La lucha de los exiliados contra la dictadura http://www.elmostrador.cl/opinion/2014/07/14/la-lucha-de-los-exiliados-contra-la-dictadura/ DIEGO AVARIA Doctor en Relaciones Internacionales, The Graduate Institute Geneva. Ha sido diplomático, profesor en Stanford e investigador en Columbia University He seguido con mucho interés las Conversaciones sobre el exilio que se realizan en el Museo de la Memoria. Para aquellos que se han perdido las presentaciones y para los que vivimos en el exterior, se puede acceder a las grabaciones a través de la página web del museo. http://www.museodelamemoria.cl/conversaciones-sobre-el-exilio-una-apuesta-por-el-testimonio/ Quisiera sumarme al debate, centrándome en un aspecto sobre el cual no se ha escrito suficientemente, a saber, la contribución de los exiliados para que Chile volviera a la democracia. En efecto, realizaron una destacada labor de denuncia y solidaridad en el exterior para derrotar a la dictadura. La represión contra el liderazgo de la Unidad Popular, así como el intento fallido de varios partidos de resistir como organizaciones clandestinas (debido a que fueron diezmados), transformaron a los exiliados en el más efectivo frente de lucha contra la dictadura, al menos hasta 1982. Pinochet usó el destierro para sofocar la acción política, pero una vez afuera los exiliados se organizaron y crearon asociaciones de solidaridad con Chile en los países de acogida. La principal actividad fue, sin duda, la de denunciar a la dictadura y las violaciones a los derechos humanos en Chile, a través de marchas, actos públicos y cartas a los diarios. Gracias a toda esta estrategia mediática, los comités de solidaridad consiguieron movilizar a las sociedades, los gobiernos y los parlamentos de los países de acogida a favor de su causa. Ayudaron a salvar a prisioneros o compatriotas perseguidos, mediante campañas ante gobiernos y organismos internacionales. Muchas veces financiaron directamente la salida de esos chilenos en peligro de muerte. Realizaron huelgas de hambre como expresión de protesta ante algún hecho inaceptable que ocurría en Chile o para salvar vidas de nacionales presos y en peligro de muerte o desaparición. En innumerables ocasiones se realizaron peñas, recitales, presentaciones de teatro u otras actividades, a las que asistía numeroso público, que arrojaban beneficios considerables. El dinero recolectado luego era enviado a Chile, para sustentar a familiares de prisioneros políticos, a viudas o hijos de desaparecidos, así como para costear el trabajo de los partidos políticos y las actividades que se realizaban contra la dictadura militar. Los exiliados crearon y establecieron vínculos con organizaciones políticas, culturales, religiosas, sociales, entre otras, y se insertaron en ellas para aportar al desarrollo de la causa chilena. La amplia gama de actividades mezclaba muchas veces la acción propiamente política con las actividades culturales, sindicales, deportivas u otras. En efecto, gracias a las diversas manifestaciones culturales se dio a conocer Chile a un público más masivo y se logró sensibilizar a la opinión pública internacional respecto a las violaciones de los derechos humanos, lo que mantuvo y aumentó la solidaridad en múltiples países. Por otro lado, los exiliados realizaron innumerables marchas de protesta, por las calles de múltiples ciudades del mundo, contra la dictadura y en solidaridad con los chilenos que en el país luchaban por la democracia. Los tradicionales desfiles de protesta los días 11 de septiembre de cada año se realizaron por todas las capitales del mundo frente a las embajadas y consulados chilenos. Fue muy importante el lobby que realizaron los exiliados en varios países con los organismos internacionales para mantener la vigilancia de los derechos humanos. Consiguieron que la Asamblea General de la ONU condenara, por amplia mayoría, la violación de los derechos humanos en Chile. Las condenas sucesivas a lo largo de los 17 años de dictadura contribuyeron al aislamiento internacional de la junta militar. Por cierto, la solidaridad de los exiliados se mantuvo con el plebiscito de 1988 y la subsiguiente elección presidencial. Colaboraron con dinero para estas campañas y efectuaron un cabildeo intenso y eficaz ante organismos internacionales, gobiernos y parlamentarios de todo el mundo, para que participaran como testigos y garantizaran la realización limpia de estos procesos eleccionarios. En Chile aún se ignora la magnitud de la solidaridad internacional contra la dictadura, obtenida gracias al trabajo incansable de los exiliados. Sin su compromiso con la suerte del país, probablemente la dictadura militar habría sido mucho más duradera. Es más, la constante lucha de los exiliados aportó considerablemente a la derrota de la dictadura, lo que debiera ser debidamente reconocido. Relacionados “El  exilio es un quiebre en las biografías” señaló Loreto Rebolledo, académica de la Universidad de Chile que ayer estuvo moderando en el Museo de la Memoria el segundo conversatorio sobre el exilio y el impacto en la vida de las personas. Con la participación de María Elena Acuña, quien salió del país a los cinco años con sus hermanos más pequeños con destino a Costa Rica; Anita Soto, militante del MIR que se exilió en Dinamarca; Antonio Maldonado, quien luego de sobrevivir a dos fusilamientos y vivir el asesinato de su padre y un hermano, lo sacan del país rumbo a  Bélgica, y Uca Silva, quien tuvo un largo periplo entre Argentina, Canadá y Ecuador, continuó el ciclo “Conversaciones sobre el exilio” que se extenderá hasta fines de agosto en el Museo de la Memoria. Los testimonios de cada uno de los participantes y del público asistente, pusieron el acento en la perdida de las raíces al llegar a otro país, la dificultad de aprender otra lengua, el desarraigo de los hijos que nacieron o crecieron en el exilio y especialmente el impacto que significó en los proyectos familiares. Uca Silva lo retrata muy bien al decir que “en cada país se iba perdiendo algo de Chile”. Los cambios en la vida de las personas fueron a todo nivel. Los niños que debieron adaptarse a culturas e idiomas muy diferentes y los adultos que pasaron de tener una carrera política a trabajar como obreros o en tareas de servicios. Para María Elena Acuña salir a temprana edad del país implicó la añoranza permanente por cosas simples como los juegos o el disfrute por una torta de milhojas, no obstante la sensación de tranquilidad que daba el país de acogida iba aminorando esa perdida. Se estima que alrededor de 240 mil chilenos salieron del país como exiliados y llegaron a cerca de 60 países. Son al menos tres generaciones las que hoy se ven impactadas por la problemática del exilio: la de los propios exiliados, la de sus padres y la de sus hijos. Para Antonio Maldonado lo peor del exilio es que rompe con todo, es un estado que requiere de muchas adaptaciones y cambios como aprender a hablar de nuevo. En su retorno a Chile, el viaje del aeropuerto al centro lo conectó con su lengua materna y se emocionó de solo leer los cárteles publicitarios que fue observando en el trayecto. En tanto, Anita Soto relató que sus hijas estuvieron tres meses en silencio y luego comenzaron a comunicarse en danés. El retorno para ella implicó juntar pedazos de su vida como un mosaico. “Por muchos años cada vez que pasaba por un aeropuerto me quebraba, cada aeropuerto significaba reducir tu vida a unas maletas”, concluyó Uca Silva. “Conversaciones sobre el exilio” es una oportunidad única para escuchar testimonios de chilenos que vivieron el exilio y el retorno. En cada sesión se aborda una temática especial, por ejemplo, en próximos encuentros se hablará del impacto del exilio en la política y sobre la producción cultural en el exilio. Biblioteca Digital Museo de la Memoria y Derechos Humanos http://www.museodelamemoria.cl/centro-de-documentacion/biblioteca-digital/ http://www.cedocmuseodelamemoria.cl/buscador Nº de coincidencias: 573 – &&&&&&&&&&&&&&&&&&} Relacionado https://imagenesparamemoriar.com/2013/11/11/exilio-chileno-e-historiografia-la-izquierda-exiliada-hugo-cancino-universidad-de-aalborg/ Abarzua , Héctor Fernando: “Por una historia del exilio”, Araucaria de Chile, No.  7, 1979, pp.145-149 Acuña, María Elena: Género y Generación en la trasmisión de la memoria, en: http:// http://www.uchile.cl/facultades/filosofía/publicaciones/cyber/19/macuna.html https://imagenesparamemoriar.com/2013/11/15/los-exiliados-chilenos-1973/  

The Politics of Exile in Latin America.

 

 MARIOSZNAJDERand LUISRONIGER: New York:CambridgeUniversityPress, 2009.The Poltics of Exile in Latin America de Mario Sznajder y Luis Roniger constituye el primer estudio sistemático que aborda a escala continental el exilio político en América Latina. Impresiona tanto el arco temporal histórico del estudio como el riguroso marco teórico que presenta. Su fecundo abordaje multifocal trasciende enfoques políticos de exclusión que provocó el autoritarismo en un solo país o la biografía historicista de algunos ilustres exiliados. Por primera vez es posible leer una lograda síntesis histórica -desde la época colonial hasta el presente- que contextualiza política y sociológicamente los itinerarios de los exiliados al interior de los países latinoamericanos y los destinos europeos, además de otras latitudes del mundo. Munidos de una variada información empírica proveniente de fuentes primarias y secundarias, los autores creen necesario desentrañar el origen del exilio en los imperios ibéricos, examinando desde las prácticas coloniales portuguesas de castigo y las prácticas de expulsión españolas y portuguesas por razones judiciales y sociales, hasta el detenido análisis de la expatriación como práctica de exclusión/regulación en los estados independientes poscoloniales. Mediante un abordaje analítico, los autores muestran que el exilio político, institucionalizado por elites de caudillos y oligarquías conservadoras/liberales durante el siglo XIX, sirvió de mecanismo de dominación sobre las masas, evitando un juego destructivo, en la era de las guerras civiles y del faccionalismo típicos de los “caudillo-states“. Los casos del expatriado O’Higgins, el tránsito de San Martín de la expatriación a su elección de ser un exiliado europeo y el ‘extrañamiento’ con que se penalizó al general Santander, vicepresidente de la Gran Colombia, son analizados brillantemente. En particular, el libro echa luz sobre la experiencia y retorno, durante el siglo XIX, de los exiliados políticos que contribuyeron de un modo decisivo en la formulación de nuevas ideas para comprender el ámbito de la política de los estados-nación emergentes, su misma noción de soberanía y el mecanismo regulatorio de la acción política. En esa dirección, el tercer capítulo resulta iluminador a fin de comprender el modo en que, fruto de la experiencia existencial e intelectual en el destierro, los exiliados de las elites elaboraron una cultura política fuera de la patria, donde descubrían lúcidamente el desfasaje entre las fronteras de la ciudadanía estatal proscripta y la identidad nacional reelaborada desde el destierro. Un ejemplo de ello fue la tensión entre la idea de estados confederados imaginados por exiliados en los años post-independencia, con ideas nuevas en torno a identidades colectivas para la formación estatal en la fragmentada realidad de países en pugna con fronteras territoriales. Es el caso de emigrados peruanos en Chile que se oponían a la Confederación Peruano-Boliviana liderada por el general Andrés de Santa Cruz. Un aporte analítico valioso del temprano exilio en el siglo XIX es ofrecido a través del formato conceptual que los autores denominan “a three-tiered structure“, conformado por la dinámica que opera para los exiliados entre el ámbito de sus comunidades de exilio, el país huésped receptor y la madre patria expulsora a la cual anhelan retornar. Ese formato permite analizar las posibilidades abiertas ante los exiliados para jugar un rol importante en el nivel de la política transregional y continental, en distintos clusters regionales (Chile-Argentina-Bolivia-Perú; además: Paraguay-Argentina-Uruguay-Brasil; y también: México-América Central-Caribe y Estados Unidos) . El formato triangular acude también a la historia de las ideas de algunos exiliados latinoamericanos que imaginaban componentes cívicos, primordiales y pan-nacionales de las nuevas identidades e imaginarios colectivos. En tal sentido, ha sido muy apropiada la inclusión de algunas reflexiones del diario del intelectual chileno Benjamín Vicuña Mackenna, durante su exilio en la década de 1850 a través de países latinoamericanos y de Europa. Asimismo, resulta fascinante la inclusión de las ideas panamericanistas del exiliado colombiano José María Caicedo y las del paradigmático intelectual portorriqueño, el “maestro” Eugenio María de Hostos y Bonilla, quien procuraba crear la Confederación Antillana (Cuba, Puerto Rico y República Dominicana), países en los que ejerció enorme influencia cultural y cívica. El capítulo cuarto examina los sitios de exilios, especialmente el caso de Chile y su interacción con la elite política e intelectual liberal latinoamericana luego de las primeras décadas de la independencia, desde los proscriptos por el rosismo como Vicente Fidel López, Sarmiento, Alberdi y Bartolomé Mitre, hasta los venezolanos Andrés Bello y Francisco Michelena. París es el sitio europeo analizado como la meca cultural de exiliados latinoamericanos desde la época de la independencia, mientras que México es focalizado como un sitio latinoamericano importante para los exiliados durante el siglo XX, primero españoles y más tarde del Cono Sur. El examen minucioso de la política de asilo de las repúblicas latinoamericanas revela que no hubo correlación entre nivel avanzado de democracia y disposición gubernamental de recibir exiliados (como en el caso temprano de asilo político dado por el régimen autoritario de Rodríguez de Francia al uruguayo Artigas, aislado completamente en Paraguay); pero los autores no se limitan a analizar el exilio desde la perspectiva del tipo de estado expulsor/excluyente, sino examinan las opciones de asilo y rutas posibles de refugio desde la perspectiva de los mismos exiliados. El capítulo quinto se ocupa de explicar la transformación del anterior exilio político en tanto desplazamiento-destierro-ostracismo de una selecta elite durante el siglo XIX y la emergencia de un masivo fenómeno social de exclusión ciudadana que condujo a la formación de comunidades de latinoamericanos expatriados en el siglo XX. Conceptualmente, al anterior formato analítico se agrega un cuarto componente estructural, a fin de entender cómo las redes internacionales empiezan a cumplir un rol importante desde la Segunda Guerra Mundial, como reguladores de acuerdos de asilo a escala mundial. Mediante el “four-tiered structure“, el capítulo sexto explora las variadas dinámicas de comunidades de exiliados, sus vínculos condiásporas de connacionales y el rol que juegan a nivel político en la arena internacional para influir en el rumbo tomado por los regímenes de sus respectivos países. Los casos examinados son los exiliados brasileros y lasdiásporas argentina, chilena y uruguaya. Hasta ahora, cada una de estasdiásporas de fugitivos de la represión en el Cono Sur fueron estudiadas de modo particular según el origen nacional (caso que los autores conocen muy bien); gracias al libro deSznajder yRoniger podemos saber mucho más de sus mutuas dinámicas, enriquecidas desde una perspectiva de análisis comparativo a nivel socio-político. Un fascinante capítulo que combina datos empíricos y cualitativos se ocupa de la extensión y lasimplicancias políticas de losexilios de presidentes latinoamericanos desde la época de la Independencia hasta el presente. De la sólida base de datos construida, ahora sabemos que más de un cuarto de todos aquellos que ocuparon la primera magistratura de países latinoamericanos conocieron el exilio, antes o después de ejercer la investidura presidencial. Finalmente, el libro se cierra enfocando la decisiva cuestión de si con el retorno de lademocratización y el de los expatriados se clausuraría el fenómeno del exilio en países latinoamericanos. Las agudas reflexiones de los autores (que ya habían estudiado en un libro seminal anterior el fenómeno del legado del autoritarismo en lademocratización de países del Cono Sur) se agrupan en dos órdenes de problemas de diferente naturaleza e igualmente importantes. Por un lado, la cuestión del impacto que tuvo sobre el proceso de la transición democrática la experiencia de los exiliados, quienes, desde la arenatransnacional, pudieron conocer innovadoras formas de pensar la política, la sociedad, la cultura, la nación, las vías alternativas a la modernidad, los desafíos de género y deetnicidad, además de las identidades colectivas. Por el otro lado, el capítulo final pone en foco una asignatura pendiente desde el punto de vista de lademocratización actual de la vida política: en qué medida el exilio ha sido también una de las ominosas formas de violación de los derechos humanos, junto con la tortura, la desaparición, los asesinatos y otros formas canonizadas de los crímenes del terrorismo de estado. El reciente artículo deSilvinaJensen apunta precisamente a este tema. Los autores recuerdan que entre las tareas pendientes de las emergentes democracias latinoamericanas en dirección a la inclusión social y la reparación judicial, moral y material, también se debe tomar en cuenta a los exiliados políticos que sufrieron de exclusión institucionalizada, Más aun, una de las conclusiones importantes del libro es que la misma democracia -no sólo las dictaduras- ha promovido el exilio y exclusión de líderes y militantes de la oposición, ya que varios estados democráticos no han podido liberarse del legado de una cultura política emboscada declientelismo, autoritarismo, polarización, favoritismo,faccionalismo, persecución, intolerancia a la crítica y la disidencia, además de la falsa percepción populista del adversario como enemigo irreconciliable. En síntesis, se trata de un libro que abre nuevos rumbos teóricos y líneas analíticas para la agenda retrospectiva y prospectiva de investigación del exilio, así como también para ampliar los estudios de la emigración como práctica de exclusión informal de ciudadanos que se sienten amenazados de vivir en aquellos países democráticos que sufrendisrupciones graves por factores socio-económicos, étnicos, de seguridad y demográficos.

Leonardo Senkman

Universidad Hebrea de Jerusalén

1.    Luis Roniger y Mario Sznajder, The Legacy of Human Rights in the Southern Cone, Oxford University Press, 1999; publicado en portugués con agregados por Ed. Perspectiva, São Paulo, 2004; y en castellano por Ed. Al Margen, La Plata, Argentina, 2005. 2.    Silvina Jensen, “¿Por qué sigue siendo políticamente incorrecto hablar de Exilio? La dificultosa inscripción del exilio en las memorias sobre el pasado reciente argentino (1983-2007)”, Páginas (revista digital de la Escuela de Historia, Universidad Nacional de Rosario), 1 (2008): 131-148. http://www1.tau.ac.il/eial/index.php?option=com_content&task=view&id=295&Itemid=179  

Red Charquican.cl

Como “buen ex-exiliado” que soy, yo también quiero hacer mi aporte a este intercambio de ideas y opiniones respecto al exilio…y a los exiliados del MIR…

Antes de salir de Chile me junté con dos compañeros…los únicos con los que tenia un mínimo contacto después de pasar 9 meses en diferentes campos de concentración. Ellos me informaron que partir al exilio seria considerado TRAIDOR… (hermoso titulo para quien no había traicionado a nadie !!!).

A mi llegada a Lyon, Francia, me puse de inmediato en contacto con aquellos que ma habían precedido y que estaban organizando en esta ciudad las actividades contra el régimen del dictador y al mismo tiempo en la bûsqueda de recursos para el partido. Sin pensarlo dos veces…y pese a mi situación de traidor, me incorporé de lleno a estas labores. Nuestras actividades fueron múltiples no solo contra la dictadura chilena sino también contra todos los regímenes dictatoriales que regían en ésa época en América Latina.

Numerosas fueron las actividades organizadas para juntar fondos…los que nunca fueron rechazados por el MIR…pese a venir de parte de un “traidor”…muy por el contrario !!!

Numerosas también fueron las personas que a nuestra solicitud respondieron positivamente y fueron a Chile por razones puntuales, entre otras, tratar de obtener la libertad de algún preso, inquirir sobre la situación de otros…o simplemente llevar dinero !!!

Creo que modestamente ayudamos, con nuestro granito de arena, en el combate contra la dictadura. Yo no pido ningún reconocimiento, me basta con tener mi conciencia tranquila, pero pienso que es importante que esto se sepa…y no tener que escuchar nuevamente, peses a los 40 años transcurridos, NOSOTROS LOS QUE NOS QUEDAMOS….como si los que nos fuimos hubiéramos abandonado la lucha !!!”

Pedro de Lyon
estimado compañero,estando de acuerdo con todo lo que dice le falto una parte muy importante y que siempre es olvidada,la decicion de cientos de compañeros del mir que estaban en el exilio y que tomaron la desicion de prepararse y retornar a chile a combatir a la dictadura,de esto no se habla y se trata de ocultar,seria bueno que en la cosa de recuperar la memoria se hablara tambien de todos estos compañeros que dejaron sus vidas para que chile recuperara su libertad por ellos por el momento son heroes anonimos cuya historia es conocida unicamente por los sobrevivientes que ya se estan poniendo viejos y empesando a morir,un fraternal abrazo a todos y todas “
,flaco theo

 

 

 

Un comentario en “Un reconocimiento necesario. Los exiliados y la lucha contra la dictadura

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