Esos chilenos siempre forzados al exilio

“Y nosotros, dentro del país, no teníamos el derecho de decidir lo que queríamos hacer. Y éramos muchos los que nos organizamos para resistir. Pero nunca, ni a mí, ni a todos los compañeros que yo conozco, se nos puede acusar de haber atentado contra un gobierno democrático, legítimamente constituido. En ningún momento”.

Esos chilenos siempre forzados al exilio
Le Courrier de Genève
Traducido para Rebelión por Carmen García Flores
 DESTIERRO. Han abandonado su país cuando otros por fin podían entrar. Cuando, al regreso de la democracia, algunos oponentes armados tuvieron que elegir entre la prisión y el alejamiento.Cuarenta años. Esta es la pena de destierro que se impuso Carlos García Herrera en 1992, dos años después del retorno formal de la democracia en Chile. La condena más dura para seis chilenos que aún viven hoy en el exilio forzado en Bélgica y en Finlandia. “Este es un honor que yo no me merezco, dice irónicamente, jamás he sido un dirigente político” Carlos prefiere describirse como “un militante de la resistencia, un guerrillero urbano”.

Encarcelado por la dictadura de Augusto Pinochet en 1981, está todavía condenado a cadena perpetua según una ley denominada “antiterrorista”. Para él, como para los otros militantes en su mismo caso, la vuelta del a democracia tuvo un gusto amargo. “Esperábamos una liberación incondicional de todos los presos políticos, como lo habían prometido los partidos del a oposición”.

Pero la transición no ha hecho tabla rasa con las instituciones del pasado. Con el ex dictador como comandante en jefe de la armada durante toda la duración de su mandato, y con una Constitución

elaborada por este último (aún hoy en día en vigor aunque enmendada por dos veces), el gobierno del demócrata-cristiano Patricio Aylwin se limitó a “investigar la justicia en la medida de lo posible”, como afirmó en su época.

Y el general Pinochet había tenido cuidado en hacer cumplir rigurosamente la Constitución de 1980: Nada de gracia posible para los prisioneros condenados por “terrorismo”. El gobierno de la transición le propondrá entonces elegir entre partir, sin posibilidad de retorno durante varios años, o permanecer en prisión. Entre 1990 y 1994, a veintinueve personas se les conmutaron sus penas de prisión por penas de alejamiento (extrañamiento). “Había pasado ya suficientes años en prisión, preferí partir”.

La trayectoria de Carlos es la de un hombre que ha atravesado por todas las tempestades de esta época agitada. En 1973, año del golpe de Estado contra el gobierno socialista de Salvador Allende, estaba en la Marina. Junto con otros, el sentía que algo se tramaba en el seno de la Institución. “Muchas personas eran conscientes de que se preparaba un golpe de Estado, había una gran efervescencia política en la Marina”.

De marino a guerrillero

Chile aún cuenta con una importante marina de guerra cuyos oficiales están claramente anclados en la derecha conservadora. “El embrión del golpe de Estado se encontraba allí, entre un grupo de oficiales de marina. Pinochet se sumó a la idea al final”, explica Jorge Magasich, doctor en historia de la Universidad de Bruselas y autor de la tesis Los que dijeron no. Historia del movimiento de los marinos chilenos opuestos al golpe de Estado de 1973.

“Por contra, los suboficiales y sobre todo la tropa, son en su mayoría leales y de izquierda. Cuando comprenden que el pronunciamiento es inevitable y que serán obligados a participar en él, los marinos leales intentan alertar a las autoridades políticas. Pero en la noche del 5 al 6 de agosto de 1973, es decir un mes antes del golpe de Estado, una ola de arrestos cae sobre ellos. “Entre 150 y 200 marinos son arrestados, ellos serán los primeros torturados. A continuación, noventa y dos de ellos serán condenados por “sedición” a penas que iban desde tres a ocho años de prisión”, explica Jorge Magasich. Carlos García formaba parte de ese grupo. “Nosotros no éramos militantes, éramos simplemente personas que pensaban que un golpe de Estado es algo ilegal. Nuestro deber como marinos era defender al gobierno, poco importa cuál fuera con tal que fuera elegido democráticamente. Esto es lo que hicimos y fuimos encarcelados por ello”, recuerda.

Es en la prisión cuando se convierte en militante. En efecto, después del golpe de Estado los presos políticos afluyen por cientos. “Cada organización, en las prisiones o en los campos de concentración en la que había militantes encarcelados, mantenía una estructura organizativa. Es, pues, por su contacto como nosotros empezamos a formarnos políticamente y a conocer lo que es la teoría revolucionaria, el marxismo, etc”.

Liberado en 1976, Carlos retoma enseguida contacto con algunos camaradas del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) a los que conoció en prisión. Vuelve a vivir en Santiago donde se incorpora a los movimientos sociales que surgen después de la feroz represión que había seguido al golpe de Estado. “Hacia el 77-78 hubo una reactivación, especialmente del movimiento sindical. Pero la oposición no se detuvo ahí: “Como yo y otros compañeros teníamos una experiencia militar debido a nuestro paso por la Marina, el MIR nos propuso formar parte de un equipo de propaganda armada, un equipo de sabotaje. Y poco a poco comenzamos una guerrilla.

Contra la “Gestapo” chilena

Una guerrilla que aspiraba a desenmascarar los centros de tortura secretos de la dictadura, en la región de Santiago y Valparaíso principalmente. “Organizamos dos ataques relámpago contra estos centros de tortura, unos atentados contra los principales responsables de las torturas de la dictadura. Pero este tipo de acciones no era lo cotidiano, no ocupábamos también de la vida política durante la resistencia y además cada uno debía trabajar para vivir. Esto se parecía mucho a lo que hacían los Belgas, los franceses o los otros europeos contra la ocupación nazi”.

Entre las acciones dirigidas por esta célula figura el atentado de 1980 contra el teniente coronel Roger Vergara, director de la Escuela de enseñanza del Ejército. Para Carlos, esto fue un acto político, decidido colectivamente. “Habíamos asesinado a un responsable de la ‘Gestapo’ chilena” compara.

Enseguida, la vida legal y la resistencia armada se hacen inconciliables. Carlos permanece, pues, en la clandestinidad. Pero esta situación no durará por mucho tiempo, será arrestado unos meses más tarde, en enero de 1981.

“Era un día normal, había ido al cine y acababa de visitar a mi familia y al entrar en mi casa me tendieron una emboscada y me arrestaron junto a mi mujer y mi hija de un año y medio” Fue juzgado por un tribunal y condenado a cadena perpetua..

En 1992 se le conmuta la condena en dos penas de veinte años de alejamiento, es decir cuarenta años. Otros cumplieron penas más cortas de cinco, diez o veinte años de alejamiento y han vuelto o están próximos a volver definitivamente. Algunos, siempre bajo fuertes medidas, pueden entrar en Chile por breves periodos de tiempo “por razones humanitarias” como la defunción de un pariente. “Yo no quiero matar a mi madre para poder regresar a mi casa”, exclama Carlos.

Derecho a la resistencia

El pasado noviembre, cumplió su primera pena de veinte años. Escribió una carta al presidente Sebastián Piñera, a quien ha hecho que le llegara la carta en propia mano por la intermediación del Cónsul honorario de Amberes, en Bélgica. “Hace veinte años que estoy aquí, ¿no es suficiente? Me gustaría recuperar mi derecho a volver a mi casa. Aquí en Bélgica dispongo de todos los derechos como cualquier otro ciudadano ¿por qué no puedo disponer de ellos en mi propio país?” se pregunta.

Hoy, Carlos siente sorpresa por el hecho de que “después de todos estos años, el poder político chileno se niega a reconocer que las personas que participaron en esta resistencia han ayudado enormemente a debilitar la dictadura. Esta misma dictadura que cada año era condenada por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Pero Pinochet y los suyos no escuchaban a nadie, las palabras no eran suficientes. Las condenas verbales, oficiales, diplomáticas eran útiles pero no suficientes”.

“Y nosotros, dentro del país, no teníamos el derecho de decidir lo que queríamos hacer. Y éramos muchos los que nos organizamos para resistir. Pero nunca, ni a mí, ni a todos los compañeros que yo conozco, se nos puede acusar de haber atentado contra un gobierno democrático, legítimamente constituido. En ningún momento”.

El 11 de septiembre de 2013, Chile conmemorará los cuarenta años del golpe de Estado militar. Veintitrés años después del final de la dictadura, muchas heridas quedan por cerrar. Si nadie lo remedia, Carlos no volverá a su país antes de 2032, él tendrá entonces 79 años.

Fuente: http://www.lecourrier.ch/node/105200

 

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Verdeolivo

Tomado de http://www.rebelion.org
Por Sébastian Brulez

    DESTIERRO. Han abandonado su país cuando otros por fin podían entrar. Cuando, al regreso de la democracia, algunos oponentes armados tuvieron que elegir entre la prisión y el alejamiento.

Cuarenta años. Esta es la pena de destierro que se impuso Carlos García Herrera en 1992, dos años después del retorno formal de la democracia en Chile. La condena más dura para seis chilenos que aún viven hoy en el exilio forzado en Bélgica y en Finlandia. “Este es un honor que yo no me merezco, dice irónicamente, jamás he sido un dirigente político” Carlos prefiere describirse como “un militante de la resistencia, un guerrillero urbano”.

Encarcelado por la dictadura de Augusto Pinochet en 1981, está todavía condenado a cadena perpetua según una ley denominada “antiterrorista”. Para él, como para los otros militantes en su mismo caso, la vuelta del a democracia tuvo un gusto…

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Descontrol, desadaptación, descontento o simplemente exclusión, Chile ante el mundial de fútbol

Gano Chile en el partido de futbol a España y la histeria se desató, celebraciones mas o menos vimos a mucha gente que sintieron que por fin su vida tenía un sentido que eran parte de algo o que algo estaba pasando en su entorno y querían ser parte de esto, desde mesuradas celebraciones a expresiones irracionales de descontrol como jóvenes cayendo del alumbrado público o desde el techo de microbuses.

Mas de 900 vehículos de la locomoción colectiva “atacados” dice la prensa, 40 choferes “secuestrados”, un muerto, un desaparecido y enfrentamiento entre los pacos y festejantes sobrios y no tanto fue el balance entregado por el gobierno en un escueto y asombrado informe desde este instrumento de control de clase.

Pero ¿alguien se atreve a buscar las causas de este comportamiento?, lo mas fácil es decir que son un grupo de desadaptados, delincuentes, anti patriotas y otros adjetivos que tratan de excluir a esta “gente” y dejarlos fuera del promedio de chilenos resilientes que se contenta con saltar, reTwittear  frases rimbombantes buscando en lo que 11 jugadores hacen para asirse a algo que les diga que también alguna vez ganan. Nos jactamos de haberle ganado a Australia a España y queremos ganarle a Holanda, pero resulta que en lo cotidiano en sus países, los trabajadores pueden negociar según este esquema

 

Porcentaje de trabajadores con negociación colectiva

 

Holanda   España   Australia   Chile

 

81%        71%        40%        8%

 

Fuente:Holanda, Australia, España: Employment Outlook 2012

OECD, ETUI, AIAS, Fundación SOL, Base de datos SIRELA, DITRAB

 

Porque eso sucede cuando la “gente” es excluida de su patria por otras “gentes” que creen deben hacerlo en aras de una buena convivencia, donde una casta política decide como se mueve un país, a quienes se excluye de las grandes cifras para que estas cuadren en la OCDE donde somos el país con mayor desigualdad miembro de esta, donde los índices de diferencia de sueldos entre el que mas gana y el que menos lo hace son vergonzosos, un país donde no se ha podido mejorar la educación y se sigue insistiendo en que el mercado debe regular la calidad, un país donde los mas pobres se jubilan con un promedio de $120.000 quedando postergados a ser parias luego de haber trabajado toda su vida, y ese estado que pide respeto y orden no esta ni ahí con ellos. Piden que no nos desordenemos pero nada dicen de las condiciones de empleo, salud y vivienda de millones de chilenos que siguen siendo postergados por un sistema que no los va a considerar pues no está para esto. Donde los gurus de la SOFOFA se reúnen a comentar sobre esta “chusma” enajenada por el futbol por los medios de comunicación que ellos controlan y donde ya no saben que inventar para mantener la pelota dentro de las cámaras las 24 horas los 7 días.

Estamos siendo bombardeados por el sistema que se prepara a realizar cambios en este mes de futbol que duraran  años por lo menos y nosotros no podemos soltar ni el celular ni el televisor.

Mas encima se asombran cuando la gente que no se siente parte de todo este exitoso modelo, hace lo que de por vida le han dicho puede hacer, enajenarse, excluirse de tomar parte y va a chocar con lo establecido, porque inconscientemente la masa está diciendo que no se siente parte de los otros triunfos, esos que nos pasan por la TV, los de los grandes tratados, los de la fundación Libertad y Desarrollo, los de la cámara de diputados, los de las autoridades que nos han robado casi todo, hasta nuestra soberanía para entregarla a los grandes capitales nacionales e internacionales.

No nos asombramos, creo que el sistema cosecha lo que ha sembrado, ese odio de muchos de nosotros por lo establecido, por como se hacen las cosas, por una casta de tipos que dicen representarme sin que yo los haya elegido. Por eso no nos asombramos.

El problema no es el futbol, son los medios azuzados por el sistema que lo utilizan para mantener la dominación sobre nosotros.

Llamamos a seguir organizándonos, seguir luchando y construyendo la unidad para deshacernos de esta realidad y construir en nuestra patria el gobierno de los trabajadores, el socialismo.

 

Fuerza Popular

 

 

 

¿Podríamos cantar también: ”nada escapa, nada muere, nadie olvida”?

Nadie olvida, nada escapa, nada muere.
Patricia Moscoso
Publicado: 6 agosto, 2014

Son 114 los aparecidos. 114 de quinientos: un quinto de los bebés que se sabe nacieron en cautiverio bajo los regímenes dictatoriales de la Argentina que se iniciaron en 1976 y terminaron poco después de la derrota en las Islas Malvinas, en 1983. Este martes Estela Barnes de Carloto, presidenta y fundadora de las Abuelas de Plaza de Mayo, recibió la noticia de que el examen de ADN solicitado por un joven pianista que tenía dudas acerca de su identidad había sido positivo. Lo supo temblando de emoción, según relató la jueza María Servini de Cubría que le dio la noticia de que el nieto que había estado buscando durante 36 años existía y quería encontrarse con ella.

Laura Carloto, la hija de Estela y Guido, fue secuestrada en La Plata estando embarazada. El 25 de agosto de 1978 la policía entregó su cuerpo asesinado a sus padres, pero del bebé nunca más se supo hasta ahora. Tan larga espera y búsqueda fructificó por decisión del propio Ignacio Hurban nombre que le dieron sus padres de adopción, al cual su madre biológica dio el mismo nombre de su abuelo, Guido. “Él nos buscó, y se cumplió lo que decimos siempre: ellos nos van a buscar a nosotras”, dijo su abuela hoy. “Nosotras no hacemos más que reclamar memoria, verdad y justicia” declaró a la prensa que celebró con ella la noticia “La recuperación de la identidad de Guido es una reparación para él, para la familia y para todos los argentinos (…) Otras abuelas tienen que sentir lo que siento yo: lo que yo quería era no morirme sin abrazarlo”.

A mediados de los años 80, mientras trabajaba en la revista APSI supe de las abuelas y estando en Buenos Aires partí a conocerlas. Me impresionó entonces la enorme convicción de su demanda, la inquebrantable decisión de esperar hasta que aparecieran. Hace dos años pude ver un documental de David, Coco, Blauestein acerca de las abuelas y los nietos, la búsqueda y el encuentro. “Botín de guerra” estrenada en el año 2000 en Argentina. Allí está detallado el espanto y el dolor de la pérdida, pero también la dulzura; porque junto con mantener viva la búsqueda y la denuncia, las abuelas celebran y bailan al son de la música interpretada por artistas argentinos (Los Pericos, Gustavo Ceratti, y también los nietos encontrados) con un estribillo que ha sido una especie de consigna para esta larga espera “Nada escapa, nada muere, nadie olvida”.

Botín de Guerra

Botín de Guerra

Batallas contra el olvido

La noticia de la aparición del nieto perdido de la presidenta de las Abuelas ha coincidido casi con la presentación en Chile del libro “No hay memoria sin ayer. Batallas por la memoria histórica en el Cono sur” editado por el historiador norteamericano Peter Winn y coescrito por el argentino Federico Lorenz , el uruguayo Aldo Marchesi y otro estadounidense, Steve Stern, especialista en América Latina.

Se trata de un proyecto de gran envergadura que abarca investigaciones en tres países: Argentina, Uruguay y Chile. “Nuestro objetivo es explorar las distintas dimensiones de la memoria histórica y relacionarlas entre sí” señala en el prólogo del libro Peter Winn, añadiendo que “se trata de evaluar cómo esos avances en la memoria histórica han contribuido a la construcción de una cultura política pro derechos humanos que pueda asegurar un futuro democrático del «Nunca más».”

La publicación editada por LOM consta de cuatro capítulos. En el primero, Winn y Lorenz analizan las memorias de la violencia política y la dictadura militar en Argentina (1976-1983). En el segundo, Aldo Marchesi se refiere al caso uruguayo (cuya dictadura cívico militar se extendió entre 1973 a 1985). Finalmente, Winn y Stern escriben acerca del “tortuoso” camino chileno a la memorialización.

Junto con consultar numerosas fuentes y revisar abundante bibliografía en cada uno de los países, los investigadores estudiaron los textos del historiador francés Pierre Nora y de Maurice Halbwachs, sociólogo y psicólogo social judío francés muerto en un campo de concentración. Ambos trabajaron en el concepto de memoria histórica como una construcción social.

Es a esa suerte de edificación a la que se refieren los autores de este libro en las conclusiones del mismo. Desde que terminaron las dictaduras se ha avanzado en los diferentes países afectados por la Operación Cóndor (plan ideado por Augusto Pinochet para coordinar a las policías represivas militares de Argentina, Chile, Uruguay, Perú y Paraguay) y cual más cual menos ha logrado recuperar su historia y levantar sitios de memoria. Sin embargo, para consolidad estos avances y lograr efectivamente que no se repitan los hechos horrorosos- detenciones, torturas, desapariciones no solamente de padres , sino también de hijos y de nietos- es preciso , dicen, un empoderamiento de la sociedad civil que tenga clara conciencia del concepto de “terrorismo de Estado” y se levante fuertemente contra la persecución por ideas políticas, las violaciones de la integridad corporal y otras formas de tortura , los secuestros, las ejecuciones sumarias.

El año pasado, al cumplirse 40 años del golpe de estado en Chile, hubo una suerte de destape general: vimos en televisión pública “imágenes prohibidas”, escuchamos testimonios nunca antes oídos, leímos en libros relatos que antes solamente se conocían en forma fragmentaria.

Los movimientos estudiantiles de 2011, cuyo vigor releva el texto de Winn y Stern, nuevamente dejaron en evidencia que algunos métodos usados bajo dictadura en Chile podían seguirse aplicando en democracia y que una pedagogía de la memoria y del respeto a los derechos de las personas sigue siendo una tarea pendiente.

¿Con cuanta convicción podríamos cantar también: ”nada escapa, nada muere, nadie olvida”?

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BOTÍN DE GUERRA – Película Completa – Español

Lanzan libro sobre las batallas por la memoria histórica en

http://https://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=MPAIRq0F3BU[/e

http://https://imagenesparamemoriar.com/2013/09/10/40-anos-golpe-de-estado-1973-un-trauma-no-superado-que-se-transmite-ademas-a-las-nuevas-generaciones/´119-bernardo-jmarcha-con-su-padre

Una mujer. Bachelet. La historia no oficial.

Bachelet. La historia no oficial

LibroBachelet_portadaEn febrero de 1975, Michelle Bachelet partió al exilio junto a su madre, Ángela Jeria, luego de que ambas fueran apresadas y torturadas por la Dina. En Alemania Oriental Bachelet se reencontró con su pareja, Jaime López, un brillante dirigente socialista que vivía clandestino en Chile. Meses después, el rastro de ese gran amor de juventud se perdió para siempre: López fue detenido y obligado a colaborar con la Dina. El joven hoy figura como detenido desaparecido. Esta es la historia de la traición que marcó para siempre a Michelle Bachelet, relatada en uno de los capítulos del libro Bachelet. La historia no oficial de Andrea Insunza y Javier Ortega, investigadores del Centro de Investigación y Publicaciones (CIP) de la Universidad Diego Portales. El libro, publicado en 2005 en Chile y 2006 en México, ha sido reeditado por la Escuela de Periodismo de la UDP y editorial Catalonia.

El miedo y la traición

Apenas se instalan en Sydney, las dos mujeres toman contacto con la numerosa colonia chilena. Gracias a la llegada de los primeros exiliados han surgido varias organizaciones de apoyo a la izquierda allendista en Australia.

A los pocos días, aceptan invitaciones para entregar su testimonio. Las circunstancias que rodearon la muerte del general Bachelet así como la detención de su esposa e hija han sido noticias destacadas para la opinión pública australiana. Declaman ante estudiantes de una universidad en Melbourne, ante trabajadores de un sindicato en New Port, y se reúnen con representantes del Parlamento de ese país en Canberra. El inglés de Michelle es un aliado: se comunica fácilmente y traduce el testimonio de su madre. Así consiguen el apoyo de los sindicatos australianos para declarar la prohibición de venta de trigo desde esa nación a Chile.

Hablar públicamente sobre lo que vivieron en Villa Grimaldi y Cuatro Álamos es una suerte de terapia. Ni entre ellas en el avión ni con Beto han comentado sus experiencias más lacerantes. Tampoco lo harán en el futuro. Evitar referirse a lo que sintió cada una durante su detención es una suerte de acuerdo tácito.

Las noticias sobre Chile llegan a diario. El MIR está cada vez más desangrado por su resistencia frontal contra la dictadura. Las bajas en sus filas, entre muertos y detenidos, alcanzan cifras impactantes. A principios de octubre de 1974, Manuel Contreras y sus agentes han logrado cercar y acribillar a su máximo líder, Miguel Enríquez. (1) Cuatro meses más tarde, en febrero de 1975, la Dina lanza un golpe psicológico: en una rueda de prensa, cuatro dirigentes miristas son obligados a leer una declaración en televisión Nacional. Bajo amenazas, los hombres dicen que el movimiento está acabado y llaman a sus compañeros a deponer las armas. (2) Con el MIR prácticamente neutralizado, la Dina fija sus ojos sobre la dirección clandestina del PS.

En marzo de 1975, el socialista Ariel Mancilla es detenido por los hombres de Manuel Contreras cuando se dirigía a un encuentro clandestino. Mancilla no es un simple militante. Integra el comité central del PS. La Dina llevaba meses tras sus pasos. Su detención abre la puerta para acercarse al  núcleo de Exequiel Ponce, Carlos Lorca y Ricardo Lagos Salinas. Sus captores lo llevan a Villa Grimaldi. (3)

* * *

La caída de Ariel Mancilla evidencia las precarias condiciones en que se mueven los principales cuadros del PS. Algunos se mentalizan con la idea de que su detención es cosa de tiempo. Tratan de vivir el día a día, intentando no retener direcciones, rostros y nombres que puedan servir al adversario en caso de que la tortura los doblegue.

Aun así, la directiva de Ponce, Lagos Salinas y Lorca prosigue en su esfuerzo por mantener en funcionamiento la estructura partidaria, articulada antes del golpe con cerca de mil células en todo el país. Los tres dirigentes también maniobran para conseguir el apoyo exterior de la cúpula de Carlos Altamirano, en Berlín Oriental. Necesitan con urgencia margen político, para poder adecuarse a las duras condiciones de la vida ilegal.

En abril de 1975 se celebra en La Habana el primer pleno del comité central del partido, con representantes que trabajan tanto fuera como dentro de Chile. En la jerga partidista, son los hombres del «exterior» y el «interior». El encuentro lo encabeza Altamirano. La reserva es casi absoluta. El régimen de Fidel Castro y sus aparatos de seguridad disponen de las más estrictas medidas para garantizar la integridad de los asistentes.

Como representante de la dirección «interior» viaja a La Habana Jaime López. El pololo de Michelle Bachelet tiene dos misiones delicadas. Primero, defender ante Altamirano el «documento de marzo» y lograr que el díscolo secretario general legitime a la cúpula clandestina. Segundo, viajar luego a Alemania Oriental y la Unión Soviética para conseguir los recursos económicos que Ponce y Lorca necesitan en forma cada vez más desesperada.

En medio de los preparativos del viaje, el joven se comunica telefónicamente con Michelle Bachelet en Australia. No han estado juntos desde que fue detenida por la Dina. Le dice que la extraña, que haga lo posible por viajar a Europa para reencontrarse con él en Berlín Oriental. Ella acepta con entusiasmo. Esa ciudad funciona como centro neurálgico de los partidos de la UP en el exilio. Allí podrá retomar su trabajo político, volver a ver a muchos de los suyos.

A sus 25 años, López sabe que en esa misión se juega la vida. Si es detectado por los servicios de seguridad es hombre muerto. Sale de Chile por vía terrestre, a través de la frontera con Perú, llevando consigo un pasaporte argentino. López imita bien ese acento. La fachada como hombre de negocios bonaerense es verosímil.

Su primera escala es Lima. En la capital peruana funciona desde hace un año uno de los principales centros de apoyo al PS en el extranjero, a cargo de Luis, el hermano menor de Carlos Lorca. (4) Luis Lorca está complacido de volver a ver al Guatón, quien se muestra como el tipo canchero, bromista y alegre de siempre. Pero una inquietud parece obsesionar al joven emisario: cómo prevenir a sus compañeros si llega a caer, a su regreso, en manos de la Dina. Habla de inventar un intrincado código de advertencia, que sea solo conocido por contados dirigentes. Además, conviene con Luis el nombre de los «correos» que enviará en adelante desde Santiago a Lima, cada uno rotulado con niveles de información distintos. Si algo no calza con esta plantilla, es porque algo muy grave ocurre.

Antes de despedirse de su amigo, le advierte que si llega a ser aprehendido, no soportará la tortura por mucho tiempo. Bastará que le toquen una uña para que suelte todo lo que sabe. De ahí la urgencia de un código secreto. Resume todos sus temores en una frase:

—A mi primera advertencia, cúbrete, porque va a llover a cántaros. Bajo su habitual desplante, López transpira miedo.

* * *

En La habana, López se planta ante Altamirano con el aplomo de los que se juegan la vida. El jefe del partido queda impresionado con sus palabras. Otros dirigentes presentes en la cita, entre ellos Clodomiro Almeyda y Rolando Calderón, le entregan inmediatamente su respaldo. (5) Lo mismo ocurre con los anfitriones cubanos, para quienes la proeza de salir y entrar a Chile clandestino es una muestra de que la dirección «interior» del PS está en manos de tipos con «cojones».

Dando por superada la disputa de poder, Altamirano otorga su apoyo a la directiva de Exequiel Ponce, Carlos Lorca y Ricardo Lagos Salinas. (6)

A fines de abril de 1975, López abandona Cuba y se traslada a Alemania Oriental, para cumplir con los siguientes encargos de su periplo. Llevando una ruta distinta, lo sigue otro joven dirigente socialista, radicado por entonces en La Habana. Su nombre es Camilo Escalona. Debe reencontrarse con López en Berlín Oriental. En la capital de la RDA, Escalona tendrá que asegurarse de que el emisario sea bien recibido.

A principios de mayo, en Berlín Oriental se celebran los 30 años del fin de la Segunda Guerra Mundial. La ciudad está cubierta de banderas y de carteles alusivos a la caída del Tercer Reich. Con ese ambiente se encuentra Michelle Bachelet cuando arriba a la urbe. Es su primer contacto con el socialismo real. La joven siente que entra a un mundo épico, muy distinto al Chile del toque de queda y las persecuciones que dejó atrás hace unos meses.

En el aeropuerto la reciben dos amigos, Mario Felmer e Isabel Margarita Loubat. Son viejos compañeros del PS que ahora viven exiliados en la RDA. Ambos la invitan a pasar unos días en su casa en Berlín Oriental. Michelle no entiende una palabra de alemán, pero se siente protegida y apoyada. Además, está ansiosa por reencontrarse con su pareja.

En suelo alemán, Jaime López recibe una bienvenida distinta. Viene del «interior» y la omnipresente contrainteligencia germano-oriental desea asegurarse de que no se trata de un doble agente. Solo después de esa exhaustiva revisión de los aparatos de seguridad puede iniciar su nutrida agenda de contactos políticos. Sus actividades incluyen reuniones con funcionarios del gobierno de Erich Honecker. El jerarca de Alemania Oriental es un activo sostenedor de la resistencia antipinochetista y está particularmente interesado en lo que ocurre en Chile. (7)

A Michelle Bachelet le avisan que deberá ser trasladada a las afueras de Berlín. La joven llega a una casa de protocolo oficial, ubicada en un pequeño pueblo cercano a un lago. Se trata de una de las residencias que la estricta Seguridad del estado de Honecker dispone para sus invitados especiales. Ahí se reencuentra por fin con Jaime López, con quien podrá conversar con calma sobre su paso por Villa Grimaldi.

Por esos días, visita a López una dirigenta comunista en el exilio. Antes de encontrarse a solas con el enviado del PS, la mujer comparte un almuerzo con los dos jóvenes en la residencia de protocolo. El tema central es la situación política en Chile. Su nombre es Gladys Marín y no oculta sus deseos de regresar clandestinamente al país, donde la esperan su esposo y sus dos hijos. (8)

Michelle también quiere volver. Con su pololo hace planes para reencontrarse en Santiago y así colaborar en la rearticulación del partido. Ella lo considera su deber como socialista. El ejemplo paterno pesa en esta decisión. Si el general Alberto Bachelet tuvo la posibilidad de exiliarse en Perú y no lo hizo, la hija —la misma que lo motivó a quedarse— tiene que hacer lo mismo.

En Berlín Oriental, López y Michelle se reúnen con miembros del secretariado exterior de la Juventud Socialista. El encuentro con esa instancia que lidera a la JS en el exilio es organizado por Camilo Escalona, en la residencia berlinesa del dirigente chileno Fernando Arraño. Asisten Enrique Norambuena, Mario Felmer, Enrique Sepúlveda y Rigo Quezada, entre otros. (9) Todos son gente de confianza. Por una norma de seguridad básica muy pocos pueden saber que López está en la RDA.

El joven emisario está inquieto por su regreso a Chile. Sus amigos del PS tratan de relajarlo y lo llevan a conocer la ciudad. Medio en broma, medio en serio, invariablemente termina hablando de la tortura, de los brutales métodos de la Dina, de por qué resultaría imposible para un detenido no colaborar. Muy pocos captan que habla en serio.

Cuando López deja la RDA, camino a la Unión Soviética, se despide de Michelle con el compromiso de reencontrarse en Chile.

* * *

Una vez que López se marcha, Michelle Bachelet formaliza sus nexos con el PS. Se entrevista con la dirigenta María Elena Carrera, jefa del partido en la RDA. Visita en su casa a Ricardo Núñez, miembro del secretariado exterior del PS. Las tareas son varias y urgentes. Será rápido hallar una para ella.

Mientras aguarda que el gobierno alemán-oriental le asigne una residencia, vive en casa de Mario Felmer e Isabel Loubat. Además, hace los primeros trámites para que su madre, quien permanece en Australia, pueda viajar a Berlín del este.

Cuando plantea formalmente sus ganas de regresar a Chile, en el PS están de acuerdo. No es la única con esos planes, pero el partido no cuenta con la capacidad operativa para hacer viable una operación de retorno masiva. Se requieren un aparato de apoyo, pasaportes falsos, rutas seguras. Ya se está trabajando en eso. Michelle Bachelet debe tener calma.

Una noticia la sorprende: Jaime López aparece de vuelta en Berlín Oriental. El retorno es mucho más rápido de lo esperado. Michelle se reúne con él en un Heim, una especie de refugio colectivo donde se recibe a los exiliados chilenos. El joven dirigente está nervioso. Le habla a su polola sobre un posible cambio de planes: le han propuesto quedarse en la RDA para trabajar en el aparato exterior del PS, simulando que continúa clandestino en Chile. Solo debe aceptar y no tendrá que reingresar al «interior». La decisión lo tiene muy angustiado. Quiere saber lo que piensa su pareja. A Michelle la idea no le gusta.

—Cómo se te ocurre. Hay gente en Chile que está muriendo. Si quieres dirigir el partido tienes que correr los mismos riesgos, ponerte a la altura—le recalca.

Por fin, López le confiesa que existe el riesgo de que sea detenido si vuelve. No es una simple corazonada: al regresar a Chile luego de pasar por Moscú, tuvo un percance con Interpol, la Policía Internacional. Nada grave, pero prefirió volver a la RDA y sopesar lo ocurrido. Quedarse en Berlín tal vez sería lo más razonable.

Su polola no puede entender que el peligro lo frene. Si ese fuera un argumento, ella podría haberse quedado en Australia o, antes, viajado a Perú con su padre. No estaría lamentando ni su muerte ni Villa Grimaldi. Para la joven su novio simplemente no puede flaquear.

Michelle termina la discusión con una frase lapidaria:

Mi papá murió por ser consecuente. De ti yo no espero menos.

Otros socialistas que se reúnen con López en Berlín Oriental también lo notan diferente. Quiere interiorizarse sobre temas especialmente sensibles, ajenos a las responsabilidades de un cuadro como él, demasiado expuesto. Cuando se encuentra con Mario Felmer —nexo entre las direcciones «exterior» e «interior» del PS— le pide visitar las escuelas de instrucción militar, abiertas en la RDA y la Unión Soviética para militantes del PS. El emisario está vivamente interesado en el tema.

Una noche, en Berlín, cuando conversa con otros compañeros, retoma su obsesión por los crueles métodos de la Dina y sus efectos.

—Ustedes no tienen idea de lo que es la tortura—les dice con seriedad.

Ante la mirada de sus amigos, López se tira al suelo y comienza a simular los estertores provocados por las descargas eléctricas de la «parrilla». La broma no cae bien. el humor es demasiado negro.

* * *

En junio de 1975, Bachelet consigue los pasajes para que su madre viaje a la RDA. Al principio son asignadas en un Heim. Pronto les entregan un departamento de un dormitorio en las afueras de Postdam, una ciudad ubicada a treinta kilómetros de Berlín.

Gracias a sus estudios de Antropología, Ángela Jeria halla empleo en el museo de prehistoria y Arqueología de la ciudad. Su hija trabaja como asistente de un médico en Berlín. Todos los días aborda un tren interurbano que tarda media hora hasta la capital.

Postdam es una bella urbe, rodeada de lagos y bosques. La joven y su madre no tardan en acostumbrarse. Berlín está reservado para la dirigencia de alto rango, a la que ellas no pertenecen. Pero están a pocos kilómetros de la capital, en un departamento cómodo, aunque pequeño. Su situación es mejor respecto de los militantes socialistas rasos, que son destinados sin apelación a las provincias.

El PS ha resuelto que a fin de año Bachelet podrá volver a Chile, junto a varios compañeros. Aún no está claro si lo hará con su nombre real o clandestinamente. Si se opta por lo segundo podría ser sometida a un profundo cambio de fisonomía. (10) Ser la hija del general Bachelet tiene un valor simbólico. El PS y los camaradas de la RDA no están para correr riesgos.

Michelle escribe informes de la coyuntura chilena para la dirigencia. Comienza a colaborar como encargada de formación del secretariado exterior de la JS. Junto a su madre viaja por varios países de Europa, entregando su testimonio en actos contra la dictadura chilena. Las dos mujeres ayudan a canalizar la solidaridad internacional a través de Chile democrático, una estructura de los partidos de la UP con sede en Italia. (11)

Ángela también trabaja para radio Berlín, en un programa emitido especialmente para ser escuchado en Chile; sin embargo, los acontecimientos desde el «interior» tienen otra dinámica.

El 17 de junio de ese año, agentes de la Dina irrumpen en la casa de seguridad donde se oculta Ricardo Lagos Salinas, el tercer hombre de la directiva clandestina. Junto a él cae su esposa, Michelle Peña, embarazada de ocho meses. Ambos son trasladados a Villa Grimaldi. (12)

La detención de uno de sus principales líderes no es detectada por el PS. Los hombres del coronel Manuel Contreras usan a Lagos como carnada para hacer caer a otros dirigentes. El demoledor golpe ha abierto una grieta en plena cúspide del aparato clandestino. Para el implacable Contreras, ha llegado el turno de los socialistas.

Ocho días más tarde, en la madrugada del 25 de junio, cae el máximo líder del PS en Chile, Exequiel Ponce, en una exigua pieza que arrienda cerca de avenida Matta. Con él es detenida la militante Mireya Rodríguez. Quince horas después es aprehendido Carlos Lorca, mientras llega a una casa de seguridad junto a la militante Modesta Wiff. En poco más de una semana, el aparato clandestino es decapitado por completo. Todos los detenidos son llevados a Villa Grimaldi. Luego de incesantes torturas, su rastro se perderá para siempre en ese recinto secreto de la Dina.

La caída de la dirección «interior» golpea como un rayo a la izquierda chilena. La noticia se siente mucho más fuerte en la RDA, donde están los máximos dirigentes del PS. Nadie esperaba una catástrofe de esa envergadura.

Michelle Bachelet se entera de lo ocurrido durante un viaje por Italia, donde visita varias ciudades asistiendo a actos de solidaridad con Chile. El remezón la toca muy íntimamente.

Carlos Lorca era su amigo y gurú, el hombre que marcó su vocación política. De Lagos Salinas y Michelle Peña también era amiga. Ambas jóvenes trabajaron juntas en el mismo equipo clandestino luego del golpe, cuando la hija del general Bachelet comenzá a hacer análisis de coyuntura para la cúpula socialista. Para su pololo, Exequiel Ponce era como un padre adoptivo.

Todas estas muertes se unirán a la de su padre. Juntas serán una pesada herencia que determinará gran parte de sus decisiones vitales y políticas.

* * *

La caída de la dirección «interior» aborta los preparativos para el regreso de Bachelet y otros militantes a Chile. Simplemente no hay garantías de seguridad. La incertidumbre es total. La joven está muy preocupada por la suerte de su pareja. Por esos mismos días Jaime López debería estar en Chile.

A mediados de julio de 1975, la Dina ha completado exitosamente su ofensiva contra el PS.

Los socialistas, no obstante, se reagrupan. Un conjunto de dirigentes muy jóvenes, casi todos estudiantes secundarios y universitarios, toma espontáneamente las riendas de lo que queda de la colectividad. Es una veintena de militantes con un promedio de veintidós años y escasa experiencia política. Con el tiempo serán conocidos como la dirección de los «Pantalones cortos». También se les llamará los «cooptados», pues el dramático momento que vive el PS hace muy difícil que alguno pueda negarse a dirigirlo.

En ese grupo hay un consenso: Jaime López es el único con la experiencia para asumir como nuevo secretario general. El joven emisario se ha plantado de igual a igual ante Altamirano y los viejos tercios en el exilio. Además, es el único sobreviviente de la segada directiva. Su llegada al máximo cargo sería una señal de continuidad. Pero López está inubicable. No hay señales sobre su paradero. A partir de junio de 1975, los pasos del joven dirigente entran en una nebulosa. En los años posteriores, en el PS se mezclarán versiones fragmentarias, mitos y suposiciones para explicar lo que realmente hizo la pareja de Michelle Bachelet a contar de esa fecha.

Se supone que la primera señal de López es una carta que envía a un miembro de la nueva dirección de emergencia, semanas después de la caída de la primera directiva. En la carta explica lo mismo que le dijo a su novia en Berlín Oriental, aunque ahora con más detalles: que al reingresar al país fue detectado por Interpol, con una fuerte suma en efectivo. Para que no alertaran a la Dina, debió «coimear» con parte del dinero a los detectives. Gracias a eso, asegura, fue puesto en la frontera y volvió a la RDA, donde explicó lo ocurrido. López asevera en su misiva que regresará a Chile una vez que pase el peligro. Los miembros de la dirección de los «Pantalones cortos» cuentan con eso.

En su ausencia, el núcleo de relevo celebra el llamado «Pleno de calle Amapolas», en un inmueble de Providencia. En la cita partidista el grupo asume formalmente las riendas del aparato clandestino. No es una directiva propiamente tal, sino una mesa amplia. Por unanimidad, y en su ausencia, Jaime López es designado número uno. (13)

La idea de la nueva dirigencia es que López, una vez de regreso, quede guarecido por un férreo dispositivo. El universitario deberá mantenerse por completo aislado de las tareas operativas, que quedarán en manos de otros cuadros. Así, en un encierro casi hermético, el sucesor de Ponce podrá pensar los caminos a seguir, sin el peligro de que la Dina le caiga encima.

Apenas aparece en Santiago, López toma contacto con la nueva directiva. Se reúne con su segundo hombre, el tercero, el cuarto, y así sucesivamente. Son reuniones cara a cara, que rompen los círculos concéntricos de la rigurosa compartimentación clandestina. Por inexperiencia o exceso de confianza, nadie en el PS capta el inminente peligro.

En cada contacto López se ve en extremo nervioso. Pide movimiento, no mantenerse en «puntos» específicos. En su afán por conversar en ambientes más privados convence a sus lugartenientes de reunirse en las residencias donde alojan. Así, conoce las direcciones exactas de casi todos los miembros de la cúpula.

Las más elementales reglas de la clandestinidad son desactivadas desde adentro. Sin necesidad de forzarla, la puerta del PS ha quedado abierta para una nueva embestida.

* * *

A fines de 1975, una fulminante ofensiva de la Dina barre con la dirección de los «Pantalones cortos».

El 27 de diciembre, los dirigentes Iván Parvex, Benito Rodríguez y Juan Carvajal caminan cerca de Irarrázaval. Este último observa un auto en que un hombre lee el diario, cubriéndose la cara. Lo reconoce. Es un agente de la Dina que meses antes allanó su casa. Advierte sobre el peligro y se retira. Pero Parvex y Rodríguez creen estar seguros. Ambos son detenidos esa misma tarde.

En pocas horas, entre cuarenta y cincuenta cuadros están en manos de la Dina. Varios participaron en el pleno de Amapolas: Iván Parvex, Carlos González, Gladys Cuevas, Eduardo Reyes, Vicente García, Saúl Belmar. Juan Carvajal es apresado la madrugada del 28 de diciembre. Tres días después viene el turno de Gregorio Navarrete, Jaime Solari y Hernán Monasterio. De la flamante directiva y su entorno solo se salvan cinco. (14)

Los detenidos son llevados a Villa Grimaldi. Uno de los caídos divisa ahí a Jaime López. Pero algo no calza. El secretario general no está maniatado, usa sus lentes ópticos y se mueve con cierta libertad por los patios. Ningún detenido tiene estos privilegios.

A otros apresados les intriga la reacción de los interrogadores cuando un torturado no colabora. En vez de seguir «parrillándolo», salen de la habitación con el carné de la víctima. Minutos después vuelven con una detallada lista de sus cargos y tareas clandestinas.

Los detenidos atan cabos. Carlos González repara en que al llegar a su domicilio los agentes fueron inmediatamente a un clóset donde escondía documentos y un carné del propio López. Solo este y el dueño de casa sabían de tal ubicación. Eduardo Reyes aporta otro dato: en su caso los agentes también sabían con precisión dónde escondía dinero del partido. Una suma que López le había pedido guardar.

Con horror, los dirigentes concluyen que López, el número uno, está colaborando con el enemigo. De todos los escenarios posibles es el más desquiciante. López conoce el partido como pocos. Si no se da inmediatamente la alerta, el PS será pulverizado.

Cuando intuye que lo trasladarán de Villa Grimaldi, un militante sin relevancia pregunta si la dirigencia apresada quiere enviar algún mensaje a través suyo. Iván Parvex no lo duda:

—Dile a todos que López nos traicionó.

Pronto, la noticia es traspasada a parte de la estructura del PS.

A principios de enero de 1976, un sobreviviente de la directiva se entera de que López está libre. Decide cerciorarse de las sospechas: logra programar un encuentro callejero con él. Cuando chequea el lugar de la cita, minutos antes de lo programado, descubre parapetado a un piquete de la Dina. Para él esta es la prueba definitiva.

La mala nueva no tarda en llegar a la RDA.

Michelle Bachelet se entera en Leipzig, una ciudad al sur de Berlín a la que se ha trasladado, dejando a su madre en Postdam. No puede creerlo. Finalmente, cuando lo acepta, hace un descarnado mea culpa. A otros socialistas les confiesa que su pololo tenía dudas sobre volver a Chile, pues intuía que era seguido. Y ella no acogió sus temores. Fue inflexible. Le dijo que debía cumplir con sus tareas.

Para la joven, la situación es casi calcada a lo ocurrido con su padre, cuando ella influyó directamente para que no se exiliara en Perú. En los años siguientes será recurrente en Michelle la idea de que, de haber sido más comprensiva, distinta sería la suerte de López.

Las reuniones de control de daños se inician con urgencia en Berlín Oriental. ¿Desde cuándo López está «quebrado»? Imposible saberlo con exactitud. Algunos piensan que pudo haber sido antes de su último arribo a la RDA, cuando estaba obsesionado por saber detalles de los cursos de instrucción militar. De ahí quizás su tétrica imitación de la «parrilla». Tal vez era una forma de avisarles.

Dos cartas que el propio López despacha por esos días a Michelle Bachelet confirman lo impensable. Antes de abandonar Chile, la joven y su novio habían convenido varias claves de advertencia, en caso de que alguno cayera. Era un código similar al que la muchacha había utilizado a principios de 1975, cuando le comunicó telefónicamente que ella y su madre estaban siendo secuestradas por la Dina.

Ahora, en sus misivas, López no deja lugar a dudas. Varias palabras que utiliza hacen evidente la advertencia de que está en manos de los hombres de Contreras. Y que quiere ponerla a resguardo.

Sin perder tiempo, Michelle da aviso a la cúpula de Berlín Oriental. Como evidencia, entrega las cartas. Otros socialistas aportan nuevos indicios recogidos en Chile. Son versiones transmitidas de boca en boca, difusas, en su mayoría imposibles de verificar. Pero todas apuntan a lo mismo: López está «contaminado», ha dejado de ser confiable.

Está el testimonio de un militante del «interior», quien por esos mismos días habría logrado contactar cara a cara al supuesto traidor. Según esta versión, López le advirtió con un gesto que llevaba una grabadora. Antes de marcharse le entregó un papel con una advertencia: «Estoy con la Dina. Saben todo. Que Michelle no vuelva».

Otra versión, mucho más imprecisa, surge del corazón de Villa Grimaldi. En el más temido centro de detención secreto de la Dina, López habría sido llevado al calabozo donde estaba Carlos Lorca, su gran amigo, en estado casi vegetal por la tortura. «Vai a quedar así si no colaborái», dicen que habría sido la advertencia que le dieron.

Con varios de estos antecedentes reunidos, la directiva exterior quiere saber qué piensa Michelle. La joven hace un análisis frío: cree que su pololo, forzado por las circunstancias, efectivamente está con el enemigo. Pero también destaca que le envió una advertencia para que no entrara a Chile.

En su exposición, ella recuerda que en Santiago López estaba cautivado con la lectura de un libro, La orquesta roja, de Gillies Perrault. El texto narra las peripecias de Leopold Trepper, quien dirigió una red de espías prosoviéticos enquistada en el Tercer Reich. Bajo la pantalla de colaborar con el nazismo, Trepper salvó la vida de muchos compañeros. López le había dicho que, en la misma situación, seguiría ese ejemplo.

Para la hija del general Bachelet su novio podría estar apostando a una colaboración segmentada. Entregar información a la Dina, pero sin dejar de alertar a los suyos. Ser un nuevo Trepper.

A principios de 1976, el propio López confirma las presunciones de su novia. En una carta que envía a su amigo Luis Lorca —el hombre del partido en Lima— le revela sin rodeos que va a jugar el rol de la «orquesta roja» con la Dina. «Voy a ser Trepper, voy a sacar información de ellos», señala textualmente en una línea.

En la misiva explica que no tiene otra opción, que ha visto en Villa Grimaldi a su «hermano» Carlos Lorca, a Exequiel Ponce y a Ricardo Lagos Salinas, los máximos encargados de la primera directiva: «Están agónicos; si no hago esto van a matarlos».

A Luis Lorca le propone seguir su juego: qué él desde Lima lo ayude a fabricar noticias que desinformen al enemigo para salvar a la mayor cantidad de gente. López propone que Lorca articule en el exterior una directiva de todos los partidos de la UP para que él pueda entenderse con ellos desde Santiago.

Luis Lorca envía inmediatamente la alerta. En Santiago se toman medidas urgentes. El ex diputado Albino Barra y su hijo Patricio surgen como cabezas de una nueva directiva. Bajo esta dirección de emergencia comienza el delicado proceso de aislar al dirigente contaminado y a su estructura, compuesta por varios militantes que siguen trabajando bajo sus órdenes. Solo unos pocos socialistas saben que López ha sido «quebrado», que ya no puede seguir como secretario general.

Desde Lima, Luis Lorca hace creer a López que sigue su juego. Cuando recibe a emisarios que llegan a Perú con mensajes embutidos de su puño y letra, Lorca invariablemente responde con información falsa, para desorientarlo.

Uno de estos mensajeros pide reunirse con Lorca en el Cabaret Crillón, en Lima. Es joven, viste de manera ostentosa y ordena varios whiskies. Domina casi a la perfección los nombres y cargos de la dirigencia clandestina; pero cuando su interlocutor le pregunta por gente que no existe, cae en la trampa: dice que de ellos no ha tenido noticias.

El ostentoso emisario le pasa un embutido escrito por López. En el mensaje, el dirigente hace un recuento de todos los compañeros caídos. No hay dudas, es su letra. Cuando menciona en la nota a los sobrevivientes, López le pide a su amigo que le ayude desde Perú a tomar contacto con ellos. Antes de despedirse, Lorca le dice al emisario que hará todas las gestiones para hacer el contacto.

Corre abril de 1976. Es el último correo que Luis Lorca recibe de López. Tiempo después, cuando su imagen salta en los periódicos, Lorca reconocerá el nombre del singular mensajero: el capitán de Ejército Armando Fernández Larios.

A partir de ese momento, el rastro de Jaime López Arellano se convierte en un secreto más de la Dina. Según la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, fue detenido por la Dina en diciembre de 1975 y hoy está desaparecido. Lo mismo ocurre con la militante socialista Clara Rubilar Ocampo, miembro de su equipo.

El nombre del joven dirigente pasará a ser un tabú en la historia oficial del PS. Como traidor o víctima, de él solo se hablará en voz baja. Incluso décadas más tarde, en el partido circularán versiones de testigos que asegurarán haberse topado con él, que López sobrevivió a la tortura y que sigue oculto en alguna parte. (15) Otros preferirán darlo por muerto.

El mismo fantasma acompañará por años a Michelle Bachelet. (16)

* * *

En la RDA, la actividad política de la hija del general Bachelet no cesa. Está a cargo del boletín del secretariado exterior de la JS, donde escribe artículos políticos. Además, prepara informes de coyuntura sobre la realidad política chilena para sus dirigentes y continúa viajando por Europa, para dar a conocer su testimonio. En esos recorridos la acompaña su madre.

Aunque no ostenta cargos de dirección, es una militante reconocida. Su opinión es escuchada por dirigentes como Mario Felmer, Rigo Quezada y Enrique Norambuena, los máximos jefes de la JS en el exilio. Michelle Bachelet conoce el pensamiento de los militares chilenos, puede ayudar a prever escenarios.

En 1976, la joven se traslada a Leipzig, una ciudad ubicada 180 kilómetros al suroeste de Berlín, para estudiar alemán en el Herbert Institut. Consciente de que pasará un tiempo antes de que pueda regresar a Chile, la joven quiere dominar bien el idioma para retomar sus estudios de Medicina.

En Leipzig vive en una pensión con estudiantes de varias partes del mundo. Además, se reencuentra con socialistas amigos, miembros del mismo núcleo en la Universidad de Chile, entre ellos Gladys Cuevas y Jaime Lorca. A pesar de que lo ocurrido con López seguirá siendo por años una herida abierta, poco a poco recupera su optimismo.

En esa ciudad universitaria conoce un año después a Jorge Dávalos, un socialista exiliado que estudia arquitectura en la Universidad de Weimar. Los presenta Ángela Jeria.

El Guatón, como apodan a Dávalos, es un tipo alegre y simpático. Antes de salir de Chile tenía cercanía con el grupo de estudiantes de Medicina aglutinados en torno a Carlos Lorca. Pero a diferencia del líder de la JS y su grupo, su vida de partido no era tan intensa.

Los dos jóvenes comienzan a pololear. A fines de 1977, luego de un corto noviazgo, se casan en una ceremonia civil en Postdam. Ángela Jeria no asiste a la boda. Meses antes se ha radicado en Washington, luego de recibir una invitación de la escultora Isabel Morel, para apoyar desde ahí el trabajo de solidaridad con Chile. Morel tiene algo en común con Ángela: es viuda. Hace un año perdió a su esposo, el abogado socialista Orlando Letelier.

Letelier, ex canciller de Allende, murió en su automóvil, víctima de una bomba terrorista detonada en pleno corazón de la capital norteamericana. La explosión también mató a una ciudadana estadounidense, la joven colaboradora de Letelier, Ronnie Moffitt. Todo apunta a la Dina como responsable. (17)

En Washington, las dos mujeres trabajan en un intenso lobby orientado a denunciar los atropellos del régimen militar, ante Naciones Unidas y el Departamento de Estado norteamericano. Pronto, la labor recoge sus frutos. El 5 de diciembre de 1977, Naciones Unidas condena a la dictadura chilena por su «continua e inadmisible violación a los derechos humanos». Tres meses después, el régimen militar declara la Ley de Amnistía para los delitos políticos cometidos entre el 11 de septiembre de 1973 y el 10 de marzo de 1978. Ante la presión internacional, queda explícitamente fuera el caso Letelier.

Para Ángela Jeria esta es la posibilidad de que se levante la prohibición de ingresar a Chile. Sin nada que perder, consulta por su caso en la embajada chilena en Washington. La atienden bien. El funcionario que la recibe le dice que lo más probable es que estará entre los beneficiados, que podrá volver. La viuda del general Bachelet sale feliz del encuentro.

Al poco tiempo, sin embargo, recibe una carta del subsecretario del Interior de Pinochet, Enrique Montero Marx, donde se le notifica que no puede reingresar al país, por considerársela una figura altamente peligrosa para la seguridad interna. Ángela llora casi todo un día. Se comunica a Santiago con el general (r) Osvaldo Croquevielle y le cuenta la mala noticia. Su cuñado decide hablar con el general Fernando Matthei, quien en julio de 1978 ha asumido como nuevo comandante en jefe de la FACH, en reemplazo de Gustavo Leigh.

Matthei se compromete con Croquevielle a hacer lo que esté de su parte. Como oficiales de la FACH, el nuevo jefe aéreo y Alberto Bachelet habían sido buenos amigos en los 60. Gracias a este nexo, Ángela llegó a estimar a Matthei, a quien consideraba un hombre culto y honesto.

En su nueva vida de casada, Michelle Bachelet ha vuelto a radicarse en Postdam. Con Jorge Dávalos se traslada a un departamento en el mismo edificio donde vivía con su madre, en las afueras de esa ciudad. Viaja diariamente a Berlín, pues ha retomado sus estudios de Medicina, en la Universidad Alexander Von Hümboldt.

En junio de 1978 nace el primer hijo de la pareja, Jorge Sebastián Alberto. El segundo nombre —por el que lo llamarán— es un homenaje a Carlos Lorca. Sebastián era la chapa que el dirigente socialista utilizaba en su vida clandestina, antes de desaparecer a manos de la Dina. Alberto es en memoria de su padre.

A pesar de que tiene menos tiempo, Michelle sigue colaborando con el secretariado exterior de la JS en Berlín Oriental. El escenario es complejo al interior del partido. En el último pleno del comité central del PS, realizado en marzo de ese año, se ha acentuado la división interna que se arrastra desde el gobierno de la UP. (18) Por una parte está el sector del secretario general, Carlos Altamirano, quien de las posturas más ultras ha derivado a una posición revisionista, tras percatarse de la falta de libertades en la RDA. Por la otra, se planta Clodomiro Almeyda, más cercano al PC chileno y a la órbita soviética. (19)

Los socialistas jóvenes del núcleo de Michelle Bachelet se sienten espectadores de esta pelea entre grandes. Por trayectoria y visión política, están en la vereda de Almeyda, gracias a su sistemática defensa de los socialistas del «interior». No obstante, Michelle y sus amigos creen que cualquier división es un triunfo para Pinochet y hacen lo posible por mediar en esta pugna.

A fines de 1978, el dirigente Camilo Escalona se hace cargo del secretariado exterior de la JS en Berlín Oriental, tras un acuerdo de las dos fuerzas en pugna. Mario Felmer, Enrique Norambuena y Rigo Quezada dejan sus puestos. Michelle Bachelet hace lo mismo. Está muy frustrada por los ribetes que alcanza la disputa interna.

Poco después de la Navidad de ese año, en Washington, Ángela Jeria asiste a un almuerzo con un funcionario del Departamento de Estado. El hombre está muy informado de lo que ocurre en Santiago. Entre otras cosas, habla de lo cerca que han estado Chile y Argentina de entrar en guerra, pocos día antes.

También le habla de la prohibición de ingreso que la afecta. Le pide que tenga confianza, pues varios indicios apuntan a que muy pronto podrá regresar. Ángela es menos optimista. Sus tareas en Washington han concluido y tiene decidido establecerse en Perú. El destino es óptimo para sus planes: conoce a uno de los principales arqueólogos de ese país, lo que le permitirá trabajar en lo suyo. Además, estará muy cerca de Chile. De alguna forma, podrá seguir ayudando en tareas solidarias.

Con esa idea viaja a la RDA, para despedirse de su hija. En la visita conoce a su nieto Sebastián y piensa con calma en la vida que iniciará en Perú. A principios de febrero, sin embargo, recibe en Alemania Oriental una carta de la embajada chilena en Washington, donde se le comunica que puede volver a su país. Ángela se comunica con el general (R) Croquevielle, quien le confirma la esperada noticia.

Sin dudarlo, Michelle decide que acompañará a su madre en el retorno, junto a su hijo de ocho meses. Jorge Dávalos solo podrá viajar meses más tarde, pues quiere terminar el año en sus estudios de arquitectura.

No hay lágrimas de alegría ni emoción cuando las dos mujeres confirman la noticia. Simplemente, inician los preparativos para el viaje, luciendo la misma serenidad que aquel día en que debieron salir obligadamente de Chile, cuatro años antes.

Como no hay vuelos directos entre Santiago y la RDA, el retorno tiene varias escalas: Amsterdam, el norte de África, Brasil y, por fin, Santiago, donde las espera una nueva vida, en un país completamente distinto al que dejaron en 1975.

 

 

 

(1) El 5 de octubre de 1974, Miguel Enríquez fue emboscado en una casa de seguridad de la comuna de San Miguel por decenas de efectivos de la Dina. El líder mirista estaba acompañado por su pareja embarazada, Carmen Castillo, y por dos lugartenientes. Murió resistiendo y su figura se transformó en un mito para la izquierda.

(2) Los dirigentes miristas que aparecieron ante las cámaras eran Cristián Mallol, Héctor González Osorio, Hernán Carrasco y Humberto Menanteaux, quienes estaban desde diciembre de 1974 en manos de la Dina. La operación de inteligencia fue dirigida por el jefe de Villa Grimaldi, coronel Pedro Espinoza.

(3) Existen testimonios de varios detenidos que afirman haber visto a Ariel Mancilla en Villa Grimaldi. Estaba gravemente herido, pues intentó eludir su detención arrojándose a las ruedas de un microbús. Actualmente está desaparecido.

(4) Luis Lorca se trasladó en abril de 1974 a Lima. Desde esa ciudad se convirtió en el nexo entre la dirección socialista en Chile y la cúpula en el exilio, encabezada en Berlín Oriental por Carlos Altamirano.

(5) Clodomiro Almeyda fue canciller de Salvador Allende y uno de los próceres del PS. Rolando Calderón era miembro de la Comisión Política antes del golpe y líder de los llamados «Elenos». Ambos abogaban por un acercamiento con los comunistas. Esta y otras posturas los ponen en abierta tensión con Altamirano, gatillando el quiebre de la colectividad en abril de 1979.

(6) El documento del pleno de La Habana aboga por la creación de un Frente Antifascista para derrocar a la dictadura, sobre la base de una alianza entre comunistas y socialistas. De esta forma, el aparato exterior del PS se pliega a la postura planteada en marzo de 1974 por la dirección interior de Lorca, Ponce y Lagos Salinas.

(7) El apoyo de Honecker a la ex UP no de debía únicamente a razones ideológicas: su hija Sonia estaba casada con el chileno Leonardo Yáñez.

(8) Al exiliarse, Gladys Marín tuvo que dejar en Chile a su esposo, el dirigente comunista Jorge Muñoz, y a sus dos pequeños hijos. A su marido no volverá a verlo: en 1976 fue detenido por la Dina y hoy está desaparecido.

(9) Mario Felmer era el hombre de la dirección interior en la RDA. Enrique Sepúlveda era un destacado dirigente universitario del PS. Manuel Rodríguez era diputado. Fernando Arraño se desempeñó como subjefe de trabajos voluntarios de Allende. Antes del golpe, Rigo Quezada presidió la Federación de estudiantes Secundarios, Feses.

(10) El chileno Enrique Correa, dirigente del MAPU Obrero Campesino, sirvió como ejemplo de la destreza de los agentes de la RDA para modificar el aspecto físico. Gracias a tratamientos con corticoides y otros, Correa subía o bajaba violentamente de peso antes de ingresar clandestinamente a Chile. Incluso a sus amigos les costaba reconocerlo.

(11) Después del golpe militar, la primera reunión de todos los partidos de la unidad popular se realizó en La Habana y fue gestionada por Beatriz Allende. Ese grupo de partidos, denominado Izquierda Chilena en el Exterior, acordó establecer una oficina de coordinación de la solidaridad internacional en Roma, que fue denominada Chile Democrático.

(12) Ricardo Lagos Salinas y su esposa Michelle Peña integran las listas de detenidos desaparecidos. No existe certeza de si el hijo que la mujer esperaba pudo sobrevivir.

(13) Entre los asistentes al pleno de calle Amapolas están Eduardo Gutiérrez, estudiante de Odontología; Ricardo García, dirigente secundario; Iván Parvex, estudiante de Historia; Patricio Barra, dirigente secundario; Benito Rodríguez, estudiante de Biología; Carlos González, estudiante de Historia, y Eduardo Reyes, dirigente secundario.

(14) Los únicos dirigentes que no caen en manos de la Dina son Ricardo Solari, Patricio Barra, Ricardo García, Eduardo Gutiérrez y Raúl Díaz.

(15) En una entrevista concedida al diario La Tercera en diciembre de 2002, Michelle Bachelet afirmó que era tal la paranoia sobre lo ocurrido con Jaime López en el PS, que su ex novio había sido visto en Francia, España, Euilpué y Quillota. «Cuando regresé al país me dijeron que estaba vivo, pero la verdad es que nunca supe algo concreto.» En Paula Canales y Andrea Insunza, «La otra historia trágica de Michelle Bachelet», reportajes, La Tercera, 1 de diciembre de 2002.

(16) Años más tarde, Michelle Bachelet se consolará con la idea de que Jaime López protegió a militantes que trabajaban con él, sin ser jamás detenidos. Otro consuelo de la futura ministra, menos asible, es que López pudo no haber sido el único que colaboró con el enemigo y que todas las culpas se concentraron en el joven dirigente debido a que hoy está desaparecido.

(17) En agosto de 1978, la justicia norteamericana pidió la extradición del general Manuel Contreras, el coronel Pedro Espinoza y el capitán Armando Fernández Larios, todos ex miembros de la Dina, por su posible participación en el crimen de Letelier. Meses antes, el 8 de abril, el norteamericano Michael Townley —acusado de ser el autor material del crimen— fue expulsado del país, tras lo cual fue detenido por el FBI.

(18) En marzo de 1978 se realizó el denominado pleno de Argel del PS. A pesar de que su nombre indica que se realizó en la capital de Argelia, en realidad tuvo lugar en la RDA, lo que por razones de seguridad se mantuvo en secreto. En la cita, Altamirano fue ratificado como secretario general y se aprobó un voto de consenso, pese a lo cual las discrepancias internas persistieron.

(19) En 1975, Clodomiro Almeyda fue expulsado desde Chile a Rumania. Posteriormente se estableció en México, pero a fines de 1976 se trasladó a la RDA para integrarse al secretariado exterior del PS, comandado por Carlos Altamirano. La medida respondió, entre otros factores, a la persistente disputa entre la dirección exterior y la dirección interior del PS. Almeyda, en ese contexto, representaba una garantía de que el partido apoyaría a su equipo «interior» y no fortalecería a otra estructura surgida después del golpe militar de 1973, la Coordinadora Nacional de regiones, comandada por Benjamín Cares en Chile, además de Pedro Vuskovic y Belarmino Elgueta, desde México. Éstos desconocían la autoridad de la dirección interior y, paralelamente, mantenían contacto con Altamirano. Aunque la CNR entrará en crisis en 1978 y posteriormente se disolverá, esta situación agudizará la pugna interna en el PS y abrirá paso a su división.

 

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50 años del golpe militar en Brasil: la preparación

[REPORTAJE] 50 años del golpe militar en Brasil: la preparación
Adital

 

El próximo 1° de abril marcará los 50 años del golpe militar en Brasil. Por este motivo Adital publica, a partir de hoy, una serie de cuatro reportajes que abordarán, desde el punto de vista histórico, los motivos que llevaron al país a adherir al golpe, inclusive con apoyo de gran parte de la población; hablaremos también sobre la actuación de los órganos de represión; la resistencia contra la represión de los militares; y, finalmente, construiremos un paralelo entre la actual situación del país y la época del golpe.
Reprodução

 

El pre-golpe

 

El golpe militar ocurrido en 1964 estableció en Brasil una dictadura que se extendió hasta el año 1985. A lo largo de esos 21 años, el régimen militar endureció el gobierno, convirtiendo en legales prácticas totalmente contrarias a los derechos humanos, como la censura y la tortura. Los militares combatieron, sin piedad, cualquier amenaza “comunista” o de manifestantes contrarios al gobierno, marcando, en la historia de Brasil, un período sombrío, caracterizado por actos autoritarios y violentos. La simple desconfianza de que alguien era “comunista” ya era motivo para espiar y detener a esa persona para averiguación de antecedentes, empezando, en ese momento, un cruel proceso de tortura psicológica y, en muchos casos, física.

 

La decisión, por parte de los militares, de aplicar un golpe de Estado a un gobierno electo democráticamente no fue algo repentino, ocurrió como consecuencia de una serie de hechos políticos acumulados en el período post Getulio Vargas, agravados por la decisión de este presidente de suicidarse. Después de la muerte de Vargas, Juscelino Kubitscheck (JK) fue electo en forma directa. JK desenvolvió una forma de gobernar que le posibilitó la conquista de un gran apoyo de la población; su slogan “50 años en 5” se volvió extremadamente popular entre los brasileros. Sin embargo, el gobierno de JK también estaba siendo marcado por indicios de que los militares preparaban un golpe de Estado.

 

Janio Quadros y el intento de auto-golpe

 

“¡Barre, barre, escobita!

¡Barre, barre la indignidad!

Que el pueblo ya está cansado

De sufrir de esta manera…”

 

El trecho musical arriba es parte del jingle de la campaña electoral del sucesor de JK en la Presidencia de la República, Janio Quadros. El jingle y la campaña electoral como un todo causaron una óptima impresión en los brasileros, convirtiendo a Quadros en presidente con una aprobación nunca antes vista en las urnas. La victoria avasalladora, con 5,6 millones de votos, hizo que el presidente electo creyese en un autogolpe de Estado. Creyendo que el pueblo siempre estaría a su lado, el propio Quadros orquestó una renuncia. El objetivo era volver al poder mediante un pedido amplio de retorno, que sólo sería aceptado si le fuesen datos poderes absolutos. Siete meses después de su elección, puso en práctica este plan y renunció al cargo. Sin embargo, contrariando las expectativas, el pueblo nunca le pidió que volviera y el cargo de presidente terminó siendo ocupado por su vicepresidente, João Goulart, conocido como Jango. Sin embargo, no fue fácil para Goulart asumir el cargo que era su derecho.

 

En la época de la renuncia de Janio Quadros, éste estaba en un viaje diplomático en la República Popular China, lo que causaba escalofríos a los militares brasileros, asumidamente anticomunistas. Aprovechando la situación, los militares acusaron a Jango de ser comunista y le impidieron asumir el cargo máximo del país.

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Después de muchas negociaciones, mediadas inclusive por su cuñado Leonel Brizola, los que apoyaban a Jango y la oposición terminaron haciendo un acuerdo político por el cual se crearía un régimen parlamentarista, en el que el presidente es sólo un jefe de Estado con poderes reducidos. En 1961, João Goulart asumió ese gobierno parlamentarista. Sin embargo, dos años después, hubo un plebiscito y el pueblo, con un porcentaje del 82%, optó por la vuelta del presidencialismo. Entonces, en 1963, Jango, finalmente, asumió la Presidencia con amplios poderes.

 

Durante el gobierno de Jango, se hicieron notorios los varios problemas estructurales de la política de Brasil, acumulados en las décadas que precedieron al golpe, y las disputas de naturaleza internacional, en el ámbito de la Guerra Fría, que desestabilizaron a su gobierno.

 

Jango adoptó una política económica más conservadora, disminuyendo la participación de las empresas extranjeras en sectores estratégicos de la economía e instituyendo un límite para el envío de ganancias de las empresas internacionales, siguiendo las orientaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). A pesar de este conservadurismo, el entonces presidente siempre fue maleable en relación con las reivindicaciones sociales, lo que aumentaba la desconfianza de los militares.

 

En medio de la inestabilidad económica, Jango publicó el Plan Trienal, que buscaba combatir la inflación y hacer que Brasil crezca a una tasa del 7% anual, además de iniciar una política de distribución de ingresos. Sin embargo, el plan no consiguió alcanzar las metas esperadas y las reivindicaciones populares se volvieron más fuertes. Después del fracaso del plan, Jango apostó a las reformas de base, para reestructurar al país. Estas medidas incluían las reformas agraria, tributaria, administrativa, bancaria y educacional.

 

En una gran elección, llamada ‘Comicios de la Central’, por haber sido realizada en la Plaza de la República, frente a la estación Central de Brasil, en Río de Janeiro, el presidente anunció a más de 150 mil personas que daría comienzo a las reformas y libraría al país del caos en que se hallaba. Los comicios, sin embargo, fueron otro motivo para que la oposición lo acusara de comunista. A partir de allí, se intensificó una movilización social anti-Jango.

 

El golpe

 

La clase media, al ver las banderas rojas y los pedidos de reforma agraria, se asustó con una posible revolución socialista y brindó su apoyo a los militares. Algunos días después de los comicios, se organizó la ‘Marcha de la Familia con Dios por la Libertad’, que llevó a miles de personas a las calles, pidiendo el alejamiento del presidente. Estas manifestaciones fueron vistas por los militares como un consentimiento al entonces Golpe de Estado que estaba siendo preparado.

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En la madrugada del 31 de marzo de 1964, el golpe militar fue deflagrado contra el gobierno de João Goulart. Lo que se destacó fue la total falta de reacción del gobierno y de los grupos que le daban su apoyo. Jango cayó sin resistencia, sin siquiera accionar su dispositivo militar que le daba apoyo. Comenzaba entonces un período sombrío para la historia brasilera, marcado por el autoritarismo, la censura y violentas violaciones de derechos humanos.

 

De acuerdo con el profesor de historia de la UFRJ, Carlos Fico, autor del libro Además del Golpe, Jango podría “haber tomado con facilidad el Palacio de Guanabara, donde estaba el gobernador Carlos Lacerda, que se defendía en forma precaria. Podría haber dispersado las tropas golpistas con pocos aviones bombarderos, sin embargo, prefirió evitar una guerra civil, o sólo evaluó que sería inútil resistir”. Goulart salió del país, pero antes de hacerlo, ya había perdido su mandato. Fue hacia el exilio en Uruguay, de donde sólo retornaría a Brasil para ser sepultado, en 1976.

 

Traducción: Daniel Barrantes – barrantes.daniel@gmail.com

 

 

17.03.2014

 

 

[REPORTAJE] 50 años del golpe militar en Brasil: represión y tortura

 

Mateus Ramos
Adital

 

“Es como si ellos corrompieran tu alma, destruyendo lo que uno tiene de bueno (…). Ellos quieren, a través de la masacre, de la inhumanidad, que uno traicione, que uno rompa todos los vínculos que tiene, como en el caso que vi de una niña, que entregó a su propio padre”.

 

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Maria do Carmo Serra Azul

 

El trecho de arriba es parte de una larga entrevista concedida por María do Carmo Serra Azul a Adital. Cacao, tal como es conocida por los amigos, es una ex-presa política, que fue torturada en los sótanos del DOI-CODI, uno de los órganos represores de la dictadura militar brasilera.

 

Presos políticos, como Cacao y tantos otros, son personas que fueron encarceladas por las autoridades de un país por expresar, en palabras o actos, su discordancia con el régimen político en vigencia. Cabe resaltar que la existencia de esos presos, está, usualmente, asociada con regímenes políticos dictatoriales, o sea, no hay presos políticos si no hay dictadura.

 

Las torturas a las que eran sometidos los presos políticos llevaron al surgimiento de otro término: desaparecidos políticos, personas que simplemente desaparecían después de ser detenidas por la policía.

 

El sitio web www.acervoditadura.rs.gov.br revela que existen más de 200 muertes oficiales en el período de la dictadura, sin embargo, ese número debe ser mucho mayor, teniendo en cuenta que muchos muertos fueron simplemente “desovados”, para utilizar un término que los propios opresores usaban.

 

Otro número oficial, que en la realidad también debe ser mucho mayor, es el de los desaparecidos. En el sitio web www.desaparecidospoliticos.org.br *se publica un listado de 379 nombres de personas que desaparecieron después de ser detenidas durante el régimen militar. Ese número es bajo si tenemos en cuenta que muchas familias no relataron la desaparición de sus seres queridos por miedo a sufrir represalias por parte de los militares.

 

Métodos de torturaReprodução

 

“Ellos me hacían el ‘submarino’, introducían mi cabeza en el agua a la fuerza, me ahogaban y después me hacían respirar, como si me hubiese ahogado en la playa, eso me dejaba loca”, se desahoga Cacao al recordar los 15 días que pasó siendo torturada.

 

Antes de hablar de los órganos de represión, es necesario explicar los métodos de tortura utilizados, que muchas veces eran tan crueles, que llevaban a la muerte a los torturados o los dejaba locos.

 

Silla del Dragón – “Me ataron a la silla del dragón, desnuda, y me dieron choques eléctrico en el ano, en la vagina, en el ombligo, en los senos, en la boca, en el oído”. (María Amelia Teles, ex-militante del Partido Comunista de Brasil) Era una especie de silla eléctrica revestida de zinc y vinculada a terminales eléctricas, donde los presos se sentaban desnudos. Cuando se lo activaba, el aparato trasmitía choques eléctricos a todo el cuerpo del torturado. Además, muchas veces los torturadores colocaban un balde de metal en la cabeza de la víctima, donde también eran aplicados choques eléctricos.

 

Palo de arara – “Fui al palo de arara varias veces (uno es atado a un palo como si fuese un ave o un animal para transporte). De tanto porrazo, una vez mi cuerpo quedó en muy mal estado, me agitaba convulsivamente en el suelo”. (Maria do Socorro Diógenes, ex-militante del Partido Comunista Brasilero Revolucionario (PCBR) – El palo de arara es una de las formas más antiguas de tortura, utilizada en Brasil desde la época de la esclavitud. Los torturadores colocaban una barra de hierro atravesando los puños y las rodillas del preso, que quedaba desnudo. La víctima era colgada a cerca de 20 centímetros del suelo, en una posición que causaba dolores desgarradores y no terminaba allí. Después de estar colgando el torturado recibía choques eléctricos, golpizas y quemaduras con cigarrillos.

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Ahogamientos – “Los torturadores me introducían con capucha en un tanque de agua sucia, hedionda, asquerosa. Cuando retiraban mi cabeza del agua, yo no podía respirar, porque aquel paño se pegaba a mi nariz.” (Maria do Socorro Diógenes, ex-militante PCBR) – Con este método, los torturadores tapaban las narinas del preso y colocaban una manguera dentro de la boca de la víctima, obligándolo a tragar agua. Otro método de ahogamiento era el de sumergir la cabeza del torturado en un tanque de agua, forzando su nuca hacia abajo hasta el límite del ahogamiento. Muchas veces el preso se desmayaba, lo que no significaba el fin de la tortura.

 

Heladera – Los presos eran obligados a quedarse desnudos dentro de una celda pequeña hacia lo alto, lo suficiente como para impedirles estar de pie, después de eso los torturadores accionaban un dispositivo que, controlado por ellos, alternaba la temperatura de la celda entre extremadamente baja y lo suficientemente alta que enloquecía a cualquiera. Sumado a eso, altoparlantes reproducían sonidos extremadamente irritantes. Los presos llegaban a pasar días en esas celdas, sin agua ni comida.

 

Suero de la verdad – Existen varios tipos de “sueros de la verdad”, el utilizado por el régimen militar era el pentotal sódico. Una droga que provoca en la víctima un estado de somnolencia y que reduce las barreras inhibitorias. Bajo su efecto, la persona puede hablar cosas que normalmente no diría (de ahí el nombre de suero de la verdad). El problema es que el efecto de ese suero es poco confiable, ya que la víctima puede tener alucinaciones y fantasear cosas que no son necesariamente verdaderas. Además, en algunos casos, la droga puede llevar a la muerte.

 

Palizas – “Ellos giraban a los presos dentro de las celdas y los empujaban contra la pared, dejando marcas de sangre por todos lados, mi marido tiene una cicatriz en la cabeza hasta hoy a causa de ello” (Cacao) – Como el propio nombre lo dice, era literalmente una paliza. El preso recibía agresiones físicas de todas las maneras posibles, entre las más violentas estaba el “teléfono”, donde el torturador golpeaba con las dos manos, en forma de concha, al mismo tiempo en los oídos del preso. Esta técnica dejaba al torturado zonzo y podía hasta estallarle los tímpanos, causando sordera permanente.


 

Abusos sexuales“Ellos usaban y abusaban. Sólo nos interrogaban totalmente desnudas, juntando el dolor de la tortura física con la humillación de la tortura sexual”. (Gilse Cosenza, ex-militante de Acción Popular, AP). Una forma cruel de tortura, ya que afecta tanto lo físico como lo psicológico. Esos abusos se sumaban a las golpizas, insultos y mucha sumisión, muchas veces además del estupro, hombres y mujeres tenían objetos introducidos en sus cuerpos.

 

Tortura psicológica “Con certeza la peor tortura fue ver mis hijos entrando en la sala cuando yo estaba en la silla del dragón. Estaba desnuda, toda orinada a causa de los choques eléctricos. Cuando me vio, Janaína preguntó: ‘Madre, ¿por qué estás azul y nuestro padre verde?’. Edson dijo: ‘Ah, madre, aquí la gente queda azul, ¿eh?’. Ellos también me decían que iban a matar a los niños. Llegaron a decir de que Janaína ya estaba muerta dentro de un cajón”. Considerada por muchos como la forma más cruel de tortura. Iban desde la humillación del preso hasta amenazas de violencia contra sus familiares. Mujeres embarazadas o que tenían hijos recién nacidos, muchas veces escuchaban decir a los torturadores que nunca más los verían. Hay también relatos de hombres que eran obligados a ver los abusos sexuales contra sus mujeres.

 

Los órganos de represión

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“Usted, ahora, va a conocer la sucursal del infierno”. (Palabras proferidas por un oficial del ejército a Frei Tito, cuando éste era llevado hacia el interrogatorio y, consecuentemente, a las torturas)

 

“Decían que la tortura no era institucional, yo me entregué en la 10ª Legión militar y salí de allá encapuchada y sufriendo agresiones, entonces, todo es una gran mentira, todos sabían lo que ocurría con los presos políticos (…). En el propio cuartel, había una placa con la sigla DOI-CODI”, recuerda Cacao, sobre el día en que se entregó a la policía.

 

Los órganos de represión de la dictadura militar brasilera eran varios, pero vamos a atenernos a los más importantes y temidos, como el DOI-CODI. Fue en los sótanos de ese órgano donde la mayoría de los presos políticos fueron torturados, humillados y muchas veces asesinados.

 

El DOI-CODI, que era dirigido por el entonces Capitán Carlos Alberto Brilhante Ustra, estaba constituido por dos órganos diferentes, el Destacamento de Operaciones y de Informaciones (DOI), responsable de las acciones prácticas de búsqueda, detención e interrogatorio de sospechosos, y el Centro de Operaciones de Defensa Interna (CODI), cuyas funciones incluían el análisis de informaciones, la coordinación de los diversos órganos militares y el planeamiento estratégico del combate a los grupos de izquierda. Aunque fuesen dos órganos distintos, eran frecuentemente asociados en la sigla DOI-CODI, lo que reflejaba el carácter complementario de los dos órganos.

 

Ustra, en 2008, se convirtió en el primer militar en ser reconocido por la Justicia brasilera como torturador en el período de la dictadura. Durante una sesión de la Comisión de la Verdad, en 2013, el ex-sargento del Ejército Marival Fernandes declaró que el ex-comandante, era el “señor de la vida y de la muerte” del DOI-CODI y que “elegía quien iba a vivir y quien a morir”.

 

Otro brazo importante de la represión y que causaba escalofríos en los presos era el Escuadrón de la Muerte, liderado por el delegado Sergio Fleury. El Escuadrón, que surgió en la década de 1960 en San Pablo, era un grupo paramilitar cuyo objetivo era perseguir y matar a supuestos delincuentes tenidos como peligrosos para la sociedad.

 

Su comandante, Fleury, era uno de los más crueles interrogadores, frecuentemente los presos interrogados por él morían durante las torturas. “Él frecuentemente contaba victorias, afirmando haber sido la persona que mató a Marighella”, cuenta Cacao.

 

María do Carmo fue una de las personas que enfrentó el interrogatorio de Fleury y sobrevivió. Ella cuenta que todos los interrogatorios realizados por él alternaban torturas con conversaciones. “Él me preguntaba: ¿te está gustando? ¿Quieres que te lo repita? Entonces yo decía: ¡no! Y él retrucaba, pues entonces habla. Y yo respondía: pero es que no se”.

 

Censura

 

Además de la represión violenta, había también censura. Durante la dictadura, fue enorme la censura a las producciones culturales que contrariaban las doctrinas militares. El órgano responsable de la censura, durante el régimen, era la División de Censura de Diversiones Públicas (DCDP). Para aprobar la letra de una canción, por ejemplo, era necesario enviarla al DCDP y si no era liberada por el órgano, la grabadora podía abrir un recurso a ser juzgado por los censores, que estaban en Brasilia. Ellos analizaban cómo se trataban las buenas costumbres y la crítica política contra el régimen militar.

 

“Ellos se creían omnipotentes, inalcanzables, lo que no era tan verdad. Yo tenía aún el control sobre lo que yo haría. Lo que ellos querían, yo lo sabia, y sólo lo diría si yo lo quisiera”, resalta Cacao.

 

Curiosidades

 

Algunos hechos curiosos ocurrieron en la época de la censura, cosas que pocas personas saben. Veamos:

 

Gilberto Gil hizo la composición de la canción “Aquel abrazo”, después de haber sido detenido en un carro blindado de la policía. Él pensó que sería asesinado.

 

Chico Buarque, cuando escribió la canción ‘Apesar de você’, lo hizo por el disgusto que sentía por la falta de libertad durante la dictadura. El cantor expresó su decepción en la canción, donde la crítica se disfrazada como si fuese una pelea entre enamorados. Al enviar la canción al departamento de censura, él imaginó que la letra sería vetada, pero terminó siendo liberada;

 

Después de la grabación de “Apesar de você”, los censores se volvieron bastante rígidos con Chico Buarque, que entonces pasó a utilizar también el heterónimo Julinho de Adelaide, para huir de la censura. Después del descubrimiento de que Julinho de Adelaide y Chico eran la misma persona, los censores pasaron a exigir copias de RG y CPF a los artistas.

Lea más:

 

[REPORTAJE] 50 años del golpe militar en Brasil: la preparación

 

Traducción: Daniel Barrantes – barrantes.daniel@gmail.com

* Ditch Pavos
Edson Luís de Almeida Teles
Pared para honrar el lugar de la fosa clandestina .

En 1990 , el 4 de septiembre , estaba abierto a deshacerse Pavos , Don Bosco en el cementerio situado en las afueras de la ciudad de São Paulo. Allí se hallaron huesos de 1049 , los presos y las víctimas de escuadrones de la muerte políticos indigentes . Seis presos políticos deben ser enterrados en esta fosa , según los registros del cementerio: Dennis Anthony Casimiro , Casimiro Dimas , Flávio Carvalho Molina , Francisco José de Oliveira , Eduardo Frederico Mayr y Grenaldo Jesus da Silva .
El cementerio Don Bosco fue construido por la ciudad de São Paulo, en 1971 , la gestión de Paulo Maluf y, al principio , recibió los cadáveres de personas no identificadas , indigentes y las víctimas de la represión política. Era parte del plan original de la instalación de un crematorio , que causó extraño y sospechoso que llame al contratista para su construcción. Este proyecto de la cremación de los cadáveres de los pobres , que sólo tiene noticia a través de la memoria de sepultadores , fue abandonado en 1976. Los huesos exhumados en 1975 fueron apilados en el cementerio y el funeral en 1976 , enterrado en una fosa clandestina.
Nuestra familia de hermanos Yuri y Alex de Paula Xavier Pereira , después de varios intentos de encontrar sus restos en los cementerios de la ciudad de São Paulo, encontró que Yuri fue enterrado en el cementerio de los pavos cuando el funeral de su tío en el mismo cementerio en diciembre 1973 . Después de algún tiempo , la familia mostró el periódico administrador cementerio donde las noticias se informó de la muerte de Alex e indicó el nombre falso utilizado por él durante la clandestinidad, João Maria de Freitas . Por lo tanto , el administrador se encuentra en los registros del cementerio enterrado a una persona con ese nombre. Este descubrimiento ha motivado la familia para el uso de identidad falsa para el entierro de los activistas políticos asesinados .
En junio de 1979 , la hermana de Yuri y Alex , Iara Xavier Pereira, informó esta información a las familias de reunión política muertos y desaparecidos en el III Encuentro Nacional del Movimiento de Amnistía , en Río de Janeiro. Incluso en junio, algunos familiares del cementerio se encuentran pavos y otros militantes muertos y enterrados bajo identidad falsa como Gelson Reicher , enterrado bajo el nombre de Emiliano Sessa, y Luis Eurico Lisboa Tejera, enterrados como Nelson Bueno. Estos nuevos datos llevaron a otros miembros de la familia para comenzar sus búsquedas en los cementerios de los nombres falsos utilizados por sus familiares en la clandestinidad .
En julio de 1979 , la familia de Flávio Carvalho Molina, asesinado el 7 de noviembre de 1971, se enteró de su muerte a través unida a un proceso en segundo Armada de Auditoría , sin embargo no hay documentos nunca recibieron ninguna comunicación , ni siquiera informal . En la documentación , el Comité de Auditoría es informado de la muerte de Flavio, cuyo cuerpo había sido enterrado en el cementerio de un indigente en Don Bosco en pavos , con el falso nombre de Álvaro Lopes Peralta , el hoyo n . 14 , calle 11 , bloque 2 , las vías 1 y log n . 3054 . Su familia trató de exhumar sus restos cuando descubrieron que habían sido exhumados en 1975 y reinumados en una fosa común . En ese momento, nada se podía hacer debido a la represión política que prevalece en el país.
En 1990 , el periodista Caco Barcellos , la investigación de la violencia policial a través de informes de la autopsia del Instituto Médico Legal (IML ) de São Paulo, redescubre ilegal y zanja este evento logra una gran atención de la prensa. A continuación, las familias de la ganancia política muertos y desaparecidos el apoyo del alcalde Luiza Erundina , que creó la Comisión Especial de Investigación de los huesos de pavos.
La familia exigió el traslado de los huesos al Departamento de Medicina Legal , UNICAMP , para el IML / SP aún funcionaba médicos forenses que firmaron los informes falsos de los presos políticos asesinados en la tortura. El director de IML , en ese momento , el Dr. José Antonio de Melo firmó los informes de las autopsias de Manoel Fiel Filho , muertos bajo tortura el 16 de enero de 1976, en el Ejército DOI-CODI/II . La familia , el Centro para el Estudio de la Violencia de la USP (NEV ) , Amnistía Internacional y Americas Watch invitó al Dr. Clyde Collins Nieve y Argentina Equipo de Antropología Forense (EAAF ) para colaborar con el Departamento de Medicina Forense de la UNICAMP en la catalogación y identificación de los huesos encontrados en la fosa de los pavos . Sin embargo , no podían trabajar en la investigación de la identificación , ya que el equipo de medicina forense de la universidad no estaba de acuerdo con su participación.
Entre el 17 de septiembre de 1990 y mayo 1991 se instaló en el Salón de la Ciudad de São Paulo una CPI para investigar las irregularidades de los Pavos de trinchera . En noviembre de 1990, el Acuerdo entre el Estado , la ciudad de São Paulo y la Universidad Estatal de Campinas (UNICAMP ) , se firmó por un periodo de 1 año, con el objetivo de identificar los huesos. En este período también se inició la investigación policial no. 10/90 en West Seccional , presidido por el Dr. Cesario Jair da Silva para establecer la responsabilidad por el uso de la zanja ilegal. En diciembre de 1990 , los huesos , debidamente catalogados y empaquetados fueron trasladados a la LMD / UNICAMP . A finales de 1992 dio dos identificaciones de los presos políticos cuyos restos eran ilegales en la zanja : Dennis Anthony Casimir , dadas por desaparecidas , y Edward Frederick Mayr .
El trabajo de la Comisión Especial de Investigación de los huesos del pavo y el IPC extendió su trabajo a todos los cementerios de la capital y ciudades aledañas. Por lo tanto , otros huesos fueron enviados a la LMD / UNICAMP para la investigación con fines de identificación . Cementerio Pavos tres esqueletos de tumbas individuales fueron identificados como los de Helber Goulart José Gomes, Antônio Carlos Bicalho Lana y Sonia Maria de Moraes Ángel Jones. En el mismo cementerio , la tumba donde los esqueletos serían enterrados Hiroaki Torigoe y otra fosa donde sería Luís José da Cunha fueron retirados y enviados a la LMD / UNICAMP . Hasta la fecha , no hay resultados de la investigación fueron revelados.
Cementerio de Campo Grande , São Paulo, se identificaron los restos de Emanuel Bezerra dos Santos. Se comprobó que José María Ferreira Araújo , quien murió en São Paulo , 23 de septiembre de 1970, fue enterrado en el cementerio de Vila Formosa. Sin embargo , los cambios en la prestación de algunos bloques del mismo lugar imposible de los restos de José María . Algunos huesos fueron trasladados a esta UNICAMP cementerio y , según su Departamento de Medicina Legal , ya había sido devuelto al cementerio, sin embargo, revelar ningún informe al respecto.
El 29 de abril 1991 fueron llevados cementerio Xambioá , el sur de Pará , dos esqueletos de presuntos guerrilleros do Araguaia . Una pertenecía a Francisco Manoel Chaves y la otra Maria Lúcia Petit da Silva. Como se dictó la identificación del informe de Maria Lúcia Petit da Silva a la familia el 15 de mayo de 1996. Las otras familias se les dio copias de los informes que identifican el papel sin membrete de la universidad y sin firmar.
Desde 1993 , la duración del mandato del alcalde Luiza Erundina , se transmitió ningún informe oficial sobre las investigaciones de los huesos. A pesar de las dificultades para llegar a final de las identificaciones , donde encontraron a deshacerse de un monumento fue erigido por el arquitecto Ricardo Ohtake , inaugurado el 26 de agosto de 1993.
El 17 de mayo , se celebró la asamblea de 1995 para exigir la rendición de cuentas en materia de investigación con el propósito de identificar los huesos de pavos y otros cementerios . Luego se supo que los fragmentos óseos de los seis milicianos muertos , ya identificados por DML , habían sido enviados a Alemania. También se envía fragmentos de huesos de esqueletos no identificados de la Universidad Federal de Minas Gerais, en Belo Horizonte, para la extracción de ADN. Se dispuso la creación de un comité para garantizar la transparencia de la labor de investigación de la LMD. Estabilizado que los huesos serían devueltos a los pavos del cementerio después de la conclusión de la investigación y de las condiciones previamente acordados con la familia y , una vez más , la DML se comprometieron a enviar el informe detallado sobre la investigación.
Después de un año sin respuesta por parte de la UNICAMP , la familia, a través de la interferencia de la Procuraduría General de Justicia del Estado de São Paulo dos Santos Jr. Belisario , se reunió con el rector de esa universidad José Martins Filho , Secretario Adjunto de Seguridad Pública, Luiz Antonio Alves de Souza, los legisladores estatales Renato Simões y Lino Wagner y Susanna Lisboa , Representante Especial de la Comisión de Acreditación de los Muertos y Desaparecidos . Se decidió por la lejanía del Dr. Badan Palhares el proceso de investigación de los huesos de los pavos , el envío de médicos forenses Secretaría de Seguridad para supervisar la investigación, la participación de expertos internacionales en calidad de observador , el envío de cuestionario preparado por la familia con todo cuestiones que se explican por el rector. Badan Palhares fue reemplazado por José Eduardo Bueno Zappa, y el médico forense Carlos Delmonte fue remitido por el Departamento de Seguridad Pública de DML / UNICAMP . Las respuestas proporcionadas por la UNICAMP del Procurador General fueron evasivas y contradictorias.
En abril de 1997 la familia recibió copias del informe ” Pavos de proyecto” firmados por el Dr. Zappa y oficio del Dr. Carlos Belmonte . Tanto el informe (documento oficial de la primera DML / UNICAMP sobre los huesos) y la oficina del médico forense de la Oficina de Seguridad fueron evasivas y dedicado a elogiar al Departamento de Medicina Forense.
En febrero de 1998 se formó un comité especial para sugerir las medidas necesarias para la realización de los trabajos sobre la identificación de los muertos y desaparecidos acuerdos políticos , presidida por el médico forense Dr. Antenor Chicarino e integrado por miembros de la familia y representantes de los Departamentos de Justicia y de Cultura del Estado de Sao Paulo. La Comisión , después de realizar la inspección en los locales de DML / UNICAMP , tomó nota de la precariedad de los envases de los huesos y el compromiso de las investigaciones , ya que se abrieron las bolsas y jugaron sin la identificación del suelo de barro sucio, debido a la inundación que afectó el edificio , y con muebles pesados ​​sobre ellos. Ante esta situación, la Comisión indicó que el traslado de los huesos a Oscar Freire Institute , Departamento de Medicina Forense de la USP y la participación de expertos internacionales en calidad de observador , y que dicha transferencia se hizo sólo después de una investigación a fondo de la situación real de los huesos cuando establecen un plazo para la conclusión de las investigaciones .
El informe de la Comisión Especial que contiene las propuestas anteriores se presentaron a los Secretarios de Justicia y Seguridad Pública en abril de 1998, sin embargo, recibir respuesta alguna de las autoridades. En marzo de 1999 , los miembros de la reunión del Comité Especial celebrada extinguido con el actual Secretario de Seguridad Pública del Estado de São Paulo , Marco Vinícius Petroluzzi , que se comprometió a responder a las soluciones propuestas en abril de 1998.
El 31 de marzo de 1999, la familia de Flávio Carvalho Molina propuso una medida cautelar con solicitud de medida cautelar para la obtención de pruebas con el fin de instruir a Recurso de indemnización propuestos en 1992 “(…) con el fin de determinar las pruebas de ADN en los huesos que quedan en la UNICAMP , posiblemente en los grupos I y II (originalmente llamado muestra Camping – – 1 ) la experiencia inmediata. , según el informe ” los pavos del proyecto” , págs 21 , más precisamente los que recibieron los números 240 y 57 (páginas 25 ) (…) ” para identificar sus restos . La demanda pide que el caso UNICAMP no puede realizar tales pruebas periciales que los restos son trasladados a un lugar seguro donde se realiza el examen necesario .
Se abrieron otras fosas clandestinas. En Río de Janeiro , el 16 de septiembre de 1991, el Grupo Tortura Nunca Mais consiguió el apoyo a 2.100 esqueletos exhumados de una tumba en el cementerio de Ricardo de Albuquerque. Los cuerpos de los muertos y desaparecidos fueron enterrados en una tumba poco profunda cinco años más tarde transferido al osario general. A principios de los 80 enterrados en una fosa clandestina todos los huesos de personas enterradas como mendigos de 1971 al 16 de enero de 1974.
Met, a continuación, un equipo de dos médicos forenses nombrados por el Consejo Regional de Medicina del Estado de Río de Janeiro ( CREMERJ ) , Gilson Souza Lima y María Cristina Menezes, arqueólogo y profesor de la Universidad Estatal de Río de Janeiro ( UERJ ), Nancy Vieira , y el antropólogo y profesor de la Universidad Federal Fluminense (UFF ) , Eliane Catarino . En octubre de 1991 , el Equipo Argentino de Antropología Forense representado por Luis Fondebrider , Mercedes Doretti y Silvana Turner llevó a cabo una capacitación técnica con el equipo y dirigió los trabajos de catalogación de los huesos. Por desgracia , cuando los huesos trasladados desde osario general, se mezclaron en la zanja , formando un conjunto de aproximadamente 430 000 huesos , entre los que no se puede distinguir un esqueleto completo . Aun así, varios cráneos y otros huesos fueron retirados y colocados en 17 bolsas de plástico para ser examinados.
En marzo de 1993 , el equipo terminó el trabajo debido a la falta de financiación y la imposibilidad de sostenerlo con sólo tres personas . Los huesos catalogados fueron almacenados en el Hospital General de Bonsucesso . La ubicación de la zanja permanece custodiado , donde en el futuro tenemos la intención de construir un monumento . Los nombres de los 14 presos políticos están enterrados en esta tumba : Ramires Maranhão Valley y Vitorino Alves Moitinho , tanto desaparecidas; José Bartolomeu Rodrigues da Costa , José Pinheiro Silton , Ranúsia Alves Rodrigues, Almir Custódio de Lima , Vargas de Oliveira Cabral , José Gomes Teixeira José Raimundo da Costa , Maria Lourdes Wanderley Bridges, Wilton Ferreira, Mário Luís de Souza plata y Guilhardini . Otros dos militantes fueron enterrados en fosas comunes en Río de Janeiro : el cementerio es Cacuia Severino Viana Colón y Santa Cruz, Roberto Cieto .
En el cementerio de Santo Amaro , Recife (PE ) , los restos de los muertos ” Masacre de San Benito Ranch” fueron enterrados en una fosa clandestina . En 1973, el jefe de la policía de São Paulo Sérgio Fleury Paranhos , dirigida por cable Anselmo , organizó la acción policial en el que murieron militantes VPR ( Vanguardia Revolucionaria Popular ) en el rodaje esa granja . La investigación llevada a cabo en la Comisión Especial de Reconocimiento de los Muertos y Desaparecidos Políticos que establece la Ley 9.140/95 , muestran que todos fueron encarcelados y torturados antes de ser llevado a la granja de Sao Bento. No se ha podido llevar a cabo investigaciones en esta zanja, porque los huesos no estaban separados en bolsas de plástico , lo que hace inviable el trabajo de identificación . Están enterrados en la fosa del cementerio de Santo Amaro : Eudaldo Gomes da Silva , Luís Ferreira de Souza Evaldo Jarbas Pereira Marques , Pauline Barrett Viedma Reichtul y Soledad . La esposa de José Manoel da Silva logró rescatar su cuerpo antes de que fuera ilegal zanja trasnferido , pero sólo 3 1995 le puede enterrar en su ciudad natal .

 

 

 

Futuros pasados, futuros perdidos. Reconfiguraciones de la memoria de los setenta en la Argentina de los noventa

 “El historiador que está a favor de los vencedores está fácilmente inclinado a interpretar los éxitos obtenidos a corto plazo mediante una teleología ex post a largo plazo.
Ocurre lo contrario entre los vencidos. Su primera experiencia es que las cosas han salido de manera distinta a lo que pretendían o esperaban. Cuando reflexionan, entran en una situación de necesidad justificativa para explicar por qué todo ha sucedido de otra manera y no como lo habían pensado. De este modo puede ponerse en marcha una búsqueda para comprender, y tal vez explicar, a largo plazo los motivos de la actual sorpresa”1.

Introducción

  • 2 Yerushalmi, Yosef, “Reflexiones sobre el olvido”, en Yosef Yerushalmi, Nicole Loraux, Hans Mommsen, (…)
  • 3 Pollak, Michael, “Memoria, olvido, silencio”, en Michel Pollak, Memoria, olvido, silencio. La produ (…)

1Es sabido que la memoria es, por definición, limitada y selectiva; que se construye tanto en base a recuerdos como a olvidos y silencios. Para Yerushalmi, en términos colectivos lo que llamamos olvido aparece “cuando ciertos grupos humanos no logran – voluntaria o pasivamente, por rechazo, indiferencia o indolencia, o bien a causa de alguna catástrofe histórica que interrumpió el curso de los días y las cosas – transmitir a la posteridad lo que aprendieron del pasado”2. Sin dudas, no hay un único tipo de olvido sino una multiplicidad de situaciones en las cuales se manifiestan olvidos y silencios, con diversos “usos” y sentidos. Hay olvidos definitivos, cuyo éxito impide su constatación en el presente, olvidos producto de estrategias políticas deliberadas y también pasados que parecían olvidados definitivamente pero que reaparecen y cobran nueva vigencia a partir de cambios en las condiciones culturales, sociales y políticas del presente. En este sentido, Pollak reserva el término silencio para aquellas estrategias de ocultación más o menos deliberadas de ciertos relatos que se vinculan con lo indecible, que no han sido olvidados pero que en ciertos contextos históricos no encuentran las condiciones necesarias para su escucha y transmisión3.

  • 4 Nora, Pierre, “La aventura de Les lieux de mémoire”, en Cuesta Bustillo, Josefina (ed.), Memoria e (…)
  • 5 Koselleck, Reinhart, Futuro pasado: para una semántica de los tiempos históricos, 1º ed., Barcelona (…)

2La memoria remite por tanto a un campo de problemas que no se limita a los recuerdos sino a la “economía general del pasado en el presente”, según la expresión de Pierre Nora4. En este sentido, el tiempo de la memoria es siempre el presente puesto que el pasado que se recuerda y olvida es activado y reorganizado en virtud de apuestas políticas actuales y, también, de expectativas futuras. Es en el presente donde se produce ese interjuego entre el pasado y el futuro por medio del cual, como señala Koselleck, el “horizonte de expectativas”, un futuro hecho presente que apunta a lo no experimentado todavía, es capaz de reconfigurar incesantemente el pasado presente que constituye el “espacio de experiencia”5.

  • 6 Jelin, Elizabeth, Los trabajos de la memoria, 2º ed., Madrid: Siglo Veintiuno de España Editores, 2 (…)
  • 7 Pollak, Michael, “Memoria e identidad social”, en Michael Pollak, Memoria, olvido, silencio. La pro (…)
  • 8 Aspecto ciertamente enfatizado en perspectivas como la de Maurice Halbawchs en La Memoria colectiva (…)
  • 9 Entre otros, Cuesta Bustillo, Josefina, Historia del presente, 1º ed. Madrid: Eudema, 1993, 95 p., (…)

3La memoria está entonces signada por batallas políticas presentes y es en sí misma un campo de disputas, conflictos y luchas, lo cual pone en primer plano el rol activo de los sujetos en los procesos de transformación simbólica y elaboración de sentidos del pasado. Aquello que Jelín ha buscado enfatizar con la noción de “trabajos de la memoria”, de la memoria como “objeto de trabajos”6. Ahora bien, si la memoria es un campo de disputas, sin dudas es también un factor central en los intentos de definir y reforzar lazos de pertenencia, “un elemento constitutivo del sentimiento de identidad, tanto individual como colectiva, en la medida en que es también un componente muy importante del sentimiento de continuidad y de coherencia de una persona o de un grupo en su reconstrucción de sí” como señala Pollak7. Y, más en general, un factor central para mantener la cohesión social8 y también el consenso y la legitimación del poder9.

  • 10 Pollak, Michael, “Memoria, olvido, silencio”, en Michel Pollak, Memoria, olvido, silencio. Memoria, (…)
  • 11 Jelin, op. cit.: p. 40-44, 68.
  • 12 Yerushalmi, op. cit.: p. 17-18.
  • 13 Véase de Pierre Bourdieu especialmente “Describir y prescribir: las condiciones de posibilidad y lo (…)

4La selectividad propia de la memoria y el hecho de que esté signada por las urgencias del presente remite a su carácter necesariamente plural y múltiple. Existen períodos históricos en que el consenso sobre el pasado es mayor; en que cierto relato, generalmente impuesto por los vencedores de los conflictos y batallas que están en juego, es ampliamente aceptado volviéndose hegemónico. Sin embargo, siempre habrá memorias alternativas que en ciertas coyunturas políticas pueden legitimarse como relatos rivales, por lo que el interjuego entre memorias dominantes, hegemónicas u oficiales y memorias subterráneas o clandestinas es permanente10. Como destaca Jelin11, cuando se trata de pasados signados por una intensa conflictividad social y política, genocidios y dictaduras represivas, como fue, entre muchos otros, el caso de la Argentina, la instalación de una memoria oficial resulta especialmente difícil y problemática. La liberalización de los regímenes políticos y las transiciones a la democracia tienden a generar intensas disputas por los sentidos del pasado y la emergencia de memorias rivales hasta entonces silenciadas y censuradas. Sin embargo, no se trata de una oposición binaria entre la memoria oficial expresada por un Estado monolítico y una memoria social unívoca, ni de una lucha de la memoria contra el olvido. Se trata de un enfrentamiento que involucra tanto al Estado, con todas sus contradicciones y los intentos refundacionales que suelen signarlo en estos períodos, como a diversos actores sociales y políticos que luchan por imponer distintas memorias, cada una con sus silencios y olvidos. En estos casos se vuelve particularmente evidente que la temporalidad de las memorias no es lineal, que presenta grietas, fracturas y hiatos temporales cuya dinámica es necesario historizar. Se trata de relatos que van cambiando según una lógica compleja que combina cambios en los escenarios políticos, mudanzas en las sensibilidades sociales, estrategias políticas explícitas de diversos actores y, especialmente, los nuevos interrogantes, diálogos y tensiones que suelen introducir en la esfera pública generaciones posteriores que no fueron protagonistas del pasado que está en juego. Ello nos introduce a un último tema que quisiéramos destacar, la cuestión de la transmisión intergeneracional de la memoria. Cuestión que Yerushalmi sitúa en el centro tanto del recuerdo como del olvido colectivo: “cuando decimos que un pueblo “recuerda”, en realidad decimos primero que un pasado fue activamente transmitido a las generaciones contemporáneas (…), y que después ese pasado transmitido se recibió como cargado de un sentido propio. En consecuencia, un pueblo “olvida” cuando la generación poseedora del pasado no lo transmite a la siguiente, o cuando ésta rechaza lo que recibió o cesa de transmitirlo (…)”12. La cita pone en juego dos condiciones básicas para que pueda producirse este proceso de transmisión. Por un lado, una generación que intenta transmitir ciertos sentidos del pasado, lecciones y aprendizajes considerados como un legado y muchas veces materializados en productos culturales como libros, museos, monumentos o películas que funcionan como “vehículos de la memoria”. Vehículos que no se limitan a expresar memorias preexistentes sino que contribuyen a delinearlas en su puesta en discurso. Por el otro lado, que exista la posibilidad de que quienes “reciben” este legado le den su propio sentido, lo reinterpreten y resignifiquen, es decir, que puedan apropiárselo activamente, situación que puede generar más de una tensión entre las generaciones involucradas. La primera condición puede verse seriamente dificultada cuando se trata de pasados traumáticos, cuando, según la expresión Yerushalmi, una “catástrofe histórica” interrumpe “el curso de los días y las cosas”. O al menos, como en el caso argentino, cuando los relatos sobre la dictadura, y también sobre el proceso de conflictividad política previo al golpe, estuvieron signados por fuertes censuras y silencios que condicionaron severamente las posibilidades de transmitir ciertos sentidos del pasado. A su vez, cuando luego de cierto tiempo la vieja generación intenta legar experiencias antes silenciadas que suelen ser dolorosas y tener un lugar central en sus vidas, pueden generarse fricciones frente a los interrogantes planteados por las generaciones posteriores, poniéndose en juego tanto sus márgenes de libertad para resignificarlo, como su propia legitimidad para intervenir activamente en ese ejercicio de memoria colectiva. Ahora bien, ¿quiénes tienen legitimidad para recordar?, ¿quiénes tienen autoridad para determinar cuál es el pasado que debe transmitirse y cuáles las formas “apropiadas” de hacerlo?, en suma, y parafraseando a Bourdieu ¿quién es el “portavoz autorizado” para expresar la memoria “legítima”?. Lógicamente, la respuesta no puede más que remitir al resultado de las luchas libradas por actores que se relacionan de distinto modo con el pasado en cuestión – quienes lo vivieron y quienes lo heredaron, quienes lo estudian y quienes lo expresan de diversos modos – y que pugnan por el poder propiamente simbólico de imponer los principios legítimos de visión y división del mundo social, en este caso del pasado13. Luchas en que muchas veces las posiciones suelen legitimarse en virtud del tipo de vínculo mantenido con ese pasado y afirmando su continuidad o ruptura con él.

  • 14 Respecto de las reconfiguraciones de la memoria sobre las experiencias militantes de los setenta pu (…)

5Teniendo en cuenta el conjunto de consideraciones esbozadas, este trabajo aborda algunas reconfiguraciones de la memoria sobre el proceso de radicalización política previo a la última dictadura militar que tuvieron lugar a mediados de los noventa. Diversos autores han señalado que por entonces la elaboración social de la experiencia represiva de los años setenta comenzó a transitar desde un relato despolitizador que había construido a los sujetos que sufrieron el terror estatal como “víctimas inocentes” a otro que buscaba reivindicar la acción política y la militancia -en muchos casos armada- de los desaparecidos14. Nuestro objetivo es aproximarnos a este tema analizando uno de los “vehículos de memoria” paradigmáticos de este proceso de pasaje, el documental Cazadores de Utopías, así como también algunos debates que suscitó el estreno del film. Se trata de una película centrada en la experiencia de Montoneros, una de las organizaciones político-militares más importantes de la Argentina de los setenta. Estrenada con gran repercusión pública en marzo de 1996 fue una expresión paradigmática de las reconfiguraciones de la memoria sobre la militancia armada que se estaban produciendo por entonces, al tiempo que contribuyó a impulsarlas desde el plano de la producción cultural. Examinaremos las estrategias de construcción de memorias desplegadas por el film, intentando precisar su lugar enunciación y el modo en que desde allí se atribuye sentido al pasado que se narra, a la luz de sus condiciones sociopolíticas de producción y de aquellas memorias con las cuales confronta. También analizaremos las intervenciones que realizaron diversos intelectuales y figuras públicas en ocasión del estreno de la película. Nos referimos particularmente a un debate aparecido en Página/12 que se prolongó en diversas ediciones del diario durante el mes de abril de 1996 y que evidenció que lo que estaba en juego era un debate largamente postergado. De hecho, como veremos, la polémica trascendió inmediatamente la consideración de la película para centrarse en cuáles debían ser los sentidos, legados y formas de transmisión de la experiencia setentista, involucrando a distintas generaciones que también pusieron en juego cuál era el rol que le cabía a cada una de ellas en el proceso de reapropiación de aquel pasado militante.

Reconfiguraciones de la memoria: los setenta en los noventa

6Hacia mitad de la década del noventa, comenzaron a producirse importantes reconfiguraciones en los relatos de circulación pública sobre el pasado reciente argentino, particularmente sobre el proceso de activación social y radicalización política previo a la última dictadura militar.

  • 15 Lvovich, Daniel, “Historia reciente de pasados traumáticos: De los fascismos y colaboracionismos eu (…)
  • 16 Pittaluga, op. cit.

7Durante los diez años que siguieron al fin de la dictadura, tanto los discursos predominantes sobre la transición democrática, como las formas de testimonialidad requeridas para condenar los crímenes perpetrados por el terrorismo de Estado, contribuyeron a delimitar las formas posibles de otorgar sentido a ese pasado. Si bien en nuestro país, a diferencia de otros casos europeos que también atravesaron sangrientas dictaduras, las violaciones a los derechos humanos no pudieron ser silenciadas ni negadas, surgió, al igual que en aquellos casos, una “memoria complaciente” en estrecha vinculación con las necesidades de legitimación del régimen político postdictatorial15. Sin dudas, la figura más extendida que supo condensar los discursos de la transición fue la “teoría de los dos demonios”, que oficiaba como relato legitimador del nuevo régimen democrático al tiempo que brindaba una visión reconfortante del pasado en que la sociedad podía verse a sí misma como víctima inocente del fuego cruzado entre militares y organizaciones armadas. A su vez, las formas de testimonialidad predominantes estuvieron signadas por la necesidad de denunciar el terror estatal y constituirse en pruebas para el juicio a las Juntas Militares. En estos testimonios, probablemente los únicos viables en el marco de ese necesario proceso, prevaleció el carácter de víctimas de los testigos y el borramiento de su previa militancia política. Estos procesos se conjugaron reforzando ciertas figuras de la memoria que, como la del desaparecido concebido en términos de “víctima inocente”, contribuyeron a que la militancia de los años ’70 fuera uno de los aspectos más soslayados de la historia reciente16. Sin dudas, películas como la República perdida, realizada por Miguel Pérez en 1983, o La noche de los lápices, dirigida por Héctor Olivera en 1986, fueron expresiones paradigmáticas de este tipo de relatos a nivel cinematográfico.

  • 17 Calveiro, op. cit.
  • 18 Oberti y Pittaluga, op. cit.
  • 19 En 1994 Andrés Di Tella ya había realizado un documental sobre el tema, Montoneros. Una historia, e (…)

8En contraste con estas formas de representación del pasado, desde mediados de los noventa la figura de la “víctima inocente” fue dejando paso a la “figura del militante” que, impulsada por una reivindicación no exenta de idealizaciones y mitificaciones, comienza a constituirse como eje articulador de nuevas memorias sobre esos años17. Las masivas conmemoraciones en ocasión del vigésimo aniversario de la última dictadura militar el 24 de marzo de 1996, junto con la irrupción en el espacio público de una nueva generación que además de condenar la represión estatal indagaba sobre cuestiones invisibilizadas como la militancia de los desaparecidos, fueron tanto expresiones como impulsores de estas reconfiguraciones. De este modo, durante la segunda mitad de la década las memorias sobre la militancia se multiplican y se produce cierto auge de las escrituras sobre el tema en un registro en que predominaron, y solieron combinarse, el relato testimonial, la investigación periodística y la novela histórica18. Probablemente La Voluntad, un éxito editorial de tres tomos y sucesivas reediciones que se propuso narrar una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina combinando historias de vida e investigación documental, sea una de las obras que más cabalmente ilustra estos cambios. A nivel cinematográfico, la expresión paradigmática de este proceso fue el documental Cazadores de utopías, realizado en 1995 e impulsado, igual que La Voluntad, por el intento de volver comprensibles las motivaciones de los militantes que en la década del ’70 habían abrazado la causa de la revolución, en una época que parecía mostrarse más desencantada19. No es ocioso recordar que el contexto político y social de producción del documental está signado por el auge del gobierno de Carlos Menem, que ese año ’95 vería ratificado en las urnas el consenso social del que todavía gozaba obteniendo la reelección con el 50% de los votos. Fueron años de implementación de reformas económicas de corte neoliberal, aumento del desempleo, espectacularización de la política y reconversión del peronismo. Los noventa se habían iniciado a su vez con la aceptación de los indultos por parte de conocidos miembros de Montoneros y la ocupación de importantes cargos políticos en el gobierno por algunos de ellos.

Futuros pasados, futuros perdidos: los setenta y los noventa en Cazadores de utopías

9Cazadores de utopías se estrenó en marzo de 1996, en ocasión del vigésimo aniversario del golpe militar, y su principal objetivo era rebatir la “teoría de los dos demonios” legitimando los ideales de cierta franja de la militancia setentista obliterados bajo la figura de la “víctima inocente”.

  • 20 Un análisis más amplio sobre las estrategias de construcción de memorias desplegadas por la películ (…)

10Como mencionamos, es sabido que por definición toda memoria es selectiva, que está singada por apuestas políticas presentes e íntimamente vinculada con las identidades individuales y colectivas. Desde el inicio, la película elige poner en primer plano esa selectividad con un epígrafe que indica: “La recuperación de nuestra memoria no podría ser desapasionada ni imparcial. A los 30.000 desaparecidos y a los que todavía creen que se puede vivir la historia con un poco más de dignidad”. Por tanto, lo que nos interesa aquí es analizar la forma en que la película construye esa parcialidad a la que hace referencia, es decir, cuáles son los sentidos atribuidos al pasado que narra, desde qué lugar y cómo lo hace y cuáles son las huellas que dejan en este relato las batallas políticas que se libran en y por intermedio del film. Nos centraremos en tres cuestiones: las estrategias utilizadas para legitimar las opciones políticas de la militancia setentista; la delimitación de su lugar de enunciación, es decir, cuál es el punto de vista que sostiene el relato, qué sujeto expresan – y constituyen – estas memorias; y el tipo de relación entre pasado y presente que deja entrever el film20.

11Cazadores de Utopías fue dirigida por David Blaustein, su argumento es de Ernesto Jauretche y la investigación histórica fue realizada por este último y Mercedes Depino, todos antiguos miembros de la organización Montoneros. La película narra diversos hechos históricos ocurridos entre 1955 y 1982 mediante una serie de prácticas de historización que permiten reconocer tres grandes etapas, cada una signada por ciertas problemáticas centrales. La primera comprende el período 1955-1970 (es decir, desde la proscripción del peronismo hasta el surgimiento de Montoneros) y narra los procesos que impulsaron a estos militantes a optar por la lucha armada. La segunda va de 1970 al 1º de mayo de 1974, en que la organización rompe con su líder, y se centra en el crecimiento de Montoneros y su relación con Perón. La última abarca el período que va de 1974 (en que muere Perón y la organización pasa a la clandestinidad) hasta 1982, en que ya se avizora el retorno de la democracia. Se centra en la crítica a lo que la película considera los errores de Montoneros y en las formas en que sus militantes lograron sobrevivir a la represión. Para narrar estos hechos, se apela a 34 testimonios de militantes políticos de la época que se intercalan con imágenes de archivo. La forma de editar e incorporar los testimonios no configura una estructura dialógica ni los entrevistados se contradicen mayormente entre sí. De este modo, pese a no haber una voz en off que unifique el campo de enunciación, en cada etapa predominan los testimonios de ciertos entrevistados que van construyendo un punto de vista más o menos homogéneo.

  • 21 La expresión alude a distintas agrupaciones ligadas a Montoneros como la “Juventud Peronista” (JP), (…)

12Una primera mirada sobre los entrevistados y la forma en que la película decide presentarlos (organización, ámbito y zona geográfica de militancia en los ‘70), nos da una aproximación inicial sobre su lugar de enunciación. Se trata de los “cuadros medios” de Montoneros que participaron mayormente de lo que por entonces se denominaban “frentes de masas”21. De este modo, la selección de testimonios apunta a realzar tanto el trabajo político de la organización en distintos ámbitos sociales donde la actividad armada no era el objetivo central, como su masividad e inserción geográfica, incluyendo entrevistados que militaban en distintas zonas del país.

13Como mencionamos, la primera parte del film se centra en ciertos procesos históricos que preparan al espectador para comprender el surgimiento de Montoneros. Durante este tramo, la selección y yuxtaposición de imágenes y discursos de Perón, Eva Perón, el “Che” Guevara y Fidel Castro van transmitiendo cierta concepción teleológica en que el surgimiento del peronismo de izquierda parece algo más o menos inscripto en la lógica de los hechos. Empieza a construirse así una visión del pasado en que la violencia aparece como algo inevitable y se va dejando sentada la idea de que Montoneros no habría hecho más que recoger el mandato de Evita y Perón, realizando lo que ellos, ya varios años antes, habían invocado. Se trata de un momento importante en la película ya que apunta a legitimar las opciones políticas de aquella franja militante y a rebatir la “teoría de los dos demonios”. Sin embargo, y como una suerte de síntoma de la dificultad de la tarea luego de la tragedia de la dictadura y los años de silencio, esta estrategia de legitimación no se realiza siempre desde un lugar netamente político. Por momentos, el carácter potencialmente controvertible de la opción armada -como de toda acción política en tanto tal- intenta evitarse de diversos modos. Nos referimos a tres recursos básicos: la naturalización de la opción armada mediante la mencionada lógica de la inevitabilidad histórica; la apelación a consideraciones éticas o morales más que políticas para legitimarla; y su justificación por medio de argumentos más propios de los ’90 que de los ’70. La primera de ellas, en parte ya mencionada, implica cierta naturalización de lo que fue una elección, es decir, no una determinación impuesta por la lógica de los hechos sino una opción entre las alternativas políticas disponibles en el período, que pueden haber sido numerosas o acotadas pero que en todo caso son siempre plurales (gracias a lo cual la política implica agencia humana y por tanto responsabilidad y potencial controversia). De este modo, la película responde a la demonización de las organizaciones guerrilleras con cierta naturalización de la opción armada. Entre otros testimonios, ello puede verse expresado en los siguientes:

“El tema de la opción por la lucha armada viene despacito, en un grado de asunción de violencia que yo te diría que casi casi no me doy cuenta cuando dejo de ser un integrante de lo que era todo un movimiento político con base y pasamos a ser un comando”. (Testimonio de Antonio Riestra, Montoneros-Santa Fe).

“Lo hicimos porque estábamos cansados de poner la otra mejilla, no lo hicimos porque nos gustaba, a nosotros nos impusieron el lugar de la batalla, nosotros no lo elegimos, nosotros no elegimos pelear de esta manera, la oligarquía nos puso en ese lugar”. (Testimonio de Gonzalo Chaves, JTP).

14En otros testimonios incluidos en el film, sobre todo en el momento en que los entrevistados hacen el balance de su experiencia militante, esa legitimación se ensaya desde un lugar signado más por la reivindicación de tipo moral que específicamente política:

“Jamás puede hablarse de dos demonios, porque el otro demonio es la necesidad, la igualdad, el derecho, la educación, la salud. El otro demonio está en las villas, está en esos chicos que no pueden estudiar. Ese es el otro demonio. Ese otro demonio desde el cual muchos, como yo, pensaban cambiar ese destino que tenían”. (Testimonio de René Clavijo, MVP).

  • 22 Calveiro, op. cit. (véase, p. 57-58).

15Lo que queremos señalar es que más allá de que esta franja militante estuviera motivada por ideales de justicia e igualdad, los proyectos políticos son siempre algo más que la necesidad, la educación o la salud y que, en todo caso, siempre hay diversos proyectos políticos articulables en torno a esos valores generales. Encontramos aquí un rasgo que Calveiro le atribuye a las memorias articuladas en torno a la “figura del militante”, que no adquirieron siempre un carácter más político que aquellas centradas en la figura de la “víctima inocente”22. Lo que señala la autora es que las formas atroces de exterminio de estos militantes tendieron a configurar una memoria más centrada en su reivindicación moral que en su dimensión específicamente política, es decir, en su carácter de actores políticos cuyas acciones son pasibles de análisis y crítica, también política, en la esfera pública. Así, este reemplazo de lo político por lo moral, habría terminando constituyendo una memoria que nuevamente obturaba la política, sin poder trascender la lógica de la “teoría de los dos demonios” al limitarse sólo a eliminar uno de los “villanos”.

16Por último, en relación con los diversos recursos que la película despliega para legitimar las opciones políticas de esta franja militante, habría que apuntar que se deslizan algunos sentidos problemáticos, en la medida en que si bien podían resultar efectivos para generar consenso en el presente del film, estaban prácticamente ausentes en los setenta. Es el caso de uno de los fragmentos de entrevista incorporados, en que se apela a la defensa de la constitución para legitimar la lucha armada:

“Hay que recordar que en nuestra constitución misma hay un párrafo que dice, que nos ordena, armarnos en defensa de la patria y de la constitución. Y bueno, nosotros entendíamos que nos estábamos armando en defensa de la constitución.” (Testimonio de Gerardo Bavio, Intendente de la ciudad de Salta por el FREJULI).

17Más allá de la experiencia personal del entrevistado, es sabido que la defensa de la constitución no era un valor extendido en el repertorio de referencias políticas de la época y menos aún el objetivo central de los proyectos políticos de esta franja militante.

  • 23 Esta cuestión también fue señalada en el lúcido ensayo de Aguilar, Gonzalo, “Maravillosa melancolía (…)
  • 24 La postura de la Columna Norte, compuesta por alrededor de 900 militantes, fue acompañada por la Co (…)
  • 25 Cabe agregar que varios de estos entrevistados, al igual que Mercedes Depino, encargada de la inves (…)

18La segunda parte de la película (1970-74), reedita en buena medida la visión que Montoneros había elaborado sobre su propia historia, aspecto que será destacado por diversas intervenciones suscitadas por el film que le reprocharán “repetir” el pasado en vez de tomar la distancia necesaria para “elaborarlo”. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que Montoneros no fue una organización homogénea y que menos aún lo son las visiones de sus ex militantes sobre el saldo de esa experiencia. Es sobre todo la tercera parte de la película, a través del tipo de visión crítica que propone sobre el accionar de Montoneros luego de su pase a la clandestinidad, la que permite precisar el lugar de enunciación desde el cual está realizada. Es decir, establecer más claramente cuál es el sujeto que expresan -y constituyen- estas memorias, compuestas tanto de recuerdos como de olvidos y silencios. Se trata del punto de vista de los cuadros medios y militantes de los “frentes de masas” que se vieron acorralados por la represión y que sintieron -y criticaron- la desprotección de su organización ante esa coyuntura trágica. El relato de esta visión crítica está fundamentalmente a cargo de Graciela Iturraspe, militante de la Columna Norte de la organización, en que Rodolfo Galimberti fue una referencia política central23. Desde 1975 y durante los primeros años de la dictadura, esta columna planteó abiertamente sus críticas a la estrategia montonera frente a la represión y se convirtió en un factor de permanente disidencia. Básicamente, impugnaban la falta de debate interno, su creciente “militarización” y exigían un mayor resguardo de los militantes de los “frentes de masas”, más expuestos a la represión por su carácter público y legal. Para ello proponían descentralizar su estructura, repartiendo armas y dinero, e invertir gran cantidad de recursos para protegerlos24. Los planteos fueron rechazados y estos militantes entendieron, como sostiene Iturraspe, que la negativa se debía a que la conducción no quería perder su poder centralizado. Este testimonio es acompañado por el de diversos ex militantes de los “frentes de masas” que también critican la “militarización” de la organización y narran su soledad ante la represión25.

19A partir de allí, y sobre todo en el balance final de los entrevistados, prácticamente todos los “errores” de Montoneros son atribuidos difusamente a “la conducción”, lo cual, más allá de las valoraciones, obviamente indica poco sobre el hecho de que miles de militantes hayan respondido a ella. A su vez, si la memoria se construye tanto en base a lo que se recuerda como a lo que se olvida y se silencia, corresponde destacar que figuras como Mario Firmenich, Fernando Vaca Narvaja o Roberto Perdía, miembros de la conducción nacional de la organización, no son nombrados ni una sola vez a lo largo de todo el film. Por su parte, Rodolfo Galimberti aparece dando un discurso en un acto multitudinario del año ‘72 pero sin ninguna referencia que le indique quién es al espectador que no pueda reconocer su rostro. Éste último es nombrado una sola vez por Juan Abal Medina, que lo menciona como exponente del principal error de la “juventud”, haberse sentido “propietarios exclusivos de la victoria” y, por ende, con derecho de dictar el rumbo que debía seguirse en adelante.Por supuesto, no es un dato menor que la responsabilidad de todos los “errores” de la organización se atribuya a una “conducción” que el film no puede nombrar y que los conflictos que la atraviesan no se terminen de explicitar. Se trata de un silencio que expresa la presencia de una ausencia, la huella que muestra la existencia de cuentas sin saldar, la necesidad de un debate público largamente postergado sobre una organización política diezmada por la represión y fracturada en diversos grupos durante el exilio.

  • 26 Por entonces, Galimberti y Jorge Born, el ex montonero y el empresario que habían participado como (…)

20La ausencia de menciones a los dirigentes de la organización, o las breves y difusas sobre Galimberti, también se deben a otras cuestiones que hacen a la relación entre el pasado y el presente del film. Se trata de dirigentes cuya trayectoria en los ’90 distaba de evocar los deseos de transformación social de los ’70 que la película reivindica, aspecto que una nota de Gabriela Cerruti publicada en Página/12, que analizaremos en el siguiente apartado, se encargaba de subrayar aludiendo a los “negocios políticos” de la dirigencia montonera con Menem, a sus “negocios privados con varios otros” y a la reconciliación pública de Galimberti con Jorge Born26. Sin dudas, aquellos derroteros contribuían a empañar los ideales que la película recupera en su batalla contra “la teoría de los dos demonios”. El desengaño experimentado por esta franja de la militancia setentista y el modo en que sentía que la trayectoria de su vieja dirigencia reforzaba la “teoría de los dos demonios” se ven claramente ilustrados en una solicitada publicada años atrás por un viejo compañero de Galimberti en la Columna Norte, en ocasión de su lujoso casamiento en Punta del Este:

  • 27 “Murió el ‘Tano’ Galimba”, solicitada publicada por Jorge Devoto el 15 de enero de 1991 en Clarín ( (…)

“(…) no nos sentimos tan traicionados por un presidente grotesco como por vos. No admitimos vivir con la teoría de los dos demonios y luchamos desde la recuperación democrática por rescatar la memoria del pueblo, por reivindicar su lucha, la nuestra. Siento el cachetazo artero de tu casamiento ante el Jet-Set que te festeja por tu presente traidor y jamás te perdonaré lo que fuiste. Sumás así en el intento por descalificar la lucha de aquella generación valiente.”27

21En este sentido, el punto de vista de la película también remite a los militantes que, según considera, no han traicionado sus antiguos ideales. Se trata de aquellos “que todavía creen que se puede vivir la historia con un poco más de dignidad”; a quienes, de hecho, va dedicado el film.

22Por último, el modo específico en que la película plantea la relación entre el pasado y el presente de los entrevistados puede verse en el final, tanto en sus balances sobre la militancia como en la descripción que realiza sobre el presente de cada uno de ellos. Se trata de una relación signada por la nostalgia, por el contraste entre un pasado cargado de luchas y deseos de transformación y un presente que en el relato de los protagonistas adquiere ribetes sombríos. De un pasado en que aquella generación todavía podía mostrar que tenía “una ética, una moral, un sentido de la lealtad y la justicia” que los llevaba a “buscar un mundo mejor”. Y de un contraste con el presente que resulta evidente en el testimonio que cierra el film:

“Viví un momento muy luminoso, y además viví en un momento en que el sentido común general iba a favor del mismo sentido común que tengo. Hoy, este es un momento en que el sentido común general va en contra de mi sentido común, que no tiene que ver con la comercialización de la vida, con la puesta de valor a todo, ni con la creación intencional de insolidaridad. (…) Como ellos se jugaron la vida [los desaparecidos], nosotros nos jugamos nuestra posibilidad de felicidad, yo no voy a ser íntegramente feliz nunca… Y creo que valió la pena”. (Testimonio de Juan José Salinas, JUP-Capital).

  • 28 Altamirano, Carlos, “Montoneros”, Punto de Vista, agosto de 1996, nº 55, p. 1-9 (véase: p. 1). (…)

23Con respecto a este contraste, no puede obviarse que el contexto del film está signado, a nivel local, por las reformas económicas implementadas por Menem y la reconversión de los símbolos y tradiciones más caros al peronismo y, a nivel más general, por el peso que tuvieron los discursos ligados a la idea del fin de la historia y las ideologías. En ese contexto, ninguno de los entrevistados propone recuperar los viejos proyectos políticos ni señala los contornos de otros nuevos. Más bien quisieran recuperar de modo general los antiguos deseos de transformación; recomponer “aquel espacio de sueño, de utopía”, como dice una de ellas en consonancia con el título del film. Palabra esta última muy poco frecuente en el léxico político de una época en que “revolución”, “liberación nacional” o “socialismo” eran las más usadas para nombrar lo que estaba en juego. Como destaca Altamirano, el término es ya un índice del paso del tiempo, “sirve para preservar los viejos relatos de identidad, depurados y estilizados, pero también delata, así sea involuntariamente, el reconocimiento de que ya no exhortan a la acción”28. Desde nuestro punto de vista, lo que sucede es que el tipo de coherencia que el film propone entre el pasado y el presente de sus entrevistados no se sitúa tanto en el nivel de la política como en el de la ética. Ambos tiempos se superponen en el final de la película. Sobre imágenes de archivo de grandes movilizaciones de los setenta se van imprimiendo unos pequeños cuadros que muestran a cada uno de los entrevistados en el presente. Se los ve en sus lugares habituales y realizando actividades cotidianas, con una breve leyenda que indica qué pasó con ellos luego de la derrota, cómo sobrevivieron a la dictadura, sus ocupaciones actuales, su situación familiar e incluso sus gustos personales. Son maestros rurales, docentes universitarios, carpinteros, pintores, libreros. Sólo tres de ellos continúan ligados a la política, algunos más tienen una militancia social o cultural y se nos indica que una de ellas rechazó el indulto. Ninguno tiene una trayectoria que permita asemejarlos a los dirigentes montoneros cuestionados. La forma en que se los muestra remite, en suma, a personas cuyo presente, si bien ya no está mayormente signado por un proyecto colectivo, evoca la “dignidad” a la que alude la dedicatoria del film.

24Una última reflexión merece el testimonio de Martín Caparrós, que citamos in extenso ya que permite pensar en las complejas relaciones entre la memoria y las identidades políticas, el pasado y sus legados, sus posibilidades de transmisión y elaboración en el presente:

“Mi abuelo fue un exiliado republicano y toda su vida fue aquél que perdió esa guerra, pero era algo ser un exiliado republicano, era haber pertenecido a algo que siguió vigente los cincuenta años que mi abuelo sobrevivió a esa guerra. En cambio, el espacio que nosotros ocupábamos, la opción que constituíamos, desapareció muy poco después de que hubiéramos sido derrotados, desapareció casi con nuestra propia desaparición. Quiero decir, la opción de la lucha armada como forma de intervenir en los conflictos sociales y políticos fue dejada de lado bastante rápido después de la derrota de los montos. Y unos años después incluso la idea de un socialismo posible o de una izquierda más o menos izquierda también empezó a deshacerse. Entonces, no queda un lugar desde el cual revisar eso. No queda el lugar en el que uno pueda decir yo soy tal cosa y voy a revisar lo que hice cuando era algo por el estilo, algo parecido a eso”.

25En principio, el testimonio permite pensar la memoria expresada por el film como un relato de identidad, ya que como destacamos en la introducción siguiendo a Pollak, aquella es un factor central en el “sentimiento de continuidad y coherencia de una persona o de un grupo en su reconstrucción de sí”, en este caso, de una franja particular de ex militantes montoneros cuyo punto de vista hemos intentado delinear. En este sentido, Cazadores de utopías puede verse como el intento por parte de estos ex militantes de construir un relato sobre la identidad montonera desde un presente en que ese colectivo no sólo ya no existe, sino que tampoco se ha reconvertido en otro que haya necesitado resignificar su pasado en virtud de un proyecto político futuro. Es decir, y tal como esboza Caparrós, no hay en el presente una identidad política en la que se reconozcan y desde la cual reelaborar ese pasado. De allí seguramente el aire de nostalgia que desprende el film, el hecho de que las utopías que lo nombran no parecen dirigirse al futuro ni vislumbrar nuevos proyectos o sujetos políticos que las encarnen, y que el sentimiento de “continuidad y coherencia” que expresa no se halle en el plano de lo político sino más bien en una suerte de resistencia ética frente a los valores de una época que no comparte.

26Finalmente, el testimonio permite introducirnos en el tema de la transmisión y apropiación del pasado, es decir, interrogarnos no sólo por el sujeto de estas memorias sino también por sus destinatarios. Sabemos que la dedicatoria de la película remite a los muertos y sobrevivientes que son identificados con el propio colectivo de referencia, que batalla contra la teoría de los dos demonios y que sus silencios evidencian un ajuste de cuentas con la vieja dirigencia montonera. Ahora bien, estas memorias son también el legado de una franja de la militancia setentista, o al menos intentan serlo. ¿Cuáles eran sus otros posibles destinatarios?, ¿cuáles debían ser los sentidos precisos de ese legado y quién tenía derecho a delinearlos?, ¿cuál era la forma “apropiada” de hacerlo y qué lugar le cabía a las distintas generaciones en la revisión de aquél pasado militante? Algunas de estas cuestiones estuvieron en juego en los debates suscitados por el film.

Batallas por los sentidos, transmisiones y legados del pasado: Página/12 y “un debate que la sociedad argentina se debía hace veinte años”

  • 29 Altamirano, Carlos, “Montoneros”, Punto de Vista, agosto de 1996, nº 55, p. 1-9 (véase: p. 1-2). Ta (…)
  • 30 Beceyro, Raúl, “Fantasmas del pasado”, Punto de Vista, agosto de 1996, nº 55, p. 10-12 y Etchemendy (…)
  • 31 Ranalletti, Mario, “Los años 70”, La Ciudad Futura. Revista de Cultura Socialista, otoño 1997, nº 4 (…)

27El estreno de Cazadores de Utopías, apenas días antes de la marcha por el 24 de marzo de 1996, generó repercusiones de distinto tipo, entre ellas intervenciones de diversos intelectuales en revistas como Punto de Vista y La ciudad futura. En su mayoría, estos artículos valoraron que la película volviera la mirada sobre el período previo al golpe militar pero enfatizaron que no era, ni tenía intención de ser, un vehículo que sirviera para la reflexión sobre ese pasado. Para Altamirano ello era imposible en la medida que se trataba de “una película de duelo, hecha por ex-Montoneros para ex-Montoneros” que no lograba escapar del “círculo de la repetición”, lo cual para el autor “hubiera supuesto un afuera del mito, la ruptura del vínculo con el pasado que ese relato mítico impone”29. A su vez, Beceyro y Etchemendy reclamaban que Cazadores de utopías no realizaba la profunda autocrítica que Montoneros aún debía hacer por su responsabilidad en la violencia de los ’70, enfatizando que ni el terror estatal ni la falaz equiparación propuesta por la “teoría de los dos demonios” debían ser pretextos para clausurar ese debate, cuestionando, de hecho, que todavía cualquier intento de análisis crítico sobre la experiencia montonera fuera censurado bajo la acusación de reforzar tal relato oficial30. Por su parte, Ranalletti le contestaba a Etchemendy que, por el contrario, uno de los méritos del film era exponer públicamente una voz que hasta el momento sólo tenía permitido emitir juicios autocríticos31.

28Como dejan entrever estas breves referencias, la película había contribuido a poner en el centro de la escena una experiencia militante largamente ocluida, promoviendo la ocasión para que diversos intelectuales intervinieran en el espacio público intentando delinear, de acuerdo a sus diversas perspectivas, los términos según los cuales consideraban que debía darse ese debate. De hecho, más allá de la pertinencia de las críticas que le realizaron al film en clave historiográfica, lo cierto es que la mayoría de ellas se adentraba en el terreno de una batalla política por la memoria, exigiéndole una serie de “elaboraciones” del pasado que requerían inexorablemente partir de ciertas premisas políticas (las de los articulistas) que sin dudas no eran las que sustentaban la película.

  • 32 Miguel Bonasso, “La victoria de la memoria”, 7/4/96, p. 14. Gabriela Cerruti, “La mitificación de l (…)

29La reflexión sobre la memoria y los legados de aquel pasado militante fue la dimensión específica en que situó una acalorada discusión que se prolongó en diversas ediciones del diario Página/12 durante el mes de abril de 1996, contando con la participación de distintas figuras públicas como Miguel Bonasso, Gabriela Cerruti, Susana Viau, Ernesto Villanueva, Claudio Uriarte, Marcelo Schapces, Juan Forn, Nora Cortiñas, Roberto Baschetti y Pedro Lipcovich32. La polémica trascendió inmediatamente la consideración del film, enfatizando en sus títulos y copetes que lo que estaba en juego era una discusión largamente postergada, “un debate que la sociedad argentina se debía hace veinte años”, como expresaba en una de sus ediciones. A su vez, como evidencia la evolución de los titulares del diario que encabezaban las distintas notas, como “Otras miradas sobre la generación del 70” ó “De los 70 a los 90”, la discusión pronto adquirió una impronta generacional que puso en juego tanto el tema de las formas de transmisión del pasado como la manera en que implícitamente se comparaban las décadas del setenta y el noventa.

30Bajo el título “Debate sobre la memoria, los Montoneros y el futuro” la discusión se inició con dos notas que polemizaban claramente entre sí, “La victoria de la memoria” de Miguel Bonasso y “La mitificación de los ‘70” de Gabriela Cerruti. Bonasso iniciaba su nota evocando en tono épico la imagen fraternal de los sobrevivientes: “Marzo fue un mes de recuerdos y reconstrucción de la memoria, sin precedentes en los trece años de la democracia. En la vereda de Carlos Pellegrini al 600, frente al cine Maxi, donde exhibían Cazadores de Utopías de David Blaustein, hubo escenas que parecían arrancadas de ‘Veinte años después’: antiguos mosqueteros y mosqueteras se reconocían pese a las arrugas y las canas, saltando en un abrazo reparatorio un abismo de años cavado por las cárceles, los destierros y la diáspora que engendra toda derrota. Pocas horas más tarde, el fenómeno se multiplicaba y alcanzaba el éxito de los grandes números, en la Marcha del 24”. Se trataba, de una reparación para los propios, pero también de un legado para las nuevas generaciones: un “estimulante revival que trasciende la nostalgia de los sobrevivientes y se proyecta hacia otros sectores de la sociedad; hacia las generaciones de recambio, que también poblaron la plaza”, aludiendo en seguida al surgimiento de HIJOS y su necesidad de “representarse la parábola existencial de sus padres”. Por el contrario, Cerruti, desde las primeras líneas de su artículo intenta una desmitificación mediante el sarcasmo: “Toda una proeza: una película de más de dos horas sobre la historia de los Montoneros sin nombrar ni una sola vez a Mario Eduardo Firmenich, ni a Rodolfo Galimberti, ni a Roberto Perdía o Fernando Vaca Narvaja”. Frente a lo cual Baschetti responderá con sus sospechas ante los análisis que “siempre se detienen ahí” y Cortiñas subrayando que no se trataba “de un olvido casual” puesto que los “dirigentes traidores” ya habían tenido suficiente tiempo en los medios de comunicación “para aportar su granito de arena a la teoría de los dos demonios”. Para Cortiñas, los testimonios de la película demarcaban la distancia entre “los traidores y los militantes – equivocados o no – honestos, con ideales, que eligieron salir a la calle a librar una batalla que creían justa, resignando sus intereses particulares en pos de un objetivo colectivo”. Por su parte, Schapces, asistente de dirección del film, rechazaba la “teoría simplista” de que las conductas de hoy explicasen los supuestos errores de concepción del pasado y reclamaba que era hora de dejar de “buscar chivos expiatorios (…) para borrar de un plumazo aquello que se pensaba apenas unos años atrás”.

31Pero la intervención de Cerruti no se detenía ahí sino que actuaba como una suerte de disrupción en la imagen de una transmisión intergeneracional sin conflictos ni tensiones que subyace en la nota de Bonasso. Para la articulista, situada en una generación intermedia entre la de los “padres” y los “hijos”, la película no sólo contenía interpretaciones históricas insólitas sino también “jeroglíficos para iniciados” (menciones a Taco Ralo, la contraofensiva y otras expresiones de la época que el film da por supuestas). En este sentido, a sus ojos, el primer problema era que sólo podían entenderla los protagonistas, es decir, la ausencia por parte del film de una verdadera vocación de transmisión. Con ello Cerruti comenzaba a delinear un “ellos” y un “nosotros” generacional y a cuestionar el modo en que “ellos”, los “otros”, la generación del setenta, pretendían construir y transmitir su legado: “Ellos vivieron – ¡hicieron! – un tiempo maravilloso, fue una generación dispuesta a dar la vida por sus ideales, ellos estuvieron a punto de cambiar la historia, ellos disfrutaron de la calle, la política, la solidaridad, como nunca antes y nunca después”, para agregar irónicamente “toda nuestra veneración y envidia a esa historia”. Así, para Cerruti, la forma en que los protagonistas sustituían el silencio por la palabra más que una “victoria de la memoria” que se proyectaba armónicamente hacia a las generaciones de recambio como para Bonasso, se había convertido en un peso – “Los gloriosos años setenta son el karma de las generaciones posteriores”, afirma provocativamente –, obturando un debate más profundo sobre aquella experiencia: “El mito de los años dorados, que Cazadores de Utopías contribuye a fortalecer, es la forma de escapar a la discusión verdadera de errores y aciertos”. La autora planteaba entonces un conjunto de preguntas que ponían en cuestión el mensaje que transmitía el film, introduciendo una perspectiva disonante frente al relato de los protagonistas: “¿Valió la pena?” – escribe citando, ahora como interrogante, el testimonio que cierra la película – “¿Era maravilloso o era insoportable? ¿O lo valioso duró apenas dos años? ¿Cuánto tiempo vamos a pasar añorando aquellos dos años sin pensar en el costo que hubo que pagar por esos veinticuatro meses de gloria?”. Y concluye su nota con una suerte de reclamo: “Quizás ahora que ya saldaron esa deuda con ellos mismos haya llegado por el fin el momento de encontrar una manera un poco menos apasionada y parcial de que nos ayuden -a nosotros, a los otros- a entender esa historia”.

32La nota de Cerruti delineaba así un “nosotros” y un “ellos” generacional en conflicto por los modos de apropiación de aquel pasado militante y abría un espacio para la mirada disonante de las nuevas generaciones sobre el legado que estaba en juego. Pero por eso mismo, se trata de un conflicto en que está fuertemente involucrada, hay allí algo valioso que más allá de las mitificaciones denunciadas permite cierto espacio común para el diálogo intergeneracional que demanda. En este sentido, las ironías, los reproches y reclamos, e incluso el tono por momentos virulento de Cerruti representan un rechazo frente a lo que considera un legado idealizado, pero también le imprimen a su nota cierto tono parricida respecto de la experiencia militante de una generación con la cual, pese a todo, todavía se reconocen lazos de filiación. Su intervención difiere por ello de la que realizará Uriarte, el único en la polémica para quien – desde un espectro ideológico opuesto y por ello con menor capacidad de interpelación – no hay nada que rescatar de “un movimiento de masas irracional, apasionado y violento”, como caracteriza a Montoneros y a sus “huestes”.

33La nota desafiante de Cerruti dispara, como una provocación, las siguientes intervenciones que integran la polémica, imprimiendo el tono generacional que predomina de allí en más. Si bien la pertenencia a una u otra generación no implica homogeneidad de posiciones, lo cierto es que buena parte de los articulistas elige intervenir desde ese lugar que diferencia a “los más viejos” (Viau, Villanueva, Bonasso, Baschetti) de las generaciones posteriores (Cerruti, Schapces, Forn), mientras que otros no se identifican en esos términos (Cortiñas) o intentan incluso objetivar los lugares y posiciones que están en juego en el debate (Lipcovich y también Forn).

34Ahora bien, si la nota de Cerruti cuestiona la forma en que la vieja generación transmite su pasado, varias de las intervenciones suscitadas no sólo rechazan la impugnación (junto con su tono “irónico y descalificador” – Cortiñas –, “perdonavidas y benevolente” – Viau – e implícitamente frívolo y superficial – Baschetti –) sino que responden redirigiendo la mirada hacia la responsabilidad de las nuevas generaciones en la apropiación de aquel pasado. Así, frente a los “jeroglíficos para iniciados” que Cerruti encuentra en el film, diversos articulistas (Viau, Cortiñas, Schapces, Baschetti) responden con las películas clásicas de su juventud, cuyos detalles no entendieron pero que estimularon su curiosidad y el deseo de indagar más. Y frente al “karma” impuesto por “los gloriosos años setenta”, Viau responde que “es por todos sabido que ‘el peso de las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos’ (y aquí no te cito, cito a Marx)”, lo cual parece una invitación a quedarse con la constatación de una verdad autorizada por la cita consagrada o a intervenir activamente al respecto. En todo caso, explicita Schapces, “debiéramos ser nosotros (mi generación, la de Gabriela, las posteriores) las que intentáramos transformar ese karma en debate. No es responsabilidad de ellos”. Por su parte, Cortiñas, intentaba bajar el tono de la disputa y delineaba un “nosotros” más inclusivo e intergeneracional subrayando que “la reconstrucción de la historia (…) no es patrimonio de nadie, se hace con el aporte honesto de todos los que buscan la verdad, la hayan vivido o no”. De todos modos, Forn, en “Más allá de las generaciones”, tomaba nota de la dificultad de trascender el topos generacional (“ser” de los setenta ó “ser” de los noventa) que signaba las posiciones en debate y alertaba que, aún en el mejor de los casos y más allá de las “chicanas generacionales”, era probable que tanto la discusión como sus conclusiones resultasen incómodas para la generación protagónica del pasado que estaba en juego. “¿Y qué?”, preguntaba desafiante.

35Además de esta discusión por el lugar que le cabía a las distintas generaciones en la revisión de aquel pasado militante, el debate estuvo signado por las formas de comparar el pasado y el presente, involucrando tácitamente los valores por los que se regían la generación del setenta y el noventa. En este sentido, y en consonancia con la propia película, la reivindicación de los ideales del pasado actúa como condena hacia el presente y sirve para delinear sus faltas, evidenciadas en las contraposiciones que atraviesan buena parte de las intervenciones: solidaridad vs. individualismo, sacrificio vs. facilismo, pasión por la política vs. frivolidad. Ese tipo de contraste está en la base de las mitificaciones que la nota de Cerruti denuncia y proyecta bajo la figura del “karma”, como si la idealización de la generación del setenta sobre el tiempo de su juventud actuara no sólo como crítica del presente sino también como subestimación de las generaciones y luchas siguientes. Es también el tema que de modo explícito aborda Pedro Lipcovich en “Tiempos distintos”, una de las notas con que concluye el debate y que Página/12 introduce apuntando que la discusión había derivado hacia “los contrastes y similitudes entre los militantes de los ‘años dorados’ y los que transitan los sufridos noventa”. Lipcovich elige resignificar los contrastes usuales destacando las formas de resistencia vinculadas a la emergencia de distintos movimientos sociales en los noventa, con objetivos más concretos y plurales como la defensa de los derechos de las mujeres, los homosexuales, las meretrices o los habitantes de asentamientos precarios. Luchas y reivindicaciones cuya existencia – afirma – pasa inadvertida para “quienes repiten que los noventa son puro individualismo light”. De ese modo, Lipcovich invitaba a repensar la idea de que en los setenta reinaba una solidaridad ausente en el presente y alertaba, en consonancia con Cerruti, sobre los peligros de la idealización del pasado. Se trataba de una tarea seguramente difícil en los primeros tiempos de debate público sobre la militancia setentista, luego de la derrota, la dictadura y los años de silenciamiento público, aspecto que Villanueva destacaba cuando aludía al “carácter romántico” que solía adquirir “la historia de los vencidos” y que Viau dejaba entrever cuando afirmaba con Trotsky que “los revolucionarios aman la época que les tocó vivir porque es su patria en el tiempo”. También Forn aludía a esta dinámica cuando le contestaba a Viau con otra cita – esta vez de Mauricio Cohen – señalando que “la única manera que tiene el derrotado de no entregarse es seguir siendo el mismo”, pero esta vez, en el contexto de su dura crítica hacia aquellos que se empeñaban “en seguir mirando el mundo como si nada hubiese sucedido en los últimos veinte años”.

Consideraciones finales

36En este trabajo hemos intentado analizar algunas reconfiguraciones de la memoria setentista que tuvieron lugar en los noventa a través del documental Cazadores de Utopías, uno de los “vehículos de memoria” que expresó y contribuyó a delinear esas transformaciones, y del debate que suscitó en Página/12. Revisiones de un pasado militante y comparaciones con el presente que a veces evadieron las complejidades de la política reduciéndola a las reivindicaciones éticas o morales y que llevaron el sello de la nostalgia. Rasgos todos ellos que sólo es posible comprender situándolos en un contexto en que, luego de un largo silenciamiento, comienzan a emerger en la esfera pública los relatos de los protagonistas sobre aquella experiencia intentando rebatir la “teoría de los dos demonios”. Un contexto político que también estuvo signado por el gobierno menemista y la trayectoria de algunos viejos dirigentes montoneros, derroteros -ambos- que buena parte de esta franja militante del peronismo de izquierda experimentó bajo la figura de la traición.

37En ese contexto, tanto Cazadores de Utopías como la polémica aparecida en Página/12, muestran que estos primeros intentos de exorcizar uno de los demonios de la teoría por parte de la generación protagonista requirieron primero idealizarlo, al tiempo que no lograron escapar de la alternativa entre “demonización” y “victimización”; aquella lógica para mirar el pasado que había impuesto el relato oficial que estas memorias buscaban combatir. Dinámica que esta vez se trasladó al interior de las organizaciones armadas, en este caso Montoneros, demonizando a su conducción y victimizando a sus militantes, lo cual volvía incomprensible la relación entre los dirigentes y sus seguidores, tal como previamente la “teoría de los dos demonios” había vuelto incomprensible la relación de la sociedad con la dictadura y con el proceso de radicalización política previo.

38Estas reconfiguraciones de la memoria setentista seguramente tengan mucho que ver con ese primer momento de “necesidad justificativa” que experimentan los vencidos en su búsqueda por explicarse “por qué todo ha sucedido de otra manera y no como lo habían pensado”, al que alude Koselleck en la cita que encabeza este trabajo. Sin dudas aquellos primeros debates públicos no fueron propicios para los análisis críticos y matizados. Pero quizás hayan sido necesarios para poder poner en marcha la búsqueda para comprender, y tal vez explicar, los motivos del auge y la derrota de aquella experiencia militante. De hecho, en los últimos tiempos, tanto las memorias como la escritura académica sobre aquél período se esfuerzan por desmontar ambos “demonios”, intentando problematizar las complejas relaciones, consensos y tensiones tanto de la última dictadura cívico-militar como del proceso de politización previo al golpe con diversos sectores de la sociedad de la cual emergieron.

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Notas

1 Koselleck, Reinhart, Los estratos del tiempo: estudios sobre la historia, 1º ed., Barcelona: Paidós ICE/IAU, 2001, 161 p., ISBN: 84-493-1139-X, p. 83.

2 Yerushalmi, Yosef, “Reflexiones sobre el olvido”, en Yosef Yerushalmi, Nicole Loraux, Hans Mommsen, Jean Milner y Gianni Vattimo, Usos del olvido, 2º ed., Buenos, Aires: Nueva Visión, 1998, p. 13-26, ISBN: 9506021955, p. 18.

3 Pollak, Michael, “Memoria, olvido, silencio”, en Michel Pollak, Memoria, olvido, silencio. La producción social de identidades frente a situaciones límite, 1º ed., La Plata: Al Margen, 2006, p. 17-31, ISBN: 987-1125-76-3.

4 Nora, Pierre, “La aventura de Les lieux de mémoire”, en Cuesta Bustillo, Josefina (ed.), Memoria e historia, 1º ed., Madrid: Marcial Pons, 1998, p. 17-34, ISBN: 84-7248-622-2, p. 26.

5 Koselleck, Reinhart, Futuro pasado: para una semántica de los tiempos históricos, 1º ed., Barcelona: Paidós, 1993, 368 p., ISBN: 84-7509-905-X (véase p. 333-357).

6 Jelin, Elizabeth, Los trabajos de la memoria, 2º ed., Madrid: Siglo Veintiuno de España Editores, 2002, 146 p., ISBN 84-323-1093-X.

7 Pollak, Michael, “Memoria e identidad social”, en Michael Pollak, Memoria, olvido, silencio. La producción social de identidades frente a situaciones límite, op. cit., p. 33-52 (véase: p. 38).

8 Aspecto ciertamente enfatizado en perspectivas como la de Maurice Halbawchs en La Memoria colectiva, 1º ed., Buenos Aires: Miña y Dávila, 2004, 251 p., ISBN: 978-84-92613-22-9.

9 Entre otros, Cuesta Bustillo, Josefina, Historia del presente, 1º ed. Madrid: Eudema, 1993, 95 p., ISBN: 8477541272.

10 Pollak, Michael, “Memoria, olvido, silencio”, en Michel Pollak, Memoria, olvido, silencio. Memoria, olvido, silencio. La producción social de identidades frente a situaciones límite, op. cit.

11 Jelin, op. cit.: p. 40-44, 68.

12 Yerushalmi, op. cit.: p. 17-18.

13 Véase de Pierre Bourdieu especialmente “Describir y prescribir: las condiciones de posibilidad y los límites de la eficacia política”, en Pierre Bourdieu, ¿Qué significa hablar? Economía de los intercambios lingüísticos, 3º ed., Madrid: Akal, 2008, p. 123-133, ISBN: 978-84-460-2950-2 y “Espacio social y poder simbólico”, en Pierre Bourdieu, Cosas dichas, 1º reed., Barcelona, Gedisa, 1993, p. 127-142, ISBN: 84-7432-503-X.

14 Respecto de las reconfiguraciones de la memoria sobre las experiencias militantes de los setenta pueden verse, entre varios otros y guiados por diversas perspectivas, Oberti, Alejandra y Pittaluga, Roberto, Memorias en montaje. Escrituras de la militancia y pensamientos sobre la historia, 1º ed., Buenos Aires: El cielo por Asalto, 2006, 268 p., ISBN: 987-9035-35-6; Calveiro, Pilar, “Memoria, política y violencia”, en Sandra Lorenzao y Ralph Buchenhorst (eds.), Políticas de la memoria. Tensiones en la palabra y la imagen, 1º ed., Buenos Aires: Gorla, 2007, p. 53-62, ISBN: 978-987-22081-6-5; Pittaluga, Roberto, “Miradas sobre el pasado reciente argentino. Las escrituras en torno a la militancia setentista (1983-2005)”, en Marina Franco, y Florencia Levín (comps.), Historia reciente. Perspectivas y desafíos para un campo en construcción, 1º ed., Buenos Aires: Paidós, 2007, p. 126-152, ISBN: 978-950-126565-1; Rabotnikof, Nora, “Memoria y política a treinta años del golpe”, en Clara E. Lida, Horacio Crespo y Pablo Yankelevich (comps.), Argentina, 1976: estudios en torno al golpe de estado, 1º ed. argentina, México DF: FCE/El colegio de México, 2008, p. 259-284, ISBN: 968-12-1301-7; Altamirano, Carlos, “Pasado presente”, en Clara E. Lida, Horacio Crespo y Pablo Yankelevich (comps.), Argentina, 1976: estudios en torno al golpe de estado (op. cit.), p. 17-33 y Vezzetti, Hugo, Sobre la violencia revolucionaria. Memorias y olvidos, 1º ed., Buenos Aires: Siglo XXI, 2009, 280 p., ISBN: 9789876290791.

15 Lvovich, Daniel, “Historia reciente de pasados traumáticos: De los fascismos y colaboracionismos europeos a la historia de la última dictadura argentina”, en Marina Franco, y Florencia Levín (comps.), Historia reciente. Perspectivas y desafíos para un campo en construcción, 1º ed., Buenos Aires: Paidós, 2007, p. 97-124, ISBN: 978-950-126565-1.

16 Pittaluga, op. cit.

17 Calveiro, op. cit.

18 Oberti y Pittaluga, op. cit.

19 En 1994 Andrés Di Tella ya había realizado un documental sobre el tema, Montoneros. Una historia, en un registro diferente y bastante más crítico, que no casualmente tuvo mucho menos repercusión.

20 Un análisis más amplio sobre las estrategias de construcción de memorias desplegadas por la película puede verse en González Canosa, Mora y Sotelo, Luciana, “Memorias militantes. Un análisis de las reconfiguraciones de la memoria sobre la militancia armada argentina a través del film Cazadores de utopías”, Revista Question, Verano 2010, nº 25, Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP.

21 La expresión alude a distintas agrupaciones ligadas a Montoneros como la “Juventud Peronista” (JP), la “Juventud Universitaria Peronista” (JUP), la “Juventud Trabajadora Peronista” (JTP), la “Unión de Estudiantes Secundarios” (UES), la “Agrupación Evita” (organización de mujeres) o el “Movimiento de Villeros Peronistas” (MVP), cuyos militantes no eran necesariamente miembros orgánicos de la organización ni combatientes. Estas agrupaciones desarrollaban un trabajo político de carácter mayormente público y legal que, guiado por las concepciones generales de Montoneros, intentaba poner el énfasis en las reivindicaciones específicas de los sectores o ámbitos sociales con los que se ligaban.

22 Calveiro, op. cit. (véase, p. 57-58).

23 Esta cuestión también fue señalada en el lúcido ensayo de Aguilar, Gonzalo, “Maravillosa melancolía”, en María José Moore y Paula Wolkowicz (eds.), Cines al margen. Nuevos modos de representación en el cine argentino contemporáneo, 1º ed., Buenos Aires: Libraria, 2007, p. 17-32, ISBN: 978-9872380601.

24 La postura de la Columna Norte, compuesta por alrededor de 900 militantes, fue acompañada por la Columna de La Plata. Ambas fueron las más exitosas en desarrollar la labor montonera en el movimiento obrero (Gillespi, Richard, Soldados de Perón, 2º ed., Buenos Aires: Grijalbo, 1998, 372 p., ISBN: 950-28-0236-5, p. 29). Entre otras cosas, exigían importantes sumas de dinero para invertir en viviendas que albergaran clandestinamente a los militantes perseguidos. A raíz de sus planteos la conducción elaboró un informe en que caricaturizaba la disidencia arguyendo que pretendía transformar a Montoneros en un “Banco Hipotecario Nacional”, lo cual “resolvería el déficit de vivienda en el país pero no los problemas de la revolución argentina”. (Gillespi, op. cit.: 294-295). Han sido muy citadas algunas declaraciones de Mario Firmenich respecto al tema. Por ejemplo, el reportaje que le dio a García Márquez en 1977 en que afirmó: “En octubre de 1975 ya sabíamos que se daría el golpe (…) Hicimos nuestros cálculos de guerra y nos preparamos para soportar, en el primer año, un número de pérdidas humanas no inferior a 1.500 bajas”. También, su declaración de 1981 en una revista cubana: “Nosotros hacemos de la organización un arma, simplemente un arma, y por lo tanto, sacrificamos la organización en el combate a cambio del prestigio político. Tenemos cinco mil cuadros menos, pero ¿cuántas masas más?” (Citadas en Larraqui y Caballero, Galimberti. De Perón a Susana, de Montoneros a la CIA, 1º ed., Buenos Aires: Norma, 2000, 631 p., ISBN: 987-9334-93-0, p. 264 y en Gillespi, op. cit.: p. 277, respectivamente).

25 Cabe agregar que varios de estos entrevistados, al igual que Mercedes Depino, encargada de la investigación histórica del film, también formaron parte de la Columna Norte. Por su parte, Ernesto Jauretche integró junto a Miguel Bonasso y otros dirigentes una de las dos fracciones que sufrió la organización durante el exilio (“Montoneros 17 de Octubre”) que también criticó su “militarismo” y la evaluación positiva de la Conducción Nacional sobre la denominada “contraofensiva”, para quien los asesinatos de buena parte de los militantes que retornaron al país habían sido simples “costos de la guerra” (Gillespi, op. cit.: p. 321-324).

26 Por entonces, Galimberti y Jorge Born, el ex montonero y el empresario que habían participado como víctima y captor en un resonado secuestro en 1974, ya se habían reconciliado con un abrazo público y proyectaban futuros negocios juntos.

27 “Murió el ‘Tano’ Galimba”, solicitada publicada por Jorge Devoto el 15 de enero de 1991 en Clarín (Citada en Larraqui y Caballero, op. cit.: p. 601-602). El desengaño con la figura de Galimberti seguramente haya sido particularmente intenso para esta franja militante ya que previamente había sido un referente político importante en las críticas a la conducción montonera. Primero desde la Columna Norte y luego, junto con Juan Gelman, al frente de la otra fracción que sufrió la organización en el exilio (“Peronismo en la Resistencia”) que en 1979 rechazó la “contraofensiva” (Gillespi, op. cit..: p. 321-324)

28 Altamirano, Carlos, “Montoneros”, Punto de Vista, agosto de 1996, nº 55, p. 1-9 (véase: p. 1).

29 Altamirano, Carlos, “Montoneros”, Punto de Vista, agosto de 1996, nº 55, p. 1-9 (véase: p. 1-2). También puede verse el artículo “Pasado presente” (op. cit.) en que el autor recoge algunas ideas del trabajo publicado en Punto de Vista.

30 Beceyro, Raúl, “Fantasmas del pasado”, Punto de Vista, agosto de 1996, nº 55, p. 10-12 y Etchemendy, Sebastián, “Cazadores de utopías y la violencia de los 70”, La Ciudad Futura. Revista de Cultura Socialista, primavera-verano 1996, nº 46, p. 32-35.

31 Ranalletti, Mario, “Los años 70”, La Ciudad Futura. Revista de Cultura Socialista, otoño 1997, nº 47, p. 55.

32 Miguel Bonasso, “La victoria de la memoria”, 7/4/96, p. 14. Gabriela Cerruti, “La mitificación de los 70”, 7/4/96, p. 15. Susana Viau, “Una historia no tan incomprensible”, 16/4/96, p. 13. Ernesto Villanueva, “La historia de los vencidos”, 16/4/96, p. 13. Claudio Uriarte, “Cazadores sin muchas utopías”, 21/4/96, p. 28. Marcelo Schapces, “Una parte de un gran rompecabezas, 21/4/96, p. 28. Juan Forn, “Más allá de las generaciones”, 21/4/96, p. 29. Nora Cortiñas, “La historia debe ser apasionada”, 21/4/96, p. 29. Roberto Baschetti, “La otra historia”, 28/4/96, p. 12. Pedro Lipcovich, “Tiempos distintos”, 28/4/96, p. 12. Puede pensarse que la polémica tuvo una considerable repercusión pública si tenemos en cuenta que Página/12 alcanzaba por entonces una tirada de más de cien mil ejemplares y que en Buenos Aires era un diario de circulación significativa. Un trabajo que incluye un análisis sobre este debate puede verse en Sonderéguer, María, “Los relatos sobre el pasado reciente en Argentina: una política de la memoria”, en Iberoamericana, 2001, nº 1, p. 99-113.

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Para citar este artículo

Referencia electrónica

Mora González Canosa y Luciana Sotelo, « Futuros pasados, futuros perdidos. Reconfiguraciones de la memoria de los setenta en la Argentina de los noventa », Nuevo Mundo Mundos Nuevos [En línea], Cuestiones del tiempo presente, Puesto en línea el 13 julio 2011, consultado el 14 marzo 2014. URL : http://nuevomundo.revues.org/61701 ; DOI : 10.4000/nuevomundo.61701

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Autores

Mora González Canosa

CONICET – Instituto de Investigaciones en Humanidades y Cs. Sociales, Facultad de Humanidades y Cs. de la Educación, Universidad Nacional de La Plata. Mail: gonzalezcanosa@yahoo.com.ar

Luciana Sotelo

Instituto de Investigaciones en Humanidades y Cs. Sociales, Facultad de Humanidades y Cs. de la Educación, Universidad Nacional de La Plata. Mail: lusotelo@yahoo.com.ar

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Cuarenta años. ¿Aniversario o compromiso de unidad? Cristian Cottet

Cuarenta años. ¿Aniversario o compromiso de unidad?

 

Cristian Cottet

 

En todos aquellos lugares en que la política
ha sido falsa, incapaz y mala, se ha requerido
a la justicia para que actuara en su lugar…
Pablo Neruda; “Yo acuso”

El 20 de julio de 1974 es secuestrado desde un taller de bicicletas, en la comuna de Ñuñoa, el militante del MIR Luis Guajardo Zamorano. El 26 de julio de 1974 doña Eliana Zamorano Rojas, madre de Luis Guajardo Zamorano, interpuso un Recurso de Amparo a favor de su hijo ante la Corte de Apelaciones de Santiago, acompañando como antecedente un certificado de la Posta Nº 3 en el cual consta la atención médica realizada a su hijo. El 12 de diciembre de 1974, el Ministro del Interior, General Raúl Benavides Escobar, respondió a la Corte que el amparado no se encontraba detenido por orden emanada de ese ministerio.

Un año después, el 23 y 24 de julio de 1975, por medio de los diarios chilenos El Mercurio y La Segunda se da a conocer una lista de 119 chilenos que habrían muerto en diversos países sudamericanos, entre los cuales se encontraba Luis Guajardo Zamorano. “Exterminados como ratones”, era el titular del diario La Segunda.

El 5 de octubre de 1974 muere Miguel Humberto Enríquez Espinoza, Secretario General del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), combatiendo a los destacamentos de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). Representante genuino de una generación marcada por el avance las luchas populares, Enríquez marcó la pauta de lucha contra la dictadura instalada el 11 de septiembre de 1973 al negarse repetidamente abandonar Chile en virtud de un cerco que se cerraba cada día más.

Miguel Enríquez nació el 27 de marzo de 1944. En estos días cumpliría 70 años.

Pero también este año se cumplen 40 años de la desaparición de Luis Guajardo Zamorano.

Y se cumplen 39 años del montaje instalado por la dictadura y avalado por la prensa derechista, donde se quiso convencer de una vendetta criminal, haciendo uso de los nombres de 119 chilenos. 101 de ellos eran menores de 30 años. 57 eran solteros. 19 eran mujeres, 91 hijos quedaron sin padre o madre.

Este año se cumplen 40 años de la muerte de Miguel Enríquez.

Pero es mucho más que un aniversario. Estos 40 años encuentra a quienes combatieron y resistieron la dictadura desde la militancia en la izquierda revolucionaria en múltiples procesos paralelos de construcción de referentes políticos. La izquierda no tiene nombre, no es un líder ni un partido. Menos es un movimiento social gobernado por entusiasmos parciales. La izquierda es una sumatoria de reivindicaciones, es sentires campesinos, movilizaciones de trabajadores. La izquierda es mujer, estudiante. La izquierda es constitutiva de una identidad de la pobreza. La izquierda no le pertenece a nadie.

Cuarenta años es una vida, me dijo mi abuela cuando los cumplí. Cuarenta años son también lo que ha tardado la izquierda en reconocerse desde la pobreza construyendo referencias que den luz y dirección a las múltiples organizaciones que se debaten en las particulares reivindicaciones locales.

La izquierda es también los dolores de cada detenido desaparecido, no sólo los más nombrados o dirigentes nacionales. La izquierda es una campesina que junto a otra reunieron fuerzas para exigir que les devuelvan sus esposos en Paine. Cuarenta años es un vida, si, pero un vida definida por la memoria. El olvido, por su lado, es una mancha, una siniestra mancha que permite seguir viviendo y así gozar de las nuevas virtudes que nos ofrecen el presente y el futuro. El olvido se ha transformado en una acusación, en una serie de castigos y con esto la crueldad se ha instalado entre las desastrosas miradas del resto. El olvido es una conmemoración discriminadora, es reconocer el heroísmo de Miguel Enríquez y dejar de lado los 119 desaparecidos por la DINA. El olvido contiene mucha memoria, entonces cuando se conmemora la figura del héroe y se desplaza la figura del militante, del dirigente de la Reforma Agraria, de las mujeres violadas en Villa Grimaldi, cuando el héroe eclipsa a los que supone dirigir o reconocer, allí, en ese momento la izquierda concurre al olvido más ominoso y segmenta su patrimonio a una zona elitista y banal.

La fragmentación social y política ha sido una de las herramientas más recurrentes a la hora de inmovilizar las luchas y reivindicaciones de los pobres. Reconozcámoslo, continuar santificando algunos líderes muertos, semeja más a un proceso religioso, acerca mucho más a una animita, pero no a la práctica política que los pobres comienzan a reconocer como propia.

Este año se cumplen 40 años de la muerte de Miguel Enríquez.

Pero también este año se cumplen todos los cumpleaños de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), se cumplen todos los años de los detenidos desaparecidos y sus familiares que les buscan, se cumplen todos los años de los ejecutados, de los guerrilleros de Neltume, de las primeras gestiones de resistencia a la dictadura. Este año es el cumpleaños de Chile, un Chile vigoroso pero penoso, un Chile orgulloso de su trabajo.

Este año se cumplen 40 años de la muerte de Miguel Enríquez.

Existen dos posibilidades en este marasmo político que es la izquierda. O bien conmemoramos la muerte de Miguel Enríquez como un héroe que en solitario enfrentó lo peor que ha dado este país, o bien conmemoramos el comienzo de la construcción de una izquierda reunida tras muchos, miles de aniversarios que aún duelen cada vez que nos recuerdan la vida de izquierdistas que no descansaron ni flaquearon a la hora de luchar, no sólo por el retorno de la democracia existente antes del 73, sino por una vida mejor, un país mejor… una democracia mejor.

Este año se cumplen 40 años de la desaparición de Luis Guajardo Zamorano.

Uruguay: Denuncia “el cuerpo de las mujeres fue utilizado como botín de guerra”,

Uruguay: Denuncia de Beatriz Benzano y Clarel de los Santos

DURANTE LA DICTADURA, EL CUERPO DE LAS MUJERES FUE USADO COMO BOTÍN DE GUERRA

30 junio 2013

El horror, el horror

La última dictadura, de la que se cumplen 40 años este jueves, dejó víctimas silenciosas, como las mujeres ex presas, que sufrieron abusos y violencia sexual.
Durante la última dictadura uruguaya, “el cuerpo de las mujeres fue utilizado como botín de guerra”, afirma Beatriz Benzano, quien décadas después del régimen promovió, junto a otras ex presas políticas, la primera demanda colectiva por violencia sexual ejercida contra las detenidas en ese periodo.

Lo que hicieron los militares con las mujeres detenidas fue “un crimen de guerra”, asegura Beatriz, ex monja que luego militó en el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN).

“El cuerpo de la mujer era usado como botín de guerra, en los cuarteles nos entregaban a la tropa para que hicieran lo que quisieran con nosotras. Y como campo de batalla, por eso lo hacían delante de compañeros o esposos”, relata Beatriz, quien estuvo encarcelada entre 1972 y 1976.

Ella es una de las 28 ex presas políticas que presentaron en octubre de 2011 una denuncia contra más de un centenar de militares, policías, médicos y enfermeros que participaron de las torturas y abusos sexuales contra las detenidas.

La denuncia sostiene que las detenidas sufrieron especialmente “en su condición de mujeres”.

El ensañamiento era mayor “por el hecho de ser mujeres y por ser ellos una institución tan jerarquizada, autoritaria y machista”, sostiene Beatriz. “No podían tolerar que nosotras nos hubiéramos salido del rol tradicional de esposas, madres, amas de casa”.

“La desnudez forzada era lo primero que nos hacían, al llegar al cuartel nos arrancaban la ropa. En esa situación de vulnerabilidad e indefensión empezaban a torturarnos y a hacer algunas prácticas de violencia sexual”, recuerda, con la mirada empañada.

Cientos de denuncias

Si bien hay unos 15 condenados en los últimos años en Uruguay por delitos cometidos durante la dictadura –entre ellos los ex dictadores Gregorio Álvarez y el fallecido Juan María Bordaberry-, todos fueron culpados por el delito de homicidio.

Con el regreso de la democracia en 1985 y la aprobación un año después de una ley que frenó las investigaciones sobre los crímenes de la dictadura, los detenidos callaron las torturas.

“Lo que hicimos fue pelear por memoria y verdad, tratar de encontrar a los desaparecidos, nos parecía que era lo más urgente”, señaló Benzano.

Luego que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ordenara en 2011 a Uruguay investigar y juzgar los delitos de la dictadura, las ex presas evaluaron que ahora sí podían denunciar. Pero se toparon con la gran dificultad para hablar del tema.

“Hablamos con más de un centenar de compañeras, invitándolas a hacer la denuncia, algunas que sabíamos que habían sido violadas, y al final quedamos 28 haciendo la denuncia. Hay compañeras del grupo que jamás lo habían hablado con su compañero o durante 30 años de terapia no se lo habían dicho al terapeuta ni a nadie”, relata Beatriz.

Un proceso similar vivieron 90 ex presos y ex presas que presentaron una denuncia separada, también en 2011, por las torturas y tratos degradantes cometidos en las prisiones uruguayas, que llegaron a albergar unos 6.000 presos políticos.

También en este caso, “más allá de identificar a los responsables y castigarles por un delito cometido, para nosotros lo fundamental es que se avance en la jurisprudencia en el país para que este tipo de delitos nunca más ocurran. Y que si ocurren, que haya instrumentos jurídicos reales y efectivos para castigarlos”, dijo a la AFP Clarel de los Santos, ex detenido y uno de los impulsores de esta denuncia.

De los Santos sostiene que “durante muchos años se negó que la tortura hubiera existido, una parte importante de la población no creyó”.

“Por eso nos parece ponerlo en el tapete: que existió tortura, que la tortura generó secuelas en una cantidad de gente que nunca pudo rehabilitarse, que en general cambió para siempre a las personas que fueron torturadas. Aunque hayan hecho esfuerzos por canalizar su vida no fue lo mismo”, enfatizó.

Beatriz coincide en que la sociedad uruguaya ha recibido las denuncias sobre torturas “con asombro, como si nunca hubieran oído hablar (de esto)”.

“Creo que también todo el mundo trató de olvidar lo peor: el horror del terrorismo de Estado”, sostiene. “Que estaban todos los cuarteles y las comisarías del país convertidos en centros de tortura y de exterminio, con cuerpos colgados del aire, balanceándose como muñecos, desnudos siempre. Cuerpos tirados, amontonados, mugrientos, sangrientos, desfigurados por los golpes en la cara, en todo el cuerpo, en los genitales, donde se ensañaban, ultrajados, pisoteados”.

Ambas denuncias están actualmente en la Suprema Corte de Justicia (SCJ), para que el máximo tribunal resuelva si se pliega al pedido de la defensa de los acusados, que sostienen que los delitos prescribieron, basándose en un fallo emitido por la propia SCJ para otro caso este año.

Sin embargo, en estos dos casos las víctimas aseguran que seguirán adelante.

“Es urgente, no podemos dejar ese fardo a las generaciones venideras”, dice Beatriz. “Los hijos y los nietos de ellos oyen que sus padres o abuelos siguen reivindicando lo que hicieron. El trabajo es de justicia pero también por un nunca más”.

(Fuente: AFP)
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“Estás en La Cacha, de Cachavacha, la bruja que desaparece gente”

“Estás en La Cacha, de Cachavacha, la bruja que desaparece gente”

Año 5. Edición número 205. Domingo 22 de abril de 2012

Plano. Los croquis dibujados por algunos de los sobrevivientes permitieron reconstruir el edificio de la cacha, demolido a principios de los ’80 para no dejar rastros./ Panorámica. el penal de Olmos, en cuyos terrenos estaba el centro clandestino de detención./ Inteligencia. el destacamiento 101 tenía sede en La Plata./ Documento. esta vieja fotografía del edificio de la cacha fue rescatada del archivo del S.P.B./ Fachada. la cacha funcionó en la vieja planta de Radio provincia.

Otras notas

  • La Justicia Federal elevó a juicio oral la causa en la que están imputados 18 represores por más de 130 casos de privación ilegítima de la libertad, tormentos y apropiación de hijos de desaparecidos, ocurridos en el centro clandestino de detención conocido como La Cacha, que funcionó durante la dictadura en las afueras de la capital provincial. La medida la adoptó el juez federal Manuel Humberto Blanco, luego de la acusación que presentó la Unidad Fiscal Federal, representada por los fiscales Marcelo Molina, Hernán Schapiro y Gerardo Fernández.

  • El miércoles pasado, después de años de años de dilaciones que parecían interminables, la Justicia Federal platense a través de los integrantes del Tribunal Oral Federal 1 inició el juzgamiento de los acusados por su participación en los delitos de lesa humanidad cometidos en las instalaciones del CCD conocido como La Cacha, que estaba ubicado en el predio de la cárcel de Olmos, en las afueras de La Plata.

  • En La Cacha cada detenido era propiedad del grupo de tareas que lo secuestraba. Su vida, su muerte, su destino, era propiedad del grupo de tareas. A mí me llevaron a la madrugada y me dejaron dos días tirado en un colchón, encadenado al piso, sin interrogarme, porque el grupo que me secuestró hacía turnos de 24 por 48 y empezaba el franco. No me interrogaron hasta que volvieron. De eso me di cuenta muy rápido, porque había gente en la misma situación que yo.

  • Para fines de abril de 1977, Ricardo Victorino Molina –Pancho para sus compañeros y también para sus secuestradores– tenía pocas esperanzas sobre su futuro. Llevaba más de diez días tirado sobre una colchoneta, encadenado a la pared, encapuchado, con el cuerpo marcado por la tortura. Fue entonces cuando uno de los guardias de los “Carlitos”, pronunció una frase que le reveló dónde estaba. Todavía hoy la sigue escuchando en su memoria: “¿Saben donde están, terroristas, zurdos de mierda?

  • Solamente salíamos (de las celdas de 2 por 1,50 m) para comer, una vez cada dos días. En cada celda había tres o más mujeres y el inodoro era una botella de lavandina cortada arriba”. El testimonio es de Adriana Calvo de Laborde, publicado en el Nunca Más (Legajo N° 2531). “La prohibición de hablar era total y los guardias miraban cada 10 o 15 minutos por la mirilla. Todo el tiempo se oían los gritos de los detenidos a los que estaban interrogando”, agregó entonces. Calvo ya tenía un hijo y estaba embarazada de 7 meses cuando fue secuestrada, en 1977.

  • De acuerdo con el acta secreta N° 31 de la Junta Militar de la última dictadura –una de las 280 encontradas en el subsuelo del Edificio Cóndor hace dos semanas–, en la reunión realizada el 21 de julio de 1977 en el edificio del Congreso de la Nación, los comandantes de las tres fuerzas armadas resolvieron inhabilitar a 31 empresas a las que consideraban “responsables de ocasionar perjuicios a los superiores intereses de la Nación”. La mayoría de esas compañías –enumeradas en el anexo II del acta– pertenecían o habían pertenecido al Grupo Graiver, entre ellas el Banco de Hurlingham.

Funcionó entre 1977 y 1978 en las afueras de La Plata y fue uno de los centros clandestinos de detención más sofisticados de la dictadura. Ahora, la causa que lo investiga fue elevada a juicio.

El Juzgado Federal Número 1 de La Plata, a cargo del juez Manuel Blanco, acaba de elevar a juicio las actuaciones que permitirán juzgar y condenar a los responsables mediatos e inmediatos de La Cacha, un centro clandestino de detención que funcionó entre 1977 y 1978 en las afueras de La Plata y que constituye un caso emblemático de la represión ilegal por su carácter de interfuerzas y su estructura operativa y de inteligencia. La Cacha fue creado en el marco de una etapa definida del plan sistemático de represión ilegal diseñado por la junta militar y respondió a la necesidad de obtener información precisa para desmantelar los últimos vestigios de resistencia organizada a la dictadura cívico militar. Miradas al Sur tuvo acceso a documentación hasta ahora desconocida sobre su funcionamiento, entrevistó a sobrevivientes y pudo establecer el modus operandi de sus grupos de tareas y de sus equipos de interrogadores, así como reconstruir su estructura edilicia, destruida hasta los cimientos por los represores para borrar todo vestigio de su existencia.
A principios de 1977, la vasta geografía de la Capital Federal y las provincias de Buenos Aires y La Pampa se hallaba bajo la jurisdicción militar de la Zona I dependiente del Comando del Primer Cuerpo de Ejército, en ese entonces al mando del general Guillermo Suárez Mason. La línea de comando se continuaba en la Subzona 11 y finalizaba en el Área 113 para los partidos de La Plata, Brandsen, General Paz y Monte. Los mandos del Ejército, que tenían “la responsabilidad primaria en el esfuerzo de inteligencia en la lucha contra la subversión”, instrumentaron en esta área varios centros clandestinos de detención, el COT1 en Martínez, el pozo de Banfield, el pozo de Quilmes, Arana en las afueras de La Plata, la Comisaría Octava y la Brigada de Investigaciones en La Plata y La Cacha (también conocida como “el Casco” por algunos represores de otras jurisdicciones). Esta última estaba ubicada en Lisandro Olmos, en terrenos de la Unidad Carcelaria Número 1 del Servicio Penitenciario Bonaerense, en un edificio de la vieja planta transmisora de Radio Provincia. En todos ellos, los represores de las Fuerzas Armadas, policiales, penitenciarios y civiles adscriptos ejercieron un poder de vida o muerte a fines de “neutralizar y aniquilar al oponente”, que eran “todas las organizaciones o elementos integrados en ellas existentes en el país o que pudiera surgir del proceso que de cualquier forma se opongan a la toma del poder y/o obstaculicen el normal desenvolvimiento del gobierno militar a establecer”.
La función de las unidades de inteligencia militar –que en el área 113 estaban a cargo del Destacamento de Inteligencia 101, en la calle 55 entre 7 y 8 de La Plata, al mando del coronel Alejandro Arias Duval– fue diseñar y controlar el accionar represivo, seleccionando blancos, determinando el orden de los detenidos, asignándoles un destino de acuerdo a un patrón operacional y planificar la continuidad en el tiempo y el terreno de la actividad contrainsurgente. Este accionar no era improvisado ni espontáneo, se enmarcaba estrictamente en Reglamentos, Normas, Manuales y Órdenes de combate de las Fuerzas Armadas.

La Captura. Todo comenzaba con una operación que era casi siempre igual a sí misma, un procedimiento mecánico: un grupo operativo (llamado Grupo de Acción Especial, GAE en la terminología de la inteligencia militar) formado por seis u ocho personas armadas se desplazaba en dos o tres automóviles hacia una “zona verde” o “zona libre” donde irrumpían violentamente en un domicilio –generalmente, de noche– y secuestraba un hombre, una mujer, una familia entera, un adolescente, un anciano, un “objetivo” previamente confirmado a través de una precisa cadena de mandos. En sus declaraciones a la Conadep, el suboficial del Ejército Orestes Vaello (Legajo Conadep 3675) describió minuciosamente (y aportó copias cuyos originales no han podido ser aún fehacientemente contrastados con los originales en sede judicial) las fichas que los destacamentos de Inteligencia militar usaban para determinar y controlar la acción represiva sobre sus objetivos.
Luego del secuestro, el paso siguiente era el traslado del “paquete” –como llamaban a las víctimas los miembros de las patotas– al QTH prefijado, un LRD (Lugar de Reunión de Detenidos), un centro clandestino de detención, donde otra rutina, siniestra e inhumana se ponía en marcha: el interrogatorio bajo diversas formas de tortura y el cautiverio por días, semanas y meses en condiciones de privación sensorial (encapuchados), atados o encadenados, mal alimentados y en precarias condiciones de salud por la tortura y la falta de higiene. En La Cacha, esta metodología alcanzó un grado extremo de sofisticación.

La investigación. El expediente judicial elevado a juicio hace unos días establece que el punto nodal del inicio de la investigación sobre La Cacha se puede ubicar en “la valiosa y valiente declaración conjunta de parte de los sobrevivientes en la Comisión Arquidiocesana para los Derechos Humanos del Arzobispado de Sao Paulo, Brasil que se conoce como Clamor”. En esa declaración, firmada el 20 de octubre de 1983 por los sobrevivientes Néstor Torrillas, Nelva Falcone, Alberto Diessler, Roberto Amerise, Anamaría Caracoche, José Luis Cavalieri, Alcira Ríos y Luis Pablo Córdoba, aparece por primera vez un croquis y una descripción de las instalaciones de La Cacha con su distribución interna y, no menos importante, una lista con los apodos y la pertenencia de los represores a cada arma o dependencia que intervenía y su distinción funcional (guardias, torturadores). Los oficiales Daniel y Pituto de la Marina; los “Carlitos”, guardianes que pertenecían a esa arma, El Bueno, El Enfermero, Puente Roto. El mayor del Ejército Cordobés, los tenientes Inglés y Amarillo, el cabo Willy, el cabo Mostaza. El siniestro interrogador El Francés del SIE (Servicio de Informaciones del Ejercito, al principio erróneamente consignado como de la Side), los agentes Pablo, Jota y Tarzán. El brutal Oso Acuña, del Servicio Penitenciario Bonaerense, y los agentes Sabino, Dani y Palito. Apodos que la memoria de los sobrevivientes y su compromiso con la vida y la verdad aportaron al diagrama general del circuito represivo que la investigación judicial se encargaría de ampliar y profundizar.
A partir de las declaraciones en San Pablo, otros testimonios de sobrevivientes ante la Conadep y durante los Juicios por la Verdad engrosaron el caudal informativo que fue motivo de requisitorias solicitando detenciones de personal penitenciario acusado por denuncias anónimas presentadas ante la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires. Sumando otras denuncias que responsabilizaban a personal militar, la Secretaría Especial del Juzgado 1 comenzó en 2004 un minucioso trabajo de recolección de testimonios e investigación de legajos militares, policiales y penitenciarios. La traba que significaba el secreto de Estado para el personal civil que había revistado en los destacamentos de Inteligencia fue removida por decreto presidencial del 6 de enero de 2010, lo que permitió el cotejo de los nombres y apodos surgidos en las actuaciones judiciales con los legajos de personal actuante en los años investigados. Las querellas presentadas por la Asociación de Ex detenidos desaparecidos, las Abuelas de Plaza de Mayo y la Secretaría de DD.HH. de la Nación sumaron su aporte presentando imputaciones, acompañando informes y solicitando detenciones.
La dedicación de los integrantes de la Secretaría Especial del Juzgado, Ana Cotter, Sandra Mañanes, Laura Pozzio, Emiliano Gassaneo y Agustin Erpen que procesó una masa enorme de documentos, declaraciones testimoniales, indagatorias, pruebas documentales y pericias técnicas, arroja un panorama esclarecedor sobre un centro de detención que funcionó desde principios de 1977 a finales de 1978, cuando fue desactivado y configuró un caso atípico entre el resto de los centros desplegados en el área 113.

La cueva de la bruja. Según los relatos de los sobrevivientes (ver entrevista a Ricardo Molina) el nombre “La Cacha” estaba referido al personaje de Hijitus, la bruja Cachavacha, que tenía una escoba que “hacía desaparecer gente”. La dinámica interna de este centro clandestino se caracterizó básicamente por dos aspectos novedosos: era un centro “interfuerzas” donde actuaban el Ejército, la Marina y personal penitenciario en forma relativamente independiente; en él se aplicaron técnicas de reunión de información más sofisticadas que en otros centros y algunos de sus interrogadores eran estudiantes de las Facultades de Agronomía y Veterinaria de la Universidad Nacional de La Plata devenidos en agentes civiles de inteligencia.
La creación de La Cacha es indicativa de un momento –desde diciembre de 1976– en el que las fuerzas represivas buscaban precisar, hacer más eficiente, más “científico” el trabajo de inteligencia apuntando no sólo a la obtención de información de uso “táctico”, sino a una perspectiva de más alcance: obtener la colaboración activa y el quiebre ideológico de algunos detenidos.
Las patotas secuestraban a los objetivos y los entregaban al personal de guardia o al grupo de interrogadores de la fuerza que correspondía. Una vez concretadas las sesiones de tortura, el secuestrado era custodiado por guardias que hacían turnos de 24 por 48 horas y eran alternativamente pertenecientes a alguna de las fuerzas mencionadas. Estos guardias tenían vedado interrogar o interactuar con los detenidos, que “pertenecían” a quienes los habían “levantado”. En la práctica, esta compartimentación no siempre se respetaba y debido a ello existía cierto intercambio, cierto diálogo con algunas guardias, que fue la base de información valiosa para la instrucción de la causa judicial. Pero también es cierto que muchos de estos intercambios eran promovidos por los agentes civiles de inteligencia que hacían guardia en La Cacha con el objeto de ganarse la confianza de los secuestrados y extraer información.
La construcción constaba de un sótano, una planta baja y un primer piso. Se sabe –por testimonios de sobrevivientes– que en el entrepiso entre la planta alta y la planta baja donde los prisioneros permanecían encadenados, se habían instalado grabadores. Esto fortalece la presunción de que la relativa flexibilidad que mostraban algunos guardias era parte de una maniobra destinada a obtener información no en base a la presión del maltrato y la tortura, sino al clásico juego del “policía bueno” o a los diálogos entre los detenidos cuando éstos suponían que no estaban siendo vigilados.
Otro aspecto indicativo de la combinación de diversas técnicas de inteligencia fue la participación activa de secuestrados “quebrados” que colaboraban con los represores en la obtención de información incluso durante las sesiones de tortura, cotejando los dichos de las víctimas con su propia información y orientando a los interrogadores en las preguntas. También entrevistaban detenidos en interrogatorios sin tortura (ver entrevista a Javier Quinterno) planteando discusiones en torno a cuestiones políticas e ideológicas, mostrando las ventajas de transformarse en colaborador, de cambiar de bando.
Uno de los rumores que circulaban por La Cacha –seguramente promovido por los represores– aludía a la existencia de una “Cacha o Cachavacha Súper Star”, un lugar retirado, supuestamente una quinta donde una vez superada la instancia de la tortura, algunos de los secuestrados –quizás los menos comprometidos– serían ubicados con un régimen más benigno, con visitas de familiares, sin maltratos ni privaciones, un módico Paraíso después del infierno al que supuestamente eran trasladados algunos de los detenidos que habían colaborado. No hay noticias de que ninguno de ellos haya sobrevivido.

 

El Centro Clandestino de Detención “La Cacha” fue creado en el Área 113 del Comando del 1er Cuerpo del Ejército para desmantelar los últimos vestigios de resistencia organizada a la dictadura. Funcionó entre mediados del ‘76 y fines del ‘78 en la antigua planta transmisora de Radio Provincia, al lado de la Cárcel de Olmos. Fue uno de los CCD más sofisticados de la dictadura, por la participación que tuvieron El Ejército, la Marina, las Policías bonaerense y federal, el Servicio Penitenciario Bonaerense y el SIE ( Servicio Inteligencia Ejército). Según los relatos de algunos sobrevivientes el nombre “La Cacha” estaba referido al personaje la bruja Cachavacha de la tira “Hijitus”, del dibujante García Ferré, que en un cínico paralelo utilizado por los represores “hacía desaparecer gente”.

Los primeros relatos sobre el lugar, su funcionamiento y apodos de represores los tiene la justicia hace 30 años, y fueron producidos por testimonios de sobrevivientes en Brasil año 1983 (grupo CLAMOR en San Pablo), testimonios en la CONADEP y reconocimiento del predio 1984.

Anuladas las leyes de impunidad en 2003, y radicada la causa en el Tribunal N°1 de Humberto Blanco y Ana Cotter, hubo que esperar hasta enero de 2005 para que el expediente se moviera: el Fiscal Franco hizo una ampliación del requerimiento basada en un informe de la Secretaría de DDHH de la Provincia donde tres ex penitenciarios señalaron a sus colegas por participar en este CCD. Allí se hicieron las primeras indagatorias. Pero recién en diciembre de 2009, la fiscalía solicitó la detención de una veintena de imputados. Y se comenzó a fragmentar la instrucción, según Blanco por “la imponente cantidad de casos, el prolongado lapso de funcionamiento del campo y su complejidad”.

Entre febrero y marzo de 2010 se detuvo a 17 genocidas que actuaron como Personal Civil de Inteligencia, aunque poco después se liberó a varios de ellos, y se ordenó la captura de 3 prófugos: Ricardo Luis Von Kyaw (aún en Paraguay), Teodoro Aníbal Gauto (aún en Israel) y Miguel Angel Amigo, recapturado y sumado al juicio a último momento.

En marzo de 2012 Blanco clausuró la instrucción y elevó la causa a juicio, incluyendo a sólo 17 genocidas por 137 casos. El juez fragmentó la causa argumentando que “a los efectos de no dilatar ni entorpecer el proceso corresponde efectuar una separación de causas” y generó un nuevo expediente “para proseguir con la investigación de los restantes delitos” donde ubicó a los genocidas prófugos y los casos de los compañeros que no tuvo en cuenta en esta etapa. Esto significó que se parcializaran las causas tomando sólo los casos del año 1977 y no incluyendo a todos, dejaron causas “residuales” de desaparecidos del 77 y dejaron para otro juicio futuro los desaparecidos de 1978 en el mismo CCD.

Hasta ese momento, el juicio incluía a sólo 2 responsables del mando político (el gobernador militar, General Ibérico Saint Jean y su ministro de gobierno Jaime Smart), 13 integrantes del Destacamento 101 (incluido su jefe Arias Duval), 2 penitenciarios (el “Oso” Acuña y su jefe Isaac Miranda) y 1 marino (Juan Carlos Herzberg).

En mayo de 2012 el coronel Arias Duval, el único acusado por los homicidios y la apropiación de bebés, murió impune mientras se realizaba el juicio “Circuito Camps”, con lo que escapó a la justicia la cabeza de mando de la Inteligencia Militar en la zona. Y en septiembre de 2012 murió impune el genocida Saint Jean. Ambos nombres pasaron a integrar la irreversible cifra de 340 represores muertos impunes en 10 años, 8 de ellos imputados en causa Cacha. De hecho, por esas muertes impunes, hubo que recaratular la causa con el nombre del represor “Hidalgo Garzón”, juzgado en hechos de Campo de Mayo y La Cacha , al que el juez Rozansky tuvo que quitar el beneficio del reposo en un geriátrico porque la joven apropiada por el genocida lo encontró andando en bicicleta como si nada.

Con un juicio como éste, fragmentado y tardío, se pierde la oportunidad de investigar en unidad el funcionamiento de la maternidad clandestina más grande de la zona, el rol operacional del esquema de inteligencia militar y la coordinación represiva entre los grupos de tareas de la Policía, Penitenciarios, de la Armada y del Ejército.

A pedido de parte de las querellas, se sumó al juicio la causa por los asesinatos en noviembre del ’76 de Marcelo Bettini y Luis Bearzi, donde están imputados Smart, Etchecolatz, Luján, Gargano y Garachico, uno de los represores mencionados por Lopez en su testimonio sobre los CCD de Arana.

Este juicio es fiel reflejo del proceso de juzgamiento en todo el país, que en 10 años sólo ha condenado a 403 represores por 2400 víctimas en 104 juicios en todo el país. Ello representa el 20% de los 2.000 genocidas procesados en estos años. El año 2013 representa un estancamiento de juicios llegados a sentencia: 16 en todo el año, contra 25 concluidos en 2012.

En La Plata se llegó a fines de 2013 con 46 represores condenados en 10 juicios fragmentados, mientras hay otros 80 represores a la espera de ser juzgados. Es decir que el proceso que el Estado propone cerrar en 2015, no incluye para el Circuito Camps (29 CCD en toda la zona) más que 150 represores.

Padres con miedo e hijos sin miedo. Los niños de la dictadura. Alejandro Zambra.

Padres con miedo e hijos sin miedo

Es imposible valorar la elección del domingo sin hablar del movimiento estudiantil que en 2011 remeció y cambió Chile

¿Es Chile un país de genealogías, de apellidos, donde seguimos juzgando a los hijos según la historia de sus padres? Pasó con mi generación, los que nacimos en la segunda mitad de los años setenta, los niños de la dictadura: crecimos creyendo que la Historia era algo que le había sucedido a nuestros padres. A veces preferimos, por comodidad, por indolencia, creer eso, refugiarnos en eso. Pero también nos lo hicieron creer. La frase que más nos dijeron cuando intentábamos opinar era “tú ni siquiera habías nacido en ese tiempo”. Juzgar a los padres fue, por lo mismo, engañosamente sencillo: los adoramos si habían sido héroes, los denostamos si no lo habían sido. Pero no había diálogo, no había un intento de comprensión verdadera, de habitar un lugar colectivamente. Eso es lo que ha restituido la generación siguiente, la de nuestros hermanos chicos, que daban sus primeros pasos mientras nosotros entrábamos a la adolescencia y Chile intentaba la democracia (la adolescencia era verdadera; la democracia no).

Es imposible valorar la elección del domingo sin hablar del movimiento estudiantil que en 2011 remeció y cambió Chile, yo creo que para siempre. Desde marzo del próximo año, cuatro exlíderes estudiantiles —Camila Vallejo, Giorgio Jackson, Gabriel Boric y Karol Cariola— estarán en la Cámara de Diputados, lo que ya es demostración suficiente de la trascendencia del movimiento que cambió la agenda y las prioridades de los chilenos. Hay quienes dicen que el poder más temprano que tarde los adormecerá, que ni siquiera han pasado por el mundo del trabajo (el “mundo real”, como les gusta decir a los padres), que deberían haberse quedado en los márgenes del sistema en vez de intentar modificarlo desde dentro. Yo pienso, al contrario, que estos hermanos chicos han sido lúcidos y valientes; que se han atrevido a desafiar no solo al enemigo obvio (la derecha chilena conservadora, desmemoriada e hipercapitalista), sino también sus propias convicciones de clase, sus certidumbres generacionales, los vicios de su sector.

En su primer Gobierno Michelle Bachelet era un símbolo, una víctima de la dictadura que llegaba al poder casi sin desearlo: una madre más compasiva que severa, acogedora, dialógica, horizontal. Para algunos chilenos sigue representando eso, pero el país al que regresa ha cambiado y ella lo sabe. Sabe que la mayoría estamos cansados de repartijas, de consensos falsos, de soluciones a medias, de simulacros. Su programa propone lo que todos queremos: educación gratuita y de calidad, reforma tributaria y una Constitución que no sea más la eterna enmienda de la letra pinochetista; una Constitución concebida en democracia. Pero, aunque el resultado de la segunda vuelta no supone un misterio (solo cabe conjeturar qué tan humillante será la derrota de la derecha) persistirá la desconfianza, en Michelle Bachelet y en el grupo que ella representa.

El futuro de Chile depende de Bachelet, pero también de esos hijos que ya no están dispuestos a que les muestren el mundo. El futuro de Chile depende de que esas generaciones sigan dialogando: la de los padres con miedo y la de los hijos sin miedo.

Alejandro Zambra es autor de La vida privada de los árboles y Formas de volver a casa (Anagrama).

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