Chile, ¡alerta!. El Programa de DDHH de Kast: el suterfugio jurídico de la impunidad.
09/06/2026 Editor CT Derechos Humanos, Luchas sociales – Chile 0
El Programa de DDHH no acudió a alegar en contra de ello.

Programa de DDHH desistió de alegar en contra de beneficio para exagente del Comando Conjunto.
por Carlos Basso Prieto/El Mostrador.
Corte de Apelaciones de Santiago acogió tesis de la defensa de Viviana Ugarte y dictó una unificación de las cuatro condenas que esta enfrentaba, que sumaban 25 años, rebajando el total de su pena a poco más de 22 años. El Programa de DDHH no acudió a alegar en contra de ello.
Tal como se preveía que sucedería, el gobierno -por intermedio del Programa de Derechos Humanos- desistió de alegar en la causa por medio de la cual la exagente del Comando Conjunto de la FACH, Viviana Ugarte, más conocida como “La Pochi” buscaba que se dictara una unificación de penas, por medio de la cual podría haber accedido a rebajar las cuatro condenas que pesaban contra ella, que sumaban un total de 25 años, a 10.
En efecto, en los alegatos realizados ante la Sexta Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago se presentaron solo dos de los tres abogados querellantes, ambos particulares. El tercer querellante en el caso es el Programa de Derechos Humanos, dependiente de la Subsecretaría de Derechos Humanos. Sin embargo, el abogado asignado al caso (Hugo Pavez) no se presentó en la vista de la causa, pues según al menos tres fuentes la nueva jefa del programa de DDHH, Constanza Garrido, le instruyó en ese sentido.
Debido a ello, este es el cuarto caso en el cual el programa abandona una causa en contra de exagente de la dictadura, como ya lo hizo en lo relativo al exagente de la DINA César Manríquez, el exoficial de Carabineros Héctor Osses Yáñez y el exjefe de la CNI de Concepción, Jorge Mandiola.

Cabe indicar que luego del escándalo que generaron dichas decisiones, el Programa de DDHH emitió un comunicado indicando que el dejar de alegar no era una instrucción genérica, sino que se hacía “caso a caso”, y efectivamente -a diferencia de lo ocurrido con “La Pochi”- sí se hizo parte de los alegatos en el caso del exfiscal militar de Temuco Alfredo Podlech, quien murió recientemente, mientras se encontraba internado en el hospital San José.
En el caso de la exagente Ugarte, la Sexta Sala del tribunal de alzada capitalino accedió a la solicitud de su abogado, Maximiliano Murath, quien pidió inicialmente la unificación de las causas a la ministra en visita Paola Plaza, la cual no accedió. Ante ello, Murath apeló el 6 de febrero pasado, obteniendo la opinión favorable de parte del fiscal judicial Jorge Norambuena, quien recomendó acceder a la petición y dictar una pena única de 10 años a favor de la exagente.
En ese sentido, la corte accedió a la unificación de penas, dictando una pena única de 20 años en contra de la exagente como cómplice de los secuestros calificados de Aníbal Riquelme Pino, Francisco González Ortiz, Alfonso Araya Castillo, Nicolás López Suárez, Nicomedes Toro Bravo y Raúl Montoya Vilches; como coautora del secuestro calificado en contra de Luis Emilio Gerardo Maturana González y como autora del secuestro simple en contra de Juan René Orellana Catalán. A ello se suman otros 800 días de condena (poco más de dos años) en su contra como autora de asociación ilícita, por lo cual, en la práctica, tiene tres años menos de condena, decisión que los querellantes particulares impugnarán ante la Corte Suprema.
A la fecha, “La Pochi” lleva cuatro años recluida en la cárcel femenina de San Joaquín, y para comenzar a pedir beneficios carcelarios debería llevar al menos un tercio de la condena cumplida y con buena conducta, por lo cual, en caso de que confirmara la sentencia de segunda instancia, podría impetrar beneficios a partir de unos cuatro años más.
De Archivo:
Pavoroso: El testimonio de los sobrevivientes de «La Pochi».
en Memoria Viva.
Temida y repudiada por sus constantes ataques, los sobrevivientes del Comando Conjunto recuerdan como si fuera hoy el quehacer de la más joven de sus agentes: Viviana Ugarte, más conocida como la Pochi. La mujer habría pasado al olvido si no hubiera contraído matrimonio con un oficial con promisoria carrera en la Fuerza Aérea, que escalaría luego al rango de general. Los ex detenidos la recuerdan por sus burlas hacia los prisioneros y sus agresiones verbales y físicas, contrastadas con las consideradas llamadas por teléfono a su abuelita para avisarle que no podría concurrir a tomar el té.
Las visiones disímiles y su apariencia de joven frágil, generaron en muchos prisioneros simpatías, las que se diluían con facilidad al escuchar sus insultos y ver cómo se «divertía» cuando una de las víctimas recibía una descomunal descarga de electricidad en los genitales.
Hasta ahora mantuvo un bajo perfil, pese a ser convocada regularmente a comparecer ante la justicia. La presencia en los interrogatorios de una mujer que se reía en medio de las sesiones de tortura se plasma en cada uno de los 44 tomos del expediente «caso de los trece» o desaparición de dirigentes comunistas que instruyó el actual presidente de la Corte de Apelaciones de Santiago, Carlos Cerda, en plena década del ’80.

Bajo el alias de Pochi, Pachi, Chachi o similares, los detenidos comenzaron a descubrir que se trataba -según relata el ex prisionero Sergio Miguel Guerra- «de una joven rubia de pelo liso, mas bien baja, de tez blanca, delgada… debe haber tenido entre 18 y 20 años y era como una lola hueca y metida, que a veces se iba a mi pieza acompañando a otros, pero que jamás habló conmigo. Se relacionaba especialmente con el Lolo (mayor en retiro de Carabineros Manuel Agustín Muñoz Gamboa, condenado en el caso degollados) y el Fifo (César Luis Palma Ramírez, ex integrante de Patria y Libertad, detenido en agosto de 1973 por su participación en el homicidio del edecán presidencial Arturo Araya), pero con los otros guardias también compartía».
Añade que esa joven «molestaba al ex detenido Mallea y luego, desde el teléfono ubicado en el pasillo y antes del patio de la pileta, llamaba por teléfono a su abuelita avisándole que no podía tomar té o comer con ella».
En su relato judicial, el ex prisionero añade que «ella siempre estaba en todas partes. No sé qué pintaba ahí, pero pasaba metida, sabía perfectamente de qué se trataba».
Y su testimonio también tiene semejanzas con lo aportado por María Ester Moreno Garcia, que la identifica en una rueda de reconocimiento, y por Sonia Toro Bravo, quien en su declaración indica que fue detenida un 5 de febrero de 1977 y la subieron a un auto, en el cual también llevaron a su hermano, aprendido en otro punto de la ciudad. Al llegar a un recinto recuerda que «una mujer me tomó del brazo y me condujo a través de las gradas de unos hoyos, donde me advierte que tenga cuidado y yo toco accidentalmente el foco de un vehículo». Añade que la llevaron a un lugar cerrado y, después de un rato, le ordenaron desnudarse. Comienza entonces el «tratamiento con aplicación de electricidad en los genitales». En tres oportunidades enfrentó la sesión de tortura y en todas ellas se mantuvo la misma tónica de preguntas sobre la existencia de supuestas armas en su hogar.
Al consultarle sobre los agentes operativos, la mujer no duda en responder que en el caso de las mujeres estaba «la Pan Amasado, cara de nalga y una tal Pochi».
Más elocuente es Carlos Paredes, quien afirma que «no la conocí por el nombre, participaba en los interrogatorios y hacía mucha ostentación de actividades sexuales por los miembros del grupo, usando un lenguaje muy grosero y soez, no recuerdo si me golpeaba, pero la veía disfrutar de lo que los demás hacían».
Los testimonios suman y siguen. Otro ex prisionero comenta que un día, luego de una sesión de tortura, contempló a la joven que destacaba por su belleza en medio de tanto horror, cuando ella lo descubrió e increpó duramente. Al cabo de un rato, la joven abandonó la sala y, minutos más tarde, un grupo encapuchado propinó una paliza descomunal al detenido que tuvo la audacia de mirarla.
Habla el Papudo y la Fach sigue en silencio
Inmediatamente después del testimonio del ex agente Andrés Antonio Valenzuela Morales, alias El Papudo -quien en 1986 reveló desde Francia todo el funcionamiento del Comando que agrupaba a efectivos de la Dirección de Inteligencia de la Fach (DIFA), Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE), Dirección de Inteligencia de Carabineros (DICAR), Servicio de Inteligencia Naval (SIN) y civiles integrantes del movimiento Patria y Libertad- se produjo un inusitado movimiento al interior de la comunidad de inteligencia, que obligó a muchos a comenzar a hablar.
Así queda demostrado en cada uno de los testimonios recogidos por los ex agentes en el expediente, en el que poco a poco se entregan más nombres, más chapas y se confirma el modo de actuar del grupo.
Pero la Pochi siguió hermética negando haber conocido a los agentes Fifo y Lolo, con quienes departía a menudo, según los sobrevivientes. La agente asegura que tampoco tuvo contacto con la decena de ex prisioneros que mantienen intacta en su mente la imagen de la joven que se reía en medio de los más crueles tratos.
El oscurantismo en que intentó vivir queda de manifiesto en la búsqueda que realizó la policía de Investigaciones. El comisario Pastor Espinoza indica en un informe confidencial que «concurrió hasta la calle Echaurren 628 depto. 607, donde entrevistó al capitán de la Fach Carlos Ignacio Jérez Jaederlund, manifestando desconocer a la señora Viviana, agregando, sin embargo, que dicho inmueble era asignado por el Departamento de Viviendas Fiscales de la Fach, donde podrían entregar antecedentes de la requerida». Añade que «fueron entonces hasta el departamento de Bienestar Social de la Fach donde se obtuvo el domicilio de la señora Viviana en pasaje general Diego Aracena, Las Condes, en que fue notificada, en la actualidad no ejerce ningún oficio y sólo es ama de casa, casada con el (ex) comandante de la Fach, Patricio Campos».
Pese a los antecedentes en su contra, la mujer -cuando pudo ser ubicada- niega sistemáticamente conocer a los detenidos que la vieron claramente en las sesiones de tortura. Asegura no saber quién era «Adrián Saravia, ‘el relojero’; otro tanto manifiesta respecto de Roberto Eduardo Carmona, de Carlos Contreras Maluje -cuyo nombre ni siquiera le suena- de Blanca Allende, de Ramón Hormazábal o el Huaso, de María Ester Moreno. En definitiva, sólo recuerda al ex agente Papudo «que era un mozo simpático», de quien supo más detalles por una entrevista que leyó por ahí. Sobre el artículo de prensa que Viviana Ugarte leyó, señala que Valenzuela Morales «dice que se torturaba gente y yo supongo que torturas, todas esas cuestiones, no están bien».
La inocencia esgrimida en sus declaraciones resulta un contrasentido a la luz de los otros testimonios que abundan en detalles sobre las agresiones que propinaba una mujer de voz delicada y risa abundante.
El silencio de la agente se enfrenta al testimonio del ex comandante en jefe de la Fach, Gustavo Leigh, también procesado en este caso, quien no dudó en entregar detalles sobre el funcionamiento de esta comunidad. Explica que la DIFA comenzó a operar los primeros meses de 1975, reemplazando a la SIFA (Servicio de Inteligencia de la Fach) que había sido superado en funciones. Asegura que no existió legalmente, ni fuera de la ley, un Comando Conjunto Antisubversivo o Comando Unido: «jamás se pensó una comunidad de inteligencia en lo operativo y si se instalaron los distintos servicios afines en un mismo edificio ello respondió a la idea matriz de centralizar en aspectos administrativos y logísticos el manejo de las tareas de inteligencia».
Lo que sí admite el alto oficial es que desde 1975 el gobierno ordenó que fuera la DINA la única encargada de realizar las detenciones, aunque en la práctica confiesa que en algunas oportunidades los organismos de inteligencia de las instituciones castrenses operaron de manera independiente. De la Pochi y otros agentes operativos dice no conocerlos, y reitera que sus contactos únicamente eran con la jefatura a cargo del general Ruiz Bunger.
Así, el cuadro de ostracismo se impone y sólo puede quebrarse cuando más agentes sigan la senda del Papudo y entreguen detalles como lo hizo, amparado en el anonimato periodístico, Colmillo Blanco (Otto Trujillo, agente civil del Comando Conjunto. La Nación Domingo publicó en el año 2002 una larga entrevista en la cual éste entregó antecedentes relativos a una de las pocas mujeres agentes que operaron en el Comando Conjunto: Viviana Lucinda Ugarte Sandoval conocida como “La Pochi”. Nota del Editor CT).
Fuente (original): primeralinea.cl, 25 de Septiembre 2002
Fuente: https://www.memoriaviva.com/criminales/ugarte-sandoval-viviana-lucinda


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