Seminario Interdisciplinario Sobre Archivos en Chile. Londres 38

Londres 38 participa en Seminario Interdisciplinario Sobre Archivos en Chile

En el espacio, que contó con la presencia de invitados internacionales, Londres 38 planteó la necesidad de definir un marco legal sobre archivos y acceso a documentos que hoy se encuentran bajo secreto.

Publicado el 12 de junio de 2017
imagen foto_portada.jpg

Este 9 de junio se realizó la tercera versión del Seminario Interdisciplinario de Archivos en Chile, organizado por Archivo Fech, la Dibam y el Archivo Nacional, donde también participó Londres 38, a través de su coordinador de Archivo Digital, Juan René Maureira.

Bajo el título ” “Del diálogo a la acción”, el seminario contó con la presencia de expertos nacionales e internacionales, quienes compartieron también sus experiencias frente a distintos archivos, su uso, liberación y política en torno a su publicación.

Las temáticas abordadas fueron “Organización de Archivos de Derechos Humanos”, a cargo de Stella Segado,quien fue directora del Archivo Nacional de la Memoria de Argentina, directora de Derechos Humanos del Ministerio de Defensa de Argentina y encargada de crear el Sistema de Archivos de la Defensa; “Valoración, selección y eliminación en los archivos”, por parte de Norma Fenoglio, de la Escuela de Archivología de la Universidad Nacional de Córdoba; “Conservación y restauración en archivos”, dictado por Gemma Contreras, Subdirectora del Instituto Valenciano de Conservación y Restauración de España; y “Didáctica y Educación de los archivos”, dictado por Christophe Barret, Coordinador del Servicio Educativo de los Archivos Nacionales de Francia.

“El trabajo de archivos tiene relación con la memoria, la documentación de hechos que dan valor a la verdad y para encontrar justicia. El punto de partida del trabajo con archivos tiene que ver con la empatía con los usuarios, que son las víctimas o sus familias”, señaló en su presentación Stella Segado.

imagen recurso_1.jpg

Segado contó los avances en administración y difusión de archivos clasificados, desde la creación de la CONADEP, en el gobierno de Raúl Alfonsín, con el objetivo de investigar casos de víctimas de la dictadura; hasta el gobierno de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, donde se creó y funcionó una política de liberación de archivos clasificados en el Ministerio de Defensa y otras reparticiones del Estado, archivos que fueron pruebas para muchas víctimas en juicios contra agentes de la represión y que hoy se encuentran abiertos a disposición de la ciudadanía, e incluso fondos completos digitalizados y subidos a internet en la plataforma “Archivos Abiertos

La charla de Segado fue comentada por Patricia Huenuqueo del Archivo Nacional de Chile, quien se refirió, entre otras cosas a las dificultades que enfrentan en relación al secretismo y un marco legal débil que otorga pocas atribuciones y recursos para el tratamiento de archivos de derechos humanos; y Juan René Maureira, refiriéndose al trabajo de liberación de archivos clasificados de militares en la dictadura argentina y los aprendizajes y desafíos en Chile frente al mismo tema. Una de las diferencias que establecieron entre ambos países es que en Chile aún hay cientos de archivos secretos, a los que no se ha podido tener acceso, como los de la Comisión Valech, de la Colonia Dignidad, de las fuerzas armadas y policiales, y de agencias de inteligencia como la DINA y la CNI, tal como evidenció Londres 38 en su campaña “No Más Archivos Secretos“.

“El acceso a la información de la represión no solo es una herramienta para encontrar la verdad y la justicia, sino también para el ejercicio del derecho a la verdad y la memoria, para la construcción de un Estado democrático fundado no en el secretismo y la impunidad, sino en la transparencia, la verdad y la justicia.. Por eso es necesario avanzar a un marco legal estable sobre archivos de memoria y derechos humanos, que haga de su recuperación, conservación y difusión, una política permanente del Estado”, comentó Juan René Maureira.

 

 

EL ARCHIVO FECH, LA DICTADURA Y LOS DERECHOS HUMANOS

 

 

Desde su fundación en 2008, el Archivo y Centro de Documentación de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (AFECH) ha mostrado un compromiso férreo con la defensa y promoción de los Derechos Humanos. Se trata de un asunto que no ha sido buscado de forma intencionada, sino que es ineludible, forzoso e inexcusable. Está en el nervio mismo de su cuerpo documental y, por lo mismo, forma parte de su identidad y de su valor como institución. El archivero francés Michel Duchein ha planteado que el Archivo es el corazón de las instituciones. En ese caso, los documentos del AFECH palpitan y en cada uno de sus latidos resuenan las luchas estudiantiles y los costos humanos y materiales que han sufrido por defender la vida y la libertad. Conjuntamente, han marcado el ritmo de su devenir y condicionado varias de sus iniciativas en sus seis años de existencia.

Originado como un proyecto estudiantil, la historia del AFECH representa un recorrido por recuperar y centralizar el patrimonio documental de los estudiantes de la Casa de Bello. Un material desperdigado y destruido producto del descuido y la inconsciencia, pero, principalmente, por los constantes ataques y las continuas destrucciones de sus diversas locaciones.

Cuatro momentos para ejemplificar. Primero. 21 de julio de 1920. Una turba de estudiantes conservadores y nacionalistas asoló el local de Ahumada 73. Hubo una quema pública de su biblioteca y de los archivos de las revistas Claridad y Juventud. También de su Imprenta. Segundo. 2 de abril de 1957. Fuerzas policiales ingresaron al local, rompieron las cañerías y desmantelaron una inundada casa de Alameda 341. Tercero. Julio de 1971. Un incendio provocado terminó con el local en llamas, el mismo que escogió Salvador Allende para proferir un discurso para celebrar su llegada a la Presidencia. Cuarto y final. El golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. La FECH clausurada y, más tarde, declarada ilegal.

Un Tánatos archivístico ha acechado históricamente la producción documental y patrimonial estudiantil. Así, la historia del Archivo FECH se puede caracterizar como un constante recabado de huellas, cuyo recorrido se orienta a contrapelo y en racconto a esa destrucción, desaparición y desperdigamiento al que lo ha querido destinar tantas veces la historia. He ahí el mayor valor de esta iniciativa. También, la de sus documentos recuperados en esta operación centrípeta. En Archivística, los archivos son una consecuencia inevitable de la actividad práctica de una institución. Sus documentos, entonces, materializan una serie de funciones y actividades de la FECH: los papeles están unidos y reflejan el actuar de la Federación. De ahí la posibilidad de recuperar las memorias e hilvanar las historias de sus protagonistas durante y después del golpe de 1973.

En su mayoría, los documentos del Archivo FECH evidencian la lucha estudiantil por democratizar la Universidad de Chile en un contexto de represión e intervención militar y, también, sus intentos infructuosos y exitosos por fomentar y hacer respetar los Derechos Humanos: a la vida, a la libertad y al de asociarse libremente.

Después del 11 de septiembre de 1973, el régimen militar clausuró la Federación. En su reemplazo se estableció la Federación de Centros de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECECH). En 1976-77,  apareció la ACU: la Agrupación Cultural Universitaria, organización de estudiantes que, por medio del arte y la cultura, intentó suplir su ausencia y trató de hacer Universidad en las peores condiciones.

En 1979, en un congreso clandestino se restableció la Federación, compitiendo de forma paralela con la organización oficialista. En 1984, tras largas luchas y dolorosas muertes, los estudiantes lograron recuperar la institución de los embates de la dictadura. Durante esa década, la FECH se dirigió críticamente contra las políticas educacionales de Pinochet, al punto de que en 1987 logró convocar a un paro general de dos meses contra el rector designado José Luis Federici.

Estas y otras acciones le han dado sentido y marcado el rumbo de varias de nuestras iniciativas. Primero, al intento de organizar y digitalizar la Colección de Derechos Humanos. Se trata de cerca de 700 documentos que oscilan entre 1976 y 1984. Además de permitir reconstruir las historias mencionadas más arriba, incluyen las listas de detenidos y diversos recursos de amparo. También, cartas de solidaridad nacional e internacional producto de la persecución a diversos líderes estudiantiles. Contiene, además, la querella interpuesta a Pinochet por la FECH en 1998. En ella es posible de ver el proceso de construcción del libelo y la persecución contra 75 alumnos que terminaron como detenidos desaparecidos y una información sumaria sobre su desaparición.

Segunda iniciativa. Como registrar y archivar era peligroso, los documentos recuperados han sido pocos y escuetos: vacío y silencio. Con la finalidad de paliar esa situación se origina el Archivo Oral y Audiovisual de las Memorias Estudiantiles. Nos percatamos que cada estudiante es un potencial documento: un soporte de información que aglutina vivencias y experiencias. Así lo experimentamos en nuestros encuentros, donde las diversas generaciones de estudiantes de la Universidad de Chile generan un diálogo. Por lo mismo, hemos buscado a los testigos para provocar el registro y archivar su memoria, transformando el silencio de los papeles en la voz de sus protagonistas.

Ambas iniciativas nos han vinculado con otras instituciones afines. De ahí nuestra participación en la Red de Archivos de Memoria y los Derechos Humanos, instancia colaborativa y de reflexión donde sus miembros reconocemos los archivos como herramientas de importancia radical para elaborar políticas de memoria. El Archivo se torna, así, en un espacio pedagógico: sus documentos posibilitan elaborar narrativas con potencial educativo y ejemplificador sobre la promoción y defensa irrestricta de los Derechos Humanos. Se refuerza, además, su calidad de repositorios de evidencias jurídicas, cuyos documentos son claves para la apertura y/o avance de litigios para alcanzar la verdad y la justicia.

 Archivo de Memoria y de los Derechos Humanos, el Archivo FECH ha colaborado activamente con el Colectivo Patricio Manzano, agrupación de estudiantes de la generación de los 80, quienes no han descansado por  reconstruir las circunstancias de la muerte del estudiante de Ingeniería Patricio Manzano en los Trabajos Voluntarios de Aconcagua 1985, primer mártir de la FECH democrática. Y, también, por clamar justicia. Celebramos la apertura del caso judicial contra Alberto Cardemil y, también, expresamos nuestra profunda felicidad y un enorme agradecimiento por el libro (próximo a ser publicado) de Marcela Campos, integrante del Colectivo, que indaga sobre los luctuosos sucesos que llevaron al fallecimiento de Patricio Manzano.

Actos y no gestos. Escrituras que son fundamentales para mantener viva la historia de la FECH y tomar conciencia de los costos humanos y sociales que enfrentó una generación universitaria para recuperar de la dictadura a la misma institución que hoy está intentado ser deslegitimada. Pato Manzano es uno. Faltan más. Como Archivo FECH hemos querido contribuir a saldar la deuda que tiene la Universidad de Chile con su memoria. Sin embargo aún falta sistematizar la información que está desperdigada en los diversos repositorios de la Universidad. Escasea un trabajo en conjunto. Un esfuerzo archivístico mancomunado y decidido. Falta una voluntad global de la Universidad con un proyecto íntegro a largo plazo donde realmente exista un reconocimiento de lo sucedido y, a la vez, una investigación al respecto que permita saldar esa deuda tanto con los docentes exonerados, como con los estudiantes en Dictadura.

El 17 de septiembre de 1843, en el discurso de instalación de la Universidad de Chile, Andrés Bello, su primer Rector, planteaba el rol que debía cumplir esta institución en su relación con la sociedad y el país. “Será como un cuerpo eminentemente expansivo y propagador”, declaró. Con la dictadura de Pinochet, este cuerpo recibió una herida que no ha cicatrizado y cuyo impacto y profundidad aún falta aquilatar. Mutilado su cerebro por la fuga de académicos y, también, por el asesinato y persecución de varios estudiantes. Mutilado su corazón y su espíritu en cuanto, desde entonces, se impuso una nueva idea de Universidad, de cultura, de arte y de país.

Claudio Ogass Bilbao

Director y Archivero

Leonardo Cisternas

Coordinador de Investigación y Extensión

Finalmente presentamos un documental, desarrollado en el marco de un proyecto financiado por la Universidad de Chile, que buscaba la creación del primer Archivo de Memoria Oral del Movimiento Estudiantil, mediante el registro de 7 testimonios que relataron su experiencia en una Universidad intervenida por los rectores designados durante la Dictadura cívico-militar.

El eje central del documental estuvo puesto en la Recuperación de la FECH entre 1976 y 1984, preguntándonos ¿Es válido interrogar desde el presente al movimiento estudiantil durante la Dictadura cívico-militar?  ¿Cuáles son las memorias que subyacen del recuerdo individual y colectivo de diversos momentos y espacios? ¿Qué se ha escrito y cómo han mirado y/o leído el rol que cumplieron los hijos de Bello en la lucha por la democratización interna y externa?

Las entrevistas apuntaron, precisamente, a revelar estas preguntas, interrogando e intencionando la fuente. A continuación los invitamos a visualizar nuestro documental que refleja uno de los periodos más duros del movimiento estudiantil de la Universidad de Chile.

Documental sobre la Recuperación de la FECH: de la ACU a la FECH

 

En la actualidad, la Red está conformada por las siguientes instituciones:

La Primavera de Chile. Documental completo

La Primavera de Chile. Documental completo
Publicado el 13 jul. 2013

Título Original: La primavera de Chile
Título en Inglés: Chilean spring
Duración: 102 minutos
Soporte: Digital

Producción: Cristián del Campo — Gastón Muñoz

Dirección y Guión: Cristián del Campo Cárcamo

Producción Ejecutiva y Distribución: Elena Varela

Producción en terreno: Marcelo Dauros, Mauricio Castro, Mario Venegas, Cristián del Campo
Investigación periodística: Julio Candia
Colaboración Guión: Marcia Pozzo, Julio Candia, Hugo Fuentes
Cámara: Mauricio Castro, Juan Pablo Araneda, Alex Ramírez, Cristián del Campo
Edición y Montaje: Hugo Fuentes, Cristián del Campo
Arte y Diseño: Marcelo Dauros Pantoja
Postproducción: Marcelo Arriagada

Agradecimientos:

Radio Universidad de Chile
Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios, ACES
Confederación Nacional de Estudiantes Secundarios, CONES
Confederación de Estudiantes de Chile, CONFECH
Federación Nacional de Pobladores, FENAPO
Confederación de Trabajadores del Cobre, CTC
Colegio de Profesores de Chile A.G.
Fundación Progresa

  • Categoría

  • Licencia

    • Licencia de YouTube estándar
  • CRÍTICAS Y ESTUDIOS
    La Primavera de Chile o el bloqueo cognitivo
    Por Colectivo Miope

    La Primavera de Praga fue un momento crucial en la liberación política y social donde Checoslovaquia le hizo frente al avasallador totalitarismo comunista que le pretendía imponer la ex-URSS.  Ahora, ésta alusión floral, respecto a Chile, estaría básicamente en consonancia con la misma idea de resistencia social pero en función a otro sistema económico –basado en el libre mercado– impuesto, mantenido y defendido por todo el espectro político -con intereses en juego- a lo largo de los últimos 30 años.

    La Primavera de Chile despliega a lo largo de casi dos horas un desfile de rostros queribles, como lo son los voceros estudiantiles. También otros más rabiosos, aquellos portadores de cierta misión con causas puntuales, más que con la trinidad de conceptos que defiende el estudiantado.

    Y, aunque el movimiento aludido como tal efectivamente posea todas las características de la analogía desenfundada en torno al replanteamiento duro del paradigma económico en ejecución, el largometraje logra escasamente aportar algo más a la reflexión profunda del asunto, confiando escuetamente en el abanico de argumentos cercados y por lo tanto, mucho menos aún, plantear -o al menos insinuar- rutas para los desafíos futuros del estancado embrollo. Es más bien una constatación sintética y cadenciosa, y pulcra eso sí. Una tibia cronología de sucesos con la expositiva intervención del dirigente, vocero, intelectual o experto afín.

    Evidentemente las autoridades oficiales son retratadas mediante un menesteroso material de prensa como -lo que supuestamente son- figuras rígidas, ultraconservadoras, opacas, poco dispuestas a escuchar, con discursos y planteamientos mecánicamente enarbolados. Sujetos poco empáticos, sin alma. Ontológicamente despreciables. Todo legítimo, pero claro, sin permitirse acceder a su voz en ninguna distendida conversación frontal que si gozan el resto de los participantes. Es decir, se hace imposible siquiera osar cuestionar lo fríamente dispuestos o al menos a darle una vuelta, darle un respiro y acceder a ideas que los discursos oficiales por su misma lógica eficiente y sobria no lo permiten. En definitiva, en La Primavera de Chile se asume que la repetición -a modo de mantra- fortalece esa hipótesis de trabajo que jamás se pone a prueba, ni menos aún, obvio, con el latente riesgo que involucra un debate.

    Aquí los razonamientos son unilaterales, su fuerza –como en la acción popular– al final del día se basa en la presión física, la ocupación y la soberbia convicción de que “lo que hacemos es lo correcto” y por tanto requiere radicalizaciones múltiples, eventuales atropellos, aceptación per se. Todo la disposición de elementos en este simulacro narrativo hace suponer –paradójicamente- que La Primavera de Chile no cree en su pueblo, no cree que éste pueda ejercer el pensamiento crítico, no cree que sea conveniente entregarle las elementos que -a través de un medio popular como lo es el cine- el individuo pueda sacar sus propias conclusiones, oxigenar su juicio, ser ciudadanos y no un par de piernas y gargantas útiles en determinado momento.

    Sin duda que el metraje apunta certeramente los aspectos fundamentales del movimiento acaecidos durante el 2011 a modo de reporte “objetivo” y además toca tangencialmente aspectos incluso más interesantes y particularmente idiosincrásicos que le dan personalidad al problema, como lo fueron las performances creativamente pop en público, las marchas carnavaleras, los eventos pachangueros masivos, el majadero uso retórico del rock pesado en la represión policial, y bueno, no mucho más.

    No adherir cabalmente a estas alturas a esta amalgama de fuerzas sociales que abogan por una educación de calidad, gratuita y sin lucro es prácticamente considerado una herejía, es decir, atreverse a ponderar la información, las circunstancias, los argumentos… básicamente pensar por sí mismo. Al parecer lo que se necesita hoy es el vitoreo instintivo, el apoyo irrestricto y acrítico a cualquier slogan que apele a la olvidada familia linchada por los pagarés de una institución que no le garantiza nada al educando, que lo ve como un número y mano de obra barata estratégicamente funcional a la nación en supuesto desarrollo.

    Más allá de que sea el “primer” documental sobre el movimiento –un término que en sí induce a desconfiar de la fuerza interna del despliegue de los contenidos–, sería saludable que esto sirviera para profundizar en base a lo que se supone que el cine puede lograr y que lo diferencia de otras manifestaciones audiovisuales, es decir, lograr acompañar un proceso determinado en base a una cierta intimidad, a un acceso único, nunca antes visto, en la profundización de los anhelos y desafíos más particulares. En las revelaciones que puede otorgar enfrentar una oposición específica, en encontrar aquella pulsión y valor en personajes en los que nadie confía ni conoce. La Primavera de Chile no roza en más de un par de escenas algo de esto. No construye personajes (pues los personajes están construidos ya), no revela nada que no sepamos ni se propone poner a prueba la tesis con la que parte y nunca se atreve a problematizar.

    De esta manera la propuesta aquí planteada tal vez sirva para expandir el “espíritu” reformista que reacciona efectivamente ante el abuso ejercido contra los más desprotegidos y, con ello, decirle al mundo que Chile se moviliza, que se une en torno a una serie de prácticas y que no tolera la prepotencia del capital. Pero, internamente, cinemáticamente, narrativamente, es apenas un primer y tibio paso respecto este gran tema. Luego, entonces, y por eso mismo, solo puede ser una formidable oportunidad para no anquilosarse en el irrelevante acopio de los hechos e imágenes que hoy por hoy abundan, redundan, cansan y sobran.

    Algunas interrogantes que quedan:

    ¿Qué pasa con los carabineros encapuchados? ¿De donde surge esa infame estrategia de boicot, si es que existe? ¿Cómo enfrenta un carabinero su función para con los estudiantes sabiendo que su profesión nace -por lo general- de la carencia de medios para un futuro que realmente desarrolle sus aptitudes? ¿Cómo se entrena un carabinero para abordar la represión? ¿Cree en su rol, puede optar? ¿Cómo aborda el dilema un estudiante con la necesidad de manifestarse si carga una tradición uniformada? ¿A qué le teme tanto la elite dominante? ¿Sólo a perder su poder, su influencia y sus negocios? ¿Por qué ésta cree con –supuesta– reflexiva convicción que su modelo ofrece más oportunidades de desarrollo integral a los ciudadanos? ¿Se niegan al cambio por que creen que una población educada, reflexiva, crítica abusará de su nuevo estatus a modo de venganza clasista?

Destacado

No, hijo, no eran nazis…eran franceses

De la exclusión al exterminio

Pablo M. Dreizik

Los campos de internación del sur de Francia

Löw y Bodek “Toujours la même chose”. Lavis. Camp de Gurs, 1940.

Que la práctica de la xenofobia, la discriminación y la exclusión pueden, bajo ciertas condiciones, conducir al exterminio del otro es una afirmación no sólo de orden especulativo sino una de las más duras lecciones del siglo XX. Un índice revelador de tal escalada que ha ido de la “exclusión” a la “eliminación” masiva de la población considerada indeseable es provisto por las transformaciones sufridas por los campos de reclusión del sur de Francia. Efectivamente, estos sitios destinados en principio a ser centros de refugiados, especialmente de españoles republicanos y alemanes socialdemócratas y comunistas, devendrían en el curso de la guerra campos de deportación, la antesala a los centros de exterminio en el centro de Europa.

La cuestión asume un sesgo particularmente espinoso: aquellos centros de detención fueron emplazados antes del arribo del gobierno pro-alemán de Vichy, precisamente fueron construidos durante el período de la República, bajo el gobierno de Daladier en 1938. Esta nota singular de los campos del sur de Francia, el hecho que remonten su origen al período republicano, los ha investido de caracter problemático que alcanza al corazón de la misma memoria histórica francesa. Sin embargo, en las últimas décadas, ha podido asistirse a relevantes expresiones por volver sobre los pasos de aquel ignominioso lastre que nació durante la República. Una de las expresiones más acabadas de retorno sobre el escenario de los campos del sur de Francia, años después de la masacre, fue emprendida por la Biblioteca Municipal de Toulouse -físicamente próxima al área donde se emplazaron aquellos campos- bajo la iniciativa y dirección de Monique-Lise Cohen. De hecho, la Biblioteca Municipal de Toulouse organizó diversas muestras sobre el antisemitismo en el sur de Francia.

La abyecta lógica -la que va de la segregación al exterminio- que testimonian estos campos, aquella que los condujo de operar como centros de internación para extranjeros a llegar a ser campos de muerte, amerita un repaso sobre su existencia.

Un rasgo singular en el proceso de deportación en el sur de Francia concierne a la anterioridad de los campos de internación respecto al gobierno de Vichy y a la ocupación alemana. Más precisamente, el origen de estos campos se remonta al período de la República, bajo el gobierno de Daladier, en 1938. Esta “iniciativa” la heredará el pro-alemán gobierno de Vichy transformando el carácter y fin de los campos. Se revela así una cierta continuidad entre la obra del gobierno Republicano y el de Vichy sostenida, a pesar de sus contrastes, en el fino hilo de la xenofobia y la discriminación. Aquellos campos de refugiados destinados a comunistas, republicanos españoles y social-democratas alemanes, se convertirían a partir de noviembre-diciembre de 1940 en campos de judíos.

Llegada de los refugiados españoles a Francia.
L’Illustration, 11 de febrero de 1939.

Con exactitud, los campos del sur de Francia nacen con el decreto ley del 12 noviembre de 1938 del gobierno de Daladier. Aquel decreto hacía ya referencia a los “extranjeros indeseables” un término que evocaba una ley de 1849 que preveía la expulsión de todos los extranjeros juzgados peligrosos. El contexto de estas medidas remitían directamente, durante este período, a los acontecimientos que por aquellos años se vivían en el territorio español, en especial Barcelona y otras zonas de España cercanas a Francia. Durante el mes de enero de 1939 un contingente numeroso de republicanos españoles, intimidados ante el avance franquista, se dirigían hacía la frontera francesa. Entre el 26 de enero -a un día de la caída de Barcelona- y el 9 de febrero -cuando los nacionalistas cerraron definitivamente la frontera catalana-, más de 500.000 españoles, primero civiles y militares heridos y luego los soldados republicanos, pasaron por la aduana de Perthus. El primer “centro especial” destinado a la internación de refugiados fue instalado por decreto el 21 de enero de 1939 en Rieucros cerca de Mende (Lozère). En poco tiempo esta “asignación de residencia” devendría en “internación administrativa”. Poco después, entre marzo y abril de 1939 se emplazan seis centros en las periferias de los Pirineos Orientales para el internamiento de milicianos: en Bram (Aude) reservado a los ancianos; Agde (Hérault) y Riversaltes (Pirineos-Orientales) destinado a los catalanes; Sepfonds (Tarn-et-Garonne) y Le Vernet (Ariège) para los obreros y Gurs (Basses Pyrénées) donde estuvo internada Hannah Arendt. Estos dos últimos centros fueron los campos franceses más importantes y funcionaron hasta 1944. Particularmente el campo de Le Vernet -donde permaneció el escritor y ensayista Arthur Koestler- tendría como nota propia ser “campo represivo” donde se debía encerrar a los “individuos peligrosos para el orden público y la seguridad nacional”, en general comunistas y dirigentes de las Brigadas Internacionales.

El destino de los internados en los campos del sur de Francia sufriría rápidamente las consecuencias de las cada vez más estrechas relaciones del gobierno de Vichy con el régimen nazi. Siguiendo los términos del tratado concluido el 22 de junio, el régimen de Vichy entregó, en la noche del 8 de febrero de 1941, a alrededor de veinte alemanes anti-nazis recluidos en los campos a las autoridades del Reich. Entre estos alemanes se contaban los prestigiosos Herschel Grynspan, Rudolf Hilferding y Rudolf Breitscheid, muerto en un campo nazi en 1944.

Poco a poco, los campos fueron afectados por la coloratura particular de las políticas antisemitas que imponía el acercamiento del gobierno de Vichy al régimen nazi. El 2 de octubre de 1940 el prefecto de la Haute Garonne ordena que los ‘israelitas franceses sin recursos’ se dirijan al campo de Clairfont. Sin ninguna presión alemana, Vichy estableció una discriminación jurídica que reposaba sobre el postulado racial. El propósito del gobierno de Vichy era “limitar la influencia judía” por una serie de interdicciones profesionales. En una declaración promulgada el 18 de octubre el Consejo de Ministros adaptaba el anterior decreto de 1938 relativo al internamiento de extranjeros al nuevo parámetro racial y a la persecución antisemita. La nueva ley permitía a los prefectos internar en los “campos especiales” a los extranjeros de “raza judía”. La administración prefectoral comenzó, entonces, a revisar sus estadísticas según el nuevo criterio racial. En noviembre, el prefecto de la Haute Garonne indica a Vichy que el 53% de los 2000 internados de su departamento eran de “raza judía” porcentaje que se elevaría al 70 % de los 40.000 extranjeros internados de la Zona No Ocupada.

La política hacia la población judía sufre un giro crucial en octubre de 1940 cuando se condena a los judíos extranjeros a internamiento y vigilancia especial en villas remotas. El centro provincial más grande, pronto promovido al rango de campo, fue el de Bouches du Rhône cerca de Aix, en la carbonería de Milles, donde se reunieron 2.000 emigrados, entre los cuales se contarían intelectuales de renombre tales como Golo Mann, Walter Benjamin, Max Ernst y Lion Feuchtwanger quien plasmó en un libro sus recuerdos de internado bajo el título de Diable en France.

Monumento a la Memoria de los deportados
(Cementerio del Campo de Noé)

Los más notorios campos del sur de Francia fueron Gurs, Argèles, Noé, Récébédou y Riversaltes. Vichy operó Vernet, Rieucros y la prisión de Brébant en Marsella como campo de castigo. Los campos se caracterizaron, sobre todo, por sus condiciones de vida intolerables. Un informe del American Friends Service Comittee de enero de 1942 los llamaba sitios para “escuálidos, apretujados y enfermos con altas probabilidades de morir”. André Jean-Faure, inspector de los campos de Vichy y sin duda no crítico del régimen descubrió condiciones shockeantes en los campos. Los niños y los ancianos perecían rápidamente entre la falta de vestimenta, el tifus y la tuberculosis. Serge Klarsfeld ha calculado en 3000 los judíos muertos en este período.

De todos los campos de la Zona No Ocupada, el de Gurs fue quizás el más infame. Localizado en Basses-Pyré, sudoeste de la ciudad de Pau, Gurs fue apresuradamente construido en 1939 como centro de detención para 15.000 refugiados españoles. Durante los años de la guerra la población del campo, la mayoría judíos pero también españoles y rumanos, fluctuaron de 6.000 a 29.000. En 1940, durante una serie de dramáticos traslados, las autoridades alemanas expulsaron cerca de 7.000 judíos del Palatinado a Gurs en trenes sellados. Muchos de aquellos que los nazis arrojaron del Baden, del Saarland y de Alsacia-Lorena arribaron a Gurs en 1940 sólo para aguardar la deportación en 1942. Cerca de la mitad de los judíos expulsados en esta operación estaban por arriba de los sesenta años de edad (el más viejo fue uno de 100) y, naturalmente, no pudieron sobrevivir bajo aquellas condiciones. En noviembre de 1940 un promedio de ocho personas por día morían en el campo. Por noviembre de 1943 habían muerto 1.038 personas y cerca de 3900 habían sido deportadas a los campos de muerte nazi.

El campo de Riversaltes, 20 kilómetros al norte del pueblo de Perpignan en los Pirineos Orientales, alojó alrededor de 9.000 personas, la mayoría judíos, incluyendo hasta 3.000 chicos. Riversaltes se abrió en 1941 para ‘atender’ al cada vez más creciente número de internos judíos. Hacia Riversaltes se orientó una serie de esfuerzos de diversas organizaciones judías para aliviar las penurias de los que allí se encontraban: el rabino René Hirschler, capellán general para los campos, intentó mantener una cantidad módica de vida cultural y religiosa judía para los prisioneros, el Nîmes Commision, un grupo de ayuda combinado, trabajó para llevar diversas formas de asistencia a las madres y niños internados. Las condiciones alimentarias y de vestimenta en Riversaltes eran de tal grado de indigencia que por 1942 el American Friends Service Comittee computaba una muerte diaria con mayor incidencia entre los niños.

El campo de Noé con la mitad de su población judía y la otra compartida entre alemanes y españoles fue otro campo de detención donde los internos sufrieron iguales inhumanas condiciones durante su permanencia.

Entre los campos más crueles se cuenta aquel de Le Vernet en el que estaría internado el gran escritor Arthur Koestler junto a una población que llegaría a los 3000 internos. De aquella población alrededor de un cuarto eran miembros de las Brigadas Internacionales y el resto judíos. Koestler pudo finalmente evadirse, en 1940, pero el carácter terrorífico del campo queda bien retratado en su libro de recuerdos La escoria de la tierra.

Como señalábamos más arriba estos campos sufrieron poco a poco un importante cambio de status. Al comienzo entre 1939 y 1940, la mayor parte de ellos eran campos para “extranjeros peligrosos” que persistan como un cuerpo extraño a la democracia, siendo su existencia ampliamente debatida en la cámara de diputados y en la prensa, sobre todo por los diarios de izquierda L’Humanite y La Populaire que en febrero de 1939 denunciaban la existencia de “campos de concentración”. Pero a partir de 1942 los campos del sur de Francia, hasta ese momento herencia asumida bien que mal por el Estado francés, se volvieron instrumentos naturales de la política represiva de Vichy. Ya en enero de 1940, 13.000 españoles habían sido deportados desde los campos del sur hacía el campo nazi de Mauthausen donde perecieron en el número de 5.000.

Este camino que recorrieron los campos del sur de Francia, camino impensado por aquellos que en democracia los crearon seguramente sin imaginar su transformación posterior, nos confronta con la peligrosidad del gesto segregacionista o xenófobo aún cuando este se quiera contenido dentro de los márgenes de la ley. La sutil pátina que separa la exclusión del exterminio puede ser franqueada bajo ciertas circunstancia, ciertas no excepcionales circunstancias según nos lo demuestra el siglo que dejamos.

Relacionados

http://es.wikipedia.org/wiki/Redada_del_Vel%C3%B3dromo_de_Invierno

http://10-15saturday-night.blogspot.com/2011/08/la-llave-de-sarah-de-tatiana-de-rosnay.html

Nuestro espejo de cartóN: educacióN y posdictadura chileNa

Nuestro espejo de cartóN: educacióN y posdictadura
chileNa

Milena Susana Gallardo Villegas, Pamela Tamara Salazar Vicencio

 Elaboración de memorias traumáticas de 
nuestro pasado reciente. Una propuesta de taller. 

Nos interesa definir cómo se constituye la 
propuesta educacional en torno a la problemática de la memoria y los derechos humanos en Chile, a partir del análisis del discurso 
articulado desde el Museo de la Memoria y los 
Derechos Humanos, obra cúlmine del último 
gobierno de la Concertación y versión oficial 
en torno a la memoria del pasado reciente en 
el país. Para estos efectos, revisaremos ciertos aspectos del espacio físico en donde se 
edifica el museo, leyendo los lugares a la luz de 
nociones teóricas en torno a la museificación 
y estetización de la memoria; sin embargo, el 
eje de la investigación consiste en la lectura 
crítica del material que se ofrece como alternativa a los docentes que preparan a sus alumnos 
para la visita guiada.La hipótesis tentativa es 
que existe una visión estatal que victimiza a 
los sujetos afectados directamente, limitando 
el espectro de impacto a un grupo minoritario de la población chilena; que igualmente 
apunta a despolitizar el conflicto mediante la 
instalación de una memoria parcial, estática y 
lineal en torno al pasado y que cristaliza parte 
de sus objetivos en una propuesta educacional 
ideologizante, que aborda consecuencias sin 
analizar procesos ni actores sociales.

Palabras Claves
educación, Chile, memoria, derechos 
humanos, historia reciente
Milena Gallardo Villegas (milenasusana@yahoo.es) Licenciada en lengua y literatura hispánica de la Universidad de Chile. Candidata a Magister en Estudios 
Culturales de la red CLACSO. Ayudante en investigación, proyecto FONDECYT, Chile
Pamela Salazar Vicencio (pamela.salazar.vicencio@gmail.com) Licenciada 
en historia de la Universidad de Chile. Asistente en investigación, proyecto 
FONDART, Chile.93
El presente trabajo busca aproximarse a una definición acerca de cómo se constituye la 
propuesta educacional en torno a la problemática de la memoria y los derechos humanos 
en Chile, a partir del análisis del discurso articulado desde el Museo de la Memoria y los 
Derechos Humanos, obra cúlmine del último gobierno de la Concertación y versión oficial en torno a la memoria del pasado reciente en el país. Para estos efectos, revisaremos 
ciertos aspectos del espacio físico en donde se edifica el museo, leyendo los lugares a la luz 
de nociones teóricas en torno a la museificación y estetización de la memoria; además de 
considerar también para fines de la investigación, las orientaciones, la dinámica y funcionamiento de la visita guiada a partir de la lectura crítica del material que se ofrece como 
alternativa a los docentes que preparan a sus alumnos para dicha actividad.
La hipótesis tentativa es que existe una visión estatal que busca victimizar a los sujetos 
afectados directamente, limitando el espectro de impacto a un grupo minoritario de la 
población chilena; que igualmente apunta a despolitizar el conflicto mediante la instalación de una memoria parcial, estática y lineal en torno al pasado y que cristaliza parte de 
sus objetivos en una propuesta educacional ideologizante y arbitraria, en la medida en que 
aborda consecuencias y no analiza procesos ni actores sociales. En este sentido, se estaría 
utilizando la pedagogía como una mera herramienta de transmisión de ciertas memorias 
del pasado reciente en búsqueda de un discurso que adquiera legitimidad social y no como 
un ejercicio crítico de análisis de discursos y prácticas sociales circundantes y disponibles, 
objetos de pugnas políticas, culturales, sociales y edificadoras de sentidos plurales y en 
permanente elaboración. 
Dicha presentación pretende concluir con una propuesta que incorpore la noción de “proceso o proyecto histórico” al trabajo educacional emanado desde el museo, con el afán de 
vincular la narrativa testimonial y denunciante de los violentos hechos acaecidos con el 
presente y el futuro del proyecto y el imaginario país, por medio de la reflexión crítica de 
los sucesos interpretados. 
Cabe señalar que este trabajo forma parte de un proyecto mayor que se denomina: “Se 
precisan niños para amanecer” Lectura infantil y elaboración de memorias traumáticas de 
nuestro pasado reciente. Una propuesta de taller. Intentando esclarecer muy brevemente el 
contexto en el cual surge esta iniciativa y algunas de sus características, podemos decir que 
apunta a presentar el formato de un taller de pedagogía de la memoria que funcione en 
base al trabajo creativo y de análisis crítico de textos para niños que abordan temáticas tales 
como la migración, la desaparición, la muerte, la pérdida, el temor, el poder, entre otras. 
La pregunta que cruza este proyecto, como se puede prever, es el cómo transmitir las experiencias del horror a los chicos y cimentar a un tiempo una cultura cívica, de participación 
política y de respeto a los derechos humanos. Observamos que, frente al vacío metafórico 
de los textos testimoniales como recurso de transmisión de las experiencias del horror a los 
niños, la literatura infantil ofrece una atmósfera de fantasía que acoge a sus lectores mediante la palabra del “cuentacuentos”. La propuesta entonces se funda en la utilización de la 
ficción poética para pensar otro orden de cosas; en este sentido, postulamos que la fantasía 
y su descontrol en tanto nunca se sabe qué será lo que potencie ni a dónde nos conducirá,
introduce una diferencia crucial en la inscripción de memorias y sus narrativas que puede 
ser captada con gran habilidad por los niños. 
Ahora bien, en lo que respecta a este texto en particular, revisaremos el marco contextual 
que define las políticas culturales y educacionales de la posdictadura chilena, poniendo especial énfasis en el tratamiento que se ha dado desde la oficialidad a los temas de reparación 
y recuperación de la memoria histórica. Por otra parte, buscamos aproximarnos a posibles 
alternativas para abordar la problemática y finalmente esbozaremos un breve análisis del 
material que se entrega desde el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos a los docentes que realizan la visita con sus estudiantes, culminando esta lectura crítica con una 
propuesta que incorpora la noción de “proceso histórico” a la interpretación de los hechos 
acaecidos. 
postdictadura chileNa: imagiNario país y políticas culturales
Para abordar de la forma más breve pero abarcadora posible lo que es la posdictadura 
chilena, decidimos revisar la tesis de Tomás Moulian, presentada en su libro Chile actual: 
anatomía de un mito1
, respecto de los orígenes y el estado del sistema político y económico 
del Chile postdictatorial y, más específicamente, de la década del ’90, momento en que 
comienzan a oficializarse las propuestas educacionales que criticamos. 
Acogiendo los principales elementos de esta lectura sociopolítica, debemos considerar al 
texto de Moulian como una genealogía del Chile de la transición, postulando sus orígenes 
en el quiebre que produce la revolución capitalista sostenida desde y por la dictadura de 
Augusto Pinochet U. (1973-1990).

La llamada “revolución capitalista” estaría determinada 
por dos fenómenos fácilmente identificables en estos contextos: fusión y fisión. El primero 
consiste en la forma en que se despliega el poder en las revoluciones; vale 
decir, en palabras del mismo Moulian, una “uniformación de la pluralidad 
de poderes bajo la forma cosificada de un poder burocrático que subordina, 
coarta” (p.20). Mediante este ordenamiento se produce la transmisión de 
un Proyecto, de las ideas-fuerza, las normativas y valores que nacen en el 
Estado y se movilizan hacia abajo mediante un proceso de reproducción o 
multiplicación del conocimiento y, en ningún caso, evidenciando las tensiones y facilitando el diálogo diversificador, elemental, demás está recordarlo, en cualquier intento de legitimación de un gobierno democrático. Por otra parte, el fenómeno de la fisión es definido 
como la “liberación de energía producida por la escisión del núcleo de un átomo a través de 
su bombardeo con neutrones. En este sentido, la Revolución como acto se puede asimilar 
a la liberación de calor y radiación de una explosión nuclear; ella destruye para crear una 
situación de tabla rasa sobre la cual reconstruir: reconstruye sobre el Apocalipsis”2
La idea es definir esta especie de Estado-Leviatán que funciona en base a clones que se 
transmiten de manera vertical siguiendo, claro, una instrucción jerárquica, marcados, cada 
uno, por la energía exorbitante de la fisión que se reproduce idéntica en todas sus esferas de 
acción. Moulian, agrega respecto a esta fuerza: “dominación creativa que barre convencio-
1. Moulian, Tomás. Chile 
actual: anatomía de un mito. 
(Santiago de Chile: LomArcis, 1997)
2. Moulian, 19-20.95
nes centenarias que hubiesen demorado años en sucumbir e introduce ilusiones o sueños 
de racionalidad (modernización)”3
Cabe agregar que, mientras se reproduce la ley de fusión, o sea la capacidad del Estado de 
decidir casi sin contrapesos, los otros-poderes están en la situación del ajedrecista perfecto 
de Benjamin que por detrás es manejado por un enano escondido. En los momentos de la 
Revolución en que funciona la ley de fusión (es decir, hasta que la dictadura constitucional 
no supera a la terrorista), ocurre lo contrario. En estos casos, es la máquina-Leviatán la 
marioneta que maneja los otros-poderes por ostentosos y fundamentales que estos hayan 
sido en la tradición del país. 
Sin embargo, y aquí nos adentramos al punto que me interesa especialmente, se produce una paradoja en estas revoluciones. Lo curioso es que la ley 
tendencial de la fusión que tienen las revoluciones en los momentos de la 
toma de poder y de la “dictadura-terrorista-revolucionaria”, no es inercial 
ni autoreproducida en lo absoluto, sino todo lo contrario. A este respecto 
señala el autor que la fusión en estos momentos “requiere de una constante 
energía y capacidad coactiva del Poder estatal […] En sociedades secularizadas y heterogéneas, la tendencia estructurante de la trama de poderes es a la 
diversificación y no a la simple multiplicación clónica”4
. Sucede esto, claro, 
especialmente en sociedades como las nuestras, ejemplos por antonomasia 
de la experiencia de la diversidad cultural. 
Ahora bien, si el Estado-Leviatán debe trabajar arduamente en la creación de una amplísima gama de dispositivos de producción normativa, de aterrorizamiento y de legitimación 
por el saber, entendemos que el aparataje intelectual que lo sostiene no será un bloque 
inestable y, lo que es fundamental, se caracterizará por ser una de las piedras de tope más 
entorpecedora a la hora de establecer la verdad histórica que legitimará (y será el único 
elemento capaz de hacerlo) cualquier intento de un gobierno posterior que busque denominarse democrático. Al hablar de entorpecimiento estoy pensando exclusivamente en el 
complejo y concienzudo discurso que sostiene la implementación del nuevo sistema social, 
cultural, político y económico; sistema que busca afanosamente la instalación del olvido en 
torno a las aberraciones cometidas en la historia reciente de nuestro país.
En este contexto, queremos situar rápidamente la discusión en torno al rol fundamental 
que cumple el marco cultural del país, para ir definiendo las posteriores políticas oficiales 
de estetización de la memoria. En el caso específico del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, este punto nos interesa especialmente pues entrega importantes luces 
acerca de la política educacional que allí opera y la visión de los hechos que desde el mismo 
Museo se promueve hacia los estudiantes.
Hernán Vidal, presenta en su libro Política cultural de la memoria histórica5
, una interesante propuesta para abordar el tema de la reparación, desde el punto de vista del campo cultural, intelectual y, entonces, también entenderemos que, en cierta medida, puede operar en 
3. Moulian, 20.
4. Moulian, 21.
5. Vidal, Hernán. Política 
cultural de la memoria 
histórica. Derechos humanos y discursos culturales 
en Chile. (Santiago de 
Chile: Editorial Mosquito 
Comunicaciones, 1997)96
el ámbito educacional. El autor sostiene que la justicia chilena reclama una tarea intelectual 
que consiste en el reforzamiento (y, en muchos casos, en la creación) de políticas que sirvan 
como sostenedoras de la memoria histórica en todo el campo cultural e intelectual, lugares 
que resultan centrales en la constitución del imaginario colectivo y la visión de mundo de 
los chilenos. Así, esta propuesta que busca una suerte de posible alternativa al problema de 
una justicia no ejercida desde los tribunales (ni asumida digna y decididamente por la institucionalidad vigente como una política de Estado), es trabajada desde el área de los “discursos culturales” y el arte, que despliega su potencial, muchas veces, en lo que conocemos 
como el fenómeno de la estetización de la memoria. Estos discursos se caracterizan, muy a 
grandes rasgos y en el mejor de los casos, por ser una proposición formal para la implementación política de tres conceptos utópicos o ideales: “buena sociedad”, “calidad de vida” y 
“ser humano ideal”. En el marco específico de los Derechos Humanos, entenderemos que 
detrás de toda lógica que busque definir la “sociedad ideal”, que se desprendería a su vez de 
la conjugación de los conceptos señalados, se encuentran dos derechos esenciales: el derecho a la vida y el derecho a ser reconocido y respetado como persona. De ambos, emanan 
luego todos los derechos civiles y políticos, sociales, económicos y culturales proclamados 
por las Naciones Unidas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y sus pactos complementarios. Esto bastará para entender, afirma 
Vidal, que la desarticulación (resultante al momento en que se retrasan y, 
lo que es peor, se justifica la demora de los juicios y los procesos punitivos 
por violaciones a los DDHH) de los términos “verdad” y “justicia”, implica 
un profundo vicio en la discursividad cultural que ha conducido el proceso 
de redemocratización en Chile. Esta desarticulación en el reconocimiento 
de los seres humanos como personas, trajo consigo, en el caso chileno, una 
serie de efectos simbólicos que deberán ser determinados a la hora de crear 
estas “políticas culturales de la memoria histórica”6
; piso y marco referencial 
de una iniciativa como es la del Museo de la Memoria y los DDHH.
Del mismo modo, ingresan por la vía de los discursos culturales, una serie de conceptos 
que han ido tomando cuerpo en estos años de transición y que contribuyen de manera 
esencial en el proceso de desarticulación de nuestra estructura cívica y valórica de base. 
En su artículo “Recordar el olvido”7
, Nelly Richard hace alusión a dos de los mecanismos 
de olvido que han sido especialmente efectivos en su propósito de desactivar la memoria 
histórica de la violencia en el Chile de la postdictadura: el consenso y el mercado. Richard 
define el mecanismo del consenso como “el formalismo y el formulismo institucionales del 
acuerdo que han neutralizado los conflictos de significaciones de un pasado que todavía 
sigue en disputa política, simbólica e interpretativa.”8
. Por otra parte, al hablar de mercado 
refiere a “los flujos desatados por el impulso neoliberal que logró disolver los acentos de 
lo político-ideológico en la masa de lo publicitario, de lo tecnomediático”9
. Por su parte, 
el mundo constituido por la imagen y el texto mediáticos, se fundamenta en el “triunfo 
retiniano de la superficie […] que se burla del volumen y de la profundidad temporales de 
la historia al comprimir su duración en la instantaneidad del flash noticioso”10
.
Atendiendo a la supuesta necesidad de operar desde las pautas del “realismo político”
6. Ref. Vidal 17
7. Richard, Nelly. “Recordar 
el olvido”. Raquel Olea y 
Olga Grau (Comps.) Volver 
a la memoria. (Santiago 
de Chile: LOM ediciones, 
2001) 15-20.
8. Richard, 15
9. Richard, 15
10. Richard, 1797
Richard señala que la combinación de ambos mecanismos ha sido conjugada bajo el nombre de democratización política y de neoliberalización económica, lo que ha conseguido 
controlar lo social bajo reglas de uniformidad y conformidad del sentido. Regresamos de 
este modo a la búsqueda de “reconciliación” por parte de los mecanismos institucionales y 
podemos afirmar que el consenso es la garantía que nos salvará de caer nuevamente en los 
“desarreglos de lo social”, mediante la forzosa unificación de las conductas y de los discursos oficiales de resignación y moderación. Agrega Nelly Richard que:
“la mecanización del consenso sometió a lo político (sus indeterminaciones, sus conflictos, sus antagonismos) a una especie de rutina de lo programable basada en simples 
criterios técnicos de administración del poder, que volvieron lisas y transparentes las 
definiciones prácticas de lo social, eliminando toda aspereza simbólica de la superficie 
operativa de sus discursos”11
Se genera, de este modo, la oficialización de un idioma común que fija los 
términos de lo que la autora llama una suerte de racionalidad del conflicto 
que debe ser compartida por quienes constituyen las partes en cuestión. 
Para finalizar esta aproximación al contexto histórico-político, haremos 
mención a otro ámbito fundamental en el cual podemos apreciar muy claramente los efectos simbólicos que han resultado de las políticas postdictatoriales, como son los medios de comunicación nacionales y, específicamente, 
la televisión. A propósito del documental del cineasta chileno Patricio Guzmán, La memoria obstinada, Nelly Richard señala:
“La televisión chilena, metamorfoseada por el full-color de un registro de estatización publicitaria que sólo demanda presencias lisas – sin estigmas de deterioro – ha 
suprimido de sus pantallas, mediante fluidos procedimientos de obliteración visual, 
los cuerpos y las identidades que no aceptan maquillarse con las cosméticas del bienestar y sus modas de la entretención. El retrato en blanco y negro de los detenidos 
desaparecidos ya no combina con nada en medio del cromatismo exacerbado de esta 
festividad de logotipos y estereotipos que los sumerge diariamente en una total anacronicidad de signos. Es como si la tecnicidad pobre de la fotocopia estuviera delatando, frente a la contemporaneidad mediática, el pretérito visual de una vergonzante 
incompetencia del lenguaje que termina así de inactualizar su drama.” 
Ahora bien, observamos en este tipo de intentos y, para efectos de esta presentación, específicamente en la vocación cristalizada en el proyecto Museo de la Memoria y los DDHH, 
un juego de despolitización que, paradojalmente, encuentra un excelente nicho en un 
aparato educacional sumamente ideologizante. Manuel Guerrero Antequera, en su trabajo 
“Control social de la acción colectiva y trabajos de la memoria en el Chile posdictatorial” 
aborda este fenómeno a partir de la tensión postdictatorial que se genera en el intento por 
instalar el olvido en el ejercicio mismo de la memoria. El sociólogo habla de un mecanismo institucional de control social que funciona en base a la idea de una memoria victimal. 
En este sentido, las personas asesinadas, torturadas, detenidas, etc. son víctimas en tanto 
11. Op. Cit. P. 15
12. Richard, Nelly. “Con 
motivo del 11 de septiembre. 
Notas sobre La memoria 
obstinada (1996) de Patricio 
Guzmán”. Escrituras, 
imágenes y escenarios ante la 
represión. (Comps.) Elizabeth Jelin y Ana Longoni. 
(Madrid: Siglo XXI de Espa-
ña, Siglo XXI de Argentina 
Editores, 2005) 121-129.98
luchadores sociales, creadores y gestores de un proyecto de renovación de las estructuras 
profundas del país que no prosperó; estaríamos hablando entonces de los “perdedores”. 
De este modo, parte de las políticas de reparación consiste en la adecuación de espacios 
comunes en los cuales poder confluir para efectos de “reconciliarnos”. Así, tenemos, por 
ejemplo, una amplia gama de memoriales, pero ningún monumento que homenajee a los 
sujetos políticos en su condición de luchadores. En esta labor, el Museo cumple a cabalidad 
su rol de medida “parche”, en la medida en que consigue articular un discurso que excluye 
totalmente el concepto de “proceso” histórico político. Es decir, en su discurso no analizamos la pugna de poderes, la contienda social, política, económica y discursiva, el espectro 
de valores e ideologías ni las subjetividades que se entrelazan en el contexto. 
Esta carencia de la noción de proceso histórico queda graficada en las fotografías que nos 
reciben en la recepción del museo: un collage de imágenes que hablan acerca del contexto 
mundial de los años ’60 y ’70; una forma muy sencilla de despolitizar la discusión, de ampliarla al punto de diluirla en el concierto internacional, una justificación que no argumenta con detalles, sino con gestos vagos. Hablamos de una forma de generalizar el conflicto, 
encontrarle sentido y razón en los eventos contingentes de otros lugares del mundo y no 
es precisamente que este ejercicio sea perverso en sí mismo; se transforma en un elemento 
peligroso en la medida en que, a pesar de esta sumatoria de imágenes, no se profundiza en 
la época de la Unidad Popular ni se abordan los discursos y poderes políticos (nacionales e 
internacionales, como bien sabemos) que circundan, dan forma y energía a lo que terminó 
siendo la dictadura militar en Chile. 
Otro punto que nos gustaría destacar en esta brevísima aproximación a la forma en que 
se museifica la memoria en el sitio que revisamos, es el embellecimiento del espacio (por 
cierto, neutro, en tanto no se escogió un ex centro de detención para montar el Museo, 
en circunstancias en las que existe un gran número de lugares abandonados o autogestionados por colectivos que poseen muy escasos recursos, entre ellos el emblemático Estadio 
Nacional de Chile, que aún mantiene en el mayor ocultamiento los hechos de horror que 
tuvieron lugar en sus inmediaciones. En este sentido, nos referimos a una serie de detalles 
que no poseen mayor valor simbólico que la ornamentación y decorado del Museo y de los 
testimonios físicos que allí se conservan; así, funcionan como un nuevo elemento disuasivo, despolitizante y distractor. 
Por último, resulta curioso observar cómo el nombre del lugar se encuentra en la puerta 
principal, pero ubicado cara adentro; es decir, no puede accederse a él desde la avenida 
principal. Quien asiste debe tener específico conocimiento de hacia dónde se dirige, pues 
de otra forma, el cuadrado de cemento gigante y torpe que, a modo de ataúd, se impone 
a pasos de una importante estación de metro, puede pasar perfectamente desapercibido. 
Hablamos entonces de un lugar que propicia la instalación del olvido en el 
ejercicio mismo de la memoria; de la misma forma que lo hacen los informes Valech y Rettig, igualmente emblemas de la reparación en nuestro país. 
El primero13, en tanto prohíbe hacer públicos los nombres de torturadores, 
13. Informe de la Comisión 
Nacional sobre Prisión Polí-
tica y Tortura. http://www.
comisionvalech.gov.cl/InformeValech.html (WEB)99
recogidos en el proceso de elaboración del informe, hasta dentro de cincuenta años, momento en el cual tendrá lugar un recambio generacional. Por eso mismo, podemos verlo 
como una forma de desaparición simbólica de personas en democracia, en tanto se hace 
aparecer los cuerpos, pero no las vidas ni las historias de los sujetos. Y el segundo, conocido 
como Informe Rettig (1991) y publicado por la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, opera bajo una lógica muy similar. Señala Hernán Vidal que en él se mostró la 
voluntad de separar los términos verdad y justicia. El Artículo Primero del Decreto Supremo Nº 355, del 25 de abril de 1990, establece que el informe se hará cargo de esclarecer la 
situación de los detenidos desaparecidos, ejecutados y torturados con resultado de muerte, 
siempre que aparezca comprometida la responsabilidad moral del Estado; sin embargo, en 
el Artículo Segundo se señala que: 
“En caso alguno la Comisión podrá asumir funciones jurisdiccionales propias de los Tribunales de Justicia ni interferir en procesos pendientes ante 
ellos. No podrá, en consecuencia, pronunciarse sobre la responsabilidad que 
con arreglo a las leyes pudiera caber a personas individuales por los hechos 
de que haya tomado conocimiento”14
Lo que supone describir la lógica y los procedimientos represivos de la Dictadura, pero sin 
nombrar a los responsables y, a partir de la lógica transicional del “realismo político” para 
separar los conceptos de Verdad y Justicia, terminar reemplazando este último criterio por 
el parche político que ha sido la mentada Reparación a las víctimas. 
política educacioNal emaNada desde elmuseo de lamemoria a partir de
la lectura del material ofrecido a los doceNtes
El tema de la educación en el contexto de la posdictadura es extenso y sumamente complejo; sin embargo, por razones de tiempo, en esta ocasión sólo queremos detenernos en una 
lectura del material15 ofrecido por el Museo de la Memoria a los docentes como sugerencia 
de trabajo con los estudiantes en instancias previas a la visita.
La guía de trabajo consiste en una actividad de 90 minutos, divididos en 
una introducción al tema de 5 minutos, realizada mediante la dinámica de 
“lluvia de ideas”; 70 minutos de trabajo en grupos desarrollando una serie de 
preguntas basadas en la lectura de un fragmento del Informe de la Comisión 
Nacional sobre la desaparición de personas en Argentina16 y un cierre de 15 
minutos en el cual debería desarrollarse una suerte plenario en donde los estudiantes expongan sus conclusiones y luego el profesor debería concluir la 
clase destacando los siguientes puntos: desarrollar las respuestas o conclusiones de los grupos en el trabajo de la guía grupal, enfatizar en que el conjunto 
e integralidad de los derechos humanos son necesarios para la convivencia 
democrática y pacífica señalar que para conocer más de los DDHH y una 
parte de la historia de Chile, se visitará el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos.
14. Informe de la Comisión 
Nacional de Verdad y Reconciliación (RETTIG) (WEB) 
http://www.ddhh.gov.cl/
ddhh_rettig.html (1990)
15. Ficha de preparación para 
la visita guidada al Museo 
de la Memoria y los DDHH 
para 3eros y 4tos medios. 
(WEB) http://www.museodelamemoriaylosderechoshumanos.
cl
16. Ernesto Sábato, (comp.). 
Nunca más. Informe de la 
Comisión Nacional sobre la 
desaparición de personas. (Argentina: Eudeba, 1984).100
Ahora bien, iremos punto por punto, buscando igualmente revisar algunas de las preguntas que se sugieren para la realización de la comprensión lectora. En primera instancia, la 
dinámica de “lluvia de ideas” es un ejercicio que puede resultar interesante para aproximarse a un tema, pero que requiere de una fuerte orientación en el problema específico que 
aquí intenta rodearse. En este sentido, nos parece preocupante que se articule en escasos 
5 minutos una mezcla de nociones tendenciosas, sin vinculación necesaria, ni orientación 
concreta. Esto sin olvidar que dejar en manos de los estudiantes la suerte de una actividad 
relativa a un tema que por lo general rechazan y consideran aburrido, en el breve tiempo 
sugerido, puede redundar en el fracaso de esta primera etapa de la clase. Por otra parte, 
creemos que debería incluirse una evaluación posterior a este ejercicio, que permita esclarecer y definir ciertos conceptos fundamentales para el trabajo que continúa, además de 
introducir una reflexión en torno a las nociones de ciudadanía y civilidad. 
Luego, fuera del hecho de que se cite un fragmento del Informe realizado en Argentina y 
de este modo se sitúe el conflicto en otro país, nuevamente observamos que no se abordan 
causas ni actores políticos y se limita la lectura a la tragedia de los detenidos desaparecidos 
exclusivamente. En este sentido, creemos que la visión propuesta se liga a la visión estatal 
que permanentemente ha intentado autolegitimarse desde los gobiernos de la transición 
a partir de una serie de hechos que pueden resumirse en la justificación del mencionado 
“realismo político”
Dado que la Constitución fue modificada durante el primer gobierno de la Transición para 
que pudiese coincidir plenamente con el Derecho Internacional de Derechos Humanos, la 
aplicación del llamado “realismo político” significó una profunda contradicción jurídicopolítica en la institucionalidad chilena. Pues, según el Derecho Internacional, los crímenes 
cometidos en contra de la humanidad son inamnistiables e imprescriptibles y, en este sentido, el Estado de Chile estaría obligado a enjuiciar a quienes resulten responsables.
Considerando este escenario, y acogiéndonos a la perspectiva de Hernán Vidal en torno al 
asunto, sólo queda la posibilidad de transferencia al plano simbólico del debate acerca de 
las implicaciones del postergamiento de la justicia. Aunque, claro está, este desplazamiento 
y reducción de la responsabilidad legal al plano simbólico sigue siendo inaceptable desde el 
punto de vista del Derecho Internacional. 
Volviendo a la guía de trabajo, hemos decidido, en honor a la extensión de este artículo, 
poner énfasis en algunas de las preguntas que se sugieren; por ejemplo, la número 4 señala: 
“¿cuál es el valor que el autor le atribuye a la democracia y, por lo tanto, cuál sería el rol del 
Estado frente a la protección de los Derechos Humanos? En este punto, nos parece complejo proponer que los estudiantes aborden de manera intuitiva lo que viene a ser el rol del 
Estado frente a la protección de los Derechos Humanos; pensamos que debería partirse 
de una revisión acerca de cómo cada Estado, y en particular el chileno, trabaja y aterriza 
los derechos esenciales en su constitución y su marco jurídico. Esto pues, hablamos de un 
asunto de suma relevancia política, social y económica, que requiere conocimientos previos 
y reflexión antes de ser abordado. 101
Posteriormente, y en relación a la pregunta acerca de qué se entiende por la expresión 
“Nunca Más”, extrañamos una profundización que apunte a diferenciar los diversos usos 
políticos que se le ha otorgado al tema de las violaciones a los derechos humanos e igualmente a la memoria histórica. En este punto, se valora el juicio implicado en la expresión 
citada, sin embargo, pierde valor cuando lo contextualizamos en el discurso que lo ha 
mantenido durante años y que habla de tortura y “excesos”, pero nuevamente no aborda el 
trasfondo político ni el valor humano de los grupos en cuestión. 
En definitiva, hablamos de una propuesta que reduce el espectro de impacto a un grupo específico y minoritario de la población, victimizando a los sujetos y sin abordar el contexto 
jurídico chileno en torno a los Derechos Humanos. Por último, creemos que una actividad 
de evaluación y reflexión posterior es una necesidad imperiosa en este tipo de iniciativas. 
En este sentido, se opone a las didácticas de la pedagogía de la memoria en tanto entrega 
una cápsula de conocimiento parcial previamente elaborada y no se motiva a la confrontación creativa y crítica de las memorias individuales de los jóvenes que portan, por cierto, 
otra porción del horror, un despliegue diferente de su poderío.
Ahora bien, la complejidad del devenir histórico chileno, demanda la necesidad de entrelazar procesos para efectos de su comprensión y análisis. Por “proceso histórico”, se entiende 
la construcción dialéctica y continua que protagonizan los sujetos, vinculando sus pasados, presentes y futuros. De esta forma, para la historia, los hombres son, por excelencia, 
los constructores de los procesos históricos y la acción que desarrollan, su 
material de obra; estamos entonces frente a una noción que “se sitúa como 
un nudo en el que se mezclan una multitud de rasgos convergentes, sean de 
estructura social, sean de mentalidad colectiva.”17
Precisamente, la comprensión e incorporación de la noción de ‘proceso histórico’, abre nuevas perspectivas en este sentido. El ‘Manifiesto de Historiadores’ del año 1999, escrito luego del arresto de Augusto Pinochet en 
Londres, responde en sintonía con este concepto, a una de las tres “verdades 
históricas” planteadas por el mismo dictador en su “Carta a los Chilenos”. 
Con respecto a la exclusiva responsabilidad, identificada por Augusto Pinochet en dicho 
documento, de la Unidad Popular en la crisis política y económica desatada bajo su gobierno, los historiadores Sergio Grez y Gabriel Salazar, señalan: 
“…la crisis de 1973 no se debió solo a la conducta gubernamental de la Unidad Popular (…) sino también –y no poco- a procesos históricos de larga duración, cuyo origen puede rastrearse en el siglo XIX, o antes. (…) Es preciso considerar que las crisis 
‘pre-populistas’ de 1851, 1859, 1890-1891, 1907-1908, 1924, 1930-1932 y las crisis 
‘desarrollistas’ de 1943, 1947, 1955, 1962 y 1967-1969 revelan, en conjunto, que el 
daño estructural causado por un siglo de gobiernos oligárquicos y neo-oligárquicos 
era de difícil remonte por vías democráticas…”18
En este sentido es que postulamos que una incorporación de la noción de “proceso histó-
rico” al proyecto educativo en torno a memoria y derechos humanos que se elabora desdelas políticas oficiales, aportaría en profundidad y comprensión crítico-reflexiva en torno a los hechos, relevaría la magnitud del impacto social que poseen y contribuiría a definir los límites del concepto de democracia que intentamos articular a nivel país.

17. Bloch, Marc. Introducción 
a la historia. (Buenos Aires: 
Fondo de la Cultura Econó-
mica, 1952). 29-30
18. Grez, Sergio; Salazar, 
Gabriel. Manifiesto de Historiadores. (Santiago de Chile: 
LOM Ediciones, 1999). 
10-11102

Buscando cerrar la presentación, vale la pena insistir en que la historia y la memoria no 
tienen que ver con el hecho de recordar como un fin en sí mismo. Si entendemos que al 
hacerse cargo el Estado del ejercicio de la memoria, debe también ocuparse de lo que este 
movimiento reflexivo implica y plantear las violaciones a los derechos humanos como un 
problema actual, entendemos igualmente entonces que debe existir reflexión, justicia y 
reparación en torno al presente.
obras citadas
Bloch, Marc. Introducción a la historia. (Buenos Aires: Fondo de la Cultura Económica, 
1952 (1° ed. en español).
Ernesto Sábato, (comp.). Nunca más. Informe de la Comisión Nacional sobre la desaparición 
de personas. (Argentina: Eudeba, 1984).
Ficha de preparación para la visita guidada al Museo de la Memoria y los DDHH para 
3eros y 4tos medios. (WEB) http://www.museodelamemoriaylosderechoshumanos.cl
Grez, Sergio; Salazar, Gabriel. Manifiesto de Historiadores. (Santiago de Chile: LOM Ediciones, 1999).
Guerrero Antequera, Manuel. “Control social de la acción colectiva y trabajos de la memoria en el Chile posdictatorial”, ponencia presentada en JALLA. (Santiago de Chile, 2008).
Moulian, Tomás. Chile actual: anatomía de un mito. (Santiago de Chile: LOM-ARCIS, 
1997).
Nofal, Rossana. “Literatura para chicos y memorias: colección de lecturas”. Elizabeth Jelin 
y Susana G. Kaufman. (Comps.) Subjetividad y figuras de la memoria. (Buenos Aires: Siglo 
XXI, 2006). 
Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación (RETTIG) (WEB) http://
http://www.ddhh.gov.cl/ddhh_rettig.html (1990)
Informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura. http://www.comisionvalech.gov.cl/InformeValech.html (WEB) (2003)
Richard, Nelly. “Recordar el olvido”. Raquel Olea y Olga Grau (Comps.) Volver a la memoria. (Santiago de Chile: LOM ediciones, 2001) 15-20.103
—. “Con motivo del 11 de septiembre. Notas sobre La memoria obstinada (1996) de Patricio Guzmán”. Elizabeth Jelin y Ana Longoni. (Comps.) Escrituras, imágenes y escenarios 
ante la represión. (Madrid: Siglo XXI de España, Siglo XXI de Argentina Editores, 2005) 
121-129.
Toledo, María Isabel y Magendzo, Abraham. Visita a un lugar de memoria. Guía para el 
trabajo en derechos humanos. (Santiago de Chile: Ediciones LOM, 2009).
Vidal, Hernán. Política cultural de la memoria histórica. Derechos humanos y discursos culturales en Chile. (Santiago de Chile: Mosquito Comunicaciones, 1997).