Otro 24 de marzo. Yo viví un universo paralelo

Yo viví un universo paralelo.

En diciembre de 1977 vendí mi casa, mi auto, abandoné al Tonki nuestro perro lanudo, armé las maletas de mis cuatro hijos y regresé a Chile.

Diciembre 1977, reencuentro familiar

Mi humor siempre negro me hizo decir «más vale dictadura conocida que dictadura por conocer» y por supuesto estaba consciente de que tener por padre a un hombre público, rico empresario, vicepresidente de la FIFA y que Cesar Mendoza estaba casado con una prima hermana de mi madre- otra Godoy-era de cierto modo un paraguas protector.

Desde diciembre de 1973 viví en Buenos Aires, con mi entonces compañero que se había asilado en la embajada argentina y recién llegaban al país.

Fuimos acogidos solidariamente por otro asilado, Leonardo Cáceres y Gabriela su mujer que nos dieron alojo en su casa mientras sus hijos y los míos llegaban de Chile. Mis cuatro niños llegaron el 15 de marzo del 74, el día que mi hija cumplió 6 años.

Mis años de exilio fueron un universo paralelo donde las relaciones, los haceres y sentires sufrieron una distorsión tal que dejé de ser yo y me sumergí en la negación de mi identidad. En julio del 74 cumplí 30 años; ese día encontré trabajo y mi dedicación absoluta a conseguir mantener a mis hijos me hizo vivir situaciones surrealistas.

Recuerdo cada día levantarme a las seis de la mañana para tomar el colectivo que me dejaba a las ocho en Caballito, donde trabajaba. Creo que era el 137, que decían daba vueltas a la republica por lo extenso de su recorrido. Nunca he olvidado al obrero anciano que me guardaba un asiento en ese recorrido diario desde Martínez, en la provincia de Buenos Aires hasta Capital. En el Sanatorio Antártida si no llegabas a las ocho en punto no te dejaban entrar, así es que la ansiedad era mi compañera cotidiana.

Yo salí de Chile siendo estudiante de antropología, divorciada con cuatro hijos y en una relación no consolidada con un compañero de la universidad, militante también del MIR, que a poco llegar, en dos o tres años se transformó en una toxica experiencia.

En mi trabajo había otros chilenos; uno era comunista y otro mirista y nunca nos dirigimos la palabra porque la desconfianza estaba instalada desde entonces.

Y llegó el año 78, yo en Chile y mi padre a cargo de la organización del Mundial en Argentina.

En Buenos Aires había dejado un amor y aproveche la ocasión para regresar, invitada por mi padre.

Y acá es cuando se me viene abajo la memoria; no quiero recordarme sentada en el palco de honor en el estadio con las autoridades de la FIFA y de seguro con los militares argentinos…Por más que fuerzo el recuerdo no existe en mi memoria rastro alguno de esos días.

Cómo pude vivir en Buenos Aires en los tiempos de la Triple A, los años del Cóndor, la operación Colombo y no tener indicios de lo que ocurría a mi alrededor.?

Hoy, vieja y cansada reviso partes de mi vida y contrasto con los ríos y océanos de información y evidencias con las que he trabajado casi 50 años de lo sucedido durante la dictadura de Videla y ahora que harán 46 años de ese 24 de marzo me obligo a evaluar, a repasar cuanto hice, cuanto dejé de hacer; los porqué, los como, los con quien viví esos tiempos.

Hoy pienso con dolor en mis amigos de entonces, algunos asesinados por los milicos, otros perdidos en el olvido, otros desaparecidos de mi vida y mi memoria adolorida los recuerda cada marzo…

1 de marzo 2022

Desde <https://www.facebook.com/memoriandodesdeabajo/?ref=pages_you_manage>



Siento cada año la compulsión, la urgente necesidad de escribir, de recordar, de hacer visible lo que se vivió en la Argentina durante la dictadura- la ultima dictadura, como los argentinos la llaman- cuando las mujeres, los niños,los adolescentes, los y las judías entre otros fueron perseguidos, ejecutados, desaparecidos , apropiados, borrados del presente y del futuro.

Este año escribo acerca de la represión, tortura,muerte y desaparición de los compañeros y compañeras de origen judío, que en Argentina dejo en evidencia el antisemitismo que en nombre del mundo libre, occidental y cristiano exterminó a 195 desaparecidos judíos, incluyendo a chilenos y chilenas residentes en ese país.

Lo hago en recuerdo de mis bisabuelos Somer Swiderski  y Gitel (Augusta) Kohl y mi abuela Sara, nacida en Kalisz, Condado de Kalisz, Voivodato de Gran Polonia, Polonia, llegados a Chile en 1891 y cuya asimilación me negó mi identidad judía.

Una arqueología de la Memoria Familiar.

Durante 46 años he leido, buscado, compartido diversos materiales que describen, intentan explicar el horror. Libros, documentos, videos, audios, entrevistas,imágenes dan cuenta de lo que, parafraseando un poco a Galeano, cuenta que si Hitler hubiera sido
testigo de la impunidad y las atrocidades que cometieron los militares argentinos en sus procedimientos de captura-secuestro de
las víctimas para su posterior confinamiento en los tristemente célebres
Centros Clandestinos de Detención (CCD), bien le hubiera provocado un
severo e incurable complejo de inferioridad (Galeano,2001: 229),
*

Elena Alfaro confesó en
su relato ante la CONADEP lo siguiente:*
Si la vida en el campo era pesadilla para cualquier detenido, la situación
se agravaba para los judíos, que eran objeto de palizas permanentes y otras
agresiones, a tal punto que muchos preferían ocultar su origen, diciendo
por ejemplo que eran polacos católicos
(RNM, 1984: 50).
Jorge Reyes, detenido en el CCD Regimiento 1º Patricios, contaba:

Cuando nos golpeaban nos decían: “¡somos la GESTAPO!” (RNM, 1984: 50).
Nora Stejilevich narró su detención y traslado a un CCD del que pudo
salir afortunadamente con vida, detalló aspectos sobre las torturas que le
fueron aplicadas y los métodos de interrogación empleados por los hombres de fajina:
Directamente me llevaron a la sala de torturas donde me sometieron con
la picana eléctrica.
Me preguntaban los nombres de las personas que iban a viajar a Israel conmigo… el interrogatorio lo centraron en cuestiones judías. Uno de ellos sabía hebreo, o al menos algunas palabras que ubicaba adecuadamente en la oración.
Procuraba saber si había entrenamiento militar en los Kibutz (granjas comunitarias), pedían descripción física de los organizadores de los planes de estudios,

como aquel en el que yo estaba (Sherut Laam), descripción del edificio de la
Agencia Judía (que conocía a la perfección), etc. Me aseguraron que el “problema de la subversión” era el que más les preocupaba, pero el “problema judío” le
seguía en importancia y estaban archivando información (RNM, 1984: 51).
Pedro Miguel Vanrell confirmó que a los judíos les obligaban a levantar
la mano y gritar ¡yo amo a Hitler!
Los represores se reían y les sacaban la ropa a los prisioneros y les pintaban en las espaldas cruces svásticas con pintura en aerosol. Después los
demás detenidos los veían en las duchas, oportunidad en que los guardias
identificándolos – volvían a golpearlos y maltratarlos.
Vanrell recuerda el caso de un judío al que apodaban Chango, al que el
guardia lo sacaba de su calabozo y lo hacía salir al patio.
lo hacían mover la cola, que ladrara como un perro, que le chupara las
botas. Era impresionante lo bien que lo hacía, imitaba al perro igual que si
lo fuera, porque si no satisfacía al guardia, éste le seguía pegando… Después
cambió y le hacía hacer de gato
(RNM, 1984: 53).
Daniel Eduardo Fernández describió los límites de la infamia cuando en
su testimonio relató:

Contra los judíos se aplicaba todo tipo de torturas pero en especial una
sumamente sádica y cruel: “el rectoscopio” que consistía en un tubo que se
introducía en el ano de la víctima, o en la vagina de las mujeres, y dentro del
tubo se largaba una rata. El roedor buscaba la salida y trataba de meterse
mordiendo los órganos internos de la víctima
(RNM, 1984: 52).

Desde principios del siglo XX, existía en Argentina una arista antisemita que formulaba una correlación entre ser judío y ser marxista, debido a la marcada presencia judía en movimientos sindicales socialistas, anti-fascistas, y en partidos de izquierda. En la época de la última dictadura militar argentina (1976-1985), canalizando el latente antisemitismo criollo, se acentuó el corolario judío-subversivo.

Lo que Pierre Vidal-Naquet denomina el “sintagma judeo-marxista” que en 1942 y 1943 impulsó a las huestes de Hitler a librar la guerra en el este -“indisolublemente contra los judíos y los marxistas, considerados una misma entidad”[4] – recobró vigencia en la llamada guerra sucia de Argentina. La actualización de esta figura en Argentina se expresó por medio de un trato diferencialmente cruel hacia los prisioneros judíos, y una sobrerrepresentación de judíos entre los detenidos desaparecidos, en proporción a la población de ciudadanos argentinos de origen judío.[5]

En Chile no estaba culturalmente arraigado el concepto de judío como sinónimo de izquierda. Muy al contrario, es más probable que se asociasen al conocido apoyo institucional judío a la Junta Militar. Por lo tanto la visión que equivalía al judío con la izquierda estaba ausente de la retórica y práctica represiva de la Junta Militar chilena.

En este contexto, Argentina proporcionaba el escenario propicio para una orquestación con la cual Chile pretendía descarriar escrutinio acerca del destino de personas cuya detención era negada sistemáticamente. Para los militares argentinos, el montaje reforzaría la noción que su territorio nacional estaba azotada por subversivos internacionales que confabulaban con nacionales para producir una peligrosa inestabilidad, exigiendo la mano dura del Estado.

El agente chileno de la DINA Enrique Arancibia Clavel sería el principal enlace en Buenos Aires. Arancibia, años después, el único procesado por el asesinato de Carlos Prats y Sofía Cuthbert, colaboraba con sus pares argentinos a través de la Secretaría de Inteligencia de Estado. Posterior a su detención, se encontró en su casa un documento escrito a mano alzada con los nombres de 32 detenidos desaparecidos chilenos y los pasos fronterizos por las cuales habrían entrado a Argentina.[6] Jaime Eugenio Robostam [sic] Bravo habría entrado por Tromen (hoy Mahuil Malal), a 50 kilómetros en camino de ripio de San Martín de los Andes, el día 29 de febrero de 1975; Juan Carlos Perelman Ide supuestamente por Las Cuevas (hoy Cristo Redentor) el 29 de marzo del mismo año.

Los nombres de Jaime Robothan y Juan Carlos Perelman más los de David Silberman y Luis Guendelman, ambos egresados del Instituto Hebreo, fueron utilizados para un macabro preludio al montaje que se llegaría a conocer como Operación Colombo o Lista de los 119. Son los únicos nombres asociados con Operación Colombo que comparten el hecho de ser apellidos judíos, o por lo menos de timbre judío, dado que los Robothan no conocen antepasados judíos en su familia.

Los socios argentinos de Arancibia Clavel fueron los integrantes de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) que empezaba a circular en sus Ford Falcón verde por las calles de Buenos Aires. Dado el sesgo antisemita de este grupo, es probable que fueran sus operativos quienes eligieron los nombres de cuatro judíos para dar inicio al montaje.

La periodista argentina Stella Calloni, autora de dos libros sobre Operación Cóndor[7], está convencida que los argentinos eligieron los nombres judíos. “En ese momento, yo tengo la seguridad, te diría, del entusiasmo con el cual los de aquí participaron en esa operación. Mi tesis es estos chilenos se pusieron de acuerdo con un grupo nacionalista, nazis en realidad, y acá aparecieron cuatro cadáveres, con nombres de judíos chilenos. Todavía no sabemos de quienes son esos cadáveres. Estos hicieron este favor a Chile y a su vez, Chile haría un favor a los argentinos. Le entregaba gente o nombres. Cambiaban favor por favor”.[8]

Laura Elgueta, entonces de 18 años, vivía en Buenos Aires con sus padres chilenos exiliados desde 1974. Elgueta ha estudiado la maquinaria chilena-argentina de inteligencia para entender las circunstancias del secuestro y posterior desaparición de su hermano, el estudiante de música y militante del MIR Luis, cuñada Clarita Fernández y Cecilia, hermana de Clarita, el 27 julio de 1976. “No es casual que hayan sido ellos quienes eligieron nombres que sonaban judíos”. Elgueta señala “una mirada muy antisemita, instalada en sectores tradicionales vinculados a la Iglesia más ortodoxa argentina”, asociados con la Triple A.[9]

Elgueta fue testigo presencial del sesgo antisemita de la represión argentina. Casi al año de la desaparición de Luis, Clarita y Cecilia, a las 11 de la noche del 12 de julio 1977, ella fue secuestrada con otra cuñada. “Hacen el clásica operativo de secuestro que se hacía en plena 1977”, resalta. Las metieron, golpeándolas, en autos y las llevaron a un centro clandestino, que con los años lograron identificar como el Club Atlético. Al bajarlas de los autos, “lo primero que escuchamos fue a chilenos que nos estaban esperando. Creo que eran mas de dos”.

“Siguen el procedimiento habitual. Nos sacan los documentos, y nos ponen una letra con número. En el momento del interrogatorio nos desnudan. Llevan a mi cuñada a interrogarla. Me dejan a mi esperando, desnuda y vendada. En un momento siento que traen a dos chicos, bajándolos, golpeándolos bruscamente. La mujer estaba aterrada. Cuando los desnuden se dan cuenta que él es judío. Hacen un festín: ‘Oh, este es un Moishe, mirá vos que sos judío, que bueno te lo vamos a dar; qué bueno que tenemos otro en nuestros manos!’

“En un momento hubo un silencio. Yo me di cuenta que estábamos los tres solos y se produjo un gesto muy lindo. Yo tosí; él tosió, y ella tosió. Nos comunicamos así. No supe nada mas de ellos. Deben estar desaparecidos, muertos”.

En todo momento estaba presente por lo menos un chileno, escuchando, mientras la interrogaban. Benito José Fioravanti, perteneciente a un sector de católicos fundamentalistas de corte nazista, posteriormente es sindicado como el jefe del centro de torturas Atlético. “La participación de Fioravanti con chilenos está comprobado a través de mi caso en 1977”, afirma Laura Elgueta. Reitera, “Pienso que no es casual que estos personajes”, quienes propiciaron crueldad especial hacia los judíos, hayan participado en Operación Colombo y eligieran los nombres judíos.

El operativo inició el 16 de abril 1975 con el hallazgo en un estacionamiento subterráneo de Buenos Aires de un cuerpo quemado y mutilado hasta ser irreconocible, acompañado por carteles atribuyendo el muerto a un ajuste de cuentas entre combatientes del izquierda. Al lado del cuerpo se encontró intacto un carnet de identidad chilena con nombre del ingeniero David Silberman Gurovich, gerente de Cobre-Chuquicamata. Hacía seis meses que Silberman había sido raptado desde la Penitenciaria de Santiago, en un despliegue operativo, explicado por el Ministerio del Interior como un secuestro por el MIR.  Posteriormente, testigos declararon haber estado presos junto a él en el centro de tortura de calle José Domingo Cañas 1367 en Santiago en octubre de 1974[10].

Este modus operandi se repetiría en julio con la aparición de tres cadáveres más, también carbonizados, acompañado nuevamente por carteles, aludiendo al MIR y los carnets de identidad chilenos, correspondientes a Luis Guendelman, Jaime Robotham y Juan Carlos Perelman.

Los días 12 y 16 de julio familiares leyeron con estupor e incrédulos las portadas de El Mercurio, La Tercera, y Las Ultimas Noticias. Bajo el título “Sangrienta Vendetta Interna Hay en el MIR,” el reportaje de Las Ultimas Noticias daba cuenta que Luis Alberto Wendelmann Wisniack y Jaime Eugenio Robostam Bravo, “reclamados por organismos internacionales tales como la Amnesty y otros grupos de supuestas tendencias humanitarias […] Pero ahora resulta que aparecieron ultimados por sus propios compañeros extremistas en el vecino país”.

Luis Guendelman, detenido el 4 de septiembre 1974 en su casa, fue visto en el centro de detención secreto de calle Londres 38 el día después de su detención, y en Cuatro Álamos el 26 de septiembre. En Cuatro Álamos le contó a los presos con quienes compartía celda que estuvo torturado en Villa Grimaldi. En noviembre y diciembre 1974 fue internado en el Hospital Militar, y luego regresó a Cuatro Álamos donde, en febrero de 1976 un preso le escuchó cantar el tango “Adiós muchachos compañeros de mi vida”.[11] En ese lugar fue visto con vida por última vez.

El 31 de diciembre del 1974 Jaime Robotham compartía un te con su gran amigo y compañero del Partido Socialista Claudio Thauby. Más tarde, cuando iban caminando juntos por Avenida Sucre, un auto se detuvo bruscamente y salta a la vereda Fernando Laureani Maturana, quien conocía a Claudio por haber sido cadete en la Escuela Militar. Diecisiete sobrevivientes del campo de concentración que operó en Villa Grimaldi declararon ante el ministro Alejandro Solís como Jaime Robotham llegó ensangrentado de una herida de la cabeza propiciado al momento de su detención.

Juan Carlos Perelman había sido detenido junto a su pareja Gladys Díaz el 20 de febrero de 1975 y llevados a Villa Grimaldi. El 28 de febrero 1975, ambos fueron incorporados a una fila de presos que subían a un vehículo. De repente, a Gladys la sacaron de la fila.  Nunca más se supo de Juan Carlos.

Los familiares de los cuatro chilenos tuvieron la horrorosa experiencia de viajar a Argentina para conocer los cadáveres encontrados.

En el caso de Luis Guendelman, viajaron a la morgue de Pilar, en la provincia de Buenos Aires, su madre Sara Wisniack y esposa Francisca Hurtado, llevando radiografías de la cadera de Luis. Desde los 10 años cuando lo operaron, tenía un torno de platina. Ningún de los dos cadáveres tenía un platillo en los huesos. Las radiografías dentales tampoco reflejaban la dentadura del cadáver que les mostraron en Pilar.

“La situación era totalmente absurda, afirma Alejandro Guendelman, primo de Luis. “Los cadáveres estaban tan calcinados que no podías contar los dedos de la mano. Sin embargo entre los restos de la ropa habían unos carnets plásticos, un librito verde plástico original, no falsificado, emitido por el Gabinete de Identificación, impresa por la Casa de Moneda. En esa época eran escritos a mano, y esta también. Pero la foto de Luis era de cuando sacó su primer carnet de 10 años. El apellido en vez de estar escrito con “G” estaba escrito con “W”. Como que alguien le entregó un alto de carnet blanco a López Rega o Arancibia Clavel, y lo llamaron por teléfono y le preguntaron ¿Cómo se escribe? Y escribió “W”.  ¿Tu piensas que el Gabinete de Identificación se va equivocar en poner un W en vez de un G?”[12]

Tan burdo era el montaje que a simple vista se desenmascaró a si misma como un fraude.

En esos días llegaban a Chile dos congresistas de los Estados Unidos, a preguntar insistentemente por Luis a solicitud de su hermano Simón Guendelman. También a principios de julio había llegado a Perú el Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas.  Seguían sin autorización de Chile para entrar. Como forma de presión, decidieron instalarse en el país vecino. El 8 de julio el Ministerio de Relaciones Exteriores responde al Grupo.

“La situación en Chile está en sus peores momentos y el Grupo de Trabajo está en Perú. Nosotros contentos que va llegar este grupo”, recuerda Roberto Garretón. “La respuesta de Chile fue fantástica. Dado el estado del peligro por la patria, dice Pinochet, se prohíbe el ingreso. Y visto que no se le permite entrar, más encima el Grupo de Trabajo debe disolverse! Allá flota la lista de los 119.”

El 18 de julio aparece por primera y única vez la Revista Lea que reportea que “60 extremistas chilenos han sido eliminados en los últimos tres meses por sus propios compañeros de lucha” en Argentina y otros países de América Latina, señalando un lista de estas personas.  El 24 de julio sale en Brasil la primera edición en 52 años del diario “O Día de Curitiba”, señalando una nómina de 59 otros nombres de “extremistas chilenos” que habrían muerto en enfrentamientos con policía en Salta, Argentina. La sumatoria de las nóminas de ambos reportajes, ampliamente difundidas por los medios de comunicación en Chile, era 119 nombres.

El 28 de mayo los familiares de muchos detenidos desaparecidos habían presentado un recurso de amparo conjuntos a la Corte de Apelaciones de Santiago y, el 8 de julio lo presentaron ante la Corte Suprema. Ahora la prensa chilena apuntaba a esta nómina para denunciar que jamás fueron detenidos, y el recurso de amparo fue rechazado.

En el campo de detención de Puchuncaví, prisioneros reconocieron en los diarios lo nombres de personas con quienes habían estado en Villa Grimaldi, Cuatro Álamos y otras cárceles secretas. La indignación al constatar que estaban matando a sus compañeros superó el miedo, y 90 presos políticos se declararon en huelga de hambre.

“Gran número de las causas de violaciones de derechos humanos en Chile llevan un mensaje, un mensaje de terrorismo de estado. Este mensaje generalmente es: al enemigo se le trata de esta manera, o sea, de una manera muy cruel”,  señala Juan Guzmán Tapia, ex juez de la Corte de Apelaciones de Santiago.

Es probable que el mensaje de Operación Colombo y de su preludio, iba dirigido también a los chilenos resistentes en Argentina, como Luis Concha. A sus 79 años, Concha, que todavía vive en Argentina, afirma, “Nosotros sabíamos que si nos agarraban aquí en Argentina íbamos a pasarlo mal”.

El ex juez Guzmán recalca: “El segundo mensaje es una orden al Ejército y a las Fuerzas Armadas de como deben ser tratados los enemigos: sin ninguna piedad, sin ninguna misericordia, Qué esta maniobra de desinformación se iniciara con nombres judíos no creo que sea una coincidencia.[13]

En septiembre de 2004 el juez Juan Guzmán Tapia procesó a 16 ex miembros de la DINA por Operación Colombo. En noviembre de 2005, el juez Víctor Montiglio procesó a Augusto Pinochet en Operación Colombo y en mayo de 2008 procesó a 98 jerarcas y ex agentes de la DINA por 60 víctimas de Operación Colombo.

Operación Colombo fue el procesamiento más fácil, afirma el ex juez Juan Guzmán Tapia. “Pinochet dice que es una infamia que personas que se mataron entre ellos en Argentina se les estén achacando al gobierno militar esa responsabilidad. Lo dice con mucha energía, con mucho enojo”.

David Silberman, Luis Guendelman, Juan Carlos Perelman, y Jaime Robotham. Cuatro nombres, nombres de sonido judío, fueron elegidos para descarriar la verdad. Terminan aportando a desvelar una gran mentira, y logrando justicia.

(Extracto del libro “Memoria latente” (Lom Ediciones, 2016). Por Maxine Lowy)

Desde <https://www.elclarin.cl/2021/07/21/cuatro-nombres-en-la-operacion-colombo/>

*N.N. La Operación Cóndor. Memoria y derecho
Primera edición, 2006
© Derechos reservados por Juan Mario Solís Delgadillo
© Universidad Autónoma de San Luis Potosí
Álvaro Obregón 64, Zona Centro
ISBN-970-705-048-9

http://www.desaparecidos.org/arg/doc/

http://www.derechos.org/nizkor/arg/doc/judios.html

La historia de Puntito Recabarren, de sus padres, sus tíos y sus abuelas.Buscando la verdad.

La historia de Puntito Recabarren, de sus padres, sus tíos y sus abuelas.Buscando la verdad.
La desgarradora historia del niño de 2 años que vio cómo desaparecieron sus padres y aún se pregunta por qué él está vivo
  • Carolina Robino y Margarita Rodríguez
  • BBC News Mundo

5 noviembre 2018

La historia de Puntito Recabarren, de sus padres, sus tíos y sus abuelas. Buscando la verdad.

Luis con su madre, Nalvia
Pie de foto,Luis Recabarren con su madre, Nalvia.

«¿Por qué yo sobreviví?» Esa es una de las preguntas que por décadas ha marcado la vida del chileno Luis Emilio Recabarren Mena.

Para entenderla, hay que conocer su historia.

Hace 42 años, cuando él tenía 2 años y medio, perdió en menos de 48 horas a su abuelo paterno, a un tío, a su padre, a su madre y al hermano o hermana que ella llevaba en su vientre.

Corría el año de 1976 y Chile vivía bajo el régimen militar de Augusto Pinochet.

El 29 de abril, cuatro miembros de su familia fueron detenidos durante un operativo de agentes de inteligencia.

Él era uno de ellos.

Todos desaparecieron menos él. Fue el único que sobrevivió. Y aún no sabe por qué.

Luis Recabarren junto a su madre
Pie de foto,Tras el nacimiento de Luis, Nalvia se dedicó al hogar.

Desde entonces, ha intentado reconstruir lo que sucedió ese día y averiguar cuál fue el destino de sus padres, su tío y su abuelo, que sufrió la misma suerte apenas un día después.

Ha hablado con testigos, leído expedientes, buscado sus huellas en fotos. Pero sigue teniendo lagunas.

En un desgarrador testimonio que ofrece desde su casa en Suecia, donde vive desde 1984, Recabarren, nieto de la inagotable activista por los derechos humanos Ana González, quien murió el 26 de octubre, le abre su pasado, sus recuerdos, su dolor, a BBC Mundo.

Y asegura que luchará por saber quién mató a sus padres hasta que se muera.

El fatídico día

El 29 de abril de 1976, Nalvia Mena Alvarado, quien tenía 21 años, se fue con su único hijo, Luis, a buscar a su esposo a su oficina.

Luis Emilio Recabarren
Pie de foto,El padre de Luis, como muchos chilenos, había perdido su trabajo por sus simpatías con la izquierda. Por eso, se convirtió en un emprendedor y se «ganó la vida» como diseñador gráfico.

Luis Emilio Recabarren tenía 29 años y trabajaba en un barrio céntrico de Santiago.

En el camino de regreso, la familia se encontró con uno de los hermanos del padre, Manuel Guillermo, y los cuatro partieron rumbo a la casa de los abuelos paternos, Ana González y Manuel Recabarren.

Desde su nacimiento, «Puntito», como le decían a Luis cariñosamente, vivió con sus padres y sus abuelos en esa vivienda.

«Nos capturaron bajándonos del autobús«, relata.

«Llegando al paradero 16 de Santa Rosa, había un operativo con tres automóviles estacionados. Nos estaban esperando».

«Cuando mi padre vio que agarraron a mi madre, que me tenía a mí, intentó hacer algo. Pero lo golpearon y a ella le pegaron en el estómago con un fusil. Después nos metieron en uno de los vehículos y los tres automóviles salieron a toda prisa».

El abandono

El mismo día de la detención, Luis fue separado de sus padres.

Manuel Guillermo Recabarren
Pie de foto,Manuel Guillermo Recabarren tenía 22 años cuando fue detenido. Durante la entrevista, Luis lo llama cariñosamente «mi tío Mañungo».

En algún momento alguien lo subió a un vehículo negro y lo dejaron a una cuadra de la casa de sus abuelos paternos.

«Me dejó botado en la calle en pleno toque de queda. Una vecina me oyó llorar, se asomó y dijo: ‘¡Es el Puntito!’. Salió, me cargó y me llevó a donde mi abuela».

Al día siguiente, el 30 de abril, su abuelo paterno salió muy temprano a buscar a sus hijos y a su nuera.

Nunca regresó. También despareció.

Desesperada, su abuela Ana González fue a buscar a la madre de Nalvia, Ernestina Alvarado, para contarle lo que había pasado.

Así comenzó la búsqueda incansable de sus abuelas por sus padres, su abuelo y su tío.

El silencio

Después de ser llevado a su casa, «Puntito» no pudo hablar por un mes.

Manuel Recabarren
Pie de foto,Manuel Recabarren, el abuelo de Luis, tenía 50 años cuando desapareció.

Su crianza pasó a manos de su abuela materna, Ernestina. A Ana la visitaba frecuentemente y se convirtió en una figura constante y amada en su vida.

«Me quedaba dormido llorando todas las noches», cuenta.

«Echaba de menos a mis padres. Ellos me dieron mucho amor. Sentía que no era mi casa, que debía estar en otro lugar, que eso era algo temporal, por eso pensaba que no debía molestar. ‘Debo comerme toda la comida, debo portarme bien’, me decía».

Confiesa que, pese al amor de sus seres queridos, se sentía huérfano y en ocasiones intentó escaparse de casa.

Sus familiares nunca intentaron disfrazar lo que había ocurrido con sus padres.

«Todo el tiempo estuvieron con la verdad cruda, real, sin esconder nada, con el objetivo de procesarla».

«¿Qué hizo mi mamá para que me dejaran?»

Cuando aprendió a leer, trataba de entender la información que había «afuera» sobre las torturas y los abusos del gobierno.

Luis Recabarren junto a su madre
Pie de foto,Sus padres, le contaban sus abuelas, «se querían mucho» y estuvieron felices con su nacimiento.

Empezó a preguntarse: «¿Le habrá pasado eso a mi mamá? ¿Le hicieron esas torturas? ¿Le pusieron electricidad a mi papá, a mi abuelo, a mi tío? ¿Qué les pasó en los últimos momentos?»

Y surgieron preguntas muy poderosas que hasta hoy lo intrigan:

«¿Por qué yo sobreviví?»

«¿Qué hicieron ellos para que me soltaran?«

«¿Qué hizo mi mamá para que me dejaran?»

«Y es que en esa época mataban a niños también».

Luego, a través de los testimonios de testigos «se supo que fueron llevados al campo de tortura de (Villa) Grimaldi y después los trasladaron a otros lugares. Ahí se perdió su rastro. Algunos dicen que los mataron y que los lanzaron al mar«.

La decisión de partir

Bajo el cobijo de un sector «solidario» de la Iglesia católica, sus abuelas y otras madres y familiares de desaparecidos se empezaron a reunir.

Así, le dieron vida a la emblemática Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD).

Miembros de la AFDD en una manifestación encadenadas
Pie de foto,Miembros de la AFDD en una de las tantas manifestaciones pacíficas que han organizado desde su creación. Ana González es la segunda de derecha a izquierda.
Manifestación 9 de junio 2017
Pie de foto,Año tras año, la AFDD empezó a recibir más y más familiares que, como Ana y Ernestina (ninguna en la foto), buscaban a sus seres queridos. «¿Dónde están?» ha sido una de las consignas de la organización. Esta manifestación se celebró el 9 de junio de 2017.

Ana y Ernestina llevaban a Luis a los encuentros y allí era feliz con otros niños que estaban pasando por tragedias similares, pero de las cuales no hablaban entre sí. Sólo querían jugar.

«Corríamos por los pasillos y los patios de la Vicaría de la Solidaridad, que quedaba en el centro de Santiago. Me sentía especial cuando me llevaban allá».

Pero la hora de abandonar Chile había llegado. Tenía 11 años.

«A finales de 1984, cuando mi familia materna quedó destruida, mis otros tíos cayeron en campos de detención y fueron torturados», dice.

Su abuela Ernestina no vio otra opción que llevárselo a él y a otras nietas a Suecia.

«¿Y si aparecen?»

Ernestina lo empezó a preparar para la partida. Le habló de Suecia, de sus bosques, de sus parques, de su socialdemocracia, de sus derechos civiles.

Volante con las fotos de Luis, sus padres, su tío y su abuelo
Pie de foto,Desde que desaparecieron, las familias de Luis no escatimaron esfuerzos por buscarlos.

Y eso, más la experiencia de montarse en un avión por primera vez, lo entusiasmó, pero le surgió otra interrogante:

«¿Y si aparecen mis padres? Yo tengo que estar aquí porque a lo mejor no me van a encontrar«, cuenta.

«Pensaba, soñaba que volverían y quería estar ahí cuando eso sucediera».

Pero se fueron.

«Te traeré un regalo'»

A Recabarren se le rompe la voz cuando nos cuenta el momento en que se tuvo que despedir de «un amigo del alma», un niño que vivía en el vecindario.

Luis Recabarren junto a su abuela Ana González
Pie de foto,Luis abandonó Chile siendo un niño, regresó pocos años después para visitar a sus seres queridos, entre ellos su abuela amada, Ana González.

«Le prometo a Sergio volver…»

A esa oración le sigue un silencio.

«Y…»

Más silencio.

«Le decía: ‘Te prometo volver a Chile y te traeré un regalo’. Lloramos mucho hasta que nos despedimos».

Odio a Chile por lo que me ha causado y, al mismo tiempo, amo a Chile»

Luis Recabarren

De camino al aeropuerto, recuerda «el dolor tremendo de dejar a parientes que trataron de compensar la desaparición (de mis padres) con mucho amor».

«Era la tristeza de abandonar mi país (…) de saber que iba a tener sólo a una abuela», indica.

Suecia

En la nación europea comenzó una nueva vida, aunque con el mismo dolor.

Luis junto a su esposa Sara.
Pie de foto,En Suecia, Luis conocería el amor de pareja: Sara.

«Seguía quedándome dormido llorando, pero en silencio para no molestar».

«Era un luto perpetuo, pero trataba de estudiar, aprender el idioma, empecé clases de natación, hacía deportes».

Cuenta que llegó a Estocolmo, donde ya había una comunidad chilena que sabía quién era.

«Era mi pueblo, mi gente, recibí un cariño enorme. Los padres sabían la historia, pero sus hijos no».

Un hermano

«¿Cuando eras niño, alguna vez llegaste a racionalizar que pudiste haber tenido un hermanito o una hermanita y que también se lo llevaron?» le preguntamos.

Luis, junto a su abuela materna y una prima
Pie de foto,»Aquí estoy con mi abuela materna y mi prima hermana Tania Blanco», cuenta Luis.

«Todo el tiempo, todo el tiempo», dice.

Y con la voz entrecortada continúa: «Me di cuenta de que esa pizca de esperanza, que seguía haciendo crecer, no me estaba dejando vivir, no me estaba dejando pensar».

«Como niño pensaba con ilusión: ‘¿Será? Quizás tengo un hermano‘. En Suecia crecí con mis primas, por eso me preguntaba: ‘¿Tendré un hermano, tendré una hermana?'»

Soñaba que abrazaba a mi madre por la cintura»

Luis Recabarren

En las noches, cuando dormía, venían los sueños con sus padres.

«Soñaba que abrazaba a mi madre por la cintura».

Cuando cumplió los 29 años, la edad en que su padre desapareció, se preguntaba cómo habría sido la relación con él si nada hubiese pasado: «¿Seríamos buenos amigos?«

«Los amigos de mis padres me dicen que me parezco mucho a mi madre y que también tengo una pizca de mi padre».

La venganza que no llegó

«¿Recuerdas en qué momento te diste cuenta que no volverías a ver a tus padres?», indagamos.

Luis Recabarren
Pie de foto,Luis siente que es un «deber» compartir su historia, especialmente para la nueva generación de chilenos y latinoamericanos.

«Fue un proceso largo», responde. Llegó a su fin en Suecia.

(…) ese odio te carcome y no vas a poder celebrar que eres el sobreviviente de tus padres. Y eso lo tienes que contar»

Ernestina Alvarado, abuela materna

«Cuando lloraba en las noches, empecé a aceptar la desaparición perpetua y a pensar que fueron asesinados, que los habían tirado en el mar. Que pasaron por cosas crueles».

«Luchaba contra mí mismo, me decía: ‘Me tengo que vengar, tengo que ser un guerrillero, tengo que encontrar a los culpables'».

Cuando se lo dijo a su abuela, ella se enojó mucho y le dijo:

«¡No, no, no! Eso es lo que ellos quieren, ese odio te carcome y no vas a poder celebrar que eres el sobreviviente de tus padres. Y eso lo tienes que contar, tienes que contar lo que pasó».

Poco a poco, en plena adolescencia, «entendió» que «ahora ellos estaban en paz«.

«Y que yo tenía que encontrar mi centro, mi balance, para poder tener una vida».

Manifestación en Santiago el 8 de septiembre de 2013
Pie de foto,Cientos de familias, como la de Luis, siguen buscando respuestas sobre lo que sucedió con sus seres queridos. Esta manifestación se celebró a 40 años del golpe de Estado, en Santiago de Chile.

Desde esa perspectiva de amor y de búsqueda de justicia que le inculcaron sus abuelas, decidió encarar su vida.

También la enfrentó con algo que sus padres disfrutaban: el arte, la música, el ballet. Estudió en la Royal Swedish Ballet School, se convirtió en bailarín profesional e hizo presentaciones en varios países.

La reconstrucción de los hechos

Recabarren conoce algunos detalles de lo que sucedió el 29 de abril de 1976 porque hubo varios testigos en las fases de la detención y la desaparición de sus padres y su tío.

Salvador Allende
Pie de foto,Luis nació el 27 de octubre de 1973, pocas semanas después del golpe de Estado que derrocó al gobierno de Salvador Allende., a quien se ve en esta foto saliendo del palacio presidencial de La Moneda, en pleno golpe.

«Eso es lo que uno lee en los testimonios que se recogieron y en lo que dice el informe Rettig, que recopila cada caso«, indica.

El Informe Rettig fue realizado por la Comisión de Verdad y Reconciliación, un órgano creado con la llegada de la democracia para investigar las violaciones a los derechos humanos durante el pinochetismo.

En 1991, ese informe, que sólo contabilizó desapariciones y ejecuciones, reconoció 2.279 muertes a manos de agentes del Estado.

Un recuerdo «muy fuerte»

Más allá de lo que ha leído e investigado y de lo que le han contado, Luis asegura que, pese a su corta edad, hay algo que recuerda del día en que vio a sus padres y a su tío por última vez.

Soldados golpistas arrestan a guardaespaldas de Allende
Pie de foto,En esta imagen se observa a un grupo de soldados golpistas al momento de arrestar a guardias de seguridad del presidente Allende, en septiembre de 1973.

Y lo logró evocar tras recibir ayuda psicológica enfocada en personas con estrés postraumático crónico en la Cruz Roja de Suecia.

«La psicóloga me ayudó a sacar un recuerdo en el que veo a mi madre muy cerca de mí, hablándome, y detrás de ella hay un cuerpo en el suelo. En la puerta hay otro hombre, está parado. No sé si es mi papá o mi tío, está tratando de ver lo que pasa afuera. Estamos en una habitación».

Ese cuarto, él cree, fue el lugar donde los tuvieron detenidos.

«¿En ese recuerdo cómo ves a tu mamá?», le preguntamos.

«Se veía como un ángel», responde. «Es un recuerdo que tengo muy, muy fuerte».

¿Por qué sus padres?

Cuando le preguntamos a Luis por qué cree que sus padres fueron detenidos, reflexiona sobre su nombre.

Luis Recabarren junto a su abuela Ana González
Pie de foto,Luis junto a su abuela Ana González y su tía Patricia Recabarren.

«Luis Emilio Recabarren Serrano (1876-1924) fue el fundador del Partido Obrero en Chile hace unos cien años (1912). No sé si somos parientes o no. Nunca ha sido relevante para mí».

Pero más allá de esa posible asociación que los agentes pudieron haber establecido, su padre fue dirigente sindical.

«El padre y los hermanos de mi mamá fueron dirigentes sindicales. Todos eran idealistas, fueron una generación con potencial político que querían un cambio en la sociedad».

El objetivo del gobierno, dice, era romper las familias que tenían una postura política contraria. «Ellos querían matar ideas, (hacer) un genocidio político».

Sus padres militaban en el Partido Comunista. «No eran violentos, no eran terroristas. Sólo querían transformar la sociedad, luchar por la igualdad».

Haciéndose la imagen de sus padres

Luis sabe que sus papás «se enamoraron en un Congreso del Partido Comunista».

Luis Recabarren junto a su hija
Pie de foto,Luis junto a su hija cuando era pequeña.

Así se lo contaron sus abuelas y sus tíos.

«Mi papá era bien carismático, recibía mucha atención de las muchachas. Pero al principio mi mamá no le daba ni bola porque sabía cómo era», cuenta entre risas.

Desde la adolescencia, Nalvia «se oponía a las desigualdades», le gustaba ayudar a la comunidad y «no era de las que esperaba a que alguien viniera a resolver los problemas de la comuna».

«Tengo la impresión de que mi madre era muy delicada. Cantaba en el coro del liceo francés, dibujaba, tenía cualidades artísticas».

Tanto a su padre como a su madre les gustaba mucho el ballet. Le cuentan que ella escuchaba música clásica cuando lo llevaba en el vientre.

Ambos eran delgados y muy altos «para el promedio de los chilenos». Él mismo mide 1,86 metros.

«Hasta que yo muera»

En una entrevista de Recabarren con la periodista Ivonne Toro del periódico chileno La Tercera, publicada el 29 de octubre, dice que necesita saber quién fue el que mató a su madre.

Luis Recabarren junto a su familia.
Pie de foto,Con sus hijos, Luis aprendió lo que es el amor incondicional entre padres e hijos.

«Hasta el día de hoy no tengo información concreta sobre cómo fue la operación contra mis padres ni quiénes estuvieron involucrados», le indica a BBC Mundo.

«No se ha podido saber toda la verdad plena«.

«Toda mi vida, hasta que yo muera, voy a buscar la verdad sobre lo que pasó. No voy a parar. Y si muero, mis hijos la buscarán. Esto va de generaciones. Es incansable».

Está casado con la periodista sueca Sara Recabarren y tiene tres hijos de 7, 11 y 15 años. Con ellos aprendió lo que realmente es el amor incondicional.

«Mientras yo sea fuerte, ellos serán fuertes», dice.

«Ellos van a seguir la lucha. Mi inclinación como padre es protegerlos, pero sé que podrán transformar todo este dolor en algo positivo».

«Un deber»

Recabarren dice que mientras se sienta con fuerza seguirá contando su historia. Pero no es fácil.

Ana Gonzalez
Pie de foto,Ana González, con su inolvidable carisma y entrega por el movimiento en busca de los desaparecidados chilenos, en una ceremonia celebrada el 9 de septiembre de 2013, en el Museo de la Memoria de Santiago de Chile, en honor a las víctimas del régimen militar.

«Mis tíos que sobrevivieron torturas tienen mucha dificultad para hablar sobre lo que les pasó, incluso con sus propios hijos».

«Ahora que mi abuela paterna no está, lo tengo que hacer. Es un deber».

«Para mí Chile es una paradoja: odio a Chile por lo que me ha causado y, al mismo tiempo, amo a Chile porque soy de allá, porque es mi pueblo y porque después de la muerte de mi abuela siento su solidaridad, su cariño».

Hijos del exilio: las historias cruzadas que marcaron a los ministros de Boric

Hijos del exilio: las historias cruzadas que marcaron a los ministros de Boric
Hijos del exilio: las historias cruzadas que marcaron a los ministros de Boric

Juan Manuel Ojeda y Carlos Said28 ENE 2022 10:26 PMTiempo de lectura: 16 minutos

El gabinete del presidente electo comparte experiencias vitales comunes. A siete futuros secretarios de Estado les tocó abandonar el país en pleno régimen militar, porque las vidas de sus padres corrían peligro. A algunos les tocó Cuba, a otros Suecia, Guatemala, Canadá o Reino Unido. Pese a que cada país tiene sus particularidades, todos coinciden en lo mismo: parte de lo que son hoy lo aprendieron de aquella época en que, siendo niños o adolescentes, tuvieron que partir de cero, a veces con miedo, otras con alegría y lejos de sus familias.




1. Dejar Chile atrás

Faltaban solo 16 días para que Maya Fernández estuviera de cumpleaños. En aquella época la actual diputada socialista era una niña que se preparaba para su segundo año de vida. Lo que iba a ser una fiesta, de pronto se rompió abruptamente. El 11 de septiembre fue el golpe de Estado y la futura ministra de Defensa debió partir junto con sus padres rumbo a Cuba.

Su madre era la médica Beatriz Allende y su padre, el diplomático cubano Luis Fernández Oña, quien formó parte del Departamento América del Partido Comunista cubano, a cargo de la relación del régimen castrista con los partidos y movimientos de izquierda latinoamericanos.

“Mi mamá tenía un embarazo de siete meses. Mi hermano nació en noviembre, en Cuba. Siempre he pensado en lo duro que debe haber sido para ella perder a su padre en La Moneda y, además, haber estado embarazada. No debe haber sido nada de fácil”, dice Fernández.

La familia llegó a La Habana en avión y cuatro años después su mamá se suicidó. En ese momento ella quedó a cargo de Mitzi Contreras, amiga de la madre de la actual parlamentaria: “Por eso yo digo que la vida me regaló dos madres”.

La médica Begoña Yarza es siete años mayor que Fernández, pero a las dos las une una misma experiencia. La futura ministra de Salud también se vio obligada a vivir en el exilio. “Mi papá (Simón Yarza) era alcalde de Rengo. Lo tomaron preso en septiembre de 1973, le dieron un Consejo de Guerra y lo condenaron con la pena de extrañamiento. En 24 horas las Naciones Unidas lo tenían que sacar del país”, explica quien será la próxima titular del Minsal.

Yarza tiene un recuerdo potente de aquella época. “Nos llevaron en un camión militar a un avión Air France por la pista de aterrizaje. Cuando nos subimos, el capitán se acercó a la escalera y en francés le dijo a mi papá que estaba honrado de que él subiera y que estaba pisando territorio libre del fascismo. Seguramente para mi papá debe haber sido algo muy bonito, que alguien lo mirara con una dignidad distinta. Él era un hombre formidable. Yo era chica, pero vi esa escena y me pareció hermosa, porque reconocí lo que era darle a otro dignidad”, recuerda emocionada. Los Yarza pasaron por Buenos Aires y Lima, para luego terminar en 1974 en La Habana.

Maya Fernández, cuando tenía dos años, junto a su madre Beatriz Allende. Habían llegado hace poco a Cuba.

A la abogada Antonia Urrejola también le tocó ser hija del exilio. En su caso, su experiencia fue a más de siete mil kilómetros de distancia de Cuba. La futura ministra dice que pese a ser una niña de seis años tenía conciencia de lo complejo de la situación del país: “Antes de que mis papás partieran, mi casa fue allanada varias veces. Mi padre estuvo detenido por tres meses en Tejas Verdes. Una vez llegaron los militares a la casa y se llevaron a mi mamá a Villa Grimaldi”, recuerda Urrejola.

Su padre, Carlos Urrejola, era economista, arqueólogo y trabajaba en el Pedagógico. Su madre, María Inés Noguera, era profesora de un colegio particular. Ambos no eran militantes activos, apoyaban a la Unidad Popular, pero tenían contactos en el MIR y el Partido Socialista.

“Recuerdo cuando mi papá volvió de su detención. Tengo la imagen de él volviendo a la casa de manera sorpresiva. Lo recuerdo muy flaco, con el pelo largo y barba. Cuando lo vi me dio miedo, mucho miedo”, recuerda la abogada.

Los Urrejola llegaron como refugiados políticos hasta Hull, una ciudad al norte de Inglaterra, en el condado de Yorkshire. Seis meses después llegó la futura canciller, de entonces seis años, junto a su hermana de 14 y su otro hermano de nueve. En Chile se había quedado con unos tíos y recuerda que ellos le compraron un vestido: “Querían que llegara bonita al reencuentro. Lamentablemente, de ese momento no me acuerdo mucho más, lo tengo súper borrado”.

La historia de Flavio Salazar, el próximo ministro de Ciencia, también fue en Europa. Su vida iba a ser otra. Nació en Buenos Aires en 1965 y su familia volvió a Chile en 1971. Estudió en el Colegio Salesianos Alameda y en 1984 entró a Veterinaria en la Universidad de Chile.

Pero ese año, marcado por las protestas contra la dictadura, las cosas cambiaron. Su padre, que era parte del sindicato de Pizarreño y militante del Partido Comunista, pidió asilo en Suecia y se lo llevaron en diciembre, poco después de que el general Augusto Pinochet decretara un estado de sitio en todo el país.

Salazar tuvo que dejar su carrera para seguir, junto a su familia, a su padre. “Nos mandó a buscar, y nos reunificamos allá a principios de 1985. Llegamos a Estocolmo y nos enviaron a un campamento de refugiados, pero que en realidad eran departamentos en una ciudad al interior de Suecia, que se llama Köping”, relata el académico. La ciudad era pequeña, pero existía una fábrica de Volvo, donde su padre encontró trabajo como técnico automotriz.

Antonia Urrejola junto a sus padres y hermanos en Hull, al norte del Reino Unido. En la foto, la futura canciller es la cuarta de izquierda a derecha.

La nueva ministra del Deporte, Alexandra Benado, nació en mayo de 1976, en Estocolmo, debido al exilio de sus padres. Pero la distancia no cortó los lazos con Chile, sobre todo en el caso de su madre, Lucía Vergara, militante muy activa del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), para quien el destierro no era un obstáculo para luchar contra Pinochet.

Sus padres habían llegado poco antes a Suecia, en 1975, y luego de que ella nació, la familia se trasladó a Cuba, quizás en un intento de la madre de acercarse al país. Según una columna que publicó esta semana Miguel Orellana Benado, primo del padre de la futura ministra, luego la abuela de la próxima ministra se la llevó a Guatemala para protegerla.

Sus padres volvieron escondidos a Chile, en el marco de la “operación retorno” del MIR, que buscaba reunir guerrilleros para derrocar a Pinochet. El 30 de agosto de 1983, un comando mirista asesinó al intendente de Santiago, Carol Urzúa, desatando la ira de la autoridad. La CNI comenzó una cacería contra los militantes del MIR y dieron con ellos. En una casa en Las Condes, ubicada en la calle Fuenteovejuna, detectaron la presencia de tres miristas que estaban escondidos, entre ellos Lucía Vergara.

Usando un jeep con una metralleta calibre 50, la patrulla de la CNI acribilló a los miristas y provocó el incendio de la casa. Luego, el régimen afirmaría que había sido un enfrentamiento, en un patrullaje de rutina. La Comisión Rettig acreditaría más tarde que se trató de un montaje.

Antonia Urrejola junto a su madre, María Inés Noguera, en Reino Unido.

La futura ministra de Justicia, Marcela Ríos, también tuvo una experiencia parecida, pero en Canadá. El 14 de febrero de 1981 fue el día en que Ríos y su familia se fueron de Chile. Querían dejar atrás los años de miedo, tristezas y pobreza que vivieron con la dictadura y, sin saber lo que les esperaba, viajaron más de 10 mil kilómetros para buscar una nueva vida.

En Santiago vivían en la población Santa Olga, en Lo Espejo, y en los años de Allende su padre era presidente de la Junta de Vecinos y de la JAP, la unidad local que administraba alimentos entre los vecinos. Eso le traería consecuencias durante ocho años.

“Después del golpe, estuvo preso un rato y nunca más pudo encontrar trabajo, por lo que decidimos irnos de Chile por una mezcla de persecución y una situación económica desmejorada”, relata Ríos. El viaje lo lograron gracias a un programa de refugiados que tenía el gobierno canadiense y a la ayuda de unas monjas.

2. Aprender a vivir en otro país

Maya Fernández está convencida de que su vida en Cuba no fue especial. De hecho, repite más de una vez que fue algo “muy normal, muy de la cotidianeidad de cualquier niño o joven”. En La Habana estudió en un colegio público que era internado: “Había una escuela donde muchos hijos e hijas de exiliados llegaban allí. Nosotros estuvimos internados, fue toda una experiencia de vida. Ahí hice mis primeros amigos de la vida”.

Fue compañera de una hija de Silvio Rodríguez y también de algunas de las hijas de Pablo Milanés. “Extraño esa época, era un momento en que la vida se hacía mucho en la calle, jugábamos ahí a la cuerda. Había muchas actividades, mucho interés por encontrarnos”, dice la próxima ministra.

Para ella si hay algo que le recuerda su niñez y juventud en La Habana es el mar: “El mar siempre ha sido importante en mi vida y cuando lo veo, me provoca esas sensaciones de volver a aquella época”.

Maya Fernández junto a Mitzi Contreras, a quien considera su segunda madre. En la foto, la próxima ministra de Defensa es la primera de izquierda a derecha.

Esa misma sensación es compartida por Begoña Yarza. Quizás las dos no compartieron muchos momentos, pero sí las une ese gusto por el océano. “Me gustaba mi barrio, yo vivía en Alamar, estaba en la playa, era un barrio popular. Era una ciudad donde convivía gente muy diversa. Ahí me crié, me gustaba mucho”, comenta la médica.

Yarza siempre estuvo conectada a Chile a través del Comité de Solidaridad. Desde ahí fue reconocida por ser una experta en bailar cueca, lo que hacía en cada peña que se organizaba.

Antonia Urrejola estuvo en Hull desde 1975 hasta 1981. La futura canciller aprendió a vivir en una ciudad en la que recién estaban llegando extranjeros. No sabía nada de inglés y en su escuela ni siquiera sabían lo que era Chile. Algunos profesores la discriminaron por venir de Latinoamérica, pero otros, dice, la acogieron “con amor”.

En Suecia, Flavio Salazar, el futuro jefe de Ciencia, trató de insertarse en el país que lo recibió y se mantuvo realizando actividades con la comunidad chilena: “La principal labor que me tocó fue trabajar en grupos juveniles, hacíamos cosas culturales en el Centro Juvenil Pablo Neruda”.

La vida nórdica iba segura y sin contratiempos, hasta que fue asesinado el primer ministro sueco Olof Palme, en febrero de 1986, el mismo cuyo gobierno les había abierto las puertas del país.

“Eso fue un golpe muy fuerte para todos los refugiados. Fue muy doloroso, un asesinato inesperado en un país tan tranquilo como Suecia”, dice. En esos años, estaba llegando una segunda oleada importante de chilenos al país, “y nos cobijamos unos con otros. Pero luego me tuve que ir a estudiar, y mantuve los contactos con la comunidad chilena que había llegado antes”.

Marcela Ríos junto a su familia, el día en que se despidieron de sus conocidos y partieron a Canadá. En la foto, la futura ministra de Justicia es la tercera de izquierda a derecha, justo al medio.

A Canadá, Marcela Ríos llegó con 13 años. El gobierno los aceptó y los envió a Saskatoon, una ciudad de la provincia de Saskatchewan, que tenía 200 mil habitantes. Ahí también había otras 200 o 300 familias de chilenos, con quienes su familia forjó lazos.

Ingresó a un colegio sin saber hablar inglés, pero en septiembre ya estaba cursando su enseñanza regular. Pero pronto también empezó a trabajar como mesera en un mall y en una fábrica de costuras, algo que allá es común entre los adolescentes. Desde ahí en adelante, a los 15 años, no ha parado de trabajar.

También se involucró con la comunidad chilena. “Participé en grupos folclóricos y hacíamos clases de español para que a los niños más chicos no se les olvidara el idioma. Incluso, había gente de mi edad, que se había ido a Canadá muy chica, por lo que hablaban mal español”, recuerda.

Luego se trasladó a Toronto, a estudiar un bachillerato sobre Sociología y Estudios Latinoamericanos y del Caribe en la Universidad de York, para luego trasladarse a México, en 1992, a cursar una maestría en Ciencias Sociales en la Flacso.

3. Volver a Chile

Para Begoña Yarza su paso por Cuba marcó su ADN como persona y como médica. En 1988 fue escogida para representar a los exiliados de La Habana en Chile en un “congreso de jóvenes exiliados para recordarle a Chile que había un grupo de jóvenes y niños que habíamos salido al exilio y que no teníamos derecho a votar”. En Santiago vivió el plebiscito. La energía y esperanza cuando ganó el No la llevó a tomar una decisión: “Opté por terminar la carrera de Medicina y devolverme”.

Como trabajadora de la salud formada en Cuba, asegura que es imposible que su visión del sistema no esté inspirado en ese modelo: “Esta mirada que tiene el sistema sanitario cubano acerca de la salud, que tiene que ver con el abordaje universal, muy cercano a la gente, muy basado en la atención primaria, por cierto que está impregnado en mi ADN, en mi formación”.

Maya Fernández no hizo toda su carrera universitaria en Cuba. Alcanzó a hacer un año de Biología y luego, a los 20 años, se subió a un avión y llegó a Chile. De inmediato entró a la Universidad de Chile y ese hito marcó la nueva relación con el país: “Yo no tenía amigos, no conocía las calles, no tenía un pasado en Chile. Por lo tanto, todas mis relaciones se construyeron desde que entré ahí. Eso fue muy importante”.

Antonia Urrejola llegó de seis años y se fue de 12 desde Hull hasta Chile. Al igual que sus compañeros de gabinete, el exilio que le tocó vivir por sus padres configuró su carrera de abogada. “Creo que ver de cerca lo que implican las violaciones a los derechos humanos y las rupturas democráticas, sus efectos devastadores en las vidas de tantas personas me marcó en mi opción de estudiar Derecho, por dedicarme a los derechos humanos y en tener empatía con las víctimas de violaciones a los derechos humanos”.

A Hull volvió dos veces. La primera vez lo hizo embarazada de su primer hijo y con su marido, Cristián Franz: “Fue impactante, porque miré todo desde la posición que deben haber tenido mis padres. Llegar al norte de Inglaterra, lejos de Santiago, el sol y la familia, a cargo de tres hijos y llenos de incertidumbres debe haber sido durísimo”. Urrejola cuenta que cuando se fue de Hull a Londres no paró de llorar: “Fue un viaje precioso de reencuentros, pero también desgarrador, porque me puse en los zapatos de un papá y una mamá que partieron a un país, a una ciudad desconocida”.

Antonia Urrejola, la niña de la foto, camina junto a su madre y su abuela materna por Hull.

Ese mismo viaje luego lo hizo con sus dos hijos mayores. Les quiso mostrar lo que fue su infancia, que supieran más de su vida y la de sus abuelos. “Ese viaje fue como cerrar el círculo. Fue reparador”, concluye Urrejola.

En el caso de Flavio Salazar, la distancia no lo ha alejado de Suecia. Al contrario, pareciera que sus lazos con la nación escandinava se hicieron más fuertes. Acá en Chile formó una plataforma de colaboración académica con Suecia, que reúne a cientos de investigadores.

Además, mantiene lazos con la embajada, continúa en contacto con sus amigos de la época de estudios y, más importante que eso, sus hijas se fueron para allá una vez que terminaron el colegio y ahora viven en Noruega. “Estoy todavía muy conectado con Suecia”, dice Salazar, por lo que viaja a ese país una vez al año.

Cuando estudiaba allá, ingresó a las Juventudes Comunistas, y continuó militando en el PC una vez que llegó a Chile. “Ahí he estado todos estos años, con diferentes posiciones, pero nunca me ha tocado trabajar en las estructuras partidarias, por las responsabilidades académicas y dentro de la universidad”, señala.

Flavio Salazar, futuro ministro de Ciencia, posando para una foto en Suecia, en los años 80.

Al terminar sus estudios universitarios, Marcela Ríos decidió volver a Chile en 1995. El resto de su familia tomó la misma decisión y hoy se encuentran reunidos en el país, excepto su hermano, que se quedó en Vancouver. El último en regresar fue su padre, hace apenas tres años, cuando jubiló.

Pero Marcela Ríos dice que sus lazos con el país que la recibió no son tan fuertes: “Nunca me integré del todo a la sociedad canadiense. Tenía amigos, pero tenía más redes con la comunidad de latinos, porque había muchos latinoamericanos en Canadá. Mis amigos eran chilenos, salvadoreños, colombianos, ecuatorianos y argentinos”.

“Mis grandes amigos de la vida los hice en México, también en Canadá y en mi doctorado que hice en Estados Unidos. Acá en Chile es común que uno se junte con sus amigos del colegio o la universidad. Yo no tengo eso, porque mis amigos del colegio y la universidad están repartidos por todo el mundo”, relata la socióloga.

El camino de Alexandra Benado fue distinto. Se desarrolló en el ámbito deportivo, partiendo en el período en que estuvo en Cuba, y continuó cuando volvió a Chile en 1990. Formó parte de la selección nacional femenina de fútbol y fue capitana del equipo que obtuvo para Chile el tercer lugar en la Copa América en 2010.

Por razones lógicas, la muerte de su madre la marcó y, para honrarla, comenzó un trabajo de memoria en el sitio Londres 38. Uno de los últimos recuerdos que tiene de ella es una carta que le envió, poco antes de ser asesinada, que decía: “Porque hubimos muchos que nos tomamos de las manos y a pesar de los hijos presos, muertos o torturados, a pesar de los hijos solos o lejos, fuimos acumulando penas, alegrías y fuerza, y todo eso se convirtió en libertad y el sol volvió a brillar”.

El horror que se expande. Violencia sexual, un relato

El horror que se expande. Violencia sexual, un relato

Entrevista a Mabel Zanta 

Condena al Tigre Acosta por los abusos sexuales en la ESMA: una de las víctimas cuenta su historia

Por Ailín Bullentini13 de agosto de 2021 – 14:34

“Fui acusada de ser montonera y yo no tenía la más puta idea, si ni sé manejar un arma”, contó a PáginaI12 Mabel Zanta.
“Fui acusada de ser montonera y yo no tenía la más puta idea, si ni sé manejar un arma”, contó a PáginaI12 Mabel Zanta.

Algunas experiencias suceden y pasan, se van. Pero otras quedan en quienes las viven: como un tesoro o como “un lastre” que, aunque se niegue, se esconda, se oculte; resurge. Y Mabel Zanta sabe de eso. Cada septiembre, lo recuerde conscientemente o no, su paso por la ESMA se le interponía. “Por h o por b me lastimaba con algo, me quemaba en la cocina, me caía, me golpeaba. Era mi cuerpo hablando, sacando a la luz las heridas que me dejaron”, dice, a la espera de que esta vez sea diferente. Mabel es una de las tres víctimas en el juicio por delitos sexuales que tuvieron lugar en el centro clandestino que funcionó en el predio porteño de la Armada durante la última dictadura cívico eclesiástica militar y que este viernes, tras diez meses de juicio oral, cerró con la histórica condena de Jorge “Tigre” Acosta y Alberto “Gato” González a 24 y 20 años de prisión.

“El juicio tiene ese aspecto reparador que calma. Que haya justicia es que una pueda vivir sin el lastre que cargamos durante tanto tiempo”, propone Zanta, que tiene 81 años y la espalda “cansada” de cargar con el peso de aquello que sufrió en septiembre de 1978 en la Esma.

Su paso por la Esma

Zanta tenía tenía 39 años y dos hijos adolescentes cuando fue secuestrada, torturada, acusada de montonera y violada en un baño del centro clandestino y tenía planeado escuchar desde la casa de su hija, Georgina Andino, el fallo del Tribunal Oral Federal número 5 de la Ciudad de Buenos Aires, que dirigió el juicio de lesa humanidad por los hechos que sufrieron ella y otras dos mujeres prisioneras del grupo de tareas 3.3.2 contra uno de sus jefes, Jorge “Tigre” Acosta, y uno de sus integrantes, Alberto “Gato” González.  

Es la primera vez que los delitos que sufrió Zanta durante la última dictadura cívico militar eclesiástica son eje de un juicio oral y público. Lo contó por primera vez ante la Justicia en 2014, cuando fue convocada por el Ministerio Público Fiscal para ampliar la denuncia que había radicado en 1983 ante la Conadep. Tras su relato, su “caso” se sumó al de Silvia Labayrú y al de María Rosa Paredes, sobrevivientes de la Esma que forman parte de la megacausa desde hace décadas y cuyas situaciones fueron analizadas en debates orales previos, aunque por primera vez son tenidas en cuenta exclusivamente como víctimas de delitos de índole sexual.

El horror que se expande

En 1978, Mabel estudiaba Psicología Social, cuidaba de sus padres “ya viejitos”, criaba dos hijos adolescentes –Georgina de 12 y Marcelo de 19– y “ayudaba” en el negocio que encabezaba su marido, Jorge Andino, una juguetería en el barrio porteño de Barracas. Vivían los cuatro en Uriburu al 500, en el barrio porteño de Balvanera. No eran militantes orgánicos de ninguna agrupación, pero sabían de la cacería de las fuerzas de seguridad por todas las calles de la ciudad y del país. Y ellos fueron “solidarios y cobijantes” ante tanta persecución, definió Georgina en diálogo con este diario. “Mi hermano y yo tuvimos muchos tíos por horas que pasaban por casa y se iban”, contó.

La primera “visita” de la patota de la Esma a la casa de sus padres fue en febrero de ese año, pero no los encontraron. No fallaron la segunda. Fue en los primeros días de septiembre.

“Mi hijo me llamó a casa preguntándome dónde estaba papá, que no había aparecido por el negocio todavía. Le dije que no sabía, me volvió a llamar más tarde y me contó que unos tipos que parecían ladrones o policías, mirá vos la descripción, preguntaban por mí. Le dije que se quedara tranquilo que iba para allá. Ni se me ocurrió pensar que podían llegar a ser secuestradores. A las 14 más o menos, 14.30 entré al negocio y detrás mío entró la patota comandada por el “Ángel Rubio”, resumió Mabel a través del teléfono. La subieron en el asiento de atrás de un auto, flanqueada por dos represores; uno más al volante y, en el asiento del acompañante, Alfredo Astiz le advertía que si no “cerraba la boca”, era “boleta”.

No lo sabría hasta que fue liberada, 21 días después, pero la llevaron a la ESMA. Allí también tenían a su esposo. “Fui acusada de ser montonera y yo no tenía la más puta idea, si ni sé manejar un arma”, aseguró. Fue torturada, amenazada con la vida de sus hijos, a quienes tenían custodiados, conformó Georgina. Depositada en “capuchita”, como era conocido el altillo del casino de oficiales de la Esma. Y violada.

El abuso sexual “no fue parte del interrogatorio”, relató Zanta. “Fue un verde’”, señaló en relación a los represores encargados de custodiar a les prisioneres en el centro clandestino. Lo único que supo del “tipo”, asegura la sobreviviente, es que se apodaba “Lobo” y que integraba una guardia de “lo más gritona, venían algún que otro turno, llegaban a los gritos desaforados, parecían borrachos”.

Un día, estaba el “Lobo” a cargo de su custodia y le preguntó si quería ir al baño. “Yo le dije que sí porque siempre se quería ir al baño. Me acompañó y ahí me subió a la pileta y me violó a punto de pistola”, resumió. “La tortura fue terrible y la violación fatal porque más allá de la desposesión de la voluntad y del cuerpo de una, no terminó ahí en ese baño. ¿Y si estaba embarazada?, me preguntaba yo. El horror se expandía con el tiempo”, definió.

Reparar 40 años después

Cuando contó el episodio ante el TOF 5, el 30 de noviembre pasado, el abogado del “Gato” González la hostigó “hasta el hartazgo”, recordó Zanta: “Me preguntó si yo podía ubicar a qué altura estaba la pileta en la que me sentó el tipo, me preguntó cómo podía saber si me había apuntado con un arma si estaba encapuchada, y vuelta sobre lo mismo y vuelta otra vez. El presidente del Tribunal tuvo que ponerle un límite”.

Ésa fue una de las dos o tres audiencias que Zanta presenció del debate al que señala como “fundamental” en el proceso de “reconstrucción de una misma” y sobre el cual depositó una “expectativa importante”. “Fueron muchos años durante los cuales tuve que rehacerme”, asegura. Parte de ese trabajo tuvo que ver con poder “contar” lo que había vivido, “sufrido” en el centro clandestino: “En aquellos años contar lo del secuestro no estaba dentro de lo posible entre la generalidad de la gente. Mucho menos la violación, imaginate”, señaló.

Georgina, que “supo sin saber del todo” lo que había pasado desde el minuto uno, recién lo oyó de boca de Mabel “muchísimos años después”. “Es importante que la Justicia haya hecho lugar a lo que las y los sobrevivientes denunciaban, a los abusos y violaciones, de manera autónoma. Pero aún falta, aún resta que muchos y muchas cuenten lo que sufrieron”, confía la mujer, militante de los derechos humanos, trabajadora en el sitio de memoria Virrey Ceballos y “sostén principal” de Mabel en la búsqueda de Justicia. “La acompaño porque es mi vieja y la amo, pero también porque sé que su testimonio abre caminos a otros”, sostuvo.

Esperaron el fallo juntas, con la expectativa de que “sea la Justicia la que repare ahora”, subrayó Zanta, para quien “es lo mismo si le dan 15 años, 25 o cadena perpetua” a los acusados: “Lo que espero es que sean condenados”. Lo fueron.

*La entrevista desarrollada en esta nota se publicó por primera vez en 11 de agosto, antes del histórico fallo sobre los crímenes sexuales en la ESMA.

Salida de miles de niños chilenos a Suecia en las décadas de los 70 y 80’s. Nazis suecos y dictadura

Salida de miles de niños chilenos a Suecia en las décadas de los 70 y 80’s. Nazis suecos y dictadura

Más de 2 mil niños enviados a Suecia en dictadura

Aja Elmgren, la sueca clave en la red de adopciones ilegales de Pinochet que llegó a lo más alto de la élite chilena

Diego Ortiz27/11/2021

Elmgren junto a la jueza de Familia, Eliana Silva Romero. Créditos: chileadoption.se

Elmgren junto a la jueza de Familia, Eliana Silva Romero. Créditos: chileadoption.seElmgren junto a la jueza de Familia, Eliana Silva Romero. Créditos: chileadoption.se

Una investigación reveló que la dictadura sacaba provecho diplomático de adopciones con ayuda de nazis en Suecia. Elmgren, sueca radicada en Chile, organizaba el envío de niños. Acá fundó la escuela de equitación La Dehesa y creó distintas sociedades. Su yerno es un reconocido empresario, cercano a la familia Angelini y director de Celulosa Arauco.

Anna María Elmgren, o Aja, tiene el convencimiento de que lo que hizo durante la dictadura de Augusto Pinochet fue lo correcto. Aja fue el enlace del Centro de Adopciones sueco (llamado Adoptionscentrum) en Chile, gestionando la salida de miles de niños chilenos al país nórdico en las décadas de los 70 y 80’s. Salidas que en múltiples casos fueron ilegales. Casos que más que adopciones, fueron secuestros.

“Los niños que llegaron a Suecia son personas de bien, con proyectos de vida, familias y futuro”, explica Elmgren en un recurso de protección interpuesto por ella en contra de una serie de reportajes de Chilevisión sobre la red de adopciones ilegales de Pinochet, emitidos el 2018 y que le valieron a su autor, el periodista Alejandro Vega, ser reconocido con el Premio Periodismo de Excelencia de la Universidad Alberto Hurtado. (Vea el primer reportaje de Vega acá).

Distintas investigaciones históricas y periodísticas –entre ellas, las emitidas por el canal de televisión– dieron cuenta que existieron adopciones sin el consentimiento de los padres biológicos, despojando a familias chilenas de sus hijos.

Alfaro y Morales hallaron evidencia de que los niños dados en adopción eran utilizados para generar una imagen positiva de la dictadura chilena en Suecia; en un plan orquestado en el país nórdico por políticos de ultraderecha cercanos al nazismo sueco.

Además, según descubrieron recientemente la historiadora chilena, Karen Alfaro, y el profesor de historia, José Luis Morales, las adopciones cumplieron fines políticos para el régimen de Pinochet. Mediante la revisión de “documentación diplomática correspondiente a la embajada chilena en Suecia”, Alfaro y Morales hallaron evidencia de que los niños dados en adopción eran utilizados para generar una imagen positiva de la dictadura chilena en Suecia; en un plan orquestado en el país nórdico por políticos de ultraderecha cercanos al nazismo sueco. (Revise acá el artículo de INTERFERENCIA al respecto).

“Jamás recibí un pago o beneficio económico por lograr adopciones”, asegura Elmgren en el recurso de protección contra Chilevisión, el cual finalmente fue desestimado. “El Centro me pagaba mensualmente una suma que varió con el tiempo, pero que jamás se constituyó como la fuente principal del ingreso familiar y menos aún el punto de partida de fortunas o patrimonios injustificados”, recalca.

Lo cierto es que dos años después de la fecha en que Anna María asegura dejó de trabajar para Adoptionscentrum, la mujer fuerte de la red adopciones constituyó e ingresó en distintas sociedades.

Su fortuna, eso sí, comenzó a construirse años antes, en un negocio conjunto con su ex marido, el oficial de Carabineros Carlos Carmona Kopp.

De Suecia a Chile, el camino hacia la élite

Anna María llegó desde Suecia en 1965 junto a su primer marido, Karl Ulf Edenholm, ejecutivo de una compañía sueca de fósforos, probablemente con la intención de invertir en la industria forestal chilena. Lo hicieron acompañados de sus hijos Patrik y Teresa Edenholm Elmgren. El matrimonio se acabaría en Sudamérica, con Edenholm volviendo a Europa y Elmgren quedándose en Chile, donde volvió a casarse.

En 1971, Aja contrajo matrimonio con el carabinero Carlos Carmona Kopp, oficial en retiro de la institución y miembro de la policía montada, siendo la equitación una pasión que compartía con Elmgren. Juntos fundaron la Escuela de Equitación La Dehesa en 1970, cuando aquel lugar poco tenía que ver con el actual barrio residencial de la élite santiaguina.

Al año siguiente de iniciar la escuela, Anna María Elmgren conocería el mundo de las adopciones. Su hermana Kristina le solicitó ayuda para adoptar a un niño chileno. “Yo sabía muy bien que mi hermana y su marido no podían tener hijos y que para ellos era un anhelo tenerlos”, explica en el recurso de protección contra Chilevisión.

Recorrió la Casa Nacional del Niño, la entidad entonces responsable del cuidado de niños en adopción, consiguiendo que Kristina Elmgren adoptara un niño chileno al poco tiempo. “En el caso de mi hermana y como en todos los otros en los que intervine, se siguieron fielmente todos los pasos que establecía la ley”, asegura. Aja, en los años siguientes, enviaría un total de tres niños chilenos a su hermana Kristina en Suecia.

Pero investigadores que estudiaron el trabajo de Elmgren y de Adoptionscentrum* en Chile explican que habría, además de razones humanitarias y políticas, motivos económicos para localizar y enviar niños al país nórdico.

Anna María asegura que fueron las condiciones precarias en que se encontraban estos niños lo que la llevó a dedicarse tiempo completo a gestionar el envío de niños a Suecia. “Aquel Chile de los 70 en nada se parece al Chile actual. El abandono de menores, dada la insuficiencia de medios, era un hecho que no conmovía a nadie; los niños recibían muy poca atención estatal; muchos de ellos vivían en pésimas condiciones de salud, con severos problemas de alimentación y con pronósticos de vida muy desalentadores”, explica.

Pero investigadores que estudiaron el trabajo de Elmgren y de Adoptionscentrum en Chile explican que habría, además de razones humanitarias y políticas, motivos económicos para localizar y enviar niños al país nórdico.

“En esa época, comprar un niño chileno salía lo mismo que un Volvo último modelo en Suecia”, explica fríamente una fuente en Suecia conocedora de la red de adopciones ilegales. En el reportaje de Alejandro Vega publicado en Chilevisión, se da cuenta que el valor de los niños variaba dependiendo de las características del niño: continente de procedencia, color de piel, de pelo, y edad del niño influían en el precio a pagar. Según lo informado en el reportaje, tenían un valor de 35 mil coronas suecas, unos 2 mil dólares en 1984.

Ficha donde se elegían las características de niños a adoptar. Fuente: CHV.

Ficha donde se elegían las características de niños a adoptar. Fuente: CHV.Ficha donde se elegían las características de niños a adoptar. Fuente: CHV.

Aunque Elmgren asegura haber servido de enlace para las adopciones por razones más bien humanitarias, lo cierto es que existían razones monetarias para realizar el trabajo. En un reportaje del medio Cambio 21 cifran en 2.325 dólares el sueldo de Aja, monto muy por encima del salario medio chileno de US$ 118 en aquella época.

En tanto, la periodista Ana María Olivares, quien estudia el tema desde el año 2004 y pertenece a la agrupación especializada en entrega de apoyo a víctimas de adopciones ilegales, Hijos y Madres del Silencio, duda que Aja haya recibido un simple salario por sus servicios. Olivares describe el trabajo de Elmgren en la dictadura como “hacer lobby con los jueces y viajar por los hogares” para conseguir niños.

“Es bien difícil que haya sido un sueldo base y nada más, porque ella misma tenía montada una empresa que le pagaba a cuidadoras, asistentes sociales, médicos [responsables del cuidado de los niños a enviar a Suecia]”, explica en conversación con INTERFERENCIA. Para la investigadora, “es imposible que una persona con tanto poder y tanto trabajo no tuviese más dinero a su cargo, siendo que además le llegaban solicitudes no sólo por Adoptionscentrum, sino que también por fuera del centro”.

Elmgren, por su parte, explica que lo que la llevó junto a su familia a vivir de forma acomodada fue la escuela de equitación.

Sea cual sea el caso, la figura de Anna María es mayúscula en el sistema de adopciones irregulares en dictadura. Según documentación a la que accedió Olivares, son más de 2 mil adopciones las llevadas por Elmgren.

Sea cual sea el caso, la figura de Anna María es mayúscula en el sistema de adopciones irregulares en dictadura. Según documentación a la que accedió Olivares, son más de 2 mil adopciones las llevadas por Elmgren. “No existió otra persona que estuviera a cargo de eso acá en Chile, ella tenía la representación”, explica, “y su marido también la tuvo”.https://edicioncero.cl/2020/03/madre-a-la-que-le-arrebataron-a-su-bebe-hace-40-anos-se-practica-toma-de-huellas-geneticas-con-la-esperanza-de-reencontrase-con-su-hija/

En 1991, con el retorno de la democracia, cesaría el trabajo de Adoptionscentrum. Aja, por su parte, se iniciaría en los negocios.

Elmgren después de las adopciones

Dos años después de dejar de trabajar con el centro de adopciones sueco, en 1993, comenzó a ingresar a sociedades, en su mayoría relacionadas al incipiente mercado computacional.

Partió con dos ese año: Efe S.A., a la que ingresó el 22 de junio del ’93, y Leasing Computacional S.A., a cuya propiedad entró con la misma Efe S.A. tres semanas después.

Entre ambas empresas, sumaban un capital de $411 millones.

De acuerdo a las escrituras de ambas sociedades, Elmgren entró a Efe S.A. con sólo 100 acciones, siendo las 9.900 restantes de propiedad de la empresa Computer Holdings Inc., domiciliada en Islas Vírgenes Británicas y representada por Jorge Friedman, actual decano de la facultad de Economía de la Universidad de Santiago. Leasing Computacional, en tanto, fue constituida por la misma Efe S.A.

Entre ambas empresas, sumaban un capital de $411 millones.

Dos años después, el 4 de abril de 1996, Elmgren constituyó una nueva sociedad junto a la empresa domiciliada en Islas Vírgenes Británicas, Computer Holdings Incorporated. Con un capital de $500 mil pesos –sólo $5 mil fueron aportados por Anna María– se constituyó Inversiones Ansel Limitada. Dos meses después aumentaron el capital a $121 millones, siendo aportados íntegramente por Computer Holdings.  

Para todas las sociedades constituidas, Anna María figura con una dirección en Lo Barnechea, viviendo desde aquella fecha a la actualidad en aquella comuna, específicamente en El Huinganal, uno de los barrios más pudientes de la capital.

Teresa Edenholm, la hija de Aja –quien también presentó un recurso de protección luego de la emisión de los reportajes de CHV–, en tanto, contrajo matrimonio con el empresario Tim Purcell, fundador del fondo de inversiones Linzor Capital y un actor de peso en el mundo de los negocios.

Según su propio perfil en la página de Linzor, Purcell es o ha sido director de la compañía de seguros de vida Cruz del Sur; la empresa de retail Komax S.A.; la Universidad Santo Tomás; Cine Hoyts; y Colegios Cree, entre otros.

Es hijo de Henry Purcell, dueño de Portillo, un exclusivo centro de esquí. Estudió en Economía en la Universidad de Cornell y trabajó en el gigante financiero JP Morgan antes de volver a Chile. Acá, según consigna La Tercera, es parte del “círculo de hierro” del grupo Angelini, uno de los más ricos del país, además de ser cercano a la familia Said por parte de uno de los hermanos, Salvador.

Su cercanía con la familia Angelini es tal que, además de participar del directorio de Celulosa Arauco –de propiedad de aquel clan–, se especulaba el año 2010 que un 60% de los fondos que manejaba Linzor Capital proviene de la fortuna de esa familia, también dueños de Copec.

Respecto a los Said, Purcell fue director de Parque Arauco, de aquella familia. Desde Linzor Capital, juntos compraron la isapre Cruz Blanca.

Según su propio perfil en la página de Linzor, Purcell es o ha sido director de la compañía de seguros de vida Cruz del Sur; la empresa de retail Komax S.A.; la Universidad Santo Tomás; Cine Hoyts; y Colegios Cree, entre otros.

*El Centro de Adopciones es el intermediario más grande de Suecia para adopciones internacionales . La organización es una asociación sin fines de lucro . El Centro de Adopciones fue establecido en 1969 y desde sus inicios ha mediado más de 25,000 adopciones internacionales. El Centro de Adopciones lleva a cabo actividades para adoptados, familias adoptivas y futuros padres adoptivos, principalmente mediante la mediación de adopciones internacionales.

SVT ha escrito que el Centro de Adopciones ha mediado en adopciones de niños robados. [ 10 ] [ 11 ] [ 12 ] El centro de adopción dice que las adopciones se han realizado de acuerdo con las leyes vigentes, tanto en el extranjero como en Suecia. [ 13 ] [ 14 ]https://sv.wikipedia.org/wiki/Adoptionscentrum

Relacionado: https://edicioncero.cl/2020/03/madre-a-la-que-le-arrebataron-a-su-bebe-hace-40-anos-se-practica-toma-de-huellas-geneticas-con-la-esperanza-de-reencontrase-con-su-hija/

https://www.chvnoticias.cl/reportajes/dictadura-pinochet-ayuda-nazis-suecos-adopciones-irregulares_20211031/

chileadoption.se Lo que creemos que se necesita en Suecia:http://chileadoption.se/

 ❏ Todos los adoptados sueco- chilenos  y sus padres adoptivos deben recibir información sobre irregularidades e ilegalidades que son investigadas en la Corte de Apelaciones de Santiago, causa Rol 1044-2018.

Se trata de la seguridad jurídica de los adoptados y sus familias y de la responsabilidad del estado sueco.

❏ “La Comisión de Investigación Especial investiga los actos de organismos del Estado, en relación a hechos irregulares en adopción y registro de minorías, y control de la salud del país” (2019).

En Chile se ha investigado la participación del Estado chileno en el secuestro de menores, irregularidades e ilegalidades en relación con la adopción y cómo salimos del país de nacimiento. La información sobre esta investigación debe enviarse a todos los padres adoptivos y adoptados de Suecia en Chile.

❏ TODAS las adopciones de Chile deben ser investigadas en Suecia.

❏ El estado sueco debe ser responsable de los viajes de regreso a Chile.

❏ El estado sueco debe sufragar los costes / apoyo de la asistencia jurídica gratuita en Suecia si es necesario.

❏ Queremos que nuestra documentación sobre nosotros y nuestras adopciones sea guardada por el estado / autoridad sueca.

Hoy, las agencias de adopción «poseen» nuestros documentos, no tenemos control sobre nuestra propia documentación. ¡No es legalmente seguro! Además, nosotros, que venimos de Chile y fuimos adoptados en Suecia, somos todos adultos.

Información de la Agencia Sueca de Derecho de Familia y Apoyo a los Padres, MFoF

 Cualquiera que sospeche de irregularidades en su propio proceso de adopción y quiera investigarlo puede completar un formulario de denuncia enviado a la Policía De Investigaciones De Chile (PDI). Enlace al formulario de solicitud (pdf) a continuación. También es posible entablar una acción a través de un representante particular (abogado) de acuerdo con las disposiciones del Código Procesal Judicial chileno «.

Para quienes ya hayan enviado previamente un informe a la investigación penal, ellos mismos o con la ayuda del MFoF, con información sobre su caso, se debe haber iniciado una investigación. Si no está seguro de si la información ha salido a la luz, o quiere verificar qué número de caso tiene la investigación, puede comunicarse con ellos en adopcionesirregulares_casantiago@pjud.cl «

«MFoF ya no tiene la oportunidad de ayudar con el envío de documentación».

La vida revolucionaria de Beatriz Allende, nuestra Tati

La vida revolucionaria de Beatriz Allende, nuestra Tati

el mundo académico y militante de Chile ha dirigido cada vez más su atención a la juventud revolucionaria chilena de los años sesenta, de la cual Beatriz formó parte. En este contexto, y a raíz de las protestas estudiantiles en 2011 y de las críticas a la desconexión de los partidos políticos de la realidad y al sistema neoliberal que Chile heredó de la dictadura, el activismo comenzó a ver en ella un modelo y una inspiración. Más recientemente, el movimiento feminista en Chile, que ha jugado un rol muy importante en las protestas desde octubre del año pasado, también ha contribuido a arrojar luz sobre las mujeres que fueron protagonistas del pasado. Hoy, hay una organización progresista que tomó su nombre de Beatriz (el Frente de Mujeres Progresistas Tati Allende) y cada vez más gente se pregunta sobre ella

IMAGEN Y MEMORIA COLECTIVA

  • 11.10.2020
  • CHILE
  • HISTORIA / POLÍTICA

Beatriz Allende

La vida revolucionaria de Beatriz Allende

TANYA HARMERTRADUCCIÓN: VALENTÍN HUARTE

Las mujeres revolucionarias son habitualmente oscurecidas por los libros de historia. Pero una nueva biografía de Beatriz Allende, hija y confidente cercana de Salvador Allende, y militante internacionalista, ayuda a arrojar luz sobre lo que significaba ser una mujer revolucionaria en la era del Che Guevara. Hoy, 11 de octubre, es el aniversario de su fallecimiento.

    El 4 de septiembre se conmemoró en Chile el 50° aniversario de las históricas elecciones presidenciales de 1970, en las que Salvador Allende y la Unidad Popular llegaron al poder. En esa época, el triunfo electoral de la izquierda chilena fue percibido como un hecho revolucionario. Para toda una generación de jóvenes activistas, tanto en Chile como en el extranjero, las elecciones de 1970 parecían confirmar la posibilidad de una vía parlamentaria al socialismo.

    A pesar…

    Ver la entrada original 4.967 palabras más

    “En mi opinión, nada ocurrió” Negacionismo contemporáneo y libertad de expresión

    “En mi opinión, nada ocurrió” Negacionismo contemporáneo y libertad de expresión

    Comunicados y Declaraciones

    Verónica ESTAY STANGE
    Instituto de Estudios Políticos de París

    1. En mi opinión, nada ocurrió” Negacionismo contemporáneo y libertad de expresión
    2. ¡Chile despertó! Llamado urgente a la Desobediencia civil (Noviembre de 2019)
    3. Declaración pública en torno a la solicitud de libertad condicional de violadores de DDHH (Octubre de 2019)
    4. Venda Sexy: Saludo de Historias Desobedientes-Chile (Septiembre de 2019)
    5. Estadio Nacional: Saludo de Historias Desobedientes-Chile (Septiembre de 2019)

    “En mi opinión, nada ocurrió”
    Negacionismo contemporáneo y libertad de expresión

    Verónica ESTAY STANGE
    Instituto de Estudios Políticos de París

    Frente a un Eichmann real, era necesario luchar con la fuerza de las armas y, de ser necesario, con las armas de la astucia. Frente a un Eichmann de papel, hay que responder con el papel. […] Al hacerlo, no nos situamos en el terreno en el que se ubica nuestro enemigo. No lo “discutimos”, sino que desmontamos los mecanismos de sus mentiras y sus falsedades, lo cual puede resultar metodológicamente útil para las nuevas generaciones.
    Pierre Vidal-Naquet, Los asesinos de la memoria, 1987


    En 2012, seis años después de la muerte Augusto Pinochet y cerca de veinte años después del regreso de la democracia a Chile, la “Asociación 11 de Septiembre”, fundada por partidarios del dictador, decidió organizar un homenaje en su honor que contemplaba la proyección de un documental apologético. Dado que el número de víctimas bajo su mandato se eleva más de 40.000 –entre desaparecidos, ejecutados, torturados y presos políticos, sin contar a los exiliados–, muchas voces se alzaron para impugnar dicha celebración. En este contexto, el teniente en retiro Juan González concedió una entrevista al canal de noticias CNN-Chile. Al ser interrogado por la periodista, González afirma que el objetivo de la película en cuestión es poner fin a las “mentiras” y a las “manipulaciones” a las que recurren los comunistas para difamar al “gobierno militar” (eufemismo con frecuencia utilizado con referencia a la dictadura). Asimismo, evoca los beneficios de ese “gobierno” frente a la situación “catastrófica” en la que el país se encontraba antes sumergido, cuestiona la elección democrática de Salvador Allende, y justifica la violencia posterior recurriendo a la “teoría de los dos demonios”, según la cual una supuesta guerra civil habría confrontado a dos bandos en
    igualdad de condiciones. En el punto culminante de este intercambio, la periodista le pregunta sobre las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura. A lo cual González responde: “En mi opinión, no hubo violaciones a los derechos humanos”, argumentando que los desaparecidos y los ejecutados eran terroristas comandados por el comunismo internacional. Dicho de otro modo, “en mi opinión, nada ocurrió”.

    Los Eichmann de papel

    Después de ver esta entrevista en Youtube, y teniendo vínculos directos con sobrevivientes de la dictadura de Pinochet, recordé con amargura las palabras de Pierre Vidal-Naquet, quien, en el prefacio a su libro sobre el negacionismo del Holocausto, afirmaba que a la mentira “le queda todavía una larga vida” 1. Ya que, como él decía, siempre existirán “Eichmann de papel” que, prolongando en el plano simbólico la oscura tarea de los verdugos, se esforzarán por “asesinar la memoria” de tal o cual comunidad.

    1 Pierre Vidal-Naquet, Les Assassins de la mémoire. « Une Eichmann de papier » et autres essais sur le révisionnisme (1987), París, La Découverte, prefacio a la edición de 2005.


    Consciente de las diferencias existentes entre los genocidios del siglo XX y los sistemas
    que en América Latina condujeron a la persecución de decenas de miles de personas, me pregunté entonces, como seguramente lo hicieron también muchos otros ciudadanos, si ante afirmaciones como la de González no sería acaso posible promulgar una ley sobre el “negacionismo” en Chile, comparable a las legislaciones europeas. Incluso llegué a escribir una carta en este sentido dirigida al juez español Baltasar Garzón; carta que, por supuesto, no obtuvo respuesta. De cualquier modo, desde principios de 2020, a pesar de la oposición de la derecha cercana a Sebastián Piñera, ha sido sometido a discusión el proyecto de ley conocido como “Ley Hermógenes”, que considera como delito específico la “negación de las violaciones de los derechos humanos”.

    Volviendo sobre este debate, me propongo analizar, en primer lugar, las estrategias de los “Eichmann de papel” contemporáneos. ¿Podemos realizar una transposición temporal y temática de las consideraciones de Pierre Vidal-Naquet? Transposición temporal: en la era posverdad, y considerando la evolución de los medios de comunicación, ¿las estrategias negacionistas son las mismas que hace cuarenta años? Transposición temática: ¿puede el desmantelamiento de los discursos negacionistas en torno a los grandes genocidios generalizarse a la negación de otros crímenes colectivos, con motivaciones políticas (en este caso, en Chile)?

    En segundo lugar, quisiera reflexionar sobre el trasfondo ético de la íntima indignación que produce en cada uno de nosotros la negación de acontecimientos históricos cuyas huellas llevamos dentro. ¿Por qué ante ese tipo de formulaciones los sobrevivientes –y sus descendientes– se sienten negados en su existencia misma? ¿Por qué este sentimiento es tan brutal, aun cuando el discurso toma la forma de una opinión banal: “en mi opinión, esto no ocurrió”? Y, sobre todo, ¿con qué derecho se puede prohibir la expresión de esas ideas, siendo que al mismo tiempo se defiende la libertad de pensamiento y de expresión inherente a la democracia?

    Estas mismas preguntas se han planteado en Europa en el marco de los debates sobre el “revisionismo” y el negacionismo, y las respuestas distan mucho de ser unánimes. Basta con pensar en las controversias que suscitó en Francia el apoyo de Noam Chomsky (1980, 2010) al historiador negacionista Robert Faurisson, no porque estuviera de acuerdo con lo que este último decía, sino porque consideraba que, al impedirle expresarse, se estaría violando el derecho a la “libertad de expresión” de todo investigador. Argumento que Vidal-Naquet refuta de inmediato: “Ciertamente, se puede afirmar que todo el mundo tiene derecho a la mentira y a la falsedad, y que la libertad individual incluye ese derecho…. Pero el derecho que el “falsificador” reclama no se le debe conceder en nombre de la verdad” 2. Obviamente, Vidal-Naquet se refería a Faurisson en tanto “historiador” –supuesto garante de la verdad–. Si el mismo contra-argumento puede sostenerse a propósito de personas investidas de roles más o menos relacionados con “la verdad” –maestros, políticos, periodistas… –, ¿hasta qué punto sigue siendo válido frente al ciudadano común que niega públicamente grandes
    acontecimientos históricos, sin pretender hablar en nombre de la verdad, sino simplemente expresar su propia verdad, dando “su opinión”?

    Al respecto, podemos citar el caso de Hermógenes Pérez de Arce, en Chile. En noviembre de 2019, sus palabras actualizaron el debate y aceleraron el proceso legislativo, hasta el punto de que, recurriendo a una antífrasis irónica, la ley contra el negacionismo lleva su nombre. En el marco de una entrevista televisiva, Pérez de Arce niega los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura y afirma, refiriéndose a la revuelta social iniciada en 2019, que los derechos humanos son menos importantes que la reconstrucción del país. Indignada, la periodista le pide que se retire del programa. El entrevistado condena ese acto de “censura” no en nombre de “la verdad”, sino en nombre de “su verdad”: “cómo no me voy a retirar si soy censurado, no puedo exponer mi opinión y se descalifica en términos que son insolentes e injustos. Así que por eso me retiro”3. En este mismo sentido, podemos pensar en las declaraciones de Loreto Iturriaga –hija de Raúl Iturriaga Neumann, antiguo agente de la DINA actualmente preso en Punta Peuco–. En 2017, cuando una víctima de la dictadura le recuerda en Twiter las torturas sexuales infligidas a las presas políticas, Iturriaga responde:
    “Deja de inventar cosas, mujer, que pasan solo por tu mente perturbada y sucia! Te mueres de ganas que un honorable te violara!!!! [sic]” 4. Ya que esta respuesta fue ampliamente mediatizada, Iturriaga es entrevistada al poco tiempo. Pide entonces disculpas por el tono empleado y, cuando el periodista evoca los centros clandestinos especializados en torturas sexuales, ella responde: “eso es falso. De testigos falsos. Déjame decirte que eso es mentira. Yo pienso que eso es mentira. Doy fe que eso es mentira”. Una vez más, “¡en mi opinión, nada ocurrió!”.

    2 « Un Eichmann de papier » (Esprit, 1980), texto retomado en Les Assassins de la mémoire, ibid.
    3 El Desconcierto, 29/11/2019.
    4 The Clinic, 14/06/2019.


    La verdad histórica: entre contingencia y necesidad

    Para empezar, conviene recordar las razones por las cuales una verdad evenemencial o factual– esto es, el hecho de que un acontecimiento haya tenido lugar siguiendo una determinada lógica causal– puede ser objeto de interpretaciones diversas, mientras que verdades como las que postulan las matemáticas están fuera de toda discusión. Vidal-Naquet afirma al respecto: “un discurso histórico es una red de explicaciones que puede ceder el lugar a ‘otra explicación’ cuando se considera que esta última da cuenta de lo diverso de modo más eficaz”5. Este fenómeno, que se sitúa en el origen de la retórica, se explica por la oposición entre “verdades de hecho” y “verdades de razón”; oposición propuesta por Leibniz, desarrollada por Hannah Arendt y retomada por el filósofo Paul Rateau justamente a propósito del negacionismo6. Las verdades de razón, que dependen del razonamiento lógico y no de la observación, tienen la propiedad de ser no contradictorias y de poder ser demostradas. Esta demostración consiste en comprobar la inherencia del predicado al sujeto, hasta reconocer su identidad (A=B) –por ejemplo: “el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos”–. Por lo tanto, las verdades de razón son necesarias: su contrario es falso, puesto que imposible. Es por ello que conllevan una certeza absoluta.


    En cuanto a las verdades de hecho, ellas son también no contradictorias –lo cual determina su coherencia interna: en el ámbito jurídico, el “relato de los hechos” no debe tener contradicciones–. Pero, en sentido estricto, estas verdades no son demostrables: ellas se acercan a la equivalencia o la identidad entre los términos, pero la coincidencia nunca es total. Las verdades de hecho son pues contingentes; su contrario no es lo falso, sino lo posible. Frente a una serie de acontecimientos que se desarrollaron de cierta manera, siempre está claro que podrían haberse producido de otro modo: nada obliga el “curso de las cosas” a orientarse en tal o cual dirección ya que, en términos absolutos, todos los caminos son igualmente imaginables. De ahí una suerte de relativismo que podría hacernos creer en la “subjetividad radical” de las verdades de hecho. Ya que, como Paul Ricœur7 observaba, la aprehensión de todo acontecimiento supone la mediación del punto de vista y del relato: los hechos puros están inevitablemente filtrados por los testimonios de los diversos actores.

    Pero, a pesar de este componente subjetivo, debemos reconocer que existe un criterio de distinción entre la verdad factual y la mera opinión. En efecto, el predicado de verdad se sitúa fuera del ámbito de la opinión en la medida en que, como lo reconoce Arendt, el “contenido6 de la afirmación no es de naturaleza persuasiva sino coercitiva”8. En términos de Rateau, “la materia factual se resiste a todos los intentos de deformación y de falsificación a causa de ese carácter intransigente, obstinado, insistente de la verdad, que ‘exige imperativamente ser reconocida, rechazando la discusión’”9. Si la verdad de razón se apoya en las demostraciones, la verdad factual se basa en las pruebas: frente a ellas, no podemos negar los hechos. No podemos, no a causa de una “imposibilidad” absoluta (como en el caso de las verdades de razón), sino por un impedimento de orden ético: no podemos o no debemos permitirnos, a riesgo de traicionarnos a nosotros mismos en tanto sujetos del “saber verdadero”. Aunque las verdades de hecho no implican una certeza absoluta, ellas suponen lo que Rateau llama una certeza moral”: es lo que expresa el testigo de un acontecimiento cuando afirma que está seguro de que eso ocurrió, reconociendo al mismo tiempo que podría haber ocurrido de otro modo. Si la verdad de hecho es contingente, es al mismo tiempo coercitiva. En otros términos, la contingencia de la verdad de hecho está limitada por una necesidad epistémica. Necesidad, ya que, cuando un acontecimiento tiene lugar, es el único que podemos reconocer como verdadero frente al universo de posibilidades; epistémica, ya que el saber en cuestión se asume como certero. Es esta certeza la que, según Ricœur, permite distinguir la memoria de la imaginación.

    5 « Thèses sur le révisionnisme », en Les assassins de la mémoire, op. cit.
    6 « La vérité, le mensonge et la loi », Les Temps Modernes, vol. 645-646, n° 4, 2007.
    7 La mémoire, l’histoire, l’oubli, París, Seuil, 2000. 
    8 H. Arendt, op. cit., p. 305.
    9 P. Rateau, op. cit., p. 37.



    “Mi verdad”: entre libertad y responsabilidad

    En virtud de su carácter certero a los ojos del sujeto del saber, la verdad de hecho posee una dimensión “coercitiva”, una fuerza que nos obliga a creer en ella. Se plantea entonces el problema de la libertad de pensamiento y de expresión, argumento comúnmente convocado por aquellos que se oponen a la sanción del negacionismo. Arendt reconoce que, “cuando se la considera desde el punto de vista político, la verdad posee un carácter despótico” 10 que la sustrae al debate y la sitúa fuera del campo político, aun cuando constituye el fundamento de la comunidad (de la polis). Mientras que la libertad de pensamiento abre la posibilidad del error, del malentendido, de la ilusión o incluso de la adhesión voluntaria a la mentira a título personal, la libertad de expresión, en nombre del bien común, termina ahí donde empieza la verdad de hecho. Una verdad que, siendo de orden epistémico, resulta de un largo trabajo de investigación y conocimiento: labor desarrollada por los historiadores con el objetivo de despejar la “materia factual”, poniéndola “fuera de debate”11.


    Pero el negacionismo en tanto acto deliberado plantea el problema no sólo de la libertad, sino también de la intencionalidad, y por consiguiente de la “mala fe”. Ya que el error, por muy dañino que sea, no puede condenarse con la misma severidad que la mentira. A propósito de la “mala fe”, Jean-Paul Sartre afirma: “habiendo definido la situación del hombre como una elección libre, sin excusas ni concesiones […], todo hombre que invente un determinismo es un hombre de mala fe”. El filósofo llama “cobardes” a todos aquellos que, “recurriendo a excusas deterministas”, se ocultan a sí mismos “su libertad total”, y da el nombre de “cerdos” a los que tratan de “demostrar que su existencia era necesaria, siendo que es la contingencia misma”12. Así, la mala fe resultaría de la negación de la contingencia (contingencia de sí mismo o de las circunstancias) que es la condición de la libertad propia y la de los demás13.


    Ahora bien, del mismo modo que existe una necesidad epistémica de la verdad de hecho que, limitando su contingencia, la distingue de lo posible (la ficción, el “hecho alternativo”, la mentira), la contingencia del individuo está circunscrita por una necesidad ética: se trata de la responsabilidad. Definida por Ricœur como “la persistencia de sí mismo” cuando se mantiene la palabra que se ha dado (“te doy mi palabra”), la responsabilidad introduce una suerte de principio de no contradicción en el interior del individuo: negar o justificar un hecho sabiendo que tuvo lugar o que es injustificable, implica contradecirse a sí mismo y traicionar sus propias convicciones, siendo irresponsable frente a los demás.


    En suma, la verdad factual, así como el sujeto que ella presupone, resulta del equilibrio –o la tensión– entre contingencia y necesidad. Contingente, la verdad de hecho podría no ser; necesaria, ella se impone frente a la lógica, forzándola a través de las pruebas y de la “materia factual” consolidadas como un saber certero en el marco de una comunidad determinada. Como contraparte, la “contingencia existencial” del individuo, definitoria de su libertad, se opone a la necesidad ética que introduce la responsabilidad.

    10 H. Arendt, op. cit., p. 308. 11 P. Rateau, op. cit., p. 56.
    12 L’existentialisme est un humanisme, Paris, Nagel, 1946, pp. 80-81, 84-85.
    13 Para un análisis semiótico de la mala fe, ver Jacques Fontanille, « La Mauvaise Foi », Actes Sémiotiques, 114,2011.



    Estrategias discursivas del Negacionismo contemporáneo

    A partir de la comparación de los discursos negacionistas en torno al genocidio armenio con los referidos al Holocausto, Richard Hovannisian14 identifica cuatro estrategias: la negación en cuanto tal, la relativización, la racionalización y la banalización. Sobre esta base, habiendo reconocido las exigencias de la verdad y los límites de la libertad, podemos ahora esbozar una tipología de los mecanismos negacionistas, explicando su lógica interna. En este marco, la principal característica del negacionismo contemporáneo –tal es mi hipótesis– es su tendencia a salir del ámbito político o académico (donde se situaba el “caso Faurisson”) para hacer de la “plaza pública” (los medios de comunicación, las redes sociales) su lugar de manifestación privilegiado, sacando provecho de los nuevos parámetros del ethos y de la “credibilidad” que la comunicación de masas ha instaurado.

    Primero, la negación de la necesidad de los hechos y la negación de la contingencia del
    individuo (todo es contingente, y soy yo quien decide) se traduce en la mentira propiamente dicha: como el “cerdo” de Sartre, el sujeto supone que el mundo es contingente, y que por lo tanto le corresponde a él en tanto instancia absolutamente necesaria escoger la “versión” que será considerada como verdadera. Rateau afirma: “el mentiroso insiste en la contingencia hasta cubrir de irrealidad todos los hechos, que retrotrae a un estado anterior a la existencia: el de la simple posibilidad”. Y concluye: “gracias a esta reducción modal […], el individuo tiene un sentimiento de plena libertad respecto a asuntos de todo orden” 15. Aquí se sitúan las declaraciones de Iturriaga: lo que yo digo –que los centros de tortura no existieron– es verdadero, porque yo lo pienso, extrayéndolo de lo posible. Una verdad basada, como ella misma lo afirma, en un acto de fe (“doy fe que eso es mentira”).


    Segundo, la negación de la contingencia de los hechos y de la contingencia del individuo (todo es necesario, y yo mismo soy necesario) conduce a la reinterpretación de la Historia, falseando su lógica causal y forzándola según la voluntad del individuo, aunque ello implique reinventar un principio de no-contradicción. Encontramos un ejemplo típico en el complotismo: un acontecimiento, incluso banal o aleatorio, se asocia con una intención y una necesidad ocultas, reveladas por la racionalidad omnipotente del negacionista. Es aquí que se ubica la “teoría de los dos demonios”, así como la hipótesis según la cual la violencia dictatorial en Chile habría sido una respuesta legítima a la amenaza del comunismo internacional. Como sabemos, esta última hipótesis está basada en el rumor propagado por los golpistas a propósito del llamado Plan Zeta –cuya inexistencia fue más tarde demostrada–, que la izquierda habría concebido para instaurar una dictadura marxista a través de un auto-golpe de Estado que el golpe de Pinochet habría evitado: “revisión” de la historia que invierte los roles entre héroes y tiranos. La misma estrategia de reinterpretación fue utilizada por el gobierno de Piñera en el marco de la revuelta iniciada en octubre de 2019: frente a un “enemigo interno” comandado por el “vandalismo” y la “delincuencia organizada”, era preciso emitir una “declaración de guerra” y ejercer una represión que estuvieran a la altura de tal amenaza.

    14 « L’Hydre à quatre têtes du négationnisme », in CDCA, Actualité du génocide des Arméniens, Edipol, 1999.
    15 P. Rateau, op. cit., p. 47.



    Tercero, la negación de la contingencia de las circunstancias y de la necesidad ética del
    individuo (el mundo tal como es se impone a mí, y por no tanto no tengo elección) caracteriza la justificación. Mientras que el mecanismo anterior (la reinterpretación) implica una lógica justificativa de las decisiones tomadas, en este caso se trata más bien de de justificar las decisiones no tomadas. Como el “cobarde” de Sartre, el sujeto afirma que fueron las circunstancias las que obligaron los verdugos a actuar: “no tenían opción”. La responsabilidad desaparece entonces del horizonte ético. En este sentido, una gran cantidad de inculpados por crímenes de lesa humanidad recurren al “deber de obediencia”: en 2008, el general Gonzalo Santelices reconoció su participación en la Caravana de la Muerte, afirmando que, en esa época, “era impensable no cumplir la orden de un superior”16. En Argentina, este argumento tenía un valor jurídico, inscribiéndose en la “ley de obediencia debida” (1987-1998).


    Cuarto, la negación del carácter necesario de los hechos, así como del individuo (todo es contingente, y yo mismo soy contingente) toma la forma de la banalización o de la eufemización: en medio de la contingencia generalizada, no sólo todos los acontecimientos y todas las versiones son equivalentes (el sujeto siendo pues incapaz de elegir), sino que su valor ético y veridictorio (su carácter de “verdadero” o “falso”) es indecidible. Al respecto, podemos evocar los eufemismos, que abundan en los regímenes totalitarios, pero también podemos pensar en la libertad de expresión defendida a ultranza y por sí misma: fuera de toda prueba u obligación de responsabilidad, todos los puntos de vista se vuelven legítimos. En el marco del Covid-19, un fenómeno de este tipo se manifestó en Chile. Mientras que las agrupaciones de derechos humanos exigían, por razones humanitarias y sanitarias, la liberación o el otorgamiento de la libertad condicional a los jóvenes mantenidos en prisión preventiva tras la revuelta social, los pocos responsables de crímenes de lesa humanidad actualmente encarcelados reclamaban la obtención de beneficios semejantes, recurriendo a los mismos argumentos. Considerando que las condiciones de detención de unos y otros son incomparables –los criminales de la dictadura se encuentran en prisiones de lujo– y que la gravedad de los crímenes que les han sido imputados no tienen común medida, esta estrategia correspondería al negacionismo por banalización. El procedimiento de fondo consiste en la disolución de las diferencias tanto entre los hechos como entre los individuos: ya que todos los ciudadanos son iguales ante la ley, nada (ni sus condiciones de vida ni la naturaleza de sus faltas) podría distinguirlos, y todas sus exigencias son equivalentes.


    Para concluir, recordaré que, en virtud de su carácter no ya anti-democrático sino más bien ante-democrático, la verdad de hecho se sitúa por definición fuera de todo debate. “La verdad se transforma en opinión desde el momento en que sirve de material para la discusión pública”17. Así, los relacionistas se esfuerzan constantemente por provocar la controversia, por demostrar su legitimidad, y por llevarla al escenario mediático o a las redes sociales. Es por ello que, como decía Vidal-Naquet, no se discute con los Eichmann de papel, a riesgo de reforzar su estrategia.

    16 El País, 8 février 2008. 17 P. Rateau, op. cit., p. 42.



    La voluntad de someter a discusión lo que es propiamente indiscutible se manifiesta en la frase pronunciada por González (y reproducida, con formulaciones distintas, por Iturriaga y Pérez de Arce): “en mi opinión, no hubo violaciones a los derechos humanos”. En tanto soporte de la mentira (primer eje de nuestra tipología), ese “en mi opinión” no es un mecanismo nuevo. Sin embargo, potencializado por la masificación de los intercambios, me parece condensar el peligro principal del negacioniso contemporáneo.


    Ello me conduce a sugerir como última hipótesis que la “democratización” de la información que los nuevos medios de comunicación han hecho posible apela a la libertad individual en detrimento de toda necesidad. La verdad de hecho se confunde con la opinión de manera no normada, anónima, y sobre la base de una validación a la vez subjetiva y cuantitativa: los likes construyen la verdad. En este marco, más que de verdad en cuanto tal o de mentira, podemos hablar de tensión y confusión entre regímenes de verdad diferentes. Si bien existe una verdad de la opinión (relacionada con la sinceridad), así como una verdad de los afectos y de las pasiones (que tiene que ver con la autenticidad), estos regímenes de verdad no se sitúan en el mismo plano de pertinencia que la verdad factual.


    Por lo tanto, someter a discusión la realidad de los crímenes de lesa humanidad cometidos en Chile durante la dictadura debería parecernos tan absurdo como someter una verdad matemática al debate público, reduciendo la verdad de razón a la “verdad de creencia” característica de la opinión. Si, desde el punto de vista ético, negar una verdad de razón puede considerarse como un insulto a la inteligencia en la medida en que esta negación ataca a un pensamiento basado en una lógica implacable, negar una verdad de hecho es un insulto a la humanidad en la medida en que esta negación se dirige a los testigos y a los sobrevivientes de acontecimientos históricos comprobados. Mientras que, en el plano colectivo, el Negacionismo daña a la comunidad construida en torno a estos acontecimientos fundadores, en el plano individual cuestiona la sobrevivencia misma de las personas implicadas. De ahí la violencia a la vez simbólica y casi somática (ya que se dirige a los rastros corporales de la sobrevivencia) de lo que a veces se presenta como una afirmación perfectamente inocente: “en mi opinión…”.


    En definitiva, dentro de cada comunidad, el respeto del ámbito propio a la verdad factual, que es la verdad de la historia y de la memoria colectiva, es una garantía de justeza (equilibrio entre contingencia y necesidad) tanto como de justicia.


    ¡Chile despertó! Llamado urgente a la Desobediencia civil

    Chile despertó: lo sabemos ahora y lo constatamos día a día en las calles, en el trabajo, en las redes sociales. Por primera vez desde hace tantos años, el pueblo chileno alza la voz para reivindicar los derechos más básicos de los que la dictadura y la post dictadura vestida de democracia lo fue poco a poco despojando. Chile se levanta, sí, pero con dificultad: lejos de atenuarse, la represión se mantiene, se intensifica, afina sus estrategias.

    Así, a fines de octubre el Ministerio de la Defensa realizó un llamado de carácter obligatorio a los reservistas de las fuerzas armadas para sumarse al servicio activo, y luego a los jóvenes de dieciocho años para realizar el Servicio Militar. Todo ello con la finalidad de reforzar la labor sangrienta llevada a cabo por los militares y carabineros de Chile.

    Frente a este llamado cuyo motor fundamental es la violencia, el Colectivo Historias Desobedientes-Chile responde ahora con un LLAMADO URGENTE A LA DESOBEDIENCIA CIVIL, en plena coherencia con nuestro llamado previo a la Desobediencia castrense y filial.

     Nos dirigimos a los jóvenes de Chile, tanto reservistas como no reservistas en edad de realizar el Servicio Militar: muchos de ustedes, si no la mayoría, han sufrido en carne propia la injusticia, la precariedad, las carencias en la salud y la educación que acarrea el mismo sistema que hoy los llama a su servicio. Pero ustedes saben, deben saber, que los que están hoy manifestando en las calles son personas como ustedes; son quizás sus propios familiares. Es su pueblo el que se levanta… y ustedes también son pueblo.

    En estas circunstancias, ya que la represión ejercida actualmente se opone a demandas plenamente justificadas, y ya que, de la brutalidad ciega a la tortura, sus medios son contrarios a los derechos humanos, los invitamos a desobedecer. Mucho se ha hablado de la objeción de conciencia en nuestro país, poniéndola al servicio de las causas más diversas. En tanto hijas, hijos y familiares de criminales que, durante la dictadura, fueron incapaces de desobedecer, hoy queremos recordar que en este caso la objeción de conciencia aparece como la forma más legítima y más digna de Desobediencia civil.

    Chile despertó, sí, pero ¿cuántos muertos, cuántos heridos, cuántos torturados implicará este despertar? La respuesta depende también de ustedes.

    Por la Desobediencia castrense, filial y civil,

    Historias Desobedientes-Chile

    19 de noviembre de 2019.


    Declaración pública en torno a la solicitud de libertad condicional de violadores de DDHH

    Una vez más, como ha ocurrido desde hace muchos años, varios reos de Punta Peuco están solicitando a través de Gendarmería que se les conceda el beneficio de “libertad condicional”. Aunque a estas alturas la noticia no es novedosa, y aunque se han presentado reiteradamente argumentos jurídicos y éticos incuestionables en cuanto a la ilegitimidad de dicha demanda, esta ocasión es para nosotros la primera en la que, como Colectivo, podemos expresarnos al respecto, adoptando una posición firme y sin ambigüedades. Esperamos que por lo menos esta declaración constituya un aporte simbólico al trabajo de memoria, verdad y justicia, que, poco a poco y desde lo profundo, se ha venido desarrollando en nuestro país. 

    Al igual que nuestra existencia misma en tanto actor político, la posición en la que nos encontramos en este asunto no deja de ser paradójica: los “reos” de los que se trata son –o podrían, y deberían, ser– nuestros propios padres o familiares. Asumiendo ese vínculo, y asumiendo sobre todo el íntimo desgarro que define nuestra condición, nos sumamos abiertamente al rechazo que las agrupaciones de Derechos Humanos han manifestado respecto a este tipo de solicitudes, y más aún respecto a su ejecución. 

    No nos mueven el odio ni la rabia, sino el amor por el ser humano y el reconocimiento del carácter inalienable de sus derechos. Es por eso que, haciendo acto de “ponderación” –si no desde la ley, por lo menos desde la más mínima conciencia ética–, debemos reconocer que el perjuicio a las víctimas, a sus familiares, y a la sociedad en su conjunto, tiene una absoluta prevalencia cuando se trata de violaciones a los derechos humanos. 

    Si bien el derecho internacional contempla la posibilidad de reducción de la pena “bajo ciertas condiciones”, no es necesario reflexionar mucho para concluir que, en la mayoría de los casos, esas condiciones no han sido cumplidas: confesión de los actos cometidos, colaboración efectiva con la justicia para el esclarecimiento de los casos… sin hablar del arrepentimiento. Requisitos todos indispensables para la prevención de los crímenes de lesa humanidad que los Estados están obligados a asumir.

     Ciertamente, lo que el “sentido común” percibe no siempre corresponde a lo que las instancias judiciales establecen. Pero ¿podemos acaso confiar en los análisis de un sistema judicial que tiene pendiente el fallo de numerosas causas en proceso, y que ha dejado en libertad –y con altos cargos, privados y públicos– a los más grandes responsables de la represión ejercida durante la dictadura? ¿Por qué no ocuparse del juicio de los criminales que viven en la impunidad, antes de conceder beneficios carcelarios a los pocos que están presos?

    Por todo ello, reiteramos nuestros principios fundamentales: NO A LA IMPUNIDAD (entendida también como “la inefectividad de las sanciones”), NO AL NEGACIONISMO (en el cual están comprendidos los argumentos a los que los criminales siguen recurriendo para justificar sus actos), y NO A LA RECONCILIACIÓN (en tanto voluntad de ocultar la parte más dolorosa de nuestra historia bajo un manto de prescripción y olvido). 

    Historias Desobedientes-Chile

    10 de octubre de 2019.

    Convirtieron a los desaparecidos en trolls: el día que encontré a mi mamá en Twitter

    Convirtieron a los desaparecidos en trolls: el día que encontré a mi mamá en Twitter

    ESPECIALES DE P12

    DESAPARECIDOS

    24 de marzo de 2021

    Convirtieron a los desaparecidos en trolls: el día que encontré a mi mamá en Twitter

    “Me topé con ella sin buscarla, como uno se puede topar con un ladrillazo en la cara. Ahí estaba, mi mamá en Twitter. Mi mamá, Irene Bruschtein, fue secuestrada en 1977 junto a mi papá. No supe más de ellos. Pero ahí estaba, en Twitter, con su cara de nena. Alguien usó su nombre y su foto para convertirla en troll.”

    Por Victoria Ginzberg

    Convirtieron a los desaparecidos en trolls: el día que encontré a mi mamá en Twitter. 

    No me acuerdo cómo la encontré. Aunque en realidad no la encontré, me topé con ella sin buscarla, como uno se puede topar con un ladrillazo en la cara. Ahí estaba, mi mamá en Twitter.

    Mi mamá, Irene Bruschtein, fue secuestrada el 11 de mayo de 1977 junto a mi papá en su departamento de Almagro. No sé dónde los llevaron. No hay un rastro ni una pista. No hay nadie que yo sepa que los haya visto.

    Pero ahí estaba, en Twitter, sentada en una mecedora, con sus piernas largas y flacas en primer plano, sus medias blancas por debajo de la rodilla, su cara de nena. Una imagen conocida, una de las pocas que quedaron.

    Alguien usó su nombre y su foto para convertirla en troll. Con una indignación palpitante, llamé a algunos especialistas.

    Natalia Zuazo respondió algunas de mis inquietudes amorosamente. Difícil o casi imposible rastrear al dueño del perfil de mi madre. Priman la política de anonimato de la red social y la libertad de expresión. Podíamos pedir a Twitter que cierre la cuenta en base a mi derecho a la identidad, a la memoria, etc. Podíamos hablar con abogados. No me interesaba judicializar el asunto y aunque supuse que tal vez un llamado alcanzaría para que se suspendiera la cuenta tampoco me satisfacía esa opción. Se borra, listo, aquí no ha pasado nada. ¿Qué quería? No lo sabía. O sí, quería saber, quería información. Y el cierre de la cuenta no iba a ayudar. Tal vez solo necesitaba decirle al que lo hizo que era siniestro. Tampoco es que cambiara nada. Como un asesino serial que deja pistas y mensajes para ser identificado, seguramente está esperando que se exponga su brillante idea para regodearse con mi bronca. Bueno, hecho, felicitaciones.

    Hice el hallazgo a mediados de diciembre del año pasado. El 10, con Luciana Bertoia habíamos revelado en Página 12 una serie de documentos de la SIDE de la dictadura: seguimientos a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y otras agrupaciones de derechos humanos como Familiares de Detenidos Desaparecidos, la APDH y el CELS. Habíamos contado que la actual gestión de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) estaba abriendo los archivos de inteligencia de la SIDE y habíamos publicado unas buenas fotos del fichero histórico del organismo. No suelo ser paranoica, pero no pude evitar relacionar ambas cosas.

    Reparé en que en algunos posteos mi madre hablaba de sí misma en masculino, por lo que deduje que su cuenta había tenido a un hombre como usuario. ¿La habían cambiado poco tiempo antes, justo después de que salieran las notas sobre los archivos de la SIDE en la dictadura o eso no tenía nada que ver? Consulté en la AFI. Me confirmaron que ellos no podían rastrear cuentas de redes sociales por este tema.

    https://images.pagina12.com.ar/styles/width960/public/2021-03/149796-victo2_0.jpeg?itok=06mNkXsa

    Como biografía del perfil solo figuraba “Frente de Todes” y un solcito. Pero su último mensaje era crítico al gobierno y muchos de los supuestamente favorables eran burdos y con faltas de ortografía. Lo berreta y ordinario de la cuenta me subleva más que su existencia. “El comportamiento es el de un troll independiente, no debe trabajar para un solo cliente. Está disponible para distintas cosas, para hacer daño”, resumió Natalia Zuazo.

    Concluí que los datos de mi mamá los habían sacado de la página web desaparecidos.org. La foto es la misma que aparece ahí, también el nombre completo con tres apellidos, Irene Bruschtein Bonaparte de Ginzberg, una costumbre de mi abuela para que figuraran en las denuncias todas las ramas de la familia.

    Todavía faltaba algo más. Una de las cuentas que interactúan con la de mi mamá tiene como nombre Raimundo Villaflor. Villaflor fue un dirigente de las Fuerzas Armadas Peronistas secuestrado en agosto de 1979 y asesinado en la Escuela de Mecánica de la Armada. Es una cuenta todavía más macabra: su usuario es @Desap1237 y su biografía dice: “militante peronista con una personalidad explosiva. Nos quedan 7800 cupos”. En la foto de encabezamiento de perfil parecería que se está tirando (lo están tirando) de un avión y su localización es Río de la Plata. Otra similar es la de Eduardo Céspedes @Desap2327, en su biografía dice que es médico (era estudiante de medicina) y su ubicación es La Plata (donde lo secuestraron). También están la de Regino Adolfo González Sandaña @Desap1212 y la de Ruben Gerenschtein, que, como mi mamá, no tiene una arroba con un número pero que en su biografía dice “Tengo una fobia a los Falcon verdes”. La cuenta con el nombre de mi mamá sigue a todos estos usuarios. Toda una granjita de trolls armada en base a y con burlas a desaparecidos.

    Es de mal gusto, horrible. Pero me pregunto por qué me afectó tanto. Suelo creer que estoy de vuelta. Leí, vi, escuché, escribí muchos testimonios con cosas terribles, mucho más terribles que un avatar de Twitter. Pero la verdad es que sentí una opresión en el pecho al encontrarme con la cuenta. Tal vez se deba a que fue como ver un fantasma. Porque aunque sepamos que hay robots y trolls en las redes, sobre todo en Twitter, seguimos manteniendo, en algún registro primario y aunque sea por un momento, la ilusión de que hay personas del otro lado, por eso siguen funcionando las operaciones con trolls y robots. 

    Debe haber sido ese instante. Una fugaz aparición. Un milisegundo de ilusión. Un pantallazo antes de la racionalización en el que mi cerebro quizás creyó que podíamos hablar. Será por eso la angustia. Por la oportunidad perdida. Te hubiese dicho que estoy bien. Que no te preocupes. Que me cuidaron y me quisieron. Que ya estoy grande, muy. Que tengo una familia preciosa y dos pibas divinas en las que a veces creo ver cosas tuyas.

    ver fotos

    Irene Bruschtein Bonaparte de Ginzberg

    Desaparecida el 11 de Mayo de 1977 junto a su esposo Mario Ginzberg

    Tenía 21 años
    Fue secuestra de su casa frente a sus dos hijos

    Historia de la desaparición de 7 miembros de la famila Bruschtein Bonaparte

    1977

    EstadoDetenido/a desaparecido/aFecha de secuestro11/05/1977Lugar de secuestroCAPITAL FEDERAL (Secuestrada de su domicilio)datos personalesNombreIrene Monica Bruschtein Bonaparte GinzbergEdad21SexoFemeninoFecha de nacimiento21/08/1955Lugar de nacimientoMorón, Bs. As.Nacionalidad

    • Argentina

    Apodos Lilia

    Estado civil Casado/a

    Cantidad de hijos1

    Domicilios

    • Sarmiento 4305, 2° F, Almagro

    Militancia

    • Partido Revolucionario de los Trabajadores – Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP) +

    Estudios

    • Secundario: Manuel Belgrano
    • Otro: Escuela de Cerámica Nº 1

    Víctimas simultáneas

    • No hay información.

    Víctimas relacionadas

    Los tres hermanos, Irene NoniVictor
    y un amigo, Carlos Spataro.

    Todos desaparecidos

    Carta a mi padre

    Esta es la historia de la ausencia de un padre en la vida de su hija. La carta, reconstruida por Olivia Carballar a partir del testimonio de Felisa González, está incluida en el libro ‘El ADN de la Memoria: fosas del franquismo, semillas de memoria’, un trabajo de la asociación sevillana Nuestra Memoria basado en una exposición fotográfica del mismo título.

    Verdeolivo

    «Te mataron a ti pero no consiguieron matar las generaciones que vinimos detrás. Ninguna otra historia podrá cambiar la nuestra. Te quiero mucho».

    Felisa y su familia, en una fotografía de la exposición ‘El ADN de la Memoria’. LOLO VASCO

    Esta es la historia de la ausencia de un padre en la vida de su hija. La carta, reconstruida por Olivia Carballar a partir del testimonio de Felisa González, está incluida en el libro ‘El ADN de la Memoria: fosas del franquismo, semillas de memoria’, un trabajo de la asociación sevillana Nuestra Memoria basado en una exposición fotográfica del mismo título.

    Hola, papá. ¿Te ves ahí en la foto? La que te tiene cogido soy yo. Sí, la primera de la fila. Sí, sí, Felisa, la pequeña. Estoy segura de que me reconoces. Ay, que me han sacado con el chaquetón arrugado… ¡Tengo 80 años! Y sabes una cosa, ¿papá?…

    Ver la entrada original 949 palabras más

    Hij@s. Las Memorias prestadas

    Hij@s. Las Memorias prestadas

    Introducción

    Érase una vez yo – otra y la misma – que escribía cuentos, poemas, relatos y volcaba en papeles ajados mis sentires y pensares y hacía conjuros escritos para aliviar la soledad. Y de pronto, en octubre, todas las burbujas estallaron y nos trasvasijamos.

    ASI LO VIVI YO...y quien lo hereda no lo hurta

    Introducción

    Érase una vez yo – otra y la misma – que escribía cuentos, poemas, relatos y volcaba en papeles ajados mis sentires y pensares y hacía conjuros escritos para aliviar la soledad. Y de pronto, en octubre, todas las burbujas estallaron y nos trasvasijamos.

    «La edición final de este libro se realiza en un marco de crisis social y política inéditas en las últimas décadas en nuestro país, el 18 de octubre de 2019 marca un antes y un después, el pueblo sale a la calle con demandas sociales derivadas de la imposición de un modelo económico neoliberal que ha sido nefasto para el desarrollo equitativo de hombres y mujeres que viven en Chile. Hemos vuelto a vivenciar el miedo, la impotencia, la desesperanza, sentimientos que encontrarán en estas páginas y pensamos que ya no volveríamos a vivir.»

    Tomo prestado del libro “ME ESCAPABA A EL CEMENTERIO», de la…

    Ver la entrada original 922 palabras más