Hijos de los 70.

Hijos de los 70.

HIJOS DE LOS 70.

Carolina Arenes – Astrid Pikielny

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Fragmento

Prólogo

Cada uno hace lo que puede con lo que le dieron. Ése es el trabajo de toda vida humana: descubrir qué se hace con las marcas. De algún modo, este libro explora variaciones de esa idea en los hijos de una época crucial para el país, una época que dejó huellas imborrables en la subjetividad de varias generaciones.

Hijos e hijas de hombres y mujeres que estuvieron relacionados de algún modo con la violencia política de los años 70. Padres y madres asesinados, guerrilleros, militares, policías, empresarios, sindicalistas, intelectuales, desaparecidos, madres obligadas a parir en cautiverio, padres presos por causas de lesa humanidad. Hijos que defienden lo actuado por sus padres. Hijos que los cuestionan y toman distancia.

La pregunta sobre el vínculo de esos hijos con sus padres encierra una clave que es singular —una suerte de diario íntimo de padres e hijos— pero que remite también a la clave más amplia de la memoria social. Historias mínimas de una historia nacional que aún produce “un pasado que duele”, anclado en una época que dejó una herencia saturada de muerte y de sentidos. ¿Podrían los hijos de esa época, hijos de víctimas e hijos de victimarios, hijos de padres que estuvieron dispuestos a matar y morir, hijos que impulsan los juicios de lesa humanidad e hijos que denuncian arbitrariedad en esos procesos, hijos con heridas y trayectorias muy distintas, aceptar que sus memorias dialoguen en el espacio de un mismo libro sin exigir carátulas que separen a los unos de los otros? ¿Una memoria polifónica, no binaria?

Ése fue el desafío de Hijos de los 70: explorar la posibilidad de una reunión textual de experiencias y testimonios que invocan los años 70, sin colar de contrabando la teoría de los dos demonios, ni poner en discusión la legitimidad de la Justicia, ni homologar heridas (¿quién puede medir el dolor?) ni mucho menos responsabilidades ante la ley, cuando la naturaleza del crimen de Estado ha quedado inequívocamente establecida desde el Juicio a las Juntas, en 1985. Pero los que hablan en este libro son los hijos y a ninguno de ellos se le puede transferir la responsabilidad que puedan tener sus padres. Incluso aunque ellos necesiten justificarlos.

Que estas 23 historias puedan convivir en estas páginas permitiría suponer que a cuarenta años del golpe de Estado de 1976 la convivencia de memorias en plural, aunque siempre se trate de memorias en conflicto, es posible. ¿Acaso las memorias diferentes no son siempre memorias en pugna, incluso cuando hoy una suerte de memoria canonizada parezca fijar los límites de lo que se puede seguir preguntando y poner en discusión sobre la violencia de los años 70? Como esos recuerdos de infancia a los que volvemos una y otra vez porque en cada rodeo la imagen revela nuevos sentidos, aquello que no se puede olvidar de los 70 —los centros clandestinos de detención, la sistematización de la tortura, los desaparecidos, los niños apropiados, la constatación de que el Estado que se pretendía honorable había llegado a apilar cuerpos en un avión para tirarlos vivos al mar— tal vez podría dar lugar, después de tantos años, a la formulación de nuevas preguntas, aquellas que también se atrevieran a indagar sobre el dolor producido por la violencia revolucionaria.

De eso hablan y sobre eso discuten las voces de estos hijos.

¿Es posible tomar distancia de lo que hicieron los padres sin traicionarlos? ¿Es posible no hacerlo sin traicionarse a uno mismo? ¿Cuánta verdad es capaz de soportar un hijo, cualquier hijo, sobre sus padres? ¿Hasta dónde se puede incomodar con una pregunta cuando esos padres han sido víctimas de lo peor o, por el contrario, cuando han sido acusados de lo peor? ¿Cómo conviven el amor y los cuestionamientos cuando de por medio está la hondura del crimen? ¿Cómo convive la lealtad del amor filial con la vergüenza? ¿Qué hacer con la idealización cristalizada que no se deja interpelar ni por los documentos de la historia? ¿Existiría una pregunta capaz de tocar esa idealización cuando tal vez en torno de ella un hijo edificó la estructura que le permitió vivir su vida? ¿Hasta dónde se siente autorizado un hijo a poner en discusión la verdad familiar?

El trabajo de Hijos de los 70 empezó en 2010. Hubo hijos que brindaron su testimonio al comienzo y otros a los que entrevistamos casi al borde de entregar el libro a la editorial, a fines de 2015. Se trata de una reunión de voces que no es una conversación —porque los entrevistados no dialogan entre sí— pero que, sin embargo, también podría leerse, de algún modo, como una conversación. En el contrapunto de muchas de estas historias —cada una con sus argumentos y su propia subjetividad— se puede imaginar un diálogo posible, un diálogo abierto.

La historia de las hermanas Donda cifra como pocas la complejidad del trauma de los años 70. Hijas de un matrimonio de militantes montoneros desaparecidos —Eva, criada por un represor de la ESMA, el hermano de su padre; Victoria, nacida en cautiverio, apropiada y restituida— todavía hoy intentan revincularse. “Yo soy hija de desaparecidos y a mí me cagaron la vida”, dice Eva, pero también se siente la hija, la sobrina-hija, de su tío Adolfo Donda, condenado a cadena perpetua, a quien ella no puede dejar de ver como una víctima. “Mis papás también hicieron cosas violentas”, contrapesa. Desde esa doble condición de su tragedia, busca desesperadamente reconstruir una familia con esa hermana a la que encontró cuando ambas ya eran grandes, aunque a veces se sienta en el medio de un fuego cruzado de argumentos en los que todavía no encuentra su propia palabra.

“Tanto dañaron los hijos de puta de los militares que ni siquiera lo que la guerrilla me hizo a mí, a mi padre, a mi familia, puede encontrar un lugar”, dice Delia Lozano, la hija de un gerente de IKA Renault asesinado en 1976 en un ataque de la insurgencia. Ya ni siquiera reclama otro juicio, lo que la indigna, dice, es que en el discurso hoy consagrado sobre el pasado violento no haya palabras para el daño que causaron las organizaciones armadas.

La confesión de la hija de un militar de altísimo rango durante la dictadura fue tal vez el origen más remoto de este libro. Pero al principio ella no estaba dispuesta a hacer público ni siquiera un testimonio anónimo, tal era el temor de que se abrieran otra vez las heridas familiares. “Leí expedientes con causas que lo involucraban —nos escribió—, investigué hasta averiguar más de lo que hubiera querido. ¿Qué hacer con lo que sabía? ¿Cómo procesarlo? Sentía vergüenza y culpa. Vergüenza de la mirada de los otros. Culpa ante la sociedad.”

En septiembre de 2010, otra hija, también de manera anónima, hizo público su infierno privado en los comentarios on line de un diario de Mendoza: “Soy hija de un coronel muerto en 2001 y hace tiempo me vengo preguntando dónde están los que, como yo, somos hijos de militares que, si bien no participaron directamente en las situaciones de secuestro, tortura, apropiación de bienes y de bebés, han seguido apostando y trabajando para el Ejército en aquellos terribles años como si no pasara nada. Así crecimos sus hijos, creyendo que los malos estaban afuera y nos podían matar; así vivimos y así retornó a nuestras vidas lo traumático de aquellos años, teniendo que pagar una deuda paterna que cargamos sobre nuestros hombros sólo por ser hijos de militares. Yo particularmente creo que los fantasmas de los desaparecidos pueblan nuestras noches y me pregunto: ¿por qué ese hombre bueno e inteligente que era mi papá, que nunca tuvo plata, que me enseñó a ser honrada, que me dejó estudiar Psicología en la UBA, por qué no se fue del Ejército?”.

Esos testimonios orientaron las primeras búsquedas. Había un antecedente en el libro de los periodistas alemanes Norbert y Stephan Lebert que reunieron en Tú llevas mi nombre sus entrevistas con hijos de los jerarcas nazis. En la Argentina, la psicoanalista María José Ferré y Ferré fue la primera en volver reflexión académica el estudio de las huellas del horror, no en los hijos de las víctimas, sino en los hijos de los victimarios. Profesional de la salud que integraba la cartilla de una obra social de las Fuerzas Armadas, había conocido de primerísima mano esos padecimientos que fueron la materia central de su tesis de doctorado. Pesadillas, angustias, depresiones, problemas de ansiedad, culpa, identificaciones con el agresor y con las víctimas, y hasta síntomas físicos, eran algunos de los problemas que aparecían en su consultorio. También la imposibilidad para hablar de esa herencia.

Y mucho menos para hacerlo públicamente. La mayoría de los hijos de militares que quieren dar su testimonio no visualizan a sus padres como perpetradores. Hablan los que quieren denunciar lo que consideran una persecución de la Justicia. Crecieron escuchando hablar de las tomas de cuarteles y regimientos, de los compañeros caídos de sus padres, de las bombas y los atentados, de los muertos también civiles —hijos e hijas, esposas de los uniformados— que había provocado la guerrilla. Desde esa experiencia plantean que las Fuerzas Armadas, sus padres, respondían a un ataque previo en defensa de la patria.

Mientras tanto la discusión sobre cuándo empezó la violencia en la Argentina del siglo XX —¿con la Semana Trágica, con el golpe de Uriburu, con los aviones que bombardearon la Plaza de Mayo, con el asesinato de Aramburu?— recorre los argumentos de muchos de estos hijos y se vuelve una trinchera donde se refugian y se defienden identidades políticas.

Muchos hijos —incluso algunos cuyos padres habían sido figuras emblemáticas del terrorismo de Estado— aceptaron tomar un café informal para escuchar la propuesta del libro y contaron en estricto off the record sus experiencias y sus reflexiones. Pero después cancelaban entrevistas y nunca más respondían siquiera correos ni llamados. La hija de un marino condenado por su participación en los vuelos de la muerte abrió la puerta de su hogar. Con un tono casual, ligero, mientras ofrecía más café y revolvía el azúcar en el coqueto living de su casa, dijo de pronto: “Boluda, mi viejo tiró a un nene de nueve años de un avión”. Quería que se entendiera el tamaño de la culpa que sentía su padre. Y admitió que, aunque le parecía injusta su detención —“Si se negaba a hacerlo, lo mataban”—, ella y sus hermanos habían recuperado a su padre desde que confesó: sacarse ese peso de encima lo había rescatado de días y días de tapar la culpa con pastillas y alcohol. Después de ese encuentro no pudimos volver a contactarla.

Dos de los cuatro hijos de un ex policía de la provincia de Buenos Aires que había fallecido en 2006, antes de ser detenido, pero a quien la Justicia ya había condenado por su participación en torturas, secuestros y asesinatos, nos recibieron en su casa. Hablaron del origen humilde de su padre, de su escasa formación y de por qué creían que había sido funcional a una batalla ajena, el “policía bruto” que hacía el trabajo sucio para “la casta de los militares”. Decían también que para ellos, como hijos, los juicios habían sido fundamentales. De otro modo, coincidían, ¿cómo haría un hijo, sin el respaldo de la ley, para pararse ante la palabra de su padre y pedirle explicaciones? Después de más de tres horas de anécdotas y reflexiones, fijamos fecha para una nueva entrevista. La suspendieron y nunca más respondieron mensajes.

Analía Kalinec, hija de un ex subcomisario condenado, fue una de las primeras que aceptó hablar públicamente. La periodista Jimena Rosli la había entrevistado en 2009 para el diario Miradas al Sur, el primer testimonio de una hija que repudiaba el pasado represor de su padre, a quien no puede perdonar. Hoy Analía cree que hay algo de sanación personal y social en hacerlo público: “Yo creía que éramos como la familia Ingalls, y no. Por eso todo esto tiene que ver también con mi identidad, con quién soy yo. Que toda esta verdad familiar haya estado vedada durante tanto tiempo es como un ocultamiento, es algo que queda ahí reprimido y que en algún momento puede aparecer”.

Muchas de estas historias no se conocen. Hay poco registro, por ejemplo, del modo en que se miran y se piensan mutuamente “los hijos de los 70”. Desde hace algunos años, se encuentran y se ven las caras en los recintos de la Justicia o en los pasillos de la política. Se ven celebrar un fallo o romper en llanto al escucharlo. Coinciden como padres de los grupos escolares de sus hijos, se hacen amigos. Se cruzan en la Cámara de Diputados. Se ven en la televisión. La hija de un militar condenado se pone de novia con el nieto de una Abuela de Plaza de Mayo. Un juego de espejos que los interpela a todos permanentemente.

“El padre es algo que debe ser tocado: como se toca un tema; como se toca un instrumento musical; como se toca al enemigo en el combate; como la instancia a la que se intenta apelar. No hay acto que no toque los orígenes”, escribió el psicoanalista Marcelo Barros.

Algunos padres de estos hijos, sin embargo, permanecen intocados (¿intocables?). Otros han sido cuestionados. Lo que estos hijos pudieron hacer con el legado que les tocó en suerte, el modo en que tramitaron sus experiencias, es parte de lo que aparece en sus testimonios. Por detrás de las coordenadas políticas e ideológicas que estas memorias actualizan, por detrás incluso de los detalles cotidianos de aprender a convivir con las pérdidas, con el dolor, el odio, la vergüenza o la resignación, algo de la transmisión entre las generaciones se pone en juego, el modo en que cada hijo, cada generación, toma la posta de las anteriores, en algunos casos para confirmarla o venerarla, en otros casos para rechazarla o ponerla en discusión.

Hijos de los 70 propone preguntas y obtiene respuestas que seguramente son provisorias y que podrían convertirse en el punto de partida de nuevas indagaciones. Deja que se expresen dolores invisibilizados y conflictos pendientes. Pero, para decirlo con palabras de Hugo Vezzetti, no pretende consagrar una verdad o una tesis, sino más bien mostrar un cierto estado de la memoria que se manifiesta en experiencias singulares que siguen reclamando su lugar, algún lugar, en el relato de la historia y en la construcción colectiva de la memoria.

A cuarenta años del golpe de 1976, hijos con heridas, trayectorias y posiciones políticas muy distintas, incluso antagónicas, aceptan la posibilidad de un encuentro textual, aceptan que sus memorias dialoguen en el espacio de un mismo libro. ¿Significa eso algo más? ¿Que hijos de militares y policías y guerrilleros e hijos de víctimas de militares y de policías y de guerrilleros acepten hablar en el mismo libro sin exigir saldar la discusión puede ser leído como una señal de eso que se ha dado en llamar “caminos de reconciliación”?

Con esa expectativa dijeron que querían participar algunos de estos hijos. José María Sacheri, el hijo de un profesor de filosofía asesinado por el ERP, viene trabajando en procesos de perdón y reconciliación desde hace varios años y ha sido acusado de impulsar una amnistía que beneficie a los militares. Él dice que el espíritu de su propuesta no ha sido comprendido. También habla de pacificación y reconciliación Ricardo Saint-Jean, hijo del ex gobernador bonaerense durante la dictadura, que defiende a procesados y condenados en los juicios de lesa humanidad y busca destrabar políticamente lo que cree son las razones que los mantienen en prisión.

Mario Javier Firmenich, hijo del ex líder montonero, dice que es una injusticia la condena social que pesa sobre su padre y le impide participar en la vida política del país. Habla de recomponer las grietas y trabajar por la unidad: “Creo que los hijos de nuestros padres tenemos que sanar las heridas de la sociedad, aunque no sean nuestras. Justamente porque no son nuestras y entonces es más fácil para nosotros que para ellos. Me gustaría discutir políticamente con Claudia Rucci y preguntarle por qué dice y piensa lo que dice, y que ella esté dispuesta a escuchar. Sería sano para mí y para la sociedad también. Creo que sólo los hijos pueden hacer eso, y si no, tendrán que ser los nietos, pero en algún momento la sociedad tiene que reconstruirse y ser viable”.

La revista católica Criterio —que viene revisando críticamente el rol de la Iglesia y de sus sectores tradicionalmente afines durante la dictadura— le encargó a la socióloga Claudia Hilb un artículo sobre la posibilidad de estos procesos de encuentro que se tituló “Una escena para la reconciliación”. La socióloga, autora de Usos del pasado. Qué hacemos hoy con los setenta, libro en el que plantea también la responsabilidad de las organizaciones armadas, explicitó en ese artículo, sin embargo, las dos condiciones indispensables para hablar de reconciliación: que se reconozca que el terrorismo de Estado supuso “un quiebre moral, civilizatorio, no homologable con los crímenes de la violencia insurgente”, y que se aporte información concreta sobre las víctimas.

Al tanto de estos debates, Aníbal Guevara, hijo de un ex militar preso en Marcos Paz, trabaja para conseguir que los detenidos hagan un pedido público de perdón. Sabe que sin ese paso y sin el compromiso de reponer la información retaceada hasta ahora —dónde están los cuerpos de los muertos, dónde están los niños apropiados— nadie va a querer escucharlos. Así les dijo en la cara un día en que casi le hacen perder la paciencia.

La necesidad de revisar y poner en discusión las razones del pasado y, acaso, enfrentar la dimensión de la propia responsabilidad, también tuvo lugar en el campo de la izquierda heredera de la experiencia revolucionaria.

Ya en 2005, el filósofo cordobés Oscar del Barco, conmovido por el testimonio del ex guerrillero Héctor Jouvet (fallecido a fines de 2015), que había relatado a la revista La intemperie el fusilamiento de dos compañeros por parte de sus camaradas del Ejército Guerrillero del Pueblo, en 1964, planteó que ya era hora de ajustar cuentas también con la violencia de la izquierda insurgente, la propia: “Ningún justificativo nos vuelve inocentes. No hay ‘causas’ ni ‘ideales’ que sirvan para eximirnos de culpa”, escribió.

Diez años después, Luciana Ogando, la hija de un militante montonero ajusticiado por sus compañeros de armas, se atreve a preguntar por el destino de su padre y contrapone, al relato militante recibido, una relectura que no se siente deudora de la fidelidad de sus padres a los viejos ideales por los que estuvieron dispuestos a matar y morir. “No puede ser que porque ustedes fueron valientes y sufrieron mucho yo no pueda hacer lo que hace cualquier generación, que es cuestionar a la generación que la precedió”, dice, poniendo una nota crítica poco frecuente entre las memorias más bien idealizadas que se conocen.

Cuando Del Barco leyó las memorias del ex guerrillero Jouvet, él, que no había empuñado las armas pero sí había alentado intelectualmente aquellas aventuras, sintió que también tenía responsabilidad en la violencia. Y se atrevió a exigirles honestidad a muchos de los héroes intocables de la experiencia revolucionaria: “Corresponde hacer un acto de contrición y pedir perdón”, escribió, en un texto que convulsionó a la intelectualidad de izquierda y generó encendidas respuestas a favor y en contra que fueron reunidas en el libro No matarás. Sobre la responsabilidad.

Años después, Norma Morandini, hermana de dos militantes desaparecidos e hija de una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo en Córdoba, planteó en su libro De la culpa al perdón la necesidad, como sociedad, de reconciliarnos en el perdón, pero “no el que cancele el castigo de la Justicia sino el que nos perdone a nosotros mismos por haber permitido que se cometieran crímenes imperdonables contra nuestros hermanos”.

En 2013, el politólogo y ex montonero Héctor Leis, fallecido en 2014, volvió a sacudir el debate sobre la violencia con su libro Un testamento de los años 70, un planteo polémico que, aunque describió descarnadamente la naturaleza y la magnitud del crimen que había cometido el Estado, terminó llevando alivio a los militares: Leis no sólo pidió perdón a sus antiguos enemigos y propuso un memorial conjunto con el nombre de todas las víctimas, también equiparó responsabilidades entre la violencia insurgente y la violencia estatal. Graciela Fernández Meijide, su amiga y protagonista junto con él del documental El diálogo —realizado por Pablo Avelluto, Carolina Azzi y Pablo Racioppi—, valoró su preocupación por terminar con un problema que aún conflictúa al país, pero también marcó sus límites: no se pueden equiparar ambas violencias y ella, madre de un adolescente desaparecido, “ni siquiera puede pensar en perdonar”.

En la novela Papá, que Federico Jeanmaire escribió en memoria de su padre —un militar retirado que fue intendente de la dictadura en la ciudad de Baradero—, el escritor ensaya un amoroso ajuste de cuentas con su padre después de una vida de desencuentros afectivos y políticos. De regreso del cementerio donde ha dejado los restos de ese hombre tan querido, el narrador se da a sí mismo una respuesta: “No creo que el mero paso del tiempo ni la naturaleza por sí sola produzcan la comunión de nada. No lo creo. Y se me ocurre que casi lo mismo sucede con la patria”.

La naturaleza o el simple paso del tiempo, seguramente, nunca podrán sanar por sí solos lo que deba ser sanado. En todo caso, será la intervención de la palabra —de las palabras que faltan— lo que pueda ayudar a reponer sentidos, ofrecer alivio y una promesa —no siempre cumplida— de restañar las heridas. Aunque las cicatrices perduren y no todas las diferencias puedan ser saldadas.

FÉLIX BRUZZONE

“Si para que los verdaderos hijos de puta vayan a la cárcel, el precio a pagar es que tipos como tu viejo queden presos, yo lo pago”

Ahí estaba él flaquito como es, sus rulos, sus grandes ojos verdes, su sonrisa nerviosa. Uno más en la fila de las visitas para entrar al penal de Marcos Paz, al pabellón de lesa humanidad. Sólo que, a diferencia de los otros, Félix Bruzzone no estaba ahí para visitar a un familiar detenido sino para preguntarles a esos hombres, presos por violaciones a los derechos humanos, qué sabían sobre su madre y su padre. Aunque en realidad, ésa no era la pregunta inicial que lo había llevado hasta allí. No era eso lo que se dijo a sí mismo cuando empezó a hacer los trámites previos a la visita. Hasta ese momento estaba seguro de que la ida al penal no tenía que ver con su condición de hijo de desaparecidos, de huérfano, sino con un nuevo proyecto de escritura. Después de las novelas Los topos, Barrefondo, Las chanchas, los cuentos reunidos en su libro 76 y en diversas antologías, Félix se acercó al mundo del otro lado, al de los otros hijos de los años 70 cuando, en mayo de 2014, a pedido de la revista Anfibia escribió, junto con el antropólogo Máximo Badaró, una nota sobre los hijos de detenidos por violaciones a los derechos humanos que se tituló “Hijos de militares, 30.000 quilombos”. Uno de sus entrevistados fue Aníbal Guevara, vocero de la agrupación Hijos y Nietos de Presos Políticos e hijo del ex teniente coronel (RE) Aníbal Alberto Guevara, preso en Marcos Paz. De aquel encuentro para la revista Anfibia surgió en Félix esa idea de libro que lo terminaría dejando en el pabellón de lesa humanidad. Piensa en escribir un relato que reúna anécdotas de los juicios, polaroids de ese universo de hombres condenados.

La visita a Marcos Paz se concretó un lunes. Félix pasó el fin de semana previo como si no tuviera enfrente ese lunes extraño, fuera de cuadro. “Me estuve haciendo el boludo todo el fin de semana”, escribió en su perfil de Facebook. No leyó, no tomó notas, no preparó la entrevista. Fue desnudo a ver qué pasaba. Llegó a Marcos Paz en el auto de Aníbal Guevara. Después de la requisa, esperaron juntos el micro interno que los trasladaría al pabellón de lesa humanidad y fue Aníbal quien lo guió para hacer los trámites y quien lo iba presentando a los otros visitantes: “Él es Félix Bruzzone, sus papás están desaparecidos”. Un saludo respetuoso, un abrazo fuerte, una disculpa. Sí, un hombre le pide perdón. Es Carlos Enrique Alsina, ex teniente coronel del Ejército (RE), le dice Aníbal. Está allí para visitar a su hermano Gustavo Adolfo Alsina. Los ojos de Félix se ponen más redondos que de costumbre, la risita nerviosa otra vez. Gustavo Adolfo Alsina tuvo algo que ver con su padre, no sabe muy bien qué, pero de pronto se siente en estado de alerta. Conmovido y alerta.

Llegan al pabellón. Tenía la intención de reunirse con el papá de Aníbal para escuchar su versión sobre los hechos por los que fue condenado y para que le cuente sobre su vida en prisión. Pero a la mesa donde se sientan a conversar empiezan a acercarse otros detenidos. La intimidad no existe en el penal. Cuando llegan visitas, llegan para todos. De a poco se van arrimando, algunos se sientan, otros se congregan en torno a la mesa, un picnic de camaradería otra vez fuera de foco para Félix, muy raro. Cerca de ellos caminan Alfredo Astiz, Miguel Etchecolatz, el ex sacerdote Christian von Wernich. En la mesa, alguien le pregunta quiénes son, quiénes fueron sus padres. Eso intenta responderse Félix todos los días de su vida, quiénes fueron sus padres, cómo fueron sus padres, pero ahora se trata de otra cosa. Él lleva el apellido de su mamá, explica, Marcela Bruzzone, porque en tiempos de clandestinidad su padre no podía acercarse hasta el registro civil. Quién era tu padre. Félix Roque Giménez, dice él, y un silencio tenso desbarata el picnic. Gustavo Adolfo Alsina se levanta de golpe y se va. Cuando vuelva a la mesa, todavía tenso, casi una hora después, Félix ya se habrá enterado de que la historia de su padre, “el soldado Giménez”, es una leyenda negra para esos hombres de armas con los que se ha sentado a la mesa.

En 1973, Félix Roque Giménez era un soldado conscripto del Batallón 141 de Comunicaciones, en Córdoba, pero era también un cuadro del ERP y fue una pieza clave en el copamiento de ese batallón, en febrero de 1973, durante un operativo comando que le dio al ERP uno de sus triunfos más resonantes: sin víctimas fatales, consignó el órgano de difusión de los guerrilleros, Estrella Roja, se había logrado “recuperar para la causa del pueblo argentino” dos toneladas de armas y municiones, después de reducir a un teniente primero, un subteniente, cinco suboficiales y alrededor de cien conscriptos. Para los guerrilleros, Félix Roque Giménez se convirtió en un héroe revolucionario; para los militares fue desde entonces un traidor. Y ése fue el trato que le dieron tres años después, cuando al fin lograron atraparlo.

“Nos tocó hacer cosas terribles”, le dice Gustavo Adolfo Alsina, condenado a cadena perpetua en 2010, en el marco de la megacausa La Perla, por su participación en tormentos contra los presos políticos de la Unidad Penal 1, de Córdoba, y por el asesinato de José René Moukarzel, estaqueado hasta la muerte en el patio de esa dependencia. “¿Vos qué querés saber?”, le pregunta Alsina. Félix no sabe si el ex militar detenido que ahora espera su respuesta al otro lado de la mesa tuvo contacto con su padre en prisión. No sabe si acaso el combatiente del ERP, el ex conscripto Giménez, pudo haber sido su víctima. Sabe sí o cree saber o alguna vez escuchó —no está seguro, porque Félix pregunta y olvida, recuerda y olvida, sabe y olvida— que uno de los hermanos Alsina era el jefe a cargo de la unidad en la que revistaba el soldado Giménez antes del operativo del ERP contra el batallón 141 y fue uno de esos jefes militares reducido durante el copamiento. “¿Vos qué querés saber?”, está preguntándole Alsina. Todo sobre mi padre, podría haberle dicho Félix. Quiere saber qué pasó con Félix Roque Giménez, secuestrado el 15 de marzo de 1976, a los 24 años, en Córdoba, detenido en el centro clandestino Campo de La Ribera y desaparecido desde entonces. Aunque en el juicio por la megacausa La Perla, en Córdoba, diversos testigos hicieron referencia al modo en que murió su padre, nunca se supo qué pasó con su cuerpo. Félix quiere encontrarlo. Alsina no le da detalles. Le dice que va a tratar de averiguar lo que pueda. Y ocupa el tiempo que les queda de visita para explicar que la guerra es así, que en la guerra pasan cosas terribles. “Tu papá, igual que nosotros, era un soldado”, dice, y Félix siente un tirón de incomodidad en la espalda, un tirón que ya le crispa los músculos cuando uno de los dos Alsina, no recuerda si el condenado o su hermano el visitante, da un paso más y explica que para ellos, los militares, el soldado Giménez fue un traidor, un entregador, como Astiz lo fue para los otros, “para ustedes”, dice. “Me lo llegaron a comparar con Astiz —en la cara de Félix otra vez esa mueca-sonrisa—, como diciendo que mi viejo era un infiltrado, un Astiz. Como si fuera la misma cosa meterse con todo un batallón del Ejército que meterse con un grupo de madres que piden por sus hijos.”

Félix dice que no tiene prejuicios, que nunca tuvo la militancia por delante. Tal vez por eso, piensa, pudo llegar hasta allí, a Marcos Paz, “donde se supone que están todos los malos, todos juntos” y sentarse a conversar con ellos. Por curiosidad. Por el nuevo proyecto de libro. Por hablar con alguien que pueda decirle algo más sobre sus padres.

Marcela Bruzzone tenía 22 años y un hijo de tres meses cuando desapareció, en noviembre de 1976. Un operativo del Ejército arrasó con la casa en la que vivía con otro compañero del ERP y con Félix que, ese día, había quedado al cuidado de la abuela. La madre de Marcela había logrado que su hija se comprometiera a llevarle al pequeño todos los días, o por lo menos cuando su militancia la expusiera a situaciones de riesgo. “Se ve que mi vieja transó con eso y entonces muchas veces me traía para acá.” No tiene el dato exacto de dónde quedaba la última casa de su madre, donde vivió con ella. Sabe por relatos familiares que había un largo viaje en tren desde allí hasta Retiro y que el bebé que fue lloraba mucho en esos viajes. Su madre lo había comentado con la abuela. Tal vez era en Pacheco, dice. “Sé que mi abuelo la dejaba en un cruce de caminos en Zona Norte, cerca de donde vivo yo ahora, por la Ruta 202.”

El departamento donde Félix dormía a resguardo el día en que aquella casa fue arrasada es este departamento de Juncal y Guido, en Recoleta, donde nos encontramos para la entrevista. Acá creció, al abrigo de la familia materna. La abuela Leda Moretti era ama de casa y al igual que sus dos hermanas se había casado con un hombre de la Marina. El abuelo, Carlos Bruzzone, era un capitán retirado para la época en que su hija menor se integró al ERP. Aunque había tenido una participación destacada en el golpe contra Perón, en 1955, como capitán de navío al mando del crucero “17 de Octubre” —pieza clave en las maniobras militares del derrocamiento y rebautizado años después como crucero “General Belgrano”, el famoso barco hundido por los ingleses en la Guerra de Malvinas—, se había visto obligado a pedir la baja poco después del golpe porque había chocado un barco en circunstancias extrañas que despertaron muchas suspicacias (la familia especula con que tal vez sus enemigos políticos lo hicieron chocar a propósito porque sabían que, aunque había participado del golpe, sus simpatías políticas estaban con Lonardi, no con el ideario de la Libertadora). Hacia 1974, concretado el regreso de Perón, el abuelo Bruzzone ya reivindicaba el proyecto justicialista y estaba cerca de Guardia de Hierro, al igual que sus dos hijos mayores. Félix cree haber escuchado que alguna vez, tras el secuestro de su hija, el abuelo Bruzzone intentó reunirse con el jefe de la Armada Emilio Eduardo Massera, pero no lo logró. Aunque hay versiones contrapuestas en la familia. El hermano mayor de su madre se quejó en algún momento de que el padre no había movido suficientes influencias para rescatar a la hija. “Mi abuelo estaba armando algo político para Massera desde Guardia de Hierro, él era referente de Guardia, como mis tíos. Mi abuelo, según mi tío, no movió todo lo que hubiera podido para no perjudicar ese proyecto. Mi tía, en cambio, dice que mi abuelo hizo todo lo que pudo. No sé. A mí me parece que a mi abuelo la Marina le cortó los víveres desde el momento en que se hizo peronista, mucho antes de todo el quilombo de mi vieja. Son todas dudas. La versión oficial es que mis abuelos presentaron hábeas corpus, todo lo que se podía en ese momento, y que mi abuela le pidió a mi abuelo que fuera a hablar con Massera, con Suárez Mason, pero Massera le dijo que se iba a encargar y nunca hizo nada. Mi abuelo se murió en el 79, de cáncer, muy rápido.”

La abuela Leda, que ahora ya tiene 96 años y se pierde en su Alzheimer, venía de una familia adinerada y era una señora de Barrio Norte que conocía los buenos modales, que había mandado a sus hijas a buenos colegios y sabía manejarse dentro del protocolo de su ambiente. Casi todos los fines de semana, durante aquellos años en que la hija menor de la familia seguía desaparecida y Félix era un bebé al cuidado de su abuela, las hermanas Moretti y sus esposos marinos, todos procesistas, dice Félix, se encontraban en reuniones familiares. A menudo, la situación de su hija desaparecida tensaba el ambiente, pero Félix cree que nunca se llegó a una pelea. “Para mi abuela debe haber sido complicadísimo, pero por ahí se hacía la boluda, qué sé yo.” Tal vez por eso, conjetura, ella nunca se acercó a Madres de Plaza de Mayo ni buscó a su hija a través de los organismos de derechos humanos. Tal vez le daba vergüenza, tal vez chocaba con sus pretensiones sociales, tal vez no podía dejar de verlos como nido de comunistas, dice.

Lo cierto es que no hubo en aquellos años una búsqueda consistente que permitiera determinar con certeza qué había pasado con Marcela. Unas fotos que consiguió extraoficialmente una tía segunda de Félix, que era periodista —y que terminó siendo su suegra, porque Félix se casó con su prima segunda, hija de esa tía—, parecían confirmar que había muerto en un enfrentamiento. Pero el cuerpo nunca apareció. También se había hablado de Campo de Mayo. En esa indeterminación estaba cuando un día, recién mudados a la casa que construyeron en la zona de Don Torcuato, una llamada telefónica inesperada lo puso otra vez en la pista del máximo centro clandestino del Ejército, en la Zona Oeste del Gran Buenos Aires. Una tal Mónica, ex compañera de secundario de su madre en el Lenguas Vivas (la escuela a la que fue cuando la familia se mudó de Martínez a Recoleta y ella ya no quiso seguir en el colegio Northlands), había encontrado su nombre en la guía y lo llamaba porque estaban organizando una reunión de ex alumnas y ella era la encargada de averiguar qué se había podido confirmar sobre Marcela. Cuando mencionó Campo de Mayo, Félix lo puso en duda, pero ella insistió: “En el Nunca Más, Marcela Bruzzone figura en Campo de Mayo”.

La posibilidad de que hubiera sido llevada a ese centro clandestino ya se la habían mencionado en la sede del Equipo Argentino de Antropología Forense. No como algo confirmado sobre su madre sino como el destino común entre los militantes del ERP secuestrados. Félix había dejado una foto de Marcela en Antropólogos, como se refiere a la institución que desde 1984 ya logró identificar a más de 700 víctimas de la represión ilegal enterradas clandestinamente. “Una sobreviviente había dicho que entre las personas con las que se relacionó en cautiverio estaba una mujer que había tenido un hijo un 23 de agosto de ese año, 1976, que es la fecha de mi nacimiento. Entonces por esos datos que cruzaron pensaron que podría haber sido mi mamá. Me habían pedido que llevara unas fotos para que esta persona las viera y confirmara si se trataba de mi mamá. Llevé la foto y, como pasó bastante tiempo y nunca me volvieron a llamar ni me contestaron nada, yo asumí que no era ella.” La llamada de la ex compañera de Marcela reactivó la búsqueda. Félix volvió a Antropólogos a ver qué había pasado con las fotos. Le pidieron disculpas por no haberlo llamado. La sobreviviente que recordaba la fecha de su nacimiento había reconocido a su madre en la foto que él les había dejado. Félix la llamó. “Fue una conversación tremenda. Es uruguaya. Yo quería ir a verla allá, pero no me dio cabida. Me decía que se había olvidado de todo, que no sabía ni lo que le había pasado. Después se acordó de mi mamá, no del nombre, pero sí de que habían militado juntas, me contó que mi vieja era como la referente de ella en la zona, me contó cómo los habían secuestrado al marido, a los hijos, a ella, un desastre. Después logró recuperar a los hijos y se fue al Uruguay para siempre. Pero no quería hablar de todo eso, quería olvidarse.”

Félix empezó a atar cabos y de pronto se dio cuenta de que buena parte de la familia, con los años, se había establecido en torno a Campo de Mayo, el predio militar donde, durante los años de la dictadura, funcionaron cuatro centros clandestinos y una maternidad, y por donde se estima que pasaron más de cinco mil prisioneros políticos. Después, en un giro ya más obsesivo de esas elucubraciones, casi maniático, dice, constató que él y su mujer, que habían construido su casa por allí con la plata que él recibió como indemnización del Estado por la desaparición de sus padres, habían terminado de cerrar ese círculo. Un anillo en torno a Campo de Mayo. “La hermana de mi vieja, al poco tiempo del secuestro, se fue a vivir al Gran Buenos Aires, a cinco cuadras de Campo de Mayo. Empecé a darme cuenta de que había alguien de nuestra familia en cada uno de los partidos que rodean el predio, San Miguel, Hurlingham, Tres de Febrero, Tigre y, al final, nosotros, en Malvinas Argentinas, porque en realidad nuestra casa, por unas cuadras, no pertenece a Don Torcuato sino a Malvinas.” No se hace el distraído: por momentos se le cuela la fantasía de que vivir allí es vivir más cerca de su madre. De algún extraño modo, una proximidad tal vez inexplicable. Como la abuela Lela de su novela Los topos, que se muda a un departamento frente a la ESMA, con vista directa al centro clandestino, el último lugar en donde estuvo su hija desaparecida, para estar más cerca y para tratar de averiguar qué había pasado con ella.

En la familia de Félix siempre fue distinto. Buscar y no buscar. Saber y no saber. O en su caso, averiguar, saber y después olvidar. Y seguir buscando. Para algunas cosas tiene muy buena memoria. Pero le falla con los detalles que va sumando sobre la vida y la muerte de sus padres. Una ecología del olvido sin explicación. Buscar y olvidar. O buscar pero no querer encontrar. Siempre fue difícil, desde que era chico. Percibía la incomodidad de sus abuelos y sus tíos cada vez que preguntaba. De chiquito, la abuela Leda le decía que cuando fuera más grande le contaría todo. A los ocho años, la edad en que empezó a hacer terapia por recomendación de sus maestros del Colegio San Agustín, tuvo una primera explicación de cómo habían sido las cosas. Félix dice que después de ese día en que la abuela Leda le contó en qué andaban sus padres, se pasaba horas imaginando al soldado Giménez con un revólver en la mano. Pensaba en ese revólver, en dónde estaría, tal vez debajo de alguna cama, escondido en algún rincón de la casa. Cuando tenía 11 años se compró el Nunca Más. Sabía que ese libro tenía que ver con lo que les había pasado a sus padres. “Mi abuela me dejó comprarlo, pero me dijo que mejor no lo leyera porque me iba a hacer mal. ‘Yo misma no lo leo’, me dijo. Igual lo leí sólo un poquito, porque era bastante estremecedor.” Buscar con miedo. Buscar, encontrar y olvidar. “Yo nací en Capital, no me acuerdo en qué clínica; sabía pero me olvidé. Ustedes me preguntaban cuántos años tenían mis viejos…

16/03/2016 LIBRO

“Hijos de los 70”, testimonios de los herederos de una época trágica

Como un mosaico de historias que piden la palabra y exigen su lugar en la complejidad de la trama trágica de la última dictadura, el libro de las periodistas Carolina Arenes y Astrid Pikielny acerca testimonios de herederos de esa época y se torna urgente para vislumbrar un contrapunto de biografí­­as aparentemente antagónicas pero enlazadas en un pasado que siempre regresa con dolor.

Por Milena Heinrich

Hernán Vaca Narvaja, hijo de Miguel Hugo, asesinado en 1976, se pregunta cómo conviven con los hechos de la historia los hijos de los torturadores, y como un diálogo que nunca fue real pero sí­ ensayado en las páginas de este libro, la hija de un represor, Analí­­a Kalinec, conmueve al preguntarse: “¿Por qué una persona entra a trabajar en la policía a ejecutar esa función? No cualquiera lo puede hacer, ¿por qué mi padre sí?”.

O la empatí­­a que sintió Mariano Tripiana cuando presenció el desgarro de los hijos de Aníbal Alberto Guevara acusado de la desaparición de su padre. También la reconstrucción de identidad de Luciana Ogando, cuyo padre militante de Montoneros fue fusilado por sus propios compañeros después de haber dado información bajo tortura, son algunas de las historias que echan luz sobre heridas abiertas.

Hijos de militantes, represores, sindicalistas, empresarios, intelectuales, “todos son portadores de marcas que tienen que ver con una época que sustituyó la polí­­tica por la violencia”, dice a Télam Astrid Pikielny sobre los testimonios reunidos en el libro. “Un denominador común para todos, cada uno con su particular caracterí­stica , es qué hacen con la herencia que les tocó”, agrega la coautora, Carolina Arenes.

“Hijos de los 70. Historias de la generación que heredó la tragedia argentina”, publicado por Sudamericana, despliega así­ 23 historias de varones y mujeres que recuperan, acompañan, rechazan, se desprenden y también reivindican a la generación que los parió. Son hijos atravesados por el dolor, por la ausencia y por el silencio o las omisiones, son hijos que cuestionan y que amasan el vínculo con sus padres no como quieren, sino como pueden.

Y son también voces que parecen estar en las antí­­podas pero que sin embargo se unen bajo el signo de ser “herederos de una época”, como condensa Pikielny, y tal vez por eso cada una reclamaba ser escuchada, tener su lugar en la bibliografí­a sobre esa época oscura. “Hay muchas voces que sienten que no están en la historia”, indica Arenes, licenciada en Letras y periodista editora del diario La Nación.

Lejos de pararse en el banquillo acusador, más bien el libro arroja como un balde de agua frí­a y urgente el dolor de una generación. Y aunque cada hijo ve los hechos del pasado y el accionar de sus padres desde paradigmas a veces opuestos , en general “hay un consenso de época que hoy en dí­­a impide que alguien defienda la dictadura”, piensa Pikielny, periodista y politóloga.

A un lado quedan entonces los prejuicios que los condenan, los celebran o los apartan del camino por ser ‘hijos de’ porque en definitiva, advierte Arenes, se trata de “gente que tiene muchas heridas y con planteos de muy distinta í­­ndole. Lo que es interesante es ver qué decidieron o pudieron hacer con la herencia; las preguntas que se hacen y no se hacen sobre sus padres”.

Y con esa intención el libro se abre como un abanico y por sus páginas salpican cruzadas voces singulares, disí­­miles, poco orgánicas, como el testimonio de Eva Donda, el de los hijos de Marcelo Dupont (Valeria, Marcelo, Máximo y Miguel, los cuatros reunidos por primera vez), el de Delia Lozano, Luciana Ogando, Luis Alberto Quijano, Mario Javier Firmenich, Claudia Rucci, Diego Molina Pico, Mariano Pujadas, Alejandro Rozitchner y Félix Bruzzone.

“Es interesante ver cómo estos hijos se cruzan en los pasillos de la justicia, en la calle, en los trabajos”, dice Pikielny. Las escenas se enlazan entre padres y descendientes, como Félix Bruzzone, hijo desaparecidos (su padre, un soldado conscripto de Córdoba y militante del ERP), que atravesó el paredón del penal de Marcos Paz, de la mano de otro hijo, Aní­bal Guevara, sin saber demasiado por qué pero allí­ estuvo rodeado de represores.

O Ricardo Saint-Jean que se hizo responsable de la causa de su padre, Ibérico Manuel Saint-Jean, gobernador de facto de la provincia de Buenos Aires, transitando tribunales para defender lo que él consideró una detención en “contra de todo lo que habí­a estudiado”, aún reconociendo las prácticas ilegales en el marco de “una guerra”. También Diego Molina Pico y el relato siniestro de Jorge “Tigre” Acosta cuando al entregarse, una madrugada de diciembre de 1998, le contó al fiscal las razones del secuestro de su tía, una monja misionera.

Las autoras empezaron a reunir testimonios en 2009 y desde entonces tuvieron encuentros con muchos hijos -unos se negaron desde el comienzo, otros cedieron un par de citas y finalmente desistieron-, y fue recién cuando publicaron el libro que vivieron algo inesperado: algunos de los entrevistados pidieron contactarse con otros. “Hay un montón de experiencias de los 70 que por lo menos no están en la superficie, muchas conversaciones y miradas que no se encuentran pero sí­­ se entienden”, reflexiona Arenes.

“Es curioso – repasa sobre el motor que dio inicio a este recorrido de biografí­­as – porque partimos de una pregunta sobre la posibilidad de hacerlo y no sobre una propuesta de complejizar la época. Lo que puso en marcha este libro fue el testimonio de la hija de un general: qué pasa cuando crecés sabiendo todo lo que fue la dictadura y después te enterás de que tu papá fue una pieza de todo ese engranaje”.

Y de ahí­­, como una catarata, se sumaron otros interrogantes: “Cómo viven hoy los hijos de padres vinculados con la violencia de los 70, qué hicieron con el dolor, con su trauma y cómo lo procesaron, cómo es la relación con los padres, en qué medida pudieron preguntar”, menciona Pikielny. “Quizá -dice Arenes- en esas respuestas estén los lí­­mites del amor filial para pensar hasta dónde podemos cuestionar algo que tenga que ver con nuestros padres”.

Claro sucede que “todos tenemos la herencia de nuestros padres pero estos hijos son herederos de una época, de historias con muertes y situaciones radicales, de dolor, desgarro familiar”, señala Pikielny y su compañera trae como ejemplo a Firmenich hijo que reconoce que “las herencias pueden discutirse o rechazarse pero él elige defender a su padre porque siente que defiende su propia historia” o el testimonio anónimo de esa hija de un general “que siente vergüenza y culpa con la sociedad”.

A groso modo -identifica Pikielny sobre las vertientes de esta generación sacudida por la tragedia argentina, a 40 años del golpe de Estado- hay dos caminos: la idealización de los padres y la del monstruo. Y también aparecen algunos en un punto intermedio, aquellos que han podido distanciarse de cuestiones polí­ticas o ideológicas y se hicieron un lugar propio y al mismo tiempo preservaron o construyeron el camino con ese padre”.

Es que la llave que convierte este libro en un eslabón para comprender heridas entrelazadas, y en esto las dos autoras son rotundas, “es que estamos hablando de hijos, no de padres. Los hijos no son responsables de nada, no heredan culpas. -dice Arenes y Pikielny sintetiza : No rinden cuentas a la justicia, no tienen responsabilidades políticas y para nosotras no están bajo sospecha por origen o filiación, aunque haya posturas con las que no estemos de acuerdo”.

La increíble historia de Buscarita Roa, Abuela de Plaza de Mayo chilena.

La increíble historia de Buscarita Roa, Abuela de Plaza de Mayo chilena.

La historia de Buscarita

Buscarita, como muchas de sus compañeras de lucha, tuvo una vida dedicada a sus hijos, alterada por la desaparición de su hijo mayor: José Poblete: “Yo soy Buscarita Roa, soy Abuela de Plaza de Mayo y soy Madre de José Poblete, detenido y desaparecido el 28 de diciembre de 1978. Ese mismo día también secuestraron a su esposa Gertrudis Hlaczik y a su pequeña hija Claudia Poblete Hlaczik, que en ese momento tenía sólo 8 meses”.

“Soy chilena, nací en una ciudad llamada Temuco, el 15 de septiembre de 1937. Pero me crié en Santiago de Chile, porque mis padres murieron cuando yo tenía 3 años y mi tía me llevó a vivir con mi abuela. Estudié poco. A los 10 añitos tuve que empezar a trabajar. A los 13, 14 años, conocí a un chico, me enamoré y a los 16 tuve a mi hijo José Poblete, quien después desapareció en Argentina. Mientras el papá de José hacía el servicio militar, yo cuidé sola a mi niño y cuando volvió quedé embarazada de Lucy, que hoy vive en Estados Unidos. Después, él se enamoró y se casó con otra persona y yo me quedé con mis dos hijos. Trabajé mucho, en hospitales, en casas de familia. Tuve mucha fuerza de voluntad para seguir adelante. Hasta que encontré al amor de mi vida y con él nació Fernando. Pero me volvieron a dejar, así que crié a los tres hijos sola. Después conocí a quien fue mi marido y tuve a mis otros cuatro hijos. Con mi marido estuve 18 años y después nos separamos. Pasé las mil y una, pero debo tener mucha fuerza de voluntad para haber soportado todo eso”.

Sin embargo, los golpes de la vida no impidieron que encontrara fuerzas para convertirse en una Abuela de Plaza de Mayo: “Yo soy una de esas abuelas que salieron a la calle sin saber nada. Simplemente, yo era una persona que trabajaba, un ama de casa. No hacía cosas realmente importantes, pero he ido aprendiendo. Mi hijo me enseñó a caminar durante ese tiempo que vivió”.

El recuerdo de José

Desde su infancia José demostró un fuerte compromiso y preocupación por otros jóvenes como él, que vivían en condiciones adversas.

“Chile era un país muy pobre en esa época. Los niños tenían que salir a vender diarios y caramelos, niñitos de 7 u 8 años, para traer alimentos. Y eso veían mis hijos. Veían chicos trabajando desde muy niños. Y él me decía: “mamá yo creo que todos tenemos que colaborar”. Y bueno, Pepito tenía convicciones políticas a pesar de que en mi casa no se hablaba de política. Y andaba por ahí, por las villas miseria, enseñando a leer, a escribir, a poner un nombre”.

A los 16 años, su hijo José Poblete, sufrió un accidente ferroviario que lo impulsó a venir a la Argentina por un tratamiento de rehabilitación.

Cuando Pepito tenía 16 años se accidentó. Mi hijo era un estudiante cuando se cayó de un tren. El tren le cortó sus dos piernas. Mi hijo, a pesar de tener el accidente y haber quedado inválido, se vino a la Argentina con la idea de ir a un instituto de recuperación. Acá estuvo solito dos años. Al tercer año no me aguanté más y me vine para estar más cerca de él. Vendí y regalé todo lo que tenía y me vine con los ojos cerrados. Con todos mis niños y separada de mi marido. Y acá empecé de vuelta. Me gustó Argentina y me quedé”.

Aquel compromiso que manifestó en sus primeros años de vida en Chile, continuó en territorio argentino, cuando las necesidades de los otros se encarnaban como propias y comenzó su militancia en la Unión Nacional Socioeconómica de Lisiados y Cristianos para la Liberación.

“En el instituto donde estaba, en Barrancas de Belgrano, conoció a mucha gente y personas con discapacidad. Algunos andaban con bastones, en sillas de ruedas. Y, entonces, ahí se hace un grupo grande de amigos. Y mi hijo empieza a hablar y ver todas las carencias que tenían los compañeros. En esa época había mamás y papás que no tenían dinero para visitar a sus hijos en el instituto”.

El 28 de noviembre de 1978 secuestraron a José, a su mujer Gertrudis Hlaczik y a su bebé Claudia Victoria, de 8 meses.

“Cuando desapareció José, arranqué la búsqueda con mi consuegra, yendo a todos los lugares donde podíamos. Poco después, mi consuegra cayó en una depresión muy fuerte y se suicidó. Ahí me sentí muy sola…Así fue que me uní a otros que pasaban por lo mismo, estuve en Madres, en el SERPAJ, en Familiares hasta que llegué a Abuelas. Luchamos juntos todos nosotros porque éramos muchas madres, muchas personas, muchos familiares buscando desesperadamente a nuestros hijos. Sin saber a dónde ir, con quién hablar. Hasta que nos fuimos conociendo. Yo fui una de las últimas en entrar a la Plaza porque mi hijo desapareció en 1978, y para esa época ya habían comenzado las rondas de las Madres”.

La búsqueda de Claudia y su reencuentro

Claudia fue secuestrada junto a su madre en un operativo militar. Ambas estuvieron cautivas en El Olimpo durante dos días. Luego, fue entregada a una familia de militares. “El trabajo de las abuelas ha sido muy intenso. El Banco Nacional de Datos Genéticos, es donde todos los familiares hemos dejado nuestra sangre, para que cuando nuestros jóvenes quieran saber la verdad puedan encontrarla”.

Gracias a la búsqueda de Abuelas, Buscarita pudo reencontrarse con su nieta en el año 2000. “A mi nieta la encontramos con la búsqueda de las Abuelas. Muchos dicen que fue por una denuncia anónima que llegó a la casa de las Abuelas. Así pudimos mandar el caso a los Tribunales de Justicia y poder hacer un seguimiento con el juez que le correspondía la causa. Cuando se la llevó el Coronel Ceferino Landa tenía 8 meses”.

“Al encontrarla, me dio una alegría enorme. Su llegada fue maravillosa. Cuando encontré a Claudia estaba pensado en irme a Estados Unidos. Mi hija Lucy se había nacionalizado para que me fuera a vivir a allá. Así que me fui con todos los papeles en regla como para quedarme a vivir pero no pude… Estaba Claudita”.

El reencuentro con su nieta después de 22 años no fue fácil. Era necesario reconstruir ese lazo entre abuela y nieta, que compondrían con el tiempo. “Yo la había dejado de ver a los 8 meses y entonces, nos miramos y junto con una tía de ella por parte de su mamá, le entregamos un montón de fotos que llevábamos en el paquetito. No hubo mucho diálogo y en un momento le digo “bueno hija, yo soy su abuela y cualquier cosa que necesites yo quiero que usted sepa que yo estoy”. Ella estaba muy enojada con la vida, estaba enojada con el mundo, ella me contesta y me dice “no necesito nada”. Claudia fue criada por una familia muy mayor. El Coronel con su mujer no podían tener hijos y ya tenían bastante edad. Entonces ella, al ser adolescente sacaba cuentas y decía: “no me daban los números porque no me pueden haber tenido a esta edad”. Pero ella no quería ni preguntar. Era hija única, la llevaron por todos lados, la tenían bien. Recién a los 22 años se da cuenta de que no era hija de esta gente, que a sus padres los habían matado, que ese mismo hombre que era Coronel podría haber tenido participación en la muerte de sus padres. Es un dolor inimaginable. Y otra cosa es que ella tenía trabas en un montón de cosas, no había aprendido a manejar, no había aprendido a andar en bicicleta, y se crió en una familia de dinero, que tenían todo. Ahora ella dice “no tengo más miedos, se me quitaron los miedos”. El tío le enseñó a manejar, aprendió a andar sola, aprendió un montón de cosas que, como tenía miedo, no podía aprender”.

En sus relatos, Buscarita cuenta que fueron necesarios varios años para que Claudia pudiera abrazarla por primera vez. “Hubo que tener mucha paciencia y mucho amor, para ir dándoselo por todo el tiempo en que no pudimos. Así nos fuimos acercando, ese acercamiento tardó 5 años. Fue muy de a poquito hasta que los vínculos se fueron acrecentando y se dio cuenta de que tenía una abuela, tíos, un abuelo materno, una familia enorme que la buscaba y la quería. Pasaron 5 años para que me pudiera decir “Abu”, para que ella se pudiera sentir protegida conmigo (…) Claudia se casó, tiene una hijita, así que estamos muy contentas y felices”.

La lucha de las Abuelas

Buscarita es la más joven de la Abuelas de Plaza de Mayo. Su lucha por la verdad y la justicia no terminaron a pesar de haberse reencontrado con su nieta Claudia. La búsqueda con las Abuelas continúa sin interrupciones, con la esperanza y la fuerza de aquel lejano comienzo. Sobre las dificultades en la búsqueda, Buscarita explica:

“Es un problema bastante grande porque los chicos cuando tienen dudas de su identidad, a veces no se atreven a salir a preguntar quiénes son porque tienen mucho miedo de que a los apropiadores los vayan a detener. Porque los apropiadores, han cometido un delito. Los chicos, por lo general, no están con personas que los hayan adoptado, están con personas que se los robaron. Hay casos que hay personas que han adoptado chicos de buena fe, porque no sabían que eran hijos de desaparecidos”.

“Pero en la mayoría de los casos, los apropiadores los robaron desde los centros clandestinos donde nacieron o donde llegaron con algunos meses de edad. Entonces estos chicos son criados con estos apropiadores pensando que son sus verdaderos padres. Cuando ellos encuentran su identidad, lo que sucede es que ellos dicen “yo perdí dos veces, porque, encuentro mi identidad, pero me doy cuenta que perdí a mis padres”. O sea, es un momento muy difícil para ellos. Ahora, cuando ellos buscan su identidad, ellos tienen dudas de su identidad durante toda su vida, o durante su adolescencia se empiezan a dar cuenta de que no se parecen a nadie, es distinto, porque busca su identidad y al buscarla y al encontrarla, es como que encuentra gran parte de su historia. Entonces es mucho más fácil. Ahora, cuando nosotros buscamos los nietos, y no es una búsqueda de ellos, les cae con mucha sorpresa, con mucho dolor. Y creo que al encontrar a su familia, se les abre un camino en la vida. Al encontrar su identidad se sienten libres . Ésa es la verdadera palabra: libres”.

En esta lucha, Buscarita ha acompañado al Programa Educación y Memoria en numerosas oportunidades, transmitiendo su testimonio a los chicos de las escuelas: “Las abuelas estamos con los brazos abiertos porque para nosotras, los chicos son los nietos de todos. Son los nietos de la Argentina. Tenemos muchos maestros desaparecidos. Estudiantes, trabajadores, sindicalistas. Tanta gente que pensaba diferente. Pensaban que el mundo podía ser diferente. Los maestros quieren que conozcan esta verdad desde chicos, para que sepan que hubo un genocidio, para que conozcan lo que nos pasó y por eso les daremos siempre las gracias”.

“Nuestros hijos tenían ganas de cambiar el mundo. Les molestaban las injusticias e hicieron todo lo que estaba a su alcance para modificar lo que estaba mal. Eran jóvenes comprometidos, generosos y solidarios. Pero eso era peligroso…” Buscarita Roa.

Lista de los Héroes del MIR asesinados por la Dictadura de Pinochet

DestacadoLista de los Héroes del MIR asesinados por la Dictadura de Pinochet

Lista de los Héroes del MIR asesinados por la Dictadura de Pinochet

*Es posible que falten nombres por agregar a esta lista. Si Usted sabe de alguno envienos un e-mail:mailto:jrme@mir-chile.cl

http://www.mir-chile.cl/heroes_del_mir.htm

A – B

Nombre

Edad

Profesión

Fecha

año/mes/dia

Lugar del hecho

Región

Organismo responsable

Tipo de caso

1

ACEVEDO GALLARDO PEDRO GABRIEL

19

Estudiante universitario

750428

Tierra Amarilla, Copiapó

III

Ejército

DD

2

ACHU LIENDO,  RIGOBERTO DEL CARMEN

31

Funcionario investigaciones

731213

Entre Regimiento y cárcel de San Felipe

V

Ejército

M/1

3

ACUÑA CASTILLO, MIGUEL ANGEL

19

Estudiante

740708

Psje Talca 2033, sector Rodrigo de Araya, Ñuñoa, Stgo

RM

DINA

DD119

4

ACUÑA REYES, RENÉ ROBERTO

22

Estudiante Pedagógico

750214

José Miguel de la Barra 449, Stgo

RM

DINA

DD119

5

AEDO ARIAS LUCIANO HUMBERTO

34

Obrero agrícola

840823

Hualpencillo, Talcahuano

VIII

CNI

M/1

6

AEDO CARRASCO FRANCISCO EDUARDO

63

Arquitecto

740907

Av Palena, Stgo

RM

DINA

DD

7

AGUILERA SALAS HERNALDO

28

Obrero agrícola

731018

Cautín

IX

Carabineros

M/1

8

AGUIRRE TOBAR PAULINA ALEJANDRA

20

Estudiante Educación Media

850329

Calle Pastor Fernández nº 16100, El Arrayán, Stgo

RM

CNI

M/1

9

AGURTO ARCE JOSÉ ERNESTO

27

Asistente Social/ Profesor

750215

Santiago

RM

Agentes Estado

DD

10

AINIE ROJAS CHERIF OMAR

21

Estudiante química U. Bs. As.

770911

Vía pública, Quilmes, Buenos Aires

AR

FF.AA Argentinas

DD AR

11

ALARCÓN JARA EDUARDO ENRIQUE

28

Obrero albañil

740730

Psje Ayacará 6162, Pobl. Robert Kennedy, Las Rejas Sur, Stgo

RM

DINA

DD119

12

ALISTE GONZÁLEZ EDUARDO GUSTAVO

19

Estudiante Enseñanza Media

740924

Santiago

RM

DINA

DD

13

ALMONACID DUMENES LUIS JORGE

22

Estudiante Servicio Social U de Chile Temuco /5

730916

Padre Las Casa, Temuco

IX

Carabineros

DD

14

ALSINA HURTOS JOAN

31

Sacerdote católico

730919

Puente Bulnes sobre el Río Mapocho

RM

Ejército

M/1

15

ALVARADO BÖRGEL MARÍA INÉS

21

Secretaria

740717

Providencia c/ Lyon, Providencia, Stgo

RM

DINA

DD119

16

ALVAREZ OLIVARES DENRIO MAX

17

Estudiante universitario

731219

Santiago

RM

Ejército

M/1

17

ALVAREZ SANTIBAÑEZ FEDERICO RENATO

32

Profesor Química

790821

Posta Central, Santiago

RM

CNI

M/1

18

ALVEAR ESPINOZA JAVIER SEGUNDO

32

Obrero

731020

Pelarco, Talca

VII

Ejército

M/1

19

AMIGO CARRILLO MARIO ALBERTO

35

Estudiante

870722

Los Angeles

VIII

CNI

M/1

20

AMIGO LATORRE JOSÉ MODESTO

34

Estudiante U de Chile

861128

Padre Hurtado, Peñaflor, Stgo

RM

Carabineros

M/1

21

ANCAO PAINE ALEJANDRO

42

Agricultor

730926

Cautín

IX

Carabineros

DD

22

ANDREOLI BRAVO MARÍA ANGÉLICA

27

Secretaria, ex estudiante Nutrición U de Chile /2

740806

Bilbao 5989, Santiago

RM

DINA

DD119

23

ANDRÓNICO ANTEQUERA JORGE ELIAS

25

Estudiante, egresado Ingeniería ejecución UTE /5

741003

Paraguay 1473, Parc 22 Sta Rosa, La Granja, Stgo

RM

DINA

DD119

24

ANDRÓNICO ANTEQUERA JUAN CARLOS

23

Estudiante sociología U del Norte /5

741004

Paraguay 1473, Parc 22 Sta Rosa, La Granja, Stgo

RM

DINA

DD119

25

ANGULO MATAMALA ROLANDO GASTÓN

26

Asistente social

740419

Afueras de Linares, San Carlos

VIII

Agentes estado

M/1

26

APPEL DE LA CRUZ JOSÉ LUIS

24

Estudiante Medicina U Austral de Valdivia

770110

Vía pública, Cipolleti, Argentina

AR

FF AA Argentinas

DD AR

27

ARACENA TORO CARLOS ALBERTO

28

Estudiante egresado construcción civil U del Norte

740924

Cóndor 899 esquina Serrano, Santiago

RM

Agentes Estado

DD

28

ARANCIBIA ARANCIBIA MANUEL JESÚS

29

Comerciante ambulante

730926

Escuela de Carabineros, Stgo

RM

Carabineros

M/1

29

ARANEDA LOAYSA NÉLSON

32

811110

Camino Las Vizcachas, La Florida, Stgo

RM

CNI

M/1

30

ARANEDA PIZZINI DIGNALDO HERMINIO

23

Estudiante ingeniería

740810

Santiago

RM

DINA

DD

31

ARANEDA YÉVENES RAFAEL EDUARDO

25

Estudiante y ayudante de Dibujo Técnico UTE /5

741212

UTE, Stgo

RM

DINA

DD

32

ARAOS ARAYA LUIS ARMANDO

870722

Los Angeles

VIII

CNI

M/1

33

ARAYA CABRERA SANTIAGO EDMUNDO

28

Vendedor viajero

761129

Santiago

RM

DINA

DD caso 13

34

ARAYA PALOMINOS JAIME FRANKLIN

26

Estudiante topografía U de Concepción /5

731010

Rgto Los Angeles

VIII

Ejército

M/1

35

ARIAS MATAMALA ISIDRO SEGUNDO

35

Músico

750406

Stgo

RM

Investigaciones

S?

36

ARIAS PINO LUIS FIDEL

28

Tornero mecánico

750219

Prícipe de Gales 6445, La Reina, Stgo

RM

DINA

M/1 VP

37

ARIAS QUEZADA JUAN DOMINGO

17

Estudiante Ens. Media

731127

El Arrayán

RM

Ejército

M/1

38

ARISMENDI PÉREZ ADOLFO OMAR

19

Estudiante

731018

Camino entre Puerto Montt y Pelluco

X

Carabineros

M/1

39

ARON SVIGILSKY DIANA FRIDA

24

Estudiante egresada de Periodismo

741118

Av. Ossa, Stgo

RM

DINA

DD

40

ARREDONDO ANDRADE GABRIELA EDELWEISS

32

Estudiante Francés U de Chile/5

741119

Bellavista frente al nº 268, Stgo

RM

DINA

DD

41

ARROS YAÑEZ OSCAR SEGUNDO

28

Estudiante UTE y trabajador/5

730928

camino a Hospital de Lota, Concepción

VIII

Carabineros

M/1

42

ARROYO PADILLA RUBÉN DAVID

24

Artesano

741125

Stgo

RM

DINA

DD119 L

43

ATHANASIU JARA ANGEL OMAR

22

Estudiante

760415

Buenos Aires, Argentina

AR

FFAA AR

DD AR

44

AVELLO AVELLO OSCAR EDUARDO

22

Estudiante medicina U de Chile/5

760624

Conchalí, Stgo

RM

DINA

DD GJ76

45

AVENDAÑO BORQUEZ FRANCISCO DEL CÁRMEN

20

Profesor educ. Básica

731019

Chamiza – Base Tepual, Puerto Montt

X

FACH

M/1

46

AVILA PIZARRO JORGE

27

Médico psiquiatra

730918

9º Comisaría, Independencia, Stgo

RM

Carabineros

DD Patio 29

47

AVILA SEPÚLVEDA ROBERTO IVÁN

22

Estudiante normalista

731003

Patio Escuela Normal de Chillán

VIII

Investigaciones

DD

48

AVILA VELÁSQUEZ JUAN BAUTISTA

24

Obrero

731011

Traslado entre la Cárcel y la Comisaria de calle Beauchef, Valdivia

X

Carabineros

DD

49

AVILÉS MIRANDA JOSÉ ARISTEO

72

Contratista

790428

Quilicura c/ Américo Vespucio

RM

Civiles armados

M/1

50

BADILLA VASEY AMBROSIO EDUARDO

28

Empleado, chofer

730922

Temuco,

IX

FACH

DD

51

BAHAMONDES CARVALLO MARCO AURELIO

28

Estudiante

890809

Lincoyan 341, Pobl. Mardones, Chillán

VIII

Carabineros

M/1 VP

52

BARRA GARCÍA LUIS ALBERTO

44

Médico cirujano

861128

Padre Hurtado, Peñaflor, Stgo

RM

Civiles armados

M/1

53

BARRA MARTÍNEZ RICARDO ANTONIO

24

Obrero textil

730928

Quebrada Honda, Tomé

VIII

Armada

M/1

54

BARRA ROSALES JENNY DEL CARMEN

23

Estudiante enfermería U de Chile/5

771017

San Bernardo

RM

CNI

DD

55

BARRAZA GUERRA JOSÉ TULIO

25

Minero

741222

Calaboza Tenencia Carabineros Pueblo Hundido, Atacama

III

Carabineros

M/1 VP

56

BARRIA BARRIA JOSÉ ANTONIO

24

Obrero agrícola

731019

Chamiza, Base  El Tepual, Puerto Montt

X

FACH

M/1

57

BARRIA ORDOÑEZ PEDRO PURÍSIMO

22

Estudiante

731004

Patio Rgto Cazadores, Valdivia

X

Ejército

M/1

58

BARRIENTOS MATAMALA RAÚL JAIME

23

Estudiante comercial

840823

Sector Toro Bayo, camino Niebla, Valdivia

X

CNI

M/1

59

BARRIENTOS WARNER JOSÉ RENÉ

29

Profesor, músico y estudiante filosofía/1

731004

Patio Rgto. Cazadores, Valdivia

X

Ejército

M/1

60

BARRIOS BARROS JUAN BAUTISTA

27

Suplementero

740727

Manzana 74, sitio 1392, Villa Manuel Rodríguez, Stgo

RM

DINA

DD

61

BARRIOS DUQUE ALVARO MIGUEL

26

Estudiante pedagogía inglés  U de Chile/5

740815

Altamirano 2333, Conchalí, Stgo

RM

DINA

DD

62

BEAUSIRE ALONSO GUILLERMO ROBERTO

24

Ingeniero comercial y estudiante economía/1

741102

Aeropuerto Ezeiza Bs. As., Argentina

AR

FF.AA ext, DINA

DD

63

BECERRA AVELLO MANUEL MARIO

18

Estudiante Educ. Media

730918

Camino entre Laja y Yumbel

VIII

Carabineros

M/1 (ex DD Laja)

64

BELTRAN SÁNCHEZ MARÍA ISABEL

21

Estudiante música U de Chile/5

731218

Cienfuegos 132, 3º piso, Stgo

RM

Ejército

DD

65

BENAVIDES MALDONADO HERNÁN

s/d

770105

DD

66

BIDAGAIN GREISSING RAÚL

25

730920

M/1

67

BIEDMA SCHADEWALDT PATRICIO

31

Sociólogo

760715

Buenos Aires, Argentina

AR

FF.AA ext, DINA

DD

68

BINFA CONTRERAS JACQUELINE DEL CÀRMEN

28

Estudiante Servicio Social u de Chile/5

740827

Ahumada y Compañía, Stgo

RM

DINA

DD119 L

69

BLANCO CASTILLO JUAN ANDRÉS

27

Estudiante ingeniería comercial U de Chile/5

730915

Barco de la Armada, bahía de Valpo

V

agentes del estado

DD

70

BOJANIC ABAD CECILIA MIGUELINA

23

Secretaria

741002

Paraguay 1340, P 22 Sta Rosa, La Granja, Stgo

RM

DINA

DD

71

BOMCOMPE ANDREU JUAN JOSÉ

31

Economista

840824

Rubén Dario 643, Valdivia

X

CNI

M/1

72

BORDAS PAZ JOSÉ FRANCISCO

31

Ingeniero Civil

741205

Avda Kennedy c/ Alonso de Córdova, Las Condes, Stgo

RM

FACH

M/1

73

BORQUEZ LEVICAN JOSÉ HERNÁN

30

Obrero maderero

731010

Puente Villarrica sobre el Río Toltén

X

Operación conjunta

DD Liquiñe

74

BRAVO AGUILERA RENÉ EDUARDO

25

Obrero maderero

810921

Cachin Alto, Neltume

X

CNI-Ejército

M/1

75

BRAVO AGUILERA SERGIO JAIME

21

Obrero maderero

731004

Patio Rgto Cazadores, Valdivia

X

Ejército

M/1

76

BRAVO ALVAREZ FIDEL ALFONSO

22

Obrero

730922

Atalaya camino a Navidad, San Antonio

V

Ejército

M/1

77

BRAVO NÚÑEZ FRANCISCO JAVIER

24

Mecánico automóviles/3

740826

Salesianos 826, San Miguel, Stgo

RM

DINA

DD119 O

78

BRUCE CATALÁN ALAN ROBERTO

24

Estudiante ingeniería civil UC/5

750213

Las Condes, Stgo

RM

DINA

DD

79

BRUHN FERNÁNDEZ AMELIA ANA

34

Decoradora

741004

Catedral 2808, Stgo

RM

DINA

DD

80

BRUNA SANTIBAÑEZ LUIS

16

731001

M/1

81

BUENO CIFUENTES CÁRMEN CECILIA

24

Actriz

741129

Bilbao c/ Los Leones, Providencia, Stgo

RM

DINA

DD

82

BUGALLO CELUZI OSCAR HÉCTOR

24

Estudiante Universitario argentino

731017

Vía pública Templo Maipú, Stgo

RM

M/1 VP

83

BUSTILLOS CERECEDA MARÍA TERESA

24

Estudiante Ciencias Sociales u de Chile/5

741209

San Antonio esq Ismael Valdés Vergara, Stgo

RM

DINA

DD119 O

84

BUSTOS REYES SONIA DE LAS MERCEDES

30

Cajera

740905

Londres 38 y Cuatro Álamos

RM

DINA

DD

85

BUZIO LORCA JAIME MAURICIO

21

Estudiante tecnología mantención UTE/5

740713

República de Israel 1220, Ñuñoa, Stgo

RM

DINA

DD119 O

C – F

86

CABRERA BALARRITZ ELIZABETH DEL CÁRMEN

23

Asistente social

730916

camino entre Antofagasta y Cerro Moreno

II

Ejército

M/1

87

CABRERA FERNÁNDEZ MIGUEL

30

Empleado público

811016

Choshuenco, Valdivia

X

CNI-Ejército

M/1

88

CABRERA ORTIZ TRÁNSITO DEL CÁRMEN

28

Obrero textil

731009

Paso Hondo, Tomé

VIII

Marina

M/1

89

CADIZ MOLINA LUIS NÉLSON

28

Comerciante

730914

Paine, Stgo

RM

Agentes del estado

DD

90

CADIZ NORAMBUENA JAIME DEL TRÁNSITO

23

Obrero

740717

Cinco Sur 3936, Pobl. J.M. Caro, La Cisterna, Stgo

RM

DINA

DD

91

CALDERÓN OVALLE JOSÉ

34

Jardinero

750217

Sector Estación Central, Stgo

RM

DINA

DD

92

CALDERÓN TAPIA MARIO EDUARDO

31

Periodista

740925

Bandera y Catedral, Stgo

RM

DINA

DD119 O

93

CALDES CONTRERAS JAIME HUMBERTO

23

Estudiante Ciencias políticas U de Chile

741213

Instituto de Neurocirugía, Santiago

RM

SIM

M/1 VP

94

CALFUQUIR HENRÍQUEZ PATRICIO ALEJANDRO

28

Egresado ingeniería UTE, sede Temuco

810920

Remeco Alto

X

CNI-Ejército

M/1

95

CAMPOS BARRA EDUARDO ALEJANDRO

29

Técnico automotriz

730913

Pobl. Roosvelt, Stgo

RM

Carabineros

DD Patio 29

96

CAMPOS CIFUENTES JOSÉ ALEJANDRO

31

Estudiante enfermería U de Chile, temuco

810219

Paso fronterizo Paimún

AR

FF.AA. AR -SICAR

DD

97

CAMPOS MORALES JOSÉ GABRIEL

26

Obrero agrícola

730918

Fundo San Gabriel, Linares

VII

Ejército

DD

98

CANCINO ALCAÍNO EDUARDO GUILLERMO

26

Empleado

740830

Rancagua

VI

DINA

M/1

99

CANCINO ARAVENA ANSELMO ANTONIO

26

Obrero agrícola

731208

Cauquenes

VII

Ejército

DD

100

CANDIA NÚÑEZ HUGO DEL ROSARIO

19

Empleado

731011

Talcahuano

VIII

Marina

M/1

101

CAPDEVILLA ARRATE GUILLERMO

731002

M/1

102

CARABANTES OLIVARES HORACIO NEFTALÍ

21

Vendedor

750121

Frente Mercado municipal, Viña del Mar

V

DINA

DD

103

CARCAMO CARRASCO GERMAN SIMON

24

Empleado SOCOAGRO

731030

Porvenir

XII

Carabineros

M/1

104

CÁRCAMO GARAY JOSÉ MARIO

26

Técnico agrícola

731019

Chamiza – Base Tepual, Puerto Montt

X

FACH

M/1

105

CÁRCAMO ROJAS SAÚL SEBASTIÁN

19

Estudiante educ. Media

730916

Asentamiento 24 de Abril, Paine, Stgo

RM

Carabineros y civiles armados

M/1

106

CÁRCAMO RUIZ RUDY

28

Empleado

741127

Calle seis, casa 262, pobl. Leonoe Mascayo, Talcahuano

VIII

Agentes del Estado

DD

107

CARMONA ACEVEDO AUGUSTO TADEO HERIBERTO

38

Periodista

771207

Barcelona 2524, San Miguel, Stgo

RM

CNI

M/1

108

CARRASCO AYALA JUAN CARLOS

730911

M/1

109

CARRASCO BARRIOS RICARDO EDUARDO

19

Estudiante Educ. Media

730916

Asentamiento 24 de abril, Paine, Stgo

RM

Carabineros y civiles armados

M/1

110

CARRASCO DÍAZ MARIO EDRULFO

18

Estudiante

740916

León Ugalde 1485, Stgo

RM

DINA

DD

111

CARRASCO PEÑA BLANCA MARINA DE LA LUZ

27

Estudiante artes plásticas, UTE/5

730915

Ñuñoa, Stgo

RM

Carabineros

M/1

112

CARRASCO PEREIRA FERNANDO ALBINO

25

Taxista

730914

Retén Niblinto, Chillán

VIII

Carabineros

M/1

113

CARRASCO TAPIA JOSÉ HUMBERTO

43

Periodista

860908

Barrio Bellavista, Stgo

RM

Comando 11 de Septiembre

M/1 VP

114

CARRASCO VALDIVIA MAURICIO JEAN

25

Estudiante universitario

761020

Macul con Los Plátanos

RM

DINA

M/1 VP

115

CARRASCO VÁSQUEZ JOSÉ HERNÁN

28

Estudiante periodismo U de Concepción/5

751201

Villa Grimaldi

RM

DINA

M/1

116

CARREÑO GONZÁLEZ ENRIQUE ÁNGEL

22

Estudiante agronomía U de Concepción

730920

San Diego 425, Parral

VII

Militares y Carabineros

DD

117

CARRION CASTRO JORGE ERNESTO

22

Obrero EMOS

731005

Sector Casas Viejas, Puente Alto, Stgo,

RM

Ejército

DD

118

CASTILLO MUÑOZ MARÍA LORETO

29

ama de casa

840518

intersección Costanera Sur y Santos Medel, Pudahuel, Santiago

RM

CNI

M/1

119

CASTRO ALVAREZ JOSÉ EUGENIO

24

Zapatero

730914

Concepción

VIII

Carabineros

DD

120

CASTRO SALVADORES CECILIA GABRIELA

23

Estudiante derecho U de Chile

741117

Cano y Aponte 1080, depto A, Stgo

RM

DINA

DD119 O

121

CATALÁN FEBRERO MIGUEL ÁNGEL

22

Estudiante universitario

731009

Paso Hondo, Tomé

VIII

Marina

M/1

122

CAYUMAN CAYUMAN CARLOS ALBERTO

31

Obrero maderero

731010

Puente Villarrica sobre el Río Toltén

X

Operación conjunta

DD Liquiñe

123

CERDA APARICIO HUMBERTO PATRICIO

20

Estudiante electrónica

750210

Stgo

RM

DINA

DD

124

CERDA MEZA MANUEL ANTONIO

30

Obrero construcción

731013

Campamento Carlos Cortés, San Bernardo, Stgo

RM

FACH

DD

125

CHACÓN OLIVARES JUAN ROSENDO

29

Médico Veterinario

740717

Antonio Varas 240, depto 202, Stgo

RM

DINA

DD119 L

126

CHAER VÁSQUEZ ROBERTO SALOMÓN

21

Empleado, ex estudiante sociología U Concepción/2

740906

Centro Stgo

RM

DINA

DD119 L

127

CHAMORRO ACOSTA NICANOR

24

730911

M/1

128

CHANFREAU OYARCE ALFONSO RENÉ

23

Estudiante filosofía U de Chile/5

740730

Escanilla 661, sector Independencia, Stgo

RM

DINA

DD119 L

129

CHAVEZ LOBOS ISMAEL DARIO

22

Estudiante derecho U de Cjhile y empleado

740726

Los Copihues 1977, Quinta Normal, Stgo

RM

DINA

DD119 O

130

CID URRUTIA WASHINGTON

25

Estudiante sociología

741208

Pobl. CCU, Renca, Stgo

RM

DINA

DD119 O

131

CIENFUEGOS CAVIERES MARÍA VERÓNICA

28

ama de casa

811211

Rivadeneira 6678, Sn Joaquín, Stgo

RM

CNI, Carabineros, Investigaciones

M/1

132

CIENFUEGOS CAVIERES SERGIO EDUARDO

23

Funcionario U de Chile

740107

Valentín Letelier 1330, Santiago

RM

Carabineros

DD

133

CLAUDET FERNÁNDEZ JEAN IVES

36

Ingeniero químico

751101

Cercanías Hotel Liberty, Bs As. Argentina

AR

FF.AA. Ext, DINA

DD DINA AR

134

CONCHA VILLEGAS HUGO ANTONIO

29

Obrero mecánico

740813

El Trébol 262, La Cisterna, Stgo

RM

Agentes del estado

DD

135

CONTRERAS CABRERA HÉCTOR HÉRNAN

21

Estudiante y empleado CORA/5

731208

Linares

VII

Ejército

DD

136

CONTRERAS GONZÁLEZ ALEJANDRO ABUNDIO

28

Funcionario CORA

740714

La Cisterna, Stgo

RM

DINA

DD119 L

137

CONTRERAS HERNÁNDEZ CLAUDIO ENRIQUE

27

Constructor civil y estudiante ingeniería UTE/1

750107

Stgo

RM

DINA

DD119 L

138

CONTRERAS ROJAS HÉCTOR MANUEL

39

Radiocontrolador

760628

Conchalí, Stgo

RM

DINA

DD GJ76

139

CORNEJO CAMPOS RAÚL GUILLERMO

28

Estudiante sociología U de Chile y artesano/5

760616

Cercanías Parque O’Higgins, Stgo

RM

DINA

DD

140

CORREA ORTIZ HERNÁN

33

Dibujante técnico

811228

Calle ex Unión c/ Dorsal, Renca, Stgo

RM

Investigaciones

M/1

141

CORTAZAR HERNÁNDEZ MANUEL ROBERTO

20

Estudiante Educ. Media/5

731017

Cuesta Cardones, Copiapó

III

Ejército

M/1

142

CORTÉS CASTRO BERNARDO DEL TRÁNSITO

20

Estudiante pedagogía U de Chile/5

740405

La Serena

IV

Ejército

M/1

143

CORTÉS GUAJARDO DAGOBERTO

33

Estudiante ingeniería en minas UTE/5

821128

Aldunate frente al 5009, Stgo

RM

Carabineros

M/1

144

CORTÉS JELVES PEDRO BLAS

37

Operador máquinas movim de tierras

751119

Fundo La Rinconada, Stgo

RM

DINA

M/1

145

CORTÉS RODRÍGUEZ GERMÁN DE JESÚS

29

Ex estudiante teología

780118

Estados Unidos 9192, Stgo

RM

DINA

M/1

146

CORTEZ JOO MANUEL EDGARDO DEL C.

28

Contador

750214

Stgo

RM

DINA

DD119 O

147

CRISOSTOMO SALGADO EDUARDO SEGUNDO

24

Estudiante agronomía U de Concepción/5

731001

Comisaría Carabineros Chillán

VIII

Carabineros

DD

148

CRISTI MELERO ROBERTO

26

Estudiante economía U de Concepción/5

770117

Buenos Aires, Argentina

AR

FF.AA. AR

DD AR

149

CRUZ AGUAYO, RAFAEL AUGUSTO

28

Ingeniero agrónomo

730913

Purranque

RM

Carabineros

M/1

150

CUBILLO GALVEZ CARLOS LUIS

20

Vendedor

740604

Grecia c/ Ramón Cruz, Ñuñoa, Stgo

RM

DINA

DD119 L

151

CUEVAS CUEVAS JAIME ALFONSO

29

Obrero forestal

811110

Camino Las Vizcachas, La Florida

RM

CNI

M/1

152

DALL ORSO BADILLA CARLOS PATRICIO

36

Artesano

860703

Hospital Gustavo Fricke, Viña del Mar

V

Agentes del Estado

M/1

153

DE ALMEIDA LUIS CARLOS

s/d

Profesor universitario UTE/1

730914

Barrancas, Stgo – Estadio Nacional

RM

Carabineros

DD

154

DE CASTRO LÓPEZ BERNARDO

35

Dibujante técnico

740914

Bilbao 1236, Providencia

RM

DINA

DD

155

DE LA BARRA VILLARROEL ALEJANDRO

24

Cientista político

741203

Bilbao frente al nº 2050, Stgo

RM

DINA

M/1

156

DE LA JARA GOYENECHE FELIZ SANTIAGO

24

Estudiante instituto pedagógico UC, Stgo

741127

Independencia c/ Olivos, Stgo

RM

DINA

DD119 O

157

DE LA MAZA ASQUET JOSÉ LUIS

26

Estudiante medicina veterinaria U de Chile/5

771101

24 de Septiembre con Ayacucho, San Miguel, Tucumán Argentina

AR

FFAA ext, DINA

DD DINA AR

158

DEL CANTO RAMÍREZ  GUILLERMO

31

Ingeniero agrónomo

740102

Santa Clara 560, La Cisterna, Stgo

RM

Ejército

DD Linares

159

DEL FIERRO SANTIBAÑEZ AMADOR ROBERTO

24

Ingeniero eléctrico

760224

Psje Juan Ramón Jimenez 7476, Stgo

RM

DINA

M/1

160

DELARD CABEZAS CÁRMEN ANGÉLICA

23

Estudiante medicina U Austral de Valdivia

770110

Comisaría Cipolletti, Argentina

AR

FF AA AR

DD AR

161

DELARD CABEZAS GLORIA XIMENA

22

Estudiante economía

770117

Buenos Aires, Argentina

AR

FF.AA AR

DD AR

162

DELGADO SANHUEZA JOSÉ ALFONSO

22

Obrero

731008

río Bio-Bio

VIII

M/1

163

DÍAZ AGUERO BEATRIZ ELENA

26

731017

Túnel Lo Prado, Stgo

RM

Ejército

M/1

164

DÍAZ BRIONES ALFONSO DOMINGO

22

Ingeniero ejecución mecánica/1

740613

El Carmelo 196, Maipú, Stgo

RM

FACH

DD

165

DÍAZ CÁCERES CARLOS RENÉ

34

821001

Las Condes

RM

Explosivos

M/1

166

DÍAZ CASTRO ÁNGEL MARIO

41

Obrero agrícola

740118

Escuela de Ingenieros, San Antonio

V

Ejército

M/1

167

DÍAZ CLIFF JUAN ANTONIO

41

Empleado particular

860418

Gabriel Palma c/ Av. Recoleta, Stgo

RM

CNI

M/1 VP

168

DÍAZ DARRICARRERE CÁRMEN MARGARITA

24

Estudiante enfermería u de Chile temuco

750213

cerca de su domicilio, Stgo

RM

DINA

DD

169

DÍAZ MEZA RAFAEL ALONSO

23

Obrero agrícola

730922

Parral

VII

Investigaciones

DD G23/10/73

170

DÍAZ MUÑOZ LUIS

841229

Estación Central

RM

Carabineros

M/1

171

DOCKENDORFF NAVARRETE MURIEL

23

Estudiante economía U de Concepción

740806

Marconi 280, Stgo

RM

DINA

DD119 L

172

D’ORIVAL BRICEÑO JORGE HUMBERTO

26

Egresado veterinaria U de Chile

741031

Las Margaritas 2749, Conchalí, Stgo

RM

DINA

DD119 O

173

DROUILLY YURICH JACQUELINE PAULETTE

24

Estudiante servcio social U de Chile

741030

Alberto Decombe 1191, Stgo

RM

DINA

DD119 L

174

DURÁN GONZÁLEZ CARLOS PATRICIO

25

Ex estudiante construcción civil

761218

Stgo

RM

DINA

DD Caso 13

175

DURÁN RIVAS LUIS EDUARDO

29

Estudiante periodismi U de Chile

740914

Psje Matte 956 depto 903, Stgo

RM

DINA

DD119

176

ELGUETA DÍAZ LUIS ENRIQUE

23

Músico

760727

Chiclana 2861, depto 1, Bs. As, Argentina

AR

FF AA ext., DINA

DD DINA AR

177

ELGUETA PINTO MARTÍN

21

Estudiante ingeniería comercial u de Chile

740717

Antonio varas 240, depto 202, Providencia, Stgo

RM

DINA

DD119 L

178

ELTIT CONTRERAS MARÍA TERESA

22

Estudiante servicio social

741212

Stgo

RM

DINA

DD119 O

179

ELTIT SPIELMAN JAIME EMILIO

28

Abogado

730913

San Ignacio y Av Matta, Santiago

RM

Ejército

DD

180

ENRIQUEZ ESPINOZA  MIGUEL HUMBERTO

30

Médico

741005

Santa Fé 2705, San Miguel, Stgo

RM

DINA

M/1

181

ENRIQUEZ ESPINOZA EDGARDO

34

Ingeniero civil

760410

Buenos Aires, Argentina

AR

FF.AA. Ext, DINA

DD

182

ESCOBAR SALINAS RUTH MARÍA

27

Estudiante de danza u de Chile

740630

Londres 38, Santiago

RM

DINA

DD

183

ESPINOZA GONZÁLEZ LUIS ALFREDO

25

Electricista y ex GAP

781210

Mendoza, Argentina

AR

DD AR

184

ESPINOZA HENRÍQUEZ MAMERTO EULOGIO

26

Ex estudiante dibujo técnico U de temuco

740917

Stgo

RM

DINA

DD

185

ESPINOZA MÉNDEZ JORGE ENRIQUE

24

Estudiante filosofía u de Chile

740618

Stgo

RM

DINA

DD119 L

186

ESPINOZA PARRA JUAN ELÍAS

35

Fotógrafo

831229

Andes c/ Gral Barbosa, Stgo

RM

CNI

M/1

187

ESPINOZA POZO MODESTO SEGUNDO

32

Empleado, rondín

740822

Pobl. Villa Lo Arrieta, Peñalolén, Stgo

RM

Operación conjunta

DD119 O

188

ESPINOZA SANTIC JOSÉ ENRIQUE

24

Cabo 2º FACH

731026

Academia Politécnica Aeronáutica, Stgo

RM

FACH

M/1

189

ESPINOZA VALENZUELA JUAN SEGUNDO

27

Obrero agrícola

730830

Fundo Nehuente, Carahue, Temuco

IX

Ejército

DD (CNE)

190

FARIAS SILVA GUSTAVO ADOLFO

21

Obrero

Casino Escuela de Ingenieros, San Antonio

V

Ejército

M/1

191

FARIAS VARGAS GUSTAVO MANUEL

23

Obrero

730922

San Antonio

V

Ejército

DD

192

FELMER KLENNER JOSÉ LUIS

20

Estudiante agronomía

731019

Chamiza – Base Tepual, Puerto Montt

X

FACH

M/1

193

FERNÁNDEZ JULIO CÉSAR

24

Artesano uruguayo

731011

Vía pública en Santiago

RM

Civiles armados

DD

194

FERNÁNDEZ RIVERA JORGE ANTONIO

18

Estudiante Ens. Media

850905

Posta Hospital Barros Luco, San Miguel

RM

Civiles no identificados

M/1

195

FERNÁNDEZ ZAPATA CARLOS JULIO

26

Ex estudiante economía y sociología U Concepción

740910

Calle Frontera 2857, Stgo

RM

DINA

DD

196

FERREIRA RAMOS SCALTRITTI DANIEL

38

uruguayo sin datos

870115

Posta 3, Stgo

RM

Investigaciones

M/1

197

FIORASO CHAU ALBANO AGUSTÍN

23

Profesor educ.media

740617

Maruri, Independencia, Stgo

RM

Carabineros

DD119 O

198

FLORES DURÁN MANUEL GENARO

28

Dirigente Político

830419

Villaseca frente al nº 185 y Capitán Orella, Stgo

RM

CNI

M/1 VP

199

FLORES DURÁN SERGIO GABRIEL

29

Técnico electricista

811211

Rivadavia 6674, San Joaquin, Stgo

RM

CNI, carabineros, Investigaciones

M/1

200

FLORES PÉREZ ARCADIA PATRICIA

27

Estudiante de periodismo

810816

Santa Petronila 644, Quinta Normal, Stgo

RM

CNI

M/1 VP

201

FLORES PÉREZ JULIO FIDEL

22

Estudiante ingeniería ejec, minas UTE, Antofagasta

750110

Sta Teresa 9080, parad 27 Gran Av. La Cisterna, Stgo

RM

DINA

DD119 L

202

FLORES PONCE SERGIO ARTURO

23

Estudiante filosofía U de Chile

740724

vía pública, Stgo

RM

DINA

DD

203

FLORES UGARTE NÉLSON

770218

Buenos Aires, Argentina

AR

FF AA AR

DD AR

204

FRANKOVICH PÉREZ MARÍA DE LA LUZ

46

Dueña de casa

730913

PostaCentral, Santiago

RM

Carabineros

M/1

205

FRITZ MONSALVE EULOGIO DEL CARMEN

30

Minero

750221

Bascuñan Guerrero, Stgo

RM

DINA

M/1 VP

206

FUENTEALBA CALDERÓN ISAIAS JOSÉ

29

Jefe Complejo maderero

731010

Puente Villarrica sobre el Río Toltén

X

Operación conjunta

DD Liquiñe

207

FUENTEALBA FUENTEALBA FRANCISCO JAVIER

26

Joyero y ex estudiante medicina vet. U Austral

740713

Sto Domingo 573, depto 33, Stgo

RM

DINA

DD

208

FUENTES ALARCÓN JORGE ISAAC

28

Sociólogo

750517

Asunción, Paraguay

PAR

DINA

DD

209

FUENTES RAVANAL JUAN GUILLERMO

24

Obrero

730918

Recinto militar Quilmo, Ñuble

VIII

Ejército

M/1

210

FUENTES RIQUELME LUIS FERNANDO

23

Estudiante biología U de Chile

740920

Bilbao c/ Amapolas, Providencia -Lyon, Stgo

RM

DINA

DD119 L

211

FUENTES ZAMORANO JUAN ABELARDO

26

Practicante y ex soldado

750612

Trayecto Stgo – Quillota

V

Ejército

M/1

212

FUENZALIDA LOYOLA SERGIO MANUEL

55

Obrero y comerciante

760628

Villa O’Higgins, la Florida

RM

DINA

DD GJ76

213

FUENZALIDA ZURITA ANDRÉS FERNANDO

33

s/d

791127

Pedro de Valdivia c/ Las Encinas

RM

Carabineros

M/1

G – K

214

GAJARDO WOLFF CARLOS ALFREDO

34

Arquitecto, académico U de Chile

740920

Stgo

RM

DINA

DD119 L

215

GALINDO RAMIREZ MARÍA

26

Secretaria administrativa

760722

Stgo

RM

DINA

DD

216

GALLARDO AGUERO NÉSTOR ALONSO

25

Estudiante ingeniería comercial

740917

Stgo

RM

DINA

DD119 L

217

GALLARDO MORENO CATALINA ESTER

29

Secretaria

751119

Fundo La Rinconada, Maipu, Stgo

RM

DINA

M/1

218

GALLARDO MORENO ROBERTO

25

Vendedor

751117

Bio Bio con Waldo Silva, Stgo

RM

Ejército

M/1 VP

219

GALLARDO PACHECO ALBERTO RECAREDO

 Adriana, vi un error en el listado, mi abuelo Alberto Gallardo Pacheco, no era miliatnte del MIR. Favor corregir. Saludos BEto

751119

220

GANGA TORRES LUIS ANDRÉS

21

Comerciante

751119

Fundo La Rinconada, Maipú, Stgo

RM

DINA

M/1

221

GANGOTENA VALLEJOS ALFREDO

22

Estudiante U de Concepción

Lirquén , Concepción

VIII

M/1

222

GARAY HERMOSILLA HÉCTOR MARCIAL

19

Estudiante pedagogía básica U de Chile

740708

Los Aromos 2720, depto 31, Stgo

RM

DINA

DD119 L

223

GARCÍA FRANCO JOSÉ FELIX

31

Estudiante medicina U de Chile Temuco

730913

2º Comisaría Carabineros Temuco

IX

Carabineros

DD

224

GARCÍA MORALES SANTIAGO SEGUNDO

26

Obrero maderero

731004

Patio Rgto Cazadores, Valdivia

X

Ejército

M/1

225

GARCÍA VEGA ALFREDO GABRIEL

30

Estudiante egresado servicio social y empleado

750118

Quinta Vergara, Viña del mar

V

DINA

DD119 O

226

GEDDA ORTIZ MÁXIMO ANTONIO

26

Periodista

740716

Stgo

RM

DINA

DD

227

GHO ALARCÓN MARIO ARMANDO

19

Soldado conscripto ejército

731016

Santiago

RM

Ejército

M/1

228

GOLSCHLICH CORDERO FRANCISCO

28

750705

Mendoza, Argentina

AR

DD

229

GOMEZ ITURRA JUAN CARLOS

27

Empleado

790621

A. Lizama c/ A. Del Canto, Lo Valledor, Stgo

RM

Carabineros

M/1 VP

230

GONZÁLEZ DE ASIS GUILLERMO

30

Obrero

750912

Stgo

RM

DINA

DD

231

GONZÁLEZ FERNÁNDEZ HÉCTOR GENARO

27

Empleado y ex estudiante economía U de Concepción

740906

Centro de Stgo

RM

DINA

DD

232

GONZÁLEZ GALENO EDUARDO ALBERTO

31

Médico pediatra

730914

Hospital Cunco, Temuco

IX

Carabineros

DD

233

GONZÁLEZ GONZÁLEZ PATRICIO LEONEL

23

Empleado

851210

Concha y Toro esq Arturo Prat, Santiago

RM

Carabineros

M/1

234

GONZÁLEZ INOSTROZA HERNÁN GALO

26

Empleado particular

740815

Bueras 172-D, depto D, Stgo

RM

DINA

DD119 O

235

GONZÁLEZ INOSTROZA MARÍA ELENA

22

Profesora Educ. Básica

740815

Bueras 172-D, depto D, Stgo

RM

DINA

DD119 L

236

GONZÁLEZ MANRÍQUEZ LUIS FRANCISCO

27

Técnico electrónico

741003

Paraguay 1473, La Granja, Stgo

RM

DINA

DD

237

GONZÁLEZ MELLA LUIS GENARO

25

Estudiante estructuras metálicas UTE

741122

Nueva Tres 6468, Par. 18 Gran Av., La Cisterna, Stgo

RM

DINA

DD

238

GONZÁLEZ MILLONES VÍCTOR MANUEL

30

Empleado

841110

Paso fronterizo Los Patos, Putaendo, San Felipe

V

Carabineros

DD

239

GRANDE SWANTE

760300

Tucumán, Argentina

M/1

240

GREZ ABURTO JORGE ARTURO

29

Estudiante filosofía y medicina U de Concepción

740523

entre Mac Iver y Miraflores, Santiago

RM

DINA

DD

241

GUAJARDO ZAMORANO LUIS JULIO

22

Estudiante ingeniería u de Chile

740720

San Dionisio 2554, Stgo

RM

DINA

DD119 O

242

GUARATEGUA QUINTEROS ORLANDO PATRICIO

23

Estudiante tecnología industrial

760625

Sector Lo Franco, Stgo

RM

DINA

DD GJ76

243

GUENDELMAN WISNIAK LUIS ALBERTO

24

Estudiante egresado arquitectura U de Chile

740902

Ruiz de Gamboa 048, Las Condes

RM

DINA

DD

244

GUERRERO CARRILLO ANGEL GABRIEL

24

Estudiante dibujo técnico

760525

Antonio Varas c/ Providencia, Providencia, Stgo

RM

DINA

DD

245

GUERRERO GUTIÉRREZ CARLOS EDUARDO

20

Estudiante Historia U de Chile

741231

Simón Bolivar 1977, Stgo

RM

DINA

DD

246

GUTIERREZ AVILA ARTEMIO SEGUNDO

23

Joyero

740713

Santo Domingo 573, depto 33, Stgo

RM

DINA

DD

247

GUTIERREZ GÓMEZ MARCELO DEL CÁRMEN

17

Obrero construcción

731005

Osorno

X

Carabineros

M/1

248

GUTIERREZ MARTÍNEZ MARÍA ISABEL

26

Estudiante egresada geografía UC Valpo

750124

Calle Covadonga, Quilpué, Valpo

V

DINA

DD

249

GUZMÁN SANTA CRUZ ROBERTO

35

Abogado

731016

Rgto Arica, La Serena

IV

Ejército

M/1

250

GUZMÁN SOTO LUIS ENRIQUE

21

Obrero maderero

731004

Patio Rgto Cazadores, Valdivia

X

Ejército

M/1

251

GUZMÁN SOTO PRÓSPERO DEL CÁRMEN

27

Obrero

810920

Remeco Alto, Neltume

X

CNI- Ejército

M/1

252

HERRERA COFRÉ JORGE ANTONIO

18

Estudiante educ. Media

741213

La Granja, Stgo

RM

DINA

DD119 O

253

HERRERA RIVEROS NÉLSON ADRIAN

30

Comerciante

840823

Sector Lorenzo Arenas, Vega Monumental, Concepción, VIII

VIII

CNI

M/1

254

HILLERNS LARRAÑAGA ARTURO ENRIQUE

29

Médico

730915

Lynch 161, Temuco

IX

Carabineros

DD

255

HUERAVILO SAAVEDRA OSCAR LAUTARO

23

Empleado

770519

Buenos Aires, Argentina

AR

FF. AA. AR

DD

256

IBARRA CÓRDOVA FABIÁN ENRIQUE

27

Contador auditor

750117

Jackson 870, Chorrillos, Viña del Mar,

V

DINA

DD

257

IBARRA DURÁN LUIS ANTONIO

24

Obrero electricista IANSA

730923

Pobl. Rosita O’Higgins, Chillán

VIII

Militares y carabineros

DD

258

IBARRA TOLEDO JUAN ERNESTO

21

Estudiante servicio social U de Chile

740725

Stgo

RM

DINA

DD119 L

259

INOSTROZA ÑANCO JOSÉ VICTOR

19

Electricista

731025

Valdivia

X

Carabineros – Ejército

M/1

260

IRIBARREN GONZÁLEZ FERNANDO EUGENIO

27

Fotógrafo

830207

Abdón Cifuentes 250, Stgo

RM

CNI

M/1 VP

261

JACCARD SIEGLER ALEXEI VLADIMIR

25

Estudiante universitario

770517

Buenos Aires, Argentina

AR

FF . AA. AR

DD

262

JARA ARAVENA JOSÉ EDUARDO

28

Estudiante periodismo UC

800802

Eliodoro Yañez c/ Los Leones, Stgo

RM

COVEMA, Investigaciones

M/1

263

JARA CASTRO JOSÉ HIPÓLITO

29

Estudiante egresado química y far. U de Concepción

740914

Aldunate 466, Santiago

RM

DINA

DD119 O

264

JARAMILLO JARAMILLO LUIS

761119

DD

265

JIMENEZ CORTES LUIS CARLOS

25

Dibujante técnico

730915

Salvador Donoso 137, Barrio Bellavista, Santiago

RM

Agentes del estado

DD Patio 29

266

JORQUERA ENCINA MAURICIO EDMUNDO

19

Estudiante sociología U de Chile

740805

intersección Arturo Prat y Eleuterio Ramírez, Sabtiago

RM

DINA

DD119 L

267

JOUI PETERSEN MARÍA ISABEL

19

Estudiante economía U de Chile

741220

Compañía 1741, depto 4, Stgo

RM

DINA

DD119 O

268

JUANTOK GUZMÁN JACTONG ORLANDO

26

Estudiante egresado arquitectura U de Chile

730912

Cerro La Cruz, Valpo

V

Marina

DD

269

KRAUSS ITURRA VÍCTOR FERNANDO

24

Estudiante universitario

731004

Patio Rgto Cazadores, Valdivia

X

Ejército

M/1

L – N

270

LABRA SAURE PEDRO CLAUDIO

23

Estudiante universitario

750208

San Miguel, Stgo

RM

DINA

DD IML

271

LABRADOR URRUTIA RAMÓN ISIDRO

24

Comerciante

741214

Carlos Valdovinos c/ Vicuña Mackenna, Stgo

RM

DINA

DD119 L

272

LABRIN SAZO MARÍA CECILIA

25

Asistente Social

740812

Latadía 4301-L, Las Condes, Stgo

RM

DINA

DD

273

LAGOS HIDALGO SERGIO HERNÁN

30

Empleado particular

740914

Cuatro Alamos

RM

DINA

DD

274

LAGOS MARÍN NELSÓN ERNESTO

30

850923

Chillán

VIII

explosión

M/1  VP

275

LAGOS MARÍN OGAN ESTEBAN

20

Estudiante agronomía U de Concepción

740428

Chillán

VIII

Investigaciones

DD

276

LAGOS MARÍN SERGIO HUMBERTO

25

Estudiante egresado sociología U Concepción

750207

San Pablo entre Cuminng y Matucana, Stgo

RM

DINA

DD

277

LAGOS NILSSON GLORIA ESTHER

28

Secretaria

740826

Pobl. Lo Sierra block 13, depto 34, Lo Espejo, Santiago

RM

DINA

DD

278

LAGOS RODRÍGUEZ ANTONIO APOLONIO

32

Técnico en minas

790804

camino El Cajón, parcela 36 A, El Arrayán

RM

CNI

M/1 VP

279

LAGOS RODRÍGUEZ MARIO OCTAVIO

34

Obrero y comerciante

840823

Sector Lorenzo Arenas, Vega Monumental, Concepción

VIII

CNI

M/1

280

LARA ESPINOZA GABRIEL VALENTÍN

18

Estudiante Educ. Media

730922

San Martín 763, Mulchén, Los Angeles

VIII

Carabineros y civiles armados

DD

281

LARA GARRIDO CARLOS

26

Obrero

731004

Río Bio-Bio

VIII

M/1

282

LARA MUÑOZ JUAN

34

810916

M/1

283

LARRAVIDE LÓPEZ RAÚL LEOPOLDO

20

Estudiante ingeniería en minas

731017

Cuesta Cardones, Copiapó

III

Ejército

M/1

284

LASCHAN MELLADO FRIDA ELENA

28

Educadora de Párvulos

760415

Buenos Aires Argentina

AR

FF AA AR

DD AR

285

LAURIE LUENGO AROLDO VIVIAN

30

Vendedor viajero

740728

Frente Hospital de Parral

VII

Carabineros

DD

286

LAUSIC GLASINOVIC CEDOMIL LUCAS

28

Técnico agrícola

750409

Villa Grimaldi

RM

DINA

M/1

El Patio 29. Una historia de Chile

DestacadoEl Patio 29.  Una historia de Chile

sábado, 11 de julio de 2015

Todo está clavado en la memoria

Patio 29
 
El Patio 29 es un terreno del Cementerio General de Santiago de Chile, que fue usado durante el Régimen Militar para enterrar clandestinamente a ejecutados políticos.
Este lugar estaba destinado como fosa común para sepultar a personas indigentes, pacientes psiquiatricos y quienes morían en la calle sin ser identificadas por sus deudos (NN). Sin embargo, desde septiembre de 1973 hasta 1982, sus tumbas fueron usadas para ocultar a víctimas de la Dictadura Militar.
En 1991 comienzan las primeras exhumaciones de los restos y se da inicio a las investigaciones orientadas a identificarlos. El total de sepulturas exhumadas fueron 107, encontrándose en ellas 124 restos óseos.

https://youtu.be/PDtLyK2w09Q

Marcas de la Memoria. Una generación que marcó la Historia Reciente.

Marcas de la Memoria.   Una generación que marcó la Historia Reciente.

Las baldosas
de Londres 38

Es muy diferente caminar hoy por la calle Londres, en pleno centro de Santiago, que haberlo hecho vendado para ingresar al Nº 38, centro clandestino de detención y tortura de la dictadura. Sin embargo, el memorial que acaba de inaugurarse allí posibilitará apreciar unas placas que repiten el efecto de las baldosas que los detenidos lograban atisbar, por debajo de la venda, al ingresar a “Yucatán”, nombre que la Dina dio a ese cuartel clandestino.
Entre los adoquines de la estrecha calle, frente a la deteriorada casona que hasta el golpe de Estado fue sede del Partido Socialista, fueron instaladas 300 placas de mármol blanco y granito negro. Recuerdan a los 96 chilenos que fueron hechos desaparecer desde allí entre septiembre de 1973 y fines de 1974. Sobrevivientes, familiares y compañeros de los caídos, personalidades, artistas y autoridades asistieron al acto inaugural de este espacio.
El Colectivo Londres 38, impulsor de la iniciativa, enfatizó que el “Nunca más” no es un tema del futuro, sino una tarea actual que, sin embargo, “no está garantizada por el sólo conocimiento del horror. Es necesario promover un juicio racional y político sobre lo que pasó y sobre su relación con este tiempo, en el cual seguimos conviviendo con la impunidad. Hay una demanda de verdad y justicia insatisfecha y mientras no exista una respuesta plena a esa exigencia, el pasado seguirá siendo parte de nuestra actualidad”.
Para los familiares, “la memoria asociada a este recinto tantas veces y por tan largo tiempo ocultada, es dar cuenta de la identidad política y generacional de las víctimas, en su inmensa mayoría militantes del MIR, jóvenes que fueron parte activa de las luchas sociales y políticas de la época. Hombres y mujeres que optaron por resistir a la dictadura, parte de aquellos que desde un principio lucharon por recuperar la democracia. Es por esta razón que hoy no pueden estar ausentes de su construcción: una sociedad que se precia de democrática no puede serlo si olvida a aquellos que lucharon por ella, porque ese olvido no pesa sólo para los secuestrados y desaparecidos, para los omitidos, sino para la sociedad misma que olvida un trozo de su propia vida”.

Las víctimas

Los asistentes -muchos con la voz ahogada por la emoción- corearon “presente” cuando se leyeron los nombres de los caídos, grabados en las placas que señalan también la fecha de detención, edad y militancia de ellos.

Los detenidos desaparecidos que pasaron por ese centro clandestino fueron Elena Díaz Agüero y Cecilia Labrín Saso (ambas embarazadas), M. Inés Alvarado Borgel, M. Angélica Andreoli Bravo, Sonia Bustos Reyes, Muriel Dockendorff Navarrete, Ruth Escobar Salinas, María Elena González Inostroza, Elsa Leuthner Muñoz, Violeta López Díaz, Rosetta Pallini González, Marcela Sepúlveda Troncoso y Bárbara Uribe Tamblay. También Miguel Angel Acuña Castillo, Carlos Adler Zulueta, Eduardo Alarcón Jara, Dignaldo Araneda Pizzini, Alberto Arias Vega, Víctor Arévalo Muñoz, Juan Bautista Barrios Barros, Alvaro Barrios Duque, Jaime Buzio Lorca, Jaime Cádiz Norambuena, Luis Alberto Canales Vivanco, Iván Carreño Aguilera, Manuel Carreño Navarro, Manuel Castro Videla, Juan Chacón Olivares, René Chanfreau Oyarce, Darío Chávez Lobos, Hugo Concha Villegas, Abundio Contreras González, Carlos Cubillos Gálvez, Carlos Cuevas Moya, Martín Elgueta Pinto, Rodolfo Espejo Gómez, Jorge Espinoza Méndez, Modesto Espinoza Pozo, Albano Fioraso Chau, Sergio Flores Ponce, Francisco Fuentealba Fuentealba, Gregorio Gaete Farías, Andrés Galdámez Muñoz, Héctor Garay Hermosilla, Víctor Garretón Romero, Máximo Gedda Ortiz (redactor de Punto Final), Galo González Inostroza, Jorge Grez Aburto, Luis Guajardo Zamorano, Segundo Gutiérrez Avila, Patricio Gómez Vega, Joel Huaiquiñir Benavides, Juan Ibarra Toledo, Mauricio Jorquera Encina, Eduardo Lara Petrovich, Aroldo Laurie Luengo, Ofelio Lazo Lazo, Gumercindo Machuca Morales, Zacarías Machuca Muñoz, Juan Maturana Pérez, Washington Maturana Pérez, Juan Meneses Reyes, Sergio Montecinos Alfaro, Ricardo Montecinos Slaughter, Newton Morales Saavedra, Germán Moreno Fuenzalida, Juan Mura Morales, Leopoldo Muñoz Andrade, Ramón Núñez Espinoza, Jorge Olivares Graindorge, José Orellana Meza, Luis Orellana Pérez, Alejandro Parada González, Pedro Poblete Córdova, Marcos Quiñones Lembach, José Ramírez Rosales, Agustín Reyes González, Daniel Reyes Piña, Sergio Riveros Villavicencio, Patricio Rojas Castro, Gerardo Rubilar Morales, Julio Saa Pizarro, Ernesto Salamanca Morales, Jorge Salas Paradisi, Carlos Salcedo Morales, Hernán Sarmiento Sabater, Sergio Tormen Méndez, Enrique Toro Romero, Ricardo Troncoso Muñoz, Luis Valenzuela Figueroa, Modesto Vallejos Villagrán, Ewin van Yurik Altamirano y Sergio Vera Figueroa.

Camuflaje y silencio

Desde esa casona de Londres 38, ubicada muy cerca de la iglesia de San Francisco, cuyas campanas oían los detenidos, la Dina inició la práctica terrorista de la desaparición de detenidos. La existencia del lugar, cuya ubicación los sobrevivientes identificaban gracias al tañido de las campanas, fue negada por las FF.AA. durante décadas. En democracia persistió el silencio pero los sobrevivientes testimoniaron en tribunales los horrores vividos en Londres 38, careándose con antiguos torturadores y confirmando declaraciones formuladas en tiempos de dictadura. Ello fue fundamental para permitir las condenas de la plana mayor de la Dina.
El ejército -que entregó en comodato la casa al Instituto O’Higginiano- había “camuflado” el lugar dándole el número 40, para dificultar su ubicación. Tras años de esforzada lucha de los colectivos de derechos humanos y agrupaciones de sobrevivientes, en 2005 la casona fue declarada monumento nacional. Las agrupaciones ligadas a esta batalla por la memoria, el Colectivo Londres 38, el Colectivo 119 y Memoria 119, conformaron una mesa de trabajo con el gobierno para discutir los objetivos y el plan para la recuperación integral del inmueble, que se encuentra muy deteriorado. Miembros del Colectivo 119 expresaron su satisfacción por este logro que contribuye a “limpiar la patria de tanto olvido e impunidad, recuperando el valioso testimonio, los sueños y proyectos de tantas y tantos, entre los cuales se encuentran nuestros queridos familiares detenidos desaparecidos de la lista de los 119, ofreciéndolo como enseñanza y patrimonio histórico para toda la sociedad”.
El memorial es un proyecto gestionado por el Colectivo Londres 38, diseñado por María Fernanda Rojas, Macarena Silva, Heike Höpfner y Pablo Moraga con apoyo del programa de derechos humanos del Ministerio del Interior (más información en www.londres38.cl). Los colectivos no sólo debieron luchar porque la propiedad de Londres 38 no fuera vendida a particulares, sino también para revertir la decisión del gobierno de instalar allí la sede del Instituto de Derechos Humanos. La movilización de familiares, sobrevivientes y amigos de los desaparecidos logró romper el olvido tendido sobre esta casa de tortura, la única que no fue materialmente destruida, como ocurrió con Villa Grimaldi o José Domingo Cañas.

LUCIA SEPULVEDA RUIZ
(Publicado en “Punto Final” edición Nº 673, 24 de octubre de 2008)

CONO SUR. Historias de vida y militancia.

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