Elvira Huanquil: La mujer que vivió la toma en la Bandera

Elvira Huanquil: La mujer que vivió la toma en la Bandera
Elvira Huanquil: La mujer que vivió la toma en la Bandera
Angel

Redacción piensaChile0

Elvira Huanquil: La mujer que vivió la toma en la Bandera
<p class="has-drop-cap" value="<amp-fit-text layout="fixed-height" min-font-size="6" max-font-size="72" height="80">12 septiembre, 2014<br>Elvira Huanquil Carileo es una mujer Mapuche, oriunda de Puquiñe, un pequeño poblado cerca de Panguipulli en la Región de Los Ríos. Tiene 66 años, es dueña de casa y se dedica a la venta de empanadas los fines de semana. Esta tarde nos juntamos a conversar sobre cómo fue la toma del fundo La Bandera, que hoy es la popular población que lleva ese nombre y que aparece en la conocida canción “En un largo tour” del conjunto Sol y Lluvia.12 septiembre, 2014
Elvira Huanquil Carileo es una mujer Mapuche, oriunda de Puquiñe, un pequeño poblado cerca de Panguipulli en la Región de Los Ríos. Tiene 66 años, es dueña de casa y se dedica a la venta de empanadas los fines de semana. Esta tarde nos juntamos a conversar sobre cómo fue la toma del fundo La Bandera, que hoy es la popular población que lleva ese nombre y que aparece en la conocida canción “En un largo tour” del conjunto Sol y Lluvia.

Elvira Huanquil Carileo
Elvira Huanquil Carileo

El 26 de enero de 1969 un grupo de personas y familias enteras que eran denominados “los sin casas” se tomaron los terrenos del fundo La Bandera que eran terrenos no habitados y que además no estaban consideradas para ser zona de construcción para futuras viviendas. El terreno comprendía lo que hoy es la zona de Santa Rosa con la circunvalación Américo Vespucio. El campamento fue llamado “26 de enero”. La mayoría de las personas que participaron vivían de allegados en los alrededores, hacinados en conventillos o arrendando entre varios una pieza para vivir.

La travesía de Elvira partió con un anuncio en la radio Colo Colo, en donde se llamaba a ocupar algunos terrenos de la toma que hasta ese momento llevaba meses en pie, ella consideró que era la única instancia que tenia con su esposo y sus cuatro hijos de tener un lugar donde edificar una futura vivienda

Y escuchamos en la radio, en ese tiempo existía la Radio Colo Colo y una vecina lo escuchó y me fue a avisar, yo también había escuchadoY ahí vinimos altiro al 25 que era Manuel Rodríguez en esos años, ahora Américo Vespucio y acá era un fundo, el fundo La Bandera y entramos con el barro hasta las rodilla, lloviendo en el mes de junio, para que nos dieron un terreno y quien fue que nos dio este terreno fue Victor Toro, que nosotros no lo conocíamos y en esa noche no lo pudimos ver porque estaba tan oscuro, que no sabíamos quién era, pero sabíamos que era él y quien nos entregó el sitio donde vivimos ahora. No sabíamos los riesgos que podíamos pasar, no teníamos idea, solamente escuchamos “una toma” ni yo sabía lo que era una toma. Corrimos de allá de San Ramón, fue a las ochos de la noche cuando escuchamos y de ahí corrimos con una vecina y nos vinimos con una lata y un palo, mientras mi marido llegaba del trabajo y ahí supo y nos vinimos todos, pero no con los niños, sino que yo y él y mis vecinas y de ahí pusimos unos palos parados y ahí nos quedamos, cuidando, hacían unos fríos horribles, pero estábamos felices porque íbamos a tener casa. A medida que iba llegando la gente se iba apoderado de una parte, cada esquina hacia cuatro sitios y uno de esos cuatro fue el que tomamos nosotros y después tomó otro vecino del lado y otro vecino y otro vecino, estos sitios son de 10 metros para delante y 20 para atrás. Tenía cuatro hijos, pero muchos de los vecinos, tenían más, no teníamos donde vivir, arrendábamos y no nos alcanzaba para vivir, mi marido ganaba poco y no nos alcanzaba para pagar el arriendo, por eso apenas supimos de esa toma, nos vinos a hacer la toma y ahí nos fuimos quedando, toda la gente y bueno, nos fue bien gracias a Dios.

Elvira se dedica a la venta de empanadas los fines de semana. Foto: Sarai Soto.
Elvira se dedica a la venta de empanadas los fines de semana. Foto: Sarai Soto.

Elvira llegó en junio del 1970 a la toma, tras un anuncio que hizo el dirigente poblacional y militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria -MIR- Víctor Toro por la radio. Según Elvira el día que llegó a la toma se le asignó un sitio que debían cuidar y que desde ese momento sería de su familia. Los terrenos ya estaban distribuidos por manzanas y sectores. El  MIR por medio de su frente de masas, el Frente de Trabajadores Revolucionarios -FTR-, fueron quienes lideraron la toma de La Bandera. En el libro Tomando su sitio: el movimiento de pobladores de Santiago 1957 – 1970 de Mario Garcés, se cita una entrevista a Víctor Toro, hecha en Las Noticias de Ultima Hora el 28 de marzo de 1970, donde asegura la importancia de que los pobladores de asumieran un rol histórico:

Este frente de clases a juicio de Toro, debía asumir un papel histórico consiente de la incapacidad absoluta del actual sistema de injustas diferencias sociales para solucionar integralmente sus problemas y agregó “este frente deberá responder a los verdaderos intereses de la clases obrera, esto es la transformación revolucionaria de la estructura socio-económica vigente.

En primera instancia validaron la toma del terreno durante el gobierno de Frei Montalva, posteriormente le entregaron el dominio de propiedad durante el Gobierno de Salvador Allende, en conjunto con la instalación de suministros básicos. Así lo recuerda Elvira:

Después de los años mi marido fue a Serviu, para que nos asignaran la tarjeta y pusimos plata en la libreta Corvi en esos años, que no me acuerdo cuando era realmente y tuvimos que vender la única radio que teníamos, después mi marido cuando fue a Serviu donde hubo un enfrentamiento con los pacos y bueno a mi marido le pagaron, después lo llevaron preso y al día siguiente lo soltaron, después pasaron unos días y vino un señor, que no me acuerdo como se llama, vino a entregarnos las tarjetas, con esa tarjeta uno ya podía hacer algo, comenzar a cerrar el sitio de alguna forma y de ahí de poco fuimos arreglando y cerrando el sitio primero con. Al inicio no teníamos agua, no teníamos luz, nos alumbrábamos con velas y teníamos cocina a parafina, no había alcantarillado, nada de nada, íbamos a lavar y a buscar el agua a una copa de agua que queda en Américo Vespucio actualmente, queda como a unas 20 cuadras, allá íbamos a buscar agua para hacer la comida. Para ir al baño, íbamos a donde un familiar que ya tenía casa en esos años, íbamos para allá cuando teníamos que ir a hacer nuestras necesidades, toda la gente iba distintas casa para que pedir que nos prestaran para hacer nuestras necesidades, además en esos años había un establo y una viña, y de ahí en la noche se hacía en una pelela o en un tarro y se iba botar para el frente, para el establo.

Pero ¿Qué significó la Unidad Popular para una pobladora que luchaba por el derecho a la vivienda? Elvira explica que fue un proceso difícil que implicó duros esfuerzos, pero que dio sus frutos hasta el día de hoy:

Nosotros nos tomamos los terrenos en el tiempo de Frei, cuando estaba por terminar, el Frei padre y después ahí salió Allende y ahí fue más fácil obtuvimos la vivienda definitiva por Serviu, se puso la plata, Serviu entregó títulos de dominio y ese titulo de dominio después se fue a bienes raíces , se hizo todo el tramite, este sitio está pagado, nosotros estábamos al día con los dividendos, se comenzó a pagar dividendos, después con los años hicieron una cosa, si tu tenias al día los dividendos, entonces se congelaba y se daba un plazo, después salía como que tenias todo pagaba completamente. Todo lo pagamos de poco, fuimos ganando más monedas y de ahí hicimos las veredas. Con el tiempo se edificaron departamentos. Lo que más rescatamos de la Unidad Popular, fue la casa que nos dieron en ese tiempo, porque o sino ¿hubiéramos tenido más adelante la posibilidad de tener casa? no sé, si éramos muy pobres, no teníamos para comprar, no te digo que tuvimos que vender la única radio que teníamos que habíamos pagado en cuotas chica. Estaba la cosa entre Frei, en el tiempo de Frei la tomamos, en el de Allende nos dieron las solución, nos dieron una caseta, una media agua, que ya eran dos piezas y de ahí fuimos haciendo para atrás una cocinita y así de poco fuimos trabajando para tener lo que tenemos ahora.

La Bandera. Foto: Sarai Soto.
La Bandera. Foto: Sarai Soto.

Cuando estábamos finalizando la conversación, Elvira nos manifestó la importancia que tuvo para ella como persona y chilena el proceso de la Unidad Popular:

Lo malo de ese tiempo, es que mataron a Allende, lo más malo que hicieron. Yo me sentí parte de eso, porque en esos años un podía salir y luchar por nuestra vivienda, nos dieron el sitio y todo esto, yo por eso estoy contenta y triste a la vez, porque pasó lo que pasó, porque no debió haber pasado, bueno hay mucha gente que estaba feliz, pero no todos estábamos felices. No pertenecíamos a ningún partido político nosotros, pero, igual uno sufrió, sufrió muchas cosas, ponte tu, la muerte de Salvador Allende, lo sentimos porque estaba empezando bien, lo malo, a mi parecer, es que el se cayó en haber puesto militares en el gobierno, yo a pesar de que era tan joven, decía: Nopo está mal, porque lo pueden traicionar y así fue, como que yo presentía algo y bueno, fue una traición. Uno estaba bien, estaba contenta, cuando salió, salimos a celebrar, me acuerdo que yo tenía a los cabros chicos y salimos corriendo por toda la población y con mis cuatro cabros saltábamos, eran como las siete u ocho de la noche y salimos a gritar ¡Allende, Allende!

La tarde de hoy estuvo fría y el olor a pan amasado inundaba cada espacio de la casa de la señora Elvira. La Bandera despidió el día con su aspecto provinciano y sus calles que en cada paso que daba, me revelaban el amor y el esfuerzo puesto en todo lo que mis ojos veían.

– Este artículo, de la autora Sarai Soto López, forma parte del proyecto de escritura de la historia de la Población La Bandera. Lo habíamos publicado con una autoria equivocada. Pedimos disculpas a su autora. 26 de septiembre de 2015

*Fuente: Con Tinta NegraLEAVE A COMMENT

Abrir las grandes alamedas, 40 años después…volver la vista a la ‘Via chilena’

 

 

Abrir las grandes alamedas, 40 años después, de Joan del Alcàzar en El País

el 9 septiembre, 2013 en DerechosHistoriaInternacionalLibertadesPolítica,Sociedad

TRIBUNA

En esta época deprimida y deprimente, sería bueno volver la vista a la ‘Via chilena’ y recordar lo que nos enseñó

La experiencia chilena, la llamada Vía chilena al Socialismo, tuvo unas consecuencias políticas de gran calado en toda la izquierda occidental.

Se produjeron —podemos sintetizar— tres tipos de respuesta: primera, la que podríamos llamar de izquierda revolucionaria, partidaria de la lucha armada, convencida de que la dicotomía era revolución o fascismo, y de que nunca se podría alcanzar el socialismo por el mismo camino que se intentó durante los años de la Unidad Popular en Chile; segunda, la ortodoxa, de matriz soviética, que aun valorando la posibilidad de que —al menos teóricamente— se pudiera transitar pacíficamente hacia el socialismo, entendía que había de contemplarse la utilización de la fuerza para defender las conquistas revolucionarias; y tercera, la que se nos antoja más innovadora, la que Achille Occhetto, en sintonía con su predecesor Enrico Berlinguer, denominaría años después, ya en los años 80, un reformismo fuerte:“un reformismo que no se conforma con retoques de fachada, sino que interviene sobre las contradicciones de fondo de la sociedad con propuestas realistas (…), una alternativa democrática y reformadora que tenga como protagonistas a las fuerzas del progreso”.

Cuarenta años después del fatídico final de la Vía chilena y 25 de estas palabras del comunista italiano, sabemos que el mundo no solo no ha avanzado hacia el socialismo, sino que la gran superpotencia soviética ya no existe, y que la gran potencia china, oficialmente un país socialista con el Partido Comunista como Partido único, es un híbrido del que no se sabe cuál es realmente ni su modo ni sus relaciones de producción. Dejando de lado la excepcionalidad norcoreana y el atípico Vietnam, solo Cuba sigue auto considerándose un país socialista. Han surgido, eso sí, a su estela, algunos regímenes, singularmente el venezolano o bolivariano y otros que se encuentran en su cercanía, que se adscriben a un llamado —e indefinido— socialismo del siglo XXI.

Hace 20 años, Eric Hobsbawm escribió unas palabras que aluden a una patología que ha afectado y afecta a la izquierda política realmente existente en Occidente: “A quienes consideran que no sólo es más sencillo sino también mejor mantener ondeante la bandera roja, mientras los cobardes retroceden y los traidores adoptan una actitud despectiva, les acecha el grave riesgo de confundir la convicción con la prosecución de un proyecto político; el activismo militante con la transformación social y la victoria con la ‘victoria moral’ (que tradicionalmente ha sido el eufemismo con el que se ha denominado la derrota); el amenazar con el puño en alto al statu quo con la desestabilización del mismo o (como sucedió muchas veces en 1968) el gesto con la acción”.

Es por ello que hoy, cuatro décadas después de la muerte de Salvador Allende y del inicio de la dictadura que ensangrentó a Chile y que conmovió al mundo, tanto más al que se identificaba con los valores de la izquierda política, debiéramos volver a leer aquel proceso chileno.

A quienes hace décadas denostaban la despectivamente llamadademocracia burguesa, les sorprendió la crueldad insoportablemente desgarradora de la dictadura (por supuesto burguesa). A quienes hasta hace poco infravaloraban los avances del Estado llamado del Bienestar, implementado en los países en los que la izquierda reformista (más o menos) fuerte había conseguido afianzarse, les sorprende ahora la facilidad con la que los gobiernos que gestionan la crisis económica y financiera que estamos viviendo en los países del sur de Europa están desmontando los logros alcanzados. Y ahora los valoran como nunca antes lo hicieron, incluso hasta convertirlos en bandera propia.

Estamos en una fase deprimida y deprimente en cuanto a las luchas políticas por los derechos sociales, por la democratización radical de nuestras sociedades. Ha ocurrido antes. María José Orbegozo, periodista

especializada en la política italiana, escribía en 1981: “Cuando en octubre de 1973, frente a la caída de Salvador Allende en Chile, Berlinguer propuso el compromiso histórico entre las fuerzas mayoritarias (democristianos, socialistas y comunistas), el secretario general albergaba en su mente un proyecto muy ambicioso: modificar gradualmente las orientaciones de fondo de dichas fuerzas políticas y, muy en particular, de la Democracia Cristiana, para acelerarlas a un encuentro con los comunistas, evitando así el riesgo de una reacción derechista que, incluso, podría tener el apoyo de las masas”.

El proceso italiano no evolucionó por la senda prevista por los comunistas de los años 70, ni mucho menos. Pero no es eso lo que nos interesa ahora. Lo destacable, en nuestra opinión, es la lectura provechosa que se hizo de la experiencia chilena. Aunque en estos años difíciles debamos ser necesariamente críticos al evaluar las aplicaciones prácticas de lo que el proceso chileno enseñó al mundo, particularmente a la izquierda política reformista, parece poco discutible que se impone y se impondrá siempre la necesidad de generar amplios consensos que, —parafraseando a Berlinguer—, permitan construir una democracia de altísima calidad que propicie un Estado que garantice el pleno ejercicio y el desarrollo de todas las libertades. De todas. Solo así se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

Joan del Alcàzar, es catedrático de Historia Contemporánea de la Universitat de València.

 

Relacionado

http://www.salvador-allende.cl/Biblioteca/Salvador%20Allende/Utopias.PDF