“Tus padres volverán” busca a todos los pasajeros del vuelo de 1983.

“TUS PADRES VOLVERÁN” BUSCA A TODOS LOS PASAJEROS DEL VUELO DE 1983

Despegados

Realizadores de “Tus padres volverán”, film acerca del vuelo de los niños del exilio uruguayo en 1983, invitan a una búsqueda de protagonistas perdidos.

Tus padres volverán es una película que cuenta la historia de 6 de los 154 niños, hijos de exiliados políticos, que en el año 1983 viajaron desde España a Uruguay en un chárter puesto por el gobierno español. El hecho fue un gesto humano, pero también con un claro mensaje político. El vuelo significó un acto de libertad: habían vuelto los hijos del exilio.

Ante la cercanía de la fecha del estreno, los realizadores del film dirigido por Pablo Martínez Pessi, se plantearon el objetivo de “completar el vuelo”, identificando a los otros 148 hijos de exiliados que también formaban parte del vuelo.

<p><a href=”https://vimeo.com/107046025″>Trailer / TUS PADRES VOLVER&Aacute;N</a> from <a href=”https://vimeo.com/tuspadresvolveran”>Tus padres volver&aacute;n</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p> <p>In 1983 a group of 154 children aged 3 and 17 years old traveled alone from Europe to Montevideo. They were children of political exiles from Uruguay, who were unable to come back to their own country; they sent their kids to know their relatives and home country. That human sign, charged with a political message, took part in children&rsquo;s identity development. Nowadays, six of them still remember that day, when a crowd received them singing all together &ldquo;your parents will come back&rdquo;.<br /> STORY LINE<br /> <br /> En 1983 un grupo de 154 ni&ntilde;os, entre 3 y 17 a&ntilde;os, volaron solos desde Europa a Montevideo. Eran hijos de exiliados pol&iacute;ticos de Uruguay, que imposibilitados de regresar a su pa&iacute;s, enviaron a sus hijos a conocer a sus familiares y su pa&iacute;s de origen. Este gesto humano, pero con un mensaje pol&iacute;tico, influy&oacute; para siempre en el desarrollo de la identidad de los ni&ntilde;os. Hoy, 6 de ellos recuerdan el d&iacute;a que una multitud los recibi&oacute; cantando &ldquo;tus padres volver&aacute;n&rdquo;.<br /> <br /> Name: Your parents will come back<br /> Genre: Documentary <br /> Production year: 2015<br /> Duration: 80 '<br /> Original language: Spanish <br /> Subtitles: English<br /> Country: Uruguay<br /> Written and Directed: Pablo Martinez Pessi <br /> Production: Pablo Martinez Pessi <br /> Associated production: Virginia Hinze<br /> <br /> http://www.tuspadresvolveran.com</p&gt;

La idea es lograrlo haciendo uso de las herramientas que brinda la red y apelando a la teoría de los seis grados de separación, que afirma que estamos conectados con cualquier persona en el mundo en una cadena de no más de cinco puntos de unión.

Para eso, se invita a todos a ayudar a dar con la mayor cantidad de niños que formaron parte del vuelo, para así conocer la historia de cada uno de ellos: escuchar sus voces, conocer su identidad, y su punto de vista sobre el viaje.
“Entendemos que este es el medio, el formato y el momento de ampliar los 80 minutos de película con otras miradas acerca del mismo acontecimiento”, afirman los autores del film en un comunicado

“Aspiramos a tener como invitados a todos aquellos pasajeros que se encuentren en Uruguay en la fecha de la avant premiere y, de alguna manera, completar el vuelo”, agregan.

Completando el vuelo from Tus padres volverán on Vimeo.

Completando el vuelo from Tus padres volverán on Vimeo.

Completando el vuelo:
“Tus padres volverán” es una película que cuenta la historia de 6 de los 154 niños, hijos de exiliados políticos, que en el año 1983 viajaron desde España a Uruguay en un chárter puesto por el gobierno español. El hecho fue un gesto humano pero cargado de mensaje político. El vuelo significó un acto de libertad, habían vuelto los hijos del exilio.

http://www.tuspadresvolveran.com

Se acerca la fecha de estreno y nos pusimos como objetivo “completar el vuelo“, identificar a los 148 hijos de exiliados que también viajaron a Uruguay en 1983.

Queremos lograrlo haciendo uso de las herramientas que brinda la red y apelando a la teoría de los seis grados de separación, que afirma que estamos conectados con cualquier persona en el mundo en una cadena de no más de cinco puntos de unión.

Los invitamos a ayudarnos a identificar a la mayor cantidad de niños que formaron parte del vuelo. Queremos conocer la historia de cada uno de ellos: escuchar sus voces, conocer su identidad, y su punto de vista sobre el viaje.
Entendemos que este es el medio, el formato y el momento de ampliar los 80 minutos de película con otras miradas acerca del mismo acontecimiento.

Aspiramos a tener como invitados a todos aquellos pasajeros que se encuentren en Uruguay en la fecha de la avant premiere y, de alguna manera, completar el vuelo.

MECANISMO DE PARTICIPACIÓN:
Para participar de la propuesta, los usuarios podrán etiquetar y/o mencionar en nuestra página de Facebook a los viajeros, gente que tenga vínculo con los mismos o pueda aportar información para identificarlos. Asimismo, los usuarios podrán escribirnos a través de mensaje privado o enviarnos datos de interés vía e-mail a completandoelvuelo@tuspadresvolveran.com. Una vez finalizada la campaña se realizará, entre todos las personas que participaron de la propuesta, un sorteo de entradas dobles para asistir a la avant premiere de Tus padres volverán, donde estarán presentes los realizadores de la película y algunos de los niños que formaron parte del vuelo.
Bases y condiciones

BASES y DISPOSICIONES GENERALES:
La campaña “Completando el vuelo” de “Tus padres volverán“, es promovida y organizada por “Tus padres volverán“, y está sujeta a las condiciones generales contenidas en estas bases. La campaña “Completando el vuelo” está dirigida exclusivamente a las personas que cumplan los requisitos establecidos y la participación en ella implicará la íntegra aceptación sin reservas por parte del participante.-
CONDICIONES DE PARTICIPACIÓN: Toda persona física, tendrá derecho a participar.- ÁMBITO DE APLICACIÓN: El concurso estará activo únicamente en las redes sociales oficiales de “Tus padres volverán“: http://www.facebook.com/tuspadresvolveran y https://twitter.com/tuspadresvolver
FECHA DE VALIDEZ: 1 de Junio de 2015 a las 16:00 hs al 12 de Julio de 2015 a las 16:00 hs.-
MECANISMO: Participarán todas aquellas personas que participen de la campaña “Completando el vuelo“
PREMIOS: Entradas dobles para la avant premiere de “Tus padres volverán“.
MECÁNICA DE SORTEO: Constará de una instancia de sorteo por sistema informático aleatorio, de todos aquellos usuarios que envíen comentarios con el fin de identificar a los niños, hijos de exiliados políticos, que 1983 viajaron a Uruguay.
COMUNICACIÓN DE GANADORES: Se informará el nombre del ganador vía Facebook el mismo día del sorteo.
FECHA DE SORTEO: 15 de julio a las 19:00 hs.
RESPONSABILIDADES: “Tus padres volverán“ no será responsable por los gastos que se originen a futuro por la utilización o venta de dichos premios. Tampoco será responsable de los daños que éstos pudieran ocasionar a los ganadores y/o a terceros. Los premios no serán canjeables por dinero ni por ningún otro servicio y/o artículo.
DERECHO DE USO DE IMÁGENES: Mediante la aceptación de estas bases, los ganadores de la presente promoción autorizan expresamente la difusión de sus nombres e imagen a través de cualquier medio de comunicación y con la finalidad de anunciar los ganadores y/o para usos publicitarios de la empresa.-

Mecanismo de participación

Para participar de la propuesta, los usuarios podrán etiquetar y/o mencionar en la página de Facebook del film a los viajeros, gente que tenga vínculo con los mismos o pueda aportar información para identificarlos. Asimismo, los usuarios podrán escribir a través de mensaje privado de dicha red social o enviar datos de interés vía e-mail a completandoelvuelo@tuspadresvolveran.com

Una vez finalizada la campaña se realizará, entre todos las personas que participaron de la propuesta, un sorteo de entradas dobles para asistir a la avant premiere de Tus padres volverán, donde estarán presentes los realizadores de la película y algunos de los niños que formaron parte del vuelo.

Bases y disposiciones

La campaña “Completando el vuelo” de “Tus padres volverán”, es promovida y organizada por “Tus padres volverán”, y está sujeta a las condiciones generales contenidas en estas bases. La campaña “Completando el vuelo” está dirigida exclusivamente a las personas que cumplan los requisitos establecidos y la participación en ella implicará la íntegra aceptación sin reservas por parte del participante.

CONDICIONES DE PARTICIPACIÓN: toda persona física, tendrá derecho a participar.

ÁMBITO DE APLICACIÓN: El concurso estará activo únicamente en las redes sociales oficiales de “Tus padres volverán”: www.facebook.com/tuspadresvolveran y https://twitter.com/tuspadresvolver    http://https://vimeo.com/129030875

FECHA DE VALIDEZ: del 1 de Junio de 2015 a las 16:00 hs al 12 de Julio de 2015 a las 16:00 hs.

MECANISMO: Participarán todas aquellas personas que participen de la campaña “Completando el vuelo”

PREMIOS: entradas dobles para la avant premiere de “Tus padres volverán”.

MECÁNICA DE SORTEO: constará de una instancia de sorteo por sistema informático aleatorio, de todos aquellos usuarios que envíen comentarios con el fin de identificar a los niños, hijos de exiliados políticos, que 1983 viajaron a Uruguay.

COMUNICACIÓN DE GANADORES: se informará el nombre del ganador vía Facebook el mismo día del sorteo.

FECHA DE SORTEO: 15 de julio a las 19:00 hs.

RESPONSABILIDADES: “Tus padres volverán” no será responsable por los gastos que se originen a futuro por la utilización o venta de dichos premios. Tampoco será responsable de los daños que éstos pudieran ocasionar a los ganadores y/o a terceros. Los premios no serán canjeables por dinero ni por ningún otro servicio y/o artículo.

DERECHO DE USO DE IMÁGENES: mediante la aceptación de estas bases, los ganadores de la presente promoción autorizan expresamente la difusión de sus nombres e imagen a través de cualquier medio de comunicación y con la finalidad de anunciar los ganadores y/o para usos publicitarios de la empresa.

Montevideo Portal

Dictaduras Cono Sur. La Operación Morgan. Uruguay

Denuncias buscan justicia para torturados y desaparecidos durante la dictadura

Desenmascarando la Operación Morgan

Morgan era el apellido de un pirata británico que hacía lo que todo pirata: robar. No es casual la denominación de Operación Morgan, que expresa un nivel de cinismo, lamentablemente habitual en la historia de la última dictadura uruguaya. La Operación Morgan recibió su nombre desde propias filas militares y comprendió el proceso de robos y apropiación de los bienes materiales que pertenecían a cualquier partido con ideología “comunista”. En los años 70 la milicia uruguaya consideró que el Partido Comunista del Uruguay (PCU), el Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) y la Unión Juventud Comunista (UJC) eran los principales focos de “acción subversiva” en el país, y que los demás partidos socialistas eran “organizaciones de fachada” patrocinadas por los anteriores y con la finalidad de distraer la atención. Fue así como en 1975 se lanzó “oficialmente” la cacería masiva de integrantes de estos partidos, persecución programada para prolongarse hasta 1976, lapso que la milicia consideró suficiente para “extirpar” la “amenaza comunista” en el país. Morgan se extendió hasta 1984, con rachas de diferente intensidad pero siempre teniendo como factor en común el robo y la sistemática aplicación de torturas, violación de mujeres, secuestro de niños, y desaparición forzada de decenas de personas. La Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII) dirigida por el inspector general Víctor Castiglioni, tuvo la poco honrosa autoría intelectual del Operativo Morgan, en tanto que el Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA) liderado por el general Esteban Cristi fue el autor material de los robos, secuestros, asesinatos y torturas hechos en nombre de Morgan. El exterminio comunista efectuado en este operativo tuvo como resultado 23 desaparecidos, 16 muertos en tortura, un asesinato en Argentina, seis muertes en prisión y tormentosos castigos físicos para miles de personas. Los militares no se limitaron al territorio uruguayo, sino que con la venia del Plan Cóndor hicieron de las suyas también en Paraguay, Bolivia, Chile, Colombia y sobre todo en Argentina, país en el que desaparecieron más uruguayos que en nuestro propio territorio nacional. Tampoco se debe olvidar el caso de la maestra Elena Quinteros, quien fue secuestrada en Uruguay mientras intentaba huir de sus captores refugiándose en los jardines de la embajada de Venezuela en Montevideo, territorio del país caribeño. Otro de los organismos represores con activa participación en la Operación Morgan fue el Servicio de Inteligencia y Defensa (SID), liderado por el general Amaury Prantl hasta 1979, cuando asumió el también general Iván Paulós. El botín El desbaratamiento financiero de las organizaciones comunistas en Uruguay fue desde el comienzo unos de los principales objetivos, motivo por el cual se robó dinero, propiedades y bienes pertenecientes a los comunistas. Estos robos, lejos de ser aislados, fueron uno de los motivos frecuentes de tortura y constituyeron una forma de conseguir fondos para el gobierno dictatorial y gracias al cual pudo extender su aparato represivo clandestino e intensificarlo. Torturar se convirtió en un negocio muy rentable. General Prantl la “Casona de Millán”, centro clandestino de torturas en el cual fue visto por última el maestro Julio Casto. La denominada “Cárcel del Pueblo” (ubicada en la calle Juan Paullier al 1190) fue otros de los centros de tortura usados durante Morgan. Este centro clandestino de detención había sido expropiado a los tupamaros en 1972 y fue intensamente utilizado durante todo el proceso del operativo genocida que los militares impusieron. En la Cárcel del Pueblo las torturas diferían de las que se aplicaban en otros lugares, pues este lugar era utilizado principalmente para “reacondicionamiento” de los secuestrados, esto significa que se les ataban las manos a la espalda, se los encapuchaba y se los tiraba en el piso de un sótano sin agua ni comida durante varios días. De esa forma se le daba un supuesto “descanso” a los cuerpos que venían sufriendo meses de torturas de toda clase y tenor, generalmente traídos desde otros centros clandestinos. La “Casa de Punta Gorda” (también conocida como “Infierno Chico”, ubicada sobre la Rambla República de México) fue el lugar en el que se aplicó la mayoría de las torturas durante los primeros meses del Operativo Morgan; esto fue así hasta que se acondicionó el llamado “300 Carlos” o simplemente “Infierno”, montado en el Servicio de Material y Armamento (SMA) ubicado en los fondos del Batallón de Infantería Blindado Nº 13, lugar donde en el año 2005 aparecieron los restos óseos de Fernando Miranda, miembro del PCU y hasta entonces desaparecido. Luego de ser torturados en esos centros, los detenidos desaparecidos (si es que sobrevivían) pasaban a la Brigada de Infantería Nº 1, en Cno. Maldonado a la altura del Km 14, adonde la orden era alivianar las torturas para poder “blanquearlos” (jerga militar que significa fingir que se los había atrapado desde la “legalidad” y presentarlos en un estado que no mostrara el verdadero deterioro físico de sus víctimas). Por estos lugares pasaron la mayoría de los detenidos clandestinos uruguayos que fueron secuestrados en el marco de este operativo. Una Ideología mortal Democracia y marxismo son incompatibles. Su eliminación es imprescindible para la convivencia en paz y progreso.” La frase pertenece a un texto publicado a pocos meses del golpe de Estado en el matutino El País. Dicho texto fue escrito por el entonces director del Instituto Militar de Estudios Superiores (IMES), General Luís Forteza. En la misma carta también se puede apreciar cómo Forteza compara al comunismo con el cáncer, y afirma que debe ser extirpado. Los informes de inteligencia de la dictadura uruguaya a los que accedieron los autores de la Investigación Histórica sobre Detenidos Desaparecidos, (coordinada por el decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Álvaro Rico) exhiben un grotesco operativo de exterminio del PCU que tuvo como principal agresor al OCOA del general Cristi. Un documento de setiembre de 1976, firmado por el propio Esteban Cristi, dice textualmente que El PCU en nuestro país actualmente centraría su accionar en el departamento de Montevideo y agrega que luego de la represión se logrará que tenga menos de mil (integrantes) más la UJC y CNT (Convención Nacional de Trabajadores).” Otro ejemplo de la “moral” en la que estos grupos militares estaban embebidos lo dio el General Iván Paulós (ex director del SID), cuando en plena democracia y en entrevista con el diario El País, dijo que “cuando hablamos de decenas de desaparecidos o de muertos, es una insignificancia si pensamos en todo lo bueno que se logró”. Paulós también publicó en el semanario Búsqueda una apología de los crímenes que Esteban Cristi autorizó desde el OCOA, diciendo que quien“tiró la bomba en Hiroshima es un héroe de guerra estadounidense pese a que mató mucha gente. Pero si fuera uruguayo, sería considerado un asesino”, ocasión en la cual se adelantó a determinar que “No se puede juzgar así actos de guerra”. La causa Morgan a más de 30 años Recientemente el Instituto de Estudios Legales y Sociales del Uruguay (IELSUR) presentó una denuncia por torturas en representación de 90 personas que fueron detenidas en múltiples centros clandestinos de tortura entre los años 1973 y 1985. El Dr. Martín Fernández, abogado de IELSUR, dijo a Sala de Redacciónque la denuncia se presenta bajo el entendido de que “la tortura es un crimen de lesa humanidad y que, por lo tanto, no prescribe”. Fernández estimó que si bien la ley recientemente aprobada en el parlamento “da un marco adecuado a la denuncia”, no es uno de los motivos por los que ésta fue hecha. Explicó que la denuncia tardó mucho tiempo en ser realizada porque “el proceso psicológico de comunicar este tipo de cosas es muy complicado y toma mucho tiempo, sacrificio y trabajo”. Dicha denuncia incluye no sólo a personas torturadas en el marco del Operativo Morgan, sino que también hay una veintena de víctimas del Batallón de Artillería Nº 1 que están incluidos en la causa. Los denunciados por el Operativo Morgan son militares, médicos y enfermeros que mantenían con vida a los torturados y señalaban sus puntos débiles hacia los cuales debería ser dirigida la tortura. También hay psiquíatras y psicólogos que se prestaron a los fines de la completa destrucción moral, intelectual, espiritual, psicológica y ética de los torturados y sus familiares. “El médico me atendió más de una vez, venía, me revisaba y cuando ya mi organismo no resistía más me hacía descansar, me daban pastillas, me alimentaban y a los dos o tres días volvía, me examinaba y decía bueno, éste está de alta, pueden seguir”, relató Clarel de los Santos a Sala de Redacción. De los Santos era un simple estudiante que se había integrado al Partido Comunista poco antes de su detención en 1975. Hoy día es uno de los denunciantes del Operativo Morgan. Un pequeño seguimiento En la Actualización de la Investigación Histórica Sobre los Detenidos Desaparecidos (publicada recientemente en http://www.presidencia.gub.uy) se incluye un documento fechado en febrero de 1976, en el que uno de los principales responsables del Operativo Morgan, el Comandante de la División de Ejército I, general. Esteban Cristi, felicitó expresamente a 12 oficiales que participaron en el genocidio comunista. Ellos son: los Teniente Coronel Manuel Calvo y Henry Saralegui; los Mayores Ernesto A. Ramas, Victorino Vázquez y Juan Lezama; los Capitanes Omar Lacasa, Rubely Pereyra y Rudyard Scioscia; y los Tenientes Primero Julio Tabárez, Jorge “pajarito” Silveira, Antraning Ohannessian y José Parisi. Entre ellos hay algunas figuritas que se repiten, militares cuya “carrera” represiva ha ido más allá del Operativo Morgan: Ernesto Avelino Ramas Pereira, era apodado (según el libro A todos ellos) como Oscar 1, El Tordillo, El Gallego y Puñales. Torturó en el 300 Carlos a las órdenes del OCOA. Actualmente está preso por haber participado en al menos 28 asesinatos en el marco del Plan Cóndor; que determinaba la coordinación criminal entre las dictaduras de América y tenía base en Chile y un emblemático centro de torturas denominado “Automotores Orletti” en Argentina, donde fueron martirizados los uruguayos exiliados secuestrados por los militares. Victorino “el Víbora” Vázquez, es tío de Gilberto Vázquez (actualmente procesado por lo mismo que Ramas) está señalado junto a otro conocido represor, Lawrie Rodríguez (quien supiera acompañar en sus listas al ex presidente Jorge Batlle), como uno de los vinculados con la desaparición de María Claudia García de Gelman, quien permaneció secuestrada en la “Base Valparaíso” (centro clandestino de torturas cito en el barrio de Villa Dolores). El Víbora también es responsable por la muerte del militante Hugo De los Santos, quien murió por torturas en el Regimiento sexto de Caballería, donde la tortura estaba dirigida por Vázquez. Sin embargo, Victorino Vázquez nunca fue imputado por este caso, por la que sí fue a la cárcel (en el marco de una causa por al menos diez muertes) Juan María Bordaberry. Omar Lacasa (apodado Óscar o el Alemán), está vinculado a la causa por la desaparición del maestro Julio Castro, visto con vida por última vez mientras era torturado en la Casona de Millán; y también es señalado como responsable por la muerte del comunista Horacio Gelós Bonilla. Rudycard Scioscia fue vinculado en el libro De la A a la Z (de Alberto Silva) al 300 Carlos (o Infierno), uno de los principales centros de tortura utilizados en Morgan, en cuyo predio han aparecido restos óseos de detenidos desaparecidos; y fue reconocido en dialogo con Sala de Redacción por Marys Yic como uno de los vinculados con el asesinato de su padre, Nuble Yic. Jorge Silveira (alias Pajarito o Chimichurry) está actualmente preso por la desaparición de Adalberto Soba, y en 1981 violó sistemáticamente a cerca de 20 estudiantes menores de edad Antraning Ohannessian (alias el Turco o el Armenio) está vinculado al Plan Cóndor por los asesinatos, entre otros, de Gerardo Gatti, María Emilia Islas de Zaffaroni y de Nibia Sabalsagaray, muerta en un “Interrogatorio” a menos de un día de su secuestro. El Turco recibió (al igual que varios de los aquí mencionados) “Cursos Especiales” sobre “Interrogatorios” y “Contrainsurgencia” (están entre comillas porque ese era el nombre que tenían) en la Escuela de las Américas (SOA, por sus siglas en inglés), montada por el gobierno de Estados Unidos en la Zona de Canal de Panamá. Finalmente, José Parisi está vinculado al “Grupo de los Óscar” que torturó en el 300 Carlos y fue reconocido (junto al ya mencionado Ernesto Ramas) por denunciantes del Operativo Morgan como uno de los torturadores más activos durante los secuestros. “Fuimos invisibles para la sociedad” Marys Yic, hija del militante del PCU Nuble Yic, contó a Sala de Redacción los detalles de su lucha en la búsqueda de justicia por el homicidio de su padre. El crimen de Nuble Yic es uno de los 90 que están siendo denunciados en la causa por el Operativo Morgan. Nuble fue empleado de la rama cárnica, estaba casado y era padre de cuatro hijas. Marys, de sólo 11 años de edad en ese entonces, vivió el tormentoso secuestro de su padre como protagonista cuando “el 22 de octubre de 1975, a las 2 de la mañana, entraron seis personas, lo encapucharon, le esposaron las manos a la espalda, y se lo llevaron a punta de pistola con destino desconocido”. Además de llevarse a Yic, los secuestradores “se robaron todo, pusieron un mantel en la sala y se llevaron todo lo que quisieron, hasta mis cuadernos de la escuela”, cuenta Marys con el coraje de no quebrarse mientras sacude su memoria. Nuble Yic era enfermo cardíaco y los militares en ningún momento repararon en su condición, torturándolo con especial saña y negándole todas las medicinas necesarias, tras haberlo secuestrado a pocos días de una internación por haber infartado y mientras Yic todavía se encontraba convaleciente. El rastro de Nuble Yic fue perseguido por su hija en una investigación que le tomó todo un año de trabajo y culminó cuando confirmó que el obrero cárnico había sufrido todo tipo de torturas en la “Casa de Punta Gorda”, la “Cárcel del Pueblo”, “300 Carlos” y la Brigada de Infantería Nº 1, donde murió de un infarto producto de las extremas torturas a las que fue sometido. Su dolencia cardíaca nunca fue atendida por los enfermeros y médicos, que secundaban a los torturadores. Un día antes de su muerte, Yic recibió la única visita que tuvo durante su tortuoso cautiverio. Su esposa e hijas comprobaron el deterioro físico por los meses contínuos de torturas. “Mi padre escondía las manos debajo de la mesa que nos separaba; después me enteré por mi madre que hacía eso para que yo no viera sus dedos, porque le habían arrancado las uñas”. Para acceder a esa visita, Marys, de sólo 11 años, tuvo que desnudarse delante de una militar y le apuntaron con una metralleta. Durante los breves instantes en que vio a su padre, Yic recuerda que “no podía dejar de llorar, tanto que mi madre me pidió que parara y mi padre le dijo ‘dejála que llore’”. “Los militares también condenaron a niños y adolescentes, y tres décadas más tarde muchos seguimos pagando las consecuencias de aquello”, dice Marys explicando el alcance del terrorismo de Estado. En la denuncia presentada sobre el caso Yic aparecen los nombres de médicos y enfermeros, cómplices de las torturas que provocaron la muerte de Nuble. Los nombres son: Dr. Milton Sarkissián (del Hospital Militar), un doctor de quien se sabe que su apellido es Rivero y dos enfermeros, uno de ellos de apellido Casiano (o Kasiano) y otro que trabajaba en el cuartel del Km 14 donde Nuble Yic murió y que se apellidaba Suna. Y es que a los problemas familiares y económicos que produce la desaparición forzada de un padre de familia, hay que añadir las secuelas psicológicas, de las que el Estado nunca se hizo cargo y ante las cuales Marys explica que “no fue una pelea entre adultos, nosotras eramos niños, fuímos torturadas psicológicamente y fuimos invisibles para la sociedad”. El alcance de las torturas hechas por militares durante la dictadura no terminaba en el cuerpo de los sometidos. Marys cuenta que durante parte del cautiverio de su padre “enviábamos un bolso con ropas, medicinas, lentes para ver y alimentos todas las semanas a una dependencia en el Prado y a pedido de los militares; ese bolso nos era devuelto con la ropa ensangrentada, los lentes y medicamentos sin tocar, y la comida podrida”, con lo que quedaba claro que la tortura se extendía fácilmente a todos los integrantes de la familia. Marys afirma que con sólo 11 años, tuvo que entender que el Estado era un peligro para ella y su famlia; y que todo lo iban a tener que hacer de la misma forma que han hecho esta denuncia, con muchísimo valor y a puro pulmón. Mercedes Labadie

Londres 38 Espacio de Memoria acoge nuevos nombres.

Testimonios.

 
 
http://vimeo.com/76864883

 

La Dictadura en el Cine. La generación de los Hijos.

http://www.memoriaabierta.org.ar/ladictaduraenelcine/index.html

A mediados de los 90, los hijos aparecen en la escena cinematográfica con sus propias demandas e interpretaciones sobre lo acontecido a sus padres en los 70, asumiendo el protagonismo, y en muchos casos también la dirección, de documentales y ficciones.

Argenmex, exiliados hijos(2007)

Argenmex. 20 años. La historia ésta (1996)

Botín de guerra(1999)

Buenos Aires viceversa (1996)

Cautiva (2003)

Che vo cachai(2003)

Ciudad del sol(2001)

Cordero de Dios(2008)

Das Lied in Mir(2010)

De l´ Argentine(1986)

Desembarcos(1988)

Destino final (2008)

Diario argentino(2006)

El despertar de L.(2000)

El nombre de las flores (2008)

En memoria de los pájaros (200

Historizar el Pasado Vivo. “Verdad y memoria: escribir la historia de nuestro tiempo”,

Prólogo

 

Esta publicación se ocupa del pasado vivo, del que forma parte de los recuerdos de muchos y que su carácter dramático convierte en un problema moral duradero para la conciencia nacional. A ese pasado vivo y violento la gente se refiere hoy como “la memoria”. ¿Puede “la memoria” llegar a ser un objeto de conocimiento histórico? ¿Sabrán los historiadores e historiadoras que han vivido esos sucesos recientes dramáticos y que a veces han sido sus actores explicarlo con objetividad? ¿Qué conocimientos históricos pueden aportarse a tan escasa distancia de los acontecimientos, cuando la documentación es aún incompleta y ese pasado sigue siendo una tarea inconclusa? ¿Y por qué “historizar” los tiempos que vivimos? ¿En qué aspectos el trabajo sobre el pasado reciente difiere del trabajo sobre un período más remoto?

Historizar el pasado vivo explora estas cuestiones a través de treinta y cuatro estudios, en los que colaboraron no sólo historiadores sino también investigadores en ciencias sociales –antropólogos, politólogos, psicólogos y sociólogos–, así como filósofos, juristas y defensores de los derechos humanos. El carácter multidisciplinario de la publicación da cuenta de una realidad: los historiadores distan de tener el monopolio del pasado difícil. Su trabajo se lleva a cabo en sinergia con muchas otras personas que, en la actualidad, se ocupan de ese pasado.

Asumir lo ocurrido quiere decir encarar una serie de tareas. Las personas que se hacen cargo de ellas pertenecen, en muchos casos, a lo que se da en llamar movimiento por los derechos humanos: abogadas y abogados, juristas, psicólogos, periodistas de investigación, jueces, investigadores policiales, antropólogos forenses, religiosos y laicos de las diferentes iglesias, médicos legistas… y la lista podría seguir. A través de las asociaciones de víctimas, nacionales y locales, también la sociedad civil se moviliza para descubrir la verdad de lo sucedido y reunir pruebas, reparar agravios y penalizar a los culpables, defender a las víctimas y asistirlas, asegurar el recuerdo de lo que pasó y preservar sus huellas tangibles. Ese trabajo multiforme que la sociedad efectúa sobre su pasado constituye en sí mismo un activo campo de investigaciones en ciencias sociales al que se suele aludir con el término “memoria histórica”.

En ese contexto, Historizar el pasado vivo se asignó como tema principal el trabajo de los historiadores e historiadoras; en otras palabras, el tratamiento propiamente histórico del pasado: cómo reconstruirlo de manera verídica y comenzar a explicarlo resituándolo en la larga duración de la historia nacional, y cómo contribuir a la formación de una conciencia histórica en el público gracias al rigor de los conocimientos aportados.

Historizar el pasado vivo tiene como campo primordial de interés América Latina, donde una decena de países atravesaron un período de gran violencia política en la segunda mitad del siglo XX. La meta de la publicación es, en primer lugar, alentar en el continente el estudio histórico de las rupturas catastróficas del pasado nacional cuya memoria sigue viva.

El pasado difícil, sin embargo, también representa una apuesta para el conocimiento histórico fuera de América Latina. Es el pasado de la Segunda Guerra Mundial y de los regímenes totalitarios cuya caída precipitó el final de la Guerra Fría. En otros lugares, se trata de prolongadas guerras civiles, períodos de represión masiva (algunos de ellos basados en una discriminación de orden étnico, religioso, etcétera) de los que los países comienzan a salir en nuestros días.

Hemos querido, por tanto, inscribir esta historia latinoamericana reciente en formación dentro de un campo más amplio, a la vez en el plano de la historia y de la memoria. Historizar el pasado vivo presenta en español textos de especialistas de renombre mundial como John Dower, Jan Gross, Paul Ricœur y Henry Rousso. Éstos contribuyeron a mostrar lo que se hace en otros lugares en torno de situaciones comparables y a partir de preocupaciones similares. 

Era igualmente importante dar a conocer fuera de América Latina el trabajo que se lleva a cabo en América Latina. Creemos, en efecto, que los casos latinoamericanos presentados en la publicación son importantes a escala de la historia universal de nuestro tiempo, y que los trabajos de gran calidad que ella reúne merecen ser mejor conocidos más allá del continente. Por eso se ha previsto un acceso sistemático al contenido sucinto de la publicación en inglés.

Tres países de América Latina han constituido nuestro centro de interés: la Argentina, donde el “Proceso de Reorganización Nacional” encabezado por las juntas militares resultó ser una operación integral de represión (1976-1983); Chile, que sufrió durante diecisiete años la dictadura del general Pinochet (1973-1990), y el Perú, donde terrorismo y contrainsurrección hicieron estragos en las comunidades rurales del centro y sur andino y provocaron el derrumbe de la democracia (1980-2000). Pero las cuestiones sobre la historización del pasado violento que examina la publicación conciernen asimismo a otros países latinoamericanos: Guatemala y El Salvador en América Central, Brasil, Uruguay y Paraguay en el Cono Sur.

BREVE HISTORIA DEL PROYECTO

 

El proyecto de Historizar el pasado vivo nació en Chile. Junto con él, la Argentina y el Perú se convirtieron en los países de referencia. Decir algunas palabras de esa elección es mostrar que la presencia del pasado en la sociedad y la actualidad puede invitar a los historiadores e historiadoras a ver de otra manera la función y las prioridades de su oficio. Permítasenos, para ello, evocar el final de la década de 1990 en Chile.

El gobierno de la transición democrática se preocupaba por entonces de que los manuales de historia de la escuela primaria y secundaria incluyeran una exposición sucinta pero honesta de los hechos. Algunos colegas participaron a la sazón en la elaboración de esos nuevos libros de texto; otros, con posterioridad, integrarían las comisiones encargadas de otorgarles el aval del Ministerio de Educación. A partir de un “contenido mínimo” determinado por éste, se trataba de explicar a los alumnos chilenos el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 y la dictadura pinochetista. Ahora bien, esas cuestiones no se incluían aún ni en la enseñanza ni en los programas de investigación de las universidades. Esta situación puso abruptamente a varios de nosotros, historiadores, frente a una laguna. Y nos resolvió a alentar la escritura de la historia reciente en la universidad.

Las primeras inspiraciones en la materia nos vinieron de España y Francia, con la revista de historia contemporánea Ayer y la obra Écrire l’histoire du temps présent, publicada por el Institut d’histoire du temps présent (www.ihtp.cnrs.fr). También debe mencionarse la charla dada por el historiador norteamericano Steve J. Stern en la sede de Flacso-Chile (www.flacso.cl) sobre sus investigaciones, que iban a resultar en la publicación del libro Remembering Pinochet’s Chile. Esos ejemplos demostraban que era posible abordar el pasado vivo enfocando temas delimitados con claridad y con la ayuda de categorías críticas y abandonar así el universo semántico estereotipado y polarizado en el cual solía aprehenderse la dictadura en Chile.

Sobrevino entonces el remezón de la detención de Pinochet en Londres. En 1999 se publicó el “Manifiesto de historiadores” de Sergio Grez y Gabriel Salazar, que refutaba la historia oficial elaborada durante la dictadura y recordaba las condiciones en que los demás historiadores habían tenido que trabajar durante diecisiete años. Ese mismo año apareció, en el Journal of Latin American Studies, un artículo de Alexander Wilde, “Irruptions of Memory”, y Memoria para un nuevo siglo editado por Mario Garcés y Julio Pinto. Estas publicaciones inauguraron los estudios sobre la presencia del pasado en la política chilena y la historia reciente del país. Investigaciones metódicas sobre la historia reciente del país comenzaron a presentarse en los congresos de historia.

El retorno de la democracia también vio a las universidades salir de un largo período de aislamiento intelectual. A escala continental se esbozaba una integración regional, facilitada, entre otras cosas, por el hecho de que los vuelos entre Santiago de Chile y Buenos Aires aumentaban su frecuencia y disminuían sus precios. Diez años después del retorno de la democracia, Luis Alberto Romero publicó su Breve historia de la Argentina contemporánea, que allanó el camino hacia la historia reciente del país. El último capítulo de ese libro está dedicado al Proceso, que el historiador argentino situaba en un ciclo de violencia iniciado con anterioridad.

Las impresiones traídas de Buenos Aires sugerían que el pasado reciente se debatía allí más abiertamente que en la sociedad chilena. La Escuela de Mecánica de la Armada, ese gran complejo de la Marina que había sido uno de los centros clandestinos de detención de más triste fama, aparecía en los circuitos turísticos de la ciudad, y en los quioscos del aeropuerto se encontraba el informe de la comisión argentina de la verdad, Nunca más. Fundada en 2000, la revista Puentes no tardó en imponerse como una instancia de la reflexión naciente sobre la memoria histórica en la Argentina.

Todo esto nos dio la idea de examinar en conjunto, argentinos y chilenos, la cuestión de la historización del pasado cercano. No para hacer historia comparada propiamente dicha, sino para reflexionar mejor entre varios sobre un objetivo que era común, y hacerlo a partir de situaciones diferentes. El proyecto de una publicación se concretó en momentos en que nuestros amigos argentinos vivían las horas más sombrías de la crisis económica de 2001-2002. La calurosa recepción que brindaron al proyecto fue, por ello, tanto más alentadora.

La introducción de internet en las universidades chilenas fue la otra gran innovación de fines de la década de 1990. Durante los tumultuosos meses que vivió el Perú en 1999-2000, Cecilia Blondet, del Instituto de Estudios Peruanos de Lima (www.iep.org.pe), se encargaba de enviar periódicamente el boletín de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. Esto permitió seguir día a día la reelección fraudulenta de Fujimori, la espiral de escándalos en torno de su acólito Montesinos y el repudio de la sociedad civil hacia ambos, guiada en esa actitud por los organismos de derechos humanos.

Entre 2001 y 2003 sesionó en el Perú una comisión de la verdad. Este organismo (www.cverdad.org.pe) fue el quinto del continente en entregar un informe final, luego de los documentos elaborados por las comisiones de la Argentina (1983-1984), Chile (1990-1991), El Salvador (1992-1993) y Guatemala (1997-1999). El International Center for Transitional Justice (www.ictj.org) define una comisión de la verdad como una “investigación oficial de los patrones de abuso del pasado que procura establecer un registro histórico preciso de los acontecimientos”. No podría explicarse con más claridad por qué este tipo de entidad es del interés de los historiadores. La Comisión de la Verdad y Reconciliación peruana incluía en su plana mayor un número sin precedentes de antropólogos e historiadores. Algunos habían trabajado en el tema de Sendero Luminoso desde la década de 1980, y en condiciones peligrosas. Uno de ellos, Carlos Iván Degregori, tenía su asiento en la comisión.

De allí surgió la idea de pedir a colegas que participaban de los trabajos de la comisión de la verdad peruana que contribuyeran con la publicación proyectada. A principios de 2003 hice una visita a la comisión. El clima de colmena laboriosa que reinaba en su sede central de la avenida Salaberry y el interés demostrado por nuestros colegas en la propuesta que les llevábamos –pese al cansancio que se leía en sus rostros– hicieron de aquel encuentro un momento memorable.

Dos meses después de la presentación del informe final de la comisión de la verdad peruana, en octubre de 2003, un taller que reunía principalmente a investigadores argentinos, chilenos y peruanos y a otros especialistas de esos países se celebró en el Institute of Latin American Studies (hoy parte del Institute for the Study of the Americas, ISA, www.americas.sas.ac.uk) de la Universidad de Londres. La concurrencia al taller londinense fue numerosa y atenta. Lo cual recuerda, por si hiciera falta, la vitalidad de los latinoamericanistas en el Reino Unido. Los trabajos presentados en Londres constituirían el núcleo de la presente publicación. Ésta se organizó luego en el Centro de Ética de la Universidad Alberto Hurtado (www.uahurtado.cl), la universidad jesuita de Chile.

CONTENIDO DE HISTORIZAR EL PASADO VIVO

 

Historizar el pasado vivo contiene un trabajo liminar seguido de otros treinta y tres distribuidos en siete secciones, cada una de las cuales está precedida por su introducción.

Nuestro capítulo liminar, “Verdad y memoria: escribir la historia de nuestro tiempo”, abreva en numerosos ejemplos –y ante todo en los que son tema de investigación en los trabajos siguientes– para recordar la motivación marcada y duradera de los historiadores e historiadoras del mundo occidental por escribir la historia de su tiempo y lo que entienden por ello. Exploramos, por otra parte, las circunstancias en las cuales comienza a constituirse en América Latina una historiografía sobre el pasado difícil, las tradiciones a las que es posible asociarla y las formas que le son propias.

En la sección “Verdad, justicia, memoria”, el filósofo Paul Ricœur, la socióloga y filósofa Marie-Claire Lavabre y el jurista Juan Méndez dan cuenta del universo semántico en el que hoy se aborda el pasado cercano y reflexionan sobre las significaciones asumidas por las palabras clave “verdad” y “memoria” en cada ámbito.

Que el conocimiento histórico progresa gracias a la multiplicación de buenos estudios de caso es una verdad comprobada y destacada en muchas ocasiones. Es lo queHistorizar el pasado vivo se ha propuesto demostrar en lo concerniente a América Latina por medio de las colaboraciones reunidas. Las tres secciones respectivamente dedicadas a la Argentina, Chile y el Perú, ofrecen en cada oportunidad un estado de la cuestión historiográfica y bibliográfica y varias monografías históricas complementadas con los trabajos de otros estudiosos del pasado reciente.

Así, en la sección “Argentina: el tiempo largo de la violencia política”, se encontrarán los trabajos de Luis Alberto Romero, Mauricio Chama, Martín Obregón, Federico Guillermo Lorenz, Carlos Acuña y Catalina Smulovitz, y Hugo Vezzetti.

La sección “Chile: los caminos de la memoria y de la historia” reúne las colaboraciones de Peter Winn, Mario Garcés, Manuel Gárate-Chateau, Elizabeth Lira, Katherine Hite y Alexander Wilde.

Por su parte, la sección “Perú: investigar veinte años de violencia reciente” está constituida por los capítulos de Peter Klarén, Carlos Iván Degregori, Nelson Manrique, Ponciano del Pino, Pablo Sandoval y Coletta Youngers.

En la sección “Archivos para un pasado reciente y violento: Argentina, Chile, Perú”, Federico Guillermo Lorenz traza un estado de las fuentes de archivos que pueden consultarse en el caso argentino; Jennifer Herbst, junto con Patricia Huenuqueo, hacen otro tanto para Chile, mientras que Ruth Elena Borja Santa Cruz se encarga de la misma tarea para el Perú.

La elección de los trabajos que aparecen en la sección “El pasado vivo: casos paralelos y precedentes” tuvo como guía la inquietud de ampliar el campo a la vez temporal y geográfico de nuestra reflexión: Jan Gross sobre Polonia, Michael Geyer sobre Alemania, John Dower sobre los Estados Unidos y el Japón, Kenneth Serbin sobre Brasil y Henry Rousso sobre Francia se ocupan de un pasado reciente pero anterior a 1970. Estos historiadores ilustran, según los casos, itinerarios y temas de investigación, cuestiones de método e interpretación, objetivos éticos y evolución historiográfica en el estudio del pasado reciente a escala mundial.

Historizar el pasado vivo aborda, por último, el sentido de responsabilidad inseparable del trabajo en torno de temas que pesan sobre la conciencia colectiva. En la sección “Historia reciente y responsabilidad social”, los aportes de Arturo Taracena Arriola para Guatemala, Joan del Alcàzar desde España y para Chile, Mark McGovern y Patricia Lundy para el Ulster y Julissa Mantilla Falcón para el Perú transmiten sus experiencias de situaciones en las que tuvieron que poner sus competencias al servicio de la memoria histórica, ayudar a establecer la verdad pública acerca del pasado y aplicar a situaciones específicas, actuales y prácticas, su oficio.

Así concebido, Historizar el pasado vivo se dirige ante todo a un público universitario, a los docentes y estudiantes que se plantean las mismas preguntas que los autores de la publicación. Algunos están aislados, viven lejos de los grandes centros urbanos o en un medio poco receptivo a sus inquietudes. Por otra parte, no abundan en América Latina las publicaciones impresas sobre las cuestiones debatidas desde hace poco. Y las que existen no siempre son accesibles, aunque sólo sea por razones económicas.

Estas desventajas constituyen los avatares cotidianos de muchos investigadores latinoamericanos en la actualidad. Conscientes de ello, hemos querido ofrecer a la mayor cantidad posible un conjunto de trabajos elaborados por especialistas, que proponen puntos de vista variados y datos sustanciales para la historización del pasado reciente en América Latina y el mundo. Por eso la Fundación Ford (www.fordfound.org) contribuyó con generosidad a la producción de una publicación que no tiene fines de lucro sino que apunta a la máxima difusión de los conocimientos, rápida y sin costos.

El formato electrónico respondía a nuestros objetivos. Los universitarios comienzan a utilizarlo en la región, donde, como en otros lugares, sirve para poner en circulación trabajos en curso. Pero la web también puede y debe permitir engrosar la biblioteca de los investigadores, con la condición de que una publicación universitaria electrónica y las partes que la componen respeten las normas de publicación científica internacional válidas para los trabajos impresos. El ACLS E-Book Project (www.historyebook.org) y, más cerca de nosotros, la biblioteca virtual del portal Cholonautas (www.cholonautas.edu.pe/biblioteca) nos alentaron a reincidir con Historizar el pasado vivo, luego de publicar El género en la historia(www.americas.sas.ac.uk/publications/genero/genero.htm).

Estas diversas exigencias no dejan de causar una prolongación de los plazos de revisión y por lo tanto de publicación. Hemos corrido el riesgo de que así sucediera. Como resultado, Historizar el pasado vivo pone de una sola vez en la web el equivalente a seis libros de trescientas páginas cada uno.

AGRADECIMIENTOS

 

Historizar el pasado vivo debe mucho y a mucha gente. Ante todo a mis colegas miembros del comité editorial, que brindaron con generosidad su experiencia y su tiempo en repetidas oportunidades: Carlos Iván Degregori, Elizabeth Lira, Alfredo Riquelme, Luis Alberto Romero, Rachel Sieder y Steve Stern, así como Mario Garcés, Iván Hinojosa, Peter Klarén y Peter Winn. Mi agradecimiento, igualmente, a Cath Collins, María Eliza Fernández, Manuel Gárate, Federico Lorenz, Claudio Rolle, Xavier Rousseau, Rodrigo Sandoval, María Elena Valenzuela, Alfred y Waltraud Wagner.

Por la preparación del taller de Londres estamos particularmente en deuda con James Dunkerley y Karen Perkins, del ILAS (ISA). Y por la participación en sus trabajos, con Temma Kaplan, Rosaria Stabili, Meg Crahan, Claudio Barrientos, Lilia Ana Bertoni y Robin Kirk. En la Universidad Alberto Hurtado, nuestra gratitud a Tony Misfud, S. J., Elizabeth Lira, Verónica Anguita, Pablo Salvat y Pablo Concha, S. J., por su apoyo a lo largo de todo el proyecto.

A Patricia Valdez y su equipo de Memoria Abierta en Buenos Aires (www.memoriaabierta.org.ar), así como a Henry Rousso, Dominique Veillon, Anne-Marie Pathé y Jean Astruc, del Institut d’histoire du temps présent, agradecemos la recepción brindada en esas instituciones de referencia en materia de pasado reciente y memoria. Gracias, también, a Pablo Sandoval, Rosa Vera y el equipo de Cholonautas (www.cholonautas.edu.pe), Ramón Pajuelo y Rafael Nova, del Instituto de Estudios Peruanos de Lima (www.iep.org.pe), y a César Gutiérrez Muñoz, Iván Hinojosa y Nelson Manrique, de la Universidad Católica del Perú (www.pucp.edu.pe). Otro estímulo para nuestro trabajo ha sido el seminario de posgrado sobre la historia del tiempo presente dictado en la Universidad de Chile, gracias a la invitación de Jorge Hidalgo y Orlando Silva (www.filosofia.uchile.cl/postgrado/).

Debemos expresar también nuestra gratitud a los responsables de las siguientes instituciones, por la recepción que nos brindaron: María Paz Vergara de la Fundación de la Vicaría de la Solidaridad (www.vicariadelasolidaridad.cl), Viviana Díaz de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (www.afdd.cl), Javier Couso y Felipe González de la Facultad de Derecho de la Universidad Diego Portales (www.udp.cl/derecho), en Santiago de Chile; Ruth Borja del Centro de Información para la Memoria Colectiva y los Derechos Humanos en la Defensoría del Pueblowww.ombudsman.gob.pe, Ernesto de la Jara Basombrío del Instituto de Defensa Legal (www.idl.org.pe), y Sofía Macher de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (www.dhperu.org), en Lima; a Darío Olmo y el Equipo Argentino de Antropología Forense, a quienes conocí cuando trabajaban en Córdoba, Mirta Bonnin del Museo Antropológico de la Universidad Nacional de Córdoba, el equipo de la Comisión Provincial por la Memoria (www.comisionporlamemoria.org) y Mauricio Chama y Martín Obregón en La Plata, en la Argentina, Dieter Strauss entonces en el Goethe-Institut de Santiago y Rudolf Barth entonces en el Goethe-Institut de Buenos Aires.

Nos sentimos igualmente agradecidos a Louis Joinet y Roberto Garretón, expertos ante la Comisión de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (www.ohchr.org); a Gaby Oré-Aguilar cuando se desempeñaba en la Oficina Regional para el Cono Sur y los Países Andinos de la Fundación Ford, a Elizabeth Acha y Julissa Mantilla que trabajaron en la sede central de la Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú, y a Juan Méndez, Louis Bickford y Susana Grego del International Center for Transitional Justice de Nueva York.

Nos complace mencionar el interés que mostraron en este proyecto Eric Hershberg, del Social Science Research Council (www.ssrc.org), y Elizabeth Jelin, del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES), Núcleo de Estudios sobre la Memoria (www.ides.org.ar/grupoestudios/memoria), de Buenos Aires; Joan del Alcàzar, del Departament d’Història Contemporània de la Universitat de València (www.uv.es/hcontemp); Perrine Canavaggio, del Conseil International des Archives (www.ica.org); María Eugenia Barrientos y Patricia Huenuqueo, del Archivo Nacional de Chile (www.dibam.cl/archivo_nacional); Kaydee McCann y Tracy North de la Hispanic Division en la Library of Congress (http://lcweb2.loc.gov/hlas); Zbigniew Gluza y Alicja Wancerz-Gluza de la Fundacja Osrodka Karta (www.karta.org.pl/) y José Zalaquett, del Centro de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile (www.cdh.uchile.cl).

Estamos en deuda con Ron Musto y Eileen Gardiner, pioneros del History E-Book y siempre dispuestos a compartir su saber, por los muchos consejos recibidos. Y con Konrad Jarausch, Irene Grudzínska-Gross, Edward Linenthal, Mary McAuley y Julio Pinto por habernos puesto sobre la pista de preciosas referencias. Agradecemos a las siguientes editoriales y revistas universitarias por habernos permitido generosamente la reproducción de capítulos o artículos: Instituto de Estudios Peruanos (IEP), Princeton University Press, Ediciones Nueva Visión y WOLA Publications, así como el Journal of Latin American Studies, Raison Présente y Annales: Histoire, Sciences Sociales.

Estamos profundamente agradecidos a Barry Gaberman, Augusto Varas y Martín Abregú, todos los cuales conocen por experiencia propia la lucha por la verdad y la justicia, y a la Fundación Ford, por su generoso e inclaudicable apoyo, sin el que este proyecto no podría haberse completado y, tal vez, ni siquiera empezado.

Por el entusiasmo, la competencia y la paciencia que demostraron en la consecución del proyecto, nuestro vivo agradecimiento a María Florencia Ferreexecutive producer de la publicación, y a Jennifer Herbst, socia y pilar de esta empresa desde el taller de Londres. Igualmente a Aníbal Giacone, Horacio Pons, Ana Romero, Nicolás Troha, Amaray Cochero, Andrés Tatavitto, Conrado Ferre, Elena del Yerro, Silvana Ferraro, Eleonora Sakayeva, Ana Sirinian y Florencia Bonavera, en Buenos Aires, y a Frida del Campo, en Santiago de Chile.

Por último, a Alexander Wilde, colaborador de la publicación en tantos sentidos, gracias más allá de las palabras por haber acompañado su producción con inteligencia y afecto.

Anne Pérotin-Dumon

Traducción de Horacio Pons

Los Archivos del Horror del Operativo Cóndor.

Los Archivos del Horror del Operativo Cóndor

Escrito por  Da Redação

Los esqueletos en los armarios de los dictadores de derecha, que gobernaron América Latina durante los años setenta, son literalmente reales. Cuando en Paraguay salieron a la luz los enormes archivos secretos de la policía, resultó evidente la existencia de una campaña de terror coordinada internacionalmente. Ahora, los EE.UU., que apoyaron a los dictadores, estarían ayudando a quienes están intentando depurar los registros documentales de unas 50.000 personas asesinadas, 30.000 desaparecidos y 400.000 encarcelados.

Por Stella Calloni

Una mañana de diciembre de 1992, el juez paraguayo José Fernández y el profesor y ex prisionero político Martín Almada, entraron a la estación de policía de Lambaré, suburbio de Asunción, a buscar los archivos policiales de Almada. Lo que encontraron en su lugar fueron décadas de historia documental sobre la represión en Paraguay y otros países. También encontraron registros de la cooperación de la inteligencia estadounidense con las dictaduras de la región, incluida la paraguaya.

Los “Archivos del Horror”, tal como fueron conocidos desde entonces, se han convertido en una clave para descifrar la historia reciente de América Latina. Los archivos detallan el destino de cientos, quizá miles, de latinoamericanos secretamente secuestrados, torturados y asesinados por los regímenes derechistas de los años setenta. También ofrecen una pista en papel que confirma la existencia de una conspiración escurridiza y sanguinaria entre los servicios de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay para rastrear y eliminar a los adversarios políticos con independencia de las fronteras nacionales. Ahora es posible completar el esbozo del “Operativo Cóndor”, tal como se conocía a esta red ilícita.

Pero debido a que los archivos plantean una amenaza a los hombres que organizaron y llevaron a cabo la represión hemisférica, se están realizando esfuerzos para eliminarlos o depositarlos en manos “seguras”. Algunos de los documentos ya han desaparecido y existen sutiles maniobras para sustraer a los restantes del control legal y periodístico.

Cuando Fernández y Almada entraron en la comisaría de Lambaré, desenterraron una montaña desordenada de amarillentos y deteriorados papeles, archivos, cartas y registros que describían las actividades de la policía y la inteligencia militar durante la recientemente derrocada dictadura de Stroessner. Una búsqueda similar, realizada pocos días después en el cuartel general de la Policía Técnica paraguaya (contraparte del FBI estadounidense), sacó, a la luz más documentos reveladores. En total, se han rescatado unas cuatro toneladas de documentación.

Algunas fotografías y registros incluían el país de origen de los prisioneros. Muchos eran de Argentina, Brasil o Chile. Los periodistas autorizados a buscar entre los caóticos archivos se apresuraron a fotocopiar cartas y documentos. Los primeros datos confirmaban el arresto y asesinato de políticos paraguayos cuya “desaparición” había sido continuamente negada por la dictadura, además de la entrega e intercambio de prisioneros con otros países, particularmente Argentina, Chile y Uruguay.

La justicia tardía llega al Paraguay

Paraguay, un país de cuatro millones de habitantes situado en el centro de América del Sur, tiene una larga tradición de aislamiento introspectivo con extravagantes y veleidosos dictadores. El General Alfredo Stroessner, que tomó el poder con un golpe en 1954, impuso una estructura social feudal y represiva y ofreció su hospitalidad a nazis sin residencia fija y traficantes de drogas bien conectados.

El despiadado aparato represivo del dictador controló con eficiencia a una población mayormente atemorizada. Pero en febrero de 1989, la era de 35 años de Stroessner llegó a su fin. El General fue derrocado por su amigo, pariente político y segundo al mando, General Andrés Rodríguez, y huyó al Brasil como exiliado.

Martín Almada, un conocido profesor y figura política, se puso bajo la mira de la policía secreta de Stroessner en 1974, cuando publicó un discurso doctoral crítico sobre la educación en Paraguay. Fue arrestado y acusado de “terrorismo” y vinculación con los comunistas paraguayos. Fue torturado antes de pasar los siguientes tres años en el conocido campo de concentración Emboscada. Su esposa de 33 años murió de un ataque al corazón tras recibir una llamada telefónica en la que los torturadores reproducían sus gritos. |1| Tras su liberación en 1977, se marchó al exilio pero después de la caída de Stroessner, Almada inició los procedimientos legales contra sus perseguidores.

Mediante una provisión de la nueva Constitución paraguaya post-Stroessner, Almada presentó un mandato de habeas data, que permite que las personas accedan a sus registros policiales. A través de sus propias investigaciones privadas y una carta anónima, Almada se enteró que algunos documentos relacionados con su caso podían encontrarse en la comisaría de Lambaré |2|. Actuando con discreción y cuidado, Almada pasó esta información al juez Fernández, que ordenó el registro.

Los documentos se convirtieron en un acontecimiento político y generaron órdenes de detención contra primeras figuras del régimen de Stroessner, además de oficiales militares de Argentina y Uruguay. La temida cabeza de los detectives de Stroessner, Pastor Coronel, está actualmente encarcelado en Paraguay, al igual que el jefe de estado mayor y titular de la inteligencia militar de Stroessner, General Benito Guanes Serrano. El jefe de la Policía Técnica, Antonio Campos Alum, se reunió con el dictador en el exilio; ambos están actualmente citados por los tribunales paraguayos como “acusados en rebeldía” y “fugitivos de la justicia paraguaya” |3|.

El caso Inzaurralde-Santana.

Un informe de Pastor Coronel a Stroessner, fechado el 16 de mayo de 1977, ha demostrado ser crucial para la producción de un extraordinario caso legal. En 1973, Gustavo Edison Inzaurralde huyó a Paraguay tras ser arrestado y torturado por su pertenencia a una organización combativa uruguaya antigubernamental. Cuando fue arrestado en Paraguay, el 28 de marzo de 1977, se estaba preparando para exiliarse en Suecia y reunirse con su esposa, embarazada de siete meses. En cambio, el “desapareció” después de ser apresado por militares argentinos.

El informe revela que las autoridades paraguayas entregaron a Inzaurralde, a su compatriota Nelson Rodolfo Santana y a tres argentinos, a un capitán de la armada argentina y todos oficiales de inteligencia argentinos. El Coronel informó a Stroessner de la “gratitud” de los militares argentinos y uruguayos por haber permitido que dos agentes de los servicios de inteligencia argentina (SIDE) y un oficial uruguayo interrogaran [torturaran] a los prisioneros en Asunción |4| .

Con esta información en la mano, las familias de Santana e Inzaurralde iniciaron los procedimientos legales en Paraguay. En junio de 1993, el juez Arnulfo Arias inculpó en el caso al jefe de la inteligencia militar, Guanes Serrano, y al jefe de la Policía Técnica, Campos Alum. Guanes Serrano admitió ante el tribunal los intercambios extrajudiciales de presos políticos entre Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay durante los años setenta. Campos Alum testificó que “el intercambio de prisioneros era frecuente en la región” e identificó como principales colaboradores a los oficiales argentinos y uruguayos mencionados en el informe de Coronel |5|.

EN un paso sin precedentes, el juez Arias decidió entonces someter a juicio también a oficiales militares extranjeros. En marzo de 1994 comenzó un juicio singular. Doce agentes de seguridad militares –cinco paraguayos, seis argentinos y un uruguayo– fueron acusados por “abuso de autoridad, privación ilegal de la libertad, tortura y secuestro” |6|.

Almada y los dos uruguayos desaparecidos forman parte de los miles de perseguidos por los regímenes militares derechistas del Cono Sur (Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay) durante los años setenta. Mientras que muchos de los crímenes fueron estrictamente asuntos internos, otros implicaron la cooperación de oficiales de inteligencia y militares más allá de las fronteras nacionales. Con el nombre en clave del Operativo Cóndor, los dictadores del Cono Sur se embarcaron en una empresa de alcance hemisférico para neutralizar o eliminar a los adversarios detectados. Y al llevar a cabo su tarea, no diferenciaron entre oposición violenta y disenso pacífico.

El Cono Sur durante los años setenta.

Alfredo Stroessner ya había estado en el poder durante una década cuando los generales derechistas brasileños interrumpieron la democracia de dicho país en 1964. Se aseguró el cargo en su feudo sin salida al mar, a medida que el resto del Cono Sur descendía hacia un torbellino de inestabilidad política y terror de Estado.

El resultado del golpe y contragolpe de Bolivia desembocó en la dictadura derechista de Hugo Bánzer en 1971. El golpe de Pinochet de 1973 en Chile interrumpió el experimento socialista de Salvador Allende. Ese mismo año, la prolongada democracia de Uruguay finalizó cuando el presidente Juan María Bordaberry clausuró el Parlamento y encaminó al país hacia la dictadura. La violencia política tras el retorno y la muerte de Juan Perón desembocó en la perversa dictadura militar derechista argentina en 1976.

Los crecientes niveles de represión dejaron a la región plagada de refugiados y exiliados políticos. Unos cuatro millones de personas huyeron de sus hogares buscando un refugio seguro, mayormente en los países vecinos |7| . Tras los golpes de Chile y Uruguay, millares buscaron asilo en Argentina, reuniéndose con los cientos de miles de paraguayos que ya estaban allí. Mientras tanto, los argentinos buscaban seguridad en Bolivia y Paraguay. La región era el escenario de un frenético ir y venir de refugiados. Pero, a medida que se fue expandiendo la ola de dictaduras militares, quedaron de lado las viejas tradiciones de santuarios para los exiliados políticos. El tributo generado por la represión en el Cono Sur fue de unos 50.000 asesinatos, 30.000 desaparecidos –la mayoría en Argentina– y 400.000 encarcelados. Entre los asesinados y los desaparecidos se cuentan unos 3.000 niños |8| . No obstante, estas cantidades sólo aluden a la espeluznante realidad de los estados ilegales.

Descenso a la brutalidad.

La caída del Cono Sur en el salvajismo se originó en la crisis política y geopolítica y en la ideología común compartida por los regímenes militares de la región. Estados Unidos desempeñó un papel crítico en todas estas causas. La Guerra Fría proporcionaba el contexto global para un anticomunismo patológico y Estados Unidos ofreció formación ideológica y militar a sus aliados latinoamericanos. Las fuerzas armadas de la región se mostraron muy receptivas. De hecho, desarrollaron una visión mundial abiertamente totalitaria con consecuencias mortales.

El entonces Ministro de Relaciones Exteriores argentino, almirante César Augusto Guzzetti manifestó sin reservas esta perspectiva en una entrevista de 1976: “No existe una subversión de derecha o terrorismo de ese tipo. El cuerpo de la sociedad está afectado por una enfermedad que corroe las entrañas y forma anticuerpos. Estos anticuerpos no pueden considerarse del mismo modo que el microbio. La acción del anticuerpo desaparecerá cuando el Gobierno controle y destruya a la guerrilla” |9|.

Los países del Cono Sur se enfrentaron de hecho a desafíos armados provenientes de la izquierda. En Uruguay, los Tupamaros asestaron unos golpes políticos espectaculares. En Argentina, el marxista Ejército Revolucionario del Pueblo y los peronistas de izquierda Montoneros se implicaron en una lucha despiadada contra las fuerzas de seguridad y los escuadrones de la muerte de la derecha peronista. En Bolivia, Hugo Bánzer pudo hacerse con el poder sólo tras un sangriento enfrentamiento con los populistas de izquierda alineados con su predecesor, el general Juan Torres |10|.

Los militares brasileños aplastaron un alzamiento armado de la izquierda hacia finales de los años sesenta. Su situación recordaba la de Chile; en ambos casos, los movimientos de guerrilla no surgieron hasta después de que un gobierno militar represivo se hiciera con el poder.

Sin embargo, la respuesta de las fuerzas de seguridad en todos estos países fue mucho más allá que derrotar a las guerrillas. Estaban implicados en una guerra santa contra la izquierda, que para ellos incluía a cualquiera que desafiara el statu quo, estuviera armado o no. En consecuencia, enfermeras, profesores, estudiantes, trabajadores, artistas, actores, periodistas e incluso políticos de la oposición democrática pasaron a ser vistos como los “microbios” de Guzzetti.

Estados Unidos proporcionó la inspiración, el financiamiento y la asistencia técnica para la represión y puede haber plantado la semilla que desembocaría en el Operativo Cóndor. La CIA facilitó una mayor coordinación entre los servicios de inteligencia de la región. Un historiador atribuye a un operativo de la CIA el haber acordado los primeros encuentros entre oficiales de seguridad argentinos y uruguayos para discutir la vigilancia de los exiliados políticos. La CIA también organizó encuentros entre líderes de los escuadrones de la muerte brasileños con argentinos y uruguayos |11|.

Estados Unidos hizo algo más que simplemente organizar encuentros. La división de Servicios Técnicos de la CIA suministró equipo eléctrico de tortura a brasileños y uruguayos y ofreció información sobre cuánta descarga podría soportar un cuerpo humano |12|. Los agentes de seguridad latinoamericanos también recibieron formación para la fabricación de bombas, de parte de la CIA, en las instalaciones de la Agencia de Seguridad Pública (OPS) del Departamento de Estado, en Texas |13|.

El asesoramiento y la ayuda de Estados Unidos facilitaron la coordinación entre los servicios de inteligencia regionales. Esta cooperación hizo posible el intercambio de información y prisioneros e incluso asesinatos conjuntos. Un exiliado político podía ser mantenido como rehén o secuestrado y llevado a través de las fronteras, torturado y desaparecido, sin ninguna autorización judicial.

Paradójicamente, la moderación aplicada en la CIA tras su descubrimiento parcial en los informes del comité Church and Pike, de 1974-75, podrían haber favorecido la creación del Operativo Cóndor. La administración Carter se opuso a la postura de la CIA “anulando todas las solicitudes de inteligencia presentes en América Latina. La cooperación de la CIA ha sido muy valiosa para todas las dictaduras militares desde el final de la Segunda Guerra Mundial, pero el Gobierno estadounidense comenzó a tener reservas acerca de solicitudes de colaboración tras varios escándalos, principalmente provocados por Chile” |14| .

Si la administración de Carter no estaba dispuesta a ayudar a las dictaduras, éstas lo estaban y podían ayudarse a sí mismas.

Primeros avistamientos del Cóndor.

Aunque en 1976 el Cono Sur ya estaba inundado con la sangre de miles de víctimas del terrorismo de Estado, tres asesinatos de alto nivel provocaron los primeros rumores sobre una conspiración internacional contra la izquierda. En todos los casos, las víctimas eran prominentes exiliados chilenos. En septiembre de 1974, el Ministro de Defensa de Salvador Allende, general Carlos Partas, y su esposa, fueron asesinados en Buenos Aires cuando explotó una bomba bajo su coche. Las autoridades argentinas no investigaron el caso |15| . En octubre de 1975, el vicepresidente de Allende y líder de los demócratas cristianos chilenos, Bernardo Leighton, y su esposa, sobrevivieron milagrosamente a un intento de asesinato en Roma. Los investigadores italianos comenzaron a seguir el hilo de una red internacional que vinculaba a los servicios de seguridad del Cono Sur con neofascistas de su país |16| .

A mediados de 1976, estos intentos de asesinato de alto nivel, así como los relatos horrendos que provenían del Cono Sur, comenzaron a generar la atención de la prensa mundial. El periodista británico Richard Gott, que había investigado las denuncias de familiares de víctimas, llamó a la represión como “algo parecido a la Operación Fénix [en Vietnam]. las personas con capacidad de inspirar y unir a la nación en una campaña para resistir a las fuerzas de ocupación, son quitados del medio uno a uno”, escribió. Gott culpó a Washington, declarando que el entonces Secretario de Estado, Henry Kissinger “debía conocer [quién era responsable]” |17|.

Pero fue el asesinato de Orlando Letelier, ex Ministro de Defensa y de Relaciones Exteriores de Allende, en la Embassy Row de Washington, en septiembre de 1976, lo que puso al descubierto las piezas del Operativo Cóndor. Un coche bomba colocado por el ubicuo Townley y un grupo de terroristas cubanos anti-castristas, asesinó a Letelier y a su secretaria, Ronni Moffitt. El marido de Moffitt, Michael, que estaba viajando en el asiento trasero, sobrevivió, y deambulando aturdido por el lugar gritaba que “¡Fueron los fascistas chilenos! ¡Hijos de puta!” |18|.

Por supuesto, Michael Moffitt estaba en lo cierto, aunque los fiscales estadounidenses emplearían dos años antes de poder llevar el caso a los tribunales. Townley y los cubanos fueron finalmente declarados culpables de los asesinatos. También fueron procesados el general Manuel Contreras, director de la DINA, y otros dos oficiales |19|.

El asesinato de Letelier produjo un escándalo que terminó por abrir las puertas que ocultaban las operaciones encubiertas en América Latina. Ahora los rumores se confirmaban parcialmente. Uno de los primeros informes provino del agregado legal de Estados Unidos en Buenos Aires, el agente especial del FBI Robert Scherrer. Una semana después de la muerte de Letelier, Scherrer envió un cable al cuartel general del FBI dando nombre y describiendo la operación:

“El “Operativo Cóndor” es el nombre en clave para la recolección, intercambio y almacenamiento de información secreta relativa a los denominados “izquierdistas”, comunistas y marxistas, que se estableció recientemente entre los servicios de inteligencia en América del Sur, con el fin de eliminar las actividades terroristas marxistas en la región. Además, “Operativo Cóndor” tiene previstas operaciones conjuntas contra objetivos terroristas en los países miembros. Una tercera fase, y más secreta, del “Operativo Cóndor” implica la formación de grupos especiales de los países miembros, que deberán viajar por cualquier parte del mundo hacia países no-miembros, para llevar a cabo castigos incluido el asesinato contra terroristas o simpatizantes de organizaciones terroristas de los países miembros del “Operativo Cóndor”. Por ejemplo, en el caso de que un terrorista o simpatizante de una organización terrorista de un país miembro del “Operativo Cóndor” se encontrara en un país europeo, se enviaría un grupo especial del “Operativo Cóndor” para localizar y vigilar al objetivo. Cuando hubiera terminado la operación de localización y vigilancia, se enviaría un segundo grupo del “Operativo Cóndor” para llevar a cabo el castigo real contra el objetivo. Los grupos especiales serían provistos de documentación falsa de los países miembros del “Operativo Cóndor” |20| .

De acuerdo con un informe reservado del Comité de Relaciones Externas del Senado, de 1979 y basado en archivos de la CIA, “Esa operación en ‘fase tres’ fue planificada en 1974 a raíz del asesinato del Embajador boliviano en París, de un oficial chileno en Medio Oriente y de un agregado uruguayo en París. Por lo tanto, Cóndor planificó una operación destinada a asesinar a tres izquierdistas europeos bien conocidos, uno de los cuales era el notorio Carlos [el recientemente capturado Illich Ramírez Sánchez]. El plan fue desbaratado” después de que la CIA lo descubriera y “advirtiera a los Gobiernos de los países en los que probablemente tendrían lugar los asesinatos –Francia y Portugal–, que a su vez advirtieron a los posibles objetivos”. El operativo fue aparentemente suspendido y se negó su existencia |21|.

Pero ninguno de estos datos salió a la luz hasta mucho después. Aunque cada vez eran más los testimonios de una cooperación interfronteriza para el secuestro, tortura y asesinato de cientos de personas, salvo por lo difundido a partir de las investigaciones del asesinato de Letelier, las pruebas de la existencia de Cóndor eran excepcionales |22|. Hacia finales de los años setenta, el Cono Sur se encontraba en lo más profundo de la represión y sólo un reducido grupo de activistas y periodistas se atrevía a hacer frente a los regímenes militares. Y, a medida que las dictaduras titubearon y finalmente cayeron durante los años ochenta, los débiles gobiernos civiles que les sucedieron, sancionaron leyes de amnistía que pusieron en discusión toda investigación seria de esta Asesinatos S.A. Internacional |23|.

Estaba claro que se estaba desarrollando algún tipo de operación clandestina, principalmente por la acumulación de denuncias de familiares de las víctimas. Pero los testimonios se desvanecían en el laberinto de los sistemas judiciales despreocupados de los derechos humanos. La impunidad era la regla inviolable del día. Durante los años siguientes, parecía que los operativos Cóndor nunca se enfrentarían a una investigación legal.

Documentación del Operativo Cóndor.

El descubrimiento de los archivos paraguayos cambió todo el panorama. Los archivos descubiertos ofrecen en cantidad una esbozo documental de los orígenes, los propósitos y la organización del Operativo Cóndor.

Durante 1975, a instancias de los chilenos, los servicios de inteligencia del Cono Sur codificaron la cooperación informal que ya existía. Los archivos contienen una carta del general Contreras de la DINA al general paraguayo Guanes Serrano, denominando “Primer Encuentro de Trabajo de Inteligencia Nacional” a lo que se convertiría en Cóndor. Contreras ofrecía las instalaciones de la DINA como el cuartel general para “la centralización de la información sobre los antecedentes de personas, organizaciones y otras actividades conectadas directa o indirectamente con la subversión. En líneas generales, sería algo similar a la Interpol instalada en París, pero dedicada a la subversión”, escribió |24|.

El encuentro convocado en la carta de Contreras tuvo lugar en el cuartel general de la DINA, en Santiago, en octubre de 1975. Los asistentes fueron los jefes de la inteligencia militar de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Un mes más tarde, Contreras recibió a Guanes Serrano y al jefe de la policía paraguaya, Francisco Brites. En esa reunión, ellos implementaron el Operativo Cóndor, configurando “un banco de datos, un centro de información y talleres”. Con el inofensivo término de “talleres” se aludía realmente a las sesiones de planificación de los grupos multilaterales de agentes encargados de vigilar, arrestar, encarcelar, torturar y “repatriar” a opositores de los diferentes regímenes |25|. Uno de los documentos más significativos que explica el método de operación de Cóndor, detallaba un encuentro secreto en Asunción, en 1978. Con Guanes Serrano como anfitrión y la presencia de oficiales argentinos y paraguayos, el “Segundo Encuentro Bilateral de Inteligencia” afinó los mecanismos para el intercambio de prisioneros e información secreta |26|. Guanes Serrano informó a Stroessner que “la primera fase era el intercambio de información sobre el enemigo [exiliados políticos]. La segunda fase correspondía a la investigación del objetivo y la tercera fase a la detención [secuestro] y traslado del objetivo a su país de origen” |27| .

Guanes Serrano destacó que los intercambios de prisioneros tendrían lugar directamente entre los servicios de inteligencia y que los agregados militares de las embajadas actuarían como enlace. Otros documentos de los archivos confirman que los agregados militares de las embajadas de los países implicados, eran realmente el conducto por el cual viajaban los informes de inteligencia |28|.

A finales de 1993, los investigadores encontraron una nota fechada en Chile en 1978. En este documento típico del trabajo cotidiano de Cóndor, “Cóndor Uno” advierte a “Cóndor Dos” para que lleve a cabo una “vigilancia de un encuentro de izquierdistas argentinos y paraguayos en la provincia norteña de Salta, Argentina, en la frontera con Bolivia” |29| . “Cóndor Uno” no era otro que Contreras y “Cóndor Dos” era el nombre en clave de Guanes Serrano |30|.

Otros documentos solicitan la captura de chilenos, bolivianos, argentinos, paraguayos y brasileños e informan sobre otras figuras políticas latinoamericanas. Uno de estos casos fue la detención en Paraguay del ciudadano chileno Jorge Fuentes Alarcón, posteriormente entregado por la policía paraguaya a un oficial chileno en mayo de 1978 |31|.

Uno de los documentos más perjudiciales incluye una entrada en un cuaderno de notas del jefe de la Policía Técnica paraguaya, Antonio Campos Alum. Este cuaderno quedó abandonado cuando Campos Alum dejó Paraguay tras ser acusado de haber torturado personalmente a prisioneros, y lista los nombres de oficiales de policía y militares argentinos, bolivianos, chilenos y uruguayos que participaron en la represión internacional |32|.

Tomado en su conjunto, loas archivos paraguayos aportan una prueba documental irrefutable de la existencia del Operativo Cóndor. También pueden proporcionar una base para el enjuiciamiento de quienes cometieron crímenes, suponiendo la existencia de los políticos.

Gente de la misma calaña.

Los archivos paraguayos aportan una nueva y reveladora luz sobre la implicación de Estados Unidos con los servicios represivos del Cono Sur, especialmente –pero no sólo– el de Paraguay.

Los paraguayos siempre han acusado a Estados Unidos de ayudar a la policía secreta de Stroessner. Un grupo de oficiales militares estadounidenses enviados bajo los auspicios de la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID) fiscalizó la formación de la Policía Técnica. Los ex prisioneros del régimen declararon varias veces que oficiales estadounidenses los habían interrogado en Paraguay |33|. Basado en dichos informes, el historiador paraguayo Aníbal Miranda acusa a los Estados Unidos de haber ayudado en la represión, en 1959, de un movimiento guerrillero anti-Stroessner instalado en Argentina |34|.

Ahora han aparecido pruebas concretas sobre la cooperación y formación estadounidense con la policía secreta del dictador. Una carpeta de los archivos contiene correspondencia entre ministros paraguayos y el coronel estadounidense Robert Thierry. Thierry sirvió como “asesor sobre administración pública” de la AID (entonces la Administración de Cooperación Internacional) para el Ministerio del Interior y supervisó la formación de la Policía Técnica.

Una carta del Ministro de Relaciones Exteriores solicitaba que Thierry permaneciera durante dos años más para asesora a la Policía Técnica |35|. En una de las respuestas de Thierry se mostraba la relación profesor-alumno:

Con respecto a la jefatura de Asuntos Técnicos, usted ha recibido la formación suficiente. Estoy seguro de que bajo la dirección de Antonio Campos Alum, esta pequeña pero poderosa organización continuará aportando el mismo servicio, altamente satisfactorio, que ha tenido desde su creación. Sugiero que continúe las conversaciones con el Director de la Misión de Operaciones de Estados Unidos en Paraguay, con el fin de establecer algún programa similar sobre Seguridad Pública |36|.

Otros documentos demuestran que la Policía Técnica continuó siendo el principal vínculo entre los servicios de inteligencia estadounidenses y Paraguay |37|. Dicha cooperación continuó durante el período del Operativo Cóndor. El hombre del FBI en el Cono Sur, el agente especial Robert Scherrer, que vivía en Buenos Aires, trabajó de forma regular y directa con Campos Alum. En 1974, informó a Campos Alum sobre un festival realizado en un teatro de México y listó los nombres de todos los asistentes latinoamericanos. El siguiente paso de la policía paraguaya fue dirigir las investigaciones sobre el movimiento cultural paraguayo |38|.

En otra carta escrita dos años más tarde, Scherrer solicitó a Campos Alum información sobre un Raúl Valentín Quintana porque, explicaba, el FBI creía que Quintana era un “agente cubano”. Esas solicitudes de información tenían serias consecuencias en la gente inocente. “Ahora sabemos por qué varias familias con el apellido Quintana fueron perseguidas y encarceladas”, destacó Martín Almada |39|.

También la CIA trabajó con los paraguayos. El entonces Director delegado, Vernon Walters, visitó el país a principios de 1976 para entrevistarse con el jefe de estado mayor de Stroessner, Conrado Pappalardo, y otros altos oficiales |40|. Pocas semanas de después, Pappalardo le diría al Embajador estadounidense, George Landau, que Walters había aprobado un intento frustrado por obtener pasaportes falsos para dos agentes de la DINA chilena. Pappalardo dijo que estaba actuando bajo órdenes directas de Stroessner, que a su vez estaba haciendo un favor a Pinochet. Los chilenos, Armando Fernández Larios y Michael Townley, pensaban utilizar los pasaportes falsos para viajar a Estados Unidos como parte de su misión de asesinar a Orlando Letelier |41|.

Otro ejemplo de la cooperación de la CIA con Paraguay ocurrió al año siguiente. Una advertencia firmada por Guanes Serrano y dirigida a las “naciones amigas”, describe a un venezolano de nombre Omar Rossel como un “terrorista”. Guanes cita a la “CIA (USA)” como su fuente |42|.

Incluso después de que el Operativo Cóndor hubiera golpeado en Washington y que Estados Unidos hubiera supuestamente movilizado al FBI y a la CIA para resolver los asesinatos de Letelier y Moffitt, el director del FBI, Clarence Kelley, envió una aduladora carta, con el sello del FBI, a Campos Alum: “En estas Navidades, deseo hablar en nombre de todos mis colaboradores y agradecerle de todo corazón la cooperación que ustedes, con tanta buena voluntad, han proporcionado al FBI. Deseándole lo mejor de las cosas, que merece con creces |43|.”

Cabe recordar que Campos Alum se encuentra fugitivo, acusado de graves violaciones de los derechos humanos, crímenes que cometió antes, durante y después de esta época. El FBI, gracias al agente especial Scherrer, estaba al tanto de los crímenes de Campos Alum en la época en que se escribió esta carta.

El hecho de que Estados Unidos y Paraguay fueran aliados no impidió que la inteligencia militar paraguaya espiara a políticos estadounidenses que, en su opinión, interferían los asuntos internos de Paraguay. Los archivos incluyen un informe enviado al jefe de detectives, Pastor Coronel, por un informante desde Buenos Aires. El informante había asistido e informado sobre un encuentro en Buenos Aires entre el senador Edward Kennedy (diputado por Massachusetts) y representantes del Acuerdo Nacional, una coalición que agrupaba a los grupos opositores paraguayos |44|.

Estados Unidos, por supuesto, también estaba interesado en obtener información acerca de sus propios adversarios. Una carta del agregado legal en Buenos Aires, Calvin Clegg, solicitaba la ayuda de Pastor Coronel sobre una organización “subversiva”:

Adjunto un informe reservado, enviado por la oficina del FBI en Nueva York. El informe describe la historia y antecedentes del Consejo Mundial para la Paz, una organización que sirve como instrumento político del Partido Comunista de la Unión Soviética. Le ruego que examine sus archivos buscando toda información relacionada con el Consejo Mundial para la Paz en su país que esté dirigido contra Estados Unidos o sus ciudadanos |45|.

En una entrevista reciente, el líder del partido opositor Liberal Radical Auténtico, Domingo Laino, recordó que durante una de sus muchas detenciones fue interrogado por Campos Alum, que se jactaba acerca de unas fotografías que lo mostraban con uniforme militar estadounidense |46|. Los alardes de Campos Alum tendrían, de hecho, cierta base. Los archivos incluyen el curriculum vitae de Campos Alum, que lista su formación especial sobre contrainsurgencia en bases militares estadounidenses y la asistencia a cursos de la DEA acerca de legislación sobre las drogas |47|.

Una carpeta con la faja “Confidencial” contenía un manual de Fort Gulick (base militar estadounidense en la Zona del Canal de Panamá, anteriormente sede de la Escuela de las Américas) producido para la formación de las fuerzas armadas de Estados Unidos para “interrogadores como referencia para interrogatorios de campo” |48|. La misma carpeta, en un apartado titulado “instrucción en la Escuela de las Américas”, contiene un manual que instruye a los “interrogadores” sobre cómo mantener vivas y con capacidad de respuesta a las víctimas de un shock eléctrico. El manual recomienda remojar los cuerpos y cabezas d ellas víctimas con agua de mar e incluye un boceto que muestra cómo debería llevarse a cabo este “tratamiento” |49| . Esta carpeta también incluye una carta del entonces Embajador de Estados Unidos, Timothy Towell, en la que da instrucciones a la policía paraguaya y adjunta otro manual para interrogatorios |50|.

Los paraguayos toman la iniciativa.

En mayo de 1993, el profesor Almada y otros parientes de los asesinados o “desaparecidos” en Paraguay, enviaron una carta al presidente Clinton exigiendo una compensación por las víctimas de la represión en Paraguay. Ellos alegan que el régimen de Stroessner “fue asesorado por oficiales militares estadounidenses, que instruyeron a los principales torturadores, y que la persecución se incluyó dentro de la guerra entre Estados Unidos y la Unión Soviética, que produjo un genocidio en América del Sur” |51|.

Pero el Embajador de Estados Unidos, Jonathan Glassman, en respuesta a la carta, manifestó que Estados Unidos no tenía nada que ver con la represión en Paraguay. Meses más tarde, antes de que las pruebas de los archivos comenzaran a divulgarse poco a poco, Glassman rechazó acusaciones similares, que él atribuía a “acusaciones terroristas con el fin de justificar los ataques a oficiales estadounidenses fuera del país” |52|.

“Incluso habiendo dicho eso”, dijeron los familiares, “la Embajada de Estados Unidos nunca podría haber permanecido ignorante de lo que estaba sucediendo en el país y nosotros hemos visto documentos de funcionarios como Scherrer que conocían la existencia del Operativo Cóndor” |53|.

Actualmente, seis altos oficiales de la policía paraguaya y un general están prisión a causa de los archivos |54|. Y Francisco de Vargas, miembro de la Comisión de Derechos Humanos del parlamento paraguayo, dijo que tenía testimonios orales que acusaban a 12 generales, al ex Ministro del Interior, Sabino Montanaro, y a dos ex diputados, de ordenar el asesinato de cuatro prisioneros políticos en 1976. Las víctimas fueron asesinadas tras haber estado en prisión durante dos años.

Mientras tanto, el avance de los juicios paraguayos se ha hecho agotadoramente lento. En el caso Inzaurralde, ninguno de los oficiales extranjeros inculpados se ha preocupado por presentarse. Los intentos de obtener su extradición han sido infructuosos. Y los miembros de la familia de Inzaurralde se han quejado en una carta abierta de los numerosos obstáculos que impiden el avance de la justicia.

¿Quién vigilará a los custodios?

Cuando AID ofreció 40 millones de dólares para microfilmar los archivos, Faustino Centurión, y otros diputados del ala disidente del Partido Colorado, declararon públicamente su desacuerdo. “No podemos aceptar que el Gobierno de Estados Unidos, que entrenó a la policía que persiguió a quienes lucharon por la democracia, ahora quiera ayudar con la microfilmación”, dijo. A pesar de las protestas, AID está asesorando al Centro de Documentación en Paraguay.

Ni se ha perdido la conciencia. Cuando, a finales de 1993, los periodistas volvieron a revisar los archivos, se habían separado archivos y carpetas con temas militares, fuera del alcance de los periodistas, porque los jueces consideraban que “era sólo un asunto de la policía”. Las pruebas documentales más importantes acerca del Operativo Cóndor han comenzado a ponerse de lado con rapidez. También están en peligro los documentos que contienen la correspondencia entre los servicios de Estados Unidos y la dictadura paraguaya.

La Comisión de Derechos Humanos paraguaya continuará investigando en forma conjunta con organizaciones semejantes de la región. Sus líderes dicen que Washington “debe realizar un acto responsable y abrir sus propios archivos, de manera que sea posible reconstruir la tragedia de miles de víctimas en América Latina”.

El jefe de estado mayor del ejército argentino y miembro de la Junta, general Roberto Viola, intentando evadir las preguntas acerca del reino del terror en el Cono Sur, dijo en 1979: “Están los muertos, los heridos, los encarcelados y los que están ausentes para siempre. No pidan explicaciones donde no las hay”. Viola estaba equivocado. Existen las explicaciones, existen las personas que son culpables y, gracias a los “Archivos del Horror”, a algunas de ellas se les ha aplicado al menos una justicia parcial.

Notas finales:

1. Jack Epstein, “A History of a Dirty War: Paraguay’s Secret Police ‘Horror Files’ Come to Light”, Cleveland Plain Dealer, 13 de junio de 1993, p. 1C

2. Patrick John Buffe, “Une multinationale de la Terrour sous les ailes du Condor”, Journal de Geneve et Gazette de Lausanne, 7 de julio de 1993, p. 2

3. Ximena Ortúzar, “A Common Market of Terror”, World Press Review, mayo de 1993.

4. Boccia Paz et al, op. cit., Paraguayan Archives, Libro A1, p. 131, Informe de Pastor Coronel al presidente Stroessner, 16 de mayo de 1977. Los argentinos eran el capitán de la armada José Abdala y los agentes del SIDE teniente Angel (o Luis) Spada y José Monte. El uruguayo era el capitán Carlos Calcagno.

5. Citado en Agencia France Presse, “Jefe militar de Stroessner admite que hubo intercambio de prisioneros”, La Jornada (ciudad de México), 24 de junio de 1993, p. 46

6. Los argentinos acusados son los tenientes Angel (o Luis) Spada y Juan Carlos Camicha, el capitán de marina José Abdala y los agentes del SIDE José Montenegro, Alejandro Stada y Juan Manuel Berret. Abdala y Camicha también están acusados por el Centro de Estudios Legales y Sociales argentino por participar en torturas en dicho país. El uruguayo acusado es el coronel Carlos Calcagno, que se está oponiendo a una orden de extradición paraguaya. Lucas Guagnini, “Citarán en Paraguay a militares argentinos por la represión ilegal”, Clarín (Buenos Aires), 19 de diciembre de 1993, p. 14

7. Informe de la Comisión de Derechos Humanos de Argentina (Buenos Aires, Comisión de Derechos Humanos de Argentina), febrero de 1990

8. Ibid

9. Ibid, pp. 124-42, 242. La OPS se estableció bajo la cobertura de la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID) del Departamento de Estado en 1962. Estaba dirigida por el oficial de la CIA, Byron Engle, y se integraba mayormente con oficiales de operativos de la CIA que tenían la cobertura de la OPS. Ibid, pp. 48-9, 58, 124-25, 233-35; y Michael Klare, War Without End: American Plannings for the Next Vietnams (Nueva York, Alfred Knopf, 1972), pp. 241-69.

10. Rogelio García Lupo, El Paraguay de Stroessner (Buenos Aires: Ediciones B, colección Reporteros, 1989), p. 149

11. No sólo las autoridades argentinas no respondieron, sino que están directamente implicadas en el asesinato. La bomba fue transportada por Michael Vernon Townley, nacido en Estados Unidos y agente de la DINA, el organismo de inteligencia chilena. Fue ayudado por miembros de Milicia, un grupo derivado de la Alianza Argentina Anticomunista (Triple A), utilizado por la inteligencia argentina (SIDE). Consultar Martin Andersen, Dossier Secreto: Argentina’s Desaparecidos and the Myth of the “Dirty War” (Boulder, Colorado: Westview, 1993), p. 119

12. El supuesto asesino de Leighton era miembro de Avanguardia Nazionale, una organización paramilitar neofascista italiana, encabezada por Stefano Della Chiaie. La organización de Della Chiaie fue contratada para el atentado por Townley. Taylor Branch y Eugene M. Propper, Labyrinth (Nueva York: Viking, 1982), pp. 305-9. Della Chiaie es conocido por su protagonismo en la violencia política derechista en Italia y en América Latina. Sobre Italia, consulte Arthur E. Rowse, “Gladio: The Secret U.S. War to Subvert Italian Democracy”, CovertAction, núm. 49, verano de 1994. Sobre Della Chiaie en Argentina, consulte Andersen, op. cit., cap. 10 y 20.

13. Richard Gott, “Shots and Plots”, The Guardian (Londres), 4 de junio de 1976, p. 17

14. Taylor y Propper, op. cit., p. 23

15. Sin embargo, el Gobierno chileno se negó a detenerlos. Tras el cambio de régimen en Chile, en 1991, Contreras y el general Pedro Espinoza fueron finalmente juzgados en Chile y condenados por los asesinatos de Letelier y Moffitt. Contreras fue sentenciado a siete años de prisión y Espinoza a seis años, pero ambos permanecen en libertad mientras apelan a la Corte Suprema chilena. El ciudadano estadounidense Townley gestionó una reducción de pena negociada y ahora está en el Programa Federal de Protección a Testigos

16. Cable del agente especial del FBI, Robert Scherrer, 28 de septiembre de 1976

17. Jack Andersen y Michael Binstein, “How the CIA Spared Carlos the Jackal”, Washington Post, 22 de agosto de 1994, p. C12. El mismo día, el Post citó a una fuente de la CIA no identificada que afirmaba que una “contribución clave de la CIA en el éxito francés” para capturar a Carlos, había consistido en seguir a Carlos a través de cuatro continentes durante 20 años y

La periodista argentina Stella Calloni es editora en El Día Latinoamericano (Ciudad de México) y corresponsal en América del Sur para La Jornada (Ciudad de México). Ha escrito numerosos trabajos sobre política latinoamericana y actualmente está preparando un libro de relatos. Cuando los documentos mencionados fueron consultados por la autora en Asunción, Paraguay, aún no estaban catalogados y clasificados. Sin embargo, a mediados de 1994 se publicó una selección de los archivos en Boccia Paz, Myriam Angélica González y Rosa Palau Aguilar ediciones, Es mi informe: Los archivos secretos de la Policía de Stroessner (Asunción: Centro de Documentación y Estudios, 1994). Los documentos mencionados en este artículo que han sido catalogados por Boccia Paz, et al, utilizarán las clasificaciones CDE.

Última modificação em Ter, 19 de Junho de 2012 19:30

Da Redação

Da Redação

Uruguay.Cuarentas años de la huelga general.

red-latina-sin-fronteras.lacoctelera.net/post/2013/06/13/uruguay-cuarenta-anos-la-huelga-general.

13 Junio 2013

Uruguay: A cuarenta años de la Huelga General

BITÁCORA DE UN INCRÉDULO

Alrededor de 1955 la economía nacional entró en picada. Como siempre la clase propietaria intentó volcar el desastre sobre los asalariados y asumieron directamente la conducción de la economía. Su plan era reducir aún más el poder adquisitivo del salario y recuperar la rentabilidad del capital. No les fue tan sencillo concretarlo. Un siglo de lucha social y de prédica revolucionaria consecuente habían preparando a obreros y estudiantes para hacer frente a la ofensiva reaccionaria. Cuando en junio de 1968, Jorge Pacheco Areco lanzó su primer andanada, el movimiento popular ya sabía qué hacer. El abajo luchó y se movilizó aunque fue muy violenta la escalada represiva. Más sangre de obreros y estudiantes derramaba el gobierno, más crecía la resistencia. La bronca popular también se tradujo en expansión del movimiento guerrillero. Cientos de luchadores se plegaron a la guerrilla pese a los duros golpes sufridos.

La toma del cuartel de la Armada, la instalación de la Cárcel del Pueblo y la fuga de Punta Carretas marcaron el momento de mayor peso politico del MLN(T). Para controlar la resistencia popular y destrozar a la guerrilla, los dueños del Uruguay dejaron que las fuerzas armadas fueran ocupando espacios politicos cada vez mayores. Parecía inminente el quiebre de las instituciones y  la guerra civil. El surgimiento del Frente Amplio revitalizó la alternativa electoral  y parlamentaria, fue el salvavidas de la democracia formal. El elevado grado de conciencia y experiencia alcanzado en la lucha, se canalizó entonces hacia la autorganización de cientos de Comités de Base.  

En 1971 el gobierno decretó un aumento del 25% a los salarios públicos y privados. La maniobra logró distender el conflicto y trasladar algunos efectos de la crisis hasta después de las elecciones nacionales de noviembre. En esas condiciones, el deseo de “orden y mano dura” hegemonizó la campaña electoral y terminó triunfando el pachequismo. El país quedó dividido en dos mitades perfectas: “con el pueblo o contra el pueblo”. La victoria electoral legitimó a los más reaccionarios, parecía el momento de tomarse un respiro y esperar mejores condiciones, pero, en una interpretación triunfalista de la coyuntura, el MLN(T) lanzó una ofensiva militar poco entendida por los sectores sociales que simpatizaban con el movimiento. Con ese panorama se ingresó a 1972, año de los actos preparatorios del golpe de Estado.

La previa.

En acuerdo con los grupos más reaccionarios – el llamado “pacto chico”-, en el mes de marzo comenzó a gobernar Juan María Bordaberry. Reafirmó la política económica antipopular. Alentó los atentados y asesinatos por parte de las bandas fascistas de la Juventud Uruguaya de Pié  (JUP) y los Escuadrones de la Muerte o Cazatupamaros. Subordinó la policía a los mandos militares. El 13 de abril de 1972, la CNT convocó un paro general que fue masivamente acatado.  Al día siguiente, enredado en el mano a mano con la represión, el MLN(T) ejecutó a seis miembros del Escuadrón, pero cayó en una emboscada en la que fueron asesinados ocho compañeros.  El gobierno decretó el Estado de Guerra, de “guerra contra todo el pueblo” como la calificaba el documento de julio de 1972 del “Movimiento de Independientes 26 de Marzo”. La primer acción de las fuerzas armadas fue el alevoso asesinato a sangre fría de los ocho compañeros comunistas en el local del Paso Molino. El entierro fue una demostración multitudinaria de indignación.

En el mes de mayo el ejército y la policía (las fuerzas conjuntas) agudizaron la represión. El 18 de mayo el MLN(T) atacó la custodia del general Gravigna y murieron cuatro soldados.  El 27 de mayo cayó la Cárcel del Pueblo, un baluarte simbólico. En el mes de julio los parlamentarios, con la sola excepción de los frenteamplistas, aprobaron la ley de Seguridad del Estado. La jurisdicción sobre los presos políticos pasó a los tribunales militares, de hecho se estaba legalizando el empleo sistemático de la tortura.  Dos días después Wilson Ferreira Aldunate ya estaba arrepentido de haber votado la ley.

En el mes de julio concentraron en el Batallón de Infantería No.1, conocido como “batallón Florida”, a varios prisioneros que habían sido dirigentes del MLN(T) y estaban recluídos en diferentes unidades. Los sentaron frente a un panel formado por los mandos superiores de las fuerzas armadas más el jefe del ES.MA.CO, coronel Gregorio Alvarez y el jefe del servicio de inteligencia, coronel Ramón Trabal. Solamente por un asunto al que atribuyeran importancia crucial podía reunir semejante plantel. El general Gravigna lo planteó a bocajarro: rendición incondicional del MLN(T) y entrega de Raúl Sendic, el dirigente revolucionario de mayor gravitación política. Ramón Trabal fue el artista creador de esta puesta en escena, la vía más rápida y menos costosa para obtener la victoria.  Apoyado por una asamblea de militantes, Raúl Sendic rechazó la rendición e hizo una contraoferta: la paz a condición del compromiso público de las fuerzas armadas con un plan de medidas populares, la primera de ellas una radical reforma agraria. Raúl sacó las “negociaciones”  de lo puramente instrumental, elevándolas al plano de lo político e ideológico.  Las fuerzas armadas la rechazaron y dieron por finalizadas las tratativas, no querían pacificar nada, se trataba de una simple maniobra y nada más. El balance del primer semestre de 1972, muestra al bloque de poder fortalecido en varios frentes.

Los “ilícitos económicos”

El 4 de agosto la Armada Nacional proclamó su “profundo repudio a cualquier forma de subversión, ya sea la que empuña las armas para asesinar cobardemente, como la que expolia la economía nacional, la que usurpa al pueblo el producto de su trabajo,la que propende a la corrupción moral, administrativa y/o política, la que practica el agio y la especulación en desmedro de la población o la que compromete la sobreranía nacional”.  Las fuerzas armadas se embarcaron en una campaña contra los “ilícitos económicos”, operación “limpieza de imagen” y “siembra de confusión” como definía el “Documento de Octubre de 1972” del Movimiento de Independientes “26 de marzo”.

El 24 de agosto fueron conducidos  al “Florida” los mismos prisioneros de las “negociaciones” y se les propuso estudiar la documentación capturada al MLN(T) y ayudar a investigar los “ilícitos económicos”. Les prometieron suspender la tortura en todos los cuarteles. No se puede decir que haya sido cumplida la promesa, en el Grupo de Artillería No. 1 (“La Paloma”), por ejemplo, continuaron torturando a compañeras y compañeros mientras otros presos colaboraban en los “ilícitos”. Era más fuerte que ellos, con el mismo placer que torturaban a los “subversivos lo hicieron con los detenidos bajo sospecha de corrupción.

Podía imaginarse que participar en los “ilícitos” servía de apoyo a los oficiales progresistas en su pretendida puja contra la corriente reaccionaria. Forzando aún más la imaginación, se podía especular conque esos oficiales progresistas podrían formar un partido para la transformación económica social y política del país, a imagen y semejanza del proceso acaudillado por el general Velazco Alvarado en el Perú.  Sin embargo, en el batallón “Florida” no ocurrió eso:  los mismos capitanes que alimentaban expectativas en este grupo de prisioneros,  preparaban con el traidor Héctor Amodio Pérez una operación para desacreditar a Wilson Ferreira Aldunate, Enrique Erro, Líber Seregni y otros dirigentes. Los capitanes cambiaban de careta cuando iban del despacho “operación ilícitos” al despacho “operación golpe de Estado”. En cierto momento dieron por terminada la maniobra y escondieron los 40 expedientes producidos por los prisioneros en el coffre-fort de algún general. El 30 de setiembre de 1972 Wilson Ferreira Aldunate informó al general César Martínez, nuevo comandante del ejército, que el golpismo conspiraba a sus espaldas. En un ensayo escrito para la “Fundación Wilson Ferreira Aldunate”, el Capitán de Navío Tabaré Patrón señala que en setiembre de 1972, el coronel Ramón Trabal ya tenía en el bolsillo los borradores que, una vez corregidos por Gregorio Álvarez, jefe del ES.MA. CO, se convertirían en el Comunicado No. 4 el 9 de febrero de 1973.  Al tiempo que desarrollaban el “plan ilícitos”, se preparaba la próxima maniobra de dispersión, la del día del golpe de Estado. En octubre el Supremo Tribunal Militar pidió el desafuero de Enrique Erro basándose en testimonios de Héctor Amodio Pérez.  Esta primera vez el pedido no llegó al parlamento pero está claro que daba comienzo a la fase final del golpe. 

En la página 178 de su obra “La tregua armada” Fernández Huidobro resume su actuación en el”Batallón Florida”:  “Nuestro error en 1972  fue haber creído que era posible influir sobre un sector muy grande. Los antecedentes que citamos anteriormente y ciertos hechos que transcurrían ante nuestros ojos, daban para pensar en ello, Nos equivocamos. La experiencia enseñó que si bien es necesaria y debe ser permanente la labor política en el seno de las FFAA, las fuerzas populares no debemos hacernos ilusiones en cuanto a lograr, en base a ello, ganar para el pueblo a sectores importantes y orgánicos de las FFAA. Éstas están concebidas y montadas de tal modo que la rosca dominante nunca va a perder su control. Otra cosa sería suicida. Dicho aún más claramente, ellas son la garantía real y de última instancia que tiene la rosca para cimentar su poder”. Que se sepa influyeron sobre un único capitán que fue sancionado. Demasiado poco para lo que estaba en juego. Ya era tarde además, se había contribuído a crear la ilusión “perunista”, que en las semanas siguientes tuvo consecuencias desastrosas para el movimiento popular. El error en 1972 fue haberse plegado a las iniciativas de los militares, los antecedentes y la experiencia también enseñaban a negarse a las “negociaciones” y a la participación en los “ilícitos económicos”.  

1º de setiembre de 1972, Raúl Sendic fue apresado sin entregarse: el balazo de fusil en la mandíbula lo dejó sin conocimiento y, cuando lo iban a rematar, un oficial de la Armada detuvo al soldado:  “no lo hagas, no queremos un Ché Guevara en Uruguay”. El MLN(T) que sobrevivió la caída de Raúl quedó sin capacidad de reacción, una de las condiciones “sine qua non” del golpe de Estado.

El golpe de Estado

El 9 de febrero de 1973, el Comunicado No.4 de las fuerzas conjuntas advirtió a la población que en adelante su misión sería “intervenir en la problemática nacional”,  garantizar el desarrollo nacional  y emprender  “la reorganización moral y material del país “. En Panamá les habían enseñado que no eran “una simple fuerza de represión o vigilancia”, tenían un rol político a desempeñar. Redactado por Trabal, el comunicado reafirmaba la decisión irrevocable de aniquilar el marxismo leninismo por ser “incompatible con nuestro tradicional modo de vida”. Aunque muchos leyeran solamente lo que quisieron, nadie podía llamarse a engaño.  El 11 de febrero, el editorial de “El Popular” explicaba que  “…hay una ‘realidad’ que debe ser cambiada y  las Fuerzas Armadas no quieren ser el brazo armado de grupos económicos y políticos que pretendan apartar a las Fuerzas Armadas de sus fines”. Los planteos de los militares eran muy generales y vagos pero el Partido Comunista afirmaba que estaban inscriptos en la corriente general que querían cambiar el modelo de  la oligarquía y el imperio e imaginaban alianzas con las corrientes progresistas de las fuerzas armadas.

El 14 de febrero de 1973, en la Base “Boiso Lanza” de la Fuerza Aérea,  el presidente constitucional y los mandos de las fuerzas armadas pactaron lo esencial de la doctrina política que rigió al Uruguay los doce años de dictadura. El pacto se concretó en la creación de una nueva institución del Estado, el Consejo de Seguridad Nacional (COSENA), que Bordaberry definió como “cauces institucionales apropiados para la participación de las FFAA en el quehacer  nacional”. En realidad los golpistas no debieron esforzarse mucho para convencerlo, el novel presidente era el más fascista de todos. Entre la hojarasca levantada por los comunicados, podía entreverse al terrorismo de Estado abriéndose paso y tomando los resortes de poder.

Al otro día del pacto, la Mesa Representativa de la CNT declaró que la huelga general sólo podía ser convocada  “en la medida que contribuya a avanzar a favor de los intereses populares y en el cumplimiento del Programa de Soluciones a la crisis”. De hecho la postergaron cinco meses. La tendencia mayoritaria de la CNT, los  demócratas cristianos, un sector del socialismo y la mayoría del Partido Comunista, se ilusionaron con el “perunismo” tanto como los prisioneros del “Florida”. Quienes no se engañaron fueron los militares que se habían sumado a las filas del pueblo: Montañez,  Zufriategui, Aguerre y Licandro. El general Seregni percibió la maniobra pero terminó aceptando la opinión mayoritaria.   Don Carlos Quijano alertó sobre los peligros del militarismo desde el semanario “Marcha” y los famosos “Cuadernos”. 

En Uruguay no hubo un día “masacre” como el de Chile, donde el 11 de setiembre de 1973  el ejército disparó sobre la gente a mansalva, arrasó las poblaciones y los cordones industriales y asesinó al compañero Salvador Allende.  La “técnica a la uruguaya” hizo pasar disumulado el golpe del Boiso Lanza, oculto por el humo de las operaciones de inteligencia. Al disimulo ayudó la complicidad del “pacto chico”, cuyos integrantes lo revistieron  con una pátina de “civilismo”,  hipocresía tan propia del país de los amortiguadores.  Con el respaldo del imperio, los dos brazos de la oligarquía (el armado y el político) ya estaban en condiciones de arrollar al pueblo que se resistía a dejarse robar impunemente su poder adquisitivo. El golpe de estado estaba dado en febrero de 1973.

Se disipa el humo… 

Con el golpe se instaló un régimen muy propio del país de los amortiguadores: una dictadura que coexistía con las organizaciones sociales, los partidos políticos y el parlamento. Los mandos apostaban a manipularlas mediante el temor y nuevas maniobras de inteligencia, pero el engendro apenas pudo sostenerse cinco meses. En ese lapso, los conflictos y luchas se sucedieron,  contra la “ley Sanguinetti” en la enseñanza, la huelga de la mutual de futbolistas, la marcha a Montevideo de los obreros textiles de Juan Lacaze, la ocupación de viviendas en el barrio de Cerro Norte severamente reprimida y desalojada brutalmente por el ejército. El punto culminante fue el 29 de marzo, un paro general con ocupaciones de fábricas y centros de estudio, mitines barriales y paralización casi total del Estado. La multitud llenó la Avenida del Obelisco  a la Universidad. La CNT les informó que se había reunido con la junta de comandantes y con Gregorio Álvarez . En sus memorias, Pepe D’Elía explica que la intención de la mayoría de la CNT era tender una mano a los  militares “progresistas”  para impedir que los arrastrara la oligarquía. En aras de esta fantasía se postergó el  llamado a la huelga general en rechazo del golpe de Estado. La CNT demoró cinco meses en cumplir con la resolución del Congreso del Pueblo y del programa fundacional de la CNT.  El 9 de abril, la casquivana junta desairó a los ilusos: “…si la CNT reconoce la identidad de sus objetivos con los expresados por las fuerzas armadas….éstas entienden que los caminos preconizados por ambas instituciones son irreconciliables”. Por su parte, la “tendencia combativa” sostenía  que los gorilas seguían siendo gorilas aunque se vistieran con la seda del comunicado No. 4.  Adrián Montañez presentó una Plataforma de Acción Inmediata que fue rechazada por la mayoría que, en cambio, pretendió que el 1º de mayo de 1973 fuera “festivo,optimista y de alegría”, que no incomodara a nadie. Sin embargo, las consignas que corearon las decenas de miles que concurrieron al acto, fueron muy duras y poco amistosas hacia el golpismo cívico militar. Ya existía el clima subjetivo que autoconvocó a la huelga general en junio. 

En marzo Wilson Ferreira Aldunate denunció la venta de las reservas de oro del Uruguay y casi llegó al juicio político a Bordaberry.  El parlamento se convirtió en caja de resonancia de las denuncias sobre corrupción y violaciones a los derechos humanos. La junta de comandantes arremetió contra el parlamento que tampoco se dejaba amedrentar. El 25 de abril Bordaberry exigió el desafuero del Senador Enrique Erro por supuestas vinculaciones con el MLN- T y la cámara de diputados lo rechazó por un voto de diferencia. Bordaberry y la junta de comandantes jugaron a dejar aislada a la bancada del Frente Amplio pero la maniobra fracasó. La coexistencia había llegado a su fin. La Justicia Militar intentó procesar al senador Amílcar Vasconcellos por su discurso titulado  “febrero amargo”. Hizo detener al capitán de navío  Omar Murdoch, presidente del directorio del Partido Nacional. En mayo Ferreira Aldunate denunció la “operación enchastre”:  un libro del traidor Héctor Amodio Pérez acusaba de estar vinculados al MLN(T)  al propio Wilson y a Seregni, Zelmar Michelini, Gutiérrez Ruiz y, por supuesto, a don Enrique Erro. Fracasada también esta maniobra, el 1º de junio el gobierno reimplantó las medidas prontas de seguridad. El grupo de  Jorge Batlle rompió con el “pacto chico” y los aislados fueron los sectores que apoyaban el golpe. En la madrugada del 27 de junio de 1973, Bordaberry disolvió el parlamento. El humo del “progresismo perunista” se había disipado.

A la seis de la mañana, los turnos entrantes ocuparon los centros de trabajo, un poco más tarde lo hicieron los estudiantes y la  CNT convocó a la huelga general.  La lucha popular había despejado las confusiones y falsas expectativas, el pueblo asalariado ganó las calles, fue el momento estelar de su historia.

Las fuerzas armadas en disputa

Para muchos la declaración de la Armada y el comunicado No. 4 demuestran la existencia de una corriente perunista liderada por Trabal  y Álvarez  y enfrentada a las logias reaccionarias en la interna militar. Esa lucha de fracciones sirvió de base a muchas decisiones políticas de diferentes partidos y organizaciones sociales. Sin embargo el progresismo adjudicado a  Álvarez demostró ser pura fantasía y, según confirma el compañero  Pedro Aguerre (padre),  sería bastante falso calificar de “perunista” a Trabal.  A cuarenta años de los acontecimientos se puede ver que la interna militar estaba agitada por múltiples contradicciones -como todas las internas militares del mundo y de la historia-  pero que ellas no pasaban de ser  matices en una estructura muy cohesionada por la Doctrina de Seguridad Nacional y el odio al comunismo internacional. Diferencias que nunca fueron suficientes para quebrar la unidad de mando. Entre los mandos militares de 1973 no hubo un general Torrijos como en Panamá ni un general Torres como en Bolivia. Aunque esa fuera la ilusión esperanzada de muchos.  

Las  técnicas de manipulación de la opinión pública han sido parte de las estrategias político militares desde la antigüedad.  Sun Tzu las recomendaba, von Clausewitz  también y asimismo Lidell Hart. Kissinger, la CIA y la CNN obtuvieron excelentes resultados, las usaron para ocultar al pueblo norteamericano las barbaridades que se cometían en Vietnam e impedir que supieran que estaban perdiendo la guerra. Si los EEUU fueron capaces de convencer  al mundo entero de que Saddam  Hussein escondía armas de destrucción masiva en Irak… qué tiene de extraño que algunos oficiales uruguayos convencieran de su  “progresismo”  a los dirigentes de la izquierda uruguaya?. Primero fueron las “negociaciones”, después los “ilícitos” y finalmente el Comunicado No. 4, una secuencia de maniobras con las mismas características, destinadas a encubrir los objetivos reales de las fuerzas armadas y a diluir las posibles resistencias. Lecciones de uso  táctico de las “cortinas de humo”. Sin embargo, a muchos les duele reconocer la trampa en que cayeron y actualmente son los principales interesados en que perdure la hipótesis “fuerzas armadas en disputa”. Solamente cabe desear que su nuevo “error” tenga consecuencias menos trágicas que el error de 1972.   

Jorge Zabalza
zurdatupa@gmail.com

 

A 40 Años. Desde Uruguay Una Nota y el Horror. Carta de Juan Angel

https://www.facebook.com/notes/marys-yic/carta-de-juan-%C3%A1ngel-urruzola/10150266245736970

CARTA DE JUAN ÁNGEL URRUZOLA

de Marys Yic, el Viernes, 3 de junio de 2011

 Sr. secretario de edición de Semanario Búsqueda

Sr Director: Qué sorpresa tuve con la carta publicada en vuestra edición del miércoles 25.5.2011, firmada por el coronel Walter Forischi.

Una carta que pretende historiar la vida del ejército uruguayo pero saltándose a la torera -al decir de mi madre- una parte de la historia en la que fué protagonista esencial: en 1972 el  coronel que escribe ejercía en el 6º de Caballería y fue quien me detuvo el 21 de junio, en el inicio de un crudo invierno. Tuve allí tres meses de capucha, torturas, plantones, electricidad, simulacros de fusilamiento, submarino (forma eufemística de nombrar la forma en que se mete de cabeza a un detenido encapuchado en un bidon de doscientos litros de agua con vómitos, orina, y el etcétera imaginable). En realidad el submarino lo hacían tanto en  piletones para los caballos o en estanques, o en lo que fuera, y si cortaban el agua al cuartel, también una bolsa de nylon bastaba, sólo que en ese caso le llamaban ˝submarino seco˝.

Esta síntesis de los métodos de interrogatorio que este oficial y sus compañeros practicaban en el 6º de caballería podría ampliarse con, por ejemplo, lo que hacían cada vez que algo le sucedía a un militar en el país: se torturaba a todos los detenidos, y no para saber algo, sino ˝pa que aprendan˝.

Durante ese período estuve más de un mes desaparecido para mi familia y cuando finalmente decidieron incluirme en una lista de detenidos y mis padres pudieron enviarme ropa, a cambio recibieron mi muda, con un mes y pico de uso, ensangrentada por los castigos recibidos. Se imaginarán el impacto. Yo tenía 19 años. Eso llevó a mi padre a informar a Zelmar Michelini de la situación, y Zelmar denunció las torturas que yo sufría en el parlamento.

Esa misma noche o a la siguiente, los valientes torturadores del 6º de Caballería, en una de sus sesiones me gritaron :

˝¿Asi que sos amigo de Zelmar?…   ese anda hablando de que nosotros te torturamos˝  y dale golpe o patada o lo que fuese. Para la triste historia de este país y aunque pasaron unos cuantos años, hay algo que me quedó grabado para siempre : ˝a tu amigo, decile que es boleta, tarde o temprano se la vamos a dar˝….

Esto sucedió a finales de julio o agosto de 1972….. sí bastante antes del golpe de Estado del año 1973.

¿Será que no se acuerda de nada  el actual coronel Walter Forischi ? ¿No se acuerda de sus amigos y colegas torturadores del 6º de caballería ? ¿No se acuerda del capitan Alexis Grajales, del teniente Orlando, de Rodriguez, de Arocena, del teniente Flores, del cabo Ruiz, de Vázquez (quien sigue en el 6º de caballería actualmente, pero preso, ya que el 6º de caballería es hoy la cárcel para militares de Domingo Arena) ? ¿No se acuerda del Teniente coronel Goldaracena, jefe de la unidad, que paseaba por las noches con sus perros por las barracas donde nosotros estabamos tirados, encapuchados, mojados, sucios, y él, calmo como propietario de una gran estancia recorriendo sus dominios, pasaba con sus botas brillantes, lo único que yo lograba ver bajo el borde de la capucha….

Ese jefe de cuartel decidio desconocer un fallo cuando la justicia le ordenó liberar a cuatro médicos que eran torturados en esa unidad.

En el 6º de caballería  dejaron a algunos detenidos prácticamente como vegetales, violaron compañeras, a mí me torturaron delante de mi compañera, me hicieron firmar la libertad para luego llevarme a los bañados de Carrasco y ˝ejecutarme˝… me pusieron una pistola sobre la cabeza y dispararon. Después de eso el teniente Flores me dijo que él no me  iba a interrogar más, que se había convencido de que yo sabía nada, pero al regresar al 6º el alférez Tobi Alvarez me dió una paliza, estando yo atado y encapuchado, para sacarse la bronca…dijo.

¿Porqué será que cuando hablan del Ejército Nacional  lo ponen así con mayúscula y negrita, pero se olvidan de ciertos actos de servicio ?

En el 6° desaparecieron a Luis Eduardo Gonzalez, ¿donde está?  ¿Forischi no recuerda donde lo enterraron ?

A propósito de Dalmao : hay quien ha dicho que era un alférez, que no tocaba pito, pero en el 6º varios alférez torturaron, como el alférez  ˝Tobi˝ Alvarez, sobrino del Goyo, otro de los que se ensañaban (hace un par de años apareció en un informativo con cara de « yo no fuí », diciendo que no tenía nada que ver con nada….) pero había muchos… Hubo hasta un oficial de reserva que trabajaba en lo civil durante la semana y el fin de semana calzaba las botas y la camperita verde y se venía al 6º a torturar.  No me lo contaron…lo contaba él.

Podría mencionar otros ilustres cuarteles de colegas de Forischi, como los del 9º de caballería, donde me ingresaron un período, en los calabozos donde estaban los detenidos recientes. Allí estaban los compañeros del PCR totalmente destruidos por las salvajes torturas vividas en el interior del país (en la Base Santa Bernardina), allí en el calabozo vecino al mío escuché las violaciones a jóvenes que eran detenidas, e incluso una noche salieron ˝a levantar un puta para violarla˝, como me lo comentaron los soldados al dia siguiente….

Yo estuve solamente un año detenido y después de una última sesión de torturas en Inteligencia de la calle Maldonado por miembros del ejército, salí directo del calabozo a un avión que me llevó a España. Un año después nos encontramos con Zelmar en el Tribunal Russell II, y junto a otros compañeros relatamos las ˝practicas profesionales˝ de nuestros militares. Zelmar desnudó el mecanismo utilizado para montar un sistema de dominación y sometimiento como el que las fuerzas armadas uruguayas comenzaban a instrumentar, y mostró cómo la tortura y el terror eran piedras angulares del mismo.

De eso hablaba Zelmar en 1974 en el Tribunal Russell cuando decía :

“Nuestra obligación en este Tribunal Russell que tanto prestigio tiene a nivel internacional […] es bregar para encontrar –y aquí es necesario la inteligencia y la imaginación‐ el método y la posibilidad de […] decirles a los militares uruguayos, brasileros o chilenos, a los hombres que sintiéndose fuertes violan los acuerdos internacionales y el derecho, castigan, torturan, maltratan y matan, que hay posibilidad de una condena con efectiva sanción de tal manera –concluía Michelini‐ que la ley y el derecho internacional no sean letra muerta y que el hombre puede sentirse defendido […].”

Cuando una sociedad se construye basándose en la impunidad, un torturador bien puede terminar escribiendo sobre Historia en Búsqueda, como lo hizo el coronel Forischi : el festejo del Bicentenario, escribió, ˝debió ser diferente, debió ser una oportunidad de exaltación patriotica pura y exclusivamente del Ejército Nacional, donde los medios de prensa priorizaran con orgullo la efemérides, estimulando en la población el verdadero sentimiento que debe aflorar en los buenos Orientales : el respeto y la ponderación del Ejército Nacional en su Bicentenario˝    

Si no fuera para llorar, daría para reírse.

Juan Angel Urruzola CI  1.326.330-6