El Miguel, ellos, nosotros y la Carolita. Memoria Propia

El Miguel, ellos, nosotros y la Carolita. Memoria Propia

El Miguel, ellos, nosotros y la Carolita

Adriana Goni

Para Miguel, a 30 años de su muerte en combate, 5 Octubre 2004

¡Teníamos tanto miedo! Enfundados en ropas elegantes, olvidados del bluyin y de los bototos, contábamos los días que habían pasado desde entonces. ¿Sólo diez? Teníamos tanto miedo, desconcierto, furia, y… veintinueve años. Veintinueve años el Miguel, y Julián y yo.Entre Julián y yo juntábamos ocho chiquillos; ninguno superaba los diez años y dependían absolutamente de nosotros. De nosotros, quienes aún en medio del huracán, buscábamos afanosos y sin rumbo a los compañeros, a las compañeras, a aquellos de los campamentos que por tantos meses -¿años?- fueron nuestra familia, nuestro habitat, nuestro accionar conjunto.Pedro Pablo,Cristian V.,Cristian John;Monita,Jessica John;Carola,Harold, Juan José y yo. Octubre 1973

Sabíamos de nuestros muertos, de los detenidos, de los torturados, de los escondidos. Sabíamos que si caíamos dejábamos no sólo a nuestros hijos a merced de un futuro temible que sólo podíamos imaginar, sino que nos restaríamos a la lucha que recién comenzaba.

La magnitud de la pérdida, de la masacre, del desconcierto y la desconexión aún no afloraban a nuestras mentes, a pesar de tanto análisis y previsión anterior.

Con Julián llevamos ese día a la Carolita, de cinco años, al hospital, dado que su garganta presentaba un enorme e inexplicable bulto que apenas le permitía respirar.

Psicosomático, nos dijeron. ¡Y cómo no! En diez días presenció, con sus enormes ojos, allanamiento tras allanamiento de nuestra casa, buscándonos, ávidos de armas, de delaciones, de compañeros ocultos. Cada rama de las Fuerzas armadas exhibió sus armas largas, gritó, pateó los bolsones de los niños en busca de esas armas que hasta hoy, treinta años después todavía no nos llegan…

Nosotros, lejos de ellos nada podíamos hacer. Nunca pudimos. La enfermedad de la niña era más que justificada.

Al volver del Hospital, llevamos a la Carolita a un lugar que le encantaba. Era apasionada por el pescado frito. Fuimos al “Venecia”. Sabíamos que el ambiente familiar la consolaría.

El Venezia

Julián, Gabriela y la Carolita, sentados en una acogedora mesa, bien trajeados y peinados, ella taco alto y maquillaje, eran la visión encantadora de una familia de clase media contenta, sin nada que temer. Se abren entonces las puertas del restaurante y penetran varios hombres jóvenes, de aspecto próspero, elegantes, buenos trajes oscuros, peinados a la gomina, caras limpias sin bigotes. Se diría un grupo de abogados celebrando un fallo o un grupo de médicos de alguno de los hospital cercanos contentos con el resultado de alguna cirugía complicada.

Bastó una mirada de reojo, unos rostros inexpresivos, un intercambio de efluvios, para que nos reconociéramos y nos ignoraramos. Eran el Miguel, el Bauchi, el Pollo, el Pelao, y algunos otros que mi memoria no ha retenido. Eran ellos. La dirección clandestina completa.

Todos comíamos, conversábamos, sonreíamos con dolor. Ellos en su mesa. Nosotros a sus espaldas. La Carolita se avalanzó sobre su pescado frito. ¿Congrio, merluza? Nunca lo supimos, pero una espina inmensa se incrustó en su garganta hinchada. No podíamos gritar, llorar, llamar la atención. Nuestra vida estaba en peligro, al igual que la de la Carolita.

Nunca supimos cómo, aún no lo entiendo, pero el Miguel, el compañero, el doctor Enríquez, saltó como un felino; tomó a la niña, la tendió en el suelo, maniobró sobre ella, que tenía su carita azulada por la asfixia, extrajo la espina, le hizo respiración boca a boca, nos guiñó un ojo y volvió a su mesa, donde ellos. Nada había sucedido.

El hombre más buscado de Chile en ese momento y hasta el día de su muerte en combate el 5 de octubre del año siguiente, arriesgó su cobertura y la de todos nosotros, siguiendo el imperativo de sus convicciones, de su juramento y de su entrga revolucionaria.

Sin el Miguel ése día, posiblemente la Carolita no habría conocido los treinta y seis años que hoy tiene, y definitivamente no estarían el Sebastian, el Vicente y el Nicolás, mis nietos.

Caroolita, Adriana y niños depto. mamá. 2010
Caroolita, Adriana y niños depto. mamá. 2010

Tengo más, muchos más recuerdos. Del Pelao Van Yurick y de la Bárbara. Cuando me duela menos, los escribiré… mientras permítanme gritar : “¡ Gracias, Miguel ¡ ¡ Hasta la Victoria Siempre!”

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El MIR Chileno: Balance esencial a cuarenta años de la caída en combate Miguel Enriquez. Sergio Grez

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El MIR Chileno: Balance esencial a cuarenta años de la caída en combate Miguel Enriquez

El MIR Chileno: Balance esencial a cuarenta años de la caída en combate Miguel Enriquez

por 14, octubre, 2014 en sección Opinión 1 opinaen eldebate sobre este artículo
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Aunque no milité en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile (MIR), siempre tuve un gran respeto y no poca admiración por los miristas, especialmente por figuras como Miguel Enríquez, Bautista Von Schouwen, Luciano Cruz y Lumi Videla. Si bien no fui mirista, en más de una ocasión compartí  con ellos empresas comunes, triunfos, esperanzas, dolores, derrotas y frustraciones. Conformo la generación que fue testigo y protagonista de los procesos que encarnaron estos dirigentes y varios miles de jóvenes revolucionarios chilenos de los años 60 y 70. Como militante de la izquierda revolucionaria de aquella época, también como historiador y ciudadano de los tiempos actuales, tengo un juicio sobre la historia del MIR ya expresado en varias ocasiones y que vuelvo a compartir a pedido de la revista Carcaj con motivo de los 40 años de la muerte de Miguel Enríquez.

Porque sabemos que la visión y los sentimientos del ciudadano tienden a impregnar, inevitablemente, el juicio del historiador y, precisamente, porque me cuento entre aquellos que piensan que no hay historia neutra, estoy consciente de que mi pequeño y marginal rol de observador y compañero de ruta en algunos pasajes de la historia del MIR, baña mis apreciaciones y juicios históricos. No obstante, mi calidad de historiador y de ciudadano me obliga a ejercer el juicio crítico sobre los actores de la historia, aun de aquellos que nos son cercanos o por los que sentimos respeto y admiración.

Al reflexionar sobre la trayectoria histórica de Miguel Enríquez y del MIR chileno (menciono a ambos ya que no es posible referirse a uno sin hablar del otro), me surgen tres grandes interrogantes que quisiera compartir con ustedes. Tres preguntas en las que puede sintetizarse el balance histórico más esencial respecto de estos actores.

En primer lugar, ¿qué representó históricamente Miguel Enríquez y la generación rebelde de los años 60 y 70 del siglo XX? Luego, parece pertinente interrogarse acerca de los aciertos y errores de esos dirigentes y militantes; finalmente, es necesario plantearse cuáles son los elementos rescatables de esas experiencias en la perspectiva de las luchas libertarias del presente y del futuro.

Aunque cada uno de estos problemas puede ser materia de largos debates, en parte ya realizados, en parte pendientes, aprovecho la oportunidad que se me ha ofrecido para hacer algunos planteamientos a título exploratorio, para “galopar sobre estos temas”, como solía decir el propio Miguel.

La primera interrogante es tal vez la más fácil de responder. Con la perspectiva que permite el transcurso del tiempo, además de la culminación de ciertos procesos históricos, no cabe duda que la generación revolucionaria de los 60 y los 70, aquella nucleada en torno al MIR y otras organizaciones de izquierda revolucionaria, representó la tentativa más decantada en la historia de Chile por “tomar el cielo por asalto”, esto es, conquistar el poder para un proyecto revolucionario socialista centrado en la obtención de la justicia y la igualdad social. Tuvo el privilegio de actuar en un momento clave de la historia, cuando una poco común confluencia de factores de larga y de corta duración puso a la orden del día en el seno del ya secular movimiento popular chileno la cuestión del acceso al poder. La emergencia de esa generación revolucionaria fue posible gracias a numerosos factores derivados de la permanente crisis de la sociedad chilena a partir del agotamiento del modelo de sustitución de importaciones y del fracaso de variadas experiencias políticas –desde los gobiernos radicales hasta la “Revolución en Libertad”, pasando por el populismo ibañista de la “Revolución de la escoba” y la “Revolución de los gerentes” del derechista Alessandri-, que generaron una actitud de disponibilidad política para llevar a cabo cambios sociales más profundos en amplios sectores del mundo popular y de las capas medias, especialmente, estudiantiles e intelectuales. A ello se sumó el profundo impacto de la Revolución Cubana, la disidencia china respecto del Vaticano ideológico representado por Moscú en el seno del movimiento comunista internacional y las revoluciones anticoloniales que se multiplicaron desde fines de la Segunda Guerra Mundial y, muy particularmente, durante los años 60. Todos estos hechos pusieron la revolución “a la orden del día” en el escenario internacional. Pero se trataba de una revolución que ya no sería la simple expansión geopolítica del llamado “campo socialista” al amparo de la potencia militar soviética como había ocurrido en la mayoría de los países de la Europa Oriental durante la segunda mitad de los años 40, sino de una auténtica revolución desde las bases populares, una revolución de acuerdo a los cánones clásicos del marxismo que la generación revolucionaria chilena y latinoamericana de los 60 y de los 70 intentó retomar. Esto significaba una ruptura de grandes proporciones respecto de las concepciones y las prácticas parlamentarias y legalistas de la izquierda que, en el caso de nuestro país, se venían desarrollando –no sin altibajos- desde mediados de los años 30.

Sintetizando, podríamos decir que la empresa liderada por Miguel Enríquez consistió en intentar, en base a la audacia, el coraje, el empuje, la decisión, la inteligencia y el sacrificio, la toma del “Palacio de Invierno”, de acuerdo a los postulados del leninismo y a los aportes teóricos y prácticos de la experiencia cubana y del guevarismo.

La creación de un partido de revolucionarios profesionales de sesgo leninista se entrelazó con la concepción de la organización político-militar tomada de la experiencia guerrillera cubana y latinoamericana.

El principal acierto del MIR fue captar el estado de “disponibilidad revolucionaria” de una vasta franja de trabajadores, intelectuales y estudiantes y, más agudamente, percibir que la elección de Salvador Allende como Presidente de la República abría una situación prerrevolucionaria. Los mayores éxitos políticos del MIR se dieron precisamente en aquellos años, cuando con audacia y flexibilidad táctica se empezó a convertir en un partido con influencia de masas, un actor importante de la vida política nacional. Tal vez una de sus principales carencias fue la falta de tiempo. En su frenética carrera, tanto esta organización como el conjunto de la izquierda revolucionaria no alcanzaron la influencia y la madurez requerida para revertir la situación que se transformaba aceleradamente de crisis prerrevolucionaria en contrarrevolución desembozada.

El contexto político e ideológico de aquellos años hacía muy difícil la necesaria renovación ideológica de la izquierda chilena. En el mundo bipolar de la Guerra Fría, de las definiciones a favor de uno u otro campo, en un contexto en que la lucha política se planteaba en la lógica de la guerra, el espacio para las revisiones críticas e introspectivas era objetivamente muy pequeño, en algunos casos francamente insignificante. Luego, bajo la dictadura, ese camino era aún más difícil. Ciertas concepciones y tendencias, a veces criticadas, pero jamás superadas totalmente, como el foquismo y el militarismo en algunas organizaciones revolucionarias, unidos a ciertos errores de apreciación –como la subvaloración del poderío del enemigo y la sobrevaloración de la fuerza propia- se saldaron en el exterminio físico y en la derrota política y militar del proyecto revolucionario encarnado por Miguel Enríquez y sus compañeros. El proyecto mirista fue, en realidad, derrotado en tres oportunidades: la primera vez entre 1973 y 1976, cuando la feroz represión de la dictadura liquidó a una parte muy significativa de su dirección histórica, entre ellos al propio Miguel, y desarticuló muchas estructuras de la organización. Una nueva hecatombe se consumó entre fines de los 70 y comienzos de los años 80, terminando en cuantiosas pérdidas humanas, políticas y materiales acciones como la “operación retorno” y la tentativa de implantación guerrillera de Neltume. Y una nueva derrota, esta vez eminentemente política, tuvo lugar durante la segunda mitad de los años 80, cuando se impuso la “transición pactada” que dejó al MIR y a otras fuerzas revolucionarias sin alternativa viable, y, en definitiva, sin base social.

¿La derrota de un proyecto significa la invalidación de su causa? No necesariamente. Pienso que lo esencial de los ideales de la generación revolucionaria que creció y se desarrolló en los años 60 y 70, sigue estando vigente puesto que los grandes objetivos de justicia e igualdad social no han sido cumplidos en nuestro país. Pero, y esta es nuestra tercera interrogante: ¿qué es lo rescatable de esos proyectos fuera de la propia experiencia?

Sin duda estamos en una época distinta. Ya no vivimos –como creíamos entonces- en “la época del imperialismo y de la revolución proletaria”. Ciertamente, estamos aún en la época del imperialismo (ahora más globalizado), sin embargo, solo una imperdonable ceguera política podría llevarnos a creer que la revolución proletaria está a la orden del día en algún punto del planeta. Cuando las grandes transformaciones sociales, económicas, culturales e ideológicas de las últimas décadas del capitalismo globalizado han diluido la identidad e incluso una buena parte de la base sociológica de la clase obrera, cuando la emergencia de nuevos actores sociales populares configura un panorama más complejo y matizado, solo una irreflexiva obstinación nostálgica podría llevarnos a la repetición de los moldes revolucionarios clásicos. Pocos son, en realidad, los conceptos e instrumentos políticos de aquella época que han salido indemnes de los vendavales históricos del tiempo transcurrido desde la caída entonces[1].

Los proyectos marxistas de socialismo basados en dos supuestos: un soporte material representado por la gran industria, y un soporte social, la clase obrera, han sido seriamente cuestionados por la experiencia histórica y por la evolución del capitalismo. Hasta ahora las bases materiales de la gran industria no han constituido más que los soportes de la reproducción ampliada del capitalismo y en algunos países produjeron formas estatales totalitarias. Una nueva utopía revolucionaria, so pena de volver a repetir experiencias de nefastas consecuencias, debería comenzar por cuestionar este supuesto, proponiendo enseguida una nueva forma de producir que aún no es posible prever.

Del mismo modo, se debe constatar que a pesar de las previsiones y deseos, la clase obrera no ha sido, en cuanto tal, en ningún país del mundo, la fuerza social decisiva para la liberación de la humanidad. Si bien su carácter de clase explotada bajo el capitalismo es una evidencia histórica incontestable, su esencia revolucionaria universal no fue, en realidad, jamás fundamentada ni confirmada por la experiencia histórica. Aunque buena parte de las revoluciones del siglo XX se hicieron en su nombre y con su apoyo, en ninguna parte esta clase, en tanto tal, ejerció la dirección real de esos procesos que terminaron por constituir nuevas formas de dominación y de explotación. Esta constatación no invalida el hecho de que un proyecto revolucionario anticapitalista solo puede tener como base social a los trabajadores y demás sectores explotados u oprimidos por el capitalismo, pero nos obliga a replantearnos el tema de los sujetos sociales portadores del cambio. De seguro, el sujeto social revolucionario de los nuevos combates por la liberación es más cercano a aquella visionaria percepción mirista sobre “los pobres de la ciudad y del

campo”, un sujeto plural, multiforme, de contornos flexibles, que se construye en torno a ciertos momentos y tareas históricas. No se trata ya de encontrar a “la” clase mesiánica portadora de la liberación de la humanidad, sino de articular en un proyecto revolucionario global las aspiraciones de los trabajadores y demás sectores explotados con las de otros segmentos étnicos, sociales y culturales que cuestionan el capitalismo.

En esta perspectiva, el socialismo del futuro no puede ser concebido simplemente como un proyecto que presentado como “socialismo” no sea más que una forma específica de capitalismo o socialismo de Estado. Para la construcción de una utopía de nuevo tipo se hace necesaria una profunda reformulación de las bases teóricas, ideológicas, políticas y culturales que inspiraron los programas y prácticas de los movimientos políticos y sociales de transformación social en Chile.

¿Qué podemos rescatar entonces de la experiencia de la generación revolucionaria de los 60 y los 70? En un mundo donde ha hecho crisis la teoría clásica de la revolución y en el que el impulso vital de la revolución rusa se ha extinguido en medio del desastroso final de los “socialismos reales”, es, sin duda, poco lo que se puede recuperar de las referencias teóricas, de los instrumentos y de las estrategias políticas de antaño, pero es mucho lo que se debe recoger en cuanto a decisión de cambiar el mundo y lo que se debe rescatar en el plano de la moral y de la consecuencia con los principios y convicciones. Cuando las clases dirigentes, a través de sus políticos e intelectuales, solo ofrecen a la humanidad la perspectiva de una eterna reproducción del capitalismo, una suerte de congelamiento o “fin de la historia” sin proyectos colectivos ni utopías de cambio social, ; cuando en países como el nuestro la casta política nos muestra día a día que para ella pensar, decir y hacer son tres cosas distintas, el legado moral de Miguel Enríquez y de su generación revolucionaria sigue teniendo un valor que en la perspectiva de las luchas y utopías libertarias del futuro, no será puramente testimonial. El desafío histórico para las nuevas generaciones consistirá en recoger esa herencia moral y procesarla a través del prisma de nuevos instrumentos teóricos que deberá construir por sí misma, recuperando de los aportes anteriores lo necesario, sin reflejos nostálgicos que conduzcan a la repetición de los costosos errores del pasado, mas sin claudicación frente a las presiones del sistema de dominación.

Estoy seguro que, más temprano que tarde, estos nuevos hombres y mujeres evaluarán la experiencia y el legado de quienes los precedieron y construirán, con el mismo entusiasmo y consecuencia, aunque con más clarividencia y mayor efectividad, las “grandes alamedas” libertarias del porvenir.

Santiago, octubre de 2014.


[1] Varias de las ideas expresadas a continuación fueron desarrolladas junto a los integrantes del colectivo CEP-Chile en el documento Una corriente socialista libertaria como alternativa de izquierda revolucionaria (Reflexiones para un proyecto transformador), París, Centro de Estudios Políticos sobre Chile, abril de 1985.

Sobre el autor

Sergio Grez Toso. Licenciado en Historia (1980) y Magíster en Historia (1982) por la Université de Paris VIII, Francia. Obtuvo el doctorado en Historia en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de Paris, Francia (1990). Se incorporó al Departamento de Historia de la Universidad de Chile en 2004. Su área de interés principal es la Historia de los movimientos populares en Chile, buscando integrar tanto lo social como lo político en una perspectiva que considera también las dimensiones económica, ideológica y cultural.

El Archivo del MIR de Chile. Salvar la Memoria

A 40 AÑOS DE LA MUERTE DEL EX SECRETARIO GENERAL DEL MIR

En exclusiva: La historia del baúl perdido de Miguel Enríquez

Escondido en dos casas de la familia Castillo Velasco entre 1973 y el 2004, se encontraba una de las historias mejor guardadas de la izquierda chilena: un archivo del MIR perteneciente a Miguel Enríquez. Documentos, libros, cartas, libretas personales y gráficas, recuperadas gracias a la acción de militantes en la clandestinidad del MIR poco después del Golpe de Estado. Aquí, los protagonistas sobrevivientes cuentan la historia, que después de cuarenta años, al fin dejó de ser solo un mito revolucionario.

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5 de octubre de 1973: “Allende se limitó a pedir ir a la calle a pelear. No llamó a soldados y anunció su decisión de morir”, escribe textualmente Miguel Enríquez bajo su chapa de Carlos en una carta dirigida al Comandante Fidel Castro.

El mensaje no da para segundas interpretaciones: ahora le tocaba a Miguel. Y así describe en la misma carta, titulada “Informe Especial nº120”, hasta ahora inédito, que el Secretario General del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) le envió a Castro con el fin de detallarle todo lo ocurrido en el Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Le describe las acciones, las fallas, la organización, las expectativas y las estrategias del MIR. Un balance lleno de claridad que además incluye en un anexo a soldados dentro de las Fuerzas Armadas dispuestos a unirse a la resistencia.

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Esta es una de las cartas que, junto a libros, documentos, fotos, libretas personales y gráficas del MIR, entre 1970 y 1973, estuvieron más de 40 años desaparecidas. Todas partes de un “baúl” que se fue conformando de a poco, por el trabajo clandestino de los militantes, días después del golpe de Estado perpetrado por Augusto Pinochet. Apenas se levantó el toque de queda, una de la misiones de los militantes era clara: salvar la memoria.

Carmen Castillo, compañera de Miguel Enríquez, vivió el golpe en la Casa Verde Olivo, hogar clandestino en la Gran Avenida, que la acogió los primeros meses junto a sus dos hijas. En esa casa, donde estaba parte de la biblioteca de Miguel y Carmen, documentos de trabajo político de los militantes, manuscritos, entre otras cosas, era necesario empezar el salvataje cuanto antes.

-Compañeros arriesgaron sus vidas. Hubo una voluntad férrea de preservar, para la transmisión de la historia. Las experiencias vividas de la lucha revolucionaria son indispensables para el presente. El militante revolucionario lleva en sí mismo la memoria de las experiencias pasadas – reflexiona Carmen Castillo al recordar esos días.

LOS BARRETINES

Mónica Echeverría llevaba días angustiada. Eran las primeras jornadas después del Golpe militar y como muchas madres de nuestro país, temía por la vida de sus hijos. Dos de ellos, Cristian y Carmen Castillo, habían pasado a la clandestinidad por ser militantes del MIR. Miguel Enríquez era el hombre más buscado por la dictadura.

– Yo no sabía dónde estaban, si estaban vivos o muertos. Fue el principio de los años más angustiosos de mi vida. Nadie entendía qué estaba sucediendo, todo era una gran tristeza y desesperación- dice Mónica recordando esos días.

Carmen estaba en la casa fachada de Gran Avenida. Como ella relata en su libro “Un día de octubre en Santiago”, la misma casa había sido de utilidad meses antes cuando la Marina consiguió una orden de arresto contra los Secretarios Generales del Partido Socialista y el MIR.

Desde el golpe que ella no sabía de Miguel. Pero no le preocupaba, la organización de la resistencia se estaba formando: “la casa verde olivo fue un oasis aislado en el seno de un barrio popular. Por la Gran Avenida desfilaban, con destino desconocido, los camiones llenos de cadáveres amontonados. Eso se murmuraba. En la casa de verde olivo, el único trastrocamiento de la rutina era la ausencia de los varones. La vida continuaba”- relata Carmen en su libro.

A Mónica y a su esposo, el demócratacristiano Fernando Castillo Velasco, esos días de silencio no los dejaban dormir. Hasta que recibieron el primer mensaje de su hija. Ella no recuerda si fue a través de una caja de cigarros o de fósforos. La letra era minúscula, pero explicaba lo necesario: Ella, Miguel y sus dos hijas pequeñas Javiera (hija de Miguel y Alejandra Pizarro) y Camila (hija de Andrés Pascal y Carmen Castillo), estaban bien y a salvo.

-No podías confiar en nadie, mejor si no hablabas. Incluso con Fernando estábamos compartimentados después del Golpe, cada uno hacía cosas por sí solo, ayudaba por su lado. Porque si uno caía, podía delatar al otro-, cuenta Mónica.

Cuando se levantó el toque de queda, Carmen y otros militantes empezaron a moverse clandestinamente por la ciudad. La urgencia de no perder la memoria escrita se transformó en una de las primeras prioridades. Dos semanas después del golpe, cientos de libros ardían fuera de las Torres San Borja y eso era solo el comienzo. La gente por miedo también estaba quemando sus bibliotecas. Un destino que los militantes del MIR no querían compartir.

Se fijaron enlaces y puntos de contacto con compañeros. Cada uno llevaba barretines improvisados que, según la jerga político-revolucionaria, sirvieron para camuflar materiales importantes y así no ser detectados por los aparatos represivos. Las formas que podía tomar eran infinitas: cajas de regalo, de crema, de harina. Todo donde se pudiera camuflar material servía.

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Así Mónica empezó a reunirse con enlaces y con Carmen en filas de grandes tiendas, en supermercados, fingiendo que no se conocían. Una se sentaba al lado de la otra en una banca de la plaza. Ella sabía que los militares estaban quemando material y que era imperioso guardar todo lo que su hija le pasaba. Su casa parecía ser un lugar seguro. Fernando Castillo fue rector de la UC hasta que fue removido por la dictadura después del Golpe. Autos con libros de profesores de la Universidad llegaban a su puerta constantemente. También personas que necesitaban esconderse por unos días y otras que necesitaban ayuda para asilarse.

La catita (chapa política de Carmen Castillo) encuentra un momento para acarrear los libros, de un auto a otro, hasta la bodega… Hay que ocultar libros y documentos; mañana volverán a la luz del día. Enterrar todo, no quemar nada, decía Miguel– relata Carmen en tercera persona en su libro “Un día de Octubre en Santiago”.

Sin explicitar a qué persona o personas se les estaba entregando ese material, las primeras pistas de la existencia del baúl estaban echadas. Ella relata que Trotsky iba dentro de “Lo que el viento se llevó” y Lenin en “Los Miserables”. Todos cuidadosamente envueltos en plástico. Incluso así se pasaban documentos en miniatura para las células del MIR dentro de tubos de crema Nivea.

Con el pasar de los días, Mónica Echeverría fue acumulando un sinfín de documentos en el fondo de su casa en Avenida Ossa. En un espacio entre cachureos y herramientas que ocupaba el jardinero de la casa, se acumularon cajas para no despertar sospecha. No sabía que contenían, nunca las abrió hasta varios años después.

Apenas Fernando dejó de ser rector de la Universidad a mí me allanó la casa el regimiento de Buin, comandado por Víctor Echeverría. Fue brutal. Nos rompieron todo, nos quemaron los libros de la biblioteca en una fogata en el jardín. A pesar de lo que mucha gente que nos confió sus libros creyó, nuestra casa ya no era segura– relata la madre de Carmen Castillo.

Casi un año después, estos amedrentamientos y la detención de Mónica en el Regimiento de Buin, llevó a la familia a tomar una decisión. La situación ya era muy insegura incluso para el cordón protector de la DC. Pensando en que la situación se tornaría peor, en 1974, los padres de Carmen con sus dos hijos pequeños se fueron a vivir a Cambridge, gracias a una oferta de trabajo que recibió Fernando como profesor. El viaje fue unos cuantos meses antes que Miguel Enríquez fuera asesinado y su hija embarazada, Carmen, quedara gravemente herida en un enfrentamiento con agentes de la Dina, el 5 de octubre, en la comuna de San Miguel. Los barretines permanecieron ocultos en el fondo de la casa de Avenida Ossa. El archivo personal de Miguel Enríquez se había salvado.

EL ARCHIVO

17 de mayo 1974: “La situación actual de la izquierda no puede seguir prolongándose, es darle ventaja a la dictadura (…) Espero que no aborte esta posibilidad histórica de resistencia”, le recrimina  Miguel en una carta a Belisario Velasco, quien ya había perdido para 1974 la confianza de la directiva nacional de la Democracia Cristiana por ser una persona “non grata” para la dictadura militar, al igual que Marta Caro y Jaime Castillo Velasco, entre otros. La carta estuvo celosamente guardada entre los documentos ocultos en la casa de avenida Ossa por más de 31 años.

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Miguel estaba agotando sus posibilidades. Exige coordinación inmediata de toda la izquierda. Le pide que entienda que las personas que se están reclutando se están uniendo a la resistencia y no al MIR. Expresa que es el momento histórico para una lucha común. La fuerza represiva de la DINA, sin embargo, tenía paralizados a los partidos que no contaban con instrucción militar.

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Para esta fecha, Carmen ya estaba viviendo con Miguel en la casa de la calle Santa Fe. Como describe en su libro “Un día de octubre en Santiago”, Miguel se sentaba horas a escribir y realizar tareas políticas, con una determinación envidiable a pesar de lo que estaba sucediendo: “Escribías en la amplia mesa-barretín, la mesa con cajón secreto que nos acompañaba desde hacía años. Te veo inclinado sobre tus papeles, el ceño fruncido, en busca de una idea, y bruscamente el júbilo de tu rostro”, escribió.

Cuatro años después, en 1978, los padres de Carmen, Mónica Echeverría y Fernando Castillo, vuelven a Chile. Se van a vivir a la Quinta Michita, una comunidad de viviendas en La Reina que había construido Fernando Castillo con su hijo Cristián. El cambio era una evolución natural. Es ahí donde por primera vez, organizando el cambio de casa, Mónica abre las cajas con documentos entregadas clandestinamente por militantes del MIR.

-Habían libros de medicina de Miguel, también de literatura. Estaban todos los libros que se consideraban peligrosos. Tolstoi, Flaubert, Marx, Rosa Luxemburgo. Literatura francesa, inglesa. Muchos pensadores de izquierda. También había cosas personales de Miguel y del MIR- cuenta la madre de Carmen.

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Mónica recuerda que los libros de medicina se los pasó a su padre, Edgardo Enríquez, quien aún estaba muy impresionado por la muerte de sus dos hijos, Miguel y Edgardo, este último asesinado en Argentina en 1976. También por la desaparición de Bautista van Schouwen, miembro del comité central del MIR, a quien consideraba un hijo. Los libros que quedaron en su poder, estaban con anotaciones de Miguel. “Yo vi a Don Edgardo tan triste, tan desesperado. Por eso, como él era médico, le podía interesar cómo estudiaba la medicina Miguel y le entregué entre 10 y 12 libros. Me lo agradeció muchísimo”, recuerda Mónica.

La biblioteca con libros literarios Mónica se la entregó a Jaime Castillo Velasco, hermano de Fernando, quien ese año trabajaba en la Comisión Chilena de Derechos Humanos. Parte quedó en su casa y, el resto, fue repartido en escuelitas y liceos vulnerables. Mónica ayudó personalmente a repartirlos. Todo el resto del material, relacionado con Miguel y el MIR, ella lo guardó en un diván de cemento que salía de las paredes del living de la casa a la que regresaron luego de su estadía forzosa en Londres. Tenía cojines encima y se utilizaba como mueble, de ahí que no despertara ninguna sospecha ante un eventual allanamiento.

A esta parte del archivo tuvo acceso The Clinic. En él figuran cartas de agradecimiento a Beatriz Allende -la “Tati”, hija de Salvador Allende-, al Cardenal Silva Henríquez, a quien le asegura que el MIR está en su mismo bando, y a Fidel Castro, a quien le rendía informes periódicos. También cables al Partido Comunista Cubano; a Carlos Altamirano, secretario generacartas de agradecimiento a Beatriz Allende -la “Tati”, hija de Salvador Allende-, al Cardenal Silva Henríquez, a quien le asegura que el MIR está en su mismo bando, y a Fidel Castro, a quien le rendía informes periódicos. También l del Partido Socialista: a Santucho, líder de la resistencia argentina en dictadura, entre otros documentos.

También figuran miles de material de prensa y fotos de Luciano Cruz (Ver galería). Revistas del MIR como “El Rebelde” y “Estrategia”, esta última considerada como el “Órgano teórico del MIR”. Manuscritos únicos corregidos por Miguel, como las “Conclusiones sobre problemas de Origen 1965-1973”, un análisis político sobre el origen del MIR. También un diario personal escrito a mano cuando tenía 17 años, encuadernaciones de documentos del movimiento entre 1972 y 1973, entre los que figuran títulos como “Informes sobre la táctica del partido en la actual coyuntura”, “Políticas específicas”, “Adecuaciones Orgánicas”, por solo nombrar algunos. La lista es interminable.

-Sabía que a otros podría servirles lo que había ahí. Eso fue a dar a las manos de Pascal Allende varios años después. Pero había fotos también de Miguel, de Carmen y de las niñas que cuando me di cuenta que iban a empezar los allanamientos de la casa las quemé. Hoy siento mucho haberlo hecho – relata Mónica.

EL RETORNO DEL METRALLETA
Andrés Pascal Allende, sucesor de Miguel Enríquez como Secretario General del MIR en clandestinidad -en el exilio entre 1974 y 1986- llegó a la casa de los Castillo Velasco a mediados del año 2004. La familia se estaba cambiando a un departamento y era necesario dejar en manos confiables los documentos ocultos en el improvisado baúl de concreto. Pascal Allende recibió el material y recién pudo dimensionar su importancia cuando llegó a su hogar.

– Veo que hay diarios de Miguel, documentos manuscritos, estudios muy valiosos, cartas. No creo que haya otra cosa así, un descubrimiento como este antes. Ha permitido encontrar documentos que se consideraban perdidos – relata.

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10 años tuvo guardado este archivo Pascal Allende. Solo personas muy cercanas sabían de él. Es por eso que la posibilidad que existiera el archivo de Miguel se transformó por un tiempo en una especie de mito. “Había cosas muy bonitas, libretas de Miguel con sus anotaciones y pensamientos. Documentos inéditos del MIR y mucha gráfica preciosa. A su hijo Marco, le regalé una libreta personal de ese barretín. Él no sabía que esto existía y yo no le conté a nadie. Este archivo es su recorrido político, había que esperar la oportunidad adecuada para sacarla a la luz- cuenta Andrés Pascal.

La vida política de Miguel Enríquez se gestó desde su nacimiento en 1944. Nacido en Talcahuano dentro de una familia de clase media ilustrada, la sociabilidad intelectual era lo que más destacaba en su círculo familiar. Su padre, Edgardo Enríquez, médico, ministro de Educación de Allende en 1973, radical y masón. Su madre, Raquel Espinoza Townsed, egresada de Derecho. Sus tíos fueron senadores y su tía Inés, la primera diputada en la historia de Chile.

Cuando entra al Liceo Enrique Molina en Concepción conoce a quienes conformarían el núcleo central en la fundación MIR en 1965: Bautista Van Schouwen, Luciano Cruz y Marcello Ferrada. Y el “metralleta”, como le decían a Miguel, por su rápida forma de hablar, empezó a formar su pensamiento político. Entra a militar a las Juventudes Socialistas (FEJS) a principios de los 60.

-La revolución cubana hace posible que el sueño de la lucha armada sea posible y viable. Es por eso que se termina dando un quiebre en el PS y Miguel con sus compañeros más cercanos, renuncian al partido y se unen a la vanguardia revolucionaria marxista- comenta el coordinador general del Archivo de Enríquez.

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Durante 1961, Miguel escribía un diario de vida en una libreta. La letra, prácticamente ilegible, esconde relatos de su vida cotidiana y escolar. Habla de amores, amigos y divagaciones. Esta libreta se recuperó de forma íntegra.

Distintos grupos sociales, políticos y fuerzas confluyen en la fundación del MIR en agosto de 1965. Dos años después, disputas internas contraponen dos visiones dentro del partido, que terminan con Miguel y los suyos dentro de la dirección del MIR. “Con el tiempo, este grupo marginó a quienes no estaban comprometidos con la insurrección popular. Desde el tercer Congreso de diciembre de 1967 y hasta 1969 existió una oposición activa liderado por Luis Vitale, hasta que a través de un documento son expulsados”, relata el coordinador del archivo. Justamente ese documento, llamado “Sin lastre avanzaremos más rápido” que expulsa a los trotskistas del MIR en 1969, volvió a ver la luz. Luego de años desaparecido, hoy se tranforma en una de las piezas más atractivas del archivo.

Actualmente, se encuentra en formación la Fundación Miguel Enríquez, compuesta por amigos, investigadores y familiares del ex líder del MIR. A pesar de que aún se encuentra en incubación, se espera que sea lanzada durante el mes de octubre. El archivo de Miguel es sólo el comienzo de una campaña que intenta recuperar su memoria. La idea es que todo el material encontrado sea digitalizado y se encuentre disponible en la web para todo público.

– Para mí era importante que una institución pública se haga cargo de esto. Tenemos los técnicos y ellos se encargarán de tenerlo disponible. No me gustaría que terminara esto en un museo. Es por eso que creamos la Fundación, para preservar el archivo de Miguel Enríquez y recuperar nuestra memoria- cuenta Pascal Allende.

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Según detalla el ex Secretario General del MIR, muchos compañeros tienen materiales propios, que guardaron durante años de clandestinidad y que no han querido entregarlos porque no existía un organismo que los protegiera. “Queríamos una institución que tuviera las condiciones para custodiarlo y conformara un grupo de gente técnica, historiadores que lo trabajen y lo amplíen. Necesitamos tambien darle las garantías a los compañeros que faltan”, cuenta Andrés Pascal.

En esta plataforma digital que pretende transformarse en el archivo más grande de la izquierda revolucionaria chilena, no solamente guardará gráficas y documentos, si no también compartirá material audiovisual como documentales y películas de miristas como Javier Bertín, Cristián Galaz y Carlos Flores, entre otros.

Aparte de la fundación, en estos días se realizarán diversas actividades por el aniversario número 40 de la muerte del histórico dirigente del MIR. El próximo tres de octubre se realizará un acto en el Teatro Cariola en San Diego 246 y los lanzamientos de su biografía por Mario Amorós y del libro “La revolución ya viene” de Eugenia Palieraki.

Es por esto que sus cercanos creen que es necesario recordarlo como lo que fue: un hombre que vivió bajo sus principios y nunca miró atrás. “El baúl de Miguel te habla de un hombre culto, tremendamente inteligente, increíblemente estudioso. Dedicaba noches a escribir, días a leer. No tenía miedo actuar, jamás se quedó en palabras. Y todo con una consecuencia que en estos días es dificil de ver. Es un elemento fundamental de nuestra historia. Él y todos los que entregaron su vida para que pudiéramos vivir en paz”, recuerda con cariño Mónica Echeverría.

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“Miguel Enríquez fue capaz de sembrar un sueño”

Entrevista a Gloria Laso, actriz

Punto Final

Cara visible del acto del 3 de octubre en homenaje a Miguel Enríquez (Santiago – Teatro Cariola), a la actriz Gloria Laso le gustaría representar en el escenario “la consecuencia de vida y generosidad” de quienes ella denomina “sobrevivientes en dignidad”. Es un rasgo que reconoce “tanto en los compañeros vivos como en los que murieron luchando por el derrocamiento de la dictadura”.Su función de presentadora se inscribe en un encuentro amplio en el Teatro Cariola en que se conmemoran 40 años de la caída en combate del líder del MIR y de todos los chilenos y chilenas que, con heroísmo, dieron su vida en la lucha por la libertad de Chile.

-¿Cómo surgen los héroes?

-“La dimensión del heroísmo la da la historia. Así ha pasado desde Cristo. Los héroes se aceptan y reconocen por el peso de lo que hicieron, por su valentía y consecuencia. En nuestro país hubo miles de chilenos heroicos, no sólo Miguel Enríquez y los miristas, sino otros seres anónimos que dieron su vida enfrentando a la dictadura, sin entregar a sus compañeros y que fueron asesinados, detenidos, torturados.

Pero no sólo la vida física fue lo que destruyó el golpe, sino el proyecto de vida de toda una generación. Muchos de quienes pasamos por las cárceles y el exilio, seguimos, pero con consecuencias de todo tipo. Conozco a tantas personas que murieron de un cáncer 30 años después, asociado a esa época. En el Medio Oriente, desde chico se está inmerso en un ambiente bélico, la vida se concibe de ese modo. Pero en Chile no era así, entonces cuando cae el tajo del golpe militar, las cicatrices quedan para siempre”.

-¿Qué imagen tienes de Miguel Enríquez?

-“Guardando la distancia por el contexto histórico, siento que Miguel fue el equivalente de Manuel Rodríguez. Un hombre joven, inteligente y consecuente, con un concepto romántico de la vida y la lucha, impregnado de ideales, tal como era la generación de esa época. La revolución cubana y mayo ‘68 de Francia, fueron influencias muy grandes.

Todas las generaciones de revolucionarios nacen pensando que van a cambiar el mundo. A mediados del siglo XX, como en el Renacimiento, se dio la posibilidad de construir un mundo que fuera más justo, mejor para todos. Fue una década con muchos cambios. Otro mundo era posible y había que tomar el cielo por asalto…

El MIR, a mi juicio, un poco romántica y voluntaristamente también, recogió esta semilla y la sembró lanzándola al viento, dispuestos sus militantes a dar la vida. Dar la vida en ese minuto por esa causa y en esa forma, es heroico. Y, sobre todo, generoso, si se considera cómo es el Chile de hoy, con los valores del modelo que la dictadura impuso a sangre y fuego: cabros de 20, 30 ó 33 años preocupados sólo del auto, del estatus, del éxito, la antítesis del modelo que impulsaba la juventud de los 60. Gente fuerte y combativa que, además, tenía ya diez años de experiencia en las luchas políticas y sociales. Ellos fueron capaces de sembrar sus sueños en su misma generación, lo que continúa teniendo enorme valor, aunque sus sueños hayan terminado en la pesadilla horrorosa del golpe”.

Lucha y poder

-Desde los 90 ha sido ignorada esa lucha y esa generación…

-“Es parte de la tragedia. Chile es un país trágico desde su nacimiento. Hay un doble estándar. Sólo O’Higgins queda como símbolo de la Independencia… y ¿qué pasa con los Carrera, Rodríguez y otros, prácticamente borrados o eliminados de la historia que escriben los vencedores?

Es trágico que quienes pelearon contra la dictadura hayan sido muertos o ignorados y los que no pelearon se quedaran con el poder. Y pasa lo mismo en la derecha. Los civiles y militares que crearon la idea de matar y torturar hoy están millonarios, felices de la vida, mientras que algunos familiares de los uniformados que llevaron adelante esas ideas, cargan con el peso de la historia de sus padres asesinos y torturadores”.

-Me refiero a la Concertación…

-“Los procesos históricos son muy largos y cuando uno está inmerso no puede tener una visión profunda a largo plazo.

De algún modo lo que hemos vivido está muy cerca y nuestra mirada es sesgada. Lo que pasó es tan trágico que uno queda vivo, pero dañado, sólo un reflejo de lo que era.

Quienes tienen el poder hoy son también sobrevivientes, están tan heridos como los otros, y ante el ‘sálvese quien pueda’, no tuvieron compasión ni análisis ni la hidalguía de decir ‘aquí están los compañeros heroicos que lucharon dando la vida para derrocar a la dictadura’. Para mí, estos 24 años de democracia, cuando se vean en la perspectiva de cien años o más, van a ser considerados como parte de la dictadura sin Pinochet, porque vivimos en el país que querían Pinochet, los Chicago Boy’s y EE.UU.”.

Nuevas realidades

-¿Cómo ves el actual desarrollo cultural?

-“La cultura está inmersa en la política y en el concepto actual de país. Hasta 1973, el país que iba a cierta velocidad volvió a la estación de partida. En esa época, había cantautores, teatro, grupos artísticos por todas partes… Después del golpe, predominó la vida social en los diarios… Se volvió atrás y, en estos años, se ha tenido que luchar sólo para legitimar que el quehacer cultural nos transforma en trabajadores, no en ociosos ni locos chiflados… Hoy hay que instaurar la seriedad de ser artista. El artista es gente normal que se levanta temprano, que trabaja como perro, que gana poca plata, que entrega visiones del mundo… Todavía es un concepto en proceso. Al menos hoy ya no te miran como raro por ser artista que trabaja en cultura”.

-¿Y la llamada clase política?

-“La clase política posterior al golpe se parece a los veteranos del 79: los ponían al final del desfile… En Chile los políticos van detrás de las necesidades urgentes de la juventud, los estudiantes y las organizaciones sociales. Ojalá que una generación que tenga menos dolor y menos daño provocado por la dictadura se ponga a la vanguardia de los cambios.

Chile es un país con mucho miedo. Nos aferramos a pequeñas cuotas de poder, al auto que tenemos, a la casa que está endeudada, a la pega… Y se transa para defender todo eso, por miedo a perderlo, por miedo al rechazo, a no ser exitoso, a no ser querido, a ser pobre, a ser distinto, a estar solo, a no cumplir con el modelo de país que nos han metido en la cabeza. Y el miedo paraliza, invalida. Y eso hace negociar. La gente joven no tiene miedo y no transa. Es propio de la juventud y está bien que así sea”.

_________________________Historias clandestinas

AUTOBIOGRAFIA. Gloria Laso publicó en 2009 El río que fluía hacia arriba. Hija, nieta, bisnieta y tataranieta de militares, su familia incluye a su padre, Renato Laso Jarpa, coronel y a Juan Manuel Jarpa, comandante en jefe del ejército entre 1871-1875. Gloria Lazo fue detenida y torturada después del golpe de Estado y exiliada durante diez años.

TEATRO. Cienfuegos 39 aborda la clandestinidad en la vida política y cotidiana, con un hombre y una mujer que, sin conocerse, tienen que convivir clandestinamente, y que pese a existir una relación, no logran traspasar con éxito ese periodo tan difícil. “El heroísmo es una manera de pararse honestamente en la vida y ante uno mismo, en el día a día. El hombre nuevo que proponía el Che es rescatable, porque el ser humano debe evolucionar desde el alma para poder hacer los cambios en la sociedad. La obra no se exhibió con normalidad por el reclamo de propiedad intelectual, que fue rechazado, del dramaturgo Pierre Sauré, a quien le habíamos pasado el texto, basado en experiencias reales”.

TELEVISION. En Volver a amar, es Blanca Hernández, una mujer que, producto de la violencia de su pareja y su mala situación económica, entrega en adopción a un hijo.

Publicado en “Punto Final”, edición Nº 813, 19 de septiembre, 2014

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Miguel Enríquez Espinosa. (1944-1974).

Miguel Enríquez Espinosa. (19441974). Médico chileno. A los 23 años de edad, el IV Congreso del MIR lo elige su Secretario General, responsabilidad que asume hasta su heroica muerte.

Síntesis biográfica

Familia

Su padre el Dr. Edgardo Enríquez Frodden (19121997), descendiente de familias de clase media acomodada con fuerte arraigo a la zona de Concepción, médico especialista en Anatomía, director de hospital, profesor universitario, destacado miembro de la Masonería, Rector de la Universidad de Concepción (19691972), Ministro de Educación en 1973, durante el gobierno del presidente Salvador Allende.

Su madre Raquel Espinosa Towsend, oriunda de Temuco, egresada de la Escuela de Leyes de la Universidad de Concepción, mujer cariñosa y de gran sensibilidad humana.

Nacieron 4 hijos: Marco Antonio (noviembre 1939), Edgardo (diciembre 1941), Ines (1942), y Miguel. La familia vivió en un comienzo en la calle Caupolicán 112 de Concepción. En mayo de 1943 se mudan a la casa número 120 en la zona militar del Apostadero Naval de Talcahuano.

Estudios

Desde que Miguel inicia sus estudios secundarios, se manifiestan o afianzan en él, características que le acompañaron durante su breve vida. Contrario y tenaz en el enfrentamiento a las injusticias, interesado en los problemas sociales, inteligente y estudioso, rápido en sus razonamientos y en el hablar, facilidad para expresar sus ideas, disposición a enfrentar dificultades y buscarle solución, abierto a diversas manifestaciones culturales, estudiante destacado, franco, directo, hábil, alegre, lector multifacético y constante, gran simpatía, solidario y buen amigo, autodidacta, responsable, jugaba ajedrez, practica gimnasia, disfrutaba de la música clásica, gusta del excursionismo, etc. Sus inquietudes sociales y políticas se manifiestan ya a los 11 años.

Querido por los buenos educadores, detestado por los mediocres. Muchas fueron las oportunidades en que supo enfrentar con vehemencia y claros argumentos el actuar injusto de algunos profesores contra sus compañeros o él mismo; actitud que le acarreó dificultades, como en segundo año cuando un inspector superado en una discusión le pegó y él le respondió cuanto pudo con su fuerza física, o un injusto intento de expulsión en cuarto que lo anuló con sus argumentos. En el transcurso de sus estudios de enseñanza media, además de sus hermanos Marco Antonio y Edgardo conoce compañeros de su propio curso, y de otros que más adelante le acompañaran en su camino político.

En el tercer curso y cuando solo contaba con 13 años de edad tiene su bautismo inicial en la lucha callejera con ocasión de las movilizaciones populares del 2 de abril de 1957, estudiantes junto a obreros y pobladores salen a la calle en protestas contra la cesantía, la política de alzas del segundo gobierno de Carlos Ibañez y sus medidas represivas.

Durante la campaña presidencial de 1958, se interesa y participa con sus hermanos en algunas actividades políticos de la alternativa popular, asiste a masivas y combativas concentraciones, y comparte la frustración que produjo la estrecha derrota de Salvador Allende candidato del Frente de Acción Popular, FRAP, y el triunfo de Jorge Alessandri candidato de los patrones; le surgen allí las primeras interrogantes e intentos de respuestas iniciales para el cuestionamiento futuro a la política de los partidos de izquierda tradicional.

El 1 de enero de 1959 se produce el triunfo de la Revolución Cubana dirigida por el Movimiento 26 de julio encabezado por Fidel. Esta victoria remece y despierta a los explotados de Latinoamérica, crea una nueva situación que potencia el actuar revolucionario en sectores populares y en la juventud audaz e inquieta, que buscaba descubrir y trazar nuevos caminos para que junto a las masas oprimidas luchar por una revolución verdadera.

Vocación por la lectura

Miguel como todos sus hermanos desde muy niño le gustó estar informado. Leía periódicos, incluso las editoriales, revistas, etc. Le encantaba escuchar conversaciones de personas mayores.

Para que dispusieran de libros y revistas su padre les abrió una cuenta en una de las mejores librerías de Concepción. Quien en general dirigía las lecturas de sus hermanos, especialmente cuando estos eran pequeños, era su hermano mayor, Marco Antonio, de esta forma fue formando su propia biblioteca con obras realmente selectas, tenía desde la Biblia hasta El Capital de Carlos Marx. Textos de historia, filosofía, economía, sociología, biografías, libros de arte, de literatura, etc.

Muchos de estos libros le fueron robados cuando la policía allanó su domicilio. Para fomenta el interés de Miguel por la ciencia, las artes, la cultura en general y aún la política, su padre siempre se preocupó de llevar a la casa profesores, artistas, investigadores, conferencistas, profesionales, parlamentarios y hasta sacerdotes. En estas reuniones familiares, desde 1959, siempre estaba presente la conversación, él no sólo escuchaba sino que también intervenía, fuera para hacer preguntas, fuera para dar su opinión con el correspondiente respeto y mesura.

Vida universitaria

En marzo de 1961 Miguel es seleccionado e ingresa a estudiar Medicina en la Universidad de Concepción, allí estrecha sus lazos de amistad y coincidencia político ideológica temporal o permanente con compañeros de la carrera y otras facultades, Bauchi, Tranquilo Romero, Beatriz (Tati) Allende, J. Gutiérrez, Luciano, Edgardo Condeza, Juan Saavedra, Ariel Ulloa, y muchos otros.

El año anterior había ingresado a la Federación Juvenil Socialista de la cual ya su hermano Edgardo era miembro. El 17 de abril de 1961 y días siguientes es uno de los organizadores y conductores de las movilizaciones solidarias de los estudiantes y sectores del pueblo de Concepción contra la invasión mercenaria y de Estados Unidos a Cuba en Playa Girón. A fines de 1961 participa junto a otros dirigiendo los estudiantes en apoyo a la larga huelga del magisterio.

Antes de finalizar el año escolar enfrenta en asamblea de alumnos de primer año al rector de la Universidad, David Stitchkin, rechazando la forma en que trata a sus alumnos. En los años siguientes, además de sus estudios de medicina, la militancia política, el estudio teórico, asiste a clases o estudia por su cuenta materias que le interesan: economía, sociología, filosofía, historia. Gran impulsor del trabajo estudiantil voluntario en poblaciones de Concepción donde además de la agitación política se organizan cursos de alfabetización y se atiende a pobladores en policlínicos de salud.

Su participación creciente en la práctica de la lucha de clases, le fueron mostrando muy pronto el auténtico carácter del Partido Socialista donde militaba.

Actividad política

En el centro Universitario de Concepción, inició sus pasos como dirigente político estudiantil, inspirado en el ejemplo de la triunfante Revolución Cubana.

Militó en el Partido Socialista hasta 1963, posteriormente formó la Vanguardia Marxista (VRM), donde se agruparon jóvenes que en 1965 dieron vida al Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR).

Era un gran estudioso de cuestiones militares, económicas, políticas y psicológicas.

Su actividad política y sus responsabilidades como Secretario General del movimiento lo llevaron a abandonar la especialidad y asumir por completo las tareas de dirigente.

En 1967, en el Tercer Congreso del MIR presenta su tesis político militar de convertir el Movimiento en un Partido Revolucionario.

En 1969, el MIR es objeto de una intensa represión por parte del gobierno de Eduardo Frey y pasa a la clandestinidad, hasta que termina con el advenimiento de Allende como Presidente de la República.

El MIR apoyó la candidatura, chequeaba los actos de masa y se dedicó fundamentalmente a las tareas revolucionarias, a la información de las actividades del enemigo y a la protección de Salvador Allende.

Allí se formó el primer aparato de seguridad integrado por el MIR y el Partido Socialista, en donde el MIR capacitó y trasladó sus experiencias a los últimos. Miguel chequeaba este trabajo y vigilaba directamente estas actividades.

Miguel y el presidente Allende

La noche del 10 de septiembre de 1973 circula información sobre desplazamientos de tropas, cuestión reiterada en esos tiempos. La comisión política del MIR está a la espera del próximo día: Allende entregará un mensaje al país anunciando llamar a un plebiscito y ofrecerá su renuncia; se discutirá el texto de una declaración y plan del MIR y otros sectores de la izquierda, incluido el PS para impulsar una contraofensiva popular y revolucionaria. Demasiado tarde.

Contando con el factor sorpresa las clases dominantes a través de su brazo militar, las FF.AA habían iniciado el momento militar por la reconquista plena del poder. El 11 de septiembre, a las 7 de la mañana se reúne la CP en una casa de San Miguel. Alerta máxima: cada militante y unidad del partido en sus frentes y puestos de lucha, constitución de direcciones y fuerzas, desarrollar el plan militar definido, apertura de depósitos y distribución de las pocas armas disponibles y el armamento casero, desarrollar una ofensiva general concentrando los focos de resistencias en los cordones industriales y poblaciones e integrando a las masas y a la izquierda al combate. Poco se logra, muchos dispuestos a empuñar las armas, los medios de combate son escasos y falta experiencia combativa.

Miguel en varias oportunidades trata de contactar al presidente Allende. “Tati” entrega el mensaje a su padre: se le insta y propone un plan y los medios para salir del [[Palacio de La Moneda]] y pasar a dirigir la lucha de resistencia clandestina desde las poblaciones populares. Allende no acepta:

“Yo no me muevo de aquí, cumpliré hasta mi muerte la responsabilidad de presidente que el pueblo me ha entregado. Ahora es tu turno Miguel”.

Un par de horas después Salvador Allende presidente de Chile, gran patriota revolucionario pagaba con su vida, su lealtad a la causa de los trabajadores, levantando una eterna bandera de lucha, y ofrendando en el testimonio de su sangre, que el movimiento popular no se rinde ante los aparatos armados del estado burgués.

Miguel y otros miembros de la CP se reúnen después del mediodía con dirigentes del Partido Socialista y el Partido Comunista en el centro fabril metalúrgico Indumet del Cordón Cerrillos para coordinar un plan de resistencia armada, hay acuerdo con socialistas, los compañeros comunistas son contrarios, están a la espera si se cerrará el Congreso Nacional, se retiran. Los restantes junto a obreros son cercados. Combaten por horas. Rompen el cerco. Hay escaramuzas en diversos lugares. En la tarde con el país controlado por las FF.AA y el movimiento de masas pasivo y replegado era evidente la no contención del golpe. Con gran impotencia y rabia Miguel y la CP dan orden de repliegue, mantención de acciones de hostigamiento y el paso a la clandestinidad. La situación hacía evidente para el MIR que, a pesar de sus denodados esfuerzos, de transformarse en el curso de la crisis del sistema de dominación, de grupo en vanguardia revolucionaria del movimiento de masas, no lo logró y, allí residió una de las causas fundamentales de la derrota en el enfrentamiento de septiembre de 1973.

El último documento

El último documento conocido es una declaración pública. Fue redactada por el secretario general del MIR 25 días antes de su heroica muerte. No sólo tiene valor histórico por ese motivo, sino también porque da a conocer uno de los episodios más importantes de ese período: el intento de negociación con el MIR del jefe del SIFA, comandante Edgar Ceballos Jones, procesado por su responsabilidad en la desaparición de prisioneros políticos. La declaración fue publicada en número 101 de El Rebelde, órgano del MIR en la clandestinidad, y en el Correo de La Resistencia, números 3-4 de septiembreoctubre de 1974.

Carta

En los últimos años Miguel tuvo la certeza de que su vida sería corta. Por tal motivo no se permitió el lujo de perder el tiempo y escribió una carta a una persona muy especial.

En ella le decía que tenía que apresurarse en hacer las cosas porque cualquier día iba a caer y sus huesos probablemente quedarían esparcidos por ahí, blanqueándose al sol. En esa misma carta daba algunas indicaciones sobre lo que quería que hiciera con su mujer y su hija.

Daba algunas instrucciones hacia el futuro.En tiempo de la Unidad Popular, cuando ya había dejado la clandestinidad a que lo había llevado la persecución política e ideológica de Frei, fue un día a casa de sus padres y en esa conversación explicó a su madre cómo quería que fuera educada su hija Javiera, que entonces tenía unos dos años de edad.

Le dijo:

Que nadie me la vaya a presionar, que nadie pretenda orientarla hacia la política porque su padre dedicó prácticamente toda su vida. Quiero que sea una niña feliz, que crezca y se forme como todos los niños, despreocupada y libre, que ojalá practique una actividad artística. Si cuando más grande ella decide participar en política, que sea su decisión, que nadie la utilice para ningún fin que ella no desee o la motive. Si lucho por la libertad y felicidad de hombres y mujeres, cómo no voy a querer que mi hija sea feliz.

Muerte

El cerco represivo se estrechaba en torno a la dirección. Había que tomar decisiones rápidas y extremas. El 5 de octubre de 1974 un “grupo de tarea” de la DINA, continúa sus reconocimientos en un “sector posible y sospechoso” en San Miguel. Llegan a la calle Santa Fe esquina Chilo. Sin saberlo inicialmente, hacen contacto con el objetivo perseguido y buscado largo tiempo. La decisión de Miguel es combatir. Resiste solo los momentos más intensos del combate, al ser abandonado por otros que le acompañaban al creer que estaba herido de muerte. Enfrenta cerca de dos horas a centenas de efectivos de fuerzas militares combinadas que, al final logran darle muerte.

Diez balas acabaron con su vida, la cual había entregado completamente a los intereses del proletariado y las masas populares y, a la lucha por construir una sociedad distinta. Su sueño, ideario y aspiraciones camina en los senderos del porvenir histórico de su pueblo. Esa consecuencia y grito libertario irrumpió con fuerza en eternos combates populares, vestido de obrero, de campesino, de mapuche, de poblador, de estudiante, de miliciano, de mujer, de hombre y de joven en su lucha irrenunciable por la dignidad, la libertad, la justicia, la democracia y un sistema social justo en su patria.

La noticia de su muerte

La Sra. Laura Allende comunicó la noticia a los padres de Miguel y fue la primera en llegar al departamento a acompañarlos, no descansó hasta que Miguel estuviera sepultado. Laura era hostigada y agredida por el ejército, la DINA y la SIFA. Fue detenida, torturada y luego expulsada del país. Años más tarde moriría en La Habana, Cuba.

Entierro

Miguel fue enterrado el 7 de octubre de 1974, a las 07:30 de la mañana, en un nicho del Cementerio General de Santiago de Chile. Autorizaron acompañarle diez miembros de su familia, vigilados por cientos de hombres y armas de enemigos temerosos. Aunque el pueblo no pudo estar presente, una mujer representó el sentir de miles de ausentes, cuando su madre Raquel, en medio del silencio con voz fuerte y entera dijo:

” Tú no has muerto.
Tú sigues vivo,
y seguirás viviendo
para esperanza y felicidad
de todos los pobres del mundo.”

Fue sepultado con una simple cruz de cemento sin más inscripción que el número 2360 y la fecha que marcan en el folio 5 la tumba del luchador revolucionario.

Fuentes

DR. MIGUEL ENRÍQUEZ ESPINOZA. (1944-1974)

Miguel Enríquez y el proyecto revolucionario e...
Miguel Enríquez y el proyecto revolucionario en Chile. Discursos y documentos del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR. – Pedro Naranjo, Mauricio Ahumada, Mario Garcés y Julio Pinto (Photo credit: vivlioteca)

Papel en la Fundación del MIR Como integrante de la VRM “Rebelde”, Enríquez sería un activo convocador al “Congreso de Unidad Revolucionaria” que se realizaría entre el 14 y el 15 de agosto de 1965 en Santiago. En este congreso constituyente se fundó el Movimiento de Izquierda Revolucionaria. La participación de Miguel Enríquez en el congreso constituyente consistió en exponer una tesis político-militar de la cual eran autores, junto a Miguel Enríquez (“Viriato”), su hermano Marco Antonio (“Bravo”) y Marcello Ferrada-Noli (“Atacama”).

La tesis, titulada La conquista del poder por la via insurreccional fue aprobada en el congreso de fundación. Miguel Enríquez fue elegido miembro de la primera dirección nacional del MIR, como integrante del Comité Central.2 En noviembre de 1965, fue proclamado por el MIR como candidato del Movimiento Universitario de Izquierda (que integraba al MIR, al Partido Socialista, al Partido Comunista y a sectores independientes de izquierda) a la presidencia de la Federación de Estudiantes de Concepción (FEC). El PC y el PS finalmente levantaron sus propias candidaturas y ganó la elección el Partido Demócrata Cristiano con 1.184 votos frente a los 810 del MUI. A fines de ese mismo año, participó en el Segundo Congreso General del MIR, en Conchalí. En éste sería reelegido como miembro del comité central. A inicios de 1966, Enríquez viaja a China integrando una delegación de la Federación de Estudiantes de Concepción. Allí y durante su viaje de regreso en Perú hace contactos con organizaciones laborales y políticas. Golpe de Estado Tras el golpe de Estado de septiembre de 1973, Miguel Enríquez y otros miembros del MIR rechazan la idea del asilo político en embajadas extranjeras y condenan el exilio del país. Luego, comienzan a organizar actividades clandestinas contra la dictadura de Augusto Pinochet. Tras el golpe, Enríquez pasa a ser uno de los más buscados por las autoridades. Enríquez fue abatido el 5 de octubre de 1974 en un enfrentamiento con agentes de la DINA en la comuna de San Miguel, Santiago, desde donde lideraba al MIR y donde, en la calle Santa Fe, vivía con su compañera Carmen Castillo quien tenia 6 meses de embarazo. Ella también fue herida y pese a que sobrevivio perdió al hijo de Miguel. Fue enterrado en el Cementerio General de Santiago. Tras su muerte, el Instituto Superior de Ciencias Medicas (ISCM-H), de La Habana, Cuba, bautiza a su nuevo hospital clínico como Dr. Miguel Enríquez Espinosa, en su honor.

Biografía de Miguel Enríquez Espinoza
Pedro Naranjo Sandoval. (2)


Enlaces a: El último día de Miguel Concepciones teóricas fundamentales de Miguel Enríquez Homenaje a la caída en combate de Miguel Enríquez Al Che y a Miguel en el 2001El trabajo, BIOGRAFIA DE MIGUEL ENRIQUEZ ESPINOZA, lo difundió el Centro de Estudios “Miguel Enríquez” –CEME– en su publicación escrita Cuadernos “Miguelitos”, Nro 2. Noviembre de 1999. Permitida la reproducción total o parcial citando fuente, datos y contenidos originales. E mail: centro.estudios@miguel.enriquez.as Página web: http://home.bip.net/ceme

    I N D I C E  1. Introducción  2. Su familia e infancia  3. Estudiante destacado y adolescente inquieto  4. Primeras experiencias políticas militantes 5. Participa en la constitución del MIR 6. Miguel asume la jefatura del MIR 7. El período “operativo y de “masas”  8. La conducción del período prerevolucionario 9. Su conducción al inicio del período contrarevolucionario 10. Epílogo 11. Notas 1. INTRODUCCION  En septiembre 1985 al presentar la edición de algunos textos políticos de Miguel,(3) en parte de su introducción planteábamos lo siguiente: “Para encontrar en la historia del movimiento obrero y revolucionario chileno un ejemplo de la estatura de Miguel Enríquez sólo cabe recurrir a la figura y la acción de Luis Emilio Recabarren. Es verdad que ambos actuaron con medio siglo de distancia y en condiciones disímiles, pero cumpliendo tareas revolucionarias de pareja importancia. En 1912 Recabarren funda el Partido Obrero Socialista, creando así un instrumento que buscaba convertirse en vanguardia de las luchas obreras y eliminar la funesta influencia de las conducciones burguesas sobre ésta. En 1963 Miguel Enríquez junto con Edgardo Enríquez, Luciano Cruz, Bautista van Schouwen y otros jóvenes revolucionarios, ingresa a la Vanguardia Revolucionaria Marxista (formada el año anterior) la cual en 1965 será una de las vertientes principales de la constitución del Movimiento de Izquierda Revolucioria (MIR) de Chile. En la década de los años 10, Recabarren y el POS se ponen a la cabeza de los sectores más radicales y combativos de la clase obrera y el pueblo, enraizándose profundamente en las masas populares; en la década de los años 60 Miguel Enríquez y el MIR se ponen a la cabeza de las luchas y los anhelos de los sectores más postergados de la clase obrera y los pobres de Chile e inician, con las acciones directas, la primera experiencia de lucha armada revolucionaria de la clase obrera y el pueblo chileno. En 1920, en plena crisis del sistema de dominación, el POS debió enfrentar el gran desafío que le planteaba el ascenso al gobierno de una fracción burguesa que se expresaba populista y demagógicamente atrayendo tras de sí a las grandes masas menos conscientes de la clase obrera y el pueblo, y en esas condiciones fue capaz de desarrollar una política revolucionaria de masas que, convocándolas a la lucha por el poder y el socialismo, logró ganar a la mayoría de la clase obrera organizada e incluso a sectores campesinos; en 1970, también en plena crisis del sistema de dominación burgués, el MIR debió enfrentar el desafió inédito de un triunfo electoral de la izquierda que teóricos apresurados e interesados presentaban como la ratificación empírica y supuestamente irrefutable de las tesis reformistas de tránsito pacífico e institucional al socialismo y como muerte a las posiciones revolucionarias que sustentaban la necesidad de la violencia y la lucha armada de las masas para destruir el aparato estatal burgués e iniciar la revolución obrera y campesina, y en esas condiciones, el MIR fue capaz de crecer en la clase obrera y en las más amplias capas populares levantando una política revolucionaria que se expresaba no en estridencias y teoricismos sino en la conducción concreta de las luchas reales de los obreros, los campesinos y los pobres de Chile, en la búsqueda de los caminos para unir al conjunto del pueblo tras un programa revolucionario y socialista y desplazar de su seno la conducción reformista que, obnubilada por sus ilusiones de alianzas con fracciones burguesas, sólo conseguía dividir al pueblo. En 1924, superada temporalmente la crisis política de las clases dominantes con la intervención militar y el inicio de un período de derrotas y reflujo de la clase obrera y el pueblo, Recabarren, agobiado por una enfermedad incurable, se da muerte por propia mano; en 1974, también en un período de reflujo y derrota de la clase obrera y de dictadura militar, Miguel Enríquez muere con las armas en la mano combatiendo a los esbirros de la tiranía y escribiendo así una de las páginas más heroicas de la historia del movimiento obrero chileno y latinoamericano. Luis E. Recabarren y Miguel Enríquez dejaron tras de sí no sólo su ejemplo y su palabra. Durante más de una década, incansables, construyeron paso a paso un partido revolucionario; agitaron, propagandizaron, organizaron, actuaron y vivieron en función de la construcción de una fuerza social revolucionaria vanguardizada por la clase obrera y dirigida por un partido proletario revolucionario. Miguel Enríquez y Luis E. Recabarren constituyen los más altos ejemplos de claridad y decisión revolucionaria que el proletariado chileno, las luchas de los explotados chilenos, ha entregado en el presente siglo. Su palabra escrita es tan sólo parte menor de ese ejemplo y enseñanza, (…). Recabarren y Enríquez. Enfrentan la derrota y entran en la historia con tranco diferente, como diferente era la experiencia de lucha internacional del proletariado y la propia experiencia chilena. Sus nombres, su obra y su ejemplo constituyen el más alto patrimonio del proletariado y el pueblo chileno; conocerlos y divulgarlos son un compromiso y una necesidad para los revolucionarios de Chile y de América Latina.” Esa dimensión a su figura, y aún teniendo en cuenta que las comparaciones no son aconsejables, la considero correcta y necesaria de resaltar. Hoy, Recabarren, Enríquez junto a Salvador Allende son figuras señeras para la juventud y el movimiento popular chileno. El trabajo siguiente, en pocas páginas, intenta resumir parcialmente partes del camino de vida de Miguel, precisar hitos, rasgos personales y familiares; y, puntuales planteamientos políticos para respaldar un hecho determinado; en la idea de introducir al lector en el contexto que realizó su actuar. Su vida, en sus últimos diez años de existencia se funde en la historia del MIR. Al entregar aspectos de su pensamiento y acción, estoy involucrando también el aporte de numerosos dirigentes y cuadros de la organización política que él contribuyó a forjar y condujo desde fines de 1967 hasta su muerte, en un octubre primaveral de 1974. 2. SU FAMILIA E INFANCIA  Su padre, Edgardo Enríquez Frodden (1912-1997), descendiente de familias de clase media acomodada con fuerte arraigo a la zona de Concepción, médico especialista en anatomía, director de hospital, profesor universitario, destacado miembro de la Masonería, Rector de la Universidad de Concepción (1969-1972), Ministro de Educación en 1973, durante el gobierno del presidente Allende. Su madre Raquel Espinosa Towsend (1915), oriunda de Temuco, egresada de la Escuela de Leyes de la Universidad de Concepción, mujer cariñosa y de gran sensibilidad humana. Entre los hermanos de don Edgardo hay connotadas figuras públicas. Inés Enríquez Frödden, dirigente del Partido Radical, a fines de la década del 40 es nombrada Intendente de la provincia de Concepción, en 1951 su partido la elige diputado por dicha circunscripción, será la primera mujer en esos cargos en la historia de Chile. Humberto Enríquez Frödden, destacado profesor de Derecho, Diputado por Concepción, Senador de la República por la circunscripción de Ñuble, Concepción y Arauco, ex ministro de Educación. Hugo Enríquez Frödden, Médico, ex director del Hospital “Joaquín Aguirre” en Santiago y funcionario de la Organización Mundial de Salud. Del matrimonio Enríquez Espinosa y en un periodo de pleno auge del Frente Popular nacieron 4 hijos: Marco Antonio (noviembre 1939), Edgardo (diciembre 1941), Inés (1942), y Miguel. La familia vivió en un comienzo en la calle Caupolicán 112 de Concepción. En mayo de 1943 se mudan a la casa número 120 en la zona militar del Apostadero Naval de Talcahuano. Desde 1938, su padre trabajaba en el Hospital Naval del puerto, años más tarde llegó a ser su director y alcanzó el grado de capitán de Navío en Sanidad. Dejó voluntariamente la Armada en 1969 para desempeñar libremente el cargo de Rector de la Universidad de Concepción al ser elegido por el Claustro Pleno universitario en diciembre de 1968. Don Edgardo era muy positivo a “… la antigua Armada chilena. Sus miembros éramos como una familia. Todos nos conocíamos y respetábamos. Grande fue mi dolor cuando, después de septiembre de 1973 pude comprobar un cambio tan radical y desfavorable en ella. La habían corrompido los cursos de perfeccionamiento para oficiales y suboficiales que hicieron en Estados Unidos sobre Guerra Interna y Seguridad nacional. La mayor parte de los que de esos cursos egresaron, volvieron transformados en verdaderos nazis a Chile. Jamás me hubiera figurado, imaginado a un oficial de marina chileno haciendo de carcelero y torturador. Y por desgracia pude verlos y hasta sufrí de ellos crueles torturas psicológicas y aún físicas, como darnos agua mezclada con materias fecales en el campo de concentración de Isla Dawson, dirigido y administrado por la Armada.”(4) Un 27 de marzo de 1944 sucede el nacimiento de Miguel Humberto en el Hospital Naval de Talcahuano. En momentos del embarazo su madre tuvo algunas complicaciones, al ser afectada por la tos convulsiva “… los accesos de tos le produjeron contracciones uterinas que amenazaron producir un aborto natural. … Logramos detener el niño, para felicidad nuestra. …”.(5) Al nacer, su hermano Marco Antonio tenía 5 años y Edgardo 3. Desde pequeño, al igual que sus hermanos y hermana “fue atendido por “Celfia, la incomparable Nana de todos mis hijos, que los cuidó con el cariño y la dedicación que siempre puso en la atención de “sus niños”…” “… la cual era otro miembro de la familia, muy querida y respetada por todos nosotros.”.(6) Cuando Miguel cumple dos años -abril 1946-, la familia se traslada a Concepción a una población construida por la Caja de Empleados Públicos y Periodistas ubicada en la calle Rooselvet 1674, al lado del Barrio Universitario de la Universidad de Concepción; ciudad donde transcurrirá su infancia, parte de su juventud y su época de estudiante. Asiste a un Kinder del barrio. Muy activo, despierto y juguetón, regalón de su madre, guiado y protegido por sus hermanos mayores; aunque Edgardo, muchas veces servía de moderador en “los conflictos” entre él con Marco A. e Inés. En marzo de 1949 comienza la escuela primaria en el Colegio Inglés de Concepción del barrio Pedro de Valdivia, muy inquieto y preguntón al máximo, asiduo a tener que visitar al director por sus travesuras, la finalizó en 1954 como alumno destacado. Ingresa posteriormente (marzo 1955), al Liceo 1 “Enrique Molina” de Concepción donde cursa todos sus estudios secundarios. Su formación en el seno de la pequeña burguesía intelectual y ligazón familiar a políticos tradicionales, le ofrece la oportunidad de adquirir una sólida cultura e ir conociendo desde pequeño y por dentro la política de sectores de la clase dominante de la época. Con padres y hermanos tuvo una estrecha relación. Desde pequeño compartió del ambiente social de su familia. Don Edgardo lo explica así, “Siempre quisimos que nuestros hijos convivieran con los adultos, conocieran a los profesores universitarios, pensadores, artistas, conferencistas, profesionales, masones, hasta sacerdotes, etc., que llegaban o que yo llevaba a nuestra casa. Desde que pudieron comer solos, se sentaron a la mesa y participaban de las conversaciones y hacían preguntas (…) mis hijos no importunaban cuando teníamos visitas. Escuchábamos y escuchaban, y a veces, hacíamos o hacían preguntas o dábamos o daban sus opiniones.”(7) Contó con la comprensión y apoyo de sus padres y hermanos mayores, “Mis hijos tienen conmigo mucha confianza; nuestro trato es de amigos y de hombres, saben que siempre trataré de apoyarlos frente a los problemas que puedan presentárseles y de aconsejarlos, pero jamás nos ocultamos algo”.(8) En muchas situaciones le ocasionó dificultades y disgustos el pensamiento y el quehacer revolucionario de sus hijos. 3. ESTUDIANTE DESTACADO Y ADOLESCENTE INQUIETO  Desde que Miguel inicia sus estudios secundarios, se manifiestan o afianzan en él, características que le acompañarán durante su breve vida. Contrario y tenaz en el enfrentamiento a las injusticias, interesado en los problemas sociales, inteligente y estudioso, rápido en sus razonamientos y hablar, facilidad para expresar sus ideas, disposición a enfrentar dificultades y buscarle solución, abierto a diversas manifestaciones culturales, estudiante destacado, franco, directo, hábil, alegre, lector multifacético y constante, gran simpatía, solidario y buen amigo, autodidacta, responsable, jugaba ajedrez, practica gimnasia, disfrutaba de la música clásica, gusta del excursionismo, etc. Sus inquietudes sociales y políticas se manifiestan ya a los 11 años. Muy querido por los buenos educadores, detestado por los mediocres. Muchas fueron las oportunidades en que supo enfrentar con vehemencia y claros argumentos el actuar injusto de algunos profesores contra sus compañeros o él mismo; actitud que le acarreó dificultades, como en segundo año cuando un inspector superado en una discusión le pegó y él le respondió cuanto pudo con su fuerza física, o un injusto intento de expulsión en cuarto que la anuló con sus argumentos. En el transcurso de sus estudios de enseñanza media, además de sus hermanos Marco Antonio y Edgardo conoce compañeros de su propio curso, y de otros que más adelante le acompañaran en su camino político. Entre ellos Bautista van Schouwen, de su misma aula, amigo íntimo, con quién en muchos aspectos hicieron vidas paralelas en el estudio, trabajo y quehacer político y se consideraban como hermanos; Luciano Cruz, fundador y destacado dirigente del MIR; Sergio Pérez; Jara, Faúndez, Arriagada, M. Hernández; M. Ferrada; J. Gutiérrez, y, muchos otros que participaron en el MIR desde sus primeros años. En el tercer curso y cuando solo contaba con 13 años de edad tiene su bautismo inicial en la lucha callejera con ocasión de las movilizaciones populares del 2 de abril de 1957, estudiantes junto a obreros y pobladores salen a la calle en protestas contra la cesantía, la política de alzas del segundo gobierno de Carlos Ibañez y sus medidas represivas. Durante la campaña presidencial de 1958, se interesa y participa con sus hermanos en algunas actividades políticos de la alternativa popular, asiste a masivas y combativas concentraciones, y comparte la frustración que produjo la estrecha derrota de Salvador Allende candidato del Frente de Acción Popular, FRAP, y el triunfo de Jorge Alessandri candidato de los patrones; le surgen allí las primeras interrogantes e intentos de respuestas iniciales para el cuestionamiento futuro a la política de los partidos de izquierda tradicional. El 1 de enero de 1959 se produce el triunfo de la Revolución Cubana dirigida por el Movimiento 26 de julio encabezado por Fidel. Esta victoria remece y despierta a los explotados de Latinoamérica, crea una nueva situación que potencia el actuar revolucionario en sectores populares y en la juventud audaz e inquieta, que buscaba descubrir y trazar nuevos caminos para que junto a las masas oprimidas luchar por una revolución verdadera. Para Miguel y toda su generación fue un acontecimiento histórico referente e impactante, de ella siempre en su vida fue un leal amigo y nunca incondicional. El hecho y proceso que desencadenó contribuyó a un nuevo desarrollo de la discusión ideológica y teórica, así como una confrontación político práctica constante al interior de la izquierda latinoamericana, entre los sectores tradicional y el revolucionario, en este último Enríquez participó activamente. El amplio criterio intelectual de sus padres, la influencia de sus hermanos mayores, son factores que contribuyen en su conocimiento y estudio del marxismo desde muy temprana edad. En especial le apoya su hermano Marco Antonio quién simpatizó y trabajó desde muy joven como miembro en una organización revolucionaria de orientación trotskistas en Concepción (Grupo Marxista Revolucionario, GMR), también su hermano mayor dirigió un grupo de estudio y discusión cerrado sobre las ideas de Marx en el que participan Miguel, Bauchi, Edgardo, Ferrada, y más tarde y puntualmente Luciano y otros; la discusión y análisis consideró también escritos de Trotsky; R. Luxemburgo; Clausewitz. Despues vino Lenin, Marco lo recuerda así: “…, un día y sin saber donde las consiguió, Miguel muy contento, apareció con unas cajas en donde traía las obras completas del “pelao” Lenin; en forma sistemática las estudio solo y le intereso más por lo pragmático y autoritario del discurso…”.(9) También estudiaron a otros pensadores sociales y, documentos del movimiento revolucionario latinoamericano de la época. Se reunían a discutir largas horas en la noche o los fines de semana en un pequeño apartamento construido en la parte trasera del patio de su casa, lugar al que se había trasladado a vivir Miguel a mitad de la secundaria. Además, consideremos la decisiva y objetiva significación, que a esa fecha tenía y continuaba desarrollando la región de Concepción como centro urbano, minero, industrial, agrícola, pesquero, etc., con su consiguiente concentración obrera y asalariados; además centro cultural y universitario del sur de Chile. Le influyó la gran actividad del movimiento obrero y popular de la zona, éste referente práctico de la lucha de clases incentivó en él y sus compañeros el estudio del marxismo y el leninismo como método de análisis y de transformación de la sociedad; a lo que se agrega su quehacer practico político-solidario. Recordemos que, en el periodo se manifiestan importantes y combativos paros político gremiales, de índole regional o nacional, como los del carbón, profesores y los empleados de la salud. La larga huelga de los obreros del carbón en 1960, fue la demostración práctica de la fuerza del movimiento obrero organizado y de sus posibilidades, su combativa marcha sobre Concepción mostró la capacidad de sacrificio y la decisión de lucha de los mineros y sus familias. Participa también con sus compañeros, junto a obreros y empleados en las movilizaciones de apoyo al paro nacional de la CUT convocado el 7 de noviembre de 1960. En lo personal, culmina el año dando termino a sus estudios de Educación Media con excelentes calificaciones y rinde enseguida la prueba que le habilitará para ingresar a la Universidad, el Bachillerato. 4. PRIMERAS EXPERIENCIAS POLITICAS MILITANTES En marzo de 1961 Miguel es seleccionado e ingresa a estudiar Medicina en la Universidad de Concepción, allí estrecha sus lazos de amistad y coincidencia político ideológica temporal o permanente con compañeros de la carrera y otras facultades, Bauchi, Tranqüilo Romero, Beatriz (Tati) Allende, J. Gutiérrez, Luciano, Edgardo Condeza, Juan Saavedra, Ariel Ulloa, y muchos otros. El año anterior había ingresado a la Federación Juvenil Socialista de la cual ya su hermano Edgardo era miembro. El 17 de abril de 1961 y días siguientes es uno de los organizadores y conductores de las movilizaciones solidarias de los estudiantes y sectores del pueblo de Concepción contra la invasión mercenaria y de Estados Unidos a Cuba en Playa Girón. A fines de 1961 participa junto a otros dirigiendo los estudiantes en apoyo a la larga huelga del magisterio. Destaquemos que en el transcurso de toda esa década a conflictos nacionales y numerosos locales de obreros, campesinos, pobladores y empleados, entregaron los jóvenes de Concepción, entre ellos Miguel, su activa solidaridad y participación. Antes de finalizar el año escolar enfrenta en asamblea de alumnos de primer año al rector de la Universidad, David Stitchkin, rechazando la forma en que trata a sus alumnos. En los años siguientes, además de sus estudios de medicina, la militancia política, el estudio teórico, asiste a clases o estudia por su cuenta materias que le interesan: economía, sociología, filosofía, historia. Gran impulsor del trabajo estudiantil voluntario en poblaciones de Concepción donde además de la agitación política se organizan cursos de alfabetización y se atiende a pobladores en policlínicos de salud. Sin embargo, a poco andar diversos factores como: la profundización de la revolución cubana, las consecuencias de la disputa chino/soviética con su proceso de crisis y división del movimiento comunista internacional, el desarrollo y experiencias de la lucha guerrillera en América Latina, sus avances en el conocimiento del marxismo-leninismo, su participación creciente en la práctica de la lucha de clases, le fueron mostrando muy pronto el auténtico carácter del Partido Socialista donde militaba. Se le hizo evidente la total disociación entre su actuar reformista cotidiano con un discurso revolucionario solo de palabra. Un hecho decisivo lo constituyó, que a finales de 1962 inicialmente el Partido Comunista chileno y luego todo el FRAP incluyendo el Partido Socialista, realizaron esfuerzos para impedir la actividad y radicalización del movimiento de masas, tras la expectativa de llegar a acuerdos con la “burguesía progresista”, es decir la Democracia Cristiana. Frenando las actividades de oposición al gobierno de Jorge Alessandri y especialmente en la perspectiva de las próximas elecciones presidenciales de 1964. Esa política, fue uno de los factores que facilitó el camino a la DC para transformarse en un partido burgués con amplia base popular y que eligió a Eduardo Frei Montalva presidente, dos años después. Además, originó la confusión en amplios sectores del movimiento popular; y, agudizó los procesos de crisis en la izquierda tradicional, en especial al interior de la orgánica militante socialista de composición muy heterogénea. No era novedad, en el PS había muchos “personajes y caudillos críticos” y cuyo criticismo no se extendía más allá de los eventos partidarios y el consiguiente enfrentamiento interno para elegir sus direcciones. Muchas veces esos “críticos” se silenciaban al obtener cargos directivos internos o una postulación a un cupo parlamentario. De ahí que no fuera extraño que en el PS se manifestara con más fuerza la discusión política y crisis interna. En medio de una gran dispersión, surgen en Chile a comienzos de 1960 grupos y organizaciones que se definían como revolucionarias y, cuyo denominador común era estar en contra de la lucha legal y parlamentaria impulsada por los partidos tradicionales de la izquierda y agitar la necesidad de la lucha armada. En esos momentos de fermentación creciente de las ideas revolucionarias en la izquierda chilena, Miguel -junto a otros-, comprendió el sentido del desarrollo histórico y la necesidad de romper con los representantes y la política del centrismo, trazar delimitaciones claras entre los revolucionarios y los no revolucionarios, la nula importancia de dar la lucha, solo para cambiar dirigentes de partido; sino, aprestarse a dar un paso más firme y de trascendencia e ir más lejos que la gran mayoría de los sectores más avanzados de la izquierda chilena en ese momento; y, esto era plantearse construir un partido revolucionario de nuevo tipo, para que el proletariado chileno levantara una auténtica alternativa política clasista. Miguel Enríquez, avanzó ese paso. Dió inicialmente la lucha al interior del Partido Socialista desde el núcleo Espartaco,(10) que pertenecía al regional Concepción de la juventud y, de la revista “Revolución” que editaban; no tras el objetivo de ganarse a ese partido para la revolución, sino hacer evidente en la práctica, a los sectores más consecuentes del PS la urgencia de plantearse la tarea de agrupar a los revolucionarios en una organización diferente y que realmente lo fuera. Preparó su rompimiento definitivo con el PS, junto a militantes de Concepción, Santiago y otras provincias. Lo harían público en el curso del XX Congreso del PS en febrero de 1964 que se realizó en Concepción. Según algunos informantes, iban a participar en el desprendimiento algunas “figuras” de dirección central, los cuales se arrepintieron al filtrarse la información, “bajandose” antes de dar el paso. Raúl Ampuero secretario general entonces, informado de la situación que se planificaba procede antes del evento (fines enero) a expulsar a Miguel y a algunos de sus compañeros. Posiciones muy genéricas de sus planteamientos quedaron plasmados en la revista que editaban y en el documento de ruptura que distribuyeron con el título de “Insurrección Socialista” y firmado por Miguel, Bautista van Schouwen, Jara, J. Gutiérrez, M. Ferrada, Dantón Chelén, Edgardo Enríquez, y otros, haciendo un total de 20 los jóvenes socialistas renunciados /expulsados y procedentes de Concepción y Santiago. En julio de 1962 se había formado Vanguardia Revolucionaria Marxista (VRM) por confluencia de la Vanguardia Nacional Marxista (VNM)(11), Vanguardia Nacional del Pueblo (VNP) y el Partido Revolucionario Trotskista (PRT). Desde 1963 habían comenzado a trabajar con VRM, sectores de la Federación Juvenil Socialista de Concepción y Santiago “que se mantuvieron organizados como fracción al interior de éste…. y sectores en proceso de ruptura con el Partido Comunista se incorporan después (Zorrilla, Luciano, Grez, J. Fuentes, etc.)”.(12) Los primeros días de mayo de 1964 se realiza el Primer Congreso de VRM, Miguel, tienen una activa actuación, participa en debates y hace planteamientos sobre programa, estrategia y perspectiva revolucionaria, táctica de combate y los objetivos políticos inmediatos. La actitud sectaria y de “terrorismo ideológico” del sector stalinista prochino mayoritario encabezado por Benjamín Cares originó su división inmediata.(13) Surgen dos Vanguardias, la mayoritaria y prochina o “sectaria” como le llamaron sus oponentes y, que levantó un proyecto democrático popular y más adelante se entroncó en el Partido Comunista Revolucionario; y, la VRM-Rebelde (nucleada en torno al periódico) o “militante” que participó posteriormente en la formación del MIR y sustentaba un programa fundamentalmente socialista. Paralelamente a participar en reuniones e intentos frustrados de unificación revolucionaria, Miguel continúa desarrollando trabajo político en su frente natural y en sectores populares. A fines de 1964, Concepción es sede del Congreso Latinoamericano de Estudiantes de Medicina al que asisten jóvenes que militan en diversos movimientos revolucionarios de América latina; allí están Miguel, Luciano, Bauchi, “Bombita” y otros como miembros de VRM, siendo partícipes de las intensas discusiones sobre el carácter del proceso revolucionario latinoamericano, la continentalidad de la lucha y las formas que debe asumir. Se conocen experiencias y establece contactos, en especial con miembros de las organizaciones MIR de Venezuela y Perú. 5. PARTICIPA EN LA CONSTITUCION DEL MIR  Aunque la historia del MIR de Chile tiene una fecha de inicio cronológico, el 15 de agosto de 1965, en que se oficializa ante el movimiento popular y la opinión pública chilena el momento de su constitución, es importante subrayar que el origen de éste no obedece o es producto de un momento, situación específica determinada o actuar de hombres aislados. A la formación de ésta organización revolucionaria de nuevo tipo le antecede un proceso previo de desarrollo y decantamiento ideológico, práctica política y reagrupamientos que confluyen en un momento histórico concreto a la constitución del MIR.(14) Miguel desde Vanguardia fue un activo convocante de sectores y militantes revolucionarios para participar en el Congreso de Unidad Revolucionaria que se realizaría en Agosto de 1965 y cuya Comisión Organizadora dirigida por el destacado dirigente sindical Clotario Blest, y representantes de VRM-R y Partido Socialista Popular llamaban el mes anterior a constituir el “partido unido de las fuerzas revolucionarias.”(15) El Congreso Constituyente se realiza en Santiago el 14 y 15 de agosto de 1965 en un local de la Federación del Cuero y Calzado, -con influencia de cros. anarquistas del grupo “Libertario” encabezado por Ernesto Miranda-, y ubicado en San Francisco nro. 264. Asisten cerca de 90 delegados de diversos lugares del país (los de la zona norte no pudieron llegar por problemas de locomoción), la gran mayoría procede de Santiago y Concepción, éstos últimos viajaron durante toda la noche anterior en una destartalada “micro” de un recorrido local penquista, las peripecias en el camino les hicieron llegar tarde. Los participantes habían sido elegidos por Vanguardia Revolucionaria Marxista-Rebelde, el Partido Socialista Popular integrado fundamentalmente por sectores trotskistas, cuadros del movimiento sindical clasista con Clotario Blest a la cabeza y un sector del Partido Socialista Revolucionario PSR).(16) Representaban la conjunción de diversos grupos y militantes revolucionarios, parte importante de ellos, escindidos en momentos diferentes de los partidos de la izquierda tradicional; de raíz y culturas políticas socialista, trotskista, comunista, anarquista, sindicalista, y otras. El MIR se proponía, construir una organización que diera continuidad a las luchas clasistas históricas del movimiento popular chileno, romper con las concepciones tradicionales de la izquierda y responder a la nueva realidad y expresiones sociales que emergían en la sociedad chilena. En el evento se aprueban, la Declaración de Principios; el Programa; cuestiones organizativas, y una Tesis Político-Militar, presentada por Miguel y Marco Antonio Enríquez, un paso significativo en las definiciones teóricas de entonces al precisar el problema de la lucha armada en relación con el partido revolucionario proletario y la lucha de masas, distanciándose de las posiciones foquistas que predominaban en grupos revolucionarios latinoamericanos de entonces. Se eligió un Comité Central de 21 integrantes, que ya estaba “distribuido” desde antes del congreso, las dos organizaciones convocantes principales tendrían 10 miembros cada una, más la inclusión de Clotario Blest. Posteriormente el comité central eligió como Secretario General al cro. Enríque Sepúlveda.(17) Miguel, en esa primera dirección nacional mirista es elegido miembro del comité central. Cursaba entonces el quinto año de Medicina en la Universidad de Concepción. En ese tiempo, seguía impulsando múltiples actividades en frentes de masas de la zona para hacer avanzar el trabajo político revolucionario, realizaba agitación política en poblaciones marginales, entre ellas La Costanera a orillas del Bío Bío; en centros de Talcahuano; entre los estudiantes universitarios conduciéndolos en su lucha por suprimir el curso propedeútico, discutiendo de tú a tú y despues expulsando a Robert Kennedy del barrio universitario, repudiando contramanifestando la “Operación UNITAS” por lo que es detenido. Eran tiempos en que la DC, ya tenía cerca de un año en el gobierno, sin contrapeso alguno afianzan con su demagogia política populista de la revolución en libertad, la promoción popular y el comunitarismo éxitos políticos importantes. El movimiento de masas mantenía un estado de retroceso. Miguel, junto a Bautista van Schouwen, atentos a ésta situación y por exigencias de conducción política escriben un trabajo que analiza y desnuda la política de la DC, se publica a fines de 1965 en la revista Revolución órgano de la Brigada Universitaria del MIR en Concepción. A comienzos de 1966 Miguel, integrando una delegación de la Federación de Estudiantes de Concepción viaja invitado a China, allí se contactó con organizaciones laborales, políticas, culturales y de la salud del pueblo chino. En el viaje de regreso, vivió su familia y compañeros momentos de mucha tensión al saberse que el vuelo en que viajaban desde Hong Kong a Tokio tuvo un accidente y habían muerto casi todos sus pasajeros, afortunadamente cambios en el programa y un problema de visa, –por tener que pasar por EE.UU.– les había dejado en tierra. Viajó también a Perú donde trata con dirigentes revolucionarias de ese país hermano; hubo oposición de miembros de su familia al viaje por los riesgos que implicaba la situación peruana de entonces; como era de esperar primó el compromiso político ineludible. Desarrolla un intenso quehacer político interno y externo. Asiduo participante en foros, mesas redondas, asambleas. Mucho le ayudaba su facilidad de palabra, y condiciones de orador, su simpatía personal le permitía rápidamente establecer buen contacto con el auditorio. De hablar rápido atropellado, preciso y apasionado. Adversario temible para cualquiera que le enfrentara en discusiones. Se paseaba por distintas materias y apabullaba con argumentos y citas, no importa quien fuera su contrincante: compañeros, profesores, economistas, parlamentarios, sacerdotes, etc. Preparaba en forma fundamentada sus planteamientos acompañados de propuestas novedosas. Recordamos que desde entonces, en los momentos de preocupación o concentración tenía la costumbre de tomarse un mechón de pelo detrás de la oreja derecha con sus dedos pulgar, índice y medio de la mano derecha. Ese año participa en el quehacer nacional del MIR, con énfasis en el desarrollo del trabajo partidario en la zona de Concepción y provincias cercanas, donde se aprecian avances importantes y alcanza un mayor nivel orgánico y cierta homogeneidad política la naciente organización. Está en primera fila del quehacer. Se crece en poblaciones. Apoya a los campesinos de Arauco en su lucha por la tierra. Hacia los centros obreros el trabajo es lento, se siembran los primeros activistas y con el tiempo se obtienen resultados. En la zona del carbón, por el control hegemónico del reformismo fue difícil para el MIR desarrollar un trabajo de captación de mineros, grande fue la alegría de Miguel, Luciano, Bauchi y Manuel “Peraloca” cuando se reclutó los primeros: “Peneco”, Amir, “El Chalao”, “Duro Pablo”, “Huenche”, que se transformaron en puntas de lanza para agitar nuestra política y reclutar posteriormente a muchos otros en Schwager, Coronel, Lota, etc. y ganar influencia sindical y política. En oportunidades, con ellos como guías e instructores se hicieron cortas prácticas en sectores al interior de la cordillera de Nahuelbuta. El MIR ya es primera fuerza de la izquierda en el ámbito estudiantil universitario zonal, que afianza su tradición combativa conducido por él. Miguel se destaca dirigiendo las radicalizadas luchas estudiantiles que demandan el cese de la injerencia norteamericana en la universidad, la expulsión del Cuerpo de Paz y levantan ya sus primeras propuestas de reforma universitaria. En noviembre de 1965 se realiza la elección a la FEC (Federación de Estudiantes de Concepción). El MUI (entonces expresión unitaria de miristas, socialistas, comunistas y bases de izquierda independiente en la Universidad) tiene posibilidades de ganar la FEC a la DC; el MIR, fuerza mayoritaria en la alianza plantea su mejor derecho a levantar como candidato a presidente a su líder, Miguel. No lo aceptan las posiciones divisionistas y sectarias del PC y PS que rompen el frente y crean condiciones para que la DC triunfe con 1184 votos. La izquierda obtiene 1170 (MIR, MUI e independientes 810, PC 198 y PS 162). (18) Antes de terminar el año participa en el Segundo Congreso general del MIR que se realiza en Santiago en un galpón en Conchalí, éste analiza el momento político nacional, fija el plan político, después de intensa discusión se aprueban los primeros estatutos en los que se precisa que al interior del MIR, no se puede constituir fracciones, el congreso nacional se realizará cada dos años y, se nomina por elección la nueva dirección nacional encabezada nuevamente por el Dr. Enrique Sepúlveda, Miguel es reelegido miembro de su comité central. En 1966 continua la actividad y radicalización del movimiento universitario, en Concepción el MIR y el frente político que dirige, el Movimiento Universitario de Izquierda (MUI), sigue ganando fuerza y afianza su papel de conductor de las posiciones más avanzadas. A fines de ese año su candidato a presidente a la FEC, Luciano Cruz Aguayo aunque logra una importante votación no logra desplazar a los democristianos de la dirección estudiantil. En 1967 se extiende y profundiza en el movimiento estudiantil universitario en todo el país, en la capital penquista, despues de un movimiento de lucha sostenido de los estudiantes de la Universidad de Concepción es expulsado el Cuerpo de Paz norteamericano, hay un cuestionamiento el poder masónico universitario, se rechaza la discriminación y persecución ideológica, también se plantea la democratización y el cogobierno estudiantil en los organismos de la Universidad. Se conducen huelgas reivindicativas y políticas, además de estar presente en todas y cada una de las luchas populares de la zona, entregando no solo la solidaridad sino fundiéndose con los obreros en sus acciones. Lo anterior crea condiciones para que el MIR a través de uno de sus principales líderes, Luciano Cruz gane el control de la FEC en noviembre de ese año y contribuye a que el mirismo logre una importante proyección nacional. El MIR y el MUI triunfaron con el llamado “De las luchas estudiantiles a las filas de la revolución” y planteamientos que situaba al movimiento estudiantil como parte de una estrategia revolucionaria. Se consideraba a la universidad “… parte de un todo superestructural … al servicio de la clase dominante, la burguesía nacional y el capital foráneo, como un pilar más del régimen de explotación capitalista”. Y la lucha estudiantil se “orienta fundamentalmente a cambiar los intereses a que la universidad sirve.” … “Los estudiantes revolucionarios, a la vez que su lucha fundamental la dan por transformar revolucionariamente la sociedad entera, integrándose al movimiento obrero y campesino, tras una Revolución Socialista, por medio de la insurrección armada, luchan a largo plazo en el interior de la Universidad por la Revolución Universitaria y a corto plazo por todo una serie de reivindicaciones estudiantiles, acentuando el Cogobierno como meta transitoria.”(19) Es importante considerar que, durante el año 1967 comenzó a expresarse un nuevo ascenso de la actividad del movimiento de masas en Chile, inicialmente las manifestaciones son mayores en sectores sociales hasta ese momento excluidos, los más pobres en la ciudad y el campo: los sin casa, campesinos, mapuches, mujeres y jóvenes. El gobierno democristiano de Frei Montalva se sacaba su careta populista y desarrolla una política antipopular acompañada del actuar represivo (contra los mineros del cobre en la mina de El Salvador, 23 de noviembre de 1967 en Santiago, etc.). Se planteaba entonces, con fuerza en la izquierda y el MIR la discusión de las formas de lucha y organización a impulsar al interior de las masas. Eran tiempos de la lucha del Che Guevara en Bolivia, la izquierda latinoamericana impulsa la OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad), que en agosto 1967, reunida en Cuba, proclama como un deber y un derecho de los pueblos de América latina, hacer la revolución, enfrentar al imperialismo y a las oligarquías burguesas y terratenientes en el camino al socialismo; la lucha revolucionaria armada constituía la línea fundamental y, las demás formas de lucha debían contribuir a desarrollar y no retrasar el desarrollo de esa orientación central. Por presiones y maniobras diversas de organizaciones políticas de la izquierda chilena el MIR no asistió, pero solidarizó activamente con ella. Se hacen evidentes los reveses de la lucha guerrillera en las montañas de Bolivia, el apresamiento y posteriormente asesinato por la CIA del Ché, afecta profundamente al mirismo y al propio Miguel. En éstos dos años, si bien el MIR constituyó un paso importante para avanzar hacia un polo de reagrupación de sectores revolucionarios y más radicalizados de la izquierda chilena, su desarrollo presento dificultades dadas sus limitaciones en la cohesión ideológica, no claridad en el plano de la estrategia y la táctica, insuficientes definiciones sobre carácter del partido y acentuación de rasgos propagandistas que no le vinculaban más estrechamente con las masas. Factores todos que impidiéron transformarlo en alternativa revolucionaria real al reformismo y centrismo en el movimiento popular chileno. Influyó también, la situación de reflujo y confusión política al interior de las masas trabajadoras chilenas con posterioridad a 1964 (derrota de Allende), hecho que se tradujo en una importante disminución de las luchas reivindicativas y políticas. Además, tengase en cuenta la amplia influencia, combate político y hasta la agresión física de sectores reformistas de la izquierda para impedir nuestro quehacer en los frentes de masas, acusándonos entre otras cosas de “agentes del enemigo”. Lo anterior, no desconoce los esfuerzos y avances puntuales que el MIR logra en sus primeros años de existencia en algunos frentes: en sectores de obreros municipales, del proletariado industrial, minero, pobladores, campesinos, empleados públicos y en sectores estudiantiles de Concepción y Santiago. Internamente había fuertes contradicciones, las diferencias impedían arribar a definiciones ideológicas, políticas y organizativas; neutralizando el accionar partidario externo que era imprescindible para ganar fuerza en el movimiento de masas y poder incidir en la política nacional del momento. De esos primeros años Miguel hizo un desgarrador diagnóstico: “El movimiento se desarrollo entre 1965 y diciembre de 1967 marcado por las siguientes características: Era una “bolsa de gatos” de grupos, fracciones, disputas, etc. No había niveles orgánicos mínimos. Predominaba el más puro “ideologismo”. No había estrategia y menos aún táctica. Aislados de las masas. No se intentaron seriamente realizar acciones armadas, si bien se hablaba de ellas y el movimiento se definía por la lucha armada.”(20) Eran “años en que recién buscábamos un programa correcto para la revolución chilena y a lo más hacíamos propaganda revolucionaria en restringidos sectores y zonas del país, neutralizados internamente por una lucha de tendencias que abarcaba más de una decena de grupos internos”.(21) 6. MIGUEL ASUME LA JEFATURA DEL MIR  Los miristas según su capacidad y fuerza participan en diversos lugares del país del quehacer de los movimientos sociales. En la zona de Concepción los avances son más amplios y significativos. Miguel había continuado sus estudios de medicina y como alumno muy destacado estaba próximo a finalizarlos. Las nuevas posiciones políticas logradas permiten que en noviembre de 1967 invitado por la dirección de la Revolución viaje a Cuba. Este hecho significó en la practica el inicio de relaciones y acuerdos entre el MIR chileno y dirigentes cubanos y que por diversas razones hasta ese momento no existían formalmente. El regreso de Miguel vía Praga y Paris se retrasa y participa solo en el segundo día del III Congreso del MIR. Esta vez la numerosa representación de Concepción llegaba en dos “micros”. El evento mirista se realiza en la Casa Chile, sede del Partido Socialista en San Miguel el 7 y 8 de diciembre de 1967; analiza el periodo político que vive Chile y toma resoluciones sobre el plan político, el desarrollo del partido, definiciones organizativas, se profundizan y modifican las Tesis político-militares aprobadas en 1965. Eligió la dirección nacional. Miguel lo plantea así: “En el Congreso Nacional de diciembre de 1967 …el sector “no tradicional” de Concepción y Santiago asumió la mayoría del Comité Central (10 de 15), la totalidad del Secretariado Nacional (5) y la Secretaría general…”.(22) El sector que encabezaba Miguel Enríquez, además de elegir a la mayoría del comité central, éste lo eligió a él Secretario general.(23) De inmediato, la minoría se constituyó como “oposición interna”, y un pequeño sector incluyendo algunos miembros de la mayoría de la anterior dirección se retiran de la organización. Miguel había terminado ese año el Internado de Medicina. El 29 de enero de 1968 en Concepción, en una ceremonia privada y familiar contrae matrimonio con Alejandra Pizarro Romero.(24) A comienzos de marzo, -“despedido” por intensos combates callejeros cerca de su casa, los estudiantes solidarizando con el magisterio enfrentan el Grupo Móvil-, viaja a Santiago con “Bauchi” su extrañable amigo y compañero en el tren nocturno a rendir sus exámenes de pregrado y de grado. Ambos aprobaron con nota máxima y se reciben de médicos. Como alumno destacado de la promoción postula directamente y gana una beca en el Hospital de Neurocirugía en Santiago para formarse como neurólogo, sus profesores y jefes directos fueron los doctores Alfonso Asenjo y Héctor Valladares. Su traslado a Santiago en el segundo trimestre de ese año acompañado inicialmente de su mujer, implica la separación física definitiva de su familia y temporal con su “hermano” Bautista, que ejercerá en el Hospital Regional de Concepción y continuara también la especialización de neurología, al obtener otra beca allí. Con Miguel a la cabeza, el Secretariado del MIR (Luciano Cruz, Bautista van Schouwen, Sergio Zorrilla, Sergio Pérez) y en menor medida el conjunto del CC conduce la implementación de las líneas acordadas. El trabajo fundamental lo realiza dentro de la joven organización: desarrollar concepciones estratégicas y tácticas, formar a sus cuadros, dirigir el trabajo de inserción en las masas, etc. En enero del 68 encabezó las conversaciones fraternales que culminaron con la integración al MIR de dos pequeños grupos revolucionarios GRAMA (Grupo Avanzada Marxista de Concepción) y FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Santiago). Trabaja en contacto estrecho con los regionales del partido; es destacable, dos informes de Miguel publicados posteriormente como documentos internos, sobre Análisis de Situación Política y Táctica del partido, entregados en forma oral a Ampliados con los regionales del MIR de Santiago y Concepción. En el segundo semestre de ese año se manifiestan avances políticos, crece la organización en el norte, centro y sur del país. Pero, mantenía muchas de sus características y debilidades anteriores, que entraban el avance; el diagnóstico de Miguel lo refleja: “una organización que estaba constituida por varios “partidos”, “grupos”, “fracciones”, con políticas divergentes en pensamiento, y en el último periodo incluso orgánicamente diferenciadas. Tenía por base todo tipo de “militantes”, donde no se realiza ningún tipo de selección para el ingreso; así habían “aficionados” a la revolución, descomprometidos, intelectualoides, etc. Sin niveles de organización y especialización aceptables. Que contaba con una concepción general estratégica relativamente correcta a largo plazo (tesis Político-Militar, 1967) pero sin una adecuación táctica concreta al país y al periodo … Se intentó hacer mucho, pero el instrumento básico (la organización) era malo…”.(25) Eran tiempos de gran efervescencia juvenil en el mundo. El “campo socialista” no aceptaba las desidencias. En la segunda semana de agosto del 1968 junto al Bauchi redactan la declaración en que el MIR condena la invasión a Checoslovaquia por fuerzas del Pacto de Varsovia, reafirmando con ello una línea de independencia y al mismo tiempo rechazando un modelo de construcción socialista burocrático y deformante. Las reacciones desde la izquierda tradicional fueron virulentas. En esos meses, Miguel en una decisión nada fácil y bien madurada suspende su especialización y trabajo como médico, volcándose de lleno a la actividad política partidaria. Eran momentos en que aumentaba la actividad de diversos sectores del movimiento de masas. En respuesta el gobierno democratacristiano de Frei Montalva, aumentó sostenidamente el actuar represivo e indolente (asesinatos y represión brutal: Puerto Montt, desalojos, reanudación de faenas, indiferencia para resolver los conflictos; intimidaciones policiales, etc.). Los hechos anteriores estaban evidenciando, las limitaciones y obstáculos de los métodos tradicionales de lucha de masas. Buscando una salida a ésta situación y en la perspectiva de “comenzar acciones que rompieran el círculo vicioso interno y permitieran ampliar nuestra penetración en los frentes de masas …”.(26) el Secretariado Nacional encabezado por Miguel realizó a fines del 68 una fuerte discusión, primero en el comité central y en toda la organización para ganarlo e iniciar las acciones directas de masas y un limitado accionar armado, inicialmente de tipo urbano A las polémicas de táctica y línea organizativa en la dirección se agregó la posición política a adoptar por la izquierda revolucionaria en las elecciones parlamentarias de marzo y las próximas presidenciales. El último trimestre de 1968 y primero de 1969, toda la organización, en especial su dirección enfrenta fuertes y polarizadas disputas. No era posible llegar a acuerdos en el comité central y las decisiones eran casi siempre divididas, “ante la impotencia a que era conducido el MIR por la lucha tendencial y fraccional, el Secretariado Nacional propuso al CC en el verano de 1969, adelantar el congreso para agosto de ese mismo año y se inició su preparación.”(27) En ese contexto la posición mayoritaria del CC encabezada por Miguel encomendó al Secretariado redactar un documento público,(28) allí se sostenía que “… en base a lo analizado, … la agudización de la lucha de clases continuará y tomará mayor ímpetu. Ambos procesos el electoral y la movilización de las masas, se cruzará durante el periodo próximo. Papel nuestro será impulsar y empujar el segundo por cauces revolucionarios. Habremos de impulsar y apoyar todo tipo de huelgas legales e ilegales, luchas callejeras, ocupaciones de locales de trabajo, de tierras y terrenos, las acciones directas, etc. En cuanto al proceso político mismo que desencadenaran las elecciones, no podremos marginarnos. Al contrario con toda fuerza participaremos en él. Pero no es necesario, y al contrario, es nocivo desarrollar actividad electoral, de la que nos abstendremos absoluta y categóricamente. Durante todo el periodo cuestionaremos la vía electoral como camino. No lo haremos en abstracto, sino a partir de los intereses y relaciones vivenciales de obreros y campesinos…”.(29) En marzo del 69, la situación se hizo insostenible. Miguel afirmaba: “El rendimiento de las tareas no pasaba del 50 por ciento. Se habían desarrollado enormes tensiones y conflictos internos que hacían imposible el trabajo … No se había logrado romper el círculo vicioso: No acciones armadas por no organización clandestina / no organización clandestina por “innecesaria”, por ausencia de acciones armadas; y, no vinculación orgánica significativa con el movimiento de masas.”(30) Para enfrentar esa situación y definir posiciones el Secretariado planteó una intensa discusión interna relativa a política partidaria. Tomó algunas medidas: nuevas exigencias de ingreso y militancia, reestructuración de los sectores político y especial de la organización, profesionalización de una parte de la Dirección nacional y algunos cuadros medios, traslado de cuadros para multiplicar el trabajo del partido en lugares y frentes prioritarios. Se redactó para el congreso el documento central que recogía la evaluación, caracterización del momento político, nuevas medidas y orientaciones políticas de línea, profundizándose las concepciones programáticas, y precisando más la estrategia político-militar de guerra revolucionaria que superaba definitivamente las concepciones “insurreccionalistas” de los primeros años.”(31) Se dio inicio a las “acciones directas” y la autodefensa de masas, para aumentar la penetración del MIR en los frentes. Fueron concebidas -por el MIR-, como un intento de incorporar en el actuar político y reivindicativo del movimiento de masas formas ilegales y conspirativas de lucha (acciones simples de amendrentamiento, propaganda armada en apoyo a conflictos, organización de milicias, etc.), realizadas por sectores de avanzada de un frente, o por bases del partido en él para apoyar directamente el conflicto y elevar el nivel de la lucha reivindicativa y política de masas en huelgas, tomas de terrenos y fundos, ocupaciones de fábricas, etc. El MIR no creó éstas formas de lucha, sino que las recogió del accionar concreto en algunos conflictos y las impulsó como una línea de acción general y sistemática y poder romper la legalidad burguesa.(32) En medio de ese complejo proceso político interno y externo, miembros del comité regional del MIR en Concepción por iniciativa propia y sin informar a la Dirección Nacional, decidió “amedrentar” un reaccionario y provocador periodista demócrata cristiano en Concepción que editaba diario Noticias de la Tarde y que desde hacía un tiempo venía realizando una tendenciosa campaña contra el MIR. Un grupo operativo lo secuestro el 6 de junio y después de unas horas lo dejó sin ropas en la calle, se originaba el “caso Hernán Osses o el periodista pilucho” como lo llamó la prensa. Esta acción fuera de plan, fué aprovechada como pretexto por el gobierno freísta para iniciar una campaña de persecución ideológica y una generalizada y fuerte ofensiva represiva concentrada en el MIR a fin de encarcelar a este sector de la oposición política, no por el peligro que representaba en ese momento, sino por lo que podía llegar a ser. Los miembros de la dirección del MIR a nivel nacional, de Concepción y numerosos cuadros medios debieron pasar a la clandestinidad y trasladarse a diferentes lugares del país. La minoría interna, acusó que este era un “hecho consumado” del Secretariado Nacional y en especial de Miguel para impedir el congreso y “apernarse” en la dirección. En esas circunstancias, la “oposición interna” formada por los “… grupos más tradicionales dentro del MIR (especialmente algunos de origen trotskista) realizó un congreso fraccional con participación de minorías de los CR de Valparaíso, Coquimbo y Santiago; reconocido esto por ellos, el 75% del CC (el 25 de julio de 1969) decidió marginarlos.”(33) Se marginó del MIR a la “oposición interna” del comité central (Genaro, Rodolfo, Pato, Vasco, Wiston (suplente), en las semanas posteriores cerca de un 20 % de miembros en todo el país acompañaran su automarginación.(34) Los marginados siguieron organizados como una fracción que reivindicó por algún tiempo el nombre MIR: “Nuestra fracción, contraria a la de Enríquez, luchó con la sigla MIR-FR y se volcó a trabajar por la candidatura de Salvador Allende.”(35) Seguidamente un pequeño grupo formado especialmente por estudiantes del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile en Santiago encabezados por Jorge Silva, Juan Martínez y Rafael Ruiz Moscateli ante la magnitud de los problemas y con planteamientos de carácter “foquistas” que pretendían transformar el MIR en una organización operativa, se marginan constituyendo después el MR-2 (Movimiento Revolucionario Manuel Rodríguez). El desprendimiento afectó solo la estructura en Santiago, se marginó cerca del 30 %. Las divisiones que afectaron al MIR en 1969; primero en su dirección y posteriormente en diferentes niveles fue la culminación de un proceso sostenido de diferencias políticas imposibles de resolver vía el debate al interior de la organización y afectaban la convivencia interna y el quehacer externo. Se asumió como costo necesario en el desarrollo político de la organización; implicó una perdida importante de experiencia histórica y capacidad política acumulada, pero fortaleció su unidad interna. He entregado diversos antecedentes sobre la crisis para evidenciar que la división del MIR no fue un hecho simple, “maniobra sorpresiva” o imprevista decisión de una “arbitraria mayoría”, sobre una “ingenua minoría”, sino diferencias políticas y concepciones organizativas que no se superaron. Como afirma Miguel, “La división de 1969, un hito en el desarrollo de nuestro partido, no tuvo como base … la estrategia del partido para la conquista del poder, sino los problemas de carácter del periodo que atravesábamos y el carácter del partido que la revolución chilena necesita.”(36) La continua escalada represiva, la división reciente con sus consecuencias y las nuevas exigencias plantearon un arduo quehacer a la dirección, en especial al Secretariado encabezado por Miguel, quién junto a Luciano y en condiciones difíciles se reunieron con todos los regionales para explicar y discutir los problemas surgidos y estrechar la conducción. Se precisó el momento que se vivía y el quehacer a impulsar en el documento “La crisis por la que atravesamos” de Agosto 1969; el carácter de la organización, el tipo de miembros y sus requisitos de ingreso.(37) 7. EL PERIODO “OPERATIVO” Y DE “MASAS”  A partir de julio 1969 el papel y labor de Miguel y del Secretariado fue extenso y clave para enfrentar el proceso de crisis, salir de ella y desarrollarse. Dirigieron la reestructuración del partido buscando construir una organización que considerando las características de Chile y los objetivos planteados, combinara el accionar armado con el trabajo en frentes de masas. Progresivamente en todos los regionales se constituyeron los Grupos Politico-Militares -GPM-; estructuras orgánicas asentadas en un espacio territorial con niveles de bases políticas, operativas, técnicas e infraestructura, dirigidas por una jefatura común.(38) Con esas definiciones cristalizaba la visión de partido que venía sustentando Miguel y tenía correspondencia con la línea estratégica y táctica. Expresaba una concepción político-militar: por un lado la formación de una sólida estructura desde el punto de vista ideológico, político, orgánico y militar; integrada por cuadros revolucionarios profesionales ligados a los frentes; preparado y estructurado tanto para su desarrollo político en el movimiento de masas como para su desarrollo militar, en el partido y entre los trabajadores y pobres del campo y la ciudad. A partir de septiembre 69 se incrementan de forma más sistemática acciones armadas orientadas a desarrollar la línea de expropiaciones, tanto las orientadas al aprovisionamiento logístico (material de comunicaciones, sanitario, armamento, recursos de AGP, etc.) y las expropiaciones bancarias que comprometieron en especial a la Dirección Nacional. Por lo general y en especial en sus inicios no se reconocieron. El hacerlas exigió disponer de infraestructura para su realización (casas de seguridad, depósitos, talleres, vehículos, locales, etc.). La primera expropiación bancaria exitosa se realizo en julio 1969 al Banco Londrés-Sucursal Santa Elena. Fueron concebidas como acciones de financiamiento a las actividades de la organización, tuvieron gran impacto por la difusión de la prensa sensacionalista y de derecha, dándole al MIR un perfil público de “grupo armado” que la organización no deseaba. Muchas fueron exitosas, otras fallaron. A pesar de hacerle ver la inconveniencia, Miguel participó en varias, dando inicio a su formación de combatiente. Respecto a ellas, Miguel afirmaba a la prensa que, “… las organizaciones revolucionarias para organizarse y prepararse en niveles superiores de lucha … necesitan financiar sus actividades a través de expropiaciones revolucionarias… Los que hacen este tipo de tareas no pueden ser confundidos con los ladrones o delincuentes comunes. Los únicos ladrones son los patrones de fábricas y fundos que roban el producto de su trabajo a obreros y campesinos;…” Respecto al uso dado a los fondos decía, “Los revolucionarios (…) cuando expropian dinero a quienes a su vez lo roban a obreros y campesinos, lo utilizan no para lucro personal, sino para financiar las tareas que permiten organizar la defensa de los intereses de obreros y campesinos. Jamás lo han utilizado para el lucro personal, al contrario, entregados por entero a las tareas que permitan defender a los trabajadores de las balas de los gobernantes y de la explotación de los patrones, viven de acuerdo a como un revolucionario debe vivir: con el mínimo.”(39) Como era de esperar las expropiaciones las reprimió el gobierno y las atacó otros sectores de la izquierda. Paralelamente, se intensificaron las “acciones directas” en los frentes de masas. A estas en ningún momento se les adjudicó un papel de “iniciadores” de la lucha de clases, sino como apoyo a la lucha propia que impulsaban los trabajadores en ese frente en un momento de avance y desarrollo de su lucha en contra de sus enemigos, los patrones y opresores. Y, además correspondían al estado de ánimo y exigencias de las masas.(40) Por el silenciamiento de los medios de comunicación las acciones directas no ganaron repercusión pública y solo tuvieron importancia en el lugar del conflicto. Esta política, el MIR la impulsó en ese y en el periodo posterior en los frentes poblador, campesino, obrero y estudiantil. El accionar operativo armado de expropiaciones se suspenden en marzo de 1970. En esta decisión influyó principalmente, la percepción del sentir de las masas que recogía el partido al interior de los frentes, los riesgos que conllevaban, y también las conversaciones MIR y UP, realizadas al más alto nivel desde diciembre 1969 y donde participaron Salvador Allende y Miguel Enríquez, en momentos que la Unidad Popular definía el programa y candidato. 8. LA CONDUCCION DEL PERIODO PREREVOLUCIONARIO (41)  Las medidas desplegadas por el gobierno demócrata cristiano no resolvieron, al contrario profundizaron la crisis del sistema capitalista dependiente chileno presente en los años 60, manifestándose como una crisis del sistema de dominación a partir de 1970. Las movilizaciones sociales con gran desarrollo en el 69 se extienden y radicalizan sus formas de lucha y atacan directamente la legalidad imperante. La propia institucionalidad burguesa presenta situaciones de crisis, el bloque dominante aumenta sus contradicciones y se divide políticamente, sus sectores más conservadores levantan como candidato presidencial a Jorge Alessandri y la Democracia Cristiana a Radomiro Tomic. La Unidad Popular, alianza hegemonizada por los partidos Comunista y Socialista, más el Partido Radical y MAPU (Movimiento de Acción Popular Unitaria) y, otros menores postulan como candidato a Salvador Allende G. En el MIR, la respuesta a una coyuntura muy compleja mostró la capacidad de Miguel y la dirección para captar los cambios operados en la situación y definir una política flexible que no desdibujara el perfil y quehacer revolucionario; poder actuar como protagonista del proceso, sin avalar la estrategia reformista, ni aislarse social y políticamente; y, al contrario construir fuerza social y partidaria. El propio Miguel lo resume así: “… formulamos una política que, en general, consistió en no llamar masivamente a la abstención electoral, en no proponernos el sabotaje electoral y en no desarrollar nosotros actividad electoral propiamente tal, pero al mismo tiempo reconocer, en el terreno electoral, a Allende la representación de los intereses de los trabajadores y a Tomic y a Alessandri la de los intereses de la clase dominante. Proclamar que si Allende triunfaba se desarrollaría una contraofensiva reaccionaria, y que nosotros, en ese caso, asumiríamos la defensa de lo “conquistado por los trabajadores”. Para todo ello nos propusimos las tareas de trabajo y movilización de los distintos sectores de masas, desarrollo de nuestra capacidad operativa, técnica e infraestructura, a la vez que seguir desarrollando operaciones por un período. También la preparación de un plan masivo de defensa ante la posibilidad de un triunfo de Allende y para ello la ampliación de nuestras relaciones políticas con otras organizaciones de izquierda. En general, estas tareas se llevaron a cabo con un rendimiento aceptable.”(42) Paralelo al proceso electoral, aprovechando la disponibilidad de las masas y el aumento de la actividad política, el MIR elevó su quehacer en ellas, participó y condujo sus luchas en diversos lugares del país, las ocupaciones de terrenos de los pobladores sin casa, movilizaciones obreras de la mediana y pequeña industria y otros sectores fabriles, las masivas corridas de cerco de los mapuches en el sur, ganando más fuerza en los estudiantes; esas luchas las acompañó de acciones directas de masas. Plantándose firmes y amplios pilares para construir un movimiento político y fuerza social con conducción revolucionaria. El MIR adquiría un mayor rol en la política nacional. El accionar de propaganda armada se suspendió definitivamente a fines de junio de 1970. Conducido estrechamente por Miguel y la dirección el quehacer militar se diversifica. Al tiempo que se continúa construyendo fuerza militar propia, se trabaja en la perspectiva de defender un eventual triunfo de la izquierda. Después de amplias conversaciones con Allende y en los meses finales de la campaña, el MIR asume y forma su dispositivo de seguridad, (conocido después como GAP), que además le permitió acceder a recursos militares y de infraestructura. Encabezado por Luciano se inicia el trabajo de inteligencia contra la conspiración de la derecha y el imperialismo; se prosigue el trabajo secreto en las FF.AA; comienza a construirse en talleres propios armamento casero; se fortalecen las unidades operativas; se orienta la constitución de milicias en los frentes dentro de un plan general de enfrentar un posible golpe militar reaccionario, etc. Triunfa electoralmente Allende, se obtenía un triunfo popular que el MIR creía difícil, y exige a la dirección encabezada por Miguel un profundo proceso de discusión para elaborar una táctica adecuada. Se analiza las causas que lo facilitaron, sus alcances, posibilidades, limitaciones, y el papel de los revolucionarios. A los pocos días se sostiene que con el triunfo de la UP “… se abre un nuevo periodo histórico para los trabajadores …es un nuevo avance del pueblo por conquistar el poder y objetivamente favorece el desarrollo de un camino revolucionario en Chile y por tanto favorece también a la izquierda revolucionaria … que se ha formalizado un impasse entre las clases dominantes y los trabajadores (…) que será resuelto por un enfrentamiento entre los pobres del campo y la ciudad con los dueños del poder y la riqueza y hoy está postergado y de seguro se resolverá por la vía violenta …”.(43) Se llamaba a la defensa del triunfo electoral con la participación activa de las masas, el rechazo a negociaciones con la DC y la lucha contra la sedición. Inmediatamente después del triunfo de Allende la derecha y el imperialismo acentuaron sus planes conspirativos, el MIR pequeño grupo que aún actuaba con su dirección y un sector del partido desde la clandestinidad multiplica su actividad, junto con desarrollar trabajo de masas, realiza tareas de información e inteligencia, obteniendo antecedentes que le permiten tener una apreciación de que ocurría y se proponían las clases dominantes. Descubrió planes sediciosos e intentos golpistas inmediatos que denunciados oportunamente facilitó abortarlos: el del 22 de octubre de 1970(44), en abril y septiembre de 1971, el pusch del mayor Marshall en marzo de 1972. Desde antes y en esos momentos la relación del MIR con algunas fuerzas de la UP no fue buena, hubo momentos muy críticos, como el 2 de diciembre 1970 en que un miembro de la brigada comunista “Ramona Parra” asesinó a nuestro compañero Arnoldo Ríos en Concepción. Vasto fue el esfuerzo de Miguel y la dirección, especialmente en Santiago y Concepción para superar el problema, hacer razonar serena y políticamente a sectores de la militancia, llegar a un acuerdo de no agresión con el PC y enfrentar firmemente el sectarismo. Con otras fuerzas, la relación fue más positiva y se buscó avances constructivos. Un importante gesto lo dió el presidente Allende, a fines de ese mes liberó a cerca de dos decenas de militantes del MIR que estaban prisioneros y otorgó amnistía a los perseguidos, desarrollando la organización su trabajo en la legalidad. Incluso, Salvador Allende propuso la incorporación del MIR a la UP y su participación en el gobierno con un ministro (se le ofrecía a Miguel el Ministerio de Salud Pública), rechazándolo por diferencias programáticas, estratégicas, una apreciación distinta sobre la situación nacional y como enfrentarla. Se mantuvo la independencia y se dió un apoyo crítico al gobierno. En el periodo la política de alianzas del MIR, contempló básicamente establecer niveles de alianza con la UP o puntualmente con sectores de ella; en menor medida se logró, aunque no se formalizó por el hecho que el reformismo exigía que el MIR abandonara su política independiente, hubo conversaciones al más alto nivel a comienzos de 1971, abril de 1972 y junio de 1973.(45) Se obtuvo sí, un accionar común puntual en todo el país y en muchos terrenos: defensa de la estabilidad del gobierno, movilización de masas, elecciones, lucha conspirativa contra la derecha, marchas públicas, etc. Política definida como: “marchar separados y golpear juntos”, y que en ningún momento dejó de lado un progresivo e intenso combate ideológico a las posiciones reformistas y centristas del gobierno y partidos de la izquierda.(46) Paralelamente se extendía la influencia y construcción del partido, reorganiza y amplía su dirección (cooptando a jefes de comités regionales) y retoma un funcionamiento regular y de dirección colectiva el comité central, multiplicando su esfuerzo para atender tanto necesidades de elaboración de políticas, conducción global y atención de situaciones específicas. No obstante, es bueno precisar que esa dirección con Miguel a la cabeza, mantuvo en todo el periodo acentuados rasgos centralistas y limitada democracia interna al no ejercitar en los organismos y bases del partido posibilidades reales de control, crítica, elaboración, ratificación de políticas y legitimidad electiva de sus direcciones; no realizar el IV Congreso Nacional fue consecuencia de ello. Aunque él y miembros de la dirección, siempre estuviéron alertas para enfrentar directamente en las estructuras las divergencias y cuestionamientos políticos que surgían, y nada fácil era oponerse a su “artillería” de argumentos. Al tiempo que se evidencia una mayor maduración en la dirección, no se podía ignorar que la experiencia de clandestinidad había planteado rigurosas exigencias personales y limitaciones especialmente en las formas de vida de los implicados, con algunas consecuencias. En el caso de Miguel largos periodos de separación afectó su relación de pareja y de común acuerdo con su mujer Alejandra habían anulado su matrimonio. Ella se radicó a vivir en Concepción con su hijita Javiera que había nacido en octubre de 1969 en esa ciudad. Más adelante “Aleja” hizo un grave cuadro depresivo y en pleno tratamiento por propia decisión se suicidó arrojándose al paso de un tren en el poblado de Hualqui, cerca de Concepción en noviembre 1971. La muerte de Alejandra, fue un duro golpe que hizo sufrir mucho a Miguel y sus familias; agudizado por la actitud de la prensa de derecha y democristiana que sin respetar el dolor de familiares lo explotó políticamente. El nuevo periodo planteó altas exigencias a la dirección y a todo el partido, se respondió activamente a múltiples tareas en los frentes de masas; inicialmente con concepciones políticas insuficientes originadas por debilidades históricas, poca madurez, inexperiencia y poco desarrollo partidario; y que, progresivamente y en el curso del proceso y experiencias fueron superándose y posibilitaron pasar rápidamente de una realidad bastante débil a un grupo revolucionario con amplia y fuerte implantación en sectores del movimiento de masas. Favoreció la línea política impulsada y la constitución y trabajo de los frentes intermedios: Frente de Trabajadores Revolucionarios, FTR; Movimiento Campesino Revolucionario, MCR; Movimiento de Pobladores Revolucionarios MPR; Frente de Estudiantes Revolucionarios y Movimiento Universitario de Izquierda, FER y MUI; y el Frente de Fuerzas Armadas y Carabineros, FREFAC. Es importante tener presente que en la construcción de la política levantada por el MIR hasta comienzos de 1972 influyó de forma negativa “… que no visualizamos el grado de crisis interna que sufría la clase dominante lo que nos hizo ver el problema del “enfrentamiento” bajo una lupa cortoplacista, no visualizamos correctamente el peso del reformismo lo que agravó nuestro inmediatismo, en suma, no apreciamos con precisión el carácter prerrevolucionario que asumía el período.”(47) El 15 de agosto de 1971 acontece la muerte de Luciano Cruz A. Miembro histórico fundador, dirigente de la organización desde 1967, miembro de su comité central, del secretariado y la CP, una gran perdida para el MIR, “era nuestro líder de masas, nuestra mejor expresión popular, el pueblo lo quería, seguía y respetaba… Los trabajadores han perdido un líder y nosotros un militante, amigo y hermano de lucha.”(48) Durante gran parte de 1971 se manifestó una extraordinaria ofensiva popular del movimiento de masas que continuaba avanzando, multiplicaba su iniciativa y capacidad de movilización por sus intereses y aprovechaba las excelentes condiciones que le facilitaba un gobierno de izquierda, el cual había tomado positivas iniciativas para cumplir su programa de reformas de tipo económico y social. A fines de 1971 y con mayor claridad se expresaban las limitaciones de un camino de desarrollo del proceso que en lo fundamental utilizaba restringidamente la porción de poder expresada en el Ejecutivo y sin apelar a una vigorosa actividad de las masas en su apoyo. El MIR planteo en documentos, y muchas veces a través de su secretario general en conferencias de prensa y discursos su posición. Progresivamente y en la medida que fue profundizando y madurando una propuesta alternativa de sociedad, las diferencias fueron más estructuradas y públicas; en el discurso de Cautín, en noviembre 1971, Miguel, junto con reconocer las medidas positivas denuncia, las limitaciones y contradicciones de la UP y el Gobierno y llama a realizar tareas de poder, a la unidad de todo el pueblo, y que en “el combate de los trabajadores, en la fuerza de sus movilizaciones, se desarrolla una fuerza incontenible que nada ni nadie podrá detener, que es la única garantía de un camino revolucionario y socialista.”(49) En febrero 1972, el MIR llama a la reagrupación de los revolucionarios de dentro y fuera de la UP.(50) No obstante las diferencias con la Unidad Popular y el Gobierno, destaquemos que desde antes y durante todo el periodo existió un respeto mutuo y un fluido relacionamiento entre la dirección del MIR y Salvador Allende, especialmente con Miguel y su sobrino Andrés Pascal Allende. Muchas fueron las diferencias, también hubo acuerdos y apoyos mutuos. El propio Allende lo expresaba: “No tengo el menor resentimiento contra el MIR. Los desacuerdos que tenían conmigo, aquí mismo los discutían, los exponían. ¡Cuántas veces vino Miguel a este despacho! Nunca me dieron un golpe por la espalda, nunca me atacaron por detrás, me advertían con anticipación cuando iban a combatirme públicamente. Los respeto.”(51) En el periodo se desarrolló un amplio contacto y relaciones a nivel internacional. Miguel en numerosas oportunidades viaja a Cuba, para estrechar el relacionamiento político con su dirección, discutir acuerdos específicos de apoyo o profundizar su formación de jefe y combatiente. En su actuar fue consecuente con aspectos centrales del ideario del Ché. Y, aunque el proyecto mirista fue de carácter nacional, desde su nacimiento se caracterizó por su internacionalismo revolucionario; su apoyo solidario impregnó siempre su política y quehacer. Lo reafirman las acciones de internacionalismo revolucionario realizadas, las ideas, iniciativas y pasos prácticos que dió el MIR para gestar condiciones político materiales y constituir la Junta de Coordinación Revolucionaria del Cono Sur junto a organizaciones de revolucionarias de Argentina, Uruguay y Bolivia, a fines de 1972, de ella Miguel fue uno de sus inspiradores y gran impulsor. En los últimos días de agosto del 73, acusado de intento de subversión en la Armada, el Fiscal Naval de Valparaíso emite una orden de detención contra él, (también se pedía petición de desafuero parlamentario contra los secretarios generales del PS (Carlos Altamirano) y del MAPU, (Guillermo Garretón), lo anterior le lleva a afirmar que tiene el “privilegio de sumarse a los centenares de marineros, obreros, campesinos y pobladores que hoy son perseguidos y reprimidos por la justicia patronal, civil y uniformada.” Y reafirma “que el MIR, sus militantes y dirigentes, están listos para luchar en todos los terrenos cuando las circunstancias lo hacen necesario.”(52) 9. SU CONDUCCION AL INICIO DEL PERIODO CONTRAREVOLUCIONARIO  La noche del 10 de septiembre circula información sobre desplazamientos de tropas, cuestión reiterada en esos tiempos. La comisión política del MIR está a la espera del próximo día: Allende dentregará un mensaje al país anunciando llamar a un plebiscito y ofrecerá su renuncia; se discutirá el texto de una declaración y plan del MIR y otros sectores de la izquierda, incluido el PS para impulsar una contraofensiva popular y revolucionaria. Demasiado tarde. Contando con el factor sorpresa las clases dominantes a través de su brazo militar, las FF.AA habían iniciado el momento militar por la reconquista plena del poder. 11 de septiembre, a las 7 de la mañana se reúne la CP en una casa de San Miguel. Alerta máxima (libro): cada militante y unidad del partido en sus frentes y puestos de lucha, constitución de direcciones y fuerzas, desarrollar el plan militar definido, apertura de depósitos y distribución de las pocas armas disponibles y el armamento casero, desarrollar una ofensiva general concentrando los focos de resistencias en los cordones industriales y poblaciones e integrando a las masas y a la izquierda al combate. Poco se logra, muchos dispuestos a empuñar las armas, los medios de combate son escasos y falta experiencia combativa. Miguel en varias oportunidades trata de contactar al presidente Allende. “Tati” entrega el mensaje a su padre: se le insta y propone un plan y los medios para salir del Palacio de la Moneda y pasar a dirigir la lucha de resistencia clandestina desde las poblaciones populares. Allende no acepta: “Yo no me muevo de aquí, cumpliré hasta mi muerte la responsabilidad de presidente que el pueblo me ha entregado. Ahora es tu turno Miguel…”.(53) Un par de horas después Salvador Allende presidente de Chile, gran patriota revolucionario pagaba con su vida, su lealtad a la causa de los trabajadores, levantando una eterna bandera de lucha, y ofrendando en el testimonio de su sangre, que el movimiento popular no se rinde ante los aparatos armados del estado burgués. Miguel y otros miembros de la CP se reúnen después del mediodía con dirigentes del Partido Socialista y el Partido Comunista en el centro fabril metalúrgico Indumet del Cordón Cerrillos para coordinar un plan de resistencia armada, hay acuerdo con socialistas, los compañeros comunistas son contrarios, están a la espera si se cerrará el Congreso Nacional, se retiran. Los restantes junto a obreros son cercados. Combaten por horas. Rompen el cerco. Hay escaramuzas en diversos lugares. En la tarde con el país controlado por las FF.AA y el movimiento de masas pasivo y replegado era evidente la no contención del golpe. Con gran impotencia y rabia Miguel y la CP dan orden de repliegue, mantención de acciones de hostigamiento y el paso a la clandestinidad. La situación hacía evidente para el MIR que, a pesar de sus denodados esfuerzos, de transformarse en el curso de la crisis del sistema de dominación, de grupo en vanguardia revolucionaria del movimiento de masas, no lo logró y, allí residió una de las causas fundamentales de la derrota en el enfrentamiento de septiembre de 1973. No alcanzó un peso político ideológico necesario para remontar el reflujo que comenzó en julio/agosto de 1973. “En lo fundamental la batalla la perdimos antes, cuando no fuimos capaces de desplazar al reformismo en la conducción del movimiento de masas.”(54) Parte importante de sus primeros meses en clandestinidad, Miguel los vive en una vetusta casa de la Gran Avenida. Desde aquí y en constante movimiento por calles de Santiago dirige el repliegue, la reconexión y reorganización del partido en Santiago y a nivel nacional. A ritmo intenso se trata de resguardar al máximo los recursos humanos y materiales de la organización. No es fácil pasar a la clandestinidad a muchos cientos de cuadros donde cada día los militares aumentan su búsqueda y cantidad. La falta de recursos materiales, infraestructura, documentación, etc. es aguda. Muchos apoyos ofrecidos con anterioridad, eran negados. En Santiago, la situación se agudiza, es lugar de repliege de muchos cuadros de provincia y constituirán por muchos meses sus respectivas “colonias”. De a poco, el funcionamiento de la red clandestina partidaria va funcionando de forma más regular y rigurosa, una situación en que ya no basta con esconderse, sino tomar lentamente la iniciativa y realizar tareas de resistencia. Simultáneamente, la CP encabezada por Miguel son exigidos al máximo para definir el nuevo periodo político de la lucha de clases nacional y determinar las tareas tácticas a impulsar. Se descarta las reuniones ampliadas, de 8 personas que había trabajado de forma muy estrecha y colectiva en el periodo anterior. La prioridad son los encuentros bilaterales, Miguel orienta, coordina y controla; sentados en un vehículo que recorre incansablemente las calles de Santiago se intercambian informes, opiniones, análisis, discrepancias. Le asignan la redacción del documento integrando planteamientos del colectivo de dirección. Trabaja incansablemente y a pesar de limitaciones de fuentes documentales se informa, analiza, reflexiona y escribe muy concentrado durante dos semanas de noviembre, un análisis y quehacer lúcido y preciso que caracterizó el nuevo momento de la lucha de clases y la orientación del quehacer del MIR en todo el periodo.(55) En medio de la acentuación de la represión dictatorial, muchos dirigentes y militantes de la izquierda optaron por el exilio, en el caso del MIR desde el comienzo se definió un rechazo rotundo a esta práctica y que se puede resumir así: el MIR no se asila, lucha y resiste. Algunos plantearon la necesidad de replegar a la retaguardia exterior parte de la dirección, cuadros y al mismo Miguel. Este fue inflexible y lo fundamentaba así, “Si el MIR se exilia, de hecho deserta; lo que no sólo tiene valoraciones éticas negativas, sino que en el caso particular de Chile es renunciar a cumplir con tareas que son hoy posibles y necesarias en Chile. Si el MIR exilia a sus cuadros, atrasa por decisión consciente la revolución en Chile, desaprovecha condiciones favorables concretas, renuncia a su papel histórico, abandona, cuando puede y debe cumplir su papel, a la clase obrera y al pueblo a su suerte. El temor a la represión no justifica esto. La deserción histórica es siempre condenable por más que se disfrace de la más eufemísticas argumentaciones políticas.”(56) El 13 de diciembre de 1973 se produce un severo golpe represivo a la dirección del MIR, Bautista van Schouwen, uno de los fundadores del MIR y miembro de su comité central y de la comisión política es detenido por la DINA en la Parroquia de los Capuchinos en Santiago donde se refugiaba, ha sido delatado por religiosos de la orden.(57) Fue una baja muy sensible e importante para el MIR, era el segundo miembro en la dirección. A Miguel le resultó un golpe doloroso, además de los lazos políticos estaban estrechamente unidos en lo personal. Muchos fueron los esfuerzos realizados para ubicarlo e incluso intentar rescatarlo. Sus rastros junto a su cuerpo la DINA hizo desaparecer. Los últimos días de 1973, Miguel y Carmen Castillo su compañera, acompañado por su ayudante y su mujer se trasladan a vivir a la casa de Santa Fe 725 en San Miguel, un barrio popular en Santiago. Pronto les acompañaran por periodos sus hijas Javiera Alejandra y Camila. Su actividad es muy intensa, no solo le preocupan los problemas de conducción general del partido, sino está atento y participa en la resolución de tareas no cumplidas por otros responsables directos. Asume con denodados esfuerzos tareas de relaciones y la búsqueda de la unidad política en la lucha antidictatorial. En documento del 17 de febrero de 1974 propone constituir el Frente Político de la Resistencia con los partidos de la UP, sectores antigorilas del PDC y el MIR. Tendría por plataforma: la unidad de todo el pueblo contra la dictadura, la lucha por la restauración de las libertades democráticas y la defensa del nivel de vida de las masas. Sustentándolo en un amplio movimiento de masas que constituiría el Movimiento de Resistencia Popular, cuya expresión en la base serían los Comités de Resistencia.(58) En medio de ese quehacer, las difíciles condiciones de la vida clandestina afectaba a víctimas inocentes, el 24 de febrero por no tener atención médica oportuna muere Edgardo Enríquez Weinmann, 5 años, sobrino de Miguel e hijo de Grete y su hermano Edgardo también miembro de la CP del MIR; y, quién a mediados de abril de ese año, enviado por el partido sale clandestino por tierra a Mendoza para asumir de inmediato la dirección del trabajo mirista en la retaguardia exterior, tarea en la que trabajará arduamente hasta el 10 de abril de 1976 en que es detenido por los aparatos represivos en Argentina y desde allí es enviado a Chile donde le desaparece la dictadura militar pinochetista. Mientras las otras organizaciones de la izquierda en lo fundamental permanecían en un verdadero receso político a nivel de bases y frentes y solo funcionan a nivel de direcciones, el MIR a pesar de golpes represivos circunscritos desarrolla trabajo político externo con avances importantes; en marzo de 1974 había finalizado su reorganización en todo el país y a todos los niveles. Pero también, y en forma paralela, el enemigo progresa en su trabajo, acopia información y pasa a una represión más selectiva, facilitado por la persistencia de errores propios. A fines de marzo y abril 74 se desencadenan fuertes golpes represivos, caen prisioneros 8 miembros del comité central, dos de ellos de la CP (A. Vilavella y R. Moreno), y otros cuadros medios; lo anterior no fue impedimento para un importante trabajo antidictatorial en mayo. Sin embargo, la concentrada ofensiva represiva permanente que apuntaba a aniquilar el MIR no se detuvo, imposibilitándole pasar a una etapa de desarrollo de resistencia activa e iniciar la propaganda armada; en forma progresiva y aguda la organización pasaba a una situación defensiva. El enemigo, intentó hasta la negociación para sacar al MIR de la lucha, el planteamiento de Miguel fue claro ” … hacemos público nuestro categórico rechazo a semejante proposición. … El MIR no negocia con la dictadura gorila que superexplota y reprime a la clase obrera y el pueblo (…) luchamos por la defensa de los intereses históricos de la clase obrera y el pueblo, y jamás aceptaremos en su nombre un acuerdo que implique dejar de luchar por ellos…”.(59) Los grandes esfuerzos políticos y prácticos, en especial de Miguel, para lograr la unidad antidictatorial no fructificaban, y por ende la necesaria, activa y unitaria intervención junto a otros partidos contra la dictadura no se expresaba; la UP en su debilidad sólo buscaba desarrollar su política de frente antifascista con toda la DC. Con ese actuar, se estaba perdiendo ese limitado y valioso tiempo inicial que se disponía para actuar e influir en el curso futuro y evitar que la dictadura se prolongara. Peor aún para el MIR, en espera del actuar unitario no utilizó todas las fuerzas que disponía, debilitándolas en el inmovilismo y posteriormente son aniquiladas sin actuar. La represión no cesaba y su objetivo prioritario seguía siendo el MIR, y muy pronto le llegará el turno a otros en la izquierda. Los últimos meses fueron de un ingente quehacer, recargados por un activismo y voluntarismo que sobreestimó posibilidades propias y fue debilitándo las líneas de defensa interna en especial de la dirección, agudizado crecientemente por el acecho y golpes de la represión, acentuación del reflujo de las masas por la derrota, el enorme peso y lentitud del aparato clandestino, la extrema escasez de recursos económicos y de infraestructura, rompimiento de leyes del trabajo clandestino en toda la organización, especialmente por parte de la dirección.(60) Con el enemigo que disponía de huellas seguras obtenidas por diferentes vías y métodos y, la sobreexposición de Miguel al asumir responsabilidades diversas, incluso de choque; los espacios de maniobra se estrechan y limitan la iniciativa. En una situación obligada y triste y ante el peligro eminente que les circundaba y no exponerlas a riesgos innecesarios, el 14 de septiembre de 1974 Miguel y su compañera Carmen deciden asilar a Javiera y Camila hijas de él y ella respectivamente, en la Embajada de Italia. Desde antes su hijo menor, Marco Antonio nacido en junio de 1973 vivía con su madre, Manuela Gumucio, en el exilio. La caída del “Chico” (Sergio) Pérez miembro del comité central y de la CP junto al equipo central de la tarea de organización agudizan los problemas en las tareas de redes y manejo interno y evidencian que el cerco represivo se estrechaba en torno a la dirección. Había que tomar decisiones rápidas y extremas, más ..… 5 de octubre 1974. Un “grupo de tarea” de la DINA, continua sus reconocimientos en un “sector posible y sospechoso” en San Miguel. Llegan a la calle Santa Fe esquina Chiloé. Sin saberlo inicialmente, hacen contacto con el objetivo perseguido y buscado largo tiempo. La decisión de Miguel es combatir. Resiste sólo los momentos más intensos del combate, al ser abandonado por otros que le acompañaban al creer que estaba herido de muerte. Enfrenta cerca de dos horas a centenas de efectivos de fuerzas militares combinadas que, al final logran darle muerte. 10. EPILOGO Diez balas acabaron con su vida, la cual había entregado completamente a los intereses del proletariado y las masas populares y, a la lucha por construir una sociedad distinta. Su sueño, ideario y aspiraciones camina en los senderos del porvenir histórico de su pueblo. Esa consecuencia y grito libertario irrumpirá con fuerza en eternos combates populares, vestido de obrero, de campesino, de mapuche, de poblador, de estudiante, de miliciano, de mujer, de hombre y de joven en su lucha irrenunciable por la dignidad, la libertad, la justicia, la democracia y un sistema social justo en nuestra patria. Miguel fue enterrado el 7 de octubre de 1974, a las 07:30 de la mañana, en un nicho del Cementerio General de Santiago. Autorizaron acompañarle diez miembros de su familia, vigilados por cientos de hombres y armas de enemigos temerosos. Aunque el pueblo no pudo estar presente, una mujer representó el sentir de miles de ausentes, cuando su madre Raquel, en medio del silencio con voz fuerte y entera dijo: “… Tú no has muerto. Tú sigues vivo, y seguirás viviendo para esperanza y felicidad de todos los pobres del mundo.” (61)


NOTAS: (1) Texto escrito en el mes de Mayo de 1999. Corresponde a partes, resúmenes de un trabajo más amplio que el autor realiza. Una primera versión se incluyó inicialmente en la publicación CEME 5 del Centro de Estudios “Miguel Enríquez”, con el título, “Miguel Enríquez: Semblanza biográfica y política”; asimismo, una versión resumida de sus primeros 5 puntos los publicó la revista Punto Final, Chile, en la segunda quincena de septiembre de 1999 con el título “Los primeros años de Miguel”. En la presente edición se han introducido pequeños agregados, correcciones de redacción y de diez fe de erratas –nombres y cuestiones secundarias de contenido– que se escaparon en la versión inicial, nuestras disculpas. (2) El autor dirige el Centro de Estudios “Miguel Enríquez”. (3) Miguel Enríquez, “Recopilación de Escritos”, realizado por Martín Hernández V. y Pedro Naranjo S. Ediciones Resistencia Popular, 4 tomos. La Habana, Cuba, 1985. De los mismos autores publicó la estructura Zonal del MIR en Cuba, La Habana, octubre de 1984 la recopilación titulada “Miguel Enríquez: Textos Escogidos”, 1 tomo 142 páginas. (4) En Edgardo Enríquez Fröden. “En el nombre de una vida”. T. I, pág. 307. México, 1994. (5) Edgardo Enríquez F. Op. cit., Tomo I. Pág. 375. (6) Edgardo Enríquez F. Op. cit., Tomo I. pág. 390 y Tomo II. Pág. 125. (7) Edgardo Enríquez F. Op. cit., Tomo I. Pág. 403. (8) Edgardo Enríquez F.Op. cit., Tomo II, pág. 181 (9) Conversación del autor con Marco Antonio Enríquez. (10) Información obtenida por el autor del jefe del citado núcleo, M. Ferrada. Otros autores como M. Hernández plantea que su nombre era “Sierra Maestra”. (11) La VNM la integraban sectores escindidos del PC desde tiempos del gobierno de González Videla y, agrupados en el Grupo Movimiento de Resistencia Antiimperialista (Luis Reinoso, Benjamín Cares, Ernesto Benado, etc.), y sectores de marginación más reciente como el Movimiento 2 de Abril, (Martín Salas). (12) Ver Martín Hernández. “El proyecto histórico mirista”. Ciudad de La Habana, Cuba, 1985, pág. 5. (13) Datos entregados al autor por M. Salas. (14) Sobre los procesos previos concurrentes a la formación del MIR, véase la información que entrega Luis Vitale, en artículo incluido en CEME 5, págs. 56 – 61. Algunas informaciones que entrega no coinciden con testimonios de compañeros que viven y fueron partícipes activos del hacer político de entonces. (15) En El Rebelde Nro. 31, julio de 1965. (16) Relacionado a este asunto, Luis Vitale, con quien nos conocemos por más de 30 años, viene planteando en forma reiterada que “… El MIR no fue creado por un grupo de estudiantes de Concepción, mito levantado en el exilio por dirigentes miristas de la FEC, después de la muerte de Miguel …”. La rigurosidad histórica y ser genéricamente aludido en tanto ex dirigente de la FEC y el MIR en Concepción, me aconseja hacer un comentario. Relacionado a la primera afirmación: nunca la he sustentado por no ser así. Y, para verificar o despejar “el mito”, se procedió a revisar todo lo disponible de documentación mirista desde 1970 en adelante y que podía recoger aseveraciones de “posibles autores”. En lo revisado no aparece información que reafirme el juicio de Lucho. Seré más preciso, en más de 40 referencias implícitas al tema, hay dos de dirigentes de otros partidos (PC y PR-SD) en donde se hace esa aseveración. En las restantes de dirigentes y miembros del MIR ninguna afirma que el MIR lo creó o fundó estudiantes de Conce, aunque si, por parte de algunos, incluido Miguel, se analiza el papel que desempeño ese grupo en su generación y especialmente su desarrollo posterior. Será muy conveniente conocer las fuentes documentales en que respalda sus cargos nuestro profesor, historiador, investigador y amigo Vitale y, no pensar que son “molinos de viento” que no ayudan a precisar objetivamente nuestra historia. (17) Desempeñó funciones de secretario general del MIR desde la fundación en 1965 hasta fines de 1967. Se separó progresivamente del MIR a partir de comienzos de 1968, integrándose más tarde al Partido Socialista, en tiempos de la UP trabajó como editorialista de La Nación, diario de gobierno y controlado por el PS, muere exiliado en Evry, Francia el 18 junio 1984. (18) Fuente: Prensa de Concepción de la época. (19) En “Revolución Universitaria”, Miguel Enriquez. 1966. Reditado en la Revista “Polémica” de la FEC. Concepción 1968. También en revista CEME Nro 3. (20) y (21) En Miguel Enríquez, “Respuesta a un documento de la Colonia Valparaíso”.1974. La Habana, 1985. (22) En Miguel Enríquez. “Algunos Antecedentes del MIR”. Marzo 1971. En Recopilación de Escritos. La Habana, 1985. (23) De parte de los sobrevivientes hay testimonios contradictorios respecto a la cantidad de miembros de comité central que eligió cada agrupamiento interno; así como, el procedimiento en que Miguel fue elegido Secretario General, unos afirman que fue la sesión plenaria del congreso; otros, que siguiendo la norma estatutaria y procedimiento habitual, fue el CC quién lo eligió internamente. (24) Alejandra estudiaba en la Escuela de Filosofía de la Universidad de Concepción. Inicialmente fue miembro del grupo GRAMA y posteriormente ingreso al MIR. (25) Ver Miguel Enríquez. “Algunos antecedentes del MIR”. Marzo 1971. En Recopilación de Escritos. La Habana, 1985. (26) En “Algunos antecedentes del MIR”. 1971. (27) Ver Miguel Enríquez, “Respuesta a un documento de la “colonia” Valparaíso. Julio 1974. En Recopilación de Escritos. La Habana, 1985. (28) Difundido en la revista Punto Final, Nro. 99, enero 1969. (29) En “No a las elecciones: Lucha armada único camino”. Secretariado Nacional, MIR. Enero 1969. En Recopilación de Escritos. La Habana, 1985. (30) En Miguel. Enríquez “Algunos antecedentes del MIR”. Marzo 1971. (31) Nos referimos al documento “Sólo una revolución entre nosotros puede llevarnos a una revolución en Chile”, mayo 1969. (32) En el documento ¿Cual es el camino?: “Grupos Operativos o Acción Directa”. MIR, Secretariado Nacional. 1969. (33) En Miguel Enríquez, “Respuesta a un documento emitido por la “colonia” Valparaíso”· Julio 1974 y Miguel Enríquez, “Algunos Antecedentes del MIR”. Marzo 1971. (34) Documento “Sin lastre avanzaremos más rápido”. Secretariado Nacional del MIR, Julio 1969, y “Carta de Luciano Cruz al Partido”. Julio 1969 (35) En Valenzuela, Humberto.”Historia del Movimiento Obrero Chileno”, pág. 133, ISP Verlag. 1972. (36) Miguel Enríquez. “Respuesta a un documento de “colonia” Valparaíso” 1974. (37) Documento “Precisión y desarrollo de algunos artículos estatutarios imprescindibles para el desarrollo de nuestra organización” . Secretariado Nacional MIR, agosto 1969. (38) En Documento “Proposiciones de un modelo orgánico para una nueva organización”. Secretariado Nacional MIR, noviembre 1969. (39) Ver “El MIR y las expropiaciones”. En Punto Final, Nro. 87, septiembre l969. (40) En el documento “¿Cual es el camino? Grupos Operativos o Acción Directa”. Secretariado Nacional MIR. Septiembre 1969. (41) Este punto y el siguiente será expuesto de forma muy resumida, por ser el más conocido y sobre el que existen más fuentes documentales. (42) Miguel Enríquez. “Algunos Antecedentes del MIR”. Información más amplia en el documento”El MIR y las elecciones presidenciales”. Secretariado Nacional. Punto Final, mayo 1970. (43) Ver “Declaración del Secretariado Nacional, del MIR, 15 sept. 1970 y “El MIR y el resultado electoral y las implicancias para la Izquierda revolucionaria”. 28 de septiembre 1970, en Recopilación de Escritos de Miguel, La Habana 1985. (44) Ver “El MIR denuncia los verdaderos asesinos de Schneider.” Octubre 1970. (45) Ver “Informe al CC sobre las conversaciones MIR-UP”, Mayo 1972. En Recopilación de Escritos, LH, 1985 (46) Ver: Discursos de Miguel Enríquez en Temuco en 1971, en la Zona del Carbón y en el Caupolicán durante 1972, y otros documentos. Los 3 discursos mencionados se incluyeron como documentos en la revista CEME 5 de 0ctubre de 1999. También en Textos Escogidos, La Habana. 1984. (47) Miguel Enríquez en: “Respuesta a un documento emitido por un grupo de compañeros de la “colonia” Valparaíso”. 1974. (48) Miguel Enríquez, “Discurso en los funerales de Luciano Cruz”. Agosto 1971. En Textos Escogidos. La Habana. (49) Miguel Enríquez. “Homenaje a Moisés Huentelaf”. Noviembre 1971. En Textos Escogidos. LH. 1985. (50) Los análisis y orientaciones políticas centrales de todo este periodo (1970-73), se encuentran en informes de la comisión política a las reuniones del comité central del MIR, la gran mayoría fueron dados por Miguel. En total son alrededor de 30 informes, hasta el momento se ha recuperado una parte muy pequeña de ellos. (51) Testimonios de Laura y Beatriz Allende, hermana e hija respectivamente de Salvador Allende. (52) Ver Miguel Enríquez, “Frente a la orden de detención”. Agosto 1973. (53) Testimonio de su hija Beatriz Allende. (54) Ver documento “La táctica del MIR en el actual periodo”. Diciembre 1973. (55) Ver: “La táctica del MIR en el actual periodo”. 1973. (56) Miguel Enríquez. “Respuesta a un documento emitido por la “colonia” Valparaíso”. 1974. En Recopilación de Escritos. LH. 1985 (57) Ver amplios antecedentes del caso en el libro de Nancy Guzmán J. “Un grito desde el silencio”. LOM, Santiago. 1998. (58) Ver “Pauta del MIR para unir fuerzas dispuestas a impulsar la lucha contra la dictadura”. 1974. En revista CEME 5. (59) En “Respuesta del MIR a los gorilas”. Septiembre 1974. En Textos Escogidos. La Habana. 1985 (60) Ver, “Los Golpes recibidos, algunas lecciones y la reorganización de las direcciones”. Miguel Enríquez, junio 1974. En Textos Escogidos, La Habana. (61) En Edgardo Enríquez F. “En nombre de una vida”, Tomo II. © Derechos – Copyright, Pedro Naranjo S. ISBN 91 – 631 – 0490 – 3 Permitida la reproducción total o parcial citando fuente, autor y manteniendo contenidos. Diciembre Año 1999. C E M E – Centro de Estudios “Miguel Enríquez”.

Autor Osvaldo Torres.

El Miguel, ellos, nosotros y la Carolita.octubre 2004.

El Miguel, ellos, nosotros y la Carolita
Adriana Goni

Para Miguel, a 30 años de su muerte en combate, 5 Octubre 2004



 

 

 

 

 

 

 

¡Teníamos tanto miedo! Enfundados en ropas elegantes, olvidados del bluyin y de los bototos, contábamos los días que habían pasado desde entonces. ¿Sólo diez? Teníamos tanto miedo, desconcierto, furia, y… veintinueve años. Veintinueve años el Miguel, y Julián y yo.

Entre Julián y yo juntábamos ocho chiquillos; ninguno superaba los diez años y dependían absolutamente de nosotros. De nosotros, quienes aún en medio del huracán, buscábamos afanosos y sin rumbo a los compañeros, a las compañeras, a aquellos de los campamentos que por tantos meses -¿años?- fueron nuestra familia, nuestro habitat, nuestro accionar conjunto.

Sabíamos de nuestros muertos, de los detenidos, de los torturados, de los escondidos. Sabíamos que si caíamos dejábamos no sólo a nuestros hijos a merced de un futuro temible que sólo podíamos imaginar, sino que nos restaríamos a la lucha que recién comenzaba.

La magnitud de la pérdida, de la masacre, del desconcierto y la desconexión aún no afloraban a nuestras mentes, a pesar de tanto análisis y previsión anterior.

Con Julián llevamos ese día a la Carolita, de cinco años, al hospital, dado que su garganta presentaba un enorme e inexplicable bulto que apenas le permitía respirar.

Psicosomático, nos dijeron. ¡Y cómo no! En diez días presenció, con sus enormes ojos, allanamiento tras allanamiento de nuestra casa, buscándonos, ávidos de armas, de delaciones, de compañeros ocultos. Cada rama de las Fuerzas armadas exhibió sus armas largas, gritó, pateó los bolsones de los niños en busca de esas armas que hasta hoy, treinta años después todavía no nos llegan…

Nosotros, lejos de ellos nada podíamos hacer. Nunca pudimos. La enfermedad de la niña era más que justificada.

Al volver del Hospital, llevamos a la Carolita a un lugar que le encantaba. Era apasionada por el pescado frito. Fuimos al “Venecia”. Sabíamos que el ambiente familiar la consolaría.

Julián, Gabriela y la Carolita, sentados en una acogedora mesa, bien trajeados y peinados, ella taco alto y maquillaje, eran la visión encantadora de una familia de clase media contenta, sin nada que temer. Se abren entonces las puertas del restaurante y penetran varios hombres jóvenes, de aspecto próspero, elegantes, buenos trajes oscuros, peinados a la gomina, caras limpias sin bigotes. Se diría un grupo de abogados celebrando un fallo o un grupo de médicos de alguno de los hospital cercanos contentos con el resultado de alguna cirugía complicada.

Bastó una mirada de reojo, unos rostros inexpresivos, un intercambio de efluvios, para que nos reconociéramos y nos ignoraramos. Eran el Miguel, el Bauchi, el Pollo, el Pelao, y algunos otros que mi memoria no ha retenido. Eran ellos. La dirección clandestina completa.

Todos comíamos, conversábamos, sonreíamos con dolor. Ellos en su mesa. Nosotros a sus espaldas. La Carolita se avalanzó sobre su pescado frito. ¿Congrio, merluza? Nunca lo supimos, pero una espina inmensa se incrustó en su garganta hinchada. No podíamos gritar, llorar, llamar la atención. Nuestra vida estaba en peligro, al igual que la de la Carolita.

Nunca supimos cómo, aún no lo entiendo, pero el Miguel, el compañero, el doctor Enríquez, saltó como un felino; tomó a la niña, la tendió en el suelo, maniobró sobre ella, que tenía su carita azulada por la asfixia, extrajo la espina, le hizo respiración boca a boca, nos guiñó un ojo y volvió a su mesa, donde ellos. Nada había sucedido.

El hombre más buscado de Chile en ese momento y hasta el día de su muerte en combate el 5 de octubre del año siguiente, arriesgó su cobertura y la de todos nosotros, siguiendo el imperativo de sus convicciones, de su juramento y de su entrga revolucionaria.

Sin el Miguel ése día, posiblemente la Carolita no habría conocido los treinta y seis años que hoy tiene, y definitivamente no estarían el Sebastian, el Vicente y el Nicolás, mis nietos.

Tengo más, muchos más recuerdos. Del Pelao Van Yurick y de la Bárbara. Cuando me duela menos, los escribiré… mientras permítanme gritar : “¡ Gracias, Miguel ¡ ¡ Hasta la Victoria Siempre!”

La Elo.Pelirroja de mentira, peligrosa de verdad

romeria cementerio general 9 de sept a 39 años...
romeria cementerio general 9 de sept a 39 años del golpe militar (Photo credit: todosnuestrosmuertos)

6 de noviembre de 2012

Eloísa González habla desde su pieza

Pelirroja de mentira, peligrosa de verdad

Molestó a más de alguno con su opción de no prestar el voto el pasado 28 de octubre. Pero no ha sido la primera ni la última vez que alguien se enronche con ella. Una de las más reconocidas voceras de la ACES puede parecer —la mayoría de las veces— políticamente incorrecta, insolente e inmanejable. Sin embargo, Eloísa es la voz y la cara de un iceberg enterrado en el corazón de Chile que representa a una generación que se organiza y plantea un guión político diametralmente opuesto a todo lo conocido. Estos son sus argumentos, sus referentes y su historia.

–En este libro, Flora Tristán habla de lo colectivo, la comunidad. Me gustan esos temas –dice antes de meter las 187 páginas en su mochila azul–. El sol entibia un mediodía de octubre.

“Utopía y Feminismo: unión obrera”, de Flora Tristán, no es el único texto que relee constantemente. Sobre su cama queda uno de sus preferidos: “Un libro rojo para Lenin”, del poeta salvadoreño Roque Dalton.

En su pieza, en una casa de un piso de la calle Eliecer Parada, en la comuna de Ñuñoa, cabe el mundo de Eloísa González: sus libros; una antigua máquina de escribir marca Corona con la que tipea poemas; frases entrecomilladas en la pared en las que se lee, entre otras letras armadas con plumón, la estrofa de una canción de Joaquín Sabina. De fondo, Javiera Mena desangra una versión de “Amiga mía” de Los Prisioneros. Un afiche en blanco y negro de Miguel Enríquez, que dice “Con Miguel forjemos futuro”, quedó instalado hace años sobre el equipo de música, que ahora está conectado a su iPhone blanco —regalo de su papá— en el que se suceden The Smiths, Chavela Vargas, Serrat y Edith Piaf.

—Este es Luchín —dice presentando a un gran perro que entra a su pieza, un quiltro que se sumó a la toma del Liceo Amunátegui y que después terminó de regalo, en su casa.

Las imágenes, las fotografías, los puños en alto, la danza al compás del guanaco y los napoleones, hacen que cualquiera la vea fuerte e inmanejable. Pero ella, sin nada de eso enfrente, sentada sobre su plumón rojo, con un cigarrillo Pall Mall Light en la mano, tomando café con leche; con sus 60 kilos y un 1,67 metros. Ella y su rebeldía, son más imponentes de lo que se ve en la tele.

Sacar la voz

Eloísa González, estudiante de tercero medio del Liceo Manuel de Salas, con 18 años recién cumplidos —el 28 de octubre, el mismo día de las elecciones—, falsa colorina, una de las voceras de la Asamblea de Estudiantes Secundarios (ACES), con una familia que mezcla desde derechistas hasta ex integrantes del MIR, comenzó en la dirigencia estudiantil en Sexto Básico.

Antes de entrar a Primero Básico se fue del país: entre los 4 y 10 años estudió en una escuela en Quebec, Canadá. Era un colegio para hijos de inmigrantes. Su mamá, María Eugenia Domínguez —Phd en Comunicación, periodista y docente de la Universidad de Chile— se fue una temporada a trabajar a ese país, con ella de la mano.

Es pasado el mediodía, Luchín entra y sale del dormitorio y Eloísa enciende un segundo cigarrillo. Suena la canción “Dónde empieza” del rapero chileno Portavoz. Habla suave, tiene una claridad que no necesita expresar a gritos, cree en cada una de las cosas que dice —algo que podría parecer obvio, pero no lo es—. Le gusta observar y leer sobre los movimientos latinoamericanos. “Me gusta la concepción de mandar obedeciendo de los zapatistas, donde lo principal es lo que dice la comunidad, las bases. Yo soy la cara, una de las voces del movimiento, pero represento a mis compañeros”, dice y es imposible soslayar la vez en que el presidente de la Juventud Demócrata Cristiana le pidió la renuncia, una de las críticas que se suman a quienes consideran que la organización a la que pertenece es “intransigente”. Los reproches que ha recibido la ACES han venido incluso desde el propio Gobierno.

“Hay gente que no entiende y las autoridades son súper cerradas en el sentido de necesitar siempre que haya un representante con quien hablar. No entienden un diálogo con una comunidad que no tiene un líder así como la mayoría habla de líderes, casi ungidos por Dios. Entonces no entienden que hay toda una asamblea decidiendo; eso les choca, es un problema profundo de concebir, es un choque de paradigmas, un problema ideológico”.

Eloísa no solamente devora noticias y sigue con lupa lo que se dice de los estudiantes en Chile. También afuera. Habla perfectamente francés e inglés, porque durante el tiempo en que vivió en Canadá, también viajaba constantemente a Madison, Estados Unidos, donde por esos años vivía su papá, profesor de Historia. Sus padres se separaron cuando ella tenía 1 año.

En ese tiempo, no sabía que marcharía por las calles de Santiago despertando simpatías y ácidas críticas. Pero sí comenzaba su cercanía con los movimientos sociales. De hecho, ya de regreso en Chile y en su colegio de Ñuñoa, como dirigente de su curso, se dio cuenta que se podían tomar decisiones sin necesidad de hacer burocrático el camino, pero no podía entrar a la ACES antes de Séptimo Básico. “Yo igual iba a las marchas. Una de las primeras fue el 2006. Quedó la escoba, así que nos quedamos encerradas en la escuela de Derecho de la Universidad de Chile, pero los de Cuarto Medio que iban con nosotros nos cuidaban”, cuenta.

Uno de sus cercanos dice que una de las cosas que más valoran de Eloísa sus compañeros, es que está siempre “en la misma” que ellos, una de las características más importantes de la Asamblea. Y eso es en todo nivel. Por ejemplo, “si están en unas marchas y los apalean a todos, a ella también. La organización es horizontal hasta para eso”.

No voto

Una de las ofensivas más polémicas encendidas por la ACES fue la campaña “Yo no presto el voto”. Y los dardos cayeron en la cara de Eloísa antes, durante y después del 28. Los trolleos le llovieron. Patricio Fernández, por ejemplo, le escribió en Twitter: “Los viejos políticos te lo agradecen y ya verán el modo de compensarte”, mientras otros ciudadanos le recordaron cuánto había costado recuperar la posibilidad de votar.

Giorgio Jackson también intercambió un par de tuiteos con ella, donde el ex presidente de la FEUC argumentaba que la “ausencia, por no estar documentada, no es atribuible a ninguna explicación. El voto nulo organizado, sí”.

“Hayamos hecho o no a la campaña, en Chile ya había un fenómeno alto de abstención en las elecciones, porque la gente no se siente representada por la institucionalidad política chilena, y nosotros lo único que hicimos fue darle voz a este descontento, a esta crítica profunda a nuestra institucionalidad”, diría dos días después de esta entrevista, al finalizar la jornada del 28, marcada por la derrota de la derecha, pero también por el impacto causado por la alta abstención.

Sin embargo, dos días antes de la elección, sentada en su pieza, cargando un libro de Roque Dalton en la mano, ella lo tiene claro: “Después del 28 Chile ya no va a ser el mismo. Y yo creo que se va a instalar otra lógica en cuanto a construir, entonces los próximos años veremos cambios más importantes”, dice, al mismo tiempo que recibe un café caliente de las manos de su mamá.

Hasta ahora, María Eugenia Domínguez (48) —una de las personas que más escucha la dirigente secundaria, según cercanos— no había querido hablar con los medios, pese a que lo primero que siente cuando ve a su hija tan pública no es miedo, sino que orgullo.

“Cualquiera quisiera un universo donde los hijos van al colegio tranquilos, estudian, hacen las tareas, pero su papá y yo lo entendemos. Hay una generación joven que pone temas que otros no se atrevieron y por supuesto que provoca tensión ver que ella es la cara, que se personaliza, pero no es algo que se le ocurrió a ella. Esto no tiene que ver sólo con Eloísa”, dice María Eugenia, de pie, afirmada sobre un escritorio lleno de lápices y papeles que su hija usa para pintar.

–Pero llaman a no votar, tú saliste a las calles a marchar por la recuperación de la democracia también –le digo.

María Eugenia se queda un rato en silencio, mientras Eloísa la mira atenta sentada en el borde de la cama. Es una de las críticas frecuentes de quienes marcharon, protestaron, capearon palos, guanacos, lacrimógenas, la perversión de la dictadura y que no entienden que existan argumentos políticos para llamar a no votar. María Eugenia quiebra el silencio con su voz: “Nosotros no peleamos sólo por votar. Peleamos por una sociedad distinta, donde el mundo no iba a ser a espaldas nuestras. Yo entiendo el llamado que hace la ACES. Tampoco es válido el argumento de que si no votas gana la derecha, porque en efecto la derecha ha gobernado y nuestras vidas son un desastre”.

María Eugenia se tiene que ir a trabajar. Antes de cerrar la puerta se despide de su hija y le recuerda que tiene compromisos familiares. Eloísa asiente sin objeciones. Del iPhone blanco, vuelve a sonar Javiera Mena.

El futuro

Eloísa es uno de los rostros de la ACES, que se creó como la organización continuadora de la Federación de Estudiantes Secundarios de Santiago (Feses). En 2001 la Asamblea salió a la calle a pelear por el pase escolar, en 2003 por la tarifa del pasaje, en el 2003 por la recién estrenada PSU; el 2006 vinieron la revolución pingüina y su gran segundo tiempo en 2011. Es considerada una organización más dura que la Coordinadora Nacional Estudiantes Secundarios (Cones). Sin embargo, a la izquierda de la ACES, hay más vida: los estudiantes que se denominan “autónomos”, que no tienen relación con el movimiento de la Universidad de Chile y que no se articula en coordinadoras.

“Utopía y Feminismo: unión obrera”, de Flora Tristán, no es el único texto que relee constantemente. Uno de sus preferidos es “Un libro rojo para Lenin”, del poeta salvadoreño Roque Dalton. (Foto: El Mostrador)

“Su vocería ha sido más difícil que la mía”, afirma Alfredo Vielma, ex vocero de la ACES, “principalmente porque ella es mujer. La prensa ha sido más invasiva con ella, parece que los medios tienen esa imagen de la mujer sometida y ver a una que se rebele les sorprende”, dice Alfredo, quien destaca que una de las cualidades de Eloisa es que tiene toda su vida en orden: aunque repitió tercero medio el año pasado (por una decisión familiar), nunca ha tenido malas notas.

Daniela López, presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad Central, votó –y anuló– y en cierto sentido cree que la campaña lanzada por la ACES es “absolutista”. Aún así entiende la crítica de fondo a la que apunta y su cuestionamiento al sistema. También destaca la figura de la dirigente secundaria: “A su edad tiene las cosas súper claras, una vocación de luchadora social muy potente, y una visión critica al Chile actual que se ha forjado con la política tradicional y el duopolio. En ella y los secundarios se encarna una verdadera alternativa y una propuesta para construir otro país”.

Eloísa también está pensando en su propio futuro. Cuando salga del colegio quiere estudiar Economía Política (un problema más que una solución porque la carrera no existe en el país). Es como si Chile no le calzara. No sólo porque está buscando qué poder estudiar. Su incomodidad con Chile cruza otros ámbitos. ¿Por qué decir, cuando nadie se lo estaba preguntando, que es lesbiana? “Yo he sido lesbiana desde chica, pero mi decisión de asumirlo y salir del clóset fue una decisión política. Independiente que yo represento una asamblea también represento una generación y cuesta mucho avanzar por todas las imposiciones que tiene este modelo. Cuesta ser travesti, lesbiana, homosexual, transexual. Igual hubo familiares míos que no sabían y se sorprendieron. Mi papá y mi mamá, en cambio, lo han sabido de toda la vida”.

A pesar de que a veces pudiera parecerse más a un bicho raro en una sociedad que trata de entenderla, Eloísa no está mirando para afuera. Muy por el contrario, mira el futuro en Chile, seguir participando en política, en ser parte de las demandas estudiantiles y quién sabe si en ese Confech que ella considera un organismo medio muerto. “Es que hay una participación más activa de las bases universitarias y el Confech no puede acaparar esas bases porque tiene un modelo federativo… entonces ahí uno empieza a cuestionarse las lógicas de construcción según los momentos históricos”, dice.

-¿Y los más chicos piensan igual?

-Tienen una apertura de mente incluso mayor y esa apertura se ve no sólo en lo sexual o lo moral; también en el ámbito político. Por ejemplo, a los chiquillos ya les parece insuficiente el nivel de organizaciones que tenemos y quieren conformar mas colectivos, más asambleas. Eso es lo que viene. Y tampoco lo están viendo las autoridades. Las nuevas generaciones ya nos sobrepasan a nosotros mismos.


 “MIGUEL SERÁ TRASLADADO A UNA TUMBA COLECTIVA”.

 “MIGUEL SERÁ TRASLADADO A UNA TUMBA COLECTIVA”.
centre centre (Photo credit: Wikipedia)

” Miguel y el MIR han sido parte de una memoria “paria y molesta” en la
transición chilena.”

Ignacio Vidaurrázaga

“MIGUEL SERÁ TRASLADADO A UNA TUMBA COLECTIVA”

“A 38
años de la muerte en combate del Secretario General del Movimiento de
Izquierda Revolucionaria, MIR” 

El próximo 6 de octubre a las  once de la mañana los restos de Miguel
Enríquez harán un corto viaje hasta la intersección de las calles
Manuel Arriarán con Calvario, al interior del cementerio general. Para
anunciarlo por estos días circula una invitación que convoca: “A 38
años de la muerte en combate del Secretario General del Movimiento de
Izquierda Revolucionaria, MIR” y luego explica…”el significado de este
Memorial responde a los problemas permanentes de desamparo en el que
estaban y están muchos de nuestros compañeros y compañeras; a ello se
suma nuestra permanente lucha por perpetuar la memoria de nuestro
Partido y heredarla a las generaciones venideras. Este Memorial se
construyó en la tumba del compañero Luciano Cruz, adquirida por la
Comisión Política de nuestro partido para acoger a un revolucionario,
en los próximos días…a Miguel Enríquez”. Al finalizar esta la rubrica
de la fundación Casa de Miguel Red Solidaria.

Miguel y el MIR han sido parte de una memoria “paria y molesta” en la
transición chilena. Lo mismo ha ocurrido con el extendido,
heterogéneo, y consistente aporte de la denominada Resistencia
Popular, originada en el MIR y otras organizaciones en la más dura
clandestinidad desde el mismo 11 de septiembre. Ha sido hegemónico en
la memoria de estas dos décadas el martirologio, la perversidad de los
victimarios o tempranas y muchas veces infecundas gestiones
judiciales.

Invisibilizadas han permanecido las vidas, las humanidades, las
acciones concretas de resistencia, los proyectos políticos de hombres
y mujeres que asumieron permanecer o retornar a Chile y bajo formas
armadas o no, enfrentaron la dictadura y sus consecuencias, que hoy
sorprenden y hasta avergüenzan a muchos, que ya ni siquiera se
molestan en defenderla. En suma, la historia oficial se construyó
desde la transición pactada y ello significó marginalizar durante
mucho tiempo nombres, actos, fechas, y rituales.
Aún así, esa otra
memoria ha pujado por emerger de muy diversas formas. Entonces esa
otra memoria se ha movilizado, toma iniciativas, tensiona y se
tensiona. Los memoriales, los reconocimientos póstumos en
universidades y centros de trabajo y ahora este mausoleo de miristas y
para miristas es un nuevo paso en esa dirección porque visibiliza esa
existencia.

Simultáneamente, va ocurriendo que hombres como Miguel y experiencias
como las del MIR comienzan a escapar a sus contemporáneos, a los
testimoneantes y sobrevivientes, a quienes vimos pasar al “Viriato
con su chaquetón marinero de cuello subido o escuchamos su palabra.
Hoy Miguel y las banderas roja-negras se han mezclado con las
manifestaciones estudiantiles y su pensamiento como dirigente del MIR
es fuente de citas académicas y modestos encuentros en Chile y también
lejos.

Por todo lo anterior es que quisimos conversar con Carmen Castillo
Echeverría en la triple condición de quien ha sido parte de esta
iniciativa formando parte de Casa de Miguel, también como activa
documentalista y creadora de piezas significativas de la memoria
mirista y por cierto en su condición y sentimientos de compañera de
Miguel hasta el momento de su muerte, esa fatídica tarde de un 5 de
octubre del año 74.

CARMEN CASTILLO Y EL MEMORIAL

-¿Cómo partió la iniciativa de construir o adaptar un mausoleo donde
reunir los restos de Miguel, Luciano y quienes lo decidan y requieran?

R.- “Recuerdo que era una tarde de invierno, hace más de un año,
cuando Maria Emilia Marchi me invito a reunirme con un grupo de
compañeros de nuestra asociación “Casa de Miguel”, sólo el día
anterior había muerto uno de nuestros amigos, la tristeza nos invadía
pero había que actuar, no habían recursos y no había una tumba donde
enterrarlo.

Entonces, como asociación y grupo de amigos, nos propusimos crear un
lugar de descanso abierto a todos aquellos militantes del MIR que lo
desearan.
Nos distribuimos las tareas y fue en ese momento que nos
enteramos que existía una tumba en el cementerio general, la de
Luciano Cruz, pero había que transformarla y fuimos resolviendo allí
mismo esas tareas. Así, en el milagro de la acción colectiva se junto
el dinero necesario, se iniciaron y continuaron los largos trámites,
se puso en obra la construcción y por eso hoy podemos anunciar que
existe un mausoleo del MIR donde será posible depositar nuestras
cenizas.

Recuerdo esos intensos encuentros de “balance” de la tarea a los
cuales me integraba en cada viaje, platicas interminables y
apasionadas, discusiones feroces sobre la situación política y a veces
desgarradoras sobre el pasado, mientras compartíamos una mesa. Todo se
mezclaba, la energía de los estudiantes en las calles con la energía
del pasado, porque en el itinerario de la memoria colectiva también
existen esos momentos de alegría inolvidables y así, entre los pliegos
de relatos subjetivos, contados con humor y ternura, iban surgiendo
los muertos que a su vez se sentaban a la mesa para continuar la
discusión.

Miguel Enríquez será traslado a nuestra tumba colectiva, éste 6 de
octubre, creo que será bello reunirnos para recordar su sonrisa y su
mirada, sus manos y su rostro, teniendo claro que sus ideas circulan
sin descanso y libremente entre el cielo y la tierra”.

-¿Qué esperas ese próximo día 6 de octubre?

R.-“La compañía de los muertos no tiene nada de mórbido, ya se sabe
que nuestros ausentes solo morirán el día de nuestra propia muerte,
mientras tanto cada uno de ellos es una perdida,  una perdida que nos
deja más pesados. Sin embargo, ese peso es lo opuesto a una carga, es
un mensaje compuesto no sólo con palabras, sino con actos y heridas.

Ojalá ese día viejos y jóvenes pudiéramos reafirmar el pacto a la
única fidelidad que nos queda: continuar trabajando para lo incierto,
luchar por un mundo más justo y humano, luchar para ahorrarnos, al
menos, la vergüenza de no haberlo intentado. La duda está relacionada
con la posibilidad de lograr la victoria a la escala de nuestras
vidas, no con la necesidad de tratar de hacerlo.

Creo firmemente que debemos estar unidos por afinidades electivas, la
base mas solida de los afectos y de la fraternidad, nuestras vidas
entrelazadas a un proyecto revolucionario, a una organización, al MIR,
que aunque no vigente como tal, creo continua vivo y existiendo en
cada uno de nosotros y, seguramente mas allá, en otras siglas y
movimientos, ya que el espíritu revolucionario, se sabe, no puede ser
exterminado ni enterrado. Porque el pasado no pasa.”

Al finalizar Carmen Castillo finaliza con una pregunta: “ ¿Por qué no
trasladar a Miguel a una sobria tumba colectiva abierta a todos los
militantes que lo deseen?”

Porque al final, todo ha seguido ocurriendo más allá de donde, con
quienes o como estén los huesitos de Miguel, hombre tan humano e
imperfecto como cualquiera y tan lúcido y presente como pocos.

Ignacio Vidaurrázaga Manríquez, periodista.

28 de septiembre 2012.

 

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