? ¿Son historias olvidadas las vidas de Miguel Enríquez, Raúl Pellegrín, y tantos otros héroes del pueblo chileno?

A pesar del terror impuesto en todos esos terribles años de dictadura, o a la posterior denegación de justicia, debido a la decisión de Patricio Aylwin de implementar su doctrina de “juzgar en la medida de lo posible a los criminales violadores de DDHH”, o de Eduardo Frei de salvar de la justicia internacional al dictador preso en Londres, o del deseo de “dejar que las instituciones funcionen” de Ricardo Lagos, circunscribiendo los crímenes a responsabilidades individuales y no a doctrinas institucionales. A pesar de la “Transición Democrática” que explica el estado de injusticia y de corrupción que vivimos en nuestros días,  ¿Perdimos nuestra voluntad de lucha los chilenos?

Los golpistas no destruyeron la voluntad de lucha, ni lo harán jamás. La voluntad de septiembre sigue inquebrantable.

Esa férrea voluntad demostrada por esas generaciones de mujeres y hombres en septiembre de 73, se constituyó luego en paradigma histórico, sobre todo cuando los partidos de la izquierda tradicional abandonaron las ideas socialistas y anti capitalistas, los principios revolucionarios y las posturas clasistas. Si bien es cierto, orgánicamente la izquierda hoy es una gran diáspora en el escenario político nacional, se ven signos de miradas comunes, lo que es un gran avance –no hablo ya de la izquierda tradicional-, probablemente en otra situación o estadio social, quizás cambien su actitud.

Esa férrea voluntad también explica la decisión de los familiares de víctimas de los DDHH de no aceptar la reconciliación sin justicia y castigo a los crímenes de la dictadura. Las leyes secretas de la Transición y la voluntad política de los actuales mandos de las FFAA de proteger y honrar a criminales rematados por la justicia les dan la razón, sin lugar a duda.

El mejor homenaje a los héroes y heroínas, es recuperar la lealtad mostrada en las más duras condiciones por los primeros combatientes de ese 11 de septiembre, y reconstruir la unidad, que siempre es preludio de avances y victorias de los pueblos.

Honor y gloria a los combatientes del 73.

Construyamos un Chile Digno.

José M. Carrera      @JosMCarreraC

Santiago, Chile, septiembre 2015

Pactos de silencio y esa larga impunidad

Pactos de silencio y esa larga impunidad

La muerte de los generales Manuel Contreras Sepúlveda, ex jefe de la Dirección de Inteligencia Nacional (Dina), y Hernán Ramírez Rurange, ex jefe de la Dirección de Inteligencia del Ejército (Dine), además de la condena final para otros trece oficiales de inteligencia y de la justicia militar por el secuestro y asesinato del químico Eugenio Berríos, ocurrido en Uruguay en 1992, reabrieron la vieja llaga de la impunidad.
El “Mamo” Contreras, otrora poderoso director de la primera policía secreta de Augusto Pinochet que operó entre 1973 y 1977, responsable de los más atroces crímenes en la historia del país, falleció a los 86 años en el Hospital Militar. Estaba condenado a más de 500 años de cárcel y esperaba sentencia por otros cientos de procesos que aún se investigan en los tribunales. Fue cremado pocas horas después en el Cementerio Católico, vestido con su uniforme de gala de general. Ramírez Rurange, en tanto, de 76 años, se pegó un tiro en la sien en su domicilio para evitar ir a prisión por más de 20 años, sentencia emitida por la Corte Suprema a comienzos de agosto.
Contreras, autodicta en los secretos de la inteligencia militar, recibió una orden directa de Pinochet para crear la Dina a fines de septiembre de 1973, después que el entonces director de la Escuela Militar, el coronel Nilo Floody, elegido por el dictador para esa tarea, lo convenciera de que él no era el más indicado para la misión.
La Dina inició sus actividades en la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes, a 120 kilómetros al oeste de Santiago, cerca del exclusivo balneario de Santo Domingo. Hasta allí llevaron a decenas de prisioneros que fueron sometidos a bárbaras torturas.
Contreras eligió personalmente a los oficiales que integraron los diferentes departamentos y cuarteles de la Dina, que empezaron a operar en paralelo a los servicios de inteligencia de las fuerzas armadas. También reclutó a civiles que habían participado en agrupaciones políticas de ultraderecha durante el gobierno del presidente Salvador Allende.
Muchos oficiales seleccionados para servir en la Dina recurrieron a los más rebuscados argumentos para evitar ese destino. Otros, los menos, marcharon gustosos a la cruzada en contra del comunismo que pregonaba el “Mamo”. Hoy, estos últimos cumplen o ya cumplieron penas por crímenes de lesa humanidad y son los que conformaron el núcleo duro de la represión entre 1973 y 1978. A partir de ese último año, cuando la Dina ya había sido reemplazada por la Central Nacional de Informaciones (CNI), y Contreras trataba de evitar las investigaciones judiciales por los asesinatos del general Carlos Prats, en Buenos Aires, en septiembre de 1974; del ex canciller Orlando Letelier, en Washington, en septiembre de 1976; y por el atentado en contra del dirigente democratacristiano Bernardo Leighton, en Roma, en octubre de 1975, el general Pinochet optó por involucrar en las tareas represivas a la Dine y a las estructuras más secretas del ejército, hasta ese momento sólo preocupadas de la seguridad externa.

EL BRAZO ARMADO
En 1981, Pinochet eligió a la Dine para que asesinara a Tucapel Jiménez, dirigente sindical socialdemócrata que amenazaba agrupar a las organizaciones laborales opositoras. También ordenó a la Dine que eliminara al ex presidente de la República Eduardo Frei Montalva, quien fue inoculado con una sustancia tóxica cuando se recuperaba de una operación gástrica en la Clínica Santa María. El dictador involucró luego a oficiales de la Dine y de los altos mandos del ejército en sus propios negocios turbios: adquisición de propiedades, coimas, depósitos ilegales en el extranjero e incluso narcotráfico, según revelaciones del propio Manuel Contreras en los últimos años.
A mediados de la década de los 80, cuando los tribunales de justicia empezaron tímidamente a investigar algunos crímenes de la dictadura, en instancias hasta ahora no bien precisadas se diseñaron estructuras de protección para los agentes más buscados. Algunos magistrados y detectives de la policía de Investigaciones sostienen que para crear “nidos” en el exterior que cobijaran a los prófugos se recurrió a agentes de espionaje y vínculos establecidos en el denominado Plan Cóndor, una instancia de colaboración entre policías secretas de las dictaduras del Cono Sur en cuya formación tuvo un papel protagónico el “Mamo” Contreras.
Así, por ejemplo, se recurrió a contactos en Brasil para refugiar a Raúl Osvaldo Romo Mena, agente civil de la Dina que trabajó en la represión del MIR. También se apeló a los paraguayos para esconder en ese país a Miguel Estay Reyno, “El Fanta”, desertor del Partido Comunista que colaboró con el Comando Conjunto de la Fuerza Aérea en la captura y asesinato de militantes de las Juventudes Comunistas en los años 1975 y 1976. En el caso de oficiales aún en servicio activo se optó por ubicarlos como agregados militares en embajadas de Chile.
Paralelamente, desde el Ministerio de Justicia se ejerció un férreo control sobre el nombramiento de los jueces y en la Fiscalía Militar, bajo la conducción del coronel (J) Fernando Torres Silva, se diseñaron estrategias de defensa para los uniformados que se vieran obligados a declarar en los tribunales.
Tras el retorno de la democracia, Pinochet -al frente de la comandancia en jefe del ejército- ordenó al director de la Dine, el hoy suicidado general Hernán Ramírez, que sacara del país al químico Eugenio Berríos, fabricante de gas sarín en tiempos de la Dina y más tarde vinculado a la producción de estupefacientes. Ramírez formó un grupo de tarea con oficiales y suboficiales de la Brigada de Inteligencia del Ejército (BIE) y de las unidades de espionaje y contrainteligencia, y sacó a Berríos hacia Argentina con destino final en Uruguay, donde finalmente fue asesinado con cinco balazos en la nuca y sepultado en una playa, boca abajo y con las manos atadas a la espalda con alambre, replicando una amenazante ejecución mafiosa.
Las maniobras para esconder ese crimen se extendieron por casi veinte años. Pero al final tanto los autores como los encubridores terminaron sentenciados a largas condenas, incluido otro de los ex directores de la Dine, el general Eugenio Covarrubias Valenzuela, quien la comandó entre 1991 y 1996, que fue condenado a 15 años de cárcel, y el propio ex auditor militar, Fernando Torres, condenado a diez años.
Entre los autores también figuran tres oficiales uruguayos -Tomás Casella Santos, Eduardo Radaelli Copolla y Wellington Sarli Pose-; el brigadier (r) Manuel Provis Carrasco alias “Francisco Valenzuela”, ex miembro de la Dina, de la CNI y del BIE; y, el mayor (r) Arturo Silva Valdés, autor material del asesinato de Berríos, ex miembro del Servicio Secreto de la Dine. Este último oficial, miembro del arma de Caballería, jugador de polo, de refinados gustos, considerado por algunos de sus ex camaradas como “el James Bond chileno”, fue enviado junto a otros agentes de inteligencia a formar parte del equipo de seguridad de Agustín Edwards, propietario del diario El Mercurio, luego de que su hijo Cristián fuera secuestrado por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez en 1992. Por esos mismos días la revista Qué Pasa publicó un reportaje donde se entregaron antecedentes que revelaban la participación de Silva Valdés en el secuestro y asesinato de Berríos. El propio oficial acudió a hablar con el director de ese medio, Cristián Bofill, hoy director de Canal 13, para desmentir la información, petición que fue acogida por el medio.
La Dine también participó en la protección de los oficiales involucrados en una financiera ilegal, conocida como “La Cutufa”, que funcionó al interior del ejército desde mediados de los 80 hasta bien avanzados los años 90. Algunos jueces y detectives también creen que la Dine tuvo injerencia en los asesinatos del periodista inglés Jonathan Moyle, cuyo cadáver fue encontrado en su habitación del Hotel Carrera en marzo de 1990, y del coronel Gerardo Huber Olivares, en enero de 1992.

EL CORONEL HUBER
En 1974 Huber se incorporó a la Dina y fue enviado a Argentina para infiltrar grupos que apoyaban al MIR chileno. De regreso en el país, trabajó con el norteamericano Michael Townley en la creación de armas químicas para la “guerra antisubversiva”. Al promediar los 80, Huber fue destinado al complejo químico del ejército en Talagante y en marzo de 1991, fue trasladado a la Dirección de Logística donde se hizo cargo de la compra y venta de armamentos en el exterior.
La causa por la muerte de Huber durmió en los tribunales durante trece años caratulada como “suicidio”, hasta que el juez Claudio Pavez asumió el caso en septiembre de 2005 y decidió caracterizarla como homicidio calificado. Pavez reunió antecedentes de otros procesos donde se describían las formas de operar de los servicios de inteligencia a fines de los 80 y comienzos de los 90.
En marzo de 2006 el juez Pavez sometió a proceso a cinco altos oficiales en retiro como autores de asociación ilícita para ocultar el asesinato del coronel Huber. Ellos son el general (r) Eugenio Covarrubias, jefe de la Dirección de Inteligencia del Ejército (Dine) en 1992; el general (r) Víctor Lizárraga Arias, subdirector de la Dine en la misma época; el general (r) Carlos Krumm, ex director de Logística; el brigadier (r) Manuel Provis Carrasco, ex jefe del Batallón de Inteligencia del Ejército (BIE); y el capitán Julio Muñoz, amigo de Huber y ex miembro del BIE.
María Inés Horvitz, abogada del Consejo de Defensa del Estado (CDE), declaró poco después que “todo apunta a la intervención bastante directa de Víctor Lizárraga y Manuel Provis”, como autores materiales de la muerte del coronel Huber.
Según antecedentes reunidos en aquel proceso, medio centenar de oficiales y suboficiales de la Dine y el BIE juraron incondicional lealtad a Pinochet en 1996. Algunos de ellos se confabularon para evitar que el coronel Huber revelara lo que sabía acerca del comercio ilícito de armas y sustancias químicas, emprendido desde diversas instancias castrenses en búsqueda de lucro para un pequeño número de oficiales del Alto Mando.
El juez Pavez tuvo a la vista, por ejemplo, una declaración del 30 de noviembre de 2003 tomada en Holanda por dos detectives al ex suboficial Rodrigo Peña González, integrante en 1989 del Batallón de Mantenimiento de Material Blindado y Artillería. Este afirmó que el coronel Huber le entregó documentos sobre tráfico de armas y una droga mortal elaborada por el ex químico de la Dina Eugenio Berríos. Según Peña, el coronel Huber pensaba entregar esos documentos al periodista británico Jonathan Moyle, iniciativa que se vio frustrada cuando el reportero apareció muerto en su habitación del Hotel Carrera. Peña, quien pidió asilo político en Holanda en 2001, relató que Huber le entregó otros documentos con antecedentes sobre compra de armas a Israel y ventas a países árabes.
Según las presunciones del juez Pavez, el coronel Huber habría sido secuestrado por agentes del BIE y conducido a un recinto secreto de la Escuela de Inteligencia del Ejército (EIE) en Nos, donde también funcionaba el Laboratorio de Guerra Bacteriológica del Ejército, que en 1992 dependía del director de la Dine, general Eugenio Covarrubias.
Manuel Provis, ahora preso en Punta Peuco, trabajó codo a codo con el mayor (r) Alvaro Corbalán en el cuartel Borgoño de la CNI, y fue uno de los principales operadores de la inteligencia militar tras el retorno de la democracia en 1990. Provis estaba al mando del BIE -con base en la calle García Reyes de Santiago-, en estrecho contacto con la Central de Información y Coordinación, unidad que tenía a cargo las escuchas telefónicas y la recolección de datos provenientes de las comunicaciones policiales internas.

“CONTROL DE BAJAS”: VIAJES SEGUROS
El BIE mantenía en Viña del Mar, en la calle Alvarez, un cuartel de escucha del Congreso Nacional que funcionó en 1990 y 1991. Cerca de allí otro grupo de agentes, encubiertos en un local que aparentaba ser una compraventa de automóviles, desarrollaban tareas de apoyo. La vigilancia electrónica de diputados y senadores era apoyada por camionetas que se estacionaban en sectores cercanos al edificio. Una camioneta Volks-wagen cerrada, de color crema, perteneciente también al Departamento de Inteligencia de Comunicaciones, se estacionaba en la Plaza O’Higgins, vecina al Congreso Nacional. En ella, un equipo de escucha no dejaba de funcionar. Este trabajo era apoyado por agentes encubiertos que frecuentaban la sede del Legislativo. Uno de ellos, un hombre alto y de bigotes, asistía a la sesiones y recogía fotocopias de documentos considerados importantes que le entregaba un anónimo contacto en el corazón del Parlamento.
Toda esa información era procesada y clasificada por un equipo de a lo menos ocho hombres, varios de ellos civiles, que actuaban como analistas de inteligencia. Uno de ellos era sobrino del general (r) Hugo Salas Wenzel, ex director de la CNI.
En un ámbito del BIE conocido por algunos como G-4, dirigido por un capitán, existía una unidad confidencial que realizaba operaciones especiales. Una de ellas, denominada “Sistema de Control de Bajas”, era la estructura destinada a sacar del país a los agentes en peligro de quedar expuestos ante la justicia o que mostraban debilitamiento en su lealtad a Pinochet. Esa unidad se vinculaba con el Departamento de Servicio Secreto de la Dine y con algunas instancias de la justicia militar, dirigidas por el auditor Fernando Torres, ahora preso en Punta Peuco.
Entre los agentes que fueron sacados al exterior para protegerlos de la justicia estuvieron Carlos Herrera Jiménez, “El Mauro”, ejecutor de Tucapel Jiménez, y Arturo Sanhueza Ross, “El Huiro”, quien se inició, siendo teniente, como agente de seguridad persiguiendo a guerrilleros del MIR en Neltume, a comienzos de los 80. Más tarde hizo “méritos” para ser trasladado a la Dine y fue destinado al equipo de ejecutores que efectuó asesinatos como los del 7 de septiembre de 1983 en las calles Fuenteovejuna 1330, de Las Condes, y Janequeo 5707, de Quinta Normal, que costaron la vida a cinco dirigentes y militantes del MIR. El 4 de septiembre de 1989, Sanhueza Ross participó en el asesinato del dirigente mirista Jécar Nehg-me Cristi. Hoy se conoce que ese equipo de ejecución de la Dine tenía un objetivo alternativo a Nehgme: el periodista Manuel Cabieses Donoso, director de Punto Final.

Manuel Salazar Salvo

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 835, 21 de agosto, 2015)

Los padres, lxs hijxs y el tiempo milico.

Los padres, lxs hijxs y el tiempo milico.

Los padres, lxs hijxs y el tiempo milico

Estos particulares días de septiembre -a veces con sol radiante y otras con lluvias y frío- nos recuerdan que este es un mes matizado, excéntrico, casi burlesco. Que nos lleva y nos trae; que nos muestra a niñxs embaladxs elevando volantines, pero que también nos traslada al inicio del irrespeto, el dolor, la muerte, la tortura, el exilio y desaparición. Un mes que nos enfrenta con los claroscuros de una historia tan reciente como presente.

En estas volás me encontraba cuando quise reflexionar sobre la relación entre la dictadura cívico militar en Chile, y la experiencia de las paternidades vividas en esa época; las crianzas y vivencias de hijos e hijas en ese tiempo milico que no olvidamos.

No planteo una reflexión teórica ni daré nombres de autorxs o experiencia comparada. En estas digresiones eso no me interesa -y me aventuro al desacuerdo y a visiones que no compartan la hipótesis que deslizo-. Por sobre ello, me importa sumergirme en la vivencia personal y observada, para sostener que la dictadura cívico militar instaló en las generaciones que le fueron contemporáneas, un modelo monolítico de masculinidad, de ser hombre y padre -y en consecuencia- de ser hijx.

Siendo el menor de cuatro varones, con un padre que vestía uniforme en aquellos años y aun cuando mis recuerdos no van más allá de fines de los 80, es patente el recuerdo de quienes me anteceden como hermanos: el concepto de orden, los zapatos lustrados a fuego, el habla golpeada… la distancia y la obediencia… “porque así te protejo, hijx”, “porque así te protejo del cáncer marxista, Chile”. Dos escenarios, un mismo discurso.

Y cómo no, si el golpe de Estado marca el inicio de un proceso sistemático, institucional y masivo de destrucción de las formas de ser/estar de hombres y mujeres, usando la violencia como herramienta, el miedo como estrategia de quebrantamiento de la voluntad y la anulación del/la otro/a como objetivo político. Todo ello desde la figura del militar –el milico-, ese que ocupó por 17 años el espacio público; la mentira del valiente soldado, el libertador, el segundo padre de la patria, cuyo botón de muestra es hoy reconocido universalmente como uno de los más cruentos dictadores, genocidas y corruptos que registra la historia contemporánea latinoamericana.

A partir de la figura del tirano es posible sostener que cuando el actor social se torna único, homogéneo, omnipresente y todopoderoso, cuando se nos bombardeó y se nos convenció (con la merecida salvedad de muchos y muchas que dieron su vida por demostrar que no era así) de que había “una forma de ser”, de estar y relacionarse; cuando el principio del orden es monolítico -el cabello corto y sin barba, el habla golpeada y sin matices, el rostro seco y las nulas muestras de afecto; la fortaleza expresada en la capacidad de aniquilar y vencer, de gritar más alto… se nos dice sin decirlo que ese es el modelo de masculinidad, de paternidad… el cuidado expresado en la violencia “porque así te protejo, Chile…” “porque así te crío y formo, hijx”.

Además del período de muerte y violación a los derechos humanos, aún sin una satisfactoria respuesta en materia de verdad, justicia y reparación, la dictadura cívico militar fue para las generaciones contemporáneas y para las siguientes, no sólo el reforzamiento indesmentible del patriarcado ya existente, sino que la imposición de formas unidireccionales de vivir la masculinidad, modelos aparentemente inquebrantables de ser hombre y padre: héroe, rudo, defensivo, destructivo.El milico y su lógica como alternativa visible a la que acceder, como actor que surgía cuales callampas en el espacio público, que invadía hogares, televisión, radio, quehacer social… que era ÉL personaje, en desmedro de tanto que los varones podemos entregar para construir relaciones sociales y humanas -del tipo que sea- basadas en el respeto, el afecto, la justicia, la libertad y la solidaridad. El tiempo milico que está más presente de lo que pensamos y sentimos.

Esto es sólo parte de lo que el período milico nos dejó. Resta pensar sobre el modelo de sociedad, las injusticias y la violencia económica, social y cultural de nuestros días. Todo esto sin dejar de lado que así como hubo víctimas, hubo también mujeres y hombres que no cedieron ante el grito pelao y el lumazo, que resistieron la corriente en los testículos y las ratas en la vagina. Sujetos que es necesario recordar para continuar.

Dedicado a todos aquellos varones quebrantados por la dictadura;

en memoria de las mujeres y hombres víctimas, y de sus familias;

con la exigencia de verdad justicia y reparación más viva que nunca;

con la convicción de que es posible construir otros vínculos.      

Miguel Ángel González Campos

integrante del Kolectivo Poroto. 

http://kolectivoporoto.blogspot.cl/

Santiago, 10 de septiembre de 2015

En el Cementerio no están los Desaparecidos

En el Cementerio no están los Desaparecidos

En el Cementerio no están los Desaparecidos

Por Cristian Cottet

y ahora voy a morir, sin nada más, con tierra
sobre mi cuerpo, destinado a ser tierra.
Pablo Neruda
Canto General

La muerte es un asunto que va del desastre a la resignación, del llanto a la ritualidad, del espanto a la paz. La muerte nos gobierna, de a rato queremos no verle, esconder el rostro, pasar por su lado silbando sin que ella nos vea, pero es inevitable. Está ahí con sus pompas fúnebres, con sus velorios, sus cementerios, sus negociados. Creo que no existe cultura donde la muerte pase inadvertida. Todas se las arreglan para definir una forma de desprenderse de la materialidad que es el cuerpo. Unos le incineran, otros le lanzan a un río o al mar, otros los embalsaman, otros le entierran en un espacio que definen para esos menesteres. Para nosotros los chilenos el cementerio es el espacio más recurrido donde dejar “los restos” de nuestros seres queridos.

La antropóloga argentina Laura Panizo, propone cierta matriz de “atención” a la muerte. Para ella el duelo y el luto son dos fenómenos que se complementan y explican mutuamente dentro del ritual de la muerte. Mientras el duelo son prácticas privadas, materiales, simbólicas y mentales de los sobrevivientes, el luto serían los procedimientos colectivos que permiten el reingreso de los deudos a la comunidad de los vivientes. El duelo refiere a la capacidad de cada uno de los vivientes para reubicarse y reintegrarse en la comunidad que contuvo al no viviente, es un ejercicio fundamentalmente privado. El luto, en cambio, es un rito colectivo donde se despliegan diferentas prácticas que permitan volver al precario equilibrio social desde donde se sale y se debe retornar.

Como ritualidad, el luto obliga avanzar desde la separación (lo preliminal), estacionarse en la transición (lo liminal) y terminal en el reingreso (lo posliminal). Realizar a cabalidad esta “pascua” permite un reingreso en paz y así construir el duelo. Para alcanzar esto es necesario que se cumplan, por lo menos, dos condiciones: primero, que la ritualidad se materialice en todas sus formas y etapas, y segundo, que el cuerpo del que ha partido participe desde la separación al reingreso en la forma de una nueva instalación simbólica. Como dije al comienzo, la muerte es un asunto que va del desastre a la resignación.

Cuando el cuerpo no está, queda suspendido el rito en la liminalidad y el duelo se transforma en un permanente e infinito suspenso, donde los deudos deben construir otras estrategias de sobrevida, que estarán cargadas de incertidumbre y desamparo. En ese caso, que es el de los chilenos “detenidos desaparecidos”, no hay velorio, no existe ataúd ni cementerio, que es el territorio destinado al depósito de los cuerpos. La “animita” es una de las muchas formas que toma este ejercicio de muerte sin un cuerpo que resguardar.

En la Región Metropolitana de Chile se han instalado casi tres centenares de memoriales en recuerdo de los chilenos ejecutados y desaparecidos por la dictadura militar. Estos eventos van desde animitas, placas, esculturas, panteones y memoriales. Detrás de cada uno existe una comunidad que se organiza tanto para su construcción como para su mantenimiento. Casi la generalidad está referida a personas muertas y sepultadas, agreguemos a esto que el Estado mantiene un Programa de ayuda financiera para esos efectos.

El año 1993 se concretó la construcción del Memorial de los Detenidos Desaparecidos y Ejecutados instalado en el Cementerio General de Santiago, me refiero al monumento que recuerda y homenajea a todos los detenidos desaparecidos de Chile. En los bordes de este monumento se construyeron dos panteones, donde sepultan aquellos cuerpos recuperados de la desaparición.

En el marco de lo dicho hasta ahora, cabe preguntarse: ¿Qué hace este memorial en un cementerio si los nombrados técnicamente no están muertos sino secuestrados? ¿Acaso, con esta instalación, se pretendió “dar por muerto” simbólicamente a los miles de desaparecidos? ¿Se pretendía poner fin al ¿Dónde están?

Una tarea urgente, en medio de tanta premura y reivindicación no cumplida, es terminar con esa ambigüedad de visitar a nuestras(os) hermanas(os) secuestrados, en el lugar donde dejamos los muertos. Ellos no están muertos mientras no tengamos sus cuerpos y podamos concluir el rito que permita reingresar a esta sociedad a los miles de familiares que esperan. Es responsabilidad nuestra también el obligar al Estado a que se instale en algún espacio público y de libre acceso un verdadero Memorial y no una cripta gigante en un cementerio. No se resolverá con esto la monumental tarea de encontrar los cuerpos, pero no cabe duda que ayudará a poner las cosas en su lugar, cuestión que tanta falta hace en nuestro querido país.

Diciembre de 2011

Memoria del FPMR. Una deuda de la transición.

Memoria del FPMR. Una deuda de la transición.

Aniversario del FPMR: A la dictadura no se la derrotó solo con un lápiz

Su rol en el fin de la dictadura ha sido silenciado por la historia oficial, tal como el de miles que enfrentaron con piedras a los militares en las poblaciones. Sin esos sujetos sociales, se ha construido una versión funcional a la política cupular que ha gobernado el país durante los últimos 25 años.

PATRICIO LÓPEZ·
CHILE, HISTORIA

FPMR

“Con un lápiz y un papel derrotamos a Pinochet”. Esta afirmación de Ricardo Lagos resume la forma en que la transición construyó la versión histórica sobre cómo se combatió a la dictadura. Al hacerlo, se ha desvinculado al evento puntual del plebiscito de 1988 del proceso de luchas de los 15 años anteriores y, más funcional aún, ha contribuido a que un grupo de dirigentes –los del plebiscito- gobernaran sin la participación activa de los millones de chilenos que los pusieron ahí.

Si se tiene en cuenta que la reflexión histórica siempre tiene como propósito ayudarnos a comprender el presente y el futuro, es preciso decir, respecto a ese periodo, que la salida de Pinochet de La Moneda fue obra de acciones multitudinarias y diversas, complementarias aun cuando discreparan sobre el país de después, realizadas en su enorme mayoría por personas que no pensaban en cuotas de poder para sí, sino en la conquista de la libertad y en la construcción de una nueva sociedad.

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Entre ellos, los luchadores populares que el 14 de diciembre de 1983 iniciaron acciones contra el régimen bajo el nombre Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Esta organización, formada por jóvenes comunistas y que tenía como objetivo apurar la caída de la dictadura, se había fraguado desde bastante tiempo atrás con la Política de Rebelión Popular de Masas del PC, pero al presentarse públicamente en ese año de enormes movilizaciones sociales pretendía sumar golpes, en lo militar, a los que las protestas ya habían dado a la tiranía.

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Su hipótesis era que Pinochet nunca entregaría el poder por su propia voluntad. A juzgar por la ya acreditada tentativa de autogolpe de la noche del 5 de octubre de 1988, el diagnóstico era correcto.

El año pasado, el presidente de la Democracia Cristiana, senador Ignacio Walker, afirmó respecto a ese periodo que “esa política militar y paramilitar que fue proclamada oficialmente por el PC no hizo más que servir de pretexto a la dictadura de Pinochet para ejecutar mayores acciones represivas”. La evidencia dice lo contrario: los años donde las violaciones a los derechos humanos alcanzaron su punto más alto fueron, precisamente, aquellos donde no hubo ningún atisbo de resistencia. Por lo tanto la aparición del Frente fue una consecuencia, no un antecedente, de la represión desatada. Menos aún cabe aceptar la deleznable justificación que dio la dictadura para el asesinato de chilenos inocentes, como represalia a las acciones del Frente.

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Pero hay otras cosas que tampoco se dicen. Por ejemplo, que el diálogo político abierto por la dictadura al nombrar a Sergio Onofre Jarpa ministro del Interior en 1983, y que tuvo a la Democracia Cristiana como principal contraparte, jamás se hubiera producido sin el multitudinario ánimo de desobediencia civil en el país. En aquellas jornadas había en los hechos una complicidad entre las acciones del Frente y las protestas poblacionales, puesto que los apagones protegían más de la represión a los manifestantes. Tampoco se hace suficiente mención a que el atentado a Pinochet –diferencias políticas aparte- derrumbó en los hechos la idea de la invulnerabilidad del régimen, y por lo tanto despejó las condiciones para una salida política a través del plebiscito, aun cuando esa acción terminó por romper la relación entre el Frente y el Partido Comunista.

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En el análisis de los posibles escenarios posteriores a la dictadura, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez planteaba que si ésta no era derrotada en el ámbito de la política y en el ámbito de la fuerza, la negociación con sus autoridades perpetuaría el modelo de sociedad injusto construido por el régimen. El paso del tiempo permite reconocer que ésa tampoco fue una idea peregrina.

Por cierto, no es posible proponerse una sola mirada histórica que abarque lo que fue el Frente en los ‘80, puesto que, además de sus quiebres políticos y la caída de muchos de sus militantes, hasta el día de hoy persisten entre quienes lo integraron diferentes apreciaciones. Pero sí debe decirse que sin su acción de resistencia, tal como la de millones de jóvenes y pobladores, Pinochet se hubiera perpetuado en el gobierno.

En ese sentido, la transición tiene una deuda con ellos. El periodista Juan Cristóbal Peña nos recordaba, a propósito de su libro “Los Fusileros” sobre el atentado a Pinochet, que todos los militantes pagaron un alto costo por su compromiso. Ninguno de ellos logró una sólida posición personal, económica o social en el Chile de la post-dictadura. Al revés, fueron considerados un lastre por las nuevas autoridades y hasta el día de hoy viven en una suerte de nebulosa social.

Imagen que encabeza el libro "Los Fusileros"

Este nuevo aniversario del Frente Patriótico Manuel Rodríguez nos da una nueva oportunidad de mirar con honestidad nuestro pasado, lo cual pasa, en primer lugar, por reconocer que el lápiz y el papel fueron un paso más de un proceso de lucha diversa, donde los combatientes también hicieron un aporte. Y, en un plano más general, aprender de la historia que solo la movilización social produce transformaciones, mientras que la política cupular tiende a perpetuar el statu quo.

Ver Original

Patricio LópezVía Radio UChile

SEPTIEMBRE .

SEPTIEMBRE

https://www.facebook.com/notes/alma-negra/septiembre-alma-negra/159705370781082

 

(ALMA NEGRA)
13 de septiembre de 2011
En la calle Romero de mis recuerdos, Septiembre huele a fachadas recién pintadas, olorosos asados y empanadas, vino y chicha de los boliches de la esquina del pecado, donde las niñas que tratan de tú lucían sus encantos para atraer clientela. Y claro, el brote de los volantines, de las ñeclas para los más chicos, del pavo que mi tío Ernesto con hilo curado y su cañuela, elevaba desde el techo de la casa de la abuela Teresa inaugurando las comisiones, los volantines cortados, las carreras de decenas de niños con cañas y ramas intentando atrapar a los esquivos pájaros de papel liberados. Y que decir de las cuecas tocadas en el piano por los viejos que concurrían al Colmao a tomarse sus pencazos. Me pasaba la tarde entera escuchando la alegría chispeante, las tallas doble sentido y esa felicidad de pobres que inundaba calle Chacabuco.

Cuando nos fuimos a la Población El Pinar, Septiembre adquirió otro sabor: era el desfile de la Escuela en la calle principal, el “estreno” de la pinta diciochera, la banda de guerra amaranto de la Jota, los camisas grises de la juventud socialista, las fondas del trago barato y las cuecas interminables, las peleas de borrachos, los simulacros de peleas de los muy borrachos, el circo que llegaba al peladero justo al lado de los “juegos” cuyo parlante no cesaba de enviar mensajes de amor, de perdón, de reconciliación entre las parejas de nuestro mundo construido alrededor de la fabrica Sumar.

Sólo una vez me aventure a mirar la parada y fue desde lejos. En mi cabeza siempre estaban presentes los asesinados en la vía férrea de la José Maria Caro, los baleados por un helicóptero en La Legua y el Pinar para el paro de la CUT contra los chiribonos, y por supuesto un poco después, en plena adolescencia, los asesinados en El Salvador y Puerto Montt. Claro que cuando niño había disfrutado las aventuras radiales de Adiós El Séptimo de Línea, o las canciones de los Cuatro Cuartos dedicadas a las FFAA, pero no era suficiente para resolver esa desconfianza que me producían los uniformados. ¿Para que existían si Perú, Argentina y Bolivia eran países tan pobres como nosotros? ¿Había otra razón para tantas armas si como nos enseñaba la canción escolar Argentina, Brasil y Bolivia, Colombia, Chile y Ecuador…“ son hermanos soberanos de la libertad”

Cuando se levantó el General Viaux en el Tacna, yo andaba ya mirando chiquillas y militancia. No tuve miedo y fui uno de los tantos que concurrí esa tarde a las cercanías del regimiento a gritar y enfrentar a mano pelada el conato golpista. Fue determinante para enterrar para siempre algún tipo de recuerdo grato de “gestas heroicas” de uniformados, algo que me persiguió durante mis primeros años de militancia revolucionaria y en las tareas que luego asumiría, junto a una cincuentena de militantes, de resguardar al presidente Allende. Porque Septiembre fue entonces el día 4, el día del triunfo de Allende, esperanza de los pobres, esperanza de cambio, anhelos de un pueblo entero de poner fin a la esclavitud moderna y la dependencia y del inicio de un periodo distinto de lucha por la libertad, por un mundo nuevo…aunque de reojos no perdíamos los movimientos de los patrones, de los conspiradores, de los golpistas. Septiembre durante esos años se convirtió entonces en una fecha complicada: muchos uniformados juntos, peligro de golpe militar.

Y fue precisamente Septiembre, que como dice Silvio, nos hizo “bajar a la tierra, perdón quise decir a la guerra”. Ya no emboques, ni trompos, ni cazuelas, ni curantos, ni chicha en cacho. La histórica sed de acumulación de riquezas de los dueños del poder lanzaban bombas, ametrallaban, salían pintarrajeados (¿encapuchados?) a cazar dirigentes sociales, militantes de la unidad popular, a la señora de la JAP, al dirigente estudiantil, a la oradora de la ultima manifestación, al chico que había pintado al Ché en su bolso escolar, al obrero que había osado subirse a un cajón y arengar a sus iguales a tomar el control de la fabrica, al hombre de ojotas que recuperó tierras corriendo cercos. Era la cacería mirada por un país de señoritos gozosos, de patrones y crumiros que izaban bandera celebrando la heroica gesta de los nunca derrotados armados hasta los dientes contra un pueblo desarmado que no había querido aprender las lecciones de la historia.
Fueron los Septiembres Negros, de mujeres como Marta Ugarte lanzadas al mar sin que existieran miles de personas mirando por la televisión su búsqueda, de mujeres estranguladas como Lumi Videla, de tantos y tantos fusilados, degollados, lapidados vivos como los de Lonquen, colgados, asfixiados por los buenos alumnos de maestros brasileños, israelíes, alemanes y norteamericanos.

Fueron duros esos Septiembres para quienes estábamos encarcelados. Días de encierro temprano, de suspensión de visitas, de recordar a los caídos y a los que estaban cayendo, de aferrarse a la certeza que algún día derribaríamos a la dictadura. Días en que sentíamos la solidaridad de la población penal común que golpeaba latas, que se amotinaba, en solidaridad con “los políticos”, los “prisioneros de guerra” los “humanoides”. ¡Como vamos a olvidar al gendarme que se mofaba de nuestro estado!!Como nos vamos a olvidar de ese otro gendarme que en silencio traía un recado, una palabra de aliento, un mensaje clandestino!

Y septiembre en el exilio era traumático. Debe existir por algún lado el registro de las depresiones, de las lagrimas derramadas, de los nudos en la garganta, de los gritos desgarrados en los actos de denuncia de los primeros años, de la ira sorda de los testimoneantes: “Yo soy fulana de tal, trabajadores, detenida por la DINA, a mi me torturo salvajemente el Guatón Romo y me violaron los guardias, Estuve en Villa Grimaldi con Jose, Hernan, Alberto y Maria todos ellos ahora Detenidos Desaparecidos…”

Maldito Septiembre de aquellos años de derrota más profunda y de festín de la jauría. Del odio feroz que se acumulaba. Si, odio, odio que persiste aun cuando hoy nos hablen de reconciliación, de justicia dentro de lo posible. Odio acumulado, rencor puro contra los que destruyeron los sueños y la vida de toda una generación de luchadores sociales intachables, mismo odio que se elevó más y más cuando el pueblo comenzó a salir de su letargo y a golpear con la Resistencia Popular primero, luego con los Paros y protestas nacionales, con el Frente Patriótico y las fuerzas del Lautaro. ¿Has olvidado Fuente Ovejuna? ¿Has olvidado Corpus Cristo? ¿Has olvidado a Sebastián Acevedo? ¿Has olvidado a los degollados, a los quemados, a los explosionados, a los quemados en vehículos, a los de Neltume, a los de Concepción, a Arcadia Flores, a Luís Díaz, a Palito, Aracelli Romo, a los hermanos Vergara?

Porque ya no fuimos más los ingenuos poniendo la otra mejilla y aceptando las reglas del verdugo es que nos levantamos ayer, anteayer y nos levantamos hoy. Porque aprendimos, como decía el Ché, que un pueblo sin odio no puede vencer. Y fuimos capaces de construir fuerzas que llevo el dolor a las casas del enemigo. Y vimos sus centros de diversión y consumo arder, y vimos a sus perros guardianes lamerse las heridas, y vimos miles y miles de luciérnagas encendidas en protestas y paros iluminando caminos, y vimos a la escolta del tirano huir despavorida, y a los “aguerridos” violadores de mujeres prisioneras indefensa con sus rostros desfigurados al ver al pueblo armado encarándolos y castigándolos. Claro que ahora ya no fuimos “humanoides”, ni “prisioneros de guerra”, al devolver golpe por golpe fuimos “terroristas” “subversivos” “criminales”.

Septiembre sigo siendo ajeno para nosotros, desde que se instaló la Concertación y la pseudo democracia , esa “especial” democracia inventada por la Trilateral Comisión gringa para nuestro Tercer Mundo, la democracia “restringida” sinónimo de Contrainsurgencia.
Años tras año, a contrapelo del olvido decretado, las barricadas se encienden, las poblaciones corcovean. Con nuevas razones.
Razones con rostro de bailarina, de mapuches, de obreros forestales, de joven evangélico.

¿Has Olvidado como fue muerto Ariel? ¿Enrique Torres, Ignacio Escobar,Sergio Valdes? ¿Acaso no recuerdas a Alexis y Fabián? ¿Ubicas a Andrés Soto, a Mauricio Gómez, a José Miguel Martínez? ¿Te olvidaste de Pedro Ortiz,, de Rene Largos Farias, José Araya Ortiz? ¿Existe algún lugar en tu memoria para recordar al viejo Sergio Calderón? ¿Y los de la masacre de la micro en Apoquindo: Yuri, Raúl, Alejandro? La lista se extiende a lo largo de Chile y del tiempo: Claudia López, Daniel Menco, Alex Lemun, Zenen Díaz, José Huenente, Juan Collihuin, Rodrigo Cisterna, Matías Catrileo, Johnny Cariqueo, Jaime Mendoza, Daniel Riquelme y este año Manuel Gutiérrez.

Por estos muertos, nuestros muertos la televisión no realizó programas especiales, no hubo duelo nacional, no se movilizaron recursos para auxiliar a los heridos o buscar los desaparecidos.

Ellos solo viven en nuestra memoria y seguirán vivos ahí mientras exista lucha y quienes retomen su ejemplo.

Septiembre no nos devuelve aún la alegría del desfile en la población, del trompo, los volantines y pavos, las cuecas en piano, el compartir la empanada y el curanto con el milico patas hedionda o el chancho de maquina marino.

Septiembre de este año nos trae las brisas de una nueva generación de luchadores sociales, principalmente estudiantiles, que desafían al poder en sus cimientos. Ojala que la brisa se convierta en vientos, y los vientos en Raco, en Puelche, en Pampero, Terral, Puihua, vientos huracanados de un pueblo que derribe de una vez y para siempre el dominio de los poderosos, construyendo un Chile Popular y devolviéndonos la alegría de un Septiembre de los Pobres.EX Presos Políticos BN perfil HiginioRelacionados

Guillermo Rodríguez Morales, “El Ronco”- Alma Negra en facebook, y editor de almanaquenegro2.blogspot.com/ es un prolífico escritor de libros, crónicas, recopilaciones y permanente presencia en actividades donde la memoria colectiva de nuestro país se construye desde abajo. Artesano, sobreviviente y protagonista.

Lanigrafías, artesanía carcelaria.

http://issuu.com/felipesebastianmoralesleon/docs/catalogo2#

 

 

 

Algunas Notas

 

https://www.facebook.com/notes/alma-negra/defensa-politica-frente-a-consejo-de-guerra-1981/382242635194020

https://www.facebook.com/notes/alma-negra/versos-para-caneros-alma-negra/446627502088866

https://www.facebook.com/notes/alma-negra/envenenados-capitulo-12-de-destacamento-miliciano-jose-bordaz-guillermo-rodrigue/569894383095510

https://www.facebook.com/notes/387652474653036/

https://www.facebook.com/notes/alma-negra/solo-el-pueblo-defiende-al-pueblo/685701941514753

 

El “problema” que rodea a las asociaciones de derechos humanos: “hallar los huesos de los detenidos desaparecidos”

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14/09/2014 |Por Mario López Moya

La difícil tarea de encontrar los restos de detenidos desaparecidos, se debe a una política expresa de la dictadura destinada causar dolor a las familias y dificultar la identificación. A pesar de ello, las familias de las víctimas han encontrado las formas de obtener del estado democrático un apoyo en la búsqueda de verdad y justicia

Patricio Bustos es, sin dudas, un personaje especial. Mientras estudiaba medicina en Concepción y militaba en el MIR., lo sorprendió el Golpe de Estado. Si bien en una primera etapa logró salvar ileso, luego fue detenido y pasó “por 7 lugares de horror: Villa Grimaldi, Clínica Santa Lucía, Cuatro Álamos, Tres Álamos, Puchuncaví, Silva Palma y el lugar donde me operaron”, recuerda.
Llama la atención entre otras cosas su estilo pausado, íntegro, sereno y con mirada de futuro. “Estoy renovado -señala-, aunque nunca tanto”. Lleva ya 7 años al frente del Servicio Médico Legal (SML), donde ha debido enfrentar gobiernos de distinta visión. Fue designado por la Presidenta Bachelet en su primer mandato y ratificado luego por el expresidente Piñera y nuevamente por Bachelet, en su segundo mandato.
Ha sido un importante aporte (vital, reconoce una fuente de los familiares de víctimas de la dictadura) en la causa de encontrar e identificar restos de detenidos desaparecidos y ejecutados políticos. Pero no puede dejarse de lado que él, junto a su mujer, también fueron víctimas de la represión. En un diálogo sincero, no exento de emoción, por instantes, habló con Cambio21 y nos dio, en un mes tan simbólico en la causa de los derechos humanos, una visión distinta, una mirada que vale la pena conocer.
Un proceso lento
“No ha sido un problema de medios, no me quejo -señala-, pero sí hay que tener en cuenta varios elementos para entender por qué es lento el proceso, más de lo que uno quisiera. Los hechos ocurrieron hace 41 años. En ese periodo comenzaron los secuestros, los crímenes, las torturas”.
“¿Qué hace la dictadura cuando se encuentran los Hornos de Lonquén? -se pregunta-, la dictadura, de puño y letra, promueve el ‘retiro de televisores’, que no es otra cosa que la exhumación y el ocultamiento de los restos”.
Las trabas
“Recuerdo que cuando en esta oficina, al lado nuestro -indica el doctor Bustos-, un ministro al entregar una identificación (de restos), dijo ‘aquí estamos quebrándole la mano, a la acción de encubrimiento más grande de la historia de Chile, la operación ‘retiro de televisores’“.
“Otro caso -señala-, es la Operación Cóndor, o el tráfico de detenidos implementado por las dictaduras de América Latina. No puedo dejar de recordar el caso de Jorge Fuentes Alarcón, con quien estuve y fue secuestrado en Paraguay y luego llegó a Argentina… y lo encontré más tarde en Villa Grimaldi en septiembre de 1975 y luego desaparece en enero de 1976″.
“Las dificultades para dar con los detenidos desaparecidos, es aquello que nos impide identificarlos. No es un tema de genética ni de antropología ni de tanatología, es un tema de historia de Chile y tiene que ver con la acción de encubrimiento más grande, que no es obra solo de la dictadura cívico-militar, como estructura, es parte de todos aquellos que pudieron hacer algo y no lo hicieron”, manifiesta.
Los familiares
“Nuestro tema no es de dónde sacar ADN, el tema es encontrar los huesos. Los avances que nosotros tenemos se deben a los familiares, tanto de Detenidos Desaparecidos, de Ejecutados Políticos, de las mujeres de Calama, que recorrieron el desierto buscando las osamentas, de quienes dieron la lucha en Chihuío, en Paine, en Lonquén, en el Patio 29, en fin”.
“Ellos han sido la fortaleza ética que ha permitido que en Chile las agrupaciones de familiares de víctimas interpelen al estado democrático, para que responda por lo que hizo el estado terrorista. Las dificultades entonces no están ni en la técnica ni en la ciencia. Los recursos de que disponemos son los adecuados para hacer nuestra labor de avanzar en el proceso de identificación de víctimas”.
Los errores
Fuerte resultó en su momento tener que decirle a un familiar cuyos restos habían sido “identificados”, que hubo un error en eso. Que pertenecían a otra persona. Por eso el rol que han jugado las agrupaciones de familiares de víctimas ha sido vital para el doctor Bustos.
“Los errores en identificación de restos de detenidos desaparecidos se produce porque, por un lado las técnicas disponibles en su momento, no tenían la precisión de que disponemos hoy día, por otro lado, hay que recordar que en octubre de 1973 el SML se encontraba intervenido por un delegado militar. Tampoco puede olvidarse que al salir el dictador se nos entregaron todos los servicios públicos desmantelados y el SML no fue la excepción”, asegura.
“Hemos identificado más de la mitad de los 124 esqueletos chilenos del patio 29, entre ellos dos extranjeros, sin embargo no nos sentimos contentos, si bien estamos tranquilos en lo que estamos haciendo el día de hoy pues lo que estamos haciendo es en base a la genética, que es certera científicamente”.
Los dinamitaron, quemaron, ocultaron
“Cuando teníamos condiciones favorables, como datos de las familias, cuerpos completos, etc., que permitieran identificar personas, pudimos hacerlo mediante otros métodos que no eran los genéticos, y hay casos en que están muy bien hechos. Eso sucedió con ejecutados políticos en general. Pero no hay que olvidar que en el caso de los detenidos desaparecidos en particular, hubo grandes dificultades debido a los ocultamientos de restos, a que los enterraron de más de uno ‘para ahorrar’, como señaló el dictador”.
“Nosotros estamos enfrentando un problema de degradación de ADN, pues los cuerpos fueron trasladados, ocultados una y otra vez, dinamitados, expuestos al sol del desierto, enterrados quemados, etc.”, manifiesta Bustos.
“No busques más, lo encontramos”
“Decirle a un familiar, éste es tu ser querido que estabas buscando, lo describo como un momento de tranquilidad respecto a la certeza, porque humanamente, no solo como valor, sino que más todavía, cuando uno representa una institución de este tipo, se tiene que trabajar con la verdad y decir… estoy en condiciones de hacer este proceso y quizás obtener un resultado, pero nunca asegurar un resultado antes de tener la certeza científica, esa es la tranquilidad que uno le transmite a las personas”.
“Para los familiares el dolor de la pérdida se ratifica y se abre un proceso no solo de duelo, sino que se abren mayores posibilidades de aplicar justicia y uno espera que ello suceda”, reflexiona Bustos.

Las mentiras de la “historia oficial”. Arturo Alejandro Muñoz recuerda la historia, la verdadera

Tal día como hoy se recuerda la traición y la infamia de unos, y la lealtad y el heroísmo de otros. Lejos de nosotros la idea de sepultar a los héroes bajo túmulos de flores para que no se vean y sean definitivamente olvidados.
Arturo Alejandro Muñoz recuerda la historia, la verdadera. Esa que han ocultado sistemáticamente durante décadas, para hacernos tragar la píldora del “jaguar” sudamericano.
En la imagen, tres figuras históricas leales.
Julio Cortazar, Hortensia Bussi de Allende y Gabriel García MárquezTenchaGGMJC
Las mentiras de la ‘historia oficial’En estas líneas no está la totalidad, sólo se expone un número mínimo, necesario para sembrar la duda cartesiana y comenzar la discusión reflexiva que nos lleve hacia la luz de la verdadescribeArturoAlejandroMuñoz¿Por qué en Chile son escasas las personas que se atreven a decir lo que piensan y sienten respecto de situaciones históricas y/o políticas que de manera distorsionada e interesada han sido parte de una educación formal llena de yerros?

Convengamos que son demasiados los compatriotas cuyo interés principal reside en cuidar puntillosamente su lenguaje, al grado de desvirtuar incluso sus propios sentimientos.

No pertenezco a ese enorme grupo que privilegia la calma y tranquilidad por sobre la honradez en el actuar y en el opinar. Asumo las consecuencias de tal actitud, sabedor de que algunas de mis opiniones provocan estertores estomacales en los amigos de lo ‘políticamente correcto’.

Comentaré asuntos en los que, estoy seguro, usted coincide de algún modo con mis opiniones, pero (reconózcalo) nunca se ha atrevió a explicitarlo. No se preocupe, son MIS comentarios, usted solamente asienta o disienta con un leve movimiento de cabeza. Así quedará libre de responsabilidad penal ante cualquier estropicio cometido por el suscrito al respecto.

Diego Portales, ícono de militares
Aquí se confirma la exactitud y veracidad de la opinión popular que señala cuán ignorantes son “los milicos patas hediondas” (gracejo muy usado en las décadas de los años 1940 y 1950 al referirse a los uniformados).

Pinochet, ladronzuelo y traidor, fue quien más recurrió a la figura de Portales para engañar a la gente haciéndole creer que el durísimo tri-ministro era particularmente admirador de la soldadesca. ¡Falso!

Diego Portales, aún siendo un decidido ‘pelucón’ (derechista), tenía pésima opinión de los militares; baste saber que se opuso tenazmente al regreso de O’Higgins a Chile desde su destierro peruano. Además, quiso fusilar al general Ramón Freire (al que acusó de ‘traidor y mentecato’)… y por último, sabedor de cuán inútiles y sediciosos eran los uniformados, creó, organizó y dirigió las “Guardias Cívicas”, a las que vistió y armó con prolijo cuidado para oponerlas al poder bélico y político del ejército regular (de ese mismo ejército que en Quillota lo apresó y, al día siguiente, en las alturas del Barón, en Valparaíso, lo asesinó).

Ejército de Chile, ‘vencedor, jamás vencido’
Otra falacia del tamaño de una catedral. El año 1891, en plena guerra civil desatada por los capitalistas que manejaron a su amaño al Congreso y a la Armada, en las batallas de Placilla y de Concón la marinería derrotó al ejército que apoyaba al presidente José Manuel Balmaceda.

Es cierto, muy cierto, que ese ejército fue leal a la Constitución y a las leyes apoyando al presidente Balmaceda, pero también es cierto que fue derrotado, que rindió sus armas y estandartes al enemigo… aún más, muchos oficiales, traicionando sus juramentos, aceptaron cambiar de bando e integrar las filas de la triunfadora Armada. ¿Ejército ‘jamás vencido’?

Los héroes del 11 de septiembre
Esos héroes no fueron militares. Augusto Pinochet, Gustavo Leigh, César Mendoza y José Toribio Merino apostaban por el exterminio total de toda huella de izquierdismo, y con mayor razón si este había mostrado rasgos de heroicidad en los enfrentamientos con las tropas regulares del ejército, la fuerza aérea, la armada o carabineros.

La heroica defensa de La Moneda el martes 11 de septiembre de 1973, fue uno de los hechos que los cuatro generales golpistas deseaban evitar que fuesen conocidos por la opinión pública.

Veintiún civiles, mal armados, mal entrenados la mayoría de ellos (o sin entrenamiento militar ninguno, en el caso de los asesores del Presidente), aislados y carentes de apoyo logístico, no sólo mantuvieron a raya a tres regimientos completos (Tacna, Buin y Blindado) durante cuatro horas, sino, además, provocaron bajas severas en las filas uniformadas disparando desde los balcones de La Moneda, ayudados exclusivamente por algunos francotiradores leales al gobierno, apostados en los edificios aledaños a la Casa de Toesca.

La Guardia no abandona al Presidente (al menos, una parte de ella –detectives– ya que la otra parte –carabineros– se retiró del lugar a media mañana), y el GAP tampoco… esos fueron los héroes de La Moneda que defendieron con sus vidas la institucionalidad democrática, la Constitución Política y la Presidencia de la República (olvidados y menospreciados por la Concertación y la Nueva Mayoría…).

Quizá, debido a la vergüenza, el coronel Joaquín Ramírez quería ‘fusilarlos en el acto’, allí, en calle Morandé, cuando los defensores de La Moneda –por irrestricta órdenes del Presidente de la República– habían depuesto las armas.

Los 21 prisioneros fueron fusilados en Peldehue (Fuerte Arteaga) el 13 de septiembre de 1973. Sus restos en sacos –según el testimonio del suboficial Eliseo Cornejo, testigo de los luctuosos sucesos– habrían sido lanzados al mar desde un helicóptero Puma.

Militares, y ultraderechistas muertos a manos de combatientes, no fueron ‘asesinados’
Hasta el día de hoy, algunos sectores políticos continúan llorando y exigiendo a viva voz ‘justicia’ para sancionar legalmente a aquellos combatientes de izquierda que segaron las vidas de algunos altos oficiales de las fuerzas armadas, de varios miembros de la DINA/CNI y de un relevante responsable directo del golpe de estado y la posterior masacre de civiles (Jaime Guzmán).

Esos sectores políticos (principalmente UDI y otros nacionalistas) parecen olvidar que la junta militar golpista informó urbe et orbi, el martes once de septiembre de 1973 –reiterándolo hasta la saciedad los días y meses posteriores– que el país estaba “en guerra”, vale decir, esa junta militar declaró la guerra a las fuerzas políticas que no manifestaban apoyo al golpe y a la sedición.

Un sector de esas fuerzas (MIR y FPMR) respondió a tal declaración abatiendo a tiros a individuos como Carol Urzúa y como a todos los uniformados caídos en un combate declarado unilateralmente por ellos mismos.

¿Por qué chillan hoy día entonces los megaterios de la UDI y otros similares? Si declararon la guerra, ¿qué esperaban? ¿Qué el ‘enemigo’ se quedase quieto, no hiciera nada y se dejase degollar?

Chile le debe su desarrollo a la empresa privada
¡Falacia absoluta!
Período 1939 – 1973: el violento terremoto que en el mes de enero de 1939 destruyó las ciudades de Chillán y Concepción cobrando más de treinta mil víctimas, apenas iniciado el gobierno de Pedro Aguirre Cerda, otorgó al mandatario radical la posibilidad de crear la CORFO (Corporación de Fomento de la Producción), institución fiscal que durante más de cuatro décadas investigó, propuso, invirtió (dinero del estado chileno) e inició exitosamente actividades fabriles y productivas en áreas donde la empresa privada había asegurado que ‘no existía posibilidad alguna de gerenciar ni administrar nada’.

Sin embargo, la CORFO lo hizo exitosamente. Ahí estuvieron, en su momento, empresas de total éxito como CAP (Huachipato), ENAMI, SERCOTEC. INACAP, IFOP, SENCE, IANSA, ENDESA, la UTE, Centrales Hidroeléctricas, Chile Films, ENAP, MADECO, ENTEL, TVN, y una multitud de empresas (más de 300) de rubros varios, como textiles, metalmecánica, agrícola, maderera, pesquera, automotriz (Fiat, Citroën y Peugeot), vestuario, etcétera. Decenas (quizá centenares) han sido las pioneras empresas creadas por CORFO, las cuales, una vez demostradas sus capacidades ‘económicas’, fueron EXIGIDAS por los capitales privados como elementos aptos para la privatización.

Período 1964-1973: durante dos siglos los terratenientes criollos mantuvieron sus propiedades en el más absoluto nivel de “no producción”, puesto que el 60 % o el 70% de esos extensos kilómetros cuadrados o hectáreas de fundos y haciendas estaban improductivos, dejados a la mano de Dios, constituyendo simples e inútiles paisajes.

El presidente Jorge Alessandri Rodríguez (1958-1964) inició, aunque tibiamente, el proceso de reforma agraria que sería incrementado y terminado por los mandatarios Frei Montalva (1964-1970) y Allende Gossens (1970-1973) a través de instituciones como CORA, INDAP e INIA.

Una vez que esos gobernantes triunfaran demostrando que Chile sí podía ser una potencia en producciones frutícolas y madereras (todas ellas, hasta ese momento, administradas por el Estado), los inversionistas privados, histéricamente, exigieron al gobierno de turno (era entonces el momento de la espantosa dictadura militar) la “venta” (privatización o regalo, en realidad) de todas las empresas fiscales, incluyendo las agrícolas, lo que se efectuó vergonzosamente durante el último año del gobierno dictatorial pinochetista (principalmente en el segundo semestre de 1989), a precios risibles, en condiciones insignificantes en su cuantía monetaria. Fue, sin duda, el mayor robo conocido en la Historia de Chile.

Período actual: y para qué hablar de los ‘regalos’ efectuados por el duopolio Alianza-Contratación a mega empresarios particulares, como ocurrió con los glaciares del Norte (Barrick Gold), las salmoneras y bosques en el sur, las reservas de agua en la zona austral, el borde costero, el mar chileno, los nuevos minerales cupríferos, y un etcétera tan largo como día lunes, pero siempre con la prospección, apoyo e inversión y primera administración del Estado.

Por cierto, este caso podría extenderse mil líneas más relatando ejemplos indesmentibles respecto de cómo los ‘privados’ han aprovechado el esfuerzo de gobiernos y sociedad civil chilena para agenciarse exitosas empresas descubiertas, iniciadas y estructuradas por el Estado, a bajo precio merced a las dádivas de los yanaconas que pululan en el Legislativo y en el Ejecutivo, a quienes la prensa servil y las tiendas partidistas apoyan.

En resumen, los inversionistas privados no han arriesgado un mísero centavo en proyectos, fábricas y empresas que el Estado no hubiese ya iniciado comprobando su rentabilidad.

La izquierda es innecesaria e inútil, sólo la derecha es fecunda
Aquí, en este caso, la cuestión es prácticamente al contrario. Si jamás hubiese existido una izquierda política y social, hoy el mundo estaría asfixiado por la miseria, hambruna y el racismo profundo. ¿Leyes laborales? ¿Sistemas de previsión social? ¿Justicia medianamente imparcial? ¿Sufragio universal? ¿Preocupación por los derechos humanos, por el medio ambiente, por la niñez? ¿Liberación femenina?

Nada de eso interesó a los dueños del capital durante la época victoriana cuando comenzó la revolución industrial… y tampoco preocuparía hoy a los ultra capitalistas si no existiese una izquierda que cautele los mínimos derechos de la mayoría de los seres humanos.

En Chile la mayoría de los mega empresarios, así como casi la totalidad de los poderosos latifundistas terratenientes, han logrado sus fortunas robando, expoliando, evadiendo impuestos, corrompiendo a las autoridades locales y nacionales, e incluso asesinando (por mano propia o por medio de sicarios como jueces venales, militares y policías). La mayoría de esos enriquecidos empresarios y latifundistas provienen de familias clasistas, sediciosas, ladronas. Y es fácil comprobarlo recurriendo a la Historia.

Por ello, la izquierda ha sido, es y seguirá siendo, más que necesaria, vital. Ojalá, además, pueda también ser gobierno… pero me refiero a la verdadera, a la izquierda-izquierda, no a esa mescolanza avinagrada de retazos politicastros reconvertidos al capitalismo que volvieron del exilio –luego de largas estadías en países industrializados– dispuestos a transformarse en ‘hijos pródigos o mayordomos’ de sus antiguos adversarios, traicionando a sus electores y a su propia historia.

Podría continuar con muchos otros tópicos y ejemplos, pero creo que los mencionados en las líneas anteriores son suficientes para comenzar la discusión, la reflexión crítica y el cambio (al menos, de actitud). Ahí se los dejo…. pero si a usted le parece insuficiente, avíseme, ya que no tengo empacho ni problema para entregarle más y más información respecto de una montonera de casos, personajes y hechos que conforman el falaz estado de cosas que el establishment actual, interesadamente, le vende a la ciudadanía.

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