5 OCTUBRE : “acuerdo Nacional por la Democracia y el consenso constitucional”,

Octubre 5, 2013

El otro plebiscito que perpetuó el modelo de la dictadura

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Vía radio.uchile.cl

Un plebiscito realizado en junio de 1989, a solo ocho meses del triunfo del “No”, asentó una serie de reformas constitucionales en las que la Concertación cedió la posibilidad de tener mayoría en el Parlamento y aprobar una serie de leyes que democratizarían efectivamente al país. Para el sociólogo Felipe Portales, esto se explicaría por la concordancia ideológica de la Concertación con el modelo económico de la derecha, algo que se sostiene hasta el día de hoy.

“Faltando menos de dos semanas para el plebiscito de las “54 reformas constitucionales”, la desinformación y la confusión acerca de su significado marcan la percepción del acontecimiento tanto en Chile como en el extranjero. Según se desprende de diferentes encuestas periodísticas publicadas en los últimos días, una gran cantidad de chilenos continúa sin entender qué es lo que está en juego con las reformas. El bombardeo de spots televisivos sobre la materia aún no logra hacer comprensible al gran público cómo actores que estuvieron en posiciones tan disímiles en octubre pasado hoy coinciden en llamar a votar “apruebo” el 30 de julio (…)”.Revista Apsi, 17 al 23 de julio de 1989.

Apenas realizado el Plebiscito del 5 de octubre de 1988, en el cual el triunfo del “No” puso fin a 17 años de dictadura, la Concertación se sentó a negociar con la cúpula militar y la derecha un “acuerdo Nacional por la Democracia y el consenso constitucional”, con el objetivo de generar reformas a la Constitución de 1980.

En mayo de 1989, Augusto Pinochet presentó en cadena nacional el proyecto definitivo de 54 reformas a la Constitución, que contó con la aprobación unánime de la Concertación. Todos los partidos políticos llamaron a votar “Sí” en el plebiscito pactado para el 30 de julio de 1989 y solo una facción conocida como el Partido Socialista Chileno (de tendencia Nacional Socialista) y el Partido del Sur manifestaron su rechazo a la reforma, mientras que el MIR y el Partido Comunista llamaron a anular el voto.

Luego de una rápida campaña comunicacional y pese a la desinformación generalizada, el paquete de reformas fue aprobado por un 93.7% de los votos. ¿Pero qué fue lo que se aprobó, en un plebiscito del que pocos saben o recuerdan? Entre otros asuntos, la Concertación renunció a la mayoría legislativa parlamentaria que le aseguraba la Constitución del 80, al aceptar elevar los quórums para las leyes simples a la mayoría absoluta de los miembros presentes en ambas Cámaras, manteniendo los senadores designados.

De esta manera, todos los cambios económicos y sociales que la Concertación se ha excusado de hacer desde que llegó al poder en marzo de 1990, por no tener mayoría en el Parlamento, se explicarían en el pacto aprobado y promulgado por el mismo grupo político.

Para el sociólogo y académico Luis Felipe Portales, esto solo se explica por la tesis enunciada por el  teórico de la transición, Edgardo Boeninger (DC), en su libro Democracia en Chile: Lecciones para la Gobernabilidad, donde éste reconoce que, a fines de los 80, el liderazgo de la Concertación había llegado a una “convergencia” con el pensamiento económico de la derecha.

“El liderazgo de la Concertación había experimentado a fines de los 80 un viraje en su pensamiento económico que lo había llevado a una convergencia con la derecha, convergencia que políticamente no estaba en condiciones de reconocer. Con esa frase simplemente uno puede llegar al corazón de la cuestión, que es que el liderazgo de la Concertación modificó completamente su pensamiento, era un liderazgo que había modificado sus puntos de vista en materia económica y social, pero que políticamente no podía reconocerlo porque sus bases no habían experimentado ese cambio y se iban a resentir profundamente”, evidencia Portales.

Si bien quienes lideraban la Concertación en los inicios de la transición a la democracia han justificado su inoperancia política por el “miedo” que las Fuerzas Armadas y el dictador aún despertaban en esa época, para el profesor Portales esta explicación es “absurda”, debido a que los intentos por volver a un régimen dictatorial ya habían sido desestimados.

“El temor puede inducir a muchas cosas pero no a entregarle el poder al adversario al que temes. Y menos todavía en el caso de mediados del 89, si ya Pinochet en la noche del 5 de octubre trató de hacer algo, incluso un golpe, y tuvo el rechazo total de la derecha política, la derecha económica y las ramas de las Fuerzas Armadas, con menor razón a mediados del 89 iba a tener la fuerza para hacer un golpe de Estado porque la Concertación no aceptaba cambiar su propia constitución”, explica.

Para el académico, la comodidad con el modelo que los líderes de la Concertación experimentaron en los albores de la transición continúa hasta ahora, por lo que nada asegura que en el futuro puedan dar paso a las reformas a las que se han negado durante más de dos décadas.

“Hemos vivido en un brutal engaño en estos más de 20 años por parte del liderazgo de la Concertación, un brutal engaño en que ellos se siguen tratando de presentar como centroizquierdistas pero han sido de derecha, han sido claramente de derecha. Pruebas hay numerosísimas, el tema es el control comunicacional que se tiene. Obviamente al liderazgo de la Concertación no le va a convenir para nada desnudar esto y a la derecha tampoco, si la derecha ha sido la más beneficiada con esta conversión. No le interesa a El Mercurio, a La Tercera estar poniendo el dedo en la llaga”, acusa.

Así, en lugar de aprovechar el triunfo del 5 de octubre de 1988 para avanzar hacia la democratización del país y la sustitución del modelo neoliberal, con las reformas aprobadas ocho meses más tarde, el 30 de julio de 1989, el liderazgo de la Concertación se acomodó al legado de la dictadura.

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UN 5 DE OCTUBRE EN CHILE. El motor fue el Pueblo.

UN 5 DE OCTUBRE EN CHILE

Carla Amtmann Fecci*
 
Con aún la duda inundando el teclado, no decido si hoy es deber escribir sobre los 39 años del asesinato en combate a Miguel Enríquez, o de los 25 años del triunfo del NO en el plebiscito de 1988.
Ambos momentos merecen no sólo de líneas, sino que por sobretodo de memoria y reflexión política para nuestra proyecciones en el presente. Una buena opción al parecer, es partir tal vez aprovechando esa coincidencia de fechas. Y es que pareciera que Miguel sigue tocando la puerta de la historia, para recordar la gesta de hombres y mujeres que con gran decoro, estuvieron dispuestos a entregarlo todo por la construcción de una senda socialista, como también por la recuperación de la democracia. Estos 39 años de la muerte de Miguel nos hacen reafirmar que a la Dictadura no se la sacó sólo, ni gracias a un lápiz  y un voto, ni fue una mera gesta pacífica a cara descubierta –como dijera la expresidenta Bachelet en una de sus cuentas públicas para criticar a los estudiantes y las protestas- sino que fue resultado y posibilidad de una lucha ardua emprendida por años, que implicara pérdidas de valiosos hombres y mujeres, acciones clandestinas y proezas que obligaban a dejar el miedo a un lado
Estos 25 años, que muchos celebran borrando tanto el origen de dicha posibilidad como sus consecuencias, necesitan ser analizados desde un prisma en donde el pueblo vuelva a ser el protagonista. Para ello, son por lo menos tres cosas claves a destacar este 5 de octubre y nunca olvidar.
La gesta de un pueblo que vence el miedo
El 11 de mayo 1983, fueron miles quienes rompieron el miedo y se colmaron en las calles a exigir el fin de la dictadura. Tocar la cacerola desde las ventanas ya era un acto de rebeldía que merecía su respeto y justo temor y resguardo. Movilizaciones, barricadas, propaganda y apagones ya eran acciones más osadas que miles estuvieron dispuestos a emprender. Con el  impulso y articulación de organizaciones sindicales, junto a la fuerza y disposición de los pobladores, el inicio de las jornadas de Protesta Nacional marcó la posibilidad real de dar término con la dictadura.
Para llegar al plebiscito, hubo que pasar por más de 15 años de represión y de  resistencia, con miles de luchadores muertos, desaparecidos, torturados y presos. Por ello, no hay mito más irrespetuoso con los esfuerzos de todo un pueblo, que el construido por los partidos de la Concertación, quienes explican el plebiscito y triunfo del No, como una gesta que en nada la articula con las acciones de trincheras, cuando en realidad sin el riesgo vital asumido por millones de chilenos y chilenas en la lucha en todos los frentes de batalla, nada de ello hubiera sido posible.
La gesta por vencer el miedo no empezó en el acto de ir a votar, sino que mucho antes, en los actos de organización y resistencia que por millones florecían en todos los rincones del país. Fue el pueblo, su fuerza, lo que permitió el debilitamiento de la dictadura y que se pudieran desplegar diversas acciones políticas que permitieron el término de ésta. En esta historia –aunque muchos lo silencien- el motor fue el pueblo, pese a que al final se le robara su protagonismo.
 
El aire de los tiempos, la pauta del dictador
 
La situación política tras el año decisivo de 1986, llevó casi irremediablemente a que la definición de terminar con la dictadura sobre los márgenes entregados por la propia Constitución de 1980, fuera la hegemónica.
 
El Partido Comunista, atravesando por una crisis en su política de Rebelión Popular tras los fracasos militares de internación de armamento y de ajusticiamiento a Pinochet, sumada a las tensiones y divisiones internas con sectores del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, lo dejaba con bajas posibilidades de incidir en los acontecimientos futuros. Las otras fuerzas de izquierda, mucho más disminuidas y fuertemente golpeadas por la dictadura, empezaban una diáspora marcada también por la incapacidad de incidir en la realidad nacional.
 
El Partido Socialista con su renovada ideológica –abandono del marxismo y del horizonte socialista- más sus profundas divisiones y escisiones, también lo dejaba en clara desventaja ante una Democracia Cristiana que se posicionaba como la que guiaría el proceso los siguientes años.
 
Estados  Unidos por su parte, con una clara decisión de apoyar la resolución de la dictadura vía plebiscito, fue uno de los principales aliados de este plan de concertación nacional. Esto, sumado a la pauta establecida en la misma constitución de 1980 en sus artículos transitorios para la elección presidencial, presentó un escenario donde el plebiscito terminó siendo la única salida con capacidad de ser aplicada.
 
Los sectores que por la fuerza de los hechos, tuvieron que observar desde el palco los acuerdos y negociaciones, prepararon acciones frente a la posibilidad que el Dictador no respetara los resultados. Pero tras tensas horas, esa noche de octubre de 1988 terminó inundada de festejos en todos los lugares del país. Se le decía NO a Pinochet y empezaba el despliegue del plan para llegar a las elecciones de 1989.
 
Sin embargo, si fueron más de diez años en que luchas populares concentraron las principales posibilidades y condiciones para dar término a la dictadura, tras el 5 de octubre de 1988 a la Concertación le tomó menos de un año coronar el pacto, las concesiones y, en definitiva, la traición al pueblo que se había desplegado en aquella histórica votación. Por ello, una cosa fue el acto plebiscitario en sí, en el cual millones confiaron, y otra, las miles de negociaciones secretas que sellaron la Concertación con la Dictadura,
 
 
A 24 años del triunfo del SI
 
El 30 de julio de 1989 se realizó el último plebiscito en Dictadura, que llamaba a aprobar o rechazar un conjunto de reformas constitucionales. En dichas elecciones ganó el Sí con una amplísima mayoría, obteniendo un 85,7% de las preferencias.
 
Tras intensas negociaciones, quienes hacía menos de un año habían estado en una dura contienda en veredas distintas, llamaban hoy a todas sus fuerzas a votar por la misma preferencia. Era parte del pacto, con el cual se sellaba la renuncia total a los ejes programáticos que en un momento unieron a las fuerzas que convocaban los partidos de la Concertación. Así, una nueva Constitución quedaba fuera de las preocupaciones de los siguientes gobiernos, ya que la aprobación de las reformas traía implícita la legitimación de la carta fundamental de 1980.
 
Esta votación muestra lo que verdaderamente terminó triunfando tras el NO. Ganó el Sí al modelo, permitiendo con eso la entrada de los mejores administradores neoliberales que pudo haber escogido la Dictadura y los Estados Unidos.
 
La salida del dictador, como cortina de humo, nubló el escenario, y ello permitió hacer los pactos más nefastos con la Dictadura, para así asegurar y perpetuar su legado.
 
***
 
Tres actos de una misma obra. El rol heroico del pueblo y su resistencia a la dictadura; la orquesta norteamericana que se consagra; y el pacto que sella la perpetuación de un modelo neoliberal instalado a sangre y fuego, son realidades que tras 25 años del plebiscito no podemos olvidar.
 
Nos han dicho que lo sucedido estos años de democracia – la constante usurpación de nuestros derechos sociales y soberanía- se ha debido a la falta de fuerza, a la falta de quórum, y/o a las amenazas de la derecha. Pero no hay nada menos creíble que dicha afirmación cuando viene de fuerzas que desde sus orígenes han debido cumplir un mandato pactado, y que luego nunca confiaron en la fuerza del propio pueblo, que les permitió llegar a los sitiales desde los cuales han gozado de infinitos beneficios y privilegios. No confiaron, sino al contrario, combatieron a la fuerza popular, única capaz de ser motor de cambio. 
 
No importa. Hoy el pueblo poco a poco vuelve a ser eso  y mucho más. Pues hoy es tiempo, tras tantos años, de ser más que motor. Ser también protagonistas.
 
 
 
*Ex Presidenta FEPUCV 2008-2009.. Miembro de la Universidad Popular de Valparaíso y del Comité
 de Solidaridad con Palestina. Profesora de Historia, Geografía y Ciencias Sociales