LA MASACRE DEL ESTADIO CHILE o EL ASESINATO DE VÍCTOR JARA. De XIMENA GAUTIER GREVE*

LA MASACRE DEL ESTADIO CHILE o EL ASESINATO DE VÍCTOR JARA. De XIMENA GAUTIER GREVE*

PRÓLOGO: No muere a balas el amor, simplemente porque es vida. Por Luis Arias Manzo**

CHILE-Santiago: Estamos al alba de un nuevo decenio de aquel brutal acontecimiento que enlutó a Chile y al mundo; cuarenta años de aquel sangriento horror de humanos contra otros humanos, de chilenos contra otros chilenos. Y por mucho que se diga de mirar al futuro, el pasado golpea como martillazos las conciencias de las viejas y nuevas generaciones. Si tuviera un martillo, nos cantaba el poeta, golpearía por la mañana, golpearía por la noche, por todo el país; él quería ponernos en máxima alerta del espanto que se anunciaba, y a horas de ser asesinado nos cantaría: Canto, que mal me sales cuando tengo que cantar espanto.

Ximena Gautier Greve nos envía desde Francia, en palabras, las notas del guitarrista, los versos del poeta, los ejemplos del hombre, el coraje del guerrero y la sensibilidad del artista, haciéndonos revivir al mártir asesinado hace cuatro décadas, renacimiento necesario para seguir las luchas de nunca acabar.


Desde la noche de los tiempos el hombre se ha dividido en explotados y explotadores, en víctimas y victimarios, y a menudo han surgido grandes hombres, probando diversos métodos para alcanzar la liberación. El “arma” más eficaz que se ha usado, ha sido la palabra; hace algún tiempo, algo así como dos mil años, un hombre joven entraba a Jerusalén, su única arma era la palabra, su mensaje era de amor y de paz, todos sabemos su trágico final.

Tus ojos quedan abiertos y van treinta y ocho,
¿qué es lo que tu asesino no consigue destruir?

Víctor Jara tomó la palabra y la hizo verso y el verso lo hizo canto, se nutrió del dolor de los que sufren; fue a las poblaciones, bajó a las minas, subió por los andamios y caminó por los campos, los bosques y las montañas, y amó, amó su gente, amó su pueblo, amó profundamente la vida. Fue eso lo que su verdugo no podía destruir: su amor, su amor en aura clara y pura como el reflejo de un ventisquero, la luminosidad de su espíritu, los destellos de su alma.

Treinta y nueve, cuarenta balas, cuarenta y una.
¿Por qué tanto odio en este crimen? Cuarenta y dos.

Me temblaron las manos, crujieron los engranajes que mueven la vida y los círculos regulares del universo perdieron su lógica cuando avanzaba en la lectura de estos poemas, pero el amor siempre es mayor, cura cualquier herida, y la poesía nos recuerda que no estamos solitarios en esto; porque ahora no estoy solo, porque ahora somos tantos, como nos decía el poeta. Siempre hemos sido muchos los de este lado de la vida.

La poeta nos trae la palabra lejana haciéndonos ver un espectáculo de gracia como si fuera vapor que surge de la tierra, esa exhalación que germina del suelo luego de una lluvia seguida por un cálido sol que se extiende por la calle mojada. Nos hace revivir la historia para aquellos que tuvimos el privilegio de marchar en aquellos años, al ritmo del canto popular que llegaba a estremecer la planta de los pies, y con melodías de palas y arados que enternecían hasta las palmas de las manos causando sensaciones de profunda felicidad, sin saber que pronto se convertirían en vértigos de dolor y en tenebrosas y sombrías realidades que sólo el cielo sabe por qué ocurren.

La crueldad con que actúan aquellos que crecen al abrigo de las armas, del dinero y del poder, no tiene calificativos, porque no existe manera alguna de describir con exactitud la bestialidad y la cobardía de sus actos. La poesía tiene ese rol, y el poeta tiene el don para hacerlo; Ximena tiene ese mérito, porque logra describir con mucha precisión las escenas de lo ocurrido en el estadio Chile, que para muchos eran hasta ahora inimaginables, incluso para mí. No creo haber leído antes algo sobre esta masacre y el vil asesinato de Víctor Jara del tenor con que lo hace la autora de este ejemplar libro; ella tiene con creces el don y el talento para narrar en versos esa parte trágica de nuestra historia.

Mucho se habla por estos días de la bendita reconciliación, cada año para estas fechas se repite lo mismo, y cada vez pienso igual: yo no tengo que reconciliarme con nadie, no he cometido faltas graves contra nadie, quienes cometieron los crímenes, traicionaron su patria y se ensañaron con su pueblo, que se reconcilien ellos con su propia conciencia primero, que partan por reconocer con valentía y honor sus asesinatos, pero no lo lograrán, se irán a la tumba como se fue el gran jefe de todo esto, porque no tienen agallas, porque son simplemente cobardes; tendrán que morir y volver a nacer, a ver si regresan a la vida con otras cualidades, quizás para entonces tengamos la tan manoseada reconciliación y una nación unida.

 

Luis Arias Manzo
Santiago de Chile, septiembre 2013

 

*Ximena Guatier Greve, Poeta del Mundo – Francia:

Ximena Gautier Greve – Francia

 

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