Amanda no es la letra de una canción … “Yo soy la hija de Víctor Jara”.

DestacadoAmanda no es la letra de una canción … “Yo soy la hija de Víctor Jara”.

Amanda no es la letra de una canciónHija Amanda Jara

Cuando dice su nombre en el consultorio le cantan “Te recuerdo, Amanda”. Antes se hacía la lesa. Ahora dice: “Yo soy la hija de Víctor Jara”. Amanda no canta, no toca guitarra y tampoco milita en el PC. No pretende ser el vivo retrato de su padre. Su recuerdo es íntimo, un proceso personal en el que ha debido aprender a desenrabiarse con Víctor ausente y a pedir explicaciones por su muerte.

Domingo 25 de mayo de 2008 | por Alejandra Carmona López

La noche que Amanda voló hacia su exilio se fue sólo con lo puesto. Ni siquiera alcanzó a recoger sus juguetes de niña de nueve años. En las tres maletas que llevaban ella, su madre, Joan, y su hermana, Manuela, sólo cupo su padre: sus fotos, un montón de recortes de diarios, cartas y cintas de grabación. En medio de fusiles y militares arrogantes que abundaban en el aeropuerto de Santiago, enfilaron hasta la puerta del avión con destino a Londres, las tres de la mano, escoltadas por un funcionario de la Embajada de Inglaterra en Chile. Era el 16 de octubre de 1973, y ésa, la única escena de esa noche que Amanda Jara tiene en la cabeza. Además de la sensación de vacío, de volar mucho antes que el avión despegara. El desamparo.

En Chile quedaba su casa de Colón, el cuarto básico en el Manuel de Salas, las tardes de asombro y aprendizaje. La humedad de los paisajes de Isla Negra que tanto le gustaba mirar. Los amigos, los sueños y su padre muerto con 44 balazos.

Por estos días, los recuerdos son como un dedo impertinente apretando el corazón. La semana pasada, el ministro Juan Eduardo Fuentes Belmar cerró la causa de la muerte de Víctor como ella llama a su padre y ha tenido que recordar a la fuerza muchas de las cosas que su mente había intentado borrar.

Amanda Jara no canta, no toca la guitarra, no milita en el PC y tampoco quiere formar una familia de artistas que se llame “los Jara”, aunque algunos de sus primos se lo han sugerido. Alguna vez, cuando era chica, bailó en un grupo folclórico, pero nunca le gustó exponerse. No escucha todo el día canciones de trova y se niega a dar la razón a quienes dicen que tiene la misma sonrisa de su padre. Va a pocos encuentros proderechos humanos, no lleva la bandera de lucha de ninguna causa. A Amanda Jara no le interesa ser símbolo de nada.

Con suerte acepta dar esta entrevista.

Pero lo suyo no es una pose de rebeldía. Recién se está reconciliando con buena parte de su vida. Ahora que tiene 43 años, desde su tranquila vida en Quintay donde llegó hace 18 años macera los recuerdos ingratos y ha vuelto a escuchar las canciones de Víctor Jara sin sentir rabia por haberla dejado.

SIMPLEMENTE MARÍA

 
  Joan, Víctor, Amanda (sentada en las piernas de su papá) y Manuela. Todos en compañía de una guitarra. Foto: Gentileza Fundación Víctor Jara

Todo fue muy confuso ese 11 de septiembre de 1973. Víctor tenía agendado un acto en la Universidad Técnica del Estado. La idea: luchar contra la guerra civil en Chile. De pronto, ese martes cambió de rumbo. Por la radio se escuchó sobre el ataque a La Moneda y el levantamiento de los militares. Allende estaba pronunciando su discurso histórico cuando Víctor decidió salir a la calle. “Era un día extraño, con los relatos de la radio, y todo hacía que fuera un día especial, pero nadie pensó que la situación llegaría a tal extremo. Nadie pensó que chilenos terminarían matando chilenos”. Víctor salió de la casa rumbo a la Universidad Técnica.

Entonces, Amanda nombre que heredó de su abuela paterna estaba por cumplir ocho años. Sus días transcurrían tranquilos en la casa de Colón donde todavía vive su mamá, la bailarina inglesa Joan Turner. “Yo me crié escuchando música cuenta Amanda . Había un cuarto trasero donde ensayaban los Quila y los Inti. Hacían unas murgas muy chistosas en el patio. Dejaban la escoba con los vecinos”. En otra parte de la casa, su mamá ensayaba escuchando a Vivaldi y su hermana Manuela, la “Manu” hija del fallecido coreógrafo Patricio Bunster , se divertía aprendiendo a tocar guitarra con Víctor. En las tardes, Manuela y el cantautor eran absorbidos por la televisión mexicana, y la teleserie “Simplemente María” los consumía. Aunque sus padres trabajaban mucho, Amanda no tiene ninguna sensación de ausencia.

“Víctor nos cantaba, aunque sólo la ‘Manu’ se acuerda cuando ensayaba pequeñas estrofas de sus creaciones con la guitarra. Nosotros también le cantábamos, hacíamos shows; la ‘Manu’ era rebuena para eso. Bailaba, se disfrazaba, y él se mataba de la risa; le gustaba mucho estar con nosotras”, cuenta Amanda. Juntos salían de paseo a la Quinta Normal y probaban las sopas, platos estrella de la afición culinaria de Víctor Jara.

Los recuerdos de Amanda son tal y como alguna vez los describió el cantante al momento de hablar de su familia. “Tenemos dos hijas, Manuela y Amanda, por las que confieso total y absoluta debilidad En mi día ideal estaría todo el día en la casa, no habría fuerza que me hiciera salir. Me dedicaría a trabajar en el jardín, a hacer aseo, a contemplar muchas cosas que por falta de tiempo no puedo contemplar ahora. A jugar con mis hijas”.

UNA PROTESTA EN MATTA

Hace 18 años que Amanda Jara eligió Quintay como su refugio. Ella prefiere la calidez de la cabaña que comparte con Nego, un buzo que trae el pescado para el almuerzo. Ella colabora con verduras de su chacra. Se alejó de Santiago porque no le gusta la tontera de la capital. “En Santiago creen que la vida se trata de farándula, de los futbolistas, de la chimuchina. Son cosas muy superficiales, y lo peor es que se creen la muerte, pero las cosas no son iguales en el resto de Chile. Ya estaba aburrida de la capital”, asegura.

Después de estudiar Comunicaciones Visuales y cuatro años de Bellas Artes en la Arcis, dejó todo y se fue a vivir al terreno que habían comprado años antes con su mamá. “Con la Turistel en la mano buscamos sitios, hasta nos ofrecieron Tunquén, pero nos pareció muy solo, así que no vivo en el sector cuico”, dice muerta de la risa, hasta que las carcajadas se apagan, desaparece la coraza y esa chapa de “inepta social” que Amanda se impone porque no quiere contestar nada que la delate.

“Siento pena por la muerte de mi papá, pero por mucho tiempo, muchos años, sentí mucha rabia”. Interrumpe su relato para explicar que ella no es siempre así, pero que estos últimos días tiene un revoltijo en la guata y la pena no tarda en aflorar. Sigue entre sollozos por varios minutos: “Tenía rabia, me preguntaba por qué Víctor había salido de la casa ese día, por qué no se había quedado con nosotras, por qué se fue a la Técnica”. Es su desahogo, pero se incorpora nuevamente para explicar que todo esto hizo que ella no escuchara a Víctor Jara por mucho tiempo. “En mi casa no se escuchaba; en Londres, porque mi mamá se volvía un mar de llanto, y luego acá, simplemente porque tardé en reconciliarme con esa historia”, dice. “Quizá por eso tampoco aprendí a tocar guitarra, ni a cantar; seguramente era lo que esperaban de la hija de Víctor Jara”.

Cuando Amanda volvió a Chile sólo pensaba permanecer un año y regresar a Londres, pero se quedó más tiempo. “Me enamoré de un hombre y también de este Chile combativo, entregado, que salía a la calle a luchar”. Era 1983 cuando asistió a su primera protesta en Santiago. Caminó cuadras y cuadras por avenida Matta, mientras Chile asistía a períodos crudos de represión producto de las primeras marchas antidictadura. De entre la muchedumbre se oyó el grito: “Compañero Víctor Jara, presente”. Con el pecho hinchado y las lágrimas sin contención, Amanda tomó aire contaminado y lacrimógeno y respondió: “Presente”. Como si fuera un muerto ajeno, pero también como si fuera suyo y de todos. Entonces comenzó a reconciliarse con su padre. Si Víctor Jara no hubiese ido a la Universidad Técnica ese martes, no habría sido Víctor Jara.

TE RECUERDO, AMANDA

Por estos días, Amanda va y viene de Quintay. Deja a Nego con sus labores de pescador y ella viaja a Santiago a enterarse de la fundación que lleva el nombre de su padre y también del curso que ha tomado la investigación por su muerte. “Yo me hago una sola pregunta: si mi padre, que es el caso emblemático del Estadio Chile no tiene solución, ¿entonces qué pasa con el resto de muertos, dónde están los culpables?”, dice. Amanda no puede creer que en todos estos años no haya ni un solo testigo que pueda reconocer al asesino. Pero maneja una teoría: “Hay un par de oficiales que estaban presos por el tanquetazo de julio. Ellos fueron liberados el día del golpe. Se dice que a estos oficiales se les dio el Estadio Chile como un premio”.

Amanda cree que la información no ha llegado a las manos de la justicia porque hay quienes no han querido que se sepa la verdad. “La gran piedra de tope para los casos del Estadio Chile ha sido el Ejército, las Fuerzas Armadas. No han querido entregar un organigrama de mando. El Ejército tiene la información y no la ha entregado, por eso se ha visto frustrado no sólo el caso de mi padre, sino que tantos otros”. A pesar de la resolución judicial, Amanda no culpa al ministro Fuentes Belmar. Tampoco le interesa que quienes asesinaron a su padre, “viejos de más de 70 años”, se pudran en la cárcel. “Lo que yo quiero es justicia, y la justicia para mí es que se sepa quiénes son los asesinos. Que podamos ver una lista y decir este señor de acá, con nombre y apellido, es un asesino”.

Amanda nunca ha pedido públicamente justicia para su padre. Sin embargo, ahora no se pierde detalle y viajó especialmente desde Quintay para reunirse con el ministro de Justicia, Carlos Maldonado. Ya no tiene cuentas pendientes. De esas que son personales y no se escriben en la prensa. Incluso ahora bromea cuando va al consultorio o a pagar alguna cuenta y al decir su nombre le cantan: “Te recuerdo, Amanda”. Antes se quedaba callada, ahora dice: “Yo soy la hija de Víctor Jara”. Y si una periodista le dice que esa canción la escribió su padre para su madre, ella también tiene respuesta: “Cuando la hizo, yo tenía dos años y medio y me habían diagnosticado diabetes, así que esa canción también la escribió un poco por mí”. LND

    Mi amigo Andrés Bianque, el de los escarabajos, las flores del mal y los largos exilios.

    Mi amigo Andrés Bianque, el de los escarabajos, las flores del mal y los largos exilios.

     

    En el día de ayer, 20 de diciembre de 2016 Andres Bianque presentó su libro A la Sombra de los escarabajos en la Biblioteca Nacional de Chile. Por una jugarreta de los calendarios que rigen mi día a día desde mi teléfono inteligente, quedé al margen de escucharlo y abrazarlo y aterrizar por fin nuestra amistad on line a un cara-a-cara emocionado.

    Andrés, expío mi culpa en la forma que decretes!

    Soy amiga virtual de Andrés desde hace años. El va y viene en el espacio y el tiempo, pero para mí es y ha sido una presencia permanente y en nuestras extensas conversaciones de pantalla a pantalla, se me ha revelado un hombre que , como él dice en algún espacio “…then and there I was, in the middle of the seeds with my pen of shadows”. Este hombre que salta del castellano al sueco como niños prodigio, ha escrito acerca del exilio la más hermosa de las reflexiones, y que será la médula del capítulo dedicado a ese tema en este interminable libro que escribo desde hace una década.

    Exilio, las flores del mal y los ejes rotos.

    Andrés Bianque 18 de Febrero de 2009

    La cordillera está siempre nevada, así quedó petrificada en el recuerdo. Jamás se transforma en agua, barro y brazo de río que apunta hacia el mar. Infinita, amarga y dolorosa es la cicuta del destierro, exilio transtierro de macetas humanas.

    Los que no van muriendo arrojándose a los trenes, colgándose en los bosques, ahogándose en los lagos, bares y mares, el destierro los va enloqueciendo en forma brutal, los va cambiando a tal punto que son simplemente otros.

    Puntos apartes, puntos finales de renglones cortados.

    Árboles secos, concluidos en simple leña para alimentar la hoguera de los fracasados, de las ambiciones, de los que no pudieron, de los que fueron y nunca más serán.

    Una avalancha de tiempo cae sobre los hombros, y los principios flaquean, las ganas se desvanecen, los seres humanos se vuelven insignificantes y no pueden detener nada, balas de semanas, círculos de años, rodajas de minutos van tapando y cortando inexorablemente todo.

    Las agujas del reloj, son dos brazos que van sofocando lentamente la respiración que se nota en el tono de las palabras, de las frases, de las oraciones y canciones, de los calendarios que son palimpsestos, papiros perdidos de antiguos reinos olvidados que no volverán jamás y del cual sólo quedará cierta memoria fracturada.

    El pecho es una brújula rota que siempre apunta hacia nuestra casa, y un reloj de arena va sepultando y cubriendo los rostros.

    Y uno se queda inquietamente inerte, absorto, mirando la ola gigante de arenas y almendras que lo va enterrando y uno grita callado, uno se va hundiendo hacia una nueva extraña superficie.

    Y ya no somos los mismos de antes y los de antes ya no son los mismos. Todo quedó petrificado en la retina interna que trazó por última vez un último momento de pinturas oxidadas, de rostros deshojándose por el otoño del tiempo, de palabras disecadas, de miradas eternas. Tratando de abarcar con la vista lo que más se puede, tratando de pasar las manos por las barandas donde manos hermanas pasaron sus manos, por las caras.

    Dando abrazos como si se abrazara a la misma vida, pensando y temiendo que puede ser la última vez. Memorizando y guardando frases y palabras, apertrechándose de recuerdos para el largo viaje que se avecina y qué largo y seco se hace el desierto del destierro, que profundos se hacen los mares, que pesado se hace el cielo cuando se es una mera cometa empujada por vientos más fuertes

    Y cuando uno cree que se le acabaron las lágrimas, sin mediar pena terrible o gigante, se rompe el dique de los ojos y, uno va llorando así como de memoria. Sin sonidos, sin gemidos, sin gritos, sin odios, sin maldecir, sin menospreciar nada, las                                       lágrimas salen y corren y siguen saliendo y uno no se explica qué pasa, y se sienta impávido, yerto de adentros a observarse a si mismo como la frustración y el dolor son más grandes que las frases que dicen que todo va a estar bien.

    Nada de eso sirve para aliviarse, las lágrimas no entienden de cuentos y sentimos pena, infinita pena, pero de tan cansados, sólo observamos, sólo eso…Miramos a la distancia procurando siempre no encontrar el reflejo de nuestros rostros vencidos… ¿Qué estarán haciendo justo ahora? ¿Qué hora es allá? ¿Podrán ver la misma luna que observo yo en estas horas?

    Y todo es raro, todo es distinto, todo es al revés, ó es el atraso de tiempos o la penosa ventaja de horas. Y cuando nosotros dormimos, ellos dejan que la tarde camine sobre sus cuerpos, y cuando la mañana nos despierta, la noche los acuna. Y así, trasnochando los días, rebelándose contra el imperio del tiempo, nos quedamos hasta horas prohibidas e insensatas, única y exclusivamente para escuchar una voz lejana que se transforma en puente, solamente para leer líneas que suavizan los ojos, palabras que liman uno a uno los barrotes impuestos por el tiempo, y uno logra escapar esos momentos, y las voces, las postales, los correos, los mensajes son visitas dominicales prohibidas, que nos traen sonrisas envueltas.

    A medida que pasan los días, éstos van construyendo un muro prácticamente infranqueable. Cada día es un ladrillo, las semanas adarajas. Al principio saltamos con facilidad hacia el otro lado, pero a medida que el tiempo pasa, más y más alta se vuelve la muralla. Lloramos, pateamos y gritamos y las paredes no hablan, sólo escuchan. Después quedan ciertas ventanas por donde mirar, ciertas puertas por donde contrabandearnos de sueños y proyectos. Pero poco a poco van desapareciendo las ventanas, las puertas y las hendiduras, todo se va sellando, los meses y los años van amamantando al imperio del tiempo y este va sellando las fisuras hasta encontrarnos frente a un frío paredón, donde el tiempo fusilará anticipadamente cualquier intento de arraigo de raíces y uñas que arañan las praderas y los cielos, pidiendo, rezando y protestando por pedirle al tiempo que se devuelva tres pasos, tres años, tres pasos, treinta años.

    Y el tiempo no escucha, no habla, no dice media palabra, sólo enseña su ancha espalda y avanza y avanza y no hay ruego, ni sueño, ni pena de amor o de patria que detenga la carreta del tiempo, donde no somos más que polizontes colgando de las barandillas pintadas de lustros, que se descascaran como un pedazo de acero arrojado a una noria olvidada.

    Un insignificante mes es capaz de ensanchar el mar y alargar las orillas. Cómo duele sentir el paso del tiempo, te aplasta, te ahoga, te empuja, te sofoca. Y no hay donde correr, donde esconderse, donde ocultarse. Cómo duele ese tiempo que pasa por entremedio de los dedos, por entre las manos, las canas, los huesos, los ligamentos que ya no atan con la misma tensión amorosa las cosas que ya no están, esas que se extrañan.

    Cómo duele el tiempo de amigos y compañeros muertos, de hermanas lejanas que ya no son las mismas, de camaradas que no nos recuerdan y aquellos que sí, empero tienen un sabor más importante que nosotros en sus miradas o sueños o aspiraciones.

    Exilio, luego existo.

    El pan sabe distinto, quizás es la tierra que lo amasa. El agua sabe distinta, quizás las nubes son de rebaños desconocidos. Los tomates son duros y de un sabor dulce que reivindica a aquellos que lo llaman fruta. El maíz es blando y azucarado, es más agua que maíz.

    El sol abre la puerta del día por cerraduras distintas. El norte se vuelve inalcanzable, el sur un imposible. Las mañanas, las tardes, las noches, los días y los meses saben a limbo, a cierto vacío de sensaciones que se estrellan contra claustros internos que no conducen a ningún lado. Los árboles, aunque sean iguales, sólo se parecen a aquellos que recordamos, las plantas son otras, los jardines son otros.

    Acurrucados en una esquina del tiempo y de algún meridiano accidental, se unen por el idioma, por un pedazo de tierra, por la coincidencia de grados y mapas, por cierto paño llamado bandera, por ciertos sueños muertos, por ciertos anhelos en constante especulación y preparación, la disgregada diáspora sitiada por años que fueron y que ya no serán.

    Encerrados y enjaulados en mazmorras, sótanos y celdas de tiempo que sólo dejan mirar el entorno, trazos pequeños de futuro y nada más. Y uno quisiera mostrar tantas cosas, tantas cosas lindas que no tiene con quien conversarlas o admirarlas. Que las estatuas son oasis de poesía galvanizada en ciertos parques, que son poemas bruñidos que suavizan los ojos. De ciertas construcciones que son tiernas radiografías del estado fetal de la humanidad. O las fontanas donde se piden deseos, el deseo de volver, de que le vaya bien a esos hombres y mujeres que pagan hasta por un vaso de agua, y que uno no conoce pero, que los sufre en la distancia.

    Que largas se hacen las noches, pensando en qué habrá más allá de las ventanas, que sólo devuelven reflejos con imágenes como chispazos intermitentes que se desvanecen tan rápidamente que duele. Transformamos las casas en andenes, los departamentos en puertos, las habitaciones en muelles, donde esperamos con las maletas el día a día del partir, del ir. De salir volando, zarpar, correr, viajar al útero primario principal natural de nuestros orígenes.

    A pesar de saber que nadie nos espera, que somos fantasmas envueltos en ropajes de recuerdos que penan de vez en cuando a los vivos, a los del otro mundo, pero nada más. Acaso meros fantasmas que habitan entre este mundo y el otro, arrastrando largas cadenas de eslabones rotos.

    Y es que han tirado los cuerpos a las cuatro esquinas del círculo terrestre, pero vacíos, livianos, por allá quedaron anclados, empuñados, allá quedaron los sueños desangrándose en alguna esquina, oxidándose los corazones que se aferran a las cosas más comunes y también más sublimes. Una plaza, una calle, un parque, un hermano, una playa, un amigo, los tíos, los padres, los vecinos, los perros que ya no recuerdan nuestro olor, y de aquellos que nos recuerdan y no saben de nuestras canas, de nuestros kilos de más, de nuestras nuevas penas, de nuevos dolores, amores, sabores y colores.                                                                                                                                                                      Cierta flora y fauna desterrada a parajes ignotos, donde el canto de los pájaros no repite nuestros nombres, ni mucho menos el nombre de nuestros abuelos, nuestros antepasados. Y los árboles encumbran sus cejas verdes hacia el cielo a nuestro paso, preguntándole al viento, ¿Quiénes somos, de dónde hemos venido?

    Es que quizás somos cierto tipo de arbustos, de flores buscando suelos amables donde echar raíces, cierto tipo de estacas óseas marcando el ras de nuevo suelo, pidiendo prestado jardines ajenos, intentando meternos por entre las arrugas del tiempo y del cemento. Aún a sabiendas que la tierra, el agua y el sol darán frutos bastante distintos a las raíces originales. Híbridos de segunda generación.

    Extraña maraña de vísceras que abonan los mares y los suelos, extraño entre los extraños, extranjero entre los extranjeros.

    El espasmo político, social, económico es el arco que expulsa flechas desobedientes que no se conforman con ser estacas enterradas a un destino determinado.

    Como se va deshojando la rosa de los vientos, como cada año es un pétalo muerto, como va naciendo una flor extraña amorfa, de otra forma, de otros sinos y destinos. Como si fuésemos sobrevivientes de ciertas caravanas empujadas al destierro y por azar nos encontráramos en aristas simpáticas, pero ajenas a lo nuestro, donde no hemos puesto un ladrillo, no hemos sido más que suavizantes de adoquines prestados, ojos hundidos en cerámicas prestadas.

    ¿De qué sirve el mejor vino, el mejor Chardou sí se comparte con extraños?, con meros seres artificiales plantados a una mesa, porque no tenemos a nadie más, porque incluso, hasta hablan nuestro mismo idioma, o que las causas son parecidas, pero siempre se pierden en caminos o atajos distintos. ¿De qué sirve una mesa llena, si en mi pueblo se mueren de hambre? y que amargo sabe el pan cuando se sabe que falta todas las mañanas en tantas casas. ¿De qué sirve llenarse los bolsillos de esmeraldas, sí el pecho se transforma en cantera vacía por cada moneda tragada?

    Para qué las fiestas si las ventanas devuelven el reflejo de miles de gentes en penitencias constantes. ¿Cómo darle un orden exacto y ordenado a la redacción de penas y tristezas que levantan sus manos como niños en llanto, exaltados, intentando denunciar tanto golpe, tanto azote?

    Tal vez el exilio es un estado de coma social. Un estadio repleto de gentes que observan callados la derrota, y que no se levantan a ninguna parte, porque no tienen donde ir. ¿Un estado severo de la pérdida de la conciencia? Los signos vitales funcionan casi a la perfección, más no así la percepción de la realidad. Se está en un limbo, tal vez en un purgatorio de imágenes que sabemos son sólo pasajeras, o nos aterra el imaginar que serán eternas o las últimas que nuestros ojos abrazarán antes de la siesta final, mortal de mortandad de muchedumbres que murieron raptados por ese pájaro-cigüeña inmenso y voraz que los abandonó en otras tierras como si fuesen hijos malditos, no deseados, porfiados o malformados.  

    Y no sólo de situaciones políticas vive y se nutre el exilio. No sólo son exiliados aquellos que blanden alguna bandera opuesta a la de turno. También se es exiliado cuando no se tiene ni para un par de zapatos bajo cierto tipo de sistema, y uno tiene que salir a buscar el pan, cuando en casa se le niega hasta el agua. También se es exiliado, cuando ciertos imperios voraces muerden los límites de nuestra tierra y nos obligan a largarnos y mirarlos desde lejos como se acomodan y marchan en nuestros jardines. Exilio. ¿Narcosis política inyectada a la fuerza contra los músculos vencidos?

    El pecho no se mueve, los ojos yertos son dos piedras muertas en el fondo de un río seco. Las manos a los costados son dos remos estáticos que no bogan hacia ninguna parte. El tiempo se mete dentro de nosotros y va tensando más y más el cordón que nos une a la matriz que nos vio partir. Va tensando tanto que termina por cortarse. Y castrados, amputados de raíces, quedamos a la deriva, sin saber qué hacer con tanta maleta preparada, porque el volver significaría volver a empezar desde cero nuevamente y es que ya hemos empezado de nuevo tantas veces…

    El destierro, el desplazamiento, se asemeja al desmembramiento de los brazos, piernas y troncos. Sólo que los demás no lo notan, el afectado sí. Y uno vuelve a ser niño nuevamente. El reaprender todo desde cero. El invertir días para ser capaz de saludar y despedirse. Decir gracias o de nada. Se es un tipo de ciego que ve, que todo lo ve, pero en pasado, nada en presente, las imágenes son insulsas, lejanas, extrañas, difíciles, sin colores conocidos. Todo es nuevo, y sin lazarillos cuesta bastante encontrar los caminos, calles, y atajos.

    Los países que reciben a los extranjeros podrían ser como esas tías buenas distantes, padrinos del otro lado del charco que velarán un tiempo por algún pariente lejano en desgracia. Pero al rato, los problemas. Comienzan los divorcios, los engaños, las deserciones, las injusticias, los malos tratos, los hijos extras con los dueños de casa, o las mujeres se transforman en esclavas asalariadas ó prostitutas, los hombres ó en esclavos del empresariado, traficantes, ladrones, alcohólicos o cesantes constantes.

    Las traiciones, las delaciones, el aburguesamiento, el odio parido contra el partido o contra el lugar en que se ha nacido. Son pocas las excepciones positivas, muy, pero muy pocas Y transformados en extranjeros, somos el anillo al dedo, el rabillo al cepo para ciertos señores.

    Nuestra presencia sirve para unir discursos nacionalistas que pretenden justificar la mediocridad de la economía, achacándosela a los inmigrantes o foráneos. Accidentales detalles de la geografía subterránea que pocos ven. Ballenas que si no dan carne, dan jabón o aceite para limpiar e iluminar las calles. El exilio parece ser una vivisección emocional brutal. Brutal machetazo sobre el tallo que nos sostiene, feroz zarpazo introspectivo, retrospectivo. La autoestima se                                                                                                                                                                   daña tanto que parece un niño severamente abusado, el cual se esconde debajo de las mesas, debajo de las camas, debajo del silencio de no decir mucho hacia fuera, pero sí hacia adentro. ¿Por qué estoy aquí, por qué a mí? ¿Valió la pena todo lo obrado, luchar por ciertas causas? ¿Sirve de algo tanto sacrificio? ¿Volver, reempezar? ¿Acertado, incorrecto? En esa carnicería emocional es cuando muchos sucumben, jamás serán los mismos seres queridos o de partidos o paridos, sí logran sobrevivir.

    No es fácil estar lejos, no es fácil estar solo, no lo es. También se pasa mal por estos lados, no todo lo que brilla es oro, también los pisos fregados con sudor, también las copas con lágrimas plateadas. Aquí también se sabe cuánto pesan los grilletes, cuan filoso puede ser el látigo. Cuan humillado se puede llegar a estar, por no recordar la palabra exacta, el modismo o la frase precisa en algún idioma que no sea el maternal.

    Parece imposible cuantificar el daño psicológico, la radiación sensorial a la que se ha sido expuesto. Cortes de sombra, cuchilladas de luz congelada sobre las sienes, palabrazos racistas que rompen los tímpanos, miradas como espinas en los ojos. Y el interior todo arañado como jaulas estrechas de animales irracionales que sólo desean escapar, volver y despertar de esta pesadilla extraña. Pero el dinero es cierta pasta con la cual muchos reparan sus jaulas laceradas, se van olvidando y reconstruyendo de otra nueva vieja manera.

    Olvidan tanto que terminan odiando sus orígenes, aborígenes, ideales y ahora son cierto tipo de casta superior, a razón de su pasada o presente impuesta extraterritorialidad.

    Olvidar y no mirar para atrás y si se hace, es una mirada mordida de rabia o endulzada con la miel de la idealización. Piedra angular de los humanos, el instinto de sobrevivencia, la sabia capacidad de adecuarse, acostumbrarse, incluso, llegar a amar a quien no se ama.

    Andrés Bianque.

    En el día de ayer, 20 de diciembre de 2016 Andres Bianque presentó su libro A la Sombra de los escarabajos en la Biblioteca Nacional de Chile. Por una jugarreta de los calendarios que rigen mi día a día desde mi teléfono inteligente, quedé al margen de escucharlo y abrazarlo y aterrizar por fin nuestra amistad on line a un cara-a-cara emocionado.

    Andrés, expío mi culpa en la forma que decretes!

    A la sombra de los escarabajos

    Sinopsis

    ¿Y si de alguna manera pudieras ver los errores que vas a cometer y tuvieras la oportunidad de cambiar el rumbo de ellos? Si por arte o desastre de fragmento cuántico, contaras con algo que pudiera alterar el tiempo. ¿Qué harías?
    Quizás entre estas líneas se encuentre la pócima o fórmula que modifique las piezas que se han movido y también aquellas que se moverán en un futuro cercano. 
    El cuento que da título al libro, fue redactado pensando en todos los hijos de México. En todos aquellos que han sido y son víctimas de una época brutal y terrible.  
    Estación Terminal o  Inferno, plagiándole adrede uno de sus títulos al gran August Strindberg, está ambientado en la ciudad de Estocolmo y relata las torturas diarias que ocurren en Suecia.

    Hay relatos que son perturbadores. Aparecen preguntas incómodas de responder; vas llegando a tú casa, miras hacia tu ventana y te ves a ti mismo, ahí de pie, observándote. ¿Entrarías igual?

    Este libro es críptico en su inicio, no busca encantar o que sea de un total agrado. Está escrito con bronca y arrogancia. Con mueca de aversión al zalamero de literatura sucedánea, con molestia contra aquel que entiende todo demasiado de prisa, en comparación con quien escribe.

    Este es un libro maldito y malditas son sus hojas venenosas, aquí los sociópatas encontrarán el perdón que jamás les ha interesado y los santurrones encontrarán el castigo que bien saben, adeudan.

    Quisiera arrancar estas hojas escritas, hervirlas y beberme toda la tinta que salga, morirme envenenado por mis propias palabras malditas. 

    Andrés Bianque Squadracci.

    El papel de los niños, sujeto de la historia

    El papel de los niños, sujeto de la historia

    El papel de los niños

    • Antonia García C.
    • La muestra “Infancia en dictadura”, que estuvo hace unos meses en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, se repone en estos días, y se podrá ver hasta el 29 de octubre en la Biblioteca Nicanor Parra, Vergara 324 (Santiago / metro Los héroes). En paralelo, acompañando la muestra, una serie de actividades se están realizando desde el 8 de septiembre y continuarán hasta el 14, en la Facultad de Psicología de la Universidad Diego Portales (Jornadas “Memoria, elaboración y resistencia. Imágenes y narrativas para reescribir el dolor social”).

    Vivian Lavín enfatizó en este espacio, en más de una oportunidad, la importancia del trabajo realizado por la Dra. Patricia Castillo y su equipo. Todo indica que no hay forma de no verse tocado por lo que ahí se cuenta y el cómo se cuenta. “La importancia de lo ínfimo”, como suele recalcar Patricia Castillo, es lo que está en juego. Pero también una reflexión sobre el lugar de los niños en la historia.

    Los niños de ayer. Y los niños de hoy. Porque eso es también lo que esta muestra permite: interrogarnos sobre el rol de los niños y lo que hacemos con ellos y lo que no hacemos. El rol que le damos y el rol que ellos asumen sin preguntar nada a nadie, porque los niños suelen ser “subversivos”: no solamente porque se toman los espacios y se toman la palabra, sino también porque, en distintas circunstancias de opresión, crean sus propios espacios de libertad*. El niño como sujeto creativo por excelencia, el niño sujeto de la historia y no mero acompañante, el niño-observador-narrador con su propia manera de oír y de restituir el mundo. Eso es también lo que esta muestra pone en escena a través de dibujos y escritos realizados por niños chilenos durante la dictadura.

    foto-infancia-en-dictadura

    Este trabajo llega en un momento particular. Existe hoy otra sensibilidad frente al pasado reciente y una pluralidad de voces que revelan temas que hasta hace poco estaban “ahí”, como entre tinieblas, no atendidos todavía.

    Pienso en la existencia de la Agrupación de Ex Menores de Edad Víctimas de Prisión Política y Tortura en Chile. Pero, también, en la escritora María José Ferrada: en su gesto, su búsqueda y el hilo que tiende en sus poemas dedicados a niños y niñas ejecutados durante la dictadura (“Niños”).* Pienso en una obra como “El edificio de los chilenos” de Macarena Aguiló. Partiendo de una experiencia llevada a cabo por militantes del MIR –que decidieron poner a salvo a sus hijos dejándolos a cargo de padres sociales en Cuba, antes de retornar a Chile de manera clandestina para combatir–, este trabajo permite ampliar el espectro de las preguntas. ¿Qué hicieron los militantes de izquierda con sus hijos durante la dictadura? ¿Cómo se conjuga militancia y familia? ¿Combate y paternidad? ¿Combate y maternidad? ¿Cuándo ausentarse es proteger y cuándo es abandonar? Preguntas difíciles, preguntas dolorosas que Macarena Aguiló logra abordar con una generosidad asombrosa.

    “Infancia en dictadura” llega en este momento en que cierta brecha en el muro de la propia casa está abierta y puede ser recorrida de frente. La muestra es lo suficientemente rica como para ser abordada desde muchos aspectos. Quisiera enfatizar dos.

    El primero es el papel. En varios sentidos. Uno tiene que ver con la figura del niño y la posibilidad de jugar con los roles. Porque acá el que calla es el adulto. Es él quien debe abrir sus sentidos para atender lo que los niños dejaron registrado en distintos soportes (cartas, diarios íntimos, tarjetas postales, dibujos). El adulto aprende del niño y el niño es la voz autorizada para contar. No es la única inversión a la que procede la muestra. Hay otra que consiste en volcar al espacio público un tipo de relato y/o de producción originalmente concebido en un espacio íntimo (caso paradigmático del diario).

    De alguna manera, esto equivale a contar la historia desde los huecos, desde las rendijas, desde las huellas que la historia (en mayúscula) fue dejando en los hogares y que los niños –de diversas condiciones sociales y con historias familiares diferentes– fueron inscribiendo con letra apretadita (en minúscula) en sus cuadernos, diarios, hojas sueltas. Así, también, la muestra opera como amplificador de voces que, en su momento, fueron cuchicheos.

    Pero también está el papel como materia. La superficie. La textura. ¿Qué haríamos sin papel? ¿Habrá una vida después del papel? Y uno se sorprende porque, de pronto, frente a una foto tomada en la inauguración, se advierte que hay ciertas cosas que sólo es posible atender porque quedaron registradas ahí. Sin papel, un trabajo como “Infancia en dictadura” no sería posible, ya que no recurre prioritariamente a la evocación, a la reconstrucción desde un momento presente, sino a la huella, al rastro que dejó la infancia. Al trazo.

    Los niños que vivieron su infancia en dictadura –dice Patricia Castillo y lo dice con fuerza– no pueden ser considerados “segunda generación”. Es un punto de vista muy interesante. Hay que atenderlo. Como también hay que atender la diversidad que queda en evidencia. Y es que hay infancias en dictadura. Y lo que pudo resultar relevante para uno, no necesariamente lo fue para otro. Hay una pluralidad de vivencias. Más allá, lo que la muestra pone en relieve es el papel de los niños en su condición de testigos y actores. Ambas cosas a la vez.

    La muestra invita a ampliar la mirada. A reflexionar no solamente sobre los casos más fácilmente identificables como violencia política. A considerar, por ejemplo, la situación de los niños en los barrios más humildes y la manera en que se vieron confrontados a una violencia –absolutamente política– que aqueja, sin tregua, a los pobres por ser pobres. Pero también, y ya por libre asociación, una cosa llevando a la otra, el caso de los niños que intervinieron para ayudar, para colaborar con los adultos en situación de peligro.

    Otro aspecto tiene que ver con la posibilidad que otorga la muestra de articular tiempos y situaciones. No pocas veces, hoy, nos comportamos como si los niños tuvieran la extraña cualidad de no escuchar y de no verse afectados por lo que hacemos y decimos los adultos. La muestra tiene un segmento que da mucho qué pensar. Se trata de las “Palabras que nunca debimos aprender”.

    Entonces, ya en un contexto actual, cabe también preguntarse sobre el mundo que hacemos y el mundo que nombramos en presencia de nuestros niños. Porque es un hecho. Ellos están. Viven. Y así viviendo también (nos) ven, (nos) miran, (nos) escuchan.

    * Recomiendo la lectura de “Los ojos de los pájaros”, de Maren Ulriksen.* *En ese texto (que es parte del libro que firma con Marcelo Viñar: “Fracturas de la memoria”) se cuenta de qué manera algunos niños sortearon las normas de control de quienes habían aprisionado a sus padres. Para que nada, ni siquiera la cárcel, impidiera el gesto de amor y protección del hijo/a hacia el padre.

    *Los niños mártires de María José Ferrada

    • Vivian Lavín
    • Viernes 22 de enero del 2016

    Niños es un libro que supera la categoría de literatura infantil en la que está corseteada su autora, quien en lenguaje poético describe breves instantes de la niñez de esos 34 menores víctimas de la violencia de la dictadura militar chilena. Una obra que se complementa con las ilustraciones de Jorge Quien, el que con trazos negros y azules materializa a esos mártires olvidados de la historia reciente de nuestro país.

    María José Ferrada ha sido reconocida con importantes premios en nuestro país, como el que entrega el Consejo del Libro y la Lectura y la Academia Chilena de la Lengua, pero eso no la envanece. Mantiene la sencillez de la niña que nació en Temuco y cuya infancia revive con la sola palabra luciérnagas, esas luces-insectos que evocan esos momentos de la niñez cuando la realidad era difusa, a veces fantástica y otras, terriblemente real.

    El oficio de su padre de vendedor viajero le permitió conocer a las personas más divertidas de su vida. La libertad y el desenfado de esos hombres y mujeres que maleta en mano seducían a sus clientes con la palabra. Vendedores de sueños y soluciones prácticas a partir de un producto que se materializaba fuera de ese misterioso equipaje que cargaban junto a sus propias esperanzas.

    María José Ferrada es periodista, mejor poeta y más conocida como escritora de libros para niños, que ella escribe pensando que son para todos, para grandes y para chicos, pero que el estricto rótulo de la categorización educativa por edades la circunscribe a un público que le encanta. Por eso no se queja. Prefiere que todos crean que está en ese género que todavía pasa por menor, pero desde donde ha hecho uno de los gestos más silenciosos y revolucionarios de los últimos años en Chile.

    Fue cuando se percató que uno de los informes de las violaciones a los Derechos Humanos de la dictadura no distinguía la edad de sus víctimas y que entre ellos, se contaban niños y niñas. Debió entonces, sumergirse en las miles de páginas del Informe Rettig y fue sacando, no sin dolor, lentamente los nombres de esos menores que quedaron en el fondo de una lista cruel. Eligió a 34 de ellos, los que cuando los mataron eran menores de 14 años y se encerró con sus nombres y sus edades para convocarlos en secreto.

    Así surgió Niños, el título de un libro de Grafito Ediciones que exhibe en su portada la palabra quebrada: Ni – ños, un concepto breve que aquí está cortado en dos y flotando sobre un gran fondo azul, como un océano desde donde emergen estas personitas.

    Niños es un libro que supera la categoría de literatura infantil en la que está corseteada su autora, quien en lenguaje poético describe breves instantes de la niñez de esos 34 menores víctimas de la violencia de la dictadura militar chilena. Una obra que se complementa con las ilustraciones de Jorge Quien, el que con trazos negros y azules materializa a esos mártires olvidados de la historia reciente de nuestro país.

     

     

    Y así, en cada página, ir abriéndose a momentos diminutos pero fundamentales junto a estos niños inmortales para terminar, de la misma manera como le sucede a la infancia, de forma brusca e incomprensible, con la lista donde aparecen sus nombres y apellidos, y junto a ellos la categoría de detenida o detenido desaparecido, de ejecutada o ejecutado a la edad de 5 meses de vida, de 3, 9 u 11 años…

    Niños de María José Ferrada aparece entonces, como una manera de liberarlos de las amarras de la muerte en que quedaron sus nombres como parte del Informe Rettig, para dejarlos para siempre en esa república maravillosa llamada infancia de la que nadie jamás debió sacarlos.

    **LOS OJOS DE LOS PÁJAROS
    a. D.V.
    Siempre está allí, ante mi, ese montón de papeles. Nunca encuentro
    un momento para echar un vistazo a esas hojas amarillentas, gastadas por
    el tiempo. Tendría que tomar la decisión de tirarlas a la papelera, al olvido.
    Sin embargo, un libro que se encuentra entre esos viejos manuscritos
    retiene mi atención. Es el informe de un congreso. Era en Punta del Este,
    en 1970, justo antes de Navidad; el verano uruguayo comenzaba,
    esplendoroso, y las playas se llenaban de veraneantes. Nos encontrábamos
    en el Hotel Casino San Rafael imitación caricatural de un castillo
    renacentista.
    Recorro varios artículos; veo el nombre de nuestro equipo en
    hermosos caracteres. Trabajábamos bien… Leo: “Angustia de alienación…
    en un grupo de niños se ha creado progresivamente un clima de terror…
    uno de los niños se ha convertido en el jefe asesino… Rafael, con las manos
    llenas de pintura roja, juega a ser el torturador. Ataca sádicamente al más
    pequeño del grupo”. Me pregunto de dónde provenía la violencia de esas
    palabras para nombrar el comportamiento de Rafael. Sin duda, comenzábamos
    a presentir, sin saberlo, lo que íbamos a vivir en los años venideros.
    Vuelvo como en un ensueño a las primeras páginas del libro: “Nuestro
    destino, el del continente latinoamericano… depende de la ciencia. La
    cultura en ciencias humanas constituye el fundamento de la valorización
    de los recursos humanos… Y en ese sentido, la psiquiatría… cumple un
    papel de capital importancia en la posibilidad del hombre de participar
    plenamente en el proceso de desarrollo de la civilización humana”. Esas
    palabras de inauguración del Congreso fueron pronunciadas por el rector
    de la Universidad de la República, ingeniero Oscar Maggiolo. Hace pocos
    meses, nos enteramos de su muerte en exilio, en Caracas.
    Intento cerrar el libro con un gesto brusco, pero este permanece
    abierto en la última página. Automáticamente, mi mirada se detiene en la
    inscripción: “Impreso en los talleres de la Comunidad del Sur, Montevideo,
    agosto de 1971”. Había atendido a algunos niños de esa comunidad:
    Alejandro… y otros. Alguien me dijo que Alejandro vivía en Barcelona; los
    otros en Suecia o en Australia todos expulsados por el régimen.

    Súbitamente, la curiosidad me empuja hacia el paquete abandonado.
    Encuentro mi viejo cuaderno azul de notas. Allí donde estuvo guardado,
    las polillas tuvieron todo el tiempo necesario para hacer su lento trabajo
    de borramiento, sin ser molestadas. Logro reconocer, en esa escritura
    deslavada, el nombre de los niños que conocí hace algunos años.
    La primavera desplazaba rápidamente al invierno. Aquella mañana, los
    primeros rayos del sol penetraban por la ventana entibiando el ambiente.
    Afuera, en el jardín, las gotas de rocío me dirigían brillantes guiñadas.
    Hacía poco que nos habíamos instalado en esa vieja y confortable casa;
    aún olía a pintura fresca. Al fin tenía mi rincón donde podía trabajar
    tranquila, aislada de los ruidos del exterior.
    Ese día, esperaba a la señora A. Venía “por un simple papel”. Su marido
    estaba detenido por motivos políticos. Las autoridades de la cárcel exigían
    que un médico especialista explicara las razones psicológicas que
    justificaban una autorización de visita para su hijita. En la cola de la visita
    de la cárcel, la señora A. conoció a otra madre a quien yo había hecho un
    certificado de ese tipo, y fue ella quien le dio mi dirección. Sentí cierta
    inquietud al preguntarme cuántos certificados habría hecho ya. Sería
    necesario –me dije– encontrar otros colegas con quienes compartir esa
    tarea. Estaba segura que debían controlar los nombres de los médicos que
    hacían tales certificados. “Me dijeron que era sólo una cuestión de
    rutina…”, me explicó la madre al darse cuenta de mis dudas. Verdaderamente
    estoy exagerando, pensé. ¡Sentirme perseguida por tan poco luego
    de tantos años de análisis!
    Vuelvo a encontrar mi cuaderno azul sobre el escritorio. Matilde… Veo
    todavía sus cabellos y sus ojos de azabache. Tenía siete años cuando su
    padre fue detenido, pero era “demasiado grande” para compartir la visita
    con los más pequeños en el patio de la prisión. Desde hacía varios meses
    no podía besar a su padre, ¡ella, la única niña, la mayor de sus hermanos!
    Estaba obligada a la interminable espera junto a su madre y solo podía
    hablar con su padre a través de un vidrio, utilizando un teléfono que
    alcanzaba a duras penas. Se dice a sí misma, en forma decidida: “Voy a
    obligarme a llorar”. Algunas semanas después, me cuenta en secreto que
    logró entrar con sus hermanos pequeños. “No me costó nada, lloraba de
    verdad y bien fuerte… Me tire al piso… Ios soldados tuvieron miedo al
    verme así y me dejaron entrar con los chiquitos… Le preguntaron a mamá
    si me había hecho ver por un psiquiatra.”
    Durante tres días seguidos, el barrio es allanado. Había por lo menos
    seis soldados, metralleta en mano, en el fondo del jardín. Mi hijo y sus
    amigos jugaban en la arena. Estaba preocupada por ellos y no pude
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    contenerme: “¡Pero no ven que solo hay niños!”. No lograba disimular mi
    rabia, pese a las precauciones que uno cree que debe tomar en esas
    circunstancias.
    Por cierto las cosas habían cambiado. Ya no se podía pasear
    tranquilamente por la ciudad; era peligroso salir sin documentos.
    Mirábamos con recelo a nuestros vecinos, a nuestros conocidos, incluso
    a quienes nos consultaban La sospecha, el miedo, el temor a la denuncia
    nos invadían poco a poco. Pero nada de eso se traslucía en las reuniones
    de trabajo ni en la producción escrita.
    María José era una paciente que me daba mucho trabajo en las
    sesiones. Me hostigaba sin tregua. Cuando se ausentó durante dos
    semanas, sentí cierto alivio. Su madre me dejó un lacónico mensaje:
    “Problemas familiares” . Cuando volvió, María José me contó que una
    tarde los militares ocuparon la casa buscando a su padre. Al otro día, no
    había nada para el desayuno. La madre quiso ir de compras, pero ni ella
    ni los dos hermanos mayores fueron autorizados a salir. Fue María José,
    de apenas seis años, quien pudo salir a hacer los mandados. Escondió
    en su zapato un pedazo de papel en el que la madre le anotó un número
    de teléfono. Desde el almacén del barrio, previno a su padre de que no
    viniese a la casa. Luego, volvió con el pan y la leche. Los militares
    esperaron en vano varios días y por fin decidieron irse.
    Estábamos en invierno. Irrumpieron en plena noche. Registraron por
    todos lados, tiraron todos los papeles al piso en desorden, dieron vuelta
    los cajones, desperdigaron los objetos. Todo ello no tenía importancia, si
    no fuera que estaba sola, sin siquiera poder encontrar la vieja estilográfica
    que no nos abandonaba nunca. Pablo dormía y no se despertó. Mañana,
    deberé explicarle lo que sucedió. No sé si encontraré las palabras para
    decirle que su padre ya no está.
    Pablo sabe que, por primera vez, podrá visitar a su padre en la cárcel.
    Prepara con dedicación un regalo: un cenicero en cerámica, fabricado por
    él mismo. Lo pinta de rayas multicolores. Preocupado, me pregunta:
    ¿Crees que papá se dará cuenta que entre las rayas pinte nuestra bandera?
    En efecto disimulado entre las rayas, había pintado el símbolo del frente
    político al cuál pertenecía su padre.
    Estaba agotada, cuando en ese momento me hacía falta una sobredosis
    de lucidez para evitar cualquier paso en falso. No podía dejar de trabajar;
    la vida debía seguir normalmente. Esa misma mañana una madre me había
    llamado por teléfono, pidiéndome una consulta urgente. Su nombre me
    decía algo; debía ser la esposa de ese antiguo diputado cuyo nombre y
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    foto habían aparecido en el comunicado de las Fuerzas Conjuntas de la
    noche anterior.
    En la tarde, recibí a Rodrigo, un hermoso niño de seis años, vestido
    como todos los escolares con túnica blanca y una gran moña azul. Su
    madre estaba deprimida y sin trabajo. Su padre había dejado la casa para
    pasar a la clandestinidad. Desde entonces, Rodrigo retrocedía en su trabajo
    escolar, presentaba una incontinencia urinaria y le había robado dinero a
    su abuela. Durante la sesión, Rodrigo no logra hablar. Esta allí, tenso,
    inmóvil, sentado en la silla, las manos en los bolsillos. Lentamente, saca una
    mano y me muestra un paquete de caramelos. Se pone uno en la boca y
    lo chupa. De pronto, su rostro se transforma, algo se le atraganta, queda
    bloqueado. Permanece así, su mirada fija en la mía, paralizado de terror,
    mientras las lágrimas caen de sus ojos.
    Doy vuelta la página de mi cuaderno azul. Veo el nombre de Sofía.
    Insistente, el recuerdo de aquella lejana mañana ocupa cada vez más mi
    pensamiento. Había decidido llevar a los niños al parque. Aquel domingo
    de mañana la ciudad, aún vacía, despertaba tranquilamente. Tome el
    camino habitual. Más allá del Palacio Legislativo, distinguí el viejo edificio
    de la Facultad de Medicina, puertas y ventanas cerradas, vacío desde hacía
    meses. Un poco más adelante, aceleré al pasar frente a la clínica en la que
    había trabajado tantos años, y donde ya no había lugar para mí. Un poco
    más lejos, se levantaba un largo muro blanco, la puerta barroca de hierro
    forjado custodiada por dos ametralladoras y, en el fondo del parque,
    rodeada de palmeras y magnolias, la silueta de la gran residencia, sede del
    Comando del aparato represivo. Tres veces por semana, centenares de
    hombres, mujeres, niños y viejos esperaban, haciendo fila en la vereda,
    alguna noticia, una carta o un paquete de ropa sucia de sus familiares
    desaparecidos o detenidos. Todo parecía tranquilo esa mañana. Más allá de
    las residencias, después del puente, se extendían los barrios populares. A
    mi derecha, dos topadoras limpiaban el terreno. Sólo quedaban escombros
    del monumento construido colectivamente en memoria de los ocho
    obreros asesinados en aquel local.
    Sofía permanece asociada a esos recuerdos. Tenía cinco años. Aún la
    veo. Su padre está preso. En cada visita, Sofía le lleva los dibujos que
    contienen lo esencial de lo que quería decirle. Sus dibujos son censurados
    sistemáticamente en la entrada. Un día, la mujer de la guardia tacha con tinta
    negra las golondrinas que anuncian la llegada de la primavera. “Está
    prohibido dibujar palomas”, le dice en tono severo. Desde entonces, Sofía
    no dibuja más pájaros, pero dibuja numerosos pares de pequeños círculos
    entre las ramas de los árboles.
    Son los ojos de los pájaros que están escondidos.
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    Afuera, la bruma que asciende atenúa la luz de este atardecer parisino.
    Guardo mi cuaderno en la biblioteca y hago pasar a Laura. Tiene cuatro
    años. Hablamos de la posibilidad de un viaje para visitar a su padre que está
    preso desde antes de su nacimiento. Me dice: “Quiero ir a ver a papá… voy
    a llevar un regalo sorpresa para los malos” y dibuja un paquete atado con
    una cinta. “Sabés. este regalo, tiene una trampa. Lo van a abrir y ¡boommmm!
    las estrellas”. Con orgullo, levanta su puño cerrado.
    Casi sin pensarlo permanezco adherida a ese sueño que, sin ser mío,
    no es diferente del mío. Somos llevados por miles de globos de colores,
    a través del océano en un largo viaje. Ayer, volví a ver a Ana. Nos
    conocimos hace tiempo Cuando solo tenía tres años, la pequeña fue
    testigo desde la puerta de su cuarto de la destrucción de libros y muebles,
    de los insultos a su madre embarazada, de los gritos, patadas y culatazos
    propinados a su padre para hacerlo salir de la casa y llevarlo por la fuerza
    a un lugar desconocido. Ana tiene ahora seis años. Dibuja una niña con
    globos en la mano. Me dice con aire audaz: “Voy a ir con mi maestra, a
    soltar estos globos sobre el mar… creo que van a llegar a otros países
    porque son globos que no revientan. Sobre el globo está el nombre del
    niño y de la escuela. Estoy segura que el que lo encuentre responderá…
    Quisiera que llegaran a lo de Alicia, mi amiga; vive justo enfrente a mi casa,
    allá. Recibí tres cartas de Uruguay… Agarro tres globos y los mando a la
    casa de mis abuelos… Creo que los globos todavía no pueden llegar hasta
    donde está mi papá… todavía no, pero algún día”.
    M.U. de V., París, 1980
    Traducido del francés por María Urruzola del
    libro Exil et torture (Denoël 1989, París).
    Esta versión ha sido corregida
    y ampliada por la autora.

    Somos, fuimos,seremos migrantes. Chilenos en Suecia

    Somos, fuimos,seremos migrantes. Chilenos en Suecia

    Camila Salazar Atias  criminóloga nacida en Chile, criada en Lund, Suecia , una de las principales expertas en el campo de la actividad relacionada con las pandillas. Grado de la Universidad John Jay de Justicia Criminal, Nueva York. Donde también hizo tres años de estudio de investigación etnográfica con una de las bandas callejeras más grandes del mundo, el Todopoderoso América King y Queen Nation. Desde 1997 trabajó con cuestiones relativas a la construcción de las bandas y la identidad de las pandillas. . Camila ha establecido y dirige el Centro Sueco para obtener información sobre subculturas destructivos (CIDES), cuya misión es contrarrestar el desarrollo de las bandas, y se centran en las estrategias exitosas. Camila ya ha hecho posible que los miembros de la banda a abandonen sus vidas destructivas y comiencen de nuevo. Sus esfuerzos y perseverancia ha mejorado la vida de muchos jóvenes que ahora están viviendo sin el temor de constantes amenazas y violencia. Por el momento se desempeña como jefe de programas sociales Fryshuset, una de las casas  más grandes del mundo  de la juventud con más de 60 programas diferentes. Además, da conferencias, hace la promoción,  habla en publico, modera,  en los medios de comunicación. Ella es parte de diversos grupos de expertos y de referencia, escribe artículos en libros y los medios de comunicación, así como se encuentra en el Directorio de Samba.

    Camila es una apasionado de dar a la gente una oportunidad temor honesto en la vida, el valor y la igualdad  Camila recibió en 2015 el prestigioso premio internacional Anna Lindh .

     

    Camila Salazar Atías is a criminologist born in Chile, raised in Lund and one of Sweden´s foremost experts in the field of gang related activity. Degree from John Jay College of Criminal Justice, New York. Where she also did three years of ethnographic research study with one of the world’s largest street gangs, The Almighty Latin King and Queen Nation. Has since 1997 worked with issues concerning the construction of gangs and gang identity.. Camila has established and runs the Swedish center for information on destructive sub-cultures (CIDES) whose mission is to counteract the development of gangs, and focus on exit strategies. Camila has since made it possible for gang members to leave their destructive lives and start anew. Her efforts and perseverance has improved the lives of many young people who are now living without the fear of constant threats and violence. At the moment she works as head of social programs at Fryshuset, on of the worlds largest youth houses with more then 60 different programs. In addition, she lectures, does advocacy, moderate, pubic speaking, figures in media. She Is involved in various expert and reference groups, writes articles in books and media as well as sits in Samba’s Board of Directors.
    Camila is passionate about giving people an honest fear chance in life, everybody’s equal value and equality.
    Camila received in 2015 the prestigious international Anna Lindh Prize for her work.Camila salazar. Perfil Linkedin

     

    Discurso de un niño de 8 años a los 40 años del Golpe de Estado

    Discurso de un niño de 8 años a los 40 años del Golpe de Estado
     
    Ningún niño a esa edad piensa por sí mismo sobre esas cosas. Así como su entorno le hace ver así las cosas otro entorno lo haría ver otras. Sólo hablo de la naturaleza de ser niño.

    Andreits Bravo

    Recuerda cuando tenías su edad. Todos creíamos en lo que nos decían nuestros padres. Es todo.

    Mari Cris

    Mira, Andreits, cada ser humano absorve de su entorno y se va construyendo, nadie pide nada el pidió ser entrevistado se aclaró, todo lo que diga cualquier ser humano es importante para el entorno inmediato como en este caso y no debe existir la discriminación por el solo hecho que son niños.

    papyjuaN1

    Por supuesto que tenemos conciencia cuando somos pequeõs : yo me acuerdo que a los siete años en clases de religiòn detestaba a Dios, porque el cura decìa que no se podìa adorar a nadie, solo a Dios. Pucha, yo adoraba a mi papà.Y Dios yo lo veìa como un ojo gigante que me podìa ver cuando iba al baño…..y cuando me robaba la leche condensada.

    papyjuaN1

    Cuando se lo dije a mi padre me dijo, que yo podìa adorar a quien quisiera y que esas eran leseras del cura. Luego me preguntò : pero tu quieres hacer la primera comuniòn?Yo le conteté que sì. Y porqué quieres hacerla? Porque me quiero poner el vestido que me està haciendo mi abuelita… El dijo a mi mamà…seìa mejor que la hiciera p’al otro año….Pero igual la hice, mi unico problema era con Dios, Jesùs me gustaba.

    Andreits Bravo

    No entiendo la idea de que niños den “su opinión”, si realmente no es su opinión, simplemente repiten lo que les dicen sus padres, porque aún están en una etapa en que lo que les digan ellos es la verdad absoluta. Y digo esto sin desmerecer lo que se diga, sólo pensando en que no tiene valor ¿o le van a pedir a ese niño que tenga consciencia o criterio?

    camila rodriguez

    que ricura de niño T.T y pa todos los que digan “weón como llenan de odio a un niño y blablablabla comunistas desgraciados…” el no habla de odios, no dice palabras como tortura ni justicia, solo esta diciendo lo que sus amigos y familiares dicen, pero lo dice con esa convicción porque a sus tiernos 8 añitos no entiende cómo este país puede ser tan dsigual……lo que nosotros no entendemos, un niño de 8 años tampoco……..ame a este pequeñito 🙂

    Mi padre ejecutado. Memoria desde el útero de mi madre.

    Actualizado el 4 feb. 2012 En entrevista con Alberto Dufey explica las razones del porqué tardo tantos años en denunciar la ejecución de su padre en Victoria por un comando de boinas negras durante el golpe militar en Chile en 1973, cuando ella se encontraba en el vientre de su madre.

    Pedro MUÑOZ APABLAZA

    Sobre la muerte de “Pedrito”, como reza en el sitio de sus restos, se supo que ocurrió por una equivocación, toda vez que la persona que debía ser ajusticiada, era del mismo apellido,pero no se hallaba en Victoria.

     

    31.12.2012 Sergio Valenzuela González, ex jefe de un comando de boinas negras, que se mantiene detenido en el Regimiento Tucapel de Temuco, investigado por la muerte de Pedro Muñoz Apablaza y Eliseo Jara Ríos, ambos militantes del Partido Socialista y que fueron asesinados en el fundo California de Victoria en el mes de octubre de 1973.

    en el mes de febrero de 2012 los restos de Muñoz Apablaza fueron exhumados desde el cementerio de Victoria, quien tenía 21 años al momento de su muerte.En el caso de Jara Ríos tenía 38 años al momento de su asesinato.Era jefe de área del Instituto de Desarrollo Agropecuario (Indap) y militante del Partido Socialista.Fue detenido y llevado a la Cárcel de Victoria en cuatro oportunidades, reingresando por última vez el 16 de octubre de 1973.

    El día 27 de octubre de 1973, una patrulla de boinas negras del Ejército, bajo el mando de Sergio Hernán Valenzuela González, llegó a Victoria en helicópteros, en una misión especial.  Esos comandos salieron ese mismo día en un camión en dirección a Curacautín donde procedieron a ejecutar a los detenidos Pedro Muñoz Apablaza y Eliseo Jara Ríos

    Eliseo Jara fue sacado el día 27 de octubre de la cárcel de Victoria, esposado y en precarias condiciones físicas, por efectivos militares, despidiéndose de sus compañeros de detención, Pedro Muñoz Apablaza fue detenido el mismo 27 de octubre en su domicilio, por la patrulla de boinas negras

    Jorge Castro Lobos, fue procesado por su participación en los hechos

     

     

    Sergio Valenzuela González se llama el criminal, quien era comandante de los boinas negras que masacraron por la espalda a dos personas en el Fundo California de Curacautín, en octubre de 1973.

    La Corte de Apelaciones de Temuco lo mantiene en prisión en el Regimiento Tucapel de Temuco.

    Valenzuela fue el autor material de los disparos que acabaron con la vida de Pedro Muñoz Apablaza y Eliseo Jara Ríos.

    Muñoz Apablaza, egresado de enseñanza media, tenía 21 años cuando fue sacado de su hogar en Victoria por la patrulla de boinas negras que le dio muerte.

    Su hija, la periodista Cinthia Muñoz, quien estaba en el vientre materno a la fecha del crimen, ha luchado durante todos estos años por esclarecer las circunstancias de la muerte de su padre.

    Sólo en febrero pasado, los restos de los dos detenidos fueron exhumados en el cementerio de Victoria.

    RIOS

    Eliseo Segundo Jara Ríos tenía 38 años al momento de su asesinato.

    Era jefe de área del Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP) y militante del Partido Socialista.

    Fue detenido y llevado a la Cárcel de Victoria en cuatro oportunidades, reingresando por última vez el 16 de octubre de 1973.

    El Informe Rettig señala que el Jefe del Centro Readaptación Social de Victoria señaló que el detenido egresó de ese Recinto: “el día 27 de octubre de 1973 para ser llevado a Fiscalía, no habiendo regresado, ni tampoco reingresado a la Unidad con fecha posterior”.

    OTROS INVOLUCRADOS

    Otros oficiales que formaban parte del Batallón Nº4 de Victoria siguen procesados por estos homicidios calificados.

    Se trata de Hernán Salazar Chiferlli, segundo comandante del regimiento; Humberto Torres Torres; el ex gobernador militar Luis René Vega Fonseca y Jorge Castro Lobos.

    El ministro que llevó a cabo la investigación, Álvaro Mesa, sometió a proceso como encubridor de las torturas al médico Alejandro Reyes, autoridad sanitaria del Batallón de Victoria el año 1973.

    40 años después de cometidos los crímenes, comienza a llegar la justicia para estas familias chilenas.

     

    Biobiochile.cl, 26 abril de 2013

     

    El dirigente de la agrupación de derechos humanos dijo que restá aún la interposición de 39 querellas relacionadas con personas detenidas, desaparecidas, torturadas y ejecutadas en Cautín y Malleco, acción judicial que realizan para que no queden casos impunes al cumplirse los 40 años del golpe militar.

      Estas paginas han sido preparadas y son mantenidas por: Proyecto Internacional de Derechos Humanos – Londres © 1996 – 2015

                

    periodista Cinthya Muñoz Aguero

                            –            Pedro MUÑOZ APABLAZA, 21 años, egresado de enseñanza media.  Fue detenido el mismo 27 de octubre en su domicilio, por una patrulla de boinas negras.

                                          De acuerdo a la información reunida en ésta Comisión, ese día 27 de octubre una patrulla de boinas negras del Ejército llegó a Victoria en helicópteros, en una misión especial.  Esos comandos salieron ese mismo día en un camión en dirección a Curacautín donde procedieron a ejecutar a los detenidos mencionados, en el Fundo California. 

                                          Los restos fueron entregados a los familiares quienes declaran que fueron informadas que los dos detenidos habían sido ejecutados ante un intento de fuga. Esta versión no se hizo oficial, pero contradice testimonios concordantes y verosímiles que habrían visto cómo uno de ellos fue sacado del penal de Victoria y el otro de su domicilio por efectivos militares. 

                                        Esta Comisión tiene la convicción que ambas personas fueron ejecutadas, a manos de los agentes del Estado.  Ello es un acto de violación a los derechos humanos. 

    Informe Rettig              

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    Published On: Vie, dic 12th, 2014

    Emotiva Ceremonia En Colocación De Primera Piedra En Memorial De Detenidos Desparecidos

    La ceremonia estuvo encabezada por la gobernadora  provincial Andrea Parra, el edil Obdulio Valdebenito, dirigentes políticos y familiares de detenidos desaparecidos.

    En el  jardín de la entrada principal al cementerio municipal, se realizó ayer jueves  la colocación de la primera piedra de lo que será el futuro memorial de los detenidos desaparecidos en la provincia de Malleco  en tiempos del gobierno  militar. A la emotiva ceremonia asistió la señora  Gloria Álvarez, madre del joven  Luis Raúl Cotal Álvarez de 14 años, asesinado en extrañas circunstancias  por militares en la cercanías del regimento Húsares, sin que su cuerpo hasta ahora sea ubicado.

    Desde la ciudad de Victoria asistió don Sergio Agüero Vásquez y su hija María Soledad Agüero,quien en su juventud fue la novia  del detenido desaparecido  Pedro  Muñoz Apablaza, con quien tuvo una hija y que hoy es una destacada periodista en la vecina comuna de Victoria.

    Don Sergio relata que cuando asesinaron a Pedro Muñoz, el era secretario del gobernador de Victoria,” yo fui militar,  en esa época era sargento  y trabaje con el gobernador  de ese entonces  en Victoria. Pedro era el novio de mi hija y se iban a casar por esos días, mi hija quedó embarazada, hoy mi nieta va a  cumplir 41 años. Imagínese yo trabajaba con el comandante, tenía hijos de izquierda, tuve que soportar  toda la presión que había contra los militares que teníamos hijos  o familiares de izquierda” Puntualizó el ex militar.

    Don Sergio agrega que Pedro Muñoz Apablaza estaba saliendo de la escuela de investigaciones cuando le”achacaron” que era de izquierda y que realizaba instrucción pre militar a los jóvenes de la población donde vivía. “En la población la mayoría de los vecinos tenia tendencia de izquierda y todos creían que  yo era soplón, imagínese soplón y con mis hijos y sus amigos que estaban todos en contra del gobierno. Imagínese Pedro a esta fecha habría tenido 62 años”, finalizó.

    Por su parte la ex novia  de Pedro Muñoz, María Soledad Agüero, dijo que  estaba todo listo para el matrimonio cuando asesinaron a su futuro esposo,” Fui la novia de Pedro, no nos alcanzamos a casar, tengo una hija póstuma que se llama Cintia Muñoz, ella es periodista y  que trabaja en la universidad Arturo Prat de Victoria”. Manifestó

    Al preguntar  sobre el significado del memorial, María Soledad dijo que se le vienen cosas muy profundas y dolorosas. “Tengo mi familia, actualmente estoy casada, pero todos los recuerdos hermosos de Pedro están  dentro del corazón. Yo sé todo lo que sufrió, por tal razón esta  ceremonia es muy emotiva, es un momento de profunda reflexión, el crimen no se va a reparar nunca, pero si hay que recordarlo de buena manera. No siento nada de rencor, soy creyente y este memorial servirá para que nunca más ocurra lo que sucedió en dictadura”, finalizó.

    Gobernadora

    Por su parte la gobernadora Andrea Parra señaló,” este memorial servirá para rescatar la memoria, dar una señal del firme compromiso de parte del gobierno con el tema de los derechos humanos, no solo debe ser objeto de recuerdos  en aquellas fechas difíciles de nuestro país, como es el 11 de septiembre, sino  también debemos  realizar   una profunda reflexión  de cada uno de los seres humanos, en la medida en que nosotros seamos una sociedad  más solidaria, respetuosa  y que vallamos dejando la violencia de lado ,comprenderemos  la importancia de respetarnos mutuamente y preservaremos esta cultura  profunda  de los derechos humanos”, concluyó la gobernadora.

    Por su parte Oscar Tapia Garrido, secretario de la comisión Valech dijo que este memorial  sirve para reparar ven parte el daño ocasionado  a las víctimas de la dictadura militar.” En realidad todavía no se ha cumplido con el objetivo de buscar la justicia plena, ya que las condiciones no están  dadas. Esta es una reparación mínima que se puede hacer en honor a estas  personas “, manifestó.

    Reconocimiento

    En esta oportunidad fue distinguida la señora, Gloria Álvarez, quien ha dado una dura lucha por encontrar   los restos de su hijo asesinado en octubre del año 1973, Luis Cotal Álvarez. El alcalde Obdulio Valdebenito fue el encargado de hacer entrega del reconocimiento, señalando” una madre nunca deja de luchar. Gloria ha luchado por más de 40 años por saber donde se encuentra el cuerpo de su hijo. Este reconocimiento es para esta madre abnegada y luchadora”, finalizó.

    Con la memoria herida…retraumatizaciones

    Con la memoria herida…retraumatizaciones

    Por el dolor de Daniela y de los hijos e hijas de Freddy- mi amigo, compañero y colega- Juan Antonio,Rodolfo y  José , ejecutados , y todos los hijos que deben vivir permanentemente el horror reeditado exijo justicia.

    El día 29 de octubre se constituyó un Consejo de Guerra que decretó pena de muerte para cuatro personas, las cuales fueron ejecutadas, a las 06:00 horas del día 30 de octubre de 1973 en el Campo de Prisioneros de Pisagua.

    En el diario «El Tarapacá» del día 31 de octubre de 1973, se informó la ejecución, haciendo referencia a la supuesta participación de los condenados en un plan destinado a provocar la guerra civil en Chile y la rebelión de las Fuerzas Armadas.

    Fueron ejecutadas así, las siguientes personas:

    Rodolfo Jacinto FUENZALIDA FERNANDEZ, 43 años, piloto civil, Secretario Regional del Partido Socialista. Detenido el 11 de septiembre de 1973, en su domicilio, trasladado al Regimiento Carampangue, luego al Regimiento de Telecomunicaciones y desde allí al Campamento de Prisioneros de Pisagua.

    Juan Antonio RUZ DIAZ, 32 años, militante del Partido Socialista, funcionario de Aduanas en Iquique. Se presentó voluntariamente al Regimiento de Telecomunicaciones.

    José Demóstenes Rosier SAMPSON OCARANZA, 33 años, Relacionador Público de la Municipalidad de Iquique, militante socialista. Se presentó voluntariamente a Carabineros de Iquique el 21 de septiembre de 1973.

    Freddy Marcelo TABERNA GALLEGOS, 30 años, Director de la Oficina Regional de Planificación (ORPLAN, actualmente MIDEPLAN) en Iquique, militante socialista. Se presentó voluntariamente el día 16 de septiembre de 1973 en el Regimiento de Telecomunicaciones.

    Respecto de todos los condenados en este Consejo, a esta Comisión le asiste convicción de la falta de legalidad en la tramitación del proceso. Fundamentan esta convicción los elementos que se indican, sin perjuicio de aquellos que revisten el carácter de generales para todos los procesos:

    – No hubo unanimidad de los jueces que concurrieron en el fallo. En la sentencia se deja especial constancia que el Auditor Ad hoc «estuvo por imponer a los citados reos la pena de diez años de presidio mayor en su grado medio, estimando que cabe hacer aplicación al respecto de las normas del artículo 107 de Código Penal, en grado de tentativa, y que los favorece la atenuante de su anterior conducta irreprochable». Así, en este Consejo, no se cumplió un principio básico establecido en la legislación: que la pena de muerte sólo puede aplicarse cuando concuerdan en ella la totalidad de los sentenciadores.
    – Se condenó a los prisioneros por delitos que no fueron debidamente probados y que legalmente no procedía imputárseles: los cuatro procesados fueron condenados como autores del delito previsto en el Nº2 del artículo 245, en relación con el artículo 246, del Código de Justicia Militar. La primera de esas normas, a esa fecha disponía: «será castigado con la pena de presidio militar mayor en su grado máximo a muerte:… El militar que sedujere tropa chilena o que se hallare al servicio de la República para que se pase a las filas enemigas o deserte las banderas en tiempos de guerra»; El artículo 246 del mismo Código establecía que: «si en los crímenes indicados en el artículo anterior incurriere un chileno no militar o individuo de la clase de tropa la pena podrá rebajarse en uno o dos grados según las circunstancias, …»;
    – Las conductas por las cuales se condenó a los procesados, de haber sido efectivas, se cometieron con anterioridad al ll de septiembre de l973, contrariando la exigencia de la conducta jurídica imputada, cual es que ocurran en tiempos de guerra;
    – De haberse cometido estos hechos, ellos no fueron consumados. La propia sentencia se encarga de establecerlo en su considerando 3º: «Que estos hechos, a juicio del Consejo de Guerra, constituyen el delito referido en los artículos 245 Nº2, en relación al artículo 246 del Código de Justicia Militar, en grado de frustración»;
    – El único medio de prueba que se cita en la sentencia, para acreditar la participación de los condenados en los delitos señalados, es la supuesta confesión de los procesados. Respecto de las confesiones debe tenerse presente que los antecedentes recibidos por esta Comisión, permiten afirmar que en los interrogatorios practicados en el Campo de Detenidos de Pisagua se utilizó sistemáticamente la tortura, lo cual invalida en la especie este medio de prueba.

    Los cadáveres de las víctimas jamás fueron entregados a sus familiares, no obstante que resultaba moral y jurídicamente obligatorio hacerlo así. Algunos familiares de los condenados recibieron el 30 de octubre de l973 una carta de la VI división del Ejército en la cual se les comunicaba que: «… en el día de hoy se ajustició en Pisagua a…, por resolución acordada por los Tribunales Militares en Tiempo de Guerra. Se les dio cristiana sepultura en el Cementerio de Pisagua». Nunca se dijo a los deudos cuál era el lugar preciso dónde se encontraban enterrados. Hasta la fecha, sus cuerpos no han sido encontrados.

    Esta Comisión tiene así la convicción que Rodolfo Fuenzalida, Freddy Taberna, Juan Ruz y José Sampson fueron ejecutados por agentes del Estado en un proceso que por no haberse ajustado a derecho, vulneró las reglas de resguardo a los derechos humanos de los procesados.

    Informe Rettig

    juan antonio ruzEn un sórdido relato que hizo en el programa del Rumpy, un ex conscripto ya identificado como Guillermo  Reyes Rammsy ,quien desempeñó funciones en el regimiento Carampangue de Iquique, reconoció haber participado en el asesinato y posteriormente haber  dinamitado a ex prisioneros políticos. Los hechos ocurrieron en el campo de Prisioneros de Pisagua, mientras que en su relato alude a Juan Antonio Ruz, el único regidor que figura en la lista de detenidos desaparecidos de Iquique.

    En su crudo y grotesco relato el ex concripto, cuyo centro es la historia “de amor” con la novia y luego esposa del ex regidor de Iquique, va contando los entretelones, usando un despreciable lenguaje. Todo ello sin reparar que lo realmente importante, era la entrega de importantes antecedentes en la búsqueda de los detenidos desaparecidos, una incansable lucha que han dado sus familiares sobrevivientes.

    guillermo rodriguez reyesY sin darse cuenta revela que estuvo en el “operativo”  en el que terminó dinamitado Juan Antonio Ruz, quien era casado a la fecha de su asesinato, con una dama de apellido italiano y que integraba una familia iquiqueña, de buena situación económica. En la entonces joven descendiente de italianos, el ex conscripto, cuando cursaba cuarto año medio, antes del golpe militar, había puesto sus ojos.

    Hasta el día de hoy, el joven regidor socialista, mantiene la calidad de detenido desaparecido, al igual que otros compañeros de esa colectividad, todos altos jerarcas del PS. En la búsqueda permanente, siempre corrió un rumor en el sentido que los integrantes de la plana mayor socialista, podrían haber sido dinamitados, como máximo  castigo y para no dejar vestigios.

    Hay que recordar que tras el hallazgo de la fosa clandestina de Pisagua, donde se encontraron a 29 ejecutados, no apareció ni Ruz, ni sus compañeros dirigentes del Partido Socialista.

    De ser efectivo los hechos que relató Guillermo  Reyes Rammsy, hechos que ya son investigados por la Unidad de DDHH del Ministerio del Interior, la PDI y las organizaciones de Derechos Humanos, junto a Ruz, podrían haber ocurrido similar suerte, José Sampson, Rodolfo Fuenzalida y Freddy Taberna.

    CONSEJO DE GUERRA

    Recordando la triste historia de los ejecutados y de acuerdo a los antecedentes que obran en poder de las instancias de derechos humanos, el 29 de octubre de produjo en Pisagua un consejo de guerra donde se acusa a altos jerarcas del Partido Socialista Rodolfo Fuenzalida, Juan Antonio Ruz, José Sampson y Freddy Taberna.

    Según se establece por la Comisión Rettig, el procedimiento estuvo  revestido de una serie de irregularidades. La principal tesis es que no había estado de guerra en Chile, sino que un golpe de estado.

    Tampoco hubo unanimidad de los sentenciadores, como se requiere en el proceso legal. Además, los delitos no fueron debidamente aprobados.  Y lo más contundente, es que se reconoce la tortura sistemática como método para obtener información.

    La Comisión establece que los 4 acusados fueron “ejecutados por agentes del Estado en un proceso, que por no haberse ajustado a derecho, vulneró las reglas de resguardo a los DDHH de los procesados”.

    *Información competa de este caso, en el Tomo 1 del Informe Verdad y Reconciliación, páginas 240 y 241.

     ¿QUIÉNES ERAN?

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    Rodolfo Fuenzalida Fernández,  43 años, piloto civil, detenido el mismo 11. Era militante del Partido socialista. Como casi todos los detenidos, hizo el periplo desde su lugar de detención al Regimiento de Telecomunicaciones y de allí a Pisagua.

    Juan Antonio Ruz, 32 años. Se desempeñaba como funcionario de Aduanas y se entregó voluntariamente en el Telecomunicaciones.

    José Sampson Ocaranza,  33 años, quien se desempeñaba como Relacionador Público de la municipalidad de Iquique, También se presentó voluntariamente. Lo hizo ante Carabineros.

    Freddy Taberna Gallegos era el más joven de este grupo, con sólo 30 años y como los otros, se presentó voluntariamente, sin presagiar que esa decisión sería sin vuelta atrás. Hoy, una calle de su barrio El Morro, le recuerda con su nombre.

    Escuchar audio completo

    https://www.facebook.com/GrupoWurtlitzer/videos/1064234260339667/?video_source=pages_finch_main_video&theater

    Libro: El desperdicio militar obligatorio, de autoría de Guillermo Reyes:

    http://desperdiciomilitarobligatorio.blogspot.cl/search?updated-max=2007-10-26T15:32:00-07:00&max-results=7

    Prontuario deBárbara Tosi, argentina de 1 año de edad…

    Hay al menos otros 25 casos que ocurrieron durante el terrorismo de Estado

    La dictadura le armó un prontuario policial cuando era una beba de un año

    El 2 de enero de 1977, las fuerzas represivas rosarinas mataron a la madre de Bárbara Peters Tosi. A ella la llevaron detenida después del operativo a la Jefatura de Policía de Rosario. Allí le hicieron un prontuario: “Me tomaron como huellas las patitas”, dice hoy en una entrevista con Infojus Noticias. Ese documento fue presentado como prueba para que su caso y el crimen de su mamá sean juzgados en la megacausa Feced.

    • Fotos: Matías Sarlo.

    Por: Julieta Benedetto

    “Me tomaron como huellas las patitas, son del tamaño de las de Simón, mi hijo, que tiene la misma edad que yo en ese momento”. Bárbara Peters Tosi es hija de militantes montoneros desaparecidos. No se refiere a su partida de nacimiento, sino al prontuario policial que le hicieron cuando tenía poco más de un año, el 2 de enero de 1977. Fue después de presenciar, en la casa de la calle 2 del Barrio Gráfico de Rosario, entre festejos de Año Nuevo, el asesinato de su mamá, Clotilde Rosa Tosi, y de tres compañeros de militancia: Cristina y Leonardo Bettanin y Roque Julio Maggio.

    La caratula dice “Prontuario de Tosi Bárbara”. Impresiona ver las huellas de sus pies chiquitos: ocupan menos de la mitad del espacio destinado para el registro de las huellas dactilares. “Imagino que es la huella que se les toma a los bebés, no sé”, dice Bárbara en una entrevista con Infojus Noticias.  La siguiente página tiene información de su mamá y datos personales de la beba: “Estatura: 0.60 cmts”. Al lado hay un detalle de rasgos faciales -cutis, pelo, cejas, nariz- señalados sobre opciones preimpresas. A los recién nacidos, en las nurseries les toman las huellas de sus pies como registro de nacido vivo. Queda como marca de identidad, en las historias clínicas de los niños, y de las madres. En estos legajos, ¿cuál habrá sido el objetivo?

    Lo primero que se piensa es que no puede ser el prontuario de una beba de un año, que es una equivocación. No lo es. Este registro de ingreso y permanencia en dependencias policiales de niños no es único: lo encontraron y recuperaron de un archivo a punto de ser destruido, junto a otros 25 prontuarios similares. A Clara Anahí Mariani, quien permanece desaparecida, también cuando tenía meses de vida le hicieron, en el Departamento de Investigaciones de la Policía de la provincia de Buenos Aires (DIPBA), un legajo de antecedentes.

    “Las detenían, las registraban como hijas de subversivos. Era un procedimiento habitual. Tiene que ver con la ideología de las fuerzas de seguridad en el marco del terrorismo de Estado”, explicó a Infojus Noticias Nadia Schujman, abogada querellante de HIJOS Rosario y directora provincial de Memoria en la Secretaría de Derechos Humanos de Santa Fe.

    El prontuario de Bárbara fue presentado como cuerpo de prueba para que su caso y el crimen de su mamá sean juzgados en la megacausa denominada Feced. Bárbara explicó que condenar a los responsables de estos delitos será complejo, porque aún no hay testigos que puedan identificar a quiénes estuvieron involucrados.

    Clotilde tenía 25 años cuando fue asesinada. Militó desde adolecente en la UES, después en la JUP y luego en Montoneros. Había ido a Cuba a entrenarse y tenía grado de responsabilidad en la organización. Tuvo a su única hija en diciembre de 1975, fruto de su relación con Carlos Livieres Bank, abogado penalista y oficial montonero. Dos meses después del nacimiento de Bárbara, fue herido y desparecido en la ciudad de Santa Fe.

    ***

    Elba Juana Bettanin, una de las sobrevivientes del operativo en el que mataron a la mamá de Bárbara, declaró en diciembre de 1983 en Rosario, una vez restituida la democracia. Contó qué pasó el domingo 2 de enero de 1977 en la casa del Barrio Gráfico. Dijo que estaban festejando el Año Nuevo con su hijo, Leonardo Bettanin, dueño de casa. También  Roque Maggio con su hija Paula, de 2 años. Clotilde y Bárbara. Cristina Bettanin con su esposo Jaime Colmenares. Y María Inés Luchetti, nuera de Elba, embarazada de ocho meses, con sus hijas Mariana, de 3, y Carolina, de 1 año.

    “Eran como las 17. Todos dormían la siesta. Yo era la única que estaba despierta. De pronto veo saltar de las casas linderas y de los fondos personas vestidas con ropa tipo café con leche. Al ver eso grité. Jaime salió corriendo hasta la puerta y lo agarró la policía”, dijo Elba en la justicia. Los uniformados les gritaron, a través de megáfonos, que tenían tres minutos para salir. Pasado ese tiempo, empezaron a disparar.

    María Inés, en su primera declaración testimonial en 1984, relató que la policía las retuvo en el jardín, en la parte de atrás de la casa. Leonardo salió al patio y empezaron los tiros. “Disparan con armas largas y también dispara un policía que nos estaba custodiando a nosotras, rodilla en tierra, con una pistola. Las criaturas comienzan a llorar por el ruido de los disparos. Nos obligan a saltar un muro que da a calle Los Gráficos. Nos llevan a un carro de asalto, con mi cuñada agonizante”. Cristina murió en el traslado. También fueron asesinados Roque y Clotilde. Jaime sigue desaparecido. María Inés estuvo detenida por casi un año en el centro clandestino del Servicio de Informaciones, en la Jefatura de Policía de Rosario. Parió en cautiverio a su hijita, llamada Cristina Inés, en homenaje a su cuñada.

    María Inés le contó a Bárbara que, al subir al carro de la policía, la alzó y empezó a gritar “acá está Barbarita, acá está Barbarita”, para ver si la reconocía alguno de los vecinos. Sabía que Clotilde tenía familia en el Barrio Gráfico. Así era: Olga Noemí Tosi, Mery, una hermana, vivía en la manzana contigua. “Era cosa de mandinga: en ese momento, como ellos estaban clandestinos, no le blanquearon a la familia donde estaban. Mi mamá estaba conmigo, a metros de donde vivía su hermana, sin decirle”, explica hoy Bárbara.

    ***

    Una de las hojas del prontuario, tipiada a máquina, dice: “Rosario, 3 de enero de 1977 (…) se recepciona en la Sección Femenina de esta dependencia a la menor Bárbara Tosi, argentina de 1 año de edad”. Y debajo, con fecha 5 de enero, “fue entregada a su tía, Olga Noemí Tosi de Peters”. Y luego una hoja más, donde su abuelo Jacinto relata que “el 3 de enero de 1977 procedieron a reconocer el cadáver de su hija y desde entonces practican diligencias para dar con la niña a la que hallaron el día de la fecha en esta sección”.

    Los chicos que quedaron huérfanos por el terrorismo de Estado tuvieron contextos y destinos familiares diferentes. En muchos casos fueron los tíos quienes quedaron a cargo de ellos. Es el caso de Bárbara: su tía Mery y su esposo Carlos Peters se convirtieron en su familia adoptiva. Bárbara cuenta que no hace tanto ató cabos y se dio cuenta que vivió hasta sus 12 años en el barrio donde había perdido a su mamá, a pocos metros de donde había sido secuestrada. “No en la misma manzana, sino en la de enfrente. Siempre digo que voy a ir a reconocer la casa y no lo hago. Es loco que yo viví ahí siempre. Y como bien barrio que era, estábamos todo el tiempo en la calle, jugábamos y nos metíamos en las casas abandonadas, yo sé que esa casa estuvo abandonada. Capaz jugué ahí y todo”.

    En 1988, Bárbara empezó a escribir un diario íntimo con letra redonda y garabateada que aún conserva. En esas páginas hizo dibujos, corazones, y pegó figuritas, calcomanías. Hay relatos de sus aventuras con amigas del barrio. Escribe sobre sus primeros amores. Luego la letra se pone alargada, trágica, triste, y dice “a un día de enterarme de la verdadera muerte de mis padres”. “A los 11 años me contaron que a mis padres los habían matado. No me dieron detalles, pero nunca me mintieron al respecto. Pero yo no sabía de la dictadura ni que había desaparecidos. Proceso de Reorganización Nacional enseñaban en el Adoratrices, el colegio de monjas al que me mandaron, que detesto prácticamente como a los militares. Recién cuando entré en la Facultad me enteré de la dictadura”, relata hoy Bárbara.

    En la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de Rosario conoció a Valeria Brech, con quien descubrió que su papá estaba desaparecido. Con ella se acercó a HIJOS, que estaba en plena formación, en 1996. Allí también conoció a Loli Araya: se hicieron amigas y después descubrieron que sus madres también lo habían sido. La militancia en HIJOS estuvo atravesada por el arte. En 1998 Bárbara se encontró con el teatro y su vida se articuló alrededor de ese núcleo. Desde entonces forma parte del grupo de teatro “Hijos de Roche”, que dirige Romina Mazzadi Arró. “El teatro me ha dado un lugar de pertenencia, desde que empecé a actuar tengo el mismo grupo, que me contuvo y me permitió transitar todos estos lugares sin tener que gritar a la nada. Gritando desde determinados lugares. Sabiendo hacia donde gritaba, por lo menos”, dice.

    Bárbara reflexiona sobre el lugar que ocupa el arte en su vida. Dice que de chica se “encerraba y escribía”. Cuenta: “Escribía las cosas que me pasaban, tremendas. Víctimas fuimos generaciones completas. Creo que me salvó el arte, mis amigos, mi marido. Lo artístico es para mí un refugio y un modo de vivir. Eso, creo, me puso en otro lugar, me salvó del lugar de víctima, tan feo. Que nunca quise tener, que no tengo.”

    JB/RA

    Destacado

    Entrevista a nieta de Allende. Marcia Tambutti y “Allende mi abuelo Allende”:

    ENTREVISTAS
    Entrevista a Marcia Tambutti, directora de “Allende mi abuelo Allende”: Romper el silencio
    Por Evelyn Erlij
    22 de mayo de 2015

    La imagen de Salvador Allende es, quizás, la imagen con lecturas más discordes de la historia de Chile: emblema de alegría, esperanza y lucha para unos; símbolo de odio, caos y división para otros. Opuestos y múltiples, esos caminos conducen insalvablemente al dolor de un país fracturado, al mutismo de una sociedad que optó por acallar la memoria para superar el trauma.

    Marcia Tambutti (1971), nieta del ex presidente socialista, quiso apartar esas interpretaciones de Allende para crear, por sus propios medios, una imagen familiar del abuelo que no recuerda, del hombre que, en su mente, era un retrato pétreo y en blanco y negro de un héroe demasiado grande como para bajar del pedestal.

    Allende mi abuelo Allende (2015), coescrito con Paola Castillo y exhibido en la Quincena de los Realizadores de Cannes, es el resultado de esa búsqueda, que comenzó hace más de diez años, en los días en que Tambutti estudiaba un posgrado en Londres y consagraba su vida a la Biología. Desde entonces hasta ahora, su vida cambió de forma radical: hoy su nombre aparece en esta sección paralela de Cannes junto al de cineastas consagrados como Arnaud Desplechin, Miguel Gomes y Philippe Garrel; y su agenda de entrevistas estará tan saturada durante el festival, que apenas podrá hablar una decena de minutos con cada periodista.

    Tambutti —nacida en Chile, pero criada en México— tenía una breve experiencia previa en el cine tras producir el mediometraje Tencha (2008), de Carmen Luz Parot, un trabajo sobre su abuela Hortensia Bussi. Por esos años, ya tenía la inquietud de hacer un documental sobre su abuelo, razón por la que empezó a estudiar cine. “Desde que decidí hacer la película tomé cursos pequeños de guión y de dirección de cine documental en México, en Chile; también en internet a través de una escuela española. Tenía que trabajar de bióloga y hacer la película, así que no podían ser tiempos muy largosˮ, cuenta la directora en la Playa de la Quincena, donde ha pasado el día dando entrevistas.

    El filme es el viaje personal de Tambutti para redescubrir la figura de su abuelo, un tema sobre el que su familia impuso un silencio lapidario durante décadas. Las preguntas serán su única arma, incluso si, a veces, éstas no lograrán intimidar ni a su abuela Tencha ni a su madre Isabel. Callar ha sido la única forma de sobrevivencia de una familia desgarrada por un pasado traumático y por una ola de suicidios que comenzaron con el del patriarca del clan, en 1973. Vemos en pantalla también a su tía Carmen Paz, a sus hermanos y a sus primos, con los que intenta romper todos los tabús: la personalidad de Allende, su trato con su esposa, sus amoríos secretos y su relación con sus hijas y nietos.

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    “Siempre pensé que mi abuelo era una excusa para voltear a ver a mi familia. A veces pienso que es un documental sobre mi abuela, a veces pienso que es más sobre la relación con mi madre. Lo que encontraba bonito era esta confrontación cariñosa entre mujeres, y es muy fuerte que, contrario al género, en mi familia son las mujeres las que menos quieren hablar. Tiene muchas lecturas, pero claro, desde el principio sabía que la búsqueda de mi abuelo me llevaría a sus mujeres y, entre ellas, a mi abuelaˮ, explicó Tambutti luego la proyección del filme, donde también reveló que una de sus influencias cinematográficas fueron los trabajos del cineasta mexicano Juan Carlos Rulfo, quien en El Abuelo Cheno y otras historias (1995) y Del olvido al no me acuerdo (1999) explora su historia familiar.

    Poco a poco, Tambutti va descubriendo una cantidad de material inédito impresionante, desde fotografías íntimas de su abuelo, hasta un video en el que se ve a un joven y alegre Salvador Allende en pantalones cortos y actuando en una obra de teatro casera de tono humorístico. Se trata de un registro perteneciente a la familia de Hernán Santa Cruz, amigo de toda la vida de Allende, material que fue encontrado por el equipo de la película 1973 revoluciones por minuto, de Fernando Valenzuela Quinteros, y que fue cedido a Tambutti tras no ser incluido en el filme.

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    —¿Por qué decidiste dirigir y no codirigir?

    —Al inicio quería codirigir. Pero cuando me encontré con Paola Castillo, que es directora y que sólo produce documentales de autor, me dijo: “El punto de vista acá es tan profundo, que cualquier otra persona va a alejar al espectador del relato. Hagamos la prueba, inténtalo. Dirige tú y aquí vamos a estar detrás tuyo apoyándoteˮ.

    —¿No te dio miedo explorar un lenguaje (el cinematográfico) que no conocías?

    —Más que miedo, me dio vértigo dejar la vida que llevaba en México, porque me iba muy bien. Era muy ingenua al principio y no dimensioné lo que me propuse como desafío. Casi por ignorancia, pensaba que iba a hacer la película en dos años y volvería a mi vida anterior. Pero lleva tiempo conseguir el financiamiento y el equipo correcto, algo que fue muy difícil. Al final, me rodeé de gente muy profesional y solidaria, gente que estuvo acompañándome todo el tiempo.

    —El gran reto de la película es lidiar con el silencio de tu familia. ¿Cómo lo enfrentaste? ¿Nunca temiste no lograr romper esa coraza?

    —Al principio, los silencios de mi abuela —sí bien yo sabía que quería retratarlos— me ponían muy nerviosa. Eran momentos muy fuertes. Le hacía una pregunta y no  contestaba, y como estaba delante de una cámara, no sabía qué hacer. A veces yo quebraba los silencios, pero me costó aprender a fluir con ellos. Fue muy difícil, en el sentido de que es una dinámica familiar que, si bien quieres registrar, igual te genera pudor, porque eres parte de ella. Hubo mucho trabajo en equipo para ir aprendiendo de mis errores, para mantenernos fieles a ser transparentes y a superar los pudores.

    —El silencio que hay en tu familia es también el silencio que hay en Chile en torno a Allende. Hace muy poco el cine se atrevió a hablar de él, en películas como Salvador Allende, de Patricio Guzmán o Allende en su laberinto, de Miguel Littin.

    —Creo que es algo que ocurre siempre en los países que han pasado por dictaduras tan traumáticas. Es un poco lo que le ocurre a mi familia: Lo que nos duele, no lo hablamos. En el caso de Chile, es lo que nos divide. La gente no se atreve a hablar en el colegio de Salvador Allende, porque los alumnos se van a pelear. También creo que, tras una dictadura tan represiva, queda una especie de miedo en alguna parte de la cabeza que genera tensiones muy potentes. Llegué a Chile al inicio de la democracia y sentí la universidad como un foco muy violento, en cuanto al trato entre compañeros. Sentía que en México todo era más paz y amor. Esos son temas que no están resueltos, y tiene que ver mucho con cómo el país se plantea hablar de la justicia y la memoria. Hablar es un proceso sanador que como país debemos hacer.

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    —También está tu propio silencio en cuanto al suicidio de tu hermano Gonzalo, que no mencionas al hablar sobre los suicidios en tu familia.

    —Es que la película tiene otro viaje, que no es explorar los suicidios de mi familia, sino explorar por qué no hablamos de Salvador Allende entre nosotros, y esos son distintos tipos de dolores. Cuando uno hace una película, tiene que partir de una narración clara. Pero lo digo en el documental: ésa es una ventana que abrió mi abuelo. Era una manera de incluirlo manteniendo una historia coherente.

    —¿Por qué decides omitir el contexto político? ¿Por qué no explicas quién es tu madre Isabel o tu hermana Maya (Fernández)? Para una audiencia extranjera, no queda claro el peso político de la familia Allende en Chile.

    —Lo digo al mencionar que parte de la huella de mi abuelo está en el hecho de que casi todas las mujeres a su alrededor, en todas las generaciones, toman un estandarte político. De alguna manera lo hago, de forma sutil, porque me parecía interesante explorarlo, pero habían tantas otras cosas por explorar.

    —La imagen de tu abuelo es una imagen que se asocia al dolor y a la tristeza. ¿Cómo enfrentaste eso en el documental?

    —Quise transmitir la sensación de felicidad y de construcción común de futuro, por ejemplo, con el audio de uno de sus discursos que puse al inicio, o con esas imágenes espectaculares de campaña, en las que ves a mucha gente feliz. Muchos se acercan a mi mamá a decirle: “fue de los mejores períodos de mi vidaˮ. Aún así, su figura está asociada también a cierto dolor. Por eso, para mí, fue muy nuevo ver esa felicidad en la gente, y por eso quise que estuviera presente en el documental, para que así, el que no conoció el proceso ni de oídas, pudiera sentir que fue algo real y muy potente.

    Sobre el honor militar y los Verdaderos Héroes de la patria. Cartas de un hijo de un marino constitucionalista

    DestacadoSobre el honor militar y los Verdaderos Héroes de la patria. Cartas de un hijo de un marino constitucionalista

    Sobre el honor militar: Carta de un hijo de un marino constitucionalista

    por Roberto Cifuentes D. (Bélgica)

    lunes, 11 de diciembre de 2006

    Bélgica, Lovaina, 6 de Diciembre 2006

    A los medios de Comunicación,
    A la luz de las últimas declaraciones de la hija del dictador, y del debate público que se ha producido en torno a sí Pinochet debiera o no recibir honores militares, por su cargo militar o como falso Jefe de Estado; yo como hijo de un ex cabo segundo de la Armada de Chile constitucionalista, que fue detenido y torturado en agosto de 1973, por intentar impedir el genocidio que hoy “en parte” ha quedado ilustrado en el incompleto  informe Valech, me resulta una vez más paradojal, por no decir patético que se este hablando de ” Honores Militares” a un dictador, así como ridículo validarlo en el cargo de “Jefe de Estado” ante la eventualidad de su funeral, cuando su proceder nunca estuvo a la altura de consenso en ese cargo a nivel de país, ni éticamente, por la forma en que se auto-posesionó en el cargo por medio de un golpe de estado, ni menos legal, ya que por derecho constitucional la investidura del Presidente Allende había sido absolutamente legitimada incluso por el congreso.

    He escuchado, en numerosas ocasiones, ex militares genocidas, hablar de la “familia militar“,  como si ésta constituyera por sí sola un ejemplo de moralidad y valores profundos. Debo agregar al respecto que yo crecí en una familia militar muy diferente, crecí en una familia de valientes y heroicos militares, que al darse cuenta de la actitud sediciosa y motinezca de sus superiores, así como de las consecuencias que podría acarrear un golpe de estado liderado por ellos, alertaron sin titubear a las autoridades de gobierno, porque eran y son portadores de un alto espirítu de lealtad, consecuencia y respeto hacía la unidad y el bien común de nuestro país. Esos jóvenes marinos si tuvieron un comportamiento “HONORABLE“, fueron leales a su juramento a la bandera, y portadores de un alto sentido de valentía al oponerse a la masacre que se venía y sin embargo todos ellos, realmente verdaderos militares, fueron exonerados de sus cargos, por la grandeza de portar dignidad, honor y valentía; en circunstancias que gran parte de la oficialidad, “incluido el actual Almirante Codina” y el alto mando de la época, planearon el genocidio de la mitad de  nuestro país, y aún continúan sin ser juzgados, y todos legítimamente reconocidos como parte de la institucionalidad militar, con todos los derechos respectivos, lo cual me parece una vergüenza como país.

    Los marinos constitucionalistas deben tener un lugar importante en la historia de Chile, el comportamiento heroico que tuvieron, debe ser conocido por las futuras generaciones, ellos deben ser premiados con los máximos honores militares, y ascendidos a rangos de oficiales. Los Chilenos deben saber que desde la armada se preparo el golpe de estado, pero que desde las diversas unidades de mar y tierra, hubieron jóvenes cuyo promedio de edad no superaba los 23 años, que intentaron abortar el golpe, pero que fueron detenidos y salvajemente torturados en agosto de 1973.  El día del golpe militar, impotentes vieron que lo que ellos habían  previsto, lamentablemente se había cumplido.

    A lo largo de estos últimos 30 años, los hijos del general Pinochet, y los hijos de los marinos constitucionalistas, vivimos en familias militares extremamente diferentes; con valores y principios igual de incongruentes, lo cual se repite también en la enorme diferencia  de distribución del ingreso de la misma supuestamente familia militar. El dictador y genocida Pinochet, debe ser degradado de sus cargos, oficial y legalmente, al igual que todos los militares que participaron directa o indirectamente de las iniquidades que él lideró y por ningún motivo debe recibir honores militares, por el contrario revalidemos por alguna vez a los verdaderos héroes de la armada chilena, son ellos, los marinos constitucionalistas quienes deben recibir los máximos honores militares y civiles existentes en nuestro país.

    Roberto Cifuentes D.
    Economista
    Grand Place 33/202
    1348 Louvain la Neuve
    Belgique

    Usted tiene como hombre de confianza, al mando de la Marina de Guerra, a un “traidor”

    Su Excelencia
    Presidenta de la República
    Sra Michelle Bachelet
    Presente.
    México, 25 de Enero del 2008.
    Junto con saludarla me dirijo a usted en calidad de ciudadano y como hijo de uno de los héroes contemporáneos que tiene nuestro país. Me refiero a los marinos constitucionalistas, ejemplos de valor, coraje y conciencia, quiénes fueron detenidos en Agosto del año 1973 por haber denunciado los preparativos golpistas y las consecuencias que ello traería para sectores importantes de la población.

    En mi caso, teniendo solo 4 años de edad fui conducido, junto a mi madre y mi hermana menor, a la Academia de Guerra, cuando mi padre estando ya encarcelado fue sometido a un Consejo de Guerra en el año 1975. Fuimos utilizados para chantajear a mi Padre, y fuimos al mismo tiempo testigos de cómo lo torturaban.

    Señora Presidenta: me resulta muy irritante escuchar las declaraciones de ciertos personajes públicos, como es el caso del actual Comandante en Jefe de la Armada, Almirante “Codina”.

    En el diario electrónico de la Nación de ayer aparece un artículo donde el Almirante menciona:
    “…en los miembros actuales, no hay ningún pacto de silencio, porque hay que pensar que estos hechos ocurrieron tanto tiempo atrás que ya en la institución no quedan de esas personas que estén en servicio”.

    Señora Presidenta: esto es la falacia más grande que he escuchado. El Almirante Codina le miente descaradamente a todos los Chilenos con esas afirmaciones y la prueba misma de esa mentira es que él mismo aún está en servicio activo. A casi 35 años del golpe de estado, señora Presidenta, usted tiene como hombre de confianza, al mando de la Marina de Guerra a un “traidor”, y me hago totalmente responsable de mis palabras. El actual comandante en Jefe de la Armada, firmó con su puño y letra una carta enviada al “Comandante en Jefe de la Armada “Almirante Merino” cuando este último aún no lo era, -en un claro acto de sedición ya que quien ocupaba ese cargo era el Almirante Montero-, pidiéndole que interviniera porque de lo contrario renunciaba al igual que los otros tenientes que firmaban la carta.

    Señora Presidenta: no es por nada que cuando usted anda de gira en el extranjero, sus palabras acerca de la democracia chilena no tienen mucho eco, ¿Como quiere tener credibilidad en el extranjero y popularidad en Chile, cuando, el Comandante en Jefe de la Armada es un “Traidor” que hasta el día de hoy le miente descaradamente a los chilenos?. ¿Porqué, si no hay pacto de silencio en la Armada bajo la jefatura del Almirante Codina, en el informe Valech, la Armada no menciono el campo de concentración de “Melinka”, o Isla Riesco u Operativo X?. Eso no fue una simple omisión Señora Presidenta.

    Aprovecho esta misiva para preguntarle ¿cuántos militares chilenos han seguido formándose en la Escuela de las Américas durante su gobierno?. Quiénes son los enemigos internos hoy en Chile?. ¿Los jóvenes estudiantes Mapuches? Quienes, por cierto, para usted no son más que simples delincuentes comunes o, peor aun, terroristas.

    Como ciudadano Chileno, le pido que si es decisión suya mantener a personajes con tan poca moral, como el Almirante Codina, en un puesto de confianza, tome las medidas para que éstos no le sigan mintiendo descaradamente al país a través de los medios de comunicación.

    Deseándole el máximo de éxito en lo que le queda de su mandato, se despide muy cordialmente,

    Roberto Cifuentes D.
    Economista.

    CC: Ministro de Defensa.


    Señor:
    José Antonio Viera-Gallo.
    Ministro Secretario General de la Presidencia.
    Presente.-
    México, 03 de febrero del 2008.

    Estimado Señor:
    Junto con saludarlo, me permito hacerle llegar mis comentarios con relación al artículo del Sr. Boris Bezama, que apareció el día de hoy 3 de febrero del 2008, en el diario La Nación.

    Señor Viera-Gallo, hace pocos días atrás escribí una carta a la Presidenta de la República, con relación a las declaraciones del actual comandante en jefe de la Armada, Almirante Rodolfo Codina, hoy me permito hacerle llegar mis comentarios en relación a la defensa que usted hace de los jóvenes oficiales que cometieron asesinatos en los días del golpe de estado, basándose en la justificación de que recibían órdenes superiores.
    Sr Ministro, esta no es la primera vez que usted habla acerca del “Honor Militar” y temas relacionados con los militares que han cometido asesinatos, y actos de represión en contra de sus compatriotas.

    En el mes de Junio del 2007, cuando estaba prófugo el General Raúl Iturriaga Neumann, usted dijo en una entrevista:”
    “…los uniformados o ex miembros de las Fuerzas Armadas que cometieron crímenes “tenían un cierto respeto por el honor militar. El honor militar hace que uno responda de los hechos que cometió. Un militar no se arranca; un militar no se fuga, menos un militar chileno”.

    Ahora usted sale en defensa de los jóvenes oficiales que se vieron “forzados” a cometer crímenes.

    Usted dice en la entrevista:”…. aun cuando comprendo que era muy difícil ser héroe en un momento así. A quien le tocaba estar en un grado bajo de la jerarquía militar y participar en hechos de esta naturaleza, si se negaba, muchas veces después era gravemente sancionado, cuando no corría riesgo su vida.”

    Con sus dichos usted reconoce que quienes se opusieron a recibir esas órdenes estaban de alguna manera realizando un acto heroico. En esta ocasión, aprovecho sus dichos para recordarle que las Fuerzas Armadas tienen “Héroes Contemporáneos”, y que es el momento de que ellos reciban los máximos honores, reconocimiento y reparación por las consecuencias de sus actos. Los héroes a los que me refiero señor Viera-Gallo, son los marinos constitucionalistas detenidos y torturados en Agosto del año 1973, acusados de supuesta sedición, quienes el 25 de Agosto 1973, desde la prisión “Silva Palma”, enviaron una carta al Presidente de la República denunciando la masacre que se avecinaba con el golpe, además de las torturas a las que habían sido sometidos por los oficiales de la Armada (junto con esta misiva le entregó copia de la carta).

    El promedio de edad de estos marinos no era mayor al de estos jóvenes tenientes o subtenientes de los que usted habla en su entrevista, el más joven solo tenia 19 años, pero para ellos, los mensajes de los oficiales en las arengas eran claras, “no quedaría ningún líder de izquierda vivo” tenían que matar a sus propios padres si estos eran “comunistas”, para eso tenían a sus “padres espirituales” (los oficiales).

    Lo paradójico de esta situación, es que muchos de estos “Verdaderos Héroes” hoy día aun no tienen derecho a una pensión de exonerados políticos, porque fueron detenidos antes del 11 de septiembre, en circunstancia de que muchos torturadores reciben hoy una doble pensión por “traumatismo post guerra “. Contrariamente a sus superiores estos marinos fueron “leales a su juramento a la bandera”. Una vez cumplidas sus condenas no pudieron trabajar por tener antecedentes de “Traidores”, pero sin embargo jóvenes oficiales de esa época que actuaron de manera sediciosa, hoy día han llegado a ser Comandantes en Jefe de la Armada.

    En el libro Bitácora de un Almirante, aparece una carta enviada al Almirante Merino, con fecha 5 de septiembre de 1973 firmada con su puño y letra por el actual Comandante en Jefe de la Armada, donde en parte dice lo siguiente:
    “…Hemos sido educados en nuestra Escuela Naval en un sistema democrático y esencialmente antimarxista; de ello consta en los textos que la superioridad nos ha entregado en los diferentes niveles de educación (…). Y el Presidente de la República (Allende) ha expresado pública y enfáticamente ser marxista (…). “.. Hemos condicionado nuestra permanencia en la institución a que ésta actúe decididamente para desterrar el marxismo en Chile.””

    Señor Ministro, hoy no es momento para sentirse dolido, es tiempo que de que los culpables de la masacre que ocurrió en Chile sean desenmascarados y que quienes se jugaron la vida por oponerse al genocidio tengan un reconocimiento público y sean reparados como corresponda.

    El deseo de Vivir libro marino en Pisagua

    Deseándole éxito y la mayor de la sabiduría en su gestión ministerial, se despide muy cordialmente

    Roberto Cifuentes Delgado.

    CC: Presidenta de la República.
    Organizaciones de Derechos Humanos.
    Parlamentarios.
    Medios de comunicación.

    Informese más leyendo este artículo  El Golpe de Estado y los Marinos Constitucionalistas

    Los que dijeron no. Hablan los marineros antigolpistas de 1973  Versión completa entrevista lucía Sepúlveda Ruiz al historiador Jorge Magasich

    Libro de4l Historiador chileno Jorge Magasich
    Libro de4l Historiador chileno Jorge Magasich

    Ver así mismo http://www.archivochile.com/Experiencias/exp_popu/EXPpopulares0023.pdf

    Estatua merino

    http://radiochile-canada.net/2014/03/09/solicitamos-el-retiro-del-monumento-a-toribio-merino-y-la-remocion-del-nombre-merino-de-un-navio-y-de-auditorios/