Violencia sexual política contra menores de edad en dictadura.

Violencia sexual política contra menores de edad en dictadura.
Presentan querella por violencia sexual política contra menores de edad en dictadura

8 enero, 2015 

La interpuso Lelia Pérez, quien tenía 16 años, por hechos acaecidos en el ex Estadio Chile. Fue acompañada por representantes de varios sitios de memoria, entre ellos Villa Grimaldi, y de la Fundación Víctor Jara, la hija del artista, Amanda Jara, familiares y amigos.

2015_01_07_querella_lelia_int1

Una querella criminal por los delitos de secuestro de menores, violación,  abusos deshonestos, torturas y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes, además de asociación ilícita, interpuso en el Palacio de los Tribunales de Justicia, el abogado Hiram Villagra en representación de Lelia Pérez, por hechos acaecidos en el ex Estadio Chile en 1973.

El libelo,  patrocinado por la Corporación de Derechos del Pueblo (Codepu), está dirigido en contra de Edwin Dimter Bianchi, Roberto  Souper Onfray, Raúl Jofré González, Hugo Sánchez Marmonti, Pedro Barrientos Núñez, Nelson Hasse Mazzei, Luis Bethke Wulf,  Jorge Smith Gumucio y todos aquellos que resulten responsables como autores, cómplices y encubridores.

Villagra señaló que los hechos,  sancionados como crímenes contra la humanidad, están contemplados en el Protocolo (II) adicional a los Convenios de Ginebra relativo a la protección de las víctimas de los conflictos armados sin carácter internacional y por la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes de las Naciones Unidas.

Agregó que lo relevante de la querella es que al momento de sufrir el ultraje y la tortura Lelia Pérez era una escolar de 16 años de edad, “aquí además de la agresión hay un tema de ataque a menores y se perpetra en un sitio como el Estadio Chile, donde además de ser uno de los recintos más importantes de detención de Santiago, asesinaron a Víctor Jara y Litré Quiroga”.

2015_01_07_querella_lelia_int2

Lelia Pérez, socia y ex directora de la Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi, relató que fue detenida 12 de septiembre en la Escuela Abelardo Núñez. “Estábamos allí porque esperábamos que nos llamaran a hacer una marcha como había sido el 29 de junio de 1973”.

Contó que el grupo fue detenido y llevado a la Universidad Técnica del Estado (UTE), donde se les hizo simulacros de fusilamiento y posteriormente fueron trasladados al Estadio Chile.

Expresó que fue llevada a los camarines donde le colocaron una especie de manta y le realizaron un interrogatorio que calificó de “absurdo y ridículo”.

“A mi, de 16 años, vestida de uniforme, con mi bolsón y mis cuadernos; me preguntan por los líderes de la Unidad Popular, entre ellos Carlos Altamirano,  Secretario General del Partido Socialista, y yo no tengo respuestas, son personas que conocía de la televisión y los diarios. Comienzan a aplicarme electricidad de forma muy violenta”. Manifestó que luego fue ultrajada.

“Ellos hacen un llamado a los otros hombres prisioneros y les dicen: miren lo que hacemos con sus putas. Es decir, yo en ese momento no represento ni un peligro,  ni un riesgo, no están buscando ningún tipo de información. Lo que están haciendo es buscar mi condición de mujer en función de degradar a los enemigos que ellos consideran en ese momento”, expresó.

Por su parte, Alberto Rodríguez, director de la Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi, a nombre de los sitios de memoria Casa de Memoria José Domingo Cañas, Venda Sexy, Nido 20 y la Asociación de Memoria y DD.HH. Colonia Dignidad, indicó que es relevante “visibilizar los horrores de la dictadura”.

2015_01_07_querella_lelia_int3

“Nuestra sociedad es una sociedad silenciada y estas acciones valientes como la que está presentando Lelia muestran todo el horror, el desprecio por la humanidad, que fueron capaces de tener los asesinos y genocidas de este país”, dijo.

“A muchas de nuestras estudiantes les ha tocado actualmente ser toqueteadas, desnudas, vejadas.  Este tipo de vejámenes no pueden volver a ocurrir en nuestro país. Es una práctica del pasado pero que tiene secuelas y repercusiones en el presente”, indicó Rodríguez.

Añadió que ayudarán a impulsar que el Estadio Víctor Jara “sea declarado un sitio de memoria, porque nuestro país, la memoria de Víctor, la memoria cultural así lo requiere”

A la rueda de prensa asistió la hija de Víctor Jara, Amanda Jara, y el miembro del directorio de la fundación, el cineasta Cristián Galaz, quien señaló la importancia de acompañar a Lelia, “en la persecución de la verdad y la justicia. Digámoslo claramente justicia a 41 años es imposible que exista. Hay muchas más víctimas de la tortura, de la violencia que se ejerció en el Estadio Chile en ese momento. Hay incluso asesinatos y desapariciones que nunca han sido esclarecidos”.

FOTO GALERÍA

1/1

A 20 años del Escape de la Cárcel publica: “Con cucharas, con cuchillos se escaparon los Chiquillos” – Por Rossana Cárcamo, Bélgica

Para entonces mi hijo tendrá veintisiete años y su padre vestirá cincuenta y siete otoños en la piel.

A 20 años del Escape de la Cárcel publica: “Con cucharas, con cuchillos se escaparon los Chiquillos” – Por Rossana Cárcamo, Bélgica

El 30 de enero de 1990 los chilenos nos despertamos con una espectacular noticia: 49 presos políticos se habían escapado de la Cárcel Pública de Santiago.

¡LIBERTAD A LOS PRESOS POLÍTICOS!

Desde aquella fecha histórica veinte años han transcurrido y aún existen compañeros impedidos para vivir en Chile como hombres libres. Sobre ellos pesan todavía las condenas impuestas por los tribunales militares de la época, sin que durante este tiempo ningún alto dirigente político en el poder haya querido hacerse cargo de esta deuda pendiente con los que dieron más que nadie, para hacer posible el retorno de la democracia a nuestra patria.

Existen fechas que nos llenan de regocijo, pero cuando van de la mano de una injusticia éstas tienen un sabor amargo, un gusto a derrota que opaca lo conseguido.

Ese día celebramos por las calles de Santiago esta heroica acción con cantos, consignas y vítores. Nos reíamos y albergábamos en nuestros corazones la esperanza que en marzo de ese año, todas las cárceles del país se abrieran para liberar a los Presos Políticos por la tiranía. ¡Qué ilusos fuimos! y ¡Qué infame fue el señor Patricio Aylwin al aplicar su “justicia en la medida de lo posible”!

Me consta que cada uno de ellos ha intentado resolver su situación procesal, pero se han encontrado con muros de burocracia, de malas intenciones y de puertas en las narices. Sus familiares y amigos hemos denunciado este EXILIO que la Concertación no quiso solucionar, hemos hecho campañas pidiendo el Derecho a vivir en Chile, hemos escrito cartas, hemos tenido entrevistas, no obstante nunca obtuvimos respuesta por parte de los señores políticos de turno. Ahora con el nuevo gobierno sabemos que eso será imposible.

Hoy están refugiados en Bélgica, Francia, España, Cuba, y en otros países que les otorgaron asilo, sin embargo añoran volver a pisar el suelo que los vio crecer, el que supo de los primeros amores y de las protestas en la calle, ésas que les dieron la convicción de que sólo la lucha los haría libres de la dictadura.

Han rearmado sus vidas y sus hijos han crecido con la identidad partida, tal como en el pasado lo vivieron los exiliados de Pinochet, pero esto no les ha importado a los que discuten en el Parlamento las leyes y el destino del país.

Seguirán esperando y aumentando canas al calendario, viendo pasar la vida en Chile a través del Internet, la televisión o el teléfono. Aguardarán con una maleta lista en el armario,  hasta que se cumplan treinta años de esta fuga y -como les dicen los abogados- las penas queden  prescritas como la ley  lo estipula.

Para entonces mi hijo tendrá veintisiete años y su padre vestirá cincuenta y siete otoños en la piel.

Rossana Cárcamo

Bélgica

Enero – 2010

yo tenia casi 10 años mi hermano llevaba casi 2 años preso en esa maldita carcel y vivi en carne propia la libertad de los manolos esa noche fue fatidica y feliz muchos se fueron y nunca mas se supo otros los recapturaron y los que quedaron adentro no lo pasaron muy bien al igual que los familiares saludos cordiales compañeros y la lucha continua…

M.J.L

La otra voz

El 30 de enero de 1990 los chilenos nos despertamos con una espectacular noticia: 49 presos políticos se habían escapado de la Cárcel Pública de Santiago.

¡LIBERTAD A LOS PRESOS POLÍTICOS!

Desde aquella fecha histórica veinte años han transcurrido y aún existen compañeros impedidos para vivir en Chile como hombres libres. Sobre ellos pesan todavía las condenas impuestas por los tribunales militares de la época, sin que durante este tiempo ningún alto dirigente político en el poder haya querido hacerse cargo de esta deuda pendiente con los que dieron más que nadie, para hacer posible el retorno de la democracia a nuestra patria.

Existen fechas que nos llenan de regocijo, pero cuando van de la mano de una injusticia éstas tienen un sabor amargo, un gusto a derrota que opaca lo conseguido.

Ese día celebramos por las calles de Santiago esta heroica acción con cantos, consignas y vítores. Nos reíamos…

Ver la entrada original 314 palabras más

Escribir Desde La Otra Orilla …

Escribir Desde La Otra Orilla …

ESCRIBIR EN LA OTRA ORILLA.

Autor Omar Saavedra*
Foto. Rossana Carcamo Belgica **

Para decirlo de un comienzo, hablar de mi veteranía como autor de migración y exilio es algo que lejos de entusiasmarme, me empuja con mano aviesa al foso alquitranado de la melancolía. Así ocurre, porque hacerlo equivale a hacer un arqueo de un largo tiempo de vida. Un balance que, en mi caso particular, arroja un “Haber” harto dudoso y un “Debe” más que respetable. Este ejercicio contable adquiere una connotación especial cuando se realiza bajo las coordenadas de la lejanía y la otredad, constantes axiales en torno a las que se realiza el exilio. Curiosamente, lejanía y otredad se prolongan en su país de origen aún después del regreso -definitivo o transitorio- del ausente. El exiliado que regresa descubre que es muy distinto al que salió, y que el lugar al que regresa ya no es el mismo que dejó. Heráclito dixit.

Al hablar de exilio estoy refiriéndome también, y no precisamente de forma tangencial, a lo que suele llamarse migración, ese fenómeno usado y abusado desde siempre por la política contingente en los países huéspedes. A mi juicio son exiliado y migrante astillas de un mismo palo. Su presencia y suerte son comunes. Son demasiadas las venturas y desventuras que ambos comparten, como para separarlos en su mención. Sobre todo en su variante latinoamericana, que sabemos está lejos de ser la única sobre el tema. Por lo demás y en lo que a mí respecta, nunca me ha interesado mucho definir el status exacto de mi ausencia y otredad en el país en que vivo. Si preferencialmente hablo de exilio, es porque es la circunstancia inicial y política de mi existencia en la lejanía.

Incontables son los intentos de acercamiento interpretacional al tema del exilio. En los primeros que se conocen predomina naturalmente, como es de esperar, el ducto literario por sobre el analítico. Las primeras menciones sobre el abandono forzado del hombre de su lugar de origen y sobre el complejo estado posterior que tal alejamiento determina en ese hombre, son de data muy antigua. Muy anteriormente al epos del libro segundo del Pentateuco donde se describe la errancia del pueblo del Libro, ya se sabía de Sinuhé, el cortesano egipcio de Amenemhet I, cuya vivencia en el destierro palestino, dos mil años antes de Cristo, constituye acaso el primer paradigma del exilio. Si miramos hacia atrás, reconoceremos que el destino de Sinuhé está presente a todo lo largo, ancho y hondo en la biografía del Hombre. Tal vez sea esa persistencia siempre renovada la que hace del exilio una condición humana extrema, como lo pensaba Rabbi Löw, el creador del Golem, en la Praga del siglo XVI.

Tan variopintas son ellas que sería lato y azaroso pretender enumerar aquí las causas iniciáticas del exilio, pero cualquiera que ellas sean, sus consecuencias -igualmente variopintas- van siempre mucho más allá del límite individual del que lo vive y siempre terminan proyectándose, de manera insoslayable, en el tiempo cultural del país de asilo y también en el de origen. Es obvio entonces que en cada una de las llamadas literaturas nacionales se perciba el aliento del exilio, llegando a ser muchas veces determinantes en su gestación y desarrollo. No existen las literaturas, y por ende tampoco las llamadas culturas nacionales, que hayan permanecido impermeables a la influencia de lo exiliar, para usar el giro de Juan Gelman.

Nada más lejos de mi intención es pretender aquí aventurarme en la espesura de una teoría cultural de la migración o de una hermenéutica del exilio. Mucho menos me arriesgaría a pronunciar alguna palabra doctrinal sobre el tema. Porque aunque sea destino común de muchos, el exilio es una forma instransferible de vida individual. Mis acotaciones, por lo tanto, no son más que fugaces referencias a mi práctica de exilio como autor y consumidor de literatura en y desde la lejanía.

En mi caso, esta lejanía tiene un nombre. Se llama Alemania y dura ya más de treinta años. En otro texto autoreferente sobre el mismo tema daba cuenta hace algún tiempo del raro privilegio que me concedió la historia, al permitirme iniciar mi exilio en un pequeño país alemán que ya no existe y continuarlo después -sin moverme un milímetro del lugar en que estaba parado- en otro país igualmente alemán, pero más grande y en mucho diferente. Como si una vez no fuese suficiente, mi exilio ha sido pues, dos veces alemán. Algunos espíritus demasiado sensibles, tanto en Chile como en Alemania, han llegado a presumir que esta carambola tan rebuscada de la política internacional me ha arrojado de un exilio a otro exilio. Es una presunción equivocada. No es improbable que algunos millones de alemanes provenientes de la fenecida República Democrática Alemana se sientan exiliados en la Alemania actual, pero sería erróneo incluirme entre ellos. Yo fui y me sigo sintiendo lo que soy, un exiliado chileno. Con ese título de viaje me basta y me sobra.

Yo llegué al exilio sabiendo leer y escribir. Pero en castellano. Lo que al comienzo de mi vida en este país equivalía a un perfecto analfabetismo. Este estigma lo llevé por todo el tiempo que me llevó entender el alemán y -lo que es mucho más importante- entenderme con los alemanes. Una ardua empresa personal aún muy lejos de concluir. Entretanto he aprendido, espero, a disimularla bajo una gruesa capa de silenciosa urbanidad. Con esto estoy tratando de responder una de las preguntas estándar que me he acostumbrado a escuchar a lo largo de mi tiempo alemán: ¿En qué idioma escribo?

Confieso que al comienzo, esta era una pregunta que me parecía una tomadura de pelo. Era y es suficiente escuchar mi alemán para darse cuenta que como instrumento de expresión apenas si basta para satisfacer las más simples necesidades de lo cotidiano. Pero todos sabemos que literatura puede y suele ser algo más que cotidianidad o simplicidad. O al menos algo diferente. Mi respuesta por lo tanto a la pregunta por el idioma en que escribo, tenía al comienzo un subtonito de sarcamo e impaciencia. ¿En qué idioma puede articular el escritor sus imaginerías si no es en el propio? era mi réplica. Al decir propio quería decir yo, lengua materna. Un vínculo sanguíneo que en aquel entonces yo consideraba intangible y sagrado. Sin que esto nos haga olvidar, que nunca faltan los hijos que maltratan cruelmente a sus madres. Hoy, transcurridos más de treinta años desde nuestro primer encuentro, no he ganado con el alemán una segunda lengua materna, pero si una primera lengua madrastra. Luego de un muy largo y lento proceso de acercamiento, lejos aún de concluir, pero sin las hostilidades del comienzo, el idioma alemán y yo hemos decidido firmar una suerte de pacto de cooperación y ayuda mutua. Sin embargo, debo reconocer que esta fue también una decisión urgida por la necesidad existencial de acceder, sin la mediación de un traductor, con mis cuentas y abalorios, al cada vez más mórbido bazar mediático alemán, sobre todo el audiovisual. En este contexto me permito citar aquí cuatro versos de un emigrante llamado Bertolt Brecht. Llevan por título el nombre del lugar donde fueron escritos en 1942: „Hollywood“.

„Jeden Morgen, mein Brot zu verdienen
Gehe ich auf den Markt, wo Lügen gekauft werden.
Hoffnungsvoll
Reihe ich mich ein zwischen die Verkäufer.“1

Son versos que traen a colación el ominoso tema de la lucha de los escritores por su susbsistencia diaria. Porque aunque sea como nota al margen habría que agregar que esta lucha, dura de por sí en todo lugar y tiempo, se hace más dura cuando la lengua que habla la lejanía es diferente a la del escritor que la habita.

Así pues, mi alemán de uso propio es más bien -horribili dictu- una lengua instrumental. Verdad es que ella me ha ayudado y ayuda solidariamente a resolver muchos problemas de orden práctico cuando se trata de escribir para la prensa, el teatro, la radio y la televisión. Mi prosa, empero, que constituye el motivo central de mi actividad literaria, sólo puedo realizarla en castellano. Así que no soy un “eingewanderter Autor deutscher Sprache”2, para usar un lapidario término con que la ciencia literaria local intenta definir algunos límites de lo propio. Pero es obvio que mi larga relación con el alemán y los alemanes ha influido, en todo sentido y profundidad en mi literatura. Le debo a la literatura, a la lengua y a las artes alemanas una parte sustancial e irrenunciable de mi mismo.

En otras partes y ocasiones he reiterado la opinión que no existen literaturas inmunes a su tiempo o a su lugar de nacencia. En los caminos encuentra el caminante seduciones demasiado grandes, como para negarse a ellas. Por lo mismo siempre se está produciendo un apareamiento entre lo propio y lo extraño, conciente a veces, inconciente las más, a pleno día o a hurtadillas, que nos deja embarazados de cosas nuevas que vamos dando a luz por ahí, en alguna esquina de lo que escribimos.

Theodor Adorno afirma en su “Minima Moralia” que “Jeder Intellektuelle in der Emigration, ohne Ausnahme, ist beschädigt”3. Sin duda, migración y exilio han estropeado muchas existencias, a veces definitivamente. Con mucha frecuencia la vida en suelo ajeno está sombreada por oscuros sentimientos de desgajadura, pérdida, miedo, soledad y mutismo. La psicopatología del migrante y exiliado es rica en ofertas de todo tipo. Sobre eso rinde informe una amplia escritura testimonial y documental. Pero en algún momento, descubrimos también que por entre el velo gris de esos sentimientos, no sólo podemos ver con más nitidez nuestro lugar de origen, sino vislumbrar además otros insospechados horizontes, en nosotros y en la distancia. Cuando eso ocurre, se abren a nuestra literatura posibilidades inesperadas. Bajo las costras duras de la lejanía y otredad, subyacen fructíferas regiones, donde también es posible sembrar y cosechar. Tal experiencia conforma el momento germinal de lo que podría llamarse una poética de la lejanía y la otredad. Fuente de la que se han nutrido y nacido no pocas obras esenciales de las letras mundiales.

Es dentro de este proceso siempre fluctuante de intercambio mutuo de lo propio y lo ajeno, que mi literatura ha ido tomando forma y cuerpo. Ello ha confluído en el hecho irrevocable de mi cosmopolitismo cultural, aunque yo me empeñe en seguir siendo un autor de chilenizada lengua castellana.

En cuanto a la recepción de mi literatura aquí, allá y acullá es un tema que quizás merecería ser sujet de un cuento negrocómico. Cada autor sueña alguna vez ser publicado en lenguas extranjeras, diferentes a la que él escribe. Para mi este sueño se convirtió hace tiempo en una pesadilla de la que aún no logro despertar. Casi la mayoría de mis cuentos, novelas y piezas de teatro, primero han visto la luz del día en su traducción alemana. Con mucho pudor agrego que varias de mis obras han sido publicadas o estrenadas en Holanda, Inglaterra, Unión Soviética, Bulgaria, Polonia, Estados Unidos, Suecia, Costa Rica, España, Argentina, Italia y hasta en el orientalísimo Japón. Por favor, que no se confunda esta rara divulgación con éxito. La menciono sólo porque sirve para ilustrar el grotesco que para mí significa que muy pocos de mis libros hayan sido publicados en Chile, el lugar al que pertenecen evidentemente por ley natural. Pertenezco pues a ese grupo de escritores parias que ha sido desheredado editorialmente por su propia patria. Las razones de tal repudio pueden suponerse en los caprichos del mercado libresco, donde se ofrece sólo lo que a juicio de los editores tiene posibilidades de ser vendido. Es decir, lo ya conocido o lo epigonal. El libro de “riesgo” no se publica. Y como se sabe, el libro que no se publica no existe. De tal modo, la mayor parte de la recepción literaria sólo tiene lugar con la venia del mercado.

Tal situación refleja el Zeitgeist chileno actual, más atareado que nunca en evitar todo lo que pueda perturbar la ensordecedora trivialidad de la pachanga neoliberal con que el país deconstruye afanoso su identidad e historia. Es un tiempo en que el hambre por cultura y literatura se hace una necesidad cada vez menor, que el mercado satisface con la lectura diet y el fast food absolutamente desechable de la intrascendencia.

Es pues hasta casi comprensible que en las pocas librerías chilenas de hoy, no haya demasiado lugar para literaturas como la mía, que insisten en apelar a la tozudez de la memoria como material temático y hacen del inconformismo acético un método de análisis de la realidad nacional.

Al respecto una pequeña anécdota: un amigo, Carlos Orellana, que durante la dictadura militar fue secretario de redacción de “Araucaria”, la revista cultural más importante del exilio chileno, se refiere elogiosamente a mi persona y mi literatura en su libro autobiográfico “Penúltimo Informe”. Olvida sin embargo, mencionar que cuando se desempeñó como jefe de la editorial Planeta en Chile, se negó a publicar un volumen mío de narraciones, que en aquel año 1994 había obtenido el Premio del Fondo Nacional del Libro, un laurel de más significancia económica que moral. El peregrino argumento con que Carlos Orellana reforzó su rechazo, fue que mi escritura era “demasiado política”, que la gente del Chile posdictatorial ya no se interesaba por tal tipo de literatura. Por muy discutible que sea este punto de vista, el contiene una brutal porción de realidad. La potestad cuasiomnímoda del mercado determina desde hace tiempo la mayor parte del quehacer literario y cultural de la aldea global. No solamente en Chile. También en mi país de residencia la industria editorial, aunque de crecimiento constante, se muestra recelosa frente a los autores “de riesgo”, como lo son todos aquellos que escapan o pretenden escapar de la trampa fácil del adocenamiento. Así por ejemplo, la joven lírica alemana es perfectamente inexistente en los catálogos de las grandes casas editoras. Por suerte aún se encuentran en Chile y Alemania algunos lectores y editores que se esfuerzan por mantener, buscar o crear en los vericuetos del mercado unos pocos nichos donde la literatura de arte ejerza su derecho a existir.

Para concluir: creo que es una ocasión de suerte para cada cultura y literatura –propias o ajenas- poder contar con la acción y reacción de autores de la otredad y la lejanía. Ellos ofrecen la inapreciable ayuda óptica de la torre de Babel, aquel viejo inmueble en construcción perenne, desde cuyas alturas es posible avizorar la tierra prometida de las utopías.

1 „Cada mañana, para ganarme el pan / me encamino al mercado donde se compran mentiras. / Lleno de esperanzas / me pongo en la fila de los vendedores”.
2 „Autor emigrante de habla alemana“
3 „Cada intelectual en la emigración, sin excepción, está dañado”

Obras

  • Szenen wider die Nacht, teatro, 1977 – Escenas contra la noche
  • Blonder Tango, novela, 1982 – Tango rubio o qué hago yo en este país donde todos los gatos son rubios
  • Torero, narraciones, 1983
  • Die große Stadt, novela, 1986 – La gran ciudad
  • Felipe kommt wieder, 1990 – El hombre que regresaba
  • Frühling aus der Spieldose, novela – Primavera en caja de música, Aufbau Verlag, Berlin-Weimar, 1990
  • Magna Diva: La ópera de los asesinos, Rhinoverlag, Weimar, 2003
  • Erótica de la resistencia y otras historias de resentidos, cuentos, Ediciones del Escaparate, Concepción, 2003
  • El último. Sumarísima relación de la historia de Samuel Huerta Mardones, novela, Ediciones del Escaparate, Concepción, 2004
  • El legado de Bruno, cuentos, Alcalá, Madrid, 2010
  • Prontuarios y claveles, novela, Simplemente Editores, Santiago, 2011, ISBN 978-9568865085

Colaboración de escritora Rossana Cárcamo desde Bélgica.

*https://es.wikipedia.org/wiki/Omar_Saavedra_Santis

** Rossana Carcamo Serei (1967), escritora chilena residente en Bélgica, columnista en medios alternativos Columna Rossana Carcamo Generación 80.Autora de Y Salimos a la calle...Reseña y desgargar aquí, Cuatro Cóndores ( en preparación),

Marcas de la Memoria. Una generación que marcó la Historia Reciente.

Marcas de la Memoria.   Una generación que marcó la Historia Reciente.

Las baldosas
de Londres 38

Es muy diferente caminar hoy por la calle Londres, en pleno centro de Santiago, que haberlo hecho vendado para ingresar al Nº 38, centro clandestino de detención y tortura de la dictadura. Sin embargo, el memorial que acaba de inaugurarse allí posibilitará apreciar unas placas que repiten el efecto de las baldosas que los detenidos lograban atisbar, por debajo de la venda, al ingresar a “Yucatán”, nombre que la Dina dio a ese cuartel clandestino.
Entre los adoquines de la estrecha calle, frente a la deteriorada casona que hasta el golpe de Estado fue sede del Partido Socialista, fueron instaladas 300 placas de mármol blanco y granito negro. Recuerdan a los 96 chilenos que fueron hechos desaparecer desde allí entre septiembre de 1973 y fines de 1974. Sobrevivientes, familiares y compañeros de los caídos, personalidades, artistas y autoridades asistieron al acto inaugural de este espacio.
El Colectivo Londres 38, impulsor de la iniciativa, enfatizó que el “Nunca más” no es un tema del futuro, sino una tarea actual que, sin embargo, “no está garantizada por el sólo conocimiento del horror. Es necesario promover un juicio racional y político sobre lo que pasó y sobre su relación con este tiempo, en el cual seguimos conviviendo con la impunidad. Hay una demanda de verdad y justicia insatisfecha y mientras no exista una respuesta plena a esa exigencia, el pasado seguirá siendo parte de nuestra actualidad”.
Para los familiares, “la memoria asociada a este recinto tantas veces y por tan largo tiempo ocultada, es dar cuenta de la identidad política y generacional de las víctimas, en su inmensa mayoría militantes del MIR, jóvenes que fueron parte activa de las luchas sociales y políticas de la época. Hombres y mujeres que optaron por resistir a la dictadura, parte de aquellos que desde un principio lucharon por recuperar la democracia. Es por esta razón que hoy no pueden estar ausentes de su construcción: una sociedad que se precia de democrática no puede serlo si olvida a aquellos que lucharon por ella, porque ese olvido no pesa sólo para los secuestrados y desaparecidos, para los omitidos, sino para la sociedad misma que olvida un trozo de su propia vida”.

Las víctimas

Los asistentes -muchos con la voz ahogada por la emoción- corearon “presente” cuando se leyeron los nombres de los caídos, grabados en las placas que señalan también la fecha de detención, edad y militancia de ellos.

Los detenidos desaparecidos que pasaron por ese centro clandestino fueron Elena Díaz Agüero y Cecilia Labrín Saso (ambas embarazadas), M. Inés Alvarado Borgel, M. Angélica Andreoli Bravo, Sonia Bustos Reyes, Muriel Dockendorff Navarrete, Ruth Escobar Salinas, María Elena González Inostroza, Elsa Leuthner Muñoz, Violeta López Díaz, Rosetta Pallini González, Marcela Sepúlveda Troncoso y Bárbara Uribe Tamblay. También Miguel Angel Acuña Castillo, Carlos Adler Zulueta, Eduardo Alarcón Jara, Dignaldo Araneda Pizzini, Alberto Arias Vega, Víctor Arévalo Muñoz, Juan Bautista Barrios Barros, Alvaro Barrios Duque, Jaime Buzio Lorca, Jaime Cádiz Norambuena, Luis Alberto Canales Vivanco, Iván Carreño Aguilera, Manuel Carreño Navarro, Manuel Castro Videla, Juan Chacón Olivares, René Chanfreau Oyarce, Darío Chávez Lobos, Hugo Concha Villegas, Abundio Contreras González, Carlos Cubillos Gálvez, Carlos Cuevas Moya, Martín Elgueta Pinto, Rodolfo Espejo Gómez, Jorge Espinoza Méndez, Modesto Espinoza Pozo, Albano Fioraso Chau, Sergio Flores Ponce, Francisco Fuentealba Fuentealba, Gregorio Gaete Farías, Andrés Galdámez Muñoz, Héctor Garay Hermosilla, Víctor Garretón Romero, Máximo Gedda Ortiz (redactor de Punto Final), Galo González Inostroza, Jorge Grez Aburto, Luis Guajardo Zamorano, Segundo Gutiérrez Avila, Patricio Gómez Vega, Joel Huaiquiñir Benavides, Juan Ibarra Toledo, Mauricio Jorquera Encina, Eduardo Lara Petrovich, Aroldo Laurie Luengo, Ofelio Lazo Lazo, Gumercindo Machuca Morales, Zacarías Machuca Muñoz, Juan Maturana Pérez, Washington Maturana Pérez, Juan Meneses Reyes, Sergio Montecinos Alfaro, Ricardo Montecinos Slaughter, Newton Morales Saavedra, Germán Moreno Fuenzalida, Juan Mura Morales, Leopoldo Muñoz Andrade, Ramón Núñez Espinoza, Jorge Olivares Graindorge, José Orellana Meza, Luis Orellana Pérez, Alejandro Parada González, Pedro Poblete Córdova, Marcos Quiñones Lembach, José Ramírez Rosales, Agustín Reyes González, Daniel Reyes Piña, Sergio Riveros Villavicencio, Patricio Rojas Castro, Gerardo Rubilar Morales, Julio Saa Pizarro, Ernesto Salamanca Morales, Jorge Salas Paradisi, Carlos Salcedo Morales, Hernán Sarmiento Sabater, Sergio Tormen Méndez, Enrique Toro Romero, Ricardo Troncoso Muñoz, Luis Valenzuela Figueroa, Modesto Vallejos Villagrán, Ewin van Yurik Altamirano y Sergio Vera Figueroa.

Camuflaje y silencio

Desde esa casona de Londres 38, ubicada muy cerca de la iglesia de San Francisco, cuyas campanas oían los detenidos, la Dina inició la práctica terrorista de la desaparición de detenidos. La existencia del lugar, cuya ubicación los sobrevivientes identificaban gracias al tañido de las campanas, fue negada por las FF.AA. durante décadas. En democracia persistió el silencio pero los sobrevivientes testimoniaron en tribunales los horrores vividos en Londres 38, careándose con antiguos torturadores y confirmando declaraciones formuladas en tiempos de dictadura. Ello fue fundamental para permitir las condenas de la plana mayor de la Dina.
El ejército -que entregó en comodato la casa al Instituto O’Higginiano- había “camuflado” el lugar dándole el número 40, para dificultar su ubicación. Tras años de esforzada lucha de los colectivos de derechos humanos y agrupaciones de sobrevivientes, en 2005 la casona fue declarada monumento nacional. Las agrupaciones ligadas a esta batalla por la memoria, el Colectivo Londres 38, el Colectivo 119 y Memoria 119, conformaron una mesa de trabajo con el gobierno para discutir los objetivos y el plan para la recuperación integral del inmueble, que se encuentra muy deteriorado. Miembros del Colectivo 119 expresaron su satisfacción por este logro que contribuye a “limpiar la patria de tanto olvido e impunidad, recuperando el valioso testimonio, los sueños y proyectos de tantas y tantos, entre los cuales se encuentran nuestros queridos familiares detenidos desaparecidos de la lista de los 119, ofreciéndolo como enseñanza y patrimonio histórico para toda la sociedad”.
El memorial es un proyecto gestionado por el Colectivo Londres 38, diseñado por María Fernanda Rojas, Macarena Silva, Heike Höpfner y Pablo Moraga con apoyo del programa de derechos humanos del Ministerio del Interior (más información en www.londres38.cl). Los colectivos no sólo debieron luchar porque la propiedad de Londres 38 no fuera vendida a particulares, sino también para revertir la decisión del gobierno de instalar allí la sede del Instituto de Derechos Humanos. La movilización de familiares, sobrevivientes y amigos de los desaparecidos logró romper el olvido tendido sobre esta casa de tortura, la única que no fue materialmente destruida, como ocurrió con Villa Grimaldi o José Domingo Cañas.

LUCIA SEPULVEDA RUIZ
(Publicado en “Punto Final” edición Nº 673, 24 de octubre de 2008)

El corazón en los huesos

El padre de estos jovenes hoy tiene 92 años..Reinaldo Pinto y sus hijos militantes Montoneros..eran Maria Angelica Pinto Ruiz y Reinaldo Pinto chilenos…

ambos hermanos chilenos..lo mismo toda su familia..

Periodismo narrativo en Latinoamérica

No es grande. Cuatro por cuatro apenas, y una ventana por la que entra una luz grumosa, celeste. El techo es alto. Las paredes blancas, sin mucho esmero. El cuarto -un departamento antiguo en pleno Once, un barrio popular y comercial de la ciudad de Buenos Aires- es discreto: nadie llega aquí por equivocación. El piso de madera está cubierto por diarios y, sobre los diarios, hay un suéter a rayas –roto–, un zapato retorcido como una lengua negra –rígida–, algunas medias. Todo lo demás son huesos.

Tibias y fémures, vértebras y cráneos, pelvis, mandíbulas, los dientes, costillas en pedazos. Son las cuatro de la tarde de un jueves de noviembre. Patricia Bernardi está parada en el vano de la puerta. Tiene los ojos grandes, el pelo corto. Toma un fémur lacio y lo apoya sobre su muslo.

—Los huesos de mujer son gráciles.

Y es verdad: los huesos de…

Ver la entrada original 6.953 palabras más

La participación de civiles en el régimen de Augusto Pinochet . la familia Kast en Paine

La participación de civiles en el régimen de Augusto Pinochet . la familia Kast en Paine

“Los Kast en los crímenes de Paine” El desarrollo de la familia política de derecha a costa de la dictadura

En el libro, los cómplices civiles son nombrados e identificados con el debido respaldo de procesos judiciales en curso, o con condenas establecidas. Varios de ellos participaron directamente en el secuestro, asesinato y ocultamiento de cuerpos. No en términos simbólicos, no por omisión, sino de forma directa.

Javier Rebolledo (1976) es periodista, especializado en la investigación y publicación de temas relacionados con violaciones sistemáticas a los derechos humanos en Chile, abusos a menores y denuncias de malas prácticas empresariales y políticas. Su libro “La danza de los cuervos” (Ceibo Ediciones, 2012), que cuenta con una 5ª edición, fue ganador del Premio Municipal de Santiago 2013, constituyéndose en fenómeno editorial y como un referente en su género.

Su segunda obra, “El despertar de los cuervos” (Ceibo Ediciones, 2013), que aborda el nacimiento de la DINA y la tortura en el país, reiteró el impacto editorial, convirtiéndose en un nuevo clásico de la investigación periodística.

“A la sombra de los cuervos. Los cómplices civiles de la dictadura” (Ceibo Ediciones, 2015) es su tercer libro.

http://www.elclarin.cl/web/noticias/cultura/16589-a-la-sombra-de-los-cuervos-devela-la-responsabilidad-de-civiles-en-crimenes-de-la-dictadura.html

11/11/2014 |
Por Verónica Romero

La participación de civiles en el régimen de Augusto Pinochet es un hecho que se ha demostrado en varias ocasiones. Esta vez el escritor y periodista Javier Rebolledo, en su último texto, cuenta cómo se dio paso a esa colaboración y, en ello, relata hechos desconocidos como el de la familia Kast en Paine, lugar donde se encuentra la mayor cantidad de detenidos desaparecidos en relación a su población: 70 personas murieron en forma violenta a manos de militares y civiles

“A la sombra de los cuervos” es la tercera parte y final de la investigación que realizaron los periodistas Javier Rebolledo y Nancy Guzmán, quienes se han destacado en revelar los hechos que significaron violaciones a los derechos humanos en Chile durante la dictadura militar.

La última parte de esta saga saldrá a la venta en 2015, ya que aún se encuentra en proceso de investigación, sin embargo, se dio a conocer un capítulo referido a la participación de la familia Kast en los crímenes que se cometieron en la localidad de Paine después del golpe de Estado de 1973. Los integrantes involucrados en estos hechos comprenden al patriarca Michael Kast y a sus hijos Christian y Miguel (fallecido), éste último fue padre del diputado Felipe Kast (Evópoli) y ministro del Trabajo y Mideplan de Pinochet, hermanos del diputado UDI José Antonio Kast.

La investigación tiene como finalidad revelar la participación de civiles en la dictadura, quienes fueron cómplices pasivos y activos de los crímenes que se cometieron durante esta época.Es en este contexto que aparece el capítulo “Los Kast en los crímenes de Paine”.

En entrevista con Cambio21 el periodista y autor de “A la sombra de los cuervos”, Javier Rebolledo, comentó cómo fue la realización de este proyecto, lo que descubrió durante la investigación y la impresión que se llevó de esta familia.

¿Cómo nace la idea de hacer esta parte de la investigación de tu libro?

Tenía la intención de hacer la tercera parte de Los Cuervos y que me cerraba con el Despertar de los Cuervos, en el aparecen muchos civiles metidos en distintos niveles y me di cuenta que era necesario hacer un libro sobre las personas que estuvieron detrás de los militares, porque esta fue una dictadura cívico-militar y todos nos hemos centrado en lo que hicieron los militares, pero existe un fuerte componente civil que no ha sido tocado.

¿Cómo dirías que era la relación que los Kast tenían con sus empleados?

Era una buena relación paternalista, en la medida en que los empleados aceptaban lo que su patrón les ofrecía y les daba. Cuando Pedro León Vargas Barrientos descubrió que había una serie de cuestiones que estaban impagas en el salario, le costó que Michael Kast lo castigara y lo bajara a rondín y terminara yéndose de ese trabajo.

También construyeron una población al lado de la fábrica con una iglesia y, además estaban las casas grandes de la familia, así que había una especie de feudalismo, donde los trabajadores eran influenciados para que entraran a la religión con esta iglesia a la que todos a asistían a misa todos los días.

¿Qué era lo que celebraban Carabineros y civiles en la comisaría de Paine?

Según las declaraciones de Christian Kast, cuenta que estaban celebrando el golpe militar y que luego fueron a patrullar con integrantes de Carabineros y otros civiles a distintas localidades.

¿Cómo fue la participación que Christian y Michael Kast tuvieron en los crímenes de Paine?

Los de Christian Kast lo considero grave primero porque fue parte de estos patrullajes cívicos-policiales y con vehículos, segundo, estuvo celebrando asados en momentos en que las personas estaban detenidas en la comisaría. Es allí donde estuvo celebrando los asados con personas que están confesas y procesadas de delitos y junto a detenidos que hoy son detenidos desaparecidos. También llevó comida a estos carabineros que tenían una olla común.

Christian Kast dice que vio a detenidos entrar a ese lugar y salir rapados en camiones. Además dice haber escuchado que había un detenido conocido como el “Harina Seca” quien es un detenido desaparecido y eso Christian Kast nunca fue a confesarlo a la justicia.

Christian Kast firmó en 2008 un certificado de honorabilidad a favor de Rubén Darío González, que es un civil de Paine que está confeso de su participación del crimen de Cristián Víctor Cartagena Pérez, un profesor del partido comunista, a quien tomaron en su casa, lo amarraron a un auto y lo arrastraron hasta la comisaría por un camino de tierra.

Hay una parte delictiva propiamente tal y una parte moral donde falla este caballero Christian Kast.

En el caso de Michael es que una de las cosas que no se han logrado determinar en la causa son exactamente qué vehículos se ocuparon en qué episodio en estas caravanas de la muerte que conformaron los civiles. Este caballero reconoció a la justicia, haber prestado uno de sus camiones a Carabineros, que según él era usado para trasladar a los agentes, pero uno de los jefes de este grupo, Francisco Luzoro, reconoció que los vehículos se ocupaban para patrullaje nocturno.

¿Cómo fue el caso de Alejandro del Carmen Bustos González contra Christian Kast?

Alejandro del Carmen Bustos González (quien sobrevivió al fusilamiento), contó que le dieron una paliza entre civiles y que le tiraban huesos al piso y lo dejaron tirado en el patio de la comisaría. Una de las personas que integraba este conjunto de civiles que lo golpearon estaba Christian Kast.

Estos carabineros están procesados por haber cometido los crímenes de Paine, que tiene la mayor concentración de detenidos desaparecidos por densidad de habitantes de todo Chile.

¿Cómo ha avanzado este caso de “Paine” en la justicia?

Michael Kast se murió en calidad de inculpado. Christian Kast alegó que en ese tiempo era menor de edad, pero se solicitó, por el abogado Luciano Fouillioux, que se le practicaran exámenes sicológicos de discernimiento para determinar si a esa edad estaba o no consiente de los hechos, pero entiendo que la justicia no accedió a esos exámenes.

¿Cómo dirías que la familia Kast se fortaleció políticamente en este periodo?

Cuando comienza la dictadura ellos ya tenían un negocio emergente, pero con la llegada al gobierno de Miguel Kast como ministro del Trabajo de Pinochet, se les abren las puertas. Claramente, si uno ve solamente los números, la dictadura para ellos fue un muy buen negocio, o sea, tuvieron un auge. En los hechos se ve como creció la empresa.

¿Qué conexión tuvo Miguel Kast para llegar al gobierno?

Miguel Kast llega a través de Jaime Guzmán al gobierno. Miguel es uno de los fundadores del gremialismo que luego derivó en la Unión Demócrata Independiente (UDI), de la que es parte el diputado José Antonio Kast y de la cual fue parte el diputado Felipe Kast (Evópoli).

Esto hace que Felipe tenga una posición ambivalente frente a los derechos humanos al señalar que se bien condena enérgicamente las violaciones a los derechos humanos, no tendría problema, por otro lado, en ser ministro de Estado, al igual como lo fue su padre, para ayudar dentro de lo que se pudiera en la dictadura militar, ya que como él dice, no le tocó vivir las violaciones a los derechos humanos, lo que lo hace ponerse en una actitud absolutamente situacionista.

¿Cómo crees que se percibe a esta familia política?

Son una familia muy respetada, los fundadores en parte de la primera dinastía y los orígenes de la Unión Demócrata Independiente. Son parte de los cimientos ideológicos del brazo político que creó la dictadura bajo el alero de Jaime Guzmán y de Miguel Kast para darle una valides a este sistema. Ellos son el corazón de la UDI, como lo hemos visto en casos como Penta.

En lo que corresponde o compete a la familia Kast por las violaciones a los derechos humanos de Paine, tengo la impresión que las responsabilidades que perseguía la justicia quedaron hasta ahí.

—————–

Relacionado

http://cnnchile.com/noticia/2015/08/25/javier-rebolledo-entrego-detalles-de-su-libro-a-la-sombra-de-los-cuervos

http://www.memoriaviva.com/Desaparecidos/D-V/pedro_leon_vargas_barrientos.htm

http://www.memoriaviva.com/Desaparecidos/D-A/adasme_nunez_jose.htm

Padre Aldunate. En la dictadura no bastaba rezar ni ser cura obrero. Myriam Carmen Pinto.

Padre Aldunate. En la dictadura no bastaba rezar ni ser cura obrero. Myriam Carmen Pinto.

La noticia de que el padre José Aldunate , de 98 años, se encuentra internado en la unidad de cuidados intermedios del Hospital Clínico de la Universidad Católica luego de sufrir un accidente cerebrovacular, el que lo mantiene es estado de gravedad ha remecido dolorosamente al mundo de los DD HH. Su larga y ejemplar vida es narrada en esta crónica.

Comunicaciones y Reseñas memoria

  • La noticia de que el padre José Aldunate , de 98 años, se encuentra internado en la unidad de cuidados intermedios del Hospital Clínico de la Universidad Católica luego de sufrir un accidente cerebrovacular, el que lo mantiene es estado de gravedad ha remecido dolorosamente al mundo de los DD HH. Su larga y ejemplar vida es narrada en esta crónica.

De acuerdo a su “apuesta por el cielo, pero bien puesta en la tierra, porque aquí se hace el cielo”, el padre, José Aldunate Lyon,  se volvió cura obrero para ser y vivir pobre entre los pobres, acompañar y socorrer a quien lo necesite.

Frente a un escenario de asesinatos,  torturas, miedos y hambre, durante la dictadura militar, arriesgando su propia vida, ayudó a muchos a trepar por los muros de las embajadas para lograr asilo…

Ver la entrada original 2.009 palabras más

Una memoria combatiente.La voz de Manuel 42 años después

Una memoria combatiente.La voz de Manuel 42 años después

A 42 años de la salida de los 100 jóvenes chilenos becados para estudiar medicina por el gobierno de Salvador Allende.

Comunicaciones y Reseñas memoria

A 42 años de la salida de los  100 jóvenes chilenos becados para estudiar medicina por el gobierno de Salvador Allende.

AdrianA Goñi Godoy

agosto 2015

“El relato testimonial no pretende erigirse en verdad absoluta, sino se revela como lo que realmente es: una voz angustiada e inevitablemente imprecisa de un narrador que intenta narrar los hechos que la Historia Oficial silencia.”

La voz de Manuel, protagonista de este relato, joven chileno que por el azar de la historia llega a Cuba a estudiar medicina recien salido del colegio, a los 17 años.

“Para que algún día sea leído por Javier, Leo, Titi y Amanda”

José Miguel Carrera *nos entrega en este relato una aguda observación de la realidad de su época y de su inserción en ella. Describe cual etnografo realizando una observación participante lo que ocurre en las calles de Santiago  en el año 2011, cuando rebrotaron las…

Ver la entrada original 733 palabras más

Carta a Manuel Guerrero con copia al asesino de su padre

Carta a Manuel Guerrero con copia al asesino de su padre

Carta a Manuel Guerrero con copia al asesino de su padre

Impunidad en Chile y la implacable memoria

Manuel, como sabes, hace apenas algunas noches Valparaíso se encendió de lluvia y viento con tanta fuerza que las olas nos resquebrajaron nuestras certezas. Como hace solamente  40 años cuando se nos anegó el corazón de golpe: un golpe artero al vientre que nos dejó sin respiración. Un golpe militar fue. Y todavía nos duele, como sin duda te desgarra el alma que al asesino de tu padre le otorguen la libertad, porque es  como matarle de nuevo. Es que la historia nunca empieza cuando dicen que empieza y nunca termina cuando dicen que  termina; da tantas vueltas por el monte que se nos pierde tras la luna y cuando reaparece no nos damos ni cuenta cuando  nos topamos con otro torturador en la calle, con otro asesino en la plaza del barrio. Porque esta transición pactada con los militares fue articulada para aturdir a los que se levantaron tarde cuando las cúpulas partidistas estrecharon las manos de los mismos que nos habían dejado sin aliento allá en el puerto y a punta de terror nos siguieron atizando la vida y la muerte. Como la de tu viejo, que luchó por la vida y encontró la muerte.

Porque Manuel, como sabes, aquí no sólo hubo víctimas –que las hubo y miles– sino que también millares de luchadores sociales que, ya fuera en el ámbito de los derechos humanos, estudiantil, poblacional, cultural, en la lucha armada o en muchos otros,  contribuyeron a la caída de la dictadura. Chilenos y chilenas comunes y corrientes, ejemplos de coraje y dignidad, a diferencia de criminales que actualmente, a pesar de que gozan de injustos privilegios, reclaman por derechos que ellos jamás respetaron a sus víctimas. Y plañen su supuesta desdicha, declaman y proclaman su inocencia alentados por 25 años de impunidad, porque  esta democracia nació abortada por un pacto de silencio, pero no sólo entre militares, sino que también entre civiles de derecha y de la Concertación, aquellos de la justicia en la medida de lo posible.

Es que sabes, Manuel, no hay justicia en la medida de lo posible: o es o no es. Así de simple. Lo otro es lírica, es poesía, un engranaje de palabras desplegadas al viento para continuar atafagando a aquellos que se levantaron tarde el día aquel en que las cúpulas partidistas negociaron con los militares.

Así Manuel, como sabes, poco a poco se van muriendo o suicidando los torturadores y los asesinos. Se van ocultos en medio de la noche, apresurados, en la más profunda de las soledades, con la vergüenza estampada a fuego en sus mustias frentes. Y ninguna lástima siento por ellos, porque en sus  últimos suspiros se me aparecen los desaparecidos y su brutal e increíble destino. Entonces, nada más rabia e impotencia por vivir en un país que castiga a sus ciudadanos por tomar fotografías en el metro de Santiago y deja en libertad a un policía que degolló a tu padre. Un país donde se reprime al pueblo mapuche y todavía existen agentes de la CNI trabajando en el ejército o civiles que trabajaron o apoyaron a la dictadura y hoy están en el parlamento o son empresarios. Donde el ex presidente Ricardo Lagos dice que mucha gente le pide que vuelva al poder para que ponga orden ¿Qué orden? ¿El orden del secreto y la impunidad? ¡Sí fue durante su mandato que se creó la Comisión Valech sobre Prisión Política y Tortura la cual  emitió un Informe que prohibió divulgar el nombre de los responsables de violaciones a los derechos humanos por un período de 50 años!

Manuel, como probablemente sabes, no creo en Dios, pero si creyera, los Pinochet, los Contreras, los Corbalán, los Sáez, los Zuñiga, los Sanhueza, los Herrera, los Mena, los Krassnoff, los Moren y tantos otros y otras, están o estarán en el infierno. Si es como dicen que es, se hundirán  como serpientes de plomo en el suelo incandescente y tendrán las cabezas al revés para   que jamás olviden que tras suyo galopan despidiendo llamaradas azules por sus ojos de azufre diez caballos atroces.

Y quizás, Manuel, aquellos jinetes de ojos claros lleven en sus pupilas grabada la señal de la memoria, que a lomo de corcel o a pie, o como sea y dónde sea, porta en sus alforjas   el antídoto para la peste del olvido. Así, por más que el olvido nos espolee la garganta para silenciar nuestras denuncias; por más que nos obnubile la mirada, la implacable memoria nos revolverá la melena con el beso del recuerdo. Porque es su esencia, su modo de ser, su manera de enunciar, su resistencia más feroz.

Es que la memoria no puede cambiar, aunque quisiera, porque nació para evocar el pasado y de esta manera preñar el futuro de crisálidas de luciérnagas que iluminen el sendero de la verdad y se termine la oprobiosa impunidad en este país. Ese día, Manuel, tal vez la sonrisa de tu viejo venga navegando en  la lluvia y viento de Valparaíso.

Dr. Tito Tricot
Sociólogo
Director Centro de Estudios de América Latina y el Caribe- CEALC
Valparaíso
16-8-2015

Artículo publicado en Derechos Humanos y etiquetado , , , , , , .

Tres miristas en la memoria de Concepción, Chile. “La Abuela Lloca”, ” Emilio” y Jane Vanini.

Tres miristas en la memoria de Concepción, Chile. “La Abuela Lloca”, ” Emilio” y Jane Vanini.

A 50 años de la fundación de MIR: Los pobres del campo y la ciudad

El siguiente artículo pretende rescatar parte de la historia personal de tres militantes del MIR en la región de Concepción, que representan la esencia de este proyecto político surgido a mediados de la década del 60 del siglo pasado.  El MIR pretendió rescatar la tradición clasista y combativa de los orígenes del movimiento obrero y en su camino se encontró con diversos actores sociales que reclamaban un espacio de participación en la sociedad chilena.  No son historias de renombrados líderes ni personajes públicos; es la historia de personas de pueblo, de pobres de la ciudad o del campo, refugiados exiliados, hombres y mujeres, los verdaderos artífices de esta historia de rebeldía del pueblo chileno.

Por: resumen.cl

abuelayoca2

Leocadí Pradel Benavides: “La Abuela Lloca”

Leocadí era hija de un inmigrante francés que llegó a Coronel a fines del siglo XIX, época de auge carbonífero y del puerto. Siendo muy joven, Leocadí se enamora de un joven dirigente sindical de la sección local de la FOCH (Federación Obrera de Chile) y uno de los fundadores del Partido Comunista en Coronel. Tempranamente destacó por su astucia y carácter, ya antes de la persecución desatada en la zona del carbón por González Videla, tras la huelga larga de 1947 demostró habilidad escondiendo y ayudando a escapar a familiares y amigos de la persecución, de la prisión, del campo de concentración, o de  relegamientos.

En esa época, vestida impecablemente de rojo, incluido los zapatos, sombrero y cartera, asistía todos los días hasta el campo de concentración montado por el ejército en la playa de Coronel durante la aplicación de la Ley maldita, para exigir ver a su marido, detenido en ese recinto a la espera de su relegamiento a Pisagua. Era un gesto de dignidad y rebeldía.

Fue madre de 6 hijos biológicos y de otros tantos desamparados que acogía como suyos. Era ejemplo de un desprendimiento a toda prueba que la llevaba a compartir todo lo que tenía, su casa, su pan, y lo que no tenía. En una muestra más de una infinita solidaridad, durante el año recogía juguetes los cuales reparaba y luego regalaba a los niños de la calle para navidad.

Durante el gobierno de Allende, Leocadí colabora con las actividades y tareas del MIR en Coronel. El 11 de septiembre de 1973 todo su compromiso, su solidaridad e incluso su osadía serán, nuevamente, puestas a prueba. Esta vez, a pruebas de fuego. Tras el golpe militar las direcciones políticas del MIR de Cautín y de Concepción se replegaron hacia Coronel; allí Leocadí acoge en su casa a parte importante de las direcciones clandestinas donde se comienza a organizar la resistencia popular.

Con más de 70 años enfrentaba los allanamientos a su vivienda con frialdad absoluta; brindaba tranquilidad y seguridad a todos quienes pasaron por su casa buscando ayuda o refugio, muchos de los cuales le deben su vida, incluido el encargado regional del MIR de Concepción al momento del golpe.

Debido a su explícita exigencia, tras el golpe militar los miristas se vieron obligados a incorporarla como militante, cuando muchos desertaban ella reclamaba un espacio de lucha. Leocadí fue muy importante, en tareas de ocultar gente, trasladar personas e información y también, más adelante, como transmisora a las nuevas generaciones de jóvenes revolucionarios de toda la experiencia personal que tenía sobre la zona del carbón.

Consecuente, jamás traicionó sus principios, y hasta sus últimos días apoyó la causa popular; teniendo más de 90 años, participaba de proyectos de carácter político social.

Murió en su hogar en abril del año 2000, cansada pero íntegra, con más de cien años de vida.

Hugo Fernando Amaya Sepúlveda: “Indio Emilio”, “Guatón Rolando”

“Emilio”, “Rolando”, “El Indio” nació en Lota el 28 de abril de 1941, era el segundo de 4 hermanos del matrimonio del minero Juan Bautista Amaya y su compañera Mercedes Sepúlveda Aguilera.

Fernando se crío en Lota en el antiguo Pabellón 43. Sus estudios básicos los realizó en la Escuela Matías Cousiño y posteriormente Colegio San Juan. Los terremotos de mayo de 1960, no solo terminaron con la histórica huelga de los mineros de toda la región carbonífera desde Schwager a Lebu que se extendía por ya largos 3 meses, sino además derrumbo muchas viviendas entre ellas el viejo Pabellón 43. La familia Amaya se trasladó a vivir a la recién construida Población Camilo Olavarría de Coronel. En ese tiempo, el joven Fernando se desempañaba ya como obrero de Astilleros y Maestranzas de la Armada, ASMAR en Talcahuano, donde había ingresado a trabajar luego de pasar por la Escuela de Artesanos Navales de la Armada.

Desde su incorporación al MIR, a fines de los 60, Fernando paso a formar parte del trabajo militar de la naciente organización del GPM (Grupo Político Militar) de Coronel. Con la chapa de “Emilio”, participa de diversas acciones en los años del gobierno de Frei Montalva, época en la cual el MIR vivió su primera clandestinidad.

Luego del triunfo de Allende en 1970, el MIR salió de la clandestinidad y, ante los temores de atentados en contra del electo presidente, ofreció a sus militantes con formación militar para organizar un grupo que hiciera la seguridad personal al mandatario. Esta tarea de protección la lideró al interior del MIR el dirigente schwagerino Sergio Pérez Molina, “Chicope”, y uno de los primeros en ser alistados a este grupo fue “Emilio”. Allí pasó a formar parte de los choferes del equipo de seguridad; conducía una camioneta del parque de vehículos del GAP (Grupo de Amigos del Presidente), como fue conocido posteriormente este grupo.

La semana Santa de 1972 Hugo Amaya Sepúlveda fue portada en la prensa nacional. Un automóvil sufrió un accidente en el sector rural de Bucalemu; tras el volcamiento, material de guerra quedó al descubierto, por lo cual Amaya junto a su acompañante, Ricardo Pardo, “Mono”, un ex boina negra del ejército, fueron apresados y trasladados a la cárcel pública de Valparaíso. El otro acompañante, Oscar Delgado Marín, “Aquiles”, “Ciriaco”, logra escapar del sitio del suceso. Delgado también era un ex comando del ejército que fue parte de la primera promoción de boinas negras formados en Chile, en la Escuela de Paracaidistas en 1966, y que, junto a otros 8 comandos fue expulsado del ejército en 1969 por su pertenencia al MIR.

Amaya y Pardo, tras el accidente permanecieron en la cárcel hasta el invierno de 1973. Tras salir de prisión pasaron a formar parte de la primera escuadra de la Fuerza Central del MIR, grupo de combate de la organización.

Amaya estuvo muy ligado antes del golpe al grupo de ex boinas negras que se incorporo al MIR, bajo la influencia del hermano materno de Luciano Cruz, el capitán Florencio Fuentealba Aguayo. Este grupo fue completamente aniquiladopor los organos represivos de la dictadura antes de octubre de 1974.

Hugo Amaya permaneció activo en la resistencia contra la dictadura participando de diversas acciones en Santiago, donde estaba radicado, durante 1974 y 1975. A fines del 75 o principios del 76 pasó a retirar a sus hijos de diversas casas donde los había dejado encargados; algún tiempo más tarde, sus padres en Lota recibieron un recado de su compañera Victoria quien les señalaba que “Rolando” había caído detenido.

Amaya logró sobrevivir a la cacería de los órganos represivos de la dictadura hasta mediados de 1976. Para esa fecha, ya habían caído Miguel Enríquez (5 de octubre de 1974), Eulogio Fritz, “Duro Pablo”, jefe del MIR en Coronel (21 de febrero de 1975); solo quedaban funcionando pequeños núcleos organizados, los últimos restos del MIR.

Ese mes julio de 1976 solo hay dos desapariciones de militantes del MIR en Santiago, Hugo Amaya Sepúlveda y María Galindo Ramírez coincidentemente ambos de Coronel, pero no se ha podido establecer si había algún vínculo de trabajo de resistencia entre ellos o si hay alguna relación en la detención y desaparición de ambos

Hasta el día de hoy se desconoce el paradero de Hugo Fernando Amaya Sepúlveda; tenía 35 años cuando se pierde su rastro. La Comisión Rettig desestimó su caso por falta de antecedentes, como ha ocurrido con otros muchos casos de caídos en las garras de la represión de la dictadura.

Jane Vanini, una valiente mujer internacionalista

El 6 de diciembre de 1974 en la Población Laguna Redonda II, del sector Lorenzo Arenas de la ciudad de Concepción, se produjo uno de los episodios más emblemáticos de la lucha de resistencia contra la dictadura. Hecho que ha sido ignorado por la historia oficial y que ha pasado desapercibido en sucesivas actividades conmemorativas de ese período dictatorial.

Ese día, más bien en la madrugada, en la vivienda ubicada en el segundo piso del N° 560 del Pasaje 12 de la mencionada población, se produjo un enfrentamiento que le costó la vida a Jane Vanini, revolucionaria brasileña y militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), quien cayó abatida luego de oponer durante horas tenaz resistencia a los efectivos represivos que atacaban la vivienda.

Jane Vanini, de 29 años de edad, había nacido en Cáceres, en el Estado de Matto Grosso, en Brasil, el 8 de septiembre de 1945. Desde muy joven abrazó la causa de la revolución y la lucha por un mundo mejor para los desposeídos y explotados de esta tierra. El auge experimentado por las luchas populares en Brasil en la década del 60, la sorprende en plena época estudiantil. Fue el tiempo en que las máximas expresiones de movilización del pueblo llevaron al gobierno a Joao Goulart. Pero también fue el tiempo en que la reacción burguesa brasileña y del imperialismo yanqui empezaron a dibujar las respuestas represivas, contra revolucionarias y punitivas en contra del campo popular y revolucionario latinoamericano.

Por aquella época, Jane estudiaba en la Facultad de Ciencias Sociales en la Universidad de Sao Paulo. Fue allí que se integró a la organización revolucionaria Acción Liberadora Nacional (ALN), fundada y dirigida por Carlos Marighela. La ALN propiciaba la lucha armada como camino de lucha para la conquista de los objetivos populares y los propósitos socialistas. La ALN introdujo la guerrilla urbana como método de lucha legítimo y posible en la lucha revolucionaria.

Jane Vanini llega asilada a Chile el año 1971, junto a un centenar de luchadores brasileños. Ingresa a trabajar como secretaria en la revista Punto Final. Junto con eso, se integra a las filas del MIR con el nombre de Gabriela Fernández. En estas actividades laborales y políticas conoce a José Carrasco Tapia, Pepone, miembro del MIR y periodista, que se convertiría en su nuevo compañero.

En Marzo de 1974, el MIR, envía hacia Concepción a Jane Vanini y a José Carrasco Tapia. Debían trabajar en la reorganización del partido y en el impulso a las tareas de resistencia en esta zona. Jane llega primero, a quedarse en casas de colaboradores y a preparar las condiciones para la instalación de su propia vivienda. Luego, en septiembre de ese año, llegan a vivir a la vivienda departamento de la Población Laguna Redonda. Desde allí desarrollan sus tareas y actividades clandestinas. Sin embargo, el 5 de diciembre es detenido José Carrasco Tapia, su compañero, y de nuevo la libertad y la vida de Jane penden de una decisión ajena.

A la madrugada del día siguiente, 6 de diciembre, las fuerzas represivas llegaron hasta la casa. Se trataba de fuerzas de la infantería de marina (Grupo de choque del Destacamento N° 3 Sargento Aldea), de los servicios de inteligencia naval (Ancla II) y del CIRE, los mismos que habían detenido a Carrasco. Cercaron el block y trataron de tomar la vivienda por asalto.

Fue la tenaz resistencia que opuso Jane Vanini la que impidió que las fuerzas represivas ingresaran a la vivienda. No estuvo dispuesta a huir. Tampoco estuvo dispuesta a rendirse. Menos estuvo dispuesta a claudicar aunque voces enemigas y amigas la instaban a gritos a que depusiera su actitud rebelde.

Pero ese era el espíritu de Jane Vanini. Era una revolucionaria en cualquier parte y en todo momento. Llegado el momento culmine no vaciló en enfrentarse, en combatir, en resistir, hasta rendir la vida si fuese necesario, para preservar la dignidad de una causa, defender la libertad y testimoniar la necesidad de luchar. Luchó sola durante horas desde ese departamento contra un enemigo superior y cobarde.

Finalmente, ya gravemente herida, las fuerzas represivas irrumpieron en la vivienda y la ejecutaron. Luego su cuerpo fue sacado del lugar por los propios agresores y no se tuvo noticias de su sepultación.

Gabriela, como se le conoció en el MIR, fue una revolucionaria internacionalista que vivió y murió luchando consecuentemente por los valores e ideales de la justicia social y la libertad de los pueblos.

Imagen: Pititore