Marìa Espinoza:Mi papá asesinado era marinero de bahía.

Marìa Espinoza:Mi papá asesinado   era marinero de bahía.

La Agrupación por la Memoria Histórica Providencia solicitó la declaración de la Intendencia Regional de Antofagasta como sitio de memoria. La solicitud nace debido a que durante la dictadura cívico-militar el recinto fue utilizado como centro de detención y tortura. En el edificio, incluso, se ha acreditado el asesinato de -al menos- una persona: El trabajador marítimo Joaquín Espinoza Ojeda.

Regionalista.cl conversó con su hija, María Espinoza Barraza, quien compartió sus vivencias de niña y los recuerdos que conserva de la época. Ella tenía 8 años cuando vio por última vez a su padre. Fue el 15 de septiembre de 1973.

«Mi papá tenía un auto afuera de la casa. Yo estaba jugando en ese momento. Fue a la hora de almuerzo. Yo me fijé que habían unas gallinas vivas detrás del auto. Yo le pregunto por qué estaban esas gallinas ahí. Qué eres sapa, me dice. Y me cuenta que tenía que llevarlas a una vecina. Entonces él almuerza y se va en el vehículo. Y en la tarde él no llegó y el toque de queda era a las 7 creo. Nunca más llegó», relata.

Lo próximo que recuerda es que su madre, Rosaura Barraza, se enteró del fallecimiento de su esposo porque encontró el cuerpo en el hospital. Allí le entregaron sus pertenencias ensangrentadas. Y allí supo que lo habían asesinado en la Intendencia Regional de Antofagasta.

«Mi padrino cuenta que él tuvo que entrar a ver el cuerpo de mi papá al hospital antiguo y había mucha gente en el piso. Él tuvo que pisar cuerpos para llegar donde estaba mi papá. Mi mamá fue escoltada por militares para reconocer el cuerpo. En ese tiempo no entregaban los cadáveres. Mi abuelo tenía contactos y al final le entregaron el cuerpo de mi papá para poder velarlo», recuerda María.

«Es triste que aún haya personas y familias que no sepan donde están los cuerpos de sus familiares. Porque igual existe el consuelo de poder enterrar a tus seres queridos. Nosotros tuvimos la desesperación de que no le entregaran el cuerpo a mi mamá. Yo como niña lo viví, fue un trauma para todos, para mi hermano. Mi hermano mayor tiene como una laguna mental de ese tiempo», relata.

La detención

María recuerda que dos días después llegó la señora que acompañaba a su padre en el auto cuando iban a dejar las gallinas. La vecina relató cómo ocurrió la detención de Joaquín Espinoza.

«Ella cuenta que iban doblando por Nicolás Tirado con Pedro Aguirre Cerda y justo en el cruce quedan en pana. Y de norte a sur venía una caravana militar y por la rapidez con que venían, al hacer el quite al vehículo de mi papá, se volcó un jeep. Y ahí tomaron detenido a mi papá y se lo llevaron a la Intendencia Regional, en el segundo piso», cuenta.

De ahí vino el montaje y las mentiras con que justificaron su detención y las de miles de personas: Lo acusaron de ser un extremista y de haber atentado contra la caravana.

«A él lo amarraron y lo torturaron. En ese tiempo estaba Adrián Ortiz, del ejército. Luego nos enteramos que el que disparó fue Patricio Ferrer», afirma

Certificado de la «Justicia Militar» dando cuenta de la muerte de Joaquín Espinoza Ojeda.

El asesinato

María relata que su padre solo estuvo algunas horas en la Intendencia, siendo asesinado el mismo 15 de septiembre: «Todo ocurrió en la Intendencia. Mi papá trabajaba en el puerto en ese tiempo, era marinero de bahía. Y en Las Rocas vivían los del puerto. Y mi padrino y los amigos de él se enteraron y fueron inmediatamente a la Intendencia. Y cuando ellos iban subiendo, iban bajando el cuerpo de mi papá. Y lo llevaron hacia el hospital. Iba tapado, pero todo indicaba que era el cuerpo de mi papá», recuerda.

«Por la defunción que aparece en el documento se habla de desprendimiento de masa encefálica. La primera versión fue que el disparo fue en la frente. Pero después por mi padrino, que lamentablemente falleció hace poquito y que tenía la historia mucho más completa, supimos que el disparo fue en la boca. Fue hecho con el arma dentro de la boca. Lo que yo escuchaba en ese tiempo es que él tenía marcas como que le quemaron con cigarro. Después también pensamos que podían haber sido las esquirlas del disparo. Pero de que estaba amarrado, que fue torturado en una pieza, eso lo supimos con el tiempo», agrega.

Certificado de defunción dando cuenta de la causa de muerte de Joaquín Espinoza.

Tras el asesinato de su padre, María recuerda que el 17 de septiembre El Mercurio de Antofagasta dio cuenta de los hechos, transmitiendo la versión oficial de la dictadura que acusaba a Joaquín de ser un extremista. Pero, además, el diario publicó un obituario de su padre, en la misma página, lo que habría molestado a las autoridades militares.

«Lo que pasa es que mi abuelo era amigo o conocido del director de El Mercurio de esa época. Y lo que se escuchaba es que el director del diario había tenido problemas con los militares por haber publicado la noticia del fallecimiento junto con la defunción. Y eso estaba prohibido para quienes eran tratados como extremistas. Y él lo puso en honor a su amigo. Y habían hasta amenazado con cerrar el diario por haber hecho la publicación», rememora.

Publicación de El Mercurio de Antofagasta del 17 de septiembre de 1973.

Proceso judicial y sitio de memoria

Actualmente hay un proceso judicial en curso que lleva adelante el Ministro en visita de causas de derechos humanos de la zona norte, Vicente Hormazábal. En octubre de 2017 se realizó una reconstitución de escena en la Intendencia y el año pasado se realizó la exhumación del cuerpo.

«Nosotros esperamos verdad y justicia. En su momento salió en el Informe Rettig. Pero igual hay gente que cree que eso es mentira. Igual hubo algunos familiares que vivían lejos y que pensaban que mi papá estaba metido en esto. Y aunque hubiese estado metido, yo creo que tampoco es justa una muerte así. Él pudo haber estado luchando, quizás, por algún interés político, legítimo, pero tampoco era la forma de morir. Pero, para ser sincero, él no estaba en ningún partido. Él nunca se interesó en nada», afirma María.

«Mi papá no pertenecía a ningún partido. No militaba. Mi abuelo tenía un letrero o una foto de Alessandri en esa época. Mi padre tenía 36 años. Era de esos que veía monitos, veía revistas de dibujos animados. Jamás lo vi enojado, jamás levantándonos la mano. Era tranquilo», agrega.

Por todas estas consideraciones, María y su familia consideran totalmente justo que se pida declarar la Intendencia como sitio de memoria: «En su momento hubo personas que trabajaban en la Intendencia que decían que eso era falso, que no hubo ninguna muerte ahí, siendo que había testigos que sí vieron cuando el cuerpo de mi papá salió. Luego también supimos que bajo de la Intendencia hay un tipo de bodegas que tienen unas mirillas, unos ventanales chicos. Es como un tipo de lugar de detención. Y eso no se sabe. Ya está claro que mi papá fue detenido y asesinado ahí, pero hay más casos. Es un tema desconocido», afirma.

Tras el asesinato de Joaquín Espinoza Ojeda, a los pocos meses falleció su padre Joaquín. Eso llevó a su esposa Rosaura Barraza a hacerse cargo de sus tres hijos y también de su suegra.

«Mi madre es súper luchadora. Se hizo cargo de todos nosotros. Se enfrentó muchas veces a los militares por pedir justicia. Por eso, las personas que tienen información de este caso y de muchos otros casos, tienen que hablar. Ya ha pasado tanto tiempo y yo conozco algunas personas que dicen que no hubo dictadura, que fue una guerra civil. Todavía niegan lo que ocurrió. Hay madres que han muerto sin saber donde están sus hijos y sus seres queridos. Para ser sincera, cuando nos llegó el Informe Rettig, que eran como cuatro tomos, yo no alcancé a leer ni siquiera la cuarta parte, porque los casos son terribles. Me impactó mucho. Casos de niños, de familias completas. Solo pedimos verdad y justicia», concluye.

Pacto de Fuga. La película

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La historia

La madrugada del 30 de enero de 1990, una noticia inusitada despertó a los chilenos: 49 prisioneros políticos habían escapado durante la noche de la Cárcel Pública de Santiago, cuando faltaban sólo seis semanas para que Augusto Pinochet entregara la cinta presidencial a su sucesor, el democristiano Patricio Aylwin.

En este libro, Fuga en Santiago. Escape desde la cárcel pública, son los propios protagonistas de aquella hazaña quienes relatan a los autores los detalles de su fuga, construyendo un texto al más puro estilo de las novelas de acción.

La obra, escrita en dos tiempos, devela en detalle los preparativos del escape, así como la investigación posterior del juez Juan Amaya; todo en el complejo contexto político del momento, marcado por la persistencia de un poder judicial desprestigiado, por los errores cometidos por la administración penitenciaria y por el arrojo y determinación de los evadidos.

En la mitología política, el sacrificio y la entrega de miles de chilenos que combatieron a la dictadura ha quedado eclipsada por las negociaciones a puertas cerradas que se sucedieron para llegar al plebiscito de 1988. Para la historia oficial ha quedado en el olvido esta versión las luchas populares y –la mayoría de las veces– de sus anónimos combatientes.

Cavar contra el tiempo y contra el olvido, cuando la existencia de los presos y presas políticos dejaba de ser reconocida en la sociedad chilena post dictadura. Cavar y cavar para salir del boquete seis semanas antes del inicio de la democracia en “la medida de lo posible”, un 30 de enero de 1990, como un acto de guerra de esos 49 hombres que se habían enfrentado a Pinochet y un primero de rebeldía en contra de la Concertación.https://www.elmostrador.cl/cultura/2015/12/09/el-escape-de-la-ex-carcel-publica-a-las-espaldas-de-pinochet/

A 45 años de la Operación Colombo: lucha, (in)justicia y memoria

A 45 años de la Operación Colombo: lucha, (in)justicia y memoria

Nicolás Arraño Moreno | Viernes 24 de julio 2020 

Esta semana se conmemoran 45 años de Operación Colombo o caso 119, operativo civil y militar llevado a cabo en 1975 por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), cuyo fin fue encubrir mediante un montaje comunicacional la desaparición forzosa de 119 chilenos y chilenas. Considerada como la primera acción informal de la Operación Cóndor, la desaparición de estas 119 personas contó con la colaboración de los servicios de inteligencia de Brasil y Argentina, que, a través de publicaciones en falsos periódicos, divulgaban listas de chilenos, hasta ese momento desaparecidos, que habrían perecido asesinados en diferentes países.

Sin lugar a duda, el caso 119 resultó ser un operativo impresionante en cuanto a la capacidad de coordinación entre diversos actores civiles, militares, nacionales e internacionales para falsear la realidad. El camino plagado de montajes, omisiones y mentiras ha hecho de la búsqueda de justicia una tortuosa experiencia para los familiares, que, en base a fuerza, lucha y compromiso han sabido construir, mucho antes de que los criminales fuesen condenados, la senda de la memoria.

En el presente texto hacemos un balance de los avances en materia de justicia y en las formas de levantar memoria a partir del caso 119, entendiendo estas dos luchas como fundamentales para la construcción de una sociedad que no dé lugar al olvido ni a la impunidad. De esta manera, memoria y justicia aparecen como caminos que se entrecruzan y dialogan, cimentados paso a paso por los familiares, compañeros y compañeras de los 119 que han hecho de la lucha su vida.

La Guerra Sicológica: Operación Colombo

Desde su inicio, el 11 de septiembre de 1973, la dictadura aplicó entre sus actos criminales la desaparición forzada de personas, práctica que según diversos estudios ha sido considerada como la más cruel de las formas de violación de derechos humanos, pues impide a los familiares procesar el respectivo duelo psicológico y material, lo que se traduce en un daño permanente, definido como cronificación del daño.

Esta práctica, según consigna el informe Rettig, consistió en la aprehensión y secuestro de la persona para ser trasladada a algún lugar clandestino de reclusión, “acción acompañada o seguida de medidas de ocultamiento y negativas oficiales” a reconocer la detención, impidiendo “la disposición de sus restos de modo que no pudieran ser encontrados”. Dicha fórmula, implica además una compleja situación desde el punto de vista jurídico, y de aplicación de justicia, o más bien, de imposibilidad de su aplicación. En efecto, al no haber pruebas materiales de los hechos, se depende sólo de los testimonios de las personas que estuvieron con el prisionero y/o de testigos. A lo anterior, debemos sumar el hecho que a los detenidos se les aplicó legislación en tiempos de guerra, lo cual configura una ilegalidad que contraviene todos los principios y tratados internacionales referentes a los Derechos Humanos (DD.HH.).

Para atender el desarrollo del caso 119, se debe comprender la estrategia de guerra psicológica desplegada por el régimen, en su afán de “conquista del espacio interior de las personas al cual se penetra a través de mensajes. Tales mensajes actúan sobre los sentimientos y pensamientos de los individuos con el fin de cambiar sus conductas y comportamientos”, es decir, en su intento por encubrir la acción represiva y desmoralizar la resistencia al régimen, manipulando la opinión pública y el sentido común.

Será en el marco de estas políticas represivas y de exterminio, que en 1975 la DINA, en colaboración con los servicios de inteligencia de Brasil y Argentina, llevaron a cabo la denominada “Operación Colombo”. Así, entre el 27 de mayo de 1974 y el 20 de febrero de 1975, fueron secuestrados por la DINA 100 hombres y 19 mujeres, la mayoría menores de 30 años, entre los cuales 94 eran militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), 10 del Partido Socialista (PS), 9 del Partido Comunista (PC), 2 del Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU), uno de la Liga Comunista y tres sin militancia conocida.

Ante la temprana presión de los familiares, del Comité de Colaboración para la Paz y de organismos internacionales como la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas[5] denunciando los secuestros y presentando recursos de amparo reiterativamente, es que los servicios de inteligencia dan paso a un macro-montaje comunicacional, con el fin de ocultar las acciones criminales que tenían deparadas para los 119. De esta manera, comienzan a publicarse en distintos medios de prensa nacionales notas acerca de la instrucción militar que estarían recibiendo en el extranjero opositores al régimen. Así, el 12 de junio de 1975 el vespertino La Segunda notificaba en sus titulares “dos mil marxistas reciben instrucción en Argentina” y “se organizan guerrillas en contra de Chile”, indicando que entre ellos se encontraban opositores dados por desaparecidos en Chile. A esto le siguió una seguidilla de publicaciones de la prensa controlada por la dictadura denunciando el falso plan subversivo que se ideaba desde el extranjero por grupos de izquierda.

No obstante, la guerra sicológica promovida por la DINA requirió de la cooperación de sus pares argentinos y brasileños, quienes a través de ficticios medios de prensa anunciaban la muerte de 119 chilenos y chilenas. De este modo el 25 de junio en Curitiba, Brasil, un diario de irregular circulación llamado O’Día anunciaba que 59 chilenos, militantes del MIR, habían resultado muertos en enfrentamientos con la policía argentina en Salta. Asimismo, en Buenos Aires el 15 de julio la revista Lea publicaba, mediante un reportaje acerca de la “vendetta chilena”, que 60 miristas chilenos habían sido asesinados en Argentina, Colombia, Venezuela, Panamá, México y Francia por “sus propios compañeros de lucha”. Ninguno de estos medios se publicó de nuevo y de la única edición de O’Día las autoridades brasileñas se desentendieron, sin embargo, para el caso argentino, el único número de Lea fue editado por la empresa Codex, vinculada al Ministerio de Bienestar Social argentino, que se encontraba a cargo del líder de la “Triple A”, José López Rega.

El único fin de estas publicaciones fue que las noticias repercutiesen en Chile y sirviesen de referencia para la prensa nacional. Luego, el montaje continuaría con la publicación del día 23 de Julio de 1975 en el diario El Mercurio de la lista de 60 miristas asesinados, citando a Lea. Al día siguiente, La Segunda, bajo el titular “Exterminan como ratas a miristas” divulgaba la lista de 59 muertos haciendo alusión a lo publicado por O’Día. Finalmente, el día 25 La Tercera titulaba “Miristas asesinados en Argentina se burlaban de tribunales chilenos”, replicando la información. El cruel montaje perpetrado bajo la lógica de la guerra sicológica se encontraba consumado. No obstante, las labores de los familiares, compañeros y compañeras, organismos de DD.HH., prensa internacional y las investigaciones realizadas a posteriori por el Juez Juan Guzmán; han dejado al descubierto esta gran farsa.

La reacción de los familiares y compañeros: Injusticia dictatorial, lucha y memoria

Desde el comienzo de las detenciones, los familiares buscaron la forma de denunciar lo que acontecía. En ese sentido, acudieron al Comité de Colaboración para la Paz, que se mostró, con un gran sentido de humanidad y solidaridad, como un pilar de apoyo, brindándoles asistencia jurídica y espiritual. Así, aun creyendo en las labores judiciales se presentaron múltiples recursos de amparo por cada uno de los detenidos.

El 28 de mayo de 1975, se logró presentar ante la Corte de Apelaciones una solicitud colectiva de 164 familiares de detenidos desaparecidos para investigar su paradero, la que fue rechazada. En tanto, el 8 de julio se replicó la solicitud en la Corte Suprema, corriendo la misma suerte. Al momento de la publicación de las listas por parte de la prensa dictatorial, ya se habían presentado recursos de protección por la mayoría de los 119 en distintos juzgados del país. Sin embargo, la respuesta del Poder Judicial ante las desapariciones fue nula, tal y como consigna la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA):

“Los tribunales aceptaron las peticiones del gobierno de que éstos no podían solicitar directamente informaciones a la DINA sobre los detenidos y jamás se constituyeron en los recintos secretos en que se denunció podrían encontrarse los detenidos. De los miles de recursos de amparo que se presentaron muy pocos fueron acogidos y, en el caso de los desaparecidos, puede afirmarse, ninguno de ellos logró salvar la vida de un desaparecido”.

De esta forma, los familiares y compañeros, asumiendo que el poder judicial no actuaría, se volcaron hacia la organización, la lucha y la persistencia para denunciar y visibilizar las desapariciones. Congregados en la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD) fueron múltiples las acciones emprendidas que buscaban conmover a la opinión pública, tanto nacional como internacional. Se escribieron cartas a las autoridades, a los tribunales, a la Cruz Roja Internacional, se realizaron campañas internacionales y se tomaron las calles.

Al publicarse las listas de los 119, las agrupaciones de DD.HH. y la militancia de izquierda se percataron inmediatamente del montaje. Julio Moreno Fuenzalida, hermano de Germán Moreno Fuenzalida, quien aparece en una de las listas, el mismo 24 de Julio de 1975 escribía una carta desde su prisión política en Ritoque a su madre y hermana, en la que versaba:

“La noticia de las muertes de Germán, Marcos y otro centenar de compañeros nos golpea brutalmente[…]. Mamá, Nany, el dolor del asesinato de nuestro hermano no nos pertenece, no tenemos derecho a considerarlo solamente nuestro, su muerte es un golpe para todos los trabajadores, los campesinos, los pobres, porque por ellos vivió y murió, es un golpe para todos los que consideran como suya la causa del Socialismo que es también la nuestra”.

Así también, el 31 de julio de 1975, 95 detenidos del campamento Melinka en Puchuncaví, que decían haber visto a gran parte de los desaparecidos de las listas en distintos centros de detención, iniciaron la primera huelga de hambre en dictadura, denunciando la falsedad de las publicaciones de la prensa y exigiendo verdad y justicia. Así, fueron muchas las protestas que marcaron la lucha de los familiares y compañeros de detenidos desaparecidos, entre las que destacan dos huelgas de hambre desarrolladas en 1977 en la sede de la CEPAL y en la Iglesia San Francisco; una tercera en 1978 con motivo del decreto Ley de Amnistía en parroquias de Santiago y en el local de la UNICEF; y el encadenamiento en 1979 al ex Congreso Nacional, en aquel entonces Ministerio de Justicia. Todas estas acciones no obtuvieron respuesta sobre el paradero de los desaparecidos, pero, sin embargo, fueron forjando el camino de la memoria que luego develaría el montaje. Pues tal y como indica Carla Peñaloza, “la temprana organización de los familiares de las víctimas de las violaciones a los derechos humanos y la creación de redes de solidaridad y denuncia que los cobijaron, favorecieron la construcción de una memoria de los vencidos”.

(In)Justicia Transicional y Memoria: Condenas, colectivos y memoriales

Al momento de asumir como presidente de la República Patricio Aylwin en marzo de 1990, este anuncia las aspiraciones de su gobierno por esclarecer la verdad acerca las violaciones a los Derechos Humanos ocurridas entre 1973 y 1990. Bajo este principio, el 25 de abril se aprueba el Decreto Supremo 355 que crea la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación presidida por el jurista Raúl Rettig, cuyo informe entregado nueve meses después, resultó categórico al reconocer los crímenes perpetrados por el Estado de manera sistemática durante los 17 años de la dictadura.

Para la calificación de los casos, resultaron fundamentales los archivos que habían formulado en su lucha durante toda la dictadura las agrupaciones de familiares de las víctimas y de DD.HH. Si bien el informe contribuyó al reconocimiento oficial de los crímenes de lesa humanidad cometidos por el Estado, carecía de un carácter vinculante con la justicia, y en la medida que no contó con la colaboración de las Fuerzas Armadas, tampoco significó un avance para dar con el paradero de los detenidos desaparecidos. Además, el cariz pactado de la transición contemplaba la mantención de enclaves autoritarios y la vigencia de la Ley de Amnistía promulgada en dictadura, que constituyeron trabas enormes a los procesos que se pudiesen impulsar en la búsqueda por verdad y justicia.

Ante tal panorama desalentador en materia jurídica, las acciones de memoria se mostraban como una opción para palear el dolor mientras los tribunales mantuviesen impunes a los criminales y no se supiera del paradero de los desaparecidos. En ese sentido, la inauguración en 1994 del Memorial de los Detenidos Desaparecidos y Ejecutado Políticos del cementerio general marcó un hito, ya que entregó a los familiares y al pueblo chileno un espacio donde poder conmemorar y llorar a los arrebatados y arrebatadas por el terrorismo de Estado. Las conmemoraciones año a año y el levantamiento de sitios de memoria a partir de la recuperación de centros de detención ha enriquecido la tarea de memoria desplegada por las agrupaciones de DD.HH. y familiares. A pesar de que la justicia no ha obrado como se desearía, la organización civil con apoyo institucional ha impulsado iniciativas ejemplares en materia de memoria. En ese sentido, los proyectos de Londres 38, la Casa de la Memoria de José Domingo Cañas, el Parque por la Paz Villa Grimaldi y el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, todos vinculados al caso 119, son ejemplos de la fructífera labor realizada, que ha fomentado la construcción de una sociedad sin amnesia, que promueva los valores democráticos con miras al futuro. En este tránsito, el Centro Cultural 119 Esperanzas y el colectivo 119 Familiares y Compañeros en conjunto con diversos actores sociales, sean estudiantes, trabajadores o pobladores han desarrollado distintas actividades y proyectos a lo largo de los años, entre los cuales se cuentan un memorial en la bahía de Quintero erigido junto al sindicato de pescadores de la caleta el Manzano en 2010, otro en la facultad de Derecho de la Universidad de Chile inaugurado el 2014 junto a los estudiantes o la producción del documental “119 esperanzas” en 2013, por sólo mencionar algunas, a las que se suman los actos realizados en cada fecha conmemorativa en los múltiples espacios de memoria.

En cuanto a la justicia, en 1998, el juez Baltasar Garzón incluyó la desaparición de los 119 entre las causas que motivaron la detención de Pinochet en Londres, mientras que, en los tribunales chilenos, el juez Juan Guzmán fue el encargado de investigar a la DINA. En aquel proceso, Guzmán determinó investigar el paradero de algunos de los 119 en el marco de la Operación Cóndor, pues la vinculación entre ambas operaciones quedó en evidencia tras descubrir distintos archivos en Argentina el año 1978 en la oficina de Mario Arancibia Clavel, ex miembro de Patria y Libertad y agente exterior de la DINA que participó en los atentados contra el excomandante en jefe Raúl Schneider y en el doble asesinato de Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert. Entre los documentos encontrados, había cedulas de identidad de desaparecidos chilenos, algunas de las cuales correspondían a víctimas de la Operación Colombo, así como también se encontró una lista de otros 32 nombres que aparecieron en las listas de los 119. En otros procesos llevados adelante en el país vecino, se ha evidenciado la colaboración de Arancibia con los grupos de exterminio de la dictadura argentina, llegando a establecerse su implicancia en la Operación Cóndor y quedando demostrado el rol que supuso la Operación Colombo como antecedente para la coordinación entre los servicios de inteligencia de las dictaduras de Latinoamérica adscritos a la Doctrina de Seguridad Nacional.

En Chile, el escenario judicial cambió cuando los jueces comenzaron a aplicar la figura del secuestro permanente, lo que implica que el delito, mientras no aparezca el cuerpo, aún se mantiene vigente. Por otra parte, comenzaron a primar las normas internacionales acerca de las violaciones a los Derechos Humanos, consagrados en el convenio de Ginebra, y la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que indican a los crímenes de lesa humanidad como inamnistiables e imprescriptibles, de manera tal que estos avances en materia judicial han permitido los procesos indagatorios que hasta hoy siguen su curso.

Aunque el caso 119 no ha sido llevado como causa conjunta a la justicia, muchos de los detenidos de la operación han sido incluidos en las causas de las casas de memoria ya nombradas, o bien cada familia ha iniciado procesos de forma particular. Lo que sin duda marcó un hito en cuanto a la justicia transicional en Chile fue cuando el 28 de enero de 2005, la policía de investigaciones tomaba detenido en su hogar al ex director de la DINA, el general (r) Manuel Contreras para ser trasladado al Penal Cordillera y cumplir ahí una condena de 12 años por el caso de Miguel Ángel Sandoval, víctima de la Operación Colombo. A su vez, fueron sentenciados el coronel (r) Marcelo Moren Brito y el brigadier (r) Miguel Krassnoff. Con este hecho comenzaría un proceso de mayor apertura de procesos, a los que le siguieron múltiples sentencias.

De acuerdo con la información proporcionada por la abogada Loreto Meza del entonces Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior, a agosto del 2016 por las víctimas de la Operación Colombo se habían dictado 52 condenas efectivas y ejecutoriadas, habiendo 35 causas sentenciadas en primera o segunda instancia, 10 en investigación o etapa de sumario y 19 procesos en etapa de plenario, esperando que se dicte sentencia. No obstante, al observar los nombres de los militares a quienes se dictan diferentes condenas, estos se repiten una y otra vez, resultando sentenciados nada más que un reducido número de agentes de la DINA, principalmente, su plana mayor: Manuel Contreras, Miguel Krassnoff Martchenko, Marcelo Moren Brito, Basclay Zapata Reyes, Pedro Espinoza Bravo, Francisco Ferrer Lima, Rolf Wenderoth Pozo, Raúl Iturriaga Neumann y Osvaldo Romo Mena, único civil condenado.

Así el poder judicial ha ignorado, al momento de ejercer justicia por el caso 119, la gran cantidad de funcionarios y agentes, civiles y militares con los que contó la DINA. Además, ha desconocido a los otros grandes promotores de la guerra sicológica: La prensa y periodistas involucrados, muchos de los cuales, mantuvieron impunemente sus trabajos en los medios escritos nacionales, como dejó demostrado el trabajo de la periodista Lucía Sepúlveda[12]. A esto se le suma, que el dictador Augusto Pinochet, quien emitía órdenes directas a la DINA, manteniéndose al tanto de todos sus movimientos y por lo tanto, fue ideólogo activo de la Operación Colombo, murió impune. Aunque desaforado a petición del juez Guzmán en 2004, el tirano falleció el 10 de diciembre del 2006 sin condena alguna.

Reflexiones

Es posible sostener que la justicia fue, en primera instancia, la vía a la que recurrieron familiares y compañeros de los 119, quienes por medio de presentaciones, requerimientos y diligencias judiciales buscaban saber la verdad, aunque con un aparato judicial absolutamente al servicio del terrorismo de Estado, no lograban prácticamente nada. No obstante, todas aquellas denuncias y registros formulados por la AFDD, el Comité de Colaboración para la Paz y luego la Vicaría de la Solidaridad, hoy constituyen los archivos del sufrimiento, que como señala Carla Peñaloza, han sido concebidos “en un primer momento como testimonios de denuncia, de investigación y condena a la dictadura y hoy como archivos de memoria”.

Ignorados y violentados por el poder judicial, la acción y movilización se constituyó como el camino a seguir para las agrupaciones a fin de visibilizar el caso y las sistemáticas violaciones a los DD.HH. Así, los familiares y compañeros de las víctimas, arriesgando incluso sus vidas y sin temor a represalias, en plena dictadura tenían el coraje de protestar, denunciar y mostrar a la oprimida opinión pública chilena, los crímenes que el régimen pretendía ocultar. En esta seguidilla de acciones es donde las agrupaciones, germinan la semilla de la memoria, que hoy se configura como un sólido y robusto árbol que ha facilitado y posibilitado las labores en materia de justicia y reparación. De esta forma, los familiares en su desesperación por denunciar y saber la verdad abrieron, sin proponérselo, la senda de la memoria herida que hoy vemos consolidada, más no concluida.

La lucha de las agrupaciones logró concientizar a gran parte de la sociedad chilena respecto a las violaciones a DD.HH. que perpetraba la dictadura, de manera que, una vez llegada la democracia y con una sociedad al tanto de los crímenes, la fuerza de las agrupaciones se volcó a la búsqueda de verdad y justicia y a la construcción de memoria. Con un trabajo de visibilización y denuncia realizado durante toda la dictadura y con el montaje comunicacional de la Operación Colombo derribado, en el período transicional la lucha debía darse tanto en el ámbito jurídico: en tribunales, tratando de condenar a los culpables y de conocer el paradero de los 119; como en la esfera social: promoviendo el principio pedagógico de la memoria de mantener presente los hechos traumáticos de nuestro pasado reciente y haciendo del nunca más un compromiso con la democracia.

En cuanto a los procesos judiciales, las cifras expuestas muestran los avances a lo largo del periodo transicional. A pesar de los procesos en curso y los ya ejecutoriados, las condenas por el caso 119 solo han implicado la pena de cárcel para la plana mayor de la DINA, repitiéndose en cada sentencia los mismos nombres, desconociendo que dicha organización contó con miles de funcionarios y colaboradores tanto militares como civiles. Además, Pinochet murió sin cumplir condenas y no ha habido condena alguna para los periodistas que formaron parte activa del montaje de la Operación Colombo, omitiendo el rol criminal jugado por la prensa proclive a la dictadura[15]. Mención aparte merecen las condiciones en que los criminales han sido encarcelados.

Los años siguen pasando y los pactos de silencio se mantienen intactos, la pregunta ¿Dónde están? no halla su respuesta, la mayor parte de los criminales mueren sin ser condenados, en tanto los familiares de los y las 119 también fallecen. La atrocidad y brutalidad de la desaparición implica para el familiar, el compañero o la compañera una angustia latente, por lo que el daño se prolonga en el tiempo, significando que toda medida reparatoria resulte insuficiente, pues el luto es de nunca acabar. Esta cronificación del daño, sumada a la impunidad biológica a la que ha apelado constantemente el poder judicial, hacen difícil que podamos hablar de justicia y reparación.

La desaparición de los cuerpos es un atentado a la historia, pues los criminales consideraron que había personas que no merecían permanecer en nuestro tiempo y espacio, ni podían dejar huella en esta tierra. Pero a pesar del intento del terrorismo de Estado de eliminar de todo relato a los 119, surge con fuerza la memoria y una tortuosa búsqueda de verdad y justicia. Este arduo trabajo y compromiso que han mostrado desde un principio las agrupaciones de familiares y DD.HH. hace posible que hoy sea insostenible la negación de los crímenes que la dictadura perpetró y pretendió ocultar.

El mayor homenaje para los 119, es continuar la senda de la memoria, haciendo honor a sus vidas entregadas a la militancia y a sus convicciones. Hoy el pueblo chileno los releva en las luchas por las que vibraron y se entregaron. De esta manera, la ausencia de los cuerpos es compensada con memoria y lucha.

Lista de los 119 compañeros y compañeras:

  • Arturo S. Aguilera Peñaloza
  • Francisco Aedo Carrasco
  • Rubén David Arrollo Padilla
  • Miguel Acuña Castillo
  • Victor D. Arévalo Muñoz
  • Alberto Vladimir Arias Vega
  • Jorge Elías Andrónico Antequeras
  • Juan Carlos Andrónico Antequeras
  • María Inés Alvarado Boergel
  • María Angélica Andreoli Bravo
  • René R. Acuña Reyes
  • Eduardo Alarcón Jara
  • Sonia del C. Bustos Reyes
  • María Teresa Bustillos Cereceda
  • Jacqueline del C. Binfa Contreras
  • Jaime M. Buzio Lorca
  • Cármen C. Bueno Cifuentes
  • Arturo Barria Araneda
  • Antonio S. Cabezas Quijada
  • Francisco J. Bravo Nuñez
  • Mario A. Carrasco Díaz
  • Mario E. Calderón Tapia
  • Alfonso A. Chanfreau Oyarce
  • Claudio Contreras Hernández
  • Juan A. Chacón Olivares
  • Cecilia G. Castro Salvadores
  • Abundio Contreras González
  • Ismael Darío Chavez Lobos
  • Carlos L. Cubillos Gálvez
  • Manuel Cortes Joo
  • Roberto S. Chaer Vasquez
  • Washington Cid Urrutia
  • Jacqueline Drouilly Yurich
  • Luis E. Duran Rivas
  • Muriel Dochendorff Navarrete
  • Jorge H. Orival Briceño
  • Bernardo de Castro Lopez
  • Félix de la Jara Goyeneche
  • Jorge Espinoza Méndez
  • Modesto S. Espinoza Pozo
  • Martín Elgueta Pinto
  • Adolfo A. Espejo Gómez
  • Luis F. Fuentes Riquelme
  • María Teresa Eltit Contreras
  • Julio Flores Pérez
  • Albano A. Fiorasco Chau
  • Nestor A. Gallardo Agüero
  • Luis J. Guajardo Zamorano
  • Héctor M. Garry Hermosilla
  • Rodolfo V. Gonzalez Perez
  • Gregorio A. Gaete Farías
  • Alfredo G. García Vega
  • Carlos A. Gajardo Wolff
  • Hernán G. Gonzalez Inostroza
  • María E. Gonzalez Inostroza
  • Jorge A. Herrera Cofré
  • Juan E. Ibarra Toledo
  • José A. Jara Castro
  • Mauricio Jorquera Encina
  • María Isabel Joui Petersen
  • Sergio H. Lagos Hidalgo
  • María C. López Stewart
  • Violeta del C. López Díaz
  • Ofelio de la Cruz Lazo Lazo
  • Eduardo E. Lara Petrovich
  • Mónica LLanca Iturra
  • Ramón I. Labrador Urrutia
  • Juan A. Molina Mogollones
  • Sergio Montecinos Alfaro
  • Pedro Merino Molar
  • Leopoldo Muñoz Andrade
  • Germán Moreno Fuenzalida
  • Eduardo F. Miranda Lobos
  • Rodolfo Marchant Pereira
  • Eduardo A. Morales Chaparro
  • Eugenia del C. Martinez H.
  • Agustín A. Martínez Meza
  • Juan B. Maturana Perez
  • Zacarías Machuca Muñoz
  • Ramón Nuñez Espinoza
  • Marta A. Neira Muñoz

UNA MUCHACHA MUY BELLA DE JULIÁN LÓPEZ, O EL GESTO REPARADOR DE LA ESCRITURA

UNA MUCHACHA MUY BELLA DE JULIÁN LÓPEZ, O EL GESTO REPARADOR DE LA ESCRITURA

https://scielo.conicyt.cl/pdf/actalit/n52/art_04.pdf

Un pacto de lectura singular

Una muchacha muy bella (2013), la primera novela del poeta argentino Julián López, plantea un interesante desafío a su lector. Por una serie de rasgos discursivos, parece encajar en un corpus ya bastante amplio: el de la narrativa reciente de la segunda generación, protagonizada por la figura del hijo de desaparecidos o militantes de la última dictadura argentina. Hasta ahora, esta producción ha sido escrita casi exclusivamente por hijos biográficos de víctimas de los militares (tales como Laura Alcoba, Félix Bruzzone, Ernesto Semán, Raquel Robles, Mariana Eva Perez 11), pero, como veremos a continuación, este no es el caso de López2. Sin embargo, su novela comparte con estos textos una búsqueda de nuevas modalidades de expresión de las experiencias de la dictadura. El más llamativo es el de elaborar una mirada transgresora, articulada desde el imaginario infantil, sobre ciertos tópicos de la dictadura y la militancia que muchos de estos hijos consideran fosilizados hasta el punto de dejar de reconocerse en ellos. Tal cuestionamiento se logra al poner en el centro del texto la tensión entre la familia y la militancia, operación que nos hace comprender la medida en que la elección de los padres, respecto a las armas, ha repercutido en las experiencias de sus hijos. Pero como veremos más adelante, se observa asimismo una toma de distancia con respecto a determinados discursos identitarios y prácticas de la memoria juzgados políticamente correctos y por lo tanto ironizados por narradores de textos como Los topos de Bruzzone o Diario de una princesa montonera 110% verdad de Mariana Eva Pérez (cfr. De Wilde & Logie, en prensa; Logie, 2015), y un rechazo a acomodarse en el papel de víctima.

Una segunda característica que esta novela comparte con las narrativas de “hijos” es el deseo de mostrar su herida desde otro lugar. Esto redunda en el rechazo del formato “testimonio” y la inscripción en el “giro subjetivo” (Sarlo, 2005) y en la retracción a lo privado, ya que el confinamiento en el mundo infantil obliga a enfocar la experiencia desde el ámbito doméstico.

Esta visión desde abajo no quita, sin embargo, que los textos de este corpus, al detenerse en una serie de detalles muy concretos, esbocen, aunque sea lateralmente, la sutil crónica de una época. En la novela de López, esta es contada a través de las minuciosas descripciones de memorabilia y costumbres que significan la década de los 70, como los Titanes en el ring, las faldas de tweed o el perfume Dulce Honestidad de Avon. Pero también emerge de los ecos de los discursos que circulaban en la Argentina de los 70 y que resuenan en el niño, como cuando cita a su madre, quien declara reiteradamente que la fiesta de Navidad es “la mentira más escandalosa de Occidente” (68, 88, 95)3. Todos estos elementos llevan a la recreación de las “estructuras del sentir” de aquellos años, unas pulsiones que, según Raymond Williams (1980), existen entre la conciencia oficial y la conciencia práctica, y que producen extrañamiento ahora por su efecto anacrónico.

Dicho esto, también saltan a la vista algunas características que hacen que la novela se salga de este molde. Es original en sus maneras inéditas de representar la figura de la orfandad, inéditas desde diferentes puntos de vista.

 Aquí comentaremos primero su pacto de lectura novedoso, reservando para los apartados siguientes su forma singular de explorar el trauma del protagonista y su intenso trabajo con la biblioteca. En términos genéricos, Una muchacha muy bella hace algo audaz porque sigue un camino hasta ahora poco explorado4. El caso es que el sujeto no enuncia desde una experiencia propia, autobiográfica, sino desde la ficción. Aunque el autor ha reconocido en varias entrevistas (por ejemplo: Friera, 2013) que sí tuvo una experiencia de duelo porque su madre murió cuando él era niño, se trataba de una muerte civil y no experimentó en carne propia el terrorismo de Estado. O sea que, si bien es un hijo metafórico o “afiliativo” de los años de plomo (la muerte de la madre de López ocurrió el 1 de junio de 1976), él no es una víctima directa de la dictadura pero le interesa explorar este límite entre ficción y dimensión autobiográfica. Dice que tardó muchos años en escribir la novela porque sentía cierta incomodidad, dándose cuenta de que un pacto de lectura autobiográfico constituyó durante toda una década el garante irrefutable de la legitimidad de esos textos. Temía, por tanto, la reacción del público al “apropiarse” de esta temática, pero al final el libro tuvo una muy buena recepción. Cabe decir que la novela de López tiene el mérito de haber desautomatizado esta asociación a un relato biográfico, perturbando la línea entre realidad y ficción, y permitiendo así que la temática de la segunda generación se abra a otros lugares de enunciación antes de poder convertirse, en una etapa siguiente, en “patrimonio de la humanidad”, como ya pasó con otras temáticas afines, siendo la del Holocausto la primera que viene a la mente.

Una niñez en dictadura

En Una muchacha muy bella, la mirada de un niño va reconstruyendo la vida en un barrio de Buenos Aires del pequeño con su madre soltera, guerrillera militante del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), hasta el secuestro y posterior muerte de ella. Dos personajes solos, en medio de un paisaje brutal, llenos de vitalidad. La identidad de la muchacha se nos revela desde la primera línea: “Mi madre era una muchacha muy bella” (9), un calificativo que se repite como un mantra a lo largo de las páginas de la novela, sintomático de la ruptura de la transmisión generacional que tuvo lugar en aquellos años: la madre queda bella para siempre, “congelada”, como una muchacha que ya no envejece, mientras que el narrador, en el momento retrospectivo de la narración, ha superado ya la edad que ella tenía en el momento de su defunción.

El hijo, de unos siete años y dotado de una gran sensibilidad, vive en un aislamiento casi total e intuye, desde el inicio, la tensión de los roles incompatibles entre los que se debate su progenitora, los roles de madre, mujer y guerrillera que entrechocan todo el tiempo. El niño lo percibe, la ve llorar en silencio, devorada por el conflicto, pero no comprende el alcance de los acontecimientos. Hay un amor incondicional entre ambos, al tiempo que el hijo se da cuenta de que su madre no es como las otras madres y que él es un estorbo que le impide la libertad de acción, aunque por otra parte, al haber abandonado el padre el hogar, hay veces en las que adopta también el papel de cuidador, como un sustituto del padre ausente, cuyo físico (el pelo tan llamativamente pelirrojo) ha heredado a su pesar, y del tío Rodolfo, que deja de visitarlos muy probablemente porque ha desaparecido él también. La sensación predominante en la vida del niño es que está fuera de lugar, que forma parte de un universo borroso cuyas leyes ignora, rodeado como está de signos (los de la guerrilla clandestina) que no sabe interpretar: los gestos que percibe a través de una puerta entreabierta, los fragmentos de una conversación telefónica entre su madre y un interlocutor desconocido o las dieciséis letras de la tele que copia pasando un rectángulo de vidrio rojo en medio de una hoja de papel.

El lector puede adivinar adónde va la madre cuando confía a su hijo a otra madre en el Jardín Botánico o cuando lo deja al cuidado de la vecina Elvira, una anciana del interior bastante frívola, o solo, encerrado en la casa. Se imagina quién la llama insistentemente por teléfono. Pero este “no dicho”, esta preocupación constante crea una tensión que se hace cada vez más fuerte y, por momentos, asfixiante. Recorre toda la primera parte del relato que se engarza en torno a la Navidad del ’75. Se dibuja así un triángulo entre tres instancias: el narrador adulto que, al igual que el lector, conoce desde la primera página el desenlace inexorable de esta historia, pero que decide restringir su saber en función de la cognición incompleta del personajedel niño. Si la focalización está puesta en los recuerdos del niño, la voz narrativa y la composición del texto se articulan claramente desde el presente, lo que se observa en la narración muy densa y estilizada del adulto, y en el hecho de que ningún elemento textual es fortuito, todos apuntan a la catástrofe que está por llegar5. Y, justamente porque todos sabemos que a esa muchacha muy bella le queda poco tiempo, cada miniatura cotidiana (un traje de extraterrestre mal hecho para el espectáculo escolar, una cena con salchichas frías, el humo de cigarrillos 43/70) se va presentando con belleza delicada y hasta con sensualidad.

Pero precisamente por esta sensación de peligro inminente y de abandono periódico que no deja de acompañar al hijo, su anhelo por la presencia de la madre se vuelve más imperioso y saborea los momentos compartidos. En varias ocasiones se evocan escenas de una intimidad intensa que reflejan el idilio que viven juntos: escenas festivas y alegres, como las visitas dominicales a alguna confitería fina; o escenas sobrecogedoras, como cuando la madre, después de una de sus ausencias inexplicables, regresa a casa y se mete un momento en la cama del niño (52), y él intenta no dormirse para poder aprovechar al máximo esta sensación de cálida felicidad y de cercanía; o en la escena del abrazo (114-115), que condensa toda la carga trágica de la novela.

La novela se estructura en dos momentos que interactúan. Muchas imágenes y pistas sembradas en la primera parte cobran sentido en la segunda y funcionan como prolepsis ominosas en una relectura. En la primera parte (9-129), el narrador intenta ponerse en el lugar de ese niño de siete años, y su tono es inmensamente tierno, mientras que en el epílogo (131-157) se muestra lo que ha sido su vida después de la pérdida de la inocencia, la suma de tres ausencias: la de la madre, la del padre desconocido y la de un Estado de Derecho anulado. Encontramos al narrador ya adulto intentando reunir los fragmentos de su vida para dotarlos de un sentido y responder a la pregunta: “¿Quién fue esa muchacha bella?” (155). En esta coda, la atmósfera es dura y dolorosa, la voz ronca, despiadada y el hombre que emerge allí solitario y silencioso, alguien asomado al abismo. Se hace patente que ser hijo de padres desaparecidos no es un hecho del pasado, sino que sigue teniendo vigencia en el presente. El narrador lucha por forjarse un lugar de respiración propio y definir su propia identidad, pero sólo lo consigue a duras penas, no puede asumir su legado y, por eso, no logra continuar con su vida. Como el trauma causa una disociación de los afectos, se siente imposibilitado para el amor, como se desprende de la improductividad de la convivencia con su compañera Fabiana, la dificultad de levantar un hogar propio y su negativa rotunda a asumir la paternidad. La única excepción que se aprecia en este sentido es la relación íntima que mantiene con alguien de otra generación, su madre de adopción, Elvira, la vecina mayor algo cursi que lo acogió y sacó adelante después del secuestro y que ahora reside en un geriátrico. A ella, muy débil ya, la visita con frecuencia y siente una gran emoción en su presencia, esperando poder darle sepultura con sus propias manos, poder contar con un cuerpo y con un cementerio, mientras que la madre biológica le fue arrebatada violentamente y el padre desapareció de su vida de un día para otro. O sea, que la peculiar constelación edípica presente en la novela determina que la intimidad sólo puede funcionar a nivel intergeneracional.

Estrategias para no representar la violencia: la elipsis

La novela también es bastante radical en su forma de explorar una situación límite imposible de enunciar, porque constituye el reverso fantasmático de las historias que componen la “novela familiar” convencional. Sobre todo en la parte final, el trauma del narrador adulto se pone de manifiesto a través de una escritura quebrada y desgarrada.

Estudiosos del trauma, como Anne Whitehead (2004), han recalcado hasta qué punto las experiencias extremas producen fenómenos que se vuelven a encontrar en Una muchacha muy bella, tales como la temporalidad retroactiva de lo traumático que provoca la indistinción entre lo ocurrido entonces y ahora, y la disociación del yo. El acontecimiento arroja una huella mnemónica inconsciente que se conserva en estado de suspensión, de latencia, para ser recuperada más tarde, desfase que explica su elusividad inicial, su carácter reacio al discurso. No debe sorprender por tanto que, cuando a la cadena de enigmas e incógnitas en torno a las ausencias maternas ponen fin la llegada de los militares, el allanamiento del departamento y el secuestro de la madre, los hechos violentos se resisten a ser contados de otro modo que por refracción. A estas alturas, sólo caben las omisiones, que se condensan en un uso generalizado de la elipsis, esa técnica narrativa que consiste en no mencionar en el discurso sectores más o menos amplios en el tiempo de la historia. Por eso, a pesar de constituir el núcleo de la historia, la propia escena del secuestro no se representa en la narración, está fuera del alcance del chico. Todo el lapso de tiempo entre el allanamiento y la adultez es una ausencia inscrita en el corazón del texto. Muchas cosas no se nombran. Ignoramos, por ejemplo, cómo se llaman el protagonista y su madre y falta por completo el relato de la militancia. Sólo en dos ocasiones se encuentran referencias explícitas a la lucha armada: la amenaza de bomba en el colegio del chico, en medio de un acto, y el miedo palpable en las calles al paso de un convoy del ejército después del fallido asalto al Batallón Domingo Viejo Bueno por el ERP del 23 de diciembre de 1975, anterior al golpe militar. De esta última operación, en la que la madre no se animó a participar, nos enteramos sólo indirectamente, a través de la torpe maniobra del chico de copiar este nombre, Unidad Viejo Bueno, en su cuaderno.

Ahora bien, ya que la elipsis es un “vacío informacional” (Herman, Jahn & Ryan, 2008, p. 591), el lector debe rellenar mínimamente estas lagunas en el discurso para entender el relato. Reconstruye el mundo ficcional por analogía con la propia realidad experiencial (2008, p. 477), orientado por ciertas estrategias de compensación que halla en el texto. El narrador de Una muchacha muy bella usa diferentes técnicas compensatorias. En primer lugar, opta resueltamente por la condensación poética de un lenguaje figurado de alcance universal. Trabaja la catástrofe que arrancará al chico de su mundo desde las huellas materiales que deja (“mi casa estaba rota”, 129), al modo de un paisaje después de la batalla, y mediante el recurso a una simbología cósmica y bíblica. De repente, el niño sabe, la verdad se le revela por el choque con una luz fulminante. Esta luminosidad que invade todo el departamento funciona como un rayo apocalíptico, tanto más cuanto que marca el fin del régimen de la oscuridad, en el sentido tanto figurado (la niebla se ha levantado y todo aparece con una claridad meridiana) como literal (el fin de la vida clandestina). Y es que un código secreto que mantenían los guerrilleros determinaba que la luz apenas se filtraba por las hendiduras de las persianas del piso, que aquel día del secuestro estuvieron de repente completamente subidas. En esta iluminación final culmina, además, el juego de luces y sombras con todas sus modulaciones intermedias a las que se ha mostrado particularmente atento el narrador a lo largo de toda la novela. Las tonalidades que más a menudo se evocan son las de los tonos grises de la bruma o la niebla, la de la luz oscura y filtrada de los espacios interiores donde madre e hijo pasan la mayor parte de su tiempo en el recogimiento, o, como mucho, la luz “opaca, azulina” (21) en la que los envuelven las excursiones al Jardín Botánico de Buenos Aires. Pero cuando sobreviene la catástrofe, el lector ha sido preparado mentalmente sin que se hayan mencionado explícitamente términos como “militares”, “represión” o “desaparición”.

Y es que la sensación de peligro ha sido creada por una serie de indicios prolépticos organizados en torno a campos semánticos determinados como el del vacío amenazante (el agujero, el abismo), el trato cruel de los animales como premonición de la tortura o el del agua siempre letal (el mar, el río, el océano), compensándose de este modo la gran elipsis del secuestro. En algunos casos, tales prefiguraciones se anclan en detalles de la vida cotidiana con carga apocalíptica que mantienen al niño en un estado de alerta permanente, como el susto que le da la boca negra del incinerador cada vez que sale a depositar la basura. A veces interpretar los presagios requiere un conocimiento que está fuera del alcance de un niño de siete años: juzga, por ejemplo, incompatibles los objetos que están dentro de los chocolates que se le regalan -un gorila, un coche verde y una bruja desaparecedora (68)-, mientras que el lector sabe establecer la relación entre ellos y descifrarlos como sendos emblemas de la incipiente dictadura militar (antiperonista, falcón verde, la villana bruja Cachavacha, personaje de una historieta argentina). En otras ocasiones, los presagios se extienden al nivel macroestructural del relato y se organizan en redes. Aquí se observa una preferencia por el procedimiento del desplazamiento metonímico. Aparecen con llamativa frecuencia animales maltratados o moribundos. Estos actos gratuitos de maldad no dejan de ejercer cierta fascinación sobre el chico, como cuando se detiene en describir el espectáculo de un pichón de calandria que da sus últimos estertores en el balcón del departamento (1011) o la disección del sapo que hicieron en la secundaria (135). Pero es sobre todo en el campo argentino donde se vislumbra un germen del desenlace: la cacería de un ñandú bien podría ser el preludio de algo terrible (63-66). Si la picana eléctrica aún sirve para hacer milanesas (66), el escalpelo con el que se descuartiza al sapo cobra la forma de un auténtico instrumento de tortura y el anfibio se metamorfosea innegablemente en un ser humano al que se intenta sacar información: “Primero nos enseñaron a desvanecerlo con cloroformo, después a abrirle la piel del reverso con un escalpelo y a estaquearlo sobre telgopor con alfileres para que su naturaleza se quebrara cabalmente ante nosotros y confesara” (135-136, énfasis mío). Dentro de la misma lógica premonitoria, la sistemática asociación entre el elemento del agua y el peligro no puede sino prefigurar el destino probable de la madre, sobre la que se insinúa que morirá, como tantas víctimas de la última dictadura, arrojada desde un avión al Río de la Plata. Instintivamente el niño padece una verdadera acuafobia. Cada aparición del agua en la novela es aterradora, como la de la bañera en el baño de inmersión del protagonista cuando se queda solo e inmediatamente su imaginación se dispara: “la bañera podía abrirse como una compuerta hacia el océano y atraer a los tiburones más sanguinarios” (39). También se horroriza cuando, en una clase, acaba de enterarse de la existencia de fosas marinas en las Marianas, un fenómeno natural “monstruoso” capaz de tragarse a la gente (80). Se niega rotundamente a sumergirse en el mar y le entra pánico cuando ve bañarse a su madre. La idea le saca de quicio hasta tal punto que se convierte “en un decidor de salmos, en un rabí ahogado en su murmuración sicótica: que aparezca, que aparezca, que aparezca” (80-81). Cuando es testigo de la inundación que se produce el último verano que madre e hijo pasan juntos acampando, pasa, sin solución de continuidad, de la corriente que empuja con fuerza y la crecida del río al cuerpo del tío Rodolfo al que el niño ha dejado de ver y que echa de menos, pero que ahora es un tema tabú: “El río se venía y yo sabía que no podía preguntar nada, ni decir que extrañaba las tardes en que me venía a buscar para enseñarme cosas del país o para ir a jugar a la pelota” (124). Al estado de petrificación que el agua provoca en el chico hace eco una secuencia muy significativa de su vida adulta, la del buceo, que se comentará más adelante.

Algunas escenas rebasan la experiencia particular del chico que va a perder a su madre para situar la tragedia argentina en el marco de la historia de la humanidad. Ocurre cuando el niño queda conmocionado por una foto en sepia que ilustra la portada de una enciclopedia de la Segunda Guerra Mundial encontrada en casa de su único amigo: Darío. La imagen de la montaña de zapatos, que activa en cualquier lector el signo del Holocausto, provoca su perplejidad, pero intuitivamente la identifica como premonitoria:

Tardé un rato en comprender qué era lo que estaba viendo. Tardé bastante más en darme cuenta de que me era imposible reconocer esa forma retratada en la tapa de ese libro que parecía un manual. Lo único que recuerdo era que en eso que veía había zapatos, muchos. Zapatos. Tal vez era una montaña de zapatos solamente, pero no me acuerdo bien. O tal vez eran zapatos impensables, zapatos que nunca antes había visto. Zapatos inenarrables (86).

La tentación del “Orfeo líquido”

Es llamativo que de esta novela no se desprende ninguna serenidad. No dice que es posible completar los huecos de sentido que existen en el relato de esta infancia, ordenarlos discursivamente. López privilegia claramente una focalización en lo fragmentario, que impide el cierre totalizador. Desde otra perspectiva, varios teóricos del trauma han hecho hincapié en el carácter tropológico y figurado de los textos literarios que recogen experiencias límite. El trauma no sólo se hace sentir en el nivel temático del texto, sino que su presencia también se estructura alrededor de la noción de repetición estilística (Whitehead, 2004, p. 120), como acabamos de ver.

En la segunda parte de la novela, llamada “epílogo”, se exploran los efectos del trauma y surge la pregunta de cómo vivir con la pérdida. Ya adulto, el narrador siente sobre todo desamparo. Ha quedado atrapado en lo que Dominick LaCapra ha denominado la fase de la repetición compulsiva o “acting out” (2005). En su escritorio hay “poca cosa y una foto” (152), una foto de él y de su madre de cuando pasaban las vacaciones cerca de Mar del Plata, en un balneario construido por Perón. En la foto se evoca un breve paseo que hicieron juntos rumbo a lo que prometía ser una playa, pero esta escena aparentemente placentera posee características ominosas, porque la playa resultaba ser otra cosa: un acantilado. “Lo que había era una escalera fastuosa que bajaba al canto de un precipicio, sin protección, sin señales que advirtieran el peligro” (154). Esta playa quimérica, que se termina en el vacío, esta caminata que se convierte en un escenario suicida, condensa tanto la derrota del proyecto revolucionario a la que se entregó la madre como la geografía de la vida del narrador, la sensación que arrastra de ir caminando permanentemente por el borde de un abismo, de ser un “quebrado” (150).

La fase de la parálisis culmina en otra escena más reciente, que hace eco a la simbología acuática anteriormente comentada. No puede ser una casualidad que el narrador adulto se sienta atraído hacia el buceo, deporte que practica con su actual pareja Fabiana. Cuenta que una vez estuvo a punto de abandonarse al magnetismo del mar, de dejarse abrazar por el agua: “Se me ocurrió aventurarme un par de patadas y ahí lo vi: el turquesa se oscurece concéntrico y es amable, no hay que hacer nada más que dejarse estar, es completo”. Cual un “Orfeo líquido” (151), el protagonista se siente hechizado por el pasado, un pasado que invade el presente y bloquea posibilidades en el futuro. Consumada irreversiblemente la muerte de la Eurídice que aquí se identifica con la madre, el narrador, como Orfeo, se encuentra trágicamente suspendido entre volverse y hacerse uno con la madre, o ascender de los infiernos, seguir de frente e intentar sustraerse al mandato de ser un buen hijo, un buen nieto (151). Finalmente, resiste y regresa del inframundo. Pero sus tentativas de superar la experiencia fracasan una y otra vez; sin quererlo, sigue siendo “el hijo de ese cuerpo en los días entre el secuestro y el final” (151).

LaCapra ha llamado “quehacer articulatorio” (2005, p. 46) a las operaciones que consisten en reconstruir la identidad del sujeto herido cuyo marco de referencia existencial ha sido desarticulado. En este contexto, el acto de enunciación por medio de la literatura ha sido indicado como una práctica que contribuye a poner en marcha la fase de working through o perlaboración (LaCapra, 2005). En su tentativa de transportarnos a su infancia, el narrador empieza, a duras penas, a componer una letanía que debería permitirle recuperar a su madre a través de una prosa poética.

Un trabajo con la biblioteca

Porque, a pesar de todo, la novela existe, el texto hace una apuesta que niega la inefabilidad de la experiencia vivida por el niño y se sugiere que podría ser fruto de los ejercicios de escritura del narrador. Otra de sus particularidades es que existe porque formula una apuesta deliberada por la escritura poética, en contra de cualquier tentativa de recuperación política. El texto cruza, de modo consciente y en diferentes niveles, la filiación familiar con la filiación literaria al elaborar una reflexión sobre la imbricación de filiación y biblioteca, filiación y enunciación y, por ende, filiación y ciudadanía. La apuesta por una escritura predominantemente lírica se encuentra en los dos niveles del texto: tematizada a nivel del relato y realizada a nivel del discurso.

A nivel del relato, la madre es retratada como una lectora voraz. En su mesa de noche siempre había algún libro, pero el protagonista sólo recuerda nítidamente tres títulos: La rama dorada de James Frazer, Cien años de soledad El varón domado, de Esther Vilar, una obra que provocó escándalo en su día porque su idea central es que, contrariamente a lo que la mayoría cree, las mujeres no son sojuzgadas por los hombres, sino que son ellas las que controlan a estos últimos. No es casual que una madre soltera se identifique con estas temáticas, como tampoco lo es su predilección por la poesía de Alfonsina Storni (1892-1938), con la que, aparte de compartir su condición de madre soltera, la vincula su transgresión de las normas de su época. En dos momentos estratégicos de la novela se citan poemas de Storni, “Bien pudiera ser” al inicio (13) y “La caricia perdida” (82) hacia el final de la primera parte. “La caricia perdida” (Languidez, 1920) es el poema predilecto de la madre. Representa a la mujer como sujeto deseante y responsable de su propio destino. Una inflexión erótica recorre sus versos, que hablan de roces, besos robados, caricias fugaces. Se trata de una caricia sin objeto, pero que al mismo tiempo libera a pesar de la soledad de la noche. Esta insistencia en la sensualidad apunta asimismo a la devoción amorosa entre madre e hijo. Por otra parte, de “Bien pudiera ser”, poema de Irremediablemente (1920), aparece un verso en el discurso del narrador, “Todo eso mordiente, vencido [y] mutilado” (13). El narrador lo pone en relación con las tentativas infructuosas de la madre de arreglar una sábana, y más en general, con la irresolución de sus gestos caseros tan anhelados por el niño. Saca a menudo los neceseres, pero siempre termina por subordinar las tareas del hogar a la causa política, subvirtiendo así el rol asignado a la mujer. Sin embargo, las preferencias literarias de la madre también reflejan su lado soñador y demuestran que no es una militante dura. A fin de cuentas, sus lecturas eclécticas otorgan ante todo protagonismo al placer de leer, un placer pocas veces alcanzado en toda su plenitud por falta de tiempo.

La actitud del niño frente a la lectura es doble, simultáneamente de atracción y de repulsión. Es cierto que el gesto de leer suspende las actividades rutinarias y une a madre e hijo en un ámbito de domesticidad, pero al mismo tiempo la lectura de la madre la aleja del niño al limitar su disponibilidad. El deleite que la madre encuentra en la lectura produce simultáneamente celos y fascinación en el niño, una fascinación que se apaga después de las primeras líneas, porque a sus siete años los libros aún le resultan inaccesibles. Es muy significativa al respecto la escena de la limpieza de la biblioteca que lleva a cabo la madre (78-83). Como lo hacían tantos intelectuales, ella quería deshacerse de cualquier documento comprometedor encerrado en estos volúmenes. Mucho más que por los propios libros, a fin de cuentas “lápidas que se amontonaban prolijas en un cementerio ordenado en la pared” (82), el niño se interesa por los objetos que contienen, como cartas o pétalos de flores disecados que hablan de la verdadera vida de su madre.

El propio autor ha declarado que ha querido rendir un tributo a la clase media ilustrada de los 70 (Friera, 2013), que a su modo de ver recibe demasiadas críticas injustificadas. Es verdad que parte de la cultura que esa clase media, a la que pertenecía la madre del protagonista, presumía poseer, estaba basada en un simulacro: la fe en la biblioteca como marca de distinción (85), el dejarse llevar por lo que tocaba leer más que por su propio criterio (como se desprende de la selección heterogénea de títulos, particularmente el de Esther Vilar), los viajes con los que la madre sueña, pero que no puede llevar a cabo (envía a su hijo postales de ciudades extranjeras desde el buzón de la esquina de la casa), o la visita a las confiterías finas donde también simulan, porque deben privarse de los dulces por su precariedad económica.

El narrador desnuda con sutileza lo que tenían en común las ideologías intrínsecamente violentas, aunque a primera vista diametralmente contrapuestas, de los guerrilleros (en su gran mayoría originarios de la clase media) y las Fuerzas Armadas: ambas se apoyan, en última instancia, en la estigmatización del otro contenida en la oposición civilización/barbarie que estructura el pensamiento argentino desde la Independencia. Tanto el tío Rodolfo como la madre abrazan los ideales eurocéntricos típicamente argentinos que sólo pueden tener su sede en la gran ciudad. La madre considera las facturas sofisticadas en las confiterías como el nec plus ultra del refinamiento y las postales que colecciona representan una naturaleza domesticada, cuyos emblemas pulcros son los tulipanes holandeses o la artificialidad del Jardín Botánico que visita con regularidad. Madre y tío comparten una obsesión por la higiene y la limpieza, que se manifiesta en su fobia a los parásitos que proliferan en los caramelos o en la pampa argentina. Una vez, cuando el chico estaba en el campo con su tío y dos peones, descubrieron algunos pajarracos que resultaron ser ñandús (63-66). Sigue una escena muy violenta en la que el peón desentraña al animal, cuyo interior está lleno de lombrices blancas. Con su cuchillo, el peón elimina “el mal”, la posible fuente de infecciones. De la misma manera, la vecina Elvira, pero sobre todo su hermana Désirée, encarnan la fuerza primitiva e incontrolable del “interior salvaje”, en este caso de la selva de Misiones. Es precisamente por eso que Désirée provocará una descarga hormonal en el chico: como un cuerpo que le atrae tanto porque es la contrafigura de todo lo que representa su madre. Por otra parte, este pensamiento que antepone la civilización a todo lo demás se vuelve contra madre y tío cuando a su vez son erradicados como “parásitos” en base a un discurso médico que paradójicamente manejaba el mismo tipo de criterios de higiene: la subversión presentada por el régimen totalitario como un mal que debía ser extirpado para limpiar la sociedad.

Pero, en última instancia, el narrador rescata los valores positivos de la clase media, porque le inspira simpatía el intento de embellecer una vida mediocre y, en lo que atañe a los libros, la fe en la lectura como instrumento de emancipación que, a su vez, procura una mejora personal mediante la instrucción y la tradición letrada. Este ideal se viene abajo tras el secuestro de la “muchacha”. Ocurre el día en que los militares entran en la vivienda y destruyen la modesta biblioteca casera. Justo antes de llegar al piso revuelto, aún en los peldaños de la escalera, el chico se agacha para recoger jirones de libros, la tapa rasgada de El varón domado. En ese momento, el protagonista aplica una lógica propia de los niños: como los libros le “arrebataban” a su madre, decide quemar las naves y se promete no volver a leer nunca más. El libro ha sido profanado por los militares y, en menor medida, por la guerrilla. La literatura ha perdido su aura al haberse visto reducida a un campo de manifestación y reproducción de discursos ideológicos.

En la segunda parte, el narrador ahora adulto rompe esa promesa y vuelve a leer, pero únicamente porque espera encontrar un tipo de refugio muy específico en la lectura frente a la realidad hostil: la distracción. Decide leer sin criterio porque considera que “leer es un ejercicio brutal de desmemoria: cada frase tacha la anterior, inscripción tras inscripción tras inscripción. Todas las letras son una letra, un borrón en el abecedario de manchones” (137). Sin embargo, se harta rápidamente de esta lectura consumista.

El grado cero de la escritura

Para poder hacer frente a su trauma, el protagonista busca desesperadamente un ritual propio (que piensa primero encontrar en el té, hasta el momento en que descubre que su afición por el té no es suya, sino también heredada, 145), “un legado en el punto cero, algo que empezara en mí y no tuviera nada de historia” (133) para dejar de ser nada más que el hijo devastado de la muchacha bella. Finalmente, el narrador decide buscar esta diferencia, conjurar la desaparición de su madre produciendo una escritura y esperando que ésta le permita respirar, romper los clichés y las identidades de constitución previsible. En un momento en que todas sus tentativas para construirse una identidad propia han fracasado, empieza a escribir, aunque quita importancia a este acto presentándolo como un mero balbuceo (“garabateo cosas”, 136). Parece ser un modo de rehabilitar al libro contaminado, de proporcionar una restitución. La escritura, un proceso arduo y penoso, aparece aquí como la contracara de la lectura de textos ajenos, en tanto que obliga al narrador a un tipo de recuerdo que atesora, como manera de saber quién es. Esta decisión de escribir su historia personal significa que quiere luchar por tener un espacio propio, pero permite asimismo canalizar una indignación, provocada por cierta recuperación política que, según el autor6, se hace de las víctimas en la Argentina kirchnerista. Con el gesto de la escritura, el protagonista quiere arrancar la memoria de una nueva reapropiación política, una nueva instrumentalización, la de una política de derechos humanos que, por necesaria que sea7, le obliga a enjuiciar a su madre, cosa que el narrador se niega a hacer, como se desprende de esta cita: “Me había acostumbrado a pensar que la muchacha bella había sido débil, que había sido fuerte, pero débil para quién, fuerte para quién, ¿quién pensaba esas cosas en mí, cómo se fueron construyendo esos pensamientos?” (151). La novela fue concebida, en parte, desde este hartazgo del discurso oficial “de escuchar eslóganes” (150), los eslóganes repetidos en el discurso institucionalizado del ámbito político, o sea, desde el rechazo a dejarse escribir por otros, de aquellos que pensaban las cosas en él. La novela se concibe entonces como una posibilidad de rescatar la singularidad de una experiencia, de crear una individualidad externa a este discurso colectivo a través de la ficción hecha de retazos mínimos. La memoria es anacrónica en sus efectos de montaje, de reconstrucción o de decantación del tiempo, un tiempo que desborda los marcos de una cronología.

Ahora bien, en el nivel del discurso, el mejor antídoto a la fosilización, la forma más adecuada de narrar “aquello” es, para López, a través de una depuración estilística, un lenguaje poético, la construcción de un punto de vista, una composición, es decir, de una forma resueltamente inactual que se le impuso al autor como la resistencia más apta contra la cristalización de la memoria. López no quiere escribir algo que “funcione” en el contexto de los discursos sobre la memoria ni instalarse en el gran relato de la Historia Oficial. Por eso, la forma que adopta no es la del testimonio ni la de ninguna épica heroica ni la de la tradicional novela de ficción, a pesar de estar escrito el texto en prosa. En cambio, el ritmo es absolutamente lírico, se emparenta con el de una lamentatio, un kadisj. En varios momentos decisivos del texto se alude a este exorcismo poético, y no sólo cuando se intenta resucitar a su madre. Cuando expresa su gratitud mezclada de tristeza ante la despedida de Elvira, el narrador observa: “Para esos momentos el lenguaje tendría que ser una invención, que de la nada más absoluta suene por primera vez la palabra inicial” (146-147). O, cuando le atormenta el abandono incomprensible del padre, tiene ganas de pronunciar la palabra “papá” como “un salmo mudo”, “para aferrarse a esa nada completa” (152). Además, las fuentes intertextuales en las que se sostiene la narración pertenecen a la poesía: si, como acabamos de ver, la primera parte se construye alrededor de la poesía de Alfonsina Storni, el epílogo menciona que la apatía general que siente el hijo fue sacudida por la lectura de un poema de Emily Dickinson, “Yo soy nadie’, un poema que lo afectó tanto que le hizo “aullar de dolor” (137). De este modo, el tiempo de lectura que se impone va en contra del principio de la aceleración que domina en los modos de lectura de hoy. El narrador, finalmente, rescata el valor de la lectura, pero lo radicaliza: leer debe ser un acto intransitivo, acompañarse de un proceso de escribir y articular emoción y cognición.

En Le degré zéro de l’écriture, Roland Barthes (1953) sostiene que toda escritura surge de la convergencia entre estilo y lengua, y que toda escritura está fatalmente atada a la Historia con mayúscula y a la tradición. Por consiguiente, ninguna escritura, ni la más despojada, puede pretender ser ideológicamente neutra, ya que siempre está atravesada por la doxa imperante. En Mythologies (1957, pp. 181-233), Barthes concibe como única alternativa el ideologizar el gesto de poetizar, operación que consiste en deshacer este corpus de prescripciones y hábitos que son la lengua. De acuerdo con semejante lógica, la escritura no es en modo alguno un instrumento de comunicación, sino un desorden que se desliza a través de la palabra oponiéndose a la lengua. Busca desmontar las alienaciones ideológicas y resucitar la experiencia vivencial partiendo de la mudez. La verdadera escritura levanta la voz contra el gesto de la apropiación. Si Barthes buscaba la transgresión en una escritura despojada a la cual tendía cierta novela contemporánea de su época, en López encontramos la voluntad de abrevar en la poesía, de desretorizar el discurso imperante a través de un estilo sutil, minucioso y vulnerable que no se presenta como natural, sino como profundamente construido, una prosa deliberadamente artística, porque sólo la escritura literaria -parece decirnos el autor- sigue conservando el privilegio de imaginar y elaborar un lenguaje límite.

Es llamativa esta elección por la artisticidad teniendo en cuenta la visión ahora dominante que cuestiona la especificidad de lo literario para proponer pistas que la descentran: el abandono de la literatura por una lógica en la que todo es posible (como en la discusión sobre la postautonomía de Ludmer (2010), una suerte de nueva formulación del fin de la literatura), la literatura como puro presente plano o la expansión de la literatura hacia otros campos. Sea como sea, muchas de las reflexiones críticas que se han publicado en los últimos años giran en torno a la transformación del estatuto de lo literario a partir del cuestionamiento de la idea anacrónica de la obra autónoma. A la hora de otorgar “valor” a un texto de principios del siglo XXI, el término clave del debate parece ser, pues, “proximidad”. Este cambio de perspectiva implicaría leer cualquier libro como formando parte de un movimiento que a partir de 2000 deja de lado la distinción literario/ no literario. El juicio estético ha perdido relevancia ahora que todo lenguaje configura un “tipo de materia y un trabajo social donde no hay índice de realidad o de ficción y que construye presente” (Ludmer, 2010, p. 156). Según Ludmer, la “imaginación pública” vuelve indiferentes todos los materiales lingüísticos con los que se fabrica una realidad sin afuera ficcional.

Mediante este pormenorizado análisis de los procedimientos retóricos y estilísticos puestos en obra en Una muchacha muy bella, esperamos haber demostrado que la novela de López se posiciona en contra de esta visión. Sería sin embargo erróneo sostener que esta narración, por explotar plenamente los recursos poéticos y considerar necesario un gesto de desideologización, contuviera una condena del compromiso político en sí. No está cerrada sobre sí misma, como se desprende de la escena final (157), que hace un guiño a la continuidad: el protagonista escucha la risa de unas chicas cartoneras debajo de su ventana y decide salir a la calle, porque espera que el encuentro con “gente” le cure de la asfixia de estar atrapado en su papel de hijo. Pero el compromiso más urgente de la novela reside en una apuesta fuerte por la escritura. Implícitamente, López defiende la operatividad de los juicios de valor estéticos. Es llamativo este punto de vista, porque se desvía de la doxa ahora dominante que precisamente cuestiona la especificidad de lo literario para proponer pistas que la descentren. Por el descrédito en que ha caído la ‘literariedad’, una literatura que hoy en día se define por su densidad estilística se convierte ya de por sí en una fuerza resistente. “La literatura, si sirve para algo, es para complejizar lo existente” (Vázquez, 2009, s.p.), son las palabras de Sergio Chejfec que encabezan una entrevista con el autor, y que resumen asimismo la postura de López. En un mundo cada vez más veloz y superficial, hay que valorar textos que desautomatizan nuestras percepciones e ideas. Frente a la sobreabundancia de eventos manifiesta en la época contemporánea, los criterios estéticos ofrecen, según López y Chejfec, las condiciones para garantizar la coherencia del campo literario y justificar su existencia como fuente de profundidad.

Notas

1 Para una vision de conjunto sobre la producción literaria de “hijos”, véanse los estudios de Ros (2012) y Reati (2013).

2 Aunque cabe matizar que, en este contexto como en el del Holocausto, el término “hijo” no solo se refiere a los vínculos parentales, sino también a todos los hijos cuya infancia o adolescencia estuvo marcada por la experiencia dictatorial. En esto, ciertos autores como Sosa (2014) siguen a Hirsch (2012, p. 36), quien distingue entre dos estructuras de transmisión de la memoria. La primera, que denomina “familiar”, designa la identificación intergeneracional vertical entre padre/madre e hijo/a. La segunda, “afiliativa”, abarca la identidad intergeneracional horizontal, que posibilita el acceso a la memoria de los “hijos” (es decir, hijos de las víctimas) por contemporáneos de estos. En la novela de López se encuentra un interesante cruce de ambos tipos de transmisión.

3 Todas las citas y las páginas entre comillas remiten a Julián López, Una muchacha muy bella (2013).

4 Existen antecedentes como Ni muerto has perdido tu nombre de Luis Gusmán (2002), El secreto y las voces de Carlos Gamerro. (2002) o Taper Ware de Blanca Lema (2009). Son también textos que, sin ser escritos por “hijos”, ponen en su centro esta figura. Sin embargo, la novela de López se distingue por la dinámica generacional en la que se inscribe y por su estatuto semi-autobiográfico, como se acaba de explicar.

5 Aunque desde articulaciones poéticas diferentes, este punto de vista triangular también se halla en otras novelas sobre el mismo tema, como La casa operativa (2007) de Cristina Feijóo y La casa de los conejos (2008) de Laura Alcoba.

6 La novela fue escrita “desde la bronca contra algunas cristalizaciones del discurso de la memoria empantanados en la idea del pasado” (declaración del autor hecha en Colonia, el 14 de octubre de 2014, durante el coloquio La niñez en tiempos de dictadura, 13 y 14 de octubre de 2014, Universitat zu Kõln). O en la entrevista con Mannarino: “El Estado te arrasa cuando te desaparece pero también cuando te recompone”.

7 Aquí es preciso subrayar el papel fundamental que ha cobrado la práctica de la memoria en Argentina a partir de los gobiernos de los Kirchner (2003-2015) y en contra de la amnesia menemista, que toma forma cuando se proclama el discurso humanitario como política de Estado, lo que se refleja en actos como la derogación de las leyes de perdón, la reapertura de los juicios a los militares, la apertura de los espacios de memoria… Por otra parte, esta misma política de los derechos humanos ha llevado a una expansión, pero simultáneamente podría traer consigo una inflación y hasta banalización memorialística en la “era global de la memoria” según la conocida tesis de Andreas Huyssen (2001), fenómeno que a su vez provoca reacciones. Dicho esto, no se puede negar que la memoria siempre es en sí un fenómeno político, por lo que quienes temen un exceso de memoria responden también a una agenda política propia.

Referencias

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Se cayó el hilo rojo de mi muñeca izquierda

Se cayó el hilo rojo de mi muñeca izquierda

 He huido dos veces en mi vida, la primera hace algunos años y la segunda hace dos meses. La primera vez que huí fue de un departamento chiquitito en Acoxpa. Recuerdo que era de mañana, recuerdo que él salió de la habitación rumbo a la universidad, fue cuando aproveché para llamar a una amiga, ella vino con el auto y yo metí todas mis cosas en bolsas negras, las metimos en la cajuela y nos fuimos lejos, rumbo a casa de mi madre, un par de días después volé hacia Buenos Aires, a lo que yo llamo mi primer exilio, esa ciudad me salvó la vida, ahí crecí, sané, cambié. Yo había logrado huir de esa jaula violenta en la que llevaba semanas o quizá meses llorando, atragantándome con mi propio llanto, sola, aislada, como prisionera de esa trampa amoroso-política. Un tipo militante que sólo hablaba de la revolución, que estableció marcos normativos para mis sentimientos, pensamientos, incluso para mi ropa. En fin, otra de esas historias. Leer completo en https://unasrojas.wordpress.com/2019/04/13/se-cayo-el-hilo-rojo-de-mi-muneca-izquierda/comment-page-1/#comment-89

Memorias silenciadas por el terrorismo de Estado.

Detención y torturas en Base Aérea Cerro Moreno y Grupo de Instrucción de Carabineros de Antofagasta

Por Camila Toro Aguirre -agosto 4, 20190 Share

En la penumbra del silencio, aguardan historias de vida cuyos destinos fueron truncados por la profunda huella que marcó la violación sistemática de los derechos humanos en Chile, donde torturas, homicidios, exilios y desapariciones forzadas, impusieron un silencio que por miedo o complicidad, censuraron una parte de la memoria histórica del país. A pesar de que muchos de estos relatos permanecen bajo el manto del negacionismo, otros en cambio, ven la luz pública para develar los crímenes perpetrados por agentes del Estado en más de 1.160 recintos públicos y privados. Entre ellos, los infranqueables muros del Grupo de Instrucción de Carabineros y la Base Aérea Cerro Moreno de Antofagasta.

I – SANGRE VERDE: TORTURAS EN NOMBRE DE LA PATRIA

Viejos tablones de madera crujían cuando los firmes pasos de carabineros marchaban al ritmo de un plan siniestro. A lo lejos se escuchaban relinchos y un olor a excremento de caballo daba señales sobre dónde podrían estar. En ese momento, la única certeza era que detrás de esas paredes verdes, la ciudad parecía seguir la rutina con normalidad.

Con los ojos vendados y un bebé de un mes de vida entre sus brazos, una adolescente de 17 años llamada Sandra Gahona, podía palpar el miedo que cada vez se hacía más denso en el ambiente. Ella sabía que era el comienzo de una dolorosa memoria que perduraría hasta el último día de su vida.

La hermana de los extremistas

La acción represiva de la dictadura militar no sólo persiguió a ciudadanas y ciudadanos disidentes, sino que también a las personas sin militancia política, tal como consigna el Informe Rettig de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación. Este fue el caso de Sandra Gahona, “la hermana de los extremistas”, como la llamaban sus torturadores.

La historia de Sandra forma parte de la larga lista de mujeres que tras ser secuestradas y torturadas, fueron por sobre todo víctimas de la violencia sexual. Según cifras de la Comisión Valech, en Chile hubo alrededor de 230 mujeres detenidas estando embarazadas, algunas dieron a luz en prisión, otras abortaron a causa de las torturas, y otras quedaron embarazadas producto de las violaciones perpetradas.

Enfrentando violentos contrastes en su vida, Gahona había dado a luz a su hijo en fechas cercanas al día en que su primo, Norton Flores, fue acribillado con ráfagas de ametralladoras la madrugada del 19 de octubre de 1973, en el paso de la Caravana de la Muerte por Antofagasta.

Fue un 5 de diciembre de 1973 cuando Sandra decidió presentarse ante la Fiscalía Militar junto a su hijo de tan sólo un mes de vida. El motivo: la necesidad de apelar para reducir los 50 años de presidio de su hermano mayor, Osvaldo Antivilo, condenado por militar en el Partido Comunista.

Sandra Gahona, “la hermana de los extremistas”.

Esperando durante largas horas con el bebé entre sus brazos, en tan sólo una fracción de segundo, el escenario de la Fiscalía Militar se fue a negro. Una capucha envolvía su rostro y desde ese momento, sólo quedaba suplicar que no le hicieran daño a su hijo.

Horas más tarde, Sandra fue trasladada en un furgón manejado por agentes del Servicio de Inteligencia de Carabineros (SICAR). Una vez que llegaron a su destino, la ubicaron en la pérgola del Grupo de Instrucción mientras designaban su celda.

Grupo de instrucción de Carabineros Antofagasta.

Perdiendo la noción del tiempo, el paso de los días los contabilizaba con rayas en la pared. Cada día implicaba una pesadilla distinta –fueron 45 en total-, y dependiendo de la voz del torturador, Sandra sabía lo que le esperaba. “Podía distinguir entre el que me sacaba para colgarme durante horas; el que me daba golpes con sacos húmedos o el que me llevaba a un cuarto para violarme”.

Años más tarde, logró reconocer al torturador que abusaba sexualmente de ella: el ex carabinero y agente del SICAR, Héctor Obando, quien la sacaba de su celda más de diez veces en el día. Lo que se sabe actualmente de este personaje, es que fue condenado el 2011 por el delito de tenencia ilegal de armas en Puerto Montt.

A pesar del dolor insoportable, Sandra no podía gritar ni sacar la voz. “Les causaba mucha rabia que no me quejara ni gritara. Me insultaban por eso y me torturaban más aún”, comenta con extrañeza y concluye que, “fue un mecanismo de defensa (…). Hasta que conocí la parrilla”, un catre metálico donde le aplicaban electricidad en sus genitales.

Los brutales métodos de tortura no podían cruzar la línea de la muerte, y en esa misión participaban médicos y enfermeros cómplices que prestaban asistencia en los centros de detención. Así fue como llevaron a Sandra a enfermería para frenar múltiples hemorragias internas que le habrían provocado.

Durante la atención médica cargada de violencia psicológica, Sandra se encontró con la sorpresa de ser atendida por un reconocido ginecólogo de Antofagasta, quien actualmente lleva la bandera de lucha por conflictos medioambientales en la ciudad.

Sueños truncados, ideales enterrados

En los años 70, un joven entusiasta llamado Nelson Ormeño, estudiaba Pedagogía en Lengua Castellana en la Universidad del Norte. A sus 24 años, enfrentaba una época universitaria de fervor político, donde organizaciones estudiantiles despertaron por un deseo de cambio y transformación basado en la educación.

“Cuando educas al pueblo comienzan a darse cuenta dónde están las miserias y quiénes las producen”, afirma Ormeño, que al revivir este capítulo de su vida, recordó cómo las injusticias sociales removían sus convicciones, despertando su motivación por ser parte del Frente Estudiantil Revolucionario (FER).

Nelson Ormeño Olivares.

La clave de esta unión entre jóvenes que perseguían los mismos ideales, tenía su esencia en el querer “proyectarse como personas que pudieran realizar un verdadero cambio social”. Pero luego de la dictadura militar, “muchos de estos sueños se murieron, y sus idealistas hasta el día de hoy, están desaparecidos”, lamenta Ormeño.

Nelson estaba terminando de realizar una clase cuando fue detenido en agosto de 1974. A pesar de tener los ojos vendados, él sabía perfectamente dónde estaba. Lograba visualizar a través de la tela a carabineros haciendo guardia en la entrada del recinto; le sorprendía ver lo jóvenes que eran.

Ormeño estuvo detenido en dos ocasiones en el Grupo de Instrucción de Carabineros, y en ambas instancias, enfrentó las torturas del catre metálico donde le aplicaron electricidad en los testículos, lengua y dientes; además de recibir golpes y patadas en todo el cuerpo. “Durante las interrogaciones me desnudaron y humillaron, querían hacerme sentir poca cosa, bajar mi calidad de ser humano”, recuerda Nelson y afirma que los responsables, pertenecían a la Comisión Civil de Carabineros.

José Torres Órdenes

Durante los obscuros días en el Grupo de Instrucción, Nelson reconoció un rostro familiar que lo transportó a las cálidas calles de la ex oficina salitrera Pedro de Valdivia, donde conoció a su amigo de infancia, José Torres. Ormeño jamás habría imaginado que décadas más tarde, se reencontraría con su compañero de escuela en un recinto de torturas.

Delatado por el mismo individuo que reveló la identidad de Nelson, José Torres, en ese entonces profesor de coro de la Universidad de Chile sede Antofagasta, fue prisionero político a los 22 años por ser parte del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). “Me detuvieron en la vía pública en la población Corvallis. Allí me encapucharon y me metieron en una citroneta con una pistola cañón apuntando en mi espalda”.

Grupo de Instrucción de Carabineros

Torres comenta que cada vez que escucha el pasar del tren revive las emociones de las torturas, visualizando las veces que lo dejaron atado de pies y manos en el catre metálico, aguantando durante horas un dolor indescriptible con la ropa mojada por su propia orina.

Ferrocarril de Antofagasta junto al grupo de instrucción.

Algunos encerrados en calabozos y otros en barracas de madera, allí permanecían de pie durante horas con las manos y pies engrillados. Para ir al baño, todas las mañanas sacaban a las y los presos en fila india, caminando vendados con la mano derecha sobre el hombro del compañero de adelante. Hacían sus necesidades en un tarro común, y a veces, compartían el mismo inodoro donde los observaban y obligaban a dejar la puerta abierta. “Mientras estábamos ahí vendados, no cesaba el afán por parte del personal de carabineros de querer quebrarnos moralmente”, afirma un ex preso político de siglas G.L.

“Cuando me liberaron, lo primero que pensé al llegar a la esquina de Matta con Cautín, era tirarme a la rueda de un auto y morirme. Ya no aguantaba… No podía superar nada más con ese dolor y ese miedo de que me pudieran llevar de nuevo”, recuerda con pesar José Torres.

Caso Gumercindo Álvarez: ¿Homicidio en el Grupo de Instrucción?

El ministro en visita por casos de violaciones de derechos humanos de la Corte de Apelaciones de La Serena, Vicente Hormazábal, asumió el 2017 las investigaciones judiciales del Norte Grande y Norte Chico, liderando las pericias de Antofagasta.

Según cifras reveladas por el ministro Hormazábal, en Antofagasta existen 25 procesos judiciales vigentes por delitos de lesa humanidad. Del total de las denuncias, tres son las causas vigentes que corresponden a los crímenes cometidos al interior del Grupo de Instrucción de Carabineros. Entre ellos, el caso del obrero socialista Gumercindo Álvarez, detenido por miembros de la FACH el 2 de septiembre de 1974.

La versión oficial de este caso, que actualmente se encuentra en tela de juicio, relata que Álvarez se habría ahorcado en un calabozo del Grupo de Instrucción de Carabineros. Sin embargo, según antecedentes de la Comisión Rettig, el cuerpo de Gumercindo tenía quemaduras en los testículos, carecía de uñas y mostraba signos de haber estado maniatado, por lo que la teoría del suicidio no era de fiar.

“Hicimos una exhumación del cadáver y aparecieron fracturas costales. Evidentemente, si es que no fue un homicidio, este hombre sufrió muchas torturas antes de quitarse la vida”, comentó el ministro a El Mercurio de Antofagasta. Además, cuatro días después de su detención, funcionarios de carabineros habrían llegado a la casa de Álvarez para informar a la familia que estaba hospitalizado y en estado de gravedad. Sin embargo, una vez que llegaron al hospital, descubrieron que Gumercindo habría llegado muerto en un furgón de carabineros la noche anterior.

II – LOS SECRETOS DE CERRO MORENO

La Base Aérea Cerro Moreno, ubicada a un costado del aeropuerto de pasajeros, fue el centro de detención y tortura con más personas recluidas en la ciudad de Antofagasta. Bajo el control de la Fuerza Aérea de Chile (FACH), las detenciones se concentraron en 1973 y aumentaron en 1980.

Los crímenes de lesa humanidad ocurrían dentro y fuera del recinto. Entre ellos, salieron a la luz casos como la tortura y posterior muerte de un niño de tan sólo 14 años; o el triple homicidio de Luis Muñoz (MIR), estudiante de la Universidad del Norte, junto a Nenad Nesko Teodorovic (MIR) y su esposa embarazada, Elizabeth Cabrera de 23 años.

“Todas las víctimas fueron ultimadas por personal militar cuando eran trasladadas hacia el recinto”, afirma Luis Galaz, Jefe de la Brigada de Derechos Humanos de la PDI.

Ante la crueldad injustificada de esto hechos, Domingo Asún, magíster en psicología social, atribuyó el actuar de los militares a “un proceso de deshumanización del otro”. En su investigación sobre la psicología experimental cognitiva de los torturadores, a las y los ciudadanos disidentes “le quitan los rasgos humanos, la identidad y todo tipo de nobleza”.

A pesar del daño provocado, Asún afirma que la meta final para los agentes del Estado en dictadura, siempre fue “defender la patria” por sobre todas las cosas. “Por eso están dispuestos a violar, a poner electricidad, a sacarles las uñas, mantenerlos en condiciones infames de indignidad, y luego, vuelven a sus casas, le hacen cariño a sus hijos, salen el fin de semana y vuelven el lunes a seguir destruyendo personas”:

Los sobrevivientes

Eran aproximadamente las seis de la tarde cuando Osvaldo Caneo llegó a la base aérea de Cerro Moreno. En ese momento, la arena entre sus pies y el silencio penetrante hacían cada vez más difícil vislumbrar dónde estaba; hasta que el sonido explosivo del despegue de un avión, dejó todo en evidencia.

Juan Carlos García y Osvaldo Caneo.

Fue en el mismo infierno donde conoció a su compañero Juan Carlos García, con quien compartiría los momentos más duros de su vida. Los métodos de tortura en Cerro Moreno parecían juegos. Situaban a los presos políticos en el medio, tomaban distancia, y luego corrían con fuerza para rematar con múltiples patadas en sus cuerpos.

Juan Carlos relata que varias veces intentaron ahogarlo en un pozo; en otras ocasiones, lo amarraban de los brazos y pies a una especie de plataforma de madera, la cual debía sostener con su cuerpo mientras lo golpeaban a palos.

-Mira nosotros fuimos entrenados en Brasil y Vietnam, así que sabemos bien cómo pegar, y si pasa algo y los matamos, no nos va a pasar nada. ¿Quién se va a acordar de ustedes? ¡Nadie! –gritó el militar en el rostro de García.

Esa frase nunca se le olvidó a Juan Carlos, porque en cierta forma, tenía razón. Ni el Estado, ni su familia, ni nadie podrían revertir el daño causado.

Al igual que García, Osvaldo Caneo también luchó para no ahogarse en el estanque donde fue sumergido. Hasta que un día, después de los apremios, un militar se acercó a él y le dijo:

-Debes contestarnos dos preguntas y te dejamos tranquilo… ¿Dónde están las armas para derribar los aviones?

-Ya le dije que la Juventud Socialista no maneja armas –respondió Osvaldo con el último aliento.

-Hasta aquí llegamos entonces –advirtió el militar.

Pasaron un par de horas cuando los torturadores decidieron introducir los cuerpos de Osvaldo y Juan Carlos dentro de un aparato metálico gigante con forma de carrete. Sin ropa y de manos atadas al interior del tubo, los lanzaron cerro abajo.

Cuando los torturadores se percataron de que los cuerpos de Osvaldo y Juan Carlos quedaron completamente destrozados, en un breve e irónico momento de “piedad”, decidieron no volver a lanzarlos cerro abajo por “miedo a matarlos”, recuerda García.

A 45 años desde que estas historias formaron parte de un presente donde gobernó el terrorismo de Estado, hoy rompen el silencio y derriban las murallas levantadas por el negacionismo en Chile. Un país donde la impunidad, aún gana la batalla de la incansable búsqueda de verdad y justicia.

En este sentido, la misión que heredan las generaciones de la democracia, está en preservar la memoria histórica y promover la defensa de los derechos humanos, por la construcción de un futuro donde no haya cabida para replicar esta cicatriz.

Un futuro donde el silencio deje de invisibilizar los escenarios destinados a matar y torturar; donde las víctimas de la represión, dejen de cohabitar los mismos espacios que sus torturadores en libertad, mientras todos los demás por egoísmo o comodidad, juegan a olvidar.

Porque la historia se cuenta por sí sola aunque muchas veces se intente negar; porque quienes aún luchan contra la pesada carga del pasado, hoy tienen la convicción de que nada ni nadie aquí está olvidado.

Memorial de Ejecutados Políticos de Antofagasta.

Nietos y nietas: reconstruir lo astillado

Nietos y nietas: reconstruir lo astillado

por Federico RiccioCompartir Twitter Facebook LinkedIn E-mail

¿Cómo se cambia una historia? ¿Hay nuevas vidas dentro de una vida? ¿Se transforman los olores de una infancia mentida? ¿Pueden recordarse los momentos olvidados? Lejos de las versiones románticas, los nietos recuperados Ezequiel Rochistein Tauro, Tatiana Sfiligoy, Victoria Montenegro, Pablo Gaona Miranda e Ignacio Montoya Carlotto rearman su identidad a partir del dolor y la verdad.

Nadie llega ahí por equivocación.

Las paredes hablan. Cuadros, plaquetas, reconocimientos. Sus hijos –en fotos en blanco y negro– están representados en una de las paredes como un inmenso portarretrato. El techo es alto. Las puertas refinadas, de madera y vidriadas. Casa de abuelas bravas y ambiente cálido: Virrey Cevallos 592.

Quedaron atrás tareas detectivescas, visitas a los juzgados de menoresorfanatosoficinas públicasNo tenían miedo: lo peor ya había ocurrido.

Sobre el escritorio de la entrada hay un vitral con una lamparita que ilumina pañuelos blancos.
Un poco más de cuarenta años atrás, un sábado 22 de octubre, un grupo de mujeres se hacía conocido como las Abuelas Argentinas que buscan a sus Nietitos Desaparecidos.

Hasta ahora, ya son 128 nietos restituidos. Siguen en la búsqueda de los hijos de sus hijos.



Ezequiel
Una tarde de junio de 2010.

Ezequiel sale de su trabajo en el Edificio Cóndor de la Fuerza Aérea Argentina. Lo abordan dos hombres de Capturas de Interpol vestidos de civil y lo suben a un Fiat Siena azul. En minutos, quedará desnudo en el despacho del juez Rodolfo Canicoba Corral.
Bajan en Comodoro Py 2002.

–Te convocamos para hacer la requisa sobre tus prendas –le explica un secretario.

Ezequiel no quiere saber nada. Discute. La tensión aumenta. Irrumpe en la sala Canicoba Corral:

–Dejate de joder. Es por las buenas o por las malas.

–Va a tener que ser por las malas –retruca Ezequiel.

El juez llama al personal policial. Al ver que no tiene salida, Ezequiel le pide al secretario que aclare que no lo hace por su propia voluntad.

–Necesitamos tus medias, la chomba y tus calzoncillos.

Ezequiel sale del Juzgado con otra ropa que no es la suya.

* * * * *

Ezequiel Rochistein Tauro es el nieto restituido 102. Tenía la certeza de que era hijo biológico de Stella Maris y de Juan Carlos Vázquez Sarmiento, ex Suboficial de la FF.AA.

–Hasta lo último mantuve mi posición –explica Ezequiel.

Vive con su pareja, sus tres hijas y con Stella Maris.

–Estas cosas no se racionalizan. Sé que tiene responsabilidades pero entiendo el contexto de los setenta y la violencia de esos años en mi casa.

En febrero de 2002 vio por última vez a Vázquez Sarmiento. No lo nombra. Con voz casi imperceptible, lo llama “él” o “mi apropiador”. Ahora está prófugo.

–Lo saqué de mi vida.

Ezequiel trabajó durante once años en el área civil de la Fuerza Aérea Argentina.

–Soy de esa generación que creció en los noventa. Si no tenías un conocido desaparecido, no estabas ni enterado.

El 16 de diciembre de 2001, la jueza María Servini de Cubria lo citó al Juzgado mediante una cédula que decía “Sustracción de menores”. Stella Maris atravesaba un cáncer de mama y,  antes de entrar al quirófano en el Hospital Aeronáutico Central, le deslizó que no era su hijo biológico.

–No le creí. Soy un negador serial.

Después de cuatro años, la jueza Servini de Cubría fue recusada por conflicto de interés ya que su marido trabajó en las FF.AA. La causa pasó al juez Rodolfo Canicoba Corral que ordenó un allanamiento en su casa para retirar prendas de vestir. El abogado de Ezequiel le había advertido esa posibilidad.

–Estuve seis meses esperándolos. Tenía algunas cositas guardadas para ellos.

Les dio un calzoncillo de otra persona y el cepillo de dientes con saliva del perro.

En 2009, el Senado de la Nación sancionó la Ley 26.549 que autoriza a la Justicia ordenar la toma compulsiva de muestras biológicas como método para determinar la identidad de personas en las causas en las que se investigan delitos de lesa humanidad.

La Corte Suprema de Justicia de la Nación se había expedido en contra de la extracción obligatoria y consideró que existían medidas alternativas para obtener muestras de ADN de Ezequiel.

Siete meses más tarde, Ezequiel fue interceptado por Interpol.

* * * * *

Jueves 16 de septiembre de 2010.

Hace quince minutos que espera. Parecen horas. Desorientado, Ezequiel aguarda en la antesala al despacho de la ministra de Defensa, Nilda Garré, en Azopardo 250, CABA. La secretaria finalmente lo llama.

–Vos no pasás – ordena Garré a un militar de guardia que acompaña a Ezequiel.

Están los dos solos. La oficina es inmensa. La ministra –visiblemente incomoda– le anuncia:

–Te quiero notificar yo, por pedido expreso de la presidenta, que tus papás son María Graciela Tauro y Jorge Daniel Rochistein.

Ese día, Ezequiel se entera que en noviembre de 1977 su mamá lo tuvo en cautiverio en la ESMA, asistida por el médico militar Jorge Luis Magnacco.

Hasta el día de hoy, Graciela y Jorge permanecen desaparecidos.


Tatiana
La tarde del domingo 31 de octubre de 1976.

Tatiana arma su historia a través de difusas imágenes y testimonios, como si lanzara una piedra contra un espejo y ahora tuviese que reconstruir lo astillado.

Mirta regresa con sus dos hijas a su casa en Villa Ballester. La pequeña Tatiana, de cuatro años, revolotea a su alrededor mientras su madre lleva en brazos a Laura Malena, de casi tres meses. 

–Vemos que hay un operativo, seguimos de largo, y vamos para la plaza –recapitula Tatiana.
Mirta y Tatiana se alejan cada vez más rápido. Tati no entiende qué está pasando. Mirta la sienta detrás de un cantero y le deja en brazos a Laura.

–‘Cuidá mucho a tu hermana’, me dice y camina para el lado opuesto de la plaza a donde estábamos nosotras escondidas.

De un camión militar descienden varios hombres. Tatiana observa desde el cantero.

–La encapuchan y se la llevan. Ese es el último recuerdo que tengo de mi vieja.

Mirta Graciela Britos Acevedo y su compañero, Alberto Jotar, continúan desaparecidos.

* * * * *

Abril de 1977.

Tatiana permanece en el Orfanato Remedios de Escalada de Villa Elisa y Laura en Casa Cuna de La Plata. Seis meses después, se reencontrarán de casualidad.

El matrimonio Sfiligoy había ido al Juzgado de Menores N°2 de San Martín para completar los trámites de adopción de una bebé. Pero mientras aguardan el papeleo, llega una trabajadora social, muy preocupada, con Laura en brazos, que tenía problemas de salud por la ausencia de su madre. En la sala de enfrente, se escuchan los gritos descontrolados de una nena.

Inés queda conmovida por la situación de Laura e irrumpe en el despacho del Juez pidiendo su adopción.

–Mi vieja se dio cuenta que Laura era una nena que necesitaba cuidados –reconstruye Tatiana.

La trabajadora social aprovecha esa situación y le cuenta que la nena del berrinche en el otro cuarto se llama Tatiana y es la hermana de la beba.

En ese momento, Inés y Carlos deciden adoptar a ambas hermanas.

* * * * *

Jueves 16 de agosto de 2018.

Son cerca de las tres de la tarde. Tatiana hace un recorrido por su lugar de trabajo: el ex Centro Clandestino de Detención Virrey Cevallos. Luce sencilla, vestida con un suéter rojo y una bufanda verde. Describe el lugar con la paciencia de una escultora.

–Es muy difícil laburar en un lugar que está marcado por el horror.

Tiene 45 años y es psicóloga de la UBA. Empezó la carrera para intentar entender qué pasa por la cabeza de un asesino. Nunca lo logró. Trabajó en Abuelas de Plaza de Mayo; en el Centro de Salud por el Derecho a la Identidad; en la Secretaría de DD.HH. de la Nación; en el Centro de asistencia a víctimas de violaciones de DD.HH. 

En todos los casos, en la asistencia a víctimas del terrorismo de Estado.

Es –además de autodenominarse la madre de todos los nietos por ser la más grande– mamá de dos chicas y un varón. Dice que tiene cuatro padres.

–Al principio no me acordaba de la cara de mi mamá.

Se reencontró con su historia a partir de una denuncia que envió un amigo exiliado de los padres desde Canadá. Carmen y Analía, sus abuelas, emprendieron la búsqueda de inmediato con una foto de sus nietas colgada en el pecho.

–La fotito era, en esa época, la herramienta de búsqueda en lugar del ADN.

El 19 de marzo de 1980 se produjo la primera victoria, entre muchas otras que se sumarían después. Tatiana y Laura se convirtieron en las primeras nietas restituidas en Argentina.

Fotos: Viojf
Fotos: Viojf

Victoria
Diciembre de 1997.

Herman Tetzlaff participó del grupo de tareas que secuestró a su papá, Roque Orlando Montenegro, y a su mamá, Hilda Ramona Argentina Torre, quien continúa desaparecida.

Durante el operativo en una casa de Lanús, Tetzlaff quedó impactado al verla, con apenas diez días de vida, sin parpadear y con sangre en los oídos. Pensó que estaba muerta.

Separada de sus padres, Victoria estuvo bajo el cuidado de una congregación de monjas de Morón. Seis meses después, Tetzlaff y su esposa, María Eduartes, fueron a buscarla. Las monjas le ofrecieron un varón rubio, más al tono con la pareja.

–No, la negrita es mi hija –respondió el Coronel.

Creció rodeada de militares y enamorada de su apropiador.

–Para mí, mi viejo venía después de Dios y San Martín –recuerda de esa época.

Cuando Victoria tenía 21 años, la policía se llevó a Tetzlaff al Juzgado Federal N°1 de San Isidro por una causa abierta por apropiación. Al día siguiente, el juez Roberto Marquevich le notificó que, en un 99,99 %, no era hija del matrimonio Tetzlaff-Eduartes.

–Le dije que me quedaba con mi 0,01 %, porque mis papás no me mentían. Y que la causa estaba armada.

Tetzlaff le pidió que no hiciera la contraprueba y le encomendó el cuidado del arma.

–Sos como un ángel que tuvo el amor de criar al hijo del enemigo como propio –le dijo.

* * * * *

Lunes 13 de agosto de 2018.

Una caja con la foto de Eva Perón posa sobre el escritorio de Victoria. En la mesa de la TV, un pañuelo verde hace de mantel. Otro pañuelo –pero blanco– luce en un cuadro enmarcado con una breve dedicatoria: “Tu abuela Estela”.

Procesó la verdad de forma evolutiva. De “hija de la subversión” pasó a ser “hija de subversivos” para después ser hija de “Toti” y “Chicha”. Hoy es Diputada de la Ciudad de Buenos Aires por Unidad Ciudadana.

–Cuando a mí me mentían, a la sociedad entera le mentían.

Hasta sus 25 años, cumplió el modelo de mujer que le habían enseñado: madre de tres hijos, esposa y ama de casa.

–Recién pude elegir a partir de la verdad.

En varios momentos que habla de su infancia, se nombra como María Sol.

–Hay aromas de la niñez que te generan contradicciones –sus ojos brillan–. Ahora sé que no era feliz porque me veo muy chiquita y muy lejos de mi familia. Lo que más me gustaría en la vida es tener hoy el recuerdo de la voz de mi mamá.

En 2012, en el marco de la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas, los restos de Roque, su papá, fueron identificados en el Cementerio Municipal de Colonia del Sacramento, Uruguay, víctima de los “vuelos de la muerte”.



Pablo
29 de diciembre de 2008.

Pablo discute con su apropiadora. En medio de los gritos, aprovecha y escupe lo que tiene atragantado hace años:

–Voy a ir a Abuelas a hacerme un ADN.

Haydée Raquel Ali Ahmed, su apropiadora, se paraliza. Al día siguiente, en medio de un llanto, llega la reacción tardía.

–Por favor no vayas. Con tu papá y Héctor podemos ir presos. Héctor era un oficial muy joven y no sabía lo que hacía.

Pablo confirma sus sospechas pero lo abruman las dudas por el futuro. ¿Cómo sería la vida de un hijo de desaparecidos? ¿Quién lo apoyaría? ¿Cómo se recupera la identidad?

Es la víctima. Pero se siente culpable.

* * * * *

Lunes 13 de agosto de 2018.

Pablo vuelve a su trabajo –segundo piso de la Legislatura porteña, en la Comisión de Derechos Humanos– después de comprar café para la oficina. Frente a su escritorio, en una cartelera plagada de papeles, sobresalen dos fotos en blanco y negro que dicen: María Rosa Miranda y Ricardo Gaona Paiva.

–Me siento orgulloso de la lucha que llevaron adelante mis viejos. Eran muy jóvenes.

Pablo –antes Leandro– siempre supo que no era hijo biológico de las personas que lo criaron. Creció en una familia de clase media, junto a sus dos hermanas.

–Ambas adoptadas –interrumpe y corrige–. No apropiadas.

La difusión de los nietos restituidos le generaba ruidos en su propia historia. Una medianoche de 2004, mientras todos dormían en su casa, Pablo hace zapping en la tele de la cocina y elige el programa “La pregunta animal”, de Gerardo Rozin. El conductor está entrevistando a un hijo de desaparecidos que cuenta que tiene la sensación de que su madre lo está buscando.

Pablo se puso a llorar sin saber por qué.

Tardó cuatro años en hablarlo con su apropiadora y ocho en mandar un correo electrónico a Abuelas de Plaza de Mayo. Durante todo ese tiempo investigó la vida de los militantes de los años setenta, las agrupaciones políticas, a los nietos recuperados. Percibía una constante:

–Los militares se apropiaban de bebés y los entregaban a sus familiares o familias bien, que no estaban contaminadas por el gen subversivo.

El padrino de Pablo es Héctor Girbone, teniente retirado en Campo de Mayo.

En la página de Abuelas rastreaba las imágenes de los desaparecidos y los casos de bebés nacidos en cautiverio.

–Buscaba la foto de mi mamá.

Nunca encontrará la foto porque no nació en cautiverio. A Pablo lo secuestraron junto con sus padres el 14 de mayo de 1978, cuando tenía un mes de vida.

–Aproveché todos esos años para darme cuenta que no era el culpable, que era la víctima.

Finalmente, el 29 de junio de 2012, llama a Abuelas. Deja sus datos y se presenta de manera espontánea. Cuatro días después, se realiza el ADN.

* * * * * 

La tarde del 1 de agosto de 2012.

Claudia Carlotto recibe a Pablo en CONADI.

–Tus dudas son ciertas. Tranquilo –lo contiene, saca una carpeta y le dice–, empezá por el medio.

Claudia le habla pero para él es una voz en off. Por fin, mira las fotos de sus padres y lee su partida de nacimiento: “Pablo Gaona, hijo de Ricardo Gaona Paiva y María Rosa Miranda, nacido en el Hospital Rivadavia a las 15:30 del día 13 de abril de 1978”.

–Y ahora, ¿cómo querés que te llame? –pregunta, decidida, Claudia.

Mira nuevamente la partida y responde:
–Si mis viejos me pusieron Pablo, quiero que me llames Pablo.


Ignacio
Viernes 5 de agosto de 2014.

La sala es un enjambre de abejas.

Sólo hay espacio para un mesa sencilla, con un mantel bordó, vasos pasados de moda y decenas de micrófonos. A treinta centímetros, un mar de anotadores, cámaras y grabadores.
Llegó el momento. El mundo se detiene.

–No voy a hablar en absoluto, no me pregunten nada – sorprende Estela de Carlotto.

De golpe, el silencio agobia.

–Mi rol hoy no es hablar como Abuela de Plaza de Mayo sino acompañar a nuestro nieto, a mi nieto: el nieto de todos.

Una ovación los abraza.

Respira profundo como un artista antes de salir a dar su mejor función.

–Yo soy Ignacio –se detiene y continúa– o Guido porque ella está muy firme con su decisión.
A partir de entonces, comienza un calvario en el que Ignacio y Guido se sucederán y llegarán a identificarse. Habrá un momento en el que Ignacio pondrá en duda haberse mostrado tan tranquilo.

* * * * *

Viernes 31 de agosto de 2018.

Pegado a la ventada de un bar desolado, en la esquina de la avenida Gaona y Terrero del barrio de Flores, Ignacio toma un café con leche con dos medialunas.

–Fue fatal –recuerda, avergonzado, sobre su presentación–. Si no daba esa conferencia no podía volver a mi casa.

En el lapso de cuatro años acumuló decenas de reportajes en los que respondía las mismas preguntas.

–Dije muchas cosas que en ese momento realmente sentía, pero después descubrí que no era tan así. Hoy digo lo que quiero decir y no lo que la circunstancia amerita que se diga.

El 2 de junio de 2014, en su cumpleaños 36, Ignacio se enteró que no era hijo biológico de Clemente Hurban y Juana Rodríguez. Empezó terapia con sospechas de ser hijo de desaparecidos. Al poco tiempo, mandó un e-mail a Abuelas. CONADI le sugirió hacer una extracción de sangre. Accedió al pedido. Veinte días después, mientras ensayaba en el piano, recibió el llamado de Claudia Carlotto, que se anticipó a la prensa y le dio la noticia.

–Desde que me llamó la tía Claudia estuve todo el tiempo con la idea de resolver las cosas.
Esa noche durmió en la casa de un amigo. Los medios estaban en la puerta de su domicilio.

Ignacio –cuenta– nunca tuvo curiosidad por conocer la historia de sus padres biológicos porque la figura paterna y materna ya las tenía.

–Me impulsó el deber cívico –reconoce–. Una familia que te está buscando durante tanto tiempo merece que vos hagas algo cuando ellos  han hecho tanto.

Decidió conservar su nombre a pesar del deseo de Estela que, en ocasiones, de forma inconsciente, lo llama Guido.

–Se instauró “Guido” tan fuerte que ahora es muy difícil de sacar.

Su proceso fue de dos meses. El de la familia que lo buscó, de 36 años. Ese abrazo fue soñado desde un solo lado.

–Mi realidad es otra. Me ha tocado vivir los dolores en otro momento. Viví en cuatro años lo que debía haber vivido en diez vidas.

Ya transcurrida media hora de la charla, parece haber perdido la atención. Mira el celular. Relojea hasta que sorprende y pone play.

–Tiene una inocencia con cierta picardía –comenta con ojos sonrientes mientras muestra un video de su hija con la cara pintada–. Los niños vienen para sanar.

Lola nació el 3 de junio de 2016, un día después del cumpleaños 38 de su papá y a casi dos años del llamado de CONADI. Junto con su pareja, Celeste, eligieron a Claudia Carlotto como la madrina de Lola. También, resolvieron que los padres de Ignacio ocupen el lugar de abuelos.

–A partir de ahí algunas cosas se acomodaron. Es una relación que se construye a través de mis problemas y las negaciones de mi abuela. Estela es Estela y todo lo que tiene alrededor.

El vínculo con Estela tomó otro color. Un aire fresco oxigenó la relación.

–Con Lola tienen algo especial. Es hermoso verlas a las dos. Me encanta que Lola pueda acordarse de su bisabuela como una señora que iba a casa y la pasaba bien con ella.

Después leerá la historia y sabrá quién fue.

“Historias Desobedientes: familiares de genocidas por la Memoria, la Verdad y la Justicia”.

Presentación leída en la apertura del Primer Encuentro Internacional de Historias Desobedientes.

24 DE NOVIEMBRE DE 2018 (ver más…) 

En mayo de 2017, después del fallo de la Corte Suprema de Justicia conocido como el “2×1”, muches de nosotres empezamos a buscar la manera de alzar la voz, entendiendo el retroceso que el gobierno actual estaba llevando a cabo en materia de Derechos Humanos. A partir de publicaciones en la prensa, nos dimos cuenta de que no éramos les úniques con estas inquietudes y comenzamos a encontrarnos. Así nace “Historias Desobedientes: familiares de genocidas por la Memoria, la Verdad y la Justicia”. El primer encuentro se realizó el 25 de mayo de 2017. En ese momento éramos cinco hijas de genocidas y un hijo. En menos de diez días decidimos salir con nuestra bandera, como primera acción política el 3 de junio, en la manifestación de Ni Una Menos. Algunos medios levantaron esta noticia y nuestra bandera fue tapa del diario Tiempo Argentino. Comenzaron entonces a llamarnos de diferentes medios nacionales e internacionales y comenzaron también a contactarse otras hijas, hijos, nietas y nietos, hermanos y sobrinos de genocidas. Organizarnos fue una difícil pero necesaria tarea. Y acá estamos. 

Al comenzar a juntarnos, de inmediato se advirtieron las diferencias: tantas historias como integrantes van acercándose y constituyendo el Colectivo. Edades, recorridos, vivencias, modos de elaboración de la propia historia. Familiares genocidas de distintas fuerzas y jerarquías, vivos condenados, vivos impunes, muertos condenados, muertos impunes, con domiciliarias. Todos responsables de crímenes de lesa humanidad, de un genocidio perpetrado. Hemos enfrentado el desafío de funcionar colectivamente, priorizando la fuerza que nos ha dado el encontrarnos, saber que nunca más estaremos solas ni solos.  Hemos crecido con formaciones y costumbres muy endogámicas, venimos de familias muy cerradas. Esto hace mayor el desafío de constituir un Colectivo en el que el otre esté presente en cada une.

Entendemos que nuestra potencia radica en dos aspectos fundamentales: funcionar colectivamente y plantarnos en la posición ética que nos define: Repudiar el accionar de nuestros familiares genocidas, por sus crímenes que mantienen vigencia y por los que nunca se arrepintieron. Y simultáneamente, Repudiar al accionar represivo que pueden tomar hoy las Fuerzas Armadas y de Seguridad, en contra del pueblo y en defensa de los poderosos, que se pretenden dueños de la vida y de los destinos de les argentines.

Somos las hijas, hijos, nietas, nietos y familiares de los genocidas que protagonizaron la feroz dictadura de la historia argentina. De allí venimos. Nacimos en el seno de esas familias. Fueron esos genocidas los que nos llevaron a la escuela, nos enseñaron lo que estaba bien y lo que estaba mal. Nos dijeron lo que debíamos pensar acerca del mundo y de lo que ocurría en él. Crecimos en esos hogares en los que alguien nos enseñó a rezar y a creer. 

Creímos en Dios, en la familia y en nuestros padres. Acatamos por miedo o por amor todo lo que pudimos y nos esforzamos más en seguir creyendo. Hasta que ya no pudimos más y la verdad nos explotó en la cara.

Desde aquel momento, vivimos un largo y doloroso proceso hasta que por fin pudimos decir con orgullo que estamos despiertes. Con los ojos bien abiertos y limpios de lágrimas. Porque la verdad duele, pero una vez que se conoce ilumina el camino a seguir y no hay posibilidad de dar marcha atrás.

Porque estamos despiertes y somos libres es que hoy queremos manifestar nuestra posición públicamente frente a aquella barbarie que fue la dictadura y sus consecuencias. Lo hacemos desde la convicción que nos da nuestra propia experiencia de familiares. Lo hacemos desde el dolor de la decepción, pero también desde el amor y la confianza que nos permite encontrarnos y abrazarnos. Y lo hacemos porque las víctimas de del genocidio del estado siguen esperando que se haga justicia y debemos y queremos marchar a su lado.

Entendemos que no hay justicia si no se reconoce que una generación fue diezmada desde el mismo poder del Estado. Si no se castiga tanto crimen, tanta tortura, tanta desaparición forzada, tanto robo de identidad.

Cada recorrido personal es diferente, pero todos están atravesados por la soledad y la vergüenza. Cada une de nosotres vivió una relación muy distinta con su familiar genocida: algunos fueron afectuosos, protectores, amorosos; otros fríos, distantes, violentos o abusadores. Poder tomar distancia de algo tan íntimo como la “propia sangre” es un recorrido doloroso pero necesario que nos libera del peso de la “culpa” por lo que nuestros familiares hicieron. Si bien el vínculo filiatorio determina nuestro encuentro, no es la relación personal que tuvimos con el familiar lo que nos convoca sino un posicionamiento social y colectivo de repudio al accionar genocida. Observamos que en este año y poco más de existencia del colectivo la visibilización de nuestro posicionamiento anima a otres familiares a pronunciarse contra los mandatos de silencio. Sabemos que somos muches más. Sabemos que frente a los intentos por reinstaurar la impunidad y el negacionismo tenemos que ser muches más desobedientes que decidan romper con los silenciamientos.

Tomamos el ejemplo de los Organismos de Derechos Humanos, de las Madres, de las Abuelas, de los Hijos, de los Sobrevivientes, de los Familiares. El amor y la constancia en la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia, han sido nuestro faro en medio de tanta oscuridad. Por ellos entendimos que teníamos que estar juntes, organizarnos colectivamente y participar de manera activa y comprometida en este presente que nos insta a superar la vergüenza y a trascender las individualidades para construirnos como una voz que diga lo que hasta ahora no se ha dicho en este país: las hijas, hijos y familiares de genocidas repudiamos sus crímenes, sus prácticas represivas, sus pactos de silencio e impunidad. Nosotres no nos reconciliamos. No perdonamos. Y no nos callamos. 

Ahora que nos encontramos y que juntes manifestamos nuestro repudio, queremos multiplicarnos, despertar otras voces acalladas, sometidas como antes estuvieron las nuestras, porque sabemos que son muches les que se niegan a admitir el horror cometido y que, por distintos motivos, aún no han podido liberarse. Tenemos claro que el mandato de silencio, el disciplinamiento de los cuerpos y las identidades, el plan sistemático de represión, desaparición, asesinato y robo de niñes fue un genocidio de Estado que pretendió quebrar los lazos comunitarios y echar atrás los logros en materia de derechos y conquistas sociales. No nos sometemos tampoco al individualismo, práctica que los genocidas y sus cómplices civiles, judiciales, empresarios y eclesiásticos pretendieron imponer, y cuyas secuelas todavía están muy presentes en nuestra sociedad actual.

OBJETIVOS DEL COLECTIVO HISTORIAS DESOBEDIENTES

Intención, mira, proyecto, plan, meta, finalidad a alcanzar son algunos de los sinónimos que definen la palabra OBJETIVO. Como un barco que navega y marca un rumbo, así el colectivo Historias Desobedientes fue marcando sus objetivos desde sus comienzos: estos fueron madurando y creciendo a medida que nos fuimos consolidando a través de recorridos y experiencias vividas hasta el día de hoy.

1. Uno de los primeros y primordiales objetivos del colectivo fue encontrarnos. A partir de la certeza de que no éramos les úniques ni tan descabellado nuestro posicionamiento de repudio al accionar criminal de nuestros familiares genocidas y en el marco del actual gobierno macrista que insiste en la negación como práctica sistemática. El objetivo fundante fue contactarnos, encontrarnos, conocernos. A partir de entonces se conformó un grupo humano con un fuerte lazo emocional, hasta fraternal. De esa forma se organizaron encuentros con fuertes debates e intercambios de ideas. 

2. En estos primeros encuentros definimos que somos un colectivo con injerencia en lo político-social con un marcado perfil orientado a la defensa de las políticas de Memoria, Verdad y Justicia y dirigido a coadyuvar a que nunca más las fuerzas armadas y de seguridad se utilicen como brazo armado y represor hacia la sociedad. 

3. Otro de los objetivos que surgió fue la difusión, que se conociera nuestra existencia. Al poco tiempo de habernos constituido grupalmente difundimos un documento marcando nuestra posición tratando de definir para afuera (y para nosotros mismos) los propósitos que teníamos de Memoria, Verdad y Justicia. Este hecho de mediatizar y difundir nuestra existencia dio como resultado que se acercaran más integrantes, y desde ese entonces hasta ahora más de cien familiares de genocidas –incluso de distintas partes del mundo– se han puesto en contacto.

4. Esta aparición en público marcó también otro objetivo: el de participar en todos los actos públicos dirigidos a la defensa y profundización de los derechos individuales, sociales y políticos. A partir de esta decisión, estuvimos presentes en las marchas de repudio por la desaparición forzada de Santiago Maldonado, y en los reclamos de justicia por su muerte; también asistimos a las convocatorias que hicieron Madres, Abuelas y Vecinos Sin Genocidas en Mar del Plata en repudio al otorgamiento de la Domiciliaria de Miguel Etchecolatz; asistimos a juicios por delitos de lesa humanidad; concurrimos a homenajes a las víctimas que se llevaron a cabo en Sitios de Memoria como la Ex ESMA, el ex Olimpo, en el último reclamo por la desaparición de Julio López (esta vez como colectivo). El pasado 24 de marzo, por primera vez marchamos los familiares de genocidas debajo de una bandera que nos identificaba como tales.

5. El estado público de nuestra existencia hizo que nos comenzaran a invitar a dar charlas en escuelas, universidades, centros vecinales y demás organizaciones de la sociedad civil. Entendimos esto como un aporte y una misión importante que tenemos como colectivo: que se conozca nuestro testimonio y, a partir de él, profundizar las políticas de memoria, verdad y justicia y reflexionar sobre el rol de las fuerzas armadas y de seguridad en la sociedad (en el pasado y en el presente).

6. En noviembre de 2017 con el objetivo de poder dar testimonio en los juicios de lesa humanidad, se dio un debate interno que resultó en la necesidad de presentar un proyecto para modificar el Código Procesal Penal en los art. 178 y 242, que impiden a los hijos denunciar y testificar contra sus padres. Este proyecto surge a partir de la experiencia personal de Pablo Verna, hijo de padre genocida impune cuyo testimonio es desestimado por la justicia. Presentamos el proyecto en el Congreso Nacional entendiendo que puede haber otres hijes de genocidas que también estén en condiciones de hacer aportes a la justicia. Debería ser tratado en las diferentes comisiones correspondientes, aunque todavía no se ha hecho (ya ha pasado más de un año). Este fue el primer paso dentro de otros de nuestros objetivos: que los familiares de genocidas también podamos declarar en la querella en los juicios de lesa humanidad. En este punto consideramos oportuno aclarar que reclamamos a nuestros familiares que hablen y confiesen lo que saben. Sabemos que tienen información que podrían aportar a la justicia y que deciden seguir ocultando a la sociedad.

7. Por último, nos proponemos como objetivo generar espacios de encuentro y reflexión entre los familiares de los genocidas de nuestro país y de distintos lugares del mundo. Esperamos que este sea el primero de muchos más. 

Desde Historias Desobedientes declaramos: 

Desobedecemos a la autoridad que exige respeto por tener un uniforme, un arma, una sotana, o un cargo importante, pero es incapaz de respetar la dignidad de un ser humano.

Desobedecemos la incondicional filiatoria hacia aquellos familiares que nos mintieron, ocultaron, y defraudaron. Que fueron capaces de secuestrar, torturar, robar, violar, asesinar y desaparecer.

Desobedecemos, por lo tanto, a la complicidad familiar. 

Desobedecemos el temor, el sometimiento, la violencia. Desobedecemos la vergüenza y el silencio. Porque no solo desobedecemos la ley del padre, también desobedecemos el mandato social que nos insta al silencio y nos identifica con el genocida y con el pensamiento genocida. 

Desobedecemos a la imposición de un discurso único y mucho más cuando lo imponen los poderosos.

Desobedecemos al odio, el rechazo y el desprecio, que nos inculcaron por los que piensan distinto. 

Desobedecemos al mandato de silencio porque nuestras voces que crecieron acalladas tienen mucho que decir.

Desobedecemos, sobre todo, a la culpa por desobedecer.

Desde HISTORIAS DESOBEDIENTES nos comprometemos a ser un espacio de encuentro solidario para quienes pasaron por nuestra experiencia y quieran enfrentarse a la verdad.

Apoyamos y acompañamos los reclamos de los colectivos defensores de los derechos humanos por Memoria, Verdad y Justicia.

Hablamos para defender la justicia

Repudiamos para no ser cómplices

Desobedecemos para romper mandatos. 

COLECTIVO HISTORIAS DESOBEDIENTES

Carlos Liberona .10 años. Presente!

Carlos Liberona .10 años. Presente!

“Escribir sobre Carlos es doloroso y hermoso. Doloroso porque cuando me acuerdo de él me viene una pena profunda,como si un pinchazo me entrara en el pecho y se me abre la boca intentando respirar más fuerte, se me agrandan los ojos para que las lágrimas no me salgan y cada raíz del pelo me pica. Lo veo claramente, caminando con su paso reposado, sonriendo con sus ojos. Carlos era un compañero esencial…”Prólogo de German Marín a Memorias de un labrador de Futuro. Carlos Liberona, el amor y la lucha.

No dejó indiferente a los que lo conocieron, y a Carlos nada de lo que ocurre en este mundo y en Chile le fue indiferente. Lucía Sepúlveda Ruiz. (1944-2009)

hace años escribí al Carlos…


LOS COMPADRES DEL ´44. Los que quedamos y los que tomaron el cielo por asalto.

Oye,Carlos, el 30 es tu cumpleaños…

27 de noviembre de 2011 a la(s) 10:29

Te gané por 4 meses en llegar a esta etapa en que de repente el cuerpo te grita “estás re vieja,para la mano,que cuarenta años de andar de militante por la vida, con dedicación exclusiva,te pasa la cuenta”…

Por fin tuve en mis manos “El Labrador de Futuro”, y ahí estabas,viejo.

Hace ya un rato largo que no nos reuníamos en la calle Londres, en ese boliche de los comunistas con comida barata o en el café al que me citabas , aún cuando entendernos era fregado,por tu ronquera-afonía,que siempre decías te ibas a operar. Yo, claro, arrogante rozando la estupidez,te reprochaba.

Te cuento que de los compadres / comadres que llegamos al mundo meses después del fin de la segunda guerra mundial, quedamos re pocos.

El Miguel,el Bauchi,el Luciano,el Guti, el Viejo Lucho, El Edmundo Lebrecht,el Jaime Oettinger, el Sambo, y muchas comadres que me duele nombrar,entre ellas la Laurita Moya, la tía de la Lumi, que trabajó hasta la última hora , ya sabemos se fueron de a poco y desordenadamente, a saltos históricos. Borro un nombre que pervirtió nuestra memoria y nuestra identidad: que se fue impune, dejando tras de sí niños abusados y un shock colectivo de dolor entre nuestra generación.

Pero quedamos bastantes,por acá y por allá. Acharquicaneados *1, en la pobla, en las universidades, en Ayun,en las redes sociales que nos han regalado encuentros, algunos en las calles (los que aún son sostenidos por sus rodillas artrosicas) y sobre todo, en la Memoria Vigente…

Me reí tanto con tu Manual Para Derrotados * que voy a recordar los mejores  comentarios, ácidos,irónicos y pícaros que como tu mismo,son un compendio de verdades..

.

En ese manual, escrito algún día en algún lugar ,por un tenaz luchador popular que busca levantar el ancla de la tristeza, y alejarse del horror que inventaron los generales y que condujeron a este paisito a la gran derrota”, como te definiste,estamos todos,compadre…

“Como sabemos,la derrota es una mierda (…) la derrota es diferente para cada cual,tiene su propio ADN”.

Dices: Cuando consulté por los materiales que podría utilizar para construir este manual,empezaron los problemas. La denuncia estaba permitida,pero cuando consulté por el uso del buen humor y la ironía, me miraron como si faltara el respeto a todas las vírgenes del mundo, y entonces me quedé paralizado”

Cómo te entiendo,Beato,viejo Claudio cazurro chillanejo campesino. Tu siempre has sabido cómo nos une esa falta de respeto por los ritos y rituales, y la felicidad permanente,a pesar de…

Sonreí con ternura de vieja abuela que viene de vuelta al leer tu Análisis del  Comportamiento de los derrotados, y con carcajadas culpables reconocí a tanto viejos y menos viejos de nuestro piño y de piños amigos, y sobre todo, cuando me encontré yo misma ahí:

“El o la derrotada,tienen sus ritos, sus estéticas,sus mitos y hasta sus doctrinas; cada derrotado tiene tiene su propio ADN, es decir, la marca de encarar,explicar o vivir su derrota”…”cada cual ha tenido una cantidad apreciable de identidades que configuran su memoria, desde extremista peligroso huye armado,pasando por PP (Preso Político),exiliado,retornado,ex militante,etc”.

A este “etc”, que es tan enorme,es de justicia incluir a los exonerados,los clandestinos,los fugados y entrañados ,las viudas y viudos,los hermanos,sobrinos,tíos y por sobre todo, a los hijos e hijas de…a quienes transmitimos la derrota y nuestras formas de encararla.

Cuando hablas del cajón caótico de los recuerdos cuidadosamente guardados, de nuestras fechas comunes: el 11 de septiembre,el 5 de octubre,el 8 de octubre,  de los meta lenguajes,de la acumulación de historias orales clasificadas y archivadas,de la estética común ( “nada o poco maquillaje en las mujeres,la derrota no usa corbata,suele tener bigote o barba,viste un second hand…”) es imposible no reconocerse,reconocernos…

Pero tras esta sarta de verdades , señalas otras maravillosas verdades,que son carne entre nosotros: “Los derrotados y las derrotadas tienen una misión histórica que cumplen modestamente.Ellos son parte esencial de la memoria colectiva,son los que saben reconstruir hombres,rostros,huellas de los desaparecidos,de las víctimas de esos tiempos (…) tienen mucha historia,pero la historia los desconoce (…) en medio de la derrota,estos puñados de mujeres y hombres pelean por la verdad,sin pausa han venido perforando las fronteras de la impunidad (…) cada día entendemos mejor que nuestra última batalla será por la re fundación de nuestro país,como comunidad histórica,moral e institucional. (…) No hay duda que de los derrotados será el Reino “.

Así,compadre, entre sonrisas,carcajadas,un poco de nostalgia y un mucho de gratitud, me encontré nuevamente contigo ayer. Y el dolor y la muerte que ronda mi hogar se hicieron por un momento leves.

El jueves me arranqué al ARCIS,porque no fui capaz de esperar en la sala de espera el resultado de esta segunda operación a la Carola, mi hija, y allá estaban todos- o casi todos- contentos,porque el lanzamiento del libro del Peter Rose (Pedro Rosas Aravena) fue un éxito. Qué lindos los cabros!…Me encontré con la gringa, tu compañera, siempre en la pelea. Con el Pilo,la Bea,la Lucía, y recibí los más fraternales abrazos, y puchas! que los necesitaba.

Otro día

Como estoy poniendo al día las noticias nuestras, te cuento Viejo, que se me fue la Carola, muy resentida, muy enojada, sin que nos fuera posible romper el silencio tóxico instalado entre nosotras…Cómo me hiciste falta,compadre!

Una noticia hermosa que comparto contigo es que en este espacio mágico que estamos colonizando, este nuevo continente a explorar un poco a tientas, por puro azar encontré a una compañera de esas que por ahí decimos “histórica”, de aquellas que vieron los días primeros del irrumpir de una nueva forma de enfrentar nuestra realidad golpeada, de aquellos días en que allá en Concepción , los ahora “históricos fundadores!” lanzaban un grito armado que cambió nuestro país.

Conocí a Marta Zabaleta, argentina, y ya no podré preguntarte si la conociste, si la viste trabajar con las mujeres, si compartiste celda con ella , si coexistieron en los laberintos del exilio, si fuiste amigo de sus amigos, del Traful que estoy conociendo a través de sus palabras.*2

Tengo que contarte,compadre, que en estos días da miedo abrir los correos electrónicos, porque cada semana nos trae noticias de una muerte anunciada, de una situación extrema de pobreza y enfermedad e algún compañero o compañera e incluso de algunos de nuestros hijos.  Antes nos mataban los milicos, y ahora el cáncer se ha hecho verbo entre nosotros. Ya sabes, tanta tortura, prisión, exilio y luchas parece habernos bajado las defensas..

Tengo que pedirte excusas,Viejo lindo, porque no he logrado aún cumplirte lo prometido. El trabajo que me pediste acerca del exilio y el retorno, de la influencia en lo contingente que habían tenido aquellos que vivieron una cultura diferente- creo que así canta un argentino- y retornaron con nuevas ideas que por cierto, te lo digo, modificaron de raíz nuestra historia, se me ha hecho difícil. Me fui un poco por las ramas ya que en el curso de esa investigación me encontré con una realidad que me hizo mayor sentido, me saltó o asalto un campo desconocido y doloroso , un segmento de nuestra realidad hasta entonces no visibilizado;nuestros hijos e hijas. Y los hijos e hijas de ellos.

Y así me he pasado esto  años largos, y tu no  estabas para animarme, para decirme ” vamos Goñi”, y he recorrido un poco sola – un poco desorientada a menudo, y envejeciendo, esta tarea que sé habrías aprobado entusiasta.

También debo contarte que por el camino he ampliado mi reducto de aquellos a quienes puedo nombrar como “mi gente”, y ahora son parte de éste hombres y mujeres de todas las generaciones y matrices políticas y culturas como dirías tú irónico. Y ha sido bueno. Ha sido enriquecedor y siento que estarías orgulloso de mí.

Esta tarde llueve de abajo para arriba, hace frío y me siento un poco en Chillan, tu ciudad, en invierno, conversando contigo. Ha sido  bueno encontrarte otra vez. Como siempre. Hasta siempre.

Gracias,compadre. Y feliz cumpleaños.

PS.-* “MEMORIAS DE UN LABRADOR DE FUTURO.Carlos Liberona,el amor y la lucha”

Lucía Sepúlveda Ruiz,noviembre 2010

Editorial AYUN.

*1 Red Charquican, lista de correos de los miristas, ex miristas y amigos de los miristas.

*2 

Carlos , Adriana y Tito,2006 100 Años Santa María de Iquique.

CARLOS LIBERONA VERGARA y su poema “auto-Requiem o Testamento” https://youtu.be/-tXGPxVUiOE

Homenaje a Carlos Liberona de todos sus hermanos
J. G. Rodrigo Torrez Jordán, 16 de junio de 2009

En este muro colocamos algunos de los muchos mensajes que en homenaje a nuestro Querido Hermano y Compañero Carlos Liberona Vergara han enviado sus amigos:
CLAUDIA VIDELA, SANTIAGO:Querid@s compañer@s:No sé bien qué frase utilizar en este momento, sólo que se ha ido nuestro amigo, compañero y para muchos el padre político. Hace media hora fui a su casa a saludar y me encontré con que hacía muy poquito rato, Carlos había partido al encuentro de la eternidad. …
JORGE ÁVILA, SANTIAGO:Compañeros y compañeras: ha fallecido hace poco rato atrás nuestro compañero, hermano y amigo Carlos Liberona. Sus restos serán velados en la Villa Grimaldi, en Santiago de Chile.Nos queda la tarea de tomar sus banderas, y continuar la lucha por la real liberación del continente, y por un mundo en que reine la justicia, la libertad y la igualdad.Reciban un fraternal saludo
CHAGO, VALPARAÍSO:Compañeros:Hoy a las 2:30 de la tarde nos dejo el Viejo Liberona, un combatiente ejemplar y sobre todo un gran amigo, es difícil explicar lo que significo para mi y para quienes en esta casa lo conocimos, solo diremos que estamos intactos en el amor y las ganas de hacer revolución, que sabemos que es esa la forma y no otra la de mantenerlo con nosotros, crear y fortalecer las redes y las luchas del continente, asumir los temas sin prejuicios, vincular lo rojo y lo negro de la vida…estamos tristes, pero alegres de haberte conocido hermano Carlos.AYUN EN TU VIAJE.AQUÍ SEGUIMOS.el Chago,
RODRIGO, COCHABAMBA:Nuestro Compañero Carlos Liberona, incansable luchador, maestro y padre político, ha emprendido su viaje definitivo a la eternidad hoy 11 de junio.Con su ejemplo nos ha enseñado el valor de la dignidad de la vida humana, con su valor nos ha guiado por el camino de la lucha, resistencia, responsabilidad y respeto, con su solidaridad nos ha dado la oportunidad de vivir como pensamos, con su magnánimo espíritu nos ha permitido acompañarle en el camino.Ahora, que ha cumplido su misión junto con nosotros, nos deja la fuerza necesaria para seguir su camino; por nuestra parte, queda el compromiso por continuar en la cotidiana lucha, perseverar incansablemente en este camino infinito por la justicia y esperanza; ¡Seguiremos adelante compañero!.¡¡¡Compañero Carlos Liberona!!!Por siempre ¡¡¡PRESENTE!!!
JOSÉ ANCALAO, TEMUCO:Hola a todos espero que esten tranquilos queridos amigos yo por mi parte estoy super descolocado con esta noticia lo único que se es que este donde este mi maestro estará mejor que nosotros el ya cumplio su mision y eso nos deja mucha responsabilidad a nosotros estoy seguro que nosotros tenemos que seguir con el legado de nuestro gran amigo estare en santiago lo antes posible espero encontrarme con alguno de ustedes.peukallal newentuaiñ
NIDIA BUSTILLOS, SAN IGNACIO DE MOXOS:A todos los hermanos sólo por una vez pude compartir con este hombre grande y pude comprender el valor de la dignidad y el amor por el prójimo,tampoco tengo palabras, pero este donde esté el sabrá que seguiremos con su ejemplo tampoco tengo palabras
CARLOS LEÓN, SANTIAGO:COMPAÑEROS:SOLO UNA PALABRA:HASTA LA VICTORIA SIEMPRE……..CON TRISTEZA EN EL CORAZÓN
CAROLINA Y MARTÍN, LIMA Querido Carlos,Con mucha tristeza me comunicaron tu partida, fue tu gran amigo Hector el que me dio la ingrata noticia y quería compartir esta noticia tan triste y que me acompañe en mi dolor tambien a mi mas puro amor, mi hijo Martin, que a pesar de sus 9 años ya entiende y sabe de dolores, luchas y solidaridades, muchos de nuestros compañeros /as lo conocen y saben de que hablo, el me dijo, en la noche rezare por él porque estará siempre con nosotros, y así es, siempre nos acompañaras en este camino con muchas dificultades para darnos la mano y ayudarnos a pasarlo.Solo gracias por tu compromiso, por tu cariño expresado a muchos hombres y mujeres, de otras tierras, que como yo tuvimos la suerte de conocerte, recuerdo que fue en el año 1998 cuando nos vimos la primera, casi recién llegados de Lima con Ricardo a quien siempre le decía que eras su padre putativo, y ha sido Carlos, tu experiencia, tu firmeza y tu debilidad ante lo injusto nos ha dejado muchas enseñanzas y nos ha motivado a seguir adelante. Gracias por creer en nuestros sueños y proyectos, el imponerte en proteger y defender a nuestros hermanos migrantes que como bien sabes, muchas veces tuviste que discutir con mas de uno por protegerlos….Querido Carlos, la esencia del alma es como la huella digital de las personas que queremos, es lo que nos hace únicos y por eso en esa esencia especial tu eres único y trasciendes mas allá de lo corporal.Te acompañare en este adiós formal, aunque para mi no te hayas ido.Te quiero mucho
CARLOS RIVERA, SANTIAGO:Compañer@s : Lo de Carlos ha sido un proceso duro para su familia y también para sus cercanos, que son a decir verdad, la mayoría de quienes nos adoptó como hermano, compañero. Todos cupimos en su alegría y luchas, albergados, acogidos en su generosa humanidad. Los encuentros que promovió han dejado una semilla de fraternidad que prosperará y madurará a su tiempo. Estaremos acompañándole en su último itinerario físico, porque en la permanencia de sus actos y conductas lo llevaremos muy íntimamente ligado a nosotros.
.LUCÍA MARIANA, LIMA:Con todo el pueblo en las calles recibimos esta noticia, el mundo se hace pequeño, la pena se entrega a nosotros.Mucha tristeza.Sólo pienso segura que seguirás con todos, con nosotros, en tu labor de constructor de mundos.
RAÚL WIENER, LIMA:Profunda tristeza por la partida de un hombre que bastaba una vez para entender que era un hombre justo, honesto, con una vida comprometida.Tuve oportunidad de conocerlo hace exactamente un año y me dejó un recuerdo imborrable.Que viva en la memoria de todos.
RICARDO JIMÉNEZ, SANTIAGO – LIMA Querido Carlos, acabo de enterarme de que partiste físicamente, de que la noticia esperada pero temida finalmente llega. Recuerdo cuando me decías sencillamente, con esa forma tuya de pueblo aguerrido, seria, sin aspavientos, que sabías que te quedaba poco y que debíamos sentar bases de nuestro trabajo de emancipación en el Cono Sur. Yo me quedaba callado, incómodo, simplemente evadía la cuestión. Creí que lo tomaría más tranquilamente, pero la tristeza me gana y no sé por qué. El Martín, mi hijo de 9 años, me dio la noticia. Me dijo: llamó mi mamá y me dijo que el tío Carlos murió, que no pudo salir bien de sus enfermedad, qué mala suerte, este no es un buen día, me dijo. Yo le dije que debíamos pensar que el tío Carlos tuvo una buena vida, una familia a la que amó y que lo amó, muchos amigos y compañeros y que pudo hacer mucho por lo que quería que era estar y luchar con los débiles, que esa era una muy buena vida y que lo que al final importa es eso, haber vivido, y vivido bien. Vine a Internet y veo que ya muchos/as compas confirman la pena. Fuiste mi amauta, me enseñaste a cultivar virtudes necesarias y difíciles, a crecer en el respeto a la diferencia, la generosidad con el compromiso, silenciosa, sencilla, a vivir con paciencia los ritmos de las cosas y las gentes sin dejar de perseverar en lo que queríamos. Me ayudaste siempre y creíste en mí, y te debo demasiado. Muchas gracias, Carlos, muchas gracias. Recibo la noticia en medio de masacres indígenas y heroicas resistencias populares, por estos días he pensado mucho en ti y en lo que me decías de estar con los pueblos siempre, de la necesidad de inteligencia y generosidad. Te veo y te siento en los pueblos, en sus dolores y esperanzas, en esa forma algo dura tuya de enfrentar dificultades tan de nosotros los pobres. Tal vez por eso esta carta sólo podía escribirtela ahora. Eres de los más fieles amigos del futuro que yo haya conocido. Y me faltas de muchas maneras, quedo algo huérfano, aunque siempre he sido algo huérfano ahora vuelvo serlo de muchos modos. Me llevo esta tristeza conmigo, la guardo y agradezco haber sido compañeros este tramo del camino, tu confianza, las conversaciones sobre mil cosas y sueños, estar del mismo lado de la trinchera. Me llevo mi tristeza conmigo, con ella me sumerjo en las luchas de nuestras pueblos, ahí estoy donde solíamos estar, con los débiles, los oprimidos, los que buscan liberación. En este mismo momento, mis lágrimas se confunden con las de miles en las calles de Lima, producto del gas lacrimógeno, la tierra se sacude por el parto de lo nuevo y mi corazón se sacude también. Sólo quiero decirte cuánto te quiero y lo importante que eres para mí, que ya pronto vuelvo a donde debo estar, donde tú siempre supiste estar, donde tanto nos gusta estar, donde se debe, donde no hay muerte, sino transformación. Ojala todavía puedas ayudarme y confiar en mí, tolerar mi falta de crecimiento y de inteligencia de a veces para ayudarme a seguir, porque seguimos, claro que seguimos, querido Carlos.
LEOPOLDO MARTIN RAMOS, SANTIAGO:CARLOS LIBERONA VERGARA…El noble viejo de La Mancha suele aparecer en el horizonte distante para recordarnos el sueño ideal, de la estrella alcanzar… Como si esperara en el dintel del recuerdo imperecedero, la llegada de un nuevo cofrade, para encaminarle por sendero cierto…Y ahora, lo es cuando llegó el instante de dejarnos porque emprende la itinerancia eterna para alcanzar caminos que también habremos de recorrer en días acaso próximos y los cuales aún nos están vedados… y ahora lo es cuando despedimos al amigo, al hermano.Con fe… lo imposible soñar… reza el verso de la canción…Para Carlos, su declaración fue una exhortación al trabajo altruista, generoso, urgente y comprometido:“Nuestro sueño siempre ha sido, es y será que cada tema, cada problema, pueda considerar a otros y otras. Es decir, alguna vez seremos migrantes en algún país del planeta; es la sociedad la que vive con el VIH, no sólo una persona; somos mestizos o indios en cualquier país del mundo. En fin, que mientras el país vivía la transición y nos alegraban sus avances, nuestro grupo ( la Corporación Ayun ) no olvidará el dolor persistente en Colonia Dignidad, no olvidará a los presos políticos, no olvidará que los migrantes requerían atención y que los mapuches siguen siendo condenados a la exclusión, al racismo y a la discriminación ”.Soñar en un mundo mejor… Por cierto, no importando las heridas… para seguir luchando contra los malvados, a los cuales enfrentó en pie y soportando el dolor; los hubo muchos, en cantidad enorme, y con la crueldad más bestial e inhumana manifestada en sus actos.Creer en un mundo mejor, el cual es posible parir haciendo amigos, a partir de la aceptación de las características de un individuo, de sus valores, ideas, miedos, aciertos, errores, en definitiva de su forma de ser. Como lo hizo Carlos: con voluntad fuerte para corregir desaciertos, con benevolencia patriarcal para favorecer a los débiles y desventurados, y con vehemencia persistente para acallar las protestas del trabajo inconcluso, exigiendo su materialización.Hablando acerca de la institución a la cual dio vida y mantuvo con fervor y mucha constancia – la Corporación AYUN –. Carlos explicaba: “lleva un nombre, en lengua mapuche, con tres significados: amanecer, amor y transparencia. Pero también hay un juego de palabras que significan acción y unidad… Como todo grupo, partimos con un sueño que lo transformamos en propuesta y después en esfuerzo de construcción”.Cada expresión conlleva una idea de valor… la fuerza de motivaciones altruistas y de vocación humanista, destinadas a perdurar y crecer en realizaciones de servicio público; acaso como la mejor retribución póstuma a su memoria.Es muy temprano aún para hacer siquiera el boceto de su historia humana… estamos con los ojos humedecidos mirándolo en su lejanía, sin querer perderlo de vista… reprimiendo una interjección de rebeldía por su partida tan prematura… ¡queda tanta tarea inconclusa! … y la ausencia del líder ya resulta ser el brillo que falta.Leopoldo Martin Ramos Santiago (Chile) junio 12 de 2009
CLAUDIO BUSSI, CORDOVA:Querido Carlos, gracias por guiarnos en este tiempo que compartimos juntos, seguiré admirando tu sabiduría, recuerdo que sólo te escuchaba e intentaba aprender y comprender cómo hacías para aportar siempre lo esencial y estructural, fuiste una hoja de rutas, y esos caminos, son los que nos dejas hoy, para que los integremos, los recorramos, te visitemos, un abrazo, siempre presente estarás, imposible olvidar…Me quedo reflexionando en el poema Adiós de Gabriela Mistral…En costa lejana y en mar de Pasión,dijimos adioses sin decir adiós.Y no fue verdadla alucinación.Ni tú la creísteni la creo yo,«y es cierto y no es cierto»como en la canción.Que yendo hacia el Sur Diciendo iba yo:«Vamos hacia el marque devora al Sol».Y yendo hacia el Norte Decía tu voz:«Vamos a ver juntos donde se hace el Sol».Ni por juego digas o exageración que nos separaron tierra y mar, que sonella, sueño y elalucinación.No te digas soloni pida tu vozalbergue para uno al albergador.Echarás la sombra que siempre se echó,morderás la duna con paso de dos…Para que ninguno,ni hombre ni dios,nos llame partidos como luna y sol;para que ni roca ni viento errador,ni río con vado ni árbol sombreador,aprendan y digan mentira o error del Sur y del Norte,del uno y del dos!
ÁNGELA PINO, CÓRDOBA:Les escribo profundamente triste, pero hoy cuando pude agradecer públicamente a su familia a sus viejos y nuevos compañeros de sueños he podido sentir en profundeza, la misiòn que a partir de ahora nos compete, ojalà que a todos este Carlitos que ya debe andar Liberoneando en los cielos sublimes nos haya dejado algunas lecciones de amor, ternura y ètica.Siento que podrè continuar y no olvidarè jamàs sus enseñanzas, ojalà pueda estar a la altura de las circunstancias.Agradezco a Carlos y esta vida el respeto que sentía por las mujeres de todas las procedencias, y su reconocimiento en las cuales la lucha por los derechos Humanos fuera una cuestiòn de agenda cotidiana, de lo micro a lo macro, ese era su espíritu revolucionario,Hasta luego compañeros Angela, Córdova, junio 12.
ISIS DE PALMA, BRASIL:Mi querida Ula Con mucha fuerza te envio un grand abrazo fuerte fuerte.Amamos mucho a Carlos y nos gustaría estar más cercano de ti.He enviado un mensaje sobre Carlos con su texto por la Carta, lo que nos envió Ricardo, para toda la red de la Carta en Brasil.Amigos de muchos sitios contestan, como Moema abajo y todos nos piden para enviar fuertes abrazos a ti y amigos de Carlos en Chile, son los que más sentirán su ausencia…pero el va estar siempre en nuestras oraciones y en nuestra memoria.besos
IsisMOEMA, BRASIL:Um amigo que partiu CARLOS LIBERONA Querida Isis través de você quero transmitir minhas condolencias principalmente para a familia de CARLOS LIBERONA, seus companheiros e companheiras de dia a dia. Que seu exemplo sirva para ampliar e fortalecer nossas alianças em prol de um mundo mais responsável e solidário.> Abraços
ISIS PALMA, BRASIL:Querid@s amig@s do Comitê Brasileiro da CRH – Carta das Responsabilidades Humanas Com muita tristeza informo que faleceu na quinta feira, dia 11 de junho, em Santiago do Chile nosso companheiro chileno Carlos Liberona, membro do Comitê Internacional da Carta das Responsabilidades Humanas.Como uma homenagem a ele envio um importante artigo de Carlos sobre a CRH publicado em nosso sitio. NÃo deixem de ler, usem este material onde puderem para a que a palavra desse importante companheiro, ativista incansÁvel e ser humano sensibilà ssimo se perpetue, para que nossa causa humana se multiplique em todos os cantos desse planeta.emocionada envío abraços com saudades de Carlos.IsisLYDIA NICOLLET,
CARLOS RIVERA:Carlos Liberona y sus aportes a la construcción de las Responsabilidades Humanas.Estimados amigos,Con gran tristeza y emoción les tenemos que anunciar esta noticia. Jueves a las 15 horas, aquejado de una enfermedad terminal ha fallecido nuestro gran amigo y activista de los derechos humanos, incansable gestor de la integración latinoamericana, animador de numerosos encuentros por la Carta de las Responsabilidades Humanas y miembro del Comité Internacional de Animación de la Alianza. Ha sido un proceso doloroso para su familia. Sus restos serán llevados hasta Villa Grimaldi, en la comuna de La reian de Santiago hasta donde llegarán hoy viernes los dirigentes, amigos, académicos, indígenas, ecologistas y miembros de toda la red . Allá se le rendirá¡ un homenaje a este luchador social que es una partida para los desamparados del mundo.Sus colaboradores y amigos, compañeros estamos de duelo por su partida porque hemos perdido a un compañero inigualable que hizo suya la visión del hombre nuevo de El Che Guevara y que encarnó con su ejemplo que servirá de guía para las personas de todo el mundo que luchan por la paz, la justicia y la fraternidad entre los seres humanos.Muchos abrazos a todos.
LUCÍA SEPÚLVEDA, SANTIAGO:Carlos Liberona: ¡Hasta la victoria siempre! Hoy viernes 12 de junio estaremos despidiendo a Carlos Liberona, compañero y amigo, ex dirigente del MIR, en el Parque por la Paz donde a las 18 horas Helmut Frenz encabezará un responso. Mañana domingo a las 11 de la mañana será cremado en el Cementerio Católico y posteriormente sus cenizas serán devueltas a la región del Biobio que lo vio nacer y desarrollarse política y humanamente junto al partido en que militó, y de donde surgieron la mayoría de sus primeros dirigentes.Para Ula y familia, mis sentimientos de conmocionado pesar ante la partida de Carlos. Lo conocí tardíamente, en democracia, después del 2000 incluso, cuando parecía que nada se podía hacer y era generalizado entre los nuestros el estar abatidos y enmudecidos por la derrota y la división. El no se rindió. Creó Ayun y con eso múltiples iniciativas sociales que eran profundamente políticas y adecuadas a estos tiempos de balbuceos y reconstrucción. Aprendí mucho de él por sus esfuerzos de constructor, por su modestia, su fraternidad y sentido de la esperanza.Nos deja un poco más solos pero también un poquito mejores, por haberlo conocido y compartido con él algunos de sus quehaceres y empeños.Lucía
LYDIA NICOLLET, FRANCIA:Me permití reunir aquí todos los mensajes de solidaridad de la red de la CRH a la familia y los amigos de Carlos: de Angela, Tsisso, Isis, Mingo, Betsan, Pinky, Amina,.La esposa de Carlos, Ula, usa la dirección de correo electrónico siguiente: corayun@hotmail.comUla, recibirás este mensaje a través del foro de la Carta.Con toda mi amistad a todos y todas
MENSAJE DE ANGELA Querida Lydia y compañeros He cruzado la Cordillera para despedir al gran amigo y compañero Carlos Liberona le llevo un gran abrazo, con certeza ha partido susurrando amor, y todos los compañeros en este abrazo libertario., lo acompañaremos En tu vuelo amigo, te espera la Violeta Parra que debe andar por alguna celestial rebeldía, y el gran poeta Pablo Neruda el universalmente andino. te acogerà en sus brazos.Angela
MENSAJE DE TSISSO Estimados amigos,Con una tristeza profunda he tenido la noticia tan mala que acaba de afectar a la familia de Carlos Liberona.He oído hablar mucho de él y sé cuanto contaba para la Carta y sus parientes y amigos cercanos. Mis condolencias sinceras a los miembros de su familia.Tsisso
MENSAJE DE ISIS Estimados amigos,Me gustaría expresar cuánto echo de menos a nuestro amigo Carlos.Carlos, además de ser un gran amigo y fiel compañero, gran defensor de las causas humanas, siempre estaba mostrando gran sensibilidad.Nosotros nunca nos olvidaremos de los encuentros magníficos de la Alianza del fin de los años noventa cuando nos conocimos.Las palabras de Carlos siempre venían en el buen momento, los días increíbles de construcción colectiva que pasamos en la creación del Comité de la Carta en Grecia en 2003, en Suráfrica en 2007 y anteriormente todos en Chile en enero de 2005 cuando Carlos y los compañeros chilenos habían preparado para nosotros un encuentro tan bonito del Comité Internacional de la Carta.Qué privilegio el haber sido tu amigo, amigo Carlos.En nombre del Comité brasileño de difusión de la Carta, de los amigos de Brasil, de mi y de Mingo, enviamos a los hijos y a la compañera Ula nuestros más afectuosos abrazos.Seguiremos para Carlos en la lucha y la paz.Atentamente Isis
MENSAJE DE MINGO Estimada Lydia, estimados amigos,Recibo esta noticia con mucha tristeza y dolor. Recuerdo con cariño los varios momentos de jovialidad con Carlos de quien siempre tuve una palabra de ánimo y ponderada. Un hombre, firme y suave, que supo combinar la práctica política con la elaboración teórica, siempre hacia la lucha para la emancipación de las personas históricamente oprimidas de nuestro continente. Carlos hará falta en nuestro grupo, pero su ejemplo indica las direcciones que debemos continuar siguiendo nuestro trabajo en el sentido de la integración de nuestros pueblos, de un intercambio entre nuestras culturas y nuestros modos de pensar y de vivir en el continente suramericano. Un hombre generoso que vamos a echar de menos.Abrazos solidarios a todos.Mingo MENSAJE DE AROHANUI BETSAN, NUEVA ZELANDA Estimados Amigos de la Carta Qué noticia más triste que la partida de Carlos. Es un hecho muy solitario llorar a un tan estimado amigo que mis amigos aquí no han conocido. Como lo has dicho tan bien en tu mensaje Lydia, Carlos nos dio inspiración, dirección, sabiduría y un alma de calor y amor.La noticia llegó esta mañana con las primeras luces – el sol sale en Nueva Zelanda antes de en cualquier otra parte, y es por consiguiente el lugar para la primera luz. Cuando nos quedamos en la casa de Carlos y de su familia, Carlos encendió una vela con las primeras luces del alba para los amigos chilenos que estaban perdidos durante el periodo de Pinochet. Entendí que hacía esto todas las mañanas – un acto de recuerdo profundo y fidelidad que sugiere las calidades que hacía que Carlos fuera tan importante para nosotros.Hay mucho por valorar de nuestro estimado amigo, y ahora mi memoria va a Syros y Santiago y el compartir más generoso de su país de origen que Carlos nos ofreció. Por supuesto les echamos de menos en Changchun.Estoy a punto de dar un paseo de recuerdo y he encendido una vela para Carlos. Como él, ésta es una llama para él y todos nosotros que trabajamos localmente y globalmente para juntar a personas en esfuerzos para la responsabilidad.Yo me pregunto si algún representante de la FPH ha podido estar en Chile para ser parte de las despedidas. ¿Quizás Gustavo?¿Lydia, Edith, u otros tendría los correos electrónicos y direcciones de la familia de Carlos? Yo estaba en contacto con su hijo que estaba en Nueva Zelanda, ayudando con la comunicación para Across Oceanía. No puedo encontrar el contacto. Arohanui Betsan
MENSAJE DE PINKY Me entristó grandemente la partida de nuestro buen amigo y colega, Carlos Liberona.Tengo recuerdos aficionados de su argumentar apasionado, de su cuidar de nuestro equipo en Chile, en el jardín de su casa con árboles fruteros y barbacoa. Estoy segura que es una pérdida grande para el movimiento para el cambio en Chile y también para nuestra Carta.Permítanos honrarlo continuando nuestras abogacías.PinkyMENSAJE DE AMINA RACHID Comparto la pena de todos los amigos de Carlos y de todos los que siguen luchando por un mundo mejor.Amina Rachid.MARTA MOLINA, BARCELONA, ESPAÑA: Compañeros, Conocí a Carlos al mismo tiempo que la Carta de Responsabilidades Humanas. Llegué de Barcelona a Brasil y a las dos semanas, me encontraba en Paraty (Río de Janeiro) haciendo el seguimiento del Encuentro que pretendía trazar la metodologías para trabajar con ella en cada uno de los países del Cono Sur. Fue gracias a este Encuentro, a estos días intensos en Paraty, después en São Paulo, que conseguí hacer el “CLICK” necesario para empezar a reconocer e identificar algunas realidades históricas del Sur del continente Americano que, hasta entonces, sólo conocía a través de los libros. Hoy retomo algunas de las notas que tengo en el cuaderno que viajó conmigo por Brasil. Me voy a las páginas del 21 de JULIO de 2006 y leo unas líneas escritas después de una de las conversaciones que tuve la suerte de tener con Carlos Liberona. Hablaba de los Mapuche, de su exilio en Alemania, del MIR de sus luchas colectivas. Carlos conseguía hacerse entender a través de las palabras, provocar reflexión, hacerse escuchar. En estas líneas que hoy leo de nuevo, hablo también de los ojos y la mirada de Carlos cuando me contaba algunos de los episodios más tristes y absurdos al mismo tiempo, de la historia de Chile. En aquel momento pensé que había tenido la oportunidad de conocer a alguien que podía relatar en primera persona la historia de este país sur americano y que había luchado para conseguir un cambio de rumbo. A Carlos, militante revolucionario, mapuche, líder nato (pero modestisimo) con el que aprendí a reflexionar sobre el presente de la historia, le dedicaba en las líneas de mi cuaderno un fragmento de un libro de Bertolt Brecht en “Cinco dificultades para escribir la verdad” (1934) Creo que el espíritu de Carlos está en este texto de Brecht: “Hoy en día, quien quiera combatir la mentira y la ignorancia y escribir la verdad tiene que vencer al menos cinco dificultades. Le harán falta el CORAJE para escribirla cuando en todas partes la AHOGAN; la INTELIGENCIA para descubrirla cuando en todas partes la ocultan: el arte de HACERLA MANEJABLE como un arma; el JUICIO PARA ELEGIR aquellos en cuyas manos será eficaz; y la ASTUCIA para propagarla entre ellos. Y esas dificultades son grandes no sólo para los que escriben bajo el fascismo, sino también para los que han huido o han sido expulsados e incluso para aquellos que escriben en los países de libertad burguesa”. Carlos Liberona consiguió hacerlo. Gracias! Y gracias también por tu legado en jóvenes que, tal vez como yo, te conocieron un día y se quedaron, como decimos en catalán “corpreses” (cor=CORAZÓN preses=PRISIONERAS). Prisioneras de corazón por su actitud ante la vida y ante las injusticias sociales. A mis 27 años y con mi corta vida aún de periodista, me considero muy afortunada por haberlo conocido. Él ya lo sabía. Ahora, os lo traslado a vosotros, su familia a la que él tanto ama y que debe ser muy especial, por cómo él los nombraba a cada momento. Felicidades. Un abrazo, Marta Molina “Et recordaré sempre en cada pas per la lluita de les llibertats dels pobles” Barcelona, 16 de Junio de 2009  
Digimax A50 / KENOX Q2

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Exilio Heredado

En Viena, hijos de exiliados chilenos han construido una red de apoyo a quienes, como ellos, cargan con los dolores transmitidos por sus padres, víctimas de la dictadura. Esta carga real, no es abordada por los países donde residen; ni por Chile, donde pareciera que el exilio es un tema ya superado.

Por Verónica Gutiérrez

È Vero!

Reportaje de título

Segunda generación en el extranjero

Exilio heredado

En Viena, hijos de exiliados chilenos han construido una red de apoyo a quienes, como ellos, cargan con los dolores transmitidos por sus padres, víctimas de la dictadura. Esta carga real, no es abordada por los países donde residen; ni por Chile, donde pareciera que el exilio es un tema ya superado.

Por Verónica Gutiérrez

Hace un par de años, los hermanos Fernando (52) y Marcela Gómez (53), hijos de exiliados chilenos en Austria, fueron a un asado que organizó la embajada para celebrar el 18 de septiembre en Viena. “Nos pusimos a conversar con más gente. Nos encontramos con algunos de los que militaban en el Partido Socialista conmigo cuando éramos niños y recordamos tantas historias. Quedamos de juntarnos otro día. Arrendamos un lugar, mandamos a los hijos a jugar a otro lado y después de un rato, comenzamos…

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