MUJERES COMBATIENTES. Una militante del MIR . “La lucha continúa, no ha terminado”.

Ana Becerra, sobreviviente de Tejas Verdes: “La lucha continúa, no ha terminado”

Llegada a San Antonio a los 10 años, Ana Becerra fue una militante del MIR que -como otros en el puerto- vivió en carne propia el sadismo desatado por civiles y militares una vez ocurrido el golpe de Estado. Fue detenida en dos oportunidades, en 1973 en Tejas Verdes, y en Las Cabañas, campo de concentración ubicado en Santo Domingo, dos años después. Su testimonio forma parte del libro “El despertar  de los cuervos. Tejas Verdes, el origen del exterminio en Chile” (Ceibo Ediciones), del periodista Javier Rebolledo (“La danza de los cuervos”).

Allí está su detención en el Parque de Materiales mientras estaba embarazada y su estadía ahí por cerca de siete meses; las torturas que sufrió junto a sus compañeras y la vida que generaron en ese lugar; su salida del país y el regreso. Pero también está aquello que la ayudó a mantenerse en pie. “Cómo fue sacándole una solución a todo lo que vivió ahí dentro, las herramientas que la vida le dio para superar esas vivencias: El amor, fundamentalmente”, dice Rebolledo.

Foto Rens Veninga

“Lo más importante era poner a Santo Domingo en el mapa de la tortura”

¿Qué significó para ti el poder testimoniar?

Siento que es una tarea cumplida. Que salga a la luz la verdad de los detenidos desaparecidos y los presos políticos. Por mí que existan más organizaciones ocupadas de que se conozca más. Es parte de mi trabajo la divulgación de lo que sucedió.

¿Qué es lo principal que, a través de tu trabajo testimonial, debe ser relevado?

Para mí lo más importante era poner a Santo Domingo en el mapa de la tortura: apareció por primera vez en el informe de la Comisión Valech. Fuimos alrededor de 15 los que estuvimos aquí y conseguir todos los testimonios ha sido duro. Mi relato está desde los ’80 en los informes de la Vicaría. No había nada más, hasta que después logré conseguir más testimonios de gente que estuvo en prisión aquí. Hoy Javier (Rebolledo) ha logrado imponerlo con su publicación, al hacer la relación de la Escuela de la DINA que operó en Santo Domingo y nuestra posterior llegada a ese recinto. Es tremendo que se haya logrado mostrar hasta aquí. Durante un tiempo sólo existía mi testimonio y la sentencia que aparece en el libro de Luz (Arce)* en el que Jara** le dice que no se puede quedar porque tiene que venir para acá por unos  “fiambres”.

¿Por qué llegas a este lugar?

La tortura aquí existió por muchos años. La primera vez que me detuvieron fue cuando voluntariamente me entregué el 16 de septiembre y me liberaron en febrero del ’74. Soy la única que estuvo todo el tiempo en calidad de prisionera. Cuando yo me entregué tenía orden de fusilamiento: nunca supe por qué razón, pero creo que por eso, a lo mejor, me mantuvieron en Tejas Verdes todo el tiempo.

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“No somos pobrecitos”

¿Hay algo que te gustaría remarcar sobre tu experiencia?

Los relatos han estado vivos, en lo personal no me gusta hacer mucho relato, por el morbo. Incluso el Informe Valech tiene algo de morboso, cuando te preguntan “¿Y dónde exactamente le aplicaron la corriente?, etcétera. Y por eso muchas veces escuchas “pobrecita”. A mí me carga el término “pobrecita”. Todo lo que nos pasó fue el alto precio que pagamos por nuestros ideales, por nuestras convicciones. Pero no somos “pobrecitos”.

¿Qué hiciste con tu vida después?

Recordar. Al salir de Tejas Verdes no paré con mi actividad. Por eso es que caigo en 1975 durante la redada que se hace a los miembros del MIR y que me lleva finalmente al exilio, primero en Argentina y luego en Suecia. Cuando regreso, a mediados de los ’80, inmediatamente comienzo a trabajar en los grupos de defensa de los Derechos Humanos.

Foto Rens Veninga

¿Qué significó volver a este lugar de tanto sufrimiento, a San Antonio?

Yo siempre quise vivir en mi tierra y la lucha nunca ha terminado. Uno aporta lo que puede. Primero fue declarar en los tribunales, ante las investigaciones, la Vicaría, recogiendo información, buscando restos. Y, en general, yo puedo aportar con mi experiencia a los movimientos de los jóvenes: ellos son las semillas que germinan.

¿Y hoy, cómo realizas esa lucha?

Voy a las marchas, también participo en la Comisión Ética Contra la Tortura, me interpongo entre jóvenes y carabineros, voy a sacar de las comisarias a los chicos; a veces me convierto en la “vieja de mierda” también. Pero si en algo les puedo aportar, es en tratar de ayudar desde mi experiencia a los cabros que llevan las banderas de lucha. Eso es lo fundamental, que la lucha continúa, no ha terminado. No existe un país perfecto, pero existe uno mejor y para eso seguiré luchando hasta que llegue al cajón. Uno no puede dejar sus ideales, mis ideales no son vendibles y por eso sigo, y seguimos ahí, adelante.

* Luz Arce, pasó de ser militante del PS a colaboradora y jefe de sección de la DINA. Su historia aparece en el libro “Luz Arce: Después del Infierno”, de Michael Lazzara.

** Mayor Mario Alejandro Jara Seguel, agente encargado de la DINA en Rocas de Santo Domingo, que entre sus “tareas” tenía la de preparar asados y vacaciones para el personal de la DINA en ese balneario.

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