No-natos

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Somos los hijos y los nietos
De los hoy recordados
Somos las hijas y las nietas
Que nunca existieron
Pero que tanto quisieron
Nacer, vivir, jugar y luchar
Somos la descendencia
De quienes hoy resuenan
Eternos en nuestras voces
En un ahora y siempre
En un siempre ahora
 
Somos esa sangre que no sangró
De quienes tanta sangre dejaron
Somos los sueños arrancados
De quienes tanta justicia soñaron
Somos los hijas e hijos que no nacieron
Para poder decir
Madre o Padre
 
Pero hoy renacemos
Pero hoy gritamos, luchamos y recordamos
Porque las heridas se han vuelto a abrir

Quieren liberar sombras

Quieren volver a matar a los padres que no tuvimos
Matarlos en dignidad
Matarlos en memoria
Y hoy los que no nacimos
Perpetua justicia a gritos pedimos

(Miguel Echeverria M)

 

La increíble historia de Buscarita Roa, Abuela de Plaza de Mayo chilena.

La increíble historia de Buscarita Roa, Abuela de Plaza de Mayo chilena.

La historia de Buscarita

Buscarita, como muchas de sus compañeras de lucha, tuvo una vida dedicada a sus hijos, alterada por la desaparición de su hijo mayor: José Poblete: “Yo soy Buscarita Roa, soy Abuela de Plaza de Mayo y soy Madre de José Poblete, detenido y desaparecido el 28 de diciembre de 1978. Ese mismo día también secuestraron a su esposa Gertrudis Hlaczik y a su pequeña hija Claudia Poblete Hlaczik, que en ese momento tenía sólo 8 meses”.

“Soy chilena, nací en una ciudad llamada Temuco, el 15 de septiembre de 1937. Pero me crié en Santiago de Chile, porque mis padres murieron cuando yo tenía 3 años y mi tía me llevó a vivir con mi abuela. Estudié poco. A los 10 añitos tuve que empezar a trabajar. A los 13, 14 años, conocí a un chico, me enamoré y a los 16 tuve a mi hijo José Poblete, quien después desapareció en Argentina. Mientras el papá de José hacía el servicio militar, yo cuidé sola a mi niño y cuando volvió quedé embarazada de Lucy, que hoy vive en Estados Unidos. Después, él se enamoró y se casó con otra persona y yo me quedé con mis dos hijos. Trabajé mucho, en hospitales, en casas de familia. Tuve mucha fuerza de voluntad para seguir adelante. Hasta que encontré al amor de mi vida y con él nació Fernando. Pero me volvieron a dejar, así que crié a los tres hijos sola. Después conocí a quien fue mi marido y tuve a mis otros cuatro hijos. Con mi marido estuve 18 años y después nos separamos. Pasé las mil y una, pero debo tener mucha fuerza de voluntad para haber soportado todo eso”.

Sin embargo, los golpes de la vida no impidieron que encontrara fuerzas para convertirse en una Abuela de Plaza de Mayo: “Yo soy una de esas abuelas que salieron a la calle sin saber nada. Simplemente, yo era una persona que trabajaba, un ama de casa. No hacía cosas realmente importantes, pero he ido aprendiendo. Mi hijo me enseñó a caminar durante ese tiempo que vivió”.

El recuerdo de José

Desde su infancia José demostró un fuerte compromiso y preocupación por otros jóvenes como él, que vivían en condiciones adversas.

“Chile era un país muy pobre en esa época. Los niños tenían que salir a vender diarios y caramelos, niñitos de 7 u 8 años, para traer alimentos. Y eso veían mis hijos. Veían chicos trabajando desde muy niños. Y él me decía: “mamá yo creo que todos tenemos que colaborar”. Y bueno, Pepito tenía convicciones políticas a pesar de que en mi casa no se hablaba de política. Y andaba por ahí, por las villas miseria, enseñando a leer, a escribir, a poner un nombre”.

A los 16 años, su hijo José Poblete, sufrió un accidente ferroviario que lo impulsó a venir a la Argentina por un tratamiento de rehabilitación.

Cuando Pepito tenía 16 años se accidentó. Mi hijo era un estudiante cuando se cayó de un tren. El tren le cortó sus dos piernas. Mi hijo, a pesar de tener el accidente y haber quedado inválido, se vino a la Argentina con la idea de ir a un instituto de recuperación. Acá estuvo solito dos años. Al tercer año no me aguanté más y me vine para estar más cerca de él. Vendí y regalé todo lo que tenía y me vine con los ojos cerrados. Con todos mis niños y separada de mi marido. Y acá empecé de vuelta. Me gustó Argentina y me quedé”.

Aquel compromiso que manifestó en sus primeros años de vida en Chile, continuó en territorio argentino, cuando las necesidades de los otros se encarnaban como propias y comenzó su militancia en la Unión Nacional Socioeconómica de Lisiados y Cristianos para la Liberación.

“En el instituto donde estaba, en Barrancas de Belgrano, conoció a mucha gente y personas con discapacidad. Algunos andaban con bastones, en sillas de ruedas. Y, entonces, ahí se hace un grupo grande de amigos. Y mi hijo empieza a hablar y ver todas las carencias que tenían los compañeros. En esa época había mamás y papás que no tenían dinero para visitar a sus hijos en el instituto”.

El 28 de noviembre de 1978 secuestraron a José, a su mujer Gertrudis Hlaczik y a su bebé Claudia Victoria, de 8 meses.

“Cuando desapareció José, arranqué la búsqueda con mi consuegra, yendo a todos los lugares donde podíamos. Poco después, mi consuegra cayó en una depresión muy fuerte y se suicidó. Ahí me sentí muy sola…Así fue que me uní a otros que pasaban por lo mismo, estuve en Madres, en el SERPAJ, en Familiares hasta que llegué a Abuelas. Luchamos juntos todos nosotros porque éramos muchas madres, muchas personas, muchos familiares buscando desesperadamente a nuestros hijos. Sin saber a dónde ir, con quién hablar. Hasta que nos fuimos conociendo. Yo fui una de las últimas en entrar a la Plaza porque mi hijo desapareció en 1978, y para esa época ya habían comenzado las rondas de las Madres”.

La búsqueda de Claudia y su reencuentro

Claudia fue secuestrada junto a su madre en un operativo militar. Ambas estuvieron cautivas en El Olimpo durante dos días. Luego, fue entregada a una familia de militares. “El trabajo de las abuelas ha sido muy intenso. El Banco Nacional de Datos Genéticos, es donde todos los familiares hemos dejado nuestra sangre, para que cuando nuestros jóvenes quieran saber la verdad puedan encontrarla”.

Gracias a la búsqueda de Abuelas, Buscarita pudo reencontrarse con su nieta en el año 2000. “A mi nieta la encontramos con la búsqueda de las Abuelas. Muchos dicen que fue por una denuncia anónima que llegó a la casa de las Abuelas. Así pudimos mandar el caso a los Tribunales de Justicia y poder hacer un seguimiento con el juez que le correspondía la causa. Cuando se la llevó el Coronel Ceferino Landa tenía 8 meses”.

“Al encontrarla, me dio una alegría enorme. Su llegada fue maravillosa. Cuando encontré a Claudia estaba pensado en irme a Estados Unidos. Mi hija Lucy se había nacionalizado para que me fuera a vivir a allá. Así que me fui con todos los papeles en regla como para quedarme a vivir pero no pude… Estaba Claudita”.

El reencuentro con su nieta después de 22 años no fue fácil. Era necesario reconstruir ese lazo entre abuela y nieta, que compondrían con el tiempo. “Yo la había dejado de ver a los 8 meses y entonces, nos miramos y junto con una tía de ella por parte de su mamá, le entregamos un montón de fotos que llevábamos en el paquetito. No hubo mucho diálogo y en un momento le digo “bueno hija, yo soy su abuela y cualquier cosa que necesites yo quiero que usted sepa que yo estoy”. Ella estaba muy enojada con la vida, estaba enojada con el mundo, ella me contesta y me dice “no necesito nada”. Claudia fue criada por una familia muy mayor. El Coronel con su mujer no podían tener hijos y ya tenían bastante edad. Entonces ella, al ser adolescente sacaba cuentas y decía: “no me daban los números porque no me pueden haber tenido a esta edad”. Pero ella no quería ni preguntar. Era hija única, la llevaron por todos lados, la tenían bien. Recién a los 22 años se da cuenta de que no era hija de esta gente, que a sus padres los habían matado, que ese mismo hombre que era Coronel podría haber tenido participación en la muerte de sus padres. Es un dolor inimaginable. Y otra cosa es que ella tenía trabas en un montón de cosas, no había aprendido a manejar, no había aprendido a andar en bicicleta, y se crió en una familia de dinero, que tenían todo. Ahora ella dice “no tengo más miedos, se me quitaron los miedos”. El tío le enseñó a manejar, aprendió a andar sola, aprendió un montón de cosas que, como tenía miedo, no podía aprender”.

En sus relatos, Buscarita cuenta que fueron necesarios varios años para que Claudia pudiera abrazarla por primera vez. “Hubo que tener mucha paciencia y mucho amor, para ir dándoselo por todo el tiempo en que no pudimos. Así nos fuimos acercando, ese acercamiento tardó 5 años. Fue muy de a poquito hasta que los vínculos se fueron acrecentando y se dio cuenta de que tenía una abuela, tíos, un abuelo materno, una familia enorme que la buscaba y la quería. Pasaron 5 años para que me pudiera decir “Abu”, para que ella se pudiera sentir protegida conmigo (…) Claudia se casó, tiene una hijita, así que estamos muy contentas y felices”.

La lucha de las Abuelas

Buscarita es la más joven de la Abuelas de Plaza de Mayo. Su lucha por la verdad y la justicia no terminaron a pesar de haberse reencontrado con su nieta Claudia. La búsqueda con las Abuelas continúa sin interrupciones, con la esperanza y la fuerza de aquel lejano comienzo. Sobre las dificultades en la búsqueda, Buscarita explica:

“Es un problema bastante grande porque los chicos cuando tienen dudas de su identidad, a veces no se atreven a salir a preguntar quiénes son porque tienen mucho miedo de que a los apropiadores los vayan a detener. Porque los apropiadores, han cometido un delito. Los chicos, por lo general, no están con personas que los hayan adoptado, están con personas que se los robaron. Hay casos que hay personas que han adoptado chicos de buena fe, porque no sabían que eran hijos de desaparecidos”.

“Pero en la mayoría de los casos, los apropiadores los robaron desde los centros clandestinos donde nacieron o donde llegaron con algunos meses de edad. Entonces estos chicos son criados con estos apropiadores pensando que son sus verdaderos padres. Cuando ellos encuentran su identidad, lo que sucede es que ellos dicen “yo perdí dos veces, porque, encuentro mi identidad, pero me doy cuenta que perdí a mis padres”. O sea, es un momento muy difícil para ellos. Ahora, cuando ellos buscan su identidad, ellos tienen dudas de su identidad durante toda su vida, o durante su adolescencia se empiezan a dar cuenta de que no se parecen a nadie, es distinto, porque busca su identidad y al buscarla y al encontrarla, es como que encuentra gran parte de su historia. Entonces es mucho más fácil. Ahora, cuando nosotros buscamos los nietos, y no es una búsqueda de ellos, les cae con mucha sorpresa, con mucho dolor. Y creo que al encontrar a su familia, se les abre un camino en la vida. Al encontrar su identidad se sienten libres . Ésa es la verdadera palabra: libres”.

En esta lucha, Buscarita ha acompañado al Programa Educación y Memoria en numerosas oportunidades, transmitiendo su testimonio a los chicos de las escuelas: “Las abuelas estamos con los brazos abiertos porque para nosotras, los chicos son los nietos de todos. Son los nietos de la Argentina. Tenemos muchos maestros desaparecidos. Estudiantes, trabajadores, sindicalistas. Tanta gente que pensaba diferente. Pensaban que el mundo podía ser diferente. Los maestros quieren que conozcan esta verdad desde chicos, para que sepan que hubo un genocidio, para que conozcan lo que nos pasó y por eso les daremos siempre las gracias”.

“Nuestros hijos tenían ganas de cambiar el mundo. Les molestaban las injusticias e hicieron todo lo que estaba a su alcance para modificar lo que estaba mal. Eran jóvenes comprometidos, generosos y solidarios. Pero eso era peligroso…” Buscarita Roa.

Nietos en busca de su identidad. Documental Mi abuelo Allende. Marcia Tambutti.

Nietos en busca de su identidad. Documental Mi abuelo Allende. Marcia Tambutti.

Documental de nieta de Allende relata los dolores y las alegrías de la familia

La cinta Allende, mi abuelo Allende se exhibirá la próxima semana en el Festival de Guadalajara. El filme de Marcia Tambutti trae entrevistas con los miembros de la familia, incluyendo a su viuda y un fallecido ex nieto de Allende.

por Rodrigo González M. – 03/03/2015 – 05:30

Marcia Tambutti (izquierda) en una escena junto a Gonzalo Meza, Isabel Allende, Carmen Paz Allende y Maya Fernández.

Marcia Tambutti (izquierda) en una escena junto a Gonzalo Meza, Isabel Allende, Carmen Paz Allende y Maya Fernández.

La muerte se asomó dos veces al rodaje de la película. Primero fue el deceso de  Hortensia Bussi, la viuda de Salvador Allende, el 18 de junio del 2009, algo esperable a sus 94 años. La otra fue trágica: Gonzalo Meza Allende, el nieto mayor del ex presidente  se suicidó el 15 de diciembre del 2010 a los 45 años. El era también el medio hermano de Marcia Tambutti Allende, quien avanzaba con su filme documental desde el 2005. Ahora, tras siete años de trabajo contra viento y marea, la cinta Allende, mi abuelo Allende está a las puertas de su estreno.

http://www.latercera.com/noticia/cultura/2015/03/145

El filme se exhibirá la próxima semana en la sección Work in Progress del Festival de Cine de Guadalajara, el más emblemático de México, y ya en el segundo semestre se dará en las salas chilenas. Con 32  entrevistas a los miembros de la familia, incluyendo los testimonios de Gonzalo Meza y de la propia Hortensia Bussi en su lecho de enferma,  la cinta es también el registro de la particular obsesión de la directora por encontrar las piezas del rompecabezas Allende: con poco más de un año al momento del golpe de Estado, Marcia Tambutti sólo elaboró el retrato de su abuelo a partir de las historias transmitidas en la familia. A diferencia de su medio hermano Gonzalo Meza, el primer nieto del ex líder socialista y con ocho años en 1973, Tambutti apenas tenía de Allende una idea enciclopédica, alejada de la intimidad.

El documental, que como el título lo indica busca un  perfil familiar de la figura política, está en la posproducción y su exhibición en Guadalajara  no es rara considerando que México es el país donde la directora creció. En las escenas que se ya se pueden observar en el sitio de la productora  Errante se la ve pasear junto a su madre Isabel Allende Bussi, preguntando con inconfundible acento del DF: “¿Y a  ti que te parece que mi abuela se niegue a hablarme de cosas que yo siento que debo saber del Chicho?… ¿Nunca te dieron ganas de abogar más por mí y de decirle que converse más conmigo?”. Luego, la senadora Allende le responde: “Sí, me dieron ganas, pero me da pena también. Si no habla es porque se protege. Ha tenido una vida muy difícil”.

El tono, al menos de los breves trailers disponibles, es de candidez, curiosidad y respeto. En otro, donde al fin la nieta logra entrevistar a Hortensia Bussi, se ve llegar a Carmen Paz Allende, la mayor de las hijas, la de más bajo perfil y rara vez objeto de una entrevista. La viuda del ex presidente, en cama, comenta de buen humor: “Aquí me ha tenido frente a la cámara toda la mañana”. Tambutti corrige a Tencha Bussi y le dice a Carmen Paz que sólo fueron 40 minutos. La tía sólo le responde, con segura serenidad, que 40 minuto es demasiado para una persona sobre 90 años,

Uno de los pasajes más anecdóticos tiene que ver con un álbum de fotos y que muestra a Allende de frente, en traje de baño y corriendo en la playa. “En esa imagen estaba jugando peteca, que es un juego con una goma y   una pluma. Era súper deportista, puro músculo y de grasa nada. El se cuidaba”, le comenta la senadora Allende a su hija Marcia.

Preguntas sin respuestas   

El documental nace del interés de la autora en un entorno dónde no existían las respuestas suficientes. Como lo dijo este fin de semana al diario español El País: “Ni siquiera había leído una biografía suya. Cuando tu familia calla un tema y se convierte en tabú, no sólo se da una especie de censura hacia el otro, sino también hacia uno mismo”, comentaba Tambutti al periódico hispano, que tuvo acceso al documental.

El eterno tópico de la galantería del ex presidente y su relación extramarital con su secretaria Payita Contreras es abordado directamente en un diálogo con Hortensia Bussi, que por primera vez hace referencia pública al tema. ¿Si acaso era coqueto? “Uf, le encantaba flirtear”, dice la viuda, según consigna El País.

La posición de Marcia Tambutti es evidentemente privilegiada a la hora de entrar a la familia del ex mandatario, que ha protegido su intimidad, que ha sufrido en silencio y que ha preferido no hablar de demasiadas muertes trágicas entre los suyos. En ese contexto entra el testimonio de Alejandro Fernández Allende, hermano de la diputada Maya Fernández Allende e hijo de Beatriz Allende, quien, afectada de una fuerte depresión, se suicidó en Cuba en 1977. “Había mucho prejuicio en la época con las enfermedades mentales, sobre todo en Cuba. Un revolucionario no se deprime, era lo primero que te decían”, comenta sobre su madre, que era doctora, como el ex presidente.

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PRESENTA MARCIA TAMBUTTI FRAGMENTOS DE “ALLENDE, MI ABUELO ALLENDE”, EN EL CUCSH

Lazos entre México y Chile son indisolubles

http://www.comsoc.udg.mx/noticia/nieta-de-allende-presenta-fragmentos-del-documental-sobre-su-abuelo

México representa para Chile la hermandad y solidaridad con las que soñó Salvador Allende, necesarias en la identidad latinoamericana, afirmó la nieta del expresidente de Chile, Marcia Tambutti Allende, directora de la película documental Allende, mi abuelo Allende, durante la mesa redonda: “25 años de reanudación de relaciones diplomáticas entre México y Chile”, que encabezó el doctor Héctor Raúl Solís Gadea, Rector del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH).

Tambutti Allende mostró en el CUCSH fragmentos del documental con el que participa dentro del marco del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG30). El filme versa sobre su abuelo Salvador Allende, quien fue presidente de Chile desde 1970 hasta el golpe de Estado, encabezado por el general Augusto Pinochet, el 11 de septiembre de 1973, día en que falleció en el Palacio de la Moneda, lugar bombardeado por los golpistas.

Durante la ponencia que impartió en el auditorio Salvador Allende de este centro universitario, señaló que el quiebre de las relaciones diplomáticas de México con la dictadura chilena fue una señal inequívoca y mundial de los valores democráticos que este país priorizaba, además de una manera de apoyar al pueblo chileno.

La cineasta que se crió en México refirió que este país acogió a miles de chilenos que aquí se desarrollaron y encontraron trabajo. La nieta de Allende, incluso, platicó cómo su familia tuvo que exiliarse en México, país en donde ella creció y agregó que gracias a los gobiernos mexicanos estuvo por muchos años abierta la Casa de Chile, que reunió a los exiliados radicados en el Distrito Federal en actividades sociales, culturales y de solidaridad.

La película, de la cual habló durante su ponencia, muestra una perspectiva personal de la figura de Salvador Allende, así como el viaje interior de su familia “que forcejea cariñosamente entre el olvido y el recuerdo”. Allende, mi abuelo Allende es una coproducción chileno- mexicana. La cineasta confiesa que ella buscó las claves de por qué en su familia hablaban poco de Salvador Allende, “y entender ese dolor que me marcó desde niña”.

“La búsqueda de mi identidad, de lo que mi abuelo entregó a los ciudadanos del mundo es una búsqueda acompañada por amigos mexicanos. El filme es, además, una muestra de un vínculo que considero indisoluble a raíz de las relaciones entre los gobiernos de Luis Echeverría Álvarez, en el caso de México y Salvador Allende, de Chile”.

Por su parte, Ricardo Núñez Muñoz, el Embajador de Chile en México, destacó la importancia de recuperar al verdadero Salvador Allende, no sólo al que dio su vida por la democracia, sino al presidente que hizo profundas transformaciones y quiso cambiar a Chile de manera pacífica. Entre las reformas que emprendió destacan una reforma agraria, así como la nacionalización del cobre, además de sus esfuerzos en el área de salud para que todos los chilenos tuvieran acceso a ésta.

A T E N T A M E N T E

“Piensa y Trabaja”

Guadalajara, Jal., 11 de marzo 2015

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