LOS EXILIADOS . Reseña libro Silvina Jensen

 

http://www.aletheia.fahce.unlp.edu.ar/numeros/aletheia-7/resenas-cronicas-../resena-del-libro-los-exiliados.-la-lucha-por-los-derechos-humanos-durante-la-dictadura-de-silvina-jensen-1

Resumen: La última dictadura cívico-militar argentina desató una represión sin precedentes en la historia del país que implicó un plan sistemático de secuestro, tortura y desaparición. Ante el régimen de terror implantado, el destierro fue una decisión tomada por sujetos perseguidos e impulsada por el miedo a perder la libertad o la vida. El exilio desencadenado fue el de mayor volumen y continuidad en el tiempo como movimiento colectivo de expulsión de población en la historia argentina. Silvina Jensen dio cuenta hace tiempo de la escasez de referencias sobre las situaciones de exilio que atraviesan la historia nacional y nos presenta en Los exiliados parte de sus trabajos sobre los exiliados argentinos durante la última dictadura.

Palabras clave: exilio- argentina- dictadura

La autora analiza el trabajo político, de solidaridad y de denuncia desplegado por los argentinos radicados en Europa y América, asumiendo que las acciones proyectadas y ejecutadas por los desterrados deben entenderse en relación con los movimientos realizados por la dictadura de cara al silenciamiento, descalificación o eliminación física de los opositores.

El libro intenta mostrar cómo sujetos con distintas trayectorias políticas devinieron en militantes por los derechos humanos y echa luz sobre las tensiones, contradicciones y debates que se dieron entre estos protagonistas de la lucha antidictatorial. El eje articulador del libro es la visita a la Argentina en 1979 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), utilizando su estudio para comprender las luchas entre la dictadura y sus opositores y desentrañar las tensiones y contradicciones de los diferentes actores. La misión de la CIDH representó, según Jensen, una bisagra en la lucha antidictatorial por el esclarecimiento de la situación de los desaparecidos, y consolidó la acción de denuncia que venían realizando las organizaciones de derechos humanos y los exiliados, al darle un plus de legitimidad a las denuncias y colocar al país en el centro de la atención mundial.

El libro está dividido en cinco capítulos y en el primero, “Radiografía del exilio plural”, Jensen nos introduce al mundo de los desterrados, tratando de hacer una caracterización de ese grupo heterogéneo y marcando las rupturas de este exilio, que comenzó a perfilarse con la acción represiva de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), con respecto a los que lo precedieron en cuanto a continuidad, volumen, asistematización y destino geográfico.

Si bien el aparato represivo dictatorial alcanzó a grandes espectros de nuestra sociedad, la autora aclara que el perfil social de los exiliados se caracterizaba por ser jóvenes adultos de clase media con estudios de grado y de las principales capitales del país y ciudades de la provincia de Buenos Aires. El exilio afectó sobre todo a militantes de organizaciones no integradas al arco parlamentario o que operaban en la clandestinidad y a buena parte de sus apoyos sociales, algunos políticos de los partidos tradicionales y mayoritariamente a profesionales, intelectuales y artistas.

“Desenmascarar a la dictadura y denunciar las violaciones a los derechos humanos” responde a la pregunta de cuál es el denominador común dentro de la pluralidad de exilios para englobarlos dentro de un acontecimiento colectivo. ¿Fue la denuncia de la dictadura el aglutinante? ¿Qué implicaba esa nueva militancia por los derechos humanos que muchos descubrieron en su exilio? Según Jensen, la opción por la defensa de los derechos humanos fue, en principio, una táctica que permitió optimizar una solidaridad internacional esquiva y un recurso de urgencia para salvar vidas, e implicó la mutación o reinterpretación de la tradición revolucionaria en la que la mayoría de los exiliados habían definido su trabajo político, tradición en la que dicha defensa habría sido un tranquilizador de conciencias, un slogan. Si bien la militancia en el exilio había adoptado dos caras – la transposición de las dinámicas de las organizaciones existentes antes del golpe y la participación en espacios de referencia socio-cultural de carácter antidictatorial y de defensa de los derechos humanos- con el tiempo las organizaciones de carácter antidictatorial amplio fueron concentrando el trabajo político y se convirtieron en la cara pública del exilio.

La autora marca además los desafíos y las estrategias ensayadas por los exiliados de cara a revelar el aparato represivo de la dictadura, y cómo la instalación del tema argentino en la agenda internacional no fue tarea fácil, a su entender, por el complejo mapa político nacional, el clima de violencia previo al golpe y por las características del sistema represivo dictatorial que remitían a lo oculto y secreto.

En el capítulo “Desenmascarar al ´antiargentino´ y deslegitimar sus ´patrañas´ Jensen explica la reconfiguración simbólica implementada por la dictadura sobre los exiliados, estigmatizados como “agentes de la campaña antiargentina”, “subversivos derrotados y cobardes” “terroristas” “delincuentes”, que encabezaban una campaña de desprestigio del país y de ataque al pueblo mediante mentiras y “patrañas” sobre violaciones de los derechos humanos, cuando eran ellos los responsables de la “guerra”. La autora desentraña así las acciones de descalificación y anulación de los denunciantes, llevadas a cabo por la dictadura.

“La visita de la CIDH a la Argentina” es el cuarto y principal capítulo del libro. El mismo se centra en la visita de la Comisión en el contexto nacional e internacional, tratando de explicar las prácticas implementadas por los exiliados y por la dictadura para darle a la visita un uso político particular, neutralizando o amplificando su accionar.

Cabe recordar que durante el gobierno de James Carter en EEUU (1977-1981), la CIDH desempeñó un rol decisivo en la condena de las dictaduras conosureñas, ya que los informes surgidos de sus visitas a los países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) sospechados de violar los derechos humanos fueron fundamentales en la condena internacional. Así, al aportar información a la Comisión y difundir sus acciones, las comunidades del exilio ejercieron también un gran papel. En este sentido, Jensen analiza los “preparativos” de la dictadura frente a la visita de la CIDH, momento en que la situación de aislamiento internacional se tornaba insostenible, por lo cual se empeñó en proyectar una imagen de moderación con el objeto de inventar una nueva legitimidad.

En relación a lo anterior, Jensen analiza las dos leyes promulgadas antes de la visita de la Comisión por las cuales la dictadura intentaba crear “muertos legales” al fijar que transcurrido un año de la denuncia de desaparición de una persona, se decretaba que había “dejado de existir”. La autora examina en este sentido la actividad frenética en el exilio al conocerse dichos proyectos, las discusiones suscitadas por los mismos, y la heterogeneidad de lecturas del problema. Además, el capítulo analiza cómo, al conocerse el informe definitivo de la CIDH, los exiliados se movilizaron para difundirlo y tratar de capitalizarlo para la denuncia antidictatorial, mientras que los militares sacaron a luz su propio Informe, el cual rechazaba punto por punto y categóricamente las afirmaciones que había vertido la comisión de derechos humanos de la OEA.

“Los dilemas de la lucha antidictatorial” es el último capítulo de Los exiliados. Jensen recupera aquí los debates más intensos y prolíferos protagonizados por los exiliados en el contexto de la visita de la CIDH a la Argentina, haciendo referencia a aquellos núcleos de conflicto que han atravesado toda la lucha por la “Verdad” y la “Justicia” o que se han reactivado en los últimos años: ¿Qué implicaba la defensa de los derechos humanos?, ¿eran derechos para todos?, ¿también para los militares? ¿Podía plantearse su defensa en toda situación política? ¿Era lo mismo defenderlos en el exilio que desde dentro del país? Los exiliados, ¿eran “privilegiados” o “víctimas”? ¿Cuál era su grado de participación en la lucha antidictatorial? Además de estas cuestiones, otros temas sensibles eran el de las cifras de víctimas de la represión y el dilema de dar o no a publicidad a los testimonios de sobrevivientes de los centros clandestinos.

El discurso de la dictadura convirtió a los exiliados en “antiargentinos”, “subversivos” o cuanto menos en “sospechosos”. En los primeros años de democracia, la imagen del exiliado quedo atrapada entre los resabios de la demonización militar y el lugar de “víctima menor” frente a la inconmensurable figura del desaparecido. En los últimos años se ha asistido a un recalentamiento de la memoria dictatorial que reabrió un espacio para discutir acerca de ese movimiento tan complejo e íntimamente relacionado con las luchas sociales y políticas, la militancia revolucionaria y la represión estatal que significó el exilio.

La continuidad de una militancia política en el exilio se articuló sobre todo en torno al consenso de definir la lucha contra la dictadura en los términos de la defensa de los derechos humanos. El debate por el contenido, alcance y beneficiarios de los mismos, implicó la revisión y autocrítica del pasado político, y si bien para muchos desterrados que jamás habían portado armas, el desplazamiento hacia la adopción de la bandera de los derechos humanos no suscitó grandes contradicciones, para aquellos exiliados relacionados a la guerrilla, dicha adopción implicó la ruptura o reinterpretación de la tradición revolucionaria en la que habían definido su trabajo político anterior. En este sentido resulta interesante rescatar el debate repleto de contradicciones y resignificaciones que implicaba plantearse la cuestión de la militancia en esos nuevos términos. ¿Era el reflejo de una autocrítica o del olvido de la propia participación política? ¿Podían presentarse como luchadores democráticos aquellos que habían hecho uso de la violencia? ¿Se había producido una auténtica conversión de la lógica política o era una táctica, un golpe de oportunismo político? Revisar críticamente el pasado, ¿era “hacerle el juego” a la dictadura?

En este sentido, cabe destacar que las mayores fortalezas del libro es que permite pensar al exiliado en su triple condición de “testigo” “víctima” y “actor político” y al fenómeno del exilio como consecuencia de una derrota política pero también como un espacio de lucha política antidictatorial y por los derechos humanos. Asimismo, aporta elementos sólidos para el abordaje del fenómeno del exilio en su complejidad al tiempo que abre nuevos interrogantes a la historia de la militancia, la violencia política y la lucha antidictatorial.

Notas

(1) Jensen, Silvina. (2010). Los exiliados. La lucha por los derechos humanos durante la dictadura. Buenos Aires. Editorial Sudamericana. 216 páginas. ISBN 978-950-07-3158-4

*Paula Zubillaga es Profesora en Historia y Licenciada en Historia por la Universidad Nacional de Mar del Plata y estudiante de la Maestría en Historia y Memoria que se dicta en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata.

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Un reconocimiento necesario. Los exiliados y la lucha contra la dictadura

Un reconocimiento necesario. Los exiliados y la lucha contra la dictadura

La lucha de los exiliados contra la dictadura http://www.elmostrador.cl/opinion/2014/07/14/la-lucha-de-los-exiliados-contra-la-dictadura/ DIEGO AVARIA Doctor en Relaciones Internacionales, The Graduate Institute Geneva. Ha sido diplomático, profesor en Stanford e investigador en Columbia University He seguido con mucho interés las Conversaciones sobre el exilio que se realizan en el Museo de la Memoria. Para aquellos que se han perdido las presentaciones y para los que vivimos en el exterior, se puede acceder a las grabaciones a través de la página web del museo. http://www.museodelamemoria.cl/conversaciones-sobre-el-exilio-una-apuesta-por-el-testimonio/ Quisiera sumarme al debate, centrándome en un aspecto sobre el cual no se ha escrito suficientemente, a saber, la contribución de los exiliados para que Chile volviera a la democracia. En efecto, realizaron una destacada labor de denuncia y solidaridad en el exterior para derrotar a la dictadura. La represión contra el liderazgo de la Unidad Popular, así como el intento fallido de varios partidos de resistir como organizaciones clandestinas (debido a que fueron diezmados), transformaron a los exiliados en el más efectivo frente de lucha contra la dictadura, al menos hasta 1982. Pinochet usó el destierro para sofocar la acción política, pero una vez afuera los exiliados se organizaron y crearon asociaciones de solidaridad con Chile en los países de acogida. La principal actividad fue, sin duda, la de denunciar a la dictadura y las violaciones a los derechos humanos en Chile, a través de marchas, actos públicos y cartas a los diarios. Gracias a toda esta estrategia mediática, los comités de solidaridad consiguieron movilizar a las sociedades, los gobiernos y los parlamentos de los países de acogida a favor de su causa. Ayudaron a salvar a prisioneros o compatriotas perseguidos, mediante campañas ante gobiernos y organismos internacionales. Muchas veces financiaron directamente la salida de esos chilenos en peligro de muerte. Realizaron huelgas de hambre como expresión de protesta ante algún hecho inaceptable que ocurría en Chile o para salvar vidas de nacionales presos y en peligro de muerte o desaparición. En innumerables ocasiones se realizaron peñas, recitales, presentaciones de teatro u otras actividades, a las que asistía numeroso público, que arrojaban beneficios considerables. El dinero recolectado luego era enviado a Chile, para sustentar a familiares de prisioneros políticos, a viudas o hijos de desaparecidos, así como para costear el trabajo de los partidos políticos y las actividades que se realizaban contra la dictadura militar. Los exiliados crearon y establecieron vínculos con organizaciones políticas, culturales, religiosas, sociales, entre otras, y se insertaron en ellas para aportar al desarrollo de la causa chilena. La amplia gama de actividades mezclaba muchas veces la acción propiamente política con las actividades culturales, sindicales, deportivas u otras. En efecto, gracias a las diversas manifestaciones culturales se dio a conocer Chile a un público más masivo y se logró sensibilizar a la opinión pública internacional respecto a las violaciones de los derechos humanos, lo que mantuvo y aumentó la solidaridad en múltiples países. Por otro lado, los exiliados realizaron innumerables marchas de protesta, por las calles de múltiples ciudades del mundo, contra la dictadura y en solidaridad con los chilenos que en el país luchaban por la democracia. Los tradicionales desfiles de protesta los días 11 de septiembre de cada año se realizaron por todas las capitales del mundo frente a las embajadas y consulados chilenos. Fue muy importante el lobby que realizaron los exiliados en varios países con los organismos internacionales para mantener la vigilancia de los derechos humanos. Consiguieron que la Asamblea General de la ONU condenara, por amplia mayoría, la violación de los derechos humanos en Chile. Las condenas sucesivas a lo largo de los 17 años de dictadura contribuyeron al aislamiento internacional de la junta militar. Por cierto, la solidaridad de los exiliados se mantuvo con el plebiscito de 1988 y la subsiguiente elección presidencial. Colaboraron con dinero para estas campañas y efectuaron un cabildeo intenso y eficaz ante organismos internacionales, gobiernos y parlamentarios de todo el mundo, para que participaran como testigos y garantizaran la realización limpia de estos procesos eleccionarios. En Chile aún se ignora la magnitud de la solidaridad internacional contra la dictadura, obtenida gracias al trabajo incansable de los exiliados. Sin su compromiso con la suerte del país, probablemente la dictadura militar habría sido mucho más duradera. Es más, la constante lucha de los exiliados aportó considerablemente a la derrota de la dictadura, lo que debiera ser debidamente reconocido. Relacionados “El  exilio es un quiebre en las biografías” señaló Loreto Rebolledo, académica de la Universidad de Chile que ayer estuvo moderando en el Museo de la Memoria el segundo conversatorio sobre el exilio y el impacto en la vida de las personas. Con la participación de María Elena Acuña, quien salió del país a los cinco años con sus hermanos más pequeños con destino a Costa Rica; Anita Soto, militante del MIR que se exilió en Dinamarca; Antonio Maldonado, quien luego de sobrevivir a dos fusilamientos y vivir el asesinato de su padre y un hermano, lo sacan del país rumbo a  Bélgica, y Uca Silva, quien tuvo un largo periplo entre Argentina, Canadá y Ecuador, continuó el ciclo “Conversaciones sobre el exilio” que se extenderá hasta fines de agosto en el Museo de la Memoria. Los testimonios de cada uno de los participantes y del público asistente, pusieron el acento en la perdida de las raíces al llegar a otro país, la dificultad de aprender otra lengua, el desarraigo de los hijos que nacieron o crecieron en el exilio y especialmente el impacto que significó en los proyectos familiares. Uca Silva lo retrata muy bien al decir que “en cada país se iba perdiendo algo de Chile”. Los cambios en la vida de las personas fueron a todo nivel. Los niños que debieron adaptarse a culturas e idiomas muy diferentes y los adultos que pasaron de tener una carrera política a trabajar como obreros o en tareas de servicios. Para María Elena Acuña salir a temprana edad del país implicó la añoranza permanente por cosas simples como los juegos o el disfrute por una torta de milhojas, no obstante la sensación de tranquilidad que daba el país de acogida iba aminorando esa perdida. Se estima que alrededor de 240 mil chilenos salieron del país como exiliados y llegaron a cerca de 60 países. Son al menos tres generaciones las que hoy se ven impactadas por la problemática del exilio: la de los propios exiliados, la de sus padres y la de sus hijos. Para Antonio Maldonado lo peor del exilio es que rompe con todo, es un estado que requiere de muchas adaptaciones y cambios como aprender a hablar de nuevo. En su retorno a Chile, el viaje del aeropuerto al centro lo conectó con su lengua materna y se emocionó de solo leer los cárteles publicitarios que fue observando en el trayecto. En tanto, Anita Soto relató que sus hijas estuvieron tres meses en silencio y luego comenzaron a comunicarse en danés. El retorno para ella implicó juntar pedazos de su vida como un mosaico. “Por muchos años cada vez que pasaba por un aeropuerto me quebraba, cada aeropuerto significaba reducir tu vida a unas maletas”, concluyó Uca Silva. “Conversaciones sobre el exilio” es una oportunidad única para escuchar testimonios de chilenos que vivieron el exilio y el retorno. En cada sesión se aborda una temática especial, por ejemplo, en próximos encuentros se hablará del impacto del exilio en la política y sobre la producción cultural en el exilio. Biblioteca Digital Museo de la Memoria y Derechos Humanos http://www.museodelamemoria.cl/centro-de-documentacion/biblioteca-digital/ http://www.cedocmuseodelamemoria.cl/buscador Nº de coincidencias: 573 – &&&&&&&&&&&&&&&&&&} Relacionado https://imagenesparamemoriar.com/2013/11/11/exilio-chileno-e-historiografia-la-izquierda-exiliada-hugo-cancino-universidad-de-aalborg/ Abarzua , Héctor Fernando: “Por una historia del exilio”, Araucaria de Chile, No.  7, 1979, pp.145-149 Acuña, María Elena: Género y Generación en la trasmisión de la memoria, en: http:// http://www.uchile.cl/facultades/filosofía/publicaciones/cyber/19/macuna.html https://imagenesparamemoriar.com/2013/11/15/los-exiliados-chilenos-1973/  

The Politics of Exile in Latin America.

 

 MARIOSZNAJDERand LUISRONIGER: New York:CambridgeUniversityPress, 2009.The Poltics of Exile in Latin America de Mario Sznajder y Luis Roniger constituye el primer estudio sistemático que aborda a escala continental el exilio político en América Latina. Impresiona tanto el arco temporal histórico del estudio como el riguroso marco teórico que presenta. Su fecundo abordaje multifocal trasciende enfoques políticos de exclusión que provocó el autoritarismo en un solo país o la biografía historicista de algunos ilustres exiliados. Por primera vez es posible leer una lograda síntesis histórica -desde la época colonial hasta el presente- que contextualiza política y sociológicamente los itinerarios de los exiliados al interior de los países latinoamericanos y los destinos europeos, además de otras latitudes del mundo. Munidos de una variada información empírica proveniente de fuentes primarias y secundarias, los autores creen necesario desentrañar el origen del exilio en los imperios ibéricos, examinando desde las prácticas coloniales portuguesas de castigo y las prácticas de expulsión españolas y portuguesas por razones judiciales y sociales, hasta el detenido análisis de la expatriación como práctica de exclusión/regulación en los estados independientes poscoloniales. Mediante un abordaje analítico, los autores muestran que el exilio político, institucionalizado por elites de caudillos y oligarquías conservadoras/liberales durante el siglo XIX, sirvió de mecanismo de dominación sobre las masas, evitando un juego destructivo, en la era de las guerras civiles y del faccionalismo típicos de los “caudillo-states“. Los casos del expatriado O’Higgins, el tránsito de San Martín de la expatriación a su elección de ser un exiliado europeo y el ‘extrañamiento’ con que se penalizó al general Santander, vicepresidente de la Gran Colombia, son analizados brillantemente. En particular, el libro echa luz sobre la experiencia y retorno, durante el siglo XIX, de los exiliados políticos que contribuyeron de un modo decisivo en la formulación de nuevas ideas para comprender el ámbito de la política de los estados-nación emergentes, su misma noción de soberanía y el mecanismo regulatorio de la acción política. En esa dirección, el tercer capítulo resulta iluminador a fin de comprender el modo en que, fruto de la experiencia existencial e intelectual en el destierro, los exiliados de las elites elaboraron una cultura política fuera de la patria, donde descubrían lúcidamente el desfasaje entre las fronteras de la ciudadanía estatal proscripta y la identidad nacional reelaborada desde el destierro. Un ejemplo de ello fue la tensión entre la idea de estados confederados imaginados por exiliados en los años post-independencia, con ideas nuevas en torno a identidades colectivas para la formación estatal en la fragmentada realidad de países en pugna con fronteras territoriales. Es el caso de emigrados peruanos en Chile que se oponían a la Confederación Peruano-Boliviana liderada por el general Andrés de Santa Cruz. Un aporte analítico valioso del temprano exilio en el siglo XIX es ofrecido a través del formato conceptual que los autores denominan “a three-tiered structure“, conformado por la dinámica que opera para los exiliados entre el ámbito de sus comunidades de exilio, el país huésped receptor y la madre patria expulsora a la cual anhelan retornar. Ese formato permite analizar las posibilidades abiertas ante los exiliados para jugar un rol importante en el nivel de la política transregional y continental, en distintos clusters regionales (Chile-Argentina-Bolivia-Perú; además: Paraguay-Argentina-Uruguay-Brasil; y también: México-América Central-Caribe y Estados Unidos) . El formato triangular acude también a la historia de las ideas de algunos exiliados latinoamericanos que imaginaban componentes cívicos, primordiales y pan-nacionales de las nuevas identidades e imaginarios colectivos. En tal sentido, ha sido muy apropiada la inclusión de algunas reflexiones del diario del intelectual chileno Benjamín Vicuña Mackenna, durante su exilio en la década de 1850 a través de países latinoamericanos y de Europa. Asimismo, resulta fascinante la inclusión de las ideas panamericanistas del exiliado colombiano José María Caicedo y las del paradigmático intelectual portorriqueño, el “maestro” Eugenio María de Hostos y Bonilla, quien procuraba crear la Confederación Antillana (Cuba, Puerto Rico y República Dominicana), países en los que ejerció enorme influencia cultural y cívica. El capítulo cuarto examina los sitios de exilios, especialmente el caso de Chile y su interacción con la elite política e intelectual liberal latinoamericana luego de las primeras décadas de la independencia, desde los proscriptos por el rosismo como Vicente Fidel López, Sarmiento, Alberdi y Bartolomé Mitre, hasta los venezolanos Andrés Bello y Francisco Michelena. París es el sitio europeo analizado como la meca cultural de exiliados latinoamericanos desde la época de la independencia, mientras que México es focalizado como un sitio latinoamericano importante para los exiliados durante el siglo XX, primero españoles y más tarde del Cono Sur. El examen minucioso de la política de asilo de las repúblicas latinoamericanas revela que no hubo correlación entre nivel avanzado de democracia y disposición gubernamental de recibir exiliados (como en el caso temprano de asilo político dado por el régimen autoritario de Rodríguez de Francia al uruguayo Artigas, aislado completamente en Paraguay); pero los autores no se limitan a analizar el exilio desde la perspectiva del tipo de estado expulsor/excluyente, sino examinan las opciones de asilo y rutas posibles de refugio desde la perspectiva de los mismos exiliados. El capítulo quinto se ocupa de explicar la transformación del anterior exilio político en tanto desplazamiento-destierro-ostracismo de una selecta elite durante el siglo XIX y la emergencia de un masivo fenómeno social de exclusión ciudadana que condujo a la formación de comunidades de latinoamericanos expatriados en el siglo XX. Conceptualmente, al anterior formato analítico se agrega un cuarto componente estructural, a fin de entender cómo las redes internacionales empiezan a cumplir un rol importante desde la Segunda Guerra Mundial, como reguladores de acuerdos de asilo a escala mundial. Mediante el “four-tiered structure“, el capítulo sexto explora las variadas dinámicas de comunidades de exiliados, sus vínculos condiásporas de connacionales y el rol que juegan a nivel político en la arena internacional para influir en el rumbo tomado por los regímenes de sus respectivos países. Los casos examinados son los exiliados brasileros y lasdiásporas argentina, chilena y uruguaya. Hasta ahora, cada una de estasdiásporas de fugitivos de la represión en el Cono Sur fueron estudiadas de modo particular según el origen nacional (caso que los autores conocen muy bien); gracias al libro deSznajder yRoniger podemos saber mucho más de sus mutuas dinámicas, enriquecidas desde una perspectiva de análisis comparativo a nivel socio-político. Un fascinante capítulo que combina datos empíricos y cualitativos se ocupa de la extensión y lasimplicancias políticas de losexilios de presidentes latinoamericanos desde la época de la Independencia hasta el presente. De la sólida base de datos construida, ahora sabemos que más de un cuarto de todos aquellos que ocuparon la primera magistratura de países latinoamericanos conocieron el exilio, antes o después de ejercer la investidura presidencial. Finalmente, el libro se cierra enfocando la decisiva cuestión de si con el retorno de lademocratización y el de los expatriados se clausuraría el fenómeno del exilio en países latinoamericanos. Las agudas reflexiones de los autores (que ya habían estudiado en un libro seminal anterior el fenómeno del legado del autoritarismo en lademocratización de países del Cono Sur) se agrupan en dos órdenes de problemas de diferente naturaleza e igualmente importantes. Por un lado, la cuestión del impacto que tuvo sobre el proceso de la transición democrática la experiencia de los exiliados, quienes, desde la arenatransnacional, pudieron conocer innovadoras formas de pensar la política, la sociedad, la cultura, la nación, las vías alternativas a la modernidad, los desafíos de género y deetnicidad, además de las identidades colectivas. Por el otro lado, el capítulo final pone en foco una asignatura pendiente desde el punto de vista de lademocratización actual de la vida política: en qué medida el exilio ha sido también una de las ominosas formas de violación de los derechos humanos, junto con la tortura, la desaparición, los asesinatos y otros formas canonizadas de los crímenes del terrorismo de estado. El reciente artículo deSilvinaJensen apunta precisamente a este tema. Los autores recuerdan que entre las tareas pendientes de las emergentes democracias latinoamericanas en dirección a la inclusión social y la reparación judicial, moral y material, también se debe tomar en cuenta a los exiliados políticos que sufrieron de exclusión institucionalizada, Más aun, una de las conclusiones importantes del libro es que la misma democracia -no sólo las dictaduras- ha promovido el exilio y exclusión de líderes y militantes de la oposición, ya que varios estados democráticos no han podido liberarse del legado de una cultura política emboscada declientelismo, autoritarismo, polarización, favoritismo,faccionalismo, persecución, intolerancia a la crítica y la disidencia, además de la falsa percepción populista del adversario como enemigo irreconciliable. En síntesis, se trata de un libro que abre nuevos rumbos teóricos y líneas analíticas para la agenda retrospectiva y prospectiva de investigación del exilio, así como también para ampliar los estudios de la emigración como práctica de exclusión informal de ciudadanos que se sienten amenazados de vivir en aquellos países democráticos que sufrendisrupciones graves por factores socio-económicos, étnicos, de seguridad y demográficos.

Leonardo Senkman

Universidad Hebrea de Jerusalén

1.    Luis Roniger y Mario Sznajder, The Legacy of Human Rights in the Southern Cone, Oxford University Press, 1999; publicado en portugués con agregados por Ed. Perspectiva, São Paulo, 2004; y en castellano por Ed. Al Margen, La Plata, Argentina, 2005. 2.    Silvina Jensen, “¿Por qué sigue siendo políticamente incorrecto hablar de Exilio? La dificultosa inscripción del exilio en las memorias sobre el pasado reciente argentino (1983-2007)”, Páginas (revista digital de la Escuela de Historia, Universidad Nacional de Rosario), 1 (2008): 131-148. http://www1.tau.ac.il/eial/index.php?option=com_content&task=view&id=295&Itemid=179  

Red Charquican.cl

Como “buen ex-exiliado” que soy, yo también quiero hacer mi aporte a este intercambio de ideas y opiniones respecto al exilio…y a los exiliados del MIR…

Antes de salir de Chile me junté con dos compañeros…los únicos con los que tenia un mínimo contacto después de pasar 9 meses en diferentes campos de concentración. Ellos me informaron que partir al exilio seria considerado TRAIDOR… (hermoso titulo para quien no había traicionado a nadie !!!).

A mi llegada a Lyon, Francia, me puse de inmediato en contacto con aquellos que ma habían precedido y que estaban organizando en esta ciudad las actividades contra el régimen del dictador y al mismo tiempo en la bûsqueda de recursos para el partido. Sin pensarlo dos veces…y pese a mi situación de traidor, me incorporé de lleno a estas labores. Nuestras actividades fueron múltiples no solo contra la dictadura chilena sino también contra todos los regímenes dictatoriales que regían en ésa época en América Latina.

Numerosas fueron las actividades organizadas para juntar fondos…los que nunca fueron rechazados por el MIR…pese a venir de parte de un “traidor”…muy por el contrario !!!

Numerosas también fueron las personas que a nuestra solicitud respondieron positivamente y fueron a Chile por razones puntuales, entre otras, tratar de obtener la libertad de algún preso, inquirir sobre la situación de otros…o simplemente llevar dinero !!!

Creo que modestamente ayudamos, con nuestro granito de arena, en el combate contra la dictadura. Yo no pido ningún reconocimiento, me basta con tener mi conciencia tranquila, pero pienso que es importante que esto se sepa…y no tener que escuchar nuevamente, peses a los 40 años transcurridos, NOSOTROS LOS QUE NOS QUEDAMOS….como si los que nos fuimos hubiéramos abandonado la lucha !!!”

Pedro de Lyon
estimado compañero,estando de acuerdo con todo lo que dice le falto una parte muy importante y que siempre es olvidada,la decicion de cientos de compañeros del mir que estaban en el exilio y que tomaron la desicion de prepararse y retornar a chile a combatir a la dictadura,de esto no se habla y se trata de ocultar,seria bueno que en la cosa de recuperar la memoria se hablara tambien de todos estos compañeros que dejaron sus vidas para que chile recuperara su libertad por ellos por el momento son heroes anonimos cuya historia es conocida unicamente por los sobrevivientes que ya se estan poniendo viejos y empesando a morir,un fraternal abrazo a todos y todas “
,flaco theo

 

 

 

Lo que ocurrió en el pasado, vive aún en la memoria tuya, mía, de ellos

Lo que ocurrió en el pasado, vive aún en la memoria tuya, mía, de ellos

Las imágenes que están incrustadas en la memoria de una generación y las voces de los testigos de época

IMAGEN Y MEMORIA COLECTIVA

=“Fragmentos de un 11 de septiembre”>

http://noticias.cl.msn.com/especiales/4-decadas-del-golpe-militar/fragmentos-de-un-11-de-septiembre#image=1

Lo que ocurrió en el pasado, vive aún en la memoria

http://noticias.cl.msn.com/especiales/4-decadas-del-golpe-militar

http://noticias.cl.msn.com/especiales/4-decadas-del-golpe-militar/cronolog%C3%ADa-del-11-de-septiembre-de-1973-1

A través de sus voces y testimonios, te mostramos cómo ellos vivieron el día en que los militares tomaron la conducción del país y el destino de Chile cambió.

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