El Gato Gamboa. Voz de una generación.

El Gato Gamboa. Voz de una generación.
 Alberto, el gato Gamboa, mi amigo, el siempre alegre, el tímido y pudoroso, el impuntual, el deslenguado en público y recatado en la intimidad por fin ha sido reconocido por sus pares. Hoy es premio Nacional de Periodismo 2017.
La voz del Gato en distintas entrevistas que se encuentran en internet nos trae una historia de vida que por algún tiempo se entroncó, en tiempos difíciles, se enlazó a la mía.

https://youtu.be/Rpo8ispAmmo

 

 

 

https://youtu.be/-YB5QhFfyW0

GATO GAMBOA : UN GOL DE MEDIA CANCHA

Las callecitas bucólicas de la comuna de Providencia, en las década del veinte y el treinta del siglo pasado, eran tranquilas y polvorientas. A lo más con adoquines en las laterales de la avenida principal, que llegaba hasta el canal San Carlos, en Tobalaba. De ahí para arriba, lo que hoy es Apoquindo, los terrenos eran parcelas y puro campo.En aquel pretérito y tranquilo barrio, de buen aire y muchos árboles, jugaba con sus amigos un chico de baja estatura, vivaz, de ojos verdes y felinos, de mirada picarona, ‘pelusón’ y bueno para la pelota.Su mamá lo peinaba con un pequeño moño sobre la frente y el pelo bien corto. Así nació el mítico apodo de “Gato”, que le puso un compañero de curso del primero de humanidades (hoy séptimo año) en el Liceo Lastarria, cuando tenía doce años, dejando en segundo plano su nombre, Alberto, y sus apellidos, Gamboa Soto.Hoy, a los 88 años, el popular “Gato” Gamboa ya no juega fútbol. Lo ve por televisión, pero sigue caminando por su nueva comuna, Ñuñoa, donde vive, y por las calles del centro de Santiago, cuando se junta con sus amigos a tomar un café o a almorzar.El jueves 6 de mayo pasado lanzó su libro “Un viaje por el infierno”, escrito a comienzos de los ochenta y que apareció en 1984 en cuatro tomos junto a la desaparecida Revista Hoy, en la que volvió al periodismo luego de haber sido preso político y tras realizar diferentes labores ajenas a su talento y vocación para poder sobrevivir. 
A la Revista Hoy retornó para hacer periodismo deportivo, recordando viejos tiempos, pues sus primeros artículos en este oficio fueron justamente deportivos, cuando estudiaba Historia y Geografía en la Universidad de Chile, carrera que era impartida en el viejo Pedagógico.“Como estudiante era un buen alumno. Lo demostré en el liceo y en la universidad. Además escribía bien, por eso me entregaron la responsabilidad de hacer el diario mural. Con unos compañeros escribíamos de un cuanto hay, hasta que un día un profesor me ofreció colaborar en un diario durante los fines de semana para cubrir deportes. Dije al tiro que sí, junto a tres compañeros. Al final quedé yo y no paré más hasta ahora”, rememora el “Gato”, quien tiene dos hijos, Víctor Alberto, ex marino y ahora karateca, y José Antonio, productor de eventos, quien recién le dio un nieto, Agustín, de un mes y medio, y el cual le dejó el libro con una dedicatoria que sólo su hijo menor conoce.El “Gato” fue durante doce años el director del diario Clarín, un tabloide de corte popular y que llevó siempre la bandera de Salvador Allende en su mástil, hasta el Golpe Militar del 11 de septiembre de 1973.
De cabellera frondosa y blanca, al igual que sus bigotes y barba cuidada, Gamboa se sienta cómodamente en el living de su casa DFL2 de calle Bremen, en Ñuñoa. Mira hacia arriba y va recordando sus primeros pasos como reportero.“Me mandaban a hacer partidos de equipos chicos. Salía a reportear en micro, y sólo si partía con un fotógrafo nos íbamos en auto, pero eso era muy raro. A los editores les llamaron la atención mis notas, que más que técnicas eran humanas. Es decir, tocaba el corazón de los jugadores cuando ganaban o perdían. Eso me hizo pasar a la sección policial, donde hablaba con los familiares y amigos de las víctimas, lo que al público le gustaba”, explica con la misma claridad con la cual aún escribe.Lo que más le agradaba cubrir a Gamboa en el deporte era el boxeo, en una época de los cuarenta a los sesenta, cuando Chile tuvo grandes púgiles, como Arturo Godoy, quien peló dos veces por el título mundial de los pesados, y ‘Fernandito’, Antonio Fernández.“Me gustaba mucho el boxeo, porque en ese tiempo había del bueno. Me hice muy amigo de ‘Fernandito’. Salíamos con amigos a cenar y lo pasábamos muy rebién. Él era muy conocido, y muy respetado en Chile y en toda Sudamérica. En el boxeo había muy buen material para el periodismo, y por eso yo le sacaba el jugo a cada historia”, expresa ganoso el “Gato”.El único deporte que practicó el periodista fue el fútbol. En el Lastarria y en la universidad jugaba de half right O mediocampista derecho.“Era bueno para la pelota, y llegué a jugar en la cuarta especial (juveniles) de la Universidad de Chile cuando estudiaba en esa casa de estudios. En mi posición más de una vez intenté meter un gol de media cancha, aunque en la vida hice muchos…”, y revienta en risas, recordando más de alguna diablura que protagonizó en sus comienzos de reportero y cuando estuvo detenido en Chacabuco, donde también fue el encargado del diario mural, ocasión en la que escribía las novedades y noticias del campo de prisioneros de su puño y letra, para hacer menos triste la estadía en medio del desierto en la Segunda Región.
En su libro habla de los partidos de fútbol que jugaban los prisioneros para entretenerse.“Había dos pelotas y dos canchas, por lo que estaba prohibido jugar por alto y con bote, porque si la pelota sobrepasaba la reja de tres metros, caía al campo minado que rodeaba la prisión”, recuerda, agregando que los resultados de la competencia los escribía luego de forma entretenida y jocosa, con titulares como los que le hicieron famoso en Clarín y en el Fortín Mapocho.“Antes de llegar a Chacabuco estuve en el Estadio Nacional, el mismo lugar en el que había reporteando muchas veces. En septiembre de 1973 llegué y me crucé con algunos de mis entrevistados, como Carlos Caszely. Lo único que atinábamos a decirnos era suerte”, comenta con algo de tristeza, ya que en el Nacional sufrió torturas corporales, algo de lo que no habla.
En la portada de su libro aparece tal cual es hoy, con la misma mirada con que lo retratan sus amigos de antaño y de prisión. Con esa mirada profunda se sentaba a tomar el sol junto a sus compañeros en las tribunas del Estadio Nacional cuando salían de los fríos y oscuros camarines.La mirada se proyectaba al centro de la cancha, como recordando sus años de futbolista, o las estampas de sus ídolos de Colo Colo o cuando intentó hacer más de alguna vez un gol de media cancha.
(Texto escrito por Juan E. Lastra)

Amistad y ser del Gato Gamboa

Javier Gimeno*

 

Francisco Mouat: ”Las siete vidas del Gato Gamboa: conversaciones con Alberto Gamboa, último director del diario Clarín”. Santiago de Chile, Lolita editores, 2012.

 

 

Recibo con alborozo un ejemplar de este libro dedicado de puño y letra por mi gran amigo el GatoGamboa. No puede ser otra la dicha  cuando alguien de la talla intelectual, pero sobre todo humana, de Gato Gamboa le regala a uno una dedicatoria donde le habla de una amistad  “más tierna, más fuerte, más eterna”, amistad que “me hace ser un hombre feliz… para ser de otro mundo”.

Con estas palabras es difícil ser objetivo y por eso afirmo con toda rotundidad que esta reseña tiene todo menos objetividad.

Porque no se puede ser imparcial y dejar de lado la profunda amistad, el cariño y la admiración sincera que profeso a quien fuera director del diario Clarín, el periódico más emblemático de la Unidad Popular chilena y, sin duda ninguna, el mejor periodista que ha tenido Chile desde que el periodismo traspasó sus fronteras a finales del XIX. Esta afirmación, siendo subjetiva, tiene el mérito de ser compartida por muchos de los colegas de Alberto Gamboa, empezando por quien le entrevista en este libro, el columnista y escritor Francisco Mouat.

Es fácil preguntarse: “qué hace una reseña de un libro sobre un periodista desconocido en España en un blog como éste”, cuya respuesta es aun más sencilla, si cabe: por un lado, si en España tuviéramos más periodistas como el Gato Gamboa entonces tendríamos un periodismo basado en la objetividad de los hechos y en la crítica de las ignominias, sin concesión ninguna a intereses económicos, empresariales  y/o publicitarios, como así fue el periodismo practicado por el Gato Gamboa en Chile y por otros profesionales de su talla. Por otro lado, la respuesta está también en el libro en cuestión: una entrevista que desde el inicio deviene en diálogo familiar, ameno, fluido y coloquial, de dos buenos amigos y colegas de profesión, pertenecientes a dos generaciones diferentes pero unidos por el afán de hacer de su profesión un acto de compromiso social. Primero, contra la dictadura, después, por la democracia y finalmente, por que ésta sea lo mejor de cuanto fuere posible. Y siempre bajo la premisa del trabajo bien hecho cuyo fin es siempre la veracidad, la objetividad y, desde luego, el servicio público a quienes se deben como profesionales de la información: los lectores.

Alberto Gamboa nació en 1921. No sólo fue el último director del diario Clarín hasta su cierre por el gobierno militar del dictador Pinochet. Comenzó su carrera periodística muy joven, a los 17 años, como columnista deportivo en el diario La Opinión. Fue uno de los fundadores del Colegio de Periodistas de Chile y trabajó en diversos medios hasta que en 1960 se hizo cargo de la dirección del diario Clarín, de la mano de su propietario, Darío Sainte Marie Soruco, más conocido como Volpone. Este periódico, fundado en 1954, tuvo unos comienzos difíciles y fue cerrado por problemas económicos dos años después de su apertura. Volpone compró la cabecera a un precio simbólico para reflotarlo como diario crítico con los gobiernos democráticos, crítica que le valió la expulsión de su sede, censuras, multas y prohibiciones de todo tipo.

El periódico iba sobreviviendo a trancas y barrancas, sorteando como podía las barreras gubernamentales hasta que su dueño decidió en 1960 proponer como director a quien había sido redactor de la revista Ercilla y de La Gaceta y director del diario Última Hora, el periodista AlbertoGamboa, bien conocido por el apodo que una profesora le puso en el liceo Lastarria de Santiago:Gato, el Gato Gamboa.

A los pocos meses de asumir el Gato la dirección de Clarín, la tirada del periódico se vio incrementada en varios miles de ejemplares. ¿El secreto?, o mejor, ¿los secretos?: persistir con más ímpetu en la línea crítica sin concesiones iniciada años atrás por su dueño, lo que le valió a su flamante director la nada despreciable cifra de más de veinte condenas a prisión por injurias, desacato a la autoridad y otras lindezas similares. O bien, ofrecer titulares “impactantes” cuya redacción salían del ingenio indiscutible de su nuevo director, como este plagado de chilenismos que llenó de regocijo a sus lectores: “El roto [hombre vulgar] sacó su chispa: oye momia[mujer de derechas] pituca [de clase alta]cocíname esta diuca [ave de Chile, Argentina, Bolivia, etc. Argot chileno:pene]”; o el que publicó a propósito de la visita a Chile de la reina Isabel II de Inglaterra: “La chabelita [diminutivo de Isabel] es liviana de sangre: tiene buenos choclos [pantorrillas]; o este otro, propio de la crónica roja, género también cultivado por el diario: “En el cine King violaron a una lola [muchacha] y le echaron la culpa al malo de la película”.

Sin duda, una de las secciones de más éxito del diario fue el consultorio sentimental, firmado de puño y letra por el propio director, cuyo seudónimo, “Profesor Jean de Fremisse”, causó sensación entre los lectores de ambos géneros, entre otras habilidades dignas de una antología del periodismo escrito. Contribuyó sin duda al buen nombre del diario entre sus lectores el titular que el nuevo director acompañó siempre a la cabecera: “Firme junto al pueblo”.

Clarín alcanzó su máximo apogeo en los años del Gobierno de la Unidad Popular presidido por el médico socialista Salvador Allende. Su dueño y su director, ambos amigos íntimos de Allende, no dudaron en consagrar las páginas del periódico a la causa allendista de la “vía chilena y pacífica al socialismo”. Con diferencia, Clarín se convirtió en el periódico con mayor número de lectores de todos los que en esa época se publicaban en Chile, y por consiguiente, de mayor tirada.

Era imposible que un periódico como Clarín sobreviviera a la cruenta dictadura fascista que asoló Chile tras el golpe militar perpetrado por el general Augusto Pinochet, a la sazón, colaborador y hombre de confianza de Salvador Allende. Su director pagó cara no sólo su amistad con el Presidente electo; sobre todo, su profesión consagrada a través de Clarín a la defensa de la Unidad Popular.

Como cuenta Gato Gamboa a su amigo Francisco Mouat en este libro, confió en su profesión de periodista como escudo protector de la felonía que se estaba perpetrando en Chile tras el golpe y decidió no exiliarse ni esconderse, hasta que fueron a por él y sin miramientos lo encerraron, como a otros miles de chilenos, en el campo de deportes más extenso de Chile, el Estadio Nacional, ubicado en el barrio Grecia de la capital. Allí, como les ocurrió a tantos y a tantos confinados, fue sometido a todo tipo de vejaciones, palizas y torturas.

Cuenta Gamboa en la entrevista con Mouat cómo acabó una de las sesiones de tortura en la conocida en el argot de los presos políticos como parrilla o superficie de alambre (generalmente, un somier viejo y oxidado) con cables que se pinzaban en el cuerpo desnudo del detenido para someterle a fortísimas y muchas veces mortales descargas eléctricas: “Terminaron cuando uno de los torturadores le dijo al otro que tenía que irse al cine, porque su señora lo estaba esperando para ver El Padrino en el centro de Santiago.” 

Del Estadio Nacional fue trasladado con otros presos al campo de concentración de Chacabuco, situado a más de 2.000 kms al norte de Santiago, en plenas salitreras del desierto de Atacama. Aunque el trato allí seguía siendo vejatorio, los presos no eran sometidos a torturas sistemáticas como en el Estadio Nacional y otros centros de detención habilitados por todo el país de norte a sur, cuentaGato Gamboa a Mouat: “En Chacabuco te golpeaban o te castigaban, pero no había torturas organizadas como en el estadio. Una vez me dejaron al medio de una cancha de fútbol  a pleno sol muchas horas, quemándome. Dependíamos del ingenio de los custodios. Era frecuente que si te castigaban te dejaran sin alimento ni agua todo el día”.

Una de las formas de que se sirvió el Gato para sobrevivir en Chacabuco fue ejercer aquello que mejor sabía: su profesión de periodista. Para ello logró convencer a otros presos, algunos de ellos también periodistas como él, para hacer un periódico mural con las noticias más destacadas. Obviamente, el periódico pasaba la censura pertinente de los mandos militares al frente del campo pero su ingenio y el de sus colegas le sirvió para sortear las prohibiciones constantes mediante el uso de un lenguaje colmado de metáforas y frases con doble sentido. No en vano, Gato Gamboa conocía bien el oficio de sortear la censura tras múltiples de detenciones en tiempos de los gobiernos democráticos.

El periódico mural tuvo enorme aceptación entre los presos. Entre las secciones más exitosas destacaba el ya famoso consultorio sentimental del “Profesor Jean de Fremisse”, que los internos leían con verdadera delectación, y en no pocas ocasiones, auténtica necesidad. Pronto se corrió la voz en todo el campo que el tal Jean de Fremisse escribía unas cartas de amor dignas del mejor amante ilustrado, de modo tal que no tardaron en formarse largas colas para encargarle misivas dirigidas a las esposas, a las novias o a las amantes.

No faltaba quien quería escribir una carta a su mujer suplicándole que no le pusiera los cachos o cuernos con ningún pata negra [así llamados los tipos que cortejaban a las mujeres de los presos]; o el que aprovechaba su condición de presidiario y la distancia infinita para anunciar a su madre su homosexualidad oculta.

Un año y diez días estuvo preso Gato Gamboa en el infierno de Chacabuco, desde el 19 de septiembre de 1973 al 29 del mismo mes de 1974, tal como también cuenta en su anterior libro, Un viaje por el infierno (Forja, 2010). Una vez en libertad, no quiso abandonar el país. “Nunca pensé en irme de Chile. Muchos colegas se empezaron a ir y después me llamaban para ofrecerme  pega [trabajo], pero a mí nunca me picó ese bicho. Yo estaba involucrado en la idea de luchar contra la dictadura desde acá, además de sobrevivir, por supuesto. Y me sentí mejor conmigo mismo quedándome. No quería perder el vínculo con los que peleaban acá dentro, me gustaba el merengue, me gustaba la lucha, aunque fuera silenciosa y en un sentido completamente ineficaz. Una cosa medio quijotesca que no tiene demasiada explicación”.

Como es fácil de entender, la dictadura prohibió a todos los medios contratar al Gato Gamboa en sus redacciones, pero nuestro amigo no dudó en buscar trabajo de lo que fuera. De este modo, estuvo un tiempo trabajando en la construcción de los túneles del metro de Santiago hasta el día en que uno de los ingenieros al mando de las obras supo de su historial en el Estadio Nacional y en el penal de Chacabuco. Amablemente fue invitado a dejar la empresa. Luego se dedicó a vender libros y otras tareas para sobrevivir.

Entretanto, iba haciendo pequeñas y clandestinas incursiones en prensa utilizando seudónimos, colaborando cuando podía en medios como la revista Hoy o el diario La Época. Su larga y renombrada trayectoria le valió para ser contratado como asesor de un nuevo periódico, La Cuarta, del que llegó a ser uno de sus fundadores. En 1987, dos años antes del fin de la dictadura, cuando en Chile empezaban de nuevo a aflorar tímidamente ciertas libertades, Gato pasó a dirigir el también diario crítico con el gobierno militar, El Fortín Mapocho.

En octubre de 1989, ante la presión internacional contra su política represiva y de vulneración sistemática de los derechos humanos, y acaso porque estaba convencido de su triunfo absoluto e incuestionable, Pinochet convocó un plebiscito sobre su gobierno para afianzar su mandato y darle continuidad. A pesar de la fortísima y contundente campaña del gobierno militar con todos los medios de información en sus manos, la oposición logró alzarse con la victoria del “NO”. Para emitir su voto, los electorales tenían que marcar con una cruz la casilla correspondiente. El entonces director delFortín Mapocho, fiel a su ingenio como creador de titulares únicos, celebró el triunfo opositor con el siguiente: “Le ganamos con un lápiz”.

Pero el titular que dio la vuelta al mundo y sin duda ha pasado a la historia del periodismo escrito dentro y fuera de Chile, fue el que puso de cabecera en la portada del Fortín, seis días después del triunfo: “Corrió solo y llegó segundo”.

A sus 92 años y en compañía de su segunda esposa, Maria Estela, el Gato Gamboa lleva una vida plácida dedicada a la lectura, el cuidado de su perra Salomé, las buenas comidas, los paseos por las calles tranquilas de su barrio santiaguino de Ñuñoa y, de vez en cuando, algún viaje a visitar a los buenos amigos que tiene desperdigados por el mundo o a recibirnos en su casita ajardinada con un buen pisco o una exquisita empanada chilena preparada por María Estela para acompañar la conversaigual de sabrosa. No existe en esta vida mayor felicidad que ser amigo del Gato Gamboa. “Amistad a lo largo”, en palabras de Gil de Biedma; amistad “para ser de otro mundo”, en palabras de GatoGamboa.

 

*Javier Gimeno es un bibliotecario madrileño de la UCM, que ha vivido en Chile muchos años.

Hernán coloma andrews ( recibido en mi correo-e)

Un poco tarde, pero justo como pocos, a sus 96 años el Gato Gamboa obtiene por fin el reconocimiento tantos años postergado : el premio nacional de periodismo.

Tal vez a las nuevas generaciones no les diga nada. Desde el Diario Clarín y desde el Fortín Mapocho, hizo a más de una generación reírse a carcajadas del poder . Las más conocidas son las últimas, porque tienen mayor actualidad : “Corrió solo y salió segundo” ; “Le ganamos con un lápiz”, recordados titulares del Fortín cuando Pinochet perdió el plebiscito.

La gracia del Gato era su genial y crítica picardía criolla conque le pellizcó el poto por decenios a los poderosos y conque hizo reír a generaciones con sus titulares: por allí, mencionaron alguno: “Marinero mató a otro porque le tocó la popa” y también que a Jorge Alessandri le llamaba “La Señora” por su supuesta homosexualidad. Más que homofóbico (en ese tiempo la homosexualidad era “pecado”), fue un manera de reducir el prestigio que éste tenía entre la Derecha, que había transformado en algo mítico su sobriedad formal que ocultaba los excesos conque trató a sus trabajadores en la Papelera. 

Los Combatientes Jóvenes de Ayer y de Hoy. Una Memoria popular.

Los Combatientes Jóvenes de Ayer y de Hoy. Una Memoria popular.

SALUDOS AL DÍA DEL COMBATIENTE – Brigada Salvador Allende BRISA

Buscando en las páginas de internet o en documentos oficiales de los gobiernos pos dictadura, se pueden observar las conmemoraciones referidas a la “chilenidad”, muestran una infinidad de fiestas religiosas y paganas muy conocidas, y cuando se hace referencia a las fiestas “oficiales”, llama la atención que varios hechos que se celebran sucedieron en territorios que no eran de Chile. Ejemplos, el Combate Naval de Iquique, la Batalla de la Concepción y otros. No aparecen dos importantes conmemoraciones que son tradición en el pueblo chileno, el 11 de septiembre y 29 de marzo.

Como es sabido, el 11 de septiembre recordamos el ejemplo y la dignidad de Salvador Allende y su grupo de escoltas, GAP, y es homenaje a las víctimas de la dictadura y por ende es una repulsa a los criminales golpistas civiles y militares.

La versión “oficial”, borra totalmente la participación de los combatientes y de las organizaciones populares en la lucha contra la dictadura, pero a pesar de ello, en nuestro país se conmemora sagradamente el 29 de marzo, como el “Día del Combatiente”. Un día como ese, en 1985, los hermanos Rafael y Eduardo Vergara Toledo fueron asesinados por carabineros en Villa Francia, y al llegar la noche, la joven Paulina Aguirre es ejecutada por la CNI en el sector El Arrayán. Un año antes en Pudahuel, el mismo día, había sido asesinado Mauricio Maigret Becerra, al enfrentarse a las fuerzas represivas. Todos militaban en MIR.

Ese día no se ha borrado de la memoria de los chilenos y es considerado además, como de homenaje al pueblo rebelde y en recuerdo a los jóvenes chilenos que enfrentaron en la lucha directa a la dictadura, en el combate poblacional, en las jornadas de protestas y barricadas, en las universidades y liceos, en los centros de trabajo, en los grupos de combate, en los enfrentamientos armados contra las fuerzas represivas, en las acciones de notoriedad contra la “normalidad” que nos pretendían imponer la clase pudiente, en la lucha clandestina, y en reconocimiento también al exilio combativo y al internacionalismo de cientos de jóvenes fuera de Chile. Es un homenaje a los presos políticos que mantuvieron firme sus ideas, luego de ser detenidos, torturados y encarcelados. Es recordar con orgullo sus huelgas de hambre, desde el mismo 11 de septiembre de 1973.

Los combatientes, fueron los actores directos de las acciones políticos militares, de propaganda y agitación, miles de hombres y mujeres cumplieron más de una de esas tareas o misiones, según sea el caso. La mayoría de ellos se vieron obligados a aprender el arte militar y conspirativo con éxito, para brindarnos alegrías y justicia popular.

son los que desprecian con más fuerza la vergonzosa voltereta ideológica de los otrora conspicuos y fulgurantes dirigentes políticos de izquierda, hoy devenidos en “demócratas binominales”.

El “29” se rememora la lucha desplegada por los “jóvenes de otra época, aquellos de las primeras resistencias al Golpe de Estado en las filas socialistas del grupo de escoltas de Allende en La Moneda, la Plaza de la Constitución y en las poblaciones populares. Recuerda con orgullo la Resistencia de los combatientes del MIR, los Grupos Cero de los comunistas, las acciones audaces del FPMR y de los jóvenes lautaristas. El pacto de la Transición transformó a estos combatientes en “terroristas”, por obra y gracia de los intereses espurios

que hoy salen a la luz, debido a la connivencia corrupta y monetaria entre empresarios de la dictadura y la Concertación (partidos de izquierda incluidos) que representaban a los opositores frente a Pinochet y la derecha a finales de los años ochenta.

Santiago Chile, Marzo 29, 2015

Homenaje de nuestrxs hijxs a un compañero muerto. Patricio Manzano.

http://www.youtube.com/watch?v=vKhe6ff41QM

http://www.youtube.com/watch?v=fDEJa7_6jT8

http://www.dailymotion.com/video/xiwzuy_discurso-central-acto-sueno-de-victoria-homenaje-a-patricio-manzano-aconcagua-1985-2011_news

http://www.dailymotion.com/video/xiyhrd_palabras-fech-y-cei-acto-sueno-de-victoria-homenaje-a-patricio-manzano_news

Discurso de saludo de los Ex Voluntarios FECh ‘85 en el acto “Sueños de victoria, homenaje a Patricio Manzano”.
Facultad de Ingeniería, el 25 de mayo de 2011, en Santiago.

El Miguel, ellos, nosotros y la Carolita.octubre 2004.

El Miguel, ellos, nosotros y la Carolita
Adriana Goni

Para Miguel, a 30 años de su muerte en combate, 5 Octubre 2004



 

 

 

 

 

 

 

¡Teníamos tanto miedo! Enfundados en ropas elegantes, olvidados del bluyin y de los bototos, contábamos los días que habían pasado desde entonces. ¿Sólo diez? Teníamos tanto miedo, desconcierto, furia, y… veintinueve años. Veintinueve años el Miguel, y Julián y yo.

Entre Julián y yo juntábamos ocho chiquillos; ninguno superaba los diez años y dependían absolutamente de nosotros. De nosotros, quienes aún en medio del huracán, buscábamos afanosos y sin rumbo a los compañeros, a las compañeras, a aquellos de los campamentos que por tantos meses -¿años?- fueron nuestra familia, nuestro habitat, nuestro accionar conjunto.

Sabíamos de nuestros muertos, de los detenidos, de los torturados, de los escondidos. Sabíamos que si caíamos dejábamos no sólo a nuestros hijos a merced de un futuro temible que sólo podíamos imaginar, sino que nos restaríamos a la lucha que recién comenzaba.

La magnitud de la pérdida, de la masacre, del desconcierto y la desconexión aún no afloraban a nuestras mentes, a pesar de tanto análisis y previsión anterior.

Con Julián llevamos ese día a la Carolita, de cinco años, al hospital, dado que su garganta presentaba un enorme e inexplicable bulto que apenas le permitía respirar.

Psicosomático, nos dijeron. ¡Y cómo no! En diez días presenció, con sus enormes ojos, allanamiento tras allanamiento de nuestra casa, buscándonos, ávidos de armas, de delaciones, de compañeros ocultos. Cada rama de las Fuerzas armadas exhibió sus armas largas, gritó, pateó los bolsones de los niños en busca de esas armas que hasta hoy, treinta años después todavía no nos llegan…

Nosotros, lejos de ellos nada podíamos hacer. Nunca pudimos. La enfermedad de la niña era más que justificada.

Al volver del Hospital, llevamos a la Carolita a un lugar que le encantaba. Era apasionada por el pescado frito. Fuimos al “Venecia”. Sabíamos que el ambiente familiar la consolaría.

Julián, Gabriela y la Carolita, sentados en una acogedora mesa, bien trajeados y peinados, ella taco alto y maquillaje, eran la visión encantadora de una familia de clase media contenta, sin nada que temer. Se abren entonces las puertas del restaurante y penetran varios hombres jóvenes, de aspecto próspero, elegantes, buenos trajes oscuros, peinados a la gomina, caras limpias sin bigotes. Se diría un grupo de abogados celebrando un fallo o un grupo de médicos de alguno de los hospital cercanos contentos con el resultado de alguna cirugía complicada.

Bastó una mirada de reojo, unos rostros inexpresivos, un intercambio de efluvios, para que nos reconociéramos y nos ignoraramos. Eran el Miguel, el Bauchi, el Pollo, el Pelao, y algunos otros que mi memoria no ha retenido. Eran ellos. La dirección clandestina completa.

Todos comíamos, conversábamos, sonreíamos con dolor. Ellos en su mesa. Nosotros a sus espaldas. La Carolita se avalanzó sobre su pescado frito. ¿Congrio, merluza? Nunca lo supimos, pero una espina inmensa se incrustó en su garganta hinchada. No podíamos gritar, llorar, llamar la atención. Nuestra vida estaba en peligro, al igual que la de la Carolita.

Nunca supimos cómo, aún no lo entiendo, pero el Miguel, el compañero, el doctor Enríquez, saltó como un felino; tomó a la niña, la tendió en el suelo, maniobró sobre ella, que tenía su carita azulada por la asfixia, extrajo la espina, le hizo respiración boca a boca, nos guiñó un ojo y volvió a su mesa, donde ellos. Nada había sucedido.

El hombre más buscado de Chile en ese momento y hasta el día de su muerte en combate el 5 de octubre del año siguiente, arriesgó su cobertura y la de todos nosotros, siguiendo el imperativo de sus convicciones, de su juramento y de su entrga revolucionaria.

Sin el Miguel ése día, posiblemente la Carolita no habría conocido los treinta y seis años que hoy tiene, y definitivamente no estarían el Sebastian, el Vicente y el Nicolás, mis nietos.

Tengo más, muchos más recuerdos. Del Pelao Van Yurick y de la Bárbara. Cuando me duela menos, los escribiré… mientras permítanme gritar : “¡ Gracias, Miguel ¡ ¡ Hasta la Victoria Siempre!”

Homenaje de sus hijos a Julio Oliva Villalobos de Julio Oliva García, 21 de agosto de 2011

Les pido permiso hoy para hablarle desde este Chile sublevado y hermoso.

Viejo, el año pasado te contaba, en el homenaje del MPMR en el Memorial, que la patria comenzaba a cambiar, pero jamás imaginé que sería tanto y tan rápidamente. Se han vuelto a respirar aires ochenteros, por un lado la respuesta de los patrones en el gobierno ha sido nuevamente la de la represión y, por la otra, el pueblo decidió no aguantar más. Los estudiantes, entre los que se encuentra tu nieto Nicolás, hoy en la U. de Chile, han dicho basta a la educación segregacionista que impuso el dictador y mantuvieron sus entusiastas defensores de la concertación, han puesto la institucionalidad antidemocrática en crisis, dejando al desnudo a la autodenominada “clase política” que está cada vez más lejos del pueblo y los trabajadores.

Aun esperamos más sorpresas de estos muchachos y muchachas que, con su irreverencia, nos han hecho recuperar la mística extraviada y las ganas de volver a la lucha, esta vez para vencer. Lamentablemente muchas de las cosas con las que contábamos en esos años hoy no están. En primer lugar ustedes, aunque otros hemos ido ocupando sus lugares y ya son muchos los que han querido ponerse a disposición, como los compañeros que organizan este homenaje.

Falta la unidad de los que luchan, la unidad de miles de comunistas sin carnet que hacen su aporte en diversos espacios, aunque surgen instancias de unidad amplia y diversa que trae aires de revolución.

Falta la organización de la clase, hoy dividida, mientras su dirección ha sido usurpada por burócratas sin sindicato base y con una moral muy lejana a la de Luis Emilio Recabarren, Clotario Blest y Luis Figueroa.  Pero ya se levantan nuevos dirigentes de los trabajadores, de esos honestos y jugados, de esos que no buscan más que servir a la clase y siguen emergiendo cabezas lúcidas de las universidades y colegios de nuestra patria.

Ya sabemos, querido viejo, que si hacen falta herramientas solamente hay que ir a buscarlas, como lo hicieron ustedes, para defender las conquistas y avanzar en el camino de la libertad y la dignidad.

Padre, tus nietos hoy te conocen, han preguntado por ti y saben que te gustaba recitar a Neruda, que componías muebles, que fuiste actor en el teatro del Sindicato MADECO, que fuimos pobres pero felices, que el golpe de Estado no sólo terminó con el sueño de construir una patria para todos, sino también con tu matrimonio, que formaste una familia nueva, sin dejar de lado a tu hijo, donde tienen más tíos, una tía hermosa que sigue en contacto desde Australia y que los regalonea cuando los tiene cerca.

Sabe también que no fuiste un loco ni un superhéroe, sino solamente un hombre que amaba a sus hijos, a su compañera y a su pueblo. Que por ese amor inmenso se convirtió en un revolucionario, que no dudó en poner su vida en las manos de otros y otras como él para enfrentar a los criminales, que sintió que las armas eran solamente una extensión de los puños del obrero luchando contra la explotación y el crimen, que siempre tuvo la certeza de que las palabras del compañero Presidente se harían realidad y que, más temprano que tarde, serían otros hombres y mujeres los que superarían aquel momento gris y amargo para abrir las alamedas y construir una patria justa pata todos.

Pareciera que ahora es cuando, viejo querido, dependerá de miles de hombres y mujeres que, como tú, hoy están dispuestos a levantar la dignidad tan alta como la cordillera.

Un abrazo de tus hijos y de tus nietos, de tus hermanos y compañeros.

Hasta la victoria, siempre.

Desde Australia, el saludo de Nadiezhda Oliva Plaza.

Queridos amigos, compañeros y familia:

Nunca imagine que el día del homenaje a mi papá yo estaría tan lejos, pero estoy con ustedes, porque mi corazón y mis pensamientos están en este lugar mientras leen mis palabras. Ya tendré la oportunidad de visitarlo cuando regrese y podré compartir con ustedes mis sentimientos, como antes, mirándolos a los ojos. Desde aquí les doy las gracias porque se del esfuerzo que cada uno ha hecho por concretar este homenaje a Roberto y a mi querido Julio.

Mi mensaje no busca llenarlos de nostalgia ni tristeza, al contrario, creo que hoy es un deber estar llenos de esperanzas y mirar los acontecimientos actuales con orgullo y agradecimiento hacia todos los jóvenes que han tomado la lucha por la educación pública en sus manos. Estoy segura que mi querido viejo estaría apoyándolos y actuando de mil formas para contribuir a esta y otras acciones que sin duda llevan a construir una sociedad más justa e igualitaria.

Sé que no son momentos fáciles, que la lucha es dura, me preocupan los chicos en huelga de hambre y los abusos y torturas de los agentes represores del Estado. Pero me siento orgullosa de la valentía de quienes siguen dando la pelea. Y desde lejos veo como el Gobierno se queda cada vez más solo y sin capacidad de responder a las demandas de quienes han dejado de ser consumidores y despiertan como ciudadanos.

Quiero decir que estoy profundamente feliz de ser la hija de Julio Oliva Villalobos, porque siento un orgullo y una responsabilidad muy grande al ser una de las herederas de la gran riqueza humana de un hombre que puso su vida en juego para construir una patria libre.

Antes me preguntaba si eso había valido la pena, hoy puedo afirmar que sí, porque veo a las personas salir a la calle sin miedo, sin ese temor con el que yo crecí en Dictadura. Veo que los más jóvenes no tienen miedo y alzan sus voces y eso me hace pensar que la lucha de mi padre sigue viva en cada uno de nosotros.

También les digo que, conocer a los integrantes de la Joven Guardia es para mí, desde hace varios meses, una luz, un re-conocer a mi padre a través de quienes lo conocieron como combatiente, como hombre vinculado a las luchas sindicales y sociales. Ustedes queridos amigos me han ayudado a conocer más a este gran hombre y eso se los agradeceré por siempre. En cada uno de ustedes he podido sentir un pedacito de ese hombre que hasta los 8 años solo conocí como padre, ustedes me han ensenado a completar poco a poco la imagen de un hombre íntegro, con valores y mucha valentía.

No puedo dejar de recordar al Flaco Alfredo, que se convirtió en la primera causa de muchas reuniones y acuerdos para festejarlo en vida y compartir con él fue un momento de gran crecimiento para mí. Un ejemplo de vida, conocer su historia y poder darle un abrazo es algo que permanecerá en mi mente por siempre. Y claro entre acuerdos y desacuerdos, mientras conseguíamos platos y cubiertos, fui conociendo un poco de la vida de cada uno de ustedes.

Me siento feliz de pertenecer a un grupo humano que ha sido parte importante de nuestra historia, que vuelve a reunirse y a ponerse en movimiento para decir que “Nada está olvidado y nadie está olvidado”. Porque un pueblo sin memoria es peligroso y sé que en nuestras manos está el deber de recordar y de esparcir ese recuerdo, no con lamentos, sino con el orgullo y la valentía de siempre, con la convicción de no estar en una pelea egoísta e individual, por el contrario, esta es una lucha solidaria y colectiva. Yo estoy feliz de ser parte de ella y de tenerlos a ustedes como guía y soporte, como lo es mi viejo también.  Espero ser una buena pieza de este engranaje en la causa que ha despertado.

Amigos y compañeros, hermanos y hermanas, les doy las gracias por recordar a mi padre, porque no muere quien permanece en la mente y el corazón de quienes lo aman. Les doy las gracias por compartir conmigo sus experiencias de vida que me acercan y me hacen sentir cerca de la vida de mi padre y gracias por mantener la memoria viva y constante.

Un gran abrazo a cada uno con todo mi cariño. Y un especial abrazo a mi Hermano, a mi madre y a Ricardo.

Les quiere y extraña

Nadia

para mayor información: http://www.memoriaviva.com/Ejecutados/Ejecutados_O/oliva_villalobos_julio_cesar.htm

JULIO OLIVA VILLALOBOS

Único  hijo varón de una familia de origen campesino qué había inmigrado a Santiago, Julio nace en Santiago el 20 de septiembre de 1945. Su infancia se desarrolla entre luchadores sociales: su padre, obrero de la construcción, su madre, cantora popular, ambos militantes del Partido Comunista.

Era la época de González Videla y el Partido Comunista estaba proscrito: Julio sale junto a su padre a repartir “El Siglo”, entre los vecinos de su población con el diario escondido bajo su chaqueta de niño pobre que no lo hace sospechoso. Hace sus estudios primarios en distintas escuelas del sector sur de Santiago y al mismo tiempo ayuda desde temprana edad a su padre en el trabajo.

Inteligente, respetuoso, cariñoso, responsable; su sensibilidad social nace del ejemplo de sus padres y de su propia experiencia como niño trabajador. Muy joven comienza a leer, a informarse y a reunirse con otros jóvenes para explicarse el origen de estas injusticias. Ingresa a las Juventudes Comunistas más o menos a la edad de 16 años, primero en el barrio y luego adquiriendo responsabilidades mayores.

Con gran sensibilidad, combina sus múltiples actividades con el arte. Por esa época el gobierno de la Unidad Popular abre a los trabajadores la posibilidad de estudiar en las universidades y él estudia Teatro en la Universidad Técnica durante un año. A los 18 años nace su primer hijo. Julio Oliva García.

Luego de varios pequeños trabajos termina como obrero de MADECO (*) donde participa activamente en los grupos de teatro de su sindicato, en el grupo folclórico, en talleres de poesía. Pero, por sobre todo, como recuerda un amigo” su norte era la participación política. Allí gastaba sus mejores energías: dirige, organiza, forma, crea. Su vida es la lucha proletaria… En los tiempos difíciles del boicot contra el gobierno popular, trabaja sin descanso para aumentar la producción en su empresa dirigida por los trabajadores..”

Al momento del golpe militar era dirigente sindical de MADECO  Es detenido por Investigaciones y brutalmente torturado. Luego es trasladado al Estadio Nacional y posteriormente a Chacabuco(*), donde permanece hasta “noviembre de 1974, experiencia que no logra quebrarlo en sus convicciones. Quienes lo conocieron aseguran que salió todavía más fortalecido.

En 1975 conoce a quien será su compañera hasta el momento de su muerte: Eduvina Plaza, hija de un ex dirigente sindical de MADECO  Viven con los padres de Julio en precarias condiciones económicas, lo que no les impide construir la familia con optimismo. Tienen dos hijos, Lorena Nadieska y Pablo.Julio realiza múltiples trabajos para mantener a su familia.

Sus amigos de esa época lo recuerdan como un joven muy generoso, responsable, puntal de sus padres y de su nueva familia. Trabajador infatigable, cortaba parrones, hacía juguetes de madera, siempre preocupado de la educación y formación de sus hijos y de que en su hogar no faltara nada. Amaba a su compañera intensamente. “Bien, nunca es tarde y de una u otra manera tengo que decirte que para mí eres todo, eres la mujer, la compañera, y por sobre todo, la madre más linda..” le escribe en una oportunidad.

Durante todos estos difíciles años nunca abandonó sus convicciones y la decisión de combatir frontalmente a la dictadura lo lleva a comprometerse cada vez más. Luchador infatigable, ejemplo de lucha, compañero, hijo, amigo, padre, camarada. Un revolucionario que quedará en la memoria del pueblo.


(**) Oficina salitrera en el norte del país, usada por los militares como Campo de Concentración en los primeros años de la Dictadura.

(*) MADECO: Empresa de Manufacturas de Cobre.


Editado electrónicamente por el Equipo Nizkor- Derechos Human Rights el 18mar02

REENCONTRARSE CON ANGEL GUERRERO CARRILLO, “EMILIANO”…36 AÑOS DESPUÉS.

       
 
 
 
 
 

 

 

36 años después:

 

REENCONTRARSE CON ANGEL GUERRERO CARRILLO, “EMILIANO”

 

 

Hijo de la rebeldía, lo siguen veinte más veinte, porque regala su vida, ellos le quieren dar muerte…versos que le quedan muy bien a este militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR y la Resistencia que en diversas ocasiones se escapó de los esbirros, incluso burlándose de ellos. ElCoke, compañero de Ángel del liceo 7 de Ñuñoa, rememora como este después del golpe contemplaba el allanamiento de la casa de sus padres en Macul, desde la casa de la chica Marisol, ubicada al frente. Entre sus “salvadas”, estuvo la huida de una operación rastrillo de los soldados del regimiento Buin en las proximidades del cerro San Cristóbal a fines de octubre del 73, junto con el niño Raúl y el Charlie.

 

Los restos de Ángel Guerrero, junto a los de los militantes comunistas  Fernando Ortiz, Lincoyan  Berríos y Horacio Zepeda,  corresponden a los primeros detenidos-desaparecidos cuyo rastro último fue el cuartel Simón Bolívar y que luego de ser reconocidos por el Servicio Médico Legal serán restituidos a sus familiares durante estos días de julio.

 

El próximo viernes 27, la familia de Ángel recibirá los restos de su hijo, hermano y sobrino. Entonces, muchos de sus compañeros de la Resistencia en el MIR recordarán a “Emiliano” o “Haywatta” como lo nombraban en la Fuerza Central, ese destacamento de elite de las estructuras miristas en el accionar operativo. Seguramente, también se harán presentes, sus compañeros del FER del Liceo 7 de Irarrázaval o  quienes lo conocieron en el barrio de la casa familiar de Macul y quizás más de alguno del activismo como joven cristiano de los curas salesianos. Todos, se enterarán por diversos medios de las ceremonias de despedida y homenaje de este fin  de semana: el viernes 27 su velatorio desde las 18:00 en Macul  5065; luego el sábado 28 cuando sean las 15:00 y parta el cortejo hacia el cementerio Parque del Recuerdo, para finalmente efectuar un homenaje el domingo 29 en el Memorial del cementerio general a las 12:00 horas…Habrán transcurridos sólo 36 años, que en esto de hacer memoria es aún muy poco tiempo.

 

CUARTEL “TERRANOVA” Y SIMÓN BOLÍVAR 8.800

 

Hacia fines de junio el libro “La danza de los cuervos” del periodista Javier Rebolledo sistematizaba los testimonios del ex agente y mocito Jorgelino Vergara revelando el funcionamiento del cuartel de la DINA de Simón Bolívar 8800. Allí, pudieron ser reconstruidos los últimos momentos de Ángel: “Valdebenito fue instruido por Juan Morales Salgado para que fuera eliminado en ese momento…el grupo del “Viejo Valde” en esa ocasión estuvo formado por los agentes de confianza de Morales, los infantes de Marina Daza, Escalona y Meza…echamos a la rastra al automóvil al detenido y partimos junto a Daza, Escalona y al parecer Meza, hacia la cuesta Barriga. Al llegar a la curva nos metimos a la entrada y dije a los demás que cumpliéramos la orden. En ese momento, Daza tomó por atrás al detenido, pasándole el brazo por el cuello, y el detenido, a pesar de lo mal que estaba, reaccionó y comenzó a patalear, hasta que le tomé los pies mientras otros lo aseguraban por arriba, y en ese momento fue que Daza le dio giro al cuello del detenido muy brusco hacia un lado y lo desnucó. El detenido quedó inmóvil, muerto. El cuerpo fue cargado por otros dos, yo alumbré con la linterna, lo llevaron al fondo y fue lanzado al pozo. Nunca antes conté esto, ni a mi familia”…

 

Washington, uno de los hermanos de Ángel dirá “la cobardía con que actuaron sus captores y asesinos, durante la tortura se vuelve a manifestar, cuando al momento de llevarlo a la Cuesta Barriga, entre al menos cuatro “valientes soldados: infantes de Marina  y Carabineros” lo desnucarán para asesinarlo…”

 

Ángel Gabriel Guerrero Carrillo fue mantenido recluido en el entonces cuartel “Terranova” -Villa Grimaldi- y fue visto varios meses más tarde por otro militante del MIR en la Resistencia: Ricardo Alarcón, quien había sido detenido por la DINA el 18 de agosto de 1976. Él, en una de las salas de interrogatorio vio a “Emiliano”, con quien se conocían desde su época de estudiantes secundarios, lo mismo ocurrió con Isaac Godoy Castillo.

 

“Emiliano”, había sido intensamente buscado por la DINA, desde que en 1974 allanaran la casa familiar en Macul y fuera detenido su hermano Washington, “el Blanquito” a quien más tarde los tribunales militares condenarían a tres años y un día de prisión.

 

TIEMPO DE FORMACIÓN

 

Washington relata. “Fuimos parte de una familia compuesta por cinco hermanos: tres hombres y dos mujeres, y Ángel fue el segundo entre  los cinco hermanos. Nuestros padres tenían origen campesino, en su primera etapa de  vida migraron a la ciudad en busca de mejores oportunidades. Mi padre ingresó a carabineros. Mi madre, estaba dedicada a los quehaceres de casa y al cuidado de sus cinco hijos y posteriormente al cuidado de sus nietos y nietas”.

 

Prosigue Washington…”Ángel Gabriel, se desarrolla en un ambiente de gran solidaridad familiar, tanto con los que llegaban a Santiago, en busca de nuevas oportunidades, como con nuestros parientes que vivían en el campo. Por eso, cada verano tenía como prioridad  ir apoyar las labores de cosecha de trigo y la preparación de la tierra para las nuevas siembras. A mi hermano lo marcó la cercanía con el mundo campesino y todas sus carencias y también su vinculación como estudiante de preparatoria en el colegio Don Bosco de los Salesianos. Fue monaguillo en la iglesia de la población y participó de trabajos voluntarios organizados por el cura párroco.”

 

“Nuestro padre falleció hace ocho años, sin poder recuperar a su hijo Ángel Gabriel, a pesar de un largo peregrinar y golpear puertas para que se lo devolvieran. Vivió junto a mi madre, mis hermanas y hermano mayor, la permanente presión de allanamientos y vigilancia de la casa. Así, como las numerosas gestiones para dar con alguna pista sobre mí hermano. Después de conocerse la detención de Ángel, ceso la presión sobre la casa y la familia” rememorará Washington en su recuento a 36 años de estos acontecimientos.

 

Hasta hoy Washington no se cansa de destacar la notable actitud adoptada por su padre, “siendo profesor en la escuela de carabineros, decidió renunciar sin esperar a jubilarse, luego de 18 años y cuando sólo le faltaban dos años. Su determinación  fue clara y tajante, él renuncio a pesar de los pedidos que le hicieron sus jefes superiores”.

 

LA MILITANCIA EN EL  MIR

 

“Con “Emiliano” fuimos juntos a los trabajos voluntarios de la FESES (Federación de Estudiantes Secundarios) de Osorno en 1971, yo debo haber estado en 1ero medio y él por salir de 4to, éramos de la misma base con el Mizombael Pampino y el Titín-los dos últimos también detenidos–desaparecidos- Lo recuerdo decidido y risueño, a la cabeza de todo… por ejemplo cuando había que tomarse el liceo… en 1972 requeríamos hacer un lienzo y en el ALMAC de Irarrázaval había uno muy apropiado…que al otro día amaneció pintado con motivo de una elección estudiantil. Luego ya no lo vimos, el “Emiliano” partió a ser parte de Fuerza Central del partido y tiempo después lo reencontré en la toma de Maipú, ya estudiaba en el DUOC de la UC.” relata el Coke, compañero de militancia en el Liceo 7.

 

En 1971, cuenta su hermano Washington “siendo alumno de Cuarto Año Medio fue elegido Vicepresidente del Centro de Alumnos del Liceo 7 de hombres de Ñuñoa, en representación del Frente de Estudiantes Revolucionarios FER., referente del MIR, en los estudiantes secundarios”.

 

Por su parte, Enérico García recuerda al pequeño Haywatta, otros de los nombres de Ángel, como integrante de la Escuadra Uno, que hacía equipo con el Ciriaco.

 

“Ambos militábamos en el MIR, al momento de ser secuestrado mi hermano. Yo me encontraba preso junto a cientos de militantes de todos los partidos de izquierda en la penitenciaria de Santiago. Hasta el ese momento, manteníamos una relación muy estrecha, luego y hasta el día de hoy ha sido profundamente espiritual, creo que basada en las profundas convicciones que juntos y en otras por separado fuimos desarrollando” reflexiona Washington recordando todo cuanto lo unió con su hermano Ángel.

 

LAS DECLARACIONES DEL MOCITO

 

Con serenidad Washington Guerrero se refiere al testimonio del mocito. “Su  relato deja en evidencia que todo lo obrado y realizado está justificado por la “defensa de la Patria”, justificado por la lealtad que le debe a quienes lo cobijaron en momentos difíciles de su vida. Sin embargo, no podemos dejar de agradecer, su valioso aporte a la justicia y a nuestras familias para acercarnos a la verdad de lo ocurrido.

La reflexión  que surge es: ¿Quiénes son los verdaderos responsables intelectuales y materiales de transformar personas buenas y humildes en sus inicios, en verdaderas máquinas de la muerte?

 

Creo es un imperativo ético y moral denunciar y sancionar públicamente a los cómplices políticos, intelectuales y empresariales; responsables del genocidio realizado en Chile. Hoy, muchos de ellos están en el gobierno, otros en el parlamento y un número no menor  escondido en sus grandes negocios”

 

Por último, respecto del libro del periodista Javier Rebolledo el hermano de Ángel considera que “es un nuevo y destacado aporte a la permanente búsqueda de la verdad y justicia ante los atropellos de los DD.HH, especialmente para quienes no hemos dejado de buscar y presionar por nuestros seres queridos”.

 

Se escucha para Ángel Guerrero Carrillo una canción: Abre sendas por los cerros, deja su huella en el viento, el águila le da el vuelo…Y lo cobija el silencio.

Otro de los compañeros que lo recuerda Charlie  escribe sobre el “Pequeño Haywatta”: “pienso a veces que todavía su energía anda y rebrota cada vez que una protesta o marcha o algún encapuchado se rebela…”.

Porque dicen que mientras se les recuerde… viven.

Ignacio Vidaurrázaga M.

Comunicaciones Villa Grimaldi

24 de julio 2012.