Cuando yo entré al Partido
-y que quede registrado que en aquellos años
al Partido no entraba cualquiera
ni era llegar y entrar-
me dijeron:
¡La revolución necesita cuadros!


De mi primer punto

en la acera oriente de calle Portugal
entre Avenida Matta y Victoria
con el diario «La Tercera» del día anterior en la mano derecha
llegué a casa corriendo
tomé un cuadro que mi madre tenía en la pared del salón
y se lo llevé al encargado 
de mi unidad miliciana

Muchos años han pasado

Casi tantos
como agua bajo los puentes 
y si me miro al espejo
lejos de ser un cuadro
sigo siendo
más bien
un círculo

El lunes

sin falta
me pongo a dieta

Poesía alejada en Paris,Francia. Ximena Gautier Greve

©«Poema de la trágica muerte de Pablo Neruda
o el Nerudicidio 

Autora: Ximena Gautier Greve, poeta chilena alejada en
Francia.
I. PRIMER DUELO.

 

«Callar desde hoy es imprudente”… (José Martí)


I.
Sobre las colinas azules de los mares fríos,
en los delicados pétalos de las brisas y las piedras
están cantando las angustias y el alba.
Vienen acercándose como nubes enrojecidas,
como vuelos de la inmensidad de los planetas
que deslizan ruidosamente sin pedir permiso
Los hombres y mujeres que fueron sangre nueva
van acercándose a las puertas de sus viajes,
con los corazones recogidos de tanta carga
rojos corazones que aún están esperando,
mirando caer tinieblas que también son rojas
protegiendo la hierba al borde del camino
enlazando el agua y el sol en sus conciencias
con el alma cargada,
con el alma cargada
Aún inflamados los pechos se levantan
y a pesar de todos los terrores
y del compromiso del silencio con la cobardía,
los jilgueros trinan y gritan los cormoranes
nadie puede acallarlos ya nunca más
porque Chile tiene una cita con la Verdad, en este preciso recodo de todos los caminos:
aquí y ahora nos dimos cita, camaradas,
sin saberlo siquiera, sin ni siquiera saberlo,
porque el Destino pone los hombres cara a cara
con sus actos y decisiones presentes y pasadas,
frente a la Historia y a todo futuro posible.
Hace mucho tiempo que nos cayó encima
la curva siniestra de los conspiradores.
Hace mucho tiempo que nos enderezamos
y desenmascaramos a los viles felones
confundidos en las dagas amarillas
del crimen y del odio más abyecto.
Pero esta es la historia amarga y triste
de la muerte del poeta más amado,
la historia de la muerte de Chile consagrado.
Eran las cuatro de la madrugada.
En la pequeña radio a transistores del poeta
una voz conmocionada trasmite desde Argentina
la inminencia del golpe de estado chileno:
en Valparaíso sublevada, la Armada se movía.
-«¡Felonía!»- gritó el gran albatros blanco
abriendo inmaculado sus largas alas perfectas,
al entrar sin temor alguno ni renuncio
al círculo de las balas que lo acribillaban
abriendo la puerta de la esperanza desesperada,
de esa funesta Primavera,
esa Primavera funesta.
Pero más allá,
lejos de Santiago y las bombas cayendo como las lágrimas
de los años que vendrían,
en las aldeas y los campos del verde intenso,
recorriendo la brisa inmortal de la Isla Negra
el gran poeta de los mundos abiertos oyó
el último canto del compañero amigo,
cayendo como caen los robles en el incendio,
con la bandera en llamas.
Yo no canto al presente ni al pasado
solo el airado futuro voy construyendo
por eso te llamo, hermano, hermana, niños
porque estoy llamando a nuestra patria,
aquella que dieron por muerta siendo
que solamente estábamos sanando
las heridas tras la masacre:
¡Porque sépanlo ustedes y sépanlo bien
que las ideas no mueren
y que el futuro es humano y no bestial!
¡Porque sépanlo todos y no lo olviden jamás
que somos la sal y el agua de este mundo
que no se pueden matar, porque no tenemos fin!

©APOLOGIA MAPUCHE (Defensoría de la etnia mapuche, en
Chile) 
Autor: Ximena Gautier Greve.
TAIÑ MAPU . (Reclamo décimo segundo)

Granizo del Cono Sur

aguas del viento, mar y Cordillera

generación siempre verde
rabel del canto grueso en arrancadas
cuerdas, malos tratos repetidos.
Hagamos una fuerte trenza con las corrientes
de los ríos antes que desaparezcan en el mar.
Que los finos arroyos aprendan a luchar
en la cascada, críen peces y avecillas.
Piarán fuerte los mirlos
y trovará con ellos el mundo nuevo.
¡ Que vuelen alto los aguiluchos
afilen sus garras coloradas los nahueles (55)
despierten en la selva kilmayes y chelias (56) (57)
revivan los huemules (58) de grandes astas
y azote el viento del Sur implacable
los valles y las ciudades para alzar la fuerza
de las mareas casi olvidadas, envejecidas
en la desembocadura de las playas tristes,
sobre las alas que se abren en los nidos
en las semillas de los árboles tenaces
en las colmenas, miel nueva del plantío nuevo,
por todos los caminos de la vida
para fertilizar con su espuma las nubes
creando nuevamente ríos raudos
arroyos, torrentes y cascadas !
Ya sabes, estoy tan lejos de tus ojos
pero mastica el verso que te envío:
volverán los soles araucanos
sobre las praderas indomables.
Largos son los horizontes cubiertos.Amo los gorriones y chincoles (59)
cuando aprenden a cantar
y enseñan sus crías a volar.
El tiempo de la memoria es aquí y ahora.
Somos granos de arena viva
sobre el viento germinando
armas y filo de tu fragua y tu verdad.
El kultrún reinará sobre las pampas.
Taiñ mapu, taiñ mongen ka kimniekan (60).
por XIMENA GAUTIER GREVE.
____________________
GLOSARIO:
(54) TAIÑ MAPU, nuestra querida tierra.
(55) NAHUEL, puma (león chileno, en extinción)
(56) KILMAY, (Elytropus chilensis) planta trepadora robusta de
tallos leñosos. Habita en los sotobosques sombríos. Descrita en
1860, Flores grandes, blancas, muy bellas.
(57) CHELA, ( Berberis polypetala chillanensis) Otros nombres:
palo amarillo, michay. Planta endémica del Sur de Chile junto
con el quimay. Descrita en 1845 por Gay. La Chelia parece una
rosa grande de color amarillo.
Las maravillosas flores y plantas endémicas van desapareciendo
ante el avance de las foresteras industriales de multinacionales
y nacionales privadas.
(58) HUEMUL, ciervo chileno. Figura sobre el escudo nacional de
Chile. En extinción.
(59) CHINCOL, variedad de gorrión muy cantor con pecho
amarillento y pequeño copete, muy común en Chile.
(60) TAIÑ MONGEN KA KIMNIEKAN, nuestra vida y sabiduría.© Copyright 2007 Ximena GAUTIER GREVE. 
© A FABIANA ANDREA. (POESÍA)
autor: XIMENA GAUTIER GREVE.

Ven a apoyar tu corazón en el mío,
que podamos vencer juntas ignominias
y destinos azotados.
Que cuando suba la savia de la tierra hacia los aires
evoque tu mirada azul y mis manos blancas
para que el viento nos traiga
el recuerdo de nuestros padres y madres
y de los padres de nuestros vínculos perdidos
en la vorágine desatada por el terror
y los labios de la inocencia
besando las cuencas mortales
del odio y la injusticia impune.
Ven con tus manos ardientes de vida
con tus vientres plenos
cubiertos de mariposas
y de flores de colores.
Con tus signos incomparables
de esperanza y amor innato,
para que nada oscurezca jamás
tu mirada de cielo azul y estrellas.
Ven esperanza hecha de esperanzas.
Que yo pueda depositar la fuerza
de mis brazos en los tuyos,
y la voz de mi canción en tu guitarra.
© Copyright Ximena Gautier Greve. Todos los derechos reservados.
– Más artículos de Ximena Gautier Greve – Artículos de hoy en
Lapalabra.com

LA MASACRE DEL ESTADIO CHILE o EL ASESINATO DE VICTOR JARA

Poema de la escritora chilena exiliada en Francia Ximena Gautier Greve.

LA MASACRE DEL ESTADIO CHILE o EL ASESINATO DE VICTOR JARA.  http://www.calameo.com/read/000617708efface201c89

 

 

 

 

Relacionado. Víctor el el Mundo.

The Last Song of Victor Jara – Estadio Chile September 1973

Victor’s wife joan jara reports that people in the stadium learnt by heart the words of the last song of Victor and when they were released they wrote it down and smuggled the words out of the country and someone brought it to her.

here it is   https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=hY84jqSyspI
There are five thousand of us here
in this small part of the city.
We are five thousand.
I wonder how many we are in all
in the cities and in the whole country?
Here alone
are ten thousand hands which plant seeds
and make the factories run.
How much humanity
exposed to hunger, cold, panic, pain,
moral pressure, terror and insanity?
Six of us were lost
as if into starry space.
One dead, another beaten as I could never have believed
a human being could be beaten.
The other four wanted to end their terror
one jumping into nothingness,
another beating his head against a wall,
but all with the fixed stare of death.
What horror the face of fascism creates!
They carry out their plans with knife-like precision.
Nothing matters to them.
To them, blood equals medals,
slaughter is an act of heroism.
Oh God, is this the world that you created,
for this your seven days of wonder and work?
Within these four walls only a number exists
which does not progress,
which slowly will wish more and more for death.
But suddenly my conscience awakes
and I see that this tide has no heartbeat,
only the pulse of machines
and the military showing their midwives’ faces
full of sweetness.
Let Mexico, Cuba and the world
cry out against this atrocity!
We are ten thousand hands
which can produce nothing.
How many of us in the whole country?
The blood of our President, our compañero,
will strike with more strength than bombs and machine guns!
So will our fist strike again!

How hard it is to sing
when I must sing of horror.
Horror which I am living,
horror which I am dying.
To see myself among so much
and so many moments of infinity
in which silence and screams
are the end of my song.
What I see, I have never seen
What I have felt and what I feel
Will give birth to the moment…

Victor Jara
Estadio Chile

September 1973

[from Victor Jara Manifesto (September 1973)]

Memoria desterrada y reescritura en Oscura palabra, de Oliver Welden .Sergio Infante

(…) al poco andar llega el 11 de septiembre de 1973, la dictadura militar con su violenta oscuridad; también llega el trazo oscuro, aunque en otro sentido, que dejan las diasporas 

La poesía de Oliver Welden *(Santiago de Chile, 1946) tarda en dejarse  ver pero, cuando aparece, la singularidad y el brillo compensan la espera. Welden empieza a escribir en su época de liceano, y es ya un estudiante universitario al momento de publicar su primer libro, Anhista, en Santiago, el año 1965. Esta fecha lo sitúa en la promoción de poetas chilenos que se dan a conocer en fechas cercanas a la segunda mitad de los años sesenta: Omar Lara, Gonzalo Millán, Waldo Rojas, por mencionar a algunos; jóvenes a los que el golpe militar y la dictadura obligarán a cambiar de rumbo, modificar sus proyectos literarios y toda clase de proyectos, pasar a la condición de sobrevivientes, olvidarse un poco del marbete de “la nueva poesía chilena” pues serán reetiquetados por los estudiosos como la generación dispersa o de la diáspora. Conviene recordar, de paso, que antes de que este desbande suceda, la mayoría de estos jóvenes llevaba una vida intensa, llena de actividades culturales y políticas: las reuniones, los mítines, los estudios o el trabajo, la participación en fructíferas jornadas literarias en las ciudades más importantes del país, las escritura. Por esos años nacieron varias revistas que refrescaron la actividad poética: Trilce, en Valdivia, que aún se mantiene en pie, Arúspice, en Concepción, Tebaida, en Antofagasta; de esta última Oliver Welden fue fundador y redactor. En 1970, aparece en Antofagasta, el segundo libro de este poeta, Perro del amor, que gana el premio Luis Tello, otorgado por la Sociedad de Escritores de Chile y que convierte la obra de Welden en uno de los referentes de su generación. Entonces al poco andar llega el 11 de septiembre de 1973, la dictadura militar con su violenta oscuridad; también llega el trazo oscuro, aunque en otro sentido, que dejan las diasporas  El poeta se exilia en los Estados Unidos, la tierra de su padre, pasan muchos los años, la dictadura de Pinochet se termina, las visitas del poeta a Chile son esporádicas. Más tarde, la viudez y un cambio en el destino lo llevarán vivir indistintamente en Suecia y en España. Ningún sitio ha logrado reemplazar el país natal. Este, por lo demás, ya no puede ser el que fue un día, hay un desencuentro del tiempo y la geografía, el país natal solo se acerca a la certeza en la imaginación y la memoria, sostenido por nostalgias cada vez más ambiguas, contradictorias, rituales, siempre imprescindibles. Los exilios prolongados no se acaban con un decreto de amnistía o con la vuelta de la democracia, quedan en la existencia como una marca indeleble. Durante este largo periodo, la poesía de Welden, en cuanto a publicación, fue mínima, limitada a alguna revista, hasta la aparición del libro Fábulas Ocultas(Concepción, 2006), en LAR, editorial que el poeta Omar Lara dirige con notable perseverancia. La espera **de Oscura Palabra. Poesía 1970-2006 ha sido menos prolongada, se edita en Santiago en el 2010, bajo el sello de LOM. Invito a leer esta obra.

Los riesgos que corre un escritor de alguna manera son sus virtudes, la apuesta se consigue plenamente cuando se logra crear no solamente un texto distinto sino que también un nuevo tipo de lector. Los riesgos que se advierten a primera vista en Oscura palabra son dos. El primero tiene que ver con la elección del tema, en este caso la memoria reciente de Chile y los chilenos, según la mirada del poeta desterrado o de su hablante que lo representa en el texto, que percibe, vive y revive unos hechos transcurridos entre los años 1970 y 2006, tal lo señala el subtitulo del libro; este lapso es la poesía y lo vivido. Época marcada por una serie de acontecimientos que, siguiendo Oscura palabra, podrían resumirse de la manera siguiente: a) Triunfo de la Unidad Popular y gobierno de Salvador Allende, los sueños esperanzados y la sedición reaccionaria; b) golpe de Estado y dictadura de Pinochet, represión, resistencia, exilio; c) la vida con posterioridad a la dictadura, los regresos. Cabe agregar que todo lo anterior, al evocarse, ocurre en un escenario que se ha vuelto fantasmagórico. También debe decirse que, a primera vista, la novedad del poemario no se encuentra precisamente en el tema, este es más que recurrente en nuestra literatura de las últimas décadas. ¿Cómo decir algo nuevo de algo tan profusamente tratado? Oliver Welden es muy consciente de que los temas, en literatura, jamás se agotan, por muy copiosa que sea su presencia en un periodo determinado. Los temas no se agotas lo que de algún modo caduca, por uso y desgaste, son las formas de expresarlos, el lenguaje. Por eso el poeta se atreve a volver a contar y cantar sobre cosas en el fondo ya sabidas pero no dichas como él las dirá y ese decir distinto es que las hará únicas e irrepetibles; entra, así, en el segundo riesgo, el de la renovación formal.

Welden se juega el todo por el todo en el tratamiento de la forma, en hallar el lenguaje, lo que además tiene una incidencia en la adscripción genérica, a la cual me referiré más adelante. La obra se ha ido diseñando con una propuesta poética muy clara, planteada en el poema dedicatoria “Para Jonathan, mi hijo” donde podemos leer: “Esta oscura palabra hacia el final de mi vida escrita/ con el pecado original del idioma y de la memoria mía/y la de tantos otros voraces y desterrados. / […] Oscura palabra de la cual me hablaron tantas voces, tantos años. / […] Oscura palabra que en silencio apuntaba el andamio del pasado/ y la arquitectura fantasma de todo lo vivido” (s/n). El título de la obra aparece aquí anafóricamente y se indica lo que el lector después podrá inferir a lo largo del libro como el conjuro y la coherencia de una voluntad poética que se expresa en unos versos realizados con paciencia de buen artesano. Paciencia que es análoga a la que se exige del lector, porque si simplemente se hojea el libro desconcertará encontrar, en un texto que por convención el destinatario supondrá lírico, una presencia hiperbólica de la palabra ajena: Un prólogo de Renard Betancourt, una presentación Virginia Vidal, un epílogo de Carlos Amador Marchant, trece epígrafes para la totalidad del libro, además de los tantos otros epígrafes que encabezan la mayoría de los poemas, en varios casos más de uno por poema. El horizonte de expectativas del lector habitual de poesía empieza a ser cuestionado, surge la pregunta: ¿No quedará eclipsada la voz del yo lírico al ser intervenida por tantas otras voces? Una pregunta totalmente legítima a la que el texto sabe responder: “Yo soy el narrador ficticio y lírico hablante y por ende digo/ que el autor buscó lo que era suyo por herencia” (36). Ser narrador ficticio y hablante lírico a la vez implica la no pureza del género. La presencia de lo épico entremezclada con lo lírico viene marcada con fuerza, ya que los dos primeros epígrafes están tomados del Cantar de mío Cid y de La Araucana, dos poemas épicos de nuestra lengua, además, en este caso, indicadores temáticos: el destierro y el país perdido, pero también, de algún modo, el enunciado y la enunciación. En este sentido, conviene subrayar que en el título Oscura palabra no opera un calificativo que se pueda oponer a una palabra clara, el adjetivo antepuestooscura señala una condición inherente a la palabra y en este caso acentuada por sus condiciones de enunciación: el destierro y las deshoras. Una palabra en la que, como se aprecia en la cita del poema al hijo, la memoria tiene una importancia crucial.

Maurice ,Halbwachs1945, antes de ser deportado y muerto en el campo de concentración de Buchenwald, en Halbwachs1945, dejó unos apuntes sobre el proceso de la memoria que prácticamente han venido a convertirse en la base para el estudio moderno de la materia. Descubiertos en 1950, esos escritos plantean que la memoria es un proceso que va siempre de lo colectivo a lo individual, siempre recordamos con los otros. Sería lato detenerse en explicar esta idea, baste decir que un planteamiento muy semejante subyace en el proceso constructivo de la memoria desterrada, que, por añadidura, es el eje temático que atraviesa Oscura palabra. Eje al cual se subordinan todos los otros temas, tan recurrentes en la literatura producida por chilenos en las últimas décadas. Eje que justamente permite una mirada renovadora sobre estos temas tan visitados. El exceso en el uso de los epígrafes, algo muy consciente y propio de una voluntad constructiva, marca la presencia de la memoria colectiva, que permitirá el recuerdo individual. Estos epígrafes si bien son mayoritariamente literarios, también tienen su origen en otro tipo de discursos y de registros; más de una frase cruel y chabacana del tirano Pinochet puede encontrarse entre ellos. Lo interesante es que muchas veces no se limitan a su función epigráfica sino que penetran el poema mediante una técnica que combina el collage con la puesta en abismo, como puede apreciarse con mucha claridad en el poema “Mosaico y escombro: los pálidos muros del palacio” (26-28) donde las mismas voces de los epígrafes, de Salvador Allende, Patricio Manns, Violeta Parra y Pablo Neruda, se refractan y fragmentan en el cuerpo del poema, mezclándose además con el lema del escudo nacional, con un verso del Cantar de mío Cid, con otro de La canción de Yungay, con un informe inglés que detalla el armamento y las fuerzas utilizadas en el ataque a la Moneda, etc. En los poemas estas voces del otro no necesariamente se captan desde textos escritos, a lo leído antes de escrito o reescrito se suma con mucha vehemencia lo escuchado: “esta será la últim oportunid en que me pued dirigir/ a ustedes la fuerz aére ha bombardead las torres/ de radi Por ales y radio Corpora ción llegó volando/ el cuervo sobre mi suelo soldados de chile miren/ cómo nos hablan de libertad […] (27).

Desde mi experiencia de exiliado, me atrevo a decir que se han escogido textos escuchados innumerables veces a lo largo de muchos años, oídos como si hicieran parte de un ritual insoslayable, del conjuro que despierta la memoria y la lleva a una tierra de espectros, fantasmal ella misma: “Producto soy de la memoria de mi tierra natal” (69). Y cuando el desterrado, en los regresos reales, pisa esa tierra, la memoria se encarga de llenarla de almas en pena, de dolorosos recuerdos, como si en ese país el trauma colectivo, lo no resuelto, impidiera que tiempo y espacio se volvieran a reencontrar: “y el fondo de la tierra es un jardín de muertos/ y en ella la muerte multiplica su olvido” (64). No en vano el libro se publica “En homenaje a/ Ariel Dantón Santibáñez Estay (1948), /poeta de Chile, /secuestrado en 1973 y 1974,/torturado en Villa Grimaldi, /desaparecido en 1974/ asesinado” (s/n).

El texto avanza, poema a poema, configurando un discurso sobre nuestra memoria reciente que va de la experiencia compartida a una ya más personal, esto se nota porque el tema del desterrado va cobrando importancia y porque la técnica del collage se atenúa y hasta desaparece, lo que en ningún caso significa que se agote el diálogo intertextual, simplemente se muestra menos en la superficie del poema. Si se mira Oscura palabra con una visión de conjunto o como si fuera un único y extenso poema, cuestión perfectamente posible debido a la gran coherencia discursiva que atraviesa el libro, se advierte que a medida que nos vamos acercando al final la presencia del hablante y de su condición de desterrado se intensifica, hay una lucha por hacer del país fantasmagórico un cuerpo tangible, como puede verse en el poema “Las entrañas de un lugar de nacimiento” ahí encontramos: “entre la quinta y sexta costillas –o quinto espacio intercostal–,/ es decir, los espacios marítimos de las islas australes y el estrecho de Magallanes,/ en una línea con el punto medio de la clavícula izquierda” (77-78). ¿Se consuma esta unión, tan cercana a la unión mística, entre el desterrado y el país? Seguramente por instantes: “Oh país, la sombra larga, el fin del mundo, / como la mujer que amas y que no te ama:/faro apagado de súbito” (75). Lo que si está claro es que el poeta lo intenta hasta el final, es lo que le da sentido a su vida.

Como es natural, lo lírico ocupa un lugar destacado cuando la voz del hablante se vuelve hacia su circunstancia personal y toca aspectos más íntimos. Sin embargo, la cuestión del género de esta obra es más compleja. Como una gran parte de las obras que se escriben actualmente, los géneros se entremezclan y sus límites se hacen borrosos. Aquí lo lírico se entrelaza con lo épico; comulgamos con la emoción del instante, pero también, y con mucha fuerza, advertimos que transcurre aquí el relato de una historia colectiva e individual, un devenir. Una historia que, por lo cercana, debe más a la memoria reciente que a la historiografía, de manera que el género memorialístico entra en el juego. Se recuerda y se construye el recuerdo batallando contra el olvido, condición necesaria a la hora de los balances que se hacen y deben hacerse: “con el perdón de la culpa nada queda/y así todo forma parte natural del olvido” (74).

No es ajena a todo lo que aquí se ha dicho la posibilidad de inferir en Oscura palabra no solo una poética, sino que también una ética para la vida, nacida de una vida entre el destierro y lo perdido. Quizá en el fondo esto sea lo que permite que, al volver sobre temas tan recurrentes, se pueda lograr aquello que planteara Octavio Paz, que las cosas se dijeran como si se nombraran por primera vez; es decir, la poesía.

Estocolmo, 2 de marzo de 2011

http://es.wikipedia.org/wiki/Oliver_Welden

**www.youtube.com/watch?v=F9bhhbhelOM

Subir
 Referencia
Sergio Infante.  «Memoria desterrada y reescritura en Oscura palabra, de Oliver Welden.»  Anaquel Austral. Ed. Virginia Vidal. Santiago : Editorial Poetas Antiimperialistas de América.   26 de Marzo de 2011.
<  http://virginia-vidal.com/publicados/ensayos/article_427.shtml >