Compañeros de la secundaria de la RDA. Es el período de la “caída del Muro”. Es pasada medianoche; estamos transitando entre West-Berlin y Berlin de la RDA, vendiendo el “Tageszeitung” o TAZ (del cual son las pegatinas en la ventana), que es un diario de la izquierda radical y ecologista alemana (en esa época nos llamaban “alternativos”). La propiedad del diario es de los abonados. Andanzas de la época!

“A nuestros compañeros caídos en agosto en él sur de Chile”. VIVEN!

Muertos en Falsos Enfrentamientos
Viven
http://http://www.derechos.org/nizkor/chile/libros/sobarzo/23ago84/cap13.html

 

Nos preguntamos: ¿Tendremos que esperar el fin de la tiranía para reconstruir las vidas y la lucha de los hombres y mujeres caídos combatiéndola? Pensamos que no.

Tenemos que rehacer sus vidas. Sus familias conocen una parte, nosotros sus camaradas, la otra.

Para las que fueron sus compañeras, para sus hijos y familiares, para nosotros, están presentes, viven. Se han adherido como recuerdo, experiencia y nos dan fuerza cuando ella nos falta.

“A nuestros compañeros caídos en agosto en él sur de Chile”

Agua tierra
aire
materia elemental , Atención
Que la Araucaria
no se agite
y la Cordillera
no sea visible
mágica
ni a derecha
ni a izquierda
ni los Andes
ni Nahuelbuta
Que se detengan
las faenas
que la piedra continúe
su secreto de carbón
Que el coipo
siga liberto
Que el avellano y
el alerce
el laurel y el mañío
no puedan ser cortados
que se vacíen
los ríos
Cautín ¡detente!
Neltume ¡despierta!
y el hijo de Lautaro
salga al camino
Corral, Valdivia
¡atención!
Paralícese el trabajo
en las calles
los caminos
y las minas
todos alerta
¿Qué sucede?
Que todo quede inmóvil
Que se haga silencio
Valentía de muchos pocos
Valentía de noche
Valentía de cargador lleno
Valentía amparada en las urgencias de estos tiempos
Han rastreado huellas
en las tierras húmedas
como manto de sangre
de norte a sur
nos arrancan copihues
Nelson Herrera…
Octavio Lagos…
Luciano Aedo…
Mario Mujica…
Marcos Vega…
Rogelio Tapia…
Raúl Barrientos…
Juan Boncompte …
Hasta Santiago
llega la orgía haciendo
caudal

Fragmento del poema: “A nuestros compañeros caídos…” Ignacio Vidarrauzaga

“…Conocí poco al flaco, fue por esos avatares de nuestra lucha. No recuerdo cómo ni cuándo fue, pero sí recuerdo como era él: un joven alegre, espontáneo, siempre la “talla” oportuna a flor de labios, sin llegar a la charlatanería, jamás grosero.

A pesar de que nunca hablamos detenidamente de política, yo podía ver en él una gran comprensión e inmenso amor a su pueblo. El venía de barrios populares, de origen humilde, muy humilde, por eso se hacía carne de los sufrimientos de los suyos. Más que eso, él era pueblo puro, y era a él a quien el régimen fascista hería directamente con su política de opresión.

Me imagino como se habrá puesto de contento el día que le encomendaron la próxima tarea. Fue su último trabajo. Murió en el intento.

Al otro día vi su fotografía en el periódico; estaba reclinado, casi sentado, apoyado en una pared del antejardín. Su rostro muy sereno, sus ojos cerrados como si estuviera durmiendo. En una entrevista que se le hacía a una vecina del sector esta decía “…lo vi acercarse caminando en vaivén. Luego se sentó ahí y se quedó quieto, como durmiendo…” Sí, cuando vi esa fotografía, aunque Ud. no lo crea, lloré… Sólo, entonces, supe que se llamaba Roberto González Lizama…”
De un Preso Político en la Penitenciería.

Nelson Herrera

“Conocí a Nelson Herrera cuando yo llevaba apenas unas pocas semanas en Chile. Irradiaba simpatía, alegría, seguridad. Ya me habían hablado de él. Lonco, le decíamos entre nosotros y me habían comentado de su humor, de su calidad humana, de su claridad y capacidad política. Conocerlo fue mucho más que eso, en pocos minutos me reencontré con Chile, con mis compañeros, con mi Partido. Luego de hacerme una bienvenida más o menos formal y mientras esperábamos comenzar la reunión. Lonco se puso a contar chistes y a revolverlas creando un clima ameno, simpático, de confianza. Yo, un poco sorprendida y contenta, pensaba en que no tenía nada que ver con la imagen que uno se inventa de los jefes, así serios, preocupados sólo de las cuestiones más grandes. Me preguntaba sobre mi viaje, los detalles más pequeños, las anécdotas, las cosas jocosas. Al poco rato sentía como que nos hubiésemos conocido desde siempre, al igual que al resto de los compañeros que venía de conocer. Con el tiempo comprendí que ese humor y esa simpatía eran parte de él, era así y también fui descubriendo su gran capacidad política, su inteligencia, su simpleza, su calidad como revolucionario, su gran riqueza humana. Me gustaba sobretodo que tuviera ese carácter tan alegre, eso provocaba una cercanía inmediata que abría las condiciones para conocerse más allá del quehacer partidario. Conversábamos de nuestros hijos, se volvía loco cuando hablaba de las “gracias” de su Javiera.

Hablábamos del amor, de nuestras relaciones de pareja, de los conflictos que se creaban; hablábamos de la mujer y sus problemas. Cuando llegábamos a ese punto me decía asombrado: “Dices las mismas cosas que mi compañera”, extrañándose al comprobar que podíamos sentir lo mismo, inquietamos y preocuparnos por lo mismo sin conocernos siquiera.

También nos contábamos pedazos de nuestras vidas, me habló de otro amor importante que había tenido en su vida, una compañera de la cual tuvo que separarse brusca y obligadamente; me habló de su familia, de su padre, de su madre, de sus hermanos, historias de niño, de joven, de adulto. Javiera, hija de Nelson Herrera

Todos esos momentos los teníamos en medio de las largas reuniones, en las pausas que se alargaban inevitablemente. Nuestras reuniones eran más que reuniones, era el encuentro con la familia, con nuestros seres queridos, y luego de eso, a retomar las discusiones políticas, la tareas, la formación política y militar. Tenía una brillantez enorme para deducir la línea política que debíamos impulsar según el momento y las condiciones políticas existentes. No era un “intelectual” como se concibe en estos momentos, era un revolucionario, forjado directamente en la lucha de clases, educándose llevado principalmente por las exigencias de sus responsabilidades y las necesidades del Partido.

Para mi Nelson representa la imagen de como debe ser un dirigente revolucionario, no aquella imagen abstracta que tenía cuando ingresé al MIR, sino la imagen actual, concreta, madurada a través de tantos años de andar de un lado a otro. Por eso su muerte me dolió tanto, porque sé lo difícil que es encontrar compañeros con esa capacidad, formar dirigentes de ese nivel, encontrar hombres tan completos. Aprendí mucho de él, de su método, de su reflexión, de su alegría, de su modestia. Hay tantos lugares que me lo recuerdan; cuando salga libre iré a visitar algunos de ellos, restaurantes, cafés, calles; quiero sobretodo ir al lugar donde estuvimos por última vez, un día antes que lo asesinaran.

En la fiscalía me enteré de su muerte: luego que declaré, el fiscal Marisio me pasó un recorte para que dijera si lo conocía. Presentía algo así, venía de la CNI y conocía sus métodos, pero el golpe fue igualmente duro. No aparecía sólo Nelson, estaba también la foto de Mario Mujica, de Luciano Aedo, de Mario Lagos.

Mario Mujica y Cristina Chacaltana

Mario Mujica era el compañero de Cristina Chacaltana y ella estaba también en la fiscalía, pero no sabía aún de la muerte de su compañero. Se notaba en su cara, tenía preocupación, dolor, porque venía saliendo del horror de la CNI, pero aún no tenía reflejado el dolor que provocaba la muerte. Yo no me atreví a decirle algo, apenas podíamos mirarnos y además ¿Cómo darle la noticia sin tener siquiera la posibilidad de hablarle, consolarla, entregarle siquiera mi apoyo y mi afecto? Recién cuando salimos de la incomunicación se enteró de la muerte de Mario; se lo dijeron en la fiscalía. Fue desgarrador, ahora entendía de mi incapacidad de decírselo antes: era su compañero por tantos años, su compañero de todos los momentos. Se adoraban, las pocas veces que los vi juntos siempre estaban de la mano. La “vieja” sin su “viejo” era algo tan difícil de creer y de aceptar por mí… ¿cómo sería entonces para ella?

German, hijo de Mario Mujica y Cristina Chacaltana

Recordaba las veces que Mario hablaba de su hijo en el exilio, era un tema doloroso, te dolía tanto esa separación. No era muy conversador, tenía un aire melancólico. Sabía que provenía de una familia humilde, en algunos relatos de su vida se notaba y repetía que era “San Miguelino” con mucho orgullo. Era muy trabajador y constante y era el que ponía los detalles prácticos para la realización de las tareas. El plano miliciano era su terreno, pero hacía esfuerzos por ser un cuadro integral desarrollando todas sus capacidades. Lo conocí poco y más supe de él por el resto de los compañeros. Me gustaba su sencillez, su tranquilidad, su objetividad. Ahora, aquí, por Cristina lo fui conociendo, he ¡do rescatando toda su riqueza, sus sueños, el deseo de estar pronto con Germancito. Su madurez para desarrollar el amor de la pareja, su búsqueda para que no se terminara nunca ese amor de tantos años. He sabido de su preocupación sin límites para cumplir con toda tarea partidaria; he sabido de su fortaleza y de sus penas. Cada vez que recibimos fotos de Germán busco en sus rasgos al “viejo” y los encuentro: se parecen harto. Ojalá algún día pueda conocerlo para contarle lo que yo conocí de su padre, los momentos que nos tocó compartir; contarle del ejemplo que nos dejó, todo lo que sembró en su vida de militante; hablarle de las anécdotas que recuerdo, de como lo vi en ese tiempo tan duro que debió vivir lejos de él.

las hijas de Luciano Aedo

Pronto se van a cumplir tres años del asesinato de nuestros compañeros. El día 23 de agosto de 1984 quedará grabado para el resto de nuestras vidas.

Siempre decimos que las mujeres y hombres caídos en estos largos años de dictadura no serán jamás olvidados y esto que parece ser una consigna resulta ser una absoluta verdad. Más allá de los homenajes escritos u orales que podemos rendirles cada cierto tiempo, está el homenaje cotidiano, el de cada día, el recuerdo no sólo del revolucionario, sino también del hombre, aquel ser concreto con sus grandezas y debilidades. A ellos recurrimos cuando necesitamos más fuerzas, más claridad y también los recordamos cuando la lucha tiene avances, cuando tenemos éxitos y alegrías. Nosotras aquí, en estos casi tres años, hemos hablado tantas veces de ellos, de todos y de cada uno, de los que conocimos directamente y de los que hemos conocido a través de otros.

Con los compañeros asesinados el 23 de agosto compartimos parte de nuestras vidas, de nuestros problemas cotidianos, de nuestras tareas revolucionarias; compartimos el riesgo de nuestras vidas y esos son lazos irrompibles, más allá de la muerte. Por eso, para nosotros es tan fácil entender porque aún siguen tan cerca nuestro, porque seguimos queriéndolos, porque siguen siendo.

Mario Lagos con su hijo Pablo y su hermano Antonio Juan José Boncomte

Han quedado con nosotros, han dejado recuerdos, enseñanzas, amor, alegría de vivir, confianza en ese futuro que más temprano que tarde tendrá que llegar.

Esa convicción nos la han transmitido con su ejemplo, su vida, su muerte. Hemos hablado tanto de ellos que cuando se trata de resumir, de escribir sobre ellos, su vida, no es fácil, cualquier cosa podría parecer poco, repetido, sin la fuerza con la cual los recordamos”.

Soledad Aranguiz
Junio de 1987.
Cárcel de Coronel.


Rogelio Tapia

Las compañeras secaron
sus ojos
apretaron los puños
tragaron saliva
y con hijos
rabia
cárcel
o libertad
Las compañeras
— compañeras siguieron la vida
la lucha
la vida — lucha
la lucha — vida.

Ignacio Vidarrauzaga

“…La noticia de su muerte me impresionó mucho. Eramos amigos desde niños, vivíamos en el mismo barrio… Siempre creí que Julio era inmortal… por su calma, su seguridad, su responsabilidad, su orden…”
Un amigo de Julio Oliva, Mayo de 1987.

“…En esta carta, que nace inspirada en un sentimiento de dolor que estimamos compartir con Uds., deseamos manifestar que en Rogelio recordaremos siempre una persona íntegra y un profesional que asumió su responsabilidad con vocación, esfuerzo y seriedad. Su sencillez y su gran riqueza interior han sembrado entre sus colegas un ejemplo de honradez y consecuencia…”

Carta dirigida por el Consejo Regional de Colegio de Ingenieros Forestales a los padres de Rogelio Tapia. Agosto de 1984.

“…Los que conocimos a tu compañero recordaremos en él al colega y amigo de gran sensibilidad y fortaleza que sembró para siempre un ejemplo entre nosotros…”

Carta dirigida a Elisa, compañera de Rogelio Tapia, por los Ingenieros Forestales de la Sede Regional de Los Lagos. Agosto de 1984.

Nelson, la historia que hoy se teje en nuestro país no cuenta con tu presencia. No llegas a la cita clandestina que revisó los últimos detalles de la protesta campesina, ni a la reunión con tus compañeros y amigos, aquella donde revisaron la acción que demostrara una vez más el poder de la moral combatiente.

Ya no estamos en la que fue nuestra última casa, con su hermoso entorno de pinos que recorta el cielo de Concepción. La casa, casita de madera en que te esperé quemando papeles y esperanzas, hasta el último minuto del día 23, el minuto en que llegaron armados de brutalidad reaccionaria, creyéndose capaces de destruirlo todo. ¿En qué pensaste en esa fracción de tiempo? ¿Qué pensaste maniatado frente a los asesinos? ¿Qué piensas en ese segundo que una bala atraviesa tus ideas, que estalla y perfora tu amplia frente que amé tanto?

Pasa el tiempo, la niña se te parece mucho. Pasa el tiempo y yo aprendo más de ti. Te asumen quienes te conocieron al calor de la lucha, de la práctica, de la iniciativa tan propia de ti. De la iniciativa revolucionaria, transformadora, que con tan pocos medios y recursos produce tanto, que a pesar de golpes, a pesar de “vacilantes”, a pesar de “realistas”, sigue, prosigue, es una bandera anclada en las masas de los oprimidos, de nuestro pueblo que vive y conoce reveses y embates de la lucha democrática revolucionaria y no por ello claudica, no se acomoda en un falso realismo, no está dispuesto a negociar. ¿Cómo hacerlo con tanta sangre por medio?

Los años de tu vida que pude compartir, los que alcanzó a disfrutar Javiera, los años que amasaste ideas, práctica, aquellos años de esfuerzo, de tantas conversaciones, también siete años con tantos meses, tantas horas, que me hicieron conocerte, amarte, aprender. Esos años de vida intensa, de presente acechado por los riesgos que se asumen, son mi tesoro, la fuente más rica donde encuentro las lecciones de tu sabiduría revolucionaria, de tu capacidad de disfrutar intensamente cada pequeña cosa agradable, para empapar de alegría tus tareas cotidianas.

Eras una explosión de vida a los treinta. No puedo escribir de tu vida en forma ordenada. ¿Cómo?, si se me agolpan tantas imágenes: compañero, papá, dirigente. En la calle, en la casa clandestina, en nuestra intimidad. Te hacías el perrito con la Javiera, te enojabas cuando no comía, le decías “mi lunita”. Te quedabas hasta tarde frente a la máquina de escribir y refregabas mil veces el bigote cuando las ¡deas no fluían. Criticabas con pasión a la hora de responsabilidades y tareas no asumidas, terminabas educando, a partir de los errores. Llegabas contento cuando las cosas marchaban bien, cantabas las canciones “de moda”,… me acariciabas el pelo. Eras expresivo y buen conversador, sabías entretener con sus historias y anécdotas, reflexionabas a fondo, pero nunca dejaste de ser un poco impulsivo, esta mezcla fue tu sello, ideas correctas y pasión a la hora de implementarlas. Cada gesto y ademán, cada apreciación tuya avalada por tu práctica y experiencia denotaba la inteligencia que había en tí, tu amor por la vida, tu forma de ser tan auténtica, tu valentía para enfrentar los riesgos desde los primeros momentos después del golpe hasta el final de tu vida. Todos esos años no dejaste nunca de pensar, de hacer, de actuar. No iba contigo estar abrumado, siempre la talla a flor de labios, aunque a veces serio y preocupado, nunca abrumado, nunca renegando. En los momentos más difíciles, quizás aquellos días previos a tu muerte cuando las pistas de seguimiento a otros compañeros se hacían más evidentes y a la vez confusas, ahí estabas, buscando soluciones, atando cabos, tomando medidas. Podrías haber priorizado por tu seguridad, la mía y la de la niña… pero estaban tantos compañeros, tanto trabajo, había que avisar, conducir el resguardo de tantos hombres, mujeres, niños, y las pistas no eran tan claras. Te quedaste hasta el final, un revolucionario tan íntegro como tú no podía hacer otra cosa.

Nuestras vidas, la marcha de los acontecimientos de este país convulsionado, reclama tu presencia, pero queda, quedó tanto de tu paso arrollador de iniciativas y entrega revolucionaria, está tu huella en tantos compañeros que te conocieron, quisieron y respetaron, estamos yo y Javiera sembradas de ti, están por sobre todo aquellos proyectos que se hicieron carne y que mostraron a punta de voluntad y desvelos la vigencia de la lucha revolucionaria.

Patricia Zalaquet
Compañera de Nelson Herrera


PALABRAS A MI COMPAÑERO

Aquí
con la cabeza puesta en tu nombre,
tus muecas dulces,
preocupadas,
tu infinito refregar de bigotes,
tus ojos:
Por donde transitaron tantos
proyectos de libertad.
Aquí,
en este rinconcito de la prisión
repaso tu hermoso tránsito por la vida,
cuando conocí y me hice parte
de tu entrega,

tu aporte,
tu legado al Partido.

Al Partido vital,
entrometido,
audaz,
perseverante. Como tú.

Desde aquí,
a cuatro meses de tu muerte
anuncio que seré dos.
Dos para suplir tu ausencia,
dos para cubrir tu partida,
…en lo inconcluso
…en lo trazado del camino que aún nos falta
para conquistar la libertad.

Patricia Zalaquet
Diciembre de 1984
Cárcel de Coronel

“…Por tantos años te amaba sin querer verte, sólo tu alma; clandestino entre los hombres sin alma que gobiernan este triste país, donde se mata a los que aman la verdad, y cuan clara es aún la luz en plena oscuridad: la nobleza de tu espíritu, tu recto proceder, la lealtad absoluta a tus principios..”

Elisa, compañera de Rogelio Tapia. Mayo de 1987

“…Como su compañera durante diez años puedo decir que hoy, al encontrarme encarcelada desde el mismo día de su muerte, he podido reflexionar y meditar sobre todo lo que Mario me aportó en forma personal como también a otros compañeros, su entrega y fortaleza en el trabajo, la humildad y el amor a la vida y a nuestro pueblo.

Fue siempre un compañero de buen carácter, de un humor especial, cariñoso, con una ternura inmensa que dejaba traslucir en forma natural desde los detalles de la vida cotidiana hasta en la toma de las grandes decisiones. Su imagen, su recuerdo, los miles de detalles de la vida compartida son para mi una fuente de fortaleza…”

“…Mario hablaba constantemente y con orgullo de su hijo –era su “Mamita más recóndita”– ; soñaba con verlo en Chile jugando con otros niños, conociendo su país, su familia. Siempre observaba los niños jugando en las calles y pensaba en su hijo. ¿Cómo estará? ¿Se acordará de nosotros? ¿Cuánto habrá crecido? Y se imaginaba a Germancito en cualquiera de ellos que pudiera tener su edad. Pronto su tristeza se transformaba en alegría por esa facilidad extraordinaria que tenía para comunicarse con los niños: se integraba a jugar con ellos… como si hubiese estado un ratito con su hijo..”

“..Recuerdo a Mario radiante con el nacimiento de nuestro hijo; más aún, porque íntimamente siempre deseó un varón. Germán vino a llenar de más amor nuestra pareja a la par que nos proporcionaba más fuerza para nuestra decisión de lucha, para que él y todos los niños tuvieran derecho a una vida digna..”

Cristina Chacaltana
Cárcel de Coronel

“…Mamá, sí al papá no lo hubieran matado por la espalda, yo sé que se hubiera defendido ¿por qué son tan cobardes?

“…¿Por qué será que siempre que miro a la Tiny me acuerdo de mi papá? dice Javiera mientras camina a casa abrazando con ternura a la muñeca que su papá le regaló.

Javiera, Marzo de 1987
Hija de Nelson Herrera

Julio Oliva junto a su familia

“…Tus hijos no lloran; se desarrollan junto a la naturaleza que nos mostraste; se alimentan de frutas, verduras, semillas de árboles y piensan y estudian, disfrutan del amor de tu pueblo sabio, humilde, bondadoso, alegres de caminar juntos…”

Elisa, compañera de Rogelio Tapia.

“Todo este amor y cariño que nos tenemos nos dará otro hijo por el que no descansaré y daré todos mis sacrificios para que ese ser que viene tenga todo lo necesario para poder vivir… Pero, ¿se puede llamar Vida a algo que es sólo sufrir…? No sé como escribir, no sé que decir, no sé como empezar, pero continuaremos..”

Julio Oliva en carta a su compañera.

“…Al comienzo no podía comprender que Julio se hubiera muerto y nos abandonara… a mí… a los niños. Quizás hasta tuve rabia, pero poco a poco lo he ido entendiendo, descubriéndolo a través de sus amigos y compañeros, su consecuencia. Hoy entiendo que estaba en esto por nosotros… por todos los niños…”

Eduvina. compañera de Julio Oliva. Mayo de 1987.


Editado electrónicamente por el Equipo Nizkor- Derechos Human Rights el 18mar02


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“Soy un revolucionario y punto”. Luis Fernández Oña, el yerno cubano de Salvador Allende

2 de marzo de 2001

Luis Fernández Oña, el yerno cubano de Salvador Allende
“Soy un revolucionario y punto”

http://www.puntofinal.cl/010302/esptxt.html

2 de marzo de 2001

Luis Fernández Oña, el yerno cubano de Salvador Allende
“Soy un revolucionario y punto”

LUIS Fernández Oña junto al monumento al presidente Salvador Allende en la Plaza de la Constitución

Muy pocos se enteraron que el 6 de octubre del año pasado nació en la Clínica Santa María el primer bisnieto de Salvador Allende, Fernando Mauricio Rojas Fernández. El pequeño es hijo de Maya, primogénita de Beatriz (Tati) Allende y de Luis Fernández Oña, un cubano al que la prensa de derecha de los años 70 convirtió en un personaje de mitología. Su nombre figuró en muchas de las historias de terror que se tejían casi a diario durante el gobierno de la Unidad Popular.

Las vivencias de Luis Fernández Oña en Chile terminaron en la noche del 12 de septiembre de 1973, cuando salió rumbo a Cuba con Beatriz, su hija Maya, que entonces tenía poco más de un año, y una guagua que venía en camino, Alejandro, que nació en La Habana. Como se sabe, Tati se suicidó cuatro años después, abrumada por el dolor y la impotencia ante los sufrimientos que padecía el pueblo chileno bajo la bota militar. Los niños crecieron en Cuba y sólo regresaron a Santiago en 1992, convertidos en adultos jóvenes. Maya es licenciada en Biología, estudia medicina veterinaria en la Universidad de Chile y se casó con un chileno. Su hermano Alejandro es periodista.

Desde que sus hijos están aquí, Luis Fernández ha venido tres veces a Chile. La última para celebrar el nacimiento de su nieto junto a la familia Allende. Actualmente tiene 64 años, vive en Miramar, La Habana, y es miembro de la Asociación de ex Combatientes de la Revolución. Está jubilado, pero como militante del Partido Comunista de Cuba participa en su comunidad. “Estoy plenamente identificado con la revolución. He hecho y voy a hacer todo lo que sea beneficioso para ella”, afirma con fervor. Dedica el tiempo libre a trabajar en su jardín, leer buenos libros y a proyectar uno sobre su experiencia chilena. “Me gustaría escribir sobre las relaciones entre Chile y Cuba a comienzos de los años 70 -dice-. Se han dicho muchas mentiras y creo que hay que contar la verdad para que las futuras generaciones no tengan como referencia una sola versión”. Con ese ánimo conversó con PF sobre algunos aspectos de su vida, los febriles días de la Unidad Popular y el golpe militar. El resto habrá que leerlo en sus memorias.

JOVEN REBELDE

 


LA familia Allende, de izq. a der.: Beatriz (que esperaba a su hija Maya), Luis Fernández Oña, Salvador Allende, Carmen Paz, Hortensia Bussi de Allende, Héctor Sepúlveda (ex marido de Carmen Paz), Isabel Allende y su hijo, Gonzalo

De familia pobre, Luis Fernández Oña nació y se crió en el barrio Centro Habana, junto a sus padres de ascendencia catalana y una única hermana. Estudió en una escuela pública y luego obtuvo una beca para una escuela politécnica en la provincia de Matanzas. Tenía 15 ó 16 años cuando comenzó a preocuparse por la política de su país, a raíz del suicidio del dirigente del Partido Ortodoxo, Eduardo Chibás, que conmocionó al país. Se incorporó a la Acción Cívica Ortodoxa y participó en las manifestaciones contra la dictadura de Fulgencio Batista.

Durante la lucha clandestina adoptó la “chapa” de “Luis Fernández Oña” -no nació con ese nombre-, que posteriormente legalizó. Lo escogió cuando pasaba por el cementerio Colón de La Habana en la tumba de un combatiente venezolano. Tomó los apellidos y le antepuso “Luis”. “Fue para evitar la identificación por parte de la policía de Batista, pero después me enamoré de la historia de ese nombre y lo adopté -dice hoy-. Más tarde he pensado que hubiera sido mejor mantener mi nombre original, porque los padres de uno no entienden mucho de estas cosas”.

En el asalto al cuartel Moncada murieron muchos de sus compañeros de la Acción Cívica Ortodoxa. Cuando Fidel Castro salió de la cárcel y se creó el Movimiento 26 de Julio, se incorporó a la nueva organización. Después del triunfo de la revolución, el 1º de enero de 1959, integró durante unos meses la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), que sustituyó la fuerza represiva de Batista. En septiembre de ese año formó las Patrullas Juveniles de la PNR. En 1960, cuando se constituyó la Asociación de Jóvenes Rebeldes que aglutinó a todo el movimiento juvenil cubano, integró la comisión nacional de pioneros. La AJR pasó a ser la actual Unión de Jóvenes Comunistas.

Dos años después, Fernández Oña comenzó a trabajar en el Ministerio del Interior bajo las órdenes del viceministro, comandante Manuel Piñeiro Losada (“Barbarroja”). Su misión fue atender los vínculos con Bolivia y Chile, países que no tenían relaciones diplomáticas con Cuba.

¿El área de Piñeiro era la inteligencia?

“Sí, tenía una característica muy sui generis, porque debíamos ocuparnos de las relaciones con los partidos y con quienes solidarizaban con Cuba en los países latinoamericanos con los cuales no teníamos relaciones diplomáticas. El Ministerio de Relaciones Exteriores no tenía equipo para atenderlos. A los pocos meses dejé de ocuparme de Bolivia y me concentré en Chile, del cual no sabía nada. A través de estudios, y de vínculos con dirigentes y organizaciones chilenas que nos ofrecían su solidaridad, me fui interiorizando”.

¿Qué organizaciones eran?

“Partidos y organizaciones con alguna identificación con la revolución cubana, como la CUT, federaciones estudiantiles y personas. Chilenos y cubanos nunca dejamos de tener vínculos, aunque para llegar a Cuba había que hacerlo vía Praga u otro país de Europa. Conocí a muchos dirigentes como Carlos Altamirano, Salvador Allende -en ese momento senador-, Volodia Teitelboim, la senadora María Elena Carrera y otros dirigentes socialistas y comunistas que participaron en eventos realizados en Cuba, como la Tricontinental y el encuentro de OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad). También estuvieron en Cuba Miguel Enríquez, Luciano Cruz, Manuel Cabieses y otros. En definitiva, mi trabajo era tratar de lograr un mejor entendimiento y relación con las fuerzas políticas afines en Chile”.

LAZOS CON CHILE

 


BEATRIZ (Tati) Allende junto a su esposo cubano, Luis Fernández Oña

¿Cuándo conoció a Salvador Allende?

“Comenzamos una relación de trabajo en 1966. Al año siguiente, coincidiendo con el 50 aniversario de la revolución bolchevique, Salvador llegó a Cuba en tránsito hacia Moscú acompañado de su hija Beatriz. Al regreso, ella se quedó un tiempo, incentivada por las inquietudes que tenía desde el punto de vista revolucionario. Estaba casada con Renato Julio y ambos militaban en el Partido Socialista. También yo estaba casado con una cubana, y tenía dos hijos. Pero ahí comenzó entre nosotros un acercamiento afectivo”.

¿Un flirteo?

“Ajá… En el 68 vine a Chile a una reunión de la Cepal. Y coincidieron algunos hechos. El año 67 había caído el Che en Bolivia. Tres guerrilleros cubanos que estuvieron con el Che entraron a Chile por Iquique. Eran Pombo, Benigno y Urbano. Tratamos que el pueblo chileno solidarizara con ellos y les diera protección. El pueblo se movilizó y apoyó a los guerrilleros con mucha energía”.

¿Cuándo supo de esos sobrevivientes?

“La primera señal, en Chile, la dio un ingeniero boliviano, militante del Ejército de Liberación Nacional (ELN), quien una noche llegó a golpear la puerta de la casa de Manuel Cabieses, entonces periodista del diario ?Ultima Hora? y director de ?Punto Final?. Aunque no se conocían, le habló de los sobrevivientes que debían salir de Bolivia, para los cuales solicitó ayuda. Cabieses conversó con el periodista socialista Elmo Catalán, quien había trabajado en ?Ultima Hora? y en ese momento era secretario de Carlos Altamirano. Elmo pertenecía a la rama chilena del ELN. Posiblemente él alertó a Cuba. Luego intervinieron miembros del Partido Comunista chileno que fueron a la frontera a esperar a los guerrilleros”.

¿Por eso lo enviaron a usted a Chile?

“No, mi viaje fue una coincidencia. Aquí me reuní con Luis Corvalán -secretario general del PC-, con Carlos Altamirano y Elmo Catalán. Este se movilizó al norte para tratar de que los guerrilleros entraran sin caer en manos de la policía. Finalmente entraron solos y llegaron a un retén de Carabineros. Era un momento de mucha efervescencia de la Izquierda en Chile. Por medio de un llamado telefónico desde La Habana le pedimos a Allende que ayudara a salir a estos compañeros. Salvador los acompañó en el avión de Lan-Chile que los llevó hasta Tahiti, donde los entregó al embajador cubano en Francia. Así, los guerrilleros llegaron a Cuba gracias al apoyo de las organizaciones políticas de Izquierda, al pueblo chileno y a la participación de Salvador Allende”.

¿También estaba en Chile cuando apareció el Diario del Che?

“Estaba aquí cuando se produjo un contacto con ?Punto Final? que permitió recibir las fotografías del diario, camufladas en unos long plays de música folclórica boliviana. Me acuerdo que nos reunimos Manuel Cabieses, Alejandro Pérez (gerente de PF) y yo en casa de Manuel en la calle Santos Dumont. Cuando comprobamos que los negativos parecían ser el Diario del Che, programamos un viaje de Mario Díaz a México y de ahí a Cuba con el diario. Así se hizo, y en Cuba se ratificó que el documento era auténtico.

El ELN de Bolivia creó una especie de retaguardia en Chile. En ella estuvieron Elmo Catalán, a quien le presenté a Beatriz, y luego fueron contactando a otros socialistas, como Arnoldo Camú, Carlos y Fernando Gómez, Rolando Calderón y otros compañeros. Posteriormente Inti Peredo encabezó esta fuerza revolucionaria en Bolivia para continuar con el proyecto del Che. El grupo chileno fue una fuerte base de apoyo. Eran compañeros de gran valor personal y entereza revolucionaria” (ver PF 488).

AMOR Y REVOLUCION

¿Qué pasaba entre usted y Tati en aquel tiempo?

“En el 68 surgió una relación más profunda y personal. Un factor muy importante fue la comunión de ideas, el compromiso revolucionario, independientemente del atractivo que existe en toda relación de pareja”.

¿Cómo la recuerda?

“Tenía una personalidad fuerte. Era una mujer de 25 años que se había graduado de médico. Vivía un proceso de maduración revolucionaria. Estábamos imbuidos de un gran espíritu idealista revolucionario. Ella comenzó a trabajar en un hospital. Estaba muy ligada a su padre y se identificaba con su pensamiento. Pero también se sentía motivada por la revolución cubana y las ideas y amistad que compartía con Miguel Enríquez, Bautista Van Shouwen, Luciano Cruz y su primo Andrés Pascal Allende. Todo esto alentó su participación como militante. Tenía mucho valor, era muy inteligente. Sobre todo estaba convencida que una revolución profunda podría salvar de la miseria a los países de América Latina, incluyendo a Chile. Ella se sentía muy ligada a los compañeros del ELN en Chile, que prácticamente desapareció cuando la Unidad Popular triunfó en las urnas”.

¿Cuándo se casaron ustedes?

“En 1970, en La Habana. Beatriz viajaba a la isla a perfeccionar sus conocimientos políticos pero no iba a Cuba como militante chilena, sino del ELN boliviano. A comienzos del 70 se creó el Departamento Liberación, también a cargo de Piñeiro. Realizamos el mismo trabajo de relaciones, pero más político, con mayor nivel de especialización”.

Esa era una época de auge de las luchas revolucionarias en América Latina, con una extensión de la lucha armada y en la que muchos cubanos participaron directamente, como ocurrió en Venezuela…

“Además, se requería especialización. Dejamos de ser revolucionarios ?de impulso?: estudiamos más la teoría. Comenzamos a ser más revolucionarios de corazón y de pensamiento. También ganamos nivel cultural, porque cuando triunfó la revolución muchos no teníamos la formación cultural ni política necesarias. Cuando el Departamento Liberación estaba en sus inicios, triunfó Allende. Como presidente electo, envió a Tati a Cuba para expresar su solidaridad a la revolución cubana. Por supuesto, él conocía mi relación con su hija. Viajé a Chile el 25 de septiembre del 70 en una delegación que participó en un congreso de veterinaria”.

¿Apoyaron la formación del equipo de seguridad de Allende?

“En Cuba, todos reciben entrenamiento militar. Estamos preparados para un eventual ataque del imperialismo. Los compañeros que vinimos en esa oportunidad ayudamos en alguna medida a que el presidente electo, el amigo y revolucionario Salvador Allende, fuera bien protegido. Había amenazas, estallidos de bombas y se comenzaba a desplegar una agresividad tremenda. La mejor muestra fue el asesinato del general René Schneider, comandante en jefe del ejército. A la toma de posesión del mando, el 4 de noviembre del 70, se invitó a una delegación cubana que encabezó Carlos Rafael Rodríguez. Se inició así el restablecimiento de relaciones diplomáticas. El gobierno cubano me nombró encargado de negocios hasta la llegada del embajador, Mario García Incháustegui. Cuando él asumió, pasé a ser ministro consejero de la embajada”.

HISTORIA Y LEYENDA

¿Fue en esa época que comenzó a recibir ataques de la prensa de derecha?

“Decían cualquier cosa de mí. En una oportunidad aparecí en la revista ?Sepa? como instructor de asesinos políticos. Me achacaban la muerte de Schneider y de Edmundo Pérez Zujovic, más tarde el asesinato del edecán naval Arturo Araya. No me agredían a mí, sino que me utilizaban para atacar al gobierno de Allende y a la revolución cubana. Hace poco leí las memorias de Henry Kissinger, donde dice ?Fernández Oña, yerno de Allende, tenía su oficina en La Moneda?. Es absurdo, habría sido estúpido meter a un diplomático cubano en la casa de gobierno. También dicen que fui organizador o jefe del GAP, lo que habría sido igualmente estúpido. Me han inventado ?altos cargos? en la dirección cubana. Pero yo sólo soy un revolucionario, y punto”.

¿Cómo reaccionaba Allende?

“En una ocasión, un periódico hizo una acusación, mencionando particularmente la relación familiar. En ese caso, el presidente Allende respondió con una carta donde pedía un poco más de ética. En definitiva, se trataba de mi relación personal con Tati, que no le incumbía a nadie más”.

¿Cómo recuerda esos tres años de gobierno de la UP?

“Teníamos enorme actividad. Por la relación familiar, conversábamos con Salvador sobre la situación que se vivía. El también se interesaba mucho por Cuba y por Fidel. Había un intercambio amistoso entre ambos. Tenían una relación muy estrecha, de mutuo respeto”.

¿Cuándo se empezó a percibir la posibilidad de un golpe de Estado?

“La prensa y grupos de derecha y ultraderecha, como Patria y Libertad, empezaron a preparar las condiciones desde el 70, e incluso antes. Pero creo que el asesinato de Edmundo Pérez Zujovic fue un hito muy importante, polarizó la situación y creó condiciones adversas para la Unidad Popular. Este país no tuvo un momento de tranquilidad desde 1972”.

¿Cuál era el estado de ánimo que prevalecía en Allende durante su breve gobierno?

“Salvador nunca perdió la confianza de lograr sus objetivos. Siempre lo vi optimista, aún en la época cercana al golpe militar. Tenía claro que se vivían momentos muy difíciles y había decidido convocar a un plebiscito. El 4 de septiembre de 1973, siete días antes del golpe, hubo marchas y concentraciones en todo el país. En Santiago asistieron unas 800 mil personas. Era una fuerza muy importante pero todos sentían que la situación se complicaba”.

¿Cuándo vio por última vez a Allende?

“El 8 de septiembre, un día sábado. Era el cumpleaños de Beatriz y nos reunimos con un grupo de amigos en casa de Miria Contreras (?Payita?), en El Cañaveral. Estuvieron Augusto Olivares, Fernando Flores, un grupo musical -creo que los Parra- y Salvador. Había mucha tensión. La situación estaba controlada por las fuerzas militares, que intervenían los cordones industriales, allanaban y acordonaban poblaciones haciendo uso de la ley de control de armas. Hacía varios días que Beatriz y yo, junto con el doctor Danilo Bartulín, el ?Perro? Olivares, Joan Garcés, y varios más pasábamos las noches en la casa de Tomás Moro. Jugábamos ajedrez y nos manteníamos alertas por lo que pudiera suceder”.

¿Es efectivo que Allende confiaba en la lealtad de Pinochet?

“No supe de eso. Siempre fuimos respetuosos como para no preguntar nada sobre las Fuerzas Armadas, y Salvador fue muy cuidadoso para no hacer ningún comentario. Nunca me encontré con Pinochet. Sí conocí, antes, al general Carlos Prats, como también al almirante Raúl Montero y a César Ruiz, los comandantes en jefe del ejército, la Marina y la Fach. El 26 de julio del 73 mataron al edecán naval, el comandante Araya, y la revista ?Sepa? me achacó el crimen. Su versión era que yo había huido de Chile esa misma noche. Además, ?alguien? había escuchado a través de un muro que Beatriz decía a otra persona: ?Tienes que contarle al papá que fuiste tú?. Entonces, Allende me convocó a Tomás Moro, donde se encontraban los comandantes de las Fuerzas Armadas, para que vieran que no me había ido del país. A ese nivel llegaban las cosas”.

EL DIA MAS NEGRO

¿Cómo vivió el Once?

“En el último tiempo manteníamos por seguridad a nuestra hija, Mayita, en casa de unos amigos. El sábado 8 de septiembre la trajimos con nosotros hasta el lunes, porque estaba resfriada y pensábamos llevarla al médico. Por eso, en vez de quedarnos en Tomás Moro alojamos en nuestra casa, en la calle Martín Alonso Pinzón. Como a las siete de la mañana del martes 11 supimos lo que estaba pasando. De inmediato mandamos a Maya a la casa donde la cuidaban. Un compañero cubano salió en mi auto a dejarla y, con el apuro, se llevó la llave del carro de Tati, así que tuvimos que esperar su regreso para movernos. Serían las ocho y media cuando Tati se fue a La Moneda y yo a la embajada. Allí tomamos todas las medidas para defender la sede diplomática. Junto a la embajada había unos terrenos baldíos y de repente aparecieron dos soldados que gritaron: ¡Ríndanse! Fue tan ingenua su actitud que, evidentemente, actuaban por propia iniciativa. Los compañeros dispararon y los soldados se fueron. Ese fue el primer llamado de alerta para ambas partes. Los militares tomaron posiciones en los edificios cercanos. La calle Los Estanques no tenía salida y a media mañana estábamos cercados. Había mucha tensión. Mientras pude, me mantuve en contacto telefónico con Tati”.

¿Cuánta gente había en la embajada?

“Alrededor de cien personas, entre médicos, deportistas, gente de la cultura, personal de la oficina comercial y funcionarios con sus esposas. Nos mantuvimos a la espera, escuchando noticias por radio. Para sorpresa nuestra, siempre tuvimos comunicación telefónica. Beatriz me informaba de la situación en La Moneda. Ella estaba embarazada de nuestro segundo hijo. Nos decía que su padre estaba bien y pedía que nos mantuviéramos tranquilos en la embajada, porque estábamos en territorio cubano. Mientras, los militares habían evacuado a los vecinos y nosotros estábamos preparados para resistir cualquier agresión. Cuando comenzó el bombardeo a La Moneda nos llamaron supuestos militares que no se identificaban, diciendo que Allende se había rendido y que nos pedía asilo. Por lo que siempre había expresado Allende estábamos convencidos que él no saldría rendido de La Moneda. Después que las mujeres abandonaron el palacio, minutos antes del bombardeo aéreo, pude hablar con Beatriz. Estaba en un lugar con su hermana Isabel, la periodista Frida Modak, Nancy Julien, una cubana casada con Jaime Barrios (N. de PF: gerente del Banco Central, uno de los fundadores de PF, detenido desaparecido). Tati se había sentido muy mal debido a la tensión y a su embarazo, pero estaba mejor. A todas les preocupaba el destino de Salvador. La señora Tencha estaba en casa de Felipe Herrera”.

¿Qué pasó después en la embajada?

“Cerca de las ocho de la noche me llamaron por teléfono para decirme que los restos de Salvador Allende los iban a sepultar en el cementerio de Viña del Mar y que si yo podía localizar y acompañar a la familia. Ellos facilitarían un avión y luego ?las tres mujeres? -así se expresaba mi interlocutor- podrían asilarse en la embajada cubana. Tengo casi la certeza que era el almirante Patricio Carvajal, quien estaba a cargo de la coordinación golpista. Me comuniqué con Tati para que consultara a su madre. Antes de las nueve me llamó un ?capitán Garín?, o Garay. Me dijo: ?estoy en Pedro de Valdivia con Los Estanques. Si usted puede salir…?. ?¿Y usted, por qué no viene??, le pregunté. ?No, porque van a disparar?. ?No, yo le garantizo que no le disparará nadie?. ?Estoy con un jeep, voy hacia allá?, me respondió. Le dije al embajador que venían a buscarme y decidió acompañarme hasta la salida: ?Quiero ver a quién te entrego?, me dijo. Caminamos hacia la garita de entrada, a unos 10 ó 15 metros de la casa, porque pensamos que el jeep estaría allí. Pero cuando abrí la puerta, nos llegó una ráfaga desde el frente, a no más de 25 metros. Ese día no estaba para morirme, sentí los ?abejorros? pasándome por el lado y después vi la pared llena de impactos. Mario (García Incháustegui) y yo, saltamos hacia atrás y nos tiramos al suelo. Ahí empezó el tiroteo de lado y lado, porque la gente de la embajada pensó que nos habían matado. En el suelo, detrás del muro, veíamos cómo cruzaban las balas trazadoras. Pudo haber sido dos minutos, pero parecieron dos años. Cuando paró el tiroteo llegaron los compañeros, pensando que estábamos liquidados. Entramos a la casa ¡y me volvió a llamar el mismo ?patudo?! Dijo que perdonara, que hubo una confusión. ?¿Pero qué clase de confusión? ¡Por poco me matan!?. ?¿Podemos ir…??. ?No, no, se acabó el acuerdo, ni yo voy ni van ellas?. Llamé a Beatriz y le conté. Luego, Carvajal telefoneó al embajador para decirle que les habían disparado desde la embajada y que ellos subirían su nivel de fuego. Mario les respondió que la agresión vino de su parte y que nosotros nos defenderíamos si volvía a ocurrir. La nuestra era una posición heroica, pero insostenible. Sin embargo, estábamos dispuestos a dejar hasta el último hombre para impedir que tomaran la embajada. Esa noche fue muy tensa. Al otro día llamó Uros Domic, un oficial de ejército que había ido a Cuba en una delegación y que actuó como mediador. Poco después llegó Domic a parlamentar personalmente. Cuando hubo acuerdo, salí de la embajada con un mayor uniformado, un chofer y un joven armado de una metralleta, ambos de civil. Al llegar a Pocuro con Pedro de Valdivia dispararon una ráfaga contra el auto, desde un techo. Todos se lanzaron fuera del auto y me dijeron ?¡quédese usted!?. Si me quedaba, me jodía, así que salí y me tiré al piso. En este momento prefiero pensar que fue un francotirador que disparó contra los militares. Pero ya eran dos coincidencias: me hicieron salir de la embajada y dispararon, luego salgo con ellos, y tiran. Fuimos a buscar a Mayita, a la señora que la cuidaba y a Beatriz, con gran pena porque ni Frida, ni Nancy, ni Isabel quisieron salir para asilarse. Ya en la embajada, embalamos papeles y archivos, siempre con Uros Domic en la sede diplomática. Salimos de la embajada en micros y autos custodiados por militares, en compañía de los embajadores de Perú, Suecia, Unión Soviética y México. Nos dirigimos hacia el aeropuerto, donde se encontraba un avión de Aeroflot. Esa noche del 12 de septiembre vimos un Santiago a oscuras y controlado por patrullas militares. Cuando despegamos, el piloto apagó la radio y siguió una ruta distinta a la establecida. Hicimos escala en Perú, y de ahí directo a La Habana”.

¿Cómo iba Beatriz?

“Abatida. Ya sabía de la muerte de su padre y el hecho de estar embarazada no la dejó actuar con la serenidad que hubiera querido. Se volvió a reunir con su familia el 28 de septiembre en La Habana, donde se efectuó un acto de masas en el que habló Fidel, y también Beatriz”.

¿De dónde salió la versión que dio Fidel de la muerte de Allende en esa oportunidad? Porque no habló de suicidio…

“Cuando fui a México a buscar a Tencha, Isabel y Carmen Paz Allende, uno de los ex miembros del GAP que estuvo en La Moneda y que había viajado con ellas, quiso hablar conmigo. Me contó la versión que dio Fidel. Yo la mandé a Cuba. Fidel la escuchó y después relató la misma versión. Eso sí, hizo la salvedad de que si Allende se hubiera disparado él mismo para no quedar en manos del enemigo, sería igualmente heroico. Un hombre que está bajo un bombardeo y, por dignidad, no se deja agarrar vivo, es una persona ante la cual hay que sacarse el sombrero”.

En Cuba, mientras Luis Fernández Oña se dedicó a terminar la carrera de Ciencias Políticas y se integró a trabajar en el Departamento América del PCC, Beatriz Allende comenzó a ejercer su profesión de médico. Vivían en un departamento y pronto nació su segundo hijo, Alejandro. Ella se entregó por entero a apoyar a quienes resistían la dictadura militar en Chile. Estuvieron un tiempo juntos, pero luego se fueron distanciando afectivamente hasta que optaron por separarse. Beatriz viajaba permanentemente para participar en actividades de solidaridad con el pueblo chileno en distintas partes del mundo y presidía en Cuba una entidad en que participaban los exiliados chilenos de diferentes partidos. Pero sentía que no era eso todo lo que podía y debía hacer. Además, iba pasando el tiempo y seguían cayendo compañeros en Chile. Algo se quebró en ella. Tenía 33 años cuando se suicidó, en octubre de 1977.

¿Cuál es su interpretación de por qué se quitó la vida?

“Le afectaba profundamente el hecho que ya hubieran transcurrido cuatro años y no se vislumbraba ni un rayo de luz. También le angustiaban las divisiones de la Izquierda chilena en el exilio. En cada país había por lo menos dos comités de exiliados. Quizás, si hubiera tenido la oportunidad de volver a Chile habría sido distinto. Quizás”.

¿Ella continuaba militando en el Partido Socialista?

“Más que en un partido, estaba militando con Chile. Fue militante socialista, pero también respetaba mucho las opiniones de los comunistas, del MIR, de los radicales, de la Izquierda Cristiana. Fueron años difíciles para todos, de desajuste. La existencia de los niños me ayudó mucho a superar la situación que se creó con la muerte de Tati”.

¿Cómo se han adaptado sus hijos en Chile?

“Bien, viven con su abuela Tencha, que está muy contenta con su primer bisnieto, y su tía Isabel. Hacen mucha vida familiar”.

A menudo se critica en Chile la ingratitud de muchos chilenos que fueron acogidos solidariamente en su país y que se olvidaron de devolver la mano cuando Cuba atraviesa por graves dificutades.

“En la Concertación está la mayor parte de la gente que tuvo relación con la revolución cubana. Algunos fueron muy amigos, pero ahora no quieren ni saber de nosotros. Tampoco les interesa la memoria histórica. Pero también hay gente muy buena, que nos está apoyando. Y otros están muy ocupados en sobrevivir, no tienen tiempo para meterse en otras cosas. Pienso que en Chile hay mucha desinformación sobre Cuba. Todos los sectores sociales engullen la propaganda adversa que pinta a Cuba como un infierno. Pero quienes visitan mi país se dan cuenta que no es así, tampoco somos un paraíso pero estamos lejos de ser un infierno”

PATRICIA BRAVO

 

Carta a mi hijo Leonardo a 40 años del asesinato de mi hermano Leonardo

Dibujo realizado por mi pequeño Leonardo Silva Parga.
Querido hijoLeonardo,Dentro de algunas horas más se cumplirán 40 años de un hecho histórico que -aunque tú no lo creas- ha marcado tu vida. Quizás, sea difícil para ti comprender, a tus 12 años, cómo algo que sucedió hace tanto tiempo y en un país tan lejano podría tocarte… voy a tratar de explicártelo de la manera lo más sencilla posible.

Recuerdas que hace poco tiempo me preguntaste ¿porqué nosotros, tus padres, habíamos nacido en Chile y tú en Bélgica?... Pues bien, cuando tu papá y yo estábamos un poco más pequeños que tú, Chile era un país normal. El presidente gobernaba para todos los chilenos, y los niños tenían un lugar privilegiado en esa sociedad, la gente trabajaba duro y compartía sueños de solidaridad por un futuro mejor, pero habían algunas personas que no deseaban compartir las riquezas del país, que creían que habían ciudadanos de primera y segunda categoría, y ellos, por supuesto eran los de primera. Estas personas, hicieron todo lo posible por que el Presidente Salvador Allende (que así se llamaba), dejara su cargo.

El alimento comenzó a escasear, no porque no hubiera suficiente sino, porque este pequeño grupo de egoístas, lo escondieron. Los empresarios del transporte realizaron una huelga que impedía abastecer de alimentos al país, algunos grupos terroristas de extrema derecha comenzaron a sembrar el pánico en la población y pronto todo el país se vería desestabilizado. La mayoría de la gente enfrentó el miedo porque querían defender el proyecto de sociedad que el Presidente Allende encabezaba. Sin embargo, el pequeño grupo opositor solicitó ayuda a los Estados Unidos para derrocar al Presidente.

Tú te preguntarás ¿qué diablos tenía que ver los Estados Unidos con Chile?, pero es un poco como sucede por estos días con la amenaza de guerra de los americanos a Siria. La potencia del norte tiene algo que ver en cualquier sitio dónde pueda haber riquezas y como Chile es el primer productor de cobre en el mundo, imaginarás que ese era un buen interés para ellos, entre muchos otros, que cuando vayas conociendo mejor la historia tu mismo descubrirás.

Fue así, como un día martes 11 de septiembre en el años 1973, los militares salieron a la calle y con aviones bombardearon el palacio presidencial con Allende dentro. Todas las personas que habían sido afines al gobierno -electo democráticamente- fueron amenazadas, detenidas, torturadas, ejecutadas o desaparecidas, otras relegadas a ciudades lejanas en el mismo país y un número importante debió solicitar asilo en las embajadas extranjeras para proteger a sus familias o evitar la muerte, porque estaban en listas que los militares tenían con los nombres de los ex colaboradores del gobierno o con ideas afines y a los que estaban determinados en eliminar. 

En esos años yo tenía dos hermanos mayores, pero con uno de ellos mi relación era más cercana. Se trataba de tu tío Leonardo, sí se llamaba como tú. Él era un chico muy alegre, al menos en mis recuerdos, y muy juguetón. Cuando te veo jugar con la Tammy, vienen a mi mente imágenes como flash de mis juegos con él. Recuerdo que una vez comenzó a perseguirme con una “jaiva”, bueno tú la conoces como “crabe”, y claro -yo estaba aterrorizada-, pero disfrutaba de ese juego; como cuando tú juegas al “monstruo” con la chiquitita.

Tu tío Leonardo, tenía apenas 17 años, y todo un porvenir… pero la sombra de muerte y dolor, que cayó sobre nuestro país, lo alcanzó. El día viernes 14 de septiembre, tres días después que los traidores terminaran con la democracia, utilizando a las fuerzas armadas, pasado el medio día, Leonardo caía herido en la calle, tras recibir el impacto de una bala cobarde que un grupo de militares le lanzó por la espalda, su muerte fue declarada al final de la tarde…

Debieron pasar muchos años para que yo supiera la verdad, siempre una verdad a medias.
Primero, se me convenció que estaba en un internado por sus estudios y por eso no lo podía ver, con el tiempo ya no pregunté más y como niña acepté que no era posible verlo, pero algo en mi sabía que había otra historia. Años después, ya mayor, gracias a tu tío Camilo pude conocer la otra versión, la que me acercó un poco más a la verdad. Esto era algo así como el secreto de la familia, los adultos no deseaban hablar de ello y yo, como niña, me daba miedo preguntar…

Hay heridas que permanecen abiertas, que no cicatrizan nunca. La verdad sobre el crimen de Leonardo es una de ellas. Nunca hemos podido saber quién fue su asesino. En su caso, como en el de cientos de miles, no hay verdad total ni justicia.

Cuando estabas en mi vientre, tu papá y yo comenzamos a buscar un nombre para ti. Estábamos de acuerdo en el nombre André, pero, un mes y medio antes de tu nacimiento, tu papá me propuso que te llamáramos Leonardo y te confieso que salté de alegría. Claro, yo no quería imponer ese nombre, porque recordaba una triste historia, sin embargo, todos mis recuerdos junto a tu tío (que no son muchos) son de felicidad. Y tu llegada era el momento más feliz de mi vida.

Ahora, porque naciste acá y no allá… uf, hay tantas cosas que sucedieron. Tu papá fue un resistente a la dictadura y eso le valió la cárcel y el exilio. Pese a que yo lo conocí cuando estaba privado de libertad, debieron pasar 10 años antes que el destino nos volviera a poner en el mismo camino. Él aún tenía prohibición de entrar a territorio chileno, fue así como yo decidí venir a Bélgica para poder estar juntos y construir la familia que somos hoy.

Es por eso que en estos días mi cuerpo se enferma de tristeza… tu tío fue uno entre miles que pagó con su vida la bestialidad de la dictadura. En estos días, todas aquellas personas que amamos y que ya no están, las que sufrieron y siguen sufriendo, nos hacen recordar el valor de los sueños. Todos ellos eran libres, solidarios, felices… esa energía es la que nosotros heredamos para continuar soñando y luchando por un mundo más justo y solidario. La necesidad de vivir con dignidad y de ser consecuentes en nuestros actos cotidianos. La necesidad de NO OLVIDAR jamás, para que el sacrificio de todos ellos sea un ejemplo para las futuras generaciones.

Imagino mi niño que tendrás miles de preguntas más, y a medida que vayas creciendo intentaremos responderte. El Presidente Allende, decía: “La felicidad de Chile comienza por los niños”, yo me lo apropio para decir que “mi felicidad comenzó con ustedes, mis niños”, por eso hijo, haremos todo por que tú y tu hermanita sean felices, pero al mismo tiempo conscientes de sus orígenes y de los verdaderos valores laicos.

Tu madre que te ama.

Bruselas, lunes 10 de septiembre de 2013.

 

Gracias, amiga querida por compartirlo acá. Ayer, antes de publicarlo, le leí esta carta a Leito y ambos lloramos y nos abrazamos… sabía que debía comenzar a soltar los recuerdos, pero jamás imaginé que doliera y alegrara tanto a la vez…

 

 

LEONARDO PATRICIO PARGA

14 de septiembre de 1973 · ·

 

A 41 AÑOS DE TU ASESINATO, HERMANITO, SIGUES VIVIENDO EN NUESTRA MEMORIA.¡¡ YO EXIJO JUICIO Y CASTIGO A LOS CULPABLES !!_______PARGA ORTEGA, LEONARDO PATRICIO: 17 años, estudiante, soltero, muerto el 14 de septiembre de 1973 en Santiago.Leonardo Patricio Parga Ortega murió ese día a las 20:00 horas, en el HospitalJoséJoaquínAguirre, por una herida de bala torácica cervical, según el Certificado Médico de Defunción del Instituto Médico Legal.De acuerdo con lo señalado por vecinos, alrededor de las 16:00 horas de ese día, Leonardo Parga y su amigo Ángel Gabriel Moya Rojas se encontraban en la intersección de las calles Escanilla y Borgoño, cuando fueron interceptados por una patrulla militar. Los retuvieron, allanaron sus ropas y luego les ordenaron retirarse. En ese momento, uno de los militares escuchó un insulto y disparó a ambos menores por la espalda. Ángel Gabriel Moya Rojas falleció en el acto y Leonardo Parga, algunas horas después.El caso de Ángel Gabriel Moya Rojas fue conocido por la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación y se le declaró víctima de violación de derechos humanos por agentes del Estado.

Considerando los antecedentes obtenidos en la investigación realizada por esta Corporación, el Consejo Superior declaró a Leonardo Patricio Parga Ortega víctima de violación de derechos humanos por agentes del Estado que hicieron uso irracional de la fuerza.

familia Silva Parga, Belgica

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Memoria y Justicia Picket 11 de septiembre, Londres «Chile 40 años después

Memoria y Justicia Picket 11 de septiembre, Londres «Chile 40 años después.

Memoria y Justicia Picket 11 de septiembre, Londres

460xC

Un acto conmemorativo abierto, inclusivo y participativo

 

Hacemos un llamado a todas las mujeres, hombres, madres, padres, niños, estudiantes, sindicatos, líderes de la tropa, internacionalistas, ciudadanos interesados, organizadores comunitarios y defensores de derechos humanos, a todos aquellos que han dedicado su vida a la lucha por la libertad y la igualdad y se resisten a ser parte del impuesto-amnesia, te invitamos a Usted de elevar sus voces como una sola memoria colectiva en nombre de los ausentes y los que están por venir.

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El 11 de septiembre th va a leer los nombres y por la que una flor en memoria de todas las víctimas “desaparecidas” (más de 3.000), y cada víctima ejecutada político (1197) de la dictadura chilena. 

Únete a nosotros y dio testimonio

Fecha: 11 ª de septiembre 2013

Tiempo: 08 a.m.-4 p.m.

Lugar: Fuera de la Embajada de Chile, 37-41 Old Queen St, London, SW1H 9JA

Ver mapa aquí >> https://maps.google.co.uk/maps?hl=en&tab=wl

Para más información, por favor, póngase en contacto: Myriam Campana 07903 498 240 / mawa503@yahoo.co.uk

 

Para patrocinar una flor, por favor, haga clic aquí o vaya directamente a wefund.com y la búsqueda de nuestro nombre “Chile 40 años después” o el proyecto “Vamos a conmemorar el primer 11/9” o busque en los proyectos comunitarios.

 

 

Chile: 40 años de memoria obstinada

Hace los sueños y aspiraciones de un pueblo 40 años fueron brutalmente estrelló. En esa clara mañana del martes de la 11 ª de septiembre de 1973, las Fuerzas Armadas de Chile, encabezados por el general Pinochet y por instigación de los intereses nacionales e internacionales poderosos económicos y políticos, derrocaron el gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende en un golpe sangriento.

Así, iniciaron su proyecto de reingeniería social, brutal y despiadado, todo y todos estarían subordinados a los caprichos y deseos de una economía de libre mercado. Miles de personas fueron detenidas, el asesinato o desaparecidas, decenas de miles de personas fueron torturadas y cientos de miles enviados al exilio.

A medida que se sometieron al pueblo chileno y purgan todos los elementos democráticos de la sociedad chilena y de las Fuerzas Armadas, proclamaron que dentro de una generación que nadie se acordaría de Allende ni los que sustentaba el sueño de una sociedad basada en la solidaridad humana y la fraternidad.

Pero la memoria es obstinada y se niega a permanecer en silencio, sino que se niega a ser sometido a la ” amnesia colectiva “que se imponen a cada uno de nosotros por nuestros nuevos amos políticos y económicos, una amnesia colectiva que pretende condenar a nuestros sueños y aspiraciones de olvido histórico. 

Aquí y allá, a través de canciones, actos de solidaridad internacional, la literatura, las acciones colectivas en la búsqueda de la verdad y la justicia y por el simple acto de conmemoración de la lucha de nuestro pueblo, que es parte de la lucha de todos los pueblos oprimidos del mundo , la memoria se ha encontrado una manera de mantener vivo el sueño.  

Poder cultiva amnesia, quizás es por eso que insistimos, tan obstinadamente, con esta lucha, ya que refleja nuestra inconformidad con una sociedad que ignora y aplasta los sueños de las personas, y porque nos negamos a olvidar, ya través de las capas de institucionalizada impuesta -amnesia, la memoria emerge como nuestra barricada, como nuestra canción de desafío colectivo y la solidaridad.

Londres