Salida de miles de niños chilenos a Suecia en las décadas de los 70 y 80’s. Nazis suecos y dictadura

Salida de miles de niños chilenos a Suecia en las décadas de los 70 y 80’s. Nazis suecos y dictadura

Más de 2 mil niños enviados a Suecia en dictadura

Aja Elmgren, la sueca clave en la red de adopciones ilegales de Pinochet que llegó a lo más alto de la élite chilena

Diego Ortiz27/11/2021

Elmgren junto a la jueza de Familia, Eliana Silva Romero. Créditos: chileadoption.se

Elmgren junto a la jueza de Familia, Eliana Silva Romero. Créditos: chileadoption.seElmgren junto a la jueza de Familia, Eliana Silva Romero. Créditos: chileadoption.se

Una investigación reveló que la dictadura sacaba provecho diplomático de adopciones con ayuda de nazis en Suecia. Elmgren, sueca radicada en Chile, organizaba el envío de niños. Acá fundó la escuela de equitación La Dehesa y creó distintas sociedades. Su yerno es un reconocido empresario, cercano a la familia Angelini y director de Celulosa Arauco.

Anna María Elmgren, o Aja, tiene el convencimiento de que lo que hizo durante la dictadura de Augusto Pinochet fue lo correcto. Aja fue el enlace del Centro de Adopciones sueco (llamado Adoptionscentrum) en Chile, gestionando la salida de miles de niños chilenos al país nórdico en las décadas de los 70 y 80’s. Salidas que en múltiples casos fueron ilegales. Casos que más que adopciones, fueron secuestros.

“Los niños que llegaron a Suecia son personas de bien, con proyectos de vida, familias y futuro”, explica Elmgren en un recurso de protección interpuesto por ella en contra de una serie de reportajes de Chilevisión sobre la red de adopciones ilegales de Pinochet, emitidos el 2018 y que le valieron a su autor, el periodista Alejandro Vega, ser reconocido con el Premio Periodismo de Excelencia de la Universidad Alberto Hurtado. (Vea el primer reportaje de Vega acá).

Distintas investigaciones históricas y periodísticas –entre ellas, las emitidas por el canal de televisión– dieron cuenta que existieron adopciones sin el consentimiento de los padres biológicos, despojando a familias chilenas de sus hijos.

Alfaro y Morales hallaron evidencia de que los niños dados en adopción eran utilizados para generar una imagen positiva de la dictadura chilena en Suecia; en un plan orquestado en el país nórdico por políticos de ultraderecha cercanos al nazismo sueco.

Además, según descubrieron recientemente la historiadora chilena, Karen Alfaro, y el profesor de historia, José Luis Morales, las adopciones cumplieron fines políticos para el régimen de Pinochet. Mediante la revisión de “documentación diplomática correspondiente a la embajada chilena en Suecia”, Alfaro y Morales hallaron evidencia de que los niños dados en adopción eran utilizados para generar una imagen positiva de la dictadura chilena en Suecia; en un plan orquestado en el país nórdico por políticos de ultraderecha cercanos al nazismo sueco. (Revise acá el artículo de INTERFERENCIA al respecto).

“Jamás recibí un pago o beneficio económico por lograr adopciones”, asegura Elmgren en el recurso de protección contra Chilevisión, el cual finalmente fue desestimado. “El Centro me pagaba mensualmente una suma que varió con el tiempo, pero que jamás se constituyó como la fuente principal del ingreso familiar y menos aún el punto de partida de fortunas o patrimonios injustificados”, recalca.

Lo cierto es que dos años después de la fecha en que Anna María asegura dejó de trabajar para Adoptionscentrum, la mujer fuerte de la red adopciones constituyó e ingresó en distintas sociedades.

Su fortuna, eso sí, comenzó a construirse años antes, en un negocio conjunto con su ex marido, el oficial de Carabineros Carlos Carmona Kopp.

De Suecia a Chile, el camino hacia la élite

Anna María llegó desde Suecia en 1965 junto a su primer marido, Karl Ulf Edenholm, ejecutivo de una compañía sueca de fósforos, probablemente con la intención de invertir en la industria forestal chilena. Lo hicieron acompañados de sus hijos Patrik y Teresa Edenholm Elmgren. El matrimonio se acabaría en Sudamérica, con Edenholm volviendo a Europa y Elmgren quedándose en Chile, donde volvió a casarse.

En 1971, Aja contrajo matrimonio con el carabinero Carlos Carmona Kopp, oficial en retiro de la institución y miembro de la policía montada, siendo la equitación una pasión que compartía con Elmgren. Juntos fundaron la Escuela de Equitación La Dehesa en 1970, cuando aquel lugar poco tenía que ver con el actual barrio residencial de la élite santiaguina.

Al año siguiente de iniciar la escuela, Anna María Elmgren conocería el mundo de las adopciones. Su hermana Kristina le solicitó ayuda para adoptar a un niño chileno. “Yo sabía muy bien que mi hermana y su marido no podían tener hijos y que para ellos era un anhelo tenerlos”, explica en el recurso de protección contra Chilevisión.

Recorrió la Casa Nacional del Niño, la entidad entonces responsable del cuidado de niños en adopción, consiguiendo que Kristina Elmgren adoptara un niño chileno al poco tiempo. “En el caso de mi hermana y como en todos los otros en los que intervine, se siguieron fielmente todos los pasos que establecía la ley”, asegura. Aja, en los años siguientes, enviaría un total de tres niños chilenos a su hermana Kristina en Suecia.

Pero investigadores que estudiaron el trabajo de Elmgren y de Adoptionscentrum* en Chile explican que habría, además de razones humanitarias y políticas, motivos económicos para localizar y enviar niños al país nórdico.

Anna María asegura que fueron las condiciones precarias en que se encontraban estos niños lo que la llevó a dedicarse tiempo completo a gestionar el envío de niños a Suecia. “Aquel Chile de los 70 en nada se parece al Chile actual. El abandono de menores, dada la insuficiencia de medios, era un hecho que no conmovía a nadie; los niños recibían muy poca atención estatal; muchos de ellos vivían en pésimas condiciones de salud, con severos problemas de alimentación y con pronósticos de vida muy desalentadores”, explica.

Pero investigadores que estudiaron el trabajo de Elmgren y de Adoptionscentrum en Chile explican que habría, además de razones humanitarias y políticas, motivos económicos para localizar y enviar niños al país nórdico.

“En esa época, comprar un niño chileno salía lo mismo que un Volvo último modelo en Suecia”, explica fríamente una fuente en Suecia conocedora de la red de adopciones ilegales. En el reportaje de Alejandro Vega publicado en Chilevisión, se da cuenta que el valor de los niños variaba dependiendo de las características del niño: continente de procedencia, color de piel, de pelo, y edad del niño influían en el precio a pagar. Según lo informado en el reportaje, tenían un valor de 35 mil coronas suecas, unos 2 mil dólares en 1984.

Ficha donde se elegían las características de niños a adoptar. Fuente: CHV.

Ficha donde se elegían las características de niños a adoptar. Fuente: CHV.Ficha donde se elegían las características de niños a adoptar. Fuente: CHV.

Aunque Elmgren asegura haber servido de enlace para las adopciones por razones más bien humanitarias, lo cierto es que existían razones monetarias para realizar el trabajo. En un reportaje del medio Cambio 21 cifran en 2.325 dólares el sueldo de Aja, monto muy por encima del salario medio chileno de US$ 118 en aquella época.

En tanto, la periodista Ana María Olivares, quien estudia el tema desde el año 2004 y pertenece a la agrupación especializada en entrega de apoyo a víctimas de adopciones ilegales, Hijos y Madres del Silencio, duda que Aja haya recibido un simple salario por sus servicios. Olivares describe el trabajo de Elmgren en la dictadura como “hacer lobby con los jueces y viajar por los hogares” para conseguir niños.

“Es bien difícil que haya sido un sueldo base y nada más, porque ella misma tenía montada una empresa que le pagaba a cuidadoras, asistentes sociales, médicos [responsables del cuidado de los niños a enviar a Suecia]”, explica en conversación con INTERFERENCIA. Para la investigadora, “es imposible que una persona con tanto poder y tanto trabajo no tuviese más dinero a su cargo, siendo que además le llegaban solicitudes no sólo por Adoptionscentrum, sino que también por fuera del centro”.

Elmgren, por su parte, explica que lo que la llevó junto a su familia a vivir de forma acomodada fue la escuela de equitación.

Sea cual sea el caso, la figura de Anna María es mayúscula en el sistema de adopciones irregulares en dictadura. Según documentación a la que accedió Olivares, son más de 2 mil adopciones las llevadas por Elmgren.

Sea cual sea el caso, la figura de Anna María es mayúscula en el sistema de adopciones irregulares en dictadura. Según documentación a la que accedió Olivares, son más de 2 mil adopciones las llevadas por Elmgren. “No existió otra persona que estuviera a cargo de eso acá en Chile, ella tenía la representación”, explica, “y su marido también la tuvo”.https://edicioncero.cl/2020/03/madre-a-la-que-le-arrebataron-a-su-bebe-hace-40-anos-se-practica-toma-de-huellas-geneticas-con-la-esperanza-de-reencontrase-con-su-hija/

En 1991, con el retorno de la democracia, cesaría el trabajo de Adoptionscentrum. Aja, por su parte, se iniciaría en los negocios.

Elmgren después de las adopciones

Dos años después de dejar de trabajar con el centro de adopciones sueco, en 1993, comenzó a ingresar a sociedades, en su mayoría relacionadas al incipiente mercado computacional.

Partió con dos ese año: Efe S.A., a la que ingresó el 22 de junio del ’93, y Leasing Computacional S.A., a cuya propiedad entró con la misma Efe S.A. tres semanas después.

Entre ambas empresas, sumaban un capital de $411 millones.

De acuerdo a las escrituras de ambas sociedades, Elmgren entró a Efe S.A. con sólo 100 acciones, siendo las 9.900 restantes de propiedad de la empresa Computer Holdings Inc., domiciliada en Islas Vírgenes Británicas y representada por Jorge Friedman, actual decano de la facultad de Economía de la Universidad de Santiago. Leasing Computacional, en tanto, fue constituida por la misma Efe S.A.

Entre ambas empresas, sumaban un capital de $411 millones.

Dos años después, el 4 de abril de 1996, Elmgren constituyó una nueva sociedad junto a la empresa domiciliada en Islas Vírgenes Británicas, Computer Holdings Incorporated. Con un capital de $500 mil pesos –sólo $5 mil fueron aportados por Anna María– se constituyó Inversiones Ansel Limitada. Dos meses después aumentaron el capital a $121 millones, siendo aportados íntegramente por Computer Holdings.  

Para todas las sociedades constituidas, Anna María figura con una dirección en Lo Barnechea, viviendo desde aquella fecha a la actualidad en aquella comuna, específicamente en El Huinganal, uno de los barrios más pudientes de la capital.

Teresa Edenholm, la hija de Aja –quien también presentó un recurso de protección luego de la emisión de los reportajes de CHV–, en tanto, contrajo matrimonio con el empresario Tim Purcell, fundador del fondo de inversiones Linzor Capital y un actor de peso en el mundo de los negocios.

Según su propio perfil en la página de Linzor, Purcell es o ha sido director de la compañía de seguros de vida Cruz del Sur; la empresa de retail Komax S.A.; la Universidad Santo Tomás; Cine Hoyts; y Colegios Cree, entre otros.

Es hijo de Henry Purcell, dueño de Portillo, un exclusivo centro de esquí. Estudió en Economía en la Universidad de Cornell y trabajó en el gigante financiero JP Morgan antes de volver a Chile. Acá, según consigna La Tercera, es parte del “círculo de hierro” del grupo Angelini, uno de los más ricos del país, además de ser cercano a la familia Said por parte de uno de los hermanos, Salvador.

Su cercanía con la familia Angelini es tal que, además de participar del directorio de Celulosa Arauco –de propiedad de aquel clan–, se especulaba el año 2010 que un 60% de los fondos que manejaba Linzor Capital proviene de la fortuna de esa familia, también dueños de Copec.

Respecto a los Said, Purcell fue director de Parque Arauco, de aquella familia. Desde Linzor Capital, juntos compraron la isapre Cruz Blanca.

Según su propio perfil en la página de Linzor, Purcell es o ha sido director de la compañía de seguros de vida Cruz del Sur; la empresa de retail Komax S.A.; la Universidad Santo Tomás; Cine Hoyts; y Colegios Cree, entre otros.

*El Centro de Adopciones es el intermediario más grande de Suecia para adopciones internacionales . La organización es una asociación sin fines de lucro . El Centro de Adopciones fue establecido en 1969 y desde sus inicios ha mediado más de 25,000 adopciones internacionales. El Centro de Adopciones lleva a cabo actividades para adoptados, familias adoptivas y futuros padres adoptivos, principalmente mediante la mediación de adopciones internacionales.

SVT ha escrito que el Centro de Adopciones ha mediado en adopciones de niños robados. [ 10 ] [ 11 ] [ 12 ] El centro de adopción dice que las adopciones se han realizado de acuerdo con las leyes vigentes, tanto en el extranjero como en Suecia. [ 13 ] [ 14 ]https://sv.wikipedia.org/wiki/Adoptionscentrum

Relacionado: https://edicioncero.cl/2020/03/madre-a-la-que-le-arrebataron-a-su-bebe-hace-40-anos-se-practica-toma-de-huellas-geneticas-con-la-esperanza-de-reencontrase-con-su-hija/

https://www.chvnoticias.cl/reportajes/dictadura-pinochet-ayuda-nazis-suecos-adopciones-irregulares_20211031/

chileadoption.se Lo que creemos que se necesita en Suecia:http://chileadoption.se/

 ❏ Todos los adoptados sueco- chilenos  y sus padres adoptivos deben recibir información sobre irregularidades e ilegalidades que son investigadas en la Corte de Apelaciones de Santiago, causa Rol 1044-2018.

Se trata de la seguridad jurídica de los adoptados y sus familias y de la responsabilidad del estado sueco.

❏ “La Comisión de Investigación Especial investiga los actos de organismos del Estado, en relación a hechos irregulares en adopción y registro de minorías, y control de la salud del país” (2019).

En Chile se ha investigado la participación del Estado chileno en el secuestro de menores, irregularidades e ilegalidades en relación con la adopción y cómo salimos del país de nacimiento. La información sobre esta investigación debe enviarse a todos los padres adoptivos y adoptados de Suecia en Chile.

❏ TODAS las adopciones de Chile deben ser investigadas en Suecia.

❏ El estado sueco debe ser responsable de los viajes de regreso a Chile.

❏ El estado sueco debe sufragar los costes / apoyo de la asistencia jurídica gratuita en Suecia si es necesario.

❏ Queremos que nuestra documentación sobre nosotros y nuestras adopciones sea guardada por el estado / autoridad sueca.

Hoy, las agencias de adopción «poseen» nuestros documentos, no tenemos control sobre nuestra propia documentación. ¡No es legalmente seguro! Además, nosotros, que venimos de Chile y fuimos adoptados en Suecia, somos todos adultos.

Información de la Agencia Sueca de Derecho de Familia y Apoyo a los Padres, MFoF

 Cualquiera que sospeche de irregularidades en su propio proceso de adopción y quiera investigarlo puede completar un formulario de denuncia enviado a la Policía De Investigaciones De Chile (PDI). Enlace al formulario de solicitud (pdf) a continuación. También es posible entablar una acción a través de un representante particular (abogado) de acuerdo con las disposiciones del Código Procesal Judicial chileno «.

Para quienes ya hayan enviado previamente un informe a la investigación penal, ellos mismos o con la ayuda del MFoF, con información sobre su caso, se debe haber iniciado una investigación. Si no está seguro de si la información ha salido a la luz, o quiere verificar qué número de caso tiene la investigación, puede comunicarse con ellos en adopcionesirregulares_casantiago@pjud.cl «

«MFoF ya no tiene la oportunidad de ayudar con el envío de documentación».

Creció soñando el día ver: La larga búsqueda de los hijos de detenidos desaparecidos en Chile*

Creció soñando el día ver:
La larga búsqueda de los hijos de detenidos desaparecidos en Chile*
Carla Peñaloza Palma**
Universidad de Chile
carlamilar@u.uchile.cl

Somos la mala hierba que volveremos a brotar perfil Carla Artes fcbk
Hasta el 11 de septiembre de 1973 gobernaba en Chile el presidente Salvador
Allende y los partidos de la Unidad Popular,un gobierno democráticamente electo,portavoz de una de las utopías más importantes del siglo XX, como fue la vía
pacífica al socialismo. El golpe de estado de las Fuerzas Armadas, significó el fin de todo
ello, pero además, inició un inédito proceso de represión que dejó más de cuatro mil
muertos, medio millar de prisioneros políticos, y una cifra indeterminada pero
largamente superior a las doscientas mil personas desterradas.
Si bien el país no había enfrentado nunca un episodio de violaciones masivas y
sistemáticas a los derechos humanos, la organización de las víctimas fue temprana y
decisiva.
La Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y la Agrupación de Familiares
de Ejecutados Políticos se constituyeron a pocos meses después del golpe de Estado, y en contra de sus deseos fue creciendo a medida transcurría el tiempo y la represión
continuaba, convirtiéndose así mismo en los principales referentes de movimientos de
defensa de los derechos humanos, en dictadura y luego en la larga transición a la
democracia chilena.
Ambas organizaciones están compuestas mayoritariamente por mujeres, pero no es
exclusivamente un agrupación de madres, ni viudas. Por el contrario, sus integrantes
tienen distintos vínculos de parentesco con los ausentes. Esposas, hijas, hermanas, y
por supuesto también madres. De esta forma ha sido siempre un espacio intergeneracional, cuyas dirigencias han estado fuertemente marcadas por esposas e
hijas. Fueron y continúan siendo, las únicas organizaciones que reúnen de manera exclusiva a familiares de las víctimas.
Los “detenidos-desparecidos” alcanzan un número de 1102 personas (1). La mayoría de
los “desaparecidos” militaba en un partido o movimiento político, y dentro de este grupo,
muchos de ellos habían ocupado un lugar en el gobierno de la Unidad Popular, por lo que sus actividades profesionales y políticas fueran de conocimiento público.
Del total de víctimas, 126 eran mujeres. Entre estas últimas, diez estaban embarazadas al
momento de sus detención, de esos niños también se perdió todo rastro, sin que exista
noticia de que alguno de ellos haya llegado a nacer.
Es probable, que el hijo o la hija de Michelle Peña (2), quien tenía ocho meses y medio de
embarazo al momento de ser detenida, haya llegado al mundo en un centro clandestino de tortura, probablemente Villa Grimaldi, sin embargo no hay constancia de ello (3). A
diferencia de Argentina y Uruguay no existen en Chile casos de bebes apropiados por los
militares, ni nacidos en cautiverio.
En Chile, el objetivo de la detención de estas mujeres no fue el de quedarse
con sus hijos, sino sólo castigarlas por su militancia política, a diferencia de la
política de sustracción y tráfico de niños como en Argentina, o España
durante el Franquismo, para reeducarlos o darlos en adopción (Peñaloza, 2015, p. 232).
La mayoría de los hijos creció con uno de sus padres, siendo unos pocos los que
padecieron la ausencia de ambos. No existen tampoco casos de niños chilenos
recuperados, pues no fueron nunca detenidos junto a sus padres.
La dramática excepción fue Pablo Athanasiu Laschan, hijo de Miguel Ángel y Frida,
militantes del MIR, detenidos en Buenos Aires el 15 de abril de 1974, en el marco de
la Operación Cóndor. La pareja se había exiliado en Argentina huyendo de la
represión desatada a partir del golpe de estado de 1973. Pablo tenía entonces 5
meses de edad. El año 2013 se convirtió en el nieto número 109 en ser recuperado por
Abuelas de Plaza de mayo, pero en abril de 2015 se quitó la vida (4).
En Chile, las agrupaciones de familiares se constituyeron en un espacio político, para
demandar verdad y justicia, pero también en una red para quienes padecieron la represión y la ausencia.
Los hijos más pequeños vivieron y crecieron en ese espacio, que físicamente estaba
ubicada en las dependencias de la Vicaria de la Solidaridad al costado de la Catedral de
Santiago. Muchos de ellos aprendieron en ese lugar a dar sus primeros pasos, a leer o
escribir, y también a reconocerse parte de un grupo particularmente afectados por la
represión, pero protegido por los afectos que da la solidaridad entre y hacia los
perseguidos.
De hecho se reproducían dinámicas de la familia perdida, la biológica y la política,
recreando las actividades que antes del golpe de Estado realizaban los partidos de la
izquierda chilena, como paseos a la playa, convivencias, en que los militantes incluían a
toda la familia, aunque muchas veces era toda la familia la que militaba en el partido,
todo ello era parte del mundo ausente que era necesario recrear.

En términos concretos, y en la idea de proteger a los niños, un grupo de mujeres,
también familiares de las víctimas creó el programa de Protección de la Infancia
Dañada por Estados de Emergencia (PIDEE), que otorgaba atención médica y
sicológica, reforzamiento escolar, pero sobre todo un lugar que reunía a los más
desprotegidos entre las víctimas, sus hijos.
Padres asesinados, desaparecidos o presos, hijos del exilio y el retorno, tuvieron un lugar
para re-conocerse y encontrar ayuda en un país que les era mayoritariamente hostil.
En ese proceso todos fueron creciendo e incorporándose a la vida política chilena, que
en verdad, nunca les fue ajena. Militaron en organismos de derechos humanos o en
partidos políticos, que en general coincidían con los de los padres que habían sido
víctimas de la dictadura, así como también en el movimiento estudiantil secundario o universitario.
Una vez acabada la dictadura, los chilenos en general y los familiares de las víctimas en
particular, tenían expectativas en materia de derechos humanos. El programa del nuevo
gobierno prometía derogar la Ley de amnistía y avanzar en el conocimiento de la verdad
sobre el destino de los desaparecidos.
La ley de amnistía había sido promulgada durante la dictadura, y cubría todos los delitos cometidos entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1978. La complicidad de los tribunales de justicia hizo que la ley se interpretara no sólo como impedimento para juzgar sino incluso investigar los crímenes perpetrados en esas fechas.

Esta ley no se ha derogado hasta hoy, pero ha sido superada por la vía de los hechos, en
términos generales, a partir de la detención de Pinochet en Londres en 1998 (5). De
acuerdo a la legislación internacional, ha prevalecido la idea de que los crímenes de
lesa humanidad son imprescriptibles, que no se pueden amnistiar y, que la legislación
internacional está por sobre las leyes nacionales. Además se sienta precedente
sobre la figura de “secuestro permanente” a los casos de desaparición forzada, toda vez
que no aparezcan las víctimas, vivas o muertas.
Es decir, en términos prácticos durante casi toda la década, y salvo excepciones no
contempladas por la amnistía, los crímenes de la dictadura permanecieron impunes, no
obstante el Informe de Verdad y Reconciliación, emanado de la Comisión del
mismo nombre, creada por el primer gobierno de la democracia, más conocido como
Informe Rettig (1991).
El Informe dio a conocer el nombre de Detenidos Desaparecidos y Ejecutados
Políticos entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990, la fecha de su
detención, su militancia política y una pequeña biografía de sus vidas. Toda esta información fue entregada por los familiares de las víctimas y por los organismos de
derechos humanos, por lo tanto era una verdad sabida para estos, pero sirvió para
que el resto del país pudiera estar en antecedentes y ser reconocida como una
verdad de Estado, faltaba lo más importante que era el destino de los desaparecidos.
Para ello era necesaria la información de las Fuerzas Armadas y los organismos represivos que se negaron a colaborar con el informe. Más tarde y junto a la derecha
política, vinculada con la dictadura, se negaron a reconocer sus resultados.

Si bien fue un avance en materia de verdad, hacía aún más evidente la sensación de
impunidad. Había reparaciones de carácter material para las familias, pero muy exiguas
muestras simbólicas.
Las expectativas eran disimiles, mientras los organismos de derechos humanos
esperaban que el informe trajera consigo la justicia, el gobierno, y otros sectores de la
sociedad chilena, y muy fuertemente la iglesia, hacían un llamado a la reconciliación, sin que nadie de los involucrados en las violaciones a los derechos humanos pidiera
perdón, y amparados judicialmente por la amnistía.

En ese contexto, los familiares de las víctimas, y muy lentamente sectores más
amplios de la sociedad fueron exigiendo cada vez con más fuerza, la necesaria justicia.
La respuesta no fue solo la denegación si no al menos dos “ejercicios” militares, para
evitar ser llamados a declarar a tribunales y un intento de ley de “punto final” en 1993,
que fue retirado del parlamento por el Poder Ejecutivo, ante la presión de cada vez más
chilenos que anhelaban justicia.
En ese escenario de impunidad, similar al de Argentina de los noventa, tras las leyes de
Punto Final y Obediencia Debida de Alfonsín, y los indultos a los militares de Menem, en la misma época, los hijos de detenidos desparecidos intentaron agruparse en una
orgánica que les fuera propia, como HIJOS. No obstante su relación previa, este intento
no dio fruto, básicamente por las diferencias políticas entre ellos, que pesaban más que
su identidad de hijos de víctimas a la hora de conformar un espacio propio.
De ese intento surge un grupo que utiliza el método argentino del escrache, pero que no
está compuesto exclusivamente por hijos, y que actúa hasta el día de hoy como Comisión Funa, pues es el término equivalente a escrache.

Antes, en la década de los ochenta, la propia agrupación había tenido una sección “juvenil” que reunía a los hijos que en esos años atravesaban la juventud y la adolescencia, dando forma a algunas iniciativas propias, pero dentro del ámbito de la organización general.
No quiere decir esto que los hijos no se hayan organizado en torno a la demandas
del movimiento de derechos humanos, sino que adquiere otras características.
Posteriormente, un grupo de hijos se reúnen para organizar una huelga de hambre(agosto-septiembre de 2003), en el contexto de discusión de una nueva propuesta sobre derechos humanos del gobierno de Ricardo Lagos, en el marco de la conmemoración de los treinta años del golpe de Estado. Las edades de los miembros del grupo iban entre los 23 y los 39 años y no continúa como movimiento tras la huelga.
El accionar de los hijos no tiene una expresión generacional, si no que han sido y continúan siendo parte de un movimiento mayor, que se expresa en la participación en
la Agrupación de Familiares, tomando roles dirigentes, asumiendo muchas veces el
relevo de los mayores, incluso bajo el rótulo de segunda o tercera generación según
fueran hijos o nietos de desaparecidos o en movimientos de defensa de derechos
humanos agrupados más bien por “lugares” o “casos”, como “Paine”, o “familiares de los
119”, donde nuevamente encontramos una convergencia generacional, y diferentes lazos familiares.
Porque si bien la mayoría de las víctimas de la dictadura fueron jóvenes, (71% tenía entre 16 y 35 años) el promedio de edad es más alto que el caso argentino, y está relacionado con el carácter de los partidos, los roles dentro de ellos o del gobierno, por lo mismo la generación de los hijos es de edades dispares, lo que ha hecho tal vez más difícil la formación de una identidad homogénea.
No obstante lo anterior, han estado presentes en distintos ámbitos de la lucha por la
defensa de los derechos humanos, en tanto profesionales, o activistas, y distintos escenarios, no sólo desde la militancia, sino incluso al revés. Puede decirse que desde su condición de hijos, han sabido proyectar los valores universales de estos derechos en
cada uno de sus quehaceres, como el arte, la docencia, la investigación, o la organización
comunitaria y muy especialmente hacia las nuevas generaciones, empezando por sus
propios hijos.
Notas
** Carla Peñaloza es Doctora en Historia por
la Universidad de Barcelona, docente del
Departamento de Historia de la Universidad
de Chile y Coordinadora del Diplomado
Educación, Memoria y Derechos Humanos
* Agradezco muy especialmente a María Paz
Concha, hija de Marcelo Concha, detenido y
desparecido desde 1976. Sus comentarios e
informaciones fueron muy importantes para
este trabajo.
(1) Informe de Verdad y Reconciliación,
Gobierno de Chile, 1991
(2) Militante socialista, estudiante, detenida
y desparecida desde el 20 de junio de 1975 a
los 27 años de edad.
(3) Rojas, Paz Todas íbamos a ser reinas,
LOM, Santiago

(4) http://www.perfil.com/sociedad/Sesuicidio-Pablo-Athanasiu-el-nietorecuperado-109-20150411-0102.html.

(5) La primera sentencia que omite la ley de
amnistía es de 1993, sin embargo no se extenderá sino hasta fines de la década de
los noventa, como hemos señalado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Exiliados chilenos en Francia: enfoque sociológico

Exiliados chilenos en Francia: enfoque sociológico

A partir del 11 de septiembre de 1973, Francia alberga a unos 15,000 ciudadanos chilenos, con quienes tiene una capacidad extraordinaria. El entusiasmo de la generación posterior a la sexta octava por la experiencia de la Unidad y los mitos revolucionarios, la recomposición de una izquierda francesa lanzada a la conquista del poder o la gran cobertura mediática de los eventos en Chile son factores que determinará las políticas establecidas para recibir esta población. Además, esta diáspora tiene particularidades que la diferencian de la mayoría de las otras migraciones políticas.

Cartel del Partido Comunista Francés para Chile, con, a la izquierda, el retrato del presidente de la República de Chile Salvador Allende Gossens (1908-1973), 1973. © Roger-Viollet

Cartel del Partido Comunista Francés para Chile, con, a la izquierda, el retrato del Presidente de la República de Chile Salvador Allende (1908-1973), 1973 © Roger-Viollet

Estatutos, perfiles, implementación y estrategias familiares

Certificado emitido por OFPRA al Sr. Victor-Hugo Iturra Andaur, refugiado chileno © Colección privada Victor-Hugo Iturra Andaur, Taller del ruido

Certificado emitido por OFPRA al Sr. Victor-Hugo Iturra Andaur, refugiado chileno © Colección privada Victor-Hugo Iturra Andaur, Taller del ruido

Con respecto a la administración francesa, los exiliados chilenos optaron por tres estados especiales: refugiado, trabajador inmigrante o estudiante. ¿Por qué no todos tienen el estado de refugiado, incluso si pudieran obtenerlo fácilmente? La razón principal es que algunas personas prefieren mantener su nacionalidad, especialmente si han logrado conservar sus documentos de identidad chilenos.

Sobre la duración del exilio y según los períodos, considere que los perfiles evolucionaron. A su llegada a Francia, los exiliados constituyen una población de 20 a 50 años comprometida políticamente como simpatizantes de la Unidad Popular. Este personaje dominante dura todo el exilio. La diáspora chilena está compuesta en gran parte por mandos medios, cuadros políticos y / o sindicales, mientras que la proporción de trabajadores y campesinos sigue siendo baja. A diferencia de muchos migrantes, los chilenos tienen una proporción casi igual de hombres y mujeres, lo que en este caso significa que el exilio fue familiar. Su ubicación es urbana. Otra particularidad de esta diáspora es su baja movilidad espacial. Puede vincularse a una buena integración local y a una satisfacción relativa de las condiciones de vida ofrecidas.

Muchas familias experimentan un período de crisis debido a la conjunción de varios elementos como una fragilidad preexistente de las parejas, una delicada inserción profesional, la desaparición de la efervescencia política, la evolución de las mentalidades en contacto con las nuevas corrientes de pensamiento y los movimientos feministas, la existencia en Francia de estructuras sociales que empoderan a las mujeres y su acceso a la condición de cabeza de familia (guarderías, instalaciones comunitarias, subsidios). Además, los pródromos del exilio son vividos por la segunda generación de una manera intensa y enfrentan las dificultades de la instalación sin ser entregados por los padres una explicación coherente. A esto se agrega el hecho de que están inmersos en un sistema escolar extranjero que descubren privado porque sus padres tienen que resolver problemas materiales y psicológicos. Con el tiempo, estos jóvenes están experimentando un proceso de transculturación.

Recepción, solidaridad, dificultades de instalación y luego integración

Después del golpe militar del general Pinochet, el 11 de septiembre de 1973, el ejército realizó arrestos en masa.  Octubre de 1973 Santiago en Chile © Eyedea / Keystone France

Después del golpe militar del general Pinochet, el 11 de septiembre de 1973, el ejército realizó arrestos en masa. Octubre de 1973 Santiago en Chile © Eyedea / Keystone France

El fracaso de la Unidad Popular  tiene una resonancia excepcional. Toda la opinión pública francesa está conmocionada por la violencia del golpe. Los militantes y simpatizantes de la izquierda se movilizan desde el 12 de septiembre de 1973, al llamado de las formaciones políticas y los sindicatos asociados dentro del «Comité de los 18», mientras se organizan grupos de solidaridad en todas partes. En noviembre de 1973, se creó un Comité de Coordinación para la Recepción de Refugiados que reúne organismos públicos y asociaciones por un lado. Por su parte, desde el 28 de septiembre de 1973, el gobierno francés da su acuerdo para la recepción de refugiados de Chile.

Se establece un plan de emergencia para recibir atención en los refugios, asistencia médica gratuita y aprendizaje de francés. En los refugios, los exiliados reciben apoyo administrativo para regularizar su situación con respecto a OFPRA. Las universidades ofrecen cursos especializados y el Ministerio de Trabajo asigna horas de cursos introductorios a la formación profesional.

En este doloroso contexto, el primer contacto con Francia ocurre a través de instituciones que los exiliados tienden a asimilar al aparato represivo chileno. Los primeros años son los más sensibles y conservan recuerdos bastante negativos. Deben modificar ciertos comportamientos al ubicar su temporalidad en la agenda social del país de acogida. Además de esto, hay patologías inherentes a situaciones de violencia experimentadas, dado que algunos de los exiliados fueron víctimas de la represión. Los chilenos ven así que sus posibilidades de integración disminuyen claramente.

Eloïse, educador especializado en París, de la serie Hijos exilio / Fils de l'exil de Eric Facon © Eric Facon, Museo Nacional de Historia y Culturas de la Inmigración

Eloïse, educador especializado en París, de la serie Hijos exilio / Fils de l’exil por Eric Facon © Eric Facon / el bar Floréal, Museo Nacional de Historia y Culturas de la Inmigración

De hecho, el trauma de dejarlos sobrevivir con sus sentimientos e intereses relacionados con el país de origen. Su tiempo está estructurado según una atemporalidad diaria y esta actitud de «pasajero en tránsito» «con las maletas debajo de la cama» limita las oportunidades de entrenamiento y aprendizaje. A medida que pasa el tiempo, los exiliados comienzan a integrarse y comienzan un proceso de transculturación. En general, logran algo de estabilidad. La segunda generación también está empezando a pesar sobre la percepción del exilio: los niños que se han convertido en adolescentes han completado la educación secundaria y desean cursar estudios superiores en Francia.

A pesar de todas estas instalaciones de recepción y las dificultades de instalación, la cuestión delicada sigue siendo el empleo, porque la legislación no permite que un extranjero que ha firmado un contrato trabaje de inmediato. A nivel de integración profesional, no experimentaron los mismos problemas que los inmigrantes tradicionales, aún no han logrado escapar de una fuerte descalificación. Cambiaron sus trayectorias profesionales con la perpetuación del exilio. Aquellos que hasta ahora se habían contentado con profesiones «auxiliares», se embarcaron en cursos de capacitación relacionados con sus habilidades pasadas. Junto a este camino de integración, los chilenos también tuvieron que resolver rápidamente el problema de la vivienda.

Los exiliados chilenos, cualquiera que sea el estado elegido, fueron bienvenidos en condiciones muy favorables, beneficiándose de una solidaridad excepcional. Estas personas, por sus características históricas y culturales, han marcado la imaginación de la historia de la inmigración en Francia. Tuvieron que reconstruir sus vínculos sociales, adaptarse a una nueva forma de socialización y resignarse a una descalificación profesional. Tomados en esta agitación de la historia, los Chiliennes aprovecharon, de ser necesario, su llegada a Francia para abrirse a conceptos previamente ignorados. El prolongado período de exilio ha empujado a estos inmigrantes a integrarse en la sociedad francesa. Del mismo modo, los niños, traumatizados por las implicaciones familiares del exilio más que por su posición como migrantes,

Nicolas Prognon, profesor, investigador y miembro asociado de GRHI-UTM

Chile roto. Uruguayos el día del golpe militar de Pinochet

Chile roto. Uruguayos el día del golpe militar de Pinochet
LIBROS
Chile roto. Uruguayos el día del golpe militar de Pinochet

 15 DICIEMBRE, 2003

Recientemente acaba de aparecer en Chile el libro `Chile Roto. Uruguayos el día del golpe en Chile`, de los autores Eleuterio Fernandez H. y Graciela Jorge Pancera, los cuales realizaron un trabajo de investigación en torno de la situación que padecieron muchos ciudadanos uruguayos que se encontraban en Chile, al momento del golpe de Estado, ocurrido el 11 de septiembre de 1973.

De acuerdo a informaciones oficiales, mas de dos mil uruguayos vivan en Chile al momento del golpe de estado en 1973. La mayor parte de ellos eran militantes del Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros) y del Partido Comunista Uruguayo, que llegaron a Chile después del triunfo de la Unidad Popular, huyendo de las persecuciones pachequistas.

A partir de los años 60 y después del triunfo de la Revolución Cubana, se va desarrollando un intrincado nudo histórico en la mayor parte del Cono Sur Latinoamericano: Golpe de estado en el Uruguay, triunfo electoral de Hector Campora en la Argentina y al poco tiempo el establecimiento del terror y la muerte que llamaron la atención del mundo entero; Golpe de Estado en Bolivia, Chile y Perú.

`Cuando se mira ese pasado es imposible eludir la constatacion de que en el Cono Sur estaba preñado de acontecimientos decisivos y es en ese marco que podemos comprender el por que de las hecatombes. El por que de nuestros errores. El por que de la alarma del imperio y por lo tanto el por que de sus acciones genocidas`, expresa la presentación del libro.

El presente libro fue escrito veinte años después de que se desataran los acontecimientos de muertes, y los testimonios que entregan los autores tiene el valor de la síntesis realizada a partir de la experiencia de decenas de personas, todos sobrevivientes, quienes entregaron sus relatos en torno de la solidaridad, la entrega y del cómo, por su condición de refugiados que llevaban encima la experiencia de la tortura y la represión , pudieron
evaluar el momento político del Chile de esos años, y muchos otros tomaron la decisión de partir antes que se estableciera el horror del golpe de estado.

En base a los diversos testimonios que aparecen en el libro, la Comisión Rettig reconoció oficialmente la desaparición de ciudadanos uruguayos en el Chile de Pinochet. Los autores expresan que ellos no pretenden hacer una especie de resumen o análisis del gobierno de la Unidad Popular, destacan que apenas es un homenaje y una contribución a la lucha por los recuerdos. Como fundadores y militantes del Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros), ha sido fuerte la intención de entrar a profundizar en el estudio de ese negro período porque Chile forma parte importantsima y decisiva en la historia de muchos luchadores sociales en nuestra América Latina. Una experiencia política histórica que es necesario seguir estudiando, para aprender de ella, de cómo actúan las oligarquías locales con el apoyo de los sectores mas reaccionarios y neo fascistas de los
EE.UU. como lo demuestra la documentación que hay al respecto.

Cabe recordar, que al momento del triunfo electoral obtenido por la Unidad Popular, militantes de la izquierda latinoamericana, se apersonaron en Chile, con el objeto de seguir de cerca el importante proceso de cambios que comenzaba a vivir Chile, o directamente entraron a colaborar con el, en diversos ámbitos de su gestión. Muchos de ellos, provenían del Uruguay, Brasil, Bolivia y Centro América. Al momento del golpe, debieron asilarse, otros fueron detenidos, y también de muchos de ellos, nunca se supo su paradero, por que fueron asesinados en las diversas olas represivas o pasaron a formar parte de la lista de detenidos desaparecidos. La reciente reaparición de este libro, viene a contribuir a llenar los vacíos históricos del 11 de septiembre de 1973 y que aportan significativamente al esclarecimiento de la verdad.

referencia Chile Roto. LOM

Libres en prisión, la otra artesanía. Arte-factos creados en dictadura en Chile 1973-1990

Libres en prisión, la otra artesanía. Arte-factos creados en dictadura en Chile 1973-1990

Libres en prisión: Artesanía creada en dictadura

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Los objetos forjados por los presos políticos cruzaron las alambradas de los centros de represión de la dictadura y hoy día son ejemplo de resiliencia y de resistencia. Su historia es recogida en la obra de Ruth Vuskovic y Sylvia Ríos, que sin duda es un gran aporte tanto para tener una visión global como para contribuir a nuevas y futuras investigaciones.

Cada objeto da cuenta de una historia, de una cultura, y su lectura será más pertinente si conocemos cómo se construyó y qué significaba para las personas que lo compartieron en su momento de creación. Especialmente significativos son los artefactos culturales hechos en prisión política bajo dictadura. Es el tema de investigación y testimonios de la obra Libres en prisión, la otra artesanía. Arte-factos creados en dictadura en Chile 1973-1990, de Ruth Vuskovic y Sylvia Ríos, publicado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes bajo el sello de la Editorial de la Universidad de Santiago de Chile.

En la precariedad de la prisión política, cuando el hambre es parte de la vivencia, entre las personas puede surgir la disyuntiva entre comerse todo el escaso pan o dejar un poco de miga para hacer algo con las manos y convertir esa miga en un objeto bello, amable, cuya terminación proporcionará un poco de felicidad. Su creación, por primitiva que sea, eleva o refuerza la autoestima del productor –el artesano/a casual– que se reviste con la dignidad del trabajo y la constatación de una obra que connota una satisfacción vital. En algunos casos, los objetos perduran como recuerdos materiales que a la vez son fuentes de memoria. El desarrollo de la artesanía de prisioneros y prisioneras se expresó desde la ensoñación y la creación espontánea hasta el uso de técnicas sofisticadas.

Según las necesidades de los prisioneros y prisioneras, y las condiciones de la prisión, el trabajo artesanal y las manualidades evolucionaron desde la recurrencia a la apreciada comida -migas de pan y huesos- hasta la fabricación en serie de recuerdos para comercializar en el exterior. Evoluciona en calidad y complejidad, también en el sentido de que en un principio es una expresión individual, solitaria, que crecientemente se asocia con actividades cooperativas que potencian la sensación de autovalencia en la situación de indefensión.

En los diversos recintos y desde el primer momento, los lugares fueron vistos con una mirada nueva que buscaba en cada elemento una función adicional: cada “cosa” se podía resignificar como soporte de “algo” o herramienta para hacer “algo”. Se despertó la capacidad de (re) descubrir y, así, cada clavo era una herramienta en potencia; una gubia, por ejemplo; y cada madero o hueso, el material para tallar con esa gubia. Como en el origen, la piedra volvió a ser martillo; y cada semilla podía lucir en una joya. Los metales (tuercas, latitas, tarros, el alambre de púas), la madera (astillas, palitos de helados o de fósforos), las telas (retazos, hilos, un bolsillo guacho). Todo podía reinventarse al cambiar el aprecio por objetos que alcanzaron, con una nueva mirada, una nueva dignidad. Nada era desechable y cada ocurrencia llamaba naturalmente a la técnica que correspondía para su realización. Así, lo informa este libro, se practicó la carpintería, el tejido, la cestería, la forja, el repujado. Las autoras contabilizan aproximadamente 80 tipos de artefactos hechos en madera, hueso, tejido, semilla, metal, cuero, cobre, cromo-níquel, mimbre, papel, piedra, suela , alambre y cáñamo; trabajados en las más diversas técnicas, reciclando y renombrando pedazos de llantas de auto, papel de diario, semillas de los árboles, trozos de madera, clavos desclavados, pedazos de telas de su ropa, calcetines usados, cabellos, hilos de las frazadas, astillas de los muebles, palos de fósforos, baldosas, muebles desarmados, tornillos y fierros abandonados. Todo ello fue resignificado y adquirió otra vida. Este conocimiento Ruth Vuskovic y Sylvia Ríos lo sistematizan, señalando lugares, técnicas, materiales y autores; ofreciendo una taxonomía y agregando amables cuadros de clasificación y síntesis. Un gran aporte tanto para tener una visión global como para contribuir a nuevas y futuras investigaciones.

¿Había permiso para esto? Dependía de una autoridad absolutamente discrecional, de un comandante que podía autorizar o prohibir las actividades. La “conquista” de la autorización para tener herramientas de trabajo, podía perderse sorpresivamente en un allanamiento y cada cambio de guardia dejaba las autorizaciones anteriores en suspenso. La suspicacia de los militares respecto del simbolismo de materiales, figuras y colores dependía de la mayor o menor astucia de los uniformados. Sin embargo, los objetos cruzaron las alambradas y hoy día son ejemplo de resiliencia y de resistencia: los objetos siguen resistiendo.

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El caso Pinochet. Recomposiciones y apropiaciones de la memoria . Fanny Jedlicki.

DestacadoEl caso Pinochet. Recomposiciones y apropiaciones de la memoria . Fanny Jedlicki.
Fanny Jedlicki nació en Francia, hija de exiliado. Su padre, Claudio Jedlicki, economista *Investigador en el Centre de Recherche et de Documentation de l’Amérique Latine (CREDAL) perteneciente al Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) de Francia. Ambos residen en París.

En TVN de Chile se ha transmitido Los últimos años de Pinochet, y es relevante conocer este trabajo de Fanny.

El caso Pinochet

ILAS Índice Revista Virtu@l

 

Recomposiciones y apropiaciones de la memoria

Estudio sociológico sobre un grupo de exiliados chilenos en París, entre octubre de 1998 y marzo de 2000

 

Fanny Jedlicki, doctorante en sociología en la facultad Paris VII – URMIS

(Unidad de Investigacion Sobre Las Migraciones y la Sociedad).

Con la indispensable ayuda para la traducción de Natalia Lavalle.

El 16 de octubre de 1998 quedará grabado en la memoria de todos los chilenos, especialmente en la de aquellos que aún viven en los países donde se refugiaron después del golpe militar de 1973. Se trata justamente de la recuperación de esta memoria en el “caso Pinochet” y de la movilización activa realizada por los ex-refugiados y sus hijos. Y son éstos últimos, los que con su presencia y compromiso asumen la lucha contra la impunidad de Pinochet, quedando en evidencia la relación con la memoria familiar del exilio.

El problema de la memoria es el tema central en esta investigación[3]. Esta es tratada como un proceso dinámico en constante reelaboración. A pesar de que la memoria del exilio chileno se haya forjado en un contexto dramático, impregnado de sufrimientos y que se encuentre polarizada entre el peso traumático del pasado y la necesidad del olvido, es una memoria que no está capturada al pasado[4]. Al contrario, la memoria es definitivamente un acto del presente, porque está inscrita en el tiempo y el espacio. Es lo que manifiesta San Agustín y reivindicado por Maurice Halbwachs: «recordar no es revivir, sino reconstruir un pasado a partir de los marcos sociales del presente»[5].

La transmisión de la memoria familiar, en un país que no es el de los padres, se inscribe claramente en un proceso de recomposición. Los hijos de los refugiados, socializados en Francia y pertenecientes a una generación socio-histórica diferente a la de sus padres, no reciben directamente los contenidos de la memoria paterna. Por el contrario, ellos realizan un «bricolage»[6].

De esta manera, concurrimos, durante el “caso Pinochet”, a un verdadero regreso de la memoria para los ex-refugiados chilenos y a una redefinición de ésta en el caso de sus hijos,  quienes al participar en una movilización activa, buscan apropiarse de su herencia familiar.

·         La memoria en tensión

Los graves atropellos a los derechos humanos cometidos por el régimen militar chileno[7], tienden a ser ocultados en Chile, donde las leyes de impunidad y de silencio contribuyen a la «mala memoria» del país, según lo expresa el escritor chileno Marco Antonio de la Parra. La memoria colectiva es negada, especialmente la de las víctimas, lo que hace imposible la simbolización de la muerte y dificulta el trabajo de duelo. El dolor permanece omnipresente, una herida que el tiempo no puede cicatrizar, pues la memoria pareciere estar paralizada en un tiempo suspendido fuera de las leyes naturales, donde los ausentes están eterna y profundamente presentes[8].

Las víctimas del sistema represivo, son  negadas, olvidadas e ilegítimas. Por tanto, los refugiados chilenos, en la mayoría de los casos, llevan sobre sus espaldas el peso de la culpabilidad, e incluso en un comienzo se sienten responsables de la derrota.

Esta culpabilidad se exacerba por su misma condición de sobrevivientes. Los que lograron sobrevivir a las torturas, a los campos de concentración, en relación con los millares de compañeros que murieron en estos lugares, se sienten culpables de estar vivos entre los muertos[9], culpables además de haber hablado bajo la tortura.

También se sienten culpables de permanecer aún en Francia, a pesar de haber jurado, a si mismos, volver lo más pronto posible a Chile para reconstruir la democracia que, hoy en día, se construye sin ellos. Este sentimiento, durante los viajes que realizan los exiliados chilenos al país, se ve sustentado por reacciones de rechazo de parte de sus propios compatriotas, quienes los tratan de traidores, cobardes o privilegiados. De haber disfrutado un «exilio dorado» en los desarrollados países europeos.

Para mitigar estos sentimientos los refugiados chilenos tan pronto llegan a Francia, se arrojan a un militantismo frenético contra la dictadura, prefiriendo, de esta forma, «dejar a un lado» las duras experiencias que acaban de padecer[10]. Así es como el silencio envuelve los sufrimientos de cada cual, rechazando los recuerdos dolorosos, reprimiendo los traumas, sin por eso olvidarlos.

De hecho, ¿cómo olvidar lo inolvidable? La memoria de la violencia se desliza por los resquicios de la vida diaria, lista a reaparecer a raíz de una broma, o de un encuentro con las autoridades policiales francesas, enfrentando esa moda que visten sus propios hijos, de uniformes color kaki y botas negras. Y el recuerdo no es sólo evocación de hechos anteriores, sino, a su vez, es también  un retorno físico a violentas emociones. La memoria se inscribe en el cuerpo mismo, cuerpo que ha sido martirizado, manifestándose por dolores violentos de cabeza, intestinales, trastornos de sueño y otros. Todo ello, expresiones somáticas que traen el recuerdo de los sufrimientos pasados. Sin embargo, si «hablar es imposible», «callarse está prohibido»[11] y un verdadero «deber de memoria», como dice Primo Levi,* se impone a los exiliados.

La memoria del exilio chileno se debate entre varias tensiones opuestas…está «adormecida» dicen hoy día, estos hombres y mujeres que se quedaron en Francia, tironeados entre su país de origen y el de asilo, la existencia que allí reconstruyeron, la pertenencia de sus hijos a esta sociedad de la que no quieren separarse. Existe al mismo tiempo, un Chile lejano que ellos aman y odian a la vez, y que sublimado por el exilio sufrido, se les impone como su único y verdadero lugar de pertenencia: Amalia, 50 años, exiliada en Cuba en el año1974 y retornada a Chile en 1986, habla del exilio como «una división interna que ha dejado su corazón y su alma en Chile«.

Cuando el “caso Pinochet” comienza, los refugiados chilenos de Francia[12] se encuentran en una fase particular de su trayectoria: el post-exilio. Después de 20 o 25 años que han  vividos en este país, ellos han experimentado una cierta aculturación, o sea han «bricolado» las diferentes piezas de las dos estructuras socio-culturales, cuyo recorrido ha permitido tender un puente entre las dos sociedades, reinyectando sentido y coherencia a las trayectorias quebradas por el golpe de Estado en 1973.

Por una parte, sus elecciones profesionales y políticas lo reflejan. Por otra, sus viajes a Chile les permiten reanudar los lazos familiares, así como también poder medir la amplitud de los cambios negativos observados en el país, y valorar, entonces,  las garantías cívicas y sociales del Estado francés. Sin embargo, la nostalgia, doloroso corolario del exilio y el desgarro permanente se impone  por una situación disociada («entre-deux»), caracterizada por un regreso deseado, pero postergado constantemente donde el presente, pasado y futuro se entrelazan al dolor de una memoria en carne viva, polarizada entre el sufrimiento privado de los recuerdos, la culpabilidad y la inhibición colectiva. Esta situación es lo que el “caso Pinochet” viene a conmover.

El caso Pinochet y el regreso de la memoria

  • La victoria de los vencidos : la inversión de los roles

Aquellos que, por mucho tiempo, fueron aplastados por la altanería insultante del ex-dictador, que todos creían intocable, vuelven a la escena internacional y aparecen como los protagonistas de una lucha ejemplar[13]. De vencidos, responsables de la derrota, los ex-refugiados se ven asimismo como los vencedores, los héroes de la historia contemporánea chilena. La justicia internacional, al designar oficialmente al responsable de la muerte de sus compañeros, reconoce su historia, mientras que sus viejos sufrimientos, por largos períodos,  ahogados por la negación del Estado chileno y por represión propia, se convierten en la herramienta de la caída de Pinochet. Es justamente su condición de víctima lo que, en Europa, le atribuye a los exiliados un poder jurídico activo, lo que permite que, hoy, sean ellos quienes hagan temblar al ex-dictador.

«Por primera vez sentimos que servía para algo. Que no sólo habíamos recibido golpes sino que podíamos hacer que lo vivido sirviera para algo! […] Nos dimos cuenta que habíamos vivido cosas de las que, a menudo, no habíamos hablado y, entonces, este pasado seguía siendo algo que no podía ser reivindicado, y en ese momento nos dimos cuenta que nuestros testimonios tenían una suerte de poder muy importante y que con todo esto podíamos hacer algo! Antes esto no servía para nada, bueno, ibas a Amnistía Internacional y contabas, presentabas tu testimonio que terminaba en un informe anual perdido por ahí… y entonces, tuvimos la sensación de tener un arma entre las manos, un arma con la cual podíamos golpear.«Claudia, 50 años, exiliada en Francia desde los años 70, ex-presa política.

De esta manera, la inversión de la correlación de fuerzas, la nueva distribución de responsabilidades, el vigor simbólico que toma la reivindicación del estatus de víctima, conllevan un cambio radical de la relación que los refugiados tenían con la memoria. Esta pasa del estado de memoria reprimida, al de rememoración consciente y reivindicada por la palabra tomada públicamente.     

Además, son los exiliados los que se quedaron en Francia, después del referéndum, quienes retoman la bandera de lo que les parece ser la verdadera batalla contra la dictadura,  en vez de participar en la reconstrucción de la democracia chilena, De hecho, la actitud del actual Gobierno chileno les parece más que ambigua, revelando la distancia teñida de desconfianza que tienen frente a la democracia chilena[14]. El entonces Ministro de Relaciones Exteriores chileno, Juan Miguel Insulza solicita el regreso de Pinochet a Chile, dónde asegura que será juzgado. Pero los exiliados desconfían del aparato legislativo chileno, que ha garantizado una impunidad (casi) perfecta a los represores y además, no depositan grandes expectativas en la Concertación. Para ellos, se trata de una «manipulación vergonzosa«, cuyo objetivo es  proteger al ex-dictador. Los exiliados creen que sólo su acción militante desde el exilio, junto a la acción jurídica de los Estados europeos, puede llegar a  encaminar un verdadero proceso judicial contra Pinochet.

Por tanto, los exiliados van a involucrarse honesta (entera? ) y frenéticamente en una larga movilización para exigir el juzgamiento del ex-dictador en Europa y para «luchar contra su impunidad«. Las formas que toma esta movilización, así como las prácticas que en ella se desarrollan, son realmente “exhumadas” desde el pasado.

·         El regreso estructural de la memoria

Las consignas, las pancartas, los discursos pronunciados durante las numerosas reuniones, incluso las divisiones que fortalecen las redes comunitarias que se han reformado, hasta la evolución de éstas ultimas, recuerdan de hecho las experiencias fundamentales que los refugiados han conocido: la Unidad Popular y los comienzos del exilio. El pasado reaparece, el grupo revive, a través del uso de los antiguos gestos, palabras y  prácticas, sus estructuras intrínsecas, ofreciendo a la memoria colectiva del exilio chileno una nueva etapa de elaboración[15].

Durante la movilización contra Pinochet, el acontecimiento fundador[16] que constituye la Unidad Popular está de regreso. En las manifestaciones surgen algunos cánticos («Venceremos», entre otros), como un eco del pasado y la figura de Allende, quién parece representar una verdadera divinidad tutelar, es invocada permanentemente: su rostro invade las pancartas y reina sobre los manifestantes, así como en el living de muchas casas de exiliados.

Los tres años de la experiencia socialista chilena han sido vividos por sus militantes y simpatizantes como un período eufórico, en el que, animados por un fuerte entusiasmo revolucionario y por la certeza de estar participando activamente en la elaboración de una Sociedad Nueva y de un Hombre Nuevo, sentían que estaban construyendo la historia, una historia en la que las trayectorias personales parecían abrazar las de la Nación. Se trata de un período de referencia y también de un período mítico, con el cual algunos siguen soñando[17]. Este mito[18] de un período que hoy no sabríamos comprender sin su fin trágico y sangriento, descarga, retrospectivamente, un gran peso sobre estos tres años. La gran mayoría de los exiliados percibe esta etapa histórica como una época feliz e ideal, intocable, cuya imagen ha sido sublimada por la distancia y la nostalgia propias del exilio.

El grupo va a encontrar, a través de las divisiones que lo alientan, sus viejas estructuras. Inherentes a la acción política o a las tensiones entre grupos ideológicamente divergentes, estos conflictos importantes que agitan la red y que afectan su capacidad movilizadora, recuerdan de manera pertinente las dificultades que la Unidad Popular tenía para federar las corrientes políticas que la componían, y las batallas ideológicas que dividían fuertemente a sus militantes. Estas divisiones continuaron en el exilio, viviendo tensiones exacerbadas por la derrota, por el inmovilismo político, tanto en Chile como en las redes sociales y políticas reconstituidas en el exilio. Estas harían estallar rápidamente la aparente unidad que la comunidad había encontrado al llegar al país de acogida. De la misma manera, las divisiones provocadas por el “caso Pinochet”, despiertan viejos rencores, provocan rabia, después de los felices reencuentros de las primeras semanas de movilización. Luego, las asociaciones de carácter cultural y social toman el relevo, consagrando la primacía de la afirmación del «entre-soi» sobre la acción política, lo que recuerda la evolución de las interacciones colectivas de los refugiados chilenos durante las diferentes etapas de sus exilios.

Estos modos de reagrupamiento y diferenciación estructuran la escena política de los exiliados chilenos, y conforman el nexo entre pasado y presente, permitiendo la reactivación de la memoria colectiva del exilio.

·        El «entre-soi» y la figura del exiliado

A pesar del aspecto ejemplificador de este caso, cuyas acciones han sido valoradas tanto por los medios de comunicación y, pese a la solidaridad que la sociedad francesa ha tenido para con los refugiados chilenos, la movilización, sigue siendo esencialmente un hecho de éstos últimos. Los «franceses» están ausentes de este movimiento: si bien, a veces, se solicita su apoyo (firmas de adhesión, ayuda económica, etc.), su presencia efectiva en las manifestaciones es muy rara. Estas presentan un carácter marcadamente comunitario: las consignas, los volantes y las conversaciones que se establecen entre los miembros conocidos, son mayoritariamente en español, con exclusión de los no chilenos, aun cuando sean amigos de muchos años. En este contexto, el  proyecto, de formar una comisión latinoamericana integrada además por argentinos y haitianos, es abandonado al cabo de algunos meses.

Por tanto,  los desafíos de esta movilización se relacionan con el cuidado y la conservación de una identidad reencontrada, conducida por un colectivo encerrado en si mismo y que se reactiva constantemente, a partir de los reencuentros comunitarios, expresados en  manifestaciones y  fiestas. Son los momentos de vuelta a sus raíces, a su identidad. Los refugiados chilenos encuentran en la militancia, en el «être-ensemble», (conjunto o colectivo?) una identidad valorizada que se había alterado progresivamente desde el golpe de Estado. El exiliado chileno encarnaba, de hecho, en la Francia de los años 70, heredera de las ideas del ‘68 y en el umbral de su crisis económica, al representante de un movimiento revolucionario con el cual los militantes franceses podían identificarse: el exiliado chileno era una verdadera figura heroica.

Los beneficios que en términos de identidad, ofrecía esta imagen de héroe, no eran menores para los refugiados chilenos; beneficios que reaparecen a partir del “caso Pinochet” Los refugiados recuerdan y, por fin, recuerdan en voz alta.[19]

·         La resolución de los conflictos memoriales

Al ser designado un culpable oficial, el “caso Pinochet” aminora la culpabilidad de la derrota. Al fin, el deber de memoria puede cumplirse e impulsa a tomar la palabra públicamente: efectivamente, la responsabilidad que se le impone a los sobrevivientes de atestiguar por aquellos que ya no están, les permite superar las dificultades que los llevaron a sumergirse en los recuerdos traumáticos. Se trata casi de una reparación, hablando y recordando no sólo por aquellos que ya no están, sino también  por ellos mismos.

La palabra del sufrimiento, finalmente liberada, puede circular entre las redes comunitarias y permitir la reconstrucción colectiva del sentido de estas trayectorias, vividas, esencialmente en sus aspectos más siniestros, de modo individual. El sistema  represivo y sobre todo el de la tortura, tenían como objetivo la destrucción del ser, aislándolo de todas sus redes y marcándolo para siempre cuando «hablaba» bajo el dolor despiadado, transformándolo, literalmente, en una “ bestia que grita” («bête hurlante»), habiendo asesinado al ser social y moral antes de destrozar al ser físico[20]: el sistema ha abolido el sentido. El silencio y la inhibición, la culpabilidad exacerbada por la condena sin apelación de los partidos políticos clandestinos de aquel que «cantaba«. Todo ello dejaba, a cada uno de los refugiados, aplastado bajo una pesada carga individual. A través de los testimonios y las querellas, estos reencuentran asimismo la huella de algunos detenidos-desaparecidos que creían haber sido los últimos en ver, reconstruyendo la cadena de responsabilidades de su desaparición. Esto les permite deshacerse, parcialmente, de la culpabilidad. 

«Cuando Pinochet  fue arrestado… entonces le encontré un sentido a mi historia. Antes se trataba de algo individual, completamente individual, que me tocaba a mi, y que yo guardaba porque era mi historia, mi problema individual y que no estaba ligado a algo que pudiera hacer avanzar las cosas y es justo cuando Pinochet fue detenido […] que yo hice la conexión entre mi historia y ésta… y en esta historia había todo un espacio para volver a lo que significaba pertenecer a un  movimiento (colectivo ?)  y no sólo individualmente como víctima.»  Marcela, 46 años, exiliada en Francia en 1973, ex-presa política.

De esta forma, el “caso Pinochet” permite a los exiliados   retomar en sus manos un destino sufrido desde 1973, cuando fueron empujados a la clandestinidad, a los campos de tortura, de concentración y detención, a las embajadas y consulados en países lejanos, con sus hogares para refugiados. En fin, cuando fueron forzados a una existencia no deseada, pero que han sido capaces de construir. Si durante años, su capacidad de acción a nivel político, laboral, etc., estuvo parcialmente anestesiada, ahora la reafirman y se la reapropian. El “caso Pinochet” tiene un valor reparador para los refugiados: la lucha del exilio en el exilio les devuelve sentido a su presencia en Francia.

Por ultimo, el duelo de las experiencias trágicas es posible. Los muertos y los nombres de los detenidos-desaparecidos son nombrados una y otra vez, sus fotos son publicadas en los diarios, afiches y carteles, que los manifestantes enarbolan, gritando que sus compañeros están «presentes ahora y siempre«. Estos actos son, también, el lugar de expresión de ritos de duelo, simbolizados por centenares de cruces plantadas en maceteros y puestas en la calle, por los minutos de silencio, por las velas protegidas del viento y por ese ataúd que queman de rabia cuando Pinochet regresa a Chile en marzo del 2000. Todos estos símbolos funerarios, representan «armas»,  de impacto sobre la opinión pública, así como formas de «enterrar a los muertos«. Asimismo, el “caso Pinochet” le permite a las víctimas de la dictadura realizar una catarsis.

«Tuvimos la suerte de haber podido hacer una terapia colectiva con el “caso Pinochet” […] porque todos teníamos a nuestros muertos en los afiches, los muertos, los detenidos-desaparecidos, habíamos puesto un manto sobre nuestras cabezas, y decíamos, bueno esto hay que olvidarlo. Pero era una manera de poder seguir viviendo. Y entonces pasó algo que permitió abrir eso y todos estaban felices! […] Pudimos enterrar de una vez a todos los muertos […] Si no enterraste a tus muertos no puedes vivir, porque si no dejas a tus muertos en el pasado, el presente es inestable y el futuro también. […] Además, cuando viviste la derrota y sientes que no puedes cambiar nada de esto, con todos estos muertos y desaparecidos sobre el lomo, todo el tiempo…esto te apaga, vives con un peso.» Juan, 60 años, exiliado en Francia en 1974.

Las virtudes liberadoras del “caso Pinochet” sobre la memoria reprimida van a actuar también en el seno de las familias y van a trasformar el marco de la transmisión de la memoria.

El caso Pinochet y los hijos de los exiliados

  • Los fantasmas de la memoria

La memoria familiar, marcada por el sello de las terribles experiencias vividas, ha sido transmitida, durante mucho tiempo, de manera velada, a través de sus silencios aceptados y de sus «fantasmas» atormentando a los hijos. Los exiliados chilenos, enfrentados a sus recuerdos en tensión, no le cuentan a sus hijos, con facilidad, lo que les sucedió. El horror parece aún más difícil de verbalizar con ellos. De esta manera, la memoria se transmite generalmente por fragmentos, con sus omisiones, sus mentiras a veces, y  sus momentos de revelación en otros[21].

Los hijos respetan estos silencios y zonas oscuras de la memoria y, en ocasiones, hasta las apoyan, pues no quieren aumentar el dolor de los padres ni enfrentarse ellos mismos al horror. Los silencios, sin embargo, son pesados, dejando a la imaginación y a los fantasmas llenar los vacíos de una memoria que se vuelve, incluso, más terrible e inaccesible a toda obra de apaciguamiento y de elaboración[22].

No obstante, los hijos de los refugiados cuentan con trazos de memoria extra-familiares: se trata de los miembros de la comunidad chilena. Estos «tíos y tías» de la migración. Son personas referentes en la medida en que han recorrido los mismos periplos que sus padres. En Francia, también, existe toda una literatura y filmografía sobre la historia contemporánea de Chile que los hijos suelen consultar. Algunos de ellos elaboran parcialmente imágenes y representaciones de la biografía paterna. Por ultimo, sea cual fuere el grado de transmisión, todos los hijos expresan esta extraña impresión «de haber sabido siempre» sin que fueran necesarias las palabras.

Mas allá de los silencios, de las palabras, la transmisión de la memoria traumática se realiza clandestinamente y pareciera ocurrir (haber?), en los hijos de refugiados, un «hacerse cargo de los conflictos, de los traumas psíquicos que pertenecen a la realidad vivida por los padres»[23]. Escenas de violencia, llenas de tanques de combate, de fusiles y de llamas, en las cuales los padres o ellos son los actores, invaden las pesadillas de los hijos que construyen un teatro imaginario traumático[24]. Así, muchos de ellos se debaten entre estas imágenes de dolor y odio contra los represores chilenos, un odio mezclado con miedo que se amplía a todo organismo militar y de seguridad (sea este chileno, francés o de cualquier nacionalidad).

Algunos hijos desean protegerse del sufrimiento activado por la memoria e intentan distanciarse de ella, declarando que «son sus fantasmas y no los míos«. Gabriela, 22 años, llegó a Francia en 1980 con su madre después de haber sido las dos detenidas en Chile. Pero la memoria y el sufrimiento están presentes y, a veces, son asumidos y reivindicados por los hijos. Su relación con la memoria es entonces ambivalente.

  • De los sentimientos ambivalentes

Los hijos de los refugiados tienen una relación ambivalente con Chile, país de ensueño, cuya imagen se ve alterada por la nostalgia y las narraciones magnificadas de los padres, donde «las naranjas son del tamaño de los melones«: los hijos han elaborado la representación de una tierra originaria, «tierra de los colores del Edén», un hipotético refugio. Pero este paraíso representa, también, un paisaje de sufrimiento graficado por las imágenes en blanco y negro de los bombardeos sobre la Moneda. Un lugar de injusticia en el que reina la impunidad y la negación oficial, situación que resulta más intolerable para estos jóvenes, que para sus mismos padres, ya que fueron   educados en los cursos de «educación cívica» de la escuela republicana francesa.

Durante los viajes que algunos de ellos realizan a Chile,  toman conciencia de los lazos contradictorios que los unen a este país, donde vive una familia desconocida e idealizada por la distancia, y con la cual las relaciones son generalmente una decepción :

«Antes yo me hacia ideas, idealizaba, fantaseaba…allá he visto. [la familia] sigue siendo por mucho tiempo, algo lejano, imaginario, y de repente…ya era casi demasiado tarde cuando yo fui…mis tíos y mi familia son casi unos extraños, aunque los conozca.» Isabel, 28 años, llegó con sus padres a Francia en 1976.

El primer viaje que se realiza, a menudo, durante el verano austral y que corresponde al invierno europeo, es el viaje de la alegría, del descubrimiento. Los siguientes suelen ser los  viajes de la desilusión. Las imágenes elaboradas durante la niñez se encuentran con la realidad de las poblaciones, con una sociedad chilena dividida y, la mayor parte del tiempo, silenciosa sobre su historia contemporánea. 

Esta ambivalencia de sentimientos se relaciona también con la militancia de los padres. Algunos de sus hijos se sienten un poco aplastados por estos héroes míticos que sus padres creen ser. Ellos, que han participado en un gran movimiento social y político, en un momento que caracterizan, como de gran libertad y solidaridad social, que han recorrido y sobrevivido a tantas experiencias difíciles, «luchando por sus ideas», representan para sus hijos, figuras ejemplares. Las narraciones heroicas de sus padres, así como la imagen positiva del refugiado latinoamericano que tienen las sociedades de acogida en Europa, permiten construir una cierta mistificación de la Unidad Popular y de los acontecimientos del golpe y post-golpe. Estos personajes, modelos a seguir, parecen ser aplastantes: los hijos piensan que jamás conocerán situaciones similares y que nunca podrán «pasar su prueba» como si las experiencias extremas de la generación anterior, obstruyeran  su realización personal.

Sin embargo, los hijos reivindican orgullosamente la herencia ideológica de estos ex-militantes, muchos de los cuales siguen estando activos. Esta transmisión se refiere más a los valores fundamentales de una sensibilidad de izquierda, que a los de ideologías más puras. Todo lo anterior, lleva a los hijos a comprometerse en diferentes luchas; por ejemplo, los sin-papeles, la defensa de la escuela pública, la ecología, entre otras. De hecho, hijos y padres pertenecen a dos generaciones socio-históricas socializadas en épocas y espacios muy distintos, y ambas tienen no sólo una visión política diferente, sino contrastada. Los padres son definidos por sus hijos como «idealistas y utópicos», y no se reivindican como marxistas revolucionarios. Los hijos, a su vez, son llamados «cartesianos y racionalistas» por sus progenitores. En la trasmisión hay una reinterpretación, y una verdadera apropiación de una herencia política que, al mismo tiempo, es profundamente estructurante[25]. Esta reinterpretación de la memoria de la familia se expresará en las formas y en las significaciones del compromiso de los jóvenes durante la movilización contra Pinochet.

De este modo, durante el “caso Pinochet”, los hijos van a descubrir, a veces, a través de la prensa o de la televisión, los testimonios de sus padres. Así, muchas discusiones surgidas en las familias, a raíz del evento, despiertan su interés por esta historia: ya no dudan en interrogar a los padres y en consultar los múltiples documentos escritos y audiovisuales que abundan en los medios, para llenar los espacios vacíos de la memoria. Durante las manifestaciones, los hijos aprenden también a «conocer y reconocer» a sus progenitores en los rostros de los manifestantes, cuyas expresiones les parecían, hasta ese momento, exclusivamente paternas.

De hecho, los hijos de refugiados se unen a las manifestaciones organizadas por las redes comunitarias. Para sus padres, la participación masiva en ellas, representa «un maravilloso regalo». Esos padres, desde muchos años, temían que uno de los corolarios coercitivos del exilio significara que sus hijos se convirtieran en «francesitos que han olvidado y que no se interesan por Chile». Al tomar conciencia que, pese a los silencios, se han transmitido sentimientos de pertenencia y un fuerte nexo con su historia. En un principio, la presencia de estos «cabros»[26]era más bien una manera de apoyar solidariamente a sus padres, considerados entonces los verdaderos actores del asunto; pero se produce una transformación, gracias a un núcleo de hijos de refugiados entre 15 y  40 personas que, durante todo el conflicto al no poder siempre entenderse con “sus mayores”, se organizan  convirtiéndose en una fuerza autónoma de potenciación del movimiento. Rechazando así el «entre-soi» protector de sus padres, hartos de las incesantes discordias que, según ellos, debilitaban la movilización y no pudiendo concebir, en Paris, al final del siglo XX, la presencia de esas reliquias de la Unidad Popular («tienen 25 años y 40.000 kilómetros de atraso” !), los hijos de refugiados intentan ampliar la movilización a la sociedad en la que viven. Estos franco-chilenos desarrollan, de esta manera, una lucha más ejemplar que la de los «viejos», es decir, extraterritorial, creando una asociación[27] junto a  jóvenes de otras nacionalidades. Dirigen sus acciones de protesta, reflexión e información a la población francesa, en sus universidades, colegios, lugares de trabajo, etc. Su solidaridad concreta con otros movimientos, tales como los sin-papeles, confirma el carácter ejemplar de su lucha. Sin embargo, los jóvenes no dejan de construir,  también, un espacio de «entre-soi» en el que las trayectorias, los cuestionamientos de identidad, los vacíos de la memoria individual  encuentran, por fin, un eco colectivo. Además, desarrollan un proyecto de investigación histórica sobre la represión militar chilena, iniciativas socio-culturales (conciertos, fiestas, presentaciones de documentales, apadrinamiento de un hogar de menores en Chile, y otros.), redefiniendo prácticas y valores portadoras de identidad.

De tal manera, el idioma que usan, el «frañol» (una mezcla de francés y de castellano), es tanto un marcador de identidad, así como la huella de una acción transformadora de la doble herencia cultural. De hecho, el idioma está impregnado de la relación que los hijos de exiliados tejen con la historia paterna y la tierra originaria. «El individuo que habla es «actuado por las palabras» (Jean-Paul Sartre) que enuncia, en el sentido que con las palabras establece relaciones con las cosas, los eventos y las situaciones.»[28] Y el lenguaje reinventado que usan los hijos de refugiados, pasando con facilidad de una lengua a la otra, creando nuevas palabras (afrancesadas o chilenizadas), nuevas expresiones, los distingue de los dos grupos de referencia: ni franceses ni chilenos, proclamándose herederos de una doble cultura.

Sin embargo, todos ellos afirman que el “caso Pinochet” les permitió «reanudar la identidad chilena«, las manifestaciones, fiestas y reuniones en  las cuales participan. Son un espacio de recreación de una atmósfera socio-cultural propia del exilio chileno. El español que se habla, la música latina que se escucha, la salsa que se baila y el vino que se toma, el olor del pan amasado que se disfruta, son, efectivamente, varios de los soportes de la identidad. «Me sentí chilena ante todo, no me sentía francesa pa’nada«, dice Valeria, 21 años, hija de exiliados, llegados a Francia en 1974, quien evoca, al mismo tiempo, su «desgarradora doble identidad«:

«En Chile soy francesa, pero en Francia soy chilena. […] Está claro, tengo una cultura francesa, pero no puedo ser francesa. No puedo ser chilena tampoco, pero me siento más chilena que francesa.» 

  • De las estrategias de identidad (identitarias) a la apropiación

La identidad, como la memoria, es un concepto dinámico, y la cuestión revela menos de la noción de herencia que de la noción de uso. Los hijos de refugiados elaboran  verdaderas estrategias de identidad[29], «bricolando» las dos culturas y los sentimientos ambivalentes que tienen hacia la historia paterna.

Así, si algunos jóvenes se identifican con sus padres y con la generación del exilio, se autodenominan «exiliados» aunque hayan nacido en Francia, otros, se vinculan más con el   espacio nacional y deciden, por ejemplo, «volver» a Chile aunque sus padres se queden en Francia. Finalmente, son varios los que afirman y resaltan una identidad que califican como chilena, aunque nunca hayan pisado Chile. Hay que precisar que la figura del exiliado, sobre valorizado, brilla sobre los jóvenes: hijos de héroes, hijos de un mundo exótico realzado por la moda latina en Europa, por los estereotipos de la “picante salsera” y del “latin-lover”. Esta etiqueta de identidad les aporta beneficios secundarios. Alfonso, 21 años, hijo de exiliados chilenos llegados a Francia en 1976, vive en una localidad de la periferia parisina y es constantemente sometido a controles de identidad por la policía, a raíz de su «look de joven de banlieue», sospechoso de ser «árabe o chino». Alfonso revierte esta estigmatización[30], auto- proclamándose chileno y apoyando esta identidad con prácticas lingüísticas, festivas y deportivas para que ésta sea significativa tanto para él como para los demás.

Otros jóvenes le confieren a esta situación socio-cultural mixta, un carácter positivo: se dicen dotados de una cultura francesa, pública, que   requiere de la razón, de la ciencia y de los valores democráticos, pero también de una herencia chilena. Este último pertenece a la esfera familiar y se inclinaría mas bien hacia los sentimientos, los sentidos y las relaciones humanas percibidas como ricas y cálidas: estos jóvenes estarían constituidos por «lo mejor del espíritu francés y de la naturaleza chilena«. Estas dos herencias adquiridas, complementarias, se mezclan entonces, y algunos de los hijos de la migración evitan todo conflicto de identidad,  declarando ser, simplemente, «ciudadanos del mundo«.

El “caso Pinochet” revaloriza la figura del exiliado chileno. Durante el caso, los hijos se sienten y se definen chilenos, aunque al interior del grupo comunitario se diferencien de sus mayores: renegociada, la identidad problemática es, entonces, resuelta en el grupo de pares. Juntos, los hijos de refugiados se sienten y se definen como hijos del exilio, como el «fruto de todo eso«, pequeños chileno-franceses o franco-chilenos, nacidos de lo político, a caballo de la migración.

De esta forma,  toman sentido las historias familiares que los han conformado en lo que son hoy día. La memoria, despersonalizada, puede inscribirse en un movimiento colectivo de redefinición de los sentimientos de pertenencia y de los lazos que con ella existen, volviéndose historia, una historia en la que ellos tienen el sentimiento de participar. Su fuerte compromiso en la movilización es una afirmación de esto, una reafirmación, vista por los padres y por el entorno como una afiliación voluntaria a esta historia y de la que se apropian según sus dobles referentes socio-culturales. 

A lo largo del “caso Pinochet”, el teatro imaginario se vuelve real. La transmisión efectiva de la memoria familiar que entra en juego y la acción colectiva permiten que los hijos habiten este teatro. Actores a cien por ciento de la movilización y progresivamente reconocidos y respetados por sus mayores, los hijos «crecen» y retoman la bandera de la militancia familiar, viviendo a su turno, un formidable movimiento social. Es justamente la apropiación de la memoria colectiva y familiar lo que puede constituir al sujeto, un sujeto libre, actuando sobre el presente[31] y no invadido o aplastado por su pasado ni por su herencia.

Así, como las imágenes de un calidoscopio se hacen y deshacen indefinidamente, dibujando nuevas formas y figuras, conservando siempre los mismos materiales, podemos representarnos el objeto memoria. Fluida, en constante cambio pese a su carga traumática, la memoria del exilio chileno evoluciona en el tiempo, marcada por los distintos acontecimientos que tiene lugar tanto en la comunidad como en las familias y en los corazones, unida por los lazos comunitarios, también cambiantes. De esta manera, el “caso Pinochet” ha venido a efectuar un giro de 180 grados sobre la situación del «entre-deux» vivida por los refugiados chilenos en su fase de post-exilio, y a cuestionar profundamente las relaciones atormentadas que estos mantenían con la memoria colectiva y familiar del exilio y de la violencia. El “caso Pinochet” actúa en esto como una crisis reveladora, disparadora y cristalizadora[32], revelando hasta que punto la memoria es un proceso dinámico en constante movimiento de composición, descomposición y recomposición. z

[1] Expresión  que se relaciona con el « affaire Dreyfus » (que pasó en Francia al principio del siglo XX), es decir como un evento tanto jurídico, que mediático, que social, que político y que dividió la sociedad chilena como lo hizo l’affaire Dreyfus con la francesa…

[2] En este período, fueron realizadas dos investigaciones acerca de la construcción social de la memoria y de su transmisión en el seno familiar. Las personas entrevistadas pertenecen a 20 familias de refugiados en París y las ubico socialmente en la clase media, por su capital cultural, económico y social. Estas personas, que eran mayoritariamente estudiantes universitarios y militantes de la izquierda revolucionaria chilena, dejaron su país en la década del 70. Los integrantes de las parejas, de origen chileno, fueron entrevistadas individualmente, así como sus hijos que en ese momento tenían entre 17 y 30 años y que cursaban sus estudios superiores o ejercían un trabajo en puestos de responsabilidad.

[3] Fanny Jedlicki, Mémoires d’exil : quels héritages ? Trajectoires familiales de réfugiés chiliens, de l’Unité Populaire à l’affaire Pinochet, tesis de «maîtrise» de Etnologia, Universidad Paris V-la Sorbonne, 1999 ; Les mosaïques de la mémoire. Mémoires et violences de l’exil chilien. Tesis de DEA (pre-doctorado) de Sociologia, Universidad Paris VII-URMIS, 2000.

[4] Marie-Claire Lavabre, Le fil rouge. Sociologie de la mémoire communiste. Presse de la FNSP, Paris, 1994.

[5] Maurice Halbwachs, Les cadres sociaux de la mémoire, Albin Michel, Paris (primera edición 1925), 1994, p. 329.

[6] Concepto desarrollado por Levi-Strauss y Roger Bastide que aluden a la acción, intelectual y simbólica, de los actores sociales, para articular los distintos elementos (por ejemplo, de dos culturas). El término francés «bricolage» tiene una buena traducción en la metáfora del patchwork.

[7] Al final de la dictadura, se cuentan aproximadamente 4 000 asesinatos políticos, cerca de 2 000 detenidos-desaparecidos y entre 300 000 y 400 000 detenciones y casos de tortura.

[8] Antonia Garcia Castro, La mémoire des survivants et la révolte des ombres. Présences du phénomène de disparition dans la société chilienne (1973-1995), tesis de «maîtrise» IEP-Paris, 1995.

[9] Este sentimiento es uno de los objetivos de la represión : el sistema de la tortura necesita sobrevivientes, que puedan atestiguar el horror frente a los miembros de la sociedad, para que ellos adivinen, sin realmente saberlo, qué le pasa a los opositores. Es uno de los medios con los que se construye un verdadero Estado de terror.

[10] Ana Vásquez ; Ana-Maria Araujo, Exils latino-americains : la malédiction d’Ulysse, CIEMI-L’Harmattan, 1988.

[11] Jorge Semprún ; Elie Wiesel, Se taire est impossible, Ed. Mille et Une Nuits, 1995, p. 17.

[12] Pese a la dificultad de contabilizar el número exacto de exiliados se estima que, entre 1973 y 1989, unos 500.000 a un millón de chilenos, aproximadamente, han abandonado voluntariamente su país. Según la embajada de Chile en Paris, entre 10. 000 y 15. 000 chilenos habrían residido en Francia en este período. Estos refugiados provienen, en su mayoría, de la clase media chilena, con un alto nivel de educación. Sin embargo, pese a la heterogeneidad social existente en esta comunidad, de acuerdo a los datos conocidos por esta embajada, entre el 30 y el 40% de esta población habría vuelto a Chile.

* Citar a primo Levi

[13] La orden de detención internacional librada por el juez Garzón habla en términos de «crímenes de lesa humanidad»; estas palabras, si bien son abandonadas por los jueces, son ampliamente retomadas por los medios de comunicación masiva durante todo el caso.

[14] Evidentemente no es mi intención juzgar la (re)construcción de la democracia chilena, que puede ser comprendida históricamente. Seguramente Francia tiene una historia diferente y ahora es justamente desde este país, en el que los refugiados han cambiado y adquirido, durante el exilio, otros códigos de análisis y otras expectativas (sociales, económicas, culturales y políticas), que éstos evalúan la situación chilena.   

[15] Roger Bastide, «Mémoire collective et sociologie du bricolage», L’Année sociologique, vol. 21, 1970.

[16] Paul Ricoeur, Evènement et sens, en L’Espace et le temps. Actes du XXIIeme Congrès de l’Association des sociétés de philosophies de langue française (Dijon, 29-31 août 1988), Vrin, 1990, p.19. 

[17] Un grupo de exiliados chilenos participa en las elecciones presidenciales chilenas de 1999, pensando contar con el apoyo de la población (este apoyo se demostraría prácticamente inexistente). Gracias al rol que habían jugado durante el “caso Pinochet”. Hasta continúan soñando con una sociedad chilena inspirada en la Unidad Popular.

[18] De hecho, frente a la ausencia de una Historia científica, oficial y reconocida como tal, es el mito, con acentos siempre legendarios, que toma su lugar. 

[19] Las identidades etnicas, de hecho, se construyen siempre en la interacción : Fredrik Barth, «Les groupes ethniques et leurs frontières» (trad. al francés, 1ª edición en ingles 1969), en Poutignat Ph. Y Streiff-Fenart J., Théories de l’ethnicité, Paris, 1995, pp.203-249.

[20] Véronique Nahoum-Grappe, «L’usage politique de la cruauté : l’épuration ethnique (ex-Yougoslavie, 1991-1995)», pp. 275-323, en Françoise Héritier (dir.), De la violence, Odile Jacob, Paris, 1996, p.282.

[21] Esto no es una ley general; durante la investigación he encontrado casos extremos, en los que pudo haber un casi total ocultamiento de la historia paterna o, al contrario, una intensa participación de los hijos en la historia de sus padres.

[22] Vincent de Gaulejac, L’histoire en héritage. Roman familial et trajectoire sociale, Desclée de Brouwer, 1999.

[23] Martine Ulriksen-Vignar, «La transmission de l’horreur » en Jeanine Puget (dir.), Violence d’état et psychanalyse, Bordas, Paris, 1989, p. 124.

[24] Las experiencias traumáticas son reales en los hijos de los sobrevivientes, a pesar de que no hayan vivido realmente las causas de dicho traumatismo en Nathalie Zadje, Souffle sur tous ces morts et qu’ils vivent ! La transmission du traumatisme chez les enfants de survivants de l’extermination nazie, Ed. La Pensée Sauvage, 1993, pp. 87-88.

[25] Anne Muxel-Douaire, «Chronique familiale de deux héritages politiques et religieux», en Cahiers internationaux de sociologie, vol. 82, PUF, 1986.

[26]Cabros y viejos” son las denominaciones con las que las dos principales generaciones que han protagonizado esta lucha, se llamaban una a otra.

[27] L’A MICRO, el nombre de la asociación, hace referencia a lo micro como a algo chico, en contraste con los adultos ; hace referencia también al MICRO-fono como símbolo de la palabra tomada públicamente por este grupo y a las micros de Santiago, lo que le confiere, por un lado, un carácter mas «chileno« en relación a los dos primeros términos existentes en francés y significando lo mismo, y por otro simbolizando la «subida al camino del compromiso».

[28] Augustin Barbara, Les couples mixtes, Bayard, 1993, p.207.

[29] Camille Camilleri ; Joseph Kastersztein el all., Stratégies identitaires, PUF, Paris, 1997.

[30] Isabel Taboada-Leonetti, «Stratégies identitaires et minorités : le point de vue du sociologue», en C ; Camilleri et all., idem, pp.68-69. Hay que decir que los jóvenes franceses de origen magrebi que habitan los barrios populares de Francia son victimas de un fuerte racismo institucional y social, siendo identificados como delincuentes.

[31] Jacques Hassoun, Les contrebandiers de la mémoire, Syros, Paris, 1994.

[32] Edgar Morin, «Principes d’une sociologie du présent», en La rumeur d’Orléans, Seuil, 1969.

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