Los hijxs del exilio. Trailers y música.

Los hijxs del exilio. Trailers y música.
Hijos del exilio
CICLO

Hijos del exilio

 

En el marco de la muestra Exilios, este ciclo reúne películas que indagan sobre la experiencia de niños y niñas que vivieron su infancia en el exilio: el desarraigo, el viraje abrupto de la vida cotidiana y la dificultad de comprender aquellos cambios. La convivencia entre alegrías y tristezas, el alivio de poder hablar de lo prohibido sin miedo, la adaptación a esa nueva vida incierta, echar raíces; y de pronto… volver, y un nuevo desarraigo.
Esto es parte del universo que estas películas exploran, en primera persona o en relato coral, a través de la mirada adulta y en algunos casos también desde la experiencia de la paternidad.
El ciclo acompañará la muestra durante marzo, abril y mayo con proyecciones el último sábado de cada mes.

Sábado 1 de abril / 19 HS

El (im)posible olvido

El (im)posible olvido

Con la presencia del director, Andrés Habegger

(Argentina 2016, 81’)

Un padre, activista político, casi un héroe, víctima de la violencia militar latinoamericana de los años setenta. Un hijo que vivió con esa ausencia la mayor parte de su vida. Una historia repleta de olvidos. Un intento de recuperar momentos, situaciones, gestos y objetos. Este film es un viaje interno, emocional y político hacia el lugar donde se alojan los momentos olvidados.

Dirección: Andrés Habegger / Guión: Andrés Habegger / Fotografía: Melina Terribili / Montaje: Alejandro Brodersohn / Música: Jorge Aliaga / Productora: coproducción Argentina-México-Brasil; Cepa Audiovisual, Naderías Cine. Calificación: apta para mayores de 13 años.

Sábado 29 de abril / 19 HS

La guardería

La guardería

Con la presencia de la directora, Virginia Croatto

(Argentina 2015, 71’)

Durante la llamada Contraofensiva de Montoneros se crea en La Habana “La Guardería”, una casa en donde los hijos estarían seguros y al cuidado de compañeros de la misma organización. Más de treinta niños pasaron por allí. Muchos aprendieron a hablar, dieron sus primeros pasos y se educaron en las escuelas cubanas, mientras esperaban que sus padres volvieran por ellos. Finalmente con la democracia, vuelven a ese país mítico del que tanto les hablaron, por el que sus padres lucharon y hasta perdieron la vida, pero se confrontan con una realidad que es muy diferente a sus sueños. Hoy, los adultos que fueron esos niños, nos cuentan sus recuerdos, fantasías y análisis de lo que fue su particular niñez.

Dirección: Virginia Croatto / Guión: Gustavo Alonso / Fotografía: Marcelo Iaccarino, Ignacio Masllorens / Montaje: Lucas D’Alo, Virginia Croatto / Música: Nicolás Sorín / Productora: CEPA, INCAA. Calificación: apta para todo público.

Sábado 27 de mayo / 18 HS

Retour: Volver

Retour: Volver

Dirección: Martin Bourgault

(Canadá 2016, 61’)

El cantante y músico Tomas Jensen vuelve a la Argentina después de cuarenta años en el exilio: sus padres huyeron de la dictadura militar cuando tenía seis años. De vuelta en su país natal, redescubre lugares de su infancia, se reúne con un primo perdido y establece contacto con músicos de la escena argentina actual. Con ellos grabará un álbum en un estudio de Buenos Aires y tocará unos cuantos espectáculos al público local. Un regreso hacia los orígenes y el sonido.

Dirección: Martin Bourgault / Guión: Martin Bourgault / Fotografía: Martin Bourgault / Montaje: Andrea Henriquez, Martin Bourgault / Música: Tomas Jensen / Con la presencia de: Tomás Jensen, Damian Nisenson, Fernando Kabusacki, Mene Savasta Alsina, Marina Fages / Productora: Let Artists be.

Sábado 24 de junio / 19 hs

El Premio

El Premio

Con la presencia de la directora, Paula Markovitch

(México 2011, 120’)

El premio aborda el exilio interno desde el punto de vista de una niña. En 1977, Cecilia tiene siete años y aprende que no debe revelar su verdadera identidad. Se acostumbra a fingir y a decir lo contrario de lo que piensa. Un día, escribe una composición por encargo de las maestras y recibe un premio de manos de los militares, los mismos que probablemente mataron a su papá. Esta premiada película está basada en los recuerdos de la directora que reside en México.

Guión y dirección: Paula Markovitch / Producción: Izrael Moreno, Pablo Boneu y Paula Markovitch / Fotografía: Wojciech Staron / Música: Sergio Gurrola / Dirección de Arte: Bárbara Enríquez y Oscar Tello / Sonido directo: Isabel Muñoz y Alexis Stravopulos / Diseño de sonido: Sergio Díaz y Arturo Zárate / Edición: Lorena Moriconi, Mariana Rodríguez y Paula Markovitch / Entrenamiento actoral infantil: Silvia Villegas.

El SUECO Y LOS MIRISTAS DE NELTUME

El SUECO Y LOS MIRISTAS DE NELTUME

LA GUERRILLA DE PANGUIPULLI. Publicado en Estrella Roja nº 71. Marzo de 1976

El Sudaméricano

En pdf Aquí El Sueco y los Miristas de Neltume

Panguipulli

El SUECO Y LOS MIRISTAS DE NELTUME[1]

El compañero SVAENTE GRAENDE, Teniente Julio en la Compañía de Monte RAMÓN ROSA JIMÉNEZ del ERP y militante del MIR chileno fue muerto el 14 de octubre de 1975 en una emboscada tendida por el Ejército contrarrevolucionario en la zona de Yacuchina, en la provincia de Tucumán. Llamado por los chilenos “El Sueco”, Julio era un cuadro político y militar veterano, caracterizado por un espíritu extraordinariamente reflexivo en la discusión y planificación y por una enorme audacia y coraje en la acción. Alto, rubio y de ojos claros tenía a lo más 25 años de edad. Había nacido en Suecia desde donde se traslado a Chile en 1972 o 1973 a trabajar como técnico es el “Complejo Panguipulli” una gran empresa maderera ubicada en la Cordillera de la provincia de Valdivia, muy…

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Los Tres de Arica. El MIR y el Cóndor.

Los Tres de Arica. El MIR y el Cóndor.

Tras el golpe, tres jóvenes miristas sacaron clandestinamente del país a un alto dirigente del partido rumbo a Perú. Luego, partieron a Cuba a recibir instrucción militar con la intención de regresar a combatir en Chile. Primero se pondrían a prueba en Argentina, pero allí los devoró la represión. Su desaparición nunca fue denunciada.

 

Desorientados de noche en el desierto, habían vuelto a su punto de partida. Alrededor del 10 de octubre de 1973, el Secretario Regional del MIR para el Norte Grande, Jorge Fuentes Alarcón, el “Trosko”, partió a pie desde el Valle de Lluta en Arica para salir clandestinamente hacia Perú. Iba con dos compañeros del MIR local. Pero las luces que vieron al amanecer no eran de Tacna, como esperaban, sino de Arica.La noche del 28 de octubre, los mismos dos acompañantes, Mario Espinoza Barahona y Jorge Vercelotti Muñoz, asumían nuevamente la misión de sacar al “Trosko” del país. A este viaje se sumaron otros dos militantes del MIR en Arica: Homero Tobar Avilés y Bruno González. Esta vez lo lograrían.Dos años más tarde, el “Trosko” Fuentes era secuestrado en Paraguay y entregado a agentes chilenos, así inaugurando las operaciones conjuntas de los servicios de inteligencia secretos del Cono Sur, conocido como Operación Cóndor. Fuentes continúa desaparecido.

Al año siguiente, tres de los cuatro militantes del MIR que lo ayudaron a salir de Chile desaparecían en Argentina.

Las familias de Espinoza, Vercelotti y Tobar no denunciaron formalmente su desaparición hasta 2011. En el caso de Espinoza y Tobar, no lo hicieron porque nunca tuvieron noticias fidedignas sobre ellos; ni siquiera sabían en qué país podrían estar. La familia de Vercelotti sí se enteró de su muerte, pero guardó silencio durante 30 años.

Recién en 2011 la Comisión Asesora para la Calificación de Detenidos Desaparecidos, Ejecutados Políticos y Víctimas de Prisión Política y Tortura en Chile reconoció a los tres como víctimas de violaciones a los derechos humanos.

Hasta 2008 no se sabía que Mario Espinoza Barahona era la identidad del detenido-desaparecido chileno de nombre político “Mauro” que figuraba en el informe oficial de víctimas de la dictadura argentina, CONADEP, con el registro Nº 10015. Ese año, a partir de un documento interno del MIR obtenido por el periodista estadounidense John Dinges, por primera vez se pudo asociar una identidad a “Mauro” y esta autora pudo localizar a su familia, obtener una fotografía, confirmar su identidad con testigos y comenzar a reconstruir su historia. Hasta entonces, Mario Espinoza sólo había sido “Mauro”, un chileno militante del MIR y sargento del ERP argentino, desaparecido en agosto de 1976 en Buenos Aires.

Su familia en Arica no había podido hacer la conexión porque no tuvo noticias de él desde su salida hacia Perú en 1973. “La familia nunca hizo ninguna denuncia, ya que siempre tuvieron la esperanza de que él estaba seguro en el extranjero, al igual que otras personas que debieron dejar nuestro país. Pero siempre quedó la duda, ya que nunca se comunicó con ellos,” afirma Héctor Uribe, amigo de juventud y hermano de la pareja de Espinoza al momento de abandonar el país.

Durante la indagación sobre la identidad de “Mauro” –iniciada en 2002 a instancias de Dinges para su investigación sobre la Operación Cóndor (NOTA AL PIE 1)- emergió el nombre de otro detenido-desaparecido chileno en Argentina sobre el cual los organismos de derechos humanos en Chile y Argentina ni su familia sabían nada: Homero Tobar Avilés. Originalmente, se sospechaba que “Mauro” era hermano de Elmo Catalán Avilés, dirigente de la tendencia guerrillera Ejército de Liberación Nacional del Partido Socialista de Chile, muerto en Bolivia en 1970. Elmo Catalán tenía un medio hermano por parte de su madre y estaba desaparecido en Argentina, pero no era “Mauro”. Era Homero Tobar.

El rastro de Tobar se evaporó apenas llegó a Argentina en 1976 y las escasas versiones sobre él son contradictorias. Su familia nunca denunció su desaparición.

De Jorge Vercelotti se tiene certeza sobre su muerte. En 2008, la Cámara Federal de Buenos Aires confirmó que Vercelotti había sido ejecutado el 18 de marzo de 1976 en Ciudadela, en las afueras de la capital argentina, junto a un compañero paraguayo, Claudio Ocampo Alonso, también militante del MIR chileno.

Esta es la historia de los tres muchachos de Arica, los que sacaron al “Trosko” Fuentes clandestinamente del país, de noche por el desierto.

En Arica

Vercelotti, Tobar y Espinoza se conocían bien. Arica era una ciudad pequeña en 1973, y una de las hermanas de Espinoza era muy amiga de la madre de Tobar, porque trabajaban cerca. A la vez, la gran casona de la familia Catalán ofrecía pensión, y ahí llegó a vivir Vercelotti cuando arribó a Arica.

Vercelotti y Tobar habían militado juntos en el MAPU antes de incorporarse al MIR durante el gobierno del Presidente Salvador Allende. En su nueva organización política, conocieron a Espinoza, un joven y carismático militante, deportista y apasionado Scout.

En el MIR, Mario Espinoza adoptó el nombre político “Mauro”, igual que su sobrino regalón de tres años, hijo de su hermana Clara. Sus amigos y familiares le decían Pepe, y algunos compañeros de partido le decían “el Gitano”. Nació en Arica en 1951 en una familia de 10 hermanos e ingresó al MIR a fines de los sesenta. Fue conscripto voluntario de la Defensa Civil y estudió en el Liceo Industrial hasta 1972, cuando abandonó los estudios y tomó un trabajo en un taller de parabrisas.

En su grupo Scout, le decían el “Zorro Astuto”. “Salíamos mucho a explorar. Teníamos nuestros códigos y rituales, y Pepe tenía muchos conocimientos de técnicas, cómo despistar, detectar, disfrazarse, eludir situaciones,” cuenta R.B., amigo de barrio y compañero en los Scout y en la política, quien pidió reserva de su nombre.

Homero Tobar, nacido en Calama en 1952 pero criado en Arica, era el hermano menor de la familia Catalán por parte de la madre. Sin haber conocido a su padre y discriminado por sus propios hermanos, uno de los cuales era militar, Homero Tobar no compartió su actividad política con su familia, con excepción de un par de primos.

“Con Homero vivíamos a pocas cuadras y nos veíamos mucho porque éramos los dos más pequeños de la familia. Era mi primito regalón; crecí con él. Era una persona muy sola. La familia de Homero era una familia tradicional y nunca lo aceptaron porque no era un Catalán. Su interés por la política nació de Elmo. No se vieron mucho, pero Elmo era su ejemplo,” cuenta su primo Omar Segovia.

De poca formación académica y política, el año en que murió Elmo Catalán y él cumplía los 18 años, Homero Tobar ingresó al recientemente creado partido MAPU. Fue reclutado por el Secretario Regional del MAPU en Arica, Julio Jiménez, quien lo conocía de pequeño, ya que su familia y la familia Catalán eran amigos de larga data.

“En esa época, en la casa de Homero arrendaba una pieza un estudiante universitario de la Democracia Cristiana que se integró al MAPU. Entre ese amigo y yo reclutamos a Homero. Después fue expulsado del MAPU junto con Jorge Vercelotti por ultraizquierdistas, por tratar a Allende de reformista,” afirma Jiménez.

Tobar se incorporó al MIR en marzo de 1973. En el barrio y entre sus compañeros era más conocido como Homero Catalán, pero en el MIR adoptó el mismo nombre que utilizó su medio hermano Elmo en Bolivia: “Ricardo”.

“Homero era recatado, no opinaba mucho. No tenía formación, su familia no se preocupó de sus estudios y fue maltratado por sus hermanos. El único culto en esa familia era Elmo, pero no se conocieron mucho, ya que Elmo no estaba en Arica,” dice Jiménez.

Jorge Vercelotti (NOTA AL PIE 2) nació en Antofagasta en 1951. Su padre había sido suboficial mayor del Ejército, ya jubilado al momento del golpe militar. Estudió biología durante un año en la Universidad de Chile en Antofagasta, donde ingresó a la Izquierda Cristiana. Después, pasó a militar en el MAPU, y en 1972, dejó la universidad y su ciudad para trasladarse a Arica. Ahí, trabajó en la Tesorería y por un tiempo, se hospedó en la gran casona de la familia Catalán, que también ofrecía pensión. Era macizo y usaba lentes de grueso marco como se estilaba en la época, y por ello, a pesar de que su nombre político era “Marco”, le decían “Tevito” o “Tevo”, por su parecido al perrito animado que bailaba en la presentación de Televisión Nacional.

“Homero y Jorge eran dos niños, en el más limpio sentido de la palabra, llenos de ilusiones y deseos de hacer la revolución, de cambiar este país… En algún momento, decidieron que el MAPU era muy reformista y se fueron al MIR,” recuerda A.T., compañero de ellos en el MAPU.

En el MIR, al igual que Espinoza, se dedicaron al área sindical. Tobar participó en el intento de formar un cordón industrial en el sector norte de la ciudad. En 1973, Espinoza y Vercelotti pasaron a integrar las nuevas unidades operativas que organizaba el MIR en el norte.

“Conocí bastante a los dos, a Mario y al ‘Tevo’. Eran bien dedicados. Mario era muy consecuente, bien consciente de que había que tener un compromiso más grande. Se incorporó al tiro a las unidades, no puso problemas. Él y el ‘Tevo’ no andaban alardeando, eran tranquilos. No armaban desórdenes ni se creían los mejores,” recuerda Juan Carlos García, entonces dirigente del MIR en Arica.

Vercelotti había pasado un periodo de instrucción militar en Cuba. Integró un pequeño grupo de militantes locales enviados a la isla meses antes del golpe militar. Salió hacia Cuba con dos compañeros a mediados de mayo de 1973, mientras Espinoza y otro compañero, “Manuel”, (NOTA AL PIE 3) se quedaron en Santiago esperando salir con un segundo grupo que finalmente no alcanzó a viajar. En esa espera se produjo el intento de golpe de Estado conocido como el tanquetazo del 29 de junio de 1973. Vercelotti estaba en Cuba, pero a Espinoza lo pilló el movimiento militar en Santiago. Cuenta “Manuel” que junto con Espinoza se integraron temporalmente a una unidad operativa del MIR en la capital y participaron en la defensa de la antena de la Radio Nacional.

Vercelotti regresó de Cuba a mediados de julio de 1973, y a partir de entonces, el grupo de militantes comenzó su retorno desde Santiago hacia el norte. Espinoza y “Manuel” regresaron a Arica haciendo dedo. Vercelotti pasó a ver a su familia en Antofagasta. Fue la última vez que lo vieron.

“Jorge era tímido, hablaba poco. Se ponía muy nervioso cuando tenía que hablar ante un grupo; no estaba acostumbrado. Nosotros siempre lo consideramos un obrero –vestía como obrero y trabajó en lo sindical. Años después nos enteramos que había sido universitario,” cuenta Marco Donoso, entonces estudiante secundario y encargado de la jefatura estudiantil del partido en Arica.

Tobar, en cambio, se hacía notar más allá de sus reales responsabilidades en el partido. A decir de uno de sus compañeros de entonces, era voluntarista y ansioso. Se expuso más de lo necesario, y cuando vino el golpe militar, temió justificadamente por su seguridad.

“Cuando sucedió el golpe, su hermano Gustavo, que era militar, lo escondió en su casa. Ese fue el gesto más importante que hizo Gustavo para demostrar que lo consideraba un hermano a pesar de todo, porque Gustavo siempre fue su verdugo en la familia,” dijo su primo Omar Segovia.

Sacar al “Trosko”

Después del golpe militar, la dirección local del MIR en Arica buscó proteger al “Trosko” Fuentes. El dirigente político había llegado a la ciudad desde Antofagasta pocos días antes para informar sobre la última reunión del Comité Central del partido. Se había realizado una gran asamblea en la sede de la Universidad de Chile con todos los militantes el lunes, 10 de septiembre.

A las dos de la tarde del 11 de septiembre, con el palacio presidencial en Santiago en llamas, Vercelotti acompañó al encargado sindical del MIR en Arica a buscar al “Trosko” y llevarlo a una casa de seguridad en el cerro La Cruz, perteneciente a un ayudista de otro partido de izquierda. Ahí permaneció un par de días.

El “Trosko” Fuentes era una de las personas más buscadas por los militares y le habían puesto precio a su cabeza. Pasó de una casa de seguridad a otra. Vercelotti se encargó de hacer los contactos con la militancia, miembros de la dirección y con otros partidos de izquierda.

Al momento del golpe, en Arica se encontraba una buena parte de la dirección local del MIR, salvo el encargado de Tareas Especiales, quien estaba en Antofagasta. Tanto el encargado del MIR en Arica y los responsables del frente estudiantil y de organización, así como el responsable de Tareas Especiales, caerían detenidos en las semanas que siguieron.

“Ellos cayeron por razones distintas, pero no por lo del ‘Trosko’. Que el ‘Trosko’ estaba en Arica era desconocido para los militares en esos momentos: ninguno de ellos fue interrogado respecto del ‘Trosko’,” relata Marco Donoso.

El “Trosko” se estaba quedando sin contactos y sin apoyo logístico. No conocía los nombres o direcciones de sus compañeros de partido en Arica y tampoco podía regresar a Antofagasta.

Decidió entonces que la mejor alternativa era salir hacia Perú. En ese momento, la política oficial del MIR era que ninguno de sus militantes debía asilarse ni abandonar el país. Sin embargo, aunque se puede presumir que el “Trosko” conocía esa política de partido, la orden “El MIR no se asila” no había llegado a los militantes de base en Arica.

“No teníamos idea de esa política. El primer contacto que tuvimos en Arica con el MIR central en Santiago fue meses después, en 1974. Esta historia se dio de manera natural. Se corría peligro y había que sacar al ‘Trosko’ del país, y punto. La idea siempre fue ir a Cuba para luego reingresar a Chile,” explica Donoso.

Con la represión encima y la dirección local detenida, se buscó entre los militantes más jóvenes y menos expuestos para encargarles la tarea de organizar la salida de Chile del “Trosko” Fuentes. La responsabilidad recayó en “Carlos”, un estudiante de secundaria que militaba hacía poco en el MIR. En esa misión también participó “Fernando”, recién ingresado a la universidad y al partido. Ellos se encargaron de planificar la salida, asegurar el apoyo logístico y económico, coordinar a los ayudistas y determinar una ruta segura y transporte hasta la frontera. El “Trosko” Fuentes se ocultó en casa de “Fernando”.

Se planificó una primera salida en la segunda semana de octubre de 1973, en que el “Trosko” fue acompañado por Vercelotti y Espinoza, quienes sirvieron como sus guardaespaldas.

“Siempre he pensado que si el ‘Trosko’ debía elegir a alguien para ser su guardaespaldas, sería Vercelotti. El ‘Trosko’ tenía muy buena opinión de él y de Espinoza. Les tenía aprecio y cariño por la entrega, y por lo tanto, mucha confianza. Eso me consta, ya que muchas veces me lo manifestó en conversaciones,” afirma Juan Carlos García.

Ida y vuelta por el desierto

Al planificar la salida, “Carlos” se había contactado con un pequeño agricultor del Valle de Lluta, conocedor de rutas y con gran experiencia en pasos fronterizos. “Él trazó una ruta desde el punto exacto de partida, dando a conocer incluso referencias con las que debían encontrarse. Irían sólo tres: el ‘Trosko’, Tevito y Mario. Fuimos a dejarlos en un vehículo hasta el lugar en el Valle que me había señalado el agricultor. En el vehículo viajaban ellos tres y los acompañábamos Cacho Salcedo, un amigo de Cacho y yo. Esto ocurrió más menos a las 10 de la noche y nos despedimos de un abrazo. Las condiciones para hacer el recorrido eran bastante básicas: aparte de algunos enseres personales iban con una brújula. Recuerdo que el ‘Trosko’, por la imposibilidad de llevarla, dejó de regalo a ‘Fernando’ una manta que tenía un gran significado para él, porque había pertenecido a Luciano Cruz,” relató “Carlos”.

El plan era llegar en vehículo hasta el Valle de Lluta, cruzar la frontera a pie y avanzar 40 kilómetros hasta la ciudad peruana de Tacna. De hecho, ya lo habían hecho dos estudiantes universitarios del MIR poco antes. Habían logrado cruzar la frontera sin problemas, pero fueron arrestados casi de inmediato por la policía peruana y entregados a la policía de Chile. Los dos jóvenes terminaron presos en la cárcel de Arica.

Según Juan Carlos García, la salida de los universitarios hacia Perú había sido prematura. “Siempre escuché que el contacto era con la policía de Tacna. Había un acuerdo con los cubanos que consistía en que había que presentarse ante la policía de Tacna, y ellos los llevarían con los cubanos. Pero parece que ellos llegaron demasiado pronto, antes de consolidar los contactos,” dijo.

En el primer intento, el “Trosko”, Espinoza y Vercelotti caminaron en redondo por el desierto y regresaron a otro punto del Valle de Lluta; desde allí se movilizaron de regreso a Arica.

“Carlos” afirma que el “Trosko” entonces volvió a la casa de “Fernando” y los otros se fueron a los lugares donde habían estado hasta el día anterior.

La despedida

Espinoza vivió en casa de su hermana Clara hasta el día en que partió de Chile. “Después del golpe Pepe siguió viviendo conmigo y trabajando en la fábrica. Llegaba a la casa a almorzar y volvía al trabajo. Siempre andaba nervioso, preguntando si alguien había preguntado por él. Pepe tenía miedo de estar en Arica; me arranco o me matan, me decía,” cuenta Clara Espinoza.

Antes del siguiente intento de partida el 28 de octubre de 1973, Espinoza comenzó a despedirse de quienes más quería.

El día anterior, citó a su amigo de infancia, compañero en los scout y en la política, R.B.. “Estábamos afuera de la casa de su hermana Clara y él estaba con su sobrino Mauro en brazos. Me dijo que iba a ser la última vez que nos veríamos. Él tenía bien claro que no era fácil volver,” afirmó el amigo. Nunca más lo vio.

También visitó a una familia vecina de la población Juan Noé. La dueña de casa, Bernarda Lepe, acogía con frecuencia a los amigos de barrio y de scout de su hijo, entre ellos a Espinoza, por lo que la llamaban cariñosamente “la Abuela”.

Siendo una familia de militancia socialista, él pasaba muchas horas en su casa, dijo Lepe. “Yo era como su confidente, porque Pepe decía que su familia no lo comprendía, no compartían sus ideas políticas. Por eso se refugiaba con nosotros. Pepe era otro hijo para mí,” dijo.

Ese día lo esperaban Bernarda, su marido Sergio Gárate, su hija Patricia y un par de amigos. A ellos Espinoza les anunció que se iba de Chile.

Bernarda le pasó un anillo de oro con una piedra roja y le dijo: “Esto te va a servir, por lo menos lo puedes vender.” Espinoza dijo que lo guardaría como recuerdo.

“Pepe era una persona extraordinaria. Tenía una calidez humana que rara vez se encuentra. Tenía mucha llegada con todo el mundo,” comenta Patricia Gárate.

La familia Gárate jamás olvidó ese día. No sólo fue la última vez que vieron a Espinoza, sino también el día en que se llevaron detenido al jefe de hogar. En medio de la despedida, llegaron detectives a arrestar a Sergio Gárate, oficial de Aduanas y miembro del Partido Socialista.

“Cuando vinieron a detenerlo, los muchachos se pusieron muy nerviosos,” dijo Patricia Gárate. “Pero los detectives eran conocidos y ellos se apresuraron en detener a mi papá y llevarlo a la cárcel para evitar pasárselo a los militares. Mi papá estuvo detenido un año y medio en la cárcel de Arica.”

El día que partirían rumbo a Perú, Espinoza llevó a tres amigos a casa de su hermana Clara. Dos de ellos eran Tobar y Vercelotti, a quienes Clara ya conocía. Ella recuerda bien esa tarde, porque era su cumpleaños. No hablaron mucho. Ella les preparó once con huevos fritos y le cantaron el cumpleaños feliz.

Esa tarde, Espinoza le confidenció a su hermana que estaban sacando a una persona del país y se irían por los cerros hacia Perú, no por los pasos fronterizos; los estarían esperando en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en Lima. Dijo que después se irían a Cuba y que pronto tendría noticias de él. Clara lloraba.

Clara le arregló un bolso y le pasó unas joyas. “Le dije que las cambiara por comida o cualquier cosa, porque no llevaba nada, sólo un poco de ropa. Llevaba un terno azul con corbata, porque decía que vestido con ese terno se iba a presentar ante Fidel Castro. Llevó unos ponchos, mantas, pantalones. Se fue con la chaqueta anaranjada que siempre usaba,” recuerda.

Los cuatro partieron al atardecer de pie por las calles de Arica, mientras Clara los seguía de la mano de su pequeño hijo Mauro. “Él me hacía señas para que me devolviera, pero yo lo seguía, llorando. Recuerdo que pasaban camiones militares. Después de unas cuadras, pasé a la casa de mi hermano mayor. Pepito se fue, se perdió, dobló la esquina y no lo volví a ver más,” relata.

Atravesar la frontera

Hacía poco que la Caravana de la Muerte comandada por el general Sergio Arellano Stark había abandonado Arica, tras dejar un reguero de muertos en la zona norte del país. El “Trosko” Fuentes seguía en la mira de los militares, pero Arellano y su comitiva no se imaginaron que recién se habían encontrado en la misma ciudad.

Se había movilizado una red de apoyo logístico entre militantes locales, amigos y ayudistas, incluso de otros partidos de izquierda. Esta vez, fueron guiados por el desierto por un peruano con experiencia en los recorridos de frontera y al que hubo que pagarle por el servicio, recuerda “Carlos”. El peruano los acompañaría a partir del kilómetro 25 del Valle, cruzarían juntos la frontera a pie, y luego los recogería un camión que los llevaría a Tacna.

“En esa oportunidad acompañé al ‘Trosko’ sólo hasta una calle de encuentro y fue recogido en un taxi en el que iban Tevito y Homero. Luego fueron recogidos Mario y Bruno, que esperaban en distintos lugares. La incorporación de Homero y Bruno corrió por cuenta del convencimiento de Tevito, ya que él consideraba necesario que salieran. Esta fue una situación que se resolvió apenas un par de días antes de esa salida,” afirma “Carlos”.

Esa noche, en un furgón Citroen, un ayudista llevó al “Trosko”, Espinoza, Tobar, Vercelotti y Bruno González hasta el valle, y desde ahí continuaron la travesía a pie.

Por varios meses, el amigo de Espinoza, R.B., siguió al peruano que los sacó de Arica. “Pero después alguien me dijo que el hombre había pisado una mina en la frontera y había muerto. La gente que yo conocía por el lado de Pepe estaba presa o había salido del país. Yo salí de Chile en diciembre de 1973, y no supe nunca más de él,” dijo.

Lo que sucedió, según le contó después el “Trosko” Fuentes a Juan Saavedra Gorriateguy (“Patula”) en La Habana, fue que el grupo fue detenido en la frontera por la policía peruana. Les quitaron todas sus pertenencias, y, es de suponer, también las joyas que Clara Espinoza y Bernarda Lepe le entregaron a Espinoza.

Temían ser devueltos a Chile, como ya había sucedido antes con los dos estudiantes universitarios que terminaron presos en Arica. Pidieron asilo político, pero les fue negado. Fueron trasladados a Lima.

“Pero los peruanos tenían la actitud de ayudar a los perseguidos chilenos de manera encubierta. El ‘Trosko’ me contó que ellos llamaron al cónsul cubano y él los ayudó a viajar a Cuba un par de semanas después,” recuerda Saavedra.

En el año que siguió, fueron detenidos “Carlos” y “Fernando”, los dos jóvenes ariqueños a cargo de la operación de sacar al “Trosko” del país, y casi todos quienes participaron de una u otra forma en ella, así como la nueva dirección local del partido. Era más de una veintena de detenidos.

En enero de 1974, la novia de Homero Tobar en Arica, Miriam, recibió una carta suya timbrada en México avisando que se encontraba bien. La madre de Mario Espinoza recibió una carta similar de su hijo a inicios de 1974, también procedente de México. En la carta, Espinoza pidió que después de leerla, la destruyeran. La madre viajó a Iquique y le mostró la carta a uno de sus hijos, Raúl, quien hacía el servicio militar en el regimiento de esa ciudad. “La carta venía de México y en ella hablaba sólo generalidades. Después, mi mamá rompió la carta. No supimos más de él,” afirma Raúl.

El MIR había enviado esas cartas desde México, porque a esas alturas, “Mauro”, “Ricardo”, “Marco” y el “Trosko” Fuentes ya se encontraban en Cuba. El plan era recibir instrucción militar en Cuba y regresar clandestinamente a Chile para luchar en contra de la incipiente dictadura militar.

Establecer la retaguardia

Al llegar a Cuba el grupo fue alojado en el Hotel Presidente de La Habana, como lo hicieron muchos refugiados chilenos después del golpe. En diciembre de 1973, junto a otros militantes del MIR venidos de distintas partes, comenzaron a recibir instrucción militar en guerrilla urbana y rural. Primero estuvieron en Punto Cero y después en la Base Pinar del Río.

A pesar de ser severamente criticado por la Dirección Nacional de su partido por haber salido del país, el “Trosko” Fuentes fue nombrado por el Secretario General del MIR, Miguel Enríquez, como representante de la organización en Cuba. Debía encargarse de un primer grupo de instrucción militar y designó a “Mauro” como jefe del grupo. Según quien sería después su jefe en Cuba, Enérico García (“Fernando”), “Mauro” demostraba indiscutibles condiciones de liderazgo.

“Mauro era serio, responsable en el cumplimiento de las tareas que surgían de las necesidades del grupo. Alegre, divertido, buen amigo, solidario, siempre dispuesto a colaborar. No era aún un dirigente formador de otros cuadros, pero se avizoraba en él un proyecto más que interesante de militante y combatiente mirista,” lo describe García.
El grupo a cargo del “Trosko” pasó cerca de un año en distintos cursos de instrucción. El plan era prepararse militarmente en la isla y reingresar clandestinamente a Chile. Sin embargo, no se daban las condiciones para el retorno. El MIR era duramente golpeado, las comunicaciones con el partido en el interior eran extremadamente difíciles, y no había cómo asegurar una estructura de apoyo para la llegada de militantes desde el exterior, afirma Enérico García.

En los primeros meses de 1974, llegó a Cuba el dirigente del MIR Edgardo Enríquez, el “Pollo”, hermano del secretario general del MIR. El “Pollo” quedó en la jefatura del partido en La Habana, mientras que el “Trosko” Fuentes preparaba su traslado a Argentina.

En ese lapso, algunos militantes abandonaron la tarea militar, incluyendo Bruno González, quien había salido con el “Trosko” desde Arica. Entró en conflicto con la política del MIR, y a fines de 1974 se integró al MAPU en La Habana.

Con las condiciones en Chile desfavorables para el retorno, el MIR había decidido establecer una retaguardia en Argentina. Ese país serviría como base de operaciones mientras se trasladaban militantes, recursos y medios hacia Chile. Además, los cuadros del MIR entrenados en Cuba tendrían un teatro de operaciones donde foguearse para lo que esperaban sería la lucha en Chile, y al mismo tiempo apoyarían a las organizaciones revolucionarias argentinas.

Aún faltaba un año para el golpe militar en Argentina, y las organizaciones de izquierda en ese país estaban en pleno auge. La relación entre el Partido Revolucionario de los Trabajadores – Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP) de Argentina y el MIR eran óptimas. Apenas producido el golpe de Estado en Chile, el máximo dirigente del PRT, Mario Roberto Santucho, instruyó hacer llegar una valija con un millón de dólares al MIR en Chile y ofrecerle ayuda para sacar a sus militantes de Chile e ingresarlos a Argentina. (NOTA AL PIE 4)

“La relación política del MIR con el PRT era importante y estrecha. El PRT era, además, nuestra principal fuente financiera. Teníamos expectativas de que en la medida en que avanzaba la lucha en Argentina, podríamos crear una retaguardia para operar en Chile,” afirma el entonces dirigente del MIR Andrés Pascal Allende.

Al iniciarse 1974, muchos militantes del MIR y de su organización hermana en Uruguay, el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, refugiados en Argentina, se habían incorporado al PRT-ERP. En febrero de ese año, Santucho presentó públicamente el documento fundacional de la Junta Coordinadora Revolucionaria (JCR) que integraban el ERP argentino, los Tupamaros de Uruguay, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Bolivia y el MIR de Chile y que ya venía incubándose desde hacía un tiempo. Con los últimos tres países bajo bota militar, la JCR se concibió como una coordinadora de organizaciones revolucionarias que se brindaría apoyo mutuo en lo militar, logístico y económico para avanzar la revolución armada en cada uno de sus países. La JCR tuvo su base central clandestina en Buenos Aires.

Cada organización designó a un representante ante la JCR, y el MIR delegó esa tarea a Edgardo Enríquez. Entre otras cosas, él se encargó de la red de militantes chilenos que ingresaban clandestinamente a Argentina para eventualmente partir a combatir en Chile.

De las organizaciones que participaron en la JCR, el PRT-ERP argentino era la que se encontraba en mayor expansión, y a partir de marzo 1974 comenzó a preparar un foco guerrillero en la provincia de Tucumán, creando la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez. La Compañía se dedicó inicialmente a tareas de entrenamiento hasta fines de mayo de ese año, cuando comenzó a operar. Entre su centenar de combatientes se encontraban varios chilenos.

En ese contexto y con ese plan, el “Trosko” Fuentes se trasladó a Argentina para preparar las condiciones para el ingreso de más militantes chilenos, quienes participarían con el PRT-ERP tanto en unidades urbanas como en la Compañía de Monte. Sería su prueba de fuego y trampolín hacia Chile. Entre los que debían participar estaban Mario Espinoza, Jorge Vercelotti y Homero Tobar, los muchachos de Arica.

La casa de la calle 68

El “Trosko” Fuentes partió a Buenos Aires en septiembre de 1974. Fue reemplazado en La Habana en sus tareas de atender a los exiliados del MIR y a los grupos que se estaban formando militarmente por Juan Saavedra (“Patula”), quien había llegado a Cuba en marzo de ese año.

Del grupo original en instrucción quedaron sólo siete: Homero Tobar Avilés (“Ricardo”), Jorge Vercelotti Muñoz (“Marco”), Mario Espinoza Barahona (“Mauro”), Heriberto Leal Sanhueza (“Miguel Ángel”), Miguel Orellana Castro (“Pablo”), Claudio Ocampo Alonso (“Juan”, paraguayo) y Luis Alberto Barra García (“Alejo”). Mario Espinoza también era conocido como “Mauro 2” porque ya había un dirigente del MIR en Cuba que usaba el mismo nombre político.

El paraguayo Claudio Ocampo (“Juan”), entonces de 26 años, se había integrado al MIR tras llegar a Chile becado para estudiar pedagogía durante el gobierno de la Unidad Popular. Su padre había sido entrenador de fútbol en el Club Nacional de Paraguay y se trasladó con su familia a Ecuador, donde Claudio vivió gran parte de su infancia y adolescencia junto a sus tres hermanos mayores. En Ecuador, ingresó a la facultad de química de la Universidad de Quito, pero decidió trasladarse a Chile durante el gobierno de Allende, como lo había hecho un tío poco antes. Tras el golpe militar, se asiló en la embajada de Panamá por más de un mes.

“Mi padre viajó a Santiago a ayudar a conseguir el salvoconducto para sacarlo del país. Viajó a Panamá, luego pasó a México y después a Cuba,” relata su hermano, Milton Ocampo.

Claudio Ocampo llegó a Cuba a fines de 1973 con su compañera chilena y una pequeña hija y al poco tiempo se incorporó a las tareas del partido.

“Juan era reconcentrado, trascendente, nada para él era banal, todo era importante. Era un gran conversador, desconfiado, con mucho compromiso con la causa, con el partido, con una visión de la revolución quizás más integradora. No hablaba de su historia personal ni de su país de origen. No aceptaba la posibilidad de la deslealtad. Eso lo hacía potente en el grupo, y un buen cuadro militar,” dice Enérico García, su jefe político en La Habana.

Tras un año en escuelas cubanas, en diciembre de 1974 el grupo comenzó a recibir formación de parte de instructores del MIR en las áreas de inteligencia, educación política, métodos conspirativos, documentación y fotografía, entre otras. Tenían jornadas completas de instrucción todos los días.

Continuaban con la formación propia, cuando en febrero de 1975 llegó a Cuba Enérico García, quien había estado preso en Chile después del golpe militar. Él se hizo cargo de continuar la tarea de preparar pequeños grupos para ingresar clandestinamente a Chile. Su ayudante en esa tarea era Juan Lara Muñoz. (NOTA AL PIE 5).

García era responsable de cuatro pequeños grupos que recibían instrucción especializada por área. “Patula” pasó a hacerse cargo del grupo de Documentación. Un segundo grupo se dedicó al área de Comunicaciones. La unidad encabezada por “Mauro” se especializó en Guerrilla Rural.

El cuarto grupo eran ex militantes socialistas que ya se encontraban en Cuba recibiendo instrucción militar al momento del golpe militar, y que en 1975 dejaron su partido para incorporarse al MIR. En esa transición, ellos participaban en una “micro-brigada”; vivían juntos y trabajaban en la construcción mientras se iban integrando a su nuevo partido.

Los cuatro grupos vivían compartimentados en distintas casas de La Habana. El grupo de “Mauro” vivía en una casa de color amarillo opaco en la calle 68, y por eso se le conocía como “la casa de la 68”. Tenían estricta prohibición de contactarse o frecuentar a otros chilenos en la isla. Vivían en el segundo piso de la casa y en el primero residía una familia cubana. Para esa época, Ocampo se había separado de su pareja chilena y Espinoza iniciaba una relación amorosa con una cubana, que se mantuvo hasta su salida a Argentina.

“El grupo que componía la casa 68 tenía las características que en general marcaban la joven militancia mirista de aquella época: un compromiso social a toda prueba, un afán de participación directa en las luchas populares, un compromiso en la búsqueda del hombre nuevo que pregonara el Che y no escatimar esfuerzo ni sacrificio en su militancia,” afirma Enérico García.

El desmantelamiento del MIR en Argentina

El “Pollo” Enríquez ingresó clandestinamente a Argentina en mayo de 1975. Ese mismo mes, fue detenido el “Trosko” Fuentes al entrar a Paraguay desde Argentina junto a Amílcar Santucho, hermano del máximo dirigente del PRT-ERP.

El arresto del “Trosko” Fuentes en Paraguay y su traslado a centros de tortura clandestinos en Chile cuatro meses más tarde marcó el inicio de las operaciones conjuntas de los servicios de seguridad de los países del Cono Sur conocido como la Operación Cóndor. En la captura de Fuentes y Santucho participaron efectivos de Argentina, Paraguay y Chile, y abrió una veta de información extraída bajo tortura por los servicios de inteligencia de los tres países que a la larga llevaría a la detección y posterior detención de prácticamente todo el contingente del MIR en Argentina.

Jorge Fuentes Alarcón fue detenido y bestialmente torturado en Paraguay hasta septiembre de 1975, cuando fue entregado a agentes de la DINA chilena, quienes lo trasladaron a Chile. Fue visto en el centro clandestino de Cuatro Álamos y después en Villa Grimaldi, desde donde desapareció en enero de 1976.

En los meses que siguieron el arresto del “Trosko” Fuentes en Paraguay fue aniquilada gran parte de la dirigencia rural de la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez, iniciando su declive. Durante el año y medio de esfuerzos por desarrollar ese foco guerrillero en Tucumán – en el que debían combatir los miristas que se preparaban en Cuba – murieron en combate media docena de chilenos: Rubén Estrada (“Sergio”), Jaime Miguel Vergara (“César”), “Luciano”, “Marcelo”, el sueco y militante del MIR chileno, Dag Arne Runing (“Julio”) y Domingo Villalobos Campo, conocido como el “Sargento Dago”.

Mucho antes del golpe militar del 24 de marzo de 1976 en Argentina, ya estaba operando la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) y se libraba una guerra sucia subterránea en contra de la izquierda en ese país. “La situación era extremadamente frágil. El MIR prácticamente no tenía aparato en Argentina y recién a comienzos de 1976 se estaba montando uno,” afirma Andrés Pascal.

Fue en ese contexto en que la dirigencia del MIR en La Habana aceleró los preparativos para enviar combatientes a colaborar con la JCR.

Enérico García debía ser uno de los primeros en viajar a Argentina para, junto con el “Pollo” Enríquez, preparar el ingreso de los demás y el posterior traslado clandestino a Chile. Pero él mismo advirtió a la jefatura del MIR de que no estaban las condiciones para garantizar la seguridad de los grupos una vez en Argentina.

Sin embargo, el encargado del Comité Exterior del MIR en Cuba, Manuel Cabieses, aseguraba que la situación estaba controlada, porque así le estaba informando Edgardo Enríquez desde Argentina. El segundo de Enríquez en Buenos Aires era el argentino Patricio Biedma Schadewaldt (“Nico”), quien se había incorporado al MIR en Chile, donde vivía desde 1968; Biedma había regresado a Argentina después del golpe militar en Chile.

La dirigencia del MIR en Cuba decidió que partiera el primer grupo, el de la casa de la 68 y García se quedó en La Habana. Los miembros del grupo liderado por “Mauro” salieron de La Habana de manera escalonada a partir de diciembre de 1975, llegando a Argentina algunas semanas después. Todos iban con identidades y pasaportes falsos de distintas nacionalidades y pasaron por Praga y otras ciudades de Europa antes de llegar a París. Ahí recibieron su misión, itinerario, contactos en Argentina y las últimas instrucciones del partido.

Espinoza fue el primero en salir en diciembre de 1975. Lo siguieron ese mismo mes Jorge Vercelotti, Claudio Ocampo y Miguel Orellana. En febrero de 1976 salió Heriberto Leal y en marzo, Homero Tobar. Los primeros llegaron a Argentina en febrero de 1976.

Antes de partir, y como era la costumbre, cada uno dejó escrita una carta a su familia que el MIR debía entregar en caso de muerte. Sólo la familia de Vercelotti la recibió, muy poco después.

Mientras los militantes de la “casa de la 68” se establecían en Argentina, en marzo de 1976, por diferencias políticas con el partido, García fue expulsado del MIR y se trasladó a la ciudad cubana de Santa Clara. No regresaría a La Habana ni al MIR hasta 1978, por lo que nunca pudo hacer seguimiento del grupo que había tenido a su cargo. Sólo en 1978 se enteró de que todos habían muerto o desaparecido; los primeros dos a las pocas semanas de haber ingresado clandestinamente a Argentina.

Muertos por la Triple A

El plan para el grupo encabezado por “Mauro” era ganar experiencia combativa junto al PRT-ERP en la guerrilla rural en Tucumán, fortalecer a la JCR y establecer una retaguardia en Argentina para el eventual ingreso clandestino a Chile. Esa etapa no debía extenderse más de seis meses. Originalmente, debían integrarse a la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez, pero a esas alturas, la compañía estaba prácticamente desarticulada y el PRT-ERP había sido infiltrado y estaba siendo duramente perseguido. Por lo tanto, a pesar de su especialización en guerrilla rural, los seis debieron integrarse a grupos operativos urbanos del PRT-ERP en distintas zonas de Buenos Aires y otras ciudades.

Al llegar a Argentina a principios de 1976, algunos de ellos se quedaron un tiempo en una casa de seguridad de la JCR en Del Viso, en el norte de la provincia de Buenos Aires, donde vivía el matrimonio argentino compuesto por Osvaldo Bartolini y Susana Gabelli. A esa casa también había llegado en diciembre de 1975 desde la Compañía de Monte la militante del ERP Susana Islas. De a poco, se irían distribuyendo en distintas tareas y casas de seguridad del PRT.

A mediados de marzo de 1976, sólo Jorge Vercelotti, Claudio Ocampo y Susana Islas permanecían en la casa de Del Viso, junto con la pareja argentina. Desde ahí fueron secuestrados todos menos Susana Islas el 18 de marzo. Islas logró sobrevivir porque llegó más tarde a casa.

Los cuerpos de Bartolini y Gabelli fueron hallados el 20 de marzo de 1976 lejos del sector.

Vercelotti y Ocampo fueron encontrados al día siguiente en la vía pública en Ciudadela, en las afueras de Buenos Aires. De acuerdo al expediente judicial de la época, Vercelotti estaba totalmente desnudo y Ocampo se encontraba sólo con pantalón. Ambos estaban vendados y amordazados, y en sus espaldas les habían pegado con tela adhesiva los pasaportes falsos con los que habían ingresado al país. Al interior de ambos pasaportes se encontraron tres papeles idénticos. Uno decía “Junta Coordinadora Revolucionaria – ELN – MIR – ERP – MLN”, el segundo decía “MIR”, y el tercero era un volante titulado “Comando General, 3 AAA, Parte de Guerra nº 1”.

 

No tenían heridas de bala. Las autopsias a sus cuerpos dieron cuenta de golpes y torturas y que habían sido asfixiados con aceite; en ambos casos la causa de muerte fue un “paro cardio-respiratorio de origen traumático”.

El hallazgo de sus cadáveres fue informado al día siguiente en el diario La Nación de Argentina, que habló de un “enfrentamiento”. Ambas familias se enteraron de sus muertes por medio de cartas enviadas por el Comité Exterior del MIR. En el caso de Ocampo, el sobre dirigido a su padre sólo contenía una copia del recorte de diario La Nación. Sin embargo, el padre no pudo viajar a Buenos Aires a recuperar el cuerpo porque dos meses antes había caído preso en Asunción otro de sus hijos, Luis Ocampo, de 17 años, acusado de participar en un supuesto grupo armado de casi nula existencia en su país. A Claudio lo buscaron un tío y su madre pero nunca lograron encontrar sus restos.

De acuerdo a Federico Tatter, dirigente de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos de Paraguay, cuando Luis Ocampo salió de prisión a principios de abril de 1976, viajó a Argentina en busca de su hermano. En esa tarea contó con la colaboración del Servicio Paz y Justicia (SERPAJ) y particularmente de su director, el escritor argentino y Premio Nobel de la Paz 1980, Adolfo Pérez Esquivel. Pero Luis, hoy fallecido, tampoco pudo dar con su hermano mayor.

La familia Vercelotti recibió una carta similar del MIR con el recorte de diario y además. También se incluía la carta que Jorge había escrito a su familia en Cuba antes de partir. Sin embargo, la familia no buscó sus restos ni denunció su muerte. El padre de familia, militar en retiro, impuso el silencio.

“La familia no pudo hacer nada para saber lo que había sucedido con Jorge por temor a las represalias. Pasaron años en que vivimos sólo con el dolor de haberlo perdido y con el silencio que mi padre pidió para proteger al resto de la familia. Silencio con el que nadie estuvo de acuerdo, pero que acatamos,” señala Celia Vercelotti, hermana de Jorge.

En 2005, tras la muerte del padre, Celia comenzó el largo y doloroso proceso de búsqueda de la verdad y de los restos de su hermano. Partió enviando una solicitud general de información por Internet. Tres años más tarde, le llegó un email del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).

La identificación de Ocampo y Vercelotti fue posible hace pocos años gracias a que en la época, la policía hizo un levantamiento fotográfico de los cuerpos y de sus pasaportes y tomó las huellas dactilares de quienes aparecían –según sus pasaportes falsos- como el ciudadano salvadoreño David Linares Cortez (Ocampo) y el ecuatoriano Pedro Quintana Vargas (Vercelotti).

En 1990, un ex miembro del EAAF que trabajaba en Amnistía Internacional en Londres entregó al equipo forense información sobre un militante del MIR chileno de nacionalidad paraguaya de apellido Ocampo que había sido secuestrado por un comando de ultraderecha en Buenos Aires. El EAAF ya conocía el caso de los dos cuerpos encontrados en Ciudadela en 1976, pero las muestras dactilares que se habían tomado a los cadáveres no coincidían con los registros dactilares que tenían de los desaparecidos argentinos. Recién en 2005 la EAAF pudo contar con la colaboración del gobierno de Paraguay a través de la Comisión de Verdad y Justicia creada en ese país.

“Con esa Comisión intercambiamos información sobre los ciudadanos paraguayos desaparecidos en Argentina y le solicitamos ayuda para la búsqueda de las huellas dactilares de Ocampo. Paralelamente, nos enteramos de la carta que envió Celia Vercelotti a la Secretaría de Derechos Humanos de Argentina en la que adjuntaba la carta del MIR sobre el asesinato en Ciudadela, mencionando el detalle de los pasaportes pegados a la espalda. No había mucho que deducir. Pedimos las huellas de Vercelotti al gobierno chileno. En ambos casos las pericias fueron positivas,” explica Daniel Bustamante, investigador del EAAF.

La identidad de Ocampo fue confirmada en 2008; la de Vercelotti en 2009.

Ambos habían sido enterrados en marzo de 1976 con los nombres falsos que aparecían en sus pasaportes en nichos separados del cementerio de la ciudad de Morón, en Ciudadela. Ocho años después, sus restos –aún con las identidades falsas- fueron trasladados a una fosa común, por lo que hoy es imposible individualizarlos para su exhumación y repatriación.

Aún no se ha logrado identificar y localizar a la hija que Ocampo tenía con su pareja chilena para entregarle antecedentes de su padre. Hoy ella tendría alrededor de 42 años.

La desaparición de “Mauro”

Días después de la muerte de Vercelotti y Ocampo y poco después de la llegada de Homero Tobar a Argentina, se concretó el muy anunciado golpe de Estado en contra del gobierno de Isabel Perón, el 24 de marzo de 1976.

El 10 de abril, fue secuestrado el encargado del MIR en Argentina y representante ante la JCR, Edgardo Enríquez. En 2009, el EAAF pudo confirmar su muerte, al descubrir sus huellas dactilares y una fotografía de su cuerpo en los archivos del Hospital Pirovano de Buenos Aires; sin embargo, no se ha logrado recuperar su cuerpo y continúa desaparecido.

Patricio Biedma (“Nico”) asumió las responsabilidades del “Pollo” Enríquez en Argentina.

Durante la primera mitad de 1976, en Argentina fueron secuestrados y desaparecidos media docena de chilenos, entre ellos Nelson Cabello Pérez y Frida Laschan Mellado (NOTA AL PIE 6) (ambos en abril 1976, Buenos Aires), los jóvenes socialistas Juan Hernández Zaspe, Manuel Tamayo Martínez y Luis Muñoz Velásquez (abril 1976, Mendoza) y Óscar Urra Ferrarese (mayo 1976, Buenos Aires). Les seguirían Luis Elgueta Díaz y María Cecilia Magnet Ferrero (ambos en julio 1976, Buenos Aires), José Francisco Pichulmán Alcapán (agosto 1976, Neuquén), Rachel Venegas Illanes (septiembre 1976, Buenos Aires) y María Eliana Acosta Velasco (septiembre 1976, La Plata), entre otros.

No obstante, a pesar del golpe de Estado, la aguda situación represiva y la desaparición del “Pollo” Enríquez, entre abril y mayo de 1976 llegaron a ese país los primeros dos integrantes del segundo grupo enviado por el MIR desde Cuba, especialistas en Comunicaciones. Sin embargo, fueron alertados por el propio PRT de los serios problemas de seguridad y las dificultades que tendrían para mantenerlos a salvo en el país, por lo que retornaron a Cuba un par de meses más tarde. Los dos eventualmente ingresaron clandestinamente a Chile.

El tercer grupo, especializado en Documentación, se quedó en La Habana, salvo un integrante que ingresó a Chile. El cuarto grupo, el de los ex socialistas, comenzó su ingreso a Chile a partir de febrero-marzo 1976. Varios de ellos no sobrevivieron.

Mientras, “Mauro” había pasado a integrar la Columna Norte del PRT-ERP en Buenos Aires y durante varios meses de 1976 vivió en casa de una compañera del PRT, María del Carmen Castro (“Nora”), con quien debió recorrer toda la zona norte y oeste del Gran Buenos Aires para familiarizarse.

“Recuerdo que Mauro llegó a la Argentina con un bolso Samsonite, que en ese momento era lo mejor. Traía dólares y unas pocas cosas, uno o dos jeans, una camisa que recuerdo era celeste a cuadritos, una toalla chica, una pasta de los dientes y un cepillo, todo comprado en Francia,” dice Castro.

En mayo de 1976, aproximadamente, “Mauro” se trasladó a la casa del matrimonio argentino compuesto por Ricardo Luis Iwanski (“Quico”) y Rosa Delia Cabot (“Blanca”), quien se encontraba embarazada, y el hijo de ambos de dos años. A partir de entonces, “Mauro” comenzó a participar en acciones operativas urbanas del PRT-ERP, utilizando también el nombre político “Santiago”.

A mediados de junio de 1976, “Mauro” se salvó de ser detenido. Militares habían llegado a la casa de Iwanski a detener a todo el grupo, pero solo Cabot fue secuestrada. Hoy se encuentra desaparecida. “Mauro”, Iwanski y un argentino de nombre político “Claudio” lograron escapar en esa oportunidad, afirma Castro.

Un mes más tarde, fue secuestrado Iwanski. También permanece desaparecido. “Claudio” sobrevivió.

“A mediados de junio, más o menos, Mauro fue un domingo a casa y lo vi cansado. De repente había dejado de ser el Mauro alegre que yo conocía. Le dijo a mi mamá que por donde él vivía había nogales y que la próxima vez que viniera le iba a traer nueces. Llegó agosto y Mauro no vino. Mi mamá me preguntó por él y yo le dije que tenía mucho trabajo. Pero yo suponía lo peor,” recuerda Castro.

Entre junio y agosto de 1976, el Ejército ya había virtualmente aniquilado a la guerrilla del ERP y desbaratado a numerosas células del PRT, secuestrando a unos 200 militantes. En ese contexto fue detenido “Mauro” en julio de 1976.

En ese periodo también caía detenido Biedma, aunque no está claro si “Mauro” y Biedma fueron detenidos al mismo tiempo.

De acuerdo a un prisionero sobreviviente del centro clandestino Automotores Orletti operado por el Servicio de Inteligencia del Ejército argentino (SIDE) en Buenos Aires, cuando fue llevado ahí el 23 de agosto de 1976, Biedma ya llevaba bastantes días en el lugar. “Mauro” llegó después, en septiembre. “Apenas estuvo ‘Mauro’ en nuestra celda se puso a charlar con ‘Nico’; era evidente que se conocían,” afirmó.

Este testigo, quien pidió reserva de su nombre, compartió celda con Biedma y “Mauro”. Biedma, dice, le contó que había sido detenido por casualidad y que por varios días pudo ocultar su identidad de sus captores debido a los documentos falsos que portaba. No está claro si Biedma pasó por otro centro de detención antes de Orletti, pero cree que “Mauro” sí estuvo en otro lugar antes de Orletti.

Los guardias tenían un trato diferenciado con Biedma, cuenta su compañero de celda: “Era un trato respetuoso hacia él, como de reconocimiento a un enemigo digno. ‘Nico’ destacaba de todo nosotros por su aplomo, un carácter muy templado. Lo vi sonreír -que no era fácil allí-, ayudar a los demás, y hasta me enseñó cantando bajito una canción chilena muy conocida, ‘Arriba en la cordillera’. En los 45 días que permanecí allí, fue el único al que le permitieron en una oportunidad darse una ducha.”

Los tres compartieron celda en la planta alta de Orletti junto con otros secuestrados cuyo número variaba según las detenciones y traslados. En los primeros días de octubre, llegaron a esa celda una docena de uruguayos. “Todos estábamos vendados y esposados, y algunos con grilletes en los tobillos,” relata este testigo. “La puerta metálica era muy ruidosa y eso nos alertaba cuando entraban a nuestra celda, y cuando sabíamos que estábamos solos nos bajábamos las vendas y así podíamos vernos y charlar en voz baja. Nos iluminaba todo el día una lamparita eléctrica que estaba muy alta. Había colchonetas en el suelo y en ellas nos sentábamos o dormíamos. Los alimentos eran muy escasos. No había forma de asearse y nos sacaban a un baño con un inodoro situado en un patio o terraza. En la celda había un balde para orinar. Ni lastimados ni heridos recibían atención médica, ni siquiera un compañero herido de bala en una pierna. Con frecuencia ponían música a volumen muy alto, y no sólo cuando torturaban.

Según este ex prisionero argentino, cuyo testimonio ante la comisión de verdad en Argentina fue clave para saber de la existencia de “Mauro” en Orletti, a ese centro de tortura llegaban oficiales de otros países del Cono Sur a interrogar a sus connacionales. Automotores Orletti se convirtió en la base de la Operación Cóndor en Argentina.

“Me consta que ‘Nico’ fue interrogado por chilenos porque él mismo me lo dijo, concretamente que eran agentes de la DINA. Creo que ‘Mauro’ no fue torturado en Orletti porque ya lo habían torturado en otro centro, pero sí lo interrogaron en Orletti los mismos agentes chilenos. Calculo que para eso lo habrán llevado allí. ‘Mauro’ me dijo que le imputaban la muerte de dos policías de la provincia de Buenos Aires,” afirma el testigo.

Un cable de la CÍA fechado el 22 de septiembre de 1976, titulado “Argentina-Cuba: ¿Apoyo de Castro para la Subversión Local?”, obtenido por el periodista John Dinges y publicado en su libro sobre la Operación Cóndor, da cuenta de la íntima relación que tenían los servicios de inteligencia argentinos y estadounidenses. El documento transmite los detalles del interrogatorio a Patricio Biedma y “Mauro” dentro del centro de torturas poco después de sucedido. El cable señala:

“Las fuerzas de seguridad argentinas capturaron a Patricio Biedma y Mario Espinosa, chilenos que han trabajado desde algún tiempo por la causa terrorista en Argentina. Biedma dice que era el jefe del MIR de Chile en Argentina, y el delegado del grupo a la Junta Coordinadora Revolucionaria (JCR), una coalición de organizaciones terroristas regional. Espinosa también dice ser miembro del MIR y más recientemente, combatiente del Ejército Revolucionario del Pueblo de Argentina (ERP).
Biedma dice que se reunía frecuentemente con un oficial de la Embajada de Cuba en Buenos Aires que ‘regularmente’ entregaba fondos para la JCR así como también al ERP y los Montoneros. [SE TACHAN CUATRO LÍNEAS DEL CABLE]
…Espinosa también afirma que la embajada cubana entrega fondos a izquierdistas argentinos, y que él mismo recibió instrucción en Cuba, y que luego fue introducido al ERP por un contacto cubano en Argentina.”

El ex prisionero político permaneció en Automotores Orletti hasta el 7 de octubre de 1976. Cuando fue liberado, en la celda sólo quedaban Biedma y “Mauro”. Orletti fue cerrado un mes más tarde. Biedma está desaparecido.

El prisionero sobreviviente de Orletti identificó positivamente la fotografía de Mario Espinoza Barahona como correspondiente a su compañero de celda, “Mauro”. Enérico García también reconoció a Mario Espinoza como “Mauro”, el jefe del grupo en instrucción militar en La Habana.

A pesar de que el cable de la CIA identifica correctamente a “Mauro” como Mario Espinoza, por muchos años se pensó que “Mauro” era un hermano de Elmo Catalán. La confusión se debió, al parecer, a una información distorsionada que llegó a Argentina. Daniel Bustamante, investigador del EAAF, dice que el equipo forense fue informado de declaraciones prestadas por Enérico García y Juan Saavedra ante la Comisión Rettig respecto de la desaparición de Heriberto Leal en las que afirmaban que dentro del grupo de chilenos en Cuba había uno de Arica, de nombre político “Mauro”, y que era hermano de Elmo Catalán.

Sin embargo, García asegura que lo que él relató a la Comisión Rettig fue una reunión a la que fue citado en 1990 por un abogado de la Vicaria de la Solidaridad -cuyo nombre no recuerda- que quería confirmar una información: un conscripto argentino había dicho que se había encontrado un cadáver en la cordillera por el lado argentino que correspondía a un militante del MIR de nombre Mauro, de Arica.

“Yo conté eso en mi declaración, transmitiendo la información del abogado. Yo no tenía ninguna información sobre un cuerpo en la cordillera, pero siempre tuve perfectamente claro que ‘Ricardo’ era el hermano de Catalán, no ‘Mauro’. Lo que nunca supe hasta muchos años después fueron sus nombres verdaderos,” afirma García.

La versión equivocada de que “Mauro” podría ser hermano de Elmo Catalán se diseminó entre investigadores y la comunidad de derechos humanos y contribuyó a ella el hecho de que tanto Espinoza como Tobar eran de Arica. Sin embargo, aunque la distorsionada información despistó a quiénes buscaban la verdadera identidad de “Mauro”, sirvió para descubrir a otro detenido-desaparecido que ni siquiera estaba en los radares de los organismos de derechos humanos de Chile o Argentina: el medio hermano de Elmo Catalán, Homero Tobar.

Una desaparición sin rastro

La desaparición de Homero Tobar (“Ricardo”) en Argentina es un total enigma. No existe información fidedigna ni han surgido testigos o alguna evidencia de su eventual detención, prisión o muerte. Al momento, nadie lo ha reconocido en fotos. Sin embargo, existe la posibilidad de que haya estado en Río Negro.

En los primeros meses de 1976, cuando Tobar estaba recién llegado a Argentina, le envió a su novia Miriam una segunda carta. En ella le contaba que estaba en Río Negro y que estaba trabajando. Fue la última vez que la familia Catalán supo de Homero Tobar.

El nombre verdadero de Homero Tobar Avilés figura en un documento de la Comisión Asesora de Antecedentes (CAA) de la Secretaría de Inteligencia de Estado al que esta autora tuvo acceso sobre el chileno Hugo Inostroza Arroyo, ex militante del ERP asentado en la zona de Neuquén con su familia desde hacía años.

Según este documento de la CAA, Grupo de Tareas 1, Inostroza actuaba como el “responsable militar del ERP en las provincias de Neuquén y Río Negro”, y sus “contactos en el MIR” en 1976 eran Lorenzo Homero Tobar Avilés (“Ricardo”) y José Luis Appel de la Cruz (“Claudio”), citándolos con sus nombres verdaderos completos y sus chapas políticas. Appel de la Cruz desapareció en Neuquén en enero de 1977.

Consultado Inostroza al respecto, dijo no conocer a Homero Tobar y tampoco lo reconoció en una fotografía.

Según la versión de la familia Catalán, años después de la salida de Tobar de Chile en octubre de 1973, su madre recibió una llamada desde Argentina comunicándole que su hijo estaba muerto. Después, en la década de los ochenta, una pariente le contó a la familia que según su esposo, quien era detective, Tobar ya había muerto, pero se negó a entregar alguna información adicional. No ha sido posible contactar a esta pariente o su marido para ratificar esta información.

Otra versión que circula en la familia Catalán es la de una prima hermana de Homero, Carmen Segovia Avilés. Mientras trabajaba en la Comisión de Derechos Humanos de Arica, dijo, en 1984 aproximadamente se enteró de que su primo era un detenido-desaparecido y que al parecer, había muerto en la frontera de Chile con Argentina.

“Supe que Homero había ingresado a Chile a la altura de Los Andes con un par de compañeros más y el padre Roco, en Quilpué, le dio refugio. Estuvo cerca de dos días en Quilpué, y luego regresó a Argentina a buscar a más compañeros para ingresarlos a Chile. Ahí dicen que fue abatido, pero no está claro,” dijo Segovia. Esta versión no ha podido ser confirmada pero coincide en algún grado con la información entregada por el abogado de la Vicaría de la Solidaridad a Enérico García en 1990.

Las cartas que nunca llegaron

Las familias de Homero Tobar y Mario Espinoza nunca denunciaron su desaparición porque jamás fueron informadas por el MIR u otras personas de que ellos podrían haber sido secuestrados o que se encontraban desaparecidos.

Antes de partir de Cuba hacia Argentina, cada militante llenó una ficha con sus datos personales, se les tomó una fotografía y se les pidió escribir una carta de despedida a su familia. El MIR debía enviar estas cartas a sus familias en caso de muerte.

Las familias de Mario Espinoza y Homero Tobar no recibieron esas cartas – no está claro porqué. Aunque no había constancia de sus muertes y el MIR en Argentina estaba prácticamente desmantelado, alguien en el partido tendría que haberse enterado de su desaparición. Alguien tendría que haberlo informado.

Esas cartas, junto con las fichas y fotografías de todos ellos, las guardó por muchos años un dirigente del MIR en La Habana, que aún vive en Cuba. Consultado a través de terceros en 2009, señaló que ya no las tenía en su poder. Según Enérico García, esos documentos, así como todo el archivo del MIR en La Habana está ahora en manos del gobierno cubano. Los esfuerzos por recuperarlos han sido infructuosos.

“Cuando el MIR se dividió en la segunda mitad de los ochenta, hubo disputas entre las diferentes corrientes respecto de la posesión de los archivos del MIR que estaban en Cuba. Según me contó un miembro de la dirección del partido a fines de los noventa cuando reclamé las cartas de estos muchachos, frente a esas disputas intervino el gobierno cubano y se quedó con todo el archivo. Los cubanos dijeron que entregarían los archivos si los representantes de las distintas corrientes del MIR se ponían de acuerdo. Y hasta ahí llegamos,” afirma García.

Notas:
1 John Dinges, “The Condor Years”, The New Press, New York, 2004.
2 Jorge Vercelotti nació como Jorge Machuca, que era el apellido materno del padre. A mediados de los setenta, su padre rectificó su apellido y quedó como Jorge Vercelotti. Él nunca se enteró de esa rectificación.
3 “Manuel” pidió reserva de su nombre verdadero.
4 No está claro si ese dinero llegó efectivamente a manos del MIR. María Seoane, “Todo o Nada”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1991, pp. 215-216.
5 Juan Lara murió el 12 de septiembre de 1981 tras recibir un disparo accidental durante la retirada de una operación del MIR en Santiago.
6 Frida Laschan y su marido, el argentino Ángel Athanasiu Jara, fueron secuestrados junto a su hijo de casi seis meses, Pablo. El bebé fue entregado a una familia argentina y su verdadera identidad restituida en agosto de 2013.

La hija de uno de los peores torturadores argentinos: “Es un monstruo, lo repudio”

La hija de uno de los peores torturadores argentinos: “Es un monstruo, lo repudio”

Mariana D., hija de Miguel Etchecolatz, cuenta a la revista Anfibia cómo fue su infancia junto al represor

Mariana D., hija de Miguel Etchecolatz, cuando era una niña.
Mariana D., hija de Miguel Etchecolatz, cuando era una niña. FEDERICO COSSO ANFIBIA

Miguel Etchecolatz tiene 88 años y está preso. La justicia lo condenó a cuatro reclusiones perpetuas por tormentos, secuestros, homicidios y falsificación de identidad, delitos de lesa humanidad que cometió cuando era el jefe de los 21 centros de detención ilegal que la dictadura argentina tuvo en la provincia de Buenos Aires.

El 9 de mayo pasado, Etchecolatz pidió que se le aplique el 2 por 1, un beneficio pensado para delitos comunes que la Corte Suprema decidió extender también a los represores. El fallo causó tanta indignación que el Congreso demoró menos de 48 horas en redactar y aprobar una ley que le pone límites, con el voto de los diputados y senadores de todos los partidos políticos. El miércoles 10, con la ley recién aprobada, decenas de miles de personas marcharon a la Plaza de Mayo para repudiar a la Corte y contra la impunidad. Entre la multitud estuvo Mariana D., de 46 años, hija de Etchecolatz.

La revista Anfibia publicó una larga entrevista donde la mujer relató cómo fue vivir con un “ser infame” y “sin escrúpulos” que le producía terror.

Mariana D. se cambió el apellido hace un año y prefiere resguardar el nuevo. Es psicóloga y profesora en una universidad privada. Es la única de la familia Etchecolatz que se ha quedado en Buenos Aires, resistiendo la carga de su apellido y el peso de la memoria. La del miércoles fue su primera marcha por los derechos humanos, una escena que siempre evitó por miedo a no poder resistir. Ahora está convencida de que su padre merece morir en la cárcel y decidió contar su historia. Etchecolatz es un símbolo de la represión ilegal en Argentina, a la altura del dictador Jorge Rafael Videla o el marino Alfredo Astiz. Fue el segundo de la policía de Buenos Aires durante la dictadura y tuvo a su cargo los centros clandestinos donde se torturaba y asesinaba a los detenidos.

Mariana D. en su casa de Buenos Aires
Mariana D. en su casa de Buenos AiresFEDERICO COSSO ANFIBIA

En 1986 fue condenado a 23 años de cárcel por 91 casos de tormentos, pero quedó libre por las leyes del perdón votadas durante el gobierno de Raúl Alfonsín (1983-1989). En 2003 esas normas fueron derogadas y Etchecolatz fue de los primeros represores en volver a la cárcel. Siempre desafiante, nunca se ocultó a los medios, donde hacia alarde de su violencia y defendía la represión. La fama de Etchecolatz fue una tortura para sus hijos, que padecieron el apellido como una condena.

El periodista Juan Manuel Mannarino cuenta en Anfibia que “Etchecolatz era una presencia fantasmagórica en su casa de Avellaneda”, en las afueras de Buenos Aires, donde Mariana y sus dos hermanos varones sólo lo veían los fines de semana. “De lunes a viernes, el padre conducía el aparato represivo. Daba órdenes para secuestrar personas, torturarlas, asesinarlas. Los sábados y domingos Etchecolatz casi no hablaba. Se la pasaba echado en una cama mirando televisión. Cada tanto emitía un silbido: había que llevarle rápido un vaso de agua mineral fresca con gas. Si algo no le gustaba, Etchecolatz les pegaba unos bifes [golpes] con la palma abierta a sus hijos”. En 2014, en el texto que presentó ante el juez para obtener el cambio de apellido, Mariana resumió lo que sentía por su padre: “Horror, vergüenza y dolor”. “No hay ni ha habido nada que nos una, y he decidido con esta solicitud ponerle punto final al gran peso que para mí significa arrastrar un apellido teñido de sangre y horror (…) Mi ideología y mis conductas fueron y son absoluta y decididamente opuestas a las suyas. Porque nada emparenta mi ser a este genocida”, escribió.

Mariana D cuando era una bebé, en brazos de su padre.
Mariana D cuando era una bebé, en brazos de su padre. FEDERICO COSSO ANFIBIA

“Todos nos liberamos de Etchecolatz después de que cayó preso por primera vez, allá por 1984. Su sola presencia infundía terror. Al monstruo lo conocimos desde chicos, no es que fue un papá dulce y luego se convirtió. Vivimos muchos años conociendo el horror. Y ya en la adolescencia duplicado, el de adentro y el de afuera. Por eso es que nosotros también fuimos víctimas. Ser la hija de este genocida me puso muchas trabas”, dice a Anfibia. Mariana tuvo una primera infancia feliz en la casa de sus abuelos maternos, pero cuando cumplió 8 años tuvo que mudarse con el resto de la familia a La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, desde donde Etchecoltaz coordinaba el aparato represivo. Ahí comenzó una vida errante entre colegios y casas que no duraban más de un año “por cuestiones de seguridad”. Sus amigos eran hijos de otros represores, como Ramón Camps, el jefe de su padre, padrino del hermano menor de Mariana. La mujer recuerda el día del bautismo de aquel niño, el traslado en cinco autos distintos para no ser identificados y el accidente con un arma automática que le costó la vida a uno de los custodios. Etchecolatz constató la muerte de su subordinado y siguió como si nada hubiese pasado.

Miguel Etchecolatz en una foto familiar.
Miguel Etchecolatz en una foto familiar. FEDERICO COSSO ANFIBIA

“Nunca lo vi sufrir. Ni siquiera cuando una vez le pusieron una bomba en la jefatura de policía y le habían roto el oído. En el hospital seguía dando órdenes como un autómata”, dice Mariana, quien recuerda como rezaba para que padre encontrara la muerte, o el día que fue con él a ver La Historia Oficial, la película ganadora de un Oscar que cuenta las vivencias de un matrimonio que descubre que su niña adoptada es hija de desaparecidos. “No tengo dudas que fue un goce silencioso. El del perverso, que es el que más duele”, dice Mariana cuando han pasado más de 30 años de aquella tarde.

“¿Cómo te sentías cuando escuchabas su apellido en los medios?”, le pregunta el periodista. “Me invadía el terror. Me temo que aún sigue sosteniendo poder desde la cárcel, no es un ningún viejito enfermo, lo simula todo. Es un ser infame, no un loco, alguien a quien le importan más sus convicciones que los otros, alguien que se piensa sin fisuras, un narcisista malvado sin escrúpulos. Antes me hacía daño escuchar su nombre, pero ahora estoy entera, liberada”. Por eso se ha animado a contar su historia. “Lo único que quiero expresar ante la sociedad es el repudio a un padre genocida, repudio que estuvo siempre en mí”, dice.

Minuta de la CECT al Parlamento Chileno que deberá votar el proyecto de ley que instala el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura. Este planteamiento fue entregado por la CECT a la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados en la sesión del 05 de Julio de 2017.

La Comisión Ética contra la Tortura, viene trabajando este tema desde hace 16 años. Nuestro espíritu ha sido contribuir a la existencia de un Chile sin tortura; desgraciadamente muchas son las personas que han sido torturadas luego de recuperada la democracia y algunos de estos actos han tenido como consecuencia la muerte de quienes la han vivido.
En nuestra opinión el proyecto de ley que crea el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (MNPT), tiene falencias que deben ser superadas.

A la Memoria de Jhonny Cariqueo Yañez, 23 años, asesinado bajo torturas el 31 de marzo del año 2008, por Carabineros de Chile pertenecientes a la 26ª Comisaría de Pudahuel. Jhonny Cariqueo Yáñez había participado en una marcha en la plaza de la comuna, en homenaje a los hermanos Vergara, asesinados en dictadura. Los perpetradores gozan de impunidad.

La Comisión Ética contra la Tortura, viene trabajando este tema desde hace 16 años. Nuestro espíritu ha sido contribuir a la existencia de un Chile sin tortura; desgraciadamente muchas son las personas que han sido torturadas luego de recuperada la democracia y algunos de estos actos han tenido como consecuencia la muerte de quienes la han vivido.

En nuestra opinión el proyecto de ley que crea el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (MNPT), tiene falencias que deben ser superadas.

1.- El Mecanismo debe constituirse bajo los principios de Paris…

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VIOLENCIA SEXUAL CONTRA MUJERES EN DICTADURA

VIOLENCIA SEXUAL CONTRA MUJERES EN DICTADURA

Colegio de Periodistas

El establecimiento de la verdad sobre las violaciones a los derechos humanos ocurridas en la dictadura tiene un reconocimiento político y social amplio y relativamente transversal. Pero lamentablemente en una sociedad de profundas desigualdades en el ejercicio del poder y de una naturalización de la violencia contra las mujeres prácticamente intocable, el Estado, los actores políticos, los medios de comunicación y periodistas redundan en darle la espalda a esa verdad histórica cuando ella alude a la violencia particular que se ejerció (y ejerce) contra las mujeres.

El martes 13 de junio, en el programa Mentiras Verdaderas de La Red, el periodista Ignacio Franzani tuvo como entrevistada a Loreto Iturriaga, hija de Raúl Iturriaga Neumann, ex militar e integrante de la DINA, condenado por violaciones a los derechos humanos. El caso ha estado en agenda por el estado de salud del ex militar y por el uso que ha hecho su hija de las redes sociales para reclamar por las condiciones en que se encuentra su padre y banalizar la violencia sexual a la sobrevivieron decenas de mujeres en dictadura.

Iturriaga reiteró en varios momentos de la entrevista que la violencia sexual contra las mujeres, y “las violaciones cometidas con animales como perros y ratas”, son una falsedad, una mentira. Como Comisión de Género del Colegio de Periodistas es un imperativo ético recordarle a la opinión pública que la violencia sexual como un modo específico de tortura contra mujeres fue una práctica sistemática de la dictadura y que el periodismo no se puede ejercer de espalda a una verdad histórica registrada en los informes de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura conocida como Comisión Valech (por mencionar algunos testimonios escritos).

Es de toda justicia, empatía social y responsabilidad profesional denunciar que episodios como estos no pueden repetirse en el ejercicio del periodismo y en los medios de comunicación sin que exista un mínimo de cuestionamiento sobre la calidad de la información y la línea editorial del medio que prima en el desarrollo de esos contenidos. La verdad histórica de lo que sucedió con las mujeres en dictadura no puede ser entendida como un espectáculo mediático o como la puesta en escena de alguien con ánimos particulares de venganza. Lo mínimo que se le puede exigir a un periodista con palestra pública es que esté informado.

La violencia sexual contra las mujeres en dictadura fue sistemática y se aplicó en todas sus formas y en casi todos los centros de tortura (Villa Grimaldi, Londres 38, la “Venda Sexy”, la ex Colonia Dignidad, por mencionar algunos) en las comisarías, retenes, cuarteles, furgones, durante los allanamientos, en las propias casas de las mujeres. Donde fuese posible.

La violencia sexual se ejecutó a través de violaciones anales, vaginales y de manera oral. Por personas, usando objetos y animales. A través de tocaciones y amenazas de violación como una forma de infundir miedo. Desnudez y exposición forzada a los abusos sexuales contra otras personas para anular todo atisbo de dignidad.

Estas violaciones a los derechos humanos de las mujeres fueron masivas y ejecutadas por militares y civiles, contra mujeres de todas las edades y clases sociales. Sus cuerpos y sus vidas fueron parte de una estrategia de guerra, odio y temor y también como botines, como recompensas por el cumplimiento del deber.

Una vez más reiteramos que los medios de comunicación y sus profesionales deben trabajar sus informaciones y contenidos en marcos fundados en derechos humanos reconocidos internacionalmente. La violencia contra las mujeres es un continuo en democracia, guerra o conflictos políticos y armados. Adquiere diversas manifestaciones y formas. Se produce y reproduce en distintos espacios sociales. Pero en tiempos de conflicto, esas manifestaciones de violencia sobre las mujeres se exacerban, se tornan más crueles y perversas. Se ejercen con mayor grado de impunidad. Lamentablemente, no son nuevos actos de discriminación y violencia porque continúan siendo expresiones de dominación y subordinación histórica hacia las mujeres, dirigidas por grupos armados, la acción u omisión del Estado.

Junio 2017

Declaración Pública  Comisión de Género Colegio de Periodistas de Chile

Archivo Huelga de Hambre, CEPAL 1977

Archivo Huelga de Hambre, CEPAL 1977
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Anita Altamirano

Anita Florencia Altamirano Aravena Esposa de Juan Antonio Gianelli Company, profesor y dirigente comunista del sindicato único de la educación, desaparecido en su lugar de trabajo frente a testigos en la escuela de niñas nº24 …

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Ernestina Alvarado

Ernestina Alvarado Rivas Madre de Nalvia Rosa Mena Alvarado, quien fue militante de las Juventudes Comunistas y estaba embarazada con tres meses de gestación al momento de su detención junto a su esposo Luis Emilio …

Wilma Atoine

Wilma Antoine

Wilma Antoine Lazzerini Esposa de Horacio Cepeda Marinkovic Caso de los 13: Constructor civil de profesión, ex director de la empresa de transportes colectivos del estado y militante del partido comunista quien fue detenido el …

Monica Araya

María Mónica Araya

Maria Mónica Araya Flores Hija de Bernardo Araya y María Olga Flores Hija del matrimonio entre Barnardo Araya Zuleta, ex diputado por el partido comunista, además dirigente nacional de la CUT y Maria Olga flores …

Raquel Ardiles

Raquel Ardiles

Raquel Ardiles Tabilo Esposa de Victor Modesto Cardenas Valderrama: electricista, militante comunista desaparecido el 26 de agosto de 1976 a los 52 años, tras ser detenido en la vía pública por agentes del comando conjunto, …

Irma Areyano

Irma Arellano

Irma Arellano Hurtado Casada, con 3 hijos junto a Armando Portilla Portilla: operador mecánico, ex-director de Endesa y militante comunista, quien fue detenido el 9 de diciembre de 1976 en la vía pública por agentes …

Mercedes Arévalos

Mercedes Arévalo

Mercedes del Carmen Arevalo Pantoja Esposa de Miguel Nazal Quiroz Casada, con 4 hijos junto a Miguel Nazal Quiroz: miembro del comité central del partido comunista, ex-director de la CUT en Villarica.  detenido el 11 …

Caupolicán Cruz

Caupolicán Cruz

Caupolicán Cruz Díaz Hermano de Lisandro Tucapel Cruz Díaz: telegrafista, ex dirigente sindical de los trabajadores de la empresa Cementos Polpaico y militante del Partido Comunista, fue detenido a los 52 años de edad el …

Edith Díaz

Edith Díaz

Edith Díaz Bahamondes Cónyuge de Fernando Alfredo Navarro Allende Caso de los trece. Fernando Alfredo Navarro Allende, producido el Golpe Militar, comenzó a ser buscado para su detención; su hogar fue allanado en múltiples ocasiones por efectivos del …

Cecilia Escobar

Cecilia Escobar

Cecilia Escobar Cepeda Hermana de Elisa del Carmen Escobar Cepeda Caso conferencia Elisa del Carmen Escobar Cepeda, soltera, obrera, militante del Partido Comunista, fue detenida el día 6 de mayo de 1976 en una “ratonera” …

Ninfa Espinoza

Ninfa Espinoza

Ninfa Espinoza Fernández Hermana de Eliana Espinoza Fernández Caso conferencia Eliana Marina Espinoza Fernández, soltera, comerciante, militante del Partido Comunista, salió de su casa aproximadamente a las 17:30 hrs. del día 12 de mayo de …

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Carolina Gajardo

    Carolina Gajardo Carolina Gajardo tenía 23 años cuando fue convocada por las compañeras Ana González y Sola Sierra para participar en la huelga de hambre. Su esposo, Luis Emilio Maturana, había sido detenido …

Irene Godoy

Irene Godoy

Irene Godoy Godoy Esposa de Humberto Fuentes Humberto de las Nieves Fuentes Rodríguez, ex Regidor de la comuna de Renca, militante del Partido Comunista, fue detenido el día 4 de noviembre de 1975, por efectivos …

Ana González

Ana González

Ana González Nació en la ciudad de Tocopilla, el 27 de julio de 1925. Tempranamente se unió a las Juventudes Comunistas  donde conoció a su esposo Manuel Recabarren, quien se mantuvo activo en el Partido Comunista hasta el momento de …

Norma Matus

Norma Matus

Norma Matus González Madre de Carlos Alberto Carrasco Carlos Alberto Carrasco Matus, 21 años de edad, soltero, Cabo Segundo del Ejército, era estudiante de Instituto Comercial N°5, del cual había sido dirigente estudiantil, ex militante …

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María Estela Ortíz

  María Estela Ortiz, hija de Fernando Ortiz, desaparecido el 15 de diciembre de 1976, fue una de las organizadoras de la huelga de hambre. Ella junto a Sola Sierra y María Luisa Azocar, convocaron …

María Luisa Ortíz

María Luisa Ortíz

María LuisaOrtiz Hija de Juan Fernando Ortiz Letelier   María Luisa Ortiz, se desempeña como Jefa del Área de Colecciones e Investigación, Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. Es hija de Juan Fernando …

María Adriana Pablós

María Adriana Pablos

María Adriana Pablos Esposa de Carlos Contreras Maluje   El 2 de noviembre de 1976, Contreras Maluje, entonces de 29 años de edad, ex regidor de Concepción, y de profesión químico farmacéutico, fue detenido por agentes …

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Isolina Ramirez

Isolina Ramirez Esposa de Mario Zamorano Donoso Caso Conferencia : Mario Jaime Zamorano Donoso, casado, tres hijas, obrero marroquinero, miembro del Comité Central del Partido Comunista, fue detenido junto a un grupo de dirigentes de …

Violeta Reyes

Violeta Reyes

Violeta Reyes Pareja de José Enrique Corvalán Valencia José Enrique Corvalán Valencia, casado, 6 hijos, dirigente sindical, militante comunista, fue detenido por la DINA el 9 de agosto de 1976, alrededor de las 10 horas, …

Marta Rocco

Marta Rocco

Marta Rocco Esposa de Mario Juica Vega Mario Jesús Juica Vega, casado, 5 hijos, ex presidente de los obreros municipales de Renca, militante comunista, fue detenido por agentes de la DINA el 9 de agosto …

Max Santelices

Max Santelices

 Pablo Jose Maximiliano Santelices Tello   Esposo de Reinalda del Carmen Pereira caso de los 13 Reinalda, hija única, casada, embarazada de cinco meses de su primer hijo, tecnóloga médico, ex dirigente de la salud …

Sola Sierra

Sola Sierra

Sola Sierra Henríquez esposa de Waldo Ulises Pizarro Sola Sierra Henríquez nació en Santiago en 1935. Hija de Marcial y Ángela, sobreviviente de la Matanza de Santa María, quienes tenían una tradición familiar de militancia …

Tania Toro

María Tania Toro

María Tania Toro Hermana de Nicomedes Toro Bravo Nicomedes Toro, de 31 años de edad, soltero, obrero, era miembro de la Brigada Ramona Parra del Partido Comunista. Detenido el día 28 de julio de 1976 …

Aminta Traverso

Aminta Traverso

Aminta Traverso Bernaschina Esposa de Marcelo Concha Bascuñan, primo de Iván Sergio Insunza   Marcelo Concha Bascuñan tenía 30 años de edad, casado, padre de tres hijos, militante del Partido Comunista  y de profesión Ingeniero Agrónomo , …

Carmen Vivanco

Carmen Vivanco

Carmen Vivanco Esposa de Oscar Ramos Garrido, Madre de Oscar Ramos Vivanco, hermana de Hugo Vivanco Vega, cuñada de Alicia Herrera Benitez y tía de Nicolás Vivanco Herrera (hijo de Alicia Herrera )   “Me …

Museo de la Memoria. Exposición
 Lenguaje y archivo: Exploraciones performativas, visuales y sonoras del archivo Huelga de hambre en la CEPAL, 1977.
“La voz se sostiene en “la ley no escrita”. (Esta división es puesta vívidamente en escena en Antígona, con la distinción entre las leyes divinas no escritas y las leyes humanas de la polis.)Podríamos ver aquí un sucinto resumen de lo que Kant denominará,un par de milenios más tarde, la oposición entre moralidad y legalidad.Esta distinción depende de que se comprenda de cierta manera la división entre la voz y la letra,donde se concibe la moralidad como un asunto relativo a la voz y la legalidad como un asunto relativo a la letra.”Dolar, Mladen. Una voz y nada mas.1ª edición, Ediciones Manantial SRL., Buenos Aires, 2007.
Esta obra fue un proceso de investigación y creación colectiva[1] sobre la primera huelga de hambre de los familiares de los detenidos desaparecidos –CEPAL, 1977– a partir del archivo sobre la misma, depositado en el Museo de la Memoria y de la entrevistas a fuentes directas –testimonios de los participantes de la huelga de hambre–.
Contexto histórico
En 1977 familiares de detenidos desaparecidos inician una serie de acciones que marcaron el comienzo de una nueva etapa en la búsqueda de justicia para sus familiares víctimas de la dictadura. El 14 de junio de 1977 se inicia La huelga de hambre en la CEPAL[2] que duró 9 días, constituyéndose en la primera huelga de hambre de familiares de detenidos desaparecidos y la segunda huelga de hambre en dictadura.[3]
La huelga de hambre en la CEPAL, dispuso de los cuerpos en colectivo para la resistencia del mismo como protesta ante la violencia del Estado, exigiendo una respuesta sobre el paradero de sus familiares desaparecidos: 24 mujeres y 2 hombres iniciaron la huelga de hambre con el lema “mi vida por la verdad. En la Sede de la CEPAL de Santiago, desplegaron un lienzo de diez metros de largo que proclamaba: “Por la paz, por la vida, por la libertad, los encontraremos”[4] . Y aseguraron que no saldrían de ahí hasta que Pinochet se comprometiera a responder por los desaparecidos.Esta huelga se produjo en pleno funcionamiento de la DINA y a casi seis meses de la detención y desaparición del Comité Central del Partido Comunista en clandestinidad –ocurrido en diciembre de 1976– , los familiares buscaban a sus parientes vivos.
La importancia de esta Huelga radica en varias acciones y consecuencias hasta ese momento inéditas en la lucha contra la dictadura:– Da a conocer a nivel global lo que estaba pasando en Chile en relación la violación sistemática de los derechos humanos y en especial el caso de los detenidos desaparecidos.
Hubo un intercambio de información que logró ser publicado por los medios en Chile debido a la presión que fue ejercida desde el exterior, esto debido a la condición internacional de la CEPAL y al aparato montado por los ayudistas de la huelga que activaron huelgas de hambre en otras sedes de la CEPAL, por ejemplo en México.– Entregó una clara señal a la dictadura de que el Partido Comunista no había sido exterminado, reactivando los sistemas de operación clandestinos y públicos del Partido bajo las acciones de los denominados un-dos-tres los cuales habían sido fuertemente golpeados por la detención y desaparición del Comité Central.
María Estela Ortiz se refiere a esta estructura:“Trabajamos con gente que jugó un rol determinante para que pudiéramos entrar, otra gente que jugó un rol determinante para hacer los chequeos de salud de todo tipo, con electrocardiograma, con todo y trabajamos en la clandestinidad, osea, todo fue fuera de la Vicaría, nos juntábamos en otros lugares, sabíamos sólo las personas que estábamos en el un,dos, tres.Un dos tres le decíamos en la época de dictadura a los equipos que dirigíamos– porque éramos tres personas, éramos nosotros tres donde cada uno tenía una responsabilidad”. ( Extracto de entrevista a Estela Ortiz )–
Instaló inéditas operaciones de despliegue organizado mediante la  utilización de diversos medios de publicación, preparación de la huelga ­–chequeos médicos, coartadas para ingresar a la CEPAL, cambios de vestimenta, peluquería, sistema de parejas para ingresar, puntos de encuentro, lo que debían llevar a la huelga, etcétera–  y la vinculación con organizaciones internacionales en contra la dictadura.
Podríamos decir que con esta huelga de hambre la dictadura se vio enfrenta a un cambio en el lenguaje de la resistencia, el se cual rebeló en forma de un cuerpo colectivo, afectado, militante y resistente –cuerpos en su mayoría de mujeres–, la violencia de la dictadura ejercida sobre el cuerpo desparecido, señalando su ausencia.De este modo la huelga de hambre es percibida como una política del cuerpo ejercida en contra de la represión, de un cuerpo político que opera a través de actos vitales de transferencia, transmitiendo el saber social, el sentido de identidad y la memoria a partir de acciones que de acá en adelante se tornaran reiteradas.
Bitácoras, cartas, notas de prensa, dos fotografías, declaraciones de apoyo, etcétera, es lo que contiene en la actualidad el corpus archivado de la huelga depositado en el Archivo del Museo de la Memoria[5], el cual segmentado bajo lógicas archivísticas del Museo, disemina su noción inicial de un cuerpo concebido como uno sólo en lo colectivo, donde lo escrito es nuevamente, lo inscrito en el archivo, su documentación, dejando en estado de latencia lo impermanente como la potencia real del archivo.Así, como parte de un proceso de búsqueda y exploración de lenguajes, sus límites y sus diferencias, que se inician con el archivo Arqueología de la ausencia, es que emerge y como una insistencia en mi producción visual, la lectura –la voz como objeto–  y el montaje del fragmento, poéticas a que refieren al archivo y a la imposibilidad de la construcción de un relato único y hegemónico. Así, restaurando el vestigio y los intersticios como poéticas por medio del montaje, se produce la articulación crítica sobre la tensión y las diferencias entre la inscripción legal –documento– y la lectura del mismo, vista ésta –lectura– como un instancia en que la voz como objeto estético vehicula los conceptos del fragmento como condición inherente al archivo y la impermanencia del sonido como la subversión de la idea originaria del archivo, lo dispuesto para permanecer.
Verónica Troncoso
02_vero
Magister en Artes Visuales de la Universidad de Chile.
Participó como directora del proyecto de investigación y creación sobre la primera Huelga de Hambre realizada por familiares de Detenidos Desaparecidos durante la dictadura cívico-militar en Chile, la cual se llevó a cabo en junio de 1977 en las dependencia de la CEPAL.
 ARTE ARCHIVO Y DERECHOS HUMANOS.
Formulación proyecto huelga de hambre, 1977
“Los archivos han sido sacralizados y al mismo tiempo “desordenados” al poner en cuestión el canon,las instituciones y las historias construidas.Ahora, como nunca antes, se constituyen en repositorios desde el cual es posible escribir otras historias.”Andre Giunta, #Errata 1
La progresiva referencia al archivo como programa de producción en el arte contemporáneo, tiene una de sus condiciones más importantes en la necesidad de reflexionar la crisis del humanismo a la que nos enfrentan los acontecimientos y, más precisamente, los procesos históricos que se suceden desde el siglo XX hasta hoy.
Acontecimientos y procesos que han puesto concretamente en entredicho la posibilidad de elaborar una historia que, al modo de una narración, permitiera comprender lo que ha sido el devenir de los pueblos. En este sentido las artes visuales se constituyen como un campo dialógico de exploración y proliferación de lenguajes, en donde éstos –los lenguajes– representan no solo la posibilidad de nuevas lecturas con respecto al archivo, sino a su vez, la reactivación de los mismos, bajo diversas operaciones visuales y de montaje de lo contenido en el corpus del archivo, así como señala Graciela Carnevale: “Mostrar el archivo es una forma de compartir con los otros. Es un espacio de diálogo, un espacio en el que unos escuchan a los otros e intercambian perspectivas y preguntas sobre su propia práctica. Entendiendo el archivo como un espacio abierto en el que uno contempla, discute y debate. Lo concibo como un proceso, como algo incompleto que es reforzado por cada nueva experiencia del presente.“
Los desastres que marcan este fin del milenio son también archivos del mal; disimulados o destruidos, prohibidos, desviados, «reprimidos». Su tratamiento es a la vez masivo y refinado en el transcurso de guerras civiles o internacionales, de manipulaciones privadas o secretas. Nunca se renuncia, es el inconsciente mismo, a apropiarse de un poder sobre el documento, sobre su posesión, su retención o su interpretación. ¿Más a quién compete en última instancia la autoridad sobre la institución del archivo? ¿Cómo responder de las relaciones entre el memorándum, el indicio, la prueba y el testimonio?”(Derrida, Mal de Archivo)
Los archivos sobre derechos humanos en Chile producidos por el Estado, son en la actualidad archivos cerrados y parcialmente clausurados, sobre ellos se han aplicado leyes de secreto y de seguridad. Los archivos sobre este tema de los cual se disponen, han sido producidos por iniciativas ciudadanas sin contraparte. Esta falta de contraparte ha consignado a estas historia como <<personales>>, por ende subjetivas, haciendo que la inscripción en la denominada historia con mayúscula, les haya sido negada por muchos años.
Podríamos decir que las operaciones sobre el archivo desde el campo del arte generan la posibilidad de su inscripción en un espacio para el cual no estaba pre-consignado.
Los archivos olvidados, los archivos disfuncionales, los archivos secretos han sido problematizados sistemáticamente desde el campo del arte.
Voluspa Jarpa con su obra Minimal Secret, expuesta en la feria Arco de Madrid, problematiza los archivos desclasificados y tachados de la CIA sobre Chile, mediante el desplazamiento del archivo, la puesta en escena de su tachadura y por ende de su clausura, es que se deja ver los fragmentos incompletos de una historia que no se puede contar.
 “El deber de la memoria no se limita a guardar la huella material, escritura u otra, de los hechos pasados, sino que cultiva el sentimiento de estar obligados respecto a estos otros de los que afirmaremos más tarde que ya no están pero que estuvieron.
Pagar la deuda, diremos, pero también someter la herencia a inventario” (Ricoeur)
En 1977 la agrupación de familiares de detenidos desaparecidos inicia una serie de hechos que marcaron el comienzo de una nueva etapa en la búsqueda de justicia para las víctimas de la dictadura. La huelga en la Cepal vii que duró 9 días, dispuso de los cuerpos en colectivo para la resistencia del mismo como protesta ante la violencia del Estado, exigiendo una respuesta sobre el paradero de los familiares desaparecidos, “24 mujeres y 2 hombres de la agrupación de familiares de detenidos desaparecidos iniciaron una huelga de hambre con el lema “mi vida por la verdad” en la Sede de la Cepal de Santiago, allí desplegaron un lienzo de diez metros de largo que proclamaba: “Por la paz, por la vida, por la libertad, los encontraremos” . Y aseguraron que no saldrían de ahí hasta que Pinochet se comprometiera a responder por los desaparecidos” .
Otros familiares de la Agrupación entregaron una nota a 16 medios de comunicación, también repartieron volantes en las calles, pintaron murales, organizaron misas y hubo en su apoyo declaraciones de abogados, personalidades políticas y sociales, un grupo amplio de intelectuales y decenas de federaciones sindicales”.La huelga de hambre en la Cepal, es el punto de partida en el despliegue de nuevas estrategias y acciones colectivas en el ámbito de la resistencia y denuncia contra la dictadura militar, en donde “el cuerpo es también lugar de resistencia cuando se vive como primer espacio de soberanía”. El cuerpo afectado por el hambre, el cuerpo como uno subversivo, que hace uso de la decisión de no ejercer una acción de violencia externa sino de la internalización de ésta para manifestarse, es sólo su propia inapetencia el actor de la acción silenciosa.
 .Bitácoras, cartas, notas de prensa, una fotografía, listas, etcétera, es lo que contiene en la actualidad el corpus archivado de la huelga, segmentado bajo las lógicas del archivo, diseminando su noción inicial de un cuerpo concebido como uno sólo en lo colectivo, donde lo escrito es lo inscrito en el archivo, su documentación , dejando en estado de latencia lo impermanente como la potencia real del archivo, su lectura.Su potencia real radica en la reactivación de lo que hemos denominado la letra muerta en el archivo, como un acto que trae al presente un hecho del pasado a través de lo oral que está contenido en él .
Las Yeguas del apocalipsis en 1993 , realizan en protesta por la ausencia de políticas concretas de justicia por parte del gobierno de Aylwin frente a las violaciones a los derechos humanos , la performance Tu dolor dice: Minado. En un ex centro de detención ilegal en calle Belgrano –Santiago– Lemebel y Casas realizan la lectura performática de la lista de los detenidos desaparecidos reconocidos por el Estado de Chile y publicados en el informe Rettig, la lectura se efectúa dando la espalda al espectador , en donde las espaldas desnudas de Lemebel y Casas presentan al cuerpo expuesto como imagen anónima del mismo, mientras tanto la lectura trae a presencia mediante el sonido al nombre del desaparecido , reactivando la letra muerta del archivo mediante lo efímero de la voz y su puesta en escena. La lista del archivo es reactivada mediante la performatividad de la voz y su puesta en escena, ya no son nombres pertenecientes a una estadística del horror, sino que son sonidos concretos de la realidad del horror. La acción realizada por Lemebel y Casas dispone de parte del archivo –la lista– haciendo cruces entre archivo, cuerpo y performance.Surge entonces la interrogante de buscar un elemento transversal entre una huelga de hambre y un acto performático más que el mismo cuerpo; donde el acto performático según (*) Richard Schechner parte por hacer una diferencia fundamental para entenderlo, algo es performance o algo se puede entender como performance.
Podríamos decir que la incidencia de la violencia sobre el cuerpo colectivo así como sobre el cuerpo individual trasciende los territorios primariamente pactados y así como la Huelga de hambre puede ser vista como una performance, la acción de Lemebel y Casas puede ser vista como un acto político, como señala Suely Rolnik: “Lo que lleva a los artistas a agregar lo político a su investigación poética es el hecho de que los regímenes autoritarios entonces vigentes en sus países inciden en sus cuerpos de manera especialmente aguda, pues afectan su propio quehacer, y es así como viven al autoritarismo en la médula de su actividad creadora. Se asocia así el impulso de la creación al peligro de sufrir la violencia por parte del Estado, que puede ir desde la prisión hasta la tortura y llegar incluso a la muerte; dicha asociación se inscribe en la memoria inmaterial del cuerpo: es la memoria física y afectiva de las sensaciones de dolor, miedo y humillación.”
Las huelgas de hambre son vistas como una política del cuerpo ejercida en contra de la represión, el cuerpo de lo político opera como actos vitales de transferencia, transmiten el saber social, el sentido de identidad y la memoria a partir de acciones reiteradas. “Constituyéndose como performance mediante su archivación”, así el proceso de archivo puede caracterizarse de algún modo como un acto performático, su reactivación en la inversión de su escritura, en donde la reescritura del archivo está dada por el sonido de su lectura y la lectura de su sonido vendría a ser el capital político de lo inmaterial/oral.
Texto perteneciente a parte del proyecto de investigación y creación sobre la huelga de hambre de 1977.
Tagged: archivo, derechos humanos[1] Este proyecto de investigación fue premiado con el Fondo de Incentivo a la Creación de la Universidad de Chile. Proyecto del cual soy directora, los demás participantes del mismo fueron: el académico Mauricio Barría; los tesistas de pre-grado del Departamento de Artes Visuales: Jennifer Frías, Waldo Estuardo y Sergio Michael; y los alumnos Pablo Sanchez y Matías Serrano. Todos pertenecientes a la Facultad de Arte de la Universidad de Chile.[2] Comisión económica para América Latina y el Caribe.[3] La primera fue realizada de los presos de Puchuncaví en 1975, en protesta por el caso de los 119.[4] Amorós, Mario. “Después de la Lluvia: Chile la memoria herida.” P.394 . Versión digital, visitada el 20 de febrero del 2015. Véase en: books[5] El archivo sobre la Huelga de hambre en la CEPAL, se encuentra dentro del Fondo Ortiz- Rojas. Fondo ordenado tanto por pieza como por fondo documental, un total de 7 carpetas con documentos, de los cuales hay una parte digitalizada.

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Chile. Chillán 1973: Niblinto y la dignidad resistente que SI fué

Chile. Chillán 1973: Niblinto y la dignidad resistente que SI fué

Chile. Chillán 1973: Niblinto y la dignidad resistente que SI fué

El combate de Niblinto y la guerrilla que no fue

En la noche del 14 de septiembre de 1973, un grupo de quince jóvenes militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR, al mando de Rubén Varas Aleuy (“Nelson Ugarte”, 21 años, jefe del Grupo Político Militar, la estructura regional Ñuble de la organización dirigida a nivel nacional por Miguel Enríquez) decidió partir desde Chillán hacia la precordillera. Su objetivo era defender con las armas el derrocado gobierno del Presidente Salvador Allende.

Contaban con un fusil M1, dos pistolas máuser, dos rifles 22,  dos revólveres 38 y una caja de granadas caseras. No tenían alimentos ni equipamiento de montaña. De los dieciséis convocados al inicio, sólo uno  desistió luego de presentarse inicialmente.   El objetivo era iniciar los preparativos de una resistencia armada al golpe militar desde los faldeos de Minas del Prado, y evitar la consolidación del nuevo régimen. El MIR local confiaba en sus bases de trabajo campesino en la zona.

Todo partió con la acción de “expropiación” de una micro del recorrido urbano Irene Frei-Quinta Normal, una Ford color verde agua, realizada por cuatro de los resistentes, Jorge Vera González, Luis Veloso y Fernando Carrasco (taxista). El lugar en que se recogería al resto de la columna sería el puente Cato.  El encuentro se produjo con cinco horas de retraso. Fernando tomó la variante Nahueltoro para llegar a un cruce ubicado cerca del retén de carabineros de Tres Esquinas. Los uniformados los vieron pasar pero no abrieron fuego. El jefe al mando del grupo, Rubén,evaluó que al pasar ellos por el siguiente retén, Niblinto,  ocurriría lo mismo y preocupado por el retraso en la misión, ordenó continuar por esa ruta, aunque Uldarico Carrasco lo urgía a tomar el camino que iba por el sector Calabozo para evitar el enfrentamiento. Las ráfagas de carabineros que emboscaron la micro al cruzar el puente del río Cato, cobraron de inmediato dos víctimas: Fernando fue herido y quedó en la pisadera. Más tarde fue torturado y asesinado por el capitán José Jara Donoso. El M1 de Luis Romero no funcionó, las granadas tampoco y mientras Jorge Vera, parapetado tras la micro, cubría  la retirada de sus compañeros hacia el río Cato, y José Romero vaciaba  su revólver disparando sin cesar,  Bernardo Solís, el estudiante,  corrió en línea recta siendo alcanzado por una bala en la espalda y rematado en el lugar. El grupo se logra replegar pero sufre dos nuevas bajas días después. En su intento de conectar compañeros en Minas del Prado, ubicada a unos 18 km de Niblinto, Rubén y José  son apresados, torturados y asesinados en Minas del Prado. Pese a la intensa persecución que incluyó helicópteros y fuerzas combinadas del ejército, carabineros e investigaciones, el resto de la columna logra eludir la cacería en el mismo lugar, con ayuda de unos pocos campesinos. Sin embargo Miguel Aparicio,  Rodrigo Cifuentes, Alfredo de Toro, Luis Romero u Jorge Vera y caen detenidos posteriormente en Chillán y permanecen varios años en prisión para salir luego a un exilio forzoso. Rodrigo Cifuentes se convirtió entonces en combatiente internacionalista. Luchó en Nicaragua por el triunfo de la revolución y  posteriormente se unió a la guerrilla en El Salvador, donde murió en combate.

Jorge Vera, profesor y combatiente

Sobreviviente del episodio del abortado inicio de guerrilla, Jorge Vera (de nombre político “Vladimir”)  tenía 22 años en 1973. Junto a varios de sus compañeros integra hoy la agrupación “Verdad y Justicia” que preside Luis Romero, cuyo hermano de José también integraba  la columna “Micro Niblinto”. Por años en las calles de Chillán continuó deambulando la micro que exhibía las balas de la emboscada. Luis escribió “El día que soltaron las bestias”, sus memorias, publicadas a fines de 2015 por Editorial Escaparate.  Jorge vive en el campo, en el sector cordillerano de Ñuble, y es primera vez que relata cómo él vivió estos hechos que marcaron su vida.

En 1973, Jorge, alumno de la Escuela Normal, estaba terminando su año de práctica de pedagogía en educación física. Fue encarcelado y torturado en Chillán y Concepción, en la Cárcel de Talcahuano y en el Fuerte Borgoño. Lo entrevisté en Santiago, acompañado de su esposa, Patricia Miranda, antes que Luis Romero lanzara su libro y después que el diario La Discusión de Chillán contara por primera vez la historia de la “Micro Niblinto” . Jorge va reconstruyendo los detalles:

“Lo bueno fue que José Romero y yo pudimos identificar de dónde nos disparaban y pudimos disparar, porque si no, nos matan a todos. José está desaparecido. El tenía una P38 de 9 mm y yo una máuser. Eso permitió que no nos mataran a todos. El baja a la pisadera cuando se avisa que hay un retén. Cuando los pacos nos disparan, él responde. La micro se para porque le habían dado ya a Fernando, en el estómago. Yo me pongo delante también, detrás de José, él los mantiene neutralizados, y protejo la retirada de la gente; Rubén Varas y Pedro Oyarzún bajaron por la pisadera de adelante,   y Bernardo corre hacia atrás de la micro, pero lo hace en línea recta, no zigzaguea ni nada y le dan en la espalda… En el retén habían dos pacos y civiles que se ofrecieron a hacer guardia como voluntarios, eran como 10 personas. Después de la balacera llega un oficial de Chillán, José Jara Donoso, que toma a cargo el procedimiento de búsqueda y peina el sector en busca nuestra”.

¿Y cómo se explican los hechos de Minas del Prado?

“Cuando el grupo se disgrega después del enfrentamiento, once de ellos llegan a Minas del Prado y se determina ir a tomar contacto allí con el Negro Matus, un compañero que era nuestro punto de apoyo local. No lo encuentran porque a Matus y a Montecinos, dirigente campesino del sector, regidor comunista, los habían alertado y ambos deciden salir de la zona.  Pensamos que en Niblinto, con la tortura, los pacos pueden  haber obtenido  información de adonde nos dirigíamos. Porque a medio día los pacos fueron a Minas del Prado y reunieron a todo el pueblo y le dijeron que iban a llegar extremistas al sector y si ellos les prestaban ayuda, iban a bombardear el pueblo. Cualquier cosa que vieran extraña ellos tenían que denunciar de inmediato. Porque ese pueblo es muy especial, tiene una sola entrada. Está rodeado de cerros, uno entra por un camino y sale por el mismo camino”.

Continúa el relato Jorge: “Al no encontrar a Matus,los compañerosle dejan una nota por debajo de la puerta, informando dónde van a estar. Un campesino los ve y le informa al potentado del pueblo, de apellido Cofré, dueño de parcelas en el sector y de un galpón en la entrada de Minas del Prado. Este tipo organiza a unos 30 campesinos que salen al encuentro de nuestros compañeros y los reducen a golpes con palos, cuchillones y horquetas. Los nuestros no iban armados porque iban a un pueblo amigo y decidieron dejar sus armas al resto del grupo para su protección.”

¿Cómo explicas ese acto de barbarie?

“Por el terror ante la amenaza que les hicieron los milicos y carabineros. No se sabe mucho de Cofré. Murió hace poco. A José y  Rubén los llevan al galpón, los amarran, les siguen golpeando con herramientas de trabajo y uno de los campesinos va a informar a carabineros. Los cabros se pusieron a pelear con ellos…a José le pegan con cuchillones, que son palos para cortar la zarza que tienen punta, le dejan colgando el brazo. Y en la noche del día 15  de septiembre, llega un grupo de  Chillán con carabineros y milicos a buscar los detenidos, los golpean, los torturan y a la salida del pueblo los matan arriba de una camioneta. Después los trasladan a Niblinto en el mismo vehículo. Esto se supo por una persona que vivía frente al sector donde fueron los balazos y también por confesión de un milico.”

 

¿Qué tipo de trabajo tenía el MIR en Minas del Prado?

“Teníamos mucha confianza en el sector, conformado por pequeños propietarios campesinos que trabajaban para Conaf en tareas de forestación. Muchos de ellos venían a Chillán a escuelas políticas. Conaf llevaba dos o tres años con un plan de reforestación con pinos en el cual trabajaba todo el pueblito y el jefe de obras de una de las plantaciones, era un compañero nuestro, el Negro Matus. Eran predios fiscales, antes había sido una mina de oro, que la explotaron demasiado y causaron mucha erosión, lavaban los cerros para recoger el oro, caía toda la capa vegetal de la tierra a los canales. El sector es grande, separado por hijuelas, iban avanzando por partes. En la tercera hijuela está Minas del Prado y la cuarta era Montaña, pero había que reforestar también a los pies del Nevado de Chillán. En las escuelas de verano el MIR iba a estos lados con estudiantes a hacer trabajo político, había bases del Movimiento Campesino Revolucionario MCR que participaban. En ese sector, por su conformación,  no hubo reforma agraria. El Negro Matus estaba integrado en este grupo, por eso íbamos a llegar allá y él nos iba a orientar porque estaba viviendo en el sector, era el baqueano. Se le mandó a avisar el mismo día 13 con una compañera, que el grupo iba para allá.”

¿Por qué la demora de 4 horas?

“El MIR decidió que el grupo tenía que irse el 13 de septiembre a las 11 de la noche al punto de encuentro en el campamento Por la Razón o la Fuerza. Y el grupo llegó, llegaron todos. Uno reculó pero en el momento, fue a la cita y después se quedó y dejó el arma botada, era de un grupo operativo muy reciente. Pero todo el resto se mantuvo. Fernando Carrasco, Rubén y Uldarico (Perico) eran casados y con hijos. Alfredo de Toro era casado con la  hermana de Perico. El nivel de convicción era enorme. Fernando era militante PS pero participaba con nosotros. Perico cuando lo vio llegar, le dijo: ´ No vayas, estoy yo, está mi cuñado, tiene que quedarse alguien´  Pero Fernando insistió: ´No, yo voy´, y no hubo forma de que entendiera.”

Jorge revela que Fernando, que era  chofer, sabía dónde estaban la micro y su dueña.

“Y fuimos y sacamos la micro. La señora opuso un poco de resistencia pero nada más, le cortamos el teléfono, le dijimos que después iba a encontrar su micro en Chillán. Llegamos con la micro al punto de contacto y el grupo no estaba. Seguimos la ruta establecida. El jefe del grupo, Rubén Varas Aleuy dice: ´Vámonos caminando porque la micro va a pasar por ahí y así nos vamos a topar.´ Se fueron por el lado del camino. Entre el punto de contacto y el Puente Cato había una distancia de unos 12 km. Si fallaba, el segundo punto era el Puente Cato. Cuando se fueron ellos caminando, se le ocurrió a Miguel Aparicio que su suegra vivía en el camino y pasaron a buscar pan, pero estaban recién haciendo. Y se pusieron a esperar el pan. Nosotros pasamos por ahí, llegamos por el camino casi al Puente Ñuble, volvimos para atrás buscándolos, con las luces apagadas, y no los encontramos. Determinamos seguir hasta el Puente Cato y ahí nos estacionamos. Llegamos a las 11y esperamos 5 horas y llegaron a las cinco de la mañana…con pan. Si todos hubieran subido a la hora,  habríamos llegado a Calabozo a la hora convenida donde estaba Paco, quien tenía la información, y el trabajo político. Después del enfrentamiento en Niblinto nos fuimos a la montaña, al sector de Calabozo, descansamos un poco, pues tuvimos que atravesar un campo arado, y la gran mayoría no había dormido en todas las noches del 12, 12 y 13, comíamos mal y no dormíamos pues estábamos esperando las órdenes de qué hacer frente al golpe. El grupo ya iba cansado. Llegamos a la parte alta de Calabozo y Rubén, el jefe, me pide ir  a la Escuela, porque  cree que debe estar María Elena, y Paco, nuestro compañero que estaba ya viviendo en la zona, va a llegar ahí.”

¿Te refieres a María Elena González Inostroza, la directora de la Escuela Nº 18 de Calabozo, que después fue detenida desaparecida en la Operación Colombo y figuró en la lista de los 119 junto a su hermano Hernán Galo?

“Sí, ella hacía clases en esa escuela en el campo, la detuvieron en 1974. Hernán era dirigente del Comité Local. Yo bajo a Calabozo. Me contacto con el campesino donde iba a llegar Paco y me dice que cuando empezaron a pasar patrullas, Paco se fue por tal lugar. Salgo a buscarlo pero no lo hallo. Y el campesino me dice hay que fondearse. Detrás de la casa de él pasaba el río Cato, ahí me mantengo, subo al cerro y observo el patrullaje y rastreo de los pacos. Los compañeros estaban al frente mío…estaba el valle de Calabozo y la Montaña. Ellos también observan las patrullas militares que todo el día peinan la zona. Llega la noche y perdimos contacto. El grupo de Rubén, viendo que estaba siendo cercado, camina hacia Minas del Prado, pero no encuentran la bajada y vuelven hacia Calabozo, ahí en un vado atraviesan y  logran llegar de amanecida a Minas del Prado. Entonces Rubén y León bajan a tomar contacto.”

¿Cómo logras romper el cerco?

“Yo pierdo el contacto con el grupo y me quedo toda la noche cerca de la casa del campesino de Calabozo, en un chiquero de chancho y al mediodía el campesino me dice que va a ir a ver qué pasa en Niblinto. Y luego me propone que me vaya a  Chillán por caminos internos, que él me puede endilgar a Coihueco, a pie, hasta el tranque. Hice dedo y un camión carbonero me trajo a Chillán. Tenía un arma y seguía con ella. Era una pistola Máuser prima, una grande, una de las dos que funcionó y disparó. Quedaron como 7 tiros no más.  Las granadas caseras tampoco funcionaron. La construcción era buena pero el encendido era artesanal, una mecha con un fósforo pero no encendió.  Tenía una cintita que había que sacar para que prendiera la mecha. El problema es que no había depósito y las granadas se guardaban en un gallinero, o una carbonera o algún galponcito, y Chillán es bastante húmedo.”

¿Qué pasó con los cuerpos de los compañeros?

“En los casos de Fernando Carrasco y Bernardo Solís, sus cuerpos fueron entregados a sus familias. Los dos de Minas del Prado siguen desaparecidos. A los días siguientes del crimen los cuerpos flotaban en el río. Un estudiante que vivía cerca del puente comentó en el Colegio Seminario de Chillán que había cuerpos flotando. Y dos compañeros de él, estudiantes de cuarto medio, de 17 años, fueron al río y los enterraron. Uno es Guillermo Stevens que fue gerente de Copelec, Cooperativa de Ñuble.  Los pacos los detuvieron, pero luego los dejaron en libertad aunque sí tenían claro el lugar del entierro. Pero cuando en la operación de “Retiro de Televisores”, Pinochet ordenó desenterrar cuerpos en todo Chile, ellos fueron nuevamente desaparecidos. En 2004 el juez fue a buscar los cuerpos, y no encontró  nada. No avisó a familiares de la diligencia por lo que  solo buscaron en un lugar específico sin más trámites.”

¿Qué características tenía el grupo de la Micro Niblinto?

“De nuestros compañeros destaco su coraje, la capacidad de luchar y tener en la mente que había que resistir la masacre. Hay que tener en cuenta que al 14 de septiembre ya había en Chillán un muerto tras el golpe, Iván Contreras Flores, también de 20 años, doble militante MIR/PS, estudiante, pero eso no hizo retroceder a nuestro grupo. El jefe político era Rubén Varas Aleuy, dirigente regional del MIR, que hacía trabajo político en poblaciones y sindical. Había dos tomas en Chillán, los campamentos “Por la Razón y la Fuerza” y el “Ché Guevara”. Rubén tenía 21 años, y era de Parral. para nosotros él era “Nelson Ugarte”, sólo después conocimos su nombre real. En el informe Rettig figura como de Coihueco. Por su ascendencia árabe, en broma algunos amigos le decían “Cara de Camello”.  Tres compañeros pertenecían a nuestra estructura de tareas militares, que el año 1969 había organizado un grupo operativo en que estábamos Luis Romero (El Oso),  Alfredo de Toro,  el Negro Matus (que no cayó detenido), y yo. Nosotros  habíamos recibido instrucción en Cuba por tres meses y también habíamos hecho el servicio militar. Otros militantes  hacían trabajo con campesinos y  pobladores. José Romero, hermano de Luis, era el encargado militar de la estructura local, el Grupo Político Militar de Chillán; era estudiante de servicio social en la Universidad de Chillán, hijo de campesinos. Ellos conocían la zona de Cato porque vivieron ahí. El más joven de nosotros, Miguel Aparicio,  tenía 17años, estuvo preso, ahora está en Holanda. Quien nos entregó las armas previamente fue el flaco Oscar Angulo, que  era nuestro jefe de la tarea de informaciones. Está vivo. Su hermano Rolando, que fue nuestro secretario regional en la clandestinidad, fue ejecutado por la DINA el 27 de abril de 1974.”

¿Han regresado a Minas del Prado ustedes los sobrevivientes?

“Después que hicimos el monolito en el lugar donde asesinaron a los dos compañeros, ese sector se transformó en un sector de descanso, donde la gente pone sus animitas de los otros muertos del mismo pueblo. Y es el propio lugar donde fueron ellos baleados. El mundo real…los malos con los buenos. Yo no olvido a don Sergio, el campesino que nos trajo harina y pan. Hemos ido todos los años a Minas del Prado. La gente no sale de las casas. Y vamos todos los años en caravana, el primer domingo después del 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos. Ponemos música, vamos con la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos.  Muchas veces hemos entrado con marchas a Minas del Prado, y no sale nadie de las casas. Una vez éramos como cien, iban los chicos de la Universidad del BioBio, nos fuimos a la escuela donde trabajaba un profesor comunista y ahí nos reunimos y comimos en memoria de los caídos.”

¿Siguió trabajando políticamente el MIR después de Niblinto?

“Sí, el partido intentó reconstruirse una y otra vez y la represión siguió golpeándonos. Ricardo Troncoso Muñoz (Arturo), jefe militar de la provincia de Ñuble, tras los fracasos en Chillán se trasladó a la capital y al quedar sin contacto con la dirección del MIR, se asila. Pero luego al hacer contacto sale de la embajada, y cae detenido con María Elena González  y su hermano; ellos están desaparecidos. La detención de otro dirigente, Ricardo Catalán por la SIFA, tuvo terribles consecuencias porque él manejaba toda la información local.  En abril de 1974, la DINA aniquiló a la dirección regional del MIR de Chillán,  secuestrando enel Regimiento de Infantería de Montaña N° 9 de Chillán a Rolando Angulo, asistente social (Universidad de Concepción) junto  a  Ogan Lagos, estudiante de agronomía de la U de Concepción, y a Bartolomé Salazar,  profesor de castellano en el Liceo de Niñas chillanejo. Tras la tortura y muerte, sus cuerpos fueron abandonados en distintos sitios. El fiscal militar de ese tiempo, Mario Romero, fue procesado en 2015 en el juicio por esos crímenes.”

¿Cómo estaba organizada la DINA en la zona?

“Cuando se formó la DINA, los Patria y Libertad de la zona, que eran los civiles de San Carlos, bastante poderosos, entran a colaborar con el servicio secreto y le entregan, casas y vehículos para que funcionen y ellos mismos se ponen a disposición. Entregaron tres campos. El Carrizal, ubicado a unos 20 km de Chillán y utilizado como casa para el jefe de la Dina, Fernando Gómez Segovia, que llegó a tener grado de Coronel y hoy cumple desde 2014 sentencia en Punta Peuco, de 5 años y un día por el secuestro y desaparición de Pedro Molina, compañero de la Juventud Comunista de Lota que estuvo secuestrado  en Colonia Dignidad.  Gómez ocupó esa casa todo el año 74 y  es responsable por los desaparecidos de Parral, donde fue el jefe de la DINA. El otro fundo se llama Pomuyeto. Uno de los agricultores era Lincoyán Lagos Tortella, miembro activo de Patria y Libertad. Ellos pusieron sus camionetas y autos para traslados de presos de Carrizal a Chillán, y también los viajes desde el regimiento de Chillán a esas casas de detención y tortura. El tercer fundo  era Socorro, colindante con el río Perquilauquén, de Luis Dinamarca, agricultor y Patria y Libertad, y al frente estaba Colonia Dignidad. Se usó desde el 1 de enero del 74 hasta diciembre de ese año, un año completo. Después la Dina tuvo sus propias casas, pero esto fue para el inicio de la represión selectiva.”

¿Existía un plan del MIR local para responder al golpe militar?

“Hacíamos propaganda frente al Regimiento en Chillán, en junio y julio del 73 planteando a los soldados que desobedecieran las órdenes de los golpistas. Pensábamos que en caso de golpe,  íbamos a contar con alguna fuerza desprendida del Ejército, apuntábamos a generar eso en el país y aquí. En Chillán también se formó un cordón industrial en la zona de Ultra Estación, del sector poniente donde había pequeñas industrias, estaba también la Empresa de Comercio Agrícola ECA que era importante pues se acumulaban los productos agrícolas, estaba la feria de Animales y había dos tomas de terrenos, el MIR tenía bastante influencia en el sector de pobladores. El plan se había hecho en junio del 73. El plan A era resistir en la ciudad, donde estaba el apoyo social, gran parte de la gente del MIR desde el 11 se trasladó a ese sector que al principio no fue muy allanado. El 13 de septiembre, incluso el comité regional funcionaba ahí en una casa de seguridad en el sector Ultra estación, pero decide que no se debe hacer  la resistencia armada ahí y que hay que trasladar este grupo hacia la cordillera para instalarnos en Minas del Prado y preparar la lucha primero en el campo y luego llevarla a la ciudad. Las armas que llevamos eran pocas y algunas quedaron en Chillán. No las habíamos probado nunca porque teníamos poca munición.”

 

Patricia Miranda es la esposa de Jorge Vera, y la interrogo para completar este fragmento de historia de la resistencia al golpe en Chillán.

¿Patricia, qué rol cumplieron las mujeres en el MIR en Chillán después del golpe militar?

“Todas mis hermanas eran simpatizantes y los primeros días, inmediatamente después del 11de septiembre había que trasladar todo a Ultra Estación y todas estas mujeres con faldas cortas, llevaban los bolsos con armas…Había que pasar por el control de milicos que había en el paso bajo nivel que está al lado sur de la Estación.  Eramos como seis o siete mujeres, e hicimos varias pasadas porque también llevábamos información que era para Rubén, el jefe del MIR. Mi hermana menor, super linda, con la falda más corta, encabezaba el grupo, y el milico le decía: ´Le ayudo mijita´ y ella pasaba. Limpiamos todas las casas del MIR de documentos comprometedores, ayudamos también a la gente del Partido Comunista. Mi hermana estaba recién parida, y todo lo poníamos debajo del coche de la guagua, con la bebé encima!!! Y abajo iban las armas. No teníamos miedo. Es que no había alternativa porque si no, nos iban a matar los maridos. Y después, cuando nuestros familiares cayeron presos, nosotros llevábamos y traíamos toda la información.”

¿Tan decididas eran las mujeres del MIR?

“Una vez con mi cuñada nos amanecimos, había que ir a avisar que detuvieran una acción armada. Esto fue después de Niblinto, el mismo año 73, fuimos con mi cuñada y pasamos por el Retén…y dijimos que íbamos a un velorio. Los miristas estaban acuartelados en la casa de un paco jubilado, pero no nos conocían y no se atrevían a abrir. Pero el guatón Arturo (Ricardo Troncoso) reconoció a la hermana de Jorge y ahí salió a abrir la puerta. Les informamos entonces que la acción no iba. Y se puso a llorar porque estaban listos para salir. Eran los miristas más importantes, estaba toda la dirigencia ahí, pero la contraorden la dio el encargado  de reorganizar todo. Luego de dar el mensaje nos teníamos que ir. Y como era tan tarde y había toque de queda, nos escondimos en los hoyos de los alcantarillados y nos amanecimos ahí….hasta el otro día.”

Los procesos judiciales

Retomando la entrevista a Jorge Vera, le consulto por los resultados de los juicios en el caso de la micro Niblinto. Señala al respecto:

“En el proceso judicial por los asesinatos y torturas de José Romero y Rubén Varas la Corte de Apelaciones sobreseyó al jefe de retén de Chillán Viejo, capitán Luis Valdés Castillo,  que había sido condenado en primera instancia  porque él los sacó de Minas del Prado. Se perdió el caso en la Corte Suprema porque inexplicablemente el abogado Hiram Villagra no se presentó a apelar. Actualmente se intenta juntar las tres causas, a partir de la reapertura del caso de Fernando Carrasco y se busca reabrir la demanda por Bernardo Solís. Es claro el encubrimiento que hacen las fuerzas armadas sobre los criminales. El juez pide la nómina de los carabineros que ejercían en Chillán Viejo pero estos hacen aparecer otros, lo que es una contradicción con la declaración de un suboficial arrepentido, que dio los verdaderos nombres.  Se comprueba el pacto de silencio de las instituciones hacia los victimarios. Y la corte tiene que guiarse por eso…También se perdió el expediente del juzgado. Nosotros como Verdad y Justicia siempre quisimos saber la verdad, la del otro lado, por eso iniciamos los procesos y le pedíamos al abogado que de cada declaración de un verdugo nos entregara las fotocopias. Y así tuvimos el expediente completo. Incluye los testimonios de los campesinos  que declararon que estaban obligados.”

En Chillán la impunidad es la regla. Tras el golpe militar, en Chillán  hubo 110 detenidos desaparecidos y 1.100 presos pasaron por  el Regimiento Nº 9 de Chillán, la Segunda Comisaría de Carabineros y el Cuartel de Investigaciones. En todo Chile, las 21 comunas de Ñuble son, después de Paine, la segunda zona rural con un número tan elevado de detenidos desaparecidos en relación con su cantidad de habitantes. Y no hay condenas para los criminales, salvo por Gómez Segovia  Según cifras del Programa de Atención y Reparación integral de Salud PRAIS, en nuestra provincia de Ñuble, que actualmente tiene una población de 441.604 habitantes, se calcula que el 10% del universo total de  habitantes forma parte de los detenidos desaparecidos, presos políticos, ejecutados, exonerados y exiliados. Además de Gómez Segovia, sólo cumple condena efectiva en Punta Peuco, también a cinco años y un día, el general en retiro Patricio Jeldres Rodríguez, por la desaparición de dos dirigentes campesinos, Gilberto del Carmen Pino Baeza y Sergio Enrique Cádiz Cortes, este último dirigente campesino provincial y presidente del asentamiento campesino de Santa Rosa, del sector Cato. Ese criminal fue el primero en ser condenado por crímenes en Ñuble a pena efectiva. En nuestra declaración como Verdad y Justicia, afirmamos entonces: `Los caminos de la justicia tardan pero llegan, y soñamos que sigan llegando.”

¿Cómo fue tu exilio y el retorno?

“Estando en el exilio, en Holanda,  nuestra misión fue denunciar a la dictadura y relatar lo que sucedía en nuestro país y nuestra provincia,  y lograr la solidaridad del pueblo holandés. Pensábamos en volver a nuestro país. Pero el plazo se extendió y la dictadura se perpetuó en el poder. Con algunos compañeros que estuvimos juntos en prisión conversábamos y soñábamos en volver a nuestra región y trabajar en el campo porque eso nos volvería a estar en comunidad e integrarnos con el pueblo. Pero cada uno volvió finalmente por sus propios medios.  Mis hijos volvieron primero, con su abuela, para facilitar la vuelta y su integración. Con Patricia volvimos en 1992,  con la idea de trabajar en el campo, y lo hicimos. El país era otro, el MIR no existía. La política estaba renovada.  La desmovilización social era evidente. Eso nos obligó a repensar en todos los compañeros que habían dado sus vidas por construir otro Chile. Podríamos decir que nos ataron de mente y de manos y nos inundó una profunda tristeza e impotencia. Solo quedaban los derechos  humanos de aquellos que lucharon.  Así fue como nos organizamos en la Agrupación Verdad y Justicia, a buscar la verdad, saber donde estaban y como fueron los hechos, a  buscar Justicia, a recordarlos y hacer memoria por todos los caídos. Empezamos la lucha en los tribunales, para buscar los testigos, lo que significaba enfrentarse a los verdugos e investigar. En fin hacer la pega mínima que la legalidad burguesa nos permite. En muchos procesos se ha establecido la verdad dicha por los propios verdugos, lo que permitió establecer los errores cometidos por el partido y sus militantes.”

¿Cuál es tu reflexión final?

“El MIR durante la Unidad Popular creció enormemente, con una base popular combativa en nuestra región agrícola. Nuestro trabajo era luchar por  la Reforma Agraria e integrar a las bases campesinas que no estaban organizadas y no se les permitía participar en el proceso. En Chillán teníamos fuerza en la Escuela de Agronomía de la U de Concepción; era nuestra base de apoyo, de donde salieron dirigentes regionales, como Rolando Angulo, Ogan Lagos y Ricardo Troncoso caídos tras el golpe militar. El Mechón Oyarzún, miembro de nuestro grupo Niblinto, era estudiante de esa escuela. Como organización, nos encontramos con una resistencia armada de los latifundistas, agricultores que en su mayoría eran de Patria y Libertad   y que venían oponiéndose a la Reforma Agraria desde el gobierno de Eduardo Frei.      Nosotros no fuimos capaces de fortalecer ese crecimiento en tan poco tiempo y no teníamos la experiencia necesaria para impulsar una vanguardia.    Yo creo que el MIR colapsó el 11de septiembre. No fuimos capaces de coordinar nada  y no se logró tampoco hacer algo con la Unidad Popular. Y sin embargo esta incapacidad nos puso en disposición para resistir.  Los quince compañeros idealistas que ese día fuimos rumbo a Minas del Prado pensamos ingenuamente que seríamos un ejemplo a seguir…Con pocas armas, soñamos que nosotros daríamos el inicio a una gran lucha.”

La columna Niblinto

Arriba en la cordillera:

Rubén Varas Aleuy,    “Nelson Ugarte”, 21 años jefe del grupo, DD

José Romero Lagos, 22 años,    “León” DD, estudiante  servicio social

Bernardo Solís  “Freddy”, 20 años, Estudiante de Pedagogía, Muerto en acción

Fernando Carrasco “Raimundo”, 25 años,PS-MIR, chofer de taxi. Muerto en acción.

Sobreviven rompiendo el cerco:

Miguel Aparicio“Oveja”

Alejandro Carrasco“Ignacio”

Uldarico Carrasco  “Pablo”

Rodrigo Cifuentes“Caracul”,

internacionalista muerto en El Salvador

Alfredo de Toro  “Eustaquio”

Melanio Gutiérrez  “Alex”

Pedro Oyarzún“Mechón”

Juan Poblete “Fakiro”

Luis Romero “Rogelio”

Luis Veloso “El electricista”

Jorge Vera González “Vladimir”

 

Santiago, 13 de septiembre de 2016

fuente:  http://www.elclarin.cl/web/noticias/politica/20110-el-combate-de-niblinto-y-la-guerrilla-que-no-fue.html

La historia de la micro con miristas baleada en 1973 por carabineros de Niblinto

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La micro Ford, redonda, era de esas color verde agua que había antes, en la década del 60. Estaba estacionada en el predio de su dueña, Uberlinda Otárola, quien fue visitada en la noche del 14 de septiembre de 1973 por cuatro jóvenes de no más de 22 años. Estaban armados.

Eran Jorge Vera González, Luis “Flaco” Veloso (electricista) y Fernando Carrasco, un chofer de taxi. Le dejaron más que claro a la mujer que la micro se la llevarían sí o sí.

“Fue expropiada, porque decir robada suena mal”, dice Uldarico “Perico” Carrasco, uno de los 15 miembros del MIR que abordaron el transporte con destino a Minas del Prado, lugar donde según les había comunicado del partido, los estarían esperando con armas y un grupo de trabajadores agrícolas para iniciar una resistencia que contribuiría a evitar que el golpe de Estado lograra retirar a la Unidad Popular del Gobierno.

Uldarico es el mismo que el pasado lunes asistió a la exhumación del cadáver de su hermano, Fernando, el taxista, quien iba al volante de esa micro cuando fueron recibidos a balazos por el personal de Carabineros del retén Niblinto.

“Perico”, junto a Jorge Vera y Luis Romero Lagos (detenidos en septiembre de 1973 y exiliados a Holanda) se reunieron con LA DISCUSIÓN para recordar el minuto a minuto de ese viaje que se inició como un “sueño de juventud” y terminó como un trágico y letal fracaso, que les mostró con frialdad que la Unidad Popular se hundió para no volver a flotar jamás en el país.

“Había dos planes. El primero era quedarnos en este sector de Ultraestación, donde estaba la toma ‘Por la Razón y la Fuerza’, que tenía a hartos compañeros del MIR; además habían silos con trigo y unas bodegas de la Empresa de Comercio Agrícola (ECA) donde había de todo. Ahora, si no se podía, ya teníamos vista la micro y sabíamos que eran 15 los designados por el partido para partir a la precordillera. No todos sabíamos a qué parte exactamente, una vez en la micro nos iban a decir”, recuerda Luis Romero Lagos, apodado el “Oso”, por su contextura, actual presidente de la agrupación Verdad y Justicia de Chillán.

Un día llegó un vehículo pequeño. Se bajó una persona a quien solo conocían por el apodo. Abrió el portamaletas y sacó dos revólveres, dos pistolas Mauser Prima, una pistola alemana calibre 38, una P31, un cajón con granadas caseras, una escopeta, tres rifles y un fusil M1. Ese era todo el arsenal con el que se supone deberían hacerle frente a las Fuerzas Armadas.

“Era ridículo, pero lo que pasó es que cuando ocurrió el golpe, todos los políticos que se supone que nos iban a organizar y a proveer de armas, se arrancaron sin pensarlo. Se supone que dentro del Ejército también habían elementos disidentes que se rebelarían y nos iban a colaborar, pero tampoco se manifestaron”, recuerda Vera González.

Parte la micro rumbo a la muerte
El plan B se ponía en marcha. Le cortaron los cables telefónicos a la dueña de la micro del recorrido Irene Frei – Escuela Normal, le dijeron que sería abandonada intacta cerca de Niblinto y se la llevaron hasta dejarla tras la estación de trenes.

La misión era que a las 23.00 horas sería abordada por los primeros cuatro miristas, quienes recogerían al resto en el puente Cato.

Por órdenes superiores del MIR, quien quedaba a cargo del grupo era un joven de 22 años, llamado Rubén Varas Aleuy (quien se hacía llamar Nelson Ugarte), “pero él no tenía ni la experiencia ni la instrucción militar que teníamos varios de los otros compañeros que íbamos arriba. No fue la mejor decisión, pero había que acatar las órdenes”, comentó Vera.

Y comenzó el sinfín de errores.

En primer lugar, los tramos hacia el Puente Cato nunca quedaron muy claros y los grupos se perdieron en el camino, lo que los retrasó al menos unas cuatro horas del plan original.

Una vez todos arriba, quien debía manejar la micro era el “Flaco Electricista”, sin embargo, confiado en su experiencia como chofer profesional, Fernando Carrasco tomó el volante, apagó las luces y se fue a máxima velocidad por la variante Nahueltoro para llegar a un cruce ubicado a no más de 50 metros del retén de Tres Esquinas, donde fueron vistos por los carabineros que ya estaban parapetados tras unos sacos de arena.

La dueña de la micro ya había avisado de la “expropiación” y en todas las unidades buscaban a la “micro llena de extremistas armados”. Sin embargo, los uniformados no abrieron fuego.

“Era obvio que iban a avisar a Niblinto, así que propuse a viva voz desviarnos por Calabozo. Lo malo es que el compañero que iba a cargo dijo que no, porque estábamos demasiado retrasados y pensó que si en Tres Esquinas no les habían hecho nada, en Niblinto tal vez tampoco. Pero se equivocó”, recordó “Perico”.

Cuando la micro estaba por cruzar el retén Niblinto, sienten la primera ráfaga de balazos. El primero en ser herido fue Fernando, a quien hicieron reposar en la pisadera. Más tarde sería llevado al retén, interrogado, torturado y muerto por el capitán José Jara Donoso, de la Sexta Comisaría de Chillán Viejo, quien habría descargado una ráfaga con su subametralladora en el estómago del taxista.

“Mi hermano me pedía ayuda, pero yo estaba atrás y las balas eran tantas que no podía ni moverme”, recuerda con pesar “Perico”, quien bajó por la puerta trasera, mientras Vera disparaba para forzar a los carabineros a parapetarse y cesar por algunos segundos la balacera.

Los pasajeros armados descubrieron que las granadas que llevaban no funcionaban y que el M1 que le pasaron al “Oso” Romero, encargado de proteger al grupo, estaba descompuesta. “Me paré, disparé tres veces y no pasó nada, pero si no fuera porque a algunos compañeros sí dispararon nos habrían matado a todos”, relató.

Arrancaron hacia el río Cato, usando la micro como escudo. Sin embargo, el alumno de cuarto medio, Bernardo Solís, corrió inexplicablemente en diagonal y una bala lo alcanzó en la espalda. Fue rematado en el mismo lugar.

El “Flaco Electricista” fue herido en un tobillo, por lo que se lanzó al agua y nadó lejos del grupo. “Tomó un taxi y se devolvió a Chillán”, relataron sin esconder su grado de molestia.

El grupo huyó por un potrero recién arado, por lo que corrían a duras penas. Más adelante, secaron sus ropas y Jorge Vera continuó solo rumbo a Calabozo, donde comprobó que, por el contrario de lo que pensaban, nadie los esperaba. Ni armas, ni provisiones, ni alimento, ni instrucciones, ni nada.

Siendo el grupo ya de solo 11 personas, dos de ellos, José Fernando Romero (hermano menor del “Oso”) y Rubén Varas Aleuy (aún a cargo del grupo) deciden separarse para ir a Minas del Prado, donde debían tomar contacto con un mirista que era trabajador de la Conaf (el” Negro Matus”). Pero fueron retenidos por un grupo de 35 campesinos, quienes llamaron a carabineros. Les dispararon. Sus cuerpos nunca aparecieron.

Los nueve restantes escucharon los balazos. “Pero no sabíamos en ese momento qué les habían disparado a Aleuy y a mi hermano”, relata el “Oso”. Encontraron guarida en la casa de un agricultor donde se enteraron que la fuerza del golpe era tan potente que “ya no había nada más que hacer”.

Decidieron separarse. Unos, como el “Oso”, optaron por volver a Chillán; y otros, como el “Perico”, buscaron irse a Argentina. Finalmente fueron detenidos, siempre delatados por alguien que los ubicaba, y condenados a 20 años y luego bajado a 5. Con la creación del artículo 504, lograron cambiar la condena por el exilio en 1977.

El “Flaco Electricista” murió de un infarto a los 60 años, y Rodrigo Cifuentes, otro de los 15, cayó como combatiente internacionalista en El Salvador.

La muerte de Fernando Carrasco y la de Bernardo Solís actualmente están siendo investigadas por el ministro Claudio Arias, de la Corte de Apelaciones de Chillán.

Mi padre Ismael Chávez.

Mi padre Ismael Chávez.

El 11 de septiembre del año 2013, 40 años después del golpe militar, Juan Carlos Chávez interpuso la primera querella criminal contra Agustín Edwards como autor intelectual del delito de homicidio, en favor de los 119 muertos en la Operación Colombo, entre ellos su padre. Esta es la historia de su larga búsqueda y la sensación de liberación que tuvo después de sentar en el banquillo al magnate de la prensa chilena. “Me sentí más liberado y que en cierta forma hacía justicia por mi viejo y por todos aquellos que no se pudieron defender en su momento”, cuenta.

Poco antes de la medianoche, golpearon a la puerta de la casa. “¿A quién busca?”, preguntó Mónica Pilquil a un hombre alto y de voz amable que le pidió hablar con Juan Carlos. Pese a que no era el nombre original de su esposo, sino la chapa con la que lo identificaban en el MIR, accedió a buscarlo sin entrar en detalles.

Si bien era extraño que un desconocido se presentara a esa hora en la casa, pensó que podía tratarse de un compañero que desconocía la identidad original de Ismael. Una estrategia habitual en el trabajo clandestino de aquellos años que no le causó mayores sospechas. “Debe tratarse de algo importante”, pensó.

Esa misma tarde Ismael Chávez había presentado a su hijo recién nacido a sus alumnos de expresión corporal en el Duoc. Estaba tan orgulloso que pidió a Mónica que lo llevara y luego regresaron juntos a su hogar. Cuando descansaba con el niño en una habitación sintió el llamado de su esposa. Al llegar a la puerta escuchó un leve forcejeo.

Tres hombres habían ingresado a la fuerza al domicilio y se identificaron como agentes del Estado. Afuera los esperaba un vehículo con el motor encendido. Recién ahí entendieron que se trataba de una operación de la DINA para capturar a militantes de izquierda delatados por compañeros torturados, que en jerga de la época se conocía como “poroteo”.

Antes de marcharse, sin que se percataran los visitantes, Chávez le entregó a Mónica un puñado de boletos de micros donde se escribían los puntos de encuentro durante la resistencia para que se deshiciera de ellos. Los agentes le dijeron a la familia que se trataba de algo rutinario y que regresaría en un par de horas. Mónica se subió a una escalera y observó desde el techo como su marido era escoltado por tres personas. Llevaba un poncho negro y transmitía una extraña sensación de calma. Ismael Chávez Lobos tenía 22 años y un hijo de menos de un mes de vida. El 26 de julio del año 1974 fue el último día que su familia lo vio con vida.

FALSO ENFRENTAMIENTO

El 22 de julio de 1975, casi un año después de su desaparición, la familia de Ismael Chávez se enteró a través de la prensa que había muerto en un enfrentamiento entre extremistas ocurrido en Argentina, conocido como Operación Colombo. La lista de 119 fallecidos, publicada por la revista argentina LEA y el diario brasileño O’Día, fue replicada en Chile por El Mercurio, La Tercera y el vespertino La Segunda. Este último, en un alarde de impudicia, tituló en primera plana: “Exterminados como ratones”.

La noticia rápidamente fue desmentida por agencias internacionales y el montaje periodístico quedó en evidencia.  En el campamento de concentración de Melinka, en Puchuncaví, 95 presos iniciaron una huelga de hambre denunciando que algunos compañeros asesinados habían estado hacía pocos días en el lugar.A tanto llegó el revuelo internacional que Sergio Diez, entonces embajador de Chile ante la ONU, tuvo que acudir a la Asamblea General de Naciones Unidas a dar explicaciones. Allí, con el desparpajo de los cómplices, aseguró que los asesinados ni siquiera tenían existencia legal.

Mónica, con su hijo en brazos, recorrió todos los centros de detención donde estaban recluidos los presos políticos, especialmente Cuatro Álamos y el Estadio Nacional. En ninguno de esos lugares recibió alguna pista sobre el paradero de Ismael Chávez. Su marido, a quien conoció cuando tenía 18 años en una marcha en el centro de Santiago, pertenecía al frente de estudiantes universitarios que dependía del Movimiento de Izquierda Revolucionaria.

Chávez había estudiado teatro en la Universidad de Chile y el mismo año de su desaparición se matriculó en la escuela de Derecho de la misma casa de estudios. Soñaba con ser diplomático de carrera y estaba convencido de que la intervención militar no se prolongaría por mucho tiempo.

Mientras, se dedicaba a labores de propaganda, confeccionando en mimeógrafo El Rebelde, una revista clandestina elaborada por el MIR donde escribía artículos y Mónica le ayudaba con las ilustraciones. Ambos, además, trabajaban en distintas poblaciones del sector poniente de Santiago. Juan Carlos, como conocían a Ismael, se dedicaba a realizar teatro comunitario en cuanto centro cultural se levantó en aquellos años. Buscaba concientizar a los pobladores a través de su oficio. Siempre decía que hacer teatro, era hacer política.

Mónica quedó embarazada en su último año de secundaria. Pese a que la gente del MIR no era partidaria de que sus miembros se casaran, entendiendo la grave crisis política que atravesaba el país, la pareja decidió contraer matrimonio. Lo hicieron el 1 de febrero del año 1974. Cinco meses más tarde nació Juan Carlos, bautizado así en honor a la “chapa” política de su padre, desaparecido pocos días después de su nacimiento. En 1977, después de varios allanamientos a la casa de Mónica, esta decide exiliarse en Holanda junto a su pequeño hijo.

EXILIO

Juan Carlos Chávez tenía apenas tres años cuando llegó a Ámsterdam. En Holanda comenzaron a vivir con una tía. Mónica empezó a trabajar en un comité internacional de refugiados, ligado al partido radical, y luego en servicios de solidaridad a otros países latinoamericanos que estaban en guerra, como Nicaragua y El Salvador.

El constante activismo político de su madre, despertó tempranamente las inquietudes políticas de Juan Carlos. La casa siempre estaba rodeada de dirigentes de diversos países y escuchaba lo que pasaba en otras partes del mundo. “Yo era súper chico y hacía análisis políticos, sabía harto de historia, sobre la vida del Che Guevara y le conversaba a la gente que llegaba a la casa. Ellos quedaban impactados. Era algo inconsciente”, recuerda Juan Carlos.

Pese a que su entorno era eminentemente político, él nunca se sintió como un exiliado. Iba a una escuela normal, hablaba perfectamente el idioma y su madre acababa de recibir un subsidio de vivienda por parte del gobierno holandés. Como todo niño de su edad comenzó a preguntar por qué su padre no lo iba a buscar al colegio. “A los cinco años supe que estaba desaparecido. Mi madre nunca me inventó nada. Siempre trató de explicarlo y como estábamos metidos en el tema político se me hizo más fácil”.

Juan Carlos piensa que esa resiliencia, en el fondo fue una estrategia emocional para transformar el dolor en un tema político, ideológico, de lucha. Un proceso que con los años, admite, le provocó algunos trastornos psicológicos. “Uno puede disfrazar ciertas cosas como heroísmo, pero tarde o temprano las cosas comienzan a afectarte. Es un fenómeno inconsciente que uno utiliza como una barrera de protección”, analiza hoy.

Encontrar un espacio en el mundo, definir su identidad, fue un trabajo largo y también doloroso. Una búsqueda que comenzó cuando visitó por primera vez Chile cuando tenía 10 años. Su madre, que tenía una relación formal con un ciudadano holandés con los que tuvo dos hijos, terminó de estudiar trabajo social y pidió hacer su práctica en Chile en la Vicaría de la Solidaridad.

El reencuentro con Chile coincidió con las emblemáticas jornadas de protestas en contra de la dictadura. Era el año 1984 y Juan Carlos tenía 10 años. Recuerda haber estado en la Villa Francia con dos de sus tías, arrancando de los pacos por unos estrechos pasajes de la población, en una protesta luego de la muerte de los hermanos Vergara. “Comencé a correr en la misma dirección que lo hacía la gente, había una tremenda balacera, y de repente me meten a una casa. Lo más gracioso es que estaba tirado en el piso y unos metros más allá, en el antejardín, estaba una de mis tías. La solidaridad era increíble”, recuerda.

De vuelta en Holanda, cuando le preguntaban qué le había gustado de Chile, respondía que lo más llamativo habían sido las protestas. Cinco años más tarde regresaría definitivamente al país.

LA BÚSQUEDA

La familia había crecido durante el exilio. A Mónica y Juan Carlos, se sumaron Vincent, la pareja de su madre, y dos hermanos más. Todos arribaron al país en febrero del año 89. El regreso de Juan Carlos al país coincidió con el proceso de transición que recién comenzaba en Chile.

Ese mismo año ingresó a estudiar al Liceo Juan Bosco y comenzó a involucrarse en el movimiento estudiantil secundario. “Me tocaron las protestas por el pasaje del metro, empecé a vincularme con integrantes del centro de alumnos, algunos chicos del MIR, y con gente del Liceo de Aplicación, pero no milité en ningún partido”, recuerda.

Su llegada al país concidió con una búsqueda que tenía pendiente: saber por otras personas quién había sido su padre. Visitó a varios presos políticos en la cárcel pública. Uno de ellos le comentó que era un tipo extrovertido, de voz imponente, que siempre vestía de poncho y lo acompañaba una mujer baja de piel blanca (su madre). El rompecabezas comenzaba a armarse.

Juan Carlos reconoce que, pese a la ausencia de su progenitor, siempre tuvo una dialéctica particular con él. Cuando era pequeño lo veía como un héroe sin fallas. Lo sentía cercano pero a la vez muy distante. Cuando se portaba mal no faltaba quien le recordaba que en esas circunstancias su padre no se habría comportado así. “En un momento -reconoce- comencé a peinarme como mi papá, a vestirme como él. No sé cómo explicarlo, como que no tenía una identidad propia”.

Durante un encuentro en Villa Grimaldi, Juan Carlos escuchó el testimonio de un sobreviviente que había venido a declarar en una causa que llevaba el juez Juan Guzmán Tapia por la Operación Colombo. Ahí se percató que la fecha en que estuvo detenido el prisionero y su padre eran coincidentes. Se acercó, le mostró la foto de Ismael y le preguntó si lo conocía. También le comentó como andaba vestido su padre al momento de su desaparición.

Pocos días después el hombre lo llama por teléfono y le contó una historia ocurrida en Londres 38. Le aseguró que uno de los detenidos, en una salida a “porotear”, se arrancó con la venda puesta y fue atropellado por un vehículo. Los agentes lo devolvieron al centro de detención y lo dejaron tirado en el piso. Estaba perdiendo sangre y hacía mucho frío. De pronto escuchó una voz y observó entre la venda cuando un hombre se acercó al herido y le entregó una prenda a nombre de un tal Juan Carlos. La ropa era un poncho negro. El mismo que su padre usaba cuando fueron a buscarlo a su hogar. Por fin, después de años de búsqueda, la familia encontraba una pista a la cual aferrarse.

LA SANACIÓN

En el año 90 murió en un accidente automovilístico Vincent, la pareja de su madre, que trabajaba como fotógrafo para agencias extranjeras. La ausencia del verdadero padre le impidió asimilar que tenía otro a su lado, que había marcado su vida de manera importante. Su deceso desató una crisis en Juan Carlos. “Me dí cuenta que tuve alguien importante y que no lo valoricé. Él se portó muy bien conmigo y me entregó muchos valores de tolerancia que aún conservo”.

Huérfano por segunda vez, Juan Carlos cayó en una fuerte depresión. Estudió periodismo, teatro, cine y derecho. No pudo terminar ninguna carrera. “Empezaba con entusiasmo, pero después se me quitaban las ganas. Eso me empezó a afectar en las relaciones de pareja. Comenzó a darme todo lo mismo. Me lamentaba no poder llevar una vida normal como el resto”, recuerda.

Comenzó una terapia junto a su madre. Le descubrieron un trastorno obsesivo compulsivo. Se dio cuenta que había ciertos rituales que repetía: apretar las llaves del agua y cerrar reiteradamente la puerta de su casa. “Yo pensaba que eran mañas. La doctora que me empezó a tratar no sólo me recetaba medicamentos, sino que también me explicaba cómo funcionaba fisiológicamente. Poco a poco comencé a entender de qué se trataba, pero aún seguía confundido”.

En el año 2014 ya no aguantaba más y decidió abandonar el tratamiento. Lo cortó de raíz y comenzó a tomar yerbas medicinales. El repentino cambio le provocó mareos, dolores de cabeza y náuseas. “Sentía que estaba en un limbo -recuerda- no daba más, podía pasar cualquier cosa”.

En diciembre de ese año llegó a visitarlo un primo del sur que se había transformado en machi. En cuanto su familiar lo vio, comenzó a abrazarlo y hacerle cariño. “Vengo a ayudarte”, le dijo. Luego le comentó que desde hacía muchos años sentía que a él le pasaba algo y que si quería sanarse tenía que obedecerle.

Le recomendó un trabajo sicológico, físico y espiritual. “Me dijo que no me vistiera más de negro, que usara colores más vivos, que me preocupara de proporcionarme inyecciones diarias de humor y que abandonara el círculo político de los derechos humanos por un tiempo. Me dio a entender que mi madre y yo estábamos en una simbiosis que era un circulo vicioso”.

Antes de marcharse el machi le dijo “cuando tú te sanes, comenzarás a sanar a otras personas”. El mensaje le pareció un tanto críptico, pero con el tiempo lo comenzó a descifrar. Las recomendaciones comenzaron a tener efectos y lentamente se comenzó a sentir mejor. Incluso logró entender, sin angustia, lo que su doctora intentó desentrañar. “Cuando cerraba las llaves compulsivamente, intentaba controlar situaciones que jamás pude manejar cuando pequeño. Yo tenía 26 días de vida cuando murió mi padre. No tenía de qué culparme”, reflexiona.

Una parte medular del proceso de sanación ocurrió cuando un abogado lo invitó a participar en una acción judicial. Un acto que tuvo un fuerte componente simbólico. El 11 de septiembre del año 2013, 40 años después del golpe militar, Juan Carlos Chávez interpuso la primera querella criminal contra Agustín Edwards como autor intelectual del delito de homicidio, en favor de los 119 muertos en la Operación Colombo, entre ellos su padre. “Me sentí más liberado y que en cierta forma hacía justicia por mi viejo y por todos aquellos que no se pudieron defender en su momento”.

“Agustín Edwards representa el mal que dirige todo, pero que nadie ve. Me atrevo a decir que fue peor que Pinochet. Los milicos hicieron el trabajo sucio y los civiles que apoyaron la dictadura son los Pilatos que se lavaron las manos y que finalmente planificaron todo”.

Para el hijo de Ismael Chávez la querella cerró un ciclo en su vida. “Sentí que se cerró algo, pero que se abrió otra cosa mejor con una nueva perspectiva. Lo más importante es el tema espiritual, porque sin ese camino de sanación nada tiene sentido”.

La acción judicial en contra del magnate de la prensa finalmente no prosperó, aunque el quinto Agustín tuvo que declarar en tribunales. Juan Carlos Chávez comenzó a estudiar el año pasado medicina naturopática. Los designios de su primo se estaban cumpliendo.

Montaje de Prensa . Operación Revista Para Ti

Operación Para Ti

Su hijo desapareció cuando tenía 17 años. Y la parió madre, militante y fundadora de la organización Familiares. Fue secuestrada, torturada en la ESMA y obligada a posar en un falso reportaje que publicó la revista Para Ti como parte de la campaña de la dictadura, diseñada por una multinacional que hoy trabaja para Monsanto.

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El momento más denigrante del periodismo argentino tiene fecha: setiembre de 1979. Fue cuando la dictadura desplegó en los medios los servicios de la agencia multinacional Burson Marsteller. Pagó 1 millón de dólares para que le diseñaran una campaña que neutralizara la primera visita de una comisión internacional dispuesta a investigar las denuncias por violaciones de derechos humanos. Se sabe hoy que a Burson Marsteller le corresponde el copyright del inolvidable slogan “Los argentinos somos derechos humanos” que el entonces ministro del Interior, Albano Harguindeguy, mandó imprimir en 250.000 calcomanías autoadhesivas. Lo que no se sabe aún es si esta historia de Thelma Jara de Cabezas hay que leerla en el contexto de esa campaña y como una de sus mentiras más exitosas y perdurables.

Aparatos

Estoy sentada en la cocina de la modesta casa de Thelma y, con pudor, coloco el grabador arriba de la mesa. No es casual que en ese momento me muestre el celular que le entregó el programa de monitoreo de testigos de los juicios por delitos de lesa humanidad. “A las dos y media me tienen que llamar para control”, me advierte. Noto la paradoja: el teléfono y el grabador tienen el mismo tamaño. Y en esa mesa, los dos se convierten en un arma.

Rezo

La memoria de todo sobreviviente es un arma cargada de recuerdos. Thelma los dispara sin orden. No hay relato: hay fragmentos. Son esquirlas que por su intensidad se precipitan sobre la mesa. “Mi cabeza ya no es tan clara. Hay cosas que no recuerdo y otras que no puedo olvidar. Por esas, rezo”.

Rupturas

Thelma es una princesa guaraní. Nació en Corrientes, se casó en Ushuaia, parió a sus 2 hijos en Buenos Aires y regresó al fin del mundo hasta que dijo basta. Desde entonces, se radicó en Carapachay, donde crió a sus varones, sola. Trabajaba de asistente dental. Era activa, moderna, decidida. Los 70 la encontraron sin tiempo para la política, pero alentando a sus hijos a volar tras sus sueños. El mayor, Daniel, se fue a México a estudiar cine. El menor, Gustavo, comenzó a participar en la agrupación Montoneros. El 10 de mayo de 1976 lo secuestraron en un operativo callejero. Había militado sólo seis meses. Tenía 17 años.

Madres

La desaparición de Gustavo convirtió a Thelma en una de las fundadoras de Familiares, la primera organización de derechos humanos nacida en plena dictadura. “Familiares era apenas un escritorio dentro del departamento de la Liga Argentina de Derechos Humanos, ahí en Callao y Corrientes, justo arriba de la confitería Odeón”, evoca ahora Thelma. “En esa época no entendía por qué no querían que vaya a Plaza de Mayo. Me escapaba igual y me quedaba un ratito, para hablar con otras madres. Ellas tenían muchas ideas, siempre pensaban qué hacer. Con el tiempo me di cuenta de que mis compañeros no querían que fuera por cuestiones de seguridad. Pero eso lo entendí mucho después: el peligro”.

Papa

La princesa guaraní se convirtió, entonces, en un cuadro montonero. En plena dictadura y con un coraje que la llevó hasta la mexicana localidad de Puebla, donde en febrero de 1979 se celebró una reunión del Episcopado latinoamericano. Logró entregarle al Papa Juan Pablo II las denuncias por las desapariciones en Argentina. De ahí, viajó a España a entrevistarse con la conducción de Montoneros. En todo el trayecto estuvo escoltada: la siguieron.

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Secuestro

Thelma fue secuestrada el 30 de abril de 1979 en la puerta del Hospital Español, en plena Capital porteña. Había ido a cuidar a su ex marido. “Lo trajeron desde Ushuaia en avión sanitario. Cáncer terminal. Moribundo. Son las 7. Lo sé porque justo entra un médico y se enoja mucho porque yo estoy ahí y no es el horario de visita. Salgo y veo una fila de autos en la puerta, uno detrás del otro. Atrás mío siento que hay alguien, caminando apurado. Hay algo raro en las luces de los autos. ¿Qué hago? Decido ir hacia la esquina porque hay una parada de colectivo, y veo mucha gente en la cola, esperando. Ahí, el que está atrás mío me agarra de los pelos, me pone la mano en la boca y me empuja adentro de un auto. Me llevan a un lugar. No sé dónde estoy. Es la ESMA, donde empieza todo el trajín de torturas.”

Daniel, el hijo mayor de Thelma, es quien pone en contexto este recuerdo. “En esa época en Familiares se había organizado un grupo de mujeres muy fuertes, decididas. Estaba Cata Guagnini (dirigente trotskista, dos hijos desaparecidos: Diego y el periodista Luis Guagnini), Lita Boitano (madre de Miguel y Adriana, ambos desaparecidos), Graciela Lois (su marido, Ricardo, tenía 24 años cuando lo secuestraron), Lilia Orfanó (también con dos hijos desaparecidos: Daniel y Guillermo), todas madres que trabajaban muy duro y con mucho carácter. Alguien me contó, no recuerdo quién, que la idea era secuestrar a alguna de ellas y eligieron a mi madre. Luego supimos por qué: Julia Sarmiento, que era miembro de Familiares, fue secuestrada y comenzó en la ESMA a colaborar con los militares. Ella la acompañó a Puebla, probablemente sabía que era la única de ese grupo de madres que integraba la conducción de Montoneros”.

Caramelo

Dispara Thelma: “Durante las primeras tres semanas me torturan. Un día por semana. No me acuerdo si lloraba, no me acuerdo si gritaba, no me acuerdo si sentía dolor. Nada, nada, nada: ya no me acuerdo. Me acuerdo que me sacan toda la ropa. Los gritos: ´Vieja de mierda, hablá´. ¿Cuánto tiempo dura? Un ratito no es, te aseguro”.

¿Rezabas?

No. Ahí no.

Ahí no hay dios

No. Ahí no hay nadie ni nada. Están ellos, 5 ó 6. Está Marcelo: le veo la cara cuando me levanta la venda y me dice: “Mirá”. Y se pone la picana en la mano. “La tengo dormida de tanto darte máquina, y vos nada”. Él se queja y la que recibe tortura soy yo. Después, unos sobrevivientes me contaron que mientras estaba en la sala de tortura, ellos estaban en un cuarto cercano y ahí la luz titilaba, porque cuando dan mucha máquina la tensión baja. También me contaron que una de esas veces lo vieron salir a Marcelo todo transpirado, con la ropa empapada en sudor, quejándose por el trabajo que yo le daba. Marcelo me secuestró y me torturó. Después supe que fue también el que me siguió a Puebla y a España. Fue también el que me acompañó a Uruguay para dar una entrevista a un diario y el que estaba en otra mesa, en ese bar donde hice la entrevista de la revista Para Ti”.

Marcelo es el represor Ricardo Miguel Cavallo, condenado el 26 de octubre de 2011, en el primer juicio por los delitos cometidos en la ESMA, a prisión perpetua.

Otros de los torturadores de Thelma eran el médico naval Carlos Octavio Capdevilla y el enfermero Juan Barrionuevo, que al momento de ser procesado se había convertido en diputado provincial a cargo de la comisión de salud de la legislatura de Tierra del Fuego.

Dispara Thelma: “Después de torturarme me tiran arriba de una frazada, en el piso. Dicen: a esta, nada de agua ni comida por 72 horas. Tengo los ojos vendados. Escucho el ruido de un papel de caramelo. Me acuerdo que uno de los guardias, el más joven, come caramelos de azúcar quemada, esos que se llaman Media hora. No dice nada. Sólo el ruido del papel, muy cerca, como si lo hiciera sonar al lado de mi oreja”.

La agencia

Fue el inefable José Alfredo Martínez de Hoz el que recomendó a la Junta Militar contratar los servicios de la agencia internacional Burson Marsteller para contrarrestar las denuncias que en foros y prensa internacionales lograron difundir Madres y familiares de desaparecidos. Su mano derecha, Walter Klein, por entonces titular de Coordinación y Planificación Económica, fue quien viajó a Nueva York para reunirse con Victor Emmanuel, el responsable de la “cuenta” argentina. Emmanuel admite su participación en el diseño de la campaña de la dictadura argentina en una entrevista que le realizó la investigadora Marguerite Feitlowitz y que publica en su libro A Lexicon of Terror, editado en 1998, y en el que cita extensamente el caso de Thelma. En ese entrevista, Emmanuel justifica: “La violencia era necesaria para abrir la economía proteccionista, estatista” de Argentina. “Nadie, pero nadie, invierte en un país envuelto en una guerra civil”, dice, admitiendo también que “muchas personas inocentes probablemente fueron asesinadas”. Y agrega: “Dada la situación, se requería una inmensa fuerza”.

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Crímenes

De aquella época en Burson Marsteller solo queda hoy el octogenario fundador, Harold Burson, quien en una reciente entrevista explicó cuál es la especialidad de su empresa: “Una agencia de publicidad compra espacios en los medios para dar un mensaje directo. Nosotros nos dedicamos a generar espacios de influencia. Ya sea a través de personas o de medios. Nuestro objetivo es narrar la historia de nuestros clientes de modo de imponerse sobre sus críticos y que las cosas se miren desde nuestro punto de vista”.

La especialidad de Burson Marsteller son los crímenes. Algunos ejemplos:

  1. El gobierno de Nigeria los contrató en la segunda mitad de los años 1960 para refutar las acusaciones de genocidio en Biafra.
  2. Durante el gobierno del dictador Nicolae Ceaucescu, asistió exitosamente a Rumania en sus gestiones para obtener el estatus de nación más favorecida en el comercio internacional por parte de Estados Unidos. La campaña incluyó una visita a Rumania del conocido programa de TV NBC Today. El show se extendió durante una semana.
  3. Representaron a la empresa Union Carbide Corporation, fabricante de las pilas Eveready, para afrontar su responsabilidad por el desastre ocurrido en 1984 en Bhopal, ciudad de la India, que causó la muerte de 2.000 empleados y pobladores vecinos a la planta.
  4. En la década del 90 se especializó en capacitar a los ejecutivos y gerentes de empresas multinacionales de la industria petrolera, sobre el modo de comunicar a la opinión pública desastres producidos por derrames y explosiones.

Credo

Harold Burson admite que tienen un límite: no aceptan trabajar en campañas a favor del aborto. Su entrevistador le recuerda entonces su pasado con la dictadura argentina. Harold Burson responde: “Cierto, pero no trabajamos para la política interna nacional”. Ejemplo típico del credo de Burson Marsteller: no es mentira decir solo algo de verdad.

El objetivo del trabajo de Burson Masteller para la dictadura argentina era otro: diseñar una campaña que desacreditara el informe que la Comisión Internacional de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA, iba a difundir en el mundo luego de su visita a Argentina.

Silencios

La CIDH estuvo del 7 al 10 de septiembre de 1979 en Buenos Aires, del 10 al 14 en Córdoba, el 14 y 15 en Tucumán, pasó por Rosario y regresó a la Capital Federal. Visitó los campos clandestinos de detención de La Rivera y La Perla, en Córdoba, y El Atlético y el Olimpo, en Buenos Aires, que ya habían sido desmantelados. También visitaron la ESMA y por ese motivo los secuestrados allí fueron trasladados. Dispara Thelma: “Nos llevan al Tigre. Hay un grupo grande que está secuestrado en un pozo, bajo tierra. Ahí está el marido de una sobrina mía. Lo sé porque yo cocino para todos. Otras chicas también cocinan. Pero a la segunda o tercera vez que me toca cocinar a mí, escucho una voz que grita desde el pozo: ´Esto lo hizo Thelma porque tiene el sabor suave de sus comidas´. Es Eduardo, el marido de mi sobrina”. Estaban en El Silencio, la isla del Tigre que monseñor Emilio Graselli le vendió a la patota de la ESMA, según la investigación que publicó Horacio Verbitsky. “En ese libro –me dice Daniel, el hijo de Thelma- Vertbisky escribe tres veces que mi mamá le dio una nota a la revista Para Ti. Y no la dio: la obligaron, que es bien distinto. Lo llamé varias veces para aclarárselo, pero nunca me atendió”.

Falsedades

Thelma fue una de las últimas en llegar a la isla. Cavallo y la patota de la ESMA la habían trasladado con documentos falsos a Uruguay para posar en una falsa entrevista que fue publicada el 22 de agosto de 1979 en el falso diario World News, perteneciente la secta Moon. En esa nota le adjudicaban una frase: “Estoy secuestrada por los Montoneros”.

La nota fue reproducida por la agencia oficial Télam y varios diarios locales la publicaron como cierta. De esta manera la dictadura se anticipaba a la denuncia sobre la desaparición de Thelma que presentaría, días después, la organización Familiares en la cita que tenía pautada con la CIDH. Carlos Muñoz, otro de los sobrevivientes de la ESMA trasladado a la isla, declaró en el juicio: “Orlando González, alias Hormiga, que era fotógrafo del Centro de la Marina o Club la Marina, le tomó a Thelma las fotos en Uruguay, que yo revelé, donde se la veía en lugares típicos de Montevideo como si ella estuviera en una especie de exilio”.

Operación

El mismo día que llegó la CIDH a Buenos Aires, la revista Para Ti publicó en su tapa el falso reportaje titulado “Habla la madre de un subversivo muerto”. Cinco páginas, varias fotos y un argumento: una Madre desacreditaba las denuncias de las Madres.

Cuando Thelma declaró extensamente en el juicio a los ex comandantes de la dictadura, el 24 de julio de 1985, detalló que antes de esa entrevista la llevaron a una peluquería, que ubicó en la avenida Cabildo. Luego, le compraron ropa en Once. La entrevista se celebró en la confitería Selquet, en el barrio de Belgrano. El periodista que firmó el reportaje es Eduardo Scola y Tito La Penna, el fotógrafo que retrató a Thelma. Ambos declararon como testigos en la causa que investiga el delito cometido con ese falso reportaje.

Dispara Thelma: “No me dan ninguna explicación. Me dicen que la revista Para Ti quiere saber algunas cosas. Me arreglan un poco. El periodista pone un grabador en la mesa y me hace 2 ó 3 preguntas que no tienen nada que ver con nada. Todo muy seco. El fotógrafo está parado. Se mueve. Parece nervioso. Todo es muy rápido. Después, veo que en la ESMA todos tienen la revista en la mano. Se la pasan. Mirá, dicen. Ellos. A mí no me la muestran. Pero algo pasa después de ese reportaje. Me llevan a una oficina, donde todos los días tengo que copiar algo. Son recortes de diarios, que tienen párrafos señalados. Yo tengo que copiar esos párrafos, a mano. No tiene sentido. Una locura. Todos los días, copiar párrafos. Creo que es nada más que para tenernos ahí, obedeciendo, como esclavos. Dura mucho tiempo, unos cuantos meses. En esa oficina, siempre con la puerta cerrada. Un día abre la puerta así, de golpe, un oficial joven, y me grita: ´Vos nos debes odiar por todo lo que te hicimos´. Le contesto: ´No tengo ese pensamiento. No odio. Lo que siento es un gran dolor, por ustedes y por nosotros´”.

¿Qué te hicieron con ese reportaje?

No lo supe mientras estaba secuestrada ni mucho después de salir, porque no había leído Para Ti.

Heridas

Thelma se dio cuenta de lo que le habían hecho meses después de que la liberaran, el 7 de diciembre de 1979. Su hijo Daniel, que había regresado a Argentina como parte de la llamada “contraofensiva” fue detenido. A Thelma le avisó el represor Cavallo, quien viajó especialmente a Corrientes para darle la noticia. En la puerta de la cárcel, mientras hacía la fila para ver a su hijo detenido, la increpó un familiar de otro preso político. Le gritó: “Traidora”.

Había leído -y creído- la nota de Para Ti.

Bailes

Thelma cierra ahora los ojos y dispara: “A veces hacen bailecitos. Ellos quieren bailar: los guardias. Ponen la radio y discos también. Tango, y todo lo moderno. Los guardias se ponen a bailar. Las chicas, tan jóvenes, bailan. Y vienen los jefes, los que dan las órdenes, y bailan. Como en un comedor familiar, de club o de salón. Bailan. Y nosotros miramos, sin decir nada. Nunca sabemos cómo va a terminar nada. Nunca. Entonces, nos miramos entre nosotros, callados, como viendo un sueño, un sueño feo. Viendo esas caras, tan malvadas, repugnantes, procurando que eso no nos haga mal, no nos llegue al fondo. Esas caras, bien de película de terror. Tremendo, muy tremendo. Entonces, el esfuerzo por cuidar hasta la expresión, porque parece que todo gesto que hagamos nosotros puede servir de excusa para hacer más daño. Es muy raro lo que nos pasa. No hablar, observarlos. Sin hacer nada para no darles lugar a que hagan peores cosas. Aguantar, para que no se mate a nadie, para que no se torture a nadie. Aguantar, aguantar, aguantar… Pensar que ahora mi cuñada está yendo a la ESMA a bailar. Es jubilada. La pasan a buscar a las 9 de la mañana y la llevan a la ESMA y le dan el desayuno, charlas, conferencias, almuerzo, todo. Y baila”.

¿Vos no volviste?

Nunca más.

Diablos

Daniel, el hijo de Thelma, me pregunta si creo que es posible que un torturador, una bestia como el represor Cavallo puede haber ideado una estrategia mediática semejante como la que condenó a su madre. Relaciona entonces las fechas, la coincidencia de la campaña diseñada por Burson Marsteller y ese reportaje en Para Ti, en el contexto de toda la colaboración que prestó Editorial Atlántida a la dictadura. Dispara entonces hacia el corazón de las operaciones de prensa, que hoy gozan de excelente prestigio: Burson Marsteller acaba de ser nombrada Agencia Latinoamericana del Año 2013 por la publicación especializada en marketing The Holmes Report.

En Argentina, su flamante cliente es la multinacional Monsanto.

Plegarias

Thelma tiene un altar en su cuarto con las imágenes de Cristo, Sai Baba, la pirámide de Plaza de Mayo y la foto de su hijo Gustavo.

Su hijo Gustavo, 17 años

Reza allí todas las tardes una larga cadena de oraciones que ella misma escribe para una lista infinita de nombres que ella misma escoge. Tiene un atado con papelitos donde anota plegarias y personas. Le pido que anote mi nombre. La fotógrafa, también. Thelma los escribe a mano, en su lista infinita. Y dispara: “Mi hijo Daniel me pregunta qué encuentro en esta espiritualidad. Le respondo: tranquilidad. Eso es lo que necesito. Eso es lo que todos necesitamos”. Entiendo: el eterno rezo de Thelma es contra la impunidad. Y por la verdad.

Thelma

El juicio a los editores

La primera denuncia penal contra Editorial Atlántida y los responsables de la revista Para Ti por la publicación de la falsa entrevista a Thelma Jara de Cabezas se presentó en 1984 y fue archivada luego de la sanción de las leyes de impunidad. Su abogado era un profesor adjunto de Derecho Penal: Alberto Fernández, hoy más conocido como ex Jefe de Gabinete durante la presidencia de Néstor Kirchner.

El abogado y periodista Pablo Llonto, es ahora quien patrocina a Thelma en una nueva denuncia criminal contra los integrantes del directorio de Atlántida, “que estaban en conocimiento de la preparación y elaboración del reportaje y de otras notas sobre lo que sucedía en la ESMA y otros centros clandestinos”. La denuncia también involucra a periodistas “que en conocimiento del hecho realizaron el reportaje y con posterioridad no lo denunciaron”. La causa se tramita en el juzgado federal a cargo de Sergio Torres.

Ya declararon como testigos el periodista que realizó la nota y Tito La Penna, el fotógrafo. Dijo: “Hubo algo que me llamó la atención, y que después se lo comenté al periodista. Ella decía que buscaba a su hijo que estaba desaparecido. Y en esa época nadie hablaba de desaparecidos, nadie”.

El juez Torres citó, entre otros, al editor responsable de la publicación: Agustín Bottinelli. Comenzó así una serie de apelaciones con las que el periodista intentó eludir su declaración indagatoria. Concluyeron hace unos meses, cuando la Cámara Federal de Casación resolvió que Bottinelli debe presentarse ante la justicia. No lo hizo hasta hoy. Está esperando que el fallo sea confirmado por la Corte Suprema. En tanto, trabaja como jefe de la sección Sociedad del diario La Prensa.

Jara de Cabezas, Thelma

Juicio a las Juntas, 24 de Julio de 1985

Dr. López: Se llama al estrado a Thelma JARA de CABEZAS.

Dr. Ledesma: – ¿Alguno de sus hijos, señora, fue privado de su libertad?

Cabezas: Mi hijo Gustavo Alejandro.

Dr. Ledesma: ¿En qué circunstancias?

Cabezas: Bueno, el 10 de mayo.

Dr. Ledesma: ¿De qué año?

Cabezas: De 1976, salió de casa a la mañana muy temprano, a acompañar a una amiga.

Dr. Ledesma: ¿El nombre de esa amiga?

Cabezas: Mire ahora no recuerdo, pero le decíamos Kity.

Dr. Ledesma: ¿Le decían?

Cabezas: Kity.

Dr. Ledesma: Prosiga.

Cabezas: Salió de casa, y en la plaza de Martínez hubo un operativo, mediante el cual detenían a los colectivos y hacían bajar a los pasajeros…

Dr. Ledesma: ¿Qué colectivo era, sabe qué línea era?

Cabezas: No estoy segura, pero creo que era el 314.

Dr. Ledesma: ¿Cómo se enteró de eso?

Cabezas: Porque me vinieron a avisar, gente que había visto el operativo y que, casualmente, había un conscripto que conocía a mi hijo; el operativo era de Carapachay, donde vivíamos.

Dr. Ledesma: ¿Puede dar el nombre del conscripto?

Cabezas: No, porque no lo ubicamos después.

Dr. Ledesma: ¿Y otros datos para identificarlo?

Cabezas: No tengo ninguno.

Dr. Ledesma: Prosiga señora.

Cabezas: Y al bajar todos del colectivo, esta chica hechó a correr, le tiraron y la mataron, y a Gustavo lo subieron a un camión.

Dr. Ledesma: ¿Cuánto tiempo después se enteró usted de este hecho?

Cabezas: A los pocos días.

Dr. Ledesma: ¿Efectuó alguna denuncia?

Cabezas: Sí.

Dr. Ledesma: Al respecto.

Cabezas: Sí, sí, sí.

Dr. Ledesma: ¿De quién recibió respuestas escritas?

Cabezas: Bueno, de los hábeas corpus, los hice en el Juzgado.

Ledesma: No, fuera de las…

Cabezas: De los hábeas…

Dr. Ledesma: Fuera de los hábeas corpus.

Cabezas: Bueno…

Dr. Ledesma: Usted personalmente, ¿recibió alguna respuesta escrita?

Cabezas: Por ejemplo, yo había presentado una carta al 1° Cuerpo del Ejército, y ahí me contestan que el paso no les correspondía a ellos, y pasaban al área correspondiente, eso es lo único que me dicen.

Dr. Ledesma: ¿Qué actividad desarrollaba su hijo?

Cabezas: Bueno, era estudiante, estudiaba en el colegio Emilio Lamarca de Ballester, estaba en 3° año.

Dr. Ledesma: ¿Qué edad tenía?

Cabezas: 17 años.

Dr. Ledesma: ¿Era estudiante secundario?

Cabezas: Estudiante secundario.

Dr. Ledesma: ¿Trabajaba?

Cabezas: No, estudiaba.

Dr. Ledesma: En el colegio, ¿desempeñaba alguna actividad en algún grupo estudiantil?

Cabezas: No, su actividad la desarrollaba cuando había algún festival, o algo así, cosas, digamos, muy infantiles, cosas de chicos…

Dr. Ledesma: ¿Y tenía alguna inquietud política?

Cabezas: Bueno, él decía que era peronista.

Dr. Ledesma: ¿Estaba afiliado?

Cabezas: No, no.

Dr. Ledesma: ¿En algún grupo?

Cabezas: No estaba afiliado.

Dr. Ledesma: ¿Viajó al exterior?

Cabezas: ¿Mi hijo?

Dr. Ledesma: No, no, usted, ¿en procura de averiguar el paradero de su hijo?

Cabezas: Bueno, a raíz de la desaparición de mi hijo, yo comienzo a hacer todas las gestiones, y nos vamos reuniendo con otros familiares, y llego a la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, donde nos ceden un lugar físico y ahí formamos la Comisión de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por razones políticas.

Dr. Ledesma: ¿Usted desempeña algún cargo (inint.) en esa?

Cabezas: Yo era secretaria de organización de esa comisión, en el año ’79 viajé a México, y voy a Puebla.

Dr. Ledesma: ¿Viaja por decisión propia?

Cabezas: Por decisión propia.

Dr. Ledesma: ¿Con dinero particular?

Cabezas: Con dinero particular, y estando en México me integro a un grupo de madres y voy a Madrid para buscar una conexión con el Consejo Mundial de Iglesias, luego nos vamos a Roma.

Dr. Ledesma: ¿A través de quién hace esa conexión con el Consejo Mundial de Iglesias?

Cabezas: Era un pastor, cuyo nombre no recuerdo, y me dan una carta, entonces nos vamos a Roma a pedir una audiencia al Papa, pero en ese momento el Papa viajaba a México; nos recibe y volvemos a Puebla.

Dr. Ledesma: ¿A través de quién había hecho la gestión? ¿Desde México ideó toda la gestión para dirigirse a España, para ver, entrevistar a miembros del Consejo Mundial de Iglesias?

Cabezas: Bueno, este pastor era el que nos iba a dar las direcciones para encontrar, para comunicarnos con los miembros del Consejo Mundial de Iglesias.

Dr. Ledesma: Usted personalmente, ¿había hecho la gestión para comunicarse con él o alguna otra persona desde México?

Cabezas: Madres que vivían en Europa sabían el nombre de este pastor, entonces nos unimos y nos fuimos.

Dr. Ledesma: ¿Viajó usted sola o acompañada?

Cabezas: No, con otro grupo de madres.

Dr. Ledesma: ¿Puede mencionar algunas?

Cabezas: No recuerdo los nombres; en ese entonces, por razones de seguridad, no sabíamos los nombres, nada más que eso, sobrenombres, cosas así, pero sin importancia.

Dr. Ledesma: ¿Vuelve a Puebla?

Cabezas: Vuelvo a Puebla, y bueno en Puebla estábamos todo el tiempo en la reunión de los obispos del CELAM, y estoy ahí hasta marzo, y en marzo vuelvo, me reintegro a la Comisión de Familiares, mientras mi esposo trabajaba en Ushuaia.

Dr. Ledesma: Con relación a su viaje a Europa, y estando allí en alguno de los lugares en los que visitó, ¿tuvo algún contacto con integrantes de la organización ilegal Montoneros?

Cabezas: No señor, no señor, para nada.

Dr. Ledesma: Volvamos a Buenos Aires, ¿llega a Buenos Aires?

Cabezas: Llego a Buenos Aires; mi esposo trabajaba en Ushuaia, era empleado en Vialidad. El 7 de abril lo traen en un avión sanitario, con diagnóstico de cáncer de pulmón, paralizadas las piernas, y lo internan…

Dr. Ledesma: ¿Usted convivía con su esposo?

Cabezas: Desde la desaparición de Gustavo, bueno, él se quedó trabajando en Usbuaia y yo haciendo las gestiones acá.

Dr. Ledesma: Pero, ¿estaba separada?

Cabezas: No, él venía todas las veces que podía.

Dr. Ledesma: Prosiga.

Cabezas: El 7 de abril lo traen, lo internamos en el Hospital Español, y ahí me dedico a cuidarlo, era muy grave su estado, y entraba a las 8 y media de la mañana al hospital y salía a las 8 y media de la noche, y el 30 de abril…

Dr. Ledesma: ¿En dónde pernoctaba usted en esa época?

Cabezas: Me quedaba en la casa de un matrimonio mayor por comodidad, porque yo vivía en la casa de mi madre en Muñiz, y me quedaba muy lejos.

Dr. Ledesma: ¿En la casa de qué matrimonio?

Cabezas: Los dos ya no viven, la señora Carmen BONORA y el señor Emilio BONORA.

Dr. Ledesma: ¿Domicilio?

Cabezas: En Rivadavia. No recuerdo, creo que frente al Parque Rivadavia, al 4000 o no sé.

Dr. Ledesma: ¿Usted para esa época fue privada de su libertad?

Cabezas: El 30 de abril a las 8 de la noche, cuando salía del hospital.

Dr. Ledesma: 30 de abril, ¿de qué año?

Cabezas: De 1979.

Dr. Ledesma: ¿Hasta qué fecha permaneció privada de su libertad?

Cabezas: Hasta diciembre del ’79.

Dr. Ledesma: Prosiga, ¿en qué circunstancias es privada de su libertad, por cuántas personas?, ¿en qué es trasladada?

Cabezas: Estaba esperando en la calle Moreno el colectivo, creo que es el 118 que pasa por ahí, o el 115, no recuerdo bien ahora, y vi acercarse un auto, un Ford, un auto blanco.

Dr. Ledesma: ¿Marca?

Cabezas: Por el tamaño seria un Ford; tenía la puerta trasera abierta y cuando yo me fijé en ese detalle, una mano me tapa la boca y me introduce en el coche.

Dr. Ledesma: ¿Cuántas personas iban?

Cabezas: Cuatro, y hay un detalle, cuando yo salía del hospital, que después de las 8 de la noche, el Hospital Español cerraba la puerta principal que da a la calle Belgrano y teníamos que salir por la calle Rioja, cuando voy a cerrar la puerta para salir, entra un hombre joven, y lo reconozco porque era el que estaba en el auto en el que me secuestran.

Dr. Ledesma: ¿Invocaron alguna autoridad?

Cabezas: No.

Dr. Ledesma: ¿Orden escrita le exhibieron?

Cabezas: Nada, nada, me tiraron, me pusieron esposa y capucha.

Dr. Ledesma: ¿La golpearon?

Cabezas: No, en ese momento no.

Dr. Ledesmmma: ¿La interrogaron en él?

Cabezas: Tampoco, nada.

Dr. Ledesma: ¿Cuánto tiempo viajaron?

Cabezas: Y yo calculo que sería un poco más de media hora.

Dr. Ledesma: ¿Vestían de civil estas personas?

Cabezas: De civil.

Dr. Ledesma: ¿Exhibieron credenciales?

Cabezas: No, ninguna.

Dr. Ledesma: ¿Adónde fue conducida?

Cabezas: Bueno, supe después que era la Escuela de Mecánica de la Armada.

Dr. Ledesma: ¿Cómo lo supo?

Cabezas: Bueno, en el momento me llevan a una sala, me sacan la capucha y veo una sala que estaba tapizada, que después supe que era la sala de torturas.

Dr. Ledesma: ¿Tenía alguna denominación especial esa sala?

Cabezas: Y después supe que le decían la Huevera.

Dr. Ledesma: ¿Por qué le decían así?

Cabezas: Y, porque las paredes estaban tapizadas con cartones que sirven para envasar huevos.

Dr. Ledesma: Pero con posterioridad, ¿usted pudo apreciar personalmente a través de su vista que se trataba de la Escuela de Mecánica?

Cabeza.: No, no, en ese momento no, después supe.

Dr. Ledesma: Digo con posterioridad, no en ese momento.

Cabezas: Sí, después sí, además me preguntaron los otros secuestrados si sabía dónde estaba; yo me imaginaba que estaba ahí, por los ruidos, en el momento ese había fútbol, trenes, gritos de la cancha de fútbol y mucho tránsito.

Dr. Ledesma: ¿Qué pasó allí?

Cabezas: Bueno, ahí, en ese momento, me revisan mi cartera, me muestran una pastilla, no era una pastilla, era como una cápsula negra, me dijeron que era veneno, que era mío; yo no tenía nada de eso, porque además no tenía por qué tenerlo; yo dije que no, después me preguntan quién era mi responsable, como asegurando que yo era militante de alguna organización. Yo digo que no tengo responsable, que yo no soy militante; bueno…

Dr. Ledesma: ¿Mencionan alguna agrupación concretamente?

Cabezas: No, en ese momento, bueno, quieren saber a qué fui a México, a qué fui a Roma, porque ellos ya sabían que yo habia ido a esos lugares porque había una chica que trabajaba con nosotros en la Comisión de Familiares, y estaba trabajando con ellos.

Dr. Ledesma: ¿Cómo se llamaba?

Cabeza.: Julia Estela SARMIENTO.

Dr. Ledesma: ¿Le preguntan algo sobre ella?

Cabezas: Me preguntaron, sí, por qué yo había cambiado con Julia.

Dr. Ledesma: ¿Y efectivamente usted había cambiado con ella?

Cabezas: Sí, yo tenía algo, que no sabia qué era, no sabia porque…

Dr. Ledesma: ¿Sospechaba algo de ella?

Cabezas Algo sí.

Dr. Ledesma: ¿Usted qué le responde?

Cabezes: Les digo que yo no tenía nada contra Julia, pero seguían insistiendo…

Dr. Ledesma: ¿En donde la había visto usted a Julia con anterioridad?

Cabezas: En la Comisión de Familiares, antes que viniera mi marido.

Dr. Ledesma: ¿Dónde se reunían?

Cabezas: En la Comisión, en la Liga.

Dr. Ledesma: ¿En dónde estaba ubicada?

Cabezas: Estaba en la calle Corrientes 1785.

Dr. Ledesma: ¿Cuántas veces habrá concurrido Julia a dicho lugar?

Cabezas: ¿En ese año?

Dr. Ledesma: Sí.

Cabezas Todos los días, hasta que me secuestran.

Dr. Ledesma: Mientras la interrogan, ¿está encapuchada?

Cabezas: Bueno, no. Pero después me vuelven a encapuchar colocándome las manos a la espalda.

Dr. Ledesma: ¿Fue golpeada mientras era interrogada?

Cabezas: Sí, me dieron una cachetada, pero después, como no les decía qué había pasado, qué había hecho en Roma, entonces me desvisten, me ponen arriba de una cama y me torturan con picana eléctrica.

Dr. Ledesma: ¿Allí la seguían interrogando?

Cabezas: Me seguían interrogando; yo les decía que no sabía nada, no tenía nada que decir; preguntaban quién era mi responsable. Había muchas personas a mi alrededor que me interrogaban, aunque no las puede ver porque permanecía encapuchada; luego me sacan la capucha y me muestran fotografías.

Dr. Ledesama: ¿De quiénes?

Cabezas: Todas eran de organizaciones, decían ellos; yo no los conocía, sólo a Julia.

Dr. Ledesma: ¿Y fotografías individuales?

Cabezas: Individuales, yo conocí a Julia, a PUIGROS porque, bueno por la fotografía de los diarios, por todo el renombre que tenía, a FIRMENICH, por la fotografía de los diarios, y después a los demás no.

Dr. Ledesma: ¿Le quedaron secuelas de los tormentos recibidos?

Cabezas: Bueno, yo creo que no, creo que ésa fue la primera vez, después volvieron a torturarme, después de esa noche; bueno, me preguntan si yo tengo un responsable, yo digo, como me seguían torturando, digo, bueno sí, porque…

Dr. Ledesma: ¿Ese mismo día?

Cabezas: ¿Esa misma noche?

Dr. Ledesma: Esa misma noche.

Cabezas: Esa misma noche.

Dr. Ledesma: ¿Todo el tiempo, usted permaneció en ese subsuelo que mencionó?

Cabezas: Si.

Dr. Ledesma: Prosiga.

Cabezas: Yo pensaba; quería saber dónde estaba, y se me ocurrió decir que si, que tenía un responsable, para ver si paraban la tortura, y me preguntaron cómo era, dije, morocho, alto, de traje, pantalón gris y campera azul; entonces…

Dr. Ledesma: ¿Sin nombrarlo?

Cabezas: Sin nombrarlo. Entonces paran la tortura, y me dicen dónde me van a mandar, y me llevan a Capucha.

Dr. Ledesma: Cuando dijo usted que tenía un responsable, ¿no le preguntan cómo hacía contacto con él?

Cabezas: Bueno, yo le dije que a través de un teléfono, y di un número de teléfono cualquiera, que conservo en la memoria pero no sabía de quién era, con el fin de poder conservar la vida, y poder llegar a saber dónde estaba y bueno, si estaba mi hijo…

Dr. Ledesma: ¿Adónde fue alojada entonces?

Cabezas: Me llevaron a Capucha; allí había 16 secuestrados.

Dr. Ledesma: ¿Pudo identificar a ese detenido que le informó esto?

Cabezas: Sí.

Dr. Ledesma: ¿Quién era?

Cabezas: Osmar LECUMBERRI.

Dr. Ledesma: Prosiga.

Cabezas: Estaba al lado mío, por eso, fue el primero que habló conmigo. Y varios vienen a…, a preguntarme; ellos averiguan el número de teléfono y se dan cuenta de que es mentira, y viene un…, después supe que era un oficial, y me pregunta el número de teléfono; yo vuelvo a recordarles el mismo teléfono, se lo digo y se dan cuenta de que es mentira, entonces vuelven a torturarme.

Dr. Ledesma: ¿En qué lugar?

Cabezas: En el mismo lugar, y ese señor a quien le doy el número de teléfono y se da cuenta de que no es verdad, cuando me están torturando, me dice “Señora, yo mato”, y tenía un olor a vino que impresionaba, y esa noche son muchas horas de tortura, no recuerdo porque no sé tampoco la hora que me llevaron; me llevaron a la noche y me tuvieron ahí, pienso que toda la noche, no sé cuánto tiempo.

Dr. Ledesma: ¿En qué consistió la tortura?

Cabezas: Picana eléctrica.

Dr. Ledesma: ¿Algún otro dato le pedían en ese momento?

Cabezas: Bueno, como había mentido tenían que saber por qué había mentido, por qué me había burlado de ellos, ellos lo sintieron así.

Dr. Ledesma: ¿Mantuvo usted su versión del responsable o la cambió?

Cabezas: No, dije que no, que era mentira, no, no, eso era mentira, después de esa vez…

Dr. Ledesma: ¿Pudo identificar a alguno de sus torturadores?

Cabezas: En ese momento no, después sí, después me vuelven a llevar a Capucha, y estoy 48 horas sin comer ni beber.

Dr. Ledesma: Después, ¿se refiere a otra sesión de tormentos, o pudo identificar a éstos?

Cabezas: La tortura no es nada más que eso, la tortura física.

Dr. Ledesma: ¿Son dos veces que la torturaron?

Cabezas: Dos veces, sí.

Dr. Ledesma: ¿Quiénes fueron sus torturadores y cómo los identificó con posterioridad?

Cabezas: Bueno, después de esa sesión de tortura pasan unos días, y el 5 de junio me llevan a Pecera, eso durante el mes de mayo, pasé a en Capucha, sé la fecha porque los guardias escuchaban radio, y ahí sabíamos los días que eran. El 5 de junio me llevan a Pecera, antes de eso me llevan a conversar con uno de ellos y durante el tiempo que estuve supe los sobrenombres que tenían, uno era Juan, es el que habla conmigo y me dice que ellos tienen un método de recuperación y que me van a llevar a trabajar a un lugar para que yo pueda reintegrarme a la sociedad.

Dr. Ledesma: Sin entrar en detalles posteriores, para no perder la cronología del relato, yo sólo le pedía que mencionara quiénes fueron las personas que la atormentaron, y cuáles eran sus nombres.

Cabezas: Bueno, uno es Marcelo, el que le decían Juan, alguien que le decían Daniel, según me dijeron los otros secuestrados también estaba Abdala; el que me decía “señora, yo mato”, se llama Ricardo ESPEJAIME, eso lo supe…

Dr. Ledesma: ¿Puede repetir el nombre?

Cabezas: Ricardo ESPEJAIME.

Dr. Ledesma: ¿En dónde vio a estos señores?

Cabezas: Venían a Pecera.

Dr. Ledesma: ¿Todos?

Cabezas: Todos.

Dr. Ledesma: Prosiga con su relato.

Cabezas: Bueno, en Pecera…

Dr. Ledesma: Con posterioridad a esa última sesión de tortura, ¿adónde la conducen?

Cabezas: Me llevan a Capucha.

Dr. Ledesma: ¿Cuánto tiempo permanece en Capucha?

Cabezas: Todo el mes de mayo, hasta que me llevan a Pecera el 5 de junio.

Dr. Ledesma: ¿Pudo identificar detenidos que se hallaban en Capucha?

Cabezas: Sí, sí, sí.

Dr. Ledesma: ¿Quiénes?

Cabezas: Estaban Osmar LECUMBERRI, estaba Topo, que es un muchacho que no lo volvimos a ver; en ese momento yo sabía nada más que los sobrenombres, Mogo, Cachito, Mario…

Dr. Ledesma: De los que después supo el nombre, dígalos con el nombre, también.

Cabezas: Bueno, perfecto, estaba Roberto RAMIREZ, que era arquitecto; Osvaldo ACOSTA, abogado; Alejandro FIRPO, y a la esposa le decían Betty; estaba Lucía DEON; habla un médico que le decían Víctor o Caballo Loco.

Dr. Ledesma: ¿Sabe si colaboraban de alguna manera con las fuerzas que los tenían detenidos?

Cabezas: Yo no vi nada…

Dr. Ledesma: Prosiga.

Cabezas: Bueno, después, me llevaron a hablar con una periodista; me sacaron entre Marcelo, Juan y otro, no sé si oficial o suboficial, no sé quién era, no conocí el nombre, y… a hablar con una periodista…

Dr. Ledesma: ¿Dentro de la Escuela de Mecánica…?

Cabezas No, me sacaron a la calle, era de noche…

Dr. Ledesma: ¿Estaba en Capucha cuando esto ocurrió?

Cabezas: Estaba en Capucha.

Dr. Ledesma: ¿Qué pasó?

Cabezas: Me llevaron a un lugar que no sé dónde es, no pude ver nada; eran lugares desconocidos para mí, era como una oficina, pero desocupada, no había personal. Entramos por unas puertas donde no había ninguna persona, y me llevaron a una oficina, donde apareció una muchacha joven que dijo ser periodista. Entonces ellos me instruyeron y me indicaron lo que yo tenía que decir, que yo había buscado el refugio, el amparo de las Fuerzas Armadas, porque la banda de Montoneros me buscaba para matarme.

Dr. Ledemuma: ¿Pero era una entrevista periodística ésta?

Cabezas: Era una entrevista periodística; eso era para mandar al exterior, para desinformar, según me dijeron; que yo le diera esos datos nada más, y que la periodista iba a hacer una nota.

Dr. Ledesma: Prosiga.

Cabezas: De todas las cosas que se estaban…

Dr. Ledesama: ¿Cumplió este requerimiento usted?

Cabezas: Sí, ellos estaban detrás de mi, así se lo dije a la periodista y…

Dr. Ledesma: ¿Tomaba nota o grababa?

Cabezas: Tomaba datos nada más para luego armar la nota, después me enteré, eso habrá sido 15 minutos más o menos…

Dr. Ledesama: ¿Esto en qué fecha fue?

Cabezas: Y, no sé exactamente si fue una semana o dos semanas después del secuestro; no tengo noción de la fecha.

Dr. Ledesma: ¿Pero poco después de ser secuestrada?

Cabezas: Estando en Capucha, sí.

Dr. Ledesma: ¿Se enteró si salió algún…?

Cabezas: No, era tanto lo que estaban haciendo por mi desaparición, yo tenía a mi hijo y a mi nuera en México, y ellos se movían pidiendo a todos los organismos y a todas las personalidades, tratando de conocer mi paradero; entonces era mucho lo que se hacía en el exterior.

Dr. Ledesma: ¿En relación con ello le pidieron algo?

Cabezas: ¿Por mi hijo?

Dr. Ledesma: Sí, en relación con las gestiones que estaba efectuando su hijo.

Cabezas: No, no me decían nada, yo me entero después; cuando llegué a Pecera no me dejan ver los diarios, y los que estaban en contacto con los diarios tenían prohibido que me hicieran comentarios.

Dr. Ledesma: ¿No efectuó usted ninguna llamada a México, a su hijo o a algún conocido?

Cabezas: Sí, después de esa entrevista, me llevan a una central telefónica.

Dr. Ledesma: ¿Quién la lleva?

Cabezas: Me llevan Daniel y otras personas que en este momento no sé quiénes eran, no las volví a ver, no pude saber quiénes eran, pero a Daniel sí lo vi.

Dr. Ledesma: ¿Pudo ubicar en dónde estaba la central telefónica?

Cabezas: No, también era por lugares donde no había ninguna persona, había algunos dentro de ese lugar que eran los que tenían contacto…

Dr. Ledesma: ¿Qué llamado hizo?

Cabezas: Llamé a México, a la casa de una amiga…

Dr. Ledesma: ¿Una amiga de quién?

Cabezas: De mi hijo.

Dr. Ledesma: ¿De nombre?

Cabezas: Le decíamos Tipi, un sobrenombre.

Dr. Ledesma: ¿Usted la conocía?

Cabezas: No, hablé por teléfono nada más con ella, era sobrina de una madre de acá, de la comisión, y por ese motivo…

Dr. Ledesma: ¿Qué le dijo?

Cabezas: Entonces me hicieron decirle, de que si llamaba Daniel, mi hijo, que le dijera que yo estaba muy cansada, y que no hiciera nada, y esa noche cuando me llevaron lo primero que me dijeron…

Dr. Ledesma: ¿Recuerda el número al que llamó?

Cabezas: No, no.

Dr. Ledesma: ¿Usted lo recordaba ese número?

Cabezas: No, yo lo tenía anotado en la cartera en un papel, porque, como mi marido estaba tan grave, bueno, era el único número adonde podía llamar por si pasaba cualquier cosa, lo que tenía que pasar, y ellos lo encontraron y entonces me hicieron llevar…

Dr. Ledesma: Esto aproximadamente, ¿en qué fecha sería?

Cabezas: Y esto tiene que haber sido… porque yo estaba muy agotada, pienso que habrá sido en la semana o dos semanas.

Dr. Ledesma: ¿Todavía estaba en Capucha?

Cabezas: Sí, sí, sí.

Dr. Ledesma: ¿Muy cercana a la entrevista periodística?

Cabezas: ¿Cómo?

Dr. Ledesma: ¿Cercana en el tiempo a la entrevista periodística?

Cabeza: Sí, sí, sí.

Dr. Ledesma: Por esa época, ¿se le exigió alguna otra conducta?

Cabezas: No.

Dr. Ledesma: Prosiga con su relato.

Cabezas: Bueno, eso fue todo estando en Capucha, y ahí no me hicieron…, no hice más nada, hasta que me llevan a Pecera, que es en junio.

Dr. Ledesma: ¿Quién dispone su traslado a Pecera, dónde está Pecera, con qué fin la trasladan?

Cabezas: Bueno, digamos el responsable de Pecera era Marcelo, el que me lleva es Juan, con el consentimiento de todos los demás, porque después, a medida que iban viniendo me iban diciendo, en Pecera me llevan, me dicen que tengo que hacer trabajos administrativos, o sea Pecera estaba, digamos, en el entretecho, no le podría decir el Norte, Sur, Este, Oeste, no, sé que es en el mismo piso, pero digamos en otra punta del entretecho.

Dr. Ledesma: ¿En el mismo piso que está qué?

Cabezas: Donde estaba Capucha, pero es en otro sector.

Dr. Ledesma: ¿Cómo era? Descríbala.

Cabezas: Bueno, al entrar era un pasillo muy largo, y a los costados había pequeñas oficinas, donde cada secuestrado tenía un escritorio donde se trabajaba, las paredes eran de acrílico.

Dr. Ledesma: ¿A quién pudo ver allí en Pecera?

Cabezas: Bueno, ahí estaba un secuestrado que yo lo conozco por Coco, no sé el apellido, Ramón, Luis, Guille, le decían Duque, Hernán, y creo que nadie más, en ese momento eh, en ese momento…

Dr. Ledesma: ¿Puede señalar de alguno de ellos qué labor desempeñaban?

Cabezas: Bueno, por ejemplo Guille hacía el análisis de los artículos del exterior, sobre los negociados, sobre todo la parte política del exterior; había… Duque estaba en la parte archivo, que era archivar todos los recortes donde se hacían esos resúmenes que iban en carpetas; Coco hacia análisis de los artículos que se mandaban en el país, o sea a nivel nacional.

Dr. Ledesma: ¿Cuánto tiempo estuvo en Pecera?

Cabezas: En Pecera estuve hasta diciembre.

Dr. Ledesma: Hasta diciembre, ¿hasta que salió en libertad?

Cabezas: Hasta que salí, sí.

Dr. Ledesma: Usted mencionó más de una vez en el curso de esta declaración, proceso de recuperación, ¿quién le mencionó esa palabra?

Cabezas: Marcelo, Abdala, Juan.

Dr. Ledesma: ¿En qué consistía el proceso de recuperación?

Cabezas: En que trabajáramos; poder demostrar digamos buena voluntad a la política de ellos, que era, según lo que nos decían, la política de MASSERA, de recuperar…, que aceptemos, trabajando y con buena voluntad, lo que ellos querían hacer, y aceptar lo que habían hecho, o sea a través de las muertes que entendiéramos que si ellos habían matado era por el bien de la Patria.

Dr. Ledesma: ¿Esto se lo expresó quién?

Cabezas: Eso era el comentario de que…, de Juan y de Marcelo.

Dr. Ledesma: ¿Delante de alguien le expresaron esto?

Cabezas: No, las conversaciones siempre eran individuales.

Dr. Ledesma: ¿En algún momento envió cartas al exterior o dentro del país?

Cabezas: Sí, eso fue en la segunda sesión de tortura, después que me recupero un poco en la misma noche de la tortura, no…, pasa esa noche de tortura, me llevan, me vuelven a traer otro día y otra vez me van a torturar, pero me dicen de que si escribo…, si acepto mandar unas cartas no iba a haber más torturas, bueno yo ya no tenía más fuerzas para sostenerme. Entonces dije que sí, y esas cartas fueron dirigidas a VIDELA, ARAMBURU, a la Asamblea Permanente, a GISCARD D’ESTAING, al presidente de Italia, a la Comisión de Familiares, y no recuerdo más.

Dr. Ledesma: ¿Eran manuscritas por usted todas esas cartas?

Cabezas: Eran copiadas, ellos hicieron las cartas, yo las tuve que copiar, en esa carta…

Dr. Ledesma: ¿La copia manuscrita?

Cabezas: Manuscrita, copia manuscrita.

Dr. Ledesma: ¿Los sobres los llenó usted tanibién?

Cabezas: No, eso lo hacían… mi letra sí, pero ellos los mandaban.

Dr. Ledesma: Por eso, ¿pero los sobres contenían su letra?

Cabezas: También, también.

Dr. Ledesma: ¿Qué remitente contenían?

Cabezas: Eso lo ponían ellos, del Uruguay, porque cuando… El primer día de tortura me dicen que yo voy a ir al Uruguay, entonces me hacen hacer las cartas; primero me hacen hacer cartas a mi familia, a mi madre, diciendo que yo estoy en el Uruguay, y que la policía me buscaba por montonera.

Dr. Ledesma: ¿Qué dirección tenía ese remitente en el Uruguay, lo recuerda?

Cabezas: No, no porque yo no lo veía, porque había un oficial o alguien del servicio de inteligencia del Uruguay que trabajaba con ellos, y era el que llevaba las cartas y las despachaba…

Dr. Ledesma: ¿En qué lugar de la Escuela de Mecánica efectuó estas cartas?

Cabezas: ¿Dónde las escribí?

Dr. Ledesma: Sí.

Cabezas: En la sala de tortura.

Dr. Ledesma: ¿Alguien más había?

Cabezas: No, yo sola; venían los oficiales nada más.

Dr. Ledesma: Puede proseguir con su relato en Pecera o con relación a su trabajo, ¿puede relatar algo?

Cabezas: Bueno, yo era encargada de pasar en una tarjeta los titulares, diario y día que salían los artículos del exterior sobre política; me los pasaba Guille, que estaba a cargo de esos recortes.

Dr. Ledesma: ¿Pudo identificar a los guardias, tanto de Capucha como de Pecera, por nombres y apellidos?

Cabezas: Los guardias y…, no, apellidos no; sabía los de… por ejemplo, había 3 cargos o funciones, Pablo, Pablito, y después los verdes les decían a los chicos que eran muy jovencitos y que no tenían cargos, digamos rango.

Dr. Ledesma: ¿Qué funciones cumplían cada uno de ellos?

Cabezas: Y ellos cumplían la custodia nuestra, repartir la comida, desayuno y merienda y Pablito, por ejemplo, era el encargado de llevarnos a las duchas cuando era la hora del baño, algunas veces.

Dr. Ledesma: ¿Pudo identificar, estando en Pecera, a algún otro detenido además de los que mencionó?

Cabezas: Después estaba el sector 4, que estaba abajo, en el sótano. Bueno, ahí fueron a trabajar Alejandro FIRPO, y la señora, Betty, ahí estaba Danielo, otro…
Dr. Ledesma: Repita este nombre por favor.

Cabezas: Danielo, estaba Carlos MUÑOZ…

Dr. Ledesma: ¿Quién más, señora?

Cabezas: Lucía DEON; iban a trabajar también Roberto RAMíREZ, bajaban de Capucha, a 4…, Víctor, el médico, después, había otro, Andrés, que no recuerdo el apellido…

Dr. Ledesma: ¿Había algún otro Víctor?

Cabezas: Había Víctor…

Dr. Ledesma: ¿Sabe el apellido?

Cabezas: No, no sé, le decían GUIDINI, no sé si era un sobrenombre o si era el apellido.

Dr. Ledesma: ¿Le decían?

Cabezas: GUIDINI, ZURITA…

Dr. Ledesma.: ¿Sabe si había alguna familia detenida?

Cabezas: ¿Familia?… No, supe después, cuando detuvieron a Victor BASTERRA, a la esposa y a la hijita, cuando a los pocos días que yo estaba en Capucha trajeron a una señora Rosa, que era una señora de Ciudadela que la habílan traído según dijeron por confusión, y esa señora estuvo hasta que se recuperó de las quemaduras de la picana, porque la habían torturado muchísimo.

Dr. Ledesma: Mientras estuvo detenida, ¿tuvo alguna noticia de su marido?

Cabezas: Bueno, yo pedí si podían decirme qué había pasado con mi marido, eso fue en junio…

Dr. Ledesma: ¿A quién le pidió?

Cabezas: A Pablo, a Juan, que era el oficial, y pasaron 15 días más o menos, y me dijeron que había fallecido el 23 de mayo.

Dr. Ledesma: ¿Con posterioridad pudo comunicarse con algún familiar en forma telefónica?

Cabezas: Después… antes de eso, en junio, un domingo me sacan para hacerme fotografías por la Panamericana, me saca un… uno del servido de Inteligencia al que le decían Hormiga, y me llevan junto…, él y 3 más, y 2 personas más…

Dr. Ledesama: ¿A los otros no los identifica?

Cabezas: No, no los vi más.

Dr. Ledesma: ¿Quién le saca las fotografías?

Cabezas: El Hormiga. Me llevan por la Panamericana y me sacan varias fotos con la intención de empalmarlo, no sé cómo es el término correcto, con algún edificio del Uruguay, para hacer… para mandar al exterior y hacer creer que yo estoy en el Uruguay.

Dr. Ledesma: ¿Con qué fin?

Cabezas: Para desmentir que estoy secuestrada.

Dr. Ledesma: En la comunicación que tuvo con su familia, ¿pudo corroborar la veracidad de la muerte de su marido?

Cabezas: Sí, después…

Dr. Ledesma: ¿En qué fecha?

Cabezas: Pienso que habrá sido en julio, creo que habrá sido en julio.

Dr. Ledesma: ¿A qué teléfono llamó?

Cabezas: Llamaba al de unos vecinos.

Dr. Ledesma: ¿Qué familia era?

Cabeza: La familia DOTI.

Dr. Ledesma: ¿Y con quién habló en esa ocasión?

Cabezas: Bueno, hablaba con los vecinos pidiendo que… ellos llamaban, ya sea por ejemplo de Inteligencia de la ESMA llamaban, uno de los oficiales que estaba ahí.

Dr. Ledesma: ¿Qué persona?

Cabezas: Creo que uno se llamaba Julio, Julio, Juan…

Dr. Ledesma: ¿Ellos dispusieron que usted llamara o usted pidió que le concedieran?

Cabezas: No, no, ellos dispusieron, llamaban y decían del Uruguay, llamado del Uruguay de persona a persona.

Dr. Ledesma: ¿Con qué periodicidad efectuó llamados a su familia?

Cabezas: Y, al principio fue cada 15 días, y después fueron todas las semanas.

Dr. Ledesma: A usted, al ingresar o con posterioridad en la Escuela de Mecánica, ¿se le asignó algún número o apodo?

Cabezas: No, yo fui Thelma y nada más.

Dr. Ledesma: ¿Le pidieron sus datos?

Cabezas: ¿Como qué?

Dr. Ledesma: Sus datos personales, ¿le hicieron firmar alguna declaración?

Cabezas: No, no.

Dr. Ledesma: ¿Le sacaron alguna fotografía fuera de ésta que acaba de mencionar?

Cabezas: Sí, estando en Pecera, a los poquitos días me llevaron al laboratorio, donde me sacaron fotografías para el documento que me hicieron, documento falso a nombre de Magdalena Manuela BLANCO, para viajar al Uruguay.

Dr. Ledesma: ¿En qué fecha viajó al Uruguay y por qué motivo?

Cabezas: Bueno, la primera vez, pienso que habrá sido julio porque hacía mucho frío, a sacarme fotografías.

Dr. Ledesma: ¿Sabe quién le sacó la fotografia?

Cabezas: Hormiga.

Dr. Ledesma ¿En qué lugar físico le sacó la fotografía?

Cabezas: Me sacó en la plaza, caminando… varias…

Dr. Ledesma: No, no, le estoy preguntando, la fotografía para el documento a que acaba de hacer…

Cabezas: En el laboratorio me sacó… estaba Carlos MUÑOZ, estaba Andrés y Víctor, al que le decían GUIDINI… Y me sacó, creo que fue Carlos MUNOZ el que me sacó la foto también.

Dr. Ledesma: Relate el viaje al Uruguay.

Cabezas: Viajo con Marcelo, el Hormiga y el… no estoy segura si, no, la persona que es del servicio de inteligencia del Uruguay nos espera en el aeropuerto.

Dr. Ledesma: ¿Por qué medio viaja?

Cabezas: Esa vez creo que viajamos por Aerolíneas.

Dr. Ledesma.: ¿Desde dónde sale?

Cabezas: Desde Aeroparque.

Dr. Ledesma: ¿Y adónde llega?

Cabezas: A Carrasco.

Dr. Ledesma: ¿Qué pasa allí?

Cabezas: Bueno, ese día me llevan a sacar fotografías en la plaza, sentada en un banco leyendo, en el monumento a Artigas, cuando vamos hacia el aeropuerto en la playa Pocitos…

Dr. Ledesma: ¿Quién le saca las fotos?

Cabezas: Hormiga.

Dr. Ledesma: ¿Vuelven el mismo día?

Cabezas: Volvemos el mismo día.

Dr. Ledesma: ¿Por qué medio?

Cabezas: Creo que esa vez vuelven por Austral, a la vuelta, me parece.

Dr. Ledesma: ¿El pasaje a nombre de quién estaba expedido?

Cabezas: Pienso que debe ser al de Magdalena Manuela BLANCO, porque presentaba ese documento y porque me llamaban por ese nombre.

Dr. Ledesma: ¿Usted portaba ese documento?

Cabezas: No, lo tenía Marcelo.

Dr. Ledesma: ¿Marcelo tenía algún apellido o…?

Cabezas Marcelo… no sé cómo iba el documento de él, si había un apellido no sé.

Dr. Ledesma: ¿Efectuó algún otro viaje al Uruguay?

Cabezas: Sí. Esa vez de la fotografía, después, bueno, se acerca el viaje de la comisión de la OEA, entonces nos van a llevar a todos, nos avisan que nos hacen hablar a nuestra familia de que por todo el mes de septiembre no vamos a estar; a mí me hacen decir que por razones de seguridad.

Dr. Ledesma: ¿En qué fecha estamos aquí?

Cabezas: Y eso fue en agosto, que nos hacen decir… A mí me hacen decir que por razones de seguridad no voy a llamar más desde el Uruguay, y nos avisan que, vamos a ir a una isla, todos, y que los que estamos en Pecera y los que están en Cuatro vamos a tener tareas en la cocina, nos vamos a turnar para cocinar para todo el personal.

Dr. Ledesma: ¿Por qué medios los llevan a la isla?

Cabezas: Salimos del canal de San Fernando en lancha.

Dr. Ledesma: ¿Y desde la Escuela de Mecánica hasta San Fernando?

Cabezas: En camión, cerrado, con lona. A mí me avisan que no voy a viajar con todo el grupo a la isla porque hay un periodista de “Para Ti” que desea verme…

Dr. Ledesma: Prosiga.

Cabezas: Entonces se van todos y yo me quedo sola en Pecera, y esa mañana viene Marcelo, todavía no estaba confirmada la entrevista con “Para Ti”, y me pregunta si yo tengo una sobrina, yo le digo que si, que tengo varias sobrinas, y me dice él: “Pero Norma Cristina COSE”. “Sí, es mi sobrina -le digo-. ¿Por qué? ¿Qué pasa?”. “La tenernos nosotros. Después te la voy a traer para que la veas, pero hay algo más importante que es el periodista de ‘Para Ti’, que desea verte, y vamos a arreglar para que salgas con Ruso -que era otro secuestrado-… haciéndose pasar por tu sobrino, y la entrevista va a ser confirmada al otro día.” Una cosa así me dice; esa mañana me traen a mi sobrina y al marido, que estaban secuestrados.

Dr. Ledesma: ¿Cómo se llama el marido?

Cabezas: Eduardo… Héctor Eduardo PICHINI. Bueno…

Dr. Ledesma: ¿Habla con ellos?

Cabezas: Hablo con ellos por separado…

Dr. Ledesma: ¿Recibe alguna amenaza?

Cabezas: No, no había una amenaza, digamos… evidente, tácita, era una cosa así como, bueno, “está tu sobrina, está el periodista”; algo así como un trueque ¿no? Era algo velado.

Dr. Ledesma: ¿Qué instrucciones se le dieron sobre la entrevista?

Cabezas: Bueno, que tengo que decir al periodista,como le dije a la otra periodista, pero ahora en diferente forma, que yo estuve con la banda de Montoneros, que fui engañada por los organismos de derechos humanos, que Amnesty Internacional también me engañó, o sea… todo era como para desprestigiar a los organismos de derechos humanos y desmoralizar a los familiares, tal cual sale con la revista después, y que…

Dr. Ledesma: ¿Quién le da estas instrucciones?

Cabezas: Marcelo.

Dr. Ledesma: ¿Delante de alguien?

Cabezas: No, sola, siempre sola.

Dr. Ledesma: ¿El Ruso no estaba tampoco en esa circunstancia?

Cabezas: Tampoco. Bueno, y creo que es al otro día, no recuerdo bien, no estoy segura…

Dr. Ledesma: ¿Puede precisar la fecha?

Cabezas: No.

Dr. Ledesma: ¿Aproximadamente? Con referencia al viaje a la isla…

Cabezas: Claro, creo que… no estoy segura si es el 24 de agosto que los 11 van a la isla, no estoy segura, pero más o menos por la fecha que sale la entrevista con “Para Ti”.

Dr. Ledesma: ¿Pero a usted en qué fecha la llevan a la isla?

Cabezas: A mí me llevan después de “Para Ti”.

Dr. Ledesma: Cuando usted dice el 24 de agosto llegan a la isla, ¿se refiere a cuál grupo?

Cabezas: Al otro grupo, a los demás.

Dr. Ledesma: Perfecto. ¿Con qué fin se hacía esa entrevista? y ¿se lo expresaron a usted o no?

Cabezas: No, para confirmar lo que ellos decían que yo estaba en el Uruguay para que se siga creyendo que yo no estaba secuestrada, que era una supuesta desaparición, y así fue…, me llevan a la peluquería, me compran ropa…

Dr. Ledesma: ¿Quién la lleva a la peluquería?

Cabezas: Me lleva un muchacho de Inteligencia que le decían Mario, y…

Dr. Ledesma: ¿Por qué medio la lleva a la peluquería?

Cabezas En coche, de la ESMA salíamos en coche.

Dr. Ledesma: ¿Encapuchada o…?

Cabezas: No, no, con anteojos ahumados.

Dr. Ledesma: ¿Pudo identificar en qué peluquería estuvo?

Cabezas: No, no, porque era cerca de Cabildo, pero una calle que cortaba Cabildo, así que no conozco el lugar.

Dr. Ledesma: ¿Cerca de Cabildo, en la Capital Federal?

Cabezas: Sí, Capital Federal era.

Dr. Ledesma: ¿Y la vestimenta en dónde la compraron?

Cabezas: La compran en Once.

Dr. Ledesma: ¿Acompañada por quién?

Cabezas: Esa vez voy acompañada por otro, no sé si oficial o suboficial, no conozco el grado, que le decíamos Willie…

Dr. Ledesma: ¿Se la hicieron probar a la vestimenta, o se la compraron directamente?

Cabezas: No, me hicieron probar.

Dr. Ledesma: Relate dónde fue la entrevista, si es que se realizó.

Cabezas: Sí. Me avisan que voy a salir con Ruso, solos los dos, a Ruso le dan un micrófono muy chiquitito que lo lleva en el bolsillo de la camisa, y me avisan de que van a ir dos coches con armas, y que tenemos que ir a la confitería de Figueroa Alcorta y Pampa.

Dr. Ledesma: ¿Usted en qué medio tenía que ir?

Cabezas En un coche, solos los dos.

Dr. Ledesma: ¿Qué vehículo era?

Cabezas: Creo que era un Renault, pero no recuerdo bien.

Dr. Ledesma: ¿Recuerda cómo se llamaba la confitería a la que concurrieron?

Cabezas No sé el nombre, sé que es Figueroa Alcorta y Pampa.

Dr. Ledesma: Bueno, relate.

Cabezas: Llegamos ahí, estaciona el coche, hay unas escaleritas para subir, entramos en la confitería y nos ponemos a la derecha de la entrada, nos sentamos y en eso se acercan dos señores, que eran el periodista y el fotógrafo; entonces me preguntan si yo soy Thelma JARA de CABEZAS, y que él es el periodista de “Para Ti”, que querían hacerme una nota, si podíamos ir al…

Dr. Ledesma: ¿Se acreditaron de alguna manera?

Cabezas: Sí.

Dr. Ledesma: ¿Exhibieron alguna credencial o algo así?

Cabezas: Yo creo que la credencial de periodista nada más. Y si podemos ir al otro ángulo de la confitería, entonces piden al mozo que corra las cortinas; no había nadie en la confitería y después entra…

Dr. Ledesma: ¿Que las abran o que las cierren las cortinas?

Cabezas: Que la cierren; después entran ABDALA, Julia, Juan, en otra mesa está Marcelo y no recuerdo con quién otro, que está a mi espalda…

Dr. Ledesma: ¿Marcelo y quién más?

Cabezas: No sé con quién estaba Marcelo, y el periodista pone…

Dr. Ledesma: ¿Qué actitud adoptan ellos?

Cabezas: Bueno, el periodista bastante… digamos, no sé si agresivo, en el sentido de querer desprestigiar a los organismos de derechos humanos, y todo el trabajo y la lucha de los familiares ¿no?, haciendo mucho hincapié de que yo voy a la liga, ¿por qué Amnesty Internacional, por qué recurro; por qué hacemos tanto movimiento, por qué tantos pedidos?

Dr. Ledesma: ¿Efectúan grabación de la entrevista o efectúan notas?

Cabezas: Hay grabador.

Dr. Ledesma: ¿Pudo determinar cómo se llamaba de apellido el Ruso? Con posterioridad me refiero.

Cabezas: Lo supe hace poco.

Dr. Ledesma: ¿Cómo se llama?

Cabezas: Lázaro BRASTEIN.

Dr. Ledesma: ¿Qué actitud adoptaron mientras se desarrollaba la entrevista periodística Julia, ABDALA, Juan y Marcelo?

Cabezas: Estaban en una mesa atrás nuestro, y Marcelo tenía el retorno del micrófono, así que escuchaba toda la conversación.

Dr. Ledesma: ¿Usted respondía conforme a las instrucciones que había recibido?

Cabezas: Sí, conforme a las instrucciones y en algún… por ejemplo hubo detalles, que los.., ellos no me dijeron que yo dijera…, cuando fui a la entrevista con la primera periodista me dijeron: “no menciones a tuhijo, que está en México”, y esta vez me dijeron: “Hacé igual que con la periodista”, entonces me pregunta el periodista si yo tenía otro hijo y yo le dije que no; luego me pregunta si yo creo en Dios, yo le contesto que para mi lo único verdadero y real es Dios y la justicia divina, y ellos me preguntan qué pienso de los culpables.

Dr. Ledesma: ¿Usted vio con posterioridad ese reportaje?

Cabezas: No.

Dr. Ledesma: ¿No lo leyó nunca?

Cabezas: No, porque no podía, porque pensé que era…, sabía que era todo fraguado porque después se desvirtuaba todo lo que yo había dicho…

Dr. Ledesma: ¿No declaró judicialmente sobre ese reportaje?

Cabezas: Sí.

Dr. Ledesma: ¿No le fue exhibido en esa ocasión?

Cabezas: En esa ocasión sí, lo leí; sí, sí, en ese momento lo escuché…

Dr. Ledesma: ¿Recuerda en qué lugar le fue exhibido?

Cabezas: Sí. ¿Puedo decirlo? En el juzgado del doctor OLIVIERI.

Dr. Ledesma: ¿Lo que ahí aparece concuerda con las expresiones vertidas por usted en la ocasión…?

Cabezas: No sale lo que me preguntan, si tengo otro hijo, sale que yo me voy al Uruguay después que muere mi marido, y eso no es cierto; no salen las respuestas mías sobre los culpables y sobre la justicia divina, son detalles que yo iba poniendo como para… pensando siempre que mi familia tuviera un…

Dr. Ledesma: ¿Y lo que sale positivamente se ajusta más o menos a lo expresado por usted?

Cabezas: No, nada.

Dr. Ledesma: ¿En qué aspecto?

Cabezas: Bueno, no salen esos detalles, y no salen…

Dr. Ledesma: Señor secretario, un segundito por favor; señor secretario exhiba a la compareciente. Señora, se le va a exhibir la fotocopia de la causa del Juzgado de Instrucción N° 3, que el secretario va a individualizar, y con el reportaje a la vista usted nos va a señalar en qué lugares se aparta de lo que expresó.

Cabezas: Perfecto.

Dr. López: Bueno, se trata de fotocopia certificada del expediente 39.426 del Juzgado de Instrucción N° 3, caratulado “VARELA CID, Eduardo”, su denuncia las fotocopias que se le van a exhibir son las correspondientes a las fojas 7 a 11 de la numeración original del expediente y, como número de fotocopia, 12 a 16.

Dr. Ledesma: Señor secretario, alcance a la testigo la respuesta recibida según su informe del día de la fecha que contiene el mismo elemento, y exhíbaselo directamente desde este…

Dr. López: Perfecto, a continuación se le va a exhibir idéntica… otra copia de la misma nota periodística que es la que se recibió ayer en secretaría.

Dr. Ledesma: Señora, la oigo, léalo, y al tiempo que lo va leyendo, no lo lea en voz alta, sino señálenos las diferencias que encuentra entre lo que usted afirmó y lo que aparece en el reportaje. A partir de su declaración, por favor, sin introducción ¿no? Señora…

Cabezas: Bueno, es todo mentira, es espantoso, yo no recibí amenazas, yo estuve.., ellos hacen publicar que Gustavo fue muerto en un enfrentamiento.

Dr. Ledesma: Más cerca del micrófono negro, por favor.

Cabezas: Ellos hacen publicar en los diarios que Gustavo fue muerto en un enfrentamiento…

Dr. Ledesma: Prosiga señora, por favor…

Cabezas: Yo no recibo amenazas, es mentira lo que… sobre la liga, en qué momento puedo decir eso, si ellos nos ayudaron siempre; además el funcionamiento y el trabajo de los familiares era por motivos tan dolorosos que de ninguna manera podía pensar eso… en ningún momento está, yo decido hacer, pensar que la solicitada era mentira, en ningún momento se acerca nadie a mí, en ningún momento mi hijo tiene ninguna actitud de ese estilo que dice acá, con los periodistas que sacan, me llevan ellos al Uruguay, el abogado McBRAIT menciona mi caso porque los familiares van a España en donde se realiza el congreso, de ninguna manera es…

Dr. Ledesma: ¿Qué familiares van a…?

Cabezas: De la Comisión de Familiares, no sé quiénes son las personas que viajaban…, es todo espantoso y mentira.

Dr. Ledesma: Señora, usted afirma que el contenido de esta entrevista es falso, la pregunta que le formula el Tribunal es si la respuesta que usted dio en esa entrevista en la confitería de Pampa y Figueroa Alcorta se ajusta a lo que dice ahí, o tampoco se ajusta.

Cabezas: No.

Dr. Ledesma: ¿Las instrucciones que usted había recibido de Juan, Marcelo, etc., sobre las respuestas que debía dar, no son éstas?

Cabezas: No, está todo cambiado, todo cambiado, o sea, yo no digo que estoy secuestrada, no digo en ningún momento que estoy… sí, cómo podría explicarle, el periodista en lo que insiste es por qué yo recurro a los organismos de derechos humanos, Amnesty Internacional para pedir por el paradero de mi hijo, él hace hincapié y persiste en la pregunta, él dice que los organismos son usados por las organizaciones terroristas, eso es lo que dicen…

Dr. Ledesma: En concreto, señora, ¿sus respuestas grabadas por el periodista son las que aparecen en la revista o no?

Cabezas: No, no.

Dr. Ledesma: Prosigamos. Luego del reportaje, ¿qué es lo que pasa?

Cabezas: Luego del reportaje, bueno, volvemos a la Escuela y de ahí al otro día me llevan a la isla… esa noche…

Dr. Ledesma.: ¿Pudo identificar la isla?

Cabezas: No, no sé el lugar.

Dr. Ledesma: ¿Cuánto tiempo permanecen en la isla?

Cabezas: Estamos hasta fines de setiembre, pero yo vuelvo a viajar al Uruguay, me llevan más o menos, creo que pasan 3 días más, ya estaba la comisión, dos veces más viajo al Uruguay.

Dr. Ledesma: ¿Con qué fin la llevan al Uruguay?

Cabezas: Para entrevistarme con dos periodistas de Nueva York para desinformar sobre mi desaparición, me llevan…

Dr. Ledesma: ¿Con quién viaja?

Cabezas: Con Marcelo.

Dr. Ledesma: ¿Con qué medios?

Cabezas: Avión… creo que Austral.

Dr. Ledesma: ¿Dónde se aloja en Uruguay?

Cabezas: En un hotel que está… no sé el nombre.

Dr. Ledesma: ¿No pudo identificarlo con posterioridad? ¿En qué calle está ubicado?

Cabezas: Bueno, los únicos detalles que tengo es que estaba cerca de la municipalidad y a la calle paralela de la avenida 18 de Julio -creo que es la avenida principal del Uruguay.

Dr. Ledesma: ¿Se realiza la entrevista?

Cabezas: Esa vez no. No se realiza porque no pueden viajar los periodistas, pero a mí me hacen conectar en una pizzería, estaba uno de los de servicios de Inteligencia del Uruguay, y viene otro que le hacen… dice llamarse Víctor CARRASCO. El era el encargado de recibir a los periodistas y hacerse pasar por mi amigo, que era el que me protegía en el Uruguay.

Dr. Ledesma: ¿Tiene lugar esa entrevista en esa ocasión?

Cabezas: En esa ocasión no, vuelvo a Buenos Aires y vuelvo a la isla; a los pocos días, creo que dos días más tarde, otra vez me llaman y viajamos al Uruguay nuevamente con Marcelo, ahí en el Uruguay nos recibe nuevamente el que se decía llamar Víctor CARRASCO y el otro señor que era del servicio de Inteligencia.

Dr. Ledesma: ¿Tuvo la entrevista?

Cabezas: Ese día llegamos de noche, al otro día a la mañana temprano llegan los dos periodistas…

Dr. Ledesma: ¿Dónde se aloja esa noche?

Cabezas: En el mismo hotel; me hacen poner anteojos ahumados, pañuelo en la cabeza, porque ya había salido “Para Ti”, y me llevan a un departamento que era de unos amigos de este señor uruguayo, y ahí están los dos periodistas o sea… pasan, yo tengo que estar en una esquina, en la avenida 18 de Julio, y a las 9 de la mañana pasa un coche con uno que se hacia llamar Víctor CARRASCO, los dos periodistas y un integrante del Centro Piloto de París, y en la entrevista…

Dr. Ledesma: En resumen, ¿cuáles son sus respuestas en las entrevistas?

Cabezas: Bueno, la entrevista es preguntarme en relación con mi desaparición, si es verdad que estoy desaparecida; bueno, yo digo que no, eso tenía que decir, que Víctor CARRASCO era mi amigo, que me había protegido en el Uruguay, que me daba ropas, alimentos, remedios, y que iba a estar ahí no sé por cuánto tiempo hasta que tuviera seguridad de volver a mi país.

Dr. Ledesma: ¿Se expide usted en esa entrevista en contra de las organizaciones de derechos humanos?

Cabezas: Ahí también ellos vuelven a indicarme de que ellos saben que los organismos de Derechos Humanos son usados por las organizaciones terroristas.

Dr. Ledesma: ¿Usted acepta eso; usted lo dice en esa entrevista?

Cabezas: No, ellos preguntan y yo digo que yo no sé, ellos me preguntan si es verdad eso, si yo sé eso, que yo no sé eso…

Dr. Ledesma: ¿Usted dice no saber?

Cabezas: Claro, era a través de un intérprete, o sea, ellos me preguntaban, el intérprete…

Dr. Ledesma: El intérprete quién…

Cabezas: El intérprete era del grupo del Centro Piloto de París.

Dr. Ledesma: ¿Cómo sabe que era del grupo del Centro Piloto de París el intérprete?

Cabezas: Porque me lo comenta después; termina la entrevista, me sacan fotografías, en la calle, al lado de un coche con chapa del Uruguay para publicar las fotos en Estados Unidos y en toda Europa, y se van ellos, y yo me quedo con el que decía ser Víctor CARRASCO.

Dr. Ledesma: ¿El intérprete era de idioma inglés?

Cabezas: Hablaba inglés.

Dr. Ledesma: ¿Usted sabe hablar inglés?

Cabezas: No, no.

Dr Ledesma: ¿Vuelve a la isla?

Cabezas: Vuelvo a la isla…

Dr. Ledesma: ¿Qué funciones cumple en la isla usted?

Cabezas: Cocino.

Dr. Ledesma: ¿Qué detenidos pudo ver en la isla?

Cabezas: En la isla había una casa en la que estabanlos “capuchas”. Habían trasladado a todos los que estaban en Capucha en ese momento…

Dr. Ledesma: ¿Cuántos eran, aproximadamente?

Cabezas: Eran más de 15… 17 eran.

Dr. Ledesma: ¿Pudo reconocer alguno de los que estaban en Capucha?

Cabezas: Después, cuando llegamos a Pecera; cuando volvimos a fines de setiembre.

Dr. Ledesma: ¿Cómo vuelven a la ESMA?

Cabezas: Volvemos nosotros primero en lancha y después nos espera un camión en el canal de San Fernando, un camión con toldo, y nos ponen a todos y nos distribuyen otra vez en la ESMA.

Dr. Ledesma: ¿Supo de la muerte o de la desaparición de alguna persona en la ESMA?

Cabezas: Sí; antes de ir a la isla, creo que fue en agosto, secuestraron a un matrimonio VILLAFLOR. Eran dos matrimonios: Josefina VILLAFLOR, José HAZAN, Elsa MARTíNEZ y Raimundo VILLAFLOR. En la madrugada en que los secuestran estábamos en Pecera un grupo de secuestrados y viene a decirme uno de Inteligencia, a quien le decían “Julio”, si podía cuidar a una nena, era la hijita de Josefina VILLAFLOR. La nena se queda conmigo; pienso yo que sería por la edad, pero se durmió pensando en su abuela. Yo duermo con la nena porque la nena lloraba mucho y a la otra mañana, a eso de las diez de la mañana, la llevan a la casa de la abuela. Uno de Inteligencia, a quien le decían “Fafa” y Lucía de OHN, se la entregan. Sabemos que la entregan en la casa de la abuela diciendo que eran compañeros de los padres. Además, esa noche traen elementos de la casa de los VILLAFLOR-HAZAN: máquinas de coser, licuadora, exprimidora y ropas.
Dr. Ledesma: Pero, ¿por qué usted afirma, concretamente que saben, que estas personas murieron o desaparecieron?

Cabezas: Yo no vi que los mataran, sabemos que no están…

Dr. Ledesma: ¿Hay algún personal de la ESMA que se lo refirió?

Cabezas: No, no. Lo que sé, si, es que muere Raimundo VILLAFLOR porque nosotros, en ese momento, teníamos el dormitorio entre Capucha e Inteligencia, y cuando los llevaban a torturar, tenían que pasar por ese lugar para Capucha y yo veía y podía mirar cuando los llevaban los guardias y que los arrastraban y los golpeaban y supimos que hubo mucho movimiento una noche. Corrían todos los guardias y era que había muerto; después supimos por los guardias, los chicos -los verdes que les decían-, que habla muerto realmente…

Dr. Ledesma: ¿Sabe en qué condiciones murió?

Cabezas: Después de una torrura dijeron que era un paro cardíaco por los golpes recibidos.

Dr. Ledesma: ¿Le consta la aplicación de tormentos a otros detenidos en la ESMA, aparte de los que acaba de mencionar?

Cabezas: Me consta a través de los dichos; o sea, me decían, me contaban cómo fueron torturados, pero no lo he visto.

Dr. Ledesma: ¿No oyó a alguien a quien torturaran o vio signos de esas torturas en alguien?

Cabezas: Eso fue cuando recién estuve en Capucha. Esa señora. Rosa, que estaba torturada hasta en la boca: eso sí lo vi.

Dr. Ledesma: ¿Visitó usted a su familia?

Cabezas: Sí; después que volvemos de la isla me lleva a La casa de mi madre, una noche, una tarde, a las 7.30 de la tarde, en un taxi que era de la ESMA, con un guardia al que le decían “Mario” y me deja dos horas en la casa de mi madre. A las nueve de la noche pasa a retirarme.

Dr. Ledesma: ¿Con posterioridad se repitió esto?

Cabezas: Sí.

Dr. Ledesma: ¿Cuántas veces?

Cabezas: Y… después me llevaban, por ejemplo, a las 8 de la noche y me iban a retirar a las 8 de la mañana del domingo; después fueron llevándome a las 8 de la noche del sábado y me iban a retirar a la noche del domingo.

Dr. Ledesma: ¿En qué condiciones recuperó su libertad?

Cabezas: Ellos me dijeron que yo estaba ahí por la acción psicológica que desempeñaba, que creían que estaba en condiciones de salir en libertad.

Dr. Ledesma: ¿Quién la dispuso?

Cabezas: ABDALA

Dr. Ledesma: ¿El personalmente se la comunicó?

Cabezas: El, personalmente, delante de todos.

Dr. Ledesma: ¿Y sabe cómo se decidía una libertad?

Cabezas: Mire, no sé exactamente cómo, concretamente. Sabemos -se decía-, se reunían y decidían. Eran decisiones por mayoría.

Dr. Ledesma: ¿Quienes?

Cabezas: Los oficiales, o sea, el equipo de ABDALA se reunían y, bueno, decidían quién iba a salir y quién no iba a salir. Eso era como una votación, pero no es nada concreto.

Dr. Ledesma: ¿Esto cómo lo supo?

Cabezas: Y… eso se decía por los guardias, pero…

Dr. Ledesma: ¿Con relación a la decisión de alguna muerte o traslado de alguna persona?

Cabezas: También; todo se decidía así.

Dr. Ledesma: ¿No sabe cómo estaba estructurado el grupo de tareas que usted mencionó, ABDALA y ese asunto de la votación, etcétera. Si había divisiones de tareas dentro del grupo?

Cabezas: No sé exactamente. Como para decirle algo concreto, no se.

Dr. Ledesma: Mientras permaneció en la ESMA, ¿estuvo a disposición de alguna autoridad civil o militar?

Cabezas: Cuando sale la revista Para Ti, va el…

Dr. Ledesma: Me refiero a algún proceso civil o militar.

Cabezas: No.

Dr. Ledesma: ¿Y a disposición del PEN?

Cabezas: No.

Dr. Ledesma: Aparte de las salidas que mencionó en el curso de la declaración, ¿fue conducida en alguna oportunidad a algún otro lado?

Cabezas: No. A la isla, a la quinta; había una quinta en Del Viso.

Dr. Ledesma: ¿Cuánto tiempo estuvo allí?

Cabezas: A la quinta me llevaron cuando me traían del Uruguay para dormir; ahí tenían una quinta de fin de semana.

Dr. Ledesma: Y aparte de la declaración judicial que mencionó, ¿efectuó alguna denuncia por estos hechos?

Cabezas: No

Dr. Ledesma: ¿Ante la CONADEP?

Cabezas: Sí, ante la CONADEP sí.

Dr. Ledesma: ¿Tenía usted militancia política?

Cabezas: No señor.

Dr. Ledesma: ¿Qué actividades desarrollaba?

Cabezas: Estaba en la comisión de los familiares como secretaria de esa organización; era asistente dental y no estaba en ningún partido.

Dr. Ledesma: En qué trabajaba, me refiero…

Cabezas: Trabajaba en el Instituto de Odontología de Olivos como asistente dental.

Dr. Ledesma: ¿Sabe de algún matrimonio que haya estado detenido en la ESMA, aparte de los que ya mencionó?

Cabezas: Matrimonio… Yo veía a los guardias que venían con las alianzas de los secuestrados. Una vez vino un guardia y me dijo: “Miré…”

Dr. Ledesma: ¿Los nombres de algún matrimonio que no haya mencionado en el curso de su declaración?

Cabezas: No. No recuerdo en este momento.

Dr. Ledesma: ¿Sabe si había algún detenido de sobrenombre “Pisco”?

Cabezas: Sí, a “Pisco” sí. “Pisco” estaba en Pecera, en Capucha cuando yo estuve en Pecera. A “Pisco” lo vi estando en el lavadero porque los de Capucha teníamos un lavadero común y a “Pisco” lo trajeron a lavar los platos, por ejemplo, y yo fui a lavar ropa.

Dr. Ledesma: ¿Sabe el nombre de “Pisco”?

Cabezas: Pablo LEPISCOPO.

Dr. Ledesma: ¿Sabe de alguna persona apodada “Kuky” que haya estado detenida mientras usted también lo estaba?

Cabezas: Sí.

Dr. Ledesma: ¿Sabe el nombre?

Cabezas: Susana de BARROS. No sé el otro apellido de ella.

Dr. Ledesma: ¿El marido estaba detenido?

Cabezas: También.

Dr. Ledesma: ¿Cómo se llamaba?

Cabezas: Osvaldo BARROS.

Dr. Ledesma: ¿Tenía algún apodo?

Cabezas: Yo lo conocí por Osvaldo, pero creo que los guardias le habían puesto ahí “Anteojito”.

Dr. Ledesma: ¿Sabe si había alguna persona de edad que…?

Cabezas: Estaba la señora a la que le decían “Tía Irene”. Yo la vi en el lavadero también.

Dr. Ledesma: ¿De alguna profesora de inglés que hubiera estado detenida?

Cabezas: Sí. Mariana. Se llamaba Nora Irene WALSHON, estuvo en Pecera con nosotros también.

Dr. Ledesma: Aparte de las personas parientas suyas que estaban detenidas, ¿algún conocido o familiar suyo fue privado de su libertad, aproximadamente para la fecha en que Ud. fue privada?

Cabezas: No.

Dr. Ledesma: ¿La Fiscalía alguna pregunta?

Dr. Moreno Ocampo: Sí señor presidente, si supo que hubiera algún detenido que se especializaba enarreglar aparatos electrónicos.

Cabezas: Sí, Mario VILLANI.

Dr. Moreno Ocampo: Si puede explicar cómo sabe que estaban “Kuky” y “Anteojito”.

Cabezas: Porque estaban en Pecera conmigo

Dr. Ledesma: ¿Recuerda qué trabajo desarrollaban?

Cabezas: Ellos hacían el análisis de los artículos que salían en los diarios, no se si eran políticos o si eran culturales, me parece que eran culturales.

Dr. Moreno Ocampo: Si sabe ¿cómo lograron los oficiales que allí trabajaban que se publicaran los reportajes que le hicieron en las diferentes revistas?

Cabezas: ¿Si sé cómo los oficiales hicieron para publicar el reportaje en Para Ti?

Dr. Ledesma: No, en la primera entrevista.

Dr. Moreno Ocampo: Si conoce alguno.

Cabezas: No sé porque eso lo manejaban desde el exterior, ellos con el…

Dr Ledesma: ¿Dijeron qué contacto tenían ellos?

Cabezas: El Centro Piloto de París hacía todas las cosas.

Dr. Ledesma: ¿También con la revista Para Ti?

Cabezas: Y no, de eso no.

Dr. Moreno Ocampo: Para complementar esta pregunta que se hace, si le podíamos repreguntar si supo que tuviera alguna conexión con algún medio de prensa, la gente que trabajaba en ese lugar, o que estaba en ese lugar.

Cabezas: ¿Sí había alguna conexión? No, no recuerdo.

Dr. Moreno Ocampo: Si la entrevista que le hicieron en Figueroa Alcorta el periodista que la entrevistó, le dio un nombre o se identificó de algún modo.

Cabezas: No.

Dr. Moreno Ocampo: Si lo puede describir.

Cabezas: La descrípcíonn no recuerdo bien exactamente. Hace muchos años.

Dr. Ledesma: ¿No puede dar ningún dato?

Cabezas: No; joven de unos treinta y algo de años…

Dr. Ledesma: ¿Del fotógrafo tampoco?

Cabezas: Del fotógrafo, también joven, alto, creo que tenía bigotes, no sé, no sé.

Dr. Moreno Ocampo: Si supo algo del secuestro de HIDALGO SOLA y Elena HOLMBERG, estando ella detenida en la ESMA.

Cabezas: No, nada.

Dr. Strasera: Si supo que hubiera algún detenido de apodo Nando.

Cabezas: Sí, Fernando BROSKI, lo vi en el lavadero también.

Dr. Strasera: Si puede decir por qué medio, en qué forma, fue liberada.

Cabezas: Me llevaron en un coche a mi casa.

Dr. Ledesma: ¿Quién la llevó?

Cabezas: Un guardia, no…

Dr. Ledesma: ¿No sabe el nombre?

Cabezas: No, en este momento no.

Dr. Strassera: ¿Dijo en qué vehículo?

Dr. Ledesma: No, no dijo. ¿En qué vehículo?

Cabezas: En un Ford Falcon blanco.

Dr. Strassera: Si supo algo estando detenida, de Rodolfo WALSH o vio unos efectos.

Cabezas: No, nada.

Dr. Strassera: Ninguna más.

Dr. Ledesma: ¿Las defensas? Dr. GOLDARACENA.

Dr. Goldaracena: Si cuando recuperó su libertad y la llevaron a su casa era la misma de Carapachaay que nombró al principio de la declaración.

Cabezas: No, la casa de mi madre, en Muñiz.

Dr. Goldaracena: Si desde ese día volvió a ver a alguna de las personas con las cuales compartió el cautiverio.

Cabezas: No, solamente a los BARROS; Susana BARROS y Osvaldo BARROS; solamente a ellos.

Dr. Ledesma: ¿En qué circunstancias?

Cabezas: Porque se hicieron muy amigos de mi sobrino, por el cumpleaños de las nenas, en esa fecha nos encontrábamos.

Dr. Goldaracena: Si cuando hizo su primera denuncia, si su primera denuncia fue la que hizo ante la CONADEP.

Cabezas: Ante la CONADEP.

Dr. Ledesma: Fue la primera, ¿en qué fecha?

Cabezas: Aproximadamente en julio del año pasado, o antes de julio.

Dr. Goldaracena: Si formuló alguna otra denuncia o declaración.

Dr. Ledesma: Esta respondida, doctor.

Dr. Goldaracena: Esa denuncia señor presidente y hablo de una causa por el tema de Para Ti. Si fuera de ésas ¿hay alguna más?

Dr. Ledesma: Declaró en elJuzgado de Instrucción N° 3.

Dr. Goldaracena: En la causa de VARELA CID, si fuera de esas dos…

Dr. Ledesma: Respondió negativamente a la existencia de otra denuncia.

Dr. Goldaracena: Perdón, señor presidente; en las dos últimas oportunidades que fue al Uruguay, ¿cuántos días permaneció allí?

Dr. Ledesma: Surge del contexto, sólo pernoctó una vez en ambos casos.

Dr. Goldaracena: Dijo la declarante que el 10 de mayo del ’76, su hijo Gustavo Aieiandro salió temprano a la mañana a acompañar a una amiga. Si esa amiga vivía en la casa de la declarante.

Cabezas: No señor, estaba de visita.

Dr. Ledesma: ¿Adónde la acompañaba?

Cabezas: A la casa de ella.

Ledesma: ¿Sabe dónde vivía?

Cabezas: Era San Isidro, no recuerdo la ubicación.

Dr. Goldaracena: Si había ido de visita esa misma mañana temprano.

Cabezas: No, había ido a la noche y como era muy tarde se quedó.

Dr. Goldaracena: Si con posterioridad, fuera de lo que ha dicho, se enteró de alguna causa o motivo por la cual haya sufrido su hijo el episodio que describió.

Cabezas: Lo único que supe de Gustavo fue, creo que lo dije, a través del conscripto, después no supe más nada, nunca, ni vinieron a casa ni nada, no sé nada.

Dr. Goldaracena: La declarante dijo haber viajado a México, a Roma y a Madrid con otras madres. Si esas madres eran las mismas que integraban la comisión en la que dijo haber ocupado un cargo.

Dr. Ledesma: ¿Puede decir si integraban la comisión?

Cabezas: No.

Dr. Goldaracena: La declarante dijo también que esas personas por razones de seguridad se manejaban con sobrenombres. Si recuerda cuál era el sobrenombre que utilizaba la declarante.

Cabezas: No recuerdo.

Dr. Goldaracena: Si se hospedaban en los mismos hoteles.

Cabezas: Sí.

Dr. Goldaracena: Si el grupo fue integrado de la misma forma durante todo el viaje por estos tres lugares o si se fue cambiando en su integración.

Dr. Ledesma: Si el grupo que fue a España y a Roma, estaba integrado de la misma manera por las mismas personas.

Cabezas: Sí, sí.

Dr. Goldaracena: Si en los diferentes registros en los distintos hoteles no tuvo oportunidad de conocer los verdaderos nombres de las restantes integrantes del grupo.

Cabezas: No, porque no tenía interés en saberlo.

Dr. Goldaracena: La declarante dijo que cuando fue interrogada, por primera vez en ocasión de su detención se le preguntó por qué había cambiado su actitud con Julia Estela SARMIENTO; anteriormente ante la comisión dijo que obviamente Julia Estela era una infiltrada de los servicios. Si esta conclusión la sacó antes o después de ser detenida.

Dr. Ledesma: ¿Usted efectuó esa afirmación?

Cabezas: No sé si exactamente dije eso, lo que sí me pareció extraña fue la actitud de Julia.

Dr. Goldaracena: Si recuerda cómo hizo su viaje a México. Si fue un viaje directo de Buenos Aires a México, o si hubo escalas intermedias.

Cabezas: Sí, creo que sí.

Dr. Goldaracena: Si obtuvo con motivo de ese viaje su pasaporte o lo había obtenido con anterioridad.

Cabezas: Tenía pasaporte.

Dr. Goldaracena: Si fue necesario tramitar visa.

Cabezas: Bueno, cuando llegué a México.

Dr. Ledesma: Afirmativamente, respondió doctor.

Dr. Goldaracena: No me queda claro si la visa la obtuvo aquí o en México.

Cabezas: En México.

Dr. Goldaracena: La declarante, la segunda vez que fue interrogada, reconoció haber mentido en los datos que había dado en la oportunidad. Si recuerda qué explicación dio teniendo en cuenta que también se le preguntaba por qué había mentido.

Dr. Ledesma: En la primera oportunidad no fue doctor.

Dr. Goldaracena: En la primera oportunidad dice haber dado un número telefónico que en realidad no sabía, en la segunda oportunidad se le preguntó si había mentido y por qué reconoció haber mentido.

Dr. Ledesma: Efectivamente, pero fue en la tercera en la que se rectifica. ¿Cuál es la pregunta concreta al respecto doctor?

Dr. Goldaracena: Eran dos las preguntas que se le hacían, si había mentido y porqué la testigo dijo que reconocía haber mentido en ese momento, pero no sé si se le siguió preguntando por qué y en su caso qué respondió.

Dr. Ledesma: Esto ha sido respondido.

Dr. Goldaracena: Yo no lo he advertido señor presidente…

Dr. Ledesma: La testigo refirió que había pergeñado esa suerte de reconocer que tenía un responsable para sustraerse al castigo, y con posterioridad cuando fue descubierto que el número telefónico no correspondía, admitió que había sido una idea personal para evitar el castigo.

Dr. Goldaracena: Si en esos interrogatorios se le preguntó si en sus viajes a México, a Madrid, fundamentalmente en Madrid y en Roma, se había entrevistado con miembros de la organización Montoneros.

Dr. Ledesma: Ya le preguntó el Tribunal al respecto, y negó.

Dr. Goldaracena: El Tribunal le preguntó si ella se había entrevistado, no si se le había preguntado sobre esa supuesta entrevista.

Cabezas: ¿Si me habían preguntado?

Dr. Goldaracena: Sí, si en el interrogatorio a que fue sometida se le preguntó sobre posibles entrevistas con miembros…

Cabezas: Sí me preguntaron, me preguntaban eso.

Dr. Ledesma: ¿En qué lugar?

Cabezas: En la ESMA.

Dr. Ledesma: No, no ¿en qué lugar habían tenidolugar las entrevistas sobre la que la interrogaban?

Cabezas: Si yo había tenido entrevistas…

Dr. Ledesma.: Con miembros de la cúpula de la organización ilegal Montoneros y en dónde la había tenido, si le mencionaba el lugar.

Cabezas: Claro, ellos decían de que era en Roma.

Dr. Goldaracena: Si este episodio recuerda haberlo comentado con Carlos MUNOZ.

Cabezas: No señor.

Dr. Ledesma: ¿No recuerda o no lo comentó?

Cabezas: No lo comenté.

Dr. Goldaracena: Si conoce a FIRMENICH.

Dr. Ledesma: Con la aclaración que si Ud. encuentra alguna respuesta que pueda ser autoincriminante, puede negarse a contestar, puede responder.

Cabezas: Me niego a contestar.

Dr. Ledesma: No le oí, la pregunta es si tuvo entrevistas y conoce a FIRMENICH, personalmente, no a través de su actuación pública.

Cabezas: No señor.

Dr. Goldaracena: Si conoce a María Antonia BERGER.

Cabezas: A María Antonia sí, porque estaba en Puebla.

Dr. Goldaracena: Si puede decir qué hacía Antonia BERGER en Puebla o puede explicar en qué circunstancia la conoció.

Cabezas: En Puebla había un salón muy grande donde había un mostrador donde nos acercábamos a pedir una audiencia con los obispos, María Antonia estaba entre el público, no sé exactamente lo que ella hacía ni lo que ella hablaba porque era uno más entre todo el público; sé que me señalaron que era María Antonia.

Dr. Ledesma: ¿Diálogos con ella tuvo?

Cabezas: …

Dr. Ledesma: ¿Algo con ella tuvo o alguna conversación con alguna sustancia?

Cabezas: Bueno, había conversaciones, como era todo general dentro del público que estaba ahí, eramos muchos, y si se hablaba en un momento, bueno, por equis circunstancia, uno se acercaba y conversaba pero nada, nada personal, nada individual.

Dr. Ledesma: ¿Doctor?

Dr. Goldaracena: Si puede dar alguna precisión, sobre por qué, si era simplemente una persona más del público, se acuerda de haberla visto a Maria Antonia AVALLAY.

Dr. Ledesma: Puede contestar.

Cabezas: Sí, porque me acuerdo de que la vi, y bueno porque la señalaron y porque estábamos muchas horas ahí.

Dr. Ledesma: Recuerda, ¿quién la señaló, quién le dijo que era ella?

Cabezas: Bueno, recuerdo que cuando hablábamos con periodistas, los periodistas la conocían, creo que fue, habrá sido algún periodista, no, no sé precisar la persona.

Dr. Ledesma: ¿Doctor?

Dr. Goldaracena: Si en esa oportunidad, se le dijo algo sobre las actividades de María Antonia AVALLAY.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: No, no señor.

Dr. Goldaracena: Si conoce a una persona de apellido VACA o VACA NARVAJA.

Cabezas: No señor.

Dr. Goldaracena: Si conoce a una persona de apellido OBREGON u OBREGON CANO.

Dr. Ledesma.: Puede responder.

Cabezas: Por los diarios.

Dr. Goldaracena: La testigo dijo que, en ocasión de su entrevista con un periodista y un fotógrafo en Figueroa Alcorta y Pampa, estando ellos sentados, ella con el Ruso, aparecen el periodista y el fotógrafo, si le quedó claro cuál fue la forma por la cual el periodista y el fotógrafo los identificaron a ellos.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: Quedaba algo así, como explícito; si me habían dicho que eran periodistas de Para Ti, bueno, era una situación, no podía pedir documentos.

Dr. Goldaracena: Si en algún momento se enteró de cuál fue el motivo, o la imputación por cuya virtud estuvo privada de su libertad.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: ¿Si se por qué estuve?

Dr. Ledesma: Efectivamente

Cabezas: Me dijo ABDALA que era por la situación psicológica que desempeñaba.

Dr. Ledesma: ¿Doctor?

Dr. Goldaracena: Si se enteró de cuál fue el motivo o la imputación por la cual habían estado en parecida situación o en la misma situación, su sobrina y el marido de ella

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: Suponemos que ha sido por mi situación, por lo que ellos se movían buscándome y haciendo averiguaciones, pero yo personalmente no sé.

Dr. Goldaracena: Si su sobrina o el marido tenían alguna militancia política activa, o en alguna organización.

Cabezas: No, no tenían.

Dr. Goldaracena: Si puede precisar, cuál es el grado de parentesco, entre la declarante y su sobrina.

Dr Ledesma: No le alcancé a oir doctor.

Dr. Goldaracena: ¿Cuál es la relación de parentesco?

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: Es la hija de mi hermana.

Dr. Goldaracena: Nada más señor presidente, gracias.

Dr. Ledesma: ¿Alguna otra defensa? Doctor BUERO…

Dr. Buero: Señor presidente, el doctor GOLDARACENA acaba de aludir al pasaporte que había necesitado la declarante; mi pregunta es, si tiene ese pasaporte, el pasaporte que ha usado.

Dr. Ledesma: ¿Puede fundamentar la pertinencia de la pregunta doctor?

Dr. Buero: Sí, señor presidente.

Dr. Ledesma: (inint.)

Dr. Buero: (inint.) como anoche, con la fundamentación, ¿puede fundamentarlo en presidencia?

Dr. Lodesma: Acérquese. Señor fiscal, puede acercarse por favor… ¿Posee el pasaporte, senora?

Cabezas: No señor.

Dr. Ledesma: Doctor BUERO.

Dr. Buero: Si puede decir, en esas oportunidades, en qué fecha salió y en qué fecha volvió a entrar en el país, si lo recuerda.

Dr. Ledesma.: ¿Se refiere a…

Dr. Buero: A ese viaje que hizo a México.

Dr. Ledesma: Si lo recuerda, señora, responda.

Cabezas: Mire, sé que era en enero y volví en marzo.

Dr. Ledesma: Doctor BUERO.

Dr. Buero: ¿Del año?

Cabezas: Pero no recuerdo la fecha.

Dr. Buero: Perdón, ¿de qué año? Me interesa que lo diga la testigo.

Dr. Ledesma: El año, señora.

Cabezas: 1979

Dr. Buero: Si cuando viajó a España e Italia usó el mismo pasaporte que había empleado para ir a México.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Dr. Buero: Si estuvo en Brasil.

Dr. Ledesma: ¿En qué fecha, doctor?

Dr. Buero: En oportunidad de ese viaje.

Dr. Ledesma: Con motivo de este viaje, ¿estuvo en Brasil?

Cabezas: No.

Dr. Buero: Movimiento Peronista Montonero, con una serie de personas, quiero aclarar que no le pregunto si ella estuvo, o si alguien le preguntó sobre eso mismo, ¿si sabía que en Roma, en la época de su viaje, efectivamente, había una reunión del Movimiento Peronista Montonero?

Dr. Ledesma: Puede responder, señora.

Cabezas: No, señor.

Dr. Ledesma: Doctor BUERO.

Dr. Buero: Si a la fecha de los hechos referidos en su declaración, la declarante tenía bienes de fortuna.

Dr. Ledesma: No ha lugar a la pregunta; inconducente, doctor.

Dr. Buero: Señor presidente, pido reposición basada en que la testigo, si mal no recuerdo, dijo que ella había pagado estos viajes.

Dr. Ledesma: Efectivamente, lo dijo, doctor.

Dr. Buero: Por eso, sí.

De. Ledesma: Insisto en el no ha lugar.

Dr. Buero: Muy bien, señor presidente. Si a la fecha de su liberación quedaban muchos prisioneros en la ESMA. Aproximadamente qué número.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: Sí, quedaban más, creo que más de 20 personas.

Dr. Ledesma: Doctor BUERO.

Dr. Buero: Si con posterioridad a su liberación se entrevistó con algún otro prisionero.

Dr. Ledesma: Ya lo contestó, doctor.

Dr. Buero: ¿Dijo con quién?

Dr. Ledesma: Sólo, sólo el matrimonio BARROS.

Dr. Buero: Gracias. Si el marido de su sobrina, que dijo que era Héctor Eduardo PICCINI, tenía algún sobrenombre y si puede, si lo recuerda.

Dr. Ledesma: ¿Tenía algún sobrenombre PICCINI?

Cabezas: Ahí, dentro de la ESMA, le decían “Tata”.

Dr. Ledesma: Doctor BUERO.

Dr. Buero: Si sabe si Norma Irene WOLSHON tenía militancia en alguna organización subversiva.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: No sé, señor.

Dr. Buero: Si sabe por qué la detuvieron, entonces.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: No sé, señor.

Dr. Buero: Si sabe si BASTERRA integraba alguna organización subversiva.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: No, señor.

Dr. Buero: Si sabe por qué lo detuvieron

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: No, señor.

Dr. Buero: Si Carlos MUÑOZ integraba alguna organización subversiva.

Dr. Ledesma: Puede responder.

Cabezas: No, señor.

Dr. Ledesma: ¿Sabe por qué lo detuvieron?

Cabezas: No sé, no sé.

Dr. Buero: Por último, señor presidente, solicito que, con la prevención del caso, se le pregunte si la declarante, que dijo no tener filiación política o actuación política, integraba, en cambio la rama femenina del Movimiento Peronista Montonero.

Dr. Ledesma: Con la prevención de que puede negarse a contestar si considera la pregunta autoincriminante, puede contestar, señora.

Cabezas: No contesto.

Dr. Buero: Nada más, señor presidente, gracias.

Dr. Ledesma: ¿Alguna otra defensa? El Tribunal dispone de un cuarto intermedio de 15 minutos. Señora, su testimonio ha terminado.

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