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Resumen
El presente artículo tiene por objetivo analizar el texto de Nona Fernández la Trilogía Bestiario, El Taller (2012), desde el contexto político y teatral del Chile posdictatorial. Para ello, se enmarca el texto dramático en conceptos de memoria, posmemoria, política y humor, como tópicos recurrentes de las dramaturgias nacionales actuales. De tal modo, se postula que El Taller, mediante estrategias dramatúrgicas ficcionaliza, distorsiona y rearticula una historia real para hablar desde la posmemoria de hechos acontecidos y vivenciados por una generación que nació en dictadura.
Palabras clave:
Memoria – posmemoria – política – dramaturgia chilena – El Taller.
La relación entre teatro y memoria histórica
El teatro contemporáneo, especialmente en Chile, funciona como un espacio de memoria y resistencia que reconfigura el pasado traumático de la dictadura militar mediante dramaturgías que mezclan historia, ironía y humor. – El teatro es un lugar de memoria que transmite tradiciones y formas escénicas. – La dramaturgia actual se vincula con la posmemoria, permitiendo recordar y transcribir hechos históricos en formatos artísticos. – Los personajes en obras como El Taller llevan su propia dramaturgia corporal, creando nuevas realidades que cuestionan la dictadura de 1973.
Desmontaje de la posmemoria política del horror
El teatro político en Chile ha evolucionado desde la resistencia a formas más complejas y estéticas, alejándose de la simple denuncia, y ahora utiliza recursos como la ironía y la parodia para reflexionar sobre el poder y la historia. – La Trilogía Bestiario puede considerarse teatro político, con diferencias respecto a la dramaturgia de la dictadura, en forma y contenido. – Tras la dictadura, el teatro chileno se diversificó en estilos y lenguajes, predominando la ironía, el humor triste, la melancolía, la rabia y la violencia. – Nona Fernández recurre a diálogos y escenas reestructuradas, usando el discurso para transmitir mensajes, sin caer en abstracciones. – Las obras no son ni triunfalistas ni completamente amargas, sino que revisitan el pasado desde nuevas perspectivas y estructuras. – La dramaturgia refleja desencanto político, social y personal, con un enfoque en la realidad del autor y el uso del humor para tratar la violencia. – La posmemoria revela la máscara y lo ficcional, creando nuevas lecturas del pasado para revelar verdades ocultas, como en la mezcla de historia y ficción en El Taller. – La incorporación de figuras históricas como Rasputín en obras chilenas crea paralelismos irónicos con la historia nacional y los abusos de poder. – La obra usa la historia de Rasputín para construir metáforas y críticas a la realidad chilena, vinculando traumas históricos con la violencia de la dictadura. – La narrativa combina pasajes serios con humor y anécdotas absurdas, deformando la realidad y creando mundos paralelos alejados del dolor real. – La escena anecdótica y el humor en las obras sirven para aliviar tensiones y ofrecer una visión irónica del pasado y el presente político.
La existencia y evolución del teatro político hoy
El teatro sigue siendo un espacio político, aunque sus formas y estilos han cambiado, privilegiando la experimentación estética y la participación del público, más allá de un género o tendencia específica. – Desde la Grecia Antigua, el teatro ha estado ligado a la vida política y social. – El modo en que el teatro se relaciona con la política ha cambiado, pero sigue siendo una práctica democrática y colaborativa. – El teatro político no es un género, sino una forma de hacer arte que refleja estructuras y dinámicas de poder. – Las dramaturgias actuales son más complejas, con poéticas que generan ambigüedad y que requieren que el espectador decodifique el mensaje. – La memoria histórica y los temas actuales siguen siendo materiales fundamentales del teatro chileno, incluso en contextos posdictatoriales. – La dramaturgia contemporánea utiliza recursos como la parodia, la ironía y la metateatralidad para expresar preocupaciones sociales y políticas. – La memoria y el recuerdo son esenciales para la cohesión social, y el teatro ayuda a mantener viva la historia y las heridas del pasado. – La dramaturgia actual busca representar lo irrepresentable, usando el humor y la teatralidad para abordar el trauma y la violencia. – La obra teatral funciona como una construcción de sentido que amplifica la realidad, creando un espacio de reflexión y resistencia. – La dramaturgia en Chile refleja un compromiso con la historia y la memoria, resistiendo el olvido y promoviendo la reparación del trauma social.
El concepto de memoria se ha vuelto recurrente tanto en los estudios culturales como en los de arte. Aparece con fuerza luego de la Segunda Guerra Mundial, como forma de recordar hechos pasados que provocaron quiebres en el curso normal de la humanidad. La memoria se contrapone al discurso de la modernidad donde el eje central estaba puesto en el futuro, aspectos que se evidencian en autores como Jürgen Habermas o Georg Simmel. Este concepto surge principalmente con autores que lo desarrollan a partir de lo sucedido en países que sufrieron grandes traumas producto de hechos históricos que marcaron a la sociedad. Ellos buscan evidenciar y hacer conscientes, al público, las catástrofes cometidas. Para eso, dan a conocer que “la memoria es un bien común, un deber (como se dijo en el caso europeo) y una necesidad jurídica, moral y política” (Sarlo 62). De este deber se apropia un número significativo de artistas, entre ellos –en el caso chileno– Carrera, Fernández y Leonart, quienes en su trilogía hacen uso de la memoria para el desarrollo de sus temáticas.
Es importante ahondar específicamente en este concepto, porque “dentro de los estudios de la memoria se acuña a fines de los años ochenta el término posmemoria para estudiar productos culturales que exploran la perdurabilidad de las experiencias traumáticas a través de las generaciones” (Szurmuk y Mc Kee 224). La posmemoria aparece para enmarcar a una generación que, de una u otra forma, experimentó las consecuencias de un pasado, fracturando el curso histórico normal de un país o sociedad.
Como se mencionó anteriormente, los tres dramaturgos pertenecen a una generación que nació en los primeros años de la dictadura militar chilena. Es decir, vivieron una niñez y adolescencia privada de libertades, en un sistema donde la represión era la lógica común de las actividades artístico-culturales. Si bien ninguno de ellos vivió el trauma de manera directa, así como tampoco tienen una relación estrecha con alguien que haya vivido una situación de desaparición, tortura o
La posmemoria es un neologismo que surge a fines de la década del ochenta. Acuñado por los teóricos norteamericanos Hirsch3 y Young a la luz de los estudios culturales, este término se refiere principalmente “a la generación siguiente a la que padeció o protagonizó los acontecimientos (es decir: la posmemoria sería la ‘memoria’ de los hijos sobre la memoria de sus padres)” (Sarlo 126). Nuevas generaciones que si bien no vivieron experiencias traumáticas (Holocausto, guerras, dictaduras), sí son hijos de ella.
La “posmemoria” describe la relación que la “generación siguiente” establece con el trauma personal, colectivo y cultural de aquellos que vivieron las experiencias, “recordando” solo a través de relatos, imágenes y comportamientos que pudieron observar durante su crecimiento. Sin embargo, estas experiencias se han transmitido de forma tan profunda y afectiva, que aparentemente constituyen recuerdos de vivencias personales. Así, la conexión de la posmemoria con el pasado no se encuentra mediada por el recuerdo sino por la imaginación, la proyección y la creación. (Hirsch 5)4
2 Es importante señalar que en Chile coexisten diversas corrientes teatrales: por un lado, aquellas donde el acento está en la fábula; por otro, con énfasis en la puesta en escena del cuerpo y/o de la imagen. El énfasis que realizo de esta trilogía dice relación con el éxito de crítica y público transversal que asistió a las presentaciones (cf. “Memoria 2013” en el sitio web del GAM), considerando que la narración es uno de los ejes centrales, el cual en la puesta en escena se articula con cuerpo e imagen. De este modo, El Taller se vuelve integradora de la textualidad y de los elementos espectaculares, dando la impresión final de un trabajo que actualiza la memoria traumática de la dictadura militar de 1973.prisión política, de todas maneras responden a una generación que reelabora el trauma a partir del relato directo de una generación antecesora. Por lo tanto, desde esta perspectiva inscribo la obra dramática de Carrera, Fernández y Leonart bajo el concepto de posmemoria.
Ahora bien, el concepto no solo posee una relación de lazo sanguíneo, pues también puede ser adscrito a la existencia de una filiación contextual político-social que la inscribe dentro de un período particular. Por lo tanto, la posmemoria corresponde a todos quienes han recibido información del pasado dictatorial, por diversos canales comunicativos, principalmente por sus antepasados, generaciones que sí vivenciaron el golpe militar y sus consecuencias.
Estas vivencias se han trasmitido de manera directa por el relato de la experiencia o a través de medios culturales (con el retorno a la democracia y el fomento al arte y la cultura) en formato de libros, videos, documentales, teatro, series de televisión, entre otros. Entonces, es lógico pensar que todo acto de comunicación, en los diversos formatos existentes, más aún si son expresiones artísticas, es mediado por formas éticas y estéticas que transforman la verdad o la vivencia; por lo tanto, somos testigos de una realidad transformada.
Este contexto enmarca la creación dramatúrgica de los tres autores, y de una manera distinta a dramaturgos anteriores5, quienes sí vivieron formas de censura. Aun cuando dichas censuras no fueron “aplicadas” de manera directa, ocasionaron situaciones de peligro para algunos artistas, provocando, en una primera instancia, un apagón cultural que luego sería revertido con la aparición de movimientos de resistencia en todas las artes.
3 Marianne Hirsch es de nacionalidad Rumana e hija de sobrevivientes del Holocausto. A ella se le atribuye la acuñación y uso del término posmemoria en su libro Family frames: Photografy, narrative and posmemory (1997).
4 “Postmemory” describes the relationship that the “generation after” bears to the personal, collective, and cultural trauma of those who came before-to experiences they “remember” only by means of the stories, images, and behaviors among which they grew up. But these experiences were transmitted to them so deeply and affectively as to seem to constitute memories in their own right. Postmemory´s connection to the past is thus actually mediated not by recall but by imaginative investment, projection, and creation.
5 En los años de dictadura militar, tanto dramaturgos como compañías teatrales se vieron enfrentados no solo a la censura indirecta que se manifestó en la aplicación del I.V.A a las obras que no cumplieran con ciertos patrones, sino también a la autocensura para no provocar resquemores con el gobierno imperante. Sin embargo, no faltaron las amenazas y los actos de violencia contra artistas y sus compañías. Ejemplo de ello es la compañía La Feria, que vio destruida su carpa por un incendio a manos de organismos de seguridad del gobierno de Augusto Pinochet.
Apuntes de Teatro Nº 140 (2015): 60-7765
Se podría decir que la posmemoria es un concepto que nace como un acto performático de la memoria, como modo de reconstruir una realidad pasada volviéndola presente y activa. De este modo, se busca reelaborar, mediante lo testimonial, principalmente, una verdad ocurrida que pretende, desde la vereda del frente, reflexionar, difundir y no olvidar el pasado.


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