Voces de los hijxs contra la impunidad de los violadores de derechos Humanos

Voces de los hijxs contra la impunidad de los violadores de derechos Humanos

Familia Gallardo responde a Matías del Río y al periodismo que pretende desviar la atención de temas de Derechos Humanos

Vicepresidente, Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi.

Hace una semana, el periodista de TVN Matías del Río publicó una pregunta en Twitter sobre si se deberían respetar los derechos humanos de los violadores de derechos humanos. Esta es la respuesta de Beto Rodríguez Gallardo, sobreviviente de la familia Gallardo, brutalmente asesinada en noviembre de 1975.

/ villagrimaldi.cl/ villagrimaldi.cl

Mi nombre es Beto Rodríguez Gallardo, soy miembro sobreviviente de la Familia Gallardo, familia brutalmente torturada y asesinada en noviembre de 1975, la cual es conocida además por el Montaje de Rinconada de Maipú. No entraré en los detalles de que han envuelto nuestro caso porque ya han sido ampliamente difundidos por los medios.

 

Me quiero centrar en lo que esconde la pregunta que levanta el conductor de noticias de TVN Matías del Río al hacer la pregunta en la red social del pajarito.

Sabemos que una pregunta deja al descubierto una realidad, pero inmediatamente deja oculta otras realidades y en este contexto lo que el periodista hace es dejar oculta las preguntas relativas al avance en materia de Verdad, Justicia y Memoria. Es curioso, porque jamás le he escuchado una palabra respecto de estos temas.

Antes de poner el tema de los Derechos Humanos de los Violadores de Derechos Humanos como discusión en la opinión pública, me gustaría saber su opinión como periodista sobre las medidas que orientan los avances en Justicia. Me gustaría que pudiera realizar preguntas tales como los grados de satisfacción de los familiares respecto de la espera de más de 40 años de Justicia para que después de investigar y sancionar las condenas sean mucho menores que los tiempos de espera. Que pudiera preguntar sobre el destino final de los Detenidos Desaparecidos, ya que sólo el 8% de sus restos ha sido identificado y y devuelto a sus familiares para ser enterrados cumpliendo con el rito funerario. Me gustaría que este periodista pudiera preguntarle a los propios perpetradores de estos crímenes que sentían al momento de infringir tormentos en los centros de detención clandestinos, cuando interrogaban a hombres y mujeres amarrados o colgados, cuando los torturaban frente a familiares, cuando les amenazaban con torturar a su hijos/as. Preguntarles que sienten al haber traicionado a la patria cumpliendo órdenes de Estados extranjeros, ya que como sabemos a estas alturas, las órdenes vinieron del país del Norte. Preguntar por los miles de agentes de la DINA y la CNI, que siguen estando al amparo de las fuerzas armadas. Otra pregunta pertinente en el actual contexto es qué políticas públicas ha impulsado el Estado como garantía de No Repetición de los crímenes de Lesa Humanidad.

En resumen, hay una tremenda cantidad de preguntas que se encuentran pendientes incluyendo muchas respecto de las políticas de reparación, etc. Todas estas preguntas me parece son fundamentales para solidificar la Democracia y que son anteriores a la pregunta hecha por el periodista Matías del Río. Curioso por decirlo menos, ya que antaño el periodismo jugó a favor de la violaciones de Derechos Humanos. Vaya que si lo sabemos nosotros como familia afectada, y hoy un periodista pretende desviar la atención de los temas relevantes para la convivencia democrática. Curioso, por decirlo menos.

24.11.2016

Manuel Guerrero por libertad condicional a asesino de su padre: “Si esto no es impunidad, pues qué es lo que es”

El ex Carabinero y agente de la Dirección de Comunicación de Carabineros (Dicomcar), fue condenado a cadena perpetua por secuestrar y asesinar a José Manuel Parada, Manuel Guerrero y Santiago Nattino en 1985, que constituyó el Caso Degollados.

Por @eldesconcierto

Agencia UnoAgencia Uno

Ayer por la mañana, la Corte Suprema decidió entregarle el beneficio de libertad condicional al criminal de lesa humanidad, Guillermo González Betancourt.

El ex Carabinero y agente de la Dirección de Comunicación de Carabineros (Dicomcar), fue condenado a cadena perpetua por secuestrar y asesinar a José Manuel Parada, Manuel Guerrero y Santiago Nattino en 1985, horrendo crimen que constituyó el Caso Degollados. 

Manuel Guerrero, hijo de uno de los asesinados por la dictadura cívico-militar, escribió una carta donde criticó las medidas de la justicia chilena en los casos de Derechos Humanos.

Aquí te dejamos íntegra su misiva:

“Durante mucho tiempo hemos tocado todas las puertas y campanas advirtiendo, llamando la atención, instalando el tema en el espacio público: condenados a crímenes de lesa humanidad no deben recibir beneficios extracarcelarios, las penas ya son bajas, viven en condiciones de privilegio con relación al resto de la población carcelaria del país, se les aplica reglamentos y consideraciones como si se tratara de delitos simples en condiciones que cometieron crímenes de lesa humanidad. Pero la impunidad institucionalizada, que es una de las formas que adoptó la transición chilena a la democracia, ha sido más fuerte y el tema de la justicia no ha sido recogido por la sociedad civil como parte de su agenda de movilización.

Se ha avanzado en cuotas de memoria simbólica -aunque victimizada-, pero no en resolución de miles de causas pendientes de compatriotas que fueron vejados, asesinados y hechos desaparecer por agentes del Estado. Siendo miles los detenidos desaparecidos y ejecutados políticos, y decenas de miles las personas torturadas, apenas un centenar de personas cumple condena en Punta Peuco por violaciones a los derechos humanos, obteniendo pensión de sus instituciones militares y rebajas de condena y múltiples beneficios. Un centenar ante decenas de miles. Si esto no es impunidad, pues qué lo que es. Tal es el estándar de la justicia chilena, bajo, muy bajo.

En el caso de mi padre, si bien son los jueces y una sala la que marca a firme la libertad condicional de Gonzalez Betancourt -lo que constituye ya el segundo caso-, es importante reconocer que en el fondo es la sociedad chilena la que ha permitido que esto suceda.

Mientras la temática de la defensa y promoción de los derechos humanos, y la denuncia y exigencia de justicia por sus violaciones, quede fundamentalmente relegado al círculo e incansable labor de los afectados directamente -especialmente las familias y sobrevivientes-, la impunidad seguirá corroyendo los cimientos de una sociedad que niega mirar la verdad a la cara y actuar en consecuencia: el Nunca Más no puede ni debe ser una consigna de corrección política, sino que tiene que expresarse en medidas y acciones concretas.

Una de ellas es el cumplimiento de condena de quienes han sido enjuiciados con debido proceso. No hacerlo, otorgar estos beneficios extracarcelarios, no es un acto de misericordia, sino denegación de justicia. Con ello el Estado nuevamente atenta contra quienes les fueron violados sus derechos humanos. Sin justicia, verdad y reparación no hay posibilidad de no repetición de los crímenes cometidos.

Esa es la lección que la sociedad chilena se niega a asumir y practicar. Las consecuencias de tal negacionismo es que recaerá, sobre esta misma sociedad pero sobre otros cuerpos esta vez, la comisión de actuales y futuras violaciones a los derechos humanos por parte agentes del Estado contra población civil. Ya ocurre y con estas medidas seguirán incrementándose.

Quien siembra vientos cosecha tempestades. Sino se practica la justicia lo que reviene es injusticia. Y en ello son las mayorías las que se verán afectadas. No solo los familiares que hoy nos vemos moralmente lesionados e indignados con esta medida.

Y respecto de estos jueces, vale la reflexión de Bertolt Brecht: “Son incorruptibles, nadie puede inducirlos a hacer justicia”.

Manuel Guerrero.»no tuve oportunidad de conocer a Trotski»

Manuel Guerrero.»no tuve oportunidad de conocer a Trotski»

Recordando a Trotski me visitan Celia y Patricia

Posted: 20 Aug 2012

Por esa incomodidad existencial que no se puede estar en dos lugares al mismo tiempo, no tuve oportunidad de conocer a Trotski. Nací años después de su muerte. Pero sí di con su obra, cuando de joven de 18 años viví mi 4ºmedio en la RDA, en pleno 1989.

En los textos habituales del marxismo-leninismo no encontrábamos respuestas para el malestar que nos atravesaba respecto del poder burocrático, de los funcionarios y oficinas de Kafka, pero en versión de socialismo realmente no existente.

Cayó el muro y nos abalanzamos con mis amigos Osis a Berlin Occidental. Pero no solo a comer palta o ver cine gringo, que no llegaba a nuestro lado. Sino a comprar libros (como parte de la operación de anexión, el canciller Helmut Kohl convertía 1 a 1 los marcos de la RDA por los D-Mark del West).

Recuerdo haber comprado libros de Nietzsche y Schopenhauer, Henry Miller y Jean Paul Sartre, que no estaban en los anaqueles de nuestras escuelas. Tratábamos de descifrar lo que nos ocurría. Y en medio de las marchas, que en mi caso eran a favor de una real democratización del socialismo y no de la «reunificación alemana», unos alemanes del West nos pasaron unas fotocopias de un texto antiguo, pero vigente, nos dijeron. Era «La Revolución Traicionada» de Trotski, escrita en los años 30, donde ya denunciaba el peligro de burocratización que derivaría en el estalinismo, y todo lo que éste implicó.

Años más tarde, ya en Chile, cuando Patricia Troncoso, llevaba casi 100 días de huelga de hambre, y la Presidenta Bachelet no cedía a favor de los comuneros mapuche, y la vida de la Chepa corría realmente peligro, colaboré impulsando una campaña internacional de firmas, a través de mi blog y correo electrónico (no existía facebook ni twitter en la masividad de hoy). Me sorprendió que por esa vía se contactó, para transmitir su solidaridad, la escritora y científica cubana Celia Hart Santamaría. Firmó todas las campañas siguientes en que me involucré, e iniciamos un interesante intercambio epistolar de debate intelectual y desde los afectos de personas involucradas con la emancipación humana, en cualquier parte.

Y el círculo terminó de cerrarse (¿o abrirse?): Ella cultivaba el legado del pensamiento de Trotski desde la isla, en forma audaz, polémica y muy consecuente. Tal como el mismo Trotski lo hiciera, valiéndole la vida el ejercicio crítico de sus denuncias de la deriva estalinista. 

A los pocos años de este intercambio, Celia sufrió un accidente automovilístico y murió junto a su hermano. Aún hoy, cuando envío mails masivos por alguna campaña o columna de opinión que me interesa compartir con mucha gente por algún caso que considero urgente de denunciar o reflexionar, su correo me rebota y vuelve a mi. Lo mismo me ocurre con el mail de Patricia Verdugo. No he querido limpiar esa lista de envíos. Es una forma algo extraña, pero mágica también, de retomar contacto con estas amigas y hermanas de lucha. 

En este día en que se recuerda como noticia mundial a Trotski, vaya para ellas mi recuerdo y compromiso de vida, esperanza y de revolución permanente.

Transcripción de la reseña de Manuel Guerrero del libro «Memorias en la Ciudad»

 http://manuelguerrero.blogspot.com/2010/08/transcripcion-de-la-resena-de-manuel.html

Para mí es una gran alegría que en una comuna como Ñuñoa podamos, al fin, ir abriendo espacios de reflexión y conversación respecto a temáticas que nos involucran tanto, como es la memoria reciente, sus procesos, alcances, vivencias, perspectivas.

Manuel Guerrero reseñó “Memorias en la Ciudad: Señales del Terrorismo de Estado en Buenos Aires” en la Casa de la Cultura de la I. Municipalidad de Ñuñoa, en donde compartió y debatió ideas junto a Pedro Bannen (Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales, PUC), Alejandro Crispiani (Escuela de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile) y Rubén Chababo (Director Museo de la Memoria de Rosario, Argentina).

 

A continuación su presentación
«Muchas gracias por venir.
El libro “Memorias en la Ciudad: señales del terrorismo de estado en Buenos Aires” es el objeto que tenemos acá y que espero que luego de esta conversación puedan revisarlo y devolvérmelo… Es un libro extraordinario.
Una de las derivas del pensamiento occidental dominado por la técnica, por las matemáticas y la ingeniería, es considerar que el territorio es un plano homogéneo y vacío.  Que una ciudad puede ser representada a través de un mapa donde están las calles desplegadas, vacías y con marcas, pero marcas que son “X” en un plano a las que les falta un origen en un sitio vacío.  Este libro es una resistencia a esa creencia que ya ha pasado a ser verdad.  Cualquiera de nosotros lo vivió seguramente, cuando tuvo en sus manos un mapa del Transantiago, tratando de ubicarse a partir de ese mapa y cómo movilizarse en la ciudad.  Ése es un engaño, una trampa a partir de la creencia de que la ciudad es el mapa.  Este libro a lo que nos invita es precisamente a no ir al mapa, sino que a vivir en el lugar donde habitaron personas, un lugar que fue colmado de vidas militantes, donde lucharon y donde ocurrió el crimen, la muerte y la desaparición.  Una ciudad es mucho más que un mapa, y el desafío que se impone este libro y lo logra de manera impresionante, es que a través de un objeto físico logra abrirnos a esos lugares.
Estando acá en Ñuñoa, cuando uno entra en contacto con este libro y se deja guiar por él, entramos a Buenos Aires pero entramos a otro Buenos Aires.  No al Bueno Aires del engaño, que es el Buenos Aires del Turismo.  Aquí hay otro Buenos Aires que se resiste, aquí hay otro Buenos Aires que se representa a través de un libro.
El libro comienza con la siguiente frase: “esta publicación tiene el propósito de ofrecer al lector una serie de entradas para habitar y recorrer la ciudad de Buenos Aires (llamo la atención sobre habitar) de un modo …”.  Recorrer y no hacer turismo aventura, no hacer un recorrido que simplemente uno pasa por un sitio y lo conoce, lo registra pero donde uno no sale distinto al haberlo visitado.  Éste es un recorrido reflexivo, es entrar a la ciudad de Buenos Aires.  Lo que vemos a diario son los recorridos pautados, los itinerarios y los paseos de fin de semana por centros comerciales y culturales, insertados en un reciente vaciado de historicidad.  Y ese mismo discurso de dejar los lugares muertos de su tiempo histórico y social.
Esta frase es increíble por todo lo que cuenta porque de alguna manera da testimonio de nuestro diario vivir, de este vivir frenético de la rutina, donde el recorrido que hacemos de la ciudad es simplemente el transporte de un lugar a otro.  Vivimos en la ciudad como si estuviésemos viviendo en un plano homogéneo y vacío.  Lo que intenta este libro es recuperar la historicidad que hoy vive y late en cada lugar.  Que si ese lugar es visitado y recorrido de manera reflexiva, esa historicidad aún tiene una posibilidad de serl. Este libro propone un uso alternativo de los tránsitos urbanos, de volver a destacar la historia suprimida en cada lugar donde la última dictadura militar condensó su núcleo del terror, e intentar que esos rincones sean una ocasión para la memoria.
Recorrer la ciudad de manera reflexiva de tal forma que la historicidad vuelva a tener lugar en esos lugares, que no es otra cosa que volver a tomar contacto con las militancias, con los proyectos, con las vidas comprometidas que ahí laboraban. Volver a habitar desde el presente esa historicidad para estar en contacto con ella.  Porque el intento de las dictaduras militares, y de todo totalitarismo podríamos decir de esos imperios comerciales que practican el totalitarismo, es suprimir la historicidad, es convertir a la ciudad simplemente en un lugar de tránsito vacío, un lugar del dormir al producir, del producir al dormir, pero no del habitar.
Este libro tiene mapa, tiene una guía de uso.  Parte de a siguiente manera: “modo de uso, sectores y mapas”, “hemos decidido separar el libro en nueve sectores los cuales se agrupan con el mismo … de la ciudad”.  Imagínense Buenos Aires dividido sectorialmente, cada sector tiene un color que lo identifica en el mapa principal, al interior de cada zona hay referencia a todos los sitios señalados.  A su vez, en la portada de cada sector hay un mapa del mismo.  Buenos Aires está sectorizado, está pintado de distintos colores, pero no es el mapa con lo que uno se queda, el mapa es el gancho.  Con lo que uno entra en contacto con este trabajo de “Memoria Abierta” es con la historia oral.  Este es un mapa que viene a ser reflexivo, que invita a la acción del caminante pues es un mapa para caminar.
Para reflexionar a partir de esos lugares donde la historicidad ha sido suprimida por la dictadura, para estar en contacto con aquellas vidas.  ¿De qué forma? Por ejemplo, el número uno, cuál podría ser el número uno de los lugares de memoria de Buenos Aires, la Plaza de Mayo.  Es cierto lo que dice el subtítulo de “Memorias en la Ciudad: señales del terrorismo de Estado en Buenos Aires”, este libro es mucho más que eso, ahí donde hay señales del terrorismo de Estado hay una doble negación.  En primer lugar donde hay terrorismo de Estado es porque hubo militancia, porque ahí hubo una lucha interrumpida, un proyecto que aún quiere tomar contacto con las generaciones del presente.  Esa es la primera negación que el terrorismo de Estado trata de suprimir, esa historicidad vuelve a aparecer en este libro.  Pero hay una segunda negación porque los lugares de memoria están expuestos a un segundo intento emancipatorio, que los familiares, las organizaciones de Derechos Humanos y las instituciones del Estado, que ahí donde hubo represión ahora ponen una marca de memoria y  que son otra lucha contra el silencio.
 
“Memorias en la Ciudad: señales del terrorismo de Estado” en realidad es un libro, que más que del terrorismo de Estado que inevitablemente hay que tratarlo, nos está hablando de la lucha emancipatoria de las generaciones pasadas y en las del presente, que a través de los lugares de memoria toman contacto nuevamente con las nuevas generaciones.  Por eso es interesante, si es que esta lectura que no trata sólo de la Plaza de Mayo, no trata de que la Plaza de Mayo está frente a la Casa Colorada, por lo tanto es el lugar de la República Argentina, de la Madre Patria podríamos decir.  Sin embargo la Plaza de Mayo es el lugar que fue interrumpido por la represión, que fue desalojado de las multitudes peronistas, de las multitudes de los montoneros, etc.  de los que luchaban y reclamaban para el primero de mayo.  Es retomada por las madres en el año 76 a partir de sus primeras marchas en la Plaza de Mayo, y que es hoy día un lugar de memoria, declarado sitio histórico.  En la plaza de Mayo está representado el pañuelo de las madres de Plaza de Mayo.  Es decir, es un lugar que por un lado critica la represión de lo que ha ocurrido, la represión de los hijos detenidos desaparecidos y ejecutados.  Pero la lucha de sus madres por buscarlos y la memoria actual que hace de la Plaza de Mayo un lugar con historicidad actual, de hoy día, del presente.
Este es un libro del ahora, es un libro del trabajo de la memoria, donde la memoria es una posibilidad de tomar contacto con el presente distinto al que vivimos todos los días.  Una posibilidad del trabajo de la memoria cuando no se queda solamente en el testimonio de lo acontecido, porque el testimonio es muy difícil de hacerlo universalizable, es singular y el dolor lo vive uno y no lo vive el otro.  Es muy difícil ponerse en ese lugar.  Cuando ese testimonio es posible ser elaborado en la forma del trabajo de la memoria, ya no solamente se está recordando la memoria del dolor de cada uno, el dolor que moviliza.  Es precisamente lo que convierte a los actores sociales y a sus redes sociales en víctimas, cuando eran revolucionarios.  El trabajo de la memoria permite saltar más allá de la sombra del dolor, permite elaborar eso desde una propuesta del presente.  Eso permite de algún modo estar en ese presente, pero ocupándose de ese pasado que de algún modo ha negado.  Entonces, de alguna manera, podríamos sostener que para alcanzar un futuro distinto, inédito, emancipado, libre, libertario, no es el progreso el que nos conduce hasta allá, no es el crecimiento permanente, la industrialización, no es la bolsa de intercambio, sino que es retomar en el presente el pasado que late historicidad.  Porque ese pasado de vidas militantes precisamente consiste en transformar lo dado.
Apoyándonos en este pasado que está en el presente, podemos saltar por encima de este presente homogéneo y vacío, en la forma de un trampolín nos apoyamos en este pasado no para que nos deje saltar con una mochila pesada, sino para saltar por sobre este presente que se nos ha vendido como progreso.  Este presente donde trabaja la memoria ya no puede quedarse quieto, porque eso sería no hacerle justicia a esas vidas clausuradas.  Esas vidas no son solamente cuerpos, no son solamente derechos vulnerados, esas vidas son proyectos, son proyectos de transformación.
Este es un libro militante, no es un panfleto (los panfletos también tienen espacio en el trabajo de la memoria, la denuncia tiene su espacio, el cartel tiene su espacio).  Este es un libro reflexivo, profundamente militante, que toma posición, que cuando habla de los lugares de memoria que va recorriendo donde hay una placa, una baldosa, hay un memorial.  Va señalando la historia desde determinado punto de vista, que no escabulle el conflicto.
Muchas veces se piensa que la temática de los Derechos Humanos es una temática en la cual todos estamos de acuerdo, y que quienes trabajan en la memoria del terrorismo de Estado para hacer justicia del pasado en las ineficiencias del presente están en la misma posición.  La verdad es que la memoria es un campo de disputa, es un campo de conflicto, es un campo de lucha política.  Este libro acoge esos conflictos, habla directamente de cómo las madres de Plaza de Mayo en dictadura argentina tuvieron determinadas posiciones, y al venir la democracia sufrieron una división entre madres fundadoras, que salieron las abuelas de Plaza de Mayo, que aparecieron los hijos, que el movimiento sindical tiene dos representaciones distintas.  Va metiendo el dedo en el presente, el dedo en la galla que remueve.  Hablar del pasado como recuerdo puede ser más fácil que hablar del presente conflictivo, que nos pone a nosotros mismos la necesidad de tomar posición, y no solamente vivirla en forma homogénea y vacía.
Cuando Gonzalo me invitó a comentar el libro, lo primero que me resonó al leer el “modo de uso” para entrar en contacto con la realidad argentina, era recordar a “Rayuela” de Julio Cortázar que es un libro para armar y que inicia con un instructivo de cómo hacerlo, permitiendo diferentes entradas y salidas.  “Rayuela” es un libro que de alguna manera nos abre al lugar del exilio argentino, que es otra Argentina vivida ahora en el exilio.  Esta es una “Rayuela” para entrar y salir de una historia cruenta, que es la de la desaparición, los crímenes, la persecución política y la de la memoria que nace a partir de ello.
Pero también me resonó a un texto local, tenemos hartos libros que han registrado los lugares pero no de la forma de recordar su historicidad de las militancias.  Me recordó a “Residencia en la Tierra” de Pablo Neruda, de cómo vivir en ese caso desde la poesía, cómo vivir, cómo residir en la tierra y concluyo con una cita del texto “Walking Around” de Neruda que dice lo siguiente:
Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
Navegando en un agua de origen y ceniza.
El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.
Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.
Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío
No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tapias mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.
No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos
ateridos, muriéndome de pena.
Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.
Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.
Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.
Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias.

“Walking Around” de Pablo Neruda es como recorrer Buenos Aires, después de leer “Memorias en la Ciudad” es otro Buenos Aires, recorrer Santiago después de “Walking Around” es otro Santiago.  Transitar Santiago, transitar Ñuñoa con su Estadio Nacional, con José Domingo Cañas, con el cuartel Lautaro en Simón Bolivar, con la Villa Frei y sus detenidos desaparecidos, con la Villa Los Presidentes, etc.  Después de que escribamos “Memorias de la Ciudad de Santiago”, va a ser muy distinto.  Esa es la invitación y el desafío que yo acojo luego de leer este libro.
Muchas gracias.»
Transcripción hecha por Memópolis

Jueves 5 de Noviembre 2010, en la Casa de la Cultura de Ñuñoa, «Memorias en la Ciudad».

Manuel Guerrero Antequera.

 

Mensaje de Manuel Guerrero Ceballos desde prisión a sus hijos.

* Relacionado  https://www.facebook.com/photo.php?fbid=278978372195081&set=a.152522681507318.34915.100002487607714&type=3&theater

«Uno de los legados curiosos que Carlos Marx dejó a la posteridad, es un registro de una especie de bachillerato que jugó con sus hijas Laura y Jenny. Junto con preguntarle por su comida favorita (el pescado), su color favorito (¿cuál será? el rojo, claro), sus héroes (Espartaco, Galileo y Kepler), las hijas le preguntaron por su «Concepto de Felicidad». Y Marx respondió: «luchar». Siempre me ha llamado la atención ese concepto de felicidad. Y cuando reviso a mi familia, lo que han hecho mis padres, abuelos, tías, primos, en un volumen importante de sus vidas es luchar, sin parar. Luchar. Y uno pudiera pensar que se trata de una vocación «sacrificial», que se lucha desde el dolor, la amargura. No. Claro, hemos tenido consecuencias de esta manera de vivir la vida. Nos faltan tíos, mi viejo, varios que no están. Que murieron luchando. Y hemos tenido que partir de aquí para allá, de allá para acá, y un sin fin de andanzas. Pero hemos seguido los hijos, y ahora las sobrinas. Probablemente los nietos seguirán. Y veo que seguimos luchando, de generación en generación. Lucha cultural, política, social. Porque, tal como lo dejó escrito Carlitos Marx, creo que a nosotros también la lucha nos resulta consustancial, una opción de felicidad. En ningún caso masoco. Al contrario, gozoso, la dicha de poder pertenecer a un colectivo que lucha por visibilizar sus demandas, abrirles espacio, convocar, movilizar, ser parte, aportar, jugárselas. Todo esto me viene al pensamiento, porque recibí una fotito de mi hermana América que vive en Suecia, que bien podría estar solo paseando por los bosques y lagos. No hay nada que la obligue a no hacerlo. Y sin embargo, libremente opta por dedicar su tiempo y energía a luchar, desde el campo internacional, en solidaridad con la causa del pueblo nación mapuche. La observo entregada y la veo feliz, y me siento feliz en su felicidad. Porque además me reconozco en ella. La lucha nos salva. ¡No tenemos remedio! Seguimos!»