El Patio 29. Una historia de Chile

DestacadoEl Patio 29.  Una historia de Chile

sábado, 11 de julio de 2015

Todo está clavado en la memoria

Patio 29
 
El Patio 29 es un terreno del Cementerio General de Santiago de Chile, que fue usado durante el Régimen Militar para enterrar clandestinamente a ejecutados políticos.
Este lugar estaba destinado como fosa común para sepultar a personas indigentes, pacientes psiquiatricos y quienes morían en la calle sin ser identificadas por sus deudos (NN). Sin embargo, desde septiembre de 1973 hasta 1982, sus tumbas fueron usadas para ocultar a víctimas de la Dictadura Militar.
En 1991 comienzan las primeras exhumaciones de los restos y se da inicio a las investigaciones orientadas a identificarlos. El total de sepulturas exhumadas fueron 107, encontrándose en ellas 124 restos óseos.

https://youtu.be/PDtLyK2w09Q

Marcas de la Memoria. Una generación que marcó la Historia Reciente.

Marcas de la Memoria.   Una generación que marcó la Historia Reciente.

Las baldosas
de Londres 38

Es muy diferente caminar hoy por la calle Londres, en pleno centro de Santiago, que haberlo hecho vendado para ingresar al Nº 38, centro clandestino de detención y tortura de la dictadura. Sin embargo, el memorial que acaba de inaugurarse allí posibilitará apreciar unas placas que repiten el efecto de las baldosas que los detenidos lograban atisbar, por debajo de la venda, al ingresar a “Yucatán”, nombre que la Dina dio a ese cuartel clandestino.
Entre los adoquines de la estrecha calle, frente a la deteriorada casona que hasta el golpe de Estado fue sede del Partido Socialista, fueron instaladas 300 placas de mármol blanco y granito negro. Recuerdan a los 96 chilenos que fueron hechos desaparecer desde allí entre septiembre de 1973 y fines de 1974. Sobrevivientes, familiares y compañeros de los caídos, personalidades, artistas y autoridades asistieron al acto inaugural de este espacio.
El Colectivo Londres 38, impulsor de la iniciativa, enfatizó que el “Nunca más” no es un tema del futuro, sino una tarea actual que, sin embargo, “no está garantizada por el sólo conocimiento del horror. Es necesario promover un juicio racional y político sobre lo que pasó y sobre su relación con este tiempo, en el cual seguimos conviviendo con la impunidad. Hay una demanda de verdad y justicia insatisfecha y mientras no exista una respuesta plena a esa exigencia, el pasado seguirá siendo parte de nuestra actualidad”.
Para los familiares, “la memoria asociada a este recinto tantas veces y por tan largo tiempo ocultada, es dar cuenta de la identidad política y generacional de las víctimas, en su inmensa mayoría militantes del MIR, jóvenes que fueron parte activa de las luchas sociales y políticas de la época. Hombres y mujeres que optaron por resistir a la dictadura, parte de aquellos que desde un principio lucharon por recuperar la democracia. Es por esta razón que hoy no pueden estar ausentes de su construcción: una sociedad que se precia de democrática no puede serlo si olvida a aquellos que lucharon por ella, porque ese olvido no pesa sólo para los secuestrados y desaparecidos, para los omitidos, sino para la sociedad misma que olvida un trozo de su propia vida”.

Las víctimas

Los asistentes -muchos con la voz ahogada por la emoción- corearon “presente” cuando se leyeron los nombres de los caídos, grabados en las placas que señalan también la fecha de detención, edad y militancia de ellos.

Los detenidos desaparecidos que pasaron por ese centro clandestino fueron Elena Díaz Agüero y Cecilia Labrín Saso (ambas embarazadas), M. Inés Alvarado Borgel, M. Angélica Andreoli Bravo, Sonia Bustos Reyes, Muriel Dockendorff Navarrete, Ruth Escobar Salinas, María Elena González Inostroza, Elsa Leuthner Muñoz, Violeta López Díaz, Rosetta Pallini González, Marcela Sepúlveda Troncoso y Bárbara Uribe Tamblay. También Miguel Angel Acuña Castillo, Carlos Adler Zulueta, Eduardo Alarcón Jara, Dignaldo Araneda Pizzini, Alberto Arias Vega, Víctor Arévalo Muñoz, Juan Bautista Barrios Barros, Alvaro Barrios Duque, Jaime Buzio Lorca, Jaime Cádiz Norambuena, Luis Alberto Canales Vivanco, Iván Carreño Aguilera, Manuel Carreño Navarro, Manuel Castro Videla, Juan Chacón Olivares, René Chanfreau Oyarce, Darío Chávez Lobos, Hugo Concha Villegas, Abundio Contreras González, Carlos Cubillos Gálvez, Carlos Cuevas Moya, Martín Elgueta Pinto, Rodolfo Espejo Gómez, Jorge Espinoza Méndez, Modesto Espinoza Pozo, Albano Fioraso Chau, Sergio Flores Ponce, Francisco Fuentealba Fuentealba, Gregorio Gaete Farías, Andrés Galdámez Muñoz, Héctor Garay Hermosilla, Víctor Garretón Romero, Máximo Gedda Ortiz (redactor de Punto Final), Galo González Inostroza, Jorge Grez Aburto, Luis Guajardo Zamorano, Segundo Gutiérrez Avila, Patricio Gómez Vega, Joel Huaiquiñir Benavides, Juan Ibarra Toledo, Mauricio Jorquera Encina, Eduardo Lara Petrovich, Aroldo Laurie Luengo, Ofelio Lazo Lazo, Gumercindo Machuca Morales, Zacarías Machuca Muñoz, Juan Maturana Pérez, Washington Maturana Pérez, Juan Meneses Reyes, Sergio Montecinos Alfaro, Ricardo Montecinos Slaughter, Newton Morales Saavedra, Germán Moreno Fuenzalida, Juan Mura Morales, Leopoldo Muñoz Andrade, Ramón Núñez Espinoza, Jorge Olivares Graindorge, José Orellana Meza, Luis Orellana Pérez, Alejandro Parada González, Pedro Poblete Córdova, Marcos Quiñones Lembach, José Ramírez Rosales, Agustín Reyes González, Daniel Reyes Piña, Sergio Riveros Villavicencio, Patricio Rojas Castro, Gerardo Rubilar Morales, Julio Saa Pizarro, Ernesto Salamanca Morales, Jorge Salas Paradisi, Carlos Salcedo Morales, Hernán Sarmiento Sabater, Sergio Tormen Méndez, Enrique Toro Romero, Ricardo Troncoso Muñoz, Luis Valenzuela Figueroa, Modesto Vallejos Villagrán, Ewin van Yurik Altamirano y Sergio Vera Figueroa.

Camuflaje y silencio

Desde esa casona de Londres 38, ubicada muy cerca de la iglesia de San Francisco, cuyas campanas oían los detenidos, la Dina inició la práctica terrorista de la desaparición de detenidos. La existencia del lugar, cuya ubicación los sobrevivientes identificaban gracias al tañido de las campanas, fue negada por las FF.AA. durante décadas. En democracia persistió el silencio pero los sobrevivientes testimoniaron en tribunales los horrores vividos en Londres 38, careándose con antiguos torturadores y confirmando declaraciones formuladas en tiempos de dictadura. Ello fue fundamental para permitir las condenas de la plana mayor de la Dina.
El ejército -que entregó en comodato la casa al Instituto O’Higginiano- había “camuflado” el lugar dándole el número 40, para dificultar su ubicación. Tras años de esforzada lucha de los colectivos de derechos humanos y agrupaciones de sobrevivientes, en 2005 la casona fue declarada monumento nacional. Las agrupaciones ligadas a esta batalla por la memoria, el Colectivo Londres 38, el Colectivo 119 y Memoria 119, conformaron una mesa de trabajo con el gobierno para discutir los objetivos y el plan para la recuperación integral del inmueble, que se encuentra muy deteriorado. Miembros del Colectivo 119 expresaron su satisfacción por este logro que contribuye a “limpiar la patria de tanto olvido e impunidad, recuperando el valioso testimonio, los sueños y proyectos de tantas y tantos, entre los cuales se encuentran nuestros queridos familiares detenidos desaparecidos de la lista de los 119, ofreciéndolo como enseñanza y patrimonio histórico para toda la sociedad”.
El memorial es un proyecto gestionado por el Colectivo Londres 38, diseñado por María Fernanda Rojas, Macarena Silva, Heike Höpfner y Pablo Moraga con apoyo del programa de derechos humanos del Ministerio del Interior (más información en www.londres38.cl). Los colectivos no sólo debieron luchar porque la propiedad de Londres 38 no fuera vendida a particulares, sino también para revertir la decisión del gobierno de instalar allí la sede del Instituto de Derechos Humanos. La movilización de familiares, sobrevivientes y amigos de los desaparecidos logró romper el olvido tendido sobre esta casa de tortura, la única que no fue materialmente destruida, como ocurrió con Villa Grimaldi o José Domingo Cañas.

LUCIA SEPULVEDA RUIZ
(Publicado en “Punto Final” edición Nº 673, 24 de octubre de 2008)

La participación de civiles en el régimen de Augusto Pinochet . la familia Kast en Paine

La participación de civiles en el régimen de Augusto Pinochet . la familia Kast en Paine

“Los Kast en los crímenes de Paine” El desarrollo de la familia política de derecha a costa de la dictadura

En el libro, los cómplices civiles son nombrados e identificados con el debido respaldo de procesos judiciales en curso, o con condenas establecidas. Varios de ellos participaron directamente en el secuestro, asesinato y ocultamiento de cuerpos. No en términos simbólicos, no por omisión, sino de forma directa.

Javier Rebolledo (1976) es periodista, especializado en la investigación y publicación de temas relacionados con violaciones sistemáticas a los derechos humanos en Chile, abusos a menores y denuncias de malas prácticas empresariales y políticas. Su libro “La danza de los cuervos” (Ceibo Ediciones, 2012), que cuenta con una 5ª edición, fue ganador del Premio Municipal de Santiago 2013, constituyéndose en fenómeno editorial y como un referente en su género.

Su segunda obra, “El despertar de los cuervos” (Ceibo Ediciones, 2013), que aborda el nacimiento de la DINA y la tortura en el país, reiteró el impacto editorial, convirtiéndose en un nuevo clásico de la investigación periodística.

“A la sombra de los cuervos. Los cómplices civiles de la dictadura” (Ceibo Ediciones, 2015) es su tercer libro.

http://www.elclarin.cl/web/noticias/cultura/16589-a-la-sombra-de-los-cuervos-devela-la-responsabilidad-de-civiles-en-crimenes-de-la-dictadura.html

11/11/2014 |
Por Verónica Romero

La participación de civiles en el régimen de Augusto Pinochet es un hecho que se ha demostrado en varias ocasiones. Esta vez el escritor y periodista Javier Rebolledo, en su último texto, cuenta cómo se dio paso a esa colaboración y, en ello, relata hechos desconocidos como el de la familia Kast en Paine, lugar donde se encuentra la mayor cantidad de detenidos desaparecidos en relación a su población: 70 personas murieron en forma violenta a manos de militares y civiles

“A la sombra de los cuervos” es la tercera parte y final de la investigación que realizaron los periodistas Javier Rebolledo y Nancy Guzmán, quienes se han destacado en revelar los hechos que significaron violaciones a los derechos humanos en Chile durante la dictadura militar.

La última parte de esta saga saldrá a la venta en 2015, ya que aún se encuentra en proceso de investigación, sin embargo, se dio a conocer un capítulo referido a la participación de la familia Kast en los crímenes que se cometieron en la localidad de Paine después del golpe de Estado de 1973. Los integrantes involucrados en estos hechos comprenden al patriarca Michael Kast y a sus hijos Christian y Miguel (fallecido), éste último fue padre del diputado Felipe Kast (Evópoli) y ministro del Trabajo y Mideplan de Pinochet, hermanos del diputado UDI José Antonio Kast.

La investigación tiene como finalidad revelar la participación de civiles en la dictadura, quienes fueron cómplices pasivos y activos de los crímenes que se cometieron durante esta época.Es en este contexto que aparece el capítulo “Los Kast en los crímenes de Paine”.

En entrevista con Cambio21 el periodista y autor de “A la sombra de los cuervos”, Javier Rebolledo, comentó cómo fue la realización de este proyecto, lo que descubrió durante la investigación y la impresión que se llevó de esta familia.

¿Cómo nace la idea de hacer esta parte de la investigación de tu libro?

Tenía la intención de hacer la tercera parte de Los Cuervos y que me cerraba con el Despertar de los Cuervos, en el aparecen muchos civiles metidos en distintos niveles y me di cuenta que era necesario hacer un libro sobre las personas que estuvieron detrás de los militares, porque esta fue una dictadura cívico-militar y todos nos hemos centrado en lo que hicieron los militares, pero existe un fuerte componente civil que no ha sido tocado.

¿Cómo dirías que era la relación que los Kast tenían con sus empleados?

Era una buena relación paternalista, en la medida en que los empleados aceptaban lo que su patrón les ofrecía y les daba. Cuando Pedro León Vargas Barrientos descubrió que había una serie de cuestiones que estaban impagas en el salario, le costó que Michael Kast lo castigara y lo bajara a rondín y terminara yéndose de ese trabajo.

También construyeron una población al lado de la fábrica con una iglesia y, además estaban las casas grandes de la familia, así que había una especie de feudalismo, donde los trabajadores eran influenciados para que entraran a la religión con esta iglesia a la que todos a asistían a misa todos los días.

¿Qué era lo que celebraban Carabineros y civiles en la comisaría de Paine?

Según las declaraciones de Christian Kast, cuenta que estaban celebrando el golpe militar y que luego fueron a patrullar con integrantes de Carabineros y otros civiles a distintas localidades.

¿Cómo fue la participación que Christian y Michael Kast tuvieron en los crímenes de Paine?

Los de Christian Kast lo considero grave primero porque fue parte de estos patrullajes cívicos-policiales y con vehículos, segundo, estuvo celebrando asados en momentos en que las personas estaban detenidas en la comisaría. Es allí donde estuvo celebrando los asados con personas que están confesas y procesadas de delitos y junto a detenidos que hoy son detenidos desaparecidos. También llevó comida a estos carabineros que tenían una olla común.

Christian Kast dice que vio a detenidos entrar a ese lugar y salir rapados en camiones. Además dice haber escuchado que había un detenido conocido como el “Harina Seca” quien es un detenido desaparecido y eso Christian Kast nunca fue a confesarlo a la justicia.

Christian Kast firmó en 2008 un certificado de honorabilidad a favor de Rubén Darío González, que es un civil de Paine que está confeso de su participación del crimen de Cristián Víctor Cartagena Pérez, un profesor del partido comunista, a quien tomaron en su casa, lo amarraron a un auto y lo arrastraron hasta la comisaría por un camino de tierra.

Hay una parte delictiva propiamente tal y una parte moral donde falla este caballero Christian Kast.

En el caso de Michael es que una de las cosas que no se han logrado determinar en la causa son exactamente qué vehículos se ocuparon en qué episodio en estas caravanas de la muerte que conformaron los civiles. Este caballero reconoció a la justicia, haber prestado uno de sus camiones a Carabineros, que según él era usado para trasladar a los agentes, pero uno de los jefes de este grupo, Francisco Luzoro, reconoció que los vehículos se ocupaban para patrullaje nocturno.

¿Cómo fue el caso de Alejandro del Carmen Bustos González contra Christian Kast?

Alejandro del Carmen Bustos González (quien sobrevivió al fusilamiento), contó que le dieron una paliza entre civiles y que le tiraban huesos al piso y lo dejaron tirado en el patio de la comisaría. Una de las personas que integraba este conjunto de civiles que lo golpearon estaba Christian Kast.

Estos carabineros están procesados por haber cometido los crímenes de Paine, que tiene la mayor concentración de detenidos desaparecidos por densidad de habitantes de todo Chile.

¿Cómo ha avanzado este caso de “Paine” en la justicia?

Michael Kast se murió en calidad de inculpado. Christian Kast alegó que en ese tiempo era menor de edad, pero se solicitó, por el abogado Luciano Fouillioux, que se le practicaran exámenes sicológicos de discernimiento para determinar si a esa edad estaba o no consiente de los hechos, pero entiendo que la justicia no accedió a esos exámenes.

¿Cómo dirías que la familia Kast se fortaleció políticamente en este periodo?

Cuando comienza la dictadura ellos ya tenían un negocio emergente, pero con la llegada al gobierno de Miguel Kast como ministro del Trabajo de Pinochet, se les abren las puertas. Claramente, si uno ve solamente los números, la dictadura para ellos fue un muy buen negocio, o sea, tuvieron un auge. En los hechos se ve como creció la empresa.

¿Qué conexión tuvo Miguel Kast para llegar al gobierno?

Miguel Kast llega a través de Jaime Guzmán al gobierno. Miguel es uno de los fundadores del gremialismo que luego derivó en la Unión Demócrata Independiente (UDI), de la que es parte el diputado José Antonio Kast y de la cual fue parte el diputado Felipe Kast (Evópoli).

Esto hace que Felipe tenga una posición ambivalente frente a los derechos humanos al señalar que se bien condena enérgicamente las violaciones a los derechos humanos, no tendría problema, por otro lado, en ser ministro de Estado, al igual como lo fue su padre, para ayudar dentro de lo que se pudiera en la dictadura militar, ya que como él dice, no le tocó vivir las violaciones a los derechos humanos, lo que lo hace ponerse en una actitud absolutamente situacionista.

¿Cómo crees que se percibe a esta familia política?

Son una familia muy respetada, los fundadores en parte de la primera dinastía y los orígenes de la Unión Demócrata Independiente. Son parte de los cimientos ideológicos del brazo político que creó la dictadura bajo el alero de Jaime Guzmán y de Miguel Kast para darle una valides a este sistema. Ellos son el corazón de la UDI, como lo hemos visto en casos como Penta.

En lo que corresponde o compete a la familia Kast por las violaciones a los derechos humanos de Paine, tengo la impresión que las responsabilidades que perseguía la justicia quedaron hasta ahí.

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Relacionado

http://cnnchile.com/noticia/2015/08/25/javier-rebolledo-entrego-detalles-de-su-libro-a-la-sombra-de-los-cuervos

http://www.memoriaviva.com/Desaparecidos/D-V/pedro_leon_vargas_barrientos.htm

http://www.memoriaviva.com/Desaparecidos/D-A/adasme_nunez_jose.htm

SOY OFELIA MORENO VIUDA DE GALLARDO. Justicia y Verdad 27 años después.

SOY OFELIA MORENO VIUDA DE GALLARDO.   Justicia y Verdad 27 años después.

 Los crímenes de la dictadura siguen saliendo al aire. Las ánimas siguen penando y reclamando verdad y justicia.

LaTercera

Exigen celeridad a la justicia y disculpas de TVN/Canal 13

Por Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno

Disculpas de los grandes medios como Canal 13 y Televisión Nacional (TVN) por sus noticias falsas sobre el inexistente enfrentamiento de la Rinconada de Maipú, que en 1975 encubrió seis asesinatos, y mayor celeridad de la justicia en los procesos de crímenes de lesa humanidad, exigieron familiares y cercanos de las víctimas.

Veintisiete años tardó el procedimiento de la justicia chilena para dictar sentencia de primera instancia en este caso, después de 39 años y 8 meses del asesinato de los hijos, hijas y amigos del entorno del tornero Alberto Recaredo Gallardo Pacheco y de su esposa Ofelia Moreno, cuya familia fue diezmada durante la noche del 18 al 19 de noviembre de 1975 por un equipo de exterminio de la dictadura cívico militar.

Familia Gallardo Moreno

El jefe de hogar, Alberto Recaredo, entonces de 63 años, pereció en la madrugada del 19 de noviembre pero aún hoy lo sobrevive su esposa Ofelia, de 90.

La sentencia podría marcar un comienzo de justicia y reparación al sufrimiento de los sobrevivientes de esta familia, cuyos miembros valoran el fallo del juez especial Leopoldo Llanos Sagristá “como fruto del arduo trabajo de diversos jueces, abogados y testigos”, y “por sobre todo … el empuje y valentía de nuestra amada madre y abuela Ofelia, hoy de 90 años, quien hace 24 días se debate entre la vida y la muerte internada en el hospital”.

http://http://www.24horas.cl/nacional/la-ultima-condena-de-manuel-contreras-rinconada-de-maipu-1742218

Victimarios mueren de viejos
Sin embargo, la justicia parece estar llegando con notorio atraso. Muchos creen que la justicia demora deliberadamente, esperando que mueran los victimarios y las víctimas de delitos de lesa humanidad cometidos hace más de 40 años. “Para que la Justicia sea plena debe ser oportuna y proporcional al daño causado”, dijo Alberto Rodríguez Gallardo, portavoz del grupo, también detenido en 1975 junto a su madre Catalina Ester Gallardo Moreno, aunque sólo tenía seis meses. Las familias y amigos de las víctimas hicieron una demostración el viernes en la sede del Poder Judicial, Palacio de Justicia, para llamar la atención ante la escasa cobertura de prensa que ha tenido la sentencia de 95 páginas emitida el 27 de julio.

“Esta tardanza de los tribunales nos parece inaceptable, ya que vemos como nuestros familiares y los propios asesinos se mueren en medio de tanta demora. No estamos culpando a los jueces que han llevado el caso, sino el andamiaje institucional heredado de la dictadura cívico militar y los intereses mezquinos y fácticos que éste contiene”, añadió.

El “andamiaje institucional” incluye también a los grandes medios de información, en particular a la televisión del Estado (TVN) y Canal 13 de la Universidad Católica, propagandistas activos de la puesta en escena del falso enfrentamiento en terrenos agrícolas de la periferia oeste de la ciudad, el predio Rinconada de Maipú, inventado para encubrir el asesinato múltiple perpetrado en el extremo opuesto de la urbe, al este y al pie de la Cordillera, en el campo de torturas y exterminio conocido como Villa Grimaldi.

En 1975, periodistas de todos los medios hicieron vagos “reportajes” a la maleza y los arbustos rurales e incluso pergeñaron supuestas entrevistas a “testigos”, principalmente menores, para ilustrar el pretendido escenario del “enfrentamiento” y adornar el texto oficial que la dictadura ordenó redactar a los periodistas de la Dirección Nacional de Comunicación Social (Dinacos). La utilería y el guión para la tele lo aportó la Dirección Nacional de Inteligencia (Dina), dirigida por Manuel Contreras.

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El periodista conductor de noticias de TVN Julio López Blanco, con un impecable traje de calle, mostró en cuclillas sobre el pasto de La Rinconada un puñado de cápsulas vacías de proyectiles percutados (”vainillas”, en el lenguaje chileno) como prueba suficiente de que allí hubo un reciente enfrentamiento de la Dina con “terroristas”, mientras su jefe Roberto Araya describía cómo ocurrieron las supuestas acciones y daba a conocer la lista de “extremistas muertos” en el “enfrentamiento”, que eran precisamente las víctimas asesinadas esa misma madrugada en Villa Grimaldi.

La tríada Dinacos, Dina y periodistas de la dictadura incluso reportó un “herido” entre sus filas, con nombre y apellido, pero que nunca fue mostrado. Mirando las noticias de televisión, los familiares se enteraron que sus hijas, hijos, hermanos y hermanas no sólo estaban muertos, sino que además todos eran “delincuentes, extremistas, terroristas…”, en vez de profesoras, vendedores, torneros, gente de trabajo… Todavía hoy sienten que la familia fue escarnecida por los medios que alteraron la verdad y, de paso, difamaron e hicieron víctima de calumnia e infamia a todos sus miembros.

El burdo recurso del falso “enfrentamiento” fue tan recurrente como “el intento de fuga” en el encubrimiento de cientos de asesinatos a lo largo de los 17 años de la dictadura militar-civil implantada por la clase propietaria de Chile que utilizó a los militares para derribar a Salvador Allende en 1973.

Los mismos de siempre
El fallo condenó a 20 años de prisión a cinco militares que ya se encuentran presos desde hace varios años por su participación en numerosas otros atentados contra los derechos humanos. Por ejemplo, el general Juan Manuel Guillermo Contreras Sepúlveda, fundador de la Dina y principal promotor de los delitos de lesa humanidad perpetrados en Chile por la dictadura de militares formados por EEUU en la Escuela de las Américas y civiles de extrema derecha, acumula más de 500 años de prisión, mientras moribundo recibe gratis en el Hospital Militar la atención médica financiada con fondos públicos que el Estado le negó a sus víctimas.

Los demás sicarios de este caso también están presos en la misma cárcel especial de Punta Peuco, donde se alojaba Contreras antes de ser trasladado al hospital: Marcelo Luis Manuel Moren Brito, Rolf Gonzalo Wenderoth Pozo, Miguel Krassnoff Martchenko y Basclay Zapata Reyes, todos “autores de los delitos de homicidio calificado de Alberto Recaredo Gallardo Pacheco, Catalina Ester Gallardo Moreno, Mónica del Carmen Pacheco Sánchez, Luis Andrés Gangas Torres, Manuel Lautaro Reyes Garrido y Pedro Blas Cortes Jelvez”.

Los hechos de 1975
“Nuestra detención y la de nuestros familiares asesinados cambió para siempre el curso de nuestras vidas”, relató Alberto Rodríguez Gallardo. “Fuimos detenidos por agentes de la Dina que irrumpieron violentamente en nuestros hogares entre las 10 y las 11 de la noche del 18 de noviembre de 1975, sin ninguna consideración con las mujeres embarazadas ni con los niños”, añadió Alberto, detenido también esa terrible noche siendo un lactante de 6 meses.

Según su relato, Catalina, Mónica y Alberto Recaredo (el abuelo) fueron entregados a la DINA por la Policía de Investigaciones (PDI) y llevados al centro clandestino de exterminio Villa Grimaldi. Los testigos y sobrevivientes que estaban detenidos ese día recuerdan la noche del 18 de noviembre de 1975 como “la más horrible de que se tenga memoria en ese lugar”. Escucharon golpes de apertura y cierre del portón, voces destempladas pidiendo agua y aceite hirviendo y los gritos desgarradores de Catalina, Mónica y Alberto Recaredo. “Era el horror y la bestialidad desatada de unos seres humanos en contra de otros seres humanos indefensos”, dijo Alberto.

Esa noche los esbirros derrocharon la sevicia que fortalecieron en la Escuela de las Américas. “El reconocimiento posterior de los cuerpos dejó en evidencia la brutalidad del crimen”, explicó. Mónica fue reconocida en el Instituto Médico Legal junto al feto de su bebé salido de su vientre; Catalina se encontraba con las cuencas de sus ojos vacías, se los habían arrancado; y nuestro padre y abuelo Alberto Recaredo prácticamente despedazado”.

Junto a los tres miembros de la familia Gallardo en el falso “enfrentamiento” participaron otros tres detenidos, Manuel Reyes Garrido, Pedro Cortés Jelvez y Luis Gangas. También padecieron la barbarie, fueron colgados, quemados con agua y aceite hirviendo y rematados a golpes de pies y puños. “Los cuerpos de todos ellos fueron llevados a los cerros de la Rinconada de Maipú, donde se ejecuta la segunda parte de este monstruoso crimen, es decir, el montaje comunicacional elaborado por Dinacos en complicidad con TVN y Canal 13, que con sus cámaras mostraron a Chile y al mundo un “violento enfrentamiento entre elementos subversivos y agentes de seguridad” que supuestamente habría tenido lugar allí minutos antes”, relató Alberto.

Montaje comunicacional
En este proceso, por primera vez la justicia chilena se interesó de manera seria en el rol de los medios de información en operaciones de encubrimiento de asesinatos fabricando noticias falsas para intentar cambiar la narrativa de los hechos con la invención de falsos enfrentamientos, como el de Rinconada de Maipú. La versión del “enfrentamiento” apareció en papel como un comunicado de Dinacos. Fue reproducido tal cual por El Mercurio, La Tercera, Qué Pasa y los demás medios impresos de la época, controlados todos por la dictadura cívico militar. La puesta en escena “in situ” para la tele corrió por cuenta de los canales 13 UC y TVN.

Alejandro Solís, otro de los jueces que intervino en la causa, solicitó al Colegio de Periodistas el expediente del Tribunal de Ética que expulsó de la orden profesional a Carlos Roberto Araya Silva. Su sucesor, Leopoldo Llanos, también citó a declarar a numerosos periodistas y camarógrafos, entre otros en la sentencia aparecen citados Manfredo Mayol, Vicente Pérez Zurita, Claudio Sánchez y Julio López Blanco, también sancionados por el Colegio por su participación en el montaje. En 2012, Solís decidió procesar a Araya como encubridor.

“Sabemos que al menos Roberto Araya era agente Dina y eso está acreditado en el fallo”, explicó Alberto Gallardo. Araya Silva era un locutor de San Antonio, amigo y compadre de Manuel Contreras, quien era jefe del regimiento Tejas Verdes. La Dina infiltró a Araya como “periodista” en un cargo de jefatura en Prensa de TVN y, a la vez, se hizo miembro del Colegio de Periodistas, pero en 2006 fue expulsado de por vida por el Tribunal de Ética de la orden. Falleció en 2012.

Contreras muere
Desde que se sabe que es inminente la muerte de Contreras en el hospital de los militares –que se financia con fondos públicos–, en el país donde la justicia actúa “en la medida de lo posible” mucho se discute si el archi-criminal recibirá o no los honores castrenses reservados a los generales, o si asistirán o no a su entierro altos oficiales del ejército y autoridades del gobierno, como ocurrió en el entierro de su jefe Pinochet.

La familia Gallardo se sumó a las voces que vienen exigiendo romper los pactos de silencio que guardan secretos, como el destino de los desaparecidos, al interior de las fuerzas armadas, y de los civiles cómplices y encubridores de crímenes de lesa humanidad. “Ya no es creíble que sólo un puñado de militares fueran capaces de sostener una dictadura por 17 años”, dijo Alberto Rodríguez. También exigen que sean degradados los oficiales que, como Contreras, cumplen prisión por asesinato.

SOY OFELIA MORENO VIUDA DE GALLARDO

Me llamo Ofelia Moreno, tengo 82 años.

Desde el año 1980 llegué a vivir a un lugar rural de Renca -hoy ya casi no queda nada de rural; este fue un cambio muy fuerte en mi vida, por las condiciones económicas y emocionales que tuve que enfrentar.

Me crié en el barrio del sector Brasil; me casé muy joven con Alberto Gallardo; de ésta unión nacieron cuatro hijos. En el mes de Noviembre de 1975 cambió mi vida radicalmente, como a continuación les paso a narrar.

El 18 de noviembre de 1975, encontrándome en reunión del colegio como apoderado de mi nieta Viviana, llegó mi marido para avisarme que debía retirarme porque en casa había problemas; cuando salí del establecimiento me doy cuenta que iban dos personas siguiéndonos quienes nos hicieron subir a un auto -cosa que me sorprendió mucho porque el colegio quedaba a cuadra y media de mi domicilio; cuando iba a entrar a mi hogar me detienen otros hombres, que me mostraban unas fotos familiares que yo tenía guardadas y me di cuenta que habían hurgado entre mis cosas más personales de donde escogieron las fotos. A la vez preguntaban cuál de ellos era mi hijo Roberto; la misma pregunta le hicieron a mi esposo y a mi otro hijo: Guillermo y su niñita (Viviana); como Roberto no aparecía en ninguna de esas fotos, se molestaron y comentaban en voz alta “allá van a hablar”. Enseguida nos hicieron subir al vehículo que usaban, llevándonos al Cuartel Central de Investigaciones; allí fuimos separados en el pasillo; interrogados por separado; a mí me interrogó un funcionario que llevaba una ametralladora en la mano -según decía, estaba dispuesto a todo y por lo tanto –me conminaba- debía contestarle con la verdad a sus preguntas; entre otras preguntas que me hizo, recuerdo, que preguntó por el color político que tenían. Yo le pregunté ¿qué hizo Roberto; porqué lo buscan…? El funcionario se negó a contestarme, diciéndome: “Yo, hago las preguntas”.

Para aclarar un poco más debo decir que Roberto, para el año ‘73, necesitando para un trabajo, su licencia del servicio militar cumplido, se presentó a solicitarla y fue obligado a integrarse a hacerlo, porque no se le reconocieron los trámites que había hecho en su momento; ya que, para entonces, radicábamos en el extranjero. Todos creímos, que esta situación estaba solucionada, desde Argentina –lugar donde vivimos por 14 años, donde realizó trámites, por 3 años, ante las autoridades pertinentes.

Mi familia en el momento de éstos desagradables hechos estaba compuesta por:
Alberto Gallardo, mi esposo, 63 años; profesión Tornero Mecánico.
Guillermo Gallardo, mi hijo mayor, 32 años. Limitado por enfermedad, y su hija, Viviana, 9 años de edad.
Catalina Gallardo, hija. 29 años. Profesión: Secretaria Ejecutiva de Manpower. Casada con Rolando Rodríguez Cordero. 29 años. Empleado de Correos y Telégrafos. Juntos tuvieron un hijo: Alberto, 6 meses de edad.
Roberto Gallardo, hijo. 26 años. Empleado Particular. Casado con Mónica Pacheco Sánchez –embarazada de 3 meses. 26 años. Profesora básica de Idioma en una escuela de Quilicura.
Isabel Gallardo, hija menor. 18 años. Estudiante nocturna, 1 hijo.

Las dos parejas participaban en la Juventud Obrera Católica donde se conocieron y se casaron poco después, casi en la misma fecha, ambas parejas.
Mónica perdió a su primer hijo, estando con 8 meses de embarazo, producto de la inseguridad que se vivía, en esos meses posteriores al golpe de estado, ya que Roberto estaba haciendo el Servicio Militar Obligatorio.
Todos estábamos muy preocupados con el momento político que se estaba viviendo, me refiero al año 1973.

En Investigaciones…

Vi llegar a Investigaciones a casi toda mi familia, menos a Roberto. En ese lugar Catalina me pasó su guagüita a la que estaba amamantando; en un momento nos juntaron en una dependencia a mi hija Isabel, a Guillermo y su hijita y a mi nieto de 6 meses. Nos llevaron allí los funcionarios que estaban de turno. Como no veía a mi marido pregunté dónde estaba; uno de los guardias mentirosamente me contestó que “lo habían dejado irse a su domicilio”. Esto me tranquilizó porque él no estaba bien de salud.

Por segunda vez nos trasladaron de lugar –a los mismos que nombre antes- nos llevaban a donde tenían a la gente detenida en horas de toque de queda. En esos momentos, por el pasillo ví a mi nuera Mónica vuelta para la pared; llorando, también vi el abrigo verde –que yo misma arreglé- de mi hija Caty, en el suelo, cerca de ella.
No quiero recordar esa noche tan negra y angustiosa.

En la madrugada sentimos llamar a mi esposo; había estado en un calabozo, todo el tiempo; nosotros y él nos sorprendimos mucho, recuerdo que dijo “¿Cómo, todavía están aquí?. Esa fue la última vez que lo vimos con vida. En el lugar donde nos tenían se sentía el llanto de mi hija y de Mónica; a mi nieto lo tuvimos toda la noche sin alimento ni pañales para cambiarle; no se nos permitió –a pesar que yo pedí- que me nos dieran la atención que necesitaba la guagüa. Llegó la mañana; como a las nueve nos trasladaron al lugar por donde habíamos llegamos; allí nos esperaba el que me interrogó -después me enteré que se llama Ernesto Baeza Michelsen, en ese tiempo director de investigaciones y muy ligado a Villa Grimaldi. Recuerdo que dijo: “Quedan uds. en libertad –señalando con el dedo-. Sepa Ud. sra. que su hijo (Roberto) hace dos días que está muerto, y al resto de su familia vaya a reclamarla a la DINA”. Nos quedamos espantados con esta noticia. Atinamos sólo a salir llorando, afirmándonos unos a otros. Tomamos un taxi; fuimos a casa de mi hija Isabel -que vivía en Almirante Barroso, para retirar el bolso del niño de Caty y luego nos fuimos a mi hogar con la ilusión de encontrar allá a los que faltaban; no había nadie, nos preparamos una leche de desayuno; luego yo me quedé con los dos niños. Isabel y Guillermo salieron a buscar información de qué se podía hacer por ellos; les aconsejaron que informaran lo ocurrido en el Comité Por la Paz. Así lo hicieron; Allí se les indicó que fueran a la morgue para confirmar la muerte de Roberto; también se les indicó que era necesario hacer un recurso de amparo por los demás integrantes de la familia para confirmar los arrestos.

No se pudo confirmar nada y los recursos no sirvieron tampoco. Esa tarde como a las seis, dieron un avance noticioso; allí se informaba de un enfrentamiento en Rinconada de Maipú, donde unos extremistas fueron abatidos y nombraban al resto de mi familia que faltaba; diciendo que se enfrentaron con organismos de seguridad; mostrando un lugar por la TV que ya era conocido porque había sido mostrado en otras ocasiones. Yo no creí tal noticia porque lo vivido desde la tarde anterior fue muy distinto; pensé que era una falsedad, para que Roberto apareciera; quedando con la preocupación de saber cual sería su falta. Transcurridos los días sin saber de ellos; los buscamos; fuimos a tribunales de justicia donde en lugar de explicación nos corrían con amenazas. Gracias a las gestiones hechas por la Sra. abogada Fabiola Letelier, quien andaba en busca de detenidos desaparecidos en la morgue, por casualidad, los encontró a ellos y exigió la entrega de sus cuerpos. El 11 de Diciembre llegaron a mi domicilio para avisarme que los
entregaban, para sepultarlos de inmediato en el Cementerio General; en urnas selladas; solamente se podían reconocer sus rostros; tarea difícil por lo desfigurados que quedaron. Eran los cuerpos de mi hijo Roberto, su esposa Mónica con un embarazo de 3 meses; mi hija Catalina y su papá Alberto Gallardo.

No sé cuanto tiempo pasó, llegaron otra vez a mi hogar cuatro jóvenes de civil armados. En esa ocasión revisaron nuevamente mi hogar y me llevaron sin rumbo; pero los hombres en el trayecto me hicieron acompañarlos primero a la casa de mi hija Isabel; ella no estaba; le revisaron todo; se llevaron varios libros; según ellos estaba prohibido tenerlos; me subieron a una camioneta y me cubrieron la vista. No sé el tiempo, cuando llegamos a un lugar, me ayudaron a bajar, me llevaron a una pieza; un hombre me interrogó; yo relaté lo que viví con mi familia; la distorsión de los medios de comunicación; preguntó por mi yerno Rolando y por otra persona; en esa ocasión me hicieron escuchar la voz de Roberto –grabada en casset- desafiándolos; pedía que lo mataran; que no lo siguieran maltratando.
Después de no sé cuánto tiempo que estuve con ese hombre, me dijo: “Sra., a su casa llegaron unos patos malos que embarraron a su familia”. Me preguntó por una persona. No lo conozco, le dije. Y me dijo que si lo veía que lo hiciera saber. Yo pregunté a donde, y me dijo a cualquier comisaría. -Lejos estaba yo de delatar a nadie; pero quise saber en qué lugar estaba. También les dijo a los agentes que estaban presentes que me devolvieran, dejándome por el camino… estos se hicieron los buenitos y me llevaron hasta mi domicilio, donde me destaparon la vista.
Pasado algún tiempo, me enteré por testigos que a mi familia los tuvieron detenidos en Villa Grimaldi; fueron vistos por otros detenidos tanto estando con vida y como también muertos; después de torturados, tirados en un patio.

Once meses después de estos hechos, fue baleado, a las 8 de la noche, mi yerno Rolando y un joven llamado Mauricio. Esto ocurrió en Macul con Los Plátanos, según las noticias por negarse a mostrar su identificación; de esto me caben serias dudas por las mentirosas versiones que publicaron los medios en la ocasión anterior.

En el año 1978, se formó la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, de la que formé parte. Eramos un montón de mujeres sufriendo y buscando nuevas alternativas; para continuar nuestra búsqueda de justicia; de los medios
de sobrevivencia; el apoyo y el poder compartir solidariamente. Todos éramos víctimas del abuso de poder de la dictadura de Pinochet.
Los casos nuevos de abusos y crímenes se sucedían a diario. Nuestro quehacer fue muy duro; acompañando, denunciando situaciones dolorosas, haciendo recordatorios de las víctimas, ayunos, testimonios. De esa manera mi caso ha sido conocido en varias partes del mundo.

En el caso de mi familia, aquí en Santiago se ha presentado una querella criminal pero no hay justicia; siguen mintiendo; en un careo que me hicieron tener con Baeza Michelsen, él negó en mi cara lo que había sucedido. Dijo no conocer mi caso, y que si yo lo hubiera buscado él me habría apoyado, siendo que él fue el causante de mi tragedia.

En el Informe Rettig están reconocidos los casos como abusos de poder ejercidos por organismos represivos del estado.

Por los míos y por todas las víctimas, tanto huérfanos, viudas, madres, hermanos; seres mutilados; etc. por todos ellos: EXIJO JUSTICIA.

Retomando mi historia en la llegada a Renca y motivada por lo que aquí relato, me integré de inmediato a la iglesia; recuerdo que, me tocó conocer otra realidad diferente, personas muy humildes; sufridas; llenas de necesidades; no menos tristes que nosotros; mucha pobreza; humillación; como creyente que soy, y motivada en el compromiso que mis hijos tuvieron, comencé a trabajar en la iglesia del sector, integrándome a unos talleres de formación que se daban -tanto de tipo eclesial como social, para capacitarme y solidarizar con otros. En esto me fui comprometiendo más y más hasta que pude entregar catequesis familiar y atención a enfermos; siendo un tiempo también encargada de cobrar el 1% para la Iglesia –conocido como “el cobro del Calis”.
Aprendíamos harto en los talleres. En lo social, asistí a los talleres para dirigentes poblacionales y recibí capacitación en DD.HH. También nos especializamos en artesanía; tejidos; se formaron cooperativas “Comprando Juntos”; ollas comunes; apoyamos colonias urbanas para niños, etc. En nuestros encuentros se compartían las necesidades y problemas y se combatían con dinámicas grupales; dramatización teatral; analizábamos como actuar en los casos de persecución de la que éramos objeto y que era ejercida con mucha violencia, por la dictadura militar contra nuestro pueblo. Y analizábamos porqué sucedía todo esto.

Con nuestro propio esfuerzo y apoyadas por la Vicaría Norte y por una organización llamada Missio nos ayudábamos con la mercadería y con ropa y hacíamos beneficios para juntar dinero para comprar materiales para los talleres. Con lo poquito que nos quedaba de excedente compartíamos canastas familiares entre los integrantes del taller o se usaba el dinero para sacar de apuro en casos apremiantes. Para mí fue muy saludable, todo esto, porque me sentía útil; acogiendo todas las ideas de las integrantes, le salíamos al paso a las necesidades más apremiantes.
Así como creyente participé en talleres como “Profundizando en la Fe”, ampliados, jornadas, “Servicio al hermano”, misiones, etc.; diversos servicios de la Iglesia. En el año 1982 motivada por tantas situaciones de necesidad y violencia que veíamos, formamos un grupo de personas: El Comité de Defensa por La Vida. Este comité nació entre el quehacer de los talleres, la actividad de la iglesia, y la defensa ante los atropellos por las violaciones a los DD.HH, sobre todo por la violencia y las muertes que ocasionaban los militares contra los pobladores durante las jornadas de protesta nacional; solidarizábamos con personas perseguidas; ampliando así nuestra mirada; apoyábamos denuncias por violaciones a los DD.HH.; visitábamos a los presos políticos; acompañábamos funerales de personas caídos en las protestas; denunciábamos allanamientos; y nos movilizábamos. También hacíamos jornadas de información y formación en los Derechos Humanos –tan atropellados; las que fueron muy importantes para aprender a defender nuestros derechos y conocer lo que es la participación activa en la solución de los problemas; en la reflexión de vida y en el cuestionamiento diario de los abusos de los que éramos objetos; aprendimos a ser creativos y a hacer conciencia, por ejemplo, de la situación de la mujer -anulada por los maltratos recibidos, sometida, en lo personal; a veces sin trabajo. También sacábamos un boletín quincenal que se distribuía en el colegio de El Perejil -donde estudiaba mi nieto y donde me desempeñé en la directiva del curso y en el centro de apoderados; trabajé en el apoyo a niños en extrema pobreza y en peligro de caer en las drogas; apoyando colonias urbanas y festejos de navidad; en ocasiones facilité mi domicilio para convivencias de fin de año, ya fuera del colegio, de familiares de ejecutados políticos o de Iglesia -particularmente el año del terremoto de 1985. Trabajé en organizar los recordatorios en memoria de mi familia asesinada, tanto como en otras actividades de DD.HH. así como movilizaciones pacíficas y marchas, por ejemplo, hacia el patio 29 del Cementerio General o en los aniversarios para el Día Internacional de La Mujer en que se recordaba especialmente a las mujeres Asesinadas; y así tantos otros actos.

También recibí extranjeros en mi casa, que nos visitaban porque les interesaba conocer nuestra realidad y las crueldades que se vivían en Chile bajo la dictadura.

Quiero aprovechar estas líneas para expresar mi gratitud a todas las personas que nos acompañaron en esos momentos de sufrimiento, por las violaciones a los Derechos Humanos y continúan aún en ese caminar.
A mí me sirvió para crecer como persona, y recuperar mi dignidad. Considero que aporté en todo lo que me fue posible, y lo hice siempre en homenaje a mi familia y a todas las valiosas vidas violadas y mutiladas, que con su esfuerzo nos dieron fuerzas y empuje para continuar.
Para ellos HONOR Y GLORIA por siempre. Ellos no morirán ¡jamás!.
Gracias.
Ofelia Moreno vda. de Gallardo.

Entre Tortura y Filantropía – Los niños pobres del “Presidente” Pinochet

DestacadoEntre Tortura y Filantropía – Los niños pobres del “Presidente” Pinochet

Latinodada

http://latinodada.blogspot.de/2015/05/el-nino-limitado.html

El “niño limitado”

27 marzo 2015

Markus Thulin.

Entre Tortura y Filantropía – Los niños pobres del “Presidente” Pinochet

Este artículo se puede leer también en Alemán:
http://zentrodada.blogspot.de/2015/05/el-nino-limitado.html

Chile después del 11 de septiembre de 1973 fue una dictadura. A través de una política represiva y elecciones manipuladas una junta militar, presidida por el General Augusto Pinochet (1915-2006) gobernó el país. Una parte de la sociedad representada por grupos y organizaciones afiliadas al “régimen militar” (como muchos de ellos nombran la dictadura hasta hoy) apoyó al nuevo estado.

Con el presidente Salvador Allende (1908-1973) murió el 11 de septiembre también la buena voluntad de muchos Chilenos de trabajar democráticamente en un proceso progresivo de su país. La dictadura llevó a Chile a ser un país de privatización incondicional. La larga época de intentos de socialización entre mapuches (indígenas) y mestizos, los ciudadanos y la gente pobre en los suburbios (las poblaciones) llegó a un final sin retorno por 16 años.

 
celebración del Día del niño – 1978 – Región Metropolitana

Cinco años después del golpe – en diciembre de 1978 – un gran programa de recaudación para los niños lisiados tuvo su inauguración en la televisión – la “Teletón” moderado por Mario Luis Kreutzberger Blumenfeld –  “Don Francisco”:

https://youtu.be/SNkODjDg73w

La Teletón recaudó fondos para el “niño limitado” – niños condiscapacidades físicas como parálisis, amputaciones o deformaciones. A través de un gran evento cada año se presentaba un nuevo himno para los niños que necesitaban ayuda, como en 1980 la canción “De pie la esperanza”:

https://youtu.be/RFNfwUrQe_o
Foto: www.coanil.cl/

En 1974 se fundó la organización Coanil (Fundación de Ayuda Al Niño Limitado) creando residencias y escuelas a lo largo de todo el país, con el objetivo de mejorar la situación social y económica en que se encontraban las personas con discapacidad intelectual (niños limitados), especialmente en los sectores de extrema pobreza del país.

En diciembre de 1978 cuando la Teletón fue transmitida por primera vez a las casas de los Chilenos (los que poseían un televisor), parecía que todo Chile y todos los Chilenos aplaudieron al gran intento por mejorar la situación catastrófica de sus más pequeños compatriotas. Una de las donaciones más grandes en 1978 la hizo general Pinochet.

A pesar de un progreso económico que Chile vivió hasta los principios de los años 1980, hubo constantemente un cierto porcentaje de Chilenos que quedó atrás  – la gente más pobre y sus niños. El “Señor Presidente” hizo todo lo posible para que estos “niños pobres” no se convirtieran en “niños resistentes” a su régimen.

Durante el régimen de la Junta Militar hubo 107 casos de violencia contra niños que afectaron a menores de 18 años. Hubo 34 ejecutados, 20 detenidos desaparecidos, 12 muertes a consecuencias de situaciones de violencia política, 24 por abuso de poder y 17 a causa de violencia innecesaria. Respecto a las edades en su mayoría las víctimas eran adolescentes, el 54% tenía entre 16 y 17 años, y el 26% entre 14 y 15.

 
Desfile de fiestas patrias – 1976 – Región de Coquimbo

El gobierno quería evitar la resistencia de la juventud y una de sus acciones fue la renovación de los desfiles escolares como los actos oficiales de la juventud chilena en el día de la  “Llama de la Libertad”, la fiesta de la primavera y otros eventos de gran envergadura. Por mucho tiempo, incluso después de la dictadura, en los colegios no se enseñó la historia del gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende.

“Carabineros de Chile” es la única institución policial uniformada (la otra es la policía de Investigaciones – PDI) del país. Por eso, sus funciones son múltiples: desde el control del tránsito, el cuidado de niños, vigilancia de fronteras, vigilancia y patrullaje de las ciudades y del campo, hasta la represión política. Referente a la dictadura se recuerda más esto último. Sin embargo la exaltación de carabineros (su patriotismo, nobleza, sacrificio, etc.) en las escuelas (sobre todo primarias) es tradicional, y ocurrió antes, durante y después de la dictadura.
Ejemplo de “Las brigadas escolares” actuales – documental de abril de 2010:

https://youtu.be/8pGbS2XsRiY

En 1997, nueve años después del “No” al “Presidente” Pinochet un informe de “Carabineros de Chile” señaló que había  2.450 de organizaciones juveniles de los Carabineros de Chile, con 60.722 integrantes.

De las actas del Ministerio de Salud de los años 1973 hasta 1978 resulta que había un mayor esfuerzo del gobierno para la ayuda al “niño pobre” con nuevos programas de salud y educación. Sin embargo no desapareció la pobreza, ni desaparecieron las víctimas inocentes de la dictadura que murieron, que fueron torturados o que perdieron a sus padres a través de las persecuciones hechas por la policía y el ejército militar.

 
“Protección al niño limitado” – estampilla 1977 [Foto: mercadolibre.com]

El 13 de agosto de 1999 fue descubierto el cuerpo de Carlos Patricio Farina Oyarce de 13 años secuestrado en octubre de 1973, una de las víctimas juveniles de la dictadura más conocidas en Chile. El tráiler del documental “mi hermano y yo” sobre la investigación en su caso se puede ver aquí:

http://www.cinechile.cl/pelicula-691
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Las fotos para este artículo/Post se puede encontrar aquí:http://www.memoriasdelsigloxx.cl/

La base de literatura para este artículo/Post fue: “Historia de la Infancia en el Chile republicano 1810-2010” de Jorge Rojas Flores. El libro completo se puede leer aquí: 
http://web.integra.cl/doctos_cedoc/archivos/documentos/historia_infancia_chile_republicano_academico%5B1%5D.pdf

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http://latinodada.blogspot.de/2014/10/la-ninez-en-la-dictadura-el-caso.html