Memorias silenciadas por el terrorismo de Estado.

Detención y torturas en Base Aérea Cerro Moreno y Grupo de Instrucción de Carabineros de Antofagasta

Por Camila Toro Aguirre -agosto 4, 20190 Share

En la penumbra del silencio, aguardan historias de vida cuyos destinos fueron truncados por la profunda huella que marcó la violación sistemática de los derechos humanos en Chile, donde torturas, homicidios, exilios y desapariciones forzadas, impusieron un silencio que por miedo o complicidad, censuraron una parte de la memoria histórica del país. A pesar de que muchos de estos relatos permanecen bajo el manto del negacionismo, otros en cambio, ven la luz pública para develar los crímenes perpetrados por agentes del Estado en más de 1.160 recintos públicos y privados. Entre ellos, los infranqueables muros del Grupo de Instrucción de Carabineros y la Base Aérea Cerro Moreno de Antofagasta.

I – SANGRE VERDE: TORTURAS EN NOMBRE DE LA PATRIA

Viejos tablones de madera crujían cuando los firmes pasos de carabineros marchaban al ritmo de un plan siniestro. A lo lejos se escuchaban relinchos y un olor a excremento de caballo daba señales sobre dónde podrían estar. En ese momento, la única certeza era que detrás de esas paredes verdes, la ciudad parecía seguir la rutina con normalidad.

Con los ojos vendados y un bebé de un mes de vida entre sus brazos, una adolescente de 17 años llamada Sandra Gahona, podía palpar el miedo que cada vez se hacía más denso en el ambiente. Ella sabía que era el comienzo de una dolorosa memoria que perduraría hasta el último día de su vida.

La hermana de los extremistas

La acción represiva de la dictadura militar no sólo persiguió a ciudadanas y ciudadanos disidentes, sino que también a las personas sin militancia política, tal como consigna el Informe Rettig de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación. Este fue el caso de Sandra Gahona, “la hermana de los extremistas”, como la llamaban sus torturadores.

La historia de Sandra forma parte de la larga lista de mujeres que tras ser secuestradas y torturadas, fueron por sobre todo víctimas de la violencia sexual. Según cifras de la Comisión Valech, en Chile hubo alrededor de 230 mujeres detenidas estando embarazadas, algunas dieron a luz en prisión, otras abortaron a causa de las torturas, y otras quedaron embarazadas producto de las violaciones perpetradas.

Enfrentando violentos contrastes en su vida, Gahona había dado a luz a su hijo en fechas cercanas al día en que su primo, Norton Flores, fue acribillado con ráfagas de ametralladoras la madrugada del 19 de octubre de 1973, en el paso de la Caravana de la Muerte por Antofagasta.

Fue un 5 de diciembre de 1973 cuando Sandra decidió presentarse ante la Fiscalía Militar junto a su hijo de tan sólo un mes de vida. El motivo: la necesidad de apelar para reducir los 50 años de presidio de su hermano mayor, Osvaldo Antivilo, condenado por militar en el Partido Comunista.

Sandra Gahona, “la hermana de los extremistas”.

Esperando durante largas horas con el bebé entre sus brazos, en tan sólo una fracción de segundo, el escenario de la Fiscalía Militar se fue a negro. Una capucha envolvía su rostro y desde ese momento, sólo quedaba suplicar que no le hicieran daño a su hijo.

Horas más tarde, Sandra fue trasladada en un furgón manejado por agentes del Servicio de Inteligencia de Carabineros (SICAR). Una vez que llegaron a su destino, la ubicaron en la pérgola del Grupo de Instrucción mientras designaban su celda.

Grupo de instrucción de Carabineros Antofagasta.

Perdiendo la noción del tiempo, el paso de los días los contabilizaba con rayas en la pared. Cada día implicaba una pesadilla distinta –fueron 45 en total-, y dependiendo de la voz del torturador, Sandra sabía lo que le esperaba. “Podía distinguir entre el que me sacaba para colgarme durante horas; el que me daba golpes con sacos húmedos o el que me llevaba a un cuarto para violarme”.

Años más tarde, logró reconocer al torturador que abusaba sexualmente de ella: el ex carabinero y agente del SICAR, Héctor Obando, quien la sacaba de su celda más de diez veces en el día. Lo que se sabe actualmente de este personaje, es que fue condenado el 2011 por el delito de tenencia ilegal de armas en Puerto Montt.

A pesar del dolor insoportable, Sandra no podía gritar ni sacar la voz. “Les causaba mucha rabia que no me quejara ni gritara. Me insultaban por eso y me torturaban más aún”, comenta con extrañeza y concluye que, “fue un mecanismo de defensa (…). Hasta que conocí la parrilla”, un catre metálico donde le aplicaban electricidad en sus genitales.

Los brutales métodos de tortura no podían cruzar la línea de la muerte, y en esa misión participaban médicos y enfermeros cómplices que prestaban asistencia en los centros de detención. Así fue como llevaron a Sandra a enfermería para frenar múltiples hemorragias internas que le habrían provocado.

Durante la atención médica cargada de violencia psicológica, Sandra se encontró con la sorpresa de ser atendida por un reconocido ginecólogo de Antofagasta, quien actualmente lleva la bandera de lucha por conflictos medioambientales en la ciudad.

Sueños truncados, ideales enterrados

En los años 70, un joven entusiasta llamado Nelson Ormeño, estudiaba Pedagogía en Lengua Castellana en la Universidad del Norte. A sus 24 años, enfrentaba una época universitaria de fervor político, donde organizaciones estudiantiles despertaron por un deseo de cambio y transformación basado en la educación.

“Cuando educas al pueblo comienzan a darse cuenta dónde están las miserias y quiénes las producen”, afirma Ormeño, que al revivir este capítulo de su vida, recordó cómo las injusticias sociales removían sus convicciones, despertando su motivación por ser parte del Frente Estudiantil Revolucionario (FER).

Nelson Ormeño Olivares.

La clave de esta unión entre jóvenes que perseguían los mismos ideales, tenía su esencia en el querer “proyectarse como personas que pudieran realizar un verdadero cambio social”. Pero luego de la dictadura militar, “muchos de estos sueños se murieron, y sus idealistas hasta el día de hoy, están desaparecidos”, lamenta Ormeño.

Nelson estaba terminando de realizar una clase cuando fue detenido en agosto de 1974. A pesar de tener los ojos vendados, él sabía perfectamente dónde estaba. Lograba visualizar a través de la tela a carabineros haciendo guardia en la entrada del recinto; le sorprendía ver lo jóvenes que eran.

Ormeño estuvo detenido en dos ocasiones en el Grupo de Instrucción de Carabineros, y en ambas instancias, enfrentó las torturas del catre metálico donde le aplicaron electricidad en los testículos, lengua y dientes; además de recibir golpes y patadas en todo el cuerpo. “Durante las interrogaciones me desnudaron y humillaron, querían hacerme sentir poca cosa, bajar mi calidad de ser humano”, recuerda Nelson y afirma que los responsables, pertenecían a la Comisión Civil de Carabineros.

José Torres Órdenes

Durante los obscuros días en el Grupo de Instrucción, Nelson reconoció un rostro familiar que lo transportó a las cálidas calles de la ex oficina salitrera Pedro de Valdivia, donde conoció a su amigo de infancia, José Torres. Ormeño jamás habría imaginado que décadas más tarde, se reencontraría con su compañero de escuela en un recinto de torturas.

Delatado por el mismo individuo que reveló la identidad de Nelson, José Torres, en ese entonces profesor de coro de la Universidad de Chile sede Antofagasta, fue prisionero político a los 22 años por ser parte del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). “Me detuvieron en la vía pública en la población Corvallis. Allí me encapucharon y me metieron en una citroneta con una pistola cañón apuntando en mi espalda”.

Grupo de Instrucción de Carabineros

Torres comenta que cada vez que escucha el pasar del tren revive las emociones de las torturas, visualizando las veces que lo dejaron atado de pies y manos en el catre metálico, aguantando durante horas un dolor indescriptible con la ropa mojada por su propia orina.

Ferrocarril de Antofagasta junto al grupo de instrucción.

Algunos encerrados en calabozos y otros en barracas de madera, allí permanecían de pie durante horas con las manos y pies engrillados. Para ir al baño, todas las mañanas sacaban a las y los presos en fila india, caminando vendados con la mano derecha sobre el hombro del compañero de adelante. Hacían sus necesidades en un tarro común, y a veces, compartían el mismo inodoro donde los observaban y obligaban a dejar la puerta abierta. “Mientras estábamos ahí vendados, no cesaba el afán por parte del personal de carabineros de querer quebrarnos moralmente”, afirma un ex preso político de siglas G.L.

“Cuando me liberaron, lo primero que pensé al llegar a la esquina de Matta con Cautín, era tirarme a la rueda de un auto y morirme. Ya no aguantaba… No podía superar nada más con ese dolor y ese miedo de que me pudieran llevar de nuevo”, recuerda con pesar José Torres.

Caso Gumercindo Álvarez: ¿Homicidio en el Grupo de Instrucción?

El ministro en visita por casos de violaciones de derechos humanos de la Corte de Apelaciones de La Serena, Vicente Hormazábal, asumió el 2017 las investigaciones judiciales del Norte Grande y Norte Chico, liderando las pericias de Antofagasta.

Según cifras reveladas por el ministro Hormazábal, en Antofagasta existen 25 procesos judiciales vigentes por delitos de lesa humanidad. Del total de las denuncias, tres son las causas vigentes que corresponden a los crímenes cometidos al interior del Grupo de Instrucción de Carabineros. Entre ellos, el caso del obrero socialista Gumercindo Álvarez, detenido por miembros de la FACH el 2 de septiembre de 1974.

La versión oficial de este caso, que actualmente se encuentra en tela de juicio, relata que Álvarez se habría ahorcado en un calabozo del Grupo de Instrucción de Carabineros. Sin embargo, según antecedentes de la Comisión Rettig, el cuerpo de Gumercindo tenía quemaduras en los testículos, carecía de uñas y mostraba signos de haber estado maniatado, por lo que la teoría del suicidio no era de fiar.

“Hicimos una exhumación del cadáver y aparecieron fracturas costales. Evidentemente, si es que no fue un homicidio, este hombre sufrió muchas torturas antes de quitarse la vida”, comentó el ministro a El Mercurio de Antofagasta. Además, cuatro días después de su detención, funcionarios de carabineros habrían llegado a la casa de Álvarez para informar a la familia que estaba hospitalizado y en estado de gravedad. Sin embargo, una vez que llegaron al hospital, descubrieron que Gumercindo habría llegado muerto en un furgón de carabineros la noche anterior.

II – LOS SECRETOS DE CERRO MORENO

La Base Aérea Cerro Moreno, ubicada a un costado del aeropuerto de pasajeros, fue el centro de detención y tortura con más personas recluidas en la ciudad de Antofagasta. Bajo el control de la Fuerza Aérea de Chile (FACH), las detenciones se concentraron en 1973 y aumentaron en 1980.

Los crímenes de lesa humanidad ocurrían dentro y fuera del recinto. Entre ellos, salieron a la luz casos como la tortura y posterior muerte de un niño de tan sólo 14 años; o el triple homicidio de Luis Muñoz (MIR), estudiante de la Universidad del Norte, junto a Nenad Nesko Teodorovic (MIR) y su esposa embarazada, Elizabeth Cabrera de 23 años.

“Todas las víctimas fueron ultimadas por personal militar cuando eran trasladadas hacia el recinto”, afirma Luis Galaz, Jefe de la Brigada de Derechos Humanos de la PDI.

Ante la crueldad injustificada de esto hechos, Domingo Asún, magíster en psicología social, atribuyó el actuar de los militares a “un proceso de deshumanización del otro”. En su investigación sobre la psicología experimental cognitiva de los torturadores, a las y los ciudadanos disidentes “le quitan los rasgos humanos, la identidad y todo tipo de nobleza”.

A pesar del daño provocado, Asún afirma que la meta final para los agentes del Estado en dictadura, siempre fue “defender la patria” por sobre todas las cosas. “Por eso están dispuestos a violar, a poner electricidad, a sacarles las uñas, mantenerlos en condiciones infames de indignidad, y luego, vuelven a sus casas, le hacen cariño a sus hijos, salen el fin de semana y vuelven el lunes a seguir destruyendo personas”:

Los sobrevivientes

Eran aproximadamente las seis de la tarde cuando Osvaldo Caneo llegó a la base aérea de Cerro Moreno. En ese momento, la arena entre sus pies y el silencio penetrante hacían cada vez más difícil vislumbrar dónde estaba; hasta que el sonido explosivo del despegue de un avión, dejó todo en evidencia.

Juan Carlos García y Osvaldo Caneo.

Fue en el mismo infierno donde conoció a su compañero Juan Carlos García, con quien compartiría los momentos más duros de su vida. Los métodos de tortura en Cerro Moreno parecían juegos. Situaban a los presos políticos en el medio, tomaban distancia, y luego corrían con fuerza para rematar con múltiples patadas en sus cuerpos.

Juan Carlos relata que varias veces intentaron ahogarlo en un pozo; en otras ocasiones, lo amarraban de los brazos y pies a una especie de plataforma de madera, la cual debía sostener con su cuerpo mientras lo golpeaban a palos.

-Mira nosotros fuimos entrenados en Brasil y Vietnam, así que sabemos bien cómo pegar, y si pasa algo y los matamos, no nos va a pasar nada. ¿Quién se va a acordar de ustedes? ¡Nadie! –gritó el militar en el rostro de García.

Esa frase nunca se le olvidó a Juan Carlos, porque en cierta forma, tenía razón. Ni el Estado, ni su familia, ni nadie podrían revertir el daño causado.

Al igual que García, Osvaldo Caneo también luchó para no ahogarse en el estanque donde fue sumergido. Hasta que un día, después de los apremios, un militar se acercó a él y le dijo:

-Debes contestarnos dos preguntas y te dejamos tranquilo… ¿Dónde están las armas para derribar los aviones?

-Ya le dije que la Juventud Socialista no maneja armas –respondió Osvaldo con el último aliento.

-Hasta aquí llegamos entonces –advirtió el militar.

Pasaron un par de horas cuando los torturadores decidieron introducir los cuerpos de Osvaldo y Juan Carlos dentro de un aparato metálico gigante con forma de carrete. Sin ropa y de manos atadas al interior del tubo, los lanzaron cerro abajo.

Cuando los torturadores se percataron de que los cuerpos de Osvaldo y Juan Carlos quedaron completamente destrozados, en un breve e irónico momento de “piedad”, decidieron no volver a lanzarlos cerro abajo por “miedo a matarlos”, recuerda García.

A 45 años desde que estas historias formaron parte de un presente donde gobernó el terrorismo de Estado, hoy rompen el silencio y derriban las murallas levantadas por el negacionismo en Chile. Un país donde la impunidad, aún gana la batalla de la incansable búsqueda de verdad y justicia.

En este sentido, la misión que heredan las generaciones de la democracia, está en preservar la memoria histórica y promover la defensa de los derechos humanos, por la construcción de un futuro donde no haya cabida para replicar esta cicatriz.

Un futuro donde el silencio deje de invisibilizar los escenarios destinados a matar y torturar; donde las víctimas de la represión, dejen de cohabitar los mismos espacios que sus torturadores en libertad, mientras todos los demás por egoísmo o comodidad, juegan a olvidar.

Porque la historia se cuenta por sí sola aunque muchas veces se intente negar; porque quienes aún luchan contra la pesada carga del pasado, hoy tienen la convicción de que nada ni nadie aquí está olvidado.

Memorial de Ejecutados Políticos de Antofagasta.

Nietos y nietas: reconstruir lo astillado

Nietos y nietas: reconstruir lo astillado

por Federico RiccioCompartir Twitter Facebook LinkedIn E-mail

¿Cómo se cambia una historia? ¿Hay nuevas vidas dentro de una vida? ¿Se transforman los olores de una infancia mentida? ¿Pueden recordarse los momentos olvidados? Lejos de las versiones románticas, los nietos recuperados Ezequiel Rochistein Tauro, Tatiana Sfiligoy, Victoria Montenegro, Pablo Gaona Miranda e Ignacio Montoya Carlotto rearman su identidad a partir del dolor y la verdad.

Nadie llega ahí por equivocación.

Las paredes hablan. Cuadros, plaquetas, reconocimientos. Sus hijos –en fotos en blanco y negro– están representados en una de las paredes como un inmenso portarretrato. El techo es alto. Las puertas refinadas, de madera y vidriadas. Casa de abuelas bravas y ambiente cálido: Virrey Cevallos 592.

Quedaron atrás tareas detectivescas, visitas a los juzgados de menoresorfanatosoficinas públicasNo tenían miedo: lo peor ya había ocurrido.

Sobre el escritorio de la entrada hay un vitral con una lamparita que ilumina pañuelos blancos.
Un poco más de cuarenta años atrás, un sábado 22 de octubre, un grupo de mujeres se hacía conocido como las Abuelas Argentinas que buscan a sus Nietitos Desaparecidos.

Hasta ahora, ya son 128 nietos restituidos. Siguen en la búsqueda de los hijos de sus hijos.



Ezequiel
Una tarde de junio de 2010.

Ezequiel sale de su trabajo en el Edificio Cóndor de la Fuerza Aérea Argentina. Lo abordan dos hombres de Capturas de Interpol vestidos de civil y lo suben a un Fiat Siena azul. En minutos, quedará desnudo en el despacho del juez Rodolfo Canicoba Corral.
Bajan en Comodoro Py 2002.

–Te convocamos para hacer la requisa sobre tus prendas –le explica un secretario.

Ezequiel no quiere saber nada. Discute. La tensión aumenta. Irrumpe en la sala Canicoba Corral:

–Dejate de joder. Es por las buenas o por las malas.

–Va a tener que ser por las malas –retruca Ezequiel.

El juez llama al personal policial. Al ver que no tiene salida, Ezequiel le pide al secretario que aclare que no lo hace por su propia voluntad.

–Necesitamos tus medias, la chomba y tus calzoncillos.

Ezequiel sale del Juzgado con otra ropa que no es la suya.

* * * * *

Ezequiel Rochistein Tauro es el nieto restituido 102. Tenía la certeza de que era hijo biológico de Stella Maris y de Juan Carlos Vázquez Sarmiento, ex Suboficial de la FF.AA.

–Hasta lo último mantuve mi posición –explica Ezequiel.

Vive con su pareja, sus tres hijas y con Stella Maris.

–Estas cosas no se racionalizan. Sé que tiene responsabilidades pero entiendo el contexto de los setenta y la violencia de esos años en mi casa.

En febrero de 2002 vio por última vez a Vázquez Sarmiento. No lo nombra. Con voz casi imperceptible, lo llama “él” o “mi apropiador”. Ahora está prófugo.

–Lo saqué de mi vida.

Ezequiel trabajó durante once años en el área civil de la Fuerza Aérea Argentina.

–Soy de esa generación que creció en los noventa. Si no tenías un conocido desaparecido, no estabas ni enterado.

El 16 de diciembre de 2001, la jueza María Servini de Cubria lo citó al Juzgado mediante una cédula que decía “Sustracción de menores”. Stella Maris atravesaba un cáncer de mama y,  antes de entrar al quirófano en el Hospital Aeronáutico Central, le deslizó que no era su hijo biológico.

–No le creí. Soy un negador serial.

Después de cuatro años, la jueza Servini de Cubría fue recusada por conflicto de interés ya que su marido trabajó en las FF.AA. La causa pasó al juez Rodolfo Canicoba Corral que ordenó un allanamiento en su casa para retirar prendas de vestir. El abogado de Ezequiel le había advertido esa posibilidad.

–Estuve seis meses esperándolos. Tenía algunas cositas guardadas para ellos.

Les dio un calzoncillo de otra persona y el cepillo de dientes con saliva del perro.

En 2009, el Senado de la Nación sancionó la Ley 26.549 que autoriza a la Justicia ordenar la toma compulsiva de muestras biológicas como método para determinar la identidad de personas en las causas en las que se investigan delitos de lesa humanidad.

La Corte Suprema de Justicia de la Nación se había expedido en contra de la extracción obligatoria y consideró que existían medidas alternativas para obtener muestras de ADN de Ezequiel.

Siete meses más tarde, Ezequiel fue interceptado por Interpol.

* * * * *

Jueves 16 de septiembre de 2010.

Hace quince minutos que espera. Parecen horas. Desorientado, Ezequiel aguarda en la antesala al despacho de la ministra de Defensa, Nilda Garré, en Azopardo 250, CABA. La secretaria finalmente lo llama.

–Vos no pasás – ordena Garré a un militar de guardia que acompaña a Ezequiel.

Están los dos solos. La oficina es inmensa. La ministra –visiblemente incomoda– le anuncia:

–Te quiero notificar yo, por pedido expreso de la presidenta, que tus papás son María Graciela Tauro y Jorge Daniel Rochistein.

Ese día, Ezequiel se entera que en noviembre de 1977 su mamá lo tuvo en cautiverio en la ESMA, asistida por el médico militar Jorge Luis Magnacco.

Hasta el día de hoy, Graciela y Jorge permanecen desaparecidos.


Tatiana
La tarde del domingo 31 de octubre de 1976.

Tatiana arma su historia a través de difusas imágenes y testimonios, como si lanzara una piedra contra un espejo y ahora tuviese que reconstruir lo astillado.

Mirta regresa con sus dos hijas a su casa en Villa Ballester. La pequeña Tatiana, de cuatro años, revolotea a su alrededor mientras su madre lleva en brazos a Laura Malena, de casi tres meses. 

–Vemos que hay un operativo, seguimos de largo, y vamos para la plaza –recapitula Tatiana.
Mirta y Tatiana se alejan cada vez más rápido. Tati no entiende qué está pasando. Mirta la sienta detrás de un cantero y le deja en brazos a Laura.

–‘Cuidá mucho a tu hermana’, me dice y camina para el lado opuesto de la plaza a donde estábamos nosotras escondidas.

De un camión militar descienden varios hombres. Tatiana observa desde el cantero.

–La encapuchan y se la llevan. Ese es el último recuerdo que tengo de mi vieja.

Mirta Graciela Britos Acevedo y su compañero, Alberto Jotar, continúan desaparecidos.

* * * * *

Abril de 1977.

Tatiana permanece en el Orfanato Remedios de Escalada de Villa Elisa y Laura en Casa Cuna de La Plata. Seis meses después, se reencontrarán de casualidad.

El matrimonio Sfiligoy había ido al Juzgado de Menores N°2 de San Martín para completar los trámites de adopción de una bebé. Pero mientras aguardan el papeleo, llega una trabajadora social, muy preocupada, con Laura en brazos, que tenía problemas de salud por la ausencia de su madre. En la sala de enfrente, se escuchan los gritos descontrolados de una nena.

Inés queda conmovida por la situación de Laura e irrumpe en el despacho del Juez pidiendo su adopción.

–Mi vieja se dio cuenta que Laura era una nena que necesitaba cuidados –reconstruye Tatiana.

La trabajadora social aprovecha esa situación y le cuenta que la nena del berrinche en el otro cuarto se llama Tatiana y es la hermana de la beba.

En ese momento, Inés y Carlos deciden adoptar a ambas hermanas.

* * * * *

Jueves 16 de agosto de 2018.

Son cerca de las tres de la tarde. Tatiana hace un recorrido por su lugar de trabajo: el ex Centro Clandestino de Detención Virrey Cevallos. Luce sencilla, vestida con un suéter rojo y una bufanda verde. Describe el lugar con la paciencia de una escultora.

–Es muy difícil laburar en un lugar que está marcado por el horror.

Tiene 45 años y es psicóloga de la UBA. Empezó la carrera para intentar entender qué pasa por la cabeza de un asesino. Nunca lo logró. Trabajó en Abuelas de Plaza de Mayo; en el Centro de Salud por el Derecho a la Identidad; en la Secretaría de DD.HH. de la Nación; en el Centro de asistencia a víctimas de violaciones de DD.HH. 

En todos los casos, en la asistencia a víctimas del terrorismo de Estado.

Es –además de autodenominarse la madre de todos los nietos por ser la más grande– mamá de dos chicas y un varón. Dice que tiene cuatro padres.

–Al principio no me acordaba de la cara de mi mamá.

Se reencontró con su historia a partir de una denuncia que envió un amigo exiliado de los padres desde Canadá. Carmen y Analía, sus abuelas, emprendieron la búsqueda de inmediato con una foto de sus nietas colgada en el pecho.

–La fotito era, en esa época, la herramienta de búsqueda en lugar del ADN.

El 19 de marzo de 1980 se produjo la primera victoria, entre muchas otras que se sumarían después. Tatiana y Laura se convirtieron en las primeras nietas restituidas en Argentina.

Fotos: Viojf
Fotos: Viojf

Victoria
Diciembre de 1997.

Herman Tetzlaff participó del grupo de tareas que secuestró a su papá, Roque Orlando Montenegro, y a su mamá, Hilda Ramona Argentina Torre, quien continúa desaparecida.

Durante el operativo en una casa de Lanús, Tetzlaff quedó impactado al verla, con apenas diez días de vida, sin parpadear y con sangre en los oídos. Pensó que estaba muerta.

Separada de sus padres, Victoria estuvo bajo el cuidado de una congregación de monjas de Morón. Seis meses después, Tetzlaff y su esposa, María Eduartes, fueron a buscarla. Las monjas le ofrecieron un varón rubio, más al tono con la pareja.

–No, la negrita es mi hija –respondió el Coronel.

Creció rodeada de militares y enamorada de su apropiador.

–Para mí, mi viejo venía después de Dios y San Martín –recuerda de esa época.

Cuando Victoria tenía 21 años, la policía se llevó a Tetzlaff al Juzgado Federal N°1 de San Isidro por una causa abierta por apropiación. Al día siguiente, el juez Roberto Marquevich le notificó que, en un 99,99 %, no era hija del matrimonio Tetzlaff-Eduartes.

–Le dije que me quedaba con mi 0,01 %, porque mis papás no me mentían. Y que la causa estaba armada.

Tetzlaff le pidió que no hiciera la contraprueba y le encomendó el cuidado del arma.

–Sos como un ángel que tuvo el amor de criar al hijo del enemigo como propio –le dijo.

* * * * *

Lunes 13 de agosto de 2018.

Una caja con la foto de Eva Perón posa sobre el escritorio de Victoria. En la mesa de la TV, un pañuelo verde hace de mantel. Otro pañuelo –pero blanco– luce en un cuadro enmarcado con una breve dedicatoria: “Tu abuela Estela”.

Procesó la verdad de forma evolutiva. De “hija de la subversión” pasó a ser “hija de subversivos” para después ser hija de “Toti” y “Chicha”. Hoy es Diputada de la Ciudad de Buenos Aires por Unidad Ciudadana.

–Cuando a mí me mentían, a la sociedad entera le mentían.

Hasta sus 25 años, cumplió el modelo de mujer que le habían enseñado: madre de tres hijos, esposa y ama de casa.

–Recién pude elegir a partir de la verdad.

En varios momentos que habla de su infancia, se nombra como María Sol.

–Hay aromas de la niñez que te generan contradicciones –sus ojos brillan–. Ahora sé que no era feliz porque me veo muy chiquita y muy lejos de mi familia. Lo que más me gustaría en la vida es tener hoy el recuerdo de la voz de mi mamá.

En 2012, en el marco de la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas, los restos de Roque, su papá, fueron identificados en el Cementerio Municipal de Colonia del Sacramento, Uruguay, víctima de los “vuelos de la muerte”.



Pablo
29 de diciembre de 2008.

Pablo discute con su apropiadora. En medio de los gritos, aprovecha y escupe lo que tiene atragantado hace años:

–Voy a ir a Abuelas a hacerme un ADN.

Haydée Raquel Ali Ahmed, su apropiadora, se paraliza. Al día siguiente, en medio de un llanto, llega la reacción tardía.

–Por favor no vayas. Con tu papá y Héctor podemos ir presos. Héctor era un oficial muy joven y no sabía lo que hacía.

Pablo confirma sus sospechas pero lo abruman las dudas por el futuro. ¿Cómo sería la vida de un hijo de desaparecidos? ¿Quién lo apoyaría? ¿Cómo se recupera la identidad?

Es la víctima. Pero se siente culpable.

* * * * *

Lunes 13 de agosto de 2018.

Pablo vuelve a su trabajo –segundo piso de la Legislatura porteña, en la Comisión de Derechos Humanos– después de comprar café para la oficina. Frente a su escritorio, en una cartelera plagada de papeles, sobresalen dos fotos en blanco y negro que dicen: María Rosa Miranda y Ricardo Gaona Paiva.

–Me siento orgulloso de la lucha que llevaron adelante mis viejos. Eran muy jóvenes.

Pablo –antes Leandro– siempre supo que no era hijo biológico de las personas que lo criaron. Creció en una familia de clase media, junto a sus dos hermanas.

–Ambas adoptadas –interrumpe y corrige–. No apropiadas.

La difusión de los nietos restituidos le generaba ruidos en su propia historia. Una medianoche de 2004, mientras todos dormían en su casa, Pablo hace zapping en la tele de la cocina y elige el programa “La pregunta animal”, de Gerardo Rozin. El conductor está entrevistando a un hijo de desaparecidos que cuenta que tiene la sensación de que su madre lo está buscando.

Pablo se puso a llorar sin saber por qué.

Tardó cuatro años en hablarlo con su apropiadora y ocho en mandar un correo electrónico a Abuelas de Plaza de Mayo. Durante todo ese tiempo investigó la vida de los militantes de los años setenta, las agrupaciones políticas, a los nietos recuperados. Percibía una constante:

–Los militares se apropiaban de bebés y los entregaban a sus familiares o familias bien, que no estaban contaminadas por el gen subversivo.

El padrino de Pablo es Héctor Girbone, teniente retirado en Campo de Mayo.

En la página de Abuelas rastreaba las imágenes de los desaparecidos y los casos de bebés nacidos en cautiverio.

–Buscaba la foto de mi mamá.

Nunca encontrará la foto porque no nació en cautiverio. A Pablo lo secuestraron junto con sus padres el 14 de mayo de 1978, cuando tenía un mes de vida.

–Aproveché todos esos años para darme cuenta que no era el culpable, que era la víctima.

Finalmente, el 29 de junio de 2012, llama a Abuelas. Deja sus datos y se presenta de manera espontánea. Cuatro días después, se realiza el ADN.

* * * * * 

La tarde del 1 de agosto de 2012.

Claudia Carlotto recibe a Pablo en CONADI.

–Tus dudas son ciertas. Tranquilo –lo contiene, saca una carpeta y le dice–, empezá por el medio.

Claudia le habla pero para él es una voz en off. Por fin, mira las fotos de sus padres y lee su partida de nacimiento: “Pablo Gaona, hijo de Ricardo Gaona Paiva y María Rosa Miranda, nacido en el Hospital Rivadavia a las 15:30 del día 13 de abril de 1978”.

–Y ahora, ¿cómo querés que te llame? –pregunta, decidida, Claudia.

Mira nuevamente la partida y responde:
–Si mis viejos me pusieron Pablo, quiero que me llames Pablo.


Ignacio
Viernes 5 de agosto de 2014.

La sala es un enjambre de abejas.

Sólo hay espacio para un mesa sencilla, con un mantel bordó, vasos pasados de moda y decenas de micrófonos. A treinta centímetros, un mar de anotadores, cámaras y grabadores.
Llegó el momento. El mundo se detiene.

–No voy a hablar en absoluto, no me pregunten nada – sorprende Estela de Carlotto.

De golpe, el silencio agobia.

–Mi rol hoy no es hablar como Abuela de Plaza de Mayo sino acompañar a nuestro nieto, a mi nieto: el nieto de todos.

Una ovación los abraza.

Respira profundo como un artista antes de salir a dar su mejor función.

–Yo soy Ignacio –se detiene y continúa– o Guido porque ella está muy firme con su decisión.
A partir de entonces, comienza un calvario en el que Ignacio y Guido se sucederán y llegarán a identificarse. Habrá un momento en el que Ignacio pondrá en duda haberse mostrado tan tranquilo.

* * * * *

Viernes 31 de agosto de 2018.

Pegado a la ventada de un bar desolado, en la esquina de la avenida Gaona y Terrero del barrio de Flores, Ignacio toma un café con leche con dos medialunas.

–Fue fatal –recuerda, avergonzado, sobre su presentación–. Si no daba esa conferencia no podía volver a mi casa.

En el lapso de cuatro años acumuló decenas de reportajes en los que respondía las mismas preguntas.

–Dije muchas cosas que en ese momento realmente sentía, pero después descubrí que no era tan así. Hoy digo lo que quiero decir y no lo que la circunstancia amerita que se diga.

El 2 de junio de 2014, en su cumpleaños 36, Ignacio se enteró que no era hijo biológico de Clemente Hurban y Juana Rodríguez. Empezó terapia con sospechas de ser hijo de desaparecidos. Al poco tiempo, mandó un e-mail a Abuelas. CONADI le sugirió hacer una extracción de sangre. Accedió al pedido. Veinte días después, mientras ensayaba en el piano, recibió el llamado de Claudia Carlotto, que se anticipó a la prensa y le dio la noticia.

–Desde que me llamó la tía Claudia estuve todo el tiempo con la idea de resolver las cosas.
Esa noche durmió en la casa de un amigo. Los medios estaban en la puerta de su domicilio.

Ignacio –cuenta– nunca tuvo curiosidad por conocer la historia de sus padres biológicos porque la figura paterna y materna ya las tenía.

–Me impulsó el deber cívico –reconoce–. Una familia que te está buscando durante tanto tiempo merece que vos hagas algo cuando ellos  han hecho tanto.

Decidió conservar su nombre a pesar del deseo de Estela que, en ocasiones, de forma inconsciente, lo llama Guido.

–Se instauró “Guido” tan fuerte que ahora es muy difícil de sacar.

Su proceso fue de dos meses. El de la familia que lo buscó, de 36 años. Ese abrazo fue soñado desde un solo lado.

–Mi realidad es otra. Me ha tocado vivir los dolores en otro momento. Viví en cuatro años lo que debía haber vivido en diez vidas.

Ya transcurrida media hora de la charla, parece haber perdido la atención. Mira el celular. Relojea hasta que sorprende y pone play.

–Tiene una inocencia con cierta picardía –comenta con ojos sonrientes mientras muestra un video de su hija con la cara pintada–. Los niños vienen para sanar.

Lola nació el 3 de junio de 2016, un día después del cumpleaños 38 de su papá y a casi dos años del llamado de CONADI. Junto con su pareja, Celeste, eligieron a Claudia Carlotto como la madrina de Lola. También, resolvieron que los padres de Ignacio ocupen el lugar de abuelos.

–A partir de ahí algunas cosas se acomodaron. Es una relación que se construye a través de mis problemas y las negaciones de mi abuela. Estela es Estela y todo lo que tiene alrededor.

El vínculo con Estela tomó otro color. Un aire fresco oxigenó la relación.

–Con Lola tienen algo especial. Es hermoso verlas a las dos. Me encanta que Lola pueda acordarse de su bisabuela como una señora que iba a casa y la pasaba bien con ella.

Después leerá la historia y sabrá quién fue.

“Historias Desobedientes: familiares de genocidas por la Memoria, la Verdad y la Justicia”.

Presentación leída en la apertura del Primer Encuentro Internacional de Historias Desobedientes.

24 DE NOVIEMBRE DE 2018 (ver más…) 

En mayo de 2017, después del fallo de la Corte Suprema de Justicia conocido como el “2×1”, muches de nosotres empezamos a buscar la manera de alzar la voz, entendiendo el retroceso que el gobierno actual estaba llevando a cabo en materia de Derechos Humanos. A partir de publicaciones en la prensa, nos dimos cuenta de que no éramos les úniques con estas inquietudes y comenzamos a encontrarnos. Así nace “Historias Desobedientes: familiares de genocidas por la Memoria, la Verdad y la Justicia”. El primer encuentro se realizó el 25 de mayo de 2017. En ese momento éramos cinco hijas de genocidas y un hijo. En menos de diez días decidimos salir con nuestra bandera, como primera acción política el 3 de junio, en la manifestación de Ni Una Menos. Algunos medios levantaron esta noticia y nuestra bandera fue tapa del diario Tiempo Argentino. Comenzaron entonces a llamarnos de diferentes medios nacionales e internacionales y comenzaron también a contactarse otras hijas, hijos, nietas y nietos, hermanos y sobrinos de genocidas. Organizarnos fue una difícil pero necesaria tarea. Y acá estamos. 

Al comenzar a juntarnos, de inmediato se advirtieron las diferencias: tantas historias como integrantes van acercándose y constituyendo el Colectivo. Edades, recorridos, vivencias, modos de elaboración de la propia historia. Familiares genocidas de distintas fuerzas y jerarquías, vivos condenados, vivos impunes, muertos condenados, muertos impunes, con domiciliarias. Todos responsables de crímenes de lesa humanidad, de un genocidio perpetrado. Hemos enfrentado el desafío de funcionar colectivamente, priorizando la fuerza que nos ha dado el encontrarnos, saber que nunca más estaremos solas ni solos.  Hemos crecido con formaciones y costumbres muy endogámicas, venimos de familias muy cerradas. Esto hace mayor el desafío de constituir un Colectivo en el que el otre esté presente en cada une.

Entendemos que nuestra potencia radica en dos aspectos fundamentales: funcionar colectivamente y plantarnos en la posición ética que nos define: Repudiar el accionar de nuestros familiares genocidas, por sus crímenes que mantienen vigencia y por los que nunca se arrepintieron. Y simultáneamente, Repudiar al accionar represivo que pueden tomar hoy las Fuerzas Armadas y de Seguridad, en contra del pueblo y en defensa de los poderosos, que se pretenden dueños de la vida y de los destinos de les argentines.

Somos las hijas, hijos, nietas, nietos y familiares de los genocidas que protagonizaron la feroz dictadura de la historia argentina. De allí venimos. Nacimos en el seno de esas familias. Fueron esos genocidas los que nos llevaron a la escuela, nos enseñaron lo que estaba bien y lo que estaba mal. Nos dijeron lo que debíamos pensar acerca del mundo y de lo que ocurría en él. Crecimos en esos hogares en los que alguien nos enseñó a rezar y a creer. 

Creímos en Dios, en la familia y en nuestros padres. Acatamos por miedo o por amor todo lo que pudimos y nos esforzamos más en seguir creyendo. Hasta que ya no pudimos más y la verdad nos explotó en la cara.

Desde aquel momento, vivimos un largo y doloroso proceso hasta que por fin pudimos decir con orgullo que estamos despiertes. Con los ojos bien abiertos y limpios de lágrimas. Porque la verdad duele, pero una vez que se conoce ilumina el camino a seguir y no hay posibilidad de dar marcha atrás.

Porque estamos despiertes y somos libres es que hoy queremos manifestar nuestra posición públicamente frente a aquella barbarie que fue la dictadura y sus consecuencias. Lo hacemos desde la convicción que nos da nuestra propia experiencia de familiares. Lo hacemos desde el dolor de la decepción, pero también desde el amor y la confianza que nos permite encontrarnos y abrazarnos. Y lo hacemos porque las víctimas de del genocidio del estado siguen esperando que se haga justicia y debemos y queremos marchar a su lado.

Entendemos que no hay justicia si no se reconoce que una generación fue diezmada desde el mismo poder del Estado. Si no se castiga tanto crimen, tanta tortura, tanta desaparición forzada, tanto robo de identidad.

Cada recorrido personal es diferente, pero todos están atravesados por la soledad y la vergüenza. Cada une de nosotres vivió una relación muy distinta con su familiar genocida: algunos fueron afectuosos, protectores, amorosos; otros fríos, distantes, violentos o abusadores. Poder tomar distancia de algo tan íntimo como la “propia sangre” es un recorrido doloroso pero necesario que nos libera del peso de la “culpa” por lo que nuestros familiares hicieron. Si bien el vínculo filiatorio determina nuestro encuentro, no es la relación personal que tuvimos con el familiar lo que nos convoca sino un posicionamiento social y colectivo de repudio al accionar genocida. Observamos que en este año y poco más de existencia del colectivo la visibilización de nuestro posicionamiento anima a otres familiares a pronunciarse contra los mandatos de silencio. Sabemos que somos muches más. Sabemos que frente a los intentos por reinstaurar la impunidad y el negacionismo tenemos que ser muches más desobedientes que decidan romper con los silenciamientos.

Tomamos el ejemplo de los Organismos de Derechos Humanos, de las Madres, de las Abuelas, de los Hijos, de los Sobrevivientes, de los Familiares. El amor y la constancia en la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia, han sido nuestro faro en medio de tanta oscuridad. Por ellos entendimos que teníamos que estar juntes, organizarnos colectivamente y participar de manera activa y comprometida en este presente que nos insta a superar la vergüenza y a trascender las individualidades para construirnos como una voz que diga lo que hasta ahora no se ha dicho en este país: las hijas, hijos y familiares de genocidas repudiamos sus crímenes, sus prácticas represivas, sus pactos de silencio e impunidad. Nosotres no nos reconciliamos. No perdonamos. Y no nos callamos. 

Ahora que nos encontramos y que juntes manifestamos nuestro repudio, queremos multiplicarnos, despertar otras voces acalladas, sometidas como antes estuvieron las nuestras, porque sabemos que son muches les que se niegan a admitir el horror cometido y que, por distintos motivos, aún no han podido liberarse. Tenemos claro que el mandato de silencio, el disciplinamiento de los cuerpos y las identidades, el plan sistemático de represión, desaparición, asesinato y robo de niñes fue un genocidio de Estado que pretendió quebrar los lazos comunitarios y echar atrás los logros en materia de derechos y conquistas sociales. No nos sometemos tampoco al individualismo, práctica que los genocidas y sus cómplices civiles, judiciales, empresarios y eclesiásticos pretendieron imponer, y cuyas secuelas todavía están muy presentes en nuestra sociedad actual.

OBJETIVOS DEL COLECTIVO HISTORIAS DESOBEDIENTES

Intención, mira, proyecto, plan, meta, finalidad a alcanzar son algunos de los sinónimos que definen la palabra OBJETIVO. Como un barco que navega y marca un rumbo, así el colectivo Historias Desobedientes fue marcando sus objetivos desde sus comienzos: estos fueron madurando y creciendo a medida que nos fuimos consolidando a través de recorridos y experiencias vividas hasta el día de hoy.

1. Uno de los primeros y primordiales objetivos del colectivo fue encontrarnos. A partir de la certeza de que no éramos les úniques ni tan descabellado nuestro posicionamiento de repudio al accionar criminal de nuestros familiares genocidas y en el marco del actual gobierno macrista que insiste en la negación como práctica sistemática. El objetivo fundante fue contactarnos, encontrarnos, conocernos. A partir de entonces se conformó un grupo humano con un fuerte lazo emocional, hasta fraternal. De esa forma se organizaron encuentros con fuertes debates e intercambios de ideas. 

2. En estos primeros encuentros definimos que somos un colectivo con injerencia en lo político-social con un marcado perfil orientado a la defensa de las políticas de Memoria, Verdad y Justicia y dirigido a coadyuvar a que nunca más las fuerzas armadas y de seguridad se utilicen como brazo armado y represor hacia la sociedad. 

3. Otro de los objetivos que surgió fue la difusión, que se conociera nuestra existencia. Al poco tiempo de habernos constituido grupalmente difundimos un documento marcando nuestra posición tratando de definir para afuera (y para nosotros mismos) los propósitos que teníamos de Memoria, Verdad y Justicia. Este hecho de mediatizar y difundir nuestra existencia dio como resultado que se acercaran más integrantes, y desde ese entonces hasta ahora más de cien familiares de genocidas –incluso de distintas partes del mundo– se han puesto en contacto.

4. Esta aparición en público marcó también otro objetivo: el de participar en todos los actos públicos dirigidos a la defensa y profundización de los derechos individuales, sociales y políticos. A partir de esta decisión, estuvimos presentes en las marchas de repudio por la desaparición forzada de Santiago Maldonado, y en los reclamos de justicia por su muerte; también asistimos a las convocatorias que hicieron Madres, Abuelas y Vecinos Sin Genocidas en Mar del Plata en repudio al otorgamiento de la Domiciliaria de Miguel Etchecolatz; asistimos a juicios por delitos de lesa humanidad; concurrimos a homenajes a las víctimas que se llevaron a cabo en Sitios de Memoria como la Ex ESMA, el ex Olimpo, en el último reclamo por la desaparición de Julio López (esta vez como colectivo). El pasado 24 de marzo, por primera vez marchamos los familiares de genocidas debajo de una bandera que nos identificaba como tales.

5. El estado público de nuestra existencia hizo que nos comenzaran a invitar a dar charlas en escuelas, universidades, centros vecinales y demás organizaciones de la sociedad civil. Entendimos esto como un aporte y una misión importante que tenemos como colectivo: que se conozca nuestro testimonio y, a partir de él, profundizar las políticas de memoria, verdad y justicia y reflexionar sobre el rol de las fuerzas armadas y de seguridad en la sociedad (en el pasado y en el presente).

6. En noviembre de 2017 con el objetivo de poder dar testimonio en los juicios de lesa humanidad, se dio un debate interno que resultó en la necesidad de presentar un proyecto para modificar el Código Procesal Penal en los art. 178 y 242, que impiden a los hijos denunciar y testificar contra sus padres. Este proyecto surge a partir de la experiencia personal de Pablo Verna, hijo de padre genocida impune cuyo testimonio es desestimado por la justicia. Presentamos el proyecto en el Congreso Nacional entendiendo que puede haber otres hijes de genocidas que también estén en condiciones de hacer aportes a la justicia. Debería ser tratado en las diferentes comisiones correspondientes, aunque todavía no se ha hecho (ya ha pasado más de un año). Este fue el primer paso dentro de otros de nuestros objetivos: que los familiares de genocidas también podamos declarar en la querella en los juicios de lesa humanidad. En este punto consideramos oportuno aclarar que reclamamos a nuestros familiares que hablen y confiesen lo que saben. Sabemos que tienen información que podrían aportar a la justicia y que deciden seguir ocultando a la sociedad.

7. Por último, nos proponemos como objetivo generar espacios de encuentro y reflexión entre los familiares de los genocidas de nuestro país y de distintos lugares del mundo. Esperamos que este sea el primero de muchos más. 

Desde Historias Desobedientes declaramos: 

Desobedecemos a la autoridad que exige respeto por tener un uniforme, un arma, una sotana, o un cargo importante, pero es incapaz de respetar la dignidad de un ser humano.

Desobedecemos la incondicional filiatoria hacia aquellos familiares que nos mintieron, ocultaron, y defraudaron. Que fueron capaces de secuestrar, torturar, robar, violar, asesinar y desaparecer.

Desobedecemos, por lo tanto, a la complicidad familiar. 

Desobedecemos el temor, el sometimiento, la violencia. Desobedecemos la vergüenza y el silencio. Porque no solo desobedecemos la ley del padre, también desobedecemos el mandato social que nos insta al silencio y nos identifica con el genocida y con el pensamiento genocida. 

Desobedecemos a la imposición de un discurso único y mucho más cuando lo imponen los poderosos.

Desobedecemos al odio, el rechazo y el desprecio, que nos inculcaron por los que piensan distinto. 

Desobedecemos al mandato de silencio porque nuestras voces que crecieron acalladas tienen mucho que decir.

Desobedecemos, sobre todo, a la culpa por desobedecer.

Desde HISTORIAS DESOBEDIENTES nos comprometemos a ser un espacio de encuentro solidario para quienes pasaron por nuestra experiencia y quieran enfrentarse a la verdad.

Apoyamos y acompañamos los reclamos de los colectivos defensores de los derechos humanos por Memoria, Verdad y Justicia.

Hablamos para defender la justicia

Repudiamos para no ser cómplices

Desobedecemos para romper mandatos. 

COLECTIVO HISTORIAS DESOBEDIENTES

Carlos Liberona .10 años. Presente!

Carlos Liberona .10 años. Presente!

“Escribir sobre Carlos es doloroso y hermoso. Doloroso porque cuando me acuerdo de él me viene una pena profunda,como si un pinchazo me entrara en el pecho y se me abre la boca intentando respirar más fuerte, se me agrandan los ojos para que las lágrimas no me salgan y cada raíz del pelo me pica. Lo veo claramente, caminando con su paso reposado, sonriendo con sus ojos. Carlos era un compañero esencial…”Prólogo de German Marín a Memorias de un labrador de Futuro. Carlos Liberona, el amor y la lucha.

No dejó indiferente a los que lo conocieron, y a Carlos nada de lo que ocurre en este mundo y en Chile le fue indiferente. Lucía Sepúlveda Ruiz. (1944-2009)

hace años escribí al Carlos…


LOS COMPADRES DEL ´44. Los que quedamos y los que tomaron el cielo por asalto.

Oye,Carlos, el 30 es tu cumpleaños…

27 de noviembre de 2011 a la(s) 10:29

Te gané por 4 meses en llegar a esta etapa en que de repente el cuerpo te grita “estás re vieja,para la mano,que cuarenta años de andar de militante por la vida, con dedicación exclusiva,te pasa la cuenta”…

Por fin tuve en mis manos “El Labrador de Futuro”, y ahí estabas,viejo.

Hace ya un rato largo que no nos reuníamos en la calle Londres, en ese boliche de los comunistas con comida barata o en el café al que me citabas , aún cuando entendernos era fregado,por tu ronquera-afonía,que siempre decías te ibas a operar. Yo, claro, arrogante rozando la estupidez,te reprochaba.

Te cuento que de los compadres / comadres que llegamos al mundo meses después del fin de la segunda guerra mundial, quedamos re pocos.

El Miguel,el Bauchi,el Luciano,el Guti, el Viejo Lucho, El Edmundo Lebrecht,el Jaime Oettinger, el Sambo, y muchas comadres que me duele nombrar,entre ellas la Laurita Moya, la tía de la Lumi, que trabajó hasta la última hora , ya sabemos se fueron de a poco y desordenadamente, a saltos históricos. Borro un nombre que pervirtió nuestra memoria y nuestra identidad: que se fue impune, dejando tras de sí niños abusados y un shock colectivo de dolor entre nuestra generación.

Pero quedamos bastantes,por acá y por allá. Acharquicaneados *1, en la pobla, en las universidades, en Ayun,en las redes sociales que nos han regalado encuentros, algunos en las calles (los que aún son sostenidos por sus rodillas artrosicas) y sobre todo, en la Memoria Vigente…

Me reí tanto con tu Manual Para Derrotados * que voy a recordar los mejores  comentarios, ácidos,irónicos y pícaros que como tu mismo,son un compendio de verdades..

.

En ese manual, escrito algún día en algún lugar ,por un tenaz luchador popular que busca levantar el ancla de la tristeza, y alejarse del horror que inventaron los generales y que condujeron a este paisito a la gran derrota”, como te definiste,estamos todos,compadre…

“Como sabemos,la derrota es una mierda (…) la derrota es diferente para cada cual,tiene su propio ADN”.

Dices: Cuando consulté por los materiales que podría utilizar para construir este manual,empezaron los problemas. La denuncia estaba permitida,pero cuando consulté por el uso del buen humor y la ironía, me miraron como si faltara el respeto a todas las vírgenes del mundo, y entonces me quedé paralizado”

Cómo te entiendo,Beato,viejo Claudio cazurro chillanejo campesino. Tu siempre has sabido cómo nos une esa falta de respeto por los ritos y rituales, y la felicidad permanente,a pesar de…

Sonreí con ternura de vieja abuela que viene de vuelta al leer tu Análisis del  Comportamiento de los derrotados, y con carcajadas culpables reconocí a tanto viejos y menos viejos de nuestro piño y de piños amigos, y sobre todo, cuando me encontré yo misma ahí:

“El o la derrotada,tienen sus ritos, sus estéticas,sus mitos y hasta sus doctrinas; cada derrotado tiene tiene su propio ADN, es decir, la marca de encarar,explicar o vivir su derrota”…”cada cual ha tenido una cantidad apreciable de identidades que configuran su memoria, desde extremista peligroso huye armado,pasando por PP (Preso Político),exiliado,retornado,ex militante,etc”.

A este “etc”, que es tan enorme,es de justicia incluir a los exonerados,los clandestinos,los fugados y entrañados ,las viudas y viudos,los hermanos,sobrinos,tíos y por sobre todo, a los hijos e hijas de…a quienes transmitimos la derrota y nuestras formas de encararla.

Cuando hablas del cajón caótico de los recuerdos cuidadosamente guardados, de nuestras fechas comunes: el 11 de septiembre,el 5 de octubre,el 8 de octubre,  de los meta lenguajes,de la acumulación de historias orales clasificadas y archivadas,de la estética común ( “nada o poco maquillaje en las mujeres,la derrota no usa corbata,suele tener bigote o barba,viste un second hand…”) es imposible no reconocerse,reconocernos…

Pero tras esta sarta de verdades , señalas otras maravillosas verdades,que son carne entre nosotros: “Los derrotados y las derrotadas tienen una misión histórica que cumplen modestamente.Ellos son parte esencial de la memoria colectiva,son los que saben reconstruir hombres,rostros,huellas de los desaparecidos,de las víctimas de esos tiempos (…) tienen mucha historia,pero la historia los desconoce (…) en medio de la derrota,estos puñados de mujeres y hombres pelean por la verdad,sin pausa han venido perforando las fronteras de la impunidad (…) cada día entendemos mejor que nuestra última batalla será por la re fundación de nuestro país,como comunidad histórica,moral e institucional. (…) No hay duda que de los derrotados será el Reino “.

Así,compadre, entre sonrisas,carcajadas,un poco de nostalgia y un mucho de gratitud, me encontré nuevamente contigo ayer. Y el dolor y la muerte que ronda mi hogar se hicieron por un momento leves.

El jueves me arranqué al ARCIS,porque no fui capaz de esperar en la sala de espera el resultado de esta segunda operación a la Carola, mi hija, y allá estaban todos- o casi todos- contentos,porque el lanzamiento del libro del Peter Rose (Pedro Rosas Aravena) fue un éxito. Qué lindos los cabros!…Me encontré con la gringa, tu compañera, siempre en la pelea. Con el Pilo,la Bea,la Lucía, y recibí los más fraternales abrazos, y puchas! que los necesitaba.

Otro día

Como estoy poniendo al día las noticias nuestras, te cuento Viejo, que se me fue la Carola, muy resentida, muy enojada, sin que nos fuera posible romper el silencio tóxico instalado entre nosotras…Cómo me hiciste falta,compadre!

Una noticia hermosa que comparto contigo es que en este espacio mágico que estamos colonizando, este nuevo continente a explorar un poco a tientas, por puro azar encontré a una compañera de esas que por ahí decimos “histórica”, de aquellas que vieron los días primeros del irrumpir de una nueva forma de enfrentar nuestra realidad golpeada, de aquellos días en que allá en Concepción , los ahora “históricos fundadores!” lanzaban un grito armado que cambió nuestro país.

Conocí a Marta Zabaleta, argentina, y ya no podré preguntarte si la conociste, si la viste trabajar con las mujeres, si compartiste celda con ella , si coexistieron en los laberintos del exilio, si fuiste amigo de sus amigos, del Traful que estoy conociendo a través de sus palabras.*2

Tengo que contarte,compadre, que en estos días da miedo abrir los correos electrónicos, porque cada semana nos trae noticias de una muerte anunciada, de una situación extrema de pobreza y enfermedad e algún compañero o compañera e incluso de algunos de nuestros hijos.  Antes nos mataban los milicos, y ahora el cáncer se ha hecho verbo entre nosotros. Ya sabes, tanta tortura, prisión, exilio y luchas parece habernos bajado las defensas..

Tengo que pedirte excusas,Viejo lindo, porque no he logrado aún cumplirte lo prometido. El trabajo que me pediste acerca del exilio y el retorno, de la influencia en lo contingente que habían tenido aquellos que vivieron una cultura diferente- creo que así canta un argentino- y retornaron con nuevas ideas que por cierto, te lo digo, modificaron de raíz nuestra historia, se me ha hecho difícil. Me fui un poco por las ramas ya que en el curso de esa investigación me encontré con una realidad que me hizo mayor sentido, me saltó o asalto un campo desconocido y doloroso , un segmento de nuestra realidad hasta entonces no visibilizado;nuestros hijos e hijas. Y los hijos e hijas de ellos.

Y así me he pasado esto  años largos, y tu no  estabas para animarme, para decirme ” vamos Goñi”, y he recorrido un poco sola – un poco desorientada a menudo, y envejeciendo, esta tarea que sé habrías aprobado entusiasta.

También debo contarte que por el camino he ampliado mi reducto de aquellos a quienes puedo nombrar como “mi gente”, y ahora son parte de éste hombres y mujeres de todas las generaciones y matrices políticas y culturas como dirías tú irónico. Y ha sido bueno. Ha sido enriquecedor y siento que estarías orgulloso de mí.

Esta tarde llueve de abajo para arriba, hace frío y me siento un poco en Chillan, tu ciudad, en invierno, conversando contigo. Ha sido  bueno encontrarte otra vez. Como siempre. Hasta siempre.

Gracias,compadre. Y feliz cumpleaños.

PS.-* “MEMORIAS DE UN LABRADOR DE FUTURO.Carlos Liberona,el amor y la lucha”

Lucía Sepúlveda Ruiz,noviembre 2010

Editorial AYUN.

*1 Red Charquican, lista de correos de los miristas, ex miristas y amigos de los miristas.

*2 

Carlos , Adriana y Tito,2006 100 Años Santa María de Iquique.

CARLOS LIBERONA VERGARA y su poema “auto-Requiem o Testamento” https://youtu.be/-tXGPxVUiOE

Homenaje a Carlos Liberona de todos sus hermanos
J. G. Rodrigo Torrez Jordán, 16 de junio de 2009

En este muro colocamos algunos de los muchos mensajes que en homenaje a nuestro Querido Hermano y Compañero Carlos Liberona Vergara han enviado sus amigos:
CLAUDIA VIDELA, SANTIAGO:Querid@s compañer@s:No sé bien qué frase utilizar en este momento, sólo que se ha ido nuestro amigo, compañero y para muchos el padre político. Hace media hora fui a su casa a saludar y me encontré con que hacía muy poquito rato, Carlos había partido al encuentro de la eternidad. …
JORGE ÁVILA, SANTIAGO:Compañeros y compañeras: ha fallecido hace poco rato atrás nuestro compañero, hermano y amigo Carlos Liberona. Sus restos serán velados en la Villa Grimaldi, en Santiago de Chile.Nos queda la tarea de tomar sus banderas, y continuar la lucha por la real liberación del continente, y por un mundo en que reine la justicia, la libertad y la igualdad.Reciban un fraternal saludo
CHAGO, VALPARAÍSO:Compañeros:Hoy a las 2:30 de la tarde nos dejo el Viejo Liberona, un combatiente ejemplar y sobre todo un gran amigo, es difícil explicar lo que significo para mi y para quienes en esta casa lo conocimos, solo diremos que estamos intactos en el amor y las ganas de hacer revolución, que sabemos que es esa la forma y no otra la de mantenerlo con nosotros, crear y fortalecer las redes y las luchas del continente, asumir los temas sin prejuicios, vincular lo rojo y lo negro de la vida…estamos tristes, pero alegres de haberte conocido hermano Carlos.AYUN EN TU VIAJE.AQUÍ SEGUIMOS.el Chago,
RODRIGO, COCHABAMBA:Nuestro Compañero Carlos Liberona, incansable luchador, maestro y padre político, ha emprendido su viaje definitivo a la eternidad hoy 11 de junio.Con su ejemplo nos ha enseñado el valor de la dignidad de la vida humana, con su valor nos ha guiado por el camino de la lucha, resistencia, responsabilidad y respeto, con su solidaridad nos ha dado la oportunidad de vivir como pensamos, con su magnánimo espíritu nos ha permitido acompañarle en el camino.Ahora, que ha cumplido su misión junto con nosotros, nos deja la fuerza necesaria para seguir su camino; por nuestra parte, queda el compromiso por continuar en la cotidiana lucha, perseverar incansablemente en este camino infinito por la justicia y esperanza; ¡Seguiremos adelante compañero!.¡¡¡Compañero Carlos Liberona!!!Por siempre ¡¡¡PRESENTE!!!
JOSÉ ANCALAO, TEMUCO:Hola a todos espero que esten tranquilos queridos amigos yo por mi parte estoy super descolocado con esta noticia lo único que se es que este donde este mi maestro estará mejor que nosotros el ya cumplio su mision y eso nos deja mucha responsabilidad a nosotros estoy seguro que nosotros tenemos que seguir con el legado de nuestro gran amigo estare en santiago lo antes posible espero encontrarme con alguno de ustedes.peukallal newentuaiñ
NIDIA BUSTILLOS, SAN IGNACIO DE MOXOS:A todos los hermanos sólo por una vez pude compartir con este hombre grande y pude comprender el valor de la dignidad y el amor por el prójimo,tampoco tengo palabras, pero este donde esté el sabrá que seguiremos con su ejemplo tampoco tengo palabras
CARLOS LEÓN, SANTIAGO:COMPAÑEROS:SOLO UNA PALABRA:HASTA LA VICTORIA SIEMPRE……..CON TRISTEZA EN EL CORAZÓN
CAROLINA Y MARTÍN, LIMA Querido Carlos,Con mucha tristeza me comunicaron tu partida, fue tu gran amigo Hector el que me dio la ingrata noticia y quería compartir esta noticia tan triste y que me acompañe en mi dolor tambien a mi mas puro amor, mi hijo Martin, que a pesar de sus 9 años ya entiende y sabe de dolores, luchas y solidaridades, muchos de nuestros compañeros /as lo conocen y saben de que hablo, el me dijo, en la noche rezare por él porque estará siempre con nosotros, y así es, siempre nos acompañaras en este camino con muchas dificultades para darnos la mano y ayudarnos a pasarlo.Solo gracias por tu compromiso, por tu cariño expresado a muchos hombres y mujeres, de otras tierras, que como yo tuvimos la suerte de conocerte, recuerdo que fue en el año 1998 cuando nos vimos la primera, casi recién llegados de Lima con Ricardo a quien siempre le decía que eras su padre putativo, y ha sido Carlos, tu experiencia, tu firmeza y tu debilidad ante lo injusto nos ha dejado muchas enseñanzas y nos ha motivado a seguir adelante. Gracias por creer en nuestros sueños y proyectos, el imponerte en proteger y defender a nuestros hermanos migrantes que como bien sabes, muchas veces tuviste que discutir con mas de uno por protegerlos….Querido Carlos, la esencia del alma es como la huella digital de las personas que queremos, es lo que nos hace únicos y por eso en esa esencia especial tu eres único y trasciendes mas allá de lo corporal.Te acompañare en este adiós formal, aunque para mi no te hayas ido.Te quiero mucho
CARLOS RIVERA, SANTIAGO:Compañer@s : Lo de Carlos ha sido un proceso duro para su familia y también para sus cercanos, que son a decir verdad, la mayoría de quienes nos adoptó como hermano, compañero. Todos cupimos en su alegría y luchas, albergados, acogidos en su generosa humanidad. Los encuentros que promovió han dejado una semilla de fraternidad que prosperará y madurará a su tiempo. Estaremos acompañándole en su último itinerario físico, porque en la permanencia de sus actos y conductas lo llevaremos muy íntimamente ligado a nosotros.
.LUCÍA MARIANA, LIMA:Con todo el pueblo en las calles recibimos esta noticia, el mundo se hace pequeño, la pena se entrega a nosotros.Mucha tristeza.Sólo pienso segura que seguirás con todos, con nosotros, en tu labor de constructor de mundos.
RAÚL WIENER, LIMA:Profunda tristeza por la partida de un hombre que bastaba una vez para entender que era un hombre justo, honesto, con una vida comprometida.Tuve oportunidad de conocerlo hace exactamente un año y me dejó un recuerdo imborrable.Que viva en la memoria de todos.
RICARDO JIMÉNEZ, SANTIAGO – LIMA Querido Carlos, acabo de enterarme de que partiste físicamente, de que la noticia esperada pero temida finalmente llega. Recuerdo cuando me decías sencillamente, con esa forma tuya de pueblo aguerrido, seria, sin aspavientos, que sabías que te quedaba poco y que debíamos sentar bases de nuestro trabajo de emancipación en el Cono Sur. Yo me quedaba callado, incómodo, simplemente evadía la cuestión. Creí que lo tomaría más tranquilamente, pero la tristeza me gana y no sé por qué. El Martín, mi hijo de 9 años, me dio la noticia. Me dijo: llamó mi mamá y me dijo que el tío Carlos murió, que no pudo salir bien de sus enfermedad, qué mala suerte, este no es un buen día, me dijo. Yo le dije que debíamos pensar que el tío Carlos tuvo una buena vida, una familia a la que amó y que lo amó, muchos amigos y compañeros y que pudo hacer mucho por lo que quería que era estar y luchar con los débiles, que esa era una muy buena vida y que lo que al final importa es eso, haber vivido, y vivido bien. Vine a Internet y veo que ya muchos/as compas confirman la pena. Fuiste mi amauta, me enseñaste a cultivar virtudes necesarias y difíciles, a crecer en el respeto a la diferencia, la generosidad con el compromiso, silenciosa, sencilla, a vivir con paciencia los ritmos de las cosas y las gentes sin dejar de perseverar en lo que queríamos. Me ayudaste siempre y creíste en mí, y te debo demasiado. Muchas gracias, Carlos, muchas gracias. Recibo la noticia en medio de masacres indígenas y heroicas resistencias populares, por estos días he pensado mucho en ti y en lo que me decías de estar con los pueblos siempre, de la necesidad de inteligencia y generosidad. Te veo y te siento en los pueblos, en sus dolores y esperanzas, en esa forma algo dura tuya de enfrentar dificultades tan de nosotros los pobres. Tal vez por eso esta carta sólo podía escribirtela ahora. Eres de los más fieles amigos del futuro que yo haya conocido. Y me faltas de muchas maneras, quedo algo huérfano, aunque siempre he sido algo huérfano ahora vuelvo serlo de muchos modos. Me llevo esta tristeza conmigo, la guardo y agradezco haber sido compañeros este tramo del camino, tu confianza, las conversaciones sobre mil cosas y sueños, estar del mismo lado de la trinchera. Me llevo mi tristeza conmigo, con ella me sumerjo en las luchas de nuestras pueblos, ahí estoy donde solíamos estar, con los débiles, los oprimidos, los que buscan liberación. En este mismo momento, mis lágrimas se confunden con las de miles en las calles de Lima, producto del gas lacrimógeno, la tierra se sacude por el parto de lo nuevo y mi corazón se sacude también. Sólo quiero decirte cuánto te quiero y lo importante que eres para mí, que ya pronto vuelvo a donde debo estar, donde tú siempre supiste estar, donde tanto nos gusta estar, donde se debe, donde no hay muerte, sino transformación. Ojala todavía puedas ayudarme y confiar en mí, tolerar mi falta de crecimiento y de inteligencia de a veces para ayudarme a seguir, porque seguimos, claro que seguimos, querido Carlos.
LEOPOLDO MARTIN RAMOS, SANTIAGO:CARLOS LIBERONA VERGARA…El noble viejo de La Mancha suele aparecer en el horizonte distante para recordarnos el sueño ideal, de la estrella alcanzar… Como si esperara en el dintel del recuerdo imperecedero, la llegada de un nuevo cofrade, para encaminarle por sendero cierto…Y ahora, lo es cuando llegó el instante de dejarnos porque emprende la itinerancia eterna para alcanzar caminos que también habremos de recorrer en días acaso próximos y los cuales aún nos están vedados… y ahora lo es cuando despedimos al amigo, al hermano.Con fe… lo imposible soñar… reza el verso de la canción…Para Carlos, su declaración fue una exhortación al trabajo altruista, generoso, urgente y comprometido:“Nuestro sueño siempre ha sido, es y será que cada tema, cada problema, pueda considerar a otros y otras. Es decir, alguna vez seremos migrantes en algún país del planeta; es la sociedad la que vive con el VIH, no sólo una persona; somos mestizos o indios en cualquier país del mundo. En fin, que mientras el país vivía la transición y nos alegraban sus avances, nuestro grupo ( la Corporación Ayun ) no olvidará el dolor persistente en Colonia Dignidad, no olvidará a los presos políticos, no olvidará que los migrantes requerían atención y que los mapuches siguen siendo condenados a la exclusión, al racismo y a la discriminación ”.Soñar en un mundo mejor… Por cierto, no importando las heridas… para seguir luchando contra los malvados, a los cuales enfrentó en pie y soportando el dolor; los hubo muchos, en cantidad enorme, y con la crueldad más bestial e inhumana manifestada en sus actos.Creer en un mundo mejor, el cual es posible parir haciendo amigos, a partir de la aceptación de las características de un individuo, de sus valores, ideas, miedos, aciertos, errores, en definitiva de su forma de ser. Como lo hizo Carlos: con voluntad fuerte para corregir desaciertos, con benevolencia patriarcal para favorecer a los débiles y desventurados, y con vehemencia persistente para acallar las protestas del trabajo inconcluso, exigiendo su materialización.Hablando acerca de la institución a la cual dio vida y mantuvo con fervor y mucha constancia – la Corporación AYUN –. Carlos explicaba: “lleva un nombre, en lengua mapuche, con tres significados: amanecer, amor y transparencia. Pero también hay un juego de palabras que significan acción y unidad… Como todo grupo, partimos con un sueño que lo transformamos en propuesta y después en esfuerzo de construcción”.Cada expresión conlleva una idea de valor… la fuerza de motivaciones altruistas y de vocación humanista, destinadas a perdurar y crecer en realizaciones de servicio público; acaso como la mejor retribución póstuma a su memoria.Es muy temprano aún para hacer siquiera el boceto de su historia humana… estamos con los ojos humedecidos mirándolo en su lejanía, sin querer perderlo de vista… reprimiendo una interjección de rebeldía por su partida tan prematura… ¡queda tanta tarea inconclusa! … y la ausencia del líder ya resulta ser el brillo que falta.Leopoldo Martin Ramos Santiago (Chile) junio 12 de 2009
CLAUDIO BUSSI, CORDOVA:Querido Carlos, gracias por guiarnos en este tiempo que compartimos juntos, seguiré admirando tu sabiduría, recuerdo que sólo te escuchaba e intentaba aprender y comprender cómo hacías para aportar siempre lo esencial y estructural, fuiste una hoja de rutas, y esos caminos, son los que nos dejas hoy, para que los integremos, los recorramos, te visitemos, un abrazo, siempre presente estarás, imposible olvidar…Me quedo reflexionando en el poema Adiós de Gabriela Mistral…En costa lejana y en mar de Pasión,dijimos adioses sin decir adiós.Y no fue verdadla alucinación.Ni tú la creísteni la creo yo,«y es cierto y no es cierto»como en la canción.Que yendo hacia el Sur Diciendo iba yo:«Vamos hacia el marque devora al Sol».Y yendo hacia el Norte Decía tu voz:«Vamos a ver juntos donde se hace el Sol».Ni por juego digas o exageración que nos separaron tierra y mar, que sonella, sueño y elalucinación.No te digas soloni pida tu vozalbergue para uno al albergador.Echarás la sombra que siempre se echó,morderás la duna con paso de dos…Para que ninguno,ni hombre ni dios,nos llame partidos como luna y sol;para que ni roca ni viento errador,ni río con vado ni árbol sombreador,aprendan y digan mentira o error del Sur y del Norte,del uno y del dos!
ÁNGELA PINO, CÓRDOBA:Les escribo profundamente triste, pero hoy cuando pude agradecer públicamente a su familia a sus viejos y nuevos compañeros de sueños he podido sentir en profundeza, la misiòn que a partir de ahora nos compete, ojalà que a todos este Carlitos que ya debe andar Liberoneando en los cielos sublimes nos haya dejado algunas lecciones de amor, ternura y ètica.Siento que podrè continuar y no olvidarè jamàs sus enseñanzas, ojalà pueda estar a la altura de las circunstancias.Agradezco a Carlos y esta vida el respeto que sentía por las mujeres de todas las procedencias, y su reconocimiento en las cuales la lucha por los derechos Humanos fuera una cuestiòn de agenda cotidiana, de lo micro a lo macro, ese era su espíritu revolucionario,Hasta luego compañeros Angela, Córdova, junio 12.
ISIS DE PALMA, BRASIL:Mi querida Ula Con mucha fuerza te envio un grand abrazo fuerte fuerte.Amamos mucho a Carlos y nos gustaría estar más cercano de ti.He enviado un mensaje sobre Carlos con su texto por la Carta, lo que nos envió Ricardo, para toda la red de la Carta en Brasil.Amigos de muchos sitios contestan, como Moema abajo y todos nos piden para enviar fuertes abrazos a ti y amigos de Carlos en Chile, son los que más sentirán su ausencia…pero el va estar siempre en nuestras oraciones y en nuestra memoria.besos
IsisMOEMA, BRASIL:Um amigo que partiu CARLOS LIBERONA Querida Isis través de você quero transmitir minhas condolencias principalmente para a familia de CARLOS LIBERONA, seus companheiros e companheiras de dia a dia. Que seu exemplo sirva para ampliar e fortalecer nossas alianças em prol de um mundo mais responsável e solidário.> Abraços
ISIS PALMA, BRASIL:Querid@s amig@s do Comitê Brasileiro da CRH – Carta das Responsabilidades Humanas Com muita tristeza informo que faleceu na quinta feira, dia 11 de junho, em Santiago do Chile nosso companheiro chileno Carlos Liberona, membro do Comitê Internacional da Carta das Responsabilidades Humanas.Como uma homenagem a ele envio um importante artigo de Carlos sobre a CRH publicado em nosso sitio. NÃo deixem de ler, usem este material onde puderem para a que a palavra desse importante companheiro, ativista incansÁvel e ser humano sensibilà ssimo se perpetue, para que nossa causa humana se multiplique em todos os cantos desse planeta.emocionada envío abraços com saudades de Carlos.IsisLYDIA NICOLLET,
CARLOS RIVERA:Carlos Liberona y sus aportes a la construcción de las Responsabilidades Humanas.Estimados amigos,Con gran tristeza y emoción les tenemos que anunciar esta noticia. Jueves a las 15 horas, aquejado de una enfermedad terminal ha fallecido nuestro gran amigo y activista de los derechos humanos, incansable gestor de la integración latinoamericana, animador de numerosos encuentros por la Carta de las Responsabilidades Humanas y miembro del Comité Internacional de Animación de la Alianza. Ha sido un proceso doloroso para su familia. Sus restos serán llevados hasta Villa Grimaldi, en la comuna de La reian de Santiago hasta donde llegarán hoy viernes los dirigentes, amigos, académicos, indígenas, ecologistas y miembros de toda la red . Allá se le rendirá¡ un homenaje a este luchador social que es una partida para los desamparados del mundo.Sus colaboradores y amigos, compañeros estamos de duelo por su partida porque hemos perdido a un compañero inigualable que hizo suya la visión del hombre nuevo de El Che Guevara y que encarnó con su ejemplo que servirá de guía para las personas de todo el mundo que luchan por la paz, la justicia y la fraternidad entre los seres humanos.Muchos abrazos a todos.
LUCÍA SEPÚLVEDA, SANTIAGO:Carlos Liberona: ¡Hasta la victoria siempre! Hoy viernes 12 de junio estaremos despidiendo a Carlos Liberona, compañero y amigo, ex dirigente del MIR, en el Parque por la Paz donde a las 18 horas Helmut Frenz encabezará un responso. Mañana domingo a las 11 de la mañana será cremado en el Cementerio Católico y posteriormente sus cenizas serán devueltas a la región del Biobio que lo vio nacer y desarrollarse política y humanamente junto al partido en que militó, y de donde surgieron la mayoría de sus primeros dirigentes.Para Ula y familia, mis sentimientos de conmocionado pesar ante la partida de Carlos. Lo conocí tardíamente, en democracia, después del 2000 incluso, cuando parecía que nada se podía hacer y era generalizado entre los nuestros el estar abatidos y enmudecidos por la derrota y la división. El no se rindió. Creó Ayun y con eso múltiples iniciativas sociales que eran profundamente políticas y adecuadas a estos tiempos de balbuceos y reconstrucción. Aprendí mucho de él por sus esfuerzos de constructor, por su modestia, su fraternidad y sentido de la esperanza.Nos deja un poco más solos pero también un poquito mejores, por haberlo conocido y compartido con él algunos de sus quehaceres y empeños.Lucía
LYDIA NICOLLET, FRANCIA:Me permití reunir aquí todos los mensajes de solidaridad de la red de la CRH a la familia y los amigos de Carlos: de Angela, Tsisso, Isis, Mingo, Betsan, Pinky, Amina,.La esposa de Carlos, Ula, usa la dirección de correo electrónico siguiente: corayun@hotmail.comUla, recibirás este mensaje a través del foro de la Carta.Con toda mi amistad a todos y todas
MENSAJE DE ANGELA Querida Lydia y compañeros He cruzado la Cordillera para despedir al gran amigo y compañero Carlos Liberona le llevo un gran abrazo, con certeza ha partido susurrando amor, y todos los compañeros en este abrazo libertario., lo acompañaremos En tu vuelo amigo, te espera la Violeta Parra que debe andar por alguna celestial rebeldía, y el gran poeta Pablo Neruda el universalmente andino. te acogerà en sus brazos.Angela
MENSAJE DE TSISSO Estimados amigos,Con una tristeza profunda he tenido la noticia tan mala que acaba de afectar a la familia de Carlos Liberona.He oído hablar mucho de él y sé cuanto contaba para la Carta y sus parientes y amigos cercanos. Mis condolencias sinceras a los miembros de su familia.Tsisso
MENSAJE DE ISIS Estimados amigos,Me gustaría expresar cuánto echo de menos a nuestro amigo Carlos.Carlos, además de ser un gran amigo y fiel compañero, gran defensor de las causas humanas, siempre estaba mostrando gran sensibilidad.Nosotros nunca nos olvidaremos de los encuentros magníficos de la Alianza del fin de los años noventa cuando nos conocimos.Las palabras de Carlos siempre venían en el buen momento, los días increíbles de construcción colectiva que pasamos en la creación del Comité de la Carta en Grecia en 2003, en Suráfrica en 2007 y anteriormente todos en Chile en enero de 2005 cuando Carlos y los compañeros chilenos habían preparado para nosotros un encuentro tan bonito del Comité Internacional de la Carta.Qué privilegio el haber sido tu amigo, amigo Carlos.En nombre del Comité brasileño de difusión de la Carta, de los amigos de Brasil, de mi y de Mingo, enviamos a los hijos y a la compañera Ula nuestros más afectuosos abrazos.Seguiremos para Carlos en la lucha y la paz.Atentamente Isis
MENSAJE DE MINGO Estimada Lydia, estimados amigos,Recibo esta noticia con mucha tristeza y dolor. Recuerdo con cariño los varios momentos de jovialidad con Carlos de quien siempre tuve una palabra de ánimo y ponderada. Un hombre, firme y suave, que supo combinar la práctica política con la elaboración teórica, siempre hacia la lucha para la emancipación de las personas históricamente oprimidas de nuestro continente. Carlos hará falta en nuestro grupo, pero su ejemplo indica las direcciones que debemos continuar siguiendo nuestro trabajo en el sentido de la integración de nuestros pueblos, de un intercambio entre nuestras culturas y nuestros modos de pensar y de vivir en el continente suramericano. Un hombre generoso que vamos a echar de menos.Abrazos solidarios a todos.Mingo MENSAJE DE AROHANUI BETSAN, NUEVA ZELANDA Estimados Amigos de la Carta Qué noticia más triste que la partida de Carlos. Es un hecho muy solitario llorar a un tan estimado amigo que mis amigos aquí no han conocido. Como lo has dicho tan bien en tu mensaje Lydia, Carlos nos dio inspiración, dirección, sabiduría y un alma de calor y amor.La noticia llegó esta mañana con las primeras luces – el sol sale en Nueva Zelanda antes de en cualquier otra parte, y es por consiguiente el lugar para la primera luz. Cuando nos quedamos en la casa de Carlos y de su familia, Carlos encendió una vela con las primeras luces del alba para los amigos chilenos que estaban perdidos durante el periodo de Pinochet. Entendí que hacía esto todas las mañanas – un acto de recuerdo profundo y fidelidad que sugiere las calidades que hacía que Carlos fuera tan importante para nosotros.Hay mucho por valorar de nuestro estimado amigo, y ahora mi memoria va a Syros y Santiago y el compartir más generoso de su país de origen que Carlos nos ofreció. Por supuesto les echamos de menos en Changchun.Estoy a punto de dar un paseo de recuerdo y he encendido una vela para Carlos. Como él, ésta es una llama para él y todos nosotros que trabajamos localmente y globalmente para juntar a personas en esfuerzos para la responsabilidad.Yo me pregunto si algún representante de la FPH ha podido estar en Chile para ser parte de las despedidas. ¿Quizás Gustavo?¿Lydia, Edith, u otros tendría los correos electrónicos y direcciones de la familia de Carlos? Yo estaba en contacto con su hijo que estaba en Nueva Zelanda, ayudando con la comunicación para Across Oceanía. No puedo encontrar el contacto. Arohanui Betsan
MENSAJE DE PINKY Me entristó grandemente la partida de nuestro buen amigo y colega, Carlos Liberona.Tengo recuerdos aficionados de su argumentar apasionado, de su cuidar de nuestro equipo en Chile, en el jardín de su casa con árboles fruteros y barbacoa. Estoy segura que es una pérdida grande para el movimiento para el cambio en Chile y también para nuestra Carta.Permítanos honrarlo continuando nuestras abogacías.PinkyMENSAJE DE AMINA RACHID Comparto la pena de todos los amigos de Carlos y de todos los que siguen luchando por un mundo mejor.Amina Rachid.MARTA MOLINA, BARCELONA, ESPAÑA: Compañeros, Conocí a Carlos al mismo tiempo que la Carta de Responsabilidades Humanas. Llegué de Barcelona a Brasil y a las dos semanas, me encontraba en Paraty (Río de Janeiro) haciendo el seguimiento del Encuentro que pretendía trazar la metodologías para trabajar con ella en cada uno de los países del Cono Sur. Fue gracias a este Encuentro, a estos días intensos en Paraty, después en São Paulo, que conseguí hacer el “CLICK” necesario para empezar a reconocer e identificar algunas realidades históricas del Sur del continente Americano que, hasta entonces, sólo conocía a través de los libros. Hoy retomo algunas de las notas que tengo en el cuaderno que viajó conmigo por Brasil. Me voy a las páginas del 21 de JULIO de 2006 y leo unas líneas escritas después de una de las conversaciones que tuve la suerte de tener con Carlos Liberona. Hablaba de los Mapuche, de su exilio en Alemania, del MIR de sus luchas colectivas. Carlos conseguía hacerse entender a través de las palabras, provocar reflexión, hacerse escuchar. En estas líneas que hoy leo de nuevo, hablo también de los ojos y la mirada de Carlos cuando me contaba algunos de los episodios más tristes y absurdos al mismo tiempo, de la historia de Chile. En aquel momento pensé que había tenido la oportunidad de conocer a alguien que podía relatar en primera persona la historia de este país sur americano y que había luchado para conseguir un cambio de rumbo. A Carlos, militante revolucionario, mapuche, líder nato (pero modestisimo) con el que aprendí a reflexionar sobre el presente de la historia, le dedicaba en las líneas de mi cuaderno un fragmento de un libro de Bertolt Brecht en “Cinco dificultades para escribir la verdad” (1934) Creo que el espíritu de Carlos está en este texto de Brecht: “Hoy en día, quien quiera combatir la mentira y la ignorancia y escribir la verdad tiene que vencer al menos cinco dificultades. Le harán falta el CORAJE para escribirla cuando en todas partes la AHOGAN; la INTELIGENCIA para descubrirla cuando en todas partes la ocultan: el arte de HACERLA MANEJABLE como un arma; el JUICIO PARA ELEGIR aquellos en cuyas manos será eficaz; y la ASTUCIA para propagarla entre ellos. Y esas dificultades son grandes no sólo para los que escriben bajo el fascismo, sino también para los que han huido o han sido expulsados e incluso para aquellos que escriben en los países de libertad burguesa”. Carlos Liberona consiguió hacerlo. Gracias! Y gracias también por tu legado en jóvenes que, tal vez como yo, te conocieron un día y se quedaron, como decimos en catalán “corpreses” (cor=CORAZÓN preses=PRISIONERAS). Prisioneras de corazón por su actitud ante la vida y ante las injusticias sociales. A mis 27 años y con mi corta vida aún de periodista, me considero muy afortunada por haberlo conocido. Él ya lo sabía. Ahora, os lo traslado a vosotros, su familia a la que él tanto ama y que debe ser muy especial, por cómo él los nombraba a cada momento. Felicidades. Un abrazo, Marta Molina “Et recordaré sempre en cada pas per la lluita de les llibertats dels pobles” Barcelona, 16 de Junio de 2009  
Digimax A50 / KENOX Q2

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Exilio Heredado

En Viena, hijos de exiliados chilenos han construido una red de apoyo a quienes, como ellos, cargan con los dolores transmitidos por sus padres, víctimas de la dictadura. Esta carga real, no es abordada por los países donde residen; ni por Chile, donde pareciera que el exilio es un tema ya superado.

Por Verónica Gutiérrez

È Vero!

Reportaje de título

Segunda generación en el extranjero

Exilio heredado

En Viena, hijos de exiliados chilenos han construido una red de apoyo a quienes, como ellos, cargan con los dolores transmitidos por sus padres, víctimas de la dictadura. Esta carga real, no es abordada por los países donde residen; ni por Chile, donde pareciera que el exilio es un tema ya superado.

Por Verónica Gutiérrez

Hace un par de años, los hermanos Fernando (52) y Marcela Gómez (53), hijos de exiliados chilenos en Austria, fueron a un asado que organizó la embajada para celebrar el 18 de septiembre en Viena. “Nos pusimos a conversar con más gente. Nos encontramos con algunos de los que militaban en el Partido Socialista conmigo cuando éramos niños y recordamos tantas historias. Quedamos de juntarnos otro día. Arrendamos un lugar, mandamos a los hijos a jugar a otro lado y después de un rato, comenzamos…

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Creció soñando el día ver: La larga búsqueda de los hijos de detenidos desaparecidos en Chile*

Creció soñando el día ver:
La larga búsqueda de los hijos de detenidos desaparecidos en Chile*
Carla Peñaloza Palma**
Universidad de Chile
carlamilar@u.uchile.cl

Somos la mala hierba que volveremos a brotar perfil Carla Artes fcbk
Hasta el 11 de septiembre de 1973 gobernaba en Chile el presidente Salvador
Allende y los partidos de la Unidad Popular,un gobierno democráticamente electo,portavoz de una de las utopías más importantes del siglo XX, como fue la vía
pacífica al socialismo. El golpe de estado de las Fuerzas Armadas, significó el fin de todo
ello, pero además, inició un inédito proceso de represión que dejó más de cuatro mil
muertos, medio millar de prisioneros políticos, y una cifra indeterminada pero
largamente superior a las doscientas mil personas desterradas.
Si bien el país no había enfrentado nunca un episodio de violaciones masivas y
sistemáticas a los derechos humanos, la organización de las víctimas fue temprana y
decisiva.
La Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y la Agrupación de Familiares
de Ejecutados Políticos se constituyeron a pocos meses después del golpe de Estado, y en contra de sus deseos fue creciendo a medida transcurría el tiempo y la represión
continuaba, convirtiéndose así mismo en los principales referentes de movimientos de
defensa de los derechos humanos, en dictadura y luego en la larga transición a la
democracia chilena.
Ambas organizaciones están compuestas mayoritariamente por mujeres, pero no es
exclusivamente un agrupación de madres, ni viudas. Por el contrario, sus integrantes
tienen distintos vínculos de parentesco con los ausentes. Esposas, hijas, hermanas, y
por supuesto también madres. De esta forma ha sido siempre un espacio intergeneracional, cuyas dirigencias han estado fuertemente marcadas por esposas e
hijas. Fueron y continúan siendo, las únicas organizaciones que reúnen de manera exclusiva a familiares de las víctimas.
Los “detenidos-desparecidos” alcanzan un número de 1102 personas (1). La mayoría de
los “desaparecidos” militaba en un partido o movimiento político, y dentro de este grupo,
muchos de ellos habían ocupado un lugar en el gobierno de la Unidad Popular, por lo que sus actividades profesionales y políticas fueran de conocimiento público.
Del total de víctimas, 126 eran mujeres. Entre estas últimas, diez estaban embarazadas al
momento de sus detención, de esos niños también se perdió todo rastro, sin que exista
noticia de que alguno de ellos haya llegado a nacer.
Es probable, que el hijo o la hija de Michelle Peña (2), quien tenía ocho meses y medio de
embarazo al momento de ser detenida, haya llegado al mundo en un centro clandestino de tortura, probablemente Villa Grimaldi, sin embargo no hay constancia de ello (3). A
diferencia de Argentina y Uruguay no existen en Chile casos de bebes apropiados por los
militares, ni nacidos en cautiverio.
En Chile, el objetivo de la detención de estas mujeres no fue el de quedarse
con sus hijos, sino sólo castigarlas por su militancia política, a diferencia de la
política de sustracción y tráfico de niños como en Argentina, o España
durante el Franquismo, para reeducarlos o darlos en adopción (Peñaloza, 2015, p. 232).
La mayoría de los hijos creció con uno de sus padres, siendo unos pocos los que
padecieron la ausencia de ambos. No existen tampoco casos de niños chilenos
recuperados, pues no fueron nunca detenidos junto a sus padres.
La dramática excepción fue Pablo Athanasiu Laschan, hijo de Miguel Ángel y Frida,
militantes del MIR, detenidos en Buenos Aires el 15 de abril de 1974, en el marco de
la Operación Cóndor. La pareja se había exiliado en Argentina huyendo de la
represión desatada a partir del golpe de estado de 1973. Pablo tenía entonces 5
meses de edad. El año 2013 se convirtió en el nieto número 109 en ser recuperado por
Abuelas de Plaza de mayo, pero en abril de 2015 se quitó la vida (4).
En Chile, las agrupaciones de familiares se constituyeron en un espacio político, para
demandar verdad y justicia, pero también en una red para quienes padecieron la represión y la ausencia.
Los hijos más pequeños vivieron y crecieron en ese espacio, que físicamente estaba
ubicada en las dependencias de la Vicaria de la Solidaridad al costado de la Catedral de
Santiago. Muchos de ellos aprendieron en ese lugar a dar sus primeros pasos, a leer o
escribir, y también a reconocerse parte de un grupo particularmente afectados por la
represión, pero protegido por los afectos que da la solidaridad entre y hacia los
perseguidos.
De hecho se reproducían dinámicas de la familia perdida, la biológica y la política,
recreando las actividades que antes del golpe de Estado realizaban los partidos de la
izquierda chilena, como paseos a la playa, convivencias, en que los militantes incluían a
toda la familia, aunque muchas veces era toda la familia la que militaba en el partido,
todo ello era parte del mundo ausente que era necesario recrear.

En términos concretos, y en la idea de proteger a los niños, un grupo de mujeres,
también familiares de las víctimas creó el programa de Protección de la Infancia
Dañada por Estados de Emergencia (PIDEE), que otorgaba atención médica y
sicológica, reforzamiento escolar, pero sobre todo un lugar que reunía a los más
desprotegidos entre las víctimas, sus hijos.
Padres asesinados, desaparecidos o presos, hijos del exilio y el retorno, tuvieron un lugar
para re-conocerse y encontrar ayuda en un país que les era mayoritariamente hostil.
En ese proceso todos fueron creciendo e incorporándose a la vida política chilena, que
en verdad, nunca les fue ajena. Militaron en organismos de derechos humanos o en
partidos políticos, que en general coincidían con los de los padres que habían sido
víctimas de la dictadura, así como también en el movimiento estudiantil secundario o universitario.
Una vez acabada la dictadura, los chilenos en general y los familiares de las víctimas en
particular, tenían expectativas en materia de derechos humanos. El programa del nuevo
gobierno prometía derogar la Ley de amnistía y avanzar en el conocimiento de la verdad
sobre el destino de los desaparecidos.
La ley de amnistía había sido promulgada durante la dictadura, y cubría todos los delitos cometidos entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1978. La complicidad de los tribunales de justicia hizo que la ley se interpretara no sólo como impedimento para juzgar sino incluso investigar los crímenes perpetrados en esas fechas.

Esta ley no se ha derogado hasta hoy, pero ha sido superada por la vía de los hechos, en
términos generales, a partir de la detención de Pinochet en Londres en 1998 (5). De
acuerdo a la legislación internacional, ha prevalecido la idea de que los crímenes de
lesa humanidad son imprescriptibles, que no se pueden amnistiar y, que la legislación
internacional está por sobre las leyes nacionales. Además se sienta precedente
sobre la figura de “secuestro permanente” a los casos de desaparición forzada, toda vez
que no aparezcan las víctimas, vivas o muertas.
Es decir, en términos prácticos durante casi toda la década, y salvo excepciones no
contempladas por la amnistía, los crímenes de la dictadura permanecieron impunes, no
obstante el Informe de Verdad y Reconciliación, emanado de la Comisión del
mismo nombre, creada por el primer gobierno de la democracia, más conocido como
Informe Rettig (1991).
El Informe dio a conocer el nombre de Detenidos Desaparecidos y Ejecutados
Políticos entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990, la fecha de su
detención, su militancia política y una pequeña biografía de sus vidas. Toda esta información fue entregada por los familiares de las víctimas y por los organismos de
derechos humanos, por lo tanto era una verdad sabida para estos, pero sirvió para
que el resto del país pudiera estar en antecedentes y ser reconocida como una
verdad de Estado, faltaba lo más importante que era el destino de los desaparecidos.
Para ello era necesaria la información de las Fuerzas Armadas y los organismos represivos que se negaron a colaborar con el informe. Más tarde y junto a la derecha
política, vinculada con la dictadura, se negaron a reconocer sus resultados.

Si bien fue un avance en materia de verdad, hacía aún más evidente la sensación de
impunidad. Había reparaciones de carácter material para las familias, pero muy exiguas
muestras simbólicas.
Las expectativas eran disimiles, mientras los organismos de derechos humanos
esperaban que el informe trajera consigo la justicia, el gobierno, y otros sectores de la
sociedad chilena, y muy fuertemente la iglesia, hacían un llamado a la reconciliación, sin que nadie de los involucrados en las violaciones a los derechos humanos pidiera
perdón, y amparados judicialmente por la amnistía.

En ese contexto, los familiares de las víctimas, y muy lentamente sectores más
amplios de la sociedad fueron exigiendo cada vez con más fuerza, la necesaria justicia.
La respuesta no fue solo la denegación si no al menos dos “ejercicios” militares, para
evitar ser llamados a declarar a tribunales y un intento de ley de “punto final” en 1993,
que fue retirado del parlamento por el Poder Ejecutivo, ante la presión de cada vez más
chilenos que anhelaban justicia.
En ese escenario de impunidad, similar al de Argentina de los noventa, tras las leyes de
Punto Final y Obediencia Debida de Alfonsín, y los indultos a los militares de Menem, en la misma época, los hijos de detenidos desparecidos intentaron agruparse en una
orgánica que les fuera propia, como HIJOS. No obstante su relación previa, este intento
no dio fruto, básicamente por las diferencias políticas entre ellos, que pesaban más que
su identidad de hijos de víctimas a la hora de conformar un espacio propio.
De ese intento surge un grupo que utiliza el método argentino del escrache, pero que no
está compuesto exclusivamente por hijos, y que actúa hasta el día de hoy como Comisión Funa, pues es el término equivalente a escrache.

Antes, en la década de los ochenta, la propia agrupación había tenido una sección “juvenil” que reunía a los hijos que en esos años atravesaban la juventud y la adolescencia, dando forma a algunas iniciativas propias, pero dentro del ámbito de la organización general.
No quiere decir esto que los hijos no se hayan organizado en torno a la demandas
del movimiento de derechos humanos, sino que adquiere otras características.
Posteriormente, un grupo de hijos se reúnen para organizar una huelga de hambre(agosto-septiembre de 2003), en el contexto de discusión de una nueva propuesta sobre derechos humanos del gobierno de Ricardo Lagos, en el marco de la conmemoración de los treinta años del golpe de Estado. Las edades de los miembros del grupo iban entre los 23 y los 39 años y no continúa como movimiento tras la huelga.
El accionar de los hijos no tiene una expresión generacional, si no que han sido y continúan siendo parte de un movimiento mayor, que se expresa en la participación en
la Agrupación de Familiares, tomando roles dirigentes, asumiendo muchas veces el
relevo de los mayores, incluso bajo el rótulo de segunda o tercera generación según
fueran hijos o nietos de desaparecidos o en movimientos de defensa de derechos
humanos agrupados más bien por “lugares” o “casos”, como “Paine”, o “familiares de los
119”, donde nuevamente encontramos una convergencia generacional, y diferentes lazos familiares.
Porque si bien la mayoría de las víctimas de la dictadura fueron jóvenes, (71% tenía entre 16 y 35 años) el promedio de edad es más alto que el caso argentino, y está relacionado con el carácter de los partidos, los roles dentro de ellos o del gobierno, por lo mismo la generación de los hijos es de edades dispares, lo que ha hecho tal vez más difícil la formación de una identidad homogénea.
No obstante lo anterior, han estado presentes en distintos ámbitos de la lucha por la
defensa de los derechos humanos, en tanto profesionales, o activistas, y distintos escenarios, no sólo desde la militancia, sino incluso al revés. Puede decirse que desde su condición de hijos, han sabido proyectar los valores universales de estos derechos en
cada uno de sus quehaceres, como el arte, la docencia, la investigación, o la organización
comunitaria y muy especialmente hacia las nuevas generaciones, empezando por sus
propios hijos.
Notas
** Carla Peñaloza es Doctora en Historia por
la Universidad de Barcelona, docente del
Departamento de Historia de la Universidad
de Chile y Coordinadora del Diplomado
Educación, Memoria y Derechos Humanos
* Agradezco muy especialmente a María Paz
Concha, hija de Marcelo Concha, detenido y
desparecido desde 1976. Sus comentarios e
informaciones fueron muy importantes para
este trabajo.
(1) Informe de Verdad y Reconciliación,
Gobierno de Chile, 1991
(2) Militante socialista, estudiante, detenida
y desparecida desde el 20 de junio de 1975 a
los 27 años de edad.
(3) Rojas, Paz Todas íbamos a ser reinas,
LOM, Santiago

(4) http://www.perfil.com/sociedad/Sesuicidio-Pablo-Athanasiu-el-nietorecuperado-109-20150411-0102.html.

(5) La primera sentencia que omite la ley de
amnistía es de 1993, sin embargo no se extenderá sino hasta fines de la década de
los noventa, como hemos señalado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cine de (pos)memorias de la Dictadura Militar chilena. Hij@s y memoria

Cine de (pos)memorias de la Dictadura Militar chilena. Hij@s y memoria

Las imágenes que no me olvidan

Cine documental autobiográfico y (pos)memorias de la Dictadura Militar chilena

Por Claudia Bossay

Autor: Claudia Barril Año: 2013 País: Chile Editorial: Cuarto Propio

Es un placer poder leer sobre cineastas jóvenes en una investigación que trata sus filmes como si ya fueran clásicos. En cierta manera Claudia Barril, la autora de Las imágenes que no me olvidan Cine documental autobiográfico y (pos)memorias de la Dictadura Militar chilena de la editorial Cuarto Propio (2013), efectivamente presenta las cintas de estos jóvenes cineastas sin tomar en cuenta la edad de los realizadores. Más bien destaca cómo la situación de pertenecer a una segunda generación -en relación a las experiencias presenciales de la dictadura- ha brindado una especial sensibilidad al reflexionar sobre este pasado y por ende en la creación de sus documentales.
Dicho esto, este libro está entre un ejercicio académico y una reflexión cinematográfica. El libro está dividido en cuatro partes. La primera teórica, una de descripción detallada y comparación de temas de los documentales, otra de reflexión más generalizada –la que significa un gran aporte a los estudios de cine en Chile- y la última de anexos (y bibliografía claro).

La primera parte, es una contextualización desde la memoria, el cine chileno y el cine de pos memoria. El primer capítulo de esta primera parte teoriza el “fervor conmemorativo” y evalúa también la re valorización del testimonio que proviene desde abajo, siendo privado y mínimo. Esta contextualización está realizada sobre todo con teoría extranjera, ya que hay que asumir que por muchos años los académicos locales evitaron este tema. Así, tratar teóricos y bibliografía extranjera es de suma importancia para el tema de la relación con el trauma de características históricas, ya que cómo presenta Barril, “la revaloración de la memoria debe entenderse como un fenómeno mundial” (p.17). De esta manera, la autora vincula la experiencia chilena a una mayor. Por lo tanto, esta parte teórica del libro deja de lado el aislamiento cordillerano, desértico y de témpano que nos sirve como justificación para no leer (ni ver) lo que está pasando allá afuera. Apoyada en grandes intelectuales como Pierre Nora, Maurice Halbwachs Peter Burke, Regine Robin, Stuart Hall, Fredric Jameson y Marianne Hirsch, entre otros, Barril sienta las bases para explorar esta generación de documental chileno.

La segunda parte del libro consta de cuatro micro-capítulos que presentan, resumen y comparan dos (o tres en un solo caso) documentales. Astutamente, la autora devela patrones en estos nueve documentales que le permiten hacer una descripción de los argumentos de manera paralela, y así se comienza a revelar el espíritu creativo de esta generación, desde las distintas situaciones privadas y relaciones con el pasado. En mi opinión, esta sección del libro hace irrelevante la sección de anexos (que presenta ficha técnica, un pequeño resumen y el afiche de las películas) ya que aquí se presentan mejor las cintas. Sin embargo, de seguir mi caprichoso comentario, perderíamos las fichas técnicas de los documentales. Esto no deja de ser un punto interesante, ya que parte de los elementos que enfrentamos en el estudio del cine es -dependiendo de la teoría que se siga, claro- reconocer que la cinta está creada por más que el director. Claudia Barril, documentalista, productora, guionista e investigadora para documentales refleja esta preocupación.

La segunda parte del libro me hace reflexionar sobre otro punto. Si bien la sección teórica nos dejó sentados junto a los grandes teóricos mundiales, además de algunos latinoamericanos como Tomás Moulian, Nelly Richard, Ana Amado y Carlos Ossa, entre otros, esta sección nos separó de lo que se está viviendo a nivel cinematográfico en el continente. El cine de pos memoria no está ocurriendo solo en Chile. Mencionar las ya clásicas Los rubios, de Albertina Carri (2003) y Papá Ivánde María Inés Roqué (2004) que temprano en la década del 2000 comenzaron a mostrar las reflexiones de los “huérfanos de la violencia” (p.29) en Argentina. O D.F.Destino final, de Mateo Gutiérrez (2008) y Crónica de un sueño, de Mariana Viñoles y Stefano Tononi (2005) que muestran la historia de hijos de la generación que vivió la dictadura Uruguaya. O Alias Alejandro, de Alejandro Cardenas A. (2005) y Sibila, de Teresa Aredondo (2012) sobre las visiones de una generación de posmemoria y el conflicto armado interno en el Perú. Así, sería posible contextualizar el importante e interesante trabajo de Barril desde una lógica mundial: a través del fervor conmemorativo, el valor en el testimonio y el importante lugar que tienen el cine documental como agente de memoria privada, mínima y desde abajo, con un contexto latinoamericano donde la generación de hijos se ha tomado la palabra y le ha dado un giro de tuerca a la representación de la historia, la memoria y el trauma.

Los historiadores dicen que si no se puede investigar un tema nuevo, hay que investigar uno viejo con nuevos ojos. Como sostiene la autora en las primeras líneas de la introducción “Desde los inicios de este nuevo siglo han ido apareciendo en la cinematografía chilena un importante número de documentales que abordan, desde un punto de vista inédito uno de los capítulos más oscuros de la historia contemporánea chilena” (p.11). Así, la tercera parte de este libro, aquella que reflexiona en torno a los modos representativos, narrativos y estéticos de las cintas, analiza con nuevos ojos una generación que con nueva voz habla sobre aquel período de la historia que por tanto tiempo generó un “otra vez más de lo mismo” en aquellos que niegan el pasado y su trauma en nuestro país.

Eso sí, fuera de lo escrito, de la palabra y de la narrativa, este es un libro sobre cine. Como tal, no puedo dejar de mencionar las imágenes. Aquellas de la portada y del título, esas que no se nos olvidan. Están en todos los capítulos, en casi todas las páginas, como collages constantes que hacen alusión a la materialidad del pequeño corpus de películas estudiadas. Sin embargo, fuera de citar esta cualidad visual, las imágenes no tienen mayor aporte analítico. No se hace referencia a ellas en el texto, no se analizan, incluso los pie de imágenes no las describen, solo identifican su documental de origen. Fuera del innegable aporte de este libro al ámbito de los estudios de cine, de la historia y su vertiente visual, y de la postmemoria, creo que debemos cuestionarnos cómo trabajar las imágenes en los textos que realizamos. No siempre depende de los autores, y las editoriales no siempre pueden satisfacer los deseos de los autores, pero aun así, es un punto que aquellos que trabajamos con cine debemos mantener en cuenta. Otra historia es con las imágenes que están en la contra página de los comienzos de los distintos capítulos. Estas son grandes, casi de una plana completa. Algunas veces bajo epígrafes de pocas líneas o títulos de secciones, estas imágenes de gran formato se convierten en epígrafes visuales. Éstas por su tamaño y ubicación tienen el mismo peso que el texto de la página que se les enfrenta. Así, cada cierta cantidad de páginas volteadas, las imágenes y el texto (sobre imágenes) tienen el mismo peso y podemos leer y ver como los documentales autobiográficos se relacionan con el trauma.

La tercera parte de este libro, une la crítica cinematográfica con la teoría de memoria, trauma y representación del pasado. Aquí los teóricos de temas extra fílmicos apoyan el análisis de estas películas en torno a cómo se relacionan con el pasado (en términos de las materialidades de las cintas como son las fotografía y las cartas). De hecho, en esta sección las imágenes acompañan al texto, no solo en los epígrafes visuales, pero también en los collages que aparecen en las partes superiores de las páginas. Así, se exploran los usos de las fotografías y desde las bases de Paul Ricoeur y Roland Barthes, se valorizan sus roles en las familias y como testimonios. De igual manera, los silencios con respecto al trauma se verbalizan mediante los cruces de testimonios de las épocas del trauma, como son las comunicaciones epistolares. Se manifiestan también los límites de los personajes protagonistas, ficcionales y documentales, de la autoficción y la performatividad en las cintas, con las bases de Phillipe Lejeune, Paul de Man y Stella Bruzzi. Me parece, eso sí, reveladora la falta de referencias a escritos por chilenos sobre contextos generales y estas películas en particular. Hay reminiscencias a los trabajos de luz de Pablo Corro, hay alusiones a trabajos de cine e historia y una tardía referencia a Elizabeth Ramírez, sin embargo, hay un silenciamiento a la academia chilena (y latinoamericana) que lleva ya varios años trabajando este tema. Más apoyo en estudios locales, beneficiaría a este trabajo.

El libro sugiere que aquellos que “siendo niños o apenas adolescentes durante los años de violencia, no tienen un recuerdo directo –por lo menos nítido- de la misma” (p.24) son dueños de voces fundamentales para lidiar con el trauma histórico. De esta generación, este libro estudia aquellos que dejan la tercera persona de lado y se enfoca en sus experiencias privadas, familiares; son, como sugiere Barril, cineastas, pero sobre todo, hijos y nietos (p.25), y así revaloriza el cine de hijos como esencial para entender la relación del presente con el pasado traumático. Sus sensibilidades artísticas se basan en que tienen un vínculo emocional más que experiencial con la historia, y de esta manera son “creaciones de invenciones veraces” (p.30). Concluyo como concluye Barril; estos cineastas han cuestionado la historia oficial, y desde sus “duelos, ausencias, recuerdos infantiles, olvidos y urgencias por tomar una cámara, se preguntan por la identidad y los orígenes reformulando la historia y la memoria heredada” (p.78).


Como citar:
Bossay, C. (2014). Las imágenes que no me olvidan, laFuga, 16. [Fecha de consulta: 2018-07-26] Disponible en: http://2016.lafuga.cl/las-imagenes-que-no-me-olvidan/678
Las imágenes que no me olvidan es el primer acercamiento a un cine documental inédito en Chile, el cine de la posmemoria que han realizado ya no los testigos y víctimas de la Dictadura de Pinochet, sino sus herederos.
En este libro son los hijos, nietos y cercanos quienes, desde una aproximación crítica en los planos político, social y ético, hacen una revisión completa de las “verdades” del pasado y establecen sospechas sobre las propias imágenes, los materiales de archivo y los testimonios.
El análisis se centra en 9 filmes que desde sus particularidades se han desmarcado de cualquier estrategia narrativa vista en el audiovisual chileno. Estos trabajos recopilados y estudiados por Claudia Barril hablan de duelos, ausencias, recuerdos infantiles, olvidos o simple urgencia por tomar una cámara; se preguntan por la identidad y los orígenes; reformulan la historia y la memoria heredada; y encauzan lo político en formas de representaciones originales, personales y reflexivas. Con esto crean un discurso que, pese a no sustentarse tanto en la rotundidad del lema político como en la afectividad del discurso familiar, proponen una perspectiva que martillea los consensos políticos sobre la Dictadura y los reafirma a ellos como herederos y guardianes de nuestra memoria histórica y política.
“Guerrero” de Sebastián Moreno
Por Antonella Estévez B.
12 de agosto de 2017

 

En un país en donde la memoria se resiste y se prefiere no hablar de los dolores – tanto personales como colectivos- la producción audiovisual, especialmente el documental, ha hecho un significativo aporte al proponer diversos acercamientos a una de nuestras heridas más profundas y complejas: lo que sucedió durante la dictadura y sus consecuencias sociales, culturales, políticas y económicas hasta la actualidad.

Desde los noventa hasta hoy, varias generaciones de documentalistas se han aproximado a este momento histórico desde distintos puntos de vista y propuestas narrativas. Existen aquellos documentales macro explicativos -como los de Patricio Guzmán, por ejemplo- que desde el discurso histórico van hilvanando conexiones con diversos elementos de nuestra realidad y están también aquellos documentales que escogen centrarse en una persona y desde esa experiencia única leer este momento tan determinante para toda nuestra nación.

Sebastián Moreno y Claudia Barril llevan varias películas trabajando la memoria histórica desde la sensibilidad de personas o grupos de personas específicas. En La ciudad de los fotógrafos (2006) y a partir del testimonio de Pepe Moreno -el padre del realizador- se introducían en la historia de esos fotógrafos que retrataron lo más crudo de la represión policial durante las protestas en dictadura, permitiendo al espectador conocer el contexto y circunstancias de algunas de las más famosas imágenes que pusieron en jaque al gobierno militar a nivel internacional. Luego en Habeas Corpus (2015) la pareja de realizadores decide levantar los testimonios de quienes fueron parte de la Vicaría de la Solidaridad, entidad clave para la resistencia y la memoria respecto a las violaciones de los derechos humanos durante el régimen. En este documental lo que conmueve es el valor y la solidaridad de ese grupo de profesionales que crearon luz en uno de los momentos más oscuros de nuestra historia.

Ahora, Moreno -como director y co guionista- y Barril -como co guionista y productora- regresan creando un diálogo entre el presente y el pasado de Chile, a través de la figura de Manuel Guerrero Antequera quien a los 14 años se transformó en una figura política y símbolo de la resistencia a la dictadura al convertirse en un líder estudiantil y vocero de la oposición, luego de la muerte de su padre, uno de los profesionales asesinados en el llamado “Caso Degollados”.  Mezclando material de archivo con imágenes actuales, el documental acompaña a Manuel Guerrero a visitar aquellos lugares en donde estuvo exiliado en su niñez con su familia, y más adelante en la adolescencia, para conocer su historia y sus reflexiones sobre lo que fue y lo que es, y todo aquello que fue definiendo el rumbo actual de su vida.

La película muestra entrevistas en donde Manuel Guerrero de 6 años explica en húngaro lo que significa ser exiliado y las persecuciones de las que fue testigo, y luego a los 15 cuenta el momento en que se enteró del asesinato de su padre y describe con detalle el estado en que se encontró su cuerpo. Estos momentos permiten entender por qué el joven Manuel Guerrero estaba listo para transformarse en un soldado que resistiera con violencia la violencia ejercida sobre él y su familia, lo potente del documental es que el Manuel Guerrero de la actualidad explica cómo fue que eso no sucedió, y cuál fue el camino para transformarse en un hombre que, sin hacerle el quite al dolor y consciente de su historia, ha logrado hacer vida desde el amor.

Guerrero es un documental conmovedor porque permite al espectador ir más allá de los titulares y los discursos, nos regala la intimidad de una víctima que se negó a que sus victimarios definieran quien es y nos ayuda a reflexionar sobre todo lo que como nación nos falta hacer para sanarnos. Lo primero es mirarnos a los ojos, reconocer las heridas y recién ahí comenzar a construir.

Dar la vida por los hijos. Sebastian Acevedo.

Dar la vida por los hijos. Sebastian Acevedo.

 

Sebastián Acevedo

Sólo veo al inmolado de Concepción que hizo humo

de su carne y ardió por Chile entero en las gradas

de la catedral frente a la tropa sin

pestañear, sin llorar, encendido y

estallado por un grisú que no es de este Mundo: sólo

veo al inmolado.

Sólo veo ahí llamear a Acevedo

por nosotros con decisión de varón, estricto

y justiciero, pino y

adobe, alumbrando el vuelo

de los desaparecidos a todo lo

aullante de la costa: sólo veo al inmolado.

Sólo veo la bandera alba de su camisa

arder hasta enrojecer las cuatro puntas

de la plaza, sólo a los tilos por

su ánima veo llorar un

nitrógeno áspero pidiendo a gritos al

cielo el rehallazgo de un toqui

que nos saque de esto: sólo veo al inmolado.

Sólo al Bío-Bío hondo, padre de las aguas, veo velar

al muerto: curandero

de nuestras heridas desde Arauco

a hoy, casi inmóvil en

su letargo ronco y

sagrado como el rehue, acarrear

las mutilaciones del remolino

de arena y sangre con cadáveres al

fondo, vaticinar

la resurrección: sólo veo al inmolado.

Sólo la mancha veo del amor que

nadie nunca podrá arrancar del cemento, lávenla o

no con aguarrás o sosa

cáustica, escobíllenla

con puntas de acero, líjenla

con uñas y balas, despíntenla, desmiéntanla

por todas las pantallas de

la mentira de norte a sur: sólo veo al inmolado.

Gonzalo Rojas.7

Un padre desesperado

Estaba angustiado. Pedía que la CNI le devolviera a sus dos hijos, detenidos ilegalmente. Fue al Arzobispado de Concepción, recorrió comisarías y salas de prensa, conversó con autoridades civiles y militares. Pero a Sebastián Acevedo nadie lo ayudó. El 11 de noviembre de 1983 se instaló afuera de la Catedral penquista, se roció con bencina y se prendió. Moriría horas después. Su deceso conmovió al país e inspiró el décimo capítulo de Los archivos del cardenal. Hoy sus hijos recuerdan a Sebastián Acevedo con orgullo, convencidos de que el sacrificio de su padre les salvó la vida.

No pudo seguir durmiendo. El miércoles 9 de noviembre de 1983, María Candelaria Acevedo se despertó con los gritos de su madre.

Eran pasadas las siete de la mañana cuando más de treinta hombres entraron en su casa en la Villa Mora de Coronel, en la Octava Región. Todos estaban armados. La estudiante de veintiséis años no opuso resistencia. Era militante de las Juventudes Comunistas y desde 1973 cumplía labores clandestinas.

A esa hora, Sebastián Acevedo, su padre, esperaba un bus para dirigirse a su trabajo en la constructora Lago Ranco de Concepción. Hacía unos días le habían advertido que dos de sus cuatro hijos eran seguidos por la CNI. Cuando vio pasar los furgones a toda velocidad, volvió corriendo a su domicilio. Después de un forcejeo, los hombres le dijeron: «Nos llevamos a su hija porque es terrorista». Dos agentes de la CNI subieron a María Candelaria a una camioneta blanca, le vendaron los ojos y comenzaron a dar vueltas por Coronel.

Una hora y media después detuvieron a Galo Acevedo, otro hijo de Sebastián. Dos autos se estacionaron afuera de la constructora donde trabajaba, la misma de su padre. Lo subieron a un furgón y le pegaron con la culata de una pistola en los testículos. Después de esposarlo, lo tiraron al suelo. Al detenerse en una comisaría para buscar a otro detenido, Galo escuchó que lo mencionaban: «Tenemos el regalo».

Los hermanos Acevedo Sáez fueron llevados a un recinto militar ubicado frente al balneario de Playa Blanca, a tres kilómetros de Coronel. Al día siguiente, el jueves 10 de noviembre, el diario El Sur de Concepción informó en una escueta nota que varios miembros de una «red de militantes comunistas» habían sido detenidos en la zona, por efectivos policiales y de seguridad. Entre los nombres figuraban los hermanos Acevedo. No se informaba sobre cargos, tribunal responsable ni del lugar de detención al que habían sido trasladados.

Tres días frenéticos
Sebastián Acevedo siempre fue un padre protector. A María Candelaria la llamaba «Patita de Canario» y «Comandante Candelaria». Era militante del Partido Comunista y decía con orgullo que había pertenecido al Grupo de Amigos Personales de Salvador Allende (GAP). Tenía una colección de casi dos mil libros, que abarcaba desde medicina hasta el pensamiento de Marx. Le gustaba que sus hijos tuvieran una postura frente a la dictadura y sentía una especial aversión por la DC. «Creía que el centro no representaba nada», recuerda hoy Galo Acevedo.

A lo largo de la década de 1970, los cuatro hijos decidirían entrar a las Juventudes Comunistas, en distintos momentos. El jefe de familia siempre supo que militaban. «Nos decía que tuviéramos cuidado porque las dictaduras eran furiosas. Temía que en algún momento nos pasara algo. Sin embargo, siempre apoyó nuestras decisiones», afirma María Candelaria.

Cuando la CNI detuvo a sus dos hijos, Sebastián Acevedo hizo todo por encontrarlos. Visitó comisarías y mandó una carta al intendente regional, Eduardo Ibáñez. Durante tres días no comió ni durmió. Su alarma se acentuó al día siguiente de los arrestos, cuando El Sur de Concepción publicó que ambos hermanos habían sido detenidos por integrar una célula comunista que «habría participado en los actos terroristas efectuados en los últimos meses en la región».

Al día siguiente de esa noticia, cuarenta y ocho horas después de los arrestos, Sebastián Acevedo viajó con su esposa a Concepción. El matrimonio llegó hasta las oficinas del diario Crónica. «Soy el padre de dos jóvenes detenidos», se presentó ante un periodista. Enseguida preguntó: «Por qué le dan tan mal calificativo a mis hijos si ni siquiera está probado que sean comunistas, y menos aun están en un tribunal determinado…?».

Luego de pasar la mañana en la casa de unos parientes, se despidió de su mujer. Le dio un beso y se devolvió a abrazarla. Le dijo que la amaba.

Solo unos pocos podrían haber tenido nociones sobre su verdadero plan. «No puedo comprender por qué mantienen escondidos a mis hijos. Temo que los maten. Si no me los entregan (…) me crucificaré… Me quemaré vivo», confesó ese mismo día a un corresponsal del diario La Tercera y de la revista Hoy. El periodista, quien afirmaría después en una nota que en esos días tenía jornadas de «bastante tensión», no le creyó.

Torturas y vejaciones
Desde que comenzó la dictadura María Candelaria realizaba tareas de resistencia en Coronel. Al hablar para esta investigación, aclara que nunca tocó un arma y que se limitaba a realizar labores políticas. Su hermano Galo se unió a esas tareas en 1979. Formaba parte de la base Ricardo Fonseca y sus chapas eran Alberto, Nicolás y Ramón. «Nos juntábamos en las casas de seguridad, en mi casa o en las de otros compañeros. Como éramos católicos, también lo hacíamos en las iglesias», cuenta María Candelaria.

Días antes de la detención de ambos, varios militantes de la zona comenzaron a caer. Víctor Huerta, dirigente comunista de la Octava Región, fue uno de ellos. El 3 de noviembre de 1983 lo encontraron muerto, con más de diez impactos de bala. La versión oficial estableció que había caído en un «enfrentamiento» con agentes de seguridad. Los hermanos Acevedo lo conocían y sospechaban que podían estar siendo vigilados. «Un funcionario de la Intendencia de Concepción nos dijo que nos seguían. Durante cuatro días vi unos autos con vidrios polarizados estacionados en la esquina de mi casa», cuenta María Candelaria.

Galo está seguro de que su arresto se debió a una delación de gente conocida. Cree que un oficial del Ejército y vecino de su padre los delató.

En el centro de torturas Playa Blanca, en Coronel, los hermanos pudieron ver a varios militantes conocidos. A la hija de Sebastián Acevedo le pegaron en el estómago y en las caderas, y la obligaron a hacer un striptease. «Me pidieron que hiciera un show, similar al de un prostíbulo. Cuando me sacaba la ropa ellos cantaban. No quise bailar. Mientras iban pasando agentes de la CNI empezaban a tocar mis senos, genitales y nalgas. Uno por uno».

Desnuda, fue llevada a otra pieza donde le aplicaron corriente. Todas estas prácticas iban acompañadas por un interrogatorio. María siempre respondió lo mismo: «Soy militante de las Juventudes Comunistas y encargada de finanzas de mi base. Me conocen como Violeta, Fabiola y Ana». Nunca dijo que era la encargada orgánica del Comité Regional El Carbón, que abarcaba Lota y Coronel. Conocía toda la estructura de las bases regionales y de ella dependían alrededor de cincuenta personas.

Cuando Galo Acevedo llegó a Playa Blanca reconoció la tos de su hermana y entonces se dio cuenta de que María Candelaria también estaba detenida. Lo hicieron escuchar el llanto de una guagua y le advirtieron que tenían a su hijo de seis meses. Pero Galo no creyó en el engaño y siempre repitió lo mismo: «Soy de las Juventudes Comunistas y entré porque quería dejar la marihuana». Después de recibir golpes en sus oídos y rodillas, fue obligado a desnudarse. «Me amarraron un cordel en el pene y recibí cargas de corriente. Fueron dos sesiones de veinte minutos cada una».

Al segundo día siguieron las torturas. Le hundieron la cabeza en un tambor con agua durante dos minutos. «Mientras me hacían preguntas, me ahogaban. Perdí el conocimiento como dos veces. Creo que me hundieron en agua con excrementos porque tenía mal olor».

Sin que sus hijos pudieran saberlo, en esos momentos su padre realizaba desesperadas gestiones por dar con su paradero.

Durante los tres días que estuvieron detenidos en Playa Blanca, los hermanos Acevedo perdieron la noción del tiempo. María Candelaria recuerda que nunca pudo dormir. Las veinticuatro horas sonaba una radio mal sintonizada, se escuchaban los gritos de otros prisioneros y los agentes pasaban toda la noche jugando con un flipper. En las tardes los detenidos eran expuestos al sol; algunos quedaban insolados y con dolor de cabeza. «Ponían focos y manejaban el tiempo. También tiraban viento con unas máquinas. No nos dejaban ni agachar la cabeza», comenta Galo Acevedo.

Además de las torturas, eran obligados a ducharse. Todos debían secarse con la misma toalla y lavarse los dientes con el mismo cepillo. Les daban una comida diaria y a veces podían repetirse. «Me acuerdo de que nos dieron porotos y mi hermano pidió tres platos. Nos reímos y por eso nos pegaron», recuerda María Candelaria.

Mientras, en la prensa de la región se afirmaba que Galo preparaba un plan terrorista en Concepción y Coronel. Se le acusaba de usar bombas y armamentos. Según un comunicado de la Dirección Nacional de Comunicaciones Sociales (DINACOS) publicado por Crónica el 15 de noviembre, había participado en el robo de un camión que transportaba explosivos desde Calama a Lota. Hoy, ambos hermanos declaran que nunca formaron parte de grupos terroristas.

«Perdóname, señor»
Sebastián Acevedo estuvo tres días buscando a Galo y María Candelaria. El viernes 11 de noviembre, después de despedirse de su esposa, se dirigió al Arzobispado de Concepción. Sería su último intento. Cuando llegó a las oficinas estaban cerrando y le pidieron que volviera después de almuerzo. Desesperado, advirtió que se quemaría si no tenía noticias de sus hijos.

Luego, compró dos bidones con diez litros de bencina y parafina. También compró un encendedor. A las 15:30 volvió al Arzobispado y dejó un mensaje. Al salir, se volcó el primer bidón sobre el cuerpo. Mientras caminaba hacia la Plaza de Armas, gritaba exigiendo información sobre sus hijos. Lo siguió a distancia el sacerdote Juan Bautista Robles, secretario general del Arzobispado, pidiéndole que se tranquilizara. Pero Sebastián Acevedo estaba decidido. Sin parar de mencionar a sus hijos, se instaló en la entrada de la Catedral de Concepción. Ahí terminó de vaciarse el resto del combustible. Llamó la atención de los transeúntes y fueron varios los que trataron de impedir su acto. «Los alejó haciendo una raya con tiza blanca ante sí. Aseguró que solo podrían pasarla quienes tuvieran noticias de sus hijos. Con el encendedor apretado en su mano derecha, prometió quemarse si se acercaba cualquier otra persona», se narra en El Movimiento contra la Tortura Sebastián Acevedo, del escritor Hernán Vidal.

Sin embargo, un carabinero intentó cruzar la línea y entonces Acevedo cumplió su palabra y accionó el encendedor. Completamente en llamas, bajó las escaleras de la Catedral y cruzó hacia la Plaza de Armas. Quería llegar hasta la Intendencia, pero cayó antes. Algunos transeúntes gritaban. Unos taxistas corrieron a ayudarlo con los extintores de sus autos y un joven le tiró su chaqueta. Había personas que lloraban, mientras otras estaban paralizadas. Alguien pidió una ambulancia pero esta nunca llegó. Cuando los taxistas lograron apagar las llamas, su cuerpo estaba negro. Nunca dejó de gritar por sus hijos.

Avisado por el personal de la arquidiócesis, el sacerdote y periodista Enrique Moreno fue a darle la extremaunción. Llevó su grabadora y capturó las palabras de Acevedo: «Quiero que la CNI devuelva a mis hijos… Señor, perdónalos a ellos y también perdóname por este sacrificio». Con un 95 % del cuerpo quemado, fue llevado de urgencia al Hospital Regional en un furgón de Carabineros.

«Un amor de padre»
Ese mismo 12 de noviembre, en la tarde, María Candelaria fue liberada por la CNI. En un auto la llevaron a su casa. «Estaba feliz, pero cuando llegué mis hermanas me dijeron que mi papá se había quemado». Sin pensarlo, corrió a tomar el primer bus hacia Concepción. Finalmente se fue en taxi con el cura de su parroquia.

Cuando llegó al Hospital Regional habló por citófono con su padre. En un principio, Sebastián Acevedo no creía que fuese ella. La joven tuvo que decirle que estaba hablando con la «Comandante Candelaria», con la «Patita de Canario». «Me dijo que criara derechito a mis hijos. Que lo perdonara, que no lo quería hacer, pero que debía cumplir su palabra de hombre. Me pidió que liberara a mi hermano. Siempre estuvo lúcido».

Siete horas después murió.

Galo no tuvo la misma suerte de su hermana. Ese día fue llevado a la Cárcel Pública de Concepción, donde estuvo dos años detenido. Lo culparon de formar grupos paramilitares, y de tenencia y porte de armas y explosivos. Al día siguiente en la Fiscalía, el sacerdote Enrique Moreno le informó de lo ocurrido con su papá. «Nunca pensé que fuese capaz de eso, y que un amor de padre llegara tan lejos. Si no fuera por él, yo estaría muerto», dice, convencido de que el revuelo mediático que produjo el sacrificio de su papá persuadió a la CNI de no matarlo.

A los funerales en Coronel llegaron quince mil personas. La cantidad de asistentes hizo que muchos no pudieran entrar en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús. Galo no pudo ir al entierro y se quedó para siempre con ese dolor, el más grande de su vida. «Me cuesta creer que mi papá murió», confiesa hoy.

A partir de ese momento, Sebastián Acevedo se convirtió en uno de los iconos de la lucha pacífica contra la dictadura. En la misa, Alejandro Goic, obispo auxiliar de Concepción, calificó su acto como un gesto heroico de amor.

María Candelaria volvió a ser detenida y estuvo un año en prisión, imputada por los mismos cargos que su hermano. Ella asevera que jamás pudo asimilar el impacto que causó en la opinión pública la muerte de su padre. Su caso trascendió y en su honor se creó el Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo, integrado por sacerdotes, religiosas y cristianos de base cercanos a la teología de la liberación, quienes protestaban con métodos no violentos contra la práctica sistemática de la tortura. Liderado por el religioso jesuita José Aldunate, el movimiento realizó manifestaciones públicas y asambleas en favor de la integridad de los detenidos por los aparatos represivos.

Cuando quedaron en libertad, ambos hermanos siguieron luchando contra la dictadura, tal como su papá les inculcó. Galo se trasladaría a Santiago para movilizarse con estudiantes de la USACH y María seguiría en labores clandestinas en Coronel. La esposa de Sebastián Acevedo, Elena Sáez, nunca pudo superar la pérdida. «Aprendió a vivir con la pena», confiesa Galo.


GALERÍA DE PRENSA

La transición de Salvador Allende

La transición de Salvador Allende

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Salvador Allende Silva | Foto: Mario Telles

Salvador Allende Silva (32) ha vivido tres décadas con un nombre que no deja indiferente a nadie. A 30 años del plebiscito, relata a partir de su propia experiencia cómo ha variado la percepción de su figura, y su nombre, con el paso del tiempo.


Desde lejos, Salvador Allende mira con atención a un grupo de hombres vestidos de uniforme que aguardan la orden para entrar a La Moneda. Se toma unos minutos para entender la situación ante los gritos de la gente que se encuentra a su alrededor. A través de sus lentes, observa que el perímetro está acordonado por lo que entiende, de inmediato, que estos hombres son los únicos que tienen autorización para ingresar. Nunca imaginó encontrarse con esta escena, pero ya no le queda más que esperar a que los uniformados terminen la tarea para la que fueron convocados.

La tarea: resguardar al Presidente Sebastián Piñera durante la presentación de los nuevos buses del Transantiago en la Plaza de la Constitución.

Es un día soleado de octubre y Salvador Allende Silva (32) opta por caminar rumbo a Morandé 80 -descartando su idea inicial de recorrer el Palacio- mientras carga una foto del ex Presidente socialista en la mano izquierda. Un cuadro que intenta colgar entre los enormes barrotes negro de un ventanal cerrado que está ubicado a un costado de la icónica puerta donde hace 45 años salió el cuerpo de un Mandatario que tenía su mismo nombre.

La carabinera que resguarda esta entrada lo observa con curiosidad y se acerca a hacerle unas preguntas.

-¡Recuerdo las primeras veces que los carabineros me pidieron el carné! ¡Las caritas que ponían!- dice mientras esboza una sonrisa.

Durante sus poco más de tres décadas, este periodista de profesión no ha tenido más alternativa que enfrentar a las distintas reacciones que provoca su nombre tanto en familiares, amigos, compañeros de colegio y universidad, y conocidos varios que se han cruzado con él en algún momento de su vida. Dice que esto le ha permitido ser un protagonista de la evolución que ha tenido la figura de Salvador Allende Gossens durante la transición.

-En los 90, recuerdo que el impacto de los adultos era más bien privado o serio, mientras en todo el mundo se inauguraban calles y plazas en su honor. Pero había gente que me felicitaba y me llamaban “Chicho” en modo de cariño- relata.

Bajo su ojo de espectador privilegiado asegura que los chilenos “pasaron del miedo al silencio, y luego vino un boom generalizado respecto a la figura de Allende y posteriormente un romanticismo mercantalizado de su imagen con el que se ha quedado pegada la gente, lamenta, porque asegura esperaría que fuera recordado “por su propuesta humana y política”.

Salvador explica, además, que no se llama así por casualidad. Esto le permitió entender desde pequeño por qué compartía el mismo nombre de un Presidente que sigue provocando reacciones y sentimientos tan distintos en las personas a 45 años de su muerte. Dice que su padre – que trabajó activamente durante la Unidad Popular- se la jugó poniéndole así en un año “bien duro”: 1986, que “coincide con la muerte de Rodrigo Rojas de Negri”, cuenta. “Un personaje histórico de esta envergadura tiene y tendrá siempre detractores, pero creo que es incuestionable la calidad humana que tenía el Presidente Allende y la nobleza de sus actos con los que se ganó un lugar en la historia y en el corazón del Pueblo de Chile”, reflexiona sobre la persona que inspiró su identidad.

Sin embargo, deja claro que si tuviera un hijo no lo llamaría Salvador: “No me gustan las dinastías en absoluto, sean de donde sean”, dice.

Y se detiene, para agregar una precisión:

-Pero, claramente, no le pondré ni Adolfo, ni Benito, ni Augusto, ni Toribio.

Carta a mi papá facho: En búsqueda de la memoria histórica

Carta a mi papá facho: En búsqueda de la memoria histórica

Carta a mi papá facho: En búsqueda de la memoria histórica

Por Loreto Montero.


Tenía once años la primera vez que discutí con alguien de política. Fue con una compañera de colegio: ella defendía a Ricardo Lagos y yo a Joaquín Lavín. Claramente, ninguna tenía argumentos decentes para sostener su posición. Yo, por lo menos, me limitaba a repetir el discurso que escuchaba en mi casa: Lavín era bueno y Lagos, malo. Pasaba lo mismo con las teleseries. En lugar de los recuerdos que buena parte de mi generación tiene de la Olguita Marina o Juan Burro, yo tengo puros referentes charchas, como el Luciano Cruz-Coke actuando de sí mismo en Amor a Domicilio. En mi casa se veía casi siempre el Canal 13 porque mi papá decía que TVN era comunista. Yo no tenía idea lo que eso significada, ni me importaba. Crecí teniéndole mala a la Gladys Marín porque sí o, más bien, porque apenas aparecía en la tele mi papá la cambiaba diciendo “esta vieja fea, ma lo que wevea”.

Llegué a la universidad pensando que Pinochet era solo un caballero importante, como esos que una escucha nombrar en la historia lejana, tipo Mateo de Toro- Zambrano. Antes de eso, nunca había escuchado el término “Golpe de Estado”, ni mucho menos “dictadura”. La realidad de los detenidos desaparecidos, los prisioneros políticos y sus familias, era totalmente invisible para mí. Incluso, cuando empecé a escuchar sobre el rol que jugaron los medios de comunicación en el periodo, seguía percibiéndolo como mera información: datos duros que había que memorizar para sacarse buena nota en la prueba. Eso, hasta que me tocó leer los informes Rettig y Valech y enfrentarme a una gama más amplia de libros de historia que los Santillana del colegio.

Gracias a unas hojas mal fotocopiadas me enteré que el viejito que tanto admiraba mi papá era odiado por gente no sólo en Chile, sino alrededor de todo el mundo; que él y otros seres nefastos habían detentado el poder del país por casi dos décadas, y que a pesar de contar con el apoyo de todas las fuerzas armadas y policiales del país, además del respaldo de una de las mayores potencias del mundo, Estados Unidos; habían torturado, aprisionado y ejecutado a más de 40 mil civiles por considerarlos una “amenaza contra la nación”.

Llegué a pelear ese día a la casa, y casi todos los que le siguieron. La rutina iba más o menos así: yo le gritaba a mi papá que en los cuarteles de tortura violaban a chicas como yo con perros, que introducían ratones por sus vaginas, y que eso había sido solo una pequeña parte de un gran sistema de violencia y deshumanización orquestado por su ídolo. Durante años su única respuesta fue decir que todo eso era mentira, que obviamente todos los informes y todos los libros de periodismo e historia que hablan sobre eso fueron escritos por gente de izquierda, y que los derechos humanos eran una invención de los comunistas. Después de años de incómodas sobremesas, sin embargo, he tenido un pequeño triunfo: he logrado que mi papá acepte, a lo menos en dos ocasiones, que su tatita mató gente y que “quizás, se le pasó un poco la mano”. Pero a la par de esa concesión viene siempre e inmediatamente la justificación: “es que eran ellos o nosotros; Rusia y Cuba tenían a los comunistas armados hasta los dientes; las filas en la UP eran gigantes, y gracias a Pinochet yo pude comprar la casa en donde viviste.”

He sentido rabia tantas veces hacia ti, papá. He sentido rabia porque ya no sé cómo explicarte que si la contienda no hubiera sido tan desigual habríamos tenido una guerra civil en vez de una dictadura; que tú tampoco fuiste libre durante ese tiempo porque los medios te ocultaron información y mucha de la que te mostraron era falsa; que sin saberlo apoyaste la transformación de tu país en el conejillo de indias de un experimento socioeconómico que nos tiene hasta hoy lamentando la privatización de todo lo que nos es más preciado: nuestra salud, nuestra educación, el agua que tomamos. He perdido la esperanza de hacerte entender la complejidad de factores que se ponen en juego al momento de analizar los efectos de la dictadura en nuestra realidad diaria. La he perdido principalmente porque yo solo he logrado comprenderlo vagamente tras años de estudio que tú nos has tenido ni vas a tener. Pero después de todas nuestras discusiones, papá, después de todas las veces que me fui a llorar a mi pieza de pura frustración por constatar que tú nunca ibas a ceder, debo decirte que siento menos rabia. Ese sentimiento ha ido en retirada y ha dejado espacio para una pena profunda, una pena que se vuelve cada vez más abismante, cuando te escucho decir en tono burlón que “ya salieron de nuevo con la weaita de la justicia, el perdón y el olvido”, que no entiendes “para qué le siguen dando con eso, si ya pasó” y que “por qué no se aburren de una vez”.

Últimamente he estado estudiando cómo opera la memoria colectiva, papá. Paradójicamente algo que te enorgullece tanto de mí que es mi trabajo, es lo que me impide dejar de cuestionarte. No sé si te has dado cuenta, pero recordar es algo fundamental en la vida de cualquier persona: no solo nos permite aprender cosas básicas que sería una paja aprender de nuevo todos los días, como sostener un tenedor o subir una escalera. También nos permite despertar cada mañana sabiendo quiénes somos, a quienes amamos y cómo llegamos a amarlos. La memoria individual es lo que nos permite conservar el sentido de continuidad en nuestra identidad, es decir, contarnos a nosotros mismos y al resto, el relato de quiénes somos. La memoria colectiva, por su parte, no es solo la suma de esas memorias individuales, sino el relato público que le da sentido a nuestra relación con esos otros que nos rodean, que existieron antes y existirán después que nosotros. O sea, que sin esa conexión estaríamos totalmente perdidos en el mundo y en nuestras propias mentes.

Por eso es que cuando te escucho hablar desde tu soberbia, desde esa parte de ti que simplemente no quiere aceptar que puede estar equivocada, me da tanta pena. Porque esa soberbia invalida las cosas buenas que, a pesar de todo, lograste transmitirme; esa soberbia te vuelve indiferente al sufrimiento humano, te hace negar el dolor de esos otros que son parte de nuestra memoria compartida y a los que se les ha prohibido el derecho al relato. ¿Te imaginas, papá, recorriendo desiertos junto a mi mami con la esperanza de encontrar un pedacito de hueso mío o de mis hermanos? ¿Te imaginas insistiendo año tras año, primero con rabia y después con nada más que pena y cansancio, para que algún militar se apiade de ti y te diga finalmente si vas a poder encontrar dos centímetros de mi fémur en algún lugar, o tendrás que resignarte a imaginar mis restos depositados en el fondo marino? ¿Te imaginas, papá, contando incansablemente todos los años que no has estado conmigo, los sueños que no me viste cumplir, los nietos que no pudiste abrazar?

Es cierto que yo no viví en dictadura, papá, que esto es un ejercicio de ficción; que tuve la suerte de no lamentar el asesinato y la desaparición forzada de ningún ser querido. Yo nací cuando la dictadura se estaba acabando, pero la memoria colectiva tiene, a la vez, esa gracia y desgracia de ir pasándote la posta, lo quieras o no, y yo necesito saber de las generaciones pasadas para entenderme y entender el mundo al que llegué. Necesito saber qué pasó antes de mí para entender el presente e imaginar futuros posibles. Yo necesito que tú dejes de negar el sufrimiento de todas esas vidas mutiladas, papá, porque sin ellas, yo y muchos otros no logramos entender bien al mundo al que nos trajeron. Porque sin esas vidas, una parte del relato que soy yo misma, queda en negro, papá, y yo ya no sé qué hacer con tanta oscuridad.


Loreto Montero

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