La voz de Chris. Hijo de la Memoria

La voz de Chris. Hijo de la Memoria

Adriana Goñi

julio 2022

La voz de Chris

Chris se define en su IG «

Hoy supe que Christian falleció atropellado por un bus del Transantiago mientras pedaleaba hacia la vida…Quiero , de algún modo, expresar lo que este joven ha sido para mi, para mi trabajo, para mi sentir.

Periodista web/audiovisual, humorista frustrado, fotógrafo ocasional, cocinero amateur y #jardinerocannábico por vocación.

Busco en mi disco duro, busco en las redes sociales y en la Web su presencia y encuentro un océano de ideas, palabras, llamados, relatos, imágenes de este niño que conocí a sus 17 años recien cumplidos con quien inicié un camino que se ha extendido por mas de 17 años.

Christian Martinez Santos, hjo de la memoria, nacido de Elizabeth y Jorge, mis compañeros.

«Los hijos no somos victimas, somos testimonio«

Cuando el proyecto de hacer visible la memoria y la historia de los hijos e hijas era aún una idea obsesiva que me rondaba, conocí a un muy joven estudiante  de secundaria nacido en Bélgica, hijo de mis amigos y compañeros Jorge y Elizabeth, retornados de un largo exilio. Lo invité a tomar un café y nos reunimos, casi de incognito, en una terraza de un boliche.

¿Cómo te reconozco? Le pregunté al teléfono, para ubicarlo entre la gente. Voy de negro, me dijo. Yo también, le contesté y me dio risa…parecíamos dos conspiradores de opereta. Nos juntamos y le describí mi idea, y él de inmediato se entusiasmó. Esto era en los días del primer gobierno de Michelle Bachelet, por ahí por el año 2006.

Cuando comenzamos a desarrollar ideas, surgió de inmediato la brecha generacional. Yo planteaba hacer memoria a partir del Golpe de Estado y hacerlo extensivo a la actualidad; él con una increíble claridad y firme convicción, me planteó que la dictadura se había extendido hasta 1990, por lo que para él deberíamos acotar la memoria a esas fechas .Yo, muy arrogante no acepté y nos separamos amigos, pero no colaboradores.

Él fue quien instaló aquello de que los hijos no somos víctimas, somos testimonio, que después vi escrito en distintos sitios Web de Hij@s, y hoy hago una arqueología emocionada en los muchos espacios virtuales donde está estampada la incansable labor de este hoy ,brillante periodista y fotógrafo.

Es él quien, en su sitio Memoria Histórica de Chile, escribió en el año2009:

“Los Padres”

6/6/09 Por Christian Martínez Santos.―

El 11 de septiembre del 73 fue el día que cambio la vida de muchos, entre esas vidas estaban las de muchos cercanos a mí, que con grandes anhelos de justicia y libertad lucharon con consecuencia y coherencia, pensando en dar la vida si es que fuera necesario. Miles fueron los perseguidos, los torturados, los desaparecidos y los asesinados, miles son y serán los que carguen con el peso de llevar la historia de vida de estos personajes, y miles deberíamos ser los que rescaten, cuenten y reconstruyan esas historias olvidadas, con el fin y la convicción de que nunca más nadie deba volver a tomar la decisión de defender la libertad y justicia con su propia vida.

Yo nací en el 90, soy parte de la generación que por poco tiempo no nació en dictadura, de haber nacido antes, tampoco habría nacido en un país en dictadura. Mis padres habían llegado a Bélgica a principios del  89, en un autoexilio para preservar, durante el poco tiempo que le quedaba a la dictadura de Augusto Pinochet, intacto el pequeño núcleo familiar que habían formado.

Era el segundo exilio de mi padre.

La madurez, la valentía, la consecuencia y la coherencia de la vida de mis padres, es, a Mi parecer, lo que ha producido que mis hermanos mayores y yo veamos la vida de estos no como algo terrible, sino más bien, como algo que hay que ver con orgullo y honor.

Durante mi corta vida, nunca me han contado cosas que no quiera escuchar, y nunca han negado respuesta a mis dudas. Una de las pocas cosas que jamás he preguntado y que por el momento no espero preguntar, es cómo fueron las torturas que ami padre realizaron, por cuánto tiempo y quiénes fueron, si es que él tuviera conocimiento.

Mi padre era militante, activo y combativo, del MIR, mi madre, en cambio, fue una gran luchadora social en organizaciones como el CODEPU,AFPP,AFEP,AFDD y los CAP, de este último mi madre fue la creadora en la zona norte. En mi padre la militancia despertó en los 70 y en mi madre despertó su espíritu de luchadora social en los años 80, cuando empezó una relación con mi padre, la que dura hasta hoy en día. La relación de estos dos luchadores ha dado como fruto a tres hijos varones, agradecidos y orgullosos de la vida que nos han dado, y honrados de poder transmitir a la gente la opción de vida que mis padres tomaron durante la dictadura militar.

Chris y sus padres, Jorge Martinez y Elizabeth Santos en el Taller del Retorno, en Tallersol 2009
Chris y sus hermanos.

Nunca los vimos llorar, nunca les hemos escuchado  victimizarse, nunca les hemos visto sufrir por la opción de luchar contra la dictadura que tomaron, y jamás, jamás, nos sentimos vulnerados por nadie ni nada, aun en un país extranjero, aun en las visitas a la cárcel que hacían mis hermanos, aun cuando la muerte rondaba a mis padres.

Deben aceptar las culpas de cada cual.

22/4/08

Por Christian Martínez Santos

A través de la participación en algunas reuniones de grupos conformados por víctimas del régimen militar, como en conversaciones individuales con algunas de estas personas, se hace posible ver que la relación con sus hijos se ve afectada profundamente por su pasado de “victimas de la dictadura”. Este fenómeno, se expresaría en muchos jóvenes en deserción estudiantil, suicidios, problemas psicológicos y constantes problemas de socialización, tanto con la familia más cercana (hermanos, padres, madres), como con sus pares.

Es necesario poner la expresión “victimas de la dictadura” entre comillas, porque es donde, a mi parecer, se ve reflejada la raíz de estas problemáticas.

Vivir el día a día en una familia donde los padres (sujetos claves en la formación de los niños/as particularmente en su primera infancia), o familiares más cercanos, cuentan sus historias de vida, con un constante sentimiento de “victimización”, de odio, de frustraciones, puede traspasar dichas emociones al niño/a que se esta criando, lo que podría tener varias reacciones en el niño; replica del odio de sus padres en él, indiferencia ante la vida de sus padres (lo que podría producir en el niño una mala relación con sus padres o un desconocimiento de los mismos), victimizarse al igual que sus padres lo han hecho (cayendo en posibles problemas psicológicos), la frustración constante o negatividad frente a lo vivido, o el desapego hacia la vida propia, en tanto posibles efectos.

Los niños, son el producto de su realidad y entorno, por lo tanto los padres, “victimas de la dictadura”, no pueden negar su responsabilidad en la formación de sus hijos/as, ellos/as requieren mirar críticamente lo realizado con sus hijos. Así sea el escenario de una cárcel, o de un país cuyo lenguaje no se entiende, es siempre responsabilidad de los padres el crecimiento equilibrado de sus hijos (a lo menos hasta la etapa de adolescencia), entonces, es posible inducir que son los padres quienes no hicieron de esa realidad y de su entorno algo distinto, algo digno de vivirse por sus hijos/as.

Esta temática debería tratarse en las familias que se ven afectadas por estas situaciones, que los padres realicen un análisis crítico, en pro de mejorar la relación familiar con sus hijos, y ayudar a estos a comprender los problemas y vulnerabilidades de sus padres.

Chris, Jorge y Elizabeth en lanzamiento libro Rossana Carcamo, 2009
Chris,Elizabeth y Jorge con Rossana Cárcamo amigos desde el exilio en Belgica


Con la situación mencionada en el párrafo anterior, buscamos empezar a reconocer en los hijos la importancia de recuperar la historia de sus padres y amigos, y esto no tan solo en escritos, sino que en las formas en que a los hijos se les ocurra; escribiendo, pintando, analizando, elaborando poesía, obras de teatro, bienvenido sea, porque todo, todo sirve, para curar heridas y cerrar un ciclo.

Luego de terminada la dictadura de Videla en Argentina, lo primero que muchos hicieron, al día siguiente de su caída, fue el inicio de publicaciones masivas de libros de memoria, tanto novelas como ensayos, tanto vivenciales como documentales, un trabajo que han realizado desde entonces. Por esta vía, han logrando tener una mayor continuidad en sus historia personales y de país.

Ya han pasado 18 años del retorno a un sistema democrático, luego de haber vivido 17 años de dictadura. En estos años, los personajes principales de esa época, es decir nuestros padres, abuelos, tíos y familiares, no han recordado, a veces por miedo, otras por tristeza, muchas por pudor, o simplemente por el desgaste personal que produciría volver a revivir los dramas vividos.

Chris con Ramon Fernandez, compañero exiliado, amigo de sus padres.

Esta tarea ha sido pues legada a nuestras generaciones, somos los hijos y nietos, quienes tendremos que escribir y transmitir la historia que, hasta ahora ha sido muy poco recuperada.

Parte importante de esta recuperación tiene que ver con trabajar la aceptación y empatía de los hijos con sus padres, como camino de sanación de nuestros propios dramas de hijos/as de “victimas de la dictadura”. Es así como seremos nosotros, los hijos y nietos, los que escribiremos sus vidas. De esta manera, a su vez, nosotros entregaremos herramientas para que las generaciones siguientes no tengan impedimentos en conocer su historia, la historia de su familia y de su país, para no volver a repetir lo ocurrido, para no volver a engendrar nunca más un espécimen como Pinochet.

Debemos recuperar la historia y el respeto que lo vivido merece.

Bienvenid@s

5/8/07

¿De dónde parte esta idea?

Conversando con mi profesora de lenguaje, descubro que su padre tenía un pasado socialista y allí me doy cuenta que las historias tantas veces escuchadas a mi padre y a mi madre, no las he memorizado, y al tratar de recrearlas me parecen vagas, siento que se están perdiendo y con ello, me doy cuenta que no las tendré a la mano para contarlas a mi sobrina Antonia, a mis hijos, o sencillamente no voy a poder recordarla cuando mi padre ya no esté y todo parezca tan lejano.

Esa historia, me doy cuenta que tiene que ver con lo que ha sido mi propia vida y también, lo que no deja de ser potente, con la vida del país, con generaciones de seres humanos que han creído en ciertas cosas, con la realidad que hoy vivimos.

La vida de mi padre, hace un cruce con la vida de mi madre y allí estoy yo, naciendo, construyendo con ellos una familia. ¿Pero cuál es la vida que ellos hicieron?, ¿Por qué una vida así vivida, como ellos la vivieron, no tiene derecho a quedar escrita?, ¿Por qué esta historia escrita no puede arrojar luces respecto a la vida vivida en esos y estos años por otros, que hicieron similares caminos?, ¿Por qué las vida de estos seres humanos no puede ayudarnos a recordar la historia vivida, por todo un país, iluminándonos respecto de la otra historia, la escrita con mayúscula?, ¿Por qué desde esas historias no nos sería posible entender la sociedad que hoy estamos construyendo?, ¿Por qué los que entonces dieron sus vidas, se sacrificaron y esforzaron, en general hoy no son los protagonistas del presente?.

¿Qué espero producir?

Recuperar la historia, porque no hay sólo una historia, porque en la historia de estas vidas se pueden ver muchas otras vidas.

Recuperar la historia y el respeto que lo vivido merece. No puedo dejar de recordar cuando un día mi padre me cuenta una historia de uno de sus ex compañeros en el MIR que, por coincidencia, era también el padre de uno de mis compañeros de curso, no obstante mi padre me pide que no lo comparta con mi compañero porque a él no le consta que su padre le haya compartido esa historia, allí yo no logré entender porque ocultar lo vivido si es tan importante a lo menos para nosotros, los hijos.

Recuperar la historia y con ello, sentir que el miedo ya no está presente, sentir que puedo con ello ayudar a varios a terminar de una vez con la “persecuta”, que puedo aportar un granito de arena a ese “Nunca Más”.

Recuperar la historia, recuperando la memoria para dejarla plasmada en el papel, y no olvidarla más. No quisiera que estas historias sólo quedaran en mi cabeza, sin que otros muchos puedan verla y desde ello, conocer lo que allí sucedió.

Recuperar la historia, recuperando de pasada lazos y afectos entre las personas que compartieron alguna vez momentos intensos y que hoy están diseminados por el mundo o, cada cual enfrascado en sus vidas personales.

Todos quienes estén interesados y quieran incorporarse a las conversaciones que abran en el foro, solo regístrense sin miedo alguno aquí.

Saludos y participen del foro.

Christian Martínez.

http://memoria-historica-chile.blogspot.com/

Y echamos a andar

Hoy supe que Christian falleció atropellado por un bus del Transantiago mientras pedaleaba hacia la vida…

En busca del origen.   Un “viaje”hacia el pasado remoto.

En busca del origen.   Un “viaje”hacia el pasado remoto.

                                                                               En busca del origen

 “ El contarnos la historia fue una manera de aliviar la nostalgia por nuestras familias que permanecieron en el antiguo hogar”

Marcela Bravo Goñi

2019

A los 72 años comienzo este relato. No estoy segura de que lo que aquí relato, haya sucedido de la exacta forma en que lo cuento.  Se impone una advertencia: ¿quién y cómo se puede comprobar si lo que aquí se cuenta es la verdad y toda la verdad? No es posible. Y aún así; durante mucho tiempo he estado estudiando, leyendo y haciendo investigaciones genealógicas sobre mi familia materna, por eso creo que este relato es lo más cercano a lo que puede haber sucedido en la realidad.

Se puede decir que este recorrido hacia el pasado lo inicié con mi salida de Chile el año 1975, hace 43 años. O puedo también ubicar el comienzo en 1984, cuando mi madre Pepita Goñi, nos visita en Estocolmo y me cuenta la historia de la familia, especialmente la de nuestros antepasados por el lado materno. Emocionalmente, es desde entonces que vengo sintiendo la profunda significación que tuvo para mi el exilio: emigrar e inmigrar, y también, como lo he podido entender, la profunda significación que tiene para todo el que se ha visto obligado a hacerlo. Cuando mi madre, estimulada por mi curiosidad, me entrega los primeros elementos para entender la migración de sus abuelos maternos, mis bisabuelos,  que alrededor de 1890 dejan Polonia para instalarse en Chile, se despierta en mí una necesidad de hacer  un “viaje”, de comenzar una búsqueda hacia el pasado remoto, que no termina sino en estos días en que quiero ya resumir el relato, sobre todo porque reciéntemente he recibido información decisiva que en algún sentido, cierra el círculo.  

En este viaje hay fechas decisivas que desglosaré por capítulos:

I 1888 y 1892: la migración de mis bisabuelos con sus cuatro (o tres?) hijos, entre ellos mi abuela Sara Swiderski Kol

II Agosto/Septiembre de 1975: fecha en que la dictadura de Pinochet me expulsa de Chile y mi llegada a Suecia

III Julio de 1984: fecha en que mi madre, Pepita Goñi, nos viene a visitar a Estocolmo y con su información elaboramos un árbol genealógico de la familia

IV Noviembre del año 2007: fecha en que nuestro primo segundo, Claudio J, entrega el certificado de nacimiento de nuestra bisabuela, Gitel Kol, y el certificado de nacimiento de una de las hijas de Gitel, Bajla/Berta Swiderski, la abuela de Claudio, a nuestra prima hermana Carmen Goñi

V Octubre 2012: seminario televisado en Estocolmo, en memoria de Raul Wallenberg, en que entre otros participantes, el director de la Shoa Foundation muestra que es posible encontrar sobrevivientes del Holocausto en el sitio creado por Steven Spielberg. De esa forma encuentro a Roza Kol, la historia de ella y de su familia

VI Octubre 2018: fecha en que finalmente se confirma el parentesco de mi bisabuela Gitel – que en Chile se pasó a llamar Augusta, con Roza Kol. Ellas fueron efectivamente hermanas, hijas de Nathan Kol (1831- ) y Malka Fogel Nadel (1838- )

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I El viaje de los bisabuelos, Gitel Kol (1859 -1948) y Somer Swiderski (1854 -1928).

En mi búsqueda, el nombre de una ciudad marca un hito que me permite comenzar y realizar este viaje. Es el lugar donde la bisabuela Gitel nace, en Polonia. Este lugar lo lleva gravado en la memoria mi prima Adriana Goñi; nuestra abuela Sara se lo ha transmitido a ella. Es el pueblo de Kalisz. Según mi madre el marido de Gitel, Somer Swiderski, que era de una clase social inferior, vivía en un pueblo cercano llamado Sieradz.  El matrimonio se realiza en Kalisz en 1882, y no fue bien visto por la familia de Gitel. (Hay comentarios en esta historia, como éste de mi madre, que no tengo como comprobar, solo los repito sin saber si hay algo detrás de la leyenda.)

Según los registros de Kalisz Gubernia/Poznan Province, del matrimonio Swiderski Kohl nacen varios hijos ya antes de emigrar: Efraim, n en 1884; Icek, n en 1885 muerto en 1886; Sura/Sara, n en 1888; Bajla y Marjem, n en 1890. También encontré el certificado de su matrimonio, donde aparecen ambos firmando; encargué el rollo con los documentos filmados a la Iglesia Mormona (“La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”) que archiva estos datos, y me fuí a las oficinas de la Iglesia en Västerhaninge, Estocolmo. En un aparato especial, una especie de video antiguo con manopla, y con el código recibido pude encontrar el certificado. Estaba escrito con letras cirílicas, según una mujer rusa que investigaba en el aparato al lado mío. Según ella muy difícil de interpretar, porque no se parece demasiado al ruso actual. Pero los nombres, las firmas de Gitel y Somer, aparecen muy claras.

¿Porqué los documentos en idioma ruso? Gran parte de lo que hoy es Polonia, era en ese tiempo parte del Imperio Ruso. Entre otras cosas, se prohibía la lengua polaca en las escuelas y universidades. Todo documento emitido por la administración pública se escribía en ruso. (Según el libro del judío danés Georg Brandes que viaja a Polonia en 1888; su libro “Impresiones de Polonia” se traduce al sueco en 1890)

Ahora, si las familias Kol y Swiderski hablaron ruso, lo dudo. Mi abuela decía que los rusos eran “el diablo”, los polacos los odiaban. En ese tiempo los polacos y sobre todo los judíos centroeuropeos, admiraban principalmente todo lo alemán.  Hablarían el jidish, el idioma de los judíos centroeuropeos que se dice es una especie de mezcla de alemán o polaco, según la zona, con el hebreo y con escritura hebrea? No creo tampoco; judíos eran, pero mi madre en su visita a Estocolmo, dice: “eran judíos sin ritos, pero no bautizaron a sus hijos”. Palabras icónicas! Dan una pauta importante, eran judíos mas bien seculares; lo que no he podido entender es cuándo, o cuál es la generación de esta familia la que se aparta de la religión. Porque en Polonia se registraba en ese tiempo la religión tal como se registra la fecha y el lugar de nacimiento de cada persona. Y los dos certificados de nacimiento que hemos encontrado, afirman que las hijas recién nacidas (Gitel en 1859 y su hija Bajla/Berta en 1890) fueron inscritas ante el rabino en la sinagoga de Kalisz. Cuando pregunté en el Instituto Histórico Judío de Polonia, en Varsovia, si eventualmente Somer Swiderski podría haber sido no-judío, me contestaron: no solo impensable, imposible! En aquel tiempo no se permitían los matrimonios mixtos de judíos con no judíos. Mi pregunta venía del conocimiento de que el apellido Swiderski en Polonia es bastante común, hay muchos Swiderski también no judíos.

Para más complicación: las ciudades de Kalisz y Sieradz, aunque efectivamente estuvieron bajo el dominio ruso, hay información en la historia por demás trágica de Polonia, que relata que estas ciudades – sobre todo Kalisz, que estaba cerca de la frontera con la germana Prusia, fueron – en distintos períodos y en las distintas llamadas particiones de Polonia, asimiladas por Prusia. Como mi abuelo Juan Goñi le decía “la alemana” a su esposa Sara, no estoy totalmente segura de que mis bisabuelos vivieran en la zona rusa, al menos no todo el tiempo, ni  tampoco todos sus antepasados. Las fronteras se movían a menudo con las constantes guerras y particiones, de modo que en todas las ciudades de la europa central, vivían en ese tiempo grupos y etnias de distintas nacionalidades, más o menos mezclados entre sí. Se ve por ejemplo en el film de Andrzej Wajda, ‘Tierra Prometida’ cómo en Lodz, importante ciudad industrial cercana a Kalisz y Sieradz, coexistían judíos, alemanes y polacos. El mito dice que los que trabajaban duro eran alemanes y judíos; los polacos eran aristócratas, los que poseían la tierra, dedicados a las bellas artes y las diversiones, pero poco dados al trabajo.

Se dice que la administración rusa era caótica, cruel, y especialmente antisemita en ese entonces, mientras que la germana era reconocidamente disciplinada, organizada y algo más tolerante con los polacos, y por tanto también con los judíos polacos; aún cuando éstos también fueron discriminados allí. Por ejemplo:  “La política de Prusia se caracterizó por la alemanización y por el ataque generalizado a los derechos de los polacos y católicos. En las escuelas nacionales, la educación de los niños polacos era impartida en alemán. También se establecieron políticas de transferencia de tierras de propietarios polacos a los alemanes. Prusia quiso asimilar a los judíos polacos a la vida civil prusiana/germana, disolviendo las comunidades y juzgados judíos, para hacer de ellos personas occidentales. Debían hablar o polaco o alemán y fueron los idiomas que se impusieron en las escuelas judías.” (Prussian Poland, 1920)

Siguiendo con el viaje. Todo indica que el bisabuelo Somer viajó solo a Chile–según la leyenda a raíz de que la familia Kohl le exigió que se estableciera primero para después mandar a buscar al resto. El viaje de Somer está registrado en el barco Abydos, el 30 de diciembre de 1888.  Somer, 30 años, registrado como ‘Kaufmann’, comerciante. El barco que parte de Hamburgo, se detiene en Amberes, Bélgica. Luego, en marzo de 1892 aparecen en los registros Gitel con sus cuatro (o tres?) hijos embarcando en Hamburgo y Amberes, hacia Chile en el barco Kambyses. El lugar de residencia para ambos se registra la ciudad de Kalisz, “Russisch Polen”.  Ambos barcos arriban a Valparaíso. (Hay una discrepancia en las fechas. Somer viaja en 1888 y una de las mellizas, Bajla es inscrita en la sinagoga en 1890; en realidad habían nacido el año anterior. Ver certificado más adelante.)

El viaje de Gitel con sus hijos está rodeado de mitos y leyendas y es considerado, – al menos por mí y las primas con que he conversado el tema, como el origen del trauma familiar. Lo siguiente se ha transmitido en nuestra familia, de distintas formas, como en el juego del “teléfono”, cuchicheos que deforman el mensaje original: el mayor de los hijos, Efraim/Román, de unos 7 años habría sido díscolo y desobediente con su madre, al punto de ‘jugando’ haber colgado a una de las mellizas por una claraboya del barco! O bien: tira los juguetes de sus hermanas por la claraboya, para regalarlos a los niños de un barco vecino. O: Bajla/Berta, una de las mellizas, se asomó al ojo de buey con ayuda de su hermano Efraim/Roman. Luego se cuenta que de los cuatro hijos que partieron: Efraim/Roman, las mellizas Berta/Bajla y Marjem, y la que luego será mi abuela Sara, 5 años, sólo llegaron tres. Marjem habría fallecido en la travesía. Pero, en los registros del viaje de Gitel aparecen sólo tres hijos: Roman, Salomea (que en realidad es Sara) y Bajla/Berta. O sea la historia de la melliza muerta en el barco, que ha marcado a la familia, no parece haber sido tal. Marjem puede haber fallecido en Kalisz, antes de la partida. En el certificado de nacimiento de Bajla/Berta aparece ella como “la primera de unas mellizas”. El duelo de Gitel por su hija y la nostalgia por su país y sus padres, han estado inscritos en nuestra sangre y DNA familiar.

La familia Swiderski Kohl a su llegada a Chile, se instala en Rancagua, donde después el matrimonio tendrá otros tres hijos: Luis, Marta y Estér.  Porqué en Rancagua? También en la leyenda familiar se manejan dos versiones divergentes, o es sólo que hasta ahora no hemos podido comprobar cómo las dos versiones se conectan; puede ser que ambas historias sean verídicas.

Un rastro de la primera versión es que anteriormente a Somer y Gitel, habría emigrado un pariente o hermano de Gitel que habría instalado una tienda de paños en esa ciudad. Efectivamente, después de mucho buscar he encontrado a ese hermano desaparecido hasta ahora: Adolfo Kohl, nacido en 1863. Adolfo llega bastante antes que los Swi Kol, en 1882 a Chile, de 19 años, en el barco Denderah. También parte desde Hamburgo, su lugar de residencia es Kalisz, y su nacionalidad: ‘Russich Polen’. Incluso Román, el hijo de Somer y Gitel, que también ha estado algo perdido para las generaciones siguientes, aparece en los documentos que he encontrado, firmando en 1925 la disolución de una empresa en Rancagua junto a su hermano Luis Swiderski. ¿Puede haber sido Adolfo el que comenzó la tienda o algun tipo de empresa, en Rancagua?

En todo caso la tienda existió. En el artículo de Felix Miranda Salas ‘Historia de Rancagua’, puede leerse: “Acaso…. sea conveniente, por encima de la mera curiosidad dejar constancia en estos apuntes de los establecimientos que había en la ciudad, en ese año, 1900 y 1901, las Tiendas, de Germán Cohl, Sommer Swidersky y Antonio Soltura”. (Germán Cohl, medio hermano de Gitel también emigró en esos años.)

Digo “desaparecidos” porque no se conoce el paradero posterior ni descendencia de Román Swiderski Kohl o de Adolfo Kohl. Lo que yo he encontrado este último tiempo es una novedad para nuestra familia; Román y Adolfo existieron y trabajaron en esos años en Rancagua, junto a los otros de los cuales tenemos mucha información y que tuvieron gran descendencia. Mi madre hablaba de Román: “intelectual drogadicto, se casó con Rosita, una argentina”. Mi hermana Paulina ha constatado reciéntemente que Román está enterrado en el mausoleo de la familia Goñi Swiderski, sin fechas. Desgraciadamente y a pesar de que nuestras familias en la generación siguiente convivieron cercánamente, nunca les preguntamos a tiempo para saber los detalles de sus vidas pasadas. Esta es una de nuestras grandes penas, al menos una de las penas mías; sé que también otras primas así lo han sentido; no haber preguntado más y a tiempo, sobre ese acontecimiento que hoy  en día se nos aparece como grandioso, el viaje tan definitivo que nuestros antepasados hicieron a esas tierras lejanas.

Israel Brockman y Pessa Kohl son los personajes de la otra leyenda, la colindante o divergente. Pessa, nacida en 1854 en Kalisz fue la hermana mayor de Gitel. Se casó en 1871 con Israel Brockman, también en Kalisz. Dos hijos nacen en esa ciudad: Ester en 1873 y Mayer en 1874.  

Traducción de certificado, gracias al eslavista sueco Lennart Kihlander: “1874 (en cirílico): Nachman Kohl inscribió a su nieto MAJER BROKMAND KOHL, por ausencia del padre, el 26 dic 1874. Majer era hijo de Yzrael Bersli Brockmand (26) y Pessa Kohl (22). Fueron testigos: N. Kohl y J. M. Wartski.”

En el Archivo Histórico del Judaísmo chileno se puede leer:

“Brockman Cohl, Mauricio 1874-1932. Hijo del matrimonio de inmigrantes polacos formado por Yzrael Bersli Brockman y Pessa Kohl, acontecido el año 1871, quienes viajaron a vivir a Chile. Nacido con el nombre de Majer cambió su nombre a Mauricio Brockman Cohl, se transformó en un destacado médico y fundador de la Clínica Alemana de Santiago. Destaca su participación durante la epidemia de influenza y rebrote de tifus 1918-1920, que afectó al país. “

Resulta que Israel emigra a Chile en 1874 (“por ausencia del padre inscribe el abuelo Nathan a su nieto”) de 24 años, en el barco Sakkara. Profesión, ‘handelsmann’, comerciante.  Al parecer viaja solo. Pero en algún momento después viajan Pessa, que en Chile se da en llamar Paulina, con sus hijos. La hija Ester, que en Chile se llamará Ernestina, se casa alrededor de 1894 con Amadeo Heiremans, “ícono” de la familia, como lo describe mi prima Carmen Goñi en su excelente blog. (parentela.blogspot.com) Amadeo, del cual hay también leyendas dispares: habría sido hijo de “campesinos pobres” en Bélgica o ya recibido de ingeniero emigra a trabajar en Chile en la construcción de ferrocarriles. Nacido en 1869, se convierte en un industrial de peso importante en Chile. Exactamente cuándo esta pareja se casa, y dónde, es algo que todavía no he encontrado en los archivos. Lo más probable es que su encuentro y su casamiento hayan acontecido en Chile ya que el nacimiento de su primer hijo, Oscar, está registrado en los anales chilenos, en 1895.

Aquí empieza entonces la otra leyenda, el motivo del viaje de los Swi Kohl habría sido el llamado “de la selva” de Pessa, Israel  y Amadeo con su esposa Ester: ‘vengan, acá hay trabajo y lugar para ustedes’. ¿Porqué supongo que esta leyenda es probable? Porque Israel Brockman ya está en Chile en 1874, o sea casi 20 años antes de la partida de los Swi Kohl. Pero no tenemos antecedentes de que Israel con su familia hayan vivido o trabajado en Rancagua. Más bien esta historia nos lleva a pensar que es por el lado de Amadeo Heiremans que los Swiderski Kol o al menos algunos miembros de la familia, pueden haber obtenido trabajo en la construcción de ferrocarriles u otras empresas que el industrial Heiremans fundó. Entre otras, Heiremans instaló al principio del siglo XX un aserradero en Santiago.

También en el ilustrativo libro del ingeniero belga Gustav Verniory, Diez Años en la Araucanía, 1889-1899 (con prólogo del poeta Jorge Teillier) se menciona tanto a Amadeo Heiremans como a sus suegros ‘Mr. y Mme. Brockman’. Verniory cuenta que en 1898  recibe en el sur de Chile, donde trabaja en las obras del ferrocarril a Pitrufquén, la visita de Amadeo Heiremans, compatriota y colega, “uno de los financistas de la obra”. El episodio que relata es por demás triste y cruel; juntos inventan una triquiñuela para engañar a los indios: Amadeo se hace pasar por el Presidente de la República, a quién los mapuches han estado esperando para presentarle sus quejas y peticiones.

Cuando Verniory ya está en Santiago, preparando el viaje de vuelta a Bélgica, almuerza un día en casa de Amadeo. Este lo convida para ir al encuentro de sus suegros a Portillo, en la cordillera. Mr y Mme. Brockman vienen llegando de Buenos Aires, “de vuelta de su país natal Polonia que no visitaban desde hace 20 años”. Toda una aventura en tren, en coche y en mulas! Aquí se comprueba que esta pareja Brockman, ella es Pessa/Paulina Kohl, había ya llegado alrededor de 1874-78 a Chile. (El dato sobre este excelente libro lo encontré en el también excelente blog de Gabriel Bunster.)

Según se puede leer en el informe de la Comisión Parlamentaria de Colonización “Informes, proyectos de ley, actas de las Sesiones y otros Antecedentes. 1912 Empresas de Colonización”(Pág 245): don Amadeo Heiremans habría recibido del gobierno de Chile tierras en el sur de Chile, en Rupanco, en la Isla de Coihueco, y se le habría permitido traer numerosas familias de colonos. (Concesión a don Amadeo Heiremans, por decreto número 2099, de 18 de octubre de 1904.)

La política del gobierno chileno en esos años era extremadamente europeizante, y promovió con todo el poder de que disponía, la inmigración europea para colonizar el sur de Chile, para desgracia de los ahí milenarios residentes, los mapuches chilenos.

(Para una visión algo distinta, es decir que no sólo llegaron profesionales y destacados empresarios europeos, ver: La inmigración extranjera en Chile a revisión: también proletarios, aventureros, desertores y deudores. Gilberto Harris Bucher, 2011)

Todo esto lo relato para poder entender una, la segunda de las leyendas de la inmigración de los Swi y Kohl. Heiremans tuvo suficientes medios y recursos, y sobre todo apoyo gubernamental como para traer a Chile y dar trabajo a muchos inmigrantes europeos. ¿Tal vez también a miembros de la familia de su esposa?

Queda claro que en ese tiempo no era problema establecerse en Chile, aquí o allá. Pero ¿porqué abandonan nuestros ancestros Polonia? Aquí la leyenda familiar es muda, el relato se lo guardaron mis bisabuelos, mi abuela y sus hermanos. Y nadie de las generaciones siguientes preguntó lo suficiente, como en un pacto; triste por demás! Tuve que experimentar en carne propia las peripecias y tristezas del exilio para comenzar a pensar en ellos, los que en realidad nos dieron vida y nos salvaron de la catástrofe, teniendo en cuenta que con su partida esquivaron tanto la I como la II Guerra Mundial; de modo que yo los respeto como visionarios.

Lo que sigue es lo que he encontrado en libros de historia y literatura europea de la época, también he conversado con mi amiga y colega judía-polaca, Krysia F. He leído bastante sobre “la cuestión judía” para hacerme una idea de las vidas de nuestros antepasados. Para saber qué sucedía con los judíos en Polonia, tanto la rusa como la germana, de esos tiempos.

Desde más o menos el año 1850 hasta comienzos del 1900, emigraron cientos de miles de europeos sobre todo a América del Norte, pero también a la del Sur, agobiados por sequías, hambrunas y persecusiones, no sólo a los judíos. La libertad de religión no existía en ese entonces; más de un millón de suecos emigraron tanto por pobreza, como porque la Iglesia luterana dominante prohibía las llamadas Iglesias cristianas libres.

Un recuento muy somero que no pretende ser histórico ni cronológico, es comenzar relatando el hecho de que Polonia desde muy temprano– ya en el siglo XII, recibió a cantidades de judíos, venidos de geografías muy distintas donde se les había obligado a convertirse al cristianismo, se los perseguía y/o se los expulsaba. Los motivos de la persecución milenaria del pueblo judío: hay información que sostiene que las primeras persecuciones se debieron a que la religión judía fue la primera religión monoteísta. Mucho más tarde, el cristianismo los culpa de haber instigado la crucificción y muerte de Jesús. Esto último ha sido lo que ha influído y exacerbado el antisemitismo durante cientos de años, a través de la mitología difundida por las iglesias cristianas, protestantes y católicas. (Para un análisis profundo recomiendo el libro clásico de Raul Hillberg, La destrucción de los judíos europeos.)

Es, sin embargo un hecho aceptado que donde mejor estuvieron los judíos, al menos en Europa, fue justamente en Polonia. Fueron sobre todo los reyes polacos los que aceptaron con benevolencia la presencia de judíos en sus territorios. Los reyes los necesitaban en sus cortes, sobre todo por los conocimientos en materia comercial y económica que los judíos aportaban. La primera moneda acuñada en Polonia se grabó con letras hebreas! Hubo épocas en que la convivencia funcionó bien, se dictaron también leyes que protegían a los judíos, pero siempre viviendo en comunidades apartes: contaban con sus propios juzgados y con leyes provenientes de su religión mosaica. Tanto los reyes polacos como la comunidad judía estuvieron de acuerdo en esta forma de convivir.  Los judíos ortodoxos nunca tuvieron como aspiración la de mezclarse con el pueblo polaco. Pero el pueblo polaco – a nivel local, no veía con la misma benevolencia la convivencia con los judíos. Entre otras cosas, los reyes los ocuparon para recabar impuestos de los campesinos polacos. Tampoco el clero católico veía con buenos ojos las costumbres ni la religión judía. Exacerbados sobre todo por el clero, el pueblo polaco desarrolló animadversión contra los judíos. Hubo conflictos también de tipo económico y gremial, en que las agrupaciones de artesanos polacos exigían una cantidad fija de talleres, que no entraran a competir con los talleres polacos. Los artesanos judíos sólo podían funcionar y comerciar dentro de los límites de su comunidad, cuando traspasaban estos límites con el permiso de reyes o gobernadores, los artesanos polacos los atacaban. También se les impedía ingresar en ciertos sectores de la producción, por el mismo motivo para no competir con polacos. Estos ataques, los mal conocidos progroms, se instigaban periódicamente; grupos descontrolados de polacos destruían sinagogas, y maltrataban judíos, sin que se les aplicaran después represalias. Las relaciones entre los dos pueblos pasaron por épocas de mucho conflicto. Lo que siempre causó malestar en la población judía fueron los altos, incluso dobles, gravámenes a que estaba sometida; los impuestos por no participar en los ejércitos o en las guerras, eran altísimos, por ejemplo. A pesar de pagar para no entrar en el ejército, se reclutaba a la fuerza a los jóvenes judíos y se los obligaba a convertirse. A los judíos se los gravaba con bravura en las localidades, y muchas veces tuvieron que recurrir al rey de turno para que se les impusieran impuestos con más justicia.

Polonia fue repartida en tres ocasiones, las llamadas particiones: Prusia, el Imperio Ruso y el Imperio Austro-Húngaro se repartían las distintas zonas.

No estoy siguiendo un relato cronológico, pero es necesario comentar que a comienzos de 1800 Napoleón entra triunfante a Varsovia y por unos pocos años establece el Ducado de Polonia. Napoleón fue bien recibido, en general, tanto por polacos y judíos; en Kalisz así como en todo el país. La constitución establecida por Napoleón garantizaba iguales derechos a todos los ciudadanos, incluyendo a los judíos. Sin embargo, los judíos no deseaban completa igualdad. Aspiraban sí a la libertad de religión, a la abolición de la prohibición de residir en ciertas ciudades y en ciertos sectores de las ciudades, a la abolición de la prohibición de participar en ciertas ramas de la producción, y a la abolición de ciertos impuestos y gravámenes. La completa igualdad les habría impuesto los mismos deberes de los otros ciudadanos, tales como el reclutamiento en el ejército – lo que significaba la violación del Sabbath, comer comidas ‘trefa’, no aceptadas por los ritos judíos, tener que rasurarse las barbas y los rulos, etc.

El Ducado duró sólo unos 15 años; después se impone el Imperio Ruso. Hay suficiente material histórico que sostiene que todo el país, tanto polacos como judíos padecieron injusticias y represión bajo el Imperio Ruso. En 1863 se produce un levantamiento contra el Imperio Ruso, en él participaron activamente muchos judíos de Kalisz; judíos y no-judíos fueron expulsados a Siberia. Otro suceso en la historia de Kalisz que puede haber tenido importancia para nuestros antepasados: el Imperio Ruso y las autoridades rusas expulsaron de Kalisz, en 1881, a los judíos que carecían de nacionalidad rusa.

Estas informaciones las he encontrado principalmente en ‘The Kalish Book’, escrito por sobrevivientes judíos que escaparon durante la II Guerra Mundial, originarios de Kalisz. También ahí se relata sobre los trabajos típicos de esa zona y de los judíos en especial: acuñación de monedas, fabricación de encaje y telas, sastrería y sombrerería. Los judíos comerciaban con estos productos fuera de Kalisz y de Polonia, hacia Rusia y Prusia, principalmente. La población judía en Kalisz era numerosa, aproximadamente un tercio de la población total.

Con el tiempo y el desarrollo industrial, algunos judíos fueron dejando la comunidad cerrada para mezclarse y establecerse en los centros de viviendas polacos. Sobre todo los empresarios y los intelectuales; sus hijos comenzaron a ingresar a los colegios polacos, rusos o germanos, según la época. Es el tiempo de la emancipación judía, que comienza alrededor del siglo XVIII. Los judíos tradicionales tenían sus propias casas de estudios, habitualmente colindantes con la sinagoga; los ortodoxos no mandaban a sus hijos a los colegios seculares o cristianos. La división entre judíos fue haciéndose más profunda; igualmente fueron saboteados por los empresarios polacos que no apreciaban los éxitos económicos de sus vecinos judíos, por temor a la competencia.

II Agosto/Septiembre de 1975: fecha en que la dictadura de Pinochet me expulsa de Chile, sin juicio ni acusación ninguna,  y mi llegada a Suecia, a los 29 años

Después de haber estado detenida unos meses (3 + 7) en diversas cárceles o establecimientos que la dictadura ocupó en Concepción y en Santiago para recluir a los presos políticos, apareció mi nombre en una lista de detenidos que serían expulsados del país, publicada por la misma dictadura. Tuve la suerte de obtener una visa para exiliarme en Suecia, por haber trabajado – después del golpe militar, e inmediatamente antes de ser detenida por la segunda vez, unos meses en la Embajada de Suecia. Obtuve mi diploma y título de psicóloga en la Universidad de Chile,  el 4 de diciembre de 1974, entre la primera detención en Concepción y la segunda en Santiago. Cuando fuí a dar mi examen final ese día, estaba el Instituto Pedagógico –donde funcionaba la Escuela de Psicología, controlado por militares; para pasar tuve que entregar mi carnet de identidad a un soldado estacionado en la entrada.

Este corte abrupto en mi vida: el cambio de un medio geográfico, linguístico y socioeconómico conocido a uno totalmente desconocido, sin mi familia ni mis amigos que, o fueron asesinados o quedaron en Chile en condiciones deplorables o también se vieron obligados a emigrar a otros países, se convirtió con el tiempo en el suceso o episodio de mayor importancia en mi vida, una ruptura que marca un antes y un después, que separa con una línea gruesa, los dos períodos. El integrar ambas vidas en una unidad me costó sangre, sudor y lágrimas. Y sobre todo mucho tiempo, en el que viví en un duelo prolongado de nunca terminar.

En el exilio trabajé como psicóloga, principalmente con las dificultades que los diversos grupos nacionales y étnicos enfrentan al  emigrar e inmigrar; así pude entender que algunos procesos psicosociales son comunes y generales para los que se ven obligados a dejar su país. También pude entender que no todos los que se ven enfrentados a las dificultades de la migración las superan con el tiempo. Muchos quedan atrapados en la nostalgia por el pasado y no pocas veces su salud se deteriora como consecuencia.

No es raro entonces que en mi nuevo mundo haya comenzado a pensar en aquellos antepasados que hicieron el viaje en tiempos pasados en dirección contraria, de Europa a Chile. Lo raro es que no haya pensado antes en ellos; su odisea estaba en la historia pasada de la familia pero sin ningún detalle ni carga emocional. Nadie hablaba ni sabía porqué se había producido esta emigración desde Polonia a Chile. O talvez algunos de los mayores sabían más que otros, pero mi generación no sintió la menor preocupación por averiguar más. Mis recuerdos son, alguien preguntaba: “Seremos judíos? Sin duda, no ves las narices que tenemos?” Y ésto era más bien algo para divertirse y reir. No contenía un relato ni se hicieron más preguntas.

En algún sentido dice ésto también algo positivo de Chile. En Chile, ser judío no conllevaba – al menos en ese tiempo, ninguna carga negativa; con todos los inmigrantes europeos que poblaron el país en tiempos pasados, los apellidos puramente “chilenos” no eran mayoría. Y los apellidos extranjeros no eran considerados como algo extraño, eran parte del país y de nuestra cultura. Recuerdo entre mis compañeras y compañeros de estudios, profesores, vecinos: Johnson, Duffloc, Alterman, Klein, Bendit, Horvitz, Bronfman, Pirard, Corbeaux, Detmer, Stanley, Mackenna, Charme, Joannon, etc; además de una cantidad inmensa de apellidos españoles y vascos, entre otros los de mi abuelo materno, Goñi Urmeneta. Jamás escuché a mis padres decir algo negativo sobre los judíos, tampoco algo positivo en realidad, y a pesar de yo haber nacido en 1946, al año siguiente del término de la II Guerra Mundial, nunca se habló sobre lo sucedido. Recuerdo sí que mi madre se lamentaba, cada vez que iban al cine – y lo hacían todos los sábados, de los noticiarios que mostraban la crueldad y los estragos de los nazis en los campos de concentración. En general, en Chile se valoraban altamente las culturas europeas y se menospreciaba lo típicamente chileno, para qué decir lo mapuche. III Julio de 1984: fecha en que mi madre, Pepita Goñi, nos viene a visitar a Estocolmo y con su información desarrollamos un árbol genealógico de la familia

Mi hija Paula nace en 1980 y las cartas, paquetes y llamados por teléfono con mi familia en Chile, van y vienen. Me mandan ropa para ella, que mi madre cose; entre otras un ‘vestido de novia’ para Paula, que cuando comienza el jardín infantil dice que se casará con su amiguito Tommy.  Ya han pasado casi diez años y aún se me prohibe entrar o volver a mi país. En el verano de 1984 convido a mi madre a Estocolmo a pasar unos meses de verano, principalmente para que conozca a su nieta, y su nieta a su abuela. Fué una visita especial, después de tantos años sin vernos. Paula y Pepita jugaban como dos niñas pequeñas, nunca había visto a mi madre tan entusiamada con una menor de edad!

Este viaje fue memorable porque yo ya había desarrollado una curiosidad por la migración de mis antepasados polaco-judíos. Lo que me impresiona hoy, cuando leo los apuntes que hicimos juntas y que aún guardo, es la memoria social de mi madre. Cuánto sabía de todos sus parientes! Fechas de nacimiento y de muerte, quién se casó con quién, los hijos que tuvieron, etc. También el hecho de que mantuviera contacto estrecho con sus tios, tías, primos, etc. especialmente de la familia de su madre, me impresiona. Un cariño entrañable por su tío Lucho y la tía Inesita, su mujer; por su tía Estercita, tan adorable, chiquita y cariñosa. También quiso mucho a su primo Eduardo J y su mujer Odette C. La hija de su tía Marta Swi, Gabriela Mateluna, llegaba en bicicleta por nuestra casa en Las Petunias a pintarle las uñas. Fue amiga con Verni, una señora alta de pelo blanco que yo conocí y que hablaba el castellano con acento alemán; ahora entiendo al releer los apuntes, que fue casada nada menos que con el Dr Mauricio Brockman; recuerdo que Verni visitaba a Pepita en nuestra casa. Pepita también guardaba recuerdos de su abuela materna, Gitel/Augusta, la que cruzó los oceanos: “dueña de casa perfecta, tierna, amorosa, santita, cariñosa”, son sus palabras.

La historia más increíble, y me encantan las historias que se transmiten de boca en boca, sin que sepamos si son exactas: “Mamina (así le decíamos a nuestra abuela materna Sara, la que llegó de 5 años a Chile) vivía en Rancagua, iba a estudiar a Santiago donde prima Ernestina ( la prima casada con Amadeo Heiremans) y vivía muy bien. Colegio La Ilustración, Directora Sra. Turén. Colegio muy avanzado. La familia tenía palco en la Opera. Sara, la única de las hermanas que se cría así. “(Por ser la mayor?) “Al morir Ernestina Amadeo se acerca a Mamina. Iban al cementerio juntos. Tia Paulina (Pessa Kohl de Brockman, madre de Ernestina, suegra de Amadeo) vivió en casa de Amadeo, casa fantástica, al fondo y Mamina la visitaba mucho”. Esta casa, en Avda República 475, es famosa por su arquitectura especial y por su historia; actualmente es la sede del Museo Salvador Allende.

También durante su estadía conversamos con Pepita sobre la religión. Como escribí más arriba, Gitel y Somer según mi madre, fueron judíos sin ritos, que no bautizaron a sus hijos. Mi abuela Sara, al casarse con mi abuelo Juan Goñi U. se convierte al catolicismo y el día de su matrimonio, en 1908, se bautiza. Su conversión a la fé cristiana fue sincera, la veíamos a menudo rezando, con el rosario en la mano. El resto de los hijos de Gitel y Somer creo que se consideraron judíos seculares o liberales y se casaron todos con parejas chilenas, comunmente de fé cristiana católica. Con la excepción de Bajla/Berta. Berta, la hermanita de mi abuela que llega con ella en el barco de 3 años, se casa primero con Eugenio J, judío-polaco, nacido en Lodz; y a su muerte, con su hermano Arturo. Según una de las leyendas, ella los habría ido a buscar a Polonia, o traído de allá, tal como muchos inmigrantes lo hacen para casarse con compatriotas y/o para ayudar a compatriotas a salir de su país, también hoy en día.

La otra versión la entrega Claudio J, uno de los nietos de Berta: “Mi abuelo Eugenio J, el marido de Berta, era ingeniero de minas. Hizo su tesis sobre el cobre y se fue de Polonia a USA. Sé por mi padre que mi abuelo trabajaba en el mineral del Teniente al lado de Rancagua. Estos datos me permiten formular la hipótesis de que mi abuelo conoció a Berta en Chile, en Rancagua mismo. Lo que tú señalas, que ella fue a buscar marido a Polonia no es imposible pero la coincidencia es grande con su formacion, ingeniero de minas, con su especialidad el cobre, etc. Yo creo que Eugenio trabajaba para la Braden Copper Co. ya en los US y que lo mandaron para Chile a su filial. Viviendo en Rancagua no era muy complicado que conociese otra famila que venía de Polonia y que estaba alli radicada en los comienzos del siglo 20 en una ciudad que debe haber tenido una poblacion bastante pequeña y aun más para que decir los que tenían una situacion acomodada y que además venían del mismo pais.”

Cualquiera sea la verdad, según informaciones que otra nieta de Berta, Eugenia J, me ha entregado en el último tiempo, tampoco se conservaron las tradiciones judías en esa rama de la familia. Eugenia J vino a tomar conciencia de su origen judío cuando ya en la universidad, un profesor le pregunta por su apellido. De modo que ahí tampoco se habló del viaje, de las razones, de los orígenes, nada!

Los árboles genealógicos creados en esos días por Pepita, también el de su padre Juan Goñi Urmeneta, son cinco páginas que guardo como tesoro, porque tienen tanto de la vida de mi madre y de todos los que ella quiso. Los datos y las fechas que ella recordaba, que yo he podido contrastar con Jewish Gen y Ancestry, están casi en su totalidad correctos. A pesar de que en esos años no existía por supuesto ni google ni internet, ni ella traía apuntes consigo.

Un dato que ella entrega está errado: “Pessa/Paulina, hermana de Augusta/Gitel (su abuela/mi bisabuela) vino después”. En los registros de partidas y llegadas de inmigrantes (Ancestry) figura Israel Brockman, el marido de Pessa/Paulina viajando en 1874. También el libro de Gustav Verniory confirma que ‘Mr y Mme Brockman’ volvían a Chile en 1898, de un viaje a su tierra natal que habían dejado hace 20 años. De modo que esta pareja en realidad fue de los primeros en llegar de todo el familión que emigra.

Por el camino me surgió también la pregunta: muchos partieron, pero ¿quedaron algunos en Polonia, y más exactamente en Kalisz? ¿Iban a dejar todos los hermanos Kohl a sus padres solos, no quedarían algunos hijos con Nathan Kohl y Malka Fogel Nadel? Y cuál fué su destino? Mi madre no sabía nada de esto, la única vez que se nombra el tema es cuando mi prima Adriana Goñi entrevista a la tía Nena, hermana de mi madre, unos años antes de morir. Ella dice en la grabación: “si quedaron algunos,  sus descendientes de seguro fueron asesinados en el holocausto”.

IV Noviembre del año 2007: nuestro primo segundo, Claudio J, entrega los certificados de nacimiento de nuestra bisabuela Gitel Kol y de su abuela, Bajla/Berta Swiderski Kohl, a mi prima Carmen Goñi. Estos documentos tienen una gran significación para Carmen y para mí. Es la primera vez que se constata sin lugar a dudas el origen judío de nuestra familia. (Las traducciones hechas también por L. Kihlander, en diciembre del 2007. Las traducciones del sueco al español, son mías.)

El certificado de nacimiento de Gitel está escrito a mano, en polaco. Pero el formulario tiene un texto impreso en ruso, que dice más o menos así:

“El funcionario del Registro Civil para las inscripciones de las confesiones no cristianas en el distrito de Kalish, notifica que en los libros del Registro Civil se encuentra el siguiente Certificado de Nacimiento Nr 159 del año 1860”.

“Acta de nacimiento No 159 de 1860.

Sucede en la ciudad de Kalish el 16 de agosto del año mil ochocientos sesenta, a las cinco y media de la tarde. Comparece el israelita Nachman Kohl, sastre, 30 años, residente en Kalish, en presencia del testigo Lejzen Weiss, profesor y Fabian Katowski, asesor jurídico, cada uno de 64 años de edad, residentes en Kalish, y nos señala el nacimiento de una niña, nacida en Kalish el 20 de octubre del año 1859, a las 3 de la madrugada, de su mujer Malka Fogel nacida Nadel, de 22 años, y quisiera darle a la niña el nombre Gitel Kohl. Esta acta fue leída por los implicados y por ellos mismos firmada.”

Siguen las firmas y después está la ratificación del sello de la ciudad de Kalish.

Al final de la página, nuevamente impreso en ruso: “Confirmo la veracidad de esta copia, que está conforme con el original en los libros locales, con mi firma. Ciudad de Kalisz. 7 junio de 1911”.

(Una observación es que probablemente tanto Gitel como Somer por algún motivo necesitaron en Chile sus certificados de nacimiento el año 1911, y los mandaron pedir a Polonia. Hay un certificado de nacimiento de Somer, expedido también en 1911, el 15 de junio, en su ciudad natal Sieradz y enviado a Chile por su madre, Malka Szynkelewska. Se puede ver en el blog de Carmen, parentela. Pero éste certificado está en alemán. Sieradz parte de Prusia y Kalisz parte de Rusia, en 1911?)

“Certificado de Nacimiento Nr 65 de 1890.

En la ciudad de Kalish, a 6 al antiguo estilo (18 al nuevo estilo) del año 1890 a las 3 de la tarde comparecen personalmente Nachman Kohl, comerciante, 62 años, residente en la ciudad de Kalish, en compañía del testigo Marcus Wartski, secretario de la Sinagoga, de 54 años, e Icek Orlinski, “Disier” de la Sinagoga, de 47 años, residente en Kalish, nos señala el nacimiento de una niña, la primera de unas mellizas, las que habrían nacido en Kalish el 23 de junio al estilo antiguo (5 de julio al nuevo estilo) del año pasado a las 10 de la mañana, de su yerno Somer Swiderski, comerciante, de 32 años, con su señora esposa Gitel, nacida Kohl, de 32 años de edad, la hija del citado Nachman Kohl. Esta niña será llamada Bajla Swiderska. El retraso en la inscripción fue consecuencia de la ausencia del padre de la niña, el que tampoco en esta oportunidad se ha hecho presente en este acto. Esta acta fue leida y firmada por los presentes.

Siguen las firmas.”

La ausencia del padre, Somer, se debió – como se sabe, a que éste ya había emigrado a Chile.

V Octubre 2012: seminario televisado en Estocolmo, en memoria de Raul Wallenberg, en que entre otros participantes, el director de la Shoa Foundation muestra cómo es posible encontrar sobrevivientes del Holocausto en el sitio creado por Steven Spielberg.

De esa forma encuentro en el registro a Roza Kol, la historia de ella y de su familia, relatada por su nieta Marin K. nacida en Lodz, en 1920. Un resumen somero: Roza se casa en 1879 con Lipman Wolf Fajfer en Kalisz; tuvieron ocho hijos. Su hija Estera, n 1888, huye con su marido, hijos y nietos de Polonia el mismísimo 1 de septiembre de 1940, día en que Hitler invade Polonia. Su travesía es legendaria; ayudados por un cónsul japonés en Lituania llegan – junto a otros 6 000 judíos polacos a Shangai, donde se establece un gheto que perdura hasta el final de la guerra. Luego toda la familia se traslada a Australia. Roza, ya viuda en ese entonces, se queda en Polonia y es asesinada durante la guerra, en el guetto de Varsovia.

A comienzos del 2013 encontré a los hijos de Marin en Australia. Hay mucha descendencia y ellos sí han conservado las tradiciones judías. Cuando los contacté vivía Marin en una casa para ancianos judíos, la directora era su hija, Susan H. Es con la que tengo más contacto al día de hoy, pero hay hermanos y tíos aún vivos, como Marcel W. hermano de Marin, hoy de 92 años, poeta y traductor de poetas polacos que ha sido condecorado por el gobierno polaco.

Otra hija de Roza Kohl de Fajfer, Roma/Rebeca, permaneció en Polonia y sobrevivió. Los “parientes” australianos me conectan con Ania G. en Varsovia, nieta de Roma/Rebeca Z, nacida en 1900. Esta rama sufrió lo indecible durante la guerra, período en que vivieron en Varsovia, en el gheto hasta 1942.  Roma/Rebeca se escapa después con sus dos hijitos, Wanda y Jan, y viven escondidos en la zona aria. La historia es larga, doy aquí solo un matiz. He visitado a Ania, hija de Wanda, en Varsovia.

Ninguna de las personas con que tomé contacto, ni tampoco la generación de los mayores, tenía recuerdos de algún ancestro que hubiera  emigrado a Chile. Yo les relato la historia y les muestro los documentos en mi poder, que no son pruebas fehacientes, son indicios y la suposición mía que surge a raíz de que en todos los registros de ciudadanos de Kalisz aparecen Gitel y Roza juntas, a veces nacidas el mismo año (mellizas?) o con uno o dos años de diferencia. En alguna lista aparecen también los padres, Nathan y Malka Fogel Kol, e inmediatamente después Gitel y Roza, siempre juntas. Es esto lo que me llevó a pensar que Gitel y Roza podrían haber sido hermanas y lo que me llevó a centrarme en Roza y buscarla hasta encontrarla. Luego en los registros de matrimonio que reviso en la Iglesia Mormona también encuentro el certificado del matrimonio de Roza con Lipman Wolf Fajfer; lo que me impresionó fué la semejanza de las dos firmas, de Gitel y Roza. Pero como digo, ni los australianos ni los que quedaron en Polonia guardan en la memoria la historia de la emigración de Gitel y su familia.

Según mi interpretación, pueden haber sido las viscisitudes sufridas por los que quedaron o tuvieron que huir, o sea los traumas sufridos por esa rama de la familia: el asesinato de Roza, la huída de Polonia, las persecuciones sufridas, la vida en el ghetto, etc, lo que hace pasar al olvido los episodios anteriores a los traumas de la guerra. Sin que pueda comprobar mi interpretación me acerco a Ania que me recibe con mucha amabilidad en Varsovia, conozco a su familia: su marido Jasek, su hija Malgosia y su nieta Mania, de la misma edad de mi nieta Inez. Ella vino a saber de su orígen judío a los 17 años, su madre y su abuela le escondieron la historia de infortunios sufridos, también porque durante el regimen comunista posterior a la guerra no se destacó como especial y única la persecución y los asesinatos de judíos en los campos de concentración. Juntas vamos al Instituto Histórico Judío en Varsovia, donde se nos informa que no poseen documentos de identificación de esos años, para conocer el parentesco de Roza y Gitel. Por mail he estado conectada especialmente con Susan, en Australia, también con su hermano Andrew, destacado sociólogo que trabaja y escribe sobre cuestiones de migración; también me acogen con amablidad pero como no tienen ellos grabado en su historia pasada el relato que yo les hago, no puedo avanzar mucho más en mi investigación. Los contactos se hacen más y más esporádicos.

VI Octubre 2018: fecha en que finalmente se encuentra un comprobante que confirma el parentesco de mi bisabuela Gitel – que en Chile se pasó a llamar Augusta, y Roza Kol de Fajfer. Ellas fueron efectivamente hermanas, hijas de los mismos padres Nathan Kol y Malka Fogel Nadel.

Mi prima Carmen Goñi me escribe en septiembre de 2018 que ha sabido que Susan, de Australia, nos anda buscando por la red; por aquí y por allá, encuentra Susan el blog de un pariente lejano Kohl que a su vez contacta a Carmen. Cuando le escribo a Susan, me dice que no había guardado mi dirección pero está muy contenta de retomar el contacto. Sobretodo yo me emociono cuando entiendo porqué se ha esforzado en encontrarnos. Ella ha estado en el Instituto Judío de Varsovia, el mismo que yo visité con Ania hace años. Pero ahora sí Susan ha conseguido un documento importante. Es una lista de judíos polacos que durante la guerra buscan contacto con parientes en el extranjero, seguramente con la esperanza de conseguir visa para poder dejar el país; en esa lista aparece Roza Fajfer (su apellido de casada) escribiendo a Augusta Swiderski Cohl a la casilla 1256, Santiago de Chile.  Es muy triste, no sabemos si esa carta salió de Polonia, si llegó a destino, ni si se hicieron esfuerzos en esos años por ayudar a los parientes en Polonia. No hay rastros en Chile de esos contactos. Según información entregada por Claudio J, nieto de Berta, la casilla 1256 existió y se ocupaba asíduamente por su padre y abuelo. Roza fue asesinada por los nazis en el guetto de Varsovia en 1942, la carta fue enviada en 1940.

En el certificado de defunción de Augusta Cohl Nadel, fallecida el 25 de diciembre de 1948, aparece la dirección de su domicilio habitual: Avda. Holanda 3823. Fue Sebastián V, hijo de mi hermana Paulina, quién consiguió este documento en el Registro Civil.

Ania me ha enviado reciéntemente el libro “We Couldn’t Understand Why… The Plight and Experiences of the Children of the Holocaust”, del cual ella ha sido la redactora. En la portada su madre Wanda y su tío Jan, de niños, los que junto a su madre se escaparon del guetto de Varsovia.

Una gran alegría es que me encontraré con Susan y Ania en Copenhagen, a principios de junio de este año.

Hasta aquí mi relato. No deja de tener alguna importancia y significación para mí el haberlo completado y ahora entregarlo a la familia, especialmente a mi hija Paula. Hace ya tiempo me pidió que escribiera algo ya que no entendía mis entrevesados relatos y mi entusiasmo con lo que iba encontrando, ni la cantidad de parientes y ancestros que le nombraba, acostumbrada a que aquí en Suecia hemos estado solitas. De modo que le dedico este escrito a ella, a sus hijas, mis nietas Inez y Paloma, y a su marido Sebastian, para que conozcan sus raíces.

Y mil gracias a las personas de la familia que me han ayudado por el camino, con recuerdos, datos y documentos: Carmen Goñi, Paulina B, Claudio J, Eugenia J, mi redactora; gracias también a los familiares lejanos, Ania de Varsovia y Susan de Australia. Y a mis amigas de antes y de ahora, Krysia F. en Estocolmo y Myriam K. en Santiago.  Por supuesto que todos los errores y omisiones son de mi responsabilidad.

Marcela Bravo Goñi, Estocolmo, 23 de abril del 2019

Para terminar y para mayor claridad: 

Roza y Gitel fueron hermanas. Sus padres fueron Nathan Kohl y Malka Fogel Nadel

Estera y Roma fueron primas hermanas de Sara (Mamina) y Berta (Nani) Swiderski

Marin, Wanda y Marcel: primos de segundo grado de Pepita, Tío Tano, Tía Kicha, Tia Nena, Tío Eduardo J

Susan y Ania: primas de tercer grado de Marcela, Carmen, Adriana, Paulina, Pilar, Anita B, Eugenia J, Claudio J…..

“Se vive para darse”: o el recuerdo de un libro inexistente.Ignacio Vidaurrazaga Manriquez

“Se vive para darse”: o el recuerdo de un libro inexistente

Ignacio Vidaurrázaga Manríquez *

Debe haber sido noviembre o diciembre de 1988, dictadura mediante y cuando aún estábamos en la vieja cárcel de Chacabuco 70, en Concepción, el momento en que hicimos ese particular lanzamiento en los patios de visita donde hubo alguna vez una araucaria. El nombre de la criatura fue: “Se vive para darse”, que según recuerdo era una frase robada a Eduardo Galeano de alguna parte.

Chacabuco 70. Foto https://www.marineros-constitucionalistas-chile.com/chacabuco-70-la-carcel-de-concepcion/

Con unas 145 páginas y un montaje sinérgico de dibujos y poesías que había ido reuniendo desde septiembre del 84 en adelante, la publicación de Ediciones Literatura Alternativa de Bruno Serrano hacía parte de varios sentidos. El más cercano era lo escrito sobre mis compañeros del 23-24 de agosto/84 ejecutados entre Concepción y Valdivia por los esbirros de la CNI junto al paso por la tortura en Concepción y en Santiago.

Luego, la relación cotidiana que uno establecía entre las vivencias de la cárcel y las noticias del afuera. Muchas demasiado tristes, que en algunos casos rebotaban directamente entre nosotros. Como por ejemplo sucedería con la noticia de la muerte de Tatiana Fariña, que escuchamos en la radio Cooperativa mientras estábamos junto al Rulo- su hermano- en nuestra pequeña cocina.

O en los momentos alegres la significación de volver a re-conocer a mis hijas aún pequeñas: Tamara y Katia, llenas de preguntas y contentas de tener padre y madre, aunque fuera encerrados y una vez al mes.

O como seguíamos la rebeldía de miles pese a la represión. También, los amores y desamores de la prisión, siempre intensos y cruentos. En fin, fueron esos los años en que la poesía se fue haciendo al calor del calendario porque escribir fue desahogo y bitácora más que maestría de taller.

De amores fugados escribí:

Esa mujer

Que mira a la distancia / no se ha dado cuenta / que en vez de pestañas

me molestan barrotes incrustados/ en mis pupilas.

Pero el proyecto de hacer un libro venía de antes, era una complicidad de hermanos. Con Gastón en algún momento de la cárcel retomamos comunicaciones. Él requería dinero, siempre les faltaba en la clandesta y nosotros teníamos formas de conseguirlo y hacérselo llegar. En el Chile clandestino conseguir cada peso era un riesgo significativo.

Lo del libro se originó simplemente en el compartido interés de hacer algo juntos. Él continuaba dibujando en medio de su extendida y dura clandestinidad y en mi caso había vuelto a escribir en los años de cárcel. No recuerdo desde donde del exterior me ofrecieron unos apoyos y ese fue el dinero para este proyecto de libro, donde yo asumiría el texto, mientras los dibujos serían de autoría anónima. Un libro que uniría cárcel y clandestinidad, que en suma eran concebidos como frentes desde donde se podía hacer resistencia.

Un proyecto que nos volvería a enlazar como hermanos de crianza y de opciones. Habernos quedado después del golpe. Más tarde separarnos por mi repliegue al exilio. Y el 80 volver a estar ambos activos en distintas zonas de Chile.

Los vientos habían cambiado, y poco a poco junto a dolorosos y frecuentes golpes represivos, estaban los avances de las protestas. Pese a lo alto y gruesos muros de Chacabuco 70, escuchábamos los gritos de las manifestaciones y en las visitas nos enterábamos de todo lo que estaba sucediendo. Recuerdo que los sindicatos de Gran Concepción nos hacían donaciones de comida como expresión concreta de solidaridad.

Adentro éramos los subversivos o los políticos según quien y cuando nos nombraran. Originarios de Tomé, Yumbel o la zona del carbón, Penco o Barrio Norte primaban los locales, mientras los presos afuerinos éramos una minoría. Hubo gendarmes cómplices y también los hubo perros y hostigadores. En general nos habíamos ganado miguitas de respeto y creo que casi siempre buscamos ser más allá de las orgánicas un solo frente de PP. Sabíamos de otras cárceles del sur e incluso de Santiago. Papelitos y calugas iban y venían mimetizados de mil maneras.

Retornando al proyecto libro con mi hermano acordamos que me enviaría una carpeta con dibujos sobre todos los temas posibles, luego en la cárcel yo haría un primer montaje. Eso debe haber sido el 85 y parte del 86. Antes no, por los traslados a Temuco y a Valdivia que ordenaban las Fiscalías Militares para adicionarme años. Lo cierto, es que ya devuelto en Concepción en la celda 14 y encaramado en un camarote cerca del cielo fui avanzando en este proyecto.

Creo, que no es este el texto para nombrar a cada uno de mis compañeros, que fueron varias decenas durante esos seis años y cuatro cárceles. Algunos están y nos comunicamos e incluso nos hemos visto. Mientras otros, muy pocos son ya memoria como el Charly y el Mota de Talcahuano.

En eso estaba afanado, cuando en septiembre del 86, después del atentado al dictador, un martes 10 de septiembre por un recorte de diario y la visita del cura Pedro Arregui de Penco me enteré que hacía dos días habían secuestrado y ejecutado a Gastón, al gordo, a “Picasso”, a mí hermano.

Lo que me sucedió a velocidad de abismo y control de prisionero puede ser otro texto, por lo tanto optamos retornar de inmediato. Ese día el proyecto libro cambió de sentido: ahora, había que reivindicar los dibujos, las líneas, la crónica de vida que subyacía en los significativos trazos de Gastón.

Y afiebrado escribí muchos textos al hermano que ya no estaría:

Indistancia del Guatón

“Realmente somos una familia muy aterrizada en este país de locos, una familia más separada que la cresta y todo gracias al loco superior” el guatón

Partamos de la base /que no podemos sacarnos el traje /que pese a todo

y aún en tu in-distancia / (como tú decías) / penas-faltas/ mucho desde allá

(que los dos sabemos es desde un terrenal aquí).

Todo eso querido guatón/ para decirte que reconstruimos tus pasos

enrollando tus clandestinas vidas/ de entre los pliegues

de tus nombres de guerra.

¿No has pensado que hasta tu muerte es clandestina?

Para muchos/ que aún no escuchan/ el sonar de los tambores de la aldea

llevando la mala nueva/ al último rincón de las localidades

/ de prófugos/ escuelas/ campañas / acciones/ reclutamientos

y carencias.

Desde el 86 al 87 estuve en eso. En silencio y destinando muchas horas al día. Incluso, recuerdo que me construí una mesita de trabajo con doble fondo. Hice copias de los dibujos en papel diamante en una mesa de luz y fui uno a uno montando dibujos y textos. Poco a poco fueron saliendo esos pliegos a la calle y con mucha seguridad también inventamos un barretín donde esos rollos pudieran viajar seguros. O quizás, todo sólo sucedió con el apoyo de mi vieja que sabía de qué se trataba cuando entraba y sacaba cosas protegidas por el fuero de magistrada.

Bruno Serrano en su editorial había publicado “Olla Común” de su autoría y “Poemas Insurrectos” de Heddy Navarro. También en la misma colección estarían “La Cola de la Lagartija” de Paulina y Gabriela Richards y “Mi Rebeldía es Vivir” de Arinda Ojeda. En las diversas formas de prisión de los años de dictadura se escribió, aunque las antologías de poesía existentes hasta el día de hoy prefieran majaderamente ignorar periodos, ciudades y circunstancias. Salvo la excepción del trabajo académico de la doctora en Literatura Olga Grandón, que hacia fines de los 90 publicó “Estrellando el muro: escritura de la prisión política en Chile” sintetizando especialmente el periodo de los 80 hasta el fin de la dictadura y poniendo fuertes acentos en la poesía carcelaria escrita por mujeres. Olga originaria de Concepción posiblemente había conocido esos textos desde los patios de visita en Chacabuco 70 y Coronel.

Hacer ese libro fue posible gracias a muchas complicidades de ex parejas y amigos, ayudistas y compañeros. Nada era o fue posible hacer solo. Un día cualquiera recibí en la prisión un paquete con diez libros. De inmediato partí con uno en la mano para hablar con el entonces alcaide. Había fracasado el intento de tiranicidio, pasado el plebiscito y fragmentado el MIR. Pronto nos cambiarían a una nueva cárcel llamada “El Manzano”, que decían que era un complejo. Los sueños de fuga, los chinches y las garrapatas quedaban atrás. La espera del cambio y el traslado también.

El alcaide me recibió entre incrédulo y sorprendido.

-¿Usted quiere lanzar un libro en está cárcel? –me dijo.

-Si, en el horario de visita de un fin de semana- le respondí.

Obviamente algo así no estaba en los reglamentos. Y lo único que se le ocurrió a ese coronel o mayor de lentes oscuros y porte macizo, el que hasta ahí había observado un comportamiento decente con nosotros, fue pedirme que le regalara y además le dedicara un libro.

-Usted sabe que todo va a cambiar- me comentó cuando se lo entregue.

Y así quedó sellado el lanzamiento en el patio de la cárcel de Concepción de Chacabuco 70. Él con su “salvoconducto” y yo con mi lanzamiento autorizado en homenaje a Gastón. Ese estreno de un libro en el patio de visitas de la cárcel de Concepción tuvo decenas de testigos, que seguramente recibieron ese libro. Todo aconteció único e irrepetible por forma y fondo. Cualquiera nueva edición tendrá posiblemente este recuento, pero ya nada podrá ser igual.

El otro lanzamiento fue en Pudahuel junto a una exposición de dibujos ampliados de Gastón. Esa fue la forma de recordarlo en uno de los territorios donde lo conocieron, en ese último tiempo de su extendida clandestinidad de 13 años. De eso otro, sólo vi fotos y años después en los 2000 un compañero me hizo llegar copia de los dibujos exhibidos en lo que parecía un galpón. Ahí también fueron distribuidos varios centenares de libros.

El libro “Se vive para darse” tuvo un tiraje de 1000 ejemplares y se regaló. Su producción era un dinero solidario y por lo tanto tenía que repartirse en Concepción y Santiago en los círculos más cercanos.

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Y luego muy lentamente ese libro se fue extinguiendo y olvidando.

Durante años no tuve ningún libro. Hasta que hace un par de años lo busqué en Mercado Libre y lo encontré para al menos volver a tener uno. Luego, conocí al librero Juan Polizzi, quien me regaló otro: una Antología de poesía en prisión llamado “Girasoles en las Sombras, Antología de Poesía de Presos Políticos”, Editorial Urbe, 1988 recopilados por Dante Ruiz Molina y Demian Moreno. El texto reunía 25 autores y autoras de diversos momentos de prisión. De mi autoría aparecían publicadas tres poesías extraídas de ese libro.

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Lo cierto, es que este año, cuando termine de escribir y comience a publicar los libros en que trabajo -El MIR de Miguel, Crónicas de Memoria, tomos I y II- ese creo será la hora de reeditar este libro inexistente, clandestino y desaparecido. Ya veremos con que editorial o como lo haremos. Publicar esa poesía y dibujos creo deberá ser un trabajo artesanal de cuidadoso y logrado montaje.

Hoy, en el día del libro, he considerado válido hablar de esta obra inexistente e inubicable. Recordarlo, creo es lo menos que un autor puede hacer por un libro inexistente.

Y para este final un aliento fraterno a la distancia a todos, todas y todes quienes conforman la prisión política la de antes y la del 18/0. A quienes borronean cuadernos sin atreverse a llamar poesía, cuento o crónica a las palabras que acumulan. La verdad, es que eso poco importa. Todos esos textos son valiosos, además de útiles. La prisión no es comparable a ninguna cuarentena exterior. Pero, permite actos propios y libres de vigilancias carcelarias y guardias internas. Y escribir y leer es uno de esos actos propios, además de posibles y dignos.

Ají Picante. 23 de abril de 2020.

*Ignacio Vidaurrázaga es periodista de la Universidad Arcis y magíster en Literatura mención Hispanoamericana de la Universidad de Chile. Ha escrito: “Se vive para darse” (1987, Editorial LAR), un poemario escrito en prisión con dibujos de su hermano Gastón, mirista que es secuestrado y ejecutado en 1986. Posteriormente, publicó “Martes once, la primera resistencia” (2013, Ediciones LOM).

Etapas psicológicas del exilio

Etapas psicológicas del exilio
ana vasque

Etapas psicológicas del exilio

ETIQUETADOCHILE,DICTADURA MILITAR,EXILIO POLÍTICO,FEMINISMO,FRANCIA 

EN ESTE TEXTO HABLARÉ DE LAS ETAPAS PSICOLÓGICAS DEL EXILIO Y TOMARÉ COMO REFERENCIA EL ARTÍCULO “ MUJERES EN EL EXILIO: LA PERCEPCIÓN DEL EXILIO DE LAS MUJERES EXILIADAS EN FRANCIA ” DE ANA VÁSQUEZ, SOCIÓLOGA CON ESTUDIOS EN EL CAMPO DE LA PSICOSOCIOLOGÍA. . EL ARTÍCULO FUE PUBLICADO EN 1982 POR LA REVISTA MENSAJE , FUNDADA Y EDITADA EN CHILE EN 1951 POR EL JESUITA PADRE HURTADO, QUE PRETENDE INFORMAR A SUS LECTORES CON UNA PERSPECTIVA CRÍTICA Y CRISTIANA DE LA REALIDAD NACIONAL E INTERNACIONAL. MENSAJE ES MI PRINCIPAL FUENTE DE INVESTIGACIÓN PARA LA MAESTRÍA Y ES UN INSTRUMENTO IMPORTANTE PARA LA INVESTIGACIÓN DEL EXILIO CHILENO., SIENDO LOS ESCRITOS DE ANA VÁSQUEZ LOS MÁS CUESTIONADORES SOBRE EL GÉNERO Y EL EXILIO DE LAS MUJERES CHILENAS EN FRANCIA. EL TEXTO AL QUE ME REFIERO ESTÁ PRESENTE EN LA SECCIÓN DE LA REVISTA DENOMINADA “SOCIEDAD” QUE CONTIENE SIETE PÁGINAS QUE SE ENCUENTRAN DISPONIBLES EN EL REPOSITORIO DIGITAL DE IMPRESOS.


ESCRIBÍ UN POCO MÁS SOBRE MENSAJE Y CITÉ EL TEXTO DE VÁSQUEZ AQUÍ EN EL BLOG, ACCEDA AQUÍ .

definicion de exilio

Según Ana Vásquez, el exilio chileno consiste en un acto de expulsión del país de origen y la prohibición de regresar . La estudiosa agrega que este tipo de castigo tiene un carácter político y que el 10% de la población chilena se encontraba en el exilio, cuestión que permite resaltar cuánto la práctica conformó el contexto político de Chile durante el año de publicación de su escrito. (mil novecientos ochenta y dos). Vale recordar que el país se encontraba en medio de una dictadura militar dirigida y comandada por el general Augusto Pinochet , y que el gobierno del presidente Salvador Allende sufrió un golpe de Estado, generando una persecución implacable contra él y sus seguidores.La comunidad chilena exiliada estaba integrada por profesores universitarios, ex funcionarios del gobierno, sindicalistas y campesinos , que en los países de acogida, entre ellos Francia, Finlandia, Canadá y Mozambique, se enfrentaban a la inhabilitación profesional y la pérdida de poder social. Ana Vásquez caracteriza al exilio chileno como “un exilio de militantes como en todo el Cono Sur”. Aquí, la expresión Cono Sur se refiere a los países de América del Sur, que vivieron dictaduras militares y civiles como realidades como Chile, Argentina, Brasil, entre otros.

Primera etapa psicológica del exilio

Es interesante notar que al comienzo de su texto la autora llama la atención sobre la importancia de no reducir una investigación psicológica del exilio de los chilenos a un análisis de los problemas políticos y sociales presentes en Chile y Francia en ese momento. Después de todo, los procesos psicológicos no son homogéneos y los individuos tienen particularidades complejas que se manifiestan más allá del colectivo exiliado . Así, Ana Vásquez sostiene que en la primera etapa del exilio, las similitudes entre las experiencias de mujeres y hombres tienen cierta uniformidad debido al proceso de transculturación en el que se ve sometida la comunidad exiliada.de inmediato. En él se incorporan las costumbres del país receptor, en este caso, Francia. La transculturación es difícil ya menudo dolorosa porque exige una confrontación con las culturas de los dos países en cuestión.

La primera etapa psicológica del exilio está marcada por el sentimiento de pérdida, la inestabilidad emocional y económica, la promesa de volver al país de origen y la dificultad de pensar en proyectos a largo plazo . En esta fase, hay un fortalecimiento de los lazos de solidaridad entre la comunidad exiliada y la idealización de Chile y sus especificidades. En un momento en el que también hay cierta negativa a asimilar las costumbres francesas y dificultades para adaptarse a la nueva realidad. De esta manera, la primera etapa del exilio chileno fue crucial en la vida de los perseguidos bajo la dictadura de Pinochet, pues configuró el proceso de integración a la sociedad de acogida de cada exiliado y exiliada y de todos en colectivo.

el exilio femenino

Según Ana Vásquez, a medida que avanza la transculturación, el exilio de las mujeres adquiere formas específicas . La pérdida de la familia, por ejemplo, asume un mayor peso para el género femenino, pues el ideal de la familia latinoamericana les otorga la responsabilidad de cuidar del hogar y de sus seres queridos. El exilio, marcado por la inestabilidad emocional y económica, corrobora que este ideal familiar se transforme por la nueva realidad impuesta a la comunidad exiliada. Muchas mujeres que en Chile se dedicaban a las tareas domésticas y a la crianza de los hijos mientras sus parejas trabajaban fuera del hogar, buscaron insertarse en el mercado laboral para sobrevivir en el extranjero.

Hubo casos de mujeres que llegaron a Francia solteras y que, al salir a trabajar y estudiar, tuvieron contacto con múltiples ideas. Los que no tenían título profesional trabajaban en restaurantes y otros lugares donde el ingreso mensual era muy bajo. Otros continuaron con sus estudios. Es de destacar que muchos sujetos no profesionales se esforzaron por estudiar nuevos temas. En algunas circunstancias, las mujeres casadas realizaban tareas económicas y recibían salarios iguales o superiores a los de los hombres. Por lo tanto, los ejemplos citados muestran cómo las experiencias de estos exiliados fueron diversas y que es imposible ubicarlos dentro de un grupo unilateral .

Roles de género en las etapas del exilio

Si bien las condiciones de vida en el exilio cambiaron constantemente, la división de roles de género se mantuvo similar a la que prevalecía en Chile . Muchos exiliados se enfrentaron a la doble jornada laboral. Los militantes conciliaron tareas partidistas, trabajo fuera del hogar y responsabilidades domésticas. Situaciones que pueden haber pasado desapercibidas a los ojos de estas mujeres, en la primera etapa del exilio, ya que los temas valorados por el colectivo exiliado involucraban a Chile, la represión y la resistencia a la dictadura militar. Por estas razones, la división de roles de género pasó a ser predominante en las etapas del fenómeno en el exterior, principalmente en Francia.

Otras etapas psicológicas del exilio

Las nuevas responsabilidades adquiridas por los exiliados y exiliadas promovieron sus autonomías. El conocimiento de nuevas teorías y el contacto con mujeres francesas y de otros países latinoamericanos contribuyeron a la consolidación de encuentros e intercambios de experiencias femeninas. Según el texto de Vásquez (1982), inicialmente, las mujeres se vieron obligadas a percibir cambios en la práctica cotidiana. Posteriormente, reflexionaron sobre ellos y tomaron conciencia individual y colectivamente.

El acto de socialización entre mujeres en el exilio no es un tema nuevo sobre el que escribo aquí en el blog. Para conocer más sobre el tema, recomiendo los siguientes textos:

Las discusiones entre mujeres eran consideradas clandestinas por muchos y colocadas en la subcategoría de “tema de conversación femenina”, de hecho es una característica de los diversos exilios, en los que las exiliadas trabajan clandestinamente, incluso para evitar ser perseguidas en el país de asilo. . La toma de conciencia de los exiliados chilenos contribuyó al surgimiento de conflictos interpersonales con sus compañeras, compañeras de partido e incluso con otras mujeres.quienes catalogaron sus reflexiones como “afrancesamiento” y “burguesía”. Los conflictos también podían involucrarse, pues ambos rompían con un modelo de mujer latinoamericana históricamente construido y reproducido en los espacios que ocupaban. Vásquez dijo que pocos exiliados chilenos hablaron en público, síntoma de la estructura patriarcal existente en la sociedad en su conjunto y mantenida en el exilio.

Conclusión

Se observa que el texto “ Mujeres en el exilio: la percepción del exilio de las mujeres exiliadas en Francia ”, de Ana Vásquez, aborda que las vivencias psicológicas, políticas y sociales del exilio chileno son diferentes para los géneros , especialmente luego de un mayor desarrollo de la proceso de transculturación en el exterior. Además, muestra cómo la reflexión colectiva provoca cambios en el comportamiento individual de los exiliados chilenos.. Muchas de ellas entendieron que la construcción de un determinado modelo de feminidad es algo aprendido desde el inicio de la vida y que la deconstrucción de ese modelo está en conflicto con las ideologías sustentadas por la comunidad exiliada. Esta observación les permitió entenderse como activos en un proceso histórico que va más allá de los contextos políticos y sociales de Chile y Francia.

Referencia consultada

VÁSQUEZ, Ana. Mujeres en el exilio: la percepción del exilio de las mujeres exiliadas en Francia, publicado por la revista Mensaje en 1982

LOS EX CONSCRIPTOS DEL 73

LOS EX CONSCRIPTOS DEL 73

Ayer 24 de mayo de 2022 se hizo publico en las redes sociales un informe que remeció y retraumatizó una vez más a familiares, sobrevivientes y organizaciones de derechos humanos del país.

El archivo oculto de la Subsecretaría de DD.HH. dice que «Entre julio de 2017 y agosto de 2018, casi 12 mil ex conscriptos que cumplieron su Servicio Militar Obligatorio durante la dictadura, entregaron testimonios detallados de los abusos que sufrieron a manos de soldados y oficiales. Pero también, algunos de ellos relatan en detalle, crímenes cometidos contra civiles a quienes debieron detener, custodiar o fusilar. La Subsecretaria de la época, Lorena Fríes, que durante su gestión recibió 5.988 relatos, no entregó estos antecedentes ni a los abogados y abogadas del Programa de Derechos Humanos ni a los tribunales de justicia que investigan los crímenes de lesa humanidad cometidos en dictadura. Las juezas especiales, Paola Plaza y Mariela Cifuentes, ordenaron el envío inmediato de la documentación. El plazo corre.«

Este texto que circuló viralmente en todas las redes y fue interpretado de diversas maneras afecto dolorosamente a los descendientes y a quienes sufrieron violaciones a los derechos humanos durante la dictadura de Pinochet , a aquellos que por decadas han buscado a sus familiares desaparecidos, a quienes aún exigen verdad y justicia y que en distintas ocasiones se han enterado de la participación de militares en las masacres de sus padres, hermanos, hijos, compañeros, colegas y vecinos.

La entonces Subsecretaria de Derechos Humanos Lorena Fries Monleón emitio el

COMUNICADO PÚBLICO 

Ante el reportaje publicado por el canal La Red sobre el trabajo realizado por la Subsecretaría de Derechos Humanos con las organizaciones de ex conscriptos durante la dictadura militar, declaro lo siguiente:

Que, en mi mandato como Subsecretaria de DDHH, recibimos la solicitud de asociaciones de ex conscriptos durante la dictadura cívico-militar para que se les reconociera su calidad de víctimas de dicho período, por lo que decidimos crear una mesa de trabajo que se avocara a recopilar información, la que funcionó entre los meses de julio y diciembre de 2017. 

Que, dado que se trataba de un tema complejo, en el que se mezclan experiencias de víctimas y victimarios, y del que hasta entonces existía muy poca información, se buscaba realizar un primer diagnóstico. Esto, con la finalidad de contar con antecedentes que pudieran servir para determinar, con posterioridad, si se configuraba un patrón de vulneraciones a los derechos de ex conscriptos.   

Que, con la información recopilada por dicha mesa hasta el cambio de gobierno, se elaboró un informe, que fue rubricado el 8 de marzo del 2018, tres días antes del cambio de mando. De la revisión de los antecedentes que dieron lugar al informe, se pudo concluir, por una parte, que habrían antecedentes -aportados por ellos a través de testimonios escritos- que permitirían suponer vulneraciones a sus derechos. Asimismo, de los antecedentes analizados hasta ese momento, no se podía determinar si habrían hechos, datos o fechas que entregaran información que pudiera aportar sobre la participación de ex conscriptos en hechos constitutivos de graves crímenes a los derechos humanos.

Que, considerando lo acotado de los tiempos, correspondía que se avanzara en una segunda etapa, de sistematización y análisis más profundo de la información recopilada. Dicho archivo y antecedentes fueron entregados correctamente a la siguiente subsecretaria, Lorena Recabarren, en el marco del cambio de administración. Ella tenía pleno conocimiento del informe, de sus antecedentes fundantes y del proceso que se estaba llevando a cabo con las organizaciones. De hecho, el reportaje da cuenta de que durante la siguiente administración llegaron más carpetas a dicha subsecretaría, sin embargo no se tomó ninguna acción con la información que se terminó de recopilar en ese periodo.
 
Que, el informe fue entregado a las asociaciones de conscriptos y en ningún caso tuvo el carácter de reservado o secreto. No se ocultó información. Todo lo contrario, el informe quiso ser un antecedente que permitiera sacar a la luz otro tipo de situaciones que se vivieron durante la dictadura y que pudieran ser relevantes en términos de registro y del impacto que esta tuvo sobre otros grupos de la población, en este caso de personas que producto del servicio militar obligatorio sufrieron menoscabo en sus derechos.  

Que, durante mi trabajo en la Subsecretaría de Derechos Humanos, el objetivo siempre fue contribuir con el avance en materia de DDHH, en particular con la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas de crímenes de lesa humanidad. De haberse constatado situaciones que contribuyeran a ello, habrían sido entregadas a la justicia. 

Lorena Fries Monleón
Ex-Subsecretaria de Derechos Humanos

Quienes eran los conscriptos que fueron enrolados el año 1973 obligadamente al ejercito?

El citado reportaje informa que

«Los adolescentes, de 18 años, que cumplieron el Servicio Militar Obligatorio (SMO) desde 1973, eran el estamento más grande que engrosó el contingente militar que fue desplegado a lo largo del país, por los altos mandos de las FF.AA., para controlar el país con violencia y crímenes, tras el golpe de Estado contra el gobierno democrático del Presidente Salvador Allende.

Según los registros de la Dirección General de Movilización Nacional, ese año 17.524 jóvenes, todos menores de edad -la mayoría de edad era a los 21- cumplían con la obligación de presentarse en los cuarteles militares; 16.138, en 1974; 17645, en 1975; 20.431, para 1976. En total, 390.061 jóvenes adolescentes fueron llamados al Servicio Militar hasta 1990.»

Una búsqueda en Internet arroja cerca de 3,540 resultados donde se informa acerca de los ex cnscriptos del 73 al 90 y sus reinvindicaciones Desde año 2014, cuando la cineasta Angela Bravo, hija de un exiliado chileno en Suecia ,sueco-chilena, vino a Chile a investigar para un film que proyectaba realizar acerca del golpe de estado y la dictadura que afectó a sus padres, a ella y sus hermanos tomé conocimiento de la postura de los ex conscriptos del 73-90, que denunciaban las violaciones a los derechos humanos sufridos . En ese momento entrevistamos a Fernando Mellado,presidente de la Asociación que los agrupaba. Hasta su muerte en 2017 Mellado protagonizó distintas participaciones en los medios de comunicación:

Mellado, en ese momento era el Presidente Nacional de la Agrupación de Conscriptos del 1973 a 1990, y sus declaraciones no dejaron indiferente a nadie.

Tengo mucha información de dónde hay restos de Detenidos Desaparecidos, que me la han entregado. Si quieren esa información, yo la tengo“, señaló en el programa. “Yo te puedo conseguir una cantidad de información impresionante a nivel de país, pero ¿dónde la entrego? Si se filtra, vamos a caer muchos gallos presos“, agregó.

En La mira | CHV
En La mira | CHV

En el espacio, aseguró conocer la información de más de 3000 detenidos. “Cada vez que se movía un vehículo militar de cualquier unidad marina, aviación, ejército, debía tener un escolta que por ley era un conscripto”, sentenció, asegurando que no habla porque no le debe nada a nadie.

Durante la entrevista con la periodista a cargo del reportaje, afirmó que hizo una carpeta con toda la información relativa a las víctimas, recopilando cientos de testimonios de ex conscriptos, pero decidió destruirla por temas de seguridad.

También aseguró que había intentado entregar la información a la Iglesia, a agrupaciones de víctimas de la dictadura y al juez Carroza a cargo del caso, quien desmintió cualquier tipo de acercamiento.

Tras la emisión del programa, conversó con Matías del Río en el noticiero de CHV, donde aprovechó de revelar que supo como algunos cabos de la escuela de telecomunicaciones comenzaron a desaparecer misteriosamente, y como en algunas unidades militares -como el Regimiento Buin- hubo fusilamientos de conscriptos , por su propios compañeros quienes los consideraban comunistas.»

El Congreso Nacional se ocupó de este tema,

ANÁLISIS DEL COMPROMISO DE REPARACIÓN DE EX SOLDADOS CONSCRIPTOS (Proyectos de acuerdo)

El señor ELUCHANS ( Presidente ).- Esta sesión ha sido motivada en una presentación suscrita por 48 señoras y señores diputados, con el objeto de analizar el compromiso de reparación de ex soldados conscriptos.

A ella han sido convocados el ministro del Interior y Seguridad Pública , don Andrés Chadwick , y el ministro de Defensa Nacional , don Rodrigo Hinzpeter .

Algunas intervenciones:

El señor GUTIÉRREZ (don Hugo).- Señor Presidente , en nombre del Partido Comunista de Chile y de la Izquierda Ciudadana, quiero manifestar nuestro apoyo y reconocimiento a la Asociación Reunificada de Ex Soldados Conscriptos del Servicio Militar 73-90.

Parte de estos conscriptos cumplían su servicio militar obligatorio el 11 de septiembre de 1973, según lo dispuesto en la ley N° 11.170 que fijaba el texto refundido de la Ley de Reclutamiento. En este contexto, a nuestro entender, fueron víctimas de la violencia política desatada en Chile, a partir del 11 de septiembre del 73, por agentes del Estado en el marco del golpe militar que puso término al gobierno constitucional de Salvador Allende. En efecto, a partir del citado 11 de septiembre de 1973, fue impuesto en todo el territorio de la República un amplio operativo dirigido por la nueva autoridad militar que asumió el control total del país, con el objeto de secuestrar, detener ilegalmente, torturar o aplicar diversas formas de apremios ilegítimos; es decir, de graves violaciones a los derechos humanos, a todas las personas que eran sindicadas, con o sin razón, como partidarias del régimen del gobierno constitucional que había sido derrocado.

Algunos de esos conscriptos se vieron obligados a colaborar en ese tipo tropelías, a pesar de que solo cumplían con la carga que les imponía la ley. A todos ellos, siendo adolescentes y menores de edad en la época, se les obligó a colaborar en una serie de atropellos a la dignidad humana. Se trató de una situación en que el jefe de turno fue un verdadero señor para ellos y al que estaban obligados a obedecer ciegamente y a acatar sus órdenes, aunque fueran en contra de la conciencia de ellos, lo que dejó una indeleble marca sicológica que aún no se puede reparar, ya que se trató de una verdadera tortura síquica para estas personas. No solo tuvieron que sufrir al verse obligados a participar en hechos que ellos mismos cuestionaban, sino también ver también como se torturaba o detenía ilegalmente a hermanos, a amigos, a civiles. Eso, sin duda, también les ocasionó un daño que muchos de ellos todavía cargan.

Además, a estos jóvenes no se les respetó el tiempo máximo de conscripción, lo que agregaba incertidumbre a la situación que estaban viviendo, como el hecho de no permitírseles visitas a sus respectivos hogares. Y, lo que es más relevante, aparecieron durante largos pe-ríodos recibiendo una remuneración que nunca existió, la cual, supimos después, iba directamente a los organismos de seguridad de la dictadura.

Por otra parte, fueron maltratados física y sicológicamente por sus superiores. Eran verdaderos esclavos a quienes golpeaban cuando querían y por el mero capricho del jefe de turno, con la aparente intención de transformarlos por el temor en verdaderos autómatas que cumplieran ciegamente cualquier orden que repugnara la conciencia de cualquier persona normal.

Durante el período de conscripción, los afectados fueron víctimas de tortura física y de otros apremios ilegítimos. Asimismo se vieron obligados a participar en hechos que los dañaron sicológicamente por el resto de sus vidas. Estos hechos constituyen violaciones graves a los derechos fundamentales, ocasionados por agentes del Estado en su carácter de tales y bajo un mismo mando superior…

El señor WALKER.- Señor Presidente , en nombre mío y en el de la bancada de la Democracia Cristiana, adherimos a esta sesión especial para apoyar las demandas de las asociaciones de ex soldados conscriptos que hoy nos acompañan en las tribunas, muy especialmente a don Eliecer Castillo , dirigente que ha recorrido todo el país luchando por los derechos de sus asociados …debo recordar que la Cámara de Diputados aprobó, por unanimidad, un proyecto de acuerdo el 3 de mayo de 2012, al cual se hizo referencia. Asimismo, aprobamos otro en 2009. Cabe señalar que todos esos proyectos versan sobre lo mismo; es decir, hacen un reconocimiento a la situación de violación de los derechos humanos que vivieron los ex soldados conscriptos entre 1973 y el 11 de marzo de 1990, pero muy especialmente a aquellos que cumplieron labores en 1973 y 1974, puesto que con la declaración de estado de sitio se les extendió unilateralmente el período de servicio y tuvieron que realizar trabajos forzados. Como muchos de ellos quedaron en condiciones invalidantes, sufrieron accidentes laborales, no recibieron el pago de sus pensiones y quedaron con traumas permanentes, obviamente se les debe hacer un reconocimiento en términos pecuniarios y no pecuniarios.

Lamentablemente, no se ha formado una comisión equivalente a la Comisión Rettig, que la Cámara de Diputados ha solicitado en dos ocasiones, para llevar a cabo una investigación y determinar responsabilidades respecto a las situaciones que debieron enfrentar los ex soldados conscriptos desde 1973 hasta 1989. Como Estado, se deben otorgar beneficios, como el pago de pensiones, el otorgamiento de becas estudiantiles, como además se hizo con la Comisión Valech; incorporarlos a los subsidios habitacionales y la definición de un proceso de investigación interna en las instituciones de las Fuerzas Armadas para los casos de muerte accidental o suicidio, a fin de que se esclarezcan los hechos y se establezcan las responsabilidades respecto de tales muertes.

Como se dijo, solicitamos al Presidente Piñera que cumpla el compromiso adquirido con los ex soldados conscriptos. Entiendo que el ministro del Interior aludió a una compensación de aproximadamente 40 millones de dólares que, a mi juicio, era absolutamente insuficiente para las pretensiones de todos ellos, que incluso parlamentarios de gobierno han declarado que es exigua. Por eso solicitamos esta sesión especial.

Por lo tanto, la bancada de diputados de la Democracia Cristiana seguirá respaldando a los ex soldados conscriptos.

Las exigencias de reparación económica por las faltas descritas en las obligaciones del Estado son un tema, pero lo que no aceptan los famiiares es que se auto proclamen como victimas de violaciones a los derechos humanos.

Las organizaciones de familiares, sobrevivientes y defensores de derechos humanos han emitido declaraciones de repudio:

JUSTICIA, VERDAD, ¡NO A LA IMPINIDAD! 24 MAYO2022

Como Coordinación Nacional Familiares de la Memoria, al conocer la información
entregada por la RED, nos resulta impresentable que luego de existir testimonios de ex
conscriptos por crímenes de lesa humanidad, la impunidad, la complicidad y pactos de
silencio, quedaran archivados, en secreto y ocultos, como forma de liberar las
responsabilidades a quienes son parte de las violaciones a los Derechos Humanos en
nuestro país.
Con estas políticas secretistas, tanto el estado, y la ex subsecretaria Lorena Fríes, les
ha garantizado a los criminales de lesa humanidad, seguir haciendo una vida al margen
de la Ley, por lo que esta forma de operar nos ha impedido hacer justicia, saber la
verdad de nuestros familiares que fueron arrebatados de nuestras vidas por mentes
genocidas.
Por tanto, denunciamos al Estado de Chile por su responsabilidad en la impunidad,
denunciamos a toda la clase política que ha mantenido sin develar a los genocidas
y horrores en la dictadura y mantener un Estado de injusticia sistemática en DDHH
en nuestro país.
Así mismo, denunciamos la complicidad con su silencio y la ineficiencia de la ex
subsecretaria Lorena Fríes, que durante su gestión no hizo nada y oculta
información al mantener dichos archivos en secreto impidiendo a los abogados
del Programa de Derechos Humanos investigaran los crímenes de lesa
humanidad, cometidos en la dictadura cívico militar de Pinochet.
El mantener oculto y en secreto la información de violaciones en Derechos
Humanos, es un delito que debe ser pagado con cárcel, por ser colaboracionista
como funcionaria pública con los abusadores de crímenes de lesa humanidad.
Dentro de este contexto, la transición a la democracia es el resultado de que hasta el
día de hoy hayan prevalecido los pactos de silencio y en complicidad con los violadores
de derechos humanos, como el caso específico de la censura del informe Rettig
durante 50 años, política implementada bajo el gobierno de Ricardo Lagos.
Hacemos un llamado a la sociedad civil, a las organizaciones de Derechos Humanos,
sociales, culturales estudiantiles a TRANSPARENTAR PÚBLICAMENTE LAS
VIOLACIONES DE DDHH y NO SEGUIR SIENDO CÓMPLICES OPORTUNISTAS DE
ESTAS OMISIONES, Y A NO BAJAR LAS REVINDICACIONES DE LOS DDHH, para
que “EL NUNCA MAS” SEA DE VERDAD, NUNCA MAS.

Relacionado https://www.theclinic.cl/2013/09/11/la-historia-de-los-pelados-del-73-los-soldados-que-asaltaron-santiago/

Otro 24 de marzo. Yo viví un universo paralelo

Yo viví un universo paralelo.

En diciembre de 1977 vendí mi casa, mi auto, abandoné al Tonki nuestro perro lanudo, armé las maletas de mis cuatro hijos y regresé a Chile.

Diciembre 1977, reencuentro familiar

Mi humor siempre negro me hizo decir «más vale dictadura conocida que dictadura por conocer» y por supuesto estaba consciente de que tener por padre a un hombre público, rico empresario, vicepresidente de la FIFA y que Cesar Mendoza estaba casado con una prima hermana de mi madre- otra Godoy-era de cierto modo un paraguas protector.

Desde diciembre de 1973 viví en Buenos Aires, con mi entonces compañero que se había asilado en la embajada argentina y recién llegaban al país.

Fuimos acogidos solidariamente por otro asilado, Leonardo Cáceres y Gabriela su mujer que nos dieron alojo en su casa mientras sus hijos y los míos llegaban de Chile. Mis cuatro niños llegaron el 15 de marzo del 74, el día que mi hija cumplió 6 años.

Mis años de exilio fueron un universo paralelo donde las relaciones, los haceres y sentires sufrieron una distorsión tal que dejé de ser yo y me sumergí en la negación de mi identidad. En julio del 74 cumplí 30 años; ese día encontré trabajo y mi dedicación absoluta a conseguir mantener a mis hijos me hizo vivir situaciones surrealistas.

Recuerdo cada día levantarme a las seis de la mañana para tomar el colectivo que me dejaba a las ocho en Caballito, donde trabajaba. Creo que era el 137, que decían daba vueltas a la republica por lo extenso de su recorrido. Nunca he olvidado al obrero anciano que me guardaba un asiento en ese recorrido diario desde Martínez, en la provincia de Buenos Aires hasta Capital. En el Sanatorio Antártida si no llegabas a las ocho en punto no te dejaban entrar, así es que la ansiedad era mi compañera cotidiana.

Yo salí de Chile siendo estudiante de antropología, divorciada con cuatro hijos y en una relación no consolidada con un compañero de la universidad, militante también del MIR, que a poco llegar, en dos o tres años se transformó en una toxica experiencia.

En mi trabajo había otros chilenos; uno era comunista y otro mirista y nunca nos dirigimos la palabra porque la desconfianza estaba instalada desde entonces.

Y llegó el año 78, yo en Chile y mi padre a cargo de la organización del Mundial en Argentina.

En Buenos Aires había dejado un amor y aproveche la ocasión para regresar, invitada por mi padre.

Y acá es cuando se me viene abajo la memoria; no quiero recordarme sentada en el palco de honor en el estadio con las autoridades de la FIFA y de seguro con los militares argentinos…Por más que fuerzo el recuerdo no existe en mi memoria rastro alguno de esos días.

Cómo pude vivir en Buenos Aires en los tiempos de la Triple A, los años del Cóndor, la operación Colombo y no tener indicios de lo que ocurría a mi alrededor.?

Hoy, vieja y cansada reviso partes de mi vida y contrasto con los ríos y océanos de información y evidencias con las que he trabajado casi 50 años de lo sucedido durante la dictadura de Videla y ahora que harán 46 años de ese 24 de marzo me obligo a evaluar, a repasar cuanto hice, cuanto dejé de hacer; los porqué, los como, los con quien viví esos tiempos.

Hoy pienso con dolor en mis amigos de entonces, algunos asesinados por los milicos, otros perdidos en el olvido, otros desaparecidos de mi vida y mi memoria adolorida los recuerda cada marzo…

1 de marzo 2022

Desde <https://www.facebook.com/memoriandodesdeabajo/?ref=pages_you_manage>



Siento cada año la compulsión, la urgente necesidad de escribir, de recordar, de hacer visible lo que se vivió en la Argentina durante la dictadura- la ultima dictadura, como los argentinos la llaman- cuando las mujeres, los niños,los adolescentes, los y las judías entre otros fueron perseguidos, ejecutados, desaparecidos , apropiados, borrados del presente y del futuro.

Este año escribo acerca de la represión, tortura,muerte y desaparición de los compañeros y compañeras de origen judío, que en Argentina dejo en evidencia el antisemitismo que en nombre del mundo libre, occidental y cristiano exterminó a 195 desaparecidos judíos, incluyendo a chilenos y chilenas residentes en ese país.

Lo hago en recuerdo de mis bisabuelos Somer Swiderski  y Gitel (Augusta) Kohl y mi abuela Sara, nacida en Kalisz, Condado de Kalisz, Voivodato de Gran Polonia, Polonia, llegados a Chile en 1891 y cuya asimilación me negó mi identidad judía.

Una arqueología de la Memoria Familiar.

Durante 46 años he leido, buscado, compartido diversos materiales que describen, intentan explicar el horror. Libros, documentos, videos, audios, entrevistas,imágenes dan cuenta de lo que, parafraseando un poco a Galeano, cuenta que si Hitler hubiera sido
testigo de la impunidad y las atrocidades que cometieron los militares argentinos en sus procedimientos de captura-secuestro de
las víctimas para su posterior confinamiento en los tristemente célebres
Centros Clandestinos de Detención (CCD), bien le hubiera provocado un
severo e incurable complejo de inferioridad (Galeano,2001: 229),
*

Elena Alfaro confesó en
su relato ante la CONADEP lo siguiente:*
Si la vida en el campo era pesadilla para cualquier detenido, la situación
se agravaba para los judíos, que eran objeto de palizas permanentes y otras
agresiones, a tal punto que muchos preferían ocultar su origen, diciendo
por ejemplo que eran polacos católicos
(RNM, 1984: 50).
Jorge Reyes, detenido en el CCD Regimiento 1º Patricios, contaba:

Cuando nos golpeaban nos decían: “¡somos la GESTAPO!” (RNM, 1984: 50).
Nora Stejilevich narró su detención y traslado a un CCD del que pudo
salir afortunadamente con vida, detalló aspectos sobre las torturas que le
fueron aplicadas y los métodos de interrogación empleados por los hombres de fajina:
Directamente me llevaron a la sala de torturas donde me sometieron con
la picana eléctrica.
Me preguntaban los nombres de las personas que iban a viajar a Israel conmigo… el interrogatorio lo centraron en cuestiones judías. Uno de ellos sabía hebreo, o al menos algunas palabras que ubicaba adecuadamente en la oración.
Procuraba saber si había entrenamiento militar en los Kibutz (granjas comunitarias), pedían descripción física de los organizadores de los planes de estudios,

como aquel en el que yo estaba (Sherut Laam), descripción del edificio de la
Agencia Judía (que conocía a la perfección), etc. Me aseguraron que el “problema de la subversión” era el que más les preocupaba, pero el “problema judío” le
seguía en importancia y estaban archivando información (RNM, 1984: 51).
Pedro Miguel Vanrell confirmó que a los judíos les obligaban a levantar
la mano y gritar ¡yo amo a Hitler!
Los represores se reían y les sacaban la ropa a los prisioneros y les pintaban en las espaldas cruces svásticas con pintura en aerosol. Después los
demás detenidos los veían en las duchas, oportunidad en que los guardias
identificándolos – volvían a golpearlos y maltratarlos.
Vanrell recuerda el caso de un judío al que apodaban Chango, al que el
guardia lo sacaba de su calabozo y lo hacía salir al patio.
lo hacían mover la cola, que ladrara como un perro, que le chupara las
botas. Era impresionante lo bien que lo hacía, imitaba al perro igual que si
lo fuera, porque si no satisfacía al guardia, éste le seguía pegando… Después
cambió y le hacía hacer de gato
(RNM, 1984: 53).
Daniel Eduardo Fernández describió los límites de la infamia cuando en
su testimonio relató:

Contra los judíos se aplicaba todo tipo de torturas pero en especial una
sumamente sádica y cruel: “el rectoscopio” que consistía en un tubo que se
introducía en el ano de la víctima, o en la vagina de las mujeres, y dentro del
tubo se largaba una rata. El roedor buscaba la salida y trataba de meterse
mordiendo los órganos internos de la víctima
(RNM, 1984: 52).

Desde principios del siglo XX, existía en Argentina una arista antisemita que formulaba una correlación entre ser judío y ser marxista, debido a la marcada presencia judía en movimientos sindicales socialistas, anti-fascistas, y en partidos de izquierda. En la época de la última dictadura militar argentina (1976-1985), canalizando el latente antisemitismo criollo, se acentuó el corolario judío-subversivo.

Lo que Pierre Vidal-Naquet denomina el “sintagma judeo-marxista” que en 1942 y 1943 impulsó a las huestes de Hitler a librar la guerra en el este -“indisolublemente contra los judíos y los marxistas, considerados una misma entidad”[4] – recobró vigencia en la llamada guerra sucia de Argentina. La actualización de esta figura en Argentina se expresó por medio de un trato diferencialmente cruel hacia los prisioneros judíos, y una sobrerrepresentación de judíos entre los detenidos desaparecidos, en proporción a la población de ciudadanos argentinos de origen judío.[5]

En Chile no estaba culturalmente arraigado el concepto de judío como sinónimo de izquierda. Muy al contrario, es más probable que se asociasen al conocido apoyo institucional judío a la Junta Militar. Por lo tanto la visión que equivalía al judío con la izquierda estaba ausente de la retórica y práctica represiva de la Junta Militar chilena.

En este contexto, Argentina proporcionaba el escenario propicio para una orquestación con la cual Chile pretendía descarriar escrutinio acerca del destino de personas cuya detención era negada sistemáticamente. Para los militares argentinos, el montaje reforzaría la noción que su territorio nacional estaba azotada por subversivos internacionales que confabulaban con nacionales para producir una peligrosa inestabilidad, exigiendo la mano dura del Estado.

El agente chileno de la DINA Enrique Arancibia Clavel sería el principal enlace en Buenos Aires. Arancibia, años después, el único procesado por el asesinato de Carlos Prats y Sofía Cuthbert, colaboraba con sus pares argentinos a través de la Secretaría de Inteligencia de Estado. Posterior a su detención, se encontró en su casa un documento escrito a mano alzada con los nombres de 32 detenidos desaparecidos chilenos y los pasos fronterizos por las cuales habrían entrado a Argentina.[6] Jaime Eugenio Robostam [sic] Bravo habría entrado por Tromen (hoy Mahuil Malal), a 50 kilómetros en camino de ripio de San Martín de los Andes, el día 29 de febrero de 1975; Juan Carlos Perelman Ide supuestamente por Las Cuevas (hoy Cristo Redentor) el 29 de marzo del mismo año.

Los nombres de Jaime Robothan y Juan Carlos Perelman más los de David Silberman y Luis Guendelman, ambos egresados del Instituto Hebreo, fueron utilizados para un macabro preludio al montaje que se llegaría a conocer como Operación Colombo o Lista de los 119. Son los únicos nombres asociados con Operación Colombo que comparten el hecho de ser apellidos judíos, o por lo menos de timbre judío, dado que los Robothan no conocen antepasados judíos en su familia.

Los socios argentinos de Arancibia Clavel fueron los integrantes de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) que empezaba a circular en sus Ford Falcón verde por las calles de Buenos Aires. Dado el sesgo antisemita de este grupo, es probable que fueran sus operativos quienes eligieron los nombres de cuatro judíos para dar inicio al montaje.

La periodista argentina Stella Calloni, autora de dos libros sobre Operación Cóndor[7], está convencida que los argentinos eligieron los nombres judíos. “En ese momento, yo tengo la seguridad, te diría, del entusiasmo con el cual los de aquí participaron en esa operación. Mi tesis es estos chilenos se pusieron de acuerdo con un grupo nacionalista, nazis en realidad, y acá aparecieron cuatro cadáveres, con nombres de judíos chilenos. Todavía no sabemos de quienes son esos cadáveres. Estos hicieron este favor a Chile y a su vez, Chile haría un favor a los argentinos. Le entregaba gente o nombres. Cambiaban favor por favor”.[8]

Laura Elgueta, entonces de 18 años, vivía en Buenos Aires con sus padres chilenos exiliados desde 1974. Elgueta ha estudiado la maquinaria chilena-argentina de inteligencia para entender las circunstancias del secuestro y posterior desaparición de su hermano, el estudiante de música y militante del MIR Luis, cuñada Clarita Fernández y Cecilia, hermana de Clarita, el 27 julio de 1976. “No es casual que hayan sido ellos quienes eligieron nombres que sonaban judíos”. Elgueta señala “una mirada muy antisemita, instalada en sectores tradicionales vinculados a la Iglesia más ortodoxa argentina”, asociados con la Triple A.[9]

Elgueta fue testigo presencial del sesgo antisemita de la represión argentina. Casi al año de la desaparición de Luis, Clarita y Cecilia, a las 11 de la noche del 12 de julio 1977, ella fue secuestrada con otra cuñada. “Hacen el clásica operativo de secuestro que se hacía en plena 1977”, resalta. Las metieron, golpeándolas, en autos y las llevaron a un centro clandestino, que con los años lograron identificar como el Club Atlético. Al bajarlas de los autos, “lo primero que escuchamos fue a chilenos que nos estaban esperando. Creo que eran mas de dos”.

“Siguen el procedimiento habitual. Nos sacan los documentos, y nos ponen una letra con número. En el momento del interrogatorio nos desnudan. Llevan a mi cuñada a interrogarla. Me dejan a mi esperando, desnuda y vendada. En un momento siento que traen a dos chicos, bajándolos, golpeándolos bruscamente. La mujer estaba aterrada. Cuando los desnuden se dan cuenta que él es judío. Hacen un festín: ‘Oh, este es un Moishe, mirá vos que sos judío, que bueno te lo vamos a dar; qué bueno que tenemos otro en nuestros manos!’

“En un momento hubo un silencio. Yo me di cuenta que estábamos los tres solos y se produjo un gesto muy lindo. Yo tosí; él tosió, y ella tosió. Nos comunicamos así. No supe nada mas de ellos. Deben estar desaparecidos, muertos”.

En todo momento estaba presente por lo menos un chileno, escuchando, mientras la interrogaban. Benito José Fioravanti, perteneciente a un sector de católicos fundamentalistas de corte nazista, posteriormente es sindicado como el jefe del centro de torturas Atlético. “La participación de Fioravanti con chilenos está comprobado a través de mi caso en 1977”, afirma Laura Elgueta. Reitera, “Pienso que no es casual que estos personajes”, quienes propiciaron crueldad especial hacia los judíos, hayan participado en Operación Colombo y eligieran los nombres judíos.

El operativo inició el 16 de abril 1975 con el hallazgo en un estacionamiento subterráneo de Buenos Aires de un cuerpo quemado y mutilado hasta ser irreconocible, acompañado por carteles atribuyendo el muerto a un ajuste de cuentas entre combatientes del izquierda. Al lado del cuerpo se encontró intacto un carnet de identidad chilena con nombre del ingeniero David Silberman Gurovich, gerente de Cobre-Chuquicamata. Hacía seis meses que Silberman había sido raptado desde la Penitenciaria de Santiago, en un despliegue operativo, explicado por el Ministerio del Interior como un secuestro por el MIR.  Posteriormente, testigos declararon haber estado presos junto a él en el centro de tortura de calle José Domingo Cañas 1367 en Santiago en octubre de 1974[10].

Este modus operandi se repetiría en julio con la aparición de tres cadáveres más, también carbonizados, acompañado nuevamente por carteles, aludiendo al MIR y los carnets de identidad chilenos, correspondientes a Luis Guendelman, Jaime Robotham y Juan Carlos Perelman.

Los días 12 y 16 de julio familiares leyeron con estupor e incrédulos las portadas de El Mercurio, La Tercera, y Las Ultimas Noticias. Bajo el título “Sangrienta Vendetta Interna Hay en el MIR,” el reportaje de Las Ultimas Noticias daba cuenta que Luis Alberto Wendelmann Wisniack y Jaime Eugenio Robostam Bravo, “reclamados por organismos internacionales tales como la Amnesty y otros grupos de supuestas tendencias humanitarias […] Pero ahora resulta que aparecieron ultimados por sus propios compañeros extremistas en el vecino país”.

Luis Guendelman, detenido el 4 de septiembre 1974 en su casa, fue visto en el centro de detención secreto de calle Londres 38 el día después de su detención, y en Cuatro Álamos el 26 de septiembre. En Cuatro Álamos le contó a los presos con quienes compartía celda que estuvo torturado en Villa Grimaldi. En noviembre y diciembre 1974 fue internado en el Hospital Militar, y luego regresó a Cuatro Álamos donde, en febrero de 1976 un preso le escuchó cantar el tango “Adiós muchachos compañeros de mi vida”.[11] En ese lugar fue visto con vida por última vez.

El 31 de diciembre del 1974 Jaime Robotham compartía un te con su gran amigo y compañero del Partido Socialista Claudio Thauby. Más tarde, cuando iban caminando juntos por Avenida Sucre, un auto se detuvo bruscamente y salta a la vereda Fernando Laureani Maturana, quien conocía a Claudio por haber sido cadete en la Escuela Militar. Diecisiete sobrevivientes del campo de concentración que operó en Villa Grimaldi declararon ante el ministro Alejandro Solís como Jaime Robotham llegó ensangrentado de una herida de la cabeza propiciado al momento de su detención.

Juan Carlos Perelman había sido detenido junto a su pareja Gladys Díaz el 20 de febrero de 1975 y llevados a Villa Grimaldi. El 28 de febrero 1975, ambos fueron incorporados a una fila de presos que subían a un vehículo. De repente, a Gladys la sacaron de la fila.  Nunca más se supo de Juan Carlos.

Los familiares de los cuatro chilenos tuvieron la horrorosa experiencia de viajar a Argentina para conocer los cadáveres encontrados.

En el caso de Luis Guendelman, viajaron a la morgue de Pilar, en la provincia de Buenos Aires, su madre Sara Wisniack y esposa Francisca Hurtado, llevando radiografías de la cadera de Luis. Desde los 10 años cuando lo operaron, tenía un torno de platina. Ningún de los dos cadáveres tenía un platillo en los huesos. Las radiografías dentales tampoco reflejaban la dentadura del cadáver que les mostraron en Pilar.

“La situación era totalmente absurda, afirma Alejandro Guendelman, primo de Luis. “Los cadáveres estaban tan calcinados que no podías contar los dedos de la mano. Sin embargo entre los restos de la ropa habían unos carnets plásticos, un librito verde plástico original, no falsificado, emitido por el Gabinete de Identificación, impresa por la Casa de Moneda. En esa época eran escritos a mano, y esta también. Pero la foto de Luis era de cuando sacó su primer carnet de 10 años. El apellido en vez de estar escrito con “G” estaba escrito con “W”. Como que alguien le entregó un alto de carnet blanco a López Rega o Arancibia Clavel, y lo llamaron por teléfono y le preguntaron ¿Cómo se escribe? Y escribió “W”.  ¿Tu piensas que el Gabinete de Identificación se va equivocar en poner un W en vez de un G?”[12]

Tan burdo era el montaje que a simple vista se desenmascaró a si misma como un fraude.

En esos días llegaban a Chile dos congresistas de los Estados Unidos, a preguntar insistentemente por Luis a solicitud de su hermano Simón Guendelman. También a principios de julio había llegado a Perú el Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas.  Seguían sin autorización de Chile para entrar. Como forma de presión, decidieron instalarse en el país vecino. El 8 de julio el Ministerio de Relaciones Exteriores responde al Grupo.

“La situación en Chile está en sus peores momentos y el Grupo de Trabajo está en Perú. Nosotros contentos que va llegar este grupo”, recuerda Roberto Garretón. “La respuesta de Chile fue fantástica. Dado el estado del peligro por la patria, dice Pinochet, se prohíbe el ingreso. Y visto que no se le permite entrar, más encima el Grupo de Trabajo debe disolverse! Allá flota la lista de los 119.”

El 18 de julio aparece por primera y única vez la Revista Lea que reportea que “60 extremistas chilenos han sido eliminados en los últimos tres meses por sus propios compañeros de lucha” en Argentina y otros países de América Latina, señalando un lista de estas personas.  El 24 de julio sale en Brasil la primera edición en 52 años del diario “O Día de Curitiba”, señalando una nómina de 59 otros nombres de “extremistas chilenos” que habrían muerto en enfrentamientos con policía en Salta, Argentina. La sumatoria de las nóminas de ambos reportajes, ampliamente difundidas por los medios de comunicación en Chile, era 119 nombres.

El 28 de mayo los familiares de muchos detenidos desaparecidos habían presentado un recurso de amparo conjuntos a la Corte de Apelaciones de Santiago y, el 8 de julio lo presentaron ante la Corte Suprema. Ahora la prensa chilena apuntaba a esta nómina para denunciar que jamás fueron detenidos, y el recurso de amparo fue rechazado.

En el campo de detención de Puchuncaví, prisioneros reconocieron en los diarios lo nombres de personas con quienes habían estado en Villa Grimaldi, Cuatro Álamos y otras cárceles secretas. La indignación al constatar que estaban matando a sus compañeros superó el miedo, y 90 presos políticos se declararon en huelga de hambre.

“Gran número de las causas de violaciones de derechos humanos en Chile llevan un mensaje, un mensaje de terrorismo de estado. Este mensaje generalmente es: al enemigo se le trata de esta manera, o sea, de una manera muy cruel”,  señala Juan Guzmán Tapia, ex juez de la Corte de Apelaciones de Santiago.

Es probable que el mensaje de Operación Colombo y de su preludio, iba dirigido también a los chilenos resistentes en Argentina, como Luis Concha. A sus 79 años, Concha, que todavía vive en Argentina, afirma, “Nosotros sabíamos que si nos agarraban aquí en Argentina íbamos a pasarlo mal”.

El ex juez Guzmán recalca: “El segundo mensaje es una orden al Ejército y a las Fuerzas Armadas de como deben ser tratados los enemigos: sin ninguna piedad, sin ninguna misericordia, Qué esta maniobra de desinformación se iniciara con nombres judíos no creo que sea una coincidencia.[13]

En septiembre de 2004 el juez Juan Guzmán Tapia procesó a 16 ex miembros de la DINA por Operación Colombo. En noviembre de 2005, el juez Víctor Montiglio procesó a Augusto Pinochet en Operación Colombo y en mayo de 2008 procesó a 98 jerarcas y ex agentes de la DINA por 60 víctimas de Operación Colombo.

Operación Colombo fue el procesamiento más fácil, afirma el ex juez Juan Guzmán Tapia. “Pinochet dice que es una infamia que personas que se mataron entre ellos en Argentina se les estén achacando al gobierno militar esa responsabilidad. Lo dice con mucha energía, con mucho enojo”.

David Silberman, Luis Guendelman, Juan Carlos Perelman, y Jaime Robotham. Cuatro nombres, nombres de sonido judío, fueron elegidos para descarriar la verdad. Terminan aportando a desvelar una gran mentira, y logrando justicia.

(Extracto del libro “Memoria latente” (Lom Ediciones, 2016). Por Maxine Lowy)

Desde <https://www.elclarin.cl/2021/07/21/cuatro-nombres-en-la-operacion-colombo/>

*N.N. La Operación Cóndor. Memoria y derecho
Primera edición, 2006
© Derechos reservados por Juan Mario Solís Delgadillo
© Universidad Autónoma de San Luis Potosí
Álvaro Obregón 64, Zona Centro
ISBN-970-705-048-9

http://www.desaparecidos.org/arg/doc/

http://www.derechos.org/nizkor/arg/doc/judios.html

La historia de Puntito Recabarren, de sus padres, sus tíos y sus abuelas.Buscando la verdad.

La historia de Puntito Recabarren, de sus padres, sus tíos y sus abuelas.Buscando la verdad.
La desgarradora historia del niño de 2 años que vio cómo desaparecieron sus padres y aún se pregunta por qué él está vivo
  • Carolina Robino y Margarita Rodríguez
  • BBC News Mundo

5 noviembre 2018

La historia de Puntito Recabarren, de sus padres, sus tíos y sus abuelas. Buscando la verdad.

Luis con su madre, Nalvia
Pie de foto,Luis Recabarren con su madre, Nalvia.

«¿Por qué yo sobreviví?» Esa es una de las preguntas que por décadas ha marcado la vida del chileno Luis Emilio Recabarren Mena.

Para entenderla, hay que conocer su historia.

Hace 42 años, cuando él tenía 2 años y medio, perdió en menos de 48 horas a su abuelo paterno, a un tío, a su padre, a su madre y al hermano o hermana que ella llevaba en su vientre.

Corría el año de 1976 y Chile vivía bajo el régimen militar de Augusto Pinochet.

El 29 de abril, cuatro miembros de su familia fueron detenidos durante un operativo de agentes de inteligencia.

Él era uno de ellos.

Todos desaparecieron menos él. Fue el único que sobrevivió. Y aún no sabe por qué.

Luis Recabarren junto a su madre
Pie de foto,Tras el nacimiento de Luis, Nalvia se dedicó al hogar.

Desde entonces, ha intentado reconstruir lo que sucedió ese día y averiguar cuál fue el destino de sus padres, su tío y su abuelo, que sufrió la misma suerte apenas un día después.

Ha hablado con testigos, leído expedientes, buscado sus huellas en fotos. Pero sigue teniendo lagunas.

En un desgarrador testimonio que ofrece desde su casa en Suecia, donde vive desde 1984, Recabarren, nieto de la inagotable activista por los derechos humanos Ana González, quien murió el 26 de octubre, le abre su pasado, sus recuerdos, su dolor, a BBC Mundo.

Y asegura que luchará por saber quién mató a sus padres hasta que se muera.

El fatídico día

El 29 de abril de 1976, Nalvia Mena Alvarado, quien tenía 21 años, se fue con su único hijo, Luis, a buscar a su esposo a su oficina.

Luis Emilio Recabarren
Pie de foto,El padre de Luis, como muchos chilenos, había perdido su trabajo por sus simpatías con la izquierda. Por eso, se convirtió en un emprendedor y se «ganó la vida» como diseñador gráfico.

Luis Emilio Recabarren tenía 29 años y trabajaba en un barrio céntrico de Santiago.

En el camino de regreso, la familia se encontró con uno de los hermanos del padre, Manuel Guillermo, y los cuatro partieron rumbo a la casa de los abuelos paternos, Ana González y Manuel Recabarren.

Desde su nacimiento, «Puntito», como le decían a Luis cariñosamente, vivió con sus padres y sus abuelos en esa vivienda.

«Nos capturaron bajándonos del autobús«, relata.

«Llegando al paradero 16 de Santa Rosa, había un operativo con tres automóviles estacionados. Nos estaban esperando».

«Cuando mi padre vio que agarraron a mi madre, que me tenía a mí, intentó hacer algo. Pero lo golpearon y a ella le pegaron en el estómago con un fusil. Después nos metieron en uno de los vehículos y los tres automóviles salieron a toda prisa».

El abandono

El mismo día de la detención, Luis fue separado de sus padres.

Manuel Guillermo Recabarren
Pie de foto,Manuel Guillermo Recabarren tenía 22 años cuando fue detenido. Durante la entrevista, Luis lo llama cariñosamente «mi tío Mañungo».

En algún momento alguien lo subió a un vehículo negro y lo dejaron a una cuadra de la casa de sus abuelos paternos.

«Me dejó botado en la calle en pleno toque de queda. Una vecina me oyó llorar, se asomó y dijo: ‘¡Es el Puntito!’. Salió, me cargó y me llevó a donde mi abuela».

Al día siguiente, el 30 de abril, su abuelo paterno salió muy temprano a buscar a sus hijos y a su nuera.

Nunca regresó. También despareció.

Desesperada, su abuela Ana González fue a buscar a la madre de Nalvia, Ernestina Alvarado, para contarle lo que había pasado.

Así comenzó la búsqueda incansable de sus abuelas por sus padres, su abuelo y su tío.

El silencio

Después de ser llevado a su casa, «Puntito» no pudo hablar por un mes.

Manuel Recabarren
Pie de foto,Manuel Recabarren, el abuelo de Luis, tenía 50 años cuando desapareció.

Su crianza pasó a manos de su abuela materna, Ernestina. A Ana la visitaba frecuentemente y se convirtió en una figura constante y amada en su vida.

«Me quedaba dormido llorando todas las noches», cuenta.

«Echaba de menos a mis padres. Ellos me dieron mucho amor. Sentía que no era mi casa, que debía estar en otro lugar, que eso era algo temporal, por eso pensaba que no debía molestar. ‘Debo comerme toda la comida, debo portarme bien’, me decía».

Confiesa que, pese al amor de sus seres queridos, se sentía huérfano y en ocasiones intentó escaparse de casa.

Sus familiares nunca intentaron disfrazar lo que había ocurrido con sus padres.

«Todo el tiempo estuvieron con la verdad cruda, real, sin esconder nada, con el objetivo de procesarla».

«¿Qué hizo mi mamá para que me dejaran?»

Cuando aprendió a leer, trataba de entender la información que había «afuera» sobre las torturas y los abusos del gobierno.

Luis Recabarren junto a su madre
Pie de foto,Sus padres, le contaban sus abuelas, «se querían mucho» y estuvieron felices con su nacimiento.

Empezó a preguntarse: «¿Le habrá pasado eso a mi mamá? ¿Le hicieron esas torturas? ¿Le pusieron electricidad a mi papá, a mi abuelo, a mi tío? ¿Qué les pasó en los últimos momentos?»

Y surgieron preguntas muy poderosas que hasta hoy lo intrigan:

«¿Por qué yo sobreviví?»

«¿Qué hicieron ellos para que me soltaran?«

«¿Qué hizo mi mamá para que me dejaran?»

«Y es que en esa época mataban a niños también».

Luego, a través de los testimonios de testigos «se supo que fueron llevados al campo de tortura de (Villa) Grimaldi y después los trasladaron a otros lugares. Ahí se perdió su rastro. Algunos dicen que los mataron y que los lanzaron al mar«.

La decisión de partir

Bajo el cobijo de un sector «solidario» de la Iglesia católica, sus abuelas y otras madres y familiares de desaparecidos se empezaron a reunir.

Así, le dieron vida a la emblemática Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD).

Miembros de la AFDD en una manifestación encadenadas
Pie de foto,Miembros de la AFDD en una de las tantas manifestaciones pacíficas que han organizado desde su creación. Ana González es la segunda de derecha a izquierda.
Manifestación 9 de junio 2017
Pie de foto,Año tras año, la AFDD empezó a recibir más y más familiares que, como Ana y Ernestina (ninguna en la foto), buscaban a sus seres queridos. «¿Dónde están?» ha sido una de las consignas de la organización. Esta manifestación se celebró el 9 de junio de 2017.

Ana y Ernestina llevaban a Luis a los encuentros y allí era feliz con otros niños que estaban pasando por tragedias similares, pero de las cuales no hablaban entre sí. Sólo querían jugar.

«Corríamos por los pasillos y los patios de la Vicaría de la Solidaridad, que quedaba en el centro de Santiago. Me sentía especial cuando me llevaban allá».

Pero la hora de abandonar Chile había llegado. Tenía 11 años.

«A finales de 1984, cuando mi familia materna quedó destruida, mis otros tíos cayeron en campos de detención y fueron torturados», dice.

Su abuela Ernestina no vio otra opción que llevárselo a él y a otras nietas a Suecia.

«¿Y si aparecen?»

Ernestina lo empezó a preparar para la partida. Le habló de Suecia, de sus bosques, de sus parques, de su socialdemocracia, de sus derechos civiles.

Volante con las fotos de Luis, sus padres, su tío y su abuelo
Pie de foto,Desde que desaparecieron, las familias de Luis no escatimaron esfuerzos por buscarlos.

Y eso, más la experiencia de montarse en un avión por primera vez, lo entusiasmó, pero le surgió otra interrogante:

«¿Y si aparecen mis padres? Yo tengo que estar aquí porque a lo mejor no me van a encontrar«, cuenta.

«Pensaba, soñaba que volverían y quería estar ahí cuando eso sucediera».

Pero se fueron.

«Te traeré un regalo'»

A Recabarren se le rompe la voz cuando nos cuenta el momento en que se tuvo que despedir de «un amigo del alma», un niño que vivía en el vecindario.

Luis Recabarren junto a su abuela Ana González
Pie de foto,Luis abandonó Chile siendo un niño, regresó pocos años después para visitar a sus seres queridos, entre ellos su abuela amada, Ana González.

«Le prometo a Sergio volver…»

A esa oración le sigue un silencio.

«Y…»

Más silencio.

«Le decía: ‘Te prometo volver a Chile y te traeré un regalo’. Lloramos mucho hasta que nos despedimos».

Odio a Chile por lo que me ha causado y, al mismo tiempo, amo a Chile»

Luis Recabarren

De camino al aeropuerto, recuerda «el dolor tremendo de dejar a parientes que trataron de compensar la desaparición (de mis padres) con mucho amor».

«Era la tristeza de abandonar mi país (…) de saber que iba a tener sólo a una abuela», indica.

Suecia

En la nación europea comenzó una nueva vida, aunque con el mismo dolor.

Luis junto a su esposa Sara.
Pie de foto,En Suecia, Luis conocería el amor de pareja: Sara.

«Seguía quedándome dormido llorando, pero en silencio para no molestar».

«Era un luto perpetuo, pero trataba de estudiar, aprender el idioma, empecé clases de natación, hacía deportes».

Cuenta que llegó a Estocolmo, donde ya había una comunidad chilena que sabía quién era.

«Era mi pueblo, mi gente, recibí un cariño enorme. Los padres sabían la historia, pero sus hijos no».

Un hermano

«¿Cuando eras niño, alguna vez llegaste a racionalizar que pudiste haber tenido un hermanito o una hermanita y que también se lo llevaron?» le preguntamos.

Luis, junto a su abuela materna y una prima
Pie de foto,»Aquí estoy con mi abuela materna y mi prima hermana Tania Blanco», cuenta Luis.

«Todo el tiempo, todo el tiempo», dice.

Y con la voz entrecortada continúa: «Me di cuenta de que esa pizca de esperanza, que seguía haciendo crecer, no me estaba dejando vivir, no me estaba dejando pensar».

«Como niño pensaba con ilusión: ‘¿Será? Quizás tengo un hermano‘. En Suecia crecí con mis primas, por eso me preguntaba: ‘¿Tendré un hermano, tendré una hermana?'»

Soñaba que abrazaba a mi madre por la cintura»

Luis Recabarren

En las noches, cuando dormía, venían los sueños con sus padres.

«Soñaba que abrazaba a mi madre por la cintura».

Cuando cumplió los 29 años, la edad en que su padre desapareció, se preguntaba cómo habría sido la relación con él si nada hubiese pasado: «¿Seríamos buenos amigos?«

«Los amigos de mis padres me dicen que me parezco mucho a mi madre y que también tengo una pizca de mi padre».

La venganza que no llegó

«¿Recuerdas en qué momento te diste cuenta que no volverías a ver a tus padres?», indagamos.

Luis Recabarren
Pie de foto,Luis siente que es un «deber» compartir su historia, especialmente para la nueva generación de chilenos y latinoamericanos.

«Fue un proceso largo», responde. Llegó a su fin en Suecia.

(…) ese odio te carcome y no vas a poder celebrar que eres el sobreviviente de tus padres. Y eso lo tienes que contar»

Ernestina Alvarado, abuela materna

«Cuando lloraba en las noches, empecé a aceptar la desaparición perpetua y a pensar que fueron asesinados, que los habían tirado en el mar. Que pasaron por cosas crueles».

«Luchaba contra mí mismo, me decía: ‘Me tengo que vengar, tengo que ser un guerrillero, tengo que encontrar a los culpables'».

Cuando se lo dijo a su abuela, ella se enojó mucho y le dijo:

«¡No, no, no! Eso es lo que ellos quieren, ese odio te carcome y no vas a poder celebrar que eres el sobreviviente de tus padres. Y eso lo tienes que contar, tienes que contar lo que pasó».

Poco a poco, en plena adolescencia, «entendió» que «ahora ellos estaban en paz«.

«Y que yo tenía que encontrar mi centro, mi balance, para poder tener una vida».

Manifestación en Santiago el 8 de septiembre de 2013
Pie de foto,Cientos de familias, como la de Luis, siguen buscando respuestas sobre lo que sucedió con sus seres queridos. Esta manifestación se celebró a 40 años del golpe de Estado, en Santiago de Chile.

Desde esa perspectiva de amor y de búsqueda de justicia que le inculcaron sus abuelas, decidió encarar su vida.

También la enfrentó con algo que sus padres disfrutaban: el arte, la música, el ballet. Estudió en la Royal Swedish Ballet School, se convirtió en bailarín profesional e hizo presentaciones en varios países.

La reconstrucción de los hechos

Recabarren conoce algunos detalles de lo que sucedió el 29 de abril de 1976 porque hubo varios testigos en las fases de la detención y la desaparición de sus padres y su tío.

Salvador Allende
Pie de foto,Luis nació el 27 de octubre de 1973, pocas semanas después del golpe de Estado que derrocó al gobierno de Salvador Allende., a quien se ve en esta foto saliendo del palacio presidencial de La Moneda, en pleno golpe.

«Eso es lo que uno lee en los testimonios que se recogieron y en lo que dice el informe Rettig, que recopila cada caso«, indica.

El Informe Rettig fue realizado por la Comisión de Verdad y Reconciliación, un órgano creado con la llegada de la democracia para investigar las violaciones a los derechos humanos durante el pinochetismo.

En 1991, ese informe, que sólo contabilizó desapariciones y ejecuciones, reconoció 2.279 muertes a manos de agentes del Estado.

Un recuerdo «muy fuerte»

Más allá de lo que ha leído e investigado y de lo que le han contado, Luis asegura que, pese a su corta edad, hay algo que recuerda del día en que vio a sus padres y a su tío por última vez.

Soldados golpistas arrestan a guardaespaldas de Allende
Pie de foto,En esta imagen se observa a un grupo de soldados golpistas al momento de arrestar a guardias de seguridad del presidente Allende, en septiembre de 1973.

Y lo logró evocar tras recibir ayuda psicológica enfocada en personas con estrés postraumático crónico en la Cruz Roja de Suecia.

«La psicóloga me ayudó a sacar un recuerdo en el que veo a mi madre muy cerca de mí, hablándome, y detrás de ella hay un cuerpo en el suelo. En la puerta hay otro hombre, está parado. No sé si es mi papá o mi tío, está tratando de ver lo que pasa afuera. Estamos en una habitación».

Ese cuarto, él cree, fue el lugar donde los tuvieron detenidos.

«¿En ese recuerdo cómo ves a tu mamá?», le preguntamos.

«Se veía como un ángel», responde. «Es un recuerdo que tengo muy, muy fuerte».

¿Por qué sus padres?

Cuando le preguntamos a Luis por qué cree que sus padres fueron detenidos, reflexiona sobre su nombre.

Luis Recabarren junto a su abuela Ana González
Pie de foto,Luis junto a su abuela Ana González y su tía Patricia Recabarren.

«Luis Emilio Recabarren Serrano (1876-1924) fue el fundador del Partido Obrero en Chile hace unos cien años (1912). No sé si somos parientes o no. Nunca ha sido relevante para mí».

Pero más allá de esa posible asociación que los agentes pudieron haber establecido, su padre fue dirigente sindical.

«El padre y los hermanos de mi mamá fueron dirigentes sindicales. Todos eran idealistas, fueron una generación con potencial político que querían un cambio en la sociedad».

El objetivo del gobierno, dice, era romper las familias que tenían una postura política contraria. «Ellos querían matar ideas, (hacer) un genocidio político».

Sus padres militaban en el Partido Comunista. «No eran violentos, no eran terroristas. Sólo querían transformar la sociedad, luchar por la igualdad».

Haciéndose la imagen de sus padres

Luis sabe que sus papás «se enamoraron en un Congreso del Partido Comunista».

Luis Recabarren junto a su hija
Pie de foto,Luis junto a su hija cuando era pequeña.

Así se lo contaron sus abuelas y sus tíos.

«Mi papá era bien carismático, recibía mucha atención de las muchachas. Pero al principio mi mamá no le daba ni bola porque sabía cómo era», cuenta entre risas.

Desde la adolescencia, Nalvia «se oponía a las desigualdades», le gustaba ayudar a la comunidad y «no era de las que esperaba a que alguien viniera a resolver los problemas de la comuna».

«Tengo la impresión de que mi madre era muy delicada. Cantaba en el coro del liceo francés, dibujaba, tenía cualidades artísticas».

Tanto a su padre como a su madre les gustaba mucho el ballet. Le cuentan que ella escuchaba música clásica cuando lo llevaba en el vientre.

Ambos eran delgados y muy altos «para el promedio de los chilenos». Él mismo mide 1,86 metros.

«Hasta que yo muera»

En una entrevista de Recabarren con la periodista Ivonne Toro del periódico chileno La Tercera, publicada el 29 de octubre, dice que necesita saber quién fue el que mató a su madre.

Luis Recabarren junto a su familia.
Pie de foto,Con sus hijos, Luis aprendió lo que es el amor incondicional entre padres e hijos.

«Hasta el día de hoy no tengo información concreta sobre cómo fue la operación contra mis padres ni quiénes estuvieron involucrados», le indica a BBC Mundo.

«No se ha podido saber toda la verdad plena«.

«Toda mi vida, hasta que yo muera, voy a buscar la verdad sobre lo que pasó. No voy a parar. Y si muero, mis hijos la buscarán. Esto va de generaciones. Es incansable».

Está casado con la periodista sueca Sara Recabarren y tiene tres hijos de 7, 11 y 15 años. Con ellos aprendió lo que realmente es el amor incondicional.

«Mientras yo sea fuerte, ellos serán fuertes», dice.

«Ellos van a seguir la lucha. Mi inclinación como padre es protegerlos, pero sé que podrán transformar todo este dolor en algo positivo».

«Un deber»

Recabarren dice que mientras se sienta con fuerza seguirá contando su historia. Pero no es fácil.

Ana Gonzalez
Pie de foto,Ana González, con su inolvidable carisma y entrega por el movimiento en busca de los desaparecidados chilenos, en una ceremonia celebrada el 9 de septiembre de 2013, en el Museo de la Memoria de Santiago de Chile, en honor a las víctimas del régimen militar.

«Mis tíos que sobrevivieron torturas tienen mucha dificultad para hablar sobre lo que les pasó, incluso con sus propios hijos».

«Ahora que mi abuela paterna no está, lo tengo que hacer. Es un deber».

«Para mí Chile es una paradoja: odio a Chile por lo que me ha causado y, al mismo tiempo, amo a Chile porque soy de allá, porque es mi pueblo y porque después de la muerte de mi abuela siento su solidaridad, su cariño».

Hijos del exilio: las historias cruzadas que marcaron a los ministros de Boric

Hijos del exilio: las historias cruzadas que marcaron a los ministros de Boric
Hijos del exilio: las historias cruzadas que marcaron a los ministros de Boric

Juan Manuel Ojeda y Carlos Said28 ENE 2022 10:26 PMTiempo de lectura: 16 minutos

El gabinete del presidente electo comparte experiencias vitales comunes. A siete futuros secretarios de Estado les tocó abandonar el país en pleno régimen militar, porque las vidas de sus padres corrían peligro. A algunos les tocó Cuba, a otros Suecia, Guatemala, Canadá o Reino Unido. Pese a que cada país tiene sus particularidades, todos coinciden en lo mismo: parte de lo que son hoy lo aprendieron de aquella época en que, siendo niños o adolescentes, tuvieron que partir de cero, a veces con miedo, otras con alegría y lejos de sus familias.




1. Dejar Chile atrás

Faltaban solo 16 días para que Maya Fernández estuviera de cumpleaños. En aquella época la actual diputada socialista era una niña que se preparaba para su segundo año de vida. Lo que iba a ser una fiesta, de pronto se rompió abruptamente. El 11 de septiembre fue el golpe de Estado y la futura ministra de Defensa debió partir junto con sus padres rumbo a Cuba.

Su madre era la médica Beatriz Allende y su padre, el diplomático cubano Luis Fernández Oña, quien formó parte del Departamento América del Partido Comunista cubano, a cargo de la relación del régimen castrista con los partidos y movimientos de izquierda latinoamericanos.

“Mi mamá tenía un embarazo de siete meses. Mi hermano nació en noviembre, en Cuba. Siempre he pensado en lo duro que debe haber sido para ella perder a su padre en La Moneda y, además, haber estado embarazada. No debe haber sido nada de fácil”, dice Fernández.

La familia llegó a La Habana en avión y cuatro años después su mamá se suicidó. En ese momento ella quedó a cargo de Mitzi Contreras, amiga de la madre de la actual parlamentaria: “Por eso yo digo que la vida me regaló dos madres”.

La médica Begoña Yarza es siete años mayor que Fernández, pero a las dos las une una misma experiencia. La futura ministra de Salud también se vio obligada a vivir en el exilio. “Mi papá (Simón Yarza) era alcalde de Rengo. Lo tomaron preso en septiembre de 1973, le dieron un Consejo de Guerra y lo condenaron con la pena de extrañamiento. En 24 horas las Naciones Unidas lo tenían que sacar del país”, explica quien será la próxima titular del Minsal.

Yarza tiene un recuerdo potente de aquella época. “Nos llevaron en un camión militar a un avión Air France por la pista de aterrizaje. Cuando nos subimos, el capitán se acercó a la escalera y en francés le dijo a mi papá que estaba honrado de que él subiera y que estaba pisando territorio libre del fascismo. Seguramente para mi papá debe haber sido algo muy bonito, que alguien lo mirara con una dignidad distinta. Él era un hombre formidable. Yo era chica, pero vi esa escena y me pareció hermosa, porque reconocí lo que era darle a otro dignidad”, recuerda emocionada. Los Yarza pasaron por Buenos Aires y Lima, para luego terminar en 1974 en La Habana.

Maya Fernández, cuando tenía dos años, junto a su madre Beatriz Allende. Habían llegado hace poco a Cuba.

A la abogada Antonia Urrejola también le tocó ser hija del exilio. En su caso, su experiencia fue a más de siete mil kilómetros de distancia de Cuba. La futura ministra dice que pese a ser una niña de seis años tenía conciencia de lo complejo de la situación del país: “Antes de que mis papás partieran, mi casa fue allanada varias veces. Mi padre estuvo detenido por tres meses en Tejas Verdes. Una vez llegaron los militares a la casa y se llevaron a mi mamá a Villa Grimaldi”, recuerda Urrejola.

Su padre, Carlos Urrejola, era economista, arqueólogo y trabajaba en el Pedagógico. Su madre, María Inés Noguera, era profesora de un colegio particular. Ambos no eran militantes activos, apoyaban a la Unidad Popular, pero tenían contactos en el MIR y el Partido Socialista.

“Recuerdo cuando mi papá volvió de su detención. Tengo la imagen de él volviendo a la casa de manera sorpresiva. Lo recuerdo muy flaco, con el pelo largo y barba. Cuando lo vi me dio miedo, mucho miedo”, recuerda la abogada.

Los Urrejola llegaron como refugiados políticos hasta Hull, una ciudad al norte de Inglaterra, en el condado de Yorkshire. Seis meses después llegó la futura canciller, de entonces seis años, junto a su hermana de 14 y su otro hermano de nueve. En Chile se había quedado con unos tíos y recuerda que ellos le compraron un vestido: “Querían que llegara bonita al reencuentro. Lamentablemente, de ese momento no me acuerdo mucho más, lo tengo súper borrado”.

La historia de Flavio Salazar, el próximo ministro de Ciencia, también fue en Europa. Su vida iba a ser otra. Nació en Buenos Aires en 1965 y su familia volvió a Chile en 1971. Estudió en el Colegio Salesianos Alameda y en 1984 entró a Veterinaria en la Universidad de Chile.

Pero ese año, marcado por las protestas contra la dictadura, las cosas cambiaron. Su padre, que era parte del sindicato de Pizarreño y militante del Partido Comunista, pidió asilo en Suecia y se lo llevaron en diciembre, poco después de que el general Augusto Pinochet decretara un estado de sitio en todo el país.

Salazar tuvo que dejar su carrera para seguir, junto a su familia, a su padre. “Nos mandó a buscar, y nos reunificamos allá a principios de 1985. Llegamos a Estocolmo y nos enviaron a un campamento de refugiados, pero que en realidad eran departamentos en una ciudad al interior de Suecia, que se llama Köping”, relata el académico. La ciudad era pequeña, pero existía una fábrica de Volvo, donde su padre encontró trabajo como técnico automotriz.

Antonia Urrejola junto a sus padres y hermanos en Hull, al norte del Reino Unido. En la foto, la futura canciller es la cuarta de izquierda a derecha.

La nueva ministra del Deporte, Alexandra Benado, nació en mayo de 1976, en Estocolmo, debido al exilio de sus padres. Pero la distancia no cortó los lazos con Chile, sobre todo en el caso de su madre, Lucía Vergara, militante muy activa del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), para quien el destierro no era un obstáculo para luchar contra Pinochet.

Sus padres habían llegado poco antes a Suecia, en 1975, y luego de que ella nació, la familia se trasladó a Cuba, quizás en un intento de la madre de acercarse al país. Según una columna que publicó esta semana Miguel Orellana Benado, primo del padre de la futura ministra, luego la abuela de la próxima ministra se la llevó a Guatemala para protegerla.

Sus padres volvieron escondidos a Chile, en el marco de la “operación retorno” del MIR, que buscaba reunir guerrilleros para derrocar a Pinochet. El 30 de agosto de 1983, un comando mirista asesinó al intendente de Santiago, Carol Urzúa, desatando la ira de la autoridad. La CNI comenzó una cacería contra los militantes del MIR y dieron con ellos. En una casa en Las Condes, ubicada en la calle Fuenteovejuna, detectaron la presencia de tres miristas que estaban escondidos, entre ellos Lucía Vergara.

Usando un jeep con una metralleta calibre 50, la patrulla de la CNI acribilló a los miristas y provocó el incendio de la casa. Luego, el régimen afirmaría que había sido un enfrentamiento, en un patrullaje de rutina. La Comisión Rettig acreditaría más tarde que se trató de un montaje.

Antonia Urrejola junto a su madre, María Inés Noguera, en Reino Unido.

La futura ministra de Justicia, Marcela Ríos, también tuvo una experiencia parecida, pero en Canadá. El 14 de febrero de 1981 fue el día en que Ríos y su familia se fueron de Chile. Querían dejar atrás los años de miedo, tristezas y pobreza que vivieron con la dictadura y, sin saber lo que les esperaba, viajaron más de 10 mil kilómetros para buscar una nueva vida.

En Santiago vivían en la población Santa Olga, en Lo Espejo, y en los años de Allende su padre era presidente de la Junta de Vecinos y de la JAP, la unidad local que administraba alimentos entre los vecinos. Eso le traería consecuencias durante ocho años.

“Después del golpe, estuvo preso un rato y nunca más pudo encontrar trabajo, por lo que decidimos irnos de Chile por una mezcla de persecución y una situación económica desmejorada”, relata Ríos. El viaje lo lograron gracias a un programa de refugiados que tenía el gobierno canadiense y a la ayuda de unas monjas.

2. Aprender a vivir en otro país

Maya Fernández está convencida de que su vida en Cuba no fue especial. De hecho, repite más de una vez que fue algo “muy normal, muy de la cotidianeidad de cualquier niño o joven”. En La Habana estudió en un colegio público que era internado: “Había una escuela donde muchos hijos e hijas de exiliados llegaban allí. Nosotros estuvimos internados, fue toda una experiencia de vida. Ahí hice mis primeros amigos de la vida”.

Fue compañera de una hija de Silvio Rodríguez y también de algunas de las hijas de Pablo Milanés. “Extraño esa época, era un momento en que la vida se hacía mucho en la calle, jugábamos ahí a la cuerda. Había muchas actividades, mucho interés por encontrarnos”, dice la próxima ministra.

Para ella si hay algo que le recuerda su niñez y juventud en La Habana es el mar: “El mar siempre ha sido importante en mi vida y cuando lo veo, me provoca esas sensaciones de volver a aquella época”.

Maya Fernández junto a Mitzi Contreras, a quien considera su segunda madre. En la foto, la próxima ministra de Defensa es la primera de izquierda a derecha.

Esa misma sensación es compartida por Begoña Yarza. Quizás las dos no compartieron muchos momentos, pero sí las une ese gusto por el océano. “Me gustaba mi barrio, yo vivía en Alamar, estaba en la playa, era un barrio popular. Era una ciudad donde convivía gente muy diversa. Ahí me crié, me gustaba mucho”, comenta la médica.

Yarza siempre estuvo conectada a Chile a través del Comité de Solidaridad. Desde ahí fue reconocida por ser una experta en bailar cueca, lo que hacía en cada peña que se organizaba.

Antonia Urrejola estuvo en Hull desde 1975 hasta 1981. La futura canciller aprendió a vivir en una ciudad en la que recién estaban llegando extranjeros. No sabía nada de inglés y en su escuela ni siquiera sabían lo que era Chile. Algunos profesores la discriminaron por venir de Latinoamérica, pero otros, dice, la acogieron “con amor”.

En Suecia, Flavio Salazar, el futuro jefe de Ciencia, trató de insertarse en el país que lo recibió y se mantuvo realizando actividades con la comunidad chilena: “La principal labor que me tocó fue trabajar en grupos juveniles, hacíamos cosas culturales en el Centro Juvenil Pablo Neruda”.

La vida nórdica iba segura y sin contratiempos, hasta que fue asesinado el primer ministro sueco Olof Palme, en febrero de 1986, el mismo cuyo gobierno les había abierto las puertas del país.

“Eso fue un golpe muy fuerte para todos los refugiados. Fue muy doloroso, un asesinato inesperado en un país tan tranquilo como Suecia”, dice. En esos años, estaba llegando una segunda oleada importante de chilenos al país, “y nos cobijamos unos con otros. Pero luego me tuve que ir a estudiar, y mantuve los contactos con la comunidad chilena que había llegado antes”.

Marcela Ríos junto a su familia, el día en que se despidieron de sus conocidos y partieron a Canadá. En la foto, la futura ministra de Justicia es la tercera de izquierda a derecha, justo al medio.

A Canadá, Marcela Ríos llegó con 13 años. El gobierno los aceptó y los envió a Saskatoon, una ciudad de la provincia de Saskatchewan, que tenía 200 mil habitantes. Ahí también había otras 200 o 300 familias de chilenos, con quienes su familia forjó lazos.

Ingresó a un colegio sin saber hablar inglés, pero en septiembre ya estaba cursando su enseñanza regular. Pero pronto también empezó a trabajar como mesera en un mall y en una fábrica de costuras, algo que allá es común entre los adolescentes. Desde ahí en adelante, a los 15 años, no ha parado de trabajar.

También se involucró con la comunidad chilena. “Participé en grupos folclóricos y hacíamos clases de español para que a los niños más chicos no se les olvidara el idioma. Incluso, había gente de mi edad, que se había ido a Canadá muy chica, por lo que hablaban mal español”, recuerda.

Luego se trasladó a Toronto, a estudiar un bachillerato sobre Sociología y Estudios Latinoamericanos y del Caribe en la Universidad de York, para luego trasladarse a México, en 1992, a cursar una maestría en Ciencias Sociales en la Flacso.

3. Volver a Chile

Para Begoña Yarza su paso por Cuba marcó su ADN como persona y como médica. En 1988 fue escogida para representar a los exiliados de La Habana en Chile en un “congreso de jóvenes exiliados para recordarle a Chile que había un grupo de jóvenes y niños que habíamos salido al exilio y que no teníamos derecho a votar”. En Santiago vivió el plebiscito. La energía y esperanza cuando ganó el No la llevó a tomar una decisión: “Opté por terminar la carrera de Medicina y devolverme”.

Como trabajadora de la salud formada en Cuba, asegura que es imposible que su visión del sistema no esté inspirado en ese modelo: “Esta mirada que tiene el sistema sanitario cubano acerca de la salud, que tiene que ver con el abordaje universal, muy cercano a la gente, muy basado en la atención primaria, por cierto que está impregnado en mi ADN, en mi formación”.

Maya Fernández no hizo toda su carrera universitaria en Cuba. Alcanzó a hacer un año de Biología y luego, a los 20 años, se subió a un avión y llegó a Chile. De inmediato entró a la Universidad de Chile y ese hito marcó la nueva relación con el país: “Yo no tenía amigos, no conocía las calles, no tenía un pasado en Chile. Por lo tanto, todas mis relaciones se construyeron desde que entré ahí. Eso fue muy importante”.

Antonia Urrejola llegó de seis años y se fue de 12 desde Hull hasta Chile. Al igual que sus compañeros de gabinete, el exilio que le tocó vivir por sus padres configuró su carrera de abogada. “Creo que ver de cerca lo que implican las violaciones a los derechos humanos y las rupturas democráticas, sus efectos devastadores en las vidas de tantas personas me marcó en mi opción de estudiar Derecho, por dedicarme a los derechos humanos y en tener empatía con las víctimas de violaciones a los derechos humanos”.

A Hull volvió dos veces. La primera vez lo hizo embarazada de su primer hijo y con su marido, Cristián Franz: “Fue impactante, porque miré todo desde la posición que deben haber tenido mis padres. Llegar al norte de Inglaterra, lejos de Santiago, el sol y la familia, a cargo de tres hijos y llenos de incertidumbres debe haber sido durísimo”. Urrejola cuenta que cuando se fue de Hull a Londres no paró de llorar: “Fue un viaje precioso de reencuentros, pero también desgarrador, porque me puse en los zapatos de un papá y una mamá que partieron a un país, a una ciudad desconocida”.

Antonia Urrejola, la niña de la foto, camina junto a su madre y su abuela materna por Hull.

Ese mismo viaje luego lo hizo con sus dos hijos mayores. Les quiso mostrar lo que fue su infancia, que supieran más de su vida y la de sus abuelos. “Ese viaje fue como cerrar el círculo. Fue reparador”, concluye Urrejola.

En el caso de Flavio Salazar, la distancia no lo ha alejado de Suecia. Al contrario, pareciera que sus lazos con la nación escandinava se hicieron más fuertes. Acá en Chile formó una plataforma de colaboración académica con Suecia, que reúne a cientos de investigadores.

Además, mantiene lazos con la embajada, continúa en contacto con sus amigos de la época de estudios y, más importante que eso, sus hijas se fueron para allá una vez que terminaron el colegio y ahora viven en Noruega. “Estoy todavía muy conectado con Suecia”, dice Salazar, por lo que viaja a ese país una vez al año.

Cuando estudiaba allá, ingresó a las Juventudes Comunistas, y continuó militando en el PC una vez que llegó a Chile. “Ahí he estado todos estos años, con diferentes posiciones, pero nunca me ha tocado trabajar en las estructuras partidarias, por las responsabilidades académicas y dentro de la universidad”, señala.

Flavio Salazar, futuro ministro de Ciencia, posando para una foto en Suecia, en los años 80.

Al terminar sus estudios universitarios, Marcela Ríos decidió volver a Chile en 1995. El resto de su familia tomó la misma decisión y hoy se encuentran reunidos en el país, excepto su hermano, que se quedó en Vancouver. El último en regresar fue su padre, hace apenas tres años, cuando jubiló.

Pero Marcela Ríos dice que sus lazos con el país que la recibió no son tan fuertes: “Nunca me integré del todo a la sociedad canadiense. Tenía amigos, pero tenía más redes con la comunidad de latinos, porque había muchos latinoamericanos en Canadá. Mis amigos eran chilenos, salvadoreños, colombianos, ecuatorianos y argentinos”.

“Mis grandes amigos de la vida los hice en México, también en Canadá y en mi doctorado que hice en Estados Unidos. Acá en Chile es común que uno se junte con sus amigos del colegio o la universidad. Yo no tengo eso, porque mis amigos del colegio y la universidad están repartidos por todo el mundo”, relata la socióloga.

El camino de Alexandra Benado fue distinto. Se desarrolló en el ámbito deportivo, partiendo en el período en que estuvo en Cuba, y continuó cuando volvió a Chile en 1990. Formó parte de la selección nacional femenina de fútbol y fue capitana del equipo que obtuvo para Chile el tercer lugar en la Copa América en 2010.

Por razones lógicas, la muerte de su madre la marcó y, para honrarla, comenzó un trabajo de memoria en el sitio Londres 38. Uno de los últimos recuerdos que tiene de ella es una carta que le envió, poco antes de ser asesinada, que decía: “Porque hubimos muchos que nos tomamos de las manos y a pesar de los hijos presos, muertos o torturados, a pesar de los hijos solos o lejos, fuimos acumulando penas, alegrías y fuerza, y todo eso se convirtió en libertad y el sol volvió a brillar”.

El horror que se expande. Violencia sexual, un relato

El horror que se expande. Violencia sexual, un relato

Entrevista a Mabel Zanta 

Condena al Tigre Acosta por los abusos sexuales en la ESMA: una de las víctimas cuenta su historia

Por Ailín Bullentini13 de agosto de 2021 – 14:34

“Fui acusada de ser montonera y yo no tenía la más puta idea, si ni sé manejar un arma”, contó a PáginaI12 Mabel Zanta.
“Fui acusada de ser montonera y yo no tenía la más puta idea, si ni sé manejar un arma”, contó a PáginaI12 Mabel Zanta.

Algunas experiencias suceden y pasan, se van. Pero otras quedan en quienes las viven: como un tesoro o como “un lastre” que, aunque se niegue, se esconda, se oculte; resurge. Y Mabel Zanta sabe de eso. Cada septiembre, lo recuerde conscientemente o no, su paso por la ESMA se le interponía. “Por h o por b me lastimaba con algo, me quemaba en la cocina, me caía, me golpeaba. Era mi cuerpo hablando, sacando a la luz las heridas que me dejaron”, dice, a la espera de que esta vez sea diferente. Mabel es una de las tres víctimas en el juicio por delitos sexuales que tuvieron lugar en el centro clandestino que funcionó en el predio porteño de la Armada durante la última dictadura cívico eclesiástica militar y que este viernes, tras diez meses de juicio oral, cerró con la histórica condena de Jorge “Tigre” Acosta y Alberto “Gato” González a 24 y 20 años de prisión.

“El juicio tiene ese aspecto reparador que calma. Que haya justicia es que una pueda vivir sin el lastre que cargamos durante tanto tiempo”, propone Zanta, que tiene 81 años y la espalda “cansada” de cargar con el peso de aquello que sufrió en septiembre de 1978 en la Esma.

Su paso por la Esma

Zanta tenía tenía 39 años y dos hijos adolescentes cuando fue secuestrada, torturada, acusada de montonera y violada en un baño del centro clandestino y tenía planeado escuchar desde la casa de su hija, Georgina Andino, el fallo del Tribunal Oral Federal número 5 de la Ciudad de Buenos Aires, que dirigió el juicio de lesa humanidad por los hechos que sufrieron ella y otras dos mujeres prisioneras del grupo de tareas 3.3.2 contra uno de sus jefes, Jorge “Tigre” Acosta, y uno de sus integrantes, Alberto “Gato” González.  

Es la primera vez que los delitos que sufrió Zanta durante la última dictadura cívico militar eclesiástica son eje de un juicio oral y público. Lo contó por primera vez ante la Justicia en 2014, cuando fue convocada por el Ministerio Público Fiscal para ampliar la denuncia que había radicado en 1983 ante la Conadep. Tras su relato, su “caso” se sumó al de Silvia Labayrú y al de María Rosa Paredes, sobrevivientes de la Esma que forman parte de la megacausa desde hace décadas y cuyas situaciones fueron analizadas en debates orales previos, aunque por primera vez son tenidas en cuenta exclusivamente como víctimas de delitos de índole sexual.

El horror que se expande

En 1978, Mabel estudiaba Psicología Social, cuidaba de sus padres “ya viejitos”, criaba dos hijos adolescentes –Georgina de 12 y Marcelo de 19– y “ayudaba” en el negocio que encabezaba su marido, Jorge Andino, una juguetería en el barrio porteño de Barracas. Vivían los cuatro en Uriburu al 500, en el barrio porteño de Balvanera. No eran militantes orgánicos de ninguna agrupación, pero sabían de la cacería de las fuerzas de seguridad por todas las calles de la ciudad y del país. Y ellos fueron “solidarios y cobijantes” ante tanta persecución, definió Georgina en diálogo con este diario. “Mi hermano y yo tuvimos muchos tíos por horas que pasaban por casa y se iban”, contó.

La primera “visita” de la patota de la Esma a la casa de sus padres fue en febrero de ese año, pero no los encontraron. No fallaron la segunda. Fue en los primeros días de septiembre.

“Mi hijo me llamó a casa preguntándome dónde estaba papá, que no había aparecido por el negocio todavía. Le dije que no sabía, me volvió a llamar más tarde y me contó que unos tipos que parecían ladrones o policías, mirá vos la descripción, preguntaban por mí. Le dije que se quedara tranquilo que iba para allá. Ni se me ocurrió pensar que podían llegar a ser secuestradores. A las 14 más o menos, 14.30 entré al negocio y detrás mío entró la patota comandada por el “Ángel Rubio”, resumió Mabel a través del teléfono. La subieron en el asiento de atrás de un auto, flanqueada por dos represores; uno más al volante y, en el asiento del acompañante, Alfredo Astiz le advertía que si no “cerraba la boca”, era “boleta”.

No lo sabría hasta que fue liberada, 21 días después, pero la llevaron a la ESMA. Allí también tenían a su esposo. “Fui acusada de ser montonera y yo no tenía la más puta idea, si ni sé manejar un arma”, aseguró. Fue torturada, amenazada con la vida de sus hijos, a quienes tenían custodiados, conformó Georgina. Depositada en “capuchita”, como era conocido el altillo del casino de oficiales de la Esma. Y violada.

El abuso sexual “no fue parte del interrogatorio”, relató Zanta. “Fue un verde’”, señaló en relación a los represores encargados de custodiar a les prisioneres en el centro clandestino. Lo único que supo del “tipo”, asegura la sobreviviente, es que se apodaba “Lobo” y que integraba una guardia de “lo más gritona, venían algún que otro turno, llegaban a los gritos desaforados, parecían borrachos”.

Un día, estaba el “Lobo” a cargo de su custodia y le preguntó si quería ir al baño. “Yo le dije que sí porque siempre se quería ir al baño. Me acompañó y ahí me subió a la pileta y me violó a punto de pistola”, resumió. “La tortura fue terrible y la violación fatal porque más allá de la desposesión de la voluntad y del cuerpo de una, no terminó ahí en ese baño. ¿Y si estaba embarazada?, me preguntaba yo. El horror se expandía con el tiempo”, definió.

Reparar 40 años después

Cuando contó el episodio ante el TOF 5, el 30 de noviembre pasado, el abogado del “Gato” González la hostigó “hasta el hartazgo”, recordó Zanta: “Me preguntó si yo podía ubicar a qué altura estaba la pileta en la que me sentó el tipo, me preguntó cómo podía saber si me había apuntado con un arma si estaba encapuchada, y vuelta sobre lo mismo y vuelta otra vez. El presidente del Tribunal tuvo que ponerle un límite”.

Ésa fue una de las dos o tres audiencias que Zanta presenció del debate al que señala como “fundamental” en el proceso de “reconstrucción de una misma” y sobre el cual depositó una “expectativa importante”. “Fueron muchos años durante los cuales tuve que rehacerme”, asegura. Parte de ese trabajo tuvo que ver con poder “contar” lo que había vivido, “sufrido” en el centro clandestino: “En aquellos años contar lo del secuestro no estaba dentro de lo posible entre la generalidad de la gente. Mucho menos la violación, imaginate”, señaló.

Georgina, que “supo sin saber del todo” lo que había pasado desde el minuto uno, recién lo oyó de boca de Mabel “muchísimos años después”. “Es importante que la Justicia haya hecho lugar a lo que las y los sobrevivientes denunciaban, a los abusos y violaciones, de manera autónoma. Pero aún falta, aún resta que muchos y muchas cuenten lo que sufrieron”, confía la mujer, militante de los derechos humanos, trabajadora en el sitio de memoria Virrey Ceballos y “sostén principal” de Mabel en la búsqueda de Justicia. “La acompaño porque es mi vieja y la amo, pero también porque sé que su testimonio abre caminos a otros”, sostuvo.

Esperaron el fallo juntas, con la expectativa de que “sea la Justicia la que repare ahora”, subrayó Zanta, para quien “es lo mismo si le dan 15 años, 25 o cadena perpetua” a los acusados: “Lo que espero es que sean condenados”. Lo fueron.

*La entrevista desarrollada en esta nota se publicó por primera vez en 11 de agosto, antes del histórico fallo sobre los crímenes sexuales en la ESMA.

Salida de miles de niños chilenos a Suecia en las décadas de los 70 y 80’s. Nazis suecos y dictadura

Salida de miles de niños chilenos a Suecia en las décadas de los 70 y 80’s. Nazis suecos y dictadura

Más de 2 mil niños enviados a Suecia en dictadura

Aja Elmgren, la sueca clave en la red de adopciones ilegales de Pinochet que llegó a lo más alto de la élite chilena

Diego Ortiz27/11/2021

Elmgren junto a la jueza de Familia, Eliana Silva Romero. Créditos: chileadoption.se

Elmgren junto a la jueza de Familia, Eliana Silva Romero. Créditos: chileadoption.seElmgren junto a la jueza de Familia, Eliana Silva Romero. Créditos: chileadoption.se

Una investigación reveló que la dictadura sacaba provecho diplomático de adopciones con ayuda de nazis en Suecia. Elmgren, sueca radicada en Chile, organizaba el envío de niños. Acá fundó la escuela de equitación La Dehesa y creó distintas sociedades. Su yerno es un reconocido empresario, cercano a la familia Angelini y director de Celulosa Arauco.

Anna María Elmgren, o Aja, tiene el convencimiento de que lo que hizo durante la dictadura de Augusto Pinochet fue lo correcto. Aja fue el enlace del Centro de Adopciones sueco (llamado Adoptionscentrum) en Chile, gestionando la salida de miles de niños chilenos al país nórdico en las décadas de los 70 y 80’s. Salidas que en múltiples casos fueron ilegales. Casos que más que adopciones, fueron secuestros.

“Los niños que llegaron a Suecia son personas de bien, con proyectos de vida, familias y futuro”, explica Elmgren en un recurso de protección interpuesto por ella en contra de una serie de reportajes de Chilevisión sobre la red de adopciones ilegales de Pinochet, emitidos el 2018 y que le valieron a su autor, el periodista Alejandro Vega, ser reconocido con el Premio Periodismo de Excelencia de la Universidad Alberto Hurtado. (Vea el primer reportaje de Vega acá).

Distintas investigaciones históricas y periodísticas –entre ellas, las emitidas por el canal de televisión– dieron cuenta que existieron adopciones sin el consentimiento de los padres biológicos, despojando a familias chilenas de sus hijos.

Alfaro y Morales hallaron evidencia de que los niños dados en adopción eran utilizados para generar una imagen positiva de la dictadura chilena en Suecia; en un plan orquestado en el país nórdico por políticos de ultraderecha cercanos al nazismo sueco.

Además, según descubrieron recientemente la historiadora chilena, Karen Alfaro, y el profesor de historia, José Luis Morales, las adopciones cumplieron fines políticos para el régimen de Pinochet. Mediante la revisión de “documentación diplomática correspondiente a la embajada chilena en Suecia”, Alfaro y Morales hallaron evidencia de que los niños dados en adopción eran utilizados para generar una imagen positiva de la dictadura chilena en Suecia; en un plan orquestado en el país nórdico por políticos de ultraderecha cercanos al nazismo sueco. (Revise acá el artículo de INTERFERENCIA al respecto).

“Jamás recibí un pago o beneficio económico por lograr adopciones”, asegura Elmgren en el recurso de protección contra Chilevisión, el cual finalmente fue desestimado. “El Centro me pagaba mensualmente una suma que varió con el tiempo, pero que jamás se constituyó como la fuente principal del ingreso familiar y menos aún el punto de partida de fortunas o patrimonios injustificados”, recalca.

Lo cierto es que dos años después de la fecha en que Anna María asegura dejó de trabajar para Adoptionscentrum, la mujer fuerte de la red adopciones constituyó e ingresó en distintas sociedades.

Su fortuna, eso sí, comenzó a construirse años antes, en un negocio conjunto con su ex marido, el oficial de Carabineros Carlos Carmona Kopp.

De Suecia a Chile, el camino hacia la élite

Anna María llegó desde Suecia en 1965 junto a su primer marido, Karl Ulf Edenholm, ejecutivo de una compañía sueca de fósforos, probablemente con la intención de invertir en la industria forestal chilena. Lo hicieron acompañados de sus hijos Patrik y Teresa Edenholm Elmgren. El matrimonio se acabaría en Sudamérica, con Edenholm volviendo a Europa y Elmgren quedándose en Chile, donde volvió a casarse.

En 1971, Aja contrajo matrimonio con el carabinero Carlos Carmona Kopp, oficial en retiro de la institución y miembro de la policía montada, siendo la equitación una pasión que compartía con Elmgren. Juntos fundaron la Escuela de Equitación La Dehesa en 1970, cuando aquel lugar poco tenía que ver con el actual barrio residencial de la élite santiaguina.

Al año siguiente de iniciar la escuela, Anna María Elmgren conocería el mundo de las adopciones. Su hermana Kristina le solicitó ayuda para adoptar a un niño chileno. “Yo sabía muy bien que mi hermana y su marido no podían tener hijos y que para ellos era un anhelo tenerlos”, explica en el recurso de protección contra Chilevisión.

Recorrió la Casa Nacional del Niño, la entidad entonces responsable del cuidado de niños en adopción, consiguiendo que Kristina Elmgren adoptara un niño chileno al poco tiempo. “En el caso de mi hermana y como en todos los otros en los que intervine, se siguieron fielmente todos los pasos que establecía la ley”, asegura. Aja, en los años siguientes, enviaría un total de tres niños chilenos a su hermana Kristina en Suecia.

Pero investigadores que estudiaron el trabajo de Elmgren y de Adoptionscentrum* en Chile explican que habría, además de razones humanitarias y políticas, motivos económicos para localizar y enviar niños al país nórdico.

Anna María asegura que fueron las condiciones precarias en que se encontraban estos niños lo que la llevó a dedicarse tiempo completo a gestionar el envío de niños a Suecia. “Aquel Chile de los 70 en nada se parece al Chile actual. El abandono de menores, dada la insuficiencia de medios, era un hecho que no conmovía a nadie; los niños recibían muy poca atención estatal; muchos de ellos vivían en pésimas condiciones de salud, con severos problemas de alimentación y con pronósticos de vida muy desalentadores”, explica.

Pero investigadores que estudiaron el trabajo de Elmgren y de Adoptionscentrum en Chile explican que habría, además de razones humanitarias y políticas, motivos económicos para localizar y enviar niños al país nórdico.

“En esa época, comprar un niño chileno salía lo mismo que un Volvo último modelo en Suecia”, explica fríamente una fuente en Suecia conocedora de la red de adopciones ilegales. En el reportaje de Alejandro Vega publicado en Chilevisión, se da cuenta que el valor de los niños variaba dependiendo de las características del niño: continente de procedencia, color de piel, de pelo, y edad del niño influían en el precio a pagar. Según lo informado en el reportaje, tenían un valor de 35 mil coronas suecas, unos 2 mil dólares en 1984.

Ficha donde se elegían las características de niños a adoptar. Fuente: CHV.

Ficha donde se elegían las características de niños a adoptar. Fuente: CHV.Ficha donde se elegían las características de niños a adoptar. Fuente: CHV.

Aunque Elmgren asegura haber servido de enlace para las adopciones por razones más bien humanitarias, lo cierto es que existían razones monetarias para realizar el trabajo. En un reportaje del medio Cambio 21 cifran en 2.325 dólares el sueldo de Aja, monto muy por encima del salario medio chileno de US$ 118 en aquella época.

En tanto, la periodista Ana María Olivares, quien estudia el tema desde el año 2004 y pertenece a la agrupación especializada en entrega de apoyo a víctimas de adopciones ilegales, Hijos y Madres del Silencio, duda que Aja haya recibido un simple salario por sus servicios. Olivares describe el trabajo de Elmgren en la dictadura como “hacer lobby con los jueces y viajar por los hogares” para conseguir niños.

“Es bien difícil que haya sido un sueldo base y nada más, porque ella misma tenía montada una empresa que le pagaba a cuidadoras, asistentes sociales, médicos [responsables del cuidado de los niños a enviar a Suecia]”, explica en conversación con INTERFERENCIA. Para la investigadora, “es imposible que una persona con tanto poder y tanto trabajo no tuviese más dinero a su cargo, siendo que además le llegaban solicitudes no sólo por Adoptionscentrum, sino que también por fuera del centro”.

Elmgren, por su parte, explica que lo que la llevó junto a su familia a vivir de forma acomodada fue la escuela de equitación.

Sea cual sea el caso, la figura de Anna María es mayúscula en el sistema de adopciones irregulares en dictadura. Según documentación a la que accedió Olivares, son más de 2 mil adopciones las llevadas por Elmgren.

Sea cual sea el caso, la figura de Anna María es mayúscula en el sistema de adopciones irregulares en dictadura. Según documentación a la que accedió Olivares, son más de 2 mil adopciones las llevadas por Elmgren. “No existió otra persona que estuviera a cargo de eso acá en Chile, ella tenía la representación”, explica, “y su marido también la tuvo”.https://edicioncero.cl/2020/03/madre-a-la-que-le-arrebataron-a-su-bebe-hace-40-anos-se-practica-toma-de-huellas-geneticas-con-la-esperanza-de-reencontrase-con-su-hija/

En 1991, con el retorno de la democracia, cesaría el trabajo de Adoptionscentrum. Aja, por su parte, se iniciaría en los negocios.

Elmgren después de las adopciones

Dos años después de dejar de trabajar con el centro de adopciones sueco, en 1993, comenzó a ingresar a sociedades, en su mayoría relacionadas al incipiente mercado computacional.

Partió con dos ese año: Efe S.A., a la que ingresó el 22 de junio del ’93, y Leasing Computacional S.A., a cuya propiedad entró con la misma Efe S.A. tres semanas después.

Entre ambas empresas, sumaban un capital de $411 millones.

De acuerdo a las escrituras de ambas sociedades, Elmgren entró a Efe S.A. con sólo 100 acciones, siendo las 9.900 restantes de propiedad de la empresa Computer Holdings Inc., domiciliada en Islas Vírgenes Británicas y representada por Jorge Friedman, actual decano de la facultad de Economía de la Universidad de Santiago. Leasing Computacional, en tanto, fue constituida por la misma Efe S.A.

Entre ambas empresas, sumaban un capital de $411 millones.

Dos años después, el 4 de abril de 1996, Elmgren constituyó una nueva sociedad junto a la empresa domiciliada en Islas Vírgenes Británicas, Computer Holdings Incorporated. Con un capital de $500 mil pesos –sólo $5 mil fueron aportados por Anna María– se constituyó Inversiones Ansel Limitada. Dos meses después aumentaron el capital a $121 millones, siendo aportados íntegramente por Computer Holdings.  

Para todas las sociedades constituidas, Anna María figura con una dirección en Lo Barnechea, viviendo desde aquella fecha a la actualidad en aquella comuna, específicamente en El Huinganal, uno de los barrios más pudientes de la capital.

Teresa Edenholm, la hija de Aja –quien también presentó un recurso de protección luego de la emisión de los reportajes de CHV–, en tanto, contrajo matrimonio con el empresario Tim Purcell, fundador del fondo de inversiones Linzor Capital y un actor de peso en el mundo de los negocios.

Según su propio perfil en la página de Linzor, Purcell es o ha sido director de la compañía de seguros de vida Cruz del Sur; la empresa de retail Komax S.A.; la Universidad Santo Tomás; Cine Hoyts; y Colegios Cree, entre otros.

Es hijo de Henry Purcell, dueño de Portillo, un exclusivo centro de esquí. Estudió en Economía en la Universidad de Cornell y trabajó en el gigante financiero JP Morgan antes de volver a Chile. Acá, según consigna La Tercera, es parte del “círculo de hierro” del grupo Angelini, uno de los más ricos del país, además de ser cercano a la familia Said por parte de uno de los hermanos, Salvador.

Su cercanía con la familia Angelini es tal que, además de participar del directorio de Celulosa Arauco –de propiedad de aquel clan–, se especulaba el año 2010 que un 60% de los fondos que manejaba Linzor Capital proviene de la fortuna de esa familia, también dueños de Copec.

Respecto a los Said, Purcell fue director de Parque Arauco, de aquella familia. Desde Linzor Capital, juntos compraron la isapre Cruz Blanca.

Según su propio perfil en la página de Linzor, Purcell es o ha sido director de la compañía de seguros de vida Cruz del Sur; la empresa de retail Komax S.A.; la Universidad Santo Tomás; Cine Hoyts; y Colegios Cree, entre otros.

*El Centro de Adopciones es el intermediario más grande de Suecia para adopciones internacionales . La organización es una asociación sin fines de lucro . El Centro de Adopciones fue establecido en 1969 y desde sus inicios ha mediado más de 25,000 adopciones internacionales. El Centro de Adopciones lleva a cabo actividades para adoptados, familias adoptivas y futuros padres adoptivos, principalmente mediante la mediación de adopciones internacionales.

SVT ha escrito que el Centro de Adopciones ha mediado en adopciones de niños robados. [ 10 ] [ 11 ] [ 12 ] El centro de adopción dice que las adopciones se han realizado de acuerdo con las leyes vigentes, tanto en el extranjero como en Suecia. [ 13 ] [ 14 ]https://sv.wikipedia.org/wiki/Adoptionscentrum

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https://www.chvnoticias.cl/reportajes/dictadura-pinochet-ayuda-nazis-suecos-adopciones-irregulares_20211031/

chileadoption.se Lo que creemos que se necesita en Suecia:http://chileadoption.se/

 ❏ Todos los adoptados sueco- chilenos  y sus padres adoptivos deben recibir información sobre irregularidades e ilegalidades que son investigadas en la Corte de Apelaciones de Santiago, causa Rol 1044-2018.

Se trata de la seguridad jurídica de los adoptados y sus familias y de la responsabilidad del estado sueco.

❏ “La Comisión de Investigación Especial investiga los actos de organismos del Estado, en relación a hechos irregulares en adopción y registro de minorías, y control de la salud del país” (2019).

En Chile se ha investigado la participación del Estado chileno en el secuestro de menores, irregularidades e ilegalidades en relación con la adopción y cómo salimos del país de nacimiento. La información sobre esta investigación debe enviarse a todos los padres adoptivos y adoptados de Suecia en Chile.

❏ TODAS las adopciones de Chile deben ser investigadas en Suecia.

❏ El estado sueco debe ser responsable de los viajes de regreso a Chile.

❏ El estado sueco debe sufragar los costes / apoyo de la asistencia jurídica gratuita en Suecia si es necesario.

❏ Queremos que nuestra documentación sobre nosotros y nuestras adopciones sea guardada por el estado / autoridad sueca.

Hoy, las agencias de adopción «poseen» nuestros documentos, no tenemos control sobre nuestra propia documentación. ¡No es legalmente seguro! Además, nosotros, que venimos de Chile y fuimos adoptados en Suecia, somos todos adultos.

Información de la Agencia Sueca de Derecho de Familia y Apoyo a los Padres, MFoF

 Cualquiera que sospeche de irregularidades en su propio proceso de adopción y quiera investigarlo puede completar un formulario de denuncia enviado a la Policía De Investigaciones De Chile (PDI). Enlace al formulario de solicitud (pdf) a continuación. También es posible entablar una acción a través de un representante particular (abogado) de acuerdo con las disposiciones del Código Procesal Judicial chileno «.

Para quienes ya hayan enviado previamente un informe a la investigación penal, ellos mismos o con la ayuda del MFoF, con información sobre su caso, se debe haber iniciado una investigación. Si no está seguro de si la información ha salido a la luz, o quiere verificar qué número de caso tiene la investigación, puede comunicarse con ellos en adopcionesirregulares_casantiago@pjud.cl «

«MFoF ya no tiene la oportunidad de ayudar con el envío de documentación».