“Operación Cóndor”: juicio histórico sobre el plan de represión coordinada de las dictaduras latinoamericanas en los años 70

“Operación Cóndor”: juicio histórico sobre el plan de represión coordinada de las dictaduras latinoamericanas en los años 70

07 DE MARZO DE 2013
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Dirty war 1

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JUAN GONZÁLEZ:

El martes pasado comenzó un histórico juicio en Argentina, que podría revelar nuevos detalles sobre la estrategia coordinada de seis países latinoamericanos, en las décadas de 1970 y 1980, para eliminar disidentes políticos. Este plan, conocido como Operación Cóndor, involucró a las dictaduras militares de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay. Estos gobiernos colaboraron entre sí para rastrear, secuestrar y asesinar personas que ellos calificaban de terroristas: activistas de izquierda, sindicalistas, estudiantes, sacerdotes, periodistas, guerrilleros, y también sus familias.

El plan fue impulsado por el dictador chileno Augusto Pinochet y existe evidencia de que la CIA y el ex secretario de Estado Henry Kissinger fueron cómplices del mismo desde sus inicios. Al menos 25 generales del ejército están imputados en la causa, y se espera contar con el testimonio de más de 500 personas. En agosto, un juez federal argentino solicitó formalmente al Departamento de Justicia del Gobierno de Obama que permita que propio Kissinger sea interrogado. El Gobierno de Obama no respondió.

AMY GOODMAN: Este juicio se está llevando a cabo en Buenos Aires, donde un antiguo taller mecánico fue convertido en un centro de tortura. Argentina es el país donde más personas extranjeras fueron asesinadas en el marco de la Operación Cóndor. Esto está sucediendo apenas semanas después de que la Corte Suprema de Uruguay derogara una ley que hubiera permitido juicios similares en ese país.

Para ampliar esta información, nos acompaña John Dinges, autor del libro “Operación Cóndor: una década de terrorismo internacional en el Cono Sur”, que recopila entrevistas e informes de inteligencia desclasificados para reconstruir acontecimientos mantenidos en secreto. Antes de eso, Dinges trabajó para la National Public Rario, y como periodista independiente en Latinoamérica. Actualmente es profesor en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia.

John Dinges, bienvenido a Democracy Now!

JOHN DINGES: Encantado de estar aquí. Gracias.

AMY GOODMAN: Háblanos de la importancia de este juicio que está teniendo lugar en Argentina.
JOHN DINGES: Bueno, ya se han hecho varios juicios, y éste se remonta a la detención de Pinochet en Londres, en 1998. Eso desató una avalancha de pruebas, que atravesaron Europa y dieron lugar a juicios en muchos lugares, como Roma, París, Argentina y Chile, pero todos más pequeños que éste. Aquí hay 25 personas acusadas. Por desgracia —o por suerte, quizás— muchas de las personas implicadas en esto ya han muerto, o están muy viejos; muchos de los jefes máximos. Pero aquí hay 25 argentinos y un uruguayo, todos con cargos militares, quienes participaron directamente en las acciones de la Operación Cóndor.

Se trata de algo histórico, ya que vamos a escuchar las declaraciones de 500 testigos. Y no es algo habitual en el sistema jurídico latinoamericano. Esto se está haciendo realmente público ahora que escuchamos los testimonios. Antes sólo declaraban ante los jueces a puertas cerradas, y luego, alguna gente podía llegar a leer esos testimonios, pero no llegaba a ser realmente público. Esta vez es realmente público. Y al parecer, gran parte del juicio está siendo grabado. Así que es la primera vez que toda la población va a poder va a escuchar los detalles de esta serie tan terrible de atrocidades, que tanta gente ha matado.

JUAN GONZÁLEZ: John, para quienes nunca han oído hablar de la Operación Cóndor o saben poco sobre ella, ¿podrías hablarnos sobre sus orígenes? ¿Cómo comenzó, que países o gobiernos la encabezaron?

JOHN DINGES: Bueno, fue una iniciativa chilena. Augusto Pinochet tenía dominada a la oposición. El golpe de Estado fue en 1973, y para 1974 ya no había casi oposición interna. Pero mucha gente que había formado parte del anterior Gobierno, que él había derrocado, se había marchado al extranjero. Un general importante vivía en Argentina. Dirigentes políticos, como por ejemplo Orlando Letelier, ex ministro de relaciones exteriores y ex embajador en EE. UU. –que era alguien que solía comer con Henry Kissinger- vivía en Washington. Había gente desparramada por diferentes lugares, en Europa y en toda Latinoamérica, y Pinochet quería ir tras ellos. Así que organizó la Operación Cóndor.

Y convenció a los otros países —Brasil, Uruguay, Argentina, Bolivia y Paraguay— para que se sumaran, con el argumento de que existían acciones guerrilleras que los amenazaban a todos conjuntamente. Y de hecho, hubo una organización guerrillera llamada Junta de Coordinación Revolucionaria, formada por diferentes grupos armados que luchaban contra esos gobiernos. Entonces, la idea de Pinochet era colaborar para perseguir a esta gente. Y así lo hicieron.

La mayor parte de los exiliados chilenos estaban en Argentina, que fue el último país en ver derrocado su gobierno civil. Allí la dictadura militar se inició en marzo de 1976, y el Plan Cóndor se creó a finales de 1975. Así que ya estaban preparados. Y cuando se produjo el golpe de Estado en Argentina, comenzaron a matar a cientos de personas, a estas personas extranjeras. Es interesante que hayas mencionado a Automotores Orletti. Este es el taller mecánico que fue utilizado como centro de tortura, y ahí es donde retenían a los presos de otros países.

AMY GOODMAN: Con Democracy Now! hemos visitado ese taller. Quiero leer parte de un documento desclasificado, un informe de la CIA que muestra que funcionarios estadounidenses sabían que los servicios de inteligencia latinoamericanos estaban ampliando sus redes de acción con la Operación Cóndor. Cito: “Están uniendo fuerzas para erradicar la ‘subversión’ … una palabra que, cada vez más, se refiere a la disidencia no violenta, de parte de la izquierda y centro-izquierda”.

Esto se relaciona con otro documento que tú conseguiste, John Dinges, de la agencia de inteligencia chilena, conocida como DINA. En él se detalla el número de muertos y desaparecidos registrado por la inteligencia argentina. Es un cable enviado por el representante de la DINA en Buenos Aires que dice, cito, que “está enviando una lista de todos los muertos,” que incluía el conteo oficial y extraoficial de muertos. Entre 1975 y mediados de 1978, según él, cito: “suman 22.000 entre muertos y desaparecidos”. Háblanos sobre el número de muertos y qué es lo que sabía EE.UU.

JOHN DINGES: Bueno, vamos primero con Estados Unidos. En este período, los años setenta, Estados Unidos fue un patrocinador importante de las dictaduras militares que derrocaron, en algunos casos a gobiernos democráticos y en otros a gobiernos civiles tambaleantes. Como fuera, el resultado fueron gobiernos como el de Videla, el de Pinochet o el de Banzer en Bolivia, que mataban a sus ciudadanos impunemente. El gobierno de EE. UU. sabía de estos asesinatos masivos. Y mantuvo una actitud esquizofrénica y maquiavélica hacia esta situación. Realmente no querían a los comunistas en el gobierno, y la democracia parecía estar dando lugar a gobiernos comunistas. De hecho, el presidente de izquierda Salvador Allende fue elegido democráticamente, e instaló en Chile un gobierno civil y revolucionario. Y por eso, Pinochet lo derrocó. Estados Unidos tenía pánico ante la posibilidad de que esto se extendiera en Latinoamérica, por lo que apoyó la llegada de las dictaduras.

Cuando comenzaron los asesinatos masivos, EE. UU. sabía que eso estaba sucediendo. Se enteraron de la Operación Cóndor poco después de su creación. No hay pruebas de que supieran de su existencia en el momento en que se creó. Sí hay pruebas de que lo sabían un par de meses después de iniciadas sus operaciones. Pero sin duda tenían conocimiento de que estas cosas estaban sucediendo. Y si nos fijamos en las transcripciones de las reuniones entre Henry Kissinger y estos jefes militares de Argentina y de Chile, de las que tenemos registro, ¿qué es lo que dicen en privado? Algo así como: “Apoyamos lo que están haciendo. Entendemos que tienen que hacer valer su autoridad. Hagan lo posible por liberar algunos presos, porque el Congreso me está presionando mucho, los demócratas están queriendo hacer que yo defienda los derechos humanos. Así que les pido un esfuerzo, pero entiendo lo que están haciendo”.

Y en una ocasión, dos semanas después de que Kissinger visitase Santiago, se realizó la segunda reunión más importante entre todos los países del Cóndor para hablar sobre el plan. Y en esa reunión, en junio de 1976, se aprobaron operaciones de asesinatos fuera de Latinoamérica. Y el primero de estos asesinatos tuvo lugar en Washington DC. Orlando Letelier, ex ministro de relaciones exteriores chileno, fue asesinado en las calles de Washington.

AMY GOODMAN: Es una historia asombrosa. De hecho, tú has escrito un libro sobre el tema.

JOHN DINGES: En realidad he escrito dos libros. Uno es sobre el asesinato, en el que, por primera vez, incluí un capítulo sobre el descubrimiento de la Operación Cóndor. No tenía muchos detalles. Incluso, en cierta medida, fui mal informado por el Departamento de Estado.

Años más tarde, después de que Pinochet fuese detenido en Londres, hubo una avalancha de documentos, que incluían 60.000 páginas de material, que se hicieron públicos por orden del presidente Clinton. Entonces pude investigar realmente y entender lo sucedido desde el punto de vista de EE. UU. Pero también en Latinoamérica se revelaron muchos documentos. Y creo que eso es aún más importante, porque si sólo tuviéramos documentos estadounidenses, siempre alguien podía decir “bueno, ese es el punto de vista de EE.UU. sobre estos asuntos.” Pero lo que pasaba realmente en esos gobiernos latinoamericanos…

AMY GOODMAN: Explícanos cómo fue que Orlando Letelier y su asistente, Ronni Moffitt, fueron asesinados en las calles de Washington DC, en Estados Unidos, en 1976.

JOHN DINGES: Pinochet inició esta operación poco después de aquella reunión con Kissinger. Menos de un mes después, dio la orden para esto. Enviaron a un agente que hacía varios años trabajaba para la DINA, Michael Townley, que era estadounidense. No creo que fuera casualidad que le encargaran esto a un agente estadounidense, ya que, obviamente, cuando se comenzó a sospechar de ellos, dijeron: “Ah, este tipo trabaja para la CIA“. Y mucha gente está dispuesta a creer que siempre es la CIA quien está detrás de estas cosas. De hecho, tanto la extrema derecha como la extrema izquierda decían “fue la CIA.” No hay pruebas de que Townley trabajara para la CIA, pero es seguro que trabajaba para los chilenos.

Se juntó con algunos cubanos en Nueva Jersey, cubanos anticastristas, y fueron a Washington. Townley se metió debajo del auto y puso una bomba que él mismo había construido, que se activaba con uno de esos antiguos beepers. Siguieron el auto por la Avenida Massachusetts y en Sheridan Circle, bien cerca de la embajada de Chile, pulsaron el botón y lo mataron. Ronni Moffitt era la esposa de Michael Moffitt, que era asistente de Orlando. Ella iba en el asiento delantero del auto y por eso murió. Michael sobrevivió y Orlando, por supuesto, murió inmediatamente.

AMY GOODMAN: Townley estuvo algunos años en la cárcel. Y entonces…

JOHN DINGES: A Townley lo entregaron los chilenos. La historia de cómo se resolvió este caso es increíble. En general se asumía que en EE. UU. no se iba a investigar el caso muy a fondo. Pero quienes pensaron eso estaban equivocados. El FBI realizó una extensa investigación, resolvió el caso, obtuvo fotos de los implicados. Esa larga historia yo la cuento en el libro. Cuando identificaron a las personas que habían ido a EE. UU. para llevar esto a cabo, fueron a Chile y pidieron la cooperación del Gobierno de Pinochet. Y Pinochet tenía dos opciones: matar a Townley —y hay pruebas de que ese era uno de los planes— o entregarlo. Y finalmente lo entregaron. Lo llevaron a Estados Unidos, y comenzó a declarar. Y ahí hubo otra avalancha de información, que provino de Michael Townley. Él todavía vive en Estados Unidos. Estuvo sólo cinco años en prisión.

AMY GOODMAN: Y ahí entró en el programa de protección de testigos.

JOHN DINGES: Estuvo en protección de testigos por un tiempo. Por lo que sé, ya no lo está. Actualmente vive en la zona centro-oeste de EE.UU. Y bueno, él ha cooperado. No sé si tiene algún remordimiento sobre su pasado, pero ha colaborado con muchas investigaciones desde su encarcelamiento.

JUAN GONZÁLEZ: John, me gustaría preguntarte sobre un personaje fuera de lo común del que hablas en el libro, y sus esfuerzos para poner fin a la Operación Cóndor: Ed Koch, el recientemente fallecido alcalde de Nueva York, que en esa época era un joven congresista demócrata, y empezó a hacer muchas preguntas sobre lo que estaba pasando, haciendo enojar a nuestro propio gobierno. ¿Podrías hablarnos de eso?

JOHN DINGES: Ed Koch, una figura muy querida en esta ciudad. Realmente, todo el mundo que ha tratado con él ha tenido la misma experiencia. Cuando estaba investigando esta historia, él cooperó gustosamente conmigo. Y vino a la fiesta de lanzamiento de mi libro. Así que también lo quiero. Ed Koch era congresista y fue impulsor de una enmienda a una ley, que permitiera suspender la ayuda militar a Uruguay. Los uruguayos eran parte de la Operación Cóndor. Esto fue en 1976. Y laCIA descubrió eso, creo que lo descubrieron porque los uruguayos lo comentaron frente a ellos, dijeron que iban a convencer a los chilenos para que fueran a Washington a matar a Koch. No sabemos si eso se llegó a poner en marcha. Pero George Bush, que era el jefe de la CIA en aquel momento, llamó a Ed Koch y le dijo —es maravilloso escuchar a Ed Koch contar esta historia— le dijo: “Tengo que contarte algo: Hay un complot para asesinarte”. Ed Koch preguntó si le iban a ofrecer protección. Y ellos dijeron: “No, no. Ese no es nuestro trabajo. Somos la CIA. Sólo te estamos avisando, te toca a ti ocuparte de tu propia seguridad”. Ed Koch no sabía que esto era parte de la Operación Cóndor. Pensaba que era cosa de algún exaltado de la dictadura.

Tiempo después, durante mi investigación pude hablar con una de las personas que participó en esto, uno de los uruguayos. Y sí, fue una típica movida del Plan Cóndor, aunque no llegaron a matar a nadie, por suerte. Pero fue el típico modus operandi. Con el fin de cubrir sus huellas, un país usaba los agentes de otro país para hacer el trabajo sucio, en las operaciones planeadas para fuera de América Latina. Dentro de América Latina, tenían una manera mucho más sistemática y eficaz de funcionamiento. Se perseguía a los disidentes de cada lugar, en cualquier país donde estuvieran, Perú, Brasil, Uruguay y principalmente Argentina. Y ahí la metodología era simple: capturarlos, secuestrarlos, torturarlos, matarlos y hacer desaparecer sus cuerpos. Muy pocas personas han sobrevivido a la Operación Cóndor, casi nadie. Es muy difícil encontrar un sobreviviente.

JUAN GONZÁLEZ: Y aún así, muchos de los líderes de los nuevos gobiernos populistas que hay ahora en América Latina surgieron de algunas de las organizaciones perseguidas por el Cóndor. Especialmente en Uruguay, donde el presidente es un ex Tupamaro. Y en toda la región, esos disidentes son ahora parte del aparato de gobierno de sus países.

JOHN DINGES: Hace dos semanas, estuve en Bolivia y entrevisté a una persona del Ministerio de Comunicaciones, una de las tantísimas personas de pueblos indígenas que forman parte del gobierno de Morales. Y él contó que su padre había estado preso. Había estado exiliado en Chile, y cuando llegó el golpe de Estado fue encarcelado, estuvo siete meses preso, y fue torturado. Y en esa misma oficina hablé con otra persona, que también había participado en la resistencia boliviana en la década de 1980, y antes, su padre había estado involucrado con el grupo que luchaba junto al Che Guevara en 1960.

Estos son revolucionarios, pero son un tipo diferente de revolucionarios. Están igual de comprometidos, creo, pero sin tomar las armas. Creo que se dan cuenta de que esa forma de lucha no se ha llevado a revoluciones triunfantes, entonces me siento muy optimista sobre lo que está pasando con este grupo de gobiernos ahora.

AMY GOODMAN: Por último, hay un cable del Departamento de Estado, de 1978 que, según la cubierta de tu libro, dice: “Kissinger explicó que en su opinión el gobierno argentino había hecho un excelente trabajo en la erradicación de las fuerzas terroristas”. ¿Qué significa que los jueces hayan pedido el testimonio de Kissinger y que el gobierno de Obama no haya respondido?

JOHN DINGES: A Kissinger lo han llamado a declarar muchas veces. En mi libro hablo de una vez en la que sí respondió, creo que era un pedido de Francia. Y básicamente, negó todo. Es algo muy frustrante. Para mí era claro que todo lo que dijo eran mentiras, no hay otra palabra para ello, estaba mintiendo. O sea, los documentos dicen una cosa y Kissinger dijo otra cosa. Y él sabía lo que decían los documentos. En Estados Unidos nunca se ha permitido que un funcionario público sea juzgado en otros países. No somos miembros de la ICC.

AMY GOODMAN: La Corte Penal Internacional (por sus siglas en inglés).

JOHN DINGES: Sí, la Corte Penal Internacional. No ha habido ningún juicio en el exterior que haya puesto a un estadounidense en el banquillo de los acusados. Hubo un intento en Italia, pero por supuesto, ningún imputado apareció. En Estados Unidos, por uno u otro motivo, tanto los demócratas como los republicanos proteger a nuestros violadores de derechos humanos, cuando se trata de violaciones de derechos humanos fuera de Estados Unidos. Simplemente así se manejan.

AMY GOODMAN: ¿Describirías a Henry Kissinger como un violador de los derechos humanos?

JOHN DINGES: Sí, absolutamente.

JUAN GONZÁLEZ: ¿Y cuál es importancia de esta historia de externalizar la lucha contra el terrorismo, de modo de no dejar huellas de la propia participación, en relación con la guerra actual contra el terrorismo en los Estados Unidos?

JOHN DINGES: Bueno, yo estaba escribiendo mi primer capítulo cuando pasó lo del 9/11, en mi casa en Washington. Y en el final del libro, que termina con una referencia al 9/11, digo que esto no es algo que estemos condenados a repetir. Y lo digo haciendo la comparación entre la guerra contra el terrorismo de la década de 1970 y la guerra actual contra el terrorismo, lanzada por el presidente Bush. Pensaba que habíamos aprendido la lección de no copiar los métodos de los enemigos, o de aquellos que han demostrado ser violadores de los derechos humanos. Pero desafortunadamente, creo que hemos hecho eso muchas veces.

La discusión actual sobre el uso de aviones no tripulados me parece aterradora; porque me cuesta distinguir entre lo que fue la Operación Cóndor, con menos tecnología, y lo que es el uso de aviones no tripulados, que básicamente lo que hacen es entrar en otro país, incluso con el permiso de ese país —así era en general también en la Operación Cóndor— perseguir a la gente, y matarla. Ahora bien, la justificación es: “Pero eran criminales. Estaban en combate”. Eso puede o no ser cierto, pero al final quien lo determina es la misma persona que aprieta el gatillo.

Creo que es importante poner esto en discusión. Y tal vez en un juicio como éste, que se remonta a los años 70, la gente dice: “Bueno, así fueron las dictaduras en la década de 1970”. Pero la tendencia del Estado a creer que es válido actuar contra sus enemigos de la manera más eficaz posible se mantiene vigente, y claramente no se limita a las dictaduras.

AMY GOODMAN: Queremos darte las gracias, John Dinges, por haber estado con nosotros. John Dinges es autor del libro “Operación Cóndor: una década de terrorismo internacional en el Cono Sur.” Antes de eso, trabajó en la National Public Radio, NPR, y como periodista independiente en América Latina. Actualmente es profesor en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia.

Traducido por Javier Pérez. Edición: Verónica Gelman y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org.


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INFORME CHURCH USA. ACCIÓN ENCUBIERTA EN CHILE 1963-1973.

INFORME CHURCH USA.  ACCIÓN ENCUBIERTA EN CHILE 1963-1973.

Acción Encubierta en Chile 1963-1973.


94o Congreso primero COMITÉ sesión de impresión

ACCIÓN ENCUBIERTA EN CHILE 1963-1973

Personal Informe de la Comisión Especial para Estudiar las Operaciones Gubernamentales en Relación a Actividades de Inteligencia

Senado de Estados Unidos

18 de diciembre 1975

Impreso por el uso del Comité Selecto Estudiar las Operaciones Gubernamentales en Relación a Actividades de Inteligencia

EEUU Imprenta del Gobierno 63-372

Washington: 1975

Nota: Desde el 04 de diciembre 1975 la audiencia del Comité Selecto tiene, en el curso de su investigación continua reciba nueva información que completa las siguientes secciones del Informe del Personal de Acción Encubierta en Chile: Sección III.A.4, el papel de la Multinacional Corporaciones; Sección IV.B.1.e, Estimaciones de Inteligencia y Acción Encubierta; y la Sección IV.C, Supervisión del Congreso. Toda la información pertinente sobre lo anterior se refleja en el Informe Final de la Comisión Especial para el Senado.


Comité Senatorial Selecto ESTUDIAR GUBERNAMENTALES OPERACIONES CON RESPECTO A LAS ACTIVIDADES DE INTELIGENCIA

FRANCK CHURCH, Idaho, Presidente

JOHN G. TORRE, Texas, Vicepresidente

PHILIP, A. HART, Michigan HOWARD BAKER H., Jr, Tennessee -. WALTER F. MONDALE, Minnesota Barry Goldwater, de Arizona – WALTER D. HUDDLESTON, Kentucky CHARLES McC. . MATTHIAS, Jr, Maryland – ROBERT MORGAN, Carolina del Norte RICHARD Schweiker, Pensilvania – GARY HART, Colorado – HOWARD H. Baker, Jr., Tennessee – Barry Goldwater, de Arizona – CHARLES McC. MATHIAS, Jr., Maryland – RICHARD Schweiker, Pensilvania

WILLIAM G. MILLER, Personal Directora

FREDERICK AO SCHWARZ, Jr., Consejero Principal

CURTIS R. SMOTHERS, Asesor de la minoría

AUDREY Hatry, Secretario del Comité


Prefacio

Las declaraciones de los hechos contenidos en este informe son verdaderas en la medida de la capacidad del personal del Comité para determinarlos. El informe y cualquier juicio expresado en ella son provisionales. Varias áreas son más que tocaron; investigación en estas áreas continúa. El propósito del informe es establecer los hechos básicos de la acción encubierta en Chile para que el Comité pueda celebrar audiencias públicas.

Este informe se basa en una extensa revisión de los documentos de la Agencia Central de Inteligencia, el Departamento de Estado y de Defensa, y el Consejo de Seguridad Nacional; y en el testimonio de los funcionarios y ex funcionarios. Con pocas excepciones, los nombres de los chilenos y de instituciones chilenas se han omitido para evitar fuentes de inteligencia reveladores y los métodos y limitar daños innecesarios a chilenos que cooperaron con la Agencia Central de Inteligencia. El informe, sin embargo, transmitir una imagen precisa de los alcances, objetivos y magnitud de la acción encubierta de los Estados Unidos en Chile.


Tabla de contenidos

I. Resumen y Antecedentes

II. La gama de Acción Encubierta en Chile

III. Principales Programas de Acción Encubierta y sus Efectos

IV. Chile: Autorización, Evaluación y Supervisión

Conclusiones preliminares V.

Apéndice. Cronología: Chile 1962-1975


Acción Encubierta en Chile: 1963-1973.

I. Resumen y Antecedentes

A. Sinopsis: Acción Cubierta en Chile

Participación encubierta de Estados Unidos en Chile en la década entre 1963 y 1973 fue extensa y continua. La Agencia Central de Inteligencia gastó tres millones de dólares en un esfuerzo por influir en el resultado de las elecciones presidenciales chilenas 1964. Ocho millones de dólares se gastaron, en secreto, en los tres años entre 1970 y el golpe militar en septiembre de 1973, con más de tres millones de dólares gastados en el año fiscal 1972 a solas. (1)

No es fácil para dibujar un cuadro ordenado en torno a lo que era “acción encubierta”. La gama de actividades clandestinas llevadas a cabo por la CIA incluye acción encubierta, recolección de inteligencia clandestina, el enlace con la policía local y los servicios de inteligencia y contrainteligencia. Las distinciones entre los tipos de actividades se reflejan en las disposiciones organizativas, tanto en la Sede como sobre el terreno. Sin embargo, no siempre es tan fácil distinguir los efectos de las diversas actividades. Si la CIA proporciona apoyo financiero a un partido político, esto se llama “acción encubierta”; si la Agencia desarrolla un “activo” pagado en el partido con el propósito de la recopilación de información, el proyecto es “la recolección de inteligencia clandestina”.

El objetivo de la acción encubierta es de impacto político. En las relaciones secretas mismo tiempo desarrolladas para la recolección clandestina de inteligencia también pueden tener efectos políticos, a pesar de que no se intenta por parte de funcionarios estadounidenses para manipular las relaciones para obtener beneficios políticos a corto plazo. Por ejemplo, en Chile entre 1970 y 1973, la CIA y los contactos agregado militar estadounidense con los militares chilenos con el propósito de la recolección de inteligencia permitieron a los Estados Unidos para mantener la comunicación con el grupo más propenso a tomar el poder del presidente Salvador Allende.

¿Qué hizo encubierta dinero de la CIA comprar en Chile? Se financia actividades que cubren un amplio espectro, desde la manipulación simple propaganda de la prensa para el apoyo a gran escala para los partidos políticos chilenos, desde encuestas de opinión pública a los intentos para fomentar un golpe militar directa. El alcance de las actividades “normales” de la estación de la CIA en Santiago incluía la colocación de material dictado Estación en los medios chilenos a través de los activos de propaganda, el apoyo directo de las publicaciones, y los esfuerzos para oponerse a los comunistas y de izquierda influencia en organizaciones estudiantiles, campesinas y laborales .

Además de estas actividades “rutinarias”, la estación de la CIA en Santiago fue varias veces llamados a emprender grandes proyectos específicos.

Cuando los funcionarios de alto nivel en Washington percibían peligros especiales, u oportunidades, en Chile, se desarrollaron proyectos especiales de la CIA, a menudo como parte de un paquete más amplio de acciones de Estados Unidos. Por ejemplo, la CIA gastó más de tres millones de dólares en un programa electoral en 1964.

Media década después, en 1970, la CIA involucrado en otro esfuerzo especial, esta vez a petición expresa del presidente Nixon y bajo el mandato de no informar a los Departamentos de Estado y Defensa o del Embajador del proyecto. Tampoco fue la Comisión 40 (2) siempre informado. La CIA intentó, directamente, fomentar un golpe militar en Chile. Pasó tres armas a un grupo de oficiales chilenos que planearon un golpe de Estado. Comenzando con el secuestro de Chile Comandante en Jefe del Ejército René Schneider. Sin embargo, se devolvieron esas armas. El grupo que organizó el secuestro fallido de Schneider, lo que resultó en su muerte, al parecer, no era el mismo que el grupo que recibió las armas de la CIA. (3)

Cuando el intento de golpe fracasó y Allende fue inaugurado Presidente, la CIA fue autorizada por la Comisión 40 para financiar grupos de la oposición a Allende en Chile. El esfuerzo fue enorme. Ocho millones de dólares se gastaron en los tres años entre la elección de 1970 y el golpe militar en septiembre de 1973. El dinero estaba amueblada con organizaciones de medios de comunicación, a los partidos políticos de la oposición y, en cantidades limitadas, a las organizaciones del sector privado.

Numerosas acusaciones se han hecho alrededor de US actividades encubiertas en Chile durante 1970-1973. Varios de ellos son falsos; otros son una verdad a medias. En la mayoría de los casos, la respuesta a las alegaciones mus ser calificado:

Fue Estados Unidos DIRECTAMENTE involucrados, secretamente, en el golpe de 1973 en Chile? La Comisión no ha encontrado ninguna evidencia de que se trataba. Sin embargo, Estados Unidos buscó en 1970 para fomentar un golpe militar en Chile; después de 1970 se adoptó una política tanto abierta y encubierta, de la oposición a Allende; y se mantuvo en contacto con la inteligencia los militares chilenos, incluyendo los oficiales que participaron en el complot golpista.

¿Acaso los EE.UU. proporcionamos apoyo encubierto a golpear camiones propietarios u otros huelguistas durante 1971-73? La Comisión 40 no aprobó ningún tipo de apoyo. Sin embargo, los EE.UU. pasamos dinero a grupos del sector privado que apoyaban a los huelguistas. Y en al menos un caso, una pequeña cantidad de dinero de la CIA fue pasado a los huelguistas por una organización del sector privado, en contra de las reglas básicas de la CIA. ¿Acaso los EE.UU. proporcionamos apoyo encubierto a organizaciones terroristas de extrema derecha durante 1970-73?

La CIA dio apoyo en 1970 a un grupo cuya tacticts se hizo más violenta en el tiempo. A través de 1971 ese grupo recibió pequeñas sumas de dinero estadounidense a través de terceros con fines específicos. Y es posible que el dinero fuera entregado a estos grupos de la extrema derecha de los partidos políticos de la oposición apoyada por la CIA.

El modelo de acción encubierta de los Estados Unidos en Chile es llamativo, pero no el único.Surgió en el contexto no sólo de la política exterior de Estados Unidos, sino también de la participación de Estados Unidos encubierta en otros países dentro y fuera de América Latina. La escala de la participación de la CIA en Chile fue inusual pero de ninguna manera sin precedentes.


B. Cuestiones.

El caso chileno plantea la mayor parte de las cuestiones relacionadas con la acción encubierta como un instrumento de la política exterior de Estados Unidos. Constaba de larga participación, con frecuencia pesado en la política chilena: se trataba de la gama de métodos de acción encubierta, salvo las operaciones militares encubiertas única; y reveló una variedad de diferentes procedimientos de autorización, con diferentes implicaciones para la supervisión y control. Como un caso de acción encubierta de Estados Unidos, los juicios de acciones pasadas se enmarcan no por su propio bien; sino que están destinadas a servir de base para la formulación de recomendaciones para el futuro.

Las preguntas básicas son fácilmente declararon:

(1) ¿Por qué los Estados Unidos de montaje en un amplio programa de acción encubierta como en Chile? ¿Por qué fue que el programa continuó y luego se expandió en la década de 1970?

(2) ¿Cómo fue este gran programa de acción encubierta autorizado y ordenado? ¿Qué papeles se jugaron por el Presidente, el Comité 40, la CIA, los Embajadores y el Congreso? (3) no nos los responsables políticos tienen en cuenta las sentencias de los analistas de inteligencia en Chile cuando se formularon y aprobaron las operaciones encubiertas de Estados Unidos? ¿La experiencia chilena ilustrar un conflicto inherente entre el papel del director de la CIA como productor de la inteligencia y su papel de un gerente de operaciones encubiertas?

(4) ¿La amenaza percibida en Chile justificar el nivel de respuesta de Estados Unidos? ¿Cuál fue el efecto de estos grandes programas concentradas de acción política encubierta en Chile? ¿Cuáles fueron los efectos, tanto en el extranjero y en el país, de las relaciones que se desarrollaron entre las agencias de inteligencia y de América corporaciones multinacionales con sede?

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