Incorporando a la memoria la historia del periodista revolucionario Agusto Carmona, el Pelao…

Incorporando a la memoria la historia del periodista revolucionario Agusto Carmona, el Pelao…
Justicia 40 Años despues

Por Lucía Sepúlveda Ruiz

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Por el asesinato del periodista y dirigente del MIR, Augusto Carmona Acevedo, cometido por la CNI el 7 de diciembre de 1977 cuando él tenía 38 años, fueron condenados, 40 años después, algunos de los responsables. Augusto, “el Pelao Carmona”, padre de mi hija Eva María, fue mi compañero en los inolvidables años de la […]

Por el asesinato del periodista y dirigente del MIR, Augusto Carmona Acevedo, cometido por la CNI el 7 de diciembre de 1977 cuando él tenía 38 años, fueron condenados, 40 años después, algunos de los responsables. Augusto, “el Pelao Carmona”, padre de mi hija Eva María, fue mi compañero en los inolvidables años de la Unidad Popular y luego en la lucha antidictatorial. Eva María y Alejandra, su otra hija, crecieron sin él. Sus seis nietos irán conociendo la verdad histórica, aun cuando ello no borrará el dolor de la ausencia.

 

Alejandra y Eva María Carmona conferencia de prensa condena ex agentes CNI

Alto dirigente del MIR en la clandestinidad, Augusto había sido ex jefe de Prensa de Canal 9 de TV de la U de Chile y redactor de la revista Punto Final. El crimen fue presentado por la dictadura y los medios como un enfrentamiento.

La querella interpuesta en 2003 para impugnar la amnistía impuesta en 1993, era contra Augusto Pinochet y todos los que fueran responsables. Como familia, habíamos vivido con júbilo la detención de Pinochet en Londres. Era lo más cercano a la justicia y a la reparación. El hecho había remecido a la justicia chilena. Pero la impunidad persistió, con trucos judiciales para dilatar los procesos, entre otras movidas que permitían el avance de la “impunidad biológica”: El año 2006 muere Pinochet sin pagar por este ni ningún otro crimen. Fue en el Día Internacional de los Derechos Humanos, que coincide con mi cumpleaños…No hubo regalos de la justicia para nosotros en estos años.

Iban muriendo los criminales mientras los padres de los ejecutados detenidos desaparecidos partían sin conocer verdad ni justicia, tal como ocurrió con don Augusto y la señora María Acevedo, los padres del “Pelao”. Sin embargo, viva está la constitución pinochetista, al igual que el modelo económico implantado entonces y perfeccionado por la Concertación/Nueva Mayoría. Sólo a través de la lucha social de los de abajo, y los terremotos irrumpe el verdadero rostro del país por el que se jugaron y entregaron su vida “Oslo” y miles de compañeros y compañeras. La corrupción y el envilecimiento de la política, la corrupción y el saqueo de los bienes comunes se nutren de la impunidad y de la tolerancia a las prácticas de tortura instaladas en distintos ámbitos de la acción del Estado, sea con los menores, sea en las comunidades mapuche allanadas y militarizadas o en las cárceles.

Privilegios de criminales

En este marco llega finalmente la sentencia de la Corte Suprema: a 10 años y 1 día a los ex brigadieres de ejército Miguel Krassnoff y Manuel Provis Carrasco; al mayor (r) de ejército Enrique Sandoval Arancibia y al coronel (r) Luis Torres Méndez, así como los ex suboficiales del ejército José Fuentes Torres y Basclay Zapata. Menciono sus grados porque en Chile ningún criminal ha sido degradado, pero la sentencia judicial sólo los individualiza por sus nombres. Los criminales reciben legalmente las generosas pensiones que se autoasignaron las Fuerzas Armadas mientras condenaban al resto de los chilenos a jubilar con las miserables pensiones del sistema de las AFPs. Mientras escribo, me pregunto además si este año Krassnoff podrá gozar en libertad de su pensión de $ 2.489.658, ya que otros criminales con condenas por delitos de lesa humanidad ya han obtenido la libertad condicional. El monto de la pensión se conoció por la lista entregada por el Consejo para la Transparencia al diario La Tercera recientemente.

En el procesamiento inicial del ministro en visita Leopoldo Llanos (2005) la lista de criminales era encabezada por Odlanier Mena, director de la CNI, que estaba con condicional por otro homicidio y se suicidó (2013) eludiendo su responsabilidad. Los agentes que declararon en el proceso por el asesinato de Augusto Carmona aseguraron que desde el reemplazo de la Dina por la CNI, a mediados de 1977, con Odlanier Mena como director, todos los operativos de exterminio debían contar con su autorización previa. La Brigada Roja (sucesora de la Halcón) fue la encargada de llevar a cabo la ejecución de Augusto Carmona, operación supervisada por Krassnoff – quien dirigió todos los operativos contra el MIR – bajo el probable mando operativo de Manuel Provis. Mena llegó al lugar de los hechos pocas horas después.

Periodista de trinchera

Carmona tuvo una destacada carrera en el periodismo nacional, donde fue jefe de prensa de Canal 9 de TV –entonces de la Universidad de Chile- elegido por los trabajadores que ocuparon la estación en agosto de 1972, intentando detener el avance del golpismo. Tras el golpe militar, él escogió los riesgos de la lucha de resistencia, aunque su salud era precaria por haber sufrido una compleja operación al corazón. En esos primeros años en que sólo existía la prensa adicta a la dictadura, el “Pelao Carmona”, ahora “Oslo”, comenzó a organizar la red de periodistas que recolectaba noticias sobre los crímenes de la DINA, y testimonios sobre la existencia de detenidos desaparecidos, enviándolas al “Correo de la Resistencia”, en México. Carmona era miembro del comité central del MIR en la clandestinidad. Como encargado de las relaciones políticas, se reunía con dirigentes de la izquierda y un sector de la Democracia Cristiana para impulsar acuerdos tendientes a formar un movimiento amplio de resistencia popular.

Las exigencias de la vida clandestina eran contradictorias con el carácter del Pelao, que era comunicativo, amistoso, seductor, dado a las conversas de café y a escuchar y bailar tangos y boleros. Ese amor por la vida lo transmitió a sus tareas políticas, que arremetía con vehemencia, pasión y creatividad, cambiando su aspecto físico y reduciendo sus salidas para eludir la persecución. La forzosa quietud le permitió asumir el rol de cuidar a Eva María, nacida poco después del golpe, a quien prodigaba su ternura y atención, superando el machismo característico de esa época. Eva tenía 3 años cuando lo asesinaron y no podía ni siquiera llevar su apellido, pues vivíamos en la clandestinidad.

El Pelao había estudiado periodismo y bibliotecología tras egresar del Instituto Nacional. Fue presidente del centro de alumnos de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile y más tarde, presidente del sindicato de trabajadores del Canal 9, donde fue redactor político del Noticiero “Nueve Diario”. Como redactor de la revista Punto Final viajó a Cuba junto a un grupo de periodistas que entrevistaron a Fidel Castro en La Habana. En agosto de 1967, había reporteado el juicio militar en Camiri, Bolivia, a Régis Debray y otras personas vinculadas a la guerrilla del Che.

En 1973 fue, además, jefe de prensa de Radio Nacional, emisora del MIR. Perteneció a una generación de notables periodistas comprometidos con el pueblo, como Augusto Olivares, Máximo Gedda y José Carrasco Tapia, grandes amigos suyos. De la promoción 1957 del Instituto Nacional arranca su estrecha amistad con el poeta Manuel Silva Acevedo, así como con el pintor Raúl Sotomayor y el académico Grinor Rojo.

Delito de lesa humanidad

La sentencia de la Suprema calificó el asesinato del periodista como un delito de lesa humanidad dado que fue “un ataque sistemático o generalizado en contra de bienes jurídicos como la vida de una parte de la población civil con determinada opción ideológica, con la participación del poder político y la intervención de agentes del Estado” y concedió también, a contrapelo del Consejo de Defensa del Estado, y cumpliendo las obligaciones internacionales de Chile, la reparación civil solicitada para las hijas.

La acuciosa investigación iniciada por el ministro Alejandro Solís, hoy jubilado, fue retomada por el juez Llanos. Los ministros Haroldo Brito, Milton Juica y Jorge Dahm, respaldaron lo obrado por Llanos, en tanto los ministros Carlos Künsemüller y Lamberto Cisternas, sostuvieron en un voto de minoría que los criminales debían cumplir sólo la mitad de la pena impuesta. Siguieron así la teoría de la “media prescripción” respaldada por el Presidente de la Corte Suprema Hugo Dolmetsch, similar al “2 x 1” aplicada en Chile en varias oportunidades y rechazado en Argentina recientemente en masivas movilizaciones.

La trampa mortal

El crimen ocurrió el 7 de diciembre de 1977, bajo estado de sitio pero los testimonios de los vecinos hicieron resplandecer la verdad. Ante el tribunal los testigos –entre los que se cuenta el escritor Reinaldo Marchant que acudió motu proprio a la Comisión Rettig a contar lo que vivió ese día – declararon lo mismo que Marchant expuso ante la Rettig , refutando la mentira del enfrentamiento. También lo había denunciado yo ante la Comisión Allana de Naciones Unidas, que visitó Chile un año después. Me protegió para comparecer el querido Padre José Aldunate.

La tortura fue la clave para detectar al Pelao. No nos enteramos a tiempo de la detención de un colega y su equipo de apoyo. Paradojalmente el HJUYYTRF5F había intentado protegerlo y asilarlo para salvar la red clandestina de periodistas que este contactaba. Pero era demasiado tarde y ellos ya habían caído en manos de la CNI. Ese día, una veintena de vehículos rodearon desde temprano la manzana en que vivía el Pelao, en la calle Barcelona, de la comuna de San Miguel. Los agentes allanaron su domicilio y ocuparon además la casa contigua. Luego ordenaron a los vecinos recogerse en sus casas y permanecieron horas esperándolo en el interior del inmueble. Cerca de medianoche, cuando él sacaba sus llaves para ingresar a la casa, dispararon una ráfaga de subametralladora acribillándolo por la espalda. Los agentes arrastraron el cuerpo al interior. Un fiscal militar ordenó más tarde un informe a los peritos de la Brigada de Homicidios de Investigaciones. El informe estableció que el cuerpo fue arrastrado y que la pistola que portaba Carmona estaba con seguro, por lo que no pudo hacer uso de ella para defenderse. Al lugar llegó más tarde el director de la CNI, Odlanier Mena en su vehículo marca Volvo, según declaró Juan Arancibia López, su chofer.

Este fue el inicio de la política de la CNI de aniquilamiento de dirigentes, remplazando el secuestro por la ejecución in situ, enmascarada como un enfrentamiento. Un mes después, Germán Cortés, también alto dirigente del MIR fue asesinado en similares circunstancias.

El cartel de la DINA/CNI

Odlanier Mena Salinas, sobreseído por muerte de su responsabilidad en este crimen, había sido condenado en 2008 a seis años por los secuestros de Oscar Ripoll Codoceo, Manuel Donoso y Julio Valenzuela (Caravana de la Muerte), pero ya estaba en libertad condicional cuando el ministro Llanos lo procesó, y se suicidó en su propia casa al saberlo. Ello coincidió con el traslado de los criminales desde el penal de Cordillera hacia Punta Peuco.

El condenado Miguel Krassnoff Martchenko tiene la segunda más alta pensión de los 81 criminales actualmente condenados en Punta Peuco (sólo inferior a la del ex fiscal Torres). El se especializó en el exterminio del MIR.

Según información del Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior, está condenado a firme por los secuestros de 20 resistentes en la llamada Operación Colombo (María Teresa Bustillos, Manuel Cortez Joo, Julio Flores, María Elena y Galo González Inostroza, Sergio Lagos, Ofelio Lazo, M. Cristina López, Mónica Llanca, Sergio Montecinos, Jorge D’Orival, Jorge Ortiz, Eugenia Martínez, Anselmo Radrigán, Marcelo Salinas, Fernando y Claudio Silva, Gerardo Silva, Muriel Dockendorff, Manuel Villalobos), incluidos en la Lista de los 119. Krassnoff también cumple condena por los secuestros y desapariciones de Diana Aaron, Luis Arias, Álvaro Barrios, Cecilia Bojanic, Amelia Bruhn, José Calderón, Carmen Díaz, Mamerto Espinoza, Iván Monti, Antonio Llidó, Luis Muñoz Rodríguez, Flavio Oyarzún, Sergio Pérez, José Ramírez, Sergio Riffo, Herbit Ríos, Jaime Robotham, Luis San Martín, Renato Sepúlveda, Claudio Thauby y Lumi Videla, casi todos militantes del MIR. Además, fue condenado por el montaje en Rinconada de Maipú en que la DINA ejecutó a Alberto Gallardo, Catalina Gallardo, Mónica Pacheco, Luis Ganga, Manuel Reyes y Pedro Cortés. A ello se agregan las condenas por torturar en Villa Grimaldi a prisioneros y prisioneras que sobrevivieron. En ausencia, fue condenado en Francia por la desaparición de los ciudadanos franceses Alfonso Chanfreau, Jean Yves Claudet, George Klein y Etienne Pesle. En Chile aún está procesado por muchos otros secuestros.

Krassnoff no ha entregado información alguna que permita encontrar a los desaparecidos y esclarecer casos, por el contrario justifica sus crímenes. Sin embargo, su abogado reivindica ante la Corte el actuar de su defendido contra el “terrorismo”. La Corte de Apelaciones acogió parcialmente, el 8 de septiembre de 2016, un recurso de protección interpuesto por Krassnoff para salir en libertad, abriendo la puerta a la reconsideración de su solicitud por parte de la Comisión de Libertad Vigilada. El 5 de octubre del año pasado, esta misma corte concedió la libertad condicional a Raúl Iturriaga Neumann, revocando así la repetida negativa de la Comisión de Libertad Condicional respectiva.

Otro condenado, Manuel Provis, ex jefe del Batallón de Inteligencia tiene dos condenas más por matar a sus pares: a 10 años y un día por la muerte del ex químico de la DINA Eugenio Berríos en Uruguay, y a 4 años por asesinato del coronel Huber. Su pensión es de $2.442.188. Provis está en Punta Peuco desde agosto de 2015, tras el suicidio del ex general director del DINE Hernán Ramírez, al ser notificado de la sentencia en el caso Berríos.

Enrique Sandoval Arancibia (“Pete el Negro”) ya fue condenado por el asesinato del dirigente del MIR Germán Cortés, y por el montaje (caso Las Vizcachas) en que se asesinó a Juan Soto Cerda, Luis Araneda, Luis Pincheira y Jaime Cuevas (1981). Por desaparecer al menor Carlos Fariña, no cumplió pena alguna de cárcel. Sigue gozando de una pensión de $1.653.952.

Basclay Zapata (“El Troglo”) está en Punta Peuco, condenado a 10 años por desaparición de Manuel Cortes Joo, Julio Flores, los hermanos Galo y María Elena González Inostroza; Sergio Lagos, M. Cristina López, Mónica Llanca, Jorge D’Orival, Anselmo Radrigán, Fernando y Claudio Silva Peralta, Manuel Villalobos (todos del caso Operación Colombo). Además condenado por los secuestros y desapariciones de Álvaro Barrios, Carmen Díaz, Elsa Leuthner, Antonio Llidó, Iván Monti, José Ramírez, Herbit Ríos, Ricardo Troncoso, Lumi Videla.

Luis Torres Méndez (“Negro Mario”) estaba en libertad condicional, al emitirse la sentencia de la corte Suprema, con una sentencia de primera instancia por el secuestro de Miguel Angel Acuña Castillo (Operación Colombo). También está procesado por casos de la Operación Cóndor y por secuestros de militantes comunistas en calle Conferencia.

José Fuentes Torres, (“Cara de Santo”) también libre al momento de dictarse la sentencia por el homicidio de Augusto Carmona, está procesado por su participación en la Operación Colombo y cumplió en libertad una “condena” por el secuestro y muerte de Mireya Pérez Vargas.

La historia de periodistas revolucionarios como Augusto Carmona Acevedo y tantos otros compañeros y compañeras de su generación, requiere ser incorporada a la memoria, pero también y sobre todo, a la práctica social y política de los comunicadores de hoy en este Chile donde quieren reinar para siempre el duopolio y la farándula. ¡Hagámoslo ya!

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119 de Nosotros y el papel de la Prensa. Operación Colombo.

A 41 años de la Operación Colombo: “La espera es un óxido terrible, ¡sigan nuestra lucha!”
foto Luis Fernando Arellano (Kallejero)
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A 41 años de la Operación Colombo: “La espera es un óxido terrible, ¡sigan nuestra lucha!”

22 Julio 2016

Lucía Sepúlveda Ruiz

/ periodismosanador.blogspot.com

Dirigiéndose con voz desgarrada a estudiantes de derecho de la U de Chile en el conversatorio “41 años de la Lista de los 119”, la señora Rosa Acuña, hermana de Miguel Angel Acuña Castillo, les exhortó: “Les pido a ustedes, que por favor sigan con fuerza nuestra lucha, que no concluya cuando ya no estemos. Porque nos queda muy poco y necesitamos que se sepa la verdad. La espera por justicia es un óxido terrible. Nos está matando de a poco. Mi madre antes de morir me pidió que buscara a Miguel Angel y lo enterrara junto a ella.” Cuando fue secuestrado el 8 de julio de 1974, Miguel Angel (“Pampa”) tenía 19 años, era estudiante del Pedagógico y dirigente del Frente de Estudiantes Revolucionarios FER. Su nombre figuró en la fatídica Lista de los 119, publicada en 1975.

El conversatorio que tuvo lugar en la escuela de derecho, fue organizado por Familiares y Amigos de los 119, junto a Actuar Colectivo y Londres 38 Espacio de Memoria el 20 de julio. Hace 41 años, el 24 de julio, los diarios del duopolio publicaron la llamada “Lista de los 119”, un montaje transnacional que fue el preludio de la Operación Cóndor y que pretendía encubrir los secuestros y desapariciones de luchadores antidictatoriales. La DINA, el servicio secreto de Pinochet, denominó “Operación Colombo” a este montaje. Los diarios de la cadena El Mercurio fueron parte crucial de la maniobra “informando” en grandes titulares que ellos habían muerto en el exterior producto de rencillas internas. Reprodujeron notas de Lea y O Dia, revistas creadas para ese fin en Argentina y Brasil.

Presentes

Los criminales y sus cómplices de la prensa que aún nos desinforma, nunca imaginaron que los y las caídos en la Operación Colombo seguirían con nosotros, de las más diversas maneras. Los estudiantes de derecho aplaudieron al enterarse que por fin este año para los casos de Darío Chávez, Germán Moreno y Cecilia Castro, que pasaron por sus mismas aulas, la justicia comenzaba a hacer su tarea, con fallos de primera instancia en los dos primeros casos, y con acusación en el de Cecilia Castro.

“Los 119” están asimismo presentes en el 10° Encuentro del Instituto Hemisférico de Performance y Política “excéntrico: Disidencias, soberanías, performance” que se desarrolló en Santiago. En la mañana del jueves 21, la canadiense Christine Brault presenta “Tejiendo memorias” en Londres 38 mientras que la performance del Complejo Conejo es “Exterminados como ratones”, en tránsito desde Londres 38 al Teatro Antonio Varas.

Los sobrevivientes vieron por última vez a estos luchadores antidictatoriales en centros de tortura ubicados en Londres 38, Villa Grimaldi, la “Venda Sexy” o Cuatro Álamos y su valiente testimonio ha permitido un avance lento pero sostenido en las demandas por justicia. Al igual que el año pasado, una huelga de hambre de expresos políticos opera como telón de fondo de la impunidad y desmemoria oficial.

carmen bueno

Se llamaban María

Entre las 19 jóvenes mujeres desaparecidas en este montaje de la dictadura, había 7 que se llamaban María, como María Inés Alvarado, M. Angélica Andreoli, M. Teresa Bustillos, M. Teresa Eltit, M. Elena González, M. Isabel Joui, M. Cristina López. Los otros nombres eran Jacqueline Binfa, Carmen Bueno, Sonia Bustos, Cecilia Castro, Muriel Dockendorff, Jacqueline Drouilly, Violeta López, Eugenia Martínez, Marta Neira, Patricia Peña, y Bárbara Uribe. En la comuna de Quinta Normal, habrá el 26 de julio una representación teatral de la Compañía Ruta de la Memoria, con la obra “Cuerpo Quebrado”, en homenaje a ellas, que sufrieron tortura y violencia sexual.

Once de los 119 desaparecidos eran secundarios, y siete de ellos eran egresados del Liceo Manuel de Salas. Del total, 47 eran alumnos, egresados o docentes de la Universidad de Chile, del Pedagógico, o de Arquitectura, Conservatorio, Medicina, Periodismo, Trabajo Social, Ingeniería; 11 lo eran de la Universidad Técnica, hoy USACH y 9 eran de la U de Concepción. Varios eran de Ñuñoa, otros de Villa Francia, o de las poblaciones José María Caro, La Legua, La Bandera, o Lo Hermida. Algunos eran originarios de Antofagasta, o La Serena, Talca, Temuco, Chillán, Valdivia, Los Angeles y Longaví. La mayoría militaba en el MIR pero también había comunistas, socialistas, del MAPU o sin militancia.

Justicia en cámara lenta

A julio de 2016, ha habido 44 fallos de la Corte Suprema, pero tan sólo por 33 de los 119 crímenes los perpetradores cumplen prisión efectiva (ver cuadro 1) ya que en otros casos las penas fueron muy bajas. Apenas en 28 de estas 44 sentencias de la Suprema, los perpetradores recibieron penas mayores a los 10 años de prisión por los crímenes de la Operación Colombo, considerada hoy como la marcha blanca de la Operación Cóndor desarrollada posteriormente por la DINA junto a los servicios de inteligencia del Cono Sur y otros.

Además, hay 9 sentencias ya confirmadas por la Corte de Apelaciones que deben seguir su camino hacia el alto tribunal, y en total son 34 los fallos de primera instancia (ver cuadro 2) pendientes.

Entre julio de 2015 y julio de 2016 el máximo tribunal emitió un total de 17 fallos que apuntan a revertir la tendencia a la impunidad. Y ahora los fallos de primera instancia emitidos por el ministro Leopoldo Llanos incluyen por primera vez sentencias a veinte años para los principales perpetradores, en casos como los de las compañeras Jacqueline Drouilly (embarazada), M. Teresa Eltit y M. Isabel Joui, entre otros. Por su parte, el ministro Hernán Crisosto ha llevado adelante el mayor número de investigaciones y fallos de primera instancia en el período ya señalado.

La primera sentencia de la Corte Suprema por estos crímenes fue dictada en 2004, confirmando el fallo original del entonces ministro Alejandro Solís por el secuestro de Miguel Ángel Sandoval, mirista, ex miembro del GAP en su primera fase (escolta del presidente Allende). El 28 de enero de 2005 el criminal jefe de la DINA, Manuel Contreras fue llevado a la fuerza al Penal Cordillera donde comenzó a cumplir la primera de 17 condenas. Al morir en 2015 seguía siendo procesado en más causas y sólo cumplió 10 años de prisión.

colombo

Juicios sin castigo

La justicia tardía no alcanza. Como clama la señora Rosa, muchas de las madres fallecieron esperando alcanzar justicia. Sin sentencias concluyó el juicio penal por el secuestro de Rodolfo Marchant, ex dirigente sindical de ENAFRI (Empresa nacional de Frigoríficos) en que todo era insólito. Los condenados eran sólo dos: Marcelo Moren Brito, ex jefe de Villa Grimaldi quien murió el mismo día que se dictó la sentencia, el 11 de septiembre de 2015, y Manuel Contreras, muerto un mes antes. Ellos mantuvieron hasta el fin sus altas pensiones y grados militares. Moren Brito también había sido condenado en septiembre y julio de 2015, respectivamente, por los secuestros y desapariciones de Zacarías Machuca, topógrafo y trabajador de ENDESA, y Germán Moreno – trabajador de la salud y estudiante universitario, lo que se sumaba a otras 17 condenas anteriores. El principal responsable de la DINA, Augusto Pinochet Ugarte, procesado y prontuariado por estas causas y muchas más, murió sin recibir condena alguna.

El truco de la “Media Prescripción”

Una sentencia de la Corte Suprema en 2009 por la desaparición de la estudiante de servicio social y miembro del MIR, Jacqueline Binfa, aplicó la “media prescripción” exculpando a todos los criminales, y revocando la sentencia del ministro de fuero Alejandro Solís quien calificó los delitos como de lesa humanidad. En esa sala penal estaba ya el actual Presidente de la Corte Suprema, Hugo Dolmetsch, entusiasta defensor de ese criterio que ignora la doctrina internacional de derechos humanos y es contrario a la opinión de la Corte Interamericana de Justicia. También debido a la prescripción, están libres los criminales responsables de los secuestros del ex estudiante de Historia en el Pedagógico, Félix de la Jara Goyeneche; el estudiante de ingeniería en minas Julio Flores; el carpintero socialista Ofelio de la Cruz Lazo; el interventor de la industria de aceros Franklin, Sergio Montecinos; el estudiante de ingeniería y dirigente del MIR Osvaldo Radrigán; el estudiante de sociología Jaime Robotham, el electrónico Marcelo Salinas, el decorador Fernando Silva Camus, y su hijo, Claudio Silva, estudiante de Pedagogía.

 

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Sin sentencia más de la mitad

De los 75 casos restantes, hay 15 con acusación formulada, y se espera el fallo correspondiente. En 6 de estos casos ya se han dictado los procesamientos que preceden a una acusación (detalles en Cuadro 2). Pero hay 14 demandas que no han tenido ningún avance entre 2015 y 2016. La impunidad continúa respecto de los secuestros del obrero de la construcción Eduardo Alarcón Jara; del estudiante de Biología y ex alumno del Manuel de Salas Luis Fuentes Riquelme; del ex estudiante valdiviano de ingeniería comercial y miembro del GAP Néstor Gallardo Agüero; del secundario del Liceo Ché Guevara de San Miguel, Jorge Antonio Herrera Cofré; y del joven militante del MIR de Lautaro, Ramón Labrador Urrutia.

Tampoco hay novedades judiciales en el caso del militante del MAPU y ex redactor de “Chile Nuevo”, Sergio Lagos Hidalgo; del comerciante y militante comunista Juan Bautista Maturana Pérez; del ex dirigente sindical socialista Edgardo Morales Chaparro; ni del futbolista de barrio y dirigente del MIR de Lo Valledor, Leopoldo Muñoz Andrade. La impunidad continúa en la desaparición de Ramón Núñez Espinoza, joven estudiante de la USACH.

La justicia ni se asoma por la Bandera, en el caso del dirigente poblacional Gary Olmos Guzmán, ni investiga aun el caso del estudiante de sociología Carlos Salcedo Morales, desaparecido desde el campo de concentración y tortura de Cuatro Álamos.

Cartas bajo la manga

Por su edad o enfermedades, varios de los criminales de Punta Peuco pretenden obtener “beneficios carcelarios”, carta bajo la manga de la Corte Suprema, coludida con Bachelet, parlamentarios de oposición y los senadores Guillier, Quintana, Zaldívar, Matta y Tuma; el jesuita Fernando Montes y el obispo Goic y las fuerzas armadas. Buscan imponer con sigilo la impunidad en delitos de lesa humanidad, olvidándose del mentado “Nunca Más” y del respeto a los compromisos derivados del derecho internacional en derechos humanos. En el Senado hay un proyecto de acuerdo en ese sentido y otros criminales ya están en la calle con la carta ganadora.

Es alarmante comprobar que pese al discurso oficial, la impunidad se bate por ser la tendencia dominante. Sólo 14 criminales cumplen sentencia efectiva por los casos de Operación Colombo fallados por la Corte Suprema: Miguel Krassnoff (cabeza de la brigada Halcón, por 29 casos); Manuel Carevic (Agrupación Purén), Pedro Espinoza (ex jefe DINA), César Manríquez Bravo (subdirector de la DINA), Francisco Ferrer (ex jefe DINE), Gerardo Godoy (ex jefe Brigada Tucán); Raúl Iturriaga (ex jefe sección exterior DINA); Rolf Wenderoth (Brigada Mulchén), Fernando Lauriani (ex jefe grupo Vampiro), Gerardo Godoy (ex jefe del grupo Tucán), Orlando Manzo, ex jefe de Cuatro Álamos; Basclay Zapata integrante del grupo Halcón; y los ex agentes Alejandro Astudillo y Demóstenes Cárdenas.

Todos continúan recibiendo millonarias pensiones y mantienen su grado militar. Continúa prófugo Ricardo Lawrence (integrante de la agrupación Águila 1), condenado a 20 años por varios crímenes, entre ellos el secuestro de M. Isabel Joui y el de Alfonso Chanfreau. Usó un cajero automático este año pero la policía es incapaz de detenerlo.

Como señaló en el citado Conversatorio una integrante de “Actuar Colectivo”, la justicia que se ha alcanzado hasta hoy no se logró gracias al impulso del gobierno ni del parlamento ni del poder judicial, sino fundamentalmente por la incesante lucha de los familiares y las organizaciones de derechos humanos. Por ello el único dique de contención de la impunidad es la continuidad de esa lucha, que para trascender, busca vincularse a los movimientos sociales que llevan adelante hoy las demandas y luchas por educación, y por los derechos a la salud y a los bienes comunes como el agua y la semilla, así como los derechos de la nación mapuche.

cuadro 1 sentencias a firme

cuadro 2 final

Foto principal: Los 119 en frontis U Chile. A 30 Años. Adriana Goñi.-

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« Ni olvidados ni muertos, viven hoy más que nunca ». El chico Feliciano, de Renca.

CORNEJO CAMPOS, Raúl Guillermo (Dossier 8 Pág. – 4 artículos)

NOMBRE COMPLETO: Raúl Guillermo Cornejo Campos

EDAD al momento de la detención o muerte: 17-10-47, 28 años de edad a la fecha de detención

PROFESION U OCUPACION: Estudiante sociología U. de Chile y artesano

FECHA de la detención o muerte: 16 de junio de 1976

LUGAR de la detención o muerte: Detenido en San Diego con Avenida Matta, Santiago ORGANISMO RESPONSABLE de la detención o muerte: Dirección de Inteligencia Nacional (DINA)

TIPO CASO de violación de derechos humanos: Detenido Desaparecido

HISTORIA PERSONAL Y POLITICA: Casado, Militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR-Chile)

SITUACION REPRESIVA Raúl Guillermo Cornejo Campos, casado, un hijo, ex estudiante universitario, militante del MIR fue detenido el 16 de junio de 1976 en San Diego con Avenida Matta, Santiago, a las 17:50 horas, por agentes de la DINA, los que pocos minutos antes habían procedido a liberarlo en las inmediaciones del Parque O’Higgins ante una gran cantidad de periodistas, después de un intento frustrado de asilo en la Embajada de Bulgaria.

El joven Cornejo Campos era intensamente buscado y varios miembros de su familia habían sido detenidos y torturados para que dieran información sobre su paradero. El 15 de junio, Raúl Cornejo y otras 25 a 30 personas intentaron asilarse en la ex-Embajada de Bulgaria, sede diplomática que a esa fecha estaba a cargo de la Embajada de Austria. En dicho lugar, un funcionario de nacionalidad búlgara les ordenó irse, como estos no lo hicieron llamó a las fuerzas de seguridad para desalojar el recinto. Al lugar concurrieron Carabineros y civiles que procedieron a detener a los asilados. Todos los detenidos fueron primero trasladados a la Comisaría Las Tranqueras y luego al recinto de la DINA de “Cuatro Alamos”.

La información oficial, aparecida en el diario EL CRONISTA del 17 de junio de 1976 señala: “Lo sucedido y lo concreto es: un grupo de personas trató de asilarse para provocar malestar al Gobierno mientras se desarrollan las reuniones de la Sexta Asamblea de la OEA…”. “Este grupo de personas fue interferido en sus pretensiones de asilarse, sin motivo alguno y se encuentran detenidas en Tres Alamos”. Este mismo periódico informa además que “el Encargado de Negocios de Austria, Manfredo Kiepach mantuvo largas conversaciones con personeros del Ministerio de Relaciones Exteriores… se presume que todo fue en torno a la tentativa de asilo en la ex-Embajada de Bulgaria bajo tuición de Austria.                                                                                                                                                                 .” Al día siguiente, fueron advertidos que serían dejados en libertad, aunque algunos de ellos, como Sergio Raúl Pardo Pedemonte, fueron amenazados por un interrogador apodado “Kun Fu” por los prisioneros. El gobierno militar decidió poner en libertad a estos detenidos el 16 de junio a las 17:30 en las inmediaciones del Parque O’Higgins, con gran cobertura de prensa y televisión. En el sector se apreciaba un considerable número de civiles, algunos escondidos tras matorrales, por esto los detenidos intentaron alejarse del lugar lo más rápido posible, varios de ellos se fueron en taxi y otros subieron a un microbus, cuando éste llegó a Avenida Matta con San Diego, varios de los recién liberados se bajaron para librarse de los vehículos de la DINA que los seguían. Dos de estas personas Raúl Guillermo Cornejo Campos y Sergio Raúl Pardo Pedemonte, fueron detenidas cuando transitaban por Avda. Matta con San Diego y desde esa fecha se encuentran desaparecidas.

La detención fue presenciada por Patricio Cornejo Campos, hermano del afectado, quien también viajaba en el microbus mencionado. En declaración jurada del 8 de julio de 1976, manifiesta: “Mi hermano fue detenido casi inmediatamente al bajar del microbus, es decir, más o menos a las 17:50 horas”. “Yo pude ver cuando mi hermano atravesaba corriendo Avenida Matta en sentido norte (en dirección a Alameda). Inmediatamente tras de él apareció un automóvil de tamaño mediano que dobló en la esquina de San Diego hacia la izquierda para cortarle el paso. De este auto bajaron 4 personas armadas, vestidas de civil, quienes detuvieron a mi hermano y lo obligaron a subir al auto.” Otro testigo de la detención es Luis Armando Elgueta Plana quien, en declaración jurada en abril de 1992, relata que él integró el grupo que intentó asilarse en la Embajada de Bulgaria, que le tocó permanecer con Cornejo Campos en la pieza Nro. 13 de Cuatro Alamos y luego subieron al mismo bus para intentar evadir el acoso de los agentes de la DINA. Los servicios de seguridad habían buscado intensamente a Raúl Cornejo. Varios miembros de su familia fueron detenidos, siendo interrogados casi exclusivamente respecto del paradero del afectado. Sus padres, Raúl Cornejo Díaz y Elisa Campos Díaz, permanecieron detenidos desde el 11 de diciembre de 1974 hasta el 20 de septiembre de 1975. Su cónyuge, Viviana Altamirano Fuentes estuvo detenida desde el primero de diciembre de 1975 hasta septiembre de 1976. El 17 de diciembre de 1974 detuvieron a la suegra de Cornejo, doña Aminta Fuentes Quezada y sus tres hijas de 19, 16 y 15 años, las que fueron recluidas en el centro de torturas de “Villa Grimaldi” durante 5 días, mientras que Aminta Fuentes permaneció privada de libertad durante 5 meses. Posteriormente, continuó siendo amedrentada para que no siguiera haciendo trámites en favor de su yerno, según lo denunció en declaración notarial del 30 de mayo de 1977. Recibió permanentes llamadas telefónicas con amenazas y debió retirar a sus hijas del colegio por temor a que se consumaran las amenazas en contra de ellas.                                                                                                                                                                           Ofelia Nistal Nistal, quien estuvo detenida desde el 6 al 24 de diciembre de 1974 en el centro de torturas de Villa Grimaldi y en el campo de prisioneros de Cuatro Alamos, en declaración notarial informa que fue interrogada sobre “el Chico Feliciano”, que era el apodo de Guillermo Cornejo y también la llevaron a la casa de los padres de Cornejo. Otro detenido, Oscar Patricio Orellana Figueroa, en declaración notarial señala que durante las torturas a que fue sometido se le interrogaba sobre “el Chico Feliciano”. Héctor Hernán Rojas Pizarro, declaró el 14 de septiembre de 1976, que estuvo detenido en Villa Grimaldi durante 22 días, en diciembre de 1975 fue torturado con electricidad y colgamientos y sometidos a interrogatorios sobre Guillermo Cornejo Campos. Otro detenido, Edwin Patricio Bustos Streeter en declaración jurada de enero de 1991, expresa que, estando detenido en Tres Alamos en junio de 1976, vio cuando era ingresado al recinto de la DINA de Cuatro Alamos a Guillermo Cornejo Campos, a quien él conocía con el apodo de “Chico Feliciano”, describe que iba vestido con jeans y que le cubrían el rostro con su propia parka que era de color azul. Raúl Guillermo Cornejo Campos continúa como detenido desaparecido hasta la fecha.

GESTIONES JUDICIALES Y/O ADMINISTRATIVAS El 18 de junio de 1976 se presentó recurso de amparo en favor de Raúl Guillermo Cornejo Campos ante la Corte de Apelaciones de Santiago que ingresó con el número rol 541-76. En él se solicitó que se oficie al Ministro del Interior y al Ministro de Justicia y que se comisione a uno de los Ministros para que se traslade al lugar de detención (probablemente Cuatro Alamos). Posteriormente se informó a la Corte de los graves problemas que había sido víctima la familia, en directa relación con la búsqueda de Guillermo Cornejo. El Ministro del Interior informó con fecha 8 de julio de 1976 que Raúl Guillermo Cornejo Campos había sido detenido por Decreto Exento N°2113 del 15 de junio de 1976 y puesto en libertad por D.E. N°2115 del 16 de junio de 1976. Sin embargo el informe respectivo no tiene fecha y, en consecuencia, se solicitó a la Corte que se requiriese un informe fechado, pues podían haber cambios después del 16 de junio. El 30 de junio de 1976 el amparo fue rechazado en virtud de los antecedentes proporcionados por el Ministerio del Interior. El 14 de julio de 1976 se presentó una denuncia por el delito de secuestro en la persona del afectado, ante el Quinto Juzgado del Crimen de Santiago, solicitando que se oficie a las autoridades e instituciones que puedan tener relación con este hecho. El Ministro del Interior, General Raúl Benavides, reiteró la información entregada a la Corte de Apelaciones en el sentido de que el afectado fue detenido el 15 de junio y puesto en libertad el 16 de junio de 1976. El Instituto Médico Legal, informó el 20 de agosto de 1976, que “Revisados los registros de este servicio, no figura ningún cadáver identificado como Raúl Guillermo Cornejo Campos”. Investigaciones remitió el parte 2352 en el cual señala que se hicieron consultas en el Instituto Médico Legal, Posta de Asistencia Pública y en SENDET (Secretaría Ejecutiva                                                                                                                                                                            En todas estas instituciones las respuestas fueron negativas, indicando que no estaba registrado en ellas el afectado. El Subsecretario de Guerra informó que no aparecía ingresado proceso judicial en contra de la persona señalada. El 23 de septiembre la Jueza encargada reiteró los Oficios a la DINA y al Campamento de Detenidos Políticos de Cuatro Alamos. El 24 de septiembre, el Teniente Coronel Antonio Barrueto Mena, de la Prefectura de Carabineros, informa que “La persona anteriormente indicada no se encuentra detenida en este Campamento…”. Esta información es reiterada el 7 de octubre de 1976. El 30 de noviembre de 1976, la Jueza ordenó el cierre del sumario y con la misma fecha lo sobreseyó en consideración “que de los antecedentes acumulados no se encuentra suficientemente acreditado el delito que es denunciado”. Se apeló al dictamen, pero en segunda instancia se estableció el sobreseimiento temporal el 14 de diciembre de 1976. Se realizaron numerosas otras gestiones para conseguir la libertad de Guillermo Cornejo a diversos niveles. El Embajador de Austria solicitó su libertad y ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) hizo consultas sobre el destino del afectado y de las otras personas que habían intentado refugiarse en la Embajada de Bulgaria. Todas estas gestiones fueron inútiles y Raúl Guillermo Cornejo Campos sigue como detenido desaparecido. Fuente: Vicaria de la Solidaridad —————–0—————-

El Chico Feliciano y el acorazado Potemkin (Jecho)

Gracias infinitamente y felicitaciones al Flaco Lucho por esas líneas (salidas de lo más hondo del corazón) para recordar a nuestro querido chico Feliciano. Es un relato que me parece tremendamente humanizante. Quisiera poder emplear la frase con que se recordó en cierta ocasión en Cuba a los héroes del Moncada : « Ni olvidados ni muertos, viven hoy más que nunca ». Personalmente no recuerdo muchas ocasiones en las que haya compartido algunos momentos con el chico, fuera del ámbito puramente partidario. Sin embargo entre los recuerdos que conservo de él, uno está estrechamente ligado a la historia del acorazado Potemkin por habernos encontrado casualmente a la salida del cine España en 1972 en Santiago. Este cine presentaba en ese entonces un festival de cine soviético y esta célebre película (« El acorazado Potemkin ») era una de las principales atracciones de ese festival. Feliciano estaba con su compañera aquella tarde y recuerdo que nos alejamos del cine caminando por calle Huérfanos aunque por respeto al sacrosanto principio de no extremar las relaciones puramente personales entre los  militantes, no prolongamos mucho más la tertulia.                                                                                                                                                                . Esta continuó sin embargo días más tarde durante una pausa en una reunión, en que hicimos el necesario paralelo entre aquellos sucesos heroicos de la Rusia zarista de 1905 y la sublevación de la marinería chilena en 1931. Leyendo esas acertadas palabras del Flaco mis propios recuerdos de este gran compañero (desaparecido en 1976) me hicieron caer en la cuenta de que pronto se cumplirá el primer centenario de aquellos sucesos acaecidos en el puerto de Odessa (27 de junio de 1905) que son uno de los hitos principales de la revolución de 1905, aplastada a sangre y fuego por las tropas zaristas. El pelao Lenin diría, muchos años después, que aquellos sucesos fueron el « ensayo general » de la revolución de 1917. Pero quiero dejar la palabra a quienes hayan estudiado realmente esa y otras revoluciones (entre los que no me incluyo) para terminar pidiéndole al Flaco (y que se lo pidamos todos) que siga escribiendo y deleitándonos -¿por qué no ?- con trozos de nuestra historia. Saludos. Jecho. ———————0—————-

Hablando con el Mateo el otro dia, recordando viejos tiempos y recordando viejos amigos, me dijo {+

Me quedó bailando en la cabeza esa frase. Y quizas por eso, entre muchas otras cosas, decidi escribir estas lineas. No es el unico. También estuvo olvidado por mucho tiempo Pablito o el guaton Pablo como le deciamos en el barrio en aquellos lindos tiempos. La diferencia es que Pablito volvio a la “primera plana” a raiz del fallo de la Corte de Apelaciones que no considero aplicable la Ley de Anmistia en el caso de su desaparicion fisica. Digo fisica porque Pablito (Miguel Angel Sandoval) junto a chico Feliciano (Guillermo Cornejos Campos) y muchos otros amigos y compañeros seguiran siempre presentes en nuestros recuerdos. En particular para todos aquellos que fuimos sus amigos en el barrio San Genaro de Renca. En realidad lo quieran o no, ellos hacen parte de la historia que tiene que ver con la Comuna de Renca y en particular con el MIR. A pesar de haber estado declarado “desaparecido” por mucho tiempo y ha pesar de que los responsables del régimen militar jamas admitieron su existencia en la Villa Grimaldi, Pablito se ha cobrado una buena mano en las ultimas semanas con el fallo de la Corte de Apelaciones que ha dejado sin aplicacion la tristemente famosa Ley de Anmistia de la Dictadura de Pinochet. Y por consecuencia de ello la detencion del responsable de muchas asesinatos , torturas y desapariciones de cientos de cros y amigos. Siempre lo molestabamos con su profesion de sastre. “nosotros, la clase obrera, tenemos por derecho propio estar en la revolucion” decia yo para molestarlo. “nosotros , los estudiantes-decia el Feliciano- siempre hemos estado en la vanguardia de la lucha junto a los trabajadores”. “pero vos como sastre, que chuchas estai haciendo aqui” le deciamos y nos cagabamos de la risa haciendolo rabiar. Pablito tenia un caracter super jovial. Humilde y muy respetuoso. Mucho menos “palomillas” que nosotros. Ademas muy interesado en leer y aprender. Poco nos duro ese tipo de mofas, que por lo demàs no tenian ningun caracter ofensivo ni despreciativo. Por el contrario era una muestra de nuestra confianza como amigos. Eramos del mismo barrio y nos conociamos muy bien.                                                                                                                                                                           CEME – Centro de Estudios Miguel Enríquez – Archivo Chile Sida 7 Feliciano, con su caracter serio y de lider innato, era como nuestro hermano mayor. A él llegabamos cuando teniamos problemas personales o cuando nos asaltaban dudas politicas. Un dia Pablito, muy serio, nos corto en seco nuestras bromas habituales postreuniones. “Saben que mas huevoncitos- nos dijo- … desde los anarquistas de la primera época de las luchas obreras….. ….Como media hora duro la “cháchara” del Pablito. Nos paseo por la historia del movimiento obrero chileno y sus origenes. Desde las Mancomunales hasta la constitucion de la CUT. Citando a Recabarren, Vitale y otros. Al final solemnemente nos dijo ” Y bueno, tengo o no tengo derecho a estar con ustedes huevoncitos ?” -Pero claro compadre -respondimos – No te lo tomis tan serio p’o huevon . – Si solo eran bromas p’alegrar el almanaque – y nos volvimos a cagar de la risa . Con él siempre habia buen humor. Aun en los peores momentos. Hicimos muchas cosas juntos. Desde las mas simples de la vida cotidiana hasta las mas serias como querer cambiar el mundo. Pero nunca dejamos de ser los “cabros del barrio”. De nuestro querido barrio que nos vio crecer. De los bailes, las pichangas, los amores y los desamores, de nuestra pobreza material, de la fidelidad de las amistades y de todo lo que la vida nos enseña en un barrio popular. Junto a ellos pasamos nuestra adolescencia y casi sin darnos cuentas nos metimos ” en cosas de adultos”. ———————0—————- Al Chico Feliciano lo conocia desde la infancia. Nos criamos juntos en el mismo barrio renquino de San Genaro . De barrio en realidad no tenia nada todavia ya que en esos entoces Renca era “puros potreros”. El era el mayor de cuatro hermanos. Su padre, don Raul era un excelente mécanico de la ETC. Su madre , la Sra Alicia cuidaba de los hijos y de la abuela que también vivia con ellos . Vivian en una casa de madera construida por ellos mismos en la entrada de lo que fue la antigua Chacra San Genaro. Un inmenso terreno que posteriormente fue comprado por la ETC y en la cual vivian algunos de sus trabajadores. Con el tiempo se formo una cooperativa de construccion y se levanto la poblacion San Genaro con casas de buena construccion destinadas a los trabajadores de la ETC. La casa que les toco estaba ubicada en la calle 2 , frente a la de mis primos y mas cerca aun de mi casa. De los cuatro hermanos, él que mas se juntaba con nosotros era el Teco, el segundo. Bueno p’a la pelota , los carretes y la guitarra era el mas fiestero de los Cornejos. En plena adolescencia tuvo la mala suerte de agarrarse una terrible infeccion en la rodilla por la cual tuvieron que amputarle una pierna. Cayo en una gran depresion que solo con el amor y el cariño de su familia y amigos pudo superar. Obviamente no pudo jugar nunca mas a la pelota pero sus caracter siguio siempre igual. El tercero, el Pato siempre andaba “en otra onda” , fanatico por la musica, excelente guitarrista, adorador de Jimmi Hendrix. El mas chico Queno, nos observaba desde sus cortos años. El mas serio siempre fué el chico Willy(Feliciano). Le deciamos asi por la costumbre de andar siempre con gafas oscuras. Se acostumbro tanto que se transformo en una casi obligada caracteristica personal que solo abandono después del golpe y producto de la represion.                                                                                                                                                                           CEME – Centro de Estudios Miguel Enríquez – Archivo Chile Sida 8 Un dia cuando tomaba el bus que me conducia a la fabrica Hirmas 2 (Texicron) donde yo trabajaba, subio conmigo el chico Willy, nunca hubieramos podido imaginar que ese fugaz encuentro cambiaria nuestras vidas. -hola Flaco p’a donde vai, – P’a la pega pos chico , y tu ? – Voy a la Fac me respondio el chico. Tengo una prueba y no se como me va salir – Qué estai estudiando chico? – Psicologia – me respondio. Y tu donde estais trabajando ? – Ahi en la Hirmas. En la fabrica nueva. – Oye y cuantos trabajadores hay ? – Somos como 700, y la mayoria somos todos jovenes, aparte de los jefes que vienen de la Planta N°1 – Y el sidicato compadre , como anda ? – Ahi no mas , no nos inflan mucho; Dicen que solo somos cabros y que no tenemos idea de las cosas sociales ! – Sabis Flaco, podriamos hacer algo en conjunto. Quizas si nos juntaramos a discutir un poco podriamos ver la forma de hacer algo. – Bueno si tenis tiempo , uno de estos dias paso p’a tu casa y conversamos Y ahi comenzo nuestra segunda historia con el chico Willy. Mejor dicho con el chico Willy y su familia ya que siempre tuvimos en ellos un apoyo sin limites. Nos juntamos en su casa y empezamos a ver que podiamos hacer a nivel de la Fabrica y después se nos ocurrio que podiamos tomar contacto con alguién del MIR para tener una vision mas amplia de las cosas que pasaban en nuestro Pais; El chico se las ingenio para hacer una cita con A. Pascal. En esa época Andres Pascal era un fugitivo de la justicia que junto con otros compañeros del MIR eran buscados por toda la policia chilena a causa de los asaltos de bancos de los ultimos tiempos. Un dia A. Pascal llego a nuestra poblacion, a la casa del chico mas exactamente. Ahi estabamos el Chico feliciano, Pablito y yo. Nos explico que los asaltos a bancos no eran asuntos delictuales sino ” expropaciones al capitalismo” o “recuperar para el pueblo” lo que los capitalistas nos robaban diariamente. Confieso que al pricipio no “caché” mucho sus ideas. – Pero no hay problemas Flaco, me dijo. Yo los voy a dejar conectado con alguién para que les explique por que y como los capitalistas les roban a uds; diariamente su fuerza de trabajo.Y lo que nosotros hacemos no es nada mas que “recuperar” lo que a Uds les roban diariamente. Ese alguién fué el rucio James (Patricio Munita) con el que compartimos tantos y lindos dias de nuestra juventud. Nos gusto el discurso de Andrés; Y mas aun su imagen de joven bien educado, honesto de “buena cuna” que se preocupaba de los mas pobres.. Era la primera vez que veiamos alguién dedicado a la politica que tenia un discuso de esa naturaleza hacia con nosotros, cabros pobres, de origen humilde que solo habiamos visto “politiqueros de turno” venir a darnos charlas para juntar votos y después “chao pescao”. Una vez pasadas las elecciones ni siquiera se acordaban de nosotros. Como decian nuestros viejos.                                                                                                                                                                           CEME – Centro de Estudios Miguel Enríquez – Archivo Chile Sida 9 Esa sencilla reunion que podria aparecer como algo anecdotico paso a ser el acto fundador del MIR en Renca. Los viejos miristas se acordaran de la importancia que tuvo Renca en el desarrollo del MIR en Santiago. Largo seria de enumerar y nombrar a todos aquellos que compartieron nuestras casas, nuestros humildes hogares en aquellos tiempos de honestos sueños e ideales. De aquellos que nos ayudaron, que nos protegieron, que nos mostraron su entereza, su lealtad y coraje como la Sra Alicia y don Raul. Esa es parte de otra historia que aun no esta escrita. Por ahora estas lineas solo tienen el impulso de la emotividad. Del recuerdo que surge al ver el nombre del Guaton Pablo en todos los titulares de los diarios. De la revancha que se cobra despues de treinta años y que nos hace grandes en el recuerdo de toda esa juventud que un dia nos hizo crecer y créer que un mundo distinto es posible. Flaco Lucho desde Bélgica marzo 2005 ———————————————— Información disponible en el sitio ARCHIVO CHILE, Web del Centro Estudios “Miguel Enríquez”, CEME: http://www.archivochile.com Si tienes documentación o información relacionada con este tema u otros del sitio, agradecemos la envíes para publicarla. (Documentos, testimonios, discursos, declaraciones, tesis, relatos caídos, información prensa, actividades de organizaciones sociales, fotos, afiches, grabaciones, etc.) Envía a: archivochileceme@yahoo.com NOTA: El portal del CEME es un archivo histórico, social y político básicamente de Chile y secundariamente de América Latina. No persigue ningún fin de lucro. La versión electrónica de documentos se provee únicamente con fines de información y preferentemente educativo culturales. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos que correspondan, porque los documentos incluidos en el portal son de propiedad intelectual de sus autores o editores. Los contenidos de cada fuente, son de responsabilidad de sus respectivos autores, a quiénes agradecemos poder publicar su trabajo. Deseamos que los contenidos y datos de documentos o autores, se presenten de la manera más correcta posible. 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Pactos de silencio y esa larga impunidad

Pactos de silencio y esa larga impunidad

La muerte de los generales Manuel Contreras Sepúlveda, ex jefe de la Dirección de Inteligencia Nacional (Dina), y Hernán Ramírez Rurange, ex jefe de la Dirección de Inteligencia del Ejército (Dine), además de la condena final para otros trece oficiales de inteligencia y de la justicia militar por el secuestro y asesinato del químico Eugenio Berríos, ocurrido en Uruguay en 1992, reabrieron la vieja llaga de la impunidad.
El “Mamo” Contreras, otrora poderoso director de la primera policía secreta de Augusto Pinochet que operó entre 1973 y 1977, responsable de los más atroces crímenes en la historia del país, falleció a los 86 años en el Hospital Militar. Estaba condenado a más de 500 años de cárcel y esperaba sentencia por otros cientos de procesos que aún se investigan en los tribunales. Fue cremado pocas horas después en el Cementerio Católico, vestido con su uniforme de gala de general. Ramírez Rurange, en tanto, de 76 años, se pegó un tiro en la sien en su domicilio para evitar ir a prisión por más de 20 años, sentencia emitida por la Corte Suprema a comienzos de agosto.
Contreras, autodicta en los secretos de la inteligencia militar, recibió una orden directa de Pinochet para crear la Dina a fines de septiembre de 1973, después que el entonces director de la Escuela Militar, el coronel Nilo Floody, elegido por el dictador para esa tarea, lo convenciera de que él no era el más indicado para la misión.
La Dina inició sus actividades en la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes, a 120 kilómetros al oeste de Santiago, cerca del exclusivo balneario de Santo Domingo. Hasta allí llevaron a decenas de prisioneros que fueron sometidos a bárbaras torturas.
Contreras eligió personalmente a los oficiales que integraron los diferentes departamentos y cuarteles de la Dina, que empezaron a operar en paralelo a los servicios de inteligencia de las fuerzas armadas. También reclutó a civiles que habían participado en agrupaciones políticas de ultraderecha durante el gobierno del presidente Salvador Allende.
Muchos oficiales seleccionados para servir en la Dina recurrieron a los más rebuscados argumentos para evitar ese destino. Otros, los menos, marcharon gustosos a la cruzada en contra del comunismo que pregonaba el “Mamo”. Hoy, estos últimos cumplen o ya cumplieron penas por crímenes de lesa humanidad y son los que conformaron el núcleo duro de la represión entre 1973 y 1978. A partir de ese último año, cuando la Dina ya había sido reemplazada por la Central Nacional de Informaciones (CNI), y Contreras trataba de evitar las investigaciones judiciales por los asesinatos del general Carlos Prats, en Buenos Aires, en septiembre de 1974; del ex canciller Orlando Letelier, en Washington, en septiembre de 1976; y por el atentado en contra del dirigente democratacristiano Bernardo Leighton, en Roma, en octubre de 1975, el general Pinochet optó por involucrar en las tareas represivas a la Dine y a las estructuras más secretas del ejército, hasta ese momento sólo preocupadas de la seguridad externa.

EL BRAZO ARMADO
En 1981, Pinochet eligió a la Dine para que asesinara a Tucapel Jiménez, dirigente sindical socialdemócrata que amenazaba agrupar a las organizaciones laborales opositoras. También ordenó a la Dine que eliminara al ex presidente de la República Eduardo Frei Montalva, quien fue inoculado con una sustancia tóxica cuando se recuperaba de una operación gástrica en la Clínica Santa María. El dictador involucró luego a oficiales de la Dine y de los altos mandos del ejército en sus propios negocios turbios: adquisición de propiedades, coimas, depósitos ilegales en el extranjero e incluso narcotráfico, según revelaciones del propio Manuel Contreras en los últimos años.
A mediados de la década de los 80, cuando los tribunales de justicia empezaron tímidamente a investigar algunos crímenes de la dictadura, en instancias hasta ahora no bien precisadas se diseñaron estructuras de protección para los agentes más buscados. Algunos magistrados y detectives de la policía de Investigaciones sostienen que para crear “nidos” en el exterior que cobijaran a los prófugos se recurrió a agentes de espionaje y vínculos establecidos en el denominado Plan Cóndor, una instancia de colaboración entre policías secretas de las dictaduras del Cono Sur en cuya formación tuvo un papel protagónico el “Mamo” Contreras.
Así, por ejemplo, se recurrió a contactos en Brasil para refugiar a Raúl Osvaldo Romo Mena, agente civil de la Dina que trabajó en la represión del MIR. También se apeló a los paraguayos para esconder en ese país a Miguel Estay Reyno, “El Fanta”, desertor del Partido Comunista que colaboró con el Comando Conjunto de la Fuerza Aérea en la captura y asesinato de militantes de las Juventudes Comunistas en los años 1975 y 1976. En el caso de oficiales aún en servicio activo se optó por ubicarlos como agregados militares en embajadas de Chile.
Paralelamente, desde el Ministerio de Justicia se ejerció un férreo control sobre el nombramiento de los jueces y en la Fiscalía Militar, bajo la conducción del coronel (J) Fernando Torres Silva, se diseñaron estrategias de defensa para los uniformados que se vieran obligados a declarar en los tribunales.
Tras el retorno de la democracia, Pinochet -al frente de la comandancia en jefe del ejército- ordenó al director de la Dine, el hoy suicidado general Hernán Ramírez, que sacara del país al químico Eugenio Berríos, fabricante de gas sarín en tiempos de la Dina y más tarde vinculado a la producción de estupefacientes. Ramírez formó un grupo de tarea con oficiales y suboficiales de la Brigada de Inteligencia del Ejército (BIE) y de las unidades de espionaje y contrainteligencia, y sacó a Berríos hacia Argentina con destino final en Uruguay, donde finalmente fue asesinado con cinco balazos en la nuca y sepultado en una playa, boca abajo y con las manos atadas a la espalda con alambre, replicando una amenazante ejecución mafiosa.
Las maniobras para esconder ese crimen se extendieron por casi veinte años. Pero al final tanto los autores como los encubridores terminaron sentenciados a largas condenas, incluido otro de los ex directores de la Dine, el general Eugenio Covarrubias Valenzuela, quien la comandó entre 1991 y 1996, que fue condenado a 15 años de cárcel, y el propio ex auditor militar, Fernando Torres, condenado a diez años.
Entre los autores también figuran tres oficiales uruguayos -Tomás Casella Santos, Eduardo Radaelli Copolla y Wellington Sarli Pose-; el brigadier (r) Manuel Provis Carrasco alias “Francisco Valenzuela”, ex miembro de la Dina, de la CNI y del BIE; y, el mayor (r) Arturo Silva Valdés, autor material del asesinato de Berríos, ex miembro del Servicio Secreto de la Dine. Este último oficial, miembro del arma de Caballería, jugador de polo, de refinados gustos, considerado por algunos de sus ex camaradas como “el James Bond chileno”, fue enviado junto a otros agentes de inteligencia a formar parte del equipo de seguridad de Agustín Edwards, propietario del diario El Mercurio, luego de que su hijo Cristián fuera secuestrado por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez en 1992. Por esos mismos días la revista Qué Pasa publicó un reportaje donde se entregaron antecedentes que revelaban la participación de Silva Valdés en el secuestro y asesinato de Berríos. El propio oficial acudió a hablar con el director de ese medio, Cristián Bofill, hoy director de Canal 13, para desmentir la información, petición que fue acogida por el medio.
La Dine también participó en la protección de los oficiales involucrados en una financiera ilegal, conocida como “La Cutufa”, que funcionó al interior del ejército desde mediados de los 80 hasta bien avanzados los años 90. Algunos jueces y detectives también creen que la Dine tuvo injerencia en los asesinatos del periodista inglés Jonathan Moyle, cuyo cadáver fue encontrado en su habitación del Hotel Carrera en marzo de 1990, y del coronel Gerardo Huber Olivares, en enero de 1992.

EL CORONEL HUBER
En 1974 Huber se incorporó a la Dina y fue enviado a Argentina para infiltrar grupos que apoyaban al MIR chileno. De regreso en el país, trabajó con el norteamericano Michael Townley en la creación de armas químicas para la “guerra antisubversiva”. Al promediar los 80, Huber fue destinado al complejo químico del ejército en Talagante y en marzo de 1991, fue trasladado a la Dirección de Logística donde se hizo cargo de la compra y venta de armamentos en el exterior.
La causa por la muerte de Huber durmió en los tribunales durante trece años caratulada como “suicidio”, hasta que el juez Claudio Pavez asumió el caso en septiembre de 2005 y decidió caracterizarla como homicidio calificado. Pavez reunió antecedentes de otros procesos donde se describían las formas de operar de los servicios de inteligencia a fines de los 80 y comienzos de los 90.
En marzo de 2006 el juez Pavez sometió a proceso a cinco altos oficiales en retiro como autores de asociación ilícita para ocultar el asesinato del coronel Huber. Ellos son el general (r) Eugenio Covarrubias, jefe de la Dirección de Inteligencia del Ejército (Dine) en 1992; el general (r) Víctor Lizárraga Arias, subdirector de la Dine en la misma época; el general (r) Carlos Krumm, ex director de Logística; el brigadier (r) Manuel Provis Carrasco, ex jefe del Batallón de Inteligencia del Ejército (BIE); y el capitán Julio Muñoz, amigo de Huber y ex miembro del BIE.
María Inés Horvitz, abogada del Consejo de Defensa del Estado (CDE), declaró poco después que “todo apunta a la intervención bastante directa de Víctor Lizárraga y Manuel Provis”, como autores materiales de la muerte del coronel Huber.
Según antecedentes reunidos en aquel proceso, medio centenar de oficiales y suboficiales de la Dine y el BIE juraron incondicional lealtad a Pinochet en 1996. Algunos de ellos se confabularon para evitar que el coronel Huber revelara lo que sabía acerca del comercio ilícito de armas y sustancias químicas, emprendido desde diversas instancias castrenses en búsqueda de lucro para un pequeño número de oficiales del Alto Mando.
El juez Pavez tuvo a la vista, por ejemplo, una declaración del 30 de noviembre de 2003 tomada en Holanda por dos detectives al ex suboficial Rodrigo Peña González, integrante en 1989 del Batallón de Mantenimiento de Material Blindado y Artillería. Este afirmó que el coronel Huber le entregó documentos sobre tráfico de armas y una droga mortal elaborada por el ex químico de la Dina Eugenio Berríos. Según Peña, el coronel Huber pensaba entregar esos documentos al periodista británico Jonathan Moyle, iniciativa que se vio frustrada cuando el reportero apareció muerto en su habitación del Hotel Carrera. Peña, quien pidió asilo político en Holanda en 2001, relató que Huber le entregó otros documentos con antecedentes sobre compra de armas a Israel y ventas a países árabes.
Según las presunciones del juez Pavez, el coronel Huber habría sido secuestrado por agentes del BIE y conducido a un recinto secreto de la Escuela de Inteligencia del Ejército (EIE) en Nos, donde también funcionaba el Laboratorio de Guerra Bacteriológica del Ejército, que en 1992 dependía del director de la Dine, general Eugenio Covarrubias.
Manuel Provis, ahora preso en Punta Peuco, trabajó codo a codo con el mayor (r) Alvaro Corbalán en el cuartel Borgoño de la CNI, y fue uno de los principales operadores de la inteligencia militar tras el retorno de la democracia en 1990. Provis estaba al mando del BIE -con base en la calle García Reyes de Santiago-, en estrecho contacto con la Central de Información y Coordinación, unidad que tenía a cargo las escuchas telefónicas y la recolección de datos provenientes de las comunicaciones policiales internas.

“CONTROL DE BAJAS”: VIAJES SEGUROS
El BIE mantenía en Viña del Mar, en la calle Alvarez, un cuartel de escucha del Congreso Nacional que funcionó en 1990 y 1991. Cerca de allí otro grupo de agentes, encubiertos en un local que aparentaba ser una compraventa de automóviles, desarrollaban tareas de apoyo. La vigilancia electrónica de diputados y senadores era apoyada por camionetas que se estacionaban en sectores cercanos al edificio. Una camioneta Volks-wagen cerrada, de color crema, perteneciente también al Departamento de Inteligencia de Comunicaciones, se estacionaba en la Plaza O’Higgins, vecina al Congreso Nacional. En ella, un equipo de escucha no dejaba de funcionar. Este trabajo era apoyado por agentes encubiertos que frecuentaban la sede del Legislativo. Uno de ellos, un hombre alto y de bigotes, asistía a la sesiones y recogía fotocopias de documentos considerados importantes que le entregaba un anónimo contacto en el corazón del Parlamento.
Toda esa información era procesada y clasificada por un equipo de a lo menos ocho hombres, varios de ellos civiles, que actuaban como analistas de inteligencia. Uno de ellos era sobrino del general (r) Hugo Salas Wenzel, ex director de la CNI.
En un ámbito del BIE conocido por algunos como G-4, dirigido por un capitán, existía una unidad confidencial que realizaba operaciones especiales. Una de ellas, denominada “Sistema de Control de Bajas”, era la estructura destinada a sacar del país a los agentes en peligro de quedar expuestos ante la justicia o que mostraban debilitamiento en su lealtad a Pinochet. Esa unidad se vinculaba con el Departamento de Servicio Secreto de la Dine y con algunas instancias de la justicia militar, dirigidas por el auditor Fernando Torres, ahora preso en Punta Peuco.
Entre los agentes que fueron sacados al exterior para protegerlos de la justicia estuvieron Carlos Herrera Jiménez, “El Mauro”, ejecutor de Tucapel Jiménez, y Arturo Sanhueza Ross, “El Huiro”, quien se inició, siendo teniente, como agente de seguridad persiguiendo a guerrilleros del MIR en Neltume, a comienzos de los 80. Más tarde hizo “méritos” para ser trasladado a la Dine y fue destinado al equipo de ejecutores que efectuó asesinatos como los del 7 de septiembre de 1983 en las calles Fuenteovejuna 1330, de Las Condes, y Janequeo 5707, de Quinta Normal, que costaron la vida a cinco dirigentes y militantes del MIR. El 4 de septiembre de 1989, Sanhueza Ross participó en el asesinato del dirigente mirista Jécar Nehg-me Cristi. Hoy se conoce que ese equipo de ejecución de la Dine tenía un objetivo alternativo a Nehgme: el periodista Manuel Cabieses Donoso, director de Punto Final.

Manuel Salazar Salvo

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 835, 21 de agosto, 2015)

Y todavía cantamos…Ex Presos Políticos de Pinochet

Y todavía cantamos…Ex Presos Políticos de Pinochet

Para muchos prisioneros en recintos de detención política y tortura en Chile entre 1973 y 1990, escribir, tocar o escuchar música eran formas de registrar, procesar, recordar, olvidar o trascender experiencias difíciles. La música les ayudaba a mantener un sentido de normalidad, era un medio para preservar la dignidad y esperanza, distraerse y comunicarse con otros reclusos y el mundo exterior. El sistema represor también utilizó la música en conexión con tortura y otros tipos de trato cruel, inhumano y degradante, como forma de dominación y adoctrinamiento, entre otros usos.

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Música y tortura en centros de detención chilenos:
Conversaciones con un ex agente de la policía
secreta de Pinochet1
Katia Chornik
University of Manchester, Reino Unido
katia.chornik@manchester.ac.uk
Resumen
Al asumir el control del país en 1973, el General Augusto Pinochet estableció más de mil
centros de detención política. Casi 40.000 personas estuvieron recluidas, sufriendo un
régimen de terror, serias torturas físicas y sicológicas, y condiciones de vida precarias. Miles
fueron ejecutados y desaparecidos. Este artículo investiga el paisaje musical de algunos de estos centros, del cual existen registros escasos y fragmentados, y ha sido poco estudiado por la crítica. Lo hace examinando el testimonio de un ex agente de la policía secreta (DINA) entrevistado por la autora, quien operó en Chacabuco, Tejas Verdes, Villa Grimaldi y Londres 38, entre otros centros. El artículo muestra cómo los agentes empleaban la música para dominar y adoctrinar a los presos, como forma y trasfondo de tortura, como medio para esconder los gritos de los reclusos y como pasatiempo, relacionando algunos de estos usos con la tortura sin contacto de la CIA. También examina los recuerdos del agente sobre las actividades de los prisioneros desarrolladas por su iniciativa, identificando discrepancias y ambigüedades.

Concluye que el valor de yuxtaponer las perspectivas de las víctimas y perpetradores está en
la posibilidad de reconstruir el paisaje musical en detención política de forma más completa.
Palabras claves: música, detención, tortura, perpetradores, testimonio, memoria.
Abstract
On seizing power in 1973, General Augusto Pinochet established over a thousand centres for
political detention. Nearly 40,000 people were held in these enclosures, and were subjected
to a regime of terror, serious physical and psychological torture, and precarious living
conditions. Many were killed and disappeared. This article investigates the musical landscape
of some of these centers, evidence of which is fragmented and little known, and has been
overlooked by critics. It does so by examining the testimony of an ex-agent of the secret
police (DINA) interviewed by the author, who operated in Chacabuco, Tejas Verdes, Villa
Grimaldi and Londres 38, among other centers. The article shows how agents employed music
to dominate and indoctrinate prisoners, as a form of and background to torture, as a means
1. El presente artículo se inserta en mi proyecto “Sounds of Memory: Music and Political Captivity in Pinochet’s
Chile” (Sonidos de la memoria: Música y cautiverio político en el Chile de Pinochet) en la Universidad de Mánchester,
comenzado en septiembre 2013 y financiado por la Leverhulme Trust. Agradezco a los evaluadores anónimos por sus
útiles comentarios, y a las editoras de The world of music por autorizarme a reproducir secciones de la publicación
“Music and Torture in Chilean Detention Centers: Conversations with an Ex-Agent of Pinochet’s Secret Police” (Chornik
2013a).
Resonancias vol. 18, n°34, enero-junio 2014, pp. 111-126
Fecha de recepción: 17-01-2014 / Fecha de aceptación: 23-04-2014
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to hide the screams of inmates and as a pastime, linking some of these uses to the CIA’s no
touch torture. It also examines the agent’s memories of detainees’ musical activities developed
on their initiative, identifying discrepancies and ambiguities. It concludes that the value of
juxtaposing victims’ and perpetrators’ perspectives lays in the possibility of reconstructing
the musical landscape in political detention in a more complete way.
Keywords: music, detention, torture, perpetrators, testimony, memory.
Al asumir el control del país el 11 de septiembre de 1973, el General Augusto Pinochet
estableció más de mil centros de detención política. Decenas de miles de personas estuvieron
recluidas en esos recintos, sin derecho a juicios justos o garantías judiciales elementales.
La gran mayoría sufrió serias formas de tortura física y sicológica por parte de las Fuerzas
Armadas, Carabineros, Policía de Investigaciones, Dirección de Inteligencia Nacional (DINA)
y Central Nacional de Informaciones (CNI). Miles fueron asesinados, sus cuerpos hechos
desaparecer2. A pesar del régimen de terror, precarias condiciones de vida y censura, los
prisioneros desarrollaron diversas actividades musicales. Para muchos reclusos, escribir,
interpretar, enseñar o escuchar música eran formas de registrar, procesar, recordar, olvidar o
trascender experiencias difíciles. La música les ayudaba a mantener un sentido de normalidad,
era un medio de distracción y comunicación entre ellos y con el mundo exterior. Estas
actividades se insertan de forma central en lo que Jorge Montealegre denomina la resiliencia
comunitaria, “para nombrar la oposición contra el aplastamiento de la persona y a ese proceso
en que enfrentamos a nuestros propios enemigos internos para levantarnos, incorporarnos,
con cierta dignidad” (Montealegre Iturra 2013, 98)3.
Aparte de la trágica muerte del cantautor Víctor Jara en el Estadio Chile (Santiago), poco
se sabe acerca de los usos de la música en recintos de detención y tortura por parte del
régimen de Pinochet4. El Informe de la Comisión Valech I menciona la música constante y
2. Según la primera lista de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura [Comisión Valech] (2004b), 27.153
adultos y 102 menores sufrieron presidio político y tortura durante la dictadura de Pinochet. Una segunda lista
(2011b) añadió 9.795 nombres, elevando la cifra total de víctimas reconocidas oficialmente por el Estado a casi 40.000
personas. Véanse también los Informes de la Comisión Valech (2004a y 2011a), y de la Comisión Nacional de Verdad y
Reconciliación [Comisión Rettig] (1991, especialmente el segundo volumen). Entre los métodos de tortura mencionados
en el Informe Valech I se cuentan: golpizas reiteradas, lesiones corporales deliberadas, colgamientos, posiciones forzadas,
aplicación de electricidad, amenazas, simulacro de fusilamiento, humillaciones y vejámenes, desnudamiento, presenciar
torturas de otros, ruleta rusa, presenciar fusilamientos de otros detenidos, confinamiento en condiciones infrahumanas,
privaciones deliberadas de medios de vida, privación o interrupción del sueño, asfixias, exposición a temperaturas
extremas y violencia sexual (Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura 2004a, 255-297).
3. Montealegre atribuye el desarrollo de la resiliencia comunitaria a las siguientes condiciones: reconocimiento del
acervo sociocultural compartido, desarrollo de expresiones lúdicas y humorísticas en contexto de duelo, valoración
y manifestación de la creatividad (Montealegre Iturra 2013, 206-212). Véanse testimonios de ex presos chilenos sobre
música relacionados con la resiliencia (Chornik 2005 y 2013b). Se espera que una cantidad significativa de nuevos
testimonios se genere a través del proyecto web que estoy actualmente desarrollando junto al Museo de la Memoria y los
Derechos Humanos (www.museodelamemoria.cl), el cual tiene como objetivo compilar y difundir información sobre las
canciones que se escribieron, cantaron y escucharon en recintos de detención y tortura en el Chile de Pinochet, así como
las vivencias personales asociadas a dichas obras. El lanzamiento del proyecto está planificado para principios de 2015.
4. Existe una arraigada creencia que los captores de Víctor Jara le ordenaron tocar guitarra luego de fracturarle las
manos. Ambos incidentes parecen ser mitos: han sido refrendados por testigos que estuvieron detenidos con Jara y por
exámenes forenses. Sin embargo, está comprobado que el músico fue torturado antes de ser fusilado. Agradezco a Aníbal
Fuentealba por esta información. Otro conocido episodio es la transmisión televisiva de una filmación de un grupo de presos del Estadio Nacional (Santiago) cantando la canción “El Patito”, compuesta por Ariel Arancibia y popularizada por
“Los Huasos Quincheros”, cuarteto vocal identificado con la dictadura militar. Véase García (2013, 235-236).
Chornik. ”Música y tortura en centros de detención chilenos . . .”. Resonancias 18 (34):
estridente utilizada en recintos en Arica, San Fernando, Curicó, Concepción, Lautaro y la Región Metropolitana (2004a, 317, 390, 415, 444, 445, 453, 517, 529), sin embargo no detalla prácticas, repertorios o efectos. Por su parte, el Informe de la Comisión Rettig incluye una breve mención a la música empleada por los agentes de la casa de tortura ubicada en la calle Irán 3037 de Santiago (1991 [2], 737). El hecho de que la música no deje marcas físicas en los cuerpos de las víctimas de tortura es quizá la principal razón por la cual se le dé poca importancia a este tema. No obstante, el vínculo entre música y derechos humanos ha cobrado
nuevo ímpetu recientemente en proyectos conmemorativos tales como “Música X Memoria”
(2011) y “Mala Memoria” (2013-2014) del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, y
“Cantos con Memoria” (2012) de la Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi.
En la última década, los debates acerca de la música como elemento de castigo, tortura y control en recintos de detención se han focalizado en las prácticas de los EEUU y países asociados en el contexto de la “Guerra Contra el Terror”. En 2008 hubo gran revuelo internacional a raíz de la investigación de la cadena televisiva Al Jazeera, que destapó el uso de la música a volúmenes extremadamente altos y por largos períodos en Guantánamo. Esta investigación produjo una
significativa movilización de músicos de fama internacional, encabezados por Peter Gabriel,quienes emitieron una queja formal a la administración de Obama (Gabriel 2009; Reprieve
2010)6.
El abogado Manfred Nowak, relator especial de la ONU sobre la tortura y otras formas de trato o castigo cruel, inhumano o degradante (CID) entre 2004 y 2010, declaró que en centros de detención clandestinos en sesenta y seis países examinados por su equipo, encontró una gran cantidad de casos de tortura sónica. Para Nowak, el peor caso es la llamada “prisión de la oscuridad” en Kabul, Afganistán, donde se mantiene a los detenidos esposados, en
total oscuridad, escuchando música estadounidense las veinte y cuatro horas del día:

“los que eran sometidos a esta música eran sospechosos de ser terroristas islámicos, vistos como personas que tenían cierto odio contra los occidentales y la cultura estadounidense. La idea era realmente bombardearlos con un símbolo de esta cultura”7.
5. Otra iniciativa que merece mención es el restablecimiento de un coro de presas políticas (fundado originalmente en
1976 en el centro de detención Tres Álamos, Santiago), el cual se presentó en un acto conmemorativo de los cuarenta
años del Golpe en el Parque por la Paz Villa Grimaldi (véase Chornik 2013b). El Parque, en las afueras de Santiago, se
encuentra en el terreno del antiguo centro de detención y tortura Villa Grimaldi, uno de los principales de la dictadura,
cuyas instalaciones fueron demolidas por los militares en 1989.
6. Véanse los estudios de Cusick (2006, 2008 y 2013) y Kennaway (2012, 131-158). Investigaciones recientes sobre
música y tortura en otros contextos geográficos e históricos se encuentran en Grant y Papaeti (2013a y 2013b).
Los derechos humanos fueron uno de los tópicos del congreso de la Society for Etnomusicology el año 2010, pero
estos se discutieron en relación a los derechos de autor (véase http://www.ethnomusicology.org/?page=Conf_Past).
Actualmente no existen publicaciones académicas de otros autores que vinculen música, violaciones a los derechos
humanos, testimonio y memoria cultural con respecto al Chile de Pinochet. Escasa atención se le ha otorgado a la música
en los campos interdisciplinarios de estudios culturales de la memoria y estudios del trauma, ambos surgidos a principios
de los 1990s. Entre las publicaciones de la última década sobre testimonios sobre violaciones a los derechos humanos
bajo Pinochet, desde la óptica de los estudios literarios y estudios culturales se destacan Peris (2005), sobre el uso
político de narrativas testimoniales durante la post-dictadura; Lazzara (2007), sobre textos, memoriales y obras visuales
que representan experiencias traumáticas; y Montealegre (2013), sobre la resistencia cultural en detención política en
Chile y Uruguay.
7. “[…] the people who were subjected to it were suspected of being Islamic terrorist, who were seen as people who had a
sort of hatred against western and American culture. The idea was to really bombard them with one symbol of American
and western culture” (Grant 2013a). Todas las traducciones en este artículo son mías.
ARTÍCULOS
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Este tipo de prácticas se inserta en la llamada no-touch torture, o tortura sin contacto, la cual
ha sido desarrollada por Estados Unidos desde 1950, y descrita por Alfred McCoy como “la
primera revolución real en la cruel ciencia del dolor desde el siglo dieciséis” [“the first real
revolution in the cruel science of pain since the sixteenth century”] (2012, 22). Entre sus
métodos se cuenta una mezcla de saturación y privación sensorial a través de la manipulación
de factores simples tales como calor y frío, ruido y silencio, con el objeto de causar daño
sicológico (McCoy 2012, 22)8. Algunas de las técnicas de no-touch torture que utilizan sonido
están descritas en el manual Kubark Counterintelligence Interrogation de la CIA (Central
Intelligence Agency, 1963). Traducido al castellano en la década de 1980, este manual fue
ampliamente diseminado en Latinoamérica por la CIA a través de la School of the Americas,
creada en Panamá en 1946, y posteriormente rebautizada como Western Hemisphere Institute
for Security Cooperation. Hasta el año 1975, nota Javier Rebolledo (2013, 96), 71.651 oficiales
latinoamericanos –entre ellos, 6.322 chilenos– viajaron a los EEUU para recibir entrenamiento
de la CIA9.
Las principales fuentes primarias de mi investigación sobre música en detención política en
el Chile de Pinochet son mis entrevistas con personas que estuvieron en dichos recintos.
Este material es utilizado como base para construir información sobre el pasado10. El tema
de la música en conexión con castigo y tortura ha sido difícil de explorar con las víctimas
que he entrevistado. Mi percepción es que los ex presos están mucho más abiertos a hablar
de sus experiencias musicales en relación a actividades que ellos generaron por iniciativa
propia: el discurso que predomina es uno que presenta la música como algo positivo y noble,
que destaca su rol como herramienta de resistencia. En la mayoría de los casos, los propios
sobrevivientes quitan importancia al hecho de haber sido obligados a escuchar música por
largos períodos y a decibeles nocivos para la salud, o no reconocen que esto haya sido una
forma de tortura en sí misma. Las víctimas también tienden a restar importancia al canto
obligatorio (principalmente del Himno Nacional y marchas militares), utilizado como forma de
dominación y adoctrinamiento. Algunos han recordado episodios en los que sus torturadores
cantaban o ponían discos de canciones específicas antes o durante los interrogatorios. Otros
se han referido a castigos sufridos a raíz de haber cantado canciones que estaban prohibidas.
Ex presos también han mencionado el haber cantado o escuchado clandestinamente en radios
de bolsillo canciones particulares para afrontar inminentes sesiones de tortura y calmarse
después de estas11.
8. Actualmente no existen estudios clínicos que analicen los efectos físicos y sicológicos específicamente producidos por
la música en contextos de castigo y tortura. En el caso de actividades musicales forzadas (incluidas audiciones), Grant
(2013b, 6) sugiere que estas producen daño físico directo e indirecto debido al esfuerzo involucrado y a la privación de
sueño. Respecto al daño sicológico, Grant reconoce que este depende de una serie de factores, por lo tanto es difícil de
predecir. Sin embargo, nota que para algunos sobrevivientes, “formas de tortura que incluían música eran consideradas
por ellos entre las peores a las que habían sido sujetos” [“forms of torture involving music were viewed by them as
amongst the worst they had experienced”] (Grant 2013b, 6).
9. También es posible establecer vínculos con los métodos de represión en centros de detención, tortura y exterminio
nazis (por ejemplo, a través de funcionarios del régimen de Hitler que después del fin de la Segunda Guerra se
establecieron en Chile y colaboraron directamente con los servicios de inteligencia de Pinochet), los cuales hicieron
amplio uso de la música en contra de los prisioneros.
10. Elizabeth Jelin, en su estudio sobre memorias en contextos de dictaduras latinoamericanas, identifica otras dos
relaciones posibles: el papel de la investigación histórica para “corregir” memorias equivocadas o falsas, y la memoria
como objeto de estudio o de investigación (Jelin 2002, 63).
11. Extractos de estas entrevistas se incluyen en Chornik (2014).
Chornik. ”Música y tortura en centros de detención chilenos . . .”. Resonancias 18 (34): 111-126
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El restarle relevancia a la música como forma o fondo de tortura y otras formas de trato o
castigo CID no es exclusivo al caso chileno. Un fenómeno parecido se describe en el estudio
de Anna Papaeti sobre relatos de ex presos de la dictadura griega (1967-1974):
En el contexto griego, se ha hecho hincapié en colocar a la música
invariablemente en el lado de la resistencia […] La reconstrucción del empleo
abusivo de la música que hizo el régimen implica ir en contra de la corriente de
narraciones coherentemente construidas de los hechos, que se han transmitido
durante 40 años Si bien [los ex prisioneros] admiten en sus descripciones el
efecto perjudicial que les causó la música y el sonido [durante sus detenciones],
cuando al comienzo se les preguntaba acerca de su uso, lo consideraban
principalmente como un medio para enmascarar acústicamente la tortura. Sin
embargo, durante el transcurso de las entrevistas recordaban otras instancias
en que [los torturadores] usaban la música, ocasionando efectos perjudiciales
(Papaeti 2013, 68-79)12.
Es posible que el fenómeno anterior esté influido por la falta de tipificación de la tortura en
Chile, que ha sido reclamada recientemente no sólo por organizaciones de ex presos políticos
sino también por el Colegio Médico13. A eso se añade el lapso sustancial de cuatro décadas entre
la época de las detenciones y la invocación de recuerdos, y la disminución de la capacidad de
recordar de los entrevistados debido al envejecimiento y a los efectos del trauma mismo. En
relación a estos últimos factores, un estudio siquiátrico (Golier et al., 2003) con sobrevivientes
del Holocausto que comparó la capacidad de recordar información traumática de personas
con y sin trastorno por estrés postraumático concluyó que los individuos pertenecientes al
primer grupo tienen una capacidad de recordar información explícita sobre el Holocausto
significativamente menor que el segundo grupo.
Desde el campo de la sociología, Elizabeth Jelin señala:
Tradicionalmente, este proceso de recordar y la mediación de subjetividades
humanas plantean algunas cuestiones técnicas y metodológicas, centradas en
la fiabilidad o confianza que la información recogida de esa manera merece.
El problema está en que se pueden cometer “errores” en el recuerdo y en la
transmisión, sea voluntaria o involuntariamente –incluyendo los lapsus y “malas
jugadas” del inconsciente (Jelin 2002, 64).
12. “[I]n the Greek context music has consistently and emphatically been placed on the side of resistance. […]
Reconstructing the abuse of music by the regime requires brushing against the grain of coherently constructed
narratives that have been relayed consistently for nearly 40 years. […] Although in their descriptions they acknowledged
the damaging effect music and sound had on them, when first asked about its use, they viewed it mainly as a means
to acoustically mask torture. However, as the interviews unfolded more instances of the use of music were recalled,
including damaging effects”.
13. En 2009, el gobierno de Michelle Bachelet envió al congreso un proyecto de ley para tipificar la tortura, pero este
no ha sido aprobado aún. Enrique Morales, miembro del Departamento de Derechos Humanos del Colegio Médico de
Chile, afirmó en 2014 que “no sólo se debe tipificar el concepto, sino que ampliar incorporando estas nuevas formas de
vejación” (Correa 2014). Es de esperar que usos de la música nocivos para la salud (por ejemplo su utilización a altos
decibeles y por largos períodos de tiempo para privar de sueño) quepan dentro de una futura definición de tortura en
Chile.
ARTÍCULOS
116
La historiadora Shirli Gilbert, en su estudio sobre canciones de campos de concentración
nazis, nota otros factores que evidencian la complejidad del material testimonial:
Las víctimas sobrevivientes generalmente son incapaces de describir mucho más
allá de sus experiencias inmediatas: la mayoría relata sus calvarios personales,
destacando de manera selectiva algunos eventos pero tergiversando u omitiendo
otros, consciente o inconscientemente. Pocos intentan proporcionar un análisis
general de los acontecimientos. Además, debido a que las víctimas tenían
una capacidad limitada para aprehender el contexto más amplio en el que se
situaban sus experiencias, las discrepancias y contradicciones que a veces se
manifiestan en sus relatos tampoco son de extrañar. Sus intentos de hablar
acerca de eventos traumáticos mucho después de que éstos ocurrieran conlleva
a que los problemas generalmente relacionados con la transmisión y trato de la
memoria se magnifiquen (Gilbert 2005, 121)14.
Considero que para investigar los usos de la música como parte y contexto de torturas y otros
tipos de trato y castigo CID, es imprescindible examinar los relatos de los perpetradores ya
que en ellos se encuentran importantes claves para comprender la violencia, y a partir de este
conocimiento es posible construir un argumento más persuasivo en contra de las violaciones
a los derechos humanos. Creo que actualmente un porcentaje significativo de la sociedad
chilena concuerda que darle la voz a los que idearon, participaron en o facilitaron estos graves
abusos no conlleva la justificación, relativización o validación de estos hechos, o mancha la
memoria de las víctimas. Comparto la opinión de Michael Lazzara quien, en referencia al
gran revuelo que causó la aparición de Osvaldo Romo en una entrevista televisiva (publicada
bajo el título de Romo: Confesiones de un torturador [2000]), concluye que “no hay una sola
forma de escribir la historia de las víctimas, aun por parte de aquellas voces del afuera que
concuerdan que ésta debiera escribirse” (2007, 58)15.
Con esta perspectiva, en diciembre de 2012 entrevisté a un ex suboficial del Ejército y agente
de la DINA, a quien llamaré por el seudónimo de González16. Como funcionario de baja
jerarquía de la DINA, González operó en notorios centros de tortura: Tejas Verdes y Rocas
de Santo Domingo (región de Valparaíso), Villa Grimaldi, Londres 38 y Rinconada de Maipú
(Santiago). También tuvo contacto con personal de otros centros emblemáticos de la DINA,
14. “[…] surviving victims are generally unable to describe much beyond their immediate experiences: most chronicle
their personal ordeals, selectively emphasizing some events while consciously or unconsciously misrepresenting
or omitting others. Few attempt to provide an overarching analysis of events. Further, since victims were limited
in their ability to apprehend the larger context within which their experiences were situated, the discrepancies and
inconsistencies sometimes manifest in their accounts are also not surprising. Their attempts to talk about traumatic
events long after they have occurred mean that problems generally associated with conveying and dealing with memory
are magnified”.
15. Debates éticos de similar envergadura se han producido luego de la publicación del libro-testimonio El Infierno
(1993) de Luz Arce, y los testimonios de Jorgelino Vergara en el film El Mocito de Marcela Said y Jean de Certeau (2011),
en el libro La danza de los cuervos de Javier Rebolledo (2012) y entrevista con Tomás Mosciatti en CNN (2012), así como
la aparición del creador y director general de la DINA, Manuel Contreras, en una entrevista en CNN (2013). Véanse los
estudios de Lazzara sobre las representaciones de Luz Arce y Jorgelino Vergara (2011, 2014).
16. La decisión de usar seudónimos fue tomada por las editoras de mi artículo publicado en The world of music (Chornik
2013a), de donde proviene el grueso del material primario utilizado en la presente publicación. El uso de seudónimos
en relación a perpetradores fue ratificado por el Comité de Ética de la Universidad de Mánchester en julio de 2013, por
razones de seguridad. Si bien no considero que esta medida sea necesaria, especialmente en el caso de personas que ya
han dado declaraciones públicas y/o han sido procesadas, debo aclarar que mi investigación no tiene fines legales.
Chornik. ”Música y tortura en centros de detención chilenos . . .”. Resonancias 18 (34): 111-126
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a saber, Irán 3037, José Domingo Cañas 1305, Cuatro Álamos y Marcoleta 90 (Santiago), y la
secta alemana Colonia Dignidad (región del Maule), liderada por Paul Schäfer, ex coronel de
la Armada de Hitler. González ha hecho declaraciones para las Comisiones Rettig y Valech, y
para varios procesos criminales en Chile y en Europa. Actualmente se encuentra procesado en
un caso de violaciones a los derechos humanos.
Siguiendo la sugerencia de González, nos encontramos en el área de las calles Teatinos y
Huérfanos en el centro de Santiago. Esta área alberga los edificios políticos y financieros más
importantes del país, así como una gran concentración de un tipo de cafeterías llamadas café
con piernas, en donde el café es servido por atractivas mujeres que visten ropas muy ligeras
y, en algunos casos, atienden a sus clientes desnudas. Fue en el sótano de un café con piernas
donde tuvo lugar nuestra primera entrevista. Ciertamente, la elección del lugar hizo que yo
me cuestionara hasta qué punto quería encontrarme con González. Me preocupaba que este
no fuese el lugar apropiado para una entrevista, más aún sobre el tema de la tortura. Me sentí
muy incómoda de estar en ese tipo de lugar, especialmente porque tuve que esperar sola
por media hora ya que González estaba atrasado. Sin embargo, mi entrevistado parecía muy
a gusto y relajado en este ambiente, y nuestra conversación resultó muy fluida. Su actitud
fue distinta en la segunda entrevista dos días después, la cual tuvo lugar en el Parque por la
Paz Villa Grimaldi. Todos los funcionarios del Parque con quien nos topamos lo saludaron
por su nombre, lo cual sugiere que es un visitante regular. Parecía bastante tenso, abrumado
e introspectivo, y sus respuestas fueron mucho más pensadas y sucintas que en el café con
piernas. Durante nuestro segundo encuentro, González mencionó varias veces que él era y
seguía siendo muy amigo de varios presos políticos que estuvieron recluidos en los recintos en
que él operó. Hasta ahora, no he podido confirmar esta última aseveración.
En ambas entrevistas, usé algunas de las técnicas biográficas-interpretativas desarrolladas por
Hollway y Jefferson (2000), abordando temas de forma amplia o lateral, y evitando preguntas
cerradas o porqués. A propósito no cuestioné su responsabilidad personal en violaciones a los
derechos humanos y no insistí en preguntas que respondió de forma ambigua o con un “no
sé” (por ejemplo, “¿cuál era el impacto de la música tocada durante sesiones de tortura en los
prisioneros?”, o “¿por cuáles motivos cree que fue elegido para formar parte de la DINA?”), u
otras que ignoró (por ejemplo, “¿estuvo su decisión de desertar de la DINA relacionada con su
experiencia en Villa Grimaldi?”). Las memorias de González que se presentan a continuación
necesariamente incluyen dimensiones subjetivas y probablemente contengan –como los
relatos de las víctimas– algunos “errores” en el recuerdo y transmisión, lapsus y “malas
jugadas” del inconsciente, acrecentados por el período de cuatro décadas desde la época en
que ocurrieron los sucesos. Además, estando González actualmente procesado en un caso
judicial por violaciones a los derechos humanos, es muy posible que sus respuestas hayan sido
fuertemente condicionadas por un proceso de auto censura.
El presente artículo documenta y contextualiza el testimonio de González. Con el objetivo
de conservar el foco en la relación entre música, castigo y tortura, he resumido y omitido
secciones substanciales de su relato, el cual tiene una duración de casi cuatro horas. Tengo
intención de entrevistar nuevamente a González luego que finalice el caso judicial en el
que está involucrado, con la esperanza de retomar puntos que no se pudieron explorar en
profundidad en los encuentros pasados. Entre estos se incluyen los silencios, evasiones y
contradicciones en su relato. Por otro lado, en un futuro cercano espero entrevistar a otros
ex agentes de Pinochet, para recolectar información más amplia y ahondar mi análisis de los
ARTÍCULOS
118
usos de la música desde el punto de vista de los represores, el significado los distintos géneros
y estilos musicales utilizados, y las posiciones discursivas de los entrevistados, entre otros
tópicos.
*****
González nació en la ciudad de La Serena en 1954. A la edad de seis años, se trasladó a Santiago
con su familia. Según él, cuando estaba en la secundaria militaba en el Frente de Estudiantes
Revolucionarios (FER), asociado al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), del
cual un número muy sustancial de militantes fueron encarcelados, torturados, ejecutados y
desaparecidos. “Todos los estudiantes estábamos revolucionados, andábamos metidos en eso.
Pero en el Ejército me alejé, ya no estaba estudiando. En ese tiempo me gustaba la música de
Inti-Illimani y Quilapayún”. No he podido confirmar con una fuente independiente si González
era efectivamente militante del FER. Es posible que esto sea una idea fabricada para sugerir
una cercanía con los presos. Su aserción acerca de Inti-Illimani y Quilapayún podría reforzar
la presunción de que sus ideas políticas eran de izquierda, al haber tenido estos grupos un
rol clave en la elección de la Unidad Popular, y en las campañas internacionales en pro de la
democracia y el respeto a los derechos humanos durante la dictadura. También es posible que
González haya disociado la música de las ideas políticas profesadas por los miembros de estos
grupos17.
A principios de 1973 González se enroló en el Servicio Militar. Fue destinado a Calama. Luego
de hacer el Juramento a la Bandera en el mes de julio, viajó a Santiago y se quedó más días
de lo permitido: “yo ya era desertor. Y en eso llegó el Tanquetazo, antes del golpe a Allende”.
Cuando se presentó en el cuartel al día siguiente, fue arrestado:
Me quitan las cosas, me cortan el pelo, bien corto, y me mandan a las Canteras de
Toconao [Desierto de Atacama], donde hacía mucho frío. Ahí me pilló el Golpe.
Teníamos una radio militar. En esa radio escuchamos que están bombardeando
La Moneda, bombardeando poblaciones. Como el Ejército vive en guerra con los
peruanos y con los bolivianos, pensamos que era la guerra.
González describe los efectos del Golpe en términos económicos:
Era puro horror. No teníamos qué comer. No teníamos ni zapatos. Salíamos
a robar. Los superiores sabían de esto y hacían la vista gorda. Solo nos daban
un kilo de porotos, lentejas o garbanzos al mes. Robábamos el tren. Cuando
pasaban camiones de Argentina los parábamos y sacábamos un poco de carne.
Robábamos con uniforme y todo. Éramos indigentes, los castigados del Ejército.
17. Esta disociación fue perfectamente posible para un grupo de agentes de Tejas Verdes, quienes durante una
celebración en un restaurante cantaron canciones de Víctor Jara y Quilapayún, respectivamente ejecutado y exiliados por
sus ideas políticas (Rebolledo 2013, 252-253). Uno de esos agentes custodiaba la habitación donde se guardaban objetos
requisados durante los allanamientos, y relata que los oficiales le pedían discos de Los Jaivas, Inti-Illimani, Violeta Parra,
Mercedes Sosa y Víctor Jara (Rebolledo 2013, 94).
Chornik. ”Música y tortura en centros de detención chilenos . . .”. Resonancias 18 (34): 111-126
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Chacabuco y Tejas Verdes
Poco después del Golpe, González fue transferido a la antigua oficina salitrera de Chacabuco,
en el Desierto de Atacama, la cual sería luego utilizada por los militares como campo de
concentración. González recuerda haber visto a los reclusos llegar en un bache, todos cantando
el Himno Nacional18. Los presos se levantaban a las seis de la mañana con un toque de diana
(corneta). Además de hacer el Juramento a la Bandera, debían cantar el Himno Nacional y
marchas militares cada mañana y tarde: “los prisioneros no cantaban estas marchas porque
les nacía: los obligaban. El objetivo era reventarlos. Sí [risas], ese era el objetivo. Pienso esto
ahora, después que estuve en los campos de concentración en Alemania. Ahí los re-educaban”.
Algunas de las marchas más populares, como “Adiós al Séptimo de Línea” y “El Himno de
Yungay”, datan de la Guerra del Pacífico, o fueron compuestas posteriormente en honor a los
héroes de esa guerra como el caso de “Los Viejos Estandartes”. Otras marchas del repertorio
obligatorio eran “Las Glorias del Ejército” y “Lili Marlene”, de origen germano19. Los soldados
también tenían que cantar: “con los presos cantábamos todos, para inculcar el patriotismo y
el amor patrio.”
González escuchó cantar a los reclusos diversas canciones de Violeta Parra, especialmente “La
Jardinera”, “El Casamiento de Negros”, “Run Run Se Fue Pal Norte” y “La Paloma Ausente”. No
expandió en detalles o comentó acerca de la significación de la música de Parra en el campo de
concentración (nótese que su hijo Ángel Parra era uno de los reclusos), sin embargo destacó
que nunca escuchó a los prisioneros cantar “La Carta”, la cual versa explícitamente sobre
presidio, injusticia social, y falta de libertad de expresión y opinión20.
Poco tiempo después, González fue transferido nuevamente, esta vez a Tejas Verdes. Fue allí
donde se convirtió en agente:
Cuando llegamos al regimiento, vimos a los soldados medios raros. Un silencio.
No sabíamos qué pasaba. De ahí veo unos gringos. Pero ahora sé que eran
alemanes, porque yo ahora sé el idioma. Para mí eran gringos, todos bonitos.
Estaban vestidos de uniforme del Ejército Chileno. El Coronel nos dice que
somos elegidos entre todo el Ejército para derrotar al marxismo, y nos pregunta
si sabíamos lo que habíamos firmado, que era “PMNP” (Puras Mentiras No
Pregunte). Nosotros le decimos que no. Él nos dice que ahora estamos en la
DINA. Éramos 600, de todos lados del país. No sabíamos lo que hacía la DINA:
no existía antes. Ahí partió nomás.
González mencionó haber seguido un curso de inteligencia de dos meses de duración en las
Rocas de Santo Domingo, pero no proveyó ningún detalle acerca de sus contenidos y prácticas.
18. En 1973, el gobierno de Pinochet reincorporó e hizo obligatoria una estrofa del Himno Nacional que glorifica a la
Armada, la cual se encontraba en desuso. La nueva versión fue oficializada por medio del Decreto Supremo Nº 6.476 del
25 de julio de 1980. Cuando se reestableció la democracia en 1990, se removió la polémica estrofa. Sin embargo, sectores
de la extrema derecha aún la cantan en ceremonias privadas. Véase los análisis de los cambios de la música y texto del
himno de Vega Durán (2000) y Neustadt (2011).
19. “Lili Marlene”, con letra de Hans Leip y música de Norbert Schultze, fue ampliamente utilizada durante la Segunda
Guerra Mundial por ambos bandos del conflicto (véase Bade 2012).
20. Véase el relato personal de Montealegre sobre la significación de cantar a Violeta Parra en Chacabuco (2012, 76-111).
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Esto es relevante, al haber sido Tejas Verdes el primer centro de torturas y exterminio de la
DINA, donde se experimentaron técnicas que se aplicarían ampliamente en otros centros a lo
largo del país, como lo demuestra la investigación de Rebolledo (2013). En cuanto a la música
en Tejas Verdes, la única evocación que hizo González fue con respecto al adoctrinamiento
al que eran sometidos los prisioneros a través de canto obligatorio, el cual tenía una rutina y
repertorio similares a los de Chacabuco. Además de los títulos anteriores, los prisioneros eran
obligados a cantar el himno propio de Tejas Verdes y de otros regimientos, todos los cuales
evocaban valores tradicionales y heroísmo.
Londres 38 y Villa Grimaldi
Desde enero de 1974, González operó en Londres 38, y desde abril de ese año en Villa
Grimaldi. Según él, sus labores se restringían a la vigilancia y mantención de estos recintos,
y al registro de los nuevos detenidos. González no recuerda haber escuchado ningún tipo
de música en Londres 38, contradiciendo los relatos de detenidos resumidos en el Informe
Valech I (2004a, 529), según el cual estos “estaban expuestos a ruidos molestos durante la
noche para impedirles dormir, especialmente música a todo volumen”.
Los colegas de González a menudo escuchaban la “lora” (“radio” en la jerga de la DINA)21,
especialmente el programa “El Hocicón” de la Radio Nacional, que transmitía gran cantidad
de rancheras mexicanas, y la Radio Cooperativa22. A uno de sus colegas le gustaba mucho
la música y andaba siempre con una guitarra: “cantaba siempre la misma canción: la balada
francesa ‘Aline’, que estaba de moda. Cantaba todo el tiempo, también delante de los presos”.
Según González, las canciones que los agentes más tocaban en LP eran “La Vaca Blanca” y “La
loca María”:
“La Loca María” se trata de una mujer pérfida que anda buscando un novio.
Típico. Y “La Vaca Blanca” es una vaca que anda buscando un marido y va a una
fiesta con un toro de sociedad. Canciones para llorar. Las tocaban todos los días,
porque le gustaban a la gente, a todos. Hasta los guardias las cantaban23. El agente
que estaba a cargo elegía el disco. Los oficiales tenían otro gusto: les gustaba la
música clásica, eran más educados.
González asegura que los prisioneros en Villa Grimaldi no eran obligados a cantar, lo cual
es debatible: se sabe de la existencia de al menos un episodio de canto forzado en este
21. “Lora” era también el término que usaban algunos detectives de Investigaciones para referirse a la máquina generadora
de electricidad para las torturas, empleada para hacer “cantar” a los prisioneros “como loros” (o sea, confesar y delatar).
Los agentes del Cuartel Simón Bolívar 8800 (Santiago), del cual no quedan sobrevivientes, empleaban el término “gigí”
para nombrar a esta máquina (Rebolledo 2012, 129).
22. La Radio Nacional era la radio oficial del régimen, y transmitía los actos y discursos de la Junta. La Radio Cooperativa,
por otro lado, era contraria a la dictadura y denunciaba las violaciones a los derechos humanos, por lo cual fue obligada a
suspender transmisiones en varias ocasiones. González no hizo ningún comentario acerca de las tendencias ideológicas
de estas radios.
23. Existen varias versiones de “La Vaca Blanca”, escrita originalmente, según tengo entendido, por el grupo peruano
Los Girasoles. No he podido establecer cuál versión circulaba en los centros de la DINA. Una posible candidata es la
versión del grupo chileno de música tropical Los Vikings 5. Otra posibilidad es la grabación de la banda Los de Colombia,
especialmente al estar esta incluida en la compilación de cumbias del LP Cumbia Colombiana: Clásicos de los 60, el cual
también contiene “La Loca María”, mencionada por González (http://www.youtube.com/watch?v=K1fY_esj0P4 y
http://www.youtube.com/watch?v=r_fK48J8Iqk [acceso: 12 de enero de 2013]). No he podido establecer si la versión
de “La Loca María” en dicho LP es la original.
Chornik. ”Música y tortura en centros de detención chilenos . . .”. Resonancias 18 (34): 111-126
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recinto (véase Chornik 2013b). Según el ex agente, los reclusos “no hacían nada por su
propia iniciativa. Estaban encerrados todo el día y no tenían nada que hacer. ¿Que hicieran
algo cultural? No, nada, nada. En Chacabuco sí, pero era porque tenían un guía del Ejército”.
Esto también es disputable: dentro de las estrechas limitaciones impuestas por el sistema,
los reclusos en diversos niveles de presidio se las arreglaban para llevar a cabo una amplia
gama de actividades creativas, desarrolladas a partir de su iniciativa (véase Montealegre Iturra
2013). Luego, sin embargo, González admitió haber escuchado regularmente a los prisioneros
cantar por su propia decisión:
Los sábados, domingos y feriados estábamos solos. Era muy tranquilo y nosotros
éramos la máxima autoridad. Cantar durante la semana no estaba permitido
porque había muchos oficiales y estaba el comandante. Cuando cantaban los
presos, uno tenía que estar mirando. En el verano del ‘74 se le echó agua a la
piscina. Nosotros nos bañábamos durante el día, y les abríamos la puerta a los
presos para que se bañaran en la noche. Había un grupo de Valparaíso que se
sentaban en un banco cerca de la piscina y cantaban canciones de la Revolución
Mexicana, corridos, “El Negro José”, canciones de Víctor Jara como “Juan sin
Tierra” y “Joaquín Murieta”. Me acuerdo de la canción “Un Millón de Amigos” de
Roberto Carlos, una canción que tiene que ver con la bondad, con la humildad.
La letra te dejaba un mensaje.
La Venda Sexy, José Domingo Cañas 1305 y los campos nazis
Entre los deberes de González estaba llevar comida a los “paquetes” (“prisioneros” en la
jerga de la DINA) recluidos en La Venda Sexy24. Debía recolectar la comida del edificio Diego
Portales, sede del poder ejecutivo (1973-1981) y legislativo (1973-1990) de la Junta. A La
Venda Sexy también se le conoce como La Discotéque, por la música grabada que se tocaba
constantemente a un volumen exorbitante. González explica cómo obtuvieron el equipo y los
discos:
Hoy yo allanaba tu casa y me llevaba todo lo que había, tocadiscos, LPs. Entonces
se tocaba la música tuya, lo que tuvieras, ¿y qué figuraba? Lo que estaba de moda,
lo que se tocaba en la radio. Eso sucedía también en Villa Grimaldi. En Londres
38 no. Al que le quitaron las cosas tenía un parlante bastante grande. Ese equipo
sonaba tan fuerte. Por eso la llamaban La Discotéque, y los mismos agentes le
pusieron ese nombre. En ese tiempo no se hubiera llamado tortura sónica, y no
sé lo que pueden haber pensado los prisioneros. El equipo estaba instalado en
el segundo piso, en la sala de torturas, y funcionaba todo el tiempo, al menos
cuando yo fui. Ponían música para tapar los gritos, para que la gente que pasaba
por la esquina no pensara que aquí estaban torturando. Se escuchaba mucho “La
Vaca Blanca”, “La Loca María”, “La Gallina de los Huevos de Oro”, Sandro, Fabio
y Ramón Aguilera25.
24. Los términos “paquete” y “empaquetado” también se usaban para referirse a los cadáveres de los detenidos
desaparecidos.
25. Alejandra Holzapfel menciona en una entrevista un ejemplo de sadismo musical, al haber tenido que escuchar la
cumbia “Don Goyo” –que versa sobre el cadáver abandonado de un hombre que fue torturado y asesinado– durante su
estadía en La Venda Sexy (Toro Agurto, 2013). “Don Goyo” fue grabada por varios grupos, entre ellos Los Vikings 5.
ARTÍCULOS
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González además repartía comida en la casa de tortura en la calle José Domingo Cañas 1305
(conocida como Ollahue entre los funcionarios de la DINA), donde “también se ponía música
para que tapara los gritos. Ahí tocaban todos los días una cueca. No me acuerdo cuál pero era
siempre la misma. La gente cantaba con el disco. También había una lora [radio], que siempre
estaba encendida”.
González desertó de la DINA en 1975, “sin explicaciones, así nomás”. Partió de Chile para
radicarse en Alemania. Vivir en ese país le permitió generar conexiones entre los campos
nazis y su propio pasado como funcionario de la DINA:
A 60 kilómetros de Hamburgo hay un campo de concentración nazi pero yo
no quería meterme, tenía miedo. Un día fui a Dahaus pero no para recordar el
pasado: eso hubiera sido masoquismo. Luego fui a casi todos los otros campos
nazis. Tú te quedai pa’ dentro. Los campos chilenos eran malos, malos, pero no
eran tan malos como los nazis. Eran “a la chilena”.
Según el ex agente, la diferencia clave entre los recintos nazis y los chilenos era que en los
últimos las órdenes no se llevaban a cabo:
Ni siquiera las órdenes del General Manuel Contreras [el fundador y Director
General de la DINA]. Porque había mucha gente que yo ponía en las listas para
matar pero después quedaban vivos. Porque estaban en La Torre de la Villa,
que era la parte para matar a la gente. No, los recintos chilenos no eran como
los nazis, no era como que teníamos a… ¿cómo se llamaba el músico que Hitler
adoraba?
González no cuenta los miles que sí fueron ejecutados y desaparecidos por Pinochet, y para
descartar conexiones con los campos de concentración nazis evoca a Wagner, aunque no
puede recordar su nombre.
Conclusión
El testimonio de González constituye un aporte a la comprensión de los usos de la música por
parte de los organismos armados durante la dictadura de Pinochet. Si bien no permite deducir
la existencia de un sistema organizado o de prácticas homogéneas, el testimonio evidencia que
en ciertos recintos, los agentes utilizaban la música como pasatiempo, forma de dominación y
adoctrinamiento, en conexión con tortura y otros tipos de trato cruel, inhumano y degradante,
y como medio para esconder los gritos de los prisioneros afectados. Es posible que algunos
de estos usos provengan de técnicas de no touch torture originalmente desarrolladas por la
CIA, dada la estrecha colaboración entre la agencia estadounidense y los servicios secretos
latinoamericanos.
Con la excepción del Himno Nacional y “Un Millón de Amigos” de Roberto Carlos, ninguna de
las canciones que según González los presos fueron forzados a cantar o escuchar fue reconocida
por personas que estuvieron recluidas en los mismos recintos, a quienes contacté luego de
haber entrevistado al ex funcionario de la DINA. Por otro lado, los ex presos mencionaron
Chornik. ”Música y tortura en centros de detención chilenos . . .”. Resonancias 18 (34): 111-126
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canciones que González no incluyó en su testimonio26. Estas discrepancias no necesariamente
implican que unos dicen la verdad y otros no, al menos en lo que respecta a la música. Tal vez
estas se deban a que los prisioneros interactuaban con distintos funcionarios, en sectores y
períodos diferentes, o que sean causadas por los aspectos subjetivos del acto de recordar. Tal
como Caroline Bithell y Juniper Hill señalan en su libro The Oxford Handbook of Music Revival
(en prensa, s/p), los relatos sobre el pasado
[…] están sujetos a una serie de refinamientos: se hacen correcciones e
introducen nuevos errores, se olvidan hechos y agregan explicaciones, se
borran detalles incómodos y suavizan asperezas. Los vacíos de la memoria y la
documentación (que por naturaleza nunca pueden ser completas) se llenan con
conjeturas, suposiciones, y saltos imaginativos27.
A pesar de haber hecho este pequeño ejercicio de comparación al cotejar los títulos de
las canciones recordadas, no considero que sea particularmente productivo estudiar las
experiencias de víctimas, victimarios, cómplices, testigos y espectadores y sus diversas
combinaciones con un enfoque comparativo, tradición arraigada en la academia y especialmente
en el ámbito etnomusicológico. Si bien los diversos actores pueden haber compartido una
misma situación musical dentro del espacio de la prisión política, en mi opinión sus posiciones
fueron y continúan siendo demasiado diferentes como para ser comparadas. Pienso que el
valor de yuxtaponer diversas perspectivas está en la posibilidad de comprender los roles de la
música en presidio de forma más completa.
El recurrente uso de González del tiempo presente en su relato indica que su paso por la DINA
permanece vívido en su memoria. Su confusión de discursos a través del uso simultáneo de
la primera y tercera persona (por ejemplo en la descripción de los allanamientos en donde
confiscaban discos) sugiere que su rol no fue solamente ser testigo de episodios de violaciones
a los derechos humanos. Hay quien podría también considerar a González como una víctima
de las circunstancias: era todavía un adolescente cuando se enroló en la DINA, aparentemente
en contra de su voluntad. Sus afirmaciones sobre su militancia en el Frente de Estudiantes
Revolucionarios, gusto por la música de la Nueva Canción, visitas al Parque por la Paz Villa
Grimaldi y amistad con presos políticos sugieren una intención de situarse ideológicamente
del lado de las víctimas. Sin embargo, cuando le pregunté si seguía en contacto con otros ex
agentes, admitió que sí lo hace regularmente.
26. Títulos mencionados por ex prisioneros en relación a tortura incluyen “Venceremos” de Sergio Ortega y Claudio
Iturra, “Libre” de Nino Bravo, “My Sweet Lord” de George Harrison, “Un Millón de Amigos” de Roberto Carlos, varias
canciones de Julio Iglesias, el “Concierto de Aranjuez”, y la banda sonora de la película “La Naranja Mecánica” de Kubrik.
Entre los títulos de canto obligatorio se cuentan las marchas “Orden y Patria Es Nuestro Lema”, “La Novia Va Prendida
en el Avión” y el Himno Nacional. Esta lista es, por supuesto, muy limitada. Espero obtener un catastro más completo del
repertorio musical utilizado por el sistema en estos y otros recintos a través del proyecto web que estoy desarrollando
con el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. Agradezco a Javier Rebolledo, que a mi solicitud contactó a
Jorgelino Vergara (alias El Mocito), agente del cuartel Simón Bolívar 8800, para preguntarle acerca de los usos de la
música por parte de los agentes. Según Vergara, a los detenidos se les obligaba a cantar “El Cautivo de Til Til” de Patricio
Manns, y “Con Todos” de Armando Tejada Gómez y César Isella, grabado por Mercedes Sosa, el grupo chileno Huamarí
y el argentino Los Calchakis, entre otros.
27. “[…] undergo a series of refinements: corrections are made and new errors introduced, facts are forgotten and
elaborations added, inconvenient details are erased and rough edges smoothed off. The gaps left by memory and
documentation (which by their nature can never be complete) are filled in by educated guesses, assumptions, and
imaginative leaps.”
ARTÍCULOS
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La música en el contexto de la prisión política navega en lo liminal y ahonda los problemas que
la descontextualización de esta presenta. La música, ya sea cantada o escuchada forzosamente,
adquiere una nueva significación como resultado del acto de tortura, al ser este un acto
del Estado. Se podría sugerir que las canciones para tapar los gritos y sufrimiento de los
prisioneros, los gritos que significaban tanto pero decían tan poco, encapsulan la imagen de
angustia y alienación que “El Grito” de Edvard Munch transmite, y la paradoja de ser capaz de
gritar sin poder escucharse.
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Peris Blanes, Jaume. 2005 La voz imposible: Memoria y representación de los campos de
concentración en Chile. Santiago de Chile: Editorial Cuarto Propio.
Rebolledo, Javier. 2012. La danza de los cuervos: El destino final de los detenidos desaparecidos.
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Chile: Ceibo Ediciones.
Reprieve. 2010. “Zero dB: Stop music torture”. Reprieve, 16 marzo. Acceso: 16 de diciembre de
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Toro Agurto, Ivonne. 2013. “Alejandra Holzapfel: Yo sobreviví a Venda Sexy”, The Clinic Online,
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Sociedad Chilena del Derecho de Autor.
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126
Chornik. ”Música y tortura en centros de detención chilenos . . .”. Resonancias 18 (34): 111-126

Cantos Cautivos es un proyecto creado por el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos (Chile). El objetivo de esta iniciativa patrimonial es compilar, conservar y promover el repertorio de canciones que se escribieron, cantaron y escucharon en recintos de detención política y tortura en Chile entre 1973 y 1990, así como las memorias de experiencias individuales y colectivas asociadas a dichas obras. Este proyecto busca contribuir a los debates sobre violaciones a los derechos humanos durante nuestro pasado reciente.

Comparta sus recuerdos sobre una canción mediante un texto o audio. Puede subir más de un testimonio si lo desea. Si tiene alguna duda, por favor visite la sección de preguntas frecuentes.

Este es un proyecto sin fines de lucro. El Museo de la Memoria y los Derechos Humanos no percibe ningún tipo de ganancia ni retribución monetaria por la difusión del material aquí publicado.

UN MECHÓN LACIO QUE LE CAE SOBRE LOS OJOS

DestacadoUN MECHÓN LACIO QUE LE CAE SOBRE LOS OJOS

UN MECHÓN LACIO QUE LE CAE SOBRE LOS OJOS

El martes, 06 de octubre de 2009
Homenaje a Miguel Enríquez escrito por Carmen Castillo

Esa noche el oficial Max hace comparecer a Amelia en un cuarto. La Flaca Alejandra lo acompaña. Amelia está muy debilitada: hace cuatro días que los prisioneros no reciben alimento.
El oficial Max: Como todavía te sostienes, te pondremos de nuevo en la parrilla.
Amelia: no estoy entera… no hay más que mirarme.
El oficial Max se ríe y añade: El Chico te traicionó. ¿De qué te sirve jugar a la heroína?¿para quién, para qué?
Amelia: No le creo.
El oficial Max llama al capitán Marchensko.
El capitán Miguel Marchensko: Sí, es cierto. El Chico nos dio la dirección de la casa, diciendo: «Te doy los peones pero no la reina».
Torturarán a Jaime hasta descerebrarlo. Pondrán a Juanito en la parrilla.
Amelia sabe que ha llegado el momento: debe aprovechar la ocasión para mostrarse agobiada, y llorar y quebrarse. Se esfuerza, pero las lágrimas no le corren.
La Flaca Alejandra: Amelia, tienes que cambiar. La vida continúa en otra parte y tú lo sabes. He visto tanta mierda en el partido, no vale la pena morir ni sufrir por él.
El oficial Max le quita la venda y le pide que lo mire a los ojos. Amelia se sobresalta: el bello y horrible, tiene la cara deformada, la boca de un sádico…
Amelia trata de dejarse llevar por imágenes tristes… inútil: no puede llorar.
«Te endureces a tal punto en la casa José Domingo Cañas que ya nada logra apenarte. El sufrimiento se vuelve tan banal.»
Pero ¿dónde estabas tú, Amelia, el sábado 5 de octubre?
Era cerca de mediodía, ¿cómo saberlo exactamente? Las horas no existían en la casa José Domingo Cañas. La noche había sido fría, y brusco el despertar. Hacía ya un rato que duraba el desfile a los baños. El tiempo transcurría en espera de la irrupción de algo. Los guardias soñolientos se abrazaban a sus metralletas y el arranque de uno o dos coches quebraba la calma de tarde en tarde. El cuarto número uno de prisioneros recibió a un recién llegado: David Silbermann. Sillas removidas para dejarle un hueco. Gemidos y olores rancios, corrientes, un día como cualquier otro, aquí.
De pronto, puertas azotadas, hombres que corren en el exterior, de un cuarto a otro, rechinidos de ruedas de camionetas, metal de armas que raspa paredes, una voz gritona: «Comando de helicópteros», el teléfono que suena, los dos puestos de radio vociferando órdenes.
Los detenidos callaban. Crecía el estruendo de la casa José Domingo Cañas. En el cuarto número uno, se hubiera podido acuchillar el silencio.
Dos hombres, tres hombres irrumpieron; uno de ellos colocó una ametralladora en la puerta y un cuarto ató los pies a los prisioneros. La agitación rebotaba por ese espacio estrecho y el enervamiento de los guardias se tradujo en culatazos, puñetazos, cachetadas y puntapiés. Amelia dice: «No sabíamos qué estaba sucediendo. No nos atrevíamos a preguntar siquiera. Bajamos la mirada».
Un hombre que se reía incrustó la punta fría de AK en el pecho de una, en la frente de otra. ¿Qué era lo que podía excitarlos a ese grado? Resonaban los mensajes de radio. ¿Se trataba de un enfrentamiento? ¿Con quién? ¿Dónde?
La risa del hombre se difundía, se volvía contagiosa y ganaba al cuerpo de guardia. El hombre midió el efecto de cada palabra al hablar: «Buena noticia muchachos… la casualidad, no… no hay que ser mezquinos, es gracias a ustedes… excelente descripción del refugio: acabamos de dar con la casa de Miguel Enríquez… esta vez no se nos escapa».???????????????????????????????
Los ruidos se amoldaron y cada palabra se hizo irremediablemente clara en la pieza número uno: el enfrentamiento continuaba. La DINA pedía refuerzos: Miguel resiste. En el cuarto de los detenidos no se dijo palabra alguna. El recogimiento se convirtió en impotencia solitaria. La mano de Amelia tomó la mano de Carolina, y Carolina tomó la del compañero a su lado… En segundos, todos se tomaban de la mano, trazando un círculo. Nos tocábamos con una plegaria en el corazón. Hacía frío.
Un hombre, dos hombres, tres hombres entraron en la pieza, armas en mano. Golpes. Una como embriaguez. Una voz de histérico: «Por cada uno de los nuestros que caiga en la calle Santa Fe, fusilaremos a dos de ustedes».
Escuchando esas amenazas, solo veíamos una imagen: Miguel resiste. La DINA tiene heridos y muertos. Las manos se estrechaban, las uñas arañaban las palmas. El silencio se tornó materia, esperanza: Miguel resiste y se les escapará. No lo atraparán. Es necesario.
De pronto alguien grita: «¡Ya está!… ¡lo tenemos! Los hombres avientan las metralletas al suelo y se abrazan. Los hombres de negro se ríen, algo como la risa, y aplauden «¡Lo matamos… lo dejamos hecho un colador… todo acribillado… se acabó el MIR… ya veremos…».
Amelia levanta la mirada y sus labios entonan suavemente una tonada. Los prisioneros se yerguen y la siguen. Poco a poco aumenta la música y se estrecha el círculo de manos. «La Internacional» retumba en la casa José Domingo Cañas. Un suspiro, un redoble de murmullos se propaga de oído en oído: Miguel no ha muerto…
Esta melopeya, este canto vuela hacia los campos de concentración de Ritoque, Tres Álamos, Chacabuco, Tejas Verdes. Se cuela en las casa secretas y Colonia Dignidad. Todavía resuena en las calles de Santiago, Concepción, Valparaíso, Antofagasta. A lo largo de todo Chile, entre la cordillera y el mar.
Un charco de sangre se extiende por el suelo de madera de la sala, entre el escritorio de Miguel, la puerta-ventanal y el mueble bajo de Javier donde se guardan los discos. Allí fue donde lo abatieron, cuando seguía los pasos de Miguel hacia el garage. Debió ser quince minutos después del inicio del enfrentamiento. Solo sintió un golpe, un golpe lancinante y punzante, y luego nada. El brazo derecho se le retorció, doblado en dos, y brotó la sangre. La visión no duró más que un instante, pues ella volvió la cabeza a otro lado. Cerró los ojos. «El Coño Molina» corría de la pieza que daba sobre la acera hacia el patio y se cruzó con ella; debió decir algo como: «Te dieron»… y siguió de largo. Fue lo que ella escuchó antes, antes de que el cuerpo reblandecido se viniera abajo. Lasitud y somnolencia, mansedumbre. Sin moverse, levantó la mirada. A Miguel también, pensó, un raudal de sangre delgado, muy delgado, le corre de la mejilla izquierda.
No vio nada más. Deseaba estirarse, alargarse, arrastrarse hasta él. Entre ellos no había más que la distancia de un cuerpo, y la puerta-ventanal estaba abierta de par en par. Se apoyó en la mano izquierda, incorporó el torso y volvió a desplomarse, hundiéndose en las sombras. Mucho tiempo. Pero no lo sabe.
El ojo en la mira, él descarga su metralleta. Ahora se repliega. Comienza de nuevo, observa, apunta y dispara. Es Miguel, que no cede y no se resigna, que resiste.
Ella se durmió serenamente. No lamentaba nada. Se habían dicho todo y no habían calculado nunca el cómo ni el cuándo; habían vivido, tan hondamente, juntos. La muerte parecía tan lejana, como una persona que se conoce bien pero a la que hace mucho tiempo que no se ve. No sorprende la muerte. Un día tenía que llegar. No sintió más que una pena dulce. Como todos los días, antes de abandonar el ensueño. Después, cuánto tiempo después, él se le acerca. Ella lo ve venir. Se inclina sobre ella, la desplaza detrás del mueble bajo y largo. No debe quedar al descubierto: las astillas vuelan por el cuarto y los tiros la rozan. La toma, sí, me toma, sus manos… ha debido dejar el arma sobre las rodillas, y me besa y me habla. Por un instante la metralleta descansa a sus pies: Catita, despiértate. Catita…
No, ella jamás pronunciará esas palabras; callará. Imágenes indefinibles que solo a ella le pertenecerán. Mientras viva.
Un pesado silencio cae sobre la casa celeste de Santa Fe. Nadie. Supo que estaba sola. Afuera se oían gritos, jirones de órdenes, explosiones metálicas; polvo. Las detonaciones iban espaciándose y las siguió un momento de calma. Puños que azotaban la puerta, luego, madera crujiendo, la puerta desplomándose y pasos, pasos que corren, piernas negras.
Un hombre la tira del cabello, le echa la cabeza hacia atrás, le vuelve la cara y la abofetea. Tres dientes se quiebran. El hombre le espeta: «Tú eres Ximena, hija de puta…». Otra voz, rostro sin ojos: «Está herida y embarazada, hay que evacuarla»: Los hombres la llevan, arrastrándola, hasta la esquina.
Calzado negro y culatas de metralleta la rodean. Divisa a lo lejos, tan lejos, a los vecinos. Alguien exclama: «¡Hay un muerto!» Los helicópteros hostigan y ahogan las voces. Un dolor mezclado con temor la embarga.
La imagen borrosa se diluye, y esto me atormenta. El sábado 5 de octubre de 1974, un día tibio, ¿qué ropa llevaba? La blusa de embarazo de Paula y un pantalón azul marino. Creo. No tiene la menor importancia. En la calle había una mujer que se adormecía. Vestía así pero, como en una foto, no puedo traspasar la imagen, entrar adentro, introducirme en ese cuerpo. ¡Había sangre por todas partes, una mancha desde la casa hasta la vereda! De la sangre y el sufrimiento no sé nada. Nada.
El Hospital Militar se encuentra en el cruce de Los Leones y Avenida Providencia.
No distingue nada aún, nada que no sean piernas negras y blusas blancas. Está sola en una habitación oscura, con el aparo de rayos X encima de ella, y suplica: «Por favor, cuidado con el bebé». Una voz profesional le contesta: «Como si pudiéramos ocuparlos de él».
Cuando las luces se apagan, se palpa el vientre. Alguien enciende un foco sobre sus ojos y ella se pone rígida. Ahí están, esos dos hombres, detrás. Uno le parece un gigante de cabello crespo, muy corto; lleva un chaquetón beige, cuello café oscuro, que realza su porte robusto. Habla con un tono tajante, como oficial prusiano. El otro es regordete y un poco calvo.
–Así que tú eras la… ¿te hacías llamar Ximena, no?
–¡Dónde está Miguel?
Un silencio.
–Se fue.
–Huyó, está bien, se salvó…
Una sonrisa u otra cosa le transforma la expresión. La voz dice:
–Murió.
De pie sobre el muro de adobe, a cien metros de la casa celeste de Santa Fe, Miguel gritó: «¡Detengan el fuego… ¡Hay una mujer embarazada, herida!». Los hombres al acecho se irguieron y avanzaron sobre la humilde casa. Miguel saltó el muro y empuñó el arma: una ráfaga de metralleta desgarró el aire. De todas partes resonaron balazos. La mujer que lava ropa lo vio a través de la rendija de los tablones. Miguel disparó una ráfaga. Miguel se desplomó sobre la artesa, el lavadero.
–¡Dónde estaba herido Miguel?
–El pecho acribillado. Una bala en la cara.
Estaba muy cambiado Miguel.
Los hombres no lo reconocieron. Hubo que tomarle las huellas digitales.
¿A qué se debe que todavía estuvieran allí?
¿Por qué todavía estaban en esa casa? ¿Cuánta gente había?
Por lo menos veinte. El combate duró dos horas y media.
¿Dónde están los escondites de seguridad? ¿Dónde están los refugios de los cuadros militares? ¿Y las armas?…
«La Catita» calla, y callará largo tiempo. Hirieron de muerte a Miguel. Miguel. Ignoran que una esquirla de granada lo alcanzó a los quince minutos de iniciarse el enfrentamiento, y no vieron el hilo rojo que le corría por su mejilla, y nunca sabrán que peleó solo, solo durante más de dos horas, con su metralleta AK ardiendo y los cargadores de cuarenta disparos. Se calla, y se callará. No sabrán nunca, nunca, que ella lo vio. Que él le habló. Cuidará ese secreto frente a ellos. Esto no podrán mancharlo.
–¿Cómo dieron con la casa?
–Un croquis del lugar y algunas pistas: tu embarazo, una Renoleta roja, el sector de la ciudad, los puntos de contacto… un rastreo sistemático y, la mañana misma del sábado 5 de octubre, la casualidad: la panadería, el cuento del bolso olvidado en el taxi, el retrato hablado de tu cara… los dos pisos y el verde esmeralda de la casa de enfrente…
¿Dónde está «El Chico»?
–Murió recién, hace unos días.
–Lo asesinaron.
–Una hemorragia, un momento de descuido, una negligencia… es una lástima.
–Y Luisa ¿cómo está?
–Triste, a causa de Miguel.
Un hombre le muestra una foto de Miguel, la que utilizaba la DINA con sus pesquisas. Miguel tiene el mechón lacio que le cae sobre los ojos, de lado.
–Déjemela…
«Un mechón lacio que le cae sobre los ojos» fue publicado por primera vez en el libro “Diferentes miradas: Las historias que podemos contar, volumen dos” (Editorial Cuarto Propio), y es extracto de Un día de octubre en Santiago, novela testimonial escrita por Carmen Castillo Echeverría.

El 5 de octubre de 1974 la casa donde se ocultaba Miguel Enríquez, en la comuna de San Miguel, fue rodeada por un nutrido contingente de agentes de seguridad, el que incluía una tanqueta y un helicóptero. Entre los ocupantes del inmueble se encontraba una mujer embarazada que resultó herida. Miguel Enríquez cayó en el enfrentamiento recibiendo, según el protocolo de autopsia, diez impactos de bala que le causaron la muerte. Terminaba así la vida del Secretario General del MIR, de profesión médico, que dejaba un hijo y una hija, y un hijo por nacer que no sobreviviría. Pero si bien ese día cayó muerto Miguel, Miguel vive en su espíritu y su figura se agiganta cada día más, y sirve de ejemplo en las luchas de los estudiantes rebeldes, de los pobres del campo y la ciudad, y en las de todos los que en alguna parte del mundo sufren la explotación. Miguel Enríquez, hasta la victoria siempre.

María Cristina López Stewart, llamada también «Carolina», «Patricia Castellanos», o «La Rucia», estudiaba Pedagogía en Historia en la Universidad de Chile y militaba en el MIR, organización revolucionaria donde dirigía una estructura de informaciones. María Cristina fue raptada desde una casa de Las Condes para ser llevada a José Domingo Cañas donde es torturada salvajemente y hecha desaparecer. Tenía entonces 21 años. Gran parte de su historia aparece en la novela de Martín Faunes Amigo “Viajera de los nombres supuestos” (Editorial EDEBE)

Sergio Pérez Molina, «Chico Pérez», fue un destacado cuadro militar del MIR que desaparece desde la casa José Domingo Cañas. Era el compañeros de Lumi Videla.

David Silbermann, militante comunista, gerente general de Chuquicamata. Fue raptado por la DINA desde la cárcel pública donde permanecía preso desde el golpe de estado, de donde lo llevan como prisionero clandestino a la casa José Domingo Cañas, lugar donde lo convierten en detenido desaparecido.

José Francisco Bordás Paz, alias «Coño Molina», era Ingeniero y miembro del Comité Central del MIR, organización revolucionaria del cual era además su jefe militar. José Bordás, fue ejecutado en el AGA el 5 de diciembre de 1975, después de prolongadas sesiones de tortura y tras haber sido atrapado gracias a la delación del traidor que llamaban «El Barba», el «Coño Molina» había salvado con vida del operativo que terminó en la muerte de Miguel Enríquez.

Yo sobreviví al centro clandestino de torturas a cargo de la DINA en Londres 38

Sobrevivir a Londres 38 “La Casa del Terror”

Testimonio de un sobreviviente a 32 años de distancia de sufrir la tortura de chilenos que en su irracionalidad, descargaron su maldad contra otros compatriotas.
 
23 de Octubre, 2006
Cuesta trabajo traer a la memoria experiencias dolorosas y traumáticas sobre los acontecimientos tristemente vividos en la calle Londres 38, en Santiago de Chile, en pleno centro de la capital, a un costado de la Iglesia San Francisco, porque ahí funcionó el centro clandestino de torturas a cargo de la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional), dirigido por el entonces coronel del ejército, Manuel Contreras Sepúlveda, “El Mamo”, cercano personaje de Augusto Pinochet, cuyo puño de hierro era el distintivo del aparato represivo.

Los que estuvimos en el ahora “Instituto O\’Higginiano” permanecíamos esposados y con los ojos vendados -algunos amarrados y engrillados- sentados todo el tiempo, oyendo gritos de hombres y mujeres torturados continuamente. Era el infierno, comenzaba desde temprano hasta las nueve de la noche, aproximadamente, todo el tiempo se oían los alaridos desesperados en las sesiones de tormentos físicos y emocionales, aplicados por agentes civiles y militares. El inmueble era propiedad de la octava seccional del Partido Socialista de Chile y convertido en una mazmorra de donde entraban y salían seres humanos detenidos y perseguidos por sus ideales políticos allendistas. El futuro era incierto entre tinieblas y oscuridades, ya que de aquí desaparecieron 94 compañeros, entre ellos Juan Chacón Olivares, Alvaro Vallejos Villagrán, Eduardo Lara Petrovich, Joel Huayquiñir Benavides, engrosando la larga lista de detenidos- desaparecidos, ejecutados, torturados, degollados, quemados y exiliados.
¿Por qué hablar de tan amarga experiencia a 32 años de
distancia?
Es que se ha vuelto últimamente noticia este siniestro lugar, reconocido por los Organismos de Derechos Humanos nacionales e internacionales junto con los sobrevivientes de Londres 38, en virtud de que fue declarado Monumento Nacional, para conservar viva la Memoria Histórica y evitar planes criminales como la Operación Cóndor, dado que la quieren comercializar, por lo que hay que luchar y apoyar el proyecto oficial. Le cambiaron la numeración por el 40, como si con esto fuera fácil olvidar la “Casa de la Risa” o “Casa de Las Camapanas” pues nos marcó como un tatuaje en el cuerpo, desgraciadamente. ¿Cómo sobrevivimos entre las vendas, el miedo, la zozobra, el infierno ante la incertidumbre de no saber si salías con vida o no? Se pierde la noción del tiempo, se vive como un ser desdichado que quiere despertar pronto de la pesadilla, salir del abismo, pero no llega…, las horas pasan lentamente, se vive bajo el terror latente, las amenazas de muerte permanentemente. Se oyen pasos misteriosos que se acercan, se alejan y de repente alguien está a tu lado, incógnita que te lleva a desconfiar.
Me hice amigo desde el primer momento de Óscar Núñez, quien había sido Secretario General de la CUT y ahí llevaba muchos días; al saber su nombre, me di cuenta de quién era. Lo habían torturado varias veces en la parrilla, era compañero de partido del guatón Romo, de la USOPO (Unión Socialista Popular), desprendimiento del Partido Socialista de Chile, pero entonces su excompañero se dedicaba a perseguir a los izquierdistas, torturándololos. Era sádico, irónico, carente de mínima compasión, preso actualmente en una cárcel santiaguina, sin el menor remordimiento ni el afán de arrepentimiento.
Cuando llegué estaban Santiago Carreño, Manuel Carpintero, Alvaro Vallejos Villagrán (El Loro Matías), Francisco Lagos, Enrique Norambuena, Luis Arenas, etc., y una compañera de nombre Patricia, quien tenía un pantalón verde y se sentaba en la parte de la entrada a la sala, al parecer polola de “El Coyote”, otro compañero de infortunio, estudiante de la Escuela de Economía. Con quien siempre hablaba era con Oscar, que me encontraba cabrito desde que llegué, ya que apenas tenía 20 años de edad; hablábamos siempre en voz baja. Por la noche nos pasaban colchonetas para dormir, siempre vendados y esposados; llegaba la mañana, otro día de horror, pasábamos uno a uno al baño. Era impresionante ver, al levantar la cabeza, a los compañeros sucios, despeinados, malolientes, y enseguida sentarnos esposados y vendados siempre; nos daban cigarros que compraban con la plata que nos quitaron al detenernos, al igual que los cordones y cinturones. Crecía la represión cada día, aún no se cumplía el primer año de dictadura: Una noche llegaron profesores y alumnos del Liceo Manuel de Salas, entre ellos el profesor Nilo y el alumno Cuevas con quienes iniciamos juegos como Memorama y así surgían personajes prohibidos por los militares: Salvador Allende, Pablo Neruda, Víctor Jara, etc.
Los estudiantes de Economía jugaban al ajedrez de memoria, capacidad que adquieren quienes lo practican mucho tiempo. Distraían el ambiente, entre el dolor y la esperanza, los movimientos mentales de caballos, peones, alfiles, etc. en posición de juego estratégico. Yo, internamente discurría, sin razón, si eran las consecuencias del tiempo especial que enfrentábamos o era una forma de emplearlo para evitar caer en desajustes mentales.
Fui detenido el 29 de junio de 1974, junto con mis padres, mis dos hermanos menores, Francisco y Berta y una tía que estaba por irse a la entonces Alemania Federal; la detención la realizó Osvaldo Romo, que comandaba a los agentes de la DINA. Ellos permanecieron cerca de 2 semanas, obteniendo la libertad al firmar papeles en donde constaban que no habían recibido ningún apremio físico ni psicológico, mientras permanecí ahí otros días hasta que me llevaron incomunicado al Campamento de Cuatro Alamos cerca de 2 meses, desaparecido de la familia. Posteriormente, quedé en libre plática en el Campo de Concentraciòn de Tres Alamos, contiguo al anterior, donde tenía visitas martes y jueves durante media hora. Trato de sintetizar porque sería largo adentrarme en este pequeño testimonio, ya que siempre tengo la idea de escribir un libro, como descarga emocional y sentimental como sobreviviente de la dictadura.
Mi caso está en los archivos de la Vicaría de la Solidaridad del Arzobispado de Santiago, por lo cual aparezco con mi hermano en la nómina de Prisión Política y Tortura, a excepción de mi hermana Berta, ¿quién sabe por qué no esté? ¿Acaso estuvo de vacaciones esos déas invernales en Londres 38? Todos fuimos torturados física y mentalmente. Me causa malestar que no aparezca reconocida. Es interesante la reapertura para las demás personas, a fin de que puedan documentar sobre la represión ejercida sobre ellas.
Buena iniciativa para hacer “justicia” ya que son ligeras limosnas, reparaciones simbólicas y austeras lo que nos dan.
Posteriormente me llevan a Ritoque, Campo de Concentración en Quintero y me trasladan después a la Penitenciaría de la capital, donde estuve varios días en una galería de tránsito, obteniendo la libertad provisional del Fiscal del Ejército, René Reyes, firmando cada 15 dìas, aunque lo pude hacer una vez, pues me detuvieron nuevamente, porque estaba expulsado a México, con decreto del dictador. Estuve preso cerca de un año. Salimos 52 presos políticos rumbo al país azteca el 17 de mayo de 1975, a las 10 de la noche y se nos levantó la prohibición tras largos 12 años de exilio.
Veníamos hombres y mujeres, muchos jóvenes, algunos con su padre o madre, incluso varios hermanos. Llegamos al Hotel Versalles, ubicado entre las calles Versalles y General Prim, cerca de Reforma. Al bajar del avión nos esperaban la esposa de Salvador Allende, Hortensia Bussi y el ex ministro de Economía, Pedro Vuskovic, quienes nos dieron la bienvenida a México, a nombre de la Casa de Chile que funcionaba en la Ciudad de Mèxico, que aglutinaba al exilio chileno.
—–
Fotografías Londres 38
autor Antitezo.


Destacado

Memoria del Horror. Hitos para No Olvidar

Noticias de ‘DINA’

  • Condenan a cinco agentes de la disuelta DINA por el secuestro calificado de Alfonso Chanfreau

    La pena como autores de este ilícito de 10 años de cárcel afecta al ex director de la disuelta DINA, Manuel Contreras Sepúlveda, y los ex agentes, Marcelo Moren Brito, Ricardo Lawrence Mires y Miguel Krassnoff Martchenko.

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  • Procesan a ocho ex agentes de la CNI por homicidio de periodista en 1977 Procesan a ocho ex agentes de la CNI por homicidio de periodista en 1977

    Augusto Carmona, que tenía 38 años cuando fue asesinado, era un reconocido periodista que trabajó en el Canal 9 de televisión, dependiente de la Universidad de Chile, hasta el golpe de Estado de Pinochet, el 11 de septiembre de 1973. Escribía también en la revista Punto Final, para la que cubrió la muerte del guerrillero Ernesto “Che” Guevara, en octubre de 1967 en Bolivia.

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  • Corte Suprema estudia petición española de detenciones por el asesinato de Carmelo Soria Corte Suprema estudia petición española de detenciones por el asesinato de Carmelo Soria

    Entre los requeridos por la Justicia española figura Manuel Contreras, antiguo jefe de la extinta Dirección Nacional de Inteligencia (DINA), que desde 2005 cumple prisión por condenas que suman más de 350 años de cárcel. Los otros cinco acusados son el entonces jefe de la brigada Mulchen, el capitán Guillermo Humberto Salinas Torres, así como los capitanes Jaime Lepe Orellana y Pablo Belmar Labbe, el teniente René Patricio Quilhot Palma y el sargento José Remigio Ríos San Martín, todos ellos miembros de esa brigada.

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  • Clarín, la DINA, la Casona de Volpone y un abogado del Banco Central Clarín, la DINA, la Casona de Volpone y un abogado del Banco Central

    El Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones, CIADI, acaba de fallar a favor del Estado chileno, negando una indemnización al ciudadano español-chileno, Víctor Pey, por la usurpación de sus bienes durante la dictadura, entre ellos el mítico diario Clarín. Esta es la historia en la que se entrecruzan de manera novelesca un diario popular, un ex presidente, un mito de la prensa, los agentes de la represión de la dictadura militar y el solemne Banco Central de Chile.

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  • La historia familiar de Moren Brito y el sobrino al que asesinó y torturó en Villa Grimaldi La historia familiar de Moren Brito y el sobrino al que asesinó y torturó en Villa Grimaldi

    La semana pasada, el juez Alejandro Solís procesó a 13 ex agentes de la DINA por el homicidio de 20 personas en los primeros meses de 1975. Entre ellos está el coronel (R) Marcelo Moren Brito y la dolorosa historia que ha tenido que vivir parte de su familia materna después de la muerte del sobrino del militar. Con este último, Moren compartió hasta el dormitorio mientras estudió en Santiago. Este es el relato más íntimo de la esposa y el hijo del asesinado militante del MIR.

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  • Mauricio Weibel asegura que autoridades de la dictadura conocían de las violaciones a los DDHH. Mauricio Weibel asegura que autoridades de la dictadura conocían de las violaciones a los DDHH.

    Uno de los funcionarios que ha sido aludido por este hecho es el ex subsecretario del Interior de Pinochet y actual diputado RN, Alberto Cardemil, a quien los documentos revelados confirman que tenía “por misión distribuir fichas de los opositores, sacerdotes, estudiantes, las fichas con información que articulaba la CNI, y además repartía informes de la CNI a otros ministerios”.

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  • El millonario negocio de los Pinochet boys con el centro de exterminio de Simón Bolívar 8800 El millonario negocio de los Pinochet boys con el centro de exterminio de Simón Bolívar 8800

    La operación se llevó a cabo al final de la dictadura. Implicado aparece el ex auditor del Ejército, Juan Romero, representante de Augusto Pinochet en sus negocios y procesado en el caso Riggs; también la CNI, y un sobrino político de Lucía Hiriart. Negocio redondo, esta vez con el centro de exterminio que fue testigo de las peores atrocidades cometidas en la dictadura contra seres humanos. Los detalles son parte de un nuevo capítulo contenido en la segunda edición de La Danza de los Cuervos.

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  • El Ejército infiltró a la izquierda antes del 11 de septiembre de 1973 El Ejército infiltró a la izquierda antes del 11 de septiembre de 1973

    Se trata de unos 1.500 escritos que la DINA y otros organismos represivos entregaron en 1974 a la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE), según los cuales los partidos de izquierda fueron infiltrados por los militares durante el gobierno de Allende.

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  • La guerra secreta de Pinochet contra “New York Times” y Radio Moscú La guerra secreta de Pinochet contra “New York Times” y Radio Moscú

    “Cuando volví a Chile sabían casi todo lo que había hecho fuera del país”, recordó el periodista chileno y ex corresponsal de dpa Carlos Dorat, quien fuera presidente de la Asociación de Corresponsales en esa nación.

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  • La danza del coronel Labbé con los cuervos de la DINA La danza del coronel Labbé con los cuervos de la DINA

    Hay al menos dos víctimas de Tejas Verdes que identificaron al teniente Labbé en dicho lugar, al lado de Contreras, registrando y torturando sin tregua. Es el caso del ex director de la Pesquera Arauco, Anatolio Zárate, a quien le fracturaron la columna en medio de la sesión de tormentos, luego de su detención en septiembre de 1973. “Era el teniente Labbé que hoy es la misma persona que es el alcalde (…) Yo fui torturado por Labbé”, me señaló para un artículo hace unos años y lo declaró también a la justicia. Sin embargo, la justicia no encontró mérito suficiente para procesar al ahora alcalde.

    por

Noticias de ‘DINA’

  • Pinochet lideraba red de espionaje que cruzó caminos con el Vaticano, el FBI y la prensa internacional Pinochet lideraba red de espionaje que cruzó caminos con el Vaticano, el FBI y la prensa internacional

    Los documentos revelan el esfuerzo continuo de la dictadura militar por desacreditar a sus opositores y ganar aliados, operación en la que también aparece involucrado el hoy diputado de Renovación Nacional Alberto Cardemil, correligionario del presidente Sebastián Piñera.

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  • Ricardo Claro: el visitante del Paseo Bulnes Ricardo Claro: el visitante del Paseo Bulnes

    Fue uno de los primeros empresarios que se hizo asiduo visitante en el Paseo Bulnes, aunque ya estaba vinculado al organismo. Muchos años después, procesado y arrestado por los crímenes del cuartel Simón Bolívar, Cabezas Mardones recordó en sus declaraciones judiciales sus visitas para reunirse con Manuel Contreras y Ramírez Labbé. “El trabajo consistía en que Ramírez Labbé tenía que tomar contacto con personas importantes de universidades y empresarios. Por ejemplo, recuerdo a Ricardo Claro (…) En Bulnes, en reiteradas ocasiones me percaté de la presencia del señor Claro, del rector de la universidad de Chile y Manuel Contreras. (…) La labor ya no era política, era netamente económica”.

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  • SML identifica a cuatro desaparecidos en cuartel de exterminio de Pinochet SML identifica a cuatro desaparecidos en cuartel de exterminio de Pinochet

    Así lo revelaron este viernes fuentes judiciales, que subrayaron que se trata de tres dirigentes comunistas y un militante del MIR asesinados en el llamado Cuartel Simón Bolívar, de la DINA.

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  • Claudio Sánchez sale de Mega en la misma fecha en que denuncian que Ricardo Claro financiaba a la DINA Claudio Sánchez sale de Mega en la misma fecha en que denuncian que Ricardo Claro financiaba a la DINA

    El rumor era un secreto a voces desde hace un mes y medio, cuando un correo electrónico destinado al departamento de finanzas del canal se filtró, el cual señalaba que cinco empleados serían despedidos y en la lista aparecían el periodista y el analista internacional Libardo Buitrago.

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  • El mocito de la DINA: una vaga llovizna sangrienta

    El mocito transforma el horror en rutina, en una lista de nombres —Townley, Moren Brito, Espinoza y el financista— y un elenco de actividades —la guardia, el empaquetamiento del cuerpo, la rutina de lavar el piso para sacar de raíz la sangre y trasladar luego el cuerpo a los cofres para que luego volaran a su destino final, esto es, la nada del mar.

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  • La cruzada de Don Ricardo y los horrores de la DINA La cruzada de Don Ricardo y los horrores de la DINA

    Durante cinco años el periodista Javier Rebolledo entrevistó y acompañó a Jorgelino Vergara, el mozo que atendió a Manuel Contreras en su casa. De la investigación no sólo han salido detalles aberrantes del trabajo de torturas y exterminio de los servicios secretos del régimen de Pinochet, sino también el nombre de uno de los empresarios más importantes de Chile. En esta columna, Rebolledo describe por qué no es extraño que Ricardo Claro actuara como financista de la Dirección de Inteligencia Nacional.

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  • Hugo Dolmestch por testimonio de ‘El Mocito’: “El juez podría hacerlo comparecer” Hugo Dolmestch por testimonio de ‘El Mocito’: “El juez podría hacerlo comparecer”

    Asegura que el impacto que trajeron consigo las declaraciones del ex agente de la DINA ha sido para todos. Y anticipa: “A mí me da la impresión que en su momento haya sido considerado inimputable o una víctima, pero si los procesos están abiertos como están, las partes, los querellantes, pueden solicitar que él preste sus declaraciones en la calidad que el juez estime”.

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  • ‘El Mocito’ de Manuel Contreras: “Ricardo Claro era un millonario que financiaba a la DINA” ‘El Mocito’ de Manuel Contreras: “Ricardo Claro era un millonario que financiaba a la DINA”

    El fallecido empresario —quien fuese principal accionista del Grupo Claro, propietario del canal Megavisión y la Compañía Sudamericana de Vapores— fue visto por Jorgelino Vergara en el cuartel general de la policía secreta de Pinochet y en una de las casas que ocupaba en el Cajón del Maipo. Un retraso en la paga de los sueldos hizo que se enterara que, en más de una ocasión, el organismo represor “buscara” a Ricardo Claro para que “facilitara la plata”.

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  • Alfonso Baeza: “La CNI hubiera usado cualquier actitud extraña de Cristián Precht para hundirlo” Alfonso Baeza: “La CNI hubiera usado cualquier actitud extraña de Cristián Precht para hundirlo”

    “¡Imposible! Cristián era una persona clave en la defensa de los derechos humanos, por lo que cada uno de sus pasos era vigilado y sus conversaciones telefónicas y cartas, intervenidas”, recuerda el religioso.

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  • Los pasajes más duros de la oscura historia de la DINA Los pasajes más duros de la oscura historia de la DINA

    A la venta a partir de hoy en librerías de Santiago, el libro del periodista Javier Rebolledo narra la vida de Jorgelino Vergara, El Mocito de la DINA, y con ello el episodio más crudo de la historia chilena: los crímenes de la Brigada Lautaro en el cuartel Simón Bolívar, el único centro de exterminio conocido hasta ahora. Esta vez las divulgaciones vienen de boca de los propios ex agentes de la dictadura. En exclusiva, episodios textuales del relato.

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  • Corte Apelaciones ratifica condena contra ex jefe de la DINA

    El fallo se refiere al caso de Mamerto Espinoza Henríquez, detenido por agentes de la DINA el 17 de septiembre de 1974 en Santiago.

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  • El asombroso historial en la DINA y la CNI del asesor de Izurieta El asombroso historial en la DINA y la CNI del asesor de Izurieta

    El oficial, contratado este año en Defensa, “sondeó” al químico de la DINA, Eugenio Berríos, para comprobar la existencia del gas Sarín. Lo hizo por orden del entonces director de la CNI, Odlanier Mena, a quien el Mamo Contreras quiso envenenar. Años más tarde sería el agente de control de la ex colaboradora de la DINA Luz Arce, enviándola a Uruguay con identidad falsa. El subsecretario Izurieta indicó que su vínculo laboral termina este viernes. Y agregó que es un profesional muy capaz que no está condenado por ningún tribunal por casos de violaciones de derechos humanos, “por lo que tiene derecho al trabajo”.

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  • Suprema aplica nueva condena de cinco años de cárcel a cúpula de la DINA Suprema aplica nueva condena de cinco años de cárcel a cúpula de la DINA

    La segunda sala del máximo tribunal resolvió de manera unánime aplicar la sanción a los generales (r) Manuel Contreras y Miguel Krassnoff Marchentko, al coronel (r) Marcelo Moren Brito y al brigadier (r) Pedro Espinoza por el secuestro calificado del militante del MIR Sergio Riffo Ramos ocurrido en febrero de 1974.

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  • Coronel (R) de la FACH acusa a dos ex DINA de llevarse a José Tohá al Hospital Militar donde apareció colgado Coronel (R) de la FACH acusa a dos ex DINA de llevarse a José Tohá al Hospital Militar donde apareció colgado

    El ex oficial Ramón Cáceres, aseguró que mientras el ex ministro de Allende se encontraba el hospital de la Fuerza Aérea siendo interrogado, llegó quien fuera el encargado del centro de torturas Villa Grimaldi, Marcelo Moren Brito y Raúl Iturriaga Neumann, quien llegaría a ser el jefe del Departamento Exterior del servicio represivo, a quienes se lo entregaron, siendo la última vez que lo vio con vida. Estos dos últimos militares fueron careados con Cáceres, pero negaron su participación en los hechos. En todo caso, la pista comienza a cobrar sentido.

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  • Hijo de Augusto Pinochet fue agente de la DINA Hijo de Augusto Pinochet fue agente de la DINA

    El ex gobernante de facto negó en vida, varias veces, que algún familiar suyo haya formado parte de la Dirección de Inteligencia Nacional o su continuadora, la Central Nacional de Inteligencia (CNI). Hasta ahora se desconoce, sin embargo, cuál fue la función que Pinochet Hiriart cumplió en ese organismo como oficial en servicio activo, aunque se sabe que se retiró de la institución tempranamente, con el grado de capitán y que después se ha dedicado a diversos negocios.

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  • Corte Suprema confirma condenas a seis agentes de la dictadura militar Corte Suprema confirma condenas a seis agentes de la dictadura militar

    El fallo conocido hoy, dictado por la II Sala Penal del máximo tribunal, condenó a cinco años de prisión, pero con el beneficio de la libertad vigilada, al general retirado Manuel Contreras, que fue el jefe de la DINA.

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    El ex jefe de la Dina fue sentenciado a 15 años y un día de cárcel por la desaparición de ocho opositores al gobierno de Augusto Pinochet, por lo que acumula más de 200 años por diversas violaciones a los derechos humanos. Además, se suman el ex brigadier Miguel Krasnoff, y los ex coroneles del Ejército Marcelo Moren Brito, Rolf Wenderoth Pozo y Daniel Cancino Varas, el oficial en retiro de Gendarmería Orlando Manzo Durán, el ex oficial del Ejército Rubén Fiedler Alvarado y Pedro Herrera Henríquez, el suboficial en retiro de Carabineros Pedro Alfaro Fernández y el ex teniente coronel del Ejército Fernando Lauriani Maturana.

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    “Yo me comprometí ante todos los chilenos”, sostuvo el Presidente de la República.

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    “No matamos a nadie que no fuera terrorista cuando se enfrentaron a nosotros”, sostuvo el ex jefe de la DINA.

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    “Se cumplen todos los requisitos para pedir la extradición” de la ex uniformada, identificada como Ema Verónica Ceballos, quien también fue agente de la Dina, la policía secreta de Pinochet, y de la Central Nacional de Informaciones (CNI), sostuvo el abogado Nelson Caucoto.

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    La Octava Sala del tribunal de alzada sentenció a Contreras, ex jefe de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), a quince años de prisión por los secuestros de Jaime Robotham Bravo y Claudio Thauby Pacheco, detenidos el 31 de diciembre de 1974 en Santiago.

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    El dictamen en contra del ex director de la disuelta DINA es en esta oportunidad por la desaparición de Héctor Fernando Vergara Doxrud, ocurrida el 17 de septiembre de 1974.

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    El ex agente, en una declaración que consta a fojas 6.710 a 6.714 del tomo XIX del expediente, relató que fue el propio químico de la DINA quien le contó cómo había envenenado con gas sarín al ex diplomático español Carmelo Soria y al ex conservador de Bienes Raíces Renato León; y con toxina botulínica en 1981 a un grupo de militantes del MIR detenidos en la ex Cárcel Pública. El investigador de estos hechos es el propio juez Madrid.

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    El chofer del ex mandatario, Luis Becerra, fue reclutado por el servicio represivo y hoy está procesado como autor de su muerte. Pero no fue el único que colaboró recibiendo sueldo a cambio de datos relevantes del partido. Hubo otros que fueron descubiertos en otro caso judicial, cuya orden de investigar publica El Mostrador. Ayer la Corte le pidió al ministro Alejandro Madrid copias del expediente para resolver el recurso de amparo del mencionado conductor. Escuche además los alegatos del abogado de la familia Frei, Álvaro Varela.

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    Por más de una hora los abogados que representan a la familia Frei, al Consejo de Defensa del Estado y a la defensa del chófer Luis Becerra, se enfrentaron en la Octava Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago. Los primeros para defender la resolución dictada por el ministro Alejandro Madrid, el último para tratar de revocar el encausamiento. La acción judicial, en tanto, quedó en acuerdo, por lo que la resolución tardará varios días en conocerse.

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    El vocero del máximo tribunal le bajó el perfil a las críticas provenientes de la derecha a raíz del procesamiento dictado por el ministro por el crimen del ex Presidente a seis días de la elección. Consultado sobre la visita que hizo el abogado asesor del Ministerio del Interior, Luciano Fouillioux, indicó que el juez puede recibir a quien quiera si así lo estima pertinente.

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    El mismo día en que el ministro Alejandro Madrid procesó a seis personas por el homicidio del ex mandatario, pero hace 28 años, cuatro miristas caían intoxicados con botulismo en la ex Cárcel Pública. Este guiño a la historia marca el inicio de la fabricación de agentes tóxicos por parte del Ejército para deshacerse de los indeseables para la dictadura.

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Muerte secreta de una joven y bella periodista. Diana Aron.

Morir es la noticia

 

Diana Arón Svigiliski:
Muerte secreta de una joven y bella periodista


por María Eugenia Camus y Wilson Tapia Villalobos(1)

Nombre 
Diana Arón Svigiliski
Lugar y fecha de nacimiento 
Santiago, 15 de febrero de 1950
Especialidad 
Periodista, graduada en la Universidad Católica
Lugar y fecha de muerte 
Detenida desaparecida, arrestada en Santiago, 18 de noviembre de 1974.
Actividades 
Práctica profesional en Canal 13 de TV de la Universidad Católica. Se inició como reportera en la revista juvenil Onda, de Editorial Quimantú. Integró el equipo de redacción de El Rebelde, vocero del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y fue militante de esa organización.
Situación judicial (1996) 
Corte de Apelaciones sobreseyó temporalmente el 19/5/1976 la causa radicada en el Octavo Juzgado del Crimen de Santiago, Rol 11844.

Un último encuentro

Casi con timidez, el sol anunciador de la primavera que llegaría en pocos días intentaba colarse entre los edificios. La gente caminaba con prisa en medio del escenario gris del centro de Santiago de fines del ’73.En pocos minutos, las aceras se transformarían en un enjambre.

Yo avanzaba por una expedita calle Agustinas. Ese día tenía varías entregas que hacer a los pocos amigos que aún no habían sido despedidos. Estaba en el difícil proceso de acostumbrarme a mi recién estrenada condición de vendedor de fiambres. Mi Fíat 600 olía al perfume inconfundible que impregnan el queso y el jamón.

De pronto, una lola cruzó la calle y tuve que frenar violentamente. Cola de caballo, mini-mini escocesa, botas. .. y ni siquiera miró a su salvador. Iba echar puteadas, cuando puse atención y quedé tieso…Estacioné el auto en doble fila y bajé como un autómata.

–¡Diana!

La muchacha se detuvo en seco. Volteó la cabeza y soltó su risa que parecía abarcarnos a todos. Corrió a darme un abrazo. Sí no hubiera sido por su cara alegre, era otra Diana. Parecía una típica muchacha del barrio alto.

–¿Cómo estás?, pregunté alegre, esperanzado.

–Bien, pasando, pasando… No quise ahondar en detalles. Todo era obvio, su vestir, el nuevo aspecto que, en el fondo, le pertenecía pero al que ella había renunciada años antes. Con pena la miré partir. Sonreía con una mezcla de ingenuidad y picardía. Le hice una seña. Respondió con unos dedos largos agitados en el aire. Más bocinazos.

Fue un año rápido 1974. La solidaridad hacía más fácil acostumbrarse fuera del país, pero a veces entregaba noticias dolorosas. Al fin del día, un amigo me dio la noticia en Buenos Aires:

–Hace dos días detuvieron a Diana Arón y no hay noticias de ella, Lo único que se sabe es que cayó herida. Estamos haciendo gestiones para que intervengan a su favor.

Peticiones para salvar su vida viajaban a Chile o ya estaban en el basurero de algún despacho militar. Intentamos contactos con organismos internacionales, en una carrera contra el tiempo. Luego supimos que el tiempo ya había terminado.

Desaparecida sin dejar rastros

Las noticias sobre lo ocurrido a Diana Arón siempre fueron escasas. Pocas gestiones en su favor se conocieron públicamente. Era como si un grueso manto incomprensible hubiera sido lanzado sobre su suerte. Nada se sabía de ella. Pocos testimonios daban cuenta de sus padecimientos. Ninguna declaración de familiares pidiendo por su vida se conoció en aquellos años.

El retorno a la democracia no logró romper el silencio. Parecía que con la joven periodista sus captores hubiesen logrado el objetivo totalitario de borrarla de la historia. Incluso el informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación fue parco:

“E1 18 de noviembre de 1974 fue detenida en la vía pública, en la comuna de Ñuñoa, la militante del MIR Diana Frida Arón Svigiliski, quien como producto déla detención resultó herida a bala”.

“¡En el mes de diciembre de 1974 fue detenido por la DINA el conviviente de Diana Frida Arón, quien se enteró en Villa Grimaldi que ésta. había pasado por allí y había sido trasladada a la clínica, de la DINA ubicada en calle Santa Lucía. Dichos antecedentes son corroborados por otros recibidos por la Comisión y se han estimado suficientes para llegar a la convicción de que Diana Arón desapareció por la acción de la DINA, en violación de sus derechos humanos”. Ni una palabra más.

Diana Aron

Jamás se vio una foto suya ni peticiones por su vida. Extraño para quien llenaba los ambientes con su sola presencia. La alegría de vivir que irradiaba Diana era contradictoria con el silencio de su desaparición. Muy lejano a su sonrisa, a su rítmica sonoridad, a su calma sin afectaciones. Era una campanita resonando en diapasones positivos.

Cuando llegó a Editorial Quimantú tenía 21 años. Asumió con pasión y profesionalismo el trabajo en la revista juvenil Onda que publicaba la empresa. Entonces, sus compañeros desconocían su militancia en el MIR. Sólo era una joven periodista revolucionaria. Al comienzo, no participaba en las luchas cotidianas para mantener la línea editorial de la revista y evitar el desmembramiento del equipo periodístico, pretensión constante de comunistas y socialistas de Quimantú. Tal ausencia –se sabría después–, respondía a órdenes terminantes de su estructura política. Pero muy pronto se las arregló para hacer sentir que las preocupaciones del equipo la incluían.

Debutando como corista

Y claro, era un miembro que no rehuía obligaciones. En una oportunidad se resolvió mostrar una realidad poco conocida para los lectores. Onda puso en pauta una nota sobre cómo se seleccionaba a coristas del legendario Bim Bam Bum. El cuerpo bien formado de Diana apuró el consenso: sería la pseudo aspirante a vedette.

En el teatro Opera, en Huérfanos, entre Estado y San Antonio, un personaje bajito, de voz atiplada y ademanes ampulosos recibió a las postulantes, más de veinte mujeres que miraban con timidez. Sus vestimentas delataban a la clase media, media baja. Diana no desentonaba con su camuflaje: falda ajustada, maquillaje recargado y tacos altos, el mayor martirio del reportaje.

No es fácil que veinte mujeres se vistan en un camarín de 6m3. Y menos aún cuando el encargado apura segundo a segundo, paseándose entre las mujeres mientras las faldas y blusas resbalaban al suelo. Divertida y urgida, Diana intentaba una pose profesional, pero las prendas proporcionadas no ayudaba.

–Señor, señor –la voz de Diana sonó alarmada– este sostén me queda chico.

Los pequeños ojos del encargado se clavaron en la imponente estructura de Diana:

–Pon un poco de tu parte, mujer, respondió sin querer reconocer lo que estaba a la vista.

Diana hizo otro intento fallido de acomodar la prenda. Insistió e insistió, sólo por sentido profesional. Cuando quedó claro que era imposible, la mirada calibradora y las manos expertas del encargado se unieron a la voz del profesional que se ha visto en peores situaciones.

–A ver, a ver, déjame…

Sin muchos miramientos hizo un añadido en el terreno con algo que parecía un cordel. Con esa precaria vestimenta, la aspirante aprobó la audición. Pero el Bim Bam Bum debió soportar su ausencia. Durante largo tiempo, la experiencia fue tema de risa. Y cada vez que la contaba, no ahorraba detalles.

Para Diana todo era nuevo. Y junto al desafío, descubría su mundo profesional en el equipo periodístico de Onda, integrado por gente muy joven, siempre dispuesta a lanzarse a nuevas experiencias. En el verano de 1972, especialmente caluroso, climática y políticamente, el Festival de Viña era el acontecimiento.

Dos periodistas deberían cubrir el evento: María Eugenia Camus y Diana Arón. Muy práctica. Diana decidió que el viaje a Viña del Mar no requería de gastos de locomoción. Por lo tanto ahorrarían los viáticos. Sus argumentos pesaron en María Eugenia, quien comenzaba su vida de casada con muchas esperanzas y necesidades por cubrir. Al otro día hicieron dedo al final de la Alameda Bernardo 0’Higgins, en la nueva ruta 68. No correspondían a la imagen de dos profesionales iniciando un trabajo reporteril, sino a dos lolas escapando del calor y — en el lenguaje actual– lanzadas al carrete.

No pasó mucho tiempo antes que se detuviera un automóvil conducido por un hombre maduro, moreno, atractivo, de ojos negros y mirada penetrante. Ambas repararon –comentaría después María Eugenia– que este personaje buenmozo era bajito y las dimensiones del vehículo aumentaban la discordancia.

Un encuentro premonitorio

La conversación fue rápida, entretenida. El comedido conductor, además, era inteligente. Llevó la conversación de modo que se enteró quiénes eran sus ocasionales acompañantes. A las dos les pareció ver un destello soñador en sus ojos cuando supo que eran periodistas. Dijo que conocía a alguien de la misma profesión. Al llegar al cruce de Viña donde ellas bajarían y él continuaría viaje a Valparaíso, con su franqueza característica Diana dijo: .

–Bueno, después de dos horas de viaje y tantas confesiones nuestras, lo menos que podría hacer es decirnos quien es usted. No nos gusta el off the record.

Se rió de buena gana y despidiéndose cariñosamente, les dio su nombre: Enrique Paris, asesor del Presidente Salvador Allende. Un año y medio mas tarde, el 11 de septiembre sería detenido en La Moneda y pronto compartiría con Diana la fatídica lista de los detenidos desaparecidos con que el régimen militar sembró Chile. Los restos de Enrique Paris fueron encontrados en 19 9 5 y pudieron ser enterrados por sus deudos En el homenaje previo, María Eugenia quiso contar esta anécdota y recordar que aún se desconoce el destino de su compañera Diana.

Descubriendo a Coco Legrand

Pero les habían pedido una cobertura diferente del Festival del ’72. Además de chismes e historias entre bambalinas, deberían desentrañar hacia dónde se movían las preferencias y si el Festival dejaría alguna huella en la sociedad chilena. La profusión de exponentes de la “Nueva Canción Chilena» hablaba a las claras de lo que ocurría en el país. La sensibilidad social estaba a flor de piel. Las dos periodistas sentían plena identidad con el contenido de las canciones pero estaban conscientes que no siempre los intérpretes eran de calidad. Por ello buscaron otros protagonistas. Y el mejor era un humorista que recién aparecía, Alejandro González, que se enfrentaba al desafío de un público que aún recordaba a Bigote Arrocet.

El humorista les cayó bien. A Diana se le ocurrió grabar entrevistas cortas mientras González actuaba. El primer contacto entre el cómico y el público fue difícil. Pero después los aplausos lo decían todo: se iniciaba el fenómeno que hoy conocemos como Coco Legrand.

Esa fue la noticia diferente que prepararon las periodistas, reconociendo el genio que acompañaba a Coco Legrand. Diana entendía que el buen periodista debía estar en condiciones de recoger retazos de la realidad y transmitirlos sin agregar dramatismo, en lo posible a través de la voz de los protagonistas.

Reportera policial

Su visión también estaba profundamente comprometida con la realidad de esos años. En otra oportunidad Diana y María Eugenia propusieron un reportaje sobre la Policía de Investigaciones, que mostrara la razón por la que un joven podía integrarse a una institución represiva. Y conocer los argumentos esgrimidos por Eduardo Paredes, Director de Investigaciones, y militante socialista de toda la vida.

De entrada, Diana interrogó a Eduardo Paredes:

–¿Qué siente una persona que alguna vez fue de izquierda estando a la cabeza de un organismo donde se interroga a los detenidos con métodos irregulares?

El Jefe de Investigaciones reaccionó tratando de poner en su lugar a la joven reportera. Pero poco a poco, comenzó a mostrar realidades. De la conversación surgió la invitación a presenciar una redada y se estableció una buena relación.

Encuentro con la familia

No fue fácil llegar hasta los familiares cercanos de Diana. Pero el camino quedó expedito cuando se estableció contactó con su hermana Ana María y anunció que en la entrevista también participaría su madre. Perla Svigiliski, de 76 años.

La cita fue en una confortable sala del austero hogar de los padres. Desde la cubierta de vidrio de una mesa, Diana sonríe en diversas poses desde un collage de instantáneas un poco ajadas, quizás por el cariño y el traslado durante 24 años. Luego apareció un anciano que saludó y, con dificultad, se instaló a ver televisión. Elías Arón, de 84 años, padre de Diana, conserva secuelas irreparables de una embolia sufrida en 1975.

Al triunfo de la Unidad Popular, el exitoso empresario periodístico Elías Arón era director de la revista Radiomanía. Abandonó Chile ese mismo año. A su memoria acudieron las historias de su padre sobre los pogroms de la Rusia zarista (1903/ 1906), exterminio de judíos y jóvenes liberales, reeditado a veces contra los semitas en la convulsión del triunfo revolucionario de los soviets.

Para él, la revolución bolchevique tenía sabor a sufrimiento. Estimó que el gobierno de la izquierda en Chile sólo traería nuevos padecimientos . Elías y Perla partieron a Israel en 1970, en un auto-exilio que concluyó en 1987, mucho después que el fantasma del comunismo fue aventado del país que abandonaron.

Ana María y su madre llevaron la conversación sin evadir las dificultades del tema. Perla Svigiliski derrocha fortaleza. Días antes fue operada de cáncer al colon, sin embargo estaba presente. Los recuerdos comenzaron a hilvanarse cuando emergió una niña rulienta, de gran sonrisa, entre un montón de fotografías antiguas.

“A Diana le decíamos «Aliviol», desde chiquita”, contó Ana María, agobiada por los recuerdos. “Cuando alguien estaba apenado o tenía problemas, pedía que trajeran a Diana, que era capaz de hacer más fácil cualquier trance. Por eso se quedó con el mote de “Aliviol”.

Una tolerante familia judía

Nacida el 15 de febrero de 1950, fue una excelente alumna en su colegio de siempre, el Instituto Hebreo, donde una beca para un estudiante sin recursos lleva su nombre. Es el homenaje de sus padres para perpetuar su memoria.

La familia Arón Svigiliski tuvo tres hijos: Ana María, psicóloga; Roberto, médico, y Diana. En el grupo familiar reina un profundo sentido comunitario y un irrenunciable respeto por la libertad individual, muy poco comunes en la clase media chilena típica.

Desde su revista Radiomanía, Elías Arón permanentemente organizó actividades en beneficio de artistas judíos en gira o de personajes de la colonia que carecían de recursos. En el terreno político, el ambiente familiar era más bien conservador y de temor al comunismo.

El respeto por la libertad individual fue puesto a prueba muchas veces. Pero el desafío definitivo vino con el crecimiento de los hijos. Raúl decidió partir a Estados Unidos para alcanzar su especialización. Y allí hizo su vida. Ana María subió la exigencia, porque la familia, sin ser religiosa observante, tuvo siempre un sentido muy judío, pero ella se enamoró de un no judío. Nadie desafió esa decisión. Por eso, cuando Diana comenzó a participar en los trabajos voluntarios siendo estudiante de periodismo en la Universidad Católica, la familia no se extrañó, ni hizo de su compromiso político un punto de quiebre para la convivencia. Las relaciones con sus padres conservaron la calidez de los tiempos en que todos vivían juntos en la casona de Ricardo Lyon.

En la Guerra de los seis días

El respeto a las decisiones de Diana tenía también que ver con su historia. A los 17 años, creyó que debía luchar en la tercera guerra árabe israelí, conocida como la de los seis días. No fue aceptada entre los voluntarios del Instituto Hebreo porque tenía menos de 18 años. Sin embargo, decidió partir sola, aunque llegó a Israel cuando la guerra había concluido.

Su unión con la izquierda revolucionaria fue obro paso que no melló los lazos familiares. Tampoco se trizaron cuando irrumpió la brutalidad militar. El 5 de septiembre de 1973, Diana desgranaba explicaciones epistolares por su silencio, para tranquilizar a sus “queridos viejitos”:

“Me imagino que estarían preocupados sin saber nada de mí, por lo que creo valió la pena el tiempo perdido al lado de los teléfonos. Pero de nuevo les repito que no se preocupen por mí, ya que soy lo suficientemente responsable como para no arriesgarme innecesariamente, de modo que entiendo cuándo me tengo que quedar tranquilamente en mi casa y no salir a buscar aventuras».

Más adelante, Diana intentaba mantener los velos de la clandestinidad: “Tú me preguntaste, Mami, donde me podías escribir. En realidad, no sé todavía, porque en mí casa es difícil que lleguen las cartas, ya que nosotros no estamos en gran parte del día. Por el momento, me las arreglo con la Anita. Cuando tenga trabajo les mando mi nueva dirección, ¿ya?”

Pero mantener la clandestinidad con la familia no era fácil. Preocupada, a fines de 1975, Ana María quiso saber de su hermana. Recordó que hizo los contactos para que Diana arrendara la casa en que, suponía, vivía en esos días. Siguió esa pista y una tarde llegó con su pequeña hija.

–“La reacción de Diana me pareció desproporcionada en aquel momento”, recordó Ana María. “Me dijo que era una irresponsable por ir a visitarla y, más aún, con mi hija. Con el correr del tiempo comprendí que tenía razón”.

Cuando concluía 1975, Elías y Perla vinieron a Santiago para llevarse a Diana con ellos.

–“La idea era que partiera con nosotros”, resuena con precisión la voz de la madre. “Incluso su pareja nos dijo que la tratáramos de convencer. Pero no hubo caso. Ella me pidió que si queríamos ayudarla, le consiguiera un pasaporte. Me llamó la atención y le respondí que para eso sólo tenía que ir a Identificación a. buscarlo. Respondió que eso era imposible y que si los contactos de su padre no bastaban, no había nada. que hacer. Sólo le pudimos dejar los pasajes y el dinero necesario para que partiera. Y empezamos a esperarla “.

Una joven empecinada

Mientras tanto, la situación de Diana era complicada. No sólo estaba el problema de su militancia. Sin trabajo, clandestina, difícilmente podía subsistir. La esporádica ayuda económica de la familia no bastaba.

Semanas después del golpe, contactos familiares permitieron conseguirle un trabajo de secretaria en la oficina de un abogado. Pero abandonó la oficina jurídica de Juan Carlos Esquep porque los vínculos de su patrón con el gobierno militar eran demasiado evidentes, según contó a su hermana. Pero las precauciones no fueron suficientes.

–“El 18 de noviembre de 1974, Luis, el compañero de Diana, me llamó por teléfono para avisarme que ella no aparecía. Era media tarde y debía haberse puesto en contacto con otros amigos en la mañana. Lucho salió con ella de la casa alrededor de las 11 y ahí se perdían sus pasos. Me avisó que él no regresaría a la casa, y me entregó las llaves. Me pidió que nos viéramos después”. Ana María se esfuerza por recordar detalles.

— “¿Sabes qué hice cuando recibí las llaves? Me fui a… Carabineros, a pedirles que me acompañaran. Le conté al teniente de guardia la detención de Diana y que quería ir a su casa para saber qué había pasado. El me miró de manera rara y luego dijo “Señora, esa gente que detuvo a su hermana es de Inteligencia. Tenemos órdenes perentorias de no intervenir en sus procedimientos. No se acerque a la casa de su hermana”. Cuando meses más tarde pude llegar allí, la casa estaba completamente desvalijada. Todo lo que Diana tenía formó parte del botín de guerra. ¡Por Dios, qué ingenua era yo!

Desde ese momento, las gestiones comenzaron a ser apremiantes. Diana desapareció sin dejar rastros, como ocurría con tantos otros chilenos por esos días. Y Ana María, la única representante de la familia en Chile, buscaba con desesperación.

–“Yo conocía a un muchacho militar que era miembro de un aparato de inteligencia. Le pedí que averiguara. A las pocas horas me dijo que efectivamente Diana estaba detenida y que el cargo era “tráfico de armamento”. Se comprometió a entregarme más información en una semana. Cuando se cumplió el plazo, se excusó y me dijo que no volviera a llamarlo”.

No sería la única pista que se perdería en el silencio cómplice o temeroso. Cuando los padres visitaron Chile después de la detención, se entrevistaron con el juez Abraham Meersohn. Les dijo que había visto un expediente abierto en contra de Diana. Se comprometió a averiguar su paradero, pero cuando Perla le preguntó por el resultado de sus gestiones, la respuesta fue categórica: “¡No me pregunte más!”.

Los amigos “se corren”

Elias Arón comprobó qué era enfrentarse al silencio y al miedo de sus amigos. El general Berdichewski, su compañero de colegio, se comprometió a averiguar sobre Diana. Pero la respuesta fue que no estaba en ninguna lista. Recurrieron al ministro de justicia Miguel Schweitzer, hombre influyente en el entorno militar, padre de un futuro canciller de la dictadura. Cuando Elías comenzó a quejarse en su despacho del silencio oficial y de las negativas sobre la responsabilidad de los militares en la detención de su hija, Schweitzer se levantó del sillón y cerró las cortinas:

–“Bája la voz, por Dios. Estamos en una situación delicada, ten calma”, susurró. No hubo ayuda de su parte. Sólo otro tramo en la larga pendiente de decepciones. Los conocidos se fueron alejando. Y cuando comentó que publicaría un comunicado en los principales diarios del país y del exterior pidiendo información sobre Diana, lo convencieron que no lo hiciera, porque sería perjudicial para ella o para Ana María, que aún vivía en Chile.

Los influyentes amigos periodistas también se excusaron. José María Navasal respondió con evasivas. Igualmente, María Eugenia Oyarzún, requerida por Ana María para obtener noticias sobre Diana.

“Fueron días difíciles”, recordó Ana María. “Uno no sabía a quién acercarse. Una de las primeras instancias a que recurrí fue el Gran Rabino Kreiman. Le expuse el caso. Me escuchó. Tomó el teléfono y se comunicó con el coronel Manuel Contreras. En ese momento yo no sabía su importancia, pero evidentemente Kreiman sí. Ese era su nivel de contactos. Pidió información sobre Diana. La conversación fue corta. Después me informó que Contreras le había dicho: “Otra niñita que se arranca con el pololo y nos echa la culpa a nosotros*. Ahí terminó mi contacto con Kreiman “.

–“Sí, pero después nosotros insistimos con él”, aseguró la madre. “Y nos contestó una carta estúpida diciendo que no podía inmiscuirse”.

Las gestiones continuaron. Roberto Arón logró que Henry Kissinger, entonces Secretario de Estado de los Estados Unidos, enviara una carta a la Junta Militar chilena. Nunca hubo respuesta oficial.

–“Yo le escribí una carta, personal al general Pinochet”. La mirada de Perla se hace penetrante y sus palabras suenan a dolorosos latigazos. “Creía que lograría conmoverlo para que nos dijeran realmente qué había ocurrido. Viejo infeliz, nunca supe de él”.

Con el tiempo el silencio se fue haciendo más espeso. En los niveles militares la respuesta era que Diana habría salido clandestinamente del país: por eso su familia no sabía.

–“Una llegaba a dudar”–cuenta Ana María–, pero yo sabía que Diana se habría puesto en contacto con mis padres de cualquier forma, para evitarles la preocupación. Y eso me impulsaba a seguir buscando. Hice todas las antesalas y fui a todas las reuniones posibles. Fui a la oficina en que se informaba, de los presos, fui a la Vicaría de la Solidaridad. La abogada Gloría Torres patrocinó el juicio que abrí por la desaparición de Diana “.

Las circunstancias que rodearon su detención siguen hasta hoy en el misterio. La versión más creíble es que la detuvieron herida y murió después de ser interrogada. Sin embargo, su madre fue informada que habría fallecido de un paro cardíaco, provocado por un shock eléctrico. No estaba herida de bala, según la versión del Dr. Baytelman, quien la habría recibido inconsciente en el Hospital Militar el mismo día de su aprehensión.

Acatamiento de la dura realidad

Las dudas atraviesan todos los intentos de buscar la verdad. Ya pasó el tiempo en que todo pudo ser sólo una larga pesadilla. Con agotamiento, Ana María reconoce que asumió la situación hace relativamente poco tiempo.

“Cuando se te muere alguien, tú paras, dejas de trabajar, recibes a la gente que te conoce y te va a ver. Como en nuestro caso nada de eso ocurrió, yo no asumía. Seguía pensando en que algo ocurriría y que Diana aparecería y liaríamos todo lo posible por devolverla a la normalidad. Cuando me tocó declarar en la Comisión Rettig, asumí la realidad. Eso se juntó con que en la misma tarde, por razones profesionales  tuve que hablar con la señora Leonor de Aylwin. Ahí como que cerré el capítulo. Poder hablar oficialmente de mi dolor, de mi pérdida, eso me sirvió”.

La familia hizo lo que pudo

Con Perla es difícil conocer el resumen. Tiene la imagen de una mujer sólida, fuerte. Jamás dio a conocer su pesar abiertamente. Confiesa que nunca lloró en público. Hasta que un día, después de tanto. silencios, excusas, evasivas, llegó a convencerse que su hija había muerto. Ya no fue necesario mantenerle pieza lista, las mudas de ropa.

–“Me encerré y lloré todo lo que tenía que llorar. Es cierto que nuestro labor en favor de Diana no fue pública. Pero hicimos lo que pudimos y en los niveles que sabíamos tenían la respuesta. Esto ha sido doloroso También hay un padre que no pude resistir las tensiones y las negativas”.

Mientras Perla habla, busca fotografías, cartas y otros recuerdos de su hija menor. Sus palabras constituyen también una respuesta final a la sensación de abandono y de ausencia de gestiones que existió entre los amigos de Diana, ignorantes de los esfuerzos de su familia por salvar su vida y conocer su paradero.

–“Yo no quería estar en esta entrevista y así se lo dije a Ana María. Pero ya ves tú, aquí estoy. Y me ha hecho bien”, concluyó Perla.


María Eugenia Camus, periodista, trabajó en Análisis y Apsi, colabora en La. Época y se desempeña en relaciones públicas de la Compañía de Teléfonos de Chile, CTC. Trabajó con Diana Arón en la revista Onda.

Wilson Tapia, periodista y profesor universitario, fue director de Onda, editada por Quimantú. en la época en que Diana Aron comenzó a ejercer el periodismo.


Editado electrónicamente por el Equipo Nizkor- Derechos Human Rights el 09nov01

La crónica que Diana Arón no pudo escribir

Lucía Sepúlveda Ruiz
Rebelión

 

Por el secuestro de la periodista Diana Arón, el ministro Alejandro Solís condenó en mayo de 2004 a quince años de prisión al ex jefe de la DINA, General (R) Manuel Contreras y al coronel (R) Miguel Krassnoff. El brigadier (R) Pedro Espinoza, el coronel (R) Marcelo Morén Brito, y el agente y torturador Osvaldo Romo fueron condenados a diez años de cárcel por el mismo delito, que tuvo lugar hace 30 años, el 18 de noviembre de 1974.

En la clandestinidad, Diana Aron cumplía tareas de propaganda e informaciones en la Resistencia a la dictadura. Para que no escribiera más, para que no luchara y no pudiera tener el hijo que esperaba, – ya que tenía un embarazo de meses para la detención– , la profesional mirista fue detenida y baleada por la espalda mientras caminaba por la avenida Oss.

En el Centro de tortura de Villa Grimaldi, el Brigadier de Ejército (R) Miguel Krasnoff (condenado a 10 años) reconoció ante la pareja de Diana, Luis Muñoz Eyraud, detenido pocos días después, haberle disparado por la espalda a “Alba”, nombre de guerra de la periodista. Hay versiones disímiles sobre el lugar donde fue atendida: la Clínica Santa Lucía o e el Hospital Militar, pero los testigos coinciden en que estuvo en Villa Grimaldi, recinto de tortura que estaba a cargo de Morén Brito en ese año.

En Canal 13 y Quimantú

Nacida el 15 de febrero de 1950, Diana estudió la enseñanza secundaria en el Instituto Hebreo, y se había graduado en la Universidad Católica. Hizo su práctica profesional en el noticiero central de Canal 13 de televisión, junto a Claudio Sánchez y Hernán Olguín, y luego trabajó en la revista juvenil “Onda”, de la desaparecida editorial estatal Quimantú. Colegas de la época destacan su capacidad y oficio como reportera y redactora. Como muchos colegas de su generación, Diana se comprometió políticamente, ingresando al MIR, y antes del 11 de septiembre, recopilaba informaciones sobre los sectores golpistas. Después del golpe militar, su opción fue quedarse en el país para impulsar la resistencia a la dictadura. La estructura de informaciones, a la que perteneció, trabajó estrechamente ligada al Secretario General del MIR, Miguel Enríquez, que cayó en combate el 5 de octubre, el mismo año del secuestro de Diana.

Los padres de la joven periodista, de ideas conservadoras, habían emigrado a Israel durante el gobierno de la Unidad Popular, y en 1974, ella vivía en Santiago con su pareja. Enterados del secuestro, los padres regresaron para buscarla a partir de sus contactos con sectores uniformados y de derecha, sin resultado alguno. Su hermana Ana María, hoy destacada académica de la Universidad Católica, realizó también la interminable búsqueda. En el Colegio Hebreo, la familia estableció como homenaje a Diana, una beca con su nombre, para un estudiante sin recursos.

Los careos 

En diciembre del año 2002, Luis Muñoz, viajó desde Inglaterra –donde había formado parte del llamado “Piquete de Londres” durante la detención de Pinochet – a carearse con Krassnoff en el Octavo Juzgado del Crimen, en Santiago. El oficial responsable de la represión al MIR, a través de la Brigada Aguila y los grupos Halcón y Tucán, intentó entonces desconocer su rol de torturador en jefe. Pero su responsabilidad fue acreditada a través de estremecedores careos con decenas de sobrevivientes de Villa Grimaldi que dieron testimonio ante la jueza. Diana había sido reconocida en la calle por “Carola”, María Ali.

Larga espera de justicia 

Aunque la última etapa del proceso correspondió al Ministro Alejandro Solis, la investigación fue reactivada el 2001 por la Jueza especial María Inés Collins, del 8° Juzgado del Crimen, como parte de las medidas adoptadas conn posterioridad a la Mesa de Diálogo. La intención era investigar y/o acelerar los procesos judiciales relacionados con casos de detenidos desaparecidos. La causa había sido sobreseída el año 76. El juez Solís se hizo cargo del “cuaderno Grimaldi” traspasado en enero de 2003 por el Juez Guzmán, acelerando desde entonces las investigaciones relacionadas con esas causas. El secuestro de Diana también figuró en la querella interpuesta ante el juez Guzmán por el Colegio de Periodistas.

La primera victoria de Diana tuvo lugar en mayo de 2002, cuando en dictamen unánime, la Corte de Apelaciones de Santiago, rechazó los recursos interpuestos en favor del ex Jefe de la DINA, Manuel Contreras, y del Brigadier de Ejército (R) Miguel Krasnoff, procesados por la jueza Collins por el secuestro, tortura y desaparición de Diana Arón. El citado dictamen mantuvo la detención de Krassnoff y Manuel Contreras en el Comando de Telecomunicaciones del Ejército.

También por Miguel Angel 

Este es el segundo fallo en contra de Contreras dictado este año por el Ministro Solis. El primero fue por el secuestro del sastre mirista Miguel Angel Sandoval Rodríguez (7 de enero de 1975). Gran parte de la carrera delictiva profesional del General Contreras y la DINA estuvo dedicada en 1974 y 75 a lograr la desarticulación del MIR, según reconoce el Informe de la Comisión de Verdad y Reconciliación. Resulta curioso que 30 años después, cuando el MIR de entonces no existe como tal, que Contreras acuse al juez que lo condena de ser mirista y actuar por odio. El ex jefe de la DINA defendió su actuación en la época, demostrando que sigue considerando legítimo el terrorismo de Estado que imperó en tiempos de la dictadura.

Allá lejos, en la localidad de Brill, al oeste de Londres, como parte del proyecto internacional de Derechos Humanos “Eco Memoria”, crece un roble chileno plantado en memoria de Diana Arón por Luis Muñoz Eyraud, ex detenido sobreviviente, el padre del hijo que Diana llevaba en su vientre cuando fue secuestrada.

Lucía Sepúlveda Ruiz.

Periodista

http://www.rebelion.org/hemeroteca/chile/040519ls.htm

Nota. Luis Muñoz dio a su hija el nombre de Diana, nacida de su relación con Eugenia Yulis.

 

Calle Conferencia: Por los ilícitos perpetrados … 79 ex integrantes de la DINA

22 de Octubre de 2013

Calle Conferencia: dictan acusación contra 79 ex integrantes de la DINA

Por los ilícitos perpetrados por ex miembros de la Dirección de Inteligencia Nacional entre mayo de 1976 y enero de 1977.

El ministro en visita de la Corte de Apelaciones de Santiago Miguel Vázquez dictó acusación en la investigación por los secuestros calificados de Mario Zamorano Donoso, Jorge Muñoz Poutays, Uldarico Donaire Cortés, Jaime Donato Avendaño, Elisa Escobar Zepeda, Lenin Díaz Silva y Eliana Espinoza Fernández; y por el homicidio calificado de Víctor Díaz López, ilícitos perpetrados entre mayo de 1976 y enero de 1977, en Santiago, causa conocida como “Conferencia 1”.
El magistrado Vázquez determinó la responsabilidad de 79 ex integrantes de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) en los ochos delitos cometidos en diversos operativos realizados en calle Conferencia 1587, de la comuna de Santiago; calle Gaspar de Orense 993, de la comuna de Quinta Normal; calle Bello Horizonte 979, de la comuna de Las Condes, y el homicidio en el cuartel de Simón Bolívar 8800, en la comuna de La Reina, causa que se instruyó por una querella presentada el 12 de enero 1998, y que anteriormente instruyeron los ministros en visita Juan Guzmán Tapia y Víctor Montiglio Rezzio.
El ministro en visita Miguel Vázquez determinó responsabilidades -en todos o algunos de los hechos- de:

01. Manuel Contreras Sepúlveda.
02. Pedro Espinoza Bravo.
03. Carlos López Tapia.
04. Miguel Krassnoff Martchenko.
05. Ricardo Lawrence Mires.
06. Jorge Madariaga Acevedo.
07. Eugenio Fieldhouse Chávez.
08. José Fuentealba Saldías.
09. Hugo Clavería Leiva.
10. José Soto Torres.
11. Raúl Soto Pérez.
12. Juan Carlos Escobar Valenzuela.
13. Jerónimo Neira Méndez.
14. Héctor Briones Burgos.
15. Pedro Mora Villanueva.
16. Roberto Rodríguez Manquel.
17. Leonidas Méndez Moreno.
18. Jorge Andrade Gómez.
19. Nelson Herrera Lagos.
20. Juan Morales Salgado.
21. Jorge Sagardía Monje.
22. Héctor Valdebenito Araya.
23. Federico Chaigneau Sepúlveda.
24. Bernardo Daza Navarro.
25. Sergio Escalona Acuña.
26. Guillermo Ferrán Martínez.
27. Gladys Calderón Carreño.
28. Elisa Magna Astudillo.
29. Heriberto del Carmen Acevedo.
30. Emilio Troncoso Vivallos.
31. Claudio Pacheco Fernández.
32. Jorge Díaz Radulovich.
33. Orlando Altamirano Sanhueza.
34. Eduardo Cabezas Mardones.
35. Jorge Escobar Fuentes.
36. René Riveros Valderrama.
37. Jorge Pichunmán Curiqueo.
38. Orfa Saavedra Vásquez.
39. Celinda Aspe Rojas.
40. Teresa Navarro Navarro.
41. Berta Jiménez Escobar.
42. Adriana Rivas González.
43. Jorge Arriagada Mora.
44. Pedro Bitterlich Jaramillo.
45. Eduardo Oyarce Riquelme.
46. Guillermo Díaz Ramírez.
47. Ana Vilches Muñoz.
48. Italia Vacarella Gilio.
49. Jorge Manríquez Manterola.
50. Orlando Torrejón Gatica.
51. José Manuel Sarmiento Sotelo.
52. Manuel Obreque Henríquez.
53. Gustavo Guerrero Aguilera.
54. Eduardo Garea Guzmán.
55. Juvenal Piña Garrido.
56. Rufino Jaime Astorga.
57. Luis Lagos Yáñez.
58. María Angélica Guerrero Soto.
59. Sergio Castro Andrade.
60. Manuel Montre Méndez.
61. Pedro Gutiérrez Valdés.
62. Claudio Orellana de la Pinta.
63. Joyce Ahumada Despouy.
64. Hiro Álvarez Vega.
65. José Miguel Meza Serrano.
66. José Ojeda Obando.
67. Carlos Bermúdez Méndez.
68. Víctor Manuel Álvarez Droguett.
69. Eduardo Reyes Lagos.
70. Marilin Silva Vergara.
71. Hernán Sovino Maturana.
72. José Friz Esparza.
73. Carlos Miranda Mesa.
74. Camilo Torres Negrier.
75. Orlando Inostroza Lagos.
76. Carlos López Inostroza.
77. José Seco Alarcón.
78. Lionel Medrano Rivas.
79. Juan Suazo Saldaña.

De acuerdo a los antecedentes de la causa, los operativos ocurrieron de la siguiente forma:
Operativo de calle Conferencia 1587, Santiago
Que, siendo la 03:00 horas del día 29 de abril de 1976, agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional, DINA, concurrieron al domicilio ubicado en calle Conferencia 1587, Santiago, el cual estaba siendo vigilado previamente donde detuvieron a sus moradores Juan Becerra Barrera, María Angélica Gutiérrez Gómez y su prima Eliana Gutiérrez Vidal, quienes fueron obligados a participar en el operativo desplegado en dicho inmueble, para lo cual debían aparentar una vida normal, bajo la observación de agentes de la DINA, los que permanecían en el lugar en espera de la concurrencia de integrantes del partido comunista con el propósito de proceder a su detención. Fue así como a las 19:00 horas del día 4 de mayo de 1976, llegó al inmueble de calle Conferencia 1587, Mario Jaime Zamorano Donoso, encargado de Organización del Partido Comunista, quien fue detenido por agentes de la DINA, trasladado al cuartel de detención Villa Grimaldi, ubicado en Av. José Arrieta 8.200, comuna de La Reina, donde permaneció privado de libertad, desconociéndose posteriormente su paradero.
Cerca de las 21:00 horas del mismo día, llegó al mencionado inmueble Onofre Jorge Muñoz Poutays, miembro del Comité Central de la misma colectividad, el que fue detenido y conducido al cuartel Villa Grimaldi por los agentes de la DINA, donde permaneció privado de libertad, desconociéndose posteriormente su paradero.
Al día siguiente, 5 de mayo de mayo de 1976, concurrieron al inmueble de calle Conferencia Uldarico Donaire Cortez, y Jaime Patricio Donato Avendaño, miembros del Comité Central del Partido Comunista, los que fueron detenidos por agentes de la DINA y llevados posteriormente al cuartel de Villa Grimaldi, donde permanecieron privados de libertad, desconociéndose posteriormente su paradero.
Y que, del mismo modo, el día 6 de mayo de 1976, fue detenida por agentes de la DINA en el mismo inmueble y utilizando el mismo procedimiento, Elisa del Carmen Escobar Cepeda, integrante del Comité Central del Partido Comunista, la que fue conducida al cuartel de Villa Grimaldi, donde permaneció privada de libertad, desconociéndose posteriormente su paradero.
Operativo de calle Gaspar de Orense 993, Quinta Normal
Que, el 9 de mayo de 1976, fue detenido por agentes de la DINA Lenin Adán Díaz Silva, miembro de la Comisión Técnica del Partido Comunista de Chile, en el inmueble ubicado calle Gaspar de Orense N° 993, Quinta Normal, Santiago, siendo trasladado al cuartel de Villa Grimaldi, lugar donde se pierde todo rastro ignorándose hasta la fecha su paradero.
Operativo de detención de Eliana Espinoza Fernández
Que, el 12 de mayo de 1976, Eliana Marina Espinoza Fernández, quien había tomado locomoción colectiva en calle Independencia para dirigirse a un destino que no reveló, fue detenida por agentes de la DINA y trasladada al cuartel de detención Villa Grimaldi, donde permaneció privada de libertad, desconociéndose posteriormente su paradero.
Operativo de calle Bello Horizonte N° 979, Las Condes
Que, alrededor de la 01:00 horas del día 12 de mayo de 1976, agentes de la DINA allanaron el domicilio de calle Bello Horizonte N° 979, comuna de Las Condes, Santiago y detuvieron a Víctor Manuel Díaz López, secretario general del Partido Comunista de la época y luego lo condujeron al cuartel de Villa Grimaldi, donde permaneció en cautiverio y fue sometido a constantes interrogatorios y torturas, siendo posteriormente trasladado a cuartel de la DINA ubicado en Simón Bolívar N° 8.800 de la comuna de La Reina, Santiago, donde permaneció los últimos meses en que permaneció con vida.
Muerte de Víctor Díaz López
Que, Víctor Manuel Díaz López, una vez trasladado al cuartel de la DINA ubicado en Simón Bolívar 8.800, La Reina, Santiago, fue mantenido en un régimen de encierro y privación de libertad, permanentemente custodiado e interrogado por los agentes que operaban en dicho cuartel y durante la tarde de un día de la primera quincena del mes de enero de 1977 y en circunstancias que se encontraba en el interior de un calabozo en el mencionado cuartel de Simón Bolívar, agentes que operaban en el lugar, en cumplimiento de una orden de ejecución emanada del superior jerárquico de la institución y transmitida por el jefe del cuartel a sus subordinados, procedieron a darle muerte utilizando para ello una bolsa plástica con la que cubrieron su cabeza y amarraron al cuello impidiéndole la respiración, lo que produjo su deceso, y, constatada su muerte, los hechores introdujeron el cadáver en dos bolsas gruesas de polietileno, una por la cabeza y otra por los pies, las que amarraron con alambre en torno a la cintura, enseguida al cadáver embolsado ataron un trozo de riel de más o menos setenta u ochenta centímetros de largo, y luego lo introdujeron en dos sacos de arpillera, uno por la cabeza y otro por las extremidades, los que fueron unidos con alambre, lo transportaron hasta el sector de Peldehue, lugar donde, fue subido a un helicóptero Puma que esperaba en el sector, el que partió con destino al mar donde fue arrojado en un punto no determinado.
Los querellantes particulares, el Consejo de Defensa del Estado y el Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior, fueron notificados de la acusación para que adhieran a ella o presenten acusación particular en el caso.
Con la acusación del ministro y las adhesiones o acusaciones particulares se notificará a las defensas de los acusados para dar paso a la etapa de plenario antes de dictar sentencia de primera instancia.

¡¡ Nada esta olvidado !!
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