¿Nunca más?: Ex-Centro de Detención, Tortura, Exterminio y Desaparición es hoy una Cárcel de Niños y Jóvenes. Parte I.

¿Nunca más?: Ex-Centro de Detención, Tortura, Exterminio y Desaparición es hoy una Cárcel de Niños y Jóvenes. Parte I.
Luego de enterarme en julio de este año, en un capítulo de nuestro programa de radio que el ex Centro de Detención, Tortura, Exterminio y Desaparición 3 y 4 Álamos era utilizado hoy como un Centro de Intervención Provisoria y Centro de Reclusión Cerrado (CIP-CRC) San Joaquín, me contacté con personas que me ayudasen a comprender cómo esto era posible. Así, al paso de los días, entré por primera vez a estas dependencias, al lado “recuperado” del recinto, que solo contempla la casona que actualmente guarece a los funcionarios administrativos de SENAME. Recorrí aquellos espacios fríos cargados de historias, cargados de olvido, escuchando relatos y sacando fotografías.

 

 

 

¿Nunca más?: Ex-Centro de Detención, Tortura, Exterminio y Desaparición es hoy una Cárcel de Niños y Jóvenes. Parte I.

DIAPOSESCRITOSINFANCIA Y NIÑEZ — BY  ON NOVIEMBRE 20, 2013 AT 14:22 

Por Claudia Hernández Del Solar*

Este texto forma parte de una serie de 4 relatos. Ve la segunda parte acá.

Luego de enterarme en julio de este año, en un capítulo de nuestro programa de radio  que el ex Centro de  Detención, Tortura, Exterminio y Desaparición 3 y 4 Álamos era utilizado hoy como un Centro de Intervención Provisoria y Centro de Reclusión Cerrado (CIP-CRC) San Joaquín, me contacté con personas que me ayudasen a comprender cómo esto era posible. Así, al paso de los días, entré por primera vez a estas dependencias, al lado “recuperado” del recinto, que solo contempla la casona que actualmente guarece a los funcionarios administrativos de SENAME. Recorrí aquellos espacios fríos cargados de historias, cargados de olvido, escuchando relatos y sacando fotografías.

Aún habían  cosas que me faltaba averiguar. Como por ejemplo si a esa puerta, tapada por un cuadro que simula un allá afuera, seguía una escalera oculta. Además, todavía ignoraba en qué manos había caído la posta de ese lugar, como en una carrera.

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Así que me reuní con don Ricardo Ventura, detenido en 3 y 4 Álamos durante la dictadura militar. En un bar, a eso de las 5 de la tarde de un día viernes, sin almuerzo y con un vino en la mesa, comenzó a responder mis preguntas y a repasar los relatos de su experiencia en aquellos tiempos. Partió diciéndome: “Es la tarea nuestra, somos los que sobrevivimos y tenemos la responsabilidad de jugar el papel de los que no están”. Excelente comienzo para mí, ya que desde mi lugar de “no haberlo vivido”, las preguntas me insisten aún más.

Al contarle de mi reciente ida a la parte de 3 Álamos le pregunto por las puertas clausuradas, le pregunto por el Chucho, lugar que actualmente funciona como bodega, guardando entre otras cosas un montón de medicamentos. Me dice que sí, que hay más puertas, que el subterráneo abarca toda la casona, y que era en ese entonces el lugar donde guardaban “el cargo”, aquello que se le entregaba al preso a su llegada, que consistía entre otras cosas, de un overol -el uniforme de preso que nadie se ponía-, una “chaqueta de mezclilla”, una taza, un vaso, y un jergón -colchón de paja-. Todo ello debía ser tomado como pudiese por el prisionero que “llegaba generalmente hecho mierda”. Aquel lugar que funcionaba como bodega, era el Chucho, la parte de tortura del subterráneo, Ricardo lo recuerda lleno de ratones, húmedo y frío. Sí, ese frío aún se siente allí. A partir de esto, dice que hay dos elementos que un prisionero no olvida nunca: el hambre y el frío; por algo las torturas eran hechas a cuerpos desnudos. Al Chucho se llegaba por ejemplo, como modo de castigo cuando alguien se negaba a cantar las canciones de la FFAA.

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Ricardo tuvo la experiencia de estar en 3 y 4 Álamos por casi dos años, entre los años 1976 y 1977 -el recinto funcionó desde 1974 a 1978 aproximadamente- cuando los detenidos que allí llegaban eran los que trabajaban en clandestinidad luchando contra la dictadura. Considera que se trataba de personas diferentes, eran aquellas que “más allá del trauma de Golpe no dejaron de trabajar en la resistencia y estaban dando la pelea”, eran quienes ya detenidos habían logrado negociar no cantar las canciones de las FFAA, sino la canción nacional, “pero sin la última estrofa”, una concesión difícil de lograr.

Ricardo llegó desde Villa Grimaldi. Así como la mayoría, que provenía de otros centros de detención y tortura: la Venda Sexy, José Domingo Cañas, Santa Lucía. Se llegaba directamente a 4 Álamos, pabellón que quedaba alejado de las puertas y murallas, en el centro del lugar, custodiado por la DINA: “la gente que está ahí está en un proceso, porque al llegar ahí todavía no existe”. Dicho de otro modo, quienes llegaban a ese lugar se encontraban en calidad de desaparecidos para su gente. Muchos de ellos, lo terminaron estando hasta hoy. El grupo más grande que por allí pasó, fue el de los “119”. Otros esperaban largo tiempo hasta que se “recuperaban”, volviéndose “presentables”, para así poder hacer los registros y documentaciones necesarias que lo acreditasen en calidad de detenido. Allí, se pasaba a  3 Álamos, a cargo de Carabineros de Chile. Se “avanzaba” hacia la “libre plática”, recibiendo aquel “cargo” sin venda en los ojos por primera vez. Ahí llegaban visitas, tenían la atención de la Cruz Roja, gente de diversas Iglesias iban a visitarlos, incluyendo algunos, como un predicador puertorriqueño que fue a decirles que debían pedirle perdón a Dios por los pecados que habían cometido: “por supuesto, llevaban pan de pascua”. Sin embargo, la vida no estaba asegurada. Aún el temor a que los mataran existía.

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En 4 Álamos el promedio de permanencia era de un mes, un mes donde se recuperaban o bien se efectuaba una nueva ronda de interrogatorios, un mes donde se decidía si se los iba a desaparecer definitivamente o si pasaban a existir otra vez. Podían incluso llevar a los prisioneros a otro centro de tortura si consideraban que aún se les “podía sacar” algo de información. Era en Villa Grimaldi, la Venda Sexy, José Domingo Cañas“donde tienen la parrilla donde torturan…donde estaban los expertos”.

No sabía que se podía llegar a ser experto en torturar. Manifiesto mi sorpresa y Ricardo lo reafirma: los expertos en tortura estaban siempre acompañados de “mucho médico”[1]. Médicos que acompañaban al preso en sus torturas, evaluando su capacidad de soportar: “te ponían el estetoscopio y decían “está bien, está bien, dale más… otro poquito”, o bien, la tortura era jugar con la cercanía de la muerte: “no le des más porque se va a morir… entonces no es responsabilidad mía, es tuya”, le decía el médico al torturador.

Ricardo llegó a este lugar con siete costillas quebradas, una rótula fuera de lugar, la dentadura y la nariz rota. El problema era respirar. Toser era infinitamente doloroso. Dormir sentado era la única alternativa y pararse lo menos posible. Lo poco recuperado volvió a foja cero cuando un grupo de “Dinos” lo sacaron y le pegaron. Insistían en la idea de poder sacar aún más información.

Ricardo insiste en que todos los casos son diferentes, pero que a ese lugar se llegaba estando en dos lugares posibles: cuando se “cae dibujado”, que en jerga de los prisioneros significaba el haber sido descubierto como parte de una organización, teniendo una “chapa”,  por lo que “lo van a apretar hasta la muerte”, o aquéllos que eran delatados e indicados como posibles “enemigos internos”. Estos últimos, eran los que la DINA atrapaba, torturaba para interrogar su procedencia. A Ricardo lo acusaron de ser mirista y tener una radio clandestina. Ni lo uno ni lo otro. Sin embargo, existe una dinámica del torturador que supone “saber”algo del otro, y así justificar el afán de hallar algo más, insistiendo, ofreciendo información por expulsión, vida o muerte.

La estructura militar ¿permite la existencia de la perversión?¿genera condiciones para ello? Ricardo dice que después de haber vivido la experiencia de la tortura, del presidio, del exilio, sus ideales se radicalizaron. Ése fue el efecto que lo llevó a estudiar cómo era posible que un ser humano le hiciese esa calaña de acciones a otro ser humano. Él se lo explica a partir de la capacidad de rechazo: a modo de instrucción, las fuerzas militares utilizaban un documento llamado “Conflictos de baja intensidad” elaborado por el Pentágono, como herramienta de adoctrinamiento ideológico y técnico que buscaba eliminar esta capacidad de rechazo por parte de la tropa, lo que podía explicar cómo algunos hombres pasaban de ser jóvenes de 18 años incapaces de matar un conejo a terminar por convertirse en asesinos que degollan a personas, o matan civiles. Es un método técnico, donde “se selecciona al muchacho más activo, más violento, más dispuesto a…”. En Chile, era Tejas Verdes el lugar donde se instruía y adoctrinaba a estos “elegidos”, a quienes ya su “capacidad de rechazo” había sido prácticamente abolida. Ya podían matar a una persona “sin asco”. Ya habían pasado por la experiencia de hacerse cargo de cuidar un perro, el cual se transformaba en su compañero, para luego matarlo por orden de su jerarquía, abriéndole el vientre y metiendo la cabeza dentro de éste. Ahí pasó la prueba. Con esto, “ganaban un ejército o brigadas operativas incondicionales que están dispuestos a matar a su madre”. Así, era posible encontrarse con personajes como “El Troglo”, quien usaba un delantal de cuero, como un talabastro, para no ensuciarse con la sangre y los excrementos de los torturados; el mismo al que un día, mientras torturaba a un grupo de prisioneros -relata Ricardo- le suena el teléfono de la sala. Exigiendo silencio, contesta a su señora: “Ya mi amor….oiga, no voy a llegar a comer hoy día a la casa, tengo mucho trabajo, voy a llegar un poquito más tarde, así que no se preocupe… besitos a los niños! chao”, y cuelga. “El tipo es un padre de familia y ése es su trabajo” agrega.

A contracara se encuentran los opuestos, aquellos hombres y mujeres valientes, que a pesar del calvario en el que se encontraban insertos, se atrevían a enfrentar a sus verdugos del único modo allí posible, que es por medio de la palabra, del decir, del mostrar, del situar. Uno de ellos era don Alfredo Kurt Fonseca, quien luego de salir bajo la puerta en la que “los Dinos” habían puesto como tabla sobre su cuerpo para luego saltarle innumerables y dolorosamente encima, le dice a uno de ellos que permaneció en su custodia:

– “¿Cómo puede ser posible que usted haga esto?

– “Es mi trabajo“, responde el “Dino”.

– “No puede ser su trabajo. El trabajo es la expresión más alta de dignidad del hombre”

– “¡Ah! te lavaron el cerebro… yo hago esto por la patria”.

– “¿Qué es la patria?

– “La bandera, el escudo nacional.”

– “No, esa no es la patria. Ese es el símbolo de la patria; la patria somos nosotros, el pueblo”.

En la entrevista, luego de esto, un silencio. Una apretada en el brazo intentando mostrar en el contacto mi proximidad. Un trago de vino que me invita a seguir preguntando. Le pido que me ayude a pensar qué es lo que viven los jóvenes que se encuentran hoy ahí recluidos. Me dice que ellos “cachan todo ya”. Que se le acercan, que le han preguntado: “se me acerca así y me dice “¿oye tío? ¿a ti te metieron preso y te sacaron la chucha? aahhh…aquí siempre escuchamos voces, escuchamos cosas, gente así como que le pasa algo, como que se está quejando… aaahhh… lo pasaban mal acá”. Ricardo dice que ellos se sienten cargados, a pesar de que reconoce su escepticismo en relación a estas cosas.

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Allí todo sigue igual. Es más, Ricardo hace poco tiempo atrás reconoció su celda. Estaba igual, solo el espejo había cambiado de tamaño. Recordó cuando volvió a ver su imagen en ese espejo luego de permanecer por dos meses y medio con los ojos vendados y sin bañarse. Cuando ya la ropa se había podrido y deshecho en la piel, cuando las infecciones abundaban y el hedor proliferaba. Recuerda que al ver su reflejo, se preguntó“¿quién es ese hueón que me está mirando así?”. El hambre, el frío, los golpes, las fracturas, habían cambiado completamente su cuerpo y su rostro. Impresionante para mí era que cada uno de estos relatos, cada uno de estos detalles de escenas de la vida tan profundamente dolorosas e indignantes, eran siempre acompañadas de la anécdota, de aquel recuerdo alegre, de ejemplos de compañerismo y de solidaridad en medio de todo el desastre circundante. Como el “Kuky”, un joven de aproximadamente 18 años, a quien consideró como loco cuando éste le ofrece artículos de aseo y calzoncillos que había resguardado ante viento y marea en el bolso que portaba desde que fue detenido en la frontera con Argentina.

Esa casa está igual, los baños están iguales… se siguen usando.

Esto me lleva a la pregunta por el lugar. ¿Cuáles son  los motivos que fundamentan el deseo de que ese lugar se transforme en un espacio de memoria?, ¿cuál es el sentido de la “recuperación” del espacio, donde la ideología del castigo se sigue escribiendo en una misma línea ahí, hasta hoy, pero con nuestros jóvenes?

En relación a lo primero, Ricardo me cuenta la historia de un centro de exterminio en Alemania al que relaciona con 3 y 4 Álamos porque su característica principal eran también los árboles. Centro que en la actualidad es responsabilidad del Estado sin importar el gobierno de turno. Por él la comunidad se pasea, incluyendo las FFAA, quienes dejan allí ofrendas florales con la finalidad de hacerse cargo de haber visto lo que allí pasó. Eso es lo que espera que ocurra con todos los lugares que funcionaron como centros de detención y tortura; que todos los chilenos y chilenas, sobretodo, las fuerzas militares, pasaran por ahí. En particular, en 3 y 4 Álamos, le gustaría poner una campana que sea tocada por todo asistente y se comprometa así con un nunca más: “yo quiero que vayan las FFAA, que vayan los jóvenes cadetes, porque si el ejército es de todos los chilenos deben ir; ahora, si el ejército es de la derecha y depende del ejército norteamericano que no vayan. Pero si es chileno de verdad tienen que ir ahí a rendir pleitesía y declarar que nunca más se va a torturar y asesinar a chilenos”.

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En relación a lo segundo, considera que la burocracia chilena es mediocre y, en ella, justifica su creencia en que no existió una intencionalidad siniestra o macabra al disponer de ese lugar como un centro de intervención con niños y jóvenes. A mí se me viene a la cabeza la frase de Pinochet “que economía más grande” cuando se le preguntó por lo que pensaba de las urnas que contenían más de un cuerpo. Que economía más grande hacer uso de este espacio que desde su arquitectura ha servido para el encierro, primero el claustro, luego la celda.

Ahí es cuando me cuenta del tiempo anterior a ser un centro de detención y tortura, “este campo era usado para retiro espiritual de unos monjes con un nombre bien raro, los oblatos se llamaban“. Según lo que he indagado, oblatos se le denomina a aquel creyente que sin profesar los votos de la iglesia católica, sin dejar de ser laico, se ofrece a Dios para el cumplimiento de algunos de los compromisos que los religiosos de alguna orden hacían. Interesante es que lo que aparece relacionado en Chile y Argentina a esta denominación en la actualidad se abocan a promover la justicia como “componente indispensable de la labor evangelizadora”. En fin, cada una de las celdas pensadas para un monje, durante la dictadura era usada por 7 personas, seis en dos camarotes triples y uno en el suelo.

La línea de la posta era entonces, de los monjes a los pacos, de los pacos con la DINA, devuelta a los pacos y luego a SENAME. Patrón común son los jóvenes, la justicia y la reclusión.

4 Álamos tenía cuatro pabellones, el 1 y el 2 para hombres, cada uno con aproximadamente 500 presos, el 3 era de mujeres. Era en Tres Álamos donde se encontraban los presos “VIP”, militantes de partidos políticos conocidos y parte del gobierno derrocado de Allende. En dicho lugar, Conrado Pacheco, carabinero de alto rango, estaba a cargo. Según los relatos, era misógino y se ensañaba especialmente con las mujeres. Ricardo no sabe si está aún vivo o no, sí sabe que actualmente su hijo, es actualmente parte del alto mando encargado de la “contrainsurgencia” que se cristaliza hoy ante  las manifestaciones sociales.

Sigue la entrevista. Detalles de su estadía y “anécdotas” varias van generando un discurso donde las experiencias de extremo dolor y, al mismo tiempo, de enormes muestras de compañerismo, dan pie a mi siguiente pregunta. ¿Qué es lo que más le dolía, más allá de lo físico? “La dignidad“, me responde. La relaciona con los momentos de tortura, aquéllos donde se les ponía electricidad, o sobre una parrilla ardiente, donde el cuerpo responde defecándose, orinándose y sangrando: “Uno no puede pararse, te tratabas de enderezar y ellos te humillaban, te pisaban las manos, los genitales… Es la dignidad lo que más duele… Que alguien te diga que es dueño de tu vida, que te digan que tu vida la mando yo, que yo te desaparezco cuando quiero, es lo que más duele”. Agrega que comprende a Allende cuando se quita la vida, precisamente para no vivir la humillación de que hagan con el cuerpo y la vida de otro lo que se les plazca, amenazando con represalias a familiares o relatando cómo es que su pareja se encontraba al otro lado colgada. A la compañera de esa época de  Ricardo las torturas con electricidad le provocaron una infertilidad definitiva. Exiliados en Europa se realizó seis intervenciones para lograr tener hijos, pero no fueron efectivas: “no resultó y se murió la pareja… Eso es lo terrible, ésa es una deuda muy alta”.

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Su relato me indigna, se lo manifiesto, por las consecuencias eternas que los daños van marcando para siempre tantas vidas. Ricardo me dice que bajo ninguna circunstancia quiere que piense que éste es un caso especial, que todas y cada una de las personas que se vieron en esas circunstancias, llevan consigo y, por ende, el resto de sus seres queridos y descendientes, la marca de lo vivido.

Recuerda entonces un momento que dice tener grabado, cuando es llevado desde 4 a 3 Álamos, cuando pasaba a existir nuevamente para el resto y para él significaba “estoy vivo”. Tan delgado que la ropa debía sujetársela, camina hacia una puerta, donde se encuentra a otra persona en las mismas circunstancias de espera: “yo llego por atrás caminando, afirmándome de las paredes, y él se da vuelta y me abraza… No me voy a olvidar nunca de su expresión, y me dice algo así como “hace siete meses que no veo a un ser humano”. Ese hombre llevaba meses aislado. Ricardo lo había estado durante 18 días en 4 Álamos.

Recuerda su estadía como preso, como existente, en “libre plática”, donde el tiempo de convivencia llevaba a formar lazos de afecto y a organizarse. Como las obras de teatro que se realizaron, ya que el lugar estaba lleno de artistas, que de diferentes formas mataban el tiempo expresándose desde el arte. Una de ellas se llamaba “Cómo se volvió loco Luculum”. Vestidos con sábanas y con una mata de apio en las cabezas, se hacían declamaciones, como por ejemplo “solo sé que nada sé, pero piola no pasé”, u otra que decía “estoy preso, luego existo”. Obras que se presentaban a un público cautivo de cerca de 500 personas. “Súper cautivo” agrega riéndose.

Me costaba imaginar cómo dentro del calvario, podían llegar a vivir este tipo de dinámicas, le pregunto por cómo era posible ese tránsito. Sin contestar mi pregunta me da otro ejemplo, su ejemplo. Ricardo era conocido como el “cambio y fuera”, ya que el motivo de su detención lo indicaba como parte de una radio clandestina del MIR. Se cuenta que en una de las torturas, mientras le preguntaban insistentemente por la radio, respondió: “mire, yo no tengo nada que ver con ninguna radio…. Cambio y fuera”. Mito que se mantuvo por años, generando que fuese reconocido como tal por los compañeros que dentro de “los cajones” eran testigos de las torturas. Fue dentro de 3 Álamos donde terminó encargado de la organización de los diversos cursos de capacitación que allí se crearon, siendo el encargado del pizarrón y de tocar la campana. Esa misma campana que ahora desea allí instalar como un simbolismo del “nunca más”.

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Me habla del exilio. Su experiencia en Suecia la define como extraordinariamente fraternal, de gran preocupación por el estado tanto físico como psíquico de todos los y las compatriotas que llegaron a ese destino. Era pasar de un extremo a otro, a un lugar tranquilo y bello donde diferentes instituciones estatales se ponían a su disposición y le entregaban todos los tratamientos requeridos: recuerda con humor, cómo es que uno de los tratamientos al que debió someterse por las fracturas de las costillas, implicaba permanecer un buen tiempo colgado: “¡¿cómo?! ¡¿De nuevo me cuelgan?!” Ricardo tenía entonces 28 años.

Le pregunto entonces cómo es que de 3 Álamos llegó a Suecia. Me cuenta cómo son las salidas de ese lugar, de cómo cuando un compañero se iba, el resto hacia fila para despedirse: uno a uno, dándole algún objeto o prenda de vestir que le pueda servir en el camino y, a la vez, quien se va le deja a los que se quedan parte de sus pertenencias, algo así como “la herencia que deja uno para todos”. Cotizadas eran las herramientas con las cuales hacían las artesanías. Recuerda que sale desde ese lugar en un auto con tres “civiles”, y emprende camino al aeropuerto donde Interpol se encargaría de ahí en adelante de su destino. En el auto, iba un chofer, un copiloto y atrás, otro sujeto que acompañaba a Ricardo, quien de chaqueta y corbata, llevaba esposadas sus manos. El riesgo de muerte aún existía, era posible que el auto se desviara y “los Dinos” hicieran de lo suyo; con eso en mente, Ricardo pide llamar a su casa. Es el chofer el único que accede a la demanda y acepta detenerse en algún momento del largo y lento camino hacia el aeropuerto donde “iban a la vuelta de la rueda por el camino de San Pablo”. Se detienen en un servicentro al lado de una carnicería que tenía un teléfono público: sin monedas en el bolsillo, el chofer le pasa un par; Ricardo le pregunta cómo llamará pues sus manos estaban esposadas. Incómoda situación tanto para él como para las personas que lo verían en esas circunstancias, como unos niños que pasan por ahí caminando, y dan un paso atrás al ver las esposas en Ricardo: “tranquilos, yo no soy delincuente, soy preso político”, les dice. El chofer saca un chaleco y lo pone sobre las esposas para esconderlas. Ricardo entra a la carnicería y le pregunta a la señora que atendía si podía llamar, ella se pone muy nerviosa al ver esta bizarra escena con un tipo esposado, de terno, acompañado por un par de hombres de temeraria postura. “Llame no más” le dice a Ricardo, quien toma el teléfono y llama a su madre, quien gritaba por el otro lado de la línea preguntándole donde estaba. Le cuenta que va en un auto camino al aeropuerto por tal ruta con tal patente y le pide que se encuentren allá, cuelga y agradece a sus acompañantes. Al llegar al aeropuerto se encuentra con su madre, quien llega tan alterada que ni lo reconoce: “¡¡quiero saber donde está mi hijo!!”, “acá estoy mamá“, le responde Ricardo, que se encontraba sentado a un metro de distancia. Ricardo no logró estar cuando murió su madre: fue deportado nuevamente años más tarde desde el aeropuerto de Santiago cuando venía a su funeral: “no la pude enterrar“.

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Ricardo me recalca el importante rol que jugaban los profesionales de la ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) en aquella época; al llegar al aeropuerto quienes lo trasladaban le pasan sus documentos a una mujer alta, corpulenta y rubia que le doblaba la edad quien le dice “Sr. Ventura usted está en mis manos, desde ahora usted no se separa de mí”. Estando en carácter de expulsado del país, son estas personas quienes se encargan de todos los trámites previos al despegue del avión, y le explica lo que viene: “tú vas a pasar por Brasil, tú vas a hacer esto ahí, luego esto… No te preocupes que está recomendado al capitán del avión y allá te van a estar esperando”. De nervio, a Ricardo le dan ganas de ir al baño. Ella le dice que lo acompaña, que no se preocupe que no es al primero que ve. Nunca se separó de Ricardo, ya que a ella en otras ocasiones le habían “robado” gente que luego desapareció. Ese día Ricardo no era el único en esa condición, un periodista con quien se sube al mismo avión iba rezando, le temía tanto a la circunstancia como al volar. El capitán del vuelo al entrar le regaló personalmente una canasta con botellitas de alcohol y cholocolates -cuanto tiempo sin estos sabores- acompañado de un discurso en un intento de español de donde recuerda le daba la bienvenida adelantada a Suecia diciendo: “Mi país es libre“. A pesar de esto, el miedo aún existía, la incertidumbre de lo que vendría, viajando a un país desconocido, con otro idioma, con lo puesto.

Le comento sobre el miedo, le pregunto por si queda algo a lo que le teme después de todo esto. Me afirma que sin duda los miedos existen y existirán siempre, pero “que maten a alguien por tu culpa es mayor al miedo a que te maten, el miedo a que le hagan algo a tu familia (…) una de las peores torturas es cuando te preguntan por tu hija; no es lo mismo que te masacren a ti a que masacren a tu hija… no es lo mismo”. Cree que la cuestión ideológica es fundamental, en la medida en que por más injusta que sea la situación a la que los expusieron, había una convicción a la base, y era precisamente esa convicción, lo que sostenía la resistencia.

“¿Estamos?” Me pregunta. Solo una pregunta más. Yo quería insistir en lograr una línea histórica clara de la posta del lugar: “de los curas a la Dina, de la Dina a los pacos, de los pacos al Ministerio de Justicia y SENAME”. Para terminar Ricardo dice: “yo me sé todas las canciones de los pacos de cuando estábamos incomunicados ahí…Yo siempre molesto y me pongo a cantar: “duerme tranquila, niña inocente…Vamos sin miedo tras el bandido, somos del pobre el protector” Yo la escuchaba 20 veces al día…¿No la conoces tú?”.

Este texto forma parte de una serie de 4 relatos. Ve la segunda parte acá.

[1]   Listado de Médicos Torturadores: http://terrorismodeestadoenchile.blogspot.com/2013/07/listado-de-los-medicos-que-torturaron.html

* Claudia es psicóloga y candidata a Magíster en Clínica psicoanalítica con niños y jóvenes. Colaboradora del Centro de Estudios Abierto LaPala, y coordinadora de la línea de investigación sobre Infancia & Política.

TRANSGENERACIONALIDAD DEL TRAUMA PSICOSOCIAL EN LOS DESCENDIENTES DE AFECTADOS POR LA REPRESIÓN POLÍTICA EN CHILE.

Articles varia

Daniela Díaz et Georg Unger1

Transgeneracionalidad del trauma psicosocial en los descendientes de afectados por la represión política en Chile

Abstract

The purpose of this research is the analysis of Transgenerationality of Psychosocial Trauma, enlightening the elements which intervene into its transmission. The study comprised a sample of 50 children affected by political repression during the dictatorship in Chile. The age of the participants ranged from 27 to 41 years old. The measurement was carried out through an instrument built for this research – that measures Transgenerationality of Psychosocial Trauma – and the Spanish version of the Inventory of Vulnerability to Stress built by Beech. Burns & Scheffield (1982). The results indicate the presence of Transgenerationality associated with the persistence of negative perception of achieving justice in the field of human rights and social recognition. It is also associated with difficulties in establishing intimate relationships, slight political participation, with the predominance of radical interactions, protection attitudes toward parents, mistrust and fear of abandonment. The variables that modulate the expression of transgenerationality are: the sex; being the only- or first-born child; and the existence of another affected relative, apart from the parents. It does not depends on whether one or both parents were affected neither on the type of repression endured. Finally, one of the mechanisms of transmission is the presence of the “conspiracy of silence”.

Extracto

El propósito de este estudio fue investigar la Transgeneracionalidad del Trauma Psicosocial y los elementos que estarían interviniendo en su transmisión. Para ello se trabajó con una muestra de 50 hijos/as de afectados/as por la represión política durante la dictadura en Chile. La edad de los participantes fluctuó entre los 27 y 41 años. La medición fue realizada con un instrumento construido para esta investigación -que mide la Transgeneracionalidad del Trauma Psicosocial- y la versión española del Inventario de Vulnerabilidad al Estrés de Beech, Burns y Scheffield (1982). Los resultados indican presencia de transgeneracionalidad asociada a la permanencia de una percepción negativa de logro de justicia en el campo de los derechos humanos y del reconocimiento social. También se asocia a dificultades para establecer relaciones de pareja, a escasa participación política, a un predominio de interacciones radicales, a actitudes de protección a los padres, a desconfianza y miedo al abandono. Las variables que modulan la expresión de la transgeneracionalidad son : el sexo ; el ser hijo/a único o mayor ; y la existencia de otro familiar afectado, además de los padres. Es independiente de si uno o ambos padres fueron afectados y del tipo de represión. Finalmente uno de los mecanismos de la transmisión es la presencia de la “conspiración del silencio”.

Keywords

political repression, psychosocial trauma, transgenerationality of trauma

Palabras claves

represión política, trauma psicosocial, transgeneracionalidad del trauma

Texte intégral

Introducción

Las dictaduras en América Latina se caracterizaron por cometer graves violaciones a los derechos humanos. En Chile, según informes nacionales, las personas afectadas directamente por la represión política son cerca de 800.000, las cuales están conformadas por familias donde uno o varios de sus integrantes fueron víctimas de distintas tipos de acciones represivas (Minoletti et al., 2000 ; Servicio de Rehabilitación Social [SERSOC], 2009).

La represión política ejercida por el Estado, implica el estudio y la planificación de la violencia, la cual es utilizada como estrategia de control social y para neutralizar, perseguir y aniquilar a los grupos opositores al régimen. Corresponde a una acción global y deliberada para producir efectos de miedo y amedrentamiento colectivo. Por esto el impacto del terrorismo de Estado no sólo afecta a las víctimas directas, sino que involucra a toda la sociedad. (Beristain, 1999 ; Minoletti et al., 2000 ; SERSOC, 2009)

Considerando lo anterior se comprende que el daño producido por la represión política sea distinto al ocasionado por las catástrofes naturales o los accidentes, debido al carácter intencional de la violencia producto del accionar político. Esta intencionalidad provoca en las víctimas una visión más negativa del mundo y de sí mismos y amenaza la integridad de las personas (Janoff-Bulman, 1992, citado en Beristain, 1999). Además de las situaciones represivas experimentadas, se suma el empeoramiento de las condiciones de vida, la ruptura familiar, la desorganización social y cambios culturales. Entendiendo con esto que el daño menoscaba la integridad de las personas y a la trama social que las sustenta (Beristain, 1999 ; Scapusio, 2006).

El origen del trauma, las pérdidas y el dolor no es un producto de conflictos intrapsíquicos o interpersonales, “aquí el conflicto es primariamente social, entre clases o grandes grupos sociales, en último término, un conflicto político” (Vidal 1999, citado en Minoletti et al., 2000, p. 10), generándose lo que se llama el trauma psicosocial. Este trauma es considerado como un acontecimiento histórico, donde se destaca que su origen está en la sociedad y no en el individuo, y por su naturaleza se alimenta y mantiene en la relación entre el individuo y la sociedad (Martín-Baró, 1990). “El sujeto afectado es la verificación del trauma social en su singularidad y unicidad. En la especificidad del drama particular es posible identificar los componentes más generales del trauma, comunes a otros sujetos, pero mediatizados por las peculiaridades de su psiquismo” (Madariaga, 2003, p. 13).

El trauma se constituye como la cristalización en los individuos de “relaciones sociales aberrantes y deshumanizadoras” (Martín-Baró, 1990, p. 236). Estas relaciones sociales son las causantes del daño y su mantención en el tiempo aumentará la cantidad de personas traumatizadas (Martín-Baró, 1990). Esto trae consecuencias a la hora de comprender y solucionar los traumas, donde no sólo se debe atender al individuo, sino también a las raíces sociales de este problema, es decir, a las condiciones sociales traumatógenas (Martín-Baró, 1990). Por esto, el contexto social no puede considerarse sólo como el marco donde se analiza el trauma, sino como un elemento que puede modificarlo, ya que si las condiciones sociales no se modifican la experiencia traumática se cronificará y arraigará cada vez más (Brinkmann, 2006 ; Minoletti et al., 2000).

En Chile se ha observado una importante cronificación de la sintomatología física y psicológica en las personas afectadas por la represión política, esto debido al poco reconocimiento social de los acontecimientos, a la culpabilización de las víctimas y la impunidad que aun existe en el país, lo cual concuerda con otras investigaciones realizadas en América Latina (Kordon y Edelman, 2002 ; Madariaga, 2003 ; Minoletti et al., 2000 ; Scapusio, 2006). Bajo este contexto las posibilidades de reparación no sólo se ven impedidas, sino que se produce un efecto retraumatizante, incorporándose nuevos eventos dolorosos a una situación humana previamente traumatizada.

La retraumatización, al igual que el trauma, tiene su origen en lo social, donde factores políticos, sociales y culturales agreden constante y cotidianamente a las personas, lo que puede provocar una reexperimentación del dolor, apareciendo un conjunto de emociones y pensamientos displacenteros, que perpetúan de ésta forma el sufrimiento de las personas. Esta movilización del sufrimiento en un nuevo contexto, genera una modificación del trauma psicosocial, incorporando los nuevos eventos disruptivos al daño ya presente (Madariaga, 2006 ; Pastrana y Venegas, 2002). Los procesos de duelo y rehabilitación, en la primera generación, se ven perturbados a causa del contexto impune, perpetuando el trauma en las generaciones sucesivas (Madariaga, 2003). Considerando lo anterior, se puede entender la transgeneracionalidad del trauma como una experiencia traumática histórica y muchas veces permanente que afecta a más de una generación (Frazier, West-Olatunji, Juste & Goodman, 2009), constituyéndose en “la nueva forma que adquiere en el presente el trauma de la dictadura” (Madariaga, 2003, p. 12).

Para esta investigación se utilizará el concepto de transgeneracionalidad, propuesto por Scapusio, ya que este concepto es más abarcativo y preciso que el concepto de trasmisión transgeneracional, “muestra cómo las situaciones de daño atraviesan varias generaciones, sin hacer recaer en éstas la exclusiva responsabilidad de reproducir y transmitir ese daño” (Scapusio, 2006, p. 18), sin negar la existencia de una transmisión intersubjetiva en el ámbito familiar. Con esto se evita psicologizar, familiarizar y privatizar el daño y su origen (Scapusio, 2006). Además al considerar el concepto de trauma psicosocial, se puede establecer que el proceso de transmisión del daño se origina en lo social, instalándose en el contexto familiar a través de un conjunto de sentimientos no elaborados en el momento traumático ni posteriormente, debido a los efectos de la impunidad y el silencio (SERSOC, 2009). También hay estudios que demuestran que el trauma genera patrones relacionales dentro del sistema familiar que van a afectar a las generaciones sucesivas, existiendo la tendencia a repetir rígidamente dichas pautas (Bastías, Mery, Rodríguez, y Soto, 2001 ; Frazier et al., 2009).

La exploración de los efectos transgeneracionales del trauma comenzó en los años 60 mediante estudios clínicos en hijos de sobrevivientes del Holocausto (Mclean, 2005). A través de los años se han realizado una gran cantidad de investigaciones relativas a este tema, las cuales han arrojado diferentes conclusiones, siendo éstas muchas veces opuestas (Kellermann, 2001). Publicaciones posteriores aportan un foco diferente y evalúan como la traumatización de los padres influye en el desarrollo psicológico de los descendientes. También se describen las dinámicas familiares que permiten que ocurra la trasmisión (Lansen, 1993). De esta forma se considera posible que los efectos en la segunda generación se manifiesten en diversas áreas del desarrollo socioemocional y no como psicopatología (Bar-On et al, 1998). Con el tiempo esta área de estudio se ha expandido abordando las experiencias de descendientes de otros grupos como son los veteranos de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra de Vietnam, los sobrevivientes de campos de internamiento japonés, los pueblos indígenas americanos y australianos, los esclavos africanos, los sobrevivientes de violencia doméstica y de abuso infantil y los sobrevivientes de desastres naturales (Frazier et al., 2009 ; Goodman & West-Olatunji, 2008 ; Mclean, 2005 ; Whitbeck, Adams, Hoyt y Chen, 2004). Mediante estas investigaciones se ha observado que los eventos históricos continúan impactando la salud mental de los descendientes, citándose importantes efectos en la salud mental, como es la depresión, ansiedad, hipervigilancia, baja autoestima, ideación y comportamiento suicida, abuso de sustancias, violencia y la pérdida de la identidad cultural (Goodman & West-Olatunji, 2008).

En América Latina se han realizado estudios sobre la transgeneracionalidad del daño como consecuencia de la represión política en las dictaduras, encontrándose consecuencias en los descendientes de afectados como son sentimientos de rabia, injusticia e impotencia, estrategias de evitación y aislamiento frente al miedo y el dolor, tendencia a evaluaciones e interacciones rígidas, dificultades en la realización de proyectos, entre otros (Bastías et al., 2001 ; Busch, Mangado y Robaina, 2002 ; Centro de Salud Mental y Derechos Humanos [CINTRAS], 2009 ; Equipo Argentino de Trabajo e Investigación Psicosocial [EATlP], 2009 ; Kordon y Edelman, 2002 ; SERSOC, 2009).

Tanto en Chile como en otros países de Latinoamérica (EATIP, 2009 ; Grupo Tortura Nunca Mais/RJ [GTNM/RJ], 2009 ; SERSOC, 2009) se ha hecho evidente la presencia de este nuevo consultante, los descendiente de los/as afectados/as por la represión política. Ellos/as solicitan apoyo psicológico por la irrupción de procesos psicoemocionales multiformes y contradictorios, ejemplo de esto es la presencia de dificultad en los proyectos vitales, observándose desinterés, inseguridad, falta de motivación, fracaso en los estudios, fracasos laborales, conflictos familiares y de pareja. También se han observado trastornos adaptativos, ansiosos y depresivos, trastornos psicosomáticos, baja autoestima, consumo de drogas y alcohol y trastornos alimentarios graves, entre otros. Por otro lado están aquellos que han logrado realizarse en distintos planos, sin embargo se sienten afectados por sentimientos de tristeza, falta de sentido y vacío (Busch et al., 2002 ; CINTRAS, 2009 ; Díaz, 1995 ; SERSOC, 2009). Todo esto estaría dando cuenta de una herencia traumática que muchas veces no está completamente consciente (CINTRAS, 2009).

Respecto a la transmisión, Danieli (1998 citado en CINTRAS, 2009) concluye que los mecanismos más efectivos son el silencio, los mitos y los secretos familiares. Estos dificultan la integración de los traumas lo que impide la adecuada elaboración del duelo, producto de las múltiples pérdidas sufridas, lo que lleva a cronificar el daño favoreciéndose la transmisión a las siguientes generaciones.

En estudios hechos en Latinoamérica también se ha observado la presencia del fenómeno de la “conspiración del silencio” dentro de algunas familias, siendo esto consecuencia de lo que ocurre a nivel social, ya que fue el Estado quien impuso el silencio, el cual se mantiene a través de la falta de justicia y reparación. Estas ausencias hacen que las experiencias traumáticas se encapsulen en lo privado del contexto familiar, generando pena, dolor y culpa lo que lleva a que finalmente el silencio se instale dentro de las familias. La persona afectada por la represión se siente incapaz de reconocer, integrar y elaborar estos aspectos traumáticos, no pudiendo comunicar sus experiencias a sus seres cercanos, esto puede ser por el temor a verse sobrepasado por los recuerdos y emociones traumáticas y también para evitar el dolor que pueda producir en sus cercanos. Es así que las experiencias traumáticas se vuelven indecibles para la primera generación, estando los descendientes de los afectados imposibilitados de acceder a elementos importantes de la vida familiar, sin embargo perciben los mensajes no verbales de sus padres de este silencio, transformándose lo indecible de la primera generación en innombrable, ya que los/as hijos/as no preguntan y guardan silencio para protegerlos (CINTRAS, 2009 ; SERSOC, 2009).

Tomando en cuenta todo lo anterior se hace evidente, que el tiempo transcurrido no ha disminuido la eficacia traumatizadora de la represión política, las cuales afectan tanto sobre el individuo como sobre la sociedad en su conjunto, e incluso logra extenderse a otras generaciones, conformándose así el trauma transgeneracional. Esto ha llevado a la emergencia de un “nuevo consultante” asociado a requerimientos de apoyo psicológico, por esto es importante profundizar acerca de las consecuencias que se desarrollan en la descendencia de los afectados por las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura, para así poder comprender el vínculo que existe entre las nuevas problemáticas psicosociales y la violencia sufrida durante la dictadura (Kordon y Edelman, 2002 ; Madariaga, 2003).

Método

Sujetos

Está conformada por 50 hijos/as de afectados/as por la represión política, donde el 66 % son mujeres y el 35 % son hombres. La edad fluctuó entre los 27 y 33 años, siendo la media de la distribución de 33 años (DE =4.424). Para la muestra se consideró sólo aquellos hijos/as de afectados por la prisión política, la tortura, el exilio, el exilio/retorno y exoneración, debido a que se tuvo acceso sólo a dos personas hijos/as de detenidos desaparecidos y dos personas hijos/as de fusilados políticos, lo que no permite realizar un mayor análisis respecto a ese tipo de represión. Respecto al Familiar Afectado por la Represión, el 64 % de las personas presenta a ambos padres afectados, el 26 % sólo el padre y el 10 % sólo la madre. Dada la dificultad para el acceso a los casos y la especificidad que presenta la muestra, se realizó un muestreo de tipo no probabilístico.

Instrumentos de evaluación y procedimiento

El instrumento utilizado está constituido por tres cuestionarios autoadministrables, de formato escala tipo Likert, con cuatro alternativas de respuestas.

El primero es el cuestionario de Transgeneracionalidad del Trauma Psicosocial, que se diseñó para esta investigación con el fin de evaluar la transgeneracionalidad del trauma psicosocial en los hijos e hijas de afectados/as por la dictadura en Chile. Para su construcción se realizó una entrevista grupal para recabar información primaria y determinar las dimensiones. Posteriormente se realizó validación por jueces expertos, considerando como parámetro de validez cuando el reactivo presentaba un 75 % de aceptación. Finalmente se realizó un análisis factorial. Se obtuvo un KMO de .631, con 7 factores finales que explican el 67.969 % de la varianza total del cuestionario. El alfa de Cronbach de la escala total es de .887. La escala quedó constituida por 30 ítems y 4 dimensiones y 5 subdimensiones :

  1. Interacciones Radicales : Se refiere al grado en que las personas se relacionan de forma radical, excluyendo aquellos que no comparten su opinión.

  2. Función de Protección : Se refiere al grado en que los hijos, siendo niños, asumen un rol de apoyo y protección hacia los padres.

  3. Privatización del Daño : Dificultad para hablar sobre la represión sufrida por el afectado refiriéndose a ello de forma vaga y general, caracterizado por un distanciamiento emocional para así evitar el dolor. Esta dimensión presenta dos subdimensiones :

  • a. Dificultad para Hablar : Se refiere al grado en que se evita hablar de la represión sufrido por el afectado por temor y para no sentir dolor.

  • b. Distancia Emocional : Se refiere al grado en que se habla sobre la represión sufrida por el afectado en forma vaga y emocionalmente distanciado.

  1. Disfunción Interpersonal : Se refiere al nivel de dificultad para establecer relaciones interpersonales satisfactorias y seguras. Esta dimensión presenta tres subdimensiones :

  • a. Miedo al Abandono : Se refiere al grado de temor al abandono e inseguridad en las relaciones.

  • b.Dificultad para Relacionarse : Se refiere al grado de dificultad para establecer vínculos con otras personas.

  • c. Desconfianza : Se refiere al grado de dificultad para confiar en otras personas.

El segundo es un cuestionario breve para las variables intervinientes Conocimiento de los Hechos y Afrontamiento de lo Sucedido, también para esta investigación y siguió los mismos pasos del cuestionario de Transgeneracionalidad del Trauma Psicosocial.

La variable Conocimiento de los Hechos se refiere a la cantidad y calidad de la información que se maneja acerca de los hechos vividos por la persona afectada por la represión política. Quedó constituida por 4 ítems y obtuvo un KMO de .663 con una varianza total que explica el 53.3 %. El alfa de Cronbach es de .696.

La variable Afrontamiento de lo Sucedido se refiere al grado en que la familia y los hijos/as se han comunicado y manejado la información sobre lo sucedido durante la dictadura. Obtuvo un KMO de .718, con 2 factores finales que explican el 67.308 % de la varianza total. El alfa de Cronbach de la escala total es de .840. La variable quedó constituida por 7 ítems y 2 dimensiones :

  1. Afrontamiento de la Familia : grado en que la familiar ha manejado y se ha expresado sobre lo ocurrido durante la dictadura.

  2. Afrontamiento del Hijo/a : grado en que el hijo/a ha preguntado sobre lo sucedido durante la dictadura.

El tercero es la versión española del Inventario de Vulnerabilidad al Estrés de Beech, Burns y Scheffield (1982 citado en Navarrete, 2006), la cual fue modificada para obtener respuestas en formato de Escala tipo Likert. La validez se realizó con 18 ítems. Se obtuvo un KMO de .868, con 4 factores que explican el 70.2 % de la varianza total. El alfa de Cronbach global es de .934

Además al comienzo del instrumento, se ubica un apartado para recoger los datos socio-demográficos y otras variables intervinientes.

Procedimientos

El primer paso fue realizar contacto con personas e instituciones para que participaran en la investigación. Estos contactos se realizaron a través de correos electrónicos, contactos telefónicos, presenciales y a través de informantes claves. De las instituciones contactadas sólo se obtuvo respuesta de una.

La gran dificultad que se presentó a lo largo de la investigación fue la falta de respuesta de las personas y asociaciones, pese que en algunos casos se logró durante el primer contacto el interés por participar del estudio.

La aplicación del cuestionario se realizó en una sesión. En primer lugar se informó del propósito de la investigación y cómo se llevó a cabo la construcción del instrumento. Luego se entregó una carta de consentimiento informado y posteriormente se entregó el cuestionario. Las personas demoraron aproximadamente 30 minutos en responder. Esta actividad se realizó entre diciembre de 2010 y abril de 2011.

Análisis de la información

Para realizar los análisis estadísticos se utilizó el programa estadístico SPSS/PASW (Statistical Package for the Social Sciences) versión 18.0 para Windows.

Para los análisis descriptivos se utilizaron tablas de frecuencias, medidas de tendencia central y de desviación.

Los análisis de diferencias de medias se realizaron a través de la técnica “U” de Mann-Whitney o Kruskal-Wallis, dependiendo si la variable era dicotómica o policotómica, respectivamente. Se decidió utilizar técnicas no paramétricas, pese a que las variables se distribuían normalmente, debido a que la muestra es relativamente pequeña y en algunos casos las categorías quedaban formadas por muy pocas personas.

En el caso de los análisis correlacionales, éstos se realizaron a través de las técnicas de coeficiente de correlación de Pearson en el caso que la variable se distribuyera normalmente y su nivel de medición fuese intervalar y de Spearman en el caso que la variable no se distribuyera normalmente y su nivel de medición fuese ordinal.

Resultados

Descripción de las características socio-demográficas

En relación al Estado civil, el 74 % de la muestra es soltera, el 14 % casada, el 8 % separado y el 4 % separado y casado nuevamente. De la muestra total, el 52 % no presenta pareja, al considerando sólo a los soltero, el 59.5 % no presenta pareja. Respecto a ser el hijo/a mayor, para análisis posteriores se consideró como un solo grupo a los hijos/as mayores y a los hijos/as únicos, quedando la distribución de estos en el 56 %. Respecto a la participación política, el 14 % pertenece a un partido político, el 12 % simpatiza con un partido político, el 56 % simpatiza con los movimientos de izquierda, el 2 % pertenece al movimiento mapuche y el 16 % no pertenece a ninguno de los anteriores.

Descripción de las variables intervinientes

En las variables Conocimiento de los Hechos y Afrontamiento de lo Sucedido se aprecia una inclinación a valores elevados (ver tabla 1), siendo mayor en la dimensión Afrontamiento del Hijo/a.

En relación a la Percepción de Justicia y de Reconocimiento Social se observa una inclinación a una apreciación negativa, siendo un poco más favorable la Percepción de Reconocimiento Social (ver tabla 1).

Tabla 1
Descripción variables intervinientes

Variable/dimensiones

Media

DE

Percepción de Justicia

1.62

0.73

Percepción Reconocimiento Social

2.04

0.78

Conocimiento de los Hechos

2.80

0.77

Afrontamiento de lo sucedido

2.99

0.67

   Afrontamiento de la Familia

2.94

0.79

   Afrontamiento del Hijo/a

3.05

0.72

Descripción de la variable Transgeneracionalidad del Trauma Psicosocial y Vulnerabilidad al Estrés

Respecto a la variable Transgeneracionalidad del Trauma Psicosocial, se observa que las personas tienden a valores medios en la Escala de la Transgeneracionalidad y en la dimensión Disfunción Interpersonal. En cambio en las dimensiones Interacciones Radicales y Función de Protección tienden a valores más elevados. Finalmente en la dimensión Privatización del Daño se observa una tendencia a valores menores, en comparación a las otras dimensiones (Ver tabla 2).

Tabla 2
Descripción variable Transgeneracionalidad del Trauma Psicosocial

Variable/dimensiones/subdimensiones

Media

DE

Escala Transgeneracionalidad

2.45

0.45

   Interacciones Radicales

2.87

0.65

   Función de Protección

2.66

0.77

   Privatización del Daño

2.06

0.68

     Dificultad para Hablar

1.96

0.70

     Distancia Emocional

2.21

0.80

   Disfunción Interpersonal

2.40

0.62

     Miedo al Abandono

2.53

0.87

     Dificultad para Relacionarse

2.04

0.71

     Desconfianza

2.58

0.69

En cuanto a la variable Vulnerabilidad al Estrés, tanto la Escala como las dimensiones, presentan una tendencia a valores medios y bajos, observándose un valor menor en la dimensión Componentes Somáticos (ver tabla 3).

Tabla 3
Descripción variable Vulnerabilidad al Estrés

Variable/dimensiones

Media

DE

Escala Vulnerabilidad al Estrés

2.17

0.64

   Componentes Afectivos

2.33

0.75

   Componentes Somáticos

1.77

0.73

   Componentes de Fatiga

2.23

0.74

   Componentes Cognitivo y Tensional

2.24

0.79

Análisis de diferencias de media en función de las variables socio-demográficas

Al evaluar las diferencias de media para la variable Transgeneracionalidad del Trauma Psicosocial, se observan diferencias significativas, a nivel de la Escala de la Transgeneracionalidad, en relación a las variables Sexo, ser Hijo/a Mayor y la Situación Laboral Actual.

En el caso de la variable Sexo (ver tabla 4) se observa que la Escala de la Transgeneracionalidad presenta una mayor intensidad significativa (U = 174.000) entre las mujeres. Respecto a las dimensiones se observan diferencias significativas en Función de Protección (U = 178.500), Privatización del Daño (U = 161.000), en las subdimensiones Dificultad para Hablar (U = 181.000), Distancia Emocional (U = 167.500), en la dimensión Disfunción Interpersonal (U = 170.500) y en la subdimensión Miedo al Abandono (U = 161.000).

Tabla 4
Diferencia de media variable Transgeneracionalidad del Trauma Psicosocial en función del Sexo (“U” de Mann-Whitney)

Variable

Hombre

Mujer

p

Media (DE)

Media (DE)

Escala Transgeneracionalidad

2.23 (0.44)

2.56 (0.42)

.029

   Interacciones Radicales

2.97 (0.65)

2.82 (0.66)

.276

   Función de Protección

2.37 (0.71)

2.80 (0.77)

.036

   Privatización del Daño

1.72 (0.46)

2.24 (0.71)

.014

     Dificultad para Hablar

1.65 (0.52)

2.12 (0.73)

.040

     Distancia Emocional

1.82 (0.58)

2.41 (0.83)

.020

   Disfunción Interpersonal

2.10 (0.75)

2.56 (0.48)

.024

     Miedo al Abandono

2.10 (0.98)

2.75 (0.73)

.013

     Dificultad para Relac.

1.82 (0.77)

2.15 (0.67)

.140

     Desconfianza

2.38 (0.72)

2.68 (0.66)

.326

En el caso de la variable Hijo/a Mayor, la media es mayor en los hijos/as mayores (ver tabla 5), observándose diferencias significativas en la Escala de la Transgeneracionalidad (U = 185.500), en la dimensión Privatización del Daño (U = 187.500) y la subdimensión Distancia Emocional (= 190.000). Se observa una tendencia no significativa en la dimensión Función de Protección, subdimensiones Dificultad para Hablar y Miedo al Abandono.

Tabla 5
Diferencia de media variable Transgeneracionalidad del Trauma Psicosocial en función de ser Hijo/a Mayor (“U” de Mann-Whitney)

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Tabla 6
Correlación entre variables Vulnerabilidad al Estrés y Edad

En cuanto a la variable Edad existe correlación moderada y positiva con la Escala Vulnerabilidad al Estrés (= .312, = .027) y con la dimensión Componentes Afectivos (= .377, = .007) (ver tabla 6).

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Tabla 7
Diferencias de media variable Transgeneracionalidad del Trauma Psicosocial en función de Otro Familiar Afectado (“U” de Mann-Whitney)

Análisis relacional entre las variables intervinientes y las variables Transgeneracionalidad del Trauma Psicosocial y Vulnerabilidad al Estrés

Respecto a la variable Transgeneracionalidad del Trauma Psicosocial no se observan diferencias significativas en la variable Familiar Afectado. Si se encontró diferencias significativas en la variable Otro Familiar Afectado (ver tabla 7), siendo mayor en aquellos que no presentan otro familiar. Se encontró diferencias en la Escala de la Transgeneracionalidad (= 142.000), en las dimensiones Función de Protección (= 154.500), Disfunción Interpersonal (= 156.000), en las subdimensiones Miedo al Abandono (= 143.000) y Desconfianza (= 146.500).

Variable

Ausencia de otro familiar

Presencia de otro familiar

p

Media (DE)

Media (DE)

Escala Transgeneracionalidad

2.69 (0.36)

2.34 (0.45)

.011

   Interacciones Radicales

2.98 (0.69)

2.82 (0.64)

.464

   Función de Protección

3.03 (0.70)

2.50 (0.75)

.022

   Privatización del Daño

2.27 (0.66)

1.97 (0.67)

.119

     Dificultad para Hablar

2.22 (0.76)

1.85 (0.65)

.106

     Distancia Emocional

2.33 (0.74)

2.16 (0.83)

.412

   Disfunción Interpersonal

2.72 (0.50)

2.27 (0.62)

.024

     Miedo al Abandono

2.98 (0.56)

2.33 (0.91)

.011

     Dificultad para Relac.

2.10 (0.85)

2.01 (0.66)

.795

     Desconfianza

2.97 (0.64)

2.41 (0.65)

.011

En cuanto al Tipo de Represión Sufrido por el afectado sólo se encontró diferencias significativas en la dimensión Función de Protección en relación al exilio (= 115.000, < .01), siendo la media mayor en hijos/as de afectados que no exiliaron (media = 3.08, DE = 0.70) en comparación de aquellos que si (media = 2.83, DE = 0.79). Estas diferencias son independientes del familiar afectado.

En relación a las variables Percepción de Justicia y Percepción de Reconocimiento Social se encontró que sólo existe relación negativa y débil con la dimensión Interacciones Radicales. La variable Conocimiento de los Hechos se relaciona de forma moderada y negativa con la Escala de la Transgeneracionalidad y la dimensión Privatización del Daño. Respecto a la variable Afrontamiento de lo Sucedido esta se relaciona de forma moderada y negativa con la Escala de la Transgeneracionalidad y la dimensión Privatización del Daño. En el caso de la dimensión Disfunción Interpersonal se relaciona de forma débil y negativa. El resto de las relaciones se detallan en la tabla 8.

Tabla 8
Correlaciones entre variable Transgeneracionalidad del Trauma Psicosocial y variables intervinientes

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Conclusiones

Al analizar los resultados, se encontró un elevado porcentaje de personas solteras (74 %) en comparación a las estadísticas nacionales, que corresponden a un 43,5 % entre solteros y convivientes (INE, 2002). Si bien no existe diferencias significativas entre el estado civil y las variables Transgeneracionalidad del trauma y Vulnerabilidad al estrés, este alto porcentaje de solteros/as puede estar dando cuenta de problemáticas que son independientes de las dimensiones evaluadas. Además al considerar el porcentaje de personas sin pareja, los resultados estarían reflejando dificultades para establecer lazos afectivos. Estos resultados concuerdan con los encontrados en otros estudios (Cabello, 2003 ; Díaz, 1995 ; Kellermann, 2007). Díaz (1995) plantea que producto del aislamiento y la pérdida de los vínculos, que se generan como consecuencia de las experiencias traumáticas, las familias establecen fuerte dependencias afectivas entre los miembros, imposibilitando la diferenciación y separación. Esto lleva al fortalecimiento de las lealtades familiares que implica muchas veces la ruptura o ausencia de las relaciones de parejas.

En relación a la participación política, llama la atención el bajo porcentaje de personas pertenecientes a un partido políticoa su vez es destacable el porcentaje de personas que dice no sentirse identificado con algún partido o movimiento de izquierda, sobre todo al considerar que la mayoría son hijos de militantes políticos. Esta situación puede deberse por temor a las posibles consecuencias sobre ellos y su familia o que se haya asociado de forma inconsciente la participación política con el sufrimiento. También puede ser a un descontento o rechazo por sentimientos de desesperanza frente a las soluciones políticas (Bastías et al., 2001 ; Busch et al., 2002 ; Cabello, 2003).

En cuanto al Conocimiento sobre los hechos y Enfrentamiento sobre lo sucedido se observa que los participantes presentan un alto nivel, lo que no concuerda con lo encontrado en otras investigación (Bastías et al. 2001 ; Gorko, 2000 ; Latapiatt, Moscoso y Zilveti, 2007). En estos estudios se observa dificultades en la comunicación sobre el sufrimiento parental, llevando a un desconocimiento de las vivencias de los padres. El alto nivel encontrado en esta investigación puede deberse a que los padres hayan asistido a terapia psicológica o que los hijos/as también lo hayan hecho y por último se puede hipotetizar, debido a los comentarios de los encuestados, que los padres luego de relatar sus vivencias para la comisión Valech, comenzaron a exteriorizar sus experiencias con la familia. Este mayor nivel de conocimiento y enfrentamiento es importante analizar en futuras investigaciones, para entender que ha permitido romper con la conspiración del silencio.

Se puede observar que la conspiración del silencio es uno de los mecanismos de transmisión del trauma, ya que existe relación moderada entre el conocimiento y enfrentamiento de lo sucedido con la transgeneracionalidad del trauma y la Privatización del daño. Esto explicaría los valores moderados y bajos presente en la dimensión Privatización del daño y en la dificultad para hablar y distancia emocional. También se observa un mayor conocimiento y enfrentamiento en aquellas personas que tienen hijos, pareja y estudio superiores completos y una relación débil con la disfunción interpersonal y miedo al abandono.

Respecto a la percepción de la Justicia en relación a las violaciones a los derechos humanos, como del reconocimiento social al daño provocado se observa una apreciación negativa. Estos resultados concuerdan con los hallados en otras investigaciones, que establecen que una de las expresiones actuales de daño es la permanencia de los sentimientos de injusticia (Bastías et al., 2001 ; Latapiatt et al., 2007).

A través de la experiencia clínica se ha observado la presencia de factores que mediarían el impacto de la transmisión del trauma en los hijos/as de sobrevivientes del Holocausto (Kellermann, 2008). En la presente investigación se aprecia que el sexo es un punto relevante, encontrándose un mayor impacto de la transgeneracionalidad en las mujeres, donde se destaca una mayor función de protección hacia los padres, mayor privatización del daño, con dificultades para hablar y distancia emocional. También está presenta una mayor disfunción interpersonal y miedo al abandono. Además se aprecia una mayor vulnerabilidad al estrés en los componentes cognitivos y tensional, con una tendencia en la vulnerabilidad general y en los componentes somáticos. Otro factor presente en esta investigación, que mediaría la transmisión, es el ser hijos/as único o mayor, encontrándose en éstos un mayor impacto de la transgeneracionalidad y una mayor privatización del daño y distancia emocional, con tendencia a la dificultad para hablar. También está presenta una tendencia a una mayor función de protección hacia los padres y miedo al abandono.

Estos datos son parecidos a los señalados por Kellerman (2008) en su estudio en hijos/as de sobrevivientes del Holocausto. A su vez Kellerman también plantea que los hijos/as estarán más afectados cuando ambos padres sean sobrevivientes del Holocausto, sin embargo esto no fue encontrado en este estudio, ya que no se observan diferencias significativas en relación al familiar afectado.

En cuanto al tipo de represión, los resultados concuerdan parcialmente con los obtenidos por Bastías et al. (2001), ya que no se observaron diferencias, salvo en la Función de protección. Sólo en esta dimensión se encontró mayor impacto en los/as hijos/as de aquellos que no fueron exiliados. Esto puede deberse a que aquellos que no fueron exiliados, vivieron en un medio de persecución y amenaza constante, lo que llevó a que los hijos/as se preocuparan por los padres y los problemas familiares, asumiendo roles protectores (Díaz, 1995). Es importante destacar que no se consideró la fecha de retorno de los hijos/as de exiliados, siendo esto un elemento que puede estar afectando en los resultados, ya que es posible que existan casos donde se regresó después de los años 90 y los hijos/as no hayan sentido la necesidad de protección a sus padres en una sociedad donde no existía el peligro constante.

Por otra parte se encontró un mayor impacto de la transgeneracionalidad, en aquellos que no presentan otro familiar afectado. En este caso es probable que los afectados se hayan visto excluidos del resto de la población e incluso de sus propios familiares, por el temor de ser identificados con ellos y sufrir la represión. Este aislamiento puede llevar a que la familia se encierra en sí misma como medio de protección, llevando a la desconfianza, miedo al abandono, disfunción interpersonal y la aparición de roles protectores en los hijos/as (Díaz, 1995). Por el contrario, aquellos que tuvieron otros miembros de la familia afectados, pudieron abordar lo sucedido en conjunto con la familia extensa.

Es relevante destacar que la dimensión interacciones radicales presenta una tendencia a valores altos en la muestra, no siendo modulada por casi ninguna variable. Existiendo sólo relación débil con la percepción de justicia y reconocimientos social. Es así que aquellos que tienen una peor percepción de justicia y reconocimiento presentan niveles levemente mayores de interacciones radicales. Esto no concuerda con lo encontrado por Bastías et al. (2001), donde el nivel de conocimiento, participación política influyen en el nivel de radicalización. Respecto a las consecuencias de las interacciones radicales, estas autoras encontraron ésta es uno de los elementos que más influye en la calidad de vida, ya que restringe las redes de apoyo.

Finalmente, la relación existente entre la edad y la vulnerabilidad al estrés, pero inexistente con la escala transgeneracionalidad del trauma, puede estar dando cuenta que el tiempo influye en el tipo de consecuencias que afecten a la segunda generación, siendo posible que se encuentre mayor incidencia en el desarrollo de algunas psicopatologías, cuando el afectado nació poco tiempo después de ocurrida la experiencias traumática (Kellermann, 2008).

En conclusión, la presencia de la transgeneracionalidad se percibe a través de la permanencia de percepción negativa de la justicia y el reconocimiento social, dificultad para establecer relaciones de pareja, la poca participación política, las interacciones radicales, protección a los padres, desconfianza y miedo al abandono. Las principales variables que modulan aumentando la expresión de la transgeneracionalidad es el ser mujer, ser hijo/a único o mayor y la ausencia de otro familiar afectado además de los padres. Es independiente de si uno o ambos padres fueron afectados y del tipo de represión. Además se encontró que uno de los mecanismos de la transmisión es la presencia de la “conspiración del silencio”, evaluado a través del conocimiento y enfrentamiento sobre lo sucedido a los/as afectados/as.

Por último es relevante mencionar la presencia de niveles moderados y bajos en la privatización del daño, que al compararse con otros estudios estaría dando cuenta de un cambio de la transgeneracionalidad en el tiempo. Esto estaría asociado a un quiebre en la “conspiración del silencio”.

Una limitación de este estudio se refiere al tipo de muestreo utilizado, el cual es no probabilístico. Esto hace que los resultados no sean del todo representativos y tampoco puedan generalizarse a otras poblaciones. También está el inconveniente del tamaño de la muestra. Esto se debió principalmente a las características de las personas a estudiar y la dificultad para acceder a ellas. Esta situación también impidió poder establecer criterios de selección, lo cual puede estar distorsionando algunos resultados. También se debe destacar que en esta investigación se abordaron algunas áreas que podrían estar afectadas por la transmisión del trauma, quedando muchas otras variables fuera del estudio. Otra limitación presente es la falta de un grupo de comparación. Frente a esto se presenta la interrogante de qué grupo podría utilizarse como comparación, ya que la represión política atraviesa todos los ámbitos de la vida no siendo “posible afirmar que hay afectados y no afectados” (Lira, 2004, p. 234).

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Pour citer ce document

Daniela Díaz et Georg Unger, «Transgeneracionalidad del trauma psicosocial en los descendientes de afectados por la represión política en Chile», Les cahiers psychologie politique [En ligne], numéro 21, Juillet 2012. URL : http://lodel.irevues.inist.fr/cahierspsychologiepolitique/index.php?id=2102

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Political Repression in Modern America from 18...
Political Repression in Modern America from 1870 to 1976 (Photo credit: Wikipedia)

Manns habla sobre su primer regreso a Chile en agosto de 1990

Manns habla sobre su primer regreso a Chile en agosto de 1990 PDF Imprimir E-Mail
Se vuelve de repente, unánime y entero, pero hay dos circunstancias que todo lo prolongan: las voces que callaron, las voces que subsisten. Se vuelve de repente, unánime y parcial, porque las voces que callaron son voces irrenunciables. Uno va de regreso, silbando con las manos en los bolsillos y se topa de pronto con la muerte. Tal vez por eso, el retorno ha sido más muerte que vida, porque uno cree que canta también para los que no están allí. Yo vi las salas llenas de cabezas invisibles, y vi salas de rostros invisibles. El público fue siempre el doble del que podíamos contar uniendo todos nuestros dedos.
Por eso, éste es un disco-mundo, porque está tan lleno de muerte como de vida; tan lleno de reserva como de amistad a muerte.
Hasta ahora, sólo Ulises había vuelto – naturalmente sin encontrar a nadie -. Nosotros hemos encontrado lo que no podíamos buscar por no conocido: los jóvenes y las jóvenes que nos escucharon, no habían nacido todavía cuando las bayonetas nos arrojaron fuera de las alambradas que marcan los límites de la patria y arañan el origen de los sueños. Y después, toda esta conjunción de voluntades, esta manera rabiosa, competente, inaplazable, de servir a la amistad con este disco, donde se confunden de modo incandescente las manos de sus técnicos, las manos de sus productores. Tal vez por ello, Jorge Coulon me escribe diciendo: “La experiencia de tu regreso ha sido tan hermosa, que se ha hecho, por eso, irrepetible”. Y sus palabras suenan en mi corazón en dos tiempos diversos: uno, alegremente; el otro, como un canto fúnebre.
¿Acaso estoy destinado a no volver de nuevo? ¿Acaso los regresos son irrepetibles? ¿Acaso he soñado con todos ustedes, queridos míos, creyendo que podía cantarles una canción de cuna, una canción de amor, una canción de tristeza o una canción de esperanza? Yo pido al tiempo que me dé un soporte desde el cual pueda saltar al corazón de Chile. Definitivamente. Creo que los sueños deben ser vencidos por nuestra invencible vocación de realidad, esa realidad que es lo único increíble.
Aquí queda mi voz, por el momento, a la espera de los momentos sin voz, esos silencios que dan vida al otro costado de los discos.
Trez-Vella, 10 de octubre de 1990.
 
 

 

Manns habla sobre su primer regreso a Chile en agosto de 1990

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Se vuelve de repente, unánime y entero, pero hay dos circunstancias que todo lo prolongan: las voces que callaron, las voces que subsisten. Se vuelve de repente, unánime y parcial, porque las voces que callaron son voces irrenunciables. Uno va de regreso, silbando con las manos en los bolsillos y se topa de pronto con la muerte. Tal vez por eso, el retorno ha sido más muerte que vida, porque uno cree que canta también para los que no están allí. Yo vi las salas llenas de cabezas invisibles, y vi salas de rostros invisibles. El público fue siempre el doble del que podíamos contar uniendo todos nuestros dedos.
Por eso, éste es un disco-mundo, porque está tan lleno de muerte como de vida; tan lleno de reserva como de amistad a muerte.
Hasta ahora, sólo Ulises había vuelto – naturalmente sin encontrar a nadie -. Nosotros hemos encontrado lo que no podíamos buscar por no conocido: los jóvenes y las jóvenes que nos escucharon, no habían nacido todavía cuando las bayonetas nos arrojaron fuera de las alambradas que marcan los límites de la patria y arañan el origen de los sueños. Y después, toda esta conjunción de voluntades, esta manera rabiosa, competente, inaplazable, de servir a la amistad con este disco, donde se confunden de modo incandescente las manos de sus técnicos, las manos de sus productores. Tal vez por ello, Jorge Coulon me escribe diciendo: “La experiencia de tu regreso ha sido tan hermosa, que se ha hecho, por eso, irrepetible”. Y sus palabras suenan en mi corazón en dos tiempos diversos: uno, alegremente; el otro, como un canto fúnebre.
¿Acaso estoy destinado a no volver de nuevo? ¿Acaso los regresos son irrepetibles? ¿Acaso he soñado con todos ustedes, queridos míos, creyendo que podía cantarles una canción de cuna, una canción de amor, una canción de tristeza o una canción de esperanza? Yo pido al tiempo que me dé un soporte desde el cual pueda saltar al corazón de Chile. Definitivamente. Creo que los sueños deben ser vencidos por nuestra invencible vocación de realidad, esa realidad que es lo único increíble.
Aquí queda mi voz, por el momento, a la espera de los momentos sin voz, esos silencios que dan vida al otro costado de los discos.
Trez-Vella, 10 de octubre de 1990.