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Entrevista a nieta de Allende. Marcia Tambutti y “Allende mi abuelo Allende”:

ENTREVISTAS
Entrevista a Marcia Tambutti, directora de “Allende mi abuelo Allende”: Romper el silencio
Por Evelyn Erlij
22 de mayo de 2015

La imagen de Salvador Allende es, quizás, la imagen con lecturas más discordes de la historia de Chile: emblema de alegría, esperanza y lucha para unos; símbolo de odio, caos y división para otros. Opuestos y múltiples, esos caminos conducen insalvablemente al dolor de un país fracturado, al mutismo de una sociedad que optó por acallar la memoria para superar el trauma.

Marcia Tambutti (1971), nieta del ex presidente socialista, quiso apartar esas interpretaciones de Allende para crear, por sus propios medios, una imagen familiar del abuelo que no recuerda, del hombre que, en su mente, era un retrato pétreo y en blanco y negro de un héroe demasiado grande como para bajar del pedestal.

Allende mi abuelo Allende (2015), coescrito con Paola Castillo y exhibido en la Quincena de los Realizadores de Cannes, es el resultado de esa búsqueda, que comenzó hace más de diez años, en los días en que Tambutti estudiaba un posgrado en Londres y consagraba su vida a la Biología. Desde entonces hasta ahora, su vida cambió de forma radical: hoy su nombre aparece en esta sección paralela de Cannes junto al de cineastas consagrados como Arnaud Desplechin, Miguel Gomes y Philippe Garrel; y su agenda de entrevistas estará tan saturada durante el festival, que apenas podrá hablar una decena de minutos con cada periodista.

Tambutti —nacida en Chile, pero criada en México— tenía una breve experiencia previa en el cine tras producir el mediometraje Tencha (2008), de Carmen Luz Parot, un trabajo sobre su abuela Hortensia Bussi. Por esos años, ya tenía la inquietud de hacer un documental sobre su abuelo, razón por la que empezó a estudiar cine. “Desde que decidí hacer la película tomé cursos pequeños de guión y de dirección de cine documental en México, en Chile; también en internet a través de una escuela española. Tenía que trabajar de bióloga y hacer la película, así que no podían ser tiempos muy largosˮ, cuenta la directora en la Playa de la Quincena, donde ha pasado el día dando entrevistas.

El filme es el viaje personal de Tambutti para redescubrir la figura de su abuelo, un tema sobre el que su familia impuso un silencio lapidario durante décadas. Las preguntas serán su única arma, incluso si, a veces, éstas no lograrán intimidar ni a su abuela Tencha ni a su madre Isabel. Callar ha sido la única forma de sobrevivencia de una familia desgarrada por un pasado traumático y por una ola de suicidios que comenzaron con el del patriarca del clan, en 1973. Vemos en pantalla también a su tía Carmen Paz, a sus hermanos y a sus primos, con los que intenta romper todos los tabús: la personalidad de Allende, su trato con su esposa, sus amoríos secretos y su relación con sus hijas y nietos.

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“Siempre pensé que mi abuelo era una excusa para voltear a ver a mi familia. A veces pienso que es un documental sobre mi abuela, a veces pienso que es más sobre la relación con mi madre. Lo que encontraba bonito era esta confrontación cariñosa entre mujeres, y es muy fuerte que, contrario al género, en mi familia son las mujeres las que menos quieren hablar. Tiene muchas lecturas, pero claro, desde el principio sabía que la búsqueda de mi abuelo me llevaría a sus mujeres y, entre ellas, a mi abuelaˮ, explicó Tambutti luego la proyección del filme, donde también reveló que una de sus influencias cinematográficas fueron los trabajos del cineasta mexicano Juan Carlos Rulfo, quien en El Abuelo Cheno y otras historias (1995) y Del olvido al no me acuerdo (1999) explora su historia familiar.

Poco a poco, Tambutti va descubriendo una cantidad de material inédito impresionante, desde fotografías íntimas de su abuelo, hasta un video en el que se ve a un joven y alegre Salvador Allende en pantalones cortos y actuando en una obra de teatro casera de tono humorístico. Se trata de un registro perteneciente a la familia de Hernán Santa Cruz, amigo de toda la vida de Allende, material que fue encontrado por el equipo de la película 1973 revoluciones por minuto, de Fernando Valenzuela Quinteros, y que fue cedido a Tambutti tras no ser incluido en el filme.

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—¿Por qué decidiste dirigir y no codirigir?

—Al inicio quería codirigir. Pero cuando me encontré con Paola Castillo, que es directora y que sólo produce documentales de autor, me dijo: “El punto de vista acá es tan profundo, que cualquier otra persona va a alejar al espectador del relato. Hagamos la prueba, inténtalo. Dirige tú y aquí vamos a estar detrás tuyo apoyándoteˮ.

—¿No te dio miedo explorar un lenguaje (el cinematográfico) que no conocías?

—Más que miedo, me dio vértigo dejar la vida que llevaba en México, porque me iba muy bien. Era muy ingenua al principio y no dimensioné lo que me propuse como desafío. Casi por ignorancia, pensaba que iba a hacer la película en dos años y volvería a mi vida anterior. Pero lleva tiempo conseguir el financiamiento y el equipo correcto, algo que fue muy difícil. Al final, me rodeé de gente muy profesional y solidaria, gente que estuvo acompañándome todo el tiempo.

—El gran reto de la película es lidiar con el silencio de tu familia. ¿Cómo lo enfrentaste? ¿Nunca temiste no lograr romper esa coraza?

—Al principio, los silencios de mi abuela —sí bien yo sabía que quería retratarlos— me ponían muy nerviosa. Eran momentos muy fuertes. Le hacía una pregunta y no  contestaba, y como estaba delante de una cámara, no sabía qué hacer. A veces yo quebraba los silencios, pero me costó aprender a fluir con ellos. Fue muy difícil, en el sentido de que es una dinámica familiar que, si bien quieres registrar, igual te genera pudor, porque eres parte de ella. Hubo mucho trabajo en equipo para ir aprendiendo de mis errores, para mantenernos fieles a ser transparentes y a superar los pudores.

—El silencio que hay en tu familia es también el silencio que hay en Chile en torno a Allende. Hace muy poco el cine se atrevió a hablar de él, en películas como Salvador Allende, de Patricio Guzmán o Allende en su laberinto, de Miguel Littin.

—Creo que es algo que ocurre siempre en los países que han pasado por dictaduras tan traumáticas. Es un poco lo que le ocurre a mi familia: Lo que nos duele, no lo hablamos. En el caso de Chile, es lo que nos divide. La gente no se atreve a hablar en el colegio de Salvador Allende, porque los alumnos se van a pelear. También creo que, tras una dictadura tan represiva, queda una especie de miedo en alguna parte de la cabeza que genera tensiones muy potentes. Llegué a Chile al inicio de la democracia y sentí la universidad como un foco muy violento, en cuanto al trato entre compañeros. Sentía que en México todo era más paz y amor. Esos son temas que no están resueltos, y tiene que ver mucho con cómo el país se plantea hablar de la justicia y la memoria. Hablar es un proceso sanador que como país debemos hacer.

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—También está tu propio silencio en cuanto al suicidio de tu hermano Gonzalo, que no mencionas al hablar sobre los suicidios en tu familia.

—Es que la película tiene otro viaje, que no es explorar los suicidios de mi familia, sino explorar por qué no hablamos de Salvador Allende entre nosotros, y esos son distintos tipos de dolores. Cuando uno hace una película, tiene que partir de una narración clara. Pero lo digo en el documental: ésa es una ventana que abrió mi abuelo. Era una manera de incluirlo manteniendo una historia coherente.

—¿Por qué decides omitir el contexto político? ¿Por qué no explicas quién es tu madre Isabel o tu hermana Maya (Fernández)? Para una audiencia extranjera, no queda claro el peso político de la familia Allende en Chile.

—Lo digo al mencionar que parte de la huella de mi abuelo está en el hecho de que casi todas las mujeres a su alrededor, en todas las generaciones, toman un estandarte político. De alguna manera lo hago, de forma sutil, porque me parecía interesante explorarlo, pero habían tantas otras cosas por explorar.

—La imagen de tu abuelo es una imagen que se asocia al dolor y a la tristeza. ¿Cómo enfrentaste eso en el documental?

—Quise transmitir la sensación de felicidad y de construcción común de futuro, por ejemplo, con el audio de uno de sus discursos que puse al inicio, o con esas imágenes espectaculares de campaña, en las que ves a mucha gente feliz. Muchos se acercan a mi mamá a decirle: “fue de los mejores períodos de mi vidaˮ. Aún así, su figura está asociada también a cierto dolor. Por eso, para mí, fue muy nuevo ver esa felicidad en la gente, y por eso quise que estuviera presente en el documental, para que así, el que no conoció el proceso ni de oídas, pudiera sentir que fue algo real y muy potente.

Nietos en busca de su identidad. Documental Mi abuelo Allende. Marcia Tambutti.

Nietos en busca de su identidad. Documental Mi abuelo Allende. Marcia Tambutti.

Documental de nieta de Allende relata los dolores y las alegrías de la familia

La cinta Allende, mi abuelo Allende se exhibirá la próxima semana en el Festival de Guadalajara. El filme de Marcia Tambutti trae entrevistas con los miembros de la familia, incluyendo a su viuda y un fallecido ex nieto de Allende.

por Rodrigo González M. – 03/03/2015 – 05:30

Marcia Tambutti (izquierda) en una escena junto a Gonzalo Meza, Isabel Allende, Carmen Paz Allende y Maya Fernández.

Marcia Tambutti (izquierda) en una escena junto a Gonzalo Meza, Isabel Allende, Carmen Paz Allende y Maya Fernández.

La muerte se asomó dos veces al rodaje de la película. Primero fue el deceso de  Hortensia Bussi, la viuda de Salvador Allende, el 18 de junio del 2009, algo esperable a sus 94 años. La otra fue trágica: Gonzalo Meza Allende, el nieto mayor del ex presidente  se suicidó el 15 de diciembre del 2010 a los 45 años. El era también el medio hermano de Marcia Tambutti Allende, quien avanzaba con su filme documental desde el 2005. Ahora, tras siete años de trabajo contra viento y marea, la cinta Allende, mi abuelo Allende está a las puertas de su estreno.

http://www.latercera.com/noticia/cultura/2015/03/145

El filme se exhibirá la próxima semana en la sección Work in Progress del Festival de Cine de Guadalajara, el más emblemático de México, y ya en el segundo semestre se dará en las salas chilenas. Con 32  entrevistas a los miembros de la familia, incluyendo los testimonios de Gonzalo Meza y de la propia Hortensia Bussi en su lecho de enferma,  la cinta es también el registro de la particular obsesión de la directora por encontrar las piezas del rompecabezas Allende: con poco más de un año al momento del golpe de Estado, Marcia Tambutti sólo elaboró el retrato de su abuelo a partir de las historias transmitidas en la familia. A diferencia de su medio hermano Gonzalo Meza, el primer nieto del ex líder socialista y con ocho años en 1973, Tambutti apenas tenía de Allende una idea enciclopédica, alejada de la intimidad.

El documental, que como el título lo indica busca un  perfil familiar de la figura política, está en la posproducción y su exhibición en Guadalajara  no es rara considerando que México es el país donde la directora creció. En las escenas que se ya se pueden observar en el sitio de la productora  Errante se la ve pasear junto a su madre Isabel Allende Bussi, preguntando con inconfundible acento del DF: “¿Y a  ti que te parece que mi abuela se niegue a hablarme de cosas que yo siento que debo saber del Chicho?… ¿Nunca te dieron ganas de abogar más por mí y de decirle que converse más conmigo?”. Luego, la senadora Allende le responde: “Sí, me dieron ganas, pero me da pena también. Si no habla es porque se protege. Ha tenido una vida muy difícil”.

El tono, al menos de los breves trailers disponibles, es de candidez, curiosidad y respeto. En otro, donde al fin la nieta logra entrevistar a Hortensia Bussi, se ve llegar a Carmen Paz Allende, la mayor de las hijas, la de más bajo perfil y rara vez objeto de una entrevista. La viuda del ex presidente, en cama, comenta de buen humor: “Aquí me ha tenido frente a la cámara toda la mañana”. Tambutti corrige a Tencha Bussi y le dice a Carmen Paz que sólo fueron 40 minutos. La tía sólo le responde, con segura serenidad, que 40 minuto es demasiado para una persona sobre 90 años,

Uno de los pasajes más anecdóticos tiene que ver con un álbum de fotos y que muestra a Allende de frente, en traje de baño y corriendo en la playa. “En esa imagen estaba jugando peteca, que es un juego con una goma y   una pluma. Era súper deportista, puro músculo y de grasa nada. El se cuidaba”, le comenta la senadora Allende a su hija Marcia.

Preguntas sin respuestas   

El documental nace del interés de la autora en un entorno dónde no existían las respuestas suficientes. Como lo dijo este fin de semana al diario español El País: “Ni siquiera había leído una biografía suya. Cuando tu familia calla un tema y se convierte en tabú, no sólo se da una especie de censura hacia el otro, sino también hacia uno mismo”, comentaba Tambutti al periódico hispano, que tuvo acceso al documental.

El eterno tópico de la galantería del ex presidente y su relación extramarital con su secretaria Payita Contreras es abordado directamente en un diálogo con Hortensia Bussi, que por primera vez hace referencia pública al tema. ¿Si acaso era coqueto? “Uf, le encantaba flirtear”, dice la viuda, según consigna El País.

La posición de Marcia Tambutti es evidentemente privilegiada a la hora de entrar a la familia del ex mandatario, que ha protegido su intimidad, que ha sufrido en silencio y que ha preferido no hablar de demasiadas muertes trágicas entre los suyos. En ese contexto entra el testimonio de Alejandro Fernández Allende, hermano de la diputada Maya Fernández Allende e hijo de Beatriz Allende, quien, afectada de una fuerte depresión, se suicidó en Cuba en 1977. “Había mucho prejuicio en la época con las enfermedades mentales, sobre todo en Cuba. Un revolucionario no se deprime, era lo primero que te decían”, comenta sobre su madre, que era doctora, como el ex presidente.

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México representa para Chile la hermandad y solidaridad con las que soñó Salvador Allende, necesarias en la identidad latinoamericana, afirmó la nieta del expresidente de Chile, Marcia Tambutti Allende, directora de la película documental Allende, mi abuelo Allende, durante la mesa redonda: “25 años de reanudación de relaciones diplomáticas entre México y Chile”, que encabezó el doctor Héctor Raúl Solís Gadea, Rector del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH).

Tambutti Allende mostró en el CUCSH fragmentos del documental con el que participa dentro del marco del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG30). El filme versa sobre su abuelo Salvador Allende, quien fue presidente de Chile desde 1970 hasta el golpe de Estado, encabezado por el general Augusto Pinochet, el 11 de septiembre de 1973, día en que falleció en el Palacio de la Moneda, lugar bombardeado por los golpistas.

Durante la ponencia que impartió en el auditorio Salvador Allende de este centro universitario, señaló que el quiebre de las relaciones diplomáticas de México con la dictadura chilena fue una señal inequívoca y mundial de los valores democráticos que este país priorizaba, además de una manera de apoyar al pueblo chileno.

La cineasta que se crió en México refirió que este país acogió a miles de chilenos que aquí se desarrollaron y encontraron trabajo. La nieta de Allende, incluso, platicó cómo su familia tuvo que exiliarse en México, país en donde ella creció y agregó que gracias a los gobiernos mexicanos estuvo por muchos años abierta la Casa de Chile, que reunió a los exiliados radicados en el Distrito Federal en actividades sociales, culturales y de solidaridad.

La película, de la cual habló durante su ponencia, muestra una perspectiva personal de la figura de Salvador Allende, así como el viaje interior de su familia “que forcejea cariñosamente entre el olvido y el recuerdo”. Allende, mi abuelo Allende es una coproducción chileno- mexicana. La cineasta confiesa que ella buscó las claves de por qué en su familia hablaban poco de Salvador Allende, “y entender ese dolor que me marcó desde niña”.

“La búsqueda de mi identidad, de lo que mi abuelo entregó a los ciudadanos del mundo es una búsqueda acompañada por amigos mexicanos. El filme es, además, una muestra de un vínculo que considero indisoluble a raíz de las relaciones entre los gobiernos de Luis Echeverría Álvarez, en el caso de México y Salvador Allende, de Chile”.

Por su parte, Ricardo Núñez Muñoz, el Embajador de Chile en México, destacó la importancia de recuperar al verdadero Salvador Allende, no sólo al que dio su vida por la democracia, sino al presidente que hizo profundas transformaciones y quiso cambiar a Chile de manera pacífica. Entre las reformas que emprendió destacan una reforma agraria, así como la nacionalización del cobre, además de sus esfuerzos en el área de salud para que todos los chilenos tuvieran acceso a ésta.

A T E N T A M E N T E

“Piensa y Trabaja”

Guadalajara, Jal., 11 de marzo 2015

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